scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La parábola de la ciudad destruida

Equipo Editorial de Astrágalo

Full text

LA PARÁBOLA DE LA CIUDAD DESTRUIDA 'Y LA PARÁBOLA DE LA CIUDAD DESTRUIDA es la imagen que utiliza Descartes para ilustrar el espíritu de una nueva época: la Modernidad que se fomenta sobre los principios de destrucción y renovación. La ciudad tortuosa medieval, producto de sucesivas adiciones orgánicas que la dotaban de una extrema complejidad ha de ser asolada dejando en su lugar sólo el espacio abierto extendido hasta el infinito. Sobre este suelo vacío y homogéneo hay que trazar, según un plan geométrico, la nueva ciudad proyectada metódicamente. La innovación exige la destrucción de lo construido. La nueva realidad será inventada desde el principio. El pensamiento cartesiano exige la reducción de la complejidad, la sustracción de la realidad. Las vanguardias del siglo xx entregarán su proyecto civilizatorio y político, impulsado por ese mismo espíritu de ruptura e innovación, a la instrumentalización de una organización social tecnocrática-economicista y espectacular. El dominio de racionalidad degenerará en el dominio pragmático y utilitarista que será la expresión de la megalópoli contemporánea. Sobre este discurso, la octava entrega de ASTRÁGALO plantea un análisis crítico de las consecuencias de la ciudad moderna. Francisco León plantea una reflexión sobre la innovación del pensamiento desde la tradición, al Renacimiento y la Modernidad. La ciudad es comparable con el edificio del saber que avanza de la multiplicidad orgánica de doctrinas a la matematización del saber que culminará en la metodología científica moderna. El impulso científico moderno acepta la forma intelectual como realidad independiente del mundo natural. La voluntad tecnificadora del ser humano puede imponer ahora los principios a los que tendrá que ajustarse la realidad para alcanzar la existencia. Pero la tradición no será borrada. Constituirá una fuente de innovación lingüística. El uso del pasado desde el Renacimiento será puramente retórico: figuras del lenguaje sin contenido, mezcla de sistemas contradictorios, elementos irracionales, confusión doctrinal. La tecnificación del saber y el dominio de los saberes puramente lingüísticos abren un espacio caótico de intenciones sin fines. -V5 ASTRAGALO, 08 (1998) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Introduction to the Issue ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1998.i08.02 Equipo Editorial Astrágalo Eduardo Subirats argumenta la destrucción como crisis y fracaso de la modernidad en los ámbitos del arte y la arquitectura. La utopía positiva de las vanguardias del siglo xx se ha extinguido. La aspiración a un orden global basado en el principio de racionalización no cumple en la construcción de la metrópolis más que una función legitimatoria conservadora. Su tarea ya no es ni la creación, ni la crítica, ni la renovación sino la reproducción mecánica indefinida de un principio de orden. Aquel impulso de ruptura e innovación que define de manera esencial la Modernidad ha expirado. Sus principios de positividad y objetividad han sido integrados a las exigencias de la productividad de la economía capitalista. El desarrollo económico y tecnológico se vive como un sentimiento general de ausencia de valores vitales objetivos. El texto de Roberto Goycoolea trata de las condiciones de percepción y habitabilidad que la ciudad moderna destruye. Respecto a la ciudad antigua «la ciudad moderna no ponderó adecuadamente la importancia que los factores subjetivos de la percepción del espacio tienen para la forma en que se entiende y se habita la ciudad». El concepto de ciudad moderna destruye la continuidad espacial y la totalidad ambiental creando fragmentación y ambigüedad. La indefinición espacial, la expansión ilimitada y la pérdida de densidad que caracterizan la ciudad moderna producirán inconvenientes psicológicos graves. La esencia de la ciudad reducida en ef iciencia técnica del funcionamiento de las infraestru ct uras excluye el hombre en cuanto individuo y ser social. El placer estético de la contemplación de la ciudad quedará erradicado en el espacio moderno sin cualidades ni relaciones. Las nuevas estructuras 6 urbanas impiden la fértil interacción social que permitía la ciudad antigua. La imposición de modelos homogéneos sobre las distintas condiciones locales afectan el bienestar personal y social que depende de una adecuada relación con el medio que se habita. Nadie puede desarrollarse adecuadamente si el lugar que se realiza su vida es para él feo, hostil, indiferente o le es impuesto. Germán Adell trae algunos ejemplos de creación de nuevos paisajes. Las nuevas formas de percibir y habitar el territorio remiten a sistemas de representación influidos por los mass medía. Los esquemas concebidos en el ámbito de la globalidad económica y cultural se sobreponen a las estructuras locale s. Las nuevas manipulaciones paisajísticas comportan un alto grado de artificialidad y artificiosidad. Erigen la tecnología en símbo lo y el simulacro en función semántica. La subversión de los viejos paradigmas de ciudad, la utilización de técnicas desestructurantes, el azar y la arbitrariedad con que se lleva a cabo la operación urbana presagian para el futuro de la ciudad un espacio abierto a lo imprevisible. Angelique Trachana realiza una lectura crítica del paradigma americano que coloniza el territorio de las nuevas áreas de expansión de las megalópolis de hoy. Un co nc epto de colonización infinita y desarticulada del territorio suplanta el concepto de ciudad racionalizada y jerarquizada destruyendo la cultura urbana de la tradición europea. Las conceptualizaciones del espacio ya no se fundamentan sobre un principio de verdad s in o sobre una razón pragmática. Las prác- - VI - ticas de poscapitalismo tardío dotan la ciudad de un sentido meramente funcional y utilitario desplazando cualquier principio ideológico o trascendental. El pragmatismo no tiene una visión global de la realidad ni un sistema de representación de la realidad. La aceptación del principio de incertidumbre y la esperanza al futuro confiado a la técnica son sus dos grandes rasgos principales. El futuro no se realizará según un plan. Pero el propio futuro nos asombrará y nos exultará. Un anticipo del futuro ya está aquí. Los grandes sistemas técnicos nos ofrecen visiones del futuro. Sistemas viarios, infraestructuras de telecomunicaciones, de energías, nos ofrecen un nuevo paradigma estructurado en red coherente con la desjerarquización, el ideal democráticoigualitario, el desarrollo infinito y la indeterminación formal. Adolfo Sánchez V ázquez hace un recorrido a través de las utopías para determinar este momento signado como «fin de las utopías» y afirmar que no es posible sin la presencia efectiva de la utopía en la conciencia del hombre ninguna transformación del mundo. Esta visión de «la ciudad destruida» queda subrayada con una lectura del museo bilbaíno de Guggenheim por Antonio Fernández-Alba como una «Mariposa en cenizas desatada» en verso de Góngora. La existencia efímera, la percepción fugaz, el pensamiento sin palabras, la significación vacía de la arquitectura de la ciudad quedan marcados como los grandes rasgos de la ciudad-museo de fosiles contemporánea. Y por último «Imágenes de los tiempos nazi s» traídas al presente por Éric Michaud nos recuerdan cómo en nombre de una idea perversa y megalomaníaca de una civilización superior estetizada se puede destruir sin culpa. - VII7 ASTRAGALO,08(1998)ISSN 1134-3672