Las escuelas de la Gloriosa
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REVISTA AÑO 2 DE EXPRESIÓN GRÁFICA ARQUITECTÓNICA VALLADOLID 1994 N.O DOS : i
WI tAS ESCUETAS DE tA GTORIOSA Alfonso Jiménez Martín En los años 1801 y 1802 se produjeron en nuestro país dos acontecimientos sin relación entre sí, pero cuyas consecuencias convergerían setenta años después para producir una importante novedad pedaglgica en la Arquitectura de Barcelona; uno sucedió en Sevilla, aunque como consecuencia de disposiciones emanadas de Madrid, mientras el segundo transcu¡rió en esta última ciudad. El primero de ellos, que ffaemos a colación con carácter de simple muestra, pues suponemos que no debe ser dificil allegar paralelos en otras ciudades, significó el final de un proceso, formativo y profesional, que se habíaproducido en Sevilla desde la Reconquista hasta el citado año, pues el segundo día de su Pascua de Resurrección se celebraron en la capilla, de San Andrés los últimos exámenes finales para oficiales y maestros de los gremios de Albañilería, Cante(tay Caryintefial. Un año después, merced a los desvelos de Don Agustín de Betancourt, se celebraron en Madrid los primeros exámenes para el ingreso en el <Estudio de la Inspección General de Caminosr>, que al siguiente se denominaría indistintamente <<Escuela de Caminos y Canales> o <rEstudios de Hidráulico2. Lo que pretendemos examinar en estas páginas es cómo, ^ paftif de estas anécdotas, se produjo la transición desde las formas de ejercicio profesional de carácter gremial, a las maneras académicas que triunfaron entonces y la conversión de éstas en el modo escolar de enseñanza de la Arquitectura, que aún nos alumbra en la Universidad española. 1. Er ua¡srRo sÁNcHEz: Arnañn DE PUEBLo La documentzción sevillana sobre los profesionales de la Arquitectura es muy abundante, mostrando la continuidad, desde la Edad Media, de unos sistemas de ¡eclutamiento, formación, titulación y ejercicio profesional muy definidos y absolutamente independientes en el marco de la ciudad y el reino de su nombre; percibimos que se trata de estructuras gremiales t-rpicas, a las que pzulatinamente se van superponiendo saberes librescos y unas leyes de mercado bastante modernas, por lo que concierne a su funcionamiento económico en el territorio indicado, pero intensamente proteccionisras y rígidas frente a todo lo exterior. Podríamos exponer multitud de casos, desde el siglo xvt hasta 1801, de profesionales que ejercieron cargos de responsabilidad y a los que la Historia del Arte ha prestado atención, pero preferimos mostrar, como ejemplo de lo que el sistema, dzba de sí, el caso de un maestro de quien sólo tenemos una obra documentzda y que no alcanzí fama zlguna, hasta el punto de que cuanto de él se ha publi- Planta baja. 11t
K4 Planta de comi¡as. cado lo ha sido con nuestra firma Y no supera las 180 palabras, amén de algunas conferencias y referencias menores. Es más, las circunstancias que concurren en su obra son tan específicas que, si no fuera por ellas, el nombre de Alonso Sánchez seíra uno más del montón; por ello lo cteemos bastante representativo de la masa de profesionales que el <<Gremio Ilustrado>> en cap^z de formar y encuadrar3. Por el expediente de su examen, efl octubre de 1790, conocemos, además de una somera descripción de su persona, que en natutal de Benacazín, en el Aliarafe, a22kmal Oeste de Sevilla, donde había nacido hacia 1747; había sido aprendiz de otro ilustre desconocido, Pedto Dlaz, maestro de la vecina Umbrete; declaró haberuabajado en Trebujena (actual provincia de Cidiz, a unos 70 km al Sur de Sevilla) con el maestro Andrés de Silva, que debe ser el uAndrés de Silva II> que T. Falcón documentaa como <que murió joven y fracasadon. Es evidente que la formación, titulación e inicios del ejercicio profesional en este albañil, que se examinó ya bastante mayor, fueron las del Gremio, aunque su repertorio formal fuese moderno y de origen culto, pues los resultados formales de su trabajo, como vefemos, pueden ser inscritos en la corriente estilística que dominaba la Europa coetánea, es decii el Neoclasicismo, pero difícilmente pudiéramos referirnos a él como un arquitecto de formació n académica. La oua noticia del maestro Sánchez es la que nos proporciona el expediente de construcción de la nueva parroquia de Santiago, en Castaño del Robledo, población de la Siera de Huelva situada a 123 km al Norte de Sevilla; en 1782los vecinos de este municipio, que entonces llegaÍon ^ su máximo histórico de mil personas, solicitaron la construcción de un nuevo templo, pues era insuficiente el que había promovido en el siglo xvl Benito Arias Montano. El Arzobispado de Sevilla envió en misión informativa a uno de sus arquitectos,Joseph ÁIuarrz, que recomendó ampliar el templo tenacentista, para transformar su planta de cruz latina en (un cañón de capillas hornacinas>>, pero finalmente lo que se proyectó fue un edificio nuevo, en las afueras de la población, dentro del tipo definido por Alvarez, aunque latazafue de otro de los funcionarios diocesanos, Antonio Mathias de Figueroa. La obn la inició Sánchezt el 12 de junio de 1788 y se fue desarrollando a pesar del exiguo terreno adquirido por Figueroa, las importantes indefiniciones de sus truzasy las crecientes interferencias de la Academia de San Fernando, que consiguieron que la obra se parase en diciembre de 1789; se reanudaron, baio la dirección del mismo Sánchez y tras varios informes del <Maestro de obras de este Arzobispado a quien tocó por turno)>, el 28 de abril de ITgl.Finalmente se pataron, y^ para siempre, el 4 de mayo de 1794. Cuando, ya en el xIX, se perdieron las esperanzas de seguir la obra, se dedicó el subsuelo a enterramientos y las capillas aapilar nichos, mientras el templo antiguo continuó en uso como parroquia. El edificio que se construyó es una yersión del templo jesuítico que se inició en II Gesú romano; todo é1se inscribe en un rectángulo de 17 por 50 metros, en el que se maclan el volumen prismático del inacabado campanario, los semicilindros del cañón de la nave , el volumen del inconcluso crucero y las bóvedas de las <hornacinasrr, con bastantes tramos en alberca, y las aletas de los estribos que separan las capillas que, como en el templo viñolesco, están intercomunicadas. Posee el edificio tres buenas portadas neoclásicas, como únicos rasgos decorativos de todo el exterior, cuyo aislado emplazamiento, enuna plataforma artificial,le convierten en un ente de nzón en la periferia de un caserío orgánico y pintoresco. El espacio interno es sobrecogedor: las bóvedas a cielo abierto , las larjas de los elementos que quedaron inconclusos, las huellas de nichos y sepulturas y de los fusilamientos de la Guera Civil. destacan como acciden- LT6
WI Planta de cubierta tes de una ordenación arquitectónica rigurosa, limpia y de perfecto diseño dórico, sin errores ni vacilaciones, parte de cuya grandeza reside precisamente en el estado en que pefmaneceo. Entre los cambios de coloración de sus paramentos de ladrillo destacan grandes trozos enfoscados en los que aparecen numerosos y extensos dibujos arquitectónicos, realizados mediante esgrafiados sobre el mortero fresco, coloreados ligeramente a veces, de rigurosa y delicada ejecución: volutas jónicas de tamaño descomunal, cornisas, otganizaciones apilastradas, molduras, recercados, perfiles y hasta decoraciones completas de hornacinas. En una palabra: el diseño de lo que fakaba por realizar de la iglesia, según las formas de Vignola y la tradición académica, dibujado por Alonso Sánchez en un documento excepcional, digno continuador de una tradición seculat, la de representar sobre paramentos, y a gfln escala, los elementos gráficos del proyecto según proyecciones diédricas. Ante estos datos afirmamos que Sánchez, maestro itinerante, eraalgo más que un <(contfatistD> en el sentido corriente de la palabra y que superaba ampliamente el papel de un aparejador actual. Su papel fue más bien el de arquitecto, en competencia con los maestros diocesanos de la época7, cuya" taÍea fue bastante menof lm-l l!tl -i ltt l 9l ,?,,ou Alzado sur. r17
€A [--f Sección longitudinal. que la que pudiéramos atribuirles si sólo conociésemos la documentación conservada en los archivos sevillanos; sabemos que aportaron unos muy escasos datos gráficos y unas descripciones literarias detalladas, pero genéricas; el resto, es decir casi todo, lo hizo Alonso Sánchez, diseñador, director y constructor, todo en una pieza profesional y humana, en perfecta continuidad con la tradición gremial. Pata que el lector pueda hacerse una idea de su labor ofrecemos una serie de vistas diédricas del edificio, tal como estaba en 1987, y de los más significativos dibujos que se pudieron calcar unos años antes; affavés de ellos apreciamos un dato más: cuando lafábrica era de ladrillo y las cubiertas llevaban estructuras..de lo prieto,r, las formas dibujadas se referían exclusivamente a la apariencia final de los miembros arquitectónicos, y no a las disposiciones constructivas propiamente dichas; ello explica que conozcamos bien los .,secretos gremiales> de las otras dos ramas del Gremio (Carpintería y Cante - fia)y no los de la Albañilería propiamente dicha. 2. DoNJosnrH DE EcHAMoRos, SABIO PROFESOR El primero de los sucesos que mencionamos al comienzo de este artículo signific6, además de la supresión del sistema del que Sánchez fue un producto típico, que durante casi todo el siglo xx el panorama profesional de la Arquitectura en la decalda ciudad andaluzay su viejo Reino, disuelto en régimen provincial en 18338, fuese como mínimo caótico, cosa que ya se venía presagiando desde que, en 1764, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando comenzó a incordiar con el fin de alcanzar y conservar el monopolio de la formación de los arquitectos en detrimento del sistema gremial que hemos descrito en el apartado anterior; el fondo I _l !l fr Sección lransaersa/ 118
g de la cuestión no era tanto la formación de futuros profesionales como el título o licencia para proyectar y dirigir las obras que hoy llamalíamos oficiales, incluidas las eclesiásticas y, a continuación, la cenualizació¡ de los encargos importantes en dicha institución -"¿t¡1.¡2r; todo ello a pesar de la existencia de otras academias en muchas ciudades españolas, como era el caso de la de Sevilla, iniciada en 175910, o Ia de San Carlos de Valencia, cuyos estatutos datan de 176811. En una palabra, lo que se pretendía en la implantación radical del Despotismo Ilustrado en las Bellas Artes, inmerecido privilegio que, de una forma u otra, han mantenido los organismos herederos de la Academia hasta 1984, cuando se iniciaron las üansferencias autonómicas. La cuestión no era estrictamente académica, es decir formativa o erudita, sino profesional y de importante calado, como lo demuestran los procesos, de depuración e inhabilitación de maestros gremiales, documentados en Madrid 12 v en Sevilla13' incluso aquéllos que no fueron inhabilitados encontraron cada vez más dificultades pata ejercer como lo venían haciendo; así, en el ámbito municipal sevillano, asistimos a un contencioso, iniciado en1784 y que no se cerró hasta 1826, que tenía como orige n el conflicto para cu6rir la plaza de arquitecto de la ciudadla, apetitoso cargo del que los maestros se vieron finalmente desplazados al incorporarse como Asistente de la ciudad Don Iuan Manuel de Arjona, pues el urey de bespeñaperros> 15 uap y nombró para el cargo un producto típico de la academia madrileña: Melchor Cano 16. En el desarrollo del conflicto de competencias hubo de todo, siendo especialmente significativos los patéticos intentos de los profesionales de extracción gremial para acreditar ciefto pedigrí académico; este fue el caso de Don Joseph de EchamoroslT, maestro gremial de la ciudad de Carmona, con estudios de Matemáticas y Bellas Artes realizados en Sevilla quien, para conservar el cargo que había ganado, af:l:m6, sin que llegase a probarlo, que tenía los estudios de Arquitectura realizados en San Carlos de Valencia, academiaala que Madrid había concedido participación en el monopolio. Que Echamoros era un arquitecto capaz de diseñar y construir obras del mayor interés es algo de lo que no caben dudas tras contemplat la veintena de obras neoclásicas que en Sevilla y Carmona tiene acreditadas 18. Otro de los profesionales involucrados en el litigio fue el maesrro gremial CayetanoYélez, jerezano examinado en su ciudad por el Gremio de Alarifes el 5 de febrero de 1794, y que aportó una certificación de la Academia de San Fernando de haber realizado en ella ciertas <(pruebas de repente y de pensado en las que fue aprobado con general aplauso>>, certificado y pruebas que de nada le sirvieronle, pues no acreditó fehacientemente la licencia académica. Hasta el último tercio del siglo se suceden situaciones parecidas, cuando Madrid y Valencia, sin abandonar la exclusiva de la formación de arquitectos, hubieron de conceder a orras ciudades la posibilidad de formar y titular a profesionales de menor rango, ya fuesen de la edilicia urbana privada o del mantenimiento de caminos vecinales; así, en 1817, las enseñ,anzas de maestros de obras se impartían en Mad¡id, Valencia y Zaragoza2o, a las que once años más tarde se le agregaYalla- OU Alz¿do ae¡Íe. J(,¡- ,'i t i l1: Dibulo A rrg
dolid en lafzcultadde librar títulos, mientras a Barcelona y Sevilla sólo se les concede Ia posibilidad de formar, pero no de examinar, a los albañiles que quisiesen obtener el título de maestro; por todo ello no debe exuaflar que en la ciudad de Sevilla, en L824, sólo quedaran 27 maesffos de origen gremial, ya viejos y en competencia con unos escasísimos arquitectos académicos, ya fuesen los que vinieron de Madtid o Valencia o quienes, por unas u otras vías, convalidaron sus estudios académicos locales. Parece claro que la cicatefía y desconfianza de la Academia madrileña se manifestaba con toda su fuetza en Andaluciay Cataluña, sin que queden claras las razones de tan curiosa actitud, que no pasó desapercibidapan barceloneses y sevillanos, como veremos. La situación lleg6 a ser tan compleja y variada que el investigador se las ve y se las desea para clasificar a los profesionales del siglo xrx que analiza a través de la documentaci1n o de los edificios, especialmente en el caso de aquéllos, que sin tener el ansiado título madrileño, habían recibido, pongamos por caso, las clases de Geometría y Mecinica en la Sevilla de 1833, que imprtíz Don José Garcia Otero, titulado en 1811 en la Escuela Especial de Ingenieros Militares de Cádiz2t. Por contra la cercanía ala Academia, aunque fuese como pintor o escul- - l-[ to\ fzcilitaba el ejercicio de la Arquitectura sin el menor empacho ni mayores exámenes al parecer; este es el caso del pintor y escultor valenciano Manuel Tolsá, cuya formación en la Academia de San Carlos quedó tan indemostrada como la del sevillano Echamoros, pero que a fines del xvlll estaba estrechamente vinculado ala de San Fernando de Madrid, sin relación conocida con el mundo de la Arquitectura, lo que no le impidió realizar, en Nueva España y dentro del ambiente académico de la de San Cados de México, una importante tarca de arquitecto22, aunque comenzó como escultor. Estos dos ejemplos, y la lectura de los avat^fes docentes de los arquitectos que la Academia titu- 1623 en la primera mitad del siglo xx, aT,udan a entender lavariedad de situaciones que se dieron y nos ponen en guardia contra las clasificaciones, a menudo nominalistas, con las que los historiadores establecen la taxonomía de los profesionales, sobre todo si hay intereses corporativos en juego. A nuestros efectos lo significativo es que, cuando no mediaban barreras legales, los resultados formales, funcionales y tecnológicos de sus edificios parecen perfectamente intercambiables. Este confuso paisaje profesional comenz6 a aclatzrse a mediados del siglo, cuando inició la producción de arquitectos la Escuela Especial de Madrid, a la que dedicaremos nuestra atención unas páginas más adelante, pero los otros oficiantes de la Construcción (maestros, aparejadores...) se mantuvieron en una situación nebulosa, cambiante y a veces al margen de las disposiciones legales emanadas del centralismo madrileño, que, pata liar al resto del país, ha usado de forma arbitraria diversas titulaciones. Este es el caso del aparejador, que ha pasado de set, durante gran parte de la Edad Media y toda la Moderna, la denominación de los oficiales y maestros que desarrollaban la tarea de organizar muros en obras de canteiía de cierto volumen24, para transformarse en el título funcional, perfectamente reglamentado, de quienes ejetcían, sobre todo, labores de conservación en los edificios y conjuntos de propiedad regia bap los Aust¡ias y los Borbones del xvn2>; el mismo nombre reaparece como titulación profesional en el nivel académico más ínfimo a comienzos del siglo xlx26, par- ir transformándose en un tipo de <<perito>> unas décadas después27, extendiéndose por todo el país como titulación <.de grado medior>, con cuatro cufsos de docencia,hasta 1970; hoy, paradójicamente, son,,arquitectos técnicos>>, aunque sus estudios en Escuelas Universita¡ias sólo abarquen rres cursos2s. Quienes perdieron labatalla de manera definitiva fue¡on los maestros de obra que ya ni existen, aunque en oüos países, como es el caso de Argentina, desarrollan tareas arquitectónicas restringidas, como en el siglo xIx español. 3. D¡unrnro DE Los RÍos, EL PRIMER ARQUITECTO La Real Academia de San Fernando y su red de hermanas asentaron sus poderes de forma uabajosa, pues aún en 1814 Dibulo B. I20 Dibulo C
WI Dibulo D, aparecieron disposiciones monopolizadoras; sin embargo, treinta años después la tarea de la enseñanza de los arquitectos le fue arre batada en favor de uni institución, la Escuela Especial de Arquitectura, que nació para reformar el panoram ^ aunque, en realidad y durante sus primeros años, lo que hizo fue reglar las dispersas y telajadas maneras de acceso y de dbcenciadelaAcademia, como cabía esperar de un ente cuyo cuadro de profesores hubo de nutrirse de los profesionales procedentes del sistema educativo anterioi. para llegar a este punto fue necesario que la Escuela de Caminos y Canales, que el tinerfeño Betancourt había cteado para formar los funcionarios esratales espécializados, funcionase continuadamenté, cosa que no hizo hasta I8342e. Su primera etapa duró lo que el reinado de. Cados IV, pues los sucesos de 1808 termrnafon con sus actividades y Don Agustín de Betancourt huyó de Madrid, cómo tantos y tantos intelectuales, de los que se llamaron <,afrancesado>; acabó sus dias, en el mismo papel de perpetuo motor de modernidad, en el Imperio Ruso, donde gurió el 14 de julio de 182430. La producción de ingenieros no se vio mermada, ya que en los años inmediatos a la Guerra de la independencia existía, como hemos indicado, una Escuela Especial de Ingenieros Militares en la ciudad áe Cádiz, que se superpuso a la segunda etapa de la escuela madrileña, iniciada.urndo, e., 1821, volvieron los afrancesados y se realizaron nuevos exámenes de ingreso para unos alumnos que , en 1823, hubieron de abandonar sus estudios al disolve¡se nuevamente la institución académica. La tercera y definitiva etapa de la Escuela de Caminos y Canales comienza en noviembrc de 1834, pues se decidió abñila de nuevo con alumnos que . como mínimo, debían tener 16 años óumplidos parainiciat los dos años preparatorios; el Plan Docente de Ingenie¡os constaba de cinco cursos, a los que se accedía tras la aportación de documenros que acredjtaban los conocimientos de los aspirantes, a los que, no obstante , se sometía a una dura prueba oral; una reválida en rercero daba a los alumnos la categoría, ya escalafonada, de funcionarios estatales con retrjbución en la categoría de <,aspirantes de segunda>. Su plan docente estaba organizado con un horario, un calendario, unas formalidades y unas disciplinas que poco tenían que ver con la enseñanza académica, pero la inclusión de Descriptiva, órdenei de Arquitectura, Dibujo Lineal y Lavado. Perspectiva, Sombras, Estereotómí a, paisajes y Arquitectura Civil, enrre orras de Construcción y Técnicas, indican que la Escuela de Ingenieros ofrecía, de rnanera rigurosa y seria, todo cuanto la Academia podía llegar a exigir a los futuros arquitectos. Antes de seguir conviene reco¡dar la primera documenración de una palabramágica, <<Proyectos>>, pues en tg4O en el 49 curso de la Escuela de Ingenieros el de 13 clase Don Baltasar Hernáñdez explicaba <Primera pafte del curso de Construcción> y los <,Proyecros y trabajos prácticos relativos a esta claser>. La situacibn en la decrépita Sevilla, académica, provinciana y rancia en su confusa formulación, se mantenía intacta, aunque eso sí, bajo ta patriatcal dirección de Melchor Cano, que lo presidió todo hasta 184231. La fecha de la tercera fundación de Ingenieros coincidió con una serie de cambios que definirían la evolución de la formación de los arquitectos hasta los años sesenta de nuesüo siglo que , como en tantas y tantas cosas, no ha sido sino una pró_ I27
g I Dibujo E. rroga del XIX. Entre estos sucesos ocupan un lugar relevante tanto las primeras críticas serias a la mentalidad y conceptos artísticos de la Academia como la definitiva eclosión del espíritu no-clásico que sería característico de la Escuela Especial de Arquitecturú2; ésta, evidentemente madrileña, fue creada por un decreto del 25 de septiembre de 1844 y, en principio, fue como si una parte de la Academia se hubiese implantado sobre una copia de la Escuela de Ingenieros. Para completar el cuadro de los cambios revolucionarios en la cultura española de la época, advertitemos que aquel mismo año el Gobierno dio marcha auás al proceso desamortizador, también que el Duque de Ahumada creó la Guardia Civil y finalmente que Zornlla escribió lo de DonJuan Tenorio. Un año muy completo. El primer plan docente de los estudios de Arquitectura, que llamaremos aquí <,Plan I>>, o <<de 1844>>, tenia previsto que el alumno accediese a la Escuela tras haber rcalizado por su cuenta unos estudios preparatorios, aunque con algunas asignaturas cursadas en la Academia; en este <,Plan I> no. estaba previsto comprobar dichos conocimientos previos más allá del examen de los oporrunos certificados. Los cutsos propiamente dichos que el alumno cursaba en la Escuela eran cinco y, tras un cierto período de prácticas, obtenía el título. Las materias eran las que P. Navascués ha documentado3s y destacan, además de las Ciencias Aplicadas de rigor, unos títulos muy similares a los que hemos citado en el coetáneo Plan de Ingenieros, a los que se añadieron una ciefta cantidad de asignaturas dedicadas al estudio de la Historia y el Arte , confiándose la formación arquitectónica espec-fica en la misma piedra angular que había sido la de la Academia: la Copia, es decir el Dibujo de edificios antiguos, considerado en una doble vertiente, es decir, tanto como adquisición de un medio de expresión común a todos los artistas, el Gráfico, como desarrollo propedeútico de un cierto gusto por formas específicas del pasado. En esto la Escuela pronto se apartó de la Academia, pues la copia de edificios se extendió a períodos de la Historia que no habían sido del gusto académico. En 1848 se hizo patente la necesidad de exigir un examen de ingreso, pues los certificados no garantizaban nada; esta conveniencia coincidió con el deseo de unificar el inicio de las tres escuelas especiales ) /_x \) C) )t =-_ /--;.\ \. 'i Dibujo F I lr J t22