scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Oracion funebre que en las solemnes exequias celebradas en siete de febrero de \RMDCCLXXXII\R en la iglesia mayor de Sra. Sta. Maria de la ciudad de Arcos de la Frontera por el alma del ... Sr. Don Francisco Delgado y Venegas ... Arzobispo de Sevilla ...

Camacho y Caballero, Juan

Full text

ORACION FUNEBRE, QUE EN LAS SOLEMNES EXEQUIAS " CELEBRADAS EN SIETE DE FEBRERO DE MDCCLXXXII EN LA IGLESIA MAYOR DE Sra . Sta. MARIA DE LA CIUDAD de arcos de la frontera , POR LA ALMA DEL EM.mo y EXC.MO Sr. el Sr. Don Francisco Delgado y Venegas, Colegial del mayor de San Ildefonso, y Universidad de ARala de Henares, Canónigo Magistral de las Ca¬ tedrales de Badajoz, y Córdoba , Obispo de las Igle¬ sias de Canaria?, y Siguenza ; Dignísimo Arzobispo de Sevilla , Patriarca de las Indias , Pro-Capellan , y limosnero Mayor de S. M.; Cavallero Gran Cruz, y Gran Chanciller de la Distinguida Orden Española de Carlos III, Presbytero Cardenal de la Santa Romana Iglesia; asistiendo el Ilustre Ayuntamiento, Venera¬ bles Cleros, Comunidades Religiosas, distinguida Nobleza , y numeroso Pueb 1 © . D I X 0 PON JUAN CAMACHO CAVALLERO , LIC. D 0 en Sagrada Teología por la Universidad de Sevilla, Colegial pot oposición del Insigne Colegio de Teologos de la Concepción de la misma Ciudad , opositor a di¬ ferentes Canongías, Beneficiado propio déla Igle¬ sia de Señor San Sebastian de la Villa de Cañete la Real. Y LO SACA A LUZ, DEDICA, Y CONSAGRA A la respa&able é inmortal memoria de tan gran Prelado , el Venerable Clero de la misma Iglesia, del que es Individuo el Orador. (ni) INFENTUS ESTIUSTUS ::: ETINFENIT grattain coram oculls Domini ; magnificavit cuín in conspcctu regumdedit lili Saccrdothun magnu/n. Ex lib. Ecclesi. Cap. 45'. Ita in Epist. Miss. Conf. Pontif. FUE HALLADO JUSTO , Y ÍIALLó la gracia de ser agradable a los ojos del Señor ; lo engrandeció en la presen¬ cia de los Reyes, y le confió el gran Sacerdocio. §• i. ADA hai grande á los lijos ni en la estimación , y aprecio de los jus¬ tos, sino es la virtud y la santidad. Todo elexplendor.de ] a grandeza humana, el po ti , as i iquezas , títulos, dignidades, y aun los tronos mismos, con quanto pue¬ den ostentar todas las criaturas, son unos tenues atoraos , que arroja de la haz de la tiena un ligero viento. Son la misma naa ’ y Dios no tienen ser alguno; como (.IV) como si jamás huviesen salido de los abisr mos de la posibilidad: Quasi non sint 7 sic sunt coram co. (¿z) A la verdad son unos dones y grados , que reparte el todo Pode¬ roso entre los hombres, según la elección de su voluntad , para conservar el orden, y gerarquias , que ha querido establecer en el Universo ; pero deben mendigar su verdadero lustre del resplandor de la vir¬ tud. Esra les da su mayor precio y su ma¬ yor valor ; esta los coloca en la clase de bienes legítimos y solidos, ya ella deben todo honor y engrandecimiento. Por su respeto redimen, en algún modo, la triste mortalidad de su débil flaqueza. Todos loá demas honores, que da el mundo, quedan reducidos al cabos de la nada, bajo la losa del sepulcro; con ellos fenece el estrepito, que hicieron en la tierra, con el ruido de su magnificencia y su poder ; y su misma memoria es infeliz, sino la perpetúan es¬ tos , á quienes miran los ojos de la carne como los únicos felices , con las grandes obras, (a) I$a. Cap. 40. 17. (V ) obras ¡> que exige de ellos el Supremo Au¬ tor de su fortuna. Muere el Grande; pero vive el justo;.perece la Dignidad; pero es eterno el nombre del que la hizo esclarecí? da con sus operaciones. No son los puestos eminentes los que salvan. Mientras mas alto el lugar , que el hombre ocupa , esta mas expuesto á los baibenes, y vértigos de su cabeza con el riesgo de una triste caída, Todos aspiran á la cumbre de su elevación; y chanto mas van ganando de terreno por unamontana escarpada , tanto mas vart añadiendo de fuerza á la violencia de $n precipicio. Hal Quantos se.ven confundid dos cernios impíos en la maldición eterna de sus iniquidades , que ocuparon los Sa¬ crosantos solios del Santuario! Vidi Impíos, sepultos , qul cúm adkuc viverent , in loca, scuicto erant. ( b ) El Justo, por mas elevado que se vea , no tiene que temer esta ruina. El Señor asegura sus pasos por los caminos reélos de toda Justicia. El solo? lleva por objeto la confianza , que hizo su. Dios (¿j Ecclesi Cap. 8. 10 . (VI) Dios de su proceder y su conduéla , para desempeñar como siervo fiel , el uso de los talentos * y dones que le dio. Su observan¬ cia y exáélitud dan el mas estimable realce a sus encargos. No estos, sino la reélitud de su manejo llena de bendiciones su me¬ moria, y se perpetúa entre los hombres. La misma muerte ; esa misma muerte terrible y espantosa , hace resaltar mas la luz de sus virtudes; y entre las mismas ti¬ nieblas y sombras del sepulcro , tienen la esfera en que mas brillan: Oríetur in teñe - bris lux tua , ¿Jf terebra tua eruiifi sicut merídíes ; ifif réquiem tibí dabit. Dmiínus. {uc ) Esta misma tenebrosa? muerte^ descorre la cortina á virtudes , que hasta entonces tenían escondidas la circunspección, la hu¬ mildad , y el temor de sus propias alaban¬ zas. Ella abre la puerta al tributo de ho¬ nor , que se les debe. La muerte les da una nueva vida. Las presenta para admiración de los unos, modelo de los otros , y edi¬ ficación de todos , para despertar el sueño ^ de { C ) Isa. Cap. 58 : 10: 11. •:( vri) de los Grandes sobre el cumplimiento dé sus altos empleos; haciéndoles conocer ¿' que por el mismo hecho de ser como unos vasos selectos y preciosos, son mas quebra¬ dizos y deleznables : Optimates gregis caáetis quasi vasa pretiosa. (d) No señores: todo el aparato de los honores fúnebres no es un obsequio, que se rinde á la grandeza temporal ; sería un oficio nada digno de la presencia de los Altares, que no se deben profanar. Es si un tributo , que se cousa-; gra á la justicia, que fundan para él obras, méritos, y acciones insignes, con que lle¬ naron los justos el todo de sus obligacio¬ nes en los grandes puestos, á que los elevó Ja Providencia. Si las Escripturas nos refie¬ ren las exequias magnificas, que se hicie¬ ron en Israel á diferentes dignos personages, no es con el fin de darnos modelos para las pompas fúnebres , sino para queT se consagren en honor de la virtud de aquellos, excelentes Varones , que emplea-’ ron sus facultades, y poder para bien de la (<0 I.rem. Cap. 35 : 34, ( VIII}) la humanidad, defensa de las Leyes Santas, felicidad de la Patria; para gloria del Nombre . del Señor contra los sacrilegos atentados de la irreligión , y la impiedad. Aun Jos; mismos Gentiles querían justificar la soberbia de sus Mausoleos con la preten¬ dida virtud de sus Heroes. §• ii. *SI pues , Auditorio Católico, quando yeis este aparato fúnebre, pero magnifico, miradlo con un espíritu verdaderamente cristiano. El es un tributo , que se consa¬ gra a la virtud , y a unos méritos tan es¬ clarecidos , como notorios; obsequio auto¬ rizado por la presencia de un Magistrado Ilustre, Venerables Cleros, y quanto comr pone el Sacerdocio , y todas las clases dis¬ tinguidas del Pueblo, que forman este con¬ curso respetable. Porque ¿qual otro es el objeto de e^stas demostraciones , que aquel gran Sacerdote , que en la carrera de sus. dias supo hacerse agradable á los ojos de Dios 5 que, fue hallado Justo en todas j a S accio- .(IX) acciones y plausibles obras, con que llena sus elevados ministerios , á que dio nuevo realce y explendór con la re&itud é inno¬ cencia de su corazón ; con las grandes prendas , atributos , y dotes , que caracte¬ rizaron la grandeza de su Alma. Siervo, cuya fidelidad en la administración del San* tuario , y gobierno de las Iglesias, que son la familia , heredad , y reyno de Dios, empeñó á su eterna Bondad á exaltarlo , y engrandecido con una constante sucesión de altos honores y dignidades ? Y si los Re-> yes son sus imágenes, y sustitutos en la tierra, valiéndose del poder que les ha da¬ do para prosperidad de su escogida Grey, quiso, que este, admirable Prelado se colocase ah lado del mayor de los Reyes , para que en su persona respetase el mundo quanto es debido á Dios, viéndolo adorna¬ do con nuevos grados de jurisdicción y ^utoi idad , sirviéndole de corona ultima á todas sus distinciones la sagrada purpura con nuevo realce, junto á la purpura real: inventas est.justus::: & invcn'it graticm toram oculis Domini ; magnijicavh cuín itt B cons~ ( XVI ) el holocausto de sus preces , para que le conceda Pastores dignos de su custodia , y de su administración 2 Sino que sean ador* nados con estos mismos atributos: sabidu¬ ría , zelo , y bondad de corazón, lleno de los tiernos afeólos de la misericordia: bonitatc 7 scLcntia , disciplina pr&ditus. A la verdad , el Cielo atendió estos ruegos, quando nos concedió el gran Prelado de que formamos el elogio, que poseyó en eminente grado todos estos dones. Su sabiduria ilustró las celebres Iglesias , que lo¬ graron la felicidad de desfrutarla; su zelo hizo florecer en ellas la disciplina mas cxáóla en todos los ramos que comprehem de ; y la bondad de su corazón brotó tor¬ rentes de misericordia sobre sus ovejas. Atributos , que no podian dexar de ser agradables á los Divinos ojos: Invenit gra~ úam coram oculis Domini : Examinemos cada uno de ellos por su orden. En todo gobierno es la sabiduría el primer fundamento del acierto; sin ella todo sería desorden y confusión; Ella pre¬ side en los Consejos , y difia los mas salu- ( XVII ) saludables y oportunos para la común feli¬ cidad. Él "Rey sabio , dice el Espíritu San? tb, disipa las turbulentas sombras del error, atiyenta los impíos , y confunde los proyeitos de su malignidad: Dissipat impíos rex sapiens, (g ) La sabiduría destierra dq su presencia la iñiqua malicia de la impie¬ dad , y establece la permanencia de su tro¬ no sobre las firmes basas de la justicia: Jufer impietettem de vultus Regis , fin ? mavitur justitia tronus ejus. (/z) ¿ Pero quanto mas parece necesario este celestial don para el gobierno de la Iglesia? La Iglesia blanco di redo , á que asestan su$ tiros el Infierno , los errores de las falsas doétriñas, la corrupción de las costum¬ bres , la superstición, y la mordacidad de los incrédulos. La sabiduría afirma en la verdadera ciencia de,los Santos la silla , y cátedra del Episcopado, que es su trono. Su luz descubre todo el fondo de la divina doítrinacontenida en los sagrados libros, y sirve de antorcha á : ün Prelado ilustrado C para Q) Prov; Cáp. ; 2 o V 26: ;-\hj ProV. Cap. 25.5. ( XVIII ) para conducir su Grey á los saludables pas¬ tos de lo que debe obrar , adorar , y creer. Con ella descubre la cizaña, que aborta la malicia en la heredad , que se ha entregado á su cultivo. Por ella resplandece desde la esfera de su cátedra, como un astro, que esparce sus rayos por todo el ámbito de su jurisdicción , auyentando las nubes de la ignorancia , y haciendo visible á los ojos de todos, la hermosura de la verdad. Ins¬ truido en las ciencias sagradas ve logrados en su rebaño los frutos de sus afanes en el estudio de ellas ; y se halla dispuesto , y expedito para atender con acierto , según el dicho de San Pablo, á la instrucción de sus subditos , después de haver atendido á enriquecer su propio espíritu con los teso¬ ros de una singular literatura : Jtenditc vobis & universo gregi. ( i ) Apoyado des¬ te don inestimable, subió nuestro gran Sa¬ cerdote á las diferentes sillas que ocupó. Entró en el Santuario como otro Aaron, llevando en las piedras de su pe&oral los simr Aét. Cap. ao : 38. (XIX) símbolos de la sabiduría: Mamfestatlo , veritasi Manifestación y verdad; declara¬ ción de las verdades de nuestra profesión, y nuestra Fe* Podríamos decir, que a este respecto, desde sus primeros anos se descubren seña¬ les poco equivocas de los grandes destinos a que lo encaminaba el Cielo. A lo menos es cierto , que su misma elevación nos induce á creer, que el rápido progreso de sus estudios, fue un don de la Providencia, que desde entonces lo preparaba para los ministerios , en que después lo colocó. Si comparamos la exaltación de M!oysÓ$, y Samuel al mando de los Israelitas, con sus primeros pasos y principios; es preciso inferir, que su ilustrada educación , fue particular cuidado de la Providencia, para el cumplimiento de sus santos designios, por medio de estos dos grandes hombres. Quien a v e t la maravillosa elección, que hace Chnsto de un Pablo para Pastor , y o 01 e su Iglesia , no advertirá , que a consumada Sabiduría de las Escripturas, que adquirió en la Escuela de Gamaliel, fue (XX). Fue tcdo antecedente disposición de la mismi mano , que lo destinaba para el Apos* colado del Evangelio , que havia de predi¬ car a los Gentiles , y havia de sostenerlo contra sus Filosofes. El todo Podeioso, que da los honores, y las dignidades, quie¬ re, que a! mismo tiempo sean galardón, y premio de un mérito sobresaliente ; y él mismo proporciona la carrera para mere¬ cer , para condignificar á los que tiene es¬ cogidos para sus mercedes y favores. Conefeélo, estos fueron los caminos del Cielo sobre la persona de nuestro Pre¬ lado desde su edad primera. Concedióle una educación dirigida por el magisterio de una piedad solida y cristiana, en que su tierno corazón recibió , con los rudi¬ mentos de nuestra Religión , todos los afeólos y dulzuras de la virtud ; logrando tener unos padres vigilantes, é instruidos en la obligación de ser los primeros pre¬ ceptores de su hijo. De estas primeras se¬ millas , radicadas en su pecho , brotaron después todas aquellas perfecciones, que constantemente conservó su espíritu en la escla- ( X XI ) . esclarecida carrera de sus di as. Sin embar¬ go de la distinción de su prosapia entre las primeras y antiguas familias de Villa Nue¬ va del A riscal su patria, capaz de aspirar h adornar con los mas nobles timbres , y blasones la tersa y purísima purpura de su sangre; jamás asaltaron á su corazón los amagos de la vanidad; porque desde su educación recibió las lecciones de una hu¬ mildad profunda , .y toda aversión á aque¬ llas empresas ambiciosas , y á aquel ardor con que los hombres se inquietan en sus excesivas pretensiones. El Señor havia re¬ servado para si, ser el único autor de sus ascensos. Villa Nueva lo ve salir de su seno para la carrera brillante de sus estudios. ¡O patria dichosa! Desde este dia se comeiiy^ v ^V zaron á zanjar los cimientos de tu mayóte 4 t honor y gloria. Acaso podremos ya decir^ % Av nequáquam mínima es ; porque no , no^^^ será ya confuso y sino mui distinguido y señalado el lugar q u e ocuparás en la Topo¬ grafía de nuestra Provincia, por haver sido cuna de.tan ilustre person.agel Sevilla , Ciudad verdaderamente de Le- ( XXII ) Letras, es la Cariathiarim en que ha de re¬ cibir sus sabias instrucciones, el que algún dia havia de ser su Principe Eclesiástico. El celebre Colegio de Santo Thomás, es el taller , en que se va á formar este Joven estudiante , explendor y crédito de su Claustro. Vive , trata , estudia , aprende entre Maestros do&isimos y religiosos. ] Qué talentos no .descubre su perspicacia y capacidad í Y fiel á estos dones, que le co¬ munica el Padre de las luces , aborrece el ocio, y trabaja para multiplicarlos con in¬ tensa y continuada aplicación. Nada es ca^ paz de distraerlo, no siendo pocos los pc^ ligros , aun en las mismas Universidades, para caer en relaxaciones y pasatiempos á pesar de la vigilancia de sus diredores. Jovenes de tan diferentes Índoles y pro¬ piedades , suelen contagiar á los mas apli¬ cados con la disipación de sus espíritus, nunca fijos en la obligación de su destino, que es la adquisición de su enseñanza. Mas en este Joven estudiante no havia que te¬ mer los recelos, que intimidaron a Abraham sobre la crianza de Isaac su hijo en el con- ( XXIII ) consorcio del inquieto Ismael. A pesar de todo, mantuvo siempre su singular modes¬ tia, subordinación, tranquilidad, sosiego, costumbres arregladas , inclinaciones siem¬ pre cristianas y piadosas ; las que siendo prendas ilustradas con su rápido adelanta¬ miento en las letras , podian presagiar las miras, que tenia.el Cielo sobre su per¬ sona. La famosa Universidad , y Colegios de Alcalá de llenares havian de ser también teatro, en que luciesen estas sobresalientes dotes con la consumada perfección de sus estudios* Un acreditado Seminario , en que florecen las ciencias y la virtud , es la nueva escuela , en que por ambos respetos adquiere nuevos quilates su sabidu¬ ría. La opinión y f ama de ella , con las demas qualidades q U e le adornan , excitan el deseo del Insigne Colegio Mayor de San Ildefonso, para contarlo en la serie de sus mas ilustres-alumnos. En él viste lahonoruca estola de su Beca ; y en uno y otro oiegio es el objeto del aprecio , de los e.ogtos, del respeto, y aun de la venera¬ ción ( XXIV ) cion de sus Colegas. Un recogimiento con¬ tinuo, un estudio perpetuo, una singular moderación en todo su porte, una con¬ duéla inculpable , y un estraordinario lu¬ cimiento en los aóíos literarios, eran las estupendas circunstancias, que se conciliavan la estimación de los sabios, y la com¬ placencia de los justos. Por muchos años seguidos se advirtió , no haver cerrado las Obras del Angélico Doétor Santo Thomás. En esta fuente purísima bebia las doétrinas Teológicas en todas las ampILimas partes, de que esta sagrada Ciencia se compone; las mismas que perfeéiamente poseyó ; y en el dia 7 en que ocho sobresalientes Teó¬ logos se exponen para el grado mayor de Licencia en esta Facultad , obtiene entre todos la primacía ó primer lugar : cuya preferencia es en aquella Universidad una distinción la mas recomendable. Estas preferencias se debieron también á las ventajas de su mérito en las Iglesias mas ilustres , y en los concursos de otros dignos competidores. La Catedral de Bada¬ joz lo coloca en su Silla Magistral ; la de , Cor- ( XXV ) Cordobd desfruta sus talentos en el mismo puesto. Se gana toda la confianza de estos Cabildos respetables. Y en estos distingui¬ dos cargos comenzó a tener los primeros ensayos del Episcopado. Conoce , que quien sube al monte del Señor , y se halla establecido en el Lugar Santo , ademas de un corazón puro, y manos inocentes, debe manifestar , que no recibió en vano una alma ilustrada con los dones de la sabiduría para tenerla sepultada en el ocio y la inac¬ ción ; que no havia obtenido el Sacerdocio para ser inútil di rebatió de Christo ; que los labios de sus Ministros deben ser un manantial de doftrina saludable para la instrucción cristiana de los fieles, acreedo res a pedirles la enseñanza de la Ley y sus .obligaciones; porque como dice Maiacfaias, el Sacerdote es u« Angel destinado por el Señor para esta sagrada ocupación. Y como iueroii instituidas semejantes Prevendas para e ^esempeño de estas santas funciones, el teim Delgado satisface este cargo con a mayor exaóiitud. La antorcha de su sa¬ lí una no queda escondida infru¿tuosaD men- { XXXII ) á la Importancia de este cargo. Conoce por si mismo la idoneidad de los unos, para el premio ; la desaplicación de los otros, para corregirla, y arbitrar los medios de reme-* •diaria. ¿ Qué frutos no prcduxo este desve¬ lo por la ilustración del Sacerdocio , á ■ quien sirven las letras de uno de sus ma¬ yores ornamentos ? j Qué aplicación del Clero , de uno y otro Clero ! qué estudios! qué apresurarse á buscar Jos libros J qué continuadas conferencias los unos con los otros ! y qué satisfacción de nuestro Arzo¬ bispo lograr tantos sugetos dignos, y ca¬ paces de su confianza! Estos son los que merecen todas sus atenciones. Qué solici¬ tud en la elección de Jos mas haviles, y de conocida providad para los empleos de ju¬ risdicción , en que resplandeciese la justi¬ cia con invariable re&itud! Podemos de¬ cir, que por este influxo, se propagaban su mismo espíritu y talentos, é ilustraban a todos los demas, para un gobierno ente¬ ramente conforme á sus justísimas ideas; asi como Dios tomó del mismo espiritu , J talentos de Moyses para ilustrar los dignos varo- (XXXIII) varones, que le señaló por coadjutores en el gobierno de su pueblo: Aufcram de ¿pirita tuo , tradamque eis , ut substen - tent tecum onus populi. (m) En una pala¬ bra , lo ocupaba continuamente aquel mis¬ mo cuidado , que prometió el Señor á su rebaño : TJabo vobis Pastores juxta cor meum & pascent vos scientia, i? doctri¬ na. : Yo os proveeré de Ministros á medida de mi corazón ; y os apacentarán en la ciencia y doélrina , de que estarán dota¬ dos. i Semejante conduéla podria dcxar de ser mui agradable á los Divinos ojos* Jnvemt gratiam coram oculis Dominí Pues no es menos el zelo con q u e est¡ Excelentísimo Prelado la sostiene. §• II. Sí una capacidad ilustrada es uno de los mayores ornamentos de un Principe de la Iglesia, un zelo infatigable pone en egecu. cion quanto importa para Ja felic¡d ° d de E su ('») Num. Cap. 1It , 7 . (XXXIV ) su amada grey. Sus talentos deben espar¬ cir sus luces , visibles á los ojos de todos; pero luces , que les hagan visibles las sin¬ gulares obras , con que corresponden á la gloria de su ministerio; que es lo mismo, que exórtabaá sus Discípulos nuestro Salva¬ dor : slc luceat luz vestra coram homini - bus^ut ‘vldeant opera vestra bona . (/z) Para la custodia del Paraíso destinó el Señor un Querubin , no solo prevenido con la sabi¬ duría que le es característica en su gerarquia ; mas también armado de una espada de fuego, como signo del ardor, con que debia defender la profanación de aquel san¬ to Jugar. Esta fue una de las mas sobresa¬ lientes virtudes de nuestro gran Pastor ; y no huvo obstáculos capaces de entibiar el ardor de su zelo por la salud de su rebano, que era su mas delicioso paraíso. Si el Es¬ píritu Santo ilumina el entendimiento de los Apostóles para predicar el Evangelio por la redondez de la tierra ; inflama al mismo tiempo sus corazones con un zelo fogo- \n ) Math, Cap. 5. 1< 5 . ( XXXV ) fogoso , é invencible por l a grey de Cbfis¬ to , á pesar de los mayores peligros, fati¬ gas y trabajos. No fueron pequeños; gran¬ des fueron los que este laboriosísimo Prela¬ do arrostró para el bien , y protección de sus ovejas. ¡Mares sembrados de escollos, playas rodeadas de peligros, montañas es¬ carpadas , Islas de Canarias , quando fal¬ tará vuestra veneración y memoria á las huellas de sus plantas , que en tan arries¬ gados caminos estampó este Legado , que os embió el Ciclo , para vuestra visita, una y otra vez! Ciudades, Pueblos, y Villages de Siguenza , perpetuos serán los mo¬ numentos, que os dexó de su zelo, siem¬ pre que os consoló con su presencia. Pasos sagrados de que también huvieramos sido participes , si huviese estado mas tiempo entre nosotros. Todos los riesgos del mar tempestuoso no son capaces de intimidar este ardor san¬ to que lo anima; y llega á verse en el triste lance ae naufragar con toda su familia en desecha borrasca , atravesándolo para visitar sus ovejas en las diferentes, distan- (XXXVI) tes Islas de su jurisdicción. ¡Qué caminos, montes escabrosos, quiebras, y desfilade¬ ros peligrosos! Ya camina a caballo, ya á pie, y otras veces en brazos de sus amados subditos: super montes pedes evangelizan - tis . (o) Si el Señor se lamenta por Jere¬ mías, que los Pastores de Israel abandona¬ ban sus ovejas descarriadas , y dispersas por los bosques: dispersistis gregem meuin ¿y non visitastis . ( p ) Este Pastor celosísi¬ mo fatiga las intrincadas asperezas para re¬ coger Jas mas separadas y distantes, liber¬ tarlas de la voracidad del Demonio , y sa¬ narlas de la enfermedad contagiosa de los vicios. Si el buen pastor , según la expre¬ sión de Dios por Isaías, acoje á los corde¬ ros en sus mismos brazos : In brachio suo congregavit agnos . ( q ) En nuestro caso sus mismos subditos , animados del tierno amor , y gratitud á su Pastor , le forman carroza de sus brazos , para precaver los precipicios á que lo exponia por ellos, su incontrastable zelo. Al lies, quando se ve, mu- (i o ) Nahum Cap. i. 15* ( p ) Ierem. Cap. 23, s* \q) Isai. Cap. 40. (XXXVII) muchas veces en la necesidad de dormir so¬ bre la dura tierra , consistiendo toda la blandura de su lecho en sus propios vesti¬ dos , ó en esas esterillas, que se ponen al pie de los Altares. Este era todo su equipa¬ je , y su aparato , y del mismo modo sus provisiones : slnc sácenlo , isf sitie pera . (r) l Por que quales serian , enmedio de estos laboriosos afanes, las delicias de su mesa? Las que correspondían a la miseria de los pueblos , que en nada podian socorrerle. Tal vez la concavidad de un tintero fue to¬ da la baxilla, y el vaso precioso, en que tomó algún sustento. Y aun en donde sus Vicarios podian ofrecerle en esta parte algún obsequio, no lo admite; porque co¬ mo San Pablo , no quería ser gravoso a na¬ die. Son inumerables los frutos , que alli logró su desvelo apostólico. Arranca las, raíces piofundas de horrorosas culpas, vi¬ cios, é ignorancias que descubre; y admi¬ nistra la Confirmación á cristianos , que ya tocaban las margenes de ] a ancianidad, sin la armadura de este Sacramento. EsM Lucae. Cap. 3^ (XXXVIII) Estas penosas fatigas no pudieron enerbar el vigor de su zelo , que se manifestó •no menos añivo en su promoción al Obis¬ pado de Siguenza. Después de un molesto, y arriesgado viage, apenas concede un cor¬ to descanso á sus anhelos. Emprende su Visita; y fueron tan abundantes los frutos de ella , como era el empeño , y tesón con que tomaba el cultivo , la instrucion , la reforma, y el general bien de su rebano. Parece, que este sagrado fuego trahia en continuo desasosiego á su corazón. Ya es como un Jacob , á quien ni la hambre, ni Ja sed, ni los caminos , ni el rigor de los elementos , son capaces de intimidarlo, para no acudir a sus ovejas. Ya es otro Da¬ vid inquietado, y sin sueno por la edifica¬ ción espiritual de la Iglesia de Christo, co¬ mo aquel Monarca por la edificación mate¬ rial del Templo de Jerusalén. Poique, ¿qué no hizo también á este respeño en nuestro Arzobispado, presente , y ausente de no¬ sotros? No son poderosas las distancias pa¬ ra adormecer la egecucion de quanto le diñaba un zélo, que todo lo vence. Cono- (XXXIX) ce que la disciplina Eclesiástica es la reco¬ mendación y honor del Clero ; que ella . mantiene el decoro del Santuario , el fer¬ vor del culto religioso ; mantiene al co-? mun de los fieles en el respeto , y venera¬ ción de las Leyes sagradas ; que su relaja¬ ción desacredita en los ministros la pure¬ za , hermosura , y santidad de la Esposa de Christo; relajación , que motiva el des¬ precio y mofa de los Incrédulos, la censu¬ ra mordaz de los Hereges , para disculpar la impiedad de sus errores ; relajación, que acarrea toda especie de desarreglos , y de escándalos. Nuestro Prelado no pudo estar tranquilo , sin ocurrir á sostener su observancia en todo su rigor; y no permi¬ te , que sus subalternos se abandonen al ocio y al descanso. Incesantemente solicita informes secietos con la mayor intimación sobre su conduéla, exáétitud, aplicación á sus encargos, y vigilancia en el cumpli¬ miento de sus obligaciones. No huvo res¬ peto humano capaz de detener el cauterio en donde se descubrieron males, que a to¬ do trance era preciso remediar. Por todas par- ( XXXX ) partes persiguió los estragos, que ocasiona la publica depravación de las costumbres, a que ya no le sirven de asylo, ni el poder de los unos* ni Ja representación, y gerarquias de los otros. La voz del pastor reso¬ naba siempre á los ordos de sus ovejas ; y de Jos oidos del, pastor no se apartaba la del Señor a su Profeta: Constituí te super gen¬ tes , ut evellas y destruas , isf disper - gas , íf dissipts r & adifices , isf plan¬ tes- (s) Te he dado el cargo sobre gentes, y pueblos, para que arruines, destruigas, y saques de raiz sus maldades, confundien¬ do á los malos , y edificando el plantel de la Iglesia con los buenos. Al fuego de este zelo, que a solos los que corrige, les apa¬ renta ideas de excesivo rigor , acompañó nuestro memorable Arzobispo con todas las dulzuras de su ilimitada misericordia. $. ni. (/) Ierem. Cap. i. 10. -LáLEGAMOS ¿i un campo , em <juc se pierde nuestra vista por lo dilatado de sus orizontes. Las riquezas que se derramaron de sus manos á los pobres , pueden tam¬ bién enriquecer discursos no menos dila¬ tados. Pero debo ceñir el mió á los limites de la brevedad. Conoce ser esta una obliga¬ ción , que no admite epiqueyas, ni inter¬ pretaciones; que el derecho délos pobres á los proventos Eclesiásticos es de rigorosa justicia; porque la limosna de ellos son depechos propiamente Divinos , que se con¬ tribuyen á Dios, siendo ellos sus recepto-: res ,, ó por mejor decir sus verdaderos y legítimos dueños. A esta luz no emplea sus talentos en los cálculos de sus distribucio¬ nes sobre las respetivas pertenencias entre si y los necesitados. Porque , digámoslo Sin vacilar el Señor Delgado lo dio todo. Quanto le dio Ja Iglesia , todo lo volvió a a gesia, ya los desvalidos, con amplísi¬ ma i eral telad. A las Iglesias sus Esposas, les sucede lo mismo , que a la hermosa; E JRe- (XLVIII ) nuestro Excelentísimo Prelado en su bene¬ ficencia general. A.lli se ven operarios afa¬ nados, no en el trabajo de exquisitos mué-* bles, no en soberbios equipages, ni en cu¬ brir las paredes con ricas telas y brocados, sino en copiosísimas vestiduras para los desnudos. Ved aqui un Palacio , que es el Templo del Dios: de los pobres: la Ciudad de refugio para los desvalidos; y el monte pió, cuya sombra los acoge á todos. Y to¬ do convence , que nuestro incomparable Arzobispo todo lo dio; que todo lo que re¬ cibió de la Iglesia, lo volvida la Iglesia* ya sus pobres. Siervo verdaderamente fiel á los talen¬ tos , empleos, y cargos, que el Señor le confió; y es argumento de haver agradado ^íi su manejo á los Divinos ojos, el orden sucesivo , con que, desempeñando los pri¬ meros , le fue la Providencia confiando otros mayores; porque haviendo corres¬ pondido con tanta sabiduría, zelo , y mi-, sericordia en los unos., quiso exaltarlo a los. o t r os, abriendo nuevo campo al mayor aumento de sus méritos: serve bone , & ■ Jidelis,• ( IL)) fidelissu per multa te constituam: {y) Pero aun le queda mas que dar al Señor Supremo de este escogido Siervo. La expe¬ riencia de su fidelidad va á ser premiada con los puestos del mayor honor y con¬ fianza; engrandeciéndolo, y colocándolo al lado del mayor de los Reyes para la ma¬ yor veneración, y gloria de la Iglesia: magnljicavh eum ln conspeclu Rcgum. Pero esta es la materia de la segunda parte. PARTE SEGUNDA. §• I. La verdad, nos quiso manifestar el Cielo con bu nueva exaltación de este fiel Prelado ser infalibles sus promesas. Si el Mundo contemplase el fondo , y los arca¬ nos de aquellos sucesos, que solo los admi? ra como grandes por el explendor temponal , que consiguen los hombres , hallaría G mu- (y) Math. Cjp. 25. 21. m . ttiuchas veces ser obra de una singular pre-, dilección de Dios en las criaturas , de que se vale para mui santos fines , y verificajcíon de los premios prometidos, aun en la presente vida, a la virtud. Un siervo prom to, vigilantev capaz de cosas grandes, ex¬ pedito , y zeloso eii ¿l desempeño de sus cargos, dice el Divino Espíritu, será ele¬ vado á la presencia de los Reyes , que lo distinguirán con especiales honras y mer¬ cedes: Fidisti vlrum veloceni in opere suo} Coratn Regibus stabit. [z) Promesas tanto mas solemnes, quando tienen por objeto, y fin la gloria del Reyno de Christo, que es la Iglesia y sus Ministros. Porque, ¿ qué otra cosa havian anunciado los Profetas, sino su engrandecimiento, y exaltación por la veneración, y protección de los ma-* yores Principes y Reyes? El Señor , que vela por la prosperidad de esta su amada Esposa , no olvida colocar al Jado del trono algunos de sus dignos Prelados, como Le¬ gados suyos, ministerio, en que se bailan cons- (z) P.OV. Cap. 33 . 39. Et Alap. htc. o a 5 constituidos, como dice el Apóstol: Da Ugatíone fungimar . ( a) ¿Y qual mas digno Prelado, que nuestro Arzobispo, para llenar, á este respeéto, las miras de la Providencia , que lo elige para esta importante, y extraordinaria conf¬ ianza? Providencia , que hace llegar a la consideración del mas católico, y grande de los Reyes, sus plausibles talentos, pren¬ das, y virtudes; las obras inmortales de su sabiduria, su zelo, bondad, misericordia, y candor de su corazón ; la moderación de su espíritu , su aversión á toda idea de ambición y altivez; el acierto, conque havia hecho prosperar tantos pueblos, y tainas ilustr es Iglesias, que havia goberna¬ do; y finalmente aquel cumulo de qualidades , que merecían una preferencia indis¬ putable , y justa. Y un Soberano , que en todo buscado mejor , lo quiere junto á si, para colocar sus luces en una nueva esfera, en que su resplandor fuese mas extensivo y conocido; y mas autorizado el vigor de su zelo •W * ¿Coria. Cap. 5. ao. fiai)) 353I0 y su poden Es elevado nuestro Árzo* bi po á la gran dignidad de Patriarca de las •Indias ; y llega á rendir sus servicios á los .pies del Trono. No, no hai que temer algún eclipse de su constante virtud en un emisferio,en que junto todo el exp leudo r de la grandeza hu¬ mana, deslumbra. Por lo común la Corte de los grandes Principes es un terreno va^ rilante y movible , en que no se pueden fixar los pasos con seguridad; y las mas fir¬ mes virtudes pueden temer el baivefly quando no sea llegar a naufragar enteramente en sus escollos. /Quantos son los enemigos, contra que la fortaleza , y candor de un corazón grande tienen que batallar! La am¬ bición le presenta ideas lisongeras , para aspirar exclusivamente al valimiento , y al mando. El favor alienta á fundar las mas seductivas esperanzas; la rivalidad enarde¬ ce con pensamientos vengativos , y ruino¬ sos de los competidores; la sinceridad no se conoce; el artificio , la duplicidad , y doblez del corazón se ven adoptados, como alhajas necesarias, para poder subsistir en seme- ( liii ) . semejante c'lí'miiv La adulación trabaja po? 4 esjacreditár a la verdad; y hai una guerra tacita, pero mas peligrosa entre los espiritus, disfrazada eon la mascara aparente dé una firiifeia amistad. Todos se manifiestan? reciprocamente confiados , y en la realidad no hai sólida amistad, ni confianza. La hi¬ pocresía intenta usurpar los derechos de la virtud; y la verdadera virtud es insultada; y tenida por una mera astucia , y sagaci¬ dad para ganar opinión, y sorprehender lar buena fé del Soberano. Pero, en la Corté de Carlos III no caben* estas mostmosidades. Los mal intencionados temen, tiem¬ blan, y respetan un Palacio en que reynan el Orden,, la Regularidad, la Justicia, la Religión , f una Políticapuramente cris¬ tiana* Mas lo que digo es,. que aun. quando fuese todo lo contrario', nada sería ca¬ paz de alterar el temperamento* de su solidó espíritu,, á pesar de las. opuestas qualidades de aquella nueva región , en que entró á havitar este varón justo. Si como á otro David lo saca el Señor del centro de sus rebaños, para apacentar la Real Casa de ja-. (UV) cob, su siervo: Suhstulit cuín ac gregibus oviuni, pascere lacob servutn suum. ( 6 ) Conservó siempre las virtudes, y dotes de excelente Pastor, a medida de las altas circunstancias de su nueva Grey. El mismo Soberano , su Real Familia , toda la Real Casa , numerosos Exercitos, y Marina for¬ man la nueva Iglesia , que se pone bajo su gobierno espiritual. A unos edifica eon su exemplo, atrayéndose las mas distinguidas atenciones del amor y la veneración ; á otros intimida la firmeza de su virtud, para no desviarse de sus obligaciones; y para el regimen de todos pone en acción aquellos talentos de sabiduría, zelo , y bondad, que tenia tan ejercitados. . ¡Qué ordenes . 1 qué reglamentos! qué ediéios! qué prevenciones no salieron de sus manos para arreglar las buenas qualidades, costumbres, y suficiencia de los mi¬ nistros eclesiásticos de la Iglesia Castrense! Para prevenirles la vigilancia, exá&itud, y aplicación solicita en el cumplimiento de su {b) Psa. 77. yo. & yi. (LV) su sagíado oficio; y para resolver todas las dudasen el uso de los privilegios, que go¬ zan los fieles de esta Iglesia, en orden á los dias Quaresmales , y sus ayunos , precaviendo los excesos en el goce de semejantes gracias. Y finalmente nada omite de quanto Je diíta una prudencia consumada, para la mas puntual observancia de nuestra Re¬ ligión en tan diferentes cuerpos, que esta*» ban al cuidado de su zelo. Y su zelo es pre¬ ciso lograse, sin el menor ostaculo , todo el fruto de sus santos desvelos , apoyado del poderoso brazo de nuestro Católico Monarca. §. II. La verdad , nunca se vieron la vír* tud, la Iglesia , y Ja Religión , en su ma* yor honor y lustre, y mas respetada en su pureza y santidad , que quando lograron las inmediaciones del trono de los Reyes* su benevolencia y su favor, Prelados emi¬ nentes ; y acreditados por sus trabajos , y solicitud en el gobierno del rebano de Christo. Entonces es quando tiembla la in«> ere- (LVI» Érédulidad , laheregía, el cisma , Jareta jacion de las Dodrinas , y toda especie de corrupción en las costumbres* ¿ Qué servia cios no recibió la Fe Católica por el favor; que debió al Rey Gundevaldo el vigilante Alcimo, Obispo de Viena, refrenando lo$ progresos de la heregía Arriana? ¿Quiéri hizo , que el Rey Guillermo fuese aclama¬ do Padre dé la Patria, y columna de la Fé; sino d zelo de Lanfranco Obispa Cantuai riense, su Privado, que usó de su poder para exaltación del cristianismo ? ¿ Contri* buyo menos á la gloria de la Iglesia Católi¬ ca , y sus triunfos contra los errores de Arrio, el valimiento x que tubo con el Emperador Constantino el grande Osio Obispo de Córdoba? ¿Quién ignora, que la inmediación inseparable de San Leandro nuestro glorioso Arzobispo á Recaredo, hizo, que este Principe se empeñase en la total ruina de esta obstinada Seda; que con estos auspicios fue condenada en un Concia lio de Toledo? ¿Qué progresos, y vidorias contra el Mahometismo , no lograron en nuestra España la Iglesia , y la Religión? • Qué (( XVII ) ¿'Qué'aumentos de las Ciencias? ¿Quéobr ser váne ia de l'a justicia , reólitud de cos¬ tumbres, y reforma de relajaciones, y de abusos y no se débieron al superior talento, y a&ividad deí inmortal Cisneros , Carde¬ nal de España, que tuvo el mayor valimien* to. con los Reyes Católicos? Si Señores: los Reyes Católicos son la torre de David pre¬ venida de armas y defensas , edificada:: ::- JEn donde? En el Monte Sión al lado del Santuario, para defenderlo, proteger, y «amparar h libertad de sus ministros en las sagradas funciones, de su ministerio. Tanto imparta I a inmediación de los grandes Pre¬ lados al: trono de los Reyes; y no menos se acredita su Religión y Justicia , con la elección que hacen de sus personas , y el aprecio de sus consejos. Todo, esto se debía esperar , en todo acontecimiento,, de la confianza , que de¬ svio a nuestro Soberano este ilustrado Pa¬ triarca , luego que comprebendió las rele¬ vantes dotes de sn espíritu. Conoció perfe&áméute la bondad , sinceridad., fran* queza, y reélitud de su corazón. Patriar - H ca, (;: > J ) • •?jt f ¡nizom -i fyy>Á>hf& o\ nm-n *L f í ; 7 ' ' - -í;o p! Y/ú^ r r:?n - • , ' Í r . ■ - * * , > r. ; - f ■ • / : -T> ¿>b! ■ : ir : ■ ' ib ; d Í L »ji y , mhn ¿o us • b ufcsíi : ■ : >bnir/i*/!a r>o oí o:)p r fncmo . .. • ■ ■ ' . í :: *, : ' ' ?G 3 ¿ o ^ ; j; r ' ' : > i í -P. • ob OLÍ í > f :r:oj o.rjp’ sriLq ¿onu[ «ol Jb Otí/j • E r ¿;.5 va t ■ ' X::H. A , . I :Ani'£\?TJ I'QO ' íú-jrit ’ * r ía-La • • ¿.íh&ilíiO'} • t XOJpAú i *l\ t o , - to »3 oiLo no -