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La expresión de la modalidad en el siglo XIX: a vueltas con posiblemente y probablemente

Suárez Hernández, Ariana

Abstract

El proposito fundamental de este trabajo es conocer y describir la configuración del paradigma de la expresión de la posibilidad, centrándonos, por una parte, en dos adverbios en concreto -posiblemente y probablemente- y, por otra parte, en un periodo determinado de la historia, el siglo XIX. Atenderemos a varios aspectos relacionados con la marcación discursiva, la modalidad y la teoría del cambio lingüístico y analizaremos estos dos adverbios que aparente y morfologicamente guardan similitudes pero que en su uso y configuración divergen en diferentes aspectos

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ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 Estudios liNGÜÍSTICos LA EXPRESIÓN DE LA MODALIDAD EN EL SIGLO XIX: A VUELTAS CON POSIBLEMENTE Y PROBABLEMENTE MODALITY EXPRESSION IN XIX CENTURY: AGAIN ABOUT POSIBLEMENTE AND PROBABLEMENTE Ariana Suárez Hernández Universidad Carlos III de Madrid [email protected] Recibido: 27-10-2016 Aceptado: 16-06-2017 Resumen El propósito fundamental de este trabajo es conocer y describir la configuración del paradigma de la expresión de la posibilidad, centrándonos, por una parte, en dos adverbios en concreto -posiblemente y probablemente- y, por otra parte, en un periodo determinado de la historia, el siglo XIX. Atenderemos a varios aspectos relacionados con la marcación discursiva, la modalidad y la teoría del cambio lingüístico y analizaremos estos dos adverbios que aparente y morfológicamente guardan similitudes pero que en su uso y configuración divergen en diferentes aspectos. Palabras clave: marcador discursivo – modalidad – posibilidad – gramaticalización – siglo XIX Abstract The main aim of this study is to know and to describe the possibility expression paradigm’s configuration, focusing on, on the one hand, two specific adverbs – posiblemente and probablemente– and, on the other hand, a particular period, XIX century. We will consider some topics related to discourse markers, modality and linguistic change theory and we will analyze these two adverbs, which seem to be morphologically equivalent but which are not equal in their use and configuration. Keywords: discourse markers – modality – possibility – grammaticalization – XIX century 1. Introducción El propósito fundamental de este trabajo es analizar la concurrencia y el comportamiento de dos adverbios con terminación en -mente, posiblemente y probablemente, en un periodo específico de su devenir histórico, en el siglo XIX. 214 Ariana Suárez Hernández ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 Nos proponemos analizar, en primer lugar, si es posible documentar1 por igual los dos elementos en este periodo y, en segundo lugar, si estos dos adverbios funcionan ya como marcadores del discurso o si, por el contrario, aún no han desarrollado esa función2. Puesto que en ocasiones anteriores hemos realizado estudios diacrónicos (Suárez Hernández 2014, 2015, 2016a, 2016b, en prensa a y en prensa b), en esta ocasión nos planteamos un estudio sincrónico con la intención de comprobar las posibilidades que estos ofrecen, ya que el hecho de centrarnos en un siglo determinado nos permite ampliar el análisis y profundizar en su estudio. 2. Consideraciones teóricas Los dos elementos que vamos a analizar son dos adverbios de modalidad epistémica que, al igual que ocurre con otros que expresan también modalidad, desarrollarán en algún momento de su historia una función de marcador discursivo3: es posible documentar el adverbio con una función de adverbio verbal, oracional y, también, extraoracional, es decir, actuando en el ámbito discursivo. Por este motivo, planteamos unas líneas muy generales sobre los marcadores del discurso. 2.1. Los marcadores del discurso Los marcadores del discurso constituyen una categoría gramatical especial por sus características y por el tipo de elementos que la componen: se trata de unidades invariables, que no ejercen una función directa sobre la oración pero sí sobre el modo en el que esta se interpreta4. Los marcadores del discurso «son herramientas o elementos constructivos para ir configurando la incorporación de las entidades predicativas dentro del discurso» (Martín Zorraquino 1988: 26). Es decir, son elementos que nos sirven de guía en la interpretación de los enunciados; además, son invariables y están fuera del alcance de la predicación oracional (Martín Zorraquino 2010: 97). Estos elementos, que componen el paradigma de la marcación discursiva, pueden provenir de diferentes categorías gramaticales: conjunción, adverbio, interjección y formas apelativas con base nominal o verbal (Portolés 1998: 50). Es, por lo tanto, un grupo heterogéneo pero todos los elementos que lo componen comparten la función de marcador5 -u operadordiscursivo, consistente en modificar el mensaje en el que se inserta y servir de apoyo a la interpretación de este, ya que permite conocer la actitud del hablante con respecto al mensaje 1 Para este estudio, utilizaremos como base el corpus online CORDE y el Corpus del NDHE. 2 Los dos adverbios desarrollarán la función de marcadores del discurso, como hemos podido comprobar en Suárez Hernández (2016a y en prensa b). 3 Suárez Hernández (en prensa b) 4 De ahí que no pueda hablarse de un estudio meramente semántico cuando se analizan los marcadores del discurso, porque su empleo tiene efectos en el ámbito pragmático. 5 Algunos autores, como Loureda y Acín (2010: 20) defienden el empleo del término marcador del discurso porque es un término amplio que incluye los elementos que guían el procesamiento del discurso, independientemente del ámbito en el que operen. La expresión de la modalidad en el siglo XIX: posiblemente y probablemente 215 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 que emite. Este tipo de elementos desempeña una función diferenciada claramente de los conocidos como conectores extraoracionales: si los primeros se encargan de modificar el enunciado en el que se insertan, los segundos crean un nexo entre dos enunciados, es decir, desempeñan la función de conector. Así, Fuentes Rodríguez señalaba que el operador discursivo es aquel que no necesita un segmento previo para ser entendido, y el conector, el elemento que representa la vinculación entre un miembro anterior y otro posterior (Fuentes Rodríguez 2003: 63). Sobre los marcadores del discurso es posible encontrar numerosos estudios: Martín Zorraquino y Portolés (1999), Briz (1998), Fuentes Rodríguez (2003, 2009) o Garcés Gómez (2006, 2013, 2014a, 2014b) publican algunos de los análisis más meticulosos que se han realizado en las últimas décadas. En el estudio de Martín Zorraquino y Portolés (1999: 4061 y ss.) se presenta una serie de características que definen los marcadores del discurso6, y a las que atenderemos para poder establecer con exactitud cuándo nos encontramos ante un adverbio con función discursiva y cuándo se trata de un elemento que actúa en el marco oracional. 2.2. Los adverbios con terminación en –mente Los dos elementos con los que trabajamos en esta ocasión se han formado sobre la base de dos adjetivos (posible y probable, respectivamente) + la forma -mente («ablativo del sustantivo latino femenino mens, mentis, significa manera o forma» (Alcina y Blecua 1975: §4.9.1): el sentimiento de composición de estas palabras es patente para el hablante que mantiene los acentos de las dos palabras componentes y, cuando utiliza dos o más adverbios de esta clase seguidos, utiliza la terminación solo en el último y deja a los restantes en su forma adjetiva original (Alcina y Blecua 1975: 707). Las unidades con esta terminación en –mente tienen una base relacionada con la forma latina mens, mentis, cuyos orígenes pueden encontrarse en el latín escrito y en escritores clásicos, en los que es «relativamente frecuente encontrar frases nominales, con cierto significado modal, construidas con un adjetivo y el sustantivo mens, mentis» (Company 2012: 25). Otros autores, como Bello (1988), 6 Características que resumimos como sigue: el estado de gramaticalización puede ser diferente en cada caso; la posición que ocupen en la oración puede variar, ya que tienen una gran movilidad en la oración; la entonación suele diferenciarlos del contexto, ayudada a veces, incluso, por signos ortográficos; generalmente no admiten modificadores ni complementos; no permiten la coordinación entre sí pero sí con otros sintagmas del inciso; no admiten la negación; mantienen una relación sintáctica con todo el sintagma pero, si se trata de una oración, no dependen sintácticamente de su verbo; no admiten ser modificados por una perífrasis de relativo; en el contexto admiten diferentes tipos de miembros en el discurso; generalmente no aparecen solos en turno de palabra, salvo los marcadores conversacionales; su incidencia en el texto puede ir desde un nombre o adjetivo hasta un sintagma completo u oración; por último, algunos pueden relacionar diferentes miembros dentro de una misma oración (Martín Zorraquino y Portolés 1999: 4061 y ss.). 216 Ariana Suárez Hernández ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 también han defendido su origen latino, formado por un adjetivo y el sustantivo mens en ablativo7. 2.3. La expresión de la posibilidad Tanto posiblemente como probablemente forman parte del paradigma de elementos que se emplean para expresar modalidad: posiblemente se ha descrito como un marcador de posibilidad que indica aserción atenuada, que puede afectar a toda una oración o a sintagmas menores y aparecer en enunciados con diferentes modalidades (Fuentes Rodríguez 2009). Probablemente, por su parte, se describe como operador modal, que expresa probabilidad o posibilidad y que indica un grado cercano a la realización, pero puede usarse como atenuación de la aserción (ibid.). Así pues, la modalidad será la que defina los elementos analizados y esta categoría gramatical se describe asociada al tiempo y al aspecto: valid cross – language grammatical category that can be the subject of a typological study. It is a category that is closely associated with the tense and aspect in that all three categories of the clause and are generally, but not always, marked within the verbal complex […]. It´s concerned with the status of the proposition that describes the event (Palmer 2001: 1). Es decir, nos encontramos ante una categoría gramatical que se relaciona con lo que se expone en el mensaje, y también con el hablante, tanto desde un punto de vista objetivo como desde un punto de vista subjetivo. Dentro de la modalidad pueden establecerse diferentes subclasificaciones, como señaló tempranamente Lyons (1977), quien distinguió dos grandes ejes en torno a los cuales se articula la modalidad: la necesidad y la posibilidad, y estos dos ejes, a su vez, se relacionan directamente con los dos tipos de modalidad más ampliamente aceptados, que se corresponden con la modalidad deóntica, «que concierne a todo aquello que es posible» (Lyons 1977: 787) y la epistémica8, «relacionada con la expresión de lo posible y lo necesario» (ibid.). Hay diferentes posturas con respecto a las subdivisiones de la modalidad9 pero en nuestro trabajo optamos por basarnos 7 A pesar de que defendemos esta teoría, existen otras dos teorías sobre al origen de este tipo de unidades, tal y como señala González Manzano (2007): una de las posturas defiende que se trata de compuestos, de los que el primer miembro conserva su acento y el segundo podría suprimirse en una concatenación (Seco 1972 y Zagona 1990); la otra postura defiende que se trata de una derivación por sufijación en la que la terminación –mente deja de considerarse un sustantivo para fosilizarse como un sufijo derivativo (Varela 1990, Kovacci 1999 o Rodríguez Ramalle 2003). 8 Término que deriva del griego episteme: ‘saber’ y ‘conocimiento’ (Lyons 1977: 725). 9 Algunos autores consideran que pueden y deben hacerse subdivisiones ulteriores (Gutiérrez Ordóñez 1997). Otros, por el contrario, mantienen la división dual original (Villar Díaz 2013, Martín Zorraquino y Portolés 1999). Mientras, algunos investigadores no aceptan la terminología inicial y defienden otras divisiones; así, para Fuentes Rodríguez (1991) solo se considera modalidad aquella externa al enunciado, por lo que distingue entre modalidad interna y modalidad externa, y no entre modalidad objetiva y modalidad subjetiva. La expresión de la modalidad en el siglo XIX: posiblemente y probablemente 217 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 en esta y distinguir entre modalidad epistémica y modalidad deóntica: los dos elementos analizados en esta ocasión pertenecen a la modalidad epistémica, pues muestran la actitud del hablante con respecto al mensaje que emite. 2.4. El proceso de cambio: hacia una función discursiva Puesto que en este trabajo tratamos de describir el comportamiento de dos adverbios y, especialmente, de conocer si desempeñan o no una función discursiva, resulta necesario hacer un breve acercamiento a los procesos de cambio lingüístico o a la teoría de la gramaticalización10. Como podremos comprobar, los dos elementos con los que trabajamos en esta ocasión son dos adverbios que, en un momento determinado de su desarrollo histórico, comienzan a desempeñar la función de marcador del discurso mediante una serie de modificaciones sintácticas, semánticas y pragmáticas (Garcés Gómez 2014b: 17). Este proceso, mediante el que un elemento pasa al ámbito discursivo, se conoce de manera general como gramaticalización: «ordinary processes of word formation» (Brinton 2002: 33) e implica, según la postura tradicional, un movimiento unidireccional, en el que los elementos amplían su ámbito de influencia11 y se fijan o gramaticalizan con una nueva función. Así, la gramaticalización «as viewed from the diachronic perspective is hypothesized to be prototypically a unidirectional phenomenon» (Hopper y Traugott 2003: 99), es decir, las ideas más tradicionales defendían la unidireccionalidad del cambio lingüístico y rechazaban cualquier otro tipo de cambio, con el pretexto de que, si el movimiento ocurre en una dirección diferente, entonces ya no puede considerarse gramaticalización12. La evolución en los adverbios que hemos analizado se produce debido a un cambio semántico por inferencias asociadas, explicado por la Teoría del cambio lingüístico por inferencias asociadas (Traugott y Dasher 2002): para que este cambio se produzca, es necesario que un hablante (generalmente como oyente, en su interpretación), en un contexto específico, modifique el significado y el valor del adverbio. Una vez que ese primer hablante modifica ese valor, este nuevo cambio debe hacerse general y ampliarse socialmente, en lo que podríamos llamar un camino hacia la generalización: cuando desaparece el valor original, estas inferencias convencionales generalizadas «se consideran semantizadas como una nueva polisemia o significado codificado» (Garcés 2014b: 22). Los procesos lingüísticos que provocan este cambio semántico suelen ser la metáfora y la metonimia (Garachana Camarero 2011, Elvira 2015), es decir, se deben a una nueva interpretación en un contexto específico y, después, por medio de la 10 Las primeras descripciones de este fenómeno datan de principios del siglo XX: «L’atribution du caractère gramatical à un mot jades autonome» (Meillet 1912: 131). 11 En el caso de los marcadores discursivos de origen adverbial; no ocurre así con otros elementos nominales o verbales. 12 Otros autores, como Kuryłowicz (1965: 69), también han defendido la unidireccionalidad del cambio. 218 Ariana Suárez Hernández ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 generalización social, ese cambio se extenderá. La consecuencia de este cambio es que el significado primitivo queda relegado a una época determinada y, desde ese momento, las siguientes documentaciones pasarán a tener el significado novedoso. Por otra parte, es necesario señalar que este cambio no se produce de manera espontánea, sino que las unidades pasan por un periodo en el que aún son posibles dos interpretaciones: la primitiva y la novedosa. Este estadio, en el que esas dos interpretaciones pueden tener lugar, se conoce como contexto puente (Heine 2002, Diewald 2006): es decir, existe un paso intermedio en el que dependerá del hablante / oyente una interpretación u otra13. El proceso de la gramaticalización no ha estado exento de polémica y se discute si el cambio por el que los marcadores del discurso adquieren esa función puede considerarse un proceso de gramaticalización o si, por el contrario, habría que hablar de un fenómeno diferente (desgramaticalización, Norde 2011; pragmaticalización, Claridge y Arnovick 2010; discursivización, Elvira 2015). El origen de esta discusión radica en el hecho de que el proceso, tradicionalmente, se entendía como una transformación desde el léxico a la gramática y los marcadores discursivos no cumplían con las pautas, ya que no siempre experimentan desgaste fónico, ni se produce una paradigmatización, no adquieren la característica de la obligatoriedad, no presentan condensación y no tienen por qué presentar mayor fijación en el discurso (González Manzano 2007). No obstante, en el caso que nos ocupa -posiblemente y probablementenos encontramos ante una gramaticalización de construcción: «dos palabras plenas, adjetivo y sustantivo mente, se convierten en morfemas, raíz y afijo, respectivamente» (Company 2014a: 23), a la vez que el cambio no puede considerarse unidireccional porque «de operar en un nivel intraproposicional y ser modificadores del verbo, de algún constituyente o del predicado todo, pasan a operar en un nivel extraproposicional y muestran autonomía predicativa y discursiva» (ibid.). Nuestra opinión es que la gramaticalización debe ser entendida como un «macrocambio» (Company 2004) que puede afectar a diferentes unidades y manifestarse de diferentes maneras y que, por lo tanto, el cambio que tiene lugar para que los adverbios desarrollen la función discursiva es, también, un proceso de gramaticalización, entendida esta como un proceso amplio. Además, no debemos olvidar que se trata, en efecto, de un cambio, y no de una creación: «se trata en esencia de revolver, recrear, la materia léxica y gramatical previas; es un modelo de pérdida o debilitamiento, pero de ganancia y enriquecimiento simultáneo de otro tipo» (Company 2014a: 22). 13 Conviene tener en cuenta, no obstante, que ese periodo en el que los dos significados son posibles puede tener una duración indefinida. La expresión de la modalidad en el siglo XIX: posiblemente y probablemente 219 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 3. La distribución de los adverbios posiblemente y probablemente en el siglo XIX Resulta llamativo el hecho de que, si bien tendemos a clasificar estos dos adverbios como similares y con funciones también similares, la realidad nos muestra que uno de ellos no tiene la misma presencia: la forma posiblemente no se documenta ni una sola vez en este periodo. No hemos podido rastrearla en los corpus (CORDE, NDHE); de hecho, solo se documenta de manera aislada una vez en el siglo XV, dos veces en el siglo XVI, una el siglo XVII y una en el siglo XVIII; en el siglo XIX no se documenta y en el siglo XX hay que esperar a la tercera década para que empiece a ser realmente productiva. Sin duda, además de lo sorprendente que resulta esta comprobación, esto nos muestra de manera clara la distribución en el uso de estos adverbios. Por lo tanto, si el siglo XIX supone una muestra representativa de la evolución de los adverbios en su camino hacia el desempeño de una función discursiva, no podemos ignorar el hecho de la no datación de uno de los dos adverbios seleccionados en ese periodo, y en los periodos previos resulta inevitable pensar que se trate de innovaciones de las traducciones o adaptaciones posteriores, debido a la escasez de esas documentaciones14. Así pues, podemos afirmar que en este momento el adverbio no solo no se encontraba gramaticalizado en su función discursiva sino que, además, no era una forma a la que los hablantes recurrieran frecuentemente. Por otra parte, en cuanto al significado, hemos podido comprobar cómo este varía a lo largo del tiempo: las primeras concurrencias tienen el significado de ‘de manera posible’ en el sentido de lo que ‘puede hacerse’: E yo non niego que / el arte de medeçina tenga / assaz / perfecçiones rrazonables / en quanto arte Razonable / & corporal. & mucho amada / por lo que posible mente / deue ser della esperado (Alfonso Chirino, Espejo de medicina, 1454, CORDE) [tomado de Suárez Hernández en prensa b]. pero en el siglo XVII ya puede observarse el valor de posibilidad que conserva en la actualidad: a los ojos de don Diego / y al ansia de vuestro padre, / posiblemente engañaron / las señas de mi semblante; / y ésto, junto con fingir /mi criado con tal arte / la enfermedad de mi olvido, / hizo el engaño más fácil (Agustín Moreto, El parecido en la Corte, 1652, CORDE) [tomado de Suárez Hernández en prensa b]. Por su parte, el adverbio probablemente puede comenzar a documentarse desde el siglo XIII, y desde el siglo XVI se convierte en una opción más que frecuente: la búsqueda en el CORDE para el siglo XVI arroja un resultado de 58 casos; 26 casos en el siglo XVII; 114 casos en el siglo XVIII; 1197 casos en el siglo XIX. La presencia de este adverbio se multiplica de manera exponencial y aumenta su frecuencia, 14 Suárez Hernández (en prensa b). 220 Ariana Suárez Hernández ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 precisamente, en el siglo XIX. Así pues, resulta inevitable preguntarnos a qué se debe esta distribución tan disconforme: por qué, si las dos formas coexistían, como nos muestran las documentaciones de siglos anteriores, una de ellas se posiciona como el adverbio de modalidad preferido y la otra se mantiene en el olvido hasta entrado el siglo XX. El adverbio probablemente, por lo tanto, muestra de manera inmediata un comportamiento diferente: la frecuencia con la que se documenta resulta altísima, especialmente en comparación con posiblemente. En este caso, este adverbio se empleaba en su origen con el significado de ‘comprobable’ (algo probable entendido como algo que puede comprobarse) Enbia delibradament los nauilios en Greçia, car, certas, al conssello de Paris non puede ninguno prouablement contradecir, porque si acaezca que el aduga de Grecia alguna noble mujer, de liugerto se podrá fazer (Juan Fernández de Heredia, Historia troyana, 1376 – 1396, CDH) [tomado de Suárez Hernández en prensa b]. El primer caso de este adverbio en el que desempeña la función de marcador discursivo, ya con el significado de posibilidad, lo documentamos en el siglo XVI, pero de manera aislada, pues no será frecuente hasta los siglos XVIII y XIX15: es menester tener prudencia christiana en aplicarla a la persona en el tiempo y sazón que viéremos que hará prouecho o, probablemente, creyéremos que no hará daño sino que antes aprouechará algún tiempo y, entonces, somos obligados a hazerla so pena de graue peccado (Martín de Ayala, Breve compendio para bien examinar la consciencia en el juicio de la confessión sacramental, 1567, CORDE) [tomado de Suárez Hernández en prensa b]. 3.1. Posiblemente a lo largo de la historia Como hemos explicado en el apartado anterior, posiblemente no se registra en el siglo XIX pero sí en otros periodos históricos. Las primeras documentaciones de este adverbio corresponden al siglo XV, pero es inevitable observar que puede tratarse de casos aislados pues, como se ha mostrado, las documentaciones son muy escasas y es difícil establecer una cronología en su empleo. Se ha observado que esos primeros registros corresponden a un adverbio con el significado de ‘lo que es posible’ o ‘realizable’, entendido como «aquello que puede hacerse». El cambio de significado hacia la expresión de la posibilidad, o hacia el desempeño de una función de adverbio de modalidad, comienza a observarse a finales del siglo XVII y, tras el retroceso durante el siglo XIX, en el siglo XX vuelve a emplearse con fuerza y ya no hay dudas de su significado modal. Es decir, el adverbio deja de utilizarse para expresar lo que «puede hacerse» y cuando se retoma ya es con el significado 15 Estas conclusiones pueden encontrarse en Suárez Hernández (2016 y en prensa b). La expresión de la modalidad en el siglo XIX: posiblemente y probablemente 221 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 de posibilidad, entendida esta como la probabilidad de que ocurra algo (Suárez Hernández en prensa b). Hemos podido comprobar cómo la evolución, aunque de escasa documentación, se produce de forma similar al adverbio probablemente, si bien tienen ambos un significado originario muy diferente. Posiblemente se emplea en los primeros estadios para expresar aquello que es posible realizar y los tipos de incidencia que presenta van desde el sintagma hasta la oración; una vez que el significado de posibilidad se lexicaliza, siguen observándose los diferentes tipos de incidencia. El primer marcador discursivo se documenta en el siglo XX, como veremos a continuación, pero, al igual que ocurre con probablemente, la documentación de este valor no conlleva, de ninguna manera, la desaparición de las funciones que desempeñaba con anterioridad: incidencia sintagmática, verbal u oracional. Todos estos valores conviven en el tiempo hasta la actualidad, pues aún hoy siguen documentándose. Vemos a continuación algunos ejemplos de este adverbio, tomados de Suárez Hernández (en prensa b). En el primer ejemplo16, de mediados del siglo XVI, se observa un adverbio que incide sobre el sintagma preposicional que le sigue. En este caso, el significado de ese adverbio es el de «lo que puede hacerse», es decir, no expresa posibilidad entendida esta como ‘probabilidad’, sino posibilidad entendida como ‘lo que es posible o factible’. (1) Por lo qual, teniendo en esto mucha atención, fue con justa causa persuadido a hazer este libro del exercicio, y mostrar sus grandes provechos, donde traygo todo lo que posiblemente cerca d’esto se puede dezir con otras causas que no salen del propósito, dignas del saber que le dan gracia (Cristóbal Méndez, Libro del ejercicio corporal y de sus provechos, 1553, CORDE). El segundo ejemplo que recogemos, de mediados del siglo XVIII, muestra un adverbio que, de nuevo, incide sobre un sintagma preposicional y, en este caso, el significado del adverbio parece haber cambiado: ya no expresa algo que puede hacerse, como factible, sino algo que, con probabilidad, ha ocurrido, es decir, ya expresa posibilidad. Debido a la escasez de documentaciones de esta forma no es posible observar en qué momento se produce el cambio de significado, pero sí vemos que en este momento ya era utilizado con el sentido de posibilidad. (2) Cuenta de lo gastado en la colación dada a los comediantes posiblemente en una corrida de toros (Anónimo, Cuenta de lo gastado en la colación dada a los comediantes, 1750, CORDE). 16 Como se ha señalado en 1.1., los criterios que seguiremos para definir la función de los adverbios serán los establecidos por Martín Zorraquino y Portolés (1999). 228 Ariana Suárez Hernández ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.11 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 213-230 bibliografía Alcina, Juan /Blecua, José Manuel (1975): Gramática Española. Barcelona: Ariel. Bello, Andrés (1988): Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos. Con las notas de Rufino José Cuervo, estudio y edición de Ramón Trujillo. Tomos I y II, Madrid: Arco Libros. Brinton, Laurel J. (2002): “Grammaticalization versus Lexicalization Reconsidered: On the ‘late’ Use of Temporal Adverbs”, en: Fanego, T. / López-Couso, M. J. / Pérez-Guerra, J. 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