Full text
UN IVERSIDAD DE SE VILLA
FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
Departamento de Historia Medieva l y Ci encias y Técnicas Historiog ráficas
SIMBOLOGÍA DE LAS FILIGRANAS PAPELERAS DE LOS INCUNABLES
DE LA BIBLIOTECA UNIVERSITARIA DE SEVILLA
TESIS DOCTO RAL
POR
José Luis Nu evo Ábalos
Bajo la direcci ón del doctor :
D. Manuel R omero Tallafig o
Sevilla, 2015
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SIMBOLO GÍA DE LAS FIL IGRANAS PAPEL ERAS DE LOS INCUNABLES
DE LA BIBLIO TECA UNIVER SITARIA DE SEVIL LA
TESIS DOCTO RAL
José Luis Nuevo Ábalo s
DIRECTOR: D R. D. MANUEL ROMERO TALLAF IGO
Departamen to de Historia Medieval y Ciencias y Té cnicas Historiográfi cas
FACULTAD DE FI LOSOFÍA Y LETRAS
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
2015
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4
Resuena bajo la n oche plen a
del agua la música monóto na,
y tú sola presides el tiempo .
Celestino Primitivo
A Pepa Córd oba Torres
y a mis hijos María y Pepe.
5
Agradecim ientos
Al Dr. Manuel Romero Tallafi go, po r dirigirme la tesis, por su inestim able ayuda, su co ntinu o
aliento y su confian za.
A to da m i familia, en especial a Pepa Córdoba, por su entusiasmo y tolerancia desmedida, a
mis hijos, María y Pepe, po r su cariño incondici onal, y a mi madre y a mi padre, r.i.p.,
A Gabriel Muñoz Rí os, por su inestimable apo yo y favor ante la adversidad en el infinito mund o
de la informáti ca.
A P epe Solís de los Santos, amigo y colega en las lenguas clásicas, por su ánimo, sugerencias e
información d e libros
Al Eduardo Peñalver Gó mez por sus atenci ones biblio gráficas.
Al personal d e las Bibliotec as de la Universidad de Sev illa, por su solici t ud y amab ilidad.
A mis alumn os del Institut o, futuros inves tigadores y c onstructores del pasad o históric o.
A todas las personas anónimas que directa o indirecta mente han contribuido para la
realización de este trabajo.
A todos, muchas gra cias.
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7
SUMARIO
Proemio… … ……………………… ………………………………… ………………………………… …………..………… …… 8
1. Objetivos, criterios meto dológicos, bibli ografía y we bgrafía de la inv estigación ………… . 11
2. El cosm os de la filigrana papelera: la Bibli oteca Univ ersitaria de Se villa y los libros
incunables… ……………………………… … …………… ………………………………… ………………………………….. 25
3. El microc osmos de la filigrana papelera: el papel, la s marcas y los sí mbolos .............. ... 67
4. Interpretaci ón simbólica de las filigranas pap eleras de los incunables de la B.U. de
Sevilla……… ………………………………… ……………………………………… …………………………… ……………… 116
5. Conclusiones ………………………… …………………………… ……………………………………… ……………… . 22 1
Apéndic es…………… ……………………… ……………………… …………………………… ………………………… … .. 225
Cronología históric a………… …………… ………………………………… ……………… ……………………………. . 650
Glosario……… ………… ……………………… ………………………………… ………………… ………………………… .. 653
Siglas y abrevia turas…………… ………………… …………………………… ……………………… …………………. 657
Bibliografía y webgrafía… …………… ……………………… …………………………… …………………………… . 669
Referencias de las ilustraci ones, gráficas y mapas…… …………… ………………………… . ……………. 661
Índice general… ………… ……………… …… …… ……………………………… …………………… …………………….684
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PROEMIO
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Si la finalidad de cualquier invest igaci ón científico -humanística ante el planteamien to
inicial de un a tesis es busc ar y rastrea, per seguir, des cubrir y consegu ir las hu ellas, vestigia , y
las señales que dejan lo s hechos humanos, vestigia humanorum rerum , para responder a la
pregunta inicial, initii inter rogatio , que se hace el investigador, esa cuestión primera que nos
hacíamos hace unos años, cuando nos propusimos realizar este trabajo de investigaci ón, no
era otra que ¿qué signifi cado simbólic o, -ocult o, rel igioso, trascend ente, meta físico -, te nían
para las gentes del siglo XV un as marcas de molin os de papel, o dibujos vis tos al trasluz, a las
que llamamos “ filigranas ”, que aparecen en los viejos y manoseados pliegos de los antiguos
libros incunables de la Bibli oteca Universitari a de Sevilla?
El ser humano, en general, al alejarse del pasado pierde la dimensión histórica del ayer
y cree, cual un niño inocente de la esc uela, que el pre sente ha sido sie mpre así, como es hoy,
sin ayer y sólo mañana, y p iensa, porque así lo ha aprendido de sus m aestr os, que la luna es el
“único satélite natural de la Tierra, que se ve ilumina do por el Sol ” y que un bu ey es un “toro
castrado, que se emplea, com o animal de tiro, especialment e para las carretas y para tirar del
arado, y para carne”, en fi n, cree q ue la s cosas o ser es sólo tienen ese signifi cado denotativo,
que le han enseñad o los libros de texto, y a veces, sin saberlo en el jue go fortuito de las
palabras de la propia vida, ha descubierto que lo s v ocablos poseen otro sig nificado, el
connotativo, así estar en l a luna , sign ifica “estar distraí do, desorientad o o ignorante de cierta
cosa”, o bien que el buey suelto bien se lame , se r efiere a que “ la libertad del individuo es
placentera y agrad able”.
La Naturaleza en nuestro hoy ha perdido su esencia de sacralidad, sobre todo como
consecuencia de las ciencias experi mentales, de ahí que las palabras que nombran la luna o el
buey, se hayan v aciad o de su significado trascendente sagrado, que les hacía simbolizar para
un cristiano de finales de la Edad Media, otras significaciones religiosas, así la luna
representaba la Iglesia o la resurrección de Crist o, en tanto que el buey, simbolizaba a Cristo o
al predicador del evangeli o. “Los modern os -afir maba Mircea Eliade- somos incapaces d e
comprender lo sagrado en sus relaciones con la Materia; todo lo más podemos tener un a
experiencia “estética ”, y l o m ás fre cuente es conoc er la M ateria en tanto que “ fenó meno
natural”
1
.
De ahí que est a tesis se haya plan teado d escubrir esa esencia trascendent e que tienen
los símbolos de las filigranas pap eleras, y en ello hem os puesto to do nuest ro empeño y
trabajo, recurriendo a las e xplicaciones que sobre tales símbolos han dado, dentro del ámbit o
de nuestro mundo occide ntal, filósofos, religiosos, historiad ores o eruditos tanto del pasad o
greco-ro mano, como del mediev o y nuestra edad contemp oránea, si bien para llegar a
razonarlo y conseguirl o, hem os tenido qu e ir quemand o muchas preguntas que se nos han
planteado a lo largo de nue stro tiempo de e studio.
Esta tesis doct oral, pues, se basa en el estudio de 584 filigran as papeler as d e 150
incunables de la Biblioteca Universitaria de Sevilla con el fin, como decimos, de demostrar l a
significación si mbólica de l as mismas.
1
ELIADE, M ., Herreros y alqui mistas , Madrid, Alianza, 1983, 126.
2
NUEVO ÁBALOS, J.L., “ Intentos po r estancar el p apel blan co en la car rera de indias. Una con tribución a
la historia del papel en la época de los Au strias”, Anuario de estudio s Latinoa mericanos , 27, 1994,49-58.
Régimen jurídico y p rogreso papelero en España y en Indias , 1580-1791, Carmona, S. & C. Ediciones,
16
1,1: Filigrana de la cabez a del buey c on corona.
360 : refiér ese al número de fil igrana en la col ección.
iUS : refiérese el acróstic o al fo ndo bibli ográfico: incunables de la Universida d de
Sevilla.
102 : refiér ese al número del lib ro, según el catálogo de la Bibli oteca Universitaria .
AII : refiér ese el tomo, la sig natura o foliación del incun able, donde se ubica la filigrana
en el propio libr o.
2 : refiér ese al número d e filigran a localizada en el lib ro.
En segundo lugar, entre lo s muchos sistemas de copia de las filigranas (cal co, frota do
con lápiz, esc aneado, fotografía por transparencia o por co ntacto, radiografía beta, por
emisión de el ectrones, etc. ) hemos optado p or el sistema tradicional de calc o, por ser este el
sistema tradicional de rec ogida de filigranas y porque ofrece las ventajas de su fácil ejecución,
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su bajo coste económico y ser a escala 1:1, no obstan te su inconveniente principal es que, si
estudiamos la filigrana desde un punto de vista papel ero, no simbóli co, pu ede dar lugar a un a
interpretaci ón subjetiva de la figura representada, sobre to do cuando l a filigrana y la verjura
no son nítidas
6
.
Así pues, siguiendo el sis tema de reproducci ón por calco, hemos pr ocedido de la
siguiente manera:
1º. Hemos utilizado un aparato de luz casero (Imag en, 1,2) ideado hace ya u nos años
por doña M aría del Car men Hid algo Brinquis, que resulta m uy e ficaz y c ómodo de manipular,
cuya realización es muy fácil. Consiste en un soporte en forma de bisel (nº 5) formado por l a
unión de una placa de chapón fino (nº 2) y una placa traslúcida de m etacrilat o (nº 3), en cuya
parte contraria c olocamos una placa de madera de u nos 15 cm de alto (nº 1), de modo que n os
permita instalar en el interior del bisel una lámpara de luz fría (nº 4), de la que penderá un
cable largo qu e conectamo s a la corriente eléct rica
7
.
1,2: Esque ma de placa de luz par a el calco de fil igranas (según Balmace da Abrate) .
2º. So bre el aparato de luz ideado hemos colocado la m ayoría de las veces una hoja de
papel vegetal, otras una hoja de pap el de seda, según la d ificultad de la copia, para realizar el
calco.
3º. Hemos hecho la copia con lápiz de mina de grafit o con un grosor de 0.3/0.5 mm.,
según la c om plejid ad y las d imensiones de la filig rana.
6
Para conocer las venta jas e incon venientes de los si stemas moderno s de copia de las filigranas : AA.
VV., Cab eza de Buey y Siren a , Valencia, 2011, 86-92. DÍAZ DE MIRANDA, Mª D. y H ERRERO, A. M.,
“Propuesta d e estudio…”, 1 35 -48.
7
BALMACEDA A BRATE, J.C., Filigrana s. Propuesta para su reprodu cción , Málaga, Publicacione s d e la
Universidad, 2001, 61 -5. DÍAZ DE MIRANDA, Mª D. y HER RERO, A. M., E l papel en los archivos , Gijón,
Trea, 2009, 90- 3. HIDALGO BRINQUIS, Mª del C., “Sis temas tra dicionale s en la reprod ucción de
filigranas”, Act. I Co ngr. Nac. Hist. Pap. E sp ., Madrid -Capellades (Barc elona), 1995, 348-5 3.
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4º. Finalmente, para repasar la filigrana ya o btenida en papel vegetal, hemos utili zado
una pluma con tinta perman ente capilar de tipo Rotring de punta 0.6/0.4 mm para el dib ujo de
la filigrana, y d e 0.4/0.3 m m para los corondele s y los pun tizones
8
.
Así pues, hemos dibujado la figura de la filigran a, l a mayoría de las v eces con sus
respectiv os c oro ndel es a izquierda y a dere cha, o tras, las menos, o mitim os uno, o l os d os
corondeles, en otros casos dibujamos también un co rondel portador de la marca de agua en el
centro de la misma. Lo s puntizones no los trazamos, por estimar que no so n necesari os para
este estudio sim bólic o. P or otra parte, utiliza mos el punteado en el dibu jo d e la filigran a
siempre que no s encontramos con un a posible reconstrucción de la mis ma, o bien porque se
trate de reproducir el lomo del libro en los papeles de ta mañ o f olio con disp osición apaisada o
4º, o bien, por el contrari o, quiere significar el borde o margen de la h oja de pape l.
Realizado todo e ste laborioso proceso de trabaj o de calco , numeración, etc., pasam os
al escaneo de cada filigrana, para realizar fi nalmente el expurgo de to dos aquellos símbolo s
que sean idénti cos, gemel os, similares, convergentes o aparentes dentro de un mis mo libro.
Una v ez copiados todos los símbolos de las filig ranas y, descartadas las que
consideram os irrele vantes p ara esta tesis , hemos elaborado en pri mer lugar el Corpus de
ilustraciones de filigrana s por motivos simbólic os (Ap énd.: 3) de los incunab les sevillano s, par a
cuya elabo ración hemos tenido en cuenta algunos criterios de agrupación de filigranas de
investigad ores relevant es que nos han precedido en esta disciplina, así por temas, como p or
document os, po r orden cron ológico, por siglos, por países, por orden alfabético, etc.
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Después,
basándonos en és te hemos construido otros difer entes corpus como:
- Corpus de ilus traciones de fil igranas por incuna ble (Apénd.: 4).
- Corpus de ilustraciones de filigrana s por países y ciudades de impresión (Apén d.:
5).
- Corpus de ilustraciones de filigranas por impresores, países , y ciudades de
impresión (Ap énd.: 6).
- Corpus de ilus traciones de fil igranas por contenido temático (Apénd .: 7).
- Corpus de ilus traciones de f iligranas por fo rmato (Apénd.: 8).
Igualmente hem os elab orado una sucinta Cr onología histórica, que ti ene en cue nta los
acontecimient os que hemos consid erado m ás relevantes tanto de la histo ria del papel y de la
imprenta, como de la cultura y la política desde la in vención del papel en Chi na hasta finales
del siglo XV, de suerte que nos ayude a comprender la relevancia de los hechos trascendentes
que se exponen. Por últim o, hemos tamb ién trabajado una S inopsis biográfica de los autores
de los incunab les (Apénd.: 11), con el fin de que podamos dilucidar quiénes eran los esc ri to res,
8
BALMACEDA AB RATE, J.C., Fi ligranas …, 6 1 -5. DÍAZ DE MIR ANDA, Mª D. y HERRERO, A. M., El papel… ,
90 - 3. HIDAL GO BRINQ UIS , Mª del C., “Sistemas tra diciona les…”, 412 - 8. SÁNCHE Z REAL, J., “ Criterios a
seguir...”, 361 -7 1.
9
BOFARULL Y S ANS, F. de A. , Los anima les en las m arcas d e papel , Villanueva y Geltrú (Barcelona), Oliva,
1910. BRIQUET, Ch. M., Les Filigranes. Dictionaire h i storique des marque s d u papier de s leur a pparition
ver 12 82 ju squ´en 1600 , Hilde sheim, Georg Olm s, 19 77, I, 1 6-7. DÍAZ DE MIRAN DA, M ª D. y HERRERO, A.
M., “E l Corpus de Filigranas Hispánica s : u n proyec to online” , Boletín CAHIP 9-10, 2011, 1 -6. LEÓN , R.,
Papeles sobre e l papel , Málaga, Publicacion es de la Unive rsid ad, 1997, 80 - 1.
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pensadores, religiosos, etc…, que durante las primeras décadas del arte tipográfico tuvieron la
suerte de ver i mpresas sus obras para bien del c onocimient o y la sapien cia huma na.
1.3. B ibliog rafía y webgr afía.
Muy abundante ha sido la bibliografía como la webgr afía que hemos consultad o para
llevar a cabo u n trab ajo de tesis de e stas cara cterísticas, como el que he mos pretendid o
realizar para, valga la me táfora, atracar en buen puert o.
La primera delimi tación bibli ográfica del trabaj o nos la ha marcado, lo que hemos
venido en denominar, el cosmos de los propios lib ros incunables de la Biblioteca Universitari a
de Sevilla , para cuyo c onocimient o hemos debi do consultar las in vestigaciones específica s
sobre el origen, la historia y lo s fondos de dicha biblioteca hispalens e, llevado s a cabo por obra
de sus celosos directores o estudiosos (Rocío Caracuel Moyano, Juan Tam ayo y Francisco, Julia
Ysasi-Ysamendi, etc.) o in vestigadores d e sus lib ros (José Sánch ez Herrer o, An tonio Claret
García, etc.).
Por otra parte, ha sido imprescind ible co noc er igualmente las monografías y estudios
sobre la histori a y las características externas e internas del libro antiguo, desde el manual
tradicional so bre la Historia del libro (1 ª ed. en danés 1927; 1ª ed. en castellano, Alianza,
1972), d el eximi o biblióf ilo danés, Svend Dahl (18 87 - 1963) y la consumad a obra de
Introducció n a la historia del libro y de las biblioteca s (1 971), del eminente humanista y
bibliógrafo canari o Agustín Millar es Carlo (189 3 -1978) entre otros libr os sobre el tema, hasta el
didáctico e imprescind ible manual sobre El libro antiguo (2003) por los profesore s e
investigad ores Manuel J. Pedraza, Yo landa Clem ente y Fermín de los Reyes, o bien, sobre el
libro del siglo XV, el Manu al de incunables (1ª ed . en alemán, Reich ert, 1978; 1ª ed. en
castellano, Arco Libr os, 1998), del bibliotec ario alemán e historiad or del libro, Fer dinand
Geldner (19 02 -19 89), o la magnífica Historia de la imprenta en Europa ( 1ª ed. en inglés ,
Academic Press, 1976; 1ª ed. castellana Ollero & Ramos, 1998) por el historia dor inglés de la
imprenta, Colin Clair, entre otros libros y artículos man ejados y leíd os.
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1.3: Agustí n Millar es Carlo (1893-1978), pal eógrafo y bibliógrafo c anario.
Como no hay historia particular, sin his toria general, también h emos tenido que
consultar, entre otros libr os, para bosquejar el co ntext o hist órico político-cultural del mund o
del libro y del papel, ensayo s históric os o historias de l siglo XV, como el esclarecedor y lúcid o
ensayo La revolución de la imprenta en la Edad Moderna europea (1ª ed. en inglés, Cambridg e
University Press, 1983; 1ª ed. en castellan o, Akal, 1994), d e Elisab eth Eisenstei n (1923), o bien
La Europa del r enacimient o, 1 480-1520 (1973) del histo riad or inglés John Rigby Hale (1923 -
1999)
La segunda delimitación bibliográfi ca la ha trazado la ese ncia m isma del trabajo de
tesis, el micr ocosmos d e la filigran a como sí mbolo portador d e una sign ificación
transcendent e, tema de estudio, ya de la disciplina filigranológica, ya de la disciplina simbólica.
Respecto a la filigran ología nos hemos adentrado en los estud ios del papel como soporte,
fabricación, invención, historia, rutas, etc., temas abo rdados, entre otros trabajos de
investigación, por el antiqu ísimo manual de el A rte d e hacer el papel (17 78), del enciclopedis ta
francés José Lalande (1734-1807), o bien, entre otros manuales, por el compend ioso estudi o
de los Papiers et moulin s: des origines a no s jours (1997), de Mari e-Ange Doizy y Pascal
Fulacher, para a poster iori concentrarnos únicament e en lo s estudios que analizan la historia
de la filigran olo gía, desde las v aliosas aportaciones de los autores españoles, como entre otros
artículos del polifacé tico investigador José Sánchez Real (1918 - 2008) , “El papel en los
incunables tarraconens es” (1977), o bien el libro recopilatori o de estudio s sobre el te ma
papelero, Papeles sobre papel (1997), de Raf ael León P ortillo (1931-2011), o bie n entre la muy
extensa bibli ografía de Mª del Carm en Hidalgo Brinquis, “Filig ranas papeleras” ( 1992), o bien el
libro las Filigran as: p ropue sta para su reproducció n ( 2001), del investig ador hispano-argentin o
José Ca rlos Balmaceda Abrate, o bien por mencio nar algún trabajo inves tigador entre su
extensa nómina de es tudios de Mª Dolores Díaz de Miranda, aquella in vestigación que versa ,
en particular , sobre la filigrana de los incun ables, como “La imprenta y el papel a trav és d e lo s
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incun ables montserratin os” (200 6) hasta la tradu cción d el ensayo, “ El papel y la s filigranas de
los incunables im presos en España a través de lo s diversos ejemplares conservados en las
bibliotecas del mundo” (2007), del bibliotecari o holan dés Gerard van Thien en , e ntre otros.
1,4: José Sánc hez Re al (1918-2008), químic o, profeso r y eminente estudioso del p apel y sus f iligranas.
Igualmente hemos consult ado para definir, contrastar o incluir una filigran a particular
en un grupo temático concreto la extensa red de catál ogos de filigranas existente en internet a
través del proyecto Bernstein, cuya página en internet www. mem oryofp aper.eu , perm ite el
acceso a infinidad de corpus de filigranas digitalizadas, antaño impresas en ediciones en papel
muy restringidas y de difícil acceso, ah ora por suerte accesibles a cualquier investigador desde
cualquier lu gar del m undo a través de esta p ágina. As í pues, por poner un ejem plo, podemo s
encontrar digitalizadas desde las filigranas del imprescindible y útil Diction naire histor ique des
marques du papier (1º ed. 1923) de Ch. -M. Briquet (1 839-1908), hasta las Waterma rks in
incuna bula printed in Españ a , investigado por el r eferido Gerard van Thienen.
Por otra part e, respect o a lo s sí mbolos, si bien éstos confluyen en el universalismo de
sus significados, no obsta nte cada cultura o pueblo los relaciona con una divinidad o m ito
concreto o les asigna unos atributos particulares, de s uerte que, para afrontar la filigrana com o
señal trascendente, hemos partido en el análisis de su signif icación simbólica en la Antigüedad
greco-ro mana, para centrarnos finalmente en la concepción cristiano medieval de la m isma ,
omitiendo en ello las posibles significaciones simbólicas del mundo egipci o, de las cultura s
orientales de la India o la China, las africanas o precolombinas de Améric a, entre otras. No
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obstante, si se hiciere refer encia a alguna de ellas, ella será de manera exclusiva mente puntual
o marginal.
Así pues, hemos iniciado el estudio de cada símbolo mencionando en primer lugar el
vocablo del mismo en la s lenguas de nuestro ent orno cultural (alemán, fran cés, in glés ,
italiano, portugués, catalán y eusquera), aludiendo en un principio a la idea que del m ism o
presenta nuestro distinguido lexicógrafo castellan o, Sebastián de Covarrubias (1539 -1613) en
su Tesoro de la lengua castellana o española (16 11), o bien lo anunciado en nuestro primer
diccionario de la lengua de la Real Academia Española (RAE), el Diccionario de Autoridades
(1726-1739), para luego referir las noticias que sobre este u otro símbolo nos proporci ona en
el pasado greco-romano el filó sofo Aristóteles (384 a.C. -322 a.C.) en Investiga ción sobre los
animales , o el naturalista Plinio el Viejo (23-79) en Histor ia Natu ral, u otros aut ores antiguos,
para luego centrarnos en la opinión de la Biblia o los pensadores cris tianos, com o san Agustín
(354-430) en su De doc trina cristiana, o san Isidoro d e Sevilla (556-639) en sus Etimologías , o
bien otros autores de la Edad Media, como el li turgista francés Guiliel mus Duranti (1237 -1296)
en Rationale divinorum offic iorum, o el hagiógrafo Santiag o de la Vorágine (ca.1 228 -1298) en
La leyen da dorad a , o los i maginativos y moralizant es Bestiarios m edievales , como El Fi siólogo
(ca.s.II-IV), atribu ido a san Epi fanio, o El Bestiario To scano (s.XIII), entre otros.
1.5: Portada del Tesoro de l a lengua c astel lana , de Sebasti án de Covarrubi a s (1539-1613). Bi bliot eca Nacional d e España.
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Respecto a las referencias de los simbolistas modernos, cuya nómina es extensísi ma,
hemos co nsultad o entre otros in vestigadores e historiadores, las obras de l os estudi osos
contemporáne os del símbolo franceses del siglo pasado como el L´Art religieux du XIIIe siècle
en France (1 º ed. francesa, 18 99; 1º ed. española, Encuen tro, 2001), del afamad o historiador
de arte, Emile Mâle (1862-1954), o la Iconografia del arte cristiano (1º ed francesa P resse s -
Universitares de France, 1955-59; 1º ed. castellana, Ediciones del Serbal, 2000) del ico nógrafo
e historiador del arte francés Louis Rèau (188 1 -1961 ), o el Dictionnaire des simboles (1º ed.
francesa, Éditions Robert Laffo nt, 1969 ; 1 º ed. esp añola, Herder, 1989), co -escrito por el
filósofo y teólogo francés, Jean Chevalier (1906-1993) , co n el poeta y explorador francés de la
Amazonía Alain Gheerbra nt (1920 -201 3), así como o tras o bras m ás actual es, como los
Atributos y sí mbolos en el arte pr ofano (1ª ed. francesa, Librairie E. Droz, 1958; 1ª ed .
castellana, Ediciones del Serbal, 2002) del investig ador belga, Guy de Tervaren, o El símbolo
sagrado (1ª ed. francesa, J aca Book, 2008. 1ª ed. castellana, Kairós, 2013) por el reconocido
teólogo belga e historiad or de las religiones Julien Ries, o Una historia simbólica de la Edad
Media occid ental (Katz, 20 06), por el hist oriador medi eval, Michel Pa stoureau.
Tampoco hemos pasad o por alto las ideas de otros sim bolistas euro peos relevantes ,
caso de la obra, entre otras, del filó sofo rumano e historiad or de las religione s Mircea Eliad e
(1907-1986), Imágene s y símbolos (1ª ed. france sa, Gallimard , 1955; 1ª ed castellana,
Santillana, 1955), o bien el caso de l os alemanes, el ensayista e historiador d el arte, Erwin
Panofsky (189 2-1968), entre sus obras, Renacimiento y renacimientos en el arte occidental (1 ª
ed. en alemán, Al mquist & Wiksell, 1960; 1ª ed. cast ellano, Alian za, 19 75), o el historiad or de
los sím bolos, Manfred Lurker (1928 -1990) con su obra, entre otras, El mensaje de los símbolos.
Mitos, culturas y religiones (1ª ed. alem ana, Kösel-Verlag Gm bH & Co., 199 0; 1ª ed. castellana ,
Herder, 1992), o el profesor de la Universidad de Graz (Austri a), Hans Biederman n, Diccion ario
de símbolos (1ª ed. alemana, Droemer Knaur, 1989; 1ª ed. castellan a 1993) o de los sajones,
Harold Bayley, The Lost Language of Simbolism (1ª ed. inglesa, 191 2), o George Ferguson,
Signos y símbol os en el arte cristiano (1ª ed. cast ellana, Emecé 1956).
24
1,6: El dist inguido fi lósofo rumano e historiador de las religione s Mircea Eliade (1907-1986).
De los simbolistas italian os mencionare mos cómo no, al filósofo y semiólog o U mberto
Eco, su o bra Arte y bellez a en la estética medieval (1º ed. italiana 1987; 1º ed castellana,
Lumen, 1997), o la in vestig adora Lucía Impellu so, con La naturaleza y sus símbolos: flores,
plantas, flores y animales (2003), y, por último, de los españoles, no podemos dejar de citar,
entre otros, obligatoriame nte al poeta y simbolista Ju an Eduardo Cirlot (1916 -1973), con su
prestigioso y reconocid o, Diccionario de los sím bolos (1ª ed. 19 69), o al antropó log o e
historiador, Xosé Ram ón Mariño Ferro, El simbolis mo animal: creencias y sig nificados en la
cultura occidental (1 ª ed., Encuentro, 1996), o al emin ente historiador del arte y simbolista,
Santiago Sebastián López (1931 -19 95), Mensaje simbólico del arte medieval : Arquitectura,
Liturgia e Ico nografía (1º ed ., Encuentro, 1996), entre otr os estudiosos del símbol o.
Para finaliz ar, hacer consta r que no sólo nos he mos valido de páginas de interne t para
el estudio de las filigranas, como las reflejadas arrib a, o bien de los autores d e incunab les,
como por ejemplo la página de la Biblioteca del Co ngr eso de los EE .UU., entre o tras m uchas, o
bien del análisis de algún símbol o particular, págin as que reflejamos en la webgrafí a, sino qu e
también para la elaborac ión de gráficas, líneas d el tiempo o mapas hemos utilizad o la
formidable herramienta www.highcharts.com , sin la que éstas no hubieran sid o tan precisas,
como útiles y ne cesarias.
25
2. El cosmos de la filigrana papeler a: la Biblioteca Univer sitaria de Sevill a
y los lib ros incunable s.
“Ver y co nte mplar no son lo mismo: la
visión se detiene en la superficie, la
contemplaci ón, en cambio, ahonda”.
Manfred Lurker
32
Si bien desde el punto de vista de las relaciones internacionales se puede consi derar a
Europa como un mundo cerrado y propio, no o bsta nte, existían organizaciones políticas tan
dispares co mo una Repú blica en Fl orencia; una monarq uía din ástica en Fran cia, la de los
Valois; una monarquía co mpartida en España, la de los Reyes Católicos ; una mo narquía de
dinastía nueva en Inglate rra, la de los Tud or; y una combinación de pod eres federal es y
monárquicos en el Imperi o alemán. Durante este periodo se produjeron num erosas guerras
(Guerra de los Cien Años, 1337-1453, Guerra de las Dos Rosas, 1 455-1485, Guerra de Granada,
1492, etc.) que propiciaron escasos cambi os en materia de prosperidad, fro nteras o regímenes
políticos. Los límites de jurisdicción de un país podían fluctuar por razón de la herencia, los
matrimonios din ásticos o la fortuna de la guerra.
2,3: Los Estado s europe os en el siglo XV.
A despecho de las guerras, de los brotes de peste y de las penurias locales, fueron
tiempos de callada pr osperid ad general. Desde el pu nto de vista comercial, Europa constituía
aún una unidad autónoma con áreas que se abastecía n las unas a las otras en términos m ás o
menos iguales. El centro de gravedad de la vida finan ciera e industrial de Euro pa continuaba
siendo el sur d e los Países Bajos y el n orte de Francia, Alemania meridional e Italia
septentrional. El Rin continu aba siendo el río más laborioso del continente
En la civilización europea toda la vida secular estaba permeada por la o bserv ancia
cristiana, de tal manera qu e los europ eos estaban condicionados a ver y a pensar en términ os
de cristianism o. Bautismo , co nfesión, matrimoni o, extremaunci ón, todo ello d elata que la
práctica de la relig ión estab a profundam ente enraizada com o un hábito social
22
.
22
BALLE STEROS- GAIBROIS, M. y ALBORG E SCARTÍ, J.L., Hist oria Universal . Desde el siglo XIII , Madrid,
Gredos, 1973, II, 101 -7, 1 16-42. H ALE, J.R., La E uropa d el Renac imiento, 1480 - 1520 , M adrid, Siglo XXI,
33
En este context o histórico nace la imprenta en 1450 en M aguncia bajo el auspicio de
Gutenberg (ca.1394-1469), de allí se expande rápidament e po r toda Alemania, luego se instala
en 1 462 en Italia, para lleg ar a P arís en 1470 y a Sevilla en 1477. El arte tipográfico fue el único
factor de ca mbio en Europa, que alteró los métodos de recopilaci ón de d atos, l os sistemas de
su almacenamiento y su recuperaci ón, las redes de comunicación y c onsumo de los textos,
usadas por las co munidade s letradas de todo el continente, de suerte que la imprenta fue una
condición pre via para el desarroll o de la ciencia y de la erud ición modernas. Asimis mo el ar te
tipográfic o frenó el cambio lingüístico de las lenguas vulgares, las enriq ueció y las estandarizó y
abrió el camino para la purificación y codificaci ón de las m ás important es lengu as europeas,
contribuyó a la preserva ción de la documentaci ón al hacerla pública. Por último, la imprenta
también fue un instrum ento de propagan da de los Estados nacientes, así com o de la Iglesi a
para facilitar su actividad b urocrática, ide ológica y ritu al
23
.
Los impresor es se constituyeron en una clase errante e influyente en la población,
donde ubicaran su taller, taller que frecuentaban, para llevar a cabo la edición de sus libr os,
clérigos, maestros y oficiales de taller, artistas, intelectuales humanistas, políticos,
prestamistas, copistas , etc., de mo do que el taller se co nvirtió en una suerte de academia
cosmopolita d e la divulga ción del sab er, ocupand o el lugar del monasteri o en la cul tura
amanuense de la Edad Media. Los primeros hu manistas, de Petrarca (13 04 -1374) a Valla
(1406-1457), le debieron su vital reputación de abanderados de la cultura renacentista a las
prensas tipográficas que divulgaron sus trabajos. Igualment e no es a partir del Renacimiento ,
sino desde la aparición de la imprenta, que la Antigüedad y lo clásico han estado siempre con
nosotros de manera sistem ática
24
.
2.4: El arte de la impr enta en el si glo X V.
1973, 12, 50, 62, 69, 99, 124, 158 -60, 254 -5, 27 1. HER TLING, L., Histo ria d la Iglesia , 2 82. KE RHERVÉ, J.,
“El nacimiento de los E stados a finales d e la Edad Media” , AA.VV., Ed ad Me dia. Siglo s XI - XV , Granada,
Publicaciones de la Uni versida d, 2005, 311 -48.
23
EISE NSTEIN, E ., La revo lución de la imprenta en la Edad Moderna Europea , Madrid, Akal, 1994, 11, 61,
81, 83-6. ESCOLAR, H., Histori a universal de l libro , Madrid, Fu ndación Sá nchez Ruipérez, 1993, 334.
24
EISEN STEIN, E., La revolució n …,120 -3, 125, 140-1. HALE , J. R., La E uropa …, 218.
34
A finales del siglo XV, el número de libros i mpresos se situaba en seis millones ,
compuestos de unos 30.000 títulos diferentes y producidos por cerca de 1.000 impresores
distintos. Un copista profesional, trabajando aceleradament e, necesit aba seis mes es para
copiar 400 hojas en folios, mientras que, gracias al nuevo invento, se podían obtener 20 0
copias de un libro en cien días y con tan so lo tres operarios, como refería anecdótica mente en
el prefacio de su o bra D ello scrivere in cifra (ca.1 46 6), León Battista Alberti (1401-1472), al
referir la conversaci ón que mantuvo con o tro cortesano en l os jardines del Vaticano
25
. La
mayor producci ón de obras en los talleres de la i mprenta alteró los m odelos de consumo del
libro y cam bió su naturaleza individual, de manera q ue el lector vio fomentada su inquietud
intelectual y enriquecido su consumo de libros. Tam bién propició la prog resiva y lent a
alfabetización de la población europ ea, aunque ello de forma diferente, segú n el ám bito
cultural, religio so y polític o de cada Estad o nacional
26
.
Entre 1475 y 1560, época en que la imprenta conquistó Occident e, Europa se llenó de
molinos o batan es papeleros, y el impresor se constitu yó en el principal cliente de lo s
fabricantes de pap el. Consi dérese que una prensa cualquiera, enorme consu midora de pap el,
necesitaba unas tres res mas diaria s para funcion ar normal mente, favoreciend o así el
desarrollo de un centro pa pelero el de uno tipográfico vecin o
27
.
Para realizar una impresión adecuada de un libro los impresores nec esitaban un papel
de buena calidad, lo que no siempr e era fácil de conseguir, y después prepar ar dicho papel.
Para resistir la impresi ón y recibir correctamente la tin ta, el papel debía ser muy resistente y
estar cuidadosam ente encolado. Los fabricant es de papel se acostumbraron des de el siglo XV a
refinar ciertas clases de pap el para la impresión. Los papeleros italian os, los m ás bueno s y
afamados fabricantes de la época incunable, lograron o btener en esa época papeles de
excelente calidad por su duración y espesor adecuado, ligerament e algodono sos, de un color
blanco-gris bastant e uniforme.
Al constituirse la prensa en la gran “ devorad ora” de papel, los molinos se vieron más
de una vez en apuros para producir todo el que necesitaban, de ahí que en el siglo XV y a
comienzos del XVI, l os impresores se vieran o bliga dos, entre otras prácticas , a reducir el
tamaño del papel, o bien a usar en un mismo libro pa peles de procedencia distinta, hecho qu e
corrobora la existencia de diferentes tipos de filigran as en un libro, co mo tendrem os ocasión
de ver y compr obar
28
.
El papel fue un soporte de la esc ritura funda mental para el desarrollo de la imprenta
gracias a su baratura y a su abundancia frente al anterior m aterial, el pergamino, más caro y
escaso, abund ancia de papel qu e pro pició que la pres ervación docu mental fuese m ás sencill a
que con la esca sa y costos a piel. L a imprenta al multip licar las co pias, col oca los libros más all á
25
CASTILLO GÓMEZ; A., “E ntre la necesidad y el plac er. La formación de una sociedad d el escrito (s s. XII -
XV)”, Historia d e la c ultura escrita. Del Próxim o Oriente Antig uo a la so ciedad Informatizada , Gijón , Trea,
2002, 179-270. HALE, J.R., La E uropa …, 211. MACKAY, A y DITCHBURN, D., Atla s de Europa Medieval ,
Madrid, Gredos, 200 6, 263- 4.
26
EISEN STEIN, E., La revolución…, 115.
27
FEBVRE L. y MARTIN H.- J., La a parición …, 15 - 7.
28
FEBVRE L. y MARTIN H.- J., La a parición …, 60 - 1.
35
del alcance d e su deteri oro y destruc ción, y ello grac ias al papel, que aunó cant idad y calidad
en los libros incun ables.
2.4. Los años de impr esión.
Si analizamos los años de edición de los 150 incun ables, objeto de estudio de nuestra
tesis (gráfica: 2,5), claram ente nos percatamos de que la totalidad de lo s libros, ex cept o la
Biblia de Gutenb erg, editada en 1 454, están impresos entre las décadas de 1470 y 1500, fecha
límite del peri odo incunab le
29
. Un espacio de tiempo de 30 años en el que se o bserva una
tendencia progresiva de edición de 1 a 8 libros hasta principios de la década de los 90 con
bajadas puntuales de 1 o 2 libros en los añ os de 148 0 y de 1484 a 148 6. A pesar de que en la
década de los años 90 se produce una leve bajada en la fecha de edición de los in cunables, de
8 a 4 libros, no o bstan te e n los añ os sucesivos de 1496 y 1497 se duplican l as ediciones, de tal
manera que s e alcanza el número mayor de 16 ediciones, viniend o a concluir los años final es
del siglo con 11 libros impr esos en 1500.
2,5: Númer o de inc unables por año s de edici ón.
Estos datos particulares de los incunab les sevillanos confirman y ratifican el hecho
consabido de que el arte tipográfico, cuando realmen te eclosion ó y se desarrolló en Europa, es
a partir de la década d e l os años 70.
29
Téngase en cuenta que para la elaboración d e las dos gráfi cas de añ os d e impre sión, si en el Catálogo
de Incunables d e la Biblioteca Universita ria de S evilla ap arecen d os fechas de edi ció n del libro incu nable,
nosotros hemos optado por la p rimera, así como si se con sidera aproximad a la fecha, hemos p asado por
alto dicha consideración, tod o ello en pro d e la objetividad c uan titativa de las gráfica s que p resentamos.
36
Si a la gráfica anterior añadimos la de porcent ajes (2,6), lo anterior mente comentad o
que da manifiesta mente claro.
2,6: Porcent ajes de inc unables por a ño de edición.
Son lo s últi mo s 5 años de la edición de lo s libr os incun ables, que se co nservan en la
Biblioteca Hispalense, los que presentan u n mayor p orcentaje de ediciones, en to tal un 41, 44
%, que divid ido en años queda de la siguiente manera :
- En primer lug ar, los años de 1496 y 1497, in aequ o , cada año con 10,67% (1 6
libros).
- En segundo lugar, los añ os de 1499 y 1500, in aequo , cada año con 7,33 % (1 1
libros).
- En tercer lug ar, el año de 1498, con 5,3 3 % (8 libros).
2.5. Los países europ eos, las ciudad es y los impr esores.
Los 150 incunables de la Biblioteca Universitaria de Sev illa, objeto de nue stra tesis,
pertenecen a cinco países del ámbito eur opeo y a v einticinc o ciudades euro peas, seg ún se
refleja con cl aridad en el m apa infra (2,7): Italia , Alemania, Fr ancia, España y Portugal.
37
2,7: Países y c iudades e uropeas con imprent a incunab le.
No obstante, si o bserva mos la gráfica de los libros impresos por país (2,8), nos
testimonia que la propia realidad de la producci ón tipográfica incunable en la Bibliotec a
Universitaria de Sevilla, es un puro calco de la que exi stió en Eur opa a fines del siglo XV, en la
que Italia con un 63,33 % (95 libros) lidera la impresi ón de libros, relegand o a un s egundo lugar
al país oriundo de la imprenta, Alemania co n un 17,33 % (26 libros). A la saga germana se
encuentran, como se puede observar, Francia con un 10,67 % (16 libros) España con 8 % (12
libros), y en último lugar, P ortugal, donde sólo localiza mos un libro incun able, con un
porcentaje del 0,67 %, lo que pone de m anifi esto la muy exigua edición de libros que se realiz ó
en el país ve cino durante el período que estudia mos.
38
2,8: Libros impresos po r país.
Por el contrario, es neces ario desta car que de los 1 50 incunables, que comprend e
nuestro estudio, a mén de los 316 libros (inclu yendo duplicad os y triplicados ) que, como hemos
dicho arriba, comp onen la totalidad de los que custodia la Biblioteca Universitaria, nin gún de
ellos pertenece a o tro país diferente de los referidos, que fueron muchos, donde se estableció
progresivam ente el arte tipográfic o, sea los Países Bajos, donde dicho arte princi pia en Utrecht
en 1473, sea Suiza, cuya primera imprenta se establece en Ginebra en 1478, sea Inglaterra,
donde nació el primer taller en Westminster a finales de 1476, ni, por supuesto, sea Suecia en
Estocolm o e n 14 83, ni Bohemia y Moravia en Pilsen en 1476, ni Pol onia en Craco via en 1474, ni
Hungría en Budapest en 1 473
30
.
Comenzare mos nuestro comentari o de los incunables existentes en la Bibli ote ca
Universitaria de Sevilla refir iéndonos al primer incu nable im preso en Europa en la ciudad
alemana de Magun cia (Moguntia) y que el azar y el h echo d e ser la ciudad de Sevilla, una urbe
muy im portant e en el pas ado, tanto cul tural como económicamente , han pro piciado que se
encuentre un volumen de esta o bra en es ta Bibli oteca. Nos estamos refiriendo, po r supuesto,
como pueden imaginarse, a la mo numental Biblia Latina de Gutenberg o Bi blia Mazarina ,
llamada así, por que un ejemplar perteneciente al cardenal Mazarino (1602-1661) fue e l
primero que llamó la at ención de los estudiosos, o también conocida c on el nombre de Biblia
de 42 línea s , puesto que la mayoría de los ejemplares conocid os tienen en sus páginas
cuarenta y dos líneas por columna.
30
CLAIR, C., Historia d e la imp renta en Europa , Mad rid, Ollero y Ra mos, 1998, 541 - 4.
39
2,9: Bibl ia Latina . Novum Testament um . Gutenbe gr, ca.1555-1556.
Parece ser que Gutenberg (ca.1 39 5 -1468) trabajó en ella durante las primeras etapas
de su impresión, llegando a concluirla los so cios de su taller, Fust y Schöffer. Si bien no está
fechada, los estudi osos del libro antiguo han establecido la fecha probable de su im presión a
finales de 1455 o comienzos de 1456. Es un libro at ractivo, tanto por su tamaño y calidad y
espesor de su papel, inf olio, como por su i mpresión en letra g ótica, sus tintas roja y negra, sus
letras capitales en azul y dorado, y por supuesto, sus filigranas cristianas. En est a biblioteca, n o
se localiza la obra completa, sólo se conserva celosamente el tomo segundo, el Nuevo
Testamento
31
.
Desde la toma y el saqueo de Maguncia (1462), por Ad olfo, elector de Nassau, como el
agua silenciosa de un torrente imparable, los impres ores alemanes v an expand iendo, poco a
poco, primer o por Al emania, p or obligación y necesidad , este m aravilloso art e del
pensamiento y la alfab etización, arte de la divina y s abia Atenea, de modo qu e en 1462 ya se
había est ablecido en Italia, luego en 1470 en Francia, después en 1472 en España, y más tarde
en 1487 en Portugal, y así hasta nuestros días. A partir de estas décadas la re volución d e la
imprenta ya es un río caudaloso, gigante y hermoso, dís colo e impetuoso, pensante y
universal, cu yo raudo caudal no tu vo ni tiene mar u océano que lo contenga.
En nuestro análisi s de los incunables sevillanos, haremos la primera parada en
Alemania, por ser en ese país, como sabemo s, donde confluyen las circunstancias
históricament e esenciales que dan pie al nacimiento y a la post erior diáspora del art e
31
Se cree que se i mprimieron e n pap el 150 incunable s de la Biblia de Gutenberg de lo s qu e se conser van
35 eje mplares, solo 17 co mpletos. En España existen, según nuestras fuentes bi bliográficas, d os
ejemplares, uno completo en la Bibliot eca Pública de B urgos, y otro incompleto, el to mo segundo
(Nuevo T estamento) en nuestra Biblioteca Uni versitaria d e Sevilla. CL AIR, C., H istoria d e la imprenta…,
35 -6. DAHL, E ., H istoria del libro, 93 -103. ESC OLAR, H., Historia universal del libro , 339-40. GELDNER, F.,
Manual d e incu nables: introducció n al mundo d e la imp renta primitiva , Madrid, Arco L ibros, 1998, 49-52 .
MILLARES CARLO, A., Introduc ción a la histo ria… , 93 - 7. SO LÍS DE LOS SANTOS, J., “Biblia de Gutenb erg”,
Fondos y p rocedenc ias: Biblio tecas e n la Biblioteca de la Universidad de Sevilla , Pu blicaciones d e la
Universidad, 2013, 46 2- 3.
40
tipográfic o, de suerte que, ya a finales de 1470 se había establecido en siete ciudades
germanas, y en 1499 en no menos de cincuent a
32
.
Así pues, si o bservamos la gráfica de incunab les impresos en las ciudades alemana s
(2,10), podemos colegir los porcentajes y el número de libros que se impri mieron en esta s
poblaciones durante este período, que se localizan en la Biblioteca Sevillan a, desde la d e
mayor p orcentaje de libros, como Nuremberg con u n 26, 92% (7 libros) hasta Friburg o de
Brisgovia, Haguenau, Heidelberg, Maguncia co n un 3,85% (1 libro), pasando por Basilea ,
Colonia y Estrasb urgo con un 19, 23 % (5 libros).
2,10: Porc entajes de incunables i mpresos en las ciud ades alemanas .
No obstante, estos porcentajes son representativos de las 8 ciudades alemana s más
importantes con imprenta, aunque, si los comparamos con las 60 o 62 urbes ger mánicas en las
que existían, durante este perio do, unos 300 talleres de imprenta aproximada mente, su
número es m uy ex iguo. Por tanto, nos limitarem os a comentar seguidam ente la actividad
tipográfica de aquellas ciud ades que se corresponda n con los libros ex istent es en la Bib lioteca
Universitaria de Sevilla.
En primer lugar está la ciudad de Estrasb urgo ( Argentina )
33
, ahora ciudad francesa,
antes perten eciente al Imperio alemán, rica y culta durante el siglo XV, donde parece ser que
32
CLAIR, C., Historia d e la impre nta…, 43. MILLARE S CARLO, A ., Introduc ción a la h istoria…, 98.
33
Respecto a los nombre de las ciudades con imprenta o ptamos si empre po r poner el n ombre actu al de
la misma en negrita y entre paréntesis el n ombre lati no, que se encuentra en el libro incun able
41
Gutenberg había realizado sus primeros experimen tos tipográfi cos y donde se fundó la
primera im pr enta allá por 1 458
34
. De esta urbe se encuentran localiz ados en la Bibliot eca
Universitaria cuatro impresores: el pri mero, Martinu s Flach , que editó entre 1494 y 1502 la
Opera omnia del filósofo y teólog o francés Joha nnes Gerson (136 3 -1429) ; el segundo,
Joha nnes Gr üninge r, que imprimi ó los S ermones de tempore , 1483, del teólogo y predicad or
alemán, Jordan us de Quedlinburg (ca.1300 -ca.13 80); el tercero, Georgius Husner del que se
conservan dos o bras impresas, De propietatibus rerum , 1491, del franciscano francés
Bartholomaeus Anglicus (ca.1203-1272) y los Opus cula del teólogo y cardenal italian o san
Buenaventura (1221-1274), editada en 1495 y, por último, el impresor Johan nes Pruess , de
cuyas prensa s nació sobre el año 15 00 la Historia e clesiástica tripartita, del escritor latino
Magnus Aureliu s Cassiodor us (ca.480-ca.575)
35
.
En segundo lugar, la Bibli oteca Universitaria alberga incunab les de la may or ciudad
alemana de aquell os t iemp os, C olonia , situada jun to al Rin, universitaria y cercana a Magun cia,
donde se llegar on a impri mir 1.300 títulos en el siglo XV y cuya primera imprent a se cre ó hacia
1466 p or el clérigo impr esor Udalricus Zell (Ulri ch Zell de Hanau), activo hasta e l final del siglo
con unos 200 libros en su haber, del que conservamos los Sermones Morales XXV , [ca.147 5],
del patriarca de la Iglesia de Oriente, san Juan Crisósto mo (ca.344-ca.407). Luego, pose emos
obras de Joh annes Koelho ff de Lubeck (Johann Kölhoff), mercader y librer o, a la vez que
im presor-edit or, que había aprendido su oficio de Johannes Emericus de Spira, uno de lo s
fundadores de la imprenta en Venecia. De este imp resor tenemos el incunabl e de la Opera
omnia , impre so en 1483-1484, d el filósof o franc és Johann es Gerson (1363 -14 29), del qu e
hemos referido otra edición arriba. Después nos encontramos al impres or de Estrasburgo,
establecid o en Col onia, H enricus Quentell , entre cuya eno rm e producción de m ás de 300
obras en latín des tacamos De viris illustribus , [ca.148 1], del padre y do ctor de l a Iglesia latina ,
san Jerónimo (ca.347-420) . Y por último, poseemos dos incunables impresos en Colonia, los
Dialogi decem variorum auctorum , impreso en 1473, supuestamente por la imprenta
denominada “Flores S. Agustini”, y los Sermones , [1 475], del papa italiano, León I (ca.390-
ca.461), impre so por el artí fice B a rtholomaeus de Un ckel
36
.
Nos ubicarem os, en tercer lugar, en la comercial ciudad de Basilea , ayer ciudad del
Imperio alemán, desde 1501 unida a la Confeder ación Helvética, donde se estableci ó l a
primera imprenta en 1478. Tanto su posición privi legiada como su Universi dad, según el
bibliófilo inglés Colin Clair, hicieron “d e la ciudad un a puerta a través de la cual el flujo de l os
estudios humanístic os pasaba de Italia a Alemania y Francia”
37
, de ahí que est as circunstancia s
propiciaran la pr oliferación de muchos taller es tipográ ficos.
originario y en el Catálogo . GRÄSSE , J.G.T., O rbis latinu s: Lexiko n late inische r geogra phischer N amen :
lateinisch -deutsch, d eutsch -lateinisch , Braun schweig, Klinkhard t and Biermann , 1971.
34
CLAIR, C., Historia de la imp r enta …, 44. ESCOLAR, H., Historia universal del libro…, 344. GELDN ER, F.,
Manual de incunables… , 55.
35
Citamos lo s impresore s en negrita, respetand o en la lengua q ue fuere el no mbre impreso, qu e
aparece tan to en el libro in cunable, como en le Catálog o . En algún caso particular, citamos el no mbre
del impre sor entre parénte sis en su lengu a o riginaria. Respecto a los auto res de in cunab les s eguimos los
mismos criterio s enunciados para los impre sores.
36
CLAIR, C., Historia d e la impre nta…, 47 -49. ES COLAR, H., Histo ria universal del libro…, 345.
37
CLAIR, C., Historia d e la impre nta…, 125.
48
Después de las ciudades referidas, citaremos las urbes de Brescia y P avía cuyos talleres
tipográfic os surgen en 1473. Si bien hasta 1496 no posee mo s incunable sevillan o alguno, como
es el Liber divina e doctrin ae , de la teóloga dominica santa Ca talina d e Sena (1347 -1380),
impreso por el artífic e Ber nardinus Misinta . Además tenemos las Moralia seu Expositio in Job ,
1498, d el papa san Gregorio M agn o (ca.540-604), m anufacturad o por el impresor Angelus
Britannicus , que, tras trab ajar en Venecia d esde 1 481, c omenzó a i mprimir en esta poblac ión
en 1485 asociado a su her mano Jacobus
47
. Por otra parte, cinco incunables son impresos en
Pavía ( Papia ) por cuatro talleres diferentes, como la Summa , 1 489, del franciscano teólog o
francés, Alexander de Hales (ss. XII -XIII), impreso por la sociedad, Joh annes Antoniu s de
Birreta y Fran ciscus de Gira rdengis , o bien, las obras de lógica del teólogo alem án san Albert o
Magno (ca. 1193-1280), la Logica, lib I, 2 (De pr aedicab ilibus et praedicamentis , [ca.1490], o la
Logica , lib III (De sex principiis Gilberti Porretani), 1490, ambas trabajad as por el mis mo
maestro impresor Christoph orus de Canibus , o bien, por últi mo, el T ractatus de arbitris , 1498 ,
del jurista itali ano, Lanfran cus de Oriano (s. XV), impreso p or Franciscu s de Guaschis .
Concluiremo s la muy extensa nóm ina de incunab les de ciudades italian as, con la urbe
de Vicenza (Vicentia), don de se estable ce la prim era im prenta en 1474. De esta ciudad hemo s
localizado tres incunables : Contra haeretico s et gentiles , 1482, del patriarca de Alejandría y
doctor de la Iglesia, san Atanasio (ca.295-373), impreso por Leonardus [Achates] , o bien la
Victoria contra Judaeos , 1489, del cardenal italiano, Petrus Brutus (s. XV), por [Simon
Bevilaqua ] , o bien la Opera , 1482, del po eta latino, Claud ius Claudianus (365-408), po r Jacobus
de Dusa .
Esta última ciud ad no cierra la nó mina de ciudad es itali anas con imprenta, dura nte el
período incunable, hubo en la Península Itálica m uch as m ás, nada menos que 70 contaron con
talleres de impresión, co mo Foligno, Trevi, Parma, Sena, Tur ín, Módena, Padua, Cremona, etc.
Italia había sup erado en m ucho a Alemania en cuanto al nú mero de lugares con imprenta
48
.
El terc er país en introducir el arte tipográfi co en Europ a fue Francia , del qu e ten emos
testimonio de dos impor tantes ciudades, que se r eparten, según nuestra gráfica de incunab les
(2,14), el 56,25 % (9 libros) , la ciu dad comercial de Lyon y el 43,75 % (7 libros ), la universitari a
de París.
47
CLAIR, C., Historia d e la impre nta…, 85.
48
CLAIR, C., Historia de la im prenta… , 81-7. ESCOL AR, H., Historia un iversal de l libro, 351. GELDNER, F.,
Manual d e incunables …, 57.
49
2,14: Porc entajes de incunables i mpresos en las ciud ades francesa s.
La universal y populosa ciu dad de París (Parisii ) estuv o permanent emente a la cabeza
de la tipografía francesa du rante el sigl o XV con 60 talleres de imprenta aproximadament e, los
cuales pusieron en circulac ión sobre unos 3 .500 incunables. La pri mera impren ta se estableci ó
allí en 1470, un poco tarde, si se piensa en la relevancia cultural y universitaria de la Sorbona
durante esta época, sin embargo ello se explica, por que existió la oposición de los gremios de
copistas e iluminadores de los manuscritos de la Universid ad parisina, qu e v eían peligrar su
negocio de copia qu e abastecía tant o a estud iantes como a pr ofesores y par ticulares.
Los incunables parisinos conservados en la Biblioteca Universitaria son todos de la
última década del siglo XV. El primero, las Introduction es in diver sos Aristotelis libros , 1492, del
humanista y teólog o franc és, Jacobus Faber Stapulensis (1450 -153 7), impreso por el taller de
Joha nnes Higman . Síguele las Meditationes vitae Jesu Christi , 1 497, del teólogo alemán ,
Ludolphus de Sa xonia (ca.1300-1378), impreso po r Felix Baligault , luego el L ibe r in IV
sententiarum , [1498], del religios o agu stino y pr ofesor en Teología, D ionysiu s Cisterciensis
(s.XIV), impreso po r Poncetus-Le Preux, la Historia ecclesiastica , 1497, del pensador cristiano
Eusebius Caesariensis (ca.265-340), por el impresor Petrus L evet y, por último, la Ethica ad
Nicomach um , 1500, del filósofo heleno Aristótel es (384 a.C. -322 a.C.), traduci da del griego al
latín por el hu manista Henr icus Krosbein e impresa po r el maestro Andreas Bocard
49
.
Después de la po pulosa P arís, la imprenta se intr oduce en Lyon (Lugdun um) en 1473,
ciudad muy próspera y comercial , gracias a sus ferias mercantil es y a su proximidad a Alemania
49
CLAIR, C., Historia de la imprenta …, 89 -92. ESCOLAR, H., Historia un iversal d el libro, 357 - 8. GELDNER,
F., Manua l de inc unables …, 58.
50
y Lombardía, España e Italia, que llegó a tener unos 40 talleres, de tal manera q ue se convirti ó
en una de las ciu dades europeas con mayor producci ón de incunables.
Conserva mo s en la Biblioteca hispalense 9 obras de cuatro impresores galos,
establecid os en Lyon: la Fortalitium fidei , 14 87, del franciscan o español, Alfons o de la Espina (s .
XV), impreso por Gulielmu s Balsarin ; dos edici ones de los Sermones de tempore et de sanctis,
cum promptuario exemplorum et mir aculis Beatae Virginis Mar iae , d el relig ioso d ominico
alemán Johannes Herolt (138 0 -1468), una impresa en 1487, por Nicolaus Philippi Pistoris , o tra
en 1492, por Johann es Trechsel , tal v ez el más notab le impresor lionés, del que también
conservamo s los Sermones Dormi secure dominica les et de sanctis , 1491, del predicador
franciscano alemán Johann es de Verdena (13?-1437) por Joha nnes Trechsel , y por últi mo, De
consolation e philosophiae y De discipli na scholarium , [ca.1500], del filósof o latino Boethius
(ca.480-52 4), por la sociedad Perrinus Lathom i et Johanne s Bonifacii
50
.
La corrien te alemana del arte de impri mir llega a la Península I bérica, en primer lug ar
se asienta en nuestro país, España , del que se guard an 12 incun ables de cuatro ciudades,
cuyos porcentajes en la gráfica de incunables imp resos en las ciudades españolas (2,15) ,
reflejan la rel evancia impr esora y cultural y económica de estas urbes : primero, Sevilla con el
50,00 % (6 libr os), después Salamanca con el 33,33 % (4 libr os), en tercer lugar, in aequo ,
Pamplona y Za mora con el 8,33 % (1 lib ro).
2,15: Porc entajes de incunables i mpresos en las ciud ades españ olas.
Aunque es dud oso y confu so el inicio del ar te tipográfi co en España, parec e ser que fue
concreta mente en Segovia en 1472 de man os de un maestro alemán, Ju an Parix de Heidelberg,
50
CLAIR, C., Histo ria d e la imprenta…, 93. DAHL, S., His toria d el libro , 111. ESCOLA R, H., Historia
universal del libro , 358 - 9.
51
que estableci ó allí su tall er de impresión, del que salió el primer libro , en el año de la
entronizaci ón de Isabel de Castilla (1474). La imprenta llega, como en el país galo, co n cierto
retraso, ex plicabl e según Joaquín Martín Abad, “por la situación periférica de la P enínsula y
por la falta de grand es univ ersidades o de rica vida urban a”
51
.
No obstante, será en la próspera y comercial ciudad andaluza de Sevilla (Hispalis) en
1477, donde sean los propios españoles, Antonius Ma rtini, Alp honsus d e Portu y
Bartholomae us Segura (Antonio Martínez, Alfons o del P uerto y Bartolomé Segura), los
primeros en impri mir en su tierra natal. Obra de estos impresor es es el Repertoriu m
quaestionum super Nicolau m de Tudeschis , del jurista igualmente español, Alf onso Díaz de
Montalvo (14 05-1499), inc unable que cust odia afortunad amente la Universidad Hispalen se.
Asimismo, se cons ervan en esta Bib lioteca m ás incunables impresos en Sev il la, en
concreto p or la compañía de los den om inad os “ Tres compañero s alemanes ”, Juan Pegnitzer
[de Nurember], Magno He bst y Tomás Glockner, qu e establecieron sus talleres en Sevilla, q uizá
procedentes de Venecia. Imprimier on la Chirurgia , 1495, del médico italiano L anfrancus
Mediolanensis ( ca.1245-13 06).
Otra compañía de im presor es establecida en Sevilla, llamados por los Reyes Católi cos y
procedentes d e Náp oles, fue la integrada por un a lemán, Meinardus Ungut, y un polaco ,
Stanislaus Polonus , de los que, entre otros incunables, conserva mos, las Defensiones Sancti
Thomae , 1491, del dominico castellan o Diego de Deza (1443-1523), y el Rep ertorium seu
secunda compilatio legum et ordinationum regni Castella e, 1496, del arriba mencionado jurist a
español, Alf onso Díaz de Montalvo (140 5 -1499)
52
.
La segunda ciudad españ ola de la que co nserv amos incunables es Salaman ca
(Salmantica), en la que se imprimió el primer libro en 1480. Tradicional mente es ta ciudad ha
sido un laberint o tipográfic o, por cuanto no se ha p odido identificar a lo s primer os impres ores,
que trabajar on en este arte .
Los cuatr o incunable s, que presentam os, están impresos por dos talleres que
comúnmente se han co nsiderad o anónimos, si bien, hoy en día, se les presenta por parte de
los investig adores, como u n único taller tipográfico, el de Juan de Porras, de larga tradición en
la im presión salmantina. Se tra ta, por una par te de la obra ya mencionada, el Repertoriu m seu
secunda compilatio legum et ordinationu m regni Castellae , [ca. 1485], del referido jurist a,
Alfonso Díaz de Montal vo (1 405-1499), y por o tra de las Ordenanz as Reales , 1500, del mis mo
autor, am bas obras impresas p or la denomin ada tradicionalmente Typographia Ant.
Nebrissens is . L os otros dos incunables son el Cuadern o nuevo de las alcabalas , [ca.1498-15 00],
sin auto r, y el Speculum Ecc lesiae , 1500, del Carden al dominico francés, Beato Hugo de San
Caro (ca.120 0-1263), impre sos por la nombrad a Typog raphia de Neb rija: “Gramá ti ca ”
53
.
51
ESCOLAR, H. Historia univer sal de l libro, 363 -4 . MARTÍN ABAD, J. , Los primero s tiem pos…, 45 - 54.
52
CLAIR, C., Historia d e la impre nta… , 113 y 116. ES COLA R, H., H istoria universal del libro , 36 9-70.
MARTÍN ABAD, J. , Lo s primero s tiempo s…, 44 - 55. SOS A, G. de, “ La imprenta en Se villa”, Ca rlos Romero
de Lecea et alii , Historia d e la Imp renta H ispana , Madrid, Editora Nacio nal, 1982, 429 -32, 443 -57.
53
CLAIR, C., Historia d e la impre nta…, 118. E SCOLAR, H., Histo ria universal d el libro, 370. MARTÍN ABA D,
J., Los primeros tiemp os …, 66 - 8.
52
La tercera ciudad española co n imprenta de incun ables en esta Biblioteca Uni versitaria
de Sevilla es Zamora , en la que se fundó la primera en 1481. Presenta mos de esta ciudad un
único libro, obra del prim er impresor de la población, Antonius de Centener a , la Suma de
casos de conciencia [ca. 1482], del dominico italia no Barthol omaeus de Sa ncto C oncordio
(1262-1347). Finalmente, el último taller de imprenta de nuestro país, del que co nserva mos
algún ejemplar, se localiza en Pamplona (Pampilona), capital del reino de Navarr a, cuyo primer
impresor fue el francés Ar naldus Guillen de Brocario , que comenzó a i mprimir en 1489 y, del
que poseemos el Comment um super libros politicoru m et oeconomicorum Aris totelis , 1496, por
el teólogo fr anciscano espa ñol, Pedro de Castr ovol (s. XV)
54
.
El último país del que conserva mos en esta Biblioteca Universitari a algún incunable es
Portugal , en el que se imprimió el primer libro en la lejana fecha de 1487 en la ciud ad de Faro .
Sin em bargo, el único incunable que poseemos del país lusitano está impr eso en la ciudad de
Leiria en 1496, el Almanch perpetuum , del astrónomo judeo-español Abraham Zacutus (1 452-
ca.1510), por el taller he breo del impres or Abraham ben Samuel d´ Ortas , que inició su
actividad impres ora en es ta ciudad en 1492
55
.
2.6 . Los temas y los autores.
La imprenta posibil itó entre otras cosas la divulgación de muchos saberes que habían
estado custodiad os en los monasterios, o bien eran patrimonio de unos pocos intelectual es en
las ciudades, donde había Universidad. Gracias al arte tipográfico, la segunda mitad del siglo
XV ex peri mentó una am pli ación considerable d e la cultura escrita y del pensami ento cultivado.
El libro impreso no sólo ben efició l a divulgaci ón de las obras de los humanistas y la edición de
los autores antig uos, sino t ambién, y en ma yor medid a, los libros d e los autores r eligiosos.
Los temas del contenido de lo s libros incunables de la Universidad de Sevill a, que
estudiamos, so n una pequeña muestra significativa de las ideas y del pensami ento religioso ,
político, filosófico, científico, literari o del hombre europeo del siglo XV, y en particular del
intelectual humanista sevill ano.
De los 150 incunables, que estudia mo s en esta tesis, hay un número deter minado de
libros duplicad os que repiten su c onten ido temático , pero que se dif erencian por el lugar, o el
taller tipográfi co, o el año de impresión, así:
- trece incunables repiten su co ntenido una vez: nº 9 (10), 25 (26) , 36 (37), 38 (39), 41
(42), 55 (5 6), 70 (71), 82 (83), 110 (111), 113 (114), 1 22 (123) , 132 ( 133), 141 (1 42);
- uno, dos vece s: nº 103 (104, 105),
- y otro, tres veces: nº 13 5 (136, 137, 138).
54
CLAIR, C., Historia d e la impre nta… , 120. E SCOLAR, H. , Histo ria universal del lib ro , 371 y 373. MARTÍN
ABAD, J., Los pr imeros tiempos …, 78 y 81 - 2.
55
CLAIR, C., Historia de la impre nta…, 121 -2. ES COLAR, H., Historia u niversal del libro, 363.
53
No sabríam os de cir a ciencia cierta, si nos encontramo s ante reediciones, como hoy en
día le llamaría mo s, que re piten sin m ás el texto originari o, o por el contrario , lo co rrig en y
añaden algún contenido particular,-asunto que no corresponde a este trabajo de tesis, por
cuanto el desvelar tal inter rogante consti tuye p or sí sólo otro ingent e e int eresante trabajo d e
investigación-, lo cierto es que se i mprimieron, ya en talleres diferentes, ya en ciudades o años
distintos.
Por otra parte, encontramos libros incunables c o n dos o más obras de autores
diferentes :
- quince incunables presentan cada uno dos o bras de título diferente de autores
distintos: nº 1, 24, 38, 39, 44, 67, 69, 7 5, 88, 89, 99 , 118, 12 6, 128, 134;
- un incunab le presenta tres obras dis tintas de tr es autores diferen tes: nº 17.
También ha yamos v eintiún libros que están c ompues tos por dos, tres y cuatro tomos
respectiva mente, algunos de ellos desapar ecidos:
-dos tomos: nº 36, 38, 3 9, 44, 47, 51, 59, 75, 110, 111, 127, 14 6;
-tres tomos: nº 3, 37, 10 4;
-cuatro tom os: nº 9, 10, 48 , 53, 103, 105.
En co nclusi ón, existen 148 obras no repetidas, del to tal de 150 incunables , que
estudiamos, cuyo contenido temático se divide de la siguiente manera, según la gráfica
adjunta (2:1 6).
2,16: Temas de l as obras d e los incunables de la B.U. d e Sevilla.
54
Al observar, pues, la gráfica de l os temas generales sobre lo que tra tan las obras de los
libros incunab les de la Universidad hispalense, se evidencia a simple vista que el porcentaj e
mayor, el 43,92 % (65 obras), casi cerca de la mitad de las obras que est am os analizando,
corresponde a los libros de temática religiosa (teolo gía, sermonarios, Biblia, exegética, …). El
segundo puesto en los temas corresponde a la materia de filosofía (aristotéli ca, escolástica ,
tomista,…) con el 19,59 % (29 o bras), el terc ero a las obras de dere cho (canónic o, civil, …) con
el 12,84 % ( 19 obra s), el cuarto a las de historia (univers al, romana , local,…) con el 9,46 % (14
obras), y el resto de las materias, literatura, astronomía, enciclopedia, astrología, biología,
gramática, matemáticas , música y medicina, s e mueve en una horquilla entre 3 ,38 % (5 obras)
y 0, 68% (1 obra). Este re parto desproporcionad o d e las materias de es tudio y de trabajo
intelectual del hombr e humanista hispalense del sigl o XV refl eja, como apuntábam os arriba, la
temática imperante del libro en la época y en la Sevilla del XV, más preocu pados por los
problemas religi osos y filosóficos, y en menor medida por el derecho canónico y civil, para l a
defensa de los derechos d e propiedad y de poder religioso y político, que por las nacientes
ciencias experi mentales de la astrología, la matemátic a, la biología o la medicina.
Bien es sabido cómo en las primeras décadas de la imprenta la Iglesia romana recibió
el invento con los brazos abiertos, no só lo legitimá ndolo, sino también prop orcionándole el
más importante m ercado que tuvo la naciente ind ustria. Sin embargo, como apunt ara
Elisabeth Eisens tein, “en tod o e llo hay bastant e de ironía, aunq ue en to das partes se anun ciase
como un “ arte de paz”, puede que la invención de Gutenberg contribuyese más a la
destrucción de la concordia cristiana y a encender la hoguera de la guerra religiosa que
cualquiera de las artes b élicas *…+. La cristiandad fue bastante vulnerabl e a los efe ctos
revolucionari os de la tipografía”. La imprenta abrió el cam ino después de las décadas de la
época incunable a los problemas plante ados por Lutero (1483 -15 46), Zwinglio (1484-1531) o
Calvino (15 09-1564), a la refo rma de los abus os clericales y a fo rmas m ás democráticas y
nacionales de cul to, etc.
56
Así pues, entre los libros d e temá tica religiosa l os por centajes mayores de obras (2,17)
corresponden en p rimer lug ar, a las propiam ente do ctrinales, de teología, el 38,46 % (2 5
obras), luego los ser monarios, el 23,0 8 % (15 obras), y en tercer lugar, los libros de exégesis, el
16,92 % (11 obras), el rest o de las materias r eligiosas se reparte, entre libros sobre h isto ria de
la religión cristiana, edicion es de la Biblia y obras apolog éticas 4,62 % (3 obras), pasando por
libros de piedad y liturgia, el 3,08 % (2 obras ), hasta en ú ltimo lugar, libros de ascética el 1 ,54
% (1 obra).
56
EISEN STEIN, E., La revolución…, 152 - 3.
55
2,17: Temas de l as obras r eligiosas de los incunable s de la B.U. de Sev illa.
Iniciaremos nuestro itiner ario libresco sobre la temática de las obras de contenido
religioso de la Biblioteca de la Universidad de Sevi lla, aludien do en primer lugar, al lib ro
génesis de la religión cristiana, que no podía faltar en este fondo bibliográfico, la Biblia latina ,
(Venecia, 1484), o la edición parcial de algun os libros concret os, c omo el ya mencionad o
Nuevo Testamento (Magun cia, ca.1455), impreso por Gutenberg, o el Psalterium graeco-
latinum , sin impresor conocid o (Milán, 1481). Luego reseñare mos las o bras de exégesis de lo s
textos sagrados , también abundantes y vinculadas a la Biblia, como las Po stilla super Epistola s
et Evangelia (Sevilla, 1497), del obispo de París Gulielmus Parisiensis (1437 -1485), o el
comentario gra matical, lit erario y ascético y teoló gico acerca de los Salmos, Expositio in
Psalterium , del fil ósofo cristian o Magnus Aurelius Cassiodorus (ca.480 -ca.575); las
Concordan tiae bibliorum (Basilea, 149 6) del teólogo dominic o alemán Conradu s de Halberstadt
(fl.1342-13 62) y en el mismo volumen las Concordan tiae partium indeclina bilium Bibliae
(Basilea, 1496), del profesor de Teología de la Univer sidad de Salamanca Johannes de Secubia
(ca.1393-1 458); el Libe r in IV Sententia rum (Paris, 1498), del religios o Dionysiu s Cisterciensis
(1330-1399); las Quaestion es super quatuor lib ros sententiarum (Lyon, 1497 ), del filósofo
escolástico inglés Robertus Holkot (ca.1 290 -1349); el Trialogus super eva ngelio de duobus
discipuli s euntibus in Emaus (Vene cia, 1495), del t eólogo dominic o italiano san A ntonino (1389-
1459); el S criptum super primum sententiam (Tre viso, 1476), del escolásti co franci scano
francés Franciscus de Mayronis (ca. 1288-1328).
56
2,18: Magnus Aurelius Cass iodorus (ca. 480- ca. 575) . Filósofo y escritor latino.
En este repertori o de libros de exégesis, no podía faltar una pequeñísima muestra de
obras de los doctores de la Iglesia cató lica , como la Explana tio Psalmorum (Basilea, 1497), d e
san Ag ustín (354- 430), o los Moralia s eu Expo sitio in Job (Brescia, 1498) de san Grego rio
Magno (ca.540- 604).
Después de los libros reseñ ados, mencionaremos los incunab les más abundant es de
temática r eligiosa, l os tratad os de teología , que se e studiaban en las universid ades, como las
diferentes ediciones inc ompletas de las Summa [theo logiae] (Venecia, 1475; Nuremberg, 1481,
o Pavía, 1489) del filósofo escolástico y franciscano francés Alexander de Hales (ca.XII -1245), o
las diferentes ediciones de la obra religiosa del filósofo y teólogo francés, Johannes Gerson
(1363-1429), agrupadas en Opera Omnia (Colonia, 1483; Nure mberg, 1489; Estrasburg o, 14 94 -
1502), obra qu e aban dona la teol ogía espe culativa, en beneficio de la teología pasto ral y
moral, al servicio de los fieles, puesto que para Gerson la teología no debe d emostrar, sin o
persuadir
57
. L as obras teológicas del profesor y teólog o italiano de la Universidad de París, san
Buenaventura (1221-1274 ), como los Opuscula (Estrasburgo, 1495) y el estudio sobre el
teólogo Pedro Lombard o, Per lustra tio in libros IV sententiarum Petri Lombardi (Friburg o de
Brisgovia, 149 3) y, p or últi mo, la Op era (R oma, 1474) del apologis ta y retórico cristiano Lucius
Coelius Firmianus Lactanti us (ca.260 -ca.32 5) y las Recuperationes Faesulana e (Bolonia, 1493) ,
por el agustino Matthaeus Bossus (1428-1502).
57
KERHERVÉ, J, “El nacimien to de los Estad os…”, 360 - 1.
57
2,19: Johanne s Gerson (1363-1429). Fil ósofo y t eólogo francés.
En este grupo de libros enco ntramo s tam bién tratados o escr itos teoló gicos y
doctrinale s : El Confessio nale (Venecia, 1497), del dom inic o y moralizante italiano, san
Antonino (1389-1459) y el mismo título (Nuremberg, 1477) del religiosos franciscano
Bartholomaeus de Chaimis (14?-1496)); el M odus b ene vivendi (Venecia, 1492), del monj e
benedictino francés san Bernardo [de Claraval] (ca.10 90 -1153); el Liber divin ae doctrinae
(Brescia, 1496 ) de la teóloga dominica i taliana santa C atalina de Sena (1347-1380); el Specu lum
aureum decem praecepto rum D ei (Basil ea, 1496), del teól ogo flam enco Henricus Herpf
(pr.s.XV-1477 ); el Trialogus de contemptu mundi (Venecia, 1495), del r eligioso humanista
italiano Baptista de Giudici (ca.1428-1484); la Epistola de tribus essentialibus votis religioni s
(Venecia, 1495), del sacerdote dominico francés Hu mbertus de Romanis (1200 -1277 ); la
Expositio Evangeliorum dominicali um et festivaliu m , (Venecia 1476), del teólogo agustino
italiano Albertus de P adua (ca.1 277-1333); De p raeparatione evangelica (Venecia, 1497), del
apologista y esc ritor griego Eusebius Caesariensis (ca.265-ca.340), traducida del griego al latín
por el humanista italiano Geo rgi o Trapezu ntio (1395-148 6); la Ope ra [omnia], (Roma, 1474 ;
Venecia, 1478, 1494 y 1497), do nde se encuentra la o bra m ayor Divinarum Institutio rum y
otras de “el Cicerón cristian o” , como le llamaban los humanistas a Lucius Coelius Firmianu s
Lactantius (ca.2 60 -ca. 325); e l Tractatus de sacramentis (Sala manca, 1500), del religios o
dominico Adolphus Frater, y por último, el tratado antijudaico, Fortalitium fidei (Lyon, 1487),
del religios o franciscano es pañol, Alfonso d e la Espina (¿-1496).
Directamente r elacionadas con los manuales de confesión s e encuentran las o bras de
casuística moral , las sumas de ac tos de concien cia, como la Summa casuum co nscientiae
(Nuremberg, 1488), del rel igiosos Bap tista de Salis ( ca.1435-ca.1496), o la Summa ang elica de
casibus conscientiae (Venecia, 1 499), del bea to italia no Án gel de Clavasio ( ca.1410-1495), o la
Summa de casibus conscie ntiae (Venecia, 1478), del teólogo francis cano Astesanus (muerto
ca.1330), o en castellan o, la Suma de casos de conci encia (Zamora, [ca.14 82]) del dominic o
italiano Barthol omaeus d e Sancto Conc ordio (1262-1347).
En segundo lugar los libros religiosos más abund antes son los sermonar ios de
predicadores religi osos so bre vicios, virtudes, etc., como los Sermones quadrag esimales de
vitiis (Venecia, 1499), del teólogo y predicador italiano Antonius de Bitonto (ca.1385 -1465); los
64
2,25: Marcus Ann aeus Lucan us (Córdoba, 39-Ro ma, 65). Poeta hispano- latino.
Por el co ntrario, de aut ores humanistas de la época guardamos muy pocas obras, tal es
como las Orationes et poemata (L yon, 1492), del humanista y literato italiano P hilippu s
Beroaldus (1453-150 5), y el bello libro novelesco, alegóric o y erótico del sace rdote y monje
dominico italian o Francisc us Columna (ca.1433-152 7), Hypnerotomach ia Poliphil i (Venecia,
1499).
De libros de astro nomía , “como ci encia que trata del movimiento de l os cielos y astros ,
prediciéndol os en lo futu ro, en que procede por cálculos arith méticos y trig onométricos ,
fundados en las repe tidas observaciones de l os phen ómen o s o ap ariencias”
59
, se encuentra el
más vasto tratado de una de las o bras más importantes e influyentes de la época, la tabla
astronómica, Alman ach perpetuum [ Celestium M otu um ] (Leiria, 1496) del astrónomo judeo -
español Abraham Zacutus (1 452-ca.1510), traducido del hebreo al latín por el humanista
Josepho Vicino, o bra que influyó so brem anera en los navegantes portugueses y e spañoles; por
otra parte, se halla la obra De nativitatibus (Venecia, 1485) , del polifacético judío andalusí
Abraham Aben Ezra (1092- 11 67), co njunta mente con el Magistralis compositio astrolabi
(Venecia, 1485), del astrón omo y filósof o flamenco Henricus Bate (1 246 -131 0); también se
haya una o bra fundamental de astronomía, utilizada por primera vez en la Universidad de
París, la S phae ra mundi, cum commentis Cicchi Escula ni, Francisci Capuani et Jacobi Stapulensis
(Venecia, 1499), basada en Pto lomeo (ca.100-ca.170) y los comentarista s árabes, del
astrónomo inglés Jo hanne s de Sacrobusto (ca.1230-1256), y por último, del astró nomo y
matemátic o austriaco Georgiu s P urbachiu s (1423-1461), la present ación simp lificada de la
astronomía ptolemaica, las Theoricae novae planetar um ac in eas Francisci Capuani expositio
(Venecia, 1 499).
59
REAL ACADEMIA ESPAÑOL A, Dicc ionario de Autoridad es (Ed. facs d e Madrid, 1726, 173 2, 1737, I -VII ),
Madrid, Gredos, 1 979, I - III. Siempre qu e tenga mos qu e men cionar d icho Dicc ionario , lo citaremos p or la
primera edición , I, 452.
65
2,26: Abraha m Aben Ezr a (1092-1167). Inte lectual y a strónomo judío a ndalusí.
De astrolo gía , como “trat ado de los astr os *…+, de sus influencias y predicción de lo
venidero”
60
, que establece una relación co nscient e entre el hombre y el Universo,
conservamo s la S umma astrologiae iudicali s de a ccidentib us mundi (Venecia, 1489) del
astrónomo inglés Johann es Eschuid (fl. 1336 -1365), o el m ás extenso tra tado d e astrología de
la Antigüedad, fruto de ex periencias y estudios en el saber del neo platonis mo, De nativitatibus
[ sive Matheseos libri VIII ] (Venecia, 1497), por el escritor y astrón omo latino, convertido al
cristianismo, Juliu s Firmicu s Maternus (s. IV ).
Las obras de mate máticas son poco abundan tes, no o bstante conservamos la
Arithmetica cu m demonstrationibus Jaco bi Fabri Stapulensis (P arís, 1496), d el matemático
inglés Jordanus Nemorarius (s. XII), o la Somma di aritmetica, geome tria, proporzioni e
proporzionali tà (Venecia, 1494), del religios o franciscano y matemático italian o, Lucas de
Burgo Sancti S epulchri (1445-ca. 15 10).
Los libros enciclopédicos son igu almente pocos, uno de la época romana, que contiene
el anticipo de lo que hoy entendem os por enciclopedi a, anotacion es s obre histor ia, geometría,
gramática, filosofía, m edici na, etimología, etc., las Noctes atticae (Venecia, 1493), del esc rito r
romano Aulus Gellius (ca .13 0-ca.180), y o tro, una enciclopedi a medieval, De p ropietatibus
rerum (Heidelberg, 1488 y Estrasburgo, 1491) del pensador escolástico medieval inglés
Anglicus Barth olomaeus (c a.1203-1272).
60
La Astrología se d ivide en dos par tes, segú n el Dicc ionario de Au toridades , u na Astrología natu ral que
“se e mplea en el conoci miento de las influencias celestes por observacione s d e cos as n aturales” y
Astrología jud iciaria , “que q uiere elevar se a la adi vinación de los caso s futu ros y fortuitos, * …+ y esta en
todo o la mayor p arte es in cierta, ilícita, vana y supersticiosa” . REAL ACADEMIA ESPAÑO LA, Dicciona rio
de Auto ridades , I, 452.
66
2,27: Theodo rus Gaz a (ca.1415-1475). Humanista y traduc tor bizantino.
Para finalizar este extenso repertorio de diferent es materias, autores y obras, la
Biblioteca Universitaria de Sev illa, alberga un libro de cada una de las siguient es disciplinas
científicas, humanísticas y artísticas: de medicina , la Chirurgía (Sevilla, 1495) del m édic o
italiano Lanfrancus Mediol anensis (ca.1245 -ca. 1306); de biología , la traducción del griego al
latín por el gra mático y filósofo bizantino establecido en Italia, Theodorus Gaza (ca.1415 - 1475)
De animalib us (Venecia, 1476), del filós of o grieg o Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.); de gramática ,
De priscoru m propietate verborum (Venecia, 1490), del gra mático y humanista italian o
Junian us Maius (1430 -1493), y por úl timo, del a rte musical , Musica (Par is, 1496), del
humanista y fil ósofo francé s, Jacobus Faber Stapulen sis (1450-153 7)
61
.
61
Para el estud io de los te mas, las obras y los autores de i ncunab les, sobre los que he mos elabora do
una Sinopsis b iográfica (Apé nd.:11), h emos con sultad o un abu ndante nú mero de obras, artículos,
repertorios biográ fico s, dicci onarios y webs en Internet, entre las q ue re señamos : BE RLIOZ, J. et alii,
Identifier sou rces et c itations. L´Atelier du Médiévaliste 1 , Tumhou t, Brepo ls, 1994. BUCHWAL D, W.,
HOHLWEG, A. y PRIN Z, O., Dictionnaire des auteu rs grec s et latins de l´Antiquité et du Moyen Age ,
Turnhout, Brepols, 1991. CARAC UEL MOYANO, R. y D OMÍNGUEZ G UZMÁN, A., U n tesoro en la
Universidad d e Sevilla: inc unables y obras de los siglo s XVI y XVII , Sevilla, Publicacion es de la Universidad,
1993, 29-48. DIZIONARIO BIOGRA FICO DEGLI ITALIANI , Roma, Istituto biográ fico degli italiani, 1960, I -
LXXXI (en cur so de publicaci ón) . FABRI CIUS, J.A., Biblioth eca Latina mediae et infimae a etatis , Graz,
Akademische Dru ck, 1962. GELDNER, F., Manua l de Incu nables , 338-78. HAE BLER, K., Introduc ción…,
255 -62. LA RUE, R., Clavis sc riptorum Graecorum et La tinorum. Répertoire de s aute urs grec s et lat ins ,
Québec, 1985, I -IV. LE ONARDI, C. et alii , Lette ratura latina medievale (secoli VI -XV) , Firenze, Sis mel-
Edizioni del Galluzzo, 2003. MANTINBAND, J.H., Dictio nary of Latin Literature , New York, Philosophical
Library, 1956. MICHAU D, J.F. y L.G., Biographie universelle anc ienne et mod ern , París, 1870, I-XLV.
67
3. El m icrocosmos de la filigrana papele ra: el pape l, las marcas y los
símbolos.
“El mundo es un objeto simbólic o”.
Salustio.
68
Después de haber estudiado en el capítulo anter ior el cosmos de la Biblio teca
Universitaria de Sevilla y del libro incunable, no s centraremos ahora en el prese nte en los tres
puntos esenciales de l o que hemos venido en llamar el microcosmos del lib ro antiguo: el pap el,
las marcas y los símbolos.
En primer lugar, estud iaremos e l papel de los incunables, no sin antes escribir una
sucinta historia de este soporte desde su invención en la China hasta el sig lo XV, que no s
desvele su impor tancia para el desarr ollo de la im prenta y la divulgaci ón de las ideas del
Renacimient o, con el fin de estudiar a posterio ri las característica s del papel de los libro s
incunables de la Biblioteca hispalense, tanto en lo relativo a su formato, como a su verjura,
espesor y c olor.
En segundo lugar, nos ocuparemos propiam ente de la filigrana papelera como marca
de agua, norte y epicentro de est a tesis, sea en lo concerni ente a su definici ón etimológica y
aparición como m arca comercial, sea en lo relativo al pasado y presente de los estudios de las
filigranas en los incunables, para finalizar el apartado tratando de definir y perfilar el campo de
trabajo y de investigaci ón de las disciplinas que estud ian la m arca papelera: la Filigranología
frente a la Filig ranografía, c omo disciplin as auxiliares de la hist oria.
En último lugar, nos adentrar emos en el tem a central y específic o de nuestra tesis: “la
filigrana papelera como símbolo”. En este apar tado razonaremos el por qué se ha de
considerar la filigrana como un símbolo trascend ente, además de ser una marca comercial del
papelero, d e tal manera que ahondaremos en las ideas simbólicas de los pensad ores de la
Antigüedad , la Edad Media y de nuestro tiempo, que justifiqu en nuestra tesis, pa rticularment e
estudiare mos su opinión sobre la etimología y el co ncepto de sí mbolo, su función y sus
características, para fin almente o cuparn os propiament e a trav és de algun os apéndices de
ilustraciones de filigranas y gráficas de porcentajes, elaboradas ex pr ofeso , d el análisis, o ra
cuantitativo, ora cualitati vo de la simbología en las filigranas de los incu nables de la
Universidad hisp alense, de tal manera que dem os pie y camino a la interpre tación simbólica d e
las mismas en el último cap itulo.
Todo ello justifica que no sólo sea necesari o copiar, catalogar y describir someramente
el sistema simbólico de las filigranas papeleras, como han hecho parcialmente algunos
investigad ores, sin o tambi én investigar, estudiar y desvelar la significación y la trascendencia
que representan sus símbolos a partir de otras discipli nas del conocimient o si mbólico, como la
filosofía, la religión, la historia, la icono grafí a, et c.. En este sentido, nuestro trabajo prete nd e
aproximarse a la tesis de que las filigranas fueron representacione s sim bólica s de la religión
cristiana de los hombres del siglo XV, ade más de servir de identificación, por supuesto, del
molino papelero o fabrica nte, del formato o de la calidad del papel, aspectos estos últimos,
sobre los que, como expondre mos en los apartad os siguientes, han investi gado en gran
medida la ma yoría de los estudiosos del pap el y sus fil igranas.
69
3. 1. El papel de lo s incunables.
Para valorar correctament e la relevancia y el sign ificado del papel en el estudio de los
incunables creemos que es muy im portant e, en primer lugar, acercarnos al conocimiento del
proceso de fabricaci ón ar tesanal de una hoja de pa pel. El procedi miento es básicam ente el
mismo d esde su descubri miento por Ts´ai Lun en la China hacia 1 05, hasta p rincipios del sigl o
XIX en que se introducen unos nuevos descub rimientos, que revolucionar on la historia del
papel, n os referi mos, con cretamente, al descubrimi ento en 1 799 de la m áq uina de papel
continuo, por el francés Nicolás-Louis Robert, y a la introducci ón de la madera como materia
prima.
En la fabricaci ón antigua y manual de papel las materias primas básicas para elaborar
un papel blanco de buena calidad eran, en princip io, el lino, el cáñamo, más tard e se introdujo
el algodón, que se obtenían de los trapos desech ados , por el contrario para la obtención de un
papel de estraza, funcional y de baja calidad, se utilizaban cuerdas, alpargat as, telas viejas, etc.
Los trapos una v ez en el molino eran seleccionad os por los operarios prepara dos para ello,
según las diferentes calidades del papel que se quería fabricar, luego pasaban al pudridero ,
donde se humedecían, ab landaban y fermentaban, de allí a las pilas del molino do nde los
mazos lo s trituraban y maceraban en el agua, por este procedimien to se obtenía una pasta ,
denominada pulpa , que tenía en susp ensión las fibras de las materias pr imas u tilizadas.
3,1: Fabricac ión de pap el con forma, xilo grafía de 1698.
70
La pulpa se depositaba en un gran recipiente con agua, la tina , en la que el lau rente
introducía la forma , que tras un m agistral movimiento de vaivén, retenía en la superficie las
fibras de la pasta que daban lugar al pliego de papel (Fig.: 3 ,1). La forma es un marco de
madera con un fondo de tejido de alambres ho rizon tales, llamados pu ntizones , unidos a otro s
verticales , llamados corondeles , sobre cuya trama se cosía con un hil o muy fino la filigrana o
marca de agua del fabricante papel ero (Fig.: 3,12). El pliego de papel recién formado era
volcado por el pon edor sobre un fieltr o o sayal , sobre el que colocaba otro fieltro que a su v ez
recibía un nuevo pliego d e papel; estos pliegos de papel se metían posterior mente en un a
prensa para e xtraerle s la mayor cantidad posible de agua. De allí los sacaba el levador , que
quitaba los sayales colocando lo s plieg os sobre una tab la inclinad a; de esta tabla se llevaban a
la prensa. Una vez bien escurrid os los pliegos se sacaban de la prensa y se tendían en el
tendedero o mirado r . Seco el papel se pasaba a la sala de encola r , en donde se introducía en
mazos en una gran caldera que co ntenía una gelatina formada por la cocción de carnazas de
animales o pescados. Según se sacaban de la caldera, se prensaban en grandes grupos y se
llevaban más tarde al tendedero desde el que iban a la sala de bruñir . Una vez bruñido el
papel, las apartadoras lo examinab an y separaban , según la calidad del mismo. Por últi mo, las
contadoras revisaban cada papel y formaban la s r esmas . Cada pliego de papel, antes de salir
de fábrica, había pasado más de treinta veces por las manos de los operarios y cerca de diez
por las prensas
62
.
La revolución de la imprenta hubiera estado muy condicionada en su nacimiento, en el
supuesto de que no hubiera existid o el papel como soporte del art e tipográfico, aunqu e
paradójica mente los primeros papel es de los incunab les tendieran a parecer se en su grosor ,
textura y f ormato al perga mino. Las n ovedades, m ás ayer qu e hoy, por el afán de not oriedad
que comportan en nu estro tiempo, ávido de ellas , han producido desconfianz as en los usuarios
y co nsumid ores, de ahí que to da novedad, nunca pierda su vinculación directa con aquello qu e
quiere reemplaz ar.
3.1.1. La historia del papel hasta el siglo XV.
Si ya conocemos cómo se f abricaba artesanalmente la hoja de papel que iba a utilizar
un escribano, un impres or, un estudiante o un in dividuo cualquiera de la sociedad, no
podíamos o bviar un pequeño rec orrido por la muy antigua historia d el pap el, uno de los
soportes de la escritura que tan buenas prestaciones ha proporcionado y proporciona a la
Humanidad, sin el que nuestras ideas, nuestros conocimient os c orregid os y m ejorados no
podrían trans mitirse.
El papel, esa frágil materia vo látil, sobre la que no esta ríamos escribien do ahora, fue
posible gracias al ingeni o y la habilid ad de los avezado s chinos. Como
62
H emos seguido, en la exposición del proceso de elabora ción de una hoja d e pap el, el sabio estudio del
francés LA LANDE en su obra, L´Art de faire le papier , 1778, así como el p edagógico víd eo del MUSEU
MOLIN PAPER DE CAPELLADE S, El p apel (Bajo la d irección y realización de E ugenio Mo nesca con guión
de Victoria Rabal y Eugenio Monesca), Huesca, 1997.
71
3,2: La fabri cación del papel en China.
es tendencia generalizad a en el ser humano desde tiempos pasad os el personaliz ar toda
actividad creadora, trad icionalmente se atribuye la invención del papel a un dignatario de la
corte Chin a, un tal Ts´ai Lun (Fig.: 3,3) , jefe de l os eunucos del emperador, quien, como
atestigua la Cró nica Imper ial China, inició la fabricación de papel en el año 105, utilizando
fibras vegetales y trapos, aunqu e en realid ad se sabe que tres siglos antes, duran te la din astía
Han, se había elab orado algo parecid o al papel. Desde esa fecha has ta que los árabes lo
difundieran 700 años después, la fórmula de su fabric ación permaneci ó guardada celosament e
en la tierra del so l naciente, al igual que sucedió con la seda. No obstante, los monjes budistas ,
ya en el sigl o VII, nos habl an del conocimient o de la elaboración del papel en Asia, llev ado a
través de la ruta de la seda para pasar a Co rea y más tarde a Japón. El versátil y maravillos o
papel, siguien do la ruta co mercial del oeste, cruzó el Turquestán, Persia y Siria, de forma que, a
finales del sigl o VII, era ya c onocido y usado en toda Asia central.
3,3: Ts´ai Lun , descubri dor de la fabricac ión del papel.
Sin embargo, fueron los aguerridos conquistad ores árabes quien es, al aprender su
oculto secreto, cuando hicieron la conquista de la ciud ad de Samarcanda, en el año 751, lo
difundieron por las tierra s asiáticas, africanas y europeas, de suerte que establecier on la
técnica de fabricaci ón del papel primero en Bagdad, en el 795 , luego en Egipto, en el 906,
hasta llegar a Marruecos hacia el año 1100. Después los propios árabes introdu cen el papel en
72
Europa, a través de España, en el siglo XII y en Italia en el siglo XIII, así la ex istencia
documentada más antigua de los primeros molinos papeleros europeos se da en Játiva
(Valencia) en 1150 y en la ciudad italiana de Fabriano hacia 1276, aunque en la Españ a
musulmana debieron de existir presumiblemen te molinos papeleros ya en Córdoba, Sevilla,
Granada y Tol edo much o antes durante los siglos X y XI.
En Europa el texto más antig uo escrit o en papel, hecho en España, es el Glosario de
Leyde , elaborado en los primer os años del sigl o X, y co nservado en la Biblioteca Nacional de
París. En España particularment e se conserva el Breviarium et Missale M ozar abicum (ms.6),
procedente del monasterio benedictin o de Santo Domingo de Silos (Fig.: 3:4), tal vez escrito en
el scriptorium de Berlanga entre los años 945 y 1036, cuyos 38 primeros fo lios son de papel,
mientras el r esto es de per gamino.
3,4: Brevi arium et M issale Moz arabicum de Santo Domingo d e Silos.
La difusión de la fabricaci ón del papel en Occidente también fue lenta. En España,
como hemos referid o arriba, existieron molinos de papel tan to en la zona musulmana com o en
la cristiana, en las ciudades de To ledo, Sevilla, Córdoba, Granada, Játiva, et c., donde se
fabricaba un papel, co noci do como hispano-árabe, que est uvo en el mercad o español hasta las
primeras décadas del siglo XV, cuando el papel italiano y la im plantaci ón de sus técnicas de
fabricación l o relegaron al olvido.
En Italia desde finales del siglo XIII el arte de hacer papel se extiende desde Fabriano a
la región de Venecia, Padua, Bolonia y Génova, así como a varias regiones de la To scana y el
Piamonte. En Francia los molinos s e situaron, a partir de la mitad del siglo XIV, sobre todo, en
la Cam paña y la Lorena (L anguedoc , Troyes). En Alemania la fabricaci ón del papel está
directament e relacionada con la invención de la imprenta, aunque su primer mo lin o date de
73
1338, en la dese mbocadura del río P egnitz (Nuremberg), hasta 1450 sólo había en sus
territorios diez o doce molinos pap eleros, situados principalmente en el suroeste (Basilea,
Estrasburgo, Ratisbona, Metz y l a Friburgo suiza), sin embargo, al finaliz ar el siglo, contaba con
más de cincuenta, la ma yoría en el suroeste de la nación. Ya iniciado el siglo XV se co nstruye n
molinos papel eros en Hola nda, Inglaterra y otros país es europe os.
Aunque el hom bre de finales del Medievo se resistía a dejar el pergamino, no obstante
poco a poco el papel fue ree mplazándolo, en las universidades , en las oficinas de los estad os
nacientes, en las trans acciones comerci ales, en los trabajos manua les, y por supuesto, en las
imprentas, las recién llegadas al negoci o papelero. No faltaron durant e estos primer os siglos
de su lenta difusión la s reticencias p or parte de los goberna ntes o de algunos ciudad anos a s u
implantaci ón. Así, por ejemplo, en el siglo XI el rey Roger o en el sigl o XIII el emperado r
Federico II, prohibieron su uso por el temor de que es ta sustancia desconocida y de aparienci a
frágil se destru yera, o bien el caso del filó sofo francé s Gerson, que en 1415 en la un iversidad
de Parí s desalentaba el uso del papel para la copia de textos de estudio en pro d el perga mino.
Intentos fallidos, claro está, pero habituale s siempre que se produce un cambio de soporte,
pues la lenta y segura implantación del pap el estaba augurad a, no por la improbable
casualidad, sino porque el papel era abundante, b arato (costaba la décima parte que el
pergamino), du radero, tran sportable y asequib le.
A partir de la invención de la imprenta, la suerte estaba echada para el arte tipográfico
y la industria papelera, de manera que a partid de ese o bligad o y feliz hermanamient o, la
prosperidad de un o no se c oncibe sin la de la otra
63
.
3.1.2. El papel de los incu nables: forma to, verjura, esp esor y color.
Las caracterís ticas externas de cualquier papel, en general, y del pa pel de los
incunables de la Biblioteca Universitaria de S evilla, en particular, pueden s er de dos clases : las
que se refieren a su calidad (en relación con su propi a fibra y modo en que se preparó, la vó y
trituró) y las que depende n del molde con que se fabricó cada pliego (filigrana, contra marca,
puntizones, c orondeles).
Las primeras de estas características: la pureza de la pasta del papel, su buena
trituración, su consistenci a, su m ayo r o menor translucidez, su entonación blanca, grisácea,
amarillenta o ligeramente crema, apenas tienen inter és para este trabaj o de investig ación.
El mismo molino no podí a fabricar siempre un papel idéntico, puesto que usaba
materiales diferent es, empleaba operarios de desigu al destreza, las lluvias enturbiaban la
pureza de las aguas, etc., así como el paso del ti empo que llegaba a alterar el a specto, según
63
Para la expo sición de este apartado hemos consultad o la siguiente bibliografía: AA. VV. Cabe za de
Buey y Sirena , 14-9. DÍAZ DE MIRANDA, Mª D. y HE RRERO, A. Mª, El pa pel…, 15 -7. DOIZY , M-A. y
FULACHER, P., Papiers et moulins. Des o rigines à no s jours , Pa rís, Technorama, 1997, 19-24, 37-43.
FEBVRE, L. y MARTIN, H. -J., La ap arición…, 1-21. GAYOSO CA RRE IRA, G., “Caracterí sticas del papel del
Breviario Mo zárabe de Silos” , Investigac ión y Técnica d el Pape l, 31, 1972, 85-96. HID ALGO BRINQ UIS,
M.Cª, “El papel de los incunab les españole s”, Act. Jorn. Isab. I y la Impr. , Madrid , 2004, 298 -312. VALL S I
SUBIRÁ, O., La historia del Pa pel en España (Siglo s X - XV) , Madrid , E.N.C.E ., 1978, I, 45 -58.
80
El número de los corondele s también ha variado mucho a lo largo de la his toria, así
como el distanciami ento entre unos y o tros. La may oría de los papeles de los in cunables de la
Biblioteca Universitaria se villana tienen gene ralmente entre 12 y 16 corondeles en el format o
in -folio , siendo may or e videntemente la separación en los pap eles en este formato que en lo s
in -cuarto. Una m ay or aproximación entre corondeles debe tenerse siempre como testimon io
de progreso y mejora en la calidad de la pasta del papel. Cuando se encuen tra una mism a
filigrana sobre papeles diferentes, hay que considerar como más antiguo el que muestre sus
corondeles más espaciad os. Algunos papeles, sobre to do, los de proceden cia italiana,
presentan la particularida d de una separación mayor entre lo s corondeles so bre los que se
adhiere la filigrana. En este más amplio inter valo entre los corondeles se encuentra
frecuentem ente extendido un corondel de más, llamado de “apoyo”, sobre el que la filigrana
descansa
68
.
Por último, el papel de los incunables presenta mayoritariamente un espeso r entre
0,12 mm y 0,28 mm, en tanto que su color o aspecto exteri or, en casi su totalidad, si
exceptuam os el oscurecid o o humedecido por la acción del tiemp o o la dejad ez, tiene una
entonación grisácea , amarillenta, ahuesada o lig eramente crema, los incun ables que presenta n
un papel muy bla nco han si do tratados moderna mente con product os químic os.
3.2. La filigrana papeler a como marca de molino.
Explicado en páginas anteriores el proceso de fabricación de un pliego de papel
artesano en un molino pap elero y las vicisitudes de la historia papelera de sde su invención en
la China hasta el siglo XV, además de haber expuesto las caract erísticas físicas del papel de los
incunables, resta que n os ciñamos ya a la filigran a papelera c omo marca del fabrican te sobre la
que hasta ah ora sólo hemos tratad o somera mente.
En primer lugar, la palabra filigrana (lo s anglosajones la denominan watermar k ), según
Doizy y Fulacher, procede etimológicamente “ del latín filum , que significa “hilo” y gran um
“grano”. El té rmin o designó inicialmente en Italia un trabajo de orfebrería que consistía en
ensartar pequ eños gran os con un hilo, es d ecir, algo así como un rosario o un collar de
cuentas. Pero Joan Co romi nas (1905 -19 97) advierte que el componente grano se empleó en
Italia como tér mino d e orfebrería para referir se a pequeñas partículas de metal. De ahí que l a
etimología de filigrana sea el hilo hecho en orfebrería con m uy pequeña porción de algún
metal noble, o el trabajo hecho co n ese hilo, sin que el vocablo “grano ” o cuenta intervenga
aquí para nad a en la significación
69
.
68
BRIQUET, Ch. -M., Les Filig ranes …, I, 66 - 7.
69
CORO MINAS, J., Dic c ionario c rítico etimo l ógico castellan o e hispá nico , Mad rid, Gredos , 1980-2001, I V,
386 -7. DOIZY, M. -A. y FUL ACHE R, P., Papiers.et mo ulins.. ., 150. LEÓN, R., Papeles so bre el papel , 47.
81
3,12: Esque ma de una for ma papelera (según Piccar d).
Pues bien, en la f orm a de elaboración del papel, a partir del siglo XIII, los papeleros u
orfebres comenzar on a coser con un hil o muy fino de plata o latón sobre la trama una figura
gráfica o símbolo (l etras, c abeza de buey, man o, cruz, escudo, ca mpana, balan za, etc.…), que,
además de reforzar la resistencia para el uso y manejo de la forma, producía en el tejido un
relieve, de suerte que, cua ndo se introducía la forma en la tina, se acumulaba menos pulpa en
esta figura gráfica y lo mismo sucedía en los corond eles y puntizones; por es o, al ver el papel
por transparencia o por luz rasante se puede o bservar a simple v ista la impresión que han
dejado los alambres horizontales y v erticales, y la figura cosida gráfica o símbolo (Fig.: 3,12) .
Esta marca dejada por el relieve de la figura o símb olo es lo que se co noce como filigrana o
marca de agua. Las filigran as m ás antiguas encontradas hasta la fecha representan una letra
“F”, usada en Cr emona a partir de 1271, y una cruz griega que se encuentr a en un document o
datado en Bolonia en 1 282, de ahí qu e las filigranas fueran utilizadas po r primera vez por l os
papeleros italianos
70
. Hasta aproximada mente 1312 , los nombres de los papeleros, siglas y
monogra mas, se convirtier on en el tipo de filigrana más usado, desarrollán dose a partir de
entonces el maravillo so y misterioso mund o de los símbolos medievales
71
. Frente a la génesis
italiana de la filigran a, algu nos aut ores, como el catal án Oriol Valls, sos tenía ha ce décadas, en
su Historia del P apel en Es paña, la sugerente tesi s sobre su origen japonés y la situaba
70
BALMACEDA, J. C., Filigranas …, 11 -5. BRIQ UET, Ch. -M., Les Filigranes …, I, 66 -7. DÍAZ DE MIRANDA, Mª
D. y HERRERO MONTERO, A. M., “E l estudio de las filigrana pap elera como medio de dat ación d e las
encuadernacion es”, en AA BADOM , junio -septiembre, 2004, 37-43. DOIZ Y, M. -A. y FULA CHE R, P., Papiers
et mou lins …, 151.
71
AA.VV., Cabeza de Buey y Sirena…, 49.
82
cronológica mente en el sig lo VIII, pero esta elucubración ha sido desmentida por los propio s
investigad ores japoneses
72
.
Cuando los m ism os sí mbolos fueron usados por diferentes artesan os, con el fin de que
se identificara el papelero y no hubiera duda del pa pel fabricado en su molino, surgió en el
siglo XV la contramarca, que volvía a incluir las iniciales del papelero. La contramarca, como
filigrana de m enor tamañ o, solía situarse en la mi tad del pliego que no acogía la pr opia
filigrana, es decir , en el ce ntro de la m itad del pliego que no ocupa la filigrana, o bien en o tros
casos en una de las esquin as del papel, o junto a la misma filigrana (Fig.:3,13 )
73
.
3,13: Cont ramarca de l a letra “P” junto a la filigran a de la bal anza.
Para finalizar este apartad o, referir que la filigrana de la que venimos habland o suele
calificarse más específica mente por los estudiosos del papel, como filig rana blanca o clara , p or
oposición a otros tipos que surgieron siglos más tard e, sea la filigrana neg ra , qu e apareci ó en
1792, cuy o inventor desc onocemos, obtenida media nte un hendid o hecho en la tela metálica
de la forma g racias a la presión de un taco de madera tallada, que pr oducía una mayor
acumulaci ón de pasta y por ende un efecto obscuro; sea la filigrana sombreada , inventada
hacia 1845 por el inglé s W. Smith, que hoy nos resulta habitual en los billetes d e banco y otros
papeles de segurid ad; sea la filigrana artificial , que se obti ene mediante la colocación de un a
prensa inmediata mente después del primer cilindro secad or o las que se realizan
humedeciend o y gofrando el papel una vez que éste está fabricad o
74
.
72
VALLS I SUBIRÁ, O., Historia d el p apel …, I, p. 57.
73
BRIQUETR, Ch. , Les Filigranes …, I, 10. PEDRAZA, M., CLE ME NTE, Y. y DE LOS REYES, F., El libro a ntiguo ,
145.
74
BALMACEDA ABRA TE, C., Filigranas …, 23 -30. DOIZ Y, M.-A. y FULACHER, P., Papie rs et m ou lins…, . 148 -
59. HIDALGO BRINQ UIS, Mª d el C., “Filigranas pap eleras”, El papel y las tintas en la transformación de la
información , Huelva, Diputa ción Provincial, 1992, 193 -201. LEÓN, R., Pap eles sobre le pa pel, . 83-5.
83
3.2.1. Los est udio s de las filigra nas en los incunables.
El estudio de las filigranas papeleras de los incunab les existentes en las bibliotecas
españolas es todavía incipiente, al igu al que en d ibujos, grabados o mapas, de m anera que la
mayoría de l os trabajos se han realizado y realizan so bre filigranas de docum entos de archi vo.
No obstante, est a tendenc ia de la investigación de las filigran as de los incunables comenzó a
cambiar a finales de la déc ada de los años 80, a partir de los trabajos de estud io, del difunto
profesor y amig o José Sánchez Real (19 18 -2008), como El papel y sus filig ranas en los
incuna bles tarraconenses (Tarragona, 1977 -19 80), que, como veremos más adelante, ha
despertad o la necesidad, por parte de los estudios os del papel y de los bibliófilos, de l levar a
cabo trabajos y repert orios sobre las filigranas papeleras de los incunables, tanto en las
bibliotecas españ olas com o extranjeras.
El primer estud io pioner o so bre filigranas en los incunab les con valor científ ico lo
realizó el eminente bibliófil o español, Carlos de la Sern a Santander (1752 -18 13), iniciador de la
filigranología hispana, d el que hablaremos en el apartado siguien te, co n su trabajo
“Observations sur le filigr ane du pap ier d es livres imprimés dans le XV siècle”, en el que
reproduce 147 filigranas de incunables, como S up plément au Catalogue des livres de la
bibliothèqu e de Charles de la Ser na S antander (Brux elles, 1 803)
75
. L uego de esta investigación,
aparecieron dos trabajos sucesiv os a final es del mismo siglo XIX y princip ios del XX, en l os que,
bien se incluía un índice de las filigranas que aparecen en el papel de los volúmen es
catalogados, bien se prese ntaba y estudiaba el elenc o de las filigranas de una bib lioteca. No s
referimos puntualmente al trabajo de Auguste Castan (1833 -189 2), Ca talogue des incunab les
de la bibliothèqu e publi qu e de Besançon (Besançon, 1893), dond e inserta un índice de las
filigranas que aparecen en el papel de los volú menes catalogados, y al estudio filig ranológic o
de P aul Heitz (1857-1943), L es filigranes des papiers contenus dans les incunab les
strasbourgeoi s de la Bibliot hèque Impériale de Strabo urg (Strasbourg , 1903)
76
.
Los trabajos y estudios mencionados dier on origen a dos líneas de investiga ción en el
estudio de las filig ranas papeleras en los incunables, que h an venido dando desi gual fruto a lo
largo de las décadas, una orientada a la identifica ción de las antiguas filigranas papeleras, es
decir, a asignar a cada una de ellas una data tópica y cronológica de fabricación del papel, y
otra, debida especialment e a bibliotecarios y bibliógrafos, encaminad a a fijar la fórmula y la
nomenclatura d e su descri pción
77
.
Pues bien, en la segunda línea investigadora iniciad a po r los estud ios bibliogr áficos,
salvo en raras ocasi ones, se ha ignorado, en general, la existencia de la filig rana. Los catálog os
de los principales fondos de incunables, tanto españoles como extranjeros , que se han
75
HIDALGO BRINQ UIS, M ª del C., “Carlos An tonio de la Serna Santand er, pionero en el estudio de la s
filigranas”, Act. V Congr. Nac. Hist. Pap. Esp. , Sarrià de Ter (Girona), 2003, 157 -74.
76
AA.VV., Cab eza d e Buey y Sirena …, 92 -3. HAEBLE R, K., Introduc c ió n…, 72. MARTÍN ABAD, J., Los libros
impresos antiguo s , Valladolid, Publicaciones de la Universidad , 2004, 71. SÁNCHEZ REA L, J., “El pap el y
sus f iligranas en los incunab les tarracon enses”, In stitut d´ Estudis Tarracone nses Ramon Beren guer IV ,
Tarragona, Dipu tación Provincial, 1977, 40, 91 -112 y 44, 19 80, 55-7 6.
77
MARTÍN ABAD, J., Los prime ros tiem pos..., 263.
84
publicado carecen de la referencia a la filigran a del papel utilizado en cada caso. En España se
aventuró a incluir a veces ciertas referencias verbales a la s filigranas de los incunab les el
estudioso del libro an tiguo, Francisco Vindel Angulo (1894 -1960) en su o bra El arte tipog ráfico
en España durante el siglo XV
78
, referencias limitadas, que hay que manejarlas co n precaución,
puesto que son incomple tas. Así, por ejemplo, por mencionar un caso particular, entr e
muchos, en el Repertorium seu secunda compilatio legum et ordinationum regni Castellae ,
(Salamanca, ca.14 85) del jurista español Alfonso Díaz de M ontalvo (1405-1499), aparece
reseñada p or el bibliófilo Vin del sólo la filigrana d el anill o sin mayores expl icaciones, cuando e n
este libro, por lo menos en el ejemplar nº 8 2, que he manejado de la Biblioteca Universitaria
de Sevilla, las filigranas que aparecen, además de la ya registrad a de l anillo, son: anill o con
estrella d e cinco y seis puntas, anillo co n cruz grieg a, m ano con estrella de cinco y seis puntas ,
mano con corona, armas d el reino de Valencia, Cataluña y Aragón e indefinida. Es común que
en los incunables aparezca en un libro m ás de una filigrana y m uchas variantes de un mismo
motivo, lo no común es la cita tan sucinta que aporta muy poco al estudi o de las filigranas. No
obstante, en esta misma línea investigadora, es digno también de rese ñarse el breve estudio
sobre incunables de temática histórica impresos en Sevilla, La bibliografía histórica en S evilla
durante el siglo XV: veinte incunables sevillanos que tratan de historia (1946)
79
, por Miguel
Romero Martínez (1888-1957), que se limita a repetir igualmente la descripción de la filigrana
de manera e scueta, por su puesto, sin repr oducirla.
Por o tra part e, los catál ogos anteriores al Catálogo General de Incunables en
biblioteca s españolas (IBE) de 1989-1990
80
, no suelen incluir al usión alguna a las filigran as, ni el
catálogo de la Biblioteca Universitaria de Santiago, ni el de Barcelona, ni el de Salamanca, ni el
de Sevilla, ni siquiera el de la Biblioteca Nacional que estimuló la confe cción de estos
catálogos, es más, los bibli otecarios no hicieron caso a las Instrucc iones para la ca talogación de
incuna bles de 1957, tal vez po r falta de medios o por premura en la realización de los
catálogos, o por consid erarlo irrelevant e, sea lo que fuere, l o cierto es que, prepa radas por una
comisión de expertos bibliotecarios , que tuvo en cuenta la filigrana en la parte relativa a la
descripción minuci osa del texto, disponía en su artículo 67 que: “Se indicarán también las
particularid ades del ejemplar catalo gad o, tales como la tirada en papel especial o en
pergamino, v itela, la ilu minación de portadas e iniciales, c alderon es, manus critos, exlibris ,
filigranas del papel , etc., y la encuad ernación”
81
. En estas fe chas sólo en algún caso , en
catálogos de fondos “no oficiales”, como el de los 115 in cunables ex istente s en la catedral de
Valencia o en el de los 25 de la biblioteca m unicipal de la misma ciudad, se anota la filigrana
del papel de mucho s de ellos, si bi en en ocasiones la referencia verbal es vaga, “ sin identifica r” ,
en otras, “no se aprecia”, “variadas” , etc.
82
78
Madrid, Dirección G eneral de Relacion es Culturale s, 1945 -1 951.
79
Sevilla, Imprenta d e la Escuel a Provincial de Arte s Gráficas, 1946.
80
(coordinado y d irigido por Fran cisco Gar cía Craviotto) , Madrid, Dirección General del libro y
Bibliotecas, 1989 -1990, I- II.
81
La cursi va es nuestra. Madrid, Dirección Gen eral de Arch ivos y Bibliote cas, 195 7. MARTÍN ABAD, J., Lo s
primeros tiempos…, 230-6. S ÁNCHE Z REAL, J. El pa pel …, I, 97 - 8.
82
MARTÍNE Z OR TIZ, J., Catálo go y estudio de los incunables de la Biblioteca Munic ipal de Valencia ,
Valencia, Publicacion es del Ay untamiento, 1955. SÁNCHEZ REAL, J., El p apel …, I, 98.
85
A partir del IBE de 1989-1990 se suele inclu ir la filigrana en los catálogos de incu nables,
así lo hac e el libr o, Los incu nables de la Biblioteca Universitaria de G ranada (1992)
83
, de forma
igualmente esc ueta e imprecisa, de modo que tamb ién se producen diverge ncias entre los
incunables de la misma edición, c omo ocurre, p or ejemplo, c on el incunable De propietatib us
rerum , [Heidelberg, H enricus Knoblohtzer], 1488, por el franciscano inglés Ang licus
Bartholomaeus (ca.1203-1 272), en el que se anota por parte de los bibliotecario s de la
Uni versidad de Granada: “Impres o en papel. Filigranas: especie de P gótica hast a la pág. 304 y
desde aquí, cabeza de buey con cruz”, cuand o, por el contrario, en el mism o libr o, ejemplar nº
25 de la Biblioteca Uni versitaria de Sevilla he mo s registrado las fil igranas de la cabeza de bue y
con varilla /vara y crismón, y con varill a/vara y tau, P gótica con flor de 3 pétalo s, y flor de lis.
Incongruencias y diferencias que pudieran ex plica rse, po rque un mism o impresor trabajaba
con partidas de papel de distintos molinos papeleros, unas con unas filigranas determinadas ,
otras con diferentes o sin filigran a alguna. Creemos que lo más acertad o, para eliminar du das o
equívocos, en la nomen clatura de la descripción de la filigran a, sería presen tar siempre la
copia fiel de la misma, aun que no sea a ta maño real.
Finalmente, respecto a la primera línea investigadora, llevada a cabo por los
historiadores del papel, con el fin de identificar las antiguas filigranas papeleras de los
incunables, de mo do que se le pudiera asignar a cada una de ellas una data tópica y
cronológica en la fabricación del papel, los resultados obtenidos han sido más plausibles, si
bien no exist en tantos trabajos de investigaci ón como para que lan cemos las ca mpanas al aire.
El estudio que marca un antes y un después, como hemos referido supra , es el
realizado por el investigad or José Sánchez R eal so bre El papel en los incunables tarraconens es
(1977-1980)
84
en el que analiza el estad o de la cuestión de la filigrana en los est udios de
incunables, la relevancia e importancia de la misma, los impresores que trabajaron en
Tarragona, el aporte de ciertas conclusiones sobre la filigrana de la mano y la estrella y, por
último, la reprod ucción de 22 filigranas de unos seis in cunables.
No obstante, llama la atención que Sánchez Real n o mencionara por aquel entonces
para nada un trabajo anterior de finales de los años 60, de otro investigad or del papel, José
Luis Basanta Campos, “Las marcas de agua en los incunab les gallegos” (1968), en el que se
estudian y se reproducen las filigranas de nueve incunab les, impres os en G alicia, máxime
teniendo pr esente que tal artículo apar eció como separata del Boletín, Investiga ción y Técnica
del Papel , r evista en la que ambos habían c olaborado p eriódicamente
85
.
Otros trab ajos más r ecientes sobre incunables son por una parte, lo s estudi os de
investigación de Mª Carm en Hidalg o Brinq uis, “El pap el de lo s incunables españ oles” (2004)
86
,
donde la autora analiza la fabricación y el comercio del papel en España durante el s. XV, el
papel de las bulas, la importancia de las imprentas peninsulares, y reflexiona sobre el estudi o
de las filigran as de los incunables, como fuent e de datación y localizaci ón de los mis mos. Por
83
MARTÍN O CETE, A., Los inc unables de la Bibliote ca Universitaria de Granada , Publicaciones d e la
Universidad, 1992.
84
Institut d ´Estudis Tarraconenses Ramo n Be renguer IV , Tarragona, Diputación Pro vincial, 40, 1977, 91 -
112 y 44, 1980, 55 - 76.
85
Investigació n y Técnic a del Papel , 1968, 18, 921- 37 .
86
Act. Jorn. Isab. I y la imp r. , Madrid, 2004, 298-312.
86
otra, los trabajos de las autoras, Mª Dol ores Díaz de Miranda Macías y Ana M ª Herrer o
Montero, sea su ensayo “ El papel y las filigranas en l os incunab les españ oles de las bibliotecas
asturianas” (2004)
87
, en el que estudian once libros de las bib liotecas asturi anas y apor tan un
repertorio de 42 filigranas, sea el extenso y document ado artículo, “La incidencia de la
imprenta en la fabricación del papel, a través del estudio de sus características y de las marca s
de ag ua” (20 09)
88
, en el que las investigadoras es tudian el papel hispano -árab e e italiano y su
fabricación, la labor de la imprenta, y los papeles emp leados en 204 incunab les impresos en
España, según las fuent es del estudioso holandés Gerard van Thienen y otros autores, sea, por
ultimo, un breve y compl eto artículo de Mª Dolores Díaz - Miranda, “Las filigranas de los
incunables españoles a través de los estudios de Gerard van Thienen” (20 10)
89
, en el que
reivindica y pondera el trabajo y el estudio de las filigranas en los incunables hispanos del
holandés, Gerard v an Thienen, al que no se le ha dad o el debido m érito aquí en Españ a por
parte de los estudiosos de l a filigranología.
Otros artículos sobre el mismo tema han sido: el de Taurino Burón Castr o “Altern ancia
del uso del pergamin o y p apel en tiempos de Isabel La Católica” (20 04)
90
, en el que analiza un
total de siete incunables de los fondos de la Catedra l de León y aporta un repertorio de 24
filigranas, o bien el de G. Van Thienen, (traducido por la susodicha M ª D. D íaz de M iranda), “ El
papel y las filigranas de los incun ables impresos en España a través de los diversos ejempl ares
conservados en las bibliotecas del mundo”(2007)
91
, en el que se exponen las investigacione s
del autor, en más de 800 ediciones de incun ables imp resos en España, del pap el y sus filigranas
(sobre 9.000 frotad os) en bibliotecas españ olas, de los EE.UU., Inglaterra, Al emania, Francia ,
Rusia, Austria, Portugal, Bélgica, Holanda, etc., cuya finalidad investigadora es atribuir fechas
más precisas a los más de 500 incunab les sin datar, p or m edio de la similitud de sus filigranas
con los incunables qu e ya e stán fechados.
Respecto a las filigranas de lo s incunables de la Universidad de Sevilla hay un breve
estudio que las aborda de m anera i mprecisa e incompleta, se trata del trabajo de Yolanda
Abad Méndez, In cunaboli della Biblioteca Un iversitaria di Siviglia (1997)
92
, en el que la autora
estudia 20 incunables (nº 31, 38, 60, 68, 80, 8 3, 85, 109, 114, 118, 124, 139, 152, 157,162, 186 ,
201, 204, 211, 223) desde el punto de v ista de la encuadernación, y copia a mano alzada
algunas filigranas, omite muchas otras, mezcla filigranas propias del incunable con las del
papel de la encu adernación, o bien ano ta de manera imprecisa su des cripción, sin m enciona r
su localización en el libro, así por po ner un ejemplo, en el Repertorium quaestionum super
Nicola um de Tudeschis (Sevilla, 1 477), del jurista m edieval español Alfonso Díaz de Montalvo
(1405-1499), cita y copia una única filigrana, la de l a tijera co n lazo, cuando, en realidad, en
este incunable aparecen va rios tipos de tijeras, con lu na, con flor, con estrella, y otras f iligranas
como la cabeza de buey co n luna, la corona o la balanza encerrada en un círcul o.
87
Act. Jorn. Isab. I y la impr. , Madrid, 2004, 328 -67. Dos años después dichas autoras amplían la
información con tenida en el artícu lo anterior en otro titul ado, “La imprenta y el p apel a través de los
incunab les montserratinos”, 28 IPH, Congr. In tern. Ass. Pap . Hist. H isp.-ar. pap. & pap . mus. a nd sign. ,
Capellades (Barc elona), 2006, 143-57.
88
Memoria Ec clesiae , Oviedo, 2009, 259 - 317.
89
Boletín CAHIP 8, 2010, 2- 6.
90
Act. Jorn. Isab. I y la impr. , Madrid, 2004, 368-75.
91
Syntagm a , 2, 2007, 239- 61.
92
Ejemplar mecan ografiado, s.l. , s.e., 1997, 1 - 88.
87
Por último, en el ámbit o europeo, mencionare mos algunos proyectos muy rele vantes
sobre l as filigranas de los i ncunables, el primero es el denominado “Watermarks in I ncunabula
printed in The Low Countries” (WILC), lider ado por el mencionado Gerard v an Thienen, ex -
conservador de incun ables en la Koninklijke Bibliotheek, la Bibli oteca Real de la Haya, a quien
ha sucedido, después de su jubilación, Marieke van Delft. Este proyecto, cuya colección
contiene 16.00 0 filigranas de casi to dos los 2.000 inc unables que se imprimier on en papel en
los Países Bajos en el siglo XV, se o frece en Internet en la siguiente dirección :
www.watermar k.kb.nl
93
.
El segundo proyecto, denominad o “ Water marks in Incunabula printed in España”
(WIES), presentad o por la Comisión de Paleografía y Codicología Medi eval de Manuscritos d e
la Academia Austriaca de las Ciencias y de Al ois Ha idinger, en Austria , contien e casi 6.000
imágenes de frotados de filigranas de incunables impresos en España, de los 9000 realizados
por el autor, cuya base de d atos está disponible en in ternet:
http:/www.ksb m.oeaw.ac. at/wies/
94
.
El último proyect o sobre las filigranas de los incunables del que tenemos noti cias es
una idea it aliana den ominad a “Progetto Carta”
95
.
3.2.2. Filigranología versus Filigranografí a.
Una vez est udiada la génesis y la historia de la fili grana, y vistos los estudios sobre
filigranas en incunables, vamos a intentar aproxima rnos a la definición y del imitaci ón del
campo de in vestigación de las dos discip linas de estu dio de las filigranas: la Fi ligranología y la
Filigran ografía. Si bien dichos vocablos pueden y se han utilizado muchas v eces como
sinónimos, no o bstan te, no significan lo mismo, si nos centramos científic amente tanto en sus
fines como en su significac ión e timológica como. Respecto a su eti mología comprobam os qu e
el segundo elemento de la composición de las palab ras difiere entre ellas. Esta significación
etimológica, pu es, nos ayu dará a delimitar su defin ición científi ca.
Como dijimos en el apartado ant erior, el primer elemento común de los dos
tecnicismos, filigrano- proviene de dos palabras latinas, filum , “hilo” y granum “grano” ,
mientras que el segundo, diferente para ambas palabras, deriva del v erbo griego, graphein,
“escribir”, “dibujar” y de la palabra logos, “ tratado ”. Así pu es, atendiendo a su definició n
etimológica la Filigranografía trataría de la descripción física de las im ág enes o marcas de agua
contenidas en los viejos papeles, mientras que la Filigranología sería la discipl ina o tratado
científico de la s filigranas
96
.
93
AA.VV., Cabeza de Buey y Sirena … , 117-20. MAR TÍN ABAD, J., Los primeros tiempo s … , 263
94
AA.VV., Cabeza de Buey y Sirena ., 120-22. DÍA Z MIRANDA y MACÍAS, Mª D., “Las filigran as de los
incunab les …”, 2- 6.
95
MARTÍN ABAD, J., Los prime ros tiem pos…, . 263.
96
Para analizar los diferente s campos d e estudio de la Fi ligrano logía y la Filigran ofía se h an tenido en
cuenta las elucub raciones te óricas que hiciera Erw in Panofsky sobr e otras do s disciplin as de la hi storia
del arte, la Icono logía e la I co nografía, que planteab an problemas parecido s, en su obra El significado en
88
Ahondando, por tanto, en el tema, la Filigranog rafía tendría un papel esencialmente
extrínseco, descriptiv o, do cumental y clasificador, es decir, se debería ocupar no só lo de los
métodos tradicionales y moderno s de recogida de las filigranas, sino también d e la ubicación,
la cronología, la descripció n de las imágenes y clasificación de las mis mas.
Supongamos que queremos estudiar una filigrana cualquiera, en est e senti do , en
primer lugar deber emos optar por un sist ema de rep roducción de la filigran a, que se ajuste a
nuestro objeti vo, o bien el métod o tradicional de calc o o frotad o, o bien el mode rno de rayos X
o substracción de imágenes u o tros más sofisticad os en el futuro tecnológico, donde
anotaremos los datos prop ios de la filigrana (tipo de papel, de filigrana, obtenci ón, situación,
posición, dimension es, etc.), posteriorment e una vez reproducida la filigrana, constatare mos la
ubicación, según los datos del documento donde aparece, si está en un libro, legajo, m apa,
dibujo, etc. y los datos de la hoja y la forma del papel, teniendo en cuenta el trazado y el
tamaño de la filigran a, el lug ar que ocupa en el papel, si es idéntica o variante de otra, sus
corondeles, sus puntizones, etc.; a continuaci ón, la identificare mos, si se trata de un animal, o
vegetal, u objeto cotidiano, letra, etc.; y, por último, haremos una clasificación de la misma,
según criterios m odernos o antiguos, dependiend o del fin de nuestro estudio, etc . Para
concluir, c on los da tos extern os obteni dos y la comparaci ón con otra s filigran as de otro s
manuales o trabajos de in vestigación, que nos perm itirá aproximarn os a una cronología d e
ejecución y a un lugar de proced encia y el m olino -pap elero.
Por el contrari o, la Filigran ología , estudiaría el significad o intrínseco de la filigrana, la
captación de la s realidades subyacentes, implícitas, q ue son propias d e unas preferencias p or
parte de un papeler o, impr esor, librero, editor, o autor de un libro, en un ti empo histórico y en
un lugar determinado, que condicionar on y motivaron que se eligiera ésta y no aquella otra
filigrana. El descub rimiento o la consecuci ón de estos significad os intrínsecos depend erán de la
posición que adop te el est udioso o inves tigador.
Así pues, d esde el p unto de v ista del historiador d el papel, la filig rana nos puede
desvelar la época, el fabricante y la calidad del papel y la ubicación del molino papelero, no
obstante también nos puede informar, sobre el comercio papelero, el por qué la filigrana del
escudo de Valencia, Catalu ña y Aragón aparece en papeles impres os en Nápoles, el por qué en
los papeles ordinari os de legajos de archi vos se repite con may or regularidad la misma filigrana
frente a los libr os de imprenta que presentan una mayor diversidad de tipos de filigranas, el
por qué un supuesto documento notarial o un grabado de un pintor relev ante, ambos del sigl o
XVI, presentan un papel con la filigrana del toro y el picador, característica del papel italiano
del siglo XVIII, cuan do tení a que presentar una fili grana con motivos simb ólicos del siglo XVI.
Por otra parte, desde el punto de vista del simb olismo, se puede est udi ar qué
significado religioso o prof ano tiene esta o aquella filig rana en tal época, o des de el punto de
las artes vi suales , Mad rid, Alianza, 1985 (1 ª ed. en castellan o 1979), 45 -75, estudios q ue han seguido
otros historiadores del arte posteriores, entre ellos, Louis Réau, Ic onografía del arte c ristiano .
Introducc ión general , Barcelo na, Del Serbal, 20 08 (1º ed. en caste llano 2000), 13 - 24, o bien Santi ago
Sebastián Ló pez, Mensaje simbólico d el arte medieval , arquitectura, liturgia e ic onografía, Ma drid,
Encuentro , 2009, 47-78, o Jua n F. E steban Lorente, Tratado d e Ico nografía , Mad rid, Istmo, 1995, 5 - 6.
89
vista de la historia de las mentalidades o fil osofía de la cultura qu é idea lleva a un papelero a
elaborar su papel con esta filigrana, o a un impresor a confeccionar un libro con esta u otra
filigrana para un tema específico, etc. De ahí que para la Filigranolog ía sea necesaria la
erudición s obre la hist oria del pap el, la evoluci ón de las creencias, de las ideas relig iosas y de
las mentalidad es, la aparici ón de corrientes filosóficas, artísticas, s ociales, econ ómicas, etc.
La filig rana, pu es, al encontrarse en un soporte tan impor tantísimo para la historia de
la humanidad, como es el papel, se convierte así en m ateria de estudio de ciencias tan
aparentement e dispares como la m usicol ogía, la cartografía, la historia del libro, la historia del
arte y la c onservación, la h istoria de las ideas y d e las religiones , la simbólic a, la criminol ogía,
etc.
97
Por tanto, entende mos la Filigranología como una ciencia muy joven, auxilia r de la
historia, que surge en el siglo XIX, que estudia los valo res intríns ecos de la filig rana , cuyo
estudio depend erá, como decíamos arriba, del pu nto de vist a de análisis qu e adoptem os.
Fue en el sigl o de la Ilustración, concretamente en 1 736, cuando se iniciaron los
primeros estudios, que despertaron el interés por las filigranas como marc as pap eleras,
llevados a cab o por el polaco J oh Samuel Hering
98
.
La historia de la Filigran ología ha te nido en los país es o ccidentales diferente desarroll o
según el terri torio, nosotros menci onaremos las na ciones y los investigado res y estudios os más
relevantes conjunta mente con sus obras más señeras, a fin de proporcion ar una visión
sinóptica y diacrónica de est a disciplina, además de reseñar una relación básica de los
repertorios de filigranas con los que contamos actualment e, y a los qu e será imprescindible
acudir para localizar y datar las filigranas que obtenga mo s en nuestros trabajos de
investigación.
En España principió el camino de la Filigranología en el siglo XIX, como ya dijimos,
Carlos Ambr osio de la Serna Santand er (1752-1813), destacado bibliófil o, que en 1803 public ó
una colección de 148 filigran as en incunables. Sigu en a de la Serna, los trabajos de Manuel Ric o
y Sinobas (1821-189 8), J osé Escudero de la Peña (1829-1883), Francisco Bofarull y Sanz (1848),
Juan M enéndez Pidal (1861 -1915) y Jorg e Eduardo Bo nsor y Saint M artín (1855 -1930) .
Lamentable mente los trabajos in vestigadores de todos estos estudiosos sobre el papel y sus
filigranas permanecen inéditos, a excepción de los estudios de la Serna y de Bofarull. Este
último es el verdadero pre cursor de la filigran ología española por sus o bras, Los animales en
las marcas del papel (Villanu eva y Geltrú, 1910) y La heráldica española en la filigrana de papel
(Barcelona, 1927)
99
.
97
Esta exposición sobre Filigra nografía y Filigran ología es deudora en par te d e las reflexiones que sobre
Iconografía e Icon ología h iciera Erwin Pan ofsky, El signific ado…, 45 -52 y Estu dios sobre Ic onolog ía ,
Madrid, Alian za, 1994, XVIII y. 11-25, y Louis Réau, Ic onografía del arte cristiano. I, 20-4, y Jua n F.
Esteban Lorente, Tratado de Icono grafía , 5 - 6.
98
DÍAZ DE MIRANDA, Mª D. y H ERRERO MONTERO, A. Mª, “ El estudio de la filigrana …”, 37 - 43.
99
AA. V V., Cabeza de Buey y Sirena …, 96, 9 8, 102 -103. BALMACEDA ABRA TE, J. C., Fi ligranas…, 31. DÍAZ
DE MIRAN DA, Mª D. y HERREO MONTERO, A. Mª, “El estudio d e la filigrana…” , 3 7 - 43. HIDALGO
BRINQUIS, M ª del C., “Apuntes para la historia de lo s estudios sobre filigranas en España”, Act . I Congr.
Nac. H ist. Pap. Esp. Fil. , Mad rid-Capellades (Barcelona), 1995, 412 -18.
96
como con imágenes, que igu almente sirven al laico y al clérigo”
117
. Además el arte del siglo XV,
lejos de abandonar el conteni do simbólico medieval, propició que los pintores, e n su tendencia
creciente de realis mo , hicieran una utilización más exacta y compleja de los símbolos, como
por ejemplo el grabado de Alberto Durero (1471 -1 528) Melan colía , o de Leonardo da Vinci
(1452-1519) la Úl tima cena
118
.
Por tanto, el papel, como soporte del libro in cunable, respo nde a esa doble tendencia
comunicativa para el hombre cultivado del siglo XV, por una parte el texto escrito para la
lectura, por otra el símbolo de la filigrana como imagen portadora de una significación
trascendente cristiana. La forma y materia del papel han determinad o la filigrana o marca d e
agua, de mod o que han po tenciado así su expresi vidad simbólica.
La mayoría de las filigranas, como muchas obras d e arte de la época, toma ban su
forma de un modelo clásico, investido casi siempre de una significación no clásica,
no rmalmente cristiana. Po r lo tanto , va a regir en la interpretación simb ólica de las filigranas,
lo mismo que en el arte en general, lo que el historiad or alemán Erwin Panofsky (1892 - 1968)
denominó como “principio de dis yunción”, en el que lo s te mas origina les clásico s se somete n
“a una interpretación Christiana, donde el término Christiana incluye, además de cuanto se
contenga en las Escritura s o la hagi ografía, to da clase de conceptos susce ptibles de ser
reunidos baj o el título de fi losofía cristiana ”
119
.
As í pues, por ejemplariz ar lo que veni mos ideando en nuestro discurs o de tesis, en el
incunable de la Biblioteca Universitaria sevillana nº 31, la Biblia Latina. Novum Tes tamentum ,
impreso en Maguncia en 1456 por Johannes Gutenb erg, aparecen dos filigranas: el buey y el
racimo de uvas
120
. En el primer caso, la imagen del buey se reduce a la cabeza del animal sobre
cuyos cuernos se encuentra la letra Χ de Xριστός (ungid o, lleno de gracia), o bien nos present a
el cuerpo entero del ani mal con la cabeza encornada y las extremidad es completas como en
movimient o (fil. nº 95 y 9 7).
117
CASTILLO GÓMEZ; A., “Entre la necesidad y el plac er…”, 1 79 -270. Y ARZA J., GUARDIA, M ., VICE NS, T .,
Fu entes y docu mentos para la historia del Arte. Arte m ediev al II. Románico y Gótico , Barcelona, Gustavo
Gili, 1982, II, 427.
118
ELIADE, M ., Imá genes y símbolos , Madrid, Tau rus, 1983, 1 88. HALE, J., La E uropa …, 310.
119
PANOFSKY, E., Renac imiento y renac imiento s en el arte occide ntal , Madrid, Alianza, 1979 , 136 -7.
“Principio de disyunción” al q u e se ad scriben o tros in vestigado res p ara expli car el simbol ismo medi eval,
caso d e Rafael Có mez, Imag en y símbolo en la Edad Media andaluza , Sevill a, Pub licaciones d e la
Universidad, 1990, 4 - 5.
120
NUEVO ÁBALO S, J.L., “Las filigran as cristianas de la Bibl ia Latina de Gutenb erg de la Bibliotec a
Universitaria de Se villa”, Ac t. VIII Congr. Na c. Hist. Pap. Esp. , Bu rgos, 2008, 117 -20.
97
3,15: Filigrana de la cabeza de buey con vara y l etra Χ . Biblia Latina. Novum Testament um , Maguncia, Johannes Gutenberg,
ca.1455- 1456.
En la simbo logía clásica el buey se consideró como at ributo de la agricultura y de la
fundación. En la simbo logía medieval cristiana el bue y aparece c on el significad o de paciencia,
trabajo y sumisión o espíritu de sacrificio, puesto que este animal arropó, como el asno, la
desnudez del nacimient o de Jesús, significación que tiene su origen en Isaías (1,3): “Co noce el
buey a su am o, y el asno el pesebre de su dueño ; Israel no conoce, mi pueblo no recapacita ”
121
.
Así mismo también el buey se asociaba al esfuerzo y al estudio, am bos conceptos
semántica mente unidos en el vocablo studium medieval. Es conocida la anécdota de que al
joven Tomás de Aquin o (1225-1274), el más brillant e discípulo de san Alberto Magno (1193 -
1280), sus compañero s de clase lo llamaban “el buey mudo”, por su aspecto ro busto y su
carácter prudente y reflexi vo . Po r o tra parte, el buey fue el atributo de san Lucas, co nsiderad o
por los primeros Padres cristianos c omo símb olo de Nuestro Padre R edentor, máxima ví ctima
propiciatoria
122
.
121
LURKER, M., Dic cionario d e imágen es y símbol os d e la Biblia , Córdo ba, El Almendro , 1994, 227.
122
CIRLOT, J. E., Dicciona rio de símbolos , Madrid, Siruela, 2008, 113. PÉREZ RIOJA, J. A., Dic cionario de
símbolos y m itos , Madrid, Tecno s, 1984, 100. TERVARENT, G. de, Atributos y símbolos en e l arte profan o ,
Barcelona, Del S erbal, 2002, 9 0- 1.
98
3,16: Filigrana del buey con cuer po entero. Biblia Latin a. Novum Testamentu m , Maguncia, Johann es Gutenb erg, ca.1455- 1456.
La otra filigrana que aparec e, la del racimo de uvas (nº 96), como símbol o, era utilizado
en la mitología pagana para co ronar a Baco y a las bacantes, de aquí que el racimo tenga la
significación de alegría , abundancia y fertilidad, atrib utos del dios pagano, del otoño y hasta de
la propia heroína Europa
123
. En la simbología cristiana por contra el racimo de u vas representa
la tierra prometida, la riqueza y la prosperidad: “Ll egaron hasta el valle de Escol, cortaron un
sarmiento con racimos de uvas, que trajeron dos en un palo, y granadas e hig os. Llamaron a
aquel lugar Najal-Escol – Valle del racim o-, por el sarmi ento de la vid que allí habían cortado los
hijos de Israel” (N m 13,24). Este sí mbolo, s in embargo, reviste posteri ormente sign ificados más
complejos, com o el del sacrificio de Cristo, cuya sangre, como místic o racimo, sacrificó por l a
humanidad
124
o identifica a l os hombres, com o los frutos de la viña del Señ or: “Arroja la hoz
afilada y vendi mia los racimos de la viña de la tierra , porque sus uvas e stán maduras” (Ap 14,
18 -20). La evolución de la imagen de Cristo en la devoción m edieval n o es sencilla. Esta
significación del raci mo de uvas vin o a reemplazar la simbol ogía del Corder o y demás i m ágenes
antropomorfas – Cris to Pastor, Cristo Doctor, etc.-, co njunta mente con o tras, como la del
molino y la prens a místicas que significan el sacrificio fecun dante de Jesús
125
.
123
TERVARENT, G. de, Atributo s…, 437 - 38.
124
CIRLOT, J.E., Dicc ionario de símbolos, 385 y 458. LURKER, M. Dic cionario de imágenes…, . 243.
REVILLA, F., Dicciona rio de iconografía y simb ología , M adrid, Cátedra , 1995, 343.
125
LE GOFF, J., La civilizació n del occide nte medieva l , Barcelona, P aidós, 1999, 135.
99
3,17: Filigrana del raci mo de uvas. Bibli a Latina . Novum Testamentu m, Maguncia, Joha nnes Gutenbe rg, ca.1455- 1456.
A la vista de l o dicho, parece evidente el “ principio de disyunción”, que anun ciara
E. Panofsky, y que co nfir ma la intencionalid ad manifiesta del laborios o papelero o del ilustrad o
impresor, ya que la simbol ogía de las filigranas del papel de este bello incunable de Gutenberg
forman un to do simbólico, que rebasa la propia materialidad del libro y aúna el mensaje del
texto bíblico del Nuevo Testam ento, y la simbología d e la filigrana encerrada en las fibras de su
papel, de suerte que se nos desv ela la transcendenci a religiosa del mensaje, evidente y clar o
para el hombre cristiano d el siglo XV, descon ocido y subliminal p ara el hombre l aico de nuestra
tiempo: Cristo, nacido bajo el amparo y la protección de la mansedumbre y la fortaleza del
buey mudo, derramó su sangre, como místico racimo de uvas, por la salvación de la
humanidad pecador a
126
.
De ello se d educe que a veces la elecci ón del tema de la filigrana no sólo estuv o
unida a la decisión particul ar del papelero, sino que e n muchas ocasiones se vincul aba al fin o
uso de lo s pliegos, o a la decisión del propietari o del papel, impresor, editor o librero, así, por
ejemplo, sabemos que la nor mativa medieval obligaba, como en el ca so de las r eglas d e
Bolonia de 1 389, a usar dos filigranas distintas, una para papel fino y otra para papel “fioretto ”
(término cuya termin olo gía es incierta), o como o curri era en Ratisbo na o Zúrich en el siglo XVI,
donde era obligat orio que l a filigrana del papel d e mej or calidad debiera s er más gran d e.
Los significados implícitos ocultos en las marcas pap eleras, sin duda, representan
un área de estud io in teresante y relativamente in explorada, que los estudios comparativos d e
las filigranas en el porvenir podrán hacernos d escubrir y dar a luz nuevos e inexplorad os
caminos de estud io e inves tigación
127
.
126
NUEVO ÁBALOS, J. L., “Las fili granas cristiana s de la Biblia…” , 117 - 20.
127
AA.VV., Cabeza de Buey y Sirena …, 53 -4, 58- 61.
100
3.3.1. Diacronía d el concepto, la función y las caracterís ticas del símb olo.
Toca ah ora en este aparta do que hablemos propiam ente de la definici ón del símbol o.
¿Qué se piensa hoy o se pensaba ayer qué era o es e l símbolo ? Comenzaremos en primer lugar
exponiendo las definici ones o las ide as de símbolo qu e aportan nuestr os diccionari os históricos
tradicionales de la l engua españ ola. La pri mera cit a obligada es Sebastián de Covarrubias
(1611), para quien el symbolo era “ la señal, que daba un so ldado a otro, para diferenciarse del
enemigo, que era el nomb re del santo , que todas las noches d aba el general, o jefe que
mandaba”. Y también se llamaba así cualquier nota o señal , que se daba par a llamarse, o
convocarse algunos secret amente, y para ser conoci dos, y admitid os
128
. P or otra parte para el
imprescindible Diccionario de Autoridades (1737 -1739) el symbolo era “la n ota, señal o divis a
que da a conocer alguna co sa”, o “también cualquier cosa, que po r representa ción, fig ura, o
semejanza nos da a conocer, o ex plica o tra, y así decimos, que el p erro es símbolo de la
lealtad”
129
. D efinici ones muy diferentes entre sí , que tienen en común la idea del símbol o
como una señal trans misor a de un mensaje, si bien la d efinición del Diccionario de Au toridades
ya co nsidera la trascendencia abstracta del símbol o, al hacer del perro una señal de fidelidad o
lealtad.
En segundo lugar, expondremos la sabia opinión de los simb olistas contemp oráneos
tanto extranjeros como hispanos. Para ello es necesario comprender cómo en nuestra época
contemporánea ha hab ido, ya desde el siglo XIX hasta nuestros días, un redescub rimiento de la
importancia y la tra scendencia del lenguaje si mbólico . Prueba de lo dich o es la abun dantísima
bibliografía y los muchísimos est udi os de investigación sobre el tema, que explican algunos,
por la profunda espiritu alidad portadora del sím bolo, en detriment o del materialism o
moderno de nues tras soci edades actuales, otros, p orque el desvelar y descubrir el valor d e los
símbolos nos ayuda a con ocer y compr ender el pensamiento del ser human o desde el origen
de la humanidad
130
.
De entre esos so bresalient es trabajos de investig ación y estudio resalta mos la opinión
de algunos eminentes simbolistas europeos del siglo XX. Así, de la ext ensa nómina de
pensadores del símb olo franceses presenta mos la opinión, por una par te del simbolista francé s
Gilbert Durand, quien piensa que el símbolo es la “epifanía de un misterio”, y lo define c omo
“todo signo co ncret o que evoca, por una relación natu ral algo ausente o imposible de
percibir”
131
, mientras que el enco miabl e historiador de las religiones, el rumano -francés
Mircea Eliade, añade a la idea de epifanía, “ un lenguaje de revelación”, que desempeña un
papel esencial en la experi encia religiosa del ser humano, “el mundo se hace “ transpa rente”,
susceptible de “mostrar ” la trascendencia ”
132
, y por otra, la medievalista franc esa Marie -
128
COVARRUBIAS, S. de, Teso ro de la le ngua castell an a o española , Ba rcelona, Alta Fulla, 1987, 939.
129
REAL ACADEMIA E SPAÑOLA, Dicc ionario de Au toridades , VI, 197.
130
ELIADE, M ., Imá genes y símbolos , 12-8 y Lo sa grado y lo p rofano , Barcelona, Lab or, 1985, 112 y 178.
131
DURAND, G., La imaginac ión simbólica , Bueno s Aires, Amorrortu , 1971., 1 4 -5 y La s estruc turas
antropoló gicas de lo ima ginario , Madrid , Taurus, 1982, XIV.
132
ELIADE, M ., Imá genes y símbolos, 12.
101
Madeleine Davy, lo considera “ signo de lo invisib le, de lo espiritual, de lo lejan o. El símbol o
revela el mis terio.”
133
.
Dentro de la extensa nómina de autores de la simbólica alemana hemos optado sólo por
el parecer del simb olista M anfred Lurker, quien, parafraseand o a otro investig ador germano,
considera que “los símbol os son equívocos y sólo son necesari os cuando los conce ptos ya no
bastan”
134
.
De España, nuestro país, sin apenas tradición en los estudios simbólicos, reseñamos la
opinión de tres pensadore s relevantes en las últimas décadas: en primer lugar la del poeta y
uno de l os pri meros cultivadores del si mbolis mo españ ol , J. Eduardo Cirlot, para quien el
símbolo es “ una realidad dinámica y un plurisig no cargado de valores emocion ales e ideales,
esto es, de verdadera vida *…+, el valor simbólico fundamenta e intensifi ca el religioso”
135
; en
segundo lugar, la del filósofo esp añol José Ferrater Mora, quien lo co nsidera c omo ”un signo
que representa alguna cosa, sea directa, sea indirectamente”
136
, y , po r último, la del
historiador del arte Santiago Sebastián L ópez, para quien “el símbol o expresa una realidad
abstracta, un sentimi ento o una id ea, que es invisib le a los sentidos”
137
.
Las diferente s definicione s expuestas, como se puede colegir, consideran, en gen eral, el
símbolo como epifanía, revelación o signo de lo invisi ble, y conflu yen todas , al unísono, como
saetas en el centro de una d iana, en la idea de la trascendencia espiritual y mo ral de un más
allá de la realid ad simbólic a.
Así pues, lo caract erístico del hombre – citando de nuevo al filósofo español José
Ferrater Mora- y lo que, además , ha concedi do a éste su inmenso po d er, n o es qu e posea un a
mayor sensibilidad , ni siq uiera una m ayor memoria, sino una capacidad notable de
simbolización, que comien za con la palabra y que termina con una simbolizaci ón general de
todos los modos de tratamient o human o de las cosas. D e ahí qu e el universo del símbolo sea
dominio privilegiado y exclu sivo del ser humano
138
. Según Ernst Cassirer, que crea toda una
teoría del h ombre co mo animal symbol icum, el concepto de símbolo per mite “abarcar la
totalidad de lo s fenómen os en los cuales se present a un “cumplimiento sign ificativo” de lo
sensible”, de ahí que puntualice que el universo simbólico en el que el hombr e co nstruye su
propio universo es el lenguaje, la religión, el arte, la ciencia, “un universo simbólico que le
permite comprender e interpretar, arti cular y organiz ar, sintetizar y universalizar su
experiencia humana ”
139
. D e igual manera, pensaba también el universal poet a mexicano
133
DAVY, M.M., Inic iación a la simbolo gía románic a , Madrid, Akal, 2005, 87.
134
LURKER, M., El mensaje de los símbolos: mito s, culturas y religiones , Barcelona, Herd er, 2000, 20,
opinión d el autor que se ba sa a su vez en la que Jakob Amstutz suscr ibe en su en say o,”Was ist es
Symbol?”, Symbolforschu ng. Akte n des 1. Symposium s der Gesellschaft f ür Symbolfors chun g , Berna,
1984, 23.
135
CIRLOT, J. E., Diccio nario de símbolos, 17.
136
FERRATER MO RA, J., Diccio nario de Filoso fía , Barcelona, Círculo de Lectores, 1991, IV, 30 39.
137
SEBASTIÁN L ÓPEZ, S., Mensaje simb ólico…, 18.
138
FERRATER MO RA, J., Diccio nario de filisofía, III, 3040.
139
CASSIRER, E., Filosofía de las f ormas simbólic as , M éxico, F.C .E., 1972, III , 109 y Antropolo gía filosófica ,
México, F.C.E., 1945, 400.
102
Octavio Paz, que considerab a que “una sociedad es ininteligible sin el conocimient o de su s
símbolos”
140
.
Expuestas las sabias opiniones de los estudiosos simb olistas conte mporáneos, que nos
han ayudado a comprender el significad o, la realidad y el mundo sim ból ico, podemos
concretar y exponer la definición de símbolo como un signo de la realidad v isible que evo ca
una realidad invisible. El símbolo realiza una apertur a a lo que está más allá del espacio y el
tiempo inmediatos, lo invisible. Tiene, por tanto, como to do signo una estructura de
significante o forma icónica que co nduce a un significad o o sentido. El significante forma parte
del mundo v isible : estrella, flo r, mano, balanza, etc. El significad o es la parte invisible,
desconocida y objeto de descubrimiento que, el hom bre debe realizar y que esta tesis
intentará desvela r
141
.
En te rcer lugar, v am os a ver cómo las definiciones modernas del sí mbolo, expuestas en
líneas anteriores, no dicen generalmente nada nuev o, a lo que ya dijeron filósofos, patriarcas y
religiosos de los siglos antiguos y medievales, sólo nos han ayudado, que n o es poco, a
clarificar el o bj eto y el uso del símbolo, desde la p ostura de privilegio que da el estudiar y
analizar el horizonte de las ideas y de los hechos históricos, desde la lejanía del tiempo. Por
ello es muy interesante que estudiemos la evolución tanto del concepto com o de las ideas
sobre el símbolo, a partir de la Antigüedad helénica, pues serán dichos pensamientos
desarrollad os hasta la Edad Media, los que verdaderament e v an a influir en las ideas y en la
sociedad teocrática del alto medievo y los que tanto v an a co ndicionar y determ inar que un
fabricante papel ero optara por un determinad o símbolo de filigran a.
Si bien la mayo ría de los pensadores y estudiosos del simbo lis mo está de acuerdo en
situar el o rigen del pensa r simbolista en una época anterior a la histo ri a, algun os la sitúa n
concreta mente antes del paleolíti co, siste matizándose co n posterioridad dich o simbolis mo e n
las civilizacion es antiguas de Egipto y Mesopotamia, n o o bstan te será entre los pueblos griegos
cuando nazca propiamente el vo cabl o ςφμβολον, symbolon (derivado d el verbo ςυμβάλλειν,
symballein , con el sentido de “reunir”, “ arrojar”, “ poner en común”, también “recopilar”
142
)
con el que etimológica mente se designaba una tablill a que se rompía en d os mitades, de tal
manera que en el rito de las hermandades religiosas de iniciación griega s, el gran sacerdote
entregaba una de las mitad es al nuevo ad epto. Cuan do este últi mo des eaba dar a conocer s u
calidad a otro miembr o de la hermandad, le tendía su mitad d e la tablilla. El otro hacía lo
mismo y así rec onstituían l a unidad dividid a
143
.
En esa misma línea d e sig nificación del símbolo añade Sebastián de Covarrubias, que
“antiguamente quan do entre dos personas auían de conferir nego cio graue y secreto, para qu e
ningun o de los dos fuesse después engañado por tercera per sona, par tían entre los d os vna
moneda, o algu na otra cosa con ciertas m uescas, o d exas, que no se pudiess en contrahacer, y
140
PAZ, O., El laberinto d e la soledad , M éxico, F.C.E., 2007, 5 57- 8.
141
CIRLOT, J. E., Diccio nario d e símbolos, 21. RIE S, J., Símbo lo sagrado , Ba rcelona, Kairós, 20 13, 9-10.
142
BAILLY, A., Dictio nnaire Grec -Français , P aris, Hachette, 19 84, 1820 - 2.
143
CIRLO T, J.E., Dic cionario d e símbolo s , 23. GUERRA G ÓMEZ, M., Simbolo gía románic a: el cristianismo y
otras religion es en el arte románico , Madrid , Fun dación Universitaria E spañola, 1993, 64. JACQ, Ch. y
BRUNIER, F., El m ensaje de los co nstructores de catedrales , Barcelona, Plaza y Janés, 1981, 54 -5. RIE S, J.,
Símbolo sagrado, 254.
103
al tornar a comunicarse , sacaua cada vno su pedaço, y juntáuanlos, de donde se colegía ser
persona cierta con quien s e podía comunicar el sec reto”
144
.
En la Edad Media para c om pr obar la autenticidad de un documento s e hacía algo
parecido a lo expuesto, sólo que en este caso se vino a llamar “carta partida por A.B.C. ” o
“carta quirógrafa ”, que consistía en hacer dos copias del mismo do cument o, una a
continuación de otra, escri biendo entr e ambas la s let ras A. B. C., que se separa ban luego c on
un corte en zig zag , de m anera que, para co mprobar la autenticidad de una de ellas, bastaba
comprobar si al jun tarla c on la otra, casaban el corte y las letras cortadas
145
.
Así pues, los griegos enten dieron el concepto de símbol o n o sólo como un sign o de
contrato de pertenencia a una hermandad, o de venta entre comerciantes, sino también se
usará en el mundo clásico el término símb olo, como sinónimo de alegoría pa ra las
representacion es figurativas de id eas abstractas, de manera que ambos concept os
permanecier on igualmente unid os en el mundo cristiano de los exegeta s patrísticos y
medievales hasta el inici o del Romanticis mo alemán d el siglo XVIII
146
.
Posterior mente, en la misma línea de pensami ento simbólic o, entre los gn ósticos se
utilizará el sím bolo para la transmisión de verdades iniciáticas, de suerte que luego la Iglesia
católica v a a desarrollar a lo largo de los siglos una doble acepci ón del término símbolo, p or
una parte como docu mento de d octrina de iniciación, de confesión de fe, y por otra la
asociación del símb olo con la imagen co mo represe ntación visible de lo invisi ble, que y a san
Pablo fo rmulara, al decir, P er visibi lia ad invisibili a (Rom 1, 20), y que se remonta “ al
cristianismo pri mitivo, que se había educado en la traducción sim b ólica de los principios de fe;
lo había hecho p or m otivos de prudencia, ocultand o, por ejemplo, la figura del Salvador en el
aspecto del p ez para eludir , a través de la cript o grafía , los riegos de la persecu ción”
147
.
3.18: El pez c omo símbolo cristi ano .
Así pues, sobre la primera no ción cristiana, Tertuliano (160-240) hablaba del bautismo
como símbolo de la m uerte y la resurrecci ón de Cris to, o bien san Ambr osio de Milán (340 -
144
COVARRUBIAS, S., Teso ro de la lengua …, 939.
145
ROMERO TALL AFIGO, M., RO DRÍGUE Z LIÁÑEZ, L. y SÁNCHEZ GONZÁLE Z, A,, Arte de leer escrituras
antiguas , Huelva, Publicacion es de la Universidad , 2003, 70 -1 .
www.mundoa rchivistico.c om/?menu=dicc ionario&id=300 (1 3-3-2015).
146
ECO, U., Arte y b elleza e n la estética m edieval , Barcelona, Lumen, 1999, 74.
147
ECO, U., Arte y belleza…, 70. RIES, J., Símbolo sagrado, 25
104
397) se refiere al symbolum apostolorum , es decir, el credo , para aludir a la profesión de fe
bautismal y al conjunto de los principale s artículos de las v erdad es y las doct rinas de la fe
cristiana
148
.
Por otro lado, en el desarrollo de la segunda acepción c ristiana, simbólic o -aleg órica, que
es la que nos int eresa desa rrollar en este trabajo de tesis, san Agustín (35 4 -430) siguiendo los
pasos y el camino ya inicia do por su maestro y po r lo s primeros cristianos de las catacumbas ,
sentará el principio teóric o f undamental de la exégesis simbólica de la Biblia e inaugurará la
primera obra propiament e semiótica, De doctrina cristiana, consagrada a la teo ría de la
interpretaci ón sígnica y, en menor grad o, de la expresi ón de los tex tos cristianos
149
.
Según la naturaleza de la r elación simbólica, san Agustín (354 -430) difer encia entre los
signos propios ( signa propria ) y los signos transpuestos ( signa translata ). Escribe: “ Los signos
son propios o transpuestos. Se los lla ma propios cuando se emplean para design ar los objetos
a propósito de los cuales fueron creados. Por ejemplo, decim os “un buey” cuando pensamos
en el animal que to dos los hom bres de lengua latina llaman con ese nombre. Los signos son
transpuestos cuando los objetos mismos que designam os mediante sus términos propi os son
empleados para designar otro o bjeto. Por ejemplo, decimos “un bue y” y comprendemos
mediante esas dos sílabas el animal que por hábito llamamos con ese nombre. Pero en cambi o
ese an imal me hac e pens ar en el evangelista que, según la interpre tación del Apóstol, la
Escritura desig na con esas palabras: “N o pondrás bozal al b uey que trilla ” (1 Cor 9,9)”
150
.
3,19: Filigrana de cabeza de buey co n vara y letra X de Xριςτόσ (el ungido , el lle no de gracia).
148
RIES, J., Símbolo sagrado , 254. AMBROSIO DE MILÁN, San, Explicación del símbo lo. Los sacramentos.
Los misterios, Mad rid, Ciudad Nueva, 2005, 27 - 33.
149
LADNER, G. B., “Medieval a nd modern undeastand ing of symbolis m: a compari son”, Spec ulum LIV,
1979, 2, 223-5 6. MÂLE , E., El arte religioso del siglo XIII en Francia , Mad rid, E ncuentro, 2001, 171 -2.
TODOROV, T., Teo rías del sím bolo , Caracas, Mo nte Ávila, 1991, 46 -7 y 59 - 63.
150
AGUSTÍN, San, De do ctrina c ristiana , X, 15.
105
Esta oposici ón, fundada en un análisis de la forma y no de su sustancia, repres enta la
adquisición teórica m ás importante de la semiótic a ag ustiniana. Lo nuevo es la d efinición
misma de lo “ transpue sto”: ya no se trata de una palabra que cam bia de sentido, sino de una
palabra que desig na un objeto qu e, a su vez, es port ador de un sentid o simbólico
151
.
Después d e san Agu stín, san Gregorio Magno (ca.1 205 -1280), el último de los Pad r es d e
la Iglesia, aumentó el fondo ya tan rico de las explica ciones simbólicas de la Biblia. Pero había
sido ya san Isidoro (ca.5 60- 636), “el más ilustre pedagogo de la Edad Media”, m uchos siglos
atrás, quien resumiera para el medievo todos los comentari os místicos y simbólicos de los
Padres de la Iglesia en obras como Allegoriae quaedam Scripturae Sacrae o Etymologia rum ,
interpretando la etimologí a griega del término símbolo como un signo ( signum ), que da acceso
a un conocimiento
152
. L os escritor es medie vale s p osteriores, como Rabano M auro (ca.776 -
856), Juan Esco to Erígena (ca.810 -8 77), Hugo de San Victor (s.XII), Santiago de la Vorágine
(ca.1228-1 298) y otros muchos más, repetirá n durante los sigl os posteriores las
interpretaci ones simbólicas halladas por lo s Padres en los libros sagrados, y c onsagradas en l o
sucesivo como patrim onio de Occidente, de suerte que estos dos sentidos cristianos del
símbolo -de documento de doctrina de iniciación y de representación v isib le de lo invisible - s e
reencontrarán y se cruzará n en el curso d e los siglos
153
.
En esta sinopsis sobre la historia de los símbolos, no podemos pasar por alto, el papel
tan importante que represent ó, para la interpr etación sim b ólica, el Phisiolog us , obra
alejandrina anterior al último cuarto del siglo IV, traducida al latín en el siglo V, y sus
continuadores, los Bestiari os medievales, que por medio de los ani males simbolizaban con
intención m arcada mente fabu losa y moralizan te a Cristo, el diabl o, la Iglesia, el hombre, etc.,
de tal modo qu e, según di rá L e Goff, “la sensibili dad zool ógica m edieval s e nutrirá de la
ignorancia cien tífica” con e l propósito de la enseñan za de la d octrina cristiana
154
.
Por tanto, el simbolism o medieval que estudiamos es esencialmente teológico y
filosófico, identificad o con el pensamient o cristiano, reposa sobre la fe en un D ios creador d el
que todo procede y a quien todo co nduce , un Dios q ue habla al hombre a través de la creación
y de la Sagrada Escritura. El mundo creado se convi erte en un libro inmenso, que traduce los
pe nsamientos de Dios, de manera que el hombre, al observar las co sas v isib les, se abre al
conocimiento de las invisib les, toda la natura leza es u na teofanía per manente
155
.
151
TODOROV, T., Teorías del sím bolo , 59 - 62.
152
ISIDORO DE SEVILLA, San , Etim ologías , VI, 19, 57-58. San Isidoro p ensaba que los n ombres son la
clave de la naturaleza d e las c osas.
153
Para Juan Escoto Erígena el mund o se le presenta como una grand iosa manifestación de Dios, por
otra parte para H ugo d e San Victor es u n libro escrito por el dedo de Dios y el ser humano es el lector e
intérprete de ese libro. Por el con trario, p ara San tiago de la Vorágine conocer la vida de los santo s, era
conocer la h umanidad entera. DAVY, M.M., Inic iación…, 85. ECO, U., Arte y bellez a … , 77 -78. JAQQUES PI,
J., La estética del romá nico y el g ótico , Madrid, Antonio Machado Libros, 2003, 41-2 y 127-38. MÂLE, E.,
El arte religio so …, 173 y 316 -2 4. RIES, J., S ímbolo sagrado , 254-57.
154
GUG IELMI , N., El Fisiólogo , Buenos Aires, Univer sitaria, 1971 , 57. LE GOFF, J., La civilización d el
occide nte… , 99 -100. LU GON ES, N . A., Lo s bestiarios e n la literatura m edieval castellana , Palencia ,
Cálamo, 2006 , 17-41.
155
LADERO QUESADA; M. A., Espa cios del hombre medieva l , Madrid, Arco Libros, 2002, 31. SEBASTIÁN
LÓPEZ, S., Mensaje d el arte medieval , 31- 3.
112
No obstan te, descon ocemos a ciencia cier ta en qué lugares de la geografía europea se
fabricaron los papeles de los incunables, que en la mayoría de los casos tuvo q ue ser en sitios
próximos a los talleres de imprenta, donde tuvo que elaborarse el libro. Si bien este asunt o no
es objeto de nuestra te sis, por ser el m ism o, tem a de otro ingente trabajo de investigaci ón, no
ob stant e sólo podemos constatar la procedencia de la filigrana en lo s incunables por el lugar
de impresión d e los libros ( Mapa: 3,23).
Por lo tanto, la mayoría de las filigranas se encuentran en libros impresos en Ve necia
con 337 filigranas, síguele Estrasburgo co n 31 filigranas, luego Nuremb erg con 24 filigran as y
Lyon Sala manca y Sevilla ex aequ o con 22 filigran as, hasta finalm ente Haguenau c on 1 filigran a.
Además, si obser vamos el Apéndice 6.5. Corpus de ilustracion es de filigranas por países
y ciudades de impres ión de los incunables, pode mos discurrir que en cada país, aunque esta
denominación n o se c orresponda co n la realidad geopolítica del siglo XV, se representan unos
símbolos dominant es, así por ejemplo, son filigrana s propias de los incunable s im preso s en
Alemania : el racimo de uva s, la cruz tau o de L orena, la letra “ P”, el báculo de Ba silea, la cabez a
de buey, el pez, la iglesia, la campana, etc.; de Italia: el monte, el águila, el capelo, la m ano, l a
flor, la escalera, la fle cha, la ballesta, el pá jaro, la luna, el círcul o, los monogra mas, las gafas, el
yunque, el cuerno, el castil lo, la colu mna, el corazón, la corona, el escudo con le ón, la estrella ,
etc.; de Francia: el co rdero místico, la rueda, la serpiente, el dragón, la mano, la letra “D”, la
flor de lis, el co pón, et c.; de España: el escudo de Val encia, Cataluña y Arag ón, l a cruz de san
Andrés, el anillo, la mano con flor, el ancla encerrad a en círculo, las tijeras, etc ., de Portugal:
mano con flor, tau floreada , etc.
Hay muchas filigran as que son c omunes en diferente s países, como la mano, la flor, la
escalera, la cabeza d e buey, etc. Lo s sí mbolos de filigranas propios de cada país podrían
explicar, tal vez, la peculiar manera de representar sus co ncepciones religiosas en un m undo
europeo cristian izado, que la doctrina de la Igle sia cat ólica romana se esforzaba en unificar.
Un estudio m ás profund o en esta parcela de la simbol ogía de las filigranas en los
incunables, que aquí no viene al caso, por est ar fuera de este trabajo de tesis, podrí a
de svelarnos nuev os horizontes si mbólicos y fil osóficos propio s de los puebl os europe os.
3,24: Filigranas del inc unable nº 141, i mpreso en R oma, Italia. LEON I, San Papa. Sermones et ep istol ae. Roma: Johann es Philipp us
de Lignamine , ca.1470. 158 h. Fol. (223 X 312).B. G., si gn. 335/77.
113
3,23: Mapa de Eur opa con e l número de filigranas po r ciudad.
114
Por el contrario, respecto a lo s temas si mbólicos de las filigranas de los incun ables,
objeto propio de esta tesis, y al que dedicaremos un estudio por menorizado para cada símbolo
en el capítul o cuarto y sig uiente, si cont emplamos ig ualmente el Apénd ice 6.2. Clasificación y
porcentaje de filigranas según su motivo simbólico , com pr obaremos que la relación porcentual
de filigranas, según su sí mbolo, versa sobre los elementos figura tivos más varia dos y divers os,
desde la simbología cosmológica y terrestre, simbología vegetal, animal, humana, hasta
objetos cotidian os, y letras e incluso filigran as indefini das, que no he mo s sabid o identificar.
Ante tal pluralidad de símbolos, llama la atenci ón que en una soci edad tan
profusamente religiosa co mo la medieval del siglo XV, el númer o m ayor le correspond a al de
los signos cotidianos: 227 filigranas (3 8,8%), y dentro de ellos, sean las herramientas y útiles
los más num erosos: 198 fil igranas (33,9 0 %), particul armente la bala nza: 146 fil igranas (2 5%).
El segundo lugar en el númer o de marcas pap eleras, lo ocupan los símb olos humanos: 139
filigranas (2 3,8 %), y dentr o de ellos los relativos al p oder religi oso: 60 filigranas (1 0 ,27 %). Y,
en tercer lugar, la simbolog ía animal: 100 filigranas (17,12 %), y dentro de ella l a concerniente
a animales real es: 93 filigra nas (15,92%).
El análisis de estos núme ros y porcent ajes de los símbolos de las filigranas de los
incunables nos lleva a elucu brar determinadas consid eraciones históri cas, sociales, ideol ógicas,
simbólicas, et c., que puede n explicar la dominancia de unos signos sobre otros. Po r una parte,
a partir de la g ráfica podemos establ ecer tres nivele s simbólicos en escala de mayor a meno r
porcentaje, que dibujan las características de la sociedad medieval del siglo XV: la vida
material, el hombre y el po der político y religi oso, y p or últim o, el mundo externo de los
animales, portadores de los dones de la divinidad, en fin, partimo s de lo m aterial y mundano a
lo espiritual y celeste.
El artesano papelero medieval dibujaba y plasmaba la realidad material de los oficios
artesanales que le rodeaba n, por lo que representaba en mayor medida los objetos cotidian os,
por un lado herramientas (tijera, escalera, y unque) y útiles (balanza, anteojos, ancla, rueda),
que eran portador es de valo res morales y religios os que trascendían su propia rutina y
cotidianidad; por otro lado, las armas ofensivas y defensivas (arco, fle cha y ballesta), que era n
el testi monio de una socied ad convulsa y fundada en el poder del poderoso que le infun día a
quien las utilizaba para su defensa, su orgull o de poder y ocio, también revelad oras de valores
éticos y cristian os.
Los símbolos humanos del po der político y religioso, trazan el camino del dom ini o
teocrático en la sociedad del quattrocento europeo, el poder religios o visib le de las élites de la
cristiandad (báculo, anillo, capelo cardenalici o y tiara), y el poder ceremonial religioso del ritua l
de la misa (cruz, jarro y cop ón), y por otra parte, la potestas , el poder monárquico (corona y
escudo).
Los animales reales, (águila, ánade, pájaro, paloma, buey, cordero, león, pez,
serpiente) simb olizan los valores morales y religios os de la sociedad cristiana : la encarna ción,
la dicha, el alma de los bienaventurad os, la paz, la paciencia, la mansedumbre, la fortaleza,
Cristo, la templanza, el demonio, la herejía. Los ani males fabulosos (drag ón y unicornio): la
herejía y la encarnación de Cristo.
1 15
Dicho lo cual, pasare mos a co ntinuación a analizar e interpretar, símbolo a símbolo,
dentro de una clasificaci ón figurativa, el sign ificado trascendente relig ioso cristiano de las
filigranas pap eleras de los i ncunables de la Bibli oteca Un iversitaria hispalen se.
116
4. Interpre tación sim bólica de las fil igranas papele ras de los in cunables
de la Bibl ioteca Universit aria de Sevilla.
“El univers o entero es el vestido vivo de la divin idad”.
Goethe
117
En este capítulo analizar emos las filigranas papeleras, no como marcas de molino o
fabricante, calid ad del pap el o fecha de fabrica ción, sino cual venimos argu mentando, como
símbolos portadores de una significación trascend ente, por lo que no haremos ninguna
referencia a l os grand es m anuales de filigranas de Ch .-M. Briquet, Fco. Bofarull, G. Piccard, G.
van Thienen, etc., que estudian la filigrana desde un punto de v ista ex clusivamente pap elero:
país de procedencia, molin o papelero, fecha d e aparición, e tc.
Para explicitar la signific ación simb ólica de las filigranas anotaremos primero el
vocablo corresp ondiente en las lenguas dominante s de nuestro entorno cultural (francés,
italiano, inglés, alemán, portugués, catalán, euskera y una breve referencia a su origen
etimológico ), lueg o adjunt aremos una filigrana ilustrativa y un breve lema bíblico, literari o o
proverbio alusi vo al sí mbolo, después no s apr oximare mos a la definici ón de la pala bra, según
el Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias, o el
Diccionario de Autoridades (1726-1739) de la Real Academia Española, para abordar a
posteriori la o pinión de los pensadores y enciclop edistas antiguos, co mo Aristótel es (384 a. C. -
322 a. C.), Plinio (23-79), o bien nos remitir emos a lo dicho sobre el símbol o por la Biblia, los
Padres de la Iglesia, san Agustín (3 54-430), san Isidoro de Sevilla (556-639), entre otros, o
autores de la Edad Media como Guli elmus Duranti (1237 -1296), Jacobo de la Vorágine
(ca.1228-1 298), o los imagi nativos Bestiari os medieval es.
Así pues, al desvelar el significado esencial de las paIabras, como significantes de los
símbolos, creemos reencon trar co n los pensadores antiguos el o rigen y la historia de cada
vocablo, así c omo acceder a la verdad on tológica del s er o del objeto que designa
169
.
De igual manera apoyaremos nuestros argument os sobre la significación del símbolo
con la o pinión de simbolis tas contemporán eos, ya franceses, como Emile Mâle (1862 -1954),
Louis Rèau (1881-196 1), Jean Chevalier (1906-1993) y Alain Gheerbr ant (1920-2013), Guy de
Tervaren, Jean Hani, Julien Ries, o M ichel P astoureau , entre o tros ; ya ruman os, como Mircea
Eliade (1907-19 86); ya alemanes, como Erwin Panofsky (1892 -1968), M anfred Lurker (1928-
1990); ya austriacos, com o Hans Bierderm ann; ya sajones, como Harold Bayley, o Georg e
Fe rguson; ya italianos , como Umberto Eco o Lucía Impelluso; ya españoles, como Eduard o
Cirlot (1916-1973), Xosé Ramón M ariño Ferro o Santiago Sebastián López (1931 -1995), entre
una extensa y abundante n ómina de estudios os y pensad ores.
Finalizaremo s nuestra disquisición del sig nificado del símbolo, haciend o una
descripción figurati va de la filigran a papelera, sobre la que mencionare mos los tipos y subtipos
que hemo s localizado en lo s incunables sev illanos, y trataremos, por último, de dar una
explicación simbólica cristiana de la misma l o más razonada posible y acorde a los argument os
que hemos esgri mido.
Para elaborar el esquema clasificatorio de los símbolos, que r epresentan las filigranas
de los incunables, hemos tenido en cuenta previamente muchos criterio s diferentes de
169
PASTOURE AU, M., “Símbo lo”, 743.
118
agrupación de las filigran as, qu e nos han precedido, como el cronol ógico d e Zongh i, o el
geográfico De la Serna, o el alfabétic o de Briquet o B ofarull, etc.
170
Nosotros hemos optado p or un crit erio exclusi vamente temático a la hora de cl asif icar
las filigranas, ya que dicho criterio justifica las creencias religiosas del hombre y la sociedad
medieval del sigl o XV, de manera que hem os iniciado la clasifica ción a par tir de la simbologí a
cosmológica y terrestre, luego los s eres vegetales y a nima les, para centrarnos d espués en los
símbolos del hombre propiament e y de su po der religioso y laico, co mo en los sí mbolos de s u
entorno cotidiano: el trabajo, la guerra, la m úsica, la arquitectura, y las marcas de las letras,
para concluir con aquellos sí m bolos difíciles de recon ocer, que hemos denominado
“indeterminad os”, y que no hemos sabido explica r, por carecer de refere ntes, que nos
iluminen su signifi cación.
4.1. La simbología cosmo lógica y terrestre.
La naturaleza del cosmos es la totalidad de lo existente en el universo, el finito cielo, las
luminosas estrellas, la luna , los planetas, el mar, los ríos, los lagos, las montaña s, los árboles,
las plantas, l os ani males, los seres humano s, como dirá el discípu lo de san Pablo, D ionisi o
Aeropagita (s.I), “todas las co sas deben ser atribu idas a Di os”, que “comunica primero la
existencia, primer don de su bondad creadora; lueg o penetra en todas las cosas y las llena de
las riquezas del ser, y se regocija en sus obras”, “las mantiene y cuida de ellas con protec ció n”,
de ahí que “todas las cosas hablen de Dios ”
171
.
El mundo visible estaba hecho de acuerd o con un modelo invisible, así enseñab a el
platonismo. En el pensami ento medieval, la natura leza del cosmos, al igual que la historia de la
humanidad, aparece como un símbolo religios o, cargad o de mensajes. Nunca se ha llevado tan
lejos la obsesión po r lo divino: “ Todo es signo y lo visible sólo vale porque recubre lo
invisible”
172
. Como dice el simbolista francés Louis Réau (18 81 -1961) parafras eando al doctor
de la Iglesia latina san Agustín (35 4- 430, intérprete del pensamiento cristiano anticientífi co, “lo
importante para nosotro s es meditar la significación de la naturaleza, no discutir su
autenticidad”
173
.
En este apartado es tudiaremo s, en primer lugar, los símbol os de la naturaleza del co smos
que no son ni humanos, ni animales, ni v egetales, sin o aquellos ele mentos naturales externo s
y divin os en el espacio celeste, mo rada de Dios y la eternid ad, como estrell as, planetas o
satélites, que sobrecog en en la noche al hombre y le advierten desde su lejan ía divina de su
pequeñez y la finitud de lo mundano, luego abordaremos aquellos otros lugares en la Tierra,
los escarpados y elevados montes, inter mediarios ent re la divinidad y los seres h umanos.
170
BOFARULL Y SANS, F., Los a nimales en las marcas del pap el . LEÓN, R., Papeles s obre el p apel ,
81 - 3.
171
AEROPAGIT A, D., De lo s nombres d ivinos , Barce lona, Edico m unicació n, 198 8, 81 y 93.
172
HANI, J., El simbolismo d el templo…, 15 -9. LURKER, M., El mensaje de los símbo los …, 25 y 59.
173
RÉAU, L., Ico nogra fía… , 98.
119
4.1.1. Los cuerpos c elestes.
El universo medieval, ade más de ini maginablement e grande y circular era fin ito sin
ambigüedades. Este universo medieval se basaba en el universo ptolemaic o, en el que la Tierr a
esférica o cupaba el centr o, rodeada por una serie de globo s huecos y tran sparentes, u n o
encima de otro y naturalmente cada uno de ellos m ayor que el que está p or de bajo. Ésos s on
las «esferas» o (a veces) «element os». En cada una de las siete primeras esferas hay fijad o un
gran cuerpo luminoso. Emp ezando por la Tierra, el orden es la Luna, Mercurio, Venus, el Sol,
Marte, Júpiter y Saturno, lo s «siete planetas». Más allá de la esfera de Saturno está el
Stellatum , al que pertenecen todas esas estrellas qu e todavía llam amos «fijas», porque sus
posiciones unas en relación con las otras, a dif erencia de las de l os planetas, son invariables
174
.
La tierra e s un gran disco limitad o por el h orizonte, sobre el que y en torno al c ual se
extiende un mar infinito. Este disco está abierto, como una cúpula, por la bóveda sólida del
firmament o, rasgado po r hu ecos a través de los cuales cho rrean las aguas superiores, las
lluvias. El tro no de Dios se sitúa encima del firma m ento, so bre las aguas superiores. La
dualidad tierra-cielo designa el conjunt o del cosmos. La tierra est á sostenida sobre sus pilare s.
El cielo es el techo de la mansión de la tierra y se ap oya sobre ella
175
.
El hombre est á ligado a la tierra y al cielo, f orman do parte de la natural eza. Las
estrellas, los plane tas, las plantas, los animales, aconsejan o advierten al ho mbre, portando
una significación divina. El universo es el espejo en el que Dios se refleja. El conocimient o del
universo, introduce al ho mbre en el misterio de Dios. Según el clérigo cronis ta Foucher de
Chartres (ca.1055-1127), Dios se sirve de los elementos d e la crea ción no sólo para conversa r
con el hombre, sino para in struirlo, protegerlo o advertirlo
176
.
4.1.1.1. La estrella.
Fr.: étoile . It.: stella . Ing.: star . A.: Stern . P.: est rella . C.: estel . E.: stelo . (Etim.: del lat.
stella, stellae ).
4,1: “!Mira l a cabeza de las estre llas, qué altas!”. Jo b 22, 12 - 14.
174
KAPPLER, C., Mo nstruo s, demonios y maravillas a fines de la Eda d Media , Madrid, Akal, 1986 , 20.
LEWIS, C.S., La imagen del mundo , Barcelona, Bosch, 19 80, 72 - 4.
175
CHAMPEAUX, G. de y ST ERCKX, D. S., Introducción a los símbolos , 71- 83.
176
DAVY, M.M. , In iciación…, 49 -50, 129 - 30.
120
Las estrellas son cada uno de los innumerables cuerpos cel estes que bril lan en la
bóveda celeste, a excepción del Sol y de la Luna. La fantasía del hombr e al contemplar el
esplendor centelleante de lo s astros en el firmamen to se excita al descubrir el misteri o que
hay detrás de ese tintineo. D e ahí su significado d ivino y celestial , de lo que está más allá y es
inalcanzable y que desde los m ás lejano s tiemp os se haya rela cionado es as llam aradas de luz
en el firmamento con las más diversas divinidades, y se haya utilizado como amuleto protect or
contra todo mal. Así pues, para griegos y rom ano s la estrella se vinculaba tanto con la
divinidad de Saturn o como con la de Venus
177
.
Las estrellas, como apuntábamos supra , en sentid o general, so n un símbolo de la
armonía cósmica creada por Dios. Como fulgores infinitos en la oscuridad del manto celes te se
muestran las estrellas, “ un adorno que brilla en las alturas de D ios” (Ecl o 43, 9). Entre los
primeros cristianos las estrellas simboliz an l a felicida d eterna . Su sentido depende con
frecuencia d e su forma, nú mero de rayos, pun tas o br azos, disposición y color, si los hay.
La estrella de cinco rayo s , como i magen del m icroc osmos humano y símbolo del am or
creador y de la belleza viva y armoniosa, significa tanto al homb re regenera do , radiante cual la
luz, en medio d e las tiniebl as, como la guía o el camino que guió a los tres Reyes M ag os de
Oriente al por tal de Belén ( Mt 2,2).
La de seis r ayo s , como dos triángulos que se inter penetran, invertidos y enlazados,
representa tanto el abrazo del espíritu y la materia , co mo con frecuencia es el símbolo de
María , que alud e a su pape l de mediación entre el cielo y la tierr a, lo m ism o que es símbol o del
judaísmo, la estrella de David, significando paz y e quilib rio, utilizándos e con valor talismánico y
protector contra el mal, como puede verse en las portadas y rosetones de muchas iglesias
góticas.
La estrella que repr esenta a Jesús ti ene ocho ra yos , llamada ta mbién rosa de lo s
vientos, que desde antig uo ha simbolizad o el E spíritu que so pla so bre las aguas prim ordiales,
la vida eterna . Es la stella maris , la estrella del mar, el signo del espíritu sobre las aguas, del
renacimiento por el bautis mo y la re surrección, en ta nto que su cuaternidad hace referencia a
la cruz de Cris to
178
.
Son varias las filigranas de la estrella que aparecen en los incunab les sev illanos de la
Universidad, de suerte que hemos localizado una de cinco rayos o puntas (nº 447), que
significaría la guía o camino del hom bre regenerado, otra de seis rayos coronada (nº 2 20), que
significa la realeza divina portadora de paz, armoní a y equilibrio y, po r último, dos de o ch o
rayos (nº 54 y 342), que alu den a Jesús o a la vida eterna.
177
T ERVAR ENT , G. d e, Atributos…, 249 - 50.
178
B ENOIST, L., S ignos, símbolos y mitos , B arcelona, Davinci Cont inental, 20 08, 66 . CIRLOT, J . E.,
Dicciona rio de símb olos , 2 04-5. CÓME Z, R., Ima gen y símbo lo…, 4 y 49-54. CH EVALIER, J. y
GHEERBRANT , A., Diccio nario d e los símbolos , Barcelona, Her der, 1 986, 48 4. DAVY, M.M.,
Introdu cción..., 188 y 211. HANI, J ., El simbo lismo del templo... , 35 y 71 -2. LURKER, M., Diccionario
de imág enes…, 100-1 y El mensaje de los símbo los… , 115- 6.
121
4.1.1.2. La luna.
Fr.: lune . It. y P. : luna . Ing.: moon . A.: Mond . C.: lluna . E.: luno . (Etim.: del lat. luna,
lunae ).
4,2: “Cuando co ntemplo lo s cielo s, obra de tus mano s, la luna y las estrellas que t ú has estable cido”. Job 8,4.
La Luna para los cristianos es “el menor de los dos luminares que puso Dios en el cielo
para que presidiessen a la no che”
179
, para la ciencia, un satélite de la Tierra, que alumbra
cuando está de n o che sobr e el horizonte.
La luna ha sido o bjet o de la observación desde los tiempos más remotos. Aun hoy la
adoran ciertas tribus primit ivas. La luna valoriza religiosamen te el devenir c ósmico y reconcili a
al ho mbre con la muerte. Las fases de la luna po nen de manifiesto que el astr o de la no che
está sometid o a la le y de la muerte y nacimiento cíclicos. El hombre sencillo cree reconocer en
la luna su propio ritmo vital invariable. Así como podía observarse el influjo de la luna en las
mareas alta y baja, se creía igualment e en su relaci ón con las enferm edades y la muerte, pero
también con la fecundidad y la resurrección
180
.
La luna creciente , “bicorn e”
181
, según san Isidoro, se define en astronomía como la
luna desde su conjunción hasta el plenilunio. En las fases de la luna, tiene su origen desde muy
antiguo la división de meses y semanas. La luna ha atraído desde siempre la atención del
hombre, así entre lo s griegos el filós ofo Aristót eles (384 a.C.-322 a.C.) dem ostró su forma
esférica, y el matemático griego Aristarc o de Sa mos (ca.31 0 a.C.-ca.230 a.C.), un siglo después,
indicó su diámetr o y dist ancia a la Tierra, cuyos n úmeros comprob ó el as trónomo heleno
Hiparco de Nicea (ca.190 a.C.-ca.120 a.C.) más adelante. Tam bién estudiar on la Luna el
astrónomo y m ate mático greco-egipcio Claudio Tolome o (ca.90 -ca.1 68) y el historiad or
Plutarco (ca.45- ca.120)
182
.
179
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , IV, 439 .
180
CHEV ALIER, J. y GHEE RBRANT , A., Diccion ario de lo s símbolos… , 6 58-60. BATT ISTINI, M.,
Símbolo s y alegorías , B arcelona, Electra, 200 4, 194. ELIADE, M., Lo sa grado… , 134. LURKE R, M. ,
Dicciona rio de imág enes… , 134 - 5.
181
ISIDORO DE SEVI LLA, Sa n, E timologías , III, 52, 1.
182
ENCICLOPEDIA U NIVERSAL I LUSTRADA…, Barcelona, J osé Espasa e Hijos, 195 8 - , XXXI ,
731, 734, 78 6.
128
otra par te, siguiendo una i nterpretación mística del siglo II, el valle del Cantar de lo s Cantar es
representa al mundo, el liri o designa a Jesucrist o
209
.
4,6: “Murió huyendo y marchitando l a flor de lis”. Dante , 6.
A continuación está la filigr ana de la flor de lis (nº 56, 66, 169, 179, 200, 2 16, 384), que
como v ariedad del liri o, tiene una doble acepción sim bólica, ya de il umina ción y atributo de
Cristo, ya de soberanía real . Esta flor que no existe en la naturaleza, figu ra como símbolo rea l
desde la Antigüedad, además de en las armas de la Casa real de Francia y en lo s escudos de
Florencia, Lancaster, M aryborough, Wakefield y Gre at Torrington. Tras salir in cólume de una
lucha en un te rreno pantanoso, donde crecían nu merosos írides, el rey de Francia Luis VII, el
Joven (ca.1120-11 80), estableció que se hiciera de esta flor su emblema. La fleur de Louis (La
flor de Luis), pr o nunciado rápidamente se contrae con virtiéndose en fleur de lys , o flor de lis,
que ocupó el lugar del lirio, como esc ud o del rey francés. Desde el siglo XII la flor de lis está
presente en t odas partes, s obre objetos, obras de arte y monumentos de todo tip o
210
.
Por otra parte, encontra mos la filigrana de la flor a la que hemos denominad o
margarita sin tallo (nº 29 , 32, 33 , 104, 171, 1 87, 379, 475), o con tallo (nº 34, 10 0, 513), que es
símbolo de la inocencia del Niño Jesús , y finalmente la flo r con tallo y cinco pétalos a la que
nombram os c omo cla vel (nº 88), que int erpretamos como la pasión y la muerte en la cruz de
Cristo , ya que se rec onoció en la forma de su hoja y de su fruto la forma de los clavos con los
que Jesús fue fij ado en la cru z
211
.
La flor de lis, p or otra parte, se presenta, sin atributos sec undarios, tril obulada (nº 66,
169, 179, 200, 384) con una signifi cación cristológic a, y co n a tributos secund arios, como el
estar coronada (nº 216), o bien encerrada en un círculo (nº 56), m oti vos que aportan una
209
CHEVALIER, J . Y GHEERBR ANT, A., Diccio nario d e los símbolo s ., 6 52.
210
BAYLEY, H. , Th e Lost Lan guage of S ymbolism , Londres, 19 57, cit. p or CIRLOT, J.E.,
Dicciona rio.de símbolos , 2 86. ENCICLOPE DIA UNI VERSAL I LUST RAD A…, XXX, 10 12.
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1977 , 132-3. PAST OUREAU, M., Una histori a simbólica…, 10 7, 109 -17.
211
BIEEDERMANN, H., Diccio nario.. . , 114. FERGUSON, G., Signo s y símbolo s… , 38. LU RKER, M. ,
El mensaje d e los símbolo s... , 189.
129
significación secun daria: en el primer caso, la coron a añade a su significaci ón propia de
realeza, otra secund aria de po der di vino; en el segund o, el círculo aporta un v alor de
eternidad.
Finalmente, la filigrana de la margarita aparece, cual decíamos supra , con o sin tallo,
además de presentar u n número deter minado de pétalos, portad ores de una doble
significación. Así pu es, lo s cinco pétalos (nº 100, 187) se refieren a las cinco heridas de Cristo,
los seis (nº 171, 379, 475, 513) sign ifican los seis días de la Creación, los siete (nº 32 , 33, 34,
104) los siete pecados capitales -lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia-, y los
ocho (nº 29), el nacimient o por el bautis mo y la resurr ección
212
.
4.2.2. Los frutos.
Los frutos son, se gún Covarrubias, “lo que gozamos del labrar y cultivar la tierra”
213
,
equivalen al hue vo com o germ en que representa el origen. “ Lo qu e el árbol o planta produce
cada año después de la flor y de la hoja, ya sea para servir al mantenimiento del hombre o de
los brutos, o para sus remedios y otras necessidades, o solam ente para encerrar su propia
semilla”. “Todo lo útil que produce la tierra, ya sea solamente por su natural virtud, como el
heno, la bello ta, etc., o ayu dada del cultivo, com o las hortalizas”
214
.
Abo rdaremos desafortuna damente en este subapa rtado un únic o símb olo de la
frugalid ad, el racimo de uvas, m etáfora del placer d e los sentidos de Di onisos para los paganos ,
o de la eucaris tía de Crist o redentor para l os cristianos.
4.2.2.1. El racimo de uvas.
Fr.: grap pe . It.: grappolo . Ing.: chister, bunch . A.: Weintraube . P.: cacho . C.: gotim . E.:
beraro . (Eti m.: del lat. race mus, racemi , raci mo).
4,7: “Las ideas , al igual que las uvas, cr ecen en racimos”. Anónimo.
212
FERGU SON, G., S ignos y s ímbolo s… , 224 -226. LURKER, M., Diccion ario d e imá genes… , 153 -5,
207 -8, 213- 4. RÉAU, L., Ico nografía… , 86 - 8.
213
COVARRUBI AS, S. de, Teso ro de la lengua… , 610.
214
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , III, 804.
130
Un racimo es “la porción de uvas o granos, que prod u ce la vid pressas a un os pequ eños
piecezuelos, y estos a un tallo que pende del sarmi ento”
215
. El racimo de uvas como símbol o
era utilizado en la mitologí a pagana para c oronar a Baco y a las bacantes, de aquí que el raci mo
tenga la significaci ón de al egría, abundancia y fertilidad, atributos d el dios paga no , del o toño y
hasta de la propia heroína Europa
216
. El uso del v ino extraído de la uva, la bebida d e lo s dioses,
era un medio de c onocimiento y de iniciaci ón. Se le comparó con la s angre de Dionisio y más
ta rde con la de Cristo. Promovía la fecundidad universal, vegetal, animal e incluso la
humana
217
.
En la simbología cristiana el racimo d e uvas represent a la tierra prometida, la riqueza y
la prosperidad: “Ll egaron hasta el valle de Escol , cortaron un sarmiento co n racim os de uvas,
que trajeron dos en un palo, y gran adas e hig o s. L lamar on a aquel lugar Najal-Escol -Valle d el
racimo- , p or el sarmient o de la vid que allí ha bían cort ado los hijos de Isr ael” (Núm 13,24)
218
.
Este símbol o, sin embargo, reviste posterio rment e significados m ás complejos, como
el eucaríst ico del sacrif icio de Cristo , cuya sangre, como m ístic o racimo, sacrificó p or la
humanidad pecadora
219
o identifica a los hombres , como los fruto s de la viñ a del Señor :
“Arroja la h oz afilada y vend imia lo s racim os de la viña de la tierra, porque sus uvas están
maduras” (Apo c 14, 18 -20).
La evolución de la imagen de Cristo en la devoción medieval no es sencilla. Esta
significación del raci mo de uvas vin o a reemplazar la simbol ogía del Corder o y demás i mágene s
antropomorfas -Cristo P astor, Cristo D octor, etc. -, co njunta mente con o tras, como la del
molino y la prensa m ísticas que significan el sacrificio fecundante de Je sús, símbolos de
animales, como el león o el águila, signos de poder; del unicornio, signo d e pureza ; d el
pelícano, sig no de sacrifici o; del fénix, sign o de resurre cción y de inm ortalidad
220
.
El racim o de uvas es, según Sebastián de Covarrubias, el “símbol o de la buena o mala
compañía. Po r alegoría dize el poet a: Uvaque conspecta livorem ducit ab uva . Una uba
corrompida suele perder todo el racimo, y las que están en agraz con la cercanía de las que
están maduras, s e saçonan ”
221
.
En los incunables sevillan os se localizan tres filig ranas portadoras del símbolo
eucarístico del racimo de uvas (nº 11, 96, 434)
222
, significando la eucaristía del sacrificio de
Cristo por la hu manidad pecad ora.
215
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , V, 480.
216
T ERVAR ENT , G. d e, Atributos …, 43 7 - 8.
217
BENOI ST, L., Sig nos… . , 80.
218
REAU, L., Ico nogra fía… , 161.
219
CIRLOT, J. E., Diccionario de símbolo s… , 385 y 458 . IMPELLUSO, L., La naturaleza…. , 32.
LURKER, M., Dicciona rio de imá genes …, p. 243. REVILLA, F., Dicc ionario de Ico nografía y
Simbolo gía , Madr id, Cátedra, 19 95, 343.
220
LE GOFF, J ., La civilización del o ccidente…, 135.
221
COVARRUBI AS, S. de, Teso ro de la lengua… , 893.
222
NUEVO ÁBALOS, J.L., “La s filigranas cristiana s de la B iblia…, 11 7 - 20.
131
4.3. La simbología anima l.
Dijo luego Dios: “Haga sur gir la tierra animales vivien tes conforme a su especi e: ganados,
reptiles y bestias salvajes, según su especie” (Gen 1, 24). El animal, dice Covarr ubias que “es
sustancia animada, adornada de sentido y mov imient o, y entre to dos el principal es el hombr e
por ser ani mal ra cional”
223
, y añade el Diccionario de Autoridad es, “capaz de razón y
entendimiento : los demás son brutos , bestias, sabandijas, monstru os, insectos, e tc.”
224
.
La simbología antigua y bíblica co ncede al ani mal un papel considerable. Si bi en hemos
creído des velar el significado simbólico de los ani males, desgraciad amente esto no resulta
fácil. Por regla general el orfebre art esano creador de la filigran a ha dotado al animal de
aquello que sabe que le pertenece y lo ha prove ído de sus particularid ades anatómicas
relevantes, así melena al león, cornamenta a los bu eyes, garras al águila, cuerno al unicornio ,
etc. Otras veces es difícil distinguir lo s animales, por ejemplo, un ánade de una paloma. De ahí
que resulte muy importan te reconocer cada especie de animal para poder darle su significado
propio.
La zoología que se representa responde principalment e a un conjunt o de historias
fantásticas sobre los animales que en aquella épo ca casi nadie había visto y que en algunos
casos no habían existido. Estas historias son los Bestia rios. A fin de cuentas lo que los hombres
de esta épo ca hacen “es transmitir lo que recibieron de los antiguos”. Ver daderamente ,
Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.) habría puesto los cimient os de una zoología auténticament e
científica; si lo hubieran co nocido a él en primer lugar y lo hubieran seguido fielment e,
posiblemente no hubieran existido los Bestiarios. Pero no fue eso lo que o curr ió. A partir de
Heródoto (484 a. C.-42 5 a. C.), la literatura clásica está repleta de cuentos sobre los
cuadrúpedos y aves extraños, cu entos demasiado intrigantes como para q ue fuese fácil
rechazarlos. L a o bra de Eliano (s II) y de Plinio el Viejo (23-79) so n auténticas colecciones de
ese tipo de fantasías. También intervin o la inc apacidad medieval para distinguir entre
escritores de géneros literari os, diría mo s hoy en día, absolutamente diferent es. El que estas
historias de animal es, los Bestiarios, se cre yeran en la Edad Media, era posible no sólo p or la
propia credulid ad e ignorancia de las gentes, sino también por su valor de “ moralita s
cristiana ”, además de una fuente filosófica: el plato nismo. El plat onismo ense ñaba que el
mundo visible está hecho d e acuerdo c on un modelo invisib le
225
.
Lo dicho nos ha llevado a denominar a los animales y subdividirlos, siguiendo en ello
criterios modern os y actuales, en “animales reales”, como aquell os seres v ivos, aves,
mamífer os, pec es y reptile s, que pertenecen a nuestro m undo material y biológi co, tanto a yer
como hoy, frente a aquell os otros, “animales fabulosos”, que no v ivieron en la realidad
material ni ayer, ni h oy , pero que existieron en el fabulario medieval, c omo drag on es y
unicornios.
223
COVARRUBI AS, S. de, Teso ro de la lengua …, 122.
224
REAL ACADEMI A ESP AÑOL A, Diccionario d e Autorida des , II, 298.
225
LEWIS, C.S., La imagen .. ., 113 y 11 6.
132
4.3.1. Los anim ales reales.
Los ani m ales de la realidad, que, como símbolos, trataremos en es te sub apartado
pertenecen a cuatro nivele s del mundo material y es piritual de la Edad Media: el air e (águila,
ánade y paloma), la tierra (buey, cordero y león), el agua (pece s) y el submundo (se rpien te),
todos ellos portadores de valores morales cristianos que trataremos de dilucidar a partir de las
ideas de los pens adores an tiguos, medieval es y actual es.
4.3.1.1. Las aves.
De entre las aves abordar emos desde la arrogante y divina águila, que se eleva a las
alturas inmaterial es de lo celeste, el pajarillo so litario y melancólic o, metáfora de las almas
errantes, el ánade, o rgullo y al ma de los biena venturados, hasta la paloma, espíritu de la
santidad.
4.3.1.1.1. El águila
Fr. : aigle . It.: aquila . Ing.: eagle . A.: Adler . P .: aguia . C.: aliga . E. aglo . (Et im.: del lat.
aquila, aquilae , deriv. probablemente del gr. ανκυλόσ, curvo; refiérese sin duda a la curvatura
de su pico).
4,8: “Pare ciome ver entre sueño s un águila con pl umas de oro sus pendida del cielo c on alas abiertas ”. Dante.
El águil a es un “ave bien conocida, reina de to das las otras * …+. Es corpulenta, de c olor
ceniciento, el pico corvo y agudo, el pie o garra con uñ as largas y agudíssi mas. Es ave de suma
perspicaci a y fortaleza ”
226
. Esta ave fu erte y v alerosa está asociada desde los más lejanos
tiempos al poder y a la guerra. La cultura romana im perial vio en el ág uila un pájaro glorioso,
226
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , I, 130 .
133
emblema de su triunfo uni versal so bre las d emás naciones
227
, por ello, simbolizab a el poder y
la vi ctoria , representada en los estandartes de las legiones romanas. De ahí que a posteriori se
convirtiera en sí m bolo del poder imperia l y del rey .
Por su capacidad de eleva rse por el cielo más que n inguna o tra ave, aspecto al que
aluden las fuentes antiguas, le sirvió para convertirs e en atributo de Zeus, “el dios del ciel o
diurno”. P or ser un ave noble y elevarse hacia el cielo entre los cris tianos sirve de atributo del
pensamien to , de suerte q ue dice san Jeróni mo que es el “emblema de la as censión y de la
oración ”. De ahí qu e en la An tigüedad se considerase al águila como conduct ora de almas de l a
tierra al cielo, como psico pompos . Ganimedes , arr ebatado p or un águila, era un símbolo d e la
esperada ascensión del alma a las estrellas. También por est a razón inter venía en la Apoteosi s
o d eificación de l os e mperadores romanos, que se repr esentaba mediante un águila, que
volaba hacia el ci elo al mismo tie mpo que el cadáver del gobernant e era entrega do a las llamas
en el campo de Marte. El Pseud o C alís tenes (s.III) cuenta en la Vida y Hazañ as de Alejandro de
Macedonia , que al m orir Alejandro Magno (356 a.C.- 323 a.C.) un águila subió al cielo: “La
estrella ascendió de nuevo al cielo y lo acompañ ó el águ ila. Y al ocultarse la estre lla en el cielo,
en ese moment o se durmi ó Alejandro en un sueño eterno ”
228
.
Con el cristianism o ese águila pagana, podero sa y divina, pasó a simbolizar a Cristo ,
que llev a las almas de la tierra al cielo, “como un águila incita a su nidada, revolotea sobre sus
polluelos, así él despli ega sus alas y le toma, y le lle va sobre su plu maje”(Dt 32,11), o bien
como dic e la versión griega de El Fisiólogo (ca.s.II- IV): “En cuanto a ti, oh h ombre, discípu lo de
Cristo, cuando el atuendo del hombre viejo te esto rbe y los ojos de tu coraz ón se hayan
entorpecido, busca el manantial que renueva la juventud , la fuente viva, que es la palabra d e
Dios y vuela a la s alturas hacia el sol de la justicia, Jesucristo, y despójate del h ombre v iejo con
todas sus obras ”
229
.
Simboliza ta mbién la encarnación de Cristo , ya que se zambu lle en las profundidad es
del mar para capturar sus presas y luego subir al cielo purificada, por la penitencia del fuego
del so l y por el bautismo del agua
230
. Esa creencia en la renovación p or medio del fuego y del
agua hizo que igualmente durante la Edad Media se la añadieran nuevas acepciones a s u
significación c omo símbol o del bautismo y la penitencia
231
.
La agudeza visual del águila m irando directa mente al sol sin cerrar los ojos, ya
observada por el filósofo Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.)), al que siguen el r etórico Elian o
227
ISIDORO DE SEVI LLA, San, Etimologías , XVII I, 2, 5 . S EB ASTIÁN LÓPEZ, S. (ed itor literario) El
Fisiólogo atribuido a San Epifan io seguido d e El Bestiario Toscan o , Madrid, Tuero, 1986, 41.
228
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G. de y ST ERCKK, D. S., I ntroducc ión a los símbolos , 451-2. IMPELLUSO, L. La n aturaleza …, 29 3.
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229
COVARRUBIAS, S. de, Tesoro de la lengua …, 56. MALAXECHEVE RRÍA, I., Bestiario Medieval ,
Madrid, Siruela, 1986, 73. SEBASTI ÁN, S., Be stiario Toscan o , 42-5. REAU, L., Iconografía … , 1 05- 6.
230
MALAXECHEVE RRÍA, I., Bestiario Medieval… , 75. DURANTI, G., Rationale divinorum
officiorum , SEBASTIÁN LÓ PEZ, S. Mensaje del arte med ieval , Córdoba, P ublicaciones de la
Universidad, 1 978 .
231
MARIÑO FE RRO, X.R., El simbo lismo a nimal… , 23. ISIDORO DE SEVI LL A, San, Etimolog ías.,
XII, 7, 10.
134
(ca.175-ca.23 5), el naturali sta Plinio (23-79) el enciclopedista san Isidoro (ca.560-636), el poeta
medieval francés Pierre de Beauvais (s.XIII), o la anón ima versión it aliana del Fisi ólogo (ca.s.II-
IV), el Bestia rio Toscano (s.XIII), entre otros, propi ció la creencia simbólica m edi eval de
considerar a este ave como símbolo del justo , que puede m irar directame nte al Sol -Dios,
rechazando el águila c omo ilegítimo a aquel de sus polluelos q ue no sea cap az de mirar
directament e al sol
232
.
Las águilas cuidan y vigilan co n mucho celo a sus crías, enseñan a volar y a caz ar a sus
polluelos, de la misma manera protege Dios a su pueblo, o como dice el teólogo ale mán
Rabano Mauro (ca.776- 856) lo mismo hace Cristo, “que no ce sa de exhor tar a sus discípulos en
el ejercici o de las virtudes ”
233
.
Igualmente se compara al águila co n l os apóstoles “por quanto estendieron las alas de
su predicación por to do el orbe”
234
, como M arcos , uno de los apóstoles del tetramorfo, cuyo
origen parte de las visione s de Ezequiel que el Apocali psis vuelve a recoger en el tribunal del
trono de Dios: “Delante del trono había como un mar de v idri o se mejante al cristal, y en medi o
del trono y en derredor de él, cuatro vivientes, llenos de o jos po r delant e y por detrás. El
primer v iviente era semeja nte a un l eón; el segu ndo viviente, semejante a un toro ; el terce ro
tenía semblant e como de h o mbre, y el cuarto era se mejante a un águila voladora ” (Ap. 4, 6 -7).
San Ireneo es el primer o en interpretar esos cuatro vivientes como los cuatro
evangelistas (e l león Juan, el to ro Lucas, el hombre Mateo, y el águila Marcos), si bien no
siempre se identificó el mism o animal con el m ism o Evangelista. Sería la interpretación del
obispo y escritor bizantino san Epifanio (ca.310-403) y la del padre de la Iglesia san Jeró ni mo
(347-420), la que a la postre se impusiera en la tradición cristiana, considera ndo al hombr e
como Mate o, al león com o Marcos, al tor o como Lucas y al águila com o Juan Evan gelista
235
.
Luego se adujer on nuevas interpretaci ones al tetra morfo como la que hiciera el monje
mozárabe Beato d e Liébana (ca.701 -ca. 798), para quien estos animales repres entan los cuatr o
momentos de la vida de Cristo : “Nació como hombr e, m urió c omo un ternero, resurgió como
un león y subió a los cielos como un águila”
236
. Finalmente, los cuatro animales tienen en el
Leccionario de Rabano Mauro (ca.776-586) una tercera int erpretación, expresan las cuatro
virtudes, que necesita mos para salvarnos , sobre l as que dice el medievalis ta Em ile Mâl e
(1 862- 1954 ), “cada cristiano, en el camino de la perfecci ón divina, debe ser un hom bre, un
toro, un leó n y un águila. Debe ser un hombre, porque el hombre es un ani mal racional y
porque sólo el que se adentra por el camin o de la razón merece llamarse hombre; deb e ser un
toro, porque el to ro es l a vícti ma qu e se inmola en los sacrifici os y p orque el verd adero
cristiano, renunciando a los placeres del mundo, se inmola a sí mismo; debe ser un león,
porque el león es el anim al valiente por excelencia y porque el justo, que ha renunciado a
todas las cosas, n o teme a nada en este mundo; deb e ser finalmente águ ila, po rque vuela en
232
ARIST ÓT ELES, Investiga ción sobre los a nimales , Madrid , Gr edos, 1992. ELIA NO, C ., Historia de
los animales, Mad rid, Gredo s, 19 84, I, 42. P LINIO, C., Historia Natural , Madrid, Cátedra, 20 02, X, 3 -4,
ISIDORO DE SEVI LLA, Sa n, Etimolog ías , XI I, 7, 10, 11.
233
MARIÑO FE RRO, X.R., El simbo lismo …, 24 .
234
COVARRUBI AS, S. de, Teso ro de la lengua …, 56 - 7.
235
BATTI STINI, M. , Símbo los y alegorías , 168. MÂLE, E., El arte religio so…, 60 -2. MARIÑO FER RO,
X.R., El simbo lismo anima l …, 2 4.
236
BEATO DE LIÉBANA, 156 , cit. por MARIÑO FERRO, X .R., El simbolismo an imal …, 25 y 448.
135
las alturas y mira al sol sin bajar lo s o jos y porqu e el cristiano debe mirar de frente las cosas
eternas”
237
.
Frente a las signifi caciones positivas del lado del bien, de la lu z, de la virtud, el águil a
presenta significacione s negativas del lado del mal, de las tiniebl as, de lo oscuro, del pecado ,
así, porque el águila come carroña o está en contact o con lo s cadáveres, le vale la inclusión en
la lista de animales impuros, que aparecen en el Levítico (11,13) y en el Deuteronomio (14,13),
se le suele identificar a veces con el dia blo , puest o que inclu so cuando s e muestra b ajo
aspecto human o, suele ten er pico y garras de águila
238
.
En los incunables hispalenses sólo hemos localizado una única filigrana del águ ila (nº
155), que aparece con las alas desplegadas, con corona trilobulada (símbolo de realeza y de
Cristo, y señal de la trinidad) y sobre ella, la letra Χ, atrib uto de Cristo. Por tanto, en la filigrana
del águila conflu y en tod os los atributos en asig narle la significación de Crist o rey.
4.3.1.1.2. El ánade
Fr.: canard . It.: oca . Ing.: d uck . A.: Ente . P.: pato . C. anech . E.: ansero . (Etim.: del lat.
anas, anatis ).
4,9: “Y una escua drilla de ánades /pi cos al viento, b ogando”. Rafael Alberti.
El ánade es un “ ave amphibia bien c onocida, que habita en ti erra, y más
frequentement e en el agua, algo menor que el ganso, y m u y semejante a él en color, pies,
cuello y pico“
239
. Desde el pensador Aristótel es (384 a.C-322 a.C.) se ha descrit o al ánade real -
el pato por excel encia- como una palmípeda que frecuenta cualquier tipo de masa de agua:
marismas, lagunas, embalses, ríos y charcas
240
, de hecho el enci clopedista san Isid oro (ca.560 -
636) dice que “recibe es te nombre de su persistencia en nadar, ass iduitate natan di ”
241
. En esos
mismos lugare s húmedos y pantanos os asientan sus nidos. Como av e acuática, estaba
237
MÂLE, E., El arte religioso… , 62 .
238
COV ARRUB IAS, S. de, Tesoro de la leng ua ..., 56. MARIÑO FERRO, X. R., El simbo lismo an imal ...,
25.
239
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , II, 279.
240
ARISTÓT ELES, Investigación so bre los an imales , VIII, 3 (593 b).
241
ISIDORO DE SEVI LLA, Sa n, E timologías , XII, 7 , 51.
136
consagrada a Posidón, el dios del mar y de las aguas corrientes y lagos
242
. P or ser a ves
migratorias muchas pasan el verano en el norte de Europa y en otoño bajan hacia el sur para
invernar en tierras mediterráneas, de ahí que para los romanos fuese símbolo de invierno,
asociado al de scenso a los infiernos
243
.
Parece qu e el pa to, debi do a su naturaleza alegre , se relacionó con la idea de la
felicidad , en el sentido espiritual de la palab ra, es decir, que designa la incomparable y etern a
dicha del ci elo divino . Tamb ién es probable mente ima gen del alma de los b ienaven turados
244
.
Por el contrario, el si m bolista gallego Mariño Ferro citando al investigad o r Cléber t
considera al pato como símbol o del marido amorosa mente sometido a s u mujer . De hecho ,
los primeros escarceos amorosos corren a cargo de la hembra, que elige a su compañer o entre
los numerosos machos
245
. También el pato tiene fama de li bid inoso , puesto que persigue sin
tregua a las hem bras y es una de las pocas aves que está do tada de un tubérculo eréctil apt o
para la cópula
246
.
Aparecen tres filigranas del ánade o pato de cuerpo entero y sin patas (nº481, 5 25,
560), que podremos entender en su doble significaci ón sim bólica, positiva, de dicha o alma de
los justos, o bien negativa, d e desenfreno y lujuria.
4.3.1.1.3. El pájaro
Fr.: oiseau . It.: ucello . Ing.: bird . A.: Vogel . P.: passar o . C.: aucell. E.: birdo . (Et im.: del
lat. passer, pass eris ).
4,10: “¿Cómo de cís a mi al ma: vuela al monte co mo pájaro?”. Sal, 11, 1.
242
GRIM AL, P., Diccionario de mitolog ía griega y romana , Barcelona, Paidó s, 1982, 447 - 8.
243
CIRLOT, J.E., Diccionario de símbolo s …, 3 43. MARIÑO FERRO, X.R., El simbo lismo a nimal… ,
357.
244
CHARBONNE AU LASSAY, L., El bestiario d e Cristo: el simbolismo anima l e n la Antigüedad y la
Edad Media , P alm a de Mallorca, José J. O lañeta, I , 553- 4.
245
CL ÉB ERT, J. -P., Bestiaire fabu leaux , P arís, Albin Mic hel, 19 71, cit. p or MARIÑO FER RO, X.R., El
simbolismo an imal. .. , 357.
246
MARIÑO FE RRO, X.R., El simbo lismo anima l ..., 357 .
137
La palabra pájaro es un nombre gené rico que comprende toda especie de aves,
aunque m ás especialmente se suele entender por las pequeñas o el común de los pájaros,
“que sube al aire, y se m an tiene en él con ayuda de s us plumas y alas”.
247
Los pája ros han sido
considerad os desde la más lejana Antigüedad como mensajeros de los dioses, y prestan sus
alas a todas las manifestaciones del po der del espíritu. Lo s pájar os, las alas y el vuelo
simbolizaron los estad os superiores del se r . Así se v e, po r ejemplo, entre l os griegos que
representaban con frecuencia a las almas como pequeñas figuras aladas co mpues tas de pájaro
y de hombre : en Homero (s.VIII a.C.) las almas “go rjean”
248
. Desde el filósofo P latón (ca.427
a.C.-347 a.C.) los escritores clásico s consideraban que las almas al separar se del cu erpo v ue lan
hacia las alturas, hacia el hermoso cielo divino, concretándose esta creenc ia en el rito
funerario de los emperadores romanos, como hemos comentado supra a propósito del
águila
249
.
De ahí que en el orden reli gioso el ave sea siempre si gno de orden espir itual, símbol o
del espíritu, del alma , que el cristianismo asumió como suya. La leyenda dorada del hagiógraf o
dominico italian o Santiago de la Vorágine (1230 -1298 ) cuenta que san Co nrado un día v io dos
pájaros que no eran realm ente dos pájaros, sino dos al mas. En esa misma obra aparecen como
pájaros lo s ángeles
250
. Lo s pájaros son siempre transmisores de la bebida de salvación y
anunciadores del tiempo , el destino y la muerte
251
. El libro del Génesis recog e las palabras que
Dios pronunció para crearl os: “Aves r evoloteen s o bre la tierra, p or la superficie d el firmament o
celeste” (1, 2 0).
Los pájaros representan por una parte las oraciones de los s anto s , ya que su gorjeo,
elevado de la tierra al cielo, es imagen de las alabanzas y las súplicas humanas a Dio s; por otra ,
representan a los Apóstoles del Señor . El pájaro tamb ién tiene una significaci ón negativa, sirve
de símbol o al Espíritu del mal, al demonio o Satá n , porque los pájaros en la parábola del
labrador se llevan la preciosa sem illa que hará germinar el fr uto de la tierra: “Vien e el maligno
y roba lo se mbrado” (Mat 12, 19; Mar 4,15; Luc 8, 12)
252
.
Hemos lo calizad o dos filigranas del pájaro con co la, ambas de perfil (nº 165, 338) con
ojo alerta y patas lin eales, q ue simbolizan el al ma etérea de l os bienaventurados.
247
T ERREROS Y P A NDO, E. de, Diccio nario ca stellano: co n las vo ces de ciencia s y a rtes , Mad rid,
Viuda de Ib arra, hijos y compañía, 1 788, II, 7.
248
BENOI ST, L., Signos. .., 45. DAVY, M.M., Iniciación . .., 198. FONT ANA, D., El lenguaje secreto de
los símbo los: u na cla ve visual para lo s símbo los y sus significad os , B arcelona, Debate, 1993, 86 .
LURKER, M., Diccionario de imág enes …, 161.
249
MARIÑO FE RRO, X.R., El simbo lismo anima l ..., 326 .
250
VORÁGINE, S. d e la., La leyen da dorad a , Mad rid, Alian za , 19 83, II, 741 -2 y 841.
251
LURKER, M., Dicciona rio de imág enes… , 161 y El mensa je d e los símb olos …, 2 65.
252
CH ARBONNEAU LASSAY, L., Bestiario de Cristo… , I, 517 -21. MAR IÑO FERRO, X. R., El
simbolismo an imal …, 3 26.
144
El cordero es, según el Diccionario de Au toridades, “el recental, carnero u oveja, que
no ha cumplid o un año”
284
. En la Antigüedad tanto el filóso fo Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.)
como el r etórico Eliano (ca.175 -ca.2 35) ponen al cordero como ejemplo de animal inocent e y
manso
285
, así los hititas por su blancur a y edad, su g racia y mansedumbre , sacrificaban al dios
del so l un cordero blanco. San Isidoro (ca.560 -636) dice que el cordero era “ llamado por los
griegos apo tu agnú , como si dijera piadoso; sin em bargo, los latinos juzgan que tienen este
nombre porque, entre to dos los animales, son ellos los que más perfectamen te conocen a sus
madres; de tal manera que, extraviado un co rderito en un gran rebaño, distingue en seguida el
balido de su madre del de las demás”
286
. D esde siempre en la iconografía profana el cach o rro
de la oveja fue símb olo de in ocencia y mansedu mbre, entre los judíos era sacrif icado duran te
la Pascua, pos teriormente f ue adoptado p or la religión cristiana
287
.
En los manuscrit os medievales y en la escultura gótica francesa se represe nta la
mansedumbre en forma de muj er c on un cordero
288
. Por mostrars e manso inclu so en el altar,
se suponía que aceptaba el sacrificio. De ahí que los judíos lo juzgasen como animal idóne o
para las ofrendas
289
. Para celebrar la Pascua, en que se conme mora la creación del mundo y el
día en que Yahveh había liberado a su pueblo de la mano de los egipcios, los hebreo s
sacrificaban un cordero añal, macho, sin defecto, y se ro ciaba con su sangre las jambas de la
casa. Después se comía el cordero en familia, en medio de un complicad o ritual en el que se
narraban las mar avillas obr adas por Dios a fa vor de su pueblo
290
.
Desde los primeros tiempos del Cri stianismo, ya en las catacumbas, aparec e el símbo lo
del co rdero que r epresenta a Jesucristo. Repetidas veces, tanto en el Antig uo Testamento
( Pentateuco , profecías de Isaías y Jere mías) como en el Nuevo (Evangelio de Juan, Apocalipsis
de san Juan), se represent a al cordero como símbol o de Jesucristo, además de que todas las
ceremonias del co rdero p ascual eran viva represen tació n de los misterios de Jesús, de su
pasión y mu erte y tambi én de la sag rada Eucarist ía, así desde el naci miento del h ombre
bíblico, aparece sobre el altar de Abel como primera hostia, que el Creador acept ó
favorablemente
291
.
En el Nuevo Testamento dice san Juan Bautista que enco ntrán dose una vez co n
Jesucristo, cuya superi oridad sobre sí había ponderado a sus secuaces en las orillas del Jordán,
en donde bautizaba, y en viéndole excla mó: “ Ecce Agnus Dei, qui tollis peccata mundi ” (Jn
284
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , II; 594 .
285
ARISTÓT ELES, Investigació n sobre los animales , IX, 3 (61 0 b ). EL IANO, C., Historia de los
animales , XII, 31.
286
ISIDORO DE SEVI LLA, Sa n, E timologías , XII, I , 12.
287
BATTI STINI, M. , Símbo los y alegorías , 247.
288
MARIÑO FE RRO, X.R., El simbo lismo anima l …, 11 6.
289
LURKER, M.: Dic cionario de imág enes… , 71 - 73.
290
BAT TIST INI, M. , S ímbolos y alego rías , 2 47. LURKE R, M., Diccion ario de imá g enes… , 71 -3.
MARIÑO FER RO, X. R., E l simb olismo animal …, 117 . VI LA VENT URA, S., N uev o dicciona rio b íblico
ilustrado , Viladecavalls (Bar celona), Clie, 1 9 85, 181 .
291
CAMBONNE AU-LASSAY, L., Bestiario de Cristo …, I, 157 -162. REAU, L., Iconog rafía …, 99 -10 0.
ENCICLOPEDIA UNIVERSAL I LUSTRADA…, XV, 54 8 - 51.
145
1,29), compendian do en tan breves palabras todo el misterio de la redención por Jesucristo,
cordero sin mancill a, que d erramó su sang re en la cru z como precio de nuestr os pecados
292
.
Pero quien sobre todos lo s apóst oles y exégetas bíblicos tiene sus delici as en
representarn os a Jesucristo con la dulce figura del cordero es san Juan en su Apocali psis . El
cordero inmolado es, segú n él, Cristo , el único que pudo ab rir el libro con siete sellos cerrado,
y fue digno de recibir la vir tud, la divinidad, la fortaleza, el honor, la gloria, la be ndición, según
oyó san Juan cantar a los ángeles y a los ancianos c on los misteri osos ani males: “Entonces vi,
de pie, en medio del trono y de lo s cuatro vivient es y de los ancianos, un cordero, como
degollado; tení a siete cuernos y sie te ojos, que s on lo s siete espíritus de dios, enviados a tod a
la tierra” (Ap 5, 6).
Ante tan sagrados fundamentos se comprende que la Iglesia se haya complacido en e l
uso de tan m anso, dócil y humilde animal. Así se hace mención en la misa al “ Agnus Dei ” no
sólo antes de comulgar, sino también al dar la comunión al pueblo, o bien se repite tres veces
al terminar las Letanías qu e canta la Iglesia
293
.
Añadamos, finalmente, que el cordero no es ex clusivam ente la imag en de Cristo,
inmolado y después resuci tado, sino que también simboliza a la casta Susana, o bien a Abel,
como segunda fig ura de Cri sto
294
.
Dentro del Corpus de filigr anas que presentamos solament e hem os reproducid o una
única marca, que represe nta al cordero vexilífero (nº 35), en la que aparece el cordero
inmolado, como símbolo de la crucifixión , sosteniend o c on sus patas la cruz ( vexilífera ) con el
estandarte imp erial ( labaru m ) símbolo de la R esurrección,
4.3.1.2.3. El león
Fr. e Ing.: lion . It.: leone . A.: Löwe, Leu . P.: leao . C.: lleó . E.: leono . (Etim.: del lat. leo,
leonis ).
4,14: “Abre n sus bocas contra mí, cual león rap a z y r ugiente”. Sal 22, 14.
292
CHAMPE AUX, G. y ST ERCKK, D. S., I ntroducc ión a los símbo los , 106 y 2 61. COVARRUBIAS, S.
de, Tesoro de la le ngua …, 357.
293
ENCICLOPEDIA U NIVERSAL I LUSTRADA…, XV, 54 8 - 51.
294
MÂLE, E., El arte religioso …, 18 6. REAU, L., Ico nog rafía …,100 .
146
El león es un “ ani mal fer ocíssimo, y mui gener oso y d e noble condición,” refiere el
Diccionario de Aut oridades, “po r lo qual es t emido y reputado po r rey d e todos los bru tos. E s
de mediana estatura, pero mui corpulento. Tiene la cola mui larga y el cuello poblado de unas
greñas o melenas ensortija das. Lo s dientes tiene como de sierra, de los quales muda solo los
colmillos, y la lengua tan áspera, que parece una lima *…+. Anda siempre pie ante pie, de modo
que jam ás el pie izquierdo passa del derecho. Quand o se ve persegu ido de los cazadores no
huye, mientras conoce que le ven, antes se va retirando, poco a poco y con passo grave, hasta
que pierde de vista a los cazadores, que entonces hu y e acelerad amente. Duerme siem pre con
los ojos abiertos y menean do la co la. Y es tanta su fero cidad y braveza, que co n el rug ido solo
amedrenta a lo s demás animales. Es tan generoso, que nunca come todo lo que caza, dexando
gran parte de ello para que lo gozen otros”
295
.
En la Antigüedad se considerab a al le ón como el rey de los animales y el más generoso
de todos, simbolizando c on su imagen la fuerza, el p oder, el dominio, la realeza y la majest ad.
El león figura en v arios mitos grecorroman os, y así el carro de Cibeles aparec e tirado por dos
leones; Hércules, vencedor del león de Nem ea, se cubre siempre con su piel, y una piel de león
llevaba igual mente Ulises, cuando salvó a su pa dre Anqu ises del incendio de Troya
296
.
Los autores antiguos, tanto Eliano (ca.175 -ca.23 5), como Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.)
o Plinio (23-79) nos hablan de sus características físic as, de su nacimiento, de s us crías, de su
estrategia ante los peligros de los cazadores, etc., en fin de la vida y cos tumbres del león que
con el paso del tiempo los autores cristianos interpr etarán desde un punto de vista mo ral y
doctrinal
297
.
El león representa fuerza, así lo refiere san Isid oro ( ca.560- 636), “ su áni mo se ve en la
frente y en la cola, su poder en el pecho, su firmeza en la cabeza”
298
. En la Edad Media el león
sirvió de atributo a la fortaleza y el v alor conjuntamen te con el toro, de ahí que sea la estrella
simbólica del bestiario me dieval al frente de todos los ani males conocidos
299
, así como es el
animal heráldic o por excel encia
300
.
En al arte funerario rom ano el león carnic ero es símbolo “ del voraz poder de la
muerte”. Las escenas de c aza d e los sarcóf agos, en las que ap arece un cazador m atando a un
león que se lanza sobre una presa, representan el triunfo del hombre so bre la m uerte, así
también en Roma, debido a su fuerza y v alor, se co nvirtió en insignia militar de algunas
legiones
301
.
295
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , IV, 385 .
296
B ATTISTI NI, M., Símbolos y alegorías , 213. ENCICLOP EDIA UNI VERS A L ILUST RADA
EUROPEO- AMERICAN A , X XIX, 16 23-4. TERVARENT , G. d e, Atributos …, 329.
297
ARIST ÓT ELES, Investiga ción sobre los anima les , VI , 3 1. ELI ANO, C., Hi storia d e los animales , I V,
34. PLINIO , C., Historia Natu ral , VIII, 17- 21.
298
ISIDORO DE SEVI LLA, Sa n, E timología s, XII, 2,3- 4.
299
MÂLE, E., El arte religioso… , 15 1-2. T ERVAR ENT , G. d e, Atributos… , 324- 5.
300
NEUBECKER, O. , Le g rand libre de l´ héraldiqu e…, 110 - 1.
301
CHARBONNEAU- LASSAY, L., Bestiario de Cristo… , I, 35 -51. T OYNB EE, J.M.C ., Anima ls in
Roman Life a nd A rt , London, T hames a nd Hudson, 19 73, 65 -66, cit. po r MARIÑO FERRO, X. R., El
simbolismo an imal …, 2 80 y 467.
147
Su rugido que infunde temor y respet o sir ve para que Amós lo compare con la voz de
Yahveh: “Rugiendo el le ón, ¿quién no temerá? Hablando el Señor, Yavé, ¿quién no
profetizará ?”(Am 3,8). San Marcos empieza su evangelio hablando de la voz que clama en el
desierto; por eso , de entre lo s c uatro Vivientes del Apocalipsis, será el león su atributo. Este
aspecto terribl e y amenazad or del más fiero de los ani males es el que los grieg os recogieron e n
la esfinge. Se le atribuía rostro de mujer, pecho, pata s y cola de león, y alas d e ave d e rapiña .
En ella se su maban la perfi dia femenina y el p oder destructor de l os leones y de l as rapaces
302
.
Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.) y Plinio (23-79) lo ponen como ejemplo de nobl eza
303
.
San Isidoro (ca.560-636) p ondera su c lemen cia , “en presencia del hombre, e l león es de
naturaleza apacible, de manera que no muestra su furor a m enos que est é herido. Su
clemencia es puesta de manifiesto por numeros os ejempl os; perdona a los caídos; permite
marchar a los cautivos qu e encuentra a su paso; no m ata al hombre más que cuando está
enormement e hambrient o”
304
.
El león es uno de los símb olo s que ofrece una mayor poli valencia sign ificativa , así san
Agustín (3 54-430) se perca ta de ello y nos hab la de que puede representar, según los casos, a
Cristo o a Satanás: “ A nuestro Se ñor Jesucri sto se le llama, a la vez, león y cordero: león por su
fortaleza, y cordero por su inocencia; león en cuanto que in victo, y cordero en cuanto que
manso. Y este cordero deg ollado venció con su muerte al león que busca a quien devorar.
También al Diablo se le llama por su ferocidad, no por su valor”
305
. Igualmente esta imagen del
león como Satanás p odemos encontrarla en el Antiguo Testament o en las figuras cristológica s
de David y Sansón, que lucharon contra leones (Jue 14, 5 -9), así se d esprende de l a
amonestación de san Pedro, cuando dice: “Sed so bri os y v elad, porque vuestro adversario el
diablo, como león rugiente, anda alreded or buscando a quien devorar” (1 Pe 5,8). Est a
ambivalencia simbóli ca, león bueno, león malo, aco mpañará siempre a este anim al a lo larg o
de su recorrid o histórico, c omo símbolo cristian o
306
.
En este sentido, El Fisiólog o griego (ca.s.II- IV) hace del leó n un símb olo de Cristo, “ Hijo
de la Virgen María”, “rey de todos los hombres ”, que puede significar tanto la encarna ción y la
resurrección , como la mise ricordia divina . Así pues, el león, que borra la s huellas de sus pasos
con su cola para desorientar a los cazadores, es J esús que esconde su divinidad al encarnarse
en el seno de María. El león que perdona la vida a un adversario derr otado es el Señor que en
su misericordia perdona al pecador arrepentid o. El león que duerme con los ojos abiertos es
Cristo en su tumba: su forma humana duer me, pero su naturaleza divina vela. El león que, a l
tercer día, devuelve con su aliento la vida a sus crías qu e naciero n muertas es la imagen de la
resurrección (así lo testific a igualmente el Esposo en el Cantar de los Cantares : “Yo duer mo,
pero mi coraz ón vela” Cant 5, 2)
307
.
302
MARIÑO FE RRO, X.R., El simbo lismo anima l …, 28 0.
303
ARISTÓT ELES, Investigación so bre los an imales, I, 1. PLINIO, C., Historia Natu ral , VI II, 48 .
304
ISIDORO DE SEVI LLA San , Etimología s, XII , 2, 6.
305
AGUST ÍN, San, De d octrina cristiana, I II, 25,36 y Sermones, 2 63, 2.
306
LURKER, M., Dicc ionario de imág enes…, 129-130 . PASTOUREAU, M., Un a historia simbó lica…,
53 -61. TERVARENT , G. d e, Atributos… , 1 33 - 4.
307
BEIGB EDER, O., Léxico de los símb olos , Mad rid, Encuentro, 19 89, 120. SEBASTI ÁN LÓPEZ, S.,
Bestiario To scano , 2 1-2. MALA XE CHEVERRÍ A, I., Bestiario Medieval , 23-7. CHAMBONNEAU -
LASSAY, L., Bestiario de C risto… , I, 37 -9. HENDE L, N., Studien zum “Ph ysiologus” , 16 4-7, cit. por
148
Otra sig nificación es la de ser símbolo de la vigilanci a, de ahí que gracias a su aspecto
majestuoso haya penetrado y d ominado Occidente hasta nuestros días en puertas de templo s
eclesiásticos, pal acios de ju sticia o casas de par ticulares
308
.
Para finalizar, dentro d e la abundante poli valencia signifi cativa del león
mencionare mos, por últim o, el de ser símbol o frecue nte de la lujuria , como v icio que devor a
furiosamente al hombre
309
.
En las filigran as hispal enses que estudia mo s apare ce un único símbolo del león (nº
490), león rampante , o sea lev antad o o alzado sobre las patas traseras, la ca beza de perfil,
mirando a la derecha, co n la lengua fuera, encorvada y redonda en su extremo, la co la erguida
y un p oco ondulad a, símbolo de fu erza, nobleza, valor y encarnación de Cristo, nuestr o señor
redentor.
4.3.1.3. Los peces.
Fr.: poisson . It.: pesce . Ing.: fish . A.: Fisch . P .: peixe . C.: peix . E.: fiso . (Etim.: del lat. pis,
picis ).
4,15: “¿Qué sabe el pez d el agua donde nada toda su vida? Albert Einstein.
El pez es comúnmente el “animal que nada y vive en el agua, se to ma particular mente
por los que se crían en los ríos , y no tienen nombre determinado ”
310
. En Grecia y en o tras
primeras civilizaci ones de Europa y Asia, el pez fue considerado el símbolo de la fecundidad
humana y animal, no sólo por el increíble númer o de huevos que lleva dentro de sí , sino
también por la cr eencia de lo s antiguos pueblos que situab an en las aguas profun das el punto
de partida de la vida en el mundo
311
.
Entre los cristianos el pez es uno de los primeros símbolos cristológicos, ya que su
nombre griego ikhthús (“pez”) es el a cróstico de Jesucr isto , Hijo de Dios, Salvador ( Iesous
Khristos Theou Uios Soter ). Este auténtic o jeroglífico tuvo gran éx ito, sobre todo en Roma, y de
PASTOURE AU, M., Un a h istoria simb ólica…, 59 -61. IMP ELLUSO, L. La n aturaleza …, 2 13.
SEBASTIÁN LÓPEZ, S. , El Fisiólog o, 3-13. RÉAU, L., Icono grafía …, 113 - 5.
308
BEIGB EDER, O., Léxico…, 290.
309
CHAMPEAUX, G. de y ST ERCKK, D.S., I ntroducc ión a los símbolo s , 335 - 7.
310
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , V, 247.
311
CHARBONNE AU-LASS AY, L., Bestiario d e Cristo …, I, 68 8.
149
allí se difundió a toda l a cristiandad, poniéndos e, y a en figura, ya en letras, en los
monumentos, en varios objetos de uso, sortijas, pend ientes, vasos, etc.
312
.
Entre lo s padres de la Igles ia, como por ejemplo, san Ambrosio de Milán (337 -397), el
mar es la aleg oría del mundo y los hombre s son los peces, de modo que Jesucri sto, al hacerse
hombre, es el Pez por ant onomasia, o bien l os peces representan las almas de los creyente s ,
que el Divino Pescad or, Jesucristo, recoge en sus redes
313
, o bien significa , según Tertuliano
(ca.160-ca.22 0), el bautismo , pues así co mo el pez só lo puede vivir en el agu a, el verd adero
cristiano no puede vivir si no ha sido bautizado
314
, de ahí que san Isidoro (ca.560 -636) diga que
“los peces se llaman así a pascendo , de ali mentarse” del ag ua del mundo
315
. Así s an Andrés y
san Pedro, que eran pescad ores, llevan un pez por atributo, a q uienes Jesús les dijo: “ Venid
conmigo y os haré pescado res de hombres ” (Mt 4,19).
316
El pez puede ser igualmente símbolo eucarístico , tal vez su origen sea aquella cena en
la que Jesús tras su resurr ección, hizo compartir pan y pescado a siete discípul o s suy os que
pescaban a la orilla del lago Tiberíad es (Jn 21, 3 - 14)
317
, si bien también se le co nsid era como
atributo de la templanza , de suerte que alude a los días de abstin encia de carne que impone la
Iglesia duran te los cuales s ólo se puede co mer pescad o
318
.
Hemos enco ntrad o dos filigran as del pez (nº 393, 396), boca arriba y de perfil,
encerrad o e n un escudo, q ue representan al p ez cristológico, símbolo eucarís tico del cristian o .
4.3.1.4. Los reptiles.
De los ani males que reptan por la superficie de la tierra sólo vamos a estudiar a la
arrogante y sabia serpient e, principio del pecado original, que condenó a la humanidad al
progreso y al trab ajo etern o, origen de la infelicid ad e xistencial.
312
CHARBONNE AU-LASS AY, L., Bestiario de Cristo , I, 692 -3, 701. E STÉBAN LO RENTE, J .F.,
Tratado… , 197-9. RÉAU, L., Ico nografía … , 101- 2.
313
AMBROSIO DE MILÁN, Sa n, Explicació n del símbolo , 3, 9-20. RÉAU, L., Icon ografía …, 1 02.
314
FERGUSON, G., Sig nos y símbo los …, 24.
315
ISIDORO DE SEVI LLA, Sa n, E timologías , XII, 6 , 1.
316
MARIÑO FE RRO, X.R., El simbo lismo anima l …, 36 9.
317
CHARB ONNEAU - LA SSAY, L., Be stiario de Cristo , I, 7 06 -7. LURKER, M.: E l men saje de los
símbolos…, 295.
318
T ERVAR ENT , G. d e, Atributos …, 43 1.
150
4.3.1.4.1. La serpien te
Fr.: serpent. It. y P.: serpen te . Ing.: snake . A.: Schlange, Natter . C.: serpent . E.: serpento .
(Etim.: del lat. serpens, ser pentis , este de serpe re , arrastrarse).
4,16: “Te ar rastrar ás sobre tu pe cho. Y comerás e l polvo todo el tiempo d e tu vida”. Gen 1, 14.
La serpiente es un “animal que se arrastra por la tierra, o por no tener pies como las
culebras, y sus semejante s, o por tenerlos m ui cortos, como los lagartos. Son muchas las
especies de s erpientes y c on varios nombre s”
319
.
En las culturas paleo-orientales y mediterráneas la serpien te toma a m enud o el lugar
del falo, sin embarg o en Grecia las serpi entes eran tenidas por guardianas de lo s sepulcros ,
santuarios, etc., “geni os del lugar” y allí figuran com o símbol os; eran sagradas porque los
héroes o los m uertos solían aparecer en for ma de tales rep tiles; algun os dios e s habían sido en
otro tiempo serpientes, las llevaban en el pelo al igual que las Gorg onas o las Erinias, o bien se
habían hecho visib les baj o la fo rma de ofidio, cas o de Príapo. L a serpi ente, como anim al
ctóniano (uno de lo s hij o s de la Tierra) estaba aso ciado a la fertilidad, y primitivamente había
sido reverenciad o como espíritu doméstico, o demon io terrestre, que promovía la fertilidad.
En Grecia las serpi entes aparecían en los cultos y ritos de dif erentes divinidades como
Esculapio, Zeus, Atenea, Deméter y Apolo, o en los m itos, como el del famoso héroe Perseo,
que consigue cortar la cab eza a Medusa, una Gorgona mortal, que convertía en piedra a quien
la contemplar a
320
.
En Roma, el culto serpentin o estuvo, casi siempre, relacionado con el de animal es que
incorporan su geni o o espíritu, y se guardaban serpientes en los templos, en los edi ficios
públicos y en las casas particulares. El culto de la serpiente en la antig ua Roma está
319
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , VI, 98.
320
KAPPLER, C., Mon struos…, 297. LURKER, M., El men saje de los símbolos …, 1 96. MARIÑO
FERRO. X.R., El simbolismo an imal …, 406. TERVARENT , G. d e, Atributo s …, 464 - 5.
151
relacionad o con el de la cueva de la serpiente de Lanu vium , adonde se llevaba anualmente a
las vírgenes para p robar su castidad
321
.
San Isidoro de Sevilla (ca.5 60 - 636) explica qu e “la serpiente recibe su nombr e de que
se desliza ( serpere ) por lugares intrincados, nunca por caminos abiertos; y repta apoyándose
en sus diminutas escamas ” . Establece muchas clases y tipos (dragón, basilisco, víbora, áspid ,
etc.), conclu yendo que “por la serp iente surgi ó la muerte del h ombre”
322
.
De aquí que con el cristianism o la serpi ente desarr olle un a doble significación, p or un
lado es a partir del libro del Génesis , la imagen de la seducción, la tentaci ón, el engaño, la
encarnación misma del espíritu del mal , Satán (Gn 3,1-5), a la que san Agustín (3 54 -430) llama
serpiente infernal, tejedora de “dulces lazos”, que es parce en el camino de la vida, para que se
enreden en ella los “libres como honestos”
323
. Así mismo, en el último libro de la Biblia
reaparece de nu evo la antigua serpien te del paraíso, como figura ap ocalíptica baj o la fo rma de l
dragón rojo, es la “serpient e primordial que se llama D iablo y Satanás” (Ap 12, 9; 20, 2)
324
.
Por otro lado, la serpiente de bronce, erigida por Moisés en el desiert o (Nm 21, 6) es la
imagen de Cristo ele vado en la cruz, es un a serpiente curadora, como expresa el Evangeli o de
Juan (Jn 3, 14): “ Como Moisés lev antó la serpien te en el desierto, así tiene que ser levantad o -
en la cruz- el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna”, o bien
como habla san Ambrosio de M ilán (337 -397) del Cristo crucificado, como una serpiente
colgada en el madero
325
. Igualmente es símbolo de la pru dencia , así Jesús dice a sus discípulos :
“Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, pruden tes como serpient es, y
sencillos como palomas ” que se ocultan en tre la maleza o en las grietas de los muros (Mt.
10,16). La serpiente que rejuvenece, al despojars e de su vieja piel, v iene a ser también la
imagen del p ecador regene rado por el bau tismo , con el que se desp oja del hom bre viejo
326
.
Asimismo desde la Antigüed ad se su ele asociar la serpiente con la imagen de la lujuria ,
significación que a poster iori reco gi eron los bestiarios, se asu me esta idea en el Bestiario de
Oxford (s.XII), que refiere que “se cuen ta que el macho escup e su semen coloca ndo su cabeza
en la garganta de la víbora, y esta, presa del deliri o de la volup tuosidad, degüell a al macho y
traga su cabeza ”
327
.
Hemos hallado en los incunab les sevillanos tres tipos de símbolos que represen tan la
serpiente en posición ascendente, presentamos la serpiente sin cuernos (nº 1 6 y 91), con
321
ENCICLOPEDIA U NIVERSAL I LUSTRADA…, LV, 565 .
322
ISIDORO DE SEVI LLA, Sa n, E timologías , XII, 4 , 1- 48.
323
AGUST ÍN, San, Con fesiones , VI , 12, 21.
324
Es muy co mún la conf usión entre serpiente y dragón: en griego drakon y e n latí n dr aco se utiliza
indistintamente para ambos animales, si b ien lo más us ual es q ue este tér mino se suela reservar para tod a
serpiente de gran ta maño, en tanto que para los reptiles ordinarios se u t ilice el vocablo ophis. MARIÑO
FERRO, X.R., El simbolismo an imal …, 402 y 425.
325
IMP ELLUSO, L. La n aturaleza …, 27 0. AMBROSIO DE MIL ÁN, San, Explicación del símbolo , 3 , 9-
20.
326
CHARB ONNEAU -LASSAY, L., B estiario de C risto , I, 771, 7 76. SEBAST IÁN LÓPEZ, S., El
Fisiólogo , 81-3. LURKER, M ., Diccionario de imág enes… , 212 . MARIÑO FE RRO, X. R., El simbolismo
animal …, 404 -5. RÉAU, L., Icon ografía …, 118 y 130. T ERVARENT, G., Atributos …, 462 - 4.
327
ELIANO, C., Historia de los anima les , I, 50. Bestiario de Oxford , 8 6, cit. p or SEB ASTIÁN LÓPEZ,
S., El Fisiólo go…, 94 - 5.
152
cuernos (nº 150 y 4 08) y co ronada (nº 1 7), que podría representar el basilisco o rey de las
serpientes (del gr. βασιλεύς , rey). En los tres cas os nos hemos inclinado por la sign ificación de
la serpiente del espíritu de l mal, Satán, en tanto q ue los cuern os represen tarían la fuerza y el
po der físico y espi ritual, como la corona, el poder y la soberbia del mal.
4.3.2. Los anim ales fabulos os.
Aquellos ani males de los que las hablad urías eternas de los hombres han construid o,
ante la oscuridad del m iedo, durante siglos, en el imaginario d e los p ueblo s, un nido de
ensueño, esos s on los animales fabulosos. De entre ellos, hemos localizado, por una parte, la
filigrana del dragón, animal protagonista de sin número de fabulas, cuya memoria se pierde en
la noche de los tiempos, por otra, el animal más tierno y angelical, el indefenso, puro, inocent e
e inmaculad o unicornio.
4.3.2.1. El dra gón
Fr.: dragon. It.: dragone. Ing.: dragoon. A. : Drache. P .: draga o. C.: dragó. E.: drako.
(Etim.: del lat. draco, draco nis , y este del gr. δ ράκων ).
4,17: “Vi sali r un dragón que hincó su maligna c ola en e l carro”. Dant e.
Monstruo imagin ario y fabuloso de talla gigantesca , que los antiguos suponían con
cuerpo de serpient e cubierto de escamas in vulnerables, alas de m urciél ago, mirada terrible,
aliento venenoso y que lanzaba fuego po r la boca y tenía una eno rme cola con anillos
destructores. Se dijo drag ón, según Covarrubias, “en latín draco, -onis , del n ombre grieg o
δρακων , a verbo δερκειν , videre , porque, según es criben los naturales, es de perfectíssi ma
vista”
328
. Para el D iccionari o de Autoridades todavía el dragón es una “serpiente de muchos
años, que con el tiempo cr ece , y ti ene un cuerno gra nde y gruesso”
329
.
Se suele representar con alas y en ocasiones con varias cabezas, como la hidra de
Lerna, y aparece en las leyendas grieg as, nórdicas, cristianas y asiáticas, principalment e com o
guardián de manantiales curativos u o ráculos, o bie n de vírgenes o tesoros, que suel en ser
328
COVARRUBI AS, S. de, Teso ro de la lengua. .., 485- 6.
329
REAL ACADEMI A ESP AÑOLA, Diccio nario d e Autorida des , III, 342.
153
muertos por dioses o héroes, como Apolo, Heracles, Cadmo, Jasón, Sigfrido, etc. En la
Antigüedad grecorromana, dragón era sinónimo de serpiente, “ la mayor de to das las
serpientes y de todos los animales de la tierra”
330
y se comprendía con aquel nomb r e el animal
sagrado de Esculapio, las serpientes de Aten ea, los dragones del carro de Ceres, Heracles y el
dragón del jardín de las Hespérides y otras di vinidades. En Roma la serpiente o dragón fue
también atributo de las divinidades Bona Dea, Silvan o, For tuna, etc. En las encrucijadas, los
templos o las casas, los dioses Lares aparecen acompa ñados de una o dos serpi entes. También
tenía en Roma un a significación pro fética
331
.
En las leyendas de la Edad Media el dragón, como guardián secreto y p ortador de la
riqueza, entraba por las ch imeneas en forma de fuego y depositaba sobre el hogar un regalo
de tan mal gusto com o pésim o olor. Con el triunfo del Cristianism o ha desaparecid o po r
completo el carácter de prote ctor o de genio familiar, que tuvieron la serpiente o el dragón. En
el simbolismo bíblic o y religioso es el dragón imagen del demonio , de la herejía , de la idolatría
y del Anticristo , y tambié n atributo de muchos santo s, com o san M iguel, san Jorge, sant a
Margarita. La figura de la serpiente o del dragón e s para lo s cristian os el enemigo del géner o
humano, que según san Juan “es llamado el diablo o Satán”, el espíritu del Mal, rey de los
infiernos o eng endro de las tinieblas (Ap XII, 3 -5, 9)
332
.
Así el Bestiario Medieval le llama demonio, “ el más en orme de to dos los reptil es”, qu e
“tiene una cresta o corona , porque es el rey de la soberbia, y su fuerza no está en los dientes,
sino en la cola, porque engaña a los que atrae hacia él con artimañas, d estruyendo su
fortaleza”
333
.
En la época medieval se le atribuyeron tam bién al dragón otros significados, unas
veces representaba la vigilancia o la pru dencia, otras el ardor o la fortalez a mora l
334
.
En lo s in cunables sevillano s hemos localizad o tres filigran as con el sí mbolo del drag ón
(nº 417, 540, 542), representad o de perfil, con cuerp o y cola de serpiente , cabeza y pies de
águila, alas de murciélago. En las tres representaci ones es un dragón lenguad o, además en dos
de ellas (nº 540 y 542) so b re la cabeza aparece el símbolo cristiano de la letra Χ. Por t anto, e l
significado del drag ó n es el del demoni o y la herejía domeñados por la cristian dad.
330
ISIDORO DE SEVI LLA, Sa n, E timologías , XII, I V, 4.
331
CHARBONNE AU-LASS AY, L., Bestiario d e Cristo …, I, 39 6. ENCICLOPEDIA UNIV ERSAL
ILUSTRADA…, XVIII, 2156 -64. IMPE LL USO, L. La n aturaleza …, 37 5. RÉAU, L., Ico nog rafía… ,
140 - 2.
332
CHARBONNE AU- LASSAY, L., Bestiario de Cristo …, 3 97 -8. ENCICLOPEDI A UNIVERSAL
ILUSTRADA… , XVIII , 18, 2156 -64. RÉAU, L ., Ic ono grafía… ,140 - 3.
333
MALAXECHEVE RRÍA, I., Bestiario Medieval , 181 .
334
CHARBONNE AU -LASSAY, L., Bes tiario de Cri sto …, I , 393 . T ERVARENT , G. d e, Atribu tos …,
218 -9.
256
- Luna crecie nte con cruz lati na .
1.1.3. Orbe.
- Orbe con cruz g riega.
257
- Orbe con cruz la tina.
- Orbe con cruz la tina y crismón.
258
1.2. Monte.
1.2.1. Un mon te y cruz l atina.
1.2.2. Tres mo ntes.
- Inscritos en u n círculo con cruz la tina y crismón .
259
- Con cruz lat ina y estrella.
- Con cruz lat ina.
260
261
262
- Con flor.
1.2.3. Sei s montes con c ruz latina.
263
2. Símbolo gía veget al .
2.1. Flores.
2.1.1. Flo res sin tallo.
- Margarita.
o Con cinco pé talos.
o Con seis pé talos.
264
o Con siete p étalos.
o Con ocho pétalo s.
265
2.1.2. Flo res con tallo .
- Margarita.
o Con cinco pé talos.
o Con seis pé talos.
o Con siete p étalos.
272
3.1.2.1.3. Cabeza de buey c on varilla/vara .
- Con coron a.
273
- Con crismón.
274
275
- Con flor.
o Tres pétalo s.
o Cuatro pét alos.
276
o Cinco pét alos.
277
o Seis pétalos.
278
o Siete pét alos.
279
- Con cruz lat ina.
o Con cruz l atina.
280
o Con cruz l atina y flor.
281
o Con cruz l atina y ser piente.
288
3.1.4. Reptiles .
3.1.4.1. Serpiente.
289
3.2. Animales fabulosos .
3.2.1. Dragó n.
3.2.2. Unic ornio.
290
4. Simbolo gía humana.
4.1. El cuerpo humano .
4.1.1. Cabeza.
4.1.2. Corazó n.
291
4.1.3. Mano.
4.1.3.1. Con cuatro dedos juntos y el pulgar separado .
4.1.3.1.1. Sin motivos secun darios.
4.1.3.1.2. Con motivos secu ndarios.
- Coronada.
292
- Con estrell a.
o Cinco rayos.
o Seis rayos.
293
- Con flor.
o Cuatro pét alos.
294
o Cinco pét alos.
295
o Seis pétalos.
296
297
304
4.2.1.1.2. Con cinco florones .
o Sin motivos secundario s.
o Con motivos s ecundarios.
Espada.
305
Cruz la tina.
Cruz ta u.
Flor de l is .
306
4.2.2. Esc udo.
307
4.2.4 Gorro frigio .
4.3. El poder religio so.
4.3.1. A nillo.
4.3.1.1. Sin motivos secundarios .
4.3.1.2. Con motivos secundarios .
o Estrellado.
308
o Coronado y cruz.
4.3.2. Bá culo.
309
4.3.3. Capelo .
- Sin motivos secundarios.
310
311
- Con motivos s ecundarios.
312
4.3.4. Copón.
4.3.5. Cr uz.
4.3.5.1. Cruz esvástica.
4.3.5.2. Cruz griega.
313
4.3.5.3. Cruz latina.
4.3.5.4. Cruz de san André s.
4.3.5.5. Cruz de Lorena.
320
5.2.2. Colum na.
5.2.3. Iglesia .
5.2.4. To r re .
321
5.3. Figuras geomét ricas .
5.3.1. Círculo .
5.4. Herramientas y útiles .
5.4.1. A ncla.
5.4.1.1. No inscrita en círculo .
322
5.4.1.2. In scrita en círc ulo.
323
324
5.4.2. A nteojos.
325
5.4.3. Ba lanza.
5.4.3.1. Sin círculo.
326
5.4.3.2. Con círculo.
5.4.3.2.1. Sin cuentas.
- Sin motivos secundari os .
- Con motivos s ecundarios.
o Coronada.
327
o Cruz latin a.
o Cruz griega.
328
o Estrella de s eis punt as .
329
o Estrella de s iete puntas.
336
o Una cuenta co n cruz griega .
337
o Una cuenta co n estrella d e seis punt as .
338
339
340
341
342
- Una cuenta co n mano.
343
344
- Dos cuentas.
345
352
o Dos cuen tas con flor de cinc o pétalos.
353
- Tres cuenta s.
- Cuatro cuen tas.
354
5.4.3.2.3. Sobre otra forma geométrica .
5.4.3.2.4. Incompletas.
355
5.4.4. Esc alera.
5.4.5. Rueda.
5.4.5.1. Sin motivos secundario s.
356
5.4.5.2. Con motivos secundarios .
357
5.4.6. Ti jeras.
5.4.6.1. Sin motivos secundarios .
358
5.4.6.2. Con motivos secundarios .
359
5.4.7. Yunque .
5.5. Instrumentos m usicales .
5.5.1. Campa na.
360
5.5.2. Cuerno.
6. Simbolo gía alfabética.
6.1. Letras.
6.1.1. A .
6.1.2. B .
361
6.1.3. D.
6.1.4. L.
368
6.1.9. Y.
369
6.2. Los grupos de letr as.
370
3 71
7. Simbolo gía indetermina da.
372
373
4. Corpus de ilu straciones de filigran as por incuna ble .
374
1. ABRAHAM AB EN EZRA.
De nativitatibu s. HENRICUS BATE: Magistralis co mpositio ast rolabii.
Venecia : Erhardu s Ratdolt, 1485.
30 h. 4º (1 35 X 192 ). B.G., s ign.336/017.
2. ABRAHAM ZA CUTUS.
Almanach perpetuum, latin e, Josepho Vicino in terprete .
Leiria: Abrah am ben Samuel d´Orta s, 1496.
168h. 4º (150 X 216 ). B.G., sign.336/20.
3. AGUSTIN , San.
Explanatio Psal morum.
Basilea: Johannes de Am erbach, 1497.
Tabla y 3 to mos. Tabla: 48h . T. I: 104h. T. II: 1 40h. T. III: 1 36h. Fol. (205 X 280). B. G.,
sign. 335/56.
375
4. ALBERTO MAGNO, San.
De caelo et mundo.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1490.
66 h. Fol. (19 0 X 282). B.G., sign. 335/69.
5. ALBERTO MAGNO, San.
Logica, lib. I, 2 (De praedica bilibus et praedicamentis) .
Pavía: Chris tophorus deCan ibus, ca.1490.
96 h. Fol. ( 180 X 256). B.G., sign.335/29 (1º ).
6. ALBERTO MAGNO, San.
Logica, lib. II I (De sex princi piis Gilberti Porr etani).
Pavía: Chris tophorus de Canib us, [ca.1490 ].
20 h. Fol. ( 180 X 256). B.G., sign.335/29 (2º ).
7. ALBERTUS DE PADUA.
Expositio Evangelio r um dominica lium et festivaliu m.
Venecia: Adam de Rotweil et Andreas Corvus de Corona, 1476.
220 h. Fol. (1 85 X 268) . B.G., sign.33 5/27.
376
8. ALEXAND ER DE HALES.
Summa Pa rs III (Super Terti um S ententia rum).
Venecia: Johann es de Colon ia et Johannes Manthen, 1 475.
380 h. Fol. (1 99 X 282). B.G ., sign.336/90.
9. ALEXAND ER DE HALES.
Summa.
Nuremberg: Antonius Kobe rger, 1481-1482.
4 tomos. T.I, II y III: faltan. T.IV : 360h. Fol. (258 X 377 ). B.G., sign.336 /115.
10. ALEXANDER DE HA LES.
Summa.
Pavia: Johan nes Antonius d e Birreta e t Franciscus Girard engis, 1489.
4 tomos. T.I: 224h. T.II: 472h. T.III y T.IV: faltan. 4º (1 49 X 240).B.G., sign.336/8.
11. ALFONSO DE LA ESPINA.
Fortalitium fidei.
Lyon: Gulielmus Balsarin, 1 487.
250 h. Fol. (1 92 X 274 ). B.G., sign .336/53.
377
12. ANCHARAN O, Petrus de.
Repetitio capitul i Canonum statua de co nstitutionib us.
Venecia :[ Bap t ista de Tortis ], 1500.
102 h. Fol. (2 83 X 421) . B.G., sign 335 /111 (3º).
13. ANDREAE, Johann es de .
Super arboribus consan guin itatis et affinitatis, cu m additio nibus Ludovici Bolo gnini.
Bolonia: [Franciscus] Plato d e Benedictis, 1489.
16 h. Fol. ( 220 X 280 ). B.G., sign.336/94 (2º).
14. ANDREAE, Johann es de .
Quaestiones mercuriales su per regulis iuri s.
Venecia: Bernard inus Stagnin us, 1499.
84 h. Fol. ( 262 X 383 ). B.G., sign.336/99 (1º).
15. ANGEL DE CLAVAS IO, Beato.
Summa angeli ca de casibus conscientiae.
Venecia : Paganinus de Pag aninis, 1499.
476 h. 8º ( 100 X 150). B.G., sig n. 335/8.
384
37. BOETHIUS, Anicius Manlius Torquat us Sev erinus.
Operao mnia.
Venecia: Johann es et Greg orius deGregoriis, 1497-1499.
3 tomos. T. I: 201h. T.II y T.II I faltan. Fol. (206 X 294 ).B.G., sign.336/ 82 (1º).
38. BOETHIUS, Anicius Manlius Torquatus Severinus.
De la consolación de la filos ofía . Trad. Española por Antonio Ginebreda . JACOBO D E
BENAVENTE :Ve rgel de cons olación .
Sevilla: Mein ardus Ungut e t Stanislaus Polonus, 1497.
2 tomos. T . I: 50h. T.II :34h. Fol. (190 X 291). B.G., sign .335/136.
39. BOETHIUS, Anicius Manlius Torquatus Severinus.
De consolatione ph ilosophi ae. BOETHIUS [pseud ep.]: De disciplina scholariu m, cum
commento Tho mas de Aqui no [pseudep. ].
Lyon: Perrinus Lathomi et Johann es Bonifacii, [ca. 1500 ].
2 tomos. T.I: 132h. T.II: 48h. 4º (165 X 248). B.G., sign .336/25.
385
40. BOLOGNINUS, Ludo vicus.
Syllogiantho n.
Bolonia: Ug o Rugerius,149 6.
98 h. Fol. ( 185 X 268).B.G., sign.336/97 ( 4º) .
41. BOSSUS, Matthaeus.
Recuperationes Faesulanae . Editio II aucta.
Bolonia: Franciscus Plato de Benedic tis, 1493.
184 h. Fol. (2 04 X 299).B.G. , sign.336/94 (4º).
42. BOSSUS, Matthaeus.
Recuperationes Faesulanae . Editio II aucta.
Bolonia : Bazale rus de Bazal eriis, 1493.
166 h. 4º ( 127 X 174).B.G., sig n. 335/14.
43. BREVIARIUM.
Breviarium Ca rmelitanum.
Venecia: Petrus de P iasiis, Batholomaeus de Blavis, et Andreas T orresanus,1481.
392 h. 8º(97 X 132).Impr eso en vitela. B.G., sign. 335/9.
[Impreso en vitela]
386
44. BRUNUS ARETINUS, Leonardu s.
Historiae flo rentini populi. Historia fiorentina t radotta da Donato Aciaioli. JOHAN NES
POGGIUS : H istoria flo rentina. Historia fio rentina tradot ta da Jacop oPoggio.
Florencia : Bart o lomeo dei Libri, 1492.
2 tomos. T.I: 22 2h. T.II: 116h . Fol.(212 X 312). B.G., sig n.335/62.
45. BRUTUS, Jacobus.
Corona aurea.
Venecia: Johann es de Tridi no, 1496- 1497.
208 h. 4º(148 X 203).B.G., s ign.335/23 (1º).
46. BRUTUS, Petrus.
Victoria contra Ju daeos.
Vicenza: [Si mon Bevilaqua] , 1489.
130 h. Fol. (2 04 X 290).B.G., sign .336/57.
387
47. BUENAVENTURA, San.
Opuscula .
Estrasburgo : [Georgius Husn er], 1495.
2 tomos. T.I: 38 0h. T.II: 370h . Fol. (196 X 282). B.G. sign. 335/11 2-113.
48. BUENAVENTURA, San.
Perlustratio in libros IV s ententiarum Pe tri Lomba rdi.
Friburg o de Brisgovia: Kilian us Fischer Piscator,ca. 1493.
4 tomos. T.I: fal ta. T.II: 240 h. T.III y T.IV: faltan. Fol. ( 217 X 298).B.G., sign .336/77.
49. BUENAVENTURA, San.
Meditationes vitae Christi.
Venecia: Manfr edus de Bo nellis, 1497.
62 h. 8º (100 X 143).B.F.L., sig n. 20/11.
388
50. BURLAEUS, Gualtheru s.
Expositio in A ristotelis Ethic a Nicomach ea.
Venecia: Oct avianus Scotus, 148 1.
234 h. Fol. (1 92 X 292).B.G. , sign.335/74.
51. BUSTIS, Bernardinus de.
Rosarium se rmonum.
Venecia: Ge orgius Arrivabe ne, 1498.
2 tomos.T.I: 290 h. T. II: 426h. 4º (142 X 191). B.G., sig n. 336/9.
52. CACCIALUPIS, Johan nes Bap tista de.
Repetitio I. Ad monendi Dig. De iureiurando.
Venecia: Philipp us Pincius, 1496.
24 h. Fol. ( 282 X 422) . B.G., sign.335/111 ( 2º) .
53. CAPREOLUS, Johann es.
Quaestiones in IV libros sen tentiarum.
Venecia: Oct avianus Scotus, 148 3.
4 tomos. T.I: 36 0h. T.II, T.III y T.IV : faltan. Fol. (211 X 282). B.G., sign.3 35/122.
389
54. CARACCIOLUS, Rob ertus.
Opera varia.
Venecia: Johann es et Greg orius deGregoriis, 1490.
338 h. 4º ( 142 X 203).B.G., sig n.335/2.
55. CARACCIOLUS, Rob ertus.
Sermones quad ragesimales de poenitentia.
Venecia: Franciscus Renner de Hail brum,1472.
270 h. Fol. (2 08 X 280).B.G., sign .335/61.
56. CARACCIOLUS, Rob ertus.
Sermones quad ragesimales de poenitentia.
Roma: Conradus S weynheim et Arnoldus Pannartz, 14 72.
348 h. Fol. (2 11 X 310 ). B.G., sign .336/112.
57. CARAZIIS, Martinus de.
Disputatio in materia legiti mationum. Dubia dispu tata.
[Milán: Uldelri cus Scinzenz eler, ca.149 8 ].
10 h. Fol. ( 262 X 382). B.G., sign.336/99.
390
58. CARCANO, Michael de.
Sermonarium per quadragesimam de commendation e virtutum et reprobation
vitiorum.
Milán: Uldelricu s Scinzenzeler, 1495.
266 h. 4º (15 0 X 213 ). B.G., sig n.336/34.
59. CARCANO, Michael de.
Sermonarium de peccatis per adven tum et per duas quadragesimas.
Venecia: Franciscus d e Hailbrum et Nicolaus de Franc kfordia, 1476.
2 tomos. T.I: 28 6h. T.II: 162h . 4º(163 X 236). B.G., sign .336/39.
60. CARCANO, Michael de.
Sermonarium de poenitenti a per adventum et qua dragesimam.
Venecia: Ge orgius Arrivabe ne, 1496.
258 h. 4º (13 5 X 190). B.G., sign.335/5.
391
61. CASSIODORUS, Magnu s Aurelius.
Expositio in Psalterium. Cu m additionibus Joh annis de Lap ide.
Basilea: Johann es de Amerb ach, 1491.
340 h. Fol. (2 13 X 290). B. G., sign. 336/63.
62. CASSIODORUS, Magnu s Aurelius.
Historia eccle siastica tripar tita.
[Estrasburgo : Johannes Pru ess, ca.1500].
100 h. Fol. (1 84 X 259 ). B. G., sign. 336/33 (1º).
63. CASTROVOL, Pedr o de.
Commentum supe r libros p oliticorum et oecon omicorum Aristoteli s.
Pamplona : Arnaldus Guil len deBrocario, 1496.
156 h. Fol. (2 05 X 292). B. G., sign. 335/64.
64. CATALINA DE SENA, Santa.
Li ber divina e doctrinae, lati ne interprete Raimun do Cap uano. Orationes selectae.
Brescia: Bernardin us Misint a, 1496.
192 h. 8º ( 97 X 144). B. G., sig n. 335/10 (1º).
392
65. CICERO, Marcus Tuli us.
De finibus bonoru m et malorum.
Venecia : Philippus Petri, 1480.
78 h. Fol. ( 182 X 272 ). B. G. , sign. 335/7 0.
66. CLAUDIANUS, Clau dius.
Opera.
Vicenza : Jac o bus deDusa, 1482.
102 h. Fol. (2 00 X 278). B. G., sign. 33 5/52 (6º).
67. COLUMNA, Aegidiu s.
In Aristotelisan alytica prior a commentum. JOHA NNES AN TONIUS SCOTIUS : Qua estio de
potissima demonst ratione r eperienda.
Venecia: Sim on de Luere, 1 499.
86 h. Fol. (21 8 X 312). B. G., sign . 336/64 (2º).
393
68. COLUMNA, Aegidiu s.
In Aristotelis ana lítica posteriora co mmentum.
Venecia: Sim on de Luere, 1 500.
128 h. Fol. (203 X 292). B. G., sig n. 336/64 (5º).
69. COLUMNA, Aegidiu s.
In Aristotelis de s ophisticis elench is co mmentum. AUG USTINUS DE MESCHIATIS :
Quaestio de medio demons trationis.
Venecia: Sim on deLuere, 1499.
72 h. Fol. (20 3 X 292). B. G., sign . 336/16 (2º).
70. COLUMNA, Aegidiu s.
In Aristotelis de anima commentum.
Pavia : Chris tophorus de Can ibus, 1491.
112 h. Fol. (1 80 X 267). B. G., sign. 33 6/86.
400
88. DION CHRYSOSTO MUS.
De Troia non cap ta, latine i nterprete Franci scus Ph ilelp ho. CAIUS PETRONIUS ARBI TE R :
Satiricus.
Venecia: Bernard inus de Vitalib us, 1499.
46 h. 4º (1 35 X 190). B. G., sign. 336/10 (1º y 2º).
89. DIODORUS SICULUS.
Bibliotheca , latine interpre te Johann e Francisco Pogio. TACITUS : Germania, cu m
addition ibus Hieronymi Squarza fici.
Venecia: Thomas [deBlavis] , 1 481.
120 h. Fol. (1 85 X 270) . B. G., sign. 335 /38.
90. DIOGENES LAERTIUS.
Vitae et sententia e philoso phorum.
Venecia: Philipp usPincius, 1497.
96 h. Fol. (20 8 X 309) . B. G., sign. 33 5/86(3º).
401
91. DIONYSIUS CISTERCIENSI S.
Liber in IV sent entiarum .
Paris: Ponce tus-Le Preux, [14 98 ].
180 h. Fol. (1 96 X 277) . B. G., sign.94/9 2 (1º).
92. DURANTI, Gulielmus.
Rationale divin orum officiorum .
Ná poles: Mattias Moravus, 1478.
348 h, Fol. (19 8 X 278) . B. G., sign . 335/40.
93. ESCHUID, Johann es.
Summa ast rologiae iudicalis de ac cidentibus mun di .
Venecia: Johann es Lucilius San tritter, 1489.
221 h.Fol. (199 X 294) . B. G., sign. 336/ 83.
402
94. EUSEBIUS CAESARIENSIS.
Historia eccle siastica, latin e interprete Ruffin o, a Gaufrido Bou sard emendata et
correcta.
Paris: Petrus Levet, 1497.
112 h. 4º ( 170 X 249) . B. G., sign. 33 6/26.
95. EUSEBIUS CAESARIENSIS.
De praeparation e evangelica, Georgio Trapezuntio in terprete.
Venecia: Bernard inus de B enaliis, 1497.
108 h. Fol. (1 99 X 280). B. G., sign. 33 5/71.
96. FABER, Runcinus Johann es.
Commentum supe r Institution es.
Venecia : Baptista de Tor tis, 1497.
142 h. Fol. (2 80 X 420 ). B. G., sign . 335/100 (1º).
403
97. FABER STAPULENSIS, J acobu s.
Introductiones in dive rsos Aristotelis lib r os, a Judoco Cli ctoveo editae.
Paris: Johannes Hig man, 1492.
310 h. 4º ( 136 X 200 ). B. G., sign . 336/2.
98. FIRMICUS MATERNUS, Julius.
De nativitatibu s.
Venecia: Sim on Bevilaqua, 14 97 .
120 h. Fol. (2 00 X 290 ). B. G., sign. 335/76.
99. FLOCCUS, Andreas Dominicus.
De romanoru m magistralib us. POMPONIUS LA ETUS : De romanorum magistratibu s.
[Venecia: Ma ximus de Butr icis, ca.1491].
32 h. 4º (146 X 203). B. G., sig n. 335/139 (2º).
404
100. FRANCISCUS DE MAYR ONIS.
Scriptum supe r primum sen tentiarum .
Treviso: Micha el Manyolus, 1476.
246 h. Fol. (1 88 X 273). B. G., sign. 33 6/45.
101. GAIETANUS DE THIENIS.
Recollectae supe r VIII libro s physicorum Aristo telis.
Venecia: Johann es [Hamm an]Hertzog, 15 00.
50 h. Fol. (20 5 X 300) . B. G., sign.33 5/44 (3º).
102. GELL IUS, Aulus.
Noctes atticae.
Venecia : Christophorus d e Quietis et Martinus de Laza ronibus, 1493.
128 h. Fol. (2 08 X 309) . B. G., sign. 335 /86 (2º).
405
103. GERSON, Johannes.
Opera omnia.
Colonia: Johanne s Koelhoff de Lubeck, 14 83.
4 tomos. T.I: [fal ta]. T.II: 398 h. T. III y IV [faltan].Fol. (1 92 X 260). B. G., sign. 3 35/34.
104. GERSON, Johannes.
Opera omnia.
[Nuremberg: Georgius Stuc hs], 148 9.
Inv. y 3 tom os. Inv. : 52 h. T.I : 240 h. T.II y T. III: [faltan ] . Fol. (167 X 224) . B. G., sig n.
336/40.
406
105. GERSON, Johannes.
Opera omnia.
Estrasburgo : MartinusFlach , 1494-1502.
Inv. y 4 tom os. Inv.: 52 h. T . I: 218 h. T.II: 258 h. T.III: 360 h. T. IV: 306 h. F o l. (219 X
309).
B. G., sign. 3 36/105 (Inv.-I), 10 6 (II), 107(IV), 335/95(III).
106. GRATIA DEI, Johanne s Baptista.
Liber de confu tatione hebr aicae sectae.
Roma : Euch arius Silber, 1 500.
168 h. 4º ( 139 X 198). B. G., sign . 335/20(3º).
407
107. GRATIANUS.
Decretum, cu m apparatu Bartholomaei Brixiensis.
Venecia: And reas Torresan us, 1498.
636 h.4º (120 X 173) . B. G., sign. 335/13.
108. GREGORIO MAGNO, San.
Moralia seu Exposi tio in Jo b.
Brescia: Ang elusBritannicu s, 1498.
426 h. 4º (14 2 X 197). B. G., sign. 336/14.
109. GULIELMUS PARISIENSIS.
Postilla super Epistolas et Eva ngelia.
Sevilla: Mein ardus Ungut et [Stanislaus ] Polonus, 1497.
214 h. 4º ( 139 X 200). B. G., sign. 336/15.
408
110. HEROLT, Johannes.
Sermones de te mpore et de s anctis, cum pro mptuario exemplo rum et miracu lis Beatae
Virginis Maria e.
[Lyon: Nicolau s Philipi Pistoris] , 1487.
2 tomos. T. I: 2 72 h. T. II: 172 h. 4º (162 X 232) . B. G., sign. 335/123.
111. HEROLT, Johannes.
Sermones de te mpore et de s anctis, cum promptuar io exemplo rum et miraculi s Beatae
Virginis Maria e.
Lyon: Johannes Tr echsel, 1492.
2 tomos. T. I: 254 h. T. II : 162 h. 4º (1 36 X 191) . B. G., sign. 335/124-125.
112. HERPF,Henricu s.
Speculum aureu m decem praecep torum Dei.
Basilea: Johann es Froben, 1496.
38 0 h. 4º ( 148 X 210) . B. G., sign. 336/3.
409
113. HOLKOT, Robertus.
Super Sapientiam Salomonis.
Basilea: [Johan nes de Amer bach], 1489.
230 h. Fol. (2 22 X 304). B. G., sign. 33 5/63.
114. HOLKOT, Robertus.
Opus super Sapien tiam Salomon is.
Haguenau : [Henricus Grau], 1494.
242 h. Fol. (1 94 X 290) . B. G., sign.336/ 75 .
115. HOLKOT, Robertus.
Quaestiones super quatuor libros sententiarum. Qua edam conferentia e.
Lyon: Johannes Tr echsel, 1497.
194 h. Fol. (1 87 X 266). B. G., sign.33 5/39.
501
2. ALBERTO MAGNO, San [ 4].
De caelo et mundo.
Venecia: Jo hanne s et Gr egorius de Gregori is , 1490.
66 h. Fol. (19 0 X 282). B.G., sign. 335/69.
3. BOETHIUS, Aniciu s Manlius Torquatus Sev erinus [36].
Opera omnia.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1491-14 92.
2 tomos. T. I: 256 h. T. II: 9 6 h. Fol. (195 X 285). B.G., sign. 336/72 (1º), 33 6/134 (2º).
502
4. BOETHIUS, Aniciu s Manlius Torquatus Sev erinus [37].
Opera omnia.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1497-14 99.
3 tomos. T. I: 201 h. T. II y T . III faltan. Fol. (206 X 294). B.G., sign. 336/82 ( 1º).
5. CARACCIOLUS, Robertus [ 54].
Opera varia.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1490.
338 h. 4º (14 2 X 203). B.G., sign . 335/2.
6. ALBERTUS DE PADUA [ 7].
Expositio Evangelio rum domini calium et festivali um.
Venecia: Adam d e Rotwe il et Andreas [ Corvu s] de Cor ona , 1476.
220 h. Fol. (1 85 X 268). B.G., sign . 335/27.
503
7. ALEXAND ER DE HALES [8].
Summa Pa rs III (Super Te rtium Sententiaru m).
Venecia: Jo hanne s de Colonia et Joh annes Ma nthen , 1475.
380 h. Fol. (1 99 X 282). B.G., sign . 336/90.
8. ARISTOTE LES [19].
De animalibus, interpret e Theodoro Gaza .
Venecia: Johann es de Colo nia et Johannes Manthen, 1476.
252 h. Fol. (1 78 X 282). B.G ., sign. 336/12 2.
9. ASTESAN US [22]-
Summa de casibu s conscientiae, a Bartholomeo de Bella tis et Gometio de Uli xbo na
edita.
Venecia: Johann es de Colo nia et Johannes Man then, 1478.
590 h. Fol. (2 10 X 303). B.G ., sign. 335/91.
504
10. BELLINCINIS, Bar tholomae us de [28].
Apostillae super lecturas Ni colai de Tud eschis et Anton ii de Butrio.
Venecia: Johann es de Colo nia et Johannes Manthen, 1477.
181 h. Fol. (2 74 X 406). B.G., sign . 335/108.
11. LACTANTIUS, Luciu s Coelius Firmian us [136].
Opera.
Venecia: Johann es de Colo nia et Johannes Manthen, 1478.
228 h. Fol. (2 23 X 285). B. G., sign. 335/116.
505
12. ANCHARAN O, Petrus de [1 2].
Repetitio capitul i Canonum statua de constitution ibus.
Venecia: [ Bap tista de Tortis ], 1500.
102 h. Fol. (2 83 X 421). B.G ., sign. 335/111 (3º).
13. CORPUS IURIS CIVILIS [ 76].
Infortiatum cu m glossa.
Venecia: Baptista de Tortis, 1500.
290 h. Fol. (2 82 X 415). B. G., sign . 335/99.
14. FABER, Runcinus Johan nes [96].
Commentum supe r Instituti ones.
Venecia: Baptista de Tortis, 1497.
142 h. Fol. (2 80 X 420). B. G., sign. 335/100 (1º ).
506
15. ANDREAE, Johann es de [14 ].
Quaestiones mercuriales su per regulis iuri s.
Venecia: Be rnardinus Stag ninus , 1499.
84 h. Fol. (26 2 X 383). B.G., sign. 336/99 (1 º).
16. ANGEL DE CLAV ASIO, Beat o [15].
Summa angeli ca de casibus conscientiae.
Venecia: Pagan inus de Pa ganinis , 1499.
476 h. 8º ( 100 X 150). B.G., sig n. 335/8.
17. ANTONINO, San [16].
Confessionale.
Venecia: Petru s de Quaere ngis , 1497.
176 h. 8º ( 100 X 133). B.G., sign. 336/130.
18. COLUMNA, Aegid ius [72].
In quosdam Aris toteli s metaphisic orum locos quaestio nes.
Venecia: Petrus de Quaren gis, 1499.
38 h. Fol. ( 198 X 277). B. G. , sign. 33 6/56 (2º).
507
19. ANTONINO, San [17].
Trialogus supe r evangelio d e duobus discipuli s euntibus in Emau s. BAPTISTA DE
GIUDICI : Trialogu s de conte mptu mundi. HU MBERTUS DE R OMA NIS : Epis tola de tribus
essentialibus vo tis religioni s.
Venecia: Jo hanne s Emericus de Spira , 14 95.
150 h. 8º ( 93 X 144). B.G., s ign. 335/10 (2º ).
20. ANTONIUS DE BITONTO [18].
Sermones quad ragesimale s de vitiis.
Venecia: Jo hanne s [Hamman] Hertzo g , 1499.
208 h. 8º ( 114 X 171). B.G., sig n. 335/6.
21. GAIETANUS DE THIEN IS [101].
Recollectae supe r VIII libro s physicorum A ristotelis.
Venecia: Johann es [Hamm an] Hertzog, 15 00.
50 h. Fol. (20 5 X 300). B. G. , sign. 335 /44 (3º).
508
22. BIBLIA [32].
Biblia latin a.
Venecia: Jo hanne s Herbort , 1484.
408 h. 4º ( 168 X 230). B.G., sign. 336/38.
23. BERNARDO [D E CLARAVAL] , San [30].
Modus bene vi vendi.
Venecia: Be rnardinus de Bena liis , 1492.
92 h. 8º ( 100 X 143). B.F .L., sign. 20 /11.
24. JACOBUS PHI LIPPUS BERG OMENSIS [122].
Supplementu m chronicaru m orbis ab initio mundi.
Venecia: Bernard inus de B enaliis, 148 6.
295 h. Fol. (2 10 X 315). B. G., sign. 335/83 (1º).
509
25. EUSEBIUS CAESARIENSI S [9 5].
De praeparation e evangelica , Georgio Trapezun tio interpre te.
Venecia: Bernard inus de B enaliis, 149 7.
108 h. Fol. (1 99 X 280). B. G., sign. 335/71.
26. BLONDUS, Flavius [34].
Historiarum ab inclination e Romanorum impe rii decad es.
Venecia: Octa vianus Scotus , 1 483.
372 h. Fol. (2 03 X 289). B.G., sign .336/42.
27. BURLAEUS, Gualtheru s [50] .
Expositio in A ristote lis Ethic a Nicomach ea.
Venecia: Oct avianus Scotus, 148 1.
234 h. Fol. (1 92 X 292). B.G., sign . 335/74.
516
47. COLUMNA, Aegid ius [69].
In Aristotelis de sophisticis elen chis commentum. AU GUS TINUS DE MESCHIATIS :
Quaestio de medio demons trationis.
Venecia: Sim on de Luere, 1499.
72 h. Fol. (20 3 X 292). B. G., sign . 336/16 ( 2º).
48. COLUMNA, Aegid ius [73].
De regimine principum.
Venecia: Simon Bevilaqua , 1498.
136 h. Fol. (2 04 X 292). B. G., sign. 336 /67.
49. FIRMICUS MATERNUS, Juliu s [98].
De nativitatibu s.
Venecia: Sim on Bevilaqua, 14 97.
120 h. Fol. (2 00 X 290). B. G., sign. 335/76.
517
50. JOHANNES DE SACR OBUSTO [1 26].
Sphaera mundi, cum co mmentis Cicch i Esculani, Franci sci Capuan i et Jacobi Stapulensis.
GEORGIUS PURBACHIUS : Theoricae novae planetarum ac in eas Franci sci C apuani
expositio.
Venecia: Sim on Bevilaqua, 14 99.
150 h. Fol. (1 97 X 282). B. G., sign. 336/109 (1º y 2º).
51. LACTANTIUS, Luciu s Coelius Firmian us [138].
Opera.
Venecia: Sim on Bevilaqua, 14 97.
140 h. Fol. (1 94 X 280). B. G., sign. 335/25.
518
52. COLUMNA, Franciscus [74].
Hypnerotomachia Poliphili.
Venecia: A ldus Manutius , 14 9 9.
234 h. Fol. (2 04 X 302 mm.). B. G., sig n. 336/80.
53. JAMBLICHUS [ 124].
De mysteriis Aegiptorum, C haldaeorum, As syriorum, e t alia opuscula .
Venecia: Ald us Manutius, 1 497.
186 h. Fol. (2 15 X 310). B. G., sig n. 335/8 1.
54. DECRETALES [7 9].
Decretalium G regori IX, Pa pae Libri V, cum glo ssa.
Venecia: Thomas de Blav is , 1486.
420 h. 4º (17 3 X 233). B. G., sign. 336/27.
519
55. DIODORUS SICULUS [ 89].
Bibliotheca , latine interpre te Johan ne Francisco Pogio. TACITUS : German ia, cum
addition ibus Hieronymi Squa rzafici.
Venecia: T omas [de Blavis], 1481.
120 h. Fol. (1 85 X 270). B. G., sig n. 335/38.
56. DION CHRYSOSTO MUS [88] .
De Troia non cap ta, latine interprete Fran ciscus Philelp ho. CAIUS PETRONIUS ARBI TER :
Satiricus.
Venecia: Be rnardinus de Vi talibus , 149 9.
46 h. 4º (1 35 X 190). B. G., sign. 33 6/10 (1º y 2º ).
57. ESCHUID, Johann es [93].
Summa astr ologiae iudicali s de accidentibu s mundi.
Venecia: Jo hanne s Lucilius Santritter , 1 489.
221 h. Fol. (1 99 X 294). B. G., sign. 336/83.
58. FLOCCUS, Andreas Dominicu s [99].
De romanoru m magistralib us. POMPONIUS LA ETUS : De roman orum magistratibu s.
[Venecia: Ma ximus de Butr icis , ca.1491].
32 h. 4º (146 X 203). B. G., sign. 335/ 139 (2º).
520
59. GELLIUS, Aulus [1 02].
Noctes atticae.
Venecia: Chr istophorus de Quietis et Mart inus de La zaronibu s , 1493.
128 h. Fol. (2 08 X 309). B. G., sign. 335 /86 (2º).
60. GRATIANUS [1 07].
Decretum, cu m apparatu Bartholo maei Brixien sis.
Venecia: Andrea s Torresa nus , 1498.
636 h. 4º (12 0 X 173). B. G. , sign. 335 /13.
61. JACOBUS PHI LIPPUS BERG OMENSIS [123].
Supplementu m chronicaru m orbisab initio mund i.
Venecia: Be rnardinus Ri cius , 1492.
270 h. Fol. (¿ ?). B. F. L..,sig n. 20/262.
[Extraviado]
521
62. JOSEPHUS, Fla vius [130].
De antiquitatibus atque de b ello iudaico.
Venecia: A lbertinus [Rube us] Vercellens is , 1499.
276 h. Fol. (2 14 X 314). B. G., sign. 335/87.
63. JUAN XXI, Papa [1 33].
Summula Logic ae, cum commento Johannis Verso ris.
Venecia: Otinus de Luna , 1 499.
133 h. Fol. (2 13 X 307). B. G., sign. 335/84.
64. JUSTINUS, Marcus Junianus [13 4].
Epitome historia rum Philipi carum Trogi Pompeii. LUCI US ANNAEUS FLORUS : Bellorum
Romanorum lib ri duo, seu E pitome rerum Ro manorum.
[Venecia: J ohann es Rubeus Vercellensis , ca.1 494]
58 h. Fol. (20 2 X 294). B. G. , sign. 335/117.
522
65. MAIUS, Junianu s [150].
De priscoru m propietate ve rborum.
[Venecia: Johan es Rubeus Vercellensis], 1 490.
348 h. Fol. (2 00 X 287). B. G., sign. 336/88.
523
66. LUCANO, Marc o Anneo [14 5].
Pharsalia, cu m Omniboni L eoniceni co mmentario.
Venecia: Bar tholomaeus Z anis , 1492.
156 h. Fol. (2 90 X 307). B. G., sign. 336/81.
67. LUCAS DE BURGO SA NCTI SEPU LCHRI [146].
Somma di arit metica, geo metria, propo rzioni e propo rziona lità.
Venecia: Pagan ino de Paga ninis , 1494.
2 tomos. T. I: 2 32 h. T. II: 7 6 h. Fol. (210 X 28 5). B. G., sig n. 335/68.
524
6.10. Vic enza.
1. ATANAS IO, San [23].
Contra haeretico s et gentil es, Omnibono Leonic eno interp rete.
Vicenza: Leona rdus [Achat es] , 1482.
88 h. Fol. (19 2 X 289). B.G., sign. 336/87.
2. BRUTUS, Petrus [46].
Victoria contra Jud aeos.
Vicenza: [Simo nBevilaqua ] , 1489.
130 h. Fol. (2 04 X 290). B.G., sign . 336/57.
3. CLAUDIANUS , Claudiu s [66].
Opera.
Vicenza: Jacob us de Dusa , 1482.
102 h. Fol. (2 00 X 278). B. G., sig n. 335/5 2 (6º).
525
4. Po rtugal.
4.1. Leiria.
1. ABRAHAM ZA CUTUS [2 ].
Almanach perpetuum, latin e, Josepho Vici no interpre te.
Leiria: Abraha m ben Samu el d´ Orta s , 1496.
168 h. 4º (15 0 X 216). B.G., sig n. 336/20.
532
10. CUADERNO [7 7].
Leyes del cuad erno nuevo d e las rentas de las alca balas y franqueza s, dadas por l os
reyes Fernando V e Isabel I de Castilla en la vega de Gra nada, 10 dic., 1491.
[Salamanca : Tip . de Nebrija : “Gramática ”, ca. 1498-150 0].
40 h. Fol. (20 6 X 277) . B. G., sign . 335/59 (1º).
11. DECRETALES [7 9].
Decretalium G regori IX, Pa pae Libri V, cum glo ssa.
Venecia : Thomas de Blavis, 1486.
420 h. 4º ( 173 X 233). B. G., sign . 336/27.
12. DIAZ DE MONTALV O, Alfon so [82].
Repertorium seu secunda compilati o legum et o rdinationu m r egni Ca stellae.
Salamanca: T yp. Ant. Nebri ssensis, [ca.1485].
232 h. Fol. (2 00 X 279) . B. G., sign. 33 5/114.
533
13. DIAZ DE MONTALV O, Alfon so [83].
Repertorium seu secunda compilatio legum e t ordination um regni Castellae.
Sevilla : Meinardus Ungu t et Stanislaus Pol onus, 1496.
138 h. Fol. (2 08 X 2 77 ) . B. G., sign. 33 5/59 (2º).
14. DIAZ DE MONTALV O, Alfon so [84].
Ordenanza s Reales.
Salamanca: [Typ. An t. Nebr issensis], 15 00.
174 h. Fol. (2 13 X 292) . B. G., sign. 336 /91.
534
15. DIAZ DE MONTALV O, Alfon so [85].
Repertorium quaestionum sup er Ni colaum de Tudesch is.
Sevilla: Antonius Martini, Alph onsus de Portu, et Barth olomaeus Segura, 1477.
245 h. Fol. (2 47 X 343). B. G., sign. 336/101.
16. DINUS DE MUGEL LO [86].
De actionibus (Ins t. IV, 6). L ectura super Joh annis Basia ni arbore actionu m. De
interesse.
Milán: Uldalricus Scinzenze ler, 1496-149 7.
22 h. Fol. (26 2 X 383) . B. G., sign . 336/99 (4º).
17. DINUS DE MUGEL LO [87].
Consili a.
Milán: Uldalricus Scinzenze ler, 1496.
20 h. Fol. (26 2 X 383) . B. G., sign . 336/99 (3º).
535
18. GRATIANUS [1 07].
Decretum, cu m apparatu Bartholo maei Brixien sis.
Venecia: And reas Torresan us, 1498.
636 h.4º (120 X 173) . B. G., sign . 335/13.
19. HOLLEN, Gotschalcu s [116] .
Praeceptorium divinae legi s.
Nuremberg: An tonius K oberger, 1497.
250 h. Fol. (1 42 X 190) . B. G., sign. 33 5/18.
20. LANFRANCUS DE ORIANO [140].
Tractatus de arbit ris.
Pavia: Francis cus de Guasc his, 1498.
20 . Fol. ( 258 X 384). B. G., sig n. 336/99 (5 º).
5. Encic lopedia.
1. BARTHOL OMAEUS ANGLIC US [25].
De propietatibu s rerum.
[Heidelberg: Henr icus Kn oblochtzer], 1488.
326 h. Fol. (1 83 X 273). B.G ., sign. 336/55.
536
2. BARTHOL OMAEUS ANGLIC US [26].
De propietatibu s rerum.
Estrasburgo: [Ge orgius Hus ner], 1491.
258 h. Fol. (180 X 270). B.G., sig n. 335/30.
3. GELLIUS, Aulus [102].
Noctes atticae.
Venecia : Christophorus d e Quietis et Martinus de Lazaronibu s, 1493.
128 h. Fol. (2 08 X 309) . B. G., sign. 335 /86 (2º).
537
6. Filo sofía.
1. ALBERTO MAGNO, San [ 4].
De caelo et mundo.
Venecia : Johannes et Greg orius de Greg oriis, 1490.
66h. Fol. (190 X 282).B.G., s ign.335/69.
2. ALBERTO MAGNO, San [ 5].
Logica, lib. I , 2 (De praedica bilibu s et praedicamentis).
Pavía: Chris tophorus de Can ibus,[ca. 1490].
96 h. Fol. (18 0 X 256). B.G., sign. 335/29 (1 º).
3. ALBERTO MAGNO, San [ 6].
Logica, lib. II I (De sex princi piis Gi lberti Po rretani).
Pavía: Chris tophorus de Can ibus, [ca.1490 ].
20 h. Fol. (180 X 256). B.G., sign . 335/29 (2º).
4. ARISTOTE LES [20].
Ethica ad Nicomac hum, Hen rico Krosbein interpre te, cum comm entariis Ma rtini
Magistri et J ohannisBurida ni.
Par is : [Andreas B ocard], 1500.
126 h. Fol. (1 96 X 275). B.G ., sign. 335/37 (4º) p ost.
538
5. ARISTOTE LES [21].
Politica, cum co mmentariis Sancti Thomae de Aqu ino et con clusionibu s L udovici
Valentiae.
Roma: Euchari us Silber, 14 92.
256 h. Fol. (195 X 288). B.G., sig n. 335/ 67.
6. BOCCACCIO, Giovanni [3 5]-
Genealogia e deorum. De m ontibus, silvis, fon tibus, etc.
Venecia: Bon etus Locatellu s, 1494-1495.
162 h. Fol. (1 92 X 290). B.G ., sign. 335/55.
539
7. BOETHIUS, Aniciu s Manlius Torquatus Sev erinus [36].
Opera omnia.
Venecia: Johann es et Greg orius deGregoriis, 1491-14 92.
2 tomos.T.I: 256 h. T.II: 96 h . Fol. (195 X 285). B.G., sign. 33 6/72 (1º), 336/ 134 (2º).
8. BOETHIUS, Aniciu s Manlius Torquatus Sev erinus [37].
Opera omnia.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1497-14 99.
3 tomos. T. I: 201 h. T. II y T . III faltan. Fol. (206 X 294). B.G ., sign. 336/82 ( 1º).
540
9. BOETHIUS, Aniciu s Manlius Torquatus Severinus [3 8].
De la consolación de la filo sofía. Trad. Español a por Anton io Ginebreda. JACOB O DE
BENAVENTE :Ve rgel de con solaci ón.
Sevilla: Mein ardus Ungut e t Stanislaus Pol onus, 1497.
2 tomos.T . I: 50h. T.II: 34h. Fol. (190 X 291). B.G., sig n. 33 5/136.
10. BOETHIUS, Anicius Manlius To rquatus Severinus [39].
De consolatione ph ilosophi ae. BOETHIUS [pseud ep.]: De discipli na scholariu m, cu m
commento Tho mas de Aqui no [pseud ep.].
Lyon: Perrinus Lathomi et Johann es Bonifacii, [c a.1500 ].
2 tomos.T. I: 132 h. T. II: 48 h. 4º (165 X 248). B.G., sig n. 336/25.
11. BRUTUS, Jacobus [ 45].
Corona aurea.
Venecia: Johannes d e Tridi no, 1496-1497.
208 h. 4º (14 8 X 203 ). B.G., sign. 335/23 (1º ).
541
12. BURLAEUS, Gualtheru s [50].
Expositio in A ristotelis Ethic a Nicomac hea.
Venecia: Oct avianus Scotus, 148 1.
234 h. Fol. (1 92 X 292). B.G ., sign. 335/74.
13. CASTROVOL, Pedro de [63].
Commentum supe r libros p oliticorum e t oeconomico rum Aristoteli s.
Pamplona:Arnaldu s Guillen deBro cario, 1496.
156 h. Fol. (2 05 X 292). B. G., sign. 335/64.
14. CICERO, Marcus Tulius [65] .
De finibus bonoru m et mal orum.
Venecia : Philippus Petri, 1480.
78 h. Fol. ( 182 X 272). B. G. , sign. 335 /70.
548
7. Gramátic a.
1. MAIUS, Ju nianus [150].
De priscoru m propietate ve rborum.
[Venecia: Johan es Rubeus Vercellensis], 1 490.
348 h. Fol. (2 00 X 287) . B. G., sign. 33 6/88.
549
8. Historia.
1. BLONDUS , Flavius [34].
Historiarum ab inclination e Romanorum impe rii decad es.
Venecia: Oct avianus Scotus , 1483.
3 72 h. Fol. (203 X 289 ). B.G., sign. 336/ 42.
2. BRUNUS ARETIN US, Le onardus [44].
Historiae flo rentini populi. Historia fiorentin a tradotta da Donato Aciaio li. JOHANN ES
POGGIUS : H istoria flo rentina. Historia fio rentina t radotta da Jacopo Poggio .
Florencia : Bart olomeo dei Libri, 14 92.
2 tomos. T. I: 2 22 h. T. II: 1 16 h. Fol. (212 X 3 12). B.G., sign. 335/62.
3. DIODORUS SICU LUS [89].
Bibliotheca , latine interpre te Joha nne Francisco Pogio. TACITUS : German ia, cum
addition ibus Hieronymi Squa rzafici.
Venecia: Thomas [deBla vis], 148 1.
120 h. Fol. (1 85 X 270) . B. G., sign. 33 5/38.
550
4. FABER, Runcin us Johanne s [96].
Commentum supe r Instituti ones.
Venecia : Baptista de Tor tis, 1497.
142 h. Fol. (2 80 X 420). B. G., sign . 335/100 (1º ).
5. FLOCCUS, Andrea s Dominic us [99].
De romanoru m magistralib us. POMPONIUS LA ETUS : De roman orum magist ratibus.
[Venecia: Ma ximus de Butr icis, ca.1491].
32 h. 4º (146 X 203). B. G., sign. 335/139 ( 2º) .
6. ISIDORO, San [121].
Opusculu m de temporibus.
[Roma: Johann es Philippus deLign amine, 1473 ].
10 h. 4º ( 139 X 197) . B. G., sig n. 335/138 (1º).
551
7. JACOBUS PHI LIPPUS BE RGOMENSIS [1 22].
Supplementu m chronicaru m orbis ab initio mundi.
Venecia: Bernard inus de B enaliis, 1486.
295 h. Fol. (2 10 X 315). B. G., sig n. 335/83 (1º).
8. JACOBUS PHI LIPPUS BERG OMENSIS [1 23].
Supplementu m chronicaru m orbis ab initio mundi.
Venecia: Bernard inus Riciu s, 1492.
270 h. Fol. (¿ ?). B. F. L., sign. 20/2 62.
[Extraviado]
552
9. JAMBLICHUS [ 124].
De mysteriis Aegiptoru,. Cha ldaeorum, Assyrio rum, et ali a opuscula.
Venecia: Ald us Manutius, 149 7.
186 h. Fol. (2 15 X 310). B. G., sign. 335/81.
10. JOSEPHUS, Fla vius [130].
De antiquitatibus atque de b ello iudaico.
Venecia: Alb ertinus Rubeus Vercellensis, 14 99.
276 h. Fol. (2 14 X 314). B. G., sign. 335 /87.
553
11. JUSTINUS, Marcus Junianu s [134].
Epitome historia rum Philipi carum Trogi Pompeii. LUCI US ANNAEUS FLORUS : Bellorum
Romanorum lib ri duo, seu Ep itome rerum Ro manorum.
[Venecia: Johan nes Rubeus , ca.1494 ].
58 h. Fol. (20 2 X 294) . B. G., sign . 335/117.
9. Literatura.
1. BEROALDUS, Philippus [2 9].
Orationes et poe mata.
Lyon: [Johan nes Trechsel], 1492.
78 h. 4º ( 137 X 199). B.G., sign . 335/140 ( 3º).
2. CLAUDIANUS , Claudiu s [66].
Opera.
Vicenza : Jac obus de Dusa, 1482.
102 h. Fol. (2 00 X 278). B. G., sign. 335/52 (6º).
554
3. COLUMN A, Franciscus [7 4].
Hypnerotomachia Poliphili.
Venecia: Ald us Manutius, 1 499.
234 h. Fol. (2 04 X 302). B. G., sign . 336/80.
4. DION CHRYS OSTOMUS [ 88].
De Troia non cap ta, latine interprete F ranciscus Ph ilelph o. CAIUS PETRONIUS
ARBITER : Sati ricus.
Venecia: Bernard inus de Vitali bus, 1499.
46 h. 4º (1 35 X 190). B. G., sign. 336/10 (1º y 2º).
555
5. LUCANO, Marco Anne o [14 5].
Pharsalia, cu m Omniboni L eoniceni co mmentario.
Venecia: Barth olomaeus Za nis, 1492.
156 h. Fol. (2 90 X 307). B. G., sign. 336/81.
556
10. Matemáticas.
1. JORDANUS NEMORARIUS [12 8].
Arithmetica cu m demonst rationib us Jacobi Fabri Stap ulensis. JACOBUS FABE R
STAPULENSIS : Musica. Epit ome in libros ari thmetico s Boethii. Rithmimac hiae ludus.
Paris: Johannes Hig man et Wolfgangus Hop yl, 1496.
72 h. Fol. (20 0 X 270). B. G. , sign. 336/1 (2º).
2. LUCAS DE BU RGO SANCTI SEPULCHRI [146].
Somma di arit metica, geo metria, propo rzioni e propo rziona lità.
Venecia: Paganin o de Paga ninis, 1494.
2 tomos. T. I: 2 32 h. T. II: 76 h. Fol. (210 X 28 5). B. G., sig n. 335/68.
11. Medicina.
1. LANFRA NCUS MEDIO LANEN SIS [139 ].
Chirurgia.
Sevilla: [Ju an Pegnitzer, M agno Herbst yTomás Gl ockner], 1495.
132 h. Fol. (2 56 X 383). B. G., sign . 336/51.
557
12. Música.
1. JORDANUS NEMORARIUS [128].
Arithmetica cum demonst rationib us Jacobi Fab ri Stapulen sis. JACOBUS FABE R
STAPULENSIS : Musica.Epito me in libro s ar ithme ticos Boethii . Rithmimach iae ludus.
Paris: Johannes Hig man et Wolfgangus Hopyl, 1496.
72 h.Fol. (200 X 270) . B. G., sign . 336/1 (2º).
13. Religión.
1. AGUSTIN , San [3].
Explanatio Psal morum.
Basilea: Johannes de Am erbach, 14 97.
Tabla y 3 tomos. Tabla : 48 h. T. I: 104h. T. II : 140h. T. II I: 136h. Fol. (205 X 280). B.G. ,
sign. 335/56.
2. ALBERTUS DE PADUA [ 7].
Expositio Evangelio rum domini calium et festivali um.
Venecia: Adam de Rotweil et Andreas [Corvus] de Corona, 1476.
220 h. Fol. (1 85 X 268) . B.G., sign . 335/ 27.
564
25. BUENAVENTURA, San [49].
Meditationes vitae Christi.
Venecia: Manfr edus de Bo nellis, 1497.
62 h. 8º ( 100 X 143). B.F .L., sign. 20/11.
26. BUSTIS, Bernardinu s de [51 ].
Rosarium se rmonum.
Venecia: Ge orgius Arrivabe ne, 1498.
2 tomos. T. I: 290 h. T. II: 426 h. 4º (142 X 191). B.G., sign . 336/9.
27. CAPREOLUS, Johan nes [53].
Quaestiones in IV libros sen tentiarum.
Venecia: Oct avianus Scotus, 148 3.
4 tomos. T. I: 3 60h. T.II, T.II I y T.IV: faltan. F ol. (211 X 282). B.G., sig n. 335/1 22.
28. CARACCIOLUS, Rob ertus [54].
Opera varia.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1490.
338 h. 4º (14 2 X 203). B.G., sig n. 335/2.
565
29. CARACCIOLUS, Rob ertus [55].
Sermones quad ragesimale s de poenitentia .
Venecia: Franciscus [ Renne r] de Hailbrum, 1472.
270 h. Fol. (208 X 280). B.G ., sign. 335/61.
30. CARACCIOLUS, Rob ertus [56].
Sermones quad ragesimale s de poenitentia .
Roma: Conradus S weynhei m et Arnoldus Pannartz, 14 72.
348 h. Fol. (211 X 310). B.G., sig n. 336/112.
31. CARCANO, Mich ael de [58].
Sermonarium per quadragesimam de commenda tione virtu tum et reprobatione
vitiorum.
Milán: Uldelricu s Scinzenze ler, 1495.
266 h. 4º (150 X 213). B.G., sign. 33 6/34.
32. CARCANO, Mich ael de [59].
Sermonarium de peccatis per ad ventum et per duas qua dragesimas.
Venecia: Franciscus d e Hail brum et Nicolaus de Franc kfordia, 1476.
2 tomos. T. I: 2 86 h. T. II: 1 62 h. 4º (163 X 23 6). B.G., sign . 336/39.
566
33. CARCANO, Mich ael de [60].
Sermonarium de poeniten tia per adventu m et qua dragesimam.
Venecia: Ge orgius Arrivabe ne, 1496.
256 h. 4º (135 X 1 90). B.G., sign . 335/5.
34. CASSIODORUS, Magn us Aureliu s [61].
Expositio in Psalterium. Cu m additionib us Johannis de Lapide.
Basilea: Johann es de A me rbach , 1491.
340 h. Fol. (2 13 X 290). B. G., sign. 336 /63.
35. CASSIODORUS, Magn us Aureliu s [62].
Hi storia ecclesiastic a tripar tita.
[Estrasburgo : Johannes Pru ess, ca.1500 ].
100 h. Fol. (1 84 X 259). B. G., sign . 336/33 (1º).
567
36. CATALINA DE SENA, S anta [ 64].
Li ber divina e doctrinae, lati ne interprete Raimundo Ca puano. Orationes selectae.
Brescia: Bernardin us Misint a, 1496.
192 h. 8º ( 97 X 144). B. G., sign. 335/10 (1º ).
37. CONRADUS DE HA LBERSTA DT [75].
Concordantiae bibli orum. JOHA NNES DE SECUBI A: Concordantiae partium
indeclinab ilium Bibliae.
Basilea : Johannes Petri e t Johannes Fr oben, 1496.
2 tomos. T. I: 3 63 h. T. II: 1 00 h. Fol. ( 205 X 296). B. G. , sign. 33 6/66.
38. CHAIMIS, Barth olomaeus d e [78].
Confessionale.
[Nuremberg]: Frid ericus Cr eussner, 1477.
112 h. Fol. (1 95 X 292) . B. G., sign. 33 5/129.
568
39. DIONYSIUS CISTERCIEN SIS [ 91].
Liber in IV sententiaru m.
Paris: Ponce tus-Le Preux, 1 498.
180 h. Fol. (1 96 X 277). B. G., sign. 94/ 92 (1º).
40. DURANTI, Gulielmus [92].
Rationale divin orum offici orum.
Napoles: Ma ttias Moravus , 1478.
348 h, Fol. (1 98 X 278). B. G., sign. 335/4 0.
41. EUSEBIUS CAESARIENSI S [94].
Historia eccle siastica, latin e interprete Ru ffino, a Gauf rido Bousard emendata et
correcta.
Paris: Petrus Levet, 1497.
112 h. 4º ( 170 X 249) . B. G., sign . 336/26.
569
42. EUSEBIUS CAESARIENSI S [95].
De praeparation e evangeli ca, GeorgioTrapezu ntio interpre te.
Venecia: Bernard inus de B enaliis, 1497.
108 h. Fol. (1 99 X 280). B. G., sig n. 335/71.
43. FRANCISCUS DE MAYRONIS [100].
Scriptum super primum se ntentiarum.
Treviso: Micha el Manyolus, 1476.
246 h. Fol. (1 88 X 273). B. G., sign . 336/45.
570
44. GERSON, Johanne s [103].
Opera omnia.
Colonia: Johanne s Koelh off de Lubeck, 1483.
4 tomos. T. I: [fal ta]. T. II: 398 h. T. III y IV [faltan]. Fol. (192 X 260). B. G., sign . 335/34.
45. GERSON, Johanne s [104].
Opera omnia.
[Nuremberg: Georgius Stuc hs], 1489.
Inv. y 3 to mos. Inv.: 52 h. T. I: 240 h. T.II y T. III: [faltan] . Fol. (167 X 224) . B. G., sig n.
336/40.
571
46. GERSON, Johanne s [105].
Opera omnia.
Estrasburgo: Martinus Flac h, 1494-1502.
Inv. y 4 to mos. Inv.: 52 h. T. I: 21 8 h. T. II: 2 58 h. T.III: 360 h. T. IV: 306 h. F ol. (219 X
309).
B. G., sign. 3 36/105 (Inv.-I), 10 6 (II), 107(IV), 335/95(III ).
47. GRATIA DEI, Johanne s Baptista [1 06].
Liber de confu tatione hebr aicae sectae.
Roma : Euch arius Silber, 1 500.
168 h. 4º ( 139 X 198). B. G., sign . 335/20 (3º).
572
48. GREGORIO MA GNO, San [1 08].
Moralia seu Exposi tio in Jo b.
Brescia: Ang elus Britannicu s, 1498.
426 h. 4º ( 142 X 197). B. G., sign. 336/ 14.
49. GULIELMUS PARISIEN SIS [109].
Postilla superEpis tolas e t Evangelia.
Sevilla: Mein ardus Ungut e t [Stanislaus] Pol onus, 149 7.
214 h. 4º ( 139 X 200). B. G., sign. 336/ 15.
50. HEROLT, Johannes [1 10].
Sermones de te mpore et de sanctis, cum promptuario exemplo rum et mi raculis Beatae
Virginis Maria e.
[Lyon: Nicolau s Phili pi Pistoris], 1 487.
2 tomos. T. I: 2 72 h. T. II: 172 h. 4º (162 X 23 2) . B. G., sign. 335/12 3.
573
51. HEROLT, Johannes [1 11].
Sermones de te mpore et de sanctis, cum promptuario exemplo rum et mi raculis Beatae
Virginis Maria e.
Lyon: Johannes Tr echsel, 149 2.
2 tomos. T. I: 254 h. T. II : 162 h. 4º (136 X 191) . B. G., sign. 335/ 124-125.
52. HERPF, Henricus [1 12].
Speculum aureu m decem p raeceptorum Dei.
Basilea: Johann es Froben, 1496.
380 h. 4º (14 8 X 210) . B. G., sign . 336/3.
53. HOLKOT, Robertus [1 13].
Opus super Sapien tiam Salomon is.
Basilea: [Johan nes Amerba ch], 1489.
230 h. Fol. (2 22 X 304). B. G., sign. 33 5/63.
580
8. Corpus de ilustr aciones de filigran as por formato.
581
1. Formato in folio .
1. AGUSTIN , San [3].
Explanatio Psal morum.
Basilea: Johann es de Amerbach, 1497.
Tabla y 3 to mos. Tabla: 48 h . T. I: 104 h. T. II : 140 h. T. III: 136 h. Fol. (205 X 280 ). B.G.,
sign. 335/56.
2. ALBERTO MAGNO, San [ 4].
De caelo et mundo.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1490.
66 h. Fol. (19 0 X 282). B.G., sign.335/ 69.
3. ALBERTO MAGNO, San [ 5].
Logica, lib. I, 2 (De praedica bilib us et praedicamentis).
Pavía: Chris tophorus de Can ibus, [ca.1490].
96 h. Fol. (18 0 X 256). B.G., sign.335/ 29 (1º).
4. ALBERTO MAGNO, San [ 6].
Logica, lib. II I (De sex princi piis Gilberti Porretani).
Pavía: Chris tophorus de Canib us, 1490.
20 h. Fol. (18 0 X 256). B.G., sign.335/29 (2º).
582
5. ALBERTUS DE PADUA [ 7].
Expositio Evangelio rum do minicalium et f estivalium.
Venecia: Adam de Rotweil et Andreas [Cor vus] de Cor ona, 1476.
220 h. Fol. (1 85 X 268). B.G ., sign. 335/27.
6. ALEXAND ER DE HALES [8].
Summa Pa rs III (Super Te rtium Sententia rum).
Venecia: Johann es de Colo nia et Johannes Manthen, 1475.
380 h. Fol. (1 99 X 282). B.G ., sign. 336/90.
7. ALEXAND ER DE HALES [9].
Summa.
Nuremberg: Antonius K oberger, 14 81 -1482.
4 tomos. T. I, II y III: faltan. T. IV: 360 h. Fol. (2 58 X 377 ). B.G., sign. 336 /115.
583
8. ALFONSO D E LA ESPINA [ 11].
Fortalitium fidei.
Lyon: Gulielmus Balsarin, 1487.
250 h. Fol. (1 92 X 274). B.G ., sign. 336/53.
9. ANCH ARANO, Petrus de [12].
Repetitio capitul i Canonum statua de constitution ibus.
Venecia: [Baptista de Torti s], 1500.
102 h. Fol. (2 83 X 421). B.G ., sign 335/1 11 (3º).
10. ANDREAE, Johann es de [13 ].
Super arboribus con sangui nitatis et affin itatis, cum ad ditionib us Ludovici Bolognini.
Bolonia: [Franciscus] Plato de Benedictis, 1489.
16 h. Fol. (22 0 X 280). B.G., sign.336/ 94 (2º).
11. ANDREAE, Johann es de [14 ].
Quaestiones mercuriales su per regu lis iuris.
Venecia: Bernard inus Stagn inus, 1499.
84 h. Fol. (262 X 383). B.G., sig n. 336/99 (1º).
584
12. ARISTOTELES [19].
De animalibus, interpret e Theodoro Gaza .
Venecia: Johann es de Colo nia et Johannes Manthen, 1476.
252 h. Fol. (1 78 X 282). B.G ., sign. 336/12 2.
13. ARISTOTELES [20].
Ethicaad Ni comachum, He nrico Krosbein interprete, c um commentariis Ma rtini
Magistri et Jo hannis Burida ni.
Paris: [And reas Bocard], 15 00.
126 h. Fol. (1 96 X 275). B.G ., sign. 335/37 (4º) post.
14. ARISTOTELES [21].
Politica, cum co mmentariis Sancti Thomae de Aq uino et conclusionib us Ludovici
Valentiae.
Roma: Euchariu s Silber, 1 492.
256 h. Fol. (1 95 X 288). B.G ., sign. 335/67.
15. ASTESANUS [22]-
Summa de casibu s conscie ntiae, a Bartholo meo de Bell atis et Gometio de Uli xbona
edita.
Venecia: Johann es de Colo nia et Johannes Man then, 1478.
590 h. Fol. (2 10 X 303). B.G., sign . 335/91.
585
16. ATANASIO, San [2 3].
Contra haeretico s et gentil es, Omnibono Leoniceno in terprete.
Vicenza: Le onardus [Achat es], 1482.
88 h. Fol. (19 2 X 289). B.G., sign. 336/87.
17. BAPTISTA DE SA LIS [24].
Summa casuu m conscientiae. SIXTUS IV : B ulla “Etsi dominici gregis… ”
Nuremberg: Antonius K oberger, 148 8.
276 h. Fol. (1 98 X 289). B.G ., sign.336/ 121.
18. BARTHOLOMAEUS ANGLICUS [25].
De propietatibu s rerum.
[Heidelberg: Henri cus Kn oblochtzer], 148 8.
326 h. Fol. (1 83 X 273). B.G ., sign. 336/55.
19. BARTHOLOMAEUS ANGLICUS [26].
De propietatibu s rerum.
Estrasburgo : [Georgius Hus ner], 149 1.
258 h. Fol. (1 80 X 270). B.G ., sign. 335/30.
586
20. BARTHOLOMAEUS DE SAN CTO CONCOR DIO [27]-
Suma de casos de con cienci a.
[Zamora: Ant onius de Cent enera, ca.1482 ].
364 h. Fol. (2 10 X 272). B.G ., sign. 335/73.
21. BELLINCINIS, Bar tholomae us de [28].
Apostillae super lecturas Ni colai de Tud eschis et Anton ii de Butrio.
Venecia: Johann es de Colo nia et Johannes Manthen, 1477.
181 h. Fol. (2 74 X 406). B.G ., sign. 335/108.
22. BIBLIA N. T. [31].
Biblia latin a. Novum Testa mentum.
Maguncia: J ohannes Guten berg, ca.1 455-1556.
128 h. Fol. (2 66 X 360). B.G ., sign. 336/11 6.
587
23. BLONDUS, Flavius [34].
Historiarum ab inclination e Romanoru m imperii decad es.
Venecia: Octavian us Scotus , 1483.
372 h. Fol. (2 03 X 289). B.G ., sign. 336/42.
24. BOCCACCIO, Gio vanni [35]-
Genealogia e deorum. De m ontibus, silvis, fontibus, etc.
Venecia: Bon etus Locatellu s, 1494-1495.
162 h. Fol. (1 92 X 290). B.G ., sign. 335/55.
25. BO ETHIUS, Anicius Manlius Torquatus Severin us [36].
Opera omnia.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1491-14 92.
2 tomos. T. I: 256 h. T. II: 9 6 h. Fol. (195 X 285). B.G., sign. 336/ 72 (1º), 33 6/134 (2º).
588
26. BOETHIUS, Anicius Manlius Torquatus Severinu s [37].
Opera omnia.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1497-14 99.
3 tomos. T. I: 201 h. T. II y T . III faltan. Fol. (206 X 294). B.G ., sign. 336/82 ( 1º).
27. BOETHIUS, Anicius Manlius Torquatus Severin us [38].
De la consolación de la filo sofía. Trad. Españ ola por An tonio Ginebreda. JACOB O DE
BENAVENTE : Vergel de con solación .
Sevilla: Mein ardus Ungut e t Stanislaus Polonus, 1497.
2 tomos. T. I: 50 h. T. II: 3 4 h. Fol. (190 X 291). B.G., sig n. 335/ 136.
28. BOLOGNINUS, Lud ovicus [4 0].
Syllogiantho n.
Bolonia: Ug o Rugerius, 1 496.
98 h. Fol. (18 5 X 268). B.G., sign. 336/97 (4 º).
589
29. BOSSUS, Matthaeus [41].
Recuperationes Faesulanae . Editio II aucta .
Bolonia: Franciscus Plato de Benedic tis, 14 93.
184 h. Fol. (2 04 X 299). B.G., sign .336/94 (4º).
30. BRUNUS ARETINUS, Leonar dus [44].
Historiae flo rentini populi. Historia fio rentina tradotta da Donato Acia ioli. JOHANNES
POGGIUS : Histo ria florentin a. Historia fio rentina t radotta da Ja copo Poggio.
Florencia: Bart olomeo dei Libri, 1492.
2 tomos. T. I: 2 22 h. T. II: 1 16 h. Fol. (212 X 312). B.G., sign. 335/62.
31. BRUTUS, Petrus [4 6].
Victoria contra Ju daeos.
Vicenza: [Si mon Bevilaqua] , 1489.
130 h. Fol. (2 04 X 290). B.G ., sign. 336/57.
596
52. CONRADUS DE HA LBERSTA DT [75].
Concordantiae bib liorum. J OHANNES DE SE CUBIA: Co ncordantiae partiu m
indeclinab ilium Bibliae.
Basilea: Johann es Petri e t Johannes Fr oben, 1496.
2 to mos. T. I: 363 h. T. II: 100 h. Fol. ( 205 X 296). B. G. , sign. 33 6/66.
53. CORPUS IURIS CIVILIS [ 76].
Infortiatum cu m glossa.
Venecia: Baptista de Tortis, 1500.
290 h. Fol. (2 82 X 415). B. G., sign. 335/99.
54. CUADERNO [7 7].
Leyes del cuad erno nuevo de las r entas de las alc abalas y franquez as, dada s por los
reyes Fernando V e Isabel I de Castilla en la vega de Gr anada, 10 dic., 1491.
*Salamanca: Tip . de Nebri ja: “Gramática ”, ca.1498 -150 0].
40 h. Fol. (20 6 X 277). B. G. , sign. 335/59 ( 1º).
597
55. CHAIMIS, Barth olomaeus d e [78].
Confessionale.
[Nuremberg]: Frid ericus Cr eussner, 1477.
112 h. Fol. (1 95 X 292). B. G., sign. 335/129.
56. DIALOGI [81].
Dialogi decem variorum au ctorum.
*Colonia: Typ. “Fl ores S. Ag ustini”+, 14 73.
120 h. Fol. (208 X 288). B. G., sig n. 336/49.
57. DIAZ DE MONTALV O, Alfon so [82].
Repertorium seu secunda compilatio legum e t ordina tionum regni Castella e.
Salamanca: T yp. Ant. Nebri ssensis, [ca. 1485].
232 h. Fol. (2 00 X 279). B. G., sign. 335/114.
598
58. DIAZ DE MONTALV O, Alfon so [83].
Repertorium seu secunda compilatio legum e t ordina tionum regni Castella e.
Sevilla: Mein ardus Ungut e t Stanislaus Polonus, 1496.
138 h. Fol. (2 08 X 277). B. G., sign. 335/59 (2º).
59. DIAZ DE MONTALV O, Alfon so [84].
Ordenanza s Reales.
Salamanca: [Typ. An t. Nebr issensis], 1500.
174 h. Fol. (2 13 X 292). B. G., sign. 336 /91.
599
60. DIAZ DE MONTALV O, Alfon so [85].
Repertorium quaestionum super Nicolaum de Tudesch is.
Sevilla: Antonius Martini, Alph onsus de Portu, e t Bartholoma e us Segura, 14 77.
245 h. Fol. (2 47 X 343). B. G., sign. 336/101.
61. DINUS DE MUGEL LO [86].
De actionibus (Ins t. IV, 6). Lectura supe r Johannis Basi ani arbore actionu m. De
interesse.
Milán: Uldalricus Scinzenz eler, 1496-149 7.
22 h. Fol. (26 2 X 383) . B. G., sign . 336/99 (4º).
62. DINUS DE MUGEL LO [87].
Consilia.
Milán: Uldalricus Scinzenz eler, 1496.
20 h. Fol. (26 2 X 383). B. G. , sign. 336/99 ( 3º).
600
63. DIODORUS SICULUS [ 89].
Bibliotheca , latine interpre te Joha nne Francisco Pogio. TACITUS : German i a,
cum addition ibus Hieronym i Squarzafici.
Venecia: Thomas [de Bla vis], 1481.
120 h. Fol. (1 85 X 270). B. G., sign. 335/38.
64. DIOGENES LAER TIUS [90].
Vitae et sententia e philoso phorum.
Venecia: Philipp us Pincius, 1497.
96 h. Fol. (20 8 X 309). B. G. , sign. 335/86 ( 3º).
65. DIONYSIUS CISTERCIEN SIS [ 91].
Liber in IV sententiaru m.
Paris: Ponce tus-Le Preux, [14 98].
180 h. Fol. (1 96 X 277). B. G., sign. 94/ 92 (1º).
601
66. DURANTI, Gulielmus [92].
Rationale divin orum offici orum.
Napoles: Ma ttias Moravus, 1478.
348 h, Fol. (1 98 X 278). B. G., sign. 335/4 0.
67. ESCHUID, Johann es [93].
Summa astr ologiae iudical is de accid entibus mun di.
Venecia: Johann es Lucilius Santritter, 1 489.
221 h. Fol. (1 99 X 294). B. G., sign. 336/83.
68. EUSEBIUS CAESARIENSIS [ 95].
De praeparation e evangeli ca, Georgio Trapezu ntio interpre te.
Venecia: Bernard inus de B enaliis, 149 7.
108 h. Fol. (1 99 X 280). B. G., sig n. 335/71.
602
69. FABER, Runcinus Johan nes [96].
Commentum supe r Instituti ones.
Venecia: Baptista de Tortis, 1497.
142 h. Fol. (2 80 X 420). B. G., sign. 335/100 (1º ).
70. FIRMICUS MATERNUS, Juliu s [98].
De nativitatibu s.
Venecia: Sim on Bevilaqua, 1497.
120 h. Fol. (2 00 X 290). B. G., sign. 335/76.
71. FRANCISCUS DE MAYRONIS [10 0].
Scriptum super primum se ntentiarum.
Treviso: Mi chael Manyolus, 1476.
246 h. Fol. (1 88 X 273). B. G., sign. 336 /45.
603
72. GAIETANUS DE THIEN IS [101].
Recollectae supe r VIII libro s physicorum A ristotelis.
Venecia: Johann es [Ham man] Hertzog, 1500.
50 h. Fol. (20 5 X 300). B. G., sign . 335/44 ( 3º).
73. GELLIUS, Aulus [1 02].
Noctes atticae.
Venecia: Christ ophorus de Quietis et Martinus de Laza ronibus, 149 3.
128 h. Fol. (2 08 X 309). B. G., sign. 335 /86 (2º).
604
74. GERSON, Johanne s [103].
Opera omnia.
Colonia: Johanne s Koelhoff de Lubeck, 14 83.
4 tomos. T. I: [falta]. T. II : 398 h. T. III y IV [faltan ]. Fol. (192 X 260). B. G., sig n. 335/3 4.
75. GERSON, Johanne s [105].
Opera omnia.
Estrasburgo : Martinus Flach , 1494-1502.
Inv. y 4 to mos. Inv.: 52 h. T. I: 218 h. T. II: 258 h. T. III: 360 h. T. IV: 306 h. Fol. ( 219 X
309). B. G., sign . 336/105 (I nv.-I), 106 (II), 107 (IV), 335 /95 (III).
605
76. HOLKOT, Robertus [113].
Super Sapientiam Salomonis.
Basilea: [Johan nes de Amer bach], 1489.
230 h. Fol. (2 22 X 304). B. G., sign . 335/63.
77. HOLKOT, Robertus [114].
Opus super Sapien tiam Sal omonis.
Haguenau : [Henri cus Grau], 14 94.
242 h. Fol. (1 94 X 290). B. G., sig n. 336/7 5.
78. HOLKOT, Robertus [115].
Quaestiones super quatuo r libros sententia rum. Quaeda m conferentiae.
Lyon: Johann es Trechsel, 1 497.
194 h. Fol. (1 87 X 266). B. G., sign. 335 /39.
612
96. LANFRANCUS ME DIOLANE NSIS [139].
Chirurgia.
Sevilla: [Ju an Pegnitzer, M agn o Herbst y Tomás Glockner], 1 495.
132 h. Fol. (2 56 X 383). B. G., sign. 336/51.
97. LANFRANCUS DE ORIANO [ 140].
Tractatus de arbit ris.
Pavia: Francis cus de Guasc his, 1498.
20 h. Fol. (25 8 X 384). B. G. , sign. 336/99 ( 5º).
98. LEON I, San. Papa [ 141].
Sermones et epi stolae.
[Roma: Johann es Philippu s de Lignamine, ca. 1470]
158 h. Fol. (2 23 X 312). B. G., sign. 335 /77.
99. LEON I, San. Papa [ 142].
Sermones.
[Colonia: Barth olomaeus d e Unckel, 1475]
124 h. Fol. (1 92 X 268). B. G., sig n. 335/48 (2º).
613
100. LUCANO, Marc o Anneo [ 145].
Pharsalia, cu m Omniboni Leoniceni commentario.
Venecia: Barth olomaeus Za nis, 1492.
156 h. Fol. (2 90 X 307). B. G., sign . 336/81.
101. LUCAS DE BU RGO SANCTI SEPULCHRI [146].
Somma di arit metica, geo metria, propo rzioni e propo rziona lità.
Venecia: Paganin o de Paga ninis, 1494.
2 tomos. T. I: 2 32 h. T. II: 7 6 h. Fol. (210 X 28 5). B. G., sig n. 335/68.
614
102. LUDOLPHUS DE SA XONIA [14 7].
Meditationes vitae Jesu Chr isti.
Paris: Felix Baligault, 14 97.
296 h. Fol. (2 39 X 345). B. G., sign. 335 /119.
103. MAIUS, Junian us [150].
De priscoru m propietate v erborum.
[Venecia: Johan es Rubeus Vercellensis], 1 490.
348 h. Fol. (2 00 X 287). B. G., sign. 336/88.
615
2. Formato in folio a paisado.
1. BIBLIA, A. T. Sal mos [ 33].
Psalterium g raeco-latinum.
Milán: s.i., 1 481.
182 h. Fol. (2 00 X 270). B.G., sign . 336/44.
2. GERSON, Johann es [104].
Opera omnia.
[Nuremberg: Georgius Stuc hs], 1489.
Inv. y 3 to mos. Inv.: 52 h. T. I: 240 h. T.II y T. III: [faltan] . Fol. (16 7 X 224). B. G., sig n.
336/40.
3. HOLLEN, Gotschalcus [ 116].
Praeceptorium divinae legi s.
Nuremberg: Antonius K oberger, 149 7.
250 h. Fol. (1 42 X 190). B. G., sig n. 335/18.
616
3. Formato in folio e in folio apaisado.
1. CARACCIOLUS, Robertus [ 55].
Sermones quad ragesimale s de poenitentia .
Venecia: Franciscus [R enne r] de Hailbru m, 1472.
270 h. Fol. (2 08 X 280).B.G. , sign.335/ 61.
4. Formato in cuar to .
1. ABRAHAM AB EN EZRA [ 1].
De nativitatibu s. HENRICU S BATE: Magis tralis compositio astrolabii.
Venecia :Erhard us Ratdolt, 1485.
30 h. 4º (135 X 192). B.G., sign. 3 36/017.
2. ABRAHAM ZA CUTUS [2].
Almanach perpetuum, latin e, Josepho Vici no interpre te.
Leiria: Abrah am ben Sa muel d´ Ortas, 1496.
168 h. 4º (15 0 X 216). B.G., sign. 336/20.
617
3. ALEXAND ER DE HALES [1 0].
Summa.
Pavia: Johan nes Antonius d e Birreta e t Franciscus Girardeng is, 1489.
4 tomos. T. I: 224 h. T. II: 4 72 h. T. III y T. IV: faltan. 4º (149 X 240). B.G., sign.336 /8.
4. BEROALDUS, Philippus [2 9].
Orationes et poe mata.
Lyon: [Johan nes Trechsel], 1492.
78 h. 4º (1 37 X 199). B.G., sign. 335 /140 (3º).
5. BIBLIA [3 2].
Biblia latin a.
Venecia: Johann es Herbor t, 1484.
408 h. 4º ( 168 X 230). B.G., sign.336/38.
6. BOETHIUS, Aniciu s Manlius Torquatus Severinus [3 9].
De consolatione ph ilosophi ae. BOETHIUS [pseudep. ]: De discip lina schola rium, cum
commento Tho mas de Aqui no [pseud ep.].
Lyon: Perrinus Lathomi et Johannes Bonifacii, [ca. 150 0].
2 tomos. T. I: 132 h. T. II: 4 8 h. 4º (16 5 X 248). B.G., si gn.336/25.
618
7. BOSSUS, Ma tthaeus [42].
Recuperationes Faesulanae . Editio II aucta .
Bolonia: Bazale rus de Bazal eriis, 1493.
166 h. 4º ( 127 X 174). B.G., sig n. 335/14.
8. BRUTUS, Jac obus [45].
Corona aurea.
Venecia: Johann es de Tridi no, 1496-1497.
208 h. 4º ( 148 X 203). B.G., sign.335/2 3 (1º).
9. BUSTIS, Bernard inus de [5 1].
Rosarium se rmonum.
Venecia: Ge orgius Arri vabene, 149 8.
2 tomos. T. I: 290 h. T. II: 4 26 h. 4º (142 X 19 1). B.G., sign . 336/9.
619
10. CARACCIOLUS, Rob ertus [5 4].
Opera varia.
Venecia: Johann es et Greg orius de Greg oriis, 1490.
338 h. 4º (14 2 X 203). B.G., sign . 335/2.
11. CARCANO, Mich ael de [58].
Sermonarium per quadrag esimam de commend ation virtutum et reprobation vitiorum.
Milán: Uldelricu s Scinzenze ler, 1495.
266 h. 4º ( 150 X 213). B.G., sign. 336/ 34.
12. CARCANO, Mich ael de [59].
Sermonarium de peccatis per ad ventum et per duasquad ragesimas.
Venecia: Franciscus d e Hail brum et Ni colaus de Franc kfordia, 14 76.
2 tomos. T. I: 286 h. T. II: 1 62 h. 4º (1 63 X 236). B.G., sign. 336/ 39.
13. CARCANO, Mich ael de [60].
Sermonarium de poeniten tia per adventu m et qua dragesimam.
Venecia: Ge orgius Arrivabe ne, 1496.
258 h. 4º ( 135 X 190). B.G., sign. 335/5.
620
14. DECRETALES [7 9].
Decretalium G regori IX, Papae Libri V, cum glossa.
Venecia: Thomas de Blavis, 1486.
420 h. 4º ( 173 X 233). B. G., sign. 336/ 27.
15. DEZA, Diego de [ 80].
Defensiones Sancti Thomae .
Sevilla: Mein ardus Ungut e t Stanislaus Polonus, 1491.
80 h. 4º (1 40 X 194). B. G., sign. 33 5/17.
16. DION CHRYSOSTO MUS [88] .
De Troia non cap ta, latine interprete F ranciscus Philelpho. CAIUS PETRONIUS ARBI TER :
Satiricus.
Venecia: Bernard inus de Vitali bus, 1499.
46 h. 4º (1 35 X 190). B. G., sign. 33 6/10 (1º y 2º).
17. EUSEBIUS CAESARIENSI S [9 4].
Historia eccle siastica, latin e interprete Ru ffino, a Gauf rido Bousard emendata et
correcta.
Paris: Petrus Levet, 149 7.
112 h. 4º ( 170 X 249). B. G., sign. 336/ 26.
621
18. FABER STAPULENSIS, J acob us [97].
Introductiones in diversos A ristotelis lib ros, a Judoco Cli ctoveo editae.
Paris: Johannes Hig man, 1492.
310 h. 4º ( 136 X 200). B. G., sign. 336/2.
19. FLOCCUS, Andreas Dominic us [99].
De romanoru m magistralib us. POMPONIUS LA ETUS : De roman orum magist ratibus.
[Venecia: Ma ximus de Butr icis, ca.1491].
32 h. 4º (1 46 X 203). B. G., sign. 33 5/139 (2º).
20. GRATIA DEI, Johanne s Baptista [1 06].
Liber de confu tatione heb raicae sectae.
Roma: Euchari us Silber, 1 500.
168 h. 4º ( 139 X 198). B. G., sign . 335/20 (3º).
628
6. Formato in doza vo .
9. IMITATIO CHRISTI [11 9].
Imitatio Ch risti, nomine Joh annis Gerson, cum eiu sdem tractatu s de meditatione c ordis.
[París: Johannes Petit, ca.1 500].
96 h. 12º ( 93 X 127). B. G., sign. 79/224 (3º ) post.
629
9. Ficha del Corpu s filigranarum .
630
CORPUS FILIGR ANUM
Fil. Nº:...... ........Incunab le nº........... ... [Sign./Fol./Pág.:.... .............F il. nº:............]
1. Dato s del Documen t o.
Autor:
Título:
Lugar y fecha de edición:
Fondo:
Signatura o nº catálogo:
Hojas nº:
Objeto
Manuscrito
Impreso
Dibujo
Mapa
Plano
Grabado
Libr. Manus.
Libr. Impr.
Otros
2. Dato s de la Filigran a.
3. Dato s de la Ho ja y la Forma
Estado de la h oja:
Fragmento
Completo
Cortada
Sin cortar
Color de la hoja:
Dimensiones ( mm)
Ancho
Alto
Espesor
Corondeles:
De apoyo
Portador
Tipo de papel:
Pontizones
Corondeles
Continuo
Color
Tipo de filig rana:
Sencilla
Doble
Contramarca
Fragmento
Obtención:
Calco
Foto
Beta
RX
Posición: Recto V erso
Dimensiones:
Altura:
Anchura:
Distancias:
Al bajo de la hoj a:
Al alto de la h oja:
Al corondel izq uierdo:
Al corondel der echo:
Nº de Corondel es a la izq uierda:
Objeto repr esentado:
631
Número
División
Puntizones por cada 20m m
4. Documen tos en que aparece la fil igrana
5. Pap elero-Molinero
6. S imbología
7. Biblio grafía
632
633
10. Sinopsis del signific ado crist iano de los símbolo s.
634
1. Símbolos p rimarios.
Águila . Crist o. Bautismo y penitencia. Diablo.
Ánade . Dicha del ci elo divi no. Alma de del os bienav enturados. Lujuria.
Ancla . Redenci ón. Firmeza y esperanza.
Anillo . Fiel atadura. Sobera nía y confirmación en la fe.
Anteojos . Verdad r evelada al elegido.
Arco . Condena y salvación.
Báculo . Pod er, autoridad, mando y dignid ad.
Balanza . Justicia e igualdad . Bien y verdad.
Ballesta . Cond ena y salvaci ón.
Buey . Paciencia. Cristo. Predicador del evangelio.
Cabeza . Soberanía, mente y pode r espiritual.
Campana . Voz de los predi cadores.
Capelo . P oder y dignidad de los cardenal es.
Castillo . Fortaleza y refugio del creyent e.
Círculo . Eternidad . Perfecci ón divina. La cr eación.
Columna . Árb ol cósmico. La Iglesia. Obisp os y doctore s de la Iglesi a.
Copón . Eucaristía.
Corazón . Jesucrist o, amor, caridad.
Cordero . Gracia y mansedu mbre. Sacrificio d e Cristo.
Corona . Pres encia de Crist o. Poder y maj estad real y divina.
Cruz . Muerte. R edención. T riunfo.
Esvástica . Los cuatro evangelistas c anónicos (Marc os, Mateo, Lucas y Ju an).
Grie ga . Muerte y triunfo de Crist o.
Latina . Redenci ón del ho mbre y victoria d el cris tianismo.
Lorena . Patriarca s de la Ig lesia.
635
San And rés . Martirio y r edención.
Tau . Elegido p or Dios. C onsumaci ón.
Cuerno . Pod er. Llamada d e Cristo..
Dragón . Dem onio. Herejía. Anticristo.
Escalera . Pro videncia y asc ensión al reino de Dios.
Escudo . Prot ección y defen sa espiritual: la fe.
Estrella . Felicidad eterna.
De 5 rayos . Guía. C amino. Hombre reg enerado.
De 6 ray os . Unión de espíritu y materia. María.
De 8 rayos . Espí ritu. Vida etern a.
Flecha . Don de la divinidad . Caducidad de lo terreno.
Flor . Transitoriedad o brev edad de la vida. M aría.
Clavel . Pasión y muerte de Cristo en la Cru z.
Lirio . Amor pur o y virginal. Cristo. María.
Lis . Cristo. Sober anía real.
Margarita . In ocencia del ni ño Jesús.
Iglesia . Imagen d el mund o. Cuerpo d e Cristo.
Jarro . Purificaci ón y ren ovación.
Gorro frigio . Elegid o y prot egido por Di os.
León . Cri sto. Encarnación y resurrección. Diablo.
Letras .
A. Alfa (Prin cipio. Di os).
AI . Anima (alma).
AP . Archiepiscopu s o Apo stolu s (Arzobispo o Após tol)
B . Beatus (bea to, sant o)
BM . Bea ta Maria (Santa María)
D . Dominus. (El Señ or, Dios ).
636
L . Lux (luz que ilu mina al cri stiano).
M . Maria (María)
MΛΣ . Sin identificar .
M Σ . Memoriae Sacrum (Co nsagrado a la m emoria).
NA . Natu ra (Naturaleza).
P . Pater . (Dios cr eador).
R . Regeneratio .
S . Sacrum . Santitas.
SC . Servu s Christi (sie rvo de Cristo)
T ΜΣ . Sin Identificar.
X . Christus (Cri sto).
Y . Yesus (Jesús)
Luna . Ig lesia. María. Resurr ección de Cris to.
Mano . Justicia. Refug io del creyente. Log os encarnado .
Abierta levan tada . Bendici ón divina.
Derecha . Crist o. Padre tod opoderoso.
Derecha leva ntada con do s dedos dob lados y tres exten didos (pulga r, índice y
corazón) . Bend ición y jura mento ante Dios.
Enguanta da . Ceremonial r eligioso
Monte . Axis mundi del ciel o y la tierra. Presencia y proximidad de Dios.
Orbe . Eternidad . Unidad de Dios.
Pájaro . Alma. Oración de l os santos. Após toles. Diablo.
Paloma . Paz. Hu mildad. Pr ovidencia. Espíritu Santo. A lma de los just os.
Pez . Alma de l os creyentes. Bau tismo. Crist o.
Racimo de uva s . Eucaristía.
Rueda . Poder o revelaci ón divinas. Fortuna.
Serpiente . Cristo salvador. Pecador regenerad o por el bautismo. Satán.
Tiara . Realeza pap al.
637
Tijeras . Cruz. Lengua de la serpiente.
Torre . María. Dios. Vigilan cia y ascensión.
Unicornio . Encarn ación y redenci ón de Crist o. Diablo.
Yunque . Fortaleza y consta ncia del creyen te. Purificaci ón y trans mutación de la s almas.
2. Símbolos se cundarios.
Es pada . Palabra de Di os. Autoridad y justicia de Cris to.
Gota desan gre. La derra mada por Cris to en la cruz .
Lazo . Atributo del diablo que arrastra a los c ondenados.
Números .
1 . Unidad. Di os.
2 . Doble na turaleza: huma na y divina.
3 . Trinidad. Al ma.
4 . Cuatro. E vangelistas. Río s del paraíso. Punt os cardin ales.
5 . Heridas d e Cristo.
6 . Días de la Creación. Poder divin o, majestad, sabidu ría, amor, pi edad y justicia.
7 . Pecad o y redención. D ones del Espíritu Santo. Pecad os capitales. G ozos y done s de
la Virgen. Par tes dela Misa. Días de la cr eación.
8 . Naci miento por el bauti smo. Resurr ecci ón de Cristo .
10 . La misma Divinidad .
Triángulo . Trinid ad (el Padr e, el Hijo y el Espíritu Sant o).
644
FLOCCUS, Andrea s Dominic us (ca.1400-145 2).
Historiador y juri sta italian o.
FLORUS, Lucius An naeus (s s. I-II).
Historiados roman o.
FRANCISCUS DE MAYRONIS .
Véase MAYRONIS , Francisc us de.
GAIETANUS D E THIENIS.
Véase THIENI S, Gaietanu s de
GAZA, The odoro (Tesalónic a, ca.1415-San Gi ovanni a Piro,1475).
Humanista y t raductor biza ntino establecid o en Italia.
GELLIUS, Aulu s (Roma, ca.1 30-ca.180).
Gramático latino.
GERSON, Johanne s (Gerson , Ardenas, 1363-Ly on, 1429).
Filósofo y teólogo f rancés.
GINEBREDA, An tonio (ca.1 332-1395).
Religioso dominic o español .
GIUDICI, Bap tista de (ca.14 28 -Ro ma, 1484).
Religioso y teólogo d ominico italiano.
GOMETIUS DE ULIXBONA [ ULISSIPONENSIS] (14? -1513).
Teólogo y juri sta.
GRATIA DEI, Johann nes Ba ptista (s. XIV).
Teólogo dominic o.
GRATIANUS, Fran ciscus (Ch iusi, Toscana, fin ales del s. XI-Bol onia, ca.1160).
Monje y canonista i taliano.
GREGORIUS MAGN US, San (Roma, ca.5 40-id. 604).
Doctor de la Iglesia y papa (nº 64 de la Igle sia católica de 590 a 604).
GREGORIUS IX (Anag ni, 11 70 -Roma, 1241).
Papa y creado r de la Inquisi ción en Francia (nº 178 de la iglesia católica de 1 227 a 1241).
GULIELMUS PARISI ENSIS.
Véase PARISIEN SIS, Gulielm us.
HALBERSTADT, Conradus d e (flor. 1342-1362).
Teólogo domin ico alemán.
HALES, Alexan der de (Hales , ca.XII-París, 1245).
Franciscan o, teólogo y filós ofo escolástico f rancés.
645
HEROLT, Johannes (1380-1468).
Religiosos dominic o alemá n.
HERPF, Henri cus (Erp, princip ios del s. XV- Malina, 1477).
Teólogo místico y religioso franciscan o flamenco.
HOLKOT, Robertus (ca.12 90-1349).
Filósofo y teólogo e scolásti co inglés.
HOLLEN, Gotschalcu s (ca.141 1-1481).
Religioso agu stino alemán .
HUGO DE PRATO FLORIDO.
Véase PRATO F LORIDO, Hu go de.
HUGO DE SAN CA RO, Beat o.
Véase SAN CARO, B eato Hu go de.
INOCENCIO III, Papa (Agna ni, ca.1161-Peru gia, 1216).
Teólogo y papa italiano (nº 176 de la Iglesia católica d e 1198 a 12 16).
ISIDORO [DE S EVILLA], San (¿Cartagena?, ¿Se villa? ca.56 0-Sevilla, 636 ).
Escritor hispano, enc iclope dista y doctor de la Iglesia.
JACOBUS PHI LIPUS DE BER GAMO O BERGO MENSIS.
Véase BERGAMO O BERGO MENSIS, Jaco bus Philip pus .
JAMBLICHUS ( Calcis, Celesi ria, ca.245-ca.325).
Filósofo griego neop latónic o.
JERONIMO, San , (Estridón, Dalm acia, ca.347-Bel én, 420).
Padre y doctor d e la Iglesia latina.
JOHANN ES DE SACROBUST O.
Véase SACROBU STO, Johan nes de.
JOHANN ES DE VERDERA.
Véase VERDERA, Johann es de.
JORDANUS DE QUEDLINBU RG.
Véase QUEDLINB URG, Jo rdanus de.
JORDANUS NE MORARIUS.
Véase NEMORA RIUS, Jorda nus.
JOSEPHUS, Fla vius (Jerusal én, ca.37- ca.100).
Historiador ro mano-judío .
JUAN CRISOS TOMO, San (An tioquía, ca.34 4 -cerca de C umanos, Capado cia, ca.407 ).
Teólogo cristian o, uno de lo s cuatro gran des padres de la Igl esia de Oriente.
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