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La larga marcha hacia la libertad. La evolución ideológica de Octavio Paz

Arana Cañedo-Argüelles, Juan

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La larga marcha hacia la libertad La evolución ideológica deOctavio Paz JUAN ARANA Universidad de Sevilla Octavio Paz se vio inmerso alo largo de su vida en los acontecimientos más significativos del siglo Xx. Este contacto directo con la historia le llevó acuestionar repetidas veces los principios básicos de la acción política y los valores que deben sustentarla. En este trabajo se analizan las diversas fases de la evolución ideológica de Paz, que no estuvo subordinada alas urgencias de una ambición personal, lo que le permitió zafarse del oportunismo de tantos intelectuales latinoamericanos. En lugar de ir aremolque de los tiempos, sus reflexiones responden ala lógica de un desarrollo interno, que profundiza progre" sivamente en el alcance ylas consecuencias de la idea de libertad, una libertad que es concebida lejos del limbo de las absc tracciones yse piensa cada vez más en función de las exigencias irrenunciables del hombre de carne yhueso. A 10 largo del siglo XX han ocurrido muchas cosas y, si todavía es pronto para pronosticar cómo será valorada esta centuria por los historiadores que en el futuro se ocupen de ella, ya se puede augurar que no la presentarán como una época tranquila yrutinaria. La aceleración de la historia ha arrollado literalmente asus protagonistas, de manera que éstos se han vuelto viejos antes de que por su edad les correspondiera el retiro. En el caso de los artistas eintelectuales, la consigna de ({ renovarse omorir» se ha convertido en imperativo categórico, aunque ello les forzara aexpl1rimentar evoluciones accidentadas eincluso caóticas, más comprensibles ymejor aceptadas por la sociedad en el caso de los primeros que en el de los segundos. Nada, en efecto, hay que oponer aque un pintor oun músico cambie de lenguaje ode temática al hilo de unos tiempos que corren raudos ytempestuosos. En cambio, todavía hoy se aprecia en quien ejerce el oficio de pensar que sea fiel a sí mismo ya lo que en un momento sostuvo, aunque fuera decenios atrás. Naturalmente, a naclie se le prohíbe evolucionar, pero nos gusta que la evolución de quienes trabajan con las ideas tenga una lógica ysea explicable, descartando la sospecha de que han convertido su trabajo en un juego frívolo ydescomprometido. Dicho con otras palabras, desconfiamos de los que sin más ni más se apuntan ala última corriente en boga en el campo de la filosofía, la política olas ciencias humanas, porque pensamos que quien ajusta ala moda sus convicciones ISEGORfA/22 (2000) pp. 83·102 83 Juan Arana en realidad carece de criterio. Es como si no nos resignásemos aque los temas de que se ocupa el intelecto queden total eirreversiblemente inmersos en el tiempo, apesar de los esfuerzos realizados en tal sentido por las corrientes postmodernas. Enlo que atañe más concretamenteal pensamiento político, los que nacieron en la primera mitad del siglo yhan conseguido sobrevivir hasta la última parte de la segunda han asistido aun inesperado giro de los «vientos de la historia» que soplaron primero intensamente en favor del socialismo yluego rolaron en la dirección que preconizan las opciones liberales. No voy adiscutir si este cambio de signo es provisional odefinitivo, ni tampoco si se puede explicar, demostrar eincluso archidemostrar que era inevitable. Me basta con señalar que la mudanza ha puesto en serios apuros alos intelectuales que se han atenido asus propios principios ypronósticos. Cierto es que muchos adaptan alos avatares históricos aquel consejo que daba Quevedo alos que deseaban ser seguidos por las mujeres: «caminar delante de ellas», yque una buena parte lo hace incluso con ingenio yhabilidad. Pero es muy escaso el número de los que, siendo fieles a sí mismos y, sobre todo, auna genuina vocación ética ypolítica, han anticipado las transformaciones ylas han sabido inspirar ypropiciar con mayor omenor eficacia. Karl Popper es sin duda uno de estos pocos privilegiados yse ha ganado un puesto en la historia de las ideas políticas por haber escrito La sociedad abierta ysus enemigos cuando ycomo lo hizo. En el ámbito cultural hispanohablante, Octavio Paz representa un caso igualmente notorio. Paz adoptó un compromiso ideológico muy claro con el socialismo en los años treinta, pero pronto rompió con la esclerosis de la analítica marxista al uso ycon las simplificaciones de los revolucionarios de izquierda en todo el mundo, adoptando una gallarda postura de defensa de la libertad atodos los niveles que le valió primero la hostilidad,lluego el respeto ypor último la rendida admiración de muchos contemporáneos. El propósito que persigo con este trabajo no es adoptar un tono hagiográfico ni tampoco una pose desmitificadora en la valoración de la evolución ideológica de Octavio Paz. Me propongo simplemente recapitular los hechos básicos que la jalonan eindagar si existe ono una, lógica y una razón profunda de ser en la misma. Advertiré, sin embargo, que no considero en sí mismo un mérito especial el hecho de cambiar de filiación política. Sólo significa que el hombre en cuestión será considerado traidor por unos yconverso por otros. Será difícil considerarlo un dogmático, pero levantará sospechas de oportunismo. No obstante la evolución desde la izquierda hacia la derecha de algunos intelectuales yartistas contemporáneos suele gozar apriori de una cierta aureola de prestigio ¡precisamente en ciertos sectores de la derecha. Esto me parece sorprendente porque supone un reconocimiento implícito de que lo natural en un intelectual oen un artista es profesar una ideología de izquierda, lo cual no tendría 1Reflejada en múltiples artículos de prensa con títulos semejantes aéste: «Su ideología fue de izquierda, luego de centroyahora nada», Enrique Fallie Fuentes, El Heraldo de México, 25.2.1984. 84 ISEGORfA/22 (2000) La larga marcha hacia la libertad que ser así para quien defiende la ideología opuesta, ano ser que padezca un soterrado sentimiento de inferioridad ouna mala conciencia que debe ser lavada. En resumidas cuentas, ocurre como si algunos liberales pensasen que aellos también les hubiera gustado militar en el socialismo, yque no lo han hecho por falta de fe, por realismo opor otros motivos menos confesables. Por eso reciben con los brazos abiertos alos hijos pródigos que retornan a la casa paterna después de haber vivido su sueño revolucionario: suavizan sus remordimientos yconfirman empíricamente lo acertado de su elección. Por lo que a mí respecta, me tienen sin cuidado los entresijos psicoanalíticos de estas actitudes ypropongo adoptar un talante completamente neutro respecto al fenómeno, reservando las valoraciones para después de haber concluido el análisis. La primera pregunta que suscita un proceso evolutivo es saber si se trata de algo continuo odiscontinuo: ¿hay una ruptura, una quiebra en la trayectoria de quien al principio abrigaba unas convicciones yfinalmente desembocó en otras muy diferentes? Es muy raro que alo largo de una biografía no existan momentos de hondo significado que hayan supuesto al menos una inflexión pronunciada en el rumbo seguido. Octavio Paz los ha tenido, indudablemente, yquizás por ello haya considerado en alguna ocasión su vida dividida en dos partes encontradas: «Yahora que mis manos sangran y mis dientes tiemblan, inseguros. en una cavidad rajada por la sed yel polvo. me detengo ycontemplo mi obra: he pasado la segunda parte de mi vida rompiendo las piedras. perforando las murallas. taladrando las puertas yapartando los obstáculos que interpuse entre la luz y yo durante la primera parte de mi vida.»2 El biógrafo Fernando Vizcaíno opone también su juventud de izquierdas auna madurez consagrada ala crítica del socialismo ysus mitos.3Pero la escisión en este caso no es algo que se deje confinar en el esquema lineal del «antes» yel« después». La tensión dialéctica entre elementos contrapuestos está en todos ycada uno de los momentos d<:¡,su existencia y, en 10 que atañe ala política, se remonta incluso asu árbol genealógico: el abuelo Ireneo Paz4 fue un liberal aliado con los porfiristas, mientras que el padre, Octavío Paz SoIórzano, militó enlas filas de lídercampesinorevolucionario Emiliano Zapata. Se puede decir que sus antecesores habían sembrado en él una doble semilla que germinó dando frutos que dividieron su vida ysu mente: « mi abuelo tenía razón, pero también eracierto lo que decía mi padre».5 ¡ 2 «Trabajos del poeta» en: Libertad bajo palabra. Poemas (J935-1975), Barcelona. Seix Barral, 1981. p. 176. 3Véase Fernando Vizcaíno. Biografía política de Octavio Paz. Málaga. Algazara. 1993. p. 72. 4Nombre poco acorde con el temperamento de este belicoso liberal de vieja escuela, que llegó amatar en duelo aun adversario político. 5Declaración de O. Paz aJulio Scherer Carda. «Octavio Paz». Proceso. 57. 1977. p. 610. ISEGORfA/22 (2000) 85 luan Arana No sería justo, sin embargo, achacar al poeta una especie de esquizofrenia ideológica; por el contrario: la escisión es en este caso algo asumido como inevitable, dada la condición de nuestro siglo, eincluso encierra, aojos del poeta, posibilidades de ser transformada en un camino de liberación: «En el siglo XX la escisión se convirtió en una condición connatural: éramos realmente almas divididas en un mundo dividido. Sin embargo, algunos pensábamos transformar esa hendidura psíquica en independencia intelectual ymoral. La escisión nos salvó de ser devorados por el fanatismo monomaníaco de muchos de nuestros contemporáneos.»6 El propio Paz ha destacado la contraposición existente en los años 30 entre sus ideas políticas ysus convicciones estéticas ypoéticas. Por aquel entonces se entabló en México una polémica entre los partidarios de la educación socialista ylos defensores de la libertad de cátedra. Paz optó por la educación socialista y en general adoptó posturas propagandísticas de izquierda, como la que le llevó aapoyar la idea del arte comprometido, «al servicio de la idea marxista, integrado por jóvenes artistas rusos yalemanes poseídos de la verdad» .. 7Años más tarde volcaría en cambio todas sus energías en la defensa de la libertad eindependencia del quehacer artístico, lo que, por ejemplo, le haría atacar con energía aNeruda por su instrumentalización de la literatura.8 No obstante, antes de ser formulado teóricamente, habitaba en Paz el anhelo de romper con todas las servidumbres que puedan mediatizar la escritura: si el encendido poema ¡No pasarán! (1936) exalta los valores revolucionarios, la colección Raíz del hombre publicada poco después (1937) es un canto al amor, alas vivencias personales eirrepetibles que sólo pueden comunicarse através del arte puro. Así, todos han tenido desde el principio instrumentos para «salvar» ytambién para «condenar» aOctavio Paz. Más tarde, cuando en 1959 sus escritos fueron traducidos al francés, la crítica también encontró un doble asidero, de manera que la revista radical Lettres ffanraisespudo alabar el experimentalismo de la poesía contenida en Aigle ou soleil?, al tiempo que censuraba el mensaje político del Labyrintf1.e de la solitude.9Aunque en tiempos más recientes la consagración definitiva·del escritor haya velado un poco las críticas, no creo que la dualidad haya desaparecido, sino tan sólo que existe un interés general por «recuperar» aPaz, aunque, por supuesto, cada cual recupera al Paz más acorde con su propio interés. Se ha señalado que la escisión característica de la obra literaria de Paz también se encuentra en otras esferas de su actividad, por ejemplo, en la ambivalencia de sus relaciones con el poder establecido, que combinan proximidad 6O. Paz, Itinerario, México, F.C.E., 1993, p. 51. 7O. Paz, «Ética del artista», en Barandal, 1931, núm. 5, pp. 1-5. Citado por Vizcaíno, Biografla ... , p.59. B VéaseÜ. Paz, «Respuesta a un cónsul», en Letras de México, 15.8.1943, p. 5. 9Véase Vizcaíno, Biografla ... ,p. 105. 86 ISEGORIA/22 (2000) La larga marcha hacia la libertad ylejanía, colaboración yruptura, aliento ycensura ... Su separación de los comunistas estuvo llena de alternativas yno le impidió, apesar de sus íntimas dudas, intentar alistarse durante la guerra civil española en el ejército repu, blicano como comisario político. 1O Del mismo modo, supo compatibilizar sus lúcidos diagnósticos de los males del sistema político mexicano con el leal servicio asus gobiernos por más de 20 años. Estas connivencias no fueron óbice para que en su momento elevase la voz con contundencia para discrepar, sin que aparentemente le importaran mucho las consecuencias de tales gestos: la publicación en Sur del informe sobre el proceso Rousset (1951), que aireaba la existencia de campos de concentración yexterminio en la Unión Soviética, la sonora dimisión del puesto de embajador de México en la India araíz de la matanza de Tlatelolco (1968), ola pública desautorización del régimen sandinista en Nicaragua (1984) son algunos de los episodios más conocidos de esta cara controvertida del Paz otrora acusado de complaciente. Apesar de ser un diplomático profesional, no parece que se haya dejado aconsejar porla prudencia política en los momentos estelares de su carrera. La heterodoxia (en el sentido menos trivial de la palabra) constituye una de las fibras más profundas de su carácter, tal como expresa en los versos que escribió tras visitar la tumba de un antiguo heresiarca: «Ante el patriarca nestoriano latió más fuerte mi corazón herético.»u Tratemos no obstante de profundizar un poco en el trasfondo de todos estos vaivenes. Por lo dicho hasta ahora queda claro que Octavio Paz abrigó en su juventud las ilusiones que la izquierda radical inspiró en tantos corazones de la época yque más tarde fue construyendo en solitario una actitud mucho más independiente, en la que los valores de la democracia sin apellidos adqui~ rieron un papel cada vez más determinante. Si hubo una «conversión» oun «desengaño» los indicios apuntan ala fecha de 1939, en la que los poderes autocráticos concertaron una alianza por encima de sus discrepancias ideo, lógicas. Ese mismo año Paz publica un ensayo, Americanidad de España, en el que rompe los moldes de la ortodoxia marxista yrescata la noción de «de, mocracia» de la superestructura ideológica del estado burgués, haciéndola más universal yoriginaria que la de« socialismo»: ¡¡ La democracia es una idea universal, un hecho mundial. No pertenece, tan solo, afranceses eingleses, yno es tampoco expresión de la burguesía revolucionaria del XVIIIYXIX. Es también la meta final del socialismo ( ... )La defensa de la democracia es cuestión de vida omuerte. iLuchemos en el Frente Americano por la victoria del Pueblo Español!» 12 10 Véase O. Paz, Itinerario, p. 67. 11 O. Paz, Ladera Este, en Poemas, p. 415. 12 O. Paz. «La Americanidad de España». 1939. citado por Vizcaíno. Biografía ... , p. 72. ISEGORIA/22 (2000) 87 juan Arana y es que una de las claves del pensamiento de Paz consiste precisamente en el esfuerzo universalízadorY Su indagaciónprogresa siempre de lo particular a lo general, no como términos diametral ymecánicamente opuestos, sino orgánicamente entrelazados. En este sentido se puede decir que el socialismo se le quedó demasiado pequeño, por cuanto que no dejaba de ser un modo particular, confinado en una etapa histórica singular ypasajera, de la lucha permanente del hombre por el logro de la libertad yla justicia. La democracia en cambio, aunque fuese introducida porunaclasesocial concretaenun mamen, to histórico determinado (la naciente burguesía afines del siglo XVIII), tenía una vocación más amplia yuniversal; podía ydebía convertirse en un legado asumible por todas las generaciones que vinieron detrás. Durante los años treinta, el joven Octavio Paz piensa que cabe entender el socialismo como un momento más en este proceso transhistórico, y por eso dice en el último párrafo citado que la democracia constituye la meta final del socialismo. No tardará en desengañarse, al menos por lo que se refiere alas plasmaciones históricas concretas del socialismo, tal como era entendido ypracticado por los partidos comunistas de todo el mundo. Un punto de coincidencia del marxismo con la filosofía de Octavio Paz es la concepción dialéctica del hombre yla historia. Pero el acuerdo es más aparente que real, porque ya vimos que la visión escindida de las cosas tiene en el caso del poeta unas raíces muy hondas, constituye una herencia yuna metafísica que es previa acualquier doctrina oideología que pudiera conocer alo largo de su vida. Además, hay una diferencia notoria entre la dialéctica hegelianomarxistayla paziana: mientras aquélladesencadena un procesolineal de progreso yestá integrada por momentos que van siendo superados amedida que las contradiccionesse resuelven en negaciones dobles que asumen ysuperan lo negado, en Paz la contraposición forma la estructura misma del ser ydel devenir, produce vida más que progreso. La tensión de los contrarios no es superable en una reconciliación final, pues forma un momento estructuralmente necesario yhasta deseable si se quiere obtener resultados valiosos. Para el autor mexicano, el dualismo es inherente atoda sociedad, al igual que la aspi, ración asuperarlo: se crea así una dialéctica de la soledad que es la condición de posibilidad del amor. Pero la sociedad moderna tiende anegar las con, tradicciones mediante la uniformización, suprimiendo tal dialéctica ydesembo" cando en el empobrecimiento ymarasmo consiguiente. 14 Por otro lado, Paz nunca comulgó con la visión unilateralmente dialéctica de la contraposición clasista entre la burguesía yel proletariado. Las discre~ pancias entre las previsiones teóricas de Marx yEngels yla marcha de los ~rocesos revoludonarios que trataron de realizarlas no pasaron desapercibidas asus ojos ni fueron disimuladas por su pluma, frente al ciego fideísmo 13 Véase Ricardo Gullón, «El universalismo de Octavio Paz», en: Octavío Paz, ed. de P. Gimferrer, Madrid, Taurus, 1982, pp. 223-235 .. 14 Véase O. Paz, Ellaberínto de la soledad, México, F.C.E., 1982, p. 181. 88 ISEGORfA/22 (2000) La larga marcha hacia la libertad de tantos intelectuales de izquierda. Otra vez se le quedaba demasiado pequeño el esquema doctrinal de los ideólogos contemporáneos. El distanciamiento de los comunistas mexicanos, el contacto con los exiliados españoles yfranceses durante la segunda guerra mundial, la experiencia estadounidense ylos dorados años en el París de la posguerra fUeron enriqueciendo ymadurando un pensamiento cada vez más complejo. Con particular nostalgia será evocada más tarde la etapa parisina: «Me unían a mis amigos afinidades artísticas eintelectuales. Vivía inmerso en la vida literaria de aquellos días, mezclada aruidosos debates filosóficos ypolíticos. Pero mi secreta idea fija era la poesía: escribirla, pensarla, vivirla. Agitado por muchos pensamientos, emociones ysentimientos contrarios, vivía tan intensamente cada momento que nunca se me ocurrió que aquel género de vida pudiera cambiar.» 15 En .el cultivador de la poesía confluyen yentran en conflicto como en ningún otro la vocación del artista yla del intelectual: expresión ycontenido, verdad ybelleza, compromiso ydistancia crítica, despego lúcido yfusión apasionadaforman exigencias que no puede desatender ni tampoco satisfacersimultáneamente. Si el conflicto es creador, nadie como él lo experimenta dolorosamente. YOctavio Paz lo demostró precisamente en aquel momento escribiendo Ellaberínto de la soledad, cuya primera edición apareció en 1950, aunque los primeros esbozos de su redacción se remontan asiete años antes. A mi juicio uno de los méritos más destacados de este libro es que, partiendo de una reflexión sobre una cultura yuna época muy determinada, la del México contemporáneo, sabe atisbar problemas que trascienden ampliamente dichos límites. Una vez más el esfuerzo universalizador como signo de identidad del estilo intelectual de Paz; más aún: si Ellaberínto de la soledadconsigue hablarnos atodos nosotros de nuestra propia soledad, se debe aque quien lo escribió supo profundizar en las raíces de la suya. La universalidad no se da, en efecto, en la estratosfera de las abstracciones vacías de contenido, sino en 10 hondo de cada individuo, en lo eterno de cada instante, en las claves escondidas de cada coyuntura histórica. Para ser un per~onaje cosmopolita yabierto a todas las culturas, Octavio Paz está singularmente arraigado en la suya; por eso puede interesar alos que tienen otra. Así, el primer reproche que formula en este libro contra el capitalismo no se expresa en términos de injusticia yexplotación, sino en los de pérdida de identidad ydespersonalización: «El obrero moderno carece de individualidad. La clase es más fuerte que el individuo yla p~rsona se disuelve en lo genérico. Porque ésta es la primera ymás grave mutilación que sufre el hombre al convertirse en asalariado industrial. El capitalismo lo despoja de su naturaleza humana -lo que no ocurrió con el siervopuesto que reduce todo su ser afuerza de trabajo, transformándolo por este solo hecho en objeto.»16 15 O. Paz, Vislumbres de la India, Barcelona, Seix Barra!, 1995, p. 6. 16 O. Paz, Ellaberinto .... p. 61. ISEGORfA/22 (2000) 89 ]uaflArafla Desde el punto de vista ideológico, El laberinto de la soledad retiene la descalificación del sistema de la economía de mercado, pero no tanto por su presunta ineficacia para resolver los problemas sociales, sino más bien por el empobrecimiento con que lo hace: la sociedad tecnocrática aparece como la máquina perfecta donde el movimiento se convierte en inmovilidad, esto es, en movimiento sin finY Las cosas marchan, ycada vez de un modo más frenético yacelerado, perosin undestino, sin unsentido que plenifique, organice yconvierta en «vivo» un proceso que degenera en mera reiteración mecánica, sinónimo del estancamiento. Este tipo de ataque no era inusual entre los críticos izquierdistas del capitalismo, pero en Paz no se trata de una mera consigna ni de una confrontación especulativa de las duras aristas de la realidad presente con las lejanas perfecciones de la utopía soñada. El término de comparación es en este caso un pasado tan real ytan imperfecto como el hoy: apesar de lo que cabe decir en su contra, la vieja sociedad colonial introducida por los españoles en el Nuevo Mundo carecía de muchos de los defectos que ha importado el liberalismo capitalista: en ella todos tenían un lugar, unsentido, unajustificación. Por supuesto, estasorprendentereivindicación de una herencia que muchos intelectuales mexicanos de la época preferían exorcizar no tiene nada que ver con el tradicionalismo melancólico: «No pretendo justificar la sociedad colonial. En rigor, mientras subsista esta oaquella forma de opresión, ninguna sociedad se justifica. Aspiro acomprenderla como totalidad viva y, por eso, contradictoria.»18 Lo malo del sistema liberal sería precisamente haber querido limar en nombre de una racionalidad anónima todas esas contradic~ ciones necesarias alavida. Pero, ¿cómoyporqué? Paz acredita su interpretación no por medio de silogismos descarnados, sino mediante una reflexión crítica acerca de la evolución de su propio país tras la independencia. Apoyarse en la realidad de una sociedad relativamente marginal como la mexicana encierra sin duda el riesgo de quedar clausurado en la descripción de particularismos anecdóticos, pero por otro lado ofrece la posibilidad de desmontar el valor de los tópicos al uso que sólo valen para unos pocos casos ymornentos presuntamente «centrales». Así, Paz observa que la dialéctica amoesclavo no carece de excepciones:' 'en el caso mexicano, toda la sociedad participa del sentimiento de inferioridad. 19 Este primer indicio apunta auna tesis de amplio calado: la historia es un proceso complejo, mejor dicho, un conjunto de procesos que no se deja reducir ala lógica reduccionista de una contraposición elemental. No hay fórmulas mágicas para resolver los males de una sociedad ni para enseñarle al hombre cómo ha de andar su camino. ¡Este fue el errordelos políticos decimonónicos, que engañaban alos ciudadanos obien se engañaban a sí mismos con planteamientos extemporáneos. Un país que arrastra tras de sí una larga eininterrumpida serie de fracasos sabe de 17 Véase O. Paz, Ellaberinto ... , p. 62. lB O. Paz. El laberinto ... , p. 94. 19 Véase O. Paz. Ellaberinto ... , p. 65. 90 ISEGORIA/22 (2000) La larga marcha hacía la libertad esto más que otro que hatenido lasuerte de aprovechar una situación favorable. Pero en México, por una uotra razón, nada acabó de funcionar: apesar de su anquilosamiento yatraso histórico, la sociedad colonial se aproximó bastante aun cuerpo social vivo yequilibrado, pero ni los que forjaron la independencia del país, ni los que lo reformaron amitad de siglo, ni tampoco quienes pretendieron encaminarlo más tarde por la senda del progreso consiguieron evitar la marginación creciente de la mayor parte de la población. Las causas del fenómeno son múltiples, pero hay una que retiene la atención de Octavio Paz porque afecta ala relación entre la teoría yla práctica de la política. La menciona apropósito de la función desempeñada por el positivismo como filosofía oficiosa de la dictadura de Porfirio Díaz en México (1876-1911): ~~ El primitivo, abstractoyrevolucionario principio de laigualdad de todoslos hombres deja de regir las conciencias, sustituido por la teoría de la lucha por la vida yla supervivencia del más apto. El positivismo ofrece una nueva justificación de las jerarquías sociales. Pero ya no son la sangre, ni la herencia, ni Dios, quienes explican las desi~ gualdades, sino la Ciencia.»2o Esto podría sonar acondena del darwinismo social como coartada ética de la injusticia social. Lo es, en efecto, pero también algo más sutil: lo terrible no es que los explotadores empleen cínicamente la religión, la historia ola ciencia para reforzar sus abusos, sino que haya mentes que buscando la verdad yel bien se conviertan inopinadamente en sus cómplices. Esto es indispensable para que lo otro ocurra: al fin yal cabo todo engaño es inofensivo en cuanto la mayoría sabe que lo es. yla falacia del positivismo, como la del liberalismo burgués, estriba precisamente en que, a su modo, es verdad, es decir, en que puede ser una verdad teórica ya la vez una mentira práctica: «La Reforma niega la tradición, mas nos ofrece una imagen universal del hombre. El positivismo no nos dio nada. En cambio, mostró en toda su desnudez los principios liberales: hermosas palabras inaplicables.»21 No hay nada más peligroso para un político que empeñarse en poner en práctica una teoría hermosa, pero inaplicable. Forzosamente resultará algo distinto del fin perseguido, yademás será un efecto perverso. El liberalismo nace como una doctrina que promueve la igualdad de los hombres, tanto como su libertad; sin embargo, su puesta en marcha como eje articulador de la sociedad conduce en muchos casos aincrementar las desigualdades, ayugular la libert¡,td de los individuos eincluso aprivarles de la riqueza ydignidadconstitutivas del hombre, reduciéndolos asuvalor de mercado. Según esto, el criterio pertinente para evaluar una doctrina política no es la «hermosura» de su diseño ni la excelencia del ideal final que propone, sino las consecuencias prácticas '0 O. Paz, Ellabednto ... ,p. 118. '1 O. Paz, EllabeIinto ..., p. 120. ISE;GORfA/22 (2000) 91 Juan Arana ni los magistrados están facultados para remediarlo. Aesto habría que decir que, decididamente, Octavio Paz no es un liberal clásico, aunque al término de su evolución coincida con ellos en que suele ser bastante nefasto mezclar indiscriminadamente las consideraciones éticas con la economía yla ingeniería social: «La política, además, es una práctica; no sé si sea realmente una ciencia ytampoco estoy muy seguro de que sea un arte. Más bien es una técnica.»34 El principal error cometido por la izquierda en el siglo XX radica precisamente en creer que la bondad del sistema que propugnaban estaba garantizado estatutariamente: lacorrupciónyla injusticia nopodrían presentarseenunasociedad socialista ni tendrían relevancia enunproceso revolucionario aella encaminado. Es como si la sociedad expropiase a los individuos -incluso alos funcionarios yjerarcasencargados de administrar el ordenrevolucionariola responsabilidad ética yla necesidad de esforzarse día adía por el logro de la justicia: el sistema revolucionario, la sabiduría de sus estructuras les ahorrarían ese trabajo; a ellos les bastaría con evitar convertirse en contrarrevolucionarios. Pero no es así: la responsabilidad ética ypolítica es personal e intrasferible; no hay sistema que no podamos hacer malo, incluso sin traicionarlo en absoluto; no hay revolución que no puede ser pervertida desde dentro, transformando el sueño en pesadilla: «En 1937 la amenaza eran Hitler ysus aliados. Hicimos bien en oponernos. Además, había la gran esperanza encendida por la Revolución de Octubre. Ahora sabemos que ese resplandor, que anosotros nos parecíael de laaurora, erael de una pila sangrienta.>,35 Ahora bien, aunque la constitución yleyes de un país no puedan reemplazar la buena voluntad de los encargados de regirlo, esto no significa que todo dependa de las virtudes personales de los políticos. Como advierte el viejo refrán castellano, «el infierno está tapizado de buenas intenciones». La política, acaba de decirnos Paz, es una técnica, yla utilidad de toda técnica es potenciar los efectos favorables de la acción humana yamortiguar los negativos. En política habrá que optar entonces por los ordenamientos que faciliten la remoción delas disposiciones erróneas yde la.~autoridades nefastas, yque en cambio refuercen los buenos efectos de las legislaciones yagentes idóneos: «Pero las mejores leyes del mundo se convierten en letra muerta si el gobernante es un déspota, un hombre que domina alos demás porque es incapaz de dominarse así mismo. Repito: una política secular realista combina la modernidad democrática con la vieja ytradicional virtud de laprudencia.»36 La receta es saludable pero vaga. ¿Cómo asegurarnos de la calidad de los ingredientes ydel acierto en las proporciones de la mezcla? Es aquí donde 34 O. Paz. Itinerario. p. 237. 35 Entrevista con O. Paz en Proceso (1977). citada por Vizcaíno, Biografla .... pp. 153-154. 36 O. Paz. Vislumbres de la India. p. 153. 98 ISEGORfA/22 (2000) La larga marcha hacia la libertad la palabra «democracia» se convierte en la clave del pensamiento político del Paz maduro. La democracia es la condición de posibilidad del ejercicio libre de la crítica a los poderes establecidos. Arrepentido del «colaboracionismo» político con el gobierno, nuestro hombre asume que la crítica es la función social propia del intelectual ydel artista. 37 No se trata de un mero adorno del sistema político, sino de un momento estructuralmente necesario, sobre todo cuando se inicia un proceso de renovación ycambio: «toda revolución sin pensamiento crítico, sin libertad para contradecir al poderoso ysin la posibilidad de sustituir pacíficamente aun gobernante por otro, es una revolución que se derrota a sí misma.»38 En este sentido, crítica ydemocracia son conceptos entrelazados. Negar olimitar una de ellas es lo mismo que negar olimitar la otra. Por eso son sospechosas las ideologías que instrumentalizan la crítica o la restringen aunas determinadas coordenadas: «Para Marx la crítica del cielo era el comienzo de la crítica de este mundo. No se equivocaba. Hay que añadir que ambas críticas son inseparables en la democracia. »39 La crítica, claro está, ha de ser ejercida en nombre de una racionalidad, pues con ella se apela al consenso de interlocutores avisados eimparciales. En este punto, la racionalidad crítica se alía con la racionalidad económica que constituye el punto fuerte del liberalismo económico. Aunque sea aúltima hora, los efectos de la «mano invisible» parecen coincidir con las exigencias de la ética: «La relación se ha invertido: primero fue imperativo el progreso económico; ahora, para que éste continúe, es igualmente imperativo el desarrollo social: la justicia.» 40 Es como si la buena marcha de la economía requiriera la desaparición de las lacras sociales pero sólo apartir de un momento determinado: el desarrollo podría iniciarse aespaldas de la justicia - y, dicho sea de paso, también en contra de los principios del liberalismo económico- ,pero para ser culminado no habría otro camino que el que dictan las leyes del mercado y los requisitos del bienestar social. Aquí estaría precisamente la justificación ética del liberalismo: justicia ydemocracia como condiciones y también consecuencias indirectas de la racionalidad económica. Según esto, sólo una sociedad libre yjusta puede franquear definitivamente el umbral del subdesarrollo. Las naciones de Occidente, en la medida que pervive en su seno la injusticia, no 10 han logrado todavía. Todo ello no significa que deban fusionarse la democracia yel liberalismo económico, ni siquiera en los estadios avanzados del desarrollo, ya que: «Por supuesto, la democracia no es una panacea que cure todas las dolencias y que imponga de manera automática la justicia social. No es un método para acelerar ¡ 37 Crítica no equivale aoposición sistemática: O. Paz apoyó por ejemplo los esfuerzos del presidente de La Madrid por disminuir el sector público mexicano a nivel económico, político ysocial. Véase Vizcaíno, Biografía ... , p. 181. 38 O. Paz, Posdata, p. 100. 39 O. Paz. Vislumbres de la India, p. 194. 40 O. Paz, Posdata, p. 72. ISEGORfAl22 (2000) 99 Juan Arana el proceso económico; es un medio para evitar que ese progreso se realice aexpensas de la mayoría.» 41 De esta forma se cierra el ciclo de una evolución del socialismo al liberalismo sin que sea preciso suponer la existencia de rupturas yquiebras profundas. En el anciano demócrata que hace balance de su vida en Itinerario (1993), siguen siendo reconocibles los rasgos principales del joven revolucionario: la misma aspiración ala justicia, el mismo esfuerzo de lucidez crítica, la misma decisión de no sacrificar la realidad por la utopía, el mismo criterio de no subordinar la complejidad de la historia ala bellas simetrías de las teorías que tratan de desvelar sus secretos. Si acaso, se ha hecho más consciente de las dificultades, menos confiado en la validez de los «atajos», más prudente ala hora de actuar, menos perezoso ala hora de profundizar en los misterios yparadojas del individuo yde la vida social. Ha aprendido acumplir con el precepto de dar al César 10 que es del César ypor eso acata las inercias ydinamismos socioeconómicos que es inútil pretender remover con consignas ideológicas eimperativos morales. Pero ello no le impide perseverar en la idea de que unas yotros tienen también un lugar en la praxis política. Y, superados los errores históricos de los totalitarismos de cualquier índole y condición, hay que dar prioridad ala búsqueda de la ubicación correcta de la dimensión ética. El diagnóstico de los males de las civilizaciones más avan" zadas es el primer paso adar para ello. Octavio Paz 10 da con decisión y deja claro que para él la democracia no es de ningún modo la solución definitiva sino una ayuda para buscar respuestas nuevas aproblemas de siempre: lejos de constituir un absoluto, otan siquiera un proyecto sobre el futuro. se queda en método de la conciencia civilizada. 42 El padecimiento más oneroso del mundo de hoyes asu juicio la desintegración, la incapacidad para impedir que las tensiones inherentes a la vida social vayan desgajando del núcleo centralsectores marginales cada vez mayores. El caso de México es singularmente representativo. porqueel país estáescindido en dos: uno desarrollado yotro margin.~, que acabará con el primero si éste no aprende aintegrarlo. 43 Los dos Méxicos representan simbólicamente los dos mundos (ahora que el «segundo mundo» ha desparecido) segregados y opuestos en todas las escalas de la geografía (hay marginalidad en el planeta, en cada continente. cada país, cada ciudad ycada barrio). Pero, una vez más. de nada vale pintar con los más negros colores los males presentes. Paz rechaza con gesto decidido los fúnebres lamentos y las condenas monocordes de quienes 1· no han conseguido digerir su propio fracaso ydisfrazan la frustración que sienten con los tópicos al uso: 41 O. Paz. Vislumbres de la India, p. 155. 42 Véase O. Paz. Itinerario, p. 125. 43 Véase O. Paz, Posdata. p. 93. 100 ISEGORrA/22 (2000) La larga marcha hacia lalibertad «Las ideologías vencidas regresan anuestras mesas de debates bajo la máscara de la ecología. Muchos de los discursos pronunciados en Río de ]aneiro me parecieron abusos de lenguaje yme recordaron. unos. la retórica populista tercermundista y. otros. las diatribas ylas jeremiadas de los reaccionarios. En busca de chivos expiatorios. unos culpan al imperialismo yotros ala ciencia. Hay que defender ala justa causa ecológica de la demagogia política de algunos de sus voceros.» 44 La crítica es para Paz tan sólo el primer peldaño en la búsqueda de rumbo. Si la humanidad actual está cada vez más escindida. en sí misma ycon respecto al mundo natural, ¿dónde está la raíz del problema ycómo atajarlo? No es tan difícil decirlo: en las democracias tienden adisolverse los lazos que unen alos ciudadanos entre sí ycon sus antepasados; el igualitarismo coexiste con el individualismo: 45 «En nuestro mundo la conformidad yla pasividad conviven con el egoísmo más despiadado yel individualismo más obtuso.»46 ¿Por qué? Tal vez por el carácter meramente funcional, formal, que la palabra libertad tiene en el liberalismo político yeconómico vigente. Algo parecido ocurre con la democracia. Pero no se puede hacer una democracia sin ciudadanos responsables. ni una economía de mercado sin agentes económicos libres en el más pleno -esto es. lleno de contenidosentido. Esta denuncia ya había sido formulada por los fundadores del materialismo dialéctico contra el liberalismo burgués. yrecogida por Paz en E11aberinto de la soledad: «La libertad yla igualdad eran. yson. conceptos vacíos, ideas sin más contenido histórico que el que le prestan las relaciones sociales. como ha mostrado Marx. Y ya se sabe en qué se convirtió esa igualdad abstracta ycuál fue el significado de esa libertad vacía.»47 Con el paso del tiempo no se desdice de ella. pero, adiferencia de Marx, ni al principio ni al final significa paraél unadescalificación de la idea, sino una llamada urgente ala reparación: es imperioso lograr una cultura de la libertad, una doctrina que nos convenza atodos de que, en vez de dejarnos llevar por un arbitrio vacío opor las pulsiones inmediatas que nos asaltan. hemos de construir nuestro destino ynosotros mismos con él. Porque, cuando la virtud flaquea, las repúblicas perecen: «Nuestro hedonismo no es una filosofía del placer sino una abdicación del albedrío yhabría escandalizado, por igual, al dulce Epicuro yal frenético Donatien de Sade.»48 No abdicar del albedrío equivale ano dejar que su lugar sea ocupado por el azar en ninguna de sus muchas eigualmente gratuitas formas. Significa reintroducir con plenitud de derechos la instancia moral, yteñircon el esforzado tinte de la ética nuestro caminar por el tiempo. A fin de cuentas, la historia se oonvierte de nuevo en la epopeya de la lucha entre el bien yel mal: 44 O. Paz. Itinerarío. p. 154. 45 Véase O. Paz. Vislumbres de la India. pp. 76-77. 46 O. Paz. Itinerarío, p. 160. 47 O. Paz. Ellaberinto .... p. 116. 48 O. Paz. Itinerarío, p. 132. ISEGORfA/22 (2000) 101 Juan Arana «El mal es humano, exclusivamente humano. Pero no todo es maldad en el hombre. El nido del mal está en su conciencia, en su libertad. En ella está también el remedio, la respuesta contra el mal. Ésta es la única lección que yo puedo deducir de este largo ysinuoso itinerario: luchar contra el mal es luchar contra nosotros mismos. Y ése es el sentido de la historia.»49 Terminaré con una reflexión personal. He seguido con interés ysin fatiga hasta este punto el peregrinaje de Octavio Paz ala búsqueda de su ideario político. Me temo que tendría que dejarlo solo apartir de este momento, porque no me convence la peculiar metafísica del presente yde la finitud en que trata de asentar su filosofía de la libertad. Pero no es el momento más apropiado para discutir este dificultoso ycrucial punto del pensamiento paziano. Espero que el lector lo encuentre tan interesante como yo ydeseo que se anime adialogar .con sus libros para cotejar la fidelidad de mi interpretación yllegar seguramente aconclusiones más ajustadas ysugerentes. 49 O. Paz, Itinerario, p. 140. 102 ISEGORfA/22 (2000)