Balance propagandístico de la era Putin
Abstract
The aim of this article is to weigh up the propaganda legacy of the eight-year presidency of Vladimir Putin. To this end, the organization, channels and chief messages of the vertical propaganda machine put into motion in Russia are described, in addition to the system’s visible and invisible workings. Furthermore, the article analyzes the counter-propaganda of the Kremlin’s “real” opposition during these years, as well as its communication channels and mobilization campaigns aimed at national and international civil society.
Full text
Redes.Com Nº 5 | 79 ABSTRACT The aim of this article is to weigh up the propaganda legacy of the eight-year presidency of Vladimir Putin. To this end, the organization, channels and chief messages of the vertical propaganda machine put into motion in Russia are described, in addition to the system’s visible and invisible workings. Furthermore, the article analyzes the counter-propaganda of the Kremlin’s “real” opposition during these years, as well as its communication channels and mobilization campaigns aimed at national and international civil society. INTRODUCCIÓN Si bien el mandato presidencial de Vladímir Putin puede (y debe) ser muy criticado en la mayoría de sus facetas, no es menos cierto que el ya ex presidente y hoy primer ministro ha cosechado éxitos nada desdeñables en lo que a propaganda política se refiere. Putin ha logrado, por ejemplo, ser percibido por buena parte de los ciudadanos rusos como el vencedor, pacificador y reconstructor de Chechenia, y esta imagen prevalece sobre aquella que apuntaría a que fue el propio Putin quien comenzara, en 1999, y sin dar ninguna oportunidad al diálogo, una guerra que podría, posiblemente, haberse evitado. Al mismo tiempo, Putin ha conseguido que se le identifique como el azote de los oligarcas, a pesar de que durante estos ocho años su número ha aumentado exponencialmente.2 El presidente ha demonizado la política (y a los políticos) de la etapa de Yeltsin, y esta versión sobresale por encima de la que recordaría el ascenso político meteórico de Putin precisamente en esos años y su promoción a la presidencia sólo porque el propio Yeltsin en uno de sus delirios lo nombrara primer ministro. En política exterior, el presidente ruso queda en la retina de buena parte de sus ciudadanos como quien ha levantado a una Rusia arrodillada ante Occidente, plantando cara a Europa y Estados Unidos. Sin embargo, un análisis más detallado muestra que, sin negar los enfrentamientos (sobre todo retóricos), Rusia ha colaborado, y en muchas ocasiones se ha plegado a los dictados de la política exterior estadounidense.3 La lista de éxitos propagandísticos es larga, e incluiría la difusión de mitos como el del Putin luchador contra la corrupción, protector de los más desfavorecidos y reconstructor de políticas sociales, entre otros. ¿Cómo lo ha conseguido? Si tuviéramos que resumirlo en una sola frase, posiblemente ésta sería “a través de la imposición del monólogo del poder”. Como dictan las recetas clásicas de los regímenes autoritarios, la administración presidencial ha intentado implantar, con notable éxito, una única visión de la Rusia contemporánea, que se ha difundido machaconamente a Balance propagandístico de la era Putin1 Miguel VÁZQUEZ LIÑÁN
80 | ISSN 1696-2079 FERNANDO R. CONTRERAS través de la mayoría de los medios de comunicación, incluyendo todos los canales de televisión, a nivel nacional. Por otra parte, y como si se tratara de la aplicación práctica de los planteamientos de Maurice Joly en el “Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, el Kremlin ha construido su propia “oposición”, tanto política como mediática, que le ha permitido mostrar a las audiencias, nacionales e internacionales, una cierta fachada (acartonada, eso sí) de pluralismo. Para ello, Putin y su entorno han edificado, a lo largo de los ocho años de presidencia, un sistema vertical de propaganda basado en la reestructuración de la propiedad de los medios en Rusia, la puesta en marcha de políticas de información destinadas a construir el “consenso” en torno al monólogo del poder, la intervención legislativa constante (y su aplicación por unos tribunales dóciles), orientada siempre tanto a perseguir como a dificultar el trabajo periodístico independiente y, por último, la difusión de un mensaje bélico e imperial que refleja a una Rusia rodeada de enemigos, tanto externos como internos. Como telón de fondo, la propaganda del miedo: hoy, disentir en Rusia, puede traer graves consecuencias. La verdadera oposición, independientemente de su tendencia política, aquella que tiene otra propuesta para Rusia ha sido, simplemente, reprimida, hostigada policial y judicialmente, además de acusada de antipatriota, enemiga del país y quintacolumnista (léase vendida a Occidente). En las siguientes páginas intentaremos dar algún detalle más sobre la organización, métodos, mensajes y objetivos trazados por Putin y su entorno en el ámbito propagandístico, durante sus ocho años en la presidencia, con alguna referencia a sus primeros meses como primer ministro; pero también analizaremos la actividad propagandística de la oposición real al régimen durante estos años, así como sus posibles estrategias de comunicación en un futuro cercano. LA LLEGADA AL PODER DE VLADÍMIR PUTIN: CHECHENIA Pocos conocían a Vladímir Vladímirovich Putin en el verano de 1999, cuando un Yeltsin enfermo y ya poco popular lo nombrara primer ministro, a menos de un año de las elecciones presidenciales, que tuvieron lugar en marzo de 2000. Una vez designado el candidato, comenzó a construirse, desde el entorno de Yeltsin, la imagen del que sería el siguiente presidente ruso. Las encuestas arrojaban resultados alarmantes en relación a la opinión que los ciudadanos tenían sobre las reformas de los noventa: sólo el 5% de la población veía con buenos ojos lo sucedido tras la caída de la Unión Soviética, mientras los años de Brezhnev pasaban a ser los mejor valorados.4 Las convulsiones vividas desde 1991 provocaron que muchos echaran la vista atrás e idealizaran el período de su juventud, una época en la que no estaban entre sus preocupaciones el impago de los salarios, ni la pérdida del empleo o los vaivenes de la moneda nacional. Los setenta, en el imaginario colectivo, quedaron como una etapa de tranquilidad y estabilidad en la que, por añadidura, la URSS competía en la primera división de la política internacional y uno se podía sentir orgulloso de ser ciudadano soviético. Así las cosas, el equipo de Putin se puso a trabajar en la línea adecuada: prometió estabilidad al ciudadano medio, mano dura frente a terroristas, separatistas o cualquier elemento desestabilizador y contra los acaparadores de los noventa, los llamados oligarcas. Probablemente, este planteamiento (nada novedoso, por otra parte) no habría sido tan exitoso si la subida de los precios internacionales del petróleo no hubiese echado una mano al candidato Putin. La ingente entrada de divisas provenientes
Redes.Com Nº 5 | 81 BALANCE PROPAGANDÍSTICO DE LA ERA PUTIN de la venta de gas y petróleo ha ayudado a fabricar la imagen de un presidente que ha traído la bonanza económica y la subida del nivel de vida del ciudadano medio lo que, según esta visión, quitaría importancia a los recortes producidos en los derechos civiles de los ciudadanos rusos. La prensa, nacional y extranjera, buscaba información sobre el nuevo hombre fuerte de la Federación Rusa, y el entorno del presidente comenzó inmediatamente a suministrarla. En clave propagandística hay que entender, por ejemplo, la edición de la biografía autorizada de Putin titulada First Person: An Astonishing Frank Self-Portrait by Russia’s President, que ya reflejaba la línea trazada para construir la imagen del presidente: por una parte, Putin es un demócrata convencido de que Rusia forma parte de Europa y hacia ella debe mirar y, por otra, es un político inflexible con los separatismos y, como hemos dicho, con cualquier intento de debilitar al país o poner en peligro su estabilidad. Dos acontecimientos resultarán decisivos para que Putin haga carrera con la guerra: en agosto–septiembre de 1999, un comando checheno dirigido por Shamil Basáev entra en Daguestán con el objetivo de crear un “califato del Cáucaso”. Al mismo tiempo, varias explosiones en edificios de viviendas provocan, principalmente en Moscú, más de trescientas víctimas civiles. Sin entrar a valorar las versiones que apuntan a la participación de los servicios secretos rusos en la colocación de esas bombas, lo cierto es que la respuesta inmediata del Kremlin fue tajante: han sido terroristas chechenos. En septiembre comienzan los bombardeos y la guerra de Chechenia se convierte en el único tema de la agenda política preelectoral. Putin parece sentirse cómodo en una situación que le permite mostrar su dureza y determinación ante los enemigos de Rusia, y el conflicto en el Cáucaso le dará importantes réditos electorales. Los primeros meses de la guerra cumplirán diversos objetivos propagandísticos. Por una parte, presentar a Putin como el garante de la lucha contra la inseguridad, sensación que se había apoderado de la ciudadanía rusa tras las explosiones. Por otro lado, la guerra se propaga también como un ajuste de cuentas que borraba de la historia la humillante derrota que había sufrido el ejército ruso durante la primera guerra (1994-1996). Además, Chechenia permitió que Putin apareciese como comandante en jefe, aprovechando cualquier ocasión para explotar otra de las líneas básicas propagandísticas del aún primer ministro: Putin no es como Yeltsin; es más, en buena parte, Putin es lo contrario de Yeltsin. Putin es un hombre sano y fuerte (aparece continuamente practicando judo en televisión, marcial (son frecuentes las imágenes del primer ministro vestido de uniforme) y previsible: alguien capaz de sacar a Rusia del atolladero y devolverla al imperio de la ley y la estabilidad, términos cruciales en la propaganda rusa de los últimos ocho años. Para conseguir estos objetivos a tiempo, era importante ofrecer, antes de las elecciones de marzo, una victoria militar (o al menos la imagen mediática de la misma) y, sobre todo, no permitir la emisión, como había ocurrido en la primera guerra, de los fracasos militares en televisión. Y fue la televisión la principal afectada por la reestructuración del sistema de medios de comunicación llevada a cabo por la administración de Putin, que en ocasiones parece convencida de que la única verdad para el ciudadano medio es la verdad televisada. Con el objeto de convertir a las fuentes oficiales y paraoficiales en las únicas que suministrasen información a los principales canales, se puso en marcha una campaña de acoso y derribo contra Media-Most, grupo mediático al que pertenecía en aquel momento NTV, canal que dio muchos dolores de cabeza al Kremlin durante la primera guerra. Con Vladímir Gusinski, dueño de Media-Most y Borís Berezovski, que controlaba la ORT, en busca y captura, la televisión rusa de alcance nacional pasó a estar, en buena medida, bajo el control de la administración presidencial.
82 | ISSN 1696-2079 MIGUEL VÁZQUEZ LIÑÁN Para evitar escapes en el sistema, las condiciones draconianas impuestas a los corresponsales (especialmente extranjeros), convertidos casi en objetivo militar, hicieron muy difícil contar la guerra desde el terreno. El intento, a menudo infructuoso, de coordinar una sola línea propagandística en torno a la narración de lo que ocurría en Chechenia, implicó un esfuerzo de reorganización institucional.5 Desde el inicio de las operaciones, el Centro de Relaciones Públicas del FSB se va a convertir en la principal fuente de información, con claras pretensiones de ser la única.6 También desde este momento, queda claro que los militares rusos han tomado nota del quehacer propagandístico desarrollado por la OTAN durante la entonces reciente guerra de Kosovo: los bombardeos son descritos como operaciones quirúrgicas y abundan las informaciones que detallan los objetivos militares, poniendo de relieve lo metódico de las operaciones de castigo, dirigidas “exclusivamente” a las posiciones de los terroristas Basáev y Jattab. Izvestia publica, el 25 de septiembre, un extenso artículo titulado “Las lecciones de la OTAN”, que marca la línea de lo que sería el grueso de las informaciones de guerra durante las primeras semanas: “No se trata de bombardeos caóticos de los principales objetivos en el territorio de Chechenia, sino de la eliminación metódica de todo aquello que pueda impedir el desarrollo de las operaciones especiales”.7 El objetivo es, desde el principio, establecer diferencias con la primera guerra: esta vez se están haciendo “bien” las cosas. El estilo militar y de hombre duro de Putin gusta a una población aterrorizada por los atentados, y hace subir exponencialmente su popularidad. En los primeros días de octubre, el ministro de Defensa Ígor Serguéyev anuncia la puesta en marcha de las operaciones terrestres para establecer una zona de seguridad que evite futuros ataques de “milicias islámicas” a las repúblicas caucásicas limítrofes con Chechenia. El optimismo contagia a la prensa militar, desde cuyas páginas se comienza a presionar para que los objetivos sean más ambiciosos. Ibrahim Suleiménov, general y diputado, asegura en el diario Krasnaya Zvezda que “hay que hacer la vida imposible a los bandidos que sólo entienden el lenguaje de la fuerza”.8 Putin, cuya candidatura a la presidencia comienza a ser mejor valorada por la prensa, tarda poco en sumarse a la opinión de los generales: el objetivo pasa a ser “la total destrucción del terrorismo”. En este nuevo contexto, se descarta la negociación con Aslán Masjádov, presidente electo de Chechenia. Aún en octubre, se da un nuevo paso en lo que a la organización de la propaganda se refiere, con la creación del gubernamental Centro de Información Ruso que, a partir de entonces, se ocupará de filtrar las informaciones relacionadas con las operaciones militares, así como de la diseminación de aquellas noticias publicadas en el exterior y que no contradecían la versión del Kremlin sobre los acontecimientos en Chechenia. La creación del Centro, dirigido por Mijaíl Marguélov (que había trabajado en la oficina de relaciones públicas de la presidencia), y el general del FSB Alexánder Mijáilov, era el primer punto de un decreto (el 1538-R, de 4 de octubre de 1999), que también contenía la instrucción de crear un equipo intergubernamental, para coordinar la información, con representación del Ministerio del Interior, Defensa, Exteriores, Justicia, Nacionalidades y Situaciones de Emergencia, entre otros organismos. El Centro se creó con la intención de convertirse en una institución permanente aunque hace tiempo que, en la práctica, ha dejado de funcionar. Durante los primeros meses de su existencia, que coincidieron con la campaña electoral, emitió recomendaciones a los militares sobre cómo referirse a la guerra, que contenían toda una burocrática colección de eufemismos, y organizó tours por Chechenia, para periodistas nacionales e internacionales, siempre acompañados por oficiales del ejército. La profusión de centros de “información” buscaba inundar el mercado periodístico de la versión oficial de la guerra, y coordinar dicha
Redes.Com Nº 5 | 83 BALANCE PROPAGANDÍSTICO DE LA ERA PUTIN versión nombrando portavoces de las diferentes instituciones. Como ya hemos apuntado, esta organización informativa tardará poco en mostrar sus lagunas: la descoordinación será lo habitual, en parte debido a las disputas internas entre los diferentes cuerpos de seguridad rusos, bajo cuya responsabilidad está la dirección de la política informativa.9 Siguiendo con la organización de la propaganda oficial del gobierno ruso y, una vez más, con el manual de la OTAN presente, en las primeras semanas de guerra se convocaron diarias ruedas de prensa donde los generales del Ejército del Aire se jactaban, como hemos comentado, de la precisión de sus ataques. La terminología ha cambiado con respecto a la primera guerra: comienza a abrirse paso el término “wahabí”, y estamos ante una “operación antiterrorista en contra del integrismo islámico”. No habían llegado aún a la prensa cifras preocupantes de bajas, ni tampoco aquellas terribles narraciones sobre matanzas de civiles inocentes tan habituales durante el anterior conflicto. Son frecuentes, sin embargo, las historias de héroes forjados durante la primera guerra y de militares patriotas que arden en deseos de ir a combatir a Chechenia. En lo militar, las informaciones se tornan confusas, pero la versión oficial insiste machaconamente en que el norte de Chechenia, hasta la orilla del río Terek, está en manos de las tropas federales. De esta forma, comienza la campaña propagandística de la “reconstrucción”, destinada a demostrar que las condiciones de vida en el territorio “liberado” por el Ejército son muy prometedoras, en contraste con el caos y la violencia que dominan el sur de la república: se anuncian, paralelamente, proyectos de rehabilitación de zonas destruidas, suministro eléctrico, agua potable, etc. Estas ruedas de prensa, muy frecuentes en el primer año de la guerra, eran parte de la estrategia de comunicación que también incluía encuentros entre el presidente o sus ministros con los periodistas. Poco a poco, dejaron de ser invitados a estas citas los representantes de los medios “disidentes” de la versión oficial. Ya antes de las elecciones de marzo de 2000, las autoridades habían anunciado (en televisión) el fin, victorioso, de la guerra. Pero la guerra no había terminado. De hecho, en octubre de 2002, llegó con todo su horror a la propia capital rusa en forma de secuestro masivo, durante una representación, en el teatro Dubrovka, llevado a cabo por un comando liderado por Movsar Baráev, y que acabó en un baño de sangre. Aún más impactante fue el secuestro, en septiembre de 2004, de una escuela primaria de Beslán (Osetia del Norte) que se saldó con centenares de muertos, gran parte de ellos niños. Ambos sucesos se caracterizaron por la férrea censura impuesta por las autoridades rusas, así como por las continuas contradicciones en la información suministrada y, a la postre, por el uso propagandístico que el Kremlin hizo de la catástrofe.10 El día 4 de septiembre, el presidente transmitía un mensaje televisado a la nación, en el que Putin quiso representar dolor y firmeza al mismo tiempo, para lo que construyó un discurso en clave bélica que, tras recordar a las víctimas y a sus familias, pasaba a entonar un engañoso mea culpa. El presidente, que hizo un breve repaso histórico de las calamidades sufridas por el pueblo ruso desde la caída de la URSS, reconocía que Rusia había descuidado la necesaria atención a su seguridad, no había sabido reaccionar a tiempo ante los complejos procesos que se desarrollaban dentro de la federación y a nivel internacional: “no supimos reaccionar adecuadamente. Demostramos debilidad, y a los débiles se les golpea”.11 Rusia está en guerra y, por lo tanto, hay que prepararse para el combate. Apelando a la unidad del pueblo ruso, el presidente enumera las medidas que se van a tomar y que pasan por el aumento del gasto armamentístico y el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad. Beslán también trajo como consecuencia el endurecimiento de la persecución a la oposición y la eliminación de la elección directa de los gobernadores de las regiones que, desde entonces,
84 | ISSN 1696-2079 MIGUEL VÁZQUEZ LIÑÁN son nombrados por el presidente. De esta forma, la propaganda del enemigo checheno, como vemos, ha jugado un importante papel en la construcción de la vertical del poder y el discurso único en Rusia. Tras Beslán, Chechenia dejó de aparecer en las pantallas como campo de batalla (salvo por hechos puntuales como la muerte de Shamil Basáev), y pasó a convertirse en una república “en construcción” de la mano del hombre fuerte local, Ramzán Kadyrov. El discurso oficial nos muestra la apertura de salas de cine, jardines, mezquitas y la rehabilitación de las casas derruidas por los bombardeos. Kadyrov, que gusta definirse como “un hombre de Putin”, personifica lo que muchos han llamado “la chechenización del conflicto”, que pasa, entre otras medidas, por la sustitución de los efectivos policiales rusos por chechenos. Las fuerzas del joven presidente, cuyas órdenes parecen ser la única ley que rige en Chechenia, tienen aterrorizada a una población que vive, a día de hoy, en una paz de cementerio.12 NUEVA POLÍTICA DE INFORMACIÓN: LA RETÓRICA BÉLICA Volvamos, por un momento, a la campaña electoral de 2000. Con la guerra ganándose en (todas) las pantallas, Putin no necesitó una segunda vuelta en las presidenciales de 2000. El enfrentamiento siguió, desde luego, pero perdió fuelle mediático una vez conseguido el principal objetivo: la presidencia. Lo que no cesó (aún se mantiene), fue la retórica bélica, una de las constantes en los últimos ocho años de la vida política rusa. Putin, con salidas de tono tan famosas como la célebre frase mochit v sortire,13 ha puesto de moda el uso político de un argot barriobajero empobrecedor de la calidad lingüística del discurso político, que ha colaborado a aumentar la violencia simbólica a la que ha sido sometido, en este período, el pueblo ruso. Ya como presidente, y aún con un primer gobierno plagado de préstamos de la era Yeltsin, Putin, apoyado en el generalato más conservador, comienza con los cambios que pondrán en marcha la nueva política de información que caracterizará su presidencia. Las líneas generales de dicha política se ven reflejadas en un documento aprobado el 9 de septiembre del año 2000, que pretendía recoger la “Doctrina para la Seguridad de la Información de la Federación Rusa”.14 El texto, que es una enumeración de posibles amenazas externas e internas, revela una obsesiva preocupación por el intervencionismo exterior, sobre todo, de Estados Unidos y Europa, en la industria cultural y de la información en Rusia. Si bien hay alguna referencia al peligro que suponen las organizaciones terroristas internacionales, el documento carga las tintas en las campañas de “desinformación” que, sobre Rusia y su política, se están llevando a cabo en el extranjero y que cuentan, dentro del país, con medios de comunicación y Organizaciones No Gubernamentales afines. Citemos algunos ejemplos: entre las mayores amenazas que vienen del exterior, la doctrina destaca “la influencia informativa de estructuras políticas, económicas, militares e informativas del extranjero en el desarrollo y la implementación de la estrategia en política exterior de Rusia”, así como la “difusión en el extranjero de desinformación sobre la política exterior de la Federación Rusa” y “las actividades de información y propaganda de fuerzas políticas, Organizaciones No Gubernamentales, medios de comunicación e individuos que tergiversan la estrategia y tácticas de las actividades en política exterior de la Federación Rusa”. Para contrarrestar estas amenazas, el documento prevé medidas de contrapropaganda, ya sea en el interior,
Redes.Com Nº 5 | 85 BALANCE PROPAGANDÍSTICO DE LA ERA PUTIN “aumentando las actividades de contrapropaganda orientadas a prevenir las consecuencias negativas de la difusión de desinformación sobre la política interior de Rusia” o en el exterior, a través de “la creación de las condiciones de trabajo en las organizaciones y misiones rusas en el exterior para neutralizar la desinformación que allí se difunde sobre la política exterior de la Federación Rusa”. Estas campañas de desinformación del enemigo externo vienen acompañadas, siempre según el documento, del intento de monopolizar (desde el extranjero), el sistema de medios de comunicación ruso, así como de reorientar la actividad académica y la investigación de los estados miembros de la CEI. La amenaza, una vez más, no tiene su origen en el terrorismo internacional, sino en “Occidente”. Como uno de los mayores peligros para la seguridad de la información en Rusia, esta vez en el ámbito de la ciencia y la tecnología, se cita “la política de los países occidentales destinada a la continua destrucción del espacio común, científico y tecnológico heredado de la URSS por los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes, reorientando sus vínculos científicos y tecnológicos, así como a algunos de los colectivos científicos más prometedores hacia los países occidentales”. No parece baladí insistir en el hecho de que las fuentes oficiales rusas repitan, en documentos y declaraciones, que la principal amenaza para su sistema de información y, más allá, para la existencia de Rusia como estado, es la injerencia de Occidente en su política interior, y no el terrorismo internacional. Si bien, tras el 11 de septiembre, la lucha contra el terrorismo se convirtió en justificación de varias medidas difícilmente justificables (como la actuación de las fuerzas de seguridad rusas en los secuestros del teatro Dubrovka y el colegio de Beslán), el eje propagandístico de mayor rédito ha sido el ataque (verbal, simbólico) a Occidente. Putin es, según la propaganda del Kremlin, el líder que ha levantado a una Rusia postrada, devolviéndole un papel protagonista en la arena internacional y, lo que es más importante, consiguiendo que los ciudadanos rusos recuperen el orgullo de serlo. Rusia vuelve a ser una potencia temida: ha recuperado el himno soviético y buena parte de la simbología del Ejército Rojo, ha relativizado el estalinismo y su represión, y ha purgado los libros de texto de críticas al pasado imperial de Rusia15. Por otra parte, el Kremlin no ha desaprovechado ninguna ocasión para acusar a la Unión Europea y Estados Unidos de intentar desestabilizar a Rusia, de querer dividirla territorialmente, de fomentar “revoluciones de colores”, de intentar, en suma, volver a arrodillar a Rusia ante Occidente. Es cierto que la torpeza (y la hipocresía) de la UE y los EEUU, con proyectos como la implantación del escudo antimisiles en territorio comunitario, les ha puesto fácil las cosas a los propagandistas rusos, pero resulta poco justificable el uso interno que Putin ha hecho de estas actuaciones internacionales. El enemigo interno, era de esperar, ha sido presentado como la quinta columna de Occidente en territorio ruso. Una vez cerrado en falso el conflicto checheno, que se libró fundamentalmente, y siempre según el Kremlin, “contra el terrorismo internacional”, lo siguiente ha sido eliminar, metafórica o literalmente, a la oposición política interna. La batalla se ha librado en varios frentes: por una parte, el Kremlin, para mantener la fachada de pluralismo,16 ha creado su propia oposición, en forma de partidos políticos como Spravedlivaya Rossia o candidatos presidenciales como Andréi Bogdánov, y ha puesto en marcha instituciones que simulen representación de la sociedad civil, como la Obschestvennaya Palata. Por otro lado, ha endurecido la legislación que permite crear organizaciones no gubernamentales (haciendo del proceso una odisea farragosa y cara), y ha dado vía libre a una ley sobre el extremismo tan ambigua, que castiga todo lo que se quiera castigar. De hecho, las limitaciones impuestas a las libertades de
86 | ISSN 1696-2079 MIGUEL VÁZQUEZ LIÑÁN expresión, asociación y reunión son alarmantes. El presidente no ha ocultado que las reformas legislativas llevadas a cabo por su gobierno iban encaminadas a reducir la influencia occidental en la sociedad civil rusa y evitar “revoluciones de colores”. Para ello, se ha utilizado, con una arbitrariedad fuera de cualquier duda razonable, la “Ley sobre el combate contra las actividades extremistas”, aprobada en 2003 y enmendada en 2006 y 2007, y el artículo 282 del Código Penal, que introduce el delito de “incitación al odio o la animadversión, así como al menoscabo de la dignidad humana”.17 De esta forma, periodistas, defensores de derechos humanos, así como activistas políticos de la oposición, han sido retenidos y acusados de extremistas, fruto de la interpretación cuestionable de una ley para la que, entre otras cosas, es extremista el “menoscabo de la dignidad nacional” o el “incitar a la discordia social”. Como complemento a las nuevas normativas, los excesos de las fuerzas de seguridad contra las manifestaciones de la disidencia, así como las denuncias de persecución y hostigamiento por parte de la misma, rara vez llegan a tener consecuencias penales. Son muchos los periodistas díscolos que han sido asesinados por su actividad profesional en los años de Putin (el caso de Anna Politkóvskaya es paradigmático) y aún más los que sienten la presión constante e insoportable en su vida cotidiana. Cualquier forma de disidencia, cualquier visión de Rusia que difiera de la televisada, ha sido reprimida con mayor o menor dureza. Acusados de estar vendidos a Occidente, coaliciones como La Otra Rusia, partidos como el Nacional-Bolchevique, organizaciones no gubernamentales como Memorial, Madres de Beslán o la Sociedad para la Amistad Ruso-Chechena, medios de comunicación como la emisora Echo Moskvy o Novaya Gazeta, museos como el Centro Sájarov y un largo etcétera, han sufrido registros, continuas citaciones judiciales, complicaciones en los trámites de sus licencias, amenazas, detenciones y penas de cárcel a sus responsables, etc. La demonización de cualquier oposición digna de ese nombre, sea cual sea su ideología, ha adoptado diferentes formatos, algunos tan burdos como el “reportaje” Kto zakazyvaet Khaos (¿Quién encarga el caos?), emitido por la NTV en 2007 para “demostrar” la corrupción y violencia de los asistentes a las marchas de los disconformes, y en el que ni siquiera se señalaba su autoría en los créditos finales.18 Mientras tanto, la propaganda televisiva ha mostrado a los rusos un líder fuerte, que practica deporte, trabajador incansable y al que no le tiembla el pulso cuando la ocasión lo requiere. Es un hombre duro, e incluso atractivo, que toma decisiones ante las cámaras y regaña en público a sus ministros por el trabajo mal hecho; la encarnación del zar bueno y honrado: si las cosas van mal, es culpa de los boyardos (malvados y corruptos), personificados en ministros y asesores.19 Por otra parte, Putin ha rodeado muchas de sus apariciones públicas, especialmente los discursos anuales a la nación, de exagerada pompa y boato, dando gran importancia a los acontecimientos rituales en los que el poder se muestra en todo su esplendor. Con una escenografía muy cuidada, un presidente de rostro serio y lenguaje contundente, desgrana todos y cada uno de los grandes problemas de la nación, ofreciendo (también ritual y retóricamente) medidas “inmediatas” y “efectivas”, términos éstos que, junto a la palabra “estabilidad” han salpicado todos los discursos presidenciales.20 El escenario es coherente con el mensaje imperial que ha ganado terreno en los últimos años; un mensaje que insiste en la misión histórica de Rusia como estado y como civilización, que se viste de “Tercera Roma” gracias a la colaboración de la siempre obediente iglesia ortodoxa, dispuesta sempiternamente a bendecir las políticas y a los políticos en el poder. Una vez más, el mensaje propagandístico del poder en Rusia recupera, como línea destacada, la excepcionalidad del desarrollo histórico ruso, su asincronía, la diferencia que Lenin magnificó,
Redes.Com Nº 5 | 87 BALANCE PROPAGANDÍSTICO DE LA ERA PUTIN apoyándose en otros pensadores rusos como Chaadáev, Herzen o Chernyshevski. La llegada masiva de los silovikí a la alta política ha ayudado a militarizar ese mensaje propagandístico. Y se han puesto en marcha canales, más allá de los medios de comunicación convencionales, para que el mensaje llegue a la sociedad. En esta línea hay que entender, por ejemplo, el fomento de asociaciones juveniles encargadas de visualizar, con métodos fascistoides, el apoyo popular al presidente. Iduschie Vmeste, Nashi, Moladaya Guardia, son algunas de estas asociaciones que, apoyadas desde el Kremlin, parecen querer emular (sin conseguirlo) al Komsomol de antaño y reforzar el mensaje imperial. Putin ha dedicado su mandato a reconstruir (si es que alguna vez se “deconstruyó”), una estructura vertical del poder que simule pluralismo, elecciones y separación de poderes. Por el dócil sistema de medios de esa estructura fluye un mensaje dual: los ciudadanos deben comprender que en Rusia hay dos opciones políticas, una dentro del sistema, que garantiza la estabilidad y el progreso, encarnada por Putin y el partido Edinaya Rossia (Rusia Unida), y otra antisistema y quintacolumnista que quiere devolver al país al caos de los noventa. No se ha dejado mucho espacio de expresión a las medias tintas, ni mucho menos a opciones situadas en los márgenes del sistema: una sola Rusia, un solo partido, una sola propaganda. De lo dicho hasta ahora se podría deducir que el gobierno ruso ha construido una organización propagandística “impecable” y sin fisuras. Si bien es cierto que estas medidas han proporcionado no pocos éxitos, también lo es que se han cometido graves errores que deben ser entendidos en el contexto político y las luchas por el poder en la actual Rusia. El gobierno de Putin no siempre parece capaz de poner en práctica las medidas que dicta, y esto también ocurre en su política informativa. De poco sirven los esfuerzos por coordinar la información que dan las diferentes instituciones, si éstas se hallan en continua lucha interna y acaban atacándose públicamente. Tampoco las medidas de control de la información son de rigurosa aplicación en un contexto de corrupción generalizada en el que muchos funcionarios venden “secretos de Estado” por un adecuado soborno. Por lo tanto, hay luces, pero también sombras, en el diseño propagandístico de los gobiernos liderados por Vladímir Putin. Hacia el exterior, la actividad propagandística del Kremlin ha estado orientada principalmente a difundir la imagen de un país “resucitado”, fuerte, estable y que no se deja ningunear por EEUU y la Unión Europea.21 Putin ha procurado, con aceptable éxito, presentar como victorias buena parte de las “derrotas” diplomáticas que ha sufrido Rusia en los últimos ocho años. La UE se ha ampliado hacia el este, la OTAN ha abierto las puertas (a medio plazo), a Ucrania y Georgia, EEUU (con la cobertura de la OTAN y la habitual soberbia del gobierno Bush), se dispone a establecer parte de su escudo antimisiles en Polonia y la República Checa, la independencia de Kosovo ha sido ampliamente reconocida, etc. A la diplomacia rusa no le ha quedado más remedio que ir encajando la situación y responder con una solemne y dura retórica de Guerra Fría. De esta forma, el discurso del gobierno ruso ha denunciado la política estadounidense orientada a crear un mundo “unipolar”. Así lo explicó el propio Putin en la 43 Conferencia de Munich sobre políticas de seguridad, celebrada en octubre de 2007: However, what is a unipolar world? However one might embellish this term, at the end of the day it refers to one type of situation, namely one centre of authority, one centre of force, one centre of decision-making. It is world in which there is one master, one sovereign. And at the end of the day this is pernicious not only for all those within this system, but also for the sovereign itself because it destroys itself from within. And this certainly has nothing in common with democ-
94 | ISSN 1696-2079 MIGUEL VÁZQUEZ LIÑÁN 11 El texto de las comparecencias presidenciales puede consultarse en: <http://president.kremlin.ru/ sdocs/appears.shtml> (Última consulta: 4 de septiembre de 2004). El video del discurso puede verse en: http://news.bbc.co.uk/1/hi/world/europe/3627878.stm (Última consulta: 14 de octubre de 2008). 12 Sobre la segunda guerra de Chechenia y su reflejo en los medios de comunicación, véanse, entre otros: GAKÁEV, Z (2002), Osobennosti osvescheniya v SMI chechenskogo konflikta. Moscú: Institut etnologii i antropologii RAN; NIVAT, Anne (2003), El laberinto checheno. Barcelona: Paidós; OSCE (2003), Report on the Media Situation in Chechnya. OSCE; SCHEKOCHIJIN, Yuri (2003), Zabytaia Chechnia: Stranitsy iz voennyj bloknotov. Moscú: “Agenstvo KRPA “Olimp”; TAIBO, Carlos (2004), El conflicto de Chechenia. Madrid: Los libros de Catarata; VÁZQUEZ LIÑÁN, Miguel (2005), Desinformación y propaganda en la guerra de Chechenia. Sevilla: Padilla Libros; SMITH, Sebastián (2002), Las montañas de Alá. La batalla por Chechenia. Barcelona: Ediciones Destino; PAIN, Emil, The Second Chechen War: The Information Component. Military Review [en línea]. 2000, julio-agosto (Última consulta: 6 de mayo de 2005). Disponible en: <http://www.globalsecurity. org/military/library/news/2000/07/secchech.htm>. 13 Putin se refirió, en septiembre de 1999, con esta expresión, que podría traducirse como “machacar(los) en el retrete”, al modo en que se perseguiría a los “terroristas chechenos”; “Si los cogemos en el baño, los machacaremos en el retrete”, dijo. 14 El documento puede ser consultado en la siguiente dirección electrónica (Última consulta: 5 de octubre de 2006). http://www.medialaw.ru/e_pages/laws/project/d2-4.htm. 15 La polémica sobre la interpretación histórica promovida desde el poder ha vuelto a los medios tras la publicación del manual de historia para secundaria (o mejor dicho, del libro para el profesor) dirigido por A.B. Filippov, Historia Rossii 1945-2008. Kniga dlia Uchitelia, de la editorial Prosveshenie de Moscú. Sobre la controversia originada, véase: Esli by na meste Stalina byl ia (Liudmila Rybina, Novaya Gazeta, 19/09/08: http://www.novayagazeta.ru/data/2008/69/14.html), Poslednii pisk istorii Gosudarstva Rossiiskogo (Liudmila Rybina, Novaya Gazeta, 24/09/07: http://www.novayagazeta. ru/data/2007/73/00.html ) (Última consulta: 7 de octubre de 2008). 16 Jonathan Becker incluye a Rusia entre los países con un sistema de medios “neoautoritario”, caracterizado por cierta permisividad en lo que respecta a la diversidad de opiniones que pueden transmitirse a través de los medios, pero con fuertes limitaciones en temas de vital importancia para el mantenimiento del régimen como la seguridad nacional o la información electoral. Una diferencia fundamental entre los sistemas autoritarios tradicionales y los neoautoritarios es, para Becker, el uso que los últimos hacen de la televisión, consolidada como el gran medio de comunicación y propaganda: “What particulary distinguishes the neo-authoritarian system is the bifurcation between broadcast and print media. In neo-authoritarian systems, the state asserts the capacity to control broadcast media, particulary television, because it is perceived to be the most important medium through which to communicate with the population” (p.150). Véase: BECKER, J. (2004), Lessons from Russia: A NeoAuthoritarian Media System, en European Journal of Communication; 19; 139-162. 17 Para una mayor información sobre la legislación rusa, en particular a la que atañe al trabajo informativo, así como la presión que sufren los profesionales del periodismo, véase: BATURIN, Yuri; FEDOTOV, Mijaíl; ENTIN, Vladímir. ZAKON o SMI: na perekriostke vekov i mnenii. Moscú: Izdanie Soiuza zhurnalistov Rossii, 2004; PANFILOV, Oleg (coord.), Dangerous profession. Monitoring of violations of journalists’ rights in the CIS 2000. Moscú: Human Rights Publishers, 2001; SOLDATOV, Andrei; BOROGAN, Irina; LATYSHEVA, Marina, Zhurnalisty I terrorism. Rossiiskoe zakonodatelstvo o terrorisme I svobode slova. Moskva: Prava Cheloveka, 2008; Fondo por la Defensa de la Transparencia (Fond Zaschity Glasnosti): <http://www.gdf.ru>; Instituto de Problemas del Derecho de la información (Institut Problem Informatsionnogo Prava): <http://www.medialaw.ru>; Centro del Periodismo en Situaciones Extremas (Tsentr Ekstremalnoi Zhurnalistiki): <http://www.cjes.ru>. 18 El vídeo está disponible en: http://rutube.ru/tracks/59279.html?v=777049d1a0b2a186976ebae1841d5 306 (Última consulta: 7 de octubre de 2008).
Redes.Com Nº 5 | 95 BALANCE PROPAGANDÍSTICO DE LA ERA PUTIN 19 El mandato de Putin ha sido prolijo en ejemplos, más o menos promocionados, de “culto a la personalidad”. Grupos juveniles como Iduschie Vmeste, Nashi, Molodaya Guardia, etc. se han creado básicamente con ese fin; existe un libro (y un video) con lecciones de judo impartidas por el presidente (Uchimsa Dziudo s Putinym), el grupo juvenil Poiuschie Vmeste (Cantando Juntos) editó, con notable éxito, una canción titulada Takogo kak Putin (Alguien como Putin), en el que destacaban la virilidad del presidente; en 2001 se celebró una exposición pictórica bajo el nombre Nash Putin (Nuestro Putin), con retratos y cuadros dedicados al presidente. Pero con mucho, ha sido la permanente cobertura televisiva de los principales canales nacionales la que ha contribuido a forjar la imagen de Vladímir Putin. 20 Resulta muy ilustrativo de este punto contemplar la puesta en escena de las ceremonias de toma de posesión presidencial, así como los discursos anuales sobre el estado de la nación. Los vídeos de estos actos están disponibles en la página oficial del Kremlin: www.kremlin.ru . 21 Con este objetivo se han puesto en marcha medios de comunicación orientado a las audiencias extranjeras, como el canal de noticias en inglés Russia Today, o think tanks como el Rossiiskii Institut Demokratii i Sotrudnichestva (Instituto para la democracia y la cooperación), con sedes en Moscú, París y Nueva York. 22 El texto completo de la intervención se puede consultar en: http://www.securityconference.de/konferenzen/rede.php?sprache=en&id=179 (Última consulta: 3 de mayo de 2005). 23 Véase, por ejemplo, el análisis estadístico del Centro Levada en: http://www.levada.ru/economic. html (Última consulta: 5 de octubre de 2008). 24 Las valoración de los ciudadanos es habitualmente muy negativa en temas como la sanidad pública (véanse los datos del Centro Levada: http://www.levada.ru/community.html), educación (véase http://www.levada.ru/education.html), policía (véase http://www.levada.ru/milicia04.html), salarios (véase http://www.levada.ru/ecincome.html), (última consulta: 5 de octubre de 2008). 25 Un estudio del centro Public Opinión Foundation, llevado a cabo en abril de 2007, revela que el 67% de los encuestados piensa que los ciudadanos de Rusia no tienen posibilidades de influir en las decisiones políticas. El informe puede consultarse en: http://bd.fom.ru/report/cat/polit/d071721 (última consulta: 5 de octubre de 2008). 26 Véase la evolución de la confianza en Vladímir Putin en los estudios del Centro Levada: http://www. levada.ru/prez06.html y del Public Opinión Foundation: http://bd.fom.ru/report/cat/pres/putin_/ itog_putin/d081721 (última consulta: 5 de octubre de 2008). 27 KOZINA, E.S. (2005), SMI i Vybory: Resurs i Ugroza Politicheskogo Mifotvorchestva. Moskva: Izdatelstvo “VK”, p.39. 28 Entre las organizaciones juveniles de oposición destacan Oborona (http://www.oborona.org/), Da! (http://www.daproject.ru/) y My (http://www.wefree.ru ), ambas muy cercanas a los partidos liberales extraparlamentarios, así como otras de tendencia izquierdista del tipo de Avangard Krasnoi Molodiozhi (http://www.akm1917.org/), los Nacional-Bolcheviques de Eduard Limónov (http://www. nazbol.ru/) y los libertarios Svobody Radikaly (http://radicalfree.org/) (última consulta: 14 de octubre de 2008). Por otra parte, el activismo a través de la comunidad de bloggers (sobre todo Live Journal: http://www.livejournal.ru/) está siendo, en los últimos tiempos, objeto de hostigamiento legal. Véase: SCAAF, M. The danger of ranting in Russia (New Statestman, 01/04/2008) y SOLDATOV, A., BOROGAN, I y LATYSHEVA, M. (2008). Zhurnalisty i terrorizm. Rossiiskoe zakonodatelstvo o terrorizme i svoboda slova. Moskva: Prava Cheloveka. 29 La falta de transparencia de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2007 y las presidenciales de marzo de 2008 recibieron críticas de diferentes organizaciones internacionales. Quizás la negativa de The OSCE Office for Democratic Institutions and Human Rights (ODIHR) a enviar observadores fue una de las más sonadas. Sobre este asunto, véase: ODIAR unable to observe Russian Duma elections (http://www.osce.org/item/27967.html), PACE pre-election delegation concerned by limited choice in Russian Presidential election (https://wcd.coe.int/ViewDoc.jsp?id=1245975&Site =COE&BackColorInternet=DBDCF2&BackColorIntranet=FDC864&BackColorLogged=FDC864) (última consulta: 6 de octubre de 2008).
96 | ISSN 1696-2079 MIGUEL VÁZQUEZ LIÑÁN 30 El informe completo, titulado Sobre la oposición política, puede consultarse en: (http://bd.fom.ru/report/cat/polit/pol_opp/d072621) (última consulta: 6 de octubre de 2008). 31 Recientemente se ha producido una de estas polémicas en relación a la fusión, con la mediación del Kremlin, de tres partidos de los llamados “liberales”: Soiuz Pravykh Sil, Demokraticheskaya Partia y Grazhdanskaya Sila. Este hecho ha puesto de nuevo, en la primera línea de la discusión entre la oposición, la recurrente pregunta de si se debe o no llegar a acuerdos con el gobierno con el objeto de cambiar, poco a poco, el régimen. 32 En este sentido, es interesante el estudio Política y medios de comunicación, publicado en junio de 2006 por la Fundación Opinión Pública, y en el que un 43% de los encuestados consideran que la información que transmiten los canales de televisión (recordemos, casi en su totalidad controlada por el gobierno), no es objetiva. El informe completo puede consultarse en: http://bd.fom.ru/report/cat/ smi/smi_pol/dd062522 (última consulta: 6 de octubre de 2008). 33 Sobre el “caso Babitski”, véase: PANFILOV, Oleg (2004), Istoria Andréia Babitskogo. Moscú: Prava Cheloveka. 34 Véase: POLITKOVSKAYA, Anna (2002), Vtoraia chechenskaia. Moscú: ZAJAROV; (2003), Una guerra sucia. Una reportera rusa en Chechenia. Barcelona: RBA; (2004), La deshonra rusa. Madrid: RBA; (2005), La Rusia de Putin. Barcelona: Debate; (2007) Diario ruso. Barcelona: Debate. 35 Para conocer con mayor detalle el proceso que llevó al cambio de tendencia de la cadena de televisión NTV, véase: SHENDERÓVICH, Víctor (2002), Zdes bylo NTV i drugie istorii. Moskva: Zajarov. En la página personal de Shenderóvich se pueden consultar las grabaciones de Plavleny Syrok, entre otros materiales: http://www.shender.ru/; http://shenderovich.livejournal.com/ (última consulta: 3 de mayo de 2008). 36 Véase: http://www.soldiers-mothers-rus.ru (última consulta : 6 de octubre de 2008). 37 Para una mayor información sobre la actividad de Memorial, véase: <http://www.memo.ru (última consulta: 12 de octubre de 2003). 38 Véase, por ejemplo, el informe de Amnistía Internacional Russian Federation: Freedom limited - the right to freedom of expression in the Russian Federation: http://www.amnesty.org/en/library/info/ EUR46/008/2008, el Annual Report (2007) de Reporteros sin Fronteras: http://www.rsf.org/article. php3?id_article=20823&Valider=OK , o los informes sobre las violaciones de los derechos de los periodistas publicados por el Center of Journalism in Extreme Situations: http://www.cjes.ru/indexe.php (última consulta: 6 de octubre de 2008). 39 MARTIN, Brian y VARNEY, Wendy, “Nonviolence and Communication”, en Journal of Peace Research, 2003; 40; 213-232. 40 En la “Asamblea Nacional” está representada buena parte de las opciones políticas extraparlamentarias y de oposición. Para ello, se celebraron, en abril de 2008, dos conferencias preparatorias del “parlamento alternativo”. Los llamados “liberales” se reunieron el 5 de abril en San Petersburgo bajo el lema “Nuevo orden del día del movimiento democrático”. Allí hubo representantes de la Unión de Fuerzas de Derecha, Frente Cívico Unido, Movimiento por los Derechos Humanos, etc. Por su parte, la oposición de izquierdas celebró su congreso el 7 de abril en Moscú, con representantes del prohibido Partido Nacional-Bolchevique de Eduard Limónov, de la Vanguardia de los Jóvenes Rojos (AKM por sus siglas en ruso), la Unión de las Juventudes Comunistas de Rusia, la Asociación de organizaciones marxistas, etc. Sobre este proyecto, véase: http://www.nationalassembly.ru/ [ref. de 06-10-2008]. 41 ROBINSON, P. (2000), “The Policy-Media Interaction Model: Measuring Media Power during Humanitarian Crisis”, en Journal of Peace Research, 37; 613; p.614. 42 El problema viene, y debe preverse en cualquier estrategia de comunicación, con la actuación contrapropagandística de las autoridades rusas: el apoyo de colectivos o estados extranjeros alimentará el mensaje de una oposición interna quintacolumnista, vendida a intereses extranjeros.
Redes.com Nº 4 | 97 ABSTRACT The aim of this paper is to analyse the use of propaganda during the Balkan Wars of the 90’s. Psychological propaganda and war propaganda were use by the different ethnic groups to support their nationalist goals. Mass media were the best tools for spreading racial hatred and distrust between former neighbours. Propaganda and media manipulation were not the cause of the war but they contributed to its start and maintenance. INTRODUCCIÓN Bajo el nombre de “Guerras de desintegración de Yugoslavia” se engloba un complejo proceso que abarca prácticamente una década, desde el enfrentamiento del ejército federal yugoslavo y la milicia primero eslovena y luego croata en 1991, hasta los bombardeos de la OTAN sobre la pequeña Yugoslavia (Serbia y Montenegro) en la primavera de 1999. A lo largo de este proceso han nacido siete nuevos estados independientes en lo que era el territorio de la antigua Yugoslavia: Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Serbia, Montenegro y Kosovo. Los sucesivos conflictos armados que asolaron la región supusieron miles de víctimas mortales, cientos de miles de desplazados y unas enormes pérdidas económicas. ¿Qué pasó para que pueblos que habían convivido más o menos cómodamente durante más de 40 años se enzarzaran en una guerra fratricida? Evidentemente, no existe una única explicación y, como luego veremos, será una conjunción de factores la que ayude a explicar tan complejo proceso. Este trabajo no pretende ofrecer una explicación histórica ni militar de los sucesivos conflictos, sino un análisis de los mismos desde el punto de vista de la información y, sobre todo, de la propaganda, elemento indispensable en cualquier enfrentamiento bélico. La propaganda fue una herramienta imprescindible para que los distintos actores del drama de los Balcanes lograran el apoyo social necesario para llevar a cabo sus políticas nacionalistas (secesionistas o nacionalistas). La manipulación informativa y la propaganda no fueron las únicas responsables de las guerras de desintegración, pero sin su uso y abuso hubiera sido mucho más difícil mantener el esfuerzo bélico y esparcir la discordia entre los antiguos vecinos. Los medios de comunicación contribuyeron a crear nuevos odios pero, sobre todo, despertaron el miedo y la desconfianza dormidos en una zona de compleja historia, jalonada de derramamientos de sangre. El papel de la propaganda en la desintegración de Yugoslavia Marta GONZÁLEZ SAN RUPERTO
98 | ISSN 1696-2079 MARTA GONZÁLEZ SAN RUPERTO YUGOSLAVIA: UN DIFÍCIL EQUILIBRIO Para explicar las guerras de desintegración de la antigua Yugoslavia normalmente se han esgrimido dos teorías enfrentadas: una, culpa de todos los males a Alemania por su reconocimiento de la independencia de Eslovenia y Croacia y considerar a las repúblicas secesionistas del norte responsables de la destrucción del país. La otra, sostiene que el responsable de todos los problemas es el nacionalismo serbio y acaba reduciendo el conflicto a una simple película de buenos (los bosnios) y malos (los serbios), quedando los croatas en uno u otro grupo según las circunstancias. Ambas teorías son igual de simplistas, pero un punto medio entre ambas, sumado a otros aspectos de carácter fundamentalmente económico, pero también culturales y religiosos, nos darán una visión más clara de lo sucedido. En cualquier caso, tampoco es aceptable una tercera teoría que se abrió paso ante la complejidad de los acontecimientos y que no era otra que considerar a todos los implicados como igualmente culpables, dando como explicación de los sucesivos conflictos una especie de maldición histórica que ha llevado durante siglos a los balcánicos a masacrarse unos a otros. A la hora de analizar cualquier conflicto, hay que conocer sus orígenes. En este estudio se quiere profundizar en el uso de la propaganda y, para ello, debemos sumergirnos en la historia de los Balcanes y ver qué hay detrás de las consignas propagandísticas y cómo la historia, la cultura y la religión de cada pueblo contribuye a crearlas. Yugoslavia, como país, era una creación relativamente artificial, que no existe como tal hasta los tratados de paz que ponen fin a la Primera Guerra Mundial. Se reúne así a los eslavos del sur (que es lo que significa Yugoslavia) en un nuevo estado, bajo monarquía serbia, que inicialmente lleva por nombre Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos. Anteriormente, la parte norte (es decir Eslovenia, Croacia y parte de Bosnia Herzegovina) había dependido del imperio Austrohúngaro y la parte sur (el resto de Bosnia, Serbia, Montenegro y Macedonia) estaba en manos del imperio Otomano, aunque Serbia había logrado su independencia a finales del XIX. Esta primera Yugoslavia fracasa en gran medida por el enfrentamiento de croatas y eslovenos con el centralismo serbio y dificultades de carácter socioeconómico. Las diferencias entre ambos bloques fueron aumentando y alcanzaron momentos de máxima tensión cuando el principal líder político croata, Stjepan Radic, fue asesinado en el parlamento por un diputado montenegrino en 1928. La inestabilidad del régimen parlamentario terminó con el golpe de estado de Alejandro I, el 5 de enero de 1929, que estableció una dictadura monárquica. Se suprimieron los sindicatos, se detuvo a los comunistas y a cualquier enemigo de la hegemonía serbia. El estado cambió de nombre, a partir de entonces se llamaría Yugoslavia. El malestar entre los croatas era cada vez mayor y fruto de él surge la Ustacha (Sublevación), grupo armado y entrenado por la Italia fascista, que se organizó en torno al abogado Ante Pavelić. La Ustacha, separatista y opuesta a cualquier clase de unión con Serbia, fue la responsable del asesinato del rey en Marsella el 9 de octubre de 1934. La Segunda Guerra Mundial fue especialmente trágica en los Balcanes. Alemania dividió el país en estados títeres (Croacia, Serbia y Montenegro) y repartió el resto entre sus aliados. En estos años se va a producir un enfrentamiento de todos con todos: La Ustacha trató de eliminar a la población serbia de Croacia y Bosnia-Herzegovina con la ayuda de grupos de musulmanes; los chetniks —monárquicos serbios— exterminaron a croatas y musulmanes en las áreas que controlaban y se enfrentaron luego con los comunistas de Tito, que lucharon contra chetniks,