scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La conquista de Baeza

Carmona Ruiz, María Antonia

Full text

La conquista de Baeza María Antonia Carmona Ruiz Universidad de Sevilla  El desmoronamiento del poder musulmán facilitó a Fernando III la conquista definitiva de Baeza en 1226. Pero esta no era la primera vez en que los cristianos habían intentado su asalto, y de hecho, en ocasiones anteriores, y con muy distinta suerte, ya había sido objetivo de las tropas castellanas. De hecho, coincidiendo con las complicadas circunstancias que se vivieron en al-Andalus tras la desaparición del califato en el siglo XI y el nacimiento de los primeros reinos de Taifas, se produjo un lento pero seguro avance de los reinos cristianos hacia el sur1, que fue momentáneamente detenido con la invasión almorávide a partir de 10862, a la par que se producía una importante crisis política en Castilla3. Sin embargo la dependencia de al-Andalus de este imperio norteafricano duró relativamente poco, ya que el nacimiento en 1125 del movimiento almohade en la región del Atlas, y su posterior expansión a 1 Tras la muerte de Almanzor en 1002 se desencadenó en al-Andalus una guerra civil que supuso la aparición de territorios independientes, denominados Reinos de Taifa, así como la definitiva desaparición del califato en 1031. Baeza estuvo, desde 1019 y sucesivamente, en manos de los taifas de Murcia, Almería y Denia hasta 1057, en que los ziríes de Granada la tomaron después de un largo asedio. Poco antes de 1075 los toledanos ocuparían Baeza, hasta que finalmente cayeron en manos de los abadíes de Sevilla, contra los cuales los baezanos se sublevaron sin mucho éxito, ya que en 1084 fueron incorporados de nuevo al reino de Sevilla. Cfr. J. Aguirre Sadaba. “El distrito de Baeza en época musulmana” en Historia de Baeza. (coord. J. Rodríguez Molina). Granada, 1985, pp. 89-90. 2 Las guerras de expansión entre los Reinos de Taifa y la presión cristiana, protagonizada principalmente por Alfonso VI de Castilla, los puso en una situación tan complicada que, después que Alfonso VI conquistara Toledo en 1085 buscaron como solución la ayuda de los almorávides, que después de prestarles ayuda en la batalla de Zalaca (Sagrajas) de 1086, definitivamente iniciaron la conquista de al-Andalus a partir de 1090. Baeza fue anexionada al imperio almorávide por el qaid Bati b. Ismail en 1091. Cfr. J. Aguirre Sadaba. “El distrito de Baeza…” op. cit. p. 90. 3 La muerte del infante don Sancho, heredero de la corona castellana en la batalla de Uclés de 1108, y las dificultades posteriores del reino al morir Alfonso VI sin descendencia masculina, sumergieron a Castilla y León en una importante crisis interna en el primer cuarto del siglo XII.  costa de los almorávides, obligó a sus gobernantes a centrar su interés en el Magreb, permitiendo que las disensiones existentes en al-Andalus debido a su intransigente política crecieran, provocando la desintegración de su poder. El rey Alfonso VII aprovechó esta situación y realizó varias incursiones contra al-Andalus, en medio de su política de desgaste contra los musulmanes, que tenía como finalidad mostrarles que los almorávides habían dejado de ser efectivos como defensa frente a los cristianos. Su intención era que se constituyera un poder islámico peninsular sometido tributariamente a Castilla-León, y mientras, aprovecharse de las divisiones internas del Islam, anexionándose algunas plazas. El reyezuelo “elegido” por Alfonso VII para realizar esta labor fue Zafadola (el último de los descendientes de los reyes taifa de Zaragoza destronados por los almorávides), quien, como rey vasallo del castellano, había sido reconocido como señor por los musulmanes de Murcia, Orihuela y Valencia, y tuvo cierto dominio en Baeza, Úbeda y Jaén con ayuda de algunas tropas cristianas que le envió Alfonso VII. Sin embargo, terminó enfrentándose a sus aliados cristianos muriendo en 1146. Un año después, los almohades iniciaban la conquista de Al-Andalus. El último gobernador almorávide, Ibn Yahyà b. Gāniya, reaccionó inmediatamente prestando vasallaje a Alfonso VII, por lo que continuó gobernando en Córdoba, Úbeda y Baeza bajo la protección del castellano. LA PRIMERA CONQUISTA DE BAEZA El cambio en la situación política llevó a Alfonso VII a realizar una gran expedición en 1147cuyo fin era intentar controlar Almería, y con ella las costas y las rutas marítimas mediterráneas frente a la piratería musulmana y, sobre todo, frente a la potente flota almohade. Era un proyecto excesivamente ambicioso, para el que contaba con la ayuda de Pisa, Génova, Ramón Berenguer de Barcelona y Guillermo de Montpellier. La expedición, que se inició en Toledo en el mes de mayo, y después de ocupar Calatrava, penetró lentamente por el alto Guadalquivir, asegurando el dominio de las plazas por las que pasaban a fin de cubrir su avance hacia Almería. Así, entre mediados de julio y mediados de agosto, Alfonso VII tomó Andújar y Baños de la Encina, y asedió Baeza, hasta que finalmente Ibn Yahyà b. Gāniya, se la entregó junto con Úbeda, a cambio de respetar su dominio en Jaén. La leyenda achaca la conquista de Baeza a la maravillosa intervención de San Isidoro de Sevilla, quien se apareció al rey la noche anterior, prometiéndo-  le su ayuda en la batalla y su victoria4. En agradecimiento a este favor, Alfonso VII creó la Real Cofradía del Pendón de San Isidoro en la colegiata de San Isidoro de León, que custodiaba el pendón de las tropas castellanas utilizado en el cerco de Baeza, y que, según Ambrosio de Morales, había mandado bordar el propio monarca para que los llevara a la victoria5. Esta cofradía aún existe, custodiando un pendón de fondo morado que lleva bordada la efigie ecuestre del Santo que blande la espada y enarbola la cruz. De una nube surge el brazo de Santiago empuñando una espada. Además está bordado el blasón de castilla y León, una estrella y pequeños castillos y leones distribuidos en la parte superior6. Desde Baeza, el ejército se dirigió a Almería, dejando posiblemente retenes a lo largo del camino, para finalmente, y después de un largo asedio tanto por mar como por tierra, conquistar la ciudad almeriense el 17 de octubre de 11477. Poco conocemos sobre la organización de Baeza tras la conquista cristiana. Suponemos que buena parte de la población musulmana debió permanecer, y sabemos que se encargó de su tenencia, y por lo tanto de su organización y 4 Esta leyenda se recoge por primera vez en el siglo XIII por Lucas de Tuy en su libro De Miraculis Sancti Isidori, narrando así el suceso: “Y viendo el noble rey que él y los suyos, por ser muy pocos, no podrían resistir el ímpetu y fuerza de los contrarios comenzaron a llamar a Dios en su ayuda, porque es misericordioso y redimió el linaje de los cristianos y a los que en él esperan salva misericordiosamente… Como los cristianos temiesen mucho de tan gran multitud de infieles, estando aquella noche el sobredicho rey Don Alfonso sentado en su tienda le vino un poco de sueño y se le apareció una visión maravillosa, en que vio venir hacia sí un varón muy honrado, con sus canas muy fermosas, vestido como obispo de pontifical y su rostro resplandecía como el sol muy claro, y cerca de él venía andando paso a paso así como él andaba una mano la cual tenía una espada de fuego de ambas puntas aguda y llegando aquel santo varón cerca del rey comenzó a hablarle… Y dijo: Yo soy Isidro, Doctor de las Españas, sucesor del Apóstol Santiago por la gracia de le predicación. Esta mano que anda conmigo es del mismo apóstol Santiago, defensor de Españas; dichas estas palabras desapareció la visión”. J. Pérez Llamazares. Vida y milagros del glorioso San Isidoro Arzobispo de Sevilla y Patrono del Reino de León, León, 1947. La leyenda fue recogida posteriormente, indicándose además la participación directa de San Isidoro en la batalla en la Primera Crónica General ed. R. Menéndez Pidal. Madrid, 1955, pp. 660-661. G. Argote de Molina. Nobleza de Andalucía. (reed. Jaén, 1991), p. 57. 5 A. de Morales. Viaje a los reinos de León y Galicia y Principado de Asturias; Madrid, 1765, (Reimp. Oviedo, 1977), pp. 50 y 51. 6 Un estudio de este pendón lo realiza E. Fernández González. “Iconografía y leyenda del pendón de Baeza”. Medievo hispano: estudios in memoriam del Prof. Derek Lomax. Madrid, 1995, pp. 141-157. Vid. también J. Rodríguez Díez. El pendón isidoriano de Baeza y su Cofradía. León, 1972. 7 Se puede ver con más detalle la expedición y conquista de Almería en M.A. Ladero Quesada. “El imperio de Alfonso VII”. La reconquista y el proceso de diferenciación política (1035-1217). Historia de España Menéndez Pidal, vol. IX. Madrid, 1998, pp.423-ss.  gobierno, el conde Manrique Pérez de Lara8. Su labor era fundamental para asegurar la comunicación de Almería con Castilla. Del mismo modo y a través de varios documentos realizados por Manrique Pérez de Lara, aunque firmadas por el rey, sabemos que Baeza disponía de un concejo, que se nombraron a dos merinos (Martín Yáñez de Roda y Cristóbal de Burgos), a un sayón (Cabeza de Auengamma), posiblemente de origen andalusí, y a un alcaide de la fortaleza, Pedro García, al que se benefició en 1156 con la mitad de las aldeas de Tierzo y Bosuegra9. Este último acometió la empresa de repoblar parte de de su territorio, principalmente la zona de los accesos a la Sierra, con el fin de asegurar su control y defensa10. Asimismo, el resto de las fortalezas del término de Baeza debieron contar con sus propios alcaides. Además tenemos noticias de otro de los beneficiados en la zona, un tal Abdelaziz Aboalil, vecino de Baeza, y posiblemente uno de los caudillos locales que aceptaron someterse al monarca cristiano, y a quien se define en los documentos como “populator Baecie” a quien Alfonso VII donó en 1151 la aldea de Daralmouz y casa en Albarracín11, en 1155 la localidad de Baños12 y en 1156 las de Bailén y Segral, situada esta última sobre el río Guadalimar13. Asimismo, sabemos que, en memoria de la ayuda prestada por San Isidoro en la conquista edificó en Baeza un convento de regulares bajo su advocación, que adornó con muchas riquezas14. Este santo, considerado lugarteniente de 8 Además de la tenencia de Baeza, Alfonso VII concedió a Manrique Pérez de Lara la tenencia, en diferentes fechas, de Almería, Atienza, Ávila, Extremadura, Madrid, Medinaceli, Osma, San Esteban de Gormaz, Segovia y Toledo. Un estudio detallado en A. Sánchez de Mora. Los Lara. Un linaje castellano de la Plena Edad Media. Burgos, 2007. 9 L. Sánchez Belda. “Notas de diplomática. En torno a tres diplomas de Alfonso VII”. Hispania, XI, 42 (Madrid, 1951), pp. 59-61. P. Rassow. Die Urkunden Kaiser Alfons’VII von Spanien. Berlín, 1929, p. 465. Pedro García recibió media torre en la aldea de Tierzo y un molino en Bosuegra. 10 J. Aguirre Sadaba. “El distrito de Baeza…” op. cit. pp. 90-91 11 1151, julio 11. Alfonso VII dona a su servidor ‘Abd al-‘Azīz Aboalil la aldea de Daralmouz y casa en Albarracín en compensación de cierto viaje que realizara en su nombre a Granada y otros servicios que le prestó fielmente. F. Martínez Llorente. “Introducción” del Fuero de Andújar. Estudio y Edición. (Jaén, 2006). p. 19, n. 24. P. Rassow. Die Urkunden Kaiser Alfonso’VII von Spanien. op. cit., p. 452. 12 1155, junio. Andújar. P. Rassow. Die Urkunden Kaiser Alfons’VII von Spanien. op. cit., p. 462. F. Martínez Llorente. “Introducción” op. cit. pp. 19-20. 13 L. Sánchez Belda. “Notas de diplomática. En torno a tres diplomas de Alfonso VII”. Hispania, XI, 42 (Madrid, 1951), pp. 47-61. P. Rassow. Die Urkunden Kaiser Alfons’VII von Spanien. op. cit. p. 464465. 14 “E por ell miraglo et por la virtud que el Señor sant Esidro alli ficiera all emperador don Alffonso, fizol y luego ell emperador don Alffonso en Baesça una iglesia a onrra de Dios et de Sant Esidro, et la iglesia llamaronla Sant Esidro; et ordenola ell emperador de conuento de canoonigos reglares, et dioles sus donadíos grandes et buenos et las dezimas todas de la villa  Santiago, se convirtió en el primer patrón la ciudad, apareciendo en los pendones que utilizó en posteriores conquista15. Sin embargo no duró mucho tiempo Baeza en manos cristianas, ya que el avance almohade truncó el sueño de Alfonso VII, y pese a los intentos del monarca cristiano por ampliar sus conquistas en al-Andalus16, en verano de 1157, perdía Almería frente al sayyid Abū Sa’īd ‘Utmān, hijo del califa ‘Abd alMu’min, que había sido nombrado gobernador de Granada. Una vez rendida la alcazaba de Almería, las tropas almohades fueron en persecución del enemigo y llegaron ante Baeza, cuya población musulmana los acogió como libertadores. En la alcazaba, una parte de la guarnición cristiana intentó resistir, pero la actitud de los habitantes la forzó a huir a Úbeda, contra la cual fueron también las tropas granadinas, ocupándola rápidamente, así como muchos castillos de la región17. Poco después, Alfonso VII moría cuando regresaba a Toledo, después de cruzar el puerto del Muradal –Despeñaperros–, en la aldea de Fresneda (debajo de una encina), enfermo y abatido al ver cómo su proyecto había fracasado. LAS NAVAS DE TOLOSA Y SUS CONSECUENCIAS El empuje almohade consiguió acabar con los diferentes focos de disensión en al-Andalus, y atacar a los cristianos, en una época en que los problemas internos y las disensiones entre los portugueses, leoneses y castellanos, debilitaban notablemente su situación. En cualquier caso, ninguno descuidaba la actividad bélica en la frontera, destacando especialmente Alfonso VIII de Castilla, quien después de una complicada minoría, retomaría la ofensiva contra el Islam con la suficiente virulencia como para que el califa almohade Abū et de todos sus términos en que uisquiessen bien et onrradamientre et siruiessen allí a Dios et a San Esidro; et paro ell la iglesia muy apuesta et muy onrrada de cruzes et de calçes et de encenssarios et de uestimentas et de cortinas de seda colgadas por la iglesia, et de otras aposturas assi como eran mester”. Primera Crónica General op. cit. p. 661. G. Argote de Molina. Nobleza de Andalucía. op. cit. p. 57. 15 Así, en la conquista de Antequera de 1410 los pendones que representaban a Baeza llevaban los pendones de Santiago y San Isidoro. J. Rodríguez Molina. La vida de moros y cristianos en la frontera. Alcalá la Real, 2007. p. 186. Por otro lado, es muy probable que la cruz arzobispal que corona el escudo de la ciudad sea la de San Isidoro Arzobispo, como así lo recoge el Padre Vilches. F. Vilches. Santos y Santuarios del obispado de Jaén y Baeza. Madrid, 1653, fol., 97, aunque otros, como Argote de Molina, lo identifica con el signo del Espíritu Santo. G. Argote de Molina. Nobleza de Andalucía. op. cit. p. 144. 16 Así, en 1150 asedió Córdoba y en 1152 Jaén sin éxito. En 1153 conquistaba Guadix y en 1155 Andújar, Pedroche y Santa Eufemia. 17 A. Huici Miranda. Historia política del imperio almohade. Tetuán, 1956, pp. 178-179.  Yūsuf al-Mansūr viniera a al-Andalus con un gran ejército que en 1195 venció estrepitosamente al castellano en la batalla de Alarcos. Este fracaso no amedrentó al rey castellano, y después de una época de treguas con al-Andalus, que los cristianos utilizaron básicamente para limar sus asperezas, Alfonso VIII, sin esperar que esas treguas expirasen, inició hostilidades en 1209 y desde Toledo el rey se dirigió contra Jaén y Baeza, mientras que los calatravos atacaron Andújar, haciendo ambos un gran botín18. Estos ataques tenían como finalidad intentar controlar los pasos de Sierra Morena con el fin de intentar realizar un ataque a fondo en territorio andalusí. De hecho, estas acciones por sorpresa y dentro del periodo de paz, motivaron las protestas del califa almohade, Abū ‘Abd Allāh Muhammad al-Nāsir, sin mucho éxito, por lo que éste empezó a reunir un formidable ejército que en 1211 se encontraba ya dispuesto en al-Andalus. Este mismo año, tropas castellanas protagonizaron numerosas algaras por tierras de Andújar, Baeza y Jaén, mientras el rey atacaba por Levante hacia Játiva19. La reacción almohade supuso la conquista de Salvatierra, sede principal de la orden de Calatrava, sin que los cristianos pudieran hacer nada por evitarlo20. Esta serie de acontecimientos no eran más que la manifestación de una situación que sólo se podía resolver mediante el enfrentamiento frontal de los dos ejércitos, por lo que ambos bandos se empezaran a preparar para una gran batalla. De hecho, el impacto e la caída de Salvatierra llevó a Alfonso VIII a solicitar al papado la predicación de una Cruzada contra los almohades, petición que el papa Inocencio III aceptó, iniciándose en enero de 1212 el llamamiento a cruzada por todas las diócesis de Francia, consiguiéndose movilizar un importante contingente de cruzados en Poitou, Gascuña y Provenza. Junto a ello, el Pontífice empezó a movilizar a los arzobispos y monarcas peninsulares21, reuniéndose en La Península un amplio contingente de tropas en el que participaron en mayor o menor medida todos los reinos cristianos22. Por otro 18 Id. p. 416. 19 J. Aguirre Sadaba y Mª C. Jiménez Mata. Introducción al Jaén islámico. Jaén, 1979, p. 220. 20 Esta plaza había sido ocupada en 1198 por los calatravos, que se había convertido en nueva sede de la orden después de la pérdida de Calatrava en 1195. 21 Todos los pormenores de estas movilizaciones en F. García Fitz. Las Navas de Tolosa. Barcelona, 2005, pp. 144 y ss. 22 Así, mientras que el rey Alfonso IX de León y Alfonso II de Portugal, que estaban en guerra, no se adhirieron a la cruzada, sin embargo muchos caballeros de ambos reinos se incorporaron a ella; Sancho VII de Navarra, después de ciertas vacilaciones, accedió a colaborar con el rey de Castilla. Por su parte, Pedro II de Aragón aceptó desde el primer momento a participar en la campaña. Sobre la composición del ejército cristiano y número vid. F. García Fitz. Las Navas de Tolosa, pp. 183 y ss. y 476 y ss.  lado, Al-Nāsir había concentrado en Sevilla un inmenso ejército23. Mientras que el califa almohade iniciaba el 22 de junio de 1212 el movimiento desde Sevilla hacia Jaén, los cristianos empezaron sus ofensivas contra al-Andalus, ocupando varias fortalezas24, aunque sufriendo el contratiempo del abandono de los cruzados ultramontanos. En Jaén Al-Nāsir tuvo noticias de la situación, por lo que decidió continuar más adelante, hacia Baeza, ordenando que se ocuparan los pasos más importantes de la Sierra, mientras que él establecía su campamento en Santa Elena. Por su parte, los cristianos penetraron por la Sierra, con el riesgo de ser atacados por alguno de los contingentes almohades que vigilaban la zona. En este contexto se produjo la milagrosa intervención de un pastor que guió a las tropas cristianas por un camino que había escapado de la vigilancia de los almohades, el Puerto del Rey, a través del cual pudieron llegar a las Navas de Tolosa25. La famosa batalla se produjo el 16 de julio de 1212, en la que los cristianos consiguieron una clamorosa victoria, a consecuencia de la cual los restos de las tropas almohades se dispersaron en todas direcciones, perseguidos por los combatientes cristianos. Al-Nāsir se salvó del desastre huyendo a Baeza, donde, aunque los vecinos le pedían consejo para actuar, sólo se detuvo para cambiar de montura, llegando esa misma tarde a Jaén26. De allí se dirigió a Sevilla con destino a Marraquech, donde falleció a finales del siguiente año. Los días siguientes a la batalla los cristianos se apoderaron de Vilches, Baños de la Encina, Tolosa y Ferral. Los de Baeza, al conocer el desastre, y temiendo la llegada de los cristianos, evacuaron la ciudad, refugiándose en Úbeda. Aquéllos que no pudieron huir, principalmente los viejos y enfermos, se refugiaron en la mezquita aljama, donde perecieron abrasados cuando los cristianos entraron en la ciudad, robando y destruyendo todo lo que pudieron. Posteriormente asaltaron y saquearon la vecina Úbeda, siendo asesinados o reducidos al cautiverio sus habitantes. No sabemos si por las desavenencias que se produjeron entre las tropas por el reparto del inmenso botín, como 23 Sobre la composición y número del ejército cristiano vid. F. García Fitz. Las Navas de Tolosa, pp. 301 y ss. y 476 y ss. 24 Malagón, Calatrava, Alarcos, Piedrabuena, Benavente y Calatrava. 25 R. Jiménez de Rada. Historia de los Hechos de España. Ed. J. Fernández. Madrid, 1989. Libro VIII, cap. VII, p. 317. Crónica Latina de los Reyes de Castilla, p. 31. L. de Tuy. Crónica de España. Ed. J. Puyol. Madrid, 1926, pp. 412-416. Primera Crónica General, p. 698. Ninguna de las crónicas del siglo XIII da el nombre del pastor. Será posteriormente Argote de Molina quien nos diga que este pastor se llamaba Martín Alhaja. G. Argote de Molina. Nobleza de Andalucía. Jaén, 1991, cap. XXXVII, p. 75. 26 Primera Crónica General, p. 702.  matarlo. Ante ello, el reyezuelo almohade huyó a Almodóvar del Río perseguido por los cordobeses. Sin embargo, cuando subía la cuesta de acceso a la fortaleza su visir Ibn Yabūrak lo traicionó y lo mató. Posteriormente enviaron la cabeza al califa almohade. Cuando éste la recibió, golpeó con la vara que llevaba a la vez que profería palabras injuriosas en su deshonra y en la de toda su parentela47. Tan pronto como la población de Baeza conocieron la trágica muerte de su rey decidió expulsar del su alcázar la guarnición cristiana que, al mando de Gonzalo Ibáñez Noboa, maestre de calatrava, permanecía en él desde el año anterior. Por ello pidieron ayuda al señor de Jaén ‘Umar b. ‘Īsà b. Abī Hafs b. Yahyà, que acudió con sus tropas en compañía de Muhammad b. Yūsuf alMasakdālī. Los cristianos que se encontraban fuera del alcázar fueron vencidos fácilmente por la superioridad numérica de los musulmanes, mientras que los que lo ocupaban resistían todo intento de asalto. Sin embargo, no podían haber aguantado estos ataques por mucho tiempo ya que disponían de pocos víveres y las tropas cristianas que acudían en su ayuda aún estaban lejos y no podían acudir en su ayuda48. Sin llegar a tomar el alcázar, el gobernador de Jaén decidió abandonar la empresa y regresar. Posiblemente le habían llegado noticias de que se acercaba Fernando III con un fuerte destacamento y no estaba preparado para hacerle frente. Por ello instó a los baezanos a que evacuaran la ciudad antes de enfrentarse a ellos, por lo que a éstos no les quedó otra opción que marcharse, dispersándose por otras localidades andalusíes, con lo que a la llegada de las tropas cristianas no quedaba población musulmana49. Las crónicas musulmanas dan como fecha de la conquista de la ciudad el 1 de diciembre, mientras que las cristianas el 30 de noviembre de 122650, siendo esta última la que ha 47 Así se indica en la Crónica Latina de los Reyes de Castilla. Por su parte, La Crónica General, de menos fiabilidad, indica que el rey de Sevilla (Abu-l-Ula al-Mamum) mandó cortar la cabeza a los que llevaron la de al-Bayyasi, por la traición que hicieron a su señor. 48 J. González. Reinado y Diplomas de Fernando III. op. cit., p.305. 49 Al-Himyarī. Kitāb al-Rawd al-Mi’tār fī habar al-aktār… op. cit. pp. 122 y 126. Ibn Jaldun. Kitab al-Ibar. Ed. Slane. París, 1926. II, p. 230. Crónica de los Veinte Reyes, ed. J.M. Ruiz Asencio, Burgos, 1991. Libro XIV, cap. XIII, p. 303. 50 La Primera Crónica General, op. cit., t. II, cap. 1036, no hace referencia a ningún año exacto de conquista, tan sólo a la estación del año: “Ya pasado el yuierno”. G. Argote de Molina, ya muy tardíamente da, sin ninguna justificación el año 1227 como el de la conquista, fecha que han seguido numerosos historiadores posteriores. Sin embargo, los estudios realizados por Julio González , Ambrosio Huici de Miranda y Manuel González Jiménez, (op. cit.) en que se analizan pormenorizadamente los movimientos de las tropas cristianas y almohades, han podido comprobar que la fecha de conquista de Baeza es 1226.  prevalecido en la tradición. Este baile de fechas puede deberse a un error de cómputo o al hecho de que pudiera haberse terminado la salida de la población musulmana la noche del día 3051. Es muy probable que la conquista de Baeza fuera tan sencilla como lo refieren las crónicas. Sin embargo, la leyenda ha querido complicarla, y como en otros casos, mezclarla con apariciones milagrosas. Así, tradicionalmente, y a grandes rasgos, se cuenta que en medio del asedio, los castellanos decidieron abandonar el alcázar, pero que, cuando partían, al volver la vista atrás, vieron una cruz iluminada entre los torreones de su puerta principal. Eso les hizo retornar con los caballos herrados al revés, para que se pensara que habían huido. Su resistencia se vio pronto premiada. La llegada de D. Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya y alférez real, con quinientos infanzones a la fortaleza, les permitió realizar un ataque por sorpresa y sin piedad a los moros de la ciudad. Aquellos que pudieron salvarse huyeron a lugares vecinos52. En cualquier caso, la muerte de al-Bayyāsī fue transcendental en la política cristiana con respecto a Baeza. Así, Fernando III quedaba libre de todos los compromisos contraídos con el reyezuelo almohade, y por lo tanto con plena libertad para atacar sin ningún tipo de contraprestación los territorios pertenecientes a su antiguo aliado, por lo que tenía plena libertad para ocupar la ciudad de Baeza. Pocos días después de la conquista de Baeza, Fernando III abandonaba la ciudad53, confiando su tenencia a Lope Díaz de Haro, quien se encargaría de su gobierno y organización los años posteriores a su conquista. Entre 1227 y 1229 se completaba la conquista con la toma de Sabiote, Jódar y Garciez. Poco después Fernando III procedió a la organización de Baeza, dotando a la ciudad de un amplio alfoz, que, según queda expresado en el documento de concesión de términos de 1231 fijaba sus límites en el puerto de Muradal, el río Rumblar hasta el Guadalquivir y desde allí hasta Torres, que quedaba incluida, sierra de Bedmar y Jódar hasta Jandulilla, volviendo al Guadalquivir, los límites con Úbeda, Vilches, Santisteban, Torre de Albar y sierra de Muradal54. 51 J. González. Reinado y Diplomas de Fernando III. op. cit., p.305. 52 Leyenda recogida por Argote de Molina y a partir de él por todos los historiadores posteriores. G. Argote de Molina. Nobleza de Andalucía. op. cit. pp. 140-142. No se sabe exactamente cuándo surge la leyenda, pero está claro que en el siglo XV ya circulaba, como lo atestiguan las quintillas elaboradas por Gratia Dei, y recogidas igualmente por Argote de Molina, relacionando la tradición con la simbología del escudo de la ciudad. 53 El 10 de diciembre se encontraba ya en Toledo, como lo demuestran un privilegio conservado de esa fecha en que confirma unos fueros presentados por el concejo de Escalona. J. González. Reinado y Diplomas de Fernando III. op. cit., tomo II, doc. 220, p. 265. 54 “Dono, itaque, vobis et concedo terminos per loca inferius nominata, videlicet, per por-  Unos años más tarde, en 1243, el mismo monarca lo amplió con la donación de los castillos de Vilches, Baños y de la Torre de Estiviel, además de los castillos de Huelma y Bélmez, cuando se conquistaran, y de Chincóyar y Ablir (Neblín), que habían sido concedidos de modo vitalicio a Sancho Martínez de Jódar55. En 1254 Alfonso X otorgaba al concejo de Baeza la aldea de Arquillos56 y Recena57. La última donación fue la extraña que el infante don Sancho (futuro Sancho IV) realizó de Jódar, en 128358. Paralelamente a la conformación del término de Baeza se produjo el asentamiento de nuevos pobladores, así como la organización del territorio y la restauración eclesiástica, algo imprescindible para su integración plena en el dominio del reino de Castilla. tum de Muradal, sicut aque currunt versus Baeciam et quomodo vadit per summitatem serre usque ad directum ubi caedit Ferrumbral in Guadalquivir et de Ferrumbral per Guadalquevir ad sursum usque ad Torres, sicut dividit terminum cum Jahen. Et do vobis Torres cum suo termino, et deinde, quomodo vadit per summitatem serre de Bedmar et de Xodar, sicut aque currunt usque Baeciam et de serra de Xodar quomodo descendit directe ad Xandoliellam; et Xandoliellam cum suo termino sicut tenet usque Guadalquevir, et deinde sicut Baecia dividit terminum cum Ubeta, et deinde quomodo Bilche dividit terminum cum Sancto Stephano et cum Turre de Alber, et deinde quomodo vadit directe usque ad summitatem serre de Muradal et per inde sicut tornat ad ipsum portum de Muradal”. 1231, mayo 19. Burgos. Archivo Histórico Municipal de Baeza, 1/1/1. Edit. J. Rodríguez Molina Colección Documental del Archivo Municipal de Baeza, (Jaén, 2002). 55 1243, abril 6. Valladolid. AHMB, 1/1/2. Edit. Colección Documental, doc. 3. 56 Antes perteneció a Úbeda, pero Alfonso X se la cambió por las aldeas de Cabra y San Esteban. 57 1245, febrero 20. Toledo. Doc. 5 M. González Jiménez (Ed.) Diplomatario Andaluz de Alfonso X (Sevilla, 1991) (en adelante DAAX) 58 1283, agosto 26. Logroño. DAAX doc. 11.