La antropología criminal y la novela naturalista
Full text
.11M.1~1.W.
y,
LA ANTROPOLOGÍA CRIMINAL
Y LA.
ATLRALISTA
POR
BENITO MARIANO ANDRADE
Abogado da ilus e Colegio
de Mad id.
s
`a e
MADRID
EST. TIP. «SUCESORES
DE
RIVADENEYR A
IMPRESORES DE LA REAL CASA
Paseo de San Vicen e, núm. 20
896
AL QUE LEYERE.
No a i ma ía yo ca egó icamen e, be-
né olo lec o , que el í ulo que encabeza
es e lib o uese el
más
ap opiado pa a
exp esa ielmen e su obje o: he exami-
nado algunos nomb es, . g ., «la An o-
pología c iminal en la Li e a u a)), «La
An opología c iminal
y
el Na u alismo li-
e a io)), e c., e c.,
y
en ellos he encon ado
en ajas é incon enien es, como los en-
cuen a en odas las cosas humanas quien
yo me sé y cuyo nomb e me callo. En
se-
gundo
é mino quie o hace e no a que
es e abajo sin p e ensión de ningún
géne o, aunque ba un e que á alguien
pudie a pa ece de e udi o
d la iole a,
sólo ep esen a la pa e gene al
y
ilo-
só ica de un es udio pa icula
y
ex-
pe imen al que, con ayuda de Dios y u
benepláci o, me p opongo da á luz cuando
pa a ello enga mimb es y iempo.
Adi ino que es a ob a a á pa ece e
incomple a, señaladamen e po no es udia
las cues iones que en ella se a an más
que desde un pun o de is a; pe o modes-
amen e e ad ie o, pa a u gobie no, que
sólo me p opongo al esc ibi la da e á co-
noce una
imp esi(;n
mía sob e el pa icu-
la , algo así como un
an eo
sob e el p o-
blema de las elaciones en e la An opo-
logía c iminal
y
la li e a u a na u alis a.
Y con es o, y con deci e que lo que
más me p eocupa al publica es e lib o es
el emo de no habe en endido, ó el hecho
de habe in e p e ado mal alguna opinión
ó eo ía, cosa en e dad acilísima dada la
anemia c ónica que padece mi meollo, me
pos o á us plan as si e es dama (aunque
sospecho que pocas lee án es e lib o), 6
beso us manos si ue es caballe o, que
cie amen e lo se ás, y muy cumplido.
EL AUTOR.
INTRODUCCIÓN.
Si en e penalis as clásicos in ansigen-
es, no en e ados aún de las úl imas con-
clusiones de Lomb oso espec o á la ela-
ción en e la An opología c iminal y la
Li e a u a, /se a i mase po alguien que
de los ecien es p og esos ealizados en sus
es udios po el conocido an opólogo se
deducen la iden idad absolu a de p ocedi-
mien os, de leyes y consecuencias en e la
escuela an opológica c iminal y la e olu-
ción expe imen al de la escuela na u alis a,
indudablemen e que no se oma ían en con-
side ación sus a i maciones po no pode
adi ina las azones de al coincidencia, y
Acaso se ia ildado de poco sesudo, poco
se io
y,
si se les apu aba un poco, de loco
de a a ; pues, co no ellos di ían, en es os
iempos de an as monomanías bien pu-
die a se la excesi a c edulidad una locu a
como o a cualquie a..
Mas si es os seño es oyesen con calma
á quien les habla a; si no
onasen
desde
luego con a oda inno ación, como lo ha-
cen siemp e que de es as cosas se a a; si
con un poco de paciencia escuchasen b e-
es momen os aquello que se les dice,
y
que
an a al a les hace ap ende
y
ellos des-
p ecian como cosa baladí
y
ie a de sen-
ido; si espe asen co ésmen e las opinio-
nes con a ias, man enidas muchas eces
de buena e; si con inie an con S ua
en que nunca se debe ahoga en el e eno
cien í ico una opinión po e ónea que pa-
ezca, pod ían po lo menos ilus a se
mucho, cosa de que en e dad no se a e-
pen i ían, po que nadie sabe an o que de
ello e ien e. Y digo es o po que, aunque
gozo ama de in ansigen e en cie os
e-
enos donde es a condición es indispensa-
ble y aun dogma indiscu ible, soy el hom-
b e más amigo de la libe ad de ideas y
de mani es ación
y
exposición de las in
'
is-
MEI
_ 9
mas en el palenque cien í ico p opiamen e
dicho, pues c eo que nadie puede a oga se
la posesión de la e dad comple a, que
nunca suele acompaña en absolu o á nin-
guna eo ía,
y
mucho menos la in alibili-
dad; y es una de las cosas que más me
i i an el desp ecio y la bu la de cie as
ideas, hipó esis ó conclusiones, que po-
d án se más ó menos p obables ó aun
e osímiles, pe o que, sin emba go, ienen
an o de echo á i i la ida de la ciencia
co no de echo ienen á la ida ísica los
ube culosos
y
los ísicos.
En
España es ecuen ísimo el hecho
que aquí censu amos, y en odas las es-
e as de la ida domina el amo excesi o
á los moldes iejos, po lo cual, a án-
dose de eo ías inno ado as que dan al
as e con casi odos los p incipios
y
un-
damen os de la ciencia an igua, que en
de e minadas amas,
y.
c en el De echo
b
'5
penal, apa en emen e minan las aíces de
ins i uciones que se c eían in iolables,
y,
según opinión común, que casi es cie a,
des uyen y aniquilan las nociones de es-
- 16
de enido examen o nan en conside ación
algunas de las ó mulas na u alis as de
los an opólogos; muchos, co no he dicho
an es, oman á chaco a es as cosas; pa a
o os son indi e en es, pues no les llama
Dios po es os caminos de c í ica llenos
de di icul ades,
y
p e ie en con en a se
con las cua o ideas que e e en es al caso
ap endie on del p o eso de De echo pe-
nal, ba ajándolas
,
sin o den y concie o,
y
desconociendo lo que los an opólogos di-
cen, y po consiguien e lo que p e enden;
de és os son los que c een que la escuela
an opológica es un
sis ema
de de ensa del
cual echan mano algunos abogados cuando
la causa es á pe dida; de és os son am-
bién aquellos que c een p ime p incipio
de la nue a co ien e cien í ica,
y
eje sob e
el cual gi an odas sus consecuencias, el de
que « odo delincuen e, en el me o hecho
de se lo, es un enajenado)). ¡ Así se des i-
gu an muchas eces las opiniones con a-
ias,
y
así se pul e izan, al pa ece , en el
ca é, en la Academia ó en el A eneo!
Y
digamos, además, que es cosa común
- 17
en odos los que de es an, sin conoce las,
las conclusiones posi i is as, el a i ma
con oz campanuda,
y
á eces elocuen e,
que los mode nos seudo sabios p e enden
des ui las bases de la sociedad, los un-
damen os del de echo, la libe ad humana;
que los an opólogos mode nos niegan el
deli o, p osc iben la pena, y o as an as
ases hechas y luga es comunes á que
acuden y acudi án los u ina ios del De-
echo penal, has a que algún animoso
Cla-
ín
de la ciencia ju ídica les ponga las pe-
as á cua o, demos ándoles que no es an
ie o el león como le pin an.
La misma in ansigencia que deplo a-
mos en el campo del De echo penal ha e-
nido y aun iene luga en la es e a de la Li-
e a u a. Esos ame engados li e a os que
en noche de luna, á la o illa del anspa-
en e lago, e c. , e c., componen cán icos
de amo á Filis
y
Ama ilis ; esos no elis-
as hue os que compa an el amo de su
p o agonis a con el uego del Vesubio
del E na ; esos niños gó icos de la li e a-
u a pa a quienes es insopo able, y no
les
2
- 18
esul a,
la lec u a de un ozo de F ay Luis
de León, ó del Pad e G anada, ó de Que-
edo, cuando no dice chis es, y pa a mu-
chos de los cuales el mejo no elis a del
mundo es Jo ge Onhe , o mando co o con
esa anodina compa sa de c í icos de es al
cua o que oci e an en odos los ca és, en
odos los cí culos, en los pasillos del A e-
neo y aun esc iben en pe iódicos ; que ha-
blan de ca ac e es desdibujados, de si ua-
ciones bien sos enidas, de p opiédades
obje i as y subje i as , sin sabe lo que
dicen ; pa a quienes es necesa io en una
no ela ó d ama lija bien los es es ados
de exposición, nudo y desenlace, sola-
men e po que así lo ap endie on en las
clases de Re ó ica, ue on los p ime os en
pone el g i o en el cielo cuando una es-
cuela nue a p e endía hace se luga en el
campo li e a io.
Lo mismo que la nue a endencia ju í-
dica, la nue a e olución li e a ia ae con-
sigo e o es de g an calib e, y llega has a
donde ningún homb e de sano juicio puede
llega ; po eso, sin idículas os en aciones
- 19 —
y sin gas a la pól o a en sal as, así como
en la ciencia de los deli os y las penas el
ilus e ca ed á ico de Salamanca S . Do-
ado
y
Mon e o se es ue za en expu ga
de lo noci o
y
dañoso á la nue a e olu-
ción, aunque c eo debie a a a la más
du amen e de lo que lo hace,
y
ambién
en Li e a u a D." Emilia Pa do Bazán, en
su no able ob a la
Cues ión palpi an e,
a enúa las c udezas de los na u alis as, y
p e ende explica el e dade o sen ido en
que debe oma se la palab a na u alismo;
así en la Ciencia se alza gigan esca la
igu a ju ídica del S . A ambu u y Zu-
loaga, e u ando pun o po pun o los p in-
cipales e o es de los an opólogos; y en el
A e se ye gue a ogan e la igu a li e a ia
del au o de
Pepi a Jiménez
pul e izando
las u opías de Zola
y
sus secuaces en sus
Apun es sob e el nue o a e de esc ibi
no elas.
C eo que an pe niciosos pa a el p o-
g eso cien í ico son los sis emá icamen e
eacciona ios, como los excesi amen e im-
pe uosos que se enamo an de odo lo
- 20 -
nue o con la misma pasión que nues os
a is óc a as golnosos encuen an encan os
en las hijas de los al os diplomá icos ex-
anje os: el
.
juicio se eno, la e lexión ía
y
la deducción desapasionada son cuali-
dades nega i as pa a, muchos de los hom-
b es de De echo ó pa a los li e a os a ilia-
dos á de e minada sec a.
Acaso alguien, po lo dicho a iba, c ea
e en mí, sob e odo en lo que al De echo
penal se e ie e, algo de indecisión, algo
de
eclec icismo,
en una palab a; pe o me in-
e esa hace cons a que no hay al cosa:
econozco, sí, que muchas de las obse a-
ciones de los mode nos an opólogos son
a inadas y p eciosas, y que, po lo an o,
deben de ene se en cuen a po los hom-
b es dedicados al es udio del De echo,
y
que ni minan ni des uyen nada omán-
dolas con la p ecaución necesa ia; y c eo
deben es udia se
y
segui se sus pasos pa a
ap opia se lo mucho bueno que apo an al
palenque cien í ico
y
pa a expu ga las de
sus g a es e o es ; y po es o,_
y
po que
con ibuyen de una mane a anca
y
es-
-
21 -
pon ánea al p og eso, po eso ecabo pa a
ellas la a ención, el espe o y aun los de-
echos de belige an es.
Figu aos una e us a y sólida o aleza
si iada po imponen es ba e ías enemigas;
llegado el momen o del uego, y al p epa-
a se los a ille os á lanza sob e la plaza
sus mo í e as g anadas , encuén anse sin
el elemen o indispensable, sin pól o a: los
si iados se íen del lujo y apa a o de los
si iado es, y cla o es que les iene sin cui-
dado la os en ación de an a ue za; pe o,
sin emba go, es udian y e lexionan sob e
los adelan os de la a ille ía mode na, o-
man no as del a mamen o,
y
con de enido
examen apun an odos los da os necesa ios
y dignos de ene se en. cuen a : no emen
ningún daño, y siguen como si al cosa,
haciendo la ida o dina ia; pe o p ocu an
econs i ui aquel o eón que se desmo-
ona, p e enden emplaza cañones del mo-
de no sis ema, y buscan el medio de ap o-
echa se y aplica pa a su uso odo lo
bueno que en su enemigo han is o.
La o aleza, es la escuela (•14.ÇI(.a, que no
-
9
2 —
eme el a aque de las mode nas co ien-
es p ecisamen e po que les al a el ele-
men o indispensable de comba e: la ilo-
so ía; siguen sus p incipios incon es ables
é inmu ables, pe o, sin emba go, debe
ija se en los mode nos adelan os de las
ciencias auxilia es del De echo penal,
debe ene en cuen a los bené icos u os
de los es udios de Lomb oso
y
sus pa i-
da ios en lo que se e ie en al delincuen e;
debe ija se en los de alles y casos con-
c e os sin descende al casuísmo exage-
ado , y debe ecoge y ano a da os y
obse aciones pa a in oduci en los Có-
digos penales aquellas e o mas necesa ias.
Es e es mi pensamien o: c eo que á nadie
'se á sospechoso una ez explicado.
En is a de las conside aciones apun-
adas, y eniendo en cuen a, como ya he
dicho, el espí i u excesi amen e eaccio-
na io que domina en nues a pa ia, c eo
que po i l a, de
an eceden es
no
hab á
muchos que á simple is a a e igüen la
analogía de p ocedimien os
y
de conclu-
siones en e la escuela c iminológica i a-
— 23
liana y la no ela na u alis a expe imen al;
analogía an exac a que, según Lomb oso,
puede es udia se en cie as no elas al de-
lincuen e (1) con odos los ca ac e es, no
ya de la e dad
a ís icamen e conside-
ada,
pues es o odo el mundo lo con-
cibe, sino de la e dad á secas, de la e -
dad cien í ica, de mane a que el pe sonaje
no elesco si a de es udio, lo mismo que
el pe sonaje i o; en una palab a, la no-
ela na u alis a es un e dade o docu-
men y humano, y es uen e de an a e -
dad, po consiguien e, pa a el an opólogo
y
pa a el c iminalis a como un in o me
cien í ico ó una iel na ación es i ical:
Zola es an digno de c édi o cuando nos
desc ibe minuciosamen e un homicidio,
con sus causas de e minan es
y
p edispo-
nen es, los ca ac e es ísicos, an opoló-
gicos y sociales que in luyen en un delin-
cuen e y las ci cuns ancias ambien es que
(1) Aunque la palab a
delincuen e
no es de la de o-
ción de los an opólogos, la conse amos aquí po no
con undi demasiado los concep os —Lo mismo deci nos
de o as, . g ., pena, deli o, e c.
- 24 -
odean al deli o, como Cáspe ó Ta dieu
cuando nos diagnos ican una dolencia ó
a ección, ó cuando en casos de e minados
especi ican los ca ac e es p opios de al
cual hecho c iminal.
Señala en lo que coinciden los no e-
lis as
y
penalis as, y en lo que se deben
di e encia , y a e igua has a qué pun o
puede se documen o humano una no ela
pa a el in de la An opología c iminal, es
lo que nos p oponemos en el ascu so de
es as páginas.
CAPÍTULO
1.
INVASIÓN POSITIVO-NATURALISTA.
No sé quién ha dicho el p ime o que la
- e olución es la mani es ación his ó ica,
de la e olución;
y
aunque alguien pudie a
c ee , y yo con él, que se ía más exac o
deci que la e olución es el desbo da-
mien o, en un momen o de e minado
y
p epa ado, de la ene gía concen ada du-
an e el la go pe íodo e olu i o, acep o
desde luego aquella a i mación como bue-
na, pues en el ondo no hay capi al di e-
encia en e una
y
o a; y undándome
en es a idea, y aplicándola á odos los
hechos e oluciona ios que han enido
luga , lo mismo en la his o ia eligiosa
que en la polí ica, social, cien í ica y aun
jas
y
aun e dades al mundo de la ciencia;
pe o pa a con ence nos de que no son an
nue as
como sus após oles p e enden, sí
c eo que con iene deci aquí algunas pa-
lab as.
Di igiendo una mi ada e ospec i a á
los
pueblos an iguos, á los pueblos en que
•
nació la iloso ía de odos ma ices y de o-
das endencias, obse amos que en ese caos
de ideas sin clasi ica
y
sin obedece á de-
e minado sis ema exis en concep os ne-
amen e ma e ialis as ba ajados y con un-
didos con o os espi i ualis as ó idealis as;
pe o conc e ándonos á los países en que su
adelan o en el pensamien o hace ya dis in-
gui y de e mina las escuelas ilosó icas,
encon amos, en la India con la iloso ía de
Kapila y en la China con Con ucio, el o i-
gen p imi i o del ma e ialismo.
En G ecia, cuna de la Filoso ía, los llama-
dos hilozoís as, en e los cuales descuellan
Tales de Mile o, Anaximand o, Anaxime-
nes, He ácli o
y
algunos o os, odos
con-
ienen en que la causa ó p ime a sus ancia
de
las cosas es
algo ma e ial,
el ai e,
el
- 3J
agua ó el uego. P o ágo as iende á de-
mos a que el in del homb e es el goce de
los place es, y es ablece la esis a bi a ia,
la hipó esis g a ui a de odos los ma e ia-
lis as , posi i is as y na u alis as, de que
puede exis i un mo imien o sin p incipio,
sin causa y sin azón su icien e.
Demóc i o , ilóso o céleb e en e los
pa ida ios de la ma e ia como o igen de
odas las cosas, echa las aíces del amoso
sis ema a omis a, y a i ma que los á omos
y el acío son los p incipios de odas las
cosas; el alma, una sus ancia compues a de
á omos, y el pensamien o, la conciencia y
la sensación , esul ado de ag egación ó
combinación di e sa de á omos. Y sin ha-
ce hincapié en las doc inas de A is ipo,
discípulo de Sóc a es, que, in e p e ando
an mal las enseñanzas de su maes o, llega
á es ablece , como P o ágo as, que la eli-
cidad del homb e consis e en el goce de los
place es ; y sin ij a nos en Es a ón de I. amp-
saco, que, ambién sepa ándose de su maes-
o A is óleles, enseña que la Na u aleza
no necesi a ni p esupone la exis encia de
3
- 31 -
una in eligencia, causa e icien e p imi i a
y o denado a del inundo, sino que és a
debe su o igen á ue zas inhe en es é in-
manen es de la Na u aleza; y sin da aquí
no icia de allada del sis ema del es oico
Zenón, que sos iene que odo sé es co pó-
eo y que el espí i u no es más que el p in-
cipio ó elemen o ac i o en con aposición
al elemen o pasi o, encen ámonos en es a
e iginosa ca e a po los campos de la
iloso ía g iega con el enomb ado Epicu o.
Es e, ambién sensualis a, que eccge po
en e o la he encia de Demóc i o, mani-
ies a que la elicidad de que es capaz el
homb e consis e en el delei e , el cual de-
lei e iene dos g ados , el mo imien o
y
el eposo,
y
és e, que es la comple a exen-
ción de dolo es, es el que cons i uye la
e dade a elicidad.
Mas donde el ma e ialismo o na cue po
o midable en la iloso ía g iega, donde es-
ablece sus bases p incipales delineadas y
conc e as, donde el en endimien o del iló-
so o llega al g ado supe io de lucidez a-
ando
y
exponiendo es as ma e ias, es en
- -
la escuela escép ico-posi i is a undada
po Enesidemo. Veamos con F ay Ze e ino
González, á quien seguimos en es a b e e
excu sión his ó ica, los opos ó azones de
duda uni e sal en que se apoyan es os i-
lóso os:
(d.° La di e sidad de o ganización que
se obse a en e los se es sensibles y la
consiguien e di e sidad
y
oposición de im-
p esiones p oducidas po los obje os en
dichos se es.
»2.° La di e sidad en la o ganización hu-
mana, de la cual debe esul a y esul a
di e sidad de imp esiones, de ideas, de
inclinaciones, las cuales debe ían se idén-
icas si no hubie a di e sidad en la o ga-
nización de los indi iduos.
»3.° La a iedad y oposición de sensa-
ciones p oducidas po el mismo obje o: un
pAja o de he moso plumaje
y
de can o ó
oz desen onada p oduce una sensación
ag adable po pa e de la is a, y á la ez
o a desag adable al oído; po o o lado,
es muy posible que es e obje o que nos
pa ece uno á pesa de las con a ias imp e-
- 36 —
siones que en noso os p oduce, sea en ea-
lidad múl iple y compues o de elemen os
e enciales que noso os no pe cibimos po
ca ece de sen idos acomodados al e ec o,
así co no la is a no pe cibe la música po
no se sen ido acomodado pa a pe cibi
es a ealidad.
»4.° La dependencia y mu abilidad de
nues as pe cepciones en elación con la
dis ancia, si uación y demás ci cuns an-
cias que odean al obje o. El mismo ele-
an e que is o de ce ca nos pa ece muy
g ande, nos pa ece pequeño á la ga dis-
ancia. Es o quie e deci que, aunque pode-
mos conoce
y
a i ma lo que son pa a
noso os
ales
obje os en
al
si uación, no
podemos a i ma ni conoce lo que son
esos obje os en sí mismos y con independen-
cia de ales condiciones.
»5.° Las modi icaciones ó cambios del
suje o pe cipien e. El obje o que nos cau-
sa al sen imien o ó emoción en la ju en ud,
nos lo causa di e en e en la ejez: en la
en e medad somos y sen imos las cosas de
di e en e mane a que en buena salud; de
J(-
mane a que la na u aleza del juicio
y
del
sen imien o ela i amen e al obje o cam-
bia y se elaciona con el es ado del suje o.
»6.° La can idad de las cosas modi ica
y
cambia po comple o sus cualidades, y,po
consiguien e, és as no pueden guia nos en
el aumen o de su na u aleza e dade a.
Cie as sus ancias enenosas en pequeñas
dosis si en de medicamen o, y las mismas
en g an can idad p oducen la en e med.ad
y la mue e.
))7.° Podemos conoce y sabemos lo que
es una cosa con elación a o a,
y
las im-
p esiones que en noso os p oduce ; pe o
no sabemos lo que ella es en sí misma ó
con elación á su esencia in ima, po que
nada nos asegu a que la elación de una
cosa á o a, Ú la imp esión que en noso os
p oduce, sea la no ma
y
la medida de su
ealidad obje i a.
»8.° La in luencia de la cos umb e, de la
educación, de la sociedad y de la eligión.
Un eclipse ó la apa ición de un come a
nos llama la a ención
y
nos imp esiona
i amen e po que no son ecuen es, mien-
- 38 -
as que ni nos imp esiona ni llama nues-
a a ención la is a del sol po es a ha-
bi uados á ella. El judío educado en la e-
ligión de Moisés conside a á Jeho á como
el Dios e dade o,
y á Jli
pi e como un
ídolo ano.»
No hay más que ija un poco la a en-
ción en es os
opo::
de los escép icos po-
si i is as pa a admi a su alen o y su
sen ido ilosó ico, y pa a es a mé i os á
los mode nos he ede os de es a iloso ía
que á eces se las echan de muy o igina-
les No es és a ocasión, pues nos en e en-
d íamos demasiado, de i explicando pun o
po pun o las g andes coincidencias de las
mode nas endencias con las ideas con e-
nidas en es os
opos;
el lec o compa a á,
é indudablemen e encon a á muchis:mas
azones de a inidad; pe o dejemos sen ado
desde luego que del escep icismo que en-
cie an es as conclusiones ma e ialis as de-
dúcense luego, en di e sas o mas
y
de di-
e sas mane as, odas las demás hipó esis
y
conclusiones.
Nues o obje o es sólo demos a que
- 39 —
es as eo ías hoy en boga no son an
nue-
as como sus a1)ó.5101 es p e enden,
y c eemos
que habiendo aído aquí á colación hechos
y p uebas concluyen es de que en lejana
iloso ía no sólo se echa on los cimien os,
sino que se e igió a ogan e el ono de la
ma e ia, hénoslo hecho cumplidamen e y
no necesi amos insis i más sob e es e
pun o.
Po es a pode osa azón, y se alada men-
e po no se p olijos en demasía, enun-
ciamos á segui a és de la His o ia las
e oluciones y as o maciones que han
su ido es as ideas, aunque con mucho gus-
o lo ha íamos y con poco abajo po con-
a con algunos apun es hechos hace poco
con mo i o de o o es udio pa ecido al
p esen e.
Sólo hemos de hace no a , po que así
sacamos un a gumen o pode oso pa a nues-
a c eencia, de que el exceso y la plé o a
p oducidos po el uso de una cosa, sea la
que ue e, es imula á ape ece la con a-
ia, como la ama ga medicina es obje o
de que el en e mo pida ansioso el azúca ,
- 40 —
que el abuso del concep o espi i ualis a é
idealis a de iempos m'In ecien es ha sido
una de las causas más e icaces de las que
han con ibuido á que e i an añejas hi-
pó esis ilosó ica aducidas en o ma cien-
í ica muy discu ible ó es idas con el opaje
de la Li e a u a. Sin necesidad de acudi
á al as abs acciones y disquisiciones me a-
ísicas, como ales pu amen e de aciocinio,
y
sin habla aquí de la exage ación del es-
colas icismo, cosa buena en sí pe o pe ni-
ciosa
y
idícula en sus abusos, y sin me e -
nos á ponde a las en ajas ó incon enien-
es de esa lógica silogís ica, encan o aun
hoy día de espe ables homb es de la ilo-
so ía
y
de dignísimas y sapien ísimas co-
munidades eligiosas, y aun sin acudi d
p incipio de Desca es, ni á la concepción
de la
Razón pu a,
del
Absolu o,
de la
Mea,
del
Yo,
del
Noúmeno,
emos que es e idea-
lismo espi i ualis a pene a en odas las
es e as de la in eligencia con la Polí ica
y
la Ciencia,
y ambién en odas las mani es-
aciones del sen imien o con la Religión
y
las Bellas A es. Hacía al a que un g an
- 4 1. -
acon ecimien o iniese á despe a á los ce-
eb os y á los co azones do midos con el
plácido sueño de las idealidades, y hé aquí
que en e aquellos
homb es espi i uales
suena pode osa la oz de Schleiden
en
1838, que mues a á la humanidad los
g andes p og esos ealizados en sus es u-
dios sob e la célula; el eco pode oso de
es a oz epe cu e en los ámbi os del mun-
do cien í ico, y á poco apa ecen Schwam
aplicando la eo ía celula al eino animal,
y c eando la amosa hipó esis his ogené ica
celula ; Vi chow, de quien es el amoso
p incipio
omnis cellula;
B ucke ,
que llama á las células o ganismos elemen-
ales; Da win, unidades i ien es, e c., e c.
En 1850 Fe nando Cohn es ablece la
eo ía del p o oplasma, que luego ampli i-
ca Max Schulze,
y
que cons i uye pa a
Huxley la base psíquica de la ida. Pe o
quien me ece especial mención aquí, quien
ha ocupado g an pa e de su ida en es os
es udios con p o echoso esul ado, ha sido
el g an ILeckel, econocido po sabio aun
po los más e ac a ios á es as cues iones:
- 4S --
La de inición de ciencia más ulga y
conocida, que co e po ahí de boca en
boca como axioma indiscu ible, y que dice
que es «el conjun o de e dades cie as y
e iden es que , dependiendo de un mismo
p incipio, concu en ambién á un mismo
in», la acep a é co no buena pa a i p e-
pa ando la in eligencia de los niños que
es udian el bachille a o, pe o de ninguna
mane a si quie e p esen á senos con los
hono es de e dade a de inición y como
2/0)1
plus ul a
de lo que debe se la Cien-
cia ; y no la podemos admi i , po que o -
zando solamen e un poco las cosas y que-
iéndola aplica á o as amas de nues a
ac i idad, ó aun á ulga es ob as huma-
nas, podemos comp ende en sus moldes
has a lo que hoy se llama a e culina io.
Nadie nega á, en e ec o, que en cues iones
de cocina hay e dades cie as y e i-
den es , po que po ales deben se e
nidas, .
g .,
el que los hue os e uel os
en una sa én, con la man eca su icien e,
se aducen en o illa; y que la leche, ú
o o líquido cualquie a pues o al uego,
- 49
hie en, e c. , e c. ;
y
odos con end án
conmigo en que, po ejemplo, pa a hace
un ico pas el es necesa io p ocede sis e-
má icamen e sob e las e dades conoci-
das,
y
hay que echa en el ecep áculo
ad
/ioc
p ime o la ha ina, después los hue os
pa a e ol e los con ella, después el azú-
ca , e c. Y en cuan o al p incipio de que
dependen odas es as e dades, no sé yo á
pun o ijo cuál sea, lo cual no quie e de-
ci que no exis a; pe o bien pudie a se el
de que los líquidos suje os á la acción
del uego se solidi ican ó e apo an, y los
sólidos se ablandan ó des uyen, ú o o
cualquie a, que sob e es o no he de dis-
cu i .
El in exis e como en oda ob a humana;
y como en la de inición no se conc e a de
qué clase ha de se , en uso de mi de echo
asigno á
la
ciencia
culina ia el in de sa-
is ace egaladamen e el ape i o ó la gula
del comensal: c eo que es o no es gana de
busca analogías, sino una e dad como un
emplo. Sin emba go, en es a de inición,
y
desde o o pun o de is a, encuen o una
- —
Cosa buena, y es que da cabida al doble
elemen o subje i o-obje i o de la ciencia,
cosa que no es de desp ecia dadas las de-
iniciones que se enseñan po esas cá e-
d as
(iba á deci de Dios, pe o no me
a e o): el elemen o subje i o en lo de
e dades e iden es, pues engo po cosa
cie a que la e idencia ó cla a idencia
de una cosa, como di ía el S . Campillo,
se e ie e al homb e, al suje o de la pe -
cepción, y el elemen o obje i o en lo de
e dades cie as, pues ambién c eo que la
ce eza en sí de las cosas puede exis i sin
necesidad de noso os.
Es a misma de inición, algo mu ilada y
educida, se e ambién esc i a en muchas
pa es en la o ma siguien e: «ciencia es
un sis ema de conclusiones demos adas
e e en es á un mismo obje o», y cla o es
que no he de de ene me á e u a la ; pe o
lo que no puedo menos es de lamen a me
aquí de que un ilóso o an compe en e
como el S . Elizalde (menos conocido de
lo que debie a se lo ) la acep e en su con-
cienzudo a ado de Lógica.
b1e
de.
de.
Ele
de
110,
e .
de
sin
iS
es
LIS
1,1
LIC
e
1;•
-
51 —
No he de ci a más de iniciones de cien-
cia, que, después de odo, poco ó nada nos
in e esa que unos la en iendan de una ma-
ne a
y
o os de o a; pe o ya que acude á
mi memo ia aquella de San Clemen e de
Alejand ía,
cogni io e um pe causas,
he
de hace no a que, aunque más bien pa-
ece de e mina lo que debe se el conoci-
mien o cien í ico, es , sin emba go, la que
acep a ía si me iese o zado á acep a al-
guna , pues encuen o en ella el elemen o
cuali ica i o de la
abs acciún.
Y digo si
me ie a o zado, po que since amen e
c eo que la Ciencia es una de las muchas
cosas que no se deben, que no se pueden
de ini .
Puede sabe se muy bien lo que una cosa
es en si, sus p opiedades, a ibu os, cua-
lidades, acciden es, e c., e c., sin sabe
mos a la educida en los es echos, con-
cisos y aun mecánicos moldes de una de i-
nición. La manía de las de iniciones he e-
dada de nues os an iguos dómines debe
elega se en cie as ma e ias al ol ido;
hoy, en p esencia de un g an acon eci-
mien o cien í ico, de una g an idea, del
dese-ab imien o de una e dad, lo que nos
impo a más es a e igua su po qué, su
esencia, su na u aleza, sus e ec os y con-
secuencias. Mas no que e nos deci con
es o que no se deban especi ica con cla i-
dad los e dade os concep os de las cosas
pa a que se puedan en ende y ap ecia
bien; lo que censu amos es ese a án de
que e enseña la conc e a de inición de
una cosa, co no p eno ando indispensable
pa a en a en la in es igación de su na-
u aleza y el abuso que de las de iniciones
se hace. Lo p ime o es el es udio; después
de a e igua odas las elaciones y odas
las cualidades de un obje o, puede de i-
ni lo el que se encuen e con ue zas su i-
cien es pa a ello, si es e obje o es suscep i-
ble de de inición. Repi o que el concep o
de la ciencia, aunque odos lo
sen imos,
no debemos p eocupa nos en de ini lo,
po que, después de odo,
z
pa a qué hace
al a?
Lo dicho no empece pa a que podamos
e lexiona sob e los elemen os que ca ac-
- 53 -
e izan á la ciencia y a e igua cuáles son
los que siemp e le acompañan.
Desde luego la e dad en gene al es el
in de la Ciencia conside ada en abs ac o,
así como al e dad ó el conjun o de ales
e dades cons i uye el in de es a ó de
aquella ciencia; és a es esis indiscu ible,
y
po an o aca ada y espe ada po odos.
El medio cien í ico más adecuado pa a al-
canza la e dad, o a en sen ido gené ico,
o a en sen ido especí ico, es
la
abs acción
que se consigue po ]a e lexión ayudada
de una mane a e icaz po la gene alización ;
el medio en gene al ca ac e iza, no sólo la
na u aleza del in que se quie e ealiza ,
sino ambién la na u aleza del agen e que
p e ende alcanza es e in. No sé si me ex -
plico: no quie o deci que el medio debe se
adecuado al in, sino que la clase del medio
deno a la clase del in, co no la clase del
agen e: si yo eo una escale a de mano
jun o á la apia de un ja dín, deduzco del
hecho de es a allí la escale a que ha ha-
bido alguien que ha que ido pene a en
él: el in que se p oponía el agen e (el
homb e) es en a ; el medio adecuado, la
escale a. Luego de la na u aleza del medie,
a e iguo
y
deduzco la na u aleza del in y
del agen e.
Como consecuencia de lo dicho, puede
ambién a i ma se que la pe ección del
medio deno a ambién la pe ección del in
y del agen e, . g ., un sé i acional nunca
puede comp ende la e icacia del medio,
ni la nobleza del in, como el homb e; y
aun en e homb es, aquél es más dies o y
compe en e en una cosa, en igualdad de
ci cuns ancias, en cuan o con meno es-
ue zo y más e icazmen e consigue su in;
y aquel o icio se á, po consiguien e, más
conside ado y hon oso que enga po ob-
je o ma e ia más noble,
y
desde el ca ni-
ce o
y
el zapa e o al somb e e o ó al sas-
e, y de és os al ma molis a ó al joye o,
que casi son a is as, hay muchos g ados-
de di e encia; y siguiendo el azonamien o}
y
aplicándolo al o den mo al, emos que
aquel que emplea siemp e medios le an-
ados
y
nobles es de supone que busca
ines ambién nobles
y
le an ados, y que
Ja —
él es un homb e de bien. (Sé que aquí se
puede hace una objeción undada,
y,
po
consiguien e, sos engo lo dicho sólo en e-
gla gene al, admi iendo bas an es excep-
ciones.)
De odo es o se desp ende que pues o
que el medio ca ac e iza al in
(y
el in á
los medios), el mejo medio conducen e á
la e dad es la
abs acei(;)1,
cualidad que
sólo es a ibu o del sé acional
y
que
cons i uye uno de sus dones más exce-
len es.
N
.
o hay que con undi el medio con el
p ocedimien o, pues son cosas muy dis-
in as.
El p ocedimien o no ca ac e iza á nin-
gún in exclusi o, pues odos sabemos que
se puede alcanza es e in po muy di e -
sos caminos (p ocedimien os), aunque sólo
haya un medio pe ec amen e adecuado, y
no ca ac e iza ampoco al medio, po que,
siendo és e e icaz, puede, sin emba go, se -
i se de és e ó de aquel p ocedimien o in-
di e en emen e.
Tenemos, pues, demos ado que el in
- 56 —
de la Ciencia ha sido siemp e la e dad,
y
el medio adecuado pa a alcanza la de
una mane a cien í ica, la
abs acción;
és-
anos aho a hace mención del e ce ele-
men o necesa io pa a concebi el e da-
de o concep o cien í ico, y es e elemen o
es la azón humana conside ada como a-
cul ad que e is e di e en es o mas, según
la mane a como in e iene en el es udio
y
análisis cien í ico.
No decimos ni una palab a pa a expli-
ca el modo como la azón humana in e -
iene en es os es udios y análisis cien í-
icos, po que odo lo que de ella dijé amos
esul a ían e dades de Pe og ullo.
En cuan o al a e, sabido es ambién
que el concep o gene al de conjun o de
eglas pa a hace una cosa puede e e i se
ambién á muchas indus ias que no me-
ecen es e cali ica i o, en el sen ido igu-
oso
y
es ic o en que noso os debe nos
en ende lo.
Hay quien pa a desa olla es e con-
cep o pa e de la noción de
ac i idad,
conside ándola de dos mane as: en el su-
- 57 -
je o que iene la ac i idad, y en la ob a
donde esa ac i idad se haya mani es ado,
y así se de ine el a e, con elación al a -
is a, «la ac i idad humana some ida á
mé odo, plan ú sis ema, ú el pode
y
habi-
lidad que iene el homb e de ob a sis e-
má ica y o denadamen e pa a consegui
su in»; conside ando el A e con elación
la ob a como la as o mación ó modi-
icación de la ma e ia, ealizada po el
homb e con un in de e minado en i ud
de su lib e ac i idad. El S . San ama ía
del Pozo, ca ed á ico de la Uni e sidad
de Valladolid, de quien o no es as de i-
niciones, ci a al a a es as ma e ias un
pá a o de Geo gias, de su ob a
Elocuen-
cia ó imp o isación,
en con i mación de
sus de iniciones. Dice asi Geo gias: «El
a e supone que se ha omado una ma e ia
con el obje o de desa olla la; made a,
ela, pied a, palab as. El espí i u humano
se apode a de ellas, se es ue za en puli las
concen ando en ello oda su ac i idad.
Lo que po de p on o no e a más que un
obje o g ose o, se encuen a cambiado en
---
~
'.
CAPÍTULO III.
CONCEPTO ((NOVÍSIMO)) EXPERIMENTAL
DEL ARTE Y DE LA CIENCIA.
Al llama
nue o ó no ísimo
al concep o
que del a e y de la Ciencia ienen los de-
enso es de la e olución na u alis a, no
p e endo a i ma que es e concep o sea el
el imo, sob e odo en lo que á aquél se
e ie e y señaladamen e á la no ela, pues
no desconozco la pos e io endencia
psi-
cológica,
la de la
no ela no elesca y
o as,
en las cuales campea la in luencia espi i-
ualis a co no sana eacción con a el ma-
e ialismo b u al de muchas ob as na u-
alis as; sólo p e endo hace esal a con
es e i ulo la con aposición de ideas
y
p ocedimien os de es a escuela con la&
5
- 6 6
ideas
y
p ocedimien os de la
clásica,
con-
aposición que poco aba
j
o nos ha de
cos a demos a .
Hemos is o en el ca
p
í ulo an e io
que, como no puede menos de se , los
clásicos
señalan co no in úl imo de la
Ciencia la e dad; los posi i is as mode -
nos no pueden nega que, en e ec o, és a
sea el in de la Ciencia; pe o ienen así
como á me ma los p es igios de ella
que iendo hace es e in ex ensi o al a e.
No quie en p ecisamen e desnuda á un
san o pa a es i á o o, sino es i á los
dos
con el opaje de uno solo. Los na u-
alis as li e a os p e enden que sus ob as
sean e dade os análisis sociológicos, y
p e enden lle a su in luencia al e eno
psíquico
y
isiológico con el in de in es-
iga lo que el homb e es, sus icios, pa-
siones, es ímulos, mó iles,
e c., e c.;
las
causas que igen el des ino humano, las
in luencias y agen es ex ínsecos que ob an
sob e el indi iduo pa a o mula las
le-
yes
que de e minan la mane a de ob a
de cada cual; buscan el
cómo
se
da la
e -
dad, y
aun p e enden en ul e io es in es-
igaciones llega al
po qué y
al conoci-
mien o de la esencia
de la e dad misma.
La belleza, al
y
como ha sido conside-
ada has a aho a, queda elegada á luga
secunda io; pa a los inno ado es es un e-
nómeno comple amen e ma e ial é inde-
pendien e de la olun ad humana; su ca-
;
bailo de ba alla es la e dad. ¿ Y dónde
cabe más belleza que en la e dad?, di án
ellos. Una de las bases en que se undan
pa a llega á la e dad es la acep ación de
hechos p obados.
Todos los axiomas cien í icos, odas las
e dades demos adas po el p ocedimien o
expe imen al, son enidas muy en cuen a
pa a el plan
y
desa ollo de sus no elas,
son el pun o de pa ida sin el cual no dan
un paso en el e eno i me que pisan sus
pe sonajes. ¿ cómo se dis ingue al a -
is a del sabio? ¿Dónde se mani ies a la in-
uición a ís ica?
Según ellos, en la exp esión pe sonal,
en el sen ido de lo eal
y
en el es ilo.
Cla o es que la exp esión pe sonal como
- 68
mé i o indiscu ible de un au o ,
y
aun
condición
sine qua non
del genio, es á e-
conocida po Li ios
y
oyanos,
y
los
clá-
sicos
le dan oda la impo ancia que iene,
sin p escindi de o as muchas condicio-
nes que deben ado na al e dade o a -
is a; pe o los na u alis as, en el me o he-
cho de hace caso omiso de las condiciones
p opiamen e espi i uales ,
hacen esal a
más es a cualidad, que no niego depende
ambién del espí i u, pe o que iene am-
bién mucho de la pa e ne iosa, del em-
pe amen o
y
de la
is a
del au o . Lo que
aquí se me ocu e p egun a es lo si-
guien e: la exp esión pe sonal ¿ debe en-
ende se como el sello indeleble que ca ac-
e iza la ob a de un au o , en cuan o á su
mane a de concebi y exp esa la ealidad,.
ó solamen e en la mane a de aduci la
ealidad misma al y como se da en la na u-
aleza ? Po que en el p ime caso no se
puede nega que cabe el e o en la sus-
ancia, es deci , en no pene a se bien de
lo que son las cosas
y
pa a lo que si en,
en no en ende bien aquello que es udia-
— 69 —
mos é in es igamos; al a de pene ación
y
e o que, aun cuando c eo que á un a -
is a, de o a escuela debe impo á sele un
a di e, pa a un na u alis a cons i uye la
pé dida de su
ca a de na u aleza,
y dicho
se es á que su ob a, en la cual la imagina-
ción ó el alen o han suplido con lo ic icio
lo e dade o, no cumple el in de se do-
cumen o humano. Si se en iende po ex-
p esión pe sonal lo segundo, aunque con-
cedamos al a is a los mé i os su icien es
pa a se iel in é p e e de la Na u aleza, sin
qui a ni pone nada, sólo pod á mani es-
a se dicha exp esión pe sonal en el de-
alle, en la o ma; y sob e se muy di ícil
encon a la, nunca pasa ía de los lími es
en
que puede ene la un buen o óg a o.
Se ían más lógicos los na u alis as li-
e a ios si se con en asen con es a segunda
acepción; pe o, como a is as e dade os,
los buenos no elis as no pueden nega lo
que lle an den o, y no quie en enuncia
á las ene gías a ís icas de su espí i u, y
admi en la p ime a acepción como la e -
dade a, sin impo a les mucho su inconse-
70 -
cuencia con al de ene campo más ancho
donde se ex ienda holgada su inspi ación.
Que la exp esión pe sonal, la amen e
en endida, qui a po sí
y
an e sí el ca ác-
e de documen o humano á la ob a de un
no elis a que enga es a exp esión, es pa a
mí e iden e,
y
Zola lo con iesa implíci a-
men e al elogia en Al onso Daude es a
cualidad,
y
dice con espec o á él . «
En
es a unión in ima, la ealidad de la escena
y
la pe sonalidad del no elis a ienen á
se ya una misma cosa. ¿ Cuáles
son los
de alles absolu amen e e dade os, y cuáles
los in en ados?
Hé aquí lo que se ía muy
di ícil de p ecisa .» Luego la exp esión
pe sonal ¿pe mi e y ole a el in en a de-
alles? pues no puede da se documen o
humano. Y si es di ícil dis ingui lo e -
dade o de lo in en ado, ¿cómo, al es udia
con e en una no ela sociología ó an o-
pología, nos amos á guia pa a no equi-
oca nos? ¿Pe o es que el de alle no iene
impo ancia? Pa a el a is a no le end á;
pa a el sabio sí. Y no se diga que que e-
mos aquila a demasiado las cosas. El p o-
- 71
g ama de los na u alis as
y
lo que ellos
p e enden nos obligan á ello.
¿En qué consis e el sen ido de lo eal?
«En sen i la Na u aleza y exp esa la al
cual es, dice Zola; así como se decía de un
no elis a en o o iempo : iene imagina-
ción, p e endo yo que hoy se diga: iene
el sen ido de lo eal. El elogio se á mayo
y
más jus o po que es oda ía menos co-
mún el don de e que el de c ea . El deci
hoy de un no elis a: iene imaginación,
puede conside a se co no una censu a.»
¡Qué mane a de o ce el signi icado de las
palab as,
y
con qué obcecación
y
p e ensio-
nes de no edad hablan los na u alis as!
¿Consis e acaso la imaginación, como ellos
c een, en in en a embus es y cuen os,
y, e is iéndolos de o mas in e osímiles,
mos a los en lib os sa u ados de li ismo?
¿Es que sólo consis e la imaginación del
no elis a no na u alis a en p esen a á sus
pe sonajes como mons uos pa ecidos á
aquel de que nos habla Ho acio en su
Epís-
ola ad Pisones?
No iene la palab a «ima-
ginación)) o a acepción más p opia
y
e -
- 72 -
dade a y más g ande cuando se la emplea
en li e a u a ? ¿ Acaso no puede es a b i-
llan e acul ad de
odo genio
se compa ible
con el sen ido de lo eal ? ¿ O es que el sen-
ido de lo eal es algo nue o, pa imonio
exclusi o é in en o so p enden e de los
expe i nen alis as? ¿ No poseían la imagi-
nación en su g ado más po en e las g andes
igu as li e a ias de Shakespea e y Ce an-
es? ¿ Y en qué ob as li e a ias puede da se
más pe ec o sen ido de lo eal que en
Hamle y
el
Quijo e?
Las exage aciones son siemp e pe nicio-
sas, y nadie c ee en ellas, sob e odo si lo
que se dice en eo ía se desmien e en
la
p ác ica; y pa a mí engo que, siendo 'Lola
homb e de g an imaginación, se si e de
ella cons an emen e, i
é
ndose á solas de su
inconsecuencia.
El es ilo, aunque á p ime a is a pa ece
que debie a se indi e en e en su sencillez
ó en su li ismo pa a nues o obje o, desde
luego, y sin ol ida aquella céleb e máxima
de que el es ilo es el homb e, pod íamos
noso os deci que la
idea debe hace el es-
- 73
ilo, y una pe cepción sencilla
y
e iden e
de suyo ha de mani es a se ambién po
medio del lenguaje más sob io y escue o,
pues o que así lo emplea la Ciencia. Ya
econoce Zola que ellos, los na u alis as,
ienen aún me ido en sus huesos el li is-
mo
y
aun el oman icismo, y de ello se
lamen a, pe o no se co ige. Si uesen ló-
gicos esc ibi ían sus no elas al es ilo de
la
Casa de los Mue os y
la
No ela del
P esidio, de Dos oyusky. Pe o no hay
que eme que dejen los no elis as, aun-
que se llamen na u alis as, de esc ibi
como esc iben. P e ie en la con adicción,
la pa adoja, á p i a se de elemen o an
b illan e pa a un esc i o .
¡Qué mal esul a ían Nana,
Jack, li a-
dame Boba y y
odas las g andes ob as na-
u alis as esc i as con el lenguaje escue o
de la Ciencia!
An es de pasa á o o pun o, in e ésame
mucho ae aquí á colación, á mane a de
inciden e, aunque impo an ísimo pa a
nues o obje o, la opinión de la ilus e es-
c i o a Doña Emilia Pa do Bazán con
- 80 —
de a ni nada que se le pa ezca. La Me a-
ísica y la Filoso ía son sueños de o as
edades; po consiguien e, el silogismo
y
oda clase de discu so pu amen e acional
se halla ya elegado al ol ido
y
desp e-
ciado po los e dade os sabios. Cuando
los hechos comp obados po la obse acion
y la expe iencia puedan aduci se en
conclusiones
y
ó mulas gene ales, en on-
ces se á cuando la abs acción pod á auxi-
lia algo á es as conclusiones
y
ó mulas
po medio de leyes uni e sales. Realmen e
es insigni ican e el papel que hacen desem-
peña los na u alis as posi i is as á ele-
men o an impo an e, an legí imo y
eminen emen e acional.
Muchos de ellos,
los de pu a sang e, le niegan po comple o
ca a de na u aleza en odo lo que á la
ciencia posi i a debe e e i se.
La An opología c iminal, que nos-
o os conside amos como e dade a cien-
cia acaso haciéndola inme ecido a o ,
pe o que aho a no hemos de ega eá selo,
dicho se es á que en a en es os moldes
gene ales. Su in abs ac o, alcanza
la
- 81
e dad. Su in conc e o, de e mina ca e-
gó icamen e las causas impulso as de los
deli os ejecu ados po homb es ano males;
y
su medio e icaz (que noso os llama ía-
mos p ocedimien o) la obse ación y ex-
pe iencia, po las cuales del es udio de los
delincuen es, de sus condiciones psíquicas,
isiológicas, y de la a e iguación de odas
las ci cuns ancias que han concu ido en
los deli os, dedúcense las leyes gene ales
casi siemp e en o ma de es adís ica.
6
^
CAPÍTULO IV.
RELACIONES ENTRE LA ESCUELA ANTROPO-
LÓGICO-POSITIVISTA Y LA NOVELA NATU-
RALISTA: PROCEDIMIENTOS.
Cúmplenos aquí hace no a que en la
es e a cien í ica
y
a ís ica la
nue a co-
ien e
ha eje cido su in luencia, pe o se-
ia!adamen e demos a cómo en algunas
amas de la Ciencia
y
en algunas mani-
es aciones del a e coinciden casi po
co.nple o sus p ocedimien os y esul a-
do. Ob io pa ece lo p ime o, y pa a no
incu i en epe iciones sólo di emos que
no solamen e la Química y la Física, y o as
ciencias e e en es á los cue pos inanima-
dos, han ecibido bene iciosos esul ados
de es as ideas (po más que, na u almen e,
-
84 —
inie an empleando el mé odo expe imen-
al en sus obse aciones ) , cosa no de ex-
aña dacio el ca ác e , p ocedimien os y
ines de es as ciencias, sino que ambién al-
uunas, como la Medicina, á la cual, dicho
sea de paso, dió Vi chow con su
pa olo-
gía
celula sólido undamen o, han eci-
bido con u o sus bienecho as enseñan-
zas. Pe o sin insis i sob e es e pa icula ,
con en émonos aquí con es ablece que
una e olución p epa ada, más en el e-
eno cien í ico que en o o alguno, no es
de ex aña llegase á eje ce sob e él su
más di ec a acción.
Y
cons e que al a i -
ma es o no nos con adecimos con lo
expues o an es, al sos ene que en la e-
14, ión había hecho más ápidos p og esos
la nue a endencia, pues
una
cosa
es que
se iniciase
y
aun se desa ollase más en
el
e eno cien í ico,
y
o a cosa muy dis in a
es que cundie a y lle ase sus consecuen-
cias al e eno eligioso; pues en endemos
que la eligión es casi exclusi o a ibu o
del sen imien o, donde pene an más en
lo i o, donde hie en mejo
y
más
p o un,1
- 85 -
damen e la
ib a ne iosa
es as ideas,
y,
po lo an o, donde se mani ies an an es
sus e ec os, aducidos o a en p o es a
ené gica, o a en mansa sumisión ; mien-
as que en la es e a de la Ciencia el en en-
dimien o del homb e iene que examina ,
iene que compa a , asen i ó echaza ,
y
á eces expu ga , lo cie o de lo e óneo,
lo e osímil de lo absu do, lo hipo é ico
de lo demos ado ; labo a igosísima que
equie e mucho iempo y mucho es udio.
En el homb e eligioso, pene a y ob a
oda idea nue a po imp esión; en el hom-
b e cien í ico, po el es udio e lexi o. La
e es cosa del co azón; el es udio, de la in-
eligencia; po eso, aunque a díamen e
ayan elabo ando
y
nu iendo á las nue-
- as ciencias las e dades más ó menos de-
mos adas del posi i ismo, no po ello
dejan de a anza , aunque con paso len o.
La Ciencia debe ecomenda siemp e á
sus cul i ado es el paso de o uga: la
apidez del cohe e quédese pa a el que i e
y
se sus en a de la inspi ación.
Exis e, desde cie o pun o de is a, la
,
• I
- 86 —
coincidencia en e la es e a cien í ica
y
la.
a ís ica, y señaladamen e
y
en pa icu-
la la de la nue a escuela c iminológico-
posi i a con el na u alismo li e a io, que
es la que aquí nos in e esa analiza . Al
que desde luego no es é en au os, ex-
aña á la enunciación de es a idea ; pe o
cuando se le demues e que la analogía
obedece, no sólo á la iden i icación de ines
que se asignan á la Ciencia y al a e, cual
es el de la e dad, sino ambién á los me-
dios
y
mé odos empleados pa a alcanza
es os ines, ácilmen e lo comp ende á.
Apa e de se hijas del mismo pad e la.
escuela an opológica c iminal y la na u-
alis a li e a ia, azón pode osísima de se-
mejanza y pa ecido en e ellas, exis en
o os mo i os pa a abona es a coinciden-
cia: en e es os mo i os es uno el concebi
los na u alis as li e a ios á los pe sonajes
de sus ob as como o ganismos na u ales
in luídos po las a ales leyes del de e mi-
nismo, de la he encia y del medio , mien-
as que los an opólogos, pa iendo de la
idea de que el deli o es un hecho na u al,
87 —
en al delincuen e á a és del p isma de
dichos a alismos. La iden idad en es e
pun o no puede se más comple a. Y dicho
es o, ácilmen e se deduce que en esumen
ambas escuelas e san sob e el mismo ob-
je o, sob e el homb e ; pe o no sob e el
homb e así como se quie a (pues muchas
ciencias hay e e en es á él que poco ie-
nen que e aquí ),
sino
sob e cie a ama
de la pa e psico- isiológica
del sé huma-
no, que es p ecisamen e la más delicada
pa a su es udio, po en a en ella elemen-
os mo ales y ísicos de di e sa na u aleza.
¿Cómo p e ende es udia la escuela
na u alis a li e a ia á sus pe sonajes? No
c eo que sea hace ningún dis a o ( sus
de enso es el deci que analizan al sé hu-
mano en odos sus hechos
y
ob as, sin
pa a mien es en lo epulsi o, g ose o
y soez de sus ac os; an es bien ec eán-
dose en pin a las escenas de impudo , de
canallescas acciones
y
de i upe ables c í-
menes con los colo es más icos de su
pale a.
¿Cómo concibe la escuela an opológica
- 88
c iminal al delincuen e? Como un sé
ano mal que ejecu a el deli o como hecho
na u al; y siendo así, no ienen o o eme-
dio que pene a en las causas que p odu-
cen es os deli os, di igiendo su is a al
análisis de las mayo es llagas sociales
y
de
los homb es más co ompidos, donde po-
d án encon a las causas de delincuencia.
Hé aquí un pun o indiscu ible de coin-
cidencia de las dos escuelas. Ambas es u-
dian al homb e ano mal, al icioso, al e-
bajado po el c imen.
¡Pe o con qué di e so ca ác e lle an
á cabo sus in es igaciones! El in que
p e enden los no elis as (pues á los no-
elis as hemos de e e i nos), dicen ellos
que es el conocimien o
y
demos ación de
la e dad; ¡pe o quién les me e á ellos á
sabios! ¿No esul a á siemp e que, aun-
que se empeñen en da uelos de águila á
sus ob as, el que coja en sus manos una
no ela, aunque en ella econozca e dad
indiscu ible
y
g andes mé i os de obse -
ación
y
aun de expe iencia, ab i á el li-
b o con obje o de pasa un a o ag adable,
- 89
y nunca con el in de es udia Medicina,
Psicología ó Fisiología?
El an opólogo c iminalis a, po el con-
a io, en uso de su pe ec ísimo de echo
de in es igado e dad, puede y debe lle-
ga con su bis u í á examina las causas
más hondas de la delincuencia, y á bus-
ca las aun en el a oyo y en el lupana ,
po que en ello lle a un in noble y u ilí-
simo. Desde es e pun o de is a no se
puede menos de econoce que los no e-
lis as p e enden me e se en camisa de once
a as, mien as que los an opólogos es-
án en su e eno.
Hay o a azón pode osa pa a los que
á
las cues iones de la e dade a mo al
damos mucha impo ancia,
y
es que desde
es e espec o es muy dis in o ambién el
ca ác e con que el no elis a pene a en
los luga es inmundos
y
nos e a a su
pod edumb e, del ca ác e con que lo hace
el homb e an opólogo. El no elis a lo
hace
po
,
yun o, y
es, po consiguien e,
pa a noso os e dade o esponsable de
odas
las consecuencias.
- J6
dos los a ec os y odos los sen imien os.
Tienen los an opólogos sólo un pun o de
mi a, y aun así ye an an o sus i os; con-
que ¡qué les sucede á á los li e a os, que, á
más de ene muchos, no han ap endido
á apun a al blanco en ninguna escuela de
i o !
Dice Lomb oso que con una la ga p ác-
ica de muchos milla es de locos no es á
u
seu o de habe obse ado más de una do-
n
cena: ¡ conque que nos engan los no elis-
as con cuen os! Y no se aya á c ee que
desconoce nos el en usiasmo con que sus
p incipales campeones lle an la exac i ud
de sus obse aciones has a el pun o de
Flaube , que pa a esc ibi diez páginas,
el- episodio de una no ela donde saque á
escena pe sonajes que se ocupen de ag i-
cul u a, no e ocede á, según cuen a
Zola, an e el abu imien o de lee ein e ó
ein a omos que a en de es a ma e ia;
ni desconoce nos que el mismo au o , pa a
esc ibi el p ime capí ulo de la
Educación
sen imen al,
que iene po cuad o el iaje -
de un ba co de apo emon ando el Sena
-
97 —
desde Pa ís á Mon e eau, siguió en coche
odo á lo la go del ío el ayec o; ni ol-
idamos las moles ias que pasó Emilio Zola
en el me cado, omando no as pa a esc i-
bi el
Vien e de Pa ís,
ni dejamos de
e
ija nos en aquel pá a o de la
Cues ión
palpi an e,
de nues a eximia esc i o a se-
ño a Pa do Bazán, en que, hablándonos de
los p ocedimien os ealis as de Daude
pa a compone é idea , dice la eminen e
au o a de
Mo i ia:
An es de acos a se
apun a minuciosamen e los sucesos
y
pa -
icula idades que no ó du an e el día (á
imi ación de Dickens, con el cual iene
muchos pun os de con ac o), y bien se
puede asegu a que no hay po meno , ca-
ác e ni acon ecimien o en sus no elas
que no es é sacado de esos cuade nos ó del
ico eso o de su memo ia. Zola dice ace -
adamen e que Daude ca ece de imagina-
ción en el sen ido que solemos da á es e
ocablo, pues nada in en a
y
solamen e
escoge, combina, dispone los ma e iales
que de la e dad omó.» ¿Pe o qué de-
mues an odos es os hechos y p ocedi-
7
- 98 —
mien os de Flaube , Gola, Daude
y
o os?
Que sob e que los ales no elis as se
ijan más en el ma co que en el lienzo, es-
udian p incipalmen e al homb e en su
mane a de ob a en los e ec os de su em-
pe amen o, ca ác e ó mane a de se ; se
ijan más en el
cómo
po que no pueden
deja de se a is as, mien as que los an-
opólogos, sin desp ecia es o, an es, al
con a io, dándole oda la impo ancia que
iene, se ijan más en el homb e que en
lo que le odea, se conc e an más á las cau-
sas que á los e ec os, se e ie en más al
po -
quc"
po la azón de se más cien í icos.
Es o es odo. No ol idemos lo dicho aquí,
que luego hab á que eco da lo pa a saca
ul e io es consecuencias.
1
e
l
CAPÍTULO V.
MÉTODO CIENTÍFICO EXPERIMENTAL:
GENERALIDADES.
Fe i a i ma en uno de sus p ime os
abajos la necesidad de aplica el mé odo
posi i o expe imen al á la ciencia c imi-
nal, idea que se agi a ambién en los es u-
dios de Lomb oso
y
en los de odos los
an opólogos mode nos.
Pe o ija é mi a ención en las palab as
del p o eso de Siena, no sólo po que en
su ob a los
Nue os ho izon es del De echo
y p ocedimien o penal
expone con mucha
cla idad la p e ensión de los mode nos c i-
minalis as, sino po que le c eo, en e o-
dos sus secuaces, el más ilóso o, y po
ende el más azonable. Admí ase él, en
loo —
es a ob a maes a del posi i ismo c imina-
lis a, de que el mé odo expe imen al, na-
cido en I alia con el Renacimien o po
ob a de Galileo, ue a aplicado sin nin-
guna descon ianza á las ciencias ísico-na-
u ales, y, sin emba go, p odujese an os
ecelos
y
oposición al que e le aplica á
las ciencias mo ales y sociales ;
y
asóm-
b ase po que c eyendo, como c ee, que
odas las ciencias ienen una misma esen-
cia
y
un obje o idén ico, «el es udio de la
Na u aleza
y
el descub imien o de sus le-
yes en bene icio de la humanidad», ha-
biendo p oducido excelen es esul ados en
unas, debe p oduci los en o as. A poco
que se medi en es as palab as de Fe i, se
obse a á que pa en de un p incipio
com-
ple amen e
also, cual es el supone que
odas las ciencias ienen una misma esen-
cia y un obje o idén ico. ¿Qué se en iende
po esencia de una cosa? Yo ap endí, cuan-
do es udiaba Me a ísica, que la esencia es-
la eunión de no as ca ac e ís icas
y
p o-
pias de un sé ;
y, según es e concep o, cla o
es que
cada ama del sabe iene sus no as
—
101 —
p opias, y no comunes á las o as, y que son
p ecisamen e las que cons i uyen su
pe -
sonalidad.
Nadie c ee que la esencia de la Psicolo-
gía sea la misma que la esencia del Álge-
b a; y en cuan o á la iden idad de obje o
esal a mucho más el e o ,
y
no he de ha-
ce hincapié en él. A los que hemos ap en-
dido la di isión de odos los se es en es
es e as, e e en es á, Dios, al inundo
y
al
homb e, iene que pa ece g a ui a es a
a i mación. Desde luego noso os econo-
cemos en Dios su exis encia, su omnipo-
encia
y
odas las cualidades del Sé abso-
lu o,
y
del au o , c eado y dueño de odas
las cosas; y como le econocemos su
pe -
es
.
onalidad
augus a, enemos que sepa a
odo el es udio que á él se e ie e del que
se aplica al o den c eado, y señala á las
ciencias que del Sé Sup emo se ocupan,
la Teología, en cuan o á la e dad e elada,
y
la Teodicea en cuan o al conocimien o
de Dios po ]a luz de la azón, una es e a
comple amen e dis in a de las demás cien-
cias.
- 102
Pe o como pa a los posi i is as, á ue
de ma e ialis as, no exis e ninguna causa
sup asensible,
y
odo el o den excelen e
del mundo obedece á leyes na u ales, de
aquí que no econozcan más causa de las
cosas que las ene gías y ue zas de la diosa
Na u aleza.
Lo que ienen de común odas las cien-
cias
hun?anas
no
es su esencia y su obje o,
sino su in úl imo (
e dad en abs ac o),
como ya queda dicho, y en es e sen ido es
en el que odas ienden al descub imien o
de las leyes de la Na u aleza conside ada
en gene al; aho a bien, las que ienen po
obje o el es udio de es a Na u aleza de una
mane a di ec a y conc e a, son las p opia-
men e na u ales. La e u ación de es a.
opinión de Fe i es esencialísima pa a
nues o obje o, pues de a i ma que odas.
las ciencias ienen la misma esencia y ob-
je o se deduce lógicamen e que odas han
de segui
el
mismo
mé odo en
sus
in es i-
gaciones y demos aciones, y en consecuen-
cia, que siendo el mé odo expe imen al el
más exac o, es ambién el
más
p opio. Bú -
a
e
a
-
103 —
lanse es os seño es de los me a ísicos, acha-
cándoles el que de una p emisa mayo , de
la enunciación de una idea, deduzcan luego,
en e iginosa ma cha lógica, una se ie de
consecuencias undadas y de i adas odas
de
aquella p emisa ó de aquella idea; pe o
ol idan que ellos hacen poco más ó menos
lo mismo al deduci de
un
hecho expe i-
men al odos los esul ados que de él de-
penden, cosa na u alísima y, al in y al
cabo , lógica
y
aun silogís ica, pues la
esencia del silogismo no consis e pu a-
men e en su o ma, an eponiendo la mayo
á la meno , e c., sino en el azonamien o
que se de i a de una p opo ción es able-
cida, sea una e dad abs ac a ó un hecho
expe imen al, y po el cual azonamien o
se a i ma o a e dad ú o o hecho. Del
examen de muchos homicidas a eos y c e-
yen es ha deducido Fe i que el núme o
de es os úl imos es muy c ecido, y, po
consiguien e, ha es ablecido la p oposición
de que exis e el sen imien o eligioso en
muchos homicidas. Es a consecuencia es
el esul ado de un silogismo.
- 1 04
Pe o es udiemos lo que más nos in e-
esa. ¿ Cómo puede c ee se en se io que
las ciencias mo ales deben segui en sus
in es igaciones el mismo mé odo que las
ísicas ó na u ales? Fijémonos en una de
las p ime as, la É ica, y en una de las se-
gundas, la Química.
Acaso di án los posi i is as que la
É ica no iene ealidad
p1c ica,
que huele
á Me a ísica, que no es ciencia; pe o á eso
yo les con es a é que ambién la Cosmolo-
gía, á que an a a ición ienen los de su
escuela, no es ni más ni menos que una
pa e undamen al de la Filoso ía, y, po
consiguien e, he mana de la On ología,
y
que en úl imo emedio puede se muy
ilosó ica y muy me a ísica, y se una e -
dade a ciencia. Y es de no a aquí que en
ocasiones no dis inguen bien, ó po lo me-
nos con unden en sus ob as los posi i is-
as el obje o y na u aleza de la É ica con
la na u aleza y obje o de la Psicología, y
que á es a ciencia la en ienden de muy di-
e sa mane a de como la en endemos
noso os,
y
es o se explica desde el mo-
-
105 —
men o en que el espí i u, el alma, en que
noso os c eemos undamen o y p incipio
de la Psicología, no exis e pa a ellos, que
en ienden po al ciencia la que a a de
esa pa e mo al del homb e que no se
sabe á pun o ijo si es
pe eeeh;n de la
ma e ia
ó lo que es
la
psiquis
;
¡
nunca han conc e ado bien su pensa-
mien o!
C eamos po un momen o en la Psico-
logía al
y
como ellos la conciben, y no
pe damos de is a la na u aleza de la
Química. ¿ Cómo se demues a que el azu-
e, el sali e y el ca bón se aducen en
pól o a mezclados en las debidas p opo -
ciones? Pues echando es as sus ancias en
una e o a
ad hoc
;
la p ueba no puede
se más cla a, ni más e iden e, ni más
eeP-
pe imen
q
l;
aunque igno emos la causa,
conocemos el e ec o, po que, en igualdad
de ci cuns ancias, siemp e se da és e de
mane a uni o me. La a alidad es ley in-
eludible en ]as combinaciones pu amen e
ma e iales.
Pe o ¿cómo se a á a e igua ,
sjlo po
us
as
ie
- 112
leyes gene ales que la igen, pues ellas
ayuda án mucho al mé odo expe imen al.
Desde luego acep o es e mé odo en la
ciencia médica; pe o c eo que en alguna
de sus pa es, . g ., en la que se e ie e á
las en e medades men ales, deben anda
los expe imen ado es con mucho ien o,
y
debe da se oda la impo ancia que iene
en ellos el elemen o psíquico: nadie des-
conoce, en e ec o, que, como dice Caspe ,
es más ecuen e halla la causa de la ena-
jenación en las unciones men ales que en
las co po ales; y la pasión, en sus di e sas
mani es aciones de amo desmesu ado, la
nos algia inconsolable, la inquie a a a i-
cia, la insaciable pasión del juego, la a-
nidad
y
la a uidad que con nada se sa is-
a,cen, e c., e c., conducen po lo egula , á,
los indi iduos que es án a o men ados po
ellas, á la clemencia.
CAPÍTULO VI.
EL M!
TODO EXPERIMENTAn EN LA. ANTRO- ,
POLOGÍA CRIMINAL
y
EN
LA
-
NOVELA NA-
TURALLSTA.
Así como Lomb oso, Fe i, e c., empé
ñanse en censu a el
'.1
)
1 i budismo
que
bas a ellos ha impe ado en la ciencia de
los deli os y de las penas, así Zola p o-
es a ené gicamen e con a odos los
Idea-
lis as on 4 o eco,s
.
,
á muchos de los cuales,
como á Jo ge Sand, echa en ca a el que,
pues o delan e del papel, empuñe lag péñola
y no cese de esc ibi in en ando embus es
has a e mina una no ela.
En Medicina ya hemos dicho que nos
pa ece con enien e el empleo del mé odo
expe imen al (que epi o no es exclusi o
- 114
de los posi i is as), po c ee le el más ade-
cuado en muchos casos, no en odos. En
la ciencia penal le echaza nos con g an
ene gía como mé odo exclusi o
y
p inci-
pal, pe o sin nega que en la An opología
c iminal es e icaz, y no abusando de él
puede da p o echosos esul ados. En
cuan o á la ida del a e, le negamos po
comple o la belige ancia en el sen ido en
que lo quie e emplea Zola
y
los deillás
eo izan es del na u alismo.
Al deci Fe i que el De echo c iminal
ha consis ido has a aho a solamen e en el
es udio de los deli os como en es abs ac-
os, no oma en cuen a el que en odos 6
casi odos los códigos del mundo exis en
especi icadas
mu
chas ci cuns ancias exi-
men es , a enuan es
y
ag a an es que de-
penden exclusi amen e de la na u aleza y
es ado psíquico y aun o gánico del indi-
iduo.
Cie o es que algunas de es as ci cuns-
ancias no es án bien de e minadas, que no
se hallan en los códigos odas las que de-
be ían es a incluidas en ellos, que á o as
hil
- 115
de las ya es ablecidas se las da poca im-
po ancia, e c., e c.; pe o, sin emba go, la
exis encia de es as ci cuns ancias p ueba
que el legislado no ha sido sólo
nosolo-
gis a,
sino que ha enido en cuen a el
ca ác-
e
ó
es ado
del indi iduo. ¿ Que es o es
poco ? ¿ Que se debe es udia más de eni-
damen e al delincuen e? Me pa ece muy
bien. Po eso c eo que los mode nos an o-
pólogos que p e enden hace lo son dignos
(desde es e pun o de is a) de la a ención
y
espe o de odos los homb es impa cia-
les que al De echo penal dedican su ac i-
idad.
Aho a bien: ¿cómo se quie e aplica el
mé odo expe imen al á la ciencia penal y
-á la li e a u a? Haciendo una compa ación
con la Medicina
y
a i mando que si en es a
ciencia iene aplicación al mé odo, debe
ene lo ambién en la ciencia penal y en
el a e.
Ya hemos dado la azón de po qué
-es a compa ación no puede hace se; diga-
mos aho a algo ace ca de la mane a de
en ende al delincuen e los an opólo-
- 116 —
gos posi i is as,
y
espec o al concep o de
la no ela expe imen al según Zola.
Pa iendo con Ga o alo de la noción
sociológica del deli o, que de ine como io-
lación de los sen imien os al uis as en la
medida media en que los posee odo un
pueblo,
y
dando po sen ado que el deli o
es un
hecho nabl id ,
se deduce que el de-
lincuen e 6 au o del hecho na u al ha
de se un indi iduo que, aunque con ela-
ción á la sociedad no sea un miemb o
adap able,
pues ndposee el ni el medio de
los sen imien os de
piedad y p obidad,
con
elación á si mismo ejecu a el ac o da iino
con ins in o an lógico
y
consecuen e, da-
das sus ci cuns ancias o gánicas, como el
homb e i uoso da una limosna 6 asis e á
un des alido.
¿Cómo ha de es udia , pues, la An o-.
pología c iminal al delincuen e? Como á
homb e que inconscien emen e ob a
á
im-
pulsos de los gé menes noci os que lle a
den o de su sé ,
y
que p on o se mani es-
a án si es án a aigados desde la cuna,
aunque odos los medios posibles se opon-
- 117 -
gan á su paso, llegando á se el e dade
o
degene ado el
delincuen e n
q
();
en la
oca-
,s1'(;n
p opicia pa a que es os gé menes es-
allen con la ue za expansi a nacida de la
concen ación la ga, ó en el uego de ena -
decida
i
ymi jn,
de la obcecación p oducida
po ac os ó ci cuns ancias que le imp e-
sionen di ec amen e.
En endiendo así al delincuen e, es cie o
que el mé odo expe imen al puede se e i-
cacísimo en la An opología c iminal.
Así como los an opólogos en en el
delincuen e un en e mo, así los na u alis-
as li e a ios en en cada no elis a un
médico, y odo es o po a án de decla a se
legí imos he ede os de Claudio Be na d.
El ilus e médico explica, en su
á l'é, uile de lo iné lecine expé i-
men ale,
la aplicación del mé odo expe i-
men al á la Medicina, y de es e lib o saca,
no sólo Lomb oso, sino ambién Emilio
Zula, las conclusiones ela i as á la apli-
cación de es e mé odo á sus di e sos es u-
dios, has a el pun o de deci el mismo
/ola que pa a sos ene y de ende el mé-
- 118 —
odo dicho en su aplicación á la no ela,.
sólo end á que hace un abajo de ajus e,.
y
que las más de las eces le bas a á sus-
i ui la palab a médico con la palab a.
no elis a pa a acla a su pensamien o y
da le la se e idad de un p incipio cien í-
ico. Sigamos el azonamien o del au o
de
Los Rougon,
calcado en las palab as
de Be na d: «La espon aneidad de los
cue pos i ien es no se opone al empleo
de la expe imen ación. La di e encia nace
únicamen e de que los cue pos inanima-
dos se encuen an en un medio ex e io
y
común, mien as que los elemen os
de los o ganismos in e io es es án en un
medio in e io
y
pe eccionado , pe o do-
ados de p opiedades psíquico-químicas
cons an es como el medio ex e io . Desde
es e momen o hay un de e minismo abso-
lu o en las condiciones de exis encia de los.
enómenos na u ales, an o pa a, los cue -
pos i ien es como pa a los cue pos in-
animados.»
Ya habla emos de es e de e minismo, y
de la mane a como lo en ienden Zola, y
- 119
Claudio Be na d, al a a es a cues ión en
el capí ulo siguien e; pe o po aho a ha-
gamos cons a que es o no es más que a i -
ma g a ui amen e sin p ueba de ningún
géne o. Sigue Zola diciendo en la p ime a
pa e de su ob a ((que la única di e encia
que hay es que el o ganismo de los se es
i os hay que en ende lo como un con-
jun o a mónico de enómenos». P ecisa-
men e po eso (apa e de que en ellos no se
puede es udia el enómeno sin e e i lo
al noúmeno, el e ec o á la causa), po que
en los o ganismos i os se da el conjun o
a mónico de enómenos, es po lo que se
hace di icilísima é imposible la aplicación
del mé odo expe imen al en ellos; hay al
complicación en ese conjun o, que se es-
capan dichos enómenos á la is a po
sagaz que sea el expe imen ado .
Después de hace la exposición de las
p incipales conclusiones de Claudio Be -
na d, p egún ase Zola:
((En Li e a u a, que has a aho a pa ece
no habe se empleado más que la obse a-
ción, ¿ es posible la expe imen ación?» Pa a
- 120 -
.sp(Inde a i nia i amen e, dice que sólo
necesi a de los siguien es ozos de Claudio
Be na d: 4(
El obse ado es udia pu a
y
simplemen e los enómenos que se le p e-
sen :E
,
Es el o óg a o de los hechos;
su obse ación debe ep esen a exac a-
men e la Na u aleza
Escucha la Na u-
aleza, esc ibe lo que és a le dic a. Pe o
nna ez comp obado el hecho, obse ado
el en
ó
meno, acude la idea, in e iene el
_ aciocinio apa ece el expe imen ado
pa a in e p e a el enómeno, e c., e c
Pues bien; ol iendo á la no ela (dice
Zola po su cuen a), emos ambién que
el no elis a lo cons i uyen un obse ado
y un expe imen ado . El obse ado de
los hechos, al y como los ha obse ado,
coloca el pun o de pa ida, es ablece el
e eno salido sob e el cual an á camina
los pe sonajes y se desa olla án los enó-
menos; después apa ece el expe imen a-
do é ins i u
y
e la expe iencia, hace mo e
los pe sonajes en una his o ia pa icula
pa a demos a que la sucesión de los he-
chos se á al como lo exija el de e minis-
- 121 --
a o de los enómenos que se es udian.
Cualquie a que de buena e é impa cial-
men e lea es os pá a os de la
A o ela
uTe i2nen al,
se
queda á sin sabe una pa-
lab a de las azones que
abonan es as eb
ías; lo que debía Emilio Zola, es demos-
a
e(Sino
ida d(' la in eligencia y
del sen imien o .s'!J puede aplica el mé odo
e, pe ime:Ja,',.
odo lo demás huelga po
comple o.
((To al, oda la ope ación consis e en
loma los hechos de la Na u aleza, después
de es udia su mecanismo, ob ando sob e
ellos po las modi icaciones de las ci cuns-
ancias y de los medios, sin sepa a se ja-
más de las leyes de la Na u aleza.»
No es nada lo del ojo ! Se hab á que-
dado Zola an esco después de habe es-
c i o es e pá a o!
¿ Le pa ece á acilísimo cosa de poca
mon a lle a á la p ác ica lo que indica?
P ime o, oma los hechos de la Na u a-
leza; despus es udia su mecanismo (es o,
sob e odo, cualquie a lo hace, po que, en_
esumen, el mecanismo de los hechos de la
- I 28
E iden emen e no (dice Zola).«Cnai.do
e
'laya p obado que el cue po del lo o-
e es una, máquina, de la cual pueda a -
ma se
y
desa ma se el odaje á cap icho
del expe imen ado , hab á, que a a de
los ac os in elec uales
y
sen imen ales del
homb e
; y pues o que sabios como
Claudio Be na d demues an aho a que
hay leyes ijas que igen el cue po humano,
puede anuncia se, sin emo de se ewYa-
i)ado, la ho a en que las leyes del pensa
mien o
y
de la pasión se o mulen á su ez.
»Un mismo de e minismo debe egi
la pied a del camino y al ce eb o del hom-
b e
Debemos los no elis as ope a so-
b e los ca ac e es, sob e las acciones, so-
b e los hechos humanos y sociales, como
ope an el químico
y
el ísico sob e los
cue pos b u os, como el isiologis a ope a
sob e los cue pos i ien es. Todo lo do-
mina el de e minismo.»
Luego habla de la he encia
y
del medio,
y lamén ase de que la no ela expe imen-
al no es é ai' n más que dando sus p i-
me os pasos.
- 129 -
En el pá a o e ce o desa olla la idea
de Claudio Be na d, de que el in del
mé odo expe imen al en Fisiología
y
en
Medicina es es udia los enómenos pa a
hace se dueño de ellos. Y dice que no hay
in más noble, más al o, ni mayo . «Que
el sueño del isiologis a y del médico ex-
pe imen ado es ambién el del no elis a
que aplica el es udio na u al y social del
homb e al mé odo expe imen al
Somos,
en una palab a, mo alis as expe imen a-,
do es, y enseñamos po la expe iencia
cómo se mue e una pasión en un medio
social. El día que engamos el mecanismo
de esa pasión se la pod á educi , ó al
menos hace la ino ensi a
Yo no sé que
haya abajo más noble ni de más as a
aplicación. Se dueño del bien
y
del mal,
egula la ida, egula la sociedad, esol-
e á la la ga odos los p oblemas del
socialismo, p es a sólidas bases á la jus-
icia esol iendo po la expe iencia las
cues iones de c iminalidad, ¿no es eso se
los ob e os más ú iles y m:Is mo ales del
abajo humano?»
- 130 -
No me de engo á hace conside aciones
sob e es as palab as, pues, á más de c ee -
las acías de sen ido, epi o que no son
p uebas, y sólo las ci o aquí con obje o de
demos a que en Zola, y en casi odos los
de su clase, aquella máxima la ina de _Ad
a i mandum, ad p obandum
es á llamada
á desapa ece .
T a a después de sacudi se el dic ado de
a alis a con que, con azón, le han apelli-
dado; pe o de es o habla emos más a de.
Se p egun a luego: «¿ Po qué la Li e a-
u a no había de llega á se ciencia con
ayuda del iné odo expe imen al ? Nues o
e eno, como el del médico, es el cue po
del homb e en sus enómenos ce eb ales
y
sensi i os, en su es ado sano
y
en su es-
ado mó bido»;
y
e mina p oclamando á
la no ela co no in es igación gene al so-
b e la Na u aleza y el homb e.
No oy aquí á hace me eco de la se e a
c í ica li e a ia que han enido es as con-
clusiones de Zola; aun en nues a pa ia
han enido impugnado es b illan es; sólo
quisie a hace no a que el sueño de Zola
- 131
de ele a la Li e a u a á la ca ego ía de
ciencia es una u opía á que a o unada-
men e no quie e llega él mismo, pues
cuando ol ida su eo ía y esc ibe una
no ela sabido es que echa po ie a odo
lo an e io men e es ablecido, y sin duda
po aquello de que una cosa es p edica
y
o a da igo
"
, cual o o Dide o , iene
una eo ía y o a p ác ica.
•
nn
,
n
S-•
i
:
CAPÍTULO VII.
EL DETERMINISMO.
El de e minismo es un ac o muy
im-
po an e
en las eo ías in o madas po
las
nue as co ien es.
No sólo se p e ende e e i á él la azón,
la causa de los enómenos ma e iales, sino
que ambién quie en los na u alis as de-
mos a su plena in luencia en los enó-
menos que pudié amos llama mo ales.
Hay que ija , pues, en es e concep o del
de e minismo nues a a ención, pues es un
pun o de pa ida muy impo an e,
y
sin el
cual odas las leyes del posi i ismo se e-
ían sin undamen o.
Desde luego hemos de hace no a que
muchos de enso es del de e minismo se
MEME MISINE1~~1.
_
- 134 -
empeñan, /ola: en e ellos, en hace una
dis inción que c een capi al en e (l y el
a alismo.
Pe o uno
y
o o concep o ienen al se-
mejanza, (lile bien puede a i ma se que una
misma es su azón
y
una misma su causa.
En p ime luga , hay que ad e i que
el undamen o de ambos no se halla en e-
sul ados ob enidos po el p og eso de las
ciencias na u ales, como algunos p e en-
den, sino en la iloso ía. Es co ien e la idea
del a alismo en e aquellos ilóso os ma e-
ialis as de la an igüedad de que hablába-
mos en el p ime capí ulo; lo que hay es
que es a idea ilosó ica ha sido desa ollada
y adop ada po los na u alis as como con-
dición
sine qua non
de sus leyes en las di-
e sas mani es aciones de la Ciencia
y
del
a e.
Y eniendo el de e minismo su aíz en
el a alismo
y
es ando iden i icado con él,
dicho se es á que end á que opeza con
muchas di icul ades aquel que p e enda
es ablece en e ambos una e dade a dis-
inción eal. Po de p on o, es indudable
- 1:15 -
que odos los
a alis as son necesa iamen e
de e minis as; de los p opiamen e de e -
minis as la mayo pa e econocen ambién
sin discusión el p incipio del a alismo,
de los que p e enden hace la dis inción
la hacen siemp e de una mane a
o mal,
pues en la ealidad no hay alen o humano
que con un dis ingo pueda sepa a lo inse-
pa able.
Los an opólogos posi i is as niegan
desde luego la libe ad humana, y. po
consiguien e, las ideas de esponsabilidad é
impu abilidad al
y
como se han en endido
has a aho a,
y
undan odo el
mo i o de la
pena (no es palab a que les sa is ace) pu a
y simplemen e en la de ensa social.
Niegan la libe ad humana con los mis-
mos a gumen os que odos los a alis as
de an año, y pa a ello se apoyan en que la
conciencia que ene nos de que e una cosa
más bien que o a es una e dade a ilusión
de i ada del desconocimien o de los p e-
ceden es inmedia os; en que en la compleja
g adación ascenden e de la o ma animal
más elemen al, has a el ex emo supe io
de una acción humana, la in e ención en
el solo mundo humano de una po encia
de libe ad mo al, se ía una excepción mi-
lag osa; en la so ís ica ley de la conse a-
ción de la ene gía, que no he de explica
aquí,
y
en el amoso a gumen o Aquiles
(según ellos) mejo p esen ado po Leib-
niz que po ninguno de los mode nos sa-
bios, que se educe á a i ma que nues a
olun ad es siemp e de e minada é insensi-
blemen e a eba ada po la mayo bondad
del obje o, de o ma que de dos ó más ob-
je os que la solici en, aquel se lle a á in-
aliblemen e la, ic o ia que le p esen e un
bien mayo ;
y
no siendo sino uno el que
la mue a, és e la a as a á hacia sí nece-
sa iamen e.
Añaden á es as gas adas alegaciones
o as de i adas de los ecien es es udios
de Ribo e e en es á la psico-pa ología., en
los cuales pa ece que c een encon a o i-
ginalidad, siendo así que la ex inción ó
pe e sión de la in eligencia, de la memo-
ia ó de la olun ad es un hecho plena-
men e comp obado en algunos casos, desde
- 137 -
que exis en desmemo iados, on os 6 anó-
malos en cuan o á las unciones psíquicas.
Cla o es que no he de me e me aho a á
e u a es os a gumen os, ni á hace dis-
inciones que los posi i is as no hacen, ni
á explica la di e encia capi al que exis e
en e la libe ad de
que e y
la de
ob a ,
ni á hace hincapié en e la de
con adic-
ción, especi icación y con a iedad , ni
si-
quie a á enume a b e emen e las azones
e e nas, po no habe sido nunca eba idas,
que abonan la exis encia del lib e albed ío
en el homb e, undadas unas en el es i-
monio de la conciencia psicológica ; o as
en la na u aleza misma de la olun ad,
y
o as en el consen imien o unánime de
los homb es; pe o sí he de a e e me á de-
ci que indudablemen e los posi i is as en
De echo penal, an e la is a de esos espec-
áculos ho endos de c ímenes, en p esen-
cia de se es pa a quienes cualquie idea
noble se les an oja indi e en e, delan e de
homb es abyec os y soeces has a donde no
es posible que, aun en sue ios, pene e la
imaginación del 'lumb e hon ado, es lógico
- 144 --
con a io sólo ha án una pue il dis inción
sin sólido undamen o ilosó ico ni cien-
í ico.
Dicen los esc i o es ci ados que el a-
alismo supone la mani es ación necesa ia
de un enómeno independien e de sus con-
diciones, mien as que el de e minismo es
la condición necesa ia de un enómeno
cuya mani es ación no es o zada. 0 yo no
en iendo es o, ó es un solemne dispa a e;
po que ¿ cómo se a á da un enómeno
independien emen e de sus condiciones?
¿ Qué es p ecisamen e lo que ca ac e iza á
un enómeno, lo que le dis ingue de los
demás, sino sus condiciones p opias
y
pe-
culia es? ¿ Acaso en los hechos
y
ac os
que noso os c eemos lib es no concu en
siemp e sus condiciones?
Y
con espec o al de e minismo, a i -
man ambién que és e es la condición ne-
cesa ia de un enómeno cuya mani es a-
ción no es o zada..... Si es a mani es ación
no es o zada, no exis e de e minismo; y si
hay de e minismo es a mani es ación iene
que se o zada p ecisamen e po las con-
- 145 --
diciones que le de e minan. Muchas azo-
nes
y
muchos a gumen os pudié amos
aduci aquí pa a demos a que es a dis-
inción en e a alismo y de e minismo es
pu amen e quimé ica en la ealidad, y se-
ñaladamen e pa a sos ene que el de e -
minismo
ísico
que impele á la pied a lan-
zada al ai e á cae al cen o de la ie a
po la ley
a al
de la g a edad, es com-
ple amen e dis in o del mo i o, acaso, i e-
sis ible, á que obedece un ac o humano.
Cualquie homb e de buen juicio adi i-
na á odas las azones que abonan es a
di e encia, y que los an opólogos
y
no e-
lis as na u ali as a an de iden i ica .
En el
T a a lo de Psicoloyía
del S . Eli-
zalde he encon ado pe ec amen e con-
c e ada la mane a de pensa de la e da-
de a iloso ía espi i ualis a espec o á es e
pun o, con la cual iloso ía es oy comple-
amen e de acue do. (La iloso ía c is iana
ha sos enido cons an emen e que, aunque
sean necesa ios pa a la ealización de los
enómenos de la ida sensi i a é in elec-
i a del homb e cie os an eceden es ma-
lo
- 146 -
e iales, és os no son siemp e
de e minan-
es;
es deci , que de ellos solos no se si-
gue siemp e a al
é
i esis iblemen e la
p oducción de ales hechos.)) ¿Es que es a
mani es ación niega los pode osos es ímu-
los in ínsecos ó ex ínsecos que pueden
conduci al delincuen e á ejecu a el de-
li o?
De ninguna mane a. Queda, pues, el
campo abie o á los psicólogos, an opó-
logos, c iminalis as
y
aun á los no elis as
(si ue a su e eno), pa a sus es udios de
las leyes, mo i os ó es ímulos (no a ales
ni de e minan es) de la c iminalidad y de
odas las demás llagas sociales, pa a lo
cual no es necesa io se a alis a, ni
de e -
minis a,
ni posi i is a.
CAPÍTULO VIII.
LA HERENCIA Y EL MEDIO.
O o axioma indiscu ible pa a los an-
opólogos y no elis as na u alis as, es la
di ec a in luencia sob e el indi iduo de la
he encia y del medio ambien e.
Que aquélla iene su pa e en la mane a
de se ísica ó mo al de cada uno, c eo que
nadie se a e e á á nega lo : aho a bien;
que sea su in lujo an e icaz y pode oso
que po sí de e mine la mane a de ob a
del indi iduo inde ec iblemen e, es o, que
es lo que los mencionados au o es de ien-
den, es comple amen e inexac o.
Pueden conside a se á es os dos ac o es
como los p edisponen es del de e minismo.
En e ec o, en ellos se undan las p ime as
lP
- 148 -
obse aciones de odo in es igado , y se-
ñaladamen e el alienis a, el c iminólogo,
el sociólogo
y
aun el li e a o na u alis a
buscan la p ime a causa; la ley inexo able
que ha de egi á los hechos.
Con espec o al medio ambien e ácil es
demos a que iene mucha impo ancia
pa a la ida ísica, pe o señaladamen e
pa a la yida mo al.
Con obje o de p ocu a oda la cla idad
posible, amos á hace algunas dis in-
ciones.
En cuan o á la he encia, es necesa io
conside a es e ac o isiológica
y
psíqui-
camen e. Fisiológicamen e conside ada,
debe e e i se á aquellos signos he edados,
pu amen e ma e iales ó co po ales que, en
sen i de los mode nos an opólogos, an a
acción ienen en el empe amen o c iminal,.
y
que son los cons i u i os po ende de las
e dade as anomalías ísicas,
g . las
'7
o ejas de asa, senos on ales desa olla-
dos, la mayo ecuencia de las su u as
medio- on ales, la osa occipi al mediana,
g an desa ollo de mandíbulas
y
de los a -
,1^
-1.49-
cos cigomá icos, el p ogna ismo, e c., e c.;
en
suma, los ca ac e es imp opiamen e
llamados an opológicos.
Psíquicamen e conside ada la he encia,
debe a ibui se á aquellos ins in os, pa-
siones y mo i os que, o a di ec amen e,
o a en o ma a á ica, he eda el hijo de sus
an epasados, y que, na u almen e, le p e-
disponen áí, con inua el camino del icio
ó del c imen que emp endie on y siguen
sus pad es. La he encia, en conc e o, cons-
i uye el elemen o in e no, la causa ó ley
in ínseca que es imula al desg aciado que
se halla bajo su acción (cuando és a es ma-
lé ola) al icio ó al c imen.
Los nue os na u alis as de la li e a u a
y
de la ciencia penal dan an a impo an-
cia á es e ac o , que pa a ellos es el úni-
camen e esencial y la e dade a ue za mo-
iz de la ueda del de e minismo. En la
he encia encuen an los an opólogos los
moldes donde se ha de acia la comple-
xión c iminal del delincuen e na o , y los
no elis as cuidan muy bien de aplica
y
ap o echa es a mane a de se he edi a ia
- 150 -
en los pe sonajes de sus no elas. Cla o es
que es e modo a al de concebi los des i-
nos humanos; el empeño de hace apa ece
como desg aciados i esponsables á los se-
es más abyec os
y
ebajados; el a án de
ca ga el mochuelo á la Na u aleza, a e-
nuando odo lo posible,
y
aun eximiendo
de oda clase de culpa al o agido bandido
al sanguina io asesino, había de se pas o
de ace ada c í ica
y
aun de desp ecio pa a
algunos penalis as
y
li e a os ; pe o, sin
emba go,
y
poniendo las cosas en su pun-
o , jus o es con esa que aun sin necesi-
dad de es udia p o undamen e Fisiología
ni An opología,
y
aun sin ahonda en elu-
cub aciones cien í icas de ningún géne o,
exis e de hecho, y no puede nega se, cie a
he encia en de e minadas ap i udes ísicas
y psíquicas,
y
en de e minadas inclinacio-
nes y aun pasiones. Pues qué o a cosa
son las endencias he edi a ias que hábi os
adqui idos, co no di ía Guyau ? Y si son
hábi os, cie amen e deno an la epe ición
con inuada de ac os que han enido e i
icándose en muchas gene aciones an e io-
- 151 -
es. Los g andes c iminales casi siemp e
cuen an en la his o ia de sus pad es ano-
malías e dade amen e dignas de ene se
en cuen a. ¡Es an ex año el c imen, que
apenas se concibe en una pe sona bien
equilib ada y sana!, dice el ilus e Escu-
den, hablándonos del e e ina io de Sueca,
un c iminal epilép ico que con aba en e
sus p ogeni o es á e dade os locos. El
céleb e Mo illo, de quien ambién nos ha-
bla el ci ado alienis a, e a hijo de un epi-
lép ico; y en cuan o al amoso cu a Ga-
leo e, copiemos aquí las mismas palab as
del pe i o. ((Cua o gene aciones de la a-
milia de D. Caye ano Galeo e y Co illa han
des ilado an e mis ojos, y aun has a la
quin a be podido es udia , quedando ma-
a illado al con empla la inmu able ley
de la he encia, a almen e cumplida en 163
pa ien es del p ocesado, de los cuales han
mue o 97 y quedan i os 66. Co illas y
Galeo es han apo ado cada uno al ondo
común los gé menes cons i u i os de sus
diá esis neu opá icas, y jun ándose co no
dos íos en un solo lecho, al mezcla sus
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sang es han ansmi ido á sus descendien-
es, di undida en sus enas, la he encia
ne iosa que los dis ingue.»
Aunque po el p isma que mi a es as
cosas el alienis a haya apasionado e o
hacia cie as eo ías médicas, y las deduc-
ciones de los hechos pudie an apa ece
exage adas, es lo cie o que en el ondo, y
sin necesidad de incu i en doc inas ma-
e ialis as, puede
y
debe c ee se e iden e
la in
luencia de la he encia en es os céle-
b es c iminales españoles. Muchos casos
como el p eceden e pudie a yo ci a en e
c iminales ex anje os, demos ando el
in lujo de la he encia, pues pa a ello no
end ía más que apun a aquí los nom-
b es de muchos asesinos y lad ones que
odo el mundo ha oído nomb a ; pe o
he p e e ido ci a es os nomb es españo-
les,
y
de buena gana añadi ía algún o o
que po espe o á la • desg acia no ci o,
y he p ocu ado ija me en la locu a he e-
di a ia, po que en cuan o á las pe sonas
ci adas odo el mundo las ha conocido
ó á oído habla mucho de ellas,
y
en
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cuan o á la en e medad es en sí an com-
ple a y con ibuyen á su desa ollo ele-
men os an he e ogéneos, unos isiológicos
y
o os psíquicos, que me ele an de pone
más ejemplos po es a en es e solo com-
p endida la e dad de la in luencia en que
noso os c eemos.
Pe o lo co és no qui a á lo alien e,
dice el adagio cas ellano ;
y
el c ee en la
he encia como en causa p edisponen e
pa a el deli o en de e minadas condicio-
nes no es óbice pa a a i ma que en la ma-
yo pa e de los casos es e in lujo puede
se anulado po e dade os eac i os que
neu alicen
y
enzan su ue za expansi a.
Como eac i os mo ales, dicho se es á
que noso os encon amos suma e icacia
en la eligión, en la mo al , e c.,
y
conc e-
amen e en la educación, y es o nos lle a
á a a del medio ambien e, en cuyo con-
cep o p ocu a emos hace ambién la dis-
inción debida pa a su mejo explicación.
Lamén ase Guyau con azón, en su ob a
La Educación y la He encia,
de lo poco
aco des que andan los sociólogos espec o