Sobre José María Izquierdo
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SOBRE JOSÉ MARÍA IZQUIERDO* POR ANTONIO BURGOS Hay una visión amorosa de la ciudad de Sevila que literariamente se convierte en erótica de odio, que es la que tiene el poeta Luís Cemuda , en la distancia del exilio, acerca de la tierra amada. Cernuda desca rga su odio contra Sevilla en forma de evocaciones de amor y de todos cuantos textos inculpatorios escribe, quizá el más significativo, por lo paradigmático, es el capítulo que dedica a Jo sé María Izquierdo en «Ocnos», que no es otra cosa que el «Divagando por la ciudad de la g racia » vuelto a escribir desde la nostalgia. Pocas veces, exaltándolo, se ha denostado tan intencionadamente a un autor. Pocas veces, queriéndola, se ha odiado tanto a una ciudad como C em uda en es te capítulo sobre Izquierdo, enigmático tras sus patillas de hacha, «patillas de chispero », dice Cemuda, «Siempre en la Biblioteca del Ateneo, escribiendo l os artículos diarios en que tiraba a la calle su talento». Primer apunte del odio a la ciudad. Segundo apunte del odio a la ciudad amada, el desprecio altivo a su gente. Dice Cemuda de Izquierdo: «Su amor por la poesía, por la música, ¿cómo podía conllevar aq11ellas gentes que le rodeaban ? Con menos talento y cultura, con inferiores cualidades espirituales, otros le han oscurecido ante el público españo l. ¿Por qué se obstinó alicortado en su rincón provinciano, pendón de bandería re gional para unos cuantos co mpadres que no podían comprenderle. Hoy-dice Cemuda-, distantes aqu e llos día s y aq11ella ti erra, creo que de todo fue causa un error de amor: el amor a una ciudad de espléndido pasado, cuyo espíritu acaso quiso él resucitar, dando para ello lo mejor que tenía, sacrificando su nombre y su obra » Nada nos parece más apropiado para este breve discurso académico en el de Izquierdo que hacer un literario informe de la defensa para obtener, al menos ante <<aq uellas gentes que.le rodeaban », la exculpación de José María Izquierdo, la absolución de su «pecado de amor» con Sevilla. * Palabras pronunciadas en la Sesión celebrada en homenaje a J. M. Izqu ie rdo el día 10/X/1986
34 ANTONIO BURGOS A Izquierdo se le suele despachar con un tópico, un seudónimo y el título de una obra, del mismo modo que Cemuda lo despacha con una dilapidación de talento, un pendón provinciano y un pecado de amor. El tópico es la creación de la Cabalgata de Reyes Magos del Ateneo. El seudónimo es Jacinto Ilusión. El título de la obra es obviamente, «Divagando por la ciudad de la gracia». A esto, vis to para sentencia por el acusador privado del centralismo cultural español que fue Luís Cemuda, dejamos reducido a Izquierdo. Pero digamos, en defensa de la generosidad de su obra, unas cuantas ideas que enmarcan el famoso capitulo de «Denos», que hemos tomado para fijar la iconografía cultural de Izquierdo en las letras españolas, como podíamos habe tomado los otros dos antológicos retratos, el de J. R. J., en «Españoles de Tres Mundos» o el de Joaquín Romero Murube en «J. M. Izquierdo y Sevilla». «Tirar a la calle su talento» .. . Primera acusación de Cemuda. ¿Lo tiró estérilmente a la calle? ¿O fue un mensaje que, como heraldo, segú n acertadamente definía recientemente el profesor Collantes de Terán, sembró en una Sevilla que se había de erigir en cabeza de una región y en utopía de un Ideal? «Aquellas gentes que le rodeaban ... con menos talento y cultura». ¿Quienes eran aquellas gentes? Era sencillamente el Ateneo directamente heredero de los krausistas, de las enseñanzas de Sales y Ferré. Aquellos «compadres que no podían comprenderle» -tercera acusaciónni eran compadres y sí supieron comprenderle. Aquellos «Compadres» se llamaban Bias Infante. José Andrés Vázquez, Mario Méndez Bejarano, Isidoro de las Cagigas, Gastalver, Barras ... «Pendón de bandería regional». En la cuarta acusación cemudiana quizá esté la mayor grandeza del «pecado de amor» (si es que lo hubo) de Izquierdo. Porque aquel «pendón de bandería regional» que Cemuda tan despectivamente evoca no es otro que el que, años más tarde, se dió el pueblo de Sevilla y de los cuatro Reinos c_l e la Andalucía, haciendo cuer- • po cultural y político la utopía de lzquiérdo. Izquierdo carga con el olvido de todos los precursores y si bien fue un precursor en una determinada cod ificación estética de la ciudad de Sevilla, precisamente a través de la Id ea utópica de la ciudad llega al Ideal de la región. Izquierdo se ade lanta a los tiempos y es, junto a José Andrés Vázquez, «Fígaro» en el seudónimo de aquellos papeles afímeros en que también «tiraba a la calle su talento» ... Junto con José Andrés Vázquez, decía, Izquierdo se adelanta a los ti empos y formula y en 1911 una primera idea cultural y política de Andalucía. Del ideal de la ciudad,
SOBRE JOSÉ MARÍA IZQUIERDO 35 Izquierdo pasa al Ideal de la región. Tiene Izquierdo, en su fonnación clásica, un concepto helénico de la ciudad-Estado. La ciudad-Estado es Sevilla, medida del universo, poseída por la Gracia. De esta ciudadEstado pasa a la región-Universo, a Andalucía como suprema medida de todas las cosas. Mucho se ha escrito del «Divagando» en su más tópica visión de la ciudad; muy poco, empero, del « Divagando » como cuanto realmente es: el primer manual del andalucismo cultural, ese «pendón» de bandería regional, denostado pendón para Cemuda, sagrados colores del Ideal para muchos otros. Izquierdo, por ejemplo, y bástenos citarlo a modo de ejemplo en nuestro breve informe de defensa, se adelanta en año al menos al «Ideal Andaluz» de Bias Infante. La propia expresión de <<ideal» Andaluz no es de Infante, sino de Izquierdo, y el notario de Cantillana así lo recoge en la nota número 13 de su primer capítulo. José Andrés Vázquez, pues, y José María Izquierdo son los dos grandes sembradores del Ideal Andaluz, en una especie de Generación del 98 con efecto retardado, que se hubiera retrasado una década en cruzar Despeñaperros, puesto que su obra hemos de inscribirla en las coordenadas del regeneracionismo español. Ideas de Infante como que Andalucía es «la más España de todas la Españas» (lo que Castilla del Pino llamó «la identidad excedente»), están ya en Izquierdo. Id eas de Infante como la similitud de paralelos geográficos entre las ciudades-Estado de la Grecia Clásica, la Magna Grecia y Andalucía, están ya en Izquierdo. En Izquierdo está no sólo la teoría del Ideal Andaluz, sino, en términos de filosofía política, la antítesis y la síntesis de esta tesis, que él llama autarquía y llama regionalismo andaluz. Izquierdo, por tanto, no se o bs tinó alicortado en rincón provinciano alguno. Más provinciana es la obra de su acusador, vista con este punto de vista, que no sale de las tiendecitas de la plaza del Pan ni del aroma del magnolia en flor. Izquierdo, desde aquella biblioteca de la Universidad, desde el Ateneo, abrió Sevilla a Andalucía y Andalucía, al mundo. A Izquierdo Madrid le cogía muy lejos y se amarró, como Ulises, a la Giralda, para no oir los cantos de sirena de quienes luego habrían de inmortalizarlo en retratos infamatorios, acusantes. No hay nada menos provinciano que una obra que está tan cerca de Jo s patios como del ágora de Grecia. Izquierdo empeñó su vida en la defensa de aquel Ideal de ciudad y de región. Si fue pecado de amor, la historia deb~ absolverlo. Si fue comisión de delito de l eso centralismo, ahora ondean al aire aquellos «pendones bandería regional» y siguen señalando la eterna utopía del Ideal de Izquierdo.