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La resistencia de los periodistas a la formación académica y tecnológica

Cantavella, Juan

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LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA Capítulo 9: “La resistencia de los periodistas a la formación académica y tecnológica”. Págs. 130-148. Capítulo 9 La resistencia de los periodistas a la formación académica y tecnológica*. Dr. Juan Cantavella. Universidad San Pablo-CEU. * Intervención tenida en el “VII Congreso y Asamblea de la Sociedad Española de Periodística (SEP)”, celebrado en Sevilla entre los días 7 y 9 de marzo de 2002, cuyo texto original fue presentado como comunicación. LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA uando se alzaron las primeras voces para invitar a quienes aspiraban a ser médicos, abogados, ingenieros o veterinarios a que pasaran previamente por las aulas, quizás recibieron una respuesta airada, irónica o de indiferencia. Podríamos considerarlo como normal, porque la ignorancia y la falta de costumbre llevan a que se menosprecien los conocimientos y actitudes que una enseñanza sistematizada puede aportar. Pero en las profesiones citadas eso ocurrió hace muchos años, siglos en algunos casos, y de esta manera contamos con una tradición antigua que lleva a que consideremos provechoso y conveniente el cursar estas carreras en la Universidad. No es el caso del periodismo, precisamente, cuya presencia en el ámbito universitario se remonta en España a tres décadas tan sólo. ¿Cómo explicar esta tardanza, cuando la prensa comienza a manifestar su impronta en el siglo XVIII, se implanta a todos los ámbitos de la sociedad en el XIX, se impone como imprescindible en el XX y extiende su poderío a una serie de medios que la ciencia, la tecnología y la inventiva hacen posible mucho antes de 1970? No es fácil dar una respuesta a lo que son actitudes de la sociedad y de los profesionales, porque intervienen los usos, expectativas, complejos, ambiciones y las consideraciones propias o ajenas. Lo que no se explica en ningún caso es que, desde antiguo, tanto la sociedad como el colectivo de los periodistas hayan llenado sus bocas y los papeles con declaraciones sobre la trascendental misión que le cabe a la prensa y, sin embargo, no parece haberle preocupado entonces a demasiada gente el que dispusieran de la mejor formación quienes estaban manejando realidades tan delicadas como la transmisión de noticias o la C LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA formación y orientación de la opinión pública. Tampoco las Universidades demostraron interés en atraerse a los jóvenes que aspiraban a entrar en las redacciones, algo bien distinto de la situación actual, con una oferta continua de carreras y cursos de postgrado. Si era importante su función, habría que poner los medios adecuados para que los trabajadores del periodismo pudieran realizar esta tarea con la competencia necesaria. Si no lo era, sobraban tan solemnes y grandilocuentes manifestaciones. Pero, en realidad, ha sido una cuestión de comportamientos contradictorios, pues el caso es que todos creían en la importancia de aquella función, mas no estaban dispuestos a poner los medios para que se pudiera realizar con los conocimientos y la dignidad indispensable. Tal vez -aventuramos nosotroshabía una posición soberbia por parte de quienes estaban ligados a los periódicos, seguros de sí mismos, incapaces de reconocer sus yerros y sus carencias, que eran muchas. Encontramos denuestos contra los periodistas en las hojas volanderas, pero no demasiados si tenemos en cuenta lo poco que sabían algunos y la carencia de responsabilidad con que actuaban otros. Como tantos profesionales que difícilmente se acusan entre ellos de los errores cometidos, funcionaba entre los trabajadores de la prensa un corporativismo que cerraba los ojos ante las actuaciones irregulares, motivadas por la banalización de sus funciones, la ambición desmedida y el ligero bagaje con que se introducían en los medios. Era algo que se sabía, pero se callaba. Hay ataques indirectos, pero ninguna gana de acudir a la raíz de los problemas, que son la escasa profesionalidad y la carencia de preparación para ese trabajo. Son contadas las referencias a este problema en la prensa del siglo XIX, que es cuando se comienza a tomar conciencia de la falta de base de muchos para la tarea que realizan. Hay alguna que otra crítica a la nula preparación que acompaña a los periodistas, pero ni de lejos se piensa que debería dispensárseles unas clases, que deberían cursar una carrera, que tendrían que pasar por unos centros de LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA enseñanza, que los medios tecnológicos de que se dispone pueden ser mostrados en las aulas. Por ejemplo, contemplemos el retrato que traza Mesonero Romanos en sus Escenas y tipos matritenses sobre un personaje nuevo que ha irrumpido en la sociedad (sólo le atribuye antigüedad de una docena de años), al que dota de una auténtica “potencia social”, alguien que “quita y pone leyes, que levanta los pueblos a su antojo”: no es sino un “imberbe mancebo” sin ninguna formación, pues “emprende todas las carreras y ninguna concluye; que critica todos los libros, sin abrir uno jamás”1. Y eso, que se decía allá por 1850, resulta que es muy parecido a lo que anotaba Ortega y Gasset casi cien años después. Este, ligado personal y familiarmente con el negocio y la profesión periodística, escribía sobre la prensa y se refería a quienes la manejan, los periodistas, “que es no sólo una de las clases menos cultas de la sociedad presente, sino que, por causas, espero, transitorias, admite en su gremio a seudointelectuales chafados, llenos de resentimiento y de odio hacia el verdadero espíritu”2. Dos juicios realmente duros sobre el bagaje con que cuentan estos profesionales y sobre la actitud que adoptan para cumplir con la misión que tienen asignada. La única referencia explícita en orden a rellenar este hueco la aporta el profesor Beneyto3, para quien “la primera llamada de atención sobre la necesidad de que los periodistas cursen enseñanzas adecuadas a la profesión que ejercen” la publicó una revista que nos resulta desconocida, El Cócora, en 1860: “¿Por qué se ha de prohibir ser presbítero, médico o letrado al que no 1 MESONERO ROMANOS, Ramón de: Escenas y tipos matritenses. Edición de Enrique Rubio Cremades, Cátedra, Madrid,1993, pág. 481. 2 ORTEGA Y GASSET, José: Misión de la Universidad, en Obras Completas. Espasa-Calpe, Madrid, 1932, pág. 1223. 3 BENEYTO, Juan (s.a.): El saber periodístico. CIESPAL, Quito. Véase a GARRIDO BUENDÍA, Antonio: “Tecnología, electrónica e investigación en la prensa”, en la Revista de Ciencias de la Información nº 0. Homenaje al profesor D. Juan Beneyto. Universidad Complutense, Madrid, 1983, págs. 435-451. LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA haya estudiado estas profesiones y no se prohíbe escribir al que no tiene conocimiento de tal cosa?” Naturalmente nadie iba a prestar oído a esta solitaria –y en aquel contexto, extemporáneaexigencia, de la que todos se encuentran lejos de reconocer utilidad alguna. Nadie iba a pensar en la obligación de prepararse a fondo cuando la idea que se había generalizado era que se precisaba muy poco para ejercer la profesión. “Para ser periodista no se necesita en realidad más que un rimero de papel y una caja de plumas”, aseguraba Isidoro Fernández Flórez, encargado de “Los lunes de El Imparcial”, en su discurso de ingreso en la Real Academia. De ellos se esperaba todo, pero les debían llegar los conocimientos por inspiración, pues no es fácil “hablar como persona civilizada y participar de las pasiones, de los errores y de las virtudes de todo el mundo”, ni “escribir como maestro”, aun siendo “ducho en las habilidades del oficio”4. ¿Qué escuela, qué profesores, qué sistema puede imbuir estos saberes en el aprendiz, cuando tan sólo el yunque del ejercicio diario es el que procura el que uno vaya aprendiendo, avanzando y adquiriendo el dominio de todos los resortes hasta dominarlos? Pero es que ni siquiera se piensa en ponerlos al día en cuestiones relativas a las tecnologías o a las herramientas de que se dispone. Otros, en cambio, han tenido una visión harto complaciente, como es la de Mellado, redactor de la Enciclopedia moderna, quien a mitad del siglo XIX dedica un encendido elogio de la situación en que se halla la prensa en España y consecuentemente de quienes la elaboran. Asegura que “el periodismo político es hoy una carrera y como tal está perfectamente organizada”, lo que no tiene nada que ver, según sus planteamientos, con el aspecto académico, pues se refiere más bien a la realización del trabajo de las redacciones: en la base se encuentra con que hay alguien que maneja la tijera con soltura, el que titula y el que fisgonea por la Corte para enterarse de los percances y comentarios. Y desde lo más bajo hasta lo más alto se aprecia la configuración de los escalones: 4 FERNÁNDEZ FLOREZ, Isidoro: Discursos leídos ante la Real Academia Española en la pública recepción del señor... Imprenta de El Liberal, Madrid, 1898, pág. 4. LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA “Hay meritorios de segundo orden, redactores en regla, directores por supuesto, y como de esas veces altos directores”5. A su juicio, “esta empresa ya se ve que no es para gente de poco pelo, y en efecto todavía conservan los periódicos su aire aristocrático, siendo en general dirigidos y en parte redactados por escritores de gran nota o por diputados de pura raza”6, de lo que se deduce la persistencia de la prensa de opinión y de que son los políticos o quienes aspiran a serlo los que llevan la batuta, dedicándose a la crítica y la dirección de la opinión, con un objetivo muy claro, que es medrar7. La pura profesionalidad prácticamente no es contemplada y, si no hay quien se ocupe de las cuestiones redaccionales, más que los que obtienen beneficios inmediatos, ningún sentido tendría formar a nadie para tales ocupaciones subalternas y vicarias. PROPUESTAS Y RECHAZOS Tendrán que pasar varias décadas antes de que se inviertan los términos: que sean mayoría los que en la prensa vivan de este trabajo, frente a los políticos y hombres de letras que realizan las funciones redaccionales por ambiciones ajenas al periodismo o como trampolín para más altas metas. Y sólo cuando se impone el periodismo informativo y se llega a esa situación más equilibrada, algunos empiezan a pensar que sería conveniente el ofrecer algún tipo de formación a quienes aspiran a consagrarse a los trabajos de la prensa. 5 MELLADO, Francisco de P.: “Periodismo”, en la Enciclopedia moderna: Diccionario Universal de Literatura, Ciencias, Artes, Industria y Comercio. Establecimiento de Mellado, t. XXX, Madrid, 1854, págs. 9-39. 6 Ibídem. 7 A finales de siglo parece que la situación ya no era la misma, porque en su discurso académico Eugenio Sellés habla de que “colaboran con los periodistas de oficio, los hombres más insignes en las letras y en la política” (SELLÉS, Eugenio: Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública de don... Imprenta de la Revista de Navegación y Comercio, Madrid, 1895, pág. 28). No es lo mismo colaborar que llevar la voz cantante. LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA Por supuesto, de una forma muy tímida en los comienzos, pero aun así estos visionarios tendrán que enfrentarse a la actitud del colectivo que, en líneas generales, no se recatará de mostrar el rechazo, el desprecio y hasta la burla. No vamos a inventariar todas las propuestas que se hicieron desde finales del siglo XIX y hasta bien entrado el XX para conseguir, ya en 1926, de una manera privada, y en los cuarenta de una manera pública y obligatoria que los futuros periodistas pasaran por las aulas. Pero mostraremos algunas de las proposiciones a favor de que el periodista reciba una ayuda académica sistematizada, debiendo enfrentarse a quienes les costaba entender que tal pretensión se pudiera plantear con seriedad. Y en ese sentido consignaremos algunas tomas de postura de los partidarios de que todo continuara igual, con declaraciones y chascarrillos que evidencian la resistencia que algunos periodistas manifestaron ante cualquier clase de formación académica y tecnológica. En cuanto a lo primero, citemos aunque sea a vuelapluma la iniciativa de Fernando Araujo cuando, en la Universidad de Salamanca (1887), abrió un curso de periodismo; la de la Asociación de la Prensa de Madrid, que quiso poner en marcha una Escuela de Periodistas (1899), aunque todo quedó en un ciclo de conferencias; la propuesta que ésta presentó en una reunión de la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa (Sevilla, 1923) para la creación de un carnet para los profesionales “por no hallarse instituida (como éste fuera nuestro deseo) una Facultad en la que, demostrada la aptitud, fuese otorgado”... Pero, antes y después, en sendas reuniones de cierta importancia para la defensa de los intereses de la profesión se elevaron propuestas en el mismo sentido: tanto en el primer Congreso Periodístico Español (Cádiz, 1912)8, como en la VI Asamblea de la Federación de Prensa de España (Valencia, 1928)9. 8 Propusieron “como medio de mejorar la condición del periodista y elevar su nivel intelectual que se creen universidades libres de periodistas una por cada región, subvencionadas por el Estado, a cuyo efecto deberá consignarse en el próximo presupuesto del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes para el año venidero la cantidad que se LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA Tales acciones y sugerencias se vieron apoyadas por una serie de escritos que se presentaron ante la opinión pública desde distintos ámbitos, que comenzaron a crear una cierta conciencia de que era necesario articular algún sistema para proporcionar a los alevines una formación que estuviera en consonancia con la importancia que la sociedad concedía al trabajo en la prensa. Ahí está el artículo de Clarín, quien se manifiesta con contundencia en un artículo: “La prensa no es una carrera, debiera serlo. Para periodista cree servir cualquiera. Yo he suspendido a algunos estudiantes que, a poco, redactaban periódicos y publicaban libros regenerando el país. Un noticiero no ha de ser un Salomón, se dice. Y se responde: que debe haber más periodistas que los noticieros, y que, aun éstos, cumplirán tanto mejor su tarea cuanto más sepan”10. Justo por entonces fija su posición Modesto Sánchez Ortiz en el misma línea. Admite que quizás fuera excesivo el pedir que el periodismo se convierta en carrera universitaria, pero señala sin embages “la necesidad de dar al periodista una preparación adecuada a sus funciones, como sucede ya en Estados de mayor cultura”11. Le parece que la intervención del Estado en estas materias supone limitar la libertad del ciudadano, pero si la aceptamos para estime necesaria para subvenir a los gastos de instalación de dichas escuelas o universidades, material y haberes del profesorado” (Inmaculada Rius, en BARRERA, Carlos (coord.): Del gacetero al profesional del periodismo. Fragua Editorial-Asociación de Historiadores de la Comunicación, Madrid, 1999, pág. 106.). 9 Según Ana Durán, “el último tema es, como se dice, un clásico: la creación de Escuelas de Periodistas Profesionales. De la delegación de Barcelona, Marsá pedía que las escuelas fueran oficiales. Por supuesto, el señor Herrera y el señor Graña defendían la iniciativa privada en este sentido, poniendo como ejemplo la escuela de El Debate, que ellos acababan de crear” (Cfr. BARRERA, C.: op. cit., pág. 121). 10 ALAS “CLARIN”, Leopoldo: “Los periódicos”, en El Español (Madrid), 28 de octubre, 1899. 11 SÁNCHEZ ORTIZ, Modesto: El periodismo. Fundación Conde de Barcelona-La Vanguardia. Facsímil de la edición de 1903, Barcelona, 1990, pág. 18. LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA otras profesiones, habría que admitirla también para el periodismo. Y así, con unos argumentos u otros, con unos matices u otros, fueron varios los periodistas, escritores y profesores universitarios los que se manifestaron en las décadas iniciales del siglo a favor de dotar de una adecuada formación a los que deseaban iniciarse en el periodismo. Lo hicieron Alfredo Mendizábal12, Cristóbal de Castro, Segismundo Moret13, Clemente Santamaría, Eduardo Palacio Valdés, Francisco Casares, Quintiliano Saldaña14, Fernando Terrén Palacín15... Voces aisladas que ayudaron a crear una conciencia en este sentido, pero que de momento fueron consideradas más como una excentricidad que otra cosa. 12 Este pedía que se constituyera una Escuela de Periodistas y Saldaña lo comenta en uno de sus libros, como un alegato “agotador, y [que] perfora el tema hasta el fondo”, pero que “no ha convencido a los periodistas españoles”. Dentro del amplio y sólido plan de estudios que propone, prácticamente no incluye asignaturas técnicas, apenas “Ilustración gráfica” o “Estenografía y tipografía”. 13 La directiva de la Asociación de la Prensa en 1913 sigue dando vueltas a una idea de Moret, que expresó en una conferencia dos años antes, para crear una escuela para periodistas: algunos alumnos saldrían al extranjero para perfeccionar este aprendizaje y a su vuelta deberían enseñar lo aprendido fuera. Aquello no prosperó (en la revista APM nº 8, enero-febrero de 1994, pág.. 24). 14 SALDAÑA, Quintiliano: “El periodismo”, en El momento de España. Ensayos de sociología política. Mundo Latino, Madrid, 1929. Ambiguo en su planteamiento, puesto que por un lado es partidario de dar formalidad académica a esta preparación, pero por otro defiende al periodista joven y bohemio, el que tiene por casa la cafetería. En el aspecto técnico lo que propone es lo mismo que Mendizábal, “Arte de las ilustraciones gráficas”, más “Estenografía y tipografía”. 15 Insiste con variados razonamientos en que es necesario conseguirlo: “Ya que en otros órdenes de la vida estamos tan rezagados, comparados con el Extranjero, hagamos algo grande y original para demostrarles que aún somos los mismos que otras épocas y dignos del inmortal Cervantes, colocándonos en la vanguardia del progreso y siendo los primeros en organizar el periodismo como carrera” (TERREN PALACIN, Fernando (s.a.): La carrera de la prensa, de interés especial a la juventud. Librería Fernando Fe, Madrid, pág. 101). LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA periodismo -escribe Piedrahita25-. Más tarde, cuando alguien aludía al tema era para ridiculizarlas. Es natural esta postura. El periodismo estaba considerado como un género literario o una ramificación de la política (...). Pero junto al slogan del ‘periodista nace’, surgió en España la idea de que el periodista necesita asimismo hacerse. La Escuela de El Debate (...) fue adelantada en atraer nuevas generaciones de periodistas y a la vez punto neurálgico de la crítica y el menosprecio de los que no comprendían tales enseñanzas. Se creía entonces que al periodista le bastaba con imaginación y pluma para desenvolverse”. Por su parte, Martínez de Sousa apunta que “las escuelas de periodismo han contado con la animadversión de los viejos periodistas; en su opinión, los buenos profesionales se forjan en el trabajo diario y no en una escuela”26. Han pasado muchos años, más de un siglo desde entonces, y sin embargo continúa proyectándose la mirada displicente sobre la posibilidad de formarse de forma efectiva para el desempeño de la profesión periodística. Algunos de los que reciben a los estudiantes de prácticas o a quienes acceden a las redacciones suelen prodigarles frases despreciativas o conmiserativas por el tiempo que pierden en las Facultades universitarias27. Tal vez no se hayan 25 PIEDRAHITA, Manuel: Periodismo moderno. Historia, perspectivas y tendencias hacia el año 2000. Paraninfo, Madrid, 1993, págs. 87-88. 26 MARTINEZ DE SOUSA, José: Diccionario general del periodismo. Paraninfo, Madrid, 1981, pág. 165. 27 El testimonio de una encuestada reproduce algo que es conocido en los ambientes profesionales: “Yo recuerdo que el primer comentario que se hizo cuando yo llegué fue: ‘aquí una carrera universitaria no sirve para nada’ Era ese tipo de mundo. Era un mundo de gente que simplemente se había puesto delante de una cámara y hablaba y leía un papel, sin ningún interés”. El comentario que hace García de Cortázar es que hace veinte años “el oficio, el olfato, la práctica, los conocimientos técnicos tenían más aceptación” que los diplomas (Cf. GARCIA DE CORTAZAR, Marisa y GARCIA DE LEON, Mª Antonia (coords.): Profesionales del periodismo. Hombres y mujeres en los medios de comunicación. CIS, Madrid, 2000, pág. 68). También en otros lugares se vive o se ha vivido hasta fecha reciente esta lucha. Por ejemplo, se hace patente en una película americana de 1960, LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA llegado a forjar los mejores planes de estudios ni dispongan todas de profesores vocacionados, cumplidores y relacionados con los medios, como sería de desear28, pero a estas alturas actitudes como las que señalamos sólo denotan una visión roma de nuestro trabajo y de nuestras funciones, una confesión del tiempo mal aprovechado (con frecuencia así se expresan quienes eludieron su responsabilidad estudiantil durante los años de la carrera) y una falta de sintonía con la marcha de la sociedad29. Lo que deberíamos hacer todos (autoridades académicas, profesores, alumnos, profesionales y quienes desearan contribuir a esta discusión) es abordar una auténtica reforma de los planes de estudio y, sobre todo, darles la orientación que el tiempo presente y la nueva configuración de los medios Enséñame a querer, con Clark Gable, Doris Day y Gig Young. Un redactor-jefe se enfrentaba allí con una profesora de periodismo, o lo que es lo mismo, el profesional “self-made man” aparece frente al que confía en la enseñanza universitaria del periodismo. Juan Luis Cebrián afirma que “ya nadie duda de que en nuestros días un alto nivel de preparación intelectual se exige para triunfar en la prensa”, pero los buenos periodistas casi nunca se han dedicado a la enseñanza de su profesión, pues “en contra de lo que sucede en otras carreras, la enseñanza misma en un aula, fuera de la redacción, apenas aporta nada esencial a los profesionales en ejercicio”. No sólo eso, sino que “demasiadas veces son los peores profesionales los que encuentran en estos asuntos [los temas específicos del periodismo] refugio de su inoperatividad y de su ineficacia. Por todo el mundo, las Escuelas de Periodismo, incluso las que tienen rango universitario, ofrecen innumerables ejemplos de ello”, en CEBRIAN, Juan Luis: “El periodismo como profesión”, en el Boletín Informativo de la Fundación Juan March de Madrid, 1976, febrero, págs. 5-6. 29 Para Consuelo del Val, “ya es prácticamente imposible encontrar aquel histórico y radical rechazo a los centros de enseñanza para periodistas”. En general se acepta la necesidad de formación “aun cuando no se dejen de escuchar voces críticas acerca de la adecuación de los contenidos académicos de los planes de estudio universitarios, postura que desemboca, en ocasiones, en una defensa de la concepción del periodismo como oficio de componente intuitivo, descargando al mismo de los aspectos teóricos de las carreras universitarias y destacando su componente práctico” (GARCIA DE CORTAZAR, Marisa y GARCIA DE LEON, Mª Antonia: op. cit., pág. 145). LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA demandan30, con cierto énfasis en los aspectos tecnológicos, cuyo conocimiento más puede ayudar en nuestro trabajo. Dejarse llevar por afanes corporativistas y, lo que es peor, por intereses personales para aumentar las parcelas de presencia y de poder en las Facultades constituye un desprecio a nuestra profesión y un flaco servicio a quienes han confiado en nosotros para que les ayudemos a ser periodistas competentes, dignos y dispuestos a la tarea. Por otra parte, no se puede menospreciar la formación tecnológica cuando nos encontramos con que el trabajo redaccional se ha ampliado tanto por este lado. Antes había quien no manejaba más máquinas que la suya de escribir y permanecía ajeno, durante toda su vida profesional, a los talleres de la empresa. Esa indiferencia no es posible en nuestros días. Además, como escribe Martínez Albertos, “las repercusiones tecnológicas sobre el periodismo están afectando también, y muy directamente, al modo de hacer efectivo el derecho de todos los ciudadanos a estar correctamente informados de los acontecimientos de interés colectivo”31. No nos podemos situar al margen de las innovaciones, pensando 30 “Inmersos largos años en las controversias acerca de cuál debe ser la formación adecuada para ejercer el periodismo, hemos constatado, en primer lugar, una reacción crítica y decepcionada de sucesivas generaciones de estudiantes (...). Pero la segunda constatación es que la actitud de la profesión ha resultado ser aún más frustrante. Aparta de la generalizada negación de la validez de la actual fórmula académica, pocos elementos útiles ha aportado al problema. Ni tan siquiera ha suscitado un debate público (¿y quién mejor que ella para hacerlo?), que permitiera conocer lo que la profesión reclama como proceso de socialización previo a la incorporación a la misma” (ORTEGA, Félix y HUMANES, Mª Luisa: Algo más que periodistas. Sociología de una profesión. Ariel, Barcelona, 2000, pág. 8). También se refiere a esta cuestión Javier Callejo, para quien “existe una especie de sensación generalizada de cierta insuficiencia de la formación obtenida en las aulas universitarias dedicadas a la carrera de periodismo” (GARCIA DE CORTAZAR, Marisa y GARCIA DE LEON, Mª Antonia: op. cit., pág. 253). Todo ello evidencia lo que no es un secreto para nadie: el foso que se abrió entre el mundo profesional y el académico en cuanto surgieron las primeras iniciativas reglamentadas para la formación de periodistas fuera de las redacciones, foso que se hizo muy hondo con el paso de los estudios de periodismo a la Universidad. 31 MARTINEZ ALBERTOS, José Luis (1989): “Efectos de la tecnología electrónica sobre la comunicación periodística”, en El lenguaje periodístico. Paraninfo, Madrid, 1989, pág. 101. LAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS: DESDE EL AYER AL MAÑANA ingenuamente que porque ignoremos la lluvia no nos mojaremos. Hay que conocer a fondo lo que la tecnología ofrece y utilizar decididamente las posibilidades que pone a nuestra disposición.