scieee Open visual document viewer

Memoria sobre la vida política y literaria de D. Francisco Martínez de la Rosa

Silva, Luis Augusto Rebello da

Full text

1u- Eu SIRL_ li _AIIL SOBRE LA VIDA POLITICA Y LITERARIA DE D. FRANCISCO MARTINEZ DE LA ROSA POR LUIS AUGUSTO REBELLO DA SILVA SOCIO EFECTIVO DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS DE LISBOA, COMENDADOR DE LA ORDEN DE SANTIAGO DE LA ESPADA EN LA CORONA, DE PORTUGAL, PROFESOR DE HISTORIA MODERNA Y PATRIA EN EL CURSO SUPERIOR DE LETRAS Y DIRECTOR DEL MISMO, VOCAL DEL CONSEJO SUPERIOR DE INSTRUCCION PUBLICA, PAR DEL REINO, ETC . ETC. ETC . LISBOA EN LA IMPRENTA DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS 1865 1 _ o 1 SA LA REINA DOISI ISABEL II SEÑORA: La buena memo ia de los subdi os, que po la ele acion del ingenio y la admi acion de sus i u- des, eng andecen á las naciones y ealzan la glo ia y esplendo del ono, po ningun sobe ano ha sido mas ap eciada que po V. M., cuyo glo ioso eynado se á digno de ci a se, cual lo es el de D. Ca los in, ues o Augus o P edeceso , an o po el es imulo que dió á las le as, como po el me ecido p emio con que las a o eció en su iempo. D. F ancisco Ma inez de la Rosa, es uno de los nomb es que la his o ia ha de consigna con mas elo- jio en sus paginas, celeb ando su nunca desmen ida leal ad á la co ona y á las ins i uciones, la elocuencia de su palab a, y el imb e de su epu acion li e a ia, aplaudida no solo po la España, sino ambien po oda la Eu opa. Mien as que el juicio de la pos e i- dad no con i ma el alo de su pé dida, me se á pe - mi ido, apesa de habe nacido bajo o o cielo, y de conoce le unicamen e po las elaciones in elec uales hijas de la p o echosa leccion de sus ob as, an icipa - me con el ibu o, no de lisonja, que no cabe á los mue os, pe o si de espon aneo y jus i icado encómio, deponiendo sob e el sepulc o del g ande es adis a y esc i o , una modes a co ona en elazada po las hu- mildes manos de un consocio suyo, en las paci icas lídes academicas. Me a e í á espe a , que la digna he ede a del ce- o y de las admi adas p endas de Isabel la Ca olica, acep a ia la dedica o ia de un ensayo, que, unicamen e an escla ecida p o eccion y la sincé a olun ad que lo inspi ó, pueden sal a le de comple o ol ido. Po an- o, no p e endo pa a es a memo ia, consag ada á la admi acion de la p olongada y ecúnda ca e a de D. F ancisco Ma inez de la Rosa, o o luga , sino el que le compe e en la bene olencia de Y. M.; sob e odo, siendo esc i a po un es ange o, que ap eciando, cual co esponde, la idelidad debida al amo de su P ínci- pe y al esplendo é independencia de su pa ia, siem- p e en endió, que es os pa io icos sen imien os, inde- lebles en el co azon de los po ugueses, lejos de es- clui la in imidad en e dos naciones he manas, de- bian de dia pa a dia es echa las mas, pene adas cada una de ellas del glo ioso papel que ya ep esen a on en la his o ia, y de los u ú os des inos pa a que la P o idencia las ese a. Suplicando á V. M. que se digne acoje es a dedi- ca o ia, y ele a la osadía de la o e a, y las al as y humildad de la ob a, uego á Dios que dila e, gua de, y haga p ospe os sus p eciosos dias. Lisboa 20 de Se iemb e de 1862. SEÑORA: A. L. R. P. D. V. M. LUIS AUGUSTO REBELLO DA SILVA • El úmulo acaba de ce a se sob e uno de los hom - b es, que mas ennoblecie on en es e siglo á la España como poe a, his o iado y publicis a, en el ecúndo cam- po de las ideas, como es adis a en los consejos de la co- ona y de la nacion, y como o ado en las bichas de la palab a, en que an as eces iun ó. Vi os aun los ecue dos y no ma chi as ambien del odo las lo es espa cidas sob e sus cenizas, obse - a an algunos, que la oz de la gene acion que lo ió y admi ó, no puede le an a se se ena é impa cial, pa- eciendoles emp ano, pa a habla de él, como se ha- lo bla de los que dejan de si hon ada memo ia. An e el sepúlc o ce ado aye es a ia an o os, que ci emos ya como de la pos e idad, el nomb e de aquel, que co- nocemos an de ce ca, de aquel, que puede deci se que aun nos escucha al a es de la losa, y pa a el cual, equi ale nues a an icipacion, á un juicio sospechoso, po que el a ec o, omando el luga de la azon, como que se a oja á usu pa el ibunal an es de que el u- u o lo cons i uya. No alimen amos la audacia de supone , que un es- imonio oscu o pueda en cualquie iempo g angea una le e alusion de la his o ia. Pa a noso os, hijos de o a ie a, y es años á la a mos e a, que espi an en el eyno ecino, las pasiones y las in luencias, Ma inez de la Rosa, signi icó siemp e solamen e un g ande nom- b e. Nunca le conocimos sino po sus ob as, y pa a inclina nos e e en es, no espe amos á que sus es os en ien del odo, ó que el silencio, que se hace en o - no de los úmulos, comience pa a el. Si amigos y ad e sa ios dando eguas á los com- ba es poli ices y ecojidos en su dolo , p onuncia on las ul imas palab as, con que los i os se despiden de los mue os ilus es, nadie po cie o, nos lle a á á mal, que hoy los imi emos, acompañando en su lu o á la nacion, que po an os inculos , de pa en esco in elec ual debe- mos llama he mana. Las on e as alzadas en e noso os -y ella y gua - dadas po el amo de la pa ia, po las adiciones de • los an epasados y po la igilancia de la independencia 11 p opia, nunca han de sepa a nos, cuando a emos de de ende y eng andece las mu uas conquis as (le la ci- ilizacion, de es eja las glo ias y los p og esos eci- p ocos, ó de celeb a con piadoso espé o la memo ia de nues os hijos mas p eciados. En las glo iosas gue as, que edimie on el suelo de la peninsula del yugo á abe y de la in asion es ange- a, he manos y soldados suounbimos y encimos mu- chas eces, unos al lado de los o os. Las ic o ias que mas ealzan el lib o de las pasadas glo ias de las Es- pailas, ue on en a ios lances comunes pa a ambos, y los monumen os, que las simbolizan, donde quie a que ecsis an, no son unicamen e de la ie a que los os en- a, son de odos noso os, hijos de la misma aza. Es- paIoles. y po ugueses, ya cons i uidos en naciones dis- in as, ya independien es y como dos pueblos lib es, se- emos dignos de nues o iempo y de las ele adas ideas de nues os Bias. En la es é a de los in e esses econo- micos é in elec uales debemos camina siemp e unidos y aco des, lle ando la espe anza, como luz, an e nos- o os, y lanzando sin ecelo los ojos hacia el po eni . Pa a la con i encia in ima de las le as, pa a el desen ol imien o iloso ico, y pa a la asociacion in e l ec- ual, en in, si le an a emos aun mas las on e as mo- ales que nos di iden, p ohibiendo la en ada á odo a ado amigable, sanciona iamos la negacion de es e siglo y de sus p og esos. Co azones y espi i us de he - manos, no deben en enena se con ap ensiones hos i- les, .colocando la descon ianza como ijilan e al limi e del e i o io, y p o ocando el odio, como obs aculo, IB El homb e eminen e que conmemo amos, blanco de las sae as del in o unio, hoy ídolo, aye ic ima de po- pula idades cap ichosas, sin lamen a el igo de los cas igos no me ecidos, pasó mas de una ez á pesa suyo pa a los b azos de o aciones impe uosas. En su ida sin mancilla, colmada de hon osos se icios, cuan- do la mue e podia puni los ; en los ac os dic ados po el amo de la pa ia y po el celo del esplendo de la mona quia, nunca aspi ó á o a ecompensa, que no uese el es imonio de la conciencia sa is echa. Lanzado po el u o de las e oluciones desde la cá ed a de legislado pa a el silencio de los calabozos ; hoy p osc ip o, y ca gado de cadenas ; mañana ele ado al minis e io en e aclamaciones ; alzado sob e los b o- queles popula es ; sospechoso y calumniado ac o con i- nuo ; pasando casi á la misma ho a desde las opulencias del pode pa a las soledades del des ie o ; es i uido á la pa ia y á la di eccion de los negocios ; cuando la ida poli ica le o ece eguas, le emos ob ene , el ol- ido de la injus icia de los pa idos, de la indi e encia de los amigos, y del odio de los con a ios, en la cul- ú a de las le as y en la amilia idad de los g andes maes os. Segu o de si, no apa ando la is a del anal, con que la libe ad lo escla ecia desde lejos ; pilo o po e- ces incumbido de gobe na la na e del es ado en me- dio de los nublados de iempos calami osos ; cuando los hu acanes b amaban desa ados, y el nau ajio y la mue e se le' e a aban á cada paso delan e de los ojos, en la ela o a lle ada en alas de la bo asca, ó en el p o- 19 undo seno de las ondas abie as en los abismos, empu- ñando la caña del imon i me y se eno, quien espe a la que el poe a, como en las ho as de bonanza, leyendo en las es ellas del i mamen o medio oldadas po las nu- es, la de o a en el iage del u ú o, habla de sal a el bagel de los escollos ó no pudiendo guia lo, a iba- ia po lo menos á una cos a, donde el desas e uese menos dolo oso? Si alguna ez nau agó con las ipulaciones con ia- das á sus cuidados,' iel al debe , no las abandonó. Besó con ellas la ie a hospi ala ia del des ie o ; descendio del alimien o sin congoja , y esignado con las is- ezas de la emig acion, cambió la se idumb e co esa- na, po la mediania de la ida soli a ia, y pa a no pe - judica se, p e e ió la gos años de espa iacion y de po- b eza, p e i io el abajo san i icado po el pa io ismo, p e l io la mue e lejos de los suyos y de odo lo que amaba, á las g andezas comp adas, al ilipendio de una e ac acion, que la in amia p egona la de cie o como una de sus mayo es ic o ias. Es e ue D. F ancisco Ma inez de la Rosa, an llo a- do po las i udes que le o na on, como po las p endas de su noble ingenio. No bien imp imio la plan a en la escena poli ica, los mas g a es sucesos de su iempo le conocie on como ac o y como ic ima. La libe ad le con ó en e sus decididos de enso es. Pa ecido á Cha- eaub iand, se hon a la co no él, en habe sido el co e- sano del in o unio, si el ono de la España acilase. Es a gene acion a eada po los años, que a desapa eciendo de dia pa a dia, maes a y consege a en las luchas de 2* 20 la ida publica, u ilizó pa a noso os, mucho mas que pa a si p op ia, los elemen os con que la ci ilizacion ab e hoy caminos. El p ecio dolo oso po que nos con- quis ó la libe ad, ue on lag imas, sang e y sac i icios. Inclinemonos delan e de cada uno de esos mue os ilus- es, que an pedi al sepulc o el eposo, y que mas a - de ecsigi an de la pos e idad una memo ia. Pe enecen á una noble y en idiada aza, aca ada po los pueblos y celeb ada po la his o ia, po que homb es asi, ó un- dan la glo ia de las naciones, ó es au an con sublime osadia las libe ades escla izadas, y los p incipios o us- cados. O. F ancisco Ma inez de la Rosa sacio en G ana- da á 10 de ma zo de 1787. La ie a, en que ió la luz, ilus e po las nobles memo ias, que la ensobe ecen, y en idiada con mo i o po la lozana anja de e geles, que la odean, se e- leja en e isueña y melancolica en la c is alina co - ien e de dos íos, y des aca bajo las cumb es de la sie a on e a, siemp e co onadas de nie e. Digna cuna de un poe a : eclinandose sob e las lo es de la esmal ada ega, que se es iende á sus plan as, y que bañan las escas aguas del Da o y . Genil, G ana- 22 da, embellecida po los do ados ayos del sol, y emb ia- gada de pe umes, hace ya siglos, que señala con o - gullo pa a los monumen os de su Alhamb a, donde pa- ece que cinceles majicos lab a on los admi ados p i- mo es, encan o de an as gene aciones, bella y sensual esp esion de un a e, que espi ó con los a abes sin de- ja émulos ni he ede os. O nada con sus uinas, an igua y mas p eciosa co- ona, que la de opulen os edi icios da ados de aye , la deliciosa ciudad de Andalucia, en e sus poé icas he - manas, Se illa y Co doba, no desme ece á la glo ia de consigna mas es e nomb e escla ecido, en el lib o de o o de sus hijos. El año de 1787, en que Ma inez de la Rosa sol aba los p ime os aguidos de la in ancia, ue ambien ejis- ado en la his o ia da humanidad. La Asamblea cons i uyen e de F ancia ins alaba la ibuna lib e, y los pueblos suspensos de los labios de de los o ado es, escuchaban la demos acion de sus de- echos y la e elacion de los u i os des inos h que se ian llamados. Las maximas iloso icas, pacien e es- ue zo de una escuela, poco esc upulosa en la eleccion de las a mas, se hablan insinuado en el animo de o- das las clases ; el odio 'a los abusos, la i onia a idica de los p econcep os y el a dien e deseo de e o mas e i- caces, acallando en el espí i u y en el co azon, no solo de los que no deseen_ diam de la nobleza de la espada ó de la nobleza de la óga, como ambien en el seno de la a is oc acia y de las mas ele adas ge a quias, las alu- 23 cinó con a si mismas, y con a sus p opios in e eses, po una abe acion de que no pa ece acil ci a muchos ejemplos. Al p incipio, p i ilejiados y quejosos, op eso es y op imidos, odos saludaban en aquellas ins i uciones, apenas pe iladas el dia an e io , la imagen auspiciosa de una suspi ada egene acion. El uido, que anunciaba los p og esos de la ob a so- cial, no e a oda ia o a cosa mas que un es epi o oca- sionado po la caida de los escomb os del an iguo e- gimen. Las aclamaciones, que se escuchaban, mas a de sus i uidas po e oces imp ecaciones de enganza, se limi aban po el momen o, á da ue za á los a í ices incansables en medio de los despojos de la demolicion ; y la espe anza, midiendo con la is a la ampli ud de los ho izon es, que se le ab ian, desplegaba inpacien e las alas, p e endiendo le an a pa a ellos su uelo a - ojado. Las aices de la ieja mona quía ca comidas po el iempo, cuando un soplo mas ue e sacudió el on- co, se desp endie on del suelo unas en pós de o as, y el a bol inclinandose casi seco, dió en ie a desampa- ado. Al cabo de es einados de silencio, la oz de la nacion ol ió á sona mas g a e é impe iosa, dic ando leyes y c eando una nue a é a. El a io de 1789 adelan ó los p ime os pasos. La e- olucion aun paci ica y guiada unicamen e po p in- cipios, llamaba á las pue as de la Eu opa. Muy pocos de los que la acompañaban, p ecabie on á donde llega- ia despees de es alimi a se, y los menos de los que 2-4 ue on sus complaces, no osaban imajina en onces, que ella se a e iese un dia á le an a la mano sob e la cabeza del suceso de San Luis, a ojando, em ez de guan e, su co ona acua y ensang en ada al os o de los iejas dinas ias. El p ologo del ins uc i o d ama, cuyas ca as o es macula on la somb ia epoca de 1793, anscu ió du- an e la ie na in ancia de D. F ancisco Ma inez de la liosa. Cuando ab ió sus ojos, los dias casi se enos de la p ime a edi icacion cons i ucional, aun no se habian ca - gado de esa oscu idad, que es anuncio de empes ades ; pe o la is a de los p incipes ya se ijaba inquie a sob e aquel ea o donde odo e a pa a ellos nue o, escena y ac o es, accion y lenguage. Sin iendo po eces em- bla la ie a po la base del ono, un p esen imien o ago del p ocsimo e emo o les a isaba del pelig o de .esas o gullosas esis, que ans e idas de las egiones de la eo ia pa a los dominios de la ealidad, despues de con undidas con los hechos, haciendose homb es con las a mas de la conquis a empuñadas, amenaza on en po- cos años el pode de los mas opulen os impe ios. La au o a, ayaba en Pa is, cen o de g andes in- no aciones y de g andes pensamien os, aunque ambien á eces oco de epen inos y con adic o ios sucesos, y mal despun aba en la mayo pa e de Eu opa como c e- pusculo dudoso, cuando ya en la mona quia de Luis x i odo e a cla idad, con encimien o, é idea iun an e. En la Peninsula, pues o que menos apa ada de la con i encia in elec ual de los o os eynos, no an o co«, 25 mo muchos piensan, an solo alguno que o o ingenio p i ilejiado, en medio (le la indi e encia gene al, di i- saba la cla idad dis an e de aquella an o cha, que a iza- da po la mano de la gue a, emp ano incendia ia el mundo, desde el Sena has a el Newa, desde - el Nilo has a el Tajo. Con empo aneo de los pe sonages eminen es de su epoca, Ma inez de la Rosa, nació dos años despees de m . Guizo y un año mas a de_ que si Robe Peel y que lo d By on. Ge he, Schille y Cha eaub iand, ya pisaban, mas ó menos aplaudidos, la senda que el ul- imo, sa is echo de hon as, de glo ia y de desengaños, ce ó al es uendo de la mona quia de julio que se des- p endia desmo onada. Bu ke, el ad e sa io i econci- liable de la e olucion ancesa, la con emplaba ya con ecelo, y poco á poco con e ia en i as sus sospechas. Fox, en el igo del alen o, o jaba los ayos de la o- gosa elocuencia, que lo hizo i esis ible; y William Pi , el enemigo implacable que la F ancia habla de encon- a a mado en el lími e de odas las on e as, Pi , minis o en la lo de la ju en ud, desde algunos años se incumbia de la pesada esponsabilidad, de con inua los as os designios y la epu acion de lo d Ch.a am, ealzados con el nue o explendo de su p opio nomb e. En España, D. Manuel José Quin ana, el clásico y esme ado au o de las Vidas de los españoles celeb es, el inspi ado can o de la España lib e, p ecediendo á la gene acion, que lo saluda ia i al de los mejo es in- genios, habia nacido en Mad id en el mes de ab il de 1772, D. José Ma ia Queipo de Llanos, conde de To o- 26 no, el his o iado del Le an amien o, gue a y e olu- cion de la España, ab ía los ojos en O iedo, an igua co e de los eyes de As u ias, en 1786, Ys u iz ya es- cla ecie a con su cuna o a p o incia de España, y el s . D. An onio Alcalá Galiano, en a ios lances ami- go y compañe o de Ma inez de la Rosa, ambien en- aba en el mundo po la misma epoca. Finalmen e o o poe a, el au o de D. Al a o y del Mo o Esposi o, D. Angel Saa ed a, después duque de Ribas, na u al de Co doba, los seguia de ce ca naciendo en 1771. Ninguno de es os homb es, dejó de ep esen a im- po an e papel. Unos aun mal ol iam la incie a is a de la in ancia pa a la g ande escena que los espe aba, cuando o os ya omaban pa e en ella ; y algunos de edad mas abanzada ó mas des allecidos, ya se ap ocsi- l'uñan á los bo des del sepulc o, eposando momen os an es de ence los ul imos escalones de enidos po la P o idencia, pa a di ulga po la accion y po la palab a las doc inas, que inspi a on los acon ecimien os de es e siglo. Cada uno de ellos con ibuyo en su pa ia pa a el pleno iun o. Es os ompiendo las cadenas que es- cla izaban la conciencia y el pensamien o; aquellos asis- iendo en medio de las con ulsiones y de la ana quia, y á pesa de los esen imien os gene alizados po sus de- li ios, á la dispu ada y labo iosa undacion del gobie - no ep esen a i o. Algunos de los mas escla ecidos, empleaban al mis- mo iempo odos los pode es de la olun ad y de la in- eligencia, con el noble obge o de econcilia el o den con la libe ad á despecho de los clamo es y de la io- 27 lencia de las pasiones ; y o os mas elices, haciendo e- anda la paz, lanzaban los undamen os de la iqueza y de la p ospe idad de los es ados, concediendo la san- cion p ac ica á las e dades economicas, y ma cando á los p og esos mo ales y poli icos, caminos menos o - uosos. En in, o os abandonados al p incipio po la o una, se abs ubie on de conba i incesan emen e, con- undiendo con los nume os clamo es de la p ensa, á los ep esen an es del pasado, que, suponiendo sepul adas po una ic o ia momen anea las no edades de la e o- lucion ancesa, pos andose an e el somb io pan eon del absolu ismo, espe aban ansiosos á que un milag o ope- ase pa a ellos la esu eccion de un segundo Laza o A an noble gene acion de co azones es o zados y dignos, esignados de an e mano pa a sac i icios y pa- decimien os, pe enecie on en España, Ma inez de la Rosa y muchos homb es dis inguidos po el nomb e y po los ac os ; en Po ugal, Manuel Fe nandez Thomaz, D. F ancisco de S. Luis, Manuel Bo ges Ca nei o, Luis An onio Rebello da Sil a, Almeida Ga ea, Manuel Pas- sos y o os a ones eminen es, que eng andecie on la i- buna, ilus a on las le as, y easumie on la di eccion de los negocios en ocasiones a iesgadas, enciendo sin laquea c isis de sup ema angus ia. Ninguno de ellos, en los dos paises, desmin ió la ocacion, aicionó las bande as, ó dese ó de su pues o en las ho as de pelig o. Alis ados unas eces, segun los pa idos, en de e minados bandos mili an es; encon an- dose hoy, sepa andose mañana, y es echandose luego, noso os que los p ecedimos, les debemos la admi acion pue os, po donde llegaban de la India y de la Ame ica sus na es ca gadas de o o y diaman es. E an los uni- mos homenages de la conquis a, endidos á las gene a- ciones, que, semejan es á un hacendado indolen e, es- pe aban á que las iquezas llamasen á sus pue as, sin le an a se al menos pa a ecibi las. Dos eyes, que no quisie on pasa igno ados, y es minis os dignos del nomb e, que lega on, Ca los m, y D. José i, el ma quez de Pombal, el conde de Flo ida Blanca, y el conde de A anda, oma on sob e si la em- p esa de sus i ui , los asgos, el igo , y el impulso de amplias e o mas, á las espec a i as ociosas de algu- nos de sus p edeceso es. Ad e idos po sec e o ins in o, conocie on al ez, que se ace caba el dia, en que los pueblos, mas emp ano ó mas a de, habian de despe - a del p o undo sueño de dos siglos, pa a pedi es e- chas cuen as al pode absolu o, de la decadencia i e- mediable de los homb es y de las cosas ; de los in o - unios espe imen ados, en los mismos ma es y egiones, es igos de su an iguo esplendo ; de las inieblas in e- lec uales ce adas en pós de los des ellos de la Yi isima luz del enacimien o, y, inalmen e, del abandono de la ag icul u a, de las a es ab iles, y del come cio, pa- alizados despues de an a opulencia, y de monopolios an en idiados. El pensamien o de in en a es a e olucion pací ica, en nomb e de la. sup ema au o idad de los p incipes, eju eneciendo el p incipio mona quico, po la impo - ancia de los ac os publicos, ocu ió á ambos sobe anos y á sus minis os, casi aun iempo. 55 Colocados á la angua dia de las dos naciones, co no in é p e es y ejecu o es de los p og esos ealizados en la Eu opa, p og esos de que ambas es aban dis an es, y que el mayo nume o apenas conocia po con usa y aga no icia, A anda, Flo ida Blanca, y el ma ques de Pombal, no desconocie on que se lanzaban .á una peli- g osa lucha. Sabian que ad e sa io p o ocaban, que e- sis encias undadas en la pe inacia de los abusos y en la a idez de los in e esses, habían de il'ence , y que dé- bil y mezquino ausílio les p ome ian las clases medias, an labo iosas y ac i as an e io men e, an ine es y lle- nas de c edulidad pue il en onces. La ob a apenas p eNalecio á los ob e os. Regada en Po ugal con la sang e mas noble, mi- nada desde los cimien os po algunos de los edi icado- es, basada en la absolu a é in alible olun ad del sobe a- no no acudie on del pueblo á impulsa la, mas que aquel- los, que la oz del minis o llamó con impe io. Tímido y descon iado, a ec o á obedece y á abdica la accion espon anea é indi idual, los de inas ie on los p og es- sos de la edi icacion se enos é indi e en es, co p io si no se a ase alli de sus des inos. Pa a doblega los animos opues os á la e o ma, ue necesa io que el ma ques de Pombal, ans o mase los e dugos y ca cele os en comen ado es de la in ole- ancia de las leyes dic adas en nomb e de la egene a- cion, que él se habia p opues o in oduci . La eaccion de es e p og eso o icial, dec e ado desde lo al o del o- no sin el o o de los es ados del eino, in imado con 3* 36 ó mulas despo icas á los subdi os, cuya g ande mayo- ia no lo comp endió, é impues o con igo al cle o y á las clases p i ilejiadas, que lo de es aban, subsis ía in e in einaba el sobe ano, y con él el minis o, que lo concibió. Tan luego como el p ime o ce ó los ,ojos, y el segundo pasó de la co e pa a el e i o, los des- con en os„ pa ida ios de los abusos p osc i os, comen- za on inmedia amen e á demole po pa es las cons uc- ciones, que la al a de iempo no habia pe mi ido al ma - ques e mina , co no deseaba. Ca los i , no imi ó á D. Ma ia i en la o ma po que inaugu ó su gobie no. Do ado de ec as in enciones y de bene ola índole, ealzadas po una ins uccion nada ulga , sus condiciones pe sonales pa celan asegu a á sus asallos un eliz einado. El conde de Flo ida Blanca, con iden e de los desig- nios del ey allecido, con inuó á su lado y con él con- se a on sus empleos odos los homb es eminen es, que hablan coope ado du an e la adminis acion an e io , pa a el desen ol imien o de es e pe iodo impo an e, aunque de poco du ade o esplendo . No menos eceloso que Bu ke, po las no edades y osadías de la e olucion ancesa, D. F ancisco Moni- ño educado en la escuela de los de enso es del de echo di ino, y de la legi imidad del pode mona quico, no ocul aba, la an ipa ía que le causaban las eo ías y ma- ximas omadas de la G an B e aña y de los lib os de los enciclopedis as iloso icos, pa a la ibuna de la asam- blea cons i uyen e, y pa a los consejos de Luis XVI. 37 El conde de A anda, encanecido en la di eccion de los negocios, dis inguido po su ac edi ada ene gia de ca ac e , y es imado de las co es es ange as, donde esidio co no embajo , eg esó de su mision de Pa is mas a ec o á las nue as doc inas, y cady-ez mas pe - suadido de la en aja de es echa , po medio y á pe- sa de ellas, la an igua alianza de la España con la F ancia. Los sec a ios de la accion ul a-ca olica y los apo- logis as de la Mona quia pu a y de la in eg idad del pac o de amilia, lo acusaban de inno ado y poco adic- o á los eyes. Ni unos, ni o os, le pe dona on nun- ca los golpes con que los habia he ido, ‘7 la i meza de sus esoluciones. En e an o, las ci cuns ancias le a- o ecian, y su in lujo p e alecia sob e el del conde de Flo ida Blanca, cada ez mas in lexible é incansable en di undi el pelig o de las ideas di ulgadas en la ibu- na po Mi abeau, ep esen andolas como un ca el de gue a sis ema ica, no an solo con a la mages ad en F ancia, sino ambien con a ella en oda la Eu opa. En e los dos es adis as, que es a i econciliable di- sidencia sepa aba, comenzó ya á o na p opo ciones el p edominio de Manuel Godoy, despues duque de Alcu- dia y p incipe de la Paz, cuya ele acion poli ica, se ci- aba en el alimien o g angeado po las p endas de co - esano, en la amenidad del a o, y en la ciega con ian- za que log ó inspi a á la esposa de Ca los IV. Godoy, guiado po su in imidad con los dos sobe anos, aspi an- do á de iba á Flo ida Blanca, en cuya au o idad mi a- ba el mayo obs aculo, se acojió á la opinion del conde S S de A anda, y p oponiendose el iun o, con ibuyó en 1792 pa a la caida del minis o de Ca los Pe o los sucesos se sucedían an apidos y se epe- ian en F anip an súbi as y ecuen es las pe ipecias de es a calami osa epoca, que ag a adas de dia pa a dia, la esal acion y la eme idad del pa ido epublicano, las eguas p opues as po el conde de A anda y los es ue - sos con ocados pa a sal a la ida de Luis x i, salie on comple amen e in uc uosos. En alde D. Jose Osch iz, embajado de España, o ecio á la con encion amenaza- da po una g an pa e de la Eu opa, la paz y la Se- gu idad de la on e a de los Pi ineos, oda ez, que se espe ase la sang e y las i udes del desdichado mo- na ca. Su oz no ue escuchada. La p uden e y na u- al mediacion de un ey, pa ien e p oximo, y aliado de la casa eal de F ancia, no me ecio la meno de e- encia. Luis x i subió al pa ibulo. La no icia del a en ado, el ho o que Causó en un. eino elijioso y mona quico, los clamo es de los emi- g ados anceses, y las suges iones de la diplomacia b i- anica, se unie on con a el minis e io del conde de A an- da, y lo p ecipi a on, impu andole la complicidad mo al de es e g ande in o unio. Re i andose lleno de ap en- siones po la sue e del pais, úbo el disgus o de e las p on o ealizadas. D. Manuel Godoy le sus i uyó en el gobie no. El duque de Alcudia decla ó la gue a á la F an- cia, sus en andola con o una incie a. A las en ajas ob enidas po el gene al Rica dos, siguie on las de o- 5'9 as, que en el año immedialo, despues de una sang ien- a ba alla, lle a on las a mas iun an es de la epubli- ca, po un lado á San Sebas ian y Fuen e abia, po o o á Figue as y al Ampuydan. Es os con a iempos p e is os po el conde de A anda, daban an a azon á su o o menosp eciado, cuan a oba on á los imp u- den es planes de su suceso . Una escena iolen a en e los dos, p opo cionó á Godoy el p e es o plausible, que ansiaba, pa a e se lib e de la p esencia de un émulo. A anda incu ió en el desag ado eal y su ió el des- ie o. La pe suasion de los sabios consejos que esponja, sob e i ió á la uina de su in luencia. El duque de Alcudia poco despues i mó la paz en 179'3 ; y el a ado de alianza o ensi a y de ensi a, ce- leb ado en agos o de 1796 en e la España y la epu- blica, an ecundo en desa s es pa a la mona quia de Ca los i , puso e mino á las e oluciones de una poli- ica an li iana y p ecipi ada en la hos ilidad, como a- cil en el imp uden e sac i icio, á que se consag ó, des- pues de es ablecidas las elaciones amigables en e los dos einos. P e i iendo á la neu alidad inculcada po sus in e eses y po la posicion opog a ica, un papel a - iesgado y sin compensacion posible, se a en u ó á pa i- cipa de la buena ó mala sue e de una po encia, á quien la mayo pa e de la Eu opa comba ía co no enemiga. El consulado y el impe io, no in e umpie on, has a 1806 la alianza con enida en e Ca los i y el di ec o- io. Napoleon, sin emba go, habla decidido espulsa los 40 Bo bolles de odos los onos; y su amis ad, pesada y exigen e, se hacia cada ez mas in ole an e al gabine e español. Godoy, menos oscu o, de lo que sus de ac- o es suponian, mas incapaz de sopo a el peso de la niona quia decaden e, é in e io en ue zas á la g a i- sima esponsabilidad de aquella coyun u a ;. Godoy, abo - ecido y acusado po nacionales y es ange os, pasaba á los ojos de Bonapa e co no indócil y poco sumiso, ha- biendo epudiado con dignidad la u ela, que aquel le p e endia impone ; y á los ojos del p incipe de As u- ias, del cle o, y de los españoles celosos de la inde- pendencia de la co ona y de la nacion, jus i icaba el odio y las epugnancias de los que ep endian en él, al alido de un ey engañado y con iden e de una ei- na, que an eponia el homb e al minis o, y lo mi aban como au o de las desg acias y de la declinacion i- sible de la mona quía. Un ac o de osadia, el a mamen o dec e ado po el p incipe de la Paz en 1806, es imuló la descon ianza de Napoleon, y le p opo cionó el mo i o, que deseaba, pa a lanza del odo la mano» sob e las cosas de la pe- ninsula. Vencedo en lena, ecogiendose á la capi al, in- e ogó al gabine e de Mad id con al i ez, lanzole al os- o la p emedi acion de una pe idia, y a ec ando apla- ca se, dió eguas habilmen e á las concesiones, que ha- bia decidido a anca le. En pos de la in asion de Po ugal con iada al ge- ne al Juno , poco se de ubo la in asion dis azada de oda la peninsula. Ca los ' y , habia i mado el a ado, que ab ió las on e as á cua en a mil anceses, y en- Al ga lado, no acababa de conoce despues de es e ac o, que habla i mado su indispensable abdicacion. Los en edos de la pequeña co e, ó mas bien nú- cleo de descon en os y de conspi ado es, que odeaban al p incipe de As u ias, mas a de Fe nando il ; la mala olun ad de odas las clases sin escepcion con a el p i- ado , la pob eza del es ado, la mise ia de los subdi os y el p esen imien o de una g ande ca as o e, p edispo- nian los pueblos pa a aplaudi oda no edad, que los con ocase con una espe anza. Las disensiones, que se decla a on en palacio en- e los eyes, Godoy, y el p incipe de As u ias ; las mu- uas acusaciones de unos y o os, y la indisc e a e- elacion de los ecíp ocos ag a ios hecha al empe ado de los anceses, llamado po los miemb os de la ami- lia eal como a bi o pa a sen encia su causa, decidie- on la caída del minis o en medio de umul os y io- lencias, la o zada abdicacion de Ca los y la salida de Fe nando il . pa a Bayona, seguido de ce ca po sus pad es. Los unes os esul ados de es e con lic o son conocidos. Napoleon, iendo á sus piés la diadema Bo bonica de la España, no se la de ol ió á Fe nando ii ni á Ca los i ; la colocó sob e la en e de su he mano José Bonapa e, y le mandó eina en e bayone as, en el glo- ioso solio de Isabel la ca olica. Ca los y Fe nando se esigna on, obedeciendo al po- 42 de oso empe ado ; pe o la España in lamada de epen- ino en usiasmo, p o es ó con a la dominacion es ada, y Mad id ebelandose indignada, dió la señal á oda la mona chia. Mu a su ocó con las a mas la suble acion, pe o ni la ic o ia, ni el e o de las ejecuciones ma ciales con- solida on pa a el impe io la nue a conquis a. La san- g e e ida en la capi al el dia dos de mayo se hizo p oli ica. La nacion in ocando la enganza de los ma - i es de la pa ia, con es ó á las desca gas de los caño- nes y (le los usiles, con aquel alo indomable que el iun o exal a y que las ad e sidades no desalien an. La indignacion hizo soldados odos los habi an es de la pe- ninsula. En un momen o de o gullo, - inspi ado po la sobe - ia del pode ilimi ado, Luiz m , iendo la España go- be nada po su nie o Felipe , esclamó : « acaba on los Pi ineos. » Obcecado po la omnipo encia de la ic o ia y ocando á la inmensa al u a á que su genio se e- mon aba, del mismo deslumb amien o, que hacia aci- la los Cesa es en las despeñadas eminencias del ono, Napoleon, á semejanza del g ande ey, dijo ambien : la e olucion soy yo : los Pi ineos ya no ecsis en » Dios y el pueblo español decidie on lo con a io. El aguila, que posando sob e las naciones, nunca habia con enido el uelo, sino pa a hace ga a sob e co onas y e i o ios, y epa i los despojos aniquila- dos (le las naciones en e los gene ales de que se compo- 43 nia la co e del encedo , el aguila mode na, con eniendo el uelo sob e las áspe as y ne adas cumb es de la Es- pacia y Po ugal, blanco de ce e as pun e ias, se eco- jió he ida y ahuyen ada á su nido ; pe o cub iendo siem- p e con la somb a de sus g andes alas, la e i ada de esos nume osos escuad ones, que el suelo de la península, ab- so ia como un as o cemen e io. La desespe acion , el odio al yugo es año , y el amo po la libe ad esuci a on el an igo espi i u de la Ibe ia. Vol ie on de nue o los dias de Vi ia o y Se - o io, y cada ecodo; cada i alsa, cada onco de a bol, ocul ó un enemigo. La ie a, desapa ecía bajo las plan- as de los e e anos de la I alia y del Egip o ; y la glo- iosa espada de los ma iscales del impe io sal aba como id io con a los peñascos de un e i o io, que, cu- bie o de cada e es y ab asado po el uego de las a - mas y de los incendios, epelía de si los huesos de los es ange os, negandoles la paz has a despues de la mue - e. Pa a comba i la op esion, los iejos enacian igo- os como jo enes, de los hielos de la edad ; los niños se igu aban homb es obus ecidos po el pa io ismo. Po uno que sucumbía se alzaban mas cien. E an las e ibles mieses de Cadino. Rozando po el suelo el ace o le an aba lejiones de hé oes. Cuando el aguila, e ocediendo de p ecipicio en p e- cipicio se a ecindó inalmen e en las ul imas mon añas ; cuando he ida y des allecida, pe o eina has a la cai- da desapa eció po un ins an e pa a su gi de nue o ; cuando cau i a despues de la ul ima lucha, ella a a- esó po medio del humo y de las sinies as lumb es 50 pa a opón de mue e de la España, los mu os de ui- dos, y las o es a asadas de las plazas y ciudades, á la inju iosa clemencia, que les asegu ase el pe dón del encedo , en cambio del o gulloso dominio de sus águi- las. Es a admi able con o midad de las ideas con los ac os, o ma una de las acciones ca ac e ís icas de la Península en las ocasiones, en que sus habi an es, des- nudando la espada, i an la aina lejos. Los homb es, de que hoy an o se anaglo ia y que mas la hicie on sob esali en odas las ocasiones, unie on la ac i idad cons an e á la ac i idad ecunda de la in eligencia, celeb ando epe idas eces, como poe as y p osado- es lo que ayudaban á ealiza como soldados y es a- dis as. Muchos esc i o es, y de los mas aplaudidos, an o en la España, co no en Po ugal, ealza on po el es- plendo de las p oezas y po la ilusi acion g angeada en la di icil ca e a que eco ie on, los esplendo es in elec uales que han iluminado los úl imos siglos, y de que se p ecian habe sido glo iosos in é p e es. E cilla, jo en y caballe o, a a esaba el océano, y desnudando el guan e de malla pa a p eludia la li- a, undía al sol a dien e de los ópicos, bajo su ienda de campaña, los e sos he óicos de su A aucana. Ga - cilaso de la Vega, el ie no y delicado émulo de Vi - gibo, en los cán os bucólicos, soldado incansable, si- guió el as o b illan e de Ca los desde Túnez has a Vienna, po I alia, en oda pa e, eposando de las a- 51 Ligas ma ciales en b azos de las musas ; y cuando la mue e le so p endió cogiendole en un asal o, sin em- ba go, habia enido ya iempo pa a c ea la égloga es- pañola. Luis de Cam5es, mu ilado como Ce an es po el al ange ó po los mo e os del mo o, desc ibiendo los ma es y las bo ascas, y haciendo sona po el mundo en la uba épica la oz de la pa ia, en el ansbo de de una y o a espedicion, apenas ecogido del nau agio y con el pecho cubie o de ace o, y el a ma al lado, en esas oc a as inmo ales que compuso, ligaba pa a siemp e su nomb e á Po ugal. Lope de Vega si ió - co- mo soldado, en la a mada del ma qués de San a C uz. Hu ado de Mendoza ué mas eng andecido en su iem- po, como negociado y capi an, que admi ado po las g aciosas in enciones de su Laza illo (le To mes, ó po las elegan es páginas de su His o ia (le las gue as de G anada. Es e des ino singula , segun obse a con jus o mo i- o un c í ico con empo áneo, se e i icó con análoga sig- ni icacion, no solo en el duelo empeñado en e la Pe- nínsula y la F ancia en 1808, sino ambien en las con- iendas ci iles que despues de 1820 ensang en a on po an as ocasiones el suelo de la España y Po ugal. En España, ci a emos un nomb e dis inguido en e o os muchos, el duque de Ri as, que ué ecogido mo- ibundo en el mon on de cadá e es acinados en los cam- pos de Ocaña, despues de una ba alla unes a pa a am- bos egé ci os, po que en ella se hizo aicion á la in- 52 epiden de la esis encia, an o que no llegó á eani- ma las p e ensiones del encedo . Do ados de una índole ené gica y a dien e, debida no an solo al clima, como ambien al e o de los b ios nacionales, noso os los peninsula es, igualmen e ap os pa a la medi acion de los lib os, y pa a la ida umul- uosa en la asonada gue e a, pasamos de es a pa a aquella, sin sob esal o, ni espan o, casi po una ansi- cion na u al é insensible. Mas sób ios en la accion, mas p uden es y ecogidos, incapaces de desempeña en las mismas escenas papeles an opues os, la imaginacion el ingenio de los esc i o es es ange os, a as eces p e- ende aspasa los pací icos umb ales del gabine e, pa a i á busca en la ealidad de los comba es y de las a en- u as ma í imas, ó en las agi aciones apasionadas del mo- imien o y de la ida, el asun o, inspi acion y galas, pa a sus ob as. En el siglo pasado y en el ac ual, en e la gene acion, que p ecedió á la nues a, haciendo en e á odo el po. .7 de de Bonapa e y con las p osc ipciones de la ieja mona quia espi an e, los ejemplos de es a doble oca- clon, son ecuen es an o en un pais como en el o o. El s . duque de Ri as ha enido muchos compañe os. Alcalá Galiano, el conde de To eno, Ys ú iz, y el mayo núme o de los homb es no ables que igu a on y aun igu an hoy dia, no an solo ue on los o ado es y los publicis- as, como ambien los soldados y los his o iado es de las p opias ideas. En Po ugal, pa a indica únicamen e dos nomb es, Ga e , el es au ado de nues o ea o y de la poesia nacional, He culano, el c eado de la 53 no ela his ó ica, y el se e o undado de la his ó ia pá- ia, pelea on ambos, bajo las bande as del empe ado D. Ped o, señalando con el b azo y con la pluma al mismo iempo, la leal ad de los p incipios y la i meza de las c eencias. Ma inez de la -Rosa, po sus ci cuns ancias y po su ocacion polí ica y li e a ia, pe enecia á es a aza de homb es ené gicos, que po desg acia, an es inguién- dose de dia pa a dia á p opo cion que la mue e ope a en sus a eadas hile as. Nomb ado comisa io de la jun a de G anada con el in de ob ene del comandan e de la plaza de Gib al a , los ausilios necesa ios pa a la sus- en acion de la gue a, se desp endió de los b azos de la amilia, y uniendo á sus ac os la impe iosa necesi- dad que aconsejaba al gobie no ingles á acep a los, ubo la sa is accion de co ona con éxi o sus buenos deseos. Casi al mismo iempo, el conde de To eno, ege cia igual mision ce ca del gabine e de Lond es, en nomb e de la jun a de As u ias. Los sucesos caminaban ápidos. La in asion, que amenazaba la p o incia de G anada, e ocedió despues de de o adas po Cas años en Bailen las opas del ge- ne al Dupon e. La ic o ia, poco despues, in imidó á los anceses obligandoles á desaloja Mad id, y á e- i a se pa a las má genes del Eb o ; y la jun a cen al de A anjuez, compues a de dipu ados de odas las p o- incias suble adas, se cons i uyó como ep esen an e de la au o idad de Fe nando ii, de enido en Valencey. Pe o es e iun o inaugu al, ué poco du ade o. Las le- giones impe iales, e o zadas, á ines de 1808, oma- 54 on de nue o la o ensi a, y de o ando los españoles, en Bu gos y en Somosie a, epelidos los ingleses has a laCo- uña, en a on po segunda ez en la capi al, dando la gua dia al ey José Bonapa e. La jun a cen al se e ugió en Se illa, y allí se conse ó po odo el año de 1809. Vencedo en Wag am, y desp eocupado de la opo- sicion del Aus ia, Bonapa e, decidió pone é mino á la lucha de la Península po medio de un es ue zo sup e- mo ; y al en e de sus e e anos ino en pe sona á colo- ca sob e la cabeza de su he mano, la co ona usu pada á la dinas ía Bo bónica. La o una no le negó en es e acon ecimien o las ecuen es son isas. Su p esencia ase- gu ó en odas pa es el p edominio de las a mas an- cesas. La España ue oda ocupada, y la jun a cen al al es uendo de las mu allas que unas en pos de o as se desplomaban con los golpes del conquis ado , solo en medio de las aguas, encon ó ab igo en la isla de Leon. Poco an es, D. F ancisco illa inez de la Rosa, y con él muchos ciudadanos inmu ables en la a e sion al po- de impe ial, abandona on G anada, buscando en la i- sueña capi al de Cadiz, bañada po el océano, el asi- lo, que su pá ia y las o as ciudades some idas, ya no podian o ece les. • Cediendo á los clamo es de la España, y á las ins- ancias de odas las p o incias, la jun a cen al dec e ó po ul imo la con ocacion de las co es ; pe o como ha- blan de elegi se los dipu ados en medio del es épi o de la gue a, en e cañones, bayone as, y las llamas de los incendios que iluminaban po odas pa es los is es episodios de una lucha he óica ? 55 El dec e o de 17 de junio de e minaba la capacidad eque ida pa a se elec o ó elegible ; pe o el, obs áculo p incipal consis ia en la demos ada imposibilidad de su ejecucion. La mayo pa e de la España, gemía op esa bajo la espada del enemigo colocada de pun a sob e odos los pechos ; Cadiz únicamen e y algunos pueblos de Gali- cia exen os del yugo, se hallaban en ci cuns ancias de mani es a lib emen e su o o á la luz del sol. La su- p ema ley de sal acion de ogó odas las o as. Las o - malidades ue on sup imidas y los habi an es, que se p e- ciaban de mas alo en la adhesion pa ió ica, eunien- dose u i amen e en pa ages apa ados, nomb a on sus ep esen an es, an legí imos y an hon ados po es a eleccion, como si la con ianza de los pueblos les hubiese sido delegada en los comicios uidosos, en que la o- lun ad nacional, an as eces puede se engai ada. Po mas ac i a que uese en algunas ciudades la igilancia de los in aso es, pe ini ia que odas ellas sin acila , an e el simulác o mismo de la eleccion, nomb asen p o- cu ado es en el cong eso aquellos de sus hijos, que á esa ho a se hallasen en Cadiz á cubie o do los u o es de las au o idades ancesas. La asamblea uncionaba con una sola cáma a. Ni la es echez y apu o de los iempos, ni los ejemplos de la amosa época de 1789, pe mi ian o a cosa. La p i- me a sesion se celeb ó en Cadiz á Vi de se iemb e de 1810. Los escaños, desie os del mayo núme o de di- pu ados, esp esaban en su is eza silenciosa mas de lo que podian deci las ogosas declamaciones de un pa- io ismo elocuen e. Los enemigos, ocupaban odos los caminos que los ep esen an es habian de a a esa has a 56 el ecin o de sus es ados. Qué impo a ? El a ojo su- blime de es e ac o, pasmó á la Eu opa, exal ando el ca- ác e del pueblo, que así se a e ia á ence a en e débiles mu allas y sob e un banco de a ena ba ido po los ma es, símbolos i os de su libe ad y au onomía, in en ando supe io al in o unio, la a iesgada emp esa de es au a y cons i ui la pá ia en el momen o, en que la espe anza misma, pa ecia despedi se de sus úl imos de enso es. Mas a de, en aquel campo que solo los anos y la es- pe iencia hablan de hace ecundo, b o a on con las p i- me as lo es algunos u os enenosos. La disco dia se- pa ó emp ano los co azones, que el pelig o comum unía en onces. El ódio al dominio es año enlazó las manos, que no a da on en des ia se pa a se enemigas. Pe o en esos Bias memo ables, las disidencias y las an ipa- ias que despees se ans o ma on en hos ilidades in- mu ables y en es e escencias de luchas ci iles, no sa- bias modula sino las ases, que les epe ia la oz del mas ehemen e en usiasmo. En la isonomia del con- g eso, el ca ac e ís ico p edominan e e a únicamen e el amo de la ie a na al, y del ono legí imo; la im- paciencia con a la ocupacion es ange a, y el a dien- e deseo de saluda con la libe ad, la au o a de una ape ecida egene acion. La cons i ucion de Cadiz, plan a exó ica animada al calo de sen imien os, poco ó na- da con o mes con la índole, ideas, y cos umb es de la inmensa mayo ia del pais; la cons i ucion de 1812, que ué mas una bande a y una a madu a en es e pe iodo de exal a'cion, que no una ob a p uden e y blanda, de la sabidu ia de la nacion, nació del aji ado seno de las 57 co es, y su giendo de una cuna ensang en ada, sí de- mos ó los p ime os p ecep os cons i ucionales, de amó ambien con mano in eliz, sob e es e suelo aun cubie o de sang e y oscu ecido po el humo de las ba allas, los gé menes de los la gos y dolo osos con lic os, que po an os años ag a a on la en e medad c ónica de que ado- lecia la España. Ma inez de la Rosa no podía aun oma asien o en el cong eso. Se oponian la ley y sus pocos años, al manda o que sus conciudadanos an o deseaban con e- i le. Que iendo ap o echa el iempo, se enba có pa a Ingla e a. Cambió de buen g ado, la ociosidad de Ca- diz, po el es udio de las ins i uciones, de la lengua, y de los p imo es li e a ios de un pais, que hacia mu- cho iempo deseaba conoce y obse a de ce ca. En esa ho a, ya los lazos de la ín ima amis ad le unian á muchos dipu ados impo an es, animados ambien del mismo a do libe al y ju enil, y no menos ele ados en la ilusion disculpable de eo ías a iesgadas, cuya exa- ge acion, las medi aciones del des ie o y la expe iencia p ác ica de la accion gube na i a, hablan de co egi y modi ica mas a de. Da a de esa . ho a, siemp e eco - dada po él con g a a memo ia, su amilia idad con A - güelles, apellidado El di ino, po el a ojo y o ma que daba como ibuno á sus declamaciones pa ió icas, y con D. José Quin ana, ya amoso po sus inspi ados cán os lí icos con a la usu pacion es ange a. El poe a g anadino ambien e a ya conocido de las musas en esa época. En 1809 hacia compues o su can o épico sob e la he óica de ensa de Za agoza, asis iendo 58 al concu so p opues o po la jun a cen al ; y si la co- ona de lau el o ecida en onces -no le o nó la en e, la culpa ué de los acon ecimien os y no de los jueces, po que la opinion de odos, e a unánime á su espec o, y el p emio no po ia deja de co esponde le. El pe- queño poema que i uló Za agoza, ué publicado po él en Lond es el año de 1811, y no se limi a on únicamen e á an le e es ue zo sus abajos in elec uales du an e las co as acaciones en que espi ó de las a igas polí icas lejos de la pa ia. Colabo ó con aplauso en el pe iódico denominado El español, que di ijia á la sazon en la co e b i ánica Blanco Whi e, me eciendo sob e odo el mayo elogio de los c í icos desapasionados, sus a ículos dedi- cados á desc ibi la suble acion ecien e de la Península. Algunas, poesías suel as, y en e ellas la sua e y me- lancólica elegía Recue dos (le la pa ia, le ué inspi a- da po la llo ada ausencia del ab igo pa e no, y del he - moso cielo, que en e las nieblas de la Ingla e a, no cesaba de llama con la oz del co azon y con empla con los ojos del alma. Pe o la sue e de la España apa ecia de momen o en momen o mas dudosa. La espada de Napoleon, lan- zada como la de B enn, en la balanza, la inclinaba cada ez mas pa a el lado de los in aso es. Las águi- las se enseño eaban al i as en las o es y almenas de las mas an iguas ciudades ; y la p opia illa de Cadiz, úl imo asilo de la independencia espi an e, se agi aba casi so ocada en el es echo si io, en que, la ce caban las á mas ancesas. Ma inez de la Rosa, apela de odo, no aciló un momen o, y pa iendo de Lond es, ino á euni se con sus compa io as en aquel úl imo balua e 59 de la libe ad española, decidido á sepul a se con ellos, bajo sus uinas, y á pa icipa de la buena, ó mala o - una que Dios quisiese epa i en e odos. Su agedia La iuda de Padilla, asun o pa ió ico é in lamado, p op io de la ocasion, y esc i o en el es- ilo co ec o de Al ie i, subió á la escena en 1812, e- p esen andose sob e un ablado escénico que se imp o- isó en una ba aca de made a, po que las bombas del ejé ci o si iado , co ando el ai e, es allaban á cada ins- an e sob e los echos del an iguo ea o. Fué, pues, en medio del es uendo de las ba e ias, y á la oja cla i- dad p oducida po la esplosion de los p oyec iles del enemigo, que la musa ágica, unió las lág imas de un in o unio his ó ico y de la memo ia de un g ande sa- c i icio, á los gemidos y al dolo casi inconsolable de las desg acias de aquellos iempos. El ipo he oico de la esposa a onil del je e de los comune os, apa eciendo á los espec ado es como', idos en oda la aus e idad de sus lineamien os, como la imágen de la p opia España, les eco dó que ambien ella es aba ca gada de lu o po an os hijos, y que á semejanza de la muge ue e del siglo x i, ambien sabia enjuga los ojos con la p opia mano con que empuñaba la espada. La comedia, Lo que puede un empleo, pues a igualmen e en escena du an e el si io, no ué menos es ejada en onces como ensayo sa í ico y c í ico de la polí ica y de las cos umb es. Al mismo iempo, no le an aba mano de o os asun- os mas - a es, desempeñando con celo las unciones de sec e a io de la comision de libe ad de imp ► en a. Las co es cons i uyen es e mina on sus abajos despees de (36 pisa aquel peñasco, ea o de su len a pasion, cono- ció que la enganza no habia omi ido ninguna de las se e idades que suele in en a pa a hace mas dolo oso el ma i io del cau i e io. El gobe nado del p esidio e- cibió o den pa a p ohibi le que esc ibiese á sus pa ien- es y que acep ase las ca as de ellos, añadiendo la in- imacion de que á la meno en a i a de e asion se ia cas igado con el ul imo suplicio. P e endian inculca le, que o os los ínculos que lo p endian á la ie a na al po la sang e y po el nacimien o, debia epu a se co- mo un con iscado sin nomb e, sin memo ia , , y sin as- cendencia ! Con iaban al ez que el clima y la an- gus ia se ian sus ejecu o es, y aquella somb ia pied a comba ida po aguas y ien os, la igno ada imba del p osc ip o. El odio y la in ole ancia, cuando el ana is- mo los inspi a, se mues an siemp e implacables, asi es, que no nos admi a la obse a an c uel espe anza ab i- gada po los enemigos de Ma inez de la Rosa. Todos los o men os pa ecian pocos, al in en o de enmudece le la óz elocuen e é inu iliza la pluma, que po los ejem- plos dados, y con las señales de los g ille es en los pies, conocian y p onos icaban que nunca habia de hace ai- cion á la libe ad. Es e e a el c imen que le lanzaban al os o, y Dios do ándole de las ele adas acul ades que hacen de los g andes ingenios los p o e as y los guías de los pueblos, lo habia pues o de blanco á las i as de los de enso es del pasado, como una de las ue zas in elec uales del siglo, que debian queb a ó sup imi , cos ase lo que cos ase. Los Bias se deslizan len os y melancólicos pa a los que gimen lejos de la pa ia las is ezas de la emig a- cion ; pa a los que su en las ama gu as de la ausencia den o de las somb ias pa edes de un calabozo ó de un p esidio, los g a os ecue dos de la libe ad, el peso de las cadénas, y la impaciencia del cau i e io, ag a an y mul iplican los padecimien os. En es a dolo osa posicion, pa a no sucumbi el espi i u, y no so oca se el alma en- uel a en las inieblas de una desespe acion i emediable, es necesa io ene g ande se enidad de ánimo y mucha ue za de esignacion. Ma inez de la Rosa, bijo las mo- des as y isueñas es e io idades de su aspec o, gua daba 5* 68 olun ad y es ue zo a o, que nunca la ad e sidad con- sigió debili a . Oponiendo siemp e una cons ancia in- mu able á los in o unios, espondió con la placidez de la inocencia á las pe secuciones, y con i ió aquella is e soledad en co idiana leccion pa a sí, y en ejemplo de con o midad c is iana pa a los denlas. El gobe nado y los o iciales se esme a on en ali- ia , en odo lo que de ellos dependia, la se e idad del injus o cas igo. U banos y a ables, no concu ie on poco pa a mino a al poe a los sinsabo es de la p ision. Un c iado de Ma inez de la Rosa se halló po casualidad en el Peñon, cuando en aba el amo, y no ue on ne- cesa ias suplicas pa a que se le des inase á su se icio. Segu os de que el esc i o e a incapaz de al a á sus p omesas, in en ando e adi se, le concedie on sin di i- cul ad la dis accion de ensaya y ep esen a con los mili a es de la gua nicion, algunas comedias que subie- on en onces á la escena. Una de ellas, en que mas se esme a on los ac o es a icionados, ué la pieza de Mo- a in i ulada El ca é. Singula coincidencia, que p o- ocaba la hila idad pican e de la Talia española, sob e la mono ona y somb ía exis encia de eos sin culpa, de homb es que espiaban como deli o indigno de pe dón su idelidad al ono, y su leal ad á los p incipios, que mas a de, habian de ija la co ona en la augus a en e de la he ede a de Fe nando i . Al mismo iempo Ma inez de la Rosa buscaba con- o acion en el sua e a o de las musas, sus compañe- as insepa ables desde los p ime os años, an o en los in o unios como en las p ospe idades. En el silencio de 09 aquel des ie o, lejos del come cio de los homb es, me- di ó y compuso, la imi acion de Ho acio y de Boileau, y los seis can os de su A e Poe 'ica, en iquecida con ins- uc i as no as, p ueba e iden e de juicio c i ico p o un- do, de gus o li e a io esme ado, y de una e udicion, que mal se compadecia de sus años, y que po lo mismo e elaba los es ensos y di iciles es udios á que dedicó su ju en ud. Pe enece igualmen e á es e pe iodo la bella aduccion de la Epís ola de Ho acio á los Piso- nes, en la que supo os en a p imo osamen e odas las galas del idioma cas ellano, ealzadas con azos an ade- cuados, que és líci o acila á cual de los dos cabe en es a lucha mayo elojio, si al omano, esc ibiendo so- lazado en sus anquilos ócios, ó si al au o español, ap isionado, consiguiendo en su is e ida ín ima el se- c e o de ep oduci con oda la belleza y elie e, el es- mal e de los me os la inos. La esposicion, y los apen- dices sob e la poesía española, épica y didác ica, y so- b e la agedia y la comedia, que acompañan á la e - sion, p ueban cla amen e, que la p edileccion po los clasicos no le cegó nunca ; y que, ap eciandolos como inimi ables modelos, que los siglos, lejos de lanza en el ol ido los ep oducen con nue o b illo, no los an e- ponia á los g andes poe as y p osado es, de que su pa- ia con undada u ania se glo i ica en an as p o incias del sabe y de la in encion poe ica. Los sucesos poli icos, de los cuales apenas un eco impe cec ible podia llega á los oídos de los des e ados en Velez de la Gomé a, p og esaban con elicidad, y sin ene no icia de ello los p osc ip os, ni espe a la, es aba p oxima la ho a de que uesen es i uidos á la libe ad. 70 En los seis años anscu idos desde 1814. á 1820, el gobie no absolu o con la in ole ancia y los e o es, que desconcep ua on su adminis acion, cambió en e- p o acion y ans o mó en descon en o gene al, el a - dien e en usiasmo y los anspo es de jú ilo con que los pueblos habian aclamado al ey, cuando eg esaba lib e del yúgo es ange o pa a la ie a de sus mayo- es. Algunas en a i as de ebelion malog adas y cas iga- das con inexo able igó , y que inculcaban las nue as endencias de los animos, habian se ido unicamen e pa a dis ingui los nomb es de Po lie , Láci, y Vidal, inmola- dos en el pa íbulo, como -s. ic imas de an icipado es ue - zo. Todo declinaba. El come cio pa alizado, la indus- io sin es ímulos, y el c edi o a uinado, acusaban la incapacidad de los minis os, y los de ec os (le un sis- ema que en el e o y en la op esion, imajinaba en- con a a mas pa a de ende se de las idéas que adelan- aban á odas ho as sus conquis as. La e olucion ine- i able y eminen e, pa ecia p oxima. Muchos la desea- ban, y de los que la emian ninguno con aba con un b azo ue e pa a sos ene la, ni el ingenio bas an e es- - cla ecido pa a co a le el paso saliendole al encuen o. Disgus oso el eje ci o, se o ecia á quien quisiese di i- ji lo, p opo cionando la ue za deseada pa a la ape e- cida mudanza ; y el gobie no lleno de sospechas, y poco hábil, había imajinado que el mejo modo de comba i el pelig o, e a des e ando á los capi anes y soldados, y concibiendo con a la independencia de las colonias ame- icanas, el p oyec o de una segunda espedicion, apesa de los desas es espe imen ados po Mu illo. Las ue zas mili a es empezaban á euni se en la 71 p o incia de Andalucia pa a emba ca en Cadiz á las o denes del gene al D. En ique O'donell, y la conju- acion amada po algunos o iciales supe io es p og e- saba á la somb a del sec e o, cuando aicionada po una imp udencia es ibo á pun o de acasa po si sola. La inc eible nulidad y al a de ene jía en el pode , com- ba ido y eceloso, ue la sal acion de los conspi ado es, y el auxilio indi ec o de sus designios. D. Ra ael del Rie- go, como mas a ojado, se decidió á ena bola el es an- da e libe al, y el dia 1.° de ene o de 1820 al en e del ba allon de As u ias, p oclamó en la isla de Leon la cons i ucion de 1812. Su óz ué escuchada. Se le asocia on o os cue pos ; espondie onle algunas ciuda- des y illas, an exal adas en el a do po la libe ad, cuan o habian pe manecido indi e en es en o as épocas, y la co e, suspensa, incie a, y desampa ada, no encon- aba un gene al capaz de pone se á la cabeza de las opas llamadas en su auxilio. Finalmen e, es alló la su- ble acion en el seno de la capi al y Mad id aplaudió los es ue zos de Cadiz. El ey D. Fe nando i', e aido po la necesidad, inclinó la cabeza an e la olun ad nacio- nal, y ju ó el código, que en 1814 habla epudiado como una o ensa á los de echos inmu alAs de la sobe- ania. Las pue as de las cá celes y de los p esidios se ab ie on en onces á los que habian espiado co no de- li o las opiniones que el p íncipe, an áspe o en conde- na , mandaba o a ez que se las apellidase con la i - ud y la leal ad. Al in de cua o años (desde p incipios de 1816 has a ma zo de 1820) Ma ínez de la Rosa, es enuado po el a do oso clima del A ica, lejos de los 72 suyos y de odos, en e mo y casi ciego, ió un dia con admi acion ap oxima se á la playa un buque español, y sali de él con la no icia de los acon ecimien os ecien es, el mensage o que le lle aba la buena nue a de halla se en libe ad, in i andole pa a ol e al bello clima de Andalucia, y pa a el lo ído seno de su p o incia na- al, á in de mi iga las penosas memo ias de an os su- imien os, y cica iza las he idas aun ecien es de an- as injus icias. Un eal dec e o ompia las cadenas y ab ia las p isiones á odos los dipu ados. Poco despues, albo ozado con la ins an ánea mudan- za, pisaba el suelo pá io, ol ia á la casa pa e na, es- ejado con a cos de iun o, co onas y lo es, y salu- dado po las aclamaciones de los compa io as que de- seaban compensa le con los es emos de la amis ad, el ma i io de que habia sido esca ado. Ca ecia de epo- so ; p ecisaba ' es ablece la salud queb an ada po las inquie udes y dolo osos e ec os de su la ga eclusion. Espe imen aba cie a epugnancia en cambia an em- p ano po la umul uosa ansiedad de las luchas poli i- cas, los dias en u osos que le p opo cionaban la e nu- a de los pa ien es y el amo de sus co elijiona ios. No ió po an o á Mad id, sino cuando el su ajio de la p o incia de G anada, elijiendolo dipu ado, le im- puso la obligacion de esidi en la co e. Lo mucho que habia padecido, lejos de ena dece le el ca ac e modi icó en él, mas emp ano, la exal acion de las ideas que aun la edad po ia a o ece . Su é polí ica no se habia de- bili ado ; sus c eencias en la e dad de las opiniones e an ehemen es pe o la desg acia, an ecipandole la 73 espe iencia, le ma caba con mayo ce eza los p incipios, que en es a época de ansicion amenazaban con la caí- da po segunda éz y mas unes amen e, las ins i ucio- nes cons i ucionales. Su admi acion po el código ul a- libe al de 1812 se habia modi icado bas an e. Mi aba en- onces en él mas bien un esumen de p ecep os ágos y eó icos, que no una ley undamen al, basada en las necesidades publicas, é inspi ada po el p o undo cono- cimien o de la índole y de las cos umb es del pais. Es a madu ez p ecóz, u o de la e lexion a i ada po los desengaños, no se comunicó in elizmen e al mayo nume o de sus compañe os en las co es. Pisando o a ez la escena polí ica, algunos de ellos po apasiona- dos, ó po menos dispues os á capi ula con las ci cuns- ancias, die on ienda suel a al esen imien o, y se ija- on mas en odia á los pe seguido es que en se p uden- es. La co ona me ecia al mayo nume o, poca ó nin- guna con ianza. No igno aban, que solo bajo la coaccion habia consen ido en do a á la España con las ga an ías secues adas po Fe nando i' en su p ime dia de ei- nado. Acep aban, pues, el ono como necesidad, y la pú pu a, co no enseña, pe o que ian que el gobie no no saliese nunca de manos segu as. Ma ínez de la Rosa se sepa ó de los que así o ma- ban an mal juicio del es ado de las cosas y de las en- dencias de la Eu opa. Deseaba concilia el sis ema e- p esen a i o con el o den y con las eglas de una ene - gica y igilan e adminis acion. Pedia pa a las unciones de los pode es públicos, mayo ue za de in luencia y de au o idad ; y lejos de con empo isa con los clamo es y .74 endencias de la plaza pública y de los co illos, los e- chazaba como a en ado es con a la libe ad, y áciles de ans o ma en p e es os de segunda es au acion ab- solu is a. Du an e las sesiones de la lejisla u a de 1820 á 1821, sus en ó es a di icil posicion con el con encimien o de quien la epu aba como única abla de sal acion pa a las empes ades que asomaban ya en el ho izon e. Ne- gando la a encion á las ad e encias de los mas celosos, opues o á la licencia e oluciona ia, indi e en e á las inp ecaciones de los pa idos, cuyo deli io condenaba en la ibuna, dejó pasa iun an es en b azos de las ú bas á los geles, que ellas aclamaban hoy y a as- a ian mañana, espondiendo iamen e á las in imacio- nes de los exal ados, que de endiendo el pode de en- dian al mismo iempo la libe ad. Las acciones no le pe dona on la eme idad de con a ia abie amen e sus designios. Ol ida on luego, segun acos umb an , las p uebas de idelidad dadas en ho as sup emas, los se - icios p es ados, y los padecimien os, que lo ennoble- cian. Desde el momen o en que no las acompañaba, o- das unanimemen e denunciaban á Ma inez de la Rosa como indeciso y con empo izado ; odas lo inculcaban como sospechoso en la é poli ica, deg adada po los abusos y iolencias de an ciegos apologis as ;y suspen- diendo sob e la cabeza del poe a la espada de los dos ilos de la calumnia y de la descon ianza, lo acusa on de medi a la e o ma del código, que algunos mas exa- ge ados aun juzgaban ímido en muchas p esc ipciones, y menos libe al, de lo que, á su é , exigian las me- lind osas ci cuns ancias que la España a a esaba. 75 La in ole ancia de las pa cialidades nunca mide la ag esion, ni g adúa los golpes.' Desde que Ma inez de la Rosa, y el conde de To eno, e an un obs aculo in en- cible con a sus planes, los hi ie on sin dolo y no e i- a on á ninguno de ellos has a á los mismos dipu ados, que los seguian, odo gene o de a en as, insinuaciones, y i upe ios.. En e es as dos acciones i econciliables, la opinion mode ada ué obligada á de ende las ins i uciones con a ambas.- Con una mano, comp imió la sub e ánea hos ili- dad de los co esanos, sec e amen e p o egidos po el ey, y con la o a con ibo el golpe, y el ímpe u de las pasio- nes ehemen es de aquellos que en Mad id se anaglo- iaban de la sign ica i a denominado ' de descamisados. La alsa popula idad, oluble y cap ichosa como siem- p e, cada dia se sepa aba mas de los homb es, que ad- e sa ios implacables no acilaban en denuncia le como enemigos decla ados de la libe ad. Las acciones, eninu- decian la azon con el e o de sus oces e ...Los clubs, o ganizados publicamen e en odo el eino, en e u o- es é imp ecaciones, amenazaban in ama las calles de Mad id con sa u nales semejan es á las del año de 1793 en F ancia. El pode legal, debil y comba ido, cono- da que de un momen o pa a o o le minaban cada ez mas el e eno que le se ia de base acilan e ; y el desdichado Riego, en onces pa io a aplaudido po la ple- be, in en a a anamen e le an a su dic adu a e íme a en e lo ejecu i o y las co es, mien as que la co ona odaba ilipendiada casi como baldon á los pies de los acciosos. No se e a da on las enganzas y los c imenes, pa a eca ga con in as mas somb ias el cuad o. El pu- 82 sob e i e oda ia? La libe ad que odos ellosama on, pe o que si ie on de di e en e modo. El es o pasó co- mo pol o eda ; y aho a apenas alguna que o a ins- c ipcion, abie a ap esu adamen e po ob e os impaci- en es, espe a á que la his o ia e ele mas a de el sen- ido comple o de los acon ecimen os. La olun a ia dimision de Ma inez de la Rosa no calmó el odio de sus enemigos. Abusando de las en- ajas que le o ecia la loca osadia del bando ealis a, quisie on señala su iúnio con es epi osa enganza, in en ando una acusacion con a él y con a sus compa- De os, y p oponiendo que uesen juzgados y sen enciados en un consejo de gue a como dese o es y asesinos. La iniquidad absu da de semejan e p oceso, e a an pa en- e, que has a los ad e sa ios más ci cunspec os del mi- nis e io caído, se escandaliza on. Ma inez de la Rosa, apeló pa a el Cong eso, é imp imió en un opúsculo su de ensa. La jus ilicada leal ad del gabine e, que habia p esidido, esplandeció limpio de las na es que la ca- lumnia condensá a pa a o usca la; y la hon a y la ene - gia de los consege os de la co ona du an e la c isis, queda on ilesos apenas la luz de la e dad alumb ó los hechos. Re ocedie on los acusado es, nue as compli- caciones su gie on pa a dis ae los ánimos. Que se e as lecciones no o ecen, sin emba go, es- as epen inas mudanzas en la exis encia de un hom- b e, an dis inguido en las le as como en el gabine e polí ico ! Aye , co onado de lau os, uel e á é la pa- ia que le ab e los b azos como á una de las ic i nas del pode despó ico ; hoy, esa co ona de glo ia, aes- 83 o mada en co ona de espinas, le hie e la en e y los que saluda on en él una de las columnas de la libe ad, piden su mue e y desean ans o ma en pa íbulo los a cos iun áles ! Algunos años despues, hallandose e- p esen ado en algunas es ampas con los embiémas de após ol de la libe ad, y luego como aido en la p i- sion y en el pa íbulo po la sá i a polí ica, esc ibia en odas ellas con desa ec ada modes ia, que no me ecia el cas igo ni las obaciones. Padecia inocen e po la cau- sa cons i ucional : animoso halda sabido de ende la ; y anibien sin mo i o p e endie on de iba su es a ua los mismos, que Bias an es la le an a on en la plaza pu- blica. Los melancólicos p esen imien os de Ma inez de la Rosa, emp ano se ealiza on. El ejé ci o ances in a- dió la España ; el minis e io y las co es se e i a on á Se illa ; y una en e medad g a e p endia en el lechó del dolo al minis o cons i ucional de Fe nando u, cuando la jun a ealis a en ó en Mad id, y p emió los se icios p es ados po él á la co ona, inlimandole pa a econoce esplici amen e su au o idad. Respodió que no. I i ada la jun a con la e asi a, eplicó, espidiendole una o den de des ie o pa a G anada den o de ein e y cua- o ho as. Se opuso se enamen e al manda o, mani es- ando, que no obedecia y que se emplease con él la io- lencia. Los de enso es del pode absolu o esen idos de la al i ez, decidie on da un ejemplo, y ya se disponian á so oca en una cá cel aquella gene osa óz, cuando in- e poniendose el duque del In an ado consiguió, que en éz de una espulsion impe iosa se conmu ase la pena al poe a en un pasapo e, que le au o izase pa a iaja po 6* 84 d es ange o bajo p e es o de es ablece su salud que- b an ada. Al siguien e dia dejó la capi al. No que iendo e- sidi en F ancia, mien as que du aba la gue a en e las dos naciones, siguió el camino de la I alia ; isi ó Roma, y solo despues de endida la ciudad de Cadiz, y e acuada la Península po las opas de Luis x m, ué cuando se di ijió 'á_ Pa is en donde la hospi alidad de !os homb es eminen es de la oposicion libe al no con- cu ió poco pa a mi iga le las is ezas de la ausencia pa- ia. Relaciones amigables, que de dia pa a dia se ue on es echando, cada ez mas, lo amilia iza on no solo con La e e y Te neaux, sino ambien con los duques de B oglie y Decazes, conde Molé, m . Guizo , m . Thie s, m . Du e gie de Hau anne y o os pe sonages que, en la p ensa y en la ibuna ya dese npe iaban en onces, y ep esen aban despues en el einado de Luis Felipe, los p incipales papeles. Sepa ado en el des ie o, como lo habia es ado en la ida publica, an o po las opiniones, como po o os mo i os, de a ios compa io as suyos, ambien emig a- dos, se e i ó al es udio y á una ida casi con empla i- a, iendo co e los sucesos sin ilusiones, y acompa- ilandolos apenas con la i a cu iosidad, que debían me- ece , á un espec ado in e esado. Enemigo de conspi- aciones, y epugnandole a o ece las, aun cuando con- ibuyesen pa a el iun o de la libe ad, no omó pa e di ec a ni indi ec a en ninguna de las que se agua on con a Fe nando l. Nunca las es imuló. Nunca las a p o ó 8 5 Su ac i idad se consag ó esclusi amen e á los aba- jos del espi i u. Visi ó dia iamen e las as as y copio- sas biblio ecas de la co e in elec ual del mundo, que así po ia llama se en onces, y aun hoy á Pa is, epa - iendo el iempo en e la lec u a y la ins uc i a con- e sacion de los homb es sabios y e udi os, cuya es i- macion y bene olencia log a on conquis a sus a ables mane as y su ele ado ingenio. En 1829 publicó en la ipog a ía de Dido la co- leccion de sus ob as li e a ias en cinco omos. Ademas, deseoso de es ena su musa en una escena es ange- a, concibió el p oyec o de esc ibi en ancés el d a- ma en es ac os in i ulado Aben-Humeya, que debla se ep esen ado en el ea o de la pue a de Sain -Ma - in, cuya aduccion en p osa española incluyó en el y omo de sus ob as. Los ensayos no se e a da on ; y en julio de 1830, poco an es de es alla la e olu- cion que p ecipi ó del ono á Ca los x, se aplaudían con en usiasmo los echos apasionados de es e episodio agico de i ado de la his o ia de los a abes en la Es- paña. El publico acep ó la pieza, y o nó con p eciosas co onas la en e del poe a es ange o. Es p o able, que al ap esu a la ejez sus pasos hacia él, y sin iendo que los ios del in ie no pa aliza- ban su accion, el au o de Aben-Humeya, y de la Con- ju acion de Venecia, se eco dase algunas eces con pla- ce de aquellas noches de iun o, seguidas de ce ca po los acon ecimien os, que le ab ie on despues las pue - as de la pa ia. Los loo es debidos al juicio impa - cial del es ange o son balsamo consolado pa a las he- 86 idas, que nos ab en de o dina io en el alma la en idia y la ing a i ud de los con empo áneos. Esos, á quienes la P o idencia señaló pa a le an a la en e sob e el ulgo, á semejanza de las eminencias, casi siemp e de- sa ían el ayo. Felices ellos, aun cuando, llegada la ul- ima ho a, silenciosas las i alidades, y an icipada la sen encia de la pos e idad, la oz de las gene aciones, sus he ede as, se alza a ec uosa y aspasada de dolo pa a deci les el ul imo adios. En el úmulo no odos hallan el p ome ido descanso; ni ampoco la jus icia co- mienza pa a los mue os en las p ime as ho as ! La e olucion de julio, cogiendole de so p esa en F ancia, in e umpió las ep esen aciones de Aben " u- meya, y po la z de una nacion ic o iosa, anunció en onces al p osc ip o español, la au o a de dias mas en u osos. En e ec o; el casi ins an aneo e emo o, que en es dias de ibó el ono de los Bo bones, y es endió po la mayo pa e de la Eu opa los sob esal os y la deso- lacion, llegó á se mas a de el llamamien o hecho á los einos, que gemian op esos. Le an ando las en es, ie on odos en es e g ande ejemplo, el u u o des ino de 88 las dinas ías que, odeadas de soldados y de silencio, hablan imaginado so oca , has a en onces, la libe ad mode na, coac ando la conciencia, op imiendo el pensa- mien o, cas igando como c imen inesplicable, la legi i- ma impaciencia de e o mas, y enseñando como dogma, la olun ad absolu a del impe an e colocada sob e los de echos, ó sob e los ag a ios de los pueblos. La España, an ecina y an dilace ada, no podía mas a de, ó mas emp ano, deja de acudi á es a lu- cha abie a el dia an e io ; aunque sob adamen e pe - u bada po las demos aciones umul uosas de con- endedo es decididos. A la llama del incendio de la ca- pi al de F ancia, se aleaban o as llamas no menos im- pe uosas, c eciendo p opo cionalmen e, con las comp e- siones an e io es, y amenazando á las po encias mas o - gullosas de una con agacion gene al. El gobie no de Fe nando il, ín imo con las maximas de la san a alian- za ; aconsejado po el genio somb ío y los esen imien- os del pa ido ealis a exal ado, y á cada momen o so - p endido po la hos ilidad pe manen e de las acciones libe ales, no e a lo que menos debia ecela se de las consecuencias inmedia as de la si uacion, que acababa de su gi , de endida po las ba icadas de Pa is. Si el a io de 1830, como obse a un esc i o dis- c e o, ab ió á la F ancia una época memo able, no ué ampoco menos signi ica i o pa a con la . España. La di- e encia consis ió en la o ma y en el iempo. En Pa is, la co ona le an ada de las calles, donde habia odado, despees de ul ajada, o nó la en e de un ey elec o po la suble acion iun an e. En Mad id, los p ime os 89 ayos de luz, pa ie on de en e inieblas ; y quien o- mó la inicia i a ue on la co e y el mona ca, los mayo- es enemigos de las inno aciones. Cumple esplica concisamen e es a adical modi ica- cion. El he ede o de Ca los , iudo es eces, pasó á cua as nupcias, con una p incesa, que su nacimíen o, he mosu a, y cie nas p endas de ca ac e , hacian an que- ida de los subdi os, y an amada del esposo. Los apo- logis as de la sec a apos olica comenza on desde lue- go á abo ece la como el mayo obs aculo, que la o - una podia opone á sus designios. Do ada de animo a onil y del dón singula de gana olun ades, la ei- na Dala Ma ia C is ina, sen andose en el solio en is- ecido po la mue e, ó po la es e ilidad de las o as esposas de D. Fe nando il, inculcaba en la indole y en la edad, la pelig osa in luencia, que habia de ege ce al lado de un ma ido, cuya olun ad acilmen e sab ía a ae y domina , acallando en su co azon cualquie o o a ec o ó memo ia. El in an e D. Ca los, ge e de la accion p eponde- an e, iendo el lecho nupcial de su he mano cubie o de lu o a ias eces, y la co ona an p oxima de la ca- beza, comenzó á c ee con sus pa ciales, que el cie- lo, negando la sucesion á Fe nando il, lo p e e ia pa a eina . La donosu a de la p incesa, su sob ina, la i- acidad de su ingenio, y el aplauso casi unanime, que saludaba su conso cio auspicioso, con encie onle de que se liabia an icipado su ambícion, po que, si la eina 90 uniese la ecundidad á las g acias y encan os de la bel- leza, el nacimien o de un he ede o pod ia co a de aiz odas sus p e enciones. T is e y ecogida la co e, habia llegado has a alli un es ado casi monacal, an o, que de epen e, oda la aleg ia, odas las galas y lo es enacie an á la p ime a seña! de la nue a sobe ana. Despe ando el ey del aban- dono á la oz de ella, cambió la mono onia de la ida e i ada po la agi acion bullicíosa de los bailes y ies- as, á que lo a as aba com magica iolencia, la g a- ciosa compañe a, que habia escogido. Con emplando es e espec aculo pa a ellos epugnan- e, y es añandolo casi co no escandaloso, los consege- os mas p espicaces del pa ido apos olico, emie on mu- cho de él. El dominio, que Doña Ma ia C is ina, adqui- ió en poco iempo sob e el animo de su conso e, se les ep esen ó con apa a o i esis ible. No e a an solamen e una eina, e a una e olucion, que asponia con ella las g adas del ono. No se engaña on en sus ap ensiones los amigos del in an e. Casada en 11. de diciemb e de 1829, Doña Ma- ia C is ina, anunció en b e e á su esposo y á la Es- paña, espe anzas de sucesion, saludadas como bien e- nidas po una g ande mayo ia. G a es di icul ades u - ba on no obs an e el jil ilo del p incipe, y en e ubie on á D. Ca los dandole algunos alien os. En luga de un he ede o, Doña Ma ia Ch is ina podia dá á luz una hija y en al caso, no es ando p omulgada oda ía la ley ap o ada en co es po Ca los i , podia eni á susci- 91 a se una in lamada cues ion dinas ica. Fe nando Yll ad- inó el pelig o y epa ó la omision. En 29 de ma zo de 1830, mandó publica la p agma ica sancion de 1789, aboliendo la, ley sálica in oducida en España du an e el eynado de Felipe , y es ableciendo el de echo, que, desde emo os siglos siemp e habia es ado en igo es- pec o de la sucesion. Es a decla acion, golpe mo al pa a la accion apos o íca, le p o ocó immedia amen e los odios que e an de supone . No a e íendose á pa en iza los po medio de los pe iodicos españoles suge os á la igilancia de las au o idades, se alió de la p ensa es ange a pu- blicando al e ec o a iculos y p o es os. La sepa acion en- e el ey y es e núcleo inquie o y ana ico se hizo no o- ia é inco egible ; y ué en medio de la discusion ehe- men e p ecu so a de mayo es al e aciones, que nació en 10 de oc ub e de 1830, la p ime a hija de Fe nando i! y Doña Ma ia C is ina de Bo bon. Cuando la p incesa, p edes inada á ceñi poco mas a de, la co ona de Isabel la Ca olica, ab ió los ojos, las mona quias mas i mes, como ya indicamos, se e- sen ian del inc emen o e oluciona io. El duque de O - leans, aclamado po el pueblo, sucedia á Ca los x ; y el ul imo sobe ano de la línea p imogéni a de los Bo bo- nes, despues de una abdicacion inu il po a dia, deja- ba como ugi i o la pa ia, que no ol e ia á e , y se encaminaba pa a la ie a del des ie o donde al ez po- d ía halla el sepulc o. La Bélgica siguió el umbo de los sucesos sacudiendo el y igo de la Holanda ; y la Po- lonia, con iada escesi amen e en su alo , y en los auxi- liós que le al a on, se ap o echó Cambien de las ci cuns- ancias pa a lib a se, de la o zosa union de la Rusia. 98 có e á busca el apoyo de las ideas mode nas, y á con- ia la de ensa de los de echos de la nue a sobe ana, en el b azo del pa ido libe al dos eces desa mado po su pad e. Las inclinaciones de la egén e gua daban conco - dancia con es a necesidad polí ica. Doña Ma ia C is ina e eló desde luego, sin acila , las endencias de su ad- minis acion, di ijiendola en es e sen ido, y mani es- ando el i me p opósi o de opone á la ieja y cadúca es au acion, imajinada po la accion apos ólica, el es- pi i o y las ue zas ac i as de la libe ad cons i ucional, única ga an ia posible pa a la co ona de su-hija, cuya inocencia y ie na in ancia, po o a pa e, no concu - ie on póco pa a in lama los b ios caballe osos y el amo dedicado de aquellos de sus súbdi os que, no o us- caban las somb as de in e e ados p econcep os, ó la in- cu able obs inacion de o ece ba alla á las ideas del si- glo en nomb e de una causa, cubié a con las de e io- adas bande as del pasado ; desconociendo, que e a un sueño y casi demencia espe á á que esuci ase, ó e i- iese pa a eina . D. F ancisco de Céa Be mudez, desechado de los consejos del ey po sospechoso despues de 182 , y es imado po la índole bené ola, ingenio escla ecido, y e dad de sus conocimien os es adis icos, no podia p o- me e al lado (le la egén e, o a cosa, que no uese la since idad de la conciencia. Após ol de una eligion, que ninguno de los dos cámpos enemigos que ía admi í , y epelido po ambos, sucumbió en la inp a icable em- p esa de ealiza el sis ema del absolu ismo ilus ado, 99 concebido en el gabine e, y sus en ado en el gobie no con una enacidad, que no exal andose á su pene a- cion, hace mucha hon a po lo menos á la leal ad de su conciencia. E a a de ya pa a in en a el ensáyo de una eo ía de ansicion. Ex alimi adas las on é as de los pa idos ac i os, y a i ados los ma ices de sus di isas, el es an- da e de Céa, que en años an e io es pod ía emola san i icado, o eciendo á las pasiones la égua indispen- sable de un égimen bonancible, que uése educando al pueblo, pa a con mas segu idad pone luego el pié en la senda libe al, ese es anda e, ena bolado en la íspe a de la lucha mo al en e p incipios i econciliables, y en los ul imos meses de 1833, no po ia encon a en oda la España una sola adhesion since a, ni la mas lé e p o- babilidad de iún o. Po an o, acon eció halla se solo. El ejé ci o poco nume oso aun obedecia pe o en sus hilé as ope aban ocul amen e y p e alecian las opiniones de las clases medias. En p esencia de las a mas ca lis as, e a pa a ecela , que ompiéndose de p on o el lazo de la disci- plina, diése la gas iéndas á la impe uosa llama del a - do libe al. La mayo ía de los unciona ios mas ele ados hos i- lizaban ambien al minis e io, unos, acusandole de e ó- g ado y o os de aido al ono y á la Iglesia. Final- men e, el pais, ansióso y ad e ido po el p opio ins in- o, de que es e no e a el homb e, ni aquel el sis e- ma, que pedian las ci cuns ancias, cada éz se abs e- 7* 100 nia mas pa a ámbos, haciendo po lo an o menos u gen- e la comple a ans igu acion polí ica, que es aba en la esencia de las cosas y en la mé a e de odos. El pa ido libe al ué llamado al po-dé pa a o ganiza la esis en- cia y unda en e o mas p uden es, pe o e icáces, los ci- mien os del óno cons i ucional de Don Isabel iI ; y Ma - inez de la Rosa, po su nómb e y ele an es ci cuns- ancias ué escogido inmedia amen e pa a sé uno de los iniciado es de es a labo iosa y á dua edi icacion, en que, los ob e os han enido siemp e en una mano la pluma, y en la o a la espada. La Reina Gobe nado a, con ióle la o macion del p ime gabine e, y la edaccion de las nue as bases, que habian de sella el pac o solemne en- e la co óna y la nacion. Es aba lejos en onces de c ee el poe a, que le obli- gasen an epen inamen e á cambia la con idencia de los lib os po las inquie údes y esponsabilidades admi- nis a i as. Cuando ecibió la in i acion pa a incumbi se de la p esidencia del consejo de minis os, se hallaba delei ado con la lec u a de las c onicas de la edad me- dia, y abso ida su a encion en las co ecciones de las úl imas p uebas de la ida de He nan Pé ez del Pul- ga . Le an ando la is a sob esal ado pa a las eminen- cias del podé , que le señalaban, las ió somb ías y ca - gadas de empes ades ; pe o lo que exigian de él e a un sac i icio y no la sa is accion es é il del o gullo, ó de la ambicion. Resignóse, po lo an o, y acep ó aquel g a e ca go, despidiendose con un suspi o de la llo ada an- quilad que dejaba, po luchas y es ue zos que le habian hecho conoce la espe iencia y que unicamen e se ian ecompensados con ing a i udes. Su p esencia en el mi- nis e io no le imposibili ó de publica la ida de He nan Pé ez ; y és jus o con esá , que no se engañó en la con- ianza, que le sugi ió es e bello ásgo. La ob a me eció los elógios impa ciales y unánimes, de amigos y ad e - sa ios ; y en ninguno de los juicios consignados ace ca de ella se e eló el meno islúmb e de esen imien o ó de emulacion pa ida ia. Es allaba en e an o la gue a ci il en Na á a, y la nacion, bajo la amenaza de g andes calamidades, ol- iendose pa a el ono, pedia la con ocacion de las có - es, como emédio opo uno pa a sus males. La en- ada de Ma inez de la Rosa equi alía á una p omesa en es e sen ido. Si los ecue dos de las escenas licen- ciosas de los ibunos en 1822, aun in imidaban á los mas ci cunspec os ; y si algunos emig ados, ecogien- dose del des ie o con inuaban suspi ando po el es- ablecimien o de la cons i ucion de 18H, pa a ellos, el ideal de los códigos lib es ; és cie o, que la pa e mas ilus ada de la nacion, apa ada de ales exage acio- nes, solo ape ecía la paz, el o den y egula es p og e- sos, p o ejidos po un gobie no ue e, á la somb a de ga an ias polí icas asegu adas po el sis éma ep esen- a i o. Pa ece, pues, que la o una siemp e escogió á Ma - inez de la Rosa, en los momen os mas pelig osos, pa a demos a con su ejemplo como se deben enca á y a - os a las sumas di icul ades, pa a lo que siemp e des- mayan gene almen e la mayo pa e de los polí icos, po - que piden á los que las a a iesan g ande ele acion de espí i u, y una olun ad cons an e é inmu able. El nue- 102 o gabine e ensayó muchas ; y en e an as necesidades no aciló en obla po las mas u gen es. En su pensa- mien o las planeó odas, a ando de sa is ace las p in- cipales de la mane a mas p on a y azonable. Uno de los p ime os ac os, que p opúso á la egén e, ué un ompimien o con el gobie no in úso de D. Miguel, cuya usu pacion en Po ugal, siemp e habia a o ecido D. Fe nando il. Mandó, pues, al ejé ci o del gene al Ro- chi que pasase la on e a, o denandole, que á cos a de odo sac i icio, se apode ase de la pe sona del in an e D. Ca los, el cual, e ujiado en la có e mili a de su sob ino, desde el seno de ella a izaba las llamas de la gue a ci il di ijida po Zumalaca égui, y demos aba espe a unicamen e la ocasion p opicia pa a coloca se al en e de los pa ida ios, que lo aclamaban, y ea- nima los con su p esencia. El segundo, in imamen e ligado con an igo osa e- solucion ; ubo el pensamien o de con i ma la, es echan- do po los lázos de mú ilo acue do y de ecíp oco soco - o, la amis ad de las dos naciones de la Península, y los in e esses de ambas dinaslias cons i ucionales, comba i- das po idén icos enemigos. En el a ado, concluido en 22 de ab il de 1831, y ajus ado en e la España y Po - ugal de un lado, y la Ingla e a y la F ancia del o o, po el cual se ealizó es a p uden e combinacion, es i- ipulá onse las condiciones indispensables pa a sus en- a la co ona sob e la cabeza de las dos sobe anas, sal- ando po igual o ma en los dos países las ins i ucio- nes lib es, del odio y de las ag esiones de la accion apos ólica y absolu is a. 103 Po ul imo, al in de es meses de epe idas con- e encias y p olongados deba es, el minis e io, publicó el Es a u o Real en 10 de ab il de 183i, consignando en la pa e esposi í a, que le p ecedia, su pensamien o conciliado , y las espe anzas que la nacion podia ab i- ga á la somb a de él. El Es a u o es aba léjos, sin emba go, de se un có- digo, an comple o como la ca a o o gada en 1826 po D. Ped o i á los po ugueses. E a en la ealidad el bosquejo de una ansacion p opues a en medio del des- o den de la pasiones y bajo la in luencia de la ap ension melancólica, que en onces en is ecía á odos. De e minaba apenas la eunion pe iodica de las có - es, compues as de dos cáma as, una de eleccion popula , y la o a he edi a ia y do nomb amien o eal. La o - macion de las leyes dec e ada po el sobe ano con ap o- acion del pa lamen o, y la p e oga iN a popula pa a que las con ibuciones públicas no uesen lanzadas y e- caudadas sin el ó o de los ep esen an es de la nacion, he aquí las disposiciones mas impo an es. La al a de li- mi acion en el ege cicio de la au o idad eal ; la libe - ad indi idual desampa ada de las ga an ias esenciales, y el mas p o úndo silencio ace ca de la o ganizado / del pode judicial, e elaban po demas que en el ánimo del legislado hablan p eponde ado, el ecelo de las exage a- ciones de 1822 y las epugnancias hijas de la in eliz espe- iencia de la cons i ucion de Cadiz, p eponde ando mu- cho mas que la esplíci a insinuacion de los sen imien os y deseos de la España libe al, y que el con encimien o de la impossibilidad de pe suadi y llama al seno de los de en- 104 so es de Doña Isabel u, á los que ya se habian apa ado em nomb e de su dedicacíon po la an igua mona quía. Dicem que A güelles, leyendo el dec e o del Es a u o Real, digé a : Que apos asía ! Cególe la i a, si po en- u a p o i ió la injus a ase que se le a ibuye. No ué una apos asía, ué el e ó ulga isimo de suponé , que es emando los campos polí icos, pueden a ae se de cada uno de ellos los homb es menos exal ados po médio de concesiones en desa monia con la e dad de los p in- cipios. Ni los ca lis as cedie on, ó se ablandá on, ni los cons i ucionales acep a on el Es a u o como desca go de la égia p omesa en oda su pleni úd. En éz de aplaca se los esen imien os con su pu- blicacion, oma on mayo inc emen o ; y los sucesos no a da on en p oba , que a ojado el guán e y desnudo el acé o, las á mas, y solo las á mas, saben e mina desg aciadamen e an dolo osos con lic os. Du an e la agi ada ge encia del gabine e egido po el au o del Espí i u del Siglo, la isonomia ag esi a de los bándos polí icos, que di idie on, y dilace a on la España, ca ac e izóse igo osamen e con oda su esp e- sion. Los ealis as suble ados luchaban en los campos de ba alla, y la sang e de amada, despe aba cada ez más los odios. Los libe ales exal ados, no menos i - econciliables, a acaban el pode , que no conseguían in imida , p edisponiendo odo pa a la desas osa agi- acion, que, en médio de los umul os, cons i uyó en las plazas públicas la dic adu a de la plebe. Bajo el péso de es os in o unios, demasiado penosos de sopo - 105 a , c eció el e ible azó e de la c uél epedémia, cu- yos es agos, lúchas y e o es, que la acompaña on, inie on á en is ece la escena alumb ada po los sinies- os incéndios de la gue a ci il. Empeñadas las accio- nes en con ienda mo al, ompie on sin emo dimien os las unes as disco dias que habiam de desola al país po an os años. Los abusos popula es, y el ho o , que p oducía el conlágio, ué on los conci ado es de los exec ables ase- sina os en que se desplegó la impe uosa sá ia del úlgo, con a los áiles, inocen es íc imas denunciadas á sus u o es. Los mo ines del 17 de agos o de 183i, p ac- icados con impunidad en p esencia de una gua nicion de nuebe mil homb es, que los ole ó impasible, pa e- ce ían hoy ínesplicables, si no supiesemos, co no se agi an é in laman con iolencia al meno p e es o las pasiones ‘ uínes, sob e odo, cuando p omo edo es sin esc úpulo las emb a ecen. El p esiden e del consejo se hallaba ausen e de la có e. A la no icia de las a ocidades, que desp es i- jiaban la he oica illa de Mad id, se desp endió de los b azos suplican es de su amilia, que in en aba con e- ne le en ano, y eg esó á la capi al, insensible á odo lo que no uese el cumplimien o de los sag ados debe- es, que habia acep ado. El cas igo de los c ímenes si n6 pesó an igu óso, co no lo exijian las leyes y la hu- manidad ul ajadas, a i mó al ménos, que po pá e del minis o exis ía con a ellos una since a y i uosa_ indignacion. Si no consiguió ence los obs aculos, que en e los mal ados y la jus icia le an aba la mala yo- 106 Jun ad de los pa idos, p obó con odo que su alma ge- ne osa e a incapaz de capi ula con los sica ios, dan- do la mano á sus complaces. No al ó quien despues le acusase de ímido y débil ; pe o hagamos memo ia de que los éos han sido plenamen e absuel os, y que mu- chos pe iodicos se desa aban en onces en imp ecacio- nes con a el minis o, e a andole con los odiosos co- lo es de la ba ba ie y de la e ocidad pe seguido a. Pa a sen encia en an delicada causa, no bas a a ende uni- °men e á los impulsos del co azon ; combiene sob e odo o ma exac o juicio de los acon ecimien os. Íes p eciso obse a , has a que pun o su in luencia puede se i de disculpa á los homb es públicos, condenados á espon- de po deli os que no es aba en sus manos p ecabé , y mucho menos enga , con la me ecida se e idad. Pocos Bias despues de las a ocidades de 17 de agos- o, se ab ió el cong eso, y pa en e la ibuna á la dis- cusion se posesiona on de ella immedia amen e los o a- do es mas audáces; unos pa a a güi , y o os pa a de- ende al gabine e. En es a liza, donde esbalaban a- cilmen e los a le as mas p ác icos en las luchas del es- pí i u, y jus i icaban con su caída las eme idades del o gullo, Ma inez de la Rosa, nada podia ecela . Su elocuencia admi ada, desplegando las gálas del es ilo con la lógica concision de los a gumen os, podia en- con a émulos y ad e sa ios, pe o núnca encedo es. En e an o, las a as cualidades, que ado naban su es- pí i u, no se compadecian con la ogosa y a eba ada ag esion, que habia de emplea , si se p opusiese enmu- dece con endedo es poco esc upulosos en la eleccion de las á mas. La ia in epidéz, que oponia de o dina io 107 á los asal os de los con a ios, no e a po cie o el me- jo b oquél pa a con ene los gólpes. Si el b illo de su ase elegan e p endía y encan aba los audi o ios ; si el igo dialéc ico de la e u acion des uhia el so isma y las inicuas ec iminaciones : el espe o de la p opia dig- nidad ; el ca ac e caballe oso ; y las a enciones de una co esania nada ulga , le hacían apa ece siemp e u - báno y comedido, sin pe mi i le acosá de cé ca, ó cas- iga com igo , á los ibunos inco igibles que su ge- ne osidad no sabia desa ma . Po el con a io, odos ellos se cong a ulaban del es épi o de sus anas decla- maciones como podian u ana se de e dade os y jus i- icados iun os. Los esul ados hablan de con ence le emp ano de su e ó . En 183'5, eben ó con oda su esplosion la mina e oluciona ia abie a po manos sediciosas en los nue os cimien os de la mona quía cons i ucional. Un sub- enien e, colocadoeal en e de algunos soldados, se apo- de ó del palacio, donde es aban si uadas las dependen- cias de co eos y de la gobe nacion del eino, sol ó la óz de mue a el minis e io, asesinó al capi an gene al Can e- ae y de endióse á odo ance du an e muchas ho as. Po ul imo, menosp ecio de las ópas obedien es, que le ce caban, consen ió en una capi ulacion epu ada de indeco osa, en i ud de la cual, debia en ega se la casa ocupada, saliendo de Mad id á ambo ba ien e, la opa suble ada, que no a dó en inco po a se al ejé ci o del nó e. Es a pública ansaccion, es a iada po cuan os ap e- ciaban el o den y el p incipio de au o idad, se hizo 114 acallase las esis encias ; cuyo nomb e, escla ecido po la gló ia o uscase las emulaciones ; cuya espada, en in, consag ada po la ic o ia, ab iese anchos caminos á la ama. Los hé oes son a os. La p o idencia, poco p ódiga, no acudió en aquella ho a á la España, con un homb e, que pudiese y supiese con ene los delí ios e oluciona ios. Podia po en u a exigi se de un gabine e en la es- e a de su ac i idad o dina ia, más de lo que ealizó el minis e io p esidido po el eminen e esc i o `? Co espondióle la hon osa mision de asis i á la ans- o macion del pode absolu o, en pode cons i ucional y anquea los caminos po donde la sociedad se adelan ó mas a de. Hallando á la an igua mona quía i me y es- au ada, legó á sus suceso es la mona quía ep esen a i- a, y consumó es a inmensa e olucion, de i andola úni- camen e de la espon ánea adhesion de la úl ima. Final- men e, sen ó las bases de una p uden e e o ma, la cual, si no ué an lejos como deseaban muchos y si no llegó á sa is ace á ninguna de las acciones exal adas, lo que acon ece de o dina io, po lo menos lle aba el gé men de u ú os p og esos, y econciliaba á los ojos de la Eu- opa, el o den con la libe ad, y los de echos de los pue- blos con las p e oga í as esenciales á la consolidacion del ono cons i ucional. No bien sol ó las iendas del gobie no y de p opo- si o se eclipsó en la media oscu idad, g a a á sus es- udios, los que le sus i uye on palpa on desde luégo los pelig os é ince idumb es, con que se a os aban. 115 La adminis acion del condé de To eno sucumbió des allecida ; y el minis e io o mado po Mendizabal en se iemb e de 1835, negandose á disol e las dó es, y escuchando en los momen os g a es el ó o escla ecido de Ma inez de la Rosa, en aba demasiado a de pa a e- media el mal, ó segun pa ece mas exac o, coac ado po las ci cuns ancias, no llegó á mani es a su pensamien o. La iolencia de las ag esiones en el cong eso, y la inquie ud de los ánimos ué a de él, minaban y es e- mecian á cada momen o la si uacion polí ica. La cáma a de 1831 nau agó en médio de an as i alidades ; y la nue a eleccion, agi ada y ciega, pocas ó ningunas p o- mesas de mejo amien o, a ianzó á la en e medad, de que adolecian las cosas y las pe sonas en aquella. epo- ca. Escluído del pa lamen o, ol ió inmedia amen e á ocupa su pues o de dipu ado a o ecido po el su ágio, popula . Aplaudiánlo en onces los que, ap eciando el sabe y la ci cunspeccion de sus opiniones, mi aban en él al dedicado de enso del o den y de la paz, y al de- cidido campeon de las máximas gene osas de un gobie - no lib e, que e nia las exage aciones y deseaba cami- na apa ado de ellas. An icipá onse in elizmen e los acon ecimien os; y en luga del Es a u o Real, que el cong eso había esuel o con ia al examen de homb es compe en es, su gió la in- su eccion de la G anja, p omo ida po soldados libe - ínos, que ul ajó con apa a o sedicioso y iolen o el có- digo polí ico, ob a de Ma inez de la Rosa, y el es a- men o de Fe nando n, p ime a página del pác o de econciliacion en e la co ona y el pais. 8* 146 P osc i o el pa ido conse ado po los exal ados iun an es, halló las ú nas elec o ales opues as á las candida u as, y las pue as del pa lamen o ce adas pa a casi odos sus o ado es y homb es de es ado. El os a- cismo ué co o ; pe o comple o. Espúlso de la ibuna, apeló pa a la p ensa, y los u os de su apos olado p on- o b o a on an copiosos, que has a en las hile as con-, a ias le g angea on algunos p oséli os. En pocos meses, me ced al p es ijio de las idéas, y al con encimien o de la p e e encia debida á sus doc- inas, alcanzó la opinion mode ada in luencia indi ec- a, pe o innegable, sob e la decision de los mas impo - an es asun os. En la adaccion de la cons i ucion dis- cu ida en las có es, los p incipios que adop ó la mayo- ía, es aban en comple a a monía con los dógmas p o e- sados po los publicis as de la escuela conse ado a, mucho mas al éz, de lo que imaginaban los mismos ep esen an es de la e olucion, que Babia acep ado co- mo di ísa el ensayo ul a-democ á ico del año de 1812 en Cadiz. Las elecciones inmedia as, acaba on de con- ence has a á los mas inc édulos, que las simpa ías páblicas, iluminadas po la espe iencia, habian uel o o a éz pa a el g emio polí ico, el cual, epudiando excesos, y de es ando la ana quía, como ine i able o- men o de la disolucion social, se u anaba con azon de sepa a se de ambos. El minis e io del s . Ba daji compues o de p og e- sis as, sus en óse muy poco iempo, y úho al in que cede las ca e as á o o gabine e cons i uido con ele- men os, que ya inculcaban posi i amen e la necesidad 117 de en ega sin a danza la di eccion esclusí a de los negocios á homb es, que el ó o de la nacion habia p e e ido en los comicios, como mas dignos de su con- ianza y mas adecuados á la esponsabilidad del po- de . T ansiciones semejan es, e i icadas sin luchas y sin sob esal o, segun el ca ac e de los sucesos, léjos de se el escollo del égimen, ence a on en sí la mayo be- lleza y la supe io idad de las ins i uciones ep esen a i- as. Los au o es de la cons i ucion de 1837, cediendo al peso de las esponsabilidades, que habian acep ado en nomb e de la e olucion de la G anja, apenas oma- on asien o en los escaños del cong eso co no legisla- do es, no a da on en econoce que, sus en a la ob a de las có es en Cadiz, equi alia á e ocede muchos años en p esencia de la Eu opa. Adop ando, pues, un é mino médio en e el Es a u o Real y la cons i ucion de 1812, po demás es íc o el p ime o, y el segun- do, incompa ible con la mona quía mode na, o ma on el p oyec o, desde luego con e ído en código, po el cual admi ie on las dos cáma as de Ma inez de la Rosa, la p o unda al e acion de sup imi , oda ia, el Es amen o de los p óce es, y dec e á pa a el segundo cué po del pa lamen o el mismo o igen elec i o, en que se unda- ba la o ganizacion de la assemblea popula . Todo a o ecía en ónces y encaminaba á la plena as- cension del pa ído mode ado, cuando un e ó indis- culpable con a la índole de las cosas y de las idéas, no concu ió poco pa a lab a le mas ácil la uina, que lo habia sido en la p ime a caída. jis O ganizóse la adminis acion de deciemb e de 1837, y los homb es de gobie no, que po me ecido concep o é an los escojidos pa a consolida en la di eccion de los negocios su iun o legal, cediendo á la p opia olun- ad, y obedeciendo á con emplaciones poco jus i icadas, e ocedie on epen inamen e ; se ocul a on en el seno de los bandos que habian de di igi , y con ia on el man- do á ue zas y olun ades in e io es. Las consecuencias ué on inmedia as. La di ecion anónima, que ese aban pa a sí no e a su icien e. La indisciplina y el descon- en o debili a on al pa ido, que aun el dia an e io , mili aba compác o y unido. Viendo la p esidencia y los pues os del consejo que de de echo pe enecian á Ma inez de la Rosa, al conde de To eno y á los o os ge es, con iados á indi iduos no lau eados con igual p es igio, muchos capi anes y soldados dis inguidos, que cie amen e no osa ian dis- pu a el pues o p incipal p émio debido an solo á los polí icos eminen es que la opinion pública llamaba, com- pa andose com los homb es nué os, que un cap icho ha- bia ele ado sob e ellos, epu abánse o endidos en su amo p opio, y se quejaban con mo i o, de no se con- side ados an ap os como ellos, pa a llena en los con- sejos de la co ona, la ausencia de los e dade os minis- os. De la emulacion nació la descon ianza ; y de am- bas, ge mina on en b e e las i emediables disidencias, que semb a on la disco dia en los campos ic o iosos. La di ision queb ó los b íos al g émio conse ado , y ab ió las b echas po donde le asal a on sus con a ios. Ma inez de la Rosa, á cuya pene acion no se ocul- 119 aban los unes os esul ados de la o zosa ó olun a- ia nega i a, p ocu ó en lo posible, a enua las culpas de odos y las suyas, haciendose alma y consejo de las esoluciones más g a es del cong eso y del gabine e. En el p oyec o de con es acion al discu so de la co ona, lab ó las bases del sis ema, saludado po nume osas ad- hesiones, como la única bande a, que en la España po- ia asegu a du acion ó igo á las ins i uciónes lib es ; y gua da igilan e de los dogmas, que babia espues o, iel deposi a io de la leal ad de los comp omisos ju a- dos, comba ió en odas ocasiones con la pluma y con la palab a pa a conse a in ac a la e dad y la pu eza de su aplicacion. Es e pe íodo de la ca e a del ex-minis o de Doña Isabel II, (segun opinion au o izada) puede se cali i- cado sin duda alguna, como el apogéo de sus eminen es acul ades. Cual soldado in a igable, y consumado gene- al al mismo iempo, salía de una ba alla pa a emp en- de sin descanso o a mas eñida. Su palab a o nada, incisi a y iun an e, ompiendo los lazos, que más ó ménos, comp imen ecuen emen e las mani es aciones o ales de los g andes poe as en los pues os minis e ia- les, su palab a, exen a de a ec acion y de es ue zos io- len os, dominaba sin i al, subyugando audi o ios, con- quis ando olun ades, y anulando esis encias. Cada se- sion ocasionaba una lucha, y cada lucha e minaba po mayo glo ia. La ibuna, hon ada po el deco o de una discusion ele ada, y siemp e digna del senado de un eino a o, ió en ónces los mas he mosos dias de su esplendo . Los lau os que la o naban, las lo es que llo- ian sob e ella, y las aclamaciones con que la admi- 120 acion aplaudía los uelos sublimes de la imaginacion y las madu as e lexiones, cinceladas en un es ilo, que debia á las g acias y á las musas, los p imo es ; á la iloso a y á la espe iencia, la p o undidad y el p edo- minio, odos es os es imonios glo iosos del en usiasmo inspi ado po las c eencias, a as eces ol ie an á e- pe i se con igual e o en análoga coyun u a. Los homb es pasan y las cosas quedan ; pe o la me- monja de es os dias únicos has a hoy en la his o ia pa - lamen a ia de la España, b illa án cie amen e más que la momen ánea cla idad de las pasiones, y más que la ágil ob a, que alli se undió, al uego de aquella no- ble y en usias a elocuencia. La esposicion ele ada po el conde de Luchana en 1838, desde su cua el gene al, en i ud de la que se ab ogaba el ejé ci o el de echo exo bi an e de dic a leyes al es ado con la mano en el paño de la espada, aquella esposicion, ué el p ólogo de los episodios e mina- dos po los acon ecimien os, que más a de, con ia on al gene al D. Baldome o Espa e o la dic adu a y la egén- cia de la España. Ma inez de la Rosa, escuchado po el gobie no á las al as ho as de la noche, ace ca del p o- cedimien o más opo uno en an melind oso con lic o, ma- ni es ó desde luego su anca opinion. Aconsejando, que de ol iesen al conde de Luchana la ep esen acion sin comunica la al cong eso, ó o seguido con buen p o- posi o, a ajó opo unamen e los inciden es, que habian de in lama el exámen del asun o, y eanimó po la de- mos acion escla ecida de sus debe es el co azon des a- llecido de los minis os. Las aciones exal adas no le pe - 121 dona on es e se icio , á la causa del o den. La esposi- cion les p opo cionaba p e es o pa a inquie a los ani- mos, y al ez, pa a an icipa la ejecucion de sus desig- nios; pe o las ehemen es censu as di ijídas con a el au o del Espi i u del Siglo y la p e encion de que e a obje o, esplican cla amen e la na u aleza y los ines de aquel ac o. La p o ocacion es aba hecha. El gene al Espa e o no con aba unicamen e con el apóyo de los soldados y con la in luencia de su nomb e. Las có es, el puéblo, y has a la eina mad e, p o ejian la oposicion cons i ui- da bájo su u ela. El gabine e, minado po las disiden- cias públicas ó sec e as de sus nume osos y an iguos pa ciales, que se apa aban descon en os ; acome ido de en e po el inquie o ódio de sus an agonis as decla a- dos ; pe dido el equilíb io, y dudoso de la p opia exis- encia, ya no podía segui ace adamen e su camíno, ni sali de la di icul ad en que se habia me ido. Illa inez de la Rosa, llamado á palacio con o os consege os, no ocul ó su opinion sob e la g a edad de las ci cuns an- cias y el modo opo uno de mejo a las. En e la dimi- sion exigida al minis e io po un capi an elíz y la in- media a exhone acion del conde de Luchana, op ó po el asgo que mas se con o maba con la disciplina mili- a , con la dignidad del ono, y con las p esc ipciones de un gobie no i me. P espicaz y ad e ido, discu - iendo ace ca de las e en ualidades del u u o, como su- cede á las in eligencias p i ilejiadas, hizo e á odos, cuan obus a y c ecida es aba ya la enenosa plan a, cuya semilla lanzaban en aquel momen o manos ic o- iosas sob e el suelo español. 122 Las có es de 1839, ue on disuel as po una admi- nis acion, que el insigne poe a, no hos ilizó, ni de en- dió ampoco. Es a neu alidad le alió la pé dida de la eleccion. Sepa ado de los abajos legisla i os po pocos meses, y de los hon osos o néos de la ibuna, no se e- a dó en ol e de nue o á ellos. Las co es de 180 le ab ie on las pue as, y su epu acion en nédio de las no abilidades, que ué on el o namen o del cong eso, lé- jos de desmaya , ó de eclipsa se, sob esalía con mayo b illo.! Cuan as eces ealzada su óz po la poé ica y esp esi a mi ada, y el espe o que inspi aba aquella ea- béza encanecida en las p isiones y en el des ie o, ele- andose pu a, sonó a y conmo ida, po cima de los clamo es y umul os, conseguia aplacá , á semejanza del angel de la paz, pe o solo po momen os, los u o es emebundos y las in en i as descabelladas, que en pu- guila o a en oso, a as ada po el ángo la pú pu a del legislado , ebajaban los alen os, es imulaban las pa- siones uines, y p olongaban la senda po donde la mo- na quía p ecipi aba ya sus pasos ! Inu iles p opósi os ! En ano in en aba ampa a el edi icio que, uinoso y oscilan e, pa ecia p óximo á eni po ie a. El pode declinaba sin alien os pa a el duélo en que se habia em- peñado y necesi aba en aquellos di iciles momen os ue - zas gigan escas. Las có es en e mas del mismo mal, debili adas po el mas le e es ue zo y en una especie de agonía de sob esal o, pa celan adi ina el golpe decisi- o. Recibié onlo en e ec o del duque de la Vic o ia. El p onunciamien o de se iemb e de 1840 consumó la p o- longada é implacable esis encia, que la e olucion ha- bla omado po di isa años an es bájo los auspicios de aquel gene al, p edes inado pa a se el paci icado de 123 la pá ia en los campos de ba alla, y el campeon, al ez engañado, de las ideas ul a-democ á icas en el go- bie no. La e olucion de Ba celona, y la enúncia ob enida de Doña Ma ia C is ina, que ué al mismo iempo un desa- ca o con a los mas sag ados dógmas de la eligion cons i- ucional, y con a la es enada y caballe osa leal ad de su cúl o moná quico, en is ecie on p o undamen e el al- ma gene osa y sensíble de Ma inez de la Rosa. El, que inaccesible al emo , se habla opues o con se enidad de ánimo en 1822 y en 1835, á los escesos y iolencias de las acciones ; él, que ió iun a la e olucion de la G an- ja, o gullosa de la ins an ánea ue za que le o o ga on el plebisci o de los cua eles, y no habia e ocedido un paso an e ella, ni ocul ado la áz, no quiso po es a éz, asis i al espec áculo an dolo oso pa a su co azon de las o a- ciones y aplausos, con que Mad id saludaba á los en- cedo es ; pe o á su juicio, es a suble acion, pa ecía des- poja á la mona quía de su pedes al pa a coloca en su luga un pode aná quico. La co ona y la cons i ucion, esclamaba, han pe ecido á bayone ázos ilipendiadas bá- jo las plan as de la plebe. Tan se e a ap eciacion, con- o me con la aus e idad ac edi ada en su la ga ca e a habla sido al éz demasiado escesí a y somb ía ; pe o la since idad de ella no puede pone se en duda. Resignan- dose á una segúnda espa iacion, apa óse del agi ado y sang ien o ea o, donde comenzaban á desempeña ya su co o papel los au o es mas aplaudidos en las uido- sas aclamaciones de los clubs. En oc ub e de 1840 ans- ponía nue amen e la on e a, solici aba en la hospi a- lidad de la F ancia el sosiego de espí i u y la anqui- 130 po odas pa es, lo a opellaba odo, y e luía de la ci - cun e encia pa a el cén o. El egén e, pe dió momen os p eciosos en con empo- iza con la p opia inaccion. Indeciso, ó pa alizado, no empuñó la espada, sino cuando ya e a a de pa a coje algun u o de su in e encion pe sonal. Mien as que caminaba pausadamen e, de eniéndose en Albace e, y los gene ales Seoane y Zu bano comba ian las suble- aciones de Ca aluña y A agon, Na aez, aliado con la o una, in e poniendose con a ojo en e Seoane y Espa e o, le an aba el si io pues o á Te uel, pun o cén- ico de las comunicaciones de los dos ejé ci os, y con p odijiosa elocidad, apa ecía á las inmediaciones de Mad id, consumando póco después en To ejon de A - doz, la lucha abada el 22 de julio que ino á se el i in o i esis ible de la coalicion y uína del duque de la Vic o ia. Es e, al páso que la capi al ecibia en sus mu os al encedo , se despedia de Se illa, bomba deán- dola, y desengañado de que se ía mas que eme idad p olonga la lúcha, emba caba como ugi i o en las playas de Cadiz, acosado de cé ca po algunos solda- dos del gene al Concha_ La caída de la egéncia y la emig acion del gene- al depues o, llama on o a ez á su pá ia á Ma inez de la Rosa. Respe ado po el gobie no, que había naci- do de la con lag acion polí ica ic o iosa, acep ó al co- menza el año de 184 í , la hon osa mision de embaja- do en la co e de las Tulle ias ; y anscu idos algu- nos meses, enca gándose del minis e io de es ado, en ó en el gabine e, o mado y p esidido po el gene al Na - 131 aez, del cual salió en 1866, cuando el duque de Va- lencia esignó el podé con sus compañe os. Res i uido á la embajada de Pa ís poco mas á de, y asladado pa a Roma, donde se halló en los agi aedos dias de 1818 y 1819, acompañó al Súmo Pon í ice á Gae a, desempeñando con acie o y dignidad en an di- íciles momen os, las unciones de ep esen an e de una nacion an celosa po su e o oso ca olicismo, cuán o ené gica é im épida en la de ensa de la libe ad ó de su independencia. Los acon ecimien os, que en 1851 lla- ma on o a ez pa a el ea o polí ico al duque de la Vic o ia, in e umpiendo sus anquilos ócios de Log o- ño, no cojie on de sob esal o la espe iencia encanecida del homb e, que an as p uebas había dádo siemp e de p udencia y leal ad. Mucho iempo hacía que los augu- aba. Cuándo la p o ecía se ealizó, apa ado del uido y de los con lic os de los pa idos, con empló sin sali de España ó de Mad id, el ápido desen ol imien o de los sucesos, pe suadido, de que p e alece ían el o den y el p incipio de au o idad, an luégo como se comp imie- sen las pasiones más iolen as. Acon eció lo que supo- nía. Nomb ado minis o de es ado en el gabine e A - miño, gobie no e íme o y de mani ies a ansicion, e- i óse en oc ub e de 1837 á la anquilidad domés ica, cuándo se cons i uyó la adminis acion compues a po el seño Is ú iz. Poco despees de es e úl imo ensayo malog ado, ol- ió el gene al O'donell á enca ga se de la di eccion de los negocios, y con él, iun ó el pa ido de la union libe- al. Ma inez de la Rosa, acep ó since o y decididamen e 9* 132 elipensa nien o del duque de Te uan y de sus co elijio- . nulos, coabyu andoles en la ibuna con el espe able auxilio de su palab a y de su o o, y ue a de ella, con su apoyo y consejos en odos los asun os en que e a consul ado. Colmado de hono es y dis inciones, sa is echo de glo ia y de iún os, una en e medad poco len a ce óle los pá pados el dia 7 de eb e o del co ien e año, des- pués de o alecido con los auxilios espi i uales, en mé- dio de la inconsolable pena de los s iyos y del p o un- do sen imien o de oda la Espolia, que, lamen ando su pé dida en el hi o nacional, le e ijió con lág imas y sen idos homenages -el más en idiado monumen o. El es imonio espon áneo de un eino en e o, me ecido p e- mio de se en a y cinco anos de sac i icios y ad e sida- des, de se icios y a igas, dice mucho más sob e su úmulo, que odas las lisonjas, que le epi iese la adu- lacion en e pompas y g andezas. Desc ibímos ápida- men e la isono nia del homb e polí ico, y osámos ha- bla de él como se habla, de los que due men hace si- glos, po que es e p i ilejio singula lo inspi a la i ud ; puede, po an o, sin ecelo escucha la e dad, aun e- niendo abie o el sepulc o. Rés a ap ecia aho a, al poe a y al his o iado en las mani es aciones de su ele ado in- génio. La in luencia de Ma inez de la Rosa como esc i- o , no ué menos pode osa, ní menos espe ada en la epública de las le as, que su oz y accion de econo- mis a en el gobie no del pais. La ida de Ma inez de la Rosa, co no polí ico y homb e de es ado, segun acabamos de desc ibi impe - ec amen e, no podía se más inquie a y a ibulada, ní más in e umpida po icisi udes y e eses.. El inmenso d ama, que an as eces le llamó á la escena, e minó la lucha implacable, que señaló en la España y ue a de ella, la in ancia y la edad adúl a de las ins i uciones mode nas. P edes inado á guia las nue as gene aciones, el au- o del Espi i u del siglo, asis ió, co no Cha eaub iand, 134 á los sucesos mas no ables de nues a época y de la an- e io , y sin e og adá un paso, las acompañó odas po médio de las empes ades y e emo os, que, emo- iendo el e éno de la edi icacion polí ica, allana on en mas de una ocasion los ágiles cimien os sob e que de- bla descansa la ob a. A í ice incansable, como deja- mos ya indicado, no le an ó la mano del abajo, sino cuando la mue e le ad i ió, que la ho a del descanso e a po in llegada. En la epública de las le as, más pací ica en la apa iencia, sob esalió, no an solo po la ele acion de su espi i o, sino ambien po la misma esencion y li- be ad de opiniones, que an o ealza on su ca á e en el gabine e y en la ibuna. Si en los con lic os polí i- cos le admi amos supe io á las adulaciones de la o- luble popula idad, en la ca e a que consag ó al es u- dio, le emos ambien del mismo modo inaccesible á las pasiones, que esci a on despees de la caída del impe io las i alidades de las dos escuélas, que se decían úni- cas deposi a ias de la e dad, la una en nomb e de la adicion, y la o a del p og eso. El mismo lo con iesa en el p ólogo consignado en la edicion de sus poesias. Opues o po índole á la iolen- cia é in ole ancia de los pa idos ex emos, no quiso ju a obediencia á ninguna de las sec as enemigas, que en ón- ces dispu aban en e sí los dominios del a e. Aquellas idéas no e an las suyas. Colocado en e los dos campos, pa a ninguno de ellos se inclinaba. Cuán o mas se emb a- ecía la peléa, an o mas se sepa aba él de las hilé as deso denadas, que se ag upaban y co ian unas con a 135 o as. An icipándose con se enidad á la decision de los iempos, ya el pol o le an ado en la a ena nublase la a mós e a de los comba ien es ; ya los clamo es epe í- dos acallasen los écos, su azon escla ece y sen éncia en la uidosa con ienda ; son íe de las p osc ipciones p e- cipi adas ; con es a al os acismo imp uden e, y, con em- plando como espec ado a impa cial los es ue zos de los a lé as, elojia en unos la e udicion y el a do , y en o os el a ojo y la eme idad. lncapáz de u ba se an e momen áneos aplausos, oye p oclama la ic o ia po los dos ejé ci os, y no dóbla la odilla an e los ídolos que ambos ado an. io La e olucion li e a ia, mas a día, que la e olu- cion polí ica, es aba p epa ada an icipadamen e, pe o la de enía el albo ozo de las a mas; asi es, que sólo des- pues que ellas descansa on e i ió de las en añas de la sociedad. La plebe de los imi ado es, pos ada en el um- b al del an iguo émplo, no admi ía o os ejemplos, que no uésen los de los au o es del siglo de Luis m y , y del einado de Luis x ; ni o os dógmas, sino las e- glas p esc i as po Ho acio y Boileau, aca ados como legislado es sobe anos é in alibles. La musa clásica, ó mas exac o, la pálida somb a que la había sus i uído, dominaba la poesía, oscu eciendo y limi ando cada dia más los ho izon es del a e. Goe he, Schille , Lessing y By on, inculcados po unos y epelidos po o os, hablan emp endido ya la de- molicion del pesado edi icio de la an igua c í ica ; pe o sus oces no enían áun la au o idad que con i ma on mas a de. El nomb e de Schakspea e, comenzaba á se 136 p onunciado con menos ho o , apesa de la escomunion ulminada po Vol ai e. Las no elas de si Wal e Sco e an ci adas con elojio po algunos inno ado es. En in, Cha eaub iand, emig ado, iajan e, es adis a y poe a, ha- bia e elado en las inspi adas páginas de sus lib os, la nue a poesía del sen imien o c is iano, le an ando la c úz como símbolo, y des e ando las icciones del paganismo como imp ópias del bello ideal de la iloso ía melancó- lica de una época, á que la e olucion de 1789 habil) anqueado las pue as del u ú o. ¿ Quién se ía an audáz en F ancia, ó en Espai ia y Po ugal, an es y poco despues de 1809, que se a e- iese á p o e izá al cul o dec épi o de los dioses del Pa naso, la uína de sus al a es, la dese cion de sus sace do es y el desp ecio de su ley ? La gene acion p e- des inada á escala el Olympo y á des ona Apólo, na- cida aye , oda ia al uceaba en ónces. Víc o Hugo, Lama íne y Al edo de Vigny, con undidos en la oscu- idad espe aban su momen o. Si como Hé cules, al sal a de la cúna hubiesen enido que aba la lucha, uníca- men e con las ué zas de la in ancia, áun es aban léjos del p ime albo . No se ía, po an o, pa a es a ia , que Ma inez de la Rosa, educado é ins uido po maes os, que se p e- ciaban de since os en la ene acion de los p ecep os clá- sicos, epu ase una i e e encia, la meno duda ace ca de la e dad que los había dic ado, y casi un sac iléjio el ol ido de los p imo es de las le as g iegas y la ínas, p imo es, que los siglos unos en pos de o os saludaban como inimi ables, y á los cuales, léjos de des anece le el 137 iémpo su belleza, pa ece cada éz a i a sela mas. El poe- a supo des ia se del p ecipicio. Su - azon, siemp e cla- a, le sal ó del pelig o de adqui i absolu amen e las o - mas mue as de una oil ilizacion es inguída po la he - mosu a i a, que debe anima la nués a. Inclinóse es- pe uoso an e el pasado ; admi ó sus monumen os ; isi ó sus uinas; pe o sin some e se á los ó os y á la clau- sú a, que exijía en ónces el ana ismo exal ado de una sec a, en la cual, an sólo hallaba pe eccion y e dad, la imi acion se il de los maes os. En médio del humo y del es épi o de es a gue a que po an os años se p olongó, su espí i u no se dejó alucina , ó seduci . « No iene duda, á mi en ende , dice el poe a, que las ob as de imaginacion, asi como las be- llas a es, es án suje as á algunas eglas ijas, inu ia- bles, undadas en los p incipios de la sana azon, y has- a puede deci se, que en la misma na u aleza del hom- b e : asi , po ejemplo, con iene que en oda composi- cion, cualquie a que sea su clase, haya unidad en el conjun o, p opo cion en las pa es, a iedad en el o - na o, co espondencia en e el asun o y el es ilo ; mas no po es o se in ie e que no es en suje as á mudanza, al sabo de los siglos y de las naciones, algunas eglas p esc i as po los maes os del a e, los cuales á su ez las oma on de la con emplacion y es udio de los mode- los de su iempo. Que ni se deben medi con escala mez- quina las ob as de la imaginacion, ni condena las li ia- namen e, po que no quepan en los moldes de A is ó- eles ó de Ho acio, ni deci al génio del homb e, co- mo Dios á las olas del ma : No aspasa ás es e li- mi e. » 138 « Al con a io, nada mas ace ado y con enien e que deja á !a imaginacion un as ísimo espacio pa a que campee com desahogo, sin hos iga la á segui paso á paso las huellas de los an iguos : mas qué acon ece á p obablemen e, si po el ansia de segui una senda dis- in a, se co e á ciegas sin concie o ni gula, y se des- p ecian como inú iles abas los consejos de la azon y del buen gus o ? Que á ue za de mo a se de la supe s- iciosa obse ancia de las eglas, se sacudi á odo eno ; . y que siguiendo el cu so na u al de oda sec a, ya sea eligiosa, ya polí ica, ó bien li e a ia, los p ime os cau- dillos echa án po ie a los an iguos ídolos ; y sus dis- cípulos y secuaces, lle ados del anhelo de la no edad, sob epuja án la licencia y es a íos de sus p opios maes- os. » Es a doc ina conciliado a, no podía g angea le nu- me osos adic os en un pe íodo ajilado con i alidades y discusiones ; pe o ep esen aba con e dad, la si uacion y las endencias i esis ibles de su ánimo. Las g andes osadías no le deslumb aban. Con la is a ija en las páginas inmo ales de la an íguedad, y en los echos mas admi ados de la mode na li e a u a cas ellana, en la poesía, en el ea o, y en la no ela, le émos con ene los uelos sin impaciencia, ca ga los de e lexion, y, e i ando desa ia al sol como el águila, le émos Cam- bien eximi se del pelig o de uní mas una caída á an as o as ya amosas. « En buen ho a, p osigue, que no se canse al público con églogas imi adas de Teóc i o ó de Vi gilio, despues de an as cópias como se han hecho . de aquellos bellísimos 139 o iginales : con engo de buen g ado en que puede com- pone se una epopéya de g an mé i o, pe ec a si se quie- e, sin habe menes e que se asemeje á la Iliada ni á la Eneida ; mas cuen a con lle a an al cabo es e sis- ema que se concluya po mi a con cie a esqui éz y desdeño las ob as maes as de la an igüedad, que se án bellas, admi ables, mien as exis a el mundo. ¿ Cuándo en ejece an, á pesa del ascu so del iempo y de los an ojos de la moda, las lindas composiciones de Ana- c eon e, las Geó gicas de Vi gilio, las elegías de Tibu- lo?.. Yo de mí sé deci que me encan o con las ob as de ales maes os y con las composiciones clásicas de nues- os an iguos poe as ; y que no eme é aconseja es- pec o de ellas á los jó enes aplicados lo mismo que aconsejaba Ho acio á los Pisones, espec o de los mo- delos g iegos : de noche, de dia, núnca los sol eis de las manos. » Reco iendo odos los lími es del a e sin na u ali- za se en ninguno, pene ando en odas las escuelas sin liga se á los í os, iajan e desp eocupado, halla en odas que admi a y ap ende . — Dice en o o pe io- do. « Ni ampoco se opone la es imacion y apego á las ob as de la an igüedad á que se a ienda cual con iene al espí i u del siglo en que i ímos, que quizá exige en las composiciones mas caudál de doc ina, mas senil- _ mien o, mas ida ; en ez que nues os an íguos poe- as, encaminándose de mejo g ado á la imaginacion que al co azon y al en endimien o, abusaban con so- b ada ecuencia de su acilidad po en osa pa a e si- íca , y has a de la música apacible y sono a del habla cas ellana. » 146 mien o, los p imo es de la escena ancesa, y no se a e - gonzaban de lapida á Racíne, Co neille, Molie e, y á muchos de los pálidos imi ado es, que des igu aban los buenos modelos ! De una y o a pa e, exage abánse las p opo ciones de la lucha, p e endiendo o usca la e - dad con sus enco es y engando las o ensas de la a- nidad y de la ambicion de los sace do es, en nomb e de los emplos in adidos y p o anados. El espec áculo de es e pugila o, pa a des ia de la con ienda al poe a g anadino, no concu ió ménos cie - amen e que la na u al mode acion y se enidad de su ánimo. La causa po que plei eaban en u ecidos los pa - idos, no po ia se acep ada po él. En endió y con mo i o, que no halla ía acan e en ninguno de los cam- pos, y ecogiéndose en si mismo, ajeno al es uendo y á las aclamaciones, con inuó los es udios que mas li- sonjeaban en él la a encion, el gús o y la inclinacion li- e a ia. Con en óse, en es e e eno, con el es imonio de su conciencia, op ando po el e i o y po el silencio, an as eces, como lo p ac icó en las disidencias polí- icas. Aun e a emp ano pa a aplacá con palab as de paz las ú bas amo inadas ; ademas, la delicadeza de sus ins- in os no le pe mi ía o ece se pa a je e sin la é y el en usiasmo, que subyugaban los p oséli os y ob enian las ic o ias. Po an o, Ma inez de la Rosa, an co ec o en la o ma y en el es ilo, y an e lexi o en el plan y en el desen ol imien o de sus ob as, no puede se clasi- 147 cado como ingenio c eado , ni con ado en e los poe as que ab ie on nue os camínos y ue on á ija los lí- mi es del á e, léjos de las an íguas on e as, dila an- do su impe io po inmensas egiones. Colocado en e el pasado, que amaba, y el p esen e, cuyas impaciencias le inquie aban, escuchaba mas el p o- ximo llamamien o del u u o y no se p ecipi aba pa a él, sino cuando las ho as ex emas deslizadas en la am- polle a le a isaban de que el iempo había consumado sil mislon. Qué le impo a, el ápido ascu so de la noche y que las dulces imágenes de su cúl o se des anezean, cada ez más, de un momen o pa a o o ? Rep esen an e de la alianza, ó mejo dicho, de la ansicion poé ica que, solo mas a de p oduci ía la ans o macion inal, que se ea- liza an e sus ojos, consag a un momen o de a encion á Home o y á Vi gilio, y o o, (pe o con ménos con ian- za) á Mil on, á Schakspea e y á Calde on. No exijian mas de él. Ninguna in luencia, ningun podé , le ha á cambia la posicion in e media, que escojió ! Allí es as sus dioses, sus a ec os y sus pena es. Tal ez admi e el a do de los descub ido es, que é zo pa del pue o, buscando con incie o umbo nue os mundos y nue os ho izon es ; pe o no se á su compañe o en los pelíg os ni los en idia á al eg eso. Consignando más un nom- b e ó una echa, en má moles y b onces, espe a á á que los a ios y la espe iencia dicidan si débe conmemo- a un p og eso, ó con ene una en a i a inu il. Sus páginas, ecue dan el bello cuad o de un pal- lo 148 sage, que á des aneciendose á la pos u a del sól, mé- dio en uel o ya en las somb as del c epúsculo, que le oscu ecen los alles, áu x do ados po los úl imos ayos del ás o de luz, enuemen e débiles en la cum- b e de las mon añas. Po el límpido azúl del cielo, huyen nubes diá anas ; unas bañadas en pú pu a y ue- go, o as palidamen e dasmayadas y blancas como el ám- po de la nie e. Los é minos lejanos, bien ocados, es- pi an saudade 1 y melancolía. La b isa, blanda y pe u- mada, a a iesa agi ando el esco amaje, como la in- quie a manó del amo agi a la suel a énza de una don- cella. Fuen es y a oyuelos se deslizan impe cep ibles ; amenidad y escu a, con idando y a eba ando el espí- i u po odas pa es. Aquí una bella eslá ua que se le- an a en e la espesu a, allí un puen e ús ico asoman- do ó una cascada ag es e desp endiéndose sono a y es- puman e po en e ma as lo ídas, mil inciden es a ia- dos, mil sob esal os ag adables ; pe o odos, a i iciosos y calculados, es e es el sec e o y el p odíjio de la cas a y encan ado a musa que idolá a ! Las pasiones suspi an y gimen en es a escena, cuyo de ec o, consis e en hace aicion á cada paso á la ni e- lacion, que dila ó las calles, he moseó las alamedas y pa- seos, y colocó con p emedi ada a monía, odos los o na- Es a boni a palab a del ocabula io po ugués, no iene equi alen e en cas ellano. Si e pa a signi ica is eza, ansias y ecue dos de algun obje o que ido. En los dialec os as u iano y gallego, se emplea con las mismas acepciones ; y como la hallasemos en los poemas del Cid y de Alejand o, nos inclinamos á c ee que ae su o igen del omance ulga . 149 men os p odigalizados. ¿ Qué di e encia sin emba go en- e es a oz sua e, en e es e ges o sob io, en e es os llan os comedidos y los g i os de dolo , las quejas, los sublimes áp os de desespe acion, que hacen an bella y e ible la Melpomene mode na en los d amas de Zo - illa, Ha cembuch, Gil y Zá a e, y Ga cía Gu ie ez. ? Qué di e encia, en e la dulce melancolia, casi o- mana, de los e sos lí icos de Ma inez de la Rosa, y el sen imien o since o, la pena espon ánea y el colo ido e dade o, que an o nos conmue en y sensibilizan en las poesías del duque de Ri as ! ¡ Qué he mosu a y co - eccion, pe o ia y casi mue a, en los echos de los au o es an iguos imi ados po Ma inez de la Rosa ! Co- mo con as a con los a ojos de Zo illa, ó con las a- lien es es ó as de Esp onceda, que pa ecen pasa po cima de nues as cabezas, despidiendo elámpagos, en alas de un olean ! No es necesa io insis i más : bas a lee y compa- a . Los con o nos de la isonomía de Ma inez de la Rosa, no se con unden con los de ninguna o a. Su ipo siemp e se ca ac e iza igo osamen e. Si no in en ó la e- olucion li e a ia, que Esp onceda, el duque de Ri as y Zo illa, ealiza on con sus publicaciones, no ué po que le al asen los b íos ó ue zas in elec uales. El Diablo Mundo, El Mo o Esposí o, D. Al a o y an as más, han sido pa a la España, lo que ue on pa a la li e a u a po uguesa, los poémas Doña Blanca, Adozinda y Ca- moés, del izconde de Almeida Ga ea. La di eccion dada á su alen o, y el espe o consag ado á los g andes modelos, que ins uye on é inicia on su ju en ud, no le aconsejaban á lucha con di icul ades, que no cono- 150 cía bien, ni á oma sob e si emp esas, cuyo exi o, no juzgaba le hiciesen ol ida las buenas adiciones. Pa a demos a que podia ambien pone el pie en los campos, no del odo cul i ados, po donde co ian sus émulos, a en u ó po médio de ellos, alguna éz que o a, co - as eseu siones pe o se e i aba inmedia amen e á los p ime os pasos, mas a igado, que si pene ase dias en e- os en los ja dines de Ho acio y Anac eon e. Ni el es- pí i u ni la ocacion, le p edes inaban pa a inno ado . Repasemos al acaso los olúmenes de sus poesías. Qué nos o ecen en cada página ? Cuad os que hon a- ian á un pin o clásico au o izándolos. Boce os, que pa- ecen iluminados po un ayo de aquél sol de A énas de Roma, que an os p odíjios ió nace . Son, La Es- pigade a, La Niña Descolo ida, La Apa icion de Ve- nus y Las Gue as de Amo . El pincél habil y ecun- do, los coló es inos y anspa en es, y el pe il g acio- so, se ijan en el lienzo sin emba azo y casi que oban á los an iguos maes os el sec e o de la o ma y de la esp esion. El Himno á Baco, Las Anac eón icas, La Hu e de Adóois, La Boda de Pó ici, La Soledad, Los Discu sos Mo ales y o as a ias, ocadas con admi a- ble delicadeza, pe enecen á la misma escuela y ema- nan de la misma ena, mas imi a i a, que espon ánea é hija de la in encion. El idioma le obedece como escla o y aslada iél- men e, no an solo las acciones y coló es, sino ambien los azos más lije os y los cambian es ménos apa en es del pensamien o. En e an o, la e dad humana y la e dad ilosó ica de la ida y del sen imien o, póco 151 nada hablan al co azon ; ya una somb a con empla i o aya á olda el os o de las bellas igu as, cuyos se- nos éanos palpi a , exalando un lánguido suspi o, ya una loca son isa y la uidosa aleg ía de la cancion báqui- ca, celéb e, en e libaciones, la aza co onada de pám- panos, en donde hié e y espúma el zumo de la id. Los mi os y osales en médio de los amo es que e- olo ean en o no de la diosa de Paphos ; las campiñas cubie as con do adas cosechas y ci cundadas de a bo- ledas ondosas, que bajan las co ien es anquilas de un lágo ó de un io ado mecido, ó que pisa el delicado pié de las pas o as de Gessne , de Delile y de Lobo. huyen del mundo posi i o pa a los dominios ideales de la musa de Teoc i o y de Vi gilio. En o a es e a, mas p óxima á noso os po la in- e p e acion melancólica, nó ase áun la misma enden- cia. El Recue do de la Pá ia, compues o en Lond es en el año de 1811; La Alhamb a, memo ia ins an ánea de su lo ida cuna llamada G anada ; La Cancion del cau- i o, La Mad e Des en u ada, La Fan asia Noc u na, La To men a y La Vuel a á la Pá ia, esc i a en la capi al del Da o, en oc ub e de 1831, odas es as poe- sías, asun os en que la sensibilidad de la escuela mo- de na sab ía in undi á la conmocion mil a ec os en- con ados, ¿co esponden acaso á lo que su í ulo y la maes ía del poe a debian insinua ? Os en a án cie a- men e las cualidades que lo ecomiendan has a en los mas abandonados ensayos ; pe o es a° bien léjos, de la pompa, de la magni icencia ó de la apasionada espan- sion á que nos acos umb a on los e sos de By on, las es o as de Hugo, y la inspi acion luminosa (le Zo illa. 152 Que éis conoce la inmensa dis ancia que sepa a las dos escuelas, áun cuando es é ep esen ado el géne o clásico po un esc i o de ansicion ? Con on ad Los Recue dos de la Pá ia y El can o del Cau i o, publicados po Ma inez de la Rosa, con .El Des e ado, El sueno del P osc ip o y las Odas al Fa o de Mal a, á Las Es ellas, y á su hijo Gonzalo, del duque de Ri as. inspi á onlas iguales is ezas y memo ias y la mis- ma impaciencia en el des ie o. ¿ Po qué nos pa ecen an d amá icos y llenos de ama gu a los lamen os del au o de D. Al a o, y apesa de an a pe eccion, acha- MOS de ménos alguna ida en las composiciones del au- o de la Poé ica E'spanola? No culpeis po eso á él ; culpad á la adicion que le subyugaba. Pa a que sus- pí en la e nu a y el amó en los dulces anspo es, que nos p oducen los asgos lí icos de D. Angel de Saa- ed a, és necesa io que la inspi acion b o e del co azon bañada en lág imas y el dolo sea una e dad y no un simulac o. La imi acion, busca ia inu ilmen e un chispa- zo en las cenizas del pasado, pa a causa aquél incendio. El lu o del alma, que se é al a és de las quejas del p osc íp o, no se aduce, ni se copia : se sién e. Uno y o o a e, pe die on la pá ia casi aun mismo iempo, llo a on ausen es el hoga desie o, y e a a on la lí- ida is eza, que de o a, como el buy e de la ábula, las en añas de los des e ados. Su dolo ué igual. ¿ Po - qué no gimen, maldicen y suspi an del mismo modo. ? Responde á eso lo que ya espusímos. Mien as que el 153 uno no sepá a la is a de su camino, y pide á Roma, y á G ecia, á He e a y á Melendez, una no a pa a a i- na la molodía de sus cán os, el o o, se p ecipi a so- b e el o en e, le énce con a ójo y llega á es ampa su ósculo casi siemp e sin es ue zo, en las playas á donde la espe anza le llamaba. Pe o lo que mas hace des aca con incon es able su- pe io idad las ele an es p endas de Ma inez de la Rosa, son los cán os de su Poé ica, compues a en la soledad del cau i e io du an e las len as igilias, que pasó en el p esídio a icano del Pe ion de la Gome a. Se é po ellos, que el poé a, ijaba la plan a con esignacion en el e eno, cuyo i ine a io inculca á la ju- en ud. Los luga es, que ci a, son odos conocídos po él ; los ejemplos, que o ece, co esponden á las eglas aconsejadas po la minuciosa eleccion y ob enidas en el p o undo es udio y compa acion de los mejo es modelos. La cla idad, que ap eciaba sob e odo, y la conci- sion elegan e, en que e a admi able, le ealzan la ase, a i ando la ó ma esencial de los p ecep os. La leccion emana de sus lábios, a luen e, ag adable, opulen a, é ins u í a. Reasumiendo en un b e e cuad o un a ado comple o, me e ica con al a i icio y exac i ud, que nada se le escapa ; ni lo pe ec o, ni lo a monioso, ni lo p opio. De cua ocien as ochen a páginas, que comp ende el p ime olúmen de sus ob as li e a ias, publicadas en Pa- is po Fe mino Dido y eimp esas mas a de, ochen- 154 a, son consag adas á los e sos de la Poé ica, y las cua- ocien as es an es á las minuciosas nó as, que en ique- cen el es o, p eciosas, sob e odo pa a los es ange os, po que aba can y escla ecen comple amen e el espacioso campo his ó ico de la poesía española. La e udicion de- sa ec ada, que os en a ; la segu idad con que p ocede ; la elicidad y abundancia de las ci aciones ; la opinion jui- ciosa y segu a, que consigna sob e los esc i o es mas dignos de imi acion y la pu eza y co eccion de los o- ques con que los ca ac e iza, elojiando ó censu ando, jus i ican po su pa e, no an solo, la in a igable lec u- a, que debió cos a le an labo ioso empeño, sino am- bien las ele adas ap eciaciones c í icas de su espi i u, lu- cido, impa cial, y do ado eminen emen e de aquél dón singula del buen gus o, sin el cual, odo apa ece casi mu- ilado y que, po lo an o, un ingénio aleman, p oclama ?domo el p ime o y mas indispensable de odos ellos. El segundo omo de la edicion de Pa is, comp ende .la aducion de la Epís ola de Ho acio á los Pisones y las ecundas dise aciones que la acompañan, denomina- das modes amen e po el au o con el i ulo de Apén- dices sob e la poesía didác ica, épica, ágica y cómica, de la España. La- e sion y los bellos esúmenes li e a ios que la ilus an, e an po si solos mas que su icien es pa a c ea una epu acion. No a ibuyendo ciegamen e á la amo- sa epís ola del amigo de Mecenas mayo signi icacion, que la que le dió el poe a omano, Ma inez de la Ro- sa, en abla la lucha con Ho acio, como quien le cone- ce in ima en e y sabe odos los sec e os de que suele 155 ale se el omano, pa a no se cogido en los b azos del a lé a, que p e ende medi se con él y sald á en- cido in aliblemen e, co no an es no le hubie e espe i- men ado mucho. Familia con las oces la inas, y usan- do disc e amen e de los pode es del idioma pá io, si- gue odos los mo imien os de la inquie a musa, cuyas acciones se p opone aslada ; y, en buen ho a se la- men e de la pob eza ela i a de las lenguas i as en un duelo como és e, o zoso es con esa , que iun a casi siemp e y que ninguna de las a iadas é ins an áneas ansiciones, en que lo sa í ico, pasa epen inamen e del es ilo g a e pa a el es ilo es i o, del ono aus e o pa a la alusion i ial, de la nobleza de las imágenes y de las esp esiones, pa a el desaliño calculado de la ase epis ola , ninguna, se le escapa desape cibida, ó deja de ecibi el sello ó el colo adecuado. Todas las a esu as de Ho acio, unas hijas de la ápida concison, con que maneja la ase y el me o, o as debidas á la ó nia concep uosa, con que unda en la misma ase la leccion ilosó ica, el p ecep o c í i- co y la alusion mo daz, a esu as, cuyo sen ido es p eciso adi ina em muchos casos, po que, pe dida la ac ualidad casi que pe die on con ella el sabo ; nin- guna de las mismas, epe imos, asi como ninguno de los pensamien os su iles ó ninguna de las agudezas jo- iales en que el poe a omano se delei aba, escapó al aduc o , ó po desmayada y con ahecha, acusó su e - sion de ménos ace ada ó ménos eliz. Lo mismo que b illa on en lio na aquellos e sos inmo ales, a iada la óz y el opage, así los ep oduce, en pa es, si és posible, con más iqueza de galas y p imo es.