La vida humana como principio interpretativo radical en la filosofía de Ortega y Gasset
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Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 81 La vida humana como principio interpretativo radical lA vidA humAnA Como PrinCiPio interPretAtivo rAdiCAl en lA filoSofíA de ortegA y gASSet Antonio Gutiérrez-Pozo1 RESUMEN: En este artículo presentamos el concepto de vida humana como texto eterno en el pensamiento de Ortega y sus consecuencias para el problema de la interpretación. La filosofía de la razón vital de Ortega se fundamenta en el concepto de vida humana como realidad radical y principio interpretativo universal, y por esta razón se presenta desde el principio como una filosofía hermenéutica de la vida y no como una reducción hacia la conciencia trascendental. Esta hermenéutica se practica especialmente en el ámbito del arte. Pero para Ortega todo texto es hermenéutico y necesita por tanto la interpretación, porque ningún texto posee en sí mismo su verdad. PALABRAS CLAVE: Ortega y Gasset, vida humana, interpretación, razón vital, texto. introduCCión Aunque la naturaleza hermenéutica de la filosofía de Ortega ha sido un aspecto incomprensiblemente poco destacado y atendido de su pensamiento2, en este trabajo sostenemos, primero, que la hermenéutica no es sólo y simplemente una dimensión más del pensamiento de Ortega, sino el núcleo de su filosofía de la razón vital e histórica, y segundo, que esa hermenéutica, apartándose de la conciencia trascendental de Husserl, se fundamenta sobre el concepto central de vida humana. Esto significa que la filosofía raciovitalista 1 Doctor en Filosofía por la Universidad de Sevilla (España) y Profesor Titular de Universidad de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla (España). Correo electrónico: [email protected] 2 Sobre esta dimensión de la filosofía de Ortega merecen ser destacados los estudios de FLÓREZ, R., 1987, p. 69-91; CEREZO, 1990, p. 307-344; CEREZO, 1993, p. 167-191; FLÓREZ, C., 1990, p. 439-448; MOLINUEVO, 2002, p. 120-125, 224-227; DOMINGO, 2005, p. 373-410; CASTELLÓ, 2009, passim.
82 Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 GuTiéRREz-POzO, A. de Ortega, frente al trascendentalismo husserliano, es una hermenéutica de la vida humana. El carácter radical o fundamental del concepto de vida humana en el pensamiento de Ortega está ya anunciado en 1914, en el pasaje tal vez más significativo de toda su obra: La vida es el texto eterno, la retama ardiendo al borde del camino donde Dios da sus voces. La cultura –arte, ciencia o políticaes el comentario, es aquel modo de vida en que, refractándose ésta dentro de sí misma, adquiere pulimento y ordenación. (ORTEGA, Meditaciones del Quijote (1914), I, p. 788)3. En este texto Ortega asume que la vida es el logos, la razón, el origen permanente e inagotable de todo significado, y que la cultura –de carácter entonces reflexivono puede consistir sino en interpretación o comentario de la propia vida. La cultura raciovitalista se presenta ya de entrada como hermenéutica de la vida y no como reducción hacia la conciencia trascendental. Con la evolución de su pensamiento, y especialmente a partir de la lectura de Sein und Zeit de Heidegger a finales de la década de los veinte, el concepto de vida humana al que se refiere Ortega como centro de su filosofía se decantará no como vida biológica, sino como vida biográfica, es decir, que la vida es “[…] lo que hacemos y nos pasa” (ORTEGA, ¿Qué es filosofía? (1929), VIII, p. 353). Ortega por tanto evolucionó desde un concepto visual, intelectualizado y estático de vida –comprendida entonces como perspectiva-, a una radicalización de la idea de vida humana en clave dinámica, entitativa y dialéctica, que desembocó en el concepto biográfico de vida (CEREZO, 1984, p. 303-315, 319-328). Sobre la base de la dinamización biográfica de la vida humana como realidad radical, la filosofía hermenéutica de Ortega adquirió su perfil definitivo a partir de la década de los treinta. El concepto maduro de Ortega de la vida humana como realidad radical es el fundamento filosófico de su hermenéutica de la vida como razón, o sea, como principio interpretativo radical. Por eso podemos considerar la filosofía hermenéutica de Ortega como una hermenéutica raciobiográfica, es decir, una hermenéutica en la que la vida (biográfica) es la razón o fundamento de sentido. 3 Las citas de Ortega se refieren – salvo que se indique – a la edición de los años 2004-2010 en diez tomos de sus Obras Completas, especificando en romanos el tomo, y añadiendo el título y fecha de la obra sólo para los textos más relevantes respecto a nuestro trabajo.
Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 83 La vida humana como principio interpretativo radical lA vidA humAnA Como PrinCiPio rAdiCAl El concepto filosófico central de vida humana de Ortega se despliega en tres tesis, que representan a su vez tres dimensiones del carácter de principio radical que posee la vida, y que constituyen por tanto el núcleo de la filosofía madura de la razón vital. La primera tesis es el carácter metafísico radical de la vida humana concebida como fundamento o principio, la segunda es su consecuente estructura hermenéutica, y la última afirma la naturaleza narrativo/ dialéctica de la vida humana. Sobre estas tesis se asienta la fundamentalidad hermenéutica del concepto orteguiano de biografía raciovitalista. Dicho de otro modo: estas tres tesis son la base del concepto de vida humana como principio interpretativo radical. No es posible por tanto comprender adecuadamente la hermenéutica raciobiográfica sin desarrollar esos tres principios raciovitalistas. El primer principio de la filosofía raciovitalista afirma que la vida humana, o sea, mi vida4, es el fundamentum absolutum et inconcussum, es decir, “[…] el ámbito donde todo lo demás se da –donde lo hay o lo hallo” (ORTEGA, VIII, p. 642). Ortega subraya que “[…] vivir es el modo de ser radical: toda otra cosa y modo de ser lo encuentro en mi vida, dentro de ella, como detalle de ella y referido a ella” (ORTEGA, ¿Qué es filosofía?, VIII, p. 345). Lo que hay en suma es la vida humana – mi vida –, pues “[…] el resto de realidades tiene que aparecer de un modo u otro en la vida” (ORTEGA, Historia como sistema (1941), VI, p. 47). En clave cartesiana, pero liberándose del idealismo de la conciencia, Ortega sostiene que sólo “mi vida” es, y esto significa que es la realidad radical y que “[…] todas las demás cosas de que hablamos, distintas de esa primordial, son dudosas y secundarias y no poseen más firmeza que la que reciben de apoyarse en la realidad indubitable” (ORTEGA, ¿Qué es filosofía?, VIII, p. 360). Por eso el propio Ortega resume todo el significado – metafísico y, con la segunda tesis, hermenéutico – de su filosofía de la radicalidad de la vida humana con la fórmula “[…] cartesianismo de la vida y no de la cogitatio” (ORTEGA, Historia como sistema, VI, p. 79). De esta primera tesis se desprende la segunda, que consiste en síntesis en el despliegue en clave hermenéutica de aquella radicalidad vital. Las cosas, todo en general, también las vidas de los otros, no tienen más realidad que la que tienen en mi vida. Como todo se da y es en mi vida, y como no tengo noticia de ninguna cosa del mundo sino a través de lo que de todo ello me 4 “La vida, escribe Ortega, lo es siempre de alguien” (VIII, p. 417), y añade que “[…] la vida es sólo la mía, esto es, la de cada cual” (VIII, p. 417, 424). No hay por tanto vida humana en abstracto sino que siempre es la de alguien (ORTEGA, ¿Qué es filosofía?, VIII, p. 345).
84 Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 GuTiéRREz-POzO, A. aparece en mi vida, pues todo depende de mi vida, su ser, el ser de todas las cosas es el que tienen en mi vida: “En ella (mi vida) todo lo demás es y es lo que sea para ella, lo que sea como vivido” (ORTEGA, ¿Qué es filosofía?, VIII, p. 345). “Toda realidad, escribe Ortega, tendrá que serlo primero en mi vida: su realidad primaria consistirá en lo que sea como vivida por mí” (VIII, p. 418). Ya que todo se da en la vida humana, nada puede entenderse sino desde ella misma. Este es el carácter hermenéutico radical de la vida humana, la cual, en tanto realidad radical, es el fundamento de sentido último a que hay que reducir toda otra realidad para poder entenderla: “La vida humana es la realidad primordial en que todas las demás se fundan y a la que, en uno u otro sentido, habrá que reducir todas las otras si se quiere conocer su esencia radical” (ORTEGA, VIII, p. 420). Las cosas son lo que son en la (mi) vida. La vida humana es tanto fenómeno metafísico (fundamento donde todo se da) como, y por ello mismo, fenómeno hermenéutico (fundamento en cuya virtud todo tiene sentido): la biografía es razón de todo logos, principio radical de interpretación. La metafísica raciovitalista de la vida como realidad radical acaba consumándose por tanto en una hermenéutica raciobiográfica, según la cual, la vida humana, la de cada cual, es la que da razón (razón vital) de todo ser, convirtiéndose por tanto en el horizonte último de comprensión. La tesis principal de esta hermenéutica podría establecerse así: comprender algo (acción, obra, significado, etc.) implica localizarlo en la vida en que tuvo su origen y verlo funcionando en ella, pues a fin de cuentas la vida humana es razón. Estas dos tesis están conectadas esencialmente, de manera que la vida humana puede ser principio hermenéutico, fundamento de sentido, principio de comprensión de todo ente, sólo porque la propia vida humana es realidad radical. La hermenéutica raciobiográfica de Ortega es consecuencia de su metafísica de la vida humana. Dado el carácter de realidad radical de la vida humana, el saber biográfico representa entonces la verdadera consumación de la metafísica, la ciencia radical. Para Ortega la biografía como disciplina no es una mera descripción de los hechos o experiencias vitales, sino su comprensión: da razón de ellas, y puede hacerlo porque la propia vida es (se da) razón. Esto es lo que significa la razón vital o razón biográfica. El carácter hermenéutico de la biografía se debe en último término a la estructura hermenéutica de la propia vida. La vida humana se explica a sí misma, da razón de sí desde dentro. Este es su carácter hermenéutico: la vida es razón, principio interpretativo de ella misma, de las experiencias, obras, textos o significados que en ella se producen, de modo que sólo desde ella pueden ser entendidos. Así llegamos al tercero de los principios
Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 85 La vida humana como principio interpretativo radical que sostienen la hermenéutica raciobiográfica. Toda vida humana –individual o colectivaconsiste en una serie dialéctica de experiencias, de manera que unos sucesos vitales son las causas de los siguientes, y por tanto los que los hacen comprensibles, su logos. Por esto puede afirmarse que la vida humana tiene sentido y es inteligible: posee razón, razón narrativa o histórica, pues la comprensión de un hecho (biográfico o histórico) nos obliga a narrar los hechos anteriores. Somos ahora lo que somos porque antes fuimos otra cosa determinada. La racionalidad de las cosas humanas consiste en suma para Ortega en una narración (ORTEGA, Historia como sistema, VI, p. 71). Sólo una vida así es biográfica, puede tener biografía. Esto significa además que la vida humana para Ortega tiene una estructura histórica, es decir, siempre viene de (un pasado) y va hacia (un futuro), nunca parte de cero (ORTEGA, IX, p. 577-578). Nuestras experiencias personales pasadas condicionan y dan razón de las presentes y futuras, pero a su vez todas nuestras experiencias están condicionadas por (vienen de) todas las experiencias previas de los seres humanos, y condicionan (van hacia) todas las futuras. La historicidad de la vida equivale a una memoria ontológica, que Ortega denomina “razón histórica”. En 1923 Ortega había escrito que “[…] vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia” (ORTEGA, III, p. 612). Doce años después, Ortega concluyó que “[…] la historia es la ciencia sistemática de la realidad radical que es mi vida” (ORTEGA, Historia como sistema, VI, p. 75). La contextura de esta vida es biográfico/histórica o narrativa de la vida implica que la razón hermenéutica que se desprende de la vida humana ha de ser también narrativa: “Para comprender algo humano, personal o colectivo, es preciso contar una historia. Este hombre, esta nación hace tal cosa y es así porque antes hizo tal otra y fue de tal modo. La vida sólo se vuelve algo transparente ante la razón histórica” (ORTEGA, Historia como sistema, p. 71). Por tanto, la tercera tesis, el principio narrativo/ dialéctico, lo que hace es desplegar la naturaleza metafísica de la vida y darle forma (narrativa) a su carácter hermenéutico. Debido a que la razón que la vida humana da de sí y de todo lo que se da en ella – de todo, puesto que la vida es la realidad radical – es una razón histórica o narrativa, la biografía poseerá la misma racionalidad narrativa de la razón histórica. La razón hermenéutica orteguiana es por tanto una racionalidad de naturaleza histórico/narrativa o dialéctica (CEREZO, 1990, p. 338; 1993, p. 187). Por esto, Regalado sostiene que la biografía es el núcleo de la razón histórica entendida como método de desvelamiento de la vida humana, y por tanto el fundamento hermenéutico de las ciencias humanas, lo que equivale a considerar la biografía como base de la hermenéutica (REGALADO, 1990, p. 209-211).
86 Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 GuTiéRREz-POzO, A. lA vidA humAnA Como PrinCiPio interPretAtivo del Arte Ortega despliega especialmente esta hermenéutica raciobiográfica en el campo del arte, y no simplemente como un elemento auxiliar de su comprensión del arte, sino constituyéndose en la verdadera estética de la razón vital. En los textos escritos entre 1943 y 1954 sobre Goya (ORTEGA, IX, p. 759-822) y Velázquez (ORTEGA, VI, p. 603-744, 896-930), Ortega expone contra Heidegger una hermenéutica raciobiográfica del arte que responde a la expresión definitiva de su filosofía de la razón vital, y que por ello es concebida como el verdadero y único método adecuado de acceso al fenómeno artístico. El hecho de que esa hermenéutica se fundamente sobre su metafísica raciovitalista es lo que permite a Ortega captar el fenómeno artístico en un nivel más radical y obtener así un concepto riguroso de arte, dando por supuesto, tal como hace Ortega, que el nivel metafísico más radical es el de la vida humana. Frente a la primacía del ser en el pensamiento de Heidegger, esa hermenéutica del arte representa para Ortega la consecuencia más lograda de su estética humanista y, en general, del humanismo de su filosofía raciovitalista. El “cartesianismo de la vida” que proclama la filosofía de la razón vital y que no significa otra cosa que la reducción del ser a asunto vital, doméstico o intrabiográfico, representa la consumación del humanismo metafísico que caracteriza esencialmente al pensamiento de Ortega. El humanismo o antropologismo de la modernidad es una metafísica y consiste, según Heidegger, en la “[…] voluntad de explicarlo todo a partir del hombre y como expresión del mismo”, de manera que “[…] nada es conocido y comprendido hasta no ser aclarado antropológicamente” (HEIDEGGER, 1991, p. 209). Resulta fácil advertir que el pensamiento de Ortega es un humanismo en este sentido heideggeriano. De hecho, explicar el arte en términos humanos es lo que pretende la estética orteguiana al desplegarse como hermenéutica raciobiográfica. El arte para Ortega es esencialmente “cosa humana”, un asunto humano, algo que hacen los hombres, y no el desvelamiento o puesta en obra del ser. Nada más lejos de esta humanización moderna del arte que la definición de Heidegger de la esencia del arte como el ponerse en obra de la verdad de lo ente (sich-ins-Werk-Setzen der Wahrheit des Seienden) (HEIDEGGER, 1977, p. 25, 58). El arte consiste en “[…] un llegar a ser y acontecer de la verdad”, del ser (HEIDEGGER, 1977, p. 59). Heidegger deshumaniza radicalmente la esencia del arte, la aparta del ámbito intrahumano. En el “ponerse en obra de la verdad” en que consiste esencialmente el arte, la verdad misma, el ser, es sin duda objeto de ese poner, pero sobre todo es el sujeto. La deshumanización
Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 87 La vida humana como principio interpretativo radical del arte efectuada por Heidegger no sólo se refiere entonces al hecho de que en la obra no se expresen –como objeto – las vivencias humanas, sino a que en ella se manifiesta – como sujeto – el propio ser y no el hombre. La obra de arte por tanto no sólo obra el ser: ella misma es obra (creación) del ser. El ser – a verdad – es acontecimiento, es poniéndose en obra. Según Heidegger, forma parte de la esencia de la verdad “una tendencia a la obra”, o sea, “[…] tener que establecerse en lo ente” (HEIDEGGER, 1977, p. 25, 50). No hay más ser (verdad) que el que se pone en obra, y la obra de arte es un acontecimiento del ser. El arte para Heidegger no es expresión de las vivencias del ser humano, sino el “ponerse en obra de la verdad misma”. Para Ortega, en cambio, “[…] la pintura es una cosa que unos hombres hacen mientras otros la miran, copian, critican, teorizan, etc.”, o sea, consiste en “un vasto repertorio de acciones humanas”, de manera que “[…] fuera y aparte de éstas, la pintura no es nada” (ORTEGA, Velázquez (1950), VI, p. 609). Evidentemente, estas afirmaciones valen tanto para la pintura como para el arte en general. En suma, el arte es “mero ajetreo humano” (ORTEGA, Velázquez, p. 609). Por supuesto, para Ortega el arte tiene también una voluntad de verdad: como el resto de dimensiones de la cultura, posee una “misión esclarecedora” del texto eterno de la vida (ORTEGA, Meditaciones del Quijote, I, p. 789). Ahora bien, en clave humanista/metafísica, es una voluntad humana de verdad, o sea, algo que hace el ser humano. Una obra de arte, un cuadro en concreto, podrá desvelar la verdad de un ente, pero consiste según Ortega en “[…] unas pinceladas dadas por una mano con una intención” (ORTEGA, Preludio a un Goya (1946), IX, p. 766). Una obra de arte se reduce a una serie de acciones humanas, a un acontecimiento biográfico, no a un acontecimiento del ser. Para Heidegger sólo como acontecimiento del ser puede ser entendida una obra de arte. Frente a esta hermenéutica ontológica de Heidegger, Ortega expone una hermenéutica humanista raciobiográfica del arte. Si cada trozo de un cuadro o de una obra de arte en general, como sostiene Ortega, “[…] es testimonio perdurable de una resolución tomada por el artista” (ORTEGA, Velázquez, VI, p. 612); si “en el hecho de ser pintor desemboca la vida entera de un hombre y, por tanto, la de toda su época. Y todo ello vive en cada pincelada”, entonces “[…] ver bien un cuadro es verlo haciéndose […] dotarlo de reviviscencia actualizándonos la biografía del autor. Sólo así llegamos a la auténtica realidad del cuadro” (ORTEGA, Velázquez, p. 616). Ni los detalles particulares de una obra de arte, ni la obra misma en su conjunto, afirma Ortega, se pueden entender “[…] sin hacer intervenir […] la biografía entera”
88 Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 GuTiéRREz-POzO, A. del artista (ORTEGA, Velázquez, p. 617). Dado que según la hermenéutica raciobiográfica de Ortega nada es comprensible si no es reducible a producto de una vida humana, si pretendemos entender un fenómeno artístico tenemos que entender la vida donde se originó. La hermenéutica orteguiana del arte mantiene que la vida del artista es el principio radical de interpretación de su arte, “[…] la gramática y el diccionario que nos permitiría, si la conociésemos, leer inequívocamente su obra” (ORTEGA, Preludio a un Goya, IX, p. 767). Arte e interPretACión En el arte, según Ortega, el ser humano conoce, expresa y comunica. “La obra es entonces, escribe, formalmente un aparato de significar […] En ella lo que hacemos lo hacemos para que otro venga en noticia de algo que hay en nuestra intimidad y que solo puede ser comunicado al través de una realidad corporal” (ORTEGA, Velázquez, VI, p. 610). Para la filosofía humanista de la razón vital, el fundamento (antropológico, por supuesto) del arte es que el ser humano es constitutivamente “[…] el Dicente, esto es, el que tiene cosas que decir” (ORTEGA, El hombre y la gente (1949/50), X, p. 305). El ser humano está dotado de la facultad semántica, o sea, de la capacidad de crear signos para expresar y comunicar lo que hay en su interior, lo que conoce. Sin duda, la actividad semántica más conocida es el lenguaje, pero éste es sólo una forma de expresión y comunicación. El ser humano no tiene suficiente con el lenguaje para satisfacer su necesidad de decir, su ansia de expresar. Hay cosas que no se pueden decir con el lenguaje ya dado. Entonces nace el arte, “[…] porque se quiere expresar precisamente ciertas cosas que el lenguaje, por sí, no podrá nunca decir” (ORTEGA, Velázquez, VI, p. 611). El arte entonces, añade Ortega, “[…] comienza su faena comunicativa donde el lenguaje concluye” (Id.), y esto incluye a la poesía, que “no es lenguaje” sino “[…] una nueva potencia de la palabra irreductible a lo que esta propiamente es” (ORTEGA, 1983, vol. VIII, p. 491 nota). Por tanto el arte es, al tiempo, tanto una forma de expresión y comunicación como de conocimiento, esto es, un modo de la verdad. Según Ortega, el lenguaje no sólo es una forma de comunicación de nuestros conocimientos, sino que es el “[…] instrumento más perfecto que para comunicarse tienen los hombres”, y “[…] su perfección […] consiste en que al ‘decir’ no sólo comunicamos algo, sino que lo patentizamos, lo declaramos de modo que no sea cuestionable qué es eso que queremos
Trans/Form/Ação, Marília, v. 35, n. 3, p. 81-96, Set./Dez., 2012 89 La vida humana como principio interpretativo radical comunicar” (ORTEGA, Velázquez, VI, p. 610). Ortega considera que “[…] el lenguaje va movido por la aspiración a que su actividad comunicativa no necesite, a su vez, interpretación” (ORTEGA, Velázquez, p. 610). Puede luego lograrlo o no, pero lo esencial es que la palabra está animada por una voluntad declarativa, o sea, por el “[…] ideal de entregar, sin más, su sentido” (ORTEGA, Velázquez, p. 610). Si decimos, escribe Ortega, que “la nieve es blanca” damos a entender que posee realmente ese color blanco, pero, añade, cuando en un poema se dice que “la mejilla de una muchacha es como una rosa” o que “el ciprés es como el espectro de una llama muerta” no se da a entender que realmente eso sea así, sino que lo es metafóricamente (ORTEGA, IX, p. 838-839; ORTEGA, I, p. 673). Así son el conocimiento y la expresión artísticas, metafóricos o enigmáticos y no declarativos, y esto significa que no declaran ni patentizan lo que dicen, no lo ponen en claro sino que lo dicen enigmáticamente. Por eso están necesitados de interpretación. El arte, escribe Ortega refiriéndose en particular a la pintura, “[…] no es cuestión de ojos, sino de interpretación” (ORTEGA, Velázquez, VI, p. 611); o sea, no es sólo ni principalmente objeto estético, sino objeto de conocimiento interpretativo. El arte nos exige el esfuerzo de la interpretación, un esfuerzo interminable porque toda obra de arte surge para decir lo que por definición no se puede decir directa o declarativamente, y por eso mismo no puede interpretarse plenamente, o sea, no puede traducirse a un decir declarativo que pudiera ponerse en su lugar. lA vitAlidAd del SignifiCAdo y lA vidA Como PrinCiPio interPretAtivo univerSAl Pero para Ortega no sólo el decir metafórico del arte exige interpretación. Hay una necesidad más profunda de interpretación, debida a la naturaleza (hermenéutica) misma del decir en general. Todo decir, aunque diga patente y declarativamente su sentido, es hermenéutico, o sea, no es un decir al estilo cartesiano claro y distinto, cerrado en sí y comprensible desde él mismo. Por eso para Ortega todo decir necesita la interpretación. El carácter hermenéutico del decir consiste en que para Ortega, y contra el idealismo semántico dominante desde Platón, no hay un significado puro y absoluto, sub specie aeterni, sino sólo significados vitales, abiertos, circunstanciales. Frente al significado ya establecido, el significado abstracto del diccionario, Ortega afirma que el verdadero significado es el que tienen las palabras, y en general todo texto, en la vida: “Las palabras no son palabras, sino cuando son
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