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Más allá de la neurociencia, más acá de la filosofía [Reseña]

Leon Kabarity, George

Abstract

Las relaciones entre neurociencia y filosofía son complejas, porque cada una de estas dos disciplinas se halla necesariamente impregnada por la otra. Por eso, cualquier aportación valiosa al debate debe partir de un conocimiento sólido de ambos campos del saber, para evitar caer en simplismos. Esto es lo que han logrado los autores de los capítulos de Concepciones antropológicas de los protagonistas de la revolución neurocientífica, coordinada por Juan Arana. En esta obra, los autores hacen un despliegue de conocimiento exhaustivo tanto de la neurociencia como de la filosofía, para establecer un punto de partida de un debate que puede resultar fructífero.

Full text

542 GEORGE LEON KABARITY CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 51, 2024, 542-546, ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 MÁS ALLÁ DE LA NEUROCIENCIA, MÁS ACÁ DE LA FILOSOFÍA BEYOND NEUROSCIENCE, AHEAD OF PHILOSOPHY Reseña de: Juan ARANA (dir.), Concepciones antropológicas de los protagonistas de la revolución neurocientífica. Valencia: Tirant Humanidades, 2023, 516 págs. G EORGE L EON K ABARITY Personal investigador en formación (FPU) Universidad de Sevilla Sevilla/España [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3820-7990 Recibido: 29/01/2024 Aceptado: 30/01/2024 Concepciones antropológicas de los protagonistas de la revolución neurocientífica (2023) es una ambiciosa compilación de capítulos, coordinada por Juan Arana, sobre las diferentes personalidades que han contribuido a que la neurociencia sea la disciplina que hoy día es. La interdisciplinariedad y la colaboración entre neurociencia y filosofía está presente en cada uno de los capítulos del libro, que trata de aportar una perspectiva novedosa al debate sobre una revolución que no deja de ser antropológica. Antropología y neurociencia se hallan estrechamente unidas. Pero semejante estrechez hace que la conexión entre estas dos disciplinas sea también complicada, sofisticada y abierta a la polémica. Por ello, cualquier persona que esté interesada en hacer una aportación valiosa al debate debe tener un conocimiento riguroso de ambas, para saber establecer la línea entre el conocimiento científico – apegado a hechos verificables y refutables empíricamente – y la especulación filosófica. En este sentido, la interdisciplinariedad se revela imprescindible en este debate. Como señala Juan Arana: “Sus representantes [de la MÁS ALLÁ DE LA NEUROCIENCIA, MÁS ACÁ DE LA FILOSOFÍA 543 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 51, 2024, 542-546, ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 neurociencia] trascienden, en efecto, las especialidades de origen para abrirse a una comprensión multifactorial del intricado mundo que investigan” (p. 18). Uno de los grandes peligros a los que se enfrenta el filósofo cuando se acerca a la neurociencia es, aunque suene obvio, que no sepa lo suficiente de neurociencia. Sin embargo, la situación contraria también es igualmente recurrente. A medida que uno va leyendo los capítulos de esta obra de poco más de quinientas páginas, podrá irse percatando de que neurocientíficos declaradamente naturalistas sostienen posturas que son claramente metafísicas y que no han sido probadas – aunque tampoco refutadas – por los hechos. Pero, en lo que a los filósofos nos respecta, corremos un destino trágico: para filosofar, necesitamos algo sobre lo que hacerlo. Ese “algo” ha de ser necesariamente un conocimiento sólido y exhaustivo del tema en cuestión. Por ejemplo, para reflexionar sobre el derecho, necesitamos tener un conocimiento lo suficientemente riguroso de esta disciplina. Lo mismo ocurre con la neurociencia. Si no se cumple este requisito, los filósofos solo estarían reflexionando sobre una burda simplificación de la realidad. La tarea de la filosofía, en tanto que pretensión de universalidad y radicalidad, es ciertamente la simplificación, y con ello consigue simplicidad. Pero esta simplificación debe ser llevada a cabo sobre un substrato real y auténtico, que puede resultar no siempre simple. Pues bien, los autores de los capítulos de este libro han sido plenamente conscientes de esta realidad, y así lo han demostrado en su labor. Han sido capaces de llevar a cabo una exposición crítica y filosófica de los protagonistas de la revolución neurocientífica sin dejar de lado el rigor científico y sin caer en hombres de paja. Las concepciones de los científicos han sido analizadas con la mayor justicia y objetividad posibles y en ningún momento las observaciones críticas han sido dirigidas a una versión caricaturizada de las mismas. Este libro recoge 24 capítulos sobre diferentes personalidades de la revolución neurocientífica. Cada una de estas figuras recibe un tratamiento destinado al público culto en general. Estaría fuera del propósito de esta reseña ofrecer un resumen de cada uno de los capítulos. Tampoco nos parecería apropiado resumir solo unos cuantos de ellos. Sí podemos puntualizar que la selección de personalidades tratadas responde a un criterio abarcador y justo a la vez que exhaustivo. El primer capítulo está dedicado, como no podía ser de otra manera, a William James, uno de los padres de la neurociencia. Sin embargo, hay una notable presencia de científicos españoles. La figura de Santiago Ramón y Cajal, el científico español más prestigioso de todos los tiempos, recibe un trato eminente de la mano de la magistral pluma de Francisco Rodríguez Valls. Pero también Juan Rof Carballo (Miguel Palomo), padre de la medicina psicosomática, Fernando Reinoso Suárez (José Manuel Giménez Amaya y Francisco Reinoso Barbero) y Joaquín Fuster (Juan Arana) y su reflexión sobre la libertad reciben un trato digno a la altura de su importancia en un panorama en el que la ciencia española suele ser denostada o ignorada por los propios españoles. 544 GEORGE LEON KABARITY CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 51, 2024, 542-546, ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 También se hace justicia histórica a la figura de una mujer excepcional: RitaLevi Montalcini, “italiana y judía”, tal y como María Caballero señala nada más comenzar el capítulo con inigualable acierto. Descubridora del factor de crecimiento nervioso (y ganadora de un premio Nobel por ello), su pasión por el estudio del cerebro la motivó a seguir luchando en un mundo donde siempre fue señalada por su género y su origen religioso. Las eminentes personalidades de Daniel Dennett y de Antonio Damasio también reciben un tratamiento interesante y certero. En el caso del primero, Pedro Jesús Teruel nos sitúa ante los retos de la negación del carácter metafísico de la conciencia que lleva a cabo el norteamericano; luego termina su capítulo haciendo un análisis sociológico – que no dejará indiferente a nadie – del lugar que ocupa la obra de Dennett en el panorama socio-político estadounidense. En el caso de Damasio, Salvador Anaya emprende una exposición rigurosa de la explicación emergentista del surgimiento de la subjetividad que emprende el portugués, para luego esbozar una crítica analítica de dicha explicación. Curioso resulta el capítulo que Francisco Soler Gil dedica a Benjamin Libet, quien dio nombre a un famoso experimento que recibió una interpretación radicalmente opuesta a la de su autor. Cuando los demás creyeron que era una prueba del carácter ilusorio de la libertad, Libet piensa que la interpretación más adecuada de hecho es la que considera que la libertad existe. Realmente, era lógico que hubiera semejante equívoco en las interpretaciones del primer experimento, el cual no era concluyente y del cual era posible tanto concluir que el ser humano es libre como lo contrario. Lo escandaloso era que el resultado del segundo experimento, que sí era menos interpretable, fuera tan ignorado. El segundo experimento trató de demostrar que la conciencia podía ejercer un veto sobre una acción preparada inconscientemente. Y, aparentemente, así sucedió: parecía como si el sujeto del experimento podía reprimir una acción preparada a nivel inconsciente y, de este modo, no realizarla. En este sentido, Libet interpretaría el libre albedrío como veto – y no como iniciación de acciones, lo cual sucede a nivel inconsciente. Moisés Pérez Marcos, por su parte, dedica sendos capítulos a Karl Popper, John Eccles e Iain McGilchrist. Los capítulos dedicados a las dos primeras personalidades mantienen una unidad temática, debido a la influencia que el filósofo austríaco ejerció sobre Eccles. Sin embargo, una especial atención merece el texto dedicado a McGilchrist, por la originalidad, no solo del pensamiento, sino de la figura personal de este científico. Procedente del mundo de las letras, termina incursionando en la medicina y especializándose en psiquiatría en Estados Unidos. Esto explica la versatilidad de su pensamiento, que compagina ciencia con otras disciplinas humanísticas. Este carácter se refleja en la tesis que él más ha trabajado: que la presencia en el cerebro en dos hemisferios ayuda a explicar la historia de la civilización occidental. Esta visión ha recibido muchas MÁS ALLÁ DE LA NEUROCIENCIA, MÁS ACÁ DE LA FILOSOFÍA 545 CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 51, 2024, 542-546, ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 críticas, no por su análisis sociológico de Occidente, que podría resultar acertado, sino por la fundamentación de dicho análisis en un fenómeno anatómico. Jesús de Garay, en su valioso capítulo dedicado a Wilder Penfield, nos pone ante una polémica acerca de lo propio de la experiencia humana. Garay alega que la autoconciencia entendida como autotransparencia no puede constituir dicha experiencia, sino más bien la autoconciencia entendida como autodeterminación, es decir, como principio libre de acciones. Gonzalo Arrondo nos cuenta cómo Alexander Romanovich Luria, junto con su maestro Vygotsky, fundaron la psicología histórico-cultural. Por su parte, José Ignacio Murillo y José Luis González Quirós escriben los capítulos dedicados a Charles Sherrington y Roger Sperry, respectivamente. Juan Arana describe el darwinismo neuronal – marcadamente objetivista, – de Gerald Edelman. Por su parte, José Domingo Villaplana expone la forma en la que Eric Kandel entiende que la mente es solo una emergencia de las actividades del cerebro. Luis Fernández Navarro dedica un capítulo a Jean Pierre Changeux, mientras que Pablo Sahagún Kunhardt y Gonzalo Alonso-Bastarreche llevan a cabo una exposición excelente de las conclusiones de los experimentos con los que Michael Tomasello trata de descubrir qué es lo que nos diferencia como humanos. Por último, este excepcional libro acaba, como no podía ser de otra manera, con capítulos dedicados a personalidades tan ilustres como Raymond Dolan (Esteban Fernández Hinojosa), David Gelernter (Gonzalo Génova), Thomas Fuchs (Juan José Padial) y Karl Friston (Javier Sánchez-Cañizares). Este último capítulo tiene un carácter peculiar, porque Friston se centra, en base al teorema de Bayes, en lo que permite que el viviente siga vivo en un medio hostil. Es un texto que utiliza conceptos y elementos con los que probablemente el lector no esté nada familiarizado, como “cerebro bayesiano”, “energía libre”, “atractor estable” o “manta de Markov”. El capítulo describe el modo en que Friston caracteriza a la conciencia como “espesor temporal” para luego aseverar que la conciencia consiste en las inferencias que yo puedo hacer sobre mi futuro para minimizar riesgos e imprevistos (p. 497). En definitiva, estamos ante un texto de un valor sólido, por lo relevante que podría resultar su aportación al debate en torno a las relaciones entre neurociencia y filosofía. Como ya hemos dejado caer antes, los filósofos y los neurocientíficos están condenados a entenderse, por la simple naturaleza de las disciplinas mismas. Es muy fácil que un neurocientífico se sorprenda a sí mismo asumiendo perspectivas, categorías e incluso terminologías filosóficas y antropológicas. El tema de la mente y de la relación entre esta y el cerebro es una variante más de una discusión (la que gira en torno al dualismo de alma y cuerpo) que entronca sus orígenes en la misma Antigüedad. Aunque parezca que en ciertos momentos la ciencia por fin puede dar el salto definitivo a la ambicionada om- 546 GEORGE LEON KABARITY CUADERNOS SALMANTINOS DE FILOSOFÍA Vol. 51, 2024, 542-546, ISSN: 0210-4857, E-ISSN: 2660-9509 nicomprensión, este salto parece posponerse indefinidamente. Esto no quiere decir que los neurocientíficos tengan que embarcarse en especulaciones filosóficas que difícilmente pueden progresar. Su papel es precisamente atenerse a los hechos, y solo dar por válido aquel conocimiento que puede ser contrastado empíricamente. Pero, una vez más, como nos ha demostrado el ejemplo de Libet, hasta cómo se interpreta un experimento depende de las asunciones filosóficas de las que uno parte.