La calle de la Cabeza : romance tradicional
Full text
ROMANCE TRADICIONAL.
<
C
NUMERO 2.
I.
Con uso opel de gen es
de una habi ación modes a,
como i ien e ho migue o,
la humilde en ada odea.
Aun mismo iempo hablan odos,
odos un c imen comen an,
y uelan los pensamien os
en conje u as di e sas.
Quién dice, que ámedia noche
pasos sin ió en la escale a,
yal mismo iempo el sonido
de un cue po que o cejea;
Que oyó eno mes cuchilladas,
ab i yce a las pue as,
yhas a una legión de b ujas
aullando como las ñe as.
Quién asegu a, que solo
de un sace do e las penas,
die on o igen al caso
an is e que se lamen a.
Tquién, juzgando he ejía
amaña opinión, condena
áun c iado de con ianza
que se la gó con su hacienda.
Ycomo nunca de chuscos
la muchedumb e escasea,
que siemp e a as an los ien os
!
semillas malas ybuenas,
En e los que así discu en
no al a quien, po su cuen a,
saque unos ca o ce mue os,
sin inclui áuna mue a.
Po que pa a él las muje es
que álos cincuen a se ace can,
no son pe sonas mayo es,
que son solamen e iejas.
Pe o, dejando que piense
cada cual ásu mane a,
subamos al aposen o
con el alcalde, que llega.
Y, pues, ansioso e mi o
de adi ina la ocu encia,
ye es, lec o , mas cu ioso
que dama de una comedia,
Mien as en iende el juzgado
en an con usa ma e ia,
ybúscase al delincuen e,
yel delincuen e se aleja,
Yhabla Mad id unos dias
de la a en u a unes a,
ydel p oceso esul a
la oscu idad mas comple a,
Oye el ela o, que, luego
po el mis e io que encie a,
dio nomb e ála que boy se llama
la Calle de la Cabeza.
II.
Delan e de un c uci ijo,
de la eligión enseña,
con ambos ojos en él,
y imbas odillas en ie a,
Rezando es á un sace do e
sus o aciones pos e as
pa a en ega se al descanso
de cuo idianas a eas.
Yaunque su age es sencillo,
ysencilla su i ienda,
gua da un caudal de i udes,
yo o caudal de monedas.
Ydiz que un si ien e suyo,
según las c ónicas cuen an,
en e ambiciones bas a das,
alimen aba una idea.
Mas nunca el labio imp uden e
dejó escapaT ni una queja,
que demos a a los sueños
de su mezquina exis encia.
Así el sace do e humilde,
con esp esiones since as,
le gua da siemp e un elogio
po su conduc a ysus p endas.
Y, como lo que su a oma
al blando cé i o p es a,
p es ó sus hondos sec e os
ála ingida inocencia.
Dis in as eces el o o
mi ó el si ien e de ce ca,
y an o el b illo cególe,
que le obligó áanda áciegas.
Po eso as la co ina,
que aquel aposen o cie a,
del sace do e piadoso
los mo imien os obse a.
¡Ya le e alza se!.... Háeia el lecho
di ige su plan a émula,
la blanda paz del espí i u
lle ando en su os o imp esa.
Yen an o que sus mi adas
con las del sueño se encuen an,
el co azón del mal ado
llamando es á ásu conciencia.
¡Mas qué impo a! Si aun es iempo
de e ocede , es mengua
que el que una emp esa concibe,
jamás e mine su emp esa.
Ya el sueño endió sus alas;
ya odo en silencio queda;
un paso mas.... Nadie mi a...
nadie sus planes acecha.
El po eni se á suyo,
yp on o en es ana ie a .»
pod á goza del eso o
que su deli io alimen a.
Así c eciendo su audacia
con encon adas ideas,
alza la co ina: en o no
del lecho sus ojos uedan....
¡Due me!... la ace ada pun a
en e sus dedos ap ie a,
yácada paso que a anza,
uel e hacia a ás la cabeza.
Llega po in; b e e ins an e
al sace do e con empla;
mas de epen e ab umado
po la ambición que le aqueja,
Con un mo imien o b usco
sacude a ás la melena,
se a oja sob e su íc ima,
la oz en sus labios sella,
Y, como lo deshojada
po la u iosa o men a,
del cue po cae desp endida
la ene able cabeza.
Llega al a ca; p esu oso
ecoje el dine o; cie a;
yal aleja se, en su huida,
uel e la is a ycon empla,
Que ácada paso que a anza
le an siguiendo sus huellas
los ojos del c uci ijo,
yel g i o de su conciencia.
III.
Co ie on algunos años
yen b azos de la pe eza,
después de muchas hablillas,
quedó la is e ocu encia.
Tal comp endió el asesino,
cuando ála có e de uel a,
dejando el es año suelo
de Po ugal, se p esen a.
Yde seño dis azado,
sin apa en e cau ela,
el hé oe de nues a his o ia
gozaba de la opulencia.
Mas como la mona es mona
aunque se is a de seda,
ysuele sal a la lieb e
en donde menos se piensa,
En pleno Ras o una a de
comp ó la humilde cabeza
de un ca ne illo, ol idando
su nue o age yes e a.
P es óle ab igo su capa
pa a ocul a la con ella,
ysin esc úpulo alguno
se encaminó ásu i ienda.
Nadie al mi a le el semblan e
áun asesino ad i ie a,
que á eces mien en los ojos
con mas alo que la lengua.
Y an o de aquellos si ios
la animación le ec ea,
que no epa a en la sang e,
que a e iendo en la ie a.
Solo un alguacil lo mi a,
le co a el paso, yse ace ca,
yen e los dos de es a sue e
un diálogo se a a iesa.
—¿Qué bul o es ese?
—¿Qué bul o?
—El que ocul áis.
—Po mi abuela
que la p egun a es donosa,
ybien me ece espues a.
Ydescub iendo el embozo
con mages ad mad ileña,
es iende el b azo; mas luego,
su mano ála en e lle a
—
—¡Cas igo del délo! eselama,
ycon sa ánica ue za
a oja al suelo de un homb e
la ensang en ada cabeza.
¡Soy un asesino! g i a.
¡Jus icia de Dios es es a!
¡Mis p opias manos me enden!
¡Clemencia, Seño , clemencia!
Yen medio ála muchedumb e,
que u ibunda le asedia,
la e e na mansión del c imen
de nue o se le p esen a.
Yen ano quie e ocul a se
de dos es igos que hielan:
los ojos de un c uci ijo,
yel g i o de su conciencia
IV.
En de edo de un ablado,
donde una íc ima espe a,
con esignación sag ada,
de la jus icia la ue za.
yel san o a epen imien o
le ab ió del cielo las pue as.
El ey mandó que lab a an
en el luga de la escena
una cabeza, que uese
de la adición emblema.
Yla que al mundo mos a a
del c iminal la honda huella;
ol ió ásu an igua igu a
cumplida al in la sen encia.
Dejando el is e suceso,
po el mis e io que encie a,
el nomb e ála que hoy se llama
la Galle de la Cabeza.
A. B. yC.
ES PROPIEDAD.
Un pueblo agolpado bulle
,
como una hi ien e ma ea,
yel desenlace sang ien o
agua da con impaciencia.
De p on o cesa el bullicio;
se e al e dugo... se ace ca;
con un sace do e anciano
la humilde íc ima eza,
Yluego un nue o mu mullo,
que uel e áescucha se, mues a
que ya la jus icia humana
quedó cumplida en la ie a.
Si un c imen o mó un culpable
la ó un cadalso su a en a,
DEPÓSITO CENTRAL,
LIBRERÍA DE LA VIUDA ÉHIJOS DE D. J. CüESTA,
Ca e as, 9.
MADRID: 1870.
ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE EDUARDO CüESTA
Rollo, 6, bajo.