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Percepción social de violencia sexual hacia la mujer a través de entornos físicos y virtuales

Otero Jurado, Inmaculada; Durán Segura, Mercedes

Abstract

El objetivo de esta investigación es estudiar la percepción social de una muestra de jóvenes sobre la violencia sexual hacia la mujer que tiene lugar a través de las nuevas tecnologías y a través de entornos tradicionales, así como analizar la influencia del género y de la aceptación de mitos y falsas creencias sobre las agresiones sexuales en la percepción de dicha violencia. La muestra estuvo constituida por 104 participantes de ambos sexos. Los resultados obtenidos muestran apoyo a las principales hipótesis planteadas en el estudio. Los participantes percibían más culpable a la víctima agredida a través de un entorno virtual frente al tradicional. Aquellos y aquellas participantes con una mayor aceptación de mitos sobre las agresiones sexuales percibieron en menor medida la gravedad de la agresión. Por último, la interacción entre la aceptación de mitos y el entorno virtual explicaba las percepciones de culpabilidad de víctima y agresor. Estos resultados destacan la importancia de estas variables como moduladoras de la percepción social y ponen de manifiesto la necesidad de estudiar su efecto en la percepción e identificación de violencia que puede acontecer en los nuevos entornos surgidos en nuestra sociedad derivados de los avances tecnológicos.

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PERCEPCIÓN SOCIAL DE VIOLENCIA SEXUAL HACIA LA MUJER A TRAVÉS DE ENTORNOS FÍSICOS Y VIRTUALES. Otero, Jurado, Inmaculada Departamento Psicología Social Universidad de Sevilla inmotejur @hotmail.es Durán, Segura, Mª Mercedes Departamento Psicología Social Universidad de Sevilla m [email protected] RESUMEN: El objetivo de esta investigación es estudiar la percepción social de una muestra de jóvenes sobre la violencia sexual hacia la mujer que tiene lugar a través de las nuevas tecnologías y a través de entornos tradicionales, así como analizar la influencia del género y de la aceptación de mitos y falsas creencias sobre las agresiones sexuales en la percepción de dicha violencia. La muestra estuvo constituida por 104 participantes de ambos sexos. Los resultados obtenidos muestran apoyo a las principales hipótesis planteadas en el estudio. Los participantes percibían más culpable a la víctima agredida a través de un entorno virtual frente al tradicional. Aquellos y aquellas participantes con una mayor aceptación de mitos sobre las agresiones sexuales percibieron en menor medida la gravedad de la agresión. Por último, la interacción entre la aceptación de mitos y el entorno virtual explicaba las percepciones de culpabilidad de víctima y agresor. Estos resultados destacan la importancia de estas variables como moduladoras de la percepción social y ponen de manifiesto la necesidad de estudiar su efecto en la percepción e identificación de violencia que puede acontecer en los nuevos entornos surgidos en nuestra sociedad derivados de los avances tecnológicos. PALABRAS CLAVE: Percepción, violencia sexual, agresión sexual, nuevas tecnologías, mitos. ABSTRACT : This study analizes social perceptions about sexual violence towards women perpetrated through new technologies. The influence of the gender and the acceptance of modern myths about sexual aggressions were studied.The sample was composed by 104 participants of both sexes. The results support the main hypotheses stated in this study. Participants blamed more the victim assaulted in a virtual situation. Participants with a greater acceptance of the myths abouts sexual aggression perceived as less gravity the sexual aggression. Finally, an interaction effect between acceptance of myths and the environment of aggression explained the perceptions of culpability of victim and aggressor. These results highlight the importance of these variables in the social perception of sexual violence through new enviroments derived from technological advances. KEYWORDS: Perception, sexual violence, sexual assault, new technologies, myths. 1164 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género INTRODUCCIÓN Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han irrumpido en nuestra sociedad convirtiéndose en herramientas muy habituales de nuestra vida diaria. Según la encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en Hogares realizada por el Instituto Nacional de Estadística en el año 2013, más de la mitad de la población española es usuaria frecuente de Internet, es decir, utiliza Internet a diario (INE, 2013). Atendiendo a datos más concretos aportados por esa misma encuesta, en la población mayor de 16 años el porcentaje de usuarios frecuentes de las TIC se eleva hasta un 65%, destacando la participación en las redes sociales (68,4%) como uno de los servicios más utilizados, lo que pone en evidencia el uso de Internet como herramienta socializadora (Guillamón y Martínez, 2012). Además, otros beneficios del uso de las nuevas tecnologías que se han señalado son, por ejemplo, la mejora de los resultados escolares, de las habilidades matemáticas y del lenguaje, y el mayor éxito en la búsqueda de empleo y en la obtención de mayores salarios (Korupp y Szydlik, 2005). A ello hay que sumarle la incuestionable mejora en el alcance del conocimiento científico y otros tipos de información, así como de diferente material para el ocio y el entretenimiento. Sin embargo, la aparición de las nuevas tecnologías también ha llevado aparejado consigo una serie de consecuencias negativas o perjuicios para la población, sobre todo para los jóvenes que son los usuarios mayoritarios (INE, 2013). Entre estos perjuicios podemos citar la adicción al teléfono móvil o internet (Carbonell, Fúster, Chamarro y Oberst, 2012), el ciberacoso o cyberbullying (Ortega, Calmaestra y Mora-Merchán, 2008), y el ejercicio de violencia hacia la mujer, como el control de la pareja a través de estas nuevas tecnologías (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2013). Según el estudio multipaís realizado por la Organización Mundial de la Salud, en el año 2012 entre el 15% y el 71% de las mujeres entre 15 y 49 años de edad manifestaron haber sufrido algún tipo de violencia por parte de sus parejas (OMS, 2012). Según informes del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género con sede en el Consejo General del Poder Judicial, en España, sólo en el segundo trimestre del año 2013, se recibieron 31.494 denuncias por violencia hacia la mujer, y todos los asuntos penales registrados en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, salvo denuncias cruzadas, habían sido acciones perpetradas por la pareja o expareja (Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, 2013). La violencia infligida por la pareja se define como “todo comportamiento que, en una relación de pareja, causa daño físico, sexual o psicológico, incluidos los actos de agresión física, la coacción sexual, el maltrato psicológico y los comportamientos dominantes” (OMS, 2002; Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, 2011). De estos tipos de violencia que pueden ser ejercidos por la pareja, uno de los más humillantes y dañinos es la de tipo sexual. La Organización Panamericana de la Salud define la violencia sexual como “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexual no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante la coacción por otra persona, independientemente de la relación de ésta con la víctima, en cualquier ámbito, incluido el hogar y el lugar de trabajo” (Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, 2003, p. 161). Así, la Encuesta Nacional de Victimización por Violencia Intrafamiliar y Delitos Sexuales muestra que el 31,9% de las mujeres ha sufrido alguna forma de violencia por parte de sus familiares, pareja o ex pareja; manifestando el 6,3% de estas mujeres haber sufrido violencia sexual; dato calculado sólo a partir de aquellas mujeres que han tenido pareja en los últimos doce meses, el 77,3% (Ministerio del Interior y Seguridad Pública, 2013). 1165 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género A pesar de las cifras provenientes de denuncias policiales, hospitalarias y encuestas de ONGs, la Organización Panamericana de la Salud denuncia en el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud (2003) que estos datos oficiales son muy inferiores a las cifras reales. Equiparan el desajuste de información con un iceberg (Figura 1), en el que la punta visible serían los datos oficiales, y la parte oculta de mayor proporción englobaría todas la violaciones ocultas por vergüenza y culpa, entre otros factores. En esta zona sumergida aparecen todos los tipos de violencia sexual, desde la explotación sexual, hasta aquella perpetrada en el seno de una relación sentimental. Los datos obtenidos a través de estudios empíricos confirman la prevalencia de la violencia sexual, sobre todo en las relaciones de pareja. Investigaciones como la llevada a cabo por Ortega y colaboradores (2008), centradas en conocer la incidencia de la violencia sexual en la pareja, muestran que el 69,4% (el 16,6% muy frecuentemente) de adolescentes y jóvenes afirman haber sido víctimas de este tipo de violencia; mientras que el 52,9% (12,4% de manera muy frecuente) confiesa haber agredido sexualmente a su pareja (Ortega, Ortega y Sánchez, 2008). La percepción de este último tipo de violencia constituye el principal objetivo de investigación de nuestro estudio. Figura 1. Magnitud de la Violencia Sexual. Fuente: Organización Panamericana de Salud (2003). Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, cap. 6, p. 162. Un nuevo medio a través del cual se puede ejercer violencia, que ha venido de la mano de los nuevos cambios tecnológicos y sociales, son los entornos virtuales. Los estudios de prevalencia sobre este tipo de violencia hacia la mujer a través de las nuevas tecnologías aún son escasos, sin embargo, algunos autores y autoras han comenzado a señalar que la violencia de género se da en todas las esferas de la sociedad, incluyendo las redes sociales (Carmona, 2012). Se señalan herramientas y aplicaciones que se pueden utilizar con estos fines violentos, como es el caso del uso de blogs y redes sociales para increpar a la pareja o el empleo de sistemas de identificación geográfica o programas como Spywere o SpyBubble que roban nuestros datos y rastrean movimientos por la red (Casado, 2012). Estas primeras impresiones de investigadores e investigadoras en foros y jornadas sobre violencia empiezan a encontrar respaldo científico. Por ejemplo, en el reciente estudio publicado por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género (2013), se revela que las redes sociales y los teléfonos móviles se han convertido en el medio más frecuente para perpetrar el ciberacoso y la violencia de género. Esta investigación, en la que participaron más de 8000 adolescentes y jóvenes de entre 13 y 19 años, arroja datos 1166 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género alarmantes. Según esta información, la juventud “nativa digital” tiene una baja percepción de riesgo en el entorno virtual, ya que el 28,1% no considera una conducta de riesgo responder a un mensaje en el que te insultan, y uno de cada cuatro subiría a las redes sociales una foto suya que los padres no autorizarían. Además, el 36% de las chicas habían recibido algún mensaje que le había hecho “sentir miedo”; el 14,7% de ellas habían recibido mensajes para presionarlas a realizar alguna actividad de tipo sexual; y finalmente, del 16,6% de las víctimas se habían difundido imágenes comprometidas o de carácter sexual sin su consentimiento (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2013). Unido a lo anterior, otro aspecto sin duda preocupante es que hasta la fecha no se han encontrado estudios que documenten el número de denuncias por agresiones a través de las nuevas tecnologías, lo que puede ayudar al no reconocimiento del problema por parte de los jóvenes y de la sociedad. Por todo lo anterior, este trabajo de investigación se centra en el estudio de la agresión sexual como una de las manifestaciones de violencia hacia la mujer. Asimismo, derivado de la revisión de la literatura realizada y de la laguna de investigación sobre el tema relacionado con los entornos virtuales, nos centraremos específicamente en investigar la percepción social de este tipo de violencia por parte de los jóvenes en entornos tradicionales y los nuevos entornos virtuales, tan familiares para la juventud en nuestra sociedad actual. Dos de las variables que más se han estudiado con relación a la percepción social de agresiones sexuales son el género y la aceptación de mitos sobre las agresiones sexuales (para una revisión Temkin y Krahé, 2008). En general, los estudios ponen de manifiesto que las mujeres, en comparación con los hombres, muestran actitudes más negativas hacia la violencia sexual perpetrada contra las mujeres y que tienden a identificar como agresión en mayor medida situaciones de este tipo de violencia (Grubb y Harrower, 2008, para una revisión). Respecto a la variable de aceptación de mitos sobre las agresiones sexuales también se ha estudiado ampliamente en las últimas décadas por su relación con la percepción social de agresiones sexuales (Bohner, Reinhard, Rutz, Sturm, Kerschbaum y Effler, 1998; Bohner, Eyssel, Pina, Siebler y Viki, 2009). Los mitos sobre la violación han sido definidos como un conjunto de creencias perjudiciales y estereotipadas respecto a la violación (e.g., “la violación no es peligrosa”), la víctima (e.g., “en la mayoría de las violaciones, la víctima es promiscua o tiene mala reputación”) y el agresor (e.g., “los violadores son personas con gran apetencia sexual, dementes o ambas cosas”) (Burt, 1980). Posteriormente, su definición ha evolucionado siendo definidos como “creencias descriptivas sobre la violación (más centradas en las causas, el contexto, las consecuencias y la interacción entre víctima y agresor) que se utilizan para justificar o banalizar la violencia sexual” (Bonher et al, 1998). Son numerosos los estudios que ponen de manifiesto la relación existente entre la aceptación de tales mitos sobre las agresiones sexuales y la percepción social errónea de la violencia sexual contra las mujeres (Bohner et al., 1998; Bohner et al., 2009; Frese, Moya y Megías, 2004). Por último, centrándonos en los contextos en los que suele acontecer la violencia sexual hacia las mujeres, hasta el momento se han señalado como contextos más habituales donde se suelen producir las agresiones sexuales, el hogar, la calle, las escuelas o las prisiones (OPS, 2003; García-Moreno, 2000). No obstante, en una sociedad donde las nuevas tecnologías se han convertido en una herramienta socializadora tan poderosa, consideramos importante estudiar el entorno virtual como posible contexto en el que pueda acontecer violencia sexual de un modo más sutil. Este estudio analiza esta variable con el objetivo de determinar si es una variable 1167 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género relevante para la percepción e identificación de la violencia sexual que pueda acontecer a través de este entorno. En resumen, el objetivo que nos planteamos con este trabajo es estudiar la percepción social de los y las jóvenes sobre la violencia sexual que se perpetra hacia la mujer a través de entornos físicos y virtuales, investigando además la influencia del género y de la aceptación de mitos y falsas creencias sobre las agresiones sexuales. Se tomarán como variables dependientes en este estudio la percepción de culpabilidad en la víctima, en el agresor y la valoración de la gravedad de la situación de violencia sexual presentada. Se plantean las siguientes hipótesis de investigación: Hipótesis 1. Efecto principal del tipo de contexto en el que se produce la agresión. Se espera encontrar que el contexto en el que se presente la agresión influya en la percepción social de los y las jóvenes, de tal forma que percibirán mayor culpabilidad en la víctima, menor culpabilidad en el agresor y una menor gravedad de la situación de agresión presentada en el escenario de agresión virtual, comparado con el escenario de violencia tradicional. Hipótesis 2. Efecto principal del género. En base a la literatura revisada, se espera encontrar que los hombres, en comparación con las mujeres, perciban una mayor culpabilidad en la víctima, una menor culpabilidad en el agresor y una menor gravedad de la situación de violencia. Hipótesis 3. Efecto principal de la aceptación de mitos sobre las agresiones sexuales. Se espera encontrar que aquellos participantes con una mayor adhesión a los mitos sobre las agresiones sexuales perciban niveles superiores de culpabilidad en la víctima, menor culpabilidad en el agresor y una menor gravedad de la situación de agresión. Hipótesis 4. Efecto de interacción aceptación de mitos y tipo de entorno. En base a la literatura, se espera encontrar que las variables ideológicas (aceptación de mitos sobre las agresiones sexuales) en interacción con las variables que aportan mayor ambigüedad a la situación de violencia (entorno) influyan en la percepción de culpabilidad de víctima y agresor, así como en la gravedad de la situación. MÉTODO Participantes La muestra en este estudio experimental estuvo formada por 104 participantes (hombres = 32, mujeres = 72), con una media de edad de 26.26 años (D.T. = 6.99). Del total, el 56.7% eran estudiantes y el 43.3% se encontraban trabajando, en desempleo o tenían otras ocupaciones. El 95.4% manifestó ser de nacionalidad española, mientras que el 4.8% de otras nacionalidades. Instrumentos Se diseñó un cuestionario online que se difundió mediante el programa Google Drive a través de las redes sociales utilizando el efecto “bola de nieve”. El cuestionario estuvo disponible 15 días naturales. Finalizado este periodo, el acceso al enlace fue invalidado. El cuestionario online constaba de los siguientes instrumentos y materiales: Información sociodemográfica de los participantes: sexo, edad, nacionalidad y ocupación. 1168 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género The Acceptance of Modern Myths About Sexual Aggression Scale (AMMSA) (Gerger, Kley, Bohner y Siebler, 2007). Para este estudio se empleó la versión española de esta escala que fue adaptada por Megías, Romero-Sánchez, Durán, Moya y Bohner (2011). Esta escala está compuesta por 16 items que evalúan la aceptación de mitos modernos y falsas creencias sobre la agresión sexual. Presenta una escala de respuesta tipo Likert de 7 puntos, desde 1 (“totalmente en desacuerdo”) a 7(“totalmente de acuerdo”). Puntuaciones elevadas en la escala indican una mayor aceptación de estos mitos. Algunos ejemplos de ítems de la escala AMMSA son los siguientes: ”Cuando una mujer comienza una relación con un hombre, debe tener claro que el hombre hará valer su derecho de mantener relaciones sexuales”, “La mayoría de las mujeres prefieren ser elogiadas por su físico que por su inteligencia”, “Muchas mujeres tienden a exagerar el problema de la violencia machista”, “Cuando un hombre presiona a su pareja para mantener relaciones sexuales, esto no puede llamarse violación”. La consistencia interna obtenida para la escala en este estudio fue de α = .90. Escenarios de violencia. Para evaluar la percepción social de situaciones de violencia sexual hacia la mujer, se crearon dos escenarios o relatos breves sobre una agresión hacia una mujer en el contexto de una relación de pareja. Estos escenarios sirvieron para introducir la manipulación experimental. En el primer escenario, la agresión tenía lugar en un entorno físico, mientras que en el segundo, en un entorno virtual. Al tratarse de un diseño intrasujeto, todos los participantes leyeron ambos casos y posteriormente respondieron a las preguntas que se realizaban sobre los mismos. Variables dependientes. Se diseñaron tres ítems para conocer la percepción social de ambos tipos de violencia. Los participantes, tras la lectura de cada escenario, respondieron a preguntas que evaluaban la percepción de culpabilidad en la víctima, en el agresor y la percepción de gravedad de la situación de violencia, a través de una escala de respuesta tipo Likert de 5 puntos, donde 1 (nada) hasta 5 (mucho). Diseño Este estudio adoptó un diseño factorial intrasujeto 2 (tipo de entorno donde acontecía la violencia: tradicional vs. virtual) x 2 (género: hombre vs. mujer) x 2 aceptación de mitos (alta aceptación vs. baja aceptación), siendo las dos últimas variables independientes manipuladas por selección. Se tomaron como variables dependientes la percepción de culpabilidad en la víctima, en el agresor y la valoración de la gravedad de la situación. Procedimiento Se diseñó un cuestionario online al que los participantes accedían pinchando en un link que había sido distribuido a través de diferentes redes sociales utilizando el efecto de bola de nieve. En la primera página aparecían instrucciones que, además de garantizar el anonimato de las respuestas y el trato confidencial y con fines meramente de investigación de sus respuestas, solicitaba marcar una casilla con el que daban su consentimiento para participar en dicho estudio. A continuación se pasaba al estudio propiamente dicho. Al finalizar, se les agradecía su participación. RESULTADOS Puesto que la principal variable independiente de este Estudio (entorno en el que acontece la agresión) fue manipulada intra-sujetos, llevamos a cabo diferentes ANOVAS de medidas repetidas para cada una de las variables dependientes de este estudio. 1169 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género Percepción de culpabilidad en la víctima. Este análisis mostró un único efecto principal de la variable tipo de entorno (F(1, 101) = 8.52; p < .01) sobre la percepción de culpabilidad en la víctima. En línea con nuestras predicciones, los participantes consideraban más culpable a la víctima que había sufrido la agresión a través del entorno virtual (M = 3.18) que a la que había sido agredida a través de un entorno tradicional (M = 3.00) (ver Figura 2). 2,5 3 3,5 ENTORNO FÍSICO VIRTUAL Figura 2. Puntuaciones medias en percepción de culpabilidad de la víctima según el entorno de violencia. No obstante, este efecto principal se debe interpretar en función del efecto de interacción que se produjo entre las variables entorno de agresión X aceptación de mitos (F(1,101) = 7.84; p<.01) (ver Figura 3). Analizando esta interacción, vemos que las personas con una alta aceptación de mitos sobre las agresiones sexuales culpan en mayor medida a la víctima, independientemente del entorno en el que se haya producido la agresión. Sin embargo, las personas que sostienen bajos niveles de tales mitos perciben más culpable a la víctima agredida en el entorno virtual frente a la agredida en un entorno físico (p<.05). 2 2,5 3 3,5 4 FISICO VIRTUAL ALTO MITOS BAJO MITOS Figura 3. Puntuaciones medias en percepción culpabilidad de la víctima en función del entorno de violencia y la aceptación de mitos sobre las agresiones. Percepción de culpabilidad en el agresor. Este análisis tan solo mostró un efecto de interacción entre las variables entorno de agresión X aceptación de mitos (F(1,101) = 5.54; p < .01) en la percepción de culpabilidad en el agresor 1170 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género (Figura 4). Como podemos observar en la Figura 4, cuando la agresión se presenta a través del entorno físico, los niveles de aceptación de mitos sobre las agresiones no influyen en la culpabilidad percibida en el agresor. Sin embargo, cuando la agresión se presenta a través de un entorno virtual, los participantes con bajos niveles de mitos perciben más culpable al agresor que aquellos participantes con altos niveles de mitos (p<.05). 3 3,5 4 4,5 5 FISICO VIRTUAL ALTO MITOS BAJO MITOS Figura 4. Puntuaciones medias en percepción de culpabilidad del agresor en función del entorno de agresión y de la aceptación de mitos sobre las agresiones. Percepción de la gravedad de la situación de violencia. Este análisis mostró un efecto principal de las variables entorno de agresión, F(1,101) = 4.96; p < .05), género, F(1, 100) = 28.38; p < .001, y aceptación de mitos, F(1,100) = 9.68; p < .01, en la percepción de la gravedad de la situación de violencia. Así, la situación de agresión a través de un entorno tradicional (M = 3.91) fue percibida significativamente más grave que la acontecida a través del entorno virtual (M = 3.25) (p<.001) (Figura 5). Las hombres (M = 2.84) percibieron la situación de agresión como una situación significativamente menos grave que las mujeres (M = 3.91) (p<.001) (Figura 6). Por último, los participantes con una baja aceptación de mitos sobre las agresiones sexuales (M = 3.75) consideraban la agresión significativamente más grave que aquellas personas que manifestaban un alto acuerdo con tales mitos y falsas creencias sobre las agresiones (M = 3.04) (p<.001) (Figura 7). Ningún otro efecto alcanzó la significación estadística. 2 2,5 3 3,5 4 4,5 5 ENTORNO FÍSICO VIRTUAL Figura 5. Puntuaciones medias en percepción de gravedad de la situación según el entorno de violencia. 1171 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género 1,5 2 2,5 3 3,5 4 SEXO HOMBRE MUJER Figura 6. Puntuaciones medias de la percepción de la gravedad de la situación según la variable género. 1,5 2 2,5 3 3,5 4 ACEPTACION MITOS BAJO MITOS ALTO MITOS Figura 7. Puntuaciones medias de la percepción de la gravedad de la situación en función de la aceptación de mitos sobre las agresiones. DISCUSIÓN El presente estudio se realizó con el objetivo de analizar la percepción social de los jóvenes sobre la violencia sexual hacia la mujer perpetrada a través de las nuevas tecnologías o a través de entornos físicos tradicionales. La influencia del género y de la aceptación de mitos y falsas creencias sobre las agresiones sexuales también se estudió. Los principales resultados de este estudio apoyan muestran apoyo a las hipótesis planteadas. La primera hipótesis planteaba fue la influencia del entorno de perpetración de la agresión sobre la percepción social de la misma. Los resultados apoyaron la Hipótesis 1, poniendo de manifiesto la influencia del entorno en la percepción de culpabilidad de la víctima, del agresor y de la gravedad de la situación. Es decir, existe una menor percepción de la violencia sexual cuando ésta es perpetrada a través de entornos virtuales frente a los entornos más conocidos por la población. Este hallazgo pone de relieve la escasa sensibilización que aún presenta la población ante los diversos delitos y abusos que se cometen a través de entornos virtuales. Una posible explicación para este resultado sería que, en general, se entiende que el hecho de que la agresión esté mediada por un ordenador, móvil o cualquier otra herramienta tecnológica, facilitaría que la víctima pudiera frenar la agresión y, por tanto, si no lo hace, se tiende a 1172 I + G 2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género