Saiz Valdivielso, Alfonso Carlos : Clarín Taurino. Revista Cultural de la Fiesta de Toros, Bilbao, s.n., 104 págs. + ils. [Reseña]
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Revista de Estudios Taurinos N" 17, Sevilla, 2003, págs. 263-270 Fig. n.º 85.- Saiz Valdivielso, Alfonso Carlos (Dr.) (2003): Clarín Taurino. Revista Cultural de la Fiesta de Toros , Bilbao, s.n., 104 págs. + ils.
264 Pedro Romero de Salís Un año más cumple su cita la revista bilbaína Clarín Taurino. Revista Cultural de la Fiesta de Toros que dirige y produce el profesor de la Universidad de Deusto y distinguido periodista de toros, Alfonso Carlos Saiz Valdivielso, publicación que por su interés y calidad ha recibido en 2002 los premios a la Mejor Comunicación del Año otorgado por el semanario 6 Toros 6 y a la Difusión Cultural de la Fiesta, concedido por la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, distinciones que me parecen suficientes para acreditar la excelencia de esta meritoria revista. Este año abre A. C. Saiz de Valdivielso su «editorial con firma» que titula "A porta gayola" donde, de una parte, recuerda a los muchos hombres del toro que han desaparecido a lo largo del año y aprovecha para dedicarles un sentido homenaje y, de otra, denuncia los vetos que determinados barandas de la fiesta imponen a ciertos ganaderos, toreros y novilleros. «Y para veto -aunque sea encubiertoel impuesto por los jerarcas de TVE a Tendido Cero, el estupendo programa taurino que dirige Femando Femández Román, al que se le asigna una franja horaria intolerable: las 0,30 de la madrugada» que, por si fuera poco, es un horario que la programación oficial de la TVE respeta poco y muchas veces los pospone a una hora más tardía para ubicar en su lugar algún partido de balompié-sala cuando no un monótono open de tenis (2003: 5). Esta censura encubierta se hace tanto más insoportable cuanto que proliferan, en los canales estatales y autonómicos, programas dedicados al chismorreo propio del apareamiento nacional. Covadonga Saiz en el artículo "Bilbao hace un siglo (1903)" recrea las condiciones sociales, políticas y económicas del Bilbao emergente, año en que los aficionados a los toros pre - senciaron la despedida, en la plaza de esta ciudad, de Mazzantini. En aquel año la empresa ofreció, nada menos, que 28 funciones en la plaza de Vista Alegre· en las que se lidiaron toros, entre otros, de Muruve, Pablo Romero, Miura y Benjumea
Recensiones .de libros 265 que fueron estoqueados por espadas de tanto renombre como · Quinito, Machaquito, Bombita y Fuentes. Santiago Iriarte escribe una documentáda y sentida crónica de "La plaza de toros de Azpeitia. Cien años de historia (1903-2003)" con la que rinde homenaje a uno de los cosos taurinos más conmovedores que he tenido oportunidad de conocer. En unas décadas en que San Sebastián carecía de plaza de toros, Azpeitia, en cierta manera, asumió la responsabilidad de mantener la fiesta en el centro espiritual de Guipúzcoa, junto a la Loyola de San Ignacio. Se trata de una placita cuya fábrica capaz de albergar cuatro mil espectadores mantiene un fuerte sabor serrano-¡sentado en el tendido el espectador divisa la cumbre de los vecinos montes Arauntza, Erlo, Xoxote, etc.!-. Me viene al recuerdo otra plaza serrana, la de Ronda, ~esde cuyos tendidos también se divisa la sierra y, para nuestra sorpresa, las fachadas de ambas plazas parecen dibujadas por un mismo arquitecto ilustrado y popular. Por algo se le ha llamado, a la placita de Azpeitia, la Maestranza vasca y yo pienso que lo ha sido por la de Ronda que no por la de Sevilla. También recuerdo la sorpresa que me produjo, cuando asistía a mi primera función en Azpeitia, una corrida de Pablo Romero, y al tercer toro, muerto sobre la arena carbonífera de la plaza, antes que lo retiraran las mulillas, se produjo un silencio sepulcral, el público se puso en pie y la banda de Música interpretó un zartziko fúnebre en memoria de un torero que murió, herido par asta de toro, en 1841 sobre este ruedo. Santiago Iriarte, el autor de tan oportuna con - memoración, escribe que se trataba del banderillero vasco José Ventura que iba en la cuadrilla de Zapaterito de Deva. Gaetano Fortín, del Club Taurino de Milán (Italia), escribe sobre la "Emoción" y polemiza con José Bergamín cuando, éste, entendió dicho sentimiento como un movimiento del alma que «empieza allí donde acaba la sensación de riesgo mortal que corre el torero» (2003: 17).
266 Pedro Romero de Salís Una personal interpretación del taurinismo de Valle-Inclán nos la propone Gonzalo Gómez-Guadalupe que investiga por qué Valle llegó a decir que «si nuestro teatro tuviese el temblor de las fiestas de toros, sería magnífico. Si hubiese sabido transportar esa violencia estética sería un teatro heroico como la /liada» (2003: 80). Es conocido el afán rupturista y la búsqueda radical que representa Valle~Inclán en literatura por eso estimo muy interesante que Gómez-Guadalupe se haya percatado que Valle encontraba «lo auténtico en la fiesta de toros» (idem) pues significa una valoración imprevista de la tauromaquia por parte del literato modernista. He leído con cuidado la interesante entrevista que le hace Saiz Valdivielso a Pepe Dominguín y los artículos de Araceli Guillaume y Francis Wolf sobre "El peto hace 75 años" y la comparación entre las tauromaquias de Ojeda y Tomás, "Dos filosofías del aguante", respectivamente. En el mano a mano de Saiz Valdivielso con Pepe Dominguín, titulado "La soledad de los· pensamientos" se dio la triste circunstancia de ser la última entrevista que el matador concedió en vida. Dominguín, cuyo verdadero nombre era José González Lucas, pertenecía al importante linaje de los Dominguín que dio, contando a su padre -el fundador.:__, cuatro matadores. Pepe Dominguín que era, por encima de todo, torero aunque fuera también empresario y apoderado, poseía una personalidad rica, polifacética y artística que desbordando el marco del ejercicio del toreo lo impulsó a ejercer de acuarelista y escritor. Saiz Valdivieso destaca, por ejemplo, sus memorias familiares Mi gente y su libro Rojo y oro. Muy interesante es el artículo de Araceli Guillaume-Alonso sobre el origen francés del peto que protegen a los caballos de los picadores. Sabíamos que, en España, era el resultado de las transformaciones que el general Primo de Rivera, jefe absoluto del gobierno de Alfonso XIII, había impuesto al desarrollo de la fiesta por medio de la publiCación de una Real Orden de 13 de junio
Recensiones de libros 26 7 de 1928 por la que hacía obligatorio el uso del peto en todas las plazas de España, suprimía el uso de banderillas de fuego y -¡cómo no!- prohibía las capeas en todo el territorio nacional. Ya .hemos tenido ocasión de constatar en otros momentos hasta qué punto la administración totalitaria del Estado abomina de estas fiestas donde el protagonismo es colectivo y la responsabilidad no está individualizada. Sin embargo, lo original del ensayo de Guillaume-Alonso es plantear que la cuestión del peto históricamente fue «tin asunto francés antes de ser español» (2003: 22). Eri Francia, la defensa de los animales, fue un principio que se afirmó en la sociedad y procedía de la moderna sensibilidad revolucionaria. Bajo el imperio de Napoleón III que casó con Eugenia de Montijo, las corridas de toros tuvieron un éxito y un desarrollo enorme en Francia: baste recordar que en el Bois de Boulogne de París, y a finales del siglo XIX, se construyó una plaza de toros para 20.000 espectadores que estuvo dotada con una cúpula de cristal movible para proteger el ruedo de la lluvia. La emperatriz muy aficionada a las fiestas de toros impulsó la celebración de corridas a la española, es decir, corridas de muerte. Comq recuerda la Dra. Guillaume, los franceses aceptaron las banderillas e, incluso, la suerte suprema, pero su sensibilidad no soporta ba el espectáculo de la muerte de los caballos destripados por los toros. Así que, en el curso del último tercio del siglo XIX ya se empezaron en Francia a experimentar petos con los que proteger a lós caballos de los picadores. Araceli Guillaume documenta que en 1897 se utilizaron petos metálicos y en 1925, el proveedor de · caballos de la plaza de Nimes conoció a un fabricante de hombreras que le hizo ver cómo las que habían sido fabricadas con varias capas de guata era imposible atravesarlas de una cuchillada. La historiadora y célebre analista taurina precisa que el encargado de la cuadra de Nimes «decidió fabricar los petos de la misma manera aunque muy pronto sustituyó la guata por algodón hidrófilo» (2003: 23). El artículo prosigue exponiendo los avatares, las opo-
268 Pedro Romero de Salís siciones, los apoyos que recibió en España este modelo de peto y cómo, a la postre, terminó por t;iunfar y proteger, en adelante, a todos los lamentables jamelgos que han montado los picadores a lo largo de su interminable y desesperante decadencia. Finalmente quiero hacer mención del trabajo del filósofo Francis Wolf, un asiduo espectador de las ferias de agosto de Bilbao, en el que hace una inspirada comparación entre las tauromaquias de Ojeda y Tomás bajo el concepto de «la filosofía del aguante» y parte de una manque que padecen los aficionados de Bilbao y es que ni Ojeda, ni Tomás -por otra parte, los dos toreros predilectos del filósofohan logrado realizar una gran faena en Bilbao. Wolf en su artículo pretende, a partir de la construcción de una apología de Ojeda y Tomás, hacerlos entrar, aunque de una forma modesta, en la afición bilbaína que se ha mantenido cerrada precisamente por la ausencia de las faenas redondas que los hubieran acreditado. Frente a toreos de reconocimiento indiscutible y de dominio mantenido a lo largo de temporadas -por ejemplo, Camino, Espartaco, Ponce, El Juli, etc.- que han conquistado todas las ferias y todas las plazas, existe otro tipo de toreros que lejos de triunfar en la mayoría de las plazas parecen inchnarse sólo por algunas y, sin ambición de triunfar año tras año, dibujan unas trayectorias inseguras, interruptas y se caracterizan por retiradas imprevisibles. Entre estos últimos toreros coloca Wolf a los que en este artículo le interesan: Ojeda y T9más. Un detalle que los une es que los dos tienen «el núcleo de su poder en Andalucía» pues las plazas más importantes de esa región se le han entregado: Sevilla, Málaga, El Puerto de Santa María, Ronda Y, sin embargo, ambos, tienen su plaza más importante «en el exilio»: Ojeda en Nimes y Tomás en Barcelona. Su dedicación a esas plazas han sido tan intensas que bien puede decirse que las ha redimido: Wolf precisa cómo Nlmes se convierte en una plaza importante con Ojeda y Barcelona recobra su categoría después de siete salidas consecu-
Recensiones de libros 269 tivas de Tomás a hombros (2003: 55). Pero el denominador común que aproximan esencialmente a Ojeda y a Tomás es el aguante, un concepto que Wolf construye con esmero y que reúne la colocación del torero delante del toro y su inmovilidad ante la embestida del animal. Pero Wolf distingue perfectamente que si ésta es la cualidad que los une, sin embargo, la modalidad de aguante en cada uno es radicalmente diferente pero para explicarlo ensaya una interesante exposición de su significado que aplica a distintos toreros de diferentes épocas. Sostiene, finalmente, que hay dos arquetipos de aguante y que, precisamente, Ojeda y Tomás son sus más preclaros representantes modernos: uno, Ojeda, es barroco y es el resultado del «triunfo absoluto de la voluntad» (2003: 63) y el. otro, Tomás, es clásico y representaría «la serenidad suprema del sabio» (2003: 65). Wolf finalmente llega a la conclusión de que «la emoción que se deriva del toreo de Ojeda es una emoción épica, la de las victorias, la exaltación del poder supremo, la embriaguez de las transgresiones». Muy al contrario, Tomás «no es un héroe épico, es un héroe trágico: la emoción que se desprende de su toreo está informada de temor y de piedad (Aristóteles: Poética) impulsada por el sentimiento obsesivo de la presencia del Destino» (2003: ídem). La cuidada composición de Clarín Taurino. Revista Cultural de la Fiesta de Toros incorpora casi 90 ilustraciones en. blanco y negro y en color siendo de todo punto imprescindible destacar que si todos los artículos están publicados en castellano, los escritos en otro idioma aparecen también en su versión original: en vasco el de Santiago Iriarte y en francés el de Francis Wolf. Pedro Romero de Solís Fundación de Estudios Taurinos