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La correspondencia en el entramado burocrático inquisitorial de América. La comisaría de Córdoba, siglo XVIII

Vassallo, Jaqueline

Abstract

En este trabajo intentaremos indagar en el rol que jugó la correspondencia en la burocracia administrativa de la Inquisición española, usos, formas y objetivos; para luego hacer especial hincapié en la intercambiada por los inquisidores de Lima, con la comisaría de Córdoba (Argentina) que funcionó durante más de dos siglos.

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LA CORRESPONDENCIA EN EL ENTRAMADO BUROCRÁTICO INQUISITORIAL DE AMÉRICA. LA COMISARÍA DE CÓRDOBA, SIGLO XVIII. THE CORRESPONDENCE IN THE BUROCRATIC INQUISITORIAL FRAMEWORK OF AMERICA CORDOBA COMISSION, XVIII CENTURY Jaqueline Vassallo. Universidad Nacional de Córdoba- CONICET RESUMEN: En este trabajo intentaremos indagar en el rol que jugó la correspondencia en la burocracia administrativa de la Inquisición española, usos, formas y objetivos; para luego hacer especial hincapié en la intercambiada por los inquisidores de Lima, con la comisaría de Córdoba (Argentina) que funcionó durante más de dos siglos. PALABRAS CLAVE: correspondencia- Inquisición- Córdoba. ABSTRACT: In this paper, we will look into the role of correspondence in the Spanish Inquisition administrative bureaucracy, it’s uses, forms and goals, to be able to emphasize particularly, the correspondence exchanged between the inquisitors of Lima (Peru) and the ones of the Córdoba Comission (Argentina), during more than two centuries. KEY WORDS: correspondence- Inquisition –Córdoba. Recibido: 15/08/2013 57 Evaluado: 04/11/2013 A manera de presentación. Corría la década del 80 y Escandell Bonet manifestaba que desde hacía unos años, los estudios sobre la Inquisición española y americana ya no se ocupaban de meras narraciones de casos de aplicación del procedimiento a figuras ilustres o anónimas, ni de la abultada contabilidad de ajusticiados en la hoguera, según los había reducido la historiografía polémica de antaño. Y a renglón seguido señalaba que los nuevos trabajos constituían un conjunto orgánico de análisis de los fondos archivísticos, que tenían por objeto responder científicamente a una compleja problemática histórica cuyo abordaje exigió el estudio de la proyección, desde el Estado moderno, de las regalías romano canónicas del soberano, los mecanismos formales y relaciones de clientela que operaban en aquella proyección, las estructuras geográficas, administrativas y económicas del Tribunal, el perfil de sus cuadros burocráticos y de los encausados, la distribución de las frecuencias en las cambiantes prioridades delictivas, la identificación de las especificidades de los tribunales de distrito y su universo político-ideológico.1 A lo apuntado por el autor, debemos añadir que en la actualidad existen trabajos realizados desde múltiples perspectivas, como la historia cultural, la vida cotidiana y los estudios de género, entre otras. Sin embargo, una línea de investigación que tuvo escaso desarrollo entre los investigadores tanto españoles como latinoamericanos, es el de la política de organización y conservación de los documentos que producían los tribunales, como también las estrategias de control endógenas que se sostuvo el Santo Oficio.2 1Bartolomé Escandell Bonet, “El fenómeno Inquisitorial. Naturaleza Sociológica y pervivencias actuales”, La Inqvisición, ( Madrid, Ministerio de Cultura, 1982), pp.7-17. 2 Virgilio Pinto Crespo, “La documentación Inquisitorial”, La Inqvisición ( Madrid, Ministerio de Cultura, 1982)pp.93-106; Susana Cabezas Fontanilla, “El Archivo del Consejo de la Inquisición ultrajado por Gaspar Isidoro de Argüello, secretario y compilador de las Instrucciones del Santo Oficio”, Documenta & Instrumenta, N° II (Madrid, 2004), pp.7-22; Susana Cabezas Fontanilla, “La correspondencia en la Historia de la Inquisición: Génesis documental e importancia social”, La Correspondencia en la Historia. 58 Cabe agregar que durante los años 80, comenzó a reflexionarse en torno a las posibilidades que ofrecía este tipo documental, como fuente de información. Castañeda Delgado y Hernández Aparicio, decían que la correspondencia era fundamental para reconstruir los diversos aspectos de la vida del Santo Oficio, aunque ponían ciertos reparos: “se debe utilizar con cuidado, pues frecuentemente es subjetiva y conviene buscar otros documentos que aporten más versiones sobre la materia”.3 Mientras que Dedieu manifestaba que la Inquisición fue una de las instituciones judiciales mejor documentadas, ya que casi todo puede saberse sobre ella; y junto a la correspondencia, enumeraba causas labradas, denuncias desestimadas, manuales manuscritos de uso estrictamente interno a través de los cuales los inquisidores trasmitían su experiencia a los sucesores, manuales impresos, relaciones de causas, relaciones de autos de fe, publicaciones impresas, instrucciones, entre otras.4 Ahora bien, la cuestión de la represión religiosa y el papel que jugó en ella la Inquisición ha generado en Argentina trabajos parciales, y en algunos casos, folletos y artículos breves, a diferencia de los que ha ocurrido en México, Perú, Chile y Colombia.5 En este sentido, pensamos junto a Di Stéfano, que aún no se ha podido superar la pionera obra de José Toribio Medina, El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las provincias del Río de la Plata que fue publicada en Santiago de Modelos y prácticas de la escritura epistolar. Actas del VI Congreso Internacional de Historia de la Cultura Escrita, Vol I (Madrid, Calambur, 2002)pp. 109-119; Jaqueline Vassallo, “Los archivos de la Inquisición hispanoamericana como instrumento de control y eficiencia”, . Revista del Archivo Nacional, Vol. XXLI (San José de Costa Rica, 2008), pp187-198; Antonio Astorgano Abajo, La correspondencia entre tribunales de la Inquisición como fuente de información histórica de la guerra de la Independencia: El caso de Valencia (Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2008), Gabriel Torres Puga, “Los procesos de supresión de la Inquisición en la America española y la supervivencia singular del Archivo inquisitorial de México”.Trabajo en proceso de publicación, proporcionado por el autor. 3 Paulino Castañeda Delgado y Pilar Hernández Aparicio, La Inquisición de Lima (1570-1635), Tomo I. (Madrid, Deimos, 1989)p. XXIV 4 Jean Pierre Dedieu, “Preámbulo”, Inquisición y sociedad en el Virreinato Peruano. Estudios sobre el Tribunal de la Inquisición de Lima( Santiago de Chile, Ediciones de la Universidad Católica de Chile y de la Universidad Católica del Perú, 1987).p.3. 5 Roberto Di Stéfano y Loris Zanata, Historia de la Iglesia en Argentina. Desde la Conquista hasta fines del siglo XX (Buenos Aires, Grijalbo- Mondadori, 2000). p. 573; Pablo Besson, La Inquisición en Buenos Aires(Buenos Aires, Imprenta de JH Kidd y Cía, 1910). p. 8; Efraín Bischoff, La Inquisición en Córdoba, (Córdoba, Junta Provincial de Historia de Córdoba, 1992); Catalina Pistone, “La Inquisición en Santa Fe”, Revista del Arzobispado de Santa Fe Vol II. (Santa Fe, 1990). pp.1-17; Nelson Dellaferrera, “Apuntes para la Historia de la Audiencia Episcopal del Tucumán (1688-1888)”, Revista de Historia del Derecho N° XXI (Buenos Aires, 1993).pp 97-110; Marcela Aspell, El Tribunal de la Inquisición en América. Los Comisarios del Santo Oficio en Córdoba del Tucumán en el siglo XVIII (Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 2007). 59 Chile, hacia 1899.6 Más allá de los reparos que podemos oponer a la metodología de trabajo del autor, ya que si bien el erudito chileno llegó a cubrir todo el distrito jurisdiccional de la institución hasta su supresión, sus obras reflejan una suerte de acopio de información obtenida de fondos inquisitoriales europeos y americanos. Información que luego ordenó cronológicamentecon algunas ocasionales separaciones temáticas-, para luego avanzar en una trascripción textual de buena parte de la documentación. En este trabajo intentaremos indagar en primer lugar, en el rol que jugó la correspondencia en la burocracia administrativa de la Inquisición española, sus usos, formas y objetivos. En este sentido, centraremos nuestro análisis en lo que se decide conservar, lo que se institucionaliza, lo que realmente constituye la vida de la institución y su memoria; y cómo a través de la correspondencia, los inquisidores y comisarios preservaron, sostuvieron y legitimaron el proyecto inquisitorial. En segundo lugar, estudiaremos la correspondencia intercambiada por los inquisidores limeños con la comisaría de Córdoba (en actual territorio argentino) que funcionó desde principios del siglo XVII hasta la primera década del XIX, con el objetivo de acercarnos a la Inquisición peruana, desde una comisaría periférica. Para su realización utilizaremos documentos albergados en el Archivo del Arzobispado de la ciudad Córdoba, Sección Inquisición.7 El rol de las cartas en el sostenimiento y legitimación del proyecto inquisitorial. Los tribunales de la Inquisición fueron creados en América, por decisión de Felipe II, en las ciudades de Lima y México, a los que se les sumó el de Cartagena de Indias en 1610. Fundados en fecha tardía y en plena madurez del sistema inquisitivo español, no debieron pasar por la fase de tanteos institucionales que conocieron sus homólogos europeos, aunque trabajaron guardando ciertas condiciones que estuvieron mediadas por la extensa dimensión territorial de la jurisdicción, la exclusión de los indígenas de su 6 Di Stefano y Zanata, op. cit. p.73. 7 Este trabajo se realiza en el marco del Proyecto I+D+i Inquisición, cultura y vida cotidiana en el mundo hispánico. HAR 2011-27021 60 jurisdicción, el carácter urbano del contingente de los destinatarioscristianos viejos, nuevos, criollos, esclavos y castas-, y el control del ingreso de extranjeros.8 Como sostiene Solange Alberro, esta vieja pero bien conservada institución, tuvo por misión “velar por la fe de un mundo joven, dinámico, imprevisto” lo que impactó decididamente en las modalidades de su funcionamiento9 Ahora bien, los tribunales locales trabajaron bajo la dependencia, y a la cabeza, del Inquisidor General y el Consejo de la Inquisición. A los inquisidores los acompañaba un plantel de funcionarios, entre los que se hallaban calificadores, fiscales, receptores, escribanos, abogados defensores y tesoreros. Los nuncios eran quienes se desempeñaban como mensajeros de los tribunales, y llevaban comunicaciones de los inquisidores dentro de su jurisdicción y fuera de ella.10 A ellos debemos sumar a comisarios y familiares que se hallaban dispersos a lo largo y ancho del continente y fueron los que desempeñaron un papel fundamental en el sostenimiento de la institución en los inconmensurables territorios americanos. En este contexto, la Inquisición, asumió una política de la “presencia”, que se alimentaba dictando órdenes a través de las cartas y recibiendo información que se consideraba imprescindible para “poder decidir, ordenar y, en definitiva, para ejercer su oficio”.11 La política de aceitamiento de la comunicación por escrito, suponía entender que el éxito de su funcionamiento dependía de la correspondencia que viajaba en barco, en carreta o a caballo. Asimismo, la Inquisición puso especial recaudo en la organización de los cuantiosos y múltiples documentos que producía, y en el ordenamiento de su burocratización, a través de los archivos, que se erigieron como elementos imprescindibles para alcanzar sus objetivos.12 En el particular caso de la correspondencia, una vez revisada, se archivaba en una sección especial. Cuando la 8 Bartolomé Escandell Bonet, “La Inquisición española en Indias y las condiciones americanas de funcionamiento”, La Inqvisición, ( Madrid, Ministerio de Cultura, 1982), p.82. 9 Solange Alberro, Inquisición y Sociedad en México 1571-1700, (México DF, Fondo de Cultura Económica, 2004) p.586. 10Fernando Ayllon, El Tribunal de la Inquisición. De la leyenda a la historia (Lima, Ediciones del Congreso del Perú, 1997). p. 34. 11 Cabezas Fontanilla, op. cit. p.112. 12 La organización del archivo del Consejo tuvo lugar durante la gestión del Inquisidor general Diego de Espinosa, quien en 1572 fijó el modelo que iba a ser impuesto a todos los tribunales; entre cuyos registros debían estar las cartas enviadas a los inquisidores generales y al Consejo. Pinto Crespo, op. cit. p.94. 61 Suprema contestaba cartas, hacía copia de las mismas y las guardaba junto con los autos de instrucciones, que eran dictados para cada tribunal13. Antonia Heredia Herrera definió la carta, como la “manifestación escrita que testimonia la comunicación entre dos personas o instituciones, con el fin de informar acerca de los sucesos acaecidos anteriormente o con el fin de servir de vía de remisión de otras testimonios escritos”.14 En tanto que Cabezas Fontanilla entiende, que la Inquisición incluyó dentro de la categoría “cartas” a los “papeles” y “pliegos”- que podían tener un perfil tanto institucional como funcional y que eran producidos en el desempeño del cargo-.15 Pero la correspondencia no sólo fue estratégica para la Inquisición. Durante los siglos XVI y XVII, jugó un rol esencial en el funcionamiento del estado moderno, hasta el punto de que éste resulta inexplicable, si no tomáramos en consideración el gran volumen de cartas que circulaban en la corte y en las instituciones de la monarquía y la iglesia. La gran masa de oidores, asesores letrados, alcaldes, escribanos, oficiales, procuradores, secretarios, relatores y escribanos hicieron del documento escrito el eje central de todo procedimiento administrativo y de las decisiones políticas. Lo afirmado también puede evidenciarse en el numeroso conjunto de disposiciones legales que regulaban su composición, envío y protección, así como la aparición de manuales de estilo que facilitaban la redacción y formalización diplomática, y cuyos formularios también produjeron los inquisidores, a través de manuales e instrucciones.16 Las cartas fueron el gran instrumento de comunicación con y en América, ya que la monarquía les asignó como objetivo el “sostener” los espacios políticos ultramarinos. A manera de ejemplo, citamos una disposición dictada en 1575 - recogida en la Recopilación de Leyes de Indiasque resume el interés y la necesidad de intercambio de información entre los gobernantes que residían en Europa y quienes vivían en América: “Que no se ynpida a nadie el escribir al rey”.17 13 Castañeda Delgado y Hernández Aparicio, op. cit. p.XXIII. 14Cabezas Fontanilla, op. cit, p.109. 15 Idem. 110 -111 16 Pedro Luis Lorenzo Cadarso, “La correspondencia administrativa en el estado absoluto castellano ( ss. XVI-XVII)”, La Correspondencia en la Historia. Modelos y prácticas de la escritura epistolar. Actas del VI Congreso Internacional de Historia de la Cultura Escrita, Vol I (Madrid, Calambur, 2002)pp. 121- 123. 17 Diego Navarro Bonilla, “Buscar libros en la distancia: la correspondencia bibliográfica en Aragón durante los siglos XVI y XVII”, La Correspondencia en la Historia. Modelos y prácticas de la escritura 62 En definitiva, como señala Gutiérrez Lorenzo, sirvieron para informar, construir identidades, construir poder, fortalecer el estado moderno y expandir el imperio18. El rey, el Consejo de Indias, la Casa de Contratación y también la Suprema conocían América a través de las cartas y de documentos escritos; y a partir de ellos, tomaban decisiones, resolvían cuestiones de diversa índole y ejercían el poder. En este sentido, Bouza señala que la escritura “permitía la acumulación de noticias más diversas, así como un particular reparto entre los distintos organismos e individuos a los que el monarca confiaba sus dictámenes antes de que volvieran a sus manos en forma propiamente de ‘consulta’ ”.19 Ahora bien, la política en torno a la correspondencia, fue establecida por el Consejo de la Inquisición. Este órgano, que como parte de sus atribuciones tenía a su cargo la supervisión de los tribunales peninsulares y americanos, impuso la obligación a cada uno de ellos de enviar noticias e informes que dieran cuenta de sus actividades. Una vez arribada al Consejo, los secretarios informaban a los consejeros sobre la documentación recibidacomo en el caso de despachos, peticiones, memoriales, etc-. La misma debía abrirse sólo en la sala del tribunal, en presencia de la mayoría de los miembros que habían asistido ese día y de un notario, quien era el encargado de leerla en voz alta.20 El Consejo remitía misivas a los tribunales para recordarles el cumplimiento de instrucciones, es decir, que les enviaran las “relaciones de causas”, los testimonios relativos a la vida del tribunal y de las visitas que debían efectivizar cada cierto tiempo a otras zonas de su jurisdicción. Asimismo, determinaba cómo se debía proceder en algún asunto, o los instruía para que nombraran auxiliares, como por ejemplo, revisores de bibliotecas. Y paralelamente, también despachaba instrucciones dirigidas a los comisarios, por las que los obligaba cursar documentación a los tribunales de los que dependían. epistolar. Actas del VI Congreso Internacional de Historia de la Cultura Escrita, Vol I (Madrid, Calambur, 2002)p. 171. 18 María Pilar Gutiérrez Lorenzo, “Prácticas y modelos epistolares de un archivo decimonónico: la correspondencia del hospicio cabañas”, La Correspondencia en la Historia. Modelos y prácticas de la escritura epistolar. Actas del VI Congreso Internacional de Historia de la Cultura Escrita, Vol I (Madrid, Calambur, 2002)pp. 306-307. 19 Idem. p. 307 20 Ayllon, op. cit. p. 140. 63 Los comisarios tenían que comunicar posibles casos de herejía, y todo asunto que pudiera afectarlos en el ejercicio de su oficiopor ejemplo, la falta de recursos o de auxiliares-, la descripción de la situación de la comisaría, las confirmaciones de la ejecución de un mandato, las informaciones de “limpieza de sangre” y el obligatorio “acuse de recibo”, bajo pena de multa. Por su parte, el tribunal debía enviarles los edictos de “fe y anatemas”, con la correspondiente obligación de lectura, posibles interrogatorios, solicitudes, reclamos, etc. Como podrá observarse, la dirección ponía mucho esmero en mantener a todos sus miembros en relación directa con ella.21 Cabe agregar que la preocupación de que los comisarios mantuvieran contactos epistolares concretos con sus superiores no sólo se centró en la obtención de información, la confirmación de que las órdenes e instrucciones se cumplían, y la búsqueda de la unificación los procedimientos. También se trató de generar una suerte de “sentimiento de estar presente en la organización y formar parte de ella”, sobre todo porque entendían que las distancias que los separaban podían sentirse desarraigados.22 Pero la circulación de las misivas hubiera sido imposible sin la organización de un sistema de correos que desde principios del siglo XVI, comenzó a prestar servicios tanto a la Corona como a los particulares. Las cartas, entonces, fueron transportadas en galeones, carretas, mulas y hasta por simples particulares -conocidos, parientes, amigos, sirvientesdel escribiente o el destinatario que sorteaban grandes distancias, los problemas de los caminos, el naufragio de los barcos, los desastres naturales, la muerte del destinatario o su mudanza. Cartas viajando entre Córdoba y Lima. Es sabido que los tribunales americanos funcionaron en el marco del entramado jurídico y burocrático aludido, y que debido a las peculiaridades que caracterizó a la inquisición en estas tierras, fueron destinatarios de numerosas disposiciones específicas- 21Cabezas Fontanilla, op. cit. p.114. 22 René Millar Carvacho, Inquisición y sociedad en el Virreinato Peruano. Estudios sobre el Tribunal de la Inquisición de Lima, (Santiago de Chile, Universidad Católica de Chile y Universidad Católica del Perú, 1987). pp. 91-93. 64 como instrucciones, consultas, cartas acordadas y edictos “de fe y anatemas”-, que llegaban a través del correo. A manera de ejemplo, diremos que los primeros inquisidores asignados al tribunal de Cartagena de Indias, se comunicaron asiduamente con el Consejo, hasta terminar de aceitar su funcionamiento; lo que generó una serie de normas y cartas acordadas que, a modo de cuerpo legislativo, fueron conformando el proceder de este tribunal. A través de estas cartas, nos dice Álvarez Alonso, tomamos conocimiento de que al primer equipo de inquisidores no les faltaban dificultades provenientes de la normal adaptación a una tierra y cultura diferentes, de la escasez de medios - económicos, materiales, humanos -y de los obstáculos provocados por la oposición que las autoridades civiles y eclesiásticas les mostraron23. Sin lugar a dudas, la correspondencia constituía el único vínculo con la estructura que representaban, y esto era algo que, a todas luces, querían conservar los miembros de la Suprema, para la buena marcha de su organización, sobre todo por la enorme distancia que los separaba.24 Como prueba de ello, encontramos gran cantidad de documentos que así lo acreditan en el Archivo Nacional de Madrid, el Archivo Nacional de México, el Archivo General de la Nación del Perú, el Archivo Nacional de Chile, el Archivo de la Universidad Javeriana de Bogotá y el Archivo del Arzobispado de Córdoba. El Santo Oficio peruano, al igual que los demás tribunales, mantenía una información continuada con la metrópoli. Periódicamente informaba al Consejo sobre la marcha de los procesos de fe, los asuntos referentes a las finanzas, los oficiales, las relaciones con las autoridades civiles y eclesiásticas, entre otras cuestiones. Según Castañeda Delgado y Hernández Aparicio, también los funcionarios, a título personal, hacían llegar a la Suprema sus inquietudes.25 Los comisarios dependientes del Tribunal de Lima debían seguir la Instrucción para comisarios y notarios del Santo Oficio, en la que en su articulado se hacía referencia a los documentos que tenían que ser remitidos al superior o los que posiblemente recibieran del mismo. En este punto, la casuística a la que quedaron 23 Férmina Álvarez Alonso, La Inquisición en Cartagena d Indias durante el siglo XVII (Madrid, Fundación Universitaria Española, 1996). p.38. 24 Cabezas Fontanilla, op. cit. p115. 25 Castañeda Delgado y Hernández Aparicio, op. cit. p. XXIII 65 a todos y cada uno de sus respectivos feligreses que el haber cesado de sus funciones el Tribunal de la Inquisición en estas Provincias (...) no los exime de la estrecha obligación, penas y censuras, que la Iglesia tiene impuestas a todos los fieles para que denuncien o delaten a los herejes y a los sospechosos de Haeresi, a los que leyeran o tuviesen libros prohibidos por la Iglesia, y a todos los aprehendidos en los decretos hasta el día publicados sobre la materia46. E instruyó a los diocesanos en los siguientes términos: exhortamos y mandamos a nuestros amados diocesanos que no solamente crean y confiesen los Sagrados Dogmas, misterios y verdades definidas por la Sagrada Iglesia dirigida y gobernada por el Espíritu Santo, sino que animados del celo de la honra y gloria del Señor y de la salvación de las almas, la que es absolutamente imposible sin la conservación de la fe católica procedan a denunciar cuanto vieren, supieren y entiendan que sea contrario a la pureza de la misma fe, lo que ejecutarán no por motivo de odio o de aversión o cualquiera otro fin humano, sino proponiéndose únicamente la gloria de Jesucristo y la conservación de su santa doctrina. 47 Conclusiones. Es indudable que los discursos epistolares sólo pueden comprenderse en el contexto socio-histórico que los generó. La documentación epistolar tuvo gran importancia para el gobierno y la administración de una organización tan amplia y compleja burocráticamente como la Inquisición; y esto se evidencia en los cuidados que puso el Consejo en mantenerse en contacto con los distintos tribunales y los comisarios que componían la institución, para conservar la unidad en la forma y la validación de las cartas. A través de ellas, los inquisidores de la península intentaron sostener una relación que sabían deficiente, ya que las cuestiones geopolíticas fueron auténticas trabas en el control que la Inquisición pudo hacer en el territorio americano, a diferencia de lo que ocurría en la península.48 Por otra parte, la correspondencia resulta una fuente privilegiada para desentrañar múltiples aspectos de una institución, ya que nos acerca al pensamiento de 46 AAC, legajo III. 47 Idem. 48 Consuelo Maqueda Abreu, Estado, Iglesia e Inquisición en Indias. Un permanente conflicto, (Madrid, Marcial Pons, 2000) p. 68.. 72 73 quienes detentaron el lenguaje para “ordenar” con un fin determinado: “la salvaguarda de la pureza de la verdad”.49 Asimismo, nos ayudan a mirar aspectos desconocidos de la cultura escrita en general y de la actividad manuscrita en particular, en un contexto en el que ya existe la imprenta; nos muestran conflictos y rutinas, dentro del complejo mundo de lo cotidiano. A través de su individualización y su rescate, hoy podemos conocer los instrumentos conceptuales con los que operaban los inquisidores, las complejidades y singularidades de la puesta en práctica de un tejido jurídico casuista y acumulativo quesegún entendemos-, nos aproximan a un abordaje más rico y profundo de lo que aconteció con la Inquisición en América. Es decir, nos develan una Inquisición presente, discreta, burocrática y hasta silenciosa que supo trazar a través de los papeles, una extensa red que cubría el territorio de sus dominios, buscando eficiencia en la persecución de “herejes” y “herejías”, más allá de las causas que efectivamente fueron tramitadas de manera integral. 49 Louis Sala Molins, “Introducción”, El Manual de los Inquisidores. Nicolau Eimeric y Francisco Peña, (Barcelona, Atajos, 1996) p. 13. .