El final de los complejos musterienses y los comienzos del Paleolítico Superior en el Sur de la Península Ibérica
Abstract
En los últimos arios el origen del hombre moderno se ha convertido en un tema de notable discusión. Es nuestra intención a continuación presentar de forma breve el estado actual del registro arqueológico y de la investigación, sobre este tema, en el sector meridional de la Península Ibérica. Por último se exponen los problemas presentados por los yacimientos del sur peninsular y las líneas de investigación que deberían ser confirmadas, desde nuestra perspectiva.
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EL FINAL DE LOS COMPLEJOS MUSTERIENSES Y LOS COMIENZOS DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR EN EL SUR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA por J. P. PANIAGUA PÉREZ* RESUMEN En los últimos arios el origen del hombre moderno se ha convertido en un tema de notable discusión. Es nuestra intención a continuación presentar de forma breve el estado actual del registro arqueológico y de la investigación, sobre este tema, en el sector meridional de la Península Ibérica. Por último se exponen los problemas presentados por los yacimientos del sur peninsular y las líneas de investigación que deberían ser confirmadas, desde nuestra perspectiva. ABSTRACT In recent years, the origin of the modem man has become a notable subject of discusion. Our intention is to briefiy show the present state of archaeological records and investigation on this subject in the southern area of the Iberian Peninsula. Finally we expound the problems presented in the sites of south of the peninsula with the lines of investigation that should be proved according to our perspective. 1. INTRODUCCIÓN A comienzos de los arios "setenta", cuando las diferentes series que conforman el Paleolítico Superior Inicial parecen ordenadas, los prehistoriadores empiezan a plantearse problemas que habían ocupado un segundo plano o ni siquiera habían sido considerados. Nos referimos a las dudas de cómo se producía la transición o el cambio de los complejos musterienses al Paleolítico Superior. La transición es, fundamentalmente, un problema convencional (se trata de establecer rupturas en un continuo poblacional), aunque en el caso de Europa está cargado de significado porque este tránsito supone una serie de cambios y renovaciones importantes. El Paleolítico Superior significa una fuerte innovación * Becario Predoctoral del Dpto. de Prehistoria e Historia Antigua de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. SPAL 7(1998): 45-67 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
46 J.P. PANIAGUA PÉREZ en el plano tecnológico, tipológico, económico y social, además de incluir aspectos nuevos como se aprecia en el cambio étnico (los neandertales son sustituidos más o menos bruscamente por los hombres anatómicamente modernos) y en el desarrollo de las capacidades simbólicas. Esta fuerte renovación supone la agrupación por parte de los investigadores en dos bandos totalmente opuestos, desarrollando sus modelos a partir de aspectos tanto culturales como biológicos (Stringer y Gamble 1993): 1.- Continuistas: son defensores de una etapa neandertal en la evolución de los humanos modernos. Sus orígenes están en los estudiosos del siglo XIX, como G. Schwalbe (que asignaba los restos de Neandertal y Spy a una especie ancestral que llamaba Horno primigenius) y D. Gorganovic-Kramberger (que estudió el material de Krapina). Durante los primeros arios del siglo XX muy pocos eran partidarios de dar al hombre de Neandertal un lugar en la evolución, destacando entre ellos a A. Hrdlicka (1927) y F. Weidenreich, que desarrollaría un modelo que explicaba el origen de todas las razas modernas en el mundo entero, siendo los Neandertales, junto a sus semejantes en otras áreas del mundo, antepasados directos de la humanidad moderna. Este trabajo será la base de los futuros estudios de Brace y Wolpoff. La versión más moderna del esquema es el modelo Multirregional de Thome y Wolpoff (Wolpoff 1986, 1989; Wolpoff et alii 1984, 1994) que, partiendo de los esquemas de centro y periferia, el flujo genético entre las poblaciones humanas resultó suficiente para contrarrestar la tendencia de los grupos periféricos (Europa, Java y Sur de África) a divergir significativamente de los demás. Africanos Europeos modernos modernos Neandertales Asiáticos Australianos modernos modernos Ngandong H. erectus H. erectus H. erectus H. erectus africano europeo asiático indonesio En el plano cultural, lógicamente, son partidarios de una sucesión entre el Musteriense y el Paleolítico Superior. Tradicionalmente se han basado en la posible filiación entre el Musteriense tipo Quina y el Auririaciense (no probado todavía en nuestros días) y, sobre todo, en la continuidad entre el MTA tipo B y el Chatelperroniense, proceso prácticamente aceptado, pero lo que no se aprecia es la continuidad de este Chatelperroniense hacia formas culturales del Paleolítico Superior. Hoy en día se reivindican las antiguas cronologías para el Auririaciense europeo y la fuerte carga del sustrato musteriense en el repertorio tipológico del Paleolítico Superior Inicial, como evidencias de continuidad. SPAL 7(1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
EL FINAL DE LOS COMPLEJOS MUSTERIENSES Y LOS COMIENZOS DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR... 47 2.- Rupturistas: M. Boule fue el primero en negar un puesto de los Neandertales en la evolución humana pero el modelo "presapiens" fue desarrollado por un discípulo suyo, H. Vallois (1954), para el cual los avanzados rasgos que presentaba la humanidad moderna necesitaban de un largo período de gestación, por lo que situaba el antepasado común en hace un millón de arios. El último modelo propuesto ha sido el de la dispersión desde África, desarrollado por W. Howells (1976), que postula la existencia de una única población ancestral reciente en una sola región del mundo (África) y todas las gentes modernas se derivaron de este grupo ancestral común mediante procesos de evolución y dispersión. En nuestros días, los máximos defensores de este modelo son, sobretodo, los genetistas (Cann 1988; Cann et alii. 1987; Stoneking y Cann 1989), aunque también se encuentran paleoantropólogos y prehistoriadores (Stringer 1988; Stringer y Andrews 1988; Stringer y Gamble 1993; Demars y Hublin 1989). Africanos Europeos Asiáticos Australianos modernos modernos modernos modernos Neandertales H. erectus africano 1 I Ngandong I H. erectus H. erectus H. erectus europeo asiático indonesio Son partidarios de una sustitución abrupta, tanto en el plano cultural como en el físico, partiendo de que el Paleolítico Superior se forma fuera de Europa y llega a ésta a través de los hombres modernos (Stringer y Gamble 1993). La evolución del problema se irá debatiendo en una serie de congresos y reuniones científicas celebrados en estos últimos arios, que irán marcando la pauta del desarrollo de la controversia que rodea a la transición. Por otra parte, la problemática de los orígenes del hombre anatómicamente moderno, que entra de lleno en el tema de la transición, ha originado todo un "boom" de estos estudios, palpable por medio de la avalancha de publicaciones, acompañadas de gran publicidad y celebraciones de congresos a ritmo anual que, prácticamente, no deja tiempo para asimilar la documentación generada. 2. LA PENÍNSULA IBÉRICA Dentro de este panorama, la Península Ibérica esta aportando interesantes datos en los últimos arios. Son numerosos los equipos que están trabajando en el problema de la transición, en yacimientos como la Cueva del Castillo (Santander), L'Arbreda (Gerona), el Abric Romani (Barcelona), la Cueva de la Carihuela (Granada) y la Cueva del Boquete de Zafarraya (Málaga), además de los interesantes trabajos y síntesis que sobre Portugal está llevando a cabo J. Zilhao (1993a y b). Estos yacimientos han confirmado datos SPAL 7(1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
48 J.P. PANIAGUA PÉREZ que ya se conocían a nivel europeo, por ejemplo las antiguas dataciones para los comienzos del Auririaciense, a la vez que se establece una interesante contradicción de eventos dentro de la misma Península Ibérica. Tres evidencias destacan: — Los trabajos en los yacimientos del Norte peninsular (Cuevas de La Viña, El Castillo, L'Arbreda o el Abric Romani) confirman las antiquísimas dataciones para los orígenes del Auririaciense, y el éxito de estas poblaciones en cruzar Europa, de Este a Oeste, en escasos dos o tres milenios. —Por otra parte, los trabajos en el área mediterránea y sobre todo en el Sur peninsular, confirman que los Neandertales de estas regiones y sus complejos musterienses pervivieron de manera excepcional hasta bien entrado el Pleniglacial Superior Wurmiense. Esto, sumado a la inexistencia de industrias auririacienses, supone un gran problema a la hora de intentar explicar el proceso de transición en esta región. — Por último, fuera de la región cantábrica, donde queda atestiguada la presencia del Chatelperroniense, no se documenta ningún tipo de interacción entre ambas poblaciones, pudiéndose apreciar por contra unos musterienses muy estáticos en lo tecnológico con pocas variaciones en sus costumbres. Estas evidencias, sin embargo, no han desembocado en un común acuerdo de los investigadores, que han desarrollado diferentes interpretaciones del problema, alineándose en una de las dos corrientes que lideran la transición a nivel europeo y mundial: — Continuistas: las elevadas cronologías de los yacimientos del Norte, sumado a la interpretación de elementos culturales, les lleva a defender una transición in situ de los complejos musterienses al Paleolítico Superior durante el Würm II-III (Cabrera 1996; Cabrera y Bernaldo de Quirós 1990, 1993, 1996; Cabrera y Bischoff 1989). — Rupturistas: prácticamente todos los investigadores del país, partidarios de una ruptura total del Paleolítico Superior con el mundo anterior, además de la imposición de nuevos sistemas culturales y de un nuevo tipo racial (Maroto y Soler 1990; Soler y Maroto 1990, 1993; Maroto et alii. 1996; Terradas et alii. 1993; Iturbe et alii. 1993; Vega 1993; Maroto 1994). 3. EL REGISTRO ARQUEOLÓGICO DEL SUR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA El registro arqueológico de esta zona para los momentos que nos interesan no está exento de problemas: — Estratigráficos: las grandes secuencias de la región confirman la pervivencia de los neandertales, pero carecen de niveles transicionales donde podamos estudiar lo sucedido. — Ausencia, con excepción de la Cueva de la Carihuela, de estudios paleoambientales, paleontológicos, litoestratigráficos, palinológicos, etc... que permitan la interpretación paleoecológica de los diferentes yacimientos, y su comparación cronoestratigráfica dentro de un marco regional. — Por último, las limitaciones características de la ausencia de excavaciones referidas al momento estudiado (tan sólo los proyectos de las cuevas de Carihuela y Zafarraya, más el desarrollado en Gibraltar por los investigadores ingleses), como la ausencia de publicaciones de los pocos yacimientos que se excavan (recordemos que Carihuela y Zafarraya llevan arios pendientes de publicar una monografía), y el manejo de datos de intervenciones antiguas desarrolladas en algunos yacimientos de interés, complican mucho el intento de desarrollar una síntesis. SPAL 7 ( 1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
EL FINAL DE LOS COMPLEJOS MUSTERIENSES Y LOS COMIENZOS DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR... 49 3.1. Historia de las investigaciones El inicio de las investigaciones prehistóricas en la región meridional de la Península Ibérica procede de mediados del siglo pasado con las recolecciones fosilíferas de las canteras y cuevas del Peñón de Gibraltar, mientras se acondicionaba la colonia como base militar. El hallazgo del cráneo de Forbe' s Quarry supone el descubrimiento del primer homínido fósil de la Prehistoria. Durante el siglo pasado, el punto más importante será el curso que el geólogo J. Vilanova i Piera ofrecerá en la Universidad de Sevilla en 1872 y que significará la introducción en el país de la ciencia prehistórica, tal y como había sido definida en otros países europeos (Ayarzaguena 1991). En este mismo siglo, el primer impulso serio para la investigación prehistórica viene dado por L. Siret, primer si stematizador de la prehistoria del Sureste. Al igual que en las épocas de los metales, también destacó en los trabajos sobre Paleolítico, aunque la diferencia en publicaciones es notable. Ello no motivó que carecieran de calidad. Tal es así que, gracias a sus artículos, ya clásicos, los yacimientos del Sureste empezaron a ser incluidos en las sistematizaciones generales que prehistoriadores extranjeros realizaban. Insertado dentro del contexto africanista de comienzos de siglo, en su artículo de 1931 titulado "Classification du Paléolithique dans le Sud-Est de 1 ' Espagne", no duda ni un instante en considerar el registro peninsular como europeo y no africano como se estaba imponiendo en su momento. Entre el legado que Siret nos dejó, destaca el enorme número de yacimientos encontrados y excavados (Záj ara I y II, Serrón, Los Morceguillos, Cueva de Ambrosio, en Almería; Perneras, Palomarico y Vermeja, en Murcia) en el área del Sureste y sus materiales conocidos como Colección Siret custodiada en el Museo Arqueológico Nacional. Acto seguido a Siret, serán H. Obermaier y H. Breuil en los tres primeros decenios de siglo los que estudien y descubran nuevas cuevas con arte, además de realizar diferentes trabajos en distintos yacimientos. En concreto, será H. Obermaier en 1934 quien realice un nuevo estudio sobre el Paleolítico de Andalucía, labor que se centró en una serie de prospecciones por la provincia de Granada en las que destaca la recogida de materiales procedentes del desmantelamiento de la entrada de la Cueva de la Carihuela, depositados en lo que se conoce como Fuente de la Zarza, es decir, no llegó a conocer el yacimiento. En este trabajo tildaba estas industrias de Musteriense evolucionado, mezclado con Neolítico y Capsiense (Vega 1988). De esa misma época, constan también los trabajos de M. Such en la Cueva del Higuerón que publicará con metodología muy moderna para la época (Such 1920). A continuación, se desarrollarán en Andalucía los que, en nuestra opinión, se pueden considerar arios oscuros del Paleolítico andaluz y que coinciden, en líneas generales, con los arios '40 y '50 durante los cuales se abandona el impulso dado por los "grandes" clásicos y nadie recogerá el testigo. Como ejemplo de la oscuridad de estos arios, destacamos los diferentes "agujeros" que fue realizando el investigador suizo J. Ch. Spanhi en algunos yacimientos de Granada (Cueva de Carihuela o Cueva Horá), "trabajos", que nunca fueron publicados. En los años sesenta, una serie de programas se harán cargo de importantes yacimientos algunos de ellos desconocidos, que no significa la salida del período anterior. Entre las excavaciones que se inician en estos años destacan Cueva de Ambrosio, dirigida por E. Ripoll (1961), la recién descubierta Cueva de Nerja, en la que inmediatamente empieza a trabajar M. Pellicer y le seguirá A. M a de la Quadra Salcedo, Cueva Horá, dirigida por M. Pellicer, Cueva de la Carihuela (Almagro Basch et alii 1970) bajo el proyecto de la Washington State University, y por la que ya habían pasado con anterioridad Spanhi y Pellicer. Por último, una nueva etapa se vivirá a partir de mediados los arios ochenta, con el traspaso de las competencias, en materia de patrimonio histórico-arqueológico, a las Comunidades Autónomas. El panorama andaluz apunta muy alto con la concesión de importantes y ambiciosos proyectos que, con el paso del tiempo, han ido perdiendo peso por cuestiones, fundamentalmente, económicas. Entre los proyectos aprobados y concedidos en estos arios están los centrados en la Cueva de la Carihuela, dirigido por G. Vega Toscano, o el de la Cueva del Boquete de Zafarraya, dirigido por C. Barroso y J. J. Hublin. SPAL 7 ( 1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
50 J.P. PANIAGUA PÉREZ 3.2. Los yacimientos 3.2.1.- Cueva de la Carihuela (Píñar, Granada): mencionada por primera vez por H. Obermaier (1934), tras las prospecciones que realiza en la provincia de Granada a principios de siglo, serán numerosos los investigadores que han trabajado en el yacimiento así como los que han estudiado sus distintas colecciones. Entre los trabajos realizados deben destacarse los de la Washington State University bajo la dirección de H. T. Irwin y B. Fryxell (1969), ya que fue el programa que dejó sentadas las bases para su posterior desarrollo en los arios '80. Por último, en 1979, se presenta el proyecto que en la actualidad se desarrolla y que dirige G. Vega Toscano. En líneas generales, sigue muchas de las propuestas planteadas por el anterior programa, siendo estructurado en tres fases: analítica de los materiales recuperados por los americanos; excavaciones limitadas para resolver problemas planteados en la primera fase, evitar el derrumbe de algunos cortes y practicar sondeos para completar el conocimiento del depósito y, si las fases anteriores avalan, excavar en extensión para realizar estudios paleoetnográficos con garantías (Vega 1988). Respecto al relleno de la cueva, la estratigrafía de Carihuela presenta ciertos problemas, hasta el punto de que algunos de ellos no han sido resueltos en la actualidad (las "cicatrices" erosivas). Además de estos problemas, la cueva presenta diferentes cortes, no siempre fáciles de correlacionar, incluso todo el relleno se debe a dos aportes principales, procedentes de áreas diferentes que contactan en la parte central de la cueva. Pensamos que la mejor descripción de la estratigrafía del yacimiento se encuentra en la Tesis Doctoral de Vega (1988), por lo que nos remitimos a ella. Sin embargo, sí haremos una aproximación cronológica de este relleno; la secuencia conocida de Carihuela contiene doce unidades litoestratigráficas, en las que se puede individualizar un centenar de niveles: unidades XII-XI, último interglaciar y Würm Inicial (fase isotópica 5), unidades X-VIIb, Pleniglacial Inferior wurmiense, unidades VIIa-VI, Interpleniglacial, unidades V-III, Pleniglacial Superior y unidades II-I Holoceno (Vega et alii. 1988; Vega 1988, 1990, 1993). Recientemente, la publicación del estudio palinológico confirma esta secuencia paleoclimática (Vega y Carrión 1993). Por último, comentar que el registro de Carihuela comprende en una escala casi continua, los eventos culturales, ambientales, antropológicos y paleontológicos, de todo el Pleistoceno Superior y el Holoceno (Vega 1993). En el momento de tratar los materiales de la Cueva de Carihuela, lo primero que hay que tener en cuenta es que, es "...imposible evaluar la totalidad de las colecciones desperdigadas..." (Vega 1988). Aparte de las diferentes colecciones depositadas en varios Museos, se sabe de la existencia de colecciones privadas, al igual que de la desaparición de materiales significativos de las campañas 1969-71. A esto habría que añadir que las colecciones de Spanhi son inservibles por su enorme selección como por sus problemas de adscripción estratigráfica y las procedentes de las campañas de los americanos no son utilizables debido a su origen en limpiezas de cortes y áreas revueltas, además de haber sido obtenidas por niveles (tallas) artificiales (Vega 1988). El material paleontológico carece de un estudio definitivo por lo que sólo se dispone, de momento, de una determinación de especies para la macrofauna. La microfauna y los quirópteros fueron estudiados por Ruiz Bustos y Sevilla, respectivamente, partiendo de las matrices depositadas en el Museo de Granada procedentes de las excavaciones de Spanhi, en el primer caso, y de las de Irwin, en el segundo. La lista determinada, hasta el momento, presenta un amplio repertorio de especies, entre los se encuentran dos tipos de équidos, dos de rinoceronte, ciervo, cabra, bóvido, lobo, zorro, oso, pantera, hiena, lagomorfos y una larga lista de micromamíferos, quirópteros y aves. Pendientes de un estudio más profundo, es imposible hacer planteamientos respecto a los acumuladores de los restos como referentes a las actividades económicas de los grupos humanos. Respecto a los restos líticos, el estudio de la industria de Carihuela se ha realizado sobre las 37 series que proporcionó el corte III, con un total de 50900 restos lfticos. En el aspecto técnico, los índices, calculados por el método Bordes, son muy homogéneos; todas las series son no levallois (índice medio de 7,16) y SPAL 7(1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
EL FINAL DE LOS COMPLEJOS MUSTERIENSES Y LOS COMIENZOS DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR... 51 facetadas (IF. 59,49, y IFs. 38.93), los índices laminares son bajos (Ilam. 7,87). La clasificación, partiendo del empleo de la técnica Bordes, se realiza con base en las variaciones tipológicas. De esta forma, se han podido diferenciar las siguientes industrias (Vega 1988): Musteriense Típico: presente en 28 de las 34 series en las que se ha podido establecer una clasificación. Según los diferentes índices tecnológicos, se han establecido cuatro tipos de Musteriense Típico. Charentiense de tipo Záj ara: son niveles que entran dentro de la variabilidad charentiense aunque, desde una perspectiva ortodoxa, serían híbridos entre los tipos Quina y Ferrassie ya que tienen un índice quina bajo, están bien facetadas y no llegan a ser levallois. Este tipo de charentiense fue definido a comienzos de los ochenta en la Cueva de Zájara I (Vega 1980). Musteriense de denticulados: está presente en sólo dos series, una de ellas problemática, y la otra presenta un 57,7% de denticulados. Es importante destacar que a lo largo de la secuencia y, sobre todo, en su parte final, no se observan elementos que hagan pensar en una evolución hacia el Paleolítico Superior (Vega 1980). A nivel cronológico, el proyecto de los americanos contemplaba la realización de dataciones, que se llevaron a cabo utilizando el método de la Termoluminiscencia cuando todavía era un sistema experimental. Hay todo un repertorio de dataciones que se pueden ver en la Tesis de Vega (1988), destacando la datación de la Unidad XII, que se sitúa en tomb a 82000 BP, y la Unidad IV; en 13000 BP: Actualmente, se ha realizado una nueva serie de dataciones que vienen a confirmar, en líneas generales, que la secuencia conocida de Carihuela abarca todo el Pleistoceno Superior (Vega, comunicación presentada al Simposio de Prehistoria de Nerja, Mayo 1996). 3.2.2.- Cueva Horá (Darro, Granada): situada en el extremo oriental de Sierra Harana, como yacimiento paleolítico se conoce desde 1916, momento en que H. Obermaier la exploró (Obermaier 1934), señalando que el relleno ya había sido saqueado y destacando la presencia de un "Musteriense fino" (Vega 1988). Cuarenta arios más tarde, J. Ch. Spanhi realizó una intervención en el yacimiento por medio de varias catas, pero los resultados obtenidos nunca fueron publicados. Un ario más tarde M. Pellicer realiza un sondeo en el que llega a una profundidad de 8 m, sin llegar a la roca madre, y del cual se realiza la primera descripción de la estratigrafía (Pellicer 1964) y, más tarde, se estudia la fauna (Fuentes y Meijide 1975). Esta colección obtenida por Pellicer ha sido estudiada en más de una ocasión, destacando la realizada por Toro y Almohalla (1979) que vieron en los restos del estrato III un Auriñaciense. Por último, los trabajos más importantes se desarrollaron en el yacimiento entre 1977 y 1985, dirigidos por M. Botella, de los que se ha publicado un avance de las dos primeras campañas (Botella y Martínez 1979) y las características de las colecciones de una serie de niveles (Botella et alii 1983; 1986), además del estudio geológico (Rodríguez y Martín 1979) y paleontológico. De esta intervención debe destacarse los más de 15 m de profundidad alcanzados, sin llegar a tocar roca madre, lo que indica la impresionante potencia que debe tener el relleno sedimentario de la cueva. La estratigrafía del yacimiento carece de una síntesis total y definitiva, estando estudiado únicamente el conjunto superior de las excavaciones de M. Botella, lo que supone los tres primeros metros de la secuencia. Además, hay que añadir que no hay correlación, o no se ha intentado correlacionar, entre los niveles de la excavación de Pellicer y la de Botella. Por lo tanto, de los trabajos provisionales (Rodríguez y Martín 1979) sobre la geología del lugar se puede concluir que sólo hay una auténtica estratificación a techo del depósito, lo que se corresponde con los dos primeros metros, para desarrollarse, a continuación, un relleno de limos arenosos con bloques y gravas angulosas, repartidos ambos materiales de forma irregular. A nivel cronoestratigráfico, pocas matizaciones se pueden hacer para los autores (Rodríguez y Martín 1979): la parte de secuencia analizada se correspondería con una fase fría, más o menos húmeda, con oscilaciones. Respecto al resto del depósito, la carencia de estudios imposibilita cualquier interpretación o correlación (Vega 1988). SPAL 7 ( 1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
52 J.P. PANIAGUA PÉREZ La dinámica de formación del yacimiento (la actuación de la dolina superior, como colector que recoge las escorrentías de ladera) hace que se deban tener en cuenta una serie de aspectos: imposibilidad de encontrar restos arqueológicos y paleontológicos en posición in situ debido, fundamentalmente, a que los restos abandonados tenderán, progresivamente, a desplazarse hacia la pendiente exterior, con la consecuente mezcla de materiales que esto origina; por los mismos motivos, no es un registro ideal para establecer un modelo cronoestratigráfico por la imposibilidad de situar los límites de estratos y la contemporaneidad de los restos que en ellos se encuentran (Vega 1988). Los materiales de la cueva, para seguir con la dinámica del yacimiento, no están exentos de problemática. Existen varias colecciones (Obermaier, Spahni, Pellicer y Botella), con escasas referencias estratigráficas e, incluso, de alguna colección se desconoce si los materiales proceden de la estratigrafía, de la superficie o de la ladera, por no citar las que no se han encontrado, como es el caso de la Colección de Obermaier. Por último, debe tenerse en cuenta que la excavación de Cueva Horá supone un trabajo sin terminar y que sólo se tienen noticias inconexas y provisionales. De las diferentes colecciones, la que presenta interés de cara al problema que aquí analizamos es la de Pellicer, en cuyos materiales unos autores (Toro y Almohalla 1979) vieron un Auriñaciense. Pellicer diferenció ocho estratos en la parte de secuencia que excavó, de los que los cinco superiores se corresponderían con un Epipaleolítico y los tres inferiores pertenecerían a un Musteriense sin determinar. Según los autores antes mencionados, parece ser que Pellicer matizó, aunque siempre de forma oral, en varias ocasiones que el nivel III sería un Auriñaciense. La base de esta interpretación la constituyen un lote de cuatro raspadores, una pieza truncada y seis láminas, una de ellas con retoque continuo sobre un borde y otra auriñaciense (Toro y Almohalla 1979). Sin embargo, tras la revisión realizada por Vega, aparecieron una serie de problemas: efectivamente, existen los raspadores comentados por Toro y Almohalla, al igual que la hoja auriñaciense, pero la truncatura para Vega no es una, sino varias (Vega 1988), la composición tipológica dista mucho de un Auriñaciense ya que están ausentes los raspadores carenados o en hocico y, además, no hay industria ósea ni elementos musterienses que suelen aparecer en este contexto. Por último, y lo más importante, la presencia de un fragmento de cerámica realizada a mano entre los materiales del Estrato III de Pellicer, y que Toro y Almohalla no vieron, tira por tierra la existencia de Auriñaciense en el yacimiento (Vega 1988). Respecto a la fauna del yacimiento, la recogida por Pellicer fue estudiada por Fuentes y Meijide (1979), destacando la presencia de conejo a lo largo de toda la secuencia, la presencia de carnívoros (lobo, zorro y lince) y entre los herbívoros se reconocen la cabra, el caballo, el ciervo y el rinoceronte (en la parte inferior de la secuencia, Estrato VIII). De esta colección destaca el sesgo que sufren los micromamíferos, lógicamente no recogidos sistemáticamente. Estas colecciones muestran una clara vinculación a ambientes del Pleistoceno Superior e incluso al Holoceno a partir del nivel VI (Vega 1988). 3.2.3.- Cueva del Boquete de Zafarraya (Alcauicín, Málaga): descubierto a comienzos de los arios '80, las intervenciones arqueológicas se han desarrollado en dos fases: una primera, durante los arios 1981-1983, dirigida por C. Barroso, campañas que proporcionaron el mayor número de publicaciones que se conocen, hoy en día, sobre el yacimiento (Barroso et alii 1983; 1984; Medina et alii 1986; Barroso y Medina 1989). Una segunda fase comienza en 1989, con la creación de un importante grupo de investigadores (J. J. Hublin, P. Y. Demars, D. Geraads, J. Rodríguez-Vidal, etc... ), e instituciones avalando el proyecto (Diputación Provincial de Málaga, College de France, Universidad de Sevilla, de Granada, de París VI, Museo Nacional de Ciencias Naturales, ITGE, y un largo etc...). De esta segunda fase, las publicaciones brillan por su ausencia, conociéndose tan sólo las dataciones obtenidas en este período (Barroso y Hublin 1994; Hublin et alii 1995), y los informes pertinentes para la Junta de Andalucía, que son publicados todos los años en el Anuario Arqueológico de Andalucía. En la actualidad, las excavaciones están paralizadas desde el ario 1994. SPAL 7(1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
EL FINAL DE LOS COMPLEJOS MUSTERIENSES Y LOS COMIENZOS DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR... 53 Antes de comenzar a comentar los diferentes aspectos del yacimiento, queremos matizar que la investigación se encuentra pendiente de la publicación de una monografía, así que los datos recientes son tan sólo informes preliminares (Barroso et alii. 1992; Barroso y Hublin 1994), por lo que también utilizaremos datos publicados de antiguo aunque algunos de ellos han sufrido modificaciones. La estratigrafía del yacimiento se ha podido matizar en la segunda fase de excavaciones. Ya en los primeros momentos se dieron a conocer algunas notas sobre la génesis de la cavidad (Medina et alii 1986), pero el estudio sedimentológico de la cueva ha sido realizado por J. Rodríguez-Vidal y A. Caraballo en estos últimos años. De estos trabajos se deduce que se trata de un depósito que presenta una matriz arcillo-limosa que ha sido afectada por procesos de tipo químico y mecánico. El origen del registro es de procedencia autóctona, en el que la presencia de fragmentos rocosos es debida a fenómenos climáticos (crioclastia) y tectónicos (fracturas). El registro se caracteriza por ser un depósito de sedimentación continua, donde los únicos cambios que se aprecian se deben, fundamentalmente, a procesos postdeposicionales (cementaciones y coladas parietales). Resumiendo, los niveles estratigráficos que se han podido diferenciar partiendo de los procesos postdeposicionales, son los siguientes de muro a techo: la base de la secuencia está constituida por un material arcilloso, que se trata de la típica harina de falla, con ausencia total de rocas y totalmente estéril desde el punto de vista arqueológico; nivel arqueológico inferior con una potencia de un metro, está constituido básicamente por huesos, industria y fragmentos de roca fuertemente cementado por una colada de carbonatos; y nivel arqueológico superior, que presenta una potencia que varía de uno a dos metros dependiendo del lugar de la cueva, arqueológicamente presenta industria y fauna. Respecto a los materiales del yacimiento, lo primero que hay que decir es que son sumamente interesantes y no estuvieron exentos de cierta problemática como más adelante veremos. A nivel paleontológico, llama la atención que más del 90% de la fauna de la cueva pertenezca a la misma especie, Capra Ibex Pyrenaica, hecho que en su día motivó la interpretación del lugar como un hábitat estacional de caza de esta especie. El resto de la colección la componen caballo, bóvido, rebeco, ciervo, jabalí, y entre los carnívoros se encuentran pantera, lince, gato salvaje, hiena, cuon, zorro y oso (Medina et alii 1986; Geraads, comunicación personal). En el yacimiento, igualmente se documenta una excelente colección de microfauna que está siendo estudiada y que, en su día, sirvió para situar cronológicamente la secuencia como más moderna que los registros de Carihuela. Igualmente, a partir de la microfauna se deducen algunos aspectos climáticos del depósito, como su pertenencia a una fase fría más que la actual y húmeda que, gradualmente, pasa a otra menos fría, pero que mantiene la humedad (Vega 1988). La industria de Zafarraya se caracteriza, en primer lugar, por estar realizada en su práctica totalidad sobre sílex (99,29%) presentando una gran homogeneidad en el tamaño de las piezas (Medina et alii 1986). Tecnológicamente, se considera una industria de debitage levallois no facetado (IF 40% y IFs 24,47%). Tipológicamente, las raederas suponen un 20% "en cuenta esencial" (Medina et alii 1986), el índice Charentiense es bajo (11,76%), los denticulados están presentes con un índice discreto (15,29%), las puntas presentan un porcentaje medio (3,52%) y los útiles del Paleolítico Superior, tan sólo buriles y raspadores, se sitúan en un 4,70%. Igualmente, en las publicaciones, tanto antiguas como recientes, se habla de una industria ósea que, tras más de diez arios de su anuncio, sigue en estudio. Sin embargo, a toda esta serie de datos, algún autor (Vega 1988) ha presentado ciertos reparos como que: hay discrepancias entre los datos publicados en los diferentes artículos; imposibilidad de verificar datos porque no sabemos el número total de piezas encontradas, no está publicada la lista tipológica en su totalidad; y desconfianza en la aplicación de la técnica de análisis industrial (método Bordes), al menos en algunos elementos tecnológicos. Recientemente se presentó un breve artículo en la reunión celebrada en Gibraltar, bajo el título "Gibraltar during the Quaternary" (Barroso y Hublin 1994). En esta publicación se señala que el estudio ha sido realizado por C. Barroso y F. Medina, en colaboración con A. Delagnes y los datos que se presentan son los siguientes: 41% de lascas producidas por técnica levallois (principalmente por el método centrípeto SPAL 7 ( 1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
60 J.P. PANIAGUA PÉREZ Para comentar la industria, seguiremos la estratigrafía que estableció Waechter, el cual subdividió la secuencia en dieciocho niveles. De estos dieciocho niveles, cuatro destacaban por su clara adscripción musteriense, otros dos por su aspecto de Paleolítico Superior (uno de ellos, el que se dio y se mantiene como Auriñaciense) y los dos últimos, a techo de la secuencia, postpaleolfticos, estando el superior totalmente revuelto; además, en otros niveles, se ha encontrado alguna pieza que se interpreta como derivaciones de niveles superiores ricos en material. De los niveles de Paleolítico Superior (niveles D y F) destaca el D en el que se encontraron raspadores sobre lasca, buriles diedros y sobre truncatura y hojas de dorso, pero no apareció industria ósea característica. En el F se halló una industria poco clara que presentaba raspadores sobre lasca y nucleiformes y un fragmento de azagaya (Vega 1988), nivel éste que se corresponde con el Auriñaciense, muchas veces citado, de Gorham. De los niveles con restos de industria musteriense destacan el G, el K y el M. Estas industrias se caracterizan por no presentar bifaces ni raederas tipo quina, aunque gran parte del resto de tipos sí están representados, como puntas musterienses, algunos denticulados, raspadores y buriles. Tecnológicamente, hay una elevada presencia de núcleos di scoides agotados, así como numerosas hojas de buen tamaño (Waetcher 1951, 1953, 1964; Vega 1988). La cronología que se propuso para el conjunto de la estratigrafía se apoyaba en el estudio sedimentológico realizado por Zeuner (1953), proponiéndose un esquema similar al de Devil' s Tower, es decir, playa monastiriense en la base, sobre la que se apoya toda la secuencia de ocupaciones musterienses y, sobre ésta, se documentaban niveles postmusterienses y holocenos (Vega 1988). Pero toda esta cronoestratigrafía fue deshecha debido a la aplicación-del método del C14 a los niveles D y G, que ofrecieron una cronología de 28.000 arios para el primero y de 47.500 años para el segundo. 4. LOS PLANTEAMIENTOS La investigación en Andalucía es muy precoz, ya que de finales del siglo pasado proceden los primeros estudios, como ya vimos en paginas anteriores. Es de estos Momentos la primera seriación del Paleolítico andaluz que corre a cargo de L. S iret y en ella matiza que el registro del Paleolítico en Andalucía es semejante al de la zona clásica francesa, viéndose en las diferentes estratigrafías un rico Musteriense, al que le sucede toda la secuencia del Paleolítico Superior (Siret 1893, 1933). Pero los primeros apuntes interesantes para el problema de la transición fueron aportados por Waechter tras sus trabajos en Gibraltar. Apoyándose en los estudios sedimentológicos de la cueva de Gorham, realizados por Zeuner, correlacionó los episodios húmedos de la cueva con los episodios interestadiales de la Europa continental observando, de esta forma, que el Musteriense del nivel G de Gorham era contemporáneo del Auriñaciense francés y, por lo tanto, que los neandertales del Sur de la Península perduraron más que en el resto del continente. Posteriormente, los intentos de continuar la secuencia fueron abandonados cuando las fechas radiocarbónicas obtenidas para los niveles D (Paleolítico Superior) y G (Musteriense) anularon la cronoestratigrafía establecida por medios geológicos (Waechter 1964). Para el área del Sureste peninsular se cuenta con los trabajos de C. Cacho (1979, 1980, 1982). Esta autora estableció la secuencia cultural del Sureste, a través de la revisión de los materiales de la colección Siret, acompañada de la prospección de algunas áreas de la zona y de algunas intervenciones arqueológicas, como la realizada en Vermeja en 1977. Antes de centrarse en la problemática del Paleolítico Superior, dedica unas lineas al tema de la transición desde el Paleolítico Medio, partiendo de yacimientos como Palomarico, Perneras, Vermeja y Zájara I, que presentan en su secuencia niveles musterienses seguidos de Paleolítico Superior. Si en estos yacimientos existía algún nivel transicional (como podría ser el nivel medio de Palomarico, considerado como revuelto, o el nivel 1 de Zájara I, índice laminar muy elevado con muchos denticulados), éste se ha perdido debido a lo rudimentario de las técnicas de excavación empleadas por S iret, o los investigadores SPAL 7(1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
EL FINAL DE LOS COMPLEJOS MUSTERIENSES Y LOS COMIENZOS DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR... 61 recientes no han visto elementos distintivos para establecer su diferenciación. Por lo tanto, para esta autora "después del Musteriense existe en el Sureste un gran vacío cultural hasta el Perigordiense Superior, con la excepción de algunos escasos restos auriñacienses. Este vacío es posible que se deba a una larga perduración del Musteriense en la zona,..., pero puede también deberse a una fase de fuerte erosión que eliminase los depósitos acumulados a lo largo del Würm III" (Cacho 1980). Respecto a la secuencia de los comienzos del Paleolítico Superior en la región, no reconoce ningún nivel perteneciente al Chatelperroniense pero sí identifica el Auriñaciense (del que matiza que "es la cultura peor conocida en la región") y el Perigordiense Superior, "que se presenta con unas características locales bien definidas" (Cacho 1980). F. J. Fortea, en su artículo "El Paleolítico Superior y Epipaleolítico en Andalucía. Estado de la cuestión cincuenta arios después" (1986), es partidario de la no existencia de industrias paralelizables al Chatelperroniense francés en el Sur de la Península, al igual que no le convence la hipótesis del mustero-auriñaciense que empezaba a rebatirse en otras áreas levantinas. Sin embargo, la existencia de Auriñaciense, desde Cataluña hasta Gibraltar, y su presencia constatada a través de "dos potentes series" en el yacimiento almeriense de Cueva de Ambrosio, motiva al autor a pensar que los comienzos del Paleolítico Superior en Andalucía "se organizan a partir del Auriñaciense Típico". Respecto a la seriación del Paleolítico Superior Inicial en Andalucía, para Fortea, como hemos dicho, comenzaría con el Auriñaciense y le seguiría el Gravetiense, aunque muy mal conocido. Para G. Vega Toscano, el problema de la transición del Musteriense al Paleolítico Superior en el sector meridional de la Península Ibérica supone una cuestión fascinante. El autor se inclina por una convivencia de ambos tipos raciales en algún momento del Würm III: la fuerte presión sobre los recursos llevaría a las poblaciones del Paleolítico Superior a desarrollar un comportamiento más competitivo mediante la creación de nuevos sistemas de interacción social e intergrupal, en los que los neandertales quedarían fuera, provocando lógicamente su extinción. Para este investigador, ésta parece la única explicación posible para la extinción de los neandertales, "por muy racista o catastrofista que parezca" (Vega 1988). Para finalizar, el planteamiento de Vega, respecto a los comienzos del Paleolítico Superior, es: "en el sureste español y Andalucía Oriental sólo existen pruebas dudosas de un Auriñaciense posiblemente avanzado (Nerja, tal vez, Ambrosio), mientras que las ocupaciones Gravetienses parecen no estar tampoco muy bien representadas; la primera industria del Paleolítico Superior que parece contar con evidencias numerosas es el Solutrense, aunque en casi ningún caso presentan estratigrafías largas que permitan formulaiseriaciones respecto a industrias anteriores. Este resultado confirma la viabilidad de nuestra secuencia con los datos disponibles sobre el Paleolítico Superior Inicial y plantea un interesante problema histórico respecto a la necesaria convivencia entre ambos tipos humanos en algún momento del Würm III y la falta de transformaciones instrumentales dentro de las poblaciones neandertalenses, puesto que si hay algo que todavía permanezca inmutable es la ausencia de algún tipo de auriñacomusteriense" (Vega 1993). En el reciente Simposio de Nerj a salió a luz un volumen monográfico sobre el Paleolítico en Andalucía (Cortés et alii 1996), en el que se hacía un rápido repaso al estado de la cuestión de los diferentes períodos. No analizan el tránsito de los "tecnocomplejos musterienses" al Paleolítico Superior Inicial, pero sí realizan una seriación de éste último. Como primera medida, avisan de que las citas de Auriñaciense provienen, en su mayoría, de excavaciones antiguas y que de la perduración de los neandertales "se ha pasado de la pervivencia a la convivencia con el hombre anatómicamente moderno" (Cortés et alii 1996). Entre los yacimientos con Auriñaciense citan Cueva Horá y El Chorro como problemáticos o, más bien, que tienen ese tal Auriñaciense citado con anterioridad; de Nerj a y Gorham' s Cave aceptan su Auriñaciense sensu lato sin más, nuevamente incluyen Cueva Ambrosio como yacimiento que presenta Auriñaciense y, por último, presentan Cueva del Bajondillo como el gran yacimiento andaluz que contiene el Paleolítico Superior Inicial (recordemos Auriñaciense en el estrato 11 y Gravetiense en el estrato 10) y que, junto a Nerja, resolverá los problemas de este período. A continuación, se desarrollaría un Gravetiense, presente en Zájara II, Bajondillo SPAL 7 ( 1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
62 J.P. PANIAGUA PÉREZ y Nerja (que tan sólo tiene un nivel por debajo del Solutrense y que, con anterioridad, fue situado en el Auriñaciense), y seguidamente, se desarrollaría el Solutrense y el Magdaleniense. Para los responsables de la excavación de Zafarraya, el lugar muestra nuevos puntos de vista sobre el proceso de reemplazamiento de los neandertales por poblaciones de hombres modernos. Así con las recientes dataciones de Zafarraya (aunque matizan que deben ser confirmadas por otros sitios), piensan que la coexistencia de ambas poblaciones en la Península Ibérica debió de ser muy larga, de al menos 10.000 arios. Esto rompería el concepto de una sustitución rápida y brutal de un grupo por otro, lo cual llevaría a una complicación del escenario del Oeste europeo en el proceso de poblamiento por parte del hombre moderno (Barroso y Hublin 1994; Hublin 1996). J. Ramos, en un reciente trabajo sobre el Paleolítico Superior en la Bahía de Málaga, piensa en una zona de refugio para los neandertales yen la cohabitación de éstos, en sus últimos momentos, con los hombres modernos, planteándose "al menos conceptualmente interesantes problemas sobre convivencia, aculturación, enculturación, relaciones de dependencia". Respecto al Paleolítico Superior entiende "la aculturación y la innovación propias como modelos de explicación de las primeras industrias del Paleolítico Superior, sobre bases propias tecnológicas del mundo musteriense". De esta forma piensa que la secuencia goza de una fuerte personalidad, que hace cuestionar el esquema clásico francés en el Sur peninsular por lo menos hasta el Solutrense (Ramos 1994). 5. CONCLUSIONES Visto el registro arqueológico del Sur de la Península Ibérica y los planteamientos de los diferentes autores sobre el problema de la transición, queremos exponer nuestra opinión: 1.-Es indudable que nos encontramos ante los neandertales más modernos de Europa, como parecen indicar las secuencias de Gorham Cave, Devil Tower, Cueva de Carihuela y Zafarraya, yacimientos donde los complejos musterienses, acompañados en algunos casos de restos fósiles de sus autores, parecen mantenerse hasta bien avanzado el Würm III. 2.- Pensamos que con base en los datos que se manejan en la actualidad, la convivencia entre neandertales y hombres modernos no es clara, ya que las fases iniciales del Paleolítico Superior en la región son dudosas o no están presentes, con lo que carecemos de su posicionamiento cronoestratigráfico para poderlo contrastar con las fases finales de los complejos musterienses. Además, están carentes las interestratificaciones. 3.- Si la convivencia no es evidente, creemos que lo es aún menos la extinción de los neandertales. Hasta el momento, la única hipótesis al respecto es la realizada por Vega, pero ésta pasa por una convivencia entre ambos tipos raciales. Igualmente, una transición amortiguada por un complejo transicional (del tipo Chatelperroniense como se documenta en la región cantábrica o en el Suroeste francés) es inviable por los mismos motivos, además de la ausencia de este tipo de respuestas adaptativas, por parte de los neandertales, en el Sur peninsular. Igualmente estos motivos hacen difícil pensar en un Paleolítico Superior con raíces musterienses. 4.- Para finalizar, señalar el claro desconocimiento de la evolución seguida por el Paleolítico Superior en la zona, donde cada vez aparece como más evidente que fue durante los momentos solutrenses cuando se produce un auténtico poblamiento por parte de los hombres anatómicamente modernos, de todo el Sur de la Península Ibérica. SPAL 7(1998) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1998.i7.03
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