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De la fundación de asido

Montañés Caballero, Salvador; Escacena Carrasco, José Luis; Ladrón De Guevara Sánchez, Inmaculada; Perdigones Moreno, Lorenzo

Abstract

El hallazgo reciente de materiales arqueológicos de época tartésica en la periferia del actual casco urbano de Medina Sidonia, en la provincia de Cádiz, ha venido a confirmar la tradición historiográfica que remonta la fundación de la ciudad a los tiempos de la colonización fenicia. El presente trabajo da cuenta de dichos nuevos descubrimientos, y los somete a valoración. A la vez, intenta incardinarlos en el panorama de la gran expansión demográfica que conoció el mundo tartésico durante los siglos VIII y VII a.C.

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DE LA FUNDACIÓN DE ASIDO por JOSÉ LUIS ESCACENA SALVADOR MONTAÑÉS 2 INMACULADA LADRÓN DE GUEVARA LORENZO PERDIGONES 3 RESUMEN El hallazgo reciente de materiales arqueológicos de época tartésica en la periferia del actual casco urbano de Medina Sidonia, en la provincia de Cádiz, ha venido a confirmar la tradición historiográfica que remonta la fundación de la ciudad a los tiempos de la colonización fenicia. El presente trabajo da cuenta de dichos nuevos descubrimientos, y los somete a valoración. A la vez, intenta incardinarlos en el panorama de la gran expansión demográfica que conoció el mundo tartésico durante los siglos VIII y VII a.C. ABSTRACT Archaeological materials from the tartesic period have been recently found in the surroundings of Medina Sidonia (province of Cádiz). This fact confirms the historiographic tradition of dating her foundation during the phoenician colonization. The birth of Medina Sidonia coincides with the demographic growth of the tartesian world that took place through the VIIIth. and VIIth. centuries b.C. I. INTRODUCCIÓN En el casco urbano actual de Medina Sidonia ha sido históricamente frecuente el hallazgo de una importante y numerosa documentación arqueológica. Tales testimonios se han localizado tanto en el promontorio conocido con el nombre de "Cerro del Castillo", bajo el que se desparrama hoy la población, como en otros 1 • Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Sevilla. 2 . Director de las excavaciones urbanas en Medina Sidonia (Cádiz). 3 . Delegación Provincial de Cultura. Cádiz. SPAL 3 (1994): 179-207 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 180  J.L. ESCACENA / S. MONTAÑÉS / I. LADRÓN DE GUEVARA / L. PERDIGONES cabezos periféricos, por los que la ciudad empieza ahora a extenderse tras haber rebasado su perímetro de tiempos medievales y modernos. Casi todos estos restos proceden de contextos bastante desconocidos, porque se acumularon por descubrimientos fortuitos o sin excavaciones metódicas. En otras ocasiones se trata de materiales depositados en colecciones privadas (lám. I), cuyos dueños desconocen a veces incluso las circunstancias y el lugar en que fueron encontrados. Sólo recientemente ha comenzado el control sistemático de la arqueología asidonense gracias a la labor llevada a cabo desde la Delegación Provincial de Cultura de Cádiz, que ha organizado ya varias campañas de salvamento y vigilancia en coordinación con el Ayuntamiento local. Fruto de esta tarea han sido, entre otros, el descubrimiento, excavación y consolidación de distintas estructuras -vivienda, cloacas y criptopórticospertenecientes a un pequeño sector de la ciudad de época romana cuyo estudio se encuentra ya en una fase relativamente avanzada (Montañés, 1993). Como precedente de este intento de control científico, entre los años 1989 y 1991 se llevó a cabo por parte de uno de los firmantes de este trabajo (S.M.) una prospección sistemática del promontorio conocido como "Cerro de las Madres", muy cercano al del Castillo, sitio en el que se venían produciendo remociones de tierras a causa de la construcción de edificios públicos y de nuevas viviendas. Producto directo de esa vigilancia fue el hallazgo de un conjunto de materiales arqueológicos que presenta una notable homogeneidad cronológica, y que puede ser enmarcado mayoritariamente en época tartésica, si bien ciertos fragmentos de vasijas posteriores, que no se estudian en este trabajo, denotan una probable ocupación romana. II. EL YACIMIENTO Y SU ESPACIO GEOGRÁFICO Los restos que aquí se estudian proceden del extremo norte del actual casco urbano de Medina Sidonia (figs. 1 y 2, y lám. II). La dispersión de los materiales hallados en superficie delimita un área de unas 12,5 has. aproximadamente. La documentación arqueológica aparece sobre todo por el Cerro de las Madres, con 263,7 metros sobre el nivel del mar, pero también por el sector denominado "Hoyo Utrera" y alturas anejas al Este (251 metros s.n.m.) y al Oeste (256 metros s.n.m.) (fig. 2 y lám. II). Son sus coordenadas 36°, 28', 12" de latitud norte y 2°, 14', 27" de longitud. Aparece el sitio en la hoja n g 1069 del MTN (Medina Sidonia). Ocupa el centro de la carta E2-1.069/16-4, a escala 1:2.000, elaborada por el Centro de Estudios Territoriales y Urbanos de la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía. Se accede hoy a este promontorio por las mismas vías que suben a la población de Medina Sidonia, tanto desde la carretera JerezLos Barrios como desde la que viene de Chiclana. La ubicación de Medina Sidonia tiene su razón de ser en factores geo-estratégicos y económicos. Ellos han dotado a este enclave gaditano de una importancia capital en el control del territorio desde su fundación hasta tiempos modernos, momento en que los centros de poder se inclinan hacia la periferia, estancándose o languideciendo núcleos que, como el que nos ocupa, se sitúan en posición no litoral. De los factores que contribuyen a la localización en esta altura de un núcleo poblacional, que se mantiene en el tiempo aparentemente sin solución de continuidad al menos desde finales de la Edad del Bronce o desde comienzos de la del Hierro, pueden destacarse los siguientes: a) La confluencia de una serie de comunicaciones, siendo la principal el enlace terrestre natural entre el Campo de Gibraltar y la Depresión Inferior del Guadalquivir a través de la denominada "Cañada Real de Algeciras". Otras vías secundarias conectan a través de Medina Sidonia la Bahía de Cádiz con la cabecera del Guadalete, con las montañas septentrionales de esta provincia y con las sierras del Noroeste malagueño, en la comarca rondeña. b) En relación con las circunstancias anteriores, su situación como centro geográfico del cono sur ibérico. c) Se alza sobre un promontorio aislado que alcanza su cota máxima en el Cerro del Castillo, de 339 SPAL 3 (1994) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 DE LA FUNDACIÓN DE ASIDO  181 metros de altura sobre el nivel del mar. Ello facilita el control visual de un vasto territorio en sus alrededores, formado por campiñas y alturas menores, y de las vías terrestres ya mencionadas. Esta situación ha permitido, además, una cómoda defensa de la comunidad humana asentada aquí a lo largo de la Historia. d) En el mismo cerro ocupado por Medina Sidonia se dan los elementos esenciales para la existencia de un asentamiento humano permanente, tales como la presencia de agua -que aflora por una serie de fuentes situadas en su periferia y muy cercanas a las zonas de hábitaty una relativa abundancia de terrenos con grandes aptitudes para la explotación agropecuaria. A ello hay que sumar la existencia de bosques y sierras con importantes posibilidades cinegéticas. Gran parte de todas estas características económicas de la comarca pueden ser retrotraidas con facilidad hasta la Prehistoria Reciente (Padilla, 1991), pues su explotación se ha constatado a lo largo de la estratigrafía de la Edad del Bronce conocida en el cercano yacimiento de El Berrueco (Estévez y Paz, 1985. Escacena y De Frutos 1985). III. PANORAMA DE LA OCUPACIÓN PREHISTÓRICA Y PROTOHISTÓRICA El territorio inmediato a Medina Sidonia carece de un estudio exhaustivo de los testimonios paleolíticos, si bien no faltan análisis puntuales de industrias lfticas localizadas en las playas atlánticas de las proximidades, en concreto en el término de Chiclana de la Frontera (Vallespí y otros, 1992), e incluso aproximaciones globalizadoras de áreas cercanas (Giles y otros, 1978. Fernández-Llébrez y otros, 1988). Pero nos preocupa ahora más la situación en que se encuentran los conocimientos relativos a la Prehistoria Reciente, toda vez que suponen de alguna forma las bases documentales para valorar el poblamiento que precedió en la comarca a la fundación en Medina de un hábitat de época tartésica. Tras una serie de arios en que el conocimiento de la realidad antigua se había basado exclusivamente en el análisis de los textos escritos y en una poco contextualizada información arqueológica 4 , valorada esta última de forma escueta -y muchas veces confusapor tratados de historia local (Ramos Romero, 1981) o por obras generales de ámbito provincial o regional (Jiménez Cisneros, 1971), desde el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Cádiz se emprendió en 1980 la búsqueda de una serie de pilares que contribuyeran a ordenar el panorama de la secuencia cultural en el entorno de la Bahía de Cádiz, que de forma paralela se había iniciado ya con las excavaciones sitemáticas en la Torre de Doña Blanca por parte de D. Ruiz Mata, entonces desde la Universidad Autónoma de Madrid, y con la labor prospectora del equipo dirigido por E Giles Pacheco desde el Museo Municipal de El Puerto de Santa María. Ello permitiría la elaboración de un esqueleto en el que vertebrar la rica información acumulada al menos desde principios de siglo. Por lo que se refiere a la propia Medina Sidonia, nos habíamos marcado el objetivo concreto desde la Universidad de Cádiz de buscar el contexto poblacional de las ricas pinturas rupestres esquemáticas de sus sierras, conocidas para la comunidad científica al menos desde los tiempos de E. Breuil a través sobre todo del conjunto del Tajo de las Figuras. Las esperanzas de encontrar dicho engranaje fueron depositadas en el antes mencionado yacimiento de El Berrueco, a medio camino entre Chiclana y Medina pero perteneciente al término asidonense. La riqueza arqueológica de dicho enclave nos fue dada a conocer a los excavadores por F. Giles Pacheco, y desde muy pronto -ya desde una primera prospección superficial sistemáticase reveló como el lugar idóneo para alcanzar la meta marcada. Así, pudo obtenerse en la ladera norte del cabezo una secuencia iniciada en el Calcolítico Final y que concluye en época orientalizante. Dicha secuencia era fácilmente completable para tiempos más 4 . Algunas exvaciones puntuales suponen una excepción a esta tendencia. Por ejemplo: Alvarez, 1979-80. SPAL 3 (1994) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 182  J.L. ESCACENA / S. MONTAÑÉS /1. LADRÓN DE GUEVARA / L. PERDIGONES tardíos -hasta la Edad Media al menoscon los materiales hallados en la recogida sistemática llevada a cabo en los otros flancos del cerro. A más de diez arios de haberse llevado a cabo aquel primer sondeo en El Berrueco, hoy contamos con algunas relecturas de la estratigrafía que modifican precisamente la asignación cronológica y cultural de los niveles que ahora más nos importan, y que han sugerido la introducción de un hiato significativo entre la última capa del Bronce Medio (estrato IV) y la primera de la fase protohistórica (estrato V). Este corte habla de un abandono del poblamiento en torno tal vez al siglo XIII a.C., en coincidencia con el colapso de la cultura argárica (Lull, 1983: 457-458) 5 , y de una reocupación del sitio hacia los siglos IX-VIII a.C., al calor de la colonización fenicia del entorno gaditano. Desde aquellos trabajos en El Berrueco hasta hoy, se han llevado a cabo planes de investigación importantes en el ámbito de la Bahía de Cádiz en general y de Medina Sidonia en particular. De esos proyectos cabe destacar una sistemática labor de prospección en la cuenca baja del Guadalete (Giles y otros, 1989) y en los términos de Puerto Real (Lazarich y otros, 1989a y 1989b) y Jerez de la Frontera (González Rodríguez, 1989), así como un sustancioso análisis territorial de la periferia septentrional asidonense bajo la dirección de J. Ramos Muñoz, interesado más por las etapas tardías de la Prehistoria (Ramos Muñoz y otros, 1989). Un equipo dirigido por este último investigador citado ha obtenido además sólidas bases estratigráficas para la ordenación de los materiales arqueológicos de la comarca en el yacimiento de El Estanquillo, en el término municipal de San Fernando (Ramos Muñoz, 1993). Dicha secuencia ha venido de alguna forma a completar, sobre todo en su etapa precalcolítica, la ya conocida en El Berrueco. El estudio, en fin, de las ricas pinturas esquemáticas de las sierras que bordean la antigua laguna de La Janda, ha sido retomado desde hace algunos años por M. Mas i Cornellá (Mas, 1986 y 1987). Todos estos trabajos han revelado, como ya se apuntó en anterior ocasión (Escacena, 1986: 49-50), que las tierras litorales del hinterland gaditano conocieron un rico poblamiento durante el Calcolítico y el Bronce Medio -si bien esta segunda fase más pobre que la primera-, y que el Bronce Final fue en cambio una etapa de recesión demográfica no superada hasta la etapa última de dicho periodo (Escacena, e.p.), cuando la colonización fenicia empezaba a hacer notar sus efectos en la zona. Tal interpretación ha sido rebatida en varias ocasiones por Ruiz Mata, para quien los problemas reconocidos de falta de documentación no supondrían necesariamente una desocupación significativa del territorio durante los siglos XII, XI y X a.C. (Ruiz Mata, 1994: 290-292). IV. LOS NUEVOS DOCUMENTOS Los testimonios rescatados en las prospecciones superficiales llevadas a cabo en el yacimiento que ahora estudiamos son principalmente cerámicos, si bien se recogieron además algunos elementos líticos de cuyo estudio prescindimos aquí. Como estos últimos no ofrecen una cronología precisa, en poco ayudarían a clarificar el problema que ahora nos interesa abordar. Los fragmentos de vasijas que damos a conocer pertenecen a recipientes elaborados tanto a mano como a torno, pero una primera impresión general de los mismos avala la idea de que nos hallamos ante un lote de cronología homogénea. Abordaremos primero su anánilis descriptivo y más tarde su estudio y valoración crítica. 5 . Una posición menos concluyente sobre si El Argar acabó o no bruscamente ha sido posteriormente planteada por Chapman, quien trae a colación la posibilidad de una evolución hacia lo que en el Sureste de la Península Ibérica y en Andalucía oriental se ha venido denominando Bronce Tardío (Chapman, 1991: 283). SPAL 3 (1994) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 DE LA FUNDACIÓN DE ASIDO  183 4.1. Análisis descriptivo 4.1.1. Cerámica a mano Entre los tipos más elementales de vasos hechos a mano destacan los cuencos en forma de casquete esférico, que algunas veces llegan a la media esfera (fig. 3:1). Un ejemplar presenta el borde ligeramente engrosado y vuelto hacia el interior (fig. 4:14). Otro muestra un perfil algo sinuoso (fig. 3:2). Se trata en estos tres casos de piezas relativamente pequeñas y bruñidas. Cuando los diámetros son mayores, se prefiere en cambio un tratamiento menos cuidado, que consiste en alisar someramente las superficies (fig. 5:17-18), tal vez por tratarse en el primer caso de vajilla de mesa y en el segundo de vasos de cocina. Un tipo también elemental corresponde a vasos cerrados o de paredes muy verticales. Destacan en este lote un borde de vasija de tendencia esférica u ovoide (fig. 6:20) y otros de orzas con el labio ligeramente exvasado (fig. 6:23 y 26), uno de los cuales lleva líneas incisas bajo el hombro (fig. 4:7). Pueden ser tanto recipientes de cocina como grandes ollas de almacenamiento. Una pieza conservada en múltiples fragmentos ofrece como asas mamelones realzados a la altura del hombro (fig. 5:15). Otra, de superficies alisadas, puede pertenecer a los típicos vasos bicónicos usados tanto en los poblados tartésicos como en sus necrópolis (fig. 4:9). Entre los recipientes de mayor tamaño no faltan las típicas urnas de cuello acampanado, que se han tenido a veces por imitaciones del vaso á chardon fenicio. Como es normal, presentan fondo plano y cuerpo rugoso (fig. 6:28), mientras que el cuello recibe un tratamiento más esmerado mediante espatulación vertical (fig. 4:13). Este vaso lleva en la parte exterior del fondo la huella impresa de un trenzado vegetal. La serie más delicada en cerámica a mano viene representada en el yacimiento por las copas o cuencos carenados con superficies bruñidas o alisadas y colores normalmente oscuros. La mayor parte de este lote no exhibe decoración alguna (figs. 3:3-5, 4:11, 7:29, etc.), pero algún ejemplar se adornó, como es frecuente en este estilo cerámico, con geometrismos bruñidos (fig. 4:12). Es posible que a estas siluetas corresponda el fondo con omphalós de la figura 3 (n 2 6). Al mismo grupo pertenecen dos fragmentos de cerámica a mano con decoración pintada: el n 2 27 (fig. 6) y el 30 (fig. 7), el primero con bandas y líneas horizontales y el segundo con una capa uniforme por el interior. Otros testimonios en cerámica a mano no incluidos en esta sucinta exposición quedan descritos en la ficha inventario de materiales. 4.1.2. Cerámica a torno Las vasijas fabricadas a torno conforman el grupo menos numeroso del presente conjunto de cerámica. Esta circunstancia constituye una verdadera característica del yacimiento en lo que conocemos de él por los hallazgos hasta ahora controlados, pues la recogida exhaustiva de todos los restos arqueológicos que afloraban a la superficie del terreno resta arbitrariedad a la muestra. Se trata normalmente de trozos amorfos sin decoración, si bien hemos dibujado aquí precisamente los que ofrecían silueta reconocible o algún motivo ornamental, y especialmente los que podían proporcionar cierta información cronológica. Un grupo de testimonios pertenece a vasos fabricados con hornos de atmósferas oxidantes, y por tanto de pastas claras. Lo forman vasos cerrados (fig. 8:32), cuencos (fig. 8:34) y platos (fig. 8:39) pintados de rojo. El más singular corresponde a una copa de perfil en S pintada con pequeña banda y líneas rojas que enmarcan un trenzado blanco amarillento (fig. 8:37). El fragmento 33 (fig. 8) pertenece a la especie "gris de occidente", un tipo poco representado hasta la fecha en el sitio según revelan los materiales recogidos en superficie. SPAL 3 (1994) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 184  J.L. ESCACENA / S. MONTAÑÉS / I. LADRÓN DE GUEVARA / L. PERDIGONES Cabe mencionar por último, dentro de este lote de cerámica a torno, un trozo de soporte anular fabricado en pasta de color grisáceo, si bien no perteneciente a la variedad aludida en el párrafo anterior (fig. 8:40). 4.2. Estudio crítico Como no es el objetivo del presente artículo hacer un estudio exhaustivo de los materiales cerámicos en él analizados, sino reflexionar sobre los momentos fundacionales del núcleo urbano de Medina Sidonia a partir de la documentación rescatada, no alargaremos este apartado con innumerables paralelos tipológicos de las vasijas, sino que repararemos especialmente y con más detenimiento sólo en aquellas que ofrezcan mejores posibilidades de datación. En cualquier caso, debemos recordar de nuevo que todos los testimonios carecen de referencias estratigráficas, de forma que sólo el análisis formal de los mismos y su confrontación con otras evidencias de contextos conocidos y fechados nos permitirán alcanzar en parte esas metas. 4.2.1. Cerámica a mano El lote de cerámica a mano que arroja mayores precisiones cronológicas corresponde tal vez al grupo de copas o cuencos carenados de superficies cuidadas (figs. 3:3-5, 4:8 y 11, 6:19,21 y 24, etc.). Se ha pensado normalmente que, en este tipo de recipientes, una acusada verticalidad de la parte superior del cuerpo -desde la carena hasta el bordesería indicio de antigüedad, ya que esa tendencia recordaría formas herederas de las viejas tulipas del Bronce Medio (Pellicer, 1987-88: 466). Pero, aun siendo posible que ese comportamiento tuviese cierto arraigo en algunas comarcas andaluzas, como parece ocurrir en el tramo cordobés de la cuenca del Guadalquivir según revela la estratigrafía de la Colina de los Quemados (Luzón y Ruiz Mata, 1973: lám. V:b) 6 , tanto yacimentos cercanos a Medina como otros puntos más próximos al Bajo Guadalquivir han demostrado la imposibilidad de generalizar esta característica a toda Andalucía occidental, siendo especialmente el entorno de la Bahía de Cádiz una de las comarcas donde dicha peculiaridad menos se cumple. En el propio Berrueco de Medina, los cuencos que manifiestan esta pauta pertenecen al estrato V (Escacena y De Frutos, 1985: figs. 29:200 y 30:224), pero también al VI y al VII (Escacena y De Frutos, 1985: figs. 31:233, 32:257 y 34:269-271) 7 ; en Lebrija, el sector del yacimiento conocido como "Huerto Pimentel" proporcionó esta forma en los estratos II, III y IV (Tejera, 1985: figs. 5-7), que no parecen anteriores en ningún caso al siglo VIII a.C. (Escacena y Belén, 1991: 19-20). Así, no necesariamente tendríamos que dar por más arcaicos dentro de la serie los ejemplares n(' 3, 4, 19 y 21, que en principio estarían tipológicamente más cercanos a las siluetas bicónicas tenidas tradicionalmente por marcadores cronológicos de una fase precolonial relativamente vieja del Bronce Final. De hecho, en la cabaña I-1 del poblado metalúrgico de San Bartolomé de Almonte, en la provincia de Huelva, que constituye un hallazgo cerrado de difícil contaminación por la ausencia de estratigrafía, convivían tipos supuestamente antiguos con otros dados por más modernos (Ruiz Mata y Fernández Jurado, 1986: lám. C:1252-1258). Sí responden a siluetas recientes, aún dentro de los tiempos tartésicos orientalizantes, otras variantes más 6 . Una revisión reciente de los niveles fundacionales de las estratigrafías cordobesas publicadas (Escacena, e.p.), nos ha hecho dudar incluso de que esta pauta evolutiva de la morfotipología cerámica sea característica del Guadalquivir medio. 7 . El estrato V del Berrueco gaditano fue datado primeramente en torno al siglo X a.C. (Escacena y De Frutos, 1985: 83), pero una revisión posterior ha rebajado su cronología al menos en un siglo (Belén y Escacena, 1992: 70-71). SPAL 3 (1994) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 DE LA FUNDACIÓN DE ASIDO  185 evolucionadas de tales copas (figs. 3:5, 4:11, 6:24 y 7:29). Dichos cuencos carenados cabrían perfectamente en los siglos VII y VI a.C. Sospechamos que a idéntica fecha, aunque también al siglo VIII a.C., podrían atribuirse los vasos a mano pintados. El que lleva todo su interior rojo, con la pintura en gran parte hoy perdida, correspondería según la hipótesis más admitida a una herencia de la cerámica a la almagra prehistórica (Buero, 1987-88: 500). Pero son tan escasos en el occidente andaluz los eslabones que soportarían este enlace, que parece hoy una explicación más razonable admitir la imitación del barniz rojo fenicio por alfareros locales en sus productos fabricados a mano. No cabe duda, por otra parte, de que estamos ante una tradición parcialmente distinta a la que produjo la típica cerámica pintada de El Carambolo, cuyo geometrismo barroco no aparece en el repertorio asidonense hasta ahora controlado. Un buen indicador cronológico vendría representado por la urna de cuerpo rugoso y cuello acampanado de amplio desarrollo, una forma que, como antes indicamos, se ha considerado en alguna ocasión la copia indígena de los vasos á cha rdon fenicios (Pellicer, 1968: 66), y por tanto de cronología posterior a la fase precolonial de la cultura tartésica 8 . En un enclave relativamente próximo a Medina Sidonia, en concreto en la Mesa de Algar (Vejer de la Frontera), el tipo se usó, al igual que en otros muchos sitios bajoandaluces de la primera Edad del Hierro, como recipiente funerario (Lazarich, 1985: fig. 3:2). Nuestro ejemplar presenta el fondo exterior marcado por la impresión de una estera de trenzado vegetal, una circunstancia observada también precisamente en el cercano Berrueco, en el propio término municipal de Medina (Escacena y otros, 1984: fig. 70). Parece que esta impronta no tuvo carácter decorativo, sobre todo porque el lugar en el que aparece no es el más indicado para tal propósito, sino que se debió más a una técnica de fabricación según la cual los recipientes se levantaban, siguiendo una costumbre prehistórica antiquísima constatada ya en el Neolítico griego al menos (Theocharis, 1973: fig. 122), sobre esteras de fibras vegetales. De un tiempo a esta parte se han dado a conocer múltiples yacimientos que datan esta técnica en el Hierro I, con especial predicamento en los siglos VIII y VII a.C.: Cerro de Santa Catalina del Monte, en Verdolay (Murcia) (Poyato, 1976-78: 540, fig. 6, n 2 41 y fig. 7,D); Cerro de las Cabezas de Santiponce (Sevilla) (Domínguez de la Concha y otros, 1988: láms. LII:671 y LIX:791); poblado metalúrgico de San Bartolomé de Almonte (Huelva) (Ruiz Mata y Fernández Jurado, 1986: láms. LXII:840 y CV:1336 y 1345) 9 ; etc. También a la primera Edad del Hierro debe corresponder la olla que lleva líneas incisas horizontales sobre su hombro (fig. 4:7), con paralelos de esta fecha en el mismo yacimiento de San Bartolomé de Almonte (Ruiz Mata y Fernández Jurado, 1986: lám. XCVII:1220), en el Cerro Macareno (La Rinconada, Sevilla) (Pellicer y otros, 1983: fig. 62:729) y en el propio Berrueco de Medina entre otros sitios (Escacena y otros, 1984: fig. 80). En síntesis, pues, la cerámica a mano controlada en nuestros trabajos de prospección revela una ocupación centrada fundamentalmente en el Hierro Antiguo. No puede descartarse que algunos ejemplares de vasijas pertenezcan incluso a momentos anteriores a la colonización fenicia, pero ninguna pieza parece sobrepasar en cambio las postrimerías del periodo tartésico, como no sean los pocos tiestos romanos no incluidos en el presente estudio. En consecuencia, cabría admitir para este conjunto unos márgenes cronológicos definidos por los siglos IX y VI a.C., si bien la mayor parte del material podría adjudicarse al VII. 8 . En cualquier caso, aun si no estuviéramos en lo cierto al admitir esta imitación, tales vasijas han sido datadas normalmente en cronologías de la Edad del Hierro: Aubet, 1989: 302. Pellicer, 1987-88: 466; y 1989: 175. Ruiz Mata y Pérez, 1989: 291. 9 . En este caso onubense las improntas no son de cestería, sino de hojas vegetales Qvid?, ¿higuera?); pero se trata sin lugar a dudas de la misma técnica y del mismo tipo de recipientes. SPAL 3 (1994) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 186  J.L. ESCACENA / S. MONTAÑÉS / I. LADRÓN DE GUEVARA / L. PERDIGONES 4.2.2. Cerámica a torno A pesar de que los vasos a torno deberían de constituir un grupo de datación relativamente más fácil que los hechos a mano, la ausencia en el lote que ahora analizamos de abundantes testimonios de recipientes de siluetas conocidas, nos obliga a prestar atención sólo a los más significativos, enfatizando sobre los demás su rol de soporte cronológico básico. Así, atenderemos especialmente a la forma del plato de la especie "gris" (fig. 8:33) y del soporte anular (fig. 8:40), y al diseño bícromo de la copa pintada (fig. 8:37). Los estudios tipológicos de la cerámica gris a torno encontrada en yacimientos andaluces datarían nuestro ejemplar en los siglos VII-VI a.C. (Caro Bellido, 1989a: forma 17A. Mancebo y otros, 1992: tipo I.D). Esta variedad resulta especialmente abundante en Andalucía occidental, destacando el conjunto de Huelva (Belén, 1976: 370-371, tipo VI, fig. 5. Belén y otros, 1977: 315). Algún autor la ha tenido por copia de platos fenicios de barniz rojo (Roos, 1982: 58). Conocemos los soportes anulares en dos versiones: en cerámica a mano (Escacena, 1979-80: 208-209) y en cerámica a torno (Caro Bellido, 1989a: forma 2). El nuestro, aun perteneciendo al segundo grupo, sigue más de cerca la silueta de la variedad hecha a mano, alejándose de los modelos de sección romboidal que, iniciados al menos a mediados del siglo VII a.C. (Pellicer y otros, 1983: fig. 67:635), llegan incluso al V a.C. (Arribas y Arteaga, 1975: láms. II:a y c, y IX:d). Pero el tipo con estrangulamiento central, el que ahora nos importa, pervivió hasta los inicios de la segunda Edad del Hierro cuanto menos, sobre todo en el litoral costero de Andalucía oriental, más apegado a la tradición fenicia y púnica (Arribas y Arteaga, 1975: lám. II:b). En Huelva, un anillo con forma similar al de Medina apareció en el Sondeo I del Cabezo de San Pedro (Blázquez y otros, 1979: 188, fig. 218 bis), un contexto de cronología imprecisa a causa de las remociones de época medieval, pero que ha sido datado en el siglo VI a.C. con base en la cronologóa otorgada a los demás materiales cerámicos protohistóricos (Caro Bellido, 1989a: 37-38). En consecuencia, creemos que el que ahora estudiamos corresponde también a época tartésica. El fragmento de cuenco a torno con perfil en S pintado en rojo y amarillo no corresponde evidentemente a la línea evolutiva de cerámicas a mano pintadas de tradición indígena, entre las que el tipo Carambolo constituye la variedad más frecuente en el Guadalquivir inferior y en su periferia inmediata. La combinación de colores usados recuerda más a experiencias de Andalucía oriental e incluso de La Meseta, si bien cada vez parece más difícil delimitar subconjuntos dentro de la serie (Pereira, 1989: 400). El hecho de estar fabricada a torno y el motivo de "trenza" o "guiloche" representado en ella, vinculan a esta copa a la serie tartésica pintada con temas "orientalizantes" (Remesal, 1975: fig. 13). Dicho adorno fue localizado ya por Bonsor en Los Alcores (Bonsor, 1899: 124-125), y ha sido más recientemente documentado en diversos yacimientos de la Baja Andalucía (Chaves y De La Bandera, 1986: 127 ss. Murillo, 1989: fig. 4:B.12.2). No parece que el ejemplar de Medina pueda atribuirse fácilmente al supuesto taller del Bajo Guadalquivir (Murillo, 1989: 159), sobre todo porque la forma del vaso no ha sido localizada en esa zona en los conjuntos de cerámica a torno pintada con motivos orientalizantes. El paralelo más cercano en cambio al diseño decorativo y a la bicromía usada en el recipiente de Medina, aunque algo más evolucionado, procede de la provincia de Jaén, en concreto de Cástulo, donde se halló en niveles ibéricos del poblado de La Muela (Blázquez y Valiente, 1981: 41, fig. 19:42). En síntesis, parece que la cerámica a torno que aquí se estudia puede ser centrada cronológicamente en los siglos VII y VI a.C., si bien con cierta inclinación hacia esta última centuria más que hacia la primera. V. VALORACIÓN FINAL Los testimonios arqueológicos reseñados delimitan un horizonte de poblamiento centrado en plena Época SPAL 3 (1994) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 DE LA FUNDACIÓN DE ASIDO  187 Orientalizante. Es cierto que la tipología de la cerámica a mano podría sugerir una fecha ligeramente anterior, pero la mayor precisión ofrecida por los recipientes a torno constriñe los límites de la ocupación humana a tiempos tartésicos ya coloniales, tal vez con centro en el s. VII a.C. Conocemos muy escasos vestigios como para precisar si en esta fase estuvo o no habitado el Cabezo del Castillo, circunstancia que podría aclarar si nos hallamos ante el núcleo fundacional de Asido o en uno de sus barrios periféricos. Futuros trabajos podrán perfilar tales pormenores; pero, de momento, es posible al menos plantear, aun si estuviéramos ante restos funerarios, que tales documentos de época tartésica vienen a corroborar materialmente la tradición literaria que atribuye a los momentos de la colonización fenicia el origen de la ciudad. En atención a que en este sector existen también cerámicas romanas, y que sabemos que el centro urbano de esta otra fase más reciente ocupó sobre todo la falda meridional del Cabezo del Castillo, podría argumentarse que, de no ser una necrópolis, nos podríamos encontrar tal vez ante un fenómeno similar, es decir, en realidad ante una expansión urbana periférica que se prolongó especialmente en dirección occidental, en concreto hacia otro promontorio que ofrecía casi tan buenas condiciones estratégicas como el Cerro del Castillo. De hecho, ampliaciones de núcleos urbanos se conocen para tiempos tartésicos orientalizantes en diversos enclaves. Bien detectado está el caso de la Mesa de Setefilla, que en los siglos VII y VI llegó a ocupar toda la plataforma disponible sobre la que se ubica el yacimiento, mientras que en momentos anteriores el hábitat se había limitado al extremo norte de la meseta, ocupado hoy por el telt que soporta la fortaleza medieval (Aubet y otros, 1983: 86-100). Algo parecido ocurrió en El Carambolo, pues la distinción hecha por Carriazo entre poblados "alto" y "bajo" (Carriazo, 1970, 1973 y 1978), no obedece más que a la percepción de un alargamiento del área habitada en el cerro desde la cima hacia la ladera, en coincidencia con esta cronología (Escacena, 1993). En el caso de Medina Sidonia, la fecha de su fundación coincidiría con la de otros núcleos de la Baja Andalucía que entraban a formar parte de una red de sitios implicados en las estrategias económicas fenicias -planificadas o node la explotación de Tartessos; circunstancias que se prolongan en Asido hasta el siglo III a.C., ahora bajo la dominación cartaginesa (Padilla, 1985: 308). Así, el germen de la ciudad de Niebla (Ilipla) ha sido contextualizado en este ambiente cronológico y de intereses (Belén, e.p.). Es posible que, de la misma forma que dicha ciudad onubense constituía un hito fundamental en el acceso a los recursos mineros de la zona de Riotinto (Belén y Escacena, 1990: 233. Fernández Jurado, 1986: 169), Medina Sidonia representara un papel semejante en el control de las vías de comunicación que enlazaban la costa atlántica con las campiñas que forman el piedemonte de la Subbética al Este de Gadir, de ricas posibilidades agropecuarias 10 , además de escala obligada en las comunicaciones con la Sierra. El uso de dicho camino había tenido larga tradición en la Prehistoria reciente del cono sur ibérico, pues pudo ser una de las rutas principales por las que el sílex de las montañas gaditanas y malagueñas se distribuyó a las poblaciones costeras, a cambio tal vez de sal y/o de salazones de pescado". De hecho, en el poblado calcolftico de Cantarranas, en El Puerto de Santa María, existen soportes silíceos no locales usados en la fabricación de útiles líticos (Valverde, 1993: 183); y el taller de Montecorto, en Ronda, ha sido relacionado con una distribución regional de dichos productos (Vallespí y Cabrero, 1980-81: 60). La misma ruta, pero en dirección contraria, parece que pudo haber tomado la piedra ostionera de procedencia litoral usada en muchos enclaves del interior como materia prima de los molinos de vaivén para grano. Por otra parte, Asido era punto de paso en la vía que enlazaba la Bahía de Cádiz con el litoral malagueño y granadino, un camino usado ya en época argárica según sugiere la documentación aporta10 . Estudio agrobiológico de la provincia de Cádiz. Sevilla, 1969: 340-341. 11 . La producción de sal marina está constatada en la desembocadura del Guadalquivir ya a fines del IV milenio o comienzos del III a.C. (Escacena, 1994). SPAL 3 (1994) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1994.i3.07 194  J.L. ESCACENA / S. MONTAÑÉS / I. LADRÓN DE GUEVARA / L. PERDIGONES CARRIAZO, J.de M. (1970): El tesoro y las primeras excavaciones en "El Carambolo" (Camas, Sevilla) (Excavaciones Arqueológicas en España 68). 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