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Boletín de Filología, Tomo LVIII Número 1 (2023): 47-91 Entre lo individual y lo histórico. El lugar de las tradiciones discursivas en la tripartición coseriana del lenguaje Araceli López Serena1 Universidad de Sevilla, España Resumen Este trabajo aborda la falta de consenso que, en el seno de la corriente de las tradiciones discursivas (TD), y en relación con la tripartición coseriana del lenguaje en los niveles universal, histórico e individual, deriva del hecho de que Peter Koch considere que las TD son entidades que deben formar parte del nivel histórico, mientras que autores como Johannes Kabatek o Franz Lebsanft entienden que es obligado situarlas en el nivel individual. Específicamente, el artículo se propone mostrar los criterios en que se fundamenta el esquema construido por Coseriu al entrecruzar su tripartición de niveles con la tripartición aristotélico-humdoldtiana constituida por los conceptos de enérgeia, dínamis y ergon, a fin de mostrar que las diferencias que la posición de Koch manifiesta con respecto a la propuesta originaria de Coseriu –a la que Kabatek y Lebsanft permanecen fieles– se pueden explicar atendiendo a cómo se conciben, en uno y otro caso, tanto la oposición entre materia y objeto de estudio como la ontología de la materia de estudio. En este sentido, el trabajo pone también de 1 Para correspondencia, dirigirse a: Araceli López Serena ([email protected]), Universidad de Sevilla, Facultad de Filología, C/ Palos de la Frontera, s/n, CP 41004, Sevilla, España. ORCID iD: 0000-0001-6987-6551.
48 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 relieve la estrecha vinculación entre epistemología y ontología que se comprueba cuando se examinan con detenimiento los cimientos de la célebre tripartición coseriana. Palabras clave: tradiciones discursivas; nivel histórico del lenguaje; nivel individual del lenguaje; saber idiomático; saber discursivo; materia de estudio; objeto de estudio; enérgeia; ergon Are discourse traditions individual or historical entities? The place of DTs in Eugenio Coseriu’s tripartition of language Abstract This paper addresses the lack of consensus within the field of discourse traditions (DTs) −and more precisely regarding the Coserian tripartition of language into universal, historical, and individual levels− which results from Peter Koch’s understanding of DTs as entities meant to be embedded in the historical level, as opposed to that of Johannes Kabatek or Franz Lebsanft, according to whom they must be placed at the individual level. The specific aim sought is to show the criteria on which the scheme constructed by Coseriu relies by interweaving his tripartition of levels with the AristotelianHumboldtian one −in turn structured around the concepts of energeia, dynamis and ergon. The article thus reveals that the extent to which Koch’s position differs from Coseriu’s original proposal −to which Kabatek and Lebsanft remain faithful− can be explained in terms of how the opposition between the subject and the object of study and the ontology of the former is conceived in each case. Added to the above, this article likewise highlights the close link tying epistemology to ontology which becomes evident when closely examining the foundations that underpin the well-known Coserian tripartition. Keywords: discourse traditions; historical level of language; individual level of language; idiomatic knowledge; discursive knowledge; subject of study; object of study; energeia; ergon Recibido: 10/12/22 Aceptado: 25/04/23
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 49 1. INTRODUCCIÓN En el seno de la corriente de las tradiciones discursivas (TD) hay disensiones teóricas que parecen condenadas a pasar inadvertidas y que, por este motivo, pueden llegar a considerarse marginales con respecto a otros debates a los que los especialistas han conferido mayor protagonismo. Uno de estos marginalia, cuya ostensible “invisibilidad” no puede dejar de sorprender, concierne al lugar que, dentro de la célebre tripartición coseriana del lenguaje en los niveles universal, histórico e individual, deberían ocupar las TD. A este respecto, llaman poderosamente la atención dos cuestiones. Por un lado, que las dos aproximaciones al concepto de TD que mayor repercusión han alcanzado –me refiero, naturalmente, a la acuñación originaria del concepto por parte de Peter Koch (1987) (cf. asimismo Koch 1997, 2008) y a los desarrollos teórico-metodológicos posteriores de Johannes Kabatek (cf., especialmente, Kabatek 2005, 2015, 2018)– diverjan justamente en relación con la adscripción de las TD, ya sea al nivel histórico, ya sea al nivel individual de la tripartición coseriana del lenguaje. Por otro lado, que, en los trabajos que se adhieren específicamente a este paradigma de investigación, la mayoría de los autores remita indistinta –e incluso conjuntamente– a las concepciones de ambos autores, sin considerar –como ya se dejó entrever en López Serena (2021a: 490-493)– que pueda haber incompatibilidad alguna entre ellas. La vinculación vacilante de las TD ora con el nivel individual ora con el nivel histórico de la tripartición coseriana del lenguaje que se observa en la bibliografía es uno de los factores que contribuye a la falta de una delimitación clara de esta noción, al tiempo que conduce a un encaje solamente parcial, y en ocasiones también espurio, de las TD dentro del célebre esquema tripartito coseriano del que Koch (1987) se valió explícitamente en su acuñación teórica del concepto. Probablemente, la cohabitación aparentemente armoniosa de las definiciones de las TD que ubican esta noción en el nivel histórico del lenguaje con las que la sitúan en el nivel individual se deba al hecho de que, en este campo de investigación, son abrumadoramente mayoritarias las aproximaciones descriptivas, que suelen hacer caso omiso de problemas teóricos como el que se aborda en estas páginas. En este sentido, en López Serena (2021b) se ponía de manifiesto la diferencia que suponía, en el modo en que se conciben las TD, acercarse a su consideración, “bien con una perspectiva en la que las TD formen parte de la materia de estudio de una determinada investigación, bien con un enfoque que las erija en objeto de estudio” (López Serena 2021b: 2).
50 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 La distinción entre materia y objeto de estudio se utiliza en el campo de la filosofía de la ciencia como diferenciación entre la realidad fenoménica preteórica, a la que se suele denominar materia de estudio, y las abstracciones o constructos que se instituyen como objetos de estudio una vez que se aborda la investigación propiamente dicha (cf. Fernández Pérez 1993: 213215; 1999: 23; Gimeno Menéndez 1995: 22; Martí Sánchez 1998, cap. 6; López Serena 2006: 304; 2019b: 14, n. 2; 2021b: §1, n. 3)2. En el marco de la lingüística de filiación coseriana en el que se inserta el desarrollo teórico de la corriente de las TD, existen dos distinciones terminológicas equiparables a esta. Me refiero a las diferenciaciones que se establecen tanto entre los términos variación y variedad(es) como entre los términos datos y hechos lingüísticos. En efecto (cf., p. ej., López Serena 2013), dentro de la teoría lingüística de inspiración coseriana, el término variedades se emplea conscientemente de forma diferenciada con respecto al término variación para subrayar la necesidad de distinguir, por un lado, la realidad de la existencia –podríamos decir, en bruto– de la variación lingüística, independientemente del tipo de enfoque teórico adoptado para describirla, y, por otro, la abstracción de un conjunto de variedades instituidas por el lingüista como constructos metodológicos. En tanto que constructos metodológicos, los distintos tipos de variedades establecidos por un determinado enfoque de investigación derivan de una elaboración teóricometodológica específica y no deben confundirse con la realidad primigenia de la variación que se intenta aprehender con su ayuda3. En este sentido, la separación entre variación y variedades, dentro de la lingüística de filiación coseriana, es émula de la oposición que la filosofía de la ciencia establece entre la realidad fenoménica pre-teórica o materia de estudio y los objetos de estudio construidos desde una perspectiva teórica específica. Lo mismo 2 En López Serena (2021b), se proponía una formulación ligeramente distinta de esta misma distinción, que se vuelve a reproducir aquí por si esta otra enunciación de la misma oposición pudiera facilitar su comprensión: “con el término materia se hace referencia a la realidad fenoménica en toda su heterogeneidad y complejidad, en nuestro caso, a la complejidad y la heterogeneidad que imperan en todas las manifestaciones lingüísticas. A partir de esta realidad fenoménica –o materia de estudio–, los científicos, en nuestro caso los lingüistas, delimitamos y perfilamos objetos de estudio específicos en virtud de determinados criterios e intereses de investigación y sometiendo la materia de estudio a procesos de abstracción, modelización e interpretación a través de los cuales esta deja de ser realidad fenoménica y se torna constructo teórico”. 3 De ahí que, como acertadamente puso de relieve Fernández Pérez (1999), no podamos utilizar como sinónimos los términos que designan a los constructos teóricos con los que se aprehende la variación en escuelas metodológicamente divergentes como la sociolingüística y el funcionalismo europeos.
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 51 ocurre, en este mismo marco teórico, con la distinción entre datos y hechos lingüísticos, en la que solía insistir Wulf Oesterreicher, en términos como los siguientes: (1) Una comprensión correcta de los textos y de los elementos que los integran es, por así decirlo, un requisito previo para lo que tenemos que hacer nosotros como lingüistas: es decir, transformar, en la perspectiva de opciones teóricas y metodológicas determinadas, estos datos en hechos lingüísticos. Y es evidente que este trabajo presupone una serie de abstracciones, distanciamientos, clasificaciones, categorizaciones e interpretaciones que se dan siempre a la luz de opciones teóricas determinadas que nos conducen al establecimiento y la descripción de hechos lingüísticos (Oesterreicher 2008: 240; la cursiva y la versalita son mías)4. Como se ha señalado, la importancia de la diferenciación entre materia y objeto de estudio en relación con la falta de una definición inequívoca del concepto de TD en el marco de la corriente específica de estudios de historia de la lengua que ha integrado esta noción en la investigación diacrónica ha sido puesta ya de relieve en López Serena (2021a) y (2021b)5, donde se sostiene que muchos desacuerdos a este respecto derivan, en gran medida, de la confusión que emerge cuando no se distinguen con claridad los enfoques que abordan las TD desde una perspectiva de materia de estudio, es decir, adoptando un punto de vista esencialmente descriptivo, frente a aquellos que se aproximan a la misma cuestión con una perspectiva de objeto de estudio e intereses, por tanto, más bien teóricos. Específicamente, López Serena (2021b) se proponía mostrar que, en efecto, existen dos puntos de vista distintos a la hora de definir una TD, que están determinados por la adopción de una perspectiva de materia o de una perspectiva de objeto, respectivamente. Adicionalmente, ese trabajo aceptaba, como perfectamente legítimo, que ambos puntos de vista coexistieran en la bibliografía, siempre y cuando se procurara no mezclarlos de forma inadvertida entre sí. Retomando ahora, de nuevo, esta vez con una finalidad diversa, la distinción entre materia y objeto de estudio, el presente artículo parte de esta misma diferenciación terminológica y conceptual con el propósito de poner de relieve qué lleva a Peter Koch a situar las TD, no en el nivel individual, con el que Coseriu 4 A lo largo de todo el artículo, se enumeran sistemáticamente las citas sangradas, para que resulte más fácil localizar de nuevo estos pasajes en las frecuentes remisiones internas que se realizan. 5 Cf. asimismo López Serena (2023a, 2023b, 2023c); Kabatek y López Serena (en prensa).
52 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 asocia el saber expresivo o discursivo –al que, como se verá, tiene más sentido asociar las TD–, sino en el nivel histórico de la tripartición coseriana del lenguaje. A este respecto, conviene recordar que, en la concepción originaria de Peter Koch, las TD forman parte del nivel histórico del lenguaje (cf. infra § 3). Con posterioridad a la acuñación teórica del concepto por parte de Koch (1987), en fechas relativamente recientes, otros autores (cf. Lebsanft 2005, 2006; Kabatek 2015) insistieron en la necesidad de considerarlas entidades del nivel individual. En relación con esta disconformidad, el presente trabajo persigue mostrar hasta qué punto la diferenciación filosófico-científica entre materia y objeto de estudio puede ayudarnos a explicar en qué medida la visión de Koch diverge de la de Coseriu –y, por tanto, también de la de Lebsanft y Kabatek–. A tal fin, se prestará atención, esencialmente, a dos aspectos: la naturaleza que Coseriu y Koch atribuyen al discurso entendido como materia de estudio y la posibilidad de equiparar o no materia de estudio y nivel individual del lenguaje, por un lado, y objeto de estudio y niveles histórico y universal del lenguaje, por otro6. De acuerdo con este propósito, la exposición se articulará del siguiente modo. En primer lugar (§ 2), resulta ineludible comenzar por la presentación de la tripartición del lenguaje en los niveles universal, histórico e individual, tal y como esta fue formulada por el propio Coseriu. A continuación (§ 3), se expondrá la concepción de esta misma tripartición que sirvió de base a Peter Koch para la acuñación de la noción de TD, una concepción según la cual –como ya se ha anticipado– las TD se ubican en el nivel histórico del lenguaje. A renglón seguido (§ 4), se analizará en qué medida el alejamiento, por parte de Koch, de los criterios en que Coseriu fundamentó la intersección entre la tripartición de niveles y el trinomio aristotélico-humboldtiano, conformado por las nociones de enérgeia, dínamis y ergon, condujo a una interpretación espuria del nivel individual del lenguaje y a la consiguiente ubicación de las TD en el nivel histórico. Por último (§ 5), se discutirá también hasta qué punto la diferenciación entre materia y objeto de estudio que subyace a la visión de Peter Koch diverge de la forma en que el propio Coseriu relacionaba esta misma distinción con los niveles universal, histórico y actual del lenguaje, sobre todo en relación con la naturaleza que uno y otro autor atribuyen a la materia de estudio. A este último respecto, se pondrá de relieve la profunda coherencia que, en el pensamiento coseriano, vincula la decisión sobre el 6 Una primera respuesta al interrogante que subyace a este trabajo se anticipa ya, muy sucintamente, y relegada a la condición de apostillas a pie de página, en López Serena (2021b: nn. 10 y 11).
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 53 tipo de ontología que este autor atribuye al hablar como materia de estudio de la lingüística con la concepción epistemológica hermenéutica, de acuerdo con la cual la investigación lingüística se fundamenta en los estándares específicos de las ciencias humanas7. 2. LOS NIVELES UNIVERSAL, HISTÓRICO E INDIVIDUAL DEL LENGUAJE Un aspecto bien conocido de la teoría lingüística de Eugenio Coseriu es la crítica que este autor realiza a propósito de las concepciones del cambio lingüístico cuyo punto de partida es una (2) lengua abstracta –y, por lo tanto, estática–, separada del hablar y considerada como cosa hecha, como ergon, sin siquiera preguntarse qué son y cómo existen realmente las lenguas y qué significa propiamente un ‘cambio’ en una lengua (Coseriu 1957[19883]: 29). Precisamente para evitar cometer este error, Coseriu no concibe la lengua como un objeto ya dado, como un producto estático –reificado– (un ἔργον). Por el contrario, prefiere considerarla como una técnica (τέχνη) que se domina como parte de un saber hacer (δύναμις) que posibilita que la actividad (ἐνέργεια) de hablar, que deben llevar a cabo siempre, necesariamente, determinados individuos concretos en situaciones particulares8, sea realizada por estos en su condición de miembros de comunidades históricas; de ahí que Coseriu afirme: (3) El lenguaje es una actividad humana universal que se realiza individualmente, pero siempre según técnicas históricamente determinadas [...]. En el lenguaje se pueden, por tanto, distinguir tres niveles: uno universal, otro histórico y otro individual [...] (Coseriu 1981: 269). 7 Una exposición detallada de la concepción epistemológica de la lingüística como ciencia humana que subyace a todo el pensamiento coseriano en su conjunto, y que por limitaciones de espacio será imposible ofrecer aquí, se puede encontrar en López Serena (2019a). Cf. asimismo López Serena (2019b, 2021c, 2022). 8 Cf. infra cita (8).
54 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 En sintonía con esta definición, que reproducimos aquí a partir de Lecciones de lingüística general, aunque también se puede consultar en otros trabajos9, Coseriu considera –en este caso la cita procede de su Lingüística del texto– que (4) [t]oda forma de saber hablar puede entenderse como una técnica [= saber hacer, τέχνη][...]. En analogía con las distinciones [entre los distintos niveles de la actividad del hablar], cabe distinguir diversas técnicas del hablar: la técnica del hablar en general; la técnica de la lengua histórica; y, finalmente, la técnica de los textos, esto es, el saber sobre cómo se configuran determinados textos o clases de texto (Coseriu 2007: 139-140). El segundo de estos pasajes –señalado como (4)– es el que subyace al diseño de la Figura 1, a la que es habitual aludir cuando se exponen las diferentes dimensiones de la actividad del hablar y del saber lingüístico con las que se opera en la teoría del lenguaje de Eugenio Coseriu: NIVEL UNIVERSAL SABER ELOCUCIONAL saber hablar en general, de acuerdo con los principios generales del pensar y con la experiencia general humana acerca del mundo NIVEL HISTÓRICO SABER IDIOMÁTICO saber hablar de acuerdo con las normas de la lengua que se realiza NIVEL INDIVIDUAL/ACTUAL SABER EXPRESIVO saber hablar en situaciones determinadas, saber estructurar los discursos de acuerdo con las normas de cada uno de sus tipos Figura 1. Los niveles universal, histórico y actual del lenguaje y los saberes elocucional, idiomático y expresivo de acuerdo con la propuesta de Coseriu (1956-57) (cf. ahora Coseriu 2019: 32) Cuando se consultan los diversos trabajos en los que Coseriu introduce su célebre tripartición (cf., fundamentalmente, Coseriu 1956-57, 1981, [1988]1992, 2007, 2019), por un lado, se constata recurrentemente que lo que 9 Cf. infra cita (10).
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 55 más interesa a este autor, en relación con la propuesta que recoge la figura 1, es poner de relieve que la competencia lingüística no es exclusivamente competencia idiomática, sino que en ella convergen necesariamente tres tipos de saberes que precisan ser diferenciados entre sí: el saber elocucional, que se evalúa en términos de lo que Coseriu denomina congruencia e incongruencia10; el saber idiomático, al que corresponden los juicios de (in) corrección, y el saber discursivo, cuya ejecución se valora como adecuada o inadecuada. En efecto, para Coseriu es fundamental que se comprenda que el dominio de cada uno de estos saberes es independiente del dominio de los otros dos, de forma que, por ejemplo, alguien puede saber hablar en general, pero tener deficiencias en cuanto al saber idiomático y en cuanto al saber discursivo –o viceversa–11. También es importante, en su propuesta –aunque, hasta donde sé, nadie parece haber reparado en la vinculación que existe entre esta idea y uno de los postulados fundamentales de la corriente de las TD12–, que (5) [l]os juicios que se emiten en los tres planos del hablar [juicios de congruencia, de corrección y de adecuación respectivamente] presentan una característica general: pueden ser anulados de abajo arriba. Si algo es adecuado, es indiferente si es correcto o congruente, y si algo es correcto, no importa si es también congruente. Así pues, la adecuación puede anular la incorrección y la incongruencia, y la corrección puede anular la incongruencia (Coseriu [1988]1992: 104). 10 Si se vuelve a la Figura 1 supra, se verá más claro que, para Coseriu, congruente equivale a concorde con los principios generales del pensar y con la experiencia general humana acerca del mundo. 11 “Estos tres niveles son, hasta cierto punto, autónomos” (Coseriu 1981: 266). Como el propio Coseriu señalaba, esta autonomía era fácilmente comprobable si se atendía al hecho de que, en ocasiones, las normas idiomáticas contravienen los principios generales del pensar propios del saber elocutivo (por ejemplo, cuando se convencionalizan expresiones que infringen el principio de no redundancia, como “ver algo con nuestros propios ojos” o “subir para arriba”). Asimismo es posible que las normas propias del saber discursivo contravengan las normas idiomáticas, o, como lo expresaba el propio Coseriu, es posible que “las reglas del nivel de las lenguas pued[a]n quedar en suspenso en el texto, es decir, pueden dejar de aplicarse por la configuración tradicional del texto o por alguna motivación que se encuentra en el texto mismo” (Coseriu 2007: 133) (como ocurre cuando, por ejemplo, voluntariamente, se omiten determinadas palabras funcionales en un telegrama; cf. Coseriu 2007: 133-136; 2019). 12 Me refiero al postulado de que la consideración de los aspectos discursivo-tradicionales es indispensable cuando se analiza cualquier corpus de datos lingüísticos, en la medida en que lo discursivo-tradicional puede afectar a la aparición o inhibición de determinados fenómenos idiomáticos (cf. López Serena 2021a).
62 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 lingüísticas históricamente constituidas […] (lenguas históricas o «idiomas», dialectos, etc.)” (Coseriu 1977: 242), mientras que el nivel individual del texto o discurso se refiere a “un acto de hablar o una serie conexa de actos de hablar de un individuo en una situación determinada” (Coseriu 1977: 242) 23. Una vez que expone sucintamente la tripartición coseriana, Koch señala que esta, “evidentemente”, constituye (11) una separación puramente analítica de aspectos de la respectiva realidad lingüística concreta, en la que la secuencia a - b – c[24] corresponde a una determinación creciente desde lo general, pasando por lo particular, hasta llegar a lo individual (Koch 1987: 22; la cursiva y la traducción son mías)25. En el mismo contexto, afirma que (12) según los tres niveles de lo lingüístico hay que distinguir claramente entre reglas del lenguaje, reglas de la lengua y reglas del discurso (Koch 1987: 26; la traducción es mía)26, y, de acuerdo con esto, en relación con la participación, en la interpretación que de cada enunciado realiza el receptor, tanto de elementos típicos como de elementos idiosincrásicos, introduce por primera vez el término tradición discursiva y lo hace en relación con el nivel del discurso: (13) En el nivel del discurso, el oyente tiene a su disposición todos los datos típicos y únicos que le permiten construir el sentido individual a partir del enunciado. Su tarea se ve facilitada por ciertas tradiciones 23 Coseriu (1977: 242) dice exactamente: “un acto de hablar o una serie conexa de actos de hablar de un individuo en una situación determinada es un texto (hablado o escrito)”. Sobre la concepción coseriana del texto como enérgeia y no como ergon, cf. supra cita (8). 24 Cf. supra en la cita (9) los aspectos a los que corresponden las letras a, b y c en este pasaje. 25 El pasaje original alemán decía: “Selbstverständlich handelt es sich um eine rein analytische Trennung von Aspekten der je konkreten Sprachwirklichkeit, wobei der Reihenfolge a - b - c eine zunehmende Determinierung vom Allgemienen über das Besondere zum Einzelnen hin entspricht” (Koch 1987: 22). Obsérvese cómo el adjetivo analítica nos avisa de que se trata de una separación que no se encuentra como tal en la materia de estudio, sino que se efectúa en el nivel del objeto de estudio. Cf., a este respecto, el final de la nota 14 supra. 26 “Es ist dann unerläßlich, entsprechend den drei Ebenen des Sprachlichen zwischen Sprechregeln, Sprachregeln und Diskursregeln zu unterscheiden” (Koch 1987: 26).
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 63 discursivas que conforman sus expectativas de recepción (Koch 1987: 27; la traducción es mía)27. Ahora bien, mientras que hasta ese momento Koch se había mantenido, en su exposición, absolutamente fiel a la doctrina de Coseriu, en el momento de hacer intervenir los conceptos aristotélico-humboldtianos de enérgeia, dínamis y ergon no duda en distanciarse de lo que hemos visto que Coseriu ([1988]1992) esboza en la figura 2, si bien las referencias a las que apela Koch, en este sentido, son, naturalmente otras, concretamente Coseriu (195556: 31; 1968: 95 ss.28; 1976: 21s. y 44ss.; 1981: 272ss.). Acudiremos, por razones de prioridad cronológica, en primer lugar, al trabajo más antiguo de todos los que menciona Koch: Coseriu (1955-56). Pese a la longitud de la cita, la precisión con la que en ella se explicitan los fundamentos de la triple serie de triparticiones que se refleja en la figura 2 –y la relevancia del contenido de la nota a pie de página que se reproduce entre corchetes en esta cita, sobre la que volveremos en § 5– hace que merezca la pena dar cabida al pasaje completo: (14) [E]l lenguaje se da concretamente como actividad, o sea, como hablar (la afirmación de Humboldt de que el lenguaje no es ἔργον sino ἐνέργεια no es una paradoja o una metáfora, sino una simple comprobación. Más aún: sólo porque se da como actividad puede estudiarse también como “producto” [en nota: Aquello que se da efectiva y primariamente como “producto” no puede estudiarse como tal (si se desconoce la actividad), sino sólo como “cosa”]. En efecto, para recordar una distinción aristotélica, una actividad puede considerarse: a) como tal, κατ’ ἐνέργειαν; b) como actividad en potencia, κατά δύναμιν; y c) como actividad realizada en sus productos, κατ’ ἔργον. No se trata, evidentemente, de tres realidades distintas, sino de tres aspectos, mejor dicho, de tres modos de considerar la misma realidad. Por otra parte, el hablar es una actividad universal 27 “Auf der Ebene des Diskurses hat der Hörer sämtliche typischen und bloß einmaligen Daten zur Verfügung, die ihm die Konstruktion des individuellen Sinnes anhand der Äußerung erlauben. Seine Aufgabe wird ihm erleichtert durch bestimmte Diskurstraditionen, die seine Rezeptionserwartungen vorprägen” (Koch 1987: 27). 28 Koch se refiere a la edición alemana de 1968 de “Der Mensch und seine Sprache”. En las referencias bibliográficas finales de este trabajo, se incluye únicamente la versión española de esa publicación que se recoge en El hombre y su lenguaje (Coseriu 1977). En ella la interpretación coseriana del uso, por parte de Humdoldt, de la distinción aristotélica entre enérgeia (Tätigkeit) y ergon (Werk) se expone de manera particularmente detallada entre las páginas 20 y 22.
64 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 que se realiza por individuos particulares, en cuanto miembros de comunidades históricas. Por lo tanto, puede considerarse en sentido universal, en sentido particular y en sentido histórico. El hablar κατά δύναμιν es el saber hablar, en el cual pueden distinguirse un escalón universal, otro particular, y otro histórico: este último es, precisamente, la “lengua” como acervo idiomático, o sea, como saber hablar según la tradición de una comunidad. El hablar κατ› ἐνέργειαν es, en lo universal, el hablar simplemente: la actividad lingüística concreta, considerada en general; en lo particular, es el discurso (el acto o la serie de actos) de tal individuo en tal oportunidad; y en lo histórico es la lengua concreta, o sea, un modo de hablar peculiar de una comunidad, que se comprueba en la actividad lingüística como aspecto esencial de la misma [sic]. En cuanto al hablar κατ’ ἔργον, no puede haber un punto de vista propiamente universal, pues se trata siempre de “productos” particulares: a lo sumo, puede hablarse de la “totalidad de los textos”. En lo particular, el habla como “producto” es, justamente, el texto; y en lo histórico se identifica nuevamente con la “lengua”, pues el “producto histórico”, en la medida en que se conserva (o sea, en la medida en que se acepta como modelo para actos ulteriores y se inserta en la tradición), se vuelve hablar κατά δύναμιν, es decir, saber lingüístico (Coseriu 1955-56: 31). En cuanto al segundo de los trabajos a los que remite Koch, “Der Mensch und seine Sprache”, que citaremos a partir de la versión española que abre el libro de idéntico título, El hombre y su lenguaje (Coseriu 1977), en él Coseriu es, de nuevo, muy claro con respecto a su concepción de la parole como enérgeia, así como en relación con la sinonimia que sistemáticamente establece entre el hablar y el discurso entendidos como actividades, no como productos29. Y lo es también con la idea de que la única forma de existencia del lenguaje es el hablar: (15) La primera comprobación con respecto al lenguaje –y que, por así decir, se nos impone ya a primera vista– es la de que el lenguaje se presenta concretamente como una actividad humana específica y fácilmente reconocible, a saber, como hablar o «discurso» (Coseriu 1977: 13). 29 “En el nivel individual, el lenguaje como actividad es el «discurso», es decir, el acto lingüístico (o la serie de actos lingüísticos conexos) de un individuo determinado en una situación determinada” (Coseriu 1981: 268).
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 65 (16) Una lengua, considerada como aislada del hablar que le corresponde, es un hecho histórico objetivo[30], un «objeto histórico» y es, por tanto, fácil de «cosificar» tal objeto y concebirlo por medio de un concepto sustantivo. Con ello, claro está, se pasa por alto que, en rigor, el modo de ser del lenguaje es, por así decirlo, un modo «verbal» (por tratarse de una actividad) y que las técnicas históricas del hablar son, en el mismo sentido, «adverbiales», siendo modalidades del hablar (Coseriu 1977: 17). A este respecto, Koch considera, con Coseriu, que, efectivamente, (17) el aspecto de la ἐνέργεια puede aplicarse a los tres niveles. A partir de la existencia de la actividad universal del hablar, cada lengua individual o variedad lingüística individual es una manifestación histórico-tradicional de la actividad de hablar [...] y cada discurso como acto lingüístico concreto es un acontecimiento individual de la actividad de hablar (Koch 1987: 29; énfasis original; la traducción es mía)31. Sin embargo, por lo que concierne al punto de vista del ἔργον, Koch entiende que este (18) solo puede aplicarse realmente al discurso: el “texto” como resultado del acto de habla individual [...]. La lengua particular como ἔργον, en cambio, no se da empíricamente en absoluto (solo “artificializada” en la descripción gramatical y léxica. [Y tampoco] la actividad universal del hablar […] tiene sentido como ἔργον, ya que en cada caso solo surgen ocurrencias individuales del hablar (Koch 1987: 29-30; la traducción es mía)32. En realidad, Coseriu podría haber estado de acuerdo con esto, ya que él mismo señala que 30 Esta sería la lengua considerada como ergon. 31 “Der Aspekt der ἐνέργεια kann […] auf alle drei Ebenen angewandt werden. Nachdem es die universale Sprechtätigkeit gibt, ist jede Einzelsprache bzw. einzelsprachliche Varietät eine historisch-traditionelle Manifestation von Sprechtätigkeit [...] und jeder Diskurs als konkrete Rede ein individuelles Ereignis von Sprechtätigkeit” (Koch 1987: 29; énfasis original). 32 “Der Aspekt der ἔργον läßt sich demgegenüber nur auf den Diskurs wirklich anwenden: der “Text” als Ergebnis des individuellen Sprechereignisses […]. Die Einzelsprache als ἔργον kommt dagegen empirisch gar nicht vor (nur “verkünsltlicht” in der grammatikalischen und lexikalischen Beschreibung. Die universal Sprechtätigkeit ergibt als ἔργον keinen Sinn, da nur je einzelne Erbegnisse des Sprechens entstehen” (Koch 1987: 29-30).
66 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 (19) [c]omo producto […], la lengua no se presenta nunca de forma concreta, ya que todo cuanto en este nivel se «produce» (se crea), o permanece en estado de hápax (expresión dicha solo una vez), o, si se adopta y se conserva históricamente, entra a formar parte del saber tradicional. En este sentido, la lengua no es nunca ἔργον: ἔργον, producto, puede ser sólo la lengua «abstracta», o sea, la lengua deducida del hablar y objetivada en una gramática y en un diccionario (Coseriu 1981: 268-269). Más difícil es, sin embargo, conceder que Coseriu pudiera haber aceptado la postura esgrimida por Koch en relación con el punto de vista de la δύναμις, que, en opinión de este último, “solo puede aplicarse a la actividad de hablar y a la lengua particular” (Koch 1987: 30)33. En efecto, para Koch, “la consideración del discurso como δύναμις plantea dificultades considerables” (ibid.). A este respecto, él entiende que solo son concebibles dos posibilidades: interpretar la δύναμις discursiva como acervo idiomático individual de un hablante particular, o considerar que se refiere al saber expresivo34. Sin embargo, ninguna de las dos opciones le parece admisible, toda vez que entiende que “si se define con mayor precisión el nivel del discurso, estos dos dominios no pueden corresponder al discurso como δύναμις, sino que deben integrarse como dominios separados en el modelo de tres niveles” (ibid.; la cursiva es mía)35. Ahora bien, ¿cómo habría que definir, según Koch, con mayor precisión, el nivel del discurso? La respuesta nos la proporciona él mismo: como nivel actual del lenguaje, por oposición con respecto a los niveles de la actividad universal del hablar y de la lengua particular, que se conciben como virtuales (cf. Koch 1987: 30) y, en realidad, como se puede ver en las figuras 6 y 7 –que ya se reprodujeron en López Serena (2021b), y que traduzco a partir de su tesis de habilitación–, como ergon: 33 “Der Aspekt der δύναμις, der auf das unter 2.1.2. angesprochene sprachliche Wissen verweist, läßt sich nur auf der Grundlage des intensionalen Inklusionesverhältnisses (Schema 1) auf die Sprechtätigkeit und die Einzelsprache anwenden” (Koch 1987: 30). 34 Esto último es lo que precisamente sostiene Coseriu. 35 “Wenn man die Ebene des Diskurses genauer definitiert, diese beiden Bereiche nicht dem Diskurs als δύναμις entsprechen können, sondern als eigene Bereiche in das Drei-EbenenModell integriert werden müssen” (Koch 1987: 30). Como se verá más adelante, en lo que Koch considera “definir con mayor precisión el nivel discurso”, cuyo resultado es la consideración exclusiva del discurso como ergon, radica precisamente el origen de su reinterpretación de la doctrina de Coseriu, para quien, como se ha señalado reiteradamente en estas páginas, el discurso es esencialmente enérgeia.
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 67 Relacionado con la lengua (sprachbezogen) Idiomático (sprachlich) Actual (aktuell) Individual (individuell)Saber (δύναμις) Histórico (historisch) Sujeto a reglas (regelhaft) Lenguaje (Sprechtätigkeit)+ - - - - + Lengua (Einzelsprache)+ - - + + Tradición discursiva (Diskurstradition)+ - - - + + Acervo idiomático individual (Individualsprache) + - - + + + Discurso (Diskurs)+ - + + - - Figura 6. La naturaleza lingüística, idiomática, actual, individual y técnica del lenguaje, la lengua, la tradición discursiva, el acervo idiomático individual y el discurso (apud Koch 1987: 33; el sombreado es mío) ἐνέργεια δύναμις ἔργον Nivel universal Lenguaje (Sprechtätigkeit) Hablar en general Saber elocutivo (reglas del lenguaje) Ø Nivel histórico Lengua Práctica de una lengua histórica Saber idiomático (reglas idiomáticas) (gramática, diccionarios, etc.) Tradición discursiva Práctica de una tradición discursiva Saber expresivo (reglas discursivas) (retórica, poética, estilística, etc.) Acervo idiomático individual Práctica lingüística individual Acervo idiomático individual (idiomático, expresivo, idiolectal) (análisis estilístico de autores específicos, etc.) Nivel actual discurso habla Ø “texto” Figura 7. El lenguaje, las lenguas, las tradiciones discursivas, los acervos idiomáticos individuales y los discursos y sus correspondencias con los niveles universal, histórico y actual del lenguaje (apud Koch 1987: 35; el sombreado es mío)
68 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 Parece pues, evidente, que Koch entiende el discurso exclusivamente como el producto de la puesta en práctica de los distintos tipos de saberes de los que dispone el hablante36, lo que explica su decisión de situar el conocimiento relacionado con la producción del discurso por encima de ese nivel individual y, concretamente, dentro del nivel histórico de la competencia del hablante, como hace en la única de las figuras procedentes de su tesis de habilitación que llegó a utilizar también en trabajos efectivamente publicados: NIVEL DOMINIO TIPO DE REGLAS universal actividad del hablar reglas elocucionales histórico lengua histórica particular reglas idiomáticas tradición discursiva reglas discursivas actual/individual discurso Figura 8. Niveles y dominios de lo lingüístico (apud Koch 1997: 45; cf. también Koch 2008: 54) Así pues, al reelaborar el esquema tripartito coseriano para duplicar, tal y como se muestra en las Figuras 6, 7 y 8 supra, el nivel histórico del lenguaje, al tiempo que aplica al esquema originario de Coseriu la oposición virtual frente a actual, Koch también reinterpreta el nivel individual del lenguaje, que, como hemos visto, para Coseriu es, esencialmente, enérgeia, como el 36 Aunque también Lebsanft (2005: 31-32) señala que Koch reinterpreta lo individual en un sentido distinto al que le confiere Coseriu, su crítica se centra en poner de relieve que para Coseriu individual (individuell) no equivale a único (einmalig). En estas páginas, nos enfocamos más bien en el hecho de que para Koch –que, como se puede ver en las figuras 6, 7 y 8, relaciona la enérgeia casi exclusivamente con el nivel universal del lenguaje, que es el que considera actividad por antonomasia– el discurso es fundamentalmente ergon, mientras que para Coseriu este es necesariamente enérgeia. En la medida en que el debate del que me ocupo en este trabajo tiene que ver con los niveles individual e histórico, parece oportuno dejar, por el momento, de lado, el hecho –que me limitaré solamente a mencionar– de que, la equiparación entre nivel universal y enérgeia que se observa en Koch parece proceder de una mala lectura de las citas que, en este artículo, se identifican con los números (3) y (10). Como hemos visto, en ambos pasajes Coseriu dice que “el lenguaje es una actividad humana universal que se realiza individualmente, pero siempre según técnicas históricamente determinadas”. La contigüidad, en esta formulación, entre los términos actividad humana y universal parece conducir a Koch a igualar, en cierta medida, el nivel universal con el punto de vista de la enérgeia. Sin embargo, como quizás se vea con mayor claridad en una de las formulaciones que contiene la cita número (14) –el lenguaje “es una actividad [i] universal que se realiza [ii] por individuos particulares, [iii] en cuanto miembros de comunidades históricas”–, lo que en realidad quiere decir Coseriu es que el lenguaje humano es actividad (enérgeia) en tres planos: el universal, el histórico y el individual.
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 69 nivel del ergon por excelencia. Lógicamente, al concebir el nivel individual exclusivamente como ergon, como producto de la realización de un saber, y no como actividad en la que se realiza ese saber37, Koch considera que no tiene más remedio que ubicar el saber discursivo al que pertenecen las TD –y aquí subrayo el término tradiciones–, que no es idiomático, pero tampoco universal38, en el nivel histórico: (20) El saber discursivo no pertenece, por tanto, al nivel del discurso, sino al nivel histórico, dentro del ámbito de las tradiciones discursivas, que, eso sí, están más arraigadas en el nivel del discurso que las lenguas históricas (Koch 1987: 32, n. 24; la traducción es mía). Y es que, en su opinión, cuando el dominio de lo discursivo se interpreta, no como producto –como ergon–, sino como parte de la competencia o saber hacer de los hablantes –como dínamis– deja de ser posible ubicarlo en el nivel individual o actual del lenguaje: (21) Atribuir al discurso como nivel genuinamente actual del lenguaje una δύναμις, es decir, un saber reglas, sería una contradicción en sí misma, puesto que las reglas entrañan tipificaciones y no pueden ser empleadas una única vez (Koch 1987; 31; la traducción es mía). De hecho, como defiende Koch en otro lugar, “[s]i dijéramos que el saber discursivo pertenece al nivel del discurso porque se actualiza en este último, tendríamos que aceptar también que el saber idiomático y el saber elocucional pertenecen al nivel del discurso porque ellos también se actualizan en este último” (Koch 2008: 56, n. 5). Así pues, de alguna manera, 37 Si se vuelve a la cita (14), se verá que, para Coseriu, incluso la consideración de los productos lingüísticos entraña la consideración de la actividad. No en vano, lo que él señala, al introducir, en relación con los tres niveles del lenguaje, también el trinomio enérgeiadínamis-ergon, es la primacía de la consideración de todo lo lingüístico como actividad y la posibilidad de que esa actividad “pued[a] considerarse: a) como tal, κατ› ἐνέργειαν; b) como actividad en potencia, κατά δύναμιν; y c) como actividad realizada en sus productos, κατ› ἔργον”. Al reinterpretar la propuesta coseriana, Koch se aleja, sin embargo, de la noción de “actividad realizada en sus productos”, anulando la naturaleza energeiética –podríamos decir, forzando la lengua griega– del discurso, naturaleza energeiética que no nos cansaremos de decir que para Coseriu resulta irrenunciable, en la medida en que esta es la naturaleza que se comprueba fehacientemente en la realidad fenoménica del lenguaje. Cf., a este respecto, el principio de la cita número (14): “que el lenguaje no es ἔργον sino ἐνέργεια no es una paradoja o una metáfora, sino una simple comprobación”. 38 En la medida en que las TD no son universalmente compartidas por todas las comunidades lingüísticas, sino que son, precisamente, tradicionales=convencionales.
70 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 Koch parece entender que la competencia lingüística de los hablantes sería, por antonomasia, una competencia o un saber expresivo, dentro del cual se podrían distinguir tanto saberes universales como saberes históricos, estos últimos tanto de naturaleza idiomática como de naturaleza discursiva: (22) el discurso actual, como nivel más concreto de lo lingüístico […] debe satisfacer […] requisitos interaccionales, psíquicos, etc. (de la actividad universal del hablar), exclusivamente idiomáticos (de la lengua histórica), sociales, culturales, etc. (relativos a la tradición discursiva) y, finalmente, también de carácter situacional y completamente particular (Koch 1987: 32; la traducción es mía). En este sentido, su visión se asemeja a la que Brigitte Schlieben-Lange trató de reflejar en esta novena figura: lenguaje (Sprechen) lengua (Einzelsprache) habla/discurso (Text) universal universal universal histórico histórico individual Figura 9. Lo universal, lo histórico y lo individual como dimensiones del saber expresivo (apud Schlieben-Lange 1990: 115)39 Siguiendo su argumentación, parece fácil entender por qué Koch concluye que el saber expresivo “no es ni actual ni tampoco individual” y que, “en la medida en que este tipo de saber está profundamente impregnado de historicidad, el saber expresivo pertenece al mismo nivel que el saber idiomático” (Koch 1987: 31; la cursiva y la traducción son mías). E igual de sencillo parece comprender que, a la hora de situar la noción de TD dentro del marco teórico coseriano, Koch creyera verse en la obligación de subdividir el nivel histórico en dos ámbitos diferentes que pondrían de manifiesto la falta de coincidencia entre (i) el saber histórico que tiene que ver con la competencia idiomática y (ii) la producción de textos según tradiciones y modelos históricos, que en su visión pertenece también al saber socio-históricamente determinado, pero es independiente de las tradiciones de cada lengua en particular. En principio, es posible considerar que la idea de efectuar esta diferenciación habría sido sugerida por el propio Coseriu en una intervención 39 Cf. también Loureda (2008).
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 71 oral que realizó en un simposio y que quedó recogida en B. Schlieben-Lange y H. Weydt (1979: 77): (23) deberíamos ser capaces de estipular criterios firmes que nos permitan diferenciar sistemáticamente entre una lengua histórica (Einzelsprache) y los textos redactados en una determinada lengua histórica (einzelsprachlichen Texten) que puedan ser característicos de la comunidad lingüística. Esto atañe no solamente a los textos, que son tradicionales en su formulación (como Guten Morgen [literalmente ‘buena mañana’] frente a *bon matin, *buon mattino), sino también a las formas textuales asimismo tradicionales y que quizás existan solo en una determinada comunidad lingüística. Hace ya muchos años llamé la atención sobre el hecho de que hasta un determinado momento solo hubo sonetos en la comunidad lingüística italiana. Pero un soneto no era, sin embargo, una forma del italiano (de la lengua italiana), sino más bien una clase de texto emergida en la comunidad lingüística italiana [...]. Del mismo modo el haiku es un género literario característico de Japón. Pero esto no significa que sea una forma de la lengua japonesa. Se trata de una clase de texto que existe en la comunidad lingüística japonesa (la traducción es mía)40 Justamente, la incorporación de la diferenciación entre lenguas históricas y formas textuales tradicionales –y, por tanto, asimismo históricas– al esquema que recogía la figura 1 fue lo que condujo a los esquemas que aparecen en las figuras 6, 7 y 8, en los que se contempla específicamente, dentro del nivel histórico, la existencia de reglas discursivas (cf. supra cita 12) que proporcionan a los hablantes modelos para una construcción adecuada de sus discursos, reglas que, según este autor, “nos remiten a tradiciones discursivas, es decir, a estilos específicos, géneros, tipos de textos, universos discursivos, actos de habla, etc., todos los cuales aprehenden tipos de discursos” (Koch 1987: 31; la traducción es mía). 40 El original alemán de este pasaje, cuya traducción al español he modificado ligeramente con respecto a la que se ofrece en López Serena (2021b), se puede ver en López Serena (2021b: §2).
78 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 y hasta a un solo individuo, pero presenta también aspectos de extensión mucho más amplia. […] De todos modos, salvo casos especiales, los aspectos interesantes del saber expresivo son los que presentan en ambos sentidos, cierto grado de generalidad. Tales aspectos pueden ser universales o históricos (Coseriu, 1956-1957, apud Coseriu 2007: 142-143, n. 124; cursiva original, la versalita es mía)46. 5. LA DISTINCIÓN ENTRE MATERIA Y OBJETO DE ESTUDIO EN LA TRIPARTICIÓN COSERIANA DEL LENGUAJE A tenor de lo expuesto en el epígrafe anterior, no parece exagerado decir que la consideración de la teoría coseriana originaria, en la que la noción de TD no llegó a emerger como tal en ningún momento, pero cuya relación con este concepto “se da como una especie de supuesto” (Kabatek 2018: 13), nos puede ayudar a deshacer la antinomia que concita la contraposición entre las posturas de Koch, por un lado, y de Lebsanft y Kabatek, por otro. De acuerdo con el espíritu coseriano de la tripartición de lo lingüístico en los niveles universal, histórico e individual, el reconocimiento de que las TD, como todos los aspectos interesantes del saber discursivo, poseen, ciertamente, en gran medida, naturaleza histórica (cf. supra cita 34) no sería óbice para considerar que, tal y como señalan Lebsanft (2005, 2006) y Kabatek (2015), su lugar legítimo dentro de la competencia lingüística de los hablantes es el plano individual del lenguaje. 46 A lo que añade: “Son universales los que se relacionan con la naturaleza propia del hombre y con la experiencia humana en general; son históricos los que dependen de ámbitos de experiencia o de cultura históricamente determinados. Es decir que el saber expresivo posee su propia universalidad y su propia historicidad. Existen, en efecto, modos universales (no idiomáticos) de hablar en tipos de circunstancias y modos universales de estructurar ciertos tipos de discurso (por ejemplo, discursos narrativos), y, análogamente, modos históricos de ambas especies. […] Los aspectos históricos del saber expresivo pueden superar en extensión las comunidades idiomáticas abarcando varias de ellas (ser, por ejemplo, propios de la ‘cultura occidental’), superar los límites de las comunidades idiomáticas sin abarcarlas (ser, por ejemplo, propios de los estratos cultos de las comunidades ‘occidentales’), corresponder a comunidades menores dentro de las comunidades idiomáticas; y pueden hasta coincidir con las comunidades idiomáticas, en la medida en que los límites de ciertos hechos de experiencia o de cultura coincidan, precisamente, con los límites de esas comunidades” (Coseriu 19561957, apud Coseriu 2007: 142-143, n. 124).
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 79 En este sentido, la distinción entre materia y objeto de estudio a la que se hacía referencia en §1, considerada conjuntamente con la concepción coseriana del hablar como enérgeia, viene también en nuestro auxilio. Tal y como yo lo veo, la decisión que Peter Koch toma cuando ubica las TD en el nivel histórico de la tripartición coseriana del lenguaje se entiende, efectivamente, mejor con la ayuda de la distinción entre materia y objeto de estudio. Si se proyecta esta distinción sobre las figuras 8 y 9, que se reprodujeron en § 347, el nivel actual del discurso correspondería a la materia de estudio, es decir, para Koch, a la realidad de los testimonios (=productos) discursivos y textuales que utilizamos como fuente de datos para los estudios lingüísticos, mientras que los niveles histórico y universal representarían abstracciones propias del objeto de estudio; de ahí la oposición entre lo actual y lo virtual a la que apela Koch. Dicho de otro modo, desde el punto de vista de la oposición entre variación y variedades, así como de la distinción entre hechos y datos lingüísticos, de las que también nos hacíamos eco en §1, la variación y los hechos lingüísticos formarían parte de la materia de estudio y se encontrarían, por tanto, en el nivel individual de los productos derivados de la actividad lingüística, mientras que las variedades abstraídas por los lingüistas para aprehender, en sus descripciones, el funcionamiento de esta variación, variedades que conforman, por tanto, el objeto de estudio de quienes se interesan por la variación, se ubicarían, necesariamente, junto con los datos lingüísticos, en el nivel histórico. PERSPECTIVA FILOSÓFICOCIENTÍFICA NIVEL DOMINIO TIPO DE REGLAS Objeto de estudio universal actividad del hablar reglas elocucionales histórico lengua histórica particular reglas idiomáticas tradición discursiva reglas discursivas Materia de estudio actual/individual discurso Figura 12. El nivel individual o actual del discurso como materia de estudio frente a las reglas discursivas, idiomáticas y elocucionales que conforman el objeto de estudio de la lingüística 47 Como se sugería ya hacer en López Serena (2021b: 6).
80 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 OBJETO DE ESTUDIO MATERIA DE ESTUDIO lenguaje (Sprechen) lengua (Einzelsprache) habla/discurso (Text) universal universal universal histórico histórico individual Figura 13. Lo universal, lo histórico y lo individual como dimensiones presentes en la materia de estudio Para mí no hay duda de que la distinción entre lo individual “como acto lingüístico […] de un individuo determinado en una situación determinada” (Coseriu 1981: 292) (Koch 2008: 53; la cursiva es mía) y lo histórico como saber –“[n]o hay que confundir de ningún modo la efectuación actual con el saber virtual que esta ‘actualiza’” (Koch 2008: 56)– que caracteriza la aproximación de Koch a la tripartición coseriana del lenguaje, y que, en su visión, equivale a la oposición entre ergon y dínamis, es de cariz epistemológico y análoga, en gran medida, a la oposición entre materia y objeto de estudio, entre variación y variedades lingüísticas, y entre hechos y datos lingüísticos que se ha traído a colación en estas páginas. Con todo, más interesante aún que mi propio parecer es, desde luego, el hecho de que el propio Koch parezca corroborar mi interpretación cuando dice que la tripartición coseriana del lenguaje originaria, previa a la reformulación propuesta por él, “conlleva un problema de lógica” (Koch 2008: 54): (35) ¿Qué quiere decir ‘saber expresivo’? Si tomamos a rajatabla la definición del nivel actual del discurso no será legítimo asignarle a este nivel una δύναμις. El discurso es, en verdad, el lugar de la aplicación del saber lingüístico, pero como cada discurso es único y el saber implica la posibilidad de la reproducción, saber y discurso serían incompatibles (ibid.). Más iluminador a este mismo respecto resulta, en fin, que, cuando Koch se opone a la propuesta, formulada por Lebsanft (2005, 2006) de considerar las TD como entidades de naturaleza individual, lo haga desde un punto de vista filosófico: (36) [N]o es aceptable asignar el saber expresivo (es decir, el saber “discursivo-tradicional”) al nivel del discurso individual, como lo propone Lebsanft (2005: 31s.; 2006: 536), tratando de salvar el esquema originario [fig. 1]. Hay que respetar que desde el punto de vista filosófico lo universal de los esquemas 1 y 2 corresponde a lo
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 81 ‘general’, lo histórico a lo ‘particular’ y lo actual a lo ‘individual’ [omito nota]. Basta recordar la definición arriba citada del discurso como ‘acto lingüístico […] de un individuo determinado en una situación determinada’ (Koch 2008: 55; la cursiva es mía; cf. López Serena 2021b: n. 11). Pero volvamos ahora a la cita de Coseriu –cf. supra (4)– en la que el lingüista rumano afirmaba que, “[e]n analogía con las distinciones [entre los distintos niveles de la actividad del hablar], cabe distinguir diversas técnicas del hablar: la técnica del hablar en general; la técnica de la lengua histórica; y, finalmente, la técnica de los textos, esto es, el saber sobre cómo se configuran determinados textos o clases de texto” (Coseriu 2007: 139-140). Cuando se analiza con detenimiento lo que se afirma en este pasaje, se advierte que su formulación conduce a adoptar un enfoque alternativo a la división entre materia y objeto de estudio que las figuras 12 y 13 proponen efectuar sobre las figuras 8 y 9. En puridad, la figura 1 constituye un modelo teórico del conjunto de los diversos saberes que conforman la competencia lingüísticopragmática del hablante, cuya principal razón de ser –como se adujo ya en § 2– parece estribar en el deseo de poner de relieve que esta competencia está integrada por tres tipos de saberes diferenciados y autónomos los unos con respecto a los otros. En este sentido, toda ella forma parte del nivel del objeto de estudio. Cuando la figura 1 se considera como modelo teórico de la competencia del hablante, no hay posibilidad de distinguir, en su interior, componentes que formen parte del plano de la materia –ámbito de lo actual–, que para Koch correspondía al nivel individual, y componentes que formen parte del plano del objeto de estudio –ámbito de lo virtual–, que para Koch correspondía a los niveles histórico y universal. Antes bien, tal y como la concibe Coseriu, toda la figura en su conjunto, en tanto que representación de la competencia lingüístico-pragmática de los hablantes, constituye, en su totalidad, un modelo del objeto de estudio de la lingüística. Más interesante aún, en este sentido, es recordar que, para Coseriu, la parole, el discurso o el texto, que constituyen la única realidad efectivamente perceptible del lenguaje, esto es, la materia de estudio de la lingüística, es también el locus de los tres tipos de saberes que conforman la competencia de los hablantes; de ahí que también sea perfectamente posible concebir todo el conjunto de la figura 1 como un modelo de la actividad lingüística concreta, del discurso como locus en el que se despliegan los tres tipos de saberes. En este segundo caso, no habría problema alguno en aceptar, pese a que Koch señalara que esto podría resultar inadmisible, “que el saber idiomático y el saber elocucional pertenecen [también] al nivel del discurso porque ellos también se actualizan en este último” (Koch 2008: 56, n. 5).
82 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 Así las cosas, para entender por qué es posible asociar, como se hace en la Figura 1, el discurso únicamente con el saber discursivo, al mismo tiempo que se sostiene, de hecho, que el discurso es realización simultánea de todos estos saberes, es imprescindible proyectar sobre la Figura 1 la distinción entre lo actual y lo virtual –o entre materia y objeto de estudio– de una forma distinta a como parece hacerlo Koch. Y ello tanto si se concibe el discurso, en tanto que materia de estudio, como ergon –que es lo que hace Koch–, como si se concibe como enérgeia, que es lo que una y otra vez destaca Coseriu que se debe hacer. Figura 14. El discurso como materia de estudio de la lingüística y como locus de la realización de los saberes elocucional, idiomático y discursivo Tanto si concebimos el nivel de la realización actual del lenguaje como enérgeia como si lo entendemos como ergon, en ambos casos la única realidad a la que los lingüistas tendríamos acceso –en ello insiste una y otra vez Coseriu– sería ese nivel de la realización actual del lenguaje, que conformaría, por tanto, nuestra materia de estudio. Los distintos saberes cuya descripción interesa a la lingüística del hablar, a la lingüística de las lenguas y a la lingüística del texto, respectivamente, tendrían que ser comprobados en el discurso como materia de estudio y “deducidos” (este es el término que emplea sistemáticamente Coseriu) desde el hablar actual por el lingüista, que de este modo los instituiría en objeto de estudio. Desde el punto de vista del lingüista, que se representa en la figura 14 por medio de flechas ascendentes, se partiría de la actuación lingüística concreta, en la que se identificarían elementos que convendría atribuir a uno u otro tipo de saber, de acuerdo con su carácter universal, idiomático o textual. Desde el punto de vista del hablante, que se representa en la figura 14 por medio de flechas
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 83 descendentes, la actividad del hablar y la producción de textos particulares, entrañaría, necesariamente, la puesta en práctica de los tres tipos de saberes. Ahora bien, desde el punto de vista de Coseriu, la concepción del nivel del discurso –entendido como materia de estudio de la lingüística– como ergon, y no como enérgeia, y la reificación de los saberes que se realizan en el discurso, considerados con independencia del propio hablar, es algo que conviene evitar. De ahí su insistencia en la necesidad de ver, por ejemplo la lengua particular –pero esto es, naturalmente, extensible a los contenidos de los otros dos saberes no específicamente idiomáticos–, “no sólo como competencia, como saber, sino también en la actividad del hablar mismo” (Coseriu [1988]1992: 78)48; y de ahí también sus llamadas de atención sobre la obligación de “partir de lo primario de la lengua, es decir, del hablar, e identificar la competencia en el hablar” (Coseriu [1988]1992: 79)49. Esto nos conduciría a inclinarnos por interpretar la figura 1, preferentemente, como una representación del hablar, es decir, de la materia de estudio, pero no entendida como ergon, sino como enérgeia, en consonancia con la reivindicación coseriana de que el lenguaje solo “se da concretamente como actividad, o sea, como hablar (la afirmación de Humboldt de que el lenguaje no es ἔργον sino ἐνέργεια, [sic] no es una paradoja o una metáfora, sino una simple comprobación” (Coseriu 1955-56: 31; cf. supra cita 14). La concepción coseriana del discurso como enérgeia es una decisión ontológica perfectamente coherente con las convicciones epistemológicas de Coseriu, para quien el saber originario, la intuición o el conocimiento de agente constituyen el acto epistémico por excelencia de la lingüística (cf., a este respecto, López Serena 2019a, 2019b, 2021c, 2022). Este tipo de procedimiento de acceso al conocimiento se aplica por medio de una suerte empatía (cf. a este respecto Kabatek 2014), de acuerdo con la cual, enfrentado a la tarea de interpretar funcionalmente cualquier actividad lingüística concreta –normalmente, a partir del producto derivado de esta actividad–, el investigador construye una explicación racional o finalista, en la que reconstruye la actividad creadora originaria (la energéia) imaginándose con qué fin el agente de una determinada actuación lingüística consideró oportuno recurrir exactamente a unos determinados medios lingüísticos y no a otros. La puesta en práctica del acto epistémico de la intuición, que conduce a explicaciones en términos de medios y fines, solo se puede aplicar a la interpretación de acciones y, si toma como base los productos –en nuestro 48 Cf. supra n. 13. 49 Cf., de nuevo, supra n. 13.
84 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 caso lingüísticos– derivados de tales acciones, necesita considerarlos, no como tales productos, sino en el contexto de la actividad en que fueron creados. De ahí que, en la continuación de la afirmación de que el lenguaje solo “se da concretamente como actividad, o sea, como hablar (la afirmación de Humboldt de que el lenguaje no es ἔργον sino ἐνέργεια, [sic] no es una paradoja o una metáfora, sino una simple comprobación” (Coseriu 195556: 31), que acabamos de reproducir (cf., de nuevo, supra cita 14), Coseriu hiciera la siguiente declaración epistemológica –sobre la que ya advertimos que habríamos de volver al final de este trabajo, debido a que resulta fundamental para comprobar la perfecta coherencia entre teoría (ontología) y metateoría (epistemología) que caracteriza al pensamiento coseriano–: “Más aún: sólo porque se da como actividad puede estudiarse también como «producto»” (Coseriu 1955-56: 31); a lo que en nota a pie de página añadía: “Aquello que se da efectiva y primariamente como «producto» no puede estudiarse como tal (si se desconoce la actividad), sino sólo como «cosa» (Coseriu 1955-56: 31, n. 10). Dicho en términos de la oposición entre materia y objeto de estudio: una ciencia cuyo objeto de estudio es un saber solo puede partir de una materia de estudio que sea, por su naturaleza, actividad. 6. RECAPITULACIÓN Y CONCLUSIONES La tripartición coseriana del lenguaje en los niveles (o planos) universal, histórico e individual sirvió de punto de partida a Peter Koch para insertar el concepto de TD en el marco teórico coseriano. Al considerar que dentro de esta tripartición es necesario diferenciar entre el nivel universal y el histórico como ámbitos de lo virtual frente al nivel individual como ámbito de lo actual (no en vano al nivel individual se le llama también nivel actual dentro de esta corriente teórica), y debido a su deseo de poner de relieve la naturaleza histórica de las tradiciones discursivas, Koch reinterpreta el esquema originario de Coseriu, duplicando el nivel histórico, de manera que este contenga dos tipos de saberes diferenciados: el saber idiomático y el saber relativo al dominio de las TD. Al proceder de este modo, Koch defiende que el único punto de vista legítimo a la hora de considerar el discurso es el que lo concibe exclusivamente como ergon. En su propia aproximación a las TD, Johannes Kabatek ha preferido mantener las TD en el plano individual del lenguaje y considerar que el saber discursivo del que estas forman parte ha de diferenciarse muy claramente del tipo de saber idiomático que está relacionado con nuestra competencia
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 85 lingüística idiomática. Para ello, ha insistido en describir la historicidad propia de las TD como una historicidad de érgones. Al proceder de este modo, Kabatek afirma respetar la ortodoxia coseriana, lo cual es cierto en gran medida, salvo por el hecho de que para Coseriu el nivel individual del lenguaje entendido como nivel actual de la realización del discurso es fundamentalmente enérgeia y no ergon. En relación con esta divergencia de posturas en el ámbito de las TD, el presente trabajo ha tenido el propósito de mostrar que ni la postura de Koch ni la postura de Kabatek se condicen exactamente con la propuesta originaria de Coseriu. En el caso de Koch, porque se contravienen las correlaciones entre nivel histórico y saber idiomático, por un lado, y entre nivel individual y saber discursivo, por otro, así como porque se reinterpreta la naturaleza del nivel actual de la realización lingüística (parole, discurso, o texto) como ergon y no como enérgeia. En el caso de Kabatek, aunque se respeta la diferenciación tripartita de saberes propuesta por Coseriu, la concepción del saber relativo al manejo de las TD como una historicidad de érgones que no daría lugar al surgimiento de una dínamis propiamente dicha contraviene, por un lado, la reivindicación coseriana de que el discurso es fundamentalmente enérgeia y no ergon y, por otro lado, la misma descripción del proceso por el que cualquier dínamis –no solo la relativa a las TD– surge a partir de la enérgeia que se despliega en el discurso, de manera que “lo hecho a través de la actividad creadora puede convertirse en un modelo del que se deducen las normas para el hacer” (Coseriu [1988]1992: 23): (37) E nérgeia es aquella actividad que precede a su propia potencia, dínamis. Hay actividades productivas que producen algo al aplicar una capacidad de hacer ya adquirida. En ese caso, primero se tiene esa capacidad de hacer y luego la aplicación de esa dínamis, la actividad productiva. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando producimos ciertos objetos según un modelo ya formado y con una técnica ya aprendida. Pero también hay actividades en las que primero está la actividad, en las que ella es lo original. En ese caso ella es invención; la dínamis viene después. La actividad precede a su dínamis: lo hecho a través de la actividad creadora puede convertirse en un modelo del que se deducen las normas para el hacer. Si se deducen esas normas de lo hecho, entonces pueden convertirse en una potencia, una dínamis, un saber hacer (Coseriu [1988]1992: 23). En relación con las divergencias entre la aproximación de Koch y la aproximación de Kabatek a las TD, parece evidente que, en la toma de postura de Koch, priman la voluntad de destacar la naturaleza histórica de las TD y la idea de que su manejo requiere de un saber hacer. En el caso de Kabatek,
86 BOLETÍN DE FILOLOGÍA TOMO LVIII, NÚMERO 1, 2023 se diría que lo más importante es destacar que el tipo de competencia que se relaciona con el saber idiomático es muy diferente al tipo de competencia que se utiliza cuando se recrean determinadas TD en un nuevo texto. La consulta de los trabajos de Coseriu, en los que este autor señala, por un lado, la autonomía que existe entre el saber idiomático y el saber discursivo, y, por otro, la diferencia que hay entre naturaleza histórica y estatus histórico (cf. supra cita 31), y, por último, la necesidad epistemológica de considerar el nivel actual del discurso y, por tanto, la materia de estudio de la lingüística, no como un producto, sino como una actividad (cf. supra el final de §5) parecen proporcionarnos orientaciones bastante claras para superar esta aparente antinomia. En efecto, las contradicciones se resuelven con facilidad si se respeta la visión coseriana de lo lingüístico como enérgeia. Si se concibe, como propone Coseriu, el hablar como enérgeia y no como ergon, es mucho más fácil ver que la oposición entre lo virtual y lo actual no es equivalente a la oposición entre dínamis y ergon, sino a la oposición entre materia y objeto de estudio. Y, por tanto, también es más fácil ver que los diversos saberes lingüísticos no son, en el marco teórico coseriano, virtuales, sino actuales, puesto que solo existen en realidad en la actividad (enérgeia) discursiva actual. Concebir el nivel actual del discurso como ergon tiene el inconveniente de que nos obliga a situar la dínamis que ha posibilitado la producción de ese ergon en otra dimensión distinta; de ahí que la oposición entre lo virtual y lo actual equivalga, para Koch, a la oposición entre dínamis y ergon. Concebir el nivel actual del discurso como enérgeia, tal y como propone Coseriu, nos faculta en mucha mayor medida para ver que los distintos tipos de dínamis que intervienen en la producción discursiva no tienen existencia autónoma fuera de la propia actividad (enérgeia) del hablar, en la que se identifican no como entidades virtuales, sino precisamente en tanto que saberes que se actualizan efectivamente en el discurso. Solo cuando abstraemos el contenido de estos discursos y convertimos esas abstracciones en érgones de la descripción lingüística, separamos del hablar los saberes que describimos, en una operación que ya hemos dicho que resulta inevitable cuando se construye cualquier objeto de estudio. Pero, como el propio Koch sostenía a propósito del concepto de lengua abstracta (=ergon), este tipo de lengua no tiene existencia más que como constructo artificial (cf. supra cita 18). Así las cosas, parece claro que Koch hace una interpretación restrictiva del esquema de nueve formas del hablar propuesto por Coseriu al entrecruzar los niveles del lenguaje y los puntos de vista enunciados por el trinomio enérgeia-dínamis-ergon, en la medida en que entiende que el nivel por excelencia de la dínamis es el nivel histórico, y por eso ubica en este nivel el saber relacionado con el dominio de las TD como entidades
ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO HISTÓRICO. EL LUGAR DE LAS… / ARACELI LÓPEZ SERENA 87 históricas. Cuando Kabatek (cf. supra cita 27) advierte que, pese a que, en su opinión, el tipo de repetición que da lugar a la emergencia de TD es una historicidad de érgones, “la repetición misma es a su vez un acto creativo, ergon en enérgeia”, este autor pone acertadamente de relieve que en la propuesta de Coseriu es esencial partir de la consideración del nivel actual de la realización lingüística como enérgeia y no como ergon. De hecho, como hemos visto al final de § 5, esta es una necesidad epistemológica, acorde a su pensamiento filosófico-científico hermenéutico, en el que la intuición del lingüista desempeña un papel fundamental. Intuición equivale a conocimiento de agente, y el conocimiento de agente solamente se puede aplicar cuando se investigan acciones o actividades (es decir, cuando se investiga el discurso concebido como enérgeia). Por decirlo, nuevamente, a través de las palabras del propio Coseriu: “el lenguaje se da concretamente como actividad, o sea, como hablar (la afirmación de Humboldt de que el lenguaje no es ἔργον sino ἐνέργεια, [sic] no es una paradoja o una metáfora, sino una simple comprobación. Más aún: sólo porque se da como actividad puede estudiarse también como “producto” [Y en nota: Aquello que se da efectiva y primariamente como “producto” no puede estudiarse como tal (si se desconoce la actividad), sino sólo como “cosa”]. Y, precisamente, evitar concebir lo lingüístico de forma “abstracta –y, por lo tanto, estática–, separada del hablar y considerada como cosa hecha, como ergon, sin siquiera preguntarse qué son y cómo existen realmente las lenguas y qué significa propiamente un ‘cambio’ en una lengua (Coseriu 1957[19883]: 29) es lo que siempre se propuso Coseriu” (cf. supra cita 2). Las TD tienen, efectivamente, naturaleza histórica y en ello coinciden con todas las tradiciones que forman parte de la competencia lingüística cultural (también con las tradiciones del saber hablar en general; cf. supra fig. 11). Sin embargo, en relación con la tripartición coseriana del lenguaje, no poseen un estatus histórico, sino individual, debido a que su utilización está situacionalmente condicionada (a diferencia de la utilización del saber hacer propio del ámbito idiomático, cuya aplicación es independiente de la situación). La ubicación de las TD en un nivel distinto al de las lenguas es asimismo relevante, dentro del marco teórico coseriano, no para diferenciar entre un saber semiconsciente frente a un saber consciente (en el sentido en el que alude a esta distinción Octavio de Toledo 2018: 120, n. 3950), o entre una historicidad de dínamis y una historicidad de érgones, sino debido a que el saber discursivo puede anular al idiomático y este al elocucional 50 Cf. supra n. 41.