Algunas Claves para Evitar el Fallo Sociopragmático en los Estudiantes de Inglés Como L2
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ALGUNAS CLAVES PARA EVITAR EL FALLO SOCIOPRAGMÁTICO EN LOS ESTUDIANTES DE INGLÉS COMO L21 Manuel Padilla Cruz Universidad de Sevilla 1. Introducción: el fallo sociopragmático El fallo sociopragmático, uno de los componentes de lo que Thomas (1983) denominó fallo pragmático, se origina por el comportamiento lingüístico inadecuado de un hablante en un contexto determinado debido al desconocimiento de las condiciones sociales del uso de una lengua o al seguimiento de unas convenciones sociales que operan de distinta manera en diversos grupos sociales o culturales. Para que un acto o un macro-acto de habla sean pragmáticamente aceptables hay que conocer las secuencias discursivas que se utilizan para llevarlo a cabo y, además, evaluar unas variables contextuales cuyos valores son, en la inmensa mayoría de los casos, específicos de una cultura2. Cuando los hablantes utilizan una secuencia discursiva distinta de la que otro grupo de hablantes hubiera empleado para llevar a cabo un determinado acto de habla o asignan a una o más de estas variables valores distintos de los que otros hablantes con los que se relacionan hubieran asignado, se produce un fallo sociopragmático. Los fallos sociopragmáticos son de gran importancia en la enseñanza de una L2, pues en muchos casos son los causantes de malentendidos conversacionales y de ellos se originan estereotipos sociales que tienen como resultado una percepción negativa del interlocutor que los comete. En este trabajo se afrontarán estos fallos desde una perspectiva cognitiva. En primer lugar, se presentarán de manera muy resumida los postulados teóricos fundamentales de 1 Quisiera expresar mi agradecimiento a la Dra. Pilar Garcés Conejos por sus comentarios y sugerencias sobre este trabajo. 2 Entre estas variables se podrían citar la distancia social entre los interlocutores, el poder que ostentan, el rango de imposición de un determinado acto en una cultura, o sus costes y beneficios para los interlocutores.
la Teoría de la Relevancia (Sperber & Wilson, 1986, 1995) y, seguidamente, se señalará la importancia que tiene en la comunicación el contexto, que contiene representaciones mentales que conforman el conocimiento general y otro conocimiento más específico que establece las pautas para actuar en las distintas situaciones comunicativas. Esto nos llevará, a continuación, a comprender que el fallo sociopragmático estriba en la mayoría de los casos en diferencias del conocimiento específico que tienen interiorizado los interlocutores sobre el comportamiento lingüístico esperado en una situación determinada, lo que influye en la selección de estímulos verbales ostensivos que hacen al receptor recuperar implicaturas no deseadas por el emisor. Por último, se ofrecerán algunas sugerencias metodológicas para evitar estos fallos. 2. La Teoría de la Relevancia La Teoría de la Relevancia (Sperber y Wilson, 1986, 1995) es uno de los modelos pragmáticos que tratan de explicar la comunicación más interesantes actualmente. Parte de la negación que la comunicación sea un mero proceso de codificación y decodificación de enunciados, puesto que el significado gramatical de un enunciado no basta para recuperar el significado del mismo. Todos los enunciados son normalmente incompletos, por lo que el receptor debe descubrir su sentido, desambiguar algunas expresiones, asignar referente a otras, o recuperar elementos elididos (Wilson, 1993)3. Además, cada enunciado puede tener distintos significados dependiendo de factores como la identidad de los interlocutores, o el contexto situacional o temporal. Esto implica que cada enunciado puede expresar implícita o explícitamente una gran variedad de contenidos proposicionales, lo cual lleva a los autores de la teoría a establecer una distinción entre lo que se dice y lo que se implica. De acuerdo con Sperber y Wilson (1986, 1995), la comunicación humana se debe entender como un 3 Según Sperber y Wilson (1995: 182), un receptor tiene que recuperar las explicaturas del enunciado, ‘[...] a combination of linguistically encoded and contextually inferred conceptual features’.
proceso ostensivo-inferencial en el que el emisor atrae la atención del oyente sobre una serie determinada de hechos para comunicar algo y el oyente infiere la realidad a la que aquél se refiere y su propósito al hacerlo4. En los procesos inferenciales que tienen lugar en la comunicación, el receptor combina la información que recibe con los supuestos o representaciones mentales almacenados en su mecanismo cognoscitivo, un subconjunto de los cuales forma lo que se denomina contexto. Este conjunto de representaciones contiene, entre otros, conocimiento científico o cultural, supuestos sobre los distintos interlocutores con los que se relaciona, o información sobre las distintas maneras en las que se desarrolla la interacción en su grupo social o cultural. Estas representaciones mentales son creadas a partir de su percepción de la realidad externa por medio de los sentidos, que son los mecanismos de input que le permiten obtener un conocimiento del mundo y que actúan, a su vez, como filtros. Las capacidades físicas influyen la percepción de la realidad que cada ser puede tener, por lo que se puede afirmar que dos individuos distintos nunca compartirán el mismo tipo de representaciones mentales. En la comunicación los interlocutores procesan los enunciados que reciben estableciendo relaciones con los supuestos mentales previamente almacenados en el cerebro y tratan de ver los efectos contextuales que obtienen, así como el tipo de los mismos5, al combinar información vieja con información nueva. Los seres humanos estamos dotados con un principio que nos permite evaluar las interpretaciones de los enunciados, y que es tan poderoso que nos permite eliminar todas las interpretaciones de un enunciado salvo una, que es la que el emisor trató comunicar. Esta interpretación no se decodifica, sino que se infiere por medio de un proceso no demostrativo de inferencia. Este principio es, según Sperber y Wilson (1986, 1995), el Principio de Relevancia: ‘Every act of 4 En la comunicación ostensivo-inferencial los interlocutores acceden al nivel de lo que se implica, constituido por las implicaturas, que son contenidos que no se expresan de manera explícita y que se pueden deducir a partir de conjuntos de supuestos mentales. 5 Los efectos contextuales pueden ser, según Sperber y Wilson (1986, 1995), refuerzos, contradicciones o implicaciones contextuales.
ostensive communication communicates a presumption of its own optimal relevance’, donde la presunción de relevancia óptima se entiende como: a) The set of assumptions I which the communicator intends to make manifest to the addressee is relevant enough to make it worth the addressee’s while to process the ostensive stimulus. b) The ostensive stimulus is the most relevant one the communicator could have used to communicate I. (Sperber & Wilson, 1995: 158) Todo enunciado supone una atracción de la atención del receptor por parte del emisor y crea en el primero expectativas de relevancia. En la comunicación ostensivo-inferencial el emisor, por tanto, tratará que no haya otra interpretación posible de un enunciado que proporcione suficientes efectos contextuales como para considerarla relevante. Según Wilson, ‘An utterance, on a given interpretation, is consistent with the principle of relevance if and only if the speaker might rationally have expected it to be optimally relevant to the hearer on that interpretation’ (1993: 352-353). No obstante, se debe recordar que la relevancia no es una cualidad intrínseca de los enunciados, sino adicional, pues lo que puede ser relevante para un individuo podría no serlo para otro o incluso para el mismo individuo bajo circunstancias distintas. La relevancia es una característica de los enunciados resultante de la conexión del mensaje con el contexto, con el conjunto de supuestos mentales seleccionados para la interpretación de un enunciado en un determinado momento. 3. El conocimiento general y el conocimiento específico Dentro de la esta visión cognitiva de la comunicación que ofrece la Teoría de la Relevancia, el contexto tiene un papel que resulta crucial. Todos los individuos contienen en su mente una infinidad de supuestos a los que recurren en numerosas ocasiones en los distintos intercambios conversacionales. Se
puede decir que un individuo tiene un conjunto de supuestos que conforman el conocimiento general, fruto de la experiencia derivada de su relación personal con la realidad externa, que le permite comprender el comportamiento de otras personas simplemente porque esas otras personas son seres humanos (Escandell, 1996: 634). Dentro de este gran conjunto habría unos subconjuntos de supuestos relacionados entre sí que constituyen el conocimiento específico, que le permite interpretar y participar en acciones en las que se ha visto implicado en numerosas ocasiones y le ahorra esfuerzo de procesamiento. Este segundo tipo de conocimiento está estructurado en frames, scripts o schemata, como proponen Janney y Arndt (1992: 32), Schank y Abelson (1977: 41) o Escandell (1996: 634)6, y a ellos recurren las personas constantemente. Las representaciones mentales que constituyen este tipo de conocimiento proporcionan unas plantillas para la interpretación de los estímulos que percibe el individuo, con una serie de opciones o huecos que se van seleccionando o completando en función de los datos recibidos por medio de los sentidos. Un participante en la interacción llega a una interpretación cuando ha rellenado todos los huecos, o ha seleccionado las opciones pertinentes de una plantilla determinada, con información nueva complementada con la información previamente existente en su mecanismo cognoscitivo. Los participantes en un intercambio conversacional comparten la certeza que ésta es una facultad común a todos los seres humanos, por lo que la comunicación se fundamenta en la producción y comprensión de lenguaje basado en conocimientos estructurados. Los conceptos de los enunciados activan sus marcos correspondientes, que ofrecen un abanico de posibilidades sobre información que puede aparecer a 6 De acuerdo con Janney y Arndt (1992: 32), estos términos equivaldrían al de supuestos situacionales, y se referirían a ‘[...] working hypotheses that people adopt on a moment to moment basis to orient themselves in the ongoing conversation. [...] Due to their embeddedness in cultural experiences situational assumptions are directly related to, and derived from, cultural assumptions’. Para Schank y Abelson (1977: 41) un script es ‘[...] a structure that describes appropriate sequences of events in particular contexts. A script is made of slots and requirements about what can fill those slots, [...] is a predetermined stereotyped sequence of actions that defines a well-known situation’. De acuerdo con Escandell (1996: 634), un marco o frame es una ‘[...] data structure for representing a stereotyped situation. It denotes events sequences, but also ordered expectations of objects and setting’.
medida que avance una conversación y sientan las bases sobre las que se interpretan palabras o partes de los enunciados que no proporcionan la suficiente información como para encontrar un contexto idóneo en el que sean interpretadas. Además, los conocimientos específicos aportan datos sobre modelos de comportamiento apropiados según las circunstancias, y contienen, a su vez, información sobre el lenguaje que se tiene que utilizar. Se deduce, por consiguiente, que una gran parte del comportamiento humano se encuentra influenciado por el conocimiento específico. Este conocimiento varía de individuo a individuo, por lo que se puede concluir que también cambiará según las culturas o los grupos sociales. Esto se apoya en la afirmación que los mecanismos cognoscitivos actúan como filtros y están ajustados de distinta manera según las capacidades físicas de cada individuo. Se podría decir que algunas representaciones mentales serían comunes, aunque nunca idénticas, a todos los individuos pertenecientes a un cierto grupo social, por lo que conformarían una especie de conocimiento cultural sobre el que todos los miembros de ese grupo procesan los estímulos y que es muy difícil de alterar por medio de otros supuestos que las contradigan: ‘[...] they remain relatively stable and their influence on social interaction becomes almost automatic. Events that contradict them do no change them, but tend rather to be interpreted as incorrect, ununderstandable or abnormal’ (Janney & Arndt, 1992: 31). Cada miembro debe aprender el comportamiento que se estima correcto en su comunidad para llegar a ser competente dentro del grupo; es decir, debe interiorizar un contexto social y asignarle una serie de representaciones mentales. Como Janney y Arndt (1992: 30) afirman, ‘[...] growing up to become a normal member of a culture is largely a matter of learning how to perceive, think, and behave as others in the culture do’. Es más, la medida en la que los miembros de una sociedad son capaces de actuar dentro de ella viene en gran medida determinada por su capacidad de representación interna del contexto social.
Los aspectos sociales de la comunicación se habrán de analizar en términos de la estructura y los contenidos del conocimiento específico, por lo que no se deberá poner tanto énfasis en los procesos de inferencia, parte importante, pero no la única, en la interpretación de la comunicación: el énfasis habrá que ponerlo esencialmente en el contexto mental. Cada individuo tiene una serie de supuestos accesibles en un momento concreto, un conocimiento previo obtenido a través de la exposición reiterada a situaciones que actúan como un marco, script, o esquema. Éste es el tipo de conocimiento que se requiere para interpretar un mensaje o cualquier acto de comportamiento ostensivo. 4. Una aproximación cognitiva al fallo sociopragmático Una vez expuestos los fundamentos teóricos en los que se basa este trabajo, pasamos a continuación a tratar desde una perspectiva cognitiva el fallo sociopragmático, que se va a interpretar como el resultado de la actuación de dos individuos que siguen diferentes conocimientos específicos que les dictan el comportamiento que se espera en una situación determinada. Que dos interlocutores perciban de manera distinta un mismo estímulo ostensivo pone de manifiesto que puedan estar operando a través de una selección distinta del contexto, lo cual se aplica también a los casos de intercambios interculturales de los que surgen fallos sociopragmáticos. En estas circunstancias, los hablantes se encuentran en una misma situación pero actúan siguiendo lo establecido por las normas interiorizadas que les ha marcado su grupo social o, incluso, malinterpretando un concepto clave o toda la situación, con la consiguiente selección errónea del marco, del script o del esquema mental. Ésta es la base de los estereotipos que se derivan de la comunicación intercultural e intracultural, ya que ‘[...] it is difficult to assess personality characteristics, because such judgements are always measured against cultural standards. If we don’t know the standard, we can’t gauge the divergence from it [...]’ (Tannen, 1984: 191). En todos estos casos se toma como punto de referencia el conocimiento
específico que cada individuo tiene interiorizado para hacer juicios de valor sobre el comportamiento de otro procedente de una cultura distinta o perteneciente a un grupo social que concede más importancia a otros valores o normas de comportamiento. Por ello, en la comunicación es necesario tener un conocimiento de las normas de comportamiento que los distintos grupos establecen como correctas y de las estrategias comunicativas que un grupo utiliza para llevar a cabo los distintos actos o macro-actos de habla. Estas normas y estrategias no sólo varían de una cultura a otra, sino que varían incluso dentro de una misma cultura, pues por medio de la lengua se establecen relaciones de identidad con otros individuos. Cada grupo social o cultural establece unos procedimientos para llevar a cabo distintos actos de habla o relacionarse entre los miembros que componen dicho grupo; es decir, determina una secuencia de acciones que le permite lograr un fin deseado (Hayashi, 1994). Las diferencias entre las distintas culturas se tienen que explicar, por tanto, como diferencias en el tipo de comportamiento prescrito para una situación concreta. Comportarse cortésmente no es una cualidad, sino una habilidad adquirida a lo largo de la experiencia humana resultado de una interiorización de patrones de comportamiento considerados correctos dentro de una colectividad específica. Cada vez que un participante en un intercambio conversacional actúa según la manera indicada los mecanismos de procesamiento del otro participante derivan una interpretación positiva – cortés –, mientras que en las ocasiones en las que ese comportamiento no sigue las pautas establecidas se deriva una evaluación negativa – descortés. La cortesía se entiende como un estado en el que los participantes en un intercambio no se exigen un esfuerzo adicional de procesamiento que les lleve a la obtención de implicaturas no deseadas. Los hablantes tratarán de comunicar su intención de la manera más directa posible, a través de estímulos verbales ostensivos con el menor coste posible. No deberán en ningún momento alargar en exceso el proceso inferencial de su receptor, pues
al hacerle asumir un mayor esfuerzo de procesamiento éste puede derivar implicaturas no deseadas por esperar efectos contextuales que compensen el esfuerzo realizado. Una manera en la que los hablantes pueden aumentar los procesos inferenciales de los receptores y, por tanto, hacerles recuperar implicaturas no deseadas, es no comportarse de la forma que se espera en una situación específica. Esto tiene como resultado un fallo sociopragmático que, a su vez, puede resultar en una ruptura del intercambio conversacional. 5. Algunas implicaciones metodológicas para la clase de inglés como L2 Una vez presentada esta aproximación cognitiva al fallo sociopragmático, es conveniente extraer algunas conclusiones que puedan repercutir en la preparación y desarrollo de las clases de L2. Como Thomas (1983: 98) argumentaba en su trabajo, el fallo sociopragmático no se percibe inmediatamente a partir de la estructura de los enunciados usados en los intercambios conversacionales, sino a partir de una discusión con los estudiantes sobre la fuerza ilocutiva que éstos intentaron transmitir. Por ello, hay que darle a los aprendices de una L2 las herramientas que posibiliten estas discusiones, y una de las maneras más efectivas de evitar este tipo de errores es desarrollar en ellos las habilidades metapragmáticas, es decir, la capacidad de hacer por sí mismos juicios acerca de la adecuación de determinados enunciados en contextos de uso específicos, lo que Sharwood-Smith (1981: 162-163) también denominó un proceso de consciousness-raising. Resulta obvio que esto se puede lograr por medio de la exposición de los aprendices a muestras de lengua que observen las convenciones sociales, culturales y discursivas de la L2, y haciéndoles ver que los hablantes que no empleen la lengua de una manera pragmáticamente correcta podrían correr el riesgo de parecer en ciertas ocasiones poco dispuestos a cooperar, o hasta incluso impertinentes, lo que podría degenerar en la creación de un estereotipo social que influiría negativamente en la percepción que de su personalidad