Profesores y alumnos en la actualidad
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PROFESORES Y ALUMNOS EN LA ACTUALIDAD Maria Angeles Carmena González El sistema educativo español ha evolucionado en este siglo en consonancia con las circunstancias sociales, económicas y sobre todo políticas del país. Las décadas de los sesenta y setenta fueron una época fructífera en nuevas experiencias y planteamientos de la enseñanza, casi todas de tendencia humanista que propugnaban el antiautoritarismo. La educación se concebía como una vía para la liberación personal y colectiva. De 1970 es la Ley General de Educación y Financiación de la Reforma Educativa (L.G.E.), que es la base del sistema educativo vigente en la actualidad, en los centros en los que no se ha comenzado a aplicar la LOGSE o Ley General del Sistema Educativo de 1990. Esta llega en una época bastante diferente, pues parece ser que no sólo se han agotado las experiencias educativas contestatarias en estos últimos quince años, sino que incluso ha desaparecido el interés por la ideología. La nueva condición de la ideología se asienta en los valores individualistas y en el antihumanismo contemporáneo y pierde el sentido liberador que poseía. Se basa en la nueva condición de la realidad social actual en la que las crisis económicas, los nuevos acontecimientos políticos, el desarrollo absoluto y generalizado de las nuevas tecnologías, la acumulación ingente de capiti multinacional, el descalabro de la izquierda... han cambiado totalmente las formas de vida. A finales del siglo XX parece ser que concluye la modernidad, o lo que es lo mismo, la sociedad liberal y burguesa que dio lugar al capitalismo y al marxismo, e iniciamos una nueva era histórica a la que llaman poscapitalismo o posmodemidad. Angel Pérez Gómez (1994) cuando habla de la sociedad posmoderna dice que no es difícil detectar la impresión de perplejidad que envuelve en la actualidad el ámbito de la escuela y de la práctica educativa, así como la sensación de desconcierto generalizado entre los docentes. Parece que asistimos impotentes a la erosión y desmoronamiento de un importante
MARIA ANGELES CARMONA GONZALEZ edificio clásico, aparentemente sólido hasta ayer, sin que se vea con claridad cómo se va a reconstruir. Los docentes vivimos en el ojo del huracán de la innegable situación de crisis social, económica, política y cultural que vive nuestra sociedad al final del presente milenio. En el sistema educativo existe una instancia de mediación cultural entre los sigiiificados, los sentimientos y las conductas de la comunidad social y el desarrollo singular de las nuevas generaciones. Cuando se cuestiona el mismo sentido de la escuela, su función social y la naturaleza del quehacer educativo, como consecuencia de las transformaciones y cambios radicales tanto en el panorama político y económico, como en el terreno de los valores, ideas y costumbres que componen la cultura, o las culturas de la comunidad social, los docentes aparecemos sin iniciativas, arruinados o desplazados por la arrobadora fuerza de los hechos, por la vertiginosa sucesión de acontecimientos que han convertido en obsoletos nuestros contenidos y nuestras prácticas. Como consecuencia de la implantación de la Reforma, aparecemos ocupados, con mayor o menor angustia y convencimiento, en tareas burocráticas de concreción del qué, cómo y cuándo, enseñar y evaluar; de un curriculum regional, cuyos fundamentos y sentido, su por qué y para qué se han hurtado a los docentes, no han sido el resultado de un debate público. Así, ocupados una vez más en tan decisiva tarea técnica, se nos escapa de nuevo el significado sustantivo, complejo y conflictivo de nuestra tarea profesional. Por ejemplo, el Ministerio presentó para el debate hace más de un año las "77 medidas" para mejorar la calidad de la enseñanza. El debate ha consistido pura y llanamente en hacernos entrega de ese documento y en que manifestáramos nuestra opinión por escrito. Tras hacerlo hemos recibido la callada por respuesta. No sólo no ha agradecido el esfuerzo ni ha tenido en cuenta nuestras propuestas sino que no ha justificado por qué las rechaza. Para hacer frente a esta situación de desconcierto y perplejidad, de rutina e inercia, o desencanto, conviene, según Angel Pérez, profundizar en la naturaleza polémica de la relación de la enseñanza con la sociedad posmoderna. La característica que mejor define la modernidad es la apuesta por el imperio de la razón como el instrumento privilegiado del ser humano, que le permite ordenar la actividad científica y técnica, el gobierno de las
PROFESORES Y ALUMNOS EN LA ACTUALIDAD personas, y la administración de las cosas, sin recurrir a fuerzas y poderes externos o sobrenaturales. Los procedimientos racionales se consideran suficientes para promover el desarrollo, la modernización y el progreso ilimitado en todos los ámbitos de la realidad natural y social, así como minar el poder político, económico y social. Conduce a definir un modelo ideal de desarrollo y comportamiento humano y como consecuencia a imponerlo. La crítica a esta concepción ha tenido consecuencias demoledoras para la pervivencia de la modernidad: Se ha demostrado el carácter provisional e histórico de la producción de conocimientos, en lo cultural su intolerancia que discrimina y arrasa la diversidad y porque en cuanto al concepto de razón el hombre se ve obligado a someterse a ella y a someter a los demás. La escuela ha sido el reflejo de los valores y contradicciones de la cultura moderna. Esta olvida las peculiaridades y diferencias del desarrollo individual y cultural, desprecia los procesos, contradicciones y conflictos en la historia del pensar y el hacer, restringe la enseñanza al conocimiento, desatendiendo las intuiciones, emociones y sensibilidades. En las últimas décadas del siglo XX se ha impuesto una manera nueva de entender y desarrollar las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales. Algunos llaman a esta época y sus características, hipermodernidad o radicalización de la modernidad, Heargreaves (1993) la denomina posmodernidad. Su rasgo más característico es la crisis de la razón, como instrumento para lograr el progreso, la justicia y la felicidad. Un conjunto de graves acontecimientos como guerras mundiales y regionales no racionales; pobreza y miseria paralela a la masiva destrucción de alimentos por exigencias del mercado; desigualdad Norte-Sur; racismo y xenofobia; ritmo atosigante y acelerado de los hombres ocupados junto a inmensas bolsas de paro... conducen al desencanto y rechazo de las premisas modernas. La razón es débil, parcial, manipulable, subordinada y utilizada por mtereses inconfesables e irracionales. No hay verdades absolutas que superen el paso del tiempo y el espacio, sólo certezas relativas. Como consecuencia del desencanto, se va al extremo Opuesto. Se renuncia al conocimiento histórico, al compromiso político, a la defensa de cualquier principio ético... Asume el privilegio de lo particular, la primacía del presente y el desprecio del pasado y del futuro, el imperio de lo privado, el culto a la imagen, la estética, el diseño, la moda fugaz, el placer presente, la obsesión por el culto al cuerpo y por la
MARIA ANGELES CARMÓNA GONZALEZ apariencia juvenil, de modo que la adolescencia se convierte en el modelo del resto de las generaciones. En la sociedad posmoderna es más importante el tener que el ser, la apariencia que la realidad, se considera realidad sólo lo que aparece. Cuando la importancia de las formas pretende desarrollar las capacidades estéticas de expresión y comunicación, de crear nuevas vías para expresar el mundo interior individual o social, puede considerarse con potencialidad educativa porque favorece el desarrollo creador del individuo y de la comunidad. Por el contrario, si la exaltación de las formas o apariencias es a costa de los contenidos para ocultar su vaciedad o irracionalidad, es un poderoso obstáculo que arraiga en la juventud por el atractivo de sus estímulos, relacionados con los sentidos, con la percepción más sutil y diversificada. No es una cultura neutral o inocua, sino al contrario, porque oculta los verdaderos intereses que transmite y por tanto es difícil analizar críticamente el sentido de los mensajes y la finalidad de los influjos. Muchas de las propuestas de la vida cotidiana posmoderna no pueden considerarse educativas porque no facilitan el desarrollo consciente ni del pensamiento, ni de los sentimientos y afectos, ni de las conductas de los individuos. Pero, como la condición posmoderna de la sociedad es innegable y a través de sus omnipresentes influjos condiciona el crecimiento de las nuevas generaciones, la escuela tiene que intervenir adecuadamente ante tales exigencias y circunstancias. La escuela debe vincularse con las exigencias educativas de la condición posmoderna. No se trata de asimilar la cultura privilegiada, ni de prepararse para las exigencias del mundo del trabajo o para el proyecto histórico colectivo, sino del enriquecimiento del individuo, en sus pensamientos deseos y afectos, lo que supone la defensa de la libertad personal y el desarrollo de la comunidad. La escuela debe facilitar la transición del individuo a sujeto, lo que requiere la vivencia consciente, rica y compleja, a veces placentera, otras polémica, de la cultura. Que la actividad educativa facilite el desarrollo de la razón, dentro del individuo, para convertirse en sujeto crítico de sus propias elaboraciones y conductas. En definitiva vivir la cultura en la escuela, interpretarla, reproducirla y recrearla, más que aprenderla académicamente. Es curioso que Manuel Vicent en Tranvía a la Malvarrosa, novela autobiográfíca de su adolescencia, publicada en 1994, nos presente a un joven identificado con todas las propuestas de la sociedad posmoderna, pero que vive en los años cincuenta. Esto hace poco verosímil al personaje.
PROFESORES Y ALUMNOS EN LA ACTUALIDAD Lo que sí parece claro es que nuestra sociedad y nuestros profesores necesitan redefinir los valores en los que creen, los objetivos por los que trabajan y el tipo de hombre al que quieren formar. Según José Manuel Estove (1987), este trabajo de clarificación ahora es más difícil que en épocas precedentes, pues por primera vez en la historia, se les exige a los profesores y al sistema de enseñanza que preparen a sus alumnos, no para el presente, sino para la sociedad en la que vivirán su edad adulta, y que sin duda será muy distinta de la actual. Cada vez los cambios se producen en periodos más cortos, y posiblemente llegaremos a una dinámica de renovación permanente. El profesor ha sido siempre una figura en cuestión por la misma contradicción inherente al papel que representa. Contradicción que se manifiesta entre lo que el profesor hace y lo que la sociedad querría que hiciera. Entre la aspiración al desarrollo creativo, crítico y personal, frente a la exigencia social de sumisión e integración en el orden establecido. Nuestra sociedad es hipócrita y ambivalente, pues nos aplica a los profesores el discurso de la abnegación y del valor espiritual de nuestro tiempo, cuando en realidad desprecia todo lo que no tenga valor material. Es injusto que nuestra sociedad nos considere los únicos responsables del fracaso del sistema escolar masificado, apresuradamente maquillado, para hacer frente a la crisis social, económica e intelectual de la sociedad. Hay un cambio social acelerado, las exigencias de la sociedad sobre el profesor se han diversificado. Hemos llegado a tal punto que elija el modelo que elija, el profesor actual va a enfrentarse con los que piensan en la educación desde otras perspectivas. Además nuestros sistemas de enseñanza han multiplicado las exigencias contradictorias, desconcertando a los profesores sin conseguir unas estructuras adecuadas a las demandas sociales. Por otra parte la sociedad y la administración acusan a los profesores de constituir una rémora ante cualquier intento de renovación. Y los profesores los acusan de hacer reformas, sin dotarlas de los medios y condiciones necesarias para una auténtica mejora. En el diario El Mundo del 1 de marzo, respecto al último recorte presupuestario en el Ministerio de Educación, se dice: "Cuando uno escucha justificaciones como las que se están dando que dicen que un recorte de más de 30.000 millones de pesetas para este año no afecta al sistema educativo, uniéndolo a los recortes de años anteriores, hay que pensar que tienen razón no va a afectar a la enseñanza. Digo más, habría que alabarles. Porque si quitamos 30.000 millones y no pasa nada ¿hasta cuánto se puede quitar sin
María angeles carmona González que pase nada? Sinceramente, hace gracia que 30.000 millones de recorte durante este año no tengan importancia. Porque ese dinero significa que no se construirán los quince institutos previstos, no se podrán contratar profesores especialistas de música, no habrá más plazas para idiomas o incluso que se retrase la implantación de la LOGSE una tercera vez. Pero claro 30.000 millones no tienen importancia. Pienso que en algún momento se ha mentido: o antes sobraban o ahora faltan". La enseñanza de calidad actualmente existente, allí donde se da, es fundamentalmente la consecuencia de la buena voluntad del profesorado, que frente a la tentación de abandono y dimisionismo, derrocha energías y entusiasmo, supliendo con su actividad la falta de medios. Criticado y puesto en cuestión el profesor ha visto descender su valoración social. Descontento con las condiciones en que trabaja, e incluso, a veces, consigo mismo, el malestar docente se ha constituido en una realidad constatada y estudiada, desde diversas perspectivas, por variados investigadores. Desde los años cincuenta se viene utilizando el término "malestar docente", aunque es en los últimos años cuando más se ha generalizado. Con esta expresión se refieren a los efectos permanentes de carácter negativo que afectan a la personalidad del profesor como resultado de las condiciones psicológicas y sociales en que se ejerce la docencia. La conjunción de varios factores sociales y psicológicos, presentes en la situación en que actualmente se ejerce la docencia está produciendo un ciclo degenerativo de la eficacia docente. En Europa y en Estados Unidos la enseñanza secundaria está puesta en cuestión. La crisis es general y doble: Crisis de la institución escolar cuyo rendimiento es de lo más mediocre y crisis del acto pedagógico. La transformación de los agentes tradicionales de socialización (familia, ambiente próximo...), han dimitido de sus responsabilidades educativas en los últimos años y se les exige hacerlo a las instituciones escolares, que se encuentran sin capacidad, por lo que se produce un vacío en el proceso de socialización de los jóvenes. Un factor que ha influido de una manera importante ha sido la incorporación de la mujer al trabajo y la transformación de la familia, que se ha reducido en su dimensión y en sus relaciones. Hace veinte años, el profesor constituía la fuente casi exclusiva de información, ahora cualquiera de sus afirmaciones puede ser discutida, utilizando las informaciones o los valores recibidos por otros medios de información.
PROFESORES Y ALUMNOS EN LA ACTUALIDAD El profesor debe decidir qué valores transmitir entre los vigentes en nuestra sociedad y cuáles por el bien de sus alumnos cuestionar y criticar. Hasta hace unos años las instituciones coincidían en los valores fundamentales. En la actualidad se ha perdido el anterior consenso, al que ha sucedido un proceso de socialización conflictivo y divergente, lo que le provoca una nueva fuente de malestar al profesor, al debilitarse el apoyo que se les ofrece y creándoles dificultades sin precedentes. Los enseñantes consideran que es injustificado reprocharles el que no estén a la altura de todos los desafios que plantea un mundo en rápida transformación, sobre todo porque no disponen de los recursos que querrían para afrontarlos. La situación se agrava porque el profesor debe compaginar roles contradictorios: Debe ser compañero y amigo de los alumnos; al mismo tiempo debe ser juez y seleccionar al final de curso. Ocuparse del desarrollo individual y de la evolución de la autonomía de cada alumno y al mismo tiempo conseguir la integración social y que se acomode a las reglas del grupo. A veces el profesor vive una profunda ruptura con la sociedad o con la institución educativa y discrepa de la forma en que funciona o de los valores que promueve, pero ante sus alumnos aparece como el representante de la sociedad y de la institución. El cambio acelerado del contexto social ha acumulado las contradicciones. El profesor se queja de malestar, cansancio, desconcierto. Pero el cambio no ha hecho más que empezar, porque la educación está empeñada, por primera vez en su historia, en preparar a los hombres para una sociedad que aún no existe. Cuando el entorno es estable podemos enfrentarlo. Si cambia rápidamente, hasta para el más saludable será difícil evitar el estrés. Los enseñantes, cuando se habla de su trabajo se sienten agredidos y viven con un sentimiento de persecución. Todos somos conscientes de la situación de crítica continua en la que vivimos; tenemos muchas vacaciones, trabajamos pocas horas, no hacemos nada en definitiva. El papel del profesor ha cambiado bajo la presión del cambio del contexto social, e igualmente se han modificado las expectativas, el apoyo y el juicio de ese contexto social. Hace sólo unos años los padres apoyaban al profesor en cualquier conflicto. Ahora ante cualquier problema se ponen del lado de sus lujos. Cuando un padre va a hablar sobre su hijo, la mayoría de las veces intenta justificarlo, no buscar soluciones para los problemas. En última instancia la culpa es del profesor que no ha sabido enseñarle, y así nos convertimos en los responsables de todo lo que pueda ir mal. El enseñante se siente
María angeles carmona gonzalez injustamente juzgado por los padres. La valoración del profesor sólo se hace en sentido negativo: si el alumno va bien es que es un buen estudiante, si va mal es que el profesor es malo. También el status social del profesor se ha modificado: antes se le reconocía un status social y cultural elevado, sobré todo en el Bacliillerato. En el momento actual, nuestra sociedad establece el status social en relación con los ingresos. Las ideas de saber, abnegación y vocación no valen nada. Para muchos padres el profesor es el que ha sido incapaz de hacer algo mejor, o lo que es lo mismo, en lo que se gane más dinero. El salario es otro elemento más que contribuye al malestar. En Europa, Canadá y EE.UU., en todos los grados de la enseñanza, existen unas retribuciones inferiores a las de los profesionales de su misma titulación. Así en las fuentes de estrés de los profesores aparecen: Primero, los salarios; segundo, la falta de coherencia en sus relaciones con los alumnos, y tercero, la sobrecarga de trabajo. Y en las razones de los profesores para abandonar la enseñanza tendríamos: Primero, los salarios; segundo, las pocas oportunidades para progresar; y tercero, demasiado trabajo. En la teleserie Los mejores años, que se emite a diario, hablando del precio de unos pisos se decía que no podían ser caros porque allí vivía una profesora de Instituto. Otro elemento que contribuye al malestar docente es el problema del continuo avance del saber. Ya no le basta poner al día lo que aprendió, ahora tendrá que renunciar a contenidos que ha explicado durante años e incorporar otros de los que ni siquiera se hablaba cuando comenzó a ser profesor. Y además ha de pagarse su formación y hacerla fuera del horario escolar, porque la ineficacia de los cursos que imparten los C.E.F. es otro problema que todos conocemos. El cambio social ha sido lento hasta este siglo, pero ahora el ritmo de cambio se ha acelerado tanto que nuestra imaginación no es capaz de seguirlo. Un dato significativo, extraído de una encuesta, es que la mayoría de los profesores no animarían a sus hijos a serlo, lo cual demuestra una decepción, aunque no se confiese. El tema de la personalidad del profesor y do las tensiones a las que se haya sometido aparece frecuentemente en la prensa y en otros medios de comunicación social. Suelen presentarse dos líneas contrapuestas: como una profesión conflictiva o como una actividad idílica. De la imagen conflictiva tenemos noticias casi a diario: violencia en las aulas, profesores agredidos por padres o por alumnos, bajas retribuciones, falta de
PROFESORES Y ALUMNOS EN LA ACTUALIDAD medios materiales...Todas estas circunstancias, sin duda, abruman al profesor que cada vez más piensa que sus esfuerzos son inútiles, lo que lo lleva a perder la ilusión y a sentirse frustrado en su trabajo. En la visión idílica, sobre todo la transmitida por el cine o las seríes de TV, la mayor parte del tiempo, el profesor aparece relacionándose con sus alumnos fuera del aula, situación que está muy alejada de la realidad. Recuerdo que hace unos años, cuando la serie Fama tuvo tanto éxito, los alumnos que llegaban a Primero al Instituto, me decían que estaban muy desilusionados porque ellos habían imaginado que sería igual que en Fama. La misma desilusión que sufrimos la mayoría de los profesores cuando comenzamos con nuestra profesión, porque si bien no pensábamos en Fama, sí que llevábamos un estereotipo ideal en el que sólo habíamos tenido en cuenta lo positivo y como consecuencia nos encontramos desarmados para enfrentarnos a la multitud de problemas que supone la práctica real de la enseñanza. Aparte de todos estos factores sociales, existen otros que inciden directamente sobre la práctica docente limitándola y creando tensiones y que en conjunción con los anteriores contribuyen al malestar docente. Estarían por un lado la falta de material, la falta de calefacción, la mala conservación del edificio, la suciedad, la penuria del mobiliario (más de una vez se me ha caído al suelo un alumno en mitad de una clase porque se ha roto su silla; el año pasado en un curso faltó la mesa del profesor varios días y tuve que suplicar una y otra vez para que buscasen un remedio de urgencia porque no tenía dónde depositar el material que traslado de una clase a otra... en fin los ejemplos que podría enumerar son infinitos y todos los profesores los conocemos). Lo peor es que no hay esperanzas de que la situación vaya a cambiar porque la crisis económica se ha traducido en grandes recortes presupuestarios. Y desde luego es una ironía que se nos critique de falta de renovación metodológica o en la tardía incorporación de nuevas técnicas, cuando disponer del material mínimo supone un enorme esfuerzo cada día. Lo mismo se podría decir de los recursos humanos, porque España ha sido el último país de la Europa de los doce en la relación entre el número de profesores, 20'1 por cada 1000 hates. menores de veinticinco años. Por ejemplo, en Bélgica, son 75'1. En cuanto a la violencia en las instituciones escolares: el asalto a los centros que en muchas ocasiones no persigue el robo lucrativo, sino sólo destrozar, y a veces por los mismos alumnos, como consecuencia del clima de violencia en que se vive. Más generales son las pintadas con insultos a
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