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El tiempo como atributo contemporáneo en «Untitled (Perfect Lovers)» de Félix González-Torres

Gutiérrez-Villarrubia, Miguel; Sánchez Morgado, Celia; Álvarez Perea, Francisco Javier

Abstract

Nuestra investigación parte de la obra «Untitled» (Perfect Lovers), realizada entre 1987 y 1991 por el artista Félix González-Torres (1957-1996), que aborda el tiempo más allá de su propia interpretación acerca del amor, la coexistencia y la pérdida del ser querido. Analizaremos la producción de González-Torres, específicamente «Untitled» (Perfect Lovers), siendo esta pieza una oda al amor durante y tras la pérdida, una transmutación creativa de ese amor en arte. Esta primera reflexión universaliza lo particular, compartiendo una experiencia personal que se convierte en una emoción colectiva y además en una declaración político-social. Pero cohabita junto a otra posible interpretación que contextualiza la obra y que particulariza lo universal: el tiempo como paradigma de lo contemporáneo.

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Esta obra se distribuye bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional (CC BY-NC 4.0) La Editorial Dykinson autoriza a incluir esta obra en repositorios institucionales de acceso abierto para facilitar su difusión. Al tratarse de una obra colectiva, cada autor únicamente podrá incluir el o los capítulos de su autoría. INNOVACIÓN Y REFLEXIÓN EN LAS ARTES: CONEXIONES ENTRE PRÁCTICAS ARTÍSTICAS, EDUCACIÓN Y CULTURA Diseño de cubierta y maquetación: Francisco Anaya Benítez © de los textos: los autores © de la presente edición: Dykinson S.L. Madrid 2025 N.º 247 de la colección Conocimiento Contemporáneo 1ª edición, 2025 ISBN: 978-84-1070-826-6 NOTA EDITORIAL: Los puntos de vista, opiniones y contenidos expresados en esta obra son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores. Dichas posturas y contenidos no reflejan necesariamente los puntos de vista de Dykinson S.L, ni de los editores o coordinadores de la obra. 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INTRODUCCIÓN Nuestra investigación parte de la obra «Untitled» (Perfect Lovers), realizada entre 1987 y 1991 por el artista Félix González-Torres (19571996), que aborda el tiempo más allá de su propia interpretación acerca del amor, la coexistencia y la pérdida del ser querido. Analizaremos la producción de González-Torres, específicamente «Untitled» (Perfect Lovers), siendo esta pieza una oda al amor durante y tras la pérdida, una transmutación creativa de ese amor en arte. Esta primera reflexión universaliza lo particular, compartiendo una experiencia personal que se convierte en una emoción colectiva y además en una declaración político-social. Pero cohabita junto a otra posible interpretación que contextualiza la obra y que particulariza lo universal: el tiempo como paradigma de lo contemporáneo. Esta contemporaneidad compagina a su vez un férreo orden del tiempo marcado por el reloj con la constatación de que el tiempo es relativo. Se simultanea la autoconciencia del tiempo contemporáneo con la consciencia del tiempo histórico, del «pasado» al que es posible asomarse. Se conocen las diferentes épocas, se tienen presentes referencias ‒ 224 ‒ actuales e históricas a un nivel similar de acceso con un solo clic. La distancia temporal se relativiza, se estira o se contrae. La vital importancia de ello, como advierte Danto (1999), es que el arte contemporáneo dispone del arte del pasado para el uso que los artistas le quieran dar, extrayendo de ello su propia fuerza y su impulso, como apunta Gadamer (1991). Aun así, González-Torres reflexiona sobre el tiempo y la memoria desde un punto mucho más poético y emocional que otras miradas contemporáneas, recurriendo al símbolo del reloj para transformar ese tiempo como concepto universal en el amor como elemento particular. FIGURA 1. Ilustración «Untitled» (Perfect Lovers), (after González-Torres), 2022. Fuente: Celia S. Morgado 2. OBJETIVOS ‒ Analizar la obra «Untitled» (Perfect Lovers) de Félix González-Torres desde el concepto del tiempo contemporáneo. ‒ Relacionar dicha obra con la de otros artistas contemporáneos, así como con textos teóricos que aborden el tiempo en la contemporaneidad. ‒ 225 ‒ 3. METODOLOGÍA Se ha estudiado la obra de Félix González-Torres, con especial incidencia en «Untitled» (Perfect Lovers), desde la óptica del tiempo en el arte contemporáneo, relacionándola con escritores como Jorge Luis Borges, Georges Perec o J. D. Salinger, así como con textos claves de teóricos del arte como Jean Baudrillard, Nicolas Bourriaud, Arthur Danto, Hans-Georg Gadamer, Néstor García Canclini, Ihab Hassan, Cristina Hidalgo Jaén, Terry Smith o Aby Warburg, y otros expertos como Claude Lévi-Strauss o Stephen Hawking. 4. EL AMOR Y LA PÉRDIDA La forma en la que la obra «Untitled» (Perfect Lovers), 1987-1991 del artista Félix González-Torres aborda el tiempo va más allá de su propia interpretación acerca del amor, la coexistencia y la pérdida del ser querido, en este caso su pareja Ross Laycock, fallecido de sida en 1991. La obra de González-Torres, y «Untitled (Perfect Lovers)» en particular, es una oda al amor a través de la conciencia de la muerte y tras la pérdida, una transmutación creativa de ese amor en arte. Ese amor transmutado no pierde en absoluto la intensidad o vigencia del amor entre dos personas cuando estaban vivas. Esa metamorfosis en arte tampoco es necesaria para la justificación de ese amor, es simplemente una forma de expresarlo y compartirlo empáticamente con el espectador. En este primer sentido podemos recordar un fragmento de El guardián entre el centeno: No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se ha muerto. Sobre todo, si era cien veces mejor que los que siguen viviendo (Salinger, 1997, p.184). En realidad, existen dos versiones de la pieza: una fechada entre 1987 y 1990, hecha por triplicado además de una prueba de artista, consistente en dos relojes tangentes con un marco negro; y otra pieza única realizada en 1991, en el que el marco de muestra en blanco. Mientras la primera versión fue realizada mientras Laycock sufría la enfermedad, la segunda coincide con su fallecimiento. ‒ 226 ‒ Relacionar el tiempo y la pérdida es un tema sumamente contemporáneo. Si recordamos el final de una de las novelas más relevantes del siglo XX, que juega sobre el tiempo, los recuerdos y usa una narración no lineal, La Vie moi d’emploi, del francés Georges Perec, descubrimos que todo aquel armazón construido a base de puzles, saltos de caballo, non sequitur, mise en abyme y otros juegos literarios sucede en un mismo instante: Es el veintitrés de junio de mil novecientos setenta y cinco y va a dar las ocho de la tarde. Sentado delante de su puzzle, Bartlebooth acaba de morir. Sobre el paño negro de la mesa, en algún punto del cielo crepuscular del puzzle cuatrocientos treinta y nueve, el hueco negro de la única pieza no colocada aún dibuja la figura casi perfecta de una X. Pero la pieza que tiene el muerto entre los dedos tiene la forma, previsible desde hacía tiempo en su ironía misma, de una W (Perec, 2010, p.572). Todo ese mecanismo literario dispuesto por Perec (2010), tan lógico y mecánico, donde el tiempo narrativo es un instante en un edificio parisino, termina cobrando una fuerza emotiva plena cuando se nos revela que es el instante preciso donde Bartlebooth, que descubrimos entonces que es el protagonista, fallece. González-Torres también recurre al tiempo como expresión de la pérdida de un ser querido a través del símbolo del reloj. Como amor, podríamos aventurar que los dos relojes lo simbolizan independientemente de su sincronía: cuando marchan asincrónicos el amor no se pierde, el vínculo no desaparece, simplemente se altera. No están en el mismo tiempo, pero el amor es siempre presente. El símbolo de infinito que forman los dos relojes juntos es declaración suficiente. «Untitled» (Perfect Lovers) se puede explicar a través de otra obra precedente de González-Torres, «Lovers» (1988) una carta dirigida a Ross Laycock, en la que un boceto con dos relojes tangentes y sincrónicos viene acompañado por el siguiente texto: No tengas miedo de los relojes, son nuestro tiempo, el tiempo ha sido muy generoso con nosotros. Imprimimos en el tiempo el dulce sabor de la victoria. Vencimos el destino al reunirnos en un momento determinado en un espacio determinado. Somos producto del tiempo, por eso devolvemos el crédito a quien corresponde: el tiempo. Estamos sincronizados, ahora para siempre. Te amo. 2 2 Don't be afraid of the clocks, they are our time, the time has been so generous to us. We imprinted time with the sweet taste of victory. We conquered fate by meeting at a certain time in ‒ 227 ‒ Este símbolo del infinito aparece también en «Untitled» (Double Portrait) (1991), donde dos círculos tangentes aparecen en cada hoja de una pila de afiches que el espectador puede llevarse, o en «Untitled» (Orpheus) (1991), que dispone de dos espejos en paralelo, y no opuestos, reflejando hacia la misma dirección. El número “dos” es omnipresente, pero no se trata nunca de una oposición binaria. Por ejemplo, dos relojes que marcan la misma hora (Untitled-Perfect Lovers, 1991) […]: la unidad de la estética de GonzalezTorres es lo doble. El sentimiento de soledad no está nunca representado por el “1”, sino por la ausencia del “2”. […] La pareja de Gonzalez-Torres se caracteriza, en cambio, por ser una unidad doble y calma, como una elipsis (Bourriaud, 2008, pp.61-62). No solo «Untitled» (Perfect Lovers) parte de esa expresión, gran parte de la obra de González-Torres aborda ese amor tras la pérdida, como «Untitled» (1991): Un proyecto fotográfico en el que el artista coloca la imagen en blanco y negro de una cama vacía en diferentes vallas publicitarias de diversas calles de Manhattan. La cama representada guarda aún la huella reciente de la presencia humana, latente en las sábanas arrugadas y las marcas de las cabezas en las dos almohadas que aparecen, ambas, apuntando en la misma dirección (Hidalgo Jaén, 2017, p.648). También en las series de caramelos como «Untitled» (Lover Boys) (1991), «Untitled» (Portrait of Ross in L.A.) (1991) o «Untitled (Placebo)» (1991). estas series de los caramelos vienen en diferentes formas: diferentes caramelos, diferentes colores de celofán, diferentes instalaciones y diferentes pesos ideales. La premisa que los une es la participación del espectador, quien está animado a coger caramelos, este acto nos lleva a la eventual eliminación de la forma física del trabajo. la posibilidad del espectador (también en sus pilas de papel) de llevarse parte de la obra, de compartirla, asegura su desaparición programada. Estos caramelos representan a Ross Laycock, a veces coincidiendo con el peso de su cuerpo al momento de morir (como las 175 libras de Portrait of Ross in L.A.), y su desaparición llega a simbolizar la de la propia persona, pero transformándose en una manera dulce de compartir la a certain space. We are a product of the time, therefore we give back credit were it is due: time. We are synchronized, now forever. I love you. ‒ 228 ‒ experiencia. Además, la idea de tocar el cuerpo de alguien contagiado de V.I.H e incluso de saborearlo, supone establecer una transgresión. Ese acto de compartir la obra, de hacerla desaparecer, respondería a la cuestión lanzada por Jorge Luis Borges en su ensayo Nueva refutación del tiempo: Si el tiempo es un proceso mental ¿cómo pueden compartirlo millares de hombres, o aun dos hombres distintos? (Borges, 2013, p.367). Pero la sincronía de ambos relojes, además del símbolo poético emocional, conlleva un mensaje político. La naturaleza idéntica de los dos relojes se puede percibir como homosexual. En palabras de GonzálezTorres, que se refieren a la visita de un exsenador republicano a una de sus exposiciones: Pensé que le iba a resultar muy difícil explicar a su electorado lo pornográficos y homoeróticos que son dos relojes uno al lado del otro. Vino allí buscando pollas y culos. No hubo nada de eso. Ahora intentas ver homoerotismo en esa pieza (Takano Chambers-Letson, 2009, p.573). 3 Esta primera reflexión universaliza lo particular, compartiendo una experiencia personal que se transmuta en una emoción colectiva y además en una declaración político-social. Pero cohabita junto a otra posible interpretación que contextualiza la obra y que particulariza lo universal: el tiempo como paradigma de lo contemporáneo. 5. LA CONTEMPORANEIDAD DEL TIEMPO Nunca el arte había resultado tan consciente de sí mismo, de su presente y sobre todo de su pasado. Y no el pasado más inmediato, es decir, la escuela, academia o estilo al que haya que confrontar y suceder; sino de todo el pasado. Esta consciencia de su propio pasado hace que el arte contemporáneo pretenda vivir fuera de su tiempo. El tiempo, en el arte, parece que ha 3 I thought he’s going to have a really hard time explaining to his constituency how pornographic and how homoerotic two clocks side-by-side are. He came there looking for dicks and asses. There was nothing like that. Now you try to see homoerotism in that piece. ‒ 229 ‒ dejado de existir. El Renacimiento se concibe igual de cercano, cultural y conceptualmente hablando, que el arte urbano. Por primera vez, somos capaces de concebir tiempos multidimensionales, aunque vivamos solamente uno, irreversible. A la operatividad de este tiempo subyace la complejidad misma del resto de los tiempos que podemos llegar a intuir (Rodríguez Cunill, 2006, p.176). Esta contemporaneidad nos hace ser conscientes de que la temporalidad ha cambiado con respecto al pasado. La distancia con nuestro pasado nos resulta más corta, la linealidad del tiempo se rompe, el presente se extiende o se contrae, la capacidad de entender o aprehender las manifestaciones del arte histórico e incluso de contextualizarlas dentro de nuestra actualidad hace que relativicemos y deconstruyamos los esquemas secuenciales del tiempo. La relativamente reciente (desde el siglo XIX) preocupación por el pasado, por el arte histórico y por el patrimonio, se fundamenta en esta idea: somos conscientes de la existencia de ese pasado, de ese patrimonio, y pretendemos preservarlo, pretendemos que exista y sea por tanto coetáneo a nosotros. Si intervenimos en él, la praxis exige que evidenciemos lo incorporado, no crear un falso histórico. Esto, que parece antitético al hecho de jugar y apropiarse del arte (como veremos más adelante), es precisamente un cambio de paradigma: por primera vez no queremos imponernos sobre lo anterior, por primera vez no queremos desfigurar el pasado. En nuestra contemporaneidad se supera la idea de un tiempo lineal y sucesivo (la noción, eurocéntrica, en el arte de que el clasicismo precede al románico, luego aparece el gótico, el renacimiento, el barroco, etc.). El afán contemporáneo no es imponerse a la corriente precedente, ni pretender cambiar el pasado mediante un nuevo discurso. Si nos mantenemos dentro de los marcos más ortodoxos de la historia del arte, en cuyos relatos una sucesión de “grandes escuelas” constituye el flujo fragmentado pero incesante del arte, la preocupación es entendible. En lo concerniente a las artes visuales, resulta evidente que, desde los años setenta, ninguna tendencia logró una prominencia similar (Smith, 2013, p.303).