Miguel Fisac
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MIGUEL FISAC José Laborda Yneva El conocimiento de la obra de los arquitectos españoles de nuestra posguerra permanece circunscrito a no mucho más de media docena de nombres que supieron afrontar con soltura la tarea de avanzar sobre unos criterios no siempre bien definidos en su tiempo. Los primeros años cuarenta, cuando ellos consiguieron su titulación, supusieron un período de precariedad conceptual y material en el que tan sólo el ejercicio de la ilusión pudo lograr la evolución de una arquitectura condicionada por los efectos inmediatos de la escasez y por la incertidumbre natural del caos de la guerra europea. Las fuentes de información habían de buscarse lejos de sus cauces habituales, y sólo la inquiertud personal por descubrir nuevos caminos permitirá el encuentro de nuevas opciones capaces de señalar el futuro. Junto a Fisac, Sota, Cabrero y Coderch formarán parte de una generación de arquitectos tan diferente en su formación intelectual como en los resultados de su arquitectura. Todos ellos fueron profesionales partícipes de experimentar por su cuenta sus propias reflexiones, sin necesitar adscribirse a la equívoca fascinación de la moda. Por el contrario, fueron ellos quienes, a través de la diversidad de su concepción formal y técnica, señalaron a otros muchos cuáles eran las actitudes a tener en cuenta. Algunos, como Coderch y Sota, pudieron comprobar a lo largo de su trayectoria el reconocimiento explícito de su condición de maestros. Y ello, pese a que no cabe mayor disparidad en sus obras; arquitectura orgánica, inmersa en las formas y la luz del mediterráneo la de Coderch contrapuesta a la contención meditada de Sota y a la actitud esmerada y cúbica de Cabrero. Ahora es el tiempo de Fisac. Parece haber llegado el momento en que su arquitectura, solitaria, indisciplinada, sea reconocida en España como lo ha sido desde hace tiempo en Europa. Y es que ese talante suyo, que no siempre se ocupa de atender la turbación que su talento causa en los mediocres, no ha favorecido su proyección pública en un país tan peculiar como el nuestro. Es ahora, cuando su largo paso por la vida ha matizado la incomprensión, el momento en que su arquitectura va a ser recuperada para la historia reciente. Una arquitectura que arranca de experiencias clasicistas, que pronto desechará por inservibles, de la misma forma que su actitud independiente no entrará siquiera en considerar las pautas descontextualizadas del movimiento moderno. Fisac avanza por su cuenta y encuentra en Asplund las sensaciones que mejor se adaptan a su inquietud. Su trabajo va a definirse por el estricto análisis de los programas de sus edificios, ofreciendo siempre una respuesta singular. Cada obra suya aparece sometida a su especial concepción de la forma y a ese diálo- - CVII - 107 ASTRAGALO, 06 (1997) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1997.i06.16 Arquitecto, crítico de arquitectura y editor, encargado de la Sección Cultural del Colegio de Arquitectos de Aragón.
108 go constante con la investigación que define su placer por buscar y encontrar la novedad dentro de fórmulas aparentemente sencillas. Gusto por la textura, por forzar hasta el límite las posibilidades de los materiales. Arquitecturas repletas de sugerencias, peculiares en sus efectos, al margen de fórmulas habituales, hacen de su obra una notable sinfonía de sindo.. ¡t"'{t..-..... "~ ¡,:;, -{:2o.~ gularidad y de ingenio. Por eso ahora, aunque tarde, muchos han percibido el alcance real de su trayectoria y han decidido añadirse a un reconocimiento que, al menos, sirve para denunciar olvidos interesados precedentes. • FRANCISCO ARQUES SOLER, Miguel Fisac, Ediciones Pronaos, Madrid, 1996, 319 pp. • / Carl Krayl, casa suspendida, 1920. - CVIII-