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A la búsqueda de los textos olvidados. Los orígenes de la modernidad discursiva en la historia del español

Cano Aguilar, Rafael

Abstract

La transición entre los siglos XVII y XVIII era un período nada, o muy poco conocido, para los historiadores del español. Entre la época clásica de los Siglos de Oro y el inicio de la moderni-dad en el XVIII no se situaba en esa época ningún acontecimiento de interés. La investigación moderna, sobre historia del vocabulario o sobre historia de los textos, está mostrando que a partir de 1675 se inician formas y tradiciones discursivas centrales en el español moderno, a la vez que continúan procesos de períodos anteriores. Esta ponencia analizará algunos de los textos (no literarios) más significativos de esos años, y tratará de establecer sus rasgos lingüísticos y discursivos más claramente definitorios.

Full text

Rafael Cano Aguilar (Sevilla) A la búsqueda de los textos olvidados. Los orígenes de la modernidad discursiva en la historia del español En memoria de Wulf Oesterreicher Abstract: The transition between the seventeenth and eighteenth centuries has been a period of very little, if any, knowledge for the historians of Spanish. Between the classical period of the Siglo de Oro and the beginning of modernity in the eighteenth century there was no event of interest at that time. Modern research on the history of Spanish vocabulary or texts shows that from 1675 onwards we can find forms and discursive traditions that are central in modern Spanish, whileprocesses fromearlierperiods continued.Inthispaperwewill analyzesome of the most significant (non-literary) texts of those years, and try to establish their defining linguistic and discursive traits. 1Al iniciar una nueva investigación sobre análisis de textos e historia de la lengua, el estudioso no puede sino empezar por replantear la cuestión, siempre controvertida, de las relaciones de la Historia de la Lengua, como disciplina, con el estudio histórico de la lengua literaria y de los textos en que esta ha cristalizado, así como con los textos de muy variada naturaleza con que el investigador puede, y debe, contar. La cuestión se ha planteado en reiteradas ocasiones, hasta el punto de que constituye un motivo recurrente en todo historiador que se precie. Pero en general, casi siempre se ha hecho de forma dicotómica, binaria: lengua literaria vs. lengua no literaria. La tradición entre los estudiosos españoles, en especial los másrecientes, afirmaquela lengualiteraria hasidosiemprela dominanteenlainvestigación, enunciado que suele ser proferido a modo de reproche. En efecto, se recuerda que Lapesa cita, como argumento para apoyar su pretensión de estudiar en la historia del idioma también los giros y usos que no parecen tener sino una presencia individual, la consideración de Schuchardt acerca de que el lenguaje, nacidode lanecesidad,tiene sucumbreenelarte (Lapesa2000,63).No hay,pues, que esperar al idealismo lingüístico de Vossler o Spitzer, inspirados en la filosofía, entre otros, de Croce, para considerar a la lengua literaria como la máxima expresión de los usos lingüísticos y, por tanto, la máxima acreedora del estudio y el análisis. No obstante, el fundador de la Lingüística histórica del español, RaDOI 10.1515/roja-2017-0013 Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM 280 | Rafael Cano Aguilar món Menéndez Pidal, mantuvo una actitud dual frente a la cuestión: por un lado, para las épocas primitivas utilizó la documentación iliteraria, ciertamente porque se carecía de cualquier otra, pero sobre todo porque la lengua no literaria ofrecía horizontes más amplios que la de la literatura (“La literatura nos presenta el idioma, si no fijado, como suele decirse, al menos muy cohibido por la tradición letrada, y el hecho lingüístico suele aparecer bajo una sola de sus facetas, la escogida por esa tradición”, Orígenes, 8ªed., p. 515); pero por otro, para las épocas posteriores del idioma, el recurso a los textos no literarios, básicamente los de naturaleza jurídica, disminuye de forma drástica, de forma que parece considerar entonces a la lengua literaria como más fiable para rastrear los usos lingüísticos generales, mientras que la jurídica se fosiliza y acartona (para todo esto véanse Cano 2005 y Garatea 2005). Este vaivén de lo no literario a lo literario parece, pues, seguir las distintas vicisitudes de la producción textual castellana, y priman unos u otros tipos textuales en función de la existencia, abundancia y disponibilidad respectivas en cada época. Ello, en cierto modo, continúa la tradición de las histoires de la langue francesas en las que la concentración en lo lingüístico y la atención a textos no literarios cedían ante el omnipresente dominio de la lengua literaria a medida que esta iba adquiriendo formas cada vez más elaboradas (cfr. Vàrvaro 1972/1973). Y ese vaivén, ahora en forma de preferencias de épocas y escuelas, no ha cesado en la historiografía lingüística sobre el español: de las idealizaciones de lo literario presentes en Amado Alonso (aunque con agudísimaspenetraciones enlosmecanismospragmáticosdelaconstrucciónlingüística) o en los primeros estudios lapesianos sobre sintaxis histórica del español, el péndulo ha corrido hacia la desmitificación de la lengua literaria en su validez para el estudiohistórico-lingüístico,inclusohacia sudescalificación plena,y haciala utilización cada vez en mayor grado de documentación no literaria, básicamente la jurídica, pero también la de otros ámbitos discursivos (de nuevo, véase Cano 2005 para estas cuestiones). En las últimas décadas esta orientación se ha vinculado con la búsqueda, a veces obsesiva, de las “huellas de la oralidad” (en expresión de Wulf Oesterreicher) en la escritura, tomando, más o menos explícitamente, la enunciación oral como la única forma “real” de la lengua, frente a la artificiosidad de la escritura, en especial la escritura literaria. Intuitivamente, la escritura no literaria suele concebirse en bloque como más próxima al lenguaje oral, al ordinario, al real, al propio de la vida común de los hablantes. Esta visión, cuyo simplismo puede haber sido acentuado por necesidades de esta exposición, responde, como se dijo antes, realmente a una visión dicotómica, en la que se presentan dos pilares básicos, el literario y el no literario, en torno alos cualesse organizantodaslas formasenunciativas posibles.Sinembargo, dos hipótesisdesarrolladasenlasúltimasdécadasporlaRomanísticaalemana(desde Coseriu y Schlieben-Lange a Koch, Oesterreicher, Kabatek y un largo etcétera, en Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM A la búsqueda de los textos olvidados | 281 el que han de incluirse lingüistas españoles como, muy destacadamente, López Serena) pueden ayudar a desmontar la binariedad del planteamiento y a ofrecer una visión mucho más coherente, y compleja, con el funcionamiento de las lenguas, su variación y sus modificaciones. Me refiero, obviamente, a la hipótesis de las “tradiciones discursivas” y a la superación de la dicotomía oral vs. escrito por la transición gradual de la inmediatez a la distancia comunicativas, en virtud de la presencia o no de una amplia serie de parámetros. En efecto, ni lo oral como modo físico de enunciación supone un modo peculiar, propio y excluyente de la actuación lingüística, ni la escritura, aun la literaria, se deja encerrar en una sola categoría dominante. Las lenguas históricas están constituidas por (sub)sistemas variados y en variación, de los que los hablantes disponen en mayor o menor grado para sus competencias activas y pasivas. Y se realizan a través de actos de habla que se integran en tradiciones de hablar, prefiguradas, aunque no rígidas, las cuales modelan las actuaciones concretas. La lengua no es más o menos “real” en unas u otras de sus manifestaciones, sino que adquiere cuerpo en todas ellas, y cada una manifiesta sus propias formas de elaboración, sus rasgos peculiares, sus elementos constituyentes caracterizadores. El historiador dispone solo de unos pocos restos de esas actuaciones del pasado: carece de las que solo tuvieron realización física hablada, y se encuentra sometido al albur de la conservación de fragmentos de los modos de actuación lingüística escrita, conservaciónen mayoromenorgrado oausenciatotalque dependende condiciones históricas ante las que carece de cualquier posibilidad de control; desconoce en buena parte de casos las condiciones y el entorno en que se produjeron estas actuaciones (de ahí la necesidad de “recontextualizar” los textos de que habló Wulf Oesterreicher). Esta situación trágica del historiador de la lengua (recuérdeseaLabov ysu mejor usode lospeoresdatos) sevecompensada porel hechode que todas las tradiciones textuales, genéricas, discursivas, más o menos fragmentadas, a las que tiene acceso forman parte por igual de la lengua histórica cuyo devenir intenta desentrañar, sin que entre ellas deban establecerse jerarquías de “representatividad”¹, pues todas ellas son formas y productos igualmente legítimos de la actividad lingüística. Al igual que para las lenguas coetáneas, pero con muchos más problemas, el historiador no tiene acceso a “la” lengua sino a retazos desmembrados de la actuación, a partir de los cuales puede inferir sistemas, complejos, tradiciones. Y en esa labor los retazos con que se encuentra no pertenecen 1Ni tampoco, como señala Kabatek (2016, 1–17, con referencias a estudios anteriores), todas ellas en su conjunto, recopiladas en forma de corpus, pueden considerarse representativas de “toda” la lengua. Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM 282 | Rafael Cano Aguilar solo a una o a otra categoría, sino a muchas, las que la historia le da y las que él puede formular. 2Pese a esa supuesta primacía de lo literario en el estudio histórico-lingüístico delespañol,la atenciónse haconcentrado endeterminadas épocas,nosolo porla abundancia o excelencia de sus textos sino también, y a veces sobre todo, por su relevancia para la historia lingüística. En este sentido, parece claro que la época de orígenes, extendida hasta la primera escritura castellana del s.XIII, y los siglos XVI y XVII (los llamados, por su bondad literaria, “siglos de oro”) han atraído de forma muy mayoritaria la atención de los estudiosos: la primera por constituir la etapa de “nacimiento” del castellano; la segunda por suponer la gran revolución que originó la lengua moderna. La atención se dirigió también hacia el siglo XV, por su carácter fronterizo entre la Edad Media y la época “clásica” (otra etiqueta de origen literario) y por los llamativos rasgos de buena parte de su producción textual literaria. Y del XVIII en adelante, muchos historiadores, entre los que me he contado, han considerado que no debían ocuparse porque eso era ya la lengua moderna, territorio para los lingüistas “sincrónicos”. Ahora bien, si hay una época que los historiadores del español parecen haber ignorado especialmente durante mucho tiempo es la que se sitúa a caballo de los siglos XVII y XVIII. En realidad, con los grandes cambios (fónicos, pero también gramaticales) del español áureo supuestamente concluidos, solo hay que esperar a que el siglo de la Ilustración comience a renovar el vocabulario, renovación que en ese siglo y en el XIX vendrá sobre todo de Francia, y que desde el XIX y ya en el XX tendrá procedencia fundamentalmente anglosajona. Se ignora, pero también se descalifica: “Imitaciones serviles y hueras de Quevedo, culteranismo sin inspiración y una invasión creciente de chabacanería y vulgarismo afean el estilo en la época de Carlos II y primeros años del siglo XVIII” es el juicio que merece a Lapesa, en su Historia², la lengua literaria de esos años; y en sus datos lingüísticos no se rastrean referencias (salvo alguna muy ocasional) de mediados del XVII o posteriores. Pero en esto los historiadores de la lengua no han estado solos: no hay ninguna referencia a esa época en las historias de la literatura de Díez Borque o Canavaggio; son mínimas las de Alborg (solo al erudito Nicolás Antonio, al historiador Antonio de Solís y a Miguel de Molinos) y Jones (Nicolás Antonio y Francisco Santos, cuya novela El arca de Noé recibe una crítica muy negativa); y la de Rico, si bien se hace eco de las revisiones de la época promovidas por 2Referencias, de Lapesa u otros, a la lengua inmediatamente posterior (s.XVIII) pueden verse en Octavio de Toledo 2016, 58–60 (también en su introducción a Fernández Alcaide et al.2016, 17ss.). Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM A la búsqueda de los textos olvidados | 283 historiadores, apenas contiene referencias (y las que hay también negativas) a la producción textual de la época. Ello contrasta radicalmente con lo que ocurre en laactualidad:véase,p.ej.,el númeroespecialdeCriticón(103/104,2008)dedicado a “La literatura española en tiempos de los novatores (1675–1726)” (coordinado por Alain Bègue y Jean Croizat-Viallet). En efecto, fueron los historiadores quienes a finales de la década de los 70 del pasado siglo empezaron a mirar con nuevos ojos esa época oscura, y oscurecida, de la historia de España. En primer lugar, los historiadores de la ciencia como López Piñero (1979 y 1993), que sacaron a la luz obras y nombres de renovadores del pensamiento y la actividad científica en España, verdaderos precursores de lo que a mediados del siglo siguiente fue la tímida Ilustración española. Desde entonces, a este benemérito grupo de médicos, astrónomos, matemáticos, pero también de historiadores y eruditos, se les aplicó el nombre que con intención despectivasehabíautilizado contraellosalgo despuésdesu aparición,el denovatores: reaccionaron contra el aristotelismo y el galenismo y defendieron métodos experimentales y la recuperación del contacto con la ciencia europea. Otros historiadores, generalistas, incidieron en la renovación y recuperación incipientes de ese período, con su tímida recuperación económica, el despertar de la periferia y el planteamiento de reformas que, como tantas otras veces, no se llevaron a cabo (Kamen 1981 [1979] y 1997); igualmente, se destacaron las nuevas condiciones intelectuales que se estaban formando, para las que no habría, pues, que esperar a las reformas borbónicas (Maravall 1978; López 1996 y 1997; Mestre Sanchís 1996 y 1998; Pérez Magallón 2002). Y han sido también varios los historiadores del español que se han adentrado en este período, superando por tanto el prejuicio “literario” tantas veces aplicado a la disciplina, pues sus fuentes han sido textos elaborados al margen de los géneros típicos de la literatura. El punto de arranque vino dado por el estudio del léxico, justamente el ámbito en que se concede al XVIII y épocas posteriores la primacía en la evolución del idioma. Continuando y ampliando la senda iniciada en su momento por Lapesa (1966/1967) y por Bustos Tovar (1981), la tesis doctoral de Álvarez de Miranda (publicada en 1992) situó con justicia el comienzo de su estudio, y por tanto el inicio de la renovación y ampliación léxica del español, en 1680, incluyendo así, quizá por primera vez, en las historias sobre el español el reinado del último de los Austrias, Carlos II. Trabajos posteriores del mismo autor vinieron a incidir en la relevancia de las academias y tertulias para la actividad de los novatores (1993), en las condiciones generales de su época (1996), o en algún curioso texto de la época (2008). Destaca igualmente (1996, 92) cómo estos novatores fueron sustituyendo el latín por el español en la escritura científica, algo que ya venía ciertamente desde la época renacentista (Porcar 2012, 250s.) y que corre paralelo al definitivo destierro del latín de la actividad académica y universitaria Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM 284 | Rafael Cano Aguilar española (Gutiérrez Cuadrado 1988). No obstante, ha de señalarse que también los novatores utilizaron el latín para la expresión científica, y no solo cuando la dirigían fuera de España: ello se comprueba, entre otros, en Manuel Martí, que solo utilizó el latín, o Juan Bautista Corachán, Tomás Vicente Tosca y otros, que alternaron en su obra latín y español. Nomuchodespuésotrogrupodehistoriadores,encabezadosporGirónAlconchel, tomó también como objeto central de sus investigaciones esta misma época, extendida o no, según los casos, al resto del XVIII y a épocas posteriores. En sus caracterizaciones de la lengua de los Siglos de Oro es patente la preocupación de Girón por este momento final del XVII (2004), así como en diversos estudios monográficos sobre concretas cuestiones de sintaxis histórica (cfr. Girón 2012, donde culmina sus estudios sobre la formación de la secuencia artículo más relativo); pero pronto el interés se vertió al análisis discursivo, aplicado a la prosa ensayística (2003b) o general (2016a), a una obra (El hombre práctico, de Gutiérrez de los Ríos, 1686) que reúne la nueva ideología del momento (2004), o al discurso historiográfico (2016b). A partir de estos análisis, postula un incremento de la hipotaxis como forma dominante de organización discursiva (incremento, además, de la subordinación “fuerte”); junto a ello, una disminución en el uso de los marcadoresdiscursivosnoconectores,y unaumentodelosconectores,conempleono solo de conjunciones sino también de formas específicas de conexión. Todo ello supone, según sus palabras, un “descenso considerable de la textualidad oral en los textos escritos modernos” (2003b, 350). No obstante, Porcar Miralles (2012) ya habíaseñaladoelaumento delgradode planificacióny ladisminución delanclaje contextual, justamente a través del aumento en el uso de marcadores discursivos, en la anterior prosa científica del Renacimiento. En una línea muy semejante, Octavio de Toledo acuñó ya en 2007 la etiqueta de “primer español moderno” para un período que sitúa desde 1675 hasta 1825, de manera que la tradicional lengua dieciochesca ve ampliarse sus límites hacia el XVII en sus comienzos y hacia el XIX en su final; en ese período sitúa el desarrollo de algunos fenómenos sintácticos en el plano oracional (2007 y 2008), y ha estudiado ciertos procesos de conexión discursiva en la incipiente lengua periodística (Borreguero Zuloaga/Octavio de Toledo y Huerta 2007). De esta forma, pues, con estos autores, a los que se podrían añadir otros, los que, p.ej., analizan también esa inicial prosa periodística (Ettinghausen 2000; Méndez García de Paredes 2008), o la médica entre el XVII y el XVIII (Gómez de Enterría/Martí Sánchez 2016), y otros algo más lejanos de la orientación que queremos dar a este trabajo, la historia del idioma en ese período, al que antes llamamos “oscuro y oscurecido”, empieza a revelarse con cada vez mayor claridad. Pero, signo de los tiempos de la Filología actual, esta investigación se está realizando ante todo sobre textos que los historiadores de la literatura jamás incluirían en sus cánones: Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM A la búsqueda de los textos olvidados | 285 ello puede deberse a que no hay otros, o no hay otros muchos suficientemente atractivos, pero sobre todo a que la mirada del historiador de la lengua intenta, cada vez más, abrirse a más y más horizontes textuales³. 3Para el trabajo que aquí se presenta, ha parecido de interés contar con textos de cada uno de los ámbitos en que con más fuerza se produjeron los intentos de innovación:laMedicina(conla CartaPhilosophica MedicaChymica de JuandeCabriada)⁴, las Matemáticas (con la Arithmetica demonstrada de Juan Bautista Corachán)⁵ y la crítica historiográfica (con De la corrupcion de las Chronicas impressas⁶ ylasMemorias históricas del Rey D. Alonso el Sabio⁷, ambas de Gaspar Ibáñez de Segovia, marqués de Mondéjar). Como contraste se ha analizado también el texto de uno de los más notables representantes del reaccionarismo médico: los Avisos de la muerte… (o Tratado de la peste)deJuandelaTorre⁸. La atención, como viene siendo habitual en los estudios de sintaxis histórica orientada discursivamente, se centrará en aquellos aspectos más relevantes para tal fin, en concreto los que tienen que ver con la construcción de las secuencias discursivas, analizables tanto en el plano oracional (perspectiva sintáctica, gramatical) como en el situado más allá de la oración (ilación discursiva, etc.). En último término, el objetivo consiste en averiguar si los intentos de renovación científica e ideológica se tradujeron igualmente en la renovación de los procedimientos expresivos; si, por el contrario, estos se atuvieron a las formas dominantes en la época, heredadas de épocas anteriores; y si los hechos lingüísticos detectados pueden inscribirse en la historia de unas determinadas formas textua3No debería omitirse que dos de los historiadores que iniciaron este nuevo camino, Álvarez de Miranda y Girón Alconchel, fueron discípulos de Lapesa, el máximo representante, según algunos, de esa Historia de la lengua volcada casi en exclusiva hacia la lengua literaria. 4Carta filosofica medico-chymica en que se demuestra que de los tiempos y experiencias se han aprendido los Mejores Remedios contra las Enfermedades… En Madrid: en la Oficina de Lucas Antonio de Bedmar y Baldivia…, 1687 (www.cervantesvirtual.com/buscador/?q=cabriada). 5Arithmetica demonstrada theorico-practica para lo mathematico y mercantil. En Valencia: por Jayme de Bordazar, 1699 (http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000060328&page=1). 6De la corrupcion de las Chronicas impressas de nuestros Reyes… Manuscrito, s. a. (comienzos del s. XVIII). Se ha utilizado el ms. 1175 de la BNE, que, a falta de un más minucioso análisis filológico, parece ser el que menos errores contiene (hay otras copias: Mss. 5861, 10625 y 8949). 7MemoriashistoricasdelReiD.AlonsoelSabioiobservacionesasuchronica.EnMadrid, en casa de D. Joachim Ibarra, 1777 [obra póstuma] (http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id= 0000015582&page=1). 8Juan de la Torre y Valcárcel, Avisos de la muerte… (o: Tratado de la peste).EnMadridpor Melchor Álvarez, 1681 (http://fondosdigitales.us.es/fondos/libros/2096/1/avisos-de-la-muertemanual-y-prompta-resolucion-para-preservarse-y-curarse-de-la-peste-por-el-doctor-d-iuande-la-torre-y-valcarcel/). Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM 286 | Rafael Cano Aguilar les y en la constitución de determinadas tradiciones discursivas, o si obedecen a otros parámetros explicativos. 3.1 No obstante lo dicho, no deja de ser interesante señalar algunos hechos sintácticos, situados en planos “inferiores” de la construcción discursiva, pues con ellos: a) se comprueba, una vez más, la extraordinaria lentitud de los cambios sintácticos, en especial en lo referente a la desaparición de las formas perdedoras en la contienda; y b) se pueden caracterizar, precisamente por ese conservadurismo, en cierto modo las tradiciones textuales que se analizan. Así, es notable comprobar cómo tanto Cabriada como de la Torre, innovador y reaccionario, coinciden en el amplio empleo del subjuntivo en -re (en alternancia con el presente de indicativo) para hipotetizar las distintas situaciones por las que puede pasar el enfermo, por las vicisitudes en la toma de medicamentos, etc., tanto en condicionales como en relativas, de generalización o no⁹. Cabriada, el innovador, mantiene con cierta firmeza una construcción tan anticuada como el infinitivo de sujeto no concertado: “aquello que ha mostrado ser cierto la Experiencia” (p.20), “[…] que dize, inducirse la Calentura […]” (p.149). Por su parte, el matemático Corachán mantiene el clítico en posición posverbal tras pausa fuerte (“Divídese…”), y hace sistemático este orden en subjuntivos apelativos (prescripciones en la resolución de problemas: “Partase…”, “Digase…”) hasta el punto de convertirloencaracterísticodeestetipodetratados.Porsuparte,IbáñezdeSegoviaextrema eluso delas completivas(de ODo desujeto)sinnexo,una disposición a veces elaborada, otras más inmediata, de reducida y vacilante vida en la historia del idioma: “dispuso se imprimiese […]”, “no se puede dudar la huviesse formado el Rei […]”, y un largo etcétera, en Corrupcion; “notándole devia la mayor parte […]”, “parece deve reducirse su nacimiento […]”, “sabiendo passó con la Reina […]”, etc., en Memorias; el abundante recurso a esta modalidad acaba constituyendo un rasgo de estilo (¿buscado?) de los textos del marqués de Mondéjar. Finalmente, no se puede dejar de aludir a la presencia ocasional de hechos que, si bien presentes desde los orígenes del idioma, empezaban en esa época a ser desplazados de la escritura, para reducirse a la inmediatez comunicativa y acabar siendo considerados, incluso, como incorrecciones sintácticas. Así, la duplicación del relativo mediante un clítico (“[…] que por ser Materia tan curiosa, y necessaria, la tocaré […]”, Cabriada, p. 23s.); también se halla en Avisos (p.21). O la repetición del que introductor de completiva, normalmente por quedar la 9Menos relevante es la conservación en Cabriada de -ra en la apódosis de condicional irreal, eso sí, temporalmente presente: “[…] que si escriviera oy, que nos enseñara mas grande Medicina” (p. 36). Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM A la búsqueda de los textos olvidados | 287 completiva en cuestión muy lejos del verbo regente de “decir” (así en Cabriada, p. 27, en Avisos, p. 27s.). Incluso puede hallarse el alejamiento del antecedente (un demostrativo aquel) respecto del relativo (“aquellas razones son iguales, cuyos antecedentes […]”), construcción muy del gusto de Corachán, y solo presente en él. También son muy pocos los casos de un que introductor de justificaciones a posteriori o de difícil adscripción semántica¹⁰. La notable escasez de tales formas parece garantizar su práctica desaparición de la lengua elaborada escrita. 3.2 Evidentemente, no es solo la pertenencia de un texto a una determinada tradición lo que determina sus características de construcción sintáctica. Dentro de los textos, aun de los más diversos entre sí, pueden existir segmentos muy concretos que se insertan en tradiciones discursivas específicas y es esto lo que determina su forma. Entre esos segmentos bien delimitados están los prólogos, que suelen tener una sintaxis propia, diferente de la del resto del texto y semejante de unos a otros. Esto se muestra de manera muy marcada en Cabriada, tanto en la dedicatoria al conde de Monte-rey como en la dirigida al enigmático Filiatro. En ellas la elaboración sintáctica es extrema, pero ello no se realiza mediante la complejidad en las relaciones interoracionales y en la incrustación de unas secuencias en otras: por el contrario, no hay gran variedad en la hipotaxis ni se echa mano de los tipos más complejos, ni la mayoría de los párrafos contiene, salvo situaciones muy concretas, secuencias superiores a las bio tri-oracionales¹¹. La elaboración se consigue mediante el orden casi sistemático adjetivo – nombre, la constante inserción de gerundios explicativos, incisos y paréntesis, acumulación de sintagmas nominales (sustantivos que se prolongan en relativas explicativas), contraposiciones y paralelismos… También ayudan disposiciones de orden de los elementos, más o menos marcadas: anteposición de subordinadas introducidas por como (orden habitual en casi todos sus valores), de OD focalizados (“Sombras […] pretendo desvanecer […]”, fol.15), de predicado nominal en frases atributivas. De la época, herencia de la escritura barroca conceptista, procede el gusto por elipsis, zeugmas, o infinitivos independientes tras exclamación: “Honroso ardor! Querer […]” (fol.6)¹². 10 Solo en Avisos se hallan con relativa frecuencia estos que, incluso encadenados entre sí: “[…] no será malo, que solo hago mencion de lo indiuidual, que basta” (p. 15). 11 En la primera dedicatoria, de 14 párrafos detectados, 6 son monooracionales, 3 de dos oraciones y 4 de tres, y solo un párrafo llega a las nueve oraciones. En la segunda, de 21 párrafos, 7 son monooracionales, otros 7 constan de dos oraciones, 2 con tres, una con cuatro, y un caso, respectivamente, de secuencias de 7, 9, 6 y 10 oraciones. 12 Es notable que en un párrafo complejo, que acumula infinitivos y gerundios, el autor defienda huir de la afectación, con ecos de Valdés, más que por motivos estéticos por considerarla encuAuthenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM 294 | Rafael Cano Aguilar también notablemente reacios a la conexión supraoracional; y hay un claro retroceso frente a algunos textos de “arbitristas” donde la conexión explícita, con variaciones, empezaba a ser dominante; ahora bien, esa independencia de parágrafos y párrafos parece, sí, ir en consonancia con lo que se estaba produciendo en la lengua literaria de la época, pero aun no con el desarrollo posterior de la lengua informativa y ensayística (cfr. Cano 2016). Sin embargo, los procedimientos de conexión explícita entre períodos y parágrafos son extraordinariamente pobres, y en ningún caso suponen avance frente a textos anteriores (en realidad, constituyen un claro retroceso al respecto), y, por tanto, no parecen prefigurar el tipo de prosa ensayística posterior, al menos en este parámetro. En efecto, con algunas excepciones, y obviando las conexiones a través de las redes léxicas¹⁹, el mecanismo más utilizado son las remisionesanafóricasmediantepronombres(demostrativos,identificativoscomomismo, la originaria expresión locativa de aquí (en Cabriada), etc.). Siguen los nexos, conjunciones, coordinantes, funcionando ahora en una dimensión superior: en primer lugar, la copulativa y, acompañada en ocasiones de refuerzos (y assi en Cabriada, Avisos e Ibáñez de Segovia), seguida del contrapositivo pero. Se utilizan tambiénadverbiosconsentidodeadición:tambien,asimismo,assi; yenCorachán adverbios temporales: luego,despues. O, solo en Corachán, nexos subordinantes antelos quela pausa reflejadaenla puntuaciónha disueltolaestricta relaciónsintáctica: porque,de suerte que ycon que, a los que habría que añadir un uso de por donde en Ibáñez de Segovia, y de donde en Cabriada. Finalmente, apenas hacen acto de presencia elementos que se habían configurado, o se estaban configurando, comoconectores especializados eneste tipode vinculación: losconectores de contraposición no obstante en Cabriada, si bien aún unido en un caso al demostrativo esto, por lo que ahí sigue constituyendo una construcción absoluta; ysin embargo en Ibáñez de Segovia, alguna vez tras pero; los ilativo-consecutivos por consiguiente (Cabriada) y pues, algo más frecuente, de colocación y valores diversos; a ellos habría que sumar algún recapitulador (en suma, en Cabriada), ordenadores: en fin (Cabriada, Avisos), finalmente (Corachán), además de las ordenaciones establecidas mediante numerales ordinales (primero,segundo,etc., muy usadas por todos estos autores); yporvltimo(en Cabriada), o las distribuciones “por una parte… por otra parte” (p.ej. en Cabriada). Las necesidades argumentativas provocan una cierta acumulación de estos conectores. Así, en Cabriada (p. 22) el parágrafo iniciado por “Tambien es nuevo invento […]” añade a esa conexión inicial, dentro del párrafo, otras establecidas atravésdepor consiguiente yde donde, el cual a su vez refuerza su valor con la 19 O de repeticiones y paralelismos: así la secuencia de “Hallé […] Hallé […]” en Cabriada (p. 12). Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM A la búsqueda de los textos olvidados | 295 expresión que le sigue (“de donde se sigue por legitima consequencia […]”). O el refuerzo en la escala argumentativa logrado mediante el reiterado Más con que inicia los párrafos que desgranan los elementos de la argumentación (“Mas: Experimentamos, que los Perros […]”, ibid.). Para rematar la argumentación, aparte de algunos usos peculiares como los señalados para Corachán (con que,de suerte que), el más habitual es pues, intercalado normalmente detrás del primer elemento de la oración, si bien en algún momento, en Corachán aparece en posición inicial, introduciendo una reacción a lo que se acaba de decir, en una forma que recuerda el pues de réplica tan propio de la oralidad (“el tercer guarismo del senario es 5. pues digo quinientos” (p. 11), “Pues como se nombrarà?” (p.14), “Pues para que no causen confusión […]”, ibid.,etc.). 3.6 La presenciadel enunciadoren suenunciado a travésde manifestaciones lingüísticases,enla escritura,tan antiguacomoesta. Sinembargo, notodoslostipos de texto la muestran en iguales proporciones o con las mismas formas. Los textos aquí analizados manifiestan continuidades y relevantes novedades respecto de la inscripción del autor en su texto dentro de la tradición expositiva y científica a la que se adhieren. Continúan una antigua tradición (en castellano pueden hallarse desde, al menos, los textos alfonsíes) las expresiones en que el autor detalla cómo ha organizado el texto, o cómo va a pasar de una parte a otra, o de un tema a otro. En Cabriada ello se hace en primera persona: “Passo al SEGVNDO FUNDAMENTO […]” (p.26), “[…] dexando esto para mejor ocasion, vengamos al TERCER GENERO […]” (p.34), etc.; o iniciando una nueva vía discursiva con un Aora que da paso a nuevos contenidos. Más ocasional es el uso de la primera persona, plural, para recuperar un tema, en Avisos (“Hemos dicho […]”, p.11; “Bolvamos ya à […]”, p.18). Menos frecuentes, en cambio, son tales consideraciones metatextuales en los otros autores, si bien Corachán recurre igualmente a la primera persona para justificar la ordenación elegida por él para su texto (“[…] que omito por no ser molesto”, p. 11), justificación más desarrollada en otros momentos (“Bien conozco, que […] Pero no he podido omitirlas […] diré lo mismo […]”, p.14); y en algún caso, no solo hay consideración metatextual sino también metalingüística al proponerse un modo discursivo afecto a un modelo común de hablar (“Pero vamos al caso, que hemos de hablar como todos hablan”, p. 318). Estas consideraciones metalingüísticas (explicitación de los modos en que se va a construir el discurso) son también frecuentes en Cabriada: “(Tocarê esto brevemente, por no dilatarme)” (p. 22), “Mas claro y mas breve: […]” (p.35). En Avisos solo alguna vez el autor justifica su decir (“[…] no será malo, que solo hago mencion de lo indiuidual, que basta”, p. 15). Y en Ibáñez de Segovia es también Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM 296 | Rafael Cano Aguilar ocasional usar la primera persona, solo para una autocita (“El segundo Exemplar de los quatro que dixe […]”, Corrupcion, p.8). En Cabriada particularmente se halla con abundancia una muestra de subjetividad solo presente alguna que otra vez en Corachán: la calificación del enunciado que sigue mediante un verbo ilocutivo en primera persona (“Pregunto: Si […]”, p.15, “Pregunto […]”, p. 38), dentro de un contexto polémico cargado de justificaciones y argumentaciones. En algún caso ello se produce en un contexto imaginado de preguntas y respuestas, con las que Cabriada intenta reforzar sus argumentos, debilitando los de su supuesto contrario (“Pregunto […] Veo que me responderán […] Pero yo te demonstraré […] Y por consiguiente digo […]”, p.33s.). El “yo” vuelve a aparecer en el matemático Corachán, en bastantes casos con funciones distintas: alguna vez, sí, como manifestación subjetiva de especulación tras consideraciones previas (“Dixera yo […]”, p.3)²⁰; o en un contexto ficticio de pregunta – respuesta en la exposición (“Pues como se nombrarà? Digo que Partes […]”, p.14); pero más frecuentemente con valor de generalización inclusiva en explicaciones y descripciones, sobre todo en plural, como es aún hoy habitual en los textos científicos y expositivos (“Si atendemos […] hallarémos […]”, p.8); o como sujeto ficticio en la exposición de problemas y en las hipótesis que estos contienen (“Supongo, pues, que se ha de nombrar el mismo numero […]”, p.10), ala quemodernamentese prefiere latercera,formamuchomás “objetiva”;o como sujeto ficticio igualmente de los pequeños relatos con que Corachán plantea hipotéticos problemas matemáticos para su resolución (en varios casos el sujeto protagonista de esos relatos es un “yo”, en otros, personajes diversos nombrados por sus oficios o de manera indefinida: “Vno, preguntando […]”, p. 319). Para reforzar la propia argumentación y disminuir el valor de la (posible) contraria hasta llevarla al absurdo, se echa mano de la interrogación retórica, en la que el contenido del enunciado interrogativo es, según los casos, lo que el autor defiende y no puede ser de otra manera, o lo defendido por su adversario y es imposiblequesea.Esterecursoesmuyempleado porCabriada,enunaclaramuestra más de la dimensión subjetiva de su argumentación, de su implicación en la defensa de sus propias ideas y convicciones en abierta polémica y enfrentamiento con las posturas tradicionales. Las interrogaciones pueden encadenarse entre sí, en dependencia las posteriores respecto de las primeras, sin marca explícita de ello, solo reconocible por la elipsis (“[…] quien no sabe, que lo que no alcançaron los ANTIGVOS, se revelô à los MODERNOS? Lo que se le passò â la Grandeza del SABIO, hallô el PARVVLO? […]”, p.17); y pueden incluir, o partir de, alguna expresión indicadora de verdad asentada (“Pues què será, quando las cosas son de su 20 Obsérvese la persistencia del valor de “subsecuencia” en dixera,hoydiría. Authenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM A la búsqueda de los textos olvidados | 297 naturaleza vtiles, y laudables? No merece vna cosa aborrecimiento […]”, p.37). En Avisos la presencia de la interrogación retórica es excepcional, aunque cuando lo hace, es igualmente para reforzar el previo decir (una prescripción médica). En Corachán, como ya se ha señalado, las interrogaciones forman parte del juego expositivo, no están destinadas a reforzar la enunciación del locutor. Y en Ibáñez de Segovia apenas si se usa alguna vez con el mismo objetivo, reforzar los argumentos en pro de la autoría de Alfonso el Sabio de su Estoria (“Por que cómo se podrá inferir […]?”, p. 7s.). La manifestación lingüística del enunciador tiene otros procedimientos, menos constantes: la exclamación, con valor de lamento u otros, en Cabriada (“O Buen Dios!”, p.30), a veces seguida por interrogaciones retóricas (así, en p.37), e incluso por un diminutivo minusvalorador y despectivo (“Què buena Doctrina es esta, para los que à qualquier cosita […]”, p.156). No es Avisos, según se ha señalado, un texto proclive a la subjetividad, y, salvo lo indicado más arriba, no hay otras muestras de ella (a no ser la fraseología coloquial que simboliza lo que está diciendo: “y no es vezino para tan dentro de casa”, p.19). Ni Corachán, que solo se permite una frase nominal valorativa, cuyo sentido solo se hace patente por el cambio de isotopía discursiva y la interpretación resultante (“Tiempo mal gastado en cosa de tan poca importancia”, p. 18). Nada de esto se halla tampoco en Ibáñez de Segovia, salvo alguna expresión de evidencialidad (“Este Libro que se cita, es, sin duda […]”, Corrupcion, p.4). 4El recorrido por estos textos ha mostrado semejanzas y diferencias mutuas, a la vez que semejanzas y diferencias con textos anteriores de la misma tradición textual y también con los que continuarían y enriquecerían dicha tradición. En principio, todos ellos parecen compartir una cierta linealidad en la disposición de las secuencias interoracionales: los párrafos envolventes, tan del gusto de la prosa expositiva medieval o incluso renacentista, no hacen acto de presencia sino en momentos determinados, de mayor exaltación argumentativa (Cabriada) o retoricista (Ibáñez de Segovia). En este sentido sí engarzan con la prosa doctrinal barroca, conceptista, y prefiguran el posterior lenguaje del ensayo. Comparten igualmente el poco peso de las relaciones supraoracionales explícitas y la escasísima presencia de conectores especializados en esta función: ello no supone ningún avance respecto de la prosa informativa o de política económica de comienzosdel XVII, síencajamás conla lengua literariade eseperíodo, perose aleja así del ensayo posterior, donde tales relaciones se configuran explícitamente (es notable, además, la práctica ausencia de “encapsuladores” en estos textos). Hay diferencias debidas a la naturaleza del contenido de los textos: así, contrastan de forma abrupta las exposiciones y los planteamientos matemáticos de Corachán, en general de notable sencillez expositiva, con la prosa compleja, raAuthenticated | [email protected] author's copy Download Date | 12/16/17 7:08 PM 298 | Rafael Cano Aguilar mificada, extensa, de Ibáñez de Segovia: parece como si el lenguaje humanista, historiográfico, se resistiera a desprenderse de los antiguos oropeles expresivos. Y en los textos de Medicina contrasta también violentamente el fuerte subjetivismo polémico de Cabriada, manifestado lingüísticamente de diversas maneras, algo propio de quien se propone enfrentarse con la tradición anquilosada para proponer y defender los nuevos métodos, con la constante objetividad expositiva de los Avisos, que parece desprenderse de quien considera estar suministrando certezas inamovibles, que se justifican por sí mismas, y que no son objeto de discusión posible; en este texto, la complejidad viene de la extrema acumulación de nombres que designan los muy variados remedios que se prescriben. En suma, la tradición textual a que pertenecen estos textos explica algunos de sus más notables rasgos lingüísticos. 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