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Discurso de ingreso en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras

Romero Escassi, José

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DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS * po JOSE ROMERO ESCASSI Excmos. Seño es: Al exp esa les mi ag adecimien o po la al a dis inción que me o o gais o eciéndome un si io en e us edes en el seno de es a hono- able Ins i ución, Jo hago con plena conciencia del sen imien o gene- oso que ha inspi ado ues a de e minación al iempo de alo a mis me ecimien os. Con ello queda ue a de mi ánimo cualquie asomo de anidad, pa a hace se p esen e la g an esponsabilidad que con es a acep ación con aigo. Pe o mi g a i ud ambién incluye una ín ima sa is acción que quie o señala debidamen e, al comp oba que no haya sido impedi- men o el hecho de habe anscu ido una g an pa e de mi ida a le - jado de es a ciudad nues a; dis ancia ísica, que no espi i ua l. Con ello supe áis, Seño es Académicos, un ex endido p ejuicio, que censu a con exage ado celo al se illano que se ausen a, y puedo da é po p opia expe iencia de mi o al desacu e do con aquella mane a de en ende , pud iendo asegu a que nu es os ínculos se a i man y obus ecen con la dis ancia, al iempo que los sen imien os se decan an y cla i ican. Vi i en dis ancia no quie e signi ica i i dis anciado y en es e eg eso mío, con ues o ges o acogedo dejáis bu en ap ueba: es a ez quien ol ió a Se illa encon ó una silla, y es e encuen o hace sen i me muy a o unado. (*) Discu so leido el 24 de mayo de 1992 en el ing eso del Académico D. José Ro me o Escassi. 116 JOSE ROME RO ESCASSI Al ag ado de celeb a es e solemne ac o, asis ido po an amis o- sa compañía engo que sus ae un g an pesa que ensomb ece es os júbilos al deplo a la al a de amigos míos que idísimos, miemb os ejempla es de es a Real Academia que ue on Don Sebas ián Ga cía Díaz y Don Juan Collan es de Te án en usias a s aledo es de mi candida u a pa a accede al pues o que hoy engo a ocupa . De su pé dida no he podido encon a ali io, y su año anza acude a mi me- mo ia cada ez que aspongo los umb ales de es a Casa. Sucedo en es e sillón académico al p o eso Don Lo enzo Polaina O ega, pe sonalidad muy des acada en la ida in elec ual y docen e de Se illa, en la disciplina del De echo p ocesal en es a Uni e sidad, cuya ac i idad eje ció la gos años, con an p o undo sabe como exigen e igo mo al. Su e udición en ma e ia ju ídica quedó consag ada a a és de nume osos abajos sob e es a especialidad, pe o su ena li e a ia y su cul u a humanís ica halla ían el mejo cauce a o illas del Guadalqui- i nacien e, allá en la s ie as de Cazo la que ambién alumb a on su p opio nacimien o y semb a on en su co azón el amo e ien e y pe du able que inspi an sus en añables esc i os al e oca la. Al suce- de le en es a Co po ación, hago o os po cumpli mí come ido con el mismo empeño que dejó señalado su cla o ejemplo. LENGUAJE VISUAL En la al e na i a de elegi un ema que uese adecuado a es a so- lemne ocasión, me eo obligado a supe a cie os esc úpulos que de iban de la pa edad de mi bagaje e udi o en los asun os li e a ios, que siendo ma e ia muy a ac i a pa a mi gus o, nun ca alcancé aden a en su doc ina sob e bases mínimamen e o denadas. Bas e decla a que a a esé los es udios de bachille a o sin oza la más elemen al noción que e sa a sob e iloso ía, li e a u a o his o ia del a e, quedando así ma cado a pe pe uidad po una ín ima de sc on ian- za en mi s p opios cimien os. Es a ca encia, sin emba go, me ha sido gene osamen e compensada con p o idencial o una, al encon a en mi andadu a pos e io pe - sonas de excepción que han en iquecido mi ida, con la luminosidad de su alen o y el caudal de sus sabe es. En e los ecue dos más emp anos y e ien es des aca con los mas i os esal es Ja imagen DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA 117 a aye n e y seño ial de Don Manuel Machado, mo s ando de modo ejempla su ac isolada ex i pe se illana acuñada en los más depu ados oque le s. En homenaje a es e g an poe a oy a elegi una ob a suya co a en ex ensión, pe o densa en con enido y luminosa en su acie o e bal, pa a dedica le unos comen a ios. Se a a de un poema ju enil que apa eció publicado en el p ime lib o del poe a i ulado «Alma» que da a de el año 1902, y ll e a po í ulo Felipe IV. Di ce así: Nadie mas co esano ni pulido que nues o R ey Felipe que Dios gua de, siemp e de neg o has a los pies es ido. Es pálida su ez co mo la a de, Cansado el o o de su pelo undoso, y de sus ojos el azul coba de . Sob e su augus o pecho ge ne oso ni joyeles pe uban ni cadenas el neg o e ciopelo silencioso. Y en ez de ce o eal, sos iene apenas con desmayo galán, un guan e de an e la blanca mano de azuladas enas. No hace al a p ecisa que la imagen qu e mo i a al poe a, p o iene de alguno de los muchos e a os, que hicie a del mona ca su pin o de cáma a Don Diego Velázquez. Tenemos así un e a o e bal de- i a do de un e a o pic ó ic o. Una emo a leyenda g iega, cuen a los o ígenes el e a o median e una anécdo a muy omán ica: Dice que una jo en enamo ada, al iempo que se despedía de su aman e dispues o a pa i pa a la gue- a, obse ó p oyec ada sob e la blanca pa ed ecina la somb a del se que ido; en onces eco ió con un azo su silue a pa a conse a así ma e ializada su imagen. Tenemos aquí la e sión sen imen al del e a o. Sin emba go muchos de los e a os que nos llegan de la an- igüedad son econocibles co mo ales, po los a ibu os o símbolos que les acompañan, mas que po la singul a i dad de sus asgos isonómicos. 118 JOSE ROMERO ESCASSI Suelen co esponde a pe sonajes de al o ango o a p o agonis as de hechos he óicos, y se ha a endido a esal a dicho aspec o de ca ác e social o his ó ico con especial én asis. Dicho p ocede ha enido an la ga supe i encia que ha llegado a nues os días, aunque de o ma cada ez más iciada po ese impe a i o adula o io al que se ha que- ido some e se ilmen e el a e de e a a en de e minadas épocas. A es e espec o dis ingue Bema d Be enson, dos modalidad es de e a o, lo que él llama con oda p opiedad la e igie, que se co es- ponde con las ca ac e ís icas de o den biog á ico y social que acaba- mos de señala pa a deja si uado en luga apa e lo que puede con- side a se con jus eza el genuino e a o, que a iende p imo dial- men e a ep esen a el aspec o humano del indi iduo. El c i e io inglés He be Read señala muy opo unamen e que la p esencia del e a o pic ó ico en la é po ca mode na, se hace al mismo iempo que se con igu a como gene o li e a io la no ela, y Ja coin- cidencia la encuen a an o en el o den c onológico como en el geo- g á ico, ilus ándolo con un ejemplo muy p eciso: en una pin u a a ibuida a Gio o en la Capilla del Ba gello en Flo encia puede e- conoce se en e o os pe sonajes un e a o de Dan e. Es a ob a co- incide en echas muy p ecisas con los cuen os de Bocacc io en su Decame ón. Si asladamos dichas co espondencias a la época de Velázquez, esul an oda ía más llama i as cie as conco dancias en e las in- en adas po el pin o y las inno aciones écnicas que apo a Ce - an es en su ob a capi al. Voy a señala an sólo, la que pa a el caso esul a más signi ica- i a y no edosa. En la segunda pa e del Quijo e nos apa ece el Ca- balle o andan e asumiendo un doble papel den o de la no ela, en aquellos pasajes que na an el encuen o con los Duques que Je hos- pedan y agasajan, po que -dice Ce an es- ellos conocen su celebidad po habe leido la p ime a pa e de es a hi s o ia, esul ando así que la icción p ime a se con ie e y unciona como i a ealidad en su con inuación. Una semejan e pe ipecia ocu e en el amoso cuad o de las Meninas, cuando el pin o se in oduce en su p opia ob a, pe o no en la o ma pasi a de un igu an e má s, sino ac uando en el asun o con un juego imagina i o, c eado de una insoli a pe spec i a imagi- na ia que es ablece nue as elaciones en e lo i o y lo pin ado, i- iendo el pin o en el asun o de su pin u a. Sabido es que oda ob a de a e, además de la subs ancia es é ica, conse a en su seno la ma ca imbo able de la época que le dió o i- DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA 119 gen, pe o al a a se como es el caso p esen e del e a o de un mo- na ca, se pola izan allí un cúmulo de signi icaciones his ó icas y biog á icas de mane a emblemá ica. Así lo e Machado en su poema, cuando con empla la igu a e- inada y is e de aquel sobe ano donde espejean odas las somb as de la decadencia española en uno de sus iempos más decisi os. Ci - cuns ancia aquella, que epe cu e en el ánimo de los españoles de i- nales de siglo pasado al consuma se el úl imo ac o de an p olonga- do p oceso con la pé dida de nues o pode ío colonial, en las mismas echas en que se esc ibe es e poema que amos a epasa en una se- gunda lec u a. Los cua o e ce os que lo in eg an co esponden al i ine a io se- guido po la mi ada del poe a, p ime amen e econociendo al pe sonaje en su al o ni el je á quico, o sea de su encuen o con la e igie según lo acabamos de en ende y saluda su p esencia con palab as consa- bidas, de pu a ó mula p o ocola ia: <<nues o ey Felipe que Dios gua de», que en su a ección dejan asluci cie a in ención mo daz, al iempo que sub aya con pa icula acen o la sob iedad enlu ada de la indumen a ia. Así el colo neg o end á a asumi desde el p ime momen o, un papel p eponde an e con oda su ca ga simbólica de signo pesimis a, g a i ando sob e aquella débil igu a. En el siguien e e ce o la mi ada del poe a se di. ige al os o del pe sonaje, al se humano y lo desc ibe con es asgos que se aunan pa a in ensi ica la se nsación cansina y en e miza de un homb e apagado, alzándose inalmen e con un adje i o a oz, aquel azul co- ba de de an ex aña in ención semán ica. Co ien emen e se in e p e a el e ec o del colo azul en un sen ido muy di e en e; su ca ác e se en iende como de condición sosegada y dis an e. En el lenguaje pic ó ico, el azul ep esen a la onalidad ía po excelencia, se ía pues aquella ialdad concen ada en la pálida pupila del Rey la de e minan e de ese cali ica i o mo al. No se á en onces como adje i o, sino como sus i u o del nomb e como se emplea, señalándose que los ojos son las en anas del alma. No es po an o el ó gano pasi o, el ojo, lo que en aquel e so se alude, sino su unción: la mi ada. Ya el he mano An onio lo p ecisa ía en la conci- sión de es os e sos: El ojo que es no es ojo po que u lo eas; es ojo po que e e. 120 JOSE ROMERO ESCASSI La acción de e es on al y con e gen e: en los p ime os e a- os enacen is as, se da con mucha ecuencia el e a o is o de pe - il. En esa p oyección el modelo no s queda dis an e como ensimis- mado y desen endido de la p esencia del espec ado . Paula inamen e en pe íodos sucesi os el modelo ha ido gi ando hacia delan e la ca- beza en an o que la mi ada ende á a p oyec a se hacia el espacio an e io del cuad o, como buscando su encuen o con noso os, hecho que se con suma plenamen e en la época ba oca. Es en onces cuando el e a o alcanza su mayo g andeza humana po ob a de Velázquez y Remb and , aunque desde ci cusn ancia s sociales adicalmen e opues as. El holandés epudiado po la incomp ens ión de sus con empo á- neos i ió su des ie o con el d amá ico pa e ismo que mues an s us úl imos au o e a os, que' pod án con a se en e las más g a es e- lexiones ascendidas en la mi ada de un alma en soledad. Opues amen e el pin o se illano al i i ins alado en la co e gozó del p i ilegiado eal en al o g ado, pe o nada de ello al e ó su im- pe u bable equilib io, su ecúanime espe o po la dignidad humana pues a de mani ies o con igual me su a an e la p esencia del mona ca como an es lo s bu ones de palacio. No se suele ap ecia en oda su dimensión el papel p eponde an e del colo como ac o es é ico, con capacidad p opia pa a de e mina sen imien os y es chocan e que incluso pe sonas cul i adas conside en la unción del colo en la pin u a como un simple o namen o como algo complemen a io al dibujo, ol idando su capacidad ~xp esi a en si, a la que hay que añadi la unción simbólica que ha enido asu- miendo a a és de la his o ia en odas las cul u as y que aho a emos ope a con impo an e papel en los e sos de Machado que es amos comen ando. En es e p opósi o co esponde aquí hace ecue do de un ilus e an eceso en es as lides: el poe a Goe he que ya es sabido, consag ó g an a ención al es udio de las ciencias y conc e amen e en el campo de la ísica es os se p oyec a on hacia los e ec os senso iales del co- lo , con nue as apo aciones que queda on condensadas en su cono- cida ob a i ulada «Teo ía de los colo es» donde se en sa yan las bases de una in e p e ación ilosó ica del colo . Pod án ap ecia po las palab as que ansc ibo su oma de posición de es a o ma an exp e- si a como pin o esca. «El o o cuañdo se Je mues a un paño ojo se en u ece; ambién el ilóso o cuando se le habla del colo se pone ené ico». DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA 121 Con inuando nues o eco ido en amos en un e ce iempo en que se comen a la sob ia indumen a ia del sobe ano ca en e de ado - nos y de a ibu os co espondien es a su ango, soli a ia como un pá- amo, que el poe a esume dejando cae solamen e con ma a illosa luencia e bal, es as es palab as: el neg o e cipelo silencio so. Se aunan con ellas es e ec os senso iales ahondando la imagen signi ica i a: el colo neg o como cua lid ad isual ciega, ca gado de simbología nega i a, que en lo indumen a io puede asumi un ción de duelo, de lu o; la cualidad ac il del e ciopelo susci a una ma e ia sun uosa pe o ambién con esonancia une al, llegándose inalmen e a la dis ancia mis e iosa del silencio, de un silencio poblado de u- mo es y de p esagios. Al alcanza se en es e e ce o la máxima ensión d amá ica del poema se c ea un ue e comp omiso que exige del poe a man ene el al o ni el sin des allecimien o inal. Machado lo consigue dando un quieb o muy de su es ilo y ali iando la si uaicón pasa a comen a un de alle, a p ime a is a in ascenden e, pe o él lo hace al amen e sig- ni ica i o bajo su ex e io i olidad. En las manos de aquel mona ca an cansadas como poco á idas de domina , pesa ía demasiado cualquie a ibu o de pode ío co espon- dien e a su ealeza, bien sea el ce o, co mo ambién la espada, y en su luga encuen a el poe a una p enda an subal e na y i ial como ese guan e de an e, en consonancia con unas manos delicadas, sensibles y desocupadas; y en ez de cen o eal, sos iene apenas -con desmayo galán, un guan e de an e -la blanca mano de azuladas enas. No sab íamos que admi a en p e e encia; si la o una an es co- men ada del gi o emá ico y su elegan e ma ización e bal, o ese lla- ma i o e ec o oné ico impo ni éndos en el imo inal con su de ención ei e ada pa a esbala sua emen e en la ludiez del ul imo e so. Se ha econocido, an o en Manuel como en su he mano An onio la i ud de bien e mina sus e sos. El maes o Dámaso Alonso ha hecho un es udio an a inado de ello que me absuel e en la p e ensión de añadi algo subs ancial con los menguados p oduc os de mi pe - sonal cosecha. A sí pues oy a limi a me a en esaca algunas de sus obse aciones: «En la poesía española -nos dice-nadie poseyó es e g an sec e o de e mina , como los Machado». «En An onio, acaba es condens a la emoción y el pensamien o en un e so inal; pe o, muy impo an- e ¡en un e so de ex e io modes o, es deci , sin ele a la oz! ». El a e de los inales de Manuel es mucho má s a iado, y as unos 122 JOSE ROMERO ESCASSI ejemplos, nues o c í ico señala es a ecuen e ca ac e ís ica: «Aca ba se ía disminui ; mas aún, es uma , más aún, a eces la g acia de acaba consis e en no acaba ». Doy po segu o que en la memo ia de odos se hace p e se n e el céleb e inal del can o a Andalucía: y Se illa!. .. nomb ándola an sólo como si de algo ine able se a a a ... , Si la i ud poé ica consis e en lo que apun a a Mon esquieu, en «deci mucho con pocas palab as», nos encon a iamos aquí con su pa adigma. Al e mina es e b e e eco ido, hab á que añadi aún una ob- se ación ela i a a aquel de alle indumen a io del guan e, que inci a a una nue a in e ogación. Si sin ié amos la cu iosidad de p ecisa en cual de los muchos e a os del Rey Felipe, pin ado po Velázquez apa ece aquella p en- da e e ida, nos encon a íamos con una chocan e so p esa: en ni ngún e a o de los conocidos lo encon a emos y en cambio, si lo e emos apa ece en las manos del In an e Don Ca los, igualmen e ob a de Velázquez. Como halla la azón sa is ac o ia que no s dé explicación de se- mejan e ueque? An es de conclui a ibuyendo sin má s a un e o o una laqueza de memo ia la causa de semejan e e gi e sación me a e e ía a a en u a mi espues a pe sonal aunque pa a ello enga que expone la p ecedida de una anécdo a p o agonizada po don Eugenio D'O s en la ocasión que oy a e e i : Te minada una dise ación de es e ingenioso alen o y en los co- men a ios que suelen p oduci se momen os después, cuando ya se es á en g upo í i no, uno de los con e ulios se pe mi ió espe uosamen e, Ja con ianza de co egi al con e encian e en un de alle me iculoso, o mulado más o menos así: me pa ece, don Eugenio, que aquel su- cedido que us ed ha si uado en Man uano ocu ió allí sino en Ve a- na ... Sin al e a su pausado alan e, el maes o le espondió en ono de amis osa con idencia; Sí , es á us ed en lo cie o, pe o en es a ocasión me con enía. No ha ce al a ca ila mucho, y sólo conociendo un poco la hechu a men al de nues o poe a pa a llega a la conclusión de que hubie a espondido de igual mane a pa a jus i ica se. Todos enemos expe iencia de lo co as, de lo insa i s ac o i as que nos quedan las palab as, cuando p e endemos comunica a los dem ás nues as sensac ion es, nues os pensamien os más ín imos. Necesi amos un es ue zo, a eces insupe ado, pa a ex ae del ondo de nues a conciencia aquello que sen imos la i como algo i ien e, pe o que DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA 123 necesi a o ma e bal pa a con igu a se como indi idualidad. Aquella exigencia Ja conduce el pensamien o; la o ma la de e mina la palab a, pe o sus delimi aciones no son an p ecisables. Reco demos que la acul ad de habla , no es un p i ilegio que nace con noso os de igual mane a que o as acul ades que se e elan y desa ollan de modo au omá ico, po impulso ins in i o. Así ocu e po ejemplo con las exp e siones del os o que son os ensibles desde el momen o mismo de nace , igual que el llan o o la isa, que se mani ies an po igual en odos los pueblos del plane a. El lenguaje po lo con a io, es una mani es ación de o den cul u al, algo que el se humano adquie e y desa olla a lo la go de su con i encia his ó ica y se conc e a á no de o ma única, sino en la in inidad de modalidades idiomá icas que exis en en el mun do en incesan e p oceso de ans o mación. La palab a, nos dicen los ilólogos, son un p oduc o de elabo ación men al, que empleamos en ausencia de la cosa eal pa a que la sus- i uya, es deci , la palab a es p ime o un signo que iene in ención ep esen a i a y po an o un alo semán ico a ibuido. El pensamien o y la palab a se de e minan o igina iamen e en una ín ima y es echa asociación de al modo que puede asegu a se que pensamos con palab as aunque en muy ecuen es ocasiones no lle- guen es as a cons ui se más que de un modo incipien e, al como sucede cuando pensamos en silencio; lo que ambién decimos, cuan- do hablamos con noso os mismos. El pensamien o sin la consis encia de la palab a, no pasa de se una sensación imp ecisa. En an o que el lenguaje en cuan o es uc u a cons i uye in e ionnen e algo así como el molde de aquel pensamien o. Decía Mon aigne que la palab a es mi ad de quien la dice y mi ad de quien la escucha; y así e ec i amen e puede conside a se como un alo compa ido. El cla o pensamien o de O ega y Gasse nos sin e iza las pecu- li a idades de és a ambi alencia con una magis al o mulación que él esume en dos enun cia dos de apa iencia con adic o ia, expues os axioma icamen e así: «P ime o: Todo deci es de icien e; es o es, nunca log amos deci odo lo que nos p oponemos. Segundo: Todo deci es exhube an e, o sea que lo dicho dá a en- ende mas de lo que se p oponía». «No ha y ningún deci que diga sin mas lo que quie a deci : Dice an sólo una acción de lo que in en a, el es o me amen e lo subdice 130 JOSE ROMERO ESCASSI El impulso a ís ico se mani ies a en sus o ígenes con anca su- pe io idad sob e la ac i idad in elec ual cohe en e, y mien as el a e adquie e oda la g andeza que podemos cons a a en odo el eco i- do hi s ó ico, el azonamien o es é ico p opiamen e dicho, ha quedado ezagado sin apenas sob epasa los udimen os. De odas las ciencias del espí i u, ha sido segu amen e la Es é ica la de desa ollo más despacioso y p oblemá ico. En bas an es ocasiones nos emos asal ados con la siguien e p o- pues a «explicame que quie e deci ese cuad o». El in e ogan e se nos o mula a eces como p o ocado de sa ío, mien as que en o as deja asluci una bendi a candidez. La e spues a suele se a iable, se gún nos coja el ánimo, pe o muy bien pod íamos con esa llanamen e: que , • • 1 mas qu1s1e a yo .... El a e no da con es aciones absolu as; da signi icados que no anulan o as signi icaciones posible s, de aquí las g andes di e encias que emos en e unas y o as o mas de ep esen ación. Po igual condicionamien o el a e no alcanza nunca a aba ca la o alidad de la ealidad p esen e y ha s a el a e más de allis a y me- iculoso no pasa de se una sín esis pa cial, un conocimien o ag- men a io de la g an complejidad que nos odea. Tampoco la ciencia alcanza á nunca el sabe o al de lo que se p opone: siemp e queda á una ca a ocul a. Y es en la on e a de ese incie o pano ama donde se deba e nues o i i en e dos luces, unas sen idas y o as p esen idas o deseadas, en an o que la o alidad de la ealidad nos sob epasa siemp e ... Ve lo odo en ac o único, de una sola ez, el es a ibu o que la eología econoce en el Se Sup emo. He dicho.