Full text
Universidad de
Sevilla
Programa de Doctorado en H istoria
Departamento de Histor ia Contempo ránea
La familia De la Cuadra
Memoria para optar al grado de doctor
presentada por:
José Andrés Otero Campos
Bajo la dirección de lo s doctores:
José-Leonardo Ruiz Sánchez
María Sierra Alonso
Sevilla 2022
1
ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN
9
1.1. Objetivos de la investigación
13
1.2. Fuentes y metodología
14
2. DE INDIANOS A JÁNDALOS: ANTECEDENTES FAMILIARES
DE LOS DE LA CUADRA. LA EXPERIENCIA MEXICANA
25
2.1. El proceso migratorio en Cantabria en el siglo XVIII
28
2.2. Generaciones de emigrantes
32
2.3. Cuarta generación: Clemente de la Cuadra y Gibaja
35
2.3.1. La expulsión de los españoles
41
2.3.2. Parientes y paisanos que permanecieron en
México
45
3. CREACIÓN Y DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO FAMILIAR.
LA FAMILIA DE LA CUADRA Y EL MERCADO DE LA TIERRA
EN UTRERA DURANTE EL SIGLO XIX
49
3.1. Introducción. El marco geográfico de Utrera
51
3.1.1. El término de Utrera desde la Reconq uista a
finales del Antiguo Régimen
53
3.1.2. El fenómeno desamortizador
63
3.2. Creación del patrimonio familiar
69
3.1.1 . Francisco Gibaja Marroquín y la nueva
burguesía agraria
69
3.1.2. Clemente de la Cuadra Gibaja:
concentración del patrimonio
72
3.1.3. Enrique de la Cuadra Gibaja:
consolidación del latifundio e inversio nes en
olivar
79
El punto de partida : la herencia
79
2
Adquisiciones de E nrique de la Cu adra. L a
sociedad con Gregorio de la Ma za
83
Otros monta ñeses
87
3.3. Arrendar la tierra: otra forma de explotación
89
3.3.1. Evolución del colonato y el problema del acceso
a la tierra
90
3.3.2. Los colonos de la familia De la Cuadra
93
3.3.3. Arrendamientos de la familia De la Cuadra
95
3.4. Los De la Cuadra y la revolución indust rial aplicada
al campo
104
3.4.1. ¿Inmovilismo o dinamización? Un estad o de la
cuestión
104
3.4.2. “No he de parar hasta hacer de Utrera el Jerez
del aceite”
108
3.5. Patrimonio urbano
114
3.5.1. La vivienda a fines del Antiguo Régimen y el
impacto de la desamortización en el medio
urbano
114
3.5.2. La familia De la Cuadra y la gestión del
patrimonio urbano
120
La residencia fa miliar
120
La vivienda como bien económico
121
Los j á ndalos en Utrera y l a gestión del patrimonio
urbano
127
3.6. El capitalismo aplicado al campo: préstamos y
retroventas
129
3.6.1. El crédito rural en la primera mitad del siglo XIX
129
3.6.2. La obligación como forma de crédito
131
3.6.3. Prestatarios: prosopografía
134
3.6.4. Prestamistas locales
137
Joaquín Sánchez Cast relo
137
José García Cepeda
139
3.6.5. Prestamistas montañeses
140
Clemente de l a Cu adra: la clientela y la ampliación
del patrimonio
144
3
Pablo Lavín De la Cua dra
150
Joaquín Martínez Mat ienzo
151
Pedro Rivas Rivas
153
José Gómez Pico
154
La presencia de otros jándalos en Utrera
155
3.6.6. La situación a partir de 1880
156
3.7. Los intentos por diversificar el patrimonio:
iniciativas industriales y comerciales
168
3.7.1. Clemente de la Cuadra: la Compañía Mercantil
de Cádiz y Sevilla
170
3.7.2. Enrique de la Cuadra y la diversificación de las
inversiones
173
Fábrica de gas
174
Banca y seguros
176
Minería
178
Vapores y comercio
179
Suministro de agua
181
3.7.3. Fernando y Federico de la Cuadra Sáinz de la
Maza: decadencia y fábrica de tejidos
183
3.8. El fin de la fortuna familiar
184
4. LAS TRANSFORMA CIONES POLÍTICAS DEL SIGLO XIX A
TRAVÉS DE TRES GENERACIONES FAMILIARES
199
4.1. Liberalismo a ras de suelo: la instauración del
nuevo régimen en Utrera
201
4.1.1. La formación de un círculo liberal en Utrera,
1808-1840
203
4.1.2. Moderados y progresistas
207
4.2. La época isabelina: Clemente de la Cua dra y Gibaja
217
4.2.1. Enfrentamiento con los liberales
218
4.2.2. El “buen administrador”: alcalde de Utrera y
Rasines
226
4
Hacienda
234
Pósito
236
Suministro de aguas
236
Abastos
237
Urbanismo
238
Cárcel de partido
242
Partida rural
244
Educación
245
4.2.3. Breve paso por la política nacional
251
4.3. La Restauración: Enrique de la Cuadra y Gibaja
252
4.3.1. El auge republicano durante el Sexenio
254
4.3.2. Ingreso el conservadurismo sevillano
260
4.3.3. A la cabeza del romerismo sevillano
266
4.3.4. El “buen cacique”
278
4.4. El reinado de Alfonso XIII: Fernando y Federico de
la Cuadra Sáinz de la Maza
290
4.4.1. Tendencias políticas en la Utrera del rein ado de
Alfonso XIII
293
4.4.2. La consolidación de la clientela sanmarcialista
296
4.4.3. Un problema heredado: la falta de encaje en el
conservadurismo
298
4.4.4. Ingreso en el Partido Liberal
303
4.4.5. La reforma electoral de Maura y el final de la
familia De la Cuadra en política
315
5. FAMILIA, LUJO Y CULTURA: EL ESTILO DE VIDA DE LOS
DE LA CUADRA
321
5.1. La formación de los valores burgueses
323
5.1.1. Establecimiento del círculo familiar en Utrera
323
5.1.2. Redes familiares: estrategias matrimoniales y
transmisión del patrimonio
326
5.1.3. La cultura burguesa y construcción de la
imagen familiar
336
El i nd ividuo
337
La mujer
340
El mat r imonio
341
La paternidad
343
La residencia
347
La muerte
353
Criados
353
Nuevos espacios de sociabi li dad
355
358
5
5.2. La cultura como cúspide vital
5.2.1. Ambiente cultural en Utrera a mediados del
siglo XIX
359
5.2.2. La relación del burgués con la cultura
360
Mecenazgo artístico y coleccionismo
363
El burgués y la I gles ia
373
El burgués y la música: el teatro La Scala
378
6. CONCLUSIONES
383
7. FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
397
8. ANEXOS
431
6
7
A José Mena, mi hermano, por estar siempre ahí
14
desamortización en los inmueb les urbanos, que sí tuvieron un mercado
más activo.
Nos queríamos cuestionar, además, las razones del fracaso de los
De la Cuadra, sobre todo teniendo en cuenta ejemplos de sag as exitosas
cercanas en el espacio y el tiempo, como la de los Ybarra, cuyo patrimonio
y predominio político se mantuvieron en l a Restauración y más allá. Para
ello, hemos analizado no solo el mercado de la tierra, sino también sus
iniciativas empresariales. En la misma línea, hemos querido aclarar el
grado de quietismo o iniciativa de la burguesía rural de Sevilla en el siglo
XIX pues nuestra hi pótesis es que la fa milia De la Cuadra no constituye
un simple caso de rentismo .
El análisis de las estrategias sociales y económicas de los De la
Cuadra ha conformado otro de nuestr os objetivos, pues en ellos se
fusionan la fuerte so lidaridad de grupo montañesa, la rápida conversión
de comerciantes a terratenientes o la a daptación al marco social de la
Sevilla decimonónica. Hemos querido someter a examen sus formas de
promoción, a través de la adscripción a instituciones políticas, sociales,
religiosas y económicas, prestando esp ecial atención al concepto de
prestigio o capital reputacional. Esto nos llevaría, en política, a
cuestionar el papel del cacique: ¿Cómo era visto por sus vecinos? ¿Q ué
grado de control social podía desarrollar realmente? ¿Qué métodos
empleaba para conseguir el apoyo de la población? Nos interesaba
examinar un ejemplo concreto de forma ción de clientela, en el que los
vínculos de parentesco y paisanaje, sospechábamos, habrían de tener un
papel relevante.
1.2. Fuentes y metodología
El sujeto de la investigación ha condicionado nuestra forma de
abordar la presente tesis, pues implica, necesariamente, transversalidad.
La familia constituye la síntesis de varias esferas – la que corresponde a
sus propias relaciones, la social, la política, la económica – que han
debido ser estudiadas en su especificidad. Cada una de estas facetas
supedita, asimismo, el tipo de análisis a aplicar : así, en los aspectos
económicos tendrán mayor relevancia los elementos cuantitativos, con
tablas y gráficos enfocados al examen de compraventas de tierras, valores
de la misma y rentas; en lo tocante a la familia y sociedad, la
aproximación se debe realizar desde una perspectiva más antropológica
y social; respecto a la política, no podemos sino apoyarnos sobre todo en
la bibliografía desarro llada por el departamento d e Historia
Contemporánea de la Universidad de Sevilla.
El ordenamiento por capítulos responde a una atención específica
y diversificada a estas esferas, entendiendo que el primero, la economía,
constituye la base sin la que no podría desarrollarse la actividad política
y, a modo de culminación, la realización social y cultural, materia del
15
último capítulo. Por su especificidad, añad imos preámbulo sobre los
orígenes familiares, de indianos de la segunda mitad del XVIII, que hemos
reducido las páginas al mínimo suficiente para entender su e ncaje en la
evolución de los De la Cuadra .
En el capítulo dedicado a la economía intentamos dar respuesta a
cómo se creó, consolidó y liquidó la fortuna familiar a lo largo de varias
generaciones . También se aborda el tipo de patrimonio,
fundamentalmente rural, pero con diversas tentativas de diversificación
industrial y comercial que no cuajaron. Sobre esta base económica se
cimentaría el poder político de la familia, que abordaremos desde una
pe rspectiva municipal – Clemente de la Cuadra – , provincial, y nacional
– Enrique y Fernand o de la Cuadr a – . A través de estas tres g eneraciones
se pueden rastrear los orígenes, desarrollo y crisis del caciquismo. Nos
interesa examinar facetas como la formación de la clientela, la
consolidación del distrito como marco espacial de la Restauración, los
mecanismos de control en manos de los jefes locales y las luchas por el
control del partido. C omo tercer nivel de e sta pirámide, situam os la faceta
social y cultural de los De la Cuadra, con la asunción de la moral
burguesa del siglo XIX y los nuevos valores socia les.
El trabajo en archivo ha ocupado buena parte de nuestra
investigación, destacando el Histórico Provincial de Sevilla y el Histórico
Municipal de Utrera. Del primero hemos ef ectuado un barrido s istemático
de los protocolos notariales referentes a Ut rera, lo qu e nos ha
proporcionado datos de las compraventas, préstamos y arrendamientos,
fundamentales para poner en pie el capítulo dedicado a la tierra. Por una
anomalía administrativa, buena parte de los protocolos d e Utrera se
conservan en el Ayuntamiento de Utrera, sin que estén bien definidas las
competencias de su custodia. Para acceder al mismo fue necesario un
permiso de la notaria local, Rosa María Muñoz Carrión, si bien el control
del mismo lo efectuaba un funcionario municipal, Javier Mena. Este
depósito documental es de suma importancia ya que en él se encuentran
los protocolos de los dos notarios con los que los De la Cuadra trabajaron
preferentemente (frente a otros de la localidad con los que apenas
tuvieron relación): Antonio de Campo Redondo y, a la muerte de este,
Enrique López - Lacarra Asme. E ntre sus documentos se encuentran la
mayoría de las transacciones de los De la Cuadra, así como sus
testamentos y sus extensísimas descripciones de bienes. As imismo, se
ha realizado un barrido de las a ctas ca pitulares de Utrera desde 1800
hasta 1910, serie que se conserva completa a excepción de los años del
Trienio Liberal.
No solo se han tenid o en cuenta los doc umentos relativos a los De la
Cuadra: para contextualizar los mercados rural y urbano, al que
dedicamos un epígrafe, se han recopilado datos de numerosos
propietarios que ofrecen un panorama amplio de la economía de una
agrociudad tipo de la Campiña sevillan a, como es Utrera. Toda esta
información se ha volcado en dos bases de datos. La primera , en formato
Access, contiene 6.351 entradas, en las que se contemplan las siguientes
categorías:
16
TABLA 1. Elem entos cont emplado s en la base d e d atos sobre las prop iedades
ELEMENTO S
DESCRIPCIÓN
Fecha
Notario, signatura y númer o de folio.
Nombre de la propiedad.
Tipo de propieda d
Tahona, casa bodega, comercio, cortijo,
dehesa, enseres, fábrica , frutales , granero,
ganado, hacienda, h uerta, metálico, mo lino,
olivar, otros, pinar, posa da, r ancho, solar,
tierra calma, v iña, vivienda.
Dimensiones
Fanegas o aranz adas.
Número de pi es
En el caso de cu ltivos leño sos, como o livos.
Número de ca bezas de g anado
Equino, ov ino, bovino, porcino, capr ino,
panales de abej as.
Tipo de transac ción
Arrendamiento, comprav enta, devolución,
donación, here ncia, per muta, retrov enta,
subarriendo, su basta, vent a judicial.
Valor de la transac ción
En reales.
Apellidos y nom bre del co mprador
Localidad del co mprador
Apellidos y nom bre del ve ndedor
Localidad del ve ndedor
Emplazamiento de la propi edad
Calle, pago, tér mino mun icipal.
Casilla para marc ar.
En caso de propiedades afectadas p or la
desamortizació n.
Notas
Recoge otros d atos de inte rés.
Elaboración p ropia
En función de las anteriores categorías, se puede consultar la
información por comprador, precio, tipo de propiedad o años,
organizando la información de acuerdo a nuestro interés.
Hemos procurado reconstruir la historia agraria de la localidad a
lo largo del siglo XIX a través del mercado de la tierra. Buena parte de
esta información, aunque ayuda a contextualizar los principales
fenómenos – desamortización, desvinculaciones, etc. – ha quedado
inédita dados los propósitos de la tesis, pero estimamos que t iene cierto
valor por sí misma y que constituye una buena base para futuras
investigaciones. A tal efecto, hemos confe ccionado varias tablas Excel. La
principal contiene los 89 cortijos de la localidad, partiendo desde 1790
hasta 1905. Las fechas han sido seleccionadas para tener una visión
completa de los cambios desde el Antiguo Régimen hasta el siglo XX.
Hemos segmentado a los propietarios y distinguido mediante una carta
de colores los bienes de la Iglesia, de la nobleza y los de propiedad
comunal.
17
TABLA 2 . T ab la Exc el con la evolu ción de lo s latifu ndios del término
Fuente: Elabor ación propia
Majalquivir
Malavista
G
Marc hamor ón
Mármol, E l
Miguel de Uced a
Mirand a
Mirand illa
Mont er a, La
<>
Az
Mudape lo
Nava de los Ballester os, La
Pabellón Grand e
Pardales
Pardalillo
Parpag ón
T
o
Peñu elas, Las
Per o Pé rez
Pesco zal, El
Pior no, E l
Pinganillo, El
Reyer ta, La
Reyer tilla , La (o Reye rt as del G eribel)
Ca
r
Ronc esvall es
P
M
Rubio , El
Ruc hen a
Ruc hen illa
Salvador Díaz
San Mig uel
Suer te Lozana
Suer te Lozanilla
Toran zo, El
Torb i scal, El
Torb i scalillo, El (o baldíos de
Torr es, Las
C
Torr ecillas, Las
Toru ño, El
Trinidad , La
Troy a
Valcargad o
J
M
Vento silla , La
S
Zar rac a tín
Zar rac a tinejo
Duc ado de Medinaceli
Her manos Ar ia s de
Patric i o G arvey
Marqu e
Famil ia Bécq uer
Juan de l os Ríos Mate os
Her mano
Estado
Ramón Pard o y descen dient es
A
Marqu esado de Santa Cr uz
Famil ia Uret a Ure ta
Manuel
Patric i o
Juan de l os Ríos
Her manos
Hospital d e la Santa
Marqu esado de la Motilla/Santa María d e Gr a cia, etc . (dividido
Estado
Conv ento de La Trinidad (Se villa)
Duc ado de Medinaceli
José Rodr íguez
Marqu esado
Pedr o de Uret a
Famil ia Bécq uer
Enriqu e d e la Cu adra
Rafael Cre spo
Estad
Dolo re s Monj e (v iuda d e Muru be)
Enriqu e d e la
Cr
Lorenzo Gómez Ru iz, Ignacio Romero , Lucas Domín gue z
Carmelitas
Fausta Muru be Galán
José
Ildefonsa
Conv ento de Du eñas (Sevilla)
Conv ento de Mínimo s
Her edero s de Simón Candau
Simó n Cand au
Enriqu e d e la Cu adra
Ferna
Enriqu e d e la Cu adra
Cond ado de las L omas
Fra
Catedr a l de Sevilla
An dr és G a rc í a Bor rero
Fernand o Solís
Her manos
Duc ado de Medinaceli
Her manos Gu er ra Tamar iz
Cond ado de San Raf ael
Juan Vicen te Gir á ldez
Conv ento de Tr initario s Calza dos (S evilla)
Jo
Juan de l os Ríos Mate os
Cond ado de Tor re s Caber a/ Conve nto de l So co rro (Sevilla)
Cond ado de
Hospital d e San Juan d e Dios
Franc isco Ruiz-
Marqu esado de Casa Ulloa
An dr és
Famil ia Mur ube Mon je
Jos
Marqu esado de la Motilla
Vincu lación de A l onso Mi guel
Marqu esado de Casa Ulloa (Vinculac ión de Seb astiana de la Caba)
Cond ado de las Atalayas
Estado
Parr oquia de Santiago
Duc ado de Medinaceli
Conv ento de San ta Clara (S evilla )
Marqu esado de Ruc hena
Clemente de la Cuadra
Estado
Duq ue de Medinac eli
Joaquín y
Marqu esado de la Gr anja
Juan de l os Ríos Mate os
Her mano
Famil ia
Franc isco Mur ube
Duc ado
Marc o de Uret a
Duc ado de Alba
Rafael Rod ríg uez
Estado
Famil ia de la Cámara
Marqu esado Casa Ull oa
Enriqu e d e la Cu adra
Clemente de la Cuadra
Marqu esado
Her mano
Marqu esado de Castilleja del Campo
Juan
Marqu esado de Santa Co l oma
An ton i o Car ro
Conv ento de San A l ber to (Sev illa)
Vicen te José Vázquez
Clement
Juan
Seño r
Marqu és de
Marqu esado de Valle Her moso
Cond ado de San Re my
Cond ado de las L omas
Miguel Cor bach o Valdés
Ma
18
Todo el caudal de inf ormación obtenido se ha volcado en tabla s que
contemplan la evolución de la superficie de los predios; las haciendas de
olivar, con su extensión y cambio de propietarios; las propiedades
desamortizadas y el origen primero – a partir del siglo XV – de las tierras .
A lo largo de nuestra investigación, fuimos percibiendo la importancia
que tuvo, desde me diados de siglo, el p réstamo, monopolizado por los
montañeses instalados en Utrera. En este sentido, hemos considerado
necesario reflejar tal aspecto económico, que hemos trabajado de manera
cuantitativa. Para el mismo, hemos empleado el programa Excel
realizando tablas de los diferentes prestamistas, tanto locales como
cántabros, estableciendo gráficas y tendencias que se susta ncian en el
capítulo correspondiente. Las variables que hemos introducido en este
estudio han sido:
• Fecha del documento de préstamo.
• Apellidos y nombre del prestatario.
• Profesión del mismo.
• Localidad.
• Apellidos y nombre del prestamista.
• Cantidad que se presta, en reales.
• Interés.
• Plazo de devolución.
• Bienes hipotecados, en caso de haberlos.
• Otros datos (en caso, por ejemplo, de ser un matrimonio que pide
dos préstamos por separado, de ser el segundo o tercer préstamo
que piden, etc.). También hemos consultado t odas las cartas de
pago y reclamaciones para comprobar el grado de cumplimiento de
los plazos y la ejecución de hipotecas.
En dicho Excel se han estudiado los siguientes prestamistas, con el
siguiente número de entradas:
• Clemente de la Cuadra : 192 operaciones de préstamo.
• Joaquín Martínez Matienzo: 280 operaciones.
• Pedro Rivas Rivas: 128 operaciones.
• Gregorio Sáinz de la Maza: 7 operaciones.
• Pablo Lavín De la Cuadra : 67 operaciones.
• José Gómez Pico: 162 operaciones.
• Enrique de la Cuadra : 63 operaciones.
• Otros prestamistas de origen montañés: 16 operaciones.
• Distintos prestamistas utreranos: 230 operaciones.
A partir de dichas tablas se elaborado los distintos gráficos que
acompañan los textos de los capítulos dedicados a la economía.
19
TABLA 3 . Hoj a de cál culo Excel sob re p restamista s
Fuente: Elabor ación propia
Para el estudio la parte dedicada a la experiencia americana s e han
empleado tres tipos de fuentes: archivos, hemerotecas y archivos
privados conservados por distintos descendientes del mismo. La tarea en
archivo se ha realizado en el Archivo Histórico Provincial de Santander,
donde se encuentra documentación relativa a los pasaportes; el Archivo
General de Indias, donde se han encontrado cartas de Clemente de la
Cuadra rec lamando a familiares para México; el Archivo General de la
Nación (México) ha aportado algunos datos respecto al mov imiento de
montañeses por la antigua colonia española; de los archivos de la Public
Library of New Orleans se han hallado documentos relativos a los pleitos
comerciales que mantuvo, siendo de gran ayuda su archivero, Greg
Osborn. Puntualmente se han estudiado expedientes del Archivo
Histórico Nacional, Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y el
Archivo Histórico Provincial de Cádiz. La hemerografía ha resultado
fundamental para verificar las fechas, lugares y nombres que cita
Clemente de la Cu adra en su autobiografía, siendo de gran utilidad
diarios mexicanos y el New Orleans Bee .
Respecto a los archivos privados, llama la atención que varios de
los miembros de la familia Gibaja – De la Cuadra escribieran sus
autobiografías, lo que constituye una fuente de conocimiento
extraordinaria. La escritura de estos libros de memorias se explica
gracias al alto índice de alfabetización de Cantabria desde mediados del
siglo XVIII, cuando se activó el comercio atlántico pero, sobre todo, su
AÑO RE CI BE
CAN TIDAD
( e n real e s)
IN TE RÉ S
AN U A L
PLAZO (e n
años)
H I P OTE CA
POBLACIÓN
DE RE CI BE
PROFESIÓN
1873 Jos e f a Igl e s i as T amar i z 16000 10% 4 H acie nd a G ai l í n, 1 2 0 f ( M onte l l ano) M onte l l ano Ha ce ndado V i uda d e Cr i stób al R amos
1873 Fra nc i s c o M e re nci o M e sa 10000 10% 3 Rosa de l V e rdugo, 2 3 f ( M or ón) M onte l l ano Propi e tario
1873 Jos é de Ca mpo s Ace ro 6500 8% 1 C/ Cor re de ra , 4 3 U trera Fe rr ovi ar i o
1873 Fe l i pe d e B urgos M uruve 200000 7 ,5 0 % 3 C/ Vi ctor i a e squ i n a Ci l l a U trera
L abr ador y
hac e ndado
Bur gos no ha podi do ev i tar l a
di vi si ón de T roya e ntre sus hi j os ,
moti v o que le ll e va al prés tamo
1873 Juan M arí a Berde j a M e na 10000 8% 1 C/ Se vi l l a, 1 2 U trera Propi e tario
1873 Cris tóbal Sánc he z Cor té s 10000 10% 3 Sue rte 4 8 f M onte l l ano No tar i o
1873 Fra nc i s c o Gonzál e z Pé re z- Surga 60000 9% 2
Sue rte 3 f ol i var, s ue rte 7 f ol i var,
sue rte 2 0 f , D oñ a J ac i nta 1 5 f ol i v ar, El
Re c ue ro, 4 5 f ol i var
U trera H ac e nd ado
1873 M ª Dol ore s M ar rufo Rui z 25000 8% 5 C/ B ar andi l l a, 1 2 , C/ Cor re de ra , 3 2 U trera Propi e tario
1873 Jos é D e l gado P é re z 40000 8% 3
Sue rte 1 5 ar ol i v ar , sue rte 9 ar ol i var,
C/ R e i na, 5 , C/ Sa n ta Cl ara , 1 4
U trera L abr ador
1874 Jos é M arí a Bar e a P l ata 10000 11% 4 T i e rr a Cal ma 4 8 f E l Cor o ni l
Pu e rto
Se rra n o
Arri e ro
Si d e v ue l v e e l p ré stamo con
ante l ación , de be pa gar l o s
i n te re se s a n ual e s total e s .
1874
Fra nc i s c o A ri as de S aa ve dra y
Domí ngue z
84800 0% 1 U trera H ac e nd ado
Al 0 % por ami stad, s i supe ra e l
pl azo de l año, tend rá un 8 %.
1874 Pe dro S ol ís A ri as de Saa v e d ra 20000 7% 4 M ol i n o en Co rr e de ra, 7 8 U tr e ra Propi e tar i o
1874 E mi l i a V i gne D o l area 31000 7% 4 Ol i v ar 3 f , tie rr a c al ma 1 1 f U trera Propi e tario
E spos a de P e dro S ol ís A ri as de
Saa ve dra.
20
redacción obedece a la aspiración de estos comerciantes en proyectar una
imagen de éxito y de hombres hechos a sí mismos.
La actividad comercial implicaba la producción de una abundante
correspondencia. En el caso de Clemente, estas cartas están perdidas a
excepción de tres; n o ocurre lo mismo c on la de dos de sus sobrinos,
Pablo Lavín y Joaquín Martínez Matienzo, a los qu e dedicamos algunas
páginas porque formaron parte fundamental de la estructura clientelar
en torno a los De la Cuadra . En s us escritos, describ ían el día a día de
la casa comercial en Tampico entre 1840 y 1846, año en que s e
establec ieron en Utrera. Los originales se conservan en el archivo privado
de Fernando Rivas, descendiente de los mismos.
Para el hilo de la narración, contamos con un libro de Memorias
manuscrito que ha permanecido en manos de la familia hasta la
actualidad . En nuest ro caso, hemos segui do la versión transcrita que no s
ha facilitado Fernando de la Cuadra Durán, tataranieto de Clemente
3
.
Por el propio texto se deduce que fue redactado en 1859, en Rasines
(Cantabria) . Abarca el periodo desde su niñez hasta fines de 1832,
cuando retornó a la península. Dentro de lo que las p osibilidades
documentales permiten, se han cotejado los datos de esta autobiografía
con las fuentes históricas disponibles, concluyendo que fechas, personas,
acontecimientos, y hasta nombres de embarcaciones coinciden de
manera muy ajustada con el manuscrito .
Aunque escasos, hay otros ejemplos de libros de memorias
similares, como las que escribiera su tío abuel o Francisco Gibaja
Marroquín, o la Rela ción verídica que con el fin de renova r beneficios
recibidos, y repetir gra cias al c ielo: v oy a hacer de algunos de los
acontecimient os que he experimentado dur a n te mi t rágica y larga vida, de
Isidoro de la Fuente Pérez, publicados por Pérez Vejo en 2007
4
. Los tres
textos comparten su carácter privado, destinado a la lectura de los
familiares, y poseen el valor de ofrecer el punto de vi sta de los
peninsulares ante un mundo, el del Méxi co co lonial, que se d errumbaba.
Si la narración de Francisco Gibaja evidencia el triunfo en los negocios
en la próspera Nueva España de la segunda mitad del XVIII, la de De la
Cuadra está plagada de aventuras, de cambios de residencia y de peligros
en el inestable México recién independizado.
Afrontamos el capítulo dedicado a la política de los De la Cuadra
con varias dudas que fueron despejándose gracias al consejo de los
directores de la tesis. En primer lugar, la acotación tempora l se amplió
hasta la Guerra de la Independencia y el surgimiento del liberalismo en
una localidad como Utrera, desde una óptica que concibe la Historia
3
Se tr ata de un a transcripción del original hecha por Fernando de la Cuadra Durán, sin n umerar, lo q ue
debe ser tenid o en cuen ta en las oca siones en que se cite el tex to. No sería el único libro au tobiog ráfico qu e
escribiría De la Cuad ra . De l a Cuadra Du rán hace referencia a un libro de cuentas llamado “Cornudo y
apaleado ”, en pr opiedad de otro fam iliar al que no hemos podido acceder, así como las Memorias d e gestión
municip al de sus alca ldías en Utrera y Rasines.
4
PÉREZ VEJ O, Tom ás, “La vid a com o estereo tipo: m emorias de un comer ciante montañés en la nu eva
España d el siglo XVI II”, Histo ria mexicana , Vo l. 57, nº. 1 [2007], pp. 193 - 262.
21
como un proceso qu e se construye también desde abajo. Tras los inicios
del liberalismo en Utrera, analizamos la car rera política de C lemente de
la Cuadra y la aparición de los usos caciquiles, desarrollados por su hijo
Enrique y llevados al extremo de su elasticidad por Fernando, ya durante
la crisis de la Restauración. Otro de nuestros temores consistía en no
poder aportar nueva información de interés, ya que la política de la
Restauración en Sevilla ha sido ampliamente trabajada por el
Departamento de Historia Contemporánea desde los años 90, bajo la
dirección del doctor Rafael Sánchez Mantero. En este sentido, las
indicaciones de nues tra directora, María Sierra Alonso, han sido vitales
para encauzar la investigación, que ha hecho especial hincapié en
aspectos como la formación de las redes clientelares por parte de los De
la Cuadra, las lucha s interinas por el dominio del distrito y la experiencia
del Partido Reformista de Romero Robledo en Sevilla, cu ya jefatura
ostentó Enrique de la Cuadra .
La redacción del capítulo se ha nutrido, fundamentalmente, de una
amplia bibliografía de historiadores co mo Tusell, Sierra Alonso o Caro
Cancela, y también de la consulta hemerográfica. Af ortunadamente, la
digitalización de numerosas cabeceras ha permitido la consulta de
ejemplares a través de internet, si bien al gunos números en c oncreto han
llegado a nuestras manos por archivos privados o previa solicitud a
determinadas bibliotecas. Los portales más usados en este sentido han
sido prensahistorica.mcu.es, del Ministerio de Cultura, y
hemerotecadigital.bne.es, de la Biblioteca Nacional. A nivel local, el
Ayuntamiento de Sevilla tiene digitalizadas las ediciones de La Andalucía ,
a partir de 1858, y El Noticiero Sevillano , que se han consultado por
extenso. Lamentablemente, los periódicos que más nos interesaban no se
encuentran disponibles en las hemerotecas a las que hemos acudido. Nos
ref erimos a El Cronista , que fue propieda d de Enrique de la C uadra , y del
que solo hemos encontrado transcritos al gunos artículos en o tros diarios
– algo habitual en la época – . La hemerot eca de Sevilla solo conserva su
primer número, al igual que la de Madrid. La búsqueda en los fondos de
distintas universidades españolas ha ofrecido el mismo resultado
negativo. Igualmente, hemos buscado, sin éxito, ediciones de dos
periódicos locales que se publicaron en U trera en el último ter cio del siglo
XIX, El Eco de U trera , del que sabemos que llegó a más de 80 números
publicados con cadencia semanal, y El Sonámbulo , del que solo hemos
encontrado el primer número, en el archivo de Eduardo González de la
Peña. Otras informaciones procedentes de la Gaceta de Madrid y del
Boletín Oficial de la Provincia han aporta do algunos datos de i nterés para
el trabajo.
También debemos agradecer en este sentido la colaboración de
Fernando de la Cua dra Durán, que nos dio acceso a las nota s sobre sus
antepasados. Lamentablemente, apenas conserva documentación
original, siendo la mayoría de su contenido transcripciones a cargo del
propio Fernando, e i ncluso, testimonios orales procedentes de su padre,
que hemos considerado válidos para nuestros propósitos; e n cualquier
caso, se indicará a pie de página cualquier testimonio de tipo oral.
22
Uno de los aspectos más ignotos de nuestra invest igación es el que
aborda la historia de las familias. Aquí, el principal riesgo lo constituía la
falta de fuentes y, hemos de reconocerlo, de herramientas para su
interpretación. Para ello, ha sido necesario en primer lugar d otarnos de
cierta base conceptual, gracias a la bibliografía sugerida por los
directores de la tesis. También gracias a su intervención, ha resultado la
clave la inclusión de fotografías de la é poca, tanto retratos familiares
como de las estanc ias de su residencia, para reconstruir el m undo
burgués. De un mod o orgánico, la redacc ión del capítulo derivó hacia el
estudio de la imagen del burgués decimonónico, el triunfo de sus valores,
la separación entre lo público y lo privado, y los complejos protocolos
sociales que se fueron articulando a lo largo del siglo XIX, todo ello dentro
del contexto de la Campiña sevillana.
Además, tratamos d e un colectivo muy concreto, el de los jándalos,
es decir, emigrantes montañeses en Andalucía. La solidaridad de grupo
de estos, ya advertida por sus contemporáneos del XIX, tuvo una
plasmación ejemplar en el caso de Utrera donde, en torno a la familia
Gibaja – De la Cuadr a se articuló una red clientelar que se confunde con
la propia del sistema caciquil, añadiend o así un nuevo com ponente a
nuestra investi gación. Hemos estudiado el proceso de e migración a
Utrera en sucesivas oleadas, así como sus relaciones familiares,
especialmente las estrategias matrimoniales, para lo que se han
consultado los Archivos Provinciales de Cádiz y de Cantabria. Para la
recons trucción del árbol genealógico de l os De la Cuadra, que finalmente
se ha plasmado solo en parte por la complejidad del mismo, se ha
completado nuestra búsqueda con la consulta del Archivo de la Real
Chancillería de Valladolid, gracias a los e xpedientes de hidalguía que se
explicitan en la redacción. Todo ello se ha volcado en varios árboles
genealógicos elaborados a través del programa GenoPro, que ha resultado
de gran utilidad para clarificar aspecto s como los matrim onios entre
familiares, segundas nupcias o la jerarquía clientelar en torno a los De la
Cuadra.
23
IMAGEN 1 . Á rbol gene alógico d e la familia Gib aja- De la Cuadra , en Geno Pro
Fuente: Elabor ación propia
Precisamente comenzamos el desarrollo de nuestro trabajo en
torno al fenómeno m igratorio protagonizado por los montañes es a partir
del siglo XVIII, hecho que resultó determinante para la instalación, años
después, de la familia Gibaja – De la Cuadra en Utrera, objeto de nuestro
estudio.
30
promueve el comercio de Indias, ni las, a veces, m eteóricas carreras hacia
la cúpula de l negocio de algunos miembros participantes e n él .
11
Cádiz era también, y fundamentalmente, un puerto franco en el
que las mercancías llegaban y se reexpe dían, pero en la que apenas se
producían manufacturas. El negocio estaba en el comercio, lo que unido
a la escasez de tierra s, permitió la aparici ón de una burguesía comercial;
las mismas condiciones se reproducían en Santander a fines del siglo
XVIII. El control comercial era d isputado entre extranjeros y
peninsulares, estos últimos protegidos por el Consulado de cargadores,
al que los comerciantes montañeses se adscribieron. Ya entonces eran
perceptibles las relaciones de protección y solidaridad entre ellos, a travé s
de instituciones sociales, religiosas o, como el caso del Consulado,
económicas. Tal sistema no hizo sino reafirmarse una vez cruzado el
Atlántico. Las grand es beneficiarias del mismo fueron las nu evas oleadas
de emigrantes, que disfrutaron de unos cauces de ascenso económico y
social perfectamente implantados. Durante casi un siglo mantuvieron su
vigencia, fortaleciéndose con los nuevos aporte s demográficos y la
multiplicación de instituciones, las estrategias matrimoniales o la
asociación comercial. El resultado fue el surgimiento de una élite social
que basaba su preeminencia en los negocios.
Las revueltas y posterior independencia americana derribaron el
sistema que sostenía el predominio de los peninsulares. Tras los decretos
de expulsión de 1827 y 1829, muchas fo rtunas se refugiaron en Cuba, a
donde trasplantaron, no solo sin c ambios, sino aumentada s, las redes
familiares y de paisanaje. O tro grupo logró mantener sus negocios en
México a través de sus hijos, nacidos en la excolonia y, por tanto,
ciudadanos de pleno derecho. Un último segmento emprendió el regreso
a España, perdiendo el grueso de su hacienda, al impedir los decretos de
expulsión la salida de capitales del país. En todo caso, se asistía al fin de
una etapa que se había prolongado durante aproximadamente un siglo.
Algunas fuentes sitúan la emigración clandestina en torno al 20% ,
de ahí, la ausencia de licencias de embarque en bastantes casos. Al igual
que el contrabando, se vio favorecida a fines del periodo colonial por la
falta de control institucional, la multiplicación de puertos de salida y la
situación de guerra en el Atlántico, lo que también explica la mengua en
la canti dad de datos sobre emigrantes a partir de 1800.
11
BUSTOS ROD RÍGUEZ, M anuel, Cád iz en el sistema atlán tico. La ciud ad, sus comerciantes y la
actividad mercantil ( 1650- 1830), Cádiz, Sílex, 2005, p. 358 .
31
GRÁFICO 1. Destinos en la Junta de Paray as, por ciud ad, 1717 - 1816
Elaboración p ropia a part ir de las licenc ias de emb arque en el Archi vo Gene ral de Indias
GRÁFICO 2. Emigración por vir reinato s en la Junt a de Paraya s, 1717 -1 816
Elaboración p ropia a part ir de las licenc ias de emb arque en el Archi vo Gene ral de Indias
0 5 10 15 20 25 30
Buenos Aires
México
Guadalajara
La Habana
Montevideo
Oaxaca
Querétero
Veracruz
Lima
El Callao
Campeche
Cartagena de Indias
Tierra Firme
Guachinango
Nueva España
0 10 20 30 40 50
Virreinato de la Plata
Cuba
Nueva España
Perú
Nueva Granada
32
GRÁFICO 3. Modalidad d e emigración
Elaboración p ropia a part ir de las licenc ias de emb arque en el Archi vo Gene ral de Indias
2.2. Generaciones de emigrantes
Los primeros emigrantes del área objeto de nuestro estudio – la
Junta de Parayas – se distinguieron por su escaso número y su relación
con tareas administrativas y militares, a mpliando pronto sus actividades
con el comercio. Así, los hermanos Villan ueva Pico desempeñ aron cargos
al servicio de la monarquía; los hermanos Gil de la T orre tenían
antecedentes en América dedicados al gobierno y al ejército; y lo mismo
ocurría con las familias Gibaja y De la Cuadra .
De la dedicación al comercio se ex trae otra característica
significativa: se trata ba de individuos alfabetizados en l a práctica
totalidad de los caso s. En las cartas de lo s propios emigrados reclamando
a familiares para América, se les ponía como condición saber leer , escribir
y contar, habilidades impr escindibles para los negocios. Una vez en
Nueva España, ocuparon puestos en la administración local, como altos
cargos en los consul ados (vedados, por o tro lado, a los no peninsulares);
se hicieron familiares del Santo Oficio y dotaron económicamente
capellanías y hermandades, como la del Santo Cristo de Burgos en
ciudad de México. Todo ello perfilaría un grupo social cohesionado y
solidario, donde se solapaban intereses económicos y familiares
12
.
Cuando la colonia montañesa en Nueva España empezó a ofrecer
ciertas garantías de prosperidad económica , el flujo de emigrantes
aumentó de manera significativa, entr e 1770 y comienzos del XIX.
Entonces, dos hechos concatenados frenaron la llegada de montañeses :
12
Para más infor mación véase POLO SÁNCHEZ, Julio Juan, “ Vasco s y montañeses: arte, po der e
identidad es nacio nales e n el v irreinato de Nu eva E spaña ”, Acta/Artis. Estud is d’Art Mod ern , nº 3 (2015 ) pp .
63 - 73 .
Administración y e jército Comerciantes por cu enta propia
Reclamados por parie ntes Criados
Escribientes sin parie ntes en destino N o consta
33
la guerra de la Independencia en Españ a y el proceso de e mancipación
colonial. A partir de 1820 , la corriente migratoria, a la vez que crecía, se
desviaba a Cuba y, muy particularmente, a La Habana, convertida en
refugio para las fortunas expulsadas de México.
GRÁFICO 4. La emigración en la Junta de P arayas, valles de Ruesga y Gu riez o, 1710 -1 840
Elaboración p ropia a part ir de las licenc ias de emb arque de l Archivo Gen eral de Ind ias
Aproximando el foco a las poblaciones de la Junta de Parayas, se
pueden distinguir cuatro generaciones de emigrantes:
• Primera. Estuvo formada por los miemb ros de la familia Villanueva
Pico, compuesta por varios hermanos nacidos a comienzos del siglo
XVIII . Comenzaron sus carreras al servicio de la Corona,
circunstancia que les llevó a Madrid. En la Corte entablaron las
primeras relaciones comerciales con los Cinco Gremios Mayores de
la Corte. A partir de 1730 se instalaron en Cádiz, donde fund aron
casa comercial y se iniciaron en la carrera de Indias con éxito,
convirtiéndose en cargadores que comerciaban con los princi pales
puertos americanos.
Bustos Rodríguez apunta el ejemplo paradigmático de los navarros
Antonio y Roque Aguado, con los que los Villanueva Pico,
originarios de Rasines, guardaban una trayectoria
significativamente paralela: origen en la zona septentrional de la
península, llegada a Cádiz en la década de 1730, ingreso en el
0
10
20
30
40
50
60
Parayas Ruesga Guriezo
34
Consulado, asociac ión de los herma nos en una merc antil,
enriquecimiento meteórico en los negocios, establecimiento de una
red de contactos comerciales y asociación de parientes que
constituirán la segunda generación en la empresa familiar.
13
El resto de individuos de esta primera generación no alcanzaron la
resonancia de los Villanueva, destacando por la heterogeneidad de
sus destinos, el hecho de no contar con el respaldo de famil iares
en América y la realización del viaje solos o, a menudo, como
criados de cargos de la administración o el ejército.
• Segunda generación. Nacidos en la década de 1730, con Andrés Gil
de la Torre y Francisco de Gibaja Marroquín, antepasados de los
De la Cuadra. Se trata de jóvenes emigra ntes que se iniciaron en el
comercio ultramarino hacia 1760. Tuvieron Veracruz como sede
principal. Allí se erigieron como burguesía dominante, aplicando
estrategias matrimoniales ventajosas y articulando redes
económicas, políticas y sociales. Con la liberalización d e los
puertos peninsulares, se estableció una alianza trasatlántica con
Gil de la Torre como prior del consulado de Veracruz y Gibaja
Marroquín en el puerto santanderino. Completando el esquema
situaron a familiares como agentes de negocios en la Corte y sus
compañías absorbieron a buena parte de sus compatriotas recién
llegados.
• La tercera generación, nacida hacia 1760 -70, se ben efició
plenamente de las redes familiares y ve cindad levantadas p or los
anteriores. Se trata de los rasinienses Manuel Viya Gibaja,
emparentado con los miembros de la anterior generación, y José
Martínez Barenque. Bajo la protección d e sus parientes mayores,
emigraron como simples aprendices la mayoría de los casos, para
emanciparse pronto e iniciar su carrera en los negocios. Con ellos
se asiste al afianzamiento definitivo de la comunidad cántabra en
México, observable en su dominio de las instituciones políticas
(consulados, Ayuntamientos), económicas (compañías de com ercio)
y culturales (hermandades religiosas).
• La última generación es la de n acidos a fines del siglo XVIII o a
comienzos del XIX. A ella pertenecía Clem ente de la Cuadra (1803-
1873). Destinados a aprovechar y continuar la tradición familiar en
Nueva España, encontraron como la independencia mexicana
destruía sus mecanismos de promoción social. Las circunstancias
forzaron una trayectoria vital, entre 18 15 y 1835
aproximadamente, l lena de altibajos, con finales muy dispares,
desde la permanencia en México al contrabando o el regreso a la
península.
Cabe preguntarse por las causas d el enriquecimiento generalizado, y
a menudo formidable, obtenido por estos emigrantes. Aunque a
continuación se pormenorizará en cada caso, hay que advertir que la
escasez de fuentes impide un estudio cuantitativo riguroso; iniciativas
13
BUSTOS ROD RÍGUEZ, Man uel, Cád iz en el sistema… , p. 175 .
35
como la de José Miguel Lana Berasáin, que actualmente trabaja sobre un
archivo de 335 cartas comerciales de Francisco de Gibaja, paliarán, y
mucho, este vacío. A pesar de este inconveniente, pueden deducirse
varias causas: en principio, se trató de un grupo con un cierto nive l
económico de partida. Con probadas conexiones en la Corte, gozaban de
la promoción y protección del Estado mediante virreyes, intendentes, etc.
Además de su estat us, su educación les capacitaba para los negocios y
cargos políticos a los que, gracias su c ondición de peninsulares – , unos
15.000 para todo México a comienzos del XIX – tenían acceso
prácticamente en exclusiva. Nueva España, no debe olvidar se, ofrecía
enormes posibilidades de enriquecimien to con el a uge minero del XVIII.
Por último, no se pueden desdeñar las prácticas comerciales ilegales.
Casi la mitad de las mercancías que entraban en América lo hacían de
contrabando, según Elliot
14
. Peninsulares y criollos se lucraron
introduciendo géner os ingleses, holand eses y portugueses de manera
ilí cita. La situación intermitente de guerra con Inglaterra en l a segunda
mitad del XVIII, con el bloqueo del Atlántico, no haría sino favorecer el
mercado clandestino.
2.3. Cuarta generación: Clemente de la Cuadra y Gibaja
El linaje De la Cuadra procede del área cántabro – vasca,
concretamente del valle de Carranza (actual Guipúzcoa) donde se hallaba
asentado desde al menos el siglo XVI. De allí saldrían distintas ramas
familiares que se asentaron en los valles cercanos, como el d el Asón, en
la s iguiente centuria
15
. En el XVIII, var ios miembros de la familia
alcanzaron puestos relevantes en la administración y el ejército.
16
Entre tales ascendientes sobresalieron Mateo De la Cuadra y
Ranero (1724-1804), que hizo carrera militar. En 1767 alcanzó el rango
de capitán en el regimiento de infantería de Zamora. Poco después, con
el rango de coronel, fue nombrado gobernador de la provincia de
Chucuito (Perú), donde al parecer cometió varios excesos, fugándose
posteriormente. En cualquier caso, debió ser perdonado, pues hacia 1792
recibía el título de caballero de la Orden de Santiago
17
. Otro antecesor
célebre fue Sebastián De la Cuadra y la Llanera (1687 -1766) , natural de
San Julián de Múzq uiz, en Vizcaya. Caballero de la Orden de Santiago y
14
ELLIOT, John, I mperios del mun do a tlántico: España y Gran Bretaña en América (1492 -1830) , Ma drid,
Tauru s, 2021.
15
HUIDOBRO SANZ, David , “El linaje De la Cu adra del v alle de Arranza y sus descen dientes los De la
Cuadrao o De la Cuadrado de Cantabria y Burgos”, Hidalguía , Año LXIb [2014], nº. 364-3 65, pp . 395-
420 .
16
ARCHIVO DE LA REAL CHANCILL ERÍA DE VALLADOLID (en adelante, ARCV), SALA
HIJOSDALGO, Caja 1023 , Exp. 37. “la f amilia De la Cuadra es muy cono cida y distinguida en esta villa
y su comarca, h abiéndose empleado muchos d e ello s en el servicio de su m ajestad, en el que h an ob tenido
empleo s de gradu ación hasta el de min istro de E stado”.
17
DE CADENAS Y VI CENT, Vicente, Caballeros de la orden de Santiago, siglo XVIII, tomo V, Madrid,
Edicion es Hidalguía, 1979, p. 1607 ; AGI, CONSEJOS, 20 318, Ex p. 1.
36
miembro de la Orden del Toisón de Oro, perteneció a la ge neración de
nuevos altos cargos que Felipe V prom ovió en detrimento de la vieja
nobleza castellana. Bajo el reinado de este, alcanzó el cargo d e secretario
de Estado y de Gracia y Justicia, siendo nombrado finalmente como
marqués de Villarías
18
.
La familia de Clemente constituía una r ama menor, establecida en
Ampuero desde finales del siglo XVII. El padre, Juan De la Cuadra García
(1764 -1839), era hidalgo, estatus que, como se ha señal ado, estaba
prácticamente universalizado en Cantabria. En 1798 contrajo
matrimonio con Manuela Gibaja Gibaja, del cercano pueblo de Rasines.
La posición de la esposa debía ser algo más holgada, ya qu e la pareja
terminó por instalarse en este pueblo, donde Manuela había heredado
una vivienda, una pequeña huerta y varios minifundios que no
superaban los 1500 metros², todo ello valorado en menos de 10.000
reales
19
.Clemente de la Cuadra y Gibaja nació en Rasines el 23 de
noviembre de 1803, siendo el sexto hijo del matrimonio. Recibió su
primera instrucción en la escuela de Rasines, fundada en 1788 por sus
parientes Andrés Gil de la Torre y Francis co de Gibaja, siendo su maestro
Manuel Martínez Bustillos. En 1814, salía de la escuela sabiendo leer,
escribir y contar. Al objeto de adquirir alguna experiencia previa, su
padre lo colocó en un comercio de Lared o propiedad de Fran cisco Orense
y Rávago ( 1781-1846), marqués de Albaid a. Bajo su tutela, perfeccionó la
gramática y adquirió rudimentos de náutica, otra de las disciplinas
apropiadas para el comercio, dada la práctica de las casas comerciales
de enviar a un sobrecargo en los buques que velara por la mercancía.
Adquiridos los conocimientos que se estimaban necesarios para el
desenvolvimiento profesional, llegó el momento de la partida, siendo
encomendado por su padre a la familia de Manuel Viya y Gibaja , en
Veracruz, a donde llegó en el otoño de 1816. Tenía solo 13 años, y
probablemente realizó el viaje en compañía de otros jóvenes emigrantes
de su misma condición.
20
El contacto con la familia en Rasines se mantuvo, como constatan
la abundante corres pondencia, envíos d e dinero y el siempre presente
horizonte de una vuelta a la patria como indiano rico. Allí hacían gala de
su riqueza construye ndo fastuosas mansiones, cuya arquitectura ha sido
estudiada en profundidad por Aramburu- Zabala, además de fundar
institu ciones educativas y hospitales que demostraban su generosidad
con la tierra natal, patrón común a indianos asturianos, navarros o
catalanes
21
. La comunicación de Clement e con su familia en Cantabria
debió ser fluida; en una parte del relato, por ejemplo, menciona un barril
18
AHN, OM – CABALLEROS SANTIAGO, Exp. 2239.
19
Heren cia de Clemente de la Cuad ra , recibida a la muerte de su padre en 1 839, divid ida a medias con su
herman a Feliciana.
20
Biog rafía de José María Or ense y Milá de Arag ón, disponible: http://d be.rah.es/biog rafias/7322/jo se -
maria-o rense- mila- de -aragon-y- herrero [ consulta: 26 de agosto d e 2020] ; DE LA CUAD RA Y GIBAJA,
Clemente, Memo rias , inéd ito, tran scrito po r Fern ando d e la Cuadra Durán , s/p.
21
YASHIMA, Yukari, “Lo s indianos y sus redes personales y empresar iales en el co lonialismo español del
siglo XIX: el caso de José Xi fré y Casas”, Illes i Imp eris , nº 19, 20 17, pp. 125 - 144 , p. 129 . Jo sé Xifré
levantó un hosp ital a su vuelta a Arenys de Mar, en 1839 .
37
de chacolí que su padre le envió a Nueva Orleans, en 1832. Aunque no
en su caso, comerciantes próximos a él, como Juan del Juncal o los de
la Lastra, viajaban con frecuencia a Cantabria, siendo ha bitual que
llevaran dinero y cor responden cia para los familiares de otros paisanos
22
.
Para 1816, México se encontraba inmerso en la revolución
independentista y el sistema que garantizaba privilegios de los
peninsulares, en crisis. Tras los fusilamientos de Hidalgo y Morelos, la
insurgencia deriv ó en una guerra de g uerrillas lideradas por Vicente
Guerrero y Guadalupe Victoria. Los tiempos eran poco propicios y
Manuel Viya, que preparaba su regreso a la península, envió a Clemente
a ciudad de México
23
. La capital, el centro redistribuidor más importante
de todo el virreinato, ofrecía más seguridad a los peninsulares por ser
plaza fuerte del ejército realista.
Desprovisto de la protección familiar, De la Cuadra se vio for zado
a recurrir a la red d e paisanos, trabaja n do como dependiente de varios
de ellos. Los múltiples movimientos de De la Cuadra entre 1816 y 1832
tuvieron siempre el referente del paisanaje: acudía allí donde había
antiguos vecinos establecidos, ya fueran comerciantes (área costera de
México) o mineros (San Luis de Potosí). De esta red obtuvo cobijo, empleo
y préstamos que le permitieron emprender negocios más ambi ciosos, tras
unos primeros años de aprendizaje.
A comienzos de 1817 Clemente llegaba a la ciudad de México,
donde permaneció dos años. Obtuvo su primer empleo como d ependiente
de una tienda de ropas al por menor propiedad de Francisco Javier Heras
Herrera que tenía en el Parián, un mercado de lujo junto a la plaza del
Zócalo. En 1818 p asó al comercio de otro rasiniense, José Martínez
Barenque, quien le ofreció su primer sala rio, de cien duros anuales . Con
él trabajó hasta 1820, cuando el conflicto independentista afectó al
comercio de la capital. Por entonces, México experimentaba el avance del
ejército Trigarante, y la independencia se intuía próxima. El gobernador
Juan O’Donojú, llegado a Veracruz en el verano de 1821, se entrevistó
con Iturbide en Córdoba el 24 de agosto de ese año, lo que fue recibido
por los españoles como una traición . El propio Clemente manifestaba en
sus Memorias que la independencia suponía
un perjuicio para mi patria y sin provecho en cambio pa ra los naturales
honrados, que fueron los primeros q u e sufri eron las consec u encia s que
inmediatam en te si guieron.
24
22
AGI, INDI FERENTE, 2 152, N.3.
23
AHPC, Pro toco los Notar iales, 462 , f. 989 - 997, Testamento de Ma nuel de Viya y Gib aja, [9 de o ctubre
de 1826]. En eso s mo mento s, Viya estaba mov iendo sus ca pitales hacia Cádiz, do nde recaló fin almente el
21 de octubre de 18 21, recién p roclamad a la independen cia mex icana. En su testamen to señalaba “la
precipitació n con que m e vi precisado a emigrar de aquella ciudad”.
24
DE LA CUADR A Y GIBA JA, Clemen te, Memorias , inédito , s/n.
38
Barenque se vio obligado a prescindir del joven, a qu ien siguiendo
las reglas de solid aridad de la comunidad montañesa, buscó una
ocupación en el valle de San Francisco, próximo a San Luis de Potosí
25
.
Tras un año en una tienda mestiza- comercio en el que se exp endía
todo tipo de género – se asoció con el montañés Ignacio Fernández, con
la intención de explotar una mina en Real de Catorce, pueblo fundado en
1778 al descubrirse grandes yacimientos de plata en la zona. Se enclava
en una región inhóspita, a gran altu ra (2770 m.), y de muy difícil acceso.
Por entonces tenía 4.000 habitantes, cifra que podía doblarse si las minas
entraban “en bonanza”, es decir, si se descubrían grandes filones. Entre
ellos se contaba una importante colonia hispana y, más precisamente,
montañesa.
26
Un buen número de colonos llegaba a la región con fuertes
expectativas de enriquecimiento, pero sin ningún conocimiento práctico.
El propio Clemente confesaba en sus escritos haber pasado la mayor
parte de 1821 a “700 o 800 varas de profundidad”, buscando i nútilmente
una veta que les hiciera ricos. La sociedad se rompió cuando este enviudó
y tuvo que devolver la legítima a su suegro, quedándose en bancarrota.
Por su parte, De la Cuadra se hizo cargo de la Hacienda de Cedros, una
25
ME NDOZA GARCÍA, Je sús Edgar: “La secu larización de los ho spitales y el Ayu ntamien to d e la ciu dad
de Méx ico ante el decreto de supresión de órden es monacales , 1820 - 1822 ”, Andamios , volumen 1 5, nº 38,
septiembre -diciem bre, 2 018, p p. 3 39 -364 ; BENSON, Ne ttie Lee, La Diputació n Provin cial y el federalis mo
mexicano , Universidad Nacional Autón oma d e México, México, 1994, p . 136 ; Archivo General de la
Nación ( en adelante, AGN), Instituciones Gu bernamentales: épo ca moderna y contemp oránea,
Administració n Pública Fed eral S. XIX, Go bernación Siglo XIX, Movimiento Marítimo, Pasaportes y
Cartas de Segu ridad (129)/ Pasaportes, Volumen 52 [13 de enero de 1 831] ; El Sol , n º 1025 [5 de abril d e
1826], p. 4 ; El Fén ix de la Li bertad , n º 29 [26 de en ero de 1833 ], p. 3. Heras co nstituía el arqu etipo d el
peninsu lar p rivilegiado en Nueva E spaña, y co mo tal er a u n firme defen sor del dominio español. Formó
parte d el Ayu ntamiento con sti tucional de México a comienzos del T rienio, y t ras la independen cia, logró
adaptar se a la nueva situac ió n, integrándo se en instituciones com o la Diputación de Méx ico (órgano que
funcio nó entre el 5 de m arzo de 1822 y el 18 de septiemb re d e 1823) y del Con greso; y continu ó co n sus
nego cios. En 1833 seg uía apareciendo como ciudadano exceptuado de la expulsión
26
Hemos en con trado las licencias de embarq ue d e num erosos cántab ros com o Andrés José del B arrio, Ju an
Manuel Gutiérrez y San tiago Gonzá lez, vec inos de San ta Eulalia, en el valle d e Polaciones, par a pasar a
Veracru z, a la compañía de sus tío s Rafae l y José G ómez de Rada, establecid os con casa de comercio en
Real d e Cato rce (19 de en ero de 1819) (INDIFERENTE,2 134,N.5 8); Francisco Diego, natural, vecino y
del comercio de L loreda, en Santander, soltero, hijo del difunto J uan Diego Fernández y de Ter esa Rapado
del Riber o, para p asar a la ciudad de Real de Catorce a asistir en los neg ocios su tío , Dionisio de Villegas
Rapado, vecino y d e aquel com ercio ( INDIFERENTE, 2130,N.1 54); Juan Eufrasio de Larrea, natur al y
vecino de Llodio, en el señorío d e Vizcaya, para pasar a Real de Catorce, en San Luís de Potosí, en compañía
de su hijo José Basilio de Larr ea, a asistir en los neg ocios a su pariente, Antonio Vice nte de Larrea , r esidente
y de aquel comer cio (180 3- 03 -13 ) (INDI FERENTE,2130 ,N.126), . Antonio de Nájer a Izquier d o, natural
de Villo slada d e Camer os, en La Rioja, soltero, para pasar a Real de Catorce, en el estado d e San Luís d e
Potosí, a asis tir en los nego cios a Miguel Muro , residente y de aquel comercio (18 03 - 02 -01) ;
(INDIFERENTE ,2130 ,N.77); Ju an Isidro Mur o, n atural de Villoslada, so ltero, par a pasar al Real de
Catorce, en el v irreinato de Nuev a España, a asistir en los n egocios a su tío, Miguel Manuel de Muro, vecino
y de aq uel com ercio (1803 - 05 -06INDI FERENTE,21 31,N.103.),; Ma nuel d e Liaño , natural y vecino de La
Encina, h ijo de Vicente de Liaño y de Juana de Pedrosa, para pasar a Real de Catorce, a reunirse con su
herman o Domingo, establecido allí co n casa y c ompañía de comercio (1804 - 02 - 28). INDIFERENTE, 2135,
N.2.
39
de las principales de Mazapil, en Zacatecas
27
. En esta región, la s
haciendas conformaban extensísimos latifundios (Cedros ocupaba unas
50.000 hectáreas) mixtos, dedicados al beneficio minero y la cría de
ganado (500.000 cabezas de ganado ovino en el municipio). Al concluir
con un nuevo fracaso, Clemente consiguió un empleo como
administrador de la hacienda Pastoriza, en Matehuala, propiedad del
cántabro Marcos Gómez de la Puente. Allí permaneció hasta 1823
cuando , debido a problemas con la esposa de su jefe, María Paula de la
Parra, decidió abandonar el trabajo y dirigirse a Tampico, para probar
suerte de nuevo en el comercio.
Este periodo coincidía con la conclusión del breve reinado de
Agustín Iturbide, in mediato a la indepe ndencia. Tras su exilio, subió al
poder un gobierno provisio nal liderado por Guadalupe Victoria, quien
proclamó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos , el 4
de octubre de 1824
28
. En esta etapa de su vida, Clemente se dedicó al
comercio en el Golfo de México, centrado en los puertos de Tuxpan y
Tampico, al servicio de su convecino Juan del Juncal , mayorista que
había medrado en l os negocios y que e ra dueño de dos goletas. De la
Cuadra trabajó como dependiente, contable y sobrecargo en ambos
barcos. La caída al mar desde uno de ellos le provocó unas fiebres que lo
mantuvieron en cam a hasta finales de 1824
29
. Recuperado, en 1825 logró
independizarse y comenzó a realizar sus primeros giros, enviando vino
hacia el interior, aprovechando la red de paisanos instalada en el
territorio, que actuaban como consignatarios; también realizó fletes a
Nueva York, a bordo de la goleta Altamira. No obstante, el gobierno
mexicano había ido endureciendo las co ndiciones para los comerciantes
peninsulares, de manera que muchos de ellos decidieron retornar a la
península y retirar sus capitales. Uno de los consignatarios de Clemente,
Juan de Zalabardo, emigró a Españ a, dejándole a deber u na suma de
20.000 duros.
30
27
PANICO, Fra ncesco, GARIBAY OROZCO, Claud io , “M azapil, Zacatecas, Mé xico: u n ejem plo de
estructura agroganad era co lonial”, F ronteras de la Historia , v ol. 15-1, 210 , pp. 6 1 -84. Cedros co nstan como
una de las primer as haciendas min eras de Mazapil junto a Bonanza , San I sidro, Gruñidora, Sier ra Hermosa
y Pozo Blanco
28
CHUST CALE RO, Manuel, Serr ano, José “Presen tación: Gu erras, monarquía e ind ependencia de la
América española”, Ayer , n º 74 [2 009], (Ejemp lar dedicado a: La f ormac ión de lo s Estados -nacion es
american os), p p. 13- 21 , “Los p rocesos revolucion arios (indep endencias) en Iberoamérica”, Tiempo s d e
América: Revista de historia, cultura y territorio , nº 20 [2013] (Ejemplar dedicado a: Las Rev olucion es de
Indep endencia: un b icentenario a deb ate), págs. 5 - 11 .
29
El archivista gen eral , [10 abril 182 4], p. 280. Se tratab an de los barco s “El Carmen ” y “San Cayetan o”.
30
Así, invir tió 1.000 duro s en 25 barriles d e vino que envió a San Luis de Poto sí. Tampoco logró la
estabilidad en este nego cio, pues se estaba p rodu ciendo la salida d e cap itales de peninsulares an te la
insegurid ad d el p aís, resultado de lo cual terminaría perdiendo sus gan ancias
30
.Con este f racaso, v olvió a
Tuxp an donde trabajó, esta vez como socio, al lado de Juncal, para el que reunió un cargamento de pimienta
y zarzaparrilla del que o btuvo tr es m il d uros. Allí, trabajó con otra familia de paisanos, los de La Lastra.
En este flete realizó su primer viaje a Nueva York, a b ordo d e la g o leta “Altamira”. En Nu eva York ven dió
el cargam ento “v entajosamente”, rein virtiendo l as ganan cias con otro flete para Tamp ico, lo qu e le gen eró
por fin ganancias, pues “encontram os la plaza desurtida y p udimo s realizar nu estra mercan cía sin
competen cia ni pr oblemas de nin guna clase”. Sin embargo, f ue a su vuelta que co noció la par tida de
Zalabard o y con ella la pérdida de su p equeña fortuna, que estimaba en 20 .000 reales.
46
Lavín y Martínez Matienzo comenzaron trabajando en Cuba como
dependientes en el comercio de De la Cuadra. No obstante, al regresar
este a España, decidieron asociarse y continuar el negocio en Tampico,
donde ahora ingleses y alemanes (Wale ntin Cholewinski, Spitta-Meyer)
habían desplazado a los españoles en el comercio
53
. De este modo se
vincularon al grupo de españoles que ha bía logrado sortear la expulsión,
entre los que había paisanos como Juan del Juncal, Casimiro Toranzo,
Manuel Escajadillo y la familia De la Last ra, que gozaba una posición de
predominio en Tampico. Repartían a familiares a convecin os en otros
puertos y ciudades del interior, logran do conformar una red para el
tráfico de mercancías, en los que los valores de comunidad y solidaridad
seguían en buena medida vigentes
54
. Han quedado apuntes y
correspondencia comercial de la casa comercial, a través de la cual se
observa el día a día del negocio:
Estos tres o cuatro días hemos tenido unos pocos de apuros por haber
hecho desemb olso de 3000 pesos con tres amigo s que signen estos con
nosotros, causa por la que hemos dispuesto no pagar letra ni carta de
amigos que no te ngan fondos e n nuestr o p oder p orque muchos creen que
estamos ricos y se equ i vocan
55
.
En otra, afirmaban que
en esto de cuenta s chicas o grandes, cuant o más amigo s más cla r idad.
Cuando usted se fue debió decirnos natura lmente en qué tiempo nos
pagaría o al menos cuando nos escribió podía haber referido nuestra
cuenta pen die nte aunque no hubiera dich o nada de su despedida a la
inglesa
56
.
La empresa tenía un tamaño medio; desde luego, no aparece en la
lista de mayores contribuyentes sobre capitales en giro de Tampico en
1840. Comerciaban con maderas, ro pa, cueros, alimentos, armas,
bebidas alcohólicas y utensilios del hogar (loza, lencería, velas). Operaban
al menudeo y al por mayor indistintamente, como demuestran los envíos
al interior (San Luis, Zacatecas) y los fletes de una goleta, llamada
Anita
57
. Como De la Cuadra, debieron practicaron el contr abando y
evitaron el paso de las mercancías por la aduana de Tampico, como refleja
su propia correspondencia:
Administració n Pú blica Federal S. XIX / Gob ernación Siglo XIX / Movim iento Marítimo, Pas apo rtes y
Cartas d e Segurid ad (129) / Pasapo rtes. / Volumen 5 1 / Expediente 494 [13 de m ayo de 187 3] ; Archivo
General de la Nació n / I nstitucio nes Guber namen tales: ép oca m odern a y contemporán ea / Ad ministración
Pública Federal S. XIX / Go bernación Siglo X I X / Mo vimiento Marítimo , Pasaportes y Cart as de Segurid ad
(129 ) / Movimien to Marítimo. (12 9) / Con tenedor 4 / Vo lumen 19 / Expedien te 66 [1 3 de octubre de 1849 ] ;
Boletín Oficia l de la p rovincia de Santander , nº 10 4 [ 2 d e septiem bre de 1861], p . 1 ; AGI,
INDIFERENTE,2 153 ,N.43 , AGI, INDIFERENTE, 215 3, N. 115; Archivo Rivas, carta de 23 de diciembr e
de 18 43; Archivo Rivas, ca rta de 29 de d iciembre de 18 44.
53
GALICIA PATI ÑO, María d el Carmen Raquel, La formación …, p. 199 .
54
Ju ncal se h abía integrado en las institucion es d e la ciud ad y había m atrimon io con Mar garita Llo rente,
quien pertenecía a una antigua familia de p ropietarios d el área de Tantoyuca .
55
Archiv o Rivas, carta de 28 de agosto d e 1843.
56
Archiv o Rivas, carta de 10 de diciembre de 1843.
57
Archiv o Rivas, carta de 13 de julio de 184 3.
47
Le digo que debe v sacar la guía para Altam ira consignada a D José del
Río que vi ve en ese punto y le tenemos a v recomendado. Dicho señor le
dirá a v lo que deberá de h acer y de ese modo ahorrará v la mitad de l os
derechos, sin di spone r le, pues esta es nuestra opinión, y según hemos
sabido ot ros han h echo lo mis m o y ha n salid o bien
58
.
Las décadas de 1830 y 1840 vivieron el cerco del gobierno mexicano
a los españoles, a quienes se imponían medidas cada vez más
restrictivas. Desde fines de 1843, Lavín y Martínez Matienzo se
plantearon el cierre de sus negocios y l a vuelta a la peníns ula ante el
decreto de 23 de octubre, por el que México pasaba de república unitaria
a federal, restringiendo la actividad de los peninsulares. Los primos
tuvieron que liquidar todo el dinero que tenían en pagarés, algo
complicado en una coyuntura tan adversa. Abunda la correspondencia
de la casa solicitando el pago de deudas a diversos come rciantes
(Francisco Becerra, Antonio Echevarría, Manuel Mauri, Francisco
Álvarez, José Riba y Garci, etc.). Por el mismo motivo, Lavín empeñó todo
el año y parte del sig uiente en un peregri naje por México par a cobrar en
persona las deudas contra varias casas comerciales
59
.
El siguiente paso, siguiendo el consejo de Clemente de la Cuadra ,
consistió en colocar las ganancias en C ádiz o Málaga. Sin embargo, el
cobro del 15% de co misión hacía más ac onsejable enviar el d inero a La
Habana
60
. Para ello contaban c on la ayuda de los hermanos Antonio y
José Escajadillo, paisanos establecidos en Cuba y a los que se refieren
en sus cartas como “ compadres”
61
.La estrategia empleada consistió en el
envío de distintas sumas, en onzas de oro – valor fácilmente convertible
– mediante barcos de confianza. En su contabilidad aparecen envíos de
un total de 1.648 on zas de oro mexicanas. La preocupación de los socios
se centraba en las posibles pérdidas en la conversión:
También d eseam os nos di ga q u e valen en esa las onza s mejican as, cuánt o
tienen de premio los peso s fuertes y la feria; al mism o tiempo espero me
diga que de rechos pag a a la salida de esa, y a la entrada en Españ a, y si
pierde o vale en Es pa ña l o mismo que en esa el peso fuerte y onza
mejicana
62
.
En efecto, ambos tu vieron que comprar “letras sobre Santander con
un tres y un cuatro por ciento de descue nto para no perder un seis por
ciento que pierden las onzas”. El dinero se movía por un ci rcuito, de
nuevo, al que se acc edía por la amistad, el parentesco y el pa isanaj e. El
proceso iniciado en Tampico y Cuba continuó en Santander, donde
58
Archiv o Rivas, ca rtas de 1 1 de febrero y 11 de m arzo de 184 4; GÓMEZ CRUZ, Fi liberta, Circuito s
mercantiles …, p. 1 20. Sob re el con traban do, era muy hab itual en el pu erto de Tampico en la d écada de
1840 . En esos años el gobierno la Dirección Gener al de la Industria Nacional, qu e entre sus misiones tenía
la de reforzar el control aduanero para evitar la ent r ada de telas ex tranjeras, qu e impedían el afianzamiento
de la ind ustria mexican a.
59
Archiv o Rivas, carta de 23 de enero d e 184 5. No obstante, no to das las deudas pudiero n ser cobradas.
Tras aban don ar México, la correspon dencia de Lavín y Martínez Ma tienzo a sus deu dores en dicho país
continu aría.
60
Archiv o Rivas, carta de 15 de junio d e 1844.
61
Archiv o Rivas, ca rta de 17 de nov iembre de 1845.
62
Archiv o Rivas, carta de 20 de noviembre de 1845.
48
encargaron la conversión de las letras a José María López-Dóriga, hombre
de negocios relacion ado con la banca san tanderina y tío de Te resa Gibaja,
esposa de Clemente de la Cuadra.
63
Tras todos los gasto s, Lavín y Matienzo quedaba en posesi ón de
unos 10.000 pesos fuertes cada uno. Conociendo su disposición de
metálico, Clemente los convencería para que se establecieran en Utrera,
donde se abrían grandes expectativas, en principio centradas en la
adquisición de fincas, si bien sería el negocio de los préstamos el que
pronto se revelaría más ventajoso. La reorientación profesional suscitaba
dudas en Martínez Matienzo, que se expresaba en estos términos:
Sobre lo que v me dice de establecerme en esa, cuanto m ás lo pienso
encuentro más di f icultades, por la falta de conocimient os y experiencia
en ese co mercio; aunque por mi parte me arriesgaría a cualquier cosa
estando cerca de v que los ti ene. Pablo me dice que está di spu esto a
seguirme y en esa determinar; mientra s tanto esperam os nos haga el
favor de irnos sit uando el d in ero en esa
64
.
De este modo, ambos decidieron probar fortuna junto a su tío, para
lo que volvieron a em plear el círculo de co ntactos antes señala do. En este
caso, solicitaron a López-Dóriga que colo cara sus 20.000 pesos fuertes a
nombre de Manuel de la Cámara, comerciante de Sevilla y amigo de
Clemente de la Cuadra
65
.La llegada de Lavín y Martínez Matienz o a Utrera
se produjo el 3 de febrero de 1847, sobre la que se expresaban en estos
términos:
Nosotros hemos pasado ocho meses di vertidos r ecorrie n do todos los
pueblos de la Montaña, y hemos venido por Madrid a esta vi lla de Utrera
a do nde nos tiene v a su disposic i ón transformados de come rciantes en
labradores este año, como por vía de distracci ó n y expe riencia en la
agricultura
66
.
La experiencia americana constituyó una sucesión de negocios y
aventuras empresariales, la mayoría de ellas, fracasadas. Sin duda, las
circunstancias que le tocó vivir marcaron la personalidad de C lemente de
la Cuadra, que ofrece una imagen de sí mismo como hombre a udaz ,
íntegro, de volunta d inquebrantable y capaz de so brepo nerse a las
penalidades que le lanzaba la vida. Tambi én marcó, en buena medida, su
referente – sus ante pasados como modelo de hombres de éxito – y su
vinculación al mundo de los negocios, que no quiso abandonar por la
tierra – no por comp leto, al menos – hast a finales de la décad a de 1840.
Mantuvo su red de parientes y paisanos, que se movieron con él a raíz de
su establecimiento en Utrera y , sobre todo, pudo arreglar un muy
ventajoso enlace para su primogénito con la hija de un rico indiano,
Santos de la Maza.
63
Archiv o Rivas, carta de 12 de agosto d e 1846.
64
Archiv o Rivas, carta de 23 de diciembre de 1846.
65
Archiv o Rivas, carta de 24 de diciemb re de 1846. Manuel de la Cá mar a era el padrino del hijo m ayor de
De la Cuadr a, Enr ique.
66
Archiv o Rivas, carta de 28 de mayo de 1 847.
49
3. CREACIÓN Y DESTRUCCIÓN DEL PATRIMONIO FAMILIAR. L A
FAMILIA DE LA CUADRA Y EL MERCADO DE LA TIERRA EN
UTRERA DURANTE EL SIGLO XIX
50
51
A menudo los signos externos, v isibles y tangibles, y los símbolos de
la felicidad y el éxito aparecen cuando, en re a lidad, todo eso
comienza a decaer … ; es más, no aparecen hasta entonces.
Thomas Mann, Los Buddenbrook
3.1. Introducción
Cuando en 1901 Thomas Mann escribió “ Los Buddenbr ook ”,
centrado en el auge y decadencia de una familia de comerciantes a través
de tres generaciones, creó un arquetipo que pasó al campo de la economía
con el nombre de “síndrome de los Buddenbrook”. Básicamente, dibuja
una secuencia de tres pasos, en el que l a primera generación, la
verdaderamente emprendedora, levanta los cimientos de la empresa
familiar; la segunda generación lleva el pr estigio familiar a su cénit; y con
la tercera, despreocupada y entregada al ocio, sob reviene la dec adencia
67
.
El refranero español ya poseía una descripción del mismo fenómeno, y
más antigua: “ Padre comerciante, hijo caballero, nieto pordiosero ”.
En una disciplina como la Historia, r esulta contraproducente
intentar encajar la realidad, con sus i nnumerables variables, en un
modelo rígido. No obstante, no podemos evitar poner en paralelo el relato
de Mann y la historia de la familia De la Cuadra , con el fun dador de la
empresa familiar, Francisco de Gibaja Mar roquín (1730 -1810); una
segunda generación que amplía las riquezas y estatus (Clemente de la
Cuadra, 1803-1873) y una tercera, personificada en Enrique de la
Cuadra (1842 -1894), con el que la familia alcanza su punto álgido y, a la
vez, inicia su declive. Sus dos hijos, Fern ando y Federico, oprimidos por
las deudas paternas, solo pudieron desha cerse del patrimonio familiar en
un largo periodo de decadencia que, lla mativamente, coincidió con su
momento de mayor protagonismo político (1900-1910).
La tierra c onstituyó la base económica fundamental, si bien no
única, de la familia De la Cuadra una vez establecida en Utrera . Sus
estrategias de compras y gestión de la misma explican su riqueza, su
preminencia social y política , por lo que hemos considerado necesaria la
in clusión de un apartado introductorio , centrado en el término de Utrera
y su mercado de la tierra, para dotar de contexto a las siguientes páginas .
Para ello , describiremos la consolidación del latifundio en el término de
Utrera desde la Reconquista hasta el fin del Antiguo Régimen, las
novedades introducidas por el liberalismo en la legislación sobre la
propiedad – la ab olición del mayora zgo y los grandes pro cesos
desamortizadores – y sus consecuencias en el acceso a la tierra. A
continuación, se estudiará la gestión de la tierra por parte de los De la
67
LÓPEZ JIMÉNEZ, José María, “Lo s Buddenbrook. Decadencia de una familia”, eXtoikos , nº 18 [2016],
pp. 57 -62.
52
Cuadra , qué novedades introdujeron y en qué aspectos se adaptaron a
los usos tradicionales descritos por la h istoriografía tradicional (Artola,
Bernal, Cruz Villalón, Parias, Herán) .
Respecto a las fuentes, hay que señalar que la documentación más
valiosa para el estudio de la propiedad, tanto rústica como urbana, son
los registros de Contaduría de Hipotecas, donde se exponen de manera
exhaustiva y concisa las características esenciales de los inmuebles.
Desgraciadamente, los archivos de Utrera (junto a los de Osuna,
Carmona, Marchena, Sanlúcar la Mayor, Morón y Cazalla de l a Sierra) se
perdieron en 1958
68
. Teniendo en cuenta semejante carencia, se ha
efectuado un barrido por los protocolos notariales de Utrera, divididos en
ocho oficios repartidos entre el Archivo Municipal de Utrera (lo que
constituye una anomalía administrativa) y el Archivo Históri co Provincia l
de Sevilla. Los protocolos ofrecen una d ocumentación más voluminosa,
por las obligadas reiteraciones del lenguaje legal, aportando a cambio
matices que permiten caracterizar mejor las transacciones. Se han
empleado asimismo fuentes bibliográficas descrit as en su apartado
correspondiente y usado la referencia del catastro de Ens en ada, censos
llevados a cabo en 1773 datos de censos agrícolas y de población
disponibles en la web del Instituto Nacional de Estadística.
Por otro lado, aunque conocidas, merece la pena resumir
brevemente las unidades de medida que se van a manejar en este
capítulo, donde abundan los datos relativos a superficies, capacidades y
precios. El tipo d e moneda más empleado en las transacciones
estudiadas es el real. En los documentos má s antiguos, aunque
raramente, se habla de doblones, equivalentes a 32 reales. Cuando surja
la peseta, a partir de 1868, y al objeto de poder establecer comparativas
con mayor facilidad, se mantienen los precios en reales, multiplicando el
valor de la peseta por cuatro. De igual modo, desde fines de la década de
1860, en los papeles consultados se emplea el escudo, e incluso el peso
fuerte, unidades poco empleadas en el ámbito andaluz pero comunes
entre los comerciantes indianos, como es el caso de los Gibaja y los De la
Cuadra .
En cuanto a las unidades de superficie, se emplean dos
fundamentalmente: la fanega y la aranzada. La fanega era en principio
una medida de capacidad para el gr ano, y su traslación a medida
superficial, el espacio que podía plantarse con una fanega de granos.
Equivalía a 6.459 m² en Castilla, aunque su val or oscilaba según las
regiones; en este ca so hemos empleado la equivalencia 1 fanega=6.440
m², la más común en el área sevillana. L a aranzada también presentaba
variaciones entre regiones, y en teoría s e empleaba para las tierras de
viña y olivar. No obst ante, en la documentación manejada se emplea con
asiduidad la fanega para estas tierras. Cruz Villalón señala que, para el
vecino término de Carmona, fanega y aranzada se consideraban
68
APARICIO CAR RILLO, Mar ía Dolor es, y SÁNCHEZ ESTRELL A, Paloma, “Inventario de las
Contadu rías de Hipo tecas del Archiv o Histórico Provincial de Sevilla”, R evista Tría , nº12 [2 005], p. 49.
53
equivalentes desde mediados del siglo XVIII
69
. No obstante, y muestra de
la complejidad de lo s sistemas de medida del Antiguo Régim en, fanega y
aranzada en Utrera difieren entre sí y de las de Carmona: una fanega de
Carmona equivale a 510 estadales, y la de Utrera, a 500; l a aranzada
utrerana era, como la de Sevilla, de 400 estadales
70
. El resto de medida s
fraccionarias, como estadales, celemines, etc., no se contemplan para no
complicar innecesariamente la exposición. Estas consideraciones se han
tenido en cuenta a la hora de calcular las superficies, aunque es
imposible dester rar completamente la imprecisión debido a que la
evolución histórica de cada parcela contiene accidentes que alteran sus
dimensiones: agregaciones, particiones por herencias, puesta en cultivo
de márgenes (apropiación de las cañadas y veredas linderas) y
r oturaciones de baldíos y dehesas dentro de la misma propieda d.
3.1.1. El término de Utrera desde la Reconquista a fines del Antiguo
Régimen
El término de Utrera, “la localidad de los cortijos por excelencia”,
en palabras de Miguel Artola
71
, se enclava al sur de Sevilla, en la
Campiña, comarca de tierra calma y olivar cuyo relieve, dominado por la
planicie, dio lugar a la formación de grandes latifundios desde el
repartimiento del reino con Fernando III
72
. No es casual que los término s
más amplios del mismo lo c onform asen las poblaciones de dicha
Campiña: Écija, Osuna, Morón, Utrera o Lebrija, en una sucesión que
continúa hasta Jerez de la Frontera, ya en la provincia de Cádiz.
El término mide en la actualidad 67.881 hectáreas, siendo el
tercero de Sevilla tras los de Écija y Carmona. No obstante, su tamaño
había sido mayor hasta la Década Ominosa, periodo en que se contra jo
por varios frentes: en 1828 se estableció un pleito con Alcalá de Guadaíra,
cuyos vecinos usurparon un total de 7.326 fanegas de tierra de l abor y
adehesada, más 1.708 de viña, pinar y olivar. Por otra parte , El Coronil
recuperó unas provisiones dadas por la Chancillería de Granada en 1625
que declaraban las tierras linderas entre los términos del Coronil y Utrera
como mancomunadas. En época m ás reciente se ha producido la
segregación de la pedanía del Palmar de Troya (2018).
73
69
CRUZ VILLALÓN, Josefina, Propiedad y uso de la tierra en la Ba ja Andalucía. Carmona, siglos XVI II -
XX , Madrid , Ministerio de Agricu ltura, 198 0, p. 53.
70
Ar chivo General de Simancas (en adelan te, AGS), Catastro d e Ensenad a, Respuestas Generales, Utr era,
respuesta 9 .
71
ARTOL A GALLEGO, Miguel, El latifundio , prop iedad y explotación . Siglos XVIII - XX , Madrid ,
Ministerio d e Agricu ltura, 1978, p. 97.
72
PARIAS SÁINZ DE ROZAS, María, El mercad o de l a tierra sevillana en el s iglo XIX , Sevilla,
Diputació n d e Sevilla / Universidad de Sevilla, 1 989, p . 22. La autora señala q ue la estructu ra d e la
prop iedad en Sev illa se debe a “fenóm enos iniciados en el siglo XIII”.
73
OT ERO CAMPOS, José And rés, Utrera en el s iglo XIX , Utrera, Siarum, 2005, p. 100. Dec reto 183/2018
de la Jun ta de Andalu cía, sobre la creació n del mun icipio de El Palmar de Troya.
54
En el catastro de Ensenada se estimaba la superficie del término
en 137.800 fanegas, es decir, 88.743,2 hectáreas. El Ayuntamiento de
1796 redondeaba en 110.000 las fanegas de sembradío (equivalentes a
70.840 hectáreas), y en 20.000 las aranzadas dedicadas a viña y olivar.
A ello habría que añadir las superficies improductivas, dehesas y el
conjunto urbano, por lo que debemos concluir que el cálculo de 1796
tiene bastante de impreciso.
74
GRÁFICO 5. Di stribución de la tierra del té rmino s egún el catastro de Ens enad a
Elaboración p ropia a part ir del Catastro de Ensenada
Hace ya más 40 años de la publicación de los trabajos de Bernal,
Artola y Cruz Villalón sobre el latifundismo andaluz, que siguen siendo
referencia en la actualidad. En ellos se pone de manifiesto que el
fenómeno de la gran propiedad no surgió con las desamortizaciones,
como Díaz del Moral y Carrión sugerían, si no que este tuvo s u origen en
la Baja Edad Media, consolidándose en la Edad Moderna y acelerándose
con las desamortizaciones.
75
Tras la conquista, Fernando III recompensó con donadíos y
heredades a sus súbditos. Con la primera categoría, el rey premiaba a
nobles o eclesiásticos en función de su apoyo en la conquista (donadíos
74
AGS, Catas tro de En senada, Respuestas Generales, Utrera, respuesta 10.DEL R ÍO SOTOMAYOR, Juan
del, Descripción de Utrera, funda ción y adorno d e sus templos y hazañ a s gloriosas de sus hijos , Sevilla,
Sociedad del Arch ivo Hispalense, 1887, p. 10.
75
ARTOLA GALLEGO, Mig uel, E l latifund io: p ropiedad y exp lotació n, siglo s XVIII - XX , Madrid,
Servicio d e Pub licaciones Agrarias, 19 78 ; BERNAL RODRÍ GUEZ, Anto nio Miguel, La prop iedad de la
tierra y las luchas a grarias andaluzas . Barcelo na, Ariel, 1974 ; BERNAL ROD RÍGUEZ, An tonio Miguel,
La luch a p or la tierra en la crisis del Antigu o Rég imen , Madrid , Tau rus, 1979 ; CRUZ VI LLALÓN,
Josefina, Prop iedad y u so de la tierra en la Baja A n dalucía: Ca rmona, siglos XVII I - XX , Madrid, Ser vicio
de Publicacion es Ag rarias, 1 980 ; CARR IÓN CARRIÓ N, Pascual, Los latifundio s en España: su
importancia , o rigen, consecuencia s y soluciones , Barcelona, Ariel, 1975 ; DÍAZ DEL MORAL, Juan ,
Historia de la s agita ciones campesina s and aluzas , Madrid , Alianza Editorial, 1967.
Huertas
0%
Olivar
9% Viña
1%
Pinar
1%
Mancho nes
3%
Cortijos
65%
Baldíos
19%
Inutiles
2%
55
mayores y menores); el heredamiento era un conjunto de inmuebles y
tierras que recibía en propiedad un poblador, que se comprometía a
cumplir los fueros de la población en la que se es tablecía. De este
repartimiento no se derivó la repoblación del área de Utrera, pues sus
beneficiarios pertenecían al entorno del rey y residían en la corte (101
criados reales y 66 ballesteros, además del estamento clerical). Queda,
no obstante, su hu ella en la toponimia del término, siendo el más
evidente el de la Na va de los Ballestero s, que en 1488 es citado como
donadío en arrendamiento.
76
Para la aparición del núcleo urbano de Utrera hay que esperar al
reinado de Alfonso XI (1325 -1350) cu ando, a iniciativa del concejo
sevillano, se fundaron poblaciones para la defensa del amplio despoblado
entre la frontera sur del reino y su capital. Está comprobada la fundación
de Las Cabezas de San Juan en 1334, y González Jiménez apunta a esos
años para la de Utrera. Se configuraba así una línea de frontera amplia:
la banda morisca, en la que la escasez de repobladores y la disponibilidad
de grandes extensiones favorecieron el desarrollo de la gana dería. En el
siglo XIV, la legislación real ( especialmente las “ mercedes e nriqueñas” )
procuró la consolidación de los núcleos de repoblación como Utrera, la
cual estuvo acompañada por otros de me nor entidad y más av anzados en
la línea de frontera: Gómez Cardeña, Alocaz, la Alcantarilla y Zarracatín,
posteriormente despoblados convertidos en latifundios que conservan el
topónimo. Sobre la base del repartimiento y la repoblación se fue
estructurando un mercado de la tierra en los siglos XIV y XV que,
mediante agregaciones, compras y permutas, dio origen a nuevos
latifundios .
77
76
GONZÁLEZ JIMÉ NEZ, Ma nu el, “Sobr e los or ígenes de Do s Herman as y Utrer a”, Stvdivm, revista de
Human idades , Zaragoza, Universidad de Zar agoza, 1997, pp. 151 -158, p. 152.
77
GONZÁLEZ JIMÉNEZ, Ma n uel, “So bre los orígenes…” p . 153 .
62
TABLA 9. Latifund ios en manos de l a Iglesia h acia 180 0
INSTITUC IÓN
LATIFUNDI O
EXTENSIÓN
(en fan.)
Parroquia de Santiago
Buena Nao
171
Torrecillas
133
Hermandad Sacramental de Santiago
Las Jaretas
825
Convento de Consolación
Cuca de Noche
360
Majalquivir
561
Patronato de Román Meléndez
Fuentes
410
Parroquia de Santamaría
Higuera Cerca
600
Convento de Santa Clara
Jaime Pérez
1. 025
Convento de la Purísima Concepción
Los Jurados
682
Hospital San Juan de Dios
Torbiscalillo
200
Hospital de la Santa Resurrección
Valcargado
923
Catedral de Sevilla
Alhorín
1. 400
El Bollo
1. 356
El Rubio
1. 375
Convento de Santa Clara (Sevilla)
Miranda
880
Convento de Santa Paula (Se villa)
Casablanquilla
393
Convento de Dueñas (Sevilla)
Las Peñuelas
1. 400
Convento del Socorro (Sevilla)
Mudapelo (mitad)
615
Convento de carmelitas calzados (Sevilla)
La Reyerta
1. 210
Convento de San Alberto (Sevilla)
La Reyertilla
760
Convento de la Trinidad (Sevilla)
Trinidad y Pardalillo
550
TOTAL
15.829
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
63
TABLA 10 . Latifundios en manos de p articul ares hacia 1800. Los señal ados con *,
adquiridos en subasta al duq ue de Medinaceli
NOMBRE
LATIFUNDIO
EXTENSIÓN ( en fan.)
Cristóbal Gam ero Cívico
Los Alguaciles*
370
Juan José Bécqu er y Tejada
Balóbrego*
516
Troya
1.522
Cañada de Santiag o*
1.473
Francisco Gib aja Marroquín
El Caserón*
1.050
Herrera*
1.215
José de Zulueta
El Corchuelo
415
Bernardo Sanch o Larrea
Lopera*
1.546
Lorenzo Gó m ez Ruiz y o tros
Malavista
559
Andrés García B o rrero
El Piorno
638
Francisco D o mínguez
La Alcaparr osa
190
Francisco Rui z Toranz o
El Toranzo
¿450?
Marco de Ureta
Zarracatín*
1.596
TOTAL
11.090
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
TABLA 11 . Latifundios de propios de Ut rera ha cia 1800, ex cluyendo la dehe sa boyar
LATIFUNDIO
EXTENSIÓN
Los Carrascal es
461
Casa Blanca y B erbinches
620
TOTAL
1.081
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
3.1.2. El fenómeno desamortizador
Un último epígrafe para rematar la contextualización que nos
ocupa: comprobar la relevancia de los principales procesos de
dinamización del mercado de la tierra e n la España decimonónica, las
desamortizaciones, en Utrera. De entrada, una conclusió n, cuando
menos, llamativa: la muy limitada participación de la familia Gibaja – De
la Cuadra (y de la colonia montañesa en general) en el proceso , lo que
llama la atención en un escenario expansivo y de continua adquisición
de grandes propiedades .
64
En la desamortización de Mendizábal com enzada en 1836 y vig ente
durante la década de los 40, se vendieron en Utrera 6.947 fanegas de
tierra, de las que la únicamente 4 fueron adquiridas por un m ontañés,
Clemente de la Cuadra. Se trataba de un olivar de 4 aranzadas lindero
con una de sus haciendas, La Capitana. El resto de montañeses que
formaban parte del círculo de los De la Cuadra, tanto los ya asentados,
como Simón de Gibaja, como los que emigraron en la década de 1840, no
participaron en las subastas. El propio Clemente no se sintió persuadido
de adquirir tierras por este método, si bi en en el mismo perio do amplió el
patrimonio familiar notablemente.
Cuando se produ jo la desamortización de Ma doz en 1855, la
colonia cántabra se encontraba plenamente asentada en Utrera. No
obstante, su participación siguió siendo poco significativa. Si cambiaron
de manos 9.587 fanegas de tierra en el término, De la Cuadra y su
parentela solo realizaron 39 compra s, de las cuales, 17 fuer on urbanas
(un molino, un convento, 6 solares y 9 viviendas) y el resto, tierras (192
fanegas) , apenas un 2% del total. Solo puede reseñarse como una compra
de entidad la del cor tijo de Las Torrecillas, de 110 fanegas, a dquirido po r
Clemente de la Cua dra en 1868. Todo ello supuso un coste de 781.101
reales, sobre un valor total de 7.976.104 reales. Enrique de la Cuadra no
participó en la compra de bienes desamo rtizados hasta 1870, cuando su
padre comenzó a cederle protagonismo en los negocios. Se interesó más
por las fincas urbanas, de las que adquirió 10, muchas de ellas solares.
Respecto al campo, solo aumentó sus posesiones en 19 fanegas, cifra
poco relevante respecto al grueso de su patrimonio.
TABLA 12 . Comprado res mont añeses en las de samo rtizaciones
NOMBRE
URBANAS
RURALES
EXTENSIÓN (f)
Esteban Fern ández del
Castillo
1
-
-
Joaquín Martínez Matienzo
3
3
18
Pedro Rivas R ivas
1
5
74
José Gómez Pico
1
10
37
Clemente d e la Cuadra
1
2
111
Enrique de la C uadra
10
7
19
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Este comportamiento difiere de la del otro gran terrateniente del
término, Juan de lo s Ríos Mateos, que a provechó la desamortización de
Madoz para aumentar sus tierras en más de 1.000 fanegas, con la compra
65
del rancho de El Barrero y el cortijo de Las Peñuelas, expropiado al
convento de Dueñas en Sevilla.
90
Cabe preguntarse si los De la Cuadra o sus parientes emplearon
testaferros para enmascarar algunas compras, fenómeno que se dio co n
relativa frecuencia en la desamortización de Mendizábal, ante el temor d e
que un cambio político obligase a la devolución de los bienes s ubastados
(lo que de facto ya había ocurrido en dos ocasiones anteriores). Tras
cotejar los nombres de los remates en las subastas con la lista de
individuos que vendieron fincas al círculo de los De la Cuadra, no se ha
encontrado ningun a coincidencia. Asi mismo, llama la a tención lo
tardíamente que est os se incorporan a l as subastas, pues sus primeras
compras no comenzaron hasta 1868. Llegados a este punto, surgen dos
cuestiones: ¿Quiénes fueron los beneficiarios de las desamortizaciones
en el término? ¿De dónde procedían las ti erras que adquirieron los De la
Cuadra?
Respecto al primer interrogante, aparecen varios grupos sociales
implicados en las subastas. El primero d e ellos, el de grandes burgueses
residentes en Madrid, con conexio nes en la Admin istración (o
directamente dedicados a la política) y at entos a las gangas en venta. En
este grupo debemos incluir a Vicente B ayo Duro, banquero y agente de
bolsa, socio fundador de la Sociedad Metalúrgica Duró Felguera ,
diputado y senador
91
. Adquirió la mayor finca del término utrerano (3.838
fanegas), la dehesa boyar, procedente de los propios de la villa, que
remató en 1859 por 1.326.300 reales. Más tarde adquirió el cortijo del
Toruño, de 282 fanegas
92
. También pertenecen al mismo grupo los
políticos utreranos Manuel Sánchez Silva , (Toruño en 1870, Majal de
Enríquez, de los propios de Los Palacios) y José María Amor (cortijo de
Marchamorón).
93
Los otros comprado res procedían de la burguesía agraria o bien
eran colonos que aprovecharon esta vía de acceso a la tierra, caso Rafael
Crespo Guisado, arrendatario habitual de las tierras de los De la Cuadra
y que obtuvo los c ortijos de Torres y Alamillo Bajo
94
. También
participaron, adquiriendo fincas de menor extensión, familias
propietarias locales, asentadas en la localidad desde el siglo XVIII. Se
dedicaban tradicionalmente a la administración, la jurisprudencia y el
ejército, tareas que completaban con la explotación de diversos predios,
algunos como plenos propietarios y otros como arrendatarios. En este
90
APNU, Fernan do Bermúdez, 1870 [10 de junio de 18 70], f. s/n.
91
Archiv o Senado: HI S-005 5-04; Archiv o Congr eso Diputados: Serie de d ocumentació n electoral: 4 0/27.
92
APNU, Francisco de Paula García, 1 859 [20 de diciembre de 1859] , f. 1 84. APNU, José Salced o, 1866
[31 d e octubre de 1866], f. s/n.
93
APHS, PN, Miguel d el Castillo y Alba [20 de no viembre de 18 70], f. s/n. APNU, Antonio de Campo
Redond o, 1861 [23 d e julio de 1861], f . 800.
94
APNU, Dieg o Guerra Tamariz, 1 867 [20 de julio d e 1867], f. s/n. José Fanton i So lís co mpró el cortijo de
la Higuera Cerca , expropiad o a la par roquia de San ta María, por 491. 000 reales; APNU, En rique López
Lacarra, 18 85 [22 de noviem bre de 188 5], f. 1865. Fran cisco Ar ias de Saaved ra co mpra la d ehesa de San
Francisco Jav ier de lo s Garzo s (6 67 fan egas), expropiado al coleg io de Niñ as de Sev illa; APNU, Manuel
Villagrón , 1868 [24 de septiembre de 1868], f. s/n. , APNU, An tonio de Campo Redondo, 1 868 [30 de
septiembre de 1868], f . s/n.
66
grupo resaltan las fa milias Riarola, Girálde z y Arias de Saave dra. Junto
a ellos apareció un conjunto de individuos de clase media, dedicado al
comercio y vinculado a los distintos Ayuntamientos constitucionales que,
procedente de áreas septentrionales (León, La Rioja) se estableció en
Utrera hacia el primer tercio del siglo XIX: Manuel Deiró, Braulio Vela
Bayo o Mateo Escribano, todos pertenecientes al círculo de amistades de
Clemente de la Cu adra. Esta burguesí a fue la que se afianzó como
mediana propietaria en los años centrales del siglo XIX.
TABLA 13 . Principa les lat ifundios eclesiá sticos d esamortizado s en Utr era
FINCA
INSTITUCIÓN
NUEVO PRO PIETARIO
PROFESIÓN
Alhorín
Catedral de Sevilla
Hermanos Can dau
Políticos, hacen dados
El Bollo
Catedral de Sevilla
Joaquín Jiménez -
Pajarero
Hacendado
Buena Nao
Parroquia de Santiago
Manuel Herrera
Comerciante
Cuca de N oche
Convento de Co nsolación
Hermanos P érez-Surga
Hacendado
Fuentes
Patronato de Romá n
Meléndez
Joaquín Solís Zu leta
Hacendado
Higuera Cerc a
Parroquia de Santa María
José Fantoni So lís
Hacendado, po lítico
Jaime Pérez
Convento de S anta Clara
José Picavea d e Lesaca
Hacendado, ga nadero
Los Jurados
Convento de la Purís ima
Concepción
José Reina Marín
Hacendado
Majalquivir
Convento de Co nsolación
Simón Candau
Político, hacenda do
Marchamorón
Trinitarios Descalzos de
Sevilla
José María Am or
Político, aboga do
Miranda
Convento de Santa Clara
(Sevilla)
Manuel Vilar asán
Mudapelo
Convento del Socorro
(Sevilla)
Ildefonsa Ul loa
Hacendado
Las Peñuelas
Convento de Dueñas
(Sevilla)
Juan de los Ríos M ateos
Hacendado
La Reyertilla
Convento de San Alberto
(Sevilla)
Marqués de Casa
Chaves
Noble, hacendad o
El Rub io
Catedral de Sevilla
Familia Rallentí n
Torbiscalillo
Hospital de San Jua n d e
Dios
José Crespo Gu isado
Colono
Las Torrecillas
Parroquia de Santiago
Clemente d e la Cuadra
Hacendado
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
67
TABLA 14 . Principa les co mpradores en l a desamor tización de M adoz
NOMBRE
URBANAS
RURALES
EXTENSIÓN
Vicente Bayo D uro
Político,
empresar io
0
2 (Dehesa)
4.120
Rafael Crespo Gu isado
Colono
1
2
1.182
Juan de los Ríos M ateos
Hacendado
1
2
1.088
Francisco Arias de Saaved ra
Hacendado
0
1 (Dehesa)
667
José Fantoni So lís
Hacendado ,
político
2
1
494
Manuel Sánchez Silva
Político
1
1
323
Hermanos Ri arola Pérez
Abogados,
propietarios
0
7
151
Mateo Escribano Escribano
Comerciante
0
6
129
José María Ba laet
Propietario
0
27
93
Manuel Labat
Comerciante,
propietario
0
1
62
Mercedes Jucha isty y Gera rdi
Propietaria
0
1
61
Rafael Adame Peña
Industrial
0
7
53
Manuel Bedm ar Aranda
Abogado
0
3
51
Francisco Pérez C alero
Propietario
1
12
47
Antonio Buey De lgado
Propietario
1
4
41
Francisco Parra Ramos
Eclesiástico
0
10
38
Jacinto Zaldo M ingo
Médico
0
1
32
Joaquín Peña Hurta do de
Mendoza
Hacendado
4
7
20
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
68
TABLA 15 . Participación de los montañe ses en la d esamortización de Mado z
Fecha
Propiedad
Tipo
Superf.
Precio
Comprador
14/03/1859
C/ Honda, 5
Vivienda
4.000
Martínez Matienz o, Joaquí n
06/11/1867
Torrecillas, Las
Cortijo
110
111 . 000
De la Cuadra y G ibaja, C lemente
27/08/1868
Entrecaminos
Olivar
2
2.300
Gómez Pico, José
27/08/1868
Suerte
Olivar
1
2.300
Gómez Pico, José
28/08/1868
Suerte
Olivar
1
6.010
Gómez Pico, José
29/08/1868
Suerte
Olivar
3
13 .050
Gómez Pico, José
29/08/1868
Suerte
Olivar
3
8.020
Gómez Pico, José
30/08/1868
Suerte
Olivar
8
26 .000
Gómez Pico, José
31/08/1868
Suerte
Olivar
1
5.350
Gómez Pico, José
28/02/1869
Suerte
Olivar
2
8.010
Gómez Pico, José
28/06/1869
Mesas, Las
Olivar
4
21 .010
Gómez Pico, José
28/06/1869
Suerte
Olivar
8
82 .010
Gómez Pico, José
29/12/1869
Suerte
Tierra calma
0
560
Martínez De la Cuadra , An drés
22/08/1870
C/ Rodrigo Caro, 10
Solar
0
2.510
De la Cuadra y G ibaja, C lemente
24/10/1870
Suerte
Tierra calma
6
22 .000
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
31/03/1871
Garrotal de Bueno
Olivar
5
10 .412
Rivas Rivas, Pe dro
11/09/1871
Suerte 3, trance 3 , Pozo d el
Rey
Olivar
3
11 .172
Martínez De la Cuadra , An drés
22/09/1871
Suerte
Tierra calma
9
35 .000
Rivas Rivas, Pe dro
23/01/1872
C/ Jinetes, 24
Vivienda
0
5.000
Gómez Pico, José
25/01/1873
Suerte
Tierra calma
0
1.216
Martínez De la Cuadra , An drés
29/01/1873
c/ Montes de Oca, 3
Vivienda
0
8.580
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
09/03/1874
C/ Rodrigo Caro, 16
Vivienda
0
4.404
Martínez Matienz o, Joaquí n
21/05/1874
Suerte
Tierra calma
2
15 .200
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
30/05/1874
Convento San Ju an de Dio s
Convento
0
145 . 084
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
16/11/1874
Suerte
Tierra calma
1
1.900
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
04/03/1875
Suerte
Olivar
6
28 .010
Martínez Matienz o, Joaquí n
13/11/1877
Suerte
Tierra calma
8
14 .000
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
09/02/1878
C/ Garci Góm ez, 34
Solar
0
10 .804
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
17/01/1880
C/ Doctor Pastor, 16
Molino
0
32 .040
Rivas Rivas, Pe dro
17/01/1880
Portada de Garc és
Olivar
5
14 .444
Rivas Rivas, Pe dro
28/04/1880
C/ Plaza D, de la Victoria , 5
Vivienda
0
820
Martínez Matienz o, Joaquí n
13/05/1880
Herrador, El
Olivar
4
10 .080
Martínez Matienz o, Joaquí n
26/07/1881
C/ Garci Góm ez, 33
Vivienda
0
6.000
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
05/01/1883
C/ Las Mujeres , 18
Molino
0
52 .000
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
10/03/1884
C/ Molino, 5
Vivienda
0
3.385
Fernández de l Castillo, Est eban
10/02/1885
C/ Corredera, 3 2
Solar
0
2.044
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
13/06/1885
Ermita de Sant a Ana
Solar
0
28 .080
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
23/10/1885
Real de Conso lación
Solar
0
6.816
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
10/11/1885
C/ Misericordi a, 4
Vivienda
0
20 .480
De la Cuadra y G ibaja, Enrique
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Descartadas las de samortizaciones, ¿de dónde procedían las
tierras de los De la Cuadra? Consultando la documentación, parece claro
que tuvo mucho m ás que ver el fenómeno de la desvinculación. La
anulación de los mayorazgos nobiliarios permitió a muchas casas
aristocráticas necesitadas de efectivo poner a la venta sus posesiones,
que fueron de la pref erencia de la familia De la Cuadra desde su primera
generación, representada por Francisco de Gibaja Marroquí n.
69
3.2. Creación y destrucción del patrimonio familiar
3.2.1. Francisco Gibaja y la nueva burguesía agraria
El establecimiento de los Gibaja en Utrera se produ jo a part ir de
1796, dentro del periodo (1775-1808) qu e Bernal caracteriza como el de
gestación de la burguesía agraria en Andalucía
95
. Con las posteriores
le yes de desamortización y liberalización del mercado de la tie rra , se fue
consolidando una nueva clase propietaria en cla ro ascenso
socioeconómico que, o bien poseían ya un título nobiliario – caso de la
baja nobleza rural s urgida del siglo XVI II – o, por poseer u na fortuna
notable, pero de reciente creación, aspiraban al mismo, caso que con los
De la Cuadra se consuma ría en la figura de Enrique, nombra do marqués
de San Marcial y marqués de Gibaja
96
.
En 1796, a los 65 años de edad, el cántabro Francisco Gibaja
Marroquín compraba en subasta los cortijos El Caserón y Herrera,
propiedad del duque de Medinaceli, ambos en el término de Utrera. Con
tal acción, la familia quedaría vinculada a la población durante las
siguientes cuatro generaciones. La motivación para este cambio de
residencia y de forma de vida, con la adquisición de 1.200 hectáreas de
terreno agrícola, la explicaba el propio Francisco Gibaja en carta a su
amigo Esteban González de Linares:
Trato de hazer frente a unas fincas que se venden al remate por la Casa
de Medinacely, porque me considero viejo y cansado con una familia en
agraz, y por si me q uedo con ellas, and o esp ulgando rincones . Vea V. M:
si aquí, y aunq u e sea Madrid o Cádiz, tiene modo de socorrerme con el
todo o parte de lo con venido, y dispense mi confianza, por la urgencia y
por el fin, y avíseme a vuelta de corre o, mientras queda de V. M. su fie l
amigo [firma].
Tengo anticipada s l as ó rdenes hasta donde pienso puja r, y aun q ue l a s
tales fincas, que son de co nsiderac i ón, ofrecen apenas un 2% l íquido de
rédito, m e alegra ría de adquiri rlas por esta familia que no tend rá quién
la mire d espués de q ue Dios me llame a juici o .
97
Durante la segunda mitad del XVIII, Francisco de Gibaja se había
dedicado al comercio ultramarino entre Santander y las colonias
americanas, y aún para 1796 seguía realizando fletes con América
98
,
aunque ya había podido constatar que la coyuntura comercial en el
Atlántico se había tornado muy inesta ble, con dos g uerra s seguidas
contra Francia (1793-95) e Inglaterra (1796-1803) que tuvieron su reflejo
en el descenso de la actividad comercial. Además, casado a una edad
95
BERNAL RODRÍGUE Z, Anto nio Miguel, La propiedad de la tierra y la s luch as agrarias a ndaluzas .
Barcelona, Ariel, 1974 , p. 17.
96
PARIAS SÁINZ DE ROZA S, Ma ría, El mercado de la tierra …, p. 258 .
97
Colecc ión Do cumental de la familia Agud o-Beira , Santander [18 de m arzo d e 1796], carta d e Fra ncisco
de Gibaja a Esteban González, facilitada p or José Mig uel Lana Berasáin (Un iversidad de Navarra).
98
CDFA B, San tand er [22 de marzo de 1796], carta de Fran cisco Gibaja a Esteb an González. En la misma
señala qu e el cacao desembarcado d el bergan tín “El Águila”, de su propiedad, n o encuentra compr adores.
70
avanzada, temía dejar a su familia despr otegida en caso de fallecer, por
ser sus hijos (Bernardino , nacido en 1781, Santiago, 1784, y Simón ,
1786) menores de edad. L a inversión en tierras , una soluci ón habitual
entre los comerciantes adinerados, parecía la estrategia má s razonable
para la preservación de la fortuna familiar.
La oportunidad surgió cuando el poco accesible mercado de la
tierra se abrió con la puesta en subasta de tierras del duque de
Medinaceli en Utrera, dispensado de las leyes de mayorazgo por Carlos
IV en atención a sus el evadas deudas. El duque de Medinaceli, señor de
las vecinas localidades de Molares y El Coronil, era ademá s el primer
hacendado de Utrera, con trece latifund ios: El Algarbe, Los Alguaciles,
Balóbrego, Cañada de Santiago, El Caserón, Las Haldudas, Herrera,
Lopera, Pardales, El Pescozal, El Toruño, Zarracatín y Zarracatinejo. En
valores absolutos, hasta 1795 el duque de Medinaceli era dueño 9.663
fanegas en sus cortijos (a las que habrí a que sumar otras propiedades
menores), y tras la s subastas de los años 1796 y 1797, en que se
desprendió de 3.910 fanegas, aún conservaba 5.753 fanegas en Utrera.
TABLA 16 . Subasta de ti erra s del duque d e Medina celi en Utre ra, 1796 - 7
FECHA
FINCA
SUPERFICIE (f)
PRECIO (r)
COMPRADO R
9/5/1796
Caserón
1050
1.531.625
Francisco Gibaja
Marroquín
9/5/1796
Herrera
1215
9/5/1796
Zarracatín
1596
890.000
Marco de Ureta
9/5/1796
Los Alguaciles
1430
729.991
Cristóbal Gamero C ívico
1796
Balóbrego
516
237.037
Juan José Bécqu er
29/7/1796
Cañada de Santiago
620
385.717
Juan José Bécqu er
13/9/1797
Lopera
1787
944.000
Bernardo Sanch o Larrea
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s y Gazeta d e M adrid [1 9 de abril de
1796], p. 347
Las ventas en Utrera le reportaron 4.718.370 reales, a los que
debían sumarse otras posesiones en Sevi lla y Extremadura, al objeto de
completar los 13 millones necesarios para sanear la hacienda ducal. En
realidad, el negocio no fue tan provechoso como cabía esperar, y algunas
ventas solo se explican por sus apuros económicos. En Sevilla, las
propiedades subastadas se tasaron en 9.503.000 reales, aunque se
recaudaron solo 6.300.000. Cabe destacar que solo una finca superó el
valor de tasación; el resto se vendieron por el precio d e salida y otras ni
siquiera tuvieron pujadores.
99
El aspecto más significativo de estas subastas estuvo en los
compradores, pues constituían la vanguardia de la nueva clase
propietaria que se iría consolidando en el siglo XIX. En ellos influirían
desde luego aspectos económicos (la tierra como valor refugi o frente a la
99
GÓM EZ BENEDITO, Vicente, E l o caso de lo s d ominios valencian os de los Medinaceli: el trán sito d el
Antiguo Régimen al liberalismo en lo s e stado s señ orial es d e Segorbe, Denia y Aiton a , Valencia,
Publicacion es de la Un iversidad d e Valencia, 20 17, p. 154.
71
coyuntura inestable del comercio y el mundo de los negocios ), pero
también aspiracionales, de prestigio social. Sus perfiles se diferenciaban ,
económica y socialmente, de la vieja aristocracia: Cristóbal Gamero
Cívico procedía de una familia de terratenientes de Palma del Río
(Córdoba)
100
; Francisco Gibaja Marroquín , la familia Bécquer y Marco de
Ureta, del comercio; Bernardo Sancho Larrea (Santurde, La Rioja) , alto
mando del ejército, h ab ía desarrollado pa rte de su carrera en l as colonias
americanas.
101
En perspectiva, esta subasta puede considerarse, pese a su
excepcionalidad, como un primer paso hacia la desvinculación, proceso
por el que la propiedad señorial se convertía en propiedad capitalista, y
que fue consagrado por las leyes de 1837. Como se verá más adelante,
Clemente de la Cua dra aumentó su patrimonio mediante la compra de
bienes nobiliarios desvinculados, sin que apenas invirtiese en fincas
procedentes de la desamortización.
Durante los meses previos y posteriores a la subasta, Francisco
Gibaja se esforzó por liquidar sus cuentas , pues sus “haciendas de Utrera
se llevaron cuanto tenía y mucho más”
102
. Aunque el desembolso resulte
innegable, es p robabl e que esta queja buscara simplemente apremiar a
sus deudores pues, dos años más tarde, pudo aprontar 1.648 .093 reales
al adquirir el heredamiento de Quintos, o tra de las finca s subastadas por
Medinaceli.
103
El 14 de marzo de 1799, el cabildo de Utrera aprob ó el
empadronamiento de Francisco de Gibaja como ciudadano por el estado
noble. Adquirió entonces la vivienda familiar, en la plaza de la villa,
aprovechando la desamortización de Godoy sobre bienes de he rmandades
y jesuitas. La casa, que había sido expropiada a la hermandad de Nuestro
Padre Jesús Nazareno, se remató en 88. 660 reales, que Giba ja abonó en
vales reales. Esta residencia pasó por her encia a su hijo Bernardino y, de
este, al matrimonio formado por su hija María Teresa y Clemente de la
Cuadra.
104
Durante esta última etapa de su vida, se centró en la adquisición
de fincas, consolidándose como gran propietario. A los dos cortijos y la
100
ROMERO LUPIÁÑEZ, Belén, F amilia, poder y ascenso social en la villa de Palma: los Gamero Cívico
(ss. XVII - XIX) , Trabajo de Fin de Máster (dir.: SORIA MESA, Enriq ue), Univer sidad de Córdoba, 2016.
101
KRASEL SKY, Javier, “ Los comer ciantes rioplatenses y su s estrateg ias de nego ciación corporativa. Las
Juntas de C omercio , 1779-1794 ”, X Jo rnadas Interescuelas / Depa rtamentos de Historia , R osario, Escuela
de Historia de la Facu ltad d e Humanidad es y Artes, Univ ersidad Nacion al del Rosario, 2005.El paralelismo
con los Gibaja (Andrés Gil de la Torre, Ma nuel de Viya y Gibaja y Francisco y Gibaja) es notab le, pues
como ellos, estuvo muy implicado en la creación de un consulado en la Am érica hispánica – Río de la Plata,
en este caso – , y d uran te sus ú ltimos añ os adq uirió tierr as en la Camp iña sevillan a gracias a la su basta qu e
realizó el d uque de Medinaceli.
102
CDFAB, Santan der [ 24 de junio d e 1796], car ta de Francisco Gibaja a E steban González.
103
APNU, 1798, [29 de octubre de 1 798], f. 1 62 y 163. Gib aja adqu irió tam bién varios inmuebles en Sevilla,
dond e finalmente fallecer ía.
104
El Especta dor , nº 209 [9 d e noviemb re de 1821], p. 1. Bernardino llegó a ser diputado provincial d urante
el T rienio Liberal, firmante, junto al resto de au toridades sevillanas, de una carta a Fernando VII pidiendo
que ap lique las leyes co nstitucionales y que estas dejen de ser meras pa lab ras.
78
concluir que el precio de la tierra en Utre ra era inferior al de o tros pueblos
de la Campiña sevill ana, pues si la medi a en el término, con los valores
del cuadro anterior, se situaba en 663, 65 reales, el precio medio en el
Bajo Guadalquivir rondaba los 742 reales; en Carmona ascendía a 1.000,
y en el Viso del Alcor, y Tocina, 700. La siguiente tabla mue stra una
amplia disparidad de valores, que oscilan entre los 411,76 reales en
Alhorín y los 917,4 3 en Las Torrecillas ; los factores que explican este
margen son, entre otros, la calidad de la tierra, las construcciones que
poseyera la finca , la existencia de pozos y la abundancia de agua o la
proximidad al núcleo urbano.
119
TABLA 18 . Clemente de l a Cuadra . Precios de la fanega en los diferent es cortijos en 1874
CORTIJO
PRECIO
EXTENSIÓN
PRECIO/FAN EGA (r)
La Encinilla
444 . 464
704
631,34
Pabellón G rande
500 . 000
1.100
454,54
La Nava de los Ballesteros
360 . 000
449
801,78
La Cañada
948 . 000
1.473
643,58
Las Torrecillas
100 . 000
109
917,43
Alhorín
700 . 000
1.700
411,76
Balóbrego
340 . 000
533
637,89
El Caserón
754 . 000
1.009
747,27
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Dentro del esquema con el que abríamos el capítulo – el síndrome
de los Buddenbrook – , Clemente de la Cuadra representaría a la segunda
generación, aquella que amplía el patrimonio y consolida el estatus
familiar. Es cierto que entre Francisco Gibaja y él existió un espacio de
tiempo considerable – entre 1810 y 1839 – , ocupado por el hijo del
primero, Bernardino de Gibaja (muerto en 1824) y su viuda e hija ,
tuteladas por Simón de Gibaja. Pero en este tiempo, la empre sa familiar,
entendida como la s tierras que pose ían, no experimentó cambios
relevantes. No hubo adquisiciones ni ve ntas, y los protocolo s notariales
no reflejan actividad alguna en este sentido. Clemente de la Cuadra fue ,
de este modo, el verdadero dinamizador de l negocio familiar, logrando
quintuplicar la superficie de sus predios. Lo hizo impulsado por la
coyuntura favorable, y gracias a la disponibilidad de dinero efectivo que
poseía tanto él (0’4 millones de reales) c omo su esposa, que debía contar
119
PARIAS SÁI NZ DE ROZA S, María, El merca do de la tierra …, p. 199; BERNAL RODRÍGUEZ,
Antoni o Miguel, La lucha por la tierra …, p. 233 ; PARIAS SÁINZ DE ROZAS, Mar ía, El merca do d e la
tierra …, p . 160 y siguien tes, para un d esarrollo pormeno rizado de los criterios que in fluyen en el valor de
la tierra.
79
con cuantiosos ahorros tras más de vein te años de arrendamientos del
Caserón sin realizar inversiones.
Una comparativa con los principales propietarios de la segunda
mitad del siglo XIX en Utrera y áreas más próximas aporta el contexto
necesario para ponderar la labor de Clem ente de la Cuadra, q ue moría el
mismo año que Ignacio Vázquez (1873), dejando en herencia un conjunto
de latifundios de extensión solo algo inferior a este y muy por encima de
contemporáneos como los Lasso de Carmona, como se observa en la
siguiente tabla:
TABLA 19 . Comparativa de mayo res propieta rios e n la provin cia
LOCALIDAD
PROPIETARIO
HECTÁREA S
Carmona
Miguel Lasso (h. 1880)
2.316
Carmona
Carmen Lasso Vega Qu intanilla (h. 1880)
1.179
Carmona
Lorenzo Domíngu ez de la Haza (h. 188 0)
1.110
Utrera
Clemente d e la Cuadra ( 18 73)
5.651
Utrera
Enrique de la C uadra ( 1890)
11.993
Utrera
Juan de los Ríos M ateos (1890)
6.198
Sevilla
Ignacio Vázqu ez (187 3)
6.200
Los Palacios
Fausta Murub e Galán (189 6)
2.033
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s y fuentes diversas
120
3.2.3. Enrique de la Cuadra Gibaja: consolidación del latifundio e
inversiones en olivar
El punto de partida : la herencia
La acumulación de tierras suponía la ampliación de una base
económica estable y bastante resistente a las fluctuaciones económicas ,
a la vez que un vehículo prestigiador q ue a menudo culmi naba con la
obtención de un título nob iliario . Tales fueron los casos, e n Sevilla, de
Fernando Rodríguez Rivas, Carlos Pickman o Andrés Parladé.
Probablemente, la aspiración aristocrática estuviera ya en los
planteamientos de Clemente, si bien no para él mismo, sí para s u
primogénito. El tercer eslabón de esta saga, Enrique de la Cuadra , fue
quien con mayor decisión trabajó en este sentido, gracias a sus
conexiones políticas – el título de marqués de San Marcial lo recibió a
instancias de su anti guo jefe de partido, R omero Robledo – y a su estrecha
120
HERAN, François, Tierra y p arentesco en el ca mpo sevillano: la revolución agríco la del siglo XI X ,
Madrid, Ministerio de Agricultura, 1981, p . 29; ARTOLA, M igu el, El latifund io …, apén dices, y protocolos
notariales en AHPS y APNU.
80
relación con la Iglesia – el Papa le otorgó el título pontificio de marqués
de Gibaja en 1890 en reconocimiento a las restauraciones de varios
edificios religiosos en Utrera – . Con él, l os De la Cuadra alcanzaron su
punto á lgido , pero también, en sus últimos años de vida, se precipitó una
súbita e irreversible decadencia familiar.
El esquema de transmisión del patrimonio familiar que describió
Herán para l os Váz quez tiene plena aplicación para la fa milia De la
Cuadra en Utrera. Este se basa en cuatro puntos: formación universitaria
de los herederos , es pecialmente en leyes y agronomía; cesión paulatina
de la gestión de las propiedades, actuando el primogénito c omo
arrendatario; establecimiento de alianzas matrimoniales dentro de la
burguesía agraria y avances de la legítima en metálico o especie
121
. De
acuerdo a este planteamiento, Clemente de la Cuadra procuró a sus dos
hijos estudios superiores, que cursaron en Bélgica: el primogénito,
Enrique, estudio ingeniería agrícola , y Federico, derecho. Tras el
fallecimiento de l último, la fortuna familiar se concentró en Enrique, para
el que su padre fue preparando el tra spaso de poderes durante sus
últimos años de vida. A pesar de tener derecho a su parte de la herencia
por haber contraído matrimonio en 1867, Enrique siguió bajo la tutela
paterna, y no empezó a encabezar los documentos notariales hasta el
declive físico de su padre, que en 1872 le entregaba la gestión del
patrimonio familiar.
122
De este modo, Enrique afrontaba la edad adulta con la herencia la
procedente de su madre, consistente en el cortijo del Caserón y la
vivienda familiar; la reunida por su padre, con todas las adquisiciones
anteriormente vistas, y la de su tío abuelo Simón de Gibaja, de la que
dis frutaba desde 1861 . Simón de Giba ja murió soltero en 1861,
repartiendo el grueso de su fortuna entre sus parientes, es decir, l os De
la Cuadra Gibaja en Utrera (sus sobrino-nietos Enrique y Federico ) y los
hijos de su hermano Santiago, los Gibaja Bengoechea. La part e de los De
la Cuadrase sustanc iaba en la vivienda d e la calle de la Hermo sa, 33, una
casa palacio de 200.000 reales comprada a los herederos del conde de
Vistahermosa, y 204 aranzadas de olivar con 11.823 pies, en varias
suertes, linderas entre sí la mayoría, en el pago de Cortigena ( Alcalá d e
Guadaíra) . A juzgar por los a peros que figuran en la des cripción de
bienes, Simón debió explotar de forma directa sus olivares
123
. El conjunto
se tasó por 525.20 0 reales, mientras que el cortijo de Herrera, que
heredaron los Gibaja Bengoechea, se valoró en 613.875 reales.
124
121
HERAN, Franço is, Tier ra y p arentesco … , p. 209 .
122
APNU, Anto nio de Campo Redon do, 1872[15 de ju lio de 1872], f. 159 6.
123
APNU, Anto nio Camp o Redondo , 1864 [s/f], f. 1031 .En su descripción de bienes ap arecen 10 mulas, 6
asnos, 2. 000 arrobas d e aceite, 200 de vinagre , y 360 fanegas de ce bada; aperos del campo, yun tas y 24
escaleras y 2 carr os de violín , ú tiles para la recog ida y tala del olivar , que él tr abaja directam ente. Dejaba
además, en metálico , 1.076.743 reales.
124
APNU, Anto nio de Campo Redon do, 1860 [30 de mayo de 1860], f. 330.
81
TABLA 20 . Enrique de la Cuadra. Herenci a patern a
TIPO
NÚMERO
EXTENSIÓN
(en fan.)
Nº OLIVOS
VALOR
(en reales)
Fincas urbanas
22
851.996
Bienes en Cantab ria
10
186.400
Cortijos
8
6.777
4.146.464
Tierra calma
10
49
71.000
Dehesa
3
1.435
392.000
Haciendas
5
509
20.894
925.404
Suertes de ol ivar
44
324
19.742
567.581
Viña
7
32
73.560
Créditos
1.116.500
Salinas
1
10
200.000
TOTAL
110
9.136
40.636
8.530.905
Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales
Por vía paterna, heredaba propiedades por valor 2.132.726 pesetas,
que se repartían en fincas urbanas en Utrera, Lebrija, Dos Hermanas y
Cantabria, ocho cortijos, varias suertes d e olivar y tierra calma, dehesas,
cinco haciendas de olivar y siete suertes de viña. El grueso de los ingresos
de Enrique de la Cuadra provenía, al igua l que en el caso paterno, de sus
inmuebles rústicos, olivar y tierra de sembradío. Respecto al olivar,
Bernal constata el crecimiento de la superficie olivarera en Sevilla
durante la primera mitad del siglo XIX, beneficiándose de la puesta en
cultivo de tierras hasta ahora incultas; sin embargo, señala la decadencia
de este cultivo en la segunda mitad, debido a la escasez de demanda
extranjera y a los elevados costes de producción por el empleo masivo de
mano de obra
125
. No obstante, las tierras de olivar de Enrique de la
Cuadra no fueron, como sugiere este autor como tónica general, tierras
de inferior calidad recientemente roturadas, sino olivares consolidados
en áreas consideradas de excelente calidad, en la s que la aranzada
alcanzaba cotizaciones elevadas , como Alcalá de Guadaíra y Morón de la
Frontera. Respecto a la escasez de la demanda, sobrevenida en el último
tramo del siglo XIX, se demostraría letal para los intereses de De la
Cuadra, dueño de una prod ucción inmensa, costosa de mantener, y que
no podía colocar en e l mercado, asunto que se desarrollará más adelante .
En 1874, tras recibir su herencia, Enriqu e de la Cuadra arrancaba
con un total de cinco haciendas que, sumadas a diversas suertes,
suponían 1.037 aranzadas de olivar y un total de 52.459 pies. A los
molinos propios de cada una de las haciendas sumaba tres en Utrera, lo
que le proporcionaba una posición de partida ventajosa. Aunque no
consta registro docu mental sobre la fund ación de la misma, e n el impreso
que editó para la exposición de Barcelona de 1888, hacía constar que su
125
BERNAL ROD RÍGUEZ, An tonio Miguel, La lu cha po r la tierra …, p. 1 78.
82
casa de aceites fue fundada en 1863, es decir, recién llegado tras
terminar sus estudi os universitarios, m omento en el que se haría cargo
de la herencia de Simón de Gibaja.
Respecto a la tierra calma, heredó 8.261 fanegas , concentradas la
mayoría en ocho latifundios dedicados al cultivo al ter cio . En líneas
generales imitó a su padre, dedicándolos al arriendo; practicó un
absentismo que contemplaba las rentas provenientes de estos latifundios
como la inyección de líquido que requería n sus otros negocios, en los que
realmente estaba interesado. De todos modos, a comienzos de su
trayectoria, cultivó una porción de secan o: trigo, lentejas, yeros, cebada,
maíz, garbanzos y habas, con los que estuvo presente, junto a una
nutrida representación de propietarios utreranos, en la Ex posición de
Filadelfia de 1876y en la pecuaria de Sevilla de 1880, donde sus
productos obtuvieron varios premios. Del mismo modo, en estos primeros
momentos investigó sobre la introducción de nuevas especies forrajeras
(consuelda aspirina) y del eucalipto para la repoblación .
126
Según Bernal, el pre cio de la tierra fue bajando a lo largo del siglo
XIX – salvo coyunturas favorables como la guerra de Crimea – debido a
la competencia internacional, que hacía que el trigo español fuera poco
competitivo en el mercado exterior
127
. No obstante, analizando la
evolución de la renta, se observa un incremento de su valor, si bien con
cierta ralentización o incluso una leve bajada a fines de siglo
128
. Por
último, estuvo en posesión de siete suertes de viña en Lebrija, adquiridas
por su p adre mediante retroventa y en las que no tuvo el mayor interés,
de modo que se deshizo de ellas en cuanto tuvo ocasión.
129
126
La Andalucía , n º 5.851 [4 de febrero d e 1876] , p. 2. En tre los pr opietarios utreranos que p resentaron
ejemplares de sus co sechas estuv ieron José Antonio Cuéllar, Felipe Burg os, Joaq uín Orejuela, Francisco
Arias de Saav edra, Pedro Rivas, Rafae l Crespo Gu isado (co lono d e los De la Cuad ra) y Raf ael Riarola
Pérez; La An dalu cía , nº 7.187 [25 de junio de 1880], p. 2 . Obtuvieron p remios sus garban zos y aceites; La
Anda lucía , nº 6.616 [11 de agosto de 1 878], p. 2.
127
BERNAL ROD RÍGUEZ, An tonio Miguel, La lu cha …, p . 181.
128
Nos rem itimos al apar tado dedicado al arrendam iento de la tierra, d onde se an aliza este fenómeno .
129
BERNAL RODRÍGUEZ , An tonio Miguel, La lucha …, p. 18 0. Bernal señala que, en toda la campiñ a,
su superf icie no supera el 0’5% de la tierr a cultivad a.
83
GRÁFICO 10 . Enr ique de la Cuadr a. He rencia pat erna. P roporción según va lor
Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales
Adquisiciones de Enrique de la Cu adra. L a soc iedad con Gre gorio de la
Maza
Clemente de la Cuadra concertó la boda de su primogénito con
Marciala, hija de Santos Sáinz de la Maza, un cántabro oriundo de
Ogarrio, población muy próxima a Rasines. Santos se enriqueció en el
estado de San Luis de Potosí, como propietario de varios la tifundios y
minas en la población de Real de Catorce. Con el enlace, celebrado el 27
de febrero de 1867 en Santander, l a fortuna familiar aumenta ba
considerablemente, pues se añadían las minas San Asasio y hacienda
Sauceda, valoradas en 748.378 pesetas, 337.500 pesetas en acciones de
la compañía minera Unión Catorce ña, las haciendas P astoriza,
Carboneras y Venega s (1.041.580 pesetas ), 402.602 pesetas e n deuda del
Estado de México y 3.382.526 más por un crédito, acciones en vapores y
algunos créditos en España. Todo ello hacía un total de 6.473.321
pesetas que se repartían entre los dos hijos de Santos, Marciala y
Gregorio . Para contextualizar estas cifras recurrimos a los bienes dejados
por Ignacio Vázquez , ejemplo paradigmá tico del terratenient e sevillano
que, al igual que Clemente de la Cuadra , falleció en 1873; su herencia se
estimó en 5,1 millo nes de pesetas (3,3 de ellas procedente s de bienes
raíces), lo que situaba la fortuna reunida por Enrique liger amente por
encima de aquel.
130
130
APNU , Diego Guerra Tam ariz, 187 4 [3 1 de enero de 1874 ], f. 23 5; HERÁN, Françoise, Tierra y
parentesco …, p. 27.
FINCAS URBANAS
BIENES CANTABRIA
CORTIJOS
TIERRA CALMA
DEHESA
HACIENDAS
OLIVAR
VIÑA CRÉDITOS SALINAS
84
TABLA 21 . Patrimonio de Enrique d e la Cu adra y Marci ala Sáinz de la Maza h acia 1875
Clemente d e la Cuadra y Teres a Gibaja
2.132.726 pe setas
Simón de Giba ja
131.250 peseta s
Sociedad comand itaria S antos de la Maz a
2.956.293 pe setas
TOTAL
5.220.269 pesetas
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Debido a las dificultades que imponía la liquidación de la herencia,
pues Enrique no te nía interés por los negocios en México y su cuñado
Gregorio se inclinaba por mantenerlos, se decidió constituir una sociedad
en comandita entre los hermanos Sá inz de la Maza (con Enrique
gestionando la parte de su esposa), con el fin de establecer un reparto
equitativo. Con el nombre de Santos de la Maza, se dotó con un capital
de 3 millones, reservando para los hermanos las otras 2.912.586 pesetas.
Los beneficios o pérdidas se distribuirían al 42,5% entre cada socio
capitalista, quedando un 15% para el gerente, Vicente Irizar Aróstegui,
hombre de confianza de la familia Sái nz de la Maza en México . Se
estipulaba para la sociedad una duración de 10 años, los seis primeros
forzosos y los cuatro siguientes, voluntarios. Sin embargo, según
testimonio de Vicente Irizar , las relaciones entre ambos c uñados se
volvieron tensas : “A tanto llegó el desacuerdo, que tuve que dirigir mi
correspondencia a nombre de los dos, y recibir las respuestas firmadas
por ambos” .
131
A principios de 1880 Enrique de la Cuadra y Gregorio Sáinz de la
Maza decidieron poner fin a la sociedad, para lo que reclamaron la
presencia de Vicente Irizar, quien viajó desde México a Utrera. Cuando
se procedió a la liquidación, se constató q ue la deuda entre ambos seguía
pendiente, pues durante los años anteriores se habían re partido los
beneficios enviados desde México, ignorando el propósito de la sociedad
en comandita. Se res olvió que Marciala entrega ría a su hermano su mitad
correspondiente de los bienes en México, exceptuando las accione s de la
empresa minera Unión Catorceña y algunos créditos. A cambio, Gregorio ,
que se desplazaría a México para la liquidación, se comprometía a pagarle
en compensación 400.000 pesos fuertes en anualidades de 50.000 entre
1881 y 1888. El acuerdo preveía que, s i Gregorio dejase de pagar “por
algún evento desgraciado, como revolución o caso análogo”, se aplicaría
un interés de demora del 6%. La empresa cambiaba su nombre por el de
Gregorio de la Maza.
132
131
IRIZAR ARÓSTE GUI, Vi cente, Memorias , inédito, s/n. No obstante, las r elaciones debier on
recomp onerse, pu es hay múltiples evidencias de ambos cu ñad os participando en var ios negocios sevillan os
duran te la década d e 1880.
132
APNU, Enr ique López Lacarra, 18 80 [9 de abril de 1880], f. 377 .
85
Con todas estas operaciones, Enrique logró aumentar el patrimonio
heredado de manera que, para 1890, era dueño del 16% de los latifundios
de tierra calma del término. Aunque centrado en el olivar, continuó la
estrategia de su padre de adquirir propie dades vecinas entre sí, de modo
que en 1871 compró a sus primos, los Gibaja Bengoechea, el cortijo de
Herrera por 800.000 reales, que limitaba con los del Caserón y Pabellón
Grande
133
.Entre 1875 adquiría un lote de tierras a María Dolore s Garve y
Capdecón, heredera de Patricio Garvey. Se trataba de los cortijos de
Roncesvalles (963 fanegas), Fuente Vinagre (1187) y Carrascales (343),
unidos entre sí y muy cercanos al núcleo urbano de Utrera. Salvo Fuente
Vinagre, procedente de la familia Arias de Saavedra, represen tantes de
una baja nobleza rural que había ido desprendiéndose de su patrimonio
debido a su incapacidad para adaptarse al nuevo mercado de la tierra, el
resto de predios p rocedía de compradores en la desa mortización.
Además , en el mismo acto adquiría la s dehesas de Fuensolana (550
fanegas, en Montellano) y Tejeda (238 fanegas, entre Morón y
Montellano). La operación sumó 2.079.036 reales que, unidos a otras
compras realizadas a título particular y en comandita con su cuñado, d io
como resultado el año de mayor desembolso de Enrique de la Cuadra . En
1876 compró el cortijo de Troya, en mano s de la familia Bécquer desde el
siglo XVII, al no poder esta afrontar los préstamos contraídos desde 1830
en adelante.
134
IMAGEN 4. Situación d e los cortijos y hacienda s d e Enr ique de la Cuad ra
Fuente: FEGA [h ttps://sig pac.mapama.go b.es/fega/ visor]
133
APNU, Anto nio de Campo Redon do, 1871 [27 de noviembre de 1871], f. 2687.
134
APNU, Migu el Parra Ram os, 1876 [29 de febrero de 1876], f. 15 5. La escritura de co mpraventa refier e
la fun dación del mayorazgo b eneficiad o con el cortijo de T roya. de Miguel Bécq uer Banderb equen,
comercian te, el 20 d e junio de 1622 ante el escribano d e Sevilla Juan Bautista de Contreras.
86
La colmatación del mercado de la tierra era perceptible en la dé cada
de 1880, cuando se pusieron en cultivo f incas de inferior cali dad, como
antiguas dehesas. En esta década, adquirió las dehesas de Yeguas,
Pozuelo, Amarguillo y El Palomar, en la v ecina población de Los Molares.
Procedentes de los e stados de Alcalá y tr as pasar por varios propietarios
desde la década de 1850, terminaron en manos De la Cuadra, que las
arrendó en suertes a los vecinos de Lo s Molares, según la costumbre
asentada desde el Antiguo Régimen. La multiplicidad de pagadores
convertía el cobro de las rentas en un eng orro que solucionó medi ante un
apoderado de la misma villa, Juan Rincón Marchena. Más adelante, De
la Cuadra se inclinó por la explotación directa, para lo que sembró las
dehesas de Yeguas y Amarguillo (504 fanegas) con 7.284 garrotes de
olivar , aún improductivos en el año de su muerte .
135
GRÁFICO 11 . Sociedad Sant os de la Maza. Precio de la faneg a de oli var en Morón, en
reales
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Como se observa, la estrategia de Enriqu e de la Cuadra se b asaba
en el acaparamiento de tierras para su arriendo. Se puede hablar de una
“euforia compradora” que, a juzgar por el testimonio de Vicente Irizar y
las evidencias documentales, se cimentaban en el convencimiento de lo
inagotable de su fortuna. Las compras su pusieron enormes desembolsos
que no siempre se cubrieron con los arriendos.
El aceite fue objetivo prioritario de De la Cuadra . Sus grandes
adquisiciones tuvieron lugar en la décad a de 1870, aún durante el auge
135
AP NU, Enriq ue López Lac arra, 1887 [ 22 de octubr e de 1887], f. 1818; APNU, Enriqu e López Lacarra,
1895 [22 de agosto de 1895], f. 1655.
2358
1681 1486 1642 1632
4096
Haza grande 1871 Menea 1871 Puntal de la Sierra
1871
Perlita y
Marchante 1871
La Navilla 1871 Molino Nuevo
1876
Cuadr a Maz a: pr ecio med io de la f aneg a de
Hacienda.
87
del olivar; a partir de 1880, sin embargo, se produ jo un estancamiento
seguido de una crisis que se revelaría determinante para la fortuna
familiar. Ante la falt a de conocimientos agrarios de Gregorio de la Maza ,
Enrique tomó las riendas de la socied ad comanditaria y dirigió las
inversione s . Siendo consciente de la escasa idoneidad de las tierras del
término de Utrera para la obtención de aceite de calidad, co ncentró sus
esfuerzos en la vecina Morón, donde compró las haciendas de El Serrano,
Haza Grande, Menea, La Navilla, Perlita y Marchante, Puntal de la Sierra
y el cortijo de La Nava (reconvertido en hacienda) entre 1870 y 1872.
Incorporaba así 1.659 fanegas de olivar que habían costado 2.505.556
reales, desembolso que fue posible gracias al abundante metálico
disponible vía Santos de la Maza.
En la década de 1880 el ritmo de adquisi ciones se fue ralentizando
hasta que, a partir de 1886, las compras se limitaron a algun as viviendas
y a minifundios linderos con alguna d e sus propiedades. Las últimas
tierras, de hecho, procedían no de compras, sino del pago de un crédito
impagado por Joaquín Peña Hurtado de Mendoza, amigo de De la Cuadra.
Se trataba de pequeñas haciendas de olivar en El Coronil, que procuró
vender enseguida.
Otros montañeses
La familia extensa de los De la Cuadr a imitó a las dos cabezas
visibles, Clemente y Enrique, a una escal a menor, llegándose a convertir
en medianos propietarios. Actuaron segú n unos patrones comunes: la no
explotación directa d e sus propiedades, d estinándolas al arre ndamiento;
la adquisición de minifundios, buscando a menudo la veci ndad entre
ellos para constituir fincas de tamaño medio; finalmente, un buen
número de sus p ropiedades llegaron a sus manos producto de
ejecuc iones hipotecarias y retroventas, dado su dedicación al préstamo.
Pedro Rivas Rivas pertenecía a la esfera familiar por su matrimonio
con Romana Lavín De la Cuadra, prima segunda de Enrique. Su
trayectoria le llevó, como a otros miembros del clan, a pasar por México,
instalándose en Utrera en la década de 1850. Allí, tuvo una intensa
actividad en el mercado de fincas tanto r ústicas como urbanas. Debido a
su nivel económico, no pudo realizar fue rtes desembolsos, con lo que los
predios que adquiría era habit ualmente suertes de olivar y tierra calma
que dedicaba al arriendo entre vecinos de la zona. Aun así, llegó a ser
dueño de cuatro haciendas de olivar que, con el resto de propiedades,
sumaban unas 500 fanegas.
94
AÑO
COLONO
MUNICIPIO
RENTA
PERIODO
1847
Riarola Pérez, Alonso
Utrera
36 .000
1846 -185 6
1855
Crespo Guisado, Rafael
Utrera
77 .000
1856 -186 5
1863
Rafael Crespo Gu isado
Montellano
77 .000
1865 -187 1
1870
José Gutiérrez To pete
Utrera
77 .500
1871 -187 8
1877
Rafael Crespo Gu isado
Montellano
90 .000
1878 -188 1
1880
Rafael Crespo Guisado
Montellano
90 .000
1881 -188 6
1885
Cristina Huertas de Paz (vi uda
del anterior)
Utrera
90 .000
1886 -189 1
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
TABLA 25 . Arrendami ento de La Cañ ada, B alóbrego y Los Garz os, 1864 - 88
AÑO
COLONO
MUNICIPIO
DEL COLONO
PRECIO
PERIODO
1863
Miguel Corbac ho Reina y J osé
Manuel Romero
Montellano
60 .000
1864 -187 0
1869
José Manue l Romero Rom ero
Montellano
77 .500
1870 -187 6
1876
José Manue l Romero Rom ero
Montellano
77 .500
1876 -188 2
1881
José María Romero Sánchez
(hijo del anterior)
Montellano
90 .000
1882 -188 8
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
TABLA 26 . Arrendami ento del cortijo d e Loper a, propiedad de M anuel Sanch o Larrea.
AÑO
COLONO
MUNICIPIO
DEL COLONO
PRECIO
PERIODO
1839
Francisco Ramos
Montellano
34 .000
1839 -184 3
1845
Francisco Ramos
Montellano
24 .000
-
1859
Manuela y Co ncepción Ramos
Montellano
44 .000
1859 - 60
1860
José Corbach o Reina y Jos é
Manuel Romero
Montellano
44 .000
1860 -186 6
1866
Antonio Corb acho Reina
Montellano
44 .000
1865 -186 9
1875
Antonio Corbac ho Reina
Montellano
30 .000
1875 -187 9
1878
Manuel Corbach o Reina
Montellano
20 .000 (medi o
cortijo)
1878 -188 1
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
TABLA 27 . Arrendamient o del cortijo d e Ruch ena, propiedad del marqu és de Cas a Ulloa,
1826 - 1881
95
AÑO DEL
CONTRATO
COLONO
MUNICIPIO D EL
COLONO
PRECIO
PERIODO
1826
Francisca de Pa ula Vélez
Camacho
Montellano
1826 - 1829
1829
José Romero V aldés
Montellano
1830 - 1833
1834
Alonso Riaro la Pérez
Utrera
13 .000
1838 - 1841
1839
Fernando Ramos de Med ina
Montellano
23 .000
1838 - 1851
1873
Fernando Ramos de Med ina
Montellano
23 .500
1873 - 1875
1878
Fernando Ramos de Med ina
Montellano
24 .000
1878 - 1881
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
TABLA 28 . Arrendami ento del cortijo d e Ruch enilla, propied ad del m arqués de Casa
Ulloa, 1867- 1881
AÑO
COLONO
MUNICIPIO
DEL COLONO
PRECIO
PERIODO
1866
Fernando Ramos de Med ina
Montellano
19 .000
1867 - 1871
1874
Fernando Ramos de Med ina
Montellano
19 .000
1873 - 1875
1878
Fernando Ramos de Med ina
Montellano
19 .000
1878 - 1881
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
3.3.3. Arrendamientos de los De la Cuadra
Habitualmente se relaciona e l sistema de explotación indirecto de
la tierra con contratos a corto plazo y ba jos rendimientos agrícolas, pues
supuestamente el primer factor desincentiva ría al colono de invertir en
mejoras. A la vez , los contratos determinaban un cultivo a l tercio que
obstaculizaba la maximización de los rendimientos. Artola afirma que en
el Antiguo Régimen la gran mayoría de los latifundios (el 90% de los
ejemplos que analiza ) eran explotados mediante arriendo, aunque, según
transcurrió el primer tercio del siglo XIX, el número de predios explotados
directamente por sus propietarios, especi almente si estos procedían de la
burguesía agraria o del mundo de los negocios, fue aum entando de
manera paulatina.
144
En el caso de los De la Cuadra, los latifundios situados al sureste
de la población – el grueso de sus tierras – constituyeron su fuente de
ingresos más relevante. En la década de 1860, Clemente de la Cuadra
ingresaba al año en concepto de rentas anuales por dichos cortijos
223.500 reales, mientras que su hijo Enrique elevó esta cifra a, al menos,
144
CARMONA PID AL, “L as es trategias econ ómicas de la vieja ar istocracia españ ola y el cambio ag rario
en el siglo XIX”, Revista de Historia Económica , nº 1 [invierno 199 5], pp. 63 - 88.
96
396.000 en la década de 1880. A ello habría que añadir los beneficios
obtenidos de sus otros bienes, como haciendas, olivares, patrimonio
urbano y negocios industriales.
145
Respecto a la evoluc ión de la renta de la tierra a lo largo del siglo
XIX, Artola identifica tres periodos: hasta 1810, de 1810 a fines de la
década de 1830 y de 1840 en adelante
146
. En el primero se produ jo una
subida sostenida. E n el segundo se dio un acusado descenso, que se
prolongó hasta fines de la década de 1830, causado por la crisis
económica y la inestabilidad del mercado de la tierra, con dos intentos
desamortizadores abortados. Utrera, parada en el camino entre Madrid y
los Puertos, sufrió u n tránsito de tropas sin precedentes que la obligó a
sufragar a los ejércit os franceses y, tras l a liberación, a los es pañoles. Las
requisas de dinero, caballos, paja y alimentos llevaron a muchos
propietarios del término a una situación ruinosa .
Los primeros miembros de la familia en Utrera, Francisco Gi baja
Marroquín y sus hij os, explotaron directamente los cortijos de Herrera y
El Caserón, según se deduce ante la ausencia de contratos de arriendo.
Cuando Clemente de la Cuadra accedió a la fortuna de la fam ilia Gibaja,
decidió invertir en tierras de la zona, buscando la vecindad entre sus
distintas propiedades. Fruto de ello, adquirió los cortijos de Alhorín,
Balóbrego, Pabellón Grande, Nava de los Ballesteros y Cañada de
Santiago. A partir de la fecha de su adquisición, se conse rvan registros
de su puesta en arriendo de manera sistemática, en un periodo, mediados
del siglo XIX, de alza de precios. En 1846, Clemente volvía a Rasines ,
cumpliendo así la a spiración del retorno a la tierra natal como indiano
rico. Solo necesitaba a personas de confianza para gestionar sus negocios
en Utrera, fundamen talmente el cobro de rentas, renovación de contratos
y compraventas oportunas, de manera que apoderaría, en distintos
periodos, a sus sobrinos Pablo Lavín y Joaquín Martínez Matienzo, a
Pedro Rivas y, fuera del círculo montañés, a su amigo Mateo Escribano.
Aun así, se registran desplazamientos puntuales a Utrera para poner al
día sus negocios.
Clemente de la Cuadra planteó el arr iendo por lotes de sus predios ,
lo que simplificaba l as gestiones y los c obros (un único pagador con el
que negociar), a la v ez que constituía un atractivo para los colonos que
pudieran afrontar la renta. Se trataba de una práctica re lati vamente
habitual ya desde el siglo XVIII, como c onstataba Pablo de Olavide
147
.
Para ello ofrecía dos o más cortijos linderos junto a una dehesa,
indispensable para el mantenimiento del ganado. Comenzó con el cortijo
del Caserón, heredado por su esposa, al que añadió el frontero de la Nava
de los Ballesteros, Pabellón Grande y parte de la dehesa de los Garzos.
145
Según se desprende del cálculo d e las rentas an uales estipuladas en los con tratos de arrenda m iento.
146
ARTOLA GALLEGO, Miguel, El latifund io… , p. 128.
147
OLAVIDE Y JÁUREGUI, Pablo, Memorial ajustado sobre los daños y decadencia que pad ece la
agricultura , sus motivo s y medios pa ra su restablecimiento y fomen to , Mad rid, s/e, 17 84, p . 203. Olavide
af irmaba q ue los dueños de cortijos y d ehesas están acostu mbr ados a arrendar los por m ayor, porque ser
más conv eniente recib ir la renta de uno q ue tener que tratar con mu chos pequeño s colonos.
97
GRÁFICO 12 . Evolu ción d e la renta de los cortijos del Caserón, la Nava d e los
Ballesteros, P abellón Gr ande y dehe sa de Lo s Gar zos
Elaboración p ropia a p artir de protocolo s not ariales
Repetiría el mismo modelo con los cortijos de la Cañada de Santiago
y Balóbrego, vecinos entre sí y con la dehesa de los Garzos. Nada más
adquirirlos, Clemente de la Cuadra unific ó dichas propiedades y elevó su
renta a 60.000 reales anuales (1863), lle gando a los 90.000 en manos de
su hijo, en 1881.
GRÁFICO 13 . Evolución de la renta en los co rtijos de La Cañada, B alóbrego y Los Garzos
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
En 1848, Clemente de la Cuadra compraba el cortijo de La Enci nilla
al marqués de Ruchena, revisando las rentas al alza; nada más
adquirirlo, subió esta de 10.000 a 17.000 reales anuales, para
aumentarlo hasta los 45.000 en 1863. Al heredar, Enrique de la Cuadra
decidió explotar La Encinilla directamente, según se deduce de la falta de
0
20000
40000
60000
80000
100000
120000
1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910
0
20000
40000
60000
80000
100000
1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900
98
documentación y de los escritos de Vic ente Irizar, que me nciona una
cacería de De la Cuadra en dicha propiedad en 1880.
148
GRÁFICO 14 . Evolu ción d e la renta de l cortijo de L a Encinilla
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
El cortijo de Alhorín, expropiado a la catedral de Sevilla y que los
hermanos Candau h abían rematado en subasta, pasó a Clemente de la
Cuadra en 1866. Ya arrendado desde antiguo, Clemente , y
posteriormente su hijo, se limitaron a actualizar las rentas, que pasaron
de 15.000 reales anuales mientras tuvo titularidad estatal a 21.000
reales con la familia Candau; con Clemente se convertirían en 27.000
(1870) y 30.000 con Enrique (1875).
GRÁFICO 15 . Evolu ción d e la renta de l cortijo Alho rín
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
148
IRIZAR ARÓSTE GUI, Vice nte, Memo rias …, s/n.
0
5000
10000
15000
20000
25000
30000
1810 1820 1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910
0
5000
10000
15000
20000
25000
30000
35000
1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910
99
Las Torrecillas, que había pertenecido a la parroquia de Santiago,
fue el único predio q ue Clemente de la C uadra adquiriera de los bienes
procedentes de la desamort ización. Por su ubicación, en los ruedos del
pueblo, fue gestionado directamente por la familia; en 188 0, Enrique
ofrecería el terreno a la Diputación de Sevilla para la instalación de una
escuela agrícola. En su evolución se aprecia la baja renta del mismo
mientras tuvo a la Iglesia primero, y después al Estado, como
arrendadores. Cuando cayó en manos p rivadas triplicó su precio, y en
1897, la testamentaría de Enrique de la C uadra concedía su arriendo por
23.440 reales; si bie n el ta maño de la pa rcela se había más q ue doblado
de las 133 fanegas iniciales a las 275 d e 1897, el alza en el precio por
unidad de superficie es notable: de 12 reales en 1840 y 1850 a 41 en
1865 y 85 reales en 1897.
149
GRÁFICO 16 . Evolu ción d e la renta de l cortijo d e L as Torrecillas
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Enrique de la Cuadra mantuvo las tierras de pan sembrar en
arriendo. Excepciones fueron el ya mencionado cortijo de La Encinilla y
Fuente Vinagre, próximo a la localidad, que compró a la familia Garvey;
enclavado sobre un abundante manantial, planteó incluso la conducción
de sus aguas al pue blo en una obra lla mada “Cuestión de aguas” ; a su
muerte, el proyecto había c omenzado . De sus nuevas adquisiciones,
arrendó el cortijo de Troya, con una renta de 50.000 reales al a ño durante
la década de 1880. Siguiendo el modelo de ofertar tierras de sembrar y
dehesa, compró y puso en arriendo el cortijo de Roncesvalles y la vecin a
dehesa de Los Carrascales, teniendo como colono esta ble a José
Gutiérrez Topete. Valoresinferiores tuvieron los cortijos del Alamillo y la
Alcaparrosa, debido a su lejanía y calidad de sus tierras (La Alcaparrosa
era una antigua dehesa repartida en suert es y posteriormente unificada
en un cortijo) .
149
APNU, Enr ique López Lacarra, 18 97 [10 de diciemb re de 1897 ], f. 2855.
0
5000
10000
15000
20000
25000
1830 1840 1850 1860 1870 1880 1890 1900
100
GRÁFICO 17. Evolu ción d e la renta de l cortijo El Alamillo
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
GRÁFICO 18 . Evolu ción d e la renta de l cortijo de H errera
Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales
0
1000
2000
3000
4000
5000
6000
7000
8000
9000
10000
1860 1862 1864 1866 1868 1870 1872
0
5000
10000
15000
20000
25000
30000
35000
40000
45000
1850 1860 1870 1880 1890 1900 1910
101
GRÁFICO 19 . Evolu ción d e la renta de l cortijo de P ozuelo (Los Molar es)
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
A modo de conclusión, y con la prevención de no disponer de la
secuencia completa de datos ya comenta da, se observa un as censo de la
renta de la tierra en la segunda mitad del siglo XIX que desciende solo
ligeramente en el último decenio; por el contrario, María Parias habla de
un desplome en el precio – no en la renta – que toca fondo hacia 1890
150
.
Si adoptamos un valor 100 para la renta de los predios antes de ser
adquiridos por los De la Cuadra (de 18 40 en adelante), se constata un
incremento del 47,1% de media en torno a 1880.
TABLA 29 . Valor de la rent a de los latifun dios de los De l a Cuad ra previo s a su
adquisición, en épo ca de Clement e de la Cuadra (h. 1860) y de Enriqu e de la Cuadra (h.
1880)
FINCA
Anterior
Clemente d e la Cuadra
Enrique de la Cu adra
Alcaparrosa
100
-
42
Alhorín
100
128
142
Cañada, Ba lóbrego y Garz os
-
100
161
Balóbrego
100
-
233
Caserón, Nava d e los B allesteros ,
Pabellón Grande , Los Garz os
-
100
116
Encinilla
100
450
-
Herrera
100
-
95
Roncesvalles
100
-
250
Troya
100
-
138
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
150
PARIAS SÁINZ DE ROZAS , María, El mercado de la tierra …, p. 201.
0
2000
4000
6000
8000
10000
12000
14000
1860 1865 1870 1875 1880 1885 1890 1895 1900
102
Para contextualizar estos resultados, la siguiente tabla refleja la
renta de otros latifu ndios del término en dos momentos: h acia 1840, y
hacia 1880. En el mismo se observa una subida media del 86,3%, q ue
casi dobla la vista para la familia De la Cuadra .
TABLA 30 . Valor de la ren ta de latifundios de l término hacia 1840 y 188 0
FINCA
h. 1840
h. 1880
Águila
100
150
Alguaciles
100
136
Buena Nao
100
300
Fuentes
100
241
Lopera
100
117
Malavista
100
285
Ruchena
100
104
Ruchenilla
100
158
Elaboració n propia a p artir de protocolos notar iales
La renta dependía de diversos factores como, entre otros, la calidad
de la tierra, las edificaciones existentes en la misma, el grado de
proximidad al núcleo urbano, la coyuntura económica (incluyendo las
oscilaciones en el precio del trigo) y los factores climáticos. De este modo
se explica la relativa disparidad de precios por fanega en las p ropiedades
de la familia, Como se puede obs ervar en la tabla que sigue,
correspondiente a una cata realizada para 1870, los valores parecen
ordenarse siguiendo un cri terio de distancia respecto al núcleo urbano,
donde el cortijo de Torrecillas se encuentra en los ruedos de l a población,
siguiendo en proximidad Roncesvalles y Troya, y siendo el más lejano el
de Alhorín.
103
TABLA 31 . Precio po r fanega en arr endamient o de los latif undios fami liares h acia 1870
FINCA
PRECIO/FAN EGA (en r eales)
La Alcaparros a
24,5
Alhorín
18
Balóbrego y La Ca ñada + Dehesa G arzos
33
Los Carrascales
28
Caserón, La N ava, Pabel lón Grande + Los Garzos
28
La Encinilla
25
Herrera
36,8
Roncesvalles
36,3
Torrecillas
41,5
Troya
39,7
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Estas cifras, que muestran una media de 30 reales por fanega,
deben contextualizarse en el marco del término municipal (25, 7 reales de
media para los predios seleccionados) donde se han seleccionado once
predios que responden a similares características de propiedad que los
anteriores: arrendamientos libres, sin censos o gravámenes – o de
tenerlos, apenas repercuten en la renta – , es decir, plenamente insertados
en una dinámica de mercado.
TABLA 32 . Precio po r fanega en arrendami ento de varios latifu ndios del tér mino de
Utrera hacia 1 870
FINCA
PRECIO/FAN EGA
El Alamillo
14
Buena Nao
35
Fuentes
17
Guardainfantilla
27,6
Lopera
17,6
Malavista
35,7
Miguel de Uceda
50
El Piorno
17,5
Ruchena
17,1
Ruchenilla
20,7
Zarracatinejo
31
Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales
De nuevo, el criterio dominante – que por supuesto no el único –
parece radicar en la proximidad a Utrera, de modo que Miguel de Uceda,
el que alcanza una renta más elevada, se encuentra a dos kilómetros al
110
analizar la calidad de sus tierras, estableciendo así su idoneidad para el
cultivo del olivo ; pronto comprobó que las tierras de Utrera, arenosas en
su mayoría, no podían producir un aceite de mesa de calidad , como sí lo
hacían sus olivares de Morón y Alcalá de Guadaíra. Por ello, e nf ocaría su
aprovechamiento para usos fabriles . No obstante, consciente de la
creciente competencia de otras grasas in dustriales , reserv ó sus mayores
esfuerzos para la mejora de la técnica oleícola para conseguir aceites de
mesa de calidad.
GRÁFICO 20 . Produ cción anual en Esp aña de ace ite (en tonelada s)
Elaboración p ropia a part ir de CARRE RAS, Albe rt, y TAF UNELL, X avier (coo rds.),
Estadísticas hist óricas d e España. Siglos XIX y X X , Bilbao, Fu ndación BBV A, 2005, p. 332
De la Cuadra gestionaba siete molinos en el núcleo urbano de
Utrera, además de los existentes en sus haciendas, pero pronto daría el
salto hacia la tecnificación de sus negocios. Analizó la produ ctividad de
cada método de explotación aceitera, estimando que mientras un molino
tradicional realizaba dos cargas al día, el movido mecánicamente rendía
entre 15 y 20 en el mismo tiempo. El ingeniero Juan Zalabardo llegaría a
declarar que el moli no de De la Cuadra era el mejor de cuántos había
visto, y se reconocía la disponib ilidad de l industrial para que todos los
inventores que quisieran probasen sus ingenios en sus instalaciones .
177
En 1863, al recibir la herencia de su tío abuelo Simón de Gibaja
(consistente en haciendas y suertes de olivar), Enrique fundó la casa
Aceites de Utrera, una iniciativa en la que, por la documentación
manejada, su padre apenas tuvo papel alguno. A partir de 1882 se
fundaría la empresa La Utrerana
178
, cuya fábrica La Reformador a
177
La Gace ta Indu strial , nº 5 [10 d e marzo d e 1885], p. 73.
178
La publicidad que emitió en 1888 para la Exposición de Barcelon a mencionab a que De la Cuadra poseía
fábricas en Sevilla, Jaén, Cór doba, Málaga y Cádiz, aunque no se han enco ntrado ninguna fuen te qu e lo
corro bore.
0
10000
20000
30000
40000
50000
60000
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878
1879
1880
1881
1882
1883
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1894
111
constituía el núcleo productivo . Para su construcción, contó con su
primo, el ingeniero Andrés Vega, al qu e encargó realizar u n viaje por
Francia e Italia al objeto de conocer cómo se organizaban las industrias
aceiteras allí.
Ocupaba una superficie de 6.480 m² , paralela a la vía del
ferrocarril, con el que conectaba para asegurar la salida de la mercancía
a través de l os puertos de Sevilla y Málaga, gracias a la conexión Utrera -
Morón-Osuna, que enlazaba con la de Có rdoba -Málaga. Se componía de
nueve naves con tejados a dos aguas en las que se empleaba el hierro y
el cemento como materiales de construcción. Proporcionaban
movimiento a la planta dos máquinas de vapor de 25 caballos,
conectadas a bombas, prensas, deshuesadoras y cajas de filtración. En
1880 adquirió la deshuesadora patentada por Juan Zalabardo, capaz de
deshuesar 25 fanegas de aceitunas a la hora, un rendimiento muy
superior a otras máquinas similares como las de Belt rán de Lis
(Antequera), Gabriel Padrós (Reus) o Luis Beltrán (Valencia). Respecto a
la filtración, sustituyó el agua por productos químicos para clasificar el
aceite según su calidad, almacenándose en tanques de acero galvanizado
con una capacidad de 484.000 kilos para aceites y 170.000 para orujos.
Una red de raíles en su interior permitía manipular grandes cargas
sin dificultad, y se i nstaló una línea tele fónica interna (la pri mera de la
población, pues Bell patentó su invento en 1876) para f acilitar la
comunicación entre sus secciones. I ncluía además un taller de
hojalatería que fabricaba 2.000 envases (que se sellaban al vacío) al día.
A la cabeza de la misma situó al ingeniero José Ciervo Sinclair, con el que
ya contó para el diseño y gestión de la fábrica de gas .
179
La fábrica producía cuatro calidades de aceite. El primero, virgen
extra, se realizaba con las aceitunas de sus mejores pagos (Cortigena,
Morón) y se sometía a un triple refinado
180
. El segundo también era aceite
de mesa, con un solo filtrado, y de inferior calidad. El tercero se destinaba
a la fabricación de jabones y el cuarto y último se empleaba para
engrasar.
181
la década de 1880, De la Cuadra era propietario de 32 fincas de
olivar, que sumaban 4.329 aranzadas con un total de 216.450 olivos. En
la cosecha del año 1882, sus molinos procesaron 362.800 fanegas de
aceitunas, que produjeron 3.690.000 kilos de aceite. Su recolección, que
empleaba a más de 1.700 braceros, supon ía un gasto de 272.100 pesetas.
Esta época coincide con un enorme sal to en la productividad a nivel
179
Informac ión extraída de un díptico edita do para la instalación de En rique de la C u adra en la Exposición
de Barcelo na de 1888.
180
Z AMBRANA PINE DA, Juan Francisco , Crisis y moderni zación …, p. 153. El autor señala q ue, hasta
entonce s, las labor es d e refinado eran llevadas a cab o por los almacenero s y comerciantes, no por los
producto res.
181
El Gua dalete , nº 9.960 [2 de septiembre de 1888], p. 1.
112
provincial: Sevilla pasa de 237.010 hectólitros en 1876 -188 0 a 433.168
en 1883-1887.
182
“No he de parar hasta h acer de Utrera el Jerez del ac eite”,
comentaba Enrique de la Cuadra en la Exposición de Barcelo na de 1888,
una declaración de intenciones muy ilustrativa de la determinación del
empresario. En efecto, la prensa mencionaba sus aceites entre los
mejores de Andalucí a, junto a los del conde de Torres Cabre ra y Mena y
Zorrilla
183
. Presente en las exposiciones internacionales a través de su
representante, su primo Andrés Vega, obtuvo premios en la Exposición
de Viena de 1872, la Bético- Extre meña celebrada de Sevilla de 1874, la
de París de 1878, la de Barcelona de 1888, la de París de 1889
184
y la de
Canadá de 1890.
185
Las revistas especializadas y la prensa destacaban tres
cultivadores de aceites refinados, para mesa, capaces de competir con los
toscanos o franceses: los del propio De la Cuadra , los de Gonzalo Prieto
en Lora del Río y los de Villaverde en Huévar.
186
Hacia 1887, movido por la crisis del sector, Enrique de la Cuadra
dio un paso más en el control de todo el proceso. Mientras que hasta
entonces vendía al por mayor a almaceneros y comerciantes, a partir de
esa fecha decidió encargarse él mismo de la distribución y venta de sus
productos, contratando a una serie de viaja ntes encabezados por José
Azcona Muñoz y Miguel Vega González . Reforzando su nueva marca se
presentó en la Exposición de Barcelona de 1888 con la instalación que a
continuación se reproduce.
En 1885 ampliaba el negocio adquiriendo la fábrica de aceite San
Francisco de Asís, en Écija. Se trató de una iniciativa industrial llevada
a cabo por María Soledad Fernández Golfín y Murcia, que para su
construcción tuvo que hipotecarse con Enrique de la Cuadr a por 54.000
pesetas
187
. Al no poder responder al préstamo, l a fábrica pasó a manos
de De la Cuadra. Se situaba en el pago del Llano de San Agustín y
ocupaba 1,8 hectáreas. Constaba de dos plantas con De l a Cuadras,
graneros, estanques, oficinas, y un patio de 1000 metros donde estaba la
chimenea, de 16 me tros. Su máquina de vapor de 14 caballos de vapor
de fuerza movía dos prensas hidráulicas; además, un molino de hierro
era movido por tres mulos.
182
ZAMBRANA PIN EDA, Juan Fran cisco, Crisis y mo dernizació n …, p. 66.
183
La Épo ca , nº13 .391 [2 de diciem bre d e 1889], p. 4.
184
El Liberal , nº 244 3 [ 24 de agost o de 1889], p. 1. Obtuvo el p rimer prem io en la categ oría de mejo r
colección de aceites, imponiéndose a lo s del conde de las Almenas, Romero de la Torre ( Córdoba) o Quinzá
Herman os (Valen cia).
185
La Épo ca , 13.6 97 [13 de octubre d e 1890], p. 4.
186
La An dalucía , nº 10.039 [24 de octu bre de 1889], p. 2 .
187
APNU, Enr ique López Lacarra, f. 1927, 12 de diciem bre de 188 5.
113
IMAGEN 6 . In stalación para la E xposición d e Barcelon a de 1888. S e desea presentar el
aceite de me sa como u n producto de lujo
Fuente: Archivo de Eduar do Gonz ález de la Peña
IMAGEN 7. Portada del dí ptico elabor ado para la instalación d e La Ut rerana en la
Exposición de B arcelona de 1888
Fuente: Iberlib ro.com
114
Un préstamo impagado que databa de 1879, con un valor de
60.000 pesetas, derivó en un pleito por el que los sevillanos José de l a
Cerda y de la Cuesta y José María Capitán, de La Cerca y Cía., tuvieron
que ceder una fábrica de harina en Carmona. Situada en el pago del
arroyo del Cuchillo, medía 1.434 m² y contaba con diez asientos y
máquina de vapor con una fuerza de doce caballos. Los anteriores dueños
habían efectuado reformas para la elaboración de aceite, añadiendo tres
rulos de piedra para la extracción de aceite, prensas hidráulicas con sus
bombas, lavadoras, secadoras, motor a vapor y un almacén con
capacidad de 16.000 arroba s. Sin embargo, esta fábrica n o llegó a ser
gestionada por Enrique de la Cuadra , ya que la inscribió en el registro de
la propiedad el 28 de febrero de 1894 y entre esa fecha y su muerte (11
de septiembre) la vendió a su paisano Juan Bautista Castillo Solana (n.
1842), residente en Utrera. La fábrica tenía dos hipotecas, una de
185.885 pesetas con una empresa catalana encargada de la il uminación
de gas en Carmona y con la sociedad de Sevilla Aburaguey y Sarabia, y
otra de 12.250 con Saturnino Fernández González.
188
En 1890, un incendio iniciado en la hornilla de una máquina de
vapor se extendió por toda la fábrica, reduciéndola a cenizas
189
. Ello vení a
a sumarse a la crisis del aceite registrada en los veinte últimos años del
siglo XIX, provocada en buena medida por la competencia de ot ras grasas
industriales. Tal crisis se plasma en la r educción de la superficie
dedicada al olivar en el partido judicial de Utrera, que pas ó de 35.193
hectáreas en 1873 a 22.463 en 1888
190
. De la Cuadra llegaba a la décad a
de 1890 con fuertes deudas y un n egocio en crisis. S u repentino
fallecimiento en 1894 t runc ó una carrera que parecía haber estado
llamada a participar de la que Ortega N ieto llamó “la Edad de Oro del
aceite en España”, el periodo 1913-33.
3.5. Patrimonio urbano
3.5.1. La vivienda a fine s del Antiguo Régi men y el impacto de la
desamortización en el medio urbano
En este apartado atenderemos a la gestión del patrimonio urbano
por parte de la familia De la Cuadra y de su órbita de paisanos
emigrantes, los jándalos Joaquín Martínez Matienzo, Pedr o Rivas y
Esteban Fernández del Castillo. La documentación sugiere, de entrada,
una tendencia a la acumulación de fincas, con tres objetivos
fundamentales: el establecimiento y ampliación de la residenc ia familiar,
incluyend o la compra de viviendas para los hijos u otros parientes; la
especulación inmobiliaria, con el acopio de buena parte del suelo urbano
y su venta cuando el mercado ofreciese buenas condiciones; por último,
el alquiler, que les aseguraría unos ingresos anuales estables. Como se
188
APNU, Enr ique López Lacarra, 18 99 [18 de diciemb re d e1899 ], f. 4867.
189
La Correspond encia de España , nº 11 .690 [7 de ab ril de 1890], p. 2.
190
ZAMBRANA PIN EDA, Juan Fran cisco, Crisis y mo dernizació n …, p. 56.
115
observa, estos objetivos eran similares a los vistos en la tierra –
arrendamiento y compraventas ventajosas – ; en definitiva, l a propiedad
inmobiliari a como un objeto de inversión y comercio, algo acorde a la
mentalidad de estos cántabros.
Respecto a las fuentes, hay que apuntar que, hasta la décad a de
1840, en los inmuebles de titularidad eclesiástica, los contratos de
alquiler se elevaban a instrumento púb lico. A partir de est a década,
patronatos, hermandades, hospitales y conventos perd iero n sus
propiedades, y los grandes arrendatarios pasaron a ser particulares –
como los montañeses en el caso de Utrera – que se inclinaron de forma
mayoritaria por los contratos privados, hurtándose así una fuente
sustancial para el estudio del mercado urbano.
En el punto de partida de este estudio , a finales del Antiguo
Régimen, el panorama es muy diferente del contemporáneo respecto a la
propiedad urbana. Hernández, Campese e Ybáñez, que han e studiado el
caso de Sevilla, concluyen que la Iglesia era la gran propietaria de fincas
urbanas, con el 71% del total (unas 5. 061 casas); nobles y particu lares
poseían el 26’1% (unas 1.851), y el resto, el 3’8% (214), pertenecían a
instituciones o entidades civiles y municipales, así como a otras no
identificadas; similares proporciones se d aban en Toledo o Bu rgos a fine s
del siglo XVIII
191
. Respecto a este abrumador predominio eclesiást ico, hay
que recordar que la Iglesia no componía u na entidad única, sino que bajo
esta denominación se engloban parroq uias, hermandades, hospitales,
capellanías, conventos y obras pías. En cualquier caso, la Iglesia fue la
gra n perdedora en las desamortizaciones de Godoy, Mendizábal y Madoz,
con las que el mercado del suelo, tanto rústico como urbano, se fue
liberalizando. Finalmente, los inmuebles urbanos experimentaron un
auge sostenido a lo largo del siglo XIX; la rentabili dad líquida en Madrid
era del 4,5 al 5%.
192
Las líneas que siguen tienen como finali dad casi exclusiva analizar
las repercusiones de las distintas oleadas desamortizadoras en el
mercado urbano de Utrera, quedando para un estudio más profundo y
pormenorizado el est udio de las mismas, tanto en su faceta urbana como
agraria.
La primera desamortización fue la de Godoy. En realidad, se puso
en práctica en 1798, seis meses después de que este fuese cesado del
poder, siendo promovida por su sustituto, Mariano Luis de Urquijo, que
continuó la tarea comenzada por el vali do real y que había desarrollado
jurídicamente Miguel Cayetano Soler. A nivel nacional afectó a
propiedades de manos muertas de instituciones “paraeclesiásticas”, es
decir, vinculadas a la Iglesia pero no gestionadas directamente por ella:
Compañía de Jesús, patronatos, hermandades, hospitales, obras pías,
191
HE RNÁNDEZ NAVARRO, Francisco Javier, CAMPESE GALLEGO, Fer nando, y YBÁÑEZ
WORBOYS, Pilar, “La propiedad urbana en Sevilla: distribución y desamor tización en el ocaso del An tiguo
Régimen ”, Baetica. Estudios de Arte, Geo grafía e Historia , nº 30 [200 8], pp. 333 -349 , p. 338.
192
CARMONA PID AL, “Las estrateg ias ec onóm icas d e la v ieja aristocr acia española y el cam bio agrario
en el siglo XIX”, Revista de Historia Económica , nº 1 [i nvierno 199 5 ], pp. 63- 88 .
116
casas de reclusión y expósitos , organismos con una reducida capacidad
de oposición al Estado. Los mayorazgos y vínculos civiles pudieron sacar
a subasta sus patrimonios, a menudo maltrechos, y sanear sus cuentas,
pero la enajenación en este caso era voluntaria
193
.
De las instituciones más afectadas en Utrera fueron los patronatos,
la mayoría de los cu ales se habían creado entre los siglos X VII y XVIII.
Poseían tierras o bienes urbanos como m olinos, viviendas y bodegas que
se arrendaban, soste niendo con su producto un determinado c ulto u obra
benéfica. En Utrera, los que gozaban de un mayor patrimonio fueron los
de Román Meléndez, María Salas Zurdo y Alonso Vento silla Parra.
También las hermandades se vieron despojadas de buena parte de sus
bienes, que consistían en viviendas y pequeñas suertes de tierra calma y
olivar, normalmente en torno a las cuatro fanegas. El tercer tipo afectado
fueron los hospitales, establecimientos con origen en los siglos XVI y XVII
y con una existencia precaria en la mayoría de los casos. Los hospitales
utreranos existentes a comienzos del siglo XIX eran el de la Misericordia,
que funcionó como casa de expósitos; el de la Mesa, de mujer es; el de las
Cadenas, de extrema p obreza ; el de la Santa Resurrección; y el de San
Juan de Dios. Con la desamortización de Godoy y la inmediata guerra de
la Independencia vieron muy mermados sus ingresos, si bi en no sería
hasta la desamortización de Madoz que terminarían por desaparecer.
En cuanto a los bienes subastados, destaca la escasa presión en
las subastas, a las que a menudo se presentaba un único postor. De
acuerdo al mecanismo previsto (también vigente para la de Mendizábal),
una propiedad era tasada tras solicitud de un particular. Con frecuencia,
los precios de salida y de remate coincidían, síntoma de que asistía a la
puja un único interesado. Hay que distinguir las viviendas y los
inmuebles de tipo industrial y terciario, destacando por encima de todos
los molinos aceiteros, muy demandados por propietarios rú sticos que
necesitaban dar salida a su producción olivarera, a la vez que suponían
una oportunidad de negocio con la molienda de cosechas de otros
propietarios. De hecho, de las muestras con las que se ha trabajado, solo
un molino aceitero vio incrementado su valor de manera significativa
respecto al precio de salida (con un a umento de 15.000 reales). Por
último, hay que mencionar las posadas y mesones (Santo Espíritu, de la
Fruta , de la Espada, del Santísimo) que mantenían a hermandades y
patronatos.
La desamortización de Mendizábal superó con creces a la de Godoy
en cantidad de fincas, tanto rústicas como urbanas, que se subastaron.
Al contrario que en la anterior desamortización de Godoy, en la de
Mendizábal los precios de remate fueron bastante superiores (223%) a los
de salida, aunque s e admite que las tas aciones se hicieron a la baja. A
partir de 1841, con Espartero en el poder, llegó el turno de lo s bienes de l
clero secular. De nuevo, los más dem andados fueron los inmuebles
193
NARANJO SANGUINO, Mig uel Án gel, “Fuentes y meto dología para el estu dio de la desamortización
de God oy (17 98- 180 8). Aproximació n al caso extrem eño”, Revista de Estudios Extreme ños , 2 009, To mo
LXV, nº 2, pp. 989 -1010, p. 100 0.
117
urbanos. Cuando los moderados detuvieron la desamortizació n, en 1844,
se habían enajenado un 62% de las pr opiedades del clero, y quedaron
por vender un 38% que engrosarían el patrimonio de la reforma de
Mad oz.
Simultánea a la de samortización de Mendizábal se promu lgó la
supresión de mayorazgos (30 de agosto de 1836), cuyo impacto
demostraría ser más profundo en pueblos de latifundio y particularmente
en Utrera. Desde ese momento, se permitía a los nobles enajenar
patrimonio hasta ahora amortizado, de manera que pasaban de meros
usufructuarios a tener plena disponibilidad de los mismos. Lo s efectos se
dejarían ver a lo largo del resto del siglo, siendo quizá el más famoso el
de Mariano Téllez de Girón , duqu e de Osuna, cuyo nivel de gasto le llevó
a la venta de sus propiedades y a la ruina de familiar.
En Utrera se subastaron 55 inmuebles entre viviendas y molinos,
de nuevo los más cotizados. Los conventos exclaustrados se convirtieron
en objeto de venta a su vez, a los que se dio distintos fines (el político
Manuel Sánchez Silva convirtió el convento de los mínimos en su
residencia; el de l as monjas de la Antigua terminaría siendo una
harinera; Clemente de la Cuadra convirtió el del Carmen en cárcel).
GRÁFICO 21 . Des amortiz ación de Mendiz ábal. Bie nes urbanos exp ropiados
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
0
5
10
15
20
25
1837 1838 1839 1840 1841 1842 1843 1844 1845 1846 1847 1848 1849 1850
118
GRÁFICO 22 . Des amortiz ación de Madoz . Venta de inmuebles u rbanos en Ut rera
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notaria les
El último de los procesos desamortizadores, el de Madoz, fue el más
importante en cuanto a duración (la práctica totalidad de la segunda
mitad del XIX), volumen de tierras y capitales movilizados. La
desamortización de Madoz se concentró no solo en los bienes comunales
y de propios, sino que terminó de liquidar las propiedades eclesiásticas
aún por subastar y que habían qu edado en manos del Estado,
procedentes del clero regular y secular, beneficencia e instrucción
pública. En Utrera, de hecho, ninguna fi nca urbana subasta da procedía
del caudal de propios, sino que los grandes perjudicados fueron las
parroquias y conventos, tanto de la localidad como de Sevilla (Santa
María la Real, Dueñas, Teresianas, los Venerables). Se vendieron en el
municipio 117 inmuebles urbanos, concentrándose las ventas en la
década de 1870.
Observadas estas cifras, es necesario contextualizarlas para
valorar su mayor o menor impacto en el proceso de cambio respecto a la
propiedad urbana. En el diccionario de Madoz se recogen un total de
1.570 casas existentes en Utrera, de las cuales al menos fueron
expropiadas 200, es decir, un 12,73% del total
194
. Si bien la muestra no
es completamente exhaustiva, sí parece indicar una distribución de la
propiedad urbana distinta a la de capitales como Sevilla en el Antiguo
Régimen, existiendo un elevado porcentaje de propiedades en manos
particulares. Si tomamos el análisis de arrendatarios de fincas urbanas
194
MADOZ, Pascu al, Diccionario Geográ fico – Estad ístico – Histórico de Espa ña y sus posesion es de
Ultramar. Sevilla , Vallado lid, Ámbito, 19 86, p . 38 6 . L as casas se c lasificaban en de 1 ª categoría ( 21 ), 2ª
(67) , 3 ª (293) , 4ª (598 ), 5ª (589), más 4 2 r uinosas, 11 bo degas, 24 accesorias, 39 molino s y dos m áquinas
hidráu licas.
0
2
4
6
8
10
12
14
16
1859 1861 1863 1865 1867 1869 1871 1873 1875 1877 1879 1881 1883 1885 1887 1889 1891 1893
119
en Sevilla entre 1845 y 1885 realizado p or Elvira Tovar Caste llanos
195
, s e
observa que, en 1845, en toda Sevilla solo hay 10 propietarios
particulares – excluimos las instituciones públicas o religiosas – con más
de cuatro casas; y solo seis en 186 3. E n cambio, la muestra escogida
para Utrera en torno a esos años arroja nos resultados bien
diferenciados:
TABLA 33 . Propietar ios con más de 7 fincas urban as en Ut rera, 1818 - 189 3
Año
Propietario
Profesión
Nº de
finc as
1818
Antonia Cortés Ximénez d e Reina
Propietaria
8
1835
Marqués de C asa Ulloa
Terrateniente
9
1846
Gertrudis Chev arría
Propietaria
16
1860
Manuel Sánchez Silva
Político
16
1862
José Librero
Comerci ante
11
1862
Alonso Riaro la
Abogado, co lono
8
1863
María Placer Dov al
Propietaria
10
1863
Fernando Solís Arias de Sa avedra
Terrateniente
13
1864
Joaquín Girá ldez Cortes
Abogado
19
1866
Manuel De iró Fernández
Comercio
27
1868
José Arias de Saavedra U lloa
Terrateniente
8
1870
Braulio Vela Bayo
Comerci ante
13
1872
Joaquín Peña Hurta do de Mendoza
Comerci ante
8
1875
Esteban Mader o Escudero
Comerci ante
16
1876
José Garc ía Cepeda
Prestamista
10
1878
Ana Alcázar V izcaíno
Propietaria
24
1879
José Martínez Rincón
Propietario
9
1880
Casimiro Carro
Propietario
7
1882
Juan Méndez Cotri no
Propietario
12
1885
Manuel Labat Martínez de l Campo
Propietario
8
1893
Esteban Fern ández del Ca stillo
Fabricante, pr opietario
28
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
195
TOVAR CASTELLAN OS, Elvira, “Prop iedad y r enta urbana en Sevilla en el siglo XIX (18 45 -1885),
Archivo Hispa lense , nº 224, 1990, pp. 3 -22.
126
IMAGEN 9. Patrimonio u rbano de En rique de la Cu adra
Elaboración p ropia a p artir de FA JARDO D E LA FU ENTE
207
207
FAJARDO DE LA FUENTE, Anton io, “Un a primicia cartográfica …” , pp. 37 - 44.
127
Los jándalos en Utrera y la gestión del p atrimonio urbano
El entorno de familiares y paisanos de los De la Cuadra
participaron activamente en el mercado urbano durante la segunda
mitad del siglo XIX. Acumularon un patrimonio considerable que, si bien
más modesto que el de los primeros, gracias a su adecuada gestión, les
había permitido mantener la buena posición familiar en el cambio de
siglo, mientras que los De la Cuadra se deshacían de sus posesiones,
rústicas y urbanas, con celeridad.
A la hora de estable cer su residencia, pr imó entre los já nd alos un
criterio de proximidad. El foco inicial, en torno a la casa de Clemente de
la Cuadra en la plaza del Duque de la Victoria, fue atrayendo a las nuevas
generaciones de parientes y paisanos, y a pocos metros en torno a él se
establecieron los Lav ín, los Martínez De la Cuadra, los Vega De la Cuadra ,
los Pico y los Martínez Matienzo.
Joaquín Martínez Matienzo compró, a lo largo de su vida 75
propiedades urbanas entre viviendas, solares y molinos, invirtiendo
159.156 pesetas. En dicho periodo vendió 42 propiedades, de manera qu e
en su testamento dejaba 33 inmuebles y, sobre la can tidad total
invertida, solo había perdido 12.091 pesetas.
GRÁFICO 27 . Joaquín M artínez Matienzo. Comp ras y venta s urban as, en real es
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Pedro Rivas adquirió 42 viviendas entre 1849 y 1892, empleando
48.169pesetas, una cifra baja para el volumen de fincas, que se explica
porque varias de ellas le fueron adjudicadas en pago de deudas y
ejecuciones hipotecarias derivadas de sus préstamos , además de
fórmulas inusuales , como la donación de 17 viviendas que Ju an Cotrino
0
20000
40000
60000
80000
100000
120000
140000
160000
COMPRAS VENTAS
128
Méndez y su esposa le hicieron a cambio de una pensión anual vitalicia
de 7.300 reales
208
.
Rivas vendió la mitad del patrimonio, por un total de
48.932pesetas; es decir; un beneficio económico notable, pero que se
compensaba con préstamos concedidos y no pagados, ya qu e varias de
ellas proced ía n de ejecuciones hipotecarias.
GRÁFICO 28 . Ped ro Rivas Riv as. Comp ras y vent as urbana s, en re ales
Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales
Esteban Fernández del Castillo , aunque cántabro, no pertenecía al
círculo de los De la Cuadra. Miembro de una familia de come rciantes, su
estrategia priorizó las compras, pues a l o largo de 20 años vend ió solo
seis viviendas y dejó en herencia 28 inmuebles urbanos, incluyendo la
fábrica de harinas y algunos solares.
GRÁFICO 29 . Comp ras y ventas de Esteban Fe rnánd ez del Castillo, en reale s
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
208
APNU, Enriqu e López Lac arra, 1882 [1 d e mayo de 18 82], f. 5 12, y APNU, E nriqu e López Lacarra
1882 [27 de julio de 188 2], f. 830.
0
10000
20000
30000
40000
50000
60000
70000
COMPRAS VENTAS
0
50000
100000
150000
200000
COMPRAS VENTAS
129
3.6. El capitalismo aplicado al campo: el préstamo y la retroventa
La concesión de pré stamos y la retroventa se convirtieron pa ra los
montañeses radicados en Utrera en un a lucrativa vía de i ngresos. A
juzgar por las evidencias documentales, Clemente de la Cuadra llegaría
a Utrera con el fin de po nerse al frente de los negocios heredados por su
mujer, María Teresa Gibaja López-Dóriga, desde que muriera el padre de
esta, Bernardino de Gibaja, en 1823. Con su matrimonio, De la Cuadra
se ponía a la cabeza de la familia, compu esta por su esposa y su suegra,
administrando sus tierras e invirtiendo la fortuna familiar, que alcanzaba
los dos millones y medio de reales.
En 1846 convencía a sus sobrinos Pablo Lavín y Joaquín Martínez
Matienzo para trasladarse a Utrera, donde podrían adquirir tierras
aprovechando la disponibilidad que brindaba la desamortización de
Mendizábal y Espartero. En sus cartas se mencionaba expresamente el
plan de dedicarse a la agricultura, lo que provocaba ciertas reticencias
en ambos, comerciantes de profesión y poco familiarizados co n el mundo
rural.
Sin embargo, a través de los protocolos notariales se observa como
pronto el préstamo se convirtió en una práctica habitual para De la
Cuadra y sus parientes. Más adelante se establecieron nuevos cántabros
en el municipio: Pedro Rivas Rivas, Rufin o Lavín, los hermanos Gutiérrez
Perujo, etc. que, en mayor o menor medida, se dedicaron a es ta práctica.
De otro lado, la retroventa consistía en la venta de un bien
inmueble, rústico o urbano, por parte de un individuo ne cesitado de
liquidez a un segundo, con la c ondición de que, si el primero abonaba el
precio en un plazo determinado, podría recuperar el bien. Como se ha
podido comprobar en la investigación, el comprador casi nunca tenía
interés por explotar la finca, sino que de inmediato la arrendaba a su
antiguo propietario, lo que reportaba cuantiosos beneficios. El pacto
estaba claramente desequilibrado a favor del comprador, que obtenía un
retorno superior al interés del préstamo habitual, mientras que el que
vendía corría el riesgo de perder bienes y dinero.
El periodo de auge de estas prácticas comprende desde fines de la
década de 1840 hasta 1880, cuando nuevos actores entran en el mercado
financiero.
3.6.1. El crédito rural en la primera mitad de siglo
En el Antiguo Rég imen, los prestamistas del ámbito ag rario
“pertenecían naturalmente a aquellos grupos sociales más beneficiados
por el flujo de la renta agraria”
209
, entre los que se cuentan el clero, la
209
GARCÍA SANZ, Án gel, y GAR RABOU SEGURA, Ramón (ed.), Historia a graria de la España
contemp oránea , Barcelona, Crítica, 1985, p. 62.
130
nobleza y miembros adinerados de la sociedad rural. Además de ellos,
durante el siglo XVI II los pósitos munici pales conocieron un a época de
esplendor, con operaciones de préstamo que consistían sobre todo en
grano para sementera y, en menor medida, metálico.
El panorama cambió conforme avanzaba el siglo XIX, cuan do se
introdujeron una serie de novedades en el mundo rural que repercutieron
en el crédito. De un l ado, el valor capital fue imponiéndose al valor tierra.
La pérdida de presencia y poder de la Iglesia en el medio rural supuso un
retroceso de esta co mo organismo crediti cio. De otro lado, la desapari ción
de las vinculaciones permitía a sus dueñ os contraer deudas hasta ahora
prohibidas por ley. Finalmente, las desamortizaciones llevaron a la
necesidad de crédito s para pagar las nue vas propiedades, lo que despertó
el negocio del préstamo con una nueva c oncepción más capitalista.
El campo sevillano carecía de instituciones de crédito oficiales, y
las iniciativas que surgieron al respecto tardarían bastante en
sustanciarse. Consecuencia de todo ello fue que el nuevo mercado del
crédito en Utrera – y numerosas poblaciones vecinas – quedó en manos
de un puñado de montañeses encabezado por Clemente de la Cuadra ,
hasta su muerte en 1873.
En otras áreas peninsulares, las co mpañías comerciales se
encargaban de otorgar préstamos, entre otras funciones
210
. En la
Campiña sevillana, el escaso desarrollo de la actividad comercial impidió
el desarrollo de ta les compañías. Tampoco existieron i nstituciones
bancarias en Andalucía hasta la segunda mitad del siglo XIX. Las Cajas
de Ahorro podían haber captado a la clientela necesitada de metálico. La
primera se fundó en Madrid en 1838, y la de Sevilla apareció en 1842;
sin embargo, la ley de Sociedades Anóni mas de 1848 desinc entivaba la
creación de estos organismos, que tardarían en consolidarse.
211
Las entidades bancarias, además, eran vistas con desconfianza en
el entorno rural; en l as obligaciones, por ejemplo, se emplea u na cláusula
por la que el deudor se compromete a devolver “en buena moneda de oro
o plata usual y con veniente, con exclus ión de todo papel o billetes de
ba nco creados o por crear”
212
. En conclusión, el mercado de l crédito
quedaba en la esfera de lo privado. La falta de controles legales permitió
el encarecimiento del precio del dinero, aumentando el interés y la
usura.
213
210
PÉREZ PICAZO, María Teresa, “Crédito y usura en la regi ón mu rciana durante el siglo XIX”, Áreas:
Revista internacio nal d e ciencias sociales , n º 8, 1987, p p. 11 - 20. La au tora h a estudiad o u n incr emento,
desde med iados del siglo XVIII, de este tipo de compañías, q ue tanto se dedicaban a la importación –
expo rtación, abastecim iento del arsen al de Car tagena, como a los préstamo s a Ayuntamien tos y
particular es, en la r egión de Murcia.
211
BERNAL LLORENS, Mercedes, “La regulació n de las sociedades an ónimas y la información contab le
publicad a en La Gaceta d e Madr id a mediado s del siglo XI X”, R evista Esp añola de Finan ciación y
Contabilid ad , vol. XXIII, nº 120 [en ero -marzo 20 04], pp. 65-9 4.
212
Se trata d e una fór mula estandarizada presen te en la m ayoría de los con tratos de este tipo.
213
MARTÍNEZ SOTO, Án gel Pascual, “Los Mon tes de Pied ad y las Cajas de Aho rros Españolas en el
siglo XIX ( 1835 - 1875)”, XIV Internatio nal Econo mic History Congress , Helsin ki, 20 06, Session 66, p . 5.
131
En un entorno com o el de Utrera, el cr édito estaba normalmente
vinculado a las tareas agrícolas, a menudo necesitadas de financiación
(adquisición de sementera, pago de jornales, arrendamiento de predios).
Parte del mismo se había canalizado en el Antiguo Régimen a través de
los pósitos munici pales, almacenes de tr igo que vendían o a delantaban
sementeras a los cultivadores. No obstante, los pósitos, golpeados por la
guerra de la Independencia y posterior mente, la carlista, s e mostraron
un instrumento anticuado para las necesidades del campo en el siglo
XIX
214
. A la vez, se fueron introduciendo formas crediticias nuevas, como
La Andaluza, empresa que desde 18 44 proporcionaba seguros de
quintas, para que las familias con quintos pudieran rescatarlos bajo un
precio determinado por el Estado.
215
Martínez Soto afirma la existencia de un Monte de Pieda d en
Utrera
216
, centrado fundamentalmente en el empeño de joyas y r opas. En
1867 había realizado un elevado número de préstamos (3.367), pero por
muy escasa cuantía (6 pesetas de media), lo que nos indica qu e las
operaciones con sumas superiores quedaban en manos de prestamistas
privados, capaces de aprontar hasta cien mil reales o más. De los datos
que se manejan, se observa la tendencia, también vista en la serie de
prestamistas privados, a un mayor volumen de negocio:
TABLA 34 . Préstamo s realiz ados por el Mont e de Piedad de Ut rera
Año
Número de p réstamos
Capital prestado
1863
220
1.376
1864
675
2.877
1865
1.720
4.901
1866
1.319
5.351
1867
9.779
41.016
TOTAL PERIODO
13.713
55.522
Elaboración p ropia a part ir de MARTÍN EZ SOTO, Á ngel Pascual, “ Los Monte s de
Piedad…”
En cualquier caso, se trató más de una casa de empeños que de
una institución crediticia, y debió tener una existencia precaria, pues en
1878 ya había desaparecido.
3.6.2. La obligación como forma de crédito
Como señala Arenas Posadas, en el mu ndo agrario, “el préstamo
personal fue la fuente principal de crédito entre desiguales”
217
,
refiriéndose al atras o de la formación de un sistema bancario fuerte en
214
CAMPAYO RODRÍGUEZ, Cristina, SÁINZ DE ROZAS, María, “El intento de creación de un Banco
de Crédito Agríco la en la pr ovincia de Sevilla (1840 - 1880)”, Estudios Regiona les , n º 2 1 [1 988], pp. 137 -
158, p. 138.
215
AHPS, 204 39, f. 77.
216
MARTÍNEZ SOTO, Án gel Pascual, “Los Mo ntes de Pied ad…”, p. 24.
217
ARENAS POSAD AS, Carlos , Pod er y economía …, p . 78.
132
Andalucía. Hasta finales de la década de 1840, los préstamos recogidos
en los protocolos de las escribanías utreranas presentan características
muy distintas a los que se firmarán posteriormente. Aunque, por la
bibliografía consultada
218
, el papel de la Iglesia como prestamista tuv o
mucha relevancia a fines del Antiguo Régimen, para el caso utrerano no
hemos encontrado ejemplo alguno, lo que no significa que no se dieran,
sino que simplemente no se elevaron a documento público. Po r tanto, los
prestamistas objeto de estudio son siem pre particulares, no rmalmente
profesionales liberales con intereses en e l campo, caso del jur ista Alonso
Riarola, o colonos que, desde el siglo XVIII, han ido acercándose al
mercado de la tierra y que disponían de metálico suficiente.
La forma legal habitual en que se formulaban los préstamos era la
obligación, un préstamo hip otecario con una duración que iba de varios
meses a los 6 años como máximo. La obligación “favorecía la pérdida de
la propiedad de la tierra y por tanto det erioró aún más las condiciones
materiales de los pequeños propietarios”
219
. Implicaba sie mpre la
hipoteca, sobre una finca o fincas que se especificaban en el contrato o,
más raramente, se procedía al embargo general de los bienes inmuebles
del prestatario, sin que aparecieran explicitados en dicho documento.
La obligación vino a sustituir al censo, otor gado a menud o por
instituciones eclesiásticas o paraeclesiásticas como hermandades y
patronatos, y en el que la enajenación de los bienes resultaba más
complicada. Otras formas como los pagarés y las letras de cambio,
habituales en zonas con una banca y comercio desarrollados, eran
completamente ajenas al ámbito rural de la Campiña utrerana, al menos
en la documentación notarial manejada.
El préstamo respon día con frecuencia a las necesidades agrícolas
(pago de arrendamientos, mantenimiento del ganado, jornales, etc.), pero
abundaban otros por cantidades menores para el arreglo de la vivienda o
la atención de urgencias domésticas. Por otra parte, la s crisis agrarias y
las malas cosechas tuvieron su reflejo en el aumento de las ob ligaciones,
como ocurrió en 1869.
Los actores del préstamo eran hombres; normalmente, cuando
aparecía una mujer como propietaria de la finca estaba asistida por su
marido o un familiar varón. En el caso de las viudas, podían actuar con
libertad, si bien la fórmula habitual era la de signación de un apoderado.
Los bienes hipotecados eran tierras, a menudo pequeñas suertes de 3 a
8 fanegas, obtenidas en los repartos d e baldíos hechos en la primera
mitad del XIX. Ello tuvo la consecuencia de que, al final del proceso, eran
los prestamistas los que se hacían con el control de pagos en teros, caso
218
TOVAR PULIDO, Raqu el, “La riqu eza patrimonial de las familias d e las viudas jiennenses en el siglo
XVIII”, Cuaderno s d e Historia Moderna, nº 42 (1) [2017], 19 5 -220 . La autora mu estra para el caso de la
prov incia de Jaén q ue solo el 20 % de los p restamistas eran p articular es; el resto lo form aban conventos,
parro quias, el cabildo catedral, patron atos, etc.
219
FERNÁNDEZ DE PINE DO, Em iliano, “Del censo a la obligación: mod ificaciones en el crédito rural
antes d e la p rimera guerra carlista en el País Vasco ”, en GARCÍA SANZ, Áng el, y GARRABOU SEGURA,
Ramón ( ed.), Historia agraria d e la España contempo ránea , Barcelon a, Crítica, 1985, pp. 297 - 305.
133
de Joaquín Martínez Matienzo con varias dehesas de la población de Los
Molares. Solo cuando no se disponía de tierras (por haberse d esprendido
de ellas, por desempeñar una profesión a jena al campo o por pobreza) se
hipotecaba la casa familiar.
220
Era frecuente que los receptores solicitaran nuevos préstamos (a
menudo al mismo prestamista) una vez pagado el anterior, tal era su
situación de debilidad económica. La es critura se solía formalizar en el
m ismo acto en que se otorgaba la carta de pago del anterior préstamo. A
menudo se encuentr an matrimonios que en el mismo año solicitaban por
separado distintas cantidades, generalmente a la misma persona. Este
fenómeno puede explicarse por haber solicitado una cantidad a la baja,
con el propósito de pagar los mínimos intereses posibles. Cada uno de
los cónyuges respondía con una finca distinta
221
. En el caso de lo s
préstamos sin hipoteca, el deudor se comprometía a pagar un porcentaje
de interés mucho más alto del inicial mente pactado si no abonaba la
deuda en el plazo previsto. Se puede citar, por lo abusivo, el caso de
Manuel Muñoz Mateos, que acordó con un prestamista local, Joaquín
Sánchez Castrelo, la cifra de 3600 reales; en caso de vencer el plazo, el
interés a pagar sería de 1600 reales, casi un 45% .
222
Son muy escasos los documentos de ejecución hipot ecaria
conservados en los Protocolos Nota riales de Utrera. Por el contrario, eran
frecuentes las ampliaciones de crédito, es decir, se ofrecían facilidades
para el pago puesto que, salvo contadas excepciones, la finalidad de estas
operaciones consistía en obtener dinero metálico, y no una propied ad que
no tenía planeado explotar. Un a vez pag ada la obligación, se expedía la
correspondiente carta de pago y cancelaci ón que daba por con cluida toda
la operación, y que e n nuestro estudio in dica que la gran mayoría de los
préstamos eran satisfechos.
Hasta la década de 1850, las obligaciones solían hacerse por
cantidades relativamente modestas, inferiores a 5.000 reales. A menudo
se hacían entre familiares o amistades, como adelanto a un dinero que
estaba por cobrar (ve nta de un producto, etc.). El plazo era cor to, en torno
al año, y casi nunca se cobraba interés alguno, si bien se a seguraba el
retorno de lo invertido mediante la hipot eca. Son frecuentes los casos en
que se dan facilidades de pago, como el fraccionamiento en pequeñas
cantidades diarias o mensuales.
En definitiva, se aprecian rasgos de una s ociedad agraria, en la que
las prácticas capitalistas, como el cobro de interés, se co nsideraban
usura y estaban mal vistas. En ella perv ivían, por tanto, ciertos rasgos
220
APNU, Diego Guerra Tamar iz, 3 de noviem bre d e 1860, f . 577. Matien zo compra las dehesas de
Amargu illo y Yeguas, en Los Molares, a los her ederos de Manuel Gaviria Alco ba, marqués de Gav iria.
221
APNU, Diego Guerr a Tamar iz, 187 4. En este añ o Pedro Solís Ar ias de Saav edra solicita u n p réstamo a
Enriqu e de la Cuadra, ofrecien do como hip oteca un molino en la calle Cor redera; pocos días después, su
esposa, Emilia Vign e, pide 31 .000 reales más ofreciendo parcelas de tierra calma y olivar; lo mismo o curre
con Fra ncisco Ar ias de Saavedra y su esposa, Soco rro Fernández - Céspedes Leg uey.
222
APNU, Diego Guerr a Tamar iz, f. 229, 23 de septiemb re de 1866.
134
solidarios que, desde la Edad Media, eran apreciados como una forma de
redistribución de la riqueza, contando co n el refrendo moral d e la Iglesia.
Este sistema cambiaría de manera drástica a mediados del siglo XIX,
cuando los jándalos instalados en la población copen un mercado, el
financ iero, aún por explotar, gracias a su disponibilidad de metálico y a
las leyes de 1857, que liberalizaban el interés de los créditos. Situaciones
similares se dieron en otras áreas, como ocurrió con los Carbonell en
Córdoba o el cántabro Juan Sánchez López en Jerez.
223
GRÁFICO 30 . Volumen d e préstamos en Ut rera, 1 846 - 188 5
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
3.6.3. Prestatarios: prosopografía
Habitualmente, la profesión de los implicados en el contrato de
obligación aparece consignada en los documentos notariales, de ahí que
estimemos oportuno un análisis de qué clases eran las que solían
endeudarse y cuáles eran sus motivos.
A modo de aclaración, debemos algunas precisiones sobre la
terminología, especialmente la diferencia entre hacendado, labrador y
propietario
224
, términos que abundan en la documentación consultada .
223
TITOS MARTÍNE Z, Man uel, El sistema fina nciero en Anda lucía. Tres siglos de Hist oria , Sevilla,
Consejería de Eco nom ía y Hacienda, 2003; MALDONADO ROSSO, Javier, La formación del cap italismo
en el marco de Jerez. De la viticu ltura trad iciona l a la a groindustria (siglos XV III - XIX ), Mad rid, Huerga
y Fierro , 1999.
224
Sobre la diferen cia entre estos térm inos cab e mencio nar ARTOLA GALLEGO, Miguel, El latifund io,
propied ad y explo tación. Siglos XVIII - XX , Madrid, Ministerio de Ag ricultura, 1978, p . 97.
Clemente d e la
Cuadra
41%
Enrique de la
Cuadra
14%
Martínez
Matienzo
17%
Pedro Rivas
15%
José Gómez Pico
7%
Pablo Lavín
4%
José García
Cepeda
1%
Joaquín Sánche z
Castrelo
1%
V OL UMEN DE P RÉS T AMOS EN UTRERA, 1846 - 1885
135
Hacendado correspondía a gran propietar io, dueño de uno vari os cortijos;
lab rador se refería a la persona que explota una o var ias grandes
propiedades, ya sea como propietario o c omo simple colono. Por último,
hay que advertir qu e el término propietario se empleaba po r defecto a
cualquier individuo que poseyera una po rción de tier ra, por pequeña que
fuese; de hecho, buena parte de los incluidos en esta categoría fueron
beneficiarios de repartos de tierras com unales que poseían desde 1 a 8
fanegas. Con frecuencia, el cultivo de di chas tierras constituía solo una
parte del trabajo de tales individuos, que además se emplearían en otras
ocupaciones, como braceros. Po r tales razones, en una misma persona
pueden coincidir las dos o tres ocupaciones señaladas. No se especifica
la ocupación de un porcentaje significativo de prestatarios; t odos tienen
en común que hipotecan el único bien q ue poseen, la vivienda familiar,
algo que los denominados propietarios evitaban poniendo como garantía
sus minifundios.
Hemos empleado en el estudio el términ o de profesiones urbanas
para agrupar a artesanos, panaderos, zapateros, empleados de la
administración, estanqueros, albañiles, dueños de tabernas y posadas y
médicos, entre otros; por otro lado, profesiones agrarias incluy e a los que
figuran como braceros, del campo, jorna leros, agricultores y hortelanos.
De las profesiones urbanas se ha desgajado el sector del comercio y,
cuando resultan mínimamente significativos, abogados e industriales.
Lógicamente, los individuos que soli citaban obligaciones más
cuantiosas eran los hacendados y labradores, aquellos qu e poseían
propiedades que hipotecar con un valor equiparable al del dinero
prestado. A menudo son propietarios de latifundios que entran en
pérdidas por mala gestión o por la concatenación de malas cosechas.
Cuando se especificaba el motivo del pré stamo, se aludía a lo s costes de
las faenas agrícola s. Similares motivos empujaban a los pequeños
propietarios a endeu darse, en el contexto de sus minifundios (suertes de
olivar, manchones, huertas). Los individuos sin más propiedades que su
domicilio presentaban una casuística más amplia: compra de una
propiedad, necesidad de reformas en el d omicilio, afrontar u na deuda o
pagar el rescate de un hijo de la quinta. Los porcentajes de los gráficos
representan el número de personas de cada profesión y no las cantidades
prestadas en cada caso.
142
como objeto de transacción (cesiones de crédito): en 1849 cedía a Pablo
Lavín un crédito por valor de 223.112 reales, correspondientes a
préstamos por cobrar de varios vecinos.
227
En el mismo año, Rufino Lavín marchaba a La Habana cediendo a
su hermano Pablo un crédito por 40.300 reales procedentes de varios
préstamos firmados en 1848; y en 1859, Clemente de la Cuadra pasaba
a Martínez Matienzo ocho créditos má s. Respecto al crédito, desde al
menos la década de 1820, encontramos a los hermanos Pico Gómez, Juan
y Francisco, comerciantes procedentes de Rasines, dedicados
ocasionalmente al préstamo con interés .
228
La situación cambió a mediados de siglo, debido al propio avance
del capitalismo, concepto que en buena medida introdujeron los
montañeses en la esfera local y comarcal utrerana. Con ellos se produjo,
en definitiva, una p rofesionalización del prestamista, figura previa a la
aparición de los primeros bancos en el entorno rural sevillano. Los
primeros pasos los dieron algunos cánt abros retornados a la península
desde México, antiguos conocidos de Clemente de la Cuadra . Muchos de
ellos recalarían en Cádiz, don de podrían liquidar sus letras c omerciales
y donde tenían, en definitiva, intereses económicos.
Este fue el caso de J uan José de la Lastr a, antiguo comerciante de
Tampico que, ante la prosperidad que estaba alcanzado De la Cuadra ,
estableció su residencia en Utrera en 1843, si bien de manera temporal.
Ese año consigno un préstamo a José María Amor, abogado y diputado a
Cortes con Espartero, por 205.320 reales para las labores de los cortijos
de Pardales y Fuentes.
229
Entre los prestamist as cántabros existía una especie de jerarquía
ordenada según su riqueza; era lógico que las mayores fortunas
realizaran los préstamos más cuantiosos, que generalmente
correspondían a colonos como los Arias de Saavedra. Seguirían las
for tunas menores (Matienzo y Rivas), quedando los más reducidos en
manos de prestamistas locales. De igual modo se aprecia un reparto, más
o menos consensuado entre los actores, en el resto de la comarca. Así,
otro gran propietario, el rasiniense Manuel Gutié rrez Perujo, evita a los
clientes de la esfe ra de Clemente de la Cuadra , centrándose en
Villamartín.
Los porcentajes de in terés fueron aument ando a partir de la dé cada
de 1840. Los más altos se dan en las décadas de 1860 y 1870, con el 12%
227
AHPS, PN, Juan María Gu tiérr ez, 20 214, f. 98 (7 de m arzo de 1 849 ). Eran L eandro Ma tute, 24640; Ju an
de Men a, 84.000; Man uel Deiró, 60.0 00; José de Hez eta, 44.000; Josef a González 9 .702 reales.
228
AHPS, P N, Juan María Gutiérr ez, 20214, f. 217 (13 d e abr il d e 1849). Los crédito s p rocedían de
obligacio nes contraídas por Manuel Salguero 3300; Francisco Herrera 2000; Diego Pérez 3 0 00; Juan León
Jiménez 9 000; Francisco Jiménez Már quez 20.000 ; AHPS, PN, José María Moliní, 2 058 7, f. 427 (11 de
junio de 1850 ). Franc isco Gó mez Quintero , 6 600, Álv aro Ma rtín, 4 505, Manuel Deiró Fernández, 2 2858,
Miguel Veg a 40392, Lorenzo Orellan a 3360, Manuel Fernán dez 3000, Manuel M ar ía Rodríg uez
4483. AHPS, 20146 , Ignac io Damigo, f. 168. Francisco Pico Góm ez p resta 70 00 reales a Esteb an Mad ero
en 1824 ; AHPS, 20124 , Ig nacio Damig o, f . s/n. Fran cisco Pico Gómez pide a los comerciantes Alcaraz e
hijos 5.9 38 reales.
229
AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 203 88, f. 439.
143
y hasta el 15% en algunas operaciones. Para Murcia, Pérez Picazo registra
hasta el 24% de interés, aunque desc onocemos si es un porcentaje
habitual o extraordinario. Cuando el deudor no cumplía con sus
obligaciones, el prestamista denunciaba ante el juzgado, pro duciéndo se
el embargo de bienes y subasta de los mismos. Así ocurre, por ejemplo,
con el impago de 28. 259 reales que Pablo Retes, de Montella no, contrae
con José Gómez Pico.
230
Atendiendo a la cadencia de los préstamos, se observan años de
fuertes inversiones segui dos de otros en que las operaci ones bajan
notablemente o incluso se detienen por completo, observándose en su
representación gráfica unos zigzags muy acusados. Como hipótesis
aparecen dos, que no son excluyentes entre sí: la principal consideraría
los periodos de bajas inversiones como época de recuperación económica
con los retornos de los intereses; la segunda haría coincidir los picos y
valles de la gráfica (o parte de ellos) c on coyunturas de expansión y
recesión económica a escala nacional o comarcal ( malas cosechas).
Destaca el caso de Pedro Rivas, cuyo periodo de mayor actividad, hacia
1874, coincide con un valle en los demás prestamistas, de modo que
absorbió buena parte del mercado tras los periodos de auge de Clemente
de la Cuadra, Martínez Matienz o; dicha época coincide, además, con las
inversiones de Enrique de la Cuadra en olivares, de forma q ue destinó
poco líquido a estas operaciones.
GRÁFICO 33 . Prestam ista s montañeses en Utrera. Comparativa
Elaboración p ropia a part ir de proto colos no tariales
230
APNU, Anto nio de Campo Redon do, f. 1323, 27 d e junio de 1867.
0
100000
200000
300000
400000
500000
600000
700000
800000
900000
1846 1848 1850 1852 1854 1856 1858 1860 1862 1864 1866 1868 1870 1872 1874 1876 1878 1880 1882 1884
Pr est amist as montañ eses en Utr er a - Compar ativ a
Clemente de la Cuadra Martínez Matienzo Pedro Rivas José Gómez Pico
144
Clemente de la Cuadra: la clientela y la ampliaci ón del patrimonio
De la Cuadra fue el primer individuo que empezó a conceder
préstamos de manera profesional – no como inversiones puntuales o
esporádicas – , a partir de 1846. Por las mismas fechas empezó a adquirir
bienes con pacto de retro. Entre sus clie ntes destacaron per sonalidades
políticas con las que se relacionó, como el jefe superior político José de
Hezeta, al que dedicó la “Memoria de Gestión” de su alcaldía .
231
Entre los préstamos de Clemente de la Cuadra resalta la elevada
proporción de labradores y hacendados, cifra significativa si se tiene en
cuenta que estos r ealizaban operacion es de mayor cala d o. Los dos
préstamos más elevados fueron uno de 512.000 reales a Ju an Antonio
Cuéllar y Caraza, propietario y hacendado de Alcalá de G uadaira, en
1868, y otro de 480.000 reales a Francisco Bécquer Rui z, labrador
utrerano, en 1860. Ambos se veían acuciados por necesidade s derivadas
de sus explotaciones agrarias: el primero era dueño de dos haciendas de
olivar (de 90 y 60 fan egas) en Alcalá de G uadaíra, además de cien fanegas
más repartidas en distintas suertes; el segundo intentaba frenar las
pérdidas que la familia Bécquer iba acumulando en el cortijo de Troy a
desde al menos 183 5, y que terminaron desembocando en la venta del
mismo.
También es reseñable el caso de otro cliente de De la Cuadra, el
propietario José Arias de Saavedra y Ulloa. Perteneciente a la baja
nobleza sevillana, administraba la cuantiosa herencia que Juan
Domínguez Ortiz, su suegro, había dejado a sus hijos. Ll egados a la
mayoría de edad, los mismos también actuarían como legítimos dueños.
Sus propiedades incluían cortijos (Balóbrego) y dehesas (La Alcaparrosa),
además de un buen número de suertes de olivar y una extensa cabaña
ganadera, que acabarían en manos de sus prestamistas: la familia De la
Cuadra .
Se puede discutir hasta qué punto l a adquisición de predios
mediante la ejecució n de hipotecas fue u na estrategia planific ada por De
la Cuadra; en cual quier caso, la disponibilidad de dinero metálico –
acorde a su mentalidad comercial – le p roporcionaba una ve ntaja sobre
los propietarios locales – acostumbrados al valor tierra – , que terminaron
naufragando en un mundo cada vez más monetizado. Bien fu ese por el
retorno que le proporcionaban los int ereses, bien por contribuir al
debilitamiento de esos antiguos propietarios, Clemente de la Cuadra
resultó el claro beneficiado del negocio de l préstamo durante las décadas
de 1850 y 1860.
231
AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 225 82, f. 20.
145
TABLA 37 . Endeuda miento de la familia A rias de S aavedra
AÑO
PRESTATARIO
CANTI
DAD
%
AÑOS
HIPOTECA
1865
José Arias de Saavedra y Ulloa
120 . 00
0
10%
2
Dehesa la A lcaparrosa, 28 0 f
1865
Juan Arias de S aavedra Do mínguez
80 .000
10%
1
Balóbrego (526 f)
1865
José Arias de Saavedra y Ulloa
60 .000
11%
1
El Rodadero ( olivar 10 f)
1865
*
José Arias de Saavedra y Ulloa
80 .000
10%
2
Suerte 600 p ies, suerte del Cañete 300
pies, Suerte L a Diezmera 7 80 pies, La
Pescadera 12 ar olivar
1865
*
Francisco Arias de Saavedr a
Domínguez
60 .000
10%
1
No especifica do
1866
Juan Arias de S aavedra Do mínguez
35 .000
10%
1
Balóbrego (526 f)
1866
Juan Arias de S aavedra Do mínguez
25 .000
10%
1
Balóbrego (526 f)
1867
Juan Arias de S aavedra Do mínguez
153 . 00
0
10%
1
Balóbrego (526 f)
1868
Juan Arias de S aavedra Do mínguez
32 .000
10%
1
Sin especificar
1869
Juan Arias de S aavedra Do mínguez
50 .000
10%
1
Haza 12 f olivar, haza 8 f o livar, haza 22 f
en Palmar Gord o
1874
**
Francisco Arias de Saaved ra
Domínguez
84 .800
0%
1
Sin hipoteca, conce dido po r amistad. Si
supera el año, pagará 8% de interés.
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s. (*) Prést amo
solicitado a P edro Rivas Rivas; (* *), préstamo ot orgado po r En rique de la
Cuadra
Tras embarcarse en numerosos préstamos, la familia Arias de
Saavedra se vio obligada a vender sus p ropiedades. En 186 7, Clemente
de la Cuadra adquiría el cortijo de Balóbrego y en 1877 la dehesa de la
Alcaparrosa pasaba a manos del hijo de este, Enrique.
Los Bécquer fueron la otra familia que, procedente del Antiguo
Régimen, perdió sus propiedades a favor de los De la Cuadra . Desde el
siglo XVII eran propietarios del cortijo de Troya, predio de 2.0 00 fanegas.
TABLA 38 . Endeudamient o de la fami lia Bécque r
AÑO
PRESTATARIO
CANTIDAD
%
AÑOS
HIPOTECA
1835
José María Bécq uer
20 .000
6
1
Sin especificar
1838
Francisco José y
Manuel Bécquer
100 . 000
0,5
2
Sin especificar
1838
Francisco José y
Manuel Bécquer
100 . 000
0,5
2
Sin especificar
1838
Francisco José y
Manuel Bécquer
43 .500
0
1
Sin especificar
1860
Francisco Bécquer
Ruiz
480 . 000
8
6
Troya
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
146
En su caso, ante la coyuntura negativa de los años 30 recur rieron
a préstamos de fami liares de las ramas s evillana y astigitana, hasta que
en 1860 recurrieron a Clemente de la C uadra, quién les concedió una
obligación de 480.000 reales al 8% de interés anu al, pagadera en seis
años (lo que suponía para el prestamista un beneficio de nada menos que
230.400 reales).
Clemente de la Cu adra ya les había c omprado el cortijo de la
Cañada de Santiago, lindero con los de su propiedad, en 1858, ante los
apuros económicos de la familia. El patrimonio rústico familiar se perdió
definitivamente cuando en 1876 vendiero n Troya a Enrique de la Cuadra .
Por otro lado, los colonos de los cortijos propiedad de De la Cuadra eran
frecuentemente prestatarios, pidiendo un adelanto en metálico para la
adquisición de sementera o pago de jornales al propio arrendatario, con
lo que este obtenía una fuente de ingres os secundaria muy valiosa.
Sus colonos, que fueron bastante estable s en el tiempo, proce dían
de Utrera, El Coronil y, sobre todo, de Montellano, población lindera con
sus latifundios de Alhorín, La Encinill a, El Caserón o la Nava de los
Ballesteros. Se trataba de familias labradoras como los Sánch ez Ibargüen
o los Corbacho. Como los modelos de c rédito agrario institucionalizados
en Europa desde la segunda mitad del siglo X ’ VIII no tuvieron reflejo en
España
232
, estos se vieron obligados a acudir a los propi os De la Cuadra
para formalizar préstamos con que cubrir los arriendos, malas cosechas,
pago de jornales o mantenimiento del ganado. La escasez de capital
disponible explicaría los altos intereses q ue se aplicaban, lo que llevaría
a la prensa sevillana a señalar:
¿Qué otra cosa es sino un banco agrícola lo que hace en Utrera con sus
colonos el millonar i o señor D e la Cuad r a ? […] Pues es que l as fincas del
señor D e la Cuadra, de un modo muy natura l y sin violenc ia alguna,
valen más y renta que otras se mejant es
233
.9
De este modo, la relación entre propieta rio y colono trascen día los
límites económicos y los vinculaba en un a red clientelar que, en ciernes
desde época isabelina, eclosionaría con E nrique de la Cuadra durante la
Restauración. A través del siguiente cuadro puede observarse la vía
secundaria de ingresos que conseguía De la Cuadra con estos préstamos
destinados, subrayamos, al cultivo de las tierras arrendadas al mismo.
232
MARTÍNEZ SOTO, Ángel Pascual, “L as vías de finan ciación de la agricultura mur ciana entre 1870 -
1936 : el problema del crédito agrícola ”, Agricultu ra y Sociedad , nº 84 [199 7], pp. 49 -106.
233
La And alucía , nº 9.443 [6 d e noviembre d e 1887], p. 2.
147
TABLA 39 . Endeudamien to de los colono s de Cl em ente de la Cuadr a
AÑO
COLONOS
TIERRAS
CANTIDAD
INTERÉS
HIPOTECA
1846
Alonso Riaro la y
Manuel De iró
Caserón, Nava y
dehesa Los Garz os
144 . 375
0
No se especifica
1847
Alonso Riaro la José
Jiménez Ferreras ,
María Dolores
Romero
Caserón, Nava y
dehesa Los Garz os
El Alhorín
95 .123
0
Hacienda 72 ar
(Villamartín)
1860
Diego de Sedas
Matos
La Encinilla
40 .200
9
No se especifica
1868
Rafael Crespo
Guisado
Caserón, Nava y Los
Garzos
96 .000
9,5
No se especifica
1869
José Manue l Romero
¿?
102 . 000
9
35 f olivar
(Montellano)
1870
Francisco Corbach o
Reina
Caserón, Nava y Los
Garzos
384 . 000
8
Cortijo de Miran da
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
GRÁFICO 34 . Clem ente d e la Cuadra . Origen t errit orial de los pr estatarios
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Si la banca oficial no se había establecido en Utrera, el grado de
penetración que tuvo en los pueblos que se extienden hacia la sierra sur,
más alejados de la capital, fue nulo. De la Cuadra aprovecharía este
mercado potencial integrado por una comarca definida desde la Edad
Media como la banda morisca, que inclui ría desde Utrera has ta el campo
de Matrera: Los Molares, El Coronil, Montellano, Puerto Serrano y
Villamartín, a los pies de la sierra de Grazalema. En efecto, casi un terci o
del negocio de Clemente de la Cua dra estuvo ocupado por individuos de
dichos municipios, a los que debemos añadir, por su cercanía, Los
Palacios y Villafranca, al oeste de la población.
Utrera
Los Palacios
El Coron il
Montellano
Puerto Serran o
Villamartín Morón Lebr ija Dos Hermanas Otros
CLEMENTE DE LA CU ADRA - ORIGEN DE L OS
PREST A T ARIOS
148
GRÁFICO 35 . Cantidad es prestadas por Clement e de la Cuadra (en reales)
Elaboración p ropia a p artir de protocolo s notari ales
También ejerció co mo prestamista en el ámbito urbano. En una
nueva mezcla de asuntos públicos y pri vados, cuando el Ayuntamiento
presidido por De la Cuadra levantó el mercado de abastos en 1848,
subastó su gestión entre varios postores, resultando elegido Cosme
Berdeja, que contrajo una deuda con De la Cuadra (alcalde, no lo
olvidemos) de 12.680 reales
234
. Estas operaciones redundaba n en un
mayor enriquecimiento del propietario, pues controlaba buena parte del
circuito del dinero en el ámbito comarcal.
Resp ecto a las retroventas, su actividad comenzó en 1847, al
adquirir por 13.080 reales y un plazo de 15 meses de devo lución una
suerte de 12 aranzadas a Antonio María de Villalba Arias de Saavedra
235
,
uno de los miembros de la antigua clase propietaria que, a mediados de
siglo, se encontraba con dificultades financieras. Este se vio poco
después obligado a ampliar su deuda retrovendiendo su vivienda en la
calle La Plaza, que pudo recuperar en 1849
236
.
La operación de ma yor cuantía fue la referida al cortijo de Los
Jurados que, procedente de la desamortización, había adquirido el
moronense José Reina Marín
237
. Reina había adquirido y arrendad o
varios latifundios expropiados (Pardales, Zarracatinejo), con lo que agotó
su capital metálico. Para 1847 pedía un préstam o a De la Cuadra de
84.500 reales al 6%, para sementera. No obstante, agobiado por los
234
AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 232 76, f. 32.
235
AHPS, PN, Juan María Gu tiér rez, 20 214 , f . 106 [22 de nov iembre de 1844 ].
236
AHPS, PN, Juan Gómez, 20587 , f. 548 [10 de octu bre de 1847 ].
237
AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez 2 0214, f. 106 [22 de nov iembre de 1844] .
0
100000
200000
300000
400000
500000
600000
700000
800000
900000
1846
1847
1848
1849
1850
1851
1852
1853
1854
1855
1856
1857
1858
1859
1860
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
Clemen te de la Cuadr a - Pr ést amos
149
plazos de pago al Estado, retrovendió el cortijo a De la Cuadra en 1849
por el mismo precio al que lo adquirió, 140.916 reales
238
. Tres días más
tarde firmaba como colono de dicho predio por un importe de 15.500
reales anuales
239
. De este modo, mientras que mediante préstamo De la
Cuadra obtenía un retorno de 5.070 reales al año, mediante l a retroventa
recibía el triple. En cualquier caso, la ope ración resultaba mu y ventajo sa
para Clemente de la Cuadra, que en caso de impago recibiría el latifundio
de manera definitiva.
Según se desprende de los document os notariales, no estuvo
interesado en bienes radicados en otros pueblos, de modo que esas
retroventas tenían como objetiv o el beneficio derivado del arrendamiento.
En el caso de que no obtener el dinero por parte del vendedor en el plazo
fijado, se procedía a la venta de las fincas retrovendidas, como ya dijimos.
Durante las décadas de 1850 y 1860 s u volumen de compras en
retro descendió, deb ido a su ausencia d e Utrera. Cuando re tornó a la
localidad, en 1868, reactivó las operaciones. Destaca la adquisición, en
1868, de varias propiedades de José María de Silva por 17 6.900 reales,
que arrienda al propietario por seis años por 17.310 reales, equivalente
a un interés del 10% anual
240
.
Al morir en 1873, muchas de ellas queda ron por resolver hasta que
su hijo Enrique se hizo cargo del patrimo nio familiar. Este mo stró escaso
interés económico en este tipo de negoc ios, al igual que hici era con los
préstamos; pesarían más los objetivos políticos, pues el préstamo se
convirtió en una herramienta fundamental para la creación y afiance de
la red clientelar. De ahí la permisividad de De la Cuadra a la hora de
alargar los plazos de devolución, a veces más de una década. Aceptó
algunas compras en retro, pero las realizó bien por interés en parcelas
concretas (a Cuéllar y Caraza) o por tra tarse de colonos de sus tierras
(caso de Antonio Co rbacho Reina). Asimismo, Enrique adqu irió por el
método de retroventa bienes de su amigo José Antonio Cuéllar y Caraza
por valor de 592.100 reales
241
. Entre lo s mismos se incluían dos
haciendas de olivar (Molino Blanco, de 9 4 aranzadas y San Cayetano, de
210) en Alcalá de Guadaíra, cuyas tierras eran las más propicias para el
cultivo de esta especie. Enrique de la Cuadra había heredado de su tío
abuelo Simón de Gi baja varias fincas en dicha zona y tenía un acusado
interés por ampliar sus tierras en la zona. Con un plazo de seis años para
recuperar la finca, Cu éllar quedó como colono de l as tierras
retrovendidas, pagando un canon de 48.000 reales anuales. Transcurrido
el plazo, De la Cuadra retuvo la propiedad al no poder afrontar el
vendedor el rescate. A su vez, Cuéllar ha bía empleado 288.00 0 reales en
el arriendo de las tierras, con lo que E nrique cerraba así un negocio
redondo.
238
AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez 2 0214, f. 106 [9 d e marzo de 1849 ].
239
AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 202 14, f. 1 1 9 [12 de m ar zo de 1849].
240
APNU, Anto nio de Campo Redon do, f. 1490 [1 de mayo de 1858].
241
APNU, Diego Guerr a Tamar iz, f. 2431 [8 de diciem bre de 1875 ].
150
Pablo Lavín De la Cuadra
El sobrino de Clemente de la Cuadra había llegado a Utrera tr as su
paso por México, junto a Joaquín Martínez Matienzo, desde 1831 a 1846.
Al poco de llegar a Utrera se instaló en Los Palacios con la intención de
captar a los clientes de esa localidad, en un reparto del merca do planeado
por la familia. Comenzó su actividad prestando sumas elevadas, con
desembolsos de 122. 418 reales en 1848 y 201.295 en 1849. No obstante,
su periodo de actividad fue muy corto, pu es en 1854 moría de un “cólico
nervioso”
242
.
GRÁFICO 36 . Préstamo s de Pablo L avín
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
GRÁFICO 37 . Pablo L avín – O rigen de los p restatar ios
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
242
AHPS, PN, Juan María Gu tiérrez, 224 82, f. 595.
0
50000
100000
150000
200000
250000
1848 1849 1850 1851 1852 1853 1854
P ablo La vín - Pr éstam os
Utrera
67%
Los Palacios
5%
Morón
3%
El Coron il
12%
Montellano
10%
Otros
3%
151
En 1852 emprendió viaje al norte, lo que se refleja en el
detenimiento de la actividad. Ese año, Lavín otorgaba poder a su primo
Joaquín Martínez Matienzo al tener que ausentarse “por tiempo dilatado”
a atender sus nego cios en Santander, donde contrajo mat rimonio con
Luisa Caller, de Ampuero, hija de José Caller Madrazo y Joaquina de la
Vega Santetises. El matrimonio, aunque oficialmente vecinos de Los
Palacios, establecieron su residencia en la calle de la Alfalfilla de Utrera.
La unión fue muy br eve, pues la boda se produjo el 10 de febrero de 1854,
y él fallecía el 25 de julio de ese año.
Su viuda contraería segundas nupcias con Joaquín Martínez
Matienzo, pariente y socio del mismo desde su juventud en el comercio
mexicano, haciéndose así más densa la red de relaciones de origen
familiar -clientelar.
Joaquín Martínez Mat ienzo
GRÁFICO 38 . Joaquín M artínez Matienzo. Volumen d e préstamos
Elaboración p ropia a part ir de protocolo s notariale s
Tras los De la Cuadra, fue el jándalo que mayor volumen de dine ro
prestó, declarando en su testamento que su actividad principal el
“préstamo de dinero a interés”, por encima de las clásicas de propietario,
labrador y hacendado.
Su ciclo como prestamista comenzó, como el de su pariente y socio
Pablo Lavín, en 1848, c oncluyendo en 1883. El periodo de mayor volumen
de préstamos se dio en la primera mitad de la década de 1860, motivado
probablemente por el auge del mercado de la tierra derivado de la
desamortización de Madoz, en la qu e pudieron participar muchos
pequeños inversores.
0
50000
100000
150000
200000
250000
300000
350000
400000
1848 1850 1852 1854 1856 1858 1860 1862 1864 1866 1868 1870 1872 1874 1876 1878 1880 1882
Joaquín Martíne z Ma tienz o - Pr ést amos
254
Enrique de la Cuadra se instaló en Utrera poco antes del estallido
de la revolución de 1868, cuando se disponía a relevar progresivamente
a su padre al frente de los negocios familiares. Durante el Sexenio, y ante
el temporal predominio progresista en la población, procuró ma ntenerse
alejado de la política, ampliando su patrimonio mediante inversiones en
olivar, aunque ejerció como concejal por la Unión Liberal entre 1870 y
1872. Declaradamente conservador, criticó la revolución de septiembre y
fue un destacado alfonsino: “Par a él, la España sin el secular apoyo del
trono y con una insti tución exótica, ni era comprendida ni podía marchar
con el orden y el concierto conveniente”
522
.
Tusell caracteriza a Utrera como un distrito “dócil”, entendido como
aquel en el que no existía un cacicato estable, sino que este estaba
disputado por dos o más familias. En ellos, buscando la aceptación del
partido, los jefes d e cada tendencia política tendían a pl egarse a lo
previsto por el gobier no. Esta investigación obliga a cuestionar o al men os
matizar esta visión, porque no ocurrió exactamente así con la familia De
la Cuadra. De un lado, Enrique, lejos de plegarse al partido, decidió
romper con el mismo; más adelante, su hijo Fernando pasó del Partido
Conservador al Liberal – llevándose con é l a buena parte de su clientela
– ante la falta de ap oyo de Silvela
523
. En definitiva, frente a la pasividad
de los distritos sevillanos descritos por María Sierra y Ma ría Antonia
Peña
524
, los De la Cuad ra, con su búsqueda de una jefatura local estable,
introdujeron un elemento disruptivo en la estructura política provincial.
4.3.1. El auge republicano durante el Sexenio
Según la tesis clásica de Artola, el momento álgido de la burguesía
revolucionaria se prod ujo en el periodo 1868-1874
525
. Tras el mismo,
esta, ya asentada en el poder, tornaría hacia posic iones más
conservadoras a las que el sistema d e la Restauración daba pleno
acomodo; sin embargo, en este lapso, el grupo que había d ominado la
esfera política desde época isabelina se vi o desplazado del pod er por una
“burguesía de izquierdas”
526
. Durante el Sexenio, convivieron i ntereses
burgueses con las re ivindicaciones del pr oletariado, que en la Andalucía
rural se concretaban en el reparto de la tierra, asunto, por otro lado,
abordado en sucesivas reformas desde el siglo XVIII. En este ambien te,
el republicanismo aparecía la corriente más propicia para satisfacer las
aspiraciones de las clases desfavorecidas, de ahí su vigor en áreas rurales
522
El Noticiero S evillano, n º 533 [12 de sep tiembre de 1 894], p. 1 .
523
T USELL GÓMEZ, Jav ier, Oliga rquía y ca ciquismo en Andalucía (1890 -192 3), Barcelona, Plan eta,
1976, p. 234.
524
PEÑA GUERRER O, María Antonia, y SIERRA ALONSO, Ma ría, “An dalucía”, en VARELA
ORTEGA, José (dir.), El po der de la influencia. Geografía del ca c iquismo en Esp aña (1875-1 923) , Madrid,
Marcial Pon s, 2001, p . 38.
525
ARTOLA GALLEGO, Miguel, La burg uesía revolu cionaria (1 808 -1874) , Madrid, Alianza, 2 006.
526
SIERRA ALONSO, María, La política del pa cto. E l sistema d e la Restauración a través d el Partido
Conservado r Sevillano (1874 -1923) , Sevilla, Dip utación d e Sevilla, 199 6, p. 48.
255
como Utrera; como señala Cruz Artacho, “muchas de las aspiraciones
populares se republicanizaban”
527
.
El pronunciamiento de Topete en Cádiz se produjo el 18 de
septiembre de 1868. Su eco en Sevilla tuvo lugar el día 19, cuando se
formó una Junta Pr ovisional Revolucionaria compuesta por demócratas,
progresistas y unionistas; entre estos últimos se incluían po líticos con
una larga trayectoria como el marqués de la Motilla o Manuel Sánchez
Silva. Emergió así una élite progresista, compuesta por intelectuales y
profesionales liberales que copó los puestos de poder. En Utrera, el
movimiento revolucionario llegó ci ertamente amortiguado, a juzgar por
los miembros de la Junta que se constituyó el 22 de septiembre de 1868.
Presidida por José María de Silva, un mediano propietario en apuros
económicos, la mayoría de sus integrante s procedían del moderantismo,
sin apenas presencia de demócratas o republicanos. Las grandes
fortunas del término, caso de los De la Cu adra o Juan de los Ríos, optaron
por la prudencia, absteniéndose de cualquier participación política. Esta
Junta adoptó una serie medidas populistas, ordenadas desde la
Diputación provincial, ante la coyuntura de crisis provocada por las
malas cosechas: eliminación de los derechos de consumo, supresión de
la guardia municipal y de la comisión encargada del repartimiento de la
Contribución Territorial
528
.
TABLA 61 . Junta revoluc ion aria de Utrera, 1868
Elaboración p ropia a part ir de Actas C apitular es y Protocolos Notari ales
527
CR UZ ARTACHO, Salvador, Anda lucía en la u topía federal de España, 1868 -1898 , Sevilla, Centro de
Estudios An daluces, 2 016, p. 13.
528
ARIAS CASTAÑÓ N, Eloy, “La revolu c ión de 1868 en Sevilla. Élites demócr atas y masas
repub licanas”, en CAR O CANCELA, Diego (dir.), La revolución de 1 868 en Andalucía , Cád iz, Peripecias
Libros, 2018, p. 367; APNU, An tonio de Campo Redondo, 1871 [1 de may o de 1868]. José María de Sil va
se había visto ob ligado a retrovender a Clemente de la Cuadra var ias prop iedades rústicas, inclu yendo una
haciend a de olivar, y urbanas. Como era hab itual en este tipo de acu erdos, quedaba c omo arrendador de las
mismas a la esper a de poder rescatar dichas f incas , lo qu e lo dejaba en una posició n económica muy déb il;
OTERO CAMPOS, José An drés, Utrera en el siglo XI X , Utrera, Siar um, 2005, p . 171.
Nombre
Profesión
José María de Silva (alcal de)
Propietario
Rafel Crespo G uisado
Labrador, hac endado
Rafael Pino
Propietario
Manuel Labat Martínez de l Campo
Propietario
Antonio Urrut ia Riera
Militar
José González de la Peña y Sedze
Propietario, abo gado
Francisco Arias de Saaved ra Domínguez
Propietario
Manuel Sánchez L ardín
Empleado ferr oviario
Rafael Riaro la Pérez
Abogado, propi etario
Joaquín Girá ldez Fernán dez -Soler
Abogado, pro pietario
José María G uerra (secreta rio)
Funcionario, pro pietario
Felipe de Burgos Murube
Hacendado, ga nadero
256
Desde finales de 1868, la opción republicana fue ganando
adhesiones entre las clases populares urbanas (artesanos, dependientes,
pequeños comerciantes, albañiles). En el ámbito rural, a esa base social
se añadía el numeroso grupo de los jo rnaleros, lo que explica que el
republicanismo se hiciera con el poder municipal en pueblos como Las
Cabezas de San Juan o Utrera
529
. Ya se ha señalado el auge del que las
corrientes políticas progresistas gozaro n durante la primer a mitad del
siglo XIX, apareciendo hacia 1850 partidarios de opciones democráticas
e incluso republicanas, caso de los hermanos Riarola. En el otoño de
1868, se formó en el municipio un Comité Democrático Progr esista – en
realidad, republicano – en el que se integraron menestrales, artesanos y
trabajadores (“dos taberneros, un dueño de tenducho de abacería, tres
carpinteros de lo blanco, un ayudante de escuela, un oficial de
sombrerería, un rem endón de calzado viejo y un escribiente de la curia”),
dirigidos por José Fantoni Solís, “un hombre de carrera, extraviado
dolorosamente en su conducta”
530
. Fantoni, nacido en 1832, procedía de
una familia de medianos propietarios, c uya posición mejoró al contraer
matrimonio con Lucía de los Ríos Jimé nez-Pajarero, hija del segundo
mayor propietario del término, Juan de los Ríos Mateos. Fantoni llegó a
la alcaldía de la población en un fugaz periodo a comienzos de 1869.
Otros destacados rep ublicanos fueron Antonio Ruiz Verde, último alcalde
del Sexenio, y Juan Coronilla y Fernando Rodríguez de Medina, que
presionaron al gobie rno local para la ado pción de medidas democráticas,
como la actualización de los censos para el ejercicio del sufragio
universal
531
.
TABLA 62 . Partido Repub licano de Utrera, 1870
Nombre
Notas
José Fantoni So lís
Exiliado en 1 869, restituido en 1871
Diego de Sedas
Concejal y diputa do provin cial en 1873
Juan Piquera
Diputado provi ncial en 1 871
Luis Castro
Alcalde en junio 1869
Alfonsín
Ejecutado e l 12/10/1869
Recio Junio
Ejecutado e l 12/10/1869
Inocencio Pérez Piqueras
Ejecutado e l 12/10/1869
Antonio Carbaj o
Muerto en 25/ 02/1870
Elaboración p ropia a part ir de Actas C apitular es y hemerote ca
A nivel regional, el r epublicanismo se vio robustecido con la f irma,
en junio de 1869 del “Pacto federal de las provincias de Andalucía,
Extremadura y Murcia” en el que se abogaba por un sistem a federal y
descentralizador, defensor del municipalismo
532
. En octubre de ese año ,
529
BERN AL RO DRÍGUEZ, Anton io Miguel, La lu cha p or la tierra …, p . 228. Po r o tro lado, la d esesperad a
situación econó mica llevó a la fund ación, tras el p aso de Anselmo Loren zo por la pob lación, de u n sindicato
anarq uista.
530
La Correspond encia de España , nº 4 .342 [11 de o ctubre de 1869], p. 2.
531
AHMU, Actas Capitu lares, li bro 107 , f. 5 [17 de octubr e de 1868].
532
LACOM BA AV ELLÁN, Juan Anton io, “ Can tonalismo y federalismo en Andalucía: el man ifiesto de
los feder ales de An dalucía ”, Revista de Estud ios Regionales , n º 59 [2001 ] , pp . 267-276, p. 270.
257
el sesgo moderado que iba adquiriendo la política estatal y las malas
cosechas, provocaron un estallido revolu cionario federal en e l occidente
andaluz, encabezado por Fermín Salvochea. En la misma se mezclaron
aspiraciones políticas, de diseño de Estado – implantación de una
república federal asentada sobre un municipalismo fuerte e
independiente – con demandas populares – supresión de det erminados
impuestos, quintas, acceso a la tierra – . Se produjeron levantamientos
en Villamartín, Jerez, Bornos, Cádiz, Carmona y Utrera. En esta última,
los republicanos cortaron las líneas telegráficas el día 4 de octubre. Las
autoridades sevillanas respondieron con el envío de tropas, q ue llegarían
en ferrocarril al día s iguiente. Al tener conocimiento de la noticia, Fantoni
decidió abortar la intervención militar por la vía expeditiva: reunió a 36
hombres del Comité Republicano, a los que encargó el corte de la línea
ferroviaria a la altur a de La Pintada, entre Utrera y Dos Hermanas,
haciendo que el tren descarrilara, lo que provocó tres muertos y una
decena de heridos
533
. En las siguientes horas se detuvo a siete individuos .
Cuatro de ellos fueron ejecutados en Sevilla el 16 de octubre, mie ntras
que otros tres fueron condenados a cad ena perpetua. Fantoni y otros
líderes revolucionarios (Salvochea, Paúl, los alcaldes de Osuna y
Carmona) lograron escapar a Gibraltar. Desde allí, Fantoni buscó refugio
en Lisboa para volver a España poco después gracias a la amnistía
otorgada por Amadeo I
534
.
El fracaso de la insurrección conllevó la pérdida de poder del
Partido Republicano. Sus representantes fueron destituidos de los
Ayuntamientos, sus órganos de expresión, censurados, y sus sedes,
clausuradas
535
. El part ido pasó de diez a cuatro diputados pro vinciale s
en las elecciones de 1870. En Utrera, donde el unionista Sánchez Silva
logró el escaño, fueron denunciadas múltiples irregularidades, como el
adelanto del horario de votaciones, el sitio de los col egios y la
intimidación, en definitiva, a los ele ctores
536
. En total, se había impedido
el derecho al voto a 2.800 electores de un total de 11.000, u n escándalo
que se discutió en las Cortes, con Sánchez Silva defendiéndose a sí
mismo
537
. No obstante, los siguientes comi cios del Sexenio con cluyero n
con el triunfo re pu blicano en Utrera. El amnistiado Fantoni obtuvo
escaño en 1871, 1872 y 1873. Desde luego que el republicanismo no fue
la única opción política con apoyos en la localidad, y con el repliegue
federalista del otoño de 1869, los propietarios del té rmino elevaron a
Cortes una petición solicitando que se nombrara rey al duque de
Montpensier
538
.
A nivel municipal se sucedían gobiernos fugaces en los que, por
primera vez, individuos ajenos a la élite social accedían al poder. El 15
533
La Correspond encia de España , nº 4.340 [9 de octubre de 1869 ], p. 1.
534
La Paz, nº 3.705 [21 d e octubre de 1869 ], p. 3.
535
ARIAS CA STAÑÓN, Eloy, “El republican ismo federal. Organ ización de partidos y alternativ as d e
revolu ción política en el Sexen io Demo crático (Sevilla 18 68 - 1874)”, Revista de Historia Contemp oránea ,
nº 7 [19 96], pp. 11 -65, p. 40.
536
La Crónica de Meno ra , nº 645 [27 de marzo d e 1872], p. 1.
537
La Ind ependencia Esp añola , nº 9 80 [3 de junio de 18 72], p. 1.
538
La Correspond encia de España, 4 .363 [1 de noviemb re de 1869], p . 2.
258
de octubre de 1869 el gobierno destituía al Ayuntamiento rep ublicano de
Utrera, surgiendo uno provisional presidido por el conservado r Francisco
Arias de Saavedra. El 15 de enero de 1870 se repetían elecciones, tras las
que Arias de Saavedra continuó como alc alde; en las mismas, Enrique de
la Cuadra accedía al consistorio como concejal por la Unión Liberal – sin
duda, apadrinado por Sánchez Silva – , integrándose en las co misiones de
Instrucción Pública, Ornato y Hacienda
539
; de esta última dimitió en
agosto de 1871 ante la falta de colaboración de algunos concejales
respecto a la confección del padrón d e riqueza para el impuesto de
consumos
540
. Una línea moderada parecía imponerse tras los primero s
momentos revolucio narios, mientras se i ntentaba mantener alejados de
las instituciones a los más progresistas. El 31 de enero de 1870, el alcalde
prohibía la venta del periódico satírico sevillano El p a dre Ad am , de corte
republicano, en su intento de erradicar dicho partido en la ciudad que,
no obstante, votaba republicano en las eleccio nes a Cortes d e marzo de
1871
541
. En diciembre de 1871 tenían lugar nuevas elecciones, en las que
parecía asegurado el triunfo republicano debido a la división de los
monárquicos, que n o presentaban candi datura. No obstante, pocos días
antes de los comicios, el gobernador, Benítez de Lugo, se presentaba en
la villa y visitaba, junto al alcalde conservador Diego del Valle, a varias
personalidades de la población al objeto de que presentaran una
candidatura monárquica, sin éxito. An te tal situación, el goberna dor
envió dos batallone s a Utrera, que el alcalde empleó para cerrar los
colegios; este y otros abusos descritos en otros comicios celebrados en el
periodo muestran que el fraude electoral era, ya en el Sexenio, un recurso
que el gobierno empleaba de forma habitual
542
.
En abril de 1872, el gobernador llegó a cerrar la sede del Partido
Republicano en Utrera
543
, y en agosto se declaraba nula la elección del
diputado provincial por el distrito, Fernando Laserna
544
. Aunque fu e
procesado, el alcalde conservador Valle se mantuvo en el poder hasta
agosto de 1872, cuando se renovó la corporación y Enrique d e la Cuadra
abandonaba la concejalía, accediendo entonces a la alcaldía el
republicano Joaquín Álvarez Hazaña. De nue vo, se advirtieron problemas
de manipulación y coacción en los co micios, puesto que una de las
primeras medidas adoptadas por el nuevo alcalde fue la des titución de
todos los serenos “toda vez que tomaron parte muy activa en las
anteriores elecciones”
545
.
En febrero de 1873 continuó la inesta bilidad, como confir ma el
envío de varias piezas de artillería a la población desde Sevilla
546
. Es e
mes, José Fantoni repartió 2.000 fusiles entre los voluntarios de
539
AHMU, Actas Capitu lares, li bro 107 , f. 4 [22 de en ero de 1870].
540
AHMU, Actas Capitu lares, li bro 107 , f. 27 [12 de agosto de 1871].
541
La And alucía , nº 4.109 [10 de marzo de 1871], p. 6.
542
La And alucía , nº 4.432 [31 de marzo de 1872], p. 2.
543
La Paz , nº 4.537 [9 d e abril de 1872], p. 2 .
544
La And alucía , nº 4.724 [9 de marzo d e 1873], p. 1.
545
AHMU, Actas Capitu lares, li bro 107 , f. 36 [6 de septiem bre de 1872 ].
546
El Gob ierno , nº 75 [25 de febrero d e 1873], p. 3.
259
Utrera
547
. En julio de 1873 estalló el cantonalismo, con sublevaciones en
buena parte de la periferia española. Constituyó, desde luego, el
experimento descentralizador más avanz ado de cuantos se intentaron en
Andalucía, con un fe deralismo radical. C uando Salmerón to mó el poder,
varias ciudades and aluzas se rebelaron: Sevilla, Cádiz, Málag a y Granada
fueron las primeras. El 21 de julio un grupo de voluntarios de Sevilla,
comandados por Carreró, se dirigió a Jerez de la Frontera para socorrer
a sus correligionarios de la represión de la guarnición militar,
deten iéndose en Utrera. El alcalde, Jo aquín Álvarez Hazañas, había
enviado a represent antes para defender que la localidad t uviera una
Junta Revolucionaria independiente y se instó a los voluntarios
sevillanos a retirarse a la estación de ferrocarril. Entre los vecinos se
temía que les reclamasen contribuciones de guerra. Al fina l, se produjo
un enfrentamiento a rmado que se extendió por las calles má s céntricas,
con dos docenas de muertos, la mayoría, del bando sevillano, suceso que
llenaría las ediciones de los periódicos de la época.
TABLA 63 . Alcaldes d e Ut rera durante el Sexenio R evoluciona rio
Periodo
Nombre
Tendencia
Sep 1868
José María Silva
Moderado
Oct 1868
Manuel Sánchez L ardín
-
Ene 1869
José Fantoni So lís
Republicano
Feb 1869
Juan María Fern ández
-
Jun 1869
Luis de Castro
Republicano
Oct 1869
Francisco Arias de Saaved ra
Moderado
Jul 1870
Diego del Va lle
Moderado
Oct 1870
Francisco Arias de Saaved ra
Moderado
Jun 1870
Diego del Va lle
Moderado
Ago 1872
Joaquín Álvarez Hazañas
Republicano
Sep 1873
Antonio Ruiz V erde
Republicano
Elaboración p ropia a part ir de Actas C apitular es
En septiembre, Anto nio Ruiz Verde accedía a la alcaldía de Utrera,
pero la represión llevada a cabo por Pavía desactivó en buena medida a
los republicanos. A comienzos de 1874, Fantoni marchaba al exilio tras
pasar un tiempo en carcelado en Cádiz, fijando su residencia en París,
donde formó parte de la llamada “corte revolucionaria” de Ruiz Zorrilla,
una suerte de reuni ón conspiradora en el que estuvieron re publicanos
federales, cantonalistas, y militares. Allí trataría con Fernando Garrido
para atentar contra el rey en 1876
548
.
547
La Rep ública Federa l , nº 2 3 [20 de marzo de 1 873], p. 1.
548
La Correspond encia de España , nº 6.021 [27 de may o de 1874], p. 2; MARTÍNEZ LÓPEZ, Fernando,
CANAL I MORELL, Jordi, LEMU S, Carmen ( eds.), París, ciuda d d e acogida. E l ex ilio espa ñol en los
siglos XIX y XX , Marcial Pon s, 2010, p. 167.
260
4.3.2. Ingreso el conservadurismo sevillano
En la madrugada del 4 de enero de 1874, el teniente coronel
Francisco de Castilla destituía a la última corporación d el Sexenio,
presidida por Antonio Ruiz Verde. El gobernador provincial impuso un
Ayuntamiento de cor te moderado con Enrique de la Cuadra a la cabeza y
varios miembros de su familia entre lo s concejales. Además, aquellos
funcionarios de “probidad y honradez dudosa” debían ser cesados. El
consistorio, alegando desconocer la conducta de los trabajado res, decidió
expulsarlos a todos, contratando a personas de su confianza y
excluyendo a todos aquellos sospechosos de simpatizar con el
republicanismo
549
. De la Cuadra consiguió que el resto de concejales
delegara en él el nombramiento de los nuevos serenos, porteros, policías
y funcionarios, estableciendo así un vínculo personal – un trato de favor
– con los individuos que engrosarían la base de su clientela
550
.
Buena parte de sus esfuerzos se dirigie ron a solucionar la crisis
económica municipal, incapaz de responder a la deuda de 120.745
pesetas contraída con la Diputación. Para ello, trató de hacer repartos
entre los principales propietarios, y redobló los esfuerzos para cobrar del
Estado el porcentaje correspondiente por los bienes municipales
enajenados, problema al que se enfrentaron mucho s pueblo s
españoles
551
. Como industrial aceitero y alcalde, colaboró con el alcalde
de Jerez, Pedro López, en la preparación de la Exposición Bético -
Extremeña de 1874
552
.
Su gestión concluyó el 24 de junio de ese año, cuando el
gobernador civil, el conservador Andrés Lasso de la Vega, renovaba el
Ayuntamiento y situaba a De la Cuadra como diputado provincial. Le
sustituía como alcalde el administrador de la familia, Pedro R ivas Rivas,
en un ejemplo de consolidación de los mecanismos client elares y de
control del poder
553
. Durante la Resta uración, con frecu encia los
caciques rechazaron la implicación directa, pasando el pod er político
local a miembros de sus familias o a clien tes próximos a ellos, individuos
de menor fortuna pero considerados de su misma clase social. No
obstante, y a pesar de no detentar cargo político, se les reconocía una
jefatura natural en la comarca. Así, era Enrique de la Cuadra quien
recibía a las visit as oficiales, por encima del alcalde o cualquier otra
549
E l Go bierno , nº 793 [ 18 d e agosto d e 1 874], p.2.Aú n en agosto d e 1874, varios ind ividuos acusad os de
prom over una rebelión cantonal fueron en carcelados
550
AHMU, Actas Capitu lares, Libr o 107, f. 5 [24 de enero de 1874 ].
551
AHMU, Actas Capitular es, L ibro 1 07, f. 12 [ 12 de ab ril de 1874 ]. Para el co bro d e las 13.75 7 p esetas
que correspondían a Utrera, facultó a Án gel Go nzález d e la Peña y Sedze, abogad o d e la localidad afincado
en Mad rid.
552
El Gua dalete , nº 5.538 [22 d e agosto de 18 74], p. 2.
553
El Go bierno , nº 34 7 [17 d e enero d e 18 74], p. 3. De la Cuadra ser ía dipu tado bajo la presidencia del
marqu és de la Motilla. Como alcalde, Rivas acep tó las p ropu estas que De la Cuad ra h acía al Ay untamien to,
y se posicion ó a favor d e su p ariente Joaqu ín Martínez Matien zo en el pleito que este manten ía co n las
autorid ades de Los Mo lares sobre la p ropiedad de unas tier ras.
261
representación municipal. Fue De la Cu adra el que se dirigi ó a Alfonso
XII a su paso por la población, y el que acompañó al gobernador civil,
José Montes Sierra, en su visita a la ciudad
554
. Era el que, desde la esfe ra
privada, organizaba los recibimientos y banquetes y, sobre todo, era el
referente a la hora de conseguir la intermediación con la ad ministración.
En enero de 1875 se renovó la Diputación de Sevilla, siendo nombrados
diputados por Utrera José Gómez Pico, Enrique de la Cuadra , Eduardo
Surga y Francisco Pérez Surga.
TABLA 64 . Prime r Ayuntamien to t ras la República, 1874
Nombre
Tendencia
Profesión
Enrique de la Cu adra y Gibaja
(alcalde)
Conservador
Hacendado, inge niero
Felipe de Burgos Muruv e
Conservador
Hacendado, ga nadero
Francisco Delgad o Zuleta
Conservador
Hacendado
Pedro Rivas R ivas
Conservador
Propietario
Francisco Arjona T ienda
Republicano
Comerciante
Joaquín Álvarez Hazañas
Republicano
Abogado
Francisco Arias de Saavedr a
Conservador
Hacendado
Rafael Riaro la Pérez
Republicano
Propietario
Antonio Basc ón Fernández
Conservador
Propietario
Andrés Martínez De la Cuadra
Conservador
Propietario
Vicente Giráldez Fernández -Soler
Republicano
Propietario, Ab ogado
Francisco Andreu
Conservador
Propietario
Manuel Escam illa
Conservador
Artesano
Agustín Rodrígu ez
Conservador
Propietario
Joaquín Orej uela Placer
Conservador
Hacendado, ga nadero
Pedro Solís Arias de Saave dra
Conservador
Hacendado
José Riarola T amayo
Republicano
Propietario
Carlos Navarr o
Conservador
Médico
Elaboración p ropia a part ir de actas capitulares
Las élites rurales se repartieron entre los dos partidos
fundamentales, sin que hubiera un sesgo diferenciador, ya sea por
profesión o niveles de riqueza, entre ambas cúpulas. Como señalan Peña
Guerrero y Sierra Alonso,
Se trataba de gr andes pol íticos-patronos que supieron inst rumenta lizar
todos los argumentos q ue tenían a su alcance para convertir en decis iva
su situación intermed iaria entre el po der central y los poderes perifé r icos.
Poco a poco hicieron que las élites econó micas y los políticos
profesiona les util i zara n los cauc es clie ntelar es diseñad o s por e llos
555
.
554
La And alucía , nº 9.995 [3 de septiembre d e 1889], p . 3.
555
PEÑA GUERRERO, María Antonia, y SIE RRA ALONS O, María, “Andalucía”, en El po der de la
influencia . Geografía d el caciquismo en España (1876 - 1823) , Madrid , Marcial Pons, 2 001, p. 17.
262
TABLA 65 . Diputación p r ovincial de Sevil la, 1875
Cargo
Nombre
Presidente
Miguel Carbaj al Mendieta
Vicepresidente
Marqués de T orrenueva
Diputados
Alejandro Linares
Bernardo Go nzález Coron ado
José María Yb arra
Luis De la Cu adra
José Lamarque de Novoa
Francisco Gonzál ez Romer o
Faustino de P osadas y Cas tañeda
Andrés Parladé
José María
Agapito García d e la Aceña
Eduardo Sá nchez y Ferná ndez de O ntoria
José Torres Díaz de la Cort ina
Antonio Auñón y León
Marqués de Sa les
Aniceto de la Puerta
Cayetano Negro Alcalde
Andrés Tassara
Rafael Góngora y Dávila
Manuel Romero Valvilares
José Gómez Pico
Enrique de la C uadra
Francisco Pérez Surg a
Manuel Lasarte
Fuente: La Andalucía , nº 5.161 [8 de enero d e 1 875], p. 3
Con la llegada de la Restauración, las ambiciones de Enrique de la
Cuadra se proyectar on al ámbito provincial. Las nuevas leyes canovistas
de 20 de julio de 1877 y 28 de diciembre de 1878, con su distribución en
circunscripciones, favorecía la cristalización de poderes locales,
fenómeno que había comenzado en época isabelina
556
. El distrito de
Utrera comprendía las poblaciones de Utrera, Arahal, Los Palacios y
Villafranca, Las Cabezas de San Juan y Lebrija, un área muy poblada y
que aseguraba, a priori, una significativa influencia política. Dentro del
mismo, Enrique de la Cuadra , por su poder económico e influencia,
aparecía como el representante natural del Partido Conservador.
556
PEÑA GUERRERO, Ma ría Antonia, y SIERRA ALONS O, María, “And alucía” …, p. 26.
263
TABLA 66 . Círculo Alfon sino de Se villa, 1874
Cargo
Nombre
Título nobiliario
Presidente
Andrés Lasso de la Vega
Conde de Casa Ga lind o
Vicepresidente
Manuel Bedm ar Escuder o
Vocales
Francisco Alonso Loza
Enrique de la C uadra
José Fernández Esp ino
Santiago Fre uller Sánchez
Marqués de la Paniega
Rafael Góngora Dávila
Francisco Gonzál ez Romer o
Manuel Laraña R amírez
José Lasso de la Vega Q uintanilla
Marqués de T orres Press a
Miguel Lasso de la Vega Q uintan illa.
José Lastra Dí az Lavander o
Marqués de T orrenueva
Andrés Parladé Heredia
Conde de A guiar
Antonio Rueda Quintanilla
Marqués de l Saltillo
José Sánchez Arj ona Baca
Conde del Álamo
Gonzalo Segovi a García
Pedro Solís Las so de la Ve ga
Marqués de Va lencina
José Solís Jacome
Marqués de T ablantes
José Mª Ybarr a Gutiérrez d e Cabiedes
Manuel Gaviria Donza
Marqués de C asa Gavir ia
Secretarios
Francisco Sánchez Bedoya
Joaquín García Espinosa
Fuente: SIERRA AL ONSO , María, te sis, p. 8 0
TABLA 67 . El Partido Con servador Se villano en la primera Re stauración
Nombre
Título / Profesión
Andrés Lasso de la Vega
Conde de Casa Ga lind o
Miguel Desmaiss ieres
Marqués de la Motilla
José Solís
Marqués de T ablantes
Santiago Fre uller
Marqués de la Paniega
José Sánchez Arj ona
Conde del Álamo
Miguel Carvaj al Mendieta
Conde del C asal
José Lastra
Marqués de T orrenueva
Antonio Rueda
Marqués de l Saltillo
Enrique de la C uadra
Hacendado, indus trial, ennoblec ido en 18 92
Andrés Parladé Heredia
Conde de A guiar
Manuel Laraña R odríguez
Jurista
José María Ybarra
Industrial, ennob lecido
Gonzalo Segovi a García
Industrial, ennob lecido
Elaboración p ropia. Fuen te: CALVO CAL VO, Manu el Ángel, El Universa l, diario político y
el cantonalismo s anitario sevi llano, 1885. Un mo delo de pren sa al se rvicio d e las é lite s
locales en lo s inicios de l a Restaura ción
Antes del diseño bipartidista de Cá novas, los conserv adores
sevillanos se habían integrado en un Cí rculo Alfonsino que más tarde
conformaría la cúpula del Partido Conservador: de sus 23 miembros, 19
pasarían al partido, y 13 fueron parte de su comité provi ncial. Compuesto
fundamentalmente por nobles y terratenientes – entre los que se incluía
Enrique de la Cuadra como vocal – , tam bién tuvieron cabida , en menor
medida, juristas de prestigio (Laraña) y empresarios (Gonzalo Segovia,
270
caso de Felipe Muruve (Los Palacios), Enrique Ternero (Marchena) y José
Torres de la Cortina (Marchena), pertenecían a familias latifundistas y
ganaderas dominantes en sus áreas que, de forma pragmática , habían
repartido a sus miembros entre las distintas opciones políticas,
asegurándose así una conexión segura con el poder resistente a los
cambios de gobierno. Se trató de una estrategia al objeto de no perder
contacto con el poder central y, por tanto, capacidad de intermediación,
y por ello fue más fre cuente en los distritos rurales que en Sevilla capital,
donde las grandes familias estaban plenamente identificadas con una
opción política. En el caso de los hermanos Muruve, Faustino presidía
el comité local conservador de Los Palacios, mientras que su hermano
Joaquín lo hacía en el liberal y Felipe, en el romerista; los dos hijos de
Enrique Ternero Benjumea, romerista, fr uto de su matrimonio con María
del Rosario Ybarra, engrosaron las filas del conservadurism o sevillano.
Lo mismo ocurrirá cuando se integre en el partido Julio Lafitte, cuyo
hermano Rafael presidía el comité democrático sevillano.
IMAGEN 19 . Miembros d el Pa rtido Liber al Reformis ta. De pie, ter cero por la izqu ierda,
Enrique de la Cu adra . Sen tados, Romero Robledo y Alberto Bosch. Junto a De la Cuadra ,
probablemente , Julio Lafit te, Enrique Tern ero y Lor enzo Leal
Fuente: Archivo de Fe rnando de la Cuad ra Durán
271
El partido llegaba a los comicios de 1886 con apenas seis meses de
existencia y casi sin estructura territorial, lo que puede explicar su
fracaso, al obtener solo once diputados e n toda España. Ni siquiera De la
Cuadra se hizo con el triunfo en Utrera, llevándoselo el fusionista Miguel
Muruve Galán
581
. Tras este revés, Romero decidió reforzar su posición
aliándose con los izquierdistas de Lópe z Domínguez, procedente de la
Izquierda Dinástica de Serrano. Surgió a sí el Partido Liberal Reformista,
que muchos enten dieron como un p aso precipitado y carente de
planificación, sin programa definido ni objetivos claros. La fusión se
produjo a comienzos de 1887. En Sevilla, el Partido Reformista aprobó la
fusión en la asamblea de 30 de enero, en la que nombró presidentes
honorarios a Francisco Romero Roble do, José López Domínguez, y
Enrique de la Cuadra . El partido de López hizo lo propio tre s días más
tarde. Sin embargo , la unión se hizo de manera apresu rada y sin
consensuar un programa común, lo que llevó a inevitables roces incluso
antes de formalizarse. Así, los de López Domínguez se apresuraron a
manifestar que, ideológicamente, lo que se había produci do era un
acercamiento de los reformistas a sus tesis:
mantenem os la inte gridad de nuestro programa político; que no
renunciam o s a uno siqui era de nuestros antiguo s prin ci pios
democrático s; que no se han modificado ni atenuado en un ápice los
ideales, ni princ ipios de nuestra ba ndera: y que el señor Romero Ro bledo
y sus amigos, guiados po r móviles levantados y altamente patrióticos h an
aceptado nuest ro pr ograma político y han ingresado en n uestr o
partido
582
.
Con tales declaraciones, dejaban claro que la unión tenía mucho de
coyuntural y oportunista. La falta de acuerdo a la hora de establecer unos
principios comunes, no renunciando a ninguno a sus pr esupuestos
ll evaría pronto a desencuentros entre ambas facciones. El primero de
ellos se desató por el encaje de las client elas de los dos miembros más
importantes del partido en Sevilla: De la Cuadra y Julio Lafitte Castro.
La entente entre ambos tampoco fue todo lo c ordial que hubiese sido
deseable; al menos, así lo destacaba La And alucía al com entar que
mientras que desde El Cronista se afirma ba que el jefe del partido era De
la Cuadra, los izquierdistas atribuían la jefatura a Lafitte. El origen de la
confusión residía en que De la Cuadra había asumido la presidencia
honorífica tanto del comité provincial como del local de Sevilla, mientras
que Lafitte aparecía como presidente efectivo , lo que desembocó en una
bicefalia que De la Cuadra había procurado evitar po r todos los
medios
583
.
581
ACD, Docu mentació n Electoral, 1 04 nº 1.
582
La And alucía , nº 9.204 [22 de enero de 1887], p. 2.
583
La And alucía , nº 9.208 [28 de enero de 1887], p. 2; nº 9.216 [6 de febrero d e 1887], p. 2.
272
TABLA 69 . Comité pro vin cial del Partido Ro merist a en Sevilla, 1886
Nombre
Cargo
Presidente ho norario
Francisco Romero Ro bledo
Presidente efect ivo
Enrique de la C uadra y Gibaja
Secretario Ge neral
Julio Lafitte Castro
Secretario Seg undo
Lorenzo Leal R amírez
Vocales
Enrique Ternero Benjume a
José Torres de l a Cortina
Agapito García d e la Aceña
Juan Vázquez
José Villa del Villar
Fuente: La Andalucía , nº 9.022 [19 d e junio de 188 6], p. 3
Respecto a la co mposición del comité, sus individu os se
caracterizan políticamente por su proce dencia del Partido Conservador,
que habían abandonado para alcanzar mayores cuotas de poder e
influencia provincial en el nuevo proyecto. Muchos habían iniciado sus
carreras en los comienzos de la Restauración, cuando el marqués de Casa
Gaviria deseaba crear una estructura provincial fuerte para el Partido
Conservador. En ese momento, 1875, entrar ían en la Diputación
sevillana De la Cuadra, Agapito García de la Aceña, Fausti no Posada y
Torres de la Cortina, junto a los Ybarra, Tassara o Parladé. En los años
posteriores, la influencia de los distritos rurales decaería a favor de las
familias de la capital, lo que explica en bu ena medida la e scisión de 1886.
En lo económico, nos encontramos ante grandes latifundistas y
empresarios agrarios. Más que aristócratas, se debe hablar con más
propiedad de una burguesía agraria ennoblecida, caso de Lafitte,
marqués de Lugar Nuevo, o el propio De la Cuadra, con títulos nobiliarios
obtenidos a fines de siglo. Muchos de ellos poseían ganaderías de caballos
y reses bravas, símb olo de prestigio; desde luego, no debe de sdeñarse el
carácter socializador de las ferias y muestras ganaderas que se
multiplicaron en la provincia en el último tercio del XIX, las cuales les
permitieron reconocer intereses comunes y establecer contactos que
derivaron en una auténtica red de negocios y amistad, a veces sellada
con alianzas matrimoniales. Compartían, en suma, la misma es fera
económica y social. Como grandes propietarios, les unía la defensa del
campo (especialmente en épocas de crisi s del sector, como la ocurrida a
fines de la década de 1880), lo que les llevó a vincularse en una
organización suprapolítica – en tanto que superaba las tendencias
políticas anteponiendo los intereses económicos – , la Liga Agraria, que se
planteó concurrir a los comicios provinciales. De la Cuadra y Lafitte
fueron dos de sus principales impulsores, y probablemente intentaron,
sin lograrlo, can alizar esas inquietudes de clase hacia el Partido
Reformista. A pesar de que el centro de sus negocios estaba en el campo,
procuraron diversificar sus negocios, invirtiendo en minas, ferrocarriles,
aseguradoras, comercio, vapores y fábricas, lo que explica la presencia
de hombres de negocios – sin vinculación directa con el ca mpo – en el
comité romerista, caso de Agapito García de la Aceña.
273
Tras la disolución del partido, parte de los hombres del romerismo
sevillano se reintegraron en el Partido Conservador, bien dentro de la
ortodoxia (Enrique T ernero Benjumea, C arlos Aponte), bien dentro de la
disidencia silvelista (Torres de la Cortina), mientras que otros
abandonaron la polí tica para concentrar se en sus negocios. Por último,
la composición del comité reformista da idea de su débil pen etración en
las élites sevillanas: sus últimos vocales no pertenecían a la clase
terrateniente y no había tenido carrera política previa, un auténtico
“relleno” para alcanzar un número razonable de miembros. Entre ellos
enc ontramos a peq ueños comerciantes, escritores y perio distas como
Lorenzo Leal, quien pudo alcanzar un pa pel relevante debido a la escasez
de miembros y, por tanto, de competencia. Asimismo, el poder de
captación de De la Cuadra en el nue vo partido se limitó a un área
geográfica muy concreta, la que define el propio cacicato de E nrique, más
el distrito de Marchena y Sevilla capital, donde repescó a algunos de los
conservadores que, como él mismo, habían sido ignorados por el comité.
A continuación, se esbozan las biografías de sus componentes:
- Julio Lafitte Castro (1846-1922). Pertenecía a la misma generación
que Enrique de la Cuadra . Hijo de un empresario de origen francés,
estudió derecho, dedicándose a la expl otación de sus pro piedades
agrarias y a los ne gocios, entre los que destacó su fábrica de
materiales de construcción en Sevilla, en la huerta de los Remedios.
Políticamente, su trayectoria experimentó varios giros. Fue teniente
alcalde en Sevilla a fines del Sexenio, inclinándose posteriormente por
el Partido Liberal. En 1887 se integró en el Partido Reformista
procedente de la izquierda de López Domínguez, continuando no
obstante junto a Romero Robledo a la muerte de Cánovas. Fue
ennoblecido casi a la vez que De la Cuadra , en 1895, al ser nombrado
conde de Lugar Nuevo.
- José Carmona y Ramos fue un abogado de prestigio, miembro de la
junta de gobierno del colegio de abogados de Sevilla, de tendencias
republicanas. En 1881 presentó su cand idatura al Ayuntamiento de
Sevilla junto a Mi guel Bravo Ferrer, Fernando Sánchez Gómez ,
Antonio Benítez de Lugo y Telesforo Díaz González, siendo concejal del
mismo y alcalde de Sevilla en 1907. Miembro de la Sociedad
Económica Sevillana en 1895. Como Lafitte, llegó al Partido
Reformista desde la izquierda, siendo uno de los principales ele mentos
de discrepancia en el seno del mismo. Defendió en varias ocasiones a
su compañero, Lore nzo Leal, en los múltiples juicios a los que fue
sometido por su labor en El Cronista
584
.
- Felipe Muruve Mong e (1841). Propietario y ganadero de Los Palacios,
fue diputado provincial en 1880 en el distrito de Lebrija por el Partido
Conservador. Formó parte de la Liga Agr aria. Amigo de Enrique de la
Cuadra, estuvo vinculado al casino utrerano y a la herma ndad de
Consolación de la que De la Cuadra era hermano mayor. Cuando el
584
La An dalu cía , nº 7.880 [21 de septiembr e de 1882], p . 3; El Glob o , nº 2021 [ 1 de may o de 1 881 ], p. 3;
GÓMEZ ZARZUELA, Antonio, Gu ía de Sevilla , su provincia , Sevilla, 1883, p . 341; El Gua dalete , nº
16.1 77 [22 de mayo de 1907], p. 3; Diario de Córdoba , nº 13.235 [17 de nov iembre de 18 95], p. 3.
274
Partido Reformista se deshizo en Sevilla, se reincorporó al
Conservador, siendo candidato a Cortes por el partido de Écija -Estepa
y diputado provincial de Sevilla en 1895
585
.
- Enrique Ternero Benjumea, natural de Marchena, era cuñado de otro
de los hombres fuertes del romerismo s evillano, José Torres Díaz de
la Cortina. Poseía ganados bravos, caballos, cerdos y ovejas. En
política, fue diputado provincial suple nte en 1870, por e l Partido
Conservador y miembro de la Junta de Agricultura, Industria y
Comercio de Sevilla en 1874
586
.
El sector militar estuvo representado por el gaditano Lut gardo de
Aramendi y Paulé, del que se conservan pocos datos, más allá de su grado
(coronel de ar tillería)
587
; Antonio de Bardaxi Moreno Navarro (m. 1913) ,
comandante que, tras el fracaso del romerismo, fue concejal en Sevilla en
1897, reintegrado en el Partido Conservador
588
; y José Villa del Villar,
coronel del ejército. Anteriormente hab ía sido vocal en la Junta de
Contribuyentes de Sevilla, al que pertenecía la élite conservadora
sevillana, y presidió el Casino Militar de la ciudad. Fue candidato del
partido al Ayunta miento de Sevilla, obteniendo una c oncejalía en
1889
589
.
Una buena porción de las voc alías del partido estaba ocupada por
hombres de negocios y comerciantes, como Antonio Díaz y Cos, con
almacén de coloniales y línea de vapores en el Guadalquivir
590
, Modesto
García Espinosa, comerciante y propietario, del que no se han hallado
más datos sobre su carrera en política
591
y José Gutiérrez Quint ana, co n
negocio en la calle A driano
592
. Pero sin duda, el empresario de más éxito
fue Agapito García de la Aceña, almacenista de coloniales que pronto
diversificó sus negocios, apareciendo en 1860 como accio nista de una
compañía minera, Nuestra Señora del C armen. En 1881 era vocal de la
Junta de Obras del Puerto de Sevilla y en la Junta de Agricultura,
Comercio e Industria . Invirtió en ferrocarriles (Compañía de Fe rrocarriles
Extremeños), banca y co mpañías de seguros, destacando la Previsión
Española, de la que f ue nombrado presid ente en 1888 (en la misma eran
socios accionistas Enrique de la Cuadra y Gregorio de la Maza). En 1887
invirtió en la compañía minera del Castillo de las Guar das, donde
coincidió de nuevo con Enrique de la Cuadra y Julio Lafitte. En 1885
abandonó sus negocios de comercio, traspasándoselos a su antiguo
apoderado, Telesforo Díaz González, quie n también figura en l a compañía
del Castillo de las Guardas y fue parte de la candidat ura con la que José
Carmona Ramos se presentó al Ayuntamiento de Sevilla. Su carrera
585
La Andalucía , nº 10.893 [25 de ago sto de 1892], p. 3; La Andalucía , nº 11.846 [5 de nov iembre de 1895],
p. 2.
586
La And alucía, nº 5.055 [16 de abril d e 1874], p. 3.
587
La And alucía , nº 8.315 [17 de febrero d e 1884], p. 3.
588
Diario Oficial d el Ministerio de la Guerra , nº 224 [2 de octubre de 1913], p. 14.
589
La And alucía , nº 9.126 [21 de octub re de 1886], p. 3; n º 10.098 [5 d e enero de 1890], p . 3.
590
DE L MORAL ITUA RTE, Leand ro, La ob ra hidráulica en la cu enca del Bajo Guadalquivir (siglos
XVIII -XX). Gestión d el agua y organizació n del territorio , Sevilla, Un iversidad de Sev illa, 199 1, p. 231.
591
GÓMEZ ZARZUEL A, Anton io, Gu ía de Sevilla , su provincia, 1898 , Sevilla, 189 8, p. 540.
592
GÓMEZ ZARZUEL A, Anton io, Gu ía de Sevilla , su provincia, 1897 , Sevilla, 189 7, p. 59.
275
política previa se limitó a un escaño provincial por Cazalla de la Sierra en
1874.
Los propietarios ganaderos sin exp eriencia política previa
abundaron en el comité, sin d uda reclutados por De la Cuadra y Lafitte
como compromiso personal. Entre ellos destaca Carlos Aponte Pickman,
integrado en el círculo de amistades de De la Cuadra, Lafitte y Muruve,
desde que en 1880 coincidiera con ellos en la Liga Agraria de Sevilla. Tr as
el experimento romerista, fue concejal del Ayuntamiento de Sevilla en
1895 por el Partido Conservador
593
. Otros ganaderos fueron Luis Cívico
Benjumea, perteneciente a una familia t errateniente de Palma del Río,
con predios en Utrera (Los Alguaciles); Anastasio Martín Suá rez, de Cori a
del Río; Carlos Conradi Galín, de Sevilla (1836) otro reciente ganadero,
pues había comprado sus reses en 1884 a Ángel González Nandín y a
Rafael Lafitte. Poseía tierras en Hinojos, Almonte, La Puebla y Coria. José
de la Cáma ra y Canaleta, de Sevilla, era dueño del cortijo del Torbiscal y
de la dehesa boyal, ambos en Utrera. C onocía a Julio Lafitte, a quién
compró su ganadería
594
, y a Enrique de la Cuadra , ahijado de su padre.
Francisco Fernández de Córdoba, propietario y labra dor, pasó a las filas
del silvelismo tras el fracaso del reformismo
595
. Cerraba Manuel Serafín
Gómez Cabrera, empleado de la compañía minera del Castillo de las
Guardas, que al parecer no tuvo relevancia política alguna. Fuera del
comité, otra figura influyente fue Prudencio Mudarra y Párraga, marqués
de Campo Ameno, catedrático de Lengua en la universidad sevillana, y
su rector a partir de 1891. Le unía una buena amistad con Romero
Robledo, al que sigu ió vinculado cuando este se reintegró en el Partido
Conservador.
Respecto a la provincia, los esfuerzos de De la Cuadra fructificaron
en la creación de 25 comités locales, la m ayoría constituidos gracias a su
influencia sobre su clientela de áreas como Morón, Arahal o Las Cabezas.
Pero se trataba de una estructura más teórica que real, poco
comprometida, y como tal se desmoronó junto con el resto del partido en
pocos años.
593
La And alucía , nº 9.608 [23 de mayo de 1888], p. 3.
594
La And alucía , nº 9.292 [8 de mayo d e 1887], p. 1.
595
El Noticiero S evillano , n º 1.625 [20 de septiembre de 18 97], p. 1.
276
TABLA 70 . Prosopog rafía del Partido R eformista sevill ano, 1887
Nombre
Local.
Profesión
Exp.
política
previa
Negocios
Ganade
ría
L.
Agr
ar
Enrique de la Cuadra
Utrera
Propietario,
industrial
C
Tierras, aceite,
fábricas, minería
Caballo
s
Sí
Julio Laffite Castro
Sevilla
Propietario,
industrial
Liberal
Tierras, fábrica
Toros
Sí
José Carmona Ramos
Sevilla
Abogado
Repub.
Jurisprudencia
No
No
Felipe Muruve
Los
Palacios
Propietario,
ganadero
Tierras, ganado
Toros,
caballo
s
Sí
Enrique Ternero
Benjumea
Marchena
Propietario,
ganadero
C
Ganadería
Toros,
caballo
s
Sí
Carlos Aponte Pickman
Sevilla
Ganadero
C
Ganadería
Caballo
s
Sí
Luis Cívico Benjumea
Palma del
Río
Propietario,
ganadero
No
Ganadería
Toros,
caballo
s
¿?
José Villa del Villar
Sevilla
Militar
Carlos Conradi Galín
Sevilla
Ganadero
No
Ganadería
Toros
¿?
Lutgardo Aramendi
Cádiz
Militar
No
No
No
No
José de la Cámara
Canaleta
Sevilla
Propietario,
ganadero
No
Tierras,
ganadería
Toros
Sí
Antonio de Bardaxí
Sevilla
Militar
C
No
No
No
Antonio Díaz Cos
Sevilla
Comercio
No
Comercio,
vapores
No
Modesto García
Espinosa
Sevilla
Propietario
No
Comercio
No
No
Agapito García Aceña
Sevilla
Comercio
C
Banca, seguros,
minas, banca
No
No
José Gutiérrez
Quintana
Sevilla
Comercio
No
Comercio
No
No
Francisco Fdez. de
Córdoba
Sevilla
Propietario
No
No
No
No
Manuel Serafín Gómez
C.Guardas
Empleado
No
No
No
No
Elaboración p ropia a part ir de L a Andalucí a y El Noticiero Sevillano
El momento de mayor entusiasmo se produjo en la primavera de
1887, cuando Rome ro Robledo realizó u n viaje por Andalucía en el que
fue cumplimentado por los recién nombrados comités locales. De la
Cuadra, como hombre fuerte del partido en Sevilla, se mostró muy
implicado y costeó e l desplazamiento de los 25 presidentes locales de la
provincia, junto al director de El Cro nist a, Lorenzo Leal, y B enito Más y
Prats, hasta Antequera para recibir al político, que viajaba acompañado
por Alberto Bosch, e l marqués de la Oliva y Pérez Cossío
596
. A fines de
abril, Romero se hospedó en la casa de De la Cuadra en Utrera,
organizándosele un gran recibimiento que incluía arcos de flores, banda
de música y la asistencia de comisiones de varios pueblos, más veinte
carruajes, y la visita a las principales obras ejecutadas por el utrerano:
la restaurada parroquia de Santiago, el teatro La Scala, donde la
compañía del teatro del Duque puso en escena L a Mascota , y el casino,
concluyendo con un gran banquete en la casa del anfitrión para la cúpula
del partido
597
. Sin embargo, la prensa canovista hacía constar que al
596
La P az, nº 9.166 [13 de abril de 1887] , p. 1.
597
El Gua dalete , nº 9.542 [30 d e abril de 188 7], p. 2; La Política , nº 50 [30 de abril de 1887], p . 2.
277
recib imiento en Utre ra de Romero Roble do no acudió “ningún amigo del
sr. Lafitte”, insistiendo en las malas relaciones entre los dos grupos que
formaban el nuevo partido
598
. En efecto, la pugna entre De la Cuadra y
Lafitte, que se reivin dicaba a sí mismo c omo je fe del partido, prosiguió a
lo largo de 1887 y 1888, siendo tan aireada que la prensa escribía:
En Sevilla no ha de caus ar gran resonancia el rompimient o de los jefes
del r eformi smo, por cuant o los elementos romeristas y do m inguistas,
para nadie er a un secreto que n un ca marcharon acordes y que el mar de
fondo, que en tod o tiemp o ha reinad o entre ellos, e r a inten so
599
.
De este modo, los re formistas se reunían en Sevilla para certificar
la separación del partido del general López Domínguez, reconocer a
Romero Robledo como jefe único del partido y proclamarlo como
presidente de honor de los comités locales y provincial de Sevilla
600
. El
resultado del divorcio se dirimió en las elecciones provinciales de 1888,
cuando los fusionist as presentaron por el distr ito de Utrera al marqués
de las Cuevas y Arias Reina que, junto al conservador Manuel Bedmar,
fueron elegidos. Ni siquiera en su propio feudo, para el que había
presentado a Miguel Vega, conseguía un escaño De la Cuadra. De hecho,
el reformismo no pudo hacerse con ninguno de los 18 escaños
provinciales, eviden ciándose su completo fracaso. A la postre, el nuevo
partido constituyó una decepción. Tuvo una existencia corta,
caracterizada por la precariedad y las deserciones, de modo que se
disolvió en 1889. En la primavera de ese año, el Partido Reformista
andaba en el desconcierto ante las declar aciones de Romero Robledo a l a
prensa: en marzo, p arecía ofrecerse a Sagasta ante la crisis d e gobierno,
y más tarde, con el hundimiento del liberal, dejaba entrever un
acercamiento a su antiguo jefe de filas
601
. Al final, los líderes del partido
acabaron reintegrándose en sus antiguos partidos: Romero Robledo, en
el conservador, y López Domínguez, en el liberal.
En 1891, reunido en casa del marqués de Campo Ameno el c omi té
para aprobar los ca ndidatos con que se presentaría a las el ecciones ( De
la Cuadra, por Utrera, Torres Díez de la Cortina por Marchena, y Lafitte,
por Sevilla), se produ jo una discusión en la que el abogado Jos é Carmona
rechazó el liderazgo de De la Cuad ra , apostando por Lafitte. El nuevo
vicepresidente del comité, Villa del Villar, secundó a Carmona. Roto el
consenso, se presentó el caso a Romero Robledo, que entendió que lo más
aconsejable era retirar la candidatura. R omero Robledo, ento nces, pactó
con los conservadores el encasillamiento de De la Cuadra co mo senador
por Sevilla. No obstante, en las elecciones se asistió a un nuevo episodio
de resistencia local a los designios del partido; los conservadores
sevillanos no olvidaron las veleidades de De la Cuadra y apoyaron al
liberal Francisco Ruiz Martínez, que resu ltó vencedor. Desde el gobierno
se culpó de esta insubordinación al gobernador de Sevilla, que fue
598
La And alucía , nº 9.285 [30 de abril d e 1887], p. 2, citando al diario El Orden .
599
La And alucía , nº 9.587 [27 de abril d e 1888], p. 3.
600
La luch a , nº 3.4 86 [10 de mayo de 18 88], p. 1.
601
La Dina stía , nº 3.2 18 [13 de marzo de 1889], p. 1.
278
destituido
602
. Pero De la Cuadra, que había renunciado a presentar
candidatura al Congreso por un escaño en el Senado, cosechó una última
decepción que le llevó a abandonar la política, a pesar de que Romero le
intentara persuadir de lo contrario: "el abandonar la dirección de los
amigos sería en éstos y en él consentirlo una falta de buena volunta d,
complaciendo así a los conservadores en pago a su indignidad”
603
. Aún a
fines de 1891, De la Cuadra acudía, al frente de las comisiones de Écija
y Sevilla, a arropar a Romero en su visita a Córdoba
604
. Obedeciendo su s
órdenes, la cúpula del partido ( De la Cuadra, marqués de Campo Ameno,
Villa del Villar y José Carmona) intentó un acercamiento a los
conservadores a fines de 1891, ofreciéndose incondicionalmente al
gobernador Vivancos . Algunos reformistas, como se ha dicho, terminaron
reintegrándose en las filas conservador as, pero De la Cua dra, cabeza
visible de la disidencia, decidió retirarse definitivamente de la política
605
.
La causa principal del fracaso del Partido Reformista fue la falta de
confianza de las élite s provinciales en el proyecto de Romer o Robledo, sin
corpus ideológico que lo diferenciara del canovista ni cercanía a los
mecanismos centrales de control del encasillado. El Partido Conservador
se hallaba plenamente consolidado y sus redes clientelares se extendían
por toda la geografía estatal, mientras qu e el Partido Reformista, carente
de propuestas distintivas y, sobre todo, de estructura y lazos reales con
el poder, no pudo romper el bipartidismo de la Restauración. El factor de
cohesión entre sus miembros fue el mantenimiento o ampli ació n de sus
respectivos sistemas clientelares, por lo que, demostrada la escasa
utilidad del partido para dicho fin, se p recipitó su descomposición. En
Sevilla, la capacidad de captación de Enrique de la Cuadra demostró ser
limitada. Consiguió atraerse, momen táneamente, a varios caciques
locales, como Muruv e en Los Palacios o T orres de la Cortina en Marchena.
Algunos de ellos poseían experiencia política previa, pero la mayoría no,
y se identificaban más por intereses de clase, al ser grandes la tifundistas
y ganaderos, que incluso encontraron un vínculo más fue rte – y que
superaba las divisiones de partido – en la Liga Agraria.
4.3.4. El “buen cacique”
Y, en efecto ¿quién, sino él sostie ne en la actualidad a u na porc ión
considerab le de familias con el p ro duc to de sus t r abajos en las obras que
de continuo emprende, unas parti cula res, y las más, en beneficio de la
localidad? ¿Quién, si no el citado señor, cediend o al impulso de sus
nobilísi m os sentimie ntos, u ne con más prodigalidad en tiemp o
calamitos o s, a socorre r a los desvalid os, dándoles a ellos alimen to, para
que n o pereci er an, víctimas del hambre? Semejant es razones, y o tr as que
omitimo s en obsequ io a la brev edad, hacen que rechace m os, indignados ,
602
ACOSTA SÁNC HEZ, Fran cisco, “La elec ción d e senadores…”, p. 1 27.
603
Citado po r DE LA CUADRA DURÁN, Fern ando , Do n Enrique de la Cuad ra …, p. 45.
604
Diario de Córdoba , nº 11 .880 [3 de diciem bre de 1891 ], p. 3.
605
La Ib eria , nº 12 .043 [25 de julio de 1890], p. 2.
279
aquellas censuras e interpretac iones; seguros de que la m ayo ría de la
población, rendirá un tr ibuto de gracias a su hijo predi l ecto, el s eñor don
Enrique de la Cuadra, un ido a las bendiciones que de continuo recibe y
recibirá de la clase tra bajadora. Felipe Rodrí g uez Gutié rrez .
606
El concepto del caciquismo ha experimentado una renovación
historiográfica gracias a los estudios realizados durante la década de
1990 y comienzos del nuevo siglo. Ya Javier Tusell rechazaba, en los años
70, la visión mono lítica del cacique como elemento opresor y sin
escrúpulos y planteaba la figura del “buen cacique”, jefe local que repartía
favores generosamente y cuya acción resulta beneficiosa para el
pueblo
607
. Esta visión ha sido matizada y enriquecida por trabajo s
posteriores que, en líneas generales, coin ciden en problematiz ar la visión
tradicional del caciq uismo, heredera del pensamiento de Cos ta: mayoría
pasiva y analfabeta frente a una élite manipuladora, dominación de clase,
valoración moral del sistema. Frente a esta óptica, se ha impuesto otra
que subraya el ca rácter voluntario y transaccional del sistema
608
.
Asimismo, los estudios de Caro Cancela ponen el foco en el origen
isabelino del sistema de relaciones del caciquismo, consistente en un
Estado moderno con una sociedad civil poco desarrollada que vehiculiza
su relación con el Estado mediante estructuras previas. Se llega a matizar
la vinculación entre caciquismo y tierra, poniendo de relieve que en
realidad se trata del control del mercado de trabajo (fundam entalmente
el campo, en efecto, pero también áreas industriales o miner as)
609
.
Moreno Luzón señala que el clientelismo se define por sus relaciones
informales, distintas – o paralelas – a las oficiales, y se basa en el
intercambio recíproco de bienes y servicios entre dos individuos. El
patrón ofrece bienes materiales, protección y acceso a recursos; el cliente,
servicios personales, lealtad y apoyo. Se trata de relaciones ve rticales, en
las que hay una clara diferencia entre la capacidad de negociación de
unos y otros: la relación se basa precisamente en su muy distinto nivel
de acceso a los r ecursos. A pesar de su carácter in strumental,
habitualmente comportaban algún elemento afectivo
610
.
Respecto a la vertiente política del cacique, la bibliografía insiste en
su carácter intermediario, entendido como un vínculo que comunicaba el
poder central con sus respectivas clie ntelas. Ese papel suponía un
cambio respecto a la etapa anterior, en la que la comunidad local se
concebía como un circuito cerrado en el que el jefe local ejercía
606
La And alucía , nº 9.427 [19 de octub re de 1887], p. 2.
607
TUSEL L GÓM EZ, Javier, Oligarqu ía y caciquismo en Andalucía, 1890 -1923 , Barcelona, Pl aneta, 1 976,
p. 330.
608
MAZA CASTÁN, Virg inia, “I mportancia de la Historia local en el estud io y car acterización del
caciquismo o clien telismo político en la España isab elina”, en RUIZ CARNICER, Migu el Áng el y FRÍAS
CORREDOR, Carmen (coo rds.), Nuevas tenden cias h istoriográficas e historia loca l en Esp aña: actas del
II Congreso de Historia Loca l de Arag ón , 2001, págs. 9 9-106 ; GUE RRA, Fran çois- Xav ier, “Lo s orígenes
sociocultu rales del caciqu ismo”, Anuario IEHS : Instituto de Estudios h istórico socia les , nº 7, 19 92, pág s.
181 - 195.
609
PEÑA GUERRERO, María Antonia, “Caciquismo. L a mistificación del poder”, Andalucía en la
Historia , nº 5 0 [octub re de 2015], pp. 80 -81.
610
MORENO LUZÓN, Javier , “Teoría del clientelismo y estudio d e la p olítica caciquil”, Revista de
Estudios Po líticos , n º 89 [1995], pp. 191 -224, p. 194.
286
como protector de la comunidad, para la que procuraba mejoras
materiales. De ahí que convirtiese parte de su capital económico en
capital reputacional, una inversión en prestigio y reconocimiento popular
que, en el caso de De la Cuadra , alejan su figura de la visión
regeneracionista y la acercan al arquetipo del “buen cacique ”. Enrique
de la Cuadra , cuya capacidad de intermediación con el poder central fue
limitado – su trayectoria política es la historia de su pugna por
conseguirla – tuvo que construir su imagen benefactora con sus propios
recursos, lo que explica en buena m edida su ruina final.
En primer lugar, cultivó una buena relación con la Iglesia.
Integrado en la hermandad de Consolació n a través de su ami go Manuel
Sánchez Silva, asumió como empresa personal la revitalización del culto
a la patrona de la población, para lo que colaboró con el arzobispado. No
solo eso, restauró por completo el templo, concediéndole su aspecto
actual. A la vez, empleó grandes sumas en su parroquia, Santiago el
Mayor, y en el vecino convento de la Concepción, que reedificó.
El Papa León XIII le reconocería su labor otorgándole el título de
marqués de Gibaxa. Además, estableció instituciones caritativas,
asumiendo así el pa pel de los hospitales eclesiásticos desaparecidos con
la desamortización. En marzo de 1890 s e creaba en Utrera una “t ienda -
asilo”, para atención de mayores pobres, costeada por el p ropio De la
Cuadra
620
. En Sevilla fundó una Sociedad Protectora de Pobres, que
repartía pan mediante papeletas
621
.
Una de las mejoras que el cacique podía ofrecer a su comunidad
era la creación de escuelas. Clemente de la Cuadra ya intervino en este
sentido, concluyendo la escuela primaria de Utrera y fundando una para
niñas en su localidad natal, Rasines. Enrique, desde su primera
incursión política, como concejal en 1870, formó parte de la comisión de
Instrucción Pública que proyectó un instituto de enseñanza secundaria
en Utrera que, dirigi do por el sacerdote Modesto del Castillo, se llamaría
Rodrigo Caro
622
. Más adel ante, estableció premios para los alu mnos con
mejores expedientes académicos. Asimi smo, ofreció su cortijo de Las
Torrecillas a la Dip utación sevillana para instalar en el mismo una
escuela agraria, verdadera preocupación de los políticos de la
Restauració n, y cedió un terreno anexo a la estación de ferrocarril para
que la compañía instalase allí sus talleres y almacenes, lo que redundaría
en beneficio de la ciudad.
Enrique de la Cuadra prestaba dinero al Ayuntamiento de U trera
para la ejecución d e obras. Durante la década de los och enta, De la
Cuadra había adelantado al municipio, y otras veces había pagado
directamente, el alca ntarillado de las calles Sánchez Silva, Santa Clara y
Cuartel; y el adoquinado las calles Preciosa, Santa Clara, Sevilla, Doctor
620
La And alucía , nº 10.165 [26 de m arzo de 189 0], p. 3.
621
La And alucía , nº 9.413 [2 de octubre de 1887], p. 3.
622
AHM U, Actas Cap itulares, Li bro 10 7, f. 25 [19 de junio de 1870]. Los gastos de la escuela se estimab an
en 4 .496 escudo s, mientras que po r matrículas se pronostic aba ingr esar apenas la mitad, de man era qu e el
Ayuntam iento asumiría la diferencia.
287
Pastor, Arco de Sevilla, Perafán de Ribera, Sánchez Silva, Duque, Ginetes ,
Sacramento, Doña Juana González, Garci-Gómez, Santa Brígida,
Cazorla, Plazuela de Gibaja y Plaza de la Constitución. Aco rdó con el
Ayuntamiento dirigido por su administrador, Pedro Rivas, la apertura de
una nueva calle que saldría del derribo de una de sus propiedades, a la
que rotularía con el nombre de “ Clemente de la Cuadra ”
623
. Asimismo,
adelantó un porcentaje amplio del alumb rado público (ali mentado por su
fábrica de gas). En to tal un importe de 487.125 reales
624
. Para se ptiembr e
de 1889, el consistorio tenía contraída una deuda con el mismo de 28.585
pesetas, que decidió no cobrar a cambio de que se empleara en el socorro
de pobres mediante la compra de medicinas, ropa de invierno,
herramientas, rescate de quintos, pago de deudas y adoquinado de dos
calles (Marcos Pérez y porche de Santa María). De la Cuadra, que exponía
tales mandatos en un escrito, indicaba incluso al Ayuntamiento qué
concejales debían gestionar cada parti da, quedando así d e relieve su
poder en la esfera local
625
.
La línea ferroviaria de Utrera con Sevill a, Cádiz y Jerez, más el
ramal hacia Morón y Osuna, habían si do construida en la década de
1860. De la Cuadra quiso proporcionar un acceso digno a la e stación, en
lo que imaginaba como bulevar al estilo parisino, racional, de líneas
rectas que favoreciesen la perspectiva, y lugar de paseo para los vecinos.
De este modo, eliminó unas casas y huert as de su propiedad, creando la
llamada Vía Marciala en honor a su mujer, con 20 metros de anchura y
arboleda en la que planteaba la construcción de casas, baños públicos,
un lavadero público, un mercado en hierro de forja, jardines, biblioteca
pública y salas de asilo
626
.
Pero donde el cacique ganaba voluntades de manera más eficaz era
a través de los favores personales. El eje mplo más claro de es ta inversión
en capital reputacional la encontramos en una noticia qu e recoge el
periódico El Cronista (luego reproducida por La And a lucí a ), según la cual
De la Cuadra costeó la curación de un pequeño de la localidad al que
había mordido un perro hidrofóbico, para lo que lo trasladó hasta el
instituto Pasteur de París, en el que fue efectivamente sanado
627
. Otro
ámbito donde ejercía estos favores personales se daba en la redención de
jóvenes del servicio militar, en los que valoraba la pobreza d e la familia y
los méritos de los mismos. De la Cuadra inauguró esta práctica nada más
comenzar su carrera política como concej al, librando a todos l os quintos
correspondientes a Utrera de 1872
628
. Estos favores se exten derían a
otros aspectos que, a pesar de no dejar constancia escrita, parecen
seguros: intermediación con la administr ación local, obtención de trabajo
623
AHMU, Actas Capitu lares, Li bro 108, f. 10 [9 de o ctubre de 1875].
624
El Gua dalete , nº 8.880 [ 4 de marzo d e 1885], p. 2.
625
La And alucía , nº 10.019 [29 de septiemb re de 18 8 9], p. 2.
626
El Gua dalete , nº 9.258 [28 d e mayo de 1886 ], p. 2.
627
La And alucía , nº 9.300 [18 de mayo de 1887], p. 3.
628
La An dalucía , nº 1 0.176 [9 de abril de 1 890], p . 3; SEGOVIA, Áng el Ma ría, Figu ras y Figuron es , vol.
19, Ma drid, Imprenta de Enrique Jaramillo, 1 881 , vol. XIX, p. 192.
288
de manera directa o por recomendación a uno de sus clientes, perdón de
deudas e incluso cesión de terrenos
629
.
En retribución, la sociedad otorgaba al cacique reconocimiento,
prestigio y lealtad. La propia prensa – y no únicamente la adicta – no
dudaba en resaltar a De la Cuadra como protector y benefactor ejemplar:
cuando L a And alucía , se refería a la labor de Guillermo Sundheim en
Huelva, afirmaba: “a semejanza de lo que está haciendo en Utrera el señor
De la Cuadra, ha dotado a Huelva de edificios notables y suntuosos”
630
.
El mismo periódico señalaba en otro número
nos contenta mos con hacer nuestras com paraci ones, con otra
modernísi ma ciudad, en clavada dentro de esta provincia, la cu al, co n el
tiempo y por la iniciativa de un solo hombre, patriótic o como po cos,
llegará no solo a hombrearse con Sevilla, sino que si seguimo s como
vamos, andando para atrás, conseg uirá adelanta rnos en much o : nos
referimos a la in media ta ciu dad de Utrera.
En marzo de 1888, el Ayuntamiento pr esidido por José An tonio
Cuéllar y Caraza – uno de sus clientes – c olocó una lápida conmemorativa
en la casa natal de Enrique de la Cuadr a
631
. En 1892, Romero Robledo
intentó compensar los esfuerzos de De la Cuadra con el Partido
Reformista impulsando, desde el ministerio de Ultramar – una anomalía
administrativa, pues tales gestiones co rrespondían a Gobernación – ,
concediéndole el título de marqués de San Marcial. En sus crónicas, los
diarios sevillanos alababan su amor por Utrera, a la que había
transformado de “una villa abandonada” a “uno de los pueblos más bellos
de la provincia de Sevilla”. Cuando la noticia se extendió por el pueblo,
los vecinos se congregaron, espontáneamente, frente a su residencia,
mientras que las iglesias hicieron tañer las campanas, en lo que puede
constituir la mejor estampa de De la Cuadra como “buen cacique”
632
.
629
MI LLÁN HIDALGO, Ma nuel, La filan tropía d el marqués …, p . 9. El autor señala q ue De la Cuadra le
cedió unos terrenos en la Vía Marciala para c on struir cin co v iviendas, y reproduce un a ca rta del mismo que
conclu ye : “Otra co sa, antes de con cluir: ¿puedo contar con su voto en las próximas elecciones?” Millán,
que se declaraba demócr ata, le neg ó el voto, lo q ue – según su versión – d esató las iras del p rimero contra
él.
630
La And alucía , nº 9.749 [8 de noviembre de 188 8] , p. 2.
631
La And alucía , nº 9.556 [21 de marzo de 1888], p. 3.
632
La And alucía , nº 10.810 [13 de may o de 1892], p. 1.
289
IMAGEN 20 . Título d e concesión de l marqu esado de San Marcial
Fuente: Univer sidad de S evilla
Un patri cio como don Enrique de la Cuadr a y su ilustre y virtuosísi ma
esposa, que por dond e quiera que van les siguen las bendiciones de la
miseria aliviada y del infortuni o soc orrido, que tantas lágri mas han
enjugado y enjugan, que tanta sangre han redimido, librando a
centena res de hombres del servicio militar . ¿ Qué títulos más grandes
pueden alcanza rse en esta vida, que los qu e posee el señor De la C u adra ?
Una inmensa fortuna y un alma tan grande y generosa para emplea r
aquella en colosa les o bras de utilidad pública y llevar la alegr ía y la
felicidad con s u car i da d inagotable a casi toda u na comarca, mereci endo
de ésta que en cada pec ho se levante un altar formado por inmensa
gratitud, don de consta ntemente se r inde resp etuoso y cariñosísi mo cult o
al eximi o hijo d e Utre ra
633
.
A su muerte quedaban inconclusos varios proyectos: la traída de
aguas, la construcción de un mercado de abastos con columnas de
fundición hechas en París y un jardín a la inglesa
634
. Por el lado opuesto,
existe algún testimonio de la faceta de De la Cuadra ejerciendo
coacciones a individuos contrarios. De sde luego, la corru pción en el
sistema electoral ya estaba instalado en los comicios del dis trito desde
los mismos inicios de la Restauración, de muy diversas maneras: más
633
La And alucía , nº 10.812 [15 de may o de 1892], p. 2. Carta firmada por M. M. R.
634
El Gua dalete , nº 9.960 [2 de septiembre de 1888], p. 3.
290
allá de los individuos provistos de basto nes o guardias civile s vestidos de
paisano, se adelantaban los horarios de votación, se impedía el paso de
determinados electores o se colocaba en las mesas a pers onal de la
administración que c oaccionase a los vota ntes (en 1881, por ejemplo, con
el turno progresista, e l inspector de cons umos avisaba a los i ndustriales
a quién votar)
635
.
Si la pertenencia a l a red clientelar ofrecía ventajas materia les y
sociales, la exclusión de la misma condenaba al individuo. En 1888 cedió,
sin mediar contrato, unos terrenos en la Vía Marciala a Man uel Millán,
con quién tenía cierta amistad. Este, que se declaraba republicano, le
negó el voto que expresamente le pidió el primero, lo que – según su
versión – desató las iras del cacique, que recuperó los terrenos, se
encargó de difamarlo a través de su red clientelar y lo llevó a juicio,
haciendo que tanto el defensor como la acusación (su primo Mi guel Vega)
se pusieran de acuerdo contra Millán, que tampoco encontró amparo en
las autoridades locales ni en el juez; tanto fue así que ningún abogado de
la población quiso defenderlo, teniendo que recurrir al ju ez de Morón para
conseguir un letrado. En carta remitida a su abogado, De la Cuadra
ofrecía una versión de los hechos compl etamente distinta y amenazaba
destruir la reputación de Millán, aireándola en los periódicos
636
. Manu el
Millán, arruinado, colocó dos explosivos en la casa del abogado Miguel
Vega, lo que precipitó un trágico final, pues fue juzgado y murió en la
enfermería de la cárcel en 1896
637
.
4.4. El reinado de Alfonso XIII: Fernando y Federico de la Cuadra
Sáinz de la Maza
Fernando de la Cuadra y Sáinz de la Maza, II marqués de San
Marcial (1868 -1940), y su hermano Federico (1871 -1947) heredaron una
situación económica bien distinta de la de su padre. Este, como se ha
visto, había contraído numerosas deudas que debieron ser pagadas con
la venta del patrimonio familiar a lo largo de más de dos décadas. Ambos
hermanos habían estudiado leyes, aunque el primogénito mostró desde
joven inclinaciones artísticas, estudiando escultura junto a Antonio
Susillo y habiendo realizado obras de gran interé s. Esta etapa de
decadencia económica coincide con la de mayor proyección política de la
familia, que se basó más en el prestigio a cumulado por las generaciones
anteriores que por su riqueza y patrimonio reales, en franca decadencia.
Así, Fernando manifest aba, en un mitin electoral en 1900: “ Vengo para
635
APNU, Enrique López Lacarra, 1881 [29 de julio de 1881], f. 1179 y siguientes. El candidato
conserv ador Francisco Delad o Zuleta enum era una serie de fraudes y coacciones co metidos en los comicios
utreran os, cometidos con la aquiescen cia, cuando no d irectamente promovidos, por el alca lde, José Gómez
Pico.
636
MILLÁN, Manuel, La filan tropía del marqués de San Marcial, Excmo. Señor D. Enrique de la Cuadra
o el Creso d e la ciudad de Utrera, Sev illa, Imp renta de A. Resuche, 1893, p. 15. Se refiere al periodista
Julio Fernán dez Ma teos, director del diar io El Motín , de carácter rep ublicano.
637
El Noticiero S evillano , n º 1.176 [22 de junio de 1896], p. 2.
291
dos fines. Primero, para defender los inte reses del pueblo. Segundo para
perpetuar la memori a de mi padre”; de ig ual modo, cuando venció en las
elecciones de 1900, El Noti c iero Sev illano señalaba: “Nuevo en p olítica, no
tiene hechos salientes que nos sirvan pa ra hacer larga historia, pero su
abolengo es tan digno de mención […] que mucho ha de ganar el
distrito”
638
. Sus centros de interés fueron heredados de su padre, com o
la defensa y modernización del olivar, de manera que, como candidato,
participó en mítines y reuniones del sector
639
. Cuando, hacia 1915 se
certifica su completa ruina, terminó no solo su carrera polític a, sino toda
una trayectoria familiar de tres generacio nes. Mientras que Fernando era
llamad o a la política nacional, Federico ocupó la alcaldía de Utrera en
varias ocasiones a comienzos del siglo X X. Los Ayuntamientos españoles
habían heredado de época isabelina una concepción centralista que los
convertía en meras instituciones administrativas
640
. Ese doble ámbit o
político, que aseguraba los mecanismos de control del distrito en manos
de una familia, no era infrecuente en la p olítica de la Restaura ción
641
. Por
último, con esta tercera generación fam iliar los vicios del sistema de l a
Restauración salieron a la superficie. Los engranajes i nternos del
sistema, aceptados con naturalidad en la etapa precedente, necesitaron
ser forzados al límite para que siguieran funcionando, y la prensa se
encargó de visibilizarlos: manipulaciones elec torales, cultura del favor e
intervención de las autoridades para destituir o reponer a diputados y
alcaldes en sus puestos.
El cambio de siglo asistió a una mayor agitación laboral, con
huelgas en el campo provocadas por el desempleo y los bajos salarios,
fenómeno que cristalizó en la formación de círculos obreros en varios
pueblos de la Campiña, como Utrera, Marchena, Alcalá, Morón, Paradas,
Mairena o Carmona, y donde, con el avance del siglo, aumentó la
conflictividad social, muy presente en Utrera a partir de 1902
642
. Desd e
1891, en que Enrique abandonó definitivamente la política, hasta 1899,
encontramos un hueco en la trayectori a política de la familia De la
Cuadra: los tres últimos años de la vida de Enrique, y los primeros años
de Fernando, ocupado en salvar los restos del patrimonio familiar,
retrasaron su participación pública hasta 1899, reintegrándose en el
Partido Conservador. El romerismo, por su parte, siguió siendo una
corriente dentro del moderantismo, y antiguos compañeros de Enrique,
como La fitte o el marqués de Campo Ameno siguieron en la misma
643
.
638
El Noticiero S evillano , n º 2.414 [16 de febr ero de 1900], p. 1.
639
La Correspond encia de España , nº 16 .086 [21 de febrero de 19 02], p. 2.
640
T USELL GÓMEZ, Jav ier, Oliga rquía y ca ciquismo en Andalucía (1890 -192 3), Barcelona, Plan eta,
1976, p. 82,
641
LÓPEZ VILLA, Antonio , “Los diputado s a Cortes p or el d istrito electoral de Utrera durante la
monar quía d e Alfon so XIII”, en FÍLTE R, José Anto nio ( coord..), Actas de las I X Jorna das de Historia de
la provin cia. El B ajo Gu adalquivir entre los siglos XVIII y XX , Sevilla, Asociació n Sevilla na d e Cronistas
e I nvestigador es Lo cales, 2012, pp. 243 -252 . Sus contemporáneos, los h ermano Benjumea Zayas, de
Arahal, ten drían tray ectorias similares, Edu ardo en el Congreso y José en la Diputació n Prov incial.
642
El Noticiero S evillano , n º 2.345 [9 de d iciembre de 1899] , p. 2.
643
DE L AS CUEVAS, Jesús, “Romer o Rob ledo y sus amigos s evillano s a través de un epistolario inédito”,
Archivo Hisp alense , nº 8 4 [1 957], pp. 51 -76. El artículo m enciona a vario s políticos r elacionad os con el
Partido Reformista de Robledo, pero no a los De la Cuadra, ya que el epistolario al qu e se refier e el título
292
IMAGEN 21 . Fernando d e la Cuadr a, II marqués de San M arcial
Fuente: Archivo de Fe rnando de la Cuad ra Durán
El particular enfrentamiento entre las familias Ybarra y De l a
Cuadra prosiguió una vez fracasado el Partido Reformista y de sapareci do
Enrique de la Cuadra . Dentro del co nservadurismo, Fernando de la
Cuadra se acercó a l a disidencia silvelist a como alternativa a la jefa tura
de Eduardo Ybarra. Si a nivel provincial, la enemistad con los Ybarra
saltaba de generación, en el distrito, la competencia dentro del propio
partido la ejercían los Delgado Zuleta, jefes del partido desde 1879; y en
el municipio, los Gutiérrez de los Ríos, entroncados con el otro gran
terrateniente del término, Juan de los Ríos Mateos, y que se adherían a
la jefatura de los Ybarra, lo que les permitió mantenerse en el poder
municipal
644
. Si por algo destacó la trayecto ria de Fernando de la Cuadr a
fue por su rebeldía frente al lideraz go provincial de Ybarra, solo
comparable al cacique Lorenzo Domín guez Pascual en el distrito de
Carmona. Su independencia le llevó a en frentarse al partido e incluso a
saltar a las filas liberales. No obstante, con él si se consiguió un férreo
control sobre el distrito, patente en sus victorias electorales (1900, 1901,
1905, 1916 en el Congreso, y 1903 y 1910 en el Senado).
se inicia en 1 896, ya fallecido Enr ique. No obstante, cuando Rom ero Robledo visitó Utrera en 1901 , fue
recibido por varias p ersonalidades, entre ellos, el marqués d e San Marcial ( El Noticiero Sevillano, nº 2.85 2
[29 de abril de 1901], p . 4).
644
SIERRA ALO NSO, María, L a po lítica del pacto …, p. 212.
293
TABLA 72 . Carrera políti c a de Fe rnando de la Cuad ra , II marqu és de San Marcial
Fechas
Cargo
31/03/1900 – 24/04/19 01
Diputado
24/05/1901 – 27/03/19 03
Diputado
10/05/1903 - 1904
Senador
13/10/1905 – 30/03/19 07
Diputado
22/05/1910 - 1911
Senador
03/04/1916 – 10/01/19 18
Diputado
Fuente: congreso. es y senado .es
TABLA 73 . Federico de la Cuadra en el Ayuntami ento de Utrera
Fechas
Cargo
01/1900
Concejal de gob ierno
06/1900
Alcalde
11/1901
Alcalde
06/1904
Alcalde
08/1905
Alcalde
08/1906
Alcalde
11/1909
Alcalde
12/1910
Alcalde
04/1916
Alcalde
02/1920
Concejal de oposición
Elaboración p ropia a part ir de actas capit ulares
4.4.1. Tendencias políticas en la Utrera del reinado de Alfonso XIII
La Restauración p roporcionó un mar co político estable para
España, con una Constitución longeva y un turno de partidos ordenado,
lo que no contradice que, conforme evolucionaba, los partidos irían
mutando y rompiéndose – y recomponiéndose – en múltiples fa cciones,
problema que se agudizó con el cambio de siglo y la desaparición de los
tradicionales jefes de los partidos dinásticos, Cánovas y Sagast a. Del lado
conservador no se llegó a una jefatura est able hasta Maura, m ientras que
la división liberal vino de la mano de m onteristas y moretistas que, sin
un vencedor claro, no tuvieron una jef atura estable hasta 1910 con
Canalejas. Ante este panorama, los caciques, tanto de las áreas urbanas
como, especialmente, las rurales, no dudaron en transitar de una
corriente a otra teniendo en cuenta más que criterios doctrinales, sus
posibilidades de supervivencia y promoci ón política, siendo los hermanos
De la Cuadra, Fernando y Federico, eje mplo manifiesto. Por otro lado,
aunque tradicionalmente se acepte el predominio del pacto entre las
partes durante la Restauración, ni la pro vincia de Sevilla ni el distrito de
Utrera fueron ajenos a las luchas interna s, que derivaron con frecuencia
en desobediencia y las consecuentes divergencias entre lo pactado a nivel
estatal y los resultados electorales, todo lo cual ofrece un panorama
mucho más complejo y dinámico del sistema de la Restauración que el
que una visión superficial puede arrojar.
294
Ya tratado en el apartado dedicado a l a trayectoria política de
Enrique de la Cuad ra , solo recordaremos que el Partido C onservador
estuvo dominado por Federico Sánchez Bedoya hasta que e n 1891 le
sustituyó Eduardo Ybarra González, surgiendo una gran riv alidad entre
ambos, que se trasladaría a sus respectivas clientelas. Como enemigo de
Yba rra, Fernando de la Cuadra se acercó a Bedoya y al silvelismo,
creando una junta silvelista e inaugurando un Círculo Con servador a
comienzos de 1898, cuando saltaba de m anera definitiva a la política. No
obstante, ese mismo año moría Sánchez Bedoya, lo que llevó a la fusión
de los grupos conservadores sevillanos, que siguieron bajo el mando de
Ybarra. Contrarios a someterse al jefe provincial, varios miembros del
partido formaron el llamado Círculo Lombardo, presidido por Sánchez
Bocanegra y con De la Cuadra y Vázquez como principales
representantes
645
.
Dentro del Partido Conservador se sufrió otra escisión nacional en
1891, esta vez protagonizada por Francisco Silvela; como tal, sus adeptos
concurrieron por separado a las eleccio nes en 1893 y 1896 . En 1899,
Silvela y el genera l Polavieja fundaron la Unión Conser vadora, de
orientación moderada pero con un sesgo regeneracionista, que defendía
el desarrollo agrario e industrial y la erradicación del amiguismo. En esta
rama de los modera dos se integraron Fe rnand o y Federico d e la Cuadra .
El primero presidió el comité local y se pr esentó a las elecciones a Cortes
de abril de 1899 – anuladas en el distrito de Utrera y, por tanto, repetidas
en febrero de 1900 – . Tras el asesinato de Cánovas, Silvela fue
considerado el jefe del Partido Conservador, lo que provocó el viraje al
silvelismo del comité sevillano presidido por Ybarra. El cambio fue
temporal, pues con l a muerte de Silvela e n 1905 y el mayor protagonismo
de Maura, decidió apoyar a este. Tras el f allecimiento de Edua rdo Ybarra
le sustituiría en la jefatura provincial su hermano Tomás quien, dividido
el partido entre mauristas e idóneos (partidarios de Eduardo Dato),
lideraría únicamente la facción maurista. A la muerte de este en 1916, le
sustituyó su hijo, Tomás Ybarra Lasso de la Vega. En Utrera, se pasaron
al maurismo Vicente Rodríguez Pacheco y José Gutiérrez de los Ríos,
formando parte del comité provincial, mie ntras que Carlos Cañal Migolla,
diputado po r el distrito, formaría parte de los idóneos
646
.
El ala carlista, prese nte en Utrera desde su origen en 1833, siguió
teniendo en los marqueses de Casa Ulloa a sus más firmes defensores.
Cuando el Ramón Nocedal – desautorizado por Don Carlos – se escindió
del carlismo formando una rama más radical, Casa Ulloa lo siguió
organizando una Junta Integrista en Utrera. A nivel municipal, su peso
político quedó reducido a una concejalía en 1909 y otra en 191 3, ya como
jaimista. Tampoco gozó de gran predicamento otro partido conservador,
la Liga Católica fundada por el cardenal Spínola en 1901, aunque Manuel
Rojas Marcos, de Morón, logró escaño en dos ocasiones : en 1918, por s u
645
SIERRA ALO NSO, María, L a po lítica del pacto …, p. 219 -222 .
646
Cañ al constituía una ex cepción en tre los candid atos sevillano s, al no ser u n gran pr opietario, sino
abog ado e historiador .
295
distrito, y en 1919, por Marchena. En el Ayuntamiento de Utrera
obtuvieron representación e n las elecciones de diciembre de 1909
647
.
En el ala progresista predominó el Partid o Fusionista, fundado en
1880 a partir de la unión de varios partid os liberales. Pero, mientras que
el Partido Conservador constituyó, al menos en la primera Re stauración,
un grupo cohesiona do, el fusionista incluía tendencias dispares, con
diferentes puntos de vista respecto a cuestiones doctrinales básicas como
el modelo político, el tipo de sufragio, la política económica o la actitud
ante la Iglesia. A pes ar de este planteamiento, Sagasta logró mantener un
equilibrio entre las distintas fuerzas que componían el partido. En Sevilla,
el comité fusionista estuvo dominado por el marqués de Paradas, Gaspar
de Atienza y Tello y, a partir de 1903, por Ruiz Martínez.
Los De la Cuadra, que comenzaron su carrera política como
silvelistas, saltarían a las filas del fusioni smo con motivo del escaso apoyo
de Silvela a su candidatura en 1899. De nuevo, se volvía a repetir el
esquema que llevó a su padre, Enrique de la Cuadra, a separarse del
Partido Conservador. Estaba en juego la influencia del cac ique en su
distrito, para la que era vital el reconocimiento como diputado, lo que
aseguraba el contacto con el poder cen tral. Dentro del fusionismo se
experimentaron diversas escisiones. La Izquierda Dinástica, creada en
1882, no tuvo impacto en el distrito de Utrera. En cambio, el gamacismo
– seguidores de Germán Gamazo – si go zaría de mayor peso político. En
octubre de 1898, Gamazo lideraba un grupo de 88 diputados que
oficialmente se separaban de Sagasta. Cuando Gamazo murió en 190 1,
le sustituyó al frente del partido su yerno, Antonio Maura, que no
obstante evolucionó al conse rvadurismo a partir de 1901. En Sevilla, el
jefe de los gamacistas fue Pedro Rodríguez de la Borbolla, procedente del
republicanismo. Apoyó a De la Cuadr a contra Delgado Z uleta en las
elecciones de 1899, llegando a denunciar en el Congreso las múltiples
irregularidades cometidas por los adictos en los colegios electorales.
Rodríguez de la Borbolla entendió que Maura no representaba las ideas
liberales de Gamazo , por lo que abandonó el partido, reintegrándose en
el fusionismo en 1902. En este juego polí tico, los cambios de partido por
estrategias personales – o familiares – eran frecuentes, com o ya se ha
visto en el capítulo dedicado a Enrique de la Cuadra . Respecto a sus
hijos, dentro del fusionismo se hicieron monteristas – seguidores de
Eugenio Montero Ríos – y, más tarde, romanonistas. En 1903 fallecía
Sagasta y los dos hombres mejor posicionados para sucederle, Montero
Ríos y Segismundo Moret, se disputaron la jefatura del partido, que se
rompería en dos. Sevilla replicó esta fract ura, con Pedro de la Borbolla al
frente de los moretistas y Ruiz Martínez de los monteristas. Moret
contaba en el distrito de Utrera con el ap oyo de la familia Mur uve, de Los
Palacios, y el utrerano Juan Miguel Vargas Martel, concejal entre 1897 y
1899.
647
Véase la tesis de RUIZ SÁN CHEZ, José Leonar do, Política e Iglesia Sevillan a a comienzos de Siglo
XX. La liga ca tólica (1901 -1923) , SÁNCHEZ MANTERO, Rafael (d ir.), Sevilla, Un ive rsidad de Sev illa,
1994.
302
TABLA 74 . Repeti ción de elec ciones del dist rito de Ut rera, 1900
Municipio
Marqués de San Marcial
Delgado Zuleta
Utrera
1.990
797
Lebrija
600
1.869
Las Cabezas -
305
655
El Arahal
995
180
Los Palacios
446
520
TOTAL
4.336
4.021
Fuente: El Notici ero Se villano , nº 2.41 7 [19 de febr ero de 1900], p. 1
Al final, De la Cuadra se hizo con la victoria por un estrecho
margen. Su victoria era sobre Delgado Zuleta, pero también sobre el
aparato del partido, tanto en el Congreso
668
como a nivel pr ovincial ,
donde Eduardo Ybarra aseguraba que había buscado una solución entre
ambos pero que, al no lograrlo, tuvo qu e tomar partido por el candidato
oficial
669
. Tras los comicios, San Marcial pretendió un acercamiento al
partido – Ybarra y Leguina, el gobernador – , celebrando un banquete en
el que buscaba el ar reglo con los partidarios de Del gado
670
. Pero para el
marqués se evidenció la total falta de apoyo del partido, lo que le llevaría
a abandonarlo para integrarse en el Partido Liberal en el que, no
obstante, podría corr er el mismo riesgo que con Delgado: la no aceptación
por parte de los po deres establecidos en el mismo, en est e caso, las
familias consolidadas en el partido (los Surga en Las Cabezas , Muruve en
Los Palacios, Pretel en Lebrija). Para evitar tales circunstancias, De la
Cuadra acordó con el jefe provincial de los liberales, el marqués de
Paradas, que su jefatura en el distr ito sería única e indiscutible, y que é l
marcaría la política e n su zona, rodeándose de las personas q ue estimase
más capaces, dejando claro su compromiso con su clientela política:
No soy incompatible con na die, y tengo acreditado que sé olvida r agravios ,
cuando el derech o no lo prohí be; por tanto, aseguraré que como antes
sabré sacrifica r el medro perso nal y el provecho político a lo que la
dignidad, la discipl ina de partido y el debe r exijan. Lo que no haré nunca
será abandona r a mis amigos, por los que estoy dispue sto a todo, como
tengo bien dem ostrad o, y cuyas legítimas conveniencias ha n de ser
norma de mi cond u cta
671
.
A comienzos de 1901, De la Cuadra de nuevo salía
precipitadamente para Madrid ante las n oticias de que el partido
668
El Noticiero S evillano , nº 2 .421 [23 d e f ebrero de 1 900], p.2 . De la Cuadra, al conseguir la victor ia,
envió un telegrama a Sil vela cuyo sentido no se nos oculta: «Fran cisco Silvela, presidente d el Consejo - El
diputad o electo por el d istrito de Utrer a le saluda . – San Marcial.». Tamb ién el conde de Romanones intento
impug nar, sin éxito, su acta.
669
El Noticiero S evilla no , nº 2.418 [20 d e febrero de 19 00], p. 2.
670
El Noticiero S evillano , n º 2.517 [30 de may o de 1900], p . 1.
671
El Noticiero S evillano , n º 2.893 [9 de junio de 1901], p. 1 .
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