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Mujeres inmigrantes en los inicios de la industrialización, estrategias familiares y cambio cultural (Pamplona 1887-1930)

Mendiola, Fernando

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©Universitat de Barcelona Mujeres inmigrantes en los inicios de la industrialización: estrategias familiares y cambio social (Pamplona 1887-1930) 1. Migraciones femeninas en la Navarra preindustrial Las migraciones también tienen su historia, sus cauces y tradiciones, de manera que esos recuerdos y costumbres influyen también en los comportamientos humanos. No somos esclavos del pasado, pero éste nos habita, de la misma manera que sus relatos habitaron nuestra infancia, y algo de esto les sucedería también a las mujeres que decidieron acudir a Pamplona en los albores del desarrollo industrial. De hecho, ese mismo cambio industrial, tan espectacular en algunas regiones, sucedió en Navarra de manera mucho más lenta, de manera que los ritmos de vida de finales dei XIX se asemeJaban en gran medida a los de siglos anteriores, aunque el sonido del ferrocarril fuera ya, desde 1860, habitual en algunos valles y comarcas. Ahora bien, la ausencia de un desarrollo industrial no implica que el campo navarro no fuera afectado de manera profunda por los cambios de la revolución liberal burguesa. De Fernando Mendiola 1 hecho, diferentes factores como la desamortización o privatización del uso de bienes comunales, la decadencia de la industria rural o la influencia de las guerras decimonónicas en las economías campesinas llevaron a 140.000 navarros a abandonar sus pueblos con rumbo a otras regiones o al continente americano1. No cabe duda, por lo tanto, que las transformaciones socio-económicas propias del desarrollo capitalista provocaron un importante éxodo rural, pero ello no significa, de ningún modo, que los movimientos migratorios hayan sido un fenómeno eminentemente contemporáneo. Rechazando teorías lineales como las de la transición de la movilidad, las investigaciones en historia social y demografía histórica sobre la Edad Moderna han sacado a la luz una sociedad eminentemente móvil, en la que los movimientos migratorios eran parte fundamental de la estrategia de muchas familias2. Además, en zonas de predominio de la familia troncal, como lo es la mayor parte del País Vasco y de la franja norte penin1 Una estimación de las migraciones navarras entre 1860 y 1930, con un análisis comarcal diferenciado, puede encontrarse en el trabajo de Erdozáin y Mikelarena (1998). Sobre la privatización de los comunales, la referencia fundamental es el trabajo de lriarte (1996). 2 Para un balance de las investigaciones sobre migraciones preindustriales en Europa, ver el trabajo de Jackson y Pages Moch (1994). 113 ©Universitat de Barcelona sular, los movimientos migratorios han jugado un papel clave como reguladores del excedente de población propia de regímenes de baja presión demográfica3. Además, las villas urbanas preindustriales, con un predominio de la familia nuclear, jugaron un papel de complementariedad con el mundo rural vasco, en el que la familia troncal y el régimen de heredero único eran predominantes, una complementariedad que se encauzaba mediante los movimientos migratorios a las ciudades, a veces definitivos y a veces temporales, para pasar parte de la juventud como trabajadores domésticos en hogares artesanales, comerciales o campesinos, dentro de una estrategia que Laslett ha denominado "lite cycle servant". Por otro lado, gracias a estos aportes migratorios, las ciudades europeas preindustriales lograban contrarrestar un crecimiento natural negativo, y aumentar poco a poco su población4. Moverse, cambiar de residencia, formaba parte de las costumbres o expectativas de hombres y mu je res del campo navarro antes de las transformaciones decimonónicas. En ambos casos, las migraciones deben entenderse en el marco de unas estrategias familiares colectivas, pero no cabe duda de que en el caso de las mujeres diferentes factores llevaban a hacer más precaria y dependiente su situación. Así, por ejemplo, en la cuenca prepirenaica de Aoiz y Lumbier las familias campesinas recurrieron, durante el siglo XVII , a la movilidad estacional de las mujeres, que acudían a trabajar como sirvientes a las pequeñas villas en los meses de mayor carestía alimentaria. El estudio de Moreno y Zabalza ha sacado a la luz, mediante un análisis de las tasas de masculinidad estacionales en las defunciones, la flexib il idad de esta estrategia, en la que la emigración femenina constituía un aporte claro a las economías familiares, de manera especial en momentos económicos delicados. Curiosamente, esta estrategia mantiene su función también en torno al mundo industrial, como en el caso de los valles de Roncal y Salazar, desde donde en otoño partían decenas de mujeres hacia Maule, en el País Vasco norpirenaico, para trabajar en fábricas de alpargatas durante los meses de invierno, en los que las labores del campo requieres menos mano de obra. Ahora bien, la situación específica de las mujeres emigrantes preindustriales no sólo estaba en relación con las economías de sus familias, sino también con criterios de orden público y moralidad de las autoridades. Esto se ve claramente en la Respuesta a los interrogatorios de población Agricultura e Industria de 1802 en los tres pueblos en los que se han conservado las respuestas. En el caso de Etxarri Aranatz se responde: "Las muchachas y muchachos y aún algunos casados y casadas jóbenes salen a Tierra de Estella y Pamplona y Probinzia de Guipúzcoa aquellas a 3 Arbaiza, Erdozáin, Mikelarena o Urrutikoetxea, entre otros, son autores que han profundizado en este aspecto 4 J. de Vries ha puesto de manifiesto lo generalizado de estos comportamientos en las ciudades europeas de la Edad Moderna. 114 espaldar linos y a la siega y estos a segar, vendimiar y demás labores del campo aunque traen algún dinerillo es poca cosa y las muchachas alguna vez se an imfeccionado de enfermedad que se ha esparcido aquí y sería mejor que no saliesen y se dedicasen a sus labores en esta villa pues también están expuestas aquellas con la libertad de uno o dos meses que assi andan a los vicios que son consiguientes pero dichos viajes los hacen en tiempo que menos falta hacen y que en esta villa no se les puede ocupar por falta de medios" (García-Sanz, 1983: 91). Las mujeres tenían, por lo tanto, un protagonismo claro en los movimientos migratorios preindustriales, y también una situación especial respecto a los hombres inmigrantes, en función de su situación familiar, la estructura del mercado laboral o su entorno cultura1s_ Son precisamente las características de las mujeres inmigrantes y su situación en la sociedad urbana el tema abordado en este artículos, tomando como marco una ciudad, Pamplona, en la que durante las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX se entremezclan situaciones migratorias propias del pasado preindustrial con otras que se explican de manera más clara a partir de las transformaciones del mundo rural navarro y los primeros pasos de la industrialización. Pamplona crecía y vivía gracias a los inmigrantes, algo que no es una excepción entre las ciudades preindustriales, pero que no por obvio deba de ser silenciado, ya que esta inmigración marcará el paisaje social de la capital navarra. Si ya en el siglo XVIII sólo un 31,7% de las bodas de la parroquia de San Nicolás se realizaban entre cónyuges nacidos ambos en Pamplona, el porcentaje de inmigrantes tendió a crecer durante el siglo XIX , pasando de un 48 ,9% en 1843 a un 60, 8% en 1887 y manteniéndose en un 57,9 % en 1930. El crecimiento demográfico de la ciudad, que de los 15.000 habitantes de principios del siglo XIX pasa a los 42.000 habitantes en 1930, se sustenta precisamente en estas migra5 El ímportante papel femenino en las migraciones también ha si do analizado en el Valle de Lónguida por Moreno y Zabalza (1999), así como por Ansón Calvo (1994) para el caso aragonés, y por Fauve-Chamoux (1993), en el caso francés. Es ta última autora ha realizado una tipología dela movilidad femenina preindustrial en la que distingue tres grandes tipos de movilidad, la movilidad del hambre, la movilidad del pan, y la movilidad del pastel, en referencia, respectivamente, a las movilidades estacionales forzadas por la necesidad, la movilidad de jóvenes solteras que buscan un ahorro de cara a la dote y el matrimonio, y la movilidad de mujeres de clases medias y altas, ligadas las más de las veces al matrimonio. 6 Para analizar la situación de estas mujeres me he basado en las hojas familiares de padrones y censos de población ya utilizadas en la tesis doctoral (Mendiola, 2002). Tomando como base los años 1843 , 1860, 1887, 1910 y 1930 he informatizado una muestra de 4184 , 4530, 4868, 5326 y 4820 personas por año, respectivamente, lo cual supone trabajar con un error del +/- 2%. De todos modos, en el presente artículo la mayoría de los datos hace referencia a los años 1887 y 1930. Gracias a la informatización de estas muestras, podemos ahora trabajar las diferentes variables que aparecen en los censos y padrones de manera combinada. 115 ciones. Estamos, por lo tanto, ante una ciudad en la que el elemento rural está muy presente, ya que gran parte de esos inmigrantes proceden, en tomo a tres cuartas partes, de la Zona Media y la Montaña navarra, áreas de predominio de la familia troncal, y más afectadas por las transformaciones liberales y los conflictos bélicos del siglo XIX 7. 2. La realidad familiar de las mujeres inmigrantes Hablamos de un especial protagonismo de las mujeres en las migraciones hacia Pamplona, y no es para menos si nos fijamos en los datos suministrados por el gráfico 1, en el 70 - 60 50 40 30 20 10 o 184 3 1860 ciudad sean mujeres. Ahora bien, este porcentaje nos habla del total de inmigrantes que están viviendo en Pamplona en el año censal, pero nos subregistra un importante número de migraciones que ha llegado a Pamplona de manera provisional y que ha vuelto ya a sus pueblos. Pues bien, la mayoría de mujeres entre los inmigrantes se hace más evidente, por encima del 60%, si aislamos a los y las inmigrantes que llevan residiendo en Pamplona menos de 2 años, grupo al que he clasificado como recién llegados, lo cual nos está revelando no sólo el mayor protagonismo femenino en las migraciones a Pamplona, sino también su carácter más inestable y menos definitivo. 1887 191 O 1930 1 • p0blaci6n naliva [1 inmigrantes m recién ll eg . J gráfíco 1: porcentaje de mujeres entre el total de la población y entre los inmigrantes Fuente: elaboración propia a partir de fas muestras de censos y padrones que se aprecia que las mujeres son una ligera mayoría en la población urbana, algo que se deriva del hecho de que, según los años, cerca del 60% de inmigrantes residentes en la Gracias a la información contenida en las hojas familiares de censos y padrones, informatizada según diferentes variables, podemos acercarnos también a la realidad familiar de 7 Un análisis minucioso de las procedencias de los y las inmigrantes de Pamplona se puede encontrar en Mendiola (2002). 116 estas mujeres, y sobre todo, la manera en que llegan a la ciudad. En primer lugar, gracias al gráfico 2. podemos establecer algunas semejanzas y diferencias entre las edades de llegada de hombres y mujeres, pero antes quiero hacer unas consideraciones sobre la edad de llegada del total de inmigrantes. Ya en otro trabajo (Mendiola, 2002) he señalado la relativa estabilidad de la distribución de la edad de llegada de los inmigrantes entre 1840 y 1930, con un grupo de edad, entre los 15 y 25 años, que agrupa a cerca de un 40% de los inmigrantes. Por lo contrario, el grupo de mayores de 45 años no alcanza el 10% hasta el siglo XX, mientras que los grupos comprendidos entre O y 15 años, y el de 25 20 15 lO 1 1 1 25 a 45 se reparten la población restante. Se trata, por lo tanto, de una migración mayoritariamente joven, pero que no puede ser concentrada en un único sector de edades. Además, el significativo porcentaje de niños y niñas nos demuestra que la inmigración era una opción tomada más de una vez por familias en situación económica difícil, que no tenían más remedio que emigrar con hijos pequeños, a pesar de los problemas que esto traía consigoS. Este panorama, como se aprecia en el gráfico 2, presenta diferencias importantes entre hombres y mujeres. ya que entre los hombres es menos acusado el máximo de los años de juventud, siendo incluso superados. en 1930, por las edades ~~~ 1 1 1 :."---+--"I 0-4 5 ... 9 1 O 14 15202530354045SOSS60. 65- >-70 19 24 29 34 39 44 49 54 59 64 69 ·•·muJcrcs, 1887 O hombres, 1887 -•·m~jercs, 1930 ~hombres, 1930 Gráfico 2: edad de llegada de los y las inmigrantes a Pamplona Fuente: elaboración propia a partir de fas muestras de censos y padrones 8 Son ya conocidos los problemas en torno al subregistro del empleo femenino en este tipo de fuentes, razón por la que he contrastado esta fuente con otras de tipo cuantitativo y cualitativo, (Mendiola, 2002), constatando que el mayor subregistro en el caso de Pamplona se centra en el sector agrícola, en la comercialización de estos productos agrícolas, y en algunas actividades de la economía informal. 117 adultas, mientras que entre las mujeres el máximo de los años de juventud es más evidente, y se mantiene también en el siglo XX. Como es lógico, en ambos grupos aparecen con importancia las edades infantiles, y con poco peso las personas mayores, siendo la importancia o no de los años de juventud la clave de las diferencias. mujeres inmigrantes, creo que además de estudiar la situación en la que estas mujeres llegan a Pamplona, es también interesantes reparar en sus estrategias de corresidencia, cuestión esta que nos va a proporcionar importante información sobre el papel de las mujeres en la formación del hogar, y sobre su rol cambiante durante los inicios de la industrializamujeres, 1887 hombres, 1887 mujeres, 1930 hombres, 1930 cabeza de familia 3,6 32,2 7,9 27,3 cónyuge 28 ,2 o 17,4 o domésticos 29 ,7 7,1 27 ,2 0,6 hijos 28,2 33 ,9 24,9 33,9 huéspedes 0,9 3,0 0,4 8,5 parientes corresidentes 7,9 5,8 10,9 15,2 sin parentesco 1,5 18 11,3 14,5 Cuadro 1: situación familiar de los y las inmigran t es recién /legados a Pamplona Fuente: elaboración propia a partir de las muestras de censos y padrones Estas diferencias entre hombres y mujeres en su edad de llegada a Pamplona se explica en gran manera por la mayor importancia de las migraciones familiares entre los hombres que entre las mujeres, de las cuales más de una cuarta parte llegan a la ciudad para trabajar como sirvientes domésticas. Entre los hombres, sin embargo, el porcentaje de domésticos no llega al 8% en i 887 y prácticamente ha desaparecido en 1930. Ahora bien, no podemos tomar los datos de 1887 como los característicos de una ciudad preindustrial, ya que para entonces el porcentaje de domésticos entre el total de inmigrantes recién ll egados, 20,4%, estaba en franco declive, bastante por debajo del 36,8% registrado en 1843 y el 39, 2% de 1860. Para terminar con esta visión sobre los lazos familiar es de l as ción. Ya he explicado en otros trabajos (Mendiola, 2002) que una de las estrategias desarrolladas por las familias trabajadoras en los inicios de la industrialización es el reforzamiento de los lazos familiares, con un aumento de la complejidad familiar y un retraso de la edad de salida de los hijos e hijas del hogar. Pues bien, estas tendencias generales se plasman también en las familias inmigrantes de las clases populares. Así, el porcentaje de familias complejas entre las familias jornaleras y artesanas en las que ambos cónyuges son inmigrantes asciende de un 9, 1 % y un 15, 7% en 1887, respectivamente, a un 23,8% y 17,1% en 1930. Se puede apreciar, por lo tanto, que también entre los y las trabajadores inmigrantes podemos apreciar ese reforzamiento de 118 lazos familiares como respuesta a las dificultades de la industrialización. 3. Una nueva organización del trabajo: inmigración femenina, género y mercado laboral Un primer acercamiento a la situación laboral de las mujer es que llegan a Pamplona lo obtenemos mediante las tasas de actividad en el mer cado laboral, obtenidas a partir de la clasificación profesional recogida en censos y padrones9. En el cuadro 2 podemos ver cómo las tasas de actividad femeninas son notablemente residentes en Pamplona. que a mediados del siglo XIX estaban entre el 35% y el 40%10 , algo que se explica po r el importante porcentaje de domésticos que se se registra entre las inmigrantes recién llegadas. Son precisamente los años 1887 y 1930, en los que l as migraciones en familia son más importantes, los que registran una tasa de actividad laboral menor entre las mujeres recién llegadas. De hecho, el servicio domést ico es, con mucha diferencia, la principal actividad laboral que se ofrece a las mujeres que llegan a Pampl ona , tal y como se aprecia en el cuadro 3, si hombres mujeres total 1843 85,4 55,3 66,9 1860 90,4 53,7 66,8 1887 89,8 41 ,9 63,7 1910 80 58,1 64 ,2 19 30 88,2 45 ,8 61,5 Cuadro 2: tasas de actividad de los recién llegados (15·64 años) Fuente: elaboración propia a partir de la muestra de censos y pad rones. inferiores a las masculinas, y oscilantes en el tiempo entre el 40% y el 60%, unas oscilaciones que tienen más que ver con el aumento o des - censo de las migraciones en familia que con las tendencias generales sobre la estructura de género en el mercado de trabajo. Se trata de unas tasas de actividad superiores a las del total de mujeres bien es verdad que a finales del siglo XIX y principios del XX se observa una ligera diversificación, bien debido a la importancia de otros sectores como la artesanía o el comercio, o, como en el caso puntual de 1930, a la llegada de religiosas a la ciudad. Ot ra actividad que no aparece registrada en el cuadro 3 pero en la que también era considerable la participación 9 Incluso en algunos casos se detecta la llegada a la ciudad de hijos o hijas que habían sido dejados por sus padres en hogares del mundo rural, para facilitar la emigración familiar a la ciudad, y que acuden a reunirse con ellos una vez que el matrimonio se ha estabilizado en la ciudad. 1 O Un análisis detallado de la evolución del mercado laboral pamplonés y su relación con las estrategias familiares puede encontrase en el mismo trabajo anteriormente citado. Los datos a este respecto que a partir de ahora cite también aparecen ahí con más detalle y desarrollo. 11 El porcentaje de Inmigrantes entre los labradores es superior al 80% en 1910 y 1930, algo que nos muestra que el arrendamiento de tierras de labor era también una 119 laboral femenina es el de las familias que llegan a Pamplona y se instalan como labradores arrendatarios11. De todos modos, en cuestión de situación laboral, es necesario subrayar el predominio del servicio domésres adultas que quedan patentes en el análisis de los datos globales de la ciudad. De hecho, durante el primer tercio del siglo XX las tasas de actividad de las mujeres de Pamplona descienden hasta situarse en 1930 1843 1860 1887 1910 1930 l. agricultura y ganad. 0,7 0,9 1,7 0,0 0,9 11. artesanos 2,9 2,6 4,3 2,6 0,9 11. jornaleros o.o 0,9 1,7 0,0 1,9 111. clero º·º 0,0 o.o 1,3 16,5 111. otros 0,7 0,9 1,7 6,5 o.o 111. prof .lib º·º 2,6 0,9 3,9 3,9 111. propietarios 0,0 0,0 0,9 0,0 0,0 111. sirvientes 95,6 92,2 88 ,8 85,7 75,5 total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 Cuadro 3: profesión de los Inmigrantes recién llegados, mujeres Fuente: elaboración propia a partir de fa muestra de censos y padrones. tico, de manera que también en Pamplona podemos apreciar algo ya señalado para Madrid por C. Sarasúa, la importancia de esta práctica laboral como canal de integración de las mujeres inmigrantes en la sociedad urbana, sin por ello entender esa integración como una simple asimilación. No podemos apreciar, vistos los datos, entre las mujeres recién llegadas las tendencias generales de masculinización del mercado de trabajo y descenso del empleo de mujepor debajo del 30%, en consonancia con lo observado también en otras ciudades vascas por Arbaiza. Parece que, junto con la estructura del mercado laboral urbano, poco dinámico, y con la construcción como principal sector de dinamismo, están influyendo en esta masculinización los discursos sobre la domesticidad femenina ya observados a finales del siglo x1x12, lo que va a redundar en una concentración del empleo femenino en las edades juveniles anteriores al posibilidad aceptada por un porcentaje de familias inmigrantes, sobre todo teniendo en cuenta que la mayor parte de las tierras de labor en la Pamplona del siglo XIX se trabajaban en condiciones de arrendamiento, tal y como ha señalado F. Mlkelarena. 12 Un análisis de estos discursos para el conjunto del estado español puede encontrase en los trabajos de Nash y de Arbalza, esta última centrada en los informes de la Comisión de Reformas Sociates. 13 Ejemplo de estas transformaciones es el sector text il , en el que la diversidad de situaciones familiares entre las mujeres del siglo XIX desaparece para quedar concentrado el empleo femenino en jóvenes que aparecen clasificadas como hijas dentro de sus hogares familiares. Por razones diferentes, esta vez debido a la decadencia del oficio, también desaparece la diversidad de situaciones entre las lavanderas, mientras que el sector del comercio y hostelería mantiene en gran medida esa diversidad preindustrial. 120 matrimonio y en un descenso de la participación laboral de mujeres adultas13, proceso este paralelo a un descenso de la fecundidad matrimonial en la segunda década del siglo XX. Estas tendencias apreciadas en la ciudad, e incluso la propia estructura del mercado laboral urbano preindustr ia l nos plantean un visible contraste entre la actividad laboral de las mujeres rurales y urbanas, ya que la participación de las mujeres en trabajos agrícolas, ganaderos, y en la comercialización de estos productos era algo habitual en el mundo rural navarro14. Sin duda alguna, la segmentación laboral que experimentaron las mujeres inmigrantes en la ciudad, y el discurso sobre la domesticidad femenina, más extendido que en el mundo rural, chocar ía en gran medida con lo visto y oído por estas mujeres en su entorno rural, en el que sus madres y abuelas habían participado de manera generalizada en las labores agrícolas. No estoy hablando de que la discriminación o la división del trabajo naciera, ni mucho menos, en las ciudades, pero sí que el ambiente viivido en estas en torno a la privacidad y la dom es ticidad presentaría bastantes contrastes con la amplia participación de las mujeres en los trabajos del campo; en torno a la casa, es verdad, pero a una casa mucho menos cerrada y privada. Diniosia Gárate, mujer del pirenaico valle de Sala.zar, recordaba hace poco su juventud a comienzos del siglo XX, en la que ella, según dice, segaba más y mejor que sus vecinos y familiares varones1s. En en caso de Navarra, por lo tanto, parece también hacerse realidad la hipótesis de J. Varela, en el sentido de que el «dispositivo de feminización» estaría más extendido en las ciudades preindustriales que en el campo. Ahora bien, no por esto debemos dibujar figuras estereotipadas sobre los contrastes campociudad, ya que en ambos entornos encontramos importantes diferencias internas. Así, en el caso urbano, pa rece que en ciudades con fuerte actividad comercial la participación de l as mujeres en el mercado laboral es más amplia que la registrada en pequeñas ciudades de fuerte estructura gremial16. Es más, en el caso del Bilbao de los siglos XVIII y XIX, encontramos testimonios que nos hablan de la visible presencia pública de unas mujeres trabajadoras, las cargueras y sirgueras del puerto, que, en palabras de Teófilo Guiard, en 1795, ''trabajan más que si fueran 14 Desde diversas perspectivas, han analizado la amplia participación laboral de las mujeres en el campo navarro Caro Baroja, Moreno o Erdozáin, entre otras. En el caso de la Ribera, donde el trabajo asalariado es más numeroso, la participación de mujeres desciende frente a la Zona Media y la Montaña. 15 Entrevista realizada por K. Diez de Ultzurrun, publicada en el suplemento Nafakaria, del diario Egunkaria, 30 de abril de 1993. 16 Así, por ejemplo, las tasas de actividad femenina en Bilbao (Pareja, 1997) o Londres (Earle, 1989), son superiores a la registrada en Santiago (Cia García, 1999), Vitoria (Manzanos, ) o Pamplona. 17 Este y otros testimonios sobre la situación de las mujeres y hombres trabajadores en el Bilbao preindust ri al aparecen recogidos en el trabajo de Rutaza, en el que se describe, en el caso de las cargueras del puerto, la progresiva masculinización del oficio a medida que se asienta el discurso de la domesticidad femenina. 121 dia/ectes et variétés. Londres. Camps, E., 1995b, La formación del mercado de trabajo industrial en la Cataluña del siglo XIX. Madrid. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. 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