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La Ciencia nueva de Vico. De la metafísica al hombre

García Mansilla, Carlos David

Abstract

Propuesta de considerar la Ciencia nueva como el medio a través del cual la metafísica de los poétas teólogos se humaniza en el hombre.

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83©Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Carlos David García Mancilla LA CIENCIA NUEVA DE VICO. DE LA METAFÍSICAAL HOMBRE Carlos David García Mancilla Propuesta de considerar la Ciencia nueva como el medio a través del cual la metafísica de los poétas teólogos se humaniza en el hombre. Palabras clave: Vico, metafísica, poetas-teólogos, Providencia, historia. Here is proposed an interpretation of the New Science as a way of humanising the metaphysics of theological poets. Keywords: Vico, metaphysics, theological poets, Providence, history. INTRODUCCIÓN El hombre que haya sabido mirar al cielo y sentido la magnificencia y la enormidad, la infinitud del horizonte, no puede sino sentirse avasallado por aquella cosa, alguna cosa mucho más grande que él mismo. No puede sino sentirse, ante el cielo innumerable, pequeño y finito. Porque en su nimio poder por más que lo aumente, por más que su técnica le suba hacia los cielos, jamás podrá sacar de sus manos el poder para estremecer la tierra con el rayo. Por más grande que sea lo finito, diría Bruno1, al topar lo infinito con su grandeza lograda, se encuentra con que no hay diferencia entre ese su gran poder y el del ser más pobre en poderío. Y es que si el hombre ha errado y ha puesto en marcha su gran ejército de herramientas para desafiar al infinito no es sino por soberbia. El hombre fue dividido por soberbia, diría Ficino en su comentario al Banquete2, y volverá a ser dividido si en su pequeñez cabe volver a ensoberbecerse. He ahí la advertencia tanto de Ficino como, sobre todo, de Vico3. El hombre, el que vino a ser hombre desde las entrañas de la bestialidad, lo fue por volver la vista al cielo y saberse finito, por la sorpresa ante la grandeza. Porque, antes de que pueda considerarse la sorpresa como fuente y origen del pensamiento filosófico, antes de que el thauma volteara las cosas del cotidiano andar del hombre hacia la pregunta por su ser, la sorpresa es la cuna del hombre mismo. La metafísica es, en su origen más profundo y en su más íntima esencia, siempre sorpresa. Y la metafísica que no pregunta, la que ve y refleja la providencia con un cóncacsv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 83 Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)84 vo espejo hacia los primeros hombres, antes que un invento del hombre, que una pregunta, que una metà tén physin, antes que de un qué de las cosas, es una visión de la providencia, una ciencia que interpreta augurios divinos y dicta leyes, que marca la diferencia entre el hombre y las bestias. Y sólo después de augurar con la metafísica y de saberse finito es cuando se puede querer trascender, derrocar la finitud. Sin embargo, la trascendencia no es en el hombre una posibilidad, sino una cabal necesidad, algo que es constitutivo de la esencia de lo humano. Pero ¿por qué el hombre, de hecho, trasciende?, ¿de dónde le viene su ser histórico? HOMBRE Y METAFÍSICA. LOS POETAS TEÓLOGOS ¿Cuál es el inicio de la historia? No será en los hebreos. Aquellos hombres divinizados no han estado haciendo historia. Y es que ¿pueden estar haciéndola? En el reino donde están ya juntos con la providencia no se puede ir construyendo un reino, una nación. Los hebreos, cuya justa estatura se mantiene, son ya, no como los hombres que construyen, que subsisten. Los hombres que están ya poblando el reino de Dios quedan fuera de la historia y del tiempo. Se expulsan los soberbios del más alto reino y caen como rocas en la bestialidad. ¿Qué les hizo dar la espalda a los ojos de su Padre? ¿Cómo estos hombres tan siempre sí mismos pudieron cometer tal yerro? Queda la respuesta, tal vez por siempre, en incógnita. Lo cier- to es que la razón de la expulsión no puede ni debe ser resuelto por esta ciencia de la historia. Tampoco, pues, empieza a considerarse la historia desde la era de los bestiales gigantes. La razón es sencilla de responder, si seguimos considerando como un carácter esencial de la historia la construcción, el hacer. Las bestias no construyen naciones sino que sólo subsisten. Mas se quedan en el mero subsistir y no en el ser, no como el hombre que subsiste y se construye el ser. Sin embargo, los gigantes de los que hablamos están más inmersos en la sencilla animalidad que la soberbia que les expulsó del reino divino. Son hombres-bes- tia que se revuelcan en sus heces y viven en comunidad de mujeres, en el completo desorden vital. Ello se debe a que su subsistir no permite ni preguntarse por el orden que de hecho existe, ni seguir el orden con la responsabilidad que es sólo propia del hombre. ¡Pá!, dijo el hombre, y da inicio la historia. Todo lo anterior, la era de los gigantes, toda la eternidad que pudo haber transcurrido se vuelve de repente como un solo instante. Qué más da que hayan pasado miles de años de animalidad, si el hombre parecía llevar ya consigo su ser histórico, su metafísica, oculta hasta que el estruendo de un potente rayo le despertara. Y digo parecía, pues nada hizo que algunos hombres continuasen en su andar animal y otros se sorprendieran y atemorizaran. Temor y sorpresa en su origen van juntos, y sólo porque fueron juntos es por lo que la metafísica despierta. Simple temor lo sienten los animales ante el rayo y huyen. El temeroso que permanece espectante ante lo que teme por su grandeza temible que sorprende es el hombre. La sorpresa es, pues, la madre del hombre. Mas ¿se le puede otorgar a la sorpresa un rango ontológico tan alto dentro de la esencia de lo humano? Pues lo que aquí buscamos es el ser del hombre, partiendo de la metafísica desde su origen hacia el hombre en este mismo origen. Es por eso que hemos de aclarar la idea de sorpresa, que desde la perspectiva que aquí se emprende marca, justamente, la pauta del origen. El asombro, dice Vico, es hijo de la ignorancia de las causas. No hubo en estos niños del naciente género humano una visión del mundo tal como la racionalidad de lo real, de un orden inmanente en las cosas. Aquella visión es ple- Carlos David García Mancilla csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 84 namente griega, de la era filosófica. Es ahí donde la metafísica se ocupa de los géneros de las cosas, del lenguaje como forma prístina de conocer y de universalizar. Mas los poetas no hacían de su mundo una morada habitable dando nombre a las cosas, pues, en última instancia, todas las cosas llevan el nombre de Dios. Y de las cosas los augures desentrañan lo divino, la virtud para sí y para sus familias. Sin embargo, antes de exponer la moral poética dentro de esta interpretación, es menester continuar con la caracterización de la metafísica poética. El mundo del poeta no era del individuo, de una capacidad inherente al hombre como el principio de individuación. Cada gesto era un rostro nuevo, todo con el paso del tiempo se renovaba. Incluso considerando las fábulas y los cantos, es decir, las palabras, la reducción de la infinitud de cosas a unos cuantos fonemas, no se trata de una relación entre individuo y género. Las cosas no se abstraían, sino que se recordaban; ni se racionalizaban, sino que se fantaseaban. Es así como los poetas, en cuanto tales, creaban el mundo. Con sus robustos sentidos y vasta memoria hacían fantasías vigorosas de las cosas y, con ello, las creaban. No es posible que comprendamos o imaginemos, dice Vico, cómo pensaban los hombres que fundaron la humanidad del mundo gentil. El mundo así vivido nos es ahora una tiniebla. Mas no ha de pensarse que, careciendo de géneros de las cosas, de orden racional del mundo, el andar del poeta era simplemente caótico. Así, puede dilucidarse que antes que una facultad tal como el hacer juicios con un lenguaje abstracto, lo más originario en el hombre, es decir, lo propio a estos niños del género humano es la fantasía y la memoria. La fantasía es creadora, lleva las cosas del no ser al ser, de la indeterminación y la confusión de la semilla hacia el mundo de los poetas. La fantasía es interpretación de las cosas, mas no una interpretación vaga y equívoca. Los poetas leían en las cosas los mensajes de Zeus. Traer las cosas al ser es un fenómeno del tiempo. Por ello la fantasía es visión temporal, de alguna manera la simultaneidad del pasado en la memoria y del futuro en la Providencia. Porque la fantasía es interpretación de los mensajes de la Providencia, de cómo las cosas deben ser y habrán de ser. Hemos empleado hasta aquí la palabra cosas con laxitud. Si bien aquellas en las que se interpretaban los augurios eran naturaleza, lo ajeno, lo no humano, aquellas que se recordaban, que se fantaseaban, sobre las que en última instancia se auguraba, eran el hombre mismo. Es aquí donde conviene hablar más extensamente del tiempo, de la historia. Resulta curioso considerar la tradición filosófica en relación con este tema. Largos siglos puso ésta en el tiempo la fuente de doxa, de la falsedad, del no ser. Vico, de una forma que espero poder en un momento explicar, hace de la historia la fuente del ser (ser subsistente) del hombre, vuelve a la identidad del ser con el tiempo como lo haría Heráclito. Sin embargo, no es el ser como naturaleza y el tiempo como movimiento, sino como hombre e historia. Hasta aquí no hemos considerado la importancia que da Vico a la fundación de las naciones y su imprescindible relación con nuestro tema. El inicio de la era poética marca el principio de la historia. Del asombro primero ante esta divinidad inventada, Zeus, el que detiene a los fugitivos. Todo lo anterior no puede sino ser un periodo de caos que, si bien tuvo duración, no se puede decir que sea parte de la historia y del tiempo. Tiempo e historia sólo los hay en tanto que hay hombre, y un hombre no puede ser si antes no sigue a la Providencia. En este sentido, no es posible el hombre sin Dios, el mundo del hombre no puede ser tal si éste no ha puesto frente a sí una Providencia que ilumine el camino de su historia. Fundar naciones es el primer gran auspicio que los augures toman de la Providencia. Principio de esto es el matrimonio, el cual pone Vico como un carácter necesario para esquivar la bestialdad, para ser hom- Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 85 La Ciencia Nueva de Vico. De la metafísica al hombre csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 85 bre. Es claro que esta necesidad ontológica del matrimonio tiene su razón de ser en la certeza de la ascendencia, en no confundir las semillas como sucedía en la comunidad de mujeres. ¿Por qué da Vico tal importancia a la certeza de la ascendencia hasta el grado de considerarla constitutiva de lo humano? Varios pasajes de la Ciencia Nueva muestran al noble, al pater familias que interpreta los augurios divinos, no como un solo sujeto, sino como un grupo. Así, cuando se dice que Ayax venció solo a todo un batallón, se hace referencia al noble y a su corte de lacayos. O como él mismo dice más adelante: “Apolo, mediante los ‘nombres’de las estirpes, eterniza a los hombres en sus familias”. Sin embargo, considerar al noble y a su linaje como una unidad puede sonar inmediatamente falso. Sobre todo pensando que el noble llegase a ser uno con la familia que engendró y las de las generaciones que seguirán. Sería confundir entre el ser y el nombrar. Sin embargo, de aquí surge, creo, la propuesta de lo humano más importante de Vico. El hablar en los poetas teólogos es siempre, al principio, hablar de Dios. El lugar del sepulcro de los antepasados, de los nobles muertos que fundaron la estirpe se vuelve un símbolo de la estirpe misma, primero como escudos y, cuando Apolo da la facultad de nominar, es mediante un nombre. Este nombre trascendental no es sino la caracterización más propia e íntima de lo humano, el ser histórico, el ser en el tiempo. Contener en sí, de alguna manera, a todos los hombres que ha habido tras de sí. En la forma de un respeto religiosísimo de los antepasados, como los poetas teólogos, o en el tomar la responsabilidad de hacer historia, como Vico. El verdadero individuo es, pues, el hombre en el tiempo, toda la historia. De esta manera, y si así se me permite decirlo, este nombre es el hombre, el hombre es la historia. LAPROVIDENCIA Y LA HISTORIA Existe un elemento, por lo menos un elemento de infranqueable importancia más de esta ciencia que hasta ahora sólo hemos mencionado. Cuantiosos problemas ha traído a la filosofía aquel arte que desde los poetas se hizo patente y constitutivo en el hombre: la interpretación. Y es que, si continuamos con los planteamientos que hasta ahora se han hecho en esta lectura de la Ciencia Nueva (que así mismo es una interpretación), el que los poetas teólogos hayan construido su mundo y sus naciones interpretando los auspicios divinos hace de la interpretación la única posibilidad del hombre para con su mundo. Ésta goza de una apertura inconmensurable. Interpretar puede ser tomar cualquier camino. Interpretar los auspicios puede llevar a tomar cualquier camino en la historia. Aquel elemento al que se hace referencia es la Providencia. El hombre ha podido forjar un mundo y una historia sólo desde que se hace menesteroso de Dios, de esa fuerza inefable. Interpretar un mundo sin un punto fijo al cual seguir es la total indeterminación, es la no interpretación, es el mar de los gigantes y de las bestias. El que ha sido hombre, el poeta teólogo, lo es porque ha aceptado a Dios y el camino de Dios, la Providencia. El poeta inventa el mundo y a sí mismo a partir de la Providencia. Es hombre porque su historia se construye bajo el velo de lo divino y encaminada hacia Dios. La historia es la vuelta del hombre hacia Dios. Por ello, cuando decíamos que el hombre es, nos referimos al ser en el tiempo, al hombre en construcción. El fin de la historia, el arribar al reino de dios, de vuelta a la casa paterna, es el fin del hombre como tal, como son los hebreos, que se mantienen en su justa estatura en la morada divina. La Providencia tiende la mano poniendo frente al hombre la virtud, el bien, una tabla de valores, el camino para su historia, y es menester de la libertad del hombre elegir el cami- Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)86 Carlos David García Mancilla csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 86 no del hombre, elegirse a sí mismo, o volver al reino de los gigantes y las bestias. Es así que la libertad humana se cifra sobre el elegirse o el perderse. La libertad no es tener frente a sí un cúmulo de posibilidades que cuanto más se acreciente más ha alcanzado la propia libertad. Este querer más poder es la soberbia suicida de desafiar a la Providencia misma, no acatar las reglas que ésta dio para lo que es propiamente humano, es un volver a ser bestias. CONCLUSIONES Una propuesta de la historia tal como la de Vico, y esa idea del hombre que plantea y redescubre, sólo es posible partiendo de la metafísica que el mismo Vico, por supues- to, expone. Por ello versa así el título de la presente ponencia. En esta metafísica que emerge del asombro es donde se unen la memoria y la fantasía. El hombre que es, inmortalizado en el nombre, todos los hombres que le anteceden y el hombre que interpreta y crea el mundo según el orden de la Providencia. El hombre es, pues, sobre cualquier otra posibilidad de definición, un ser histórico e interpretador. Es así como Vico advierte las temibles desavenencias de tomar un curso de la historia que desdeñe el curso propio de la Providencia, que, desde los poetas teólogos hasta que todo hombre deje de ser, será lo más propiamente humano. Errar el curso de la historia no es sino ocultarse aquello que nunca desaparece, incluso negarlo. Vico propone una idea de la historia en la que no quepa la nada, que se expulse la posibilidad de dejar de ser. Puesto que el reino de los despatriados, de los gigantes que dilapidan el sendero hacia la casa de su padre, es en el único en el que cabe considerar el morir como volverse nada, es en el único en el que cualquier interpretación es posible y la mar de posibilidades es la nada de lo humano. Mas no ha de pensarse que la propuesta viquiana de historia marcha en un rumbo lineal, y que una vez nacidas las naciones de los poetas, no podían éstos sino continuar el camino de la Providencia. Como ya se ha dicho, siempre cabe en el hombre la libertad de ganarse o perderse. De ser una propuesta lineal acabaría con la responsabilidad de hacer historia. Si la Providencia ha de ser alcanzada, el ser está a salvo y de esto que somos ahora tenemos el poder de hacerlo cualquier cosa. Siempre es posible que la historia deje de ser historia y que el hombre se vuelva gigante. Dios propone lo humano y es del hombre el empuñarse o no. El ser lo tenemos aquí, en las manos, para descubrirlo o para olvidarlo. Y, en este sentido, la propuesta de Vico versa sobre un recobrar la posibilidad de lo humano. Porque en cualquiera de todos estos despatriados y gigantes que somos nosotros mismos cabe siempre la posibilidad de volver a asombrarse. NOTAS 1. GIORDANO BRUNO, De la causa, principio y uno, p. 132. 2. MARSILIO FICINO, Sobre el amor, [UNAM, México] p. 98. 3. La noción del infinito, como la de Cusa y Bruno, no está presente en la obra de Vico. Proponer a la providencia divina como un infinito como lo consideraban estos dos autores no es sino una interpretación equívoca. Por ello no ha de tomarse de esta manera, pues traería consecuencias contradictorias para la propia concepción de providencia de Vico, sino sólo como una analogía útil para la introducción. *** Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 87 La Ciencia Nueva de Vico. De la metafísica al hombre csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 87 csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 88