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Pedro Montegón y Paret: Un ilustrado exiliado. Reformador y utópico

Blanco Martínez, Rogelio

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 13, nº 26. Segundo semestre de 2011. Pp. 208–213. Perfiles / Semblanzas Pedro Montegón y Paret: Un ilustrado exiliado. Reformador y utópico1 Rogelio Blanco Martínez Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura (España) Pedro Montengón y Paret nace, en Alicante, el 17 de julio de 1745, hijo de Pedro Montengón Larraux y de Vicenta Paret Nobles. Con motivo de la llegada de la dinastía de los Borbones (1700) numerosas familias francesas se asentaron en España, si bien la familia Montengón llegó por motivos religiosos, presión de los hugonotes sobre los católicos. Lograron un próspero negocio como comerciantes entre la población alicantina. De la familia Montengón-Paret nacieron quince hijos, catorce vivieron. Algunos alcanzaron altos cargos. Dos, Pedro y José, ingresaron en los jesuitas. José logró ordenarse. Ambos fueron compañeros en el exilio italiano. En Alicante recibe Pedro las primeras clases de Retórica y de Gramática. En 1757, junto con su hermano José, ingresa en la Compañía de Jesús (Colegio de San Pablo de Valencia). Fue novicio en Torrente (1759). En 1761 cursará estudios de humanidades en Tarragona y en 1762 de fi losofía en Gerona. Antonio Eximeno y el padre Generés fueron sus primeros maestros. Juan Francisco Masdeu y Francisco Gusta, condiscípulos signifi cados. Bajo las directrices que De Ratione Discendi et Docendi del padre Juvenio y los Ejercicios y enseñanzas ignacianas, el joven Montengón se acerca a las enseñanzas del clásicos y de la escolástica, si bien, y dado el territorio que habita, es posible que recibiera aportaciones de los sensitas y de los novatores, y divulgados por los padres Serrano, Juan Andrés y el propio Eximeno, así como refl exiones de Martí y de Mayans. Con 23 años, Pedro ya da muestras de sus “veleidades literarias”. Según relata Gumersindo Laverde, el “caballero seminarista” compone discursos satíricos contra la manía de los exámetros, contra los barbarismos y la agresión por los silogismos.2 Pronto manifestó su rebeldía contra los modelos tradicionales momifi cados. “Yo he perdido los mejores años de mi juventud estudiando la fi losofía escolástica”, afi rmará. 1  Los contenidos de este texto se hallan ampliamente expuestos en: Pedro Montengón y Paret (1745-1824) Un ilustrado entre la utopía y la realidad, de Rogelio Blanco Martínez.Editorial Universidad Politécnica de Valencia (2001) 2 P. Laverde: “Apuntes acerca de la vida y la poesía de D. Pedro Montengón” en Ensayos críticos sobre Filosofía, Literatura e Ilustración Pública Españolas. Lugo, 1868, págs 107-142 http://institucional.us.es/araucaria/ 209 Pedro Montegón y Paret: Un ilustrado exiliado. Reformador y... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 13, nº 26. Segundo semestre de 2011. Pp. 208–213. En 1765 fue enviado, como maestro de Gramática, a Onteniente. Este ejercicio de magisterio era frecuente entre los miembros de la Compañía antes de profesar. Acto que no llegó a realizar, pues, el 1 de abril de 1767, el rey Carlos III promulga el Decreto de expulsión de los jesuitas. Tras la Pesquisa Reservada (1766) se concluye en el grave peligro de la Compañía para el Reino, y, según estudiosos, más de cinco mil jesuitas habitantes de los dominios del rey deben abandonar sus territorios. Los nobles y otras compañías religiosas no fueron ajenos a la presión ante el rey y, posteriormente, ante el papa Clemente XIV, que en 1773 promulga el breve Dominus ac Redemptor por el que disuelve la orden, que no se restaurará hasta 1815. Pedro Montengón se embarca en el navío El Atrevido por el puerto de Salou, vía Mallorca, rumbo a Civitavecchia, en los Estados Pontifi cios de Clemente XIII. Las tropas papales reciben al molesto cargamento a cañonazos. Ya que tampoco pueden volver a España, desembarcan en Córcega, isla perteneciente a la República de Génova que ante su ingobernabilidad es vendida a Francia, país que también había ordenado la expulsión de la Compañía; luego en Génova el colectivo jesuítico español se halla en condiciones muy difíciles. Las contrariedades obligan al nuevo rumbo hacia los Estados Pontifi cios. En el nuevo solar son mal recibidos los españoles y se distribuyen por varias ciudades. Durante el penoso periplo Pedro recibe clases de Teología. No obstante, y antes de la extinción de la Compañía colgó la sotana pues no “hallaba sufi ciente congrua para ordenarse”. Junto con su hermano José fue destinado a Ferrara. En la Península Itálica Pedro recibe nuevos aires formativos. Se empapa de los aires ilustrados italo-franceses y de las nuevas corrientes de pensamiento. No obstante, la presencia de tanto español, más el ambiente pro-unidad e independencia de Italia, se desarrollan abundantes ataques contra lo hispano. La agresión la comandan Tiraboschi, Napoli-Signorlli y S. Betinelli. Estos autores culpabilizan a España de los numerosos males italianos, entre ellos de la unidad, o de ser Italia un tesoro para las rapiñas militares de los ejércitos españoles. El ataque provoca reacciones apologéticas y sentimientos patrios. Uno de los más activos fue Montengón, quien fi rmó sus primeras Odas bajo el intencionado pseudónimo de Filopatro. En 1770 publica De tota Aristotelaeorum schola, sermones quatuor ad Luc. Sextilium. Resultan muy polémicos dada la carga satírica contra la fi losofía escolástica. Con esta rebeldía recibe el califi cativo “de herege y de réprobo”. Resultado: se la priva de la escasa pensión que recibía, al igual que el resto de jesuitas, del rey de España y, además, concita las críticas de numerosos compañeros. En 1772 entra al servicio del conde Peralada. Esta tarea le permite viajar y estudiar. Los nuevos focos de interés del alicantino son: Descartes, Beccaria, http://institucional.us.es/araucaria/ 210 Rogelio Blanco Martínez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 13, nº 26. Segundo semestre de 2011. Pp. 208–213. Voltaire, Locke y Rousseau. El alicantino, en 1774, pasa como secretario, al servicio del nuncio en Venecia. En 1778 publicó las citadas Odas que adquieren positiva crítica y sus ecos llegan a España. En 1782 se reeditan en Valencia. Este éxito le aproxima al afamado impresor Antonio Sancha. Mantienen viva correspondencia y en 1784 acuerdan editar la obra más relevante del alicantino: Eusebio. Con esta obra logró gran éxito y ganancias para él y Sancha, pero también numerosos pleitos, tanto con la Inquisición como con el Consejo de Castilla. Estos benefi cios, le permitieron casarse con la italiana Teresa Gayeta en Venecia. Esta actuación es acorde a sus consideraciones sobre el matrimonio, “el estado más respetable de la tierra”. A la sazón contaba 46 años. El matrimonio logró cuatro hijos. Antonio Sancha, en 1788, imprime El Antenor y en 1793 Eudoxia, hija de Belisario. La década del 90 fue de gran actividad literaria. Publica El Mirtilo o la transhumancia de los pastores, El Rodrigo y reedita las Odas. No satisfecho con esta actividad propone a Sancha la edición de la gaceta literaria Ropavejero Literario que contendría: “discursos literarios, científi cos, instructivos y curiosos bajo epígrafes latinos, griegos, franceses, italianos, ingleses, españoles, según sean los autores de quienes se tomaran. Además de esto contendrán otras noticias curiosas e interesantes o las mejores piezas cortas en poesía que saliesen en los países extranjeros” 3. La propuesta no obtuvo éxito y el material recogido por Montengón para la gaceta lo agrupa y publica bajo el título Frioleras eruditas y curiosas para la pública instrucción (1801), pero en las prensas de Don Benito García y Cia. En 1798 mantiene un largo pleito con Sancha por asunto de derechos. Además en 1795, logra publicar en Venecia la desaparecida obra: La desigualdad social. En 1797, el rey Carlos IV, enterado de la situación calamitosa en que se hallan algunos jesuitas españoles en Italia, autoriza el regreso. Pedro Montengón regresa en 1800, momento en el que Napoleón ocupa Italia. Solicita y obtiene permiso para radicarse en Madrid. Atiende a los intereses del conde Peraleda. Ante la amenaza de una refi nada expulsión (1800) solicita quedarse en Madrid dada su condición de no-jesuita además de explicar que nunca profesó. Se le deniega. Reitera la solicitud, al menos la demora de salida, ya que su esposa se encontraba en avanzado estado de embarazo. El gobierno mantiene la negativa. El 11 de mayo de 1801 embarca para su último viaje a Italia. Se va renegando de su país. Promete no volver a utilizar ni siquiera su lengua. Fiel a esta promesa publica, en italiano, la desaparecido obra Compendio Della Storia Romana ad uso delle scuole. Esta promesa pronto se interrumpe para publicar nuevamente en español las Tragedias y los poemas épicos Pelayo y Cortés. 3 AHN Consejo de Castilla. Impresones. Leg 5567 nº 13-bis http://institucional.us.es/araucaria/ 211 Pedro Montegón y Paret: Un ilustrado exiliado. Reformador y... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 13, nº 26. Segundo semestre de 2011. Pp. 208–213. A partir de 1804 reside en Nápoles al servicio de los duques de Alcañices. Muere el 18 de noviembre de 1824. Como puede apreciarse por la breve reseña realizada, la vida de Pedro Montengón fue una permanente tentativa y una muestra de antinomias que es necesario conocer para comprender mejor su obra. Nuestro autor no soportó con agrado la paz del claustro, su naturaleza era rebelde. Su personalidad se fraguó en la rebeldía y la contención, en la austeridad y el desenfreno, en la pasión y en la razón. 33 años de destierro fajan cualquier sentimiento; a pesar de ellos mantuvo los de amor y odio a España; así manifestados, el amor a través de las obras y el odio en algunos detalles, por ejemplo en la obra Rodrigo: “El amor de la patria dura sólo en el hombre, mientras ella respeta sus fueros y derechos y le asegura en su seno la tranquilidad. Mas luego que se ve arrojado de ella por la injusticia, su natural afecto se trueca en odio y en aversión a la misma”4*. Sea desde el amor o desde el odio, detrás de la fi gura de Pedro Montengón, habita la inquietud y un modelo característico ilustrado del siglo XVIII; y la utopía, la permanente actitud de crítica y propuesta de alternativas. Es un autor desconocido y a la vez signifi cativo del siglo ilustrado, dominado por una personalidad inquieta, atento a todas las sugerencias llegadas tanto desde el acierto como desde la ingenuidad, y cuyo carió a la patria se malogra porque ésta no le trató bien. Montengón fue, en fi n, un ciudadano del mundo. ********************** Este es un perfi l breve y biográfi co del autor, pero de él se debe reseñar su signifi cación, su aportación a nuestra literatura y al pensamiento. En opinión del que aquí escribe se trata de un gran desconocido, de un ausente de los circuitos tanto de los manuales como de los comentarios en las aulas. Estamos ante un escritor señero y de transición. Montengón recibe la herencia de los clásicos y de su época. Carga, a través de un extensa formación, con el lastre de la herencia hispana, pero está atento a lo que sucede en su momento, es un ilustrado; mas no olvida el futuro, estamos ante un prerromántico, ante un utópico. Ciertamente fue un hombre con fortaleza creadora. Para canalizarla, recurrió a todos los géneros: poesía (Odas), Los poemas épicos: Cortés y don Pelayo), novela (Eusebio, Mirtilo, Eudoxia, Rodrigo, El Antenor), teatro (Tragedias), ensayo (Frioleras, Compendio Della Storia). Como soportes de expresión utilizó el latín, el italiano y, sobre todo, el español. A través de su obra se atisba el gran conocimiento de los clásicos greco-latinos, en concreto de Séneca. Tampoco fue ajeno a los racionalistas y sensistas, franceses o ingleses. 4  Pedro Montengón: El Rodrigo, romance épico, Imprenta de Sancha, Madrid, 1973, pág. 178. http://institucional.us.es/araucaria/ 212 Rogelio Blanco Martínez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 13, nº 26. Segundo semestre de 2011. Pp. 208–213. Criticó con dureza la escolástica y sus métodos. Estudió a los ilustrados francoitalianos. En este orden quisiéramos señalar que escribió la última novela pastoril de nuestra lengua, un subgénero narrativo propio, El Mirtilo o la trashumancia de los pastores. Fue autor de un best-seller de la época, El Eusebio. Obra popular y polémica. El editor justifi có sesenta mil ejemplares. Cifra extraordinaria para la época. De esta obra salieron numerosas ediciones, varias censuradas, pues sufrió doce procesos y siete años de juicios frente a la Inquisición y el Consejo de Castilla. Obra, por otra parte, muy emulada tanto en América como en España. Eusebio es una obra con planteamiento revolucionario y utópico. Se trata de educar al nuevo hombre. Las acusaciones y censuras en los procesos fueron: desprecio al dogma católico, indeferentismo, tolerancia, pelagianismo, cuaquerismo, naturalismo, desprecio de los ritos religiosos y de la patria, anarquía e igualitarismo, etc. Si la fi gura de Eusebio se ordena hacia la educación del hombre, a través de Leocadia, la fi gura femenina en Eusebio, y de Eudoxia en Eudoxia, hija de Belisario, en la que se retorna a la vieja leyenda del general bizantino, se especifi ca la educación de la mujer. Tanto en Eusebio como en Eudoxia, a pesar de ciertas e infundadas afi rmaciones de críticas, Montengón se halla lejos de Rousseau. Eusebio-Eudoxia no son emulos de Emilio-Sofía como algunos pretender ver5. Los diseños utópicos, que ya se fi jan en estas obras, se prolongan en El Antenor, donde se recurre al héroe huido de Troya. En el escudo de El Antenor la diosa Atenea graba el plano de la ciudad perfecta. Tras estas novelas, con tesis incluidas, el alicantino escribe otras de perfi l pre-romántico. Bien puede asegurarse que es un pionero en el subgénero de la novela histórica; lo atestiguan, no sólo Eudoxia, sino también El Rodrigo, romance épico. Este carácter romántico se especifi ca con mayor contundencia en los poemas épicos (La conquista de Mégico por Hernán Cortés y La pérdida de España reparada por el Rei Pelayo), y, sobre todo, como traductor e introductor del bardo Ossian (Fingal y Temora), anterior a otras atribuciones. Esta obra, como reconoce Varela, sería ampliamente parodiada. Fiel al espíritu ilustrado, en las obras montengonianas se trasluce la inquietud propedeutica y ejemplarizante que resueltamente fi ja en los artículos de la pretendida publicación periódica (Ropavejero literario) y recogidas en Frioleras literarias y eruditas. Obra en la que brotan abundantes y sorprendentes contenidos didácticos de plena actualidad Pedro Montengón y Paret fue un ilustre reformador, un educador y un utópico. De la ilustración recibe al afán innovador y la creencia en la fortaleza de la razón y de la crítica. En su obra se trasluce la necesidad de atender los cambios políticos y económicos; tareas que afi rma desde el optimismo y desde 5 R. Blanco: Montengón y Paret. Ob. Cit. Págs. 179-304 http://institucional.us.es/araucaria/ 213 Pedro Montegón y Paret: Un ilustrado exiliado. Reformador y... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 13, nº 26. Segundo semestre de 2011. Pp. 208–213. la fortaleza humana. Sin abandonar la religión defi ende un espacio para el hombre como constructor de su patria, acá, en la tierra. Como crítico se afana contra las supersticiones y otras engañifas para el pueblo. Y para todas estas tareas es necesaria la educación. En sus novelas se proponen críticas y alternativas a los modelos educativos. En los Sermones son una carga profunda contra el modelo dominante, la escolástica. Finalmente, se atreve en sus alternativas, a dibujar un mundo diferente. Es un utópico. Cuestiona lo real y fi gura una idealidad posible. Este inconformista y rebelde defi ende la igualdad de los hombres, condena la esclavitud; afi rma la igualdad de la mujer y el hombre. Del mismo modo defi ende el contacto con la naturaleza y la libertad. En su “Ciudad de la Paz” se libera a los esclavos y se propugna la libertad, la igualdad y la fraternidad. Para esta ciudad, como buen utópico, diseña modos y costrumbres, vestidos y dietas. Aspira a un estado republicano, democrático y comunitarista, donde la bonhomía, la tolerancia y el progreso todo lo invaden. En una palabra todo debe atender a un objetivo fi nal: la felicidad del individuo y de la república. Sirva esta breve semblanza para reconocer a una fi gura casi siempre ausente de los manuales y de los aularios, siendo uno de nuestros mayores creadores del siglo XVIII, sin duda el mayor novelista. Las críticas existentes son sobre Montengón escasas y no siempre acertadas; unas veces buscando sus errores gramaticales o estilísticos, otras para asimilarlo como discípulo defi citario de Rousseau. Requiere pues una atención y un reconocimiento para este ilustrado español, que al igual que en tantas ocasiones, su país lo exilia en vida y después de su muerte. http://institucional.us.es/araucaria/