El tratamiento informativo y la responsabilidad ética en la información mediática de la violencia de género
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Congreso para el Estudio de la Violencia contra las Mujeres ARTÍCULOS CIENTÍFICOS
Edita: Junta de Andalucía. Consejería de Justicia e Interior Dirección General de Violencia de Género y Asistencia a Víctimas © de los textos: los autores Diseño y Producción: Trama Gestión S.L. DEP. LEGAL: J 34-2015
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46 CONGRESO PARA EL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Introducción Actualmente en España parece existir una conciencia generalizada con respecto al rechazo de la violencia de género. En este contexto social sensibilizado, los medios de comunicación social poseen una inestimable capacidad de influencia social. Este poder junto con su intrínseca esencia de servicio público, ha llevado a ciudadanos y a instituciones a exigirles un comportamiento responsable y especialmente cuidadoso. La propia Ley Orgánica 1/2004 defiende en parte de su articulado la necesidad de implicación de los medios de comunicación social como parte de la dinámica de cambio necesario, ya que en su articulado se les insta a salvaguardar la igualdad y a propiciar un trato no discriminatorio: “La difusión de informaciones relativas a la violencia sobre la mujer garantizará, con la correspondiente objetividad informativa, la defensa de los derechos humanos, la libertad y dignidad de las mujeres víctimas de violencia y de sus hijos. En particular, se tendrá especial cuidado en el tratamiento gráfico de las informaciones”, capítulo II, art. 14 (España, 2004: 42170). Sobre el poder de los medios de comunicación y su gran influencia en la sociedad ha teorizado también el ex Delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente Acosta, quien ha puesto de manifiesto la relación existente entre la cantidad de noticias publicadas por los medios y el aumento o descenso de la sensibilidad social con respecto a la violencia de género y las consecuencias de estas oscilaciones en el número de homicidios y asesinatos. “Vemos que conforme la sensibilidad aumenta, al año siguiente disminuyen los homicidios; pero cuando la sensibilidad baja, el año siguiente aumentan los asesinatos. Hay una relación inversa entre sensibilidad y número de homicidios” (Lorente, 2009: 51). • “Vemos que conforme la sensibilidad aumenta, al año siguiente disminuyen los homicidios; pero cuando la sensibilidad baja, el año siguiente aumentan los asesinatos. Hay una relación inversa entre sensibilidad y número de homicidios” (Lorente, 2009: 51) Pero no sólo desde el espectro político los medios de comunicación son valorados como entes socializadores y de conocimiento de primer orden. La propia ciudadanía afirma conocer este fenómeno en un 95% de los casos a través de los medios de comunicación (Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad: 2011). La conclusión a la que puede llegarse es sencilla: la violencia de género será lo que los medios cuenten que es la violencia de género. A tenor del estudio citado sobre impacto en la sensibilidad social y sin querer profundizar en terrenos académicamente conflictivos (los efectos de los medios) sí puede de algún modo inferirse que la manera en que éstos discriminan las informaciones, las conceptualizan (con el uso de cintillos o ubicándolos en las distintas secciones) y las desarrollan, tiene una gran importancia desde el punto de vista tanto de la sensibilización como de la formación social. Los medios de comunicación social son los grandes proveedores de información sobre la violencia de género, sobre sus formas de manifestación, sus consecuencias o los recursos disponibles para las mujeres que la sufren. Por todo ello, el esfuerzo exigido a los medios pasa, en primer lugar, por la identificación, la conceptualización y la denominación, algo que puede parecer nímio pero que esconde, cual punta de iceberg, todo un conglomerado de incertidumbres ideológicas, posicionamientos empresariales y falta de conocimiento sobre la propia temática. Ya que, como defiende Celia Amorós, “conceptualizar es politizar”: “los conceptos críticos posibilitan la visibilización de determinados fenómenos que no se visibilizan
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47 TRATAMIENTO INFORMATIVO Y RESPONSABILIDAD ÉTICA EN LA INFORMACIÓN MEDIÁTICA DE LA VG. desde otras orientaciones de la atención y a su vez, esta visibilización nutre y posibilita nuevos conceptos críticos” (Amorós, 2008:17). La violencia de género en la prensa española: la necesidad de renovar la reflexión. En el contexto que se ha descrito anteriormente, el tratamiento informativo que se le ha dado al ya denominado “crimen del Salobral” cobra una fuerza ejemplificadora sumamente eficaz para identificar la necesidad de reactivar y complejizar la necesaria reflexión sobre el papel de los medios de comunicación como agentes sociales de primer orden en la transmisión de informaciones sobre violencia de género. El episodio de violencia al que se hace referencia es el ocurrido en el Salobral, Albacete, en el que Juan Carlos Alfaro Aparicio, de 39 años mató a tiros a una menor de 13 con la que decía mantener una “relación consentida”. Lejos de profundizar sobre la edad de consentimiento sexual en España, cuestión sobre la que se recomiendan otras lecturas [1] lo que sí pretende este artículo es reflexionar sobre el tratamiento mediático que dieron a este asesinato las principales cabeceras nacionales.
48 CONGRESO PARA EL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES La historia de este extraño amor habla de una niña "muy desarrollada" que vivía con su abuela y que nunca supo quién fue su padre, de una cría que estudiaba en Aguas Nuevas y cuya madre vivía en la pedanía de El Pasico con su pareja. La historia de este extraño amor nos muestra a un hombre corriente, "el más normal de los tres hermanos que vivían con los padres", con una familia "muy querida en el pueblo", aficionado al tiro olímpico y obsesionado con las armas. El amor duró nueve meses. Justos. Hasta el desenlace puertourraqueño del sábado. El mundo, 22/X/2012 Este extracto, de uno de los principales diarios de información general, sintetiza a la perfección los patrones temáticos e interpretativos con los que se abordó este caso mediáticamente: amor, normalidad, drama y búsqueda de motivaciones. La construcción del suceso que hicieron los principales diarios sobre el asesinato de esta niña se circunscribió a un terrible drama vivido dentro de una relación amorosa (“consentida”, aspecto en el que inciden todos) aparentemente inexplicable dada la “normalidad” del chico y, por ende, al que se han de buscar razones. Como por ejemplo, las que ofrece la madre del homicida, cuyo testimonio aparece en portada (“Esta mujer le volvía loco”, Abc, 23/X/2012) o, incluso, se convierte en titular: “Estaba deprimido porque no le dejaban ver a la niña” (El Mundo, 22/X/2012). En líneas generales, este acontecimiento fue tratado por la prensa como un terrible suceso luctuoso, pero suceso. Algunos diarios incluso lo encuadran dentro de esta sección a pesar de que parecía existir un consenso generalizado con respecto a que las agresiones machistas y los asesinatos por razón de género no son hechos aislados ni por tanto sucesos sino consecuencias de un problema generalizado llamado “violencia de género”. Además, la descripción que se hace de los protagonistas se torna en ocasiones ciertamente desigual y deja entrever matices interpretativos de ética cuestionable. Por ejemplo, a la víctima se la describe como “muy desarrollada”, proveniente de una familia desestructurada o con un perfil de Facebook “extraño”; mientras que a él se lo describe como un chico “normal” (Público, 21/X/2012), “un hombre corriente” [2] (El Mundo, 22/X/2012) y que “pudo haber sufrido algún tipo de enajenación” (Abc, 21/X/2012). Descripciones y adjetivaciones que victimizan doblemente a la agredida. Siguiendo el patrón de encuadre mediático este suceso es además insertado dentro de lo que han denominado un “móvil pasional” o, lo que es lo mismo, un problema de “amor”. De forma generalizada se habla de amor y de la relación que mantenían agresor y víctima aludiendo, en todo momento, a la relación que mantenían “de forma consentida” tratando de normalizar el vínculo entre una menor y un adulto: “Almudena, de 13 años, confesó en las redes sociales que seguía amando a su asesino” (La Razón, 21/X/2012). Pero, ¿hasta qué punto puede ser consentida una relación entre una niña de 13 años y un hombre de casi 40? Y, en cualquier caso, ¿qué importa eso a la hora de calificar un asesinato? (Requena, A., 2012)”. Se estaba normalizando, al estilo Sostres, una relación completamente desigual pero no sólo desigual, sino también violenta. Desde esta perspectiva de la centralidad del asunto románticoafectivo como eje del asesinato se está relegando lo sucedido a un problema privado. Incluso, llegando a culpabilizarse a la víctima de lo ocurrido tal y como se refleja en el espacio que se concede al testimonio de la madre del agresor, quien aparece en portadas y titulares acusando a la víctima y a su familia de lo ocurrido y justificando la tragedia por la depresión (motivada por la niña y su familia) de su hijo. Lo cual no deja de ser lógico desde el punto de vista de que el hecho es un drama inexplicable dentro de una relación consentida en una pareja
49 TRATAMIENTO INFORMATIVO Y RESPONSABILIDAD ÉTICA EN LA INFORMACIÓN MEDIÁTICA DE LA VG. “normal”: hay que buscar justificaciones. Y hay que buscarlas más allá de la propia violencia ya que, en ningún momento, se ha entendido que ésta (como violencia estructural de género) fuese la causa de la agresión. Los orígenes “desestructurados” de ella, la “obsesión” de él por las armas, la “depresión” que sufría por el rechazo de los padres de la menor a su relación… cualquier cosa menos que era un caso claro de violencia de género. Ni habiendo señalado los propios medios otros episodios de violencia hacia la menor por parte de su victimario (insultos ante sus compañeros de clase, amenazas) entendieron los periodistas que el asesinato formaba parte de todo un proceso mayor de violencia: la violencia que se ejerce contra la una mujer cuando se considera una propiedad. En ningún momento [3] ningún diario encuadró lo ocurrido como una consecuencia de la violencia de género, ningun medio lo conceptualizó como tal y en consecuencia ninguno lo denominó como tal. “El caso de El Salobral parece claro: obsesión, acoso, insultos hacia la niña, e incluso varias denuncias de la familia contra el agresor. Sin embargo, la definición de violencia de género o de violencia machista brilla por su ausencia” (Requena, A., 2012). “Es violencia de género en toda su intensidad, e incluso más allá, puesto que se trata de una niña de 13 años, cuyo consentimiento para tener una relación, en el caso de que lo hubiera, estaría viciado. Está fuera de lugar hablar de si la niña consentía o no. Él es un asesino, punto y final, da igual lo que hubiera entre ellos” (Consuelo Abril, en Requena, A., 2012). LARAZÓN Sección sucesos Móvil pasional Amor fatal ELMUNDO Depresión Testimonio madre Ella: familia desestructurada PÚBLICO Vecinos "normal" Ha matado a una niña y a un hombre Relación consentida ABC Familia "buena gente" Enajenación Cuestión sentimental (sic) Figura 1. Cuadro resumen con los elementos significativos del tratamiento informativo del crimen de El Salobral. [Elaboración propia]. Este caso y su tratamiento por parte de la prensa es sintomático de, por un lado, una mala praxis profesional y de un tratamiento defectuoso que contradice los principales consensos éticos vigentes [4] y, de otro, de una clara falta de identificación conceptual. En este sentido cabe hacer al menos dos reflexiones: en primer lugar, hay que reflexionar sobre el propio concepto de violencia de género que se maneja a nivel periodístico como para que casos tan flagrantes como el que se ha expuesto no sean
50 CONGRESO PARA EL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Figura 2. Usos terminológicos en las noticias publicadas por El País y El Mundo los años 2000, 2004 y 2008. [7] 2000 Sin terminología Violencia género Violencia machista Maltrato Violencia doméstica Violencia contra la mujer Otras Varias 0 20 40 60 80 2004 2008 identificados como tal. Encuadres noticiosos como los referenciados no hacen sino demostrar la falta de claridad con la que los medios de comunicación y la prensa en particular (de la cual por medio ilustrado tradicional y por rutinas de trabajo más distentidas en la actualidad caben esperarse las informaciones mejor producidas) trasladan el problema de la violencia de género. • Un estudio aún no publicado revela, por ejemplo, que la mayoría de las informaciones que abordan el tema de la violencia de género en la prensa española circunscriben ésta a noticias sobre agresiones de tipo físico en el ámbito de afectivo. Y cómo del conjunto de noticias publicadas que refieren una agresión de género solamente la mitad de ellas poseen una referencia terminológica clara. Un estudio aún no publicado [5] revela, por ejemplo, que la mayoría de las informaciones que abordan el tema de la violencia de género en la prensa española circunscriben ésta a noticias sobre agresiones de tipo físico en el ámbito afectivo. Y cómo del conjunto de noticias publicadas que refieren una agresión de género solamente la mitad de ellas poseen una referencia terminológica clara. O lo que es igual: la mitad de las agresiones de género quedan sin identificar cayendo en el limbo de los sucesos desgraciados que les suceden a las mujeres. Como en el caso de El Salobral [6]. No solamente a la cuestión de la identificación conceptual se ciñe esta propuesta de reflexión sino que también se hace patente la necesidad de revisar el marco ético y deontológico existente. Parece inaudito que tras más de una década reflexionando al respecto y con un haber de más de una treintena de