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La ocupación protohistórica entre el Guadiana y el Guadalquivir: del mito a la realidad

Gómez Toscano, Francisco

Abstract

Como alternativa a la geografía tartésica transmitida por R.F. Avieno, se analizan aquí los datos arqueológicos más recientes obtenidos entre el Guadiana y el Guadalquivir, para plantear una evolución histórica del territorio a lo largo del I Milenio a.C.

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LA OCUPACIÓN PROTOHISTÓRICA ENTRE EL GUADIANA Y EL GUADALQUIVIR: DEL MITO A LA REALIDAD por FRANCISCO GÓMEZ TOSCANO RESUMEN Como alternativa a la geografía tartésica transmitida por R.F. Avieno, se analizan aquí los datos arqueológicos más recientes obtenidos entre el Guadiana y el Guadalquivir, para plantear una evolución histórica del territorio a lo largo del I Milenio a.C. ABSTRACT As an alternative to Avienus Tartesian geography currently used by both historians and archaeologists, latest field evidence obtained between the Guadiana and Guadalquivir rivers are analyzed to explicate its historical evolution through the first millenia B.C. Palabras claves  Primer milenio a.C. Territorio tartésico. Huelva. España. Key words  First Millenia B.C. Tartessian territory. Huelva. Spain. ORA MARÍTIMA: UN TEXTO FUNDAMENTAL EN LA BÚSQUEDA DE TARTESSOS La descripción de la costa situada en el tramo atlántico comprendido entre la desembocadura de los ríos Guadiana y Guadalquivir, según aparece en el poema Ora Marítima escrito por Rufo Festo Avieno en el siglo IV de la Era, ha sido objeto de análisis por muchos investigadores, en especial desde que fue utilizada por A. Schulten (1957) para probar que la mítica ciudad de Tartessos se ocultaba bajo los arenales del Coto de Doriana. A pesar del fracaso arqueológico, el poema en su conjunto se ha utilizado repetidas veces para plantear una geografía protohistórica de la Península Ibérica, cuya principal finalidad era localizar en un mapa a los distintos pueblos mencionados en el texto, así como sus capitales o ciudades epónimas. Sin cuestionar ahora la veracidad en la descripción poética ni la intención de Avieno, la costa andaluza occidental aparece bien reflejada a partir del verso 205, pues ...el río Anas corre por el país de los Cynetas SPAL 11 (2002): 151-159 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.07 152  FRANCISCO GÓMEZ TOSCANO y surca la tierra; se abre de nuevo un golfo y el terreno excavado por las aguas está expuesto al mediodía (Gavala 1992: LI). En los versos siguientes se menciona el territorio de los tartesios, que linda con el de los cynetas, donde se intercala la ciudad de Herbi y más hacia levante a la de Gadir, que según se indica fue la antigua Tartessos. En este espacio, además de la mención a los pueblos que habitaban la costa, los hitos geográficos se relacionan con desembocaduras de ríos separadas por cabos, donde puede existir una laguna o ría, al fondo de la cual aparece un monte, tal vez una isla donde se asienta una ciudad como Gadir, que se indica que no tiene importancia en los momentos precisos en que se escribe, o que había sido destruida por las guerras en tiempos remostos como Herbi. Por ello, con esa información estereotipada y de difícil corroboración, cada una de las propuestas de identificación han sido tan abundantes como el número de los autores que se ocuparon del tema. Con posterioridad, ante la imposibilidad de encontrar la ciudad de Tartessos, se consideró que ello podía ser el resultado de utilizar la geografía actual como base cartográfica donde superponer sin la debida cautela la información aportada por el texto (Gavala 1992). En esa línea, aún asumiendo que la costa tuvo que ser diferente de la actual, los resultados no han sido muy positivos, pues como se viene proponiendo más recientemente (Alvar 1995), la propia concepción del texto invalida cualquier tipo de adscripción basada en la realidad que Avieno intentó describir, debido a que el indudable interés poético pudo ser diferente de la pretendida veracidad que se le ha asignado. Incluso de ser ésta cierta en algunos de los pasajes, como el autor quizás no entendía lo transcrito, o no le preocupaba ser veraz aunque siguiese fielmente a otros autores (Hoz 1986), es posible que aparezcan mezcladas tanto la realidad transcrita como el fruto de la imaginación del poeta, lo cual, sin dudas, incidió en el resultado final del texto. Tal vez por esa razón, a partir del V Symposium de Arqueología peninsular celebrado en Jerez de la Frontera en 1968 (Maluquer 1969), se optó por intentar la reconstrucción de los procesos históricos del I Milenio a.C. a través de la arqueología de campo, esperando obtener con ello no sólo una base empírica que permitiese establecer un punto de partida coherente y contrastable con las fuentes escritas, sino, también, alcanzar un conjunto de evidencias que posibilitaran conocer la génesis de la sociedad tartésica en su conjunto, su distribución en el territorio y también su desarrollo político, económico y material hasta el cambio que supuso la romanización (Pellicer 1995). En la costa atlántica andaluza, la investigación desarrollada desde 1990 por miembros del Ár ea de Arqueología de la Universidad de Huelva, fundamentada prioritariamente en el estudio del espacio comprendido entre los tramos bajos del Guadiana y del Guadalquivir, permite establecer unas premisas acerca de la problemática actual en torno al desarrollo diacrónico del poblamiento pre y protohistórico de la zona (Campos y otros 1992; Campos y Gómez e.p.). Es por lo que, en este trabajo, como es lógico, no se tratará de reconstruir la costa según fue descrita por Avieno, en lo cual ya se ha abundado demasiado, sino que las páginas que siguen representan un intento de hacerlo según las evidencias más recientes que aporta la Arqueología de campo, lo cual debería ser el punto de partida para explicar las formas de ocupación, en este caso de una parte del Suroeste peninsular, que era lo que verdaderamente se pretendía en 1968. Si ello hace posible que en el futuro se puedan relacionar esas evidencias con los datos tal como aparecen en el poema, habremos dado un paso importante en el debate acerca de la paleogeografía histórica de estas áreas de la Península Ibérica. LA TIERRA LLANA DE HUELVA DURANTE LA PROTOHISTORIA En trabajos anteriores hemos expresado el interés de las conclusiones alcanzadas al relacionar la ocupación de la Tierra Llana de Huelva con su evolución paleogeográfica (Campos y otros 1992), una línea que también ha sido seguida por otros autores en otros espacios y con otros métodos (Arteaga, Schulz y Roos 1995), SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.07 LA OCUPACIÓN PROTOHISTORICA ENTRE EL GUADIANA Y EL GUADALQUIVIR: DEL MITO A LA REALIDAD 153 que posibilita justificar cambios conceptuales de gran trascendencia (Campos y Gómez e.p.). No obstante, lo que ahora se puede expresar con ciertas garantías es la existencia de un territorio ocupado a lo largo de gran parte del I Milenio a.C. con unos planteamientos que difieren, sustancialmente, del panorama que estábamos habituados a aceptar en décadas precedentes. Entre los siglos finales del II Milenio a.C. y los inicios del siglo VIII, en la Tierra Llana de Huelva se constata la existencia de pequeños hábitats de cabañas construidas con elementos vegetales, cuya economía debió estar fundamentada en la explotación agropecuaria de su entorno más inmediato, que muestran en su contexto arqueológico escorias de plata como elemento que define una mayor diversificación económica y, en algún caso, restos de útiles y adornos fabricados con un verdadero bronce binario (Gómez 1997). Esta evidencia indicaría que, desde entonces, ya estaban muy difundidas las técnicas minero-metalúrgicas para la obtención de cobre y plata de las minas del Cinturón Ibérico de Piritas (Pérez 1996), y que se tenía fácil acceso al estaño necesario para añadirlo al cobre autóctono, tal vez a través de importaciones recibidas por la ría de Huelva según podría desprenderse de las últimas interpretaciones que se han hecho del hallazgo de útiles y armas de bronce de los arios veinte (Ruiz-Gálvez 1995), si es que la mayor parte de los objetos recuperados fueron fabricados realmente en un taller local (Rovira 1995). Pero, además de esos pequeños hábitats de cabañas, los sitios de Aznalcóllar, Niebla o Huelva, que quizás comenzaron su existencia partiendo de un patrón de asentamiento muy similar, en los inicios de la Fase I clásica del Bronce final experimentaron un impulso cualitativo que los hará diferenciarse del conjunto de los anteriores, tanto en el espacio ocupado en relación con el volumen del poblamiento como en la propia estructura física del hábitat (Gómez y Campos e.p.). La hipótesis de la existencia de una estructura de carácter urbano desde el Bronce final prefenicio (Campos y Gómez 1995), después de los trabajos realizados en Niebla (Pérez, Campos y Gómez 2000) y en Huelva (Gómez y Campos 2000; 2001), al confirmar esos planteamientos, han permitido explicar la evolución protohistórica de la Tierra Llana desde sus inicios (Campos y Gómez, 2001), el posible papel jugado por la sociedad occidental en su interrelación con los comerciantes fenicios (Gómez y Balensi, e.p.), y la evolución posterior que nos es conocida en momentos anteriores a la romanización. Cada uno de los asentamientos localizados en el Cerro del Castillo y Los Castrejones de Aznalcóllar (Hunt 1995), o ambos en conjunto al estar situados sobre las mineralizaciones y a escasa distancia uno del otro, debieron convertirse poco a poco en un foco productor-distribuidor de metales, tal vez el lógico proveedor de los sitios sincrónicos del bajo valle del Guadalquivir y de parte de la Tierra Llana. Niebla, por su localización en el centro de la campiña junto al principal vado del río Tinto, desempeñaba el importante papel de distribuidor de los recursos de su entorno y de nodo de comunicaciones, ya que su situación posibilitaba controlar las rutas del comercio local, tanto las que procedían de las minas como las de la costa, así como los que circulaban entre la ría de Huelva y las campiñas sevillanas. A Huelva, por su condición de puerto atlántico, sin dudas le correspondió el papel de recibir y transmitir, desde el II Milenio a.C., las influencias extrapeninsulares que pudieron dar lugar a importantes cambios en la estructura de la sociedad occidental, debido a los lógicos beneficios que resultaban del trasiego de los productos locales y de la importación de otros procedentes de otras áreas. Parece evidente, y el registro arqueológico no lo contradice, que entre estos hábitats se establecieran amplias relaciones que darían lugar a una mayor complejidad social, política y económica, que responde a una estructura de carácter urbano, un modelo singular que se organiza a partir de esos tres centros y de otros dependientes que cuenta, junto a su manifiesta complejidad y dinamismo, con los recursos suficientes para ejercer el papel de foco de atracción regional (Gómez 1997). Con posterioridad, tal vez desde mediados del siglo VIII a.C., desde el puerto de Huelva principalmente y a través del Guadiamar y de otras vías por las que partiendo de Niebla se alcanzaba el lugar ocupado SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.07 154  FRANCISCO GÓMEZ TOSCANO ahora portas marismas del Guadalquivir, se cubrió la demanda de metales que, sólo desde esos momentos, propicia la presencia habitual de marinos fenicios en las costas del Suroeste peninsular y su posterior asentamiento al fondo de la bahía de Cádiz, puesto que desde ahora, y no mucho antes, lo cual podría ser la contrastación de las hipótesis anteriores, se documenta la existencia de cerámicas y otros objetos exóticos en los hábitats locales, a los cuales llegaron a través de esas vías de interacción creadas en la fase anterior. En momentos cercanos a mediados del siglo VIII a.C. (Gómez y Balensi e.p.), la fundación de la ciudad fenicia localizada ene! Castillo de Doña Blanca (Ruiz Mata 1993; 1994), permitirá hablar con propiedad de la presencia efectiva y continuada de los fenicios en el Occidente, y en este territorio, desde entonces, comenzarán a aparecer manufacturas producidas en los talleres peninsulares de creación oriental, lo cual será fundamental para explicar los cambios que van a producirse a partir de su presencia (Gómez y Balensi 1999). Desde esta perspectiva, el Bronce final tartésico supone el epílogo del desarrollo de la sociedad prehistórica occidental del II Milenio a.C. que, ya en esos momentos, se nos presenta como una sociedad compleja y dinámica en la cual se ha roto con el determinismo del medio natural anterior, ha diversificado su economía con una mayor explotación y control de sus recursos minero-metalúrgicos entre otros, y se ha integrado en unos circuitos económicos de amplio radio. Sólo esta sociedad de carácter urbano del Bronce final pudo permitir, en su propio beneficio, la estructura colonial que implantarán los fenicios de Gadir. A finales de ese siglo VII, que concuerda con la crisis constatada en las colonias fenicias por una menor presencia de ánforas en los puestos comerciales del bajo Guadalquivir, tales como el Cerro Macareno (Pellicer 1978), se asiste en el conjunto del territorio meridional onubense a dos hechos significativos; por un lado, se abandonan los poblados de cabañas del tipo de las conocidas en San Bartolomé de Almonte (Ruiz Mata 1981), El Pozancón (Gómez y Pérez 1991), Peñalosa (Fernández, García y Rufete 1992), y otros recientemente conocidos en las cercanías de Niebla (Pérez, Campos y Gómez 2000); por otro, al tiempo que en Niebla se construye un nuevo cerco defensivo, Tejada la Vieja se rodea por primera vez de su muralla de piedra (Gómez 1997). Al mismo tiempo, la presencia de cerámicas griegas arcaicas en el puerto de Huelva, con las producciones de mejor calidad de los talleres áticos, laconios, samios, o de la Grecia del Este de esos momentos (Cabrera 1990; 1998), contrasta con su escasa representación en la propia bahía de Cádiz (Ruiz Mata y Pérez 1995), lo cual indica que una gran parte de la plata que antes se comercializaba desde Gádir, parte ahora desde el puerto de Huelva hacia el Mediterráneo en barcos de origen griego, y que la fundación fenicia de la bahía gaditana pierde, sólo momentáneamente, el monopolio de la circulación de la plata hacia Oriente que detentaba desde hacía más de un siglo. En otro lugar (Gómez 1997), hemos relacionado tales circunstancias con un hecho que pudo tener gran trascendencia. El abandono de los poblados abiertos de la campiña y la permanencia de la población en otros en los que ya existen murallas o se van a construir ahora, la crisis que experimentan los asentamientos relacionados con los fenicios occidentales, y la presencia casi exclusiva de los griegos en el puerto de Huelva durante más o menos un siglo, debe ser interpretado quizás como la ruptura entre los comerciantes fenicios de Gadir y las gentes vinculadas a la ría de Huelva. La nueva fisonomía amurallada de Tejada la Vieja, que como poblado abierto antes había dependido del centro hegemónico existente en las Minas de Aznalcóllar (Gómez 1997), parece indicar un intento de las gentes de éste último no sólo de proteger la ruta del Guadiamar hacia la bahía de Cádiz, sino también del acceso a sus minas desde la campiña occidental, y a las de Riotinto por el paso de la Pata del Caballo. Se trata, pues, de una nueva estructuración del territorio sin precedentes, el surgir de una frontera que divide el área minera bajo la influencia de los gaditanos, que de esa forma continuarán recibiendo plata y otros recursos a través de la ruta del Guadiamar, mientras que en el área tartésica, representada por Niebla y Huelva, la producción de plata se canaliza hacia el puerto atlántico para cubrir con exclusividad la demanda de los comerciantes griegos. SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.07 LA OCUPACIÓN PROTOHISTÓRICA ENTRE EL GUADIANA Y EL GUADALQUIVIR: DEL MITO A LA REALIDAD 155 Sin embargo, a finales del siglo VI a.C., el hecho de que cesen las importaciones griegas en Huelva, se ha puesto repetidamente en relación con una pretendida crisis en Tartessos, bien por problemas relacionados con el agotamiento del mineral de plata, bien por la repercusión de los problemas políticos y económicos experimentados por las ciudades-estado del Mediterráneo como había acaecido un siglo antes, en este caso por la expansión de los persas que, incluso, conquistan Egipto, quizás el mercado hacia donde los griegos transportaban el mayor volumen de la plata adquirida en Occidente, que los faraones de la Dinastía XXVI necesitaban para pagar a sus mercenarios griegos. En cualquier caso, el factor plata, el de mayor peso en la economía de la zona en los siglos precedentes (Gómez e.p.), deja de tener la importancia anterior. Con los datos actuales no es posible explicar si el abandono del mercado occidental por los comerciantes griegos se debe a que ya no es posible aprovecharse de la oferta local de plata, y si esto es así, cuál fue la causa, si a un problema de abastecimiento o una cuestión ajena a sus productores. Aunque se ha llegado a reconocer la existencia de un período de crisis generalizada —incluso de población— en Huelva y en el conjunto de la Tierra Llana, ello no tiene más fundamento que el recuerdo de la tesis de A. Schulten (1957), que si entonces estaba basada en argumentos historicistas no contrastados, únicamente la ausencia o menor presencia de cerámicas griegas a partir del último cuarto del siglo VI a.C. no puede ser su constatación, especialmente porque ese argumento no es válido si se quiere extrapolar el período de crisis a los hábitats sincrónicos de la campiña, donde no se ha registrado un solo hallazgo de cerámica griega arcaica de ese siglo; ni siquiera en Niebla. Por contra, sí es posible argumentar la existencia de un cambio a escala general en el territorio, no de una crisis poblacional sino tal vez lo contrario, puesto que lo que se observa es la construcción de nuevos circuitos defensivos o la reparación de los anteriores, como en Niebla (Bedia y Pérez 1993), en Tejada la Vieja (Fernández 1989), o en Aznalcóllar, una circunstancia que debe tener otra explicación. En la etapa turdetana, ya durante los siglos V-III a.C., mientras que en la costa atlántica aparecen nuevos hábitats como en La Tiñosa (Belén y Fernández-Miranda 1980), dedicados igual que otros muchos de la bahía gaditana (Ruiz Mata 1994) a la producción de salsas y conservas de pescado, en las campiñas se ha vuelto al esquema de siglos anteriores, donde la explotación agropecuaria de las feraces tierras de la Tierra Llana posibilitan la necesaria continuidad. Incluso, de acuerdo con los nuevos asentamientos que van a aparecer en la Campiña (Campos, Guerrero y Pérez 1999), más que continuidad lo que se aprecia es un cierto auge económico y poblacional que va a durar sin grandes cambios hasta la romanización. DEL TARTESSOS DE LA ORA MARÍTIMA A UN TERRITORIO TARTÉSICO 2 DEFINIDO EN EL TIEMPO Y EN EL ESPACIO Durante arios, el contenido de - la Ora Marítima ha sido muy importante para la investigación en dos sentidos; por un lado, dio lugar a fructíferas interpretaciones que sirvieron para dinamizar los estudios protohistóricos en el Suroeste peninsular, aunque los objetivos eran probar, sobre un mapa, la existencia de un territorio en el que una cultura, la tartésica, había influido decisivamente en la integración del Occidente a la historia de las grandes culturas mediterráneas; por otro, dado el fracaso en localizar los restos de la ciudad siguiendo las descripciones de Avieno, alentó a la investigación arqueológica de campo a cumplir esa misma misión. 1. Las excavaciones de urgencia realizadas en el casco antiguo de Huelva en los años 2000-2001 confirman que la mayor extensión del hábitat protohistórico se produce entre los siglos VII-IV a.C., con construcciones superpuestas y sin, al parecer, signos de degradación a lo largo de ese período. 2. Utilizamos el calificativo sólo para mantener la designación tradicional que se aplica al Suroeste. SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.07 156  FRANCISCO GÓMEZ TOSCANO Pero puede afirmarse que la investigación arqueológica del Suroeste peninsular ha estado hasta muy recientemente en una fase poco más que especulativa. No existían suficientes trabajos de conjunto ni excavaciones para poder extraer de ellas los datos empíricos que permitieran vislumbrar, con la necesaria garantía, el desarrollo de los procesos históricos que dieron lugar a la transformación de una sociedad con trasfondo todavía prehistórico, a otra con la necesaria complejidad política y económica que permita adecuarla a las descripciones que nos transmitieron las fuentes greco-latinas. Por ello, en el momento presente, se mantiene un fructífero debate entre los especialistas cuyo trasfondo real es la contrastación de dos hipótesis enfrentadas. De una parte, los cambios sustanciales observados en la sociedad occidental no se pueden concebir sin la presencia de los comerciantes fenicios después del 800 a.C. y la posterior Fase Fundacional (Gómez y Balensi 1999), los cuales traen su elevado bagaje cultural, económico y tal vez político a lo largo de la segunda mitad del siglo VIII; de otra, la sociedad occidental evoluciona en parte sólo por sus propios medios yen parte como reacción a los contactos extrapeninsulares que se documentaban desde el II Milenio a.C., siendo dicha presencia fenicia un episodio más a tener en cuenta, como sería la de los griegos, exclusivamente en Huelva, a lo largo de gran parte del siglo VI. Desde ambas perspectivas debe reconocerse que los siglos VIII-VI a.C. son una etapa muy fructífera para el Occidente peninsular y que la interacción entre autóctonos, fenicios y griegos daría lugar a una sociedad, la turdetana, que finalmente aparece muy homogénea y con características propias, primero con la presencia bárcida y luego ante la romanización. El principal punto de ruptura ha sido establecer un panorama coherente del final de la Edad del Bronce (Gómez 1997), con un período formativo suficientemente conocido en el conjunto del Suroeste (Martín y Lorenzo 1997), y un período clásico, durante el cual aparecerán los primeros rasgos de la presencia fenicia. En ese período clásico, al menos en la Tierra Llana de Huelva, la sociedad del Bronce final aparece asentada en un territorio estructurado con la necesaria diversidad y complejidad para estimar que la distribución de los hábitats fuese aleatoria o espontánea. De ninguna forma asentamientos consistentes en unas pocas cabañas como San Bartolomé, Peñalosa, El Pozancón, y tantos otros peor conocidos, se pueden comparar con los centros mineros de Aznalcóllar, con el nodo de comunicaciones de Niebla, o el puerto atlántico de Huelva (Gómez y Campos 2001 e.p.). Sólo desde esa estructura urbana, compleja y dinámica, se podrá entender ahora la rapidez con que las importaciones fenicias, y sus consecuencias, se distribuyen por todas partes. En ese debate, el hábitat de la Huelva protohistórica representa un hito a tener en cuenta. Su condición de puerto receptor de influencias extrapeninsulares, según queda patente en las nuevas interpretaciones que se hacen del hallazgo de bronces de la ría y de su contexto ocupacional cercano a las 35 hectáreas durante el período orientalizante (Gómez y Campos 2000; 2001), son un punto de partida estimable para considerar su función en el territorio, aunque, dicho puerto quedaría falto de entidad si no hubiese contado con el resto de los hábitats sincrónicos que compartían la estructura político-económica de ese territorio y con el control que éstos ejercían de los recursos propios, en algún caso exclusivos, tanto de los agropecuarios como de los minero-metalúrgicos. ¿Significa la presencia de los comerciantes griegos en Huelva a lo largo del siglo VI a.C. que este hábitat continúa siendo todavía un puerto abierto al comercio, independiente económica y políticamente de la estructura comercial implantada por los fenicios desde su fundación colonial en la bahía de Cádiz? No hay razón para estimar lo contrario; el registro arqueológico tampoco desdice la presencia efectiva de comerciantes fenicios en el hábitat desde los inicios de los contactos (Gómez y Balensi e.p.), que debieron ser muy antiguos, tal vez anteriores a la fundación de Gadir a juzgar por la tradición mantenida en la ciudad fenicia siglos después, dado que en el lugar ocupado por la isla de Saltés se habría hecho un intento de fundación previo al definitivo de la isla de Cádiz (Str., III, 5, 5), y por algunos elementos cerámicos procedentes de la ciudad, que son anteriores y también sincrónicos con los más arcaicos localizados en los niveles fundacionales del Castillo de Doña Blanca (Gómez y Balensi 1999 e.p.). SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.07 LA OCUPACIÓN PROTOHISTÓRICA ENTRE EL GUADIANA Y EL GUADALQUIVIR: DEL MITO A LA REALIDAD 157 Desde fines del siglo VII a.C., y durante casi todo el siguiente, la presencia de los comerciantes griegos documentada en Huelva tuvo que interferir de alguna forma en la estructura comercial gaditana, la cual se recuperará sobradamente a partir del 500 a.C., inaugurándose así otra etapa en la que la ciudad fenicia capitaliza al conjunto del Suroeste peninsular entre esa fecha y la segunda mitad del siglo III a.C. La dinámica de esa etapa más reciente tal vez no sea ajena al primer tratado romano-cartaginés, pero con la presencia de Arrificar Barca en el Suroeste e iniciarse los conflictos que darían lugar a la Segunda Guerra Púnica, el territorio continuará dividido en ciudades-estado independientes desde un punto de vista político, a pesar de la interdependencia comercial con Gadir. Incluso tras la romanización las viejas ciudades que comenzaron su existencia en el Bronce Final, o más tarde durante el Período Orientalizante (Campos y Gómez e.p.), conservan el papel que venían desempeñando en el territorio aunque dependiendo ahora de la estructura política creada por Roma. El registro arqueológico de Onuba, Ilipla, o Ituci, junto al de otras cuyo nombre desconocemos como Aznalcóllar, nos permite entender la evolución del proceso histórico acaecido durante más de un milenio entre el Guadiana y el Guadalquivir, como un desarrollo continuado en el que la destrucción de Herbi por las guerras, o el campo de ruinas de Gadir = Tartessos sólo deben interpretarse como una figura poética introducida por Avieno, que es el sentido que hay que otorgar al conjunto de la obra. Hoy en día, identificar a Tartessos con el hábitat protohistórico localizado en el puerto de Huelva, o con cualquier otro, no sería descabellado, pero, al hilo de la investigación actual, opinamos que cualquier identificación de la mítica ciudad con un lugar específico de los conocidos resulta aventurada o anecdótica. Parece quizás más interesante abundar en el estudio de la sociedad protohistórica como se está haciendo y retomar el tema en otro momento, pero cuando se cuente con un cuerpo empírico lo suficientemente amplio para que ello no sea el fin primordial de la investigación. En definitiva, en la línea de trabajo implantada y seguida por el Dr. Pellicer, de la que tantos nos sentimos deudores. Agradecimientos: Proyecto Análisis de la implantación y evolución del fenómeno urbano en el S. O. peninsular: Las Campiñas onubenses (Ministerio de Educación y Cultura. DGICYT PB96-1496). BIBLIOGRAFÍA ALVAR, J. (1995): "Avieno, los fenicios y el Atlántico", Kolaios 4: 21-37. Madrid. 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