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Restauración de dos fachadas de la catedral de Sevilla, (2006-2013)

Jiménez Martín, Alfonso

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Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 RESTAURACIÓN DE DOS FACHADAS DE LA CATEDRAL DE SEVILLA (2006-2013) Alfonso Jiménez Martín Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 79 RESTAURACIÓN DE DOS FACHADAS DE LA CATEDRAL DE SEVILLA (2006-2013). Alfonso Jiménez Martín A la memoria de un amigo, Juan Garrido Este artículo reúne datos de intervenciones sobre las fachadas norte y oeste de la catedral hispalense, productos de dos proyectos diferentes, uno de ellos finalizado en 2010 y otro en curso, pero como los criterios aplicados y las personas y empresas que han intervenido han sido los mismos1, he creído conveniente reunirlos. La obra más antigua concierne a la parte gótica de la catedral mientras la más moderna, que atañe a la de origen musulmán, empezó en mayo de 2012, pero por seguir la cronología del monumento expondré primero la intervención más reciente, la que corresponde al “Proyecto básico y de ejecución de restauración de la fachada norte de la catedral de Sevilla”, que promueve y financia el Cabildo Metropolitano en su totalidad, y después describiré las obras correspondientes al proyecto de “Restauración de la fachada de poniente de la Santa Iglesia Catedral” de Sevilla, promovido por la Fundación 1 La dirección de los trabajos ha corrido a cargo de doña Rosa María Domínguez Caballero, don Juan Luis Barón Cano y quien suscribe; la empresa ha sido Joaquín Pérez Diez, S.L., con la participación de doña Manuela Pérez Romero, doña Elisa Pérez Romero y don Francisco Salas del Valle. En la obra de 2006 tuvimos como interlocutores técnicos a don José Peral López y doña Ana Almagro Vidal, arquitectos de la Fundación. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 80 Caja Madrid y el mismo Cabildo, según el convenio firmado el 8 de mayo de 2002, que fue gestionado por don Grabriel Morate Martín, don Juan Garrido Mesa († 2007) y don Francisco Navarro Ruiz († 2013). La obra en curso empezó bajo la gestión del Sr. Navarro, que continúa don Francisco Ortiz. Debo recordar que desde los años ochenta don Juan Garrido me encomendaba grandes proyectos para la catedral que él «vendía» a diversas administraciones e instituciones con resultados muy desiguales; uno de ellos, quizás el más quimérico de todos, se refería a la limpieza completa del exterior del edificio, que, haciendo juegos malabares con mis apuestas y extrapolaciones, cifró en unos quinientos millones de pesetas. Lo curioso es que la cláusula segunda del citado convenio indicaba que “En particular el coste máximo de la restauración de la fachada occidental del Conjunto Catedralicio de Sevilla asciende a 2.726.000 euros [...]” cifra que no era sino la traducción aproximada a euros del «presupuesto» fijado desde la noche de los tiempos por don Juan Garrido para cubrir la totalidad de las fachadas de la Catedral; quedó claro que la cifra indicada sería inamovible, por lo que mientras antes empezase la obra mejor para todos, pero el comienzo de los trabajos quedó supeditado a la otra intervención prevista en el convenio, la del Archivo, que corría muchísima prisa, de forma que la nuestra no comenzó hasta que el Cabildo no estuvo seguro de poder financiar su aportación, que depende en exclusiva de los ingresos turísticos. En circunstancias normales el monto económico hubiera quedado desbordado en poco tiempo, pero no ha sido así, de modo que sólo en 2009 se notó el desfase, pues mientras se dilataba el inicio de los trabajos las intervenciones del propio Cabildo y el Ministerio de Cultura sobre la misma fachada fueron detrayendo zonas de escasa extensión pero de coste significativo, como fueron las puertas más antiguas, amén de obras urgentes, mejoras de pavimentos, arreglos de cubiertas y prolijos trabajos de investigación y documentación. Fig. 01. Esquema de las intervenciones en fachadas y portadas. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 81 Con carácter general quiero enfatizar que los trabajos que aquí expongo incumben a la piel, ampliamente entendida, de las fachadas de la catedral que miran a poniente, a la avenida de la Constitución, y a norte, a la calle Alemanes, con las cubiertas adyacentes2, el acerado y ciertos elementos del interior imposibles de separar de ella, como sucede con la puerta del Perdón; ni que decir tiene que se trata de solucionar problemas relacionados con los materiales estructurales de estas fachadas, pero no sólo con ellos, pues también incluye la intervención sobre vidrieras, rejas y hojas de puertas, concepto «fachadista» que no me repugna en absoluto, pues desde hace veintiséis años me ocupo de que toda la fábrica del edificio, en todas sus dimensiones y conceptos, reciba tratamiento general, y espero que, en el futuro, el Cabildo mantenga esta idea de globalidad, aunque actuemos sobre fracciones por razones estratégicas. Una cuestión que se debatió en el primer proyecto tiene relación con este concepto amplio de fachada, pues fue necesario establecer donde terminar los trabajos, ya que el presupuesto excedía a la cantidad necesaria para llegar al punto de la calle Alemanes donde termina la parte de sillería y se inicia el muro antiguo del patio de los Naranjos, más bajo y de otros materiales, el que ahora estamos interviniendo; unos pensaban que había que continuar por el exterior, hasta alcanzar la puerta del Perdón, pero se decidió mantener la idea de circunscribirnos a la parte de piedra escuadrada, aunque interviniendo en las cubiertas adyacentes, así es que no pasamos del rincón NW del patio de los Naranjos, pero restauraríamos el tejado de la sacristía del Sagrario, con lo que, de hecho, se inició el proyecto que aún está en marcha, aunque se insinuaba la continuidad del primero3; en esto llegó la crisis, que espantó a los mecenas dejando el proceso a merced de las incertidumbres de los sucesivos presupuestos capitulares, abducidos por otra intervención muy costosa que no conviene ralentizar. 1. Las fechas de las formas. Ahorraré la descripción formal del conjunto catedralicio, pues está publicada toda la fotogrametría del edificio4; las dimensiones, alineaciones y fechas están razonablemente claras, pues que la mezquita mayor se inició «Durante el mes de ramadan de este año [567H/1172 C.], el amīr al-mu'minīn b. amīr al-mu'minīn [Abū Ya'qūb Yūsuf] comenzó el trazado del emplazamiento de esta hermosa y excelsa mezquita […] se encargaron de ello el arquitecto mayor Ahmad b. Basu, sus colegas arquitectos de la ciudad de Sevilla, todos los arquitectos de alAndalus […]»5; diez años después, concretamente en 1182, el edificio fue inaugurado, como explica el mismo cronista «Cuando regresó a Sevilla el príncipe gobernador de la ciudad, Abu Ishaq Ibrahim b. Ami[r al-Mu'minin Abu Ya' qub, hijo del califa príncipe de los creyentes `Abd al-Mu' min] -Dios esté satisfecho de ellos-, de la capital, Marraquech, [a la que había ido a] visitar a su padre, el sábado 18 de du-l-hi  a del 577 H., que corresponde al 24 abril del 2 En realidad intervinimos la totalidad de las azoteas de las bóvedas adyacentes a la fachada. 3 La cubierta que se restauró, la que va sobre la sacristía del Sagrario, era la única con estructura de madera y en condiciones precarias de todo el edificio. El corte artificioso producido en el rincón NW del patio tiene una ventaja clara: se nota muy bien la limpieza. 4 Almagro Gorbea, et al., 2007 y también en Internet, http:// digital.csic.es/ handle/ 10261/ 20324 5 Roldán Castro, 2002:15. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 82 año1182 C., decretó la orden paterna por la cual instauró la obligatoriedad de asistir a la oración y al sermón del viernes (jutba) en la mezquita mencionada. El primer sermón se pronunció desde el excelso púlpito (mimbar) el viernes 24 de du-l-hiyya del año 577 H., que corresponde [en la era de C.] al 30 de abril del mismo año referido. El primer predicador que elevó su sermón ante el sayyid mencionado y que dirigió la oración a los fieles fue Abu l-Qasim `Abd al-Rahman b. `Ufayr al-Lablí, que era uno de los servidores del príncipe, uno de los copistas [encargado] de sus escritos. Ese mismo día se suprimió el sermón del viernes de la citada aljama sevillana de `Umar ibn `Addabas cuyo púlpito (mimbar) fue trasladado desde el lugar en el que se encontraba y fue colocado junto al muro occidental de la [nueva] aljama»6; al repasar estos datos se advierte que se inauguró sin que en ningún momento se mencionara la torre, que era necesaria para llamar a la oración, ni el patio, que además de unas funciones concretas, servía de expansión a la sala de oración, pero lo más probable es que la totalidad estuviera diseñada, como acredita la coherencia del conjunto, aunque no tuviese una definición arquitectónica precisa hasta algún tiempo después. Teniendo presentes estas ausencias los datos positivos son estos: 1a. Construcción de la torre y el patio. La crónica de Ibn Sahib al-Salah recuerda el inicio de la construcción de la torre dos años después de la inauguración de la mezquita cuando «[se instaló el califa] a las afueras de la ciudad en la Buhayra, en el ma  šar de Maylín, y a la hora de abandonar Sevilla para dirigirse a la citada campaña ordenó a su gobernador […] construir una sólida muralla en la alcazaba de la ciudad que arrancara en el comienzo de la edificación y pasara por delante de la explanada de Ibn Jaldún, en el interior de Sevilla, y que construyera un alminar a la mezquita aljama que se emplazara en el punto de unión de la muralla con dicha mezquita»7. Las cosas no se desarrollaron como estaba previsto, deteniéndose los trabajos apenas iniciados; cuando se reanudaron fue el mismo arquitecto que había realizado la sala de oración quien empezó el cimiento, cuya excavación abrió junto a la mezquita, cuando lo tradicional era hacerlo en la fachada norte del patio; nuevamente «se paralizaron las obras hasta la llegada de Abu Bakr b. Zuhr, en el año 584 H./ 1189 C., que venía desde la corte del califa el cual le había ordenado que se reanudasen las obras del alminar y se reparase cualquier deterioro [localizado] en la aljama. Empezó a trabajar en el [alminar] el arquitecto `Alí al-Gumari y lo hizo [reanudó] utilizando ladrillos que eran [más adecuados para esta] construcción que la piedra citada y restauró lo que se había deteriorado en tres naves de la mezquita, la del este, la del oeste y la del sur, las reparó y las reforzó. Niveló la mezquita con gradas por el flanco oeste y pavimentó a su alrededor con piedra toba (kadan)»8; tal vez tengan relación con esta restauración los tramos de muralla aparecidos en las excavaciones, especialmente el basamento exhumado ante la propia puerta del Perdón, en el andén de las Gradas9. 6 Roldán Castro, 2002:18. 7 Roldán Castro, 2002:19. 8 Roldán Castro, 2002:20. 9 Jiménez Sancho, 2002a:354 y Jiménez Sancho, 2002b:400. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 83 Catorce años después de la primera oración del viernes menciona el cronista que «El emir al-mu’minin, Abu Yusuf ordenó que se ampliara la explanada de la mezquita, donde rezaba la gente cuando se hacía preciso. Para ello se demolieron las viviendas, tiendas y alhóndigas circundantes al mercadillo, conocido entre los sevillanos antiguamente como “mercadillo del clavo”, que la estrechaba. Se comenzó el derribo el sábado 7 de rabi’ al-awwal del año 592 H./ 9 de febrero de 1196 C./ Ordenó [el califa] tasar las viviendas derribadas y establecer el valor de los bienes que la gente [que las habitaba] tenía en ellas […] La demolición llegó hasta el cementerio contiguo a la “mezquita del huérfano”, y se construyeron los zocos y tiendas en los lugares mencionados con la obra más solida y el diseño más hermoso [que se pueda imaginar] en su estilo. [Esta obra] resultó extraordinaria y admirable en aquellos tiempos, y se le colocaron cuatro portones que cerraban [el recinto] por sus cuatro costados: las puertas más grandes eran la oriental y la septentrional que daban a la puerta norte de la mezquita»10. Por todo ello sostengo que, lo mismo que no tuvo torre hasta un momento avanzado, la mezquita no poseyó patio formalizado hasta después de 118911 aunque sí había una explanada, la de Ibn Jaldún12, que le servía de expansión, tan poco definida, hablando en términos arquitectónicos, que el alminar se construyó junto a la sala de oración, en vez de ubicarlo en el sitio habitual13; las murallas que la hubieran atenazado y los derribos que 10 Roldán Castro, 2002:22. 11 Tabales Rodríguez, et al., 2002: 162-164. 12 Carece de sentido pensar que, si le servía para aumentar su aforo, estuviera por la parte de la qibla. 13 La inmensa mayoría de los alminares andalusíes estaban ubicados al oeste de la puerta principal del patio, es decir, la Giralda debiera haberse construido entre la puerta del Perdón y la cabecera de la actual iglesia del Sagrario pero, como esta parte aún no estaba construida, la situaron en un lugar que no entorpecía el futuro desarrollo del patio. Fig. 02. La mezquita cuando se inauguró. Fig. 03. La mezquita incluida en los recintos militares, con el inicio de la Giralda. Fig. 04. La mezquita a finales del siglo XII. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 84 hicieron para ampliarla y la consecuencia final, la alcaicería, sugieren que fue en este momento cuando se definió por completo la parte de la mezquita al aire libre, es decir, el actual patio de los Naranjos, interpuesto entre la sala de oración y las fincas que no habían expropiado treinta años antes; parece que de todos los elementos del patio musulmán el más moderno son las hojas de la puerta del Perdón, pues contienen numerosos letreros cúficos floridos y la que debe ser la más antigua inscripción en letra cursiva de Al-Andalus, de «un arte muy evolucionado» 14. 1b. Usos y reformas cristianos del patio. Tras la conquista en 1248 las galerías del patio de la mezquita se fueron convirtiendo en cementerio15, pues alojaron capillas funerarias en las naves exteriores de las galerías este y oeste, quedando las interiores disponibles para el tránsito, aunque no faltaron enterramientos en el suelo de las tres que dejaron expeditas; la galería más despejada fue precisamente la de norte, necesaria para alcanzar la puerta del Perdón a cubierto16. Todo parece indicar que los usos comerciales, implantados por los almohades en los alrededores, se habían aproximado a la fachada norte del patio, hasta tocarlo17, pues en 139518 se invirtió el proceso, eliminando paulatinamente las funciones mercantiles, incluso en 1432 se celebró por última vez una feria que tenía lugar en el patio19; simultáneamente se produjo la redefinición arquitectónica del contorno, delimitándolo por medio de columnas, cadenas, gradas y andenes. La construcción del edificio gótico, iniciada en 1433, obligó a llevar a las galerías del patio tres contenidos desplazados de la antigua sala de oración: el de la Capilla Real, que a partir de ese año se instaló en un doblado que se hizo en la nave del Lagarto, el de las bibliotecas y depósitos de libros, que poco a poco fueron pasando al patio y también la capilla del Sagrario, bajo la advocación de San Clemente, que se alojó en la nave de San Esteban, desde la puerta del Perdón a la galería del Lagarto. 1c. Construcción de la fachada gótica. Desde el mes de junio de 2008 disponemos de una nueva fuente de información sobre la primera etapa de la catedral gótica, pues apareció en Oñate una copia en papel, realizada en el último cuarto del siglo XV, de la traza original del templo gótico, en la que la fachada oeste está representada de forma muy parecida a lo actual; podemos atribuir el proyecto al maestro que está documentado justo en el año de su inicio, Jehan Ysambarte20, aunque la obra fue dirigida por un normando, antiguo superior de Ysanbarte, Charles Gauter de Ruán, el Maestre Carlín21, que venía de Lérida, o tal vez de Valencia, y que construyó esta fachada hasta la altura de las azoteas de las naves laterales y colaterales, aunque sus huecos quedaron en jarjas; la piedra de esta etapa, que es la habitual en el edificio hasta bien entrado 14 Salem, 1978: 204-206. 15 Ya en 1311 se produjo un entierro en la claustra de los Caballeros, galería que corresponde hoy a la nave de la iglesia del Sagrario, cfr. Jiménez Martín, 2006a:30. 16 Jiménez Martín y Pérez Peñaranda, 1997: 147, Laguna Paúl, 1998, Laguna Paúl, 2001 1: Estudio y Catálogo y Laguna Paúl, 2009. 17 Aún en 1593 había unos poyos arrimados a la puerta del Perdón, donde estaban «las tiendas de fruteros, cintas y de mercerías», según Gestoso y Pérez, [1890] 1984 (2):89. 18 Jiménez Martín, 2006a:40. 19 Jiménez Martín, 2006a.50. 20 Jiménez Martín, 2006a: 50-52, Ruiz Souza y García Flores, 2008:37-59 y Ibáñez Fernández, 2012: 15. 21 Argilés i Aluja, 2008:61-87 y Jiménez Martín, 2006b:41-50. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 85 el siglo XVI, procedía de las canteras de la «sierra de San Cristóbal», ubicadas en El Puerto de Santa María22. Tras la desaparición de Carlín en noviembre de 1447, y dos posibles visitas del arquitecto valenciano Antoni Dalmau, realizadas poco antes y en 144923, se documentan trabajos concretos en las dos portadas pequeñas, la de San Laureano, y su simétrica que, a partir de las esculturas de terracota del bretón Lorenzo Mercadante, que trabajó entre 1454 y1468, pasaron a denominarse, respectivamente, del Nacimiento y del Bautismo, aunque sus imágenes no se completaron hasta el siglo XVI24. La puerta central, que antes de la etapa gótica se denominaba «de la Consolación», se llamó «del Perdón [nueva]» a partir de 1449, pero no se terminó hasta el XIX25; su mayor novedad fue el empleo de un material de calidad, una caliza micrítica blanca26, que permitió una sustancial mejora de la decoración. La parte de la fachada correspondiente a hastial de la nave central fue definiéndose a partir de 1458 y las vidrieras de los óculos que coronan estas portadas se hicieron en las primeras décadas del XVI, aunque fueron modificadas en 1555, 1568, 1777 y 183127. 1d. Añadidos y cambios en la fachada gótica. En cuatro momentos distintos se construyeron espacios entre los estribos de la gran fachada gótica. El primero no fue propiamente una capilla, pues la que hoy es de San Isidoro fue construida en la segunda década del siglo XVI como depósito de cálices, pasando luego a ser librería de corales, con interesantes novedades decorativas tardogóticas28. En 1658 una capilla nueva, la de los Jacome Linden29, invadió un porción del exterior, junto a la puerta que daba al claustro desde el rincón NW del templo, donde se ubicaba el baptisterio. En 1734 se añadió, donde había estado un 22 Rodríguez Estévez, 1998. 23 Zaragozá Catalán, 2007:167. 24 Laguna Paúl, 2002:91 a 93. 25 Jiménez Martín, 2006a:78. 26 En 2012 hemos analizado mediante DRX una muestra de esta piedra, que ha resultado ser una caliza de grano muy fino, con escasos fósiles; los elementos-traza más característicos son el estroncio y el plomo, determinados mediante FRX. 27 Nieto Alcaide, 1969:169-170. 28 Jiménez Sancho, 2007. 29 Quiles García, 2007:200. Fig. 05. La fachada principal en la copia de Bidaurreta. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 92 Álvarez, que modificaron la silueta del edificio al reformar el exterior de su cúpula y agregarle una linterna82. Las últimas intervenciones han sido las de 1997, que expondré más adelante, y las que empezaron en 1999, cuando el Ministerio de Cultura acometió las portadas del Nacimiento y el Bautismo83. Por lo que concierne al patio de los Naranjos y su fachada a la calle Alemanes debo reseñar el proceso de restauración que se inicio en los años veinte del siglo XX, que ha consistido de manera sistemática en la limpieza “étnica” del patio, para devolverle su configuración almohade, tanto documentada como imaginada. 1h. Transformación del contexto urbano. En 1762, como consecuencia de los efectos del terremoto de Lisboa, comenzó el Cabildo el derribo del conjunto de edificaciones que cerraban la catedral por el Sur y enlazaban su fachada con la manzana del estudio de San Miguel, especialmente la ya indicada torre del Aceite. Inmediatamente comenzó entre las puertas del Nacimiento y de la Ascensión la construcción de una cilla, que jamás se concluyó como estaba prevista, por lo que a comienzos de la siguiente centuria se habilitó para alojar diversas dependencias de la catedral, cuyas obras concluyeron hasta 1928, conformando lo que se llamó «Pabellón de Oficinas», finalmente restaurado como acceso turístico en 200184, cuyo extremo occidental empezó la obra expuesta en la segunda parte de este artículo. Un aspecto que conviene reseñar es que no ha cambiado mucho la geometría del acerado circundante, aunque sí el material del pavimento, pues el almohade era de piedra, los posteriores de ladrillo y el actual, de «losas de Tarifa», que se realizó en el siglo XIX, pues aún en 1818 no estaba completamente solado el andén de las gradas frente a la Lonja y el Triunfo, cuando se ordenó completarlo85. Consta que las columnas y las cadenas empezaron a colocarse en 1395, cuando se puso la primera tanda de noventa y nueve, correspondientes a calle Alemanes y la avenida de la Constitución, que era la parte del contorno de 82 Muñoz Cosme, 1989 y Jiménez Martín, 2007a:39. 83 Cirujano Gutiérrez, 2002:101ss. 84 Jiménez Martín y Pinto Puerto, 2003. 85 Archivo de la Catedral de Sevilla, 1818:19 y 24; el documento explica que el material se trae de un “pueblo” pero no dice cual. Fig. 12. Primitiva ubicación de las cadenas y de la Cruz del Juramento. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 93 la Catedral que no estaba unida a los edificios circundantes; para cerrar este apartado conviene señalar que a comienzos del siglo XX algunos de estos soportes romanos han cambiado de sitio y finalmente han terminado en el atrio de la puerta de San Cristóbal86. En dos ocasiones se proyectó un gran derribo para mejorar la vista de la fachada, pues en 1940 proyectó uno el arquitecto regionalista Juan Talavera Heredia87 y en 1961 diseñó otro, un antiguo arquitecto racionalista, José Galnares Sagastizábal88; estas dos iniciativas frustradas constituyen la etapa final de un proceso iniciado en el siglo XV, pues esta parte del edificio fue adquiriendo valores de representación, propios de la fachada principal del templo, acrecentados a partir del XVII por la presencia de la iglesia del Sagrario; así consta desde 1407, cuando el infante Fernando de Antequera entró por la puerta de la Consolación para iniciar simbólicamente una campaña contra el reino nazarí89, pasando por la entrada del Emperador en 152690, la de Felipe II en 157091 o la visita de Isabel II en 186292; este gran telón de fondo, de 130 metros de longitud, era lo más relevante de un alargado e irregular salón urbano que conectaba con el ayuntamiento mediante una calle estrecha, la de Génova. Ha sido obra del siglo XX su regularización en planta y el recrecimiento desmesurado de los edificios de la acera de poniente, que no sólo impiden apreciar la fachada de la catedral desde las calles próximas, restándole escala, sino que la han convertido en uno de los acantilados de un auténtico cañón urbano: primero se unió por el norte a la citada calle Génova, ampliada a su vez entre 1912 y 1922 y, luego, entre 1925 y 1927, se abrió por el sur al derribar la manzana que lo cerraba, rastro lejano de la conexión de la catedral con el colegio de San Miguel y las casas del postigo del Aceite93. Este espacio de respeto y representación ciudadana, sobre todo el tramo correspondiente a la 86 Hernández Núñez, 1994, Calvo Serraller, et al., 1991 3 y Calvo Serraller, et al., 1993 4. 87 Villar Movellán, 1977:102. 88 Villar Movellán, 1981:280. 89 Jiménez Martín, 2007b:44. 90 Carriazo y Arroquia, 1988:137 y 141. 91 Malhara, [1570] 1998. 92 Fotos en Fontanella, et al., 1994 y Fontanella, 1999. 93 Collantes de Terán Sánchez, et al., 1993 1 (A-K): 229-237. Fig. 13. La Avenida de la Constitución en 1887. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 94 fachada de la Catedral, tradicionalmente entoldado, careció de tráfico rodado en el siglo XVI al menos94, pero en 1899 la «Seville Tramway Company»95 lo incorporó al transporte público y desde entonces el tráfico no cesó de incrementarse hasta llegar al año 2005, en que discurrían por delante de la Catedral trece líneas de autobuses y todo el tráfico privado que se le apetecía; desde 2006 la avenida de la Constitución ha quedado peatonalizada y el único tránsito mecánico que por ella discurre es de tracción eléctrica. La calle Alemanes no ha tenido tanta suerte ni tantos cambios; su trazado, prácticamente, sigue siendo el mismo desde el siglo XII, continúa soportando el tráfico rodado siendo su función eminentemente comercial y de hospedaje; desde una fecha que debe quedar entre 1909 y 1917, como acreditan las fotos de la época, se plantaron naranjos en sus dos aceras y ya por entonces las vías y catenarias de los tranvías formaban un anillo de modernidad alrededor de toda la Catedral; a mediados de los años cincuenta dieron paso a las líneas de autobuses, que rodearon, como aquellos, la manzana catedralicia por completo, con paradas en varios lugares de su contorno. 2. Examen de la fachada norte. Durante 2010, entre mayo y septiembre, realizó la empresa Artyco, por encargo del Cabildo Metropolitano, una extensa campaña de investigación en la fachada norte, la de la antigua mezquita que da a la calle Alemanes. Los trabajos consistieron en 152 pequeñas catas, muchas de las cuales aun se pueden ver; de ellas se extrajeron 17 muestras cuyos análisis se incluyeron en el documento final, entregado en el mes de diciembre de 2010. Sus conclusiones se resumen en el siguiente texto, que es obviamente un breve extracto de la hipótesis provisional de su evolución, establecida después de su investigación pero antes de los trabajos propiamente dichos, que han verificado algunos de sus apartados y otros no: «Parece posible que toda la fábrica original de estas dos fachadas […] se construyera en tapial, sin los contrafuertes actuales, con una potencia de 1,50 m. […]. Este muro de tapial iría enjabelgado con una lechada, o bien guarnecido con un mortero de cal (véase cata 127 del paño 10 y cata 102 del paño 17). […] En superficie encontramos una capa pictórica de color blanco, que contiene principalmente calcita, cuarzo y trazas de dolomita, fosfato de calcio, arcillas, óxidos de hierro, yeso y cloruros de sodio y potasio. […] El muro de tapial tendría al menos una altura de 9,10 m. (según la cota de la coronación del tapial en la Cata 103 del paño 17), que es la mayor altura a la que ha aparecido el tapial en las catas realizadas […] en las 84 catas realizadas en los paños y contrafuertes no se encontrado restos de ningún elemento arquitectónico que desvelase la posible existencia elementos decorativos o vanos originales que pudieran estar cegados y ocultos tras los sucesivos estratos de guarnecidos y policromados, (salvo la ventana oculta en el tercio inferior del paño 10, muy posterior) por lo que se puede pensar en que la fachada original fuese totalmente ciega salvo el 94 Albardonedo Freire, 2002:186. 95 Haya Segovia, et al., 1988:57. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 95 vano de la puerta del Perdón, portada principal de la mezquita en el eje N-S, mientras que la Portada del Lagarto sería la correspondiente al lado Oeste […] En fecha indeterminada, este muro de tapial se encontraría desmochado en la coronación, presentando perdidas importantes de volumen en la base, oquedades, etc., debido a la falta de mantenimiento, movimientos sísmicos, higroscopicidad del tapial, etc. Se reconstruye entonces (¿quizás entre 1565 y 1578? fechas de delimitación del suelo de la catedral y construcción de la espadaña) con fábrica de ladrillo, elevándose en altura (véase cata 102 del paño 17 y 126 y 127 del paño 10), reforzándose y aplomándose con fábrica, también de ladrillo y en ocasiones pétrea, las zonas inferiores donde las perdidas de volumen de tapial serían importantes, poniendo en peligro la estabilidad de la fábrica original (véase cata 91 del paño 17). En todas las catas donde ha aparecido tapial, se encontraba tras una fábrica de ladrillo a soga y tizón o a panderete. El tapial aparece pues a distintas profundidades respecto de la cara exterior actual de la fachada, lo que refuerza también la idea de un muro de tapial con pérdidas importantes de volumen y desiguales. Las piezas cerámicas utilizadas en estas obras de reparación – reconstrucción miden entre 32,5 cm. y 29 cm. de largo por 14 / 16 cm. de ancho y 6 cm. de grosor […] Lógicamente, el resultado de la fábrica mixta anteriormente descrita, requirió un guarnecido final que homogeneizase la totalidad de la fachada, incluidos los contrafuertes y merlones, que pudiera ser el mortero de cal rosáceo que en la cata 124 del C 10, en la cata 98 del C 17, la cata 102 del paño 17, y la 127 del paño 10, etc., aparece sobre el enjabelgado del tapial o directamente sobre la fábrica de ladrillo de los contrafuertes y merlones (en este último caso entre el mortero rosáceo y el ladrillo aparece otro guarnecido gris). Este mortero de cal rosáceo, según la caracterización aportada por la analítica tiene una matriz aglomerante fundamentalmente de calcita, con trazas de yeso, arcillas y óxidos de hierro que le aportan un coloración ligeramente pardusca. El árido está formado por granos angulosos de cuarzo, algunos de ellos (muy pocos) ligeramente teñidos de color pardo claro por la presencia de óxidos»96. 96 Campaña de investigación de la fachada de la calle Alemanes. Catedral de Sevilla. Diciembre 2010, Fig. 14. Portada del estudio de Artyco de 2010. Fig. 15. Restos de tres versiones del estucado de 1792 e interfaz con el zócalo. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 96 El mortero rosáceo aludido en el informe es, evidentemente, lo que queda del acabado, simulando sillares de color ocre con juntas blancas, al que ya he aludido y cuya fecha concreta es 1792, pues Matute escribió que «los dos atrios de las puertas que miran a Levante [la de la Entrada y la de la Adoración] se losaron y cerraron con verjas de hierro el año antecedente [1792] y en el mismo se enlucieron los muros de la parte Norte hasta la torre, imitando mampostería: mas todas se suspendieron este año a causa de las ocurrencias políticas que afligieron al reino [la ejecución de Luis XVI y María Antonieta]»97; por lo tanto las numerosas reparaciones del tapial a base de fábrica de ladrillo deben cubrir un arco temporal bastante más extenso del calculado en el informe, durante el cual no tenemos documentación sobre algún cambio en la coloración de la fachada que, a todas luces se siguió encalando desde época almohade hasta fines del siglo XVIII. 3. Intervención en la fachada norte. Con la investigación precedente y la experiencia de la obra de la fachada de la avenida de la Constitución, emprendimos la redacción del proyecto de la fachada de la calle Alemanes, que fue aprobado por la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura en el trámite de licencia municipal, obtenida el 22 de febrero de 2012. Como ya he indicado la obra sigue en marcha, no obstante, dada la entidad de lo ya acometido, sus resultados y lo que resta por hacer, parece conveniente dejar constancia de lo actuado hasta el momento. El proyecto contiene previsiones que conciernen a tres de las cuatro partes que constituyen las fachadas del patio de los Naranjos pues, yendo desde la Giralda a la cabecera de la iglesia del Sagrario, encontramos: la fachada de Placentines, el tramo de fachada norte que va desde la puerta de la Colombina al tramo donde leemos el aviso eucarístico, éste y la puerta del Perdón y finalmente el que va hasta la citada cabecera de la iglesia, finalizando en la escalera de acceso a la planta alta de la sacristía del Sagrario; pues bien, el primero de los tramos no es objeto de obra alguna, pero, como se verá a continuación, sirve de referencia a cuanto vamos a realizar. 3a. La fachada de la calle Placentines como modelo. La fachada del lado de levante está como la dejaron las obras de restauración que se prolongaron durante toda la segunda mitad del siglo XX, evidenciando su composición, pese a que ninguna las intervenciones dejaron memoria, documentada, publicada y suficiente, de las investigaciones previas, las modificaciones efectuadas o los hallazgos acaecidos. Es hoy una mezcla de partes originales almohades, zonas almohades restauradas y una larga serie de añadidos y reparaciones, singularmente huecos, que responden a dos iniciativas: los óculos ubicados en la cabecera de la capilla del Sagrario, es decir, el conjunto de espacios que hicieron ese papel desde mediados del XV hasta el siglo XVII, y las ventanas abiertas para el servicio de las bibliotecas y los almacenes de la planta baja, algunos de los cuales ya estaban hechos en los últimos años del siglo XVIII. Las mayores variaciones respecto a lo actual, que sólo podemos identificar y datar examinado imágenes antiguas, las detectamos en las ventanas de la planta baja, 97 Matute y Gaviria, [1887] 1997 3:128. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 97 que han surgido y desaparecido desde mediados del siglo XIX hasta la penúltima década del XX a compás de las necesidades del interior. Por lo que concierne a sus colores y texturas debemos destacar la coexistencia de todas estas terminaciones: 3a.1. Fábricas antiguas de tapial, ladrillo o sillares reaprovechados, sin acabado ni protección, aunque muy restaurados, de manera que constituyen un puzle de materiales, aparejos y relieves, uniformados por el color terroso del material; debemos suponer que en origen son almohades, pues de esta época son las tres puertas de ladrillo que vemos, aunque sólo la del Lagarto sigue siendo practicable. 3a.2. Acabados almohades, que se concentran sobre todo en una de las puertas tapiadas de la mezquita. Se trata de gruesos estucados blancos, de cal, con rastros decorativos, que suponen una importante corrección decorativa de la fábrica primitiva, es decir, una segunda fase almohade del patio musulmán, del mismo tenor que las reformas decorativas de la puerta del Perdón. 3a.3. Entre los dos estribos que siguen a la puerta del Lagarto hay rastros de zócalos muy altos, rematados por planos inclinados, que ya eran así hacia 1650, cuando representó Ignacio de Ries esta fachada; han desaparecido, pero queda la interfaz de contacto, conservada en unos enlucidos, ya citados, de color ocre imitando sillares por medio de unas líneas blancas, horizontales y verticales en los detecto tres etapas al menos; la más antigua, con llagas esgrafiadas, es el resultado de la iniciativa del arzobispo Llanes y Argüelles, descrita por Matute en 1792, por lo que las otras deben ser reparaciones del siglo XIX; una fotografía de Juan Rossy, de 184998, atestigua que ya habían construido un paño vertical con una ventana en el sitio del plano inclinado, ocultando la citada interfaz; las fotografías de Charles Clifford y de Jean Laurent sugieren que una de las veces en que se repintó esa imitación de sillares debió ser para la visita de Isabel II en 1862. 98 Yáñez Polo y Mesa García, 2000:29. Fig. 16. La fachada Este del Patio de los Naranjos, según Ignacio de Ries. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 98 3a.4. En el extremo norte dejaron en los años noventa del siglo XX una buena muestra de los enlucidos de cemento y cal, maestreados, que hasta los años cuarenta cubrían todos los paramentos con un espesor de varios centímetros. Podemos resumir diciendo que la experiencia de la restauración de la calle Placentines estableció de facto unos criterios conceptuales y formales que se pueden aplicar al resto de las fachadas del antiguo patio de la mezquita; lo esencial en ellas es la idea de sacar a flote el mayor número de datos antiguos, aun a riesgo de que cada tramo y cada módulo sea distinto, ya que de lo que se trata es que se conserven todos los que no sean lesivos, que, en este caso, es la capa uniformadora del siglo XX, de la que, no obstante, es conveniente dejar testigos. La solución adoptada en Placentines tiene además un aspecto muy positivo: se trata de una apariencia consolidada en la opinión pública, cuyos resultados no han recibido críticas negativas. De lo que se trata es de mejorar sus condiciones materiales a la vez que se potencia su documentación y el hecho de que se trata de un resultado sostenible. 4. La parte más sencilla. De los tramos de fachadas del patio de los Naranjos el más sencillo es el occidental de la de Alemanes, que enlaza con la cabecera de la iglesia del Sagrario; también ha sido el primero intervenido, pues se yuxtapone a la cabecera, restaurada pocos meses antes, al final de la etapa de 2006-2010. Como todo el resto de esta fachada estaba, y está, cubierto por una gruesa capa de mortero de cemento y cal, maestreada a regla, con rellenos mayores en las partes bajas y un buen número de capas de pintura de colores varios, entre anaranjado, ocre y marrón, como si trataran de recordar la que citada anteriormente, la de 1792. Por otra parte conviene señalar que en las obras que dirigió don Félix Hernández Giménez, especialmente a partir de 1965, los altos zócalos que cerraban los espacios entre los estribos fueron rebajados para convertirlos en escalones, que a muchos han inducido la idea errónea de que éstas son las gradas históricas: en realidad no se documenta indicio alguno que Fig. 17. Testigos de las versiones de la rampa, que dejó don Félix Hernández al construir los escalones. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 99 permita suponer que el arquitecto se basó en alguna disposición antigua para construir esos escalones, pero no es para extrañarse pues tampoco existía justificación histórica para el pavimento del patio, inventado por el mismo facultativo en 1946 o para los detalles del tejaroz de la cara sur de la puerta del Perdón, construido a partir de las huellas de los maderos principales de su estructura, extrayendo su decoración de ejemplares mudéjares, nazaríes y marroquíes99. En su descargo debemos decir que junto a la puerta de la Colombina, inventada mediante un derribo en los años noventa (pues hasta entonces había sido una capilla), dejó dos testigos, de altura desigual, del citado zócalo. Nuestras obras del tramo occidental contaban de antemano con una gran ventaja: la documentación histórica y las evidencias materiales demuestran que estos paños son los más sencillos del conjunto, pues no se conservan puertas de la mezquita (como sucede en la fachada de Placentines) o huecos bajos posteriores, ni existe añadido alguno (como pasa en el resto de esta fachada de la calle Alemanes); así pues, contábamos con descubrir un muro uniforme, con huecos en la planta alta, pero no ha sido exactamente así. Los hallazgos pueden resumirse en este esquema cronológico: 4a. Etapa almohade: se labró un muro de tapial con estribos hechos con ladrillos y, en varias de las aristas bajas, algunos sillares y sillarejos. Se construyó en esta misma etapa la merlatura, de la que hemos encontrado tres módulos completos en el extremo este, pues la inmensa mayoría de los merlones son posteriores al siglo XVII, tal vez del siglo XX. Por ellos, por los originales, sostengo que todos los paramentos quedaron cubiertos con un fino estucado blanco. 4b. Siglos XIV a XVIII. Podemos afirmar que durante quinientos años la fachada se fue renovando poco a poco, pues el tapial, si no recibe cuidados, se va degradando y produce grandes desconchones, que este caso fueron rellenando con fábrica de ladrillo a medida que se fueron 99 Gómez de Terreros y Guardiola, 2000 y Gómez de Terreros y Guardiola y Díaz Zamorano, 2002. Fig. 18. Los merlones originales. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 100 produciendo, sin un criterio general de aparejo ni de niveles ni siquiera de mantenimiento del plano del paramento, lo que abona la idea de que su terminación encalada se renovaría igual, por trozos. Otras veces, sobre todo los pequeños, se rellenaron con mortero. Otras modificaciones corresponden a la apertura de huecos en la planta alta, nunca en la baja, que han quedado en forma de ventanas o balcones, cada uno a su manera, pero bastante uniformes en tamaño, posición y orientación. 4c. Obras de 1792. La gran operación urbanística que consistió en le derribo del antiguo corral de los Olmos, es decir, el conjunto de edificios que cubría la actual plaza de la Virgen de los Reyes y su prolongación meridional, tuvo dos efectos directos; por una parte cerró el marco espacial que de forma muy precoz musealizó la catedral, y por otra, obligó a que todo lo que no era fábrica de piedra recibiera el tratamiento mencionado, que pretendía imitarla. 4d. Siglo XIX. Entre 1880100 y 1891101 las dos fachadas (Placentines y Alemanes) recibieron una mano uniforme de pintura, aproximadamente ocre, quedando con el aspecto “definitivo” que año tras año se ha ido renovando; por lo que vemos en la puerta de la sacristía del Sagrario al atrio de la puerta del Perdón, esta pintura, la tradicional “calamocha”, es en lo que acabó el estucado ocre tantas veces citado. 4e. Siglo XX. La modificación más notable ha sido a eliminación de los zócalos, para construir, como en todo el contorno del patio de los Naranjos, una par de escalones altos hechos con ladrillo de canto. Además se uniformaron todos los paramentos con un enlucido que ocultó cualquier signo o huella de los cambios que pudiera ostentar, y es más, todo lo anterior quedó drásticamente picado en dos ocasiones distintas; esta circunstancia se advierte sobre todo en los restos del enlucido ocre, pues había quedado oculto un tramo de unos cuarenta centímetros de su altura, en la parte inferior, tras uno de los recrecidos del paño inclinado del zócalo, de forma que cuando se suprimió éste volvieron a aparecer los restos, aunque muy dañados, como acabo de indicar. Es evidente que el resto de dicho enlucido había sido eliminado anteriormente. 5. Criterios, novedades y dudas. Nuestro criterio de intervención ha sido tan conservador como radical: hacer que cada paramento histórico quede con su tez original en lo que se conserve, ya sean tapiales, fábricas de ladrillo y sillarejos, enlucidos o pinturas, eliminando de manera general el enfoscado del siglo XX o fines del XIX, ya que a través de los estudios previos quedaba clara su modernidad, las dificultades de sus mantenimiento, pues en las partes más bajas ocultaba grandes rellenos hechos a veces con ladrillos de máquina (tanto rasillas como ladrillo gafa), la dificultad 100 Todas las fotos de Laurent, que finalizan en 1880, muestran la imitación de sillares, especialmente las de 1866 ca. y 1872 ca. También la vemos en una foto de A. Rodríguez, fechada entre 1865 y 1875, ya muy deteriorada, cfr. Fontanella, et al., 1994:35. 101 Las postales, a partir de este año, empiezan a mostrar una terminación sin llagas fingidas; no obstante, conviene ser cautos, pues era muy común el retoque e iluminación de las tomas fotográficas, que además se repetían durante mucho tiempo. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 101 de mantener impolutos unos paramentos cuya virtud esencial es la uniformidad geométrica y cromática, y, sobre todo, su capacidad para ocultar la historia del conjunto. Al eliminar este enlucido de cemento hemos encontrado numerosos testimonios antiguos, casi todos ellos anónimos, pues documentan accidentes y reparaciones, tales como las partes de fábrica de ladrillo que, sin uniformidad alguna, como corresponde a momentos muy distintos, rellenan las lagunas del tapial: hemos procurado que todos queden visibles, incluso en los estribos, en cuya fábrica de ladrillo hemos hallado suficientes datos como para atestiguar que se hicieron acompasadamente con los cajones de tapia, pues la sugerencia de los análisis de 2010, sobre su construcción posterior a la de los paramentos, era sólo el resultado de la discontinuidad de material de ambas fábricas. También hemos detectado que entre los estribos existió un zócalo, de materiales muy diversos, algunos de acarreo, que formaban el basamento, muy maltratado y desmochado, de las gradas de don Félix Hernández, zócalo que no enlaza con los estribos: probablemente sea lo que resta del primitivo basamento que acredita la iconografía desde el siglo XVII, que, en origen, tal vez sea un refuerzo destinado a solventar los deterioros del tapial, tanto más inevitables, importantes y dañinos cuanto mas cercanos al suelo, sin descartar el reiterado deseo capitular de evitar la “inmundicias” y las sorpresas desagradables para los viandantes. En aquellos lugares donde el tapial mostraba socavones, y el ladrillo lagunas, hemos restituido el material original retranqueando el paramento un par de centímetros, de acuerdo con las recomendaciones internacionales al respecto, usando las mismas técnicas y, en parte, el mismo material, incluso en el caso del tapial, la misma tierra; ni que decir tiene que hemos respetado la métrica y aparejos antiguos desvelados, por dispares que fuesen los de la fábrica latericia, manteniendo incluso la ubicación de las agujas de la tapia. Para acentuar el carácter de reliquia de los merlones originales hemos colocado una protección de aluminio que los enmarca y a la vez proporciona una línea de sombra que los destaca. Hemos mantenido todos los elementos modernos que documentaban diversos momentos o funciones, desde un elemento de sujeción del alumbrado eléctrico más antiguo al azulejo cervantino de 1916. Hemos restituido el zócalo con su paño inclinado, con la altura e inclinación más bajas, que seguramente son las más antiguas, pues durante siglos esa fue la imagen de la catedral y de ello no tenemos; además colaboramos a la mejor conservación de los paramentos superiores, que ahora son menos asequibles al vandalismo. Una cuestión que merece un comentario extenso es la de la apariencia final de la superficie, aunque para ello debamos insistir en aspectos ya reseñados; a lo largo de las páginas precedentes resalta que toda la fachada, en lo que concierne a la parte primigenia y fundamental, ha tenido tres tratamientos superficiales generales, sin descartar que determinadas zonas, o en determinados momentos, hay tenido otras, menos extensas: el enlucido blanco, que sólo se conserva intacto en los merlones originales, y que en los tapiales ha quedado en forma de jabelga, enlucido que, con mayor o menor frecuencia fue renovándose hasta poco antes de 1792, cuando fue sustituido por la imitación de sillares, que en la penúltima década del siglo XIX, quedó oculta por la mano general de calamocha, y posteriormente su imitación con materiales sintéticos. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 108 cualquier grado de consolidación. En una palabra: los sillares de cuya superficie cae arena con el roce de la mano no admiten más tratamiento a medio plazo que la sustitución; en este sentido la experiencia previa era muy limitada, pues en las intervenciones del Ministerio las reintegraciones se hicieron retallando sillares de piedra original de la Catedral que teníamos almacenados, pero esta posibilidad es inviable en el caso que nos ocupa. Tampoco merecía la pena usar la «piedra artificial» de la que tan partidarios fueron Hernández Giménez y Menéndez-Pidal y Álvarez en sus intervenciones del Sagrario, toda vez que al cabo de los años estos sillares de mortero tienen un aspecto deplorable allí donde se conservan. Por lo que concierne a la textura y color de la piedra tratada es evidente, por la experiencia acumulada, que recupera casi todo su color natural matizado en función de los factores antes apuntados: orientación, tanto vertical como horizontal, presencia de otros elementos que cambien el grado de exposición a la dirección predominante del viento, que es sureste, potencia de las costras, intervenciones antrópicas, proximidad al suelo y a escorrentías, etc, aunque se advierte que, dentro de un mismo paramento plano y a igualdad de circunstancias, el color y la textura son uniformes. El criterio de limpieza es, para el presente caso, acercarnos en lo posible a ese ideal de uniformidad matizada propia de cada paramento, confiando en que la extensión del objeto, los resaltes y molduras, los quiebros y los accidentes ayuden a que los matices no contrasten en exceso. En este sentido parece obvio que las diferencias estilísticas también influyen, pues los paramentos de dimensiones y orientaciones dispares de la obra gótica, llena de quiebros vivos y sombras, contrastan con la gran pantalla, perfectamente modulada y tersa, de la iglesia del Sagrario. 8. Un problema de desrestauración. Dos problemas, para las que la experiencia servía de poco, son los que afectan a la portada principal. Sabemos que Fernández Ayarragaray y Bellver Ramón la restauraron y completaron, respectivamente, entre 1877 y 1899, usando materiales industriales, pues las esculturas son de lo que hoy llamaríamos hormigón armado, aunque en su momento las definieron como de «piedra artificial»116, hecha con «cemento Portland procedente de Inglaterra»117 y polvo de mármol118, siendo lo de «armado» una apreciación empírica nuestra, pues por las grietas se ven los hierros; la verja exterior es de fundición y fue colocada en 1885119, pero lo más artificial fue el método que se utilizó para restaurar la parte del XV de caliza blanca micrítica, pues Gestoso escribió que «el encargado de la parte remendada con cemento [fue] el escayolista D. José Pelly y Marruguetti, celebrándose un contrato […] á 8 de Noviembre de 1883»120, pero no explicó que para implantar los remiendos cajearon todas las aristas deterioradas mediante recortes en forma de cola de milano, que rellenaron con mortero de cemento. 116 Gestoso y Pérez, [1890] 1984 (2):78. 117 Falcón Márquez, 1980:171. 118 García Hernández, 1993 5:74. 119 Gestoso y Pérez, [1890] 1984 (2):79. 120 Gestoso y Pérez, [1890] 1984 (2):79 nota a pie de página. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 109 Teniendo en cuenta estos datos, no cuesta trabajo, una vez limpia la portada, identificar los miembros arquitectónicos afectados, que son todos. Por cierto, no se aprecian implantes desaparecidos ni desgastados, pero si vemos que su color es más oscuro que el de la piedra, a pesar de que en el XIX entonaron toda la fachada con una imprimación al óleo mate del tono adecuado121. Nuestra intervención ha sido muy conservadora: tras la limpieza se consolidó todo, tanto si era viejo como si databa del siglo XIX, pues ni nos planteábamos extraer los implantes. La experiencia en la conservación de las vidrieras es bien distinta, pues si bien contábamos con unos análisis históricos y artísticos muy acreditados122, las actuaciones recientes en esta misma fachada, realizadas por artesanos locales, no respondían a parámetros modernos, por lo que el cabildo cambió la orientación encargándolas a una empresa alemana, cuya aportación más novedosa ha sido el uso de cristales de sacrificio colocados al exterior, capaces de proteger la vidriera antigua que queda limpia y consolidada en el ambiente interior. Este sistema nos ahorra en teoría mantener las mallas metálicas de protección, que por cierto ya empezaron a colocarse a la vez que las vidrieras originales, pero las hemos mantenido en las grandes vidrieras ya que todas son antiguas y de factura artesanal; no era este el caso de las mallas y rejillas de la fachada, pequeñas, muy visibles y de origen industrial, que han sido eliminadas123. Dos factores más constituían experiencias cuyos efectos debíamos a evitar a toda costa. La primera de ellas se refiere al calendario litúrgico hebreo, basado en la luna, que determina con rigor en que día, decidido desde la noche de los tiempos, la ciudad de Sevilla comienza su abultado ciclo anual de festividades, pues el Domingo de Ramos no debe haber ni un tubo de andamio ocupando un 121 García Hernández, 1993 5:74. 122 Nieto Alcaide, 1969 y Nieto Alcaide, 1984. 123 Sobre los trabajos en las vidrieras del interior del edificio puede consultarse «www.glass-artpeters.com/ Spanisch/ Glasmalerei/ Seiten/ restauracion.html# anchor-sevilla». Fig. 26. Implantes de cemento en la portada gótica de la Asunción. Fig. 27. Limpieza de la portada de la Asunción, parte de 1827. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 110 centímetro cuadrado del espacio de representación, respeto y recursos seglares que, desde el XV, constituye la fachada. Por otra parte el calendario, solar, aunque de forma imprecisa, determina el momento en que las hormonas de las aves se aceleran, impidiendo cualquier trabajo que afecte a la nidificación de las especies en peligro que habitan durante unos meses los acantilados del cañón urbano que estamos limpiando. En resumen: a partir de Semana Santa y hasta bien entrado el verano no podemos trabajar, pero tampoco después, cuando los trabajos están autorizados, nos libramos de las cortapisas, por lo que el proyecto aprobado incluye una partida para tener en la obra un biólogo de cabecera que evitase sobresaltos a las aves y a nosotros denuncias y multas. En la memoria del proyecto declaramos que se redactaba bajo un prisma esencialmente conservacionista, a la vez que investigador, integrador y público, y dentro de un talante moderadamente optimista. Hoy puedo redefinir estas cuestiones, antes de describir de manera resumida lo que hemos hecho y estamos haciendo. Se entendía que era conservacionista por pretender el mantenimiento y mejora de la inmensa mayoría de los valores históricos, artísticos, funcionales, semánticos y tecnológicos reconocidos, cuyos eventuales conflictos se resolverán de acuerdo con la Carta del Restauro de 1987 y la experiencia y preferencias formales de quien suscribe. Decíamos en el proyecto que la obra debía ser una ocasión para la investigación, aspecto en el que, como suele suceder, las expectativas se han visto desbordadas por la realidad, pues por mucho que pudimos investigar antes de la obra, esta ha sido muy generosa en hallazgos, ya que la capa de mugre ocultaba muchos datos de interés. Planteábamos el proyecto como integrador al aunar técnicas, especialistas y resultados, e incluso aquellas partes que ya han sido intervenidas en fecha reciente; este deseo de integración también afecta al carácter abierto de la propuesta, ya que no queremos que las determinaciones económicas del proyecto se convirtiesen en un corsé, para lo que hemos contado con la ayuda del Cabildo para los excesos de medición. En cualquier caso la integración de opiniones se ha producido sin perder de vista un condicionante básico: el autor de estas páginas ha sido designado como responsable y así ha ejercido y ejerce, incluso al asumir la «presunción de culpabilidad» que toda restauración conlleva. Finalmente proponíamos que fuese una intervención pública, cualidad que, por Fig. 28. Excavación de las rampas de acceso a la mezquita, por la parte de la Avenida. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 111 otra parte, era perfectamente inevitable, habida cuenta del lugar donde se produce; no obstante, pretendíamos que hubiera visitas constantes, pero los costes y dificultades eran tales que se ha sustituido por numerosas visitas ocasionales de público, especialistas y medios, además de la publicación en Internet de los videos que la Fundación Caja Madrid ha realizado de manera sistemática124. Lo del optimismo era un farol que ha salido bien, pues cuando empezó la obra los autobuses fueron sustituidos por un tranvía eléctrico. Por lo que concierne a las portadas, tanto la inmensa de la Asunción como la pequeña del Sagrario, debo decir que mis decisiones han sido mínimas, pues definidos unos criterios sobre la base de las experiencias previas, y decidido a no «desrestaurar» la intervención de fines del XIX, pues ya no es nociva ni inestable, sólo faltaba aplicar el criterio conservacionista más estricto: limpiar hasta donde lo aconsejase el material y no cambiar nada, encargando a don Fabián Pérez Pacheco la dirección de esta parte de los trabajos. Los únicos cambios introducidos fueron decididos por quien suscribe y afectaron a aquellas piezas de la cornisa y su balaustrada que fueran consideradas irrecuperables al estar muy disgregadas y en una posición muy peligrosa, en cuyo caso se labraron otras nuevas, idénticas a las viejas, que se fijaron mediante varillas de acero inoxidable. Además, entre otros lugares, se excavó al pié de esta portada, con resultados negativos por la presencia de las potentes zapatas e intervenciones modernas en la parte más próxima a la vía pública, y se consolidó y limpió la solería de mármol, así como las grandes hojas de la puerta adyacente. Ni que decir tiene que hemos dejado los oportunos testigos para documentar por contraste la extensión y profundidad de los trabajos realizados, pero como estos testigos son bastante grandes, aunque en términos relativos son mínimos, hemos recibido bastantes críticas. 9. Protocolo de trabajo. Un elemento esencial en el desarrollo de la obra es que dos de los miembros de la dirección facultativa vienen colaborando en estas labores desde los años ochenta y que el encargado de la obra ha trabajado con nosotros en seis ocasiones a partir de 1970. Con él se ha establecido un sistema de trabajo simple y eficaz: en el marco de las previsiones del proyecto, se decidió de forma conjunta el grado de limpieza que afectaría a un paramento, según los resultados que el maestro hubiera obtenido en varios lugares del mismo, señalando concretamente los sillares que deben ser sustituidos por material nuevo, y aquellos cuya limpieza debe ser más cuidadosa de acuerdo con sus decoración y las huellas que apreciamos en él, sobre todo marcas de canteros, vítores pintados y fechas y letreros incisos. Se emplean todos los medios disponibles en función del deterioro y de las características del punto en cuestión, desde los más suaves (compresas, detergente neutro, etc.) aplicados en los elementos plásticos, pasando por los intermedios (cepillado, fresado, rascado con espátula, etc.) que han sido los más generalizados y llegando a los más drásticos, como es el caso del picado completo de enfoscados modernos, 124 A la vista de la experiencia de las visitas a obras de restauración del interior de la Catedral, fue un acierto no hacer esas visitas, pues las exigencias de seguridad las hacen inviables. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 112 Fig. 29. Limpieza con microcincel. Fig. 30. Restos de gárgolas de plomo de una fase intermedia de la fachada del Sagrario. Fig. 31. La cabecera del Sagrario tras la limpieza; se distinguen los vítores del s. XVIII y los sillares de las obras del s. XX. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 113 restos de piedra artificial y las costras más gruesas. Se ha procurado evitar que queden diferencias de color o textura en un mismo sillar o elemento moldurado, salvo en los detalles figurativos, como los capiteles o las zonas estriadas, que por su misma naturaleza admiten variaciones puntuales. En general se han reducido los mechinales hasta el mínimo aconsejado por el biólogo y hemos rellenado con mortero de cal las grietas, agujeros menores, impactos y juntas, salvo algunos testigos. Se han conservado todas las argollas metálicas de los toldos históricos y los restos de gárgolas, e incluso hemos puesto ganchos de servicio de acero inoxidable para facilitar inspecciones y trabajos en altura; las labores se han llevado con el cuidado necesario como para detectar y salvar una serie de vítores pintados con almagra, muy probablemente del siglo XVIII, que se han conservado fragmentariamente en los alrededores de la puerta del Sagrario a la avenida de la Constitución, y sobre todo, algo más completos, en la fachada de su cabecera a Alemanes. En todos los casos los paramentos se han hidrofugado, aunque los análisis no muestran una disminución significativa de la porosidad, y también se les ha dado el tratamiento herbicida previsto. En el caso de los remates desaparecidos o deteriorados de la fachada gótica el criterio se ha modulado en función del estado de conservación del original, el peligro que ofrecían en caso de caída, etc, así es que en algunos casos se ha consolidado el elemento existente, pese a estar muy deteriorado pero básicamente completo, en otros hemos repuesto o sustituido piezas concretas con piedra extraída y labrada ad hoc, y en otros la sustitución o reposición ha sido completa, basándonos para diseñarlos en las huellas y las simetrías. En este sentido conviene señalar que la mayoría de los pináculos góticos no lo son en sentido cronológico, pues las diferencias de conservación, labra, figura y colocación demuestran, cuando se les observa directamente, que se han venido reponiendo sistemáticamente desde el siglo XVIII hasta 1971 sin que se detecten cambios sustanciales125. En el caso de los remates barrocos del Sagrario, que habíamos retirado hace algo más de una década, proyectamos el mismo criterio, es decir, modular la intervención de acuerdo con lo conservado, partiendo de la posibilidad de reconstruir y reponer una parte de los antiguos. Sin embargo, al intentar unir sus partes mediante mortero y resinas, exigían tal cantidad de anillas metálicas exteriores, lañas superficiales y varillas internas, y obteníamos tan poca seguridad a cambio, que hemos optado por almacenar los trozos desmontados más interesantes y reponer todos los remates con piedra labrada ex profeso, simplificando los detalles decorativos y cambiando los vástagos metálicos causantes de la disgregación. En los elementos más pequeños, o más continuos, ha sido posible reutilizar la mayoría de los trozos desmontados. La intervención, como he indicado anteriormente, ha incluido las gradas que preceden a la fachada, donde, tras excavarlas en varios lugares estratégicos126, hemos repuesto las «losas de Tarifa» que faltaban, colocando piezas adquiridas en explotaciones ocasionales de los alrededores de aquella ciudad gaditana127; 125 Muñoz Cosme, 1989:132. 126 Jiménez Sancho, Álvaro: Informe arqueológico de las catas de auscultación en las gradas de la catedral de Sevilla, 2004-5. 127 Mientras persistan las actuales limitaciones conservacionistas que afectan a los sitios de donde se extraía esta piedra, no es posible renovar con este material los deterioros de las aceras en Fig. 31. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 114 también hemos mejorado las cubiertas adyacentes, terminando sus cornisas de manera muy artificiosa con un goterón continúo, que modifica su perfil mellado y ayuda a evacuar las aguas. Los trabajos han sido acompañados por una campaña sistemática de documentación fotográfica, que se ha centrado especialmente en los cambios y en las anomalías, como las interfaces que relacionan etapas de distinta apariencia; esta lectura de paramentos ha sido fructífera, pues entre otras cosas permitió detectar varios momentos en la cubrición de la capilla de san Isidoro, lo que llevó a levantarla, apareciendo la alcatifa de loza quebrada que cubre una hermosa bóveda de comienzos del XVI, y que supone una alteración puntual de la fachada original128. Ello aconsejó realizar una cubierta nueva, con un lucernario acristalado que permite dar iluminación natural a una saetera cegada entonces, siendo esta la única, e invisible, novedad formal absoluta que me he permitido. En estos momentos los trabajos que me ha encomendado el Cabildo se concentra en terminar la compleja restauración de la puerta del Perdón, que merece una publicación monográfica; espero que la crisis no impida realizar en 2014 la previsión de llegar al extremo oriental de la fachada de la calle Alemanes, con lo que habríamos completado, al cabo de un cuarto de siglo, todo el contorno de la catedral, aunque las obras en los frentes de levante y sur fueron muy livianas: el conjunto merece que volvamos sobre ellas, pues esto de restaurar la piedra de la catedral es lo más parecido a la tarea de Sísifo, solo que mucho más agradable. cuanto alcanzan cierta extensión, pues las piezas que hemos conseguido adquirir no han sido extraídas en cantera por profesionales, sino que proceden de hallazgos casuales en los alrededores de antiguas explotaciones, por lo que no alcanzan ni la calidad ni el tamaño requeridos. 128 Jiménez Sancho, 2007. Fig. 32. Un remate gótico de la fachada, actualmente en el patio de los Limones. Catedral de Sevilla Avla Hernán Rviz 2013 ISBN - 978-84-938923-3-3 115 Fig. 33. Sustitución de un remate gótico, a partir de los restos existentes. Fig. 34. Flameros del Sagrario, integrando partes antiguas y partes nuevas. Fig. 35. Excavación del enjarrado de la fase gótica de la capilla de San Isidoro. XX EDICIÓN DEL AHR. 2013 Alfonso Jiménez Martín 116 BIBLIOGRAFÍA Albardonedo Freire, Antonio José (2002). El urbanismo de Sevilla durante el reinado de Felipe II. Sevilla, Guadalquivir Alcalde Moreno, Manuel y Antonio Martin Perez (1988). Macroscopical Study of the Stone Alteration. I. The Cathedral of Seville 6th Intern. Cong. on Deterioration and Conservation of Stone. Torun, Nicholas Copernicus University Press Department 216-25. --- (1990). Sistematización y Definición de los Términos Empleados en la Descripción de la Alteración de la Piedra. 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