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Teresa Laguna Paúl. Una Vida consagrada a la búsqueda de la excelencia

Rodríguez Estévez, Juan Clemente

Abstract

Tras una larga y fecunda carrera profesional en la Universidad de Sevilla, Teresa Laguna acaba de jubilarse. Desde esta nueva posición, interrumpe su actividad investigadora para conversar con nosotros. Proyectando su mirada hacia el pasado, recuerda los hitos que marcaron su trayectoria vital y profesional. Como testigo privilegiado, ofrece valiosos testimonios sobre la conservación de la Catedral de Sevilla durante un período memorable. Pero, también, sin perder de vista el presente, reflexiona sobre sus inquietudes y algunos de los retos que afronta nuestro oficio en estos tiempos inciertos.

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194 Juan Clemente Rodríguez Estévez DOI: http://dx.doi.org/10.30827/quiroga.v0i20.0014 Juan Clemente Rodríguez Estévez TERESA LAGUNA PAÚL. UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA Fig. 1. Teresa Laguna en el patio del Laboratorio de Arte. Fotografía realizada por Enrique Infante el 20 de octubre de 2021. JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz 195 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 TERESA LAGUNA PAÚL. UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA Teresa Laguna Paúl (Universidad de Sevilla) (TL) Juan Clemente Rodríguez Estévez (Universidad de Sevilla) (JCR) Tras una larga y fecunda carrera profesional en la Universidad de Sevilla, Teresa Laguna acaba de jubilarse. Desde esta nueva posición, interrumpe su actividad investigadora para conversar con nosotros. Proyectando su mirada hacia el pasado, recuerda los hitos que marcaron su trayectoria vital y profesional. Como testigo privilegiado, ofrece valiosos testimonios sobre la conservación de la Catedral de Sevilla durante un período memorable. Pero, también, sin perder de vista el presente, reflexiona sobre sus inquietudes y algunos de los retos que afronta nuestro oficio en estos tiempos inciertos. JCR: Tu infancia y primera juventud se desarrollaron en Zaragoza: ¿Cómo nació en ti la vocación por la Historia del arte y porqué la decisión de estudiar en Sevilla? TL: El estudio de las humanidades siempre me interesó y en mi entorno tenía familiares vinculados con ellas. Dos primas de mi padre eran profesoras de Historia y, además, siempre tuve la sombra constante de mi hermano Fernando, que fue profesor de derecho civil. Falleció joven y en su biblioteca tenía algunos libros de arte interesantes. En una de sus estanterías encontré Las voces del silencio de André Malraux que —de adolescente— me descubrió en su “museo imaginario” una interrelación espacio temporal de estéticas alejadas y sugerentes, distinto al libro de Historia del arte de bachillerato1. También me atraían las lenguas clásicas, especialmente el griego que traduje constantemente durante el PREU porque la Iliada y la Odisea eran obras del examen de acceso a la universidad. Por otro lado, se fue desarrollando en mí un interés por la Historia más profundo, relacionado con todo aquello que conlleva el fenómeno cultural en torno a la Historia del arte. Cuando comencé la carrera me habían regalado El arte y el hombre de René Huyghe, que me abrió un universo más rico que el que podía encontrar en los manuales de primer curso. Creo que fue su lectura en profundidad lo que me decantó por estudiar Historia del arte2. A partir de ahí, comuniqué a mi familia la especialidad que quería estudiar. Ésta se impartía únicamente en la Universidad Central de Barcelona, en la Complutense, en Sevilla y en Santiago de Compostela, en un momento en el que resultaba problemático estudiar fuera, ya que las reivindicaciones estudiantiles y la situación política motivaron JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz TERESA LAGUNA PAÚL.UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA 196 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 constantes cierres de las facultades. Finalmente, mi padre accedió, pero me dijo “vete a donde quieras, menos a Madrid y Barcelona”. Inmediatamente, pensé que, entre Sevilla y Santiago, vendría al sur donde hace mejor tiempo. Consulté con los profesores de Zaragoza las materias y el profesorado de la hispalense, quienes me hablaron del Laboratorio del Arte. Y así fue como desembarqué aquí, porque llegué en avión una semana antes de comenzar las clases. En aquellos primeros días de absoluta soledad fui descubriendo esta ciudad, con su luz y su visión esteticista. JCR: Te licenciaste en 1976 ¿Qué recuerdas de la universidad hispalense de aquellos años? TL: Pertenezco a la sexta promoción de Historia del arte de esta universidad. Éramos unos cincuenta alumnos y el patio del Laboratorio de Arte vertebraba toda la actividad. Las aulas de la facultad de Filosofía y Letras estaban recientemente adaptadas con luces indirectas; pero, en la asignatura de Arte Hispanoamericano, todavía proyectaban a veces las diapositivas de cristal en el cañón Leitz-Wetzlag, “la Gran Berta”, que aún permanece en la biblioteca. El primer plan de estudios de la licenciatura de Historia del arte tenía un carácter que, hoy en día, llamaríamos interdisciplinario, con numerosos aspectos interesantes y también algunas lagunas. Comprendía unos contenidos que en varias ocasiones han querido retomarse hasta que llegó el Grado y el Plan Bolonia. Las asignaturas del mundo antiguo las impartían los profesores de arqueología, las optativas de historia y literatura, los departamentos correspondientes. Cuando llegué a esta universidad algunos de los profesores que pensaba encontrar acababan de trasladarse a otros centros. Tienes la sensación que has podido llegar tarde, pero la vida depara grandes sorpresas. Don Antonio Blanco Freijeiro se había incorporado a la Universidad Complutense, por lo que el Arte Clásico nos lo impartió José María Luzón, que compaginaba la universidad con la dirección de Itálica, y el Arte Oriental, Lorenzo Abad Casal. Don Antonio Bonet Correa también se había marchado a la Complutense, dejando una huella muy importante, y la cátedra de Arte Hispanoamericano fue ocupada en 1973 por Emilio Gómez Piñol. Doña Concha García Gaínza impartía unas magníficas clases de arte del Renacimiento y preguntaba directamente a los alumnos sobre aspectos relacionados con el tema explicado cada día. Don José Hernández Díaz era el director y tenía a su cargo las asignaturas de Arte Español, cuyos contenidos de alta Edad Media desarrollaba en seminarios anuales el profesor Helmut Schlunk. Venían a clase con un gran puntero para señalar aspectos de sus Fig. 2. En la Europalia’85 con Alberto Villar y Fuensanta García de la Torre al salir del museo Víctor Horta. JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz TERESA LAGUNA PAÚL.UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA 197 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 explicaciones y con un golpe en el suelo indicaban al bedel el cambio de diapositiva. Este bedel era Ramón Blázquez, al que todos los profesores y alumnos hemos recordado siempre con cariño. El entrañable sanluqueño Enrique Sánchez Pedrote impartía la Historia de la música. Antonio de la Banda volvió a su universidad de Sevilla y Enrique Valdivieso se incorporó al terminar mi carrera. Por otro lado, José Guerrero Lovillo tenía a su cargo el Arte islámico. Era un gran dibujante y con el paso de los años, fui su última ayudante. Siempre recuerdo su carácter, su bagaje cultural, su inmensa biblioteca, sus conversaciones al coordinar las asignaturas y su estricto rigor. Otros profesores, como María José del Castillo y Teodoro Falcón estaban ya incorporados a sus plazas de profesores titulares, Jorge Bernales Ballesteros a la de agregado y María Jesús Sanz Serrano se hizo cargo de la docencia de doña Concha cuando marchó a Pamplona a finales de 1976. Los profesores de la Escuela de Arquitectura impartían las asignaturas optativas de dibujo que considero fundamental en nuestra formación. Alfonso Jiménez Martín nos enseñó a ver más allá de una fotografía; teníamos que dibujar y analizar plantas y alzados del patio de arte y, con un frío espantoso durante tardes interminables en los jardines del Alcázar, dibujamos secciones y perspectivas axonométricas del pabellón de Carlos V. En el patio del Laboratorio de Arte se forjaron muchas amistades con alumnos de otras promociones, cuya huella en la vida académica, en la investigación de Historia del arte, en la salvaguarda del patrimonio y en la conservación de museos y colecciones conocemos todos. En aquellos años Teresa Dabrio, Carmen Heredia y Gerardo Pérez Calero eran ayudantes y ultimaban sus tesis doctorales, que ya habían defendido Alberto Villar Movellán y Rafael Cómez Ramos, compañero en la segunda promoción de Luis Luna Moreno. En la cuarta promoción, coincidieron Vicente Lleó, Fuensanta Arenado, Juan Miguel Serrera, Alfredo Morales, Juan Miguel González Gómez, Toñi Durán y otras personas que luego no permanecieron en Andalucía como, por ejemplo, Alfonso Caballero Klink. En el curso previo al mío, estudiaron Jesús Palomero y Florencio García Mogollón, y en esta quinta promoción tengo buenos y entrañables amigos como Fernando Martín Martín, Diego Oliva Alonso y Fuensanta García de la Torre, los dos últimos dedicados a la conservación de museos, al igual que Iván Negueruela. Otros desarrollaron su actividad profesional en la enseñanza secundaria, compaginándola con los gabinetes pedagógicos de Bellas Artes y la investigación como Juan Luis Ravé y la mayoría de mis compañeros de promoción, aunque el malagueño Luis Olaya es conservador de Patrimonio y el gaditano Juan Ramón Cirici se incorporó al claustro de la Universidad de Cádiz. JCR: Estoy ante una de las más eminentes medievalistas españolas. ¿Cómo se forjó en ti la idea de dedicarte al estudio del arte medieval? TL: Los siglos XIV y XV siempre llamaron mi atención e interés. Al plantearme el tema de la tesis Fig. 3. En la escalera del castillo de Chambord con Carmen Heredia y Toñi Durán (1986). JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz TERESA LAGUNA PAÚL.UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA 198 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 de licenciatura, María José del Castillo me habló de la existencia de una serie de manuscritos y de libros iluminados en Sevilla que podrían marcar un camino a seguir; y la Biblioteca de la Universidad de Sevilla custodiaba los volúmenes de las Postillae de Nicolás de Lira, encargadas por Per Afán de Ribera. De esta forma comencé a introducirme en el camino del medievalismo y en el mundo del libro manuscrito, que después de terminar la tesis doctoral y, con el paso de los años o circunstancias, he compaginado con otras investigaciones de época moderna, la conservación y la difusión del patrimonio. La vida es un continuo aprendizaje, una constante curiosidad por profundizar en temas y obras que son de tu interés. Vas adaptándote al devenir de los acontecimientos, y esta formación, con el rigor que implica en el manejo de sus fuentes y su interpretación, siempre ha constituido un soporte fundamental para otros estudios. Maestros de mi generación como Antonio Bonet o José Manuel Pita realizaron tesis doctorales de arte medieval y luego han destacado por estudios fundamentales sobre urbanismo, arte barroco, arte iberoamericano y pintura española. Hoy en día, hay pocos medievalistas en los departamentos de Historia del arte, y el número de tesis doctorales sobre este período defendidas en nuestras universidades es muy inferior al de otras etapas. Para nuestros alumnos, su estudio supone un hándicap y prefieren encauzar sus investigaciones en torno al arte moderno y al contemporáneo. JCR: Tu tesis doctoral sobre las Postillae de Nicolás de Lira mereció el Premio Extraordinario de la Universidad de Sevilla, en su edición de 1983. Realizada bajo la dirección de María José del Fig. 4. La ministra Pilar del Castillo con los Premios Nacionales de 2002. JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz TERESA LAGUNA PAÚL.UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA 199 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 Castillo, marcaría tu trayectoria investigadora. ¿Qué podrías decirme sobre María José y aquella investigación? TL: María José me enseñó a investigar, me introdujo en el universo del libro manuscrito medieval, que ella comenzaba a investigar; siempre abrió ventanas en mi formación y me empujó a buscar nuevos horizontes. El primer reto fue la tesis de licenciatura centrada en las Postillae de Nicolás de Lira de la biblioteca universitaria, que presenta aspectos importantes en el panorama artístico y cultural sevillano del siglo XV, que continúo investigando. Los tres primeros volúmenes fueron copiados e iluminados en Sevilla por dos franceses en la tercera década, el cuarto escrito en letra humanística es el primero de los realizados con esta grafía en la península Ibérica entre 1460 y 1465, y el quinto en bastarda tiene la misma cronología. Estos aspectos, cuando comienzas a investigar y prácticamente todavía estas “en calcetines”, te sobrecogen porque apenas encuentras referentes. Por otro lado, su iconografía ofrece una explicación visual de la arquitectura portátil del tabernáculo y la del templo de Salomón con sus ajuares de culto, y pormenoriza en extenso la visión de Ezequiel del nuevo templo de Jerusalén. Transcribí y traduje numerosos capítulos de esta obra, que tiene muchas ilustraciones en doble versión latina y hebrea para establecer una comparación, una explanación visual, entre ambas fuentes y las interpretaciones de Rashi (1040-1115), de Hugo de San Víctor (h. 1046-1141) y, entre otras, las descripciones de Flavio Josefo (h. 35-100 d C). Las consultas de otros códices de las Postillae fueron fundamentales y su localización laboriosa ya que, entonces, la mayoría de las consultas de los catálogos de las bibliotecas extranjeras debías llevarla a cabo en Madrid y algunas referencias llegaron, incluso, por correo postal cuyo catálogo con el estudio de este códice publicó en una monografía esta universidad. En la Tesis doctoral continué con la investigación de esta iconografía desde sus orígenes, a comienzos del siglo XV, sus cambios y ejemplares más antiguos, que localicé en las Ardenas, y su evolución hasta el siglo XVII, pues la obra se estampó tempranamente con sus ilustraciones y, más tarde, quedó incorporada con los comentarios del burguense Pablo de Santa María (1350-1435) en la Biblia sacra. La tesis no se publicó, pero en varios artículos sinteticé el carácter e importancia de estas reconstrucciones y, sobre todo, las familias iconográficas presentes en un centenar de códices consultados y su desarrollo gráfico en el ámbito de la imprenta. Todo ello obligó a realizar gran parte de la investigación fuera de Sevilla y me llevó, como a muchos licenciados de aquellos años, a solicitar la beca de la Academia Española de Bellas Artes en Roma que, entonces, era la única que permitía estancias largas para universitarios españoles, y más de Historia del arte. JCR: Obtuviste la beca y llegaste a Roma en octubre del setenta y ocho. Salir, como bien has dicho, era más difícil. ¿Qué supuso para ti, tanto a nivel científico como personal? TL: Para llevar a buen término la tesis necesitaba consultar los fondos y ampliar conocimientos sobre manuscritos hebreos y latinos, estudiar éstas y otras reconstrucciones del Templo en los depósitos de la Biblioteca Hertziana, del Pontificio Instituto Bíblico y, evidentemente, consultar los fondos vaticanos. No obstante, su consulta tuve que demorarla casi un mes, ya que la víspera del viaje a Roma falleció Juan Pablo I. El Vaticano estaba “en sede vacante”, con sus museos, archivos y bibliotecas cerrados, pero aproveché para conocer la ciudad, solicitar los accesos e iniciar las consultas en otras bibliotecas. También acudí a la capilla funeraria del papa, pues era un momento histórico y una oportunidad única para ver los frescos de la sala Clementina. Estudiar en las bibliotecas romanas con sus estanterías de acceso abierto era trasladarte JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz TERESA LAGUNA PAÚL.UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA 200 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 en aquellos años a otra galaxia. Allí estuve nueve meses, un curso completo. Volví con una experiencia única, con unos kilos menos, con numerosas cajas de fotocopias y con amistades para toda la vida. También llevé a cabo varias estancias a la Biblioteca Nacional de Francia y otras del mismo país, y en el año ochenta, ingresé como colaboradora honoraria del departamento, bajo la tutela de Jorge Bernales, con quien trabajé intensamente en los inventarios de Jerez de la Frontera y Cádiz. Al terminar la tesis, cuando comenzaba a preparar los temarios de oposiciones, tuve mi primer contrato como profesora ayudante de prácticas en la facultad. JCR: Entre las adversidades que has tenido que afrontar, también se halló el desastre de la Colombina. TL: Había estudiado las Postillae de esta biblioteca, cuya procedencia adscribí al cardenal Juan de Cervantes, y al terminar la tesis deseaba investigar en los fondos capitulares los códices iluminados y los litúrgicos, pero al incorporarme a las tareas docentes ralenticé las consultas en este depósito que, entonces, todavía carecía de luz eléctrica. Los investigadores trabajábamos, cuando no llovía, en una mesa cubierta con unas faldas de lana, confeccionadas por una profesora del departamento de paleografía, intentando sentarnos lo más cerca posible de la ventana. Las obras de rehabilitación de la nave del Lagarto y la de su planta alta quedaron interrumpidas por el desplome de la cubierta de esta biblioteca en enero de 1986. Este terrible accidente motivó al traslado de sus fondos, su catalogación sistemática y el cierre de su consulta hasta la terminación de todas las obras que, además, constituyeron el motor de otros cambios realizados en la Catedral3. Durante estos años centré la investigación en los códices de la Biblioteca de la Universidad, organicé con las compañeras del área de Ciencias y Técnicas Historiográficas un curso de doscientas cincuenta horas sobre el libro manuscrito donde impartieron clase especialistas españoles, franceses, belgas e italianos. También redacté el segundo arte cristiano en Córdoba, estudié la biblioteca de Benedicto XIII en Peñíscola y algunos volúmenes para la exposición conmemorativa del centenario de la elección de Benedicto XIII, el papa Luna. En la biblioteca del Laboratorio llevamos a cabo la primera reestructuración de sus fondos y, después de acceder a la plaza de profesora titular, publiqué varios estudios sobre la miniatura del libro de Reglas de la Hermandad de Vera Cruz realizado por Juan de Herrera en 1631 y el de la Hermandad de Rocamador, que permitió “desenredar” algunos de los tópicos historiográficos del mural gótico y documentar otras pinturas medievales del convento del Carmen gracias a un grabado de Lucas Valdés. Fue la época de la redacción de la Andalucía Fig. 5. En el andamio de la restauración de la puerta de la Campanilla con Fernando Guerra-Librero y Ángel Luis García (2006). JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz TERESA LAGUNA PAÚL.UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA 201 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 gótica, y cuando reabrió la Biblioteca Capitular y Colombina, a finales de 1992, retomé el estudio de sus fondos iluminados y de los manuscritos litúrgicos sevillanos. La metodología de análisis aplicada en estos trabajos la explicaba en la clase a los alumnos de Doctorado y del Máster. JCR: Mientras, el país vivía una transformación extraordinaria. ¿De qué modo eso te influyó a ti y cómo lo viviste con tus compañeros? TL: El otro día, en una reunión, un amigo dijo una frase que me llamó la atención al señalar que, de alguna manera, todos éramos víctimas de ETA y, aunque no la he sufrido de cerca, formo parte de una generación que ha vivido cambios importantes y ha convivido con estos hechos. Pasé muchos veranos en el País Vasco donde tengo familiares y amigos cuyas familias si fueron tocadas. Me crié en una ciudad donde muchos universitarios procedían de Guipúzcoa, que sufrió dos atentados, y tampoco puedo olvidar otros hechos no menos significativos, ni dónde o con qué compañeros de la facultad me encontraba aquella tarde del 28 de febrero de 1981. Recuerdo el día que comuniqué a los alumnos las pérdidas patrimoniales por los primeros bombardeos de la Guerra del Golfo en 1991, la muerte de Ernest Lluch en el 2000 y los atentados en Sevilla de Alberto Giménez Becerril y su mujer, cuyo funeral se llevó a cabo en la Catedral de Sevilla, donde acababa de incorporarme para la conservación de sus bienes muebles en 1998. El motor de la gran transformación de nuestro país, aunque tiene otros procesos muy destacados, siempre lo asocio con nuestra incorporación a la Comunidad Europea y nuestra apertura, nuestra visibilidad a Europa. La firma en el Palacio Real presidida por el bronce de Carlos V es un símbolo que marca esta etapa, y recuerdo la ilusión con que viajamos a Bruselas para ver las exposiciones de Europalia’85 donde, por vez primera, expusieron todos los códices de Beato de Liébana. Aquel momento fue importante y proyectamos nuestra imagen, causando gran impactó nuestro legado cultural. Poco a poco, entre todos conseguimos cambiar la opinión que se tenía de nuestro país y del peso de nuestras aportaciones al mundo científico. Estos cambios de percepción también los han percibido muchos compañeros cuando hemos acudido con nuestras investigaciones a congresos internacionales y, de forma manifiesta, los colegas de otros países han valorado los trabajos presentados escuchándolos, sin ausentarse de la sala, y despertado su interés. Formo parte de una generación de historiadores del arte con una gran curiosidad, con muchas ganas de saber, de leer, de verlo todo y transmitirlo desde nuestra docencia e investigación en la universidad, en las instituciones y en los museos. JCRE: Tu tesis abrió una línea de trabajo sobre la miniatura, en el que se concilia el estudio minucioso de las fuentes y el propio estudio iconográfico de la obra. ¿Qué corrientes o autores marcaron tu modo de entender la Historia del arte a lo largo de esos primeros momentos en los que cristaliza la personalidad que te define como historiadora? TL: En la investigación de las Postillae fueron fundamentales los recientes trabajos de Richard Krautheimer y Helen Rosenau sobre el templo de Jerusalén, los de manuscritos hebreos de Cecile Roth, Bezabel Narkiss, Mendel y Thérèse Metzger. Estas y otras publicaciones las amplié con el estudio de sus fuentes hebreas, traducidas al inglés y al francés. Siempre manifesté interés por analizar su ilustración y la materialidad del libro manuscrito, porque desde pequeña tuve relación con el mundo librario y procedo de una familia que ha estado dedicada al universo papelero y a la imprenta durante tres generaciones. La relación entre la forma y la función de la ilustración, la doble página de un códice abierto y su texto constituyen la manera con la que me JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz TERESA LAGUNA PAÚL.UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA 202 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 he aproximado a estudiar sus miniaturas. En ese momento inicié otra serie de caminos como, por ejemplo, no medir las iniciales por milímetros sino por renglones para no aislar las viñetas de su entorno textual, de su caja de escritura y de la justificación de la página. En las investigaciones de miniatura siempre continué desarrollando esta metodología. JCRE: Después de este primer periplo, se abrió un periodo con nuevos retos. En tu decisiva participación en el volumen de Andalucía, de la colección La España Gótica, se perciben nuevos registros. Nos hallamos ante un discurso de trazo amplio, en el que se reúnen todas las artes. Me pareció un trabajo de madurez que luego se completaría con otros posteriores, como la Guía artística de Córdoba. ¿Cómo viviste aquella experiencia? TL: El encargo de los capítulos de Andalucía gótica en 1990 fue algo accidentado. A comienzos de julio del año siguiente, fallecieron mi padre y Jorge Bernales con pocos días de diferencia y perdí el borrador del texto grabado en aquellos discos blandos, que unos amigos copiaron para que pudiera continuar el trabajo. José Fernández López me confió los textos de Córdoba y la introducción general y, finalmente, del volumen donde colaboraron también Pedro Galera, Rafael Cómez y Mercedes Borrero. Elaboré un primer esquema cercano a los capítulos escritos por José Guerrero Lovillo en la colección Tierras de España, que después rectifiqué incorporando los avances historiográficos Fig. 6. Con Alfredo Morales y José Beltrán en la presentación del libro del Facistol de la catedral de Sevilla (2017). JuAN clEMENtE RoDRíguEz EstévEz TERESA LAGUNA PAÚL.UNA VIDA CONSAGRADA A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA 209 Quiroga nº 20, julio-diciembre 2021, 194-209 · ISSN 2254-7037 NOTAS 1MALRAUX, André. Les voix su silence. París: Galerie de la Pléiade, 1956. 2HUYGHE, René (Coord.). El arte y el hombre. Barcelona: Planeta, 1966, 3 vols. 3NAVARRO RUIZ, Francisco. “La gestión de un monumento vivo: la catedral de Sevilla”. En: RIVERA BLANCO, Javier (Coord.). La Europa de las catedrales. Conservación y gestión. Simposio internacional. Valladolid: Fundación del patrimonio Histórico de Castilla y León, 2008, págs. 81-111. LAGUNA, Teresa. “Gestión patrimonial y colección museográfica de la catedral de Sevilla: de tesoro y museo a monumento vivo”. Semata (Santiago de Compostela), 22 (2010), págs. 45-68. 4DALMASES, Nuria y JOSÉ I PITARCH, Antoni. Historia de l’Art catalán. Barcelona: Editions 62, 1984-1986, Vols. I, II y III. 5RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro. Paseos por Córdoba o sean apuntes para su historia. Córdoba, 1873-1875. Córdoba: Red municipal de Bibliotecas de Córdoba, 2017, 4 vols. 6Alfonso Jiménez Martín, catedrático de Expresión Gráfica en la ETSA de Sevilla. Maestro Mayor de la catedral de Sevilla durante el período 1987-2014. 7JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso y PINTO PUERTO, Francisco. Levantamiento y análisis de edificios, tradición y futuro. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2003, págs. 183-223. 8María Domínguez Adame, restauradora del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Luis Luna Moreno, conservador del Museo Nacional de Escultura y director (1988-1996). Fuensanta García de la Torre, conservadora de museos y directora del Museo de Bellas Artes de Córdoba (1981-2012). 9CIRUJANO, Concha. “Proceso de intervención en las portadas del Nacimiento y del Bautismo de la catedral de Sevilla”. Bienes culturales: revista del Instituto de Patrimonio Histórico español (Madrid), 1 (2000), págs. 101-120. CIRUJANO, Concha; GARCÍA, Ángel Luís y LAGUNA, Teresa. “El mantenimiento de los bienes culturales como garantía para su conservación”. GE-conservación, 0 (2009), págs.. 21-33. 10MARTÍNEZ-NOVILLO, Álvaro. “In memoriam. José María Losada”. Bienes culturales: revista del Instituto de Patrimonio Histórico español (Madrid), 8 (2008), págs. 10-12. 11GOMBRICH, Ernst. “Historia del Arte y ciencias sociales”. En: VV.AA. Ideales e ídolos. Ensayos sobre los valores en la historia y en el arte. Barcelona: Gustavo Gili, 1981, págs. 156-202.