Con tres maletas: gitanos en América (DivulgAmérica; 3)
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CON TRES MALETAS GITANOS EN AMÉRICA David Lagunas Herminia Santiago
CON TRES MALETAS GITANOS EN AMÉRICA © David Lagunas y Herminia Santiago © Aline Lara Galicia (editora) Todos los derechos reservados. Su reproducción en cualquier formato está condicionada al permiso del autor. Imagen de portada. Rumbo a Brasil (1965). © de las fotografías: Herminia Santiago V. © de la edición: Autores y el Instituto de Estudios sobre América Latina, de la Universidad de Sevilla. Publicación financiada por el Plan Propio de Investigación de la Universidad! de Sevilla (2021). Esta publicación se encuentra bajo una Licencia!Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0). Las licencias CC se basan en el principio de la libertad creativa con fines académicos, científicos, culturales. Las licencias CC complementan el derecho de autor sin oponerse a este.! ISSN 2792-9450
PRÓLOGO Este libro es una recopilación de fotografías del álbum familiar de Herminia Santiago Vargas construido a través del método dialógico, en coautoría con el etnógrafo, hablando no "de" los sujetos, sino "con" los sujetos. Herminia proviene de una gran familia caló española. Aunque nacida en Brasil, Herminia ha viajado por América durante toda su vida. Una clara evidencia de cosmopolitismo. A través de estas fotografías podemos apreciar el curso de vida y el ciclo de vida de Herminia como una trayectoria ejemplar, rica en detalles, en experiencias, en saberes y en localizaciones. Una trayectoria de vida que nos enseña las complejidades de un estilo de vida nómada, móvil, itinerante y cosmopolita en diferentes países y contextos históricos, políticos, geográficos y socioeconómicos. El análisis antropológico de la fotografía como documento se basa en la idea de que la fotografía tiene que transmitir un sentido, el cual se interpreta como resultado de una investigación. La aproximación antropológica no es estrictamente histórica, sino que emplea un análisis estructural a través de una secuencia de periodos cada uno de ellos tratado etnográficamente. Por ello, este trabajo de recuperación de las imágenes visuales no se presenta como cualquier reportaje light. Porque se trata de documentos de gran valor antropológico y humano que renuevan una serie de tratamientos culturales de la vida personal, familiar, social y económica de la protagonista. Las fotografías que aporta Herminia, de un modo más inmediato en su percepción, construye la cultura, el uso de lo singular, de lo vivido, de las expectativas de lo vivido. La textualidad y la visualidad son dos formas de narrar la experiencia humana que se fusionan en esta obra. Herminia habla de sus recuerdos a través de las fotografías del álbum familiar y tal vez de manera más natural, con mas intuición y explícitamente, historiza su experiencia y muestra una reflexión sobre el tiempo y la temporalidad. Y esto viene a propósito de algo más abstracto y es que, a través de las fotografías familiares en diferentes etapas del curso de la vida, se atisba a identificar una representación social: cómo Herminia define su propia identidad, cómo piensa que es, y sobre todo, quién es en base a quién es su familia. La familia, tal vez es la institución más importante en las culturas gitanas, se aprecia aquí ritualizada en la secuencia de fotografías. Cada una de las fotografías no son significativas de lo puramente visual, sino que "hablan" de un conjunto de relaciones culturales y codificadas en la fotografía. La fotografía, a pesar de ser fija ofrece muchos significados: es ubicua y por ello significa en muchas direcciones, como señalaba María Jesús Buxó.
La fotografía siempre ha estado sujeta a cambios constantes desde que fue inventada en el siglo XIX. Las fotografías de los álbumes familiares se guardan tanto en formato analógico (el libro en papel de fotografías) como digital (el archivo en el smartphone o el ordenador). A través de estos formatos es un hecho que en nuestra sociedad existe continuidad en un género fotográfico como es la fotografía doméstica y familiar. Pero si en el mundo contemporáneo millones de imágenes ya circulan a gran velocidad cada día en las redes sociales y los smartphones ¿qué sentido tiene archivar las imágenes familiares y usarlas para el propósito de alimentar la memoria y la representación? ¿Cómo se almacenan? ¿Cómo se usan? Herminia explica que estas fotografías que estaban desperdigadas entre varios miembros de su familia extensa, guardadas en cajones, cajas, armarios, se escanearon y se digitalizaron en un único documento. Para que toda su familia pudiera conservarlas. Eran estas fotografías que los fines de semana y en los momentos en que la familia se reunía, las mujeres gestionaban al explicar a los más jóvenes la memoria familiar. Apreciamos, así, cómo la fotografía es estratégica en la construcción de la memoria social y colectiva, tal como estudió Maurice Halbwachs. Y, sobre todo, posee un valor social porque las fotografías cobran vida cuando se comparten y se usan en familia al expresar un sentido de lo colectivo, de que mi vida no acaba en mi mismo, sino que continúa en los demás. Porque las cosas también tienen una vida social. Tal vez una de las escenas más simbólicas de la película Blade Runner sea cuando Deckard, el policía encargado de dar caza a los androides-replicantes que han llegado a la Tierra en busca de respuestas, contempla junto con Rachel -ella misma un - fotografías antiguas, algunas en blanco y negro, en su apartamento. Las fotografías son una metáfora de lo humano porque los seres humanos, a diferencia de los organismos cibernéticos, tienen memoria, tienen conciencia del paso del tiempo y de sí mismos, tienen emociones y sentimientos, y sobre todo de la finitud de la vida. En las fotografías se encuentran las respuestas a nuestras últimas preguntas: quiénes somos, de dónde venimos y por qué estamos aquí. La memoria de Deckard se construye mirando esas fotografías asumiendo su identidad y su realidad como humano. Las fotografías son aquello que nos convierte en humanos. El hecho de mirar y hablar "de" y "con" nuestras fotografías nos humaniza. Las fotografías son una parte fundamental de nuestra memoria visual, la cual nos configura como seres humanos singulares y a la vez como miembros de una familia y una colectividad. Con más motivo si se trata de esas fotografías que están guardadas en algún rincón de la casa, en una caja o debajo de la cama. Tal vez esas fotografías familiares serían lo último que tiraríamos al contenedor de la basura y lo primero que nos llevaríamos a una isla desierta. Las fotografías de Herminia nos informan de una manera básica del interés de la vida de gente común y corriente. Y sacarlas a la luz significa hacer una lectura de carácter etnográfico de una vida, lo que supone una toma de partido realista: las fotografías no son el resultado de la imaginación, sino de una vida vivida, real. Transformadas y deconstruidas etnográficamente, el libro trata de ver aquellas secuencias que tienen un sentido etnográfico y reconstruir la vida a través de estas secuencias en términos de la propia clasificación en un orden y apartados. Tal vez destacaría dos aspectos, una muy concreto y otro más abstracto:
El primero es una impresión que salta a primera vista, especialmente en las fotografías donde aparecen el abuelo y la abuela. Destaca el porte, los gestos, la forma de caminar, los pantalones holgados, la corbata, la americana, el corte de pelo. Mientras que, en las mujeres, la abuela y otras tías visten ropas que combinan, las faldas elegantes o aquella imagen en primer plano de la abuela cuando era joven que se asemeja a una estrella de Hollywood. Los niños también aparecen vestidos con ropa impecable en aquella otra imagen en la cual se muestra el momento de la partida hacia Brasil para ir a vender. Todas estas imágenes expresan el orgullo de quien se piensa como gitano y gitana. Y se simboliza con este un aire y postura aristocrática. Sobre esta estética aristocrática, la vanidad y el orgullo como romaníes, el "darse a conocer" y ser visto ya había llamado la atención Martin Olivera en su etnografía sobre los Gabori de Transilvania. El segundo aspecto tal vez es más abstracto y tiene que ver con el tiempo. A través de las imágenes también se alude al tiempo lineal, a la edad y a lo que se pierde, a los ancestros y familiares que ya no están y que al recordarlos generan emoción, tristeza, afecto, nostalgia. Es el tiempo irreversible. Esa experiencia a la que, vulgarmente, llamamos "el paso del tiempo" y que se simboliza en el envejecimiento y la edad. Pero es a partir de una reflexión existencial como observamos a Herminia viviendo esa temporalidad: la del origen geográfico, en una parada durante un viaje, en una boda o un bautizo, un día de fiesta, el envejecimiento, el reencuentro. La temporalidad de un año tras otro. En el texto y las imágenes se atisba un conflicto entre la edad y la vida, entre el ritmo vital de la vida y el paso inexorable de la flecha del tiempo. Y Herminia lo resuelve poéticamente en sus palabras ubicándose entre la historia y la atemporalidad: la contemplación de una escena de la vida cotidiana, de una celebración, de un viaje. En cada una de esas escenas hay un acercamiento a la atemporalidad, al instante paradójico que cobra vida cuando se mira y se recuerda una fotografía. Un instante que fluye y huye al mismo tiempo. Herminia lo enfatiza en el orden general de las fotografías y también en los detalles de la obra comentando las fotografías que muestran aspectos más vividos. La reflexión sobre el paso es una estructura universal. Aparece en la literatura, en el arte, en la historia, en la filosofía, en los mitos de sociedades y de culturas de todo el mundo. Herminia, a veces intuitivamente y a veces a través de su memoria evocativa, nos invita a pensar en el tránsito de la subjetividad vivida a una idea más filosófica del tiempo y de la temporalidad a través de la vida familiar. El relato de Herminia que acompaña a las fotografías es una respuesta muy vital y al mismo tiempo concreta a lo que la filosofía o la literatura ha abordado sobre el paso del tiempo. Porque Herminia no habla en abstracto, sino que habla de lo que pasó en algunos días: el día antes de emprender un viaje, de otro viaje, de una celebración familiar, de un reencuentro familiar, de un día de asueto, de un día como cualquiera en la casa. Son experiencias diarias. La experiencia de un día.
Tal vez no sea excesivamente trascendente el relato de Herminia debido al gusto por lo más concreto y preciso de la vida, por la querencia hacia el pasado que regresa y evoca afectos y sentimientos. Y del tiempo que pasa. De lo que era antes y lo que es ahora. Es la vida y el pasado que evoca. Es un pasado de vidas. Porque son cosas que sucedieron. A las que siguieron otras cosas en otras etapas. Hay algo que se pierde, pero en el momento de evocarlo, se hace vivo. Como los antepasados. Al hablar de ellos y al recordarlos se hacen vivos. Herminia evoca la propia vida, la vitalidad de otro tiempo y de seres humanos que siguen estando vivos en la memoria. Esta configuración del relato textual y fotográfico de Herminia no se libra de lo que Bourdieu denomina "la ilusión biográfica", las distorsiones de los individuos y sus biógrafos realizan retrospectivamente cuando recuerdan y construyen el relato de su vida. No importa porque las fotografías de Herminia muestran ese espacio íntimo, el de la familia, que los Gitanos no suelen compartir con los Payos. Las imágenes son la representación de la identidad familiar, la de su familia, que no es una identidad difusa o abstracta, sino muy real y concreta. En ese realismo y esa concreción de la familia, la institución más importante de los Gitanos, radica el valor de esta obra. Pero tal vez nos muestre otro secreto aún mayor: cómo el pasado que se evoca y el presente más natural, en realidad, no están separados. David Lagunas Sevilla, 19 de octubre de 2021
CON TRES MALETAS UN VIAJE HACIA AMÉRICA Los Gitanos hemos viajado, hemos vivido mucho. Desde que tengo uso de razón me he visto siempre viajando en coches, en aviones, en tren y yo creo que he viajado en todos los sitios. En todo lo que se pueda llegar a algún sitio. El gitano tiene mucha experiencia en viajar, no cualquiera. Yo siempre he dicho que es un don que el Señor nos ha dado. Herminia Santiago Septiembre, 2021
Mis abuelos. Melilla, España
España, 1957 Algo que tenemos los Gitanos es que si se vende bien, pues para allá vamos todo el mundo. Eso es lo que mi abuelo decidió para irse a América.
Mi abuela, mi madre y mis tíos
Brasil, 1968 El fin del trayecto de aquel barco era Argentina. Mis abuelos y mi madre de ocho años, junto con sus hermanos, vivieron en Brasil durante un año y después se trasladaron a Argentina. Era otra manera de vivir. Era una vida muy sana. Las casas abiertas todo el mundo. Te brindaba a que pasaras, que comieras. Amable. No había nada de delincuencia. BRASIL
Brasil
Bautizo. Curitiba, Brasil
De Argentina a Brasil, 1965
Argentina
Mi abuelo era una persona muy inteligente y le gustaba vestir bien. Al ser marinero mercante sabía vender.
Mi abuelo siempre estaba viajando. Él siempre llevaba su género por delante. Él llegaba a un país con dinero y con su género, su mercancía.
En 1978 muchas familias desde Brasil se embarcaron hacia México. Cuenta mi abuelo que éramos como 15 o 20 familias de Gitanos. México era muy diferente porque hablaban el español y se entendía mejor. Pero iban muchas Gitanas que llevaban muchos niños. Y nosotros no hablábamos el español, hablábamos el brasilero. Y al llegar a México era un lugar “más cerrado”, porque en Brasil estábamos al pie del mar. Entonces, al llegar a México DF nos vimos muy encerrados. MÉXICO Herminia, 1978
Museo de Cera de la Ciudad de México, 1983 Cuando llegamos a México era un show. Porque además nos quedamos en el centro de la ciudad. Lo que es la Zona Rosa porque se nos hizo el lugar mejor para vivir. Vivíamos en pisos y otros vivían en hoteles. En toda mi vida, sé llegar a un sitio y cómo defenderme y cómo buscar la manera. Y tengo esa capacidad. Porque desde que tengo uso de razón, hemos tenido ese don, de estar siempre de un país a otro. México para mí ha sido el mejor país del mundo entero y sigue siéndolo. Es inagotable. Es un México donde la cultura que tienen ellos es como la nuestra.
Ahora tengo 53 años y estoy un poco cansada de estar viajando, pero si me tengo que ir de viaje, me voy a donde sea. Estoy lista porque estoy hecha siempre para estar viajando y conocer. Hay veces que necesitas volver a tu casa, descansar, pero al mismo tiempo, cuando pasa el tiempo, piensas en la trayectoria que has hecho. Hoy faltan muchos de los que están en esas fotos. Que ya no están con nosotros y son recuerdos muy entrañables. Lo llevamos en el alma, en el corazón y los sentimientos están ahí. Pero es una forma de recordarlos y de mantenerlos con nosotros. En nuestra personalidad, nuestro carácter. Nosotros somos el fruto de ello. Herminia, 2021
Los Gitanos americanos tenemos otra cultura. Somos diferentes, vivimos bien. Hemos viajado por toda América. En 1978 llegamos a México. México es el país de la libertad, de la expresión de la palabra. View publication statsView publication stats