Las fronteras "bárbaras" en los virreinatos de Nueva España y Perú. (Las tierras del norte de México y oriente del Tucumán en el siglo XVIII)
Abstract
Estudio comparado de la ocupación territorial en zonas marginales, que quedaron fronteras con indios de gran agresividad y reacios a la urbanización: norte de Nueva España y el Tucumán rioplatense guardan estos (y muchos otros) rasgos comunes, pero también singularidades, que son destacados a través de una tipología de la Frontera: indígena, económica (minas en México, ganadería en Tucumán), misionera y militar; cuyos alcances -matizados con pormenor- se ofrecen para cada una de aquellas regiones periféricas.
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Revista de Indias, /995, voL L V, núm 203 LAS FRONTERAS «BÁRBARAS» EN LOS VIRREINATOS DE NUEVA ESPAÑA y PERÚ (Las tierras del norte de México y oriente del Tucumán en el siglo xvrn) POR BEATRIZ VITAR Estudio comparado de la ocupación territorial en zonas marginales, que quedaron fronteras con indios de gran agresividad y reacios a la urbaniz.ación: norte de Nueva España y el Tucumán rioplatense guardan estos (y muchos otros) rasgos comunes, pero también singularidades, que son destacados a través de una tipología de la Frontera: indígena, económica (minas en México, ganadería en Tucumán), misionera y militar; cuyos alcances -matiz.ados con pormenorse ofrecen para cada una de aquellas regiones periféricas. Para ilustrar algunas de las características del fenómeno de expansión de la colonización y avance territorial hispánico en América desde los núcleos consolidados en el siglo XVI -mo- mento de la «conquista inicial»-, recurrimos a dos espacios fronterizos: el norte del virreinato de Nueva España y la periferia oriental de la provincia del Tucumán dentro del virreinato del Perú, analizando en cada caso la dinámica particular de ambos territorios durante el siglo XVID. La elección de estos dos ámbitos coloniales para un estudio comparativo se debe a que ambas fronteras ofrecen interesantes perspectivas de análisis, que a través del presente aporte no haremos sino esbozar muy someramente. En el campo teórico, el estudio y aplicación de las diversas tesis sobre la frontera -desde el clásico estudio de Turner-, abren múltiples caminos para el seguimiento de la dinámica fronteriza en los territorios que España pobló en su empresa colonizadora en América. SIGLA UTILIZADA: AGI: Archivo General de Indias, Sevilla (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
34 BEATRIZ VITAR El lapso cronológico escogido, centrado esencialmente en el siglo xvrn, obedece al hecho de que en la segunda mitad de dicha centuria la Corona encaró desde una óptica diferente la t organización político-administrativa y la defensa de sus territorios coloniales a la vez que se decidió la reactivación de la guerra contra la población indígena no sometida. La nueva política apuntaba a lograr una mayor cohesión territorial -consolidando las fronteras interiores de las diferentes jurisdicciones virreinales- y a planificar la estrategia para hacer frente a las otras potencias europeas, por ese entonces con una significativa presencia en el continente americano. En el caS9 de Nueva España, juzgamos importante el tratamiento previo de los movimientos de expansión territorial en los siglos XVI y XVII, periodo en que se configuró la vieja frontera del norte, estableciendo así las líneas generales que orientaron el proceso de extensión de la conquista desde Nueva Galicia hacia las regiones septentrionales. En el siglo xvrn, la colonización española realizó los últimos «saltos» expansivos hacia esas latitudes, constituyéndose las provincias del norte confinantes con las colonias francesas e inglesas de América del Norte. La ocupación de estos territorios se realizó también bajo el imperativo de hacer frente a una presión externa, aspecto éste que por el contrario no incidió en el ámbito tucumano, al menos en lo que respecta a un avance fronterizo. Las Provincias Internas del Norte, situadas en los confines septentrionales del virreinato de Nueva España y representadas por un conjunto de gobernaciones muy distantes entre sí, marcaron una frontera discontinua, con peligrosos espacios intermedios habitados por los indios de guerra. En el otro extremo de las posesiones coloniales hispánicas, la provincia del Tucumán, al sur del virreinato peruano, experimentó una gran inestabilidad en sus fronteras orientales debido a la amenazante vecindad del Chaco. La tenaz resistencia de los «bárbaros» tanto en uno como en otro ámbito virreinal obligó al frente pionero a estar en permanente pie de guerra durante todo el siglo xvm, a fin de sujetar a la población indígena y concentrarla en las misiones o presidios de la frontera, quedando ésta configurada como zona de intensos intercambios étnico-culturales. Otras aproximaciones, como así también las diferencias que aparecen en ambos procesos de lucha por la consolidación del dominio español en las tierras nuevas, quedarán planteadas a lo R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS 44BÁRBARAS .. EN LOS VIRREINATOS DE NUEVA F.SPAÑA Y PERÚ 35 largo de estas páginas, ofreciendo un panorama general de los espacios fronterizos novohispano y peruano en el siglo XVID. 1. LA FRONTERA. CONCEPTOS y PERSPECTIVAS DE ANÁLISIS EN LOS CASOS NOVOHISPANO y PERUANO 1.1. La frontera indígena Al analizar la evolución de los territorios fronterizos de México y Perú nos encontramos ante un complejo campo para el estudio de la frontera, aunque en los planteamientos presentados en este trabajo corremos el riesgo de incurrir en algunas «imprecisiones» conceptuales (1). Si optamos por definir la frontera como «militar» o «ganadera» -por poner sólo unos ejemplos-, queremos con ello señalar el motor fundamental de expansión en los distintos movimientos de avance territorial; aunque, como luego veremos, las gentes e instituciones que poblaron las fronteras convirtieron a éstas en un universo de interaciones complejas, determinando la existencia de un espacio singular y dinámico. En el proceso de avance fronterizo actuaron diversos agentes colonizadores, apareciendo un conjunto de instituciones y variadas formas de ocupación y explotación de la tierra de acuerdo con los recursos humanos y materiales que podía movilizar el frente pionero. Factores éstos que a su vez coadyuvaron a la formación de diversas fronteras, independientemente del «adelantamiento» territorial. En general, la expansión de la colonización hispánica en América siguió las pautas marcadas por el sistema señorial, imprimiéndole el carácter de empresa privada que fue uno de sus sellos más caracteristicos (2). Fue en suma a través de las fuentes particulares de financiación -recibiendo los inversores la contrapartida de las mercedes realesque la conquista recibió impulso, concretándose de este modo la ocupación, poblamiento y colonización de las tierras nuevas. A su vez este proceso estuvo (1) David J. WEBER, "Turner, los boltonianos y las tierras de frontera", en Estudios (Viejos y Nuevos) sobre la Frontera. Coordinados por Francisco de SOLANO y Salvador BERNABÉU Anexos de la Revista de Indias, 4, CSIC (Madrid, 1991) pág. 70. (2) Carlos S. ASSADOURIAN )' otros, Argentina. De la conquista a la independiencia. Buenos Aires, Coleccion de Historia Argentina dirigida por T. Halperín Donghi, 1972. R. l, 1995, nO 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
36 BEATRIZ VITAR sujeto a las particularidades de los grupos indígenas que las huestes fueron encontrando a su paso. Si tenemos en cuenta este factor, encontramos un elemento que podría resultar determinante en la delimitación de la frontera, en tanto que los alcances de la expansión española por las tierras americanas dependieron en gran medida de la existencia de grupos indígenas resistentes a la colonización o de pueblos más dispuestos a la integración, ocasionando el estancamiento de la frontera o acelerando el proceso de expansión en un y otro caso. Centrándonos en la frontera norte de México, observamos que en algunas fases de su evolución una presencia indígena hostil impuso serias dificultades a la conquista de territorios iniciada desde Nueva Galicia en el siglo XVI. Por otro lado, las caractensticas intrínsecas del conglomerado indígena que posteriormente fue incorporado a la frontera -en su mayoría compuesto por pueblos cazadores-guerreros- habrían contribuido a acentuar las diferencias entre la sociedad e instituciones fronterizas y las del centro de México (3). En lo que se refiere al Tucurnán (4), provincia de la periferia sur del virreinato del Perú, el crecimiento de las actividades agroganaderas promovido por la gran demanda de las minas altoperuanas, conformó un rico espacio económico en las tierras del oriente de dicha gobernación, lindantes con el territorio indígena del Chaco. El ataque de los guerreros chaqueños a las haciendas, unidades de producción instaladas en la zona fronteriza, provocó el repliegue ganadero hacia el oeste, manteniéndose sólo la frontera natural que marcaban el río Grande en la jurisdicción de Jujuy y el río Salado en las jurisdicciones de Salta y Santiago, puntos límites de la expansión ganadera que había iniciado el Tucumán en el siglo XVII. En este punto debemos señalar que estas fronteras geográficas fueron las que los españoles se preocuparon por mantener: más allá de los ríos Grande y Salado se extendía la temida tierra «salvaje» que era albergue de los «infieles», una de los términos más frecuentemente usados para aludir a los belicosos indígenas del grupo guaycurú, atrincherados en las selvas y montes chaqueños. Los españoles del (3) David 1. WEBER, La frontera norte de México, 1821-1846. El sudoeste norteamericano en su época mexicana. México, Fondo de Cultura Económica 1988, págs. 369-370. (4) El proceso de colonización de la frontera oriental del Tucumán ha sido objeto de un detenido estudio por parte de la autora de este artículo en su tesis doctoral, Tucumán y el Chaco en el siglo XVIIl' milicias, jesuitas y frontera, Madrid, Editorial de la Universidad Complutense de Madrid, 1988. R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS «BÁRBARAS, FN l.OS \'IRREINATO~ PI. NUEVA ESPAÑA Y PERÚ 37 Tucumán no se sintieron atraídos por el Chaco, influyendo en ese desánimo pionero la reticencia a aventurarse en regiones selváticas y con una población hostil. Además de los obstáculos naturales que oponía el Chaco a su penetración, los conquistadores se volvieron cada vez más escépticos respecto de la conquista de sus habitantes y de la posibilidad de arraigarlos en poblaciones estables. Las características culturales de los pueblos chaqueños impidieron de hecho que las misiones del Salado -única forma de colonización que se consolidó en las fronteras tucumanas en el siglo XVIllalcanzaran el éxito logrado, por ejemplo, con las reducciones guaraní en el Paraguay. Finalmente, tanto en el virreinato de Nueva España como en el de Perú, la colonización española concibió sus fronteras pobladas con indígenas y, en este sentido, cabria su calificación como «frontera de inclusión», según la denominación dada por Mikessel (5). Aunque sin embargo la integración de los indígenas a la vida colonial significó en cierto modo una forma lenta de exterminio, si consideramos la intervención de los pueblos sometidos en la guerra fronteriza -tanto en México como en Perú- o el trabajo en las minas, especialmente en territorio mexicano. 1.2. Las fronteras económicas: la frontera minera (México, siglos XVI y XVII) y la frontera ganadera (Tucumán, siglo XVII) Tanto en la frontera norte de Nueva España como en la frontera tucumana del Perú las exigencias de la producción minera fomentaron la ocupación y explotación de grandes extensiones de tierras en las que se desarrolló una intensiva colonización agrícola-ganadera. En lo que se refiere a México, el descubrimiento de Zacatecas a mediados del siglo XVI, como resultado de la expansión iniciada en Guadalajara, aceleró la colonización y crecimiento económico de las tierras situadas al norte y sur de dicho centro minero. A su vez, el hallazgo de nuevos yacimientos en los restantes años de la mencionada centuria y a lo largo de la siguiente, fue consolidando ese complejo económico típicamente fronterizo: (5) M. MIKESSEL. HEstudios comparativos en la historia de la Frontera". Anales de la Asociación de Geógrafos de América, 50 (1 960): 65. Referencia tomada de WEBER [1], pág. 70. R. 1, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
38 BEATRIZ VITAR «real de minas-centro agrícola-estancia ganadera» (6). La febril y floreciente actividad minera mexicana favoreció a su vez la formación de grandes fortunas que -en plena vigencia del sistema de conquista privadase invirtieron en la colonización de otros territorios. Este fue el caso de Francisco de Ibarra y Juan de Oñate, que financiaron la conquista de Nueva Vizcaya y Nuevo México, respectivamente (7). Dentro del virreinato de Nueva España podría determinarse la existencia de una frontera minera en los siglos XVI y xvn, en tanto que la explotación metalífera fomentó el avance territorial hispano a la vez que impulsó el surgimiento de unidades económicas para el abastecimiento de las minas y la fundación de ciudades, villas y pueblos. De este modo se desarrolló una efectiva colonicación de la tierra, adquiriendo una mayor complejidad los espacios fronterizos. En definitiva, en el sentido turneriano de frontera, en el México colonial la ocupación de parte de las tierras del norte estuvo animada por el fuerte estímulo de las riquezas mineras. Sin embargo, la necesidad de proteger el rico espacio minero y su zona de influencia -convertidos en focos de atracción para los nómadas del norte por la posibilidad de obtener ganadoprovocó la instalación de presidios en los flamantes núcleos poblacionales situados en tomo a las minas así como también en los caminos que los comunicaban con el interior del virreinato, enriqueciéndose el complejo institucional de la frontera. De esta manera puede verse cómo la hostilidad de los indígenas impuso una frontera militar para asegurar la estabilidad de las nuevas tierras. Desde dichos fuertes se planificó la guerra contra los «bárbaros» quienes, después de sometidos, pasaron a servir en las minas, en los mismos presidios o en las misiones de la frontera -nueva institución incorporada al conjunto de establecimientos fronterizos-. En lo que incumbe al caso tucumano, las ciudades que integraban esta provincia habían sido fundadas con unos fines estratégicos-económicos específicos, funcionando en su casi totalidad como baluarte del espacio peruano y centro de aprovisionamiento de sus mercados mineros. La estrecha dependencia del Tucumán con respecto al Alto Perú impulsó la especialización de (6) Enrique FLORESCANO, "Colonización, ocupación del suelo, y frontera en el norte de Nueva España, 1521-1750", en Tierras Nuevas. EX!X1:nsión territorial y ocupación del suelo en América (Siglos XVI-XIX). Comp. por Alvaro Jara, México Colegio de México 1969, pág. 55. . (7) David A. BRADING, Mineros y comerciantes en el México borbónico (/763- 18/0), México, 1975, Fondo de Cultura Económica, pág. 23. R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
I.AS FRONTERAS «BÁRBARAS- EN LOS VIRREINATOS DE NUEVA l-::SPAÑA y PERÚ 39 las actividades económicas, impulsándose el desarrollo agrícola y ganadero. Las haciendas dedicadas a los cultivos y a la cria de diversos tipos de ganado -especialmente el vacuno y el mularse instalaron primeramente en los ricos valles que circundaban a las ciudades tucumanas, ganando con posterioridad mucho terreno hacia los ríos Grande y Salado, en las fronteras con el Chaco. Estas unidades productivas establecida en las jurisdicciones de Jujuy, Salta, San Miguel de Tucurnán, Santiago y Córdoba, se convirtieron en el blanco de los asaltos de los guaycurú chaqueños, resultando igualmente alterado el tráfico por el camino real o camino del Perú, activa arteria de comunicación por la que se conducían las mercancías tucumanas con destino a Potosí. Las ciudades de Catamarca y La Rioja, alejadas de esa ruta esencial, no resultaron afectadas por el problema chaqueño. Los fuertes establecidos en el siglo XVII con el objeto de resguardar las fronteras ganaderas en el Tucumán, constituyeron una débil defensa ante la fuerte presión guaycurú, siendo cada vez más frecuentes las inscursiones de éstos a los establecimientos coloniales, de donde se llevaban un suculento botín de vacas y caballos. Al faltar una sólida defensa fronteriza, el frente pastoril encontró en el avance de los grupos chaqueños un tope a su expanSlon y más aún, una seria amenaza para su existencia, siendo esta circunstancia la que motivó el inicio de la guerra ofensiva desde el Tucumán. 1.3. La frontera misionera. Los territorios misioneros del norte de Nueva España y de la frontera oriental del Tucumán La conquista de algunas zonas septentrionales de Nueva España fue obra exclusiva de franciscanos y jesuitas, en los siglos XVI y XVII. En este sentido, podemos delimitar una primera frontera misionera en Sinaloa, Sonora y Nuevo México y, en el siglo XVIII, Texas y las Californias. Los misioneros fueron verdaderos pioneros en el proceso de colonización de algunas regiones del norte, atrayendo con posterioridad un flujo de pobladores hacia esas zonas. La prosperidad y estabilidad de la frolltera misionera dependió de la idiosincracia de los pueblos reducidos; donde hubo una población con hábitos agricolas, la labor misionera fue exitosa, como ocurrió en Nuevo México, en contraste con las reducciones apaches y comanches en diversos puntos de la fron- R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
40 BEATRIZ VIT AR tera septentrional novohispana (8), y con las inestables misiones guaycurú en las fronteras tucumanas (9). Con la fundación de fuertes para la protección de las misiones del norte se configuró también una frontera militar, aunque al respecto cabe marcar algunos matices dada la envergadura de la obra misionera. En especial en los tenitorios en que la Compañía de Jesús estableció misiones, la relevancia que éstas alcanzaron -además de ser instituciones con un mayor peso numérico que los presidiospronto las colocó en un primer plano de la vida fronteriza; este «peso» misionero estuvo favorecido por la manifiesta inutilidad de los presidios de la frontera norte en la guerra contra los «bárbaros». El aislamiento de las reducciones jesuíticas respecto a otros sectores de la vida colonial y las particularidades de su proyecto colonizador, que logró consolidar pueblos muy bien administrados y autosuficientes, ocasionó situaciones conflictivas dentro del frente colonizador. En determinados puntos de la región fronteriza septentrional de México, como fue el caso de la península de California, se originaron tensiones entre los misioneros y los militares de los presidios, conflicto que fue dirimido mediante una real cédula que ordenaba la subordinación de la tropa presidiaria al «padre presidente de las misiones», hecho que fue calificado como una «victoria» de los jesuitas (10). Este caso es ilustrativo de las disputas por el poder en las fronteras, polarizadas en dos instituciones -misiones y presidioscaracterísticas de los tenitorios fronterizos hispánicos (11). Con referencia al Tucumán del siglo xvrn, el avance del frente colonizador hacia sus confines orientales logró afianzar una frontera misionera, reforzada simultáneamente con algunos presidios. El establecimiento de un cordón de reducciones jesuíticas en la frontera del lÍo Salado originó fuertes recelos en los hacendados, quienes veían en esos terrenos fértiles y con abundante regadío una fuente potencial de explotación ganadera, cuya producción (8) David J. WEBER, uUna ojeada a la frontera del antiguo Norte de México", en El México perdido. Ensayos sobre el anti8uo norte de México, 1540-1821. Antología de David 1. Weber, México, 1976 EdiCiones Oasis. (9) VITAR [4], págs. 382-400. (10) Alejandro HUMBOLDT, Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España. Estudio Prehminar, revisión, notas y anexos de Juan A. Ortega, México, Editorial Porrúa, 1973, pág. 201. (11) Un interesante aporte para el estudio de los presidios y misiones en las fronteras coloniales españolas en América es el trabajo de Herbert E. BOLTON, "La misión como institución de la frontera en el septentrión de Nueva España", en SOLANO y BERNABÉV, [1], págs. 45-60. R. l, 1995, n2 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS «BÁRBARAS" FN LOS \'1f{REINATOS I>E NUEVA ESPAÑA y PERÚ 41 podía comercializarse con grandes beneficios en el mercado minero altoperuano (12). Allí donde estuvieron enclavadas las misiones, los sectores económicamente poderosos de la sociedad colonial tuvieron un freno para la ocupación de tierras y el usufructo de la mano de obra indígena. La acción misionera jesuita, al amparo del principio del separatismo reduccional, logró consolidar un conjunto de pueblos prósperos, donde se explotaban con éxito diversas actividades económicas, circunstancias que motivaron fuertes conflictos que quebraron la cohesión del frente colonizador. En definitiva, las reducciones jesuíticas en las áreas fronterizas acabaron por conformar un espacio económico sólido, con su gobierno y sus leyes, que reflejaba la existencia de un territorio autónomo dentro de las fronteras. 1.4. La frontera militar En algunas zonas de la frontera norte de México la colonización española tendió a levantar una barrera defensiva frente a las amenazas de expansión de otras potencias coloniales europeas. Este fue el caso de la ocupación de Texas y las Californias en el siglo XVIII, territorios que se poblaron con misiones vigiladas por presidios, estableciéndose de este modo una complementariedad institucional que privaba a las fronteras exteriores de un carácter estrictamente militar. Las funciones defensivas que por lo general desempeñaron las misiones en los confines de los territorios hispánicos, también fueron cumplidas por los pueblos indígenas fundados en la vieja frontera mexicana durante el proceso de expansión colonial de los siglos XVI y XVII, acentuándose dicho papel en el caso de las reducciones situadas en Texas, establecidas como consecuencia de la expansión estratégica en las tierras del norte. En las zonas ocupadas tras la última avanzada española hacia el norte de México confluyeron varias fronteras. En un sentido (12) En realidad, unas y otras instituciones (haciendas, fuertes y misiones) se interfieren en la frontera, creando un espacio complejo y a veces cargado de tensiones que hacían difícil la convivencia fronteriza. En el Tucumán fueron frecuentes los pleitos iniciados por los propietarios ganaderos de la frontera contra la Compañía de Jesús, poseedora de im,P0rtantes haciendas junto a sus misiones. En lo que respecta a éstas, se procuro que en forma conjunta con los fuertes cumplieran con las funciones de defender y consolidar las fronteras, aung~e la cercanía entre unos y otros establecimientos no dejó de suscitar confhctos. R. 1., 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
48 BEATRIZ VITAR La falta de experiencia de las milicias provinciales o tropa de los presidios en la guerra que practicahan los indios del norte, además de estar sujetas a la todopoderosa autoridad de los capitanes -que en muchos casos eran dueños de minas, ricos comerciantes o hacendadosfue una de las causas de la persistencia del problema indígena a lo largo del siglo XVill. El nuevo reglamento de presidios de 1772 pretendió corregir estas deficiencias, decidiéndose en primer lugar el traslado de los fuertes a la línea de frontera fijada por el marqués de Rubí. Al mismo tiempo se suprimieron algunos presidios como el establecido en el Nayarit, zona ya pacificada. Los fuertes que se mantuvieron en pie fueron adelantados hacia las cercanías del río Grande del Norte, formando una línea que atravesaba terrenos fértiles, con lo que se aspiraba a facilitar el asentamiento de colonos. Al avanzar la línea de presidios hacia el norte, se pretendía despejar el Bolsón de Mapimí -extensa región que se interponía entre Nueva Vizcaya y Coahuila- en la que se habían refugiado numerosos indios hostiles. En total, los fuertes cubrían unas quinientas leguas de frontera desde el presidio de Bahía, en Texas, hasta el de Altar, en Sonora (24). Con este nuevo ordenamiento quedaban especialmente resguardadas Sonora y Nueva Vizcaya las zonas más atacadas por los apaches. Nueva Vizcaya era la más rica de las provincias del norte, con explotaciones mineras, centros agrícolas y establecimientos ganaderos que fueron objeto de frecuentes asaltos indígenas. Su villa de Chihuahua constituía uno de los puntos más estratégicos de la frontera, al ser un hito fundamental para la comunicación con Nuevo México, Sonora, Sinaloa y Nayarit. La frontera de Sonora poseía el mayor número de presidios, para enlazar dicha zona con California y reforzar la defensa frente a los peligros exteriores. Sonora tenía a los grupos apaches por el oeste, alojados en diversos puntos de la Sierra Madre Occidental; otros grupos se encontraban más al norte, entre los ríos Gila y Colorado. La conquista de estos pueblos fue la meta principal de la política expansionista del siglo XVIII, a fin de afianzar el dominio español en la zona de los citados ríos. La provincia de Coahuila, atacada por los apaches «mezcaleros», estaba protegida por cuatro presidios mientras que la de Texas, con igual número de fuertes, debió afrontar la hostilidad de «naciones» muy «belicosas y numerosas» (25). En esta última re- (24) Q'CONNOR [14], pág. 81. (25) Q'CONNOR [14], pág. 35. R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS ccBÁRBARAS» EN LOS VIRREINATOS DE NUEVA F.A'iPAÑA Y PERÚ 49 gión fronteriza fue primordial el apoyo estratégico que prestaron las misiones e incluso su ubicación sobre el río San Antonio, con distancia de cuatro leguas entre sí, creaba una faja más compacta para la defensa. Por lo demás, dichas reducciones disponían de armas y caballos, estando en mejores condiciones que otros establecimientos de la frontera para emprender acciones bélicas. Por último, Nuevo México, que sufria continuamente los asaltos de los apaches gileños, a pesar de mantener un solo presidio en sus fronteras disponía en cambio de un nutrido vecindario «capaz de defenderse por sí mismo» (26). 2.3. La guerra indígena y la respuesta española. Campañas ofensivas contra los «indios bárbaroS) Los grupos indígenas que hostilizaron la frontera norte de México y particularmente las provincias de Nueva Vizcaya, Sonora y Coahuila, fueron los apaches y comanches, pueblos que parecían «criados para la guerra» (27) y que ofrecieron una tenaz resistencia a la colonización. Los apaches estaban repartidos en numerosos grupos que llevaban el nombre de sus rancherías situadas en la Sierra Madre Occidental y en los ríos Gila y Colorado; estos pueblos cultivaban maíz y otros frutos en sus asentamientos de la sierra, donde también cuidaban de una con .. siderable cantidad de caballos, obtenidos en sus acciones contra núcleos urbanos y haciendas. Al igual que los chaqueños fronte .. rizos al Tucumán, la capacidad expansiva de los apaches aumentó considerablemente con la posesión de ganado caballar, permitiéndoles una gran movilidad en las fronteras, de las que también se llevaban mulas y vacas, provocando serias pérdidas al complejo económico que funcionaba en torno a la actividad minera. Los colonizadores reaccionaron ante la presión indígena con una guerra predominantemente defensiva, la única que era posible hacer desde los presidios fronterizos. El tipo de guerra defensiva se desarrolló desde la línea fortificada que unía los principales puntos de la frontera, pudiendo repeler desde estos puestos los ataques indígenas. En realidad los presidios fueron ineficaces para una guerra ofensiva, estando en realidad altamente desprotegidos, ya que quedaban entre sí grandes espacios deshabitados por donde se infiltraban los indígenas en pequeños grupos, bur- (26) ¡den l. ¡h ide 11 l. (27) ¡den 1, pág. 79. R. l., 1995, nº 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
50 BEATRIZ VIT AR lando a las compañías volantes que desde sus respectivos fuertes debían cubrir la vigilancia de las quinientas leguas de frontera. FauIk, en su estudio sobre el sistema de presidios de la frontera mexicana, ha destacado la influencia de la concepción europea de guerra en estos establecimientos y su inadecuación para el enfrentamiento con los indígenas (28). A pesar de estos inconvenientes, algunas operaciones ofensivas de cierta importancia se efectuaron durante el siglo xvm, entre ellas las campañas contra el reducto indígena de Nayarit, región situada entre las gobernaciones de Nueva Galicia y Nueva Vizcaya, desde las que salieron las expediciones pacificadoras durante el período 1701-1722 (29). La guerra ofensiva en el norte fue encarada más decididamente en tiempos del virrey Gálvez (1786), lo que permitió mantener -aunque con esporádicos sobresaltosuna relativa calma hasta casi fines del periodo colonial. Las entradas a tierras indígenas se hicieron con el propósito de conquistarlos y reducirlos, y en dichas campañas intervinieron las guarniciones de los presidios, los «indios amigos» y los vecinos de las ciudades implicadas en el conflicto fronterizo. Dentro del conjunto de «indios amigos» se destacaban los contingentes enviados por la provincia de Sonora, representados por los fieles opatas indios agricultores, que eran grandes conocedores de las sierras del oeste de dicha gobernación, donde se refugiaban los apaches. Por su parte, los navajos de Nuevo México, destacados por sus actividades económicas colaboraron más indirectamente, mediante el comercio de sus productos en los presidios, intercambio altamente beneficioso para el abastecimiento de éstos, dado el aislamiento de las regiones fronterizas. Como resultado de las campañas ofensivas, parte de los indígenas conquistados se destinaron para el trabajo en las haciendas -especialmente a las de Nueva Vizcayadonde fueron frecuentes sus insubordinaciones en protesta por el régimen laboral intensivo al que se hallaban sometidos; otros grupos -como los yaquisacabaron siendo repartidos en las explotaciones mineras de la provincia de Sonora. La guerra ofensiva del siglo XVIII, que tuvo como objetivo el fortalecer la frontera norte de Nueva España mediante la ocupación de los territorios situados entre los ríos Gila y Colorado, no alcanzó el objetivo previsto, cual era el poblamiento de la zona (28) FAVLK [22], págs. 55-67. (29) Ignacio RUBIO MAÑE, Introducción al estudio de los Virreyes de Nueva España, Universidad Autónoma (México, 1961), Vol. n, pág. 104. R. J., 1995, n2 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS «BÁRBARAS. EN LOS VIRREINATOS DE NUEVA ESPAÑA y PERÚ 51 con presidios y misiones, de acuerdo con el plan estratégico de Gálvez para la conquista del norte de México. Además, el afianzamiento de la frontera de «mar a man) era imposible en tanto se mantuvieran los asentamientos apaches y comanches en ese «país inculto» que era el Bolsón de Mapimí, región que continuó sirviendo de abrigo a muchos grupos guerreros que aún en el siglo XIX continuaban desestabilizando la frontera noreste de Nueva Vizcaya. En síntesis, en lo que respecta a la situación fronteriza del norte de México a fines del siglo xvm, a pesar de quedar todavía algunas zonas expuestas a las invasiones indígenas, se había dado un paso importante en la «pacificación» de muchos grupos apaches, avanzando un poco más la frontera hacia el norte, situación que por otro lado g~neró la enemistad de los recién reducidos con los comanches. Estos siguieron con sus escaramuzas en las haciendas para el robo de ganado, acusándose en ellos los rasgos de «nación guerrera» de manera mucho más acentuada que entre sus antiguos aliados apaches, valiéndoles la calificación de «salvajes errantes de las praderas» (30). El uso de caballos y especialmente de armas de fuego por los comanches, estas últimas obtenidas mediante sus tratos con los colonos ingleses -como anteriormente lo hicieron con los franceses de Luisiana-, ponía en juego otros factores en la guerra fronteriza, ausentes en el caso de la frontera tucumano-chaqueña. Aprovisionando a los indígenas de este tipo de instrumentos para la lucha, los ingleses hacían indirectamente la guerra a España, circunstancia que bien puede contabilizarse como causa de la fragilidad de las fronteras hispánicas en Nueva España. Finalmente, esta debilidad y la fuerte presión extranjera coadyuvaron a la victoria final de Estados Unidos sobre México, extendiendo aquél su dominio hasta el no Grande. 3. LA FRONTERA ORIENTAL DEL TUCUMÁN EN EL SIGLO XVIll: EL TERRITORIO MISIONERO DEL SALADO 3.1. Fronteras naturales y frontera económica en el Tucumán del siglo XVII La corriente colonizadora que llevó a cabo la fundación de las ciudades que posteriormente constituyeron la provincia del (30) HUMBOLDT II O], pág. 187. R. 1, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
52 BEATRIZ VITAR Tucumán -actual Noroeste argentinohabía partido del Perú iniciando un proceso que se denominó «descargar la tierra» (31). Desde el ámbito peruano, con ricos yacimientos mineros, se concibió también esta extensión de la conquista hacia el sur con unos fines estratégicos: hacer de los territorios incorporados una avanzada y baluarte del espacio ya conquistado, papel que se reafirmaría con la consolidación de los establecimientos hispanos en el área atlántica. Desde el punto de vista económico, el Tucumán entró en una estrecha conexión con la órbita peruana como abastecedor de los mercados mineros, especializándose en las actividades agroganaderas y manufacturas textiles. El proceso de fundación de las ciudades tucumanas dio como resultado' un conjunto de núcleos dispersos en un vasto territorio, cuyo único vínculo era la ruta que los comunicaba con el Perú, quedando las ocho ciudades de la provincia -Córdoba, Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Riojaseparadas por grandes distancias despobladas. A comienzos del siglo xvm, con la excepción de Córdoba, un poco más próspera que el resto, los mencionados centros acusaban una notoria decadencia. Esta situación se debía en parte al vuelco de sus pobladores hacia las zonas rurales aledañas, donde desarrollaron diversos cultivos y la cría de ganado. A lo largo del siglo XVII estas actividades experimentaron un gran crecimiento y en especial la ganadería, cuya expansión condujo a la ocupación de mayores extensiones de terreno, surgiendo así las haciendas o estancias. Estos establecimientos cumplieron en un principio la función de aprovisionar a sus pueblos cabeceras, pero al incrementarse la demanda peruana de productos necesarios para el trabajo en las minas, tuvieron una beneficiosa participación en los intercambios con el mercado de Potosí. De modo similar al proceso observado en algunas regiones del norte de México, como Nueva Vizcaya, se conformó en las fronteras tucumanas un sólido espacio económico, cuya dinámica y florecimiento estuvieron ligados a la explotación minera altoperuana. Las estancias o «haciendas de campo» se dedicaron principalmente a la agricultura y a la cría de ganado vacuno y mular -además de tener caballada en abundancia-, incluyendo obrajes donde se desarrollaba la industria textil. La explotación ganadera llevó a la ocupación de las fértiles tierras situadas al este de las ciudades fronterizas con el Chaco: Jujuy, Salta, Santiago del Estero y San Miguel de Tucumán; también Córdoba, a la que (31) ASSADOlJRIAN [2], pág. 36. R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS 4CBÁRBARAS- EN LOS VIRREINATOS DE NUEVA E.SPAÑA y PERÚ 53 más tardíamente afectaron las invasiones chaqueñas, poseía numerosas haciendas en las tierras bañadas por los ríos de su jurisdicción. El frente pastoril había logrado incorporar terrenos altamente productivos en la zona oriental del Tucumán en una etapa en que los guaycurú chaqueños no se habían volcado a las fronteras; entonces «se aprovecharon los españoles de muchas y excelentes tierras que hay hacia sus confines, poblando en ellas haciendas de mucho precio (32). Al resultar destruidas un considerable número de haciendas y mudarse de sitio otras tantas tras la intensificación de los ataques mocoví -indígenas del grupo guaycurú- a fines de los años 20 del siglo xvm, se intentó recuperar esa frontera ganadera que con anterioridad había constituido un antemural defensivo para las ciudades. De este modo, el gobernador Abarca, con posterioridad a un ataque mocoví a las haciendas de Córdoba, ordenó que «los que habían dejado sus estancias se volviesen a ellas, respecto de dejar resguardada la tierra» (33). Las haciendas tucumanas formaron un espacio ganadero que sin embargo no llegó a traspasar los límites naturales fijados por el río Grande en Jujuy y el río Salado en Salta y Santiago; en lo que respecta a San Miguel, sus estancias se extendían principalmente en el valle de Choromoros al noreste, próximo al río Salado. Muy cerca de estas vías fluviales pasaba el «camino antiguo» o camino real al Perú, que atravesaba las ciudades de Córdoba, Santiago del Estero, San Miguel, Salta y Jujuy, habiéndose erigido numerosas haciendas alrededor de esta activa ruta. El camino real, que delimitaba dos zonas nítidamente diferenciadas era considerado como «la frontera del enemigo del Chaco», consignándose en un informe de 1682 que desde la dicha frontera del Chaco y camino antiguo por donde se caminaba de la ciudad de Santiago a la de Jujuy, hacia las provincias de Tucumán pobladas ya de españoles, empieza la tierra llana desmontada en donde el enemigo no puede tener abrigo ni defensa escondiéndose y encerrándose en las espesuras y montes (que es su mayor fuerza y defensa) porque no los hay (34). (32) Carta del gobernador Esteban de Urízar al Rey. Salta, 24-noviembre- 1708. AGI, Charcas 284. (33) Representación del Consejo de Indias al Rey. Madrid 22-diciembre- 1730. AGI, Charcas 160. (34) Copia de carta de Pedro Frasso al presidente de la Audiencia de La Plata. Lima, 24-noviembre-1682. AGI, Charcas 283. R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
54 BEATRIZ VITAR Los guaycurú, que formaban el conjunto étnico más belicoso del Chaco, iniciaron sus movimientos llacia las zonas fronterizas en la segunda mitad del siglo XVII, sorteando fácilmente los obstáculos naturales de la frontera para asaltar los caminos y las haciendas y, en una fase posterior, las mismas ciudades del Tucumán. La jurisdicción de Salta y los centros ganaderos de sus valles próximos al Salado eran las zonas más hostilizadas, razón por la cual las misiones fundadas con posterioridad al sometimiento de los pueblos más «dóciles» de la periferia chaqueña se establecieron preferentemente en los límites salteños con el Chaco, en las tierras bañadas por el rio Salado. En los confines de Salta sólo existía a principios del siglo xvrn el fuerte de «la frontera y ciudad de Esteco», que era «la más deseada de dicho gentío [los mocoVll, por ser la más abundante de caza con que se sustentan» (35), además de poderse aprovisionar en ella de numerosas frutas silvestres y pesca (36). Si bien las unidades de produccción ganadera tuvieron un activo papel en la ocupación de las tierras fronterizas, debido al estado precario de muchas de ellas y a su dispersión formaron una frontera ganadera fluctuante y discontinua, lo que las convirtió en un facil objetivo para los cazadores guerreros del Chaco, ávidos de vacas y caballos. Sobre la gravedad de la situación fronteriza en los primeros años del siglo xvm da cuenta un infonne de la Junta de Guerra de Indias, en el que se consignaban .. .las hostilidades, crueldades, robos y muertes que ejecutaban los indios mocovíes y otras distintas naciones bárbaras en las ciudades principales, estancias, caseríos y caminos públicos de la Gobernación del Tucumán que es tránsito y comunicación de las de Buenos Aires con las del Potosí y demás del reino del Perú, continuadas sin intermisión de cincuenta años a aquella parte (37). La zona fronteriza carecía de una defensa adecuada para hacer frente a la presión guaycurú -especialmente de los mocovÍ. Con el desarrollo de la guerra ofensiva se incrementó el número de presidios, instalándolos en los tramos más vulnerables de la frontera; sin embargo, su falta de solidez material, unido a la falta de hombres y medios materiales, impidieron que funciona- (35) Autos seguidos contra el marqués del Valle de Tojo. Año de 1710. AGI, Charcas 328. (36) Idem (37) Junta de Guerra de Indias, 17-diciembre-1715. AGI, Charcas 157. R. L, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS «BÁRBARAS. EN LOS VIRREINATOS DE NlJEVA ESPAÑA y PERÚ 55 ran eficazmente en la preservación de ese espacio vital para la economía del Tucumán representado por las haciendas. 3.2. La dinámica chaqueña en el siglo XVIL Movilidad indígena en las fronteras del Tucumán Debido a sus peculiaridades geográficas, el Chaco representaba un medio hostil para los colonizadores del Tucumán, quienes solían hacer reiteradas referencias a los obstáculos naturales de dicha región indígena, en especial cuando aludían a sus habitantes, en especial los «salvajes» guaycuru, que tenían sus asentamientos tierra adentro. El desconocimiento del terreno chaqueño por parte de los españoles y su calidad de reducto de pueblos dotados de un fuerte espíritu guerrero postergaron su conquista, hecho éste en el que también influyó el desaliento que embargó a los colonizadores tras dos intentos fallidos de asentamiento en el interior chaqueño en los siglos XVI y XVll. En lo que se refiere al Chaco como área étnica, puede delimitarse la existencia de dos grandes núcleos de asentamiento de la población indígenas, tomando como referencia el Tucumán: los pueblos de la periferia y los del interior o «tierra adentro». Esta distribución territorial de los pueblos chaqueños -que definía también diferentes matices de comportamiento ante la presencia colonialasí como la situación de tensión interétnica provocada esencialmente por los movimientos guaycurú, tuvieron gran incidencia en el proceso de conquista iniciado desde el Tucumán en . el siglo XVlli. Los lule y vilela, grupos de la periferia suroccidental chaqueña, al encontrarse comprimidos en sus asentamientos por una doble presión -española y guaycurúsucumbieron tempranamente, al iniciarse las acciones ofensivas coloniales en la mencionada centuria. La conquista y asimilación de estos grupos periféricos se vio favorecida además por su carácter de pueblos con hábitos sedentarios propios de las culturas que recibieron la influencia andina. Reducidos primero en los fuertes -el caso de los lule- y con posterioridad en las misiones fundadas por la Compañía de Jesús, los grupos indígenas periféricos participaron activamente en la guerra contra los pueblos del interior chaqueño. Otros pueblos de las fronteras chaqueñas con el Tucumán, como los grupos mataco-mataguayo situados en la periferia noroccidental, que mantenían una relación oscilante de guerras y alianzas con sus vecinos toba, fueron sometidos a mediados del siglo XVIII, en una etapa ya avanzada de la guerra ofensiva. R. l, 1995, nO 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
56 BEATRIZ VIT A R Los guaycurú -grupos toba, abipón y mocovÍ- pueden incluirse dentro del modelo de (~sociedades para la guerra» (38), destacados por su tenaz resistencia a la conquista, el ejercicio permanente de las actividades bélicas y su tendencia expansiva, incrementada con el uso de caballos. La posesión de este ganado era un rasgo fundamental que distinguía a los pueblos de la periferia respecto de las naciones del interior chaqueño. Los guaycurú disponían de una considerable cantidad de ganado caballar, lo que les otorgó grandes ventajas en la guerra contra núcleos urbanos, reconociéndose desde el frente pionero que las incursiones mocoví a las fronteras del Tucumán se habían visto favorecidas por la gran suma de cabalgaduras con que se hallan pertrechados pues de los que han llevado de las haciendas de campo que arruinaron y destruyeron entre caballos y mulas llegarán a tres mil cabezas más o menos fuera del ganado vacuno y otros menores que tienen a su disposición» (39). La dicotomía entre los pueblos indígenas del Chaco fue hábilmente explotada por los españoles en aras del eficaz cumplimiento de su plan colonizador para consolidar las fronteras del Tucumán. La estrategia del frente pionero diseñada sobre la base de esta oposición entre indios de a pie e indios de a caballo se ve de manera muy clara a través del siguiente testimonio, en el que se expresa la necesidad de «salvan> a los lule de los temibles mocovÍ, diciendo de los primeros que son de buena disposición y acérrimos enemigos de los mocoví y demás naciones bárbaras del Chaco con quienes tienen continua guerra en que siempre sacan estos pobres el peor partido por ser gente de a pie y tener los otros mucha caballería no porque en el valor les exceden antes sí les aventajan, circunstancias que demás de la general obligación de asistirles compele a la brevedad de su reducción (40). (38) Pierre CLASTRES, Investigaciones en Antropología Política, Barcelona, Editorial Gedisa, 1981, pág. 184. (39) Representación del cabildo de la ciudad de Jujuy al Re:y. Jujuy, 19- agosto-1734, en Testimonios de los Autos obrados ror la Real AudIencia ae La Plata sobre el castigo de los indios mocovíes de Chaco, año de 1734. AGI, Charcas 347. (40) Carta del gobernador Urízar al Rey. Salta, 23-noviembre-1708. AGI, Charcas 210. R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS «BÁRBARAS. EN LOS VIRREINATOS DE NUEVA E .. SPAÑA y PERlJ 57 Con respecto a los vilela, también se consideraba la ventaja de su conquista, ya que «conseguida la de éstos -por ser de más suave índole y que según las noticias se gobiernan con alguna especie de políticase facilitarla la de los mocovíes y demás naciones bárbaras que habitan en los comedios» (41). Por el contrario, los guaycurú fueron sometidos parcialmente hacia mediados del ~iglo xvm, constituyéndose con ellos algunas reducciones en la frontera, caracterizándose éstas por una gran inestabilidad en comparación con los pueblos lule y vilela. En realidad, los grupos toba, abipón y mocoví que fueron reducidos en las fronteras aceptaron una sumisión con reservas, en la que se combinaban una disponibilidad ocasional al contacto con actitudes hostiles que conducían a la deserción o al abandono temporal de sus mISIones. 3.3. Guerra ofensiva contra los chaqueños y defensa de las fronteras del Tucumán La necesidad de salvaguardar las ciudades y el espacio ganadero tucumano de las invasiones de los indígenas chaqueños, como así también el interés de asegurar las comunicaciones con el Perú -hacia cuyos mercados se derivaba la mayor parte de la producción del Tucumán-, fueron las causas determinantes del lanzamiento de la guerra a sangre y fuego contra los chaqueños durante el siglo XVIll. Esta decisión significaba el despliegue de campañas ofensivas, atacando a los indígenas en sus propias tierras. Con ese objetivo el gobierno del Tucumán elevó a comienzos del siglo xvm una serie de consultas a las autoridades metropolitanas acerca de la conveniencia de practicar acciones militares en territorio chaqueño. Existía el antecedente de algunas entradas al Chaco ejecutadas en el siglo anterior aunque tales expediciones se redujeron en la práctica a un reconocimiento de la periferia chaqueña, sin conseguir resultados efectivos en lo que respecta a poner un freno a la movilidad guaycurú en la frontera oriental del Tucumán. En cuanto a la lucha con los «indios bárbaros», la Corona se inclinó por la adopción de una política ofensiva como único medio para asegurar las fronteras interiores de los diferentes ámbitos coloniales. Haciéndose eco de las disposiciones que legitimaban la guerra ofensiva, la Audiencia de La Plata sugirió (41) Carta del gobernador Urízar al Rey ... [32]. R. 1, 1995, n2 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
64 BEATRIZ VITAR de las Angustias (grupo mataguayo), fundada en Jujuy en 1778 y las de San Bernardo de Vertiz y Lacangayé, con indígenas del grupo mocoví. Junto a la reducción mataguaya de Jujuy se instaló también un fuerte, atendiendo a la peligrosidad de este tramo de las fronteras con el Chaco y a la desafortunada experiencia que se había tenido con los mataguayo en el decenio de t 750, cuando los jesuitas intentaron en vano retenerlos en reducciones. Años después se perfeccionó la defensa fronteriza con el establecimiento de la población de San Ramón de la Nueva Orán (1790), fundada en las cercanías de la misión mataguaya, pero en terrenos más próximos al Chaco. La pequeña villa de Orán, muy cerca del río Bermejo, significó un verdadero adelantamiento de la frontera con el Chaco por el lado del norte, instalándose al poco tiempo el fuerte de Caraparé (1797), adentrado en territorio chaqueño. A fines del siglo XVIII un total de seis fuertes resguardaban la frontera tucumano-chaqueña: Ledesma, Pizarra (presidio que protegía la misión mataguaya), y Caraparé, por la parte de Jujuy, y los de Tunillar, San Fernando y Los Pitos, en el lado salteño (54). Además de las fundaciones antes citadas, cuando ya daba fin la centuria que analizamos, proliferaron los proyectos para pacificar y reducir el Chaco, conteniendo muchos de ellos la propuesta de utilizar el río Bermejo como vía navegable, lo cual acortaría notoriamente las distancias entre el Paraguay y el Alto Perú, con indudables beneficios para el comercio. Estos planes más que tender a un ocupación efectiva del territorio chaqueño, perseguían el objetivo de facilitar el tránsito por el mismo, siendo estos propósitos similares a los que guiaron las primeras exploraciones chaqueñas en el tránsito por el mismo, siendo estos propósitos similares a los que guiaron las primeras exploraciones chaqueñas en el siglo XVI (55). En síntesis, en lo que respecta a los alcances de la empresa de colonización chaqueña desarrollada por el Tucumán en el siglo XVIII, al final de esta última centuria sólo se había concretado un poblamiento periférico de dicho territorio indígena, rompiendo tímidamente los españoles la barrera del río Salado para establecerse en las proximidades del río Bermejo. (54) VIÑVALES, l24] (55) Elmer S. MILLER, Los tobas argentinos. Arnzunía y di.\'tancia en l/na sociedad, México, Siglo XXI Editores, 1979. R. I, 1995, nº 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
LAS FRONTERAS «BÁRBARAS~ EN LOS VIRREINATOS DE NUEVA ESPAÑA y PERÚ 65 CONSIDERACIONES FINALES En lo que se refiere a la conquista y colonización de las tierras nuevas, en los dos procesos que hemos analizado nos encontramos ante algunas semejanzas que merecen destacarse, lo que sin embargo no quita su singularidad a cada uno de dichos fenómenos. En primer lugar, tanto en México como en Perú la expansión española debió vencer el serio obstáculo que significaba la presencia de los «indios de guerra» en sus fronteras. Las sociedades indígenas a las que se enfrentaron los españoles (los «bárbaros» del norte de Nueva España y los «salvajes» chaqueños en el oriente tucumano) presentaban rasgos comunes, sobre todo en lo que respecta a su universo cultural y, fundamentalmente, en su tenaz resistencia a la conquista. A su vez, las Provincias Internas del septentrión de México y la provincia del Tucumán en el virreinato del Perú constituyeron dos espacios fronterizos diferenciados, atento a la importancia intrínseca de cada región, a las características de su inserción dentro de los respectivos ámbitos virreinales y a su relación con los territorios vecinos. Las lejanas provincias del norte novohispano constituían una región periférica, aislada y «desprendida» de los núcleos centrales que irradiaron la expansión hacia el septentrión del virreinato. Además, la paralela vecindad de las provincias norteñas con pueblos indígenas dotados de una fuerte vocación guerrera y con las colonias rivales de España situadas en América del Norte, crearon unas circunstancias fronterizas particulares, lo cual se reflejó en dos cuestiones esenciales: por un lado, ese distanciamiento de las provincias del norte con respecto a la sociedad del centro de México se tradujo en un peculiar funcionamiento de las instituciones fronterizas y, por otro, sembró el terreno para la germinación de una ambivalencia que en cierta medida influyó en el posterior trasvase fronterizo en beneficio de Estados U nidos. En definitiva, careciendo del atractivo de las riquezas metálicas, las «últimas» fronteras de Nueva España -vale decir, las regiones incorporadas en el siglo XVIII- fueron el símbolo del descuido por parte de la sociedad del centro virreina!, que sólo vio en ellas una barrera de protección para el espacio terriotrial que se había consolidado en condiciones muy distintas a las de las tierras fronterizas. En el caso peruano, si bien la provincia del Tucumán conformaba la periferia sur del virreinato, la importancia estratégicoeconómica del territorio en que se hallaba enclavada, hicieron de R. l, 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es
66 BEATRIZ VITAR la citada jurisdicción una región intermedia de trascendental importancia en la época colonial. Situado en medio del área rioplatense -a la que formalmente quedó contactada por lazos políticos en 1776- y la órbita peruana, el Tucumán no sólo gozó de las ventajas de su conexión con el mercado altoperuano, sino que recibió también el benéfico influjo atlántico, en especial de la corriente comercial que, arrancando de Buenos Aires, recorría el interior del territorio argentino atraída por la plata potosina. Desde otro punto de vista, la acción colonizadora del Tucumán en su frontera oriental no significó verdaderamente un avance en relación a la conquista y ocupación del Chaco, según se observa a través de la evolución de la situación fronteriza a lo largo del siglo XVill. La guerra sostenida contra los chaqueños tuvo más bien el objetivo de preservar el espacio vital afianzado en los siglos anteriores, procurando defender la frontera más o menos definida durante los mismos. En este sentido, no se desarrolló una política netamente ofensiva -salvo raras excepciones- durante el periodo que analizamos, aunque a la larga la presión colonial terminó por «estrechar» a los indígenas en sus tierras, estabilizándose así las fronteras. El cerco colonizador se canalizó además por otras vías, tales como la presencia de un conjunto de misiones en la frontera, que obraron como un fuerte condicionante en el progresivo sometimiento de los belicosos guaycurú. En síntesis, el carácter guerrero de sus pobladores y la inexistencia de riquezas metálicas en un territorio caracterizado por una geografía llena de obstáculos, no estimuló a los españoles para emprender la «toma» del Chaco. El Tucumán intentó tardíamente quebrar sus viejas fronteras, alentando un impulso expansivo hacia el interior chaqueño hacia fines del siglo xvrn, aunque corresponderla a un nuevo frente pionero, procedente de Corrientes -ciudad situada en la orilla oriental chaqueña, sobre el río Paranáel desarrollo de la siguiente etapa de colonización chaqueña, bajo un signo diferente. R. II 1995, nQ 203 (c) Consejo superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es