La dimensión americana del español
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LA DIMENSIÓN AMERICANA DEL ESPAÑOL
GREGORIO
SALVADOR
Real
Academia
Española de la Lengua
De la se ie de acon ecimien os admi ables que u ie on luga en 1492 y
cuyo medio milenio es amos celeb ando, quie o des aca uno: la llegada a
Amé ica de la lengua española. Que mien as C is óbal Colón hacia camino en el
Océano A lán ico, An onio de Neb ija p esen a a su G amá ica de la lengua
cas ellana a la eina Isabel, la p ime a g amá ica de una lengua ulga , y que ese
mismo año publica a su Dicciona io la ino-español, con la in ención ya
exp esada en el p ólogo de con inua lo con el español-la ino, son ob iamen e
hechos casuales, pe o de la casualidad nacen, no pocas eces, los símbolos. Y lo
cie o es que hoy, as cinco siglos de con o e ida his o ia, más de escien os
millones de pe sonas hablan español en aquel con inen e. De hecho po en oso lo
ha cali icado E nes o Sába o. Y desde luego nunca, en la his o ia uni e sal,
desde que el mundo es mundo, ha ocu ido que ein e naciones compa an un
único idioma como lengua común, no sólo o icialmen e, como idioma de la
adminis ación o de la cul u a, sino ealmen e como lengua p opia, como lengua
del in e cambio co idiano, y además mayo i a ia, cuando no única, en odas ellas.
La p olongación ame icana de la lengua española le ha dado a es a su
e dade a dimensión, la ha con e ido, con el chino, el inglés y el hindi, en una
de las cua o lenguas mayo es, las que supe an los escien os millones de
hablan es, y po su ex ensión geog á ica y su ca ác e mul inacional, ha llegado a
se , as el inglés, la segunda lengua de elación en nues a época, la segunda, po
lo an o, en demanda de ap endizaje, en núme o de hablan es ex años que la
adquie en, desde la suya ma e na, como ins umen o de elación in e nacional,
como ehículo pa a in oduci se en un uni e so cul u al a iado y poli acé ico,
pa a eco e la guísimos caminos po as os e i o ios, en e gen es de azas
di e sas, de muy dis in o o igen y colo de piel, c uzando on e as nacionales,
anchísimos íos y casi in anqueables co dille as, sin deja de oí el mismo
idioma y comunicándose, g acias a él, con an abiga ada mul i ud.
Con un español g ama icalmen e udimen a io, pe o no exen o de
p ecisiones y has a de b illos léxicos, ap endido en u a du an e poco más de diez
semanas, me decía más o menos es as cosas, ma a illado, un jo en belga, apenas
ein eañe o, que iajó en el asien o con iguo al mío, desde Mad id a B uselas, la
a de del 31 de ene o úl imo. Había llegado aquella mañana a Ba ajas, desde
Bogo á, as un iaje a en u e o, de casi es meses, po Amé ica del Su . Había
pasado una semana en Río y, a mediados de no iemb e, oló a Mon e ideo.
C uzó luego a Buenos Ai es, a a esó la A gen ina y emon ó en en los Andes
CAUCE
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has a llega a Chile. Es u o luego en Boli ia, en Pe ú, en Ecuado y, inalmen e,
en Colombia, donde se había demo ado, más capaz ya de en ende se en la lengua
ap endida po esos caminos y, sin iempo pa a llega se a Venezuela, que es aba
incluida en su p oyec o de iaje, había salido la a de an e io del ae opue o de
El Do ado, había hecho escala en San o Domingo y aún le habían sob ado cua o
ho as en Ba ajas pa a con i ma que ese dila ado idioma de su la ga excu sión
e a e ec i amen e el mismo que se hablaba en España, donde él no había es ado
nunca, has a aquella mañana, y a donde que ía ol e aho a, siemp e que
pudie a, pa a ac ecen a y pe ila esa lengua ecién ap endida y que e a -él lo
acababa de comp oba - nada más y nada menos que la lla e necesa ia pa a
ab i se a la comp ensión de odo un con inen e.
La p ime a imp esión de cualquie eu opeo que llega po p ime a ez a
Amé ica es la de que el llamado Nue o Mundo es un mundo desmesu ado. Todo
es más g ande, gigan esco, desmedido, odo esponde a o a escala, mucho
mayo siemp e que la del Mundo Viejo "Descomunal" ue el p ime adje i o que
se le ocu ió a Miguel Delibes pa a comunica su sensación, cuando hizo su
pe sonal descub imien o de Amé ica. Mi jo en amigo lamenco no ha sido, po
supues o, insensible a esa desp opo ción geog á ica, pe o lo que le ha pa ecido
pa icula men e asomb oso es la dimensión de la lengua, que cub e
p ác icamen e odas las demás dimensiones. Nacido en las p oximidades de
Gan e, ence ado -y has a qué ex emo- en su pa cela lingüís ica, con
conocimien o escola de o as lenguas, no del español, su encuen o di ec o con
nues o idioma lo había dejado li e almen e es upe ac o. Le esul aba pun o
menos que milag osa esa ex ensión uni a ia de una lengua común po an
as ísimos e i o ios. Y su acilidad de ap endizaje, su cla idad ónica, su
a monía. Es aba encan ado de pode habla la conmigo, sencillamen e de habla la.
Me eco daba a o o mozo de Gan e, don Ca los I de España, el u u o
empe ado , cuando llegó a Cas illa en 1516 y se encon ó inme so en una lengua
de la que hab ía de p enda se, a la que hab ía de alaba sin asa y a la que
acaba ía p oclamando lengua in e nacional, de hecho, en su amoso discu so de
desa ío a F ancisco I de F ancia, an e el Papa, el 17 de ab il de 1536, cuando el
obispo de Macón, embajado del ey ancés, se quejó de no en ende el español
y don Ca los le eplicó con unas palab as que se han epe ido miles de eces y
que no impo a epe i una ez más: "Seño obispo, en iéndame si quie e, y no
espe e de mí o as palab as que de mi lengua española, la cual es an noble que
me ece se sabida y en endida de oda la gen e c is iana".
Pe o hacia donde se iba ex endiendo el español e a hacia Amé ica. A
mediados del siglo XVI habían pasado a Indias unas cien o cincuen a mil
pe sonas, y esa e a la lengua que lle aban. Sin p e ensiones de impone la, con
ánimo de usa la. Su expansión en aquel con inen e se ía len a. En 1810, cuando
se inicia el p oceso de independencia, no había más allá de es millones de
hispanohablan es de lengua ma e na en oda la ex ensión colonial, según el
cálculo es ablecido po Ángel Rosenbla y a alado con su eno me au o idad. La
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implan ación del español en Amé ica ue asun o de los conquis ado es; su
ex ensión, p opósi o log ado de los libe ado es, que en endie on muy bien que
ese lazo lingüís ico les daba ue za y no e a un legado del que se pudie a
p escindi .
La dimensión in e nacional del español hoy en el mundo se la con ie e, an e
odo,
su ex ensión ame icana. Ellos son más de escien os millones, como digo:
noso os, los hispanohablan es españoles, el pico que comple a la suma. Si la
p oyección eu opea de nues o idioma, en el XVI, emp endida po el empe ado
Ca los V, daba luga a que en Flandes uesen muchos los que la ap endiesen,
como dice A ias Mon ano, "po la necesidad que ienen de ella, así pa a las cosas
públicas como pa a la con a ación", los jó enes lamencos de hoy, o alemanes o
escandina os o co eanos o japoneses o á abes, si la ap enden -y cada día la
ap enden más- es pa a pode mo e se con mayo acilidad, en los negocios o en
la a en u a, po los di e sos países de aquel con inen e. Queb ada más a de, en
g an medida, esa p oyección hacia Eu opa de la lengua cas ellana, si ió en
cambio de ehículo pa a la asmisión a Amé ica de la cul u a eu opea, pa a
ensancha los lími es de odo eso que llamamos cul u a occiden al, que es
adicalmen e opues a a casi odas las o as cul u as po que es una cul u a abie a,
es deci , no una cul u a ence ada en sí misma sino una cul u a que se o ece y
que se da, que se compa e con los ex años sin ecelos y gene osamen e. Y es o
hay que deci lo, con cla idad y i meza, cuando an a es olidez, igno ancia y
alsedad se es án mezclando en esa inane con o e sia sob e un supues o
encuen o de dos cul u as, que po un lado e a una, e ec i amen e, dispues a a
da se, a ansmi i se, y po el o o e an cen ena es, aisladas y con adic o ias, sin
el meno impulso de asmisión. En suma, una cul u a abie a, la eu opea y
c is iana, expansi a, ex a e ida, p es a a en ega se y ambién a ecibi , en e a
múl iples cul u as ce adas, aco adas en sus p opios lími es, es deci , con inadas,
in o e idas e in ecundas en su aislamien o.
Cuando es o esc ibo, hace pocos días que un esc i o alemán, Gün he
G ass, cuyos mé i os li e a ios en su lengua alemana, no puedo juzga , po que no
la conozco, cuya enjundia na a i a, en sus no elas aducidas, me esul a
medioc e, y de cuyo escaso cacumen nos ha dado abundan es mues as, du an e
muchos años, cada ez que le han pedido una opinión sob e algo, ha enido a
Se illa con la p e ensión de aleccionamos y nos ha p egun ado desde la ibuna
del Pabellón de España, qué es lo que me ece celeb a se de lo que ocu ió en
1492.
La espues a ya es á dada más a iba, y si no ue a po que el seño G ass
ha demos ado cumplidamen e, a lo la go de oda su ca e a, su incapacidad
absolu a pa a en e a se de lo que ha enido delan e de los ojos, yo le aconseja ía
que siguie a la misma u a que el a ispado muchacho de Gan e, a e si log aban
ab í sele, po in, las luces del en endimien o.
Bien es e dad que los alemanes se han sen ido siemp e muy ligados a su
e nia y la iden i ican, además, con la lengua que hablan. No an solo ellos. Tal
iden i icación es á en la aíz de odos los nacionalismos y hace es agos en el
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iempo ac ual. Pe o noso os no hablamos una lengua nacional, es más, en
nues a nación se hablan ambién o as lenguas, y lo mismo ocu e en no pocas
naciones de la comunidad hispanohablan e. Los que hablamos la o igina ia
lengua de Cas illa pe enecemos a e nias muy di e sas, a dis in as azas, a
di e en es cul u as. Po que el español como lengua y los españoles que lo
lle a on al Nue o Mundo supie on ecunda las ce adas cul u as ame indias y
c ea una cul u a nue a, uni a ia y, a la pa , a iada y mul i o me, no ya
simplemen e eu opea ni uni o memen e ame icana: eso que se ha llamado
siemp e, con no able jus eza, cul u a hispánica, aunque aho a haya mucha gen e,
den o y ue a de ella, que desdeñen al nomb e e incluso lleguen a nega su
ealidad.
En e los lib os que se han publicado en las íspe as del Quin o Cen ena io,
quie o llama la a ención sob e El sueño hispano an e la enc ucijada del acismo
con empo áneo (Mé ida, 1991), del ca ed á ico de Lingüís ica gene al de la
Uni e sidad de Valencia, Ángel López Ga cía, que ecibió el VIII P emio
Cons i ución de Ensayo, con ocado po la Jun a de Ex emadu a. Ángel López
ehuye ópicos y e lexiona se iamen e y con agudeza sob e la expansión del
español, sob e el peculia ca ác e de lo "hispano". Y en un a ículo más ecien e
del mismo au o , publicado es e mismo mes de ab il de 1992, en el n° 210 del
Bole ín in o ma i o de la Fundación Juan Ma ch, se lee es e pá a o que sin e iza
su pensamien o al espec o, pensamien o que yo compa o: "El o igen medie al
de la sólida cohesión in e na del español se halla en su condición de lengua de
in e cambio, de koiné peninsula pa a uso de los dis in os habi an es de la
Península Ibé ica, cualquie a que uese su lengua ma e na. El undamen o de su
es abilidad mode na, más ame icana que española po cie o, es su alzamien o a
lengua iguali a ia del mes izaje en e e nias de lengua y cul u as muy
di e en es".
Esa es, en sín esis, la his o ia y condición de nues a lengua, e nácula ya en
ninguna pa e -ni siquie a en Cas illa, me a e e ía a deci -, ins umen o de
elación en e pueblos di e sos, ehículo de cul u as mes izas, p oduc o
exclusi o de la ue za de in e cambio y desligada, hace ya siglos, de cualquie
clase de apego al espí i u de campana io, de cualquie in en o de amojonamien o
local. Una lengua pa a la elación, con la que nos podemos en ende hoy casi
cua ocien os millones de pe sonas. Un idioma mul ié nico y plu inacional,
homogéneo y pe ec amen e in eligible desde odas sus a iedades, inclusi e la
a caica judeo-española. Casi un milag o en es e mundo de es anda es y
on e as. El cas ellano iba camino de se , en el siglo XVI, la lengua común de
oda la península hispánica y aún la lengua de las cancille ías eu opeas. Des iada
hacia el Nue o Con inen e, ya como lengua española, Amé ica le ha acabado
dando, en es e siglo XX, su ac ual dimensión uni e sal.
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