scieee Open visual document viewer

La antropología criminal y la novela naturalista

Andrade, Benito Mariano

Full text

.11M.1~1.W. y, LA ANTROPOLOGÍA CRIMINAL Y LA. ATLRALISTA POR BENITO MARIANO ANDRADE Abogado da ilus e Colegio de Mad id. s `a e MADRID EST. TIP. «SUCESORES DE RIVADENEYR A IMPRESORES DE LA REAL CASA Paseo de San Vicen e, núm. 20 896 AL QUE LEYERE. No a i ma ía yo ca egó icamen e, be- né olo lec o , que el í ulo que encabeza es e lib o uese el más ap opiado pa a exp esa ielmen e su obje o: he exami- nado algunos nomb es, . g ., «la An o- pología c iminal en la Li e a u a)), «La An opología c iminal y el Na u alismo li- e a io)), e c., e c., y en ellos he encon ado en ajas é incon enien es, como los en- cuen a en odas las cosas humanas quien yo me sé y cuyo nomb e me callo. En se- gundo é mino quie o hace e no a que es e abajo sin p e ensión de ningún géne o, aunque ba un e que á alguien pudie a pa ece de e udi o d la iole a, sólo ep esen a la pa e gene al y ilo- só ica de un es udio pa icula y ex- pe imen al que, con ayuda de Dios y u benepláci o, me p opongo da á luz cuando pa a ello enga mimb es y iempo. Adi ino que es a ob a a á pa ece e incomple a, señaladamen e po no es udia las cues iones que en ella se a an más que desde un pun o de is a; pe o modes- amen e e ad ie o, pa a u gobie no, que sólo me p opongo al esc ibi la da e á co- noce una imp esi(;n mía sob e el pa icu- la , algo así como un an eo sob e el p o- blema de las elaciones en e la An opo- logía c iminal y la li e a u a na u alis a. Y con es o, y con deci e que lo que más me p eocupa al publica es e lib o es el emo de no habe en endido, ó el hecho de habe in e p e ado mal alguna opinión ó eo ía, cosa en e dad acilísima dada la anemia c ónica que padece mi meollo, me pos o á us plan as si e es dama (aunque sospecho que pocas lee án es e lib o), 6 beso us manos si ue es caballe o, que cie amen e lo se ás, y muy cumplido. EL AUTOR. INTRODUCCIÓN. Si en e penalis as clásicos in ansigen- es, no en e ados aún de las úl imas con- clusiones de Lomb oso espec o á la ela- ción en e la An opología c iminal y la Li e a u a, /se a i mase po alguien que de los ecien es p og esos ealizados en sus es udios po el conocido an opólogo se deducen la iden idad absolu a de p ocedi- mien os, de leyes y consecuencias en e la escuela an opológica c iminal y la e olu- ción expe imen al de la escuela na u alis a, indudablemen e que no se oma ían en con- side ación sus a i maciones po no pode adi ina las azones de al coincidencia, y Acaso se ia ildado de poco sesudo, poco se io y, si se les apu aba un poco, de loco de a a ; pues, co no ellos di ían, en es os iempos de an as monomanías bien pu- die a se la excesi a c edulidad una locu a como o a cualquie a.. Mas si es os seño es oyesen con calma á quien les habla a; si no onasen desde luego con a oda inno ación, como lo ha- cen siemp e que de es as cosas se a a; si con un poco de paciencia escuchasen b e- es momen os aquello que se les dice, y que an a al a les hace ap ende y ellos des- p ecian como cosa baladí y ie a de sen- ido; si espe asen co ésmen e las opinio- nes con a ias, man enidas muchas eces de buena e; si con inie an con S ua en que nunca se debe ahoga en el e eno cien í ico una opinión po e ónea que pa- ezca, pod ían po lo menos ilus a se mucho, cosa de que en e dad no se a e- pen i ían, po que nadie sabe an o que de ello e ien e. Y digo es o po que, aunque gozo ama de in ansigen e en cie os e- enos donde es a condición es indispensa- ble y aun dogma indiscu ible, soy el hom- b e más amigo de la libe ad de ideas y de mani es ación y exposición de las in ' is- MEI _ 9 mas en el palenque cien í ico p opiamen e dicho, pues c eo que nadie puede a oga se la posesión de la e dad comple a, que nunca suele acompaña en absolu o á nin- guna eo ía, y mucho menos la in alibili- dad; y es una de las cosas que más me i i an el desp ecio y la bu la de cie as ideas, hipó esis ó conclusiones, que po- d án se más ó menos p obables ó aun e osímiles, pe o que, sin emba go, ienen an o de echo á i i la ida de la ciencia co no de echo ienen á la ida ísica los ube culosos y los ísicos. En España es ecuen ísimo el hecho que aquí censu amos, y en odas las es- e as de la ida domina el amo excesi o á los moldes iejos, po lo cual, a án- dose de eo ías inno ado as que dan al as e con casi odos los p incipios y un- damen os de la ciencia an igua, que en de e minadas amas, y. c en el De echo b '5 penal, apa en emen e minan las aíces de ins i uciones que se c eían in iolables, y, según opinión común, que casi es cie a, des uyen y aniquilan las nociones de es- - 16 de enido examen o nan en conside ación algunas de las ó mulas na u alis as de los an opólogos; muchos, co no he dicho an es, oman á chaco a es as cosas; pa a o os son indi e en es, pues no les llama Dios po es os caminos de c í ica llenos de di icul ades, y p e ie en con en a se con las cua o ideas que e e en es al caso ap endie on del p o eso de De echo pe- nal, ba ajándolas , sin o den y concie o, y desconociendo lo que los an opólogos di- cen, y po consiguien e lo que p e enden; de és os son los que c een que la escuela an opológica es un sis ema de de ensa del cual echan mano algunos abogados cuando la causa es á pe dida; de és os son am- bién aquellos que c een p ime p incipio de la nue a co ien e cien í ica, y eje sob e el cual gi an odas sus consecuencias, el de que « odo delincuen e, en el me o hecho de se lo, es un enajenado)). ¡ Así se des i- gu an muchas eces las opiniones con a- ias, y así se pul e izan, al pa ece , en el ca é, en la Academia ó en el A eneo! Y digamos, además, que es cosa común - 17 en odos los que de es an, sin conoce las, las conclusiones posi i is as, el a i ma con oz campanuda, y á eces elocuen e, que los mode nos seudo sabios p e enden des ui las bases de la sociedad, los un- damen os del de echo, la libe ad humana; que los an opólogos mode nos niegan el deli o, p osc iben la pena, y o as an as ases hechas y luga es comunes á que acuden y acudi án los u ina ios del De- echo penal, has a que algún animoso Cla- ín de la ciencia ju ídica les ponga las pe- as á cua o, demos ándoles que no es an ie o el león como le pin an. La misma in ansigencia que deplo a- mos en el campo del De echo penal ha e- nido y aun iene luga en la es e a de la Li- e a u a. Esos ame engados li e a os que en noche de luna, á la o illa del anspa- en e lago, e c. , e c., componen cán icos de amo á Filis y Ama ilis ; esos no elis- as hue os que compa an el amo de su p o agonis a con el uego del Vesubio del E na ; esos niños gó icos de la li e a- u a pa a quienes es insopo able, y no les 2 - 18 esul a, la lec u a de un ozo de F ay Luis de León, ó del Pad e G anada, ó de Que- edo, cuando no dice chis es, y pa a mu- chos de los cuales el mejo no elis a del mundo es Jo ge Onhe , o mando co o con esa anodina compa sa de c í icos de es al cua o que oci e an en odos los ca és, en odos los cí culos, en los pasillos del A e- neo y aun esc iben en pe iódicos ; que ha- blan de ca ac e es desdibujados, de si ua- ciones bien sos enidas, de p opiédades obje i as y subje i as , sin sabe lo que dicen ; pa a quienes es necesa io en una no ela ó d ama lija bien los es es ados de exposición, nudo y desenlace, sola- men e po que así lo ap endie on en las clases de Re ó ica, ue on los p ime os en pone el g i o en el cielo cuando una es- cuela nue a p e endía hace se luga en el campo li e a io. Lo mismo que la nue a endencia ju í- dica, la nue a e olución li e a ia ae con- sigo e o es de g an calib e, y llega has a donde ningún homb e de sano juicio puede llega ; po eso, sin idículas os en aciones - 19 — y sin gas a la pól o a en sal as, así como en la ciencia de los deli os y las penas el ilus e ca ed á ico de Salamanca S . Do- ado y Mon e o se es ue za en expu ga de lo noci o y dañoso á la nue a e olu- ción, aunque c eo debie a a a la más du amen e de lo que lo hace, y ambién en Li e a u a D." Emilia Pa do Bazán, en su no able ob a la Cues ión palpi an e, a enúa las c udezas de los na u alis as, y p e ende explica el e dade o sen ido en que debe oma se la palab a na u alismo; así en la Ciencia se alza gigan esca la igu a ju ídica del S . A ambu u y Zu- loaga, e u ando pun o po pun o los p in- cipales e o es de los an opólogos; y en el A e se ye gue a ogan e la igu a li e a ia del au o de Pepi a Jiménez pul e izando las u opías de Zola y sus secuaces en sus Apun es sob e el nue o a e de esc ibi no elas. C eo que an pe niciosos pa a el p o- g eso cien í ico son los sis emá icamen e eacciona ios, como los excesi amen e im- pe uosos que se enamo an de odo lo - 20 - nue o con la misma pasión que nues os a is óc a as golnosos encuen an encan os en las hijas de los al os diplomá icos ex- anje os: el . juicio se eno, la e lexión ía y la deducción desapasionada son cuali- dades nega i as pa a, muchos de los hom- b es de De echo ó pa a los li e a os a ilia- dos á de e minada sec a. Acaso alguien, po lo dicho a iba, c ea e en mí, sob e odo en lo que al De echo penal se e ie e, algo de indecisión, algo de eclec icismo, en una palab a; pe o me in- e esa hace cons a que no hay al cosa: econozco, sí, que muchas de las obse a- ciones de los mode nos an opólogos son a inadas y p eciosas, y que, po lo an o, deben de ene se en cuen a po los hom- b es dedicados al es udio del De echo, y que ni minan ni des uyen nada omán- dolas con la p ecaución necesa ia; y c eo deben es udia se y segui se sus pasos pa a ap opia se lo mucho bueno que apo an al palenque cien í ico y pa a expu ga las de sus g a es e o es ; y po es o,_ y po que con ibuyen de una mane a anca y es- - 21 - pon ánea al p og eso, po eso ecabo pa a ellas la a ención, el espe o y aun los de- echos de belige an es. Figu aos una e us a y sólida o aleza si iada po imponen es ba e ías enemigas; llegado el momen o del uego, y al p epa- a se los a ille os á lanza sob e la plaza sus mo í e as g anadas , encuén anse sin el elemen o indispensable, sin pól o a: los si iados se íen del lujo y apa a o de los si iado es, y cla o es que les iene sin cui- dado la os en ación de an a ue za; pe o, sin emba go, es udian y e lexionan sob e los adelan os de la a ille ía mode na, o- man no as del a mamen o, y con de enido examen apun an odos los da os necesa ios y dignos de ene se en. cuen a : no emen ningún daño, y siguen como si al cosa, haciendo la ida o dina ia; pe o p ocu an econs i ui aquel o eón que se desmo- ona, p e enden emplaza cañones del mo- de no sis ema, y buscan el medio de ap o- echa se y aplica pa a su uso odo lo bueno que en su enemigo han is o. La o aleza, es la escuela (•14.ÇI(.a, que no - 9 2 — eme el a aque de las mode nas co ien- es p ecisamen e po que les al a el ele- men o indispensable de comba e: la ilo- so ía; siguen sus p incipios incon es ables é inmu ables, pe o, sin emba go, debe ija se en los mode nos adelan os de las ciencias auxilia es del De echo penal, debe ene en cuen a los bené icos u os de los es udios de Lomb oso y sus pa i- da ios en lo que se e ie en al delincuen e; debe ija se en los de alles y casos con- c e os sin descende al casuísmo exage- ado , y debe ecoge y ano a da os y obse aciones pa a in oduci en los Có- digos penales aquellas e o mas necesa ias. Es e es mi pensamien o: c eo que á nadie 'se á sospechoso una ez explicado. En is a de las conside aciones apun- adas, y eniendo en cuen a, como ya he dicho, el espí i u excesi amen e eaccio- na io que domina en nues a pa ia, c eo que po i l a, de an eceden es no hab á muchos que á simple is a a e igüen la analogía de p ocedimien os y de conclu- siones en e la escuela c iminológica i a- — 23 liana y la no ela na u alis a expe imen al; analogía an exac a que, según Lomb oso, puede es udia se en cie as no elas al de- lincuen e (1) con odos los ca ac e es, no ya de la e dad a ís icamen e conside- ada, pues es o odo el mundo lo con- cibe, sino de la e dad á secas, de la e - dad cien í ica, de mane a que el pe sonaje no elesco si a de es udio, lo mismo que el pe sonaje i o; en una palab a, la no- ela na u alis a es un e dade o docu- men y humano, y es uen e de an a e - dad, po consiguien e, pa a el an opólogo y pa a el c iminalis a como un in o me cien í ico ó una iel na ación es i ical: Zola es an digno de c édi o cuando nos desc ibe minuciosamen e un homicidio, con sus causas de e minan es y p edispo- nen es, los ca ac e es ísicos, an opoló- gicos y sociales que in luyen en un delin- cuen e y las ci cuns ancias ambien es que (1) Aunque la palab a delincuen e no es de la de o- ción de los an opólogos, la conse amos aquí po no con undi demasiado los concep os —Lo mismo deci nos de o as, . g ., pena, deli o, e c. - 24 - odean al deli o, como Cáspe ó Ta dieu cuando nos diagnos ican una dolencia ó a ección, ó cuando en casos de e minados especi ican los ca ac e es p opios de al cual hecho c iminal. Señala en lo que coinciden los no e- lis as y penalis as, y en lo que se deben di e encia , y a e igua has a qué pun o puede se documen o humano una no ela pa a el in de la An opología c iminal, es lo que nos p oponemos en el ascu so de es as páginas. CAPÍTULO 1. INVASIÓN POSITIVO-NATURALISTA. No sé quién ha dicho el p ime o que la - e olución es la mani es ación his ó ica, de la e olución; y aunque alguien pudie a c ee , y yo con él, que se ía más exac o deci que la e olución es el desbo da- mien o, en un momen o de e minado y p epa ado, de la ene gía concen ada du- an e el la go pe íodo e olu i o, acep o desde luego aquella a i mación como bue- na, pues en el ondo no hay capi al di e- encia en e una y o a; y undándome en es a idea, y aplicándola á odos los hechos e oluciona ios que han enido luga , lo mismo en la his o ia eligiosa que en la polí ica, social, cien í ica y aun jas y aun e dades al mundo de la ciencia; pe o pa a con ence nos de que no son an nue as como sus após oles p e enden, sí c eo que con iene deci aquí algunas pa- lab as. Di igiendo una mi ada e ospec i a á los pueblos an iguos, á los pueblos en que  • nació la iloso ía de odos ma ices y de o- das endencias, obse amos que en ese caos de ideas sin clasi ica y sin obedece á de- e minado sis ema exis en concep os ne- amen e ma e ialis as ba ajados y con un- didos con o os espi i ualis as ó idealis as; pe o conc e ándonos á los países en que su adelan o en el pensamien o hace ya dis in- gui y de e mina las escuelas ilosó icas, encon amos, en la India con la iloso ía de Kapila y en la China con Con ucio, el o i- gen p imi i o del ma e ialismo. En G ecia, cuna de la Filoso ía, los llama- dos hilozoís as, en e los cuales descuellan Tales de Mile o, Anaximand o, Anaxime- nes, He ácli o y algunos o os, odos con- ienen en que la causa ó p ime a sus ancia de las cosas es algo ma e ial, el ai e, el - 3J agua ó el uego. P o ágo as iende á de- mos a que el in del homb e es el goce de los place es, y es ablece la esis a bi a ia, la hipó esis g a ui a de odos los ma e ia- lis as , posi i is as y na u alis as, de que puede exis i un mo imien o sin p incipio, sin causa y sin azón su icien e. Demóc i o , ilóso o céleb e en e los pa ida ios de la ma e ia como o igen de odas las cosas, echa las aíces del amoso sis ema a omis a, y a i ma que los á omos y el acío son los p incipios de odas las cosas; el alma, una sus ancia compues a de á omos, y el pensamien o, la conciencia y la sensación , esul ado de ag egación ó combinación di e sa de á omos. Y sin ha- ce hincapié en las doc inas de A is ipo, discípulo de Sóc a es, que, in e p e ando an mal las enseñanzas de su maes o, llega á es ablece , como P o ágo as, que la eli- cidad del homb e consis e en el goce de los place es ; y sin ij a nos en Es a ón de I. amp- saco, que, ambién sepa ándose de su maes- o A is óleles, enseña que la Na u aleza no necesi a ni p esupone la exis encia de 3 - 31 - una in eligencia, causa e icien e p imi i a y o denado a del inundo, sino que és a debe su o igen á ue zas inhe en es é in- manen es de la Na u aleza; y sin da aquí no icia de allada del sis ema del es oico Zenón, que sos iene que odo sé es co pó- eo y que el espí i u no es más que el p in- cipio ó elemen o ac i o en con aposición al elemen o pasi o, encen ámonos en es a e iginosa ca e a po los campos de la iloso ía g iega con el enomb ado Epicu o. Es e, ambién sensualis a, que eccge po en e o la he encia de Demóc i o, mani- ies a que la elicidad de que es capaz el homb e consis e en el delei e , el cual de- lei e iene dos g ados , el mo imien o y el eposo, y és e, que es la comple a exen- ción de dolo es, es el que cons i uye la e dade a elicidad. Mas donde el ma e ialismo o na cue po o midable en la iloso ía g iega, donde es- ablece sus bases p incipales delineadas y conc e as, donde el en endimien o del iló- so o llega al g ado supe io de lucidez a- ando y exponiendo es as ma e ias, es en - - la escuela escép ico-posi i is a undada po Enesidemo. Veamos con F ay Ze e ino González, á quien seguimos en es a b e e excu sión his ó ica, los opos ó azones de duda uni e sal en que se apoyan es os i- lóso os: (d.° La di e sidad de o ganización que se obse a en e los se es sensibles y la consiguien e di e sidad y oposición de im- p esiones p oducidas po los obje os en dichos se es. »2.° La di e sidad en la o ganización hu- mana, de la cual debe esul a y esul a di e sidad de imp esiones, de ideas, de inclinaciones, las cuales debe ían se idén- icas si no hubie a di e sidad en la o ga- nización de los indi iduos. »3.° La a iedad y oposición de sensa- ciones p oducidas po el mismo obje o: un pAja o de he moso plumaje y de can o ó oz desen onada p oduce una sensación ag adable po pa e de la is a, y á la ez o a desag adable al oído; po o o lado, es muy posible que es e obje o que nos pa ece uno á pesa de las con a ias imp e- - 36 — siones que en noso os p oduce, sea en ea- lidad múl iple y compues o de elemen os e enciales que noso os no pe cibimos po ca ece de sen idos acomodados al e ec o, así co no la is a no pe cibe la música po no se sen ido acomodado pa a pe cibi es a ealidad. »4.° La dependencia y mu abilidad de nues as pe cepciones en elación con la dis ancia, si uación y demás ci cuns an- cias que odean al obje o. El mismo ele- an e que is o de ce ca nos pa ece muy g ande, nos pa ece pequeño á la ga dis- ancia. Es o quie e deci que, aunque pode- mos conoce y a i ma lo que son pa a noso os ales obje os en al si uación, no podemos a i ma ni conoce lo que son esos obje os en sí mismos y con independen- cia de ales condiciones. »5.° Las modi icaciones ó cambios del suje o pe cipien e. El obje o que nos cau- sa al sen imien o ó emoción en la ju en ud, nos lo causa di e en e en la ejez: en la en e medad somos y sen imos las cosas de di e en e mane a que en buena salud; de J(- mane a que la na u aleza del juicio y del sen imien o ela i amen e al obje o cam- bia y se elaciona con el es ado del suje o. »6.° La can idad de las cosas modi ica y cambia po comple o sus cualidades, y,po consiguien e, és as no pueden guia nos en el aumen o de su na u aleza e dade a. Cie as sus ancias enenosas en pequeñas dosis si en de medicamen o, y las mismas en g an can idad p oducen la en e med.ad y la mue e. ))7.° Podemos conoce y sabemos lo que es una cosa con elación a o a, y las im- p esiones que en noso os p oduce ; pe o no sabemos lo que ella es en sí misma ó con elación á su esencia in ima, po que nada nos asegu a que la elación de una cosa á o a, Ú la imp esión que en noso os p oduce, sea la no ma y la medida de su ealidad obje i a. »8.° La in luencia de la cos umb e, de la educación, de la sociedad y de la eligión. Un eclipse ó la apa ición de un come a nos llama la a ención y nos imp esiona i amen e po que no son ecuen es, mien- - 38 - as que ni nos imp esiona ni llama nues- a a ención la is a del sol po es a ha- bi uados á ella. El judío educado en la e- ligión de Moisés conside a á Jeho á como el Dios e dade o, y á Jli pi e como un ídolo ano.» No hay más que ija un poco la a en- ción en es os opo:: de los escép icos po- si i is as pa a admi a su alen o y su sen ido ilosó ico, y pa a es a mé i os á los mode nos he ede os de es a iloso ía que á eces se las echan de muy o igina- les No es és a ocasión, pues nos en e en- d íamos demasiado, de i explicando pun o po pun o las g andes coincidencias de las mode nas endencias con las ideas con e- nidas en es os opos; el lec o compa a á, é indudablemen e encon a á muchis:mas azones de a inidad; pe o dejemos sen ado desde luego que del escep icismo que en- cie an es as conclusiones ma e ialis as de- dúcense luego, en di e sas o mas y de di- e sas mane as, odas las demás hipó esis y conclusiones. Nues o obje o es sólo demos a que - 39 — es as eo ías hoy en boga no son an nue- as como sus a1)ó.5101 es p e enden, y c eemos que habiendo aído aquí á colación hechos y p uebas concluyen es de que en lejana iloso ía no sólo se echa on los cimien os, sino que se e igió a ogan e el ono de la ma e ia, hénoslo hecho cumplidamen e y no necesi amos insis i más sob e es e pun o. Po es a pode osa azón, y se alada men- e po no se p olijos en demasía, enun- ciamos á segui a és de la His o ia las e oluciones y as o maciones que han su ido es as ideas, aunque con mucho gus- o lo ha íamos y con poco abajo po con- a con algunos apun es hechos hace poco con mo i o de o o es udio pa ecido al p esen e. Sólo hemos de hace no a , po que así sacamos un a gumen o pode oso pa a nues- a c eencia, de que el exceso y la plé o a p oducidos po el uso de una cosa, sea la que ue e, es imula á ape ece la con a- ia, como la ama ga medicina es obje o de que el en e mo pida ansioso el azúca , - 40 — que el abuso del concep o espi i ualis a é idealis a de iempos m'In ecien es ha sido una de las causas más e icaces de las que han con ibuido á que e i an añejas hi- pó esis ilosó ica aducidas en o ma cien- í ica muy discu ible ó es idas con el opaje de la Li e a u a. Sin necesidad de acudi á al as abs acciones y disquisiciones me a- ísicas, como ales pu amen e de aciocinio, y sin habla aquí de la exage ación del es- colas icismo, cosa buena en sí pe o pe ni- ciosa y idícula en sus abusos, y sin me e - nos á ponde a las en ajas ó incon enien- es de esa lógica silogís ica, encan o aun hoy día de espe ables homb es de la ilo- so ía y de dignísimas y sapien ísimas co- munidades eligiosas, y aun sin acudi d p incipio de Desca es, ni á la concepción de la Razón pu a, del Absolu o, de la Mea, del Yo, del Noúmeno, emos que es e idea- lismo espi i ualis a pene a en odas las es e as de la in eligencia con la Polí ica y la Ciencia, y ambién en odas las mani es- aciones del sen imien o con la Religión y las Bellas A es. Hacía al a que un g an - 4 1. - acon ecimien o iniese á despe a á los ce- eb os y á los co azones do midos con el plácido sueño de las idealidades, y hé aquí que en e aquellos homb es espi i uales suena pode osa la oz de Schleiden en 1838, que mues a á la humanidad los g andes p og esos ealizados en sus es u- dios sob e la célula; el eco pode oso de es a oz epe cu e en los ámbi os del mun- do cien í ico, y á poco apa ecen Schwam aplicando la eo ía celula al eino animal, y c eando la amosa hipó esis his ogené ica celula ; Vi chow, de quien es el amoso p incipio omnis cellula; B ucke , que llama á las células o ganismos elemen- ales; Da win, unidades i ien es, e c., e c. En 1850 Fe nando Cohn es ablece la eo ía del p o oplasma, que luego ampli i- ca Max Schulze, y que cons i uye pa a Huxley la base psíquica de la ida. Pe o quien me ece especial mención aquí, quien ha ocupado g an pa e de su ida en es os es udios con p o echoso esul ado, ha sido el g an ILeckel, econocido po sabio aun po los más e ac a ios á es as cues iones: - 4S -- La de inición de ciencia más ulga y conocida, que co e po ahí de boca en boca como axioma indiscu ible, y que dice que es «el conjun o de e dades cie as y e iden es que , dependiendo de un mismo p incipio, concu en ambién á un mismo in», la acep a é co no buena pa a i p e- pa ando la in eligencia de los niños que es udian el bachille a o, pe o de ninguna mane a si quie e p esen á senos con los hono es de e dade a de inición y como 2/0)1 plus ul a de lo que debe se la Cien- cia ; y no la podemos admi i , po que o - zando solamen e un poco las cosas y que- iéndola aplica á o as amas de nues a ac i idad, ó aun á ulga es ob as huma- nas, podemos comp ende en sus moldes has a lo que hoy se llama a e culina io. Nadie nega á, en e ec o, que en cues iones de cocina hay e dades cie as y e i- den es , po que po ales deben se e nidas, . g ., el que los hue os e uel os en una sa én, con la man eca su icien e, se aducen en o illa; y que la leche, ú o o líquido cualquie a pues o al uego, - 49 hie en, e c. , e c. ; y odos con end án conmigo en que, po ejemplo, pa a hace un ico pas el es necesa io p ocede sis e- má icamen e sob e las e dades conoci- das, y hay que echa en el ecep áculo ad /ioc p ime o la ha ina, después los hue os pa a e ol e los con ella, después el azú- ca , e c. Y en cuan o al p incipio de que dependen odas es as e dades, no sé yo á pun o ijo cuál sea, lo cual no quie e de- ci que no exis a; pe o bien pudie a se el de que los líquidos suje os á la acción del uego se solidi ican ó e apo an, y los sólidos se ablandan ó des uyen, ú o o cualquie a, que sob e es o no he de dis- cu i . El in exis e como en oda ob a humana; y como en la de inición no se conc e a de qué clase ha de se , en uso de mi de echo asigno á la ciencia culina ia el in de sa- is ace egaladamen e el ape i o ó la gula del comensal: c eo que es o no es gana de busca analogías, sino una e dad como un emplo. Sin emba go, en es a de inición, y desde o o pun o de is a, encuen o una - — Cosa buena, y es que da cabida al doble elemen o subje i o-obje i o de la ciencia, cosa que no es de desp ecia dadas las de- iniciones que se enseñan po esas cá e- d as  (iba á deci de Dios, pe o no me a e o): el elemen o subje i o en lo de e dades e iden es, pues engo po cosa cie a que la e idencia ó cla a idencia de una cosa, como di ía el S . Campillo, se e ie e al homb e, al suje o de la pe - cepción, y el elemen o obje i o en lo de e dades cie as, pues ambién c eo que la ce eza en sí de las cosas puede exis i sin necesidad de noso os. Es a misma de inición, algo mu ilada y educida, se e ambién esc i a en muchas pa es en la o ma siguien e: «ciencia es un sis ema de conclusiones demos adas e e en es á un mismo obje o», y cla o es que no he de de ene me á e u a la ; pe o lo que no puedo menos es de lamen a me aquí de que un ilóso o an compe en e como el S . Elizalde (menos conocido de lo que debie a se lo ) la acep e en su con- cienzudo a ado de Lógica. b1e de. de. Ele de 110, e . de sin iS es LIS 1,1 LIC e 1;• - 51 — No he de ci a más de iniciones de cien- cia, que, después de odo, poco ó nada nos in e esa que unos la en iendan de una ma- ne a y o os de o a; pe o ya que acude á mi memo ia aquella de San Clemen e de Alejand ía, cogni io e um pe causas, he de hace no a que, aunque más bien pa- ece de e mina lo que debe se el conoci- mien o cien í ico, es , sin emba go, la que acep a ía si me iese o zado á acep a al- guna , pues encuen o en ella el elemen o cuali ica i o de la abs acciún. Y digo si me ie a o zado, po que since amen e c eo que la Ciencia es una de las muchas cosas que no se deben, que no se pueden de ini . Puede sabe se muy bien lo que una cosa es en si, sus p opiedades, a ibu os, cua- lidades, acciden es, e c., e c., sin sabe mos a la educida en los es echos, con- cisos y aun mecánicos moldes de una de i- nición. La manía de las de iniciones he e- dada de nues os an iguos dómines debe elega se en cie as ma e ias al ol ido; hoy, en p esencia de un g an acon eci- mien o cien í ico, de una g an idea, del dese-ab imien o de una e dad, lo que nos impo a más es a e igua su po qué, su esencia, su na u aleza, sus e ec os y con- secuencias. Mas no que e nos deci con es o que no se deban especi ica con cla i- dad los e dade os concep os de las cosas pa a que se puedan en ende y ap ecia bien; lo que censu amos es ese a án de que e enseña la conc e a de inición de una cosa, co no p eno ando indispensable pa a en a en la in es igación de su na- u aleza y el abuso que de las de iniciones se hace. Lo p ime o es el es udio; después de a e igua odas las elaciones y odas las cualidades de un obje o, puede de i- ni lo el que se encuen e con ue zas su i- cien es pa a ello, si es e obje o es suscep i- ble de de inición. Repi o que el concep o de la ciencia, aunque odos lo sen imos, no debemos p eocupa nos en de ini lo, po que, después de odo, z pa a qué hace al a? Lo dicho no empece pa a que podamos e lexiona sob e los elemen os que ca ac- - 53 - e izan á la ciencia y a e igua cuáles son los que siemp e le acompañan. Desde luego la e dad en gene al es el in de la Ciencia conside ada en abs ac o, así como al e dad ó el conjun o de ales e dades cons i uye el in de es a ó de aquella ciencia; és a es esis indiscu ible, y po an o aca ada y espe ada po odos. El medio cien í ico más adecuado pa a al- canza la e dad, o a en sen ido gené ico, o a en sen ido especí ico, es la abs acción que se consigue po ]a e lexión ayudada de una mane a e icaz po la gene alización ; el medio en gene al ca ac e iza, no sólo la na u aleza del in que se quie e ealiza , sino ambién la na u aleza del agen e que p e ende alcanza es e in. No sé si me ex - plico: no quie o deci que el medio debe se adecuado al in, sino que la clase del medio deno a la clase del in, co no la clase del agen e: si yo eo una escale a de mano jun o á la apia de un ja dín, deduzco del hecho de es a allí la escale a que ha ha- bido alguien que ha que ido pene a en él: el in que se p oponía el agen e (el homb e) es en a ; el medio adecuado, la escale a. Luego de la na u aleza del medie, a e iguo y deduzco la na u aleza del in y del agen e. Como consecuencia de lo dicho, puede ambién a i ma se que la pe ección del medio deno a ambién la pe ección del in y del agen e, . g ., un sé i acional nunca puede comp ende la e icacia del medio, ni la nobleza del in, como el homb e; y aun en e homb es, aquél es más dies o y compe en e en una cosa, en igualdad de ci cuns ancias, en cuan o con meno es- ue zo y más e icazmen e consigue su in; y aquel o icio se á, po consiguien e, más conside ado y hon oso que enga po ob- je o ma e ia más noble, y desde el ca ni- ce o y el zapa e o al somb e e o ó al sas- e, y de és os al ma molis a ó al joye o, que casi son a is as, hay muchos g ados- de di e encia; y siguiendo el azonamien o} y aplicándolo al o den mo al, emos que aquel que emplea siemp e medios le an- ados y nobles es de supone que busca ines ambién nobles y le an ados, y que Ja — él es un homb e de bien. (Sé que aquí se puede hace una objeción undada, y, po consiguien e, sos engo lo dicho sólo en e- gla gene al, admi iendo bas an es excep- ciones.) De odo es o se desp ende que pues o que el medio ca ac e iza al in (y el in á los medios), el mejo medio conducen e á la e dad es la abs acei(;)1, cualidad que sólo es a ibu o del sé acional y que cons i uye uno de sus dones más exce- len es. N . o hay que con undi el medio con el p ocedimien o, pues son cosas muy dis- in as. El p ocedimien o no ca ac e iza á nin- gún in exclusi o, pues odos sabemos que se puede alcanza es e in po muy di e - sos caminos (p ocedimien os), aunque sólo haya un medio pe ec amen e adecuado, y no ca ac e iza ampoco al medio, po que, siendo és e e icaz, puede, sin emba go, se - i se de és e ó de aquel p ocedimien o in- di e en emen e. Tenemos, pues, demos ado que el in - 56 — de la Ciencia ha sido siemp e la e dad, y el medio adecuado pa a alcanza la de una mane a cien í ica, la abs acción; és- anos aho a hace mención del e ce ele- men o necesa io pa a concebi el e da- de o concep o cien í ico, y es e elemen o es la azón humana conside ada como a- cul ad que e is e di e en es o mas, según la mane a como in e iene en el es udio y análisis cien í ico. No decimos ni una palab a pa a expli- ca el modo como la azón humana in e - iene en es os es udios y análisis cien í- icos, po que odo lo que de ella dijé amos esul a ían e dades de Pe og ullo. En cuan o al a e, sabido es ambién que el concep o gene al de conjun o de eglas pa a hace una cosa puede e e i se ambién á muchas indus ias que no me- ecen es e cali ica i o, en el sen ido igu- oso y es ic o en que noso os debe nos en ende lo. Hay quien pa a desa olla es e con- cep o pa e de la noción de ac i idad, conside ándola de dos mane as: en el su- - 57 - je o que iene la ac i idad, y en la ob a donde esa ac i idad se haya mani es ado, y así se de ine el a e, con elación al a - is a, «la ac i idad humana some ida á mé odo, plan ú sis ema, ú el pode y habi- lidad que iene el homb e de ob a sis e- má ica y o denadamen e pa a consegui su in»; conside ando el A e con elación la ob a como la as o mación ó modi- icación de la ma e ia, ealizada po el homb e con un in de e minado en i ud de su lib e ac i idad. El S . San ama ía del Pozo, ca ed á ico de la Uni e sidad de Valladolid, de quien o no es as de i- niciones, ci a al a a es as ma e ias un pá a o de Geo gias, de su ob a Elocuen- cia ó imp o isación, en con i mación de sus de iniciones. Dice asi Geo gias: «El a e supone que se ha omado una ma e ia con el obje o de desa olla la; made a, ela, pied a, palab as. El espí i u humano se apode a de ellas, se es ue za en puli las concen ando en ello oda su ac i idad. Lo que po de p on o no e a más que un obje o g ose o, se encuen a cambiado en --- ~ '. CAPÍTULO III. CONCEPTO ((NOVÍSIMO)) EXPERIMENTAL DEL ARTE Y DE LA CIENCIA. Al llama nue o ó no ísimo al concep o que del a e y de la Ciencia ienen los de- enso es de la e olución na u alis a, no p e endo a i ma que es e concep o sea el el imo, sob e odo en lo que á aquél se e ie e y señaladamen e á la no ela, pues no desconozco la pos e io endencia psi- cológica, la de la no ela no elesca y o as, en las cuales campea la in luencia espi i- ualis a co no sana eacción con a el ma- e ialismo b u al de muchas ob as na u- alis as; sólo p e endo hace esal a con es e i ulo la con aposición de ideas y p ocedimien os de es a escuela con la& 5 - 6 6 ideas y p ocedimien os de la clásica, con- aposición que poco aba j o nos ha de cos a demos a . Hemos is o en el ca p í ulo an e io que, como no puede menos de se , los clásicos señalan co no in úl imo de la Ciencia la e dad; los posi i is as mode - nos no pueden nega que, en e ec o, és a sea el in de la Ciencia; pe o ienen así como á me ma los p es igios de ella que iendo hace es e in ex ensi o al a e. No quie en p ecisamen e desnuda á un san o pa a es i á o o, sino es i á los dos con el opaje de uno solo. Los na u- alis as li e a os p e enden que sus ob as sean e dade os análisis sociológicos, y p e enden lle a su in luencia al e eno psíquico y isiológico con el in de in es- iga lo que el homb e es, sus icios, pa- siones, es ímulos, mó iles, e c., e c.; las causas que igen el des ino humano, las in luencias y agen es ex ínsecos que ob an sob e el indi iduo pa a o mula las le- yes que de e minan la mane a de ob a de cada cual; buscan el cómo se da la e - dad, y aun p e enden en ul e io es in es- igaciones llega al po qué y al conoci- mien o de la esencia de la e dad misma. La belleza, al y como ha sido conside- ada has a aho a, queda elegada á luga secunda io; pa a los inno ado es es un e- nómeno comple amen e ma e ial é inde- pendien e de la olun ad humana; su ca- ; bailo de ba alla es la e dad. ¿ Y dónde cabe más belleza que en la e dad?, di án ellos. Una de las bases en que se undan pa a llega á la e dad es la acep ación de hechos p obados. Todos los axiomas cien í icos, odas las e dades demos adas po el p ocedimien o expe imen al, son enidas muy en cuen a pa a el plan y desa ollo de sus no elas, son el pun o de pa ida sin el cual no dan un paso en el e eno i me que pisan sus pe sonajes. ¿ cómo se dis ingue al a - is a del sabio? ¿Dónde se mani ies a la in- uición a ís ica? Según ellos, en la exp esión pe sonal, en el sen ido de lo eal y en el es ilo. Cla o es que la exp esión pe sonal como - 68 mé i o indiscu ible de un au o , y aun condición sine qua non del genio, es á e- conocida po Li ios y oyanos, y los clá- sicos le dan oda la impo ancia que iene, sin p escindi de o as muchas condicio- nes que deben ado na al e dade o a - is a; pe o los na u alis as, en el me o he- cho de hace caso omiso de las condiciones p opiamen e espi i uales , hacen esal a más es a cualidad, que no niego depende ambién del espí i u, pe o que iene am- bién mucho de la pa e ne iosa, del em- pe amen o y de la is a del au o . Lo que aquí se me ocu e p egun a es lo si- guien e: la exp esión pe sonal ¿ debe en- ende se como el sello indeleble que ca ac- e iza la ob a de un au o , en cuan o á su mane a de concebi y exp esa la ealidad,. ó solamen e en la mane a de aduci la ealidad misma al y como se da en la na u- aleza ? Po que en el p ime caso no se puede nega que cabe el e o en la sus- ancia, es deci , en no pene a se bien de lo que son las cosas y pa a lo que si en, en no en ende bien aquello que es udia- — 69 — mos é in es igamos; al a de pene ación y e o que, aun cuando c eo que á un a - is a, de o a escuela debe impo á sele un a di e, pa a un na u alis a cons i uye la pé dida de su ca a de na u aleza, y dicho se es á que su ob a, en la cual la imagina- ción ó el alen o han suplido con lo ic icio lo e dade o, no cumple el in de se do- cumen o humano. Si se en iende po ex- p esión pe sonal lo segundo, aunque con- cedamos al a is a los mé i os su icien es pa a se iel in é p e e de la Na u aleza, sin qui a ni pone nada, sólo pod á mani es- a se dicha exp esión pe sonal en el de- alle, en la o ma; y sob e se muy di ícil encon a la, nunca pasa ía de los lími es en que puede ene la un buen o óg a o. Se ían más lógicos los na u alis as li- e a ios si se con en asen con es a segunda acepción; pe o, como a is as e dade os, los buenos no elis as no pueden nega lo que lle an den o, y no quie en enuncia á las ene gías a ís icas de su espí i u, y admi en la p ime a acepción como la e - dade a, sin impo a les mucho su inconse- 70 - cuencia con al de ene campo más ancho donde se ex ienda holgada su inspi ación. Que la exp esión pe sonal, la amen e en endida, qui a po sí y an e sí el ca ác- e de documen o humano á la ob a de un no elis a que enga es a exp esión, es pa a mí e iden e, y Zola lo con iesa implíci a- men e al elogia en Al onso Daude es a cualidad, y dice con espec o á él . «  En es a unión in ima, la ealidad de la escena y la pe sonalidad del no elis a ienen á se ya una misma cosa. ¿ Cuáles son los de alles absolu amen e e dade os, y cuáles los in en ados? Hé aquí lo que se ía muy di ícil de p ecisa .» Luego la exp esión pe sonal ¿pe mi e y ole a el in en a de- alles? pues no puede da se documen o humano. Y si es di ícil dis ingui lo e - dade o de lo in en ado, ¿cómo, al es udia con e en una no ela sociología ó an o- pología, nos amos á guia pa a no equi- oca nos? ¿Pe o es que el de alle no iene impo ancia? Pa a el a is a no le end á; pa a el sabio sí. Y no se diga que que e- mos aquila a demasiado las cosas. El p o- - 71 g ama de los na u alis as y lo que ellos p e enden nos obligan á ello. ¿En qué consis e el sen ido de lo eal? «En sen i la Na u aleza y exp esa la al cual es, dice Zola; así como se decía de un no elis a en o o iempo : iene imagina- ción, p e endo yo que hoy se diga: iene el sen ido de lo eal. El elogio se á mayo y más jus o po que es oda ía menos co- mún el don de e que el de c ea . El deci hoy de un no elis a: iene imaginación, puede conside a se co no una censu a.» ¡Qué mane a de o ce el signi icado de las palab as, y con qué obcecación y p e ensio- nes de no edad hablan los na u alis as! ¿Consis e acaso la imaginación, como ellos c een, en in en a embus es y cuen os, y, e is iéndolos de o mas in e osímiles, mos a los en lib os sa u ados de li ismo? ¿Es que sólo consis e la imaginación del no elis a no na u alis a en p esen a á sus pe sonajes como mons uos pa ecidos á aquel de que nos habla Ho acio en su Epís- ola ad Pisones? No iene la palab a «ima- ginación)) o a acepción más p opia y e - - 72 - dade a y más g ande cuando se la emplea en li e a u a ? ¿ Acaso no puede es a b i- llan e acul ad de odo genio se compa ible con el sen ido de lo eal ? ¿ O es que el sen- ido de lo eal es algo nue o, pa imonio exclusi o é in en o so p enden e de los expe i nen alis as? ¿ No poseían la imagi- nación en su g ado más po en e las g andes igu as li e a ias de Shakespea e y Ce an- es? ¿ Y en qué ob as li e a ias puede da se más pe ec o sen ido de lo eal que en Hamle y el Quijo e? Las exage aciones son siemp e pe nicio- sas, y nadie c ee en ellas, sob e odo si lo que se dice en eo ía se desmien e en la p ác ica; y pa a mí engo que, siendo 'Lola homb e de g an imaginación, se si e de ella cons an emen e, i é ndose á solas de su inconsecuencia. El es ilo, aunque á p ime a is a pa ece que debie a se indi e en e en su sencillez ó en su li ismo pa a nues o obje o, desde luego, y sin ol ida aquella céleb e máxima de que el es ilo es el homb e, pod íamos noso os deci que la idea debe hace el es- - 73 ilo, y una pe cepción sencilla y e iden e de suyo ha de mani es a se ambién po medio del lenguaje más sob io y escue o, pues o que así lo emplea la Ciencia. Ya econoce Zola que ellos, los na u alis as, ienen aún me ido en sus huesos el li is- mo y aun el oman icismo, y de ello se lamen a, pe o no se co ige. Si uesen ló- gicos esc ibi ían sus no elas al es ilo de la Casa de los Mue os y la No ela del P esidio, de Dos oyusky. Pe o no hay que eme que dejen los no elis as, aun- que se llamen na u alis as, de esc ibi como esc iben. P e ie en la con adicción, la pa adoja, á p i a se de elemen o an b illan e pa a un esc i o . ¡Qué mal esul a ían Nana, Jack, li a- dame Boba y y odas las g andes ob as na- u alis as esc i as con el lenguaje escue o de la Ciencia! An es de pasa á o o pun o, in e ésame mucho ae aquí á colación, á mane a de inciden e, aunque impo an ísimo pa a nues o obje o, la opinión de la ilus e es- c i o a Doña Emilia Pa do Bazán con - 80 — de a ni nada que se le pa ezca. La Me a- ísica y la Filoso ía son sueños de o as edades; po consiguien e, el silogismo y oda clase de discu so pu amen e acional se halla ya elegado al ol ido y desp e- ciado po los e dade os sabios. Cuando los hechos comp obados po la obse acion y la expe iencia puedan aduci se en conclusiones y ó mulas gene ales, en on- ces se á cuando la abs acción pod á auxi- lia algo á es as conclusiones y ó mulas po medio de leyes uni e sales. Realmen e es insigni ican e el papel que hacen desem- peña los na u alis as posi i is as á ele- men o an impo an e, an legí imo y eminen emen e acional. Muchos de ellos, los de pu a sang e, le niegan po comple o ca a de na u aleza en odo lo que á la ciencia posi i a debe e e i se. La An opología c iminal, que nos- o os conside amos como e dade a cien- cia acaso haciéndola inme ecido a o , pe o que aho a no hemos de ega eá selo, dicho se es á que en a en es os moldes gene ales. Su in abs ac o, alcanza la - 81 e dad. Su in conc e o, de e mina ca e- gó icamen e las causas impulso as de los deli os ejecu ados po homb es ano males; y su medio e icaz (que noso os llama ía- mos p ocedimien o) la obse ación y ex- pe iencia, po las cuales del es udio de los delincuen es, de sus condiciones psíquicas, isiológicas, y de la a e iguación de odas las ci cuns ancias que han concu ido en los deli os, dedúcense las leyes gene ales casi siemp e en o ma de es adís ica. 6 ^ CAPÍTULO IV. RELACIONES ENTRE LA ESCUELA ANTROPO- LÓGICO-POSITIVISTA Y LA NOVELA NATU- RALISTA: PROCEDIMIENTOS. Cúmplenos aquí hace no a que en la es e a cien í ica y a ís ica la nue a co- ien e ha eje cido su in luencia, pe o se- ia!adamen e demos a cómo en algunas amas de la Ciencia y en algunas mani- es aciones del a e coinciden casi po co.nple o sus p ocedimien os y esul a- do. Ob io pa ece lo p ime o, y pa a no incu i en epe iciones sólo di emos que no solamen e la Química y la Física, y o as ciencias e e en es á los cue pos inanima- dos, han ecibido bene iciosos esul ados de es as ideas (po más que, na u almen e, - 84 — inie an empleando el mé odo expe imen- al en sus obse aciones ) , cosa no de ex- aña dacio el ca ác e , p ocedimien os y ines de es as ciencias, sino que ambién al- uunas, como la Medicina, á la cual, dicho sea de paso, dió Vi chow con su pa olo- gía celula sólido undamen o, han eci- bido con u o sus bienecho as enseñan- zas. Pe o sin insis i sob e es e pa icula , con en émonos aquí con es ablece que una e olución p epa ada, más en el e- eno cien í ico que en o o alguno, no es de ex aña llegase á eje ce sob e él su más di ec a acción. Y cons e que al a i - ma es o no nos con adecimos con lo expues o an es, al sos ene que en la e- 14, ión había hecho más ápidos p og esos la nue a endencia, pues una cosa es que se iniciase y aun se desa ollase más en el e eno cien í ico, y o a cosa muy dis in a es que cundie a y lle ase sus consecuen- cias al e eno eligioso; pues en endemos que la eligión es casi exclusi o a ibu o del sen imien o, donde pene an más en lo i o, donde hie en mejo y más p o un,1 - 85 - damen e la ib a ne iosa es as ideas, y, po lo an o, donde se mani ies an an es sus e ec os, aducidos o a en p o es a ené gica, o a en mansa sumisión ; mien- as que en la es e a de la Ciencia el en en- dimien o del homb e iene que examina , iene que compa a , asen i ó echaza , y á eces expu ga , lo cie o de lo e óneo, lo e osímil de lo absu do, lo hipo é ico de lo demos ado ; labo a igosísima que equie e mucho iempo y mucho es udio. En el homb e eligioso, pene a y ob a oda idea nue a po imp esión; en el hom- b e cien í ico, po el es udio e lexi o. La e es cosa del co azón; el es udio, de la in- eligencia; po eso, aunque a díamen e ayan elabo ando y nu iendo á las nue- - as ciencias las e dades más ó menos de- mos adas del posi i ismo, no po ello dejan de a anza , aunque con paso len o. La Ciencia debe ecomenda siemp e á sus cul i ado es el paso de o uga: la apidez del cohe e quédese pa a el que i e y se sus en a de la inspi ación. Exis e, desde cie o pun o de is a, la ,  • I - 86 — coincidencia en e la es e a cien í ica y la. a ís ica, y señaladamen e y en pa icu- la la de la nue a escuela c iminológico- posi i a con el na u alismo li e a io, que es la que aquí nos in e esa analiza . Al que desde luego no es é en au os, ex- aña á la enunciación de es a idea ; pe o cuando se le demues e que la analogía obedece, no sólo á la iden i icación de ines que se asignan á la Ciencia y al a e, cual es el de la e dad, sino ambién á los me- dios y mé odos empleados pa a alcanza es os ines, ácilmen e lo comp ende á. Apa e de se hijas del mismo pad e la. escuela an opológica c iminal y la na u- alis a li e a ia, azón pode osísima de se- mejanza y pa ecido en e ellas, exis en o os mo i os pa a abona es a coinciden- cia: en e es os mo i os es uno el concebi los na u alis as li e a ios á los pe sonajes de sus ob as como o ganismos na u ales in luídos po las a ales leyes del de e mi- nismo, de la he encia y del medio , mien- as que los an opólogos, pa iendo de la idea de que el deli o es un hecho na u al, 87 — en al delincuen e á a és del p isma de dichos a alismos. La iden idad en es e pun o no puede se más comple a. Y dicho es o, ácilmen e se deduce que en esumen ambas escuelas e san sob e el mismo ob- je o, sob e el homb e ; pe o no sob e el homb e así como se quie a (pues muchas ciencias hay e e en es á él que poco ie- nen que e aquí ), sino sob e cie a ama de la pa e psico- isiológica del sé huma- no, que es p ecisamen e la más delicada pa a su es udio, po en a en ella elemen- os mo ales y ísicos de di e sa na u aleza. ¿Cómo p e ende es udia la escuela na u alis a li e a ia á sus pe sonajes? No c eo que sea hace ningún dis a o ( sus de enso es el deci que analizan al sé hu- mano en odos sus hechos y ob as, sin pa a mien es en lo epulsi o, g ose o y soez de sus ac os; an es bien ec eán- dose en pin a las escenas de impudo , de canallescas acciones y de i upe ables c í- menes con los colo es más icos de su pale a. ¿Cómo concibe la escuela an opológica - 88 c iminal al delincuen e? Como un sé ano mal que ejecu a el deli o como hecho na u al; y siendo así, no ienen o o eme- dio que pene a en las causas que p odu- cen es os deli os, di igiendo su is a al análisis de las mayo es llagas sociales y de los homb es más co ompidos, donde po- d án encon a las causas de delincuencia. Hé aquí un pun o indiscu ible de coin- cidencia de las dos escuelas. Ambas es u- dian al homb e ano mal, al icioso, al e- bajado po el c imen. ¡Pe o con qué di e so ca ác e lle an á cabo sus in es igaciones! El in que p e enden los no elis as (pues á los no- elis as hemos de e e i nos), dicen ellos que es el conocimien o y demos ación de la e dad; ¡pe o quién les me e á ellos á sabios! ¿No esul a á siemp e que, aun- que se empeñen en da uelos de águila á sus ob as, el que coja en sus manos una no ela, aunque en ella econozca e dad indiscu ible y g andes mé i os de obse - ación y aun de expe iencia, ab i á el li- b o con obje o de pasa un a o ag adable, - 89 y nunca con el in de es udia Medicina, Psicología ó Fisiología? El an opólogo c iminalis a, po el con- a io, en uso de su pe ec ísimo de echo de in es igado e dad, puede y debe lle- ga con su bis u í á examina las causas más hondas de la delincuencia, y á bus- ca las aun en el a oyo y en el lupana , po que en ello lle a un in noble y u ilí- simo. Desde es e pun o de is a no se puede menos de econoce que los no e- lis as p e enden me e se en camisa de once a as, mien as que los an opólogos es- án en su e eno. Hay o a azón pode osa pa a los que á las cues iones de la e dade a mo al damos mucha impo ancia, y es que desde es e espec o es muy dis in o ambién el ca ác e con que el no elis a pene a en los luga es inmundos y nos e a a su pod edumb e, del ca ác e con que lo hace el homb e an opólogo. El no elis a lo hace po , yun o, y es, po consiguien e, pa a noso os e dade o esponsable de odas las consecuencias. - J6 dos los a ec os y odos los sen imien os. Tienen los an opólogos sólo un pun o de mi a, y aun así ye an an o sus i os; con- que ¡qué les sucede á á los li e a os, que, á más de ene muchos, no han ap endido á apun a al blanco en ninguna escuela de i o ! Dice Lomb oso que con una la ga p ác- ica de muchos milla es de locos no es á u seu o de habe obse ado más de una do- n cena: ¡ conque que nos engan los no elis- as con cuen os! Y no se aya á c ee que desconoce nos el en usiasmo con que sus p incipales campeones lle an la exac i ud de sus obse aciones has a el pun o de Flaube , que pa a esc ibi diez páginas, el- episodio de una no ela donde saque á escena pe sonajes que se ocupen de ag i- cul u a, no e ocede á, según cuen a Zola, an e el abu imien o de lee ein e ó ein a omos que a en de es a ma e ia; ni desconoce nos que el mismo au o , pa a esc ibi el p ime capí ulo de la Educación sen imen al, que iene po cuad o el iaje - de un ba co de apo emon ando el Sena - 97 — desde Pa ís á Mon e eau, siguió en coche odo á lo la go del ío el ayec o; ni ol- idamos las moles ias que pasó Emilio Zola en el me cado, omando no as pa a esc i- bi el Vien e de Pa ís, ni dejamos de e ija nos en aquel pá a o de la Cues ión palpi an e, de nues a eximia esc i o a se- ño a Pa do Bazán, en que, hablándonos de los p ocedimien os ealis as de Daude pa a compone é idea , dice la eminen e au o a de Mo i ia: An es de acos a se apun a minuciosamen e los sucesos y pa - icula idades que no ó du an e el día (á imi ación de Dickens, con el cual iene muchos pun os de con ac o), y bien se puede asegu a que no hay po meno , ca- ác e ni acon ecimien o en sus no elas que no es é sacado de esos cuade nos ó del ico eso o de su memo ia. Zola dice ace - adamen e que Daude ca ece de imagina- ción en el sen ido que solemos da á es e ocablo, pues nada in en a y solamen e escoge, combina, dispone los ma e iales que de la e dad omó.» ¿Pe o qué de- mues an odos es os hechos y p ocedi- 7 - 98 — mien os de Flaube , Gola, Daude y o os? Que sob e que los ales no elis as se ijan más en el ma co que en el lienzo, es- udian p incipalmen e al homb e en su mane a de ob a en los e ec os de su em- pe amen o, ca ác e ó mane a de se ; se ijan más en el cómo po que no pueden deja de se a is as, mien as que los an- opólogos, sin desp ecia es o, an es, al con a io, dándole oda la impo ancia que iene, se ijan más en el homb e que en lo que le odea, se conc e an más á las cau- sas que á los e ec os, se e ie en más al po - quc" po la azón de se más cien í icos. Es o es odo. No ol idemos lo dicho aquí, que luego hab á que eco da lo pa a saca ul e io es consecuencias. 1 e l CAPÍTULO V. MÉTODO CIENTÍFICO EXPERIMENTAL: GENERALIDADES. Fe i a i ma en uno de sus p ime os abajos la necesidad de aplica el mé odo posi i o expe imen al á la ciencia c imi- nal, idea que se agi a ambién en los es u- dios de Lomb oso y en los de odos los an opólogos mode nos. Pe o ija é mi a ención en las palab as del p o eso de Siena, no sólo po que en su ob a los Nue os ho izon es del De echo y p ocedimien o penal expone con mucha cla idad la p e ensión de los mode nos c i- minalis as, sino po que le c eo, en e o- dos sus secuaces, el más ilóso o, y po ende el más azonable. Admí ase él, en loo — es a ob a maes a del posi i ismo c imina- lis a, de que el mé odo expe imen al, na- cido en I alia con el Renacimien o po ob a de Galileo, ue a aplicado sin nin- guna descon ianza á las ciencias ísico-na- u ales, y, sin emba go, p odujese an os ecelos y oposición al que e le aplica á las ciencias mo ales y sociales ; y asóm- b ase po que c eyendo, como c ee, que odas las ciencias ienen una misma esen- cia y un obje o idén ico, «el es udio de la Na u aleza y el descub imien o de sus le- yes en bene icio de la humanidad», ha- biendo p oducido excelen es esul ados en unas, debe p oduci los en o as. A poco que se medi en es as palab as de Fe i, se obse a á que pa en de un p incipio com- ple amen e also, cual es el supone que odas las ciencias ienen una misma esen- cia y un obje o idén ico. ¿Qué se en iende po esencia de una cosa? Yo ap endí, cuan- do es udiaba Me a ísica, que la esencia es- la eunión de no as ca ac e ís icas y p o- pias de un sé ; y, según es e concep o, cla o es que cada ama del sabe iene sus no as — 101 — p opias, y no comunes á las o as, y que son p ecisamen e las que cons i uyen su pe - sonalidad. Nadie c ee que la esencia de la Psicolo- gía sea la misma que la esencia del Álge- b a; y en cuan o á la iden idad de obje o esal a mucho más el e o , y no he de ha- ce hincapié en él. A los que hemos ap en- dido la di isión de odos los se es en es es e as, e e en es á, Dios, al inundo y al homb e, iene que pa ece g a ui a es a a i mación. Desde luego noso os econo- cemos en Dios su exis encia, su omnipo- encia y odas las cualidades del Sé abso- lu o, y del au o , c eado y dueño de odas las cosas; y como le econocemos su pe - es . onalidad augus a, enemos que sepa a odo el es udio que á él se e ie e del que se aplica al o den c eado, y señala á las ciencias que del Sé Sup emo se ocupan, la Teología, en cuan o á la e dad e elada, y la Teodicea en cuan o al conocimien o de Dios po ]a luz de la azón, una es e a comple amen e dis in a de las demás cien- cias. - 102 Pe o como pa a los posi i is as, á ue de ma e ialis as, no exis e ninguna causa sup asensible, y odo el o den excelen e del mundo obedece á leyes na u ales, de aquí que no econozcan más causa de las cosas que las ene gías y ue zas de la diosa Na u aleza. Lo que ienen de común odas las cien- cias hun?anas no es su esencia y su obje o, sino su in úl imo ( e dad en abs ac o), como ya queda dicho, y en es e sen ido es en el que odas ienden al descub imien o de las leyes de la Na u aleza conside ada en gene al; aho a bien, las que ienen po obje o el es udio de es a Na u aleza de una mane a di ec a y conc e a, son las p opia- men e na u ales. La e u ación de es a. opinión de Fe i es esencialísima pa a nues o obje o, pues de a i ma que odas. las ciencias ienen la misma esencia y ob- je o se deduce lógicamen e que odas han de segui el mismo mé odo en sus in es i- gaciones y demos aciones, y en consecuen- cia, que siendo el mé odo expe imen al el más exac o, es ambién el más p opio. Bú - a e a - 103 — lanse es os seño es de los me a ísicos, acha- cándoles el que de una p emisa mayo , de la enunciación de una idea, deduzcan luego, en e iginosa ma cha lógica, una se ie de consecuencias undadas y de i adas odas de aquella p emisa ó de aquella idea; pe o ol idan que ellos hacen poco más ó menos lo mismo al deduci de un hecho expe i- men al odos los esul ados que de él de- penden, cosa na u alísima y, al in y al cabo , lógica y aun silogís ica, pues la esencia del silogismo no consis e pu a- men e en su o ma, an eponiendo la mayo á la meno , e c., sino en el azonamien o que se de i a de una p opo ción es able- cida, sea una e dad abs ac a ó un hecho expe imen al, y po el cual azonamien o se a i ma o a e dad ú o o hecho. Del examen de muchos homicidas a eos y c e- yen es ha deducido Fe i que el núme o de es os úl imos es muy c ecido, y, po consiguien e, ha es ablecido la p oposición de que exis e el sen imien o eligioso en muchos homicidas. Es a consecuencia es el esul ado de un silogismo. - 1 04 Pe o es udiemos lo que más nos in e- esa. ¿ Cómo puede c ee se en se io que las ciencias mo ales deben segui en sus in es igaciones el mismo mé odo que las ísicas ó na u ales? Fijémonos en una de las p ime as, la É ica, y en una de las se- gundas, la Química. Acaso di án los posi i is as que la É ica no iene ealidad p1c ica, que huele á Me a ísica, que no es ciencia; pe o á eso yo les con es a é que ambién la Cosmolo- gía, á que an a a ición ienen los de su escuela, no es ni más ni menos que una pa e undamen al de la Filoso ía, y, po consiguien e, he mana de la On ología, y que en úl imo emedio puede se muy ilosó ica y muy me a ísica, y se una e - dade a ciencia. Y es de no a aquí que en ocasiones no dis inguen bien, ó po lo me- nos con unden en sus ob as los posi i is- as el obje o y na u aleza de la É ica con la na u aleza y obje o de la Psicología, y que á es a ciencia la en ienden de muy di- e sa mane a de como la en endemos noso os, y es o se explica desde el mo- - 105 — men o en que el espí i u, el alma, en que noso os c eemos undamen o y p incipio de la Psicología, no exis e pa a ellos, que en ienden po al ciencia la que a a de esa pa e mo al del homb e que no se sabe á pun o ijo si es pe eeeh;n de la ma e ia ó lo que es  la psiquis  ; ¡ nunca han conc e ado bien su pensa- mien o! C eamos po un momen o en la Psico- logía al y como ellos la conciben, y no pe damos de is a la na u aleza de la Química. ¿ Cómo se demues a que el azu- e, el sali e y el ca bón se aducen en pól o a mezclados en las debidas p opo - ciones? Pues echando es as sus ancias en una e o a ad hoc  ; la p ueba no puede se más cla a, ni más e iden e, ni más eeP- pe imen q l; aunque igno emos la causa, conocemos el e ec o, po que, en igualdad de ci cuns ancias, siemp e se da és e de mane a uni o me. La a alidad es ley in- eludible en ]as combinaciones pu amen e ma e iales. Pe o ¿cómo se a á a e igua , sjlo po us as ie - 112 leyes gene ales que la igen, pues ellas ayuda án mucho al mé odo expe imen al. Desde luego acep o es e mé odo en la ciencia médica; pe o c eo que en alguna de sus pa es, . g ., en la que se e ie e á las en e medades men ales, deben anda los expe imen ado es con mucho ien o, y debe da se oda la impo ancia que iene en ellos el elemen o psíquico: nadie des- conoce, en e ec o, que, como dice Caspe , es más ecuen e halla la causa de la ena- jenación en las unciones men ales que en las co po ales; y la pasión, en sus di e sas mani es aciones de amo desmesu ado, la nos algia inconsolable, la inquie a a a i- cia, la insaciable pasión del juego, la a- nidad y la a uidad que con nada se sa is- a,cen, e c., e c., conducen po lo egula , á, los indi iduos que es án a o men ados po ellas, á la clemencia. CAPÍTULO VI. EL M! TODO EXPERIMENTAn EN LA. ANTRO- , POLOGÍA CRIMINAL y EN LA - NOVELA NA- TURALLSTA. Así como Lomb oso, Fe i, e c., empé ñanse en censu a el '.1 ) 1 i budismo que bas a ellos ha impe ado en la ciencia de los deli os y de las penas, así Zola p o- es a ené gicamen e con a odos los Idea- lis as on 4 o eco,s . , á muchos de los cuales, como á Jo ge Sand, echa en ca a el que, pues o delan e del papel, empuñe lag péñola y no cese de esc ibi in en ando embus es has a e mina una no ela. En Medicina ya hemos dicho que nos pa ece con enien e el empleo del mé odo expe imen al (que epi o no es exclusi o - 114 de los posi i is as), po c ee le el más ade- cuado en muchos casos, no en odos. En la ciencia penal le echaza nos con g an ene gía como mé odo exclusi o y p inci- pal, pe o sin nega que en la An opología c iminal es e icaz, y no abusando de él puede da p o echosos esul ados. En cuan o á la ida del a e, le negamos po comple o la belige ancia en el sen ido en que lo quie e emplea Zola y los deillás eo izan es del na u alismo. Al deci Fe i que el De echo c iminal ha consis ido has a aho a solamen e en el es udio de los deli os como en es abs ac- os, no oma en cuen a el que en odos 6 casi odos los códigos del mundo exis en especi icadas mu chas ci cuns ancias exi- men es , a enuan es y ag a an es que de- penden exclusi amen e de la na u aleza y es ado psíquico y aun o gánico del indi- iduo. Cie o es que algunas de es as ci cuns- ancias no es án bien de e minadas, que no se hallan en los códigos odas las que de- be ían es a incluidas en ellos, que á o as hil - 115 de las ya es ablecidas se las da poca im- po ancia, e c., e c.; pe o, sin emba go, la exis encia de es as ci cuns ancias p ueba que el legislado no ha sido sólo nosolo- gis a, sino que ha enido en cuen a el ca ác- e ó es ado del indi iduo. ¿ Que es o es poco ? ¿ Que se debe es udia más de eni- damen e al delincuen e? Me pa ece muy bien. Po eso c eo que los mode nos an o- pólogos que p e enden hace lo son dignos (desde es e pun o de is a) de la a ención y espe o de odos los homb es impa cia- les que al De echo penal dedican su ac i- idad. Aho a bien: ¿cómo se quie e aplica el mé odo expe imen al á la ciencia penal y -á la li e a u a? Haciendo una compa ación con la Medicina y a i mando que si en es a ciencia iene aplicación al mé odo, debe ene lo ambién en la ciencia penal y en el a e. Ya hemos dado la azón de po qué -es a compa ación no puede hace se; diga- mos aho a algo ace ca de la mane a de en ende al delincuen e los an opólo- - 116 — gos posi i is as, y espec o al concep o de la no ela expe imen al según Zola. Pa iendo con Ga o alo de la noción sociológica del deli o, que de ine como io- lación de los sen imien os al uis as en la medida media en que los posee odo un pueblo, y dando po sen ado que el deli o es un hecho nabl id , se deduce que el de- lincuen e 6 au o del hecho na u al ha de se un indi iduo que, aunque con ela- ción á la sociedad no sea un miemb o adap able, pues ndposee el ni el medio de los sen imien os de piedad y p obidad, con elación á si mismo ejecu a el ac o da iino con ins in o an lógico y consecuen e, da- das sus ci cuns ancias o gánicas, como el homb e i uoso da una limosna 6 asis e á un des alido. ¿Cómo ha de es udia , pues, la An o-. pología c iminal al delincuen e? Como á homb e que inconscien emen e ob a á im- pulsos de los gé menes noci os que lle a den o de su sé , y que p on o se mani es- a án si es án a aigados desde la cuna, aunque odos los medios posibles se opon- - 117 - gan á su paso, llegando á se el e dade o degene ado el delincuen e n q (); en la oca- ,s1'(;n p opicia pa a que es os gé menes es- allen con la ue za expansi a nacida de la concen ación la ga, ó en el uego de ena - decida i ymi jn, de la obcecación p oducida po ac os ó ci cuns ancias que le imp e- sionen di ec amen e. En endiendo así al delincuen e, es cie o que el mé odo expe imen al puede se e i- cacísimo en la An opología c iminal. Así como los an opólogos en en el delincuen e un en e mo, así los na u alis- as li e a ios en en cada no elis a un médico, y odo es o po a án de decla a se legí imos he ede os de Claudio Be na d. El ilus e médico explica, en su á l'é, uile de lo iné lecine expé i- men ale, la aplicación del mé odo expe i- men al á la Medicina, y de es e lib o saca, no sólo Lomb oso, sino ambién Emilio Zula, las conclusiones ela i as á la apli- cación de es e mé odo á sus di e sos es u- dios, has a el pun o de deci el mismo /ola que pa a sos ene y de ende el mé- - 118 — odo dicho en su aplicación á la no ela,. sólo end á que hace un abajo de ajus e,. y que las más de las eces le bas a á sus- i ui la palab a médico con la palab a. no elis a pa a acla a su pensamien o y da le la se e idad de un p incipio cien í- ico. Sigamos el azonamien o del au o de Los Rougon, calcado en las palab as de Be na d: «La espon aneidad de los cue pos i ien es no se opone al empleo de la expe imen ación. La di e encia nace únicamen e de que los cue pos inanima- dos se encuen an en un medio ex e io y común, mien as que los elemen os de los o ganismos in e io es es án en un medio in e io y pe eccionado , pe o do- ados de p opiedades psíquico-químicas cons an es como el medio ex e io . Desde es e momen o hay un de e minismo abso- lu o en las condiciones de exis encia de los. enómenos na u ales, an o pa a, los cue - pos i ien es como pa a los cue pos in- animados.» Ya habla emos de es e de e minismo, y de la mane a como lo en ienden Zola, y - 119 Claudio Be na d, al a a es a cues ión en el capí ulo siguien e; pe o po aho a ha- gamos cons a que es o no es más que a i - ma g a ui amen e sin p ueba de ningún géne o. Sigue Zola diciendo en la p ime a pa e de su ob a ((que la única di e encia que hay es que el o ganismo de los se es i os hay que en ende lo como un con- jun o a mónico de enómenos». P ecisa- men e po eso (apa e de que en ellos no se puede es udia el enómeno sin e e i lo al noúmeno, el e ec o á la causa), po que en los o ganismos i os se da el conjun o a mónico de enómenos, es po lo que se hace di icilísima é imposible la aplicación del mé odo expe imen al en ellos; hay al complicación en ese conjun o, que se es- capan dichos enómenos á la is a po sagaz que sea el expe imen ado . Después de hace la exposición de las p incipales conclusiones de Claudio Be - na d, p egún ase Zola: ((En Li e a u a, que has a aho a pa ece no habe se empleado más que la obse a- ción, ¿ es posible la expe imen ación?» Pa a - 120 - .sp(Inde a i nia i amen e, dice que sólo necesi a de los siguien es ozos de Claudio Be na d: 4( El obse ado es udia pu a y simplemen e los enómenos que se le p e- sen :E ,  Es el o óg a o de los hechos; su obse ación debe ep esen a exac a- men e la Na u aleza  Escucha la Na u- aleza, esc ibe lo que és a le dic a. Pe o nna ez comp obado el hecho, obse ado el en ó meno, acude la idea, in e iene el _ aciocinio apa ece el expe imen ado pa a in e p e a el enómeno, e c., e c  Pues bien; ol iendo á la no ela (dice Zola po su cuen a), emos ambién que el no elis a lo cons i uyen un obse ado y un expe imen ado . El obse ado de los hechos, al y como los ha obse ado, coloca el pun o de pa ida, es ablece el e eno salido sob e el cual an á camina los pe sonajes y se desa olla án los enó- menos; después apa ece el expe imen a- do é ins i u y e la expe iencia, hace mo e los pe sonajes en una his o ia pa icula pa a demos a que la sucesión de los he- chos se á al como lo exija el de e minis- - 121 -- a o de los enómenos que se es udian. Cualquie a que de buena e é impa cial- men e lea es os pá a os de la A o ela uTe i2nen al, se queda á sin sabe una pa- lab a de las azones que abonan es as eb ías; lo que debía Emilio Zola, es demos- a e(Sino ida d(' la in eligencia y del sen imien o .s'!J puede aplica el mé odo e, pe ime:Ja,',. odo lo demás huelga po comple o. ((To al, oda la ope ación consis e en loma los hechos de la Na u aleza, después de es udia su mecanismo, ob ando sob e ellos po las modi icaciones de las ci cuns- ancias y de los medios, sin sepa a se ja- más de las leyes de la Na u aleza.» No es nada lo del ojo ! Se hab á que- dado Zola an esco después de habe es- c i o es e pá a o! ¿ Le pa ece á acilísimo cosa de poca mon a lle a á la p ác ica lo que indica? P ime o, oma los hechos de la Na u a- leza; despus es udia su mecanismo (es o, sob e odo, cualquie a lo hace, po que, en_ esumen, el mecanismo de los hechos de la - I 28 E iden emen e no (dice Zola).«Cnai.do e 'laya p obado que el cue po del lo o- e es una, máquina, de la cual pueda a - ma se y desa ma se el odaje á cap icho del expe imen ado , hab á, que a a de los ac os in elec uales y sen imen ales del homb e  ; y pues o que sabios como Claudio Be na d demues an aho a que hay leyes ijas que igen el cue po humano, puede anuncia se, sin emo de se ewYa- i)ado, la ho a en que las leyes del pensa mien o y de la pasión se o mulen á su ez. »Un mismo de e minismo debe egi la pied a del camino y al ce eb o del hom- b e  Debemos los no elis as ope a so- b e los ca ac e es, sob e las acciones, so- b e los hechos humanos y sociales, como ope an el químico y el ísico sob e los cue pos b u os, como el isiologis a ope a sob e los cue pos i ien es. Todo lo do- mina el de e minismo.» Luego habla de la he encia y del medio, y lamén ase de que la no ela expe imen- al no es é ai' n más que dando sus p i- me os pasos. - 129 - En el pá a o e ce o desa olla la idea de Claudio Be na d, de que el in del mé odo expe imen al en Fisiología y en Medicina es es udia los enómenos pa a hace se dueño de ellos. Y dice que no hay in más noble, más al o, ni mayo . «Que el sueño del isiologis a y del médico ex- pe imen ado es ambién el del no elis a que aplica el es udio na u al y social del homb e al mé odo expe imen al  Somos, en una palab a, mo alis as expe imen a-, do es, y enseñamos po la expe iencia cómo se mue e una pasión en un medio social. El día que engamos el mecanismo de esa pasión se la pod á educi , ó al menos hace la ino ensi a  Yo no sé que haya abajo más noble ni de más as a aplicación. Se dueño del bien y del mal, egula la ida, egula la sociedad, esol- e á la la ga odos los p oblemas del socialismo, p es a sólidas bases á la jus- icia esol iendo po la expe iencia las cues iones de c iminalidad, ¿no es eso se los ob e os más ú iles y m:Is mo ales del abajo humano?» - 130 - No me de engo á hace conside aciones sob e es as palab as, pues, á más de c ee - las acías de sen ido, epi o que no son p uebas, y sólo las ci o aquí con obje o de demos a que en Zola, y en casi odos los de su clase, aquella máxima la ina de _Ad a i mandum, ad p obandum es á llamada á desapa ece . T a a después de sacudi se el dic ado de a alis a con que, con azón, le han apelli- dado; pe o de es o habla emos más a de. Se p egun a luego: «¿ Po qué la Li e a- u a no había de llega á se ciencia con ayuda del iné odo expe imen al ? Nues o e eno, como el del médico, es el cue po del homb e en sus enómenos ce eb ales y sensi i os, en su es ado sano y en su es- ado mó bido»; y e mina p oclamando á la no ela co no in es igación gene al so- b e la Na u aleza y el homb e. No oy aquí á hace me eco de la se e a c í ica li e a ia que han enido es as con- clusiones de Zola; aun en nues a pa ia han enido impugnado es b illan es; sólo quisie a hace no a que el sueño de Zola - 131 de ele a la Li e a u a á la ca ego ía de ciencia es una u opía á que a o unada- men e no quie e llega él mismo, pues cuando ol ida su eo ía y esc ibe una no ela sabido es que echa po ie a odo lo an e io men e es ablecido, y sin duda po aquello de que una cosa es p edica y o a da igo " , cual o o Dide o , iene una eo ía y o a p ác ica. • nn ,  n S-• i  : CAPÍTULO VII. EL DETERMINISMO. El de e minismo es un ac o muy im- po an e en las eo ías in o madas po las nue as co ien es. No sólo se p e ende e e i á él la azón, la causa de los enómenos ma e iales, sino que ambién quie en los na u alis as de- mos a su plena in luencia en los enó- menos que pudié amos llama mo ales. Hay que ija , pues, en es e concep o del de e minismo nues a a ención, pues es un pun o de pa ida muy impo an e, y sin el cual odas las leyes del posi i ismo se e- ían sin undamen o. Desde luego hemos de hace no a que muchos de enso es del de e minismo se MEME MISINE1~~1.  _ - 134 - empeñan, /ola: en e ellos, en hace una dis inción que c een capi al en e (l y el a alismo. Pe o uno y o o concep o ienen al se- mejanza, (lile bien puede a i ma se que una misma es su azón y una misma su causa. En p ime luga , hay que ad e i que el undamen o de ambos no se halla en e- sul ados ob enidos po el p og eso de las ciencias na u ales, como algunos p e en- den, sino en la iloso ía. Es co ien e la idea del a alismo en e aquellos ilóso os ma e- ialis as de la an igüedad de que hablába- mos en el p ime capí ulo; lo que hay es que es a idea ilosó ica ha sido desa ollada y adop ada po los na u alis as como con- dición sine qua non de sus leyes en las di- e sas mani es aciones de la Ciencia y del a e. Y eniendo el de e minismo su aíz en el a alismo y es ando iden i icado con él, dicho se es á que end á que opeza con muchas di icul ades aquel que p e enda es ablece en e ambos una e dade a dis- inción eal. Po de p on o, es indudable - 1:15 - que odos los a alis as son necesa iamen e de e minis as; de los p opiamen e de e - minis as la mayo pa e econocen ambién sin discusión el p incipio del a alismo, de los que p e enden hace la dis inción la hacen siemp e de una mane a o mal, pues en la ealidad no hay alen o humano que con un dis ingo pueda sepa a lo inse- pa able. Los an opólogos posi i is as niegan desde luego la libe ad humana, y. po consiguien e, las ideas de esponsabilidad é impu abilidad al y como se han en endido has a aho a, y undan odo el mo i o de la pena (no es palab a que les sa is ace) pu a y simplemen e en la de ensa social. Niegan la libe ad humana con los mis- mos a gumen os que odos los a alis as de an año, y pa a ello se apoyan en que la conciencia que ene nos de que e una cosa más bien que o a es una e dade a ilusión de i ada del desconocimien o de los p e- ceden es inmedia os; en que en la compleja g adación ascenden e de la o ma animal más elemen al, has a el ex emo supe io de una acción humana, la in e ención en el solo mundo humano de una po encia de libe ad mo al, se ía una excepción mi- lag osa; en la so ís ica ley de la conse a- ción de la ene gía, que no he de explica aquí, y en el amoso a gumen o Aquiles (según ellos) mejo p esen ado po Leib- niz que po ninguno de los mode nos sa- bios, que se educe á a i ma que nues a olun ad es siemp e de e minada é insensi- blemen e a eba ada po la mayo bondad del obje o, de o ma que de dos ó más ob- je os que la solici en, aquel se lle a á in- aliblemen e la, ic o ia que le p esen e un bien mayo ; y no siendo sino uno el que la mue a, és e la a as a á hacia sí nece- sa iamen e. Añaden á es as gas adas alegaciones o as de i adas de los ecien es es udios de Ribo e e en es á la psico-pa ología., en los cuales pa ece que c een encon a o i- ginalidad, siendo así que la ex inción ó pe e sión de la in eligencia, de la memo- ia ó de la olun ad es un hecho plena- men e comp obado en algunos casos, desde - 137 - que exis en desmemo iados, on os 6 anó- malos en cuan o á las unciones psíquicas. Cla o es que no he de me e me aho a á e u a es os a gumen os, ni á hace dis- inciones que los posi i is as no hacen, ni á explica la di e encia capi al que exis e en e la libe ad de que e y la de ob a , ni á hace hincapié en e la de con adic- ción, especi icación y con a iedad , ni si- quie a á enume a b e emen e las azones e e nas, po no habe sido nunca eba idas, que abonan la exis encia del lib e albed ío en el homb e, undadas unas en el es i- monio de la conciencia psicológica ; o as en la na u aleza misma de la olun ad, y o as en el consen imien o unánime de los homb es; pe o sí he de a e e me á de- ci que indudablemen e los posi i is as en De echo penal, an e la is a de esos espec- áculos ho endos de c ímenes, en p esen- cia de se es pa a quienes cualquie idea noble se les an oja indi e en e, delan e de homb es abyec os y soeces has a donde no es posible que, aun en sue ios, pene e la imaginación del 'lumb e hon ado, es lógico - 144 -- con a io sólo ha án una pue il dis inción sin sólido undamen o ilosó ico ni cien- í ico. Dicen los esc i o es ci ados que el a- alismo supone la mani es ación necesa ia de un enómeno independien e de sus con- diciones, mien as que el de e minismo es la condición necesa ia de un enómeno cuya mani es ación no es o zada. 0 yo no en iendo es o, ó es un solemne dispa a e; po que ¿ cómo se a á da un enómeno independien emen e de sus condiciones? ¿ Qué es p ecisamen e lo que ca ac e iza á un enómeno, lo que le dis ingue de los demás, sino sus condiciones p opias y pe- culia es? ¿ Acaso en los hechos y ac os que noso os c eemos lib es no concu en siemp e sus condiciones? Y con espec o al de e minismo, a i - man ambién que és e es la condición ne- cesa ia de un enómeno cuya mani es a- ción no es o zada..... Si es a mani es ación no es o zada, no exis e de e minismo; y si hay de e minismo es a mani es ación iene que se o zada p ecisamen e po las con- - 145 -- diciones que le de e minan. Muchas azo- nes y muchos a gumen os pudié amos aduci aquí pa a demos a que es a dis- inción en e a alismo y de e minismo es pu amen e quimé ica en la ealidad, y se- ñaladamen e pa a sos ene que el de e - minismo ísico que impele á la pied a lan- zada al ai e á cae al cen o de la ie a po la ley a al de la g a edad, es com- ple amen e dis in o del mo i o, acaso, i e- sis ible, á que obedece un ac o humano. Cualquie homb e de buen juicio adi i- na á odas las azones que abonan es a di e encia, y que los an opólogos y no e- lis as na u ali as a an de iden i ica . En el T a a lo de Psicoloyía del S . Eli- zalde he encon ado pe ec amen e con- c e ada la mane a de pensa de la e da- de a iloso ía espi i ualis a espec o á es e pun o, con la cual iloso ía es oy comple- amen e de acue do. (La iloso ía c is iana ha sos enido cons an emen e que, aunque sean necesa ios pa a la ealización de los enómenos de la ida sensi i a é in elec- i a del homb e cie os an eceden es ma- lo - 146 - e iales, és os no son siemp e de e minan- es; es deci , que de ellos solos no se si- gue siemp e a al é i esis iblemen e la p oducción de ales hechos.)) ¿Es que es a mani es ación niega los pode osos es ímu- los in ínsecos ó ex ínsecos que pueden conduci al delincuen e á ejecu a el de- li o? De ninguna mane a. Queda, pues, el campo abie o á los psicólogos, an opó- logos, c iminalis as y aun á los no elis as (si ue a su e eno), pa a sus es udios de las leyes, mo i os ó es ímulos (no a ales ni de e minan es) de la c iminalidad y de odas las demás llagas sociales, pa a lo cual no es necesa io se a alis a, ni de e - minis a, ni posi i is a. CAPÍTULO VIII. LA HERENCIA Y EL MEDIO. O o axioma indiscu ible pa a los an- opólogos y no elis as na u alis as, es la di ec a in luencia sob e el indi iduo de la he encia y del medio ambien e. Que aquélla iene su pa e en la mane a de se ísica ó mo al de cada uno, c eo que nadie se a e e á á nega lo : aho a bien; que sea su in lujo an e icaz y pode oso que po sí de e mine la mane a de ob a del indi iduo inde ec iblemen e, es o, que es lo que los mencionados au o es de ien- den, es comple amen e inexac o. Pueden conside a se á es os dos ac o es como los p edisponen es del de e minismo. En e ec o, en ellos se undan las p ime as lP - 148 - obse aciones de odo in es igado , y se- ñaladamen e el alienis a, el c iminólogo, el sociólogo y aun el li e a o na u alis a buscan la p ime a causa; la ley inexo able que ha de egi á los hechos. Con espec o al medio ambien e ácil es demos a que iene mucha impo ancia pa a la ida ísica, pe o señaladamen e pa a la yida mo al. Con obje o de p ocu a oda la cla idad posible, amos á hace algunas dis in- ciones. En cuan o á la he encia, es necesa io conside a es e ac o isiológica y psíqui- camen e. Fisiológicamen e conside ada, debe e e i se á aquellos signos he edados, pu amen e ma e iales ó co po ales que, en sen i de los mode nos an opólogos, an a acción ienen en el empe amen o c iminal,. y que son los cons i u i os po ende de las e dade as anomalías ísicas,  g . las '7 o ejas de asa, senos on ales desa olla- dos, la mayo ecuencia de las su u as medio- on ales, la osa occipi al mediana, g an desa ollo de mandíbulas y de los a - ,1^ -1.49- cos cigomá icos, el p ogna ismo, e c., e c.; en suma, los ca ac e es imp opiamen e llamados an opológicos. Psíquicamen e conside ada la he encia, debe a ibui se á aquellos ins in os, pa- siones y mo i os que, o a di ec amen e, o a en o ma a á ica, he eda el hijo de sus an epasados, y que, na u almen e, le p e- disponen áí, con inua el camino del icio ó del c imen que emp endie on y siguen sus pad es. La he encia, en conc e o, cons- i uye el elemen o in e no, la causa ó ley in ínseca que es imula al desg aciado que se halla bajo su acción (cuando és a es ma- lé ola) al icio ó al c imen. Los nue os na u alis as de la li e a u a y de la ciencia penal dan an a impo an- cia á es e ac o , que pa a ellos es el úni- camen e esencial y la e dade a ue za mo- iz de la ueda del de e minismo. En la he encia encuen an los an opólogos los moldes donde se ha de acia la comple- xión c iminal del delincuen e na o , y los no elis as cuidan muy bien de aplica y ap o echa es a mane a de se he edi a ia - 150 - en los pe sonajes de sus no elas. Cla o es que es e modo a al de concebi los des i- nos humanos; el empeño de hace apa ece como desg aciados i esponsables á los se- es más abyec os y ebajados; el a án de ca ga el mochuelo á la Na u aleza, a e- nuando odo lo posible, y aun eximiendo de oda clase de culpa al o agido bandido al sanguina io asesino, había de se pas o de ace ada c í ica y aun de desp ecio pa a algunos penalis as y li e a os ; pe o, sin emba go, y poniendo las cosas en su pun- o , jus o es con esa que aun sin necesi- dad de es udia p o undamen e Fisiología ni An opología, y aun sin ahonda en elu- cub aciones cien í icas de ningún géne o, exis e de hecho, y no puede nega se, cie a he encia en de e minadas ap i udes ísicas y psíquicas, y en de e minadas inclinacio- nes y aun pasiones. Pues qué o a cosa son las endencias he edi a ias que hábi os adqui idos, co no di ía Guyau ? Y si son hábi os, cie amen e deno an la epe ición con inuada de ac os que han enido e i icándose en muchas gene aciones an e io- - 151 - es. Los g andes c iminales casi siemp e cuen an en la his o ia de sus pad es ano- malías e dade amen e dignas de ene se en cuen a. ¡Es an ex año el c imen, que apenas se concibe en una pe sona bien equilib ada y sana!, dice el ilus e Escu- den, hablándonos del e e ina io de Sueca, un c iminal epilép ico que con aba en e sus p ogeni o es á e dade os locos. El céleb e Mo illo, de quien ambién nos ha- bla el ci ado alienis a, e a hijo de un epi- lép ico; y en cuan o al amoso cu a Ga- leo e, copiemos aquí las mismas palab as del pe i o. ((Cua o gene aciones de la a- milia de D. Caye ano Galeo e y Co illa han des ilado an e mis ojos, y aun has a la quin a be podido es udia , quedando ma- a illado al con empla la inmu able ley de la he encia, a almen e cumplida en 163 pa ien es del p ocesado, de los cuales han mue o 97 y quedan i os 66. Co illas y Galeo es han apo ado cada uno al ondo común los gé menes cons i u i os de sus diá esis neu opá icas, y jun ándose co no dos íos en un solo lecho, al mezcla sus - 152 - sang es han ansmi ido á sus descendien- es, di undida en sus enas, la he encia ne iosa que los dis ingue.» Aunque po el p isma que mi a es as cosas el alienis a haya apasionado e o hacia cie as eo ías médicas, y las deduc- ciones de los hechos pudie an apa ece exage adas, es lo cie o que en el ondo, y sin necesidad de incu i en doc inas ma- e ialis as, puede y debe c ee se e iden e la in luencia de la he encia en es os céle- b es c iminales españoles. Muchos casos como el p eceden e pudie a yo ci a en e c iminales ex anje os, demos ando el in lujo de la he encia, pues pa a ello no end ía más que apun a aquí los nom- b es de muchos asesinos y lad ones que odo el mundo ha oído nomb a ; pe o he p e e ido ci a es os nomb es españo- les, y de buena gana añadi ía algún o o que po espe o á la • desg acia no ci o, y he p ocu ado ija me en la locu a he e- di a ia, po que en cuan o á las pe sonas ci adas odo el mundo las ha conocido ó á oído habla mucho de ellas, y en - 153 cuan o á la en e medad es en sí an com- ple a y con ibuyen á su desa ollo ele- men os an he e ogéneos, unos isiológicos y o os psíquicos, que me ele an de pone más ejemplos po es a en es e solo com- p endida la e dad de la in luencia en que noso os c eemos. Pe o lo co és no qui a á lo alien e, dice el adagio cas ellano ; y el c ee en la he encia como en causa p edisponen e pa a el deli o en de e minadas condicio- nes no es óbice pa a a i ma que en la ma- yo pa e de los casos es e in lujo puede se anulado po e dade os eac i os que neu alicen y enzan su ue za expansi a. Como eac i os mo ales, dicho se es á que noso os encon amos suma e icacia en la eligión, en la mo al , e c., y conc e- amen e en la educación, y es o nos lle a á a a del medio ambien e, en cuyo con- cep o p ocu a emos hace ambién la dis- inción debida pa a su mejo explicación. Lamén ase Guyau con azón, en su ob a La Educación y la He encia, de lo poco aco des que andan los sociólogos espec o