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La familia De la Cuadra

Otero Campos, José Andrés

Abstract

La presente tesis analiza la creación, mantenimiento y disolución de la fortuna y prestigio de una familia terrateniente sevillana a lo largo de tres generaciones, desde mediados del siglo XIX hasta el final de la Restauración. La familia De la Cuadra, originaria de Cantabria, protagonizó un movimiento migratorio que determinó su paso por México y, tras la independencia de este, a la Campiña sevillana, donde sus miembros adquirieron tierras. Allí se enriquecieron aplicando la mentalidad capitalista al campo mediante prácticas como el préstamo y la acumulación de propiedades para su arriendo, tanto rústicas como urbanas. Sobre esos cimientos económicos, emprendieron carreras políticas y devinieron en mecenas y hombres de cultura, cúspide vital que, debido a su errática estrategia inversora, pudieron mantener por muy poco tiempo antes de que su fortuna se diluyera. Dicho de otro modo, hemos sometido a análisis un ejemplo del llamado “síndrome Buddenbrook”, comprobando en qué puntos encaja y en cuáles difiere la realidad respecto al modelo teórico. A lo largo de este estudio, se ha analizado la conjunción de las esferas económica, política, cultural y social en una agrociudad – Utrera – y en torno a una familia – los de la Cuadra – que vivió el nacimiento, desarrollo y declive del caciquismo, los inicios de la Revolución Industrial en Andalucía o la formación de los valores burgueses.

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Universidad de Sevilla Programa de Doctorado en H istoria Departamento de Histor ia Contempo ránea La familia De la Cuadra Memoria para optar al grado de doctor presentada por: José Andrés Otero Campos Bajo la dirección de lo s doctores: José-Leonardo Ruiz Sánchez María Sierra Alonso Sevilla 2022 1 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN 9 1.1. Objetivos de la investigación 13 1.2. Fuentes y metodología 14 2. DE INDIANOS A JÁNDALOS: ANTECEDENTES FAMILIARES DE LOS DE LA CUADRA. LA EXPERIENCIA MEXICANA 25 2.1. El proceso migratorio en Cantabria en el siglo XVIII 28 2.2. Generaciones de emigrantes 32 2.3. Cuarta generación: Clemente de la Cuadra y Gibaja 35 2.3.1. La expulsión de los españoles 41 2.3.2. Parientes y paisanos que permanecieron en México 45 3. CREACIÓN Y DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO FAMILIAR. LA FAMILIA DE LA CUADRA Y EL MERCADO DE LA TIERRA EN UTRERA DURANTE EL SIGLO XIX 49 3.1. Introducción. El marco geográfico de Utrera 51 3.1.1. El término de Utrera desde la Reconq uista a finales del Antiguo Régimen 53 3.1.2. El fenómeno desamortizador 63 3.2. Creación del patrimonio familiar 69 3.1.1 . Francisco Gibaja Marroquín y la nueva burguesía agraria 69 3.1.2. Clemente de la Cuadra Gibaja: concentración del patrimonio 72 3.1.3. Enrique de la Cuadra Gibaja: consolidación del latifundio e inversio nes en olivar 79 El punto de partida : la herencia 79 2 Adquisiciones de E nrique de la Cu adra. L a sociedad con Gregorio de la Ma za 83 Otros monta ñeses 87 3.3. Arrendar la tierra: otra forma de explotación 89 3.3.1. Evolución del colonato y el problema del acceso a la tierra 90 3.3.2. Los colonos de la familia De la Cuadra 93 3.3.3. Arrendamientos de la familia De la Cuadra 95 3.4. Los De la Cuadra y la revolución indust rial aplicada al campo 104 3.4.1. ¿Inmovilismo o dinamización? Un estad o de la cuestión 104 3.4.2. “No he de parar hasta hacer de Utrera el Jerez del aceite” 108 3.5. Patrimonio urbano 114 3.5.1. La vivienda a fines del Antiguo Régimen y el impacto de la desamortización en el medio urbano 114 3.5.2. La familia De la Cuadra y la gestión del patrimonio urbano 120 La residencia fa miliar 120 La vivienda como bien económico 121 Los j á ndalos en Utrera y l a gestión del patrimonio urbano 127 3.6. El capitalismo aplicado al campo: préstamos y retroventas 129 3.6.1. El crédito rural en la primera mitad del siglo XIX 129 3.6.2. La obligación como forma de crédito 131 3.6.3. Prestatarios: prosopografía 134 3.6.4. Prestamistas locales 137 Joaquín Sánchez Cast relo 137 José García Cepeda 139 3.6.5. Prestamistas montañeses 140 Clemente de l a Cu adra: la clientela y la ampliación del patrimonio 144 3 Pablo Lavín De la Cua dra 150 Joaquín Martínez Mat ienzo 151 Pedro Rivas Rivas 153 José Gómez Pico 154 La presencia de otros jándalos en Utrera 155 3.6.6. La situación a partir de 1880 156 3.7. Los intentos por diversificar el patrimonio: iniciativas industriales y comerciales 168 3.7.1. Clemente de la Cuadra: la Compañía Mercantil de Cádiz y Sevilla 170 3.7.2. Enrique de la Cuadra y la diversificación de las inversiones 173 Fábrica de gas 174 Banca y seguros 176 Minería 178 Vapores y comercio 179 Suministro de agua 181 3.7.3. Fernando y Federico de la Cuadra Sáinz de la Maza: decadencia y fábrica de tejidos 183 3.8. El fin de la fortuna familiar 184 4. LAS TRANSFORMA CIONES POLÍTICAS DEL SIGLO XIX A TRAVÉS DE TRES GENERACIONES FAMILIARES 199 4.1. Liberalismo a ras de suelo: la instauración del nuevo régimen en Utrera 201 4.1.1. La formación de un círculo liberal en Utrera, 1808-1840 203 4.1.2. Moderados y progresistas 207 4.2. La época isabelina: Clemente de la Cua dra y Gibaja 217 4.2.1. Enfrentamiento con los liberales 218 4.2.2. El “buen administrador”: alcalde de Utrera y Rasines 226 4 Hacienda 234 Pósito 236 Suministro de aguas 236 Abastos 237 Urbanismo 238 Cárcel de partido 242 Partida rural 244 Educación 245 4.2.3. Breve paso por la política nacional 251 4.3. La Restauración: Enrique de la Cuadra y Gibaja 252 4.3.1. El auge republicano durante el Sexenio 254 4.3.2. Ingreso el conservadurismo sevillano 260 4.3.3. A la cabeza del romerismo sevillano 266 4.3.4. El “buen cacique” 278 4.4. El reinado de Alfonso XIII: Fernando y Federico de la Cuadra Sáinz de la Maza 290 4.4.1. Tendencias políticas en la Utrera del rein ado de Alfonso XIII 293 4.4.2. La consolidación de la clientela sanmarcialista 296 4.4.3. Un problema heredado: la falta de encaje en el conservadurismo 298 4.4.4. Ingreso en el Partido Liberal 303 4.4.5. La reforma electoral de Maura y el final de la familia De la Cuadra en política 315 5. FAMILIA, LUJO Y CULTURA: EL ESTILO DE VIDA DE LOS DE LA CUADRA 321 5.1. La formación de los valores burgueses 323 5.1.1. Establecimiento del círculo familiar en Utrera 323 5.1.2. Redes familiares: estrategias matrimoniales y transmisión del patrimonio 326 5.1.3. La cultura burguesa y construcción de la imagen familiar 336 El i nd ividuo 337 La mujer 340 El mat r imonio 341 La paternidad 343 La residencia 347 La muerte 353 Criados 353 Nuevos espacios de sociabi li dad 355 358 5 5.2. La cultura como cúspide vital 5.2.1. Ambiente cultural en Utrera a mediados del siglo XIX 359 5.2.2. La relación del burgués con la cultura 360 Mecenazgo artístico y coleccionismo 363 El burgués y la I gles ia 373 El burgués y la música: el teatro La Scala 378 6. CONCLUSIONES 383 7. FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA 397 8. ANEXOS 431 6 7 A José Mena, mi hermano, por estar siempre ahí 14 desamortización en los inmueb les urbanos, que sí tuvieron un mercado más activo. Nos queríamos cuestionar, además, las razones del fracaso de los De la Cuadra, sobre todo teniendo en cuenta ejemplos de sag as exitosas cercanas en el espacio y el tiempo, como la de los Ybarra, cuyo patrimonio y predominio político se mantuvieron en l a Restauración y más allá. Para ello, hemos analizado no solo el mercado de la tierra, sino también sus iniciativas empresariales. En la misma línea, hemos querido aclarar el grado de quietismo o iniciativa de la burguesía rural de Sevilla en el siglo XIX pues nuestra hi pótesis es que la fa milia De la Cuadra no constituye un simple caso de rentismo . El análisis de las estrategias sociales y económicas de los De la Cuadra ha conformado otro de nuestr os objetivos, pues en ellos se fusionan la fuerte so lidaridad de grupo montañesa, la rápida conversión de comerciantes a terratenientes o la a daptación al marco social de la Sevilla decimonónica. Hemos querido someter a examen sus formas de promoción, a través de la adscripción a instituciones políticas, sociales, religiosas y económicas, prestando esp ecial atención al concepto de prestigio o capital reputacional. Esto nos llevaría, en política, a cuestionar el papel del cacique: ¿Cómo era visto por sus vecinos? ¿Q ué grado de control social podía desarrollar realmente? ¿Qué métodos empleaba para conseguir el apoyo de la población? Nos interesaba examinar un ejemplo concreto de forma ción de clientela, en el que los vínculos de parentesco y paisanaje, sospechábamos, habrían de tener un papel relevante. 1.2. Fuentes y metodología El sujeto de la investigación ha condicionado nuestra forma de abordar la presente tesis, pues implica, necesariamente, transversalidad. La familia constituye la síntesis de varias esferas – la que corresponde a sus propias relaciones, la social, la política, la económica – que han debido ser estudiadas en su especificidad. Cada una de estas facetas supedita, asimismo, el tipo de análisis a aplicar : así, en los aspectos económicos tendrán mayor relevancia los elementos cuantitativos, con tablas y gráficos enfocados al examen de compraventas de tierras, valores de la misma y rentas; en lo tocante a la familia y sociedad, la aproximación se debe realizar desde una perspectiva más antropológica y social; respecto a la política, no podemos sino apoyarnos sobre todo en la bibliografía desarro llada por el departamento d e Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla. El ordenamiento por capítulos responde a una atención específica y diversificada a estas esferas, entendiendo que el primero, la economía, constituye la base sin la que no podría desarrollarse la actividad política y, a modo de culminación, la realización social y cultural, materia del 15 último capítulo. Por su especificidad, añad imos preámbulo sobre los orígenes familiares, de indianos de la segunda mitad del XVIII, que hemos reducido las páginas al mínimo suficiente para entender su e ncaje en la evolución de los De la Cuadra . En el capítulo dedicado a la economía intentamos dar respuesta a cómo se creó, consolidó y liquidó la fortuna familiar a lo largo de varias generaciones . También se aborda el tipo de patrimonio, fundamentalmente rural, pero con diversas tentativas de diversificación industrial y comercial que no cuajaron. Sobre esta base económica se cimentaría el poder político de la familia, que abordaremos desde una pe rspectiva municipal – Clemente de la Cuadra – , provincial, y nacional – Enrique y Fernand o de la Cuadr a – . A través de estas tres g eneraciones se pueden rastrear los orígenes, desarrollo y crisis del caciquismo. Nos interesa examinar facetas como la formación de la clientela, la consolidación del distrito como marco espacial de la Restauración, los mecanismos de control en manos de los jefes locales y las luchas por el control del partido. C omo tercer nivel de e sta pirámide, situam os la faceta social y cultural de los De la Cuadra, con la asunción de la moral burguesa del siglo XIX y los nuevos valores socia les. El trabajo en archivo ha ocupado buena parte de nuestra investigación, destacando el Histórico Provincial de Sevilla y el Histórico Municipal de Utrera. Del primero hemos ef ectuado un barrido s istemático de los protocolos notariales referentes a Ut rera, lo qu e nos ha proporcionado datos de las compraventas, préstamos y arrendamientos, fundamentales para poner en pie el capítulo dedicado a la tierra. Por una anomalía administrativa, buena parte de los protocolos d e Utrera se conservan en el Ayuntamiento de Utrera, sin que estén bien definidas las competencias de su custodia. Para acceder al mismo fue necesario un permiso de la notaria local, Rosa María Muñoz Carrión, si bien el control del mismo lo efectuaba un funcionario municipal, Javier Mena. Este depósito documental es de suma importancia ya que en él se encuentran los protocolos de los dos notarios con los que los De la Cuadra trabajaron preferentemente (frente a otros de la localidad con los que apenas tuvieron relación): Antonio de Campo Redondo y, a la muerte de este, Enrique López - Lacarra Asme. E ntre sus documentos se encuentran la mayoría de las transacciones de los De la Cuadra, así como sus testamentos y sus extensísimas descripciones de bienes. As imismo, se ha realizado un barrido de las a ctas ca pitulares de Utrera desde 1800 hasta 1910, serie que se conserva completa a excepción de los años del Trienio Liberal. No solo se han tenid o en cuenta los doc umentos relativos a los De la Cuadra: para contextualizar los mercados rural y urbano, al que dedicamos un epígrafe, se han recopilado datos de numerosos propietarios que ofrecen un panorama amplio de la economía de una agrociudad tipo de la Campiña sevillan a, como es Utrera. Toda esta información se ha volcado en dos bases de datos. La primera , en formato Access, contiene 6.351 entradas, en las que se contemplan las siguientes categorías: 16 TABLA 1. Elem entos cont emplado s en la base d e d atos sobre las prop iedades ELEMENTO S DESCRIPCIÓN Fecha Notario, signatura y númer o de folio. Nombre de la propiedad. Tipo de propieda d Tahona, casa bodega, comercio, cortijo, dehesa, enseres, fábrica , frutales , granero, ganado, hacienda, h uerta, metálico, mo lino, olivar, otros, pinar, posa da, r ancho, solar, tierra calma, v iña, vivienda. Dimensiones Fanegas o aranz adas. Número de pi es En el caso de cu ltivos leño sos, como o livos. Número de ca bezas de g anado Equino, ov ino, bovino, porcino, capr ino, panales de abej as. Tipo de transac ción Arrendamiento, comprav enta, devolución, donación, here ncia, per muta, retrov enta, subarriendo, su basta, vent a judicial. Valor de la transac ción En reales. Apellidos y nom bre del co mprador Localidad del co mprador Apellidos y nom bre del ve ndedor Localidad del ve ndedor Emplazamiento de la propi edad Calle, pago, tér mino mun icipal. Casilla para marc ar. En caso de propiedades afectadas p or la desamortizació n. Notas Recoge otros d atos de inte rés. Elaboración p ropia En función de las anteriores categorías, se puede consultar la información por comprador, precio, tipo de propiedad o años, organizando la información de acuerdo a nuestro interés. Hemos procurado reconstruir la historia agraria de la localidad a lo largo del siglo XIX a través del mercado de la tierra. Buena parte de esta información, aunque ayuda a contextualizar los principales fenómenos – desamortización, desvinculaciones, etc. – ha quedado inédita dados los propósitos de la tesis, pero estimamos que t iene cierto valor por sí misma y que constituye una buena base para futuras investigaciones. A tal efecto, hemos confe ccionado varias tablas Excel. La principal contiene los 89 cortijos de la localidad, partiendo desde 1790 hasta 1905. Las fechas han sido seleccionadas para tener una visión completa de los cambios desde el Antiguo Régimen hasta el siglo XX. Hemos segmentado a los propietarios y distinguido mediante una carta de colores los bienes de la Iglesia, de la nobleza y los de propiedad comunal. 17 TABLA 2 . T ab la Exc el con la evolu ción de lo s latifu ndios del término Fuente: Elabor ación propia Majalquivir Malavista G Marc hamor ón Mármol, E l Miguel de Uced a Mirand a Mirand illa Mont er a, La <> Az Mudape lo Nava de los Ballester os, La Pabellón Grand e Pardales Pardalillo Parpag ón T o Peñu elas, Las Per o Pé rez Pesco zal, El Pior no, E l Pinganillo, El Reyer ta, La Reyer tilla , La (o Reye rt as del G eribel) Ca r Ronc esvall es P M Rubio , El Ruc hen a Ruc hen illa Salvador Díaz San Mig uel Suer te Lozana Suer te Lozanilla Toran zo, El Torb i scal, El Torb i scalillo, El (o baldíos de Torr es, Las C Torr ecillas, Las Toru ño, El Trinidad , La Troy a Valcargad o J M Vento silla , La S Zar rac a tín Zar rac a tinejo Duc ado de Medinaceli Her manos Ar ia s de Patric i o G arvey Marqu e Famil ia Bécq uer Juan de l os Ríos Mate os Her mano Estado Ramón Pard o y descen dient es A Marqu esado de Santa Cr uz Famil ia Uret a Ure ta Manuel Patric i o Juan de l os Ríos Her manos Hospital d e la Santa Marqu esado de la Motilla/Santa María d e Gr a cia, etc . (dividido Estado Conv ento de La Trinidad (Se villa) Duc ado de Medinaceli José Rodr íguez Marqu esado Pedr o de Uret a Famil ia Bécq uer Enriqu e d e la Cu adra Rafael Cre spo Estad Dolo re s Monj e (v iuda d e Muru be) Enriqu e d e la Cr Lorenzo Gómez Ru iz, Ignacio Romero , Lucas Domín gue z Carmelitas Fausta Muru be Galán José Ildefonsa Conv ento de Du eñas (Sevilla) Conv ento de Mínimo s Her edero s de Simón Candau Simó n Cand au Enriqu e d e la Cu adra Ferna Enriqu e d e la Cu adra Cond ado de las L omas Fra Catedr a l de Sevilla An dr és G a rc í a Bor rero Fernand o Solís Her manos Duc ado de Medinaceli Her manos Gu er ra Tamar iz Cond ado de San Raf ael Juan Vicen te Gir á ldez Conv ento de Tr initario s Calza dos (S evilla) Jo Juan de l os Ríos Mate os Cond ado de Tor re s Caber a/ Conve nto de l So co rro (Sevilla) Cond ado de Hospital d e San Juan d e Dios Franc isco Ruiz- Marqu esado de Casa Ulloa An dr és Famil ia Mur ube Mon je Jos Marqu esado de la Motilla Vincu lación de A l onso Mi guel Marqu esado de Casa Ulloa (Vinculac ión de Seb astiana de la Caba) Cond ado de las Atalayas Estado Parr oquia de Santiago Duc ado de Medinaceli Conv ento de San ta Clara (S evilla ) Marqu esado de Ruc hena Clemente de la Cuadra Estado Duq ue de Medinac eli Joaquín y Marqu esado de la Gr anja Juan de l os Ríos Mate os Her mano Famil ia Franc isco Mur ube Duc ado Marc o de Uret a Duc ado de Alba Rafael Rod ríg uez Estado Famil ia de la Cámara Marqu esado Casa Ull oa Enriqu e d e la Cu adra Clemente de la Cuadra Marqu esado Her mano Marqu esado de Castilleja del Campo Juan Marqu esado de Santa Co l oma An ton i o Car ro Conv ento de San A l ber to (Sev illa) Vicen te José Vázquez Clement Juan Seño r Marqu és de Marqu esado de Valle Her moso Cond ado de San Re my Cond ado de las L omas Miguel Cor bach o Valdés Ma 18 Todo el caudal de inf ormación obtenido se ha volcado en tabla s que contemplan la evolución de la superficie de los predios; las haciendas de olivar, con su extensión y cambio de propietarios; las propiedades desamortizadas y el origen primero – a partir del siglo XV – de las tierras . A lo largo de nuestra investigación, fuimos percibiendo la importancia que tuvo, desde me diados de siglo, el p réstamo, monopolizado por los montañeses instalados en Utrera. En este sentido, hemos considerado necesario reflejar tal aspecto económico, que hemos trabajado de manera cuantitativa. Para el mismo, hemos empleado el programa Excel realizando tablas de los diferentes prestamistas, tanto locales como cántabros, estableciendo gráficas y tendencias que se susta ncian en el capítulo correspondiente. Las variables que hemos introducido en este estudio han sido: • Fecha del documento de préstamo. • Apellidos y nombre del prestatario. • Profesión del mismo. • Localidad. • Apellidos y nombre del prestamista. • Cantidad que se presta, en reales. • Interés. • Plazo de devolución. • Bienes hipotecados, en caso de haberlos. • Otros datos (en caso, por ejemplo, de ser un matrimonio que pide dos préstamos por separado, de ser el segundo o tercer préstamo que piden, etc.). También hemos consultado t odas las cartas de pago y reclamaciones para comprobar el grado de cumplimiento de los plazos y la ejecución de hipotecas. En dicho Excel se han estudiado los siguientes prestamistas, con el siguiente número de entradas: • Clemente de la Cuadra : 192 operaciones de préstamo. • Joaquín Martínez Matienzo: 280 operaciones. • Pedro Rivas Rivas: 128 operaciones. • Gregorio Sáinz de la Maza: 7 operaciones. • Pablo Lavín De la Cuadra : 67 operaciones. • José Gómez Pico: 162 operaciones. • Enrique de la Cuadra : 63 operaciones. • Otros prestamistas de origen montañés: 16 operaciones. • Distintos prestamistas utreranos: 230 operaciones. A partir de dichas tablas se elaborado los distintos gráficos que acompañan los textos de los capítulos dedicados a la economía. 19 TABLA 3 . Hoj a de cál culo Excel sob re p restamista s Fuente: Elabor ación propia Para el estudio la parte dedicada a la experiencia americana s e han empleado tres tipos de fuentes: archivos, hemerotecas y archivos privados conservados por distintos descendientes del mismo. La tarea en archivo se ha realizado en el Archivo Histórico Provincial de Santander, donde se encuentra documentación relativa a los pasaportes; el Archivo General de Indias, donde se han encontrado cartas de Clemente de la Cuadra rec lamando a familiares para México; el Archivo General de la Nación (México) ha aportado algunos datos respecto al mov imiento de montañeses por la antigua colonia española; de los archivos de la Public Library of New Orleans se han hallado documentos relativos a los pleitos comerciales que mantuvo, siendo de gran ayuda su archivero, Greg Osborn. Puntualmente se han estudiado expedientes del Archivo Histórico Nacional, Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y el Archivo Histórico Provincial de Cádiz. La hemerografía ha resultado fundamental para verificar las fechas, lugares y nombres que cita Clemente de la Cu adra en su autobiografía, siendo de gran utilidad diarios mexicanos y el New Orleans Bee . Respecto a los archivos privados, llama la atención que varios de los miembros de la familia Gibaja – De la Cuadra escribieran sus autobiografías, lo que constituye una fuente de conocimiento extraordinaria. La escritura de estos libros de memorias se explica gracias al alto índice de alfabetización de Cantabria desde mediados del siglo XVIII, cuando se activó el comercio atlántico pero, sobre todo, su AÑO RE CI BE CAN TIDAD ( e n real e s) IN TE RÉ S AN U A L PLAZO (e n años) H I P OTE CA POBLACIÓN DE RE CI BE PROFESIÓN 1873 Jos e f a Igl e s i as T amar i z 16000 10% 4 H acie nd a G ai l í n, 1 2 0 f ( M onte l l ano) M onte l l ano Ha ce ndado V i uda d e Cr i stób al R amos 1873 Fra nc i s c o M e re nci o M e sa 10000 10% 3 Rosa de l V e rdugo, 2 3 f ( M or ón) M onte l l ano Propi e tario 1873 Jos é de Ca mpo s Ace ro 6500 8% 1 C/ Cor re de ra , 4 3 U trera Fe rr ovi ar i o 1873 Fe l i pe d e B urgos M uruve 200000 7 ,5 0 % 3 C/ Vi ctor i a e squ i n a Ci l l a U trera L abr ador y hac e ndado Bur gos no ha podi do ev i tar l a di vi si ón de T roya e ntre sus hi j os , moti v o que le ll e va al prés tamo 1873 Juan M arí a Berde j a M e na 10000 8% 1 C/ Se vi l l a, 1 2 U trera Propi e tario 1873 Cris tóbal Sánc he z Cor té s 10000 10% 3 Sue rte 4 8 f M onte l l ano No tar i o 1873 Fra nc i s c o Gonzál e z Pé re z- Surga 60000 9% 2 Sue rte 3 f ol i var, s ue rte 7 f ol i var, sue rte 2 0 f , D oñ a J ac i nta 1 5 f ol i v ar, El Re c ue ro, 4 5 f ol i var U trera H ac e nd ado 1873 M ª Dol ore s M ar rufo Rui z 25000 8% 5 C/ B ar andi l l a, 1 2 , C/ Cor re de ra , 3 2 U trera Propi e tario 1873 Jos é D e l gado P é re z 40000 8% 3 Sue rte 1 5 ar ol i v ar , sue rte 9 ar ol i var, C/ R e i na, 5 , C/ Sa n ta Cl ara , 1 4 U trera L abr ador 1874 Jos é M arí a Bar e a P l ata 10000 11% 4 T i e rr a Cal ma 4 8 f E l Cor o ni l Pu e rto Se rra n o Arri e ro Si d e v ue l v e e l p ré stamo con ante l ación , de be pa gar l o s i n te re se s a n ual e s total e s . 1874 Fra nc i s c o A ri as de S aa ve dra y Domí ngue z 84800 0% 1 U trera H ac e nd ado Al 0 % por ami stad, s i supe ra e l pl azo de l año, tend rá un 8 %. 1874 Pe dro S ol ís A ri as de Saa v e d ra 20000 7% 4 M ol i n o en Co rr e de ra, 7 8 U tr e ra Propi e tar i o 1874 E mi l i a V i gne D o l area 31000 7% 4 Ol i v ar 3 f , tie rr a c al ma 1 1 f U trera Propi e tario E spos a de P e dro S ol ís A ri as de Saa ve dra. 20 redacción obedece a la aspiración de estos comerciantes en proyectar una imagen de éxito y de hombres hechos a sí mismos. La actividad comercial implicaba la producción de una abundante correspondencia. En el caso de Clemente, estas cartas están perdidas a excepción de tres; n o ocurre lo mismo c on la de dos de sus sobrinos, Pablo Lavín y Joaquín Martínez Matienzo, a los qu e dedicamos algunas páginas porque formaron parte fundamental de la estructura clientelar en torno a los De la Cuadra . En s us escritos, describ ían el día a día de la casa comercial en Tampico entre 1840 y 1846, año en que s e establec ieron en Utrera. Los originales se conservan en el archivo privado de Fernando Rivas, descendiente de los mismos. Para el hilo de la narración, contamos con un libro de Memorias manuscrito que ha permanecido en manos de la familia hasta la actualidad . En nuest ro caso, hemos segui do la versión transcrita que no s ha facilitado Fernando de la Cuadra Durán, tataranieto de Clemente 3 . Por el propio texto se deduce que fue redactado en 1859, en Rasines (Cantabria) . Abarca el periodo desde su niñez hasta fines de 1832, cuando retornó a la península. Dentro de lo que las p osibilidades documentales permiten, se han cotejado los datos de esta autobiografía con las fuentes históricas disponibles, concluyendo que fechas, personas, acontecimientos, y hasta nombres de embarcaciones coinciden de manera muy ajustada con el manuscrito . Aunque escasos, hay otros ejemplos de libros de memorias similares, como las que escribiera su tío abuel o Francisco Gibaja Marroquín, o la Rela ción verídica que con el fin de renova r beneficios recibidos, y repetir gra cias al c ielo: v oy a hacer de algunos de los acontecimient os que he experimentado dur a n te mi t rágica y larga vida, de Isidoro de la Fuente Pérez, publicados por Pérez Vejo en 2007 4 . Los tres textos comparten su carácter privado, destinado a la lectura de los familiares, y poseen el valor de ofrecer el punto de vi sta de los peninsulares ante un mundo, el del Méxi co co lonial, que se d errumbaba. Si la narración de Francisco Gibaja evidencia el triunfo en los negocios en la próspera Nueva España de la segunda mitad del XVIII, la de De la Cuadra está plagada de aventuras, de cambios de residencia y de peligros en el inestable México recién independizado. Afrontamos el capítulo dedicado a la política de los De la Cuadra con varias dudas que fueron despejándose gracias al consejo de los directores de la tesis. En primer lugar, la acotación tempora l se amplió hasta la Guerra de la Independencia y el surgimiento del liberalismo en una localidad como Utrera, desde una óptica que concibe la Historia 3 Se tr ata de un a transcripción del original hecha por Fernando de la Cuadra Durán, sin n umerar, lo q ue debe ser tenid o en cuen ta en las oca siones en que se cite el tex to. No sería el único libro au tobiog ráfico qu e escribiría De la Cuad ra . De l a Cuadra Du rán hace referencia a un libro de cuentas llamado “Cornudo y apaleado ”, en pr opiedad de otro fam iliar al que no hemos podido acceder, así como las Memorias d e gestión municip al de sus alca ldías en Utrera y Rasines. 4 PÉREZ VEJ O, Tom ás, “La vid a com o estereo tipo: m emorias de un comer ciante montañés en la nu eva España d el siglo XVI II”, Histo ria mexicana , Vo l. 57, nº. 1 [2007], pp. 193 - 262. 21 como un proceso qu e se construye también desde abajo. Tras los inicios del liberalismo en Utrera, analizamos la car rera política de C lemente de la Cuadra y la aparición de los usos caciquiles, desarrollados por su hijo Enrique y llevados al extremo de su elasticidad por Fernando, ya durante la crisis de la Restauración. Otro de nuestros temores consistía en no poder aportar nueva información de interés, ya que la política de la Restauración en Sevilla ha sido ampliamente trabajada por el Departamento de Historia Contemporánea desde los años 90, bajo la dirección del doctor Rafael Sánchez Mantero. En este sentido, las indicaciones de nues tra directora, María Sierra Alonso, han sido vitales para encauzar la investigación, que ha hecho especial hincapié en aspectos como la formación de las redes clientelares por parte de los De la Cuadra, las lucha s interinas por el dominio del distrito y la experiencia del Partido Reformista de Romero Robledo en Sevilla, cu ya jefatura ostentó Enrique de la Cuadra . La redacción del capítulo se ha nutrido, fundamentalmente, de una amplia bibliografía de historiadores co mo Tusell, Sierra Alonso o Caro Cancela, y también de la consulta hemerográfica. Af ortunadamente, la digitalización de numerosas cabeceras ha permitido la consulta de ejemplares a través de internet, si bien al gunos números en c oncreto han llegado a nuestras manos por archivos privados o previa solicitud a determinadas bibliotecas. Los portales más usados en este sentido han sido prensahistorica.mcu.es, del Ministerio de Cultura, y hemerotecadigital.bne.es, de la Biblioteca Nacional. A nivel local, el Ayuntamiento de Sevilla tiene digitalizadas las ediciones de La Andalucía , a partir de 1858, y El Noticiero Sevillano , que se han consultado por extenso. Lamentablemente, los periódicos que más nos interesaban no se encuentran disponibles en las hemerotecas a las que hemos acudido. Nos ref erimos a El Cronista , que fue propieda d de Enrique de la C uadra , y del que solo hemos encontrado transcritos al gunos artículos en o tros diarios – algo habitual en la época – . La hemerot eca de Sevilla solo conserva su primer número, al igual que la de Madrid. La búsqueda en los fondos de distintas universidades españolas ha ofrecido el mismo resultado negativo. Igualmente, hemos buscado, sin éxito, ediciones de dos periódicos locales que se publicaron en U trera en el último ter cio del siglo XIX, El Eco de U trera , del que sabemos que llegó a más de 80 números publicados con cadencia semanal, y El Sonámbulo , del que solo hemos encontrado el primer número, en el archivo de Eduardo González de la Peña. Otras informaciones procedentes de la Gaceta de Madrid y del Boletín Oficial de la Provincia han aporta do algunos datos de i nterés para el trabajo. También debemos agradecer en este sentido la colaboración de Fernando de la Cua dra Durán, que nos dio acceso a las nota s sobre sus antepasados. Lamentablemente, apenas conserva documentación original, siendo la mayoría de su contenido transcripciones a cargo del propio Fernando, e i ncluso, testimonios orales procedentes de su padre, que hemos considerado válidos para nuestros propósitos; e n cualquier caso, se indicará a pie de página cualquier testimonio de tipo oral. 22 Uno de los aspectos más ignotos de nuestra invest igación es el que aborda la historia de las familias. Aquí, el principal riesgo lo constituía la falta de fuentes y, hemos de reconocerlo, de herramientas para su interpretación. Para ello, ha sido necesario en primer lugar d otarnos de cierta base conceptual, gracias a la bibliografía sugerida por los directores de la tesis. También gracias a su intervención, ha resultado la clave la inclusión de fotografías de la é poca, tanto retratos familiares como de las estanc ias de su residencia, para reconstruir el m undo burgués. De un mod o orgánico, la redacc ión del capítulo derivó hacia el estudio de la imagen del burgués decimonónico, el triunfo de sus valores, la separación entre lo público y lo privado, y los complejos protocolos sociales que se fueron articulando a lo largo del siglo XIX, todo ello dentro del contexto de la Campiña sevillana. Además, tratamos d e un colectivo muy concreto, el de los jándalos, es decir, emigrantes montañeses en Andalucía. La solidaridad de grupo de estos, ya advertida por sus contemporáneos del XIX, tuvo una plasmación ejemplar en el caso de Utrera donde, en torno a la familia Gibaja – De la Cuadr a se articuló una red clientelar que se confunde con la propia del sistema caciquil, añadiend o así un nuevo com ponente a nuestra investi gación. Hemos estudiado el proceso de e migración a Utrera en sucesivas oleadas, así como sus relaciones familiares, especialmente las estrategias matrimoniales, para lo que se han consultado los Archivos Provinciales de Cádiz y de Cantabria. Para la recons trucción del árbol genealógico de l os De la Cuadra, que finalmente se ha plasmado solo en parte por la complejidad del mismo, se ha completado nuestra búsqueda con la consulta del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, gracias a los e xpedientes de hidalguía que se explicitan en la redacción. Todo ello se ha volcado en varios árboles genealógicos elaborados a través del programa GenoPro, que ha resultado de gran utilidad para clarificar aspecto s como los matrim onios entre familiares, segundas nupcias o la jerarquía clientelar en torno a los De la Cuadra. 23 IMAGEN 1 . Á rbol gene alógico d e la familia Gib aja- De la Cuadra , en Geno Pro Fuente: Elabor ación propia Precisamente comenzamos el desarrollo de nuestro trabajo en torno al fenómeno m igratorio protagonizado por los montañes es a partir del siglo XVIII, hecho que resultó determinante para la instalación, años después, de la familia Gibaja – De la Cuadra en Utrera, objeto de nuestro estudio. 30 promueve el comercio de Indias, ni las, a veces, m eteóricas carreras hacia la cúpula de l negocio de algunos miembros participantes e n él . 11 Cádiz era también, y fundamentalmente, un puerto franco en el que las mercancías llegaban y se reexpe dían, pero en la que apenas se producían manufacturas. El negocio estaba en el comercio, lo que unido a la escasez de tierra s, permitió la aparici ón de una burguesía comercial; las mismas condiciones se reproducían en Santander a fines del siglo XVIII. El control comercial era d isputado entre extranjeros y peninsulares, estos últimos protegidos por el Consulado de cargadores, al que los comerciantes montañeses se adscribieron. Ya entonces eran perceptibles las relaciones de protección y solidaridad entre ellos, a travé s de instituciones sociales, religiosas o, como el caso del Consulado, económicas. Tal sistema no hizo sino reafirmarse una vez cruzado el Atlántico. Las grand es beneficiarias del mismo fueron las nu evas oleadas de emigrantes, que disfrutaron de unos cauces de ascenso económico y social perfectamente implantados. Durante casi un siglo mantuvieron su vigencia, fortaleciéndose con los nuevos aporte s demográficos y la multiplicación de instituciones, las estrategias matrimoniales o la asociación comercial. El resultado fue el surgimiento de una élite social que basaba su preeminencia en los negocios. Las revueltas y posterior independencia americana derribaron el sistema que sostenía el predominio de los peninsulares. Tras los decretos de expulsión de 1827 y 1829, muchas fo rtunas se refugiaron en Cuba, a donde trasplantaron, no solo sin c ambios, sino aumentada s, las redes familiares y de paisanaje. O tro grupo logró mantener sus negocios en México a través de sus hijos, nacidos en la excolonia y, por tanto, ciudadanos de pleno derecho. Un último segmento emprendió el regreso a España, perdiendo el grueso de su hacienda, al impedir los decretos de expulsión la salida de capitales del país. En todo caso, se asistía al fin de una etapa que se había prolongado durante aproximadamente un siglo. Algunas fuentes sitúan la emigración clandestina en torno al 20% , de ahí, la ausencia de licencias de embarque en bastantes casos. Al igual que el contrabando, se vio favorecida a fines del periodo colonial por la falta de control institucional, la multiplicación de puertos de salida y la situación de guerra en el Atlántico, lo que también explica la mengua en la canti dad de datos sobre emigrantes a partir de 1800. 11 BUSTOS ROD RÍGUEZ, M anuel, Cád iz en el sistema atlán tico. La ciud ad, sus comerciantes y la actividad mercantil ( 1650- 1830), Cádiz, Sílex, 2005, p. 358 . 31 GRÁFICO 1. Destinos en la Junta de Paray as, por ciud ad, 1717 - 1816 Elaboración p ropia a part ir de las licenc ias de emb arque en el Archi vo Gene ral de Indias GRÁFICO 2. Emigración por vir reinato s en la Junt a de Paraya s, 1717 -1 816 Elaboración p ropia a part ir de las licenc ias de emb arque en el Archi vo Gene ral de Indias 0 5 10 15 20 25 30 Buenos Aires México Guadalajara La Habana Montevideo Oaxaca Querétero Veracruz Lima El Callao Campeche Cartagena de Indias Tierra Firme Guachinango Nueva España 0 10 20 30 40 50 Virreinato de la Plata Cuba Nueva España Perú Nueva Granada 32 GRÁFICO 3. Modalidad d e emigración Elaboración p ropia a part ir de las licenc ias de emb arque en el Archi vo Gene ral de Indias 2.2. Generaciones de emigrantes Los primeros emigrantes del área objeto de nuestro estudio – la Junta de Parayas – se distinguieron por su escaso número y su relación con tareas administrativas y militares, a mpliando pronto sus actividades con el comercio. Así, los hermanos Villan ueva Pico desempeñ aron cargos al servicio de la monarquía; los hermanos Gil de la T orre tenían antecedentes en América dedicados al gobierno y al ejército; y lo mismo ocurría con las familias Gibaja y De la Cuadra . De la dedicación al comercio se ex trae otra característica significativa: se trata ba de individuos alfabetizados en l a práctica totalidad de los caso s. En las cartas de lo s propios emigrados reclamando a familiares para América, se les ponía como condición saber leer , escribir y contar, habilidades impr escindibles para los negocios. Una vez en Nueva España, ocuparon puestos en la administración local, como altos cargos en los consul ados (vedados, por o tro lado, a los no peninsulares); se hicieron familiares del Santo Oficio y dotaron económicamente capellanías y hermandades, como la del Santo Cristo de Burgos en ciudad de México. Todo ello perfilaría un grupo social cohesionado y solidario, donde se solapaban intereses económicos y familiares 12 . Cuando la colonia montañesa en Nueva España empezó a ofrecer ciertas garantías de prosperidad económica , el flujo de emigrantes aumentó de manera significativa, entr e 1770 y comienzos del XIX. Entonces, dos hechos concatenados frenaron la llegada de montañeses : 12 Para más infor mación véase POLO SÁNCHEZ, Julio Juan, “ Vasco s y montañeses: arte, po der e identidad es nacio nales e n el v irreinato de Nu eva E spaña ”, Acta/Artis. Estud is d’Art Mod ern , nº 3 (2015 ) pp . 63 - 73 . Administración y e jército Comerciantes por cu enta propia Reclamados por parie ntes Criados Escribientes sin parie ntes en destino N o consta 33 la guerra de la Independencia en Españ a y el proceso de e mancipación colonial. A partir de 1820 , la corriente migratoria, a la vez que crecía, se desviaba a Cuba y, muy particularmente, a La Habana, convertida en refugio para las fortunas expulsadas de México. GRÁFICO 4. La emigración en la Junta de P arayas, valles de Ruesga y Gu riez o, 1710 -1 840 Elaboración p ropia a part ir de las licenc ias de emb arque de l Archivo Gen eral de Ind ias Aproximando el foco a las poblaciones de la Junta de Parayas, se pueden distinguir cuatro generaciones de emigrantes: • Primera. Estuvo formada por los miemb ros de la familia Villanueva Pico, compuesta por varios hermanos nacidos a comienzos del siglo XVIII . Comenzaron sus carreras al servicio de la Corona, circunstancia que les llevó a Madrid. En la Corte entablaron las primeras relaciones comerciales con los Cinco Gremios Mayores de la Corte. A partir de 1730 se instalaron en Cádiz, donde fund aron casa comercial y se iniciaron en la carrera de Indias con éxito, convirtiéndose en cargadores que comerciaban con los princi pales puertos americanos. Bustos Rodríguez apunta el ejemplo paradigmático de los navarros Antonio y Roque Aguado, con los que los Villanueva Pico, originarios de Rasines, guardaban una trayectoria significativamente paralela: origen en la zona septentrional de la península, llegada a Cádiz en la década de 1730, ingreso en el 0 10 20 30 40 50 60 Parayas Ruesga Guriezo 34 Consulado, asociac ión de los herma nos en una merc antil, enriquecimiento meteórico en los negocios, establecimiento de una red de contactos comerciales y asociación de parientes que constituirán la segunda generación en la empresa familiar. 13 El resto de individuos de esta primera generación no alcanzaron la resonancia de los Villanueva, destacando por la heterogeneidad de sus destinos, el hecho de no contar con el respaldo de famil iares en América y la realización del viaje solos o, a menudo, como criados de cargos de la administración o el ejército. • Segunda generación. Nacidos en la década de 1730, con Andrés Gil de la Torre y Francisco de Gibaja Marroquín, antepasados de los De la Cuadra. Se trata de jóvenes emigra ntes que se iniciaron en el comercio ultramarino hacia 1760. Tuvieron Veracruz como sede principal. Allí se erigieron como burguesía dominante, aplicando estrategias matrimoniales ventajosas y articulando redes económicas, políticas y sociales. Con la liberalización d e los puertos peninsulares, se estableció una alianza trasatlántica con Gil de la Torre como prior del consulado de Veracruz y Gibaja Marroquín en el puerto santanderino. Completando el esquema situaron a familiares como agentes de negocios en la Corte y sus compañías absorbieron a buena parte de sus compatriotas recién llegados. • La tercera generación, nacida hacia 1760 -70, se ben efició plenamente de las redes familiares y ve cindad levantadas p or los anteriores. Se trata de los rasinienses Manuel Viya Gibaja, emparentado con los miembros de la anterior generación, y José Martínez Barenque. Bajo la protección d e sus parientes mayores, emigraron como simples aprendices la mayoría de los casos, para emanciparse pronto e iniciar su carrera en los negocios. Con ellos se asiste al afianzamiento definitivo de la comunidad cántabra en México, observable en su dominio de las instituciones políticas (consulados, Ayuntamientos), económicas (compañías de com ercio) y culturales (hermandades religiosas). • La última generación es la de n acidos a fines del siglo XVIII o a comienzos del XIX. A ella pertenecía Clem ente de la Cuadra (1803- 1873). Destinados a aprovechar y continuar la tradición familiar en Nueva España, encontraron como la independencia mexicana destruía sus mecanismos de promoción social. Las circunstancias forzaron una trayectoria vital, entre 18 15 y 1835 aproximadamente, l lena de altibajos, con finales muy dispares, desde la permanencia en México al contrabando o el regreso a la península. Cabe preguntarse por las causas d el enriquecimiento generalizado, y a menudo formidable, obtenido por estos emigrantes. Aunque a continuación se pormenorizará en cada caso, hay que advertir que la escasez de fuentes impide un estudio cuantitativo riguroso; iniciativas 13 BUSTOS ROD RÍGUEZ, Man uel, Cád iz en el sistema… , p. 175 . 35 como la de José Miguel Lana Berasáin, que actualmente trabaja sobre un archivo de 335 cartas comerciales de Francisco de Gibaja, paliarán, y mucho, este vacío. A pesar de este inconveniente, pueden deducirse varias causas: en principio, se trató de un grupo con un cierto nive l económico de partida. Con probadas conexiones en la Corte, gozaban de la promoción y protección del Estado mediante virreyes, intendentes, etc. Además de su estat us, su educación les capacitaba para los negocios y cargos políticos a los que, gracias su c ondición de peninsulares – , unos 15.000 para todo México a comienzos del XIX – tenían acceso prácticamente en exclusiva. Nueva España, no debe olvidar se, ofrecía enormes posibilidades de enriquecimien to con el a uge minero del XVIII. Por último, no se pueden desdeñar las prácticas comerciales ilegales. Casi la mitad de las mercancías que entraban en América lo hacían de contrabando, según Elliot 14 . Peninsulares y criollos se lucraron introduciendo géner os ingleses, holand eses y portugueses de manera ilí cita. La situación intermitente de guerra con Inglaterra en l a segunda mitad del XVIII, con el bloqueo del Atlántico, no haría sino favorecer el mercado clandestino. 2.3. Cuarta generación: Clemente de la Cuadra y Gibaja El linaje De la Cuadra procede del área cántabro – vasca, concretamente del valle de Carranza (actual Guipúzcoa) donde se hallaba asentado desde al menos el siglo XVI. De allí saldrían distintas ramas familiares que se asentaron en los valles cercanos, como el d el Asón, en la s iguiente centuria 15 . En el XVIII, var ios miembros de la familia alcanzaron puestos relevantes en la administración y el ejército. 16 Entre tales ascendientes sobresalieron Mateo De la Cuadra y Ranero (1724-1804), que hizo carrera militar. En 1767 alcanzó el rango de capitán en el regimiento de infantería de Zamora. Poco después, con el rango de coronel, fue nombrado gobernador de la provincia de Chucuito (Perú), donde al parecer cometió varios excesos, fugándose posteriormente. En cualquier caso, debió ser perdonado, pues hacia 1792 recibía el título de caballero de la Orden de Santiago 17 . Otro antecesor célebre fue Sebastián De la Cuadra y la Llanera (1687 -1766) , natural de San Julián de Múzq uiz, en Vizcaya. Caballero de la Orden de Santiago y 14 ELLIOT, John, I mperios del mun do a tlántico: España y Gran Bretaña en América (1492 -1830) , Ma drid, Tauru s, 2021. 15 HUIDOBRO SANZ, David , “El linaje De la Cu adra del v alle de Arranza y sus descen dientes los De la Cuadrao o De la Cuadrado de Cantabria y Burgos”, Hidalguía , Año LXIb [2014], nº. 364-3 65, pp . 395- 420 . 16 ARCHIVO DE LA REAL CHANCILL ERÍA DE VALLADOLID (en adelante, ARCV), SALA HIJOSDALGO, Caja 1023 , Exp. 37. “la f amilia De la Cuadra es muy cono cida y distinguida en esta villa y su comarca, h abiéndose empleado muchos d e ello s en el servicio de su m ajestad, en el que h an ob tenido empleo s de gradu ación hasta el de min istro de E stado”. 17 DE CADENAS Y VI CENT, Vicente, Caballeros de la orden de Santiago, siglo XVIII, tomo V, Madrid, Edicion es Hidalguía, 1979, p. 1607 ; AGI, CONSEJOS, 20 318, Ex p. 1. 36 miembro de la Orden del Toisón de Oro, perteneció a la ge neración de nuevos altos cargos que Felipe V prom ovió en detrimento de la vieja nobleza castellana. Bajo el reinado de este, alcanzó el cargo d e secretario de Estado y de Gracia y Justicia, siendo nombrado finalmente como marqués de Villarías 18 . La familia de Clemente constituía una r ama menor, establecida en Ampuero desde finales del siglo XVII. El padre, Juan De la Cuadra García (1764 -1839), era hidalgo, estatus que, como se ha señal ado, estaba prácticamente universalizado en Cantabria. En 1798 contrajo matrimonio con Manuela Gibaja Gibaja, del cercano pueblo de Rasines. La posición de la esposa debía ser algo más holgada, ya qu e la pareja terminó por instalarse en este pueblo, donde Manuela había heredado una vivienda, una pequeña huerta y varios minifundios que no superaban los 1500 metros², todo ello valorado en menos de 10.000 reales 19 .Clemente de la Cuadra y Gibaja nació en Rasines el 23 de noviembre de 1803, siendo el sexto hijo del matrimonio. Recibió su primera instrucción en la escuela de Rasines, fundada en 1788 por sus parientes Andrés Gil de la Torre y Francis co de Gibaja, siendo su maestro Manuel Martínez Bustillos. En 1814, salía de la escuela sabiendo leer, escribir y contar. Al objeto de adquirir alguna experiencia previa, su padre lo colocó en un comercio de Lared o propiedad de Fran cisco Orense y Rávago ( 1781-1846), marqués de Albaid a. Bajo su tutela, perfeccionó la gramática y adquirió rudimentos de náutica, otra de las disciplinas apropiadas para el comercio, dada la práctica de las casas comerciales de enviar a un sobrecargo en los buques que velara por la mercancía. Adquiridos los conocimientos que se estimaban necesarios para el desenvolvimiento profesional, llegó el momento de la partida, siendo encomendado por su padre a la familia de Manuel Viya y Gibaja , en Veracruz, a donde llegó en el otoño de 1816. Tenía solo 13 años, y probablemente realizó el viaje en compañía de otros jóvenes emigrantes de su misma condición. 20 El contacto con la familia en Rasines se mantuvo, como constatan la abundante corres pondencia, envíos d e dinero y el siempre presente horizonte de una vuelta a la patria como indiano rico. Allí hacían gala de su riqueza construye ndo fastuosas mansiones, cuya arquitectura ha sido estudiada en profundidad por Aramburu- Zabala, además de fundar institu ciones educativas y hospitales que demostraban su generosidad con la tierra natal, patrón común a indianos asturianos, navarros o catalanes 21 . La comunicación de Clement e con su familia en Cantabria debió ser fluida; en una parte del relato, por ejemplo, menciona un barril 18 AHN, OM – CABALLEROS SANTIAGO, Exp. 2239. 19 Heren cia de Clemente de la Cuad ra , recibida a la muerte de su padre en 1 839, divid ida a medias con su herman a Feliciana. 20 Biog rafía de José María Or ense y Milá de Arag ón, disponible: http://d be.rah.es/biog rafias/7322/jo se - maria-o rense- mila- de -aragon-y- herrero [ consulta: 26 de agosto d e 2020] ; DE LA CUAD RA Y GIBAJA, Clemente, Memo rias , inéd ito, tran scrito po r Fern ando d e la Cuadra Durán , s/p. 21 YASHIMA, Yukari, “Lo s indianos y sus redes personales y empresar iales en el co lonialismo español del siglo XIX: el caso de José Xi fré y Casas”, Illes i Imp eris , nº 19, 20 17, pp. 125 - 144 , p. 129 . Jo sé Xifré levantó un hosp ital a su vuelta a Arenys de Mar, en 1839 . 37 de chacolí que su padre le envió a Nueva Orleans, en 1832. Aunque no en su caso, comerciantes próximos a él, como Juan del Juncal o los de la Lastra, viajaban con frecuencia a Cantabria, siendo ha bitual que llevaran dinero y cor responden cia para los familiares de otros paisanos 22 . Para 1816, México se encontraba inmerso en la revolución independentista y el sistema que garantizaba privilegios de los peninsulares, en crisis. Tras los fusilamientos de Hidalgo y Morelos, la insurgencia deriv ó en una guerra de g uerrillas lideradas por Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria. Los tiempos eran poco propicios y Manuel Viya, que preparaba su regreso a la península, envió a Clemente a ciudad de México 23 . La capital, el centro redistribuidor más importante de todo el virreinato, ofrecía más seguridad a los peninsulares por ser plaza fuerte del ejército realista. Desprovisto de la protección familiar, De la Cuadra se vio for zado a recurrir a la red d e paisanos, trabaja n do como dependiente de varios de ellos. Los múltiples movimientos de De la Cuadra entre 1816 y 1832 tuvieron siempre el referente del paisanaje: acudía allí donde había antiguos vecinos establecidos, ya fueran comerciantes (área costera de México) o mineros (San Luis de Potosí). De esta red obtuvo cobijo, empleo y préstamos que le permitieron emprender negocios más ambi ciosos, tras unos primeros años de aprendizaje. A comienzos de 1817 Clemente llegaba a la ciudad de México, donde permaneció dos años. Obtuvo su primer empleo como d ependiente de una tienda de ropas al por menor propiedad de Francisco Javier Heras Herrera que tenía en el Parián, un mercado de lujo junto a la plaza del Zócalo. En 1818 p asó al comercio de otro rasiniense, José Martínez Barenque, quien le ofreció su primer sala rio, de cien duros anuales . Con él trabajó hasta 1820, cuando el conflicto independentista afectó al comercio de la capital. Por entonces, México experimentaba el avance del ejército Trigarante, y la independencia se intuía próxima. El gobernador Juan O’Donojú, llegado a Veracruz en el verano de 1821, se entrevistó con Iturbide en Córdoba el 24 de agosto de ese año, lo que fue recibido por los españoles como una traición . El propio Clemente manifestaba en sus Memorias que la independencia suponía un perjuicio para mi patria y sin provecho en cambio pa ra los naturales honrados, que fueron los primeros q u e sufri eron las consec u encia s que inmediatam en te si guieron. 24 22 AGI, INDI FERENTE, 2 152, N.3. 23 AHPC, Pro toco los Notar iales, 462 , f. 989 - 997, Testamento de Ma nuel de Viya y Gib aja, [9 de o ctubre de 1826]. En eso s mo mento s, Viya estaba mov iendo sus ca pitales hacia Cádiz, do nde recaló fin almente el 21 de octubre de 18 21, recién p roclamad a la independen cia mex icana. En su testamen to señalaba “la precipitació n con que m e vi precisado a emigrar de aquella ciudad”. 24 DE LA CUADR A Y GIBA JA, Clemen te, Memorias , inédito , s/n. 38 Barenque se vio obligado a prescindir del joven, a qu ien siguiendo las reglas de solid aridad de la comunidad montañesa, buscó una ocupación en el valle de San Francisco, próximo a San Luis de Potosí 25 . Tras un año en una tienda mestiza- comercio en el que se exp endía todo tipo de género – se asoció con el montañés Ignacio Fernández, con la intención de explotar una mina en Real de Catorce, pueblo fundado en 1778 al descubrirse grandes yacimientos de plata en la zona. Se enclava en una región inhóspita, a gran altu ra (2770 m.), y de muy difícil acceso. Por entonces tenía 4.000 habitantes, cifra que podía doblarse si las minas entraban “en bonanza”, es decir, si se descubrían grandes filones. Entre ellos se contaba una importante colonia hispana y, más precisamente, montañesa. 26 Un buen número de colonos llegaba a la región con fuertes expectativas de enriquecimiento, pero sin ningún conocimiento práctico. El propio Clemente confesaba en sus escritos haber pasado la mayor parte de 1821 a “700 o 800 varas de profundidad”, buscando i nútilmente una veta que les hiciera ricos. La sociedad se rompió cuando este enviudó y tuvo que devolver la legítima a su suegro, quedándose en bancarrota. Por su parte, De la Cuadra se hizo cargo de la Hacienda de Cedros, una 25 ME NDOZA GARCÍA, Je sús Edgar: “La secu larización de los ho spitales y el Ayu ntamien to d e la ciu dad de Méx ico ante el decreto de supresión de órden es monacales , 1820 - 1822 ”, Andamios , volumen 1 5, nº 38, septiembre -diciem bre, 2 018, p p. 3 39 -364 ; BENSON, Ne ttie Lee, La Diputació n Provin cial y el federalis mo mexicano , Universidad Nacional Autón oma d e México, México, 1994, p . 136 ; Archivo General de la Nación ( en adelante, AGN), Instituciones Gu bernamentales: épo ca moderna y contemp oránea, Administració n Pública Fed eral S. XIX, Go bernación Siglo XIX, Movimiento Marítimo, Pasaportes y Cartas de Segu ridad (129)/ Pasaportes, Volumen 52 [13 de enero de 1 831] ; El Sol , n º 1025 [5 de abril d e 1826], p. 4 ; El Fén ix de la Li bertad , n º 29 [26 de en ero de 1833 ], p. 3. Heras co nstituía el arqu etipo d el peninsu lar p rivilegiado en Nueva E spaña, y co mo tal er a u n firme defen sor del dominio español. Formó parte d el Ayu ntamiento con sti tucional de México a comienzos del T rienio, y t ras la independen cia, logró adaptar se a la nueva situac ió n, integrándo se en instituciones com o la Diputación de Méx ico (órgano que funcio nó entre el 5 de m arzo de 1822 y el 18 de septiemb re d e 1823) y del Con greso; y continu ó co n sus nego cios. En 1833 seg uía apareciendo como ciudadano exceptuado de la expulsión 26 Hemos en con trado las licencias de embarq ue d e num erosos cántab ros com o Andrés José del B arrio, Ju an Manuel Gutiérrez y San tiago Gonzá lez, vec inos de San ta Eulalia, en el valle d e Polaciones, par a pasar a Veracru z, a la compañía de sus tío s Rafae l y José G ómez de Rada, establecid os con casa de comercio en Real d e Cato rce (19 de en ero de 1819) (INDIFERENTE,2 134,N.5 8); Francisco Diego, natural, vecino y del comercio de L loreda, en Santander, soltero, hijo del difunto J uan Diego Fernández y de Ter esa Rapado del Riber o, para p asar a la ciudad de Real de Catorce a asistir en los neg ocios su tío , Dionisio de Villegas Rapado, vecino y d e aquel com ercio ( INDIFERENTE, 2130,N.1 54); Juan Eufrasio de Larrea, natur al y vecino de Llodio, en el señorío d e Vizcaya, para pasar a Real de Catorce, en San Luís de Potosí, en compañía de su hijo José Basilio de Larr ea, a asistir en los neg ocios a su pariente, Antonio Vice nte de Larrea , r esidente y de aquel comer cio (180 3- 03 -13 ) (INDI FERENTE,2130 ,N.126), . Antonio de Nájer a Izquier d o, natural de Villo slada d e Camer os, en La Rioja, soltero, para pasar a Real de Catorce, en el estado d e San Luís d e Potosí, a asis tir en los nego cios a Miguel Muro , residente y de aquel comercio (18 03 - 02 -01) ; (INDIFERENTE ,2130 ,N.77); Ju an Isidro Mur o, n atural de Villoslada, so ltero, par a pasar al Real de Catorce, en el v irreinato de Nuev a España, a asistir en los n egocios a su tío, Miguel Manuel de Muro, vecino y de aq uel com ercio (1803 - 05 -06INDI FERENTE,21 31,N.103.),; Ma nuel d e Liaño , natural y vecino de La Encina, h ijo de Vicente de Liaño y de Juana de Pedrosa, para pasar a Real de Catorce, a reunirse con su herman o Domingo, establecido allí co n casa y c ompañía de comercio (1804 - 02 - 28). INDIFERENTE, 2135, N.2. 39 de las principales de Mazapil, en Zacatecas 27 . En esta región, la s haciendas conformaban extensísimos latifundios (Cedros ocupaba unas 50.000 hectáreas) mixtos, dedicados al beneficio minero y la cría de ganado (500.000 cabezas de ganado ovino en el municipio). Al concluir con un nuevo fracaso, Clemente consiguió un empleo como administrador de la hacienda Pastoriza, en Matehuala, propiedad del cántabro Marcos Gómez de la Puente. Allí permaneció hasta 1823 cuando , debido a problemas con la esposa de su jefe, María Paula de la Parra, decidió abandonar el trabajo y dirigirse a Tampico, para probar suerte de nuevo en el comercio. Este periodo coincidía con la conclusión del breve reinado de Agustín Iturbide, in mediato a la indepe ndencia. Tras su exilio, subió al poder un gobierno provisio nal liderado por Guadalupe Victoria, quien proclamó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos , el 4 de octubre de 1824 28 . En esta etapa de su vida, Clemente se dedicó al comercio en el Golfo de México, centrado en los puertos de Tuxpan y Tampico, al servicio de su convecino Juan del Juncal , mayorista que había medrado en l os negocios y que e ra dueño de dos goletas. De la Cuadra trabajó como dependiente, contable y sobrecargo en ambos barcos. La caída al mar desde uno de ellos le provocó unas fiebres que lo mantuvieron en cam a hasta finales de 1824 29 . Recuperado, en 1825 logró independizarse y comenzó a realizar sus primeros giros, enviando vino hacia el interior, aprovechando la red de paisanos instalada en el territorio, que actuaban como consignatarios; también realizó fletes a Nueva York, a bordo de la goleta Altamira. No obstante, el gobierno mexicano había ido endureciendo las co ndiciones para los comerciantes peninsulares, de manera que muchos de ellos decidieron retornar a la península y retirar sus capitales. Uno de los consignatarios de Clemente, Juan de Zalabardo, emigró a Españ a, dejándole a deber u na suma de 20.000 duros. 30 27 PANICO, Fra ncesco, GARIBAY OROZCO, Claud io , “M azapil, Zacatecas, Mé xico: u n ejem plo de estructura agroganad era co lonial”, F ronteras de la Historia , v ol. 15-1, 210 , pp. 6 1 -84. Cedros co nstan como una de las primer as haciendas min eras de Mazapil junto a Bonanza , San I sidro, Gruñidora, Sier ra Hermosa y Pozo Blanco 28 CHUST CALE RO, Manuel, Serr ano, José “Presen tación: Gu erras, monarquía e ind ependencia de la América española”, Ayer , n º 74 [2 009], (Ejemp lar dedicado a: La f ormac ión de lo s Estados -nacion es american os), p p. 13- 21 , “Los p rocesos revolucion arios (indep endencias) en Iberoamérica”, Tiempo s d e América: Revista de historia, cultura y territorio , nº 20 [2013] (Ejemplar dedicado a: Las Rev olucion es de Indep endencia: un b icentenario a deb ate), págs. 5 - 11 . 29 El archivista gen eral , [10 abril 182 4], p. 280. Se tratab an de los barco s “El Carmen ” y “San Cayetan o”. 30 Así, invir tió 1.000 duro s en 25 barriles d e vino que envió a San Luis de Poto sí. Tampoco logró la estabilidad en este nego cio, pues se estaba p rodu ciendo la salida d e cap itales de peninsulares an te la insegurid ad d el p aís, resultado de lo cual terminaría perdiendo sus gan ancias 30 .Con este f racaso, v olvió a Tuxp an donde trabajó, esta vez como socio, al lado de Juncal, para el que reunió un cargamento de pimienta y zarzaparrilla del que o btuvo tr es m il d uros. Allí, trabajó con otra familia de paisanos, los de La Lastra. En este flete realizó su primer viaje a Nueva York, a b ordo d e la g o leta “Altamira”. En Nu eva York ven dió el cargam ento “v entajosamente”, rein virtiendo l as ganan cias con otro flete para Tamp ico, lo qu e le gen eró por fin ganancias, pues “encontram os la plaza desurtida y p udimo s realizar nu estra mercan cía sin competen cia ni pr oblemas de nin guna clase”. Sin embargo, f ue a su vuelta que co noció la par tida de Zalabard o y con ella la pérdida de su p equeña fortuna, que estimaba en 20 .000 reales. 46 Lavín y Martínez Matienzo comenzaron trabajando en Cuba como dependientes en el comercio de De la Cuadra. No obstante, al regresar este a España, decidieron asociarse y continuar el negocio en Tampico, donde ahora ingleses y alemanes (Wale ntin Cholewinski, Spitta-Meyer) habían desplazado a los españoles en el comercio 53 . De este modo se vincularon al grupo de españoles que ha bía logrado sortear la expulsión, entre los que había paisanos como Juan del Juncal, Casimiro Toranzo, Manuel Escajadillo y la familia De la Last ra, que gozaba una posición de predominio en Tampico. Repartían a familiares a convecin os en otros puertos y ciudades del interior, logran do conformar una red para el tráfico de mercancías, en los que los valores de comunidad y solidaridad seguían en buena medida vigentes 54 . Han quedado apuntes y correspondencia comercial de la casa comercial, a través de la cual se observa el día a día del negocio: Estos tres o cuatro días hemos tenido unos pocos de apuros por haber hecho desemb olso de 3000 pesos con tres amigo s que signen estos con nosotros, causa por la que hemos dispuesto no pagar letra ni carta de amigos que no te ngan fondos e n nuestr o p oder p orque muchos creen que estamos ricos y se equ i vocan 55 . En otra, afirmaban que en esto de cuenta s chicas o grandes, cuant o más amigo s más cla r idad. Cuando usted se fue debió decirnos natura lmente en qué tiempo nos pagaría o al menos cuando nos escribió podía haber referido nuestra cuenta pen die nte aunque no hubiera dich o nada de su despedida a la inglesa 56 . La empresa tenía un tamaño medio; desde luego, no aparece en la lista de mayores contribuyentes sobre capitales en giro de Tampico en 1840. Comerciaban con maderas, ro pa, cueros, alimentos, armas, bebidas alcohólicas y utensilios del hogar (loza, lencería, velas). Operaban al menudeo y al por mayor indistintamente, como demuestran los envíos al interior (San Luis, Zacatecas) y los fletes de una goleta, llamada Anita 57 . Como De la Cuadra, debieron practicaron el contr abando y evitaron el paso de las mercancías por la aduana de Tampico, como refleja su propia correspondencia: Administració n Pú blica Federal S. XIX / Gob ernación Siglo XIX / Movim iento Marítimo, Pas apo rtes y Cartas d e Segurid ad (129) / Pasapo rtes. / Volumen 5 1 / Expediente 494 [13 de m ayo de 187 3] ; Archivo General de la Nació n / I nstitucio nes Guber namen tales: ép oca m odern a y contemporán ea / Ad ministración Pública Federal S. XIX / Go bernación Siglo X I X / Mo vimiento Marítimo , Pasaportes y Cart as de Segurid ad (129 ) / Movimien to Marítimo. (12 9) / Con tenedor 4 / Vo lumen 19 / Expedien te 66 [1 3 de octubre de 1849 ] ; Boletín Oficia l de la p rovincia de Santander , nº 10 4 [ 2 d e septiem bre de 1861], p . 1 ; AGI, INDIFERENTE,2 153 ,N.43 , AGI, INDIFERENTE, 215 3, N. 115; Archivo Rivas, carta de 23 de diciembr e de 18 43; Archivo Rivas, ca rta de 29 de d iciembre de 18 44. 53 GALICIA PATI ÑO, María d el Carmen Raquel, La formación …, p. 199 . 54 Ju ncal se h abía integrado en las institucion es d e la ciud ad y había m atrimon io con Mar garita Llo rente, quien pertenecía a una antigua familia de p ropietarios d el área de Tantoyuca . 55 Archiv o Rivas, carta de 28 de agosto d e 1843. 56 Archiv o Rivas, carta de 10 de diciembre de 1843. 57 Archiv o Rivas, carta de 13 de julio de 184 3. 47 Le digo que debe v sacar la guía para Altam ira consignada a D José del Río que vi ve en ese punto y le tenemos a v recomendado. Dicho señor le dirá a v lo que deberá de h acer y de ese modo ahorrará v la mitad de l os derechos, sin di spone r le, pues esta es nuestra opinión, y según hemos sabido ot ros han h echo lo mis m o y ha n salid o bien 58 . Las décadas de 1830 y 1840 vivieron el cerco del gobierno mexicano a los españoles, a quienes se imponían medidas cada vez más restrictivas. Desde fines de 1843, Lavín y Martínez Matienzo se plantearon el cierre de sus negocios y l a vuelta a la peníns ula ante el decreto de 23 de octubre, por el que México pasaba de república unitaria a federal, restringiendo la actividad de los peninsulares. Los primos tuvieron que liquidar todo el dinero que tenían en pagarés, algo complicado en una coyuntura tan adversa. Abunda la correspondencia de la casa solicitando el pago de deudas a diversos come rciantes (Francisco Becerra, Antonio Echevarría, Manuel Mauri, Francisco Álvarez, José Riba y Garci, etc.). Por el mismo motivo, Lavín empeñó todo el año y parte del sig uiente en un peregri naje por México par a cobrar en persona las deudas contra varias casas comerciales 59 . El siguiente paso, siguiendo el consejo de Clemente de la Cuadra , consistió en colocar las ganancias en C ádiz o Málaga. Sin embargo, el cobro del 15% de co misión hacía más ac onsejable enviar el d inero a La Habana 60 . Para ello contaban c on la ayuda de los hermanos Antonio y José Escajadillo, paisanos establecidos en Cuba y a los que se refieren en sus cartas como “ compadres” 61 .La estrategia empleada consistió en el envío de distintas sumas, en onzas de oro – valor fácilmente convertible – mediante barcos de confianza. En su contabilidad aparecen envíos de un total de 1.648 on zas de oro mexicanas. La preocupación de los socios se centraba en las posibles pérdidas en la conversión: También d eseam os nos di ga q u e valen en esa las onza s mejican as, cuánt o tienen de premio los peso s fuertes y la feria; al mism o tiempo espero me diga que de rechos pag a a la salida de esa, y a la entrada en Españ a, y si pierde o vale en Es pa ña l o mismo que en esa el peso fuerte y onza mejicana 62 . En efecto, ambos tu vieron que comprar “letras sobre Santander con un tres y un cuatro por ciento de descue nto para no perder un seis por ciento que pierden las onzas”. El dinero se movía por un ci rcuito, de nuevo, al que se acc edía por la amistad, el parentesco y el pa isanaj e. El proceso iniciado en Tampico y Cuba continuó en Santander, donde 58 Archiv o Rivas, ca rtas de 1 1 de febrero y 11 de m arzo de 184 4; GÓMEZ CRUZ, Fi liberta, Circuito s mercantiles …, p. 1 20. Sob re el con traban do, era muy hab itual en el pu erto de Tampico en la d écada de 1840 . En esos años el gobierno la Dirección Gener al de la Industria Nacional, qu e entre sus misiones tenía la de reforzar el control aduanero para evitar la ent r ada de telas ex tranjeras, qu e impedían el afianzamiento de la ind ustria mexican a. 59 Archiv o Rivas, carta de 23 de enero d e 184 5. No obstante, no to das las deudas pudiero n ser cobradas. Tras aban don ar México, la correspon dencia de Lavín y Martínez Ma tienzo a sus deu dores en dicho país continu aría. 60 Archiv o Rivas, carta de 15 de junio d e 1844. 61 Archiv o Rivas, ca rta de 17 de nov iembre de 1845. 62 Archiv o Rivas, carta de 20 de noviembre de 1845. 48 encargaron la conversión de las letras a José María López-Dóriga, hombre de negocios relacion ado con la banca san tanderina y tío de Te resa Gibaja, esposa de Clemente de la Cuadra. 63 Tras todos los gasto s, Lavín y Matienzo quedaba en posesi ón de unos 10.000 pesos fuertes cada uno. Conociendo su disposición de metálico, Clemente los convencería para que se establecieran en Utrera, donde se abrían grandes expectativas, en principio centradas en la adquisición de fincas, si bien sería el negocio de los préstamos el que pronto se revelaría más ventajoso. La reorientación profesional suscitaba dudas en Martínez Matienzo, que se expresaba en estos términos: Sobre lo que v me dice de establecerme en esa, cuanto m ás lo pienso encuentro más di f icultades, por la falta de conocimient os y experiencia en ese co mercio; aunque por mi parte me arriesgaría a cualquier cosa estando cerca de v que los ti ene. Pablo me dice que está di spu esto a seguirme y en esa determinar; mientra s tanto esperam os nos haga el favor de irnos sit uando el d in ero en esa 64 . De este modo, ambos decidieron probar fortuna junto a su tío, para lo que volvieron a em plear el círculo de co ntactos antes señala do. En este caso, solicitaron a López-Dóriga que colo cara sus 20.000 pesos fuertes a nombre de Manuel de la Cámara, comerciante de Sevilla y amigo de Clemente de la Cuadra 65 .La llegada de Lavín y Martínez Matienz o a Utrera se produjo el 3 de febrero de 1847, sobre la que se expresaban en estos términos: Nosotros hemos pasado ocho meses di vertidos r ecorrie n do todos los pueblos de la Montaña, y hemos venido por Madrid a esta vi lla de Utrera a do nde nos tiene v a su disposic i ón transformados de come rciantes en labradores este año, como por vía de distracci ó n y expe riencia en la agricultura 66 . La experiencia americana constituyó una sucesión de negocios y aventuras empresariales, la mayoría de ellas, fracasadas. Sin duda, las circunstancias que le tocó vivir marcaron la personalidad de C lemente de la Cuadra, que ofrece una imagen de sí mismo como hombre a udaz , íntegro, de volunta d inquebrantable y capaz de so brepo nerse a las penalidades que le lanzaba la vida. Tambi én marcó, en buena medida, su referente – sus ante pasados como modelo de hombres de éxito – y su vinculación al mundo de los negocios, que no quiso abandonar por la tierra – no por comp leto, al menos – hast a finales de la décad a de 1840. Mantuvo su red de parientes y paisanos, que se movieron con él a raíz de su establecimiento en Utrera y , sobre todo, pudo arreglar un muy ventajoso enlace para su primogénito con la hija de un rico indiano, Santos de la Maza. 63 Archiv o Rivas, carta de 12 de agosto d e 1846. 64 Archiv o Rivas, carta de 23 de diciembre de 1846. 65 Archiv o Rivas, carta de 24 de diciemb re de 1846. Manuel de la Cá mar a era el padrino del hijo m ayor de De la Cuadr a, Enr ique. 66 Archiv o Rivas, carta de 28 de mayo de 1 847. 49 3. CREACIÓN Y DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO FAMILIAR. L A FAMILIA DE LA CUADRA Y EL MERCADO DE LA TIERRA EN UTRERA DURANTE EL SIGLO XIX 50 51 A menudo los signos externos, v isibles y tangibles, y los símbolos de la felicidad y el éxito aparecen cuando, en re a lidad, todo eso comienza a decaer … ; es más, no aparecen hasta entonces. Thomas Mann, Los Buddenbrook 3.1. Introducción Cuando en 1901 Thomas Mann escribió “ Los Buddenbr ook ”, centrado en el auge y decadencia de una familia de comerciantes a través de tres generaciones, creó un arquetipo que pasó al campo de la economía con el nombre de “síndrome de los Buddenbrook”. Básicamente, dibuja una secuencia de tres pasos, en el que l a primera generación, la verdaderamente emprendedora, levanta los cimientos de la empresa familiar; la segunda generación lleva el pr estigio familiar a su cénit; y con la tercera, despreocupada y entregada al ocio, sob reviene la dec adencia 67 . El refranero español ya poseía una descripción del mismo fenómeno, y más antigua: “ Padre comerciante, hijo caballero, nieto pordiosero ”. En una disciplina como la Historia, r esulta contraproducente intentar encajar la realidad, con sus i nnumerables variables, en un modelo rígido. No obstante, no podemos evitar poner en paralelo el relato de Mann y la historia de la familia De la Cuadra , con el fun dador de la empresa familiar, Francisco de Gibaja Mar roquín (1730 -1810); una segunda generación que amplía las riquezas y estatus (Clemente de la Cuadra, 1803-1873) y una tercera, personificada en Enrique de la Cuadra (1842 -1894), con el que la familia alcanza su punto álgido y, a la vez, inicia su declive. Sus dos hijos, Fern ando y Federico, oprimidos por las deudas paternas, solo pudieron desha cerse del patrimonio familiar en un largo periodo de decadencia que, lla mativamente, coincidió con su momento de mayor protagonismo político (1900-1910). La tierra c onstituyó la base económica fundamental, si bien no única, de la familia De la Cuadra una vez establecida en Utrera . Sus estrategias de compras y gestión de la misma explican su riqueza, su preminencia social y política , por lo que hemos considerado necesaria la in clusión de un apartado introductorio , centrado en el término de Utrera y su mercado de la tierra, para dotar de contexto a las siguientes páginas . Para ello , describiremos la consolidación del latifundio en el término de Utrera desde la Reconquista hasta el fin del Antiguo Régimen, las novedades introducidas por el liberalismo en la legislación sobre la propiedad – la ab olición del mayora zgo y los grandes pro cesos desamortizadores – y sus consecuencias en el acceso a la tierra. A continuación, se estudiará la gestión de la tierra por parte de los De la 67 LÓPEZ JIMÉNEZ, José María, “Lo s Buddenbrook. Decadencia de una familia”, eXtoikos , nº 18 [2016], pp. 57 -62. 52 Cuadra , qué novedades introdujeron y en qué aspectos se adaptaron a los usos tradicionales descritos por la h istoriografía tradicional (Artola, Bernal, Cruz Villalón, Parias, Herán) . Respecto a las fuentes, hay que señalar que la documentación más valiosa para el estudio de la propiedad, tanto rústica como urbana, son los registros de Contaduría de Hipotecas, donde se exponen de manera exhaustiva y concisa las características esenciales de los inmuebles. Desgraciadamente, los archivos de Utrera (junto a los de Osuna, Carmona, Marchena, Sanlúcar la Mayor, Morón y Cazalla de l a Sierra) se perdieron en 1958 68 . Teniendo en cuenta semejante carencia, se ha efectuado un barrido por los protocolos notariales de Utrera, divididos en ocho oficios repartidos entre el Archivo Municipal de Utrera (lo que constituye una anomalía administrativa) y el Archivo Históri co Provincia l de Sevilla. Los protocolos ofrecen una d ocumentación más voluminosa, por las obligadas reiteraciones del lenguaje legal, aportando a cambio matices que permiten caracterizar mejor las transacciones. Se han empleado asimismo fuentes bibliográficas descrit as en su apartado correspondiente y usado la referencia del catastro de Ens en ada, censos llevados a cabo en 1773 datos de censos agrícolas y de población disponibles en la web del Instituto Nacional de Estadística. Por otro lado, aunque conocidas, merece la pena resumir brevemente las unidades de medida que se van a manejar en este capítulo, donde abundan los datos relativos a superficies, capacidades y precios. El tipo d e moneda más empleado en las transacciones estudiadas es el real. En los documentos má s antiguos, aunque raramente, se habla de doblones, equivalentes a 32 reales. Cuando surja la peseta, a partir de 1868, y al objeto de poder establecer comparativas con mayor facilidad, se mantienen los precios en reales, multiplicando el valor de la peseta por cuatro. De igual modo, desde fines de la década de 1860, en los papeles consultados se emplea el escudo, e incluso el peso fuerte, unidades poco empleadas en el ámbito andaluz pero comunes entre los comerciantes indianos, como es el caso de los Gibaja y los De la Cuadra . En cuanto a las unidades de superficie, se emplean dos fundamentalmente: la fanega y la aranzada. La fanega era en principio una medida de capacidad para el gr ano, y su traslación a medida superficial, el espacio que podía plantarse con una fanega de granos. Equivalía a 6.459 m² en Castilla, aunque su val or oscilaba según las regiones; en este ca so hemos empleado la equivalencia 1 fanega=6.440 m², la más común en el área sevillana. L a aranzada también presentaba variaciones entre regiones, y en teoría s e empleaba para las tierras de viña y olivar. No obst ante, en la documentación manejada se emplea con asiduidad la fanega para estas tierras. Cruz Villalón señala que, para el vecino término de Carmona, fanega y aranzada se consideraban 68 APARICIO CAR RILLO, Mar ía Dolor es, y SÁNCHEZ ESTRELL A, Paloma, “Inventario de las Contadu rías de Hipo tecas del Archiv o Histórico Provincial de Sevilla”, R evista Tría , nº12 [2 005], p. 49. 53 equivalentes desde mediados del siglo XVIII 69 . No obstante, y muestra de la complejidad de lo s sistemas de medida del Antiguo Régim en, fanega y aranzada en Utrera difieren entre sí y de las de Carmona: una fanega de Carmona equivale a 510 estadales, y la de Utrera, a 500; l a aranzada utrerana era, como la de Sevilla, de 400 estadales 70 . El resto de medida s fraccionarias, como estadales, celemines, etc., no se contemplan para no complicar innecesariamente la exposición. Estas consideraciones se han tenido en cuenta a la hora de calcular las superficies, aunque es imposible dester rar completamente la imprecisión debido a que la evolución histórica de cada parcela contiene accidentes que alteran sus dimensiones: agregaciones, particiones por herencias, puesta en cultivo de márgenes (apropiación de las cañadas y veredas linderas) y r oturaciones de baldíos y dehesas dentro de la misma propieda d. 3.1.1. El término de Utrera desde la Reconquista a fines del Antiguo Régimen El término de Utrera, “la localidad de los cortijos por excelencia”, en palabras de Miguel Artola 71 , se enclava al sur de Sevilla, en la Campiña, comarca de tierra calma y olivar cuyo relieve, dominado por la planicie, dio lugar a la formación de grandes latifundios desde el repartimiento del reino con Fernando III 72 . No es casual que los término s más amplios del mismo lo c onform asen las poblaciones de dicha Campiña: Écija, Osuna, Morón, Utrera o Lebrija, en una sucesión que continúa hasta Jerez de la Frontera, ya en la provincia de Cádiz. El término mide en la actualidad 67.881 hectáreas, siendo el tercero de Sevilla tras los de Écija y Carmona. No obstante, su tamaño había sido mayor hasta la Década Ominosa, periodo en que se contra jo por varios frentes: en 1828 se estableció un pleito con Alcalá de Guadaíra, cuyos vecinos usurparon un total de 7.326 fanegas de tierra de l abor y adehesada, más 1.708 de viña, pinar y olivar. Por otra parte , El Coronil recuperó unas provisiones dadas por la Chancillería de Granada en 1625 que declaraban las tierras linderas entre los términos del Coronil y Utrera como mancomunadas. En época m ás reciente se ha producido la segregación de la pedanía del Palmar de Troya (2018). 73 69 CRUZ VILLALÓN, Josefina, Propiedad y uso de la tierra en la Ba ja Andalucía. Carmona, siglos XVI II - XX , Madrid , Ministerio de Agricu ltura, 198 0, p. 53. 70 Ar chivo General de Simancas (en adelan te, AGS), Catastro d e Ensenad a, Respuestas Generales, Utr era, respuesta 9 . 71 ARTOL A GALLEGO, Miguel, El latifundio , prop iedad y explotación . Siglos XVIII - XX , Madrid , Ministerio d e Agricu ltura, 1978, p. 97. 72 PARIAS SÁINZ DE ROZAS, María, El mercad o de l a tierra sevillana en el s iglo XIX , Sevilla, Diputació n d e Sevilla / Universidad de Sevilla, 1 989, p . 22. La autora señala q ue la estructu ra d e la prop iedad en Sev illa se debe a “fenóm enos iniciados en el siglo XIII”. 73 OT ERO CAMPOS, José And rés, Utrera en el s iglo XIX , Utrera, Siarum, 2005, p. 100. Dec reto 183/2018 de la Jun ta de Andalu cía, sobre la creació n del mun icipio de El Palmar de Troya. 54 En el catastro de Ensenada se estimaba la superficie del término en 137.800 fanegas, es decir, 88.743,2 hectáreas. El Ayuntamiento de 1796 redondeaba en 110.000 las fanegas de sembradío (equivalentes a 70.840 hectáreas), y en 20.000 las aranzadas dedicadas a viña y olivar. A ello habría que añadir las superficies improductivas, dehesas y el conjunto urbano, por lo que debemos concluir que el cálculo de 1796 tiene bastante de impreciso. 74 GRÁFICO 5. Di stribución de la tierra del té rmino s egún el catastro de Ens enad a Elaboración p ropia a part ir del Catastro de Ensenada Hace ya más 40 años de la publicación de los trabajos de Bernal, Artola y Cruz Villalón sobre el latifundismo andaluz, que siguen siendo referencia en la actualidad. En ellos se pone de manifiesto que el fenómeno de la gran propiedad no surgió con las desamortizaciones, como Díaz del Moral y Carrión sugerían, si no que este tuvo s u origen en la Baja Edad Media, consolidándose en la Edad Moderna y acelerándose con las desamortizaciones. 75 Tras la conquista, Fernando III recompensó con donadíos y heredades a sus súbditos. Con la primera categoría, el rey premiaba a nobles o eclesiásticos en función de su apoyo en la conquista (donadíos 74 AGS, Catas tro de En senada, Respuestas Generales, Utrera, respuesta 10.DEL R ÍO SOTOMAYOR, Juan del, Descripción de Utrera, funda ción y adorno d e sus templos y hazañ a s gloriosas de sus hijos , Sevilla, Sociedad del Arch ivo Hispalense, 1887, p. 10. 75 ARTOLA GALLEGO, Mig uel, E l latifund io: p ropiedad y exp lotació n, siglo s XVIII - XX , Madrid, Servicio d e Pub licaciones Agrarias, 19 78 ; BERNAL RODRÍ GUEZ, Anto nio Miguel, La prop iedad de la tierra y las luchas a grarias andaluzas . Barcelo na, Ariel, 1974 ; BERNAL ROD RÍGUEZ, An tonio Miguel, La luch a p or la tierra en la crisis del Antigu o Rég imen , Madrid , Tau rus, 1979 ; CRUZ VI LLALÓN, Josefina, Prop iedad y u so de la tierra en la Baja A n dalucía: Ca rmona, siglos XVII I - XX , Madrid, Ser vicio de Publicacion es Ag rarias, 1 980 ; CARR IÓN CARRIÓ N, Pascual, Los latifundio s en España: su importancia , o rigen, consecuencia s y soluciones , Barcelona, Ariel, 1975 ; DÍAZ DEL MORAL, Juan , Historia de la s agita ciones campesina s and aluzas , Madrid , Alianza Editorial, 1967. Huertas 0% Olivar 9% Viña 1% Pinar 1% Mancho nes 3% Cortijos 65% Baldíos 19% Inutiles 2% 55 mayores y menores); el heredamiento era un conjunto de inmuebles y tierras que recibía en propiedad un poblador, que se comprometía a cumplir los fueros de la población en la que se es tablecía. De este repartimiento no se derivó la repoblación del área de Utrera, pues sus beneficiarios pertenecían al entorno del rey y residían en la corte (101 criados reales y 66 ballesteros, además del estamento clerical). Queda, no obstante, su hu ella en la toponimia del término, siendo el más evidente el de la Na va de los Ballestero s, que en 1488 es citado como donadío en arrendamiento. 76 Para la aparición del núcleo urbano de Utrera hay que esperar al reinado de Alfonso XI (1325 -1350) cu ando, a iniciativa del concejo sevillano, se fundaron poblaciones para la defensa del amplio despoblado entre la frontera sur del reino y su capital. Está comprobada la fundación de Las Cabezas de San Juan en 1334, y González Jiménez apunta a esos años para la de Utrera. Se configuraba así una línea de frontera amplia: la banda morisca, en la que la escasez de repobladores y la disponibilidad de grandes extensiones favorecieron el desarrollo de la gana dería. En el siglo XIV, la legislación real ( especialmente las “ mercedes e nriqueñas” ) procuró la consolidación de los núcleos de repoblación como Utrera, la cual estuvo acompañada por otros de me nor entidad y más av anzados en la línea de frontera: Gómez Cardeña, Alocaz, la Alcantarilla y Zarracatín, posteriormente despoblados convertidos en latifundios que conservan el topónimo. Sobre la base del repartimiento y la repoblación se fue estructurando un mercado de la tierra en los siglos XIV y XV que, mediante agregaciones, compras y permutas, dio origen a nuevos latifundios . 77 76 GONZÁLEZ JIMÉ NEZ, Ma nu el, “Sobr e los or ígenes de Do s Herman as y Utrer a”, Stvdivm, revista de Human idades , Zaragoza, Universidad de Zar agoza, 1997, pp. 151 -158, p. 152. 77 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, Ma n uel, “So bre los orígenes…” p . 153 . 62 TABLA 9. Latifund ios en manos de l a Iglesia h acia 180 0 INSTITUC IÓN LATIFUNDI O EXTENSIÓN (en fan.) Parroquia de Santiago Buena Nao 171 Torrecillas 133 Hermandad Sacramental de Santiago Las Jaretas 825 Convento de Consolación Cuca de Noche 360 Majalquivir 561 Patronato de Román Meléndez Fuentes 410 Parroquia de Santamaría Higuera Cerca 600 Convento de Santa Clara Jaime Pérez 1. 025 Convento de la Purísima Concepción Los Jurados 682 Hospital San Juan de Dios Torbiscalillo 200 Hospital de la Santa Resurrección Valcargado 923 Catedral de Sevilla Alhorín 1. 400 El Bollo 1. 356 El Rubio 1. 375 Convento de Santa Clara (Sevilla) Miranda 880 Convento de Santa Paula (Se villa) Casablanquilla 393 Convento de Dueñas (Sevilla) Las Peñuelas 1. 400 Convento del Socorro (Sevilla) Mudapelo (mitad) 615 Convento de carmelitas calzados (Sevilla) La Reyerta 1. 210 Convento de San Alberto (Sevilla) La Reyertilla 760 Convento de la Trinidad (Sevilla) Trinidad y Pardalillo 550 TOTAL 15.829 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 63 TABLA 10 . Latifundios en manos de p articul ares hacia 1800. Los señal ados con *, adquiridos en subasta al duq ue de Medinaceli NOMBRE LATIFUNDIO EXTENSIÓN ( en fan.) Cristóbal Gam ero Cívico Los Alguaciles* 370 Juan José Bécqu er y Tejada Balóbrego* 516 Troya 1.522 Cañada de Santiag o* 1.473 Francisco Gib aja Marroquín El Caserón* 1.050 Herrera* 1.215 José de Zulueta El Corchuelo 415 Bernardo Sanch o Larrea Lopera* 1.546 Lorenzo Gó m ez Ruiz y o tros Malavista 559 Andrés García B o rrero El Piorno 638 Francisco D o mínguez La Alcaparr osa 190 Francisco Rui z Toranz o El Toranzo ¿450? Marco de Ureta Zarracatín* 1.596 TOTAL 11.090 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s TABLA 11 . Latifundios de propios de Ut rera ha cia 1800, ex cluyendo la dehe sa boyar LATIFUNDIO EXTENSIÓN Los Carrascal es 461 Casa Blanca y B erbinches 620 TOTAL 1.081 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 3.1.2. El fenómeno desamortizador Un último epígrafe para rematar la contextualización que nos ocupa: comprobar la relevancia de los principales procesos de dinamización del mercado de la tierra e n la España decimonónica, las desamortizaciones, en Utrera. De entrada, una conclusió n, cuando menos, llamativa: la muy limitada participación de la familia Gibaja – De la Cuadra (y de la colonia montañesa en general) en el proceso , lo que llama la atención en un escenario expansivo y de continua adquisición de grandes propiedades . 64 En la desamortización de Mendizábal com enzada en 1836 y vig ente durante la década de los 40, se vendieron en Utrera 6.947 fanegas de tierra, de las que la únicamente 4 fueron adquiridas por un m ontañés, Clemente de la Cuadra. Se trataba de un olivar de 4 aranzadas lindero con una de sus haciendas, La Capitana. El resto de montañeses que formaban parte del círculo de los De la Cuadra, tanto los ya asentados, como Simón de Gibaja, como los que emigraron en la década de 1840, no participaron en las subastas. El propio Clemente no se sintió persuadido de adquirir tierras por este método, si bi en en el mismo perio do amplió el patrimonio familiar notablemente. Cuando se produ jo la desamortización de Ma doz en 1855, la colonia cántabra se encontraba plenamente asentada en Utrera. No obstante, su participación siguió siendo poco significativa. Si cambiaron de manos 9.587 fanegas de tierra en el término, De la Cuadra y su parentela solo realizaron 39 compra s, de las cuales, 17 fuer on urbanas (un molino, un convento, 6 solares y 9 viviendas) y el resto, tierras (192 fanegas) , apenas un 2% del total. Solo puede reseñarse como una compra de entidad la del cor tijo de Las Torrecillas, de 110 fanegas, a dquirido po r Clemente de la Cua dra en 1868. Todo ello supuso un coste de 781.101 reales, sobre un valor total de 7.976.104 reales. Enrique de la Cuadra no participó en la compra de bienes desamo rtizados hasta 1870, cuando su padre comenzó a cederle protagonismo en los negocios. Se interesó más por las fincas urbanas, de las que adquirió 10, muchas de ellas solares. Respecto al campo, solo aumentó sus posesiones en 19 fanegas, cifra poco relevante respecto al grueso de su patrimonio. TABLA 12 . Comprado res mont añeses en las de samo rtizaciones NOMBRE URBANAS RURALES EXTENSIÓN (f) Esteban Fern ández del Castillo 1 - - Joaquín Martínez Matienzo 3 3 18 Pedro Rivas R ivas 1 5 74 José Gómez Pico 1 10 37 Clemente d e la Cuadra 1 2 111 Enrique de la C uadra 10 7 19 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Este comportamiento difiere de la del otro gran terrateniente del término, Juan de lo s Ríos Mateos, que a provechó la desamortización de Madoz para aumentar sus tierras en más de 1.000 fanegas, con la compra 65 del rancho de El Barrero y el cortijo de Las Peñuelas, expropiado al convento de Dueñas en Sevilla. 90 Cabe preguntarse si los De la Cuadra o sus parientes emplearon testaferros para enmascarar algunas compras, fenómeno que se dio co n relativa frecuencia en la desamortización de Mendizábal, ante el temor d e que un cambio político obligase a la devolución de los bienes s ubastados (lo que de facto ya había ocurrido en dos ocasiones anteriores). Tras cotejar los nombres de los remates en las subastas con la lista de individuos que vendieron fincas al círculo de los De la Cuadra, no se ha encontrado ningun a coincidencia. Asi mismo, llama la a tención lo tardíamente que est os se incorporan a l as subastas, pues sus primeras compras no comenzaron hasta 1868. Llegados a este punto, surgen dos cuestiones: ¿Quiénes fueron los beneficiarios de las desamortizaciones en el término? ¿De dónde procedían las ti erras que adquirieron los De la Cuadra? Respecto al primer interrogante, aparecen varios grupos sociales implicados en las subastas. El primero d e ellos, el de grandes burgueses residentes en Madrid, con conexio nes en la Admin istración (o directamente dedicados a la política) y at entos a las gangas en venta. En este grupo debemos incluir a Vicente B ayo Duro, banquero y agente de bolsa, socio fundador de la Sociedad Metalúrgica Duró Felguera , diputado y senador 91 . Adquirió la mayor finca del término utrerano (3.838 fanegas), la dehesa boyar, procedente de los propios de la villa, que remató en 1859 por 1.326.300 reales. Más tarde adquirió el cortijo del Toruño, de 282 fanegas 92 . También pertenecen al mismo grupo los políticos utreranos Manuel Sánchez Silva , (Toruño en 1870, Majal de Enríquez, de los propios de Los Palacios) y José María Amor (cortijo de Marchamorón). 93 Los otros comprado res procedían de la burguesía agraria o bien eran colonos que aprovecharon esta vía de acceso a la tierra, caso Rafael Crespo Guisado, arrendatario habitual de las tierras de los De la Cuadra y que obtuvo los c ortijos de Torres y Alamillo Bajo 94 . También participaron, adquiriendo fincas de menor extensión, familias propietarias locales, asentadas en la localidad desde el siglo XVIII. Se dedicaban tradicionalmente a la administración, la jurisprudencia y el ejército, tareas que completaban con la explotación de diversos predios, algunos como plenos propietarios y otros como arrendatarios. En este 90 APNU, Fernan do Bermúdez, 1870 [10 de junio de 18 70], f. s/n. 91 Archiv o Senado: HI S-005 5-04; Archiv o Congr eso Diputados: Serie de d ocumentació n electoral: 4 0/27. 92 APNU, Francisco de Paula García, 1 859 [20 de diciembre de 1859] , f. 1 84. APNU, José Salced o, 1866 [31 d e octubre de 1866], f. s/n. 93 APHS, PN, Miguel d el Castillo y Alba [20 de no viembre de 18 70], f. s/n. APNU, Antonio de Campo Redond o, 1861 [23 d e julio de 1861], f . 800. 94 APNU, Dieg o Guerra Tamariz, 1 867 [20 de julio d e 1867], f. s/n. José Fanton i So lís co mpró el cortijo de la Higuera Cerca , expropiad o a la par roquia de San ta María, por 491. 000 reales; APNU, En rique López Lacarra, 18 85 [22 de noviem bre de 188 5], f. 1865. Fran cisco Ar ias de Saaved ra co mpra la d ehesa de San Francisco Jav ier de lo s Garzo s (6 67 fan egas), expropiado al coleg io de Niñ as de Sev illa; APNU, Manuel Villagrón , 1868 [24 de septiembre de 1868], f. s/n. , APNU, An tonio de Campo Redondo, 1 868 [30 de septiembre de 1868], f . s/n. 66 grupo resaltan las fa milias Riarola, Girálde z y Arias de Saave dra. Junto a ellos apareció un conjunto de individuos de clase media, dedicado al comercio y vinculado a los distintos Ayuntamientos constitucionales que, procedente de áreas septentrionales (León, La Rioja) se estableció en Utrera hacia el primer tercio del siglo XIX: Manuel Deiró, Braulio Vela Bayo o Mateo Escribano, todos pertenecientes al círculo de amistades de Clemente de la Cu adra. Esta burguesí a fue la que se afianzó como mediana propietaria en los años centrales del siglo XIX. TABLA 13 . Principa les lat ifundios eclesiá sticos d esamortizado s en Utr era FINCA INSTITUCIÓN NUEVO PRO PIETARIO PROFESIÓN Alhorín Catedral de Sevilla Hermanos Can dau Políticos, hacen dados El Bollo Catedral de Sevilla Joaquín Jiménez - Pajarero Hacendado Buena Nao Parroquia de Santiago Manuel Herrera Comerciante Cuca de N oche Convento de Co nsolación Hermanos P érez-Surga Hacendado Fuentes Patronato de Romá n Meléndez Joaquín Solís Zu leta Hacendado Higuera Cerc a Parroquia de Santa María José Fantoni So lís Hacendado, po lítico Jaime Pérez Convento de S anta Clara José Picavea d e Lesaca Hacendado, ga nadero Los Jurados Convento de la Purís ima Concepción José Reina Marín Hacendado Majalquivir Convento de Co nsolación Simón Candau Político, hacenda do Marchamorón Trinitarios Descalzos de Sevilla José María Am or Político, aboga do Miranda Convento de Santa Clara (Sevilla) Manuel Vilar asán Mudapelo Convento del Socorro (Sevilla) Ildefonsa Ul loa Hacendado Las Peñuelas Convento de Dueñas (Sevilla) Juan de los Ríos M ateos Hacendado La Reyertilla Convento de San Alberto (Sevilla) Marqués de Casa Chaves Noble, hacendad o El Rub io Catedral de Sevilla Familia Rallentí n Torbiscalillo Hospital de San Jua n d e Dios José Crespo Gu isado Colono Las Torrecillas Parroquia de Santiago Clemente d e la Cuadra Hacendado Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 67 TABLA 14 . Principa les co mpradores en l a desamor tización de M adoz NOMBRE URBANAS RURALES EXTENSIÓN Vicente Bayo D uro Político, empresar io 0 2 (Dehesa) 4.120 Rafael Crespo Gu isado Colono 1 2 1.182 Juan de los Ríos M ateos Hacendado 1 2 1.088 Francisco Arias de Saaved ra Hacendado 0 1 (Dehesa) 667 José Fantoni So lís Hacendado , político 2 1 494 Manuel Sánchez Silva Político 1 1 323 Hermanos Ri arola Pérez Abogados, propietarios 0 7 151 Mateo Escribano Escribano Comerciante 0 6 129 José María Ba laet Propietario 0 27 93 Manuel Labat Comerciante, propietario 0 1 62 Mercedes Jucha isty y Gera rdi Propietaria 0 1 61 Rafael Adame Peña Industrial 0 7 53 Manuel Bedm ar Aranda Abogado 0 3 51 Francisco Pérez C alero Propietario 1 12 47 Antonio Buey De lgado Propietario 1 4 41 Francisco Parra Ramos Eclesiástico 0 10 38 Jacinto Zaldo M ingo Médico 0 1 32 Joaquín Peña Hurta do de Mendoza Hacendado 4 7 20 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 68 TABLA 15 . Participación de los montañe ses en la d esamortización de Mado z Fecha Propiedad Tipo Superf. Precio Comprador 14/03/1859 C/ Honda, 5 Vivienda 4.000 Martínez Matienz o, Joaquí n 06/11/1867 Torrecillas, Las Cortijo 110 111 . 000 De la Cuadra y G ibaja, C lemente 27/08/1868 Entrecaminos Olivar 2 2.300 Gómez Pico, José 27/08/1868 Suerte Olivar 1 2.300 Gómez Pico, José 28/08/1868 Suerte Olivar 1 6.010 Gómez Pico, José 29/08/1868 Suerte Olivar 3 13 .050 Gómez Pico, José 29/08/1868 Suerte Olivar 3 8.020 Gómez Pico, José 30/08/1868 Suerte Olivar 8 26 .000 Gómez Pico, José 31/08/1868 Suerte Olivar 1 5.350 Gómez Pico, José 28/02/1869 Suerte Olivar 2 8.010 Gómez Pico, José 28/06/1869 Mesas, Las Olivar 4 21 .010 Gómez Pico, José 28/06/1869 Suerte Olivar 8 82 .010 Gómez Pico, José 29/12/1869 Suerte Tierra calma 0 560 Martínez De la Cuadra , An drés 22/08/1870 C/ Rodrigo Caro, 10 Solar 0 2.510 De la Cuadra y G ibaja, C lemente 24/10/1870 Suerte Tierra calma 6 22 .000 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 31/03/1871 Garrotal de Bueno Olivar 5 10 .412 Rivas Rivas, Pe dro 11/09/1871 Suerte 3, trance 3 , Pozo d el Rey Olivar 3 11 .172 Martínez De la Cuadra , An drés 22/09/1871 Suerte Tierra calma 9 35 .000 Rivas Rivas, Pe dro 23/01/1872 C/ Jinetes, 24 Vivienda 0 5.000 Gómez Pico, José 25/01/1873 Suerte Tierra calma 0 1.216 Martínez De la Cuadra , An drés 29/01/1873 c/ Montes de Oca, 3 Vivienda 0 8.580 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 09/03/1874 C/ Rodrigo Caro, 16 Vivienda 0 4.404 Martínez Matienz o, Joaquí n 21/05/1874 Suerte Tierra calma 2 15 .200 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 30/05/1874 Convento San Ju an de Dio s Convento 0 145 . 084 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 16/11/1874 Suerte Tierra calma 1 1.900 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 04/03/1875 Suerte Olivar 6 28 .010 Martínez Matienz o, Joaquí n 13/11/1877 Suerte Tierra calma 8 14 .000 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 09/02/1878 C/ Garci Góm ez, 34 Solar 0 10 .804 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 17/01/1880 C/ Doctor Pastor, 16 Molino 0 32 .040 Rivas Rivas, Pe dro 17/01/1880 Portada de Garc és Olivar 5 14 .444 Rivas Rivas, Pe dro 28/04/1880 C/ Plaza D, de la Victoria , 5 Vivienda 0 820 Martínez Matienz o, Joaquí n 13/05/1880 Herrador, El Olivar 4 10 .080 Martínez Matienz o, Joaquí n 26/07/1881 C/ Garci Góm ez, 33 Vivienda 0 6.000 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 05/01/1883 C/ Las Mujeres , 18 Molino 0 52 .000 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 10/03/1884 C/ Molino, 5 Vivienda 0 3.385 Fernández de l Castillo, Est eban 10/02/1885 C/ Corredera, 3 2 Solar 0 2.044 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 13/06/1885 Ermita de Sant a Ana Solar 0 28 .080 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 23/10/1885 Real de Conso lación Solar 0 6.816 De la Cuadra y G ibaja, Enrique 10/11/1885 C/ Misericordi a, 4 Vivienda 0 20 .480 De la Cuadra y G ibaja, Enrique Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Descartadas las de samortizaciones, ¿de dónde procedían las tierras de los De la Cuadra? Consultando la documentación, parece claro que tuvo mucho m ás que ver el fenómeno de la desvinculación. La anulación de los mayorazgos nobiliarios permitió a muchas casas aristocráticas necesitadas de efectivo poner a la venta sus posesiones, que fueron de la pref erencia de la familia De la Cuadra desde su primera generación, representada por Francisco de Gibaja Marroquí n. 69 3.2. Creación y destrucción del patrimonio familiar 3.2.1. Francisco Gibaja y la nueva burguesía agraria El establecimiento de los Gibaja en Utrera se produ jo a part ir de 1796, dentro del periodo (1775-1808) qu e Bernal caracteriza como el de gestación de la burguesía agraria en Andalucía 95 . Con las posteriores le yes de desamortización y liberalización del mercado de la tie rra , se fue consolidando una nueva clase propietaria en cla ro ascenso socioeconómico que, o bien poseían ya un título nobiliario – caso de la baja nobleza rural s urgida del siglo XVI II – o, por poseer u na fortuna notable, pero de reciente creación, aspiraban al mismo, caso que con los De la Cuadra se consuma ría en la figura de Enrique, nombra do marqués de San Marcial y marqués de Gibaja 96 . En 1796, a los 65 años de edad, el cántabro Francisco Gibaja Marroquín compraba en subasta los cortijos El Caserón y Herrera, propiedad del duque de Medinaceli, ambos en el término de Utrera. Con tal acción, la familia quedaría vinculada a la población durante las siguientes cuatro generaciones. La motivación para este cambio de residencia y de forma de vida, con la adquisición de 1.200 hectáreas de terreno agrícola, la explicaba el propio Francisco Gibaja en carta a su amigo Esteban González de Linares: Trato de hazer frente a unas fincas que se venden al remate por la Casa de Medinacely, porque me considero viejo y cansado con una familia en agraz, y por si me q uedo con ellas, and o esp ulgando rincones . Vea V. M: si aquí, y aunq u e sea Madrid o Cádiz, tiene modo de socorrerme con el todo o parte de lo con venido, y dispense mi confianza, por la urgencia y por el fin, y avíseme a vuelta de corre o, mientras queda de V. M. su fie l amigo [firma]. Tengo anticipada s l as ó rdenes hasta donde pienso puja r, y aun q ue l a s tales fincas, que son de co nsiderac i ón, ofrecen apenas un 2% l íquido de rédito, m e alegra ría de adquiri rlas por esta familia que no tend rá quién la mire d espués de q ue Dios me llame a juici o . 97 Durante la segunda mitad del XVIII, Francisco de Gibaja se había dedicado al comercio ultramarino entre Santander y las colonias americanas, y aún para 1796 seguía realizando fletes con América 98 , aunque ya había podido constatar que la coyuntura comercial en el Atlántico se había tornado muy inesta ble, con dos g uerra s seguidas contra Francia (1793-95) e Inglaterra (1796-1803) que tuvieron su reflejo en el descenso de la actividad comercial. Además, casado a una edad 95 BERNAL RODRÍGUE Z, Anto nio Miguel, La propiedad de la tierra y la s luch as agrarias a ndaluzas . Barcelona, Ariel, 1974 , p. 17. 96 PARIAS SÁINZ DE ROZA S, Ma ría, El mercado de la tierra …, p. 258 . 97 Colecc ión Do cumental de la familia Agud o-Beira , Santander [18 de m arzo d e 1796], carta d e Fra ncisco de Gibaja a Esteban González, facilitada p or José Mig uel Lana Berasáin (Un iversidad de Navarra). 98 CDFA B, San tand er [22 de marzo de 1796], carta de Fran cisco Gibaja a Esteb an González. En la misma señala qu e el cacao desembarcado d el bergan tín “El Águila”, de su propiedad, n o encuentra compr adores. 70 avanzada, temía dejar a su familia despr otegida en caso de fallecer, por ser sus hijos (Bernardino , nacido en 1781, Santiago, 1784, y Simón , 1786) menores de edad. L a inversión en tierras , una soluci ón habitual entre los comerciantes adinerados, parecía la estrategia má s razonable para la preservación de la fortuna familiar. La oportunidad surgió cuando el poco accesible mercado de la tierra se abrió con la puesta en subasta de tierras del duque de Medinaceli en Utrera, dispensado de las leyes de mayorazgo por Carlos IV en atención a sus el evadas deudas. El duque de Medinaceli, señor de las vecinas localidades de Molares y El Coronil, era ademá s el primer hacendado de Utrera, con trece latifund ios: El Algarbe, Los Alguaciles, Balóbrego, Cañada de Santiago, El Caserón, Las Haldudas, Herrera, Lopera, Pardales, El Pescozal, El Toruño, Zarracatín y Zarracatinejo. En valores absolutos, hasta 1795 el duque de Medinaceli era dueño 9.663 fanegas en sus cortijos (a las que habrí a que sumar otras propiedades menores), y tras la s subastas de los años 1796 y 1797, en que se desprendió de 3.910 fanegas, aún conservaba 5.753 fanegas en Utrera. TABLA 16 . Subasta de ti erra s del duque d e Medina celi en Utre ra, 1796 - 7 FECHA FINCA SUPERFICIE (f) PRECIO (r) COMPRADO R 9/5/1796 Caserón 1050 1.531.625 Francisco Gibaja Marroquín 9/5/1796 Herrera 1215 9/5/1796 Zarracatín 1596 890.000 Marco de Ureta 9/5/1796 Los Alguaciles 1430 729.991 Cristóbal Gamero C ívico 1796 Balóbrego 516 237.037 Juan José Bécqu er 29/7/1796 Cañada de Santiago 620 385.717 Juan José Bécqu er 13/9/1797 Lopera 1787 944.000 Bernardo Sanch o Larrea Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s y Gazeta d e M adrid [1 9 de abril de 1796], p. 347 Las ventas en Utrera le reportaron 4.718.370 reales, a los que debían sumarse otras posesiones en Sevi lla y Extremadura, al objeto de completar los 13 millones necesarios para sanear la hacienda ducal. En realidad, el negocio no fue tan provechoso como cabía esperar, y algunas ventas solo se explican por sus apuros económicos. En Sevilla, las propiedades subastadas se tasaron en 9.503.000 reales, aunque se recaudaron solo 6.300.000. Cabe destacar que solo una finca superó el valor de tasación; el resto se vendieron por el precio d e salida y otras ni siquiera tuvieron pujadores. 99 El aspecto más significativo de estas subastas estuvo en los compradores, pues constituían la vanguardia de la nueva clase propietaria que se iría consolidando en el siglo XIX. En ellos influirían desde luego aspectos económicos (la tierra como valor refugi o frente a la 99 GÓM EZ BENEDITO, Vicente, E l o caso de lo s d ominios valencian os de los Medinaceli: el trán sito d el Antiguo Régimen al liberalismo en lo s e stado s señ orial es d e Segorbe, Denia y Aiton a , Valencia, Publicacion es de la Un iversidad d e Valencia, 20 17, p. 154. 71 coyuntura inestable del comercio y el mundo de los negocios ), pero también aspiracionales, de prestigio social. Sus perfiles se diferenciaban , económica y socialmente, de la vieja aristocracia: Cristóbal Gamero Cívico procedía de una familia de terratenientes de Palma del Río (Córdoba) 100 ; Francisco Gibaja Marroquín , la familia Bécquer y Marco de Ureta, del comercio; Bernardo Sancho Larrea (Santurde, La Rioja) , alto mando del ejército, h ab ía desarrollado pa rte de su carrera en l as colonias americanas. 101 En perspectiva, esta subasta puede considerarse, pese a su excepcionalidad, como un primer paso hacia la desvinculación, proceso por el que la propiedad señorial se convertía en propiedad capitalista, y que fue consagrado por las leyes de 1837. Como se verá más adelante, Clemente de la Cua dra aumentó su patrimonio mediante la compra de bienes nobiliarios desvinculados, sin que apenas invirtiese en fincas procedentes de la desamortización. Durante los meses previos y posteriores a la subasta, Francisco Gibaja se esforzó por liquidar sus cuentas , pues sus “haciendas de Utrera se llevaron cuanto tenía y mucho más” 102 . Aunque el desembolso resulte innegable, es p robabl e que esta queja buscara simplemente apremiar a sus deudores pues, dos años más tarde, pudo aprontar 1.648 .093 reales al adquirir el heredamiento de Quintos, o tra de las finca s subastadas por Medinaceli. 103 El 14 de marzo de 1799, el cabildo de Utrera aprob ó el empadronamiento de Francisco de Gibaja como ciudadano por el estado noble. Adquirió entonces la vivienda familiar, en la plaza de la villa, aprovechando la desamortización de Godoy sobre bienes de he rmandades y jesuitas. La casa, que había sido expropiada a la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, se remató en 88. 660 reales, que Giba ja abonó en vales reales. Esta residencia pasó por her encia a su hijo Bernardino y, de este, al matrimonio formado por su hija María Teresa y Clemente de la Cuadra. 104 Durante esta última etapa de su vida, se centró en la adquisición de fincas, consolidándose como gran propietario. A los dos cortijos y la 100 ROMERO LUPIÁÑEZ, Belén, F amilia, poder y ascenso social en la villa de Palma: los Gamero Cívico (ss. XVII - XIX) , Trabajo de Fin de Máster (dir.: SORIA MESA, Enriq ue), Univer sidad de Córdoba, 2016. 101 KRASEL SKY, Javier, “ Los comer ciantes rioplatenses y su s estrateg ias de nego ciación corporativa. Las Juntas de C omercio , 1779-1794 ”, X Jo rnadas Interescuelas / Depa rtamentos de Historia , R osario, Escuela de Historia de la Facu ltad d e Humanidad es y Artes, Univ ersidad Nacion al del Rosario, 2005.El paralelismo con los Gibaja (Andrés Gil de la Torre, Ma nuel de Viya y Gibaja y Francisco y Gibaja) es notab le, pues como ellos, estuvo muy implicado en la creación de un consulado en la Am érica hispánica – Río de la Plata, en este caso – , y d uran te sus ú ltimos añ os adq uirió tierr as en la Camp iña sevillan a gracias a la su basta qu e realizó el d uque de Medinaceli. 102 CDFAB, Santan der [ 24 de junio d e 1796], car ta de Francisco Gibaja a E steban González. 103 APNU, 1798, [29 de octubre de 1 798], f. 1 62 y 163. Gib aja adqu irió tam bién varios inmuebles en Sevilla, dond e finalmente fallecer ía. 104 El Especta dor , nº 209 [9 d e noviemb re de 1821], p. 1. Bernardino llegó a ser diputado provincial d urante el T rienio Liberal, firmante, junto al resto de au toridades sevillanas, de una carta a Fernando VII pidiendo que ap lique las leyes co nstitucionales y que estas dejen de ser meras pa lab ras. 78 concluir que el precio de la tierra en Utre ra era inferior al de o tros pueblos de la Campiña sevill ana, pues si la medi a en el término, con los valores del cuadro anterior, se situaba en 663, 65 reales, el precio medio en el Bajo Guadalquivir rondaba los 742 reales; en Carmona ascendía a 1.000, y en el Viso del Alcor, y Tocina, 700. La siguiente tabla mue stra una amplia disparidad de valores, que oscilan entre los 411,76 reales en Alhorín y los 917,4 3 en Las Torrecillas ; los factores que explican este margen son, entre otros, la calidad de la tierra, las construcciones que poseyera la finca , la existencia de pozos y la abundancia de agua o la proximidad al núcleo urbano. 119 TABLA 18 . Clemente de l a Cuadra . Precios de la fanega en los diferent es cortijos en 1874 CORTIJO PRECIO EXTENSIÓN PRECIO/FAN EGA (r) La Encinilla 444 . 464 704 631,34 Pabellón G rande 500 . 000 1.100 454,54 La Nava de los Ballesteros 360 . 000 449 801,78 La Cañada 948 . 000 1.473 643,58 Las Torrecillas 100 . 000 109 917,43 Alhorín 700 . 000 1.700 411,76 Balóbrego 340 . 000 533 637,89 El Caserón 754 . 000 1.009 747,27 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Dentro del esquema con el que abríamos el capítulo – el síndrome de los Buddenbrook – , Clemente de la Cuadra representaría a la segunda generación, aquella que amplía el patrimonio y consolida el estatus familiar. Es cierto que entre Francisco Gibaja y él existió un espacio de tiempo considerable – entre 1810 y 1839 – , ocupado por el hijo del primero, Bernardino de Gibaja (muerto en 1824) y su viuda e hija , tuteladas por Simón de Gibaja. Pero en este tiempo, la empre sa familiar, entendida como la s tierras que pose ían, no experimentó cambios relevantes. No hubo adquisiciones ni ve ntas, y los protocolo s notariales no reflejan actividad alguna en este sentido. Clemente de la Cuadra fue , de este modo, el verdadero dinamizador de l negocio familiar, logrando quintuplicar la superficie de sus predios. Lo hizo impulsado por la coyuntura favorable, y gracias a la disponibilidad de dinero efectivo que poseía tanto él (0’4 millones de reales) c omo su esposa, que debía contar 119 PARIAS SÁI NZ DE ROZA S, María, El merca do de la tierra …, p. 199; BERNAL RODRÍGUEZ, Antoni o Miguel, La lucha por la tierra …, p. 233 ; PARIAS SÁINZ DE ROZAS, Mar ía, El merca do d e la tierra …, p . 160 y siguien tes, para un d esarrollo pormeno rizado de los criterios que in fluyen en el valor de la tierra. 79 con cuantiosos ahorros tras más de vein te años de arrendamientos del Caserón sin realizar inversiones. Una comparativa con los principales propietarios de la segunda mitad del siglo XIX en Utrera y áreas más próximas aporta el contexto necesario para ponderar la labor de Clem ente de la Cuadra, q ue moría el mismo año que Ignacio Vázquez (1873), dejando en herencia un conjunto de latifundios de extensión solo algo inferior a este y muy por encima de contemporáneos como los Lasso de Carmona, como se observa en la siguiente tabla: TABLA 19 . Comparativa de mayo res propieta rios e n la provin cia LOCALIDAD PROPIETARIO HECTÁREA S Carmona Miguel Lasso (h. 1880) 2.316 Carmona Carmen Lasso Vega Qu intanilla (h. 1880) 1.179 Carmona Lorenzo Domíngu ez de la Haza (h. 188 0) 1.110 Utrera Clemente d e la Cuadra ( 18 73) 5.651 Utrera Enrique de la C uadra ( 1890) 11.993 Utrera Juan de los Ríos M ateos (1890) 6.198 Sevilla Ignacio Vázqu ez (187 3) 6.200 Los Palacios Fausta Murub e Galán (189 6) 2.033 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s y fuentes diversas 120 3.2.3. Enrique de la Cuadra Gibaja: consolidación del latifundio e inversiones en olivar El punto de partida : la herencia La acumulación de tierras suponía la ampliación de una base económica estable y bastante resistente a las fluctuaciones económicas , a la vez que un vehículo prestigiador q ue a menudo culmi naba con la obtención de un título nob iliario . Tales fueron los casos, e n Sevilla, de Fernando Rodríguez Rivas, Carlos Pickman o Andrés Parladé. Probablemente, la aspiración aristocrática estuviera ya en los planteamientos de Clemente, si bien no para él mismo, sí para s u primogénito. El tercer eslabón de esta saga, Enrique de la Cuadra , fue quien con mayor decisión trabajó en este sentido, gracias a sus conexiones políticas – el título de marqués de San Marcial lo recibió a instancias de su anti guo jefe de partido, R omero Robledo – y a su estrecha 120 HERAN, François, Tierra y p arentesco en el ca mpo sevillano: la revolución agríco la del siglo XI X , Madrid, Ministerio de Agricultura, 1981, p . 29; ARTOLA, M igu el, El latifund io …, apén dices, y protocolos notariales en AHPS y APNU. 80 relación con la Iglesia – el Papa le otorgó el título pontificio de marqués de Gibaja en 1890 en reconocimiento a las restauraciones de varios edificios religiosos en Utrera – . Con él, l os De la Cuadra alcanzaron su punto á lgido , pero también, en sus últimos años de vida, se precipitó una súbita e irreversible decadencia familiar. El esquema de transmisión del patrimonio familiar que describió Herán para l os Váz quez tiene plena aplicación para la fa milia De la Cuadra en Utrera. Este se basa en cuatro puntos: formación universitaria de los herederos , es pecialmente en leyes y agronomía; cesión paulatina de la gestión de las propiedades, actuando el primogénito c omo arrendatario; establecimiento de alianzas matrimoniales dentro de la burguesía agraria y avances de la legítima en metálico o especie 121 . De acuerdo a este planteamiento, Clemente de la Cuadra procuró a sus dos hijos estudios superiores, que cursaron en Bélgica: el primogénito, Enrique, estudio ingeniería agrícola , y Federico, derecho. Tras el fallecimiento de l último, la fortuna familiar se concentró en Enrique, para el que su padre fue preparando el tra spaso de poderes durante sus últimos años de vida. A pesar de tener derecho a su parte de la herencia por haber contraído matrimonio en 1867, Enrique siguió bajo la tutela paterna, y no empezó a encabezar los documentos notariales hasta el declive físico de su padre, que en 1872 le entregaba la gestión del patrimonio familiar. 122 De este modo, Enrique afrontaba la edad adulta con la herencia la procedente de su madre, consistente en el cortijo del Caserón y la vivienda familiar; la reunida por su padre, con todas las adquisiciones anteriormente vistas, y la de su tío abuelo Simón de Gibaja, de la que dis frutaba desde 1861 . Simón de Giba ja murió soltero en 1861, repartiendo el grueso de su fortuna entre sus parientes, es decir, l os De la Cuadra Gibaja en Utrera (sus sobrino-nietos Enrique y Federico ) y los hijos de su hermano Santiago, los Gibaja Bengoechea. La part e de los De la Cuadrase sustanc iaba en la vivienda d e la calle de la Hermo sa, 33, una casa palacio de 200.000 reales comprada a los herederos del conde de Vistahermosa, y 204 aranzadas de olivar con 11.823 pies, en varias suertes, linderas entre sí la mayoría, en el pago de Cortigena ( Alcalá d e Guadaíra) . A juzgar por los a peros que figuran en la des cripción de bienes, Simón debió explotar de forma directa sus olivares 123 . El conjunto se tasó por 525.20 0 reales, mientras que el cortijo de Herrera, que heredaron los Gibaja Bengoechea, se valoró en 613.875 reales. 124 121 HERAN, Franço is, Tier ra y p arentesco … , p. 209 . 122 APNU, Anto nio de Campo Redon do, 1872[15 de ju lio de 1872], f. 159 6. 123 APNU, Anto nio Camp o Redondo , 1864 [s/f], f. 1031 .En su descripción de bienes ap arecen 10 mulas, 6 asnos, 2. 000 arrobas d e aceite, 200 de vinagre , y 360 fanegas de ce bada; aperos del campo, yun tas y 24 escaleras y 2 carr os de violín , ú tiles para la recog ida y tala del olivar , que él tr abaja directam ente. Dejaba además, en metálico , 1.076.743 reales. 124 APNU, Anto nio de Campo Redon do, 1860 [30 de mayo de 1860], f. 330. 81 TABLA 20 . Enrique de la Cuadra. Herenci a patern a TIPO NÚMERO EXTENSIÓN (en fan.) Nº OLIVOS VALOR (en reales) Fincas urbanas 22 851.996 Bienes en Cantab ria 10 186.400 Cortijos 8 6.777 4.146.464 Tierra calma 10 49 71.000 Dehesa 3 1.435 392.000 Haciendas 5 509 20.894 925.404 Suertes de ol ivar 44 324 19.742 567.581 Viña 7 32 73.560 Créditos 1.116.500 Salinas 1 10 200.000 TOTAL 110 9.136 40.636 8.530.905 Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales Por vía paterna, heredaba propiedades por valor 2.132.726 pesetas, que se repartían en fincas urbanas en Utrera, Lebrija, Dos Hermanas y Cantabria, ocho cortijos, varias suertes d e olivar y tierra calma, dehesas, cinco haciendas de olivar y siete suertes de viña. El grueso de los ingresos de Enrique de la Cuadra provenía, al igua l que en el caso paterno, de sus inmuebles rústicos, olivar y tierra de sembradío. Respecto al olivar, Bernal constata el crecimiento de la superficie olivarera en Sevilla durante la primera mitad del siglo XIX, beneficiándose de la puesta en cultivo de tierras hasta ahora incultas; sin embargo, señala la decadencia de este cultivo en la segunda mitad, debido a la escasez de demanda extranjera y a los elevados costes de producción por el empleo masivo de mano de obra 125 . No obstante, las tierras de olivar de Enrique de la Cuadra no fueron, como sugiere este autor como tónica general, tierras de inferior calidad recientemente roturadas, sino olivares consolidados en áreas consideradas de excelente calidad, en la s que la aranzada alcanzaba cotizaciones elevadas , como Alcalá de Guadaíra y Morón de la Frontera. Respecto a la escasez de la demanda, sobrevenida en el último tramo del siglo XIX, se demostraría letal para los intereses de De la Cuadra, dueño de una prod ucción inmensa, costosa de mantener, y que no podía colocar en e l mercado, asunto que se desarrollará más adelante . En 1874, tras recibir su herencia, Enriqu e de la Cuadra arrancaba con un total de cinco haciendas que, sumadas a diversas suertes, suponían 1.037 aranzadas de olivar y un total de 52.459 pies. A los molinos propios de cada una de las haciendas sumaba tres en Utrera, lo que le proporcionaba una posición de partida ventajosa. Aunque no consta registro docu mental sobre la fund ación de la misma, e n el impreso que editó para la exposición de Barcelona de 1888, hacía constar que su 125 BERNAL ROD RÍGUEZ, An tonio Miguel, La lu cha po r la tierra …, p. 1 78. 82 casa de aceites fue fundada en 1863, es decir, recién llegado tras terminar sus estudi os universitarios, m omento en el que se haría cargo de la herencia de Simón de Gibaja. Respecto a la tierra calma, heredó 8.261 fanegas , concentradas la mayoría en ocho latifundios dedicados al cultivo al ter cio . En líneas generales imitó a su padre, dedicándolos al arriendo; practicó un absentismo que contemplaba las rentas provenientes de estos latifundios como la inyección de líquido que requería n sus otros negocios, en los que realmente estaba interesado. De todos modos, a comienzos de su trayectoria, cultivó una porción de secan o: trigo, lentejas, yeros, cebada, maíz, garbanzos y habas, con los que estuvo presente, junto a una nutrida representación de propietarios utreranos, en la Ex posición de Filadelfia de 1876y en la pecuaria de Sevilla de 1880, donde sus productos obtuvieron varios premios. Del mismo modo, en estos primeros momentos investigó sobre la introducción de nuevas especies forrajeras (consuelda aspirina) y del eucalipto para la repoblación . 126 Según Bernal, el pre cio de la tierra fue bajando a lo largo del siglo XIX – salvo coyunturas favorables como la guerra de Crimea – debido a la competencia internacional, que hacía que el trigo español fuera poco competitivo en el mercado exterior 127 . No obstante, analizando la evolución de la renta, se observa un incremento de su valor, si bien con cierta ralentización o incluso una leve bajada a fines de siglo 128 . Por último, estuvo en posesión de siete suertes de viña en Lebrija, adquiridas por su p adre mediante retroventa y en las que no tuvo el mayor interés, de modo que se deshizo de ellas en cuanto tuvo ocasión. 129 126 La Andalucía , n º 5.851 [4 de febrero d e 1876] , p. 2. En tre los pr opietarios utreranos que p resentaron ejemplares de sus co sechas estuv ieron José Antonio Cuéllar, Felipe Burg os, Joaq uín Orejuela, Francisco Arias de Saav edra, Pedro Rivas, Rafae l Crespo Gu isado (co lono d e los De la Cuad ra) y Raf ael Riarola Pérez; La An dalu cía , nº 7.187 [25 de junio de 1880], p. 2 . Obtuvieron p remios sus garban zos y aceites; La Anda lucía , nº 6.616 [11 de agosto de 1 878], p. 2. 127 BERNAL ROD RÍGUEZ, An tonio Miguel, La lu cha …, p . 181. 128 Nos rem itimos al apar tado dedicado al arrendam iento de la tierra, d onde se an aliza este fenómeno . 129 BERNAL RODRÍGUEZ , An tonio Miguel, La lucha …, p. 18 0. Bernal señala que, en toda la campiñ a, su superf icie no supera el 0’5% de la tierr a cultivad a. 83 GRÁFICO 10 . Enr ique de la Cuadr a. He rencia pat erna. P roporción según va lor Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales Adquisiciones de Enrique de la Cu adra. L a soc iedad con Gre gorio de la Maza Clemente de la Cuadra concertó la boda de su primogénito con Marciala, hija de Santos Sáinz de la Maza, un cántabro oriundo de Ogarrio, población muy próxima a Rasines. Santos se enriqueció en el estado de San Luis de Potosí, como propietario de varios la tifundios y minas en la población de Real de Catorce. Con el enlace, celebrado el 27 de febrero de 1867 en Santander, l a fortuna familiar aumenta ba considerablemente, pues se añadían las minas San Asasio y hacienda Sauceda, valoradas en 748.378 pesetas, 337.500 pesetas en acciones de la compañía minera Unión Catorce ña, las haciendas P astoriza, Carboneras y Venega s (1.041.580 pesetas ), 402.602 pesetas e n deuda del Estado de México y 3.382.526 más por un crédito, acciones en vapores y algunos créditos en España. Todo ello hacía un total de 6.473.321 pesetas que se repartían entre los dos hijos de Santos, Marciala y Gregorio . Para contextualizar estas cifras recurrimos a los bienes dejados por Ignacio Vázquez , ejemplo paradigmá tico del terratenient e sevillano que, al igual que Clemente de la Cuadra , falleció en 1873; su herencia se estimó en 5,1 millo nes de pesetas (3,3 de ellas procedente s de bienes raíces), lo que situaba la fortuna reunida por Enrique liger amente por encima de aquel. 130 130 APNU , Diego Guerra Tam ariz, 187 4 [3 1 de enero de 1874 ], f. 23 5; HERÁN, Françoise, Tierra y parentesco …, p. 27. FINCAS URBANAS BIENES CANTABRIA CORTIJOS TIERRA CALMA DEHESA HACIENDAS OLIVAR VIÑA CRÉDITOS SALINAS 84 TABLA 21 . Patrimonio de Enrique d e la Cu adra y Marci ala Sáinz de la Maza h acia 1875 Clemente d e la Cuadra y Teres a Gibaja 2.132.726 pe setas Simón de Giba ja 131.250 peseta s Sociedad comand itaria S antos de la Maz a 2.956.293 pe setas TOTAL 5.220.269 pesetas Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Debido a las dificultades que imponía la liquidación de la herencia, pues Enrique no te nía interés por los negocios en México y su cuñado Gregorio se inclinaba por mantenerlos, se decidió constituir una sociedad en comandita entre los hermanos Sá inz de la Maza (con Enrique gestionando la parte de su esposa), con el fin de establecer un reparto equitativo. Con el nombre de Santos de la Maza, se dotó con un capital de 3 millones, reservando para los hermanos las otras 2.912.586 pesetas. Los beneficios o pérdidas se distribuirían al 42,5% entre cada socio capitalista, quedando un 15% para el gerente, Vicente Irizar Aróstegui, hombre de confianza de la familia Sái nz de la Maza en México . Se estipulaba para la sociedad una duración de 10 años, los seis primeros forzosos y los cuatro siguientes, voluntarios. Sin embargo, según testimonio de Vicente Irizar , las relaciones entre ambos c uñados se volvieron tensas : “A tanto llegó el desacuerdo, que tuve que dirigir mi correspondencia a nombre de los dos, y recibir las respuestas firmadas por ambos” . 131 A principios de 1880 Enrique de la Cuadra y Gregorio Sáinz de la Maza decidieron poner fin a la sociedad, para lo que reclamaron la presencia de Vicente Irizar, quien viajó desde México a Utrera. Cuando se procedió a la liquidación, se constató q ue la deuda entre ambos seguía pendiente, pues durante los años anteriores se habían re partido los beneficios enviados desde México, ignorando el propósito de la sociedad en comandita. Se res olvió que Marciala entrega ría a su hermano su mitad correspondiente de los bienes en México, exceptuando las accione s de la empresa minera Unión Catorceña y algunos créditos. A cambio, Gregorio , que se desplazaría a México para la liquidación, se comprometía a pagarle en compensación 400.000 pesos fuertes en anualidades de 50.000 entre 1881 y 1888. El acuerdo preveía que, s i Gregorio dejase de pagar “por algún evento desgraciado, como revolución o caso análogo”, se aplicaría un interés de demora del 6%. La empresa cambiaba su nombre por el de Gregorio de la Maza. 132 131 IRIZAR ARÓSTE GUI, Vi cente, Memorias , inédito, s/n. No obstante, las r elaciones debier on recomp onerse, pu es hay múltiples evidencias de ambos cu ñad os participando en var ios negocios sevillan os duran te la década d e 1880. 132 APNU, Enr ique López Lacarra, 18 80 [9 de abril de 1880], f. 377 . 85 Con todas estas operaciones, Enrique logró aumentar el patrimonio heredado de manera que, para 1890, era dueño del 16% de los latifundios de tierra calma del término. Aunque centrado en el olivar, continuó la estrategia de su padre de adquirir propie dades vecinas entre sí, de modo que en 1871 compró a sus primos, los Gibaja Bengoechea, el cortijo de Herrera por 800.000 reales, que limitaba con los del Caserón y Pabellón Grande 133 .Entre 1875 adquiría un lote de tierras a María Dolore s Garve y Capdecón, heredera de Patricio Garvey. Se trataba de los cortijos de Roncesvalles (963 fanegas), Fuente Vinagre (1187) y Carrascales (343), unidos entre sí y muy cercanos al núcleo urbano de Utrera. Salvo Fuente Vinagre, procedente de la familia Arias de Saavedra, represen tantes de una baja nobleza rural que había ido desprendiéndose de su patrimonio debido a su incapacidad para adaptarse al nuevo mercado de la tierra, el resto de predios p rocedía de compradores en la desa mortización. Además , en el mismo acto adquiría la s dehesas de Fuensolana (550 fanegas, en Montellano) y Tejeda (238 fanegas, entre Morón y Montellano). La operación sumó 2.079.036 reales que, unidos a otras compras realizadas a título particular y en comandita con su cuñado, d io como resultado el año de mayor desembolso de Enrique de la Cuadra . En 1876 compró el cortijo de Troya, en mano s de la familia Bécquer desde el siglo XVII, al no poder esta afrontar los préstamos contraídos desde 1830 en adelante. 134 IMAGEN 4. Situación d e los cortijos y hacienda s d e Enr ique de la Cuad ra Fuente: FEGA [h ttps://sig pac.mapama.go b.es/fega/ visor] 133 APNU, Anto nio de Campo Redon do, 1871 [27 de noviembre de 1871], f. 2687. 134 APNU, Migu el Parra Ram os, 1876 [29 de febrero de 1876], f. 15 5. La escritura de co mpraventa refier e la fun dación del mayorazgo b eneficiad o con el cortijo de T roya. de Miguel Bécq uer Banderb equen, comercian te, el 20 d e junio de 1622 ante el escribano d e Sevilla Juan Bautista de Contreras. 86 La colmatación del mercado de la tierra era perceptible en la dé cada de 1880, cuando se pusieron en cultivo f incas de inferior cali dad, como antiguas dehesas. En esta década, adquirió las dehesas de Yeguas, Pozuelo, Amarguillo y El Palomar, en la v ecina población de Los Molares. Procedentes de los e stados de Alcalá y tr as pasar por varios propietarios desde la década de 1850, terminaron en manos De la Cuadra, que las arrendó en suertes a los vecinos de Lo s Molares, según la costumbre asentada desde el Antiguo Régimen. La multiplicidad de pagadores convertía el cobro de las rentas en un eng orro que solucionó medi ante un apoderado de la misma villa, Juan Rincón Marchena. Más adelante, De la Cuadra se inclinó por la explotación directa, para lo que sembró las dehesas de Yeguas y Amarguillo (504 fanegas) con 7.284 garrotes de olivar , aún improductivos en el año de su muerte . 135 GRÁFICO 11 . Sociedad Sant os de la Maza. Precio de la faneg a de oli var en Morón, en reales Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Como se observa, la estrategia de Enriqu e de la Cuadra se b asaba en el acaparamiento de tierras para su arriendo. Se puede hablar de una “euforia compradora” que, a juzgar por el testimonio de Vicente Irizar y las evidencias documentales, se cimentaban en el convencimiento de lo inagotable de su fortuna. Las compras su pusieron enormes desembolsos que no siempre se cubrieron con los arriendos. El aceite fue objetivo prioritario de De la Cuadra . Sus grandes adquisiciones tuvieron lugar en la décad a de 1870, aún durante el auge 135 AP NU, Enriq ue López Lac arra, 1887 [ 22 de octubr e de 1887], f. 1818; APNU, Enriqu e López Lacarra, 1895 [22 de agosto de 1895], f. 1655. 2358 1681 1486 1642 1632 4096 Haza grande 1871 Menea 1871 Puntal de la Sierra 1871 Perlita y Marchante 1871 La Navilla 1871 Molino Nuevo 1876 Cuadr a Maz a: pr ecio med io de la f aneg a de Hacienda. 87 del olivar; a partir de 1880, sin embargo, se produ jo un estancamiento seguido de una crisis que se revelaría determinante para la fortuna familiar. Ante la falt a de conocimientos agrarios de Gregorio de la Maza , Enrique tomó las riendas de la socied ad comanditaria y dirigió las inversione s . Siendo consciente de la escasa idoneidad de las tierras del término de Utrera para la obtención de aceite de calidad, co ncentró sus esfuerzos en la vecina Morón, donde compró las haciendas de El Serrano, Haza Grande, Menea, La Navilla, Perlita y Marchante, Puntal de la Sierra y el cortijo de La Nava (reconvertido en hacienda) entre 1870 y 1872. Incorporaba así 1.659 fanegas de olivar que habían costado 2.505.556 reales, desembolso que fue posible gracias al abundante metálico disponible vía Santos de la Maza. En la década de 1880 el ritmo de adquisi ciones se fue ralentizando hasta que, a partir de 1886, las compras se limitaron a algun as viviendas y a minifundios linderos con alguna d e sus propiedades. Las últimas tierras, de hecho, procedían no de compras, sino del pago de un crédito impagado por Joaquín Peña Hurtado de Mendoza, amigo de De la Cuadra. Se trataba de pequeñas haciendas de olivar en El Coronil, que procuró vender enseguida. Otros montañeses La familia extensa de los De la Cuadr a imitó a las dos cabezas visibles, Clemente y Enrique, a una escal a menor, llegándose a convertir en medianos propietarios. Actuaron segú n unos patrones comunes: la no explotación directa d e sus propiedades, d estinándolas al arre ndamiento; la adquisición de minifundios, buscando a menudo la veci ndad entre ellos para constituir fincas de tamaño medio; finalmente, un buen número de sus p ropiedades llegaron a sus manos producto de ejecuc iones hipotecarias y retroventas, dado su dedicación al préstamo. Pedro Rivas Rivas pertenecía a la esfera familiar por su matrimonio con Romana Lavín De la Cuadra, prima segunda de Enrique. Su trayectoria le llevó, como a otros miembros del clan, a pasar por México, instalándose en Utrera en la década de 1850. Allí, tuvo una intensa actividad en el mercado de fincas tanto r ústicas como urbanas. Debido a su nivel económico, no pudo realizar fue rtes desembolsos, con lo que los predios que adquiría era habit ualmente suertes de olivar y tierra calma que dedicaba al arriendo entre vecinos de la zona. Aun así, llegó a ser dueño de cuatro haciendas de olivar que, con el resto de propiedades, sumaban unas 500 fanegas. 94 AÑO COLONO MUNICIPIO RENTA PERIODO 1847 Riarola Pérez, Alonso Utrera 36 .000 1846 -185 6 1855 Crespo Guisado, Rafael Utrera 77 .000 1856 -186 5 1863 Rafael Crespo Gu isado Montellano 77 .000 1865 -187 1 1870 José Gutiérrez To pete Utrera 77 .500 1871 -187 8 1877 Rafael Crespo Gu isado Montellano 90 .000 1878 -188 1 1880 Rafael Crespo Guisado Montellano 90 .000 1881 -188 6 1885 Cristina Huertas de Paz (vi uda del anterior) Utrera 90 .000 1886 -189 1 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s TABLA 25 . Arrendami ento de La Cañ ada, B alóbrego y Los Garz os, 1864 - 88 AÑO COLONO MUNICIPIO DEL COLONO PRECIO PERIODO 1863 Miguel Corbac ho Reina y J osé Manuel Romero Montellano 60 .000 1864 -187 0 1869 José Manue l Romero Rom ero Montellano 77 .500 1870 -187 6 1876 José Manue l Romero Rom ero Montellano 77 .500 1876 -188 2 1881 José María Romero Sánchez (hijo del anterior) Montellano 90 .000 1882 -188 8 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s TABLA 26 . Arrendami ento del cortijo d e Loper a, propiedad de M anuel Sanch o Larrea. AÑO COLONO MUNICIPIO DEL COLONO PRECIO PERIODO 1839 Francisco Ramos Montellano 34 .000 1839 -184 3 1845 Francisco Ramos Montellano 24 .000 - 1859 Manuela y Co ncepción Ramos Montellano 44 .000 1859 - 60 1860 José Corbach o Reina y Jos é Manuel Romero Montellano 44 .000 1860 -186 6 1866 Antonio Corb acho Reina Montellano 44 .000 1865 -186 9 1875 Antonio Corbac ho Reina Montellano 30 .000 1875 -187 9 1878 Manuel Corbach o Reina Montellano 20 .000 (medi o cortijo) 1878 -188 1 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s TABLA 27 . Arrendamient o del cortijo d e Ruch ena, propiedad del marqu és de Cas a Ulloa, 1826 - 1881 95 AÑO DEL CONTRATO COLONO MUNICIPIO D EL COLONO PRECIO PERIODO 1826 Francisca de Pa ula Vélez Camacho Montellano 1826 - 1829 1829 José Romero V aldés Montellano 1830 - 1833 1834 Alonso Riaro la Pérez Utrera 13 .000 1838 - 1841 1839 Fernando Ramos de Med ina Montellano 23 .000 1838 - 1851 1873 Fernando Ramos de Med ina Montellano 23 .500 1873 - 1875 1878 Fernando Ramos de Med ina Montellano 24 .000 1878 - 1881 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s TABLA 28 . Arrendami ento del cortijo d e Ruch enilla, propied ad del m arqués de Casa Ulloa, 1867- 1881 AÑO COLONO MUNICIPIO DEL COLONO PRECIO PERIODO 1866 Fernando Ramos de Med ina Montellano 19 .000 1867 - 1871 1874 Fernando Ramos de Med ina Montellano 19 .000 1873 - 1875 1878 Fernando Ramos de Med ina Montellano 19 .000 1878 - 1881 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 3.3.3. Arrendamientos de los De la Cuadra Habitualmente se relaciona e l sistema de explotación indirecto de la tierra con contratos a corto plazo y ba jos rendimientos agrícolas, pues supuestamente el primer factor desincentiva ría al colono de invertir en mejoras. A la vez , los contratos determinaban un cultivo a l tercio que obstaculizaba la maximización de los rendimientos. Artola afirma que en el Antiguo Régimen la gran mayoría de los latifundios (el 90% de los ejemplos que analiza ) eran explotados mediante arriendo, aunque, según transcurrió el primer tercio del siglo XIX, el número de predios explotados directamente por sus propietarios, especi almente si estos procedían de la burguesía agraria o del mundo de los negocios, fue aum entando de manera paulatina. 144 En el caso de los De la Cuadra, los latifundios situados al sureste de la población – el grueso de sus tierras – constituyeron su fuente de ingresos más relevante. En la década de 1860, Clemente de la Cuadra ingresaba al año en concepto de rentas anuales por dichos cortijos 223.500 reales, mientras que su hijo Enrique elevó esta cifra a, al menos, 144 CARMONA PID AL, “L as es trategias econ ómicas de la vieja ar istocracia españ ola y el cambio ag rario en el siglo XIX”, Revista de Historia Económica , nº 1 [invierno 199 5], pp. 63 - 88. 96 396.000 en la década de 1880. A ello habría que añadir los beneficios obtenidos de sus otros bienes, como haciendas, olivares, patrimonio urbano y negocios industriales. 145 Respecto a la evoluc ión de la renta de la tierra a lo largo del siglo XIX, Artola identifica tres periodos: hasta 1810, de 1810 a fines de la década de 1830 y de 1840 en adelante 146 . En el primero se produ jo una subida sostenida. E n el segundo se dio un acusado descenso, que se prolongó hasta fines de la década de 1830, causado por la crisis económica y la inestabilidad del mercado de la tierra, con dos intentos desamortizadores abortados. Utrera, parada en el camino entre Madrid y los Puertos, sufrió u n tránsito de tropas sin precedentes que la obligó a sufragar a los ejércit os franceses y, tras l a liberación, a los es pañoles. Las requisas de dinero, caballos, paja y alimentos llevaron a muchos propietarios del término a una situación ruinosa . Los primeros miembros de la familia en Utrera, Francisco Gi baja Marroquín y sus hij os, explotaron directamente los cortijos de Herrera y El Caserón, según se deduce ante la ausencia de contratos de arriendo. Cuando Clemente de la Cuadra accedió a la fortuna de la fam ilia Gibaja, decidió invertir en tierras de la zona, buscando la vecindad entre sus distintas propiedades. Fruto de ello, adquirió los cortijos de Alhorín, Balóbrego, Pabellón Grande, Nava de los Ballesteros y Cañada de Santiago. A partir de la fecha de su adquisición, se conse rvan registros de su puesta en arriendo de manera sistemática, en un periodo, mediados del siglo XIX, de alza de precios. En 1846, Clemente volvía a Rasines , cumpliendo así la a spiración del retorno a la tierra natal como indiano rico. Solo necesitaba a personas de confianza para gestionar sus negocios en Utrera, fundamen talmente el cobro de rentas, renovación de contratos y compraventas oportunas, de manera que apoderaría, en distintos periodos, a sus sobrinos Pablo Lavín y Joaquín Martínez Matienzo, a Pedro Rivas y, fuera del círculo montañés, a su amigo Mateo Escribano. Aun así, se registran desplazamientos puntuales a Utrera para poner al día sus negocios. Clemente de la Cuadra planteó el arr iendo por lotes de sus predios , lo que simplificaba l as gestiones y los c obros (un único pagador con el que negociar), a la v ez que constituía un atractivo para los colonos que pudieran afrontar la renta. Se trataba de una práctica re lati vamente habitual ya desde el siglo XVIII, como c onstataba Pablo de Olavide 147 . Para ello ofrecía dos o más cortijos linderos junto a una dehesa, indispensable para el mantenimiento del ganado. Comenzó con el cortijo del Caserón, heredado por su esposa, al que añadió el frontero de la Nava de los Ballesteros, Pabellón Grande y parte de la dehesa de los Garzos. 145 Según se desprende del cálculo d e las rentas an uales estipuladas en los con tratos de arrenda m iento. 146 ARTOLA GALLEGO, Miguel, El latifund io… , p. 128. 147 OLAVIDE Y JÁUREGUI, Pablo, Memorial ajustado sobre los daños y decadencia que pad ece la agricultura , sus motivo s y medios pa ra su restablecimiento y fomen to , Mad rid, s/e, 17 84, p . 203. Olavide af irmaba q ue los dueños de cortijos y d ehesas están acostu mbr ados a arrendar los por m ayor, porque ser más conv eniente recib ir la renta de uno q ue tener que tratar con mu chos pequeño s colonos. 97 GRÁFICO 12 . Evolu ción d e la renta de los cortijos del Caserón, la Nava d e los Ballesteros, P abellón Gr ande y dehe sa de Lo s Gar zos Elaboración p ropia a p artir de protocolo s not ariales Repetiría el mismo modelo con los cortijos de la Cañada de Santiago y Balóbrego, vecinos entre sí y con la dehesa de los Garzos. Nada más adquirirlos, Clemente de la Cuadra unific ó dichas propiedades y elevó su renta a 60.000 reales anuales (1863), lle gando a los 90.000 en manos de su hijo, en 1881. GRÁFICO 13 . Evolución de la renta en los co rtijos de La Cañada, B alóbrego y Los Garzos Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s En 1848, Clemente de la Cuadra compraba el cortijo de La Enci nilla al marqués de Ruchena, revisando las rentas al alza; nada más adquirirlo, subió esta de 10.000 a 17.000 reales anuales, para aumentarlo hasta los 45.000 en 1863. Al heredar, Enrique de la Cuadra decidió explotar La Encinilla directamente, según se deduce de la falta de 0 20000 40000 60000 80000 100000 120000 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910 0 20000 40000 60000 80000 100000 1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 98 documentación y de los escritos de Vic ente Irizar, que me nciona una cacería de De la Cuadra en dicha propiedad en 1880. 148 GRÁFICO 14 . Evolu ción d e la renta de l cortijo de L a Encinilla Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s El cortijo de Alhorín, expropiado a la catedral de Sevilla y que los hermanos Candau h abían rematado en subasta, pasó a Clemente de la Cuadra en 1866. Ya arrendado desde antiguo, Clemente , y posteriormente su hijo, se limitaron a actualizar las rentas, que pasaron de 15.000 reales anuales mientras tuvo titularidad estatal a 21.000 reales con la familia Candau; con Clemente se convertirían en 27.000 (1870) y 30.000 con Enrique (1875). GRÁFICO 15 . Evolu ción d e la renta de l cortijo Alho rín Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 148 IRIZAR ARÓSTE GUI, Vice nte, Memo rias …, s/n. 0 5000 10000 15000 20000 25000 30000 1810 1820 1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910 0 5000 10000 15000 20000 25000 30000 35000 1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910 99 Las Torrecillas, que había pertenecido a la parroquia de Santiago, fue el único predio q ue Clemente de la C uadra adquiriera de los bienes procedentes de la desamort ización. Por su ubicación, en los ruedos del pueblo, fue gestionado directamente por la familia; en 188 0, Enrique ofrecería el terreno a la Diputación de Sevilla para la instalación de una escuela agrícola. En su evolución se aprecia la baja renta del mismo mientras tuvo a la Iglesia primero, y después al Estado, como arrendadores. Cuando cayó en manos p rivadas triplicó su precio, y en 1897, la testamentaría de Enrique de la C uadra concedía su arriendo por 23.440 reales; si bie n el ta maño de la pa rcela se había más q ue doblado de las 133 fanegas iniciales a las 275 d e 1897, el alza en el precio por unidad de superficie es notable: de 12 reales en 1840 y 1850 a 41 en 1865 y 85 reales en 1897. 149 GRÁFICO 16 . Evolu ción d e la renta de l cortijo d e L as Torrecillas Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Enrique de la Cuadra mantuvo las tierras de pan sembrar en arriendo. Excepciones fueron el ya mencionado cortijo de La Encinilla y Fuente Vinagre, próximo a la localidad, que compró a la familia Garvey; enclavado sobre un abundante manantial, planteó incluso la conducción de sus aguas al pue blo en una obra lla mada “Cuestión de aguas” ; a su muerte, el proyecto había c omenzado . De sus nuevas adquisiciones, arrendó el cortijo de Troya, con una renta de 50.000 reales al a ño durante la década de 1880. Siguiendo el modelo de ofertar tierras de sembrar y dehesa, compró y puso en arriendo el cortijo de Roncesvalles y la vecin a dehesa de Los Carrascales, teniendo como colono esta ble a José Gutiérrez Topete. Valoresinferiores tuvieron los cortijos del Alamillo y la Alcaparrosa, debido a su lejanía y calidad de sus tierras (La Alcaparrosa era una antigua dehesa repartida en suert es y posteriormente unificada en un cortijo) . 149 APNU, Enr ique López Lacarra, 18 97 [10 de diciemb re de 1897 ], f. 2855. 0 5000 10000 15000 20000 25000 1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 100 GRÁFICO 17. Evolu ción d e la renta de l cortijo El Alamillo Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s GRÁFICO 18 . Evolu ción d e la renta de l cortijo de H errera Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 8000 9000 10000 1860 1862 1864 1866 1868 1870 1872 0 5000 10000 15000 20000 25000 30000 35000 40000 45000 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910 101 GRÁFICO 19 . Evolu ción d e la renta de l cortijo de P ozuelo (Los Molar es) Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s A modo de conclusión, y con la prevención de no disponer de la secuencia completa de datos ya comenta da, se observa un as censo de la renta de la tierra en la segunda mitad del siglo XIX que desciende solo ligeramente en el último decenio; por el contrario, María Parias habla de un desplome en el precio – no en la renta – que toca fondo hacia 1890 150 . Si adoptamos un valor 100 para la renta de los predios antes de ser adquiridos por los De la Cuadra (de 18 40 en adelante), se constata un incremento del 47,1% de media en torno a 1880. TABLA 29 . Valor de la rent a de los latifun dios de los De l a Cuad ra previo s a su adquisición, en épo ca de Clement e de la Cuadra (h. 1860) y de Enriqu e de la Cuadra (h. 1880) FINCA Anterior Clemente d e la Cuadra Enrique de la Cu adra Alcaparrosa 100 - 42 Alhorín 100 128 142 Cañada, Ba lóbrego y Garz os - 100 161 Balóbrego 100 - 233 Caserón, Nava d e los B allesteros , Pabellón Grande , Los Garz os - 100 116 Encinilla 100 450 - Herrera 100 - 95 Roncesvalles 100 - 250 Troya 100 - 138 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 150 PARIAS SÁINZ DE ROZAS , María, El mercado de la tierra …, p. 201. 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1860 1865 1870 1875 1880 1885 1890 1895 1900 102 Para contextualizar estos resultados, la siguiente tabla refleja la renta de otros latifu ndios del término en dos momentos: h acia 1840, y hacia 1880. En el mismo se observa una subida media del 86,3%, q ue casi dobla la vista para la familia De la Cuadra . TABLA 30 . Valor de la ren ta de latifundios de l término hacia 1840 y 188 0 FINCA h. 1840 h. 1880 Águila 100 150 Alguaciles 100 136 Buena Nao 100 300 Fuentes 100 241 Lopera 100 117 Malavista 100 285 Ruchena 100 104 Ruchenilla 100 158 Elaboració n propia a p artir de protocolos notar iales La renta dependía de diversos factores como, entre otros, la calidad de la tierra, las edificaciones existentes en la misma, el grado de proximidad al núcleo urbano, la coyuntura económica (incluyendo las oscilaciones en el precio del trigo) y los factores climáticos. De este modo se explica la relativa disparidad de precios por fanega en las p ropiedades de la familia, Como se puede obs ervar en la tabla que sigue, correspondiente a una cata realizada para 1870, los valores parecen ordenarse siguiendo un cri terio de distancia respecto al núcleo urbano, donde el cortijo de Torrecillas se encuentra en los ruedos de l a población, siguiendo en proximidad Roncesvalles y Troya, y siendo el más lejano el de Alhorín. 103 TABLA 31 . Precio po r fanega en arr endamient o de los latif undios fami liares h acia 1870 FINCA PRECIO/FAN EGA (en r eales) La Alcaparros a 24,5 Alhorín 18 Balóbrego y La Ca ñada + Dehesa G arzos 33 Los Carrascales 28 Caserón, La N ava, Pabel lón Grande + Los Garzos 28 La Encinilla 25 Herrera 36,8 Roncesvalles 36,3 Torrecillas 41,5 Troya 39,7 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Estas cifras, que muestran una media de 30 reales por fanega, deben contextualizarse en el marco del término municipal (25, 7 reales de media para los predios seleccionados) donde se han seleccionado once predios que responden a similares características de propiedad que los anteriores: arrendamientos libres, sin censos o gravámenes – o de tenerlos, apenas repercuten en la renta – , es decir, plenamente insertados en una dinámica de mercado. TABLA 32 . Precio po r fanega en arrendami ento de varios latifu ndios del tér mino de Utrera hacia 1 870 FINCA PRECIO/FAN EGA El Alamillo 14 Buena Nao 35 Fuentes 17 Guardainfantilla 27,6 Lopera 17,6 Malavista 35,7 Miguel de Uceda 50 El Piorno 17,5 Ruchena 17,1 Ruchenilla 20,7 Zarracatinejo 31 Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales De nuevo, el criterio dominante – que por supuesto no el único – parece radicar en la proximidad a Utrera, de modo que Miguel de Uceda, el que alcanza una renta más elevada, se encuentra a dos kilómetros al 110 analizar la calidad de sus tierras, estableciendo así su idoneidad para el cultivo del olivo ; pronto comprobó que las tierras de Utrera, arenosas en su mayoría, no podían producir un aceite de mesa de calidad , como sí lo hacían sus olivares de Morón y Alcalá de Guadaíra. Por ello, e nf ocaría su aprovechamiento para usos fabriles . No obstante, consciente de la creciente competencia de otras grasas in dustriales , reserv ó sus mayores esfuerzos para la mejora de la técnica oleícola para conseguir aceites de mesa de calidad. GRÁFICO 20 . Produ cción anual en Esp aña de ace ite (en tonelada s) Elaboración p ropia a part ir de CARRE RAS, Albe rt, y TAF UNELL, X avier (coo rds.), Estadísticas hist óricas d e España. Siglos XIX y X X , Bilbao, Fu ndación BBV A, 2005, p. 332 De la Cuadra gestionaba siete molinos en el núcleo urbano de Utrera, además de los existentes en sus haciendas, pero pronto daría el salto hacia la tecnificación de sus negocios. Analizó la produ ctividad de cada método de explotación aceitera, estimando que mientras un molino tradicional realizaba dos cargas al día, el movido mecánicamente rendía entre 15 y 20 en el mismo tiempo. El ingeniero Juan Zalabardo llegaría a declarar que el moli no de De la Cuadra era el mejor de cuántos había visto, y se reconocía la disponib ilidad de l industrial para que todos los inventores que quisieran probasen sus ingenios en sus instalaciones . 177 En 1863, al recibir la herencia de su tío abuelo Simón de Gibaja (consistente en haciendas y suertes de olivar), Enrique fundó la casa Aceites de Utrera, una iniciativa en la que, por la documentación manejada, su padre apenas tuvo papel alguno. A partir de 1882 se fundaría la empresa La Utrerana 178 , cuya fábrica La Reformador a 177 La Gace ta Indu strial , nº 5 [10 d e marzo d e 1885], p. 73. 178 La publicidad que emitió en 1888 para la Exposición de Barcelon a mencionab a que De la Cuadra poseía fábricas en Sevilla, Jaén, Cór doba, Málaga y Cádiz, aunque no se han enco ntrado ninguna fuen te qu e lo corro bore. 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 1877 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1885 1886 1887 1888 1889 1890 1891 1892 1893 1894 111 constituía el núcleo productivo . Para su construcción, contó con su primo, el ingeniero Andrés Vega, al qu e encargó realizar u n viaje por Francia e Italia al objeto de conocer cómo se organizaban las industrias aceiteras allí. Ocupaba una superficie de 6.480 m² , paralela a la vía del ferrocarril, con el que conectaba para asegurar la salida de la mercancía a través de l os puertos de Sevilla y Málaga, gracias a la conexión Utrera - Morón-Osuna, que enlazaba con la de Có rdoba -Málaga. Se componía de nueve naves con tejados a dos aguas en las que se empleaba el hierro y el cemento como materiales de construcción. Proporcionaban movimiento a la planta dos máquinas de vapor de 25 caballos, conectadas a bombas, prensas, deshuesadoras y cajas de filtración. En 1880 adquirió la deshuesadora patentada por Juan Zalabardo, capaz de deshuesar 25 fanegas de aceitunas a la hora, un rendimiento muy superior a otras máquinas similares como las de Belt rán de Lis (Antequera), Gabriel Padrós (Reus) o Luis Beltrán (Valencia). Respecto a la filtración, sustituyó el agua por productos químicos para clasificar el aceite según su calidad, almacenándose en tanques de acero galvanizado con una capacidad de 484.000 kilos para aceites y 170.000 para orujos. Una red de raíles en su interior permitía manipular grandes cargas sin dificultad, y se i nstaló una línea tele fónica interna (la pri mera de la población, pues Bell patentó su invento en 1876) para f acilitar la comunicación entre sus secciones. I ncluía además un taller de hojalatería que fabricaba 2.000 envases (que se sellaban al vacío) al día. A la cabeza de la misma situó al ingeniero José Ciervo Sinclair, con el que ya contó para el diseño y gestión de la fábrica de gas . 179 La fábrica producía cuatro calidades de aceite. El primero, virgen extra, se realizaba con las aceitunas de sus mejores pagos (Cortigena, Morón) y se sometía a un triple refinado 180 . El segundo también era aceite de mesa, con un solo filtrado, y de inferior calidad. El tercero se destinaba a la fabricación de jabones y el cuarto y último se empleaba para engrasar. 181 la década de 1880, De la Cuadra era propietario de 32 fincas de olivar, que sumaban 4.329 aranzadas con un total de 216.450 olivos. En la cosecha del año 1882, sus molinos procesaron 362.800 fanegas de aceitunas, que produjeron 3.690.000 kilos de aceite. Su recolección, que empleaba a más de 1.700 braceros, supon ía un gasto de 272.100 pesetas. Esta época coincide con un enorme sal to en la productividad a nivel 179 Informac ión extraída de un díptico edita do para la instalación de En rique de la C u adra en la Exposición de Barcelo na de 1888. 180 Z AMBRANA PINE DA, Juan Francisco , Crisis y moderni zación …, p. 153. El autor señala q ue, hasta entonce s, las labor es d e refinado eran llevadas a cab o por los almacenero s y comerciantes, no por los producto res. 181 El Gua dalete , nº 9.960 [2 de septiembre de 1888], p. 1. 112 provincial: Sevilla pasa de 237.010 hectólitros en 1876 -188 0 a 433.168 en 1883-1887. 182 “No he de parar hasta h acer de Utrera el Jerez del ac eite”, comentaba Enrique de la Cuadra en la Exposición de Barcelo na de 1888, una declaración de intenciones muy ilustrativa de la determinación del empresario. En efecto, la prensa mencionaba sus aceites entre los mejores de Andalucí a, junto a los del conde de Torres Cabre ra y Mena y Zorrilla 183 . Presente en las exposiciones internacionales a través de su representante, su primo Andrés Vega, obtuvo premios en la Exposición de Viena de 1872, la Bético- Extre meña celebrada de Sevilla de 1874, la de París de 1878, la de Barcelona de 1888, la de París de 1889 184 y la de Canadá de 1890. 185 Las revistas especializadas y la prensa destacaban tres cultivadores de aceites refinados, para mesa, capaces de competir con los toscanos o franceses: los del propio De la Cuadra , los de Gonzalo Prieto en Lora del Río y los de Villaverde en Huévar. 186 Hacia 1887, movido por la crisis del sector, Enrique de la Cuadra dio un paso más en el control de todo el proceso. Mientras que hasta entonces vendía al por mayor a almaceneros y comerciantes, a partir de esa fecha decidió encargarse él mismo de la distribución y venta de sus productos, contratando a una serie de viaja ntes encabezados por José Azcona Muñoz y Miguel Vega González . Reforzando su nueva marca se presentó en la Exposición de Barcelona de 1888 con la instalación que a continuación se reproduce. En 1885 ampliaba el negocio adquiriendo la fábrica de aceite San Francisco de Asís, en Écija. Se trató de una iniciativa industrial llevada a cabo por María Soledad Fernández Golfín y Murcia, que para su construcción tuvo que hipotecarse con Enrique de la Cuadr a por 54.000 pesetas 187 . Al no poder responder al préstamo, l a fábrica pasó a manos de De la Cuadra. Se situaba en el pago del Llano de San Agustín y ocupaba 1,8 hectáreas. Constaba de dos plantas con De l a Cuadras, graneros, estanques, oficinas, y un patio de 1000 metros donde estaba la chimenea, de 16 me tros. Su máquina de vapor de 14 caballos de vapor de fuerza movía dos prensas hidráulicas; además, un molino de hierro era movido por tres mulos. 182 ZAMBRANA PIN EDA, Juan Fran cisco, Crisis y mo dernizació n …, p. 66. 183 La Épo ca , nº13 .391 [2 de diciem bre d e 1889], p. 4. 184 El Liberal , nº 244 3 [ 24 de agost o de 1889], p. 1. Obtuvo el p rimer prem io en la categ oría de mejo r colección de aceites, imponiéndose a lo s del conde de las Almenas, Romero de la Torre ( Córdoba) o Quinzá Herman os (Valen cia). 185 La Épo ca , 13.6 97 [13 de octubre d e 1890], p. 4. 186 La An dalucía , nº 10.039 [24 de octu bre de 1889], p. 2 . 187 APNU, Enr ique López Lacarra, f. 1927, 12 de diciem bre de 188 5. 113 IMAGEN 6 . In stalación para la E xposición d e Barcelon a de 1888. S e desea presentar el aceite de me sa como u n producto de lujo Fuente: Archivo de Eduar do Gonz ález de la Peña IMAGEN 7. Portada del dí ptico elabor ado para la instalación d e La Ut rerana en la Exposición de B arcelona de 1888 Fuente: Iberlib ro.com 114 Un préstamo impagado que databa de 1879, con un valor de 60.000 pesetas, derivó en un pleito por el que los sevillanos José de l a Cerda y de la Cuesta y José María Capitán, de La Cerca y Cía., tuvieron que ceder una fábrica de harina en Carmona. Situada en el pago del arroyo del Cuchillo, medía 1.434 m² y contaba con diez asientos y máquina de vapor con una fuerza de doce caballos. Los anteriores dueños habían efectuado reformas para la elaboración de aceite, añadiendo tres rulos de piedra para la extracción de aceite, prensas hidráulicas con sus bombas, lavadoras, secadoras, motor a vapor y un almacén con capacidad de 16.000 arroba s. Sin embargo, esta fábrica n o llegó a ser gestionada por Enrique de la Cuadra , ya que la inscribió en el registro de la propiedad el 28 de febrero de 1894 y entre esa fecha y su muerte (11 de septiembre) la vendió a su paisano Juan Bautista Castillo Solana (n. 1842), residente en Utrera. La fábrica tenía dos hipotecas, una de 185.885 pesetas con una empresa catalana encargada de la il uminación de gas en Carmona y con la sociedad de Sevilla Aburaguey y Sarabia, y otra de 12.250 con Saturnino Fernández González. 188 En 1890, un incendio iniciado en la hornilla de una máquina de vapor se extendió por toda la fábrica, reduciéndola a cenizas 189 . Ello vení a a sumarse a la crisis del aceite registrada en los veinte últimos años del siglo XIX, provocada en buena medida por la competencia de ot ras grasas industriales. Tal crisis se plasma en la r educción de la superficie dedicada al olivar en el partido judicial de Utrera, que pas ó de 35.193 hectáreas en 1873 a 22.463 en 1888 190 . De la Cuadra llegaba a la décad a de 1890 con fuertes deudas y un n egocio en crisis. S u repentino fallecimiento en 1894 t runc ó una carrera que parecía haber estado llamada a participar de la que Ortega N ieto llamó “la Edad de Oro del aceite en España”, el periodo 1913-33. 3.5. Patrimonio urbano 3.5.1. La vivienda a fine s del Antiguo Régi men y el impacto de la desamortización en el medio urbano En este apartado atenderemos a la gestión del patrimonio urbano por parte de la familia De la Cuadra y de su órbita de paisanos emigrantes, los jándalos Joaquín Martínez Matienzo, Pedr o Rivas y Esteban Fernández del Castillo. La documentación sugiere, de entrada, una tendencia a la acumulación de fincas, con tres objetivos fundamentales: el establecimiento y ampliación de la residenc ia familiar, incluyend o la compra de viviendas para los hijos u otros parientes; la especulación inmobiliaria, con el acopio de buena parte del suelo urbano y su venta cuando el mercado ofreciese buenas condiciones; por último, el alquiler, que les aseguraría unos ingresos anuales estables. Como se 188 APNU, Enr ique López Lacarra, 18 99 [18 de diciemb re d e1899 ], f. 4867. 189 La Correspond encia de España , nº 11 .690 [7 de ab ril de 1890], p. 2. 190 ZAMBRANA PIN EDA, Juan Fran cisco, Crisis y mo dernizació n …, p. 56. 115 observa, estos objetivos eran similares a los vistos en la tierra – arrendamiento y compraventas ventajosas – ; en definitiva, l a propiedad inmobiliari a como un objeto de inversión y comercio, algo acorde a la mentalidad de estos cántabros. Respecto a las fuentes, hay que apuntar que, hasta la décad a de 1840, en los inmuebles de titularidad eclesiástica, los contratos de alquiler se elevaban a instrumento púb lico. A partir de est a década, patronatos, hermandades, hospitales y conventos perd iero n sus propiedades, y los grandes arrendatarios pasaron a ser particulares – como los montañeses en el caso de Utrera – que se inclinaron de forma mayoritaria por los contratos privados, hurtándose así una fuente sustancial para el estudio del mercado urbano. En el punto de partida de este estudio , a finales del Antiguo Régimen, el panorama es muy diferente del contemporáneo respecto a la propiedad urbana. Hernández, Campese e Ybáñez, que han e studiado el caso de Sevilla, concluyen que la Iglesia era la gran propietaria de fincas urbanas, con el 71% del total (unas 5. 061 casas); nobles y particu lares poseían el 26’1% (unas 1.851), y el resto, el 3’8% (214), pertenecían a instituciones o entidades civiles y municipales, así como a otras no identificadas; similares proporciones se d aban en Toledo o Bu rgos a fine s del siglo XVIII 191 . Respecto a este abrumador predominio eclesiást ico, hay que recordar que la Iglesia no componía u na entidad única, sino que bajo esta denominación se engloban parroq uias, hermandades, hospitales, capellanías, conventos y obras pías. En cualquier caso, la Iglesia fue la gra n perdedora en las desamortizaciones de Godoy, Mendizábal y Madoz, con las que el mercado del suelo, tanto rústico como urbano, se fue liberalizando. Finalmente, los inmuebles urbanos experimentaron un auge sostenido a lo largo del siglo XIX; la rentabili dad líquida en Madrid era del 4,5 al 5%. 192 Las líneas que siguen tienen como finali dad casi exclusiva analizar las repercusiones de las distintas oleadas desamortizadoras en el mercado urbano de Utrera, quedando para un estudio más profundo y pormenorizado el est udio de las mismas, tanto en su faceta urbana como agraria. La primera desamortización fue la de Godoy. En realidad, se puso en práctica en 1798, seis meses después de que este fuese cesado del poder, siendo promovida por su sustituto, Mariano Luis de Urquijo, que continuó la tarea comenzada por el vali do real y que había desarrollado jurídicamente Miguel Cayetano Soler. A nivel nacional afectó a propiedades de manos muertas de instituciones “paraeclesiásticas”, es decir, vinculadas a la Iglesia pero no gestionadas directamente por ella: Compañía de Jesús, patronatos, hermandades, hospitales, obras pías, 191 HE RNÁNDEZ NAVARRO, Francisco Javier, CAMPESE GALLEGO, Fer nando, y YBÁÑEZ WORBOYS, Pilar, “La propiedad urbana en Sevilla: distribución y desamor tización en el ocaso del An tiguo Régimen ”, Baetica. Estudios de Arte, Geo grafía e Historia , nº 30 [200 8], pp. 333 -349 , p. 338. 192 CARMONA PID AL, “Las estrateg ias ec onóm icas d e la v ieja aristocr acia española y el cam bio agrario en el siglo XIX”, Revista de Historia Económica , nº 1 [i nvierno 199 5 ], pp. 63- 88 . 116 casas de reclusión y expósitos , organismos con una reducida capacidad de oposición al Estado. Los mayorazgos y vínculos civiles pudieron sacar a subasta sus patrimonios, a menudo maltrechos, y sanear sus cuentas, pero la enajenación en este caso era voluntaria 193 . De las instituciones más afectadas en Utrera fueron los patronatos, la mayoría de los cu ales se habían creado entre los siglos X VII y XVIII. Poseían tierras o bienes urbanos como m olinos, viviendas y bodegas que se arrendaban, soste niendo con su producto un determinado c ulto u obra benéfica. En Utrera, los que gozaban de un mayor patrimonio fueron los de Román Meléndez, María Salas Zurdo y Alonso Vento silla Parra. También las hermandades se vieron despojadas de buena parte de sus bienes, que consistían en viviendas y pequeñas suertes de tierra calma y olivar, normalmente en torno a las cuatro fanegas. El tercer tipo afectado fueron los hospitales, establecimientos con origen en los siglos XVI y XVII y con una existencia precaria en la mayoría de los casos. Los hospitales utreranos existentes a comienzos del siglo XIX eran el de la Misericordia, que funcionó como casa de expósitos; el de la Mesa, de mujer es; el de las Cadenas, de extrema p obreza ; el de la Santa Resurrección; y el de San Juan de Dios. Con la desamortización de Godoy y la inmediata guerra de la Independencia vieron muy mermados sus ingresos, si bi en no sería hasta la desamortización de Madoz que terminarían por desaparecer. En cuanto a los bienes subastados, destaca la escasa presión en las subastas, a las que a menudo se presentaba un único postor. De acuerdo al mecanismo previsto (también vigente para la de Mendizábal), una propiedad era tasada tras solicitud de un particular. Con frecuencia, los precios de salida y de remate coincidían, síntoma de que asistía a la puja un único interesado. Hay que distinguir las viviendas y los inmuebles de tipo industrial y terciario, destacando por encima de todos los molinos aceiteros, muy demandados por propietarios rú sticos que necesitaban dar salida a su producción olivarera, a la vez que suponían una oportunidad de negocio con la molienda de cosechas de otros propietarios. De hecho, de las muestras con las que se ha trabajado, solo un molino aceitero vio incrementado su valor de manera significativa respecto al precio de salida (con un a umento de 15.000 reales). Por último, hay que mencionar las posadas y mesones (Santo Espíritu, de la Fruta , de la Espada, del Santísimo) que mantenían a hermandades y patronatos. La desamortización de Mendizábal superó con creces a la de Godoy en cantidad de fincas, tanto rústicas como urbanas, que se subastaron. Al contrario que en la anterior desamortización de Godoy, en la de Mendizábal los precios de remate fueron bastante superiores (223%) a los de salida, aunque s e admite que las tas aciones se hicieron a la baja. A partir de 1841, con Espartero en el poder, llegó el turno de lo s bienes de l clero secular. De nuevo, los más dem andados fueron los inmuebles 193 NARANJO SANGUINO, Mig uel Án gel, “Fuentes y meto dología para el estu dio de la desamortización de God oy (17 98- 180 8). Aproximació n al caso extrem eño”, Revista de Estudios Extreme ños , 2 009, To mo LXV, nº 2, pp. 989 -1010, p. 100 0. 117 urbanos. Cuando los moderados detuvieron la desamortizació n, en 1844, se habían enajenado un 62% de las pr opiedades del clero, y quedaron por vender un 38% que engrosarían el patrimonio de la reforma de Mad oz. Simultánea a la de samortización de Mendizábal se promu lgó la supresión de mayorazgos (30 de agosto de 1836), cuyo impacto demostraría ser más profundo en pueblos de latifundio y particularmente en Utrera. Desde ese momento, se permitía a los nobles enajenar patrimonio hasta ahora amortizado, de manera que pasaban de meros usufructuarios a tener plena disponibilidad de los mismos. Lo s efectos se dejarían ver a lo largo del resto del siglo, siendo quizá el más famoso el de Mariano Téllez de Girón , duqu e de Osuna, cuyo nivel de gasto le llevó a la venta de sus propiedades y a la ruina de familiar. En Utrera se subastaron 55 inmuebles entre viviendas y molinos, de nuevo los más cotizados. Los conventos exclaustrados se convirtieron en objeto de venta a su vez, a los que se dio distintos fines (el político Manuel Sánchez Silva convirtió el convento de los mínimos en su residencia; el de l as monjas de la Antigua terminaría siendo una harinera; Clemente de la Cuadra convirtió el del Carmen en cárcel). GRÁFICO 21 . Des amortiz ación de Mendiz ábal. Bie nes urbanos exp ropiados Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 0 5 10 15 20 25 1837 1838 1839 1840 1841 1842 1843 1844 1845 1846 1847 1848 1849 1850 118 GRÁFICO 22 . Des amortiz ación de Madoz . Venta de inmuebles u rbanos en Ut rera Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notaria les El último de los procesos desamortizadores, el de Madoz, fue el más importante en cuanto a duración (la práctica totalidad de la segunda mitad del XIX), volumen de tierras y capitales movilizados. La desamortización de Madoz se concentró no solo en los bienes comunales y de propios, sino que terminó de liquidar las propiedades eclesiásticas aún por subastar y que habían qu edado en manos del Estado, procedentes del clero regular y secular, beneficencia e instrucción pública. En Utrera, de hecho, ninguna fi nca urbana subasta da procedía del caudal de propios, sino que los grandes perjudicados fueron las parroquias y conventos, tanto de la localidad como de Sevilla (Santa María la Real, Dueñas, Teresianas, los Venerables). Se vendieron en el municipio 117 inmuebles urbanos, concentrándose las ventas en la década de 1870. Observadas estas cifras, es necesario contextualizarlas para valorar su mayor o menor impacto en el proceso de cambio respecto a la propiedad urbana. En el diccionario de Madoz se recogen un total de 1.570 casas existentes en Utrera, de las cuales al menos fueron expropiadas 200, es decir, un 12,73% del total 194 . Si bien la muestra no es completamente exhaustiva, sí parece indicar una distribución de la propiedad urbana distinta a la de capitales como Sevilla en el Antiguo Régimen, existiendo un elevado porcentaje de propiedades en manos particulares. Si tomamos el análisis de arrendatarios de fincas urbanas 194 MADOZ, Pascu al, Diccionario Geográ fico – Estad ístico – Histórico de Espa ña y sus posesion es de Ultramar. Sevilla , Vallado lid, Ámbito, 19 86, p . 38 6 . L as casas se c lasificaban en de 1 ª categoría ( 21 ), 2ª (67) , 3 ª (293) , 4ª (598 ), 5ª (589), más 4 2 r uinosas, 11 bo degas, 24 accesorias, 39 molino s y dos m áquinas hidráu licas. 0 2 4 6 8 10 12 14 16 1859 1861 1863 1865 1867 1869 1871 1873 1875 1877 1879 1881 1883 1885 1887 1889 1891 1893 119 en Sevilla entre 1845 y 1885 realizado p or Elvira Tovar Caste llanos 195 , s e observa que, en 1845, en toda Sevilla solo hay 10 propietarios particulares – excluimos las instituciones públicas o religiosas – con más de cuatro casas; y solo seis en 186 3. E n cambio, la muestra escogida para Utrera en torno a esos años arroja nos resultados bien diferenciados: TABLA 33 . Propietar ios con más de 7 fincas urban as en Ut rera, 1818 - 189 3 Año Propietario Profesión Nº de finc as 1818 Antonia Cortés Ximénez d e Reina Propietaria 8 1835 Marqués de C asa Ulloa Terrateniente 9 1846 Gertrudis Chev arría Propietaria 16 1860 Manuel Sánchez Silva Político 16 1862 José Librero Comerci ante 11 1862 Alonso Riaro la Abogado, co lono 8 1863 María Placer Dov al Propietaria 10 1863 Fernando Solís Arias de Sa avedra Terrateniente 13 1864 Joaquín Girá ldez Cortes Abogado 19 1866 Manuel De iró Fernández Comercio 27 1868 José Arias de Saavedra U lloa Terrateniente 8 1870 Braulio Vela Bayo Comerci ante 13 1872 Joaquín Peña Hurta do de Mendoza Comerci ante 8 1875 Esteban Mader o Escudero Comerci ante 16 1876 José Garc ía Cepeda Prestamista 10 1878 Ana Alcázar V izcaíno Propietaria 24 1879 José Martínez Rincón Propietario 9 1880 Casimiro Carro Propietario 7 1882 Juan Méndez Cotri no Propietario 12 1885 Manuel Labat Martínez de l Campo Propietario 8 1893 Esteban Fern ández del Ca stillo Fabricante, pr opietario 28 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 195 TOVAR CASTELLAN OS, Elvira, “Prop iedad y r enta urbana en Sevilla en el siglo XIX (18 45 -1885), Archivo Hispa lense , nº 224, 1990, pp. 3 -22. 126 IMAGEN 9. Patrimonio u rbano de En rique de la Cu adra Elaboración p ropia a p artir de FA JARDO D E LA FU ENTE 207 207 FAJARDO DE LA FUENTE, Anton io, “Un a primicia cartográfica …” , pp. 37 - 44. 127 Los jándalos en Utrera y la gestión del p atrimonio urbano El entorno de familiares y paisanos de los De la Cuadra participaron activamente en el mercado urbano durante la segunda mitad del siglo XIX. Acumularon un patrimonio considerable que, si bien más modesto que el de los primeros, gracias a su adecuada gestión, les había permitido mantener la buena posición familiar en el cambio de siglo, mientras que los De la Cuadra se deshacían de sus posesiones, rústicas y urbanas, con celeridad. A la hora de estable cer su residencia, pr imó entre los já nd alos un criterio de proximidad. El foco inicial, en torno a la casa de Clemente de la Cuadra en la plaza del Duque de la Victoria, fue atrayendo a las nuevas generaciones de parientes y paisanos, y a pocos metros en torno a él se establecieron los Lav ín, los Martínez De la Cuadra, los Vega De la Cuadra , los Pico y los Martínez Matienzo. Joaquín Martínez Matienzo compró, a lo largo de su vida 75 propiedades urbanas entre viviendas, solares y molinos, invirtiendo 159.156 pesetas. En dicho periodo vendió 42 propiedades, de manera qu e en su testamento dejaba 33 inmuebles y, sobre la can tidad total invertida, solo había perdido 12.091 pesetas. GRÁFICO 27 . Joaquín M artínez Matienzo. Comp ras y venta s urban as, en real es Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Pedro Rivas adquirió 42 viviendas entre 1849 y 1892, empleando 48.169pesetas, una cifra baja para el volumen de fincas, que se explica porque varias de ellas le fueron adjudicadas en pago de deudas y ejecuciones hipotecarias derivadas de sus préstamos , además de fórmulas inusuales , como la donación de 17 viviendas que Ju an Cotrino 0 20000 40000 60000 80000 100000 120000 140000 160000 COMPRAS VENTAS 128 Méndez y su esposa le hicieron a cambio de una pensión anual vitalicia de 7.300 reales 208 . Rivas vendió la mitad del patrimonio, por un total de 48.932pesetas; es decir; un beneficio económico notable, pero que se compensaba con préstamos concedidos y no pagados, ya qu e varias de ellas proced ía n de ejecuciones hipotecarias. GRÁFICO 28 . Ped ro Rivas Riv as. Comp ras y vent as urbana s, en re ales Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales Esteban Fernández del Castillo , aunque cántabro, no pertenecía al círculo de los De la Cuadra. Miembro de una familia de come rciantes, su estrategia priorizó las compras, pues a l o largo de 20 años vend ió solo seis viviendas y dejó en herencia 28 inmuebles urbanos, incluyendo la fábrica de harinas y algunos solares. GRÁFICO 29 . Comp ras y ventas de Esteban Fe rnánd ez del Castillo, en reale s Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 208 APNU, Enriqu e López Lac arra, 1882 [1 d e mayo de 18 82], f. 5 12, y APNU, E nriqu e López Lacarra 1882 [27 de julio de 188 2], f. 830. 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 70000 COMPRAS VENTAS 0 50000 100000 150000 200000 COMPRAS VENTAS 129 3.6. El capitalismo aplicado al campo: el préstamo y la retroventa La concesión de pré stamos y la retroventa se convirtieron pa ra los montañeses radicados en Utrera en un a lucrativa vía de i ngresos. A juzgar por las evidencias documentales, Clemente de la Cuadra llegaría a Utrera con el fin de po nerse al frente de los negocios heredados por su mujer, María Teresa Gibaja López-Dóriga, desde que muriera el padre de esta, Bernardino de Gibaja, en 1823. Con su matrimonio, De la Cuadra se ponía a la cabeza de la familia, compu esta por su esposa y su suegra, administrando sus tierras e invirtiendo la fortuna familiar, que alcanzaba los dos millones y medio de reales. En 1846 convencía a sus sobrinos Pablo Lavín y Joaquín Martínez Matienzo para trasladarse a Utrera, donde podrían adquirir tierras aprovechando la disponibilidad que brindaba la desamortización de Mendizábal y Espartero. En sus cartas se mencionaba expresamente el plan de dedicarse a la agricultura, lo que provocaba ciertas reticencias en ambos, comerciantes de profesión y poco familiarizados co n el mundo rural. Sin embargo, a través de los protocolos notariales se observa como pronto el préstamo se convirtió en una práctica habitual para De la Cuadra y sus parientes. Más adelante se establecieron nuevos cántabros en el municipio: Pedro Rivas Rivas, Rufin o Lavín, los hermanos Gutiérrez Perujo, etc. que, en mayor o menor medida, se dedicaron a es ta práctica. De otro lado, la retroventa consistía en la venta de un bien inmueble, rústico o urbano, por parte de un individuo ne cesitado de liquidez a un segundo, con la c ondición de que, si el primero abonaba el precio en un plazo determinado, podría recuperar el bien. Como se ha podido comprobar en la investigación, el comprador casi nunca tenía interés por explotar la finca, sino que de inmediato la arrendaba a su antiguo propietario, lo que reportaba cuantiosos beneficios. El pacto estaba claramente desequilibrado a favor del comprador, que obtenía un retorno superior al interés del préstamo habitual, mientras que el que vendía corría el riesgo de perder bienes y dinero. El periodo de auge de estas prácticas comprende desde fines de la década de 1840 hasta 1880, cuando nuevos actores entran en el mercado financiero. 3.6.1. El crédito rural en la primera mitad de siglo En el Antiguo Rég imen, los prestamistas del ámbito ag rario “pertenecían naturalmente a aquellos grupos sociales más beneficiados por el flujo de la renta agraria” 209 , entre los que se cuentan el clero, la 209 GARCÍA SANZ, Án gel, y GAR RABOU SEGURA, Ramón (ed.), Historia a graria de la España contemp oránea , Barcelona, Crítica, 1985, p. 62. 130 nobleza y miembros adinerados de la sociedad rural. Además de ellos, durante el siglo XVI II los pósitos munici pales conocieron un a época de esplendor, con operaciones de préstamo que consistían sobre todo en grano para sementera y, en menor medida, metálico. El panorama cambió conforme avanzaba el siglo XIX, cuan do se introdujeron una serie de novedades en el mundo rural que repercutieron en el crédito. De un l ado, el valor capital fue imponiéndose al valor tierra. La pérdida de presencia y poder de la Iglesia en el medio rural supuso un retroceso de esta co mo organismo crediti cio. De otro lado, la desapari ción de las vinculaciones permitía a sus dueñ os contraer deudas hasta ahora prohibidas por ley. Finalmente, las desamortizaciones llevaron a la necesidad de crédito s para pagar las nue vas propiedades, lo que despertó el negocio del préstamo con una nueva c oncepción más capitalista. El campo sevillano carecía de instituciones de crédito oficiales, y las iniciativas que surgieron al respecto tardarían bastante en sustanciarse. Consecuencia de todo ello fue que el nuevo mercado del crédito en Utrera – y numerosas poblaciones vecinas – quedó en manos de un puñado de montañeses encabezado por Clemente de la Cuadra , hasta su muerte en 1873. En otras áreas peninsulares, las co mpañías comerciales se encargaban de otorgar préstamos, entre otras funciones 210 . En la Campiña sevillana, el escaso desarrollo de la actividad comercial impidió el desarrollo de ta les compañías. Tampoco existieron i nstituciones bancarias en Andalucía hasta la segunda mitad del siglo XIX. Las Cajas de Ahorro podían haber captado a la clientela necesitada de metálico. La primera se fundó en Madrid en 1838, y la de Sevilla apareció en 1842; sin embargo, la ley de Sociedades Anóni mas de 1848 desinc entivaba la creación de estos organismos, que tardarían en consolidarse. 211 Las entidades bancarias, además, eran vistas con desconfianza en el entorno rural; en l as obligaciones, por ejemplo, se emplea u na cláusula por la que el deudor se compromete a devolver “en buena moneda de oro o plata usual y con veniente, con exclus ión de todo papel o billetes de ba nco creados o por crear” 212 . En conclusión, el mercado de l crédito quedaba en la esfera de lo privado. La falta de controles legales permitió el encarecimiento del precio del dinero, aumentando el interés y la usura. 213 210 PÉREZ PICAZO, María Teresa, “Crédito y usura en la regi ón mu rciana durante el siglo XIX”, Áreas: Revista internacio nal d e ciencias sociales , n º 8, 1987, p p. 11 - 20. La au tora h a estudiad o u n incr emento, desde med iados del siglo XVIII, de este tipo de compañías, q ue tanto se dedicaban a la importación – expo rtación, abastecim iento del arsen al de Car tagena, como a los préstamo s a Ayuntamien tos y particular es, en la r egión de Murcia. 211 BERNAL LLORENS, Mercedes, “La regulació n de las sociedades an ónimas y la información contab le publicad a en La Gaceta d e Madr id a mediado s del siglo XI X”, R evista Esp añola de Finan ciación y Contabilid ad , vol. XXIII, nº 120 [en ero -marzo 20 04], pp. 65-9 4. 212 Se trata d e una fór mula estandarizada presen te en la m ayoría de los con tratos de este tipo. 213 MARTÍNEZ SOTO, Án gel Pascual, “Los Mon tes de Pied ad y las Cajas de Aho rros Españolas en el siglo XIX ( 1835 - 1875)”, XIV Internatio nal Econo mic History Congress , Helsin ki, 20 06, Session 66, p . 5. 131 En un entorno com o el de Utrera, el cr édito estaba normalmente vinculado a las tareas agrícolas, a menudo necesitadas de financiación (adquisición de sementera, pago de jornales, arrendamiento de predios). Parte del mismo se había canalizado en el Antiguo Régimen a través de los pósitos munici pales, almacenes de tr igo que vendían o a delantaban sementeras a los cultivadores. No obstante, los pósitos, golpeados por la guerra de la Independencia y posterior mente, la carlista, s e mostraron un instrumento anticuado para las necesidades del campo en el siglo XIX 214 . A la vez, se fueron introduciendo formas crediticias nuevas, como La Andaluza, empresa que desde 18 44 proporcionaba seguros de quintas, para que las familias con quintos pudieran rescatarlos bajo un precio determinado por el Estado. 215 Martínez Soto afirma la existencia de un Monte de Pieda d en Utrera 216 , centrado fundamentalmente en el empeño de joyas y r opas. En 1867 había realizado un elevado número de préstamos (3.367), pero por muy escasa cuantía (6 pesetas de media), lo que nos indica qu e las operaciones con sumas superiores quedaban en manos de prestamistas privados, capaces de aprontar hasta cien mil reales o más. De los datos que se manejan, se observa la tendencia, también vista en la serie de prestamistas privados, a un mayor volumen de negocio: TABLA 34 . Préstamo s realiz ados por el Mont e de Piedad de Ut rera Año Número de p réstamos Capital prestado 1863 220 1.376 1864 675 2.877 1865 1.720 4.901 1866 1.319 5.351 1867 9.779 41.016 TOTAL PERIODO 13.713 55.522 Elaboración p ropia a part ir de MARTÍN EZ SOTO, Á ngel Pascual, “ Los Monte s de Piedad…” En cualquier caso, se trató más de una casa de empeños que de una institución crediticia, y debió tener una existencia precaria, pues en 1878 ya había desaparecido. 3.6.2. La obligación como forma de crédito Como señala Arenas Posadas, en el mu ndo agrario, “el préstamo personal fue la fuente principal de crédito entre desiguales” 217 , refiriéndose al atras o de la formación de un sistema bancario fuerte en 214 CAMPAYO RODRÍGUEZ, Cristina, SÁINZ DE ROZAS, María, “El intento de creación de un Banco de Crédito Agríco la en la pr ovincia de Sevilla (1840 - 1880)”, Estudios Regiona les , n º 2 1 [1 988], pp. 137 - 158, p. 138. 215 AHPS, 204 39, f. 77. 216 MARTÍNEZ SOTO, Án gel Pascual, “Los Mo ntes de Pied ad…”, p. 24. 217 ARENAS POSAD AS, Carlos , Pod er y economía …, p . 78. 132 Andalucía. Hasta finales de la década de 1840, los préstamos recogidos en los protocolos de las escribanías utreranas presentan características muy distintas a los que se firmarán posteriormente. Aunque, por la bibliografía consultada 218 , el papel de la Iglesia como prestamista tuv o mucha relevancia a fines del Antiguo Régimen, para el caso utrerano no hemos encontrado ejemplo alguno, lo que no significa que no se dieran, sino que simplemente no se elevaron a documento público. Po r tanto, los prestamistas objeto de estudio son siem pre particulares, no rmalmente profesionales liberales con intereses en e l campo, caso del jur ista Alonso Riarola, o colonos que, desde el siglo XVIII, han ido acercándose al mercado de la tierra y que disponían de metálico suficiente. La forma legal habitual en que se formulaban los préstamos era la obligación, un préstamo hip otecario con una duración que iba de varios meses a los 6 años como máximo. La obligación “favorecía la pérdida de la propiedad de la tierra y por tanto det erioró aún más las condiciones materiales de los pequeños propietarios” 219 . Implicaba sie mpre la hipoteca, sobre una finca o fincas que se especificaban en el contrato o, más raramente, se procedía al embargo general de los bienes inmuebles del prestatario, sin que aparecieran explicitados en dicho documento. La obligación vino a sustituir al censo, otor gado a menud o por instituciones eclesiásticas o paraeclesiásticas como hermandades y patronatos, y en el que la enajenación de los bienes resultaba más complicada. Otras formas como los pagarés y las letras de cambio, habituales en zonas con una banca y comercio desarrollados, eran completamente ajenas al ámbito rural de la Campiña utrerana, al menos en la documentación notarial manejada. El préstamo respon día con frecuencia a las necesidades agrícolas (pago de arrendamientos, mantenimiento del ganado, jornales, etc.), pero abundaban otros por cantidades menores para el arreglo de la vivienda o la atención de urgencias domésticas. Por otra parte, la s crisis agrarias y las malas cosechas tuvieron su reflejo en el aumento de las ob ligaciones, como ocurrió en 1869. Los actores del préstamo eran hombres; normalmente, cuando aparecía una mujer como propietaria de la finca estaba asistida por su marido o un familiar varón. En el caso de las viudas, podían actuar con libertad, si bien la fórmula habitual era la de signación de un apoderado. Los bienes hipotecados eran tierras, a menudo pequeñas suertes de 3 a 8 fanegas, obtenidas en los repartos d e baldíos hechos en la primera mitad del XIX. Ello tuvo la consecuencia de que, al final del proceso, eran los prestamistas los que se hacían con el control de pagos en teros, caso 218 TOVAR PULIDO, Raqu el, “La riqu eza patrimonial de las familias d e las viudas jiennenses en el siglo XVIII”, Cuaderno s d e Historia Moderna, nº 42 (1) [2017], 19 5 -220 . La autora mu estra para el caso de la prov incia de Jaén q ue solo el 20 % de los p restamistas eran p articular es; el resto lo form aban conventos, parro quias, el cabildo catedral, patron atos, etc. 219 FERNÁNDEZ DE PINE DO, Em iliano, “Del censo a la obligación: mod ificaciones en el crédito rural antes d e la p rimera guerra carlista en el País Vasco ”, en GARCÍA SANZ, Áng el, y GARRABOU SEGURA, Ramón ( ed.), Historia agraria d e la España contempo ránea , Barcelon a, Crítica, 1985, pp. 297 - 305. 133 de Joaquín Martínez Matienzo con varias dehesas de la población de Los Molares. Solo cuando no se disponía de tierras (por haberse d esprendido de ellas, por desempeñar una profesión a jena al campo o por pobreza) se hipotecaba la casa familiar. 220 Era frecuente que los receptores solicitaran nuevos préstamos (a menudo al mismo prestamista) una vez pagado el anterior, tal era su situación de debilidad económica. La es critura se solía formalizar en el m ismo acto en que se otorgaba la carta de pago del anterior préstamo. A menudo se encuentr an matrimonios que en el mismo año solicitaban por separado distintas cantidades, generalmente a la misma persona. Este fenómeno puede explicarse por haber solicitado una cantidad a la baja, con el propósito de pagar los mínimos intereses posibles. Cada uno de los cónyuges respondía con una finca distinta 221 . En el caso de lo s préstamos sin hipoteca, el deudor se comprometía a pagar un porcentaje de interés mucho más alto del inicial mente pactado si no abonaba la deuda en el plazo previsto. Se puede citar, por lo abusivo, el caso de Manuel Muñoz Mateos, que acordó con un prestamista local, Joaquín Sánchez Castrelo, la cifra de 3600 reales; en caso de vencer el plazo, el interés a pagar sería de 1600 reales, casi un 45% . 222 Son muy escasos los documentos de ejecución hipot ecaria conservados en los Protocolos Nota riales de Utrera. Por el contrario, eran frecuentes las ampliaciones de crédito, es decir, se ofrecían facilidades para el pago puesto que, salvo contadas excepciones, la finalidad de estas operaciones consistía en obtener dinero metálico, y no una propied ad que no tenía planeado explotar. Un a vez pag ada la obligación, se expedía la correspondiente carta de pago y cancelaci ón que daba por con cluida toda la operación, y que e n nuestro estudio in dica que la gran mayoría de los préstamos eran satisfechos. Hasta la década de 1850, las obligaciones solían hacerse por cantidades relativamente modestas, inferiores a 5.000 reales. A menudo se hacían entre familiares o amistades, como adelanto a un dinero que estaba por cobrar (ve nta de un producto, etc.). El plazo era cor to, en torno al año, y casi nunca se cobraba interés alguno, si bien se a seguraba el retorno de lo invertido mediante la hipot eca. Son frecuentes los casos en que se dan facilidades de pago, como el fraccionamiento en pequeñas cantidades diarias o mensuales. En definitiva, se aprecian rasgos de una s ociedad agraria, en la que las prácticas capitalistas, como el cobro de interés, se co nsideraban usura y estaban mal vistas. En ella perv ivían, por tanto, ciertos rasgos 220 APNU, Diego Guerra Tamar iz, 3 de noviem bre d e 1860, f . 577. Matien zo compra las dehesas de Amargu illo y Yeguas, en Los Molares, a los her ederos de Manuel Gaviria Alco ba, marqués de Gav iria. 221 APNU, Diego Guerr a Tamar iz, 187 4. En este añ o Pedro Solís Ar ias de Saav edra solicita u n p réstamo a Enriqu e de la Cuadra, ofrecien do como hip oteca un molino en la calle Cor redera; pocos días después, su esposa, Emilia Vign e, pide 31 .000 reales más ofreciendo parcelas de tierra calma y olivar; lo mismo o curre con Fra ncisco Ar ias de Saavedra y su esposa, Soco rro Fernández - Céspedes Leg uey. 222 APNU, Diego Guerr a Tamar iz, f. 229, 23 de septiemb re de 1866. 134 solidarios que, desde la Edad Media, eran apreciados como una forma de redistribución de la riqueza, contando co n el refrendo moral d e la Iglesia. Este sistema cambiaría de manera drástica a mediados del siglo XIX, cuando los jándalos instalados en la población copen un mercado, el financ iero, aún por explotar, gracias a su disponibilidad de metálico y a las leyes de 1857, que liberalizaban el interés de los créditos. Situaciones similares se dieron en otras áreas, como ocurrió con los Carbonell en Córdoba o el cántabro Juan Sánchez López en Jerez. 223 GRÁFICO 30 . Volumen d e préstamos en Ut rera, 1 846 - 188 5 Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 3.6.3. Prestatarios: prosopografía Habitualmente, la profesión de los implicados en el contrato de obligación aparece consignada en los documentos notariales, de ahí que estimemos oportuno un análisis de qué clases eran las que solían endeudarse y cuáles eran sus motivos. A modo de aclaración, debemos algunas precisiones sobre la terminología, especialmente la diferencia entre hacendado, labrador y propietario 224 , términos que abundan en la documentación consultada . 223 TITOS MARTÍNE Z, Man uel, El sistema fina nciero en Anda lucía. Tres siglos de Hist oria , Sevilla, Consejería de Eco nom ía y Hacienda, 2003; MALDONADO ROSSO, Javier, La formación del cap italismo en el marco de Jerez. De la viticu ltura trad iciona l a la a groindustria (siglos XV III - XIX ), Mad rid, Huerga y Fierro , 1999. 224 Sobre la diferen cia entre estos térm inos cab e mencio nar ARTOLA GALLEGO, Miguel, El latifund io, propied ad y explo tación. Siglos XVIII - XX , Madrid, Ministerio de Ag ricultura, 1978, p . 97. Clemente d e la Cuadra 41% Enrique de la Cuadra 14% Martínez Matienzo 17% Pedro Rivas 15% José Gómez Pico 7% Pablo Lavín 4% José García Cepeda 1% Joaquín Sánche z Castrelo 1% V OL UMEN DE P RÉS T AMOS EN UTRERA, 1846 - 1885 135 Hacendado correspondía a gran propietar io, dueño de uno vari os cortijos; lab rador se refería a la persona que explota una o var ias grandes propiedades, ya sea como propietario o c omo simple colono. Por último, hay que advertir qu e el término propietario se empleaba po r defecto a cualquier individuo que poseyera una po rción de tier ra, por pequeña que fuese; de hecho, buena parte de los incluidos en esta categoría fueron beneficiarios de repartos de tierras com unales que poseían desde 1 a 8 fanegas. Con frecuencia, el cultivo de di chas tierras constituía solo una parte del trabajo de tales individuos, que además se emplearían en otras ocupaciones, como braceros. Po r tales razones, en una misma persona pueden coincidir las dos o tres ocupaciones señaladas. No se especifica la ocupación de un porcentaje significativo de prestatarios; t odos tienen en común que hipotecan el único bien q ue poseen, la vivienda familiar, algo que los denominados propietarios evitaban poniendo como garantía sus minifundios. Hemos empleado en el estudio el términ o de profesiones urbanas para agrupar a artesanos, panaderos, zapateros, empleados de la administración, estanqueros, albañiles, dueños de tabernas y posadas y médicos, entre otros; por otro lado, profesiones agrarias incluy e a los que figuran como braceros, del campo, jorna leros, agricultores y hortelanos. De las profesiones urbanas se ha desgajado el sector del comercio y, cuando resultan mínimamente significativos, abogados e industriales. Lógicamente, los individuos que soli citaban obligaciones más cuantiosas eran los hacendados y labradores, aquellos qu e poseían propiedades que hipotecar con un valor equiparable al del dinero prestado. A menudo son propietarios de latifundios que entran en pérdidas por mala gestión o por la concatenación de malas cosechas. Cuando se especificaba el motivo del pré stamo, se aludía a lo s costes de las faenas agrícola s. Similares motivos empujaban a los pequeños propietarios a endeu darse, en el contexto de sus minifundios (suertes de olivar, manchones, huertas). Los individuos sin más propiedades que su domicilio presentaban una casuística más amplia: compra de una propiedad, necesidad de reformas en el d omicilio, afrontar u na deuda o pagar el rescate de un hijo de la quinta. Los porcentajes de los gráficos representan el número de personas de cada profesión y no las cantidades prestadas en cada caso. 142 como objeto de transacción (cesiones de crédito): en 1849 cedía a Pablo Lavín un crédito por valor de 223.112 reales, correspondientes a préstamos por cobrar de varios vecinos. 227 En el mismo año, Rufino Lavín marchaba a La Habana cediendo a su hermano Pablo un crédito por 40.300 reales procedentes de varios préstamos firmados en 1848; y en 1859, Clemente de la Cuadra pasaba a Martínez Matienzo ocho créditos má s. Respecto al crédito, desde al menos la década de 1820, encontramos a los hermanos Pico Gómez, Juan y Francisco, comerciantes procedentes de Rasines, dedicados ocasionalmente al préstamo con interés . 228 La situación cambió a mediados de siglo, debido al propio avance del capitalismo, concepto que en buena medida introdujeron los montañeses en la esfera local y comarcal utrerana. Con ellos se produjo, en definitiva, una p rofesionalización del prestamista, figura previa a la aparición de los primeros bancos en el entorno rural sevillano. Los primeros pasos los dieron algunos cánt abros retornados a la península desde México, antiguos conocidos de Clemente de la Cuadra . Muchos de ellos recalarían en Cádiz, don de podrían liquidar sus letras c omerciales y donde tenían, en definitiva, intereses económicos. Este fue el caso de J uan José de la Lastr a, antiguo comerciante de Tampico que, ante la prosperidad que estaba alcanzado De la Cuadra , estableció su residencia en Utrera en 1843, si bien de manera temporal. Ese año consigno un préstamo a José María Amor, abogado y diputado a Cortes con Espartero, por 205.320 reales para las labores de los cortijos de Pardales y Fuentes. 229 Entre los prestamist as cántabros existía una especie de jerarquía ordenada según su riqueza; era lógico que las mayores fortunas realizaran los préstamos más cuantiosos, que generalmente correspondían a colonos como los Arias de Saavedra. Seguirían las for tunas menores (Matienzo y Rivas), quedando los más reducidos en manos de prestamistas locales. De igual modo se aprecia un reparto, más o menos consensuado entre los actores, en el resto de la comarca. Así, otro gran propietario, el rasiniense Manuel Gutié rrez Perujo, evita a los clientes de la esfe ra de Clemente de la Cuadra , centrándose en Villamartín. Los porcentajes de in terés fueron aument ando a partir de la dé cada de 1840. Los más altos se dan en las décadas de 1860 y 1870, con el 12% 227 AHPS, PN, Juan María Gu tiérr ez, 20 214, f. 98 (7 de m arzo de 1 849 ). Eran L eandro Ma tute, 24640; Ju an de Men a, 84.000; Man uel Deiró, 60.0 00; José de Hez eta, 44.000; Josef a González 9 .702 reales. 228 AHPS, P N, Juan María Gutiérr ez, 20214, f. 217 (13 d e abr il d e 1849). Los crédito s p rocedían de obligacio nes contraídas por Manuel Salguero 3300; Francisco Herrera 2000; Diego Pérez 3 0 00; Juan León Jiménez 9 000; Francisco Jiménez Már quez 20.000 ; AHPS, PN, José María Moliní, 2 058 7, f. 427 (11 de junio de 1850 ). Franc isco Gó mez Quintero , 6 600, Álv aro Ma rtín, 4 505, Manuel Deiró Fernández, 2 2858, Miguel Veg a 40392, Lorenzo Orellan a 3360, Manuel Fernán dez 3000, Manuel M ar ía Rodríg uez 4483. AHPS, 20146 , Ignac io Damigo, f. 168. Francisco Pico Góm ez p resta 70 00 reales a Esteb an Mad ero en 1824 ; AHPS, 20124 , Ig nacio Damig o, f . s/n. Fran cisco Pico Gómez pide a los comerciantes Alcaraz e hijos 5.9 38 reales. 229 AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 203 88, f. 439. 143 y hasta el 15% en algunas operaciones. Para Murcia, Pérez Picazo registra hasta el 24% de interés, aunque desc onocemos si es un porcentaje habitual o extraordinario. Cuando el deudor no cumplía con sus obligaciones, el prestamista denunciaba ante el juzgado, pro duciéndo se el embargo de bienes y subasta de los mismos. Así ocurre, por ejemplo, con el impago de 28. 259 reales que Pablo Retes, de Montella no, contrae con José Gómez Pico. 230 Atendiendo a la cadencia de los préstamos, se observan años de fuertes inversiones segui dos de otros en que las operaci ones bajan notablemente o incluso se detienen por completo, observándose en su representación gráfica unos zigzags muy acusados. Como hipótesis aparecen dos, que no son excluyentes entre sí: la principal consideraría los periodos de bajas inversiones como época de recuperación económica con los retornos de los intereses; la segunda haría coincidir los picos y valles de la gráfica (o parte de ellos) c on coyunturas de expansión y recesión económica a escala nacional o comarcal ( malas cosechas). Destaca el caso de Pedro Rivas, cuyo periodo de mayor actividad, hacia 1874, coincide con un valle en los demás prestamistas, de modo que absorbió buena parte del mercado tras los periodos de auge de Clemente de la Cuadra, Martínez Matienz o; dicha época coincide, además, con las inversiones de Enrique de la Cuadra en olivares, de forma q ue destinó poco líquido a estas operaciones. GRÁFICO 33 . Prestam ista s montañeses en Utrera. Comparativa Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales 230 APNU, Anto nio de Campo Redon do, f. 1323, 27 d e junio de 1867. 0 100000 200000 300000 400000 500000 600000 700000 800000 900000 1846 1848 1850 1852 1854 1856 1858 1860 1862 1864 1866 1868 1870 1872 1874 1876 1878 1880 1882 1884 Pr est amist as montañ eses en Utr er a - Compar ativ a Clemente de la Cuadra Martínez Matienzo Pedro Rivas José Gómez Pico 144 Clemente de la Cuadra: la clientela y la ampliaci ón del patrimonio De la Cuadra fue el primer individuo que empezó a conceder préstamos de manera profesional – no como inversiones puntuales o esporádicas – , a partir de 1846. Por las mismas fechas empezó a adquirir bienes con pacto de retro. Entre sus clie ntes destacaron per sonalidades políticas con las que se relacionó, como el jefe superior político José de Hezeta, al que dedicó la “Memoria de Gestión” de su alcaldía . 231 Entre los préstamos de Clemente de la Cuadra resalta la elevada proporción de labradores y hacendados, cifra significativa si se tiene en cuenta que estos r ealizaban operacion es de mayor cala d o. Los dos préstamos más elevados fueron uno de 512.000 reales a Ju an Antonio Cuéllar y Caraza, propietario y hacendado de Alcalá de G uadaira, en 1868, y otro de 480.000 reales a Francisco Bécquer Rui z, labrador utrerano, en 1860. Ambos se veían acuciados por necesidade s derivadas de sus explotaciones agrarias: el primero era dueño de dos haciendas de olivar (de 90 y 60 fan egas) en Alcalá de G uadaíra, además de cien fanegas más repartidas en distintas suertes; el segundo intentaba frenar las pérdidas que la familia Bécquer iba acumulando en el cortijo de Troy a desde al menos 183 5, y que terminaron desembocando en la venta del mismo. También es reseñable el caso de otro cliente de De la Cuadra, el propietario José Arias de Saavedra y Ulloa. Perteneciente a la baja nobleza sevillana, administraba la cuantiosa herencia que Juan Domínguez Ortiz, su suegro, había dejado a sus hijos. Ll egados a la mayoría de edad, los mismos también actuarían como legítimos dueños. Sus propiedades incluían cortijos (Balóbrego) y dehesas (La Alcaparrosa), además de un buen número de suertes de olivar y una extensa cabaña ganadera, que acabarían en manos de sus prestamistas: la familia De la Cuadra . Se puede discutir hasta qué punto l a adquisición de predios mediante la ejecució n de hipotecas fue u na estrategia planific ada por De la Cuadra; en cual quier caso, la disponibilidad de dinero metálico – acorde a su mentalidad comercial – le p roporcionaba una ve ntaja sobre los propietarios locales – acostumbrados al valor tierra – , que terminaron naufragando en un mundo cada vez más monetizado. Bien fu ese por el retorno que le proporcionaban los int ereses, bien por contribuir al debilitamiento de esos antiguos propietarios, Clemente de la Cuadra resultó el claro beneficiado del negocio de l préstamo durante las décadas de 1850 y 1860. 231 AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 225 82, f. 20. 145 TABLA 37 . Endeuda miento de la familia A rias de S aavedra AÑO PRESTATARIO CANTI DAD % AÑOS HIPOTECA 1865 José Arias de Saavedra y Ulloa 120 . 00 0 10% 2 Dehesa la A lcaparrosa, 28 0 f 1865 Juan Arias de S aavedra Do mínguez 80 .000 10% 1 Balóbrego (526 f) 1865 José Arias de Saavedra y Ulloa 60 .000 11% 1 El Rodadero ( olivar 10 f) 1865 * José Arias de Saavedra y Ulloa 80 .000 10% 2 Suerte 600 p ies, suerte del Cañete 300 pies, Suerte L a Diezmera 7 80 pies, La Pescadera 12 ar olivar 1865 * Francisco Arias de Saavedr a Domínguez 60 .000 10% 1 No especifica do 1866 Juan Arias de S aavedra Do mínguez 35 .000 10% 1 Balóbrego (526 f) 1866 Juan Arias de S aavedra Do mínguez 25 .000 10% 1 Balóbrego (526 f) 1867 Juan Arias de S aavedra Do mínguez 153 . 00 0 10% 1 Balóbrego (526 f) 1868 Juan Arias de S aavedra Do mínguez 32 .000 10% 1 Sin especificar 1869 Juan Arias de S aavedra Do mínguez 50 .000 10% 1 Haza 12 f olivar, haza 8 f o livar, haza 22 f en Palmar Gord o 1874 ** Francisco Arias de Saaved ra Domínguez 84 .800 0% 1 Sin hipoteca, conce dido po r amistad. Si supera el año, pagará 8% de interés. Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s. (*) Prést amo solicitado a P edro Rivas Rivas; (* *), préstamo ot orgado po r En rique de la Cuadra Tras embarcarse en numerosos préstamos, la familia Arias de Saavedra se vio obligada a vender sus p ropiedades. En 186 7, Clemente de la Cuadra adquiría el cortijo de Balóbrego y en 1877 la dehesa de la Alcaparrosa pasaba a manos del hijo de este, Enrique. Los Bécquer fueron la otra familia que, procedente del Antiguo Régimen, perdió sus propiedades a favor de los De la Cuadra . Desde el siglo XVII eran propietarios del cortijo de Troya, predio de 2.0 00 fanegas. TABLA 38 . Endeudamient o de la fami lia Bécque r AÑO PRESTATARIO CANTIDAD % AÑOS HIPOTECA 1835 José María Bécq uer 20 .000 6 1 Sin especificar 1838 Francisco José y Manuel Bécquer 100 . 000 0,5 2 Sin especificar 1838 Francisco José y Manuel Bécquer 100 . 000 0,5 2 Sin especificar 1838 Francisco José y Manuel Bécquer 43 .500 0 1 Sin especificar 1860 Francisco Bécquer Ruiz 480 . 000 8 6 Troya Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 146 En su caso, ante la coyuntura negativa de los años 30 recur rieron a préstamos de fami liares de las ramas s evillana y astigitana, hasta que en 1860 recurrieron a Clemente de la C uadra, quién les concedió una obligación de 480.000 reales al 8% de interés anu al, pagadera en seis años (lo que suponía para el prestamista un beneficio de nada menos que 230.400 reales). Clemente de la Cu adra ya les había c omprado el cortijo de la Cañada de Santiago, lindero con los de su propiedad, en 1858, ante los apuros económicos de la familia. El patrimonio rústico familiar se perdió definitivamente cuando en 1876 vendiero n Troya a Enrique de la Cuadra . Por otro lado, los colonos de los cortijos propiedad de De la Cuadra eran frecuentemente prestatarios, pidiendo un adelanto en metálico para la adquisición de sementera o pago de jornales al propio arrendatario, con lo que este obtenía una fuente de ingres os secundaria muy valiosa. Sus colonos, que fueron bastante estable s en el tiempo, proce dían de Utrera, El Coronil y, sobre todo, de Montellano, población lindera con sus latifundios de Alhorín, La Encinill a, El Caserón o la Nava de los Ballesteros. Se trataba de familias labradoras como los Sánch ez Ibargüen o los Corbacho. Como los modelos de c rédito agrario institucionalizados en Europa desde la segunda mitad del siglo X ’ VIII no tuvieron reflejo en España 232 , estos se vieron obligados a acudir a los propi os De la Cuadra para formalizar préstamos con que cubrir los arriendos, malas cosechas, pago de jornales o mantenimiento del ganado. La escasez de capital disponible explicaría los altos intereses q ue se aplicaban, lo que llevaría a la prensa sevillana a señalar: ¿Qué otra cosa es sino un banco agrícola lo que hace en Utrera con sus colonos el millonar i o señor D e la Cuad r a ? […] Pues es que l as fincas del señor D e la Cuadra, de un modo muy natura l y sin violenc ia alguna, valen más y renta que otras se mejant es 233 .9 De este modo, la relación entre propieta rio y colono trascen día los límites económicos y los vinculaba en un a red clientelar que, en ciernes desde época isabelina, eclosionaría con E nrique de la Cuadra durante la Restauración. A través del siguiente cuadro puede observarse la vía secundaria de ingresos que conseguía De la Cuadra con estos préstamos destinados, subrayamos, al cultivo de las tierras arrendadas al mismo. 232 MARTÍNEZ SOTO, Ángel Pascual, “L as vías de finan ciación de la agricultura mur ciana entre 1870 - 1936 : el problema del crédito agrícola ”, Agricultu ra y Sociedad , nº 84 [199 7], pp. 49 -106. 233 La And alucía , nº 9.443 [6 d e noviembre d e 1887], p. 2. 147 TABLA 39 . Endeudamien to de los colono s de Cl em ente de la Cuadr a AÑO COLONOS TIERRAS CANTIDAD INTERÉS HIPOTECA 1846 Alonso Riaro la y Manuel De iró Caserón, Nava y dehesa Los Garz os 144 . 375 0 No se especifica 1847 Alonso Riaro la José Jiménez Ferreras , María Dolores Romero Caserón, Nava y dehesa Los Garz os El Alhorín 95 .123 0 Hacienda 72 ar (Villamartín) 1860 Diego de Sedas Matos La Encinilla 40 .200 9 No se especifica 1868 Rafael Crespo Guisado Caserón, Nava y Los Garzos 96 .000 9,5 No se especifica 1869 José Manue l Romero ¿? 102 . 000 9 35 f olivar (Montellano) 1870 Francisco Corbach o Reina Caserón, Nava y Los Garzos 384 . 000 8 Cortijo de Miran da Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s GRÁFICO 34 . Clem ente d e la Cuadra . Origen t errit orial de los pr estatarios Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Si la banca oficial no se había establecido en Utrera, el grado de penetración que tuvo en los pueblos que se extienden hacia la sierra sur, más alejados de la capital, fue nulo. De la Cuadra aprovecharía este mercado potencial integrado por una comarca definida desde la Edad Media como la banda morisca, que inclui ría desde Utrera has ta el campo de Matrera: Los Molares, El Coronil, Montellano, Puerto Serrano y Villamartín, a los pies de la sierra de Grazalema. En efecto, casi un terci o del negocio de Clemente de la Cua dra estuvo ocupado por individuos de dichos municipios, a los que debemos añadir, por su cercanía, Los Palacios y Villafranca, al oeste de la población. Utrera Los Palacios El Coron il Montellano Puerto Serran o Villamartín Morón Lebr ija Dos Hermanas Otros CLEMENTE DE LA CU ADRA - ORIGEN DE L OS PREST A T ARIOS 148 GRÁFICO 35 . Cantidad es prestadas por Clement e de la Cuadra (en reales) Elaboración p ropia a p artir de protocolo s notari ales También ejerció co mo prestamista en el ámbito urbano. En una nueva mezcla de asuntos públicos y pri vados, cuando el Ayuntamiento presidido por De la Cuadra levantó el mercado de abastos en 1848, subastó su gestión entre varios postores, resultando elegido Cosme Berdeja, que contrajo una deuda con De la Cuadra (alcalde, no lo olvidemos) de 12.680 reales 234 . Estas operaciones redundaba n en un mayor enriquecimiento del propietario, pues controlaba buena parte del circuito del dinero en el ámbito comarcal. Resp ecto a las retroventas, su actividad comenzó en 1847, al adquirir por 13.080 reales y un plazo de 15 meses de devo lución una suerte de 12 aranzadas a Antonio María de Villalba Arias de Saavedra 235 , uno de los miembros de la antigua clase propietaria que, a mediados de siglo, se encontraba con dificultades financieras. Este se vio poco después obligado a ampliar su deuda retrovendiendo su vivienda en la calle La Plaza, que pudo recuperar en 1849 236 . La operación de ma yor cuantía fue la referida al cortijo de Los Jurados que, procedente de la desamortización, había adquirido el moronense José Reina Marín 237 . Reina había adquirido y arrendad o varios latifundios expropiados (Pardales, Zarracatinejo), con lo que agotó su capital metálico. Para 1847 pedía un préstam o a De la Cuadra de 84.500 reales al 6%, para sementera. No obstante, agobiado por los 234 AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 232 76, f. 32. 235 AHPS, PN, Juan María Gu tiér rez, 20 214 , f . 106 [22 de nov iembre de 1844 ]. 236 AHPS, PN, Juan Gómez, 20587 , f. 548 [10 de octu bre de 1847 ]. 237 AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez 2 0214, f. 106 [22 de nov iembre de 1844] . 0 100000 200000 300000 400000 500000 600000 700000 800000 900000 1846 1847 1848 1849 1850 1851 1852 1853 1854 1855 1856 1857 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 1866 1867 1868 1869 1870 1871 1872 Clemen te de la Cuadr a - Pr ést amos 149 plazos de pago al Estado, retrovendió el cortijo a De la Cuadra en 1849 por el mismo precio al que lo adquirió, 140.916 reales 238 . Tres días más tarde firmaba como colono de dicho predio por un importe de 15.500 reales anuales 239 . De este modo, mientras que mediante préstamo De la Cuadra obtenía un retorno de 5.070 reales al año, mediante l a retroventa recibía el triple. En cualquier caso, la ope ración resultaba mu y ventajo sa para Clemente de la Cuadra, que en caso de impago recibiría el latifundio de manera definitiva. Según se desprende de los document os notariales, no estuvo interesado en bienes radicados en otros pueblos, de modo que esas retroventas tenían como objetiv o el beneficio derivado del arrendamiento. En el caso de que no obtener el dinero por parte del vendedor en el plazo fijado, se procedía a la venta de las fincas retrovendidas, como ya dijimos. Durante las décadas de 1850 y 1860 s u volumen de compras en retro descendió, deb ido a su ausencia d e Utrera. Cuando re tornó a la localidad, en 1868, reactivó las operaciones. Destaca la adquisición, en 1868, de varias propiedades de José María de Silva por 17 6.900 reales, que arrienda al propietario por seis años por 17.310 reales, equivalente a un interés del 10% anual 240 . Al morir en 1873, muchas de ellas queda ron por resolver hasta que su hijo Enrique se hizo cargo del patrimo nio familiar. Este mo stró escaso interés económico en este tipo de negoc ios, al igual que hici era con los préstamos; pesarían más los objetivos políticos, pues el préstamo se convirtió en una herramienta fundamental para la creación y afiance de la red clientelar. De ahí la permisividad de De la Cuadra a la hora de alargar los plazos de devolución, a veces más de una década. Aceptó algunas compras en retro, pero las realizó bien por interés en parcelas concretas (a Cuéllar y Caraza) o por tra tarse de colonos de sus tierras (caso de Antonio Co rbacho Reina). Asimismo, Enrique adqu irió por el método de retroventa bienes de su amigo José Antonio Cuéllar y Caraza por valor de 592.100 reales 241 . Entre lo s mismos se incluían dos haciendas de olivar (Molino Blanco, de 9 4 aranzadas y San Cayetano, de 210) en Alcalá de Guadaíra, cuyas tierras eran las más propicias para el cultivo de esta especie. Enrique de la Cuadra había heredado de su tío abuelo Simón de Gi baja varias fincas en dicha zona y tenía un acusado interés por ampliar sus tierras en la zona. Con un plazo de seis años para recuperar la finca, Cu éllar quedó como colono de l as tierras retrovendidas, pagando un canon de 48.000 reales anuales. Transcurrido el plazo, De la Cuadra retuvo la propiedad al no poder afrontar el vendedor el rescate. A su vez, Cuéllar ha bía empleado 288.00 0 reales en el arriendo de las tierras, con lo que E nrique cerraba así un negocio redondo. 238 AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez 2 0214, f. 106 [9 d e marzo de 1849 ]. 239 AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 202 14, f. 1 1 9 [12 de m ar zo de 1849]. 240 APNU, Anto nio de Campo Redon do, f. 1490 [1 de mayo de 1858]. 241 APNU, Diego Guerr a Tamar iz, f. 2431 [8 de diciem bre de 1875 ]. 150 Pablo Lavín De la Cuadra El sobrino de Clemente de la Cuadra había llegado a Utrera tr as su paso por México, junto a Joaquín Martínez Matienzo, desde 1831 a 1846. Al poco de llegar a Utrera se instaló en Los Palacios con la intención de captar a los clientes de esa localidad, en un reparto del merca do planeado por la familia. Comenzó su actividad prestando sumas elevadas, con desembolsos de 122. 418 reales en 1848 y 201.295 en 1849. No obstante, su periodo de actividad fue muy corto, pu es en 1854 moría de un “cólico nervioso” 242 . GRÁFICO 36 . Préstamo s de Pablo L avín Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s GRÁFICO 37 . Pablo L avín – O rigen de los p restatar ios Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s 242 AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 224 82, f. 595. 0 50000 100000 150000 200000 250000 1848 1849 1850 1851 1852 1853 1854 P ablo La vín - Pr éstam os Utrera 67% Los Palacios 5% Morón 3% El Coron il 12% Montellano 10% Otros 3% 151 En 1852 emprendió viaje al norte, lo que se refleja en el detenimiento de la actividad. Ese año, Lavín otorgaba poder a su primo Joaquín Martínez Matienzo al tener que ausentarse “por tiempo dilatado” a atender sus nego cios en Santander, donde contrajo mat rimonio con Luisa Caller, de Ampuero, hija de José Caller Madrazo y Joaquina de la Vega Santetises. El matrimonio, aunque oficialmente vecinos de Los Palacios, establecieron su residencia en la calle de la Alfalfilla de Utrera. La unión fue muy br eve, pues la boda se produjo el 10 de febrero de 1854, y él fallecía el 25 de julio de ese año. Su viuda contraería segundas nupcias con Joaquín Martínez Matienzo, pariente y socio del mismo desde su juventud en el comercio mexicano, haciéndose así más densa la red de relaciones de origen familiar -clientelar. Joaquín Martínez Mat ienzo GRÁFICO 38 . Joaquín M artínez Matienzo. Volumen d e préstamos Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s Tras los De la Cuadra, fue el jándalo que mayor volumen de dine ro prestó, declarando en su testamento que su actividad principal el “préstamo de dinero a interés”, por encima de las clásicas de propietario, labrador y hacendado. Su ciclo como prestamista comenzó, como el de su pariente y socio Pablo Lavín, en 1848, c oncluyendo en 1883. El periodo de mayor volumen de préstamos se dio en la primera mitad de la década de 1860, motivado probablemente por el auge del mercado de la tierra derivado de la desamortización de Madoz, en la qu e pudieron participar muchos pequeños inversores. 0 50000 100000 150000 200000 250000 300000 350000 400000 1848 1850 1852 1854 1856 1858 1860 1862 1864 1866 1868 1870 1872 1874 1876 1878 1880 1882 Joaquín Martíne z Ma tienz o - Pr ést amos 254 Enrique de la Cuadra se instaló en Utrera poco antes del estallido de la revolución de 1868, cuando se disponía a relevar progresivamente a su padre al frente de los negocios familiares. Durante el Sexenio, y ante el temporal predominio progresista en la población, procuró ma ntenerse alejado de la política, ampliando su patrimonio mediante inversiones en olivar, aunque ejerció como concejal por la Unión Liberal entre 1870 y 1872. Declaradamente conservador, criticó la revolución de septiembre y fue un destacado alfonsino: “Par a él, la España sin el secular apoyo del trono y con una insti tución exótica, ni era comprendida ni podía marchar con el orden y el concierto conveniente” 522 . Tusell caracteriza a Utrera como un distrito “dócil”, entendido como aquel en el que no existía un cacicato estable, sino que este estaba disputado por dos o más familias. En ellos, buscando la aceptación del partido, los jefes d e cada tendencia política tendían a pl egarse a lo previsto por el gobier no. Esta investigación obliga a cuestionar o al men os matizar esta visión, porque no ocurrió exactamente así con la familia De la Cuadra. De un lado, Enrique, lejos de plegarse al partido, decidió romper con el mismo; más adelante, su hijo Fernando pasó del Partido Conservador al Liberal – llevándose con é l a buena parte de su clientela – ante la falta de ap oyo de Silvela 523 . En definitiva, frente a la pasividad de los distritos sevillanos descritos por María Sierra y Ma ría Antonia Peña 524 , los De la Cuad ra, con su búsqueda de una jefatura local estable, introdujeron un elemento disruptivo en la estructura política provincial. 4.3.1. El auge republicano durante el Sexenio Según la tesis clásica de Artola, el momento álgido de la burguesía revolucionaria se prod ujo en el periodo 1868-1874 525 . Tras el mismo, esta, ya asentada en el poder, tornaría hacia posic iones más conservadoras a las que el sistema d e la Restauración daba pleno acomodo; sin embargo, en este lapso, el grupo que había d ominado la esfera política desde época isabelina se vi o desplazado del pod er por una “burguesía de izquierdas” 526 . Durante el Sexenio, convivieron i ntereses burgueses con las re ivindicaciones del pr oletariado, que en la Andalucía rural se concretaban en el reparto de la tierra, asunto, por otro lado, abordado en sucesivas reformas desde el siglo XVIII. En este ambien te, el republicanismo aparecía la corriente más propicia para satisfacer las aspiraciones de las clases desfavorecidas, de ahí su vigor en áreas rurales 522 El Noticiero S evillano, n º 533 [12 de sep tiembre de 1 894], p. 1 . 523 T USELL GÓMEZ, Jav ier, Oliga rquía y ca ciquismo en Andalucía (1890 -192 3), Barcelona, Plan eta, 1976, p. 234. 524 PEÑA GUERRER O, María Antonia, y SIERRA ALONSO, Ma ría, “An dalucía”, en VARELA ORTEGA, José (dir.), El po der de la influencia. Geografía del ca c iquismo en Esp aña (1875-1 923) , Madrid, Marcial Pon s, 2001, p . 38. 525 ARTOLA GALLEGO, Miguel, La burg uesía revolu cionaria (1 808 -1874) , Madrid, Alianza, 2 006. 526 SIERRA ALONSO, María, La política del pa cto. E l sistema d e la Restauración a través d el Partido Conservado r Sevillano (1874 -1923) , Sevilla, Dip utación d e Sevilla, 199 6, p. 48. 255 como Utrera; como señala Cruz Artacho, “muchas de las aspiraciones populares se republicanizaban” 527 . El pronunciamiento de Topete en Cádiz se produjo el 18 de septiembre de 1868. Su eco en Sevilla tuvo lugar el día 19, cuando se formó una Junta Pr ovisional Revolucionaria compuesta por demócratas, progresistas y unionistas; entre estos últimos se incluían po líticos con una larga trayectoria como el marqués de la Motilla o Manuel Sánchez Silva. Emergió así una élite progresista, compuesta por intelectuales y profesionales liberales que copó los puestos de poder. En Utrera, el movimiento revolucionario llegó ci ertamente amortiguado, a juzgar por los miembros de la Junta que se constituyó el 22 de septiembre de 1868. Presidida por José María de Silva, un mediano propietario en apuros económicos, la mayoría de sus integrante s procedían del moderantismo, sin apenas presencia de demócratas o republicanos. Las grandes fortunas del término, caso de los De la Cu adra o Juan de los Ríos, optaron por la prudencia, absteniéndose de cualquier participación política. Esta Junta adoptó una serie medidas populistas, ordenadas desde la Diputación provincial, ante la coyuntura de crisis provocada por las malas cosechas: eliminación de los derechos de consumo, supresión de la guardia municipal y de la comisión encargada del repartimiento de la Contribución Territorial 528 . TABLA 61 . Junta revoluc ion aria de Utrera, 1868 Elaboración p ropia a part ir de Actas C apitular es y Protocolos Notari ales 527 CR UZ ARTACHO, Salvador, Anda lucía en la u topía federal de España, 1868 -1898 , Sevilla, Centro de Estudios An daluces, 2 016, p. 13. 528 ARIAS CASTAÑÓ N, Eloy, “La revolu c ión de 1868 en Sevilla. Élites demócr atas y masas repub licanas”, en CAR O CANCELA, Diego (dir.), La revolución de 1 868 en Andalucía , Cád iz, Peripecias Libros, 2018, p. 367; APNU, An tonio de Campo Redondo, 1871 [1 de may o de 1868]. José María de Sil va se había visto ob ligado a retrovender a Clemente de la Cuadra var ias prop iedades rústicas, inclu yendo una haciend a de olivar, y urbanas. Como era hab itual en este tipo de acu erdos, quedaba c omo arrendador de las mismas a la esper a de poder rescatar dichas f incas , lo qu e lo dejaba en una posició n económica muy déb il; OTERO CAMPOS, José An drés, Utrera en el siglo XI X , Utrera, Siar um, 2005, p . 171. Nombre Profesión José María de Silva (alcal de) Propietario Rafel Crespo G uisado Labrador, hac endado Rafael Pino Propietario Manuel Labat Martínez de l Campo Propietario Antonio Urrut ia Riera Militar José González de la Peña y Sedze Propietario, abo gado Francisco Arias de Saaved ra Domínguez Propietario Manuel Sánchez L ardín Empleado ferr oviario Rafael Riaro la Pérez Abogado, propi etario Joaquín Girá ldez Fernán dez -Soler Abogado, pro pietario José María G uerra (secreta rio) Funcionario, pro pietario Felipe de Burgos Murube Hacendado, ga nadero 256 Desde finales de 1868, la opción republicana fue ganando adhesiones entre las clases populares urbanas (artesanos, dependientes, pequeños comerciantes, albañiles). En el ámbito rural, a esa base social se añadía el numeroso grupo de los jo rnaleros, lo que explica que el republicanismo se hiciera con el poder municipal en pueblos como Las Cabezas de San Juan o Utrera 529 . Ya se ha señalado el auge del que las corrientes políticas progresistas gozaro n durante la primer a mitad del siglo XIX, apareciendo hacia 1850 partidarios de opciones democráticas e incluso republicanas, caso de los hermanos Riarola. En el otoño de 1868, se formó en el municipio un Comité Democrático Progr esista – en realidad, republicano – en el que se integraron menestrales, artesanos y trabajadores (“dos taberneros, un dueño de tenducho de abacería, tres carpinteros de lo blanco, un ayudante de escuela, un oficial de sombrerería, un rem endón de calzado viejo y un escribiente de la curia”), dirigidos por José Fantoni Solís, “un hombre de carrera, extraviado dolorosamente en su conducta” 530 . Fantoni, nacido en 1832, procedía de una familia de medianos propietarios, c uya posición mejoró al contraer matrimonio con Lucía de los Ríos Jimé nez-Pajarero, hija del segundo mayor propietario del término, Juan de los Ríos Mateos. Fantoni llegó a la alcaldía de la población en un fugaz periodo a comienzos de 1869. Otros destacados rep ublicanos fueron Antonio Ruiz Verde, último alcalde del Sexenio, y Juan Coronilla y Fernando Rodríguez de Medina, que presionaron al gobie rno local para la ado pción de medidas democráticas, como la actualización de los censos para el ejercicio del sufragio universal 531 . TABLA 62 . Partido Repub licano de Utrera, 1870 Nombre Notas José Fantoni So lís Exiliado en 1 869, restituido en 1871 Diego de Sedas Concejal y diputa do provin cial en 1873 Juan Piquera Diputado provi ncial en 1 871 Luis Castro Alcalde en junio 1869 Alfonsín Ejecutado e l 12/10/1869 Recio Junio Ejecutado e l 12/10/1869 Inocencio Pérez Piqueras Ejecutado e l 12/10/1869 Antonio Carbaj o Muerto en 25/ 02/1870 Elaboración p ropia a part ir de Actas C apitular es y hemerote ca A nivel regional, el r epublicanismo se vio robustecido con la f irma, en junio de 1869 del “Pacto federal de las provincias de Andalucía, Extremadura y Murcia” en el que se abogaba por un sistem a federal y descentralizador, defensor del municipalismo 532 . En octubre de ese año , 529 BERN AL RO DRÍGUEZ, Anton io Miguel, La lu cha p or la tierra …, p . 228. Po r o tro lado, la d esesperad a situación econó mica llevó a la fund ación, tras el p aso de Anselmo Loren zo por la pob lación, de u n sindicato anarq uista. 530 La Correspond encia de España , nº 4 .342 [11 de o ctubre de 1869], p. 2. 531 AHMU, Actas Capitu lares, li bro 107 , f. 5 [17 de octubr e de 1868]. 532 LACOM BA AV ELLÁN, Juan Anton io, “ Can tonalismo y federalismo en Andalucía: el man ifiesto de los feder ales de An dalucía ”, Revista de Estud ios Regionales , n º 59 [2001 ] , pp . 267-276, p. 270. 257 el sesgo moderado que iba adquiriendo la política estatal y las malas cosechas, provocaron un estallido revolu cionario federal en e l occidente andaluz, encabezado por Fermín Salvochea. En la misma se mezclaron aspiraciones políticas, de diseño de Estado – implantación de una república federal asentada sobre un municipalismo fuerte e independiente – con demandas populares – supresión de det erminados impuestos, quintas, acceso a la tierra – . Se produjeron levantamientos en Villamartín, Jerez, Bornos, Cádiz, Carmona y Utrera. En esta última, los republicanos cortaron las líneas telegráficas el día 4 de octubre. Las autoridades sevillanas respondieron con el envío de tropas, q ue llegarían en ferrocarril al día s iguiente. Al tener conocimiento de la noticia, Fantoni decidió abortar la intervención militar por la vía expeditiva: reunió a 36 hombres del Comité Republicano, a los que encargó el corte de la línea ferroviaria a la altur a de La Pintada, entre Utrera y Dos Hermanas, haciendo que el tren descarrilara, lo que provocó tres muertos y una decena de heridos 533 . En las siguientes horas se detuvo a siete individuos . Cuatro de ellos fueron ejecutados en Sevilla el 16 de octubre, mie ntras que otros tres fueron condenados a cad ena perpetua. Fantoni y otros líderes revolucionarios (Salvochea, Paúl, los alcaldes de Osuna y Carmona) lograron escapar a Gibraltar. Desde allí, Fantoni buscó refugio en Lisboa para volver a España poco después gracias a la amnistía otorgada por Amadeo I 534 . El fracaso de la insurrección conllevó la pérdida de poder del Partido Republicano. Sus representantes fueron destituidos de los Ayuntamientos, sus órganos de expresión, censurados, y sus sedes, clausuradas 535 . El part ido pasó de diez a cuatro diputados pro vinciale s en las elecciones de 1870. En Utrera, donde el unionista Sánchez Silva logró el escaño, fueron denunciadas múltiples irregularidades, como el adelanto del horario de votaciones, el sitio de los col egios y la intimidación, en definitiva, a los ele ctores 536 . En total, se había impedido el derecho al voto a 2.800 electores de un total de 11.000, u n escándalo que se discutió en las Cortes, con Sánchez Silva defendiéndose a sí mismo 537 . No obstante, los siguientes comi cios del Sexenio con cluyero n con el triunfo re pu blicano en Utrera. El amnistiado Fantoni obtuvo escaño en 1871, 1872 y 1873. Desde luego que el republicanismo no fue la única opción política con apoyos en la localidad, y con el repliegue federalista del otoño de 1869, los propietarios del té rmino elevaron a Cortes una petición solicitando que se nombrara rey al duque de Montpensier 538 . A nivel municipal se sucedían gobiernos fugaces en los que, por primera vez, individuos ajenos a la élite social accedían al poder. El 15 533 La Correspond encia de España , nº 4.340 [9 de octubre de 1869 ], p. 1. 534 La Paz, nº 3.705 [21 d e octubre de 1869 ], p. 3. 535 ARIAS CA STAÑÓN, Eloy, “El republican ismo federal. Organ ización de partidos y alternativ as d e revolu ción política en el Sexen io Demo crático (Sevilla 18 68 - 1874)”, Revista de Historia Contemp oránea , nº 7 [19 96], pp. 11 -65, p. 40. 536 La Crónica de Meno ra , nº 645 [27 de marzo d e 1872], p. 1. 537 La Ind ependencia Esp añola , nº 9 80 [3 de junio de 18 72], p. 1. 538 La Correspond encia de España, 4 .363 [1 de noviemb re de 1869], p . 2. 258 de octubre de 1869 el gobierno destituía al Ayuntamiento rep ublicano de Utrera, surgiendo uno provisional presidido por el conservado r Francisco Arias de Saavedra. El 15 de enero de 1870 se repetían elecciones, tras las que Arias de Saavedra continuó como alc alde; en las mismas, Enrique de la Cuadra accedía al consistorio como concejal por la Unión Liberal – sin duda, apadrinado por Sánchez Silva – , integrándose en las co misiones de Instrucción Pública, Ornato y Hacienda 539 ; de esta última dimitió en agosto de 1871 ante la falta de colaboración de algunos concejales respecto a la confección del padrón d e riqueza para el impuesto de consumos 540 . Una línea moderada parecía imponerse tras los primero s momentos revolucio narios, mientras se i ntentaba mantener alejados de las instituciones a los más progresistas. El 31 de enero de 1870, el alcalde prohibía la venta del periódico satírico sevillano El p a dre Ad am , de corte republicano, en su intento de erradicar dicho partido en la ciudad que, no obstante, votaba republicano en las eleccio nes a Cortes d e marzo de 1871 541 . En diciembre de 1871 tenían lugar nuevas elecciones, en las que parecía asegurado el triunfo republicano debido a la división de los monárquicos, que n o presentaban candi datura. No obstante, pocos días antes de los comicios, el gobernador, Benítez de Lugo, se presentaba en la villa y visitaba, junto al alcalde conservador Diego del Valle, a varias personalidades de la población al objeto de que presentaran una candidatura monárquica, sin éxito. An te tal situación, el goberna dor envió dos batallone s a Utrera, que el alcalde empleó para cerrar los colegios; este y otros abusos descritos en otros comicios celebrados en el periodo muestran que el fraude electoral era, ya en el Sexenio, un recurso que el gobierno empleaba de forma habitual 542 . En abril de 1872, el gobernador llegó a cerrar la sede del Partido Republicano en Utrera 543 , y en agosto se declaraba nula la elección del diputado provincial por el distrito, Fernando Laserna 544 . Aunque fu e procesado, el alcalde conservador Valle se mantuvo en el poder hasta agosto de 1872, cuando se renovó la corporación y Enrique d e la Cuadra abandonaba la concejalía, accediendo entonces a la alcaldía el republicano Joaquín Álvarez Hazaña. De nue vo, se advirtieron problemas de manipulación y coacción en los co micios, puesto que una de las primeras medidas adoptadas por el nuevo alcalde fue la des titución de todos los serenos “toda vez que tomaron parte muy activa en las anteriores elecciones” 545 . En febrero de 1873 continuó la inesta bilidad, como confir ma el envío de varias piezas de artillería a la población desde Sevilla 546 . Es e mes, José Fantoni repartió 2.000 fusiles entre los voluntarios de 539 AHMU, Actas Capitu lares, li bro 107 , f. 4 [22 de en ero de 1870]. 540 AHMU, Actas Capitu lares, li bro 107 , f. 27 [12 de agosto de 1871]. 541 La And alucía , nº 4.109 [10 de marzo de 1871], p. 6. 542 La And alucía , nº 4.432 [31 de marzo de 1872], p. 2. 543 La Paz , nº 4.537 [9 d e abril de 1872], p. 2 . 544 La And alucía , nº 4.724 [9 de marzo d e 1873], p. 1. 545 AHMU, Actas Capitu lares, li bro 107 , f. 36 [6 de septiem bre de 1872 ]. 546 El Gob ierno , nº 75 [25 de febrero d e 1873], p. 3. 259 Utrera 547 . En julio de 1873 estalló el cantonalismo, con sublevaciones en buena parte de la periferia española. Constituyó, desde luego, el experimento descentralizador más avanz ado de cuantos se intentaron en Andalucía, con un fe deralismo radical. C uando Salmerón to mó el poder, varias ciudades and aluzas se rebelaron: Sevilla, Cádiz, Málag a y Granada fueron las primeras. El 21 de julio un grupo de voluntarios de Sevilla, comandados por Carreró, se dirigió a Jerez de la Frontera para socorrer a sus correligionarios de la represión de la guarnición militar, deten iéndose en Utrera. El alcalde, Jo aquín Álvarez Hazañas, había enviado a represent antes para defender que la localidad t uviera una Junta Revolucionaria independiente y se instó a los voluntarios sevillanos a retirarse a la estación de ferrocarril. Entre los vecinos se temía que les reclamasen contribuciones de guerra. Al fina l, se produjo un enfrentamiento a rmado que se extendió por las calles má s céntricas, con dos docenas de muertos, la mayoría, del bando sevillano, suceso que llenaría las ediciones de los periódicos de la época. TABLA 63 . Alcaldes d e Ut rera durante el Sexenio R evoluciona rio Periodo Nombre Tendencia Sep 1868 José María Silva Moderado Oct 1868 Manuel Sánchez L ardín - Ene 1869 José Fantoni So lís Republicano Feb 1869 Juan María Fern ández - Jun 1869 Luis de Castro Republicano Oct 1869 Francisco Arias de Saaved ra Moderado Jul 1870 Diego del Va lle Moderado Oct 1870 Francisco Arias de Saaved ra Moderado Jun 1870 Diego del Va lle Moderado Ago 1872 Joaquín Álvarez Hazañas Republicano Sep 1873 Antonio Ruiz V erde Republicano Elaboración p ropia a part ir de Actas C apitular es En septiembre, Anto nio Ruiz Verde accedía a la alcaldía de Utrera, pero la represión llevada a cabo por Pavía desactivó en buena medida a los republicanos. A comienzos de 1874, Fantoni marchaba al exilio tras pasar un tiempo en carcelado en Cádiz, fijando su residencia en París, donde formó parte de la llamada “corte revolucionaria” de Ruiz Zorrilla, una suerte de reuni ón conspiradora en el que estuvieron re publicanos federales, cantonalistas, y militares. Allí trataría con Fernando Garrido para atentar contra el rey en 1876 548 . 547 La Rep ública Federa l , nº 2 3 [20 de marzo de 1 873], p. 1. 548 La Correspond encia de España , nº 6.021 [27 de may o de 1874], p. 2; MARTÍNEZ LÓPEZ, Fernando, CANAL I MORELL, Jordi, LEMU S, Carmen ( eds.), París, ciuda d d e acogida. E l ex ilio espa ñol en los siglos XIX y XX , Marcial Pon s, 2010, p. 167. 260 4.3.2. Ingreso el conservadurismo sevillano En la madrugada del 4 de enero de 1874, el teniente coronel Francisco de Castilla destituía a la última corporación d el Sexenio, presidida por Antonio Ruiz Verde. El gobernador provincial impuso un Ayuntamiento de cor te moderado con Enrique de la Cuadra a la cabeza y varios miembros de su familia entre lo s concejales. Además, aquellos funcionarios de “probidad y honradez dudosa” debían ser cesados. El consistorio, alegando desconocer la conducta de los trabajado res, decidió expulsarlos a todos, contratando a personas de su confianza y excluyendo a todos aquellos sospechosos de simpatizar con el republicanismo 549 . De la Cuadra consiguió que el resto de concejales delegara en él el nombramiento de los nuevos serenos, porteros, policías y funcionarios, estableciendo así un vínculo personal – un trato de favor – con los individuos que engrosarían la base de su clientela 550 . Buena parte de sus esfuerzos se dirigie ron a solucionar la crisis económica municipal, incapaz de responder a la deuda de 120.745 pesetas contraída con la Diputación. Para ello, trató de hacer repartos entre los principales propietarios, y redobló los esfuerzos para cobrar del Estado el porcentaje correspondiente por los bienes municipales enajenados, problema al que se enfrentaron mucho s pueblo s españoles 551 . Como industrial aceitero y alcalde, colaboró con el alcalde de Jerez, Pedro López, en la preparación de la Exposición Bético - Extremeña de 1874 552 . Su gestión concluyó el 24 de junio de ese año, cuando el gobernador civil, el conservador Andrés Lasso de la Vega, renovaba el Ayuntamiento y situaba a De la Cuadra como diputado provincial. Le sustituía como alcalde el administrador de la familia, Pedro R ivas Rivas, en un ejemplo de consolidación de los mecanismos client elares y de control del poder 553 . Durante la Resta uración, con frecu encia los caciques rechazaron la implicación directa, pasando el pod er político local a miembros de sus familias o a clien tes próximos a ellos, individuos de menor fortuna pero considerados de su misma clase social. No obstante, y a pesar de no detentar cargo político, se les reconocía una jefatura natural en la comarca. Así, era Enrique de la Cuadra quien recibía a las visit as oficiales, por encima del alcalde o cualquier otra 549 E l Go bierno , nº 793 [ 18 d e agosto d e 1 874], p.2.Aú n en agosto d e 1874, varios ind ividuos acusad os de prom over una rebelión cantonal fueron en carcelados 550 AHMU, Actas Capitu lares, Libr o 107, f. 5 [24 de enero de 1874 ]. 551 AHMU, Actas Capitular es, L ibro 1 07, f. 12 [ 12 de ab ril de 1874 ]. Para el co bro d e las 13.75 7 p esetas que correspondían a Utrera, facultó a Án gel Go nzález d e la Peña y Sedze, abogad o d e la localidad afincado en Mad rid. 552 El Gua dalete , nº 5.538 [22 d e agosto de 18 74], p. 2. 553 El Go bierno , nº 34 7 [17 d e enero d e 18 74], p. 3. De la Cuadra ser ía dipu tado bajo la presidencia del marqu és de la Motilla. Como alcalde, Rivas acep tó las p ropu estas que De la Cuad ra h acía al Ay untamien to, y se posicion ó a favor d e su p ariente Joaqu ín Martínez Matien zo en el pleito que este manten ía co n las autorid ades de Los Mo lares sobre la p ropiedad de unas tier ras. 261 representación municipal. Fue De la Cu adra el que se dirigi ó a Alfonso XII a su paso por la población, y el que acompañó al gobernador civil, José Montes Sierra, en su visita a la ciudad 554 . Era el que, desde la esfe ra privada, organizaba los recibimientos y banquetes y, sobre todo, era el referente a la hora de conseguir la intermediación con la ad ministración. En enero de 1875 se renovó la Diputación de Sevilla, siendo nombrados diputados por Utrera José Gómez Pico, Enrique de la Cuadra , Eduardo Surga y Francisco Pérez Surga. TABLA 64 . Prime r Ayuntamien to t ras la República, 1874 Nombre Tendencia Profesión Enrique de la Cu adra y Gibaja (alcalde) Conservador Hacendado, inge niero Felipe de Burgos Muruv e Conservador Hacendado, ga nadero Francisco Delgad o Zuleta Conservador Hacendado Pedro Rivas R ivas Conservador Propietario Francisco Arjona T ienda Republicano Comerciante Joaquín Álvarez Hazañas Republicano Abogado Francisco Arias de Saavedr a Conservador Hacendado Rafael Riaro la Pérez Republicano Propietario Antonio Basc ón Fernández Conservador Propietario Andrés Martínez De la Cuadra Conservador Propietario Vicente Giráldez Fernández -Soler Republicano Propietario, Ab ogado Francisco Andreu Conservador Propietario Manuel Escam illa Conservador Artesano Agustín Rodrígu ez Conservador Propietario Joaquín Orej uela Placer Conservador Hacendado, ga nadero Pedro Solís Arias de Saave dra Conservador Hacendado José Riarola T amayo Republicano Propietario Carlos Navarr o Conservador Médico Elaboración p ropia a part ir de actas capitulares Las élites rurales se repartieron entre los dos partidos fundamentales, sin que hubiera un sesgo diferenciador, ya sea por profesión o niveles de riqueza, entre ambas cúpulas. Como señalan Peña Guerrero y Sierra Alonso, Se trataba de gr andes pol íticos-patronos que supieron inst rumenta lizar todos los argumentos q ue tenían a su alcance para convertir en decis iva su situación intermed iaria entre el po der central y los poderes perifé r icos. Poco a poco hicieron que las élites econó micas y los políticos profesiona les util i zara n los cauc es clie ntelar es diseñad o s por e llos 555 . 554 La And alucía , nº 9.995 [3 de septiembre d e 1889], p . 3. 555 PEÑA GUERRERO, María Antonia, y SIE RRA ALONS O, María, “Andalucía”, en El po der de la influencia . Geografía d el caciquismo en España (1876 - 1823) , Madrid , Marcial Pons, 2 001, p. 17. 262 TABLA 65 . Diputación p r ovincial de Sevil la, 1875 Cargo Nombre Presidente Miguel Carbaj al Mendieta Vicepresidente Marqués de T orrenueva Diputados Alejandro Linares Bernardo Go nzález Coron ado José María Yb arra Luis De la Cu adra José Lamarque de Novoa Francisco Gonzál ez Romer o Faustino de P osadas y Cas tañeda Andrés Parladé José María Agapito García d e la Aceña Eduardo Sá nchez y Ferná ndez de O ntoria José Torres Díaz de la Cort ina Antonio Auñón y León Marqués de Sa les Aniceto de la Puerta Cayetano Negro Alcalde Andrés Tassara Rafael Góngora y Dávila Manuel Romero Valvilares José Gómez Pico Enrique de la C uadra Francisco Pérez Surg a Manuel Lasarte Fuente: La Andalucía , nº 5.161 [8 de enero d e 1 875], p. 3 Con la llegada de la Restauración, las ambiciones de Enrique de la Cuadra se proyectar on al ámbito provincial. Las nuevas leyes canovistas de 20 de julio de 1877 y 28 de diciembre de 1878, con su distribución en circunscripciones, favorecía la cristalización de poderes locales, fenómeno que había comenzado en época isabelina 556 . El distrito de Utrera comprendía las poblaciones de Utrera, Arahal, Los Palacios y Villafranca, Las Cabezas de San Juan y Lebrija, un área muy poblada y que aseguraba, a priori, una significativa influencia política. Dentro del mismo, Enrique de la Cuadra , por su poder económico e influencia, aparecía como el representante natural del Partido Conservador. 556 PEÑA GUERRERO, Ma ría Antonia, y SIERRA ALONS O, María, “And alucía” …, p. 26. 263 TABLA 66 . Círculo Alfon sino de Se villa, 1874 Cargo Nombre Título nobiliario Presidente Andrés Lasso de la Vega Conde de Casa Ga lind o Vicepresidente Manuel Bedm ar Escuder o Vocales Francisco Alonso Loza Enrique de la C uadra José Fernández Esp ino Santiago Fre uller Sánchez Marqués de la Paniega Rafael Góngora Dávila Francisco Gonzál ez Romer o Manuel Laraña R amírez José Lasso de la Vega Q uintanilla Marqués de T orres Press a Miguel Lasso de la Vega Q uintan illa. José Lastra Dí az Lavander o Marqués de T orrenueva Andrés Parladé Heredia Conde de A guiar Antonio Rueda Quintanilla Marqués de l Saltillo José Sánchez Arj ona Baca Conde del Álamo Gonzalo Segovi a García Pedro Solís Las so de la Ve ga Marqués de Va lencina José Solís Jacome Marqués de T ablantes José Mª Ybarr a Gutiérrez d e Cabiedes Manuel Gaviria Donza Marqués de C asa Gavir ia Secretarios Francisco Sánchez Bedoya Joaquín García Espinosa Fuente: SIERRA AL ONSO , María, te sis, p. 8 0 TABLA 67 . El Partido Con servador Se villano en la primera Re stauración Nombre Título / Profesión Andrés Lasso de la Vega Conde de Casa Ga lind o Miguel Desmaiss ieres Marqués de la Motilla José Solís Marqués de T ablantes Santiago Fre uller Marqués de la Paniega José Sánchez Arj ona Conde del Álamo Miguel Carvaj al Mendieta Conde del C asal José Lastra Marqués de T orrenueva Antonio Rueda Marqués de l Saltillo Enrique de la C uadra Hacendado, indus trial, ennoblec ido en 18 92 Andrés Parladé Heredia Conde de A guiar Manuel Laraña R odríguez Jurista José María Ybarra Industrial, ennob lecido Gonzalo Segovi a García Industrial, ennob lecido Elaboración p ropia. Fuen te: CALVO CAL VO, Manu el Ángel, El Universa l, diario político y el cantonalismo s anitario sevi llano, 1885. Un mo delo de pren sa al se rvicio d e las é lite s locales en lo s inicios de l a Restaura ción Antes del diseño bipartidista de Cá novas, los conserv adores sevillanos se habían integrado en un Cí rculo Alfonsino que más tarde conformaría la cúpula del Partido Conservador: de sus 23 miembros, 19 pasarían al partido, y 13 fueron parte de su comité provi ncial. Compuesto fundamentalmente por nobles y terratenientes – entre los que se incluía Enrique de la Cuadra como vocal – , tam bién tuvieron cabida , en menor medida, juristas de prestigio (Laraña) y empresarios (Gonzalo Segovia, 270 caso de Felipe Muruve (Los Palacios), Enrique Ternero (Marchena) y José Torres de la Cortina (Marchena), pertenecían a familias latifundistas y ganaderas dominantes en sus áreas que, de forma pragmática , habían repartido a sus miembros entre las distintas opciones políticas, asegurándose así una conexión segura con el poder resistente a los cambios de gobierno. Se trató de una estrategia al objeto de no perder contacto con el poder central y, por tanto, capacidad de intermediación, y por ello fue más fre cuente en los distritos rurales que en Sevilla capital, donde las grandes familias estaban plenamente identificadas con una opción política. En el caso de los hermanos Muruve, Faustino presidía el comité local conservador de Los Palacios, mientras que su hermano Joaquín lo hacía en el liberal y Felipe, en el romerista; los dos hijos de Enrique Ternero Benjumea, romerista, fr uto de su matrimonio con María del Rosario Ybarra, engrosaron las filas del conservadurism o sevillano. Lo mismo ocurrirá cuando se integre en el partido Julio Lafitte, cuyo hermano Rafael presidía el comité democrático sevillano. IMAGEN 19 . Miembros d el Pa rtido Liber al Reformis ta. De pie, ter cero por la izqu ierda, Enrique de la Cu adra . Sen tados, Romero Robledo y Alberto Bosch. Junto a De la Cuadra , probablemente , Julio Lafit te, Enrique Tern ero y Lor enzo Leal Fuente: Archivo de Fe rnando de la Cuad ra Durán 271 El partido llegaba a los comicios de 1886 con apenas seis meses de existencia y casi sin estructura territorial, lo que puede explicar su fracaso, al obtener solo once diputados e n toda España. Ni siquiera De la Cuadra se hizo con el triunfo en Utrera, llevándoselo el fusionista Miguel Muruve Galán 581 . Tras este revés, Romero decidió reforzar su posición aliándose con los izquierdistas de Lópe z Domínguez, procedente de la Izquierda Dinástica de Serrano. Surgió a sí el Partido Liberal Reformista, que muchos enten dieron como un p aso precipitado y carente de planificación, sin programa definido ni objetivos claros. La fusión se produjo a comienzos de 1887. En Sevilla, el Partido Reformista aprobó la fusión en la asamblea de 30 de enero, en la que nombró presidentes honorarios a Francisco Romero Roble do, José López Domínguez, y Enrique de la Cuadra . El partido de López hizo lo propio tre s días más tarde. Sin embargo , la unión se hizo de manera apresu rada y sin consensuar un programa común, lo que llevó a inevitables roces incluso antes de formalizarse. Así, los de López Domínguez se apresuraron a manifestar que, ideológicamente, lo que se había produci do era un acercamiento de los reformistas a sus tesis: mantenem os la inte gridad de nuestro programa político; que no renunciam o s a uno siqui era de nuestros antiguo s prin ci pios democrático s; que no se han modificado ni atenuado en un ápice los ideales, ni princ ipios de nuestra ba ndera: y que el señor Romero Ro bledo y sus amigos, guiados po r móviles levantados y altamente patrióticos h an aceptado nuest ro pr ograma político y han ingresado en n uestr o partido 582 . Con tales declaraciones, dejaban claro que la unión tenía mucho de coyuntural y oportunista. La falta de acuerdo a la hora de establecer unos principios comunes, no renunciando a ninguno a sus pr esupuestos ll evaría pronto a desencuentros entre ambas facciones. El primero de ellos se desató por el encaje de las client elas de los dos miembros más importantes del partido en Sevilla: De la Cuadra y Julio Lafitte Castro. La entente entre ambos tampoco fue todo lo c ordial que hubiese sido deseable; al menos, así lo destacaba La And alucía al com entar que mientras que desde El Cronista se afirma ba que el jefe del partido era De la Cuadra, los izquierdistas atribuían la jefatura a Lafitte. El origen de la confusión residía en que De la Cuadra había asumido la presidencia honorífica tanto del comité provincial como del local de Sevilla, mientras que Lafitte aparecía como presidente efectivo , lo que desembocó en una bicefalia que De la Cuadra había procurado evitar po r todos los medios 583 . 581 ACD, Docu mentació n Electoral, 1 04 nº 1. 582 La And alucía , nº 9.204 [22 de enero de 1887], p. 2. 583 La And alucía , nº 9.208 [28 de enero de 1887], p. 2; nº 9.216 [6 de febrero d e 1887], p. 2. 272 TABLA 69 . Comité pro vin cial del Partido Ro merist a en Sevilla, 1886 Nombre Cargo Presidente ho norario Francisco Romero Ro bledo Presidente efect ivo Enrique de la C uadra y Gibaja Secretario Ge neral Julio Lafitte Castro Secretario Seg undo Lorenzo Leal R amírez Vocales Enrique Ternero Benjume a José Torres de l a Cortina Agapito García d e la Aceña Juan Vázquez José Villa del Villar Fuente: La Andalucía , nº 9.022 [19 d e junio de 188 6], p. 3 Respecto a la co mposición del comité, sus individu os se caracterizan políticamente por su proce dencia del Partido Conservador, que habían abandonado para alcanzar mayores cuotas de poder e influencia provincial en el nuevo proyecto. Muchos habían iniciado sus carreras en los comienzos de la Restauración, cuando el marqués de Casa Gaviria deseaba crear una estructura provincial fuerte para el Partido Conservador. En ese momento, 1875, entrar ían en la Diputación sevillana De la Cuadra, Agapito García de la Aceña, Fausti no Posada y Torres de la Cortina, junto a los Ybarra, Tassara o Parladé. En los años posteriores, la influencia de los distritos rurales decaería a favor de las familias de la capital, lo que explica en bu ena medida la e scisión de 1886. En lo económico, nos encontramos ante grandes latifundistas y empresarios agrarios. Más que aristócratas, se debe hablar con más propiedad de una burguesía agraria ennoblecida, caso de Lafitte, marqués de Lugar Nuevo, o el propio De la Cuadra, con títulos nobiliarios obtenidos a fines de siglo. Muchos de ellos poseían ganaderías de caballos y reses bravas, símb olo de prestigio; desde luego, no debe de sdeñarse el carácter socializador de las ferias y muestras ganaderas que se multiplicaron en la provincia en el último tercio del XIX, las cuales les permitieron reconocer intereses comunes y establecer contactos que derivaron en una auténtica red de negocios y amistad, a veces sellada con alianzas matrimoniales. Compartían, en suma, la misma es fera económica y social. Como grandes propietarios, les unía la defensa del campo (especialmente en épocas de crisi s del sector, como la ocurrida a fines de la década de 1880), lo que les llevó a vincularse en una organización suprapolítica – en tanto que superaba las tendencias políticas anteponiendo los intereses económicos – , la Liga Agraria, que se planteó concurrir a los comicios provinciales. De la Cuadra y Lafitte fueron dos de sus principales impulsores, y probablemente intentaron, sin lograrlo, can alizar esas inquietudes de clase hacia el Partido Reformista. A pesar de que el centro de sus negocios estaba en el campo, procuraron diversificar sus negocios, invirtiendo en minas, ferrocarriles, aseguradoras, comercio, vapores y fábricas, lo que explica la presencia de hombres de negocios – sin vinculación directa con el ca mpo – en el comité romerista, caso de Agapito García de la Aceña. 273 Tras la disolución del partido, parte de los hombres del romerismo sevillano se reintegraron en el Partido Conservador, bien dentro de la ortodoxia (Enrique T ernero Benjumea, C arlos Aponte), bien dentro de la disidencia silvelista (Torres de la Cortina), mientras que otros abandonaron la polí tica para concentrar se en sus negocios. Por último, la composición del comité reformista da idea de su débil pen etración en las élites sevillanas: sus últimos vocales no pertenecían a la clase terrateniente y no había tenido carrera política previa, un auténtico “relleno” para alcanzar un número razonable de miembros. Entre ellos enc ontramos a peq ueños comerciantes, escritores y perio distas como Lorenzo Leal, quien pudo alcanzar un pa pel relevante debido a la escasez de miembros y, por tanto, de competencia. Asimismo, el poder de captación de De la Cuadra en el nue vo partido se limitó a un área geográfica muy concreta, la que define el propio cacicato de E nrique, más el distrito de Marchena y Sevilla capital, donde repescó a algunos de los conservadores que, como él mismo, habían sido ignorados por el comité. A continuación, se esbozan las biografías de sus componentes: - Julio Lafitte Castro (1846-1922). Pertenecía a la misma generación que Enrique de la Cuadra . Hijo de un empresario de origen francés, estudió derecho, dedicándose a la expl otación de sus pro piedades agrarias y a los ne gocios, entre los que destacó su fábrica de materiales de construcción en Sevilla, en la huerta de los Remedios. Políticamente, su trayectoria experimentó varios giros. Fue teniente alcalde en Sevilla a fines del Sexenio, inclinándose posteriormente por el Partido Liberal. En 1887 se integró en el Partido Reformista procedente de la izquierda de López Domínguez, continuando no obstante junto a Romero Robledo a la muerte de Cánovas. Fue ennoblecido casi a la vez que De la Cuadra , en 1895, al ser nombrado conde de Lugar Nuevo. - José Carmona y Ramos fue un abogado de prestigio, miembro de la junta de gobierno del colegio de abogados de Sevilla, de tendencias republicanas. En 1881 presentó su cand idatura al Ayuntamiento de Sevilla junto a Mi guel Bravo Ferrer, Fernando Sánchez Gómez , Antonio Benítez de Lugo y Telesforo Díaz González, siendo concejal del mismo y alcalde de Sevilla en 1907. Miembro de la Sociedad Económica Sevillana en 1895. Como Lafitte, llegó al Partido Reformista desde la izquierda, siendo uno de los principales ele mentos de discrepancia en el seno del mismo. Defendió en varias ocasiones a su compañero, Lore nzo Leal, en los múltiples juicios a los que fue sometido por su labor en El Cronista 584 . - Felipe Muruve Mong e (1841). Propietario y ganadero de Los Palacios, fue diputado provincial en 1880 en el distrito de Lebrija por el Partido Conservador. Formó parte de la Liga Agr aria. Amigo de Enrique de la Cuadra, estuvo vinculado al casino utrerano y a la herma ndad de Consolación de la que De la Cuadra era hermano mayor. Cuando el 584 La An dalu cía , nº 7.880 [21 de septiembr e de 1882], p . 3; El Glob o , nº 2021 [ 1 de may o de 1 881 ], p. 3; GÓMEZ ZARZUELA, Antonio, Gu ía de Sevilla , su provincia , Sevilla, 1883, p . 341; El Gua dalete , nº 16.1 77 [22 de mayo de 1907], p. 3; Diario de Córdoba , nº 13.235 [17 de nov iembre de 18 95], p. 3. 274 Partido Reformista se deshizo en Sevilla, se reincorporó al Conservador, siendo candidato a Cortes por el partido de Écija -Estepa y diputado provincial de Sevilla en 1895 585 . - Enrique Ternero Benjumea, natural de Marchena, era cuñado de otro de los hombres fuertes del romerismo s evillano, José Torres Díaz de la Cortina. Poseía ganados bravos, caballos, cerdos y ovejas. En política, fue diputado provincial suple nte en 1870, por e l Partido Conservador y miembro de la Junta de Agricultura, Industria y Comercio de Sevilla en 1874 586 . El sector militar estuvo representado por el gaditano Lut gardo de Aramendi y Paulé, del que se conservan pocos datos, más allá de su grado (coronel de ar tillería) 587 ; Antonio de Bardaxi Moreno Navarro (m. 1913) , comandante que, tras el fracaso del romerismo, fue concejal en Sevilla en 1897, reintegrado en el Partido Conservador 588 ; y José Villa del Villar, coronel del ejército. Anteriormente hab ía sido vocal en la Junta de Contribuyentes de Sevilla, al que pertenecía la élite conservadora sevillana, y presidió el Casino Militar de la ciudad. Fue candidato del partido al Ayunta miento de Sevilla, obteniendo una c oncejalía en 1889 589 . Una buena porción de las voc alías del partido estaba ocupada por hombres de negocios y comerciantes, como Antonio Díaz y Cos, con almacén de coloniales y línea de vapores en el Guadalquivir 590 , Modesto García Espinosa, comerciante y propietario, del que no se han hallado más datos sobre su carrera en política 591 y José Gutiérrez Quint ana, co n negocio en la calle A driano 592 . Pero sin duda, el empresario de más éxito fue Agapito García de la Aceña, almacenista de coloniales que pronto diversificó sus negocios, apareciendo en 1860 como accio nista de una compañía minera, Nuestra Señora del C armen. En 1881 era vocal de la Junta de Obras del Puerto de Sevilla y en la Junta de Agricultura, Comercio e Industria . Invirtió en ferrocarriles (Compañía de Fe rrocarriles Extremeños), banca y co mpañías de seguros, destacando la Previsión Española, de la que f ue nombrado presid ente en 1888 (en la misma eran socios accionistas Enrique de la Cuadra y Gregorio de la Maza). En 1887 invirtió en la compañía minera del Castillo de las Guar das, donde coincidió de nuevo con Enrique de la Cuadra y Julio Lafitte. En 1885 abandonó sus negocios de comercio, traspasándoselos a su antiguo apoderado, Telesforo Díaz González, quie n también figura en l a compañía del Castillo de las Guardas y fue parte de la candidat ura con la que José Carmona Ramos se presentó al Ayuntamiento de Sevilla. Su carrera 585 La Andalucía , nº 10.893 [25 de ago sto de 1892], p. 3; La Andalucía , nº 11.846 [5 de nov iembre de 1895], p. 2. 586 La And alucía, nº 5.055 [16 de abril d e 1874], p. 3. 587 La And alucía , nº 8.315 [17 de febrero d e 1884], p. 3. 588 Diario Oficial d el Ministerio de la Guerra , nº 224 [2 de octubre de 1913], p. 14. 589 La And alucía , nº 9.126 [21 de octub re de 1886], p. 3; n º 10.098 [5 d e enero de 1890], p . 3. 590 DE L MORAL ITUA RTE, Leand ro, La ob ra hidráulica en la cu enca del Bajo Guadalquivir (siglos XVIII -XX). Gestión d el agua y organizació n del territorio , Sevilla, Un iversidad de Sev illa, 199 1, p. 231. 591 GÓMEZ ZARZUEL A, Anton io, Gu ía de Sevilla , su provincia, 1898 , Sevilla, 189 8, p. 540. 592 GÓMEZ ZARZUEL A, Anton io, Gu ía de Sevilla , su provincia, 1897 , Sevilla, 189 7, p. 59. 275 política previa se limitó a un escaño provincial por Cazalla de la Sierra en 1874. Los propietarios ganaderos sin exp eriencia política previa abundaron en el comité, sin d uda reclutados por De la Cuadra y Lafitte como compromiso personal. Entre ellos destaca Carlos Aponte Pickman, integrado en el círculo de amistades de De la Cuadra, Lafitte y Muruve, desde que en 1880 coincidiera con ellos en la Liga Agraria de Sevilla. Tr as el experimento romerista, fue concejal del Ayuntamiento de Sevilla en 1895 por el Partido Conservador 593 . Otros ganaderos fueron Luis Cívico Benjumea, perteneciente a una familia t errateniente de Palma del Río, con predios en Utrera (Los Alguaciles); Anastasio Martín Suá rez, de Cori a del Río; Carlos Conradi Galín, de Sevilla (1836) otro reciente ganadero, pues había comprado sus reses en 1884 a Ángel González Nandín y a Rafael Lafitte. Poseía tierras en Hinojos, Almonte, La Puebla y Coria. José de la Cáma ra y Canaleta, de Sevilla, era dueño del cortijo del Torbiscal y de la dehesa boyal, ambos en Utrera. C onocía a Julio Lafitte, a quién compró su ganadería 594 , y a Enrique de la Cuadra , ahijado de su padre. Francisco Fernández de Córdoba, propietario y labra dor, pasó a las filas del silvelismo tras el fracaso del reformismo 595 . Cerraba Manuel Serafín Gómez Cabrera, empleado de la compañía minera del Castillo de las Guardas, que al parecer no tuvo relevancia política alguna. Fuera del comité, otra figura influyente fue Prudencio Mudarra y Párraga, marqués de Campo Ameno, catedrático de Lengua en la universidad sevillana, y su rector a partir de 1891. Le unía una buena amistad con Romero Robledo, al que sigu ió vinculado cuando este se reintegró en el Partido Conservador. Respecto a la provincia, los esfuerzos de De la Cuadra fructificaron en la creación de 25 comités locales, la m ayoría constituidos gracias a su influencia sobre su clientela de áreas como Morón, Arahal o Las Cabezas. Pero se trataba de una estructura más teórica que real, poco comprometida, y como tal se desmoronó junto con el resto del partido en pocos años. 593 La And alucía , nº 9.608 [23 de mayo de 1888], p. 3. 594 La And alucía , nº 9.292 [8 de mayo d e 1887], p. 1. 595 El Noticiero S evillano , n º 1.625 [20 de septiembre de 18 97], p. 1. 276 TABLA 70 . Prosopog rafía del Partido R eformista sevill ano, 1887 Nombre Local. Profesión Exp. política previa Negocios Ganade ría L. Agr ar Enrique de la Cuadra Utrera Propietario, industrial C Tierras, aceite, fábricas, minería Caballo s Sí Julio Laffite Castro Sevilla Propietario, industrial Liberal Tierras, fábrica Toros Sí José Carmona Ramos Sevilla Abogado Repub. Jurisprudencia No No Felipe Muruve Los Palacios Propietario, ganadero Tierras, ganado Toros, caballo s Sí Enrique Ternero Benjumea Marchena Propietario, ganadero C Ganadería Toros, caballo s Sí Carlos Aponte Pickman Sevilla Ganadero C Ganadería Caballo s Sí Luis Cívico Benjumea Palma del Río Propietario, ganadero No Ganadería Toros, caballo s ¿? José Villa del Villar Sevilla Militar Carlos Conradi Galín Sevilla Ganadero No Ganadería Toros ¿? Lutgardo Aramendi Cádiz Militar No No No No José de la Cámara Canaleta Sevilla Propietario, ganadero No Tierras, ganadería Toros Sí Antonio de Bardaxí Sevilla Militar C No No No Antonio Díaz Cos Sevilla Comercio No Comercio, vapores No Modesto García Espinosa Sevilla Propietario No Comercio No No Agapito García Aceña Sevilla Comercio C Banca, seguros, minas, banca No No José Gutiérrez Quintana Sevilla Comercio No Comercio No No Francisco Fdez. de Córdoba Sevilla Propietario No No No No Manuel Serafín Gómez C.Guardas Empleado No No No No Elaboración p ropia a part ir de L a Andalucí a y El Noticiero Sevillano El momento de mayor entusiasmo se produjo en la primavera de 1887, cuando Rome ro Robledo realizó u n viaje por Andalucía en el que fue cumplimentado por los recién nombrados comités locales. De la Cuadra, como hombre fuerte del partido en Sevilla, se mostró muy implicado y costeó e l desplazamiento de los 25 presidentes locales de la provincia, junto al director de El Cro nist a, Lorenzo Leal, y B enito Más y Prats, hasta Antequera para recibir al político, que viajaba acompañado por Alberto Bosch, e l marqués de la Oliva y Pérez Cossío 596 . A fines de abril, Romero se hospedó en la casa de De la Cuadra en Utrera, organizándosele un gran recibimiento que incluía arcos de flores, banda de música y la asistencia de comisiones de varios pueblos, más veinte carruajes, y la visita a las principales obras ejecutadas por el utrerano: la restaurada parroquia de Santiago, el teatro La Scala, donde la compañía del teatro del Duque puso en escena L a Mascota , y el casino, concluyendo con un gran banquete en la casa del anfitrión para la cúpula del partido 597 . Sin embargo, la prensa canovista hacía constar que al 596 La P az, nº 9.166 [13 de abril de 1887] , p. 1. 597 El Gua dalete , nº 9.542 [30 d e abril de 188 7], p. 2; La Política , nº 50 [30 de abril de 1887], p . 2. 277 recib imiento en Utre ra de Romero Roble do no acudió “ningún amigo del sr. Lafitte”, insistiendo en las malas relaciones entre los dos grupos que formaban el nuevo partido 598 . En efecto, la pugna entre De la Cuadra y Lafitte, que se reivin dicaba a sí mismo c omo je fe del partido, prosiguió a lo largo de 1887 y 1888, siendo tan aireada que la prensa escribía: En Sevilla no ha de caus ar gran resonancia el rompimient o de los jefes del r eformi smo, por cuant o los elementos romeristas y do m inguistas, para nadie er a un secreto que n un ca marcharon acordes y que el mar de fondo, que en tod o tiemp o ha reinad o entre ellos, e r a inten so 599 . De este modo, los re formistas se reunían en Sevilla para certificar la separación del partido del general López Domínguez, reconocer a Romero Robledo como jefe único del partido y proclamarlo como presidente de honor de los comités locales y provincial de Sevilla 600 . El resultado del divorcio se dirimió en las elecciones provinciales de 1888, cuando los fusionist as presentaron por el distr ito de Utrera al marqués de las Cuevas y Arias Reina que, junto al conservador Manuel Bedmar, fueron elegidos. Ni siquiera en su propio feudo, para el que había presentado a Miguel Vega, conseguía un escaño De la Cuadra. De hecho, el reformismo no pudo hacerse con ninguno de los 18 escaños provinciales, eviden ciándose su completo fracaso. A la postre, el nuevo partido constituyó una decepción. Tuvo una existencia corta, caracterizada por la precariedad y las deserciones, de modo que se disolvió en 1889. En la primavera de ese año, el Partido Reformista andaba en el desconcierto ante las declar aciones de Romero Robledo a l a prensa: en marzo, p arecía ofrecerse a Sagasta ante la crisis d e gobierno, y más tarde, con el hundimiento del liberal, dejaba entrever un acercamiento a su antiguo jefe de filas 601 . Al final, los líderes del partido acabaron reintegrándose en sus antiguos partidos: Romero Robledo, en el conservador, y López Domínguez, en el liberal. En 1891, reunido en casa del marqués de Campo Ameno el c omi té para aprobar los ca ndidatos con que se presentaría a las el ecciones ( De la Cuadra, por Utrera, Torres Díez de la Cortina por Marchena, y Lafitte, por Sevilla), se produ jo una discusión en la que el abogado Jos é Carmona rechazó el liderazgo de De la Cuad ra , apostando por Lafitte. El nuevo vicepresidente del comité, Villa del Villar, secundó a Carmona. Roto el consenso, se presentó el caso a Romero Robledo, que entendió que lo más aconsejable era retirar la candidatura. R omero Robledo, ento nces, pactó con los conservadores el encasillamiento de De la Cuadra co mo senador por Sevilla. No obstante, en las elecciones se asistió a un nuevo episodio de resistencia local a los designios del partido; los conservadores sevillanos no olvidaron las veleidades de De la Cuadra y apoyaron al liberal Francisco Ruiz Martínez, que resu ltó vencedor. Desde el gobierno se culpó de esta insubordinación al gobernador de Sevilla, que fue 598 La And alucía , nº 9.285 [30 de abril d e 1887], p. 2, citando al diario El Orden . 599 La And alucía , nº 9.587 [27 de abril d e 1888], p. 3. 600 La luch a , nº 3.4 86 [10 de mayo de 18 88], p. 1. 601 La Dina stía , nº 3.2 18 [13 de marzo de 1889], p. 1. 278 destituido 602 . Pero De la Cuadra, que había renunciado a presentar candidatura al Congreso por un escaño en el Senado, cosechó una última decepción que le llevó a abandonar la política, a pesar de que Romero le intentara persuadir de lo contrario: "el abandonar la dirección de los amigos sería en éstos y en él consentirlo una falta de buena volunta d, complaciendo así a los conservadores en pago a su indignidad” 603 . Aún a fines de 1891, De la Cuadra acudía, al frente de las comisiones de Écija y Sevilla, a arropar a Romero en su visita a Córdoba 604 . Obedeciendo su s órdenes, la cúpula del partido ( De la Cuadra, marqués de Campo Ameno, Villa del Villar y José Carmona) intentó un acercamiento a los conservadores a fines de 1891, ofreciéndose incondicionalmente al gobernador Vivancos . Algunos reformistas, como se ha dicho, terminaron reintegrándose en las filas conservador as, pero De la Cua dra, cabeza visible de la disidencia, decidió retirarse definitivamente de la política 605 . La causa principal del fracaso del Partido Reformista fue la falta de confianza de las élite s provinciales en el proyecto de Romer o Robledo, sin corpus ideológico que lo diferenciara del canovista ni cercanía a los mecanismos centrales de control del encasillado. El Partido Conservador se hallaba plenamente consolidado y sus redes clientelares se extendían por toda la geografía estatal, mientras qu e el Partido Reformista, carente de propuestas distintivas y, sobre todo, de estructura y lazos reales con el poder, no pudo romper el bipartidismo de la Restauración. El factor de cohesión entre sus miembros fue el mantenimiento o ampli ació n de sus respectivos sistemas clientelares, por lo que, demostrada la escasa utilidad del partido para dicho fin, se p recipitó su descomposición. En Sevilla, la capacidad de captación de Enrique de la Cuadra demostró ser limitada. Consiguió atraerse, momen táneamente, a varios caciques locales, como Muruv e en Los Palacios o T orres de la Cortina en Marchena. Algunos de ellos poseían experiencia política previa, pero la mayoría no, y se identificaban más por intereses de clase, al ser grandes la tifundistas y ganaderos, que incluso encontraron un vínculo más fue rte – y que superaba las divisiones de partido – en la Liga Agraria. 4.3.4. El “buen cacique” Y, en efecto ¿quién, sino él sostie ne en la actualidad a u na porc ión considerab le de familias con el p ro duc to de sus t r abajos en las obras que de continuo emprende, unas parti cula res, y las más, en beneficio de la localidad? ¿Quién, si no el citado señor, cediend o al impulso de sus nobilísi m os sentimie ntos, u ne con más prodigalidad en tiemp o calamitos o s, a socorre r a los desvalid os, dándoles a ellos alimen to, para que n o pereci er an, víctimas del hambre? Semejant es razones, y o tr as que omitimo s en obsequ io a la brev edad, hacen que rechace m os, indignados , 602 ACOSTA SÁNC HEZ, Fran cisco, “La elec ción d e senadores…”, p. 1 27. 603 Citado po r DE LA CUADRA DURÁN, Fern ando , Do n Enrique de la Cuad ra …, p. 45. 604 Diario de Córdoba , nº 11 .880 [3 de diciem bre de 1891 ], p. 3. 605 La Ib eria , nº 12 .043 [25 de julio de 1890], p. 2. 279 aquellas censuras e interpretac iones; seguros de que la m ayo ría de la población, rendirá un tr ibuto de gracias a su hijo predi l ecto, el s eñor don Enrique de la Cuadra, un ido a las bendiciones que de continuo recibe y recibirá de la clase tra bajadora. Felipe Rodrí g uez Gutié rrez . 606 El concepto del caciquismo ha experimentado una renovación historiográfica gracias a los estudios realizados durante la década de 1990 y comienzos del nuevo siglo. Ya Javier Tusell rechazaba, en los años 70, la visión mono lítica del cacique como elemento opresor y sin escrúpulos y planteaba la figura del “buen cacique”, jefe local que repartía favores generosamente y cuya acción resulta beneficiosa para el pueblo 607 . Esta visión ha sido matizada y enriquecida por trabajo s posteriores que, en líneas generales, coin ciden en problematiz ar la visión tradicional del caciq uismo, heredera del pensamiento de Cos ta: mayoría pasiva y analfabeta frente a una élite manipuladora, dominación de clase, valoración moral del sistema. Frente a esta óptica, se ha impuesto otra que subraya el ca rácter voluntario y transaccional del sistema 608 . Asimismo, los estudios de Caro Cancela ponen el foco en el origen isabelino del sistema de relaciones del caciquismo, consistente en un Estado moderno con una sociedad civil poco desarrollada que vehiculiza su relación con el Estado mediante estructuras previas. Se llega a matizar la vinculación entre caciquismo y tierra, poniendo de relieve que en realidad se trata del control del mercado de trabajo (fundam entalmente el campo, en efecto, pero también áreas industriales o miner as) 609 . Moreno Luzón señala que el clientelismo se define por sus relaciones informales, distintas – o paralelas – a las oficiales, y se basa en el intercambio recíproco de bienes y servicios entre dos individuos. El patrón ofrece bienes materiales, protección y acceso a recursos; el cliente, servicios personales, lealtad y apoyo. Se trata de relaciones ve rticales, en las que hay una clara diferencia entre la capacidad de negociación de unos y otros: la relación se basa precisamente en su muy distinto nivel de acceso a los r ecursos. A pesar de su carácter in strumental, habitualmente comportaban algún elemento afectivo 610 . Respecto a la vertiente política del cacique, la bibliografía insiste en su carácter intermediario, entendido como un vínculo que comunicaba el poder central con sus respectivas clie ntelas. Ese papel suponía un cambio respecto a la etapa anterior, en la que la comunidad local se concebía como un circuito cerrado en el que el jefe local ejercía 606 La And alucía , nº 9.427 [19 de octub re de 1887], p. 2. 607 TUSEL L GÓM EZ, Javier, Oligarqu ía y caciquismo en Andalucía, 1890 -1923 , Barcelona, Pl aneta, 1 976, p. 330. 608 MAZA CASTÁN, Virg inia, “I mportancia de la Historia local en el estud io y car acterización del caciquismo o clien telismo político en la España isab elina”, en RUIZ CARNICER, Migu el Áng el y FRÍAS CORREDOR, Carmen (coo rds.), Nuevas tenden cias h istoriográficas e historia loca l en Esp aña: actas del II Congreso de Historia Loca l de Arag ón , 2001, págs. 9 9-106 ; GUE RRA, Fran çois- Xav ier, “Lo s orígenes sociocultu rales del caciqu ismo”, Anuario IEHS : Instituto de Estudios h istórico socia les , nº 7, 19 92, pág s. 181 - 195. 609 PEÑA GUERRERO, María Antonia, “Caciquismo. L a mistificación del poder”, Andalucía en la Historia , nº 5 0 [octub re de 2015], pp. 80 -81. 610 MORENO LUZÓN, Javier , “Teoría del clientelismo y estudio d e la p olítica caciquil”, Revista de Estudios Po líticos , n º 89 [1995], pp. 191 -224, p. 194. 286 como protector de la comunidad, para la que procuraba mejoras materiales. De ahí que convirtiese parte de su capital económico en capital reputacional, una inversión en prestigio y reconocimiento popular que, en el caso de De la Cuadra , alejan su figura de la visión regeneracionista y la acercan al arquetipo del “buen cacique ”. Enrique de la Cuadra , cuya capacidad de intermediación con el poder central fue limitado – su trayectoria política es la historia de su pugna por conseguirla – tuvo que construir su imagen benefactora con sus propios recursos, lo que explica en buena m edida su ruina final. En primer lugar, cultivó una buena relación con la Iglesia. Integrado en la hermandad de Consolació n a través de su ami go Manuel Sánchez Silva, asumió como empresa personal la revitalización del culto a la patrona de la población, para lo que colaboró con el arzobispado. No solo eso, restauró por completo el templo, concediéndole su aspecto actual. A la vez, empleó grandes sumas en su parroquia, Santiago el Mayor, y en el vecino convento de la Concepción, que reedificó. El Papa León XIII le reconocería su labor otorgándole el título de marqués de Gibaxa. Además, estableció instituciones caritativas, asumiendo así el pa pel de los hospitales eclesiásticos desaparecidos con la desamortización. En marzo de 1890 s e creaba en Utrera una “t ienda - asilo”, para atención de mayores pobres, costeada por el p ropio De la Cuadra 620 . En Sevilla fundó una Sociedad Protectora de Pobres, que repartía pan mediante papeletas 621 . Una de las mejoras que el cacique podía ofrecer a su comunidad era la creación de escuelas. Clemente de la Cuadra ya intervino en este sentido, concluyendo la escuela primaria de Utrera y fundando una para niñas en su localidad natal, Rasines. Enrique, desde su primera incursión política, como concejal en 1870, formó parte de la comisión de Instrucción Pública que proyectó un instituto de enseñanza secundaria en Utrera que, dirigi do por el sacerdote Modesto del Castillo, se llamaría Rodrigo Caro 622 . Más adel ante, estableció premios para los alu mnos con mejores expedientes académicos. Asimi smo, ofreció su cortijo de Las Torrecillas a la Dip utación sevillana para instalar en el mismo una escuela agraria, verdadera preocupación de los políticos de la Restauració n, y cedió un terreno anexo a la estación de ferrocarril para que la compañía instalase allí sus talleres y almacenes, lo que redundaría en beneficio de la ciudad. Enrique de la Cuadra prestaba dinero al Ayuntamiento de U trera para la ejecución d e obras. Durante la década de los och enta, De la Cuadra había adelantado al municipio, y otras veces había pagado directamente, el alca ntarillado de las calles Sánchez Silva, Santa Clara y Cuartel; y el adoquinado las calles Preciosa, Santa Clara, Sevilla, Doctor 620 La And alucía , nº 10.165 [26 de m arzo de 189 0], p. 3. 621 La And alucía , nº 9.413 [2 de octubre de 1887], p. 3. 622 AHM U, Actas Cap itulares, Li bro 10 7, f. 25 [19 de junio de 1870]. Los gastos de la escuela se estimab an en 4 .496 escudo s, mientras que po r matrículas se pronostic aba ingr esar apenas la mitad, de man era qu e el Ayuntam iento asumiría la diferencia. 287 Pastor, Arco de Sevilla, Perafán de Ribera, Sánchez Silva, Duque, Ginetes , Sacramento, Doña Juana González, Garci-Gómez, Santa Brígida, Cazorla, Plazuela de Gibaja y Plaza de la Constitución. Aco rdó con el Ayuntamiento dirigido por su administrador, Pedro Rivas, la apertura de una nueva calle que saldría del derribo de una de sus propiedades, a la que rotularía con el nombre de “ Clemente de la Cuadra ” 623 . Asimismo, adelantó un porcentaje amplio del alumb rado público (ali mentado por su fábrica de gas). En to tal un importe de 487.125 reales 624 . Para se ptiembr e de 1889, el consistorio tenía contraída una deuda con el mismo de 28.585 pesetas, que decidió no cobrar a cambio de que se empleara en el socorro de pobres mediante la compra de medicinas, ropa de invierno, herramientas, rescate de quintos, pago de deudas y adoquinado de dos calles (Marcos Pérez y porche de Santa María). De la Cuadra, que exponía tales mandatos en un escrito, indicaba incluso al Ayuntamiento qué concejales debían gestionar cada parti da, quedando así d e relieve su poder en la esfera local 625 . La línea ferroviaria de Utrera con Sevill a, Cádiz y Jerez, más el ramal hacia Morón y Osuna, habían si do construida en la década de 1860. De la Cuadra quiso proporcionar un acceso digno a la e stación, en lo que imaginaba como bulevar al estilo parisino, racional, de líneas rectas que favoreciesen la perspectiva, y lugar de paseo para los vecinos. De este modo, eliminó unas casas y huert as de su propiedad, creando la llamada Vía Marciala en honor a su mujer, con 20 metros de anchura y arboleda en la que planteaba la construcción de casas, baños públicos, un lavadero público, un mercado en hierro de forja, jardines, biblioteca pública y salas de asilo 626 . Pero donde el cacique ganaba voluntades de manera más eficaz era a través de los favores personales. El eje mplo más claro de es ta inversión en capital reputacional la encontramos en una noticia qu e recoge el periódico El Cronista (luego reproducida por La And a lucí a ), según la cual De la Cuadra costeó la curación de un pequeño de la localidad al que había mordido un perro hidrofóbico, para lo que lo trasladó hasta el instituto Pasteur de París, en el que fue efectivamente sanado 627 . Otro ámbito donde ejercía estos favores personales se daba en la redención de jóvenes del servicio militar, en los que valoraba la pobreza d e la familia y los méritos de los mismos. De la Cuadra inauguró esta práctica nada más comenzar su carrera política como concej al, librando a todos l os quintos correspondientes a Utrera de 1872 628 . Estos favores se exten derían a otros aspectos que, a pesar de no dejar constancia escrita, parecen seguros: intermediación con la administr ación local, obtención de trabajo 623 AHMU, Actas Capitu lares, Li bro 108, f. 10 [9 de o ctubre de 1875]. 624 El Gua dalete , nº 8.880 [ 4 de marzo d e 1885], p. 2. 625 La And alucía , nº 10.019 [29 de septiemb re de 18 8 9], p. 2. 626 El Gua dalete , nº 9.258 [28 d e mayo de 1886 ], p. 2. 627 La And alucía , nº 9.300 [18 de mayo de 1887], p. 3. 628 La An dalucía , nº 1 0.176 [9 de abril de 1 890], p . 3; SEGOVIA, Áng el Ma ría, Figu ras y Figuron es , vol. 19, Ma drid, Imprenta de Enrique Jaramillo, 1 881 , vol. XIX, p. 192. 288 de manera directa o por recomendación a uno de sus clientes, perdón de deudas e incluso cesión de terrenos 629 . En retribución, la sociedad otorgaba al cacique reconocimiento, prestigio y lealtad. La propia prensa – y no únicamente la adicta – no dudaba en resaltar a De la Cuadra como protector y benefactor ejemplar: cuando L a And alucía , se refería a la labor de Guillermo Sundheim en Huelva, afirmaba: “a semejanza de lo que está haciendo en Utrera el señor De la Cuadra, ha dotado a Huelva de edificios notables y suntuosos” 630 . El mismo periódico señalaba en otro número nos contenta mos con hacer nuestras com paraci ones, con otra modernísi ma ciudad, en clavada dentro de esta provincia, la cu al, co n el tiempo y por la iniciativa de un solo hombre, patriótic o como po cos, llegará no solo a hombrearse con Sevilla, sino que si seguimo s como vamos, andando para atrás, conseg uirá adelanta rnos en much o : nos referimos a la in media ta ciu dad de Utrera. En marzo de 1888, el Ayuntamiento pr esidido por José An tonio Cuéllar y Caraza – uno de sus clientes – c olocó una lápida conmemorativa en la casa natal de Enrique de la Cuadr a 631 . En 1892, Romero Robledo intentó compensar los esfuerzos de De la Cuadra con el Partido Reformista impulsando, desde el ministerio de Ultramar – una anomalía administrativa, pues tales gestiones co rrespondían a Gobernación – , concediéndole el título de marqués de San Marcial. En sus crónicas, los diarios sevillanos alababan su amor por Utrera, a la que había transformado de “una villa abandonada” a “uno de los pueblos más bellos de la provincia de Sevilla”. Cuando la noticia se extendió por el pueblo, los vecinos se congregaron, espontáneamente, frente a su residencia, mientras que las iglesias hicieron tañer las campanas, en lo que puede constituir la mejor estampa de De la Cuadra como “buen cacique” 632 . 629 MI LLÁN HIDALGO, Ma nuel, La filan tropía d el marqués …, p . 9. El autor señala q ue De la Cuadra le cedió unos terrenos en la Vía Marciala para c on struir cin co v iviendas, y reproduce un a ca rta del mismo que conclu ye : “Otra co sa, antes de con cluir: ¿puedo contar con su voto en las próximas elecciones?” Millán, que se declaraba demócr ata, le neg ó el voto, lo q ue – según su versión – d esató las iras del p rimero contra él. 630 La And alucía , nº 9.749 [8 de noviembre de 188 8] , p. 2. 631 La And alucía , nº 9.556 [21 de marzo de 1888], p. 3. 632 La And alucía , nº 10.810 [13 de may o de 1892], p. 1. 289 IMAGEN 20 . Título d e concesión de l marqu esado de San Marcial Fuente: Univer sidad de S evilla Un patri cio como don Enrique de la Cuadr a y su ilustre y virtuosísi ma esposa, que por dond e quiera que van les siguen las bendiciones de la miseria aliviada y del infortuni o soc orrido, que tantas lágri mas han enjugado y enjugan, que tanta sangre han redimido, librando a centena res de hombres del servicio militar . ¿ Qué títulos más grandes pueden alcanza rse en esta vida, que los qu e posee el señor De la C u adra ? Una inmensa fortuna y un alma tan grande y generosa para emplea r aquella en colosa les o bras de utilidad pública y llevar la alegr ía y la felicidad con s u car i da d inagotable a casi toda u na comarca, mereci endo de ésta que en cada pec ho se levante un altar formado por inmensa gratitud, don de consta ntemente se r inde resp etuoso y cariñosísi mo cult o al eximi o hijo d e Utre ra 633 . A su muerte quedaban inconclusos varios proyectos: la traída de aguas, la construcción de un mercado de abastos con columnas de fundición hechas en París y un jardín a la inglesa 634 . Por el lado opuesto, existe algún testimonio de la faceta de De la Cuadra ejerciendo coacciones a individuos contrarios. De sde luego, la corru pción en el sistema electoral ya estaba instalado en los comicios del dis trito desde los mismos inicios de la Restauración, de muy diversas maneras: más 633 La And alucía , nº 10.812 [15 de may o de 1892], p. 2. Carta firmada por M. M. R. 634 El Gua dalete , nº 9.960 [2 de septiembre de 1888], p. 3. 290 allá de los individuos provistos de basto nes o guardias civile s vestidos de paisano, se adelantaban los horarios de votación, se impedía el paso de determinados electores o se colocaba en las mesas a pers onal de la administración que c oaccionase a los vota ntes (en 1881, por ejemplo, con el turno progresista, e l inspector de cons umos avisaba a los i ndustriales a quién votar) 635 . Si la pertenencia a l a red clientelar ofrecía ventajas materia les y sociales, la exclusión de la misma condenaba al individuo. En 1888 cedió, sin mediar contrato, unos terrenos en la Vía Marciala a Man uel Millán, con quién tenía cierta amistad. Este, que se declaraba republicano, le negó el voto que expresamente le pidió el primero, lo que – según su versión – desató las iras del cacique, que recuperó los terrenos, se encargó de difamarlo a través de su red clientelar y lo llevó a juicio, haciendo que tanto el defensor como la acusación (su primo Mi guel Vega) se pusieran de acuerdo contra Millán, que tampoco encontró amparo en las autoridades locales ni en el juez; tanto fue así que ningún abogado de la población quiso defenderlo, teniendo que recurrir al ju ez de Morón para conseguir un letrado. En carta remitida a su abogado, De la Cuadra ofrecía una versión de los hechos compl etamente distinta y amenazaba destruir la reputación de Millán, aireándola en los periódicos 636 . Manu el Millán, arruinado, colocó dos explosivos en la casa del abogado Miguel Vega, lo que precipitó un trágico final, pues fue juzgado y murió en la enfermería de la cárcel en 1896 637 . 4.4. El reinado de Alfonso XIII: Fernando y Federico de la Cuadra Sáinz de la Maza Fernando de la Cuadra y Sáinz de la Maza, II marqués de San Marcial (1868 -1940), y su hermano Federico (1871 -1947) heredaron una situación económica bien distinta de la de su padre. Este, como se ha visto, había contraído numerosas deudas que debieron ser pagadas con la venta del patrimonio familiar a lo largo de más de dos décadas. Ambos hermanos habían estudiado leyes, aunque el primogénito mostró desde joven inclinaciones artísticas, estudiando escultura junto a Antonio Susillo y habiendo realizado obras de gran interé s. Esta etapa de decadencia económica coincide con la de mayor proyección política de la familia, que se basó más en el prestigio a cumulado por las generaciones anteriores que por su riqueza y patrimonio reales, en franca decadencia. Así, Fernando manifest aba, en un mitin electoral en 1900: “ Vengo para 635 APNU, Enrique López Lacarra, 1881 [29 de julio de 1881], f. 1179 y siguientes. El candidato conserv ador Francisco Delad o Zuleta enum era una serie de fraudes y coacciones co metidos en los comicios utreran os, cometidos con la aquiescen cia, cuando no d irectamente promovidos, por el alca lde, José Gómez Pico. 636 MILLÁN, Manuel, La filan tropía del marqués de San Marcial, Excmo. Señor D. Enrique de la Cuadra o el Creso d e la ciudad de Utrera, Sev illa, Imp renta de A. Resuche, 1893, p. 15. Se refiere al periodista Julio Fernán dez Ma teos, director del diar io El Motín , de carácter rep ublicano. 637 El Noticiero S evillano , n º 1.176 [22 de junio de 1896], p. 2. 291 dos fines. Primero, para defender los inte reses del pueblo. Segundo para perpetuar la memori a de mi padre”; de ig ual modo, cuando venció en las elecciones de 1900, El Noti c iero Sev illano señalaba: “Nuevo en p olítica, no tiene hechos salientes que nos sirvan pa ra hacer larga historia, pero su abolengo es tan digno de mención […] que mucho ha de ganar el distrito” 638 . Sus centros de interés fueron heredados de su padre, com o la defensa y modernización del olivar, de manera que, como candidato, participó en mítines y reuniones del sector 639 . Cuando, hacia 1915 se certifica su completa ruina, terminó no solo su carrera polític a, sino toda una trayectoria familiar de tres generacio nes. Mientras que Fernando era llamad o a la política nacional, Federico ocupó la alcaldía de Utrera en varias ocasiones a comienzos del siglo X X. Los Ayuntamientos españoles habían heredado de época isabelina una concepción centralista que los convertía en meras instituciones administrativas 640 . Ese doble ámbit o político, que aseguraba los mecanismos de control del distrito en manos de una familia, no era infrecuente en la p olítica de la Restaura ción 641 . Por último, con esta tercera generación fam iliar los vicios del sistema de l a Restauración salieron a la superficie. Los engranajes i nternos del sistema, aceptados con naturalidad en la etapa precedente, necesitaron ser forzados al límite para que siguieran funcionando, y la prensa se encargó de visibilizarlos: manipulaciones elec torales, cultura del favor e intervención de las autoridades para destituir o reponer a diputados y alcaldes en sus puestos. El cambio de siglo asistió a una mayor agitación laboral, con huelgas en el campo provocadas por el desempleo y los bajos salarios, fenómeno que cristalizó en la formación de círculos obreros en varios pueblos de la Campiña, como Utrera, Marchena, Alcalá, Morón, Paradas, Mairena o Carmona, y donde, con el avance del siglo, aumentó la conflictividad social, muy presente en Utrera a partir de 1902 642 . Desd e 1891, en que Enrique abandonó definitivamente la política, hasta 1899, encontramos un hueco en la trayectori a política de la familia De la Cuadra: los tres últimos años de la vida de Enrique, y los primeros años de Fernando, ocupado en salvar los restos del patrimonio familiar, retrasaron su participación pública hasta 1899, reintegrándose en el Partido Conservador. El romerismo, por su parte, siguió siendo una corriente dentro del moderantismo, y antiguos compañeros de Enrique, como La fitte o el marqués de Campo Ameno siguieron en la misma 643 . 638 El Noticiero S evillano , n º 2.414 [16 de febr ero de 1900], p. 1. 639 La Correspond encia de España , nº 16 .086 [21 de febrero de 19 02], p. 2. 640 T USELL GÓMEZ, Jav ier, Oliga rquía y ca ciquismo en Andalucía (1890 -192 3), Barcelona, Plan eta, 1976, p. 82, 641 LÓPEZ VILLA, Antonio , “Los diputado s a Cortes p or el d istrito electoral de Utrera durante la monar quía d e Alfon so XIII”, en FÍLTE R, José Anto nio ( coord..), Actas de las I X Jorna das de Historia de la provin cia. El B ajo Gu adalquivir entre los siglos XVIII y XX , Sevilla, Asociació n Sevilla na d e Cronistas e I nvestigador es Lo cales, 2012, pp. 243 -252 . Sus contemporáneos, los h ermano Benjumea Zayas, de Arahal, ten drían tray ectorias similares, Edu ardo en el Congreso y José en la Diputació n Prov incial. 642 El Noticiero S evillano , n º 2.345 [9 de d iciembre de 1899] , p. 2. 643 DE L AS CUEVAS, Jesús, “Romer o Rob ledo y sus amigos s evillano s a través de un epistolario inédito”, Archivo Hisp alense , nº 8 4 [1 957], pp. 51 -76. El artículo m enciona a vario s políticos r elacionad os con el Partido Reformista de Robledo, pero no a los De la Cuadra, ya que el epistolario al qu e se refier e el título 292 IMAGEN 21 . Fernando d e la Cuadr a, II marqués de San M arcial Fuente: Archivo de Fe rnando de la Cuad ra Durán El particular enfrentamiento entre las familias Ybarra y De l a Cuadra prosiguió una vez fracasado el Partido Reformista y de sapareci do Enrique de la Cuadra . Dentro del co nservadurismo, Fernando de la Cuadra se acercó a l a disidencia silvelist a como alternativa a la jefa tura de Eduardo Ybarra. Si a nivel provincial, la enemistad con los Ybarra saltaba de generación, en el distrito, la competencia dentro del propio partido la ejercían los Delgado Zuleta, jefes del partido desde 1879; y en el municipio, los Gutiérrez de los Ríos, entroncados con el otro gran terrateniente del término, Juan de los Ríos Mateos, y que se adherían a la jefatura de los Ybarra, lo que les permitió mantenerse en el poder municipal 644 . Si por algo destacó la trayecto ria de Fernando de la Cuadr a fue por su rebeldía frente al lideraz go provincial de Ybarra, solo comparable al cacique Lorenzo Domín guez Pascual en el distrito de Carmona. Su independencia le llevó a en frentarse al partido e incluso a saltar a las filas liberales. No obstante, con él si se consiguió un férreo control sobre el distrito, patente en sus victorias electorales (1900, 1901, 1905, 1916 en el Congreso, y 1903 y 1910 en el Senado). se inicia en 1 896, ya fallecido Enr ique. No obstante, cuando Rom ero Robledo visitó Utrera en 1901 , fue recibido por varias p ersonalidades, entre ellos, el marqués d e San Marcial ( El Noticiero Sevillano, nº 2.85 2 [29 de abril de 1901], p . 4). 644 SIERRA ALO NSO, María, L a po lítica del pacto …, p. 212. 293 TABLA 72 . Carrera políti c a de Fe rnando de la Cuad ra , II marqu és de San Marcial Fechas Cargo 31/03/1900 – 24/04/19 01 Diputado 24/05/1901 – 27/03/19 03 Diputado 10/05/1903 - 1904 Senador 13/10/1905 – 30/03/19 07 Diputado 22/05/1910 - 1911 Senador 03/04/1916 – 10/01/19 18 Diputado Fuente: congreso. es y senado .es TABLA 73 . Federico de la Cuadra en el Ayuntami ento de Utrera Fechas Cargo 01/1900 Concejal de gob ierno 06/1900 Alcalde 11/1901 Alcalde 06/1904 Alcalde 08/1905 Alcalde 08/1906 Alcalde 11/1909 Alcalde 12/1910 Alcalde 04/1916 Alcalde 02/1920 Concejal de oposición Elaboración p ropia a part ir de actas capit ulares 4.4.1. Tendencias políticas en la Utrera del reinado de Alfonso XIII La Restauración p roporcionó un mar co político estable para España, con una Constitución longeva y un turno de partidos ordenado, lo que no contradice que, conforme evolucionaba, los partidos irían mutando y rompiéndose – y recomponiéndose – en múltiples fa cciones, problema que se agudizó con el cambio de siglo y la desaparición de los tradicionales jefes de los partidos dinásticos, Cánovas y Sagast a. Del lado conservador no se llegó a una jefatura est able hasta Maura, m ientras que la división liberal vino de la mano de m onteristas y moretistas que, sin un vencedor claro, no tuvieron una jef atura estable hasta 1910 con Canalejas. Ante este panorama, los caciques, tanto de las áreas urbanas como, especialmente, las rurales, no dudaron en transitar de una corriente a otra teniendo en cuenta más que criterios doctrinales, sus posibilidades de supervivencia y promoci ón política, siendo los hermanos De la Cuadra, Fernando y Federico, eje mplo manifiesto. Por otro lado, aunque tradicionalmente se acepte el predominio del pacto entre las partes durante la Restauración, ni la pro vincia de Sevilla ni el distrito de Utrera fueron ajenos a las luchas interna s, que derivaron con frecuencia en desobediencia y las consecuentes divergencias entre lo pactado a nivel estatal y los resultados electorales, todo lo cual ofrece un panorama mucho más complejo y dinámico del sistema de la Restauración que el que una visión superficial puede arrojar. 294 Ya tratado en el apartado dedicado a l a trayectoria política de Enrique de la Cuad ra , solo recordaremos que el Partido C onservador estuvo dominado por Federico Sánchez Bedoya hasta que e n 1891 le sustituyó Eduardo Ybarra González, surgiendo una gran riv alidad entre ambos, que se trasladaría a sus respectivas clientelas. Como enemigo de Yba rra, Fernando de la Cuadra se acercó a Bedoya y al silvelismo, creando una junta silvelista e inaugurando un Círculo Con servador a comienzos de 1898, cuando saltaba de m anera definitiva a la política. No obstante, ese mismo año moría Sánchez Bedoya, lo que llevó a la fusión de los grupos conservadores sevillanos, que siguieron bajo el mando de Ybarra. Contrarios a someterse al jefe provincial, varios miembros del partido formaron el llamado Círculo Lombardo, presidido por Sánchez Bocanegra y con De la Cuadra y Vázquez como principales representantes 645 . Dentro del Partido Conservador se sufrió otra escisión nacional en 1891, esta vez protagonizada por Francisco Silvela; como tal, sus adeptos concurrieron por separado a las eleccio nes en 1893 y 1896 . En 1899, Silvela y el genera l Polavieja fundaron la Unión Conser vadora, de orientación moderada pero con un sesgo regeneracionista, que defendía el desarrollo agrario e industrial y la erradicación del amiguismo. En esta rama de los modera dos se integraron Fe rnand o y Federico d e la Cuadra . El primero presidió el comité local y se pr esentó a las elecciones a Cortes de abril de 1899 – anuladas en el distrito de Utrera y, por tanto, repetidas en febrero de 1900 – . Tras el asesinato de Cánovas, Silvela fue considerado el jefe del Partido Conservador, lo que provocó el viraje al silvelismo del comité sevillano presidido por Ybarra. El cambio fue temporal, pues con l a muerte de Silvela e n 1905 y el mayor protagonismo de Maura, decidió apoyar a este. Tras el f allecimiento de Edua rdo Ybarra le sustituiría en la jefatura provincial su hermano Tomás quien, dividido el partido entre mauristas e idóneos (partidarios de Eduardo Dato), lideraría únicamente la facción maurista. A la muerte de este en 1916, le sustituyó su hijo, Tomás Ybarra Lasso de la Vega. En Utrera, se pasaron al maurismo Vicente Rodríguez Pacheco y José Gutiérrez de los Ríos, formando parte del comité provincial, mie ntras que Carlos Cañal Migolla, diputado po r el distrito, formaría parte de los idóneos 646 . El ala carlista, prese nte en Utrera desde su origen en 1833, siguió teniendo en los marqueses de Casa Ulloa a sus más firmes defensores. Cuando el Ramón Nocedal – desautorizado por Don Carlos – se escindió del carlismo formando una rama más radical, Casa Ulloa lo siguió organizando una Junta Integrista en Utrera. A nivel municipal, su peso político quedó reducido a una concejalía en 1909 y otra en 191 3, ya como jaimista. Tampoco gozó de gran predicamento otro partido conservador, la Liga Católica fundada por el cardenal Spínola en 1901, aunque Manuel Rojas Marcos, de Morón, logró escaño en dos ocasiones : en 1918, por s u 645 SIERRA ALO NSO, María, L a po lítica del pacto …, p. 219 -222 . 646 Cañ al constituía una ex cepción en tre los candid atos sevillano s, al no ser u n gran pr opietario, sino abog ado e historiador . 295 distrito, y en 1919, por Marchena. En el Ayuntamiento de Utrera obtuvieron representación e n las elecciones de diciembre de 1909 647 . En el ala progresista predominó el Partid o Fusionista, fundado en 1880 a partir de la unión de varios partid os liberales. Pero, mientras que el Partido Conservador constituyó, al menos en la primera Re stauración, un grupo cohesiona do, el fusionista incluía tendencias dispares, con diferentes puntos de vista respecto a cuestiones doctrinales básicas como el modelo político, el tipo de sufragio, la política económica o la actitud ante la Iglesia. A pes ar de este planteamiento, Sagasta logró mantener un equilibrio entre las distintas fuerzas que componían el partido. En Sevilla, el comité fusionista estuvo dominado por el marqués de Paradas, Gaspar de Atienza y Tello y, a partir de 1903, por Ruiz Martínez. Los De la Cuadra, que comenzaron su carrera política como silvelistas, saltarían a las filas del fusioni smo con motivo del escaso apoyo de Silvela a su candidatura en 1899. De nuevo, se volvía a repetir el esquema que llevó a su padre, Enrique de la Cuadra, a separarse del Partido Conservador. Estaba en juego la influencia del cac ique en su distrito, para la que era vital el reconocimiento como diputado, lo que aseguraba el contacto con el poder cen tral. Dentro del fusionismo se experimentaron diversas escisiones. La Izquierda Dinástica, creada en 1882, no tuvo impacto en el distrito de Utrera. En cambio, el gamacismo – seguidores de Germán Gamazo – si go zaría de mayor peso político. En octubre de 1898, Gamazo lideraba un grupo de 88 diputados que oficialmente se separaban de Sagasta. Cuando Gamazo murió en 190 1, le sustituyó al frente del partido su yerno, Antonio Maura, que no obstante evolucionó al conse rvadurismo a partir de 1901. En Sevilla, el jefe de los gamacistas fue Pedro Rodríguez de la Borbolla, procedente del republicanismo. Apoyó a De la Cuadr a contra Delgado Z uleta en las elecciones de 1899, llegando a denunciar en el Congreso las múltiples irregularidades cometidas por los adictos en los colegios electorales. Rodríguez de la Borbolla entendió que Maura no representaba las ideas liberales de Gamazo , por lo que abandonó el partido, reintegrándose en el fusionismo en 1902. En este juego polí tico, los cambios de partido por estrategias personales – o familiares – eran frecuentes, com o ya se ha visto en el capítulo dedicado a Enrique de la Cuadra . Respecto a sus hijos, dentro del fusionismo se hicieron monteristas – seguidores de Eugenio Montero Ríos – y, más tarde, romanonistas. En 1903 fallecía Sagasta y los dos hombres mejor posicionados para sucederle, Montero Ríos y Segismundo Moret, se disputaron la jefatura del partido, que se rompería en dos. Sevilla replicó esta fract ura, con Pedro de la Borbolla al frente de los moretistas y Ruiz Martínez de los monteristas. Moret contaba en el distrito de Utrera con el ap oyo de la familia Mur uve, de Los Palacios, y el utrerano Juan Miguel Vargas Martel, concejal entre 1897 y 1899. 647 Véase la tesis de RUIZ SÁN CHEZ, José Leonar do, Política e Iglesia Sevillan a a comienzos de Siglo XX. La liga ca tólica (1901 -1923) , SÁNCHEZ MANTERO, Rafael (d ir.), Sevilla, Un ive rsidad de Sev illa, 1994. 302 TABLA 74 . Repeti ción de elec ciones del dist rito de Ut rera, 1900 Municipio Marqués de San Marcial Delgado Zuleta Utrera 1.990 797 Lebrija 600 1.869 Las Cabezas - 305 655 El Arahal 995 180 Los Palacios 446 520 TOTAL 4.336 4.021 Fuente: El Notici ero Se villano , nº 2.41 7 [19 de febr ero de 1900], p. 1 Al final, De la Cuadra se hizo con la victoria por un estrecho margen. Su victoria era sobre Delgado Zuleta, pero también sobre el aparato del partido, tanto en el Congreso 668 como a nivel pr ovincial , donde Eduardo Ybarra aseguraba que había buscado una solución entre ambos pero que, al no lograrlo, tuvo qu e tomar partido por el candidato oficial 669 . Tras los comicios, San Marcial pretendió un acercamiento al partido – Ybarra y Leguina, el gobernador – , celebrando un banquete en el que buscaba el ar reglo con los partidarios de Del gado 670 . Pero para el marqués se evidenció la total falta de apoyo del partido, lo que le llevaría a abandonarlo para integrarse en el Partido Liberal en el que, no obstante, podría corr er el mismo riesgo que con Delgado: la no aceptación por parte de los po deres establecidos en el mismo, en est e caso, las familias consolidadas en el partido (los Surga en Las Cabezas , Muruve en Los Palacios, Pretel en Lebrija). Para evitar tales circunstancias, De la Cuadra acordó con el jefe provincial de los liberales, el marqués de Paradas, que su jefatura en el distr ito sería única e indiscutible, y que é l marcaría la política e n su zona, rodeándose de las personas q ue estimase más capaces, dejando claro su compromiso con su clientela política: No soy incompatible con na die, y tengo acreditado que sé olvida r agravios , cuando el derech o no lo prohí be; por tanto, aseguraré que como antes sabré sacrifica r el medro perso nal y el provecho político a lo que la dignidad, la discipl ina de partido y el debe r exijan. Lo que no haré nunca será abandona r a mis amigos, por los que estoy dispue sto a todo, como tengo bien dem ostrad o, y cuyas legítimas conveniencias ha n de ser norma de mi cond u cta 671 . A comienzos de 1901, De la Cuadra de nuevo salía precipitadamente para Madrid ante las n oticias de que el partido 668 El Noticiero S evillano , nº 2 .421 [23 d e f ebrero de 1 900], p.2 . De la Cuadra, al conseguir la victor ia, envió un telegrama a Sil vela cuyo sentido no se nos oculta: «Fran cisco Silvela, presidente d el Consejo - El diputad o electo por el d istrito de Utrer a le saluda . – San Marcial.». Tamb ién el conde de Romanones intento impug nar, sin éxito, su acta. 669 El Noticiero S evilla no , nº 2.418 [20 d e febrero de 19 00], p. 2. 670 El Noticiero S evillano , n º 2.517 [30 de may o de 1900], p . 1. 671 El Noticiero S evillano , n º 2.893 [9 de junio de 1901], p. 1 . [Document text truncated for crawler view.]