Formación y desarrollo educativo en J.J. Rousseau: Naturaleza o Cultura.
Abstract
El presente trabajo es un análisis de la pedagogía naturalista propuesta por Rousseau en el siglo XVIII, en una de sus obras más conocidas, Emilio o de la educación. En dicha obra, el autor propone un sistema educativo basado en la naturaleza, centrado en el genio y carácter de su alumno. Su pedagogía evita los prejuicios y caminos preconcebidos impuestos por la sociedad, centrándose en el desarrollo de la naturaleza y de las disposiciones primitivas de la persona. Para ello será imprescindible el respeto por todas las etapas de la vida humana, y el conocimiento de las máximas pedagógicas que el autor nos da en dicho tratado pedagógico.
Full text
TFM Formación y desarrollo educativo en J.J. Rousseau: naturaleza o cultura Alumna: María Salomé Martín Jiménez Tutor: Javier Hernández-Pacheco Doble Máster de Filosofía y Culturas Modernas + MAES Universidad de Sevilla
2 ÍNDICE Resumen………………………………………………………………………………… 4 Introducción y justificación ……………………….……………………………………..5 Contexto sociohistórico de Jean-Jacques Rousseau……………………………...………8 Antropología de Rousseau: ética de la naturaleza como crítica moral de la sociedad de su tiempo. Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres……………...….11 Teoría de la educación y de la formación. Emilio o De la educación…………………..23 La naturaleza y la idea de la educación natural…………………………………25 Educación en cada una de las etapas de la vida humana……………..…………31 Conclusiones……………………………………………………………………………51 Bibliografía.……………………………………….……………………………………56
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4 Resumen Español: El presente trabajo es un análisis de la pedagogía naturalista propuesta por Rousseau en el siglo XVIII, en una de sus obras más conocidas, Emilio o de la educación. En dicha obra, el autor propone un sistema educativo basado en la naturaleza, centrado en el genio y carácter de su alumno. Su pedagogía evita los prejuicios y caminos preconcebidos impuestos por la sociedad, centrándose en el desarrollo de la naturaleza y de las disposiciones primitivas de la persona. Para ello será imprescindible el respeto por todas las etapas de la vida humana, y el conocimiento de las máximas pedagógicas que el autor nos da en dicho tratado pedagógico. Palabras clave: pedagogía, estado de naturaleza, hombre natural, sociedad, cultura. English: The present work is an análisis of the naturalistic pedagogy proposed by Rousseau in the 18th century, in one of his best-know works, Emilie or on education. In this work, the author proposes an educational system base don nature, focused on the genius and carácter oh his student. Its pedagogy avoids the prejudices and preconceived ways imposed by society, focusing on the development of nature and the original dispositions of the person. For this, respect for all stages of human life and knowledge of the pedagogical maxims that the autor gives us in said pedagogical treatise will be essential. Key words: pedagogy, state of nature, natural man, society, culture.
5 Introducción y justificación Este trabajo trata el tema de la pedagogía naturalista propuesta por Jean-Jacques Rousseau en su obra Emilio o De la educación, escrita en el año 1762. En dicha obra, el autor aborda un sistema educativo basado en la naturaleza y en la experiencia, y no en prejuicios, caminos preconcebidos y rutinas. Como se verá a continuación, Rousseau establece la virtud en la naturaleza, considerándola como bondadosa, siendo la sociedad artificial la generadora de todos los males en los hombres. En el Emilio, asienta el método educativo en el conocimiento del genio del alumno, así como también marca las etapas de la vida humana que considera que han de respetarse para darle una buena educación a su alumno, en este caso, Emilio. En todo momento, Rousseau marca un optimismo pedagógico, puesto que considera la labor educadora como la vía necesaria para alcanzar la bondad y la felicidad humana. El presente trabajo es una comprensión de la pedagogía rousseauniana, la cual resulta de interés por el hecho de considerarse a Rousseau uno de los precursores de la pedagogía moderna, ya que instauró una nueva forma de entender la educación. Entre otras cosas, la relevancia de su pedagogía se debe a que sitúa al niño en el centro del aprendizaje, respetando su libre y autónomo desarrollo. También se debe la importancia al hecho de concebir al niño como lo que es, un niño, puesto que, hasta ahora, se había tratado como un “hombre pequeño”. De ahí que base su metodología educativa en la experimentación y en el respeto por todas las etapas de la vida humana. De esta manera, se realza la importancia que hoy día puede seguir teniendo este tratado educativo dentro del campo de la pedagogía. Sin embargo, no se pretende hacer una crítica o defensa de dicha obra, sino que únicamente se muestran los rasgos fundamentales de la educación propuesta por el autor. Para ello se ha procedido a hacer una revisión bibliográfica de dos de sus obras. En primer lugar, se ha hecho la revisión del escrito Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, para comprender el concepto que el autor tiene acerca de la naturaleza y del hombre. En segundo lugar, se ha revisado la obra Emilio o de la educación, donde el autor sitúa su concepto de educación naturalista. También se han utilizado artículos científicos que han investigado tanto las obras de Rousseau, como su contexto sociohistórico.
6 Los objetivos principales de este trabajo son, ver en qué medida la educación es una adaptación a la cultura, o un desarrollo de la naturaleza del niño, según este autor, así como, extraer las máximas pedagógicas fundamentales propuestas por Rousseau en la obra Emilio o de la educación. Conforme a los objetivos establecidos, el desarrollo del trabajo ha sido, en primer lugar, realizar un breve contexto sociohistórico para ubicar a Rousseau y sus obras, de forma que ayude a entender la relevancia que tanto el autor, como sus escritos, tuvieron en el momento. También se hace una pequeña síntesis de la forma de entender el conocimiento y lo referente a la educación en aquel momento histórico del siglo XVIII. En segundo lugar, se hace un análisis de la obra Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, de donde se extrae el concepto de naturaleza, hombre, y sociedad que el autor tiene, pues es imprescindible para poder comprender su posterior obra pedagógica. De manera que, este análisis nos sirve de marco antropológico. Aquí, el autor asienta la naturaleza como la originaria de toda bondad, estableciendo que el hombre posee unas disposiciones primitivas naturales, que ha de seguir para vivir feliz. Al mismo tiempo, hace una distinción entre diferentes tipos de desigualdades, las naturales y las sociales, y, de igual forma, hace una distinción entre dos tipos de hombres, el natural y el social. En tercer lugar, se pasa a analizar la pedagogía rousseauniana descrita en Emilio o de la educación, donde se establece la parte principal del presente trabajo. Una vez adentrados en el análisis del tratado, se desglosa por partes sus diferentes máximas pedagógicas, relacionándolas con los diferentes conceptos que ya previamente se habían expuesto con la obra anterior. Aquí se puede ver la importancia que Rousseau le da al seguimiento de la naturaleza para obtener la felicidad vital. En todo momento busca fortalecer las disposiciones naturales del niño a través de la experiencia, para que él mismo sea capaz de obtener su aprendizaje. Es por ello que se puede decir que el autor aboga por un aprendizaje basado en la experiencia y autonomía del niño. También veremos que Rousseau da a conocer el concepto de educación negativa, siendo para él un método educativo que utilizará con su Emilio para prevenirlo de la maldad social. Una vez analizada de forma general su pedagogía, se pasa a describir cómo ha de ser la educación en cada una de las etapas de la vida del niño, puesto que para el autor es de máxima importancia respetar el orden de las mismas para dar una buena educación a su
7 alumno, y de esta forma, consiga la felicidad. Dichas etapas son: “edad de la naturaleza: el niño de pecho (0-2 años); edad de la naturaleza (2-12 años); edad de la fuerza (12-15 años); edad de la razón y de las pasiones (15-20) años; y, edad de la sabiduría y del matrimonio (20-25 años).” No obstante, este trabajo se centrará únicamente en las cuatro primeras etapas, prescindiendo de la última. Esto se debe a que esta última etapa el autor la dedica a cómo debe ser la educación para el matrimonio y la educación de la mujer, lo cual, carece de interés en este estudio. Nos limitamos, como ya se ha anunciado, a entender y extraer las máximas fundamentales de la pedagogía rousseauniana.
8 Contexto sociohistórico de Jean-Jacques Rousseau Jean-Jacques Rousseau, nacido en Ginebra el 28 de junio de 1712, vivió en el seno de una familia humilde. Huérfano de madre desde su nacimiento, fue criado por su padre, relojero de oficio. A sus diez años de edad, tras la huida de su padre a causa de un conflicto judicial, pasó a vivir con su tío. Más tarde, a los dieciséis años, se sitúa bajo la tutela de Madame de Warens, quien marcará la vida del joven Rousseau. En esta etapa de su vida se benefició del estudio de los principios de la doctrina católica en Turín. Luego, se mudó a Annecy para estudiar en el seminario de los lazarista latín y música. Pasados los años, se instruyó en diferentes disciplinas como la historia, la filosofía, la literatura, las matemáticas, la astronomía, la física, la historia natural, y también compuso alguna partitura de música. (Vilafranca, I., 2012). Tras este período de formación, pasó una juventud de vagabundeo por diferentes ciudades europeas, donde se dedicó a la enseñanza, a la música, y especialmente a la enseñanza de la música, como medio de subsistencia. Llega a París con treinta años de edad para presentar a la Academia de Ciencias un nuevo sistema musical inventado por él mismo, pero, para su mala suerte, esto no le llevó al éxito. Durante algunos años, el ginebrino se dedicó a diferentes laborales, al tiempo que conoció a la que será la madre de sus cinco hijos, Teresa Lavasseur. (Ruiza, M., Fernández, T., y Tamaro, E., 2004). Años más tarde, comienza a entablar amistad con algunos ilustrados, como D’ Alembert, Diderot, Condillac, Voltaire, quienes lo invitaron a formar parte del plan de la Enciclopedia, siendo Rousseau el encargado de artículos relacionados con la música. En 1750 gana el primer premio de un concurso convocado por la Academia de Dijon, con una de sus obras, Discurso sobre las ciencias y las artes, lo cual, marcó el inicio de su fama. (Vilafranca, I., 2012). En esta obra, la cuestión que debía llevar a cabo Rousseau era si el restablecimiento de las ciencias y de las artes había contribuido a mejorar las costumbres. A lo que el autor respondió negativamente, justificando que las ciencias y las artes corrompen a la sociedad y estimulan la lujuria. Este contenido, generó polémica, y dejó ver las ideas que posteriormente desarrolló en otras obras. Según apunta Rodríguez (2013) en el preámbulo de la obra Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, Rousseau rompe con el pensamiento tradicional, siendo él quien por primera vez utiliza el término “modernidad” al hacer referencia al giro
9 epistemológico en el que fue participe junto al resto de enciclopedistas, dando lugar a la conocida Ilustración. En este contexto, Rousseau se sitúa entre los pensadores de la Ilustración en Francia, pues comparten el propósito de superar el oscurantismo de los siglos previos. Siguiendo a Blom (2012) vemos que, entre aquellos ilustrados que luchaban contra la sociedad estamental de la época, se encontraban, por un lado, escritores de corte político como Voltaire y Diderot, mientras que, al mismo tiempo, existían otros pensadores de corte más filosófico, como, por ejemplo, Rousseau. En la Ilustración se defiende la idea de que no es el objeto el que establece el conocimiento, sino que, por el contrario, el conocimiento determina el objeto, Por tanto, la razón se constituye como principio individual y personal de verdad. Debido a esto, se consideró la razón como la guía que llega al saber y la certeza. Esta manera liberadora de concebir el conocimiento hará que la Ilustración apoye la educación en todas sus formas (Castany, B., y Pérez, P., 2010). Siguiendo a Castany y Pérez (2010) durante el siglo XVIII, las acciones humanas dejan de apuntar a Dios, pasando a considerarse la finalidad de ellas únicamente hacia los hombres. Es decir, pase lo que pase después de la muerte, el hombre ha de darle sentido a su existencia terrenal. De ahí que la felicidad sea la finalidad de los actos humanos. El bienestar de los ciudadanos pasa a ser el objetivo principal del Estado, en lugar de ser un servicio para la divinidad. De esta forma, se da un giro antropocéntrico, ya que el hombre se sitúa en el centro de la actividad, sustituyendo a Dios. En 1755 publicó un nuevo escrito, el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. Con esta obra, podemos ver como Rousseau comienza a distanciarse de alguna manera de las premisas básicas de la Ilustración, ya que este círculo intelectual defendía “la razón egoísta y calculadora” (Vilafranca, I., 2012: 38). El ginebrino rompe con esta idea, cambiando el rumbo de la Ilustración, pues abogó por el naturalismo eudemonista. El hombre, en su estado natural, inocente y primitivo, desarrolla una vida dichosa y feliz. Este discurso constituye la base de lo que será su posterior filosofía educativa contenida en la obra Emilio o De la Educación, o su filosofía política, contenida en El Contrato Social. Tal y como apunta Vilafranca (2010) la siguiente obra que redactó fue una de sus novelas más importantes Julia o la Nueva Eloísa, que vio la luz en 1761. En ella vuelve a hacer referencia a la importancia del retorno a la naturaleza con el consecuente abandono del
16 También destaca el autor el uso de la palabra como un hecho importante que originó el orden social. Dice que, al principio, el único lenguaje que existía era el del grito de la naturaleza, pues era el único necesario para persuadir a un grupo de hombres, por ejemplo, para buscar ayuda frente a grandes peligros o aliviarse de fuertes dolores, pero en el trascurso ordinario de la vida no era una necesidad el uso de la palabra. Lo que ocurrió fue que los hombres comenzaron a desarrollarse y multiplicarse, de ahí, que como previamente se ha dicho, necesitaron dividirse las actividades. Esto provocó una necesidad de comunicación más estrecha entre ellos, con lo cual buscaron un lenguaje más amplio, nuevos gestos y significados, y todo tuvo que ser a través de un consentimiento común razonado. Tal y como apunta también el autor, se debe pensar que las primeras palabras que usaron los hombres tenían en realidad, un significado mayor dentro del espíritu de cada uno, hasta que el lenguaje fue siendo más extenso y preciso. Se puede pensar, por tanto, que los primeros en inventar el lenguaje lo que hicieron fue dar nombre a las ideas que tenían y podían ver. Pero entonces, se pregunta Rousseau, cómo fue posible asociarles palabras a las ideas metafísicas como, por ejemplo, materia, espíritu, sustancia, figura o movimiento, sin poder hallar un modelo en la naturaleza. El autor llega, por tanto, a una cuestión que ve imposible resolver: “si ha sido más necesaria la sociedad ya establecida para la institución de las lenguas, o las lenguas ya inventadas para la constitución de la sociedad” (Rousseau, J.J., 2013: 77). La única conclusión que saca de esta cuestión es que la naturaleza ha puesto muy poco de su parte para provocar la socialización del hombre, pues no es ella quien los ha aproximado por necesidades mutuas, y, por consiguiente, no ha facilitado la palabra entre ellos. Considera la vida social como insoportable, pues ve a muchas personas lamentarse de su existencia, de lo contrario que podría ocurrir en el hombre salvaje, que jamás habría pensado en quejarse de la vida o buscar la muerte. No habría tenido ningún sentido ver a éste “deslumbrarse por los conocimientos, atormentarse por las pasiones y razonando sobre un estado diferente al suyo” (Rousseau, J.J., 2013: 78). El hombre salvaje sólo desarrollaba sus facultades cuando veía la necesidad de ejercerlas, y en estas condiciones, el hombre no era ni bueno ni malo, simplemente era ignorante del vicio y de la virtud. Para complementar sus argumentos, aprovecha y hace una crítica a Hobbes, diciendo que, sin tener el hombre idea del bien y del mal, no es posible afirmar que sea malo por naturaleza, tal y como este autor hacía:
17 Hobbes ha visto muy bien el defecto de todas las definiciones modernas del derecho natural; pero las consecuencias que deduce de la suya demuestran que la toma en un sentido no menos falso. Razonando sobre los principios que enuncia, este autor debía decir que, siendo el estado de naturaleza aquel en que el cuidado de nuestra conservación es el menos perjudicial para la conservación de nuestros semejantes, éste era por consiguiente el estado más a propósito para la paz y el más conveniente para el género humano. Pues dice precisamente lo contrario, por haber hecho entrar, con gran desacierto, en el cuidado de la conservación del hombre salvaje la necesidad de satisfacer una multitud de pasiones que son producto de la sociedad y que han hecho necesarias las leyes. El malo, dice, es un niño fuerte. Falta saber si el hombre salvaje, es un niño fuerte. Aunque ello se concediera, ¿qué se deduciría? Que si, siendo fuerte, este hombre dependía de los demás tanto como siendo débil, no hay ninguna clase de excesos a los que no se entregara; que pegaría a su madre cuando tardase demasiado en darle de mamar; que estrangularía a uno de sus pequeños hermanos cuando estuviese enojado; que mordería al otro en la pierna cuando fuese tropezado o molestado. (Rousseau, J.J.: 2013: 80) Rousseau critica esto porque para él, el hombre es débil cuando es dependiente, mientras que es fuerte cuando es libre, por tanto, la fuerza y la dependencia son conceptos contradictorios para el hombre natural. Además, la causa que impide al hombre salvaje usar la razón impide al mismo tiempo abusar de las facultades propias del salvaje, y esto es lo que Hobbes pretende. En otras palabras, el salvaje no es malo por el hecho de no conocer lo que es ser bueno, al contrario, es la ignorancia del vicio y la calma de las pasiones lo que lleva al hombre a actuar sin maldad. Añade también Rousseau que el hombre tiene una disposición natural a la piedad, pues para él es una virtud universal que precede a la reflexión, y no es única de los hombres, si no que cualquier animal la presenta: “(…) y tan natural, que las bestias mismas dan de ella algunas veces sensibles muestras. Sin hablar de la ternura de las madres con sus pequeños y de los peligros que arrostran para protegerlos, obsérvase a diario la repugnancia que experimentan los caballos a pisotear un cuerpo vivo. Un animal no pasa nunca al lado de otro de su especie muerto sin sentir cierta inquietud” (Rousseau, J.J., 2013: 82). Por tanto, vemos que gracias a la piedad el hombre tiende a actuar con bondad, no por el hecho de ser bueno, sino porque ella tiende hacia lo natural, ya que el hombre salvaje vive inmerso en el entorno de la naturaleza. El hombre natural tiene como pasión fundamental “el amor de sí”. Esto es el sentimiento primigenio de la humanidad, que contribuye a la conservación de la especie cuidando de sí y de sus allegados, haciéndose sustituta de las leyes y de la justicia razonada. El “amor propio”, en cambio, es ya una pasión derivada del efecto civilizador y del comercio sofisticado, que resulta mucho más ambiguo, ya que
18 frecuentemente antepone el yo egoísta a toda otra consideración. En efecto, del amor propio derivan toda la codicia, las pasiones violentas, la miseria y la esclavitud. De esta forma, Rousseau rechaza también el pensamiento de Sócrates, quien estableció que la virtud se adquiría por medio del razonamiento. Según el ginebrino, de esta forma “hace tiempo que habría desaparecido el género humano si su conservación hubiese dependido de quienes lo componen” (Rousseau, J.J., 2013: 86). Afirma el filósofo que la desigualdad apenas se manifiesta en el estado natural. Fueron causas externas las que desarrollaron las facultades de perfectibilidad y las virtudes sociales, las cuales sacaron al hombre de su estado primitivo, echando a perder la especie, y comenzando a originarse las desigualdades. Con la inauguración de la sociedad humana, la desigualdad pasa por el reconocimiento, la estimación y la consideración. Se comenzó a confundir las desigualdades naturales, y eso conllevó a confundir hábitos y diversidad de géneros de vida, cuando en realidad estos provenían de la sociedad que el hombre había inventado. La educación también ha generado grandes diferencias entre los niños, dando lugar a relaciones de jerarquías y distribución entre los hombres, según la fuerza o debilidad, rigor o delicadeza, si es cultivado o no, etc. Esto ha dado lugar a establecer diferentes modos de vida, poder adquirir unas u otras propiedades, alcanzar unos determinados bienes, e incluso adquirir un determinado conocimiento, el cual, también se considera como propiedad. Todo eso originó la desigualdad entre los hombres de la sociedad civil, afectando a las cualidades naturales que los hombres presentaban. Por tanto, lo que se consideraba como una igualdad natural dentro del estado de la naturaleza, pasa a convertirse en una desigualdad moral, haciendo creer a los hombres en estado civil que las desigualdades son naturales. Se dio paso a la conformación de las relaciones entre hombres dominantes y hombres esclavizados, lo que conllevó a las luchas, las guerras y las muertes. Comenzó la época de una primera revolución con los cazadores-recolectores, ya que empezaron a dominar artes sencillas como la construcción de herramientas, el fuego, etc. Esto dio lugar a la construcción de casas, donde comenzaron a agruparse, y así surgieron las primeras familias y los primeros clanes. De esta forma se introdujo el concepto de propiedad. El hecho de comenzar a decir los hombres “esto es mío”, provocó el inicio de la sociedad civil, y la desaparición completa de la igualdad en el estado de la naturaleza,
19 pues comenzaron a originarse discordias entre ellos, dando lugar a hacerse la guerra entre sí, por tierras y recursos. Los más fuertes fueron los primeros en construirse sus propias viviendas, mientras que los débiles imitaban ese modo de vida en lugar de intentar arrebatarles la propiedad, por el hecho de evitar disputas. De este modo comenzaron a habituarse a este nuevo modo de vida. Al mismo tiempo, esto provocó el sentimiento del amor conyugal y el amor parental, pues toda la familia vivía unida, originándose sentimientos de afecto recíproco entre los miembros. Además de las agrupaciones por lazos familiares, Rousseau señala también que las personas fueron relacionándose lentamente unas con otras por costumbres, por la alimentación e incluso por la influencia del clima, lo que generó la formación de las diferentes regiones y naciones particulares. En este modo de vida, el ser humano comenzó a ser ocioso, pues el hombre estaba llevando una vida simple donde las necesidades se satisfacían con facilidad. La ociosidad conllevó a la búsqueda de la diversión, como el canto y la danza, entre otras actividades. De ahí que se le diera tanta importancia a la consideración y a la estimación pública, según el filósofo. Aquel que se mostrase más fuerte o más diestro en la tarea que se realizase, obtenía esa estimación y consideración, llegando a ver éstas como un derecho que todo hombre era digno de poseer. La realidad, según el autor, es que las comodidades fueron degradando al hombre y haciéndolo caer en el vicio. Al querer todos los hombres tener el derecho a la consideración, no contemplaban la injusticia voluntaria entre ellos, lo cual, dio lugar a la envidia, a la vanidad, y el desprecio, y al mismo tiempo, a las desigualdades. En palabras del autor, “(…) el ofendido veía el desprecio de su persona, con frecuencia más insoportable que el daño mismo.” (Rousseau, J.J., 2013: 107). De forma que se empezó a introducir la moral entre los hombres, pues cada uno era su propio juez y se vengaba a su antojo de las ofensas recibidas, ocupando el lugar de las leyes. Rousseau es consciente de que todo esto se originó debido a que el hombre ya estaba totalmente alejado del estado natural, por eso hace hincapié en criticar a los autores que consideran al hombre naturalmente cruel. Para él, la autoridad no es la que realmente endereza al hombre, sino que el hombre por naturaleza, sabe estar enderezado. No obstante, dice el autor, que este estado del hombre, a pesar de estar bastante alejado del estado de naturaleza, aun se podía considerar como algo bueno, puesto que estaba poco sujeto a revoluciones, y el hombre podía subsistir para sí mismo sin necesidad de
20 tener ayuda de otros. El problema llegó en el momento en el que el género humano sintió la necesidad de tener ayuda de otros para sobrevivir, y el trabajo se hizo necesario. La verdadera gran revolución entre los hombres, se produjo con la metalurgia y la agricultura. Desde los inicios, el hombre conocía el provecho que se le podía sacar a los árboles y plantas, ya que los ha necesitado para la subsistencia, pero no conocía la industria. Son diferentes las razones por las que el hombre no ha industrializado antes la agricultura, como, por ejemplo, que el salvaje solamente buscaba la subsistencia propia, y de manera instantánea, sin pensar en el mañana. Además, en el momento en el que se desarrolló la metalurgia, hubo más hombres dedicados a la fundición del hierro, y se necesitaron de otros hombres que se dedicasen a la alimentación para la común subsistencia. La agricultura paso a ser una práctica de inversión y con previsión de mucho beneficio. También, vieron como el hierro ayudó a multiplicar los alimentos, además de darle otros usos. Por tanto, vemos como Rousseau presenta ambas como grandes descubrimientos de esa época, dando un giro a las formas de relacionarse el hombre, y contribuyendo en la formación del hombre social. El autor también relaciona estos descubrimientos, con el concepto de propiedad, pues para que estas prácticas se pudieran llevar a cabo fue necesario que una persona tuviese algún terreno propio, y dominar a otros hombres para cultivar la tierra. De aquí surgieron las primeras reglas de justicia, pues si querían repartir los alimentos y beneficios obtenidos, tendría que ser en función de la aportación que cada hombre hubiese hecho. Esta aportación era el trabajo que cada cual había realizado. De este modo, no todos los hombres tuvieron el mismo beneficio, pues no todos los trabajos requerían el mismo esfuerzo ni tenían el mismo valor, dando lugar a la desigualdad entre ellos. Además, vemos que una de las reglas fundamentales de justicia fue que el trabajo acaba dando lugar al derecho de una propiedad. En palabras del autor: “Este origen es tanto más natural como que es imposible concebir la idea de la propiedad naciente de otro modo que por la mano de obra, pues no se comprende que para apropiarse las cosas que no ha hecho pudiera el hombre poner más que su trabajo. Es el trabajo únicamente el que, dando derecho al cultivador sobre el producto de la tierra que ha trabajado, le da consiguientemente ese mismo derecho sobre el suelo, por lo menos hasta la cosecha, y así de año en año; lo que, constituyendo una posesión continua, se transforma fácilmente en propiedad”. (Rousseau, J.J., 2013:113).
21 El problema resultó porque la asignación del trabajo a cada hombre dependía de las habilidades y aptitudes naturales que dicho hombre tuviese para ese trabajo. Siendo el más fuerte el que realizaba una tarea, el más hábil otra, el más ingenioso otra, etc. Por tanto, cada trabajo, y, por consiguiente, cada propiedad, se adjudicaba a los hombres en función de sus diferencias naturales, dando esto lugar a la ley moral. Vemos como los hombres reconocen las diferencias naturales, pero acaban estableciéndolas como diferencias sociales. Es decir, la naturaleza repartió los distintos trabajos, pero fue la sociedad la que originó las desigualdades entre los hombres. Este nuevo estado marcado por la idea de propiedad tuvo algunos efectos en el hombre. Hizo que se viese envuelto en una multitud de necesidades nuevas, sometido a la naturaleza y a otros hombres. Siguiendo a Rousseau, dice que el hombre “se convierte en esclavo de sus semejantes, aun siendo su señor: rico, necesita de sus servicios; pobre, de su ayuda, y la mediocridad le impide prescindir de aquéllos” (Rousseau, J.J., 2013: 115). Fuese cual fuese el nuevo modo de vida de cada hombre, y poseyese la propiedad que poseyese, el hombre siempre iba a estar infeliz con su posición social. Eso conllevaría a la voraz ambición de superar siempre su fortuna para elevarse por encima de los demás, perjudicándose mutuamente entre ellos, y generando un clima de hostilidad en la sociedad. Alejado totalmente quedaba el estado de naturaleza del hombre, donde vivía feliz y en libertad. Envueltos los hombres en esta situación de todos contra todos, donde la falta de seguridad y paz era la misma tanto para los pobres como para los ricos, decidieron unirse y buscar un poder supremo que dirigiese con sabias leyes. Esto originó el derecho natural, pero realmente, no fue igual el derecho para todos los hombres. El pretexto utilizado para llegar a este acuerdo entre todos los miembros del estado (ricos y pobres) fue, en palabras de Rousseau: “(…) proteger a los débiles contra la opresión, contener a los ambiciosos y asegurar a cada uno la posesión de lo que le pertenece; hagamos reglamentos de justicia y paz que todos estén obligados a observar, que no hagan excepción de nadie y que reparen en cierto modo los caprichos de la fortuna sometiendo igualmente al poderoso y al débil a deberes recíprocos. En una palabra: en lugar de volver nuestras fuerzas contra nosotros mismos, concentrémoslas en un poder supremo que nos gobierna con sabias leyes, que proteja y defienda a todos los miembros de la asociación, rechace a los enemigos comunes y nos mantenga en eterna concordia”. (Rousseau, J.J., 2013: 120).
22 Todos los hombres se aunaron, con la idea de vivir en armonía en contra del enemigo común, protegiéndose entre ellos, y con el deseo de contar con un poder supremo que les gobernase. La idea parecía satisfacer a todos los ciudadanos, independientemente de la condición de estos. Pero nada más lejos de la realidad, esto solo sirvió para engañar a los débiles, mientras que los ricos, seguían aprovechándose de ellos, pues estas leyes lo que hacían era sujetar a las personas al trabajo, a la servidumbre y a la miseria. Lo que resultó de todo esto, fue el origen de la sociedad civil y las leyes. La sociedad continuó poniendo trabas al débil y fuerzas al rico. Este discurso sirvió para fundar la política, creando la necesidad de un gobierno. Se decía que, sacrificando una parte de la libertad, se conservaba la otra, pero lo único que se obtuvo fue la aniquilación de la libertad natural y la conservación de la propiedad y la desigualdad. Con este discurso escrito, el autor da por contrastada su hipótesis con la que partió: si la desigualdad entre los hombres es producto de la sociedad moderna, o si, por el contrario, es originada por la naturaleza. Como bien se ha expuesto, Rousseau explica el origen y el desarrollo de la desigualdad, así como la fundación y los consecuentes abusos de las instituciones sociales y políticas. Se deduce en todo momento que la desigualdad no existe en el estado de la naturaleza, sino que está dentro del contexto social. Se debe al desarrollo de las facultades del hombre y a los progresos del género humano, haciéndose legítima por la institución de la propiedad y las leyes. Al mismo tiempo, la desigualdad moral sólo es admitida cuando se da lugar al derecho civil, el cual, es contrario al derecho natural, puesto que este se debe a la desigualdad física, la cual, fue dada por la naturaleza.
23 Teoría de la educación y de la formación en Rousseau. El Emilio o De la educación Hasta ahora se ha analizado el concepto que el autor tiene sobre la naturaleza humana, descrito es su obra Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres. Como se puede apreciar, Rousseau concibe dos tipos de hombres. En primer lugar, habla del hombre natural, propio del estado de naturaleza, es decir, aquel que aún no ha sido “víctima” de la sociedad moderna que el filósofo conoce. En segundo lugar, se pasa a describir al hombre en sociedad, aquel que a pesar de poseer desde que nace las mismas características que el hombre natural, enseguida pasa a convertirse en un ser social, ya que vive inmerso en la sociedad, olvidándose de sus disposiciones naturales. Como se puede apreciar también, el autor tiene una visión pesimista de la sociedad, pues la considera la generadora de todos los males y desigualdades entre los hombres. La intención del autor es demostrar que el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe, arrastrándolo hasta el mal. Por ello, escribe esta obra, a modo de tratado pedagógico, puesto que, para este filósofo, la diferencia entre un hombre que se deje arrastrar por sus pasiones, o no, reside en la educación del mismo. En “Emilio o De la Educación”, Rousseau plantea su pensamiento educativo, pero tal y cómo queda explicado en el prólogo de la obra, el filósofo no lo hace con la intención de establecer un tratado educativo, sino que es una encrucijada de filosofía general, moral, política, etc. Y además, su motivación no era realizar un tratado pedagógico a secas, si no que era la clave para formar al “hombre político” deseado en el Contrato social, una de sus obras sobre filosofía política. (Armiño, M., 1990). Así mismo lo expresa Rousseau: “No puedo creer que toméis el libro que lleva este título por un verdadero tratado de educación. Es una obra bastante filosófica sobre el principio, adelantado por el autor en otros escritos, de que el hombre es naturalmente bueno” (Rousseau, J.J., 1990: 21). A pesar de ello, la obra queda catalogada como “novela de la naturaleza” o “ensayo pedagógico” (Armiño, M., 1990). Su pretensión es mostrar cómo se puede educar al hombre para que, de forma individual, sepa seguir su instinto de bondad, y así saber actuar en la sociedad como ciudadano. Así, el ser humano encontrará la libertad dentro de la sociedad (Sierra, B., y Pérez, M., 2013). La educación que el autor propone no está basada en pautas externas, sino que es un
24 método para llegar a la pureza del hombre natural, suspendiendo toda la maldad humana proveniente de la cultura artificial (Domingo, M., 2002). Su forma de exponer sus ideas filosóficas es llevándolas en práctica a través de la figura de un niño imaginado por él mismo, llamado Emilio. El Tratado está dividido en cinco libros, y cada uno de ellos se centra en una etapa diferente de la crianza hasta llegar a la edad adulta. Otra de sus intenciones principales con este ensayo es hacer una crítica al modelo pedagógico de sus días, al mismo tiempo que expone sus máximas sobre la educación. El sistema educativo que queda explicado por el autor se basa en la naturaleza y en la experiencia, y no en prejuicios, ni caminos preconcebidos, ni rutinas. Además de eso, su método educativo se asienta en el conocimiento del genio de cada alumno. Como lo expone Domingo (2002) consiste en desarrollar las fuerzas naturales de cada hombre, expresadas en sus sentimientos más puros.
25 La naturaleza y la idea de educación natural Como se ha venido desarrollando hasta ahora, el concepto de naturaleza es crucial para el autor estudiado, pues sólo dentro del estado natural es donde el ser humano desarrolla una vida plena y feliz. Por tanto, en esta misma línea desarrolla su teoría de la educación tratada en la obra El Emilio o De la educación. Rousseau apuesta por un naturalismo pedagógico, tanto en la teoría como en la práctica. Esta nueva concepción se debe a que se quiere romper con el panorama educativo de la época, en concreto, se pretende reaccionar al formalismo racionalista que imperaba en la educación cristiana del momento (Vilafranca, I., 2012). En la obra del Emilio, la base principal de la filosofía de la educación es el naturalismo eudemonista, es decir, una educación basada en la naturaleza cuyo fin es la felicidad y la sabiduría humana. Por tanto, vemos que, en términos generales, se deposita la confianza en la naturaleza para educar a Emilio, pero guiado siempre por el preceptor, en este caso, él mismo, y totalmente alejado de las instituciones sociales propias de la sociedad de la época. Por un lado, en esta obra vemos que el autor, debido a su concepción pesimista de la sociedad, aleja a su alumno de toda institución social, y decide educarlo en la naturaleza, literalmente, dándole una enseñanza totalmente individualizada. Es decir, un alumno criado en el entorno rural, donde su contacto sea únicamente con la vida natural, hasta llegar a una edad de madurez oportuna para que comience a relacionarse en la vida social. Por otro lado, vemos que la pedagogía de este autor se puede extrapolar, y situarse en cualquier contexto. Pues establece unas máximas pedagógicas que servirán para educar al niño basándonos en la naturaleza propia del mismo, independientemente del contexto donde se encuentre. En este sentido, la pretensión de esta pedagogía es hacer que el alumno sea capaz de moverse en la sociedad, guiado por su instinto natural, sin dejarse llevar por prejuicios ni caminos preconcebidos marcados por la vida social y cultural. Para ello es necesario entender la naturaleza propia de cada persona, que como ya se sabe, cada persona dispone de una serie de disposiciones primitivas que pueden ser guiadas y educadas. Siguiendo a Vilafranca (2012) el empeño del pensador ginebrino de instaurar un nuevo modelo educativo, viene del hecho de ver como la sociedad deforma la bondad del
32 acción educativa. En este sentido, Rousseau, como ya se ha visto, tiene claro que lo deseable es “seguir el orden mismo de la naturaleza del hombre en su relación con los otros y con él mismo” (Montero, M., 2010: 155). De esta forma conseguirá el objetivo que él mismo se marca con la educación, que es, en definitiva, “formar a los niños y a los hombres en el oficio de vivir, y vivir bien” (Montero, M., 2010: 155). Es por ello que dicho filósofo hace especial hincapié en tener muy en cuenta el tipo de acciones que se llevan a cabo en la vida del niño. Según Rousseau (1990), tenemos la manía de darle ataduras a los niños desde que nacen: poniéndoles pañales, se les acuesta con posturas rígidas, se les rodea de paños y cosas que no les permiten cambiar de posición a su antojo, etc. Para él, existe una relación entre estas costumbres, y el desarrollo físico de los niños, pues en los lugares donde se toman todas estas precauciones, acaban resultado hombres jorobados, cojos, agarrotados, etc. Mientras que en los lugares donde esto no ocurre, crecen hombres fuertes, altos y bien proporcionados. En relación a esto, resalta el hecho de que “un mal cuidado físico puede derivar en ideas morales inadecuadas”. (Sierra, B., y Pérez, M., 2013: 125). En este sentido, establece una analogía entre ese ceñimiento físico que se le hace al niño desde la edad temprana, y la esclavitud a la que estará sometido en el futuro debido a las instituciones sociales. Por ello, con la idea de evitarlo, apuesta por la libertad de movimientos en sus primeros años de vida, pues estos generan autosuficiencia. De esta forma lo expresa Rousseau en la obra: “El recién nacido necesita extender todos sus miembros para sacarlos del embotamiento en que, hechos un ovillo, han permanecido tanto tiempo. Es cierto que los estiran, pero les impiden moverse; se sujeta incluso su cabeza mediante cabezales. Parece temerse que tenga la apariencia de estar con vida. De este modo, el impulso de las partes internas de un cuerpo que tiende al crecimiento encuentra un obstáculo insuperable para los movimientos que aquél exige. El niño hace continuamente esfuerzos inútiles que agotan sus fuerzas o retrasan su progreso.” (Rousseau, J.J., 1990: 54). Como ya se ha hecho referencia anteriormente, la naturaleza es la encargada del desarrollo de las facultades internas del hombre, por tanto, el autor critica este tipo de acciones ya nombradas, ya que se trata de una costumbre que desnaturaliza a la persona. De ahí que apueste por la libertad de movimientos. En un primer momento de la vida, dice que, la memoria y la imaginación del niño están inactivas, por lo que sólo puede estar atendo a lo que afecta a sus sentidos. De ellos es de donde se generan sus primeros conocimientos, por lo que tal y como apunta el autor, “se le debe mostrar con claridad la relación de esas mismas sensaciones con los objetos que las causan” (Rousseau, J.J.,
33 1990: 89). En esta idea se resumen una de sus máximas pedagógicas: el deber adquirir los conocimientos por su propia voluntad. Es decir, no hay que oponerse a la inquietud que el niño siente de querer manipular los objetos de su alrededor, de esta forma aprenderá a sentir sensaciones, como, por ejemplo, el calor, el frío, la blandura, la dureza, la pesantez, etc. Sólo de esta forma, el niño aprende que hay cosas que no son él mismo, y con el movimiento, aprende la idea de extensión y de distancias. En cuanto a esta idea, el autor reconoce que es necesario darle al niño cuánto pida, no por hacer que crezca su dominio, sino porque siente una necesidad de experimentar todo lo que ve a su alrededor. Por ello se establece que el autor da especial relevancia al aprendizaje a través de la experimentación. Es necesario que el niño se relacione con los objetos del mundo, pues de esta forma se conforma una experiencia tanto en su interior como en su exterior. Entonces es cuando surge el efecto de las tres educaciones que anteriormente se han expuesto: la de la naturaleza, cosas y hombres. Es la educación de las cosas, la que en mayor medida le da sentido al aprendizaje a través de la propia experiencia, ya que la relación con los objetos y el mundo, se propicia la experiencia. Para ello, es importante que se den situaciones educativas, donde el niño deba verse en la obligación de hacer uso de sus conocimientos y de sus facultades internas, aprendiendo a mirar su entorno, y de esta manera resolverá los obstáculos que la vida le vaya poniendo. También dice Rousseau que la incomodidad causada por las necesidades, el niño las da a conocer a través de signos, pues no tiene otra forma de comunicarse, reclamando la ayuda de los otros. Es importante atender a los niños en estos casos y proporcionarles la ayuda que demandan. Dice así: “Cuando el niño llora está a disgusto; tiene alguna necesidad que no podría satisfacer: se examina, se busca esa necesidad, se encuentra y se satisface”. (Rousseau, J.J., 1990: 92). La importancia de atender a este tipo de ruegos y necesidades del niño se debe, a que, si de forma contraria no se atendiesen, pasarían a ser órdenes en lugar de ruegos, lo cual, terminarían por hacerse servir. De esta forma, surgiría también la debilidad en el niño, de la cual se derivaría los sentimientos de dependencia, y de ahí nace luego la idea de dominación (Rousseau, 1990). Como ya se sabe tras el análisis del Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, y el posterior análisis de la teoría de la educación naturalista rousseauniana, de
34 la debilidad es de donde surge la maldad entre los hombres. El hombre es débil cuando es dependiente, mientras que es fuerte cuando es libre, por tanto, la fuerza y la dependencia son conceptos contradictorios para el hombre natural (Rousseau, J.J., 2013). Por tanto, darle importancia a fortalecer al niño es tarea fundamental. Es decir, según habla Rousseau (1990) se debe educar al niño para que sepa entenderse a sí mismo, conforme a su propia naturaleza, y no para los demás. De esta forma se crea un hombre fuerte, lo cual hará que actúe con bondad, pues para Rousseau, actuar con maldad es producto de la debilidad del hombre. “Toda maldad procede de debilidad: el niño sólo es malvado porque es débil; hacedlo fuerte, será bueno: quien puede todo jamás hará el mal” (Rousseau, J.J., 1990: 94). Otra de la acción educativa que el educador debe llevar a cabo para no hacer al niño dependiente es proporcionarle todo cuanto necesita, pues sus capacidades aun no desarrolladas no le permiten alcanzarlo. Pero, en este sentido, dice el autor, que lo más correcto pedagógicamente hablando sería llevar al niño al objeto, y no el objeto al niño (Rousseau, 1990). De esta forma podemos distinguir lo que verdaderamente necesita de lo que es un capricho. Es tarea del educador entender cuáles son las necesidades del educando y cuáles son los caprichos. Como ya se sabe, el orden natural es perfecto y cuidadoso, y lleva consigo el equilibrio entre el poder y el deseo. En cada facultad interna que existe en el niño, está inherente el límite del deseo, pues así lo hizo la naturaleza. Por ello, la educación debe respetar ese deseo que nace de cada facultad interna de la persona, evitando cualquier tipo de observación externa, pues simbolizan a la razón, la cual aún no es conveniente para instruir al niño. De esta forma, el educador consigue entender cuáles son las necesidades de los niños (Bernal, A., 1998). Según las ideas rousseaunianas, el destino del hombre es sufrir, y junto con el cuidado de conservación del mismo, va la pena. Por ello, aquél de los hombres que soporte mejor los acontecimientos de la vida, tanto buenos como malos, será más feliz, y, por tanto, mejor educado. Por eso, Resalta Rousseau la idea de soportar el sufrimiento. En el discurso, se trató la idea de Rousseau en cuanto a las enfermedades y la medicina, donde se estableció que la enfermedad prácticamente no existiría de no ser por la obra del hombre. De ahí la critica que el autor hace en el Emilio al “imperio de la medicina”, como él mismo le llama. Para él, esta práctica forma parte de la gente ociosa y
35 desocupada, y más que curar, mata el coraje de la persona, proporcionando en el hombre “enfermedades” tales como la cobardía, pusilanimidad, etc., en general, haciéndolas más débiles de alma. Siguiendo su concepción naturalista, Rousseau dice que “por naturaleza, el hombre sabe sufrir constantemente, y muere en paz.” (Rousseau, J.J., 1990: 75). Por tanto, para él, no tiene sentido la cura de la medicina, puesto que declina la naturaleza propia del hombre. De esta forma, establece que para su Emilio jamás acudirá a los médicos, a menos que su vida esté en grave peligro, ya que considera que el niño debe saber estar enfermo y saber sufrir, dándole a la naturaleza, el arte de hacerlo sentir vivo y bien. Sienta una vez más, al igual que en el Discurso, que los verdaderos médicos del hombre son la templanza, el trabajo y la acción del tiempo. Rousseau nos habla de la adquisición del lenguaje en el niño, y como debería ser la comunicación entre educador y educando en este primer tiempo de la vida. Ya en el análisis de la obra del discurso, se ve como el filósofo concibe la idea del lenguaje. Dice que, un principio, el lenguaje se fue adquiriendo a base de darle nombre a las ideas que se podían ver. En esta misma línea, Rousseau (1990) desarrolla su idea en cuanto a cómo ha enseñarle a un niño el lenguaje. Rousseau establece que es inútil hablarle al niño tanto como si entendiese algo. Dice el autor que lo ideal es hablarle poco, pero con un tono claro, nítido y hacerle muchas repeticiones, pues el acento con el que se le hable es lo único que va a entender. Así, el niño no se forma en su cabeza más palabras que ideas, pues es un gran inconveniente que sepa decir más cosas de las que puede pensar. El resultado de esto será un espíritu más justo. En esta primera etapa, la forma de comunicarse es a través del llanto. Dice Rousseau que no hay que atender al niño lloreras alargadas, pues utilizan el hábito de llorar para obtener caprichos, y no como obra de la naturaleza para indicar dolor. Por último, dice Rousseau, que los primeros desarrollos de la infancia se hacen al mismo tiempo. El niño aprende a hablar, comer y caminar a la misma vez. Hasta entonces, la criatura había sido más o menos lo mismo que era en el seno de su madre, sin ningún sentimiento y sin conciencia si quiera de su propia vida, solamente había experimentado hasta ahora sensaciones. En este sentido, en lo que el filósofo se basará en las siguientes etapas será en la formación del espíritu, de sus órganos internos y en la educación de los sentidos (Sierra, B., 1997).
36 En definitiva, siguiendo a Rousseau (1990) para mantener el camino de la naturaleza en la tarea educativa en esta primera etapa, el autor concibe cuatro máximas pedagógicas que han de seguirse para permanecer en dicho camino. Así las expresa en la obra: Lejos de tener fuerzas superfluas, los niños no las tienen suficientes siquiera para todo cuanto la naturaleza exige de ellos: hay que dejarles por tanto el uso de todas las que les da y de las que no podrían abusar. Primera máxima. Hay que ayudarles, y suplir lo que les falta bien en inteligencia, bien en fuerza, en todo lo que es necesidad física. Segunda máxima. En la ayuda que se les da hay que limitarse únicamente a lo útil real sin conceder nada a la fantasía o al deseo sin razón porque la fantasía no los atormentará si no se la ha hecho nacer, dado que no deriva de la naturaleza. Tercera máxima. Hemos de estudiar con cuidado su lenguaje y sus signos, a fin de que, en una edad en que no saben disimular, distingamos en sus deseos lo que procede directamente de la naturaleza y lo que procede de la opinión. Cuarta máxima. (Rousseau, J.J., 1990: 96). - Etapa II: “La edad de la naturaleza”: de 2 a 12 años (puer). En esta etapa de la vida humana, que abarca desde los dos a los doce años, Rousseau comienza hablando de la importancia de sentir el dolor y el aprender a sufrir, como forma de aprender a soportar sufrimientos mayores en la posteridad. Para ello, el educador debe no trasmitir a su aprendiz nerviosismo ante una situación peligrosa, al contrario, debe mostrarse tranquilo, pues será la única forma de que el niño aprenda a sentirse sereno y relativizar la gravedad del asunto, y, por tanto, controlar su sufrimiento. También establece la importancia de no evitar que el niño se hiera y crezca sin conocer el dolor, pues el sufrimiento es lo primero que debe aprender. El autor, siguiendo su estilo en el tratado, critica la manía de los educadores de enseñarle a los niños todo aquello que pueden aprender por sí mismos. Tal y como él mismo lo expresa: “nuestra manía magistral y pedantesca es siempre la de enseñar a los niños cuanto ellos aprenderían mucho mejor por sí mismos” (Rousseau, J.J, 1990: 111). Para él, es coartar la libertad de los críos dándole enseñanzas que podrían aprender ellos, por ello, apuesta por un estilo de aprendizaje autónomo. Siguiendo a Jouvenet (2002) no se trata de inculcar en la cabeza del niño el razonamiento propio del adulto, sino de seguir su desarrollo libre y autónomo, de esta forma es como se podrá garantizar el aprendizaje en el educando. La criatura debe sentirse libre de obrar y experimentar, aunque pueda salir herido, de esta forma aprenderá a “levantarse”, curar
37 sus heridas, y aprender del error. Es la única forma de obtener alegría y sentir el bienestar de la libertad. Para más inri, dice Rousseau, que la mayoría de las personas educan sacrificando el presente a un futuro incierto, es decir, castigan a los niños, los amenazan y los coaccionan, con el objetivo de llegar sanos y salvos a un futuro que por supuesto es incierto. Se le debe dar enseñar al niño a que aprenda a entender sus propios límites, sus capacidades, su deseo y su impulso. Es por ello que la educación debe estar centrada en el aprendizaje del niño, asegurando así la plena evolución de sus facultades. (Vilafranca, I., 2012). En este sentido, debe entenderse que una de las máximas pedagógicas de Rousseau en esta etapa de su filosofía educativa, es el respeto hacia el orden de los deseos para alcanzar la felicidad. Como ya se viene diciendo, el orden natural es perfecto, y así ha de entenderse la naturalidad misma del niño. Es decir, dentro de cada persona existe una perfección para alcanzar la madurez y felicidad, para ello sólo hay que entender cuáles son los deseos que vienen marcados en el niño por la propia naturaleza, y guiarlo para que él mismo pueda establecer un equilibrio en sus deseos, para poder conseguir la felicidad. Por ello, Rousseau siempre insiste en que no se pueden contrarias los deseos de los niños, pues sería desnaturalizar al mismo. El autor hace referencia también a la importancia que tienen los juegos y la satisfacción de placeres en la educación de los niños, porque de esta forma ellos exploran y se forma su voluntad de ser, atendiendo a su propia naturaleza. No se garantiza la felicidad absoluta con esto, pues se sabe que ésta nunca será totalmente absoluta ya que todo está mezclado en la vida. Pero se garantiza la libertad del individuo y hacerlo conocedor del sufrimiento, y, por tanto, aprenderá a soportarlo. Esta idea es la que sí lleva a la felicidad humana, pues será más feliz, el que sea capaz de sufrir menos penas: “Todo sentimiento de pesar es inseparable del deseo de librarse de él; toda idea de placer es inseparable del deseo de gozarlo; todo deseo supone privación, y todas las privaciones que se sienten son penosas; por tanto, nuestra miseria consiste en la desproporción de nuestros deseos y de nuestras facultades. Un ser sensible en quien las facultades igualaran a los deseos sería un ser absolutamente feliz” (Rousseau, J.J., 1990: 115). De esta forma, se cuestiona el autor cómo se consigue entonces la verdadera felicidad, llegando a la siguiente conclusión:
38 “¿En qué consiste, pues, la sabiduría humana o la ruta de la verdadera felicidad? No precisamente en disminuir nuestros deseos; porque si tuvieran por debajo de nuestro poder, una parte de nuestras facultades permanecería inactiva, y no gozaríamos de todo nuestro ser. Tampoco en ampliar nuestras facultades, porque si nuestros deseos creciesen más al mismo tiempo, únicamente nos volveríamos más miserables: consiste en disminuir el exceso de deseos sobre las facultades, y en poner en igualdad perfecta el poder y la voluntad. Sólo entonces será cuando, estando todas las fuerzas en acción, el alma permanecerá tranquila y el hombre se encontrará bien ordenado.” (Rousseau, J.J., 1990: 115). Nos encontramos ante una de las premisas principales en la filosofía rousseauniana, donde expone que el secreto de una persona para ser feliz es no reprimir sus propios deseos. La forma de hacerlo es tener poca diferencia entre las facultades internas y los deseos, siendo la clave de esto, mantenerse cerca de su propia condición natural. Es decir, no es más que seguir la propia disposición primitiva de cada persona. Al igual que el hombre natural seguía sus instintos para su propia supervivencia, ha de actuar el hombre dentro de la sociedad moderna. Se trata de entender de entender que el mundo en el que vivimos tiene sus propios límites que siempre actuarán limitando el imaginario del hombre natural. Por eso, el hombre, dueño de sí mismo y no influenciado por la sociedad, ha de recortar su imaginario, y adaptarlo conforme a su condición natural, sin establecerse necesidades que son dadas por la sociedad artificial. De esta forma lo expone Rousseau: “El mundo real tiene sus límites, el imaginario es infinito; ya que no podemos ensanchar el primero, recortemos el segundo” (Rousseau, J.J.,1990: 116). No es más que aplicar esta idea en la infancia. De esta forma, siguiendo a Rousseau, se educa a los niños escuchándolos y aprendiendo de la naturaleza de ellos, es decir, del propio modo de ser de los niños, por ejemplo, dejándolos saltar, explorar, probar, dejándolos que experimenten hasta conseguir lo que quieren sin pedirlo, etc. Es por ello que hay que educar al niño en el uso de la fuerza, de la comprensión de la verdadera necesidad, de la comprensión de la impotencia, etc. (Rousseau, J.J., 1990). No se educa para las obligaciones y la obediencia. Se debe conseguir que ellos se muevan según su relación con sus propias voluntades, de forma que no se vean obligados a cumplir una ley o una norma, sino que su acto en sí está dentro de la norma. La libertad bien aplicada, es el elemento de la buena educación, siempre que sea dada por la experiencia, sin imposiciones ni castigos, ni siquiera transmitida de forma verbal.
39 Rousseau rechaza todo tipo de educación basada en preceptos y palabrería. Por ello, escribe el siguiente diálogo a modo de ejemplo: “El maestro: No hay que hacer eso. El niño: ¿Y por qué no hay que hacerlo? El maestro: Porque está mal hecho. El niño: ¡Mal hecho! ¿Qué es lo que está mal hecho? El maestro: Lo que se os prohíbe. El niño: ¿Qué mal hay en hacer lo que se me prohíbe? El maestro: Se os castiga por haber desobedecido. El niño: Actuaré de forma que nada se sepa. El maestro: Os espiarán. El niño: Me esconderé. El maestro: Os interrogarán. El niño: mentiré. El maestro: No hay que mentir. El niño: ¿Por qué no hay que mentir? El maestro: Porque está mal hecho, etc.” (Rousseau, J.J., 1990: 131) En este diálogo, el autor pretende mostrar la ineficacia de una educación basada en preceptos, diciéndole al niño lo que debe de hacer. De igual forma, tampoco hay que concederle nada porque lo pida de manera caprichosa, sino porque lo necesite verdaderamente, así no conocerá la obediencia cuando actúa ni el dominio si se actúa por él. Lo único que se puede hacer por el niño es suplirlo de fuerza en el caso de que le falte para ser libre, pero no para ser imperioso. En este sentido, hay que tener especial cuidado para darse cuenta de cuando necesita algo de forma natural, o cuando es fantasía o puro exceso de deseo. Para esto nos puede ayudar lo que percibamos según pida las cosas a través de las palabras, o del llanto. Puesto que, si siendo capaz de pedir con palabras, se ayuda con el llanto, debemos desconfiar de ese deseo. Una de las claves pedagógicas que el autor da para no caer en los caprichos del niño, es pactar con él todo cuanto se necesite, y si la proposición sale de él, mejor. De esta forma, explica Rousseau, si el niño ha pactado algo, es porque verdaderamente supone una
40 necesidad para él, pues de ser un capricho, no entraría en el compromiso de tener que verse en la obligación de realizar algo. Otra idea fundamental que Rousseau establece es la de educación negativa, la cual se dará hasta los doce años aproximadamente. Siguiendo lo que el autor escribe en su tratado, dice que la primera educación debe ser puramente negativa. Consiste, no en enseñar la virtud ni la verdad, sino en defender al corazón del vicio y del error (Rousseau, J.J., 1990). Esta educación se debe a que, ese período de la vida humana es el más peligroso, pues aquí es cuando se germinan los errores y los vicios, y no hay forma de destruirlos. Siguiendo a Sierra y Pérez (2013), Rousseau llama también a este tipo de educación, “método inactivo”, ya que no se entiende como un proceso activo de enseñanza, sino más bien evitar lo negativo de la vida. Se podría considerar como una educación preventiva, no obstante, más adelante se verá la concepción que el autor tiene sobre la prevención en el proceso educativo, resultando ser totalmente contradictorio. En definitiva, este tipo de educación es más bien un cambio en el papel del educador, de forma que, en lugar de añadir conocimiento en la cabeza del alumno, se trata de evitar resultados negativos en la experiencia del niño. La única manera para poder combatirlos es seguir el progreso natural, es decir, no intentar contrariarlos diciéndoles cual es la verdad o la virtud, simplemente limitarnos a protegerles el corazón del vicio y el error. De ahí el concepto de educación negativa, ya que se trata de mostrar lo que no se debería hacer, para que el niño sepa escoger siempre el camino natural marcado. Plantea la educación negativa, como un conocimiento de la infelicidad. Es decir, un espíritu que conoce la infelicidad, sabrá que hacer para no caer en ella. Conocer la infelicidad, según Rousseau, es experimentar la desproporción que puede existir entre deseo y facultades internas. Una vez que el niño haya experimentado esta sensación, no volverá a repetirla, lo cual conllevará a realizar únicamente lo que sí desea. Por tanto, la educación se basaría en la templanza, la sabiduría, la libertad de querer lo que se puede y hacer lo que le place (Vilafranca, I., 2012). Esta educación negativa se podría decir que es una educación de la moral, pues pretende enseñar a escoger las virtudes. No se trata de enseñar la virtud y los vicios, sino proteger al corazón de los vicios y al espíritu del error. Lo que ocurre es que el niño se encuentra
41 en una edad en la que, según Rousseau, el corazón aún no siente nada. Por ello, el autor plantea que se debe ejercitar su cuerpo, sus órganos, sus sentidos, y su fuerza, pero su alma seguirá permaneciendo inactiva. De esta forma, el alumno basará parte del aprendizaje de la moral en imitar a su educador. Dice Rousseau en la obra: “hay que hacer que los niños imiten los actos cuyo hábito se quiere que adopten, a la espera de que puedan hacerlos por discernimiento y por el amor al bien” (Rousseau, J.J., 1990: 154). Es decir, en este sentido, la actuación del niño dependerá del ejemplo que el maestro le esté dando, y así el niño adoptará el hábito de obrar virtuosamente. Para ello es necesario la postura virtuosa en los maestros. “Recordad que antes de atreverse a emprender la formación de un hombre, es menester haberse hecho hombre uno mismo; hay que encontrar en uno el ejemplo que se debe proponer” (Rousseau, J.J., 1990: 139). Rousseau profundiza un poco más en esta idea, diciendo que la verdadera virtud se halla en no hacer nunca mal a nadie, más que en el obrar bien. De ahí que establezca que las virtudes más sublimes son puramente negativas, ya que consisten en evitar caer en la ostentación. En cuanto al aprendizaje del niño, Rousseau defiende que los niños están en una edad de la sensación. Puesto que sólo retienen sensaciones, carecen también de memoria por lo que lo primero que hay que cultivar son los sentidos. Pedagógicamente hablando, propone establecer enlaces, conexiones y relaciones de todo aquello que se le enseña, de forma que llegue a juzgar actuaciones según su criterio. En un primer momento, un niño no sabe razonar por sí mismo, y ni siquiera retener razonamientos de otros. Por ello, no hay que pretender que un niño entienda la razón, si la entendiese no habría que educar. Es después de ejercitar las facultades cuando llega el razonamiento. No obstante, un niño puede saber razonar sobre aquello que siente, ve y conoce. Considera un error querer enseñarle geometría o historia, o cualquier otro arte de palabrería. En general, critica cualquier tipo de enseñanza basada en libros a esta edad. No porque carezcan de importancia, sino porque lo que se necesita es que el niño aprenda el deseo de conocer, y el saber en qué dirección debe poner la voluntad. Los sentidos y los órganos a ellos asociados sólo pueden desarrollarse mediante el ejercicio y la práctica continuada. Así expresa Rousseau su postura ante los libros durante esta etapa:
48 1990: 335). Eso es lo que Rousseau ha estado haciendo hasta esta etapa a través de la educación que le ha dado al niño. Por el contrario, el amor propio, es la fuente de pasiones rencorosas e irascibles, y nunca serán satisfechas, en palabras del autor: “el amor propio (…) nunca está contento y no podría estarlo, porque ese sentimiento, al preferirnos a los demás, exige también que los demás nos prefieran a sí mismos, lo cual es imposible” (Rousseau, J.J., 1990: 335). En este sentido, hasta ahora se ha venido dando una educación que ha hecho que el niño sienta pocas necesidades, y no se compare con los demás, gracias a que se ha llevado a cabo una educación natural. Esta es la esencia del hombre bueno que sigue su amor de sí. El niño que siente muchas necesidades y atiende a la opinión de los demás, es aquel que ha cultivado su amor propio, y se ha dejado llevar por los demás. Lo cierto es que, en esta etapa, el joven ha llegado a un momento de la vida en el que necesita relacionarse con los demás, por ello, es preciso enseñarlo a socializar. Emilio comienza a darle importancia al bienestar del otro, y no solo el de sí mismo, como se había venido dando hasta ahora. Ya en esta edad es un ser capaz de quererse y entenderse a sí mismo, por lo que está preparado para hacerlo con los demás. El educador pondrá a Emilio en contacto con la sociedad, le enseñará a amar a cada individuo y a despreciar la multitud. El joven necesita estas enseñanzas puesto que se enfrenta a la sociedad, en la cual su corazón se pone en peligro por la depravación surgida por nuevas necesidades impuestas por la sociedad. Tal y como apunta Agazzi (1971) comienza a introducir al joven en la educación religiosa, pues Rousseau considera que los niños antes de la adolescencia son incapaces de entender conceptos tales como alma, y que, por lo tanto, enseñarles esas cosas antes de este momento es peligroso. No obstante, aún no será capaz de comprender los conceptos religiosos complejos, por lo que no los aceptarán ni seguirán completamente, pues es mejor ser ignorante de Dios, que ofenderlo. No obstante, en esta etapa está contenida la famosa “Profesión de la fe del vicario saboyano”, con la cual el autor establece que la religión es algo natural que tiene su raíz en el orden moral, que, a su vez, es el carácter específico de la auténtica humanidad. Con esta idea criticó a las religiones reveladas hasta el momento. El propósito de esta enseñanza es evitar que su alumno caiga en el escepticismo o en la intolerancia. (Morales, F., 2002).
49 La adolescencia es la edad de la sensibilidad y el afecto, por lo que es importante recuperar la educación moral. En esta edad, ya se considera que los niños son físicamente fuertes y han aprendido a observar cuidadosamente el mundo, por lo que están listos para la última parte de su educación, los sentimientos. El educador debe dar ejemplo de estas enseñanzas, evitando los discursos. Además, también es una etapa donde se comienza a sentir curiosidad por la sexualidad, por lo que se le ha de dar nociones sobre ella. Como apunta Agazzi (1971) la sexualidad no debe ser provocada, pero sí hay que actuar frente a sus inquietudes y responder a sus preguntas, de forma verdadera. Las pasiones no deben ser reprimidas, pero se evitará el desarrollo precoz de esta para prevenir una desviación del curso natural. Siguiendo a Montero (2009) vemos que Rousseau establece que hay pasiones naturales, las cuales se consideran útiles, pero que de ellas derivan algunas que acaban siendo artificiales. Como ya se sabe, las naturales son las primitivas, y considera que son el amor de sí mismo, la piedad o conmiseración. La primera es la que lleva al niño al cuidado de sí mismo y al cuidado de lo humano que vive en él. La segunda, es la que hace que el corazón del joven comience a conmoverse por lo que otras personas sienten. Por este motivo, es cuando comienza la sociabilidad, y Emilio entrará en contacto en primer lugar con los pobres. De esta forma su razón se perfeccionará gracias a los sentimientos, pero siempre guiado por su educador. En cuanto a la amistad, el primer amigo que tendrá el joven será su educador, quien deberá ganarse el ánimo del alumno. Cuando Emilio pida una explicación, su educador se la dará, pero ha de ser breve, sincera, sin discursos y con alegría. En cuanto a la amistad con otros hombres, el joven comenzará a establecer vínculos con sus semejantes, pues la naturaleza hará que mantenga este tipo de relaciones gracias a sentimientos como la piedad, la compasión, la generosidad, altruismo, etc. (Colón, H., 2008). Mantener estos vínculos sociales hará que el joven ponga en práctica sus aprendizajes, ya que conocerá no solo a personas semejantes a él, sino que también conocerá a aquellos que han sido desviados por la sociedad. En estas relaciones, el joven sentirá compasión por estas personas, pero a pesar de sentir estima, no querrá parecerse a ellos. De esta forma sabrá distinguir el bien del mal dentro de la sociedad en la que vive. Según Morales (2002) en esta etapa, además de la educación de las pasiones, Rousseau coloca el razonamiento. Considera que ya es pertinente el estudio de la historia, ya que
50 expone los actos de los hombres, y el alumno ya tiene capacidad para juzgarlos. Por eso se le puede proporcionar cualquier libro, pues el joven es capaz de comprender y juzgar los libros con propiedad, gracias a la educación ha venido recibiendo, y por supuesto, no se dejará engañar por razonamientos falsos ni por prejuicios. En definitiva, con esta etapa, Rousseau considera que su alumno está preparado para enfrentarse a la sociedad civil. Gracias a la pedagogía que con él se ha practicado, el autor estima que su alumno será una persona que no se dejará influenciar por la sociedad corrupta, puesto que ha desarrollado una naturaleza interna que le hace actuar de manera bondadosa.
51 Conclusiones Como se ha venido desarrollando a lo largo de todo este trabajo, vemos que Rousseau, con su obra Emilio o De la educación, sienta las bases de la pedagogía moderna. El tema principal de la obra trabajada es la pedagogía naturalista, ya que propuso un sistema educativo basado en la naturaleza y en la experiencia, evitando dejarse llevar por los prejuicios, el camino convencional y la rutina. Como ya se sabe, durante el siglo XVIII, el conocido Siglo de las Luces, fue un siglo de auge para la educación, pues se le consideró la causante de la libertad en la vida humana, pues una persona educada y con conocimientos, podía llegar a encontrar la certeza de la vida y, por tanto, llegar a ser libre. En este sentido, Rousseau apoya la importancia de la educación para poder conseguir la sabiduría y la libertad humana. No obstante, sitúa la virtud en la naturaleza. Para él, la naturaleza es originalmente bondadosa y perfecta. No hay error en ella, por eso, es importante para él seguir el orden que la naturaleza nos va dejando, pues es perfecta. Teniendo en cuenta la tendencia educativa hacia lo natural que el autor estableció, vemos que, en parte, se desmarca un poco de la tendencia educativa que se seguía en el momento. Ese seguimiento de la naturaleza tal y como el autor lo propone, es lo que él llama satisfacer las propias necesidades y seguir las disposiciones primitivas que el ser humano posee. En su primera obra aquí analizada, Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, establece que el hombre natural vive feliz en su estado de naturaleza, ya que únicamente vive satisfaciendo las verdaderas necesidades que tiene, sin dejarse arrastrar por la sociedad. En el momento en el que se relaciona con otros hombres, y vive inmerso en el mundo de las rutinas y los camino preconcebidos, el hombre pasa a ser un hombre social, y deja de vivir feliz. Por tanto, hace claramente una distinción entre hombre natural y hombre social. También, en esta obra ya mencionada, el autor viene a decir que el hombre natural, posee una serie de disposiciones primitivas, que son las que van marcando las necesidades, las cuales, el hombre, sigue de forma instintiva, puesto que únicamente vive para satisfacer dichas necesidades. Estas disposiciones primitivas, dice Rousseau, son perfectamente buenas, puesto que forman parte de la naturaleza del hombre, y, como ya se sabe, al ser
52 naturales deben ser bondadosas. Dentro del hombre natural, estas disposiciones son la piedad y el amor de sí. El hombre ha de seguir siempre el camino que ambas disposiciones van marcando para llegar a la sabiduría y felicidad plena. El amor de sí es un sentimiento que hace en el hombre cuidarse a sí mismo y a los demás. La piedad es un instinto que el hombre natural siente, y le provoca la compasión y la empatía para saber relacionarse con otras personas. En el momento que el hombre se desvirtúa y no sigue este instinto, es cuando entra en juego el amor propio. Según Rousseau, el amor propio es el que nace de las relaciones con los demás. En el momento en el que el hombre vive inmerso en las relaciones sociales, tomando decisiones en favor de lo que cree que piensan los demás y actuando para el resto de personas, en lugar de para sí mismo, es cuando crece el amor propio. Este tipo de sentimiento es el generador de las envidias, ambiciones y codicias en el hombre, según establece Rousseau. Se puede decir, por tanto, que el amor de sí es el propio del hombre natural, mientras que, el amor propio es el que le corresponde al hombre social. En la siguiente obra analizada en este trabajo, Emilio o de la educación, el autor propone el método educativo que ha de seguirse para obtener a hombres naturales, es decir, hombres bondadosos, sabios y felices, que sepan vivir unos con otros, siguiendo sus propias disposiciones primitivas, como es, el amor de sí. Realmente ese es el fin de la educación tal y como Rousseau la concibe. Como ya se sabe, para este autor estudiado, la sociedad es la generadora de todos los males y vicios, es la que pervierte y destruye la buena acción del hombre. Deja en manos de las instituciones sociales la acción destructora, haciendo que, debido a ellas, existan rutinas, prejuicios y caminos preconcebidos. Es por ello que ve necesario la creación de un método educativo que esté basado en la naturaleza, pues es la única forma de hacer que la persona siga un modo de vida feliz. Este método educativo, tal y como el autor lo presenta en la obra, es una educación individualizada, pues se trata de un profesor para un niño. Rousseau lo hace así porque considera que el niño ha de ser plenamente atendido, pues es necesario conocer a la perfección el alma y el carácter del niño, pues de lo contrario, no sería una educación basada en la naturaleza. Es decir, ha de conocerse la naturaleza del niño. Además, el
53 contexto en el que Rousseau sitúa a su alumno es un entorno rural, pues de esta forma, el niño se va a relacionar con la naturaleza como es debido, dejando la sociedad civil totalmente alejada del pequeño. Esto va a permitir al educador tener un conocimiento real del niño, y poder conocer el genio que lleva dentro, que es una de las máximas fundamentales que Rousseau establece para poder obtener un hombre bien educado. Además, para ello, ha de tratarse a un niño como lo que es, es decir, un niño, y no como un “hombrecito pequeño”, que es lo que la sociedad en general hace. Por tanto, marca una serie de etapas dentro de la vida humana, y han de respetarse todas y cada una de ellas, pues de esta forma, conseguiremos una buena educación. Como vemos, en todo momento Rousseau sitúa su método educativo en el desarrollo de la naturaleza del niño. No se trata de una adaptación a la cultura ni a la sociedad artificial, pues se sitúan en un contexto de plena naturaleza. No obstante, uno de los propósitos que Rousseau también va a llevar a cabo con su método de enseñanza, es preparar a su Emilio para que sea capaz de afrontar la vida que le espera en sociedad una vez que haya conseguido la edad de madurez. Por lo que, visto desde este punto de vista, podríamos decir que estamos ante una forma de enseñanza que se basa en preparar al niño para que se adapte a la cultura. Teniendo en cuenta los dos puntos de vista posible, en mi opinión estaríamos más de acuerdo con Rousseau si nos situamos en la perspectiva que se apoya en el pleno desarrollo de la naturaleza del niño, puesto que esa es la clave para poder desarrollar el amor de sí en la persona. De la otra forma, estaríamos tendiendo a desarrollar el amor propio, lo cual, no es deseable. Como hemos ido señalando, estamos ante una propuesta pedagógica un tanto peculiar, puesto que se basa en un método de educación individualizada, en medio de un entorno rural, y totalmente alejado de la sociedad civil. Sin embargo, extrapolando el sistema educativo que Rousseau propone en su obra, vemos que es un método de enseñanza posible y con aportaciones positivas. Se puede sintetizar que, según esta concepción, el niño educado a la manera de Rousseau, independientemente si se educa de manera individual, o en el contexto de la escuela tal y como lo conocemos hoy día, es un niño que aprende a conocerse y cuidarse a sí mismo, gracias al amor de sí. De esta manera, aprende también a conocer y cuidar de los demás. También, enseñar al niño a seguir el instinto de la piedad natural, hace que gane empatía,
54 es decir, sepa ponerse en el lugar del otro. De alguna manera, la educación que viene a proponer Rousseau, es una formación completa de la persona, más que una mera instrucción en algún tipo de conocimientos. Es decir, repara más es hacer que el niño obtenga una serie de valores adecuados para afrontar la vida, que una preocupación por hacer que aprenda historia, por ejemplo. También es destacable las máximas pedagógicas que Rousseau establece en su tratado como ideas claves para seguir afrontando la educación hoy día. Estamos hablando de las máximas procedentes del naturalismo pedagógico: el respeto por cada una de las etapas de la vida humana, el respeto al aprendizaje autónomo de los niños basado en la experiencia, respeto al orden de los deseos para conquistar la felicidad, respeto a la libertad natural, y la primacía del proceso sobre el fin. De todas estas ideas pedagógicas fundamentales que Rousseau establece, se obtiene al hombre natural bien educado, capaz de vivir en sociedad de forma armónica y de la manera más natural posible. También, hay otra serie de ideas desarrolladas por el autor que siguen pareciendo interesantes. Es una de las ideas que Rousseau propone para alcanzar la verdadera sabiduría y felicidad humana. Se trata de disminuir el exceso de deseos de las facultades internas, de forma que se iguale el poder y la voluntad. Viene a ser algo así como, “querer lo que se puede”. Como ya se sabe, de manera natural, el ser humano presenta una serie de facultades internas. Estas facultades producen deseos en el hombre, haciéndolo actuar de una forma u otro en base a lo que desee. Lo que el autor propone es que se desee aquello que verdaderamente se pueda satisfacer y esté en la naturaleza de esta facultad. De no ser así, eso causaría una frustración en la vida de la persona, ya que no se permitiría cumplir el deseo, debido a la imposibilidad de no poder hacerse. En definitiva, se trata de igualar lo que se quiere hacer, a lo que se puede hacer, pues así no habrá que reprimir deseos y no surgirán frustraciones. De manera general, hemos ido viendo las máximas pedagógicas más importantes que Rousseau propone en su tratado Emilio o de la educación. Es obvio que no nos encontramos ante el tratado pedagógico más vigente posible, pero guarda la relevancia de haber sido uno de los primeros ensayos pedagógicos que cambiaron el rumbo de la concepción que se tenía de la educación en el momento, estableciendo una serie de ideas que han servido de base. Además, la propuesta naturalista que el autor hace con esta obra
55 aún conserva importancia, y marca un estilo de pedagogía que se puede seguir teniendo en cuenta, pues no se trata solamente de una formación educativa en la que el hombre adquiere gran cantidad de conocimientos. Estamos ante una forma de educación para la vida, para la búsqueda de la verdadera sabiduría y felicidad humana.
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