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New Vico Studies (2007), vigésimoquinto aniversario

Badillo O'Farrell, Pablo

Abstract

[Estudio bibliográfico de / ABibliographical Study of: New Vico Studies, 25 (2007). pp. 179. The Institute for Vico Studies, Atlanta. ISSN: 0733-9542]

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275 NEW VICO STUDIES (2007) VIGÉSIMOQUINTO ANIVERSARIO Pablo Badillo O’Farrell [Estudio bibliográfico de / ABibliographical Study of: New Vico Studies, 25 (2007). pp. 179. The Institute for Vico Studies, Atlanta. ISSN: 0733-9542] El presente número del anuario estadounidense dedicado a estudios viquianos, que conmemora los veinticinco años de la revista, tiene la distribución habitual de los últimos volúmenes publicados. Consiste en que se comparte el espacio entre la traducción de un texto viquiano y la publicación de diversos artículos*, que a su vez se distribuyen en dos bloques claramente diferenciados. El texto de Vico cuya traducción se incluye es “Sobre la muerte de Doña Angela Cimmino, Marquesa de Petrella”, que aparece con una breve pero enjundiosa introducción de Andrea Battistini, llena de agudeza y saber filológico como toda su producción. El conjunto de los trabajos se divide en dos bloques claramente diferenciados, ya que mientras el primero es de carácter misceláneo, el segundo es de tipo monográfico. El primer bloque incluye un trabajo de James K. Coleman sobre Vico como ESTUDIOS BIBLIOGRÁFICOS ©Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Pablo Badillo O’Farrell *Los anteriores volúmenes 21 (2003) y 22 (2004) conjuntaban, así, traducciones de textos viquianos y artículos especializados (cfr. Cuadernos sobre Vico,19-20, 2006-2007, p. 318); el 23 (2005) contiene exclusivamente la traducción en inglés del De Constantia, acargo de John D. Schaeffer; y el penúltimo volumen, el 24 (2006) repartía sus 175 páginas con una traducción realizada por Schaeffer de las “Disertaciones” del Derecho Universal de Vico (pp. 5-80), un interesante y ponderado artículo de David L. Marshall sobre “El carácter impersonal de la acción en ‘De coniuratione Principum Neapolitanorum’ de Vico” (pp. 81-128), y una traducción (pp. 146-172) y profundo comentario (pp. 129-145) y notas (pp. 172-175), a cargo del Director de la revista, Donald Phillip Verene, de la réplica viquiana (Reivindicaciones) a la noticia sobre la Scienza nuova aparecida en la revista Acta Eruditorum de Leipzig. lector de Lucrecio, y otro de Andrea Moudarres sobre Carafa y Godofredo, o la influencia de Torquato Tasso sobre la teoría viquiana de la guerra. El apartado monográfico incluye cuatro trabajos sobre Vico y la idea de la filosofía de la contra-Ilustración. Estos proceden de una reunión de la Sociedad Americana de Estudios sobre el siglo XVIII, tenida en Atlanta en Marzo de 2007. El artículo de Coleman se refiere al fenómeno de recepción de Epicuro, del que se estaba produciendo un auténtico renacer en toda Europa, en la Nápoles de Vico y cómo además se intentó por parte de Pierre Gassendi la reconciliación de la obra de aquél con las grandes líneas de la filosofía católica. La incidencia del pensamiento del francés en la Italia de aquel momento fue destacada asimismo por la traducción al italiano por Alessandro Marchetti del De rerum natura de Lucrecio, que, no obstante la condena recibida de las autoridades eclesiásticas, tuvo amplia repercusión y reconocimiento por parte de los filósofos italianos de la época. Tan es así, que el propio Vico reconoce en su Autobiografía, como cita Coleman, que accedió mejor y más fácilmente al pensamiento de Epicuro por la intermediación de Lucrecio que no directamente. Es cierto, como subraya el autor, que Vico tuvo una relación con Epicuro que cambió a lo largo del tiempo, ya que mientras en su juventud parecía compartir planteamientos con éste, con el paso de los años parece distanciarse de él para buscar otros de corte más platónico. No obstante, hay muchos estudiosos que mantienen que este intento del Vico maduro lo que pretendía era borrar su adhesión juvenil al pensamiento epicúreo, herético al fin y al cabo. Desde la perspectiva de algún estudioso, como Antonio Corsano, Vico cultivó en su juventud de tal manera una variante de ateísmo neo-epicúreo, perseguido en aquellos años por las autoridades eclesiásticas, que salió libre de ésta de manera casual al retirarse providencialmente a Vatolla en aquel tiempo y no ser detenido. Sobre la base de estas circunstancias, resulta que la narración hecha por Vico en su Autobiografía ofrece una descripción deformada deliberadamente para evitar el epicureísmo heterodoxo al que tan unido había estado en su juventud. Y es justamente en este examen de sus fuentes donde incide en la preferencia clara por la obra de Lucrecio sobre la de Epicuro, ya que afirma que mientras las explicaciones de la primera de las formas de la naturaleza corporal resultan convincentes, la filosofía del segundo es plenamente inadecuada para explicar las operaciones de la mente humana, concluyendo con la afirmación de que el De rerum natura sólo sirvió para afirmarlo aún más en sus perspectivas platónicas. No obstante, Coleman se centra en la visión trazada por el napolitano en los Affetti di un disperato, en la que parece que el lector debía esperar, a la vista de lo dicho, una perspectiva filosófica influida por la física atomista de Lucrecio, aliada con una comprensión de la mente y del espíritu humano sólidamente unida a la filosofía platónica; ello es precisamente lo que una atenta lectura del poema nos revela. La decadenCuadernos sobre Vico 21/22 (2008)276 Pablo Badillo O’Farrell cia del mundo, asunto muy presente en el poema, deriva directamente de Lucrecio, siendo claro asimismo que una directa y fiel aceptación de la perspectiva del autor latino no conduciría al resonante pesimismo de los Affetti. Porque, como sostiene este estudioso de la Universidad de Yale, este pesimismo responde más al hecho de que Vico rechaza, como expuso en su Autobiografía, el pensamiento lucreciano sobre la cuestión de la mente humana. Se puede decir que en el centro del poema se encuentra un dualismo mente-cuerpo que está muy lejos del planteado por el autor del De rerum natura, y mucho más cerca del propio del neoplatonismo cristiano. No obstante, Vico en su Autobiografía pretende sostener que su lectura de Lucrecio para lo que le ayudó fue exactamente para reforzar su metafísica básicamente platónica. En las obras de madurez la visión viquiana cambia radicalmente, y así en la Scienza Nuova de 1744 el napolitano no deja la menor duda de su desaprobación de la teoría de la existencia de una infinidad de mundos, una teoría abrazada por epicúreos tales como Lucrecio o Giordano Bruno. Asimismo, en la misma obra condena sin paliativos la noción epicúrea de que el universo está gobernado por la ocasión o la oportunidad, ya que ello eliminaría la posibilidad de la divina providencia. Ciertamente, esta cuestión podía tener una lectura e interpretación mucho más amplia, pero el propio Coleman afirma que no es el lugar para desarrollarlo. Siguiendo el mito del sacrificio de Ifigenia se pueden ver las diferencias que existen en muchos aspectos básicos entre la interpretación de Lucrecio y la de Vico. Porque mientras que éste identifica la lectura de los auspicios como el pilar básico en el que se apoya el poder político de las aristocracias heroicas, para el latino el papel básico concedido a este mito radica en que el mismo sirve para ilustrar uno de los mensajes centrales del poema, cual es el de ilustrar el poder deshumanizante que la religión puede ejercitar sobre el pueblo. Esta visión deshumanizadora de la religión es rechazada plenamente por Vico, ya que para él las supersticiones paganas, “falsas religiones” según las rotula, juegan un papel esencial en una más amplia narración de la evolución de los pueblos gentiles para salir de la barbarie. En relación con todo esto, es digno asimismo de destacar la diferente consideración que ambos otorgan al concepto de miedo en relación con el desarrollo de las religiones politeístas, siendo ambas claramente contrapuestas, ya que mientras para el napolitano éste es el indispensable catalizador que da fundamentos a los hombres para fundar la religión, y como consecuencia de ello la civilización, para Lucrecio el miedo es la lamentable consecuencia que resulta de la fundación de la religión. A pesar de estas diferencias, resulta claro que Vico admiró el análisis de la historia humana, o más bien de la prehistoria, de Lucrecio, desde el momento que la Scienza Nuova se ocupó de la reconstrucción del crecimiento del hombre desde el caos prehistórico hasta la civilización hallada en el De rerum natura. Mientras tanto Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) 277 New Vico Studies (2007), vigésimoquinto aniversario el pensamiento político de Lucrecio provoca un agudo criticismo por parte de Vico, ya que para éste la búsqueda de la ataraxía por parte del latino crearía una amplia apatía política, por lo que el napolitano acusa al epicureísmo de llevar adelante una aproximación atomista no sólo a la física, sino también a la política. Por último, otro elemento clásico referido por Coleman, con el que cierra su artículo es la elección trágica de Agamenón, lo que le causa gran sufrimiento por su desafortunada consideración de fuerzas externas que inherentemente carecen de sentido. Lucrecio considera que Agamenón debía haber ignorado las ilusorias amenazas de la religión, para centrarse exclusivamente en cultivar percepciones sensoriales agradables. Vico estima que suscribir esta ética es modelar voluntariamente la propia vida, después de que el átomo aislado fuera gobernado por referentes meramente físicos. Dando un pequeño salto final en el tiempo, Coleman concluye el artículo refiriéndose al hecho de que esta condena viquiana implica asimismo la filosofía política atea de Maquiavelo, aunque por diferentes motivos. Porque, mientras Lucrecio y Maquiavelo están de acuerdo en ver la política como un juego cruzado de fuerzas caóticas que son fundamentalmente carentes de sentido, Lucrecio aboga porque el individuo ilustrado se retire de esas fuerzas potencialmente dolorosas hasta llegar a un aislamiento auto-interesado, y Maquiavelo propone que el individuo bien preparado pueda controlar esas fuerzas para alcanzar fines auto-interesados. Vico, por su parte, como los dos autores antecitados, ve la política como el juego complejo y a veces violento de entidades mutuamente antagónicas. No obstante, parte de estos predecesores en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, él no ve la colisión de estas fuerzas como carente de sentido, ya que aun los más desagradables episodios políticos están gobernados por un plan providencial. En segundo lugar, Vico no está interesado en ver estos hechos desde la perspectiva “atomística” del individuo, sino más bien desde las entidades conglomeradas que estos individuos han formado a lo largo de la historia, esto es las civilizaciones. El artículo de Andrea Moudarres se ocupa de contrastar las figuras de Antonio Carafa y Godofredo de Bouillon, o la influencia de Tasso en la teoría de la guerra de Vico. Es bien sabido cómo la cuestión de la épica ocupó el centro del debate literario del siglo XVII, a veces en el marco de la disputa sobre si los poetas modernos han superado la autoridad de los escritores clásicos. Paolo Beni y Alessandro Tassoni son dos de los autores que en ese siglo argumentaron en favor de la supremacía de los modernos sobre los clásicos, tales Homero y Virgilio, como Andrea Battistini ha demostrado en un documentado artículo. En éste el profesor de Bolonia ha mostrado cómo Tasso, y su obra Jerusalén liberada, se llegó a convertir en el epítome del refinamiento estético de la poesía épica renacentista. El citado Paolo Beni, en la obra en la que compara a Homero, Virgilio y Torquato Tasso, deja fuera de duda el valor de Godofredo de Bouillon, comparado Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008)278 Pablo Badillo O’Farrell con los clásicos. Para él la razón por la que el comandante cruzado se destaca tanto reside en la perfección de la virtud cristiana. Vico, según Moudarres, tuvo un punto vista bastante similar y, consciente de dicho debate, en la Scienza Nuova identifica al verdadero líder guerrero con la figura de Godofredo. Esta declaración parte del entendimiento por Vico de la verdad poética como verdad metafísica, en oposición a la verdad física, la cual si no se acomoda a la metafísica, resulta ser falsa. De esta forma, cualquier capitán que no sigue el modelo de Godofredo no es un verdadero capitán. De aquí la elaboración de un modelo ideal y que aquellos casos ulteriores que no se acomoden al mismo carecen de la propia esencia. De lo últimamente referido, hay que pasar al dato de la importancia que otorga Vico a dos elementos complementarios, cuales son, en primer lugar la consideración que para él tiene la Jerusalén liberada de Tasso, y en segundo lugar los rasgos que de ella pasan a una obra suya, no justamente valorada, como es De rebus gestis Antonj Caraphei. Esta obra, al margen del estudio de la personalidad y gestas militares del noble napolitano Antonio Carafa, nos proporciona una visión muy iluminadora de la historia de la Europa moderna. Porque Vico, a través de las lentes de su paisano, nos muestra una perspectiva privilegiada de los conflictos entre los distintos poderes europeos y sobre los arcana regni que determinan su dinámica. La figura de Carafa es en cierta forma representativa de la lucha por el control del continente, pero, y lo más importante, según Moudarres, es que Vico lo describe como perfecto ejemplo de aquellos militares que ni son, ni pueden ser, imagen del retrato de Godofredo. Ello no quiere decir que el retrato de Carafa sea impío, pero sí es cierto que lo que lo define son los perfiles complejos y violentos propios de las luchas políticas de la época. Si se comparan actuaciones muy emblemáticas de Carafa y de Godofredo, nos percatamos de que el primero en una situación clave, como es el castigo hacia la ciudad rebelde de Eperjes, la lleva a cabo con una violencia extrema y con acciones que nos traen a la cabeza tanto recetas maquiavelianas, cuanto pueden aparecer como claros escenarios barrocos, lo que pone de manifiesto, al ser examinado por Vico, que dichos actos son plenamente opuestos a lo defendido por Grocio, uno de los autores de referencia del napolitano, defensor de actuaciones jurídicamente regladas en las relaciones entre las diferentes naciones. Por todo ello, de acuerdo con las tesis del holandés, la actuación del soldado napolitano al servicio del Emperador viola plenamente la ley de Dios y de los hombres. Por ello resulta duro y difícil comparar el perfil de Carafa con el de Godofredo, y así puede ponerse como ejemplo el comportamiento de éste con respecto a la rebelión de Argillano, que se desarrolla y tiene un desenlace absolutamente distinto. Desde esta perspectiva llega el momento del cotejo, al haberse alcanzado la fase de considerar a Godofredo como el verdadero capitán (vero capitano). Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) 279 New Vico Studies (2007), vigésimoquinto aniversario La figura del jefe cruzado tiene unos rasgos que le diferencian claramente de Carafa, ya que aquél se puede considerar como un depositario de la voluntad divina e instrumento de la Providencia. Sus peculiaridades, que incluyen una gran piedad y una incondicional devoción a la voluntad divina lo convierten en un carácter “utópico”, y la Jerusalén liberada en la posible forma de la epopeya cristiana, en la que la guerra no es meramente el ejercicio técnico del poder político. En la concepción viquiana estas características pretenden restaurar una dimensión mítica del entendimiento de la historia, en respuesta a aquellos autores –Maquiavelo y Hobbes, entre otros– que negaron el valor y la importancia de las utopías. De todo lo dicho resulta claro que la religión resulta una fuerza que amansa y de cohesión, porque genera piedad y pone rienda a las pasiones que agitan el frágil orden de una comunidad. Porque, como subraya Moudarres, Vico entendió claramente que Godofredo actúa en la Jerusalén liberada de acuerdo con unos principios morales infundidos por el timor Dei, por la piedad. Y no se puede olvidar que, de acuerdo con Vico, no hay saber sin piedad. Frente a ello la actuación de Carafa es claramente representativa de la lógica de la razón de Estado, y por ello no caben restricciones morales cuando la estabilidad del Estado es desafiada. Por ello, se puede afirmar que Carafa no es pío, por lo que a su vez carece de sapientia, sino que es un buen tecnócrata pero sin tener una personalidad unificante. Se puede ver cómo Vico en el trabajo que más explícitamente trata de la guerra, pretende analizar su característica central con la precisión del historiador, refrenándose de utilizar un tono épico, a la par que tiene en mente los legados del Renacimiento y del mundo clásico. Por todo ello, se puede decir que desafía la relación héroe-poeta, para centrar su atención esencialmente en la figura del hombre de letras cuyo conocimiento puede armonizar los dispersos elementos de la vida para procurar unirlos a la infinita sabiduría de Dios. Por tanto, partiendo del papel estabilizador que los hombres de letras pueden jugar en el convulso mundo de la política de su tiempo, Vico llega a la conclusión, según Moudarres en el final de su artículo, de que armas y estudio son como las dos caras de Jano y ambas son necesarias para la existencia del Estado, aunque sin la fuerza domesticadora de las letras guiadas por la Divina Providencia, el mundo es reducido a la arena de una violencia sin límites, como un teatro donde la gente puede ser ejecutada y exhibida para aterrorizar. El segundo bloque de artículos está compuesto por cuatro que se ocupan de diversos asuntos, dentro de un hilo conductor común, como antes se refirió: el de Vico y la idea de filosofía de la contra-Ilustración. El primero de ellos, de Thora Ilin Bayer, se ocupa de “Ilustración y contraIlustración: Cassirer, Berlin y Vico”. Éste arranca de la consideración del análisis de la obra de Ernst Cassirer, publicada en 1932 y básica para el estudio de la Ilustración, Die Philosopie der Aufklärung. Dicha obra no tiene por finalidad Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008)280 Pablo Badillo O’Farrell analizar exhaustivamente el concepto de Ilustración, sino desarrollar una exposición intensiva de ésta, de tal manera que muestre su origen y unidad conceptual. Cassirer intenta rechazar el punto de vista romántico de que el siglo XVIII fue un siglo de carácter ahistórico, y para ello va a tener en consideración el planteamiento de Pierre Bayle, pero con el dato añadido esencial de que para él Vico va a ser la primera figura en trazar una filosofía sistemática de la historia, pero no ejerció influencia sobre la Ilustración, sino que permaneció en la oscuridad hasta que Herder a fines del siglo lo volvió a sacar a la luz. Es cierto que es la única referencia a Vico en toda esta obra de Cassirer, pero sirve para anticipar la tesis de Berlin sobre la contra-Ilustración que mantiene que Vico, Hamann y Herder (a los que, según Bayer, se podrían unir Jacobi y Möser) sostuvieron doctrinas sobre el conocimiento y la historia que pueden considerarse fuera de los credos filosóficos de su época y proporcionarnos una crítica de ello. En la Ilustración el primer paso más allá de Bayle es el concepto de Montesquieu sobre los tipos ideales en la historia. Montesquieu mantiene que cada uno de estos tipos de gobierno y sociedad tiene su propio principio. Pero, además, de este principio de filosofía política se sigue una filosofía de la historia que descansa en el ideal ilustrado de avanzar el conocimiento hasta el punto de producir un nuevo orden moral. Opuesta de forma plena, a su vez, a la identificación de racionalidad y progreso es la metafísica de la historia herderiana, cuya doctrina central Cassirer considera basada en el concepto de sustancia de Leibniz, de tal manera que la teoría de las mónadas de éste es transferida por Herder al ámbito de la interdependencia de identidad y mutabilidad en el proceso histórico, y lo opone el ideal ilustrado de la historia como un progreso hacia una auto-identidad de la razón realizada a través del rango de las sociedades y condiciones humanas. Para Herder, como para Vico, toda norma, todo punto de vista y tradición humana, toda forma de vida racional tiene su valor particular. Todos estos elementos cambiantes en la historia son mantenidos juntos por la Providencia, que se desarrolla ella misma a través del cambio. La consideración de Cassirer por parte de Herder sitúa a éste en su propio siglo, pero como un exponente de la GegenAufklärung. La caracterización de Cassirer de Vico se hace situándolo fuera de su siglo. Porque la Ilustración no conocía nada de Vico, ni Vico sabía nada de la Ilustración. Como es bien sabido, la Scienza Nuova de Vico es la respuesta a la doctrina cartesiana del razonar correcto y la naturaleza matemática de los primeros principios y a los teóricos del derecho natural del siglo XVII, especialmente Grocio, Pufendorf y Selden. El máximo exponente en considerar a Vico como la figura seminal de la contraIlustración es Isaiah Berlin, a lo largo de sus diversas publicaciones sobre la cuestión, culminada en su obra “Tres Críticos de la Ilustración: Vico, Hamann, Herder”. Las Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) 281 New Vico Studies (2007), vigésimoquinto aniversario principales doctrinas de la Ilustración que Berlin analiza son que la naturaleza humana es esencialmente la misma en cualquier tiempo y lugar, que hay fines humanos universales y, por último, que si estos fines son perseguidos por un simple sentido de la investigación racional y científica, todas las formas de ignorancia, superstición y dogma pueden ser superadas y la verdad y la felicidad pueden ser cultivadas. Para Berlin, el pensamiento de Vico nos proporciona lo opuesto a estas doctrinas. Según el autor inglés, la clave de la originalidad de Vico es que descubrió una “especie de conocer no discriminada previamente de forma clara, el embrión de lo que más tarde creció dentro de la ambiciosa y lujuriante planta del Verstehen historicista –intuición simpatética, simpatía intuitiva, Einfühlung histórico y otros”. Con ello Berlin afirma que este tipo de conocimiento fue “un descubrimiento de primer orden” y que al actuar así Vico “descubrió un sentido del conocer que es básico a todos los estudios humanos”. Este único sentido del conocer es la concepción viquiana de la fantasia, como la facultad primordial a través de la que el mundo humano se forma y posteriormente a través de la que un conocimiento de las cosas del mundo se puede llevar a cabo. Tras un análisis histórico conceptual breve sobre el desarrollo de los términos Ilustración y contra-Ilustración, Bayer se pregunta si la visión de Cassirer sobre Vico es la misma que la de Berlin. En 1902, en su obra sobre el sistema de Leibniz, Cassirer presenta a Vico como el fundador de las Geisteswissenschaften, y sugiere la misma afinidad entre el concepto metafísico de sustancia del alemán y la concepción de metafísica de la historia de Vico, como la que realizó con Herder en su estudio sobre la Ilustración. Pero Cassirer llega a más, hasta considerar a Vico como el fundador de una lógica de las ciencias humanas elaborada a lo largo del corpus de su obra. Por su parte, se puede decir con Bayer que tanto Cassirer como Berlin proclaman a Vico como el verdadero fundador de las Geisteswissenschaften, y afirman que éstas presuponen la concepción viquiana de fantasia en el sentido de la “imaginación creadora”. Cassirer toma este camino en el sentido de una filosofía del pensamiento mítico del que, a través de su fenomenología del conocimiento, puede producir todas las formas de la cultura humana. Por su lado, Berlin al conectar este sentido imaginativo de ir hacia el Verstehen, lo mantiene como opuesto al sentido racional y metafísico del conocimiento de la Ilustración. Lo que ambos estudiosos pretenden fijar es que Vico es un pensador contrailustrado, y ellos, aun con diferentes perspectivas en lo que establecen y aunque con salvedades, mantienen una línea común respecto al napolitano. Pero Bayer concluye su artículo con la referencia a un libro reciente de Louis Dupré, The Enlightenment and the Foundations of Modern Culture, que presenta una alternativa a la contraposición Ilustración–Contra-ilustración, al aproximar esta oposición a modo de movimiento dialéctico siguiendo la senda de Hegel. Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008)282 Pablo Badillo O’Farrell El artículo concluye con la pregunta de si hay filosofía de la contra-Ilustración. La respuesta, según Bayer, es sí, en el sentido de que las concepciones del conocimiento y de la historia humanas de Vico y Herder se fijan contra los temas claves de los philosophes y Aufklärer del último tramo del siglo XVIII. Esta respuesta es cierta si Vico y Herder son considerados como filósofos fuera de su propio tiempo o cada uno de ellos es como uno de los polos de una dialéctica en el siglo XVIII. Sin embargo, la respuesta es no si la contra-Ilustración es entendida como un movimiento en la historia de la filosofía moderna, cuyos exponentes están persiguiendo auto-conscientemente un programa que se oponga a lo que ellos identifican como filosofía de la Ilustración. El segundo artículo de este apartado es obra de Alexander U. Bertland, y lleva por título “Sensus Communis de Vico, Derecho Natural y la Contra-Ilustración”. El punto de partida del artículo es de corte biográfico, en cuanto el autor sugiere que los orígenes sociales de Vico pueden ser explicativos de que su filosofía política sea antagónica de la de los teóricos ilustrados del contrato social. Ello se manifiesta en que donde éstos enfatizan la igualdad, Vico, especialmente en sus escritos sobre el derecho universal, destaca la responsabilidad de los políticos de legislar con sabiduría. La noción de Vico, por otra parte, respecto de los académicos nos es bastante familiar, ya que acusa a sus contemporáneos de esta condición de asumir falsamente que la gente en el pasado pensó como los los académicos lo hacen ahora. Esto pone los cimientos para el revolucionario análisis de la historia por parte de Vico en la Scienza Nuova. En cambio, los escritos sobre derecho universal insinúan una aplicación diferente de este concepto básico. Aunque él no establece explícitamente esta visión, mantiene que la gente asume falsamente que el rico piensa como el pobre, y este error ha causado que la gente entienda equivocadamente el sensus communis, y de ese modo también la estructura de los sistemas políticos y de derecho. A ello el autor del artículo añade la necesidad establecida por Vico de entender al pobre, lo que lleva a cabo en el De Uno, y que explicará realmente su teoría sobre el contrato social. Para llevarlo a cabo, sostiene Bertland, Vico comienza con su prueba de la existencia de Dios, para la cual sigue una línea que nos puede producir, prima facie, una cierta familiaridad con la sostenida por Agustín de Hipona. El acuerdo llega hasta el punto de que el mundo físico no puede proporcionarnos una base común desde la que un orden universal pueda reconocerse. Sin embargo, desde aquí los caminos ya se bifurcan, puesto que mientras que el autor de De Civitate Dei se vuelve a las matemáticas para demostrar la existencia de ideas universales, ya que estas ideas no pueden venir de este mundo, sino que tienen que proceder de un Dios existente, Vico, por su parte, no busca en las matemáticas, sino que se vuelve hacia la cuestión de la posibilidad de la comunicación humana. Cuadernos sobre Vico 21/22 (2008) 283 New Vico Studies (2007), vigésimoquinto aniversario