Discurso de ingreso en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras
Full text
DISCURSO
DE
INGRESO
EN
LA
REAL
ACADEMIA
SEVILLANA
DE
BUENAS
LETRAS
*
po
JOSE ROMERO ESCASSI
Excmos. Seño es:
Al exp esa les mi ag adecimien o
po
la al a dis inción que
me
o o gais o eciéndome un si io en e us edes en el seno de es a hono-
able Ins i ución,
Jo
hago con plena conciencia del sen imien o gene-
oso que ha inspi ado ues a de e minación al iempo de alo a mis
me ecimien os. Con ello queda ue a de mi ánimo cualquie asomo
de
anidad, pa a hace se p esen e la g an esponsabilidad que con es a
acep ación con aigo.
Pe o mi g a i ud ambién incluye una ín ima sa is acción
que
quie o señala debidamen e, al comp oba que
no
haya sido impedi-
men o el hecho de habe anscu ido una g an pa e de mi ida a
le
-
jado de es a ciudad nues a; dis ancia ísica, que no espi i ua
l.
Con ello supe áis, Seño es Académicos, un ex endido p ejuicio,
que censu a con exage ado celo
al
se illano que se ausen a, y puedo
da é
po
p opia expe iencia de mi o al desacu
e
do con aquella
mane a de en ende ,
pud
iendo asegu a que nu
es
os ínculos
se
a i man y obus ecen con la dis ancia, al iempo que los sen imien os
se decan an y cla i ican. Vi i en dis ancia
no
quie e signi ica i i
dis anciado y
en
es e eg eso mío, con ues o ges o acogedo dejáis
bu
en ap ueba: es a ez quien ol ió a Se illa encon ó una silla, y es e
encuen o hace sen i me muy a o unado.
(*) Discu so leido el 24 de mayo de 1992 en el ing eso del Académico D. José Ro
me
o
Escassi.
116 JOSE ROME
RO
ESCASSI
Al
ag ado de celeb a es e solemne ac o, asis ido po an amis o-
sa compañía engo que sus ae
un
g an pesa
que
ensomb ece
es os
júbilos al deplo a la al a de amigos míos que idísimos, miemb os
ejempla es de es a Real Academia que ue on Don Sebas ián
Ga cía
Díaz y Don Juan Collan es de Te án en usias
a
s aledo es de
mi
candida u a pa a accede al pues o que hoy engo a ocupa .
De
su
pé dida no he podido encon a ali io, y su año anza acude a mi
me-
mo ia cada ez que aspongo los umb ales de
es a
Casa.
Sucedo en es e sillón académico al p o eso Don Lo enzo Polaina
O ega, pe sonalidad muy des acada en la ida in elec ual y docen e
de
Se illa,
en
la disciplina del De echo p ocesal
en
es a Uni e sidad,
cuya
ac i idad eje ció la gos años, con an p o undo sabe
como
exigen e igo mo al.
Su e udición en ma e ia ju ídica quedó consag ada a a és
de
nume osos abajos sob e es a especialidad, pe o su ena li e a ia y
su
cul u a humanís ica halla ían el mejo cauce a o illas del Guadalqui-
i nacien e, allá en
la
s ie as de Cazo la que ambién alumb a on su
p opio nacimien o y semb a on en su co azón
el
amo e ien e y
pe du able que inspi an sus en añables esc i os al e oca la.
Al
suce-
de le
en
es a Co po ación, hago o os po cumpli
mí
come ido con
el
mismo empeño que dejó señalado
su
cla o ejemplo.
LENGUAJE VISUAL
En la al e na i a de elegi
un
ema que uese adecuado a es a so-
lemne ocasión, me eo obligado a supe a cie os esc úpulos que
de iban
de
la pa edad de
mi
bagaje e udi o en los asun os li e a ios,
que
siendo ma e ia muy a ac i a
pa a
mi gus o, nun
ca
alcancé
aden a
en
su doc ina sob e bases mínimamen e o denadas. Bas e
decla a
que
a a esé los es udios
de
bachille a o sin oza la más
elemen al noción que e sa a sob
e
iloso ía, li e a u a o his o ia del
a e, quedando así ma cado a pe pe uidad po una ín ima de
sc
on ian-
za en
mi
s p opios cimien os.
Es a ca encia, sin emba go,
me
ha
sido gene osamen e compensada
con p o idencial o una, al encon a en
mi
andadu a pos e io pe -
sonas de excepción que han en iquecido mi ida, con la luminosidad
de
su alen o y el caudal de sus sabe es. En e los ecue dos más
emp anos y e ien es des aca con los mas i os esal es
Ja
imagen
DISCURSO DE INGRESO EN
LA
REAL
ACADEMIA 117
a aye
n
e y seño ial de Don Manuel Machado,
mo
s ando
de
modo
ejempla su ac isolada ex i pe se illana acuñada en los más depu ados
oque
le
s.
En homenaje a es e g an poe a
oy
a elegi una ob a suya co a
en
ex ensión, pe o densa en con enido y luminosa en su acie o e bal,
pa a dedica le unos comen a ios.
Se a a de un poema ju enil que
apa
eció publicado en el p ime
lib o del poe a i ulado «Alma» que da a de el año 1902, y
ll
e a
po
í ulo Felipe IV.
Di
ce así:
Nadie mas co esano ni pulido
que nues o R
ey
Felipe
que
Dios gua de,
siemp e de neg o has a los pies es ido.
Es pálida su ez co
mo
la a de,
Cansado el o o de su pelo undoso,
y de sus ojos el azul coba
de
.
Sob e su augus o pecho
ge
ne oso
ni
joyeles pe uban ni cadenas
el neg o e ciopelo silencioso.
Y en ez de ce o eal, sos iene apenas
con desmayo galán,
un
guan e de an e
la blanca mano de azuladas enas.
No hace al a p ecisa que la imagen
qu
e mo i a al poe a, p o iene
de alguno de los muchos e a os, que hicie a del mona ca su pin o
de cáma a Don Diego Velázquez. Tenemos así un e a o e bal de-
i a
do
de un e a
o
pic ó ic
o.
Una emo a leyenda g iega, cuen a los o ígenes el e a o median e
una anécdo a muy omán ica: Dice que una jo en enamo ada, al
iempo que
se
despedía de su aman e dispues o a pa i pa a la gue-
a, obse ó p oyec ada sob e la blanca pa ed ecina la somb a del se
que ido; en onces eco ió con
un
azo su silue a pa a conse a así
ma e ializada su imagen. Tenemos aquí la e sión sen imen al del
e a o. Sin emba go muchos de los e a os que nos llegan de la an-
igüedad son econocibles co
mo
ales, po los a ibu os o símbolos
que
les
acompañan, mas que po la singul
a i
dad de sus asgos isonómicos.
118 JOSE ROMERO ESCASSI
Suelen co esponde a pe sonajes de al o ango o a p o agonis as
de
hechos he óicos, y se ha a endido a esal a dicho aspec o
de
ca ác e
social o his ó ico con especial én asis. Dicho p ocede
ha
enido an
la ga supe i encia que ha llegado a nues os días, aunque de o ma
cada ez más iciada po ese impe a i o adula o io al que se
ha
que-
ido some e se ilmen e el a e de e a a en de e minadas épocas.
A es e espec o dis ingue Bema d Be enson, dos modalidad
es
de
e a o, lo que él llama con oda p opiedad la e igie, que
se
co es-
ponde con las ca ac e ís icas
de
o den biog á ico y social
que
acaba-
mos de señala pa a deja si uado en luga apa e lo
que
puede con-
side a se con jus eza el genuino e a o, que a iende p imo dial-
men e a ep esen a el aspec o humano
del
indi iduo.
El c i e io inglés He be Read señala muy opo unamen e que la
p esencia
del
e a o pic ó ico en la é
po
ca
mode na, se hace al mismo
iempo que se con igu a como gene o li e a io la no ela, y Ja coin-
cidencia la encuen a an o en el o den c onológico como en
el
geo-
g á ico, ilus ándolo con
un
ejemplo muy p eciso: en una pin u a
a ibuida a Gio o en la Capilla del Ba gello en Flo encia puede e-
conoce se en e o os pe sonajes un e a o de Dan e. Es a ob a co-
incide en echas muy p ecisas con los cuen os de Bocacc
io
en
su
Decame ón.
Si
asladamos dichas co espondencias a la época
de
Velázquez,
esul an oda ía más llama i as cie as conco dancias en e las in-
en adas po el pin o y las inno aciones écnicas que apo a Ce -
an es en su ob a capi al.
Voy a señala an sólo, la que pa a el caso esul a
más
signi ica-
i a y no edosa. En la segunda pa e del Quijo e nos apa ece el Ca-
balle o andan e asumiendo
un
doble papel den o de la no ela, en
aquellos pasajes que na an el encuen o con los Duques que
Je
hos-
pedan y agasajan, po que -dice Ce an es- ellos conocen
su
celebidad
po habe leido la p ime a pa e
de
es a
hi
s o ia, esul ando así que la
icción p ime a se con ie e y unciona como i a ealidad en su
con inuación. Una semejan e pe ipecia ocu e en el amoso cuad o de
las Meninas, cuando el pin o se in oduce en su p opia ob a, pe o no
en la o ma pasi a de un igu an e
má
s,
sino ac uando en el asun o
con un juego imagina i o, c eado de una insoli a pe spec i a imagi-
na ia que es ablece nue as elaciones en e
lo
i o y
lo
pin ado,
i-
iendo
el
pin o en el asun o de
su
pin u a.
Sabido es que oda ob a de a e, además de la subs ancia es é ica,
conse a en su seno la ma ca imbo able
de
la época que le dió o i-
DISCURSO
DE
INGRESO EN
LA
REAL
ACADEMIA 119
gen, pe o al a a se como
es
el
caso
p esen e
del e a o de
un
mo-
na ca, se
pola izan
allí
un
cúmulo
de
signi icaciones his ó icas y
biog á icas
de
mane a emblemá ica.
Así lo
e
Machado
en
su poema,
cuando
con empla
la
igu a e-
inada y is e
de
aquel sobe ano donde espejean odas las somb as
de
la decadencia española
en
uno de sus
iempos
más decisi os.
Ci
-
cuns ancia aquella, que epe cu e
en
el
ánimo
de los españoles de i-
nales
de
siglo pasado al consuma se el
úl imo
ac o
de
an p olonga-
do p oceso
con
la
pé dida de nues o
pode ío
colonial,
en
las mismas
echas en que se esc ibe es e poema que amos a epasa en una se-
gunda lec u a.
Los cua o e ce os que lo in eg an co esponden al i ine a io se-
guido po
la
mi ada del poe a, p ime amen e econociendo al pe sonaje
en
su al o ni el je á quico, o sea de su encuen o con
la
e igie según
lo
acabamos de en ende y saluda su p esencia con palab as consa-
bidas, de
pu a
ó mula p o ocola ia: <<nues o ey Felipe que Dios
gua de», que
en
su a ección dejan asluci cie a in ención mo daz, al
iempo que sub aya con pa icula acen o
la
sob iedad enlu ada de
la
indumen a ia.
Así
el
colo
neg o
end á
a asumi desde
el
p ime
momen o, un
papel
p eponde an e
con
oda
su
ca ga
simbólica
de
signo pesimis a, g a i ando sob e aquella débil igu a.
En el siguien e e ce o
la
mi ada del poe a se di. ige al os o del
pe sonaje, al se humano y lo desc ibe
con
es asgos que
se
aunan
pa a
in ensi ica
la
se
nsación
cansina
y en e miza
de
un
homb e
apagado, alzándose inalmen e con un adje i o a oz, aquel azul co-
ba de de an ex aña in ención semán ica.
Co ien emen e se in e p e a
el
e ec o del colo azul
en
un
sen ido
muy di e en e; su ca ác e
se
en iende
como
de condición sosegada y
dis an e. En el lenguaje pic ó ico,
el
azul ep esen a
la
onalidad ía
po
excelencia, se ía pues aquella ialdad concen ada
en
la pálida
pupila del Rey
la
de e minan e
de
ese
cali ica i o mo al.
No
se á
en onces como adje i o, sino
como
sus i u o
del
nomb e
como se
emplea, señalándose que los ojos son las en anas del alma.
No
es po
an o
el
ó gano pasi o, el ojo, lo que
en
aquel e so se alude, sino su
unción:
la
mi ada.
Ya
el
he mano An onio lo p ecisa ía
en
la
conci-
sión
de
es os e sos:
El
ojo que es
no
es
ojo po que
u
lo eas;
es
ojo
po que e e.
120
JOSE ROMERO ESCASSI
La acción de e
es
on al y con e gen e:
en
los p ime os
e a-
os enacen is as, se da con mucha ecuencia
el
e a o is o de
pe -
il. En esa p oyección el modelo
no
s queda dis an e como ensimis-
mado y desen endido de la p esencia del espec ado . Paula inamen e
en
pe íodos sucesi os el modelo
ha
ido gi ando hacia delan e la
ca-
beza
en
an o que la mi ada ende á a p oyec a se hacia el espacio
an e io del cuad o, como buscando su encuen o con noso os,
hecho
que se
con
suma plenamen e en la época ba oca. Es en onces cuando
el e a o alcanza su mayo g andeza humana
po
ob a de Velázquez
y Remb and , aunque
desde
ci cusn ancia
s
sociales
adicalmen e
opues as.
El holandés epudiado po la incomp ens
ión
de sus con empo á-
neos i ió su des ie o con el d amá ico pa e ismo que mues an s
us
úl imos au o e a os,
que'
pod án con a se
en e
las más g a es
e-
lexiones ascendidas
en
la mi ada de un alma
en
soledad.
Opues amen e el pin o se illano al i i ins alado en la co e gozó
del p i ilegiado eal
en
al o g ado, pe o nada
de
ello al e ó su
im-
pe u bable equilib io, su ecúanime espe o
po
la
dignidad humana
pues a de mani ies o con igual me
su a
an e la p esencia del mona ca
como an es
lo
s bu ones de palacio.
No
se
suele ap ecia
en
oda su dimensión
el
papel p eponde an e
del colo como ac o es é ico, con capacidad p opia pa a de e mina
sen imien os y es chocan e que incluso pe sonas cul i adas conside en
la
unción del colo
en
la
pin u a como un simple o namen o como
algo complemen a io al dibujo, ol idando su capacidad
~xp esi a
en
si, a
la
que hay que añadi la unción simbólica que
ha
enido asu-
miendo a a és de la his o ia en odas las cul u as y que aho a emos
ope a con impo an e papel en los e sos de Machado que es amos
comen ando.
En es e p opósi o co esponde aquí hace ecue do de un ilus e
an eceso
en
es as lides: el poe a Goe he que
ya
es
sabido, consag ó
g an a ención al es udio de las ciencias y conc e amen e en el campo
de la ísica es os se p oyec a on hacia los e ec os senso iales del co-
lo , con nue as apo aciones que queda on condensadas
en
su cono-
cida ob a i ulada «Teo ía de los colo es» donde se
en
sa
yan las bases
de una in e p e ación ilosó ica
del
colo .
Pod án
ap ecia
po
las
palab as que ansc ibo su oma de posición de es a o ma an exp e-
si a como pin o esca. «El o o cuañdo
se
Je
mues a un paño ojo se
en u ece; ambién el ilóso o cuando
se
le habla del colo
se
pone
ené ico».
DISCURSO DE INGRESO EN
LA
REAL ACADEMIA 121
Con inuando nues o eco ido en amos
en
un e ce iempo
en
que se comen a la sob ia indumen a ia
del
sobe ano ca en e
de
ado -
nos y de a ibu os co espondien es a
su
ango, soli a ia como
un
pá-
amo, que el poe a esume dejando
cae
solamen e con ma a illosa
luencia e bal, es as es palab as:
el
neg o
e cipelo silencio
so.
Se aunan con ellas es e ec os
senso
iales ahondando la imagen
signi ica i a: el colo neg o como cua
lid
ad isual ciega, ca gado
de
simbología nega i a, que
en
lo indumen a io puede asumi
un
ción
de
duelo, de lu o;
la
cualidad ac il del e ciopelo susci a una ma
e ia
sun uosa pe o ambién con esonancia une al, llegándose inalmen e
a
la
dis ancia mis e iosa del silencio,
de
un
silencio poblado de u-
mo es y de p esagios.
Al alcanza se
en
es e e ce o la
máxima
ensión d amá ica
del
poema se c ea un ue e comp omiso
que
exige del poe a man ene el
al o ni el sin des allecimien o inal. Machado lo consigue dando un
quieb o muy de su es ilo y ali iando
la
si uaicón pasa a comen a
un
de alle, a p ime a is a in ascenden e, pe o
él
lo
hace al amen e sig-
ni ica i o bajo su ex e io i olidad.
En
las manos de aquel mona ca an cansadas como poco á idas de
domina , pesa ía demasiado cualquie a ibu o de pode ío co espon-
dien e a su ealeza, bien sea el ce o,
co
mo ambién la espada, y en su
luga encuen a el poe a una p enda an subal e na y i ial como ese
guan e de an e, en consonancia con unas manos delicadas, sensibles y
desocupadas; y en ez de cen o eal, sos iene apenas -con desmayo
galán, un guan e de an e -la blanca mano de azuladas enas.
No sab íamos que admi a
en
p e e encia; si la o una an es co-
men ada del gi o emá ico y su elegan e ma ización e bal, o ese lla-
ma i o e ec o oné ico impo
ni
éndos en el imo inal con su de ención
ei e ada pa a esbala sua emen e en
la
ludiez del ul imo e so.
Se ha econocido, an o en Manuel como en su he mano An onio
la i ud de bien e mina sus e sos. El maes o Dámaso Alonso ha
hecho
un
es udio
an
a inado de ello que me absuel e en la p e ensión
de añadi algo subs ancial con los menguados p oduc os de mi pe -
sonal cosecha. A
sí
pues oy a limi a me a en esaca algunas de sus
obse aciones:
«En la poesía española
-nos
dice-nadie poseyó es e g an sec e o
de e mina , como los Machado». «En An onio, acaba es condens
a
la emoción y el pensamien o en un e so inal; pe o, muy impo an-
e ¡en un e so de ex e io modes o, es deci , sin ele a la
oz!
». El
a e de los inales de Manuel es mucho
má
s a iado, y as unos
122 JOSE ROMERO ESCASSI
ejemplos, nues o c í ico señala es a ecuen e ca ac e ís ica: «Aca
ba
se ía disminui ; mas aún, es uma , más aún, a eces la g acia de
acaba consis e en
no
acaba ».
Doy
po
segu o que en la memo ia de odos
se
hace p e
se
n e el
céleb e inal del can o a Andalucía: y Se illa!.
..
nomb ándola
an
sólo
como si de algo ine able se a a a ... , Si la i ud poé ica consis e en
lo que apun a a Mon esquieu, en «deci mucho
con
pocas palab as»,
nos encon a iamos aquí con su pa adigma.
Al e mina es e b e e eco ido, hab á que añadi aún una ob-
se
ación ela i a a aquel de alle indumen a io del guan e, que inci a
a una nue a in e ogación.
Si sin ié amos la cu iosidad de p ecisa en
cual
de los muchos
e a os del Rey Felipe, pin ado
po
Velázquez apa ece aquella p en-
da e e ida, nos encon a íamos con una chocan e so p esa: en
ni
ngún
e a o
de
los conocidos lo encon a emos y en cambio, si lo e emos
apa ece
en
las manos del In an e Don Ca los, igualmen e ob a de
Velázquez.
Como halla la azón sa is ac o ia que
no
s
dé
explicación de se-
mejan e ueque? An es de conclui a ibuyendo sin
má
s a
un
e o o
una laqueza de memo ia la causa de semejan e e gi e sación me
a e e ía a a en u a mi espues a pe sonal aunque pa a ello enga que
expone la p ecedida de una anécdo a p o agonizada
po
don Eugenio
D'O s en la ocasión que oy a e e i :
Te minada una dise ación de
es
e ingenioso alen o y en los co-
men a ios que suelen p oduci se momen os después, cuando ya
se
es á
en g upo í i no, uno de los con e ulios se pe mi ió espe uosamen e,
Ja
con ianza de co egi al con e encian e en un de alle me iculoso,
o mulado más o menos así: me pa ece, don Eugenio, que aquel su-
cedido que us ed
ha
si uado en
Man uano
ocu ió allí sino en Ve a-
na
...
Sin al e a su pausado alan e, el maes o
le
espondió en ono de
amis osa con idencia;
Sí
, es á us ed en lo cie o, pe o en es a ocasión
me
con enía.
No
ha
ce
al a ca ila mucho, y sólo conociendo un poco la hechu a
men al de nues o poe a pa a llega a la conclusión de que hubie a
espondido de igual mane a pa a jus i ica se.
Todos enemos expe iencia de lo co as, de lo insa
i
s ac o i
as
que
nos quedan las palab as, cuando p e endemos comunica a los dem
ás
nues as sensac
ion
es, nues os pensamien os más ín imos. Necesi amos
un es ue zo, a eces insupe ado, pa a ex ae del ondo de nues a
conciencia aquello que sen imos la i como algo i ien e, pe o que
DISCURSO DE INGRESO EN
LA
REAL ACADEMIA 123
necesi a o ma e bal pa a con igu a se
como
indi idualidad. Aquella
exigencia
Ja
conduce
el
pensamien o; la o ma la de e mina la palab a,
pe o sus delimi aciones no son an p ecisables.
Reco demos que
la
acul ad de habla ,
no
es
un p i ilegio
que
nace
con noso os de igual mane a que o as acul ades que se e elan y
desa ollan de modo au omá ico, po impulso ins in i o.
Así ocu e po ejemplo con las
exp
e
siones del os o que
son
os ensibles desde el momen o mismo de nace , igual que el llan o o
la
isa, que se mani ies an po igual en odos los pueblos del plane a. El
lenguaje po lo con a io, es una mani es ación
de
o den cul u
al,
algo
que
el
se humano adquie e y desa olla a lo la go de su con i encia
his ó ica y se conc e a á no de o ma única, sino en
la
in inidad
de
modalidades idiomá icas que exis en en el mun
do
en incesan e p oceso
de ans o mación.
La palab a, nos dicen los ilólogos,
son
un
p oduc o de elabo ación
men al, que empleamos
en
ausencia de
la
cosa eal pa a que la sus-
i uya, es deci , la palab a es p ime o
un
signo que iene in ención
ep esen a i a y po an o
un
alo semán ico a ibuido.
El pensamien o y la palab a se de e minan o igina iamen e
en
una
ín ima y es echa asociación de al
modo
que puede asegu a se que
pensamos con palab as aunque
en
muy ecuen es ocasiones no lle-
guen es as a cons ui se más que de un modo incipien e, al como
sucede cuando pensamos en silencio; lo que ambién decimos, cuan-
do
hablamos con noso os mismos. El pensamien o sin
la
consis encia
de la palab a, no pasa de se una sensación imp ecisa. En an o que el
lenguaje en cuan o es uc u a cons i uye in e ionnen e algo así como
el molde de aquel pensamien o.
Decía Mon aigne que la palab a es mi ad de quien la dice y mi ad
de quien
la
escucha; y así e ec i amen e puede conside a se como un
alo compa ido.
El cla o pensamien o de O ega y Gasse nos sin e iza las pecu-
li
a idades de és a ambi alencia con una magis al o mulación que él
esume en dos enun
cia
dos de apa iencia con adic o ia, expues os
axioma icamen e así:
«P ime o: Todo deci es de icien e; es o es, nunca log amos deci
odo lo que nos p oponemos.
Segundo: Todo deci es exhube an e, o sea que lo dicho dá a en-
ende mas
de
lo que se p oponía».
«No
ha
y ningún deci que diga sin mas lo que quie a deci : Dice
an sólo una acción de lo que in en a, el es o me amen e lo subdice
130 JOSE ROMERO ESCASSI
El impulso a ís ico se mani ies a en sus o ígenes con anca
su-
pe io idad sob e la ac i idad in elec ual cohe en e, y mien as el
a e
adquie e oda
la
g andeza que podemos cons a a en odo
el
eco i-
do
hi
s ó ico, el azonamien o es é ico p opiamen e dicho, ha quedado
ezagado sin apenas sob epasa los udimen os.
De
odas
las
ciencias
del espí i u, ha sido segu amen e la Es é ica
la
de desa ollo
más
despacioso y p oblemá ico.
En bas an es ocasiones nos emos asal ados con la siguien e
p o-
pues a «explicame que quie e deci ese cuad o». El in e ogan e se
nos
o mula a eces como p o ocado
de
sa ío, mien as que
en
o as deja
asluci una bendi a candidez.
La
e
spues a suele se a iable, se
gún
nos coja el ánimo, pe o muy bien pod íamos con esa llanamen e:
que
, • • 1
mas
qu1s1e a
yo ....
El
a e no da con es aciones absolu as;
da
signi icados que
no
anulan o as signi icaciones posible
s,
de aquí las g andes di e encias
que emos en e unas y o as o mas
de
ep esen ación.
Po igual condicionamien o el a e
no
alcanza nunca a aba ca
la
o alidad de la ealidad p esen e y
ha
s a el a e más de allis a y me-
iculoso no pasa de se una sín esis pa cial, un conocimien o ag-
men a io de la g an complejidad que nos odea.
Tampoco
la
ciencia alcanza á nunca el sabe o al de lo que
se
p opone: siemp e queda á una ca a ocul a. Y es en la on e a
de
ese
incie o pano ama donde se deba e nues o i i en e dos luces, unas
sen idas y o as p esen idas o deseadas, en an o que la o alidad de
la
ealidad nos sob epasa siemp e ...
Ve lo odo en ac o único, de una sola ez, el es a ibu o que
la
eología econoce en el Se Sup emo.
He dicho.