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Redes.Com Nº 2 | 213 Fieles al método subjetivo en sociología, quieren tomar lo bueno de aquí y de allá, pero, de hecho, como es natural, este deseo pueril lleva únicamente a sueños reaccionarios que dan la espalda a la realidad; lleva a la incapacidad para comprender y utilizar los aspectos realmente progresistas y revolucionarios del nuevo orden de cosas y a simpatizar con medidas que eternizan el buen régimen viejo de trabajo. V. I. LENIN El espectáculo, entendido en su totalidad, es a la vez resultado y proyecto del modo de producción existente. No es un complemento del mundo real, una decoración superpuesta a éste. Es la medida del irrealismo de la sociedad real. GUY DEBORD Abstract. The processes of production of the collective identities, the transformation and the acculturation of the forms of popular expression today they are shown us intimately connected with the dynamics of the social communication. In fact, the same notion of culture assumes, as indicates Williams, a communicative act in continuous dialogue with the other and its time. In the mass media, in the advertising and journalistic activity, in the cultural production industrialized, the cultural identities are produced and they conform through a complex process of symbolic consumption that requires to know in detail the bonds and existing relations among the mass media, the media cultures and the forms of popular expression in the contemporary companies. The consideration of these and other central questions in the study of the communication and the culture constitutes a line of investigation to consolidate as horizon of strategic knowledge in the comprehension of the media, the contents and the processes of public communication that transform the referring and cultural bosses. In this article, the scientific principles of this new perspective of analysis they are outlined, the terms and present tendencies of the academic debate, as well as the intellectual challenges of the investigation in communication in the Crítica cultural y cultura de masas. La institucionalización de los estudios culturales ante el cambio social. Francisco SIERRA CABALLERO ÍNDICE
214 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO SIERRA CABALLERO framework of the cultural transformations initiated with the process of construction of it called global company of the information. La pol ítica de l a producción del conocimiento de l a cultura popul ar. En la actual tendencia teórica dominante, los estudios culturales (Cultural Studies) conforman una fuente y un marco de referencia imprescindible en la fundamentación del conocimiento sobre las definiciones y las formas de vida colectiva. Éstas, progresivamente mediadas por las industrias culturales, son hoy objeto de estudio de antropólogos, historiadores, sociólogos y lingüistas en torno al lugar común de la comunicación. En este proceso de convergencia, el paradigma interpretativo ha abierto en los últimos años vías originales de investigación del universo mediático y la cultura de masas, constatando la naturaleza heterogénea de la comunicación social y las contradicciones de procesos actuales como la globalización, para renovar los planteamientos teóricos más reduccionistas a partir de un marco multidisciplinar, reflexivo y crítico, sobre las complejas relaciones entre comunicación y cultura (Abril, 1997; Inglis, 1993; Stevenson, 1998). El paso de una visión de la información como objeto a la apertura problematizadora de la comunicación como un proceso en el que lo informativo se nos muestra atravesado por múltiples voces, diversos niveles de la realidad social y representaciones contradictorias y superpuestas constituyen hoy el punto de partida de una nueva mirada en torno a los procesos de comunicación social, mucho más productiva y enriquecedora para las Ciencias de la Información (Carey, 1989; Grossberg, Nelson & Treichler, 1992). Tres desplazamientos fundamentales han tenido lugar, de acuerdo con Martín Barbero, en este proceso de evolución de una visión de lo informativo como objeto de investigación a una noción de campo plural y compleja: 1. El primer desplazamiento marca el paso de una concepción transparente de los mensajes vehiculados por los medios de masas a una reflexión más profunda sobre la opacidad de los discursos, rompiendo con la concepción de la ideología sustentada en la relación aproblemática forma-contenido. 2. El segundo desplazamiento se produce de lo popular folclorizado al espesor masivo de lo urbano, que abre la investigación a la reconsideración de la experiencia sociocultural de los sujetos objeto de conocimiento, para pensar lo popular como eje de los procesos massmediáticos. 3. Y, por último, en tercer lugar, el paso de la comunicación como un problema de medios a la cultura como un espacio de producción de las identidades, redefiniendo el campo de conocimiento en nuestra disciplina a partir de la ruptura epistemológica de lo popular, no tanto como un objeto, sino más bien como “un lugar desde el que repensar los procesos, este lugar desde el que salen a flote los conflictos que articula la cultura” (Martín Barbero, 1987a: 14). Se trata, en palabras del mencionado autor, de rehacer conceptualmente el campo de la comunicación viendo en ésta una modalidad constitutiva de las dinámicas culturales a partir de las cuales pensar el sentido de las prácticas comunicativas en relación a los medios, los movimientos sociales y la historia: de los medios a las mediaciones (Martín Barbero, 1987b).
Redes.Com Nº 2 | 215 Crítica cultural y cultura de masas. La institucionalización de los estudios culturales ante el cambio social El tratamiento de formas culturales masivas como el cine, la televisión, la música popular, la prensa y las nuevas tecnologías informáticas, ha pasado así de ser autocentrada por un pensamiento fonológico y delimitador, poco atento a las relaciones sociales sistemáticas que pernean las diferentes formas de producción cultural, a considerar “constructivamente” la lógica cultural de la producción y reproducción simbólica a través de las industrias de comunicación (Becker & McCall, 1990; Denzin, 1992; McGuigan, 1997). Los estudios culturales en comunicación nacen como campo interdisciplinario de análisis y crítica histórica centrada en los procesos de producción y circulación social de las formas simbólicas a través de los medios de difusión colectiva, a partir del estudio de las relaciones y prácticas institucionales que atraviesan cada experiencia cultural mediada informativamente en el contexto social y los mundos de vida (Btantlingen, 1990; Featherstone, 1990; Grandi, 1995). Esta vinculación del análisis de la comunicación a la praxis histórico-social, al mundo real y concreto de los actores sociales, ha permitido prestar mayor atención al eje central de las preocupaciones de la crítica marxista, vinculando la información, la producción y la cultura a los procesos de cambio y reproducción social que determinan toda experiencia mediática. La original aportación teórica de la corriente culturológica puede resumirse, en este sentido, en cuatro características fundamentales: 1. La práctica analítica de los estudios culturales está basada en el análisis literario, pero enfatiza los marcos extratextuales de explicación. 2. Aunque las categorías de análisis tienen su razón de ser en teorías de la subjetividad y el contexto sociohistórico, el medio privilegiado de investigación es la interpretación erudita. 3. El centro de interés tiende a orientarse a los discursos dominantes más que a sus productores o a la cultura de los receptores locales. 4. Se concibe así el sistema social como un contexto de discursos diversos que proceden de subculturas y comunicaciones interpretativas diversas, basadas en el género, la clase o la etnicidad, y que median en el flujo e interpretación de la comunicación de masas. El objetivo general de este nuevo programa de investigación va a ser intentar comprender la subjetividad, los procesos de mediación y la actividad de los medios en relación con la estructura social, desplazando los marcos del análisis estructural sistémico al ámbito de lo real concreto sin perder de vista los primeros (Behabib, 1992; Hall et al., 1980). A diferencia de los enfoques reduccionistas de la ideología, la estructura social y las funciones culturales en Teoría de la Información, el sentido socioantropológico de los media va a llamar la atención sobre la importancia que adquiere el consumo informativo como proceso de producción de sentido en la conformación de las identidades culturales, destacando la actividad de los públicos en su interacción con los canales y los mensajes de la cultura de masas, como parte de un proceso amplio y complejo, en torno a las industrias de la comunicación y la cultura. De este modo, allí donde el enfoque positivista de los medios separa, fragmenta y procede al distanciamiento del contenido vivido y la forma de conocimiento de lo social, el paradigma interpretativo de investigación en comunicación ha contribuido a tratar las prácticas comunicativas como espacios de intersubjetividad y producción de sentido, de identificación
216 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO SIERRA CABALLERO y construcción de microuniversos simbólicos (Liebes & Curran, 1998; Munns & Rajan, 1995; Sierra, 1999). El giro fenomenológico de las ciencias sociales es la base de referencia de este nuevo horizonte paradigmático en el proceso de conocimiento de los fenómenos de información y comunicación social que apunta la necesidad, en nuestro tiempo, de considerar, desde el intercambio teórico en diferentes disciplinas, el contexto general de los procesos culturales como el universo co-implicado de los medios, atendiendo tanto a las prácticas cotidianas en las que adquieren relevancia los discursos mediáticos, como a la pluralidad de los factores sociohistóricos que estructuran cada una de las prácticas comunicativas concretas: [...] de lo que se trata en los procesos llamados de comunicación, de información, culturales o como se quiera, es de la producción histórico-social de la significación y no de una mera reproducción. Significación que posee una materialidad histórica concreta y una forma no añadida, ni refleja, sino la que se produce desde una determinada racionalidad, la de la mercancía en nuestra sociedad que domina conformando tanto los objetos como los mensajes, porque lo que codifica y domina son las relaciones sociales (Martín Barbero, 1987a: 35). Los medios de información estructuran nuestra experiencia como dispositivos de poder cultural por su capacidad de significación, de proveer significados y clausurar sentidos específicos de interacción social (Williamson, 1987; Hall & Du Gay, 1996). El sentido, más allá de los significados mediáticos, remite aquí al campo amplio, complejo y contradictorio de la cultura, de las prácticas y los discursos sociales, al ámbito de las instituciones y las ecologías de la comunicación, por encima o sobre las determinaciones y los discursos sociales, al ámbito de las instituciones y las ecologías de la comunicación, por encima o sobre las determinaciones y los efectos precodificados intencionalmente por la instancia emisora según la concepción lineal, unidireccionalmente codificada y sobredeterminada en la idea del paradigma informacional, que la cibernética ha desarrollado en forma de ciencia del control de la comunicación, estableciendo la racionalidad propia de los medios como la única válida y necesaria (Sierra, 1999). Los fenómenos comunicacionales, en otras palabras, deben ser analizados dentro de los contextos históricos, político-sociales y económicos concretos que condicionan el desarrollo de la experiencia cultural en torno a los medios de información. Desde una perspectiva cultural totalizante, hoy se reconoce, y hasta parece inevitable, la estrecha vinculación de la praxis comunicacional con la cultura y la dinámica sociopolítica del entorno. Debido en especial al arrollador impulso del capitalismo, la cultura, en palabras de Raymond Williams, ha acabado definiéndose como un sistema de vida global (Williams, 1997b; Williams, 1997a; Higgins, 1999). Es necesario, por tanto, estudiar globalmente en sus formas y contornos el modo dominante de producción comunicativa, considerando los vínculos que lo unen con la base material de reproducción y desarrollo de la cultura moderna. En esta encrucijada, se sitúa el surgimiento de los estudios culturales y qué planteamiento original han perfilado en las Ciencias de la Información; la respuesta sería precisamente su capacidad de apertura e integración multidisciplinar (Barker & Beezer, 1999; Cvetkovitch & Kellner, 1997; Turner, 1990; Storey, 1996; Inglis, 1993; Morley & Chen, 1996). De tal modo que la habitual fragmentación existente entre disciplinas que regía el estudio de la comunicación y la cultura ha sido reemplazada por una visión interdisciplinaria en donde
Redes.Com Nº 2 | 217 Crítica cultural y cultura de masas. La institucionalización de los estudios culturales ante el cambio social comunicación y cultura van a ser pensadas como realidades contiguas e integradas, cuya trama exige por lo mismo redefinir las fronteras entre cultura de masas, cultura popular y “bellas artes”. La cultura deja así de ser observada como un objeto o un fenómeno perteneciente a la tradición y al pasado (como folklore) para pasar a ser motivo de consideraciones productivas, desde una perspectiva relacional, interactiva, esto es, comunicacional, en cuanto espacio de construcción de las formas de sociabilidad. Más aún, “la comunicación se ubica así como puente entre las relaciones éticas, económicas, estéticas y cosmológicas” (Sodré, 1998: 14). Los estudios culturales han significado, en este sentido, una revisión crítica —histórica— de la compartimentación disciplinaria, dando cuenta de las formas sociales de producción del conocimiento y de la cultura popular, al investigar las condiciones disciplinarias que establecen las cuestiones, temas, métodos y objetos de la investigación en comunicación. En la perspectiva culturológica, domina un principio de comprensión, según el cual el estudio de los medios debe ser analizado desde los modelos y configuraciones culturales que tienen lugar entre los factores mediadores y los contextos de vida en los que toma forma la cultura mediada. Estudiar los procesos informativos exige, en consecuencia, intentar comprender las lógicas con las que trabajan los textos mediáticos en su articular con los mundos de vida, en las intersecciones y confluencias de las prácticas comunicativas y los productos de la industria cultural. Significa pensar las representaciones con las que se dicen y no dicen los imaginarios, preguntándose desde el principio por el significado del significado, considerando además, para redundar en la complejidad constitutiva de las mediaciones, que el campo sociohistórico objeto de investigación es, como advierte Thompson, un campo preinterpretado en el que los procesos de comprensión e interpretación se presentan como parte rutinaria de la vida de los individuos que constituyen este campo: La teoría que buscamos no es pues aquella que, atrapada en la inmanencia del discurso, padece la ilusión de una autonomía falaz que le lleva a pretender explicar los procesos de la comunicación masiva por fuera de los conflictos históricos que los engendran y los cargan de sentido. Sino aquella otra capaz de articular la investigación sobre el discurso a la de sus condiciones de producción, de circulación y consumo. Es decir, una teoría que comience a establecer las relaciones no mecánicas entre los diferentes niveles del proceso comunicativo: de la producción de los discursos con el régimen de propiedad de los medios, con los diferentes tipos de relación que con ellos establecen los aparatos de estado, y con las modalidades de decodificación y réplica de los distintos grupos sociales a los mensajes recibidos. Pero eso exige replantear no sólo las respuestas que durante cierto tiempo nos hemos venido dando, sino incluso las preguntas desde las que interrogamos y formulamos los problemas (Martín Barbero, 1987a: 43). La pregunta fundamental de este nuevo paradigma es qué hace la gente con los productos culturales de los medios de información, cómo son los mecanismos concretos de producción, uso, transmisión y conservación material y simbólica de las formas y dispositivos de la memoria colectiva. Esto es: ¿Qué significación tienen socialmente las culturas mediáticas en el universo social contemporáneo? ¿Cuál es la relación y los vínculos tejidos entre los medios masivos y otras prácticas sociales de comunicación? ¿Cómo se reproducen y modifican las relaciones dominantes de producción y reproducción social por la acción mediadora de los discursos mediáticos? ¿Qué procesos de subjetivación e identidad modifican nuestra experiencia, espacial
218 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO SIERRA CABALLERO y temporalmente los diferentes medios de información? ¿Qué tipo de cultura es formada y transformada con el desarrollo de la comunicación de masas? ¿Cuáles son las características del nuevo régimen de transmisión y socialización cultural que imprimen los medios masivos? ¿Cómo podemos pensar y comprender la naturaleza de la comunicación colectiva desde el pun- to de vista de la interacción social y los mundos de vida? La agenda de los estudios culturales y de la comunicación delimita así un campo de múltiples encrucijadas y problemas interdisciplinares desde el que explicar los procesos de modernización y transformación de las tradiciones culturales y su representación colectiva, la integración de lo local y lo global en la esfera pública, la confusión y codeterminación de las culturas populares y las culturas mediáticas y el cambio y afirmación de las identidades y sentidos de pertenencia cultural. A partir de los trabajos de la Escuela de Birmingham, la crítica de las ideas adquiridas sobre la cultura de masas y la revalorización de la cultura común como ámbito de transformación de las identidades, son los ejes que articulan la nueva agenda de estudio de los medios de comunicación de masas, considerando los procesos de mediación informativa desde una triple perspectiva: como escenario de resolución y definición de los imaginarios, como espacio práctico y simbólico de producción y reproducción social, y como instancia de imposición y negociación del consenso y la hegemonía ideológica. Como advierte Mauro Wolf en La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas: El objetivo de los cultural studies es definir el estudio de la cultura propia de la sociedad contemporánea como un terreno de análisis conceptualmente importante, pertinente y teóricamente fundado. En el concepto de cultura caben todos los significados y los valores que surgen y se difunden entre las clases y grupos sociales, como las prácticas efectivamente realizadas a través de las que se expresan valores y significados y en las que están contenidos. Respecto a dichas definiciones y formas de vida —entendidas como elaboraciones colectivas— los mass media desarrollan una función importante al actuar como elementos activos de estas elaboraciones (Wolf, 1991: 121). La comunicación como actividad, como una cuestión de producción, en su dimensión pragmática, es concebida aquí como un campo o escenario —lábil, complejo, paradójico— del universo social, construido a partir de las formas reticulares de producción intersubjetiva de la realidad. Las prácticas sociales compartidas en las que tienen lugar las definiciones y representaciones de los mundos de vida tienen en el sujeto un punto de referencia central en el estudio y comprensión de las mediaciones culturales. La noción activa de cultura presupone, según Williams, un actor comunicativo en continuo diálogo con la cultura, los otros y su tiempo, siendo el modo de imbricación de lo social tensito y contradictorio. Las múltiples tramas que tejen el campo de la sociedad, la comunicación y la cultura no dan cuenta de un objeto producido —el de la comunicación colectiva—, antes bien, éste es un campo siempre en proceso continuo de producción, entre la norma del consenso y la réplica movilizadora, entre la imposición y el dominio ideológico y las fugas y discrepancias contrahegemónicas, entre la ordenada economía de señales y el derroche generoso de información, entre la continuidad y la ruptura o, para retomar la oportuna expresión de Lourau, entre lo instituido y lo instituyente. Lo que exige, en consecuencia, un enfoque holístico del universo de la mediación.
Redes.Com Nº 2 | 219 Crítica cultural y cultura de masas. La institucionalización de los estudios culturales ante el cambio social Una lectura culturológica en esta dirección supone, en otras palabras, la integración de la dialéctica transformadora del sistema cultural y el conocimiento de las formas de control ideológico, el análisis de las estructuras de determinación social y el interés por la dinámica viva e imprevisible de las formas marginales de expresión y representación cultural en los intersticios de la estructura de la sociedad desde una visión crítica y emancipadora. La tarea prioritaria de los Cultural Studies va a ser por lo mismo explorar como propósito el potencial para la resistencia y la rebelión de los receptores contra las fuerzas reales del poder ideológico dominante. Mediante el establecimiento de amplias oposiciones entre los conceptos de poder/ideología y cultura/participación, entre otros, el objetivo original de los estudios culturales va a ser intentar dar soluciones viables a las necesidades de transformación y reforma de los proyectos radicales. “¿Qué puede hacerse contra las relaciones opresoras que estamos revelando? ¿Qué fuerzas existen, aunque sea potencialmente, que podrían conducir a la liberación? ¿Qué estrategias sugieren para apoyar a las fuerzas emancipadoras? Y, en consecuencia, ¿qué contará como opresión y como liberación?” (Barker & Beezer, 1994:13) son los puntos de partida sobre los que trabaja esta sociología de la comunicación y la cultura (Hebdige, 1979; Lull, 1997; Schlesinger & Sparks, 1986). La respuesta a tales interrogantes requerirá por ello el recurso a planteamientos teóricos interdisciplinarios y, sobre todo, una mirada metodológica no positivista y comprensivamente imaginativa sobre el sentido común de los públicos en su apropiación de los productos de la cultura de masas, entendiendo, como señala Williams, la búsqueda de conexiones entre productos masivos y relaciones culturales y la comprensión del papel de la ideología con relación a la cultura popular como un proceso de construcción simbólica de la hegemonía (Stevenson, 1998; Williams, 1997a; Wood & Bellamy Foster, 1997). La problematización de las relaciones texto/lector y significante/significado en la corriente de estudios culturales fija, en este punto, una crítica oportuna a ciertos supuestos teóricos críticos de la Escuela de Frankfurt por igualar cultura popular con falsa conciencia, identificando, como apunta Modleski, el arte de alto nivel con el potencial revelador de lo ideológico. Con la recuperación de Gramsci a cargo de los estudios culturales, la cultura y las ideas vuelven a constituir un territorio complejo, objeto de disputas, donde los grupos dominantes aunque son poderosos no tienen la dominación garantizada. Williams propondrá de este modo tratar de comprender mejor la relación real de la cultura hegemónica con la sociedad civil. Es decir, de la reflexión gramsciana sobre la cultura subordinada, la investigación en comunicación obtiene razones y elementos de juicio para una crítica y una activa intervención contra la cultura hegemónica. La agenda de los estudios culturales va a asignar por lo mismo especial importancia al análisis de las formas de articulación de la realidad y la ficción, a la ideología de la cultura masiva y al estudio de la imaginación melodramática entre los sujetos concretos usuarios de la nueva comunicación colectiva, no tanto por su centralidad teórica como por la potencial liberación de conocimientos y formas de actividad cultural emancipadoras. La importancia otorgada a la cultura popular revelará, de este modo, a la teoría social de la comunicación nuevas orientaciones en el estudio de los problemas de clase, ideología y poder, más allá del marxismo ortodoxamente estructuralista y del empirismo liberal reinante en la sociología positivista.
220 | ISSN 1696-2079 FRANCISCO SIERRA CABALLERO SUBJETIVIDAD, TEXTUALIDAD Y EXPERIENCIA. La tendencia hacia un planteamiento teórico más potente, heurísticamente, y reflexivo, metodológica y epistemológicamente, sobre las dinámicas de interacción sociocultural de los públicos con los medios informativos, se ha traducido en los últimos años, en una apuesta por perspectivas histórico-culturales de la audiencia en lugar de las convencionales perspectivas psicosociológicas empiristas. “Las investigaciones, provenientes de los más diversos campos, [han ido] horadando el viejo esquema unidireccional de la comunicación, difusivo, autoritario, persuasivo, educativo, manipulador de mentes en blanco o de hombre-masa, para dar paso a una reivindicación del receptor que es también la reivindicación de la capacidad del hombre común para estructurar el sentido de la existencia” (Ford, 1989:80). Si la ambigüedad en la comprensión de las informaciones, la ambivalencia de los valores culturales presentes en el proceso de recepción, o el margen de determinación autónoma en la fijación de la agenda por la importancia que tienen los marcos personales de interpretación, con el consiguiente reconocimiento de la actividad de la audiencia, han sido, desde hace tiempo, apuntados por los estudios de los efectos, más allá de los factores sociológicos y/o conductuales habitualmente reconocidos como punto de partida en las investigaciones realizadas a este nivel, hoy los nuevos estudios de recepción entienden que el poder de los medios de información está directamente relacionado con la estructura misma de la educación sentimental de los públicos, y sus prácticas culturales y históricamente construidas y determinadas, en la medida que los medios y las mediaciones conforman una ecología en los modos de revelación y sociabilidad, estructurada por procesos dinámicos, y transversales, de transformación sociocultural, en un sentido amplio. Así, el texto —y la mediación del medio— es desplazado en beneficio de la preeminencia del público y sus interacciones sociales: de una lectura de los significados a las significaciones, esto es, de la recepción informativa a la interacción simbólica histórica y socialmente significativa. Se trata de un modo de comprensión del consumo mediático que busca entretejer los discursos públicos con las rutinas domésticas de la vida cotidiana. Dado que la tradición “categorizante” ha dominado buena parte de la investigación sobre la audiencia, generalizando sus conclusiones sobre los diferentes tipos de receptor, este énfasis puesto en la audiencia imaginada, y abstracta, ha anulado la particularidad y variabilidad de las formas concretas de interacción con los medios. La complejidad constitutiva de la comunicación requiere sin embargo un análisis de los receptores capaz de comprender más allá de la conceptualización pasiva del consumo mediático y de los significados inscritos en los textos o documentos audiovisuales, desde un enfoque relacional o procesual. Los públicos no sólo utilizan intencionalmente los mensajes y los medios de comunicación para satisfacer ciertas necesidades y expectativas psicológicas de gratificación y placer. Más allá aún, las audiencias negocian, impugnan e interpelan a los medios y los mensajes, para interpretar y resignificar el contenido. La cultura del zapping en el consumo televisivo es sólo un ejemplo de cómo los públicos reconstruyen el universo simbólico que les ofrece el medio, participando activamente en el proceso de significación de la realidad social. Las metodologías de este nuevo enfoque estudian por tanto a las audiencias como punto de partida y de llegada en el análisis de los usos comunicativos. Esta mayor concreción en el
Redes.Com Nº 2 | 221 Crítica cultural y cultura de masas. La institucionalización de los estudios culturales ante el cambio social análisis ha derivado, sin embargo, en una forma de “apología de la cultura de masas”, desentendiéndose por completo de las constricciones estructurales que determinan la producción cultural. Así por ejemplo, según Lull, la variación cultural del proceso sociopsicológico es tan grande que hace inviable cualquier teoría que pretenda generalizar explicaciones definitivas sobre audiencias específicas. La perspectiva cualitativa que propone esta percepción cultural del fenómeno comunicativo exigiría, sin embargo, a estas alturas del debate teórico, una opción mucho más clara en la interpretación del consumo de los medios y de la relación cultural de los mismos con el sistema social como un proceso ideológico, como un espacio de significación de las diferencias y las dinámicas de clase. Hoy por hoy, parece que domina no obstante el eclecticismo y la positividad de los resultados en el proceso de esta búsqueda comprensiva. Lo único que da consistencia como paradigma a las diferentes agregaciones teóricas de este enfoque es su oposición a cualquier determinismo, tanto que incurre en una aceptación tácita del relativismo extremo como única norma común a las experiencias particulares de consumo simbólico por los diferentes grupos de audiencia. Posmodernidad y comunicación. Con la liberación de cierto yugo impuesto por conceptos reduccionistas en la interpretación de términos fundamentales como el de ideología —cuya orientación estuvo en principio dominada por un enfoque althusseriano, desde que en la década de los setenta irrumpiera con fuerza en el panorama de las ciencias sociales la joven escuela de los estudios culturales— los estudios sobre la cultura mediática han experimentado un cambio teórico significativo en un sentido más pragmático y conservador. Como critican Beezer y Barker: La investigación en estudios culturales es ahora menos una cuestión de descodificar las operaciones del poder y de la resistencia, con la vista puesta en adónde podríamos ir la próxima vez. En su lugar, ha tomado la estatura de un testigo, dando voz a los significados que se hacen aquí y ahora. Adónde llegan esos significados, adónde podrían conducir, qué posibilidades podrían contener: preguntar esas cosas es ser injustificadamente enjuiciador y elitista (Barker & Beezer, 1994: 17). De este modo, los estudios culturales tienden hoy a convertirse en un análisis inconexo de las prácticas de consumo comunicativo, al margen de las estructuras que constriñen la producción y circulación de los discursos sociales. Así: 1. Se ha pasado de la noción de poder textual a una valoración limitada de las estrategias de lectores y audiencias. “Los estudios culturales han cambiado su base fundamental, de manera que el concepto de clase ha dejado de ser el concepto crítico central. En el mejor de los casos, ha pasado a ser una variable entre muchas, pero frecuentemente entendido ahora como un modo de opresión, de pobreza; en el peor de los casos, se ha disuelto. Al mismo tiempo, el centro de atención principal se ha deslizado hacia cuestiones de subjetividad e identidad y hacia esos textos culturales y mediáticos que habitan en los dominios privados y domésticos, y a los cuales se
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