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China: capitalismo de estado, movimientos sociales y lucha por el control informacional

Llera, Mar

Abstract

Taiwán -constitucionalmente reconocido como la República de China (ROC, por sus siglas en inglés)- ha sido definido frecuentemente como una democracia vibrante y próspera, cuyo sistema social y político contrasta marcadamente con el de la República Popular China (RPC). A pesar de que en sus orígenes ambos países eran regímenes igualmente represivos, la República de China (ROC) se ha convertido en una democracia liberal multipartidista, mientras que la República Popular China (RPC) sigue siendo un Estado autoritario a pesar de su impresionante desempeño económico y su creciente apertura al mundo (Gilley y Diamond, 2008; Chu, 2001). Podría decirse que una de las principales razones de este contraste radica en el papel desempeñado por la sociedad civil, que comenzó a desarrollarse en Taiwán durante su período de industrialización, sentando así las bases de la democracia (Shi, 2001; Chao y Myers, 1994; Hsiao, 1990). La ciudadanía de la República de China ha luchado por lo que hoy es uno de los entornos mediáticos más libres de Asia , según Freedom House (2016). A pesar de la influencia de Pekín, de un cierto grado de autocensura y de una significativa polarización ideológica, los medios taiwaneses generalmente promueven la responsabilidad gubernamental y los valores democráticos (Rawnsley, 2007). En este sentido, el Movimiento Contra los Monopolios Mediáticos (AMM, por sus siglas en inglés), que irrumpió en 2012, ha jugado un decisivo papel que merece ser analizado en profundidad (Ebsworth, 2017; Rawnsley, & Rawnsley, 2012; Rawnsley, & Feng, 2014; Harrison , 2012).

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1 CHINA: CAPITALISMO DE ESTADO, MOVIMIENTOS SOCIALES Y LUCHA POR EL CONTROL INFORMACIONAL (*) 1 María del Mar Llera Llorente Profesora Titular. Universidad de Sevilla (España) Beca MOFA Taiwán 2017 Taiwán -constitucionalmente reconocido como la República de China (ROC, por sus siglas en inglés)- ha sido definido frecuentemente como una democracia vibrante y próspera, cuyo sistema social y político contrasta marcadamente con el de la República Popular China (RPC). A pesar de que en sus orígenes ambos países eran regímenes igualmente represivos, la República de China (ROC) se ha convertido en una democracia liberal multipartidista, mientras que la República Popular China (RPC) sigue siendo un Estado autoritario a pesar de su impresionante desempeño económico y su creciente apertura al mundo (Gilley y Diamond, 2008; Chu, 2001). Podría decirse que una de las principales razones de este contraste radica en el papel desempeñado por la sociedad civil, que comenzó a desarrollarse en Taiwán durante su período de industrialización, sentando así las bases de la democracia (Shi, 2001; Chao y Myers, 1994; Hsiao, 1990). La ciudadanía de la República de China ha luchado por lo que hoy es uno de los entornos mediáticos más libres de Asia , según Freedom House (2016). A pesar de la influencia de Pekín, de un cierto grado de autocensura y de una significativa polarización ideológica, los medios taiwaneses generalmente promueven la responsabilidad gubernamental y los valores democráticos (Rawnsley, 2007). En este sentido, el Movimiento Contra los Monopolios Mediáticos (AMM, por sus siglas en inglés), que irrumpió en 2012, ha jugado un decisivo papel que merece ser analizado en profundidad (Ebsworth, 2017; Rawnsley, & Rawnsley, 2012; Rawnsley, & Feng, 2014; Harrison , 2012). PALABRAS CLAVE: China, Taiwán, República Popular China, República de China, medios de comunicación, capitalismo rojo, estructura mediática, libertad de prensa, libertad de expresión, propaganda, censura, democracia, sociedad civil, movimientos sociales. 1 (*) Este artículo es una parte de la investigación desarrollada por la autora en el College of Social Sciences de la National Chengchi University (Taiwán, ROC) durante la primavera de 2017 gracias a una Taiwan Fellowship del Ministerio de Asuntos Exteriores. El texto fue escrito originariamente en inglés por su autora, y se ha traducido al español con Google Translator, de ahí que el estilo en ocasiones no presente la fluidez y los giros propios de la escritura nativa. 2 INTRODUCCIÓN La isla de Formosa o Taiwán, también llamada República de China (ROC), es un país democrático multipartidista que funciona de facto como un Estado independiente para casi todos los propósitos. Desde su fundación en 1949, Taiwán se ha esforzado por emanciparse del gobierno de la República Popular China (RPC), que la considera una “provincia rebelde” bajo su jurisdicción. En sus relaciones con el continente, la isla ha defendido durante mucho tiempo la política de los “Tres No” introducida por el presidente Chiang Ching-kuo en 1979: “Sin contacto, sin compromiso, sin negociación” (Wang y Wong, 1999: 157). No obstante, los empresarios taiwaneses generalmente han tratado de eludir las restricciones legales con la esperanza de aprovechar las oportunidades provenientes de la República Popular China. Con este fin, han operado frecuentemente al margen de la ley y han presionado al gobierno taiwanés mediante una política de hechos consumados, de modo que las autoridades se han sentido obligadas a regular prácticas comerciales ilegales. De ahí la abundancia de inversiones desde Formosa hacia los mercados de Macao y Hong Kong, junto con su red de paraísos fiscales (Islas Vírgenes, Islas Caimán, etc.), durante el período de políticas comerciales más estrictas contra China continental (Chiang, 2016). La promiscuidad entre las capitales taiwanesas y chinas ha sido durante muchos años un hecho innegable, conocido en la literatura académica como “el factor China” (Niou, 2011). En este contexto se ha priorizado la búsqueda de rentabilidad económica por encima de consideraciones éticas relacionadas con la democracia, la sostenibilidad y el bienestar social (Suárez-Villa, 2016). CAPITALISMO ROJO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN Esta realidad, evidente desde finales del siglo XX, empezó a ganar legitimación oficial a partir de 2008. Tal año el partido conservador Kuomintang (KMT) regresó al poder, tras un período marcado por la política anti-China del Partido Democrático Progresista (PDP). Durante los dos mandatos del presidente Ma Ying-jeou (20082016), el KMT impulsó las relaciones a través del Estrecho con la República Popular China para impulsar el crecimiento económico de Taiwán y participar en acuerdos comerciales dentro del área de influencia de China. Así, entre 2008 y 2016, el llamado “capital rojo” floreció en Taiwán a través de una serie de acuerdos con el continente, en particular el Acuerdo Marco de Cooperación Económica (ECFA), firmado en 2010. Dentro de tal marco, el Acuerdo de Comercio de Servicios a través del Estrecho (CSSTA) que debía entrar en vigor en 2014, fue finalmente abortado por movilizaciones ciudadanas. Lo mismo sucedió con el Acuerdo de Comercio de Bienes a través del Estrecho (CSGTA), que tenía que haberse negociado después de la aprobación del CSSTA. Paralelamente, la República Popular China desplegó una estrategia de expansión capitalista e influencia política sobre los medios de comunicación de Taiwán para ganar un creciente dominio sobre las políticas y la opinión pública, con el fin de allanar el camino hacia la reunificación. Esta estrategia se implementó a través del monitoreo y censura de los medios, iniciativas comerciales y adquisiciones de empresas. Algunos expertos han hablado en este sentido de una auténtica “guerra 3 mediática” a través del llamado “capitalismo cognitivo” impulsado por el “factor China” (Hsu 2014a y 2014b; Bolt y Brenner, 2004). La República Popular China trató de aprovechar su ascendiente financiero y político sobre los empresarios taiwaneses para controlar los medios de comunicación con el fin de influir en el gobierno de la isla, sus instituciones democráticas y el conjunto de la opinión pública. El plan de China era intentar apoderarse de la “provincia” rebelde penetrando en su industria cultural y logrando la hegemonía discursiva. Esta estrategia de “productividad ideológica” se evidenció en movimientos interrelacionados que involucraban la producción de conocimiento (Sierra, 2006: 166; Hsu, 2014a). China alentó a los magnates taiwaneses con intereses económico-financieros en el continente a adquirir medios taiwaneses. En consecuencia, ejerció presión sobre ellos para que administraran sus empresas periodísticas de manera favorable al régimen chino. Un ejemplo específico de esta influencia fue la publicación de publirreportajes bajo apariencia de noticias. Se patrocinaron espacios en los medios para llevar a cabo operaciones de propaganda subrepticia y controlar los flujos de información, aunque este tipo de prácticas estaba en desacuerdo con la legislación taiwanesa. Son numerosas las organizaciones de noticias en Taiwán donde el largo brazo de China continental se ha dejado sentir durante los últimos años: FTV (Televisión de Formosa), SET (Sanlih E-Television) y Want China Times, por citar sólo los casos más destacados (Hsu, 2014a y 2014b; Rawnsley et al., 2016). FTV (Formosan TV) fue fundada en 1997 por Chai Trong-rong, miembro del Comité Central Permanente del Partido Democrático Progresista (PDP), en un intento de poner fin al monopolio del KMT sobre la televisión abierta. Sus objetivos generalmente han estado en línea con la ideología del PDP: promover la identidad distintiva de Taiwán, construir un discurso nacionalista de oposición a China continental y crear conciencia sobre la historia, la cultura y las lenguas de Taiwán. Sin embargo, más de una vez Chai ha dado señales de inclinarse hacia Pekín, incluso en contra de las opiniones de su propio partido. Este fue el caso en julio de 2009, cuando un documental sobre un líder de Xinjiang generó controversia debido al boicot de China. En ese momento, el PDP decidió apoyar la película, pero Chai se negó a transmitirla en FTV. Otro caso en el que FTV funcionó como una moneda de cambio en manos de su fundador ocurrió cuando el gobierno de Ma Ying-jeou ofreció al grupo un proyecto publicitario relacionado con el ECFA. A pesar de la oposición al ECFA por parte de todos los medios de comunicación de propiedad taiwanesa, el Departamento de Negocios de FTV pidió al Departamento de Noticias que frenara las críticas al gobierno para poder llegar a un entendimiento. Además, FTV firmó contratos con CCTV (Televisión Central de China) para transmitir dramas taiwaneses realizados en lengua hakka, que tuvieron que ser doblados al chino mandarín para borrar rastros de sus orígenes taiwaneses. Sanlih E-TV (SET) ha ofrecido otro ejemplo sorprendente de cómo el “factor China” está influyendo en el sector de medios de Taiwán. La SET se convirtió en una estación de televisión pro-PDP y pro-Taiwán desde que Frank Hsieh, amigo del presidente de SET, Lin Kun-hai, fue elegido Primer Ministro en 2005. Ahora bien, a partir de ese momento, la SET comenzó a practicar diferentes formas de autocensura para, a un tiempo, aprovechar este contacto político y ampliar su mercado en China continental. Por otro lado, SET tuvo que cambiar los títulos de sus dramas para que parecieran chinos en lugar de taiwaneses y así expandir su mercado. Pero el ejemplo más claro del giro experimentado por la cadena fue el programa de entrevistas Big Talk News (BTN), un espacio clave para expresar la ideología política de la empresa y promover la identidad nacional de Taiwán. Dado que BTN se estaba volviendo cada vez más 4 popular, tanto Pekín como la administración de Ma Ying-jeou comenzaron a monitorear el programa, hasta el punto de que algunos funcionarios incluso llamaron por teléfono a los responsables con ocasión de debates políticamente sensibles. En cierto momento, una autoridad de SET argumentó que BTN estaba obstaculizando los intereses de la corporación, que deseaba producir dramas para la República Popular China, debido a sus frecuentes críticas a las políticas pro-China del KMT. Big Talk News fue censurado y se le ordenó evitar temas peliagudos en torno a Tiananmén o Falung Gong. Tampoco se pudo invitar al programa a figuras públicas como el Dalai Lama, la activista política de etnia uigur Rebiya Kadeer o Freddy Lim, una celebridad del rock que defiende los derechos humanos y apoya la independencia del Tíbet. En 2011, BTN acusó a las autoridades chinas de destruir pruebas relacionadas con un accidente ferroviario. Más tarde, los gestores del programa recibieron una llamada telefónica de las autoridades de SET “aconsejándoles” no realizar este tipo de producciones. Un año después, cuando Tsai Eng-meng, directora ejecutiva de Want Want, fue atacada en muchos medios taiwaneses por negar la masacre de Tiananmén, los ejecutivos de SET dieron órdenes de no discutir el asunto en los programas de entrevistas. Finalmente, las autoridades chinas exigieron la cancelación de Big Talk News a cambio de oportunidades comerciales para el grupo, sabiendo que SET quería transmitir sus dramas televisivos en China continental. Hay muchos otros ejemplos del “factor China” en el sector de los medios de comunicación de Taiwán. Algunos de ellos incluso implican a instituciones públicas de alto rango, como la Oficina de Asuntos de Taiwán (TAO) del Consejo de Estado chino. Ciertos informes revelan que periodistas recibieron “quejas” de la TAO y fueron “invitados” a visitar Pekín para recibir instrucciones. Éste ha sido el caso en medios como Liberty Times, ERA Communications y The Journalist. Pero el ejemplo más escandaloso de la intromisión de China en los medios de comunicación taiwaneses es Want Want, la corporación cuyas ambiciones monopólicas desencadenaron el Movimiento Contra los Monopolios Mediáticos (AMM). EL MOVIMIENTO CONTRA LOS MONOPOLIOS MEDIÁTICOS El 25 de julio de 2012, bajo el lema de luchar contra el “monstruo” Want Want, que podría monopolizar el mercado de los medios y limitar severamente la libertad de prensa en Taiwán, cientos de estudiantes salieron a las calles alentados por académicos y otros especialistas del sector. Entre ellos se encontraba Huang Kuochang, entonces investigador de la Academia Sínica, quien convocó una conferencia de prensa para explicar el motivo de la protesta. Más de 10 canales de televisión asistieron al evento, pero sólo Next TV lo transmitió, ya que los demás medios se autocensuraron por temor a que CNS (controlada por Want Want) no les permitiera usar su plataforma para transmitir. Se exigió a la National Communications Commission (NCC) que interviniera y fallara en contra de la iniciativa de Want Want porque constituía una grave amenaza a las libertades y garantías democráticas de Taiwán, particularmente la libertad de prensa, la libertad de expresión y la información periodística independiente. Los manifestantes estaban seguros de que el régimen chino tenía la intención de aumentar aún más su influencia en la isla a través de Want Want, por lo que su independencia de facto estaba en juego. El Informe Freedom House (2013) ratificaría posteriormente esta perspectiva crítica, señalando que la adquisición de CNS por 5 Want Want y la venta de Next Media a inversores con intereses en el mercado chino podrían afectar negativamente al pluralismo y la libertad de prensa en la República de China (ROC). En el fragor de este enfrentamiento, tres comisionados de la NCC, Weng Hsiao-ling, Chung Chi-hui y su portavoz Chen Jeng-chang, decidieron retirarse del proceso de deliberación debido a una campaña de desprestigio lanzada por Want Want-China Times. Finalmente, la NCC aprobó condicionalmente la transacción, tratando de compensar esta concentración de poder mediático con algunas medidas correctivas. Entre ellas figuraba la prohibición a Tsai Eng-meng, propietario del grupo, y su familia de inmiscuirse en la gestión del canal de información CtiTV, junto con la obligación de que China TV dedicara su canal de noticias a otro género mediático. Del 26 al 29 de julio de 2012, justo después de que la NCC anunciara sus condiciones para que Want Want procediera con el acuerdo con CNS, China Times acusó a Huang Kuo-chang de pagar a estudiantes para que se manifestaran contra la decisión del NCC. Los estudiantes reaccionaron en Internet y publicaron pruebas sobre un periodista del Times Weekly, Lin Chao-xin, ofreciendo incentivos económicos a los manifestantes. Esto dio lugar a que Lin amenazara con presentar una demanda contra Chen Wei-ting, un estudiante de la Universidad Nacional Tsing-hua (NTHU), por falsificar pruebas. CtiTV cubrió en gran medida este incidente en un programa de noticias claramente sesgado hacia la promoción de los intereses de Want Want (Ebsworth, 2017). En reacción a tales amenazas, el Equipo de Derechos Estudiantiles de la Universidad Nacional de Taiwán intensificó su campaña, reclutando y movilizando a jóvenes activistas vinculados al movimiento Wild Strawberries de 2008. Lin Fei-fan, de la Universidad Nacional Cheng Kung (NCKU), contribuyó a esta iniciativa a través de la Alianza Juvenil Contra los Monstruos de los Medios, organizada a partir de su experiencia previa en O2 Activist Society. Así, se movilizó una red de sindicatos de estudiantes de 30 universidades, dedicada a defender al colectivo y promover los derechos civiles. Sus protestas fueron reforzadas por la Asociación de Periodistas de Taiwán (ATJ), que hizo una declaración pública denunciando a Want Want-CT por violar estándares periodísticos profesionales en su cobertura de lo sucedido (Harrison, 2012). El incidente provocó la dimisión de seis periodistas del China Times y de tres miembros del Comité de Ética de CtiTV. El 14 de agosto, el ATJ presentó una denuncia formal para que la NCC interviniera en el caso. El 1 de septiembre de 2012, un día que Taiwán tradicionalmente dedica a ensalzar el periodismo independiente, miles de estudiantes, periodistas, intelectuales y activistas sociales salieron a las calles de Taipéi una vez más para protestar contra las ambiciones monopolísticas de Want Want y exigir la intervención de la NCC bajo el lema: “Oponerse al monopolio de los medios, rechazar la 'mano negra' de China, defender la libertad de prensa”. La campaña obtuvo una fuerte resonancia internacional y fue respaldada por académicos de renombre mundial como Noam Chomsky (MIT), Ned Block (NYU), Bruce Jacobs (Monash Univ.) y Richard Kagan (Hamline Univ.), a pesar de que Want Want lanzó una campaña de descrédito para ensombrecer su apoyo. El resultado más inmediato de esta batalla por el periodismo independiente fue un paso adelante para la sociedad civil y la democracia de Taiwán. Want Want abandonó sus planes de adquirir Next Media, probablemente siguiendo instrucciones de las 6 autoridades chinas, que tal vez consideraron más prudente no prolongar el enfrentamiento. Por otro lado, Next Media decidió mantener la propiedad de sus medios impresos, ya que estos eran rentables. Finalmente, el 1 de junio de 2013, Next TV se vendió a Lien Tai-sheng, presidente de ERA TV, 2 por una cantidad inferior a la ofrecida anteriormente por Want Want. De esta manera, ERA pasó a controlar 21 canales, casi el máximo permitido por la NCC, una cuarta parte del total de canales de Taiwán. Aunque este resultado se interpretó como un logro exitoso por parte del movimiento AMM, arrojó dudas sobre su motivación política debido a la proximidad de Lien Tai-sheng al poder. SITUACIÓN ACTUAL Y DESAFÍOS FUTUROS Un año después de que en Taiwán se redactara un proyecto de ley contra los monopolios en los medios de comunicación, el movimiento AMM se disolvió para integrarse en una coalición dispuesta a llevar a cabo una confrontación más audaz frente al gobierno del KMT. El 18 de marzo de 2014, un grupo de activistas ocuparía la Cámara Legislativa, dando origen a la Revolución de los Girasoles. Así, la lucha en el terreno mediático se incorporó a una campaña más amplia a favor de la reforma política de las relaciones a través del Estrecho y otras cuestiones relacionadas con la influencia de China continental. A partir de entonces, no se ha hecho mucho con respecto a las regulaciones contra los monopolios mediáticos. Por el contrario, cuando la NCC revisó la Ley de Administración de Empresas de Radio y Televisión y Empresas de Canales, el 14 de octubre de 2015, 3 su prioridad fue reformar el sector de los medios de acuerdo con las tendencias globales del mercado y las tecnologías. Se cuestionaron las limitaciones a la inversión en medios por parte de los partidos políticos y la administración pública, sin tomar en consideración su importancia para despolitizar los medios. Además, se relajaron las restricciones a las entradas de capital extranjero, siguiendo el ejemplo de países como Estados Unidos y Japón. Sin embargo, la Ley ha mantenido la prohibición para los nacionales no taiwaneses de dirigir y gestionar medios de comunicación en la República de China (ROC), mientras que los sectores de radio y televisión siguen estando protegidos del capital chino continental, al menos en teoría, de acuerdo con el marco legal que rige las relaciones con la República Popular China (RPC) (Artículo 73, §1), reforzado por el reglamento del Comité de Inversiones. Desde las elecciones de mayo de 2016, que otorgaron el poder al PDP (Hsiao, 2016), el foco principal en el sector mediático ha sido la convergencia digital y sus implicaciones en los mercados, 4 lo que supone un avance paulatino hacia criterios tecnocapitalistas que puede poner en peligro los valores democráticos y la lucha por la independencia en Taiwán. 2 https://www.taiwannews.com.tw/en/news/2196796 (consultado el 20/04/2017). 3 http:///wwwncccnov.nww/ncoishtt/cnwhdenwisinih:?shswndcvcwncwdhc360&ishdttshwvy=3&i:ionh3&ihcd=3 171&h(cvchuiwievhnih28/&4/2&17)n 4 https://www.lexology.com/library/detail.aspx?g=3d781353-2b91-495e-9cd4-539d30ec50fe (Accessed 04/28/2017). 7 Con todo, aún se pueden escuchar ecos del Movimiento Contra los Monopolios Mediáticos desde los escaños ocupados por el Partido Nuevo Poder (PNP), presidido por Huang Kuo-chang, un académico que en 2012 se posicionó públicamente contra el Grupo Want Want y posteriormente contribuyó al Movimiento de los Girasoles. A principios de la actual legislatura, el PNP ha propuesto este conjunto de medidas para frenar la concentración de capital en las empresas mediáticas 5 : 1. Prohibición de poseer más de tres tipos diferentes de empresas mediáticas como televisión por cable, televisión terrestre, operadores de internet, estaciones de radio, canales de noticias, periódicos o agencias de noticias. 2. Prohibición a grupos financieros, sociedades de inversión, compañías de seguros y bancos de crear, operar o controlar sociedades de medios de comunicación. 3. Obligación de las estaciones de radio y televisión de donar hasta el 1% de sus ingresos a un fondo social destinado a promover el pluralismo de los medios cuando más del 30% de su programación se produzca fuera de Taiwán. 4. Obligación de los trabajadores y empleadores del sector mediático de negociar un acuerdo vinculante para garantizar la libertad e independencia de los periodistas en el ejercicio de sus deberes profesionales, respetando su derecho a elegir representantes independientes en el comité de empresa. 5. Las organizaciones cívicas en representación de la sociedad en general tendrán derecho a presentar demandas contra las adquisiciones de medios de comunicación que impliquen concentración de propiedad. También pueden demandar a instituciones gubernamentales acusadas de descuidar su deber de proteger la libertad de expresión y el pluralismo en el sector mediático. Ahora bien, en contraste con estas demandas, la Reorganización del Plan Legislativo de la Comisión Nacional de Comunicaciones para 2017 ha mostrado un enfoque capitalista de libre mercado donde la causa principal para limitar la concentración de la propiedad de los medios es la “competencia leal” más que los valores cívicos: “Con referencia a los modelos de gestión de la convergencia adoptados por los países avanzados, considerando el desarrollo de las industrias de telecomunicaciones en nuestro país, y con una visión progresista y de futuro …, se fomentará la libre entrada al mercado, se abandonará la preferencia arcaica por controles regulatorios estrictos, y se concederá más flexibilidad a las empresas de telecomunicaciones en su funcionamiento. Se utilizarán las prácticas internacionales existentes para aplicar a las empresas que tienen un poder de mercado significativo (SMP) medidas reglamentarias asimétricas a fin de corregir la estructura del mercado y ajustar comportamientos operativos, con miras a establecer un entorno de mercado sólido para que las empresas de telecomunicaciones puedan competir de manera justa.” 6 5 http://www.taipeitimes.com/News/taiwan/archives/2016/02/17/2003639565 (consultado el 28/04/2017)¸ http://www.taipeitimes.com/News/taiwan/archives/2016 /30/03/2003642776 (Consultado el 28/04/2017). 6 http:///wwwncccnov.nww/ncoishtt/fiinh/17&41/60&d2&&9d17&419d1n:e=h(cvchuiwievhnih2&/&5/2&17)n 8 OBSERVACIONES FINALES El punto de partida de esta investigación fue nuestra reconocida admiración por Taiwán como “la China democrática”, en marcado contraste con el régimen autoritario de la República Popular China. En el momento de completar esta contribución, tres líderes estudiantiles del movimiento prodemocracia de los Paraguas en Hong Kong –Joshua Wong, Alex Chow y Nathan Lawhan sido encarcelados por movilizar a cientos de miles de ciudadanos para exigir una verdadera democracia en la antigua colonia británica, ahora bajo el control de Pekín. El trío Occupy –Benny Tai, Chan Kin-man y el reverendo Chu Yiu-ming-, junto con otros activistas están siendo procesados por cargos que podrían merecer hasta 21 años de prisión. Por el contrario, los organizadores de la Revolución de los Girasoles de Taiwán –incluidos los líderes del AMMhan sido recientemente absueltos de las acusaciones, y algunos de ellos ocupan cargos políticos destacados. La conclusión más obvia es que los ciudadanos taiwaneses disfrutan de un conjunto de derechos y libertades políticas que no se reconocen a otros chinos étnicos. Sin embargo, esta realidad no debe darse por sentada, ya que la República de China ha atravesado un proceso lento y difícil para construir su democracia gracias a la participación crítica de la sociedad civil, como ha tratado de ilustrar esta investigación. De hecho, el Movimiento Contra los Monopolios Mediáticos constituye un ejemplo específico de la dinámica que diferencia a Taiwán de la República Popular China. A pesar de esto, los logros democráticos de la República de China están bajo asedio debido a la persistente influencia del “factor China”, junto con las limitaciones tecnocapitalistas globales y otras causas interrelacionadas. La sociedad civil de Taiwán debe tener presente que se requiere una lucha sostenida y más movilizaciones para enfrentar estos desafíos. ********** 9 REFERENCIAS Bolt, P. J., & Brenner, C. N. (2004). Information warfare across the Taiwan strait. Journal of Contemporary China, 13(38), 129-150. Cao, L., Huang, L., & Sun, I. Y. (2014). 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