El humor feminista de Nuria Pompeia
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21 Mas igualdad. Redes para la igualdad EL HUMOR FEMINISTA DE NURIA POMPEIA María Teresa Arias Bautista Agrupación Ateneísta de Estudios sobre la mujer Clara Campoamor Semblanza de Nuria Pompeia Nuria Vilaplana Buixons, más conocida por el pseudónimo de Nuria Pompeia, vio la luz en Barcelona, en la primavera de 1931, concretamente, el dos de mayo y, por tanto, con el despertar de una España Republicana llena de ilusiones y esperanzas. Sus primeros pasos, y los que la vieron crecer como mujer, se sucedieron en el barcelonés barrio del Ensanche1, el distrito más poblado de tan hermosa ciudad, donde pueden encontrarse sus vías y plazas más conocidas. Inspirada por la naturaleza, que debió insuflar en su mente infantil y juvenil el gusto por lo bello, cursó estudios de Arte en la Escuela Massana, situada en el antiguo Hospital de Santa Cruz, que había abierto sus puestas en 1929 gracias al legado del filántropo del que recibió su nombre. Su formación intelectual, sus valores y prioridades la empujaron hacia una visión del mundo crítica, en abierto desacuerdo con la injusticia social y, especialmente, con el atropello que la sociedad patriarcal ejercía sobre las mujeres. Aunque, como ella misma ha confesado, comenzó a dibujar como pasatiempo y después de otras muchas actividades hasta que llegó a creer que podía hacerlo dignamente (Navarro Arisa 1983), lo cierto es que se cuenta entre la pioneras del cómic y del cómic feminista, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, al utilizar dicho medio para ridiculizar los tópicos machistas y sensibilizar a las mujeres acerca de su posición en el mundo. En su opinión “el humor es una defensa ante la agresividad del mundo y ante la realidad de todo lo malo y desagradable… el humor es un arma, pero no un arma de ataque, sino de defensa ante lo estúpido, lo terrible y lo grotesco que puede llegar a ser el mundo” (Navarro Arisa 1983). La obra de Nuria Pompeia es extensa, compleja y merecedora de un estudio profundo, más que de un capítulo dedicado a rememorarla. Su labor como escritora y dibujante ha quedado impresa en numerosos medios de nuestro país como el Diario de Barcelona y revistas como Trinfo, Cuadernos para el Diálogo, Sábado Gráfico, Por Favor, Vindicación Feminista, Dunia, El Mon, L’Hora, Oriflama, Emakunde y un largo etc. En revistas extranjeras: Linus, Charlie Hebdo y Brigitte, o en obras como cartas a una idiota española de Lidia Falcón. Ha colaborado con Clij (Cuadernos de literatura infantil y juvenil), así como con Cuadernos de Pedagogía. Durante algún tiempo publicó crónicas culturales en La Vanguardia, escribió guiones para televisión española e incluso dirigió el programa Quart Creixent, en 1984. Su nombre, a lo largo del siglo pasado, ha permanecido unido al de relevantes personalidades de la cultura por la fecundidad y profundidad de sus conocimientos. Sus libros de humor gráfico y narrativa comenzaron en 1967. Desde entonces su pluma y su dibujo han servido para denunciar cuanto ha estimado indecoroso para la mujer y la sociedad. Muchas de sus viñetas pueden parecer haber perdido hoy el frescor del momento, o pueden, incluso, considerarse pasadas de moda2; sin embargo, muchos de sus contenidos siguen estando desafortunadamente presentes. Obras de humor gráfico son: Maternasis, Y fueron felices comiendo perdices, Pels segles dels segles, La educación de Palmira, Mujercitas y Cambios y recambios. De narrativa: Cinc cèntims, Inventari de l’ultim dia y Mals endreços. 1) “Nací en un piso de la izquierda del Ensanche barcelonés, coincidiendo, cronológicamente, con el advenimiento de la República y la llegada de las golondrinas y del brote de las hojas tiernas de los plátanos que bordeaban -y bordeanlas calzadas de la mayoría de las calles de este barrio. En aquella casa transcurrió mi infancia y parte de mi juventud, salvo los tres años de la guerra civil y de los largos veranos que pasaba en el Maresme, en la finca de la abuela de Arenys de Mar, así como con estancias en Sant Joan de les Abadesses, al pie de los Pirineo” (Pompeia 1989: 131). 2) “Nada hay más perjudicial para la carga satírica de un dibujo que el paso del tiempo. Las viñetas son productos de consumo que hay que servirlos frescos. El impacto de una sátira es mayor cuanto mayor es su imbricación con el hecho concreto que origina dicha sátira, pero también cuantos más vínculos intelectuales o emocionales es capaz de establecer con el público” (Capdevila 2012).
22 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) Ha recibido diversos premios y reconocimientos, entre ellos la Medalla de Oro de la Ciudad de Barcelona en el año 2000, el premio Rosa del Desierto a su trayectoria profesional, otorgado por la Asociación de Mujeres Periodistas de Cataluña, en el 2003, y la Cruz de San Jorge en 2007 (Carrasco, M., Corcoy, M. y Roig, M., 2011). los logros de las mujeres republicanas Ser mujer en España en el primer cuarto del siglo XX no era tan diferente a como había sido serlo tiempos antes. El patriarcado dominante, generador de doctrina, de moral y de costumbres, establecía que el destino de las mujeres era ser madres y tal responsabilidad y cometido esencial, considerado consustancial al hecho diferencial de ser mujer, estaba por encima de cualquier otra veleidad femenina. Dado que este era el destino de las mujeres, de cualquier situación social, lo interesante era que admitiesen ciegamente dicho destino y para ello se las educaba, estableciendo como meta trascendental y medio el matrimonio y, en consecuencia, el paso de las mujeres del dominio paterno al marital. Los varones gobernaban la vida de las mujeres, manteniéndolas como menores de edad perpetuas que debían solicitar permiso a sus padres, tutores o maridos para la realización de prácticamente cualquier actividad relevante fuera del hogar. Pero, como acabo de señalar, Nuria Pompeia comenzó a vivir cuando España se llenaba de proclamas de libertad y las expectativas del pueblo eran inmensas. Se pretendía arrumbar el caciquismo, la represión, impulsar la industria, el comercio, dar alas a las nuevas ideas y nuevas oportunidades a quienes soñaban con ellas. De ahí que durante el exiguo período de tiempo en que las II República, con sus luces y sus sombras, gobernó, se hicieron posibles, algunas de las aspiraciones femeninas reclamadas desde hacia tiempo. Ya desde el primer momento de su proclamación muchas mujeres, comprometidas con su presente social, y decididas a impulsar un nuevo futuro, se lanzaron a las calles3 convirtiéndose en sujetos activos para cambiar la Historia (Samblancat Miranda 2002:25). Con todo, y a pesar de la euforia, para las que estaban viviendo aquellos días todo avance pareció lento, excesivamente arduo, y en ocasiones amargo, por las consecuencias que tanto de forma inmediata, como a la larga, debieron arrostrar. Ello no fue óbice para su silencio y, a pesar de todas las críticas e impedimentos que las rodearon, dejaron oír su voz en manifestaciones, periódicos, salones vanguardistas como el Ateneo de Madrid, Liceos, Colegios Profesionales, Academia de Jurisprudencia, Tribunales, Sindicatos femeninos, Asociaciones y Organizaciones Internacionales, etc. De forma imparable, cada vez un mayor número de mujeres fueron accediendo a los estudios universitarios y consiguiendo sus respectivas titulaciones. Se contó con ellas en los Partidos Políticos, e incluso fundaron los propios, entusiasmadas por compartir los aires democráticos4. Ocuparon puestos de relevancia en la Administración5, lo que nunca antes había ocurrido, y en los distintos escalafones de la misma. Ejercieron como abogadas, médicas, maestras, periodistas… Se sentaron en el Congreso y, aunque en una batalla solitaria, Clara Campoamor arrancó a la Asamblea el voto femenino, en contra de todo pronóstico, por la multitud de quienes asistían temerosos a los innumerables cambios que se estaban produciendo. Las mujeres exigieron el divorcio, la libre disposición de los bienes, el derecho al reconocimiento de la paternidad de sus hijos e hijas naturales, la igualdad de trato ante la ley, la abolición de la prostitución, la despenalización del adulterio y el amancebamiento y tantas otras demandas aplazadas desde siempre. 3) “No es extraño que la eclosión de entusiasmo que generó la proclamación de la República el 14 de abril de 1931 adquiriera desde muy pronto tonos y simbología femeninos y que la prensa ofreciera durante esos días numerosísimas fotos de mujeres desfilando con gorro frigio, esgrimiendo la espada de la Justicia, luciendo lazos rojos u ondeando banderas tricolores, en grupos desbordantes de alegría, a pie, en automóviles o asomadas expectantes a un balcón para contemplar, como decían algunos pies de foto, «la alegría de un pueblo que despierta». Alegría y despertar de que se sentían partícipes y, en buena medida, protagonistas, con una fe ilimitada en el porvenir que ese día se abría para ellas” (Aguilera Sastre). 4) Clara Campoamor fundó la Unión Republicana Femenina (Capel Martínez 2007:37). 5) Victoria Kent fue nombrada Directora General de Prisiones, cargo que aceptó con gran responsabilidad y sabiendo las dificultades que le aguardaban (Gutierrez Vega 2001: 48). Clara Campoamor lo fue como Directora General de Beneficencia, aunque dimitió al año siguiente por discrepancias ideológicas (Fagoaga 1986:188).
23 Mas igualdad. Redes para la igualdad las mujeres durante el franquismo A lo largo del siglo XX, poco a poco, las mujeres de los países occidentales fueron alcanzando objetivos, especialmente, cuando por motivos de supervivencia se vieron obligadas a ocupar los miles de puestos de trabajo que los varones dejaron vacíos por las contiendas mundiales. En España, al estallar la terrible Guerra Civil, las mujeres siguieron operando a ambos lados del frente, tanto en la vanguardia, como en la retaguardia del conflicto e, igualmente, se hicieron cargo de tareas desatendidas por los brazos masculinos entregados a los fusiles. No obstante, su participación fue haciéndose cada vez más molesta e incluso a no ser bien vista (Capel Martínez 2007:43). El heroísmo femenino debía situarse fuera de las trincheras, sirviendo, abnegadamente, en todo aquello para lo que se la requiriera: “Para las mujeres el heroísmo consiste más en hacer bien todos los días lo que tenga que hacer, que en morir heroicamente… Porque su temperamento soporta mejor la constante abnegación de todos los días que el hecho extraordinario”6. Finalmente, el triunfo del ejército sublevado y la instauración de la dictadura condujeron la situación de las mujeres a decenios atrás, con la anuencia de una sociedad temerosa de incurrir en desgracia con el nuevo régimen. No descubro nada si afirmo que los planteamientos sobre la femineidad y sus relaciones con el mundo volvieron a situarse en el siglo anterior. Basta leer las consignas de cualquier manual del XIX, o principios del XX, y las dictadas desde el aparato de poder franquista a través de la Sección Femenina, para percatarse de esa realidad: D. Miguel era un laborioso empleado… con este sueldo llenaba perfectamente las atenciones de su familia, gracias á la inmejorable administración y al buen arreglo de su buena esposa doña Matilde, que podía pasar como perfecto modelo de ese tipo, sublime en su modesta sencillez, que se llama mujer de su casa… D. Miguel, antes de contraer matrimonio había seguido su carrera… Contrajo matrimonio con doña Matilde, joven de modesta posición y regular belleza, pero modelo de laboriosidad y virtud, que le había hecho y le hacía tan feliz como puede serlo un hombre en la tierra… También se sentía feliz doña Matilde al ver que su esposo sabía apreciar y agradecer los esfuerzos que hacía para dirigir perfectamente los quehaceres domésticos, y al observar los excelentes resultados que en sus hijos producían sus enseñanzas…Doña Matilde se ocupaba de repasar la ropa blanca y don Miguel leía el periódico de la noche…Es más difícil de lo que a primera vista parece, queridas niñas, llenar los deberes de ama de casa. No basta para ello ser bondadosa y tener aplicación y talento; es necesario, además, tener laboriosidad, orden, limpieza, prudencia y economía; y estas virtudes deben practicarse desde la niñez, y nadie mejor que una buena y cariñosa madre puede enseñarlas… Los hombres tienen demasiado quehacer y en qué pensar si han de procurarse los recursos necesarios al mantenimiento y comodidad de la familia, para que puedan descender a los detalles del gobierno doméstico… Una mujer de su casa ha de ser trabajadora, y solo merece este nombre la que ocupa todo su tiempo atendiendo en primer lugar a los quehaceres domésticos y luego a las labores, prefiriendo entre estas últimas, las útiles, a las de puro adorno… Lo que si debe evitar cuidadosamente es estar mano sobre mano. Las personas verdaderamente laboriosas descansan de un trabajo dedicándose a otro… ir a la compra, preparar la comida, barrer la casa, fregar, coser la ropa, la de su marido y la de sus hijos… Si alguna vez el esposo falta al respeto u ofenda a la mujer en un momento de arrebato, vale más soportar en silencio la injusticia, que contestarla con apasionadas querellas… La principal fuerza de la mujer, hija, es la dulzura… (Fernandez, S.C. y Ruiz, M. 1901: 10 y ss.). Este texto, al igual que los textos franquistas, empeñados en la forja de “la mística de la femineidad”7, se explican por sí mismos: los hombres ganaban el pan fuera de casa y el resto de responsabilidades recaían 6) Sección Femenina, Enciclopedia Elemental, 1957 (Otero 2004: 24). 7) “El plan de formación de la Sección femenina…No pretende la creación de culturas superiores, sino el desarrollo en la mujer de los conceptos prístinos y eternos, dolorosamente olvidados”. Medina, revista de Sección Femenina, 25 enero 1942 (Otero 2004: 24).
24 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) sobre las mujeres quienes, necesariamente, habían de entregar todo su tiempo para la buena marcha del hogar, de la familia, y de la sociedad en su conjunto: “A través de toda la vida, la misión de la mujer es servir. Cuando Dios hizo el primer hombre, pensó: No es bueno que el hombre esté solo. Y formó a la mujer, para su ayuda y compañía, y para que sirviera de madre. La primera idea de Dios fue el hombre. Pensó en la mujer después, como un complemento necesario, esto es, como algo útil”8. En ambos discursos, las tareas interminables de las mujeres serán una y otra vez enumeradas en casa, en el colegio, en la iglesia, en la prensa, la radio, la televisión, la publicidad…, recalcándose que en cualquier circunstancia debían mantener el buen humor9, la buena disposición y la entrega de sí mismas en aras de la felicidad. Por supuesto, debían disponer del talante sacrificado y dulce necesario para aguantar, si se producían, los malos tratos de sus compañeros. No podían perder el tiempo en vacuidades; mirarse al espejo no era cosa de buenas madres, sino de malvadas madrastras, tal y como relataban los cuentos. Las mujeres eran educadas en hallar el placer dando placer, en reparar lo que los demás estropeaban. Los lemas generados por el nacional-catolicismo intentaron arrebatar del imaginario femenino cualquier veleidad intelectual10 en desacuerdo con su naturaleza, pues esta no les había dotado de capacidades para hacerlo: “Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho”11. Mensajes como este, que tendían a ser absolutamente creíbles por venir de labios de una mujer poderosa, condujeron a demasiadas mujeres a olvidar -o a intentar hacerlo quienes no pudieron-, sus pretensiones de ascenso social, económico, intelectual o político12. A olvidar -o intentar hacerlo-, todo lo que no fueran las tradicionales tareas de hija reverente, esposa sumisa y madre abnegada13. Hábilmente se jugó con el lenguaje y con el intelecto femenino para convencer a las niñas, jóvenes y mujeres de que todo se hacía por su bienestar, conforme al plan organizado por un ser superior que había dictado el lugar de cada individuo, según su sexo, edad y condición. Replegadas en el recinto del hogar, “el reino donde refulgían las Cenicentas”, se transformaron en “esclavas libres” de ejercitar el cuerpo14 y el alma nacionalsindicalista15 para alcanzar el mérito del reconocimiento. Las consignas, las imágenes, repetidas hasta la saciedad en todos los medios propagandísticos 8) Sección Femenina, Formación Político-Social, primer curso de Bachillerato, 1962 (Otero 2004: 24). 9) “La mujer española tiene que ser generosa, sacrificada y alegre en todos los momentos”, ¡Adelante!, tercer curso escolar, 1959, Editorial Escuela Española (Otero 2004:91). 10) “No hay que ser nunca una niña empachada de libros, que no sabe hablar de otra cosa…; no hay que ser una intelectual”. Sección Femenina, El libro de las Margaritas, 1940 (Otero 2004:91). 11) Discurso de Pilar Primo de Rivera en 1942 (Otero 2004: 24). 12) -¿Cómo sirven los hombres? / - Con las ideas, el valor, las conquistas y llevando la dirección de la Política. -¿Y las mujeres? / -Preparándose para fundar familias donde se formen las nuevas generaciones. Sección Femenina, Enciclopedia Elemental, 1957 (Otero 2004: 34). 13) “Hija, madre, mujer, es nuestra tarea dar sin tasa ni medida; tiempo, amor,… Nuestras armas son comprensión y amor, amor que no rehúya el propio sacrificio”, Medina, revista de Sección Femenina, 12 julio 1942 (Otero 2004: 31). 14) “Una mujer que tenga que atender a las faenas domésticas con toda regularidad, tiene ocasión de hacer tanta gimnasia como no lo hará nunca, verdaderamente, si trabajase fuera de su casa. Solamente la limpieza y abrillantado de los pavimentos constituye un ejemplo eficacísimo, y si se piensa en los movimientos que son necesarios para quitar el polvo de los sitios altos, limpiar los cristales, sacudir los trajes, se darán cuenta que se realizan tantos movimientos de cultura física que, aun cuando no tienen como finalidad la estética del cuerpo, son igualmente eficacísimos precisamente para este fin”. Teresa, revista de Sección Femenina, marzo de 1961 (Otero 2004:150). “Yo os aconsejo una serie de ejercicios prácticos; tan prácticos que, además de ser muy útiles para vuestra belleza, lo van a ser también para la de vuestra casa. Los útiles de esta serie de ejercicios no van a ser ni una raqueta, ni bicicleta, ni stick, ni patines, etc., sino que estos van a ser sustituidos por la escoba, los zorros, la gamuza, el cepillo, etc. Y las cremas de belleza por una caja de cera, líquido limpiacristales, agua… Y todo esto bien movido, con un delantal coquetón, hará verdaderos milagros…”. Medina, revista de la Sección Femenina, 29 noviembre 1942 (Otero 2004:151). 15) “Vosotras, como buenas madres cristianas y españolas, tenéis la obligación de enseñar a vuestros hijos en los primeros meses de su vida a hacer la señal de la Cruz y darles la primera idea de Dios, y al mismo tiempo, mezclando las enseñanzas, y como buenas madres españolas y nacionalsindicalistas, tenéis la obligación de enseñarles de pequeñitos a saludar brazo en alto, a decir ¡Arriba España! Darles las primeras nociones de la doctrina de la Falange, adaptándola, en los primeros tiempos, a su inteligencia, despertando en ellos el cariño y la admiración por José Antonio y por el Caudillo”. Mercedes Suárez Valdés de la Sección Femenina, Infancia de hoy, juventud de mañana, guía de la madre nacional-sindicalista, 1940 (Otero 2004:55).
25 Mas igualdad. Redes para la igualdad y por las instructoras de la F.E.M. (Formación del Espíritu Nacional), intentaron borrar lo sembrado durante siglos y cuyos frutos se vislumbraron durante la II República de la mano del feminismo, convertido, en época franquista, en el mayor enemigo de las mujeres16. Restañar las heridas demográficas ocasionadas por la guerra; parir, se convirtió en misión de obligado cumplimiento para las mujeres17. Una maternidad desposeída18 que acataba las normas políticas y las del varón que las tutelaba. Todo ello sin una queja, arropadas en el silencio19 y el respeto debido a las innumerables autoridades situadas sobre su cabeza20. el humor gráfico como herramienta política y de denuncia feminista. La Real Academia define el humorismo como el “modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas”. También como “la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios”. Parodiar la realidad con humor, gráficamente, nos conduce a una nueva definición, a la del cómic: “narraciones con dibujos, reproducidos en serie y comercializados en álbumes independientes, o insertados en tiras o páginas en los periódicos” (Díez Balda 2005: 429), o, simplemente, según la Academia a la: “serie o secuencia de viñetas con desarrollo narrativo”. La historieta, el cómic, tiene ya un largo recorrido por la Historia. Sin embargo, ha sido desestimado durante mucho tiempo como herramienta de análisis21, a pesar de resultar una fuente indispensable desde el punto de vista histórico y social22 . Su importancia ha sido defendida por quienes lo consideran una manifestación cultural digna de entrar en los museos (Dopico 2010). El cómic juega con la realidad y el imaginario buscando la complicidad del lector. Además, posee un valor simbólico intrínseco porque traduce en símbolos el lenguaje verbal, atrae la mirada sin esfuerzo y es vehículo transmisor de estereotipos (Díez Balda 2005: 429 y ss.). En España el cómic se desarrolló profusamente durante la dictadura de Primo de Rivera y la II República (Pons 2011:29). Durante la guerra lo utilizaron ambos bandos, con fines políticos y propagandísticos. Posteriormente, el franquismo, aprovechando su potencial para lanzar sus proclamas, 16) “-¿Y el feminismo? - El centro vital de la mujer europea es el hogar, y el cumplimiento sagrado de su sagrada misión en este mundo es ser madre”. Discurso de Pilar Primo de Rivera en el Congreso de Viena. Medina, revista de Sección Femenina, 4 octubre 1942 (Otero 2004: 33). 17) “España necesita para aumentar su riqueza y poder mejorar las condiciones de vida del español medio elevar su población, necesita reponer con generaciones vigorosas y útiles el terrible hueco que han dejado las generaciones caídas en los campos de batalla”. Falange Española, Auxilio Social, 1940 (Otero 2004: 38). 18) “Todo niño que en España nace, a través de los brazos de su madre, pertenece a España”. Carmen de Icaza Anuario de 1940, Sección Femenina (Otero 2004: 46). “Vuestra misión es criar muchos hijos fuertes y sanos para Dios, España y la Falange”. Mercedes Suárez Valdés, de la Sección Femenina, Infancia de hoy, juventud de mañana, guía de la madre nacional-sindicalista, 1940 (Otero 2004: 115). 19) “Calladas, con verdadero espíritu de abnegación y sacrificio porque mientras más abnegadas, más falangistas y más femeninas seremos”. Medina, revista de Sección Femenina, 6 diciembre 1945 (Otero 2004: 38). 20) “A base de una sumisión respetuosa y amorosa a la jerarquía, cuyas direcciones y consejos serán sagrados para ella”. Sección Femenina, Enciclopedia elemental, 1957 (Otero 2004: 45). “La jerarquía familiar es el padre. No le proviene al padre la autoridad de su fuerza física, o de la superioridad social o económica. Le proviene directamente de Dios. De esta autoridad se dice que es de institución divina. Así, el padre es, en la familia, el representante de la paterna autoridad de Dios”, Sección Femenina, Formación Político Social, quinto curso de Bachillerato, 1965 (Otero 2004: 115). 21) “La historieta ha sido prácticamente ignorada por una sociedad que, en general, la considera como un producto para niños… Como consecuencia el lector apenas encontrará un puñado de buenos libros dedicados a este arte de contar historias mediante imágenes y palabras. Esta situación evidencia la necesidad de renovar los estudios de la cultura visual en este ámbito y de general un corpus teórico básico dedicado a la historia del cómic español. Nuevos trabajos de investigación de carácter histórico, semiótico, sociológico, pedagógico y bibliográfico, que aborden con rigor, profundidad y metodología adecuada el estudio de este medio icónico-verbal” (Dopico 2010). 22) “Si los historiadores se detuviesen a repasar las viñetas de cualquier época, aparte de pasárselo bomba, darían con una taxonomía tan variadas de temas, enfoques y detalles que, seguro, les aportarían valiosísimos datos a sus estudios. Y es que los humoristas no solamente han tocado con sus ironías desde el precio de la patata al último desbarajuste del gobierno de turno, sino que en las viñetas permiten visualizar perfectamente el momento que retratan, al incluir no solo las prendas de vestir y los detalles del paisaje –interior y exteriorsino que incluyen las letrillas y canciones, las locuciones o latiguillos que están de moda, pasando por toda suerte de detalles aparentemente nimios que permiten obtener una radiografía muy precisa del momento histórico en que la viñeta se dibujó” (Capdevila 2012).
26 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) lo convirtió en una forma de cultura popular de singular éxito que llenó los espacios de ocio de varias generaciones. Eso sí, como todo el entramado estaba en manos masculinas y destinado inicialmente a los varones, su enfoque era sesgado, preñado de tópicos y construido según los arquetipos establecidos por el programa oficial. Los cómics femeninos fueron, igualmente, orientados por hombres, o por mujeres que seguían los guiones prefijados. Se perpetuaron así las ideas patriarcales23 destinadas a miles de niñas, o no tan niñas, “completando la presión educacional para hacer de la mujer española un ser piadoso, dócil y abnegado cuyo principal, único y sagrado destino era la familia y el matrimonio” (Ramírez 1975: 19). De ahí que los asuntos que realmente preocupaban a las mujeres no solían recogerse en los cómics. El panorama tomó otro rumbo en los albores de los setenta, cuando las mujeres comenzaron a ser dueñas de sus destinos y a buscar los medios donde expresar sus inquietudes: Las mujeres han creado a partir de los años 70 un cómic alternativo y feminista en el que se narran con humor y realismo vivencias propias o de mujeres reales, creíbles y próximas: en ellos además encontramos el reflejo de los sentimientos y de la sexualidad femenina no distorsionada por la visión androcéntrica. Este cómic es una novedad, muchas veces es autobiográfico y en él las lectoras nos reconocemos24. Las mentiras no podían durar eternamente y, aún a costa de sus ideólogos, fueron cayendo los mitos hispanos del nacional-catolicismo. El miedo a la censura, a la cárcel y a la tortura de la mente y del cuerpo se abrió en canal para dejar paso, nuevamente, al desafío de la libertad. En un momento dado, tras años de madurez, España inició un camino sin retorno hacia un destino quizás “menos universal”, pero más acorde con la exigencia de los tiempos. Entonces, las mujeres volvieron a dejar oír su voz discrepante, exigiendo los espacios que se les habían vetado durante unos años harto salobres. No fue un camino de rosas. Romper los moldes fraguados durante tantos años debió resultar, a las más avezadas feministas españolas, una tarea titánica. Pero, sin desánimo, se pusieron manos a la obra cada una desde el lugar que le tocó vivir, ampliando en ondas, como la piedra arrojada a las aguas de un estanque, su ámbito de influencia y sus formas diferentes de entender la existencia. Nuria Pompeia lo hizo con su genio creador, poniendo en evidencia la sarta de patrañas que habían ocupado la mente femenina -y masculina-, durante décadas. De ella se ha dicho: “humorista gráfica, pionera en un oficio dominado por los hombres, se ganó un espacio propio y un respeto por su estilo gráfico y su punto de vista irónicamente femenino”25. Una mujer que iba a sorprender y a dotar de talente personalísimo lo que tocaba26. aproximación a la obra de Nuria Pompeia La amplitud de la obra de Nuria Pompeia me obliga, al intentar analizarla, a seleccionar y a resumir. Un análisis que entraña, como principal dificultad, la de pretender convertir en palabras lo que fue concebido para entenderse con la mirada, de forma directa y rápida. Me he centrado pues en su obra gráfica y en tres de sus títulos donde, a mi entender, la autora vuelca la denuncia de una ideología preñada de tópicos, al tiempo que ejerce una labor didáctica imprescindible. 23) “El contenido de todas estas historias, en la línea romántica cultivada por numerosos comics americanos y británicos, revela una vez más la ideología tradicional sobre el amor y el matrimonio, la supremacía masculina, el sometimiento femenino, la represión sexual, la vocación familiar de la mujer, toda una serie de ideas y sentimientos que la burguesía biempensante trataba de imbuir en las jovencitas de su época” (Vázquez De Parga 1980: 232). 24) Dossier de la Exposición “Mujeres creadoras en el mundo del cómic, UCM, 2008. 25) Así se anunciaba a Nuria Pompeia en la 2ª muestra dedicada al humor gráfico en Barcelona, CaricArt 2012. 26) “Se integraba en nuestro equipo una nueva firma en el humor español: la de Nuria Pompeia, catalana, con una formación muy completa, que le sirve de plataforma para observar, con mirada original, el mundo actual, la problemática de la sociedad de masas. Su humor, incisivo y sintético resulta, además, valorado por sus excepcionales dotes de dibujante. Con la serie las metamorfosis, comenzaba la colaboración de Nuria Pompeia, que sumó a la calidad e intención del humor que Triunfo cultivaba, las de su originalidad gráfica y temática, absolutamente identificadas con la época.” (Ezcurra 199: 86).
27 Mas igualdad. Redes para la igualdad Las mujeres precisaban que alguien verbalizara, o gritara desde el mutismo aparente de las imágenes, la vergonzosa situación en que el régimen franquista las había situado. Puede decirse que las obras seleccionadas lo son de denuncia serena y pasmada, a semejanza de la cara de Palmira, una de sus protagonistas, ante los agrios conflictos de un maltrato estructural que se respira a lo largo de sus viñetas, sin reflejar la extrema crueldad o el sadismo de la otra violencia, la inferida, que queda pergeñada en las mujeres que se guarecen bajo la mesa frente a los arrebatos varoniles27. Una violencia que ha segado de forma directa o indirecta numerosas vidas, según se insinúa en estas historietas y que es complicado resolver en el cómic, porque entonces dejaría de serlo. Nuria Pompeia nos hace sonreír con las pequeñas tragedias cotidianas que tanto hicieron sufrir a las mujeres y hace gala de una gran penetración, agudeza de ingenio, capacidad de reconocer los males ocultos y exponerlos a los ojos de quien quiera verlos. La estructura de su dibujo es sencilla, con trazos precisos que presentan a unos personajes desprovistos de lo superfluo, pero dotados de una serie de atavíos gestuales muy desarrollados que nos comunican las emociones, ideas y sentimientos de cada momento, aunque no existan diálogos entre ellos. Dichos personajes suelen aparecer recortados contra su espacio, sin cubrir de color, salvo cuando utiliza el negro. El espacio o no existe, o se reduce a formas esquemáticas que recogen lo esencial de cada uno de ellos. El lector no precisa nada más para ubicar la escena. Los textos, escuetos y sencillos, glosan el dibujo sin dejar hueco a la duda, cerrando la imagen de conjunto a la espera, únicamente, de ser interpretada tal y como fue concebida. Y fueron felices comiendo perdices Lo poco habitual de este tipo de relatos salidos de la mano de las primeras dibujantes, hizo necesario, en la contraportada, indicar: “Este es un libro de cuentos para adultos. Un libro de cuentos que comienza donde terminan los libros de cuentos para niños… tal vez nos encontremos en presencia de un nuevo género, mezcla de cuento-cómic-folletín, en donde el humor negro sirve para ocultar una extraña ternura por la condición humana. Y por la condición de la mujer”. La obra se articula en tres capítulos, tres biografías en las que las protagonistas se iluminan con un fuerte color naranja que tiñe su pelo y otros elementos de las viñetas. El negro se utiliza para aumentar el dramatismo de las escenas. Sobre los personajes traslada su dolor, su soledad,…. Sobre otras partes del dibujo incrementan la cruda realidad que alimenta la escena: la muerte, el luto, la noche, la sotana sacerdotal… El dibujo se presenta en planos generales, uno por página. Los personajes no dialogan y la sucesión del relato se expresa por medio de un texto claro y directo, redactado en primera persona, que camina en la parte inferior del dibujo, o en esta y la página anterior, cuando el texto aparece en dos idiomas (catalán y castellano, en el primer relato, y francés y castellano, en el tercero). Las protagonistas no tienen nombre, lo que aumenta la capacidad de reconocimiento de quienes pudieron hallarse en similares circunstancias. Las tres historias parten del mismo punto: el día de la boda, destino final femenino que, en manos de la autora, se transforma en un principio de resultados dramáticos. La primera de las mujeres, casada con un hombre diez años mayor que ella, se ve abrumada por los sucesivos partos de gemelos (una hija y seis hijos en cuatro años), las responsabilidades multiplicadas del hogar, el poco reconocimiento y cariño que recibe, salvando los primeros tiempos, etc. La incapacidad de controlar su capacidad reproductiva, la empuja a rechazar sexualmente a su marido que se convierte en un borracho maltratador, que dilapida los bienes familiares hasta que se suicida. Viuda jovencísima, sin oficio ni beneficio, se encuentra con un montón de bocas que alimentar, pues por añadidura ha de cuidar también a su madre. Compaginará sus tareas con un duro trabajo, hasta que sus hijos van desfilando por muerte, porque siguen su camino, o porque la abandonan, como su hija, 27) Las diferencias entre la violencia estructural e inferida han sido desarrolladas en (Arias 2007).
28 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) que la deja al cuidado de una hija por la que se desinteresa. Su nieta será el consuelo de su vejez y a quien transmita sus conocimientos, hasta que el día de su boda, muere. La segunda historia, nos habla de una mujer empujada al matrimonio por su abuela. Su marido, bien situado, la confía al cuidado de su madre que la introduce en los tradicionales círculos burgueses femeninos dedicados a la caridad. De vez en cuando sirve de lucimiento de su marido que la rodea de lujos y la exhibe como símbolo de su triunfo social. La soledad y el tedio de su vida la empujan a entregarse, una tras otra, a relaciones de corta duración con hombres que van cruzándose en su camino, hasta que su infidelidad salta a la prensa. El marido que conoce y transige con las andanzas de su esposa, porque él hace lo propio, considera intolerable la situación, no accede a la separación para evitar el escándalo y la confina junto a sus padres. Ella termina dándose a la bebida e intentando el suicidio que no surte el efecto apetecido y la deja tetrapléjica. El tercer relato es el de una joven, cuyo padre es un maltratador, que se casa obligada por estar embarazada. Aún adolescente, se había ocupado de sus hermanos. Trabaja y estudia para labrarse su futuro que ve inicialmente quebrado por su embarazo. Muerta su hija rompe con su marido y con una madre autoritaria. Se une a un grupo marxista y vive con sus compañeros las vicisitudes de la clandestinidad y los ideales. Trabaja en todo lo que puede para subsistir, hasta que en un momento dado, es abandonada por sus compañeros, por llevar sus ideas a las últimas consecuencias. Entiende, entonces, que su vida carece de sentido e intenta suicidarse. Sobrevive y retoma su vida como secretaria de un editor con quien se casa. Él es un hombre mayor que muere pronto. Tras una depresión asume la dirección de la editorial y la hace triunfar. Decide usarla como plataforma de denuncia, donde proyectar sus ideales, y se arruina. Junto a su secretaria marcha de pueblo en pueblo pregonando sus consignas hasta que, muerta aquella. ve cerrarse el círculo de su vida y se une a un grupo de mayores que la acogen con cariño. En definitiva, las protagonistas, que parten del mismo punto, siguen caminos diferentes: una se adapta a los roles tradicionales, dedica su vida a los demás a costa de un gran sufrimiento personal que se resume en la frase: “Fue un ataque al corazón… Porque yo había sufrido mucho en este mundo y las pasé moradas muchas veces… Si lo contara, no acabaría” (Pompeia, 1970: 116). Otra trasgrede las normas morales impuestas a las mujeres y acaba encerrada en una vida sin sentido que solo puede rumiar una y otra vez: “Así me paso el día: recordando… porque tengo mucho que recordar… Si lo contara, no acabaría” (Pompeia, 1970: 199). En cuanto a la tercera, que también rompe con los esquemas impuestos, pero con la miel en los labios de un nuevo mundo que se ofrece a las mujeres, ve como los ideales se le escapan entre las manos mientras los predica y defiende: “Y llegó la paz, la paz tan afanosamente perseguida... Algunas veces tengo la tentación de contarles mi historia… pero no me atrevo. Porque si empezara, no acabaría… (Pompeia, 1970: 278). Las tres historias están preñadas de denuncias contra el patriarcado y la injusta sumisión que bajo él padecían las mujeres: el matrimonio como meta femenina, la importancia de nacer niño o niña para tener o no expectativas, la vigilancia para que las niñas y adolescentes no despertaran a propuestas inconvenientes, el trato degradante recibo por las jóvenes esposas, la exhibición de la esposa como símbolo de triunfo social, la maternidad obligada y descontrolada, la dura faena callada y silenciada que mantenía atribuladas a las mujeres : “las pasé moradas para sacar adelante a aquella tropa. Las noches, medio despierta; los días medio dormida” (Pompeia, 1970: 42). La necesidad de las mujeres de suavizar las situaciones de maltrato: “se ponía como loco, aunque nunca llegó a ponerme la mano encima” (Pompeia, 1970: 55 y 187). La permisividad con los comportamientos “masculinos”: beber, acosar, “salir a echar una canita al aire”, desatender a los hijos/as… Denuncia, también, la existencia de un machismo larvado en los partidos políticos que auguraban un nuevo futuro, o los desencuentros con la madre, ariete que el patriarcado ha utilizado para socavar cualquier pretensión de independencia femenina, etc. La educación de Palmira Los personajes de esta obra, dotados de gran expresividad e inmediatez, siguen siendo representados de forma similar a la anterior, sin color, salvo por el negro, utilizado para aumentar la tensión de la escena.
29 Mas igualdad. Redes para la igualdad Los textos traducen la representación gráfica y, en ocasiones puntuales, sus elocuentes pensamientos o conversación se recogen en bocadillos que aparecen sobre sus cabezas. La educación de Palmira conjuga dos pensamientos: el de Nuria Pompeia –dibujante-, y el de Manuel Vázquez Montalbán, que bajo el pseudónimo de Manolo V el Empecinado elaboraba los textos. Ambos habían configurado a la joven Palmira, en la revista Triunfo, como representante de la tópica pasividad femenina. Sus tiras fueron seguidas, con no poca polémica, por el contenido de los mensajes que transmitían. Los autores convinieron en realizar una obra en la que el lector pudiera encontrar a la Palmira niña y adolescente que buscaba su identidad asistiendo muda y perpleja a los “sabios” discursos con que todo el mundo creía tener derecho a instruirla. La historia se divide en dos partes: las iniciaciones y las evidencias asumidas. La primera comienza con el nacimiento de Palmira, donde ya el médico duda de su carácter sexuado. Los tópicos se suceden viñeta tras viñeta, generando la conciencia de Palmira, quien no parece ajustarse, ni por su actitud, ni por sus gustos a los arquetipos de femineidad: es desobediente, experimenta por sí misma, en sus juegos emula a los chicos, sueña con juguetes “masculinos”, es inhábil para “las cosas de niñas”: coser, jugar con las muñecas… En un colegio de monjas recibe una educación rancia y mojigata, plagada de los consabidos programas. En la segunda parte, Palmira es una joven de su época, cuya posible rebeldía, induce a quienes la rodean a forjar un carácter acorde con los planteamientos de quien la sermonea. Palmira escucha atentamente y nos hace descubrir, con sus mudas expresiones de asombro, consternación, duda o abatimiento, la diferencia entre lo que se dice y lo que se hace. Palmira se alucina, se extraña, se aburre por todas las inconsecuencias que le presentan sus “mentores”. La autora vuelve a denunciar los tópicos ya comentados y añade algunos más, como el consabido derecho masculino a abordar a cualquier mujer de forma verbal –el piropo-, o mediante el acoso, los tocamientos, los roces, etc. Deja patente que los hombres de su generación, por muy avanzados que se dijeran, no habían dado un paso en el tema femenino, al conservar las mismas etiquetas para lo que debía ser una mujer y su existencia. Los jóvenes progresistas quedan ridiculizados, una y otra vez, porque critican el sistema, pero no dudan en aprovecharse de él y discurren sobre las cosas sencillas utilizando palabras grandilocuentes e incomprensibles. Palmira pone en evidencia la falsa ecología, el falso feminismo y, la crítica al sistema burgués por parte de quienes en el fondo desean sumarse a él. Acaba su formación, quienes la rodean: abuela, padre, madre, amigas de la madre, sus amigas y amigos, parecen empujarla al matrimonio. Palmira, como tantas otras mujeres, como las protagonistas de “Y fueron felices comiendo perdices”, acaba en el altar. Sin embargo, en un alarde de valor, al ser preguntada si quiere a…, contesta con un rotundo “NO”. Un no que le abre las puertas de otra realidad y la posibilidad de ser ella misma. Palmira, con unos ojos escrutadores situados tras unas gafas que parecen llevarla más allá de lo evidente, es capaz de desasirse de una tradición que la empujaba a un futuro con el que no estaba de acuerdo. Mujercitas “Mujercitas es una denuncia de las restricciones socioculturales que inhiben la libertad de las mujer para descubrirse a sí misma”. Estas palabras definen la obra, en la contraportada. Mujercitas, sigue los cánones estéticos de las obras anteriores Los dibujos suelen ocupar una sola página y son sencillos y expresivos. A veces la autora utiliza, para dar mayor vigor a la viñeta, elementos tomados de la publicidad. Mujercitas se articula en siete capítulos, conducidos por dos personajes: una mujer decimonónica, vestida de negro, que va reseñando los valores tradicionales y una joven, similar a Palmira, creada con un trazo que la hace ligera, moderna, absolutamente diferente, vestida con pantalones y camiseta, que le contesta con argumentos feministas. Los capítulos son: la Biblia la escribieron los hombres, la fabricación de una mujercita, las niñas son tontas, a la caza (pesca) del marido, los papeles de ama de casa, esposa, amante y madre no hay más que una, cantando al trabajar y, con la venia, o el juzgado en casa. Como puede deducirse de los enunciados citados, Nuria Pompeia arremete de nuevo contra los presupuestos y eslóganes franquistas ya enumerados. Una tras otra, se analizan las moralinas católicas, se