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ANALISIS DE LA METODO LOGÍA DE LA VALORACIÓ N ECONÓMICA
DEL IMPACTO AMBIENTAL. UNA APLICACIÓ N A LA REDUCCIÓN DE LA
CONTAMI NAC IÓN EN ANDALUC ÍA POR EL MÉTODO DE LOS C OSTES
EVITADOS
TESIS DOCTORAL
2010
Autor: José Manuel G onzález Limón
Director: Prof. Dr. D. Camilo Lebón Fernandez
“Es mejor co jear por el camino que av anzar a grandes paso s fuera de él. Pues quien cojea en e l
camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más
corre, más se aleja”.
San Agustín
Dedicatoria:
Dedico especialmente es ta Tesis Doctoral a mi familia, especialmente a mi mujer, a mis
hijos y a mis padres, sin ellos difícilm ente hubiera concluido este trabajo
Agradecimientos:
Agradezco el i mpulso, el aliento y la motivaci ón de mi director de tesis, D. Camilo Lebón
Fernández, así co mo la a yuda de mis compañeros , y especial mente a Jo se Manuel Can sino
Muñoz-Repiso y Manuel Pazos Casado
INDICE
Índice
CAPITULO I.- INTRODUCCIÓN
I.1.- JUSTIFICAC IÓN DEL TRABAJO. 11
I.2.- OBJETIVOS Y METODOLOGÍA. 12
I.3.- CONTENIDO Y E STRUCTURA DEL TRABAJO. 14
CAPITUL O II: ECONOMÍA, E COLOGÍA Y MEDIOAMBIEN TE
II.1.- ECONOMÍA Y ENTROPÍA. 21
II.1.1. - La c iencia económic a y el modelo me canic ista. 21
II.1.2.- La e ntropía y su aumento irrevocable . 26
II.2.- L A TERMODINÁMIC A COMO FÍ SICA DEL VALOR ECONÓMICO. 40
II.2.1.- El proceso eco nómico, la acti vida d int enc iona l y el pl acer de vivir . 49
II.3.- SIGNIF ICADO DEL DESARROLL O ECONÓMICO EN TÉRM INOS DE
TRANSFORMA CIÓN EN TR ÓPICA . 54
II.4.- NATURALE ZA Y ECONOM ÍA. 70
II.5.- PRODUCCIÓN, RIQUEZA Y PODER. 82
II.6.- LA ECONOMÍA Y LA VALO RACIÓN DEL MEDIO AMBIENTE . 91
II.7.- CONSIDERACIONES SOB RE LA ECONOMÍA AMBIENTAL Y SU
APLI CACIÓN . 107
CAPITUL O III.- DESARROLLO SOST ENIBLE, ANALI SIS ECONÓ MICO Y
VALORACIÓN A MBIENTAL
III.1.- DES ARROLLO SOSTENIBLE Y VAL ORACIÓN DEL MED IOAMBIENT E.
131
III.1.1 .- El concept o de Desa rrollo s ostenible . Sosteni bilida d Globa l y Loca l.
131
III.1.2.- D esarro llo, capital na tural y progreso técnico. 139
III.1.3.- L a sostenibi lidad local y la sos tenibilidad g lobal. 151
Índice
III.2.- E L MERCADO ANÁLIS IS ECONÓM ICO Y MED IO AMBIENT E . 156
III.3.- L A VALORACIÓN E CONÓMICA Y EL M EDIO AMB IENTE. 161
III.4.- ETIC A Y SIGNIFICADO DE LA VAL ORACIÓ N AMBIENTAL. 168
II.5.- VALOR ECONOMICO TOTAL. 173
III.6.- VAL ORES DE OPCIÓN Y CUASI-OP CIÓN. 179
III.7.- VALOR DE E XISTENCIA, VAL OR ECONO MICO TOTAL Y TOMA DE
DECISION ES. 183
III.8.- E STIMACION DE LO S BENEFIC IOS DE LA ME JORA AM BIENTAL.
ESTRUCTURA DE L OS MODELOS. 187
CAPITUL O IV.- RE LEVANCIA DE LA VALORACIÓ N ECONÓMIC A Y LOS
MECANISMOS DE PROTECCIÓN DEL MEDIOAMBIENTE (1)
IV.1 .- INTRODUCCI ÓN. 197
IV.2.- EL MERCA DO Y SU FUNCIONA MIENTO. LA CONTA MINACIÓN COMO
FALLO DE L MERC ADO. 200
IV.2.1. - Utilizac ión por el mercado de los rec ursos con precio y sin él. 205
IV.2 .2.- El nivel ópti mo de cont aminaci ón. 209
IV.3.- LA PROTECCI ÓN DEL MEDIO AMB IENTE POR LA VÍA DEL MERCADO.
LOS DERECHOS DE PROPIEDAD, E L TEOREMA DE COASE Y LA
NEGOCIACIÓN. 215
IV.3 .1.- Incent ivos versus regula ción. 215
IV .3 .2 .- La int er ve nc ión di re ct a. El mandato y control. 217
IV.3 .3.- El que conta mina paga . Concept o e interpre tación. 22 0
IV.3 .4.- El probl ema de la incerti d umbre y el ri esgo. El principio de
precaución. 225
IV.3.5.- Los enfoques de los derechos de propiedad. El Teorema de Coase.
227
IV.3 .6.- Crítica s al Teore ma de Coase . 232
Índice
CAPITULO V.- RELEVAN CIA DE LA VALORACIÓN ECO NÓMICA Y LOS
MECANISMOS DE PROTECCIÓN DEL MEDIOAMBIENTE (2)
V.I.- INCENTIVOS ECONOMICOS: IMPUES TOS y SUBSIDIO S. EL IMPUESTO
ÓPTIMO SOBRE LA CONTAMINACIÓ N. OTROS GRAVÁMENES
AMBI ENTA LES. 2 49
V.1.1.- Incentivos económicos. 249
V.I. 2.- Impues tos ópti mos a la contaminac ión. 253
V. 1. 3. - Lo s p ro ble ma s d e l a fi ja ció n de u n im pu esto . 25 7
V. 1. 4. - Co n tro ve rs i a so br e q ui én pa g a los impuestos y quién debería hacer lo.
261
V.1.5 .- La efect ivi dad de un im puesto sobre la contami naci ón. 272
V.1.6.- Problem as internacionales en la imp lantación de impuestos a la
contaminación. 2 73
V.1. 7.- Otros gravámen es a la con tamin ación . 276
V.1.8.- Los subsid ios o subvenc iones a la reducción de la contaminación. 279
V.2.- LA REGULACIÓN DIRECTA Y EL CONTROL. ESTABLECIMIENTO DE
ESTÁNDARES AMBIENTALES. 284
V2.1.- Eficie ncia y busc adores de re nta. Principio de precaución y c arga
crítica. 284
V.2.2.- La política ambiental. E ficiencia de los estándare s medioambient ales.
295
V.3. - IMPUESTOS FR ENTE A ESTÁN DARES AMBI ENTALES. 303
V.4.- LOS PERMISOS DE CONTAMINACIÓN NEGOCIABLES. 307
V.4. 1. - E l f un cio nam ie nto d e los pe rmis os de con ta min ació n . Neg oc iac ión
práctica. 307
V.4.2.- Objeciones a los pe rmisos negociables. Regulación del uso de l os
recursos naturales. 322
Índice
CAPITULO VI.- METODOLOGÍAS DE LA VALORACIÓ N ECONÓMICA DEL
MEDI OAM BIEN TE
VI.1 .- INTRODUCCI ÓN. 337
VI.2.- METODOS DE ESTIMACI ÓN DE LOS BENEFICIOS. 339
VI.3.- MÉTOD OS IN DIRECTOS DE VALORA CIÓN. 355
VI .3 .1 .- El com po rta m ien to de fe ns ivo y complementariedad débil. 356
VI.3.2.- Métodos i ndirectos de valoración con da tos hipotét icos. 362
VI. 4.- METODO S DIRECTOS, CON OBSERVACION DE MERCADO Y CON
DATOS HIPOTÉTICOS. 363
VI.5.- P RINCIPALES METODOS DE V ALORACION DEL MED IO AMBI ENTE.
367
VI.5.1.- Métodos de mercados hedónicos. el mercado de la vivienda y
calidad a mbiental . 369
VI .5.2 .- Mét o do de l cos te de viaj e. 3 74
VI.5 .3.- La Valora ción Contin gente. 38 2
CAPIT ULO VI I. EL M ÉTODO DE LOS CO STES EVI TADOS O BENEFI CIOS
INDUCIDOS. CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA Y SALUD
VII.1.- INTRODUCCIÓN. 397
VII.2.- UNA APROXIMACION EN LA METO DOLOGÍA. 403
VII. 2.1.- F uncio nes d osis- resp uesta. 403
VII.2.2.- Cambios en la producti vidad. 404
VII.2.3.- Costes de enfermedad y de op ortunidad. Análisis coste-eficacia. 407
VII 2.4.- Gastos defensi vos, costes de reposi ci ón y de r eloca liza ción. 410
VII.2.5.- Algunas co nsideraci ones sobre la me todología. 4 11
VII 3.- ANÁL ISIS DE LOS EFECTO S DE LA CONTAMINAC IÓN. 415
VII 3.1.- Introducción. 415
VII.3.2.- La contaminación atmosféric a y la emisión de contaminantes. 416
Índice
VII.3. 3.- Re laciones ca usa-efecto en los procesos de contaminación
atmosférica. 430
VII.4.- CALIDAD AMBIENTAL Y SUS EFEC TOS SOB RE LA SALUD HUMANA.
435
VII.4.1.- Efectos sobre la salud atr ibuibles a contaminantes atmosféricos. 438
VII.4.1.1.- Evaluación de los riesgos para la salud causados por la
expo sici ón a dióxid o d e azufre (SO 2 ), humo y partículas en su spensión. 44 0
VII.4.1.2.- Evaluación de los riesgos para la salud c ausados por la
exposición a monóxi do de carbono. 441
VII.4.1.3.- Evaluación de los riesgos para la salud c ausados por la
exposición al ozono. 442
VII.4.1.4.- Evaluación de los riesgos para la salud causa do s po r la
exposición a compuestos de nitrógeno. 442
VII.4.1.5.- Evaluación de los riesgos para la salud c ausados por la
exposición al plomo. 443
VII.4.2.- Exposición hum ana y calidad ambiental . 444
VII.4.2.1.- Análisis de la mor talidad y de la morbilid ad. 448
VII.4. 3.- Func iones de dañ o a la salud. 452
VII.4.3.1.- Medioambiente y epidemi ología. 455
VII.4 .3.- Est udios empíri cos de contamin ación atm osféri ca y salud.
457
CAPIT ULO VIII .- CRITICAS A LA VALOR ACIÓN MONET ARIA D EL MEDIO
AMBIEN TE
VIII.1. - INTRODUCC IÓN. 486
VIII.2. - EL ANÁLISI S COST E-BENEFICI O Y L ÍMITES DE SU APLICACIÓN A
LOS TEMAS REL ACIONADO S CON LA CONTAM INACIÓ N. 493
VIII.3.- PR OBLEMAS DE CÁLC ULO DE L OS BENE FICIOS Y L OS COSTES DEL
MEDIO AMBIENTE , EN EL ANÁLIS IS COSTE-BENEFICIO. 498
Índice
VIII.4. - LOS MÉTODOS DE VALORACIÓ N CONT INGENTE Y DE L COSTE DEL
VIAJE EN LA EVALUACIÓ N MEDIOAMBIENTA L. 505
VI II. 4. 1. - En el co nte xto neoc lás ic o. 50 5
VIII.4. 2.- En la teor ía psicométrica. 508
VIII.4. 3.- En el anális is general d e sistemas. 513
VII.5.- INADECUACIÓN DE LOS CONCEPTOS DE CRECIMIENTO
ECONÓMICO Y DE PNB, DESDE LA PERSPECT IVA ECOLÓGICA. 516
VIII.6.- LA ASIGNACIÓN INTERGE NERACIONAL DE RECURSO S, LOS
DERECHO S DE PROPIEDAD Y LA INCERT IDUMBRE AMBIENT AL.522
CAPIT ULO IX .- ESTUD IO DE LOS B EN EFICIOS DE LA RE DUCCI ÓN DE LA
CONTAMINACÓN EN LA COMUNIDAD AUTÓN OMA DE ANDALUCÍA.
IX.1.- IN TRODUCCIÓN. 537
IX.2.- LA POLÍTICA AMBIENTAL. 543
IX.2 .1.- Los Pla nes c orrect ores. 545
IX.3.- EL CASO DE HUELVA. 550
IX.3.1 .- El Pla n corrector de vert idos indust riales a la ría de Hu elva . 551
IX.3.2 .- Plan co rrect or de emisi ones at mosféric as de Huel va. 55 7
IX.4 .-EVI DENCIA EMPÍ RICA D E LA RELACI ÓN EN TRE LA
CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA Y LA SALUD. E L PROYECTO APHEA. 563
IX.4 .1.- El estu dio EMEC AM . Contaminació n atmosférica y mor talidad. 5 70
IX.4 .2.- El Estudio EMECA M para la ciudad de Huelva .574
IX.5.- BENEFICIOS ECONÓMICOS DE RIVADOS DE LA REDU CCIÓN DE LA
CONTA MINA CIÓN ATMOSFÉR ICA. 579
IX.5.1 .- Mortali dad. 579
Capítulo I: Introducción
15
diferentes aspectos del medioambiente y, en particular, sobre la valoración
medioamb iental. A continuación, se anal iza con detalle la aplica bilidad de dicha
nueva concepción económica a la solución d e problemas concretos, los límites al
crecimiento, el uso de recurs os, la degradación ambiental.
Analizamo s posteriormente el concepto de desarro llo sostenible, se toma
como punto de partida el concepto de ec odesarrollo y posteriormente el contenido
del informe Brundtland, base de los cr iterios operativos de dicho concepto
establecidos por Riechman. Seguimos a c o ntinuación el enlace del concepto de
desarrollo sostenible con la valoración ambie ntal, q ue aparece en la controver sia de
la sustituibilidad del cap ita l natural, por el capital hecho por el hombre. En este
sentido, se plante a n los diver sos crit erios destacad os por los autores de la
economía ecológi ca y de la economía am biental, y su integración en estos a spectos,
por la vía de la valoración económica. Consideram os después, la relación entre
sostenibilidad local y global, que enlazan estos concept os con los de sostenibi l idad
fuerte y débil .
Profundizamos luego en la idea de los fallos del mercado respecto al
medioamb iente, en particular d e las externalid ades, sus c a usas y carac terísticas;
para seguidamen te analizar los diferentes modelos que tratan de rel a cionar la
política ambiental y el mercado.
Para finalizar el capí tulo, indagamos sobre los diversos elementos de la
valoración ambiental; desde quien asigna los valores, hasta las diversas p artes
Capítulo I: Introducción
16
incluidas en l a misma, su signi ficad o, y la ética de la valoración. Con
posterioridad, se anal izan los difere ntes concepto s que componen el valor
económico total: valores de uso y no de uso, valor de opción, cuasiopción y valor
de existencia; para, por último, consid erar di cho valor económico total y su
trasc endencia en la toma de decisi ones.
La r eleva ncia de la val ora ción económica en l a Política ambiental, se estudia
en el capítulo tercero. Empezamos dicho capítulo con un an álisis del
funcionamiento del mercado desde un punto de vista microecon óm ico, pero en
considerac ión a los efec tos que las ac ti vidades empresariales tiene n sobre el
entorno, en términos de contaminación y de gradación a mbiental, externalidades, y
como éstas no se inco rporan a los cost es de la empresa, a p e sar d e que afe c tan a
otros agentes económicos externos al negocio de dicho merc ado.
Una vez plante ado el modelo de externalidad ópt ima, se anali za n las
diversas alterna tivas de política a seguir, para d e alguna fo rma introducir,
interiorizar, dichos costes ex ternos en l as curvas de costes de las empres as. Así se
estudian los impuest os ambientales, los es tándares de obligado cumplimiento, los
permisos de con taminación negociables y los acuerdos económicos, basados en el
teorema d e Coase.
La implicación de la valoración económi ca en este modelo, se basa en la
cuantificaci ón de las medidas de política, ya que su conocimiento permit iría la
correcta in teriorización de los costes e xterno s .
Capítulo I: Introducción
17
Se analizan, a simismo, en este ca pítulo, conceptos importantes que
condiciona n los instrumentos de protecci ón del me di oam bi ente d e la pol íti ca
ambiental, tales como , el principio de p recaución y la carg a crítica, además del
principio de que “el que contamina pag a”, y otros, también de interés para nuestro
estudio.
El capítu lo siguiente está dest inado a realizar una revisión de las
metodologí as más impo rta ntes de valora ción económica del medioambien te. Se
estudian en primer lugar los diferentes mo delos de estimaci ón de benefici os, se da
comienzo por las distintas clasificacione s d e los tipos más relev a ntes. En este
capítulo se analizan también los métodos de l coste de viaje o de desplaza miento, el
de valoración contingente y los método s hed ónicos. Ad emás, se estudia el
comportamien t o defensivo o complementariedad débil.
Posteriormente, se recoge de forma espe ci al y separada, debi do a que será la
base de la aplicación práctica, el méto do de los costes evitados o beneficios
inducidos. Se in i cia co n el anál isis de las llamadas f unciones dosis respuesta, que
dependen del tema o aspecto a valorar, y se encuentran en otras ciencias: como la
médica, agrícola, forestal, gan a dera, etc., y que representan las variacione s que se
pueden producir en de terminad as varia bles de estas cienci as, an te modificacion es
del deterior o ambiental, al tomar como base la contaminac ión atmosférica, hídric a,
de suelos, o de cualqui er otro elemento a considerar.
Capítulo I: Introducción
18
Se continua con el análisis d e divers as versiones de esta me todología que,
responden a la necesidad de difer e ncia ción de la evaluación o valoración
económica en los diferentes casos y variable s, como es el caso de los costes de
reemplazamiento y re localización. Se trata de pr ofundi zar despu és, en el análi sis
de los efectos de la contam inación, mediante modelos de dispersión u otros, y nos
centramos más en la contami nación atmosf éric a, por las r azones que plan teamos
en el párrafo anterior, al considerar esta metodología en capítulo separado.
A continuación, rela cionamos la contam inación y sus pos i bles efectos, para
adentrarnos en l a determin ación de l as variaciones que económicame nte puedan
aparecer como consecuencia de l os cambio s en los efectos de la contaminación.
Hacemos énfas i s, en parti cular, sobre la s alud humana, en cuanto se refiere a la
morbilidad y mortalidad caus ada por tales variaciones contaminantes.
Por último, se analizan los diferentes estudios empíricos sobre
contaminación atmosf érica y su relación co n la salud, como puntos previos a l a
valoración económica del impacto, a través de sus efectos.
El siguiente capít ulo incorpora las dife rentes críti cas que la lit eratura ha
acumulado sobre la valoración econ ómica del medioa mbiente, desde los
principales autores de la economía eco l ógi ca, donde planteamos la lim itación de la
aplic ación d e l anál isis coste -beneficio a la ev aluación de l a degradac ión
medioambiental.
Capítulo I: Introducción
19
Después se guimos con las críticas en especial a lo s principales m étodos de
valoración: el coste de viaje y la valo ración contingente, y ello desde varios
planteamientos. Por otra parte también se an aliza la problemáti ca referente a la
contabilización del P N B y aparte del creci miento. Al fin a l de este capítulo también
consideramos lo s problemas de la v alo ración económica en relación con los
derechos de propiedad y con la ince r t idumbre del traspaso gener acional.
Para finalizar, y, una vez descrito y estudiado el método de los costes
evitados, planteamos la aplicación del mismo a los beneficios inducidos por la
reducción de la contamina ción en Andaluc ía, para lo que nos centra mos en
varia bles rela cionada s con la salud hu mana , y su t raducci ón en val ores
económicos, que de alguna forma podrían ayudar a la toma de decision es por
parte d e las aut orida des.
Este tra bajo de investig ación finaliza con un apartado dedic ado a
Conclusiones, donde el autor plantea divers as pr opuestas o alternativ as sob re los
diferentes a spectos analizados a lo la r go del trabajo y que se deducen del mismo.
CAPITULO II: ECONOMÍA, ECOLOGÍA Y MEDIOAMBIENTE
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
21
II.1.- ECONOMÍA Y ENTROPÍA
La economía, como ciencia que estudia las leyes de la “casa”, o de la
ciudad, de su aprovisionamiento material y energético, presenta una clara
vinculación con el medio físico-biológico en el que se desarrolla su actividad.
Al ocuparse la ciencia ecológica o econ omía de la naturaleza del tratamiento
de este sustrato biofísico, por otra parte, aparece la estrecha relación entre
ambas ciencias, economía y ecología (AGUILERA KLINK, F., Y
ALCÁNTARA, V., 1994, pág. 26).
Ahora bien, la denominada economía ambiental constituye una
especialización de la economía, de la extensión de la teoría económica y sus
análisis al medioambiente natural, en tanto que la llamada economía
ecológica tiene como objetivo un en foque “ecointegrador” que saca a la
ciencia económica de su universo aisl ado de los valores de cambio “para
hacer de ella una disciplina obligadamente pluridisciplinar” (NAREDO, J.M.,
1992, pág. 2)
II.1.1.- La ciencia económica y el modelo mecanicista
A principio de los años 90, como consecuencia de mi gran interés por
indagar sobre los recursos naturales y la degradación de medioambiente,
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
22
tuve la fortuna de leer la extensa ob ra de Nicolás Georgescu-Roegen, aún sin
traducir del inglés, The Entropy Law and the Economic Process (GEORGESCU-
ROEGEN, 1971-b), lectura que me impacto de forma especial.
Respecto a la ley de la entropía, el citado profesor de economía de la
Universidad de Vanderbilt, al referirse a lo que se ha de considerar como de
mayor importancia, manifiesta en el pr efacio de su trabajo: "es que el
descubrimiento de la ley de la entropía trajo consigo el desmoronamiento del
dogma mecanicista de la física clásic a y que lo que sucede en cualquier
campo fenómenológico está compuesto exclusivamente de locomoción y que,
por tanto, no existe cambio irrevoca ble alguno en la naturaleza”. Debido
precisamente a que esta ley proclama la existencia de un cambio semejante,
es por lo que mucho tiempo antes alguno s estudiosos se habían percatado ya
de la íntima relación de la misma co n los fenómenos característicos de las
estructuras vivas.
Y continúa exponiendo que “a estas alturas, nadie podría negar que la
economía de los procesos biológicos viene establecida por la ley de la
entropía, no por las leyes de la mecánica.
La locomoción se entiende como movimiento en ambos sentidos,
reversible; por tanto como todo cambio es predecible, por ir en uno y otro
sentido en la física mecanicista, la posici ón de esta es contraria a la de la ley
de la entropía, para la que los cambios son irreversibles.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
23
El "principal motivo de queja" respecto a la economía, es que "la
ficción del homo economicus despoja la conducta humana de toda propensión
cultural, lo que equivale a decir que, en su vida económica, el hombre actúa
mecánicamente" (GEORGESCU-ROEGEN, N., 1996, pág. 45), por lo que se
califica de perspectiva mecanicista a la de la economía moderna.
Argumenta Georgescu-Roegen que, "La mecánica clásica es
mecanicista, porque no puede tener en cuenta la existencia de cambios
cualitativos en la Naturaleza de carácter permanente,... entiende ú nicamente
de la locomoción, y ésta es reversible y no cualitativa".... Jevons y Walras, no
tenían otra aspiración sino la de cre ar una ciencia económica de acuerdo con
el modelo exacto de la mecánica... Irving Fisher 1 ,... se tomó la molestia de
erigir un sistema muy complicado nada más que para demostrar el carácter
esencialmente mecánico del comportamiento del consumidor"
(GEORGESCU-ROEGEN, N., 1996, pág. 46); dicha idea ha sido el
denominador común en el pensamiento económico, esto es que el proceso
económico no provoca cambios cualitativos, ni tampoco se ve alterado por
cambios de orden cualitativo en el entorno en que se desarrolla. Se considera
como un proceso sin ligazones, independ iente, como un simple flujo circular
entre la producción y el consumo, c arente de otras entradas y salidas. Los
economistas mecanicistas tratan a veces, de los recursos naturales, pero en
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
24
ninguno de los modelos utilizados, existe alguna aportación de la naturaleza,
como contribución al proceso económico continuado.
Algo similar ocurre en los esquemas marxianos, y "puede decirse que
las dos corrientes principales del pensamiento económico contemplan el
proceso económico en relación con la naturaleza como un negocio "sin
aportaciones ni rendimiento"(GEORGESCU-ROEGEN, N., 1996, pág. 46).
Considera el mismo autor que, "la revolución es una situación muy
recurrente en la física. La revolución qu e nos interesa aquí se inició cuando
los físicos reconocieron el hecho elemen tal de que el calor se mueve siempre
por sí mismo sólo en una única direcci ón, desde el cuerpo más caliente hacia
el más frío, lo que llevó a reconocer la existencia de fenómenos que no
pueden reducirse a la locomoción ni explicarse, por tanto, por la mecánica.
De este modo, apareció una nueva rama de la física, la termodinámica, y una
nueva ley, la ley de la entropía, o cupó su lugar junto a -en lugar de, frente a-
las leyes de la mecánica newtoniana.....El hecho significativo para el
economista consiste en que la nueva ciencia termodinámica comenzó como
física del valor económico y, en esencia, la ley de la entropía por sí misma
aparece como la de carácter más econ ómico entre todas las leyes de la
naturaleza. Es desde la perspectiva de e stos desarrollos de la principal
1 Alude Georgescu-Roegen, a la obra de Irving Fischer, Mathematical Investi gations in the
Teory of Value and Prices. New Haven, 1925. Pá g. 38 y s.s.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
31
distribución de esa energía se hace más uniforme. En consecuencia, los
principios termodinámicos dejan una libe rtad importante a la trayectoria real
y al esquema temporal de un proces o entrópico.... podríamos calificar todo
ello de indeterminación entrópica". Asimismo nos dic e a pie de página que .
“Junto a las dos leyes ya mencio nadas, hay sólo otra ley fundamental de la
termodinámica, la ley de Nerst, que en esencia dice que el mínimo de
entropía no es factible en la realidad" (GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996.
Págs. 63).
Se ha intentado representar el pr oceso económico a través de un
nuevo sistema de ecuaciones diseñado según el modelo de la termodinámica.
Para ello, podemos pues escribir las ecuaciones de cualquier proceso de
producción o de consumo (si no con todos los detalles técnicos, al menos de
forma general)...Ahora bien, para escribir cualquier conjunto de ecuaciones
iniciales, debemos conocer las características exactas del proceso individual
al que se refiere, y el problema consis te en que a largo plazo, o incluso a no
tan largo plazo, el proceso, económic o (al igual que el biológico) está
inevitablemente dominado por un cambio cualitativo que no puede
conocerse de antemano. La vida de be contar con mutaciones nuevas y
originales si ha de continuar existiendo en un entorno que cambia
continuamente y de modo irrevocabl e. Así pues, ningún sistema de
ecuaciones puede describir el desarrollo de un proceso evolutivo. Si no fuese
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
32
así, los biólogos (que desde hace mucho tiempo han adoptado la
termodinámica) tendrían que habers e ideado un vasto sistema para
representar el curso del proceso biológic o hasta el día del juicio final...Sin
embargo, la vía por la que el reco nocimiento del carácter entrópico del
proceso económico puede iluminar al econ omista en su calidad de estudioso
del hombre no discurre a través de un sistema matemático que reduce todo a
entropía. No debe olvidarse que el hombre lucha por la entropía, pero no por
cualquier forma de ella; ningún hombre puede utilizar la baja entropía de
setas venenosas y no todos luchan por la que tienen las algas o los
escarabajos.
La íntima conexión existente entre la Ley de la Entropía y el proceso
económico tampoco nos ayuda a gestio nar mejor una economía determinada.
En mi opinión, lo que hace es mucho más importante: al mejorar y ampliar
nuestra comprensión del proceso económico, puede enseñar a todo aquel
dispuesto a prestar atención cuales son los mejores objetivos de la economía
humana”.
Respecto al problema del valor, se descubren algunas omisiones de los
análisis neoclásico y marxista de la producción, “Puesto que el proceso
económico consiste materialmente en un a transformación de baja en alta
entropía, es decir, en desechos, y, dado que esa transformación es
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
33
irrevocable, los recursos naturales han de constituir necesariamente parte de
la noción de valor económico; y, pu esto que el proceso económico no es
automático sino deseado, los servic ios de todos los agentes, humanos o
materiales, pertenecen también a la mi sma faceta de esa noción. Por otro
lado, habría que resaltar que sería tota lmente absurdo pensar que el proceso
económico existe solamente para producir residuos. La conclusión irrefutable
de todo ello es que el verdadero producto de ese proceso es un flujo
inmaterial, el placer de vivir. Este fluj o constituye la segunda faceta del valor
económico. A causa de su penosidad, el trabajo únicamente tiende a
disminuir la intensidad de este flujo, de igual modo que una superior tasa de
consumo tiende a aumentarla”.
Surge en el razonamiento de Gerge scu-Roegen, la importancia de la
variable cultural en el ámbito económico:
“Por muy paradójico que pueda parece r, es la Ley de la Entropía, una
ley de la materia elemental, la que no nos deja otra opción, sino la de
reconocer el papel de la tradición cultu ral en el proceso económico. Tal como
lo proclama esta ley, el derroche de energía se produce de forma automática
en todas partes, y ésta es precisamente la razón por la que la inversión
entrópica contemplada en cada línea produc tiva lleva el sello indeleble de la
actividad deliberada; además, el modo en que esta actividad se planea y se
lleva a cabo depende por supuesto de la matriz cultural de la sociedad de
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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que se trata. No hay otro modo de explicar las fascinantes deferencias
existentes entre algunas naciones des arrolladas dotadas de un entorno pobre
y poco favorable y algunos países poco desarrollados rodeados de
abundantes riquezas naturales. La ev olución exosomática se abre camino
también a través de la tradición cultu ral, no sólo por m edio del conocimiento
tecnológico” (GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996. Págs. 63).
Hace luego referencia a la característ ica importantísima de la reali dad,
de la indeterminación entrópica, sin la que sería imposible para un ser vivo
mantener su constante entrópica, ni sería factible al hombre “invertir” la
entropía de alta a baja, tal como tiene lugar en la producción de acero a partir
del mineral de hierro y carbón.
La Ley de la Entropía no ayuda a un economista a decir con exactitud
que sucederá mañana, el año próximo o dentro de algunos años... la
actuación de la Ley de la Entropía a través del proceso económico es
relativamente lenta, pero incesante, con lo que sus efectos se manifiestan tan
solo por acumulación tras largos peri odos. Miles de años de pastoreo de
ganado lanar llevado a cabo antes del agotamiento del suelo en las estepas de
Eurasia dieron lugar a la Gran Migración.
La Ley de la Entropía permit e que nos demos cuenta de que
actualmente se encuentra en pleno progreso una evolución de las mismas
características. En efecto, como consecue ncia de la presió n ejercida por la
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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población sobre el suelo agrícola, cuya superficie no puede aumentarse de
forma considerable, la baja entropía de la agricultura no puede ya seguir
compartiéndose con sus tradicionales compañeros de trabajo, los animales de
carga. Este hecho constituye la razón más importante por la que la
mecanización de la agricultura debe extenderse por uno tras otro de los
rincones del planeta, al menos durante bastante tiempo”.
De enorme interés son, asimismo, algunos aspectos fundamentales
que se ponen de manifiesto por la Ley de la Entropía, en el análisis del Prof.
Georgescu-Roegen, “aunque ignorados todavía, de los dos problemas que
preocupan actualmente a los gobernados, a los gobiernos y prácticamente a
todos los científicos: la contaminació n y el continuo crecimiento de la
población... incluso después de la aparición (de la contaminación), la
economía no ha dado señales de reconocer el papel que desempeñan los
recursos naturales en el proceso econ ómico, los economistas parecen seguir
sin darse cuenta de que, puesto que el producto del proceso económico son
los desechos, estos constituyen un resultado inevitable de tal proceso y ceteris
paribus aumentan en mayor proporción que la intensidad de la actividad
económica... Si la economía hubiese re conocido el carácter entrópico del
proceso económico, podría haber sido capaz de avisar a sus colaboradores en
la mejora de la humanidad -las cienci as tecnológicas- de que “mayores y
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mejores” lavadoras, automóviles y avione s supersónicos tenían que conducir
a una mayor y mejor co ntaminación”.
Hay, no obstante, expertos en contaminación, que piensan que “la
humanidad puede sencillamente hacer desaparecer la contaminación sin
coste alguno en términos de baja entr opía siempre que se usen únicamente
técnicas industriales no contaminantes, una idea que revela la creencia en la
posibilidad de ocultar la entropía. El pr oblema de la contaminación es a muy,
muy largo plazo, y se encuentra íntima mente relacionado con la manera en
que la humanidad está haciendo uso, de ntro de sus posibilidades, de la baja
entropía. Esto último es lo que constituye el verdadero problema de la
población” (GEORGESCU-RO EGEN, N. 1996. Págs. 63).
El tamaño de la población contin úa como debate abierto permanente;
la estimación de la población que es factible sobre la Tierra, oscila entre
valores relativamente bajos de unos ci nco mil millones, y los cuarenta y cinco
mil millones, pasando por los quince mil millones, como valor asintótico
máximo a alcanzar por la curva logística de su desarrollo, que se maneja en
la actualidad (WOLSTEN HOLME, G. 1963).
Respecto a la población, indica Georgescu-Roegen, que: “sin embargo,
dado el carácter entrópico del proceso económico por el que se mantiene la
especie humana, no es ese el modo adecuado para enfrentarse al problema
de la población. Es posible que la Tierra pueda soportar hasta cuarenta y
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cinco mil millones de personas, pero con toda seguridad no ad infinitum . En
consecuencia, tendríamos que preguntar ¿ durante cuanto tiempo puede la
Tierra mantener una población de cuarenta y cinco mil millones de personas?
Y si la respuesta es, p or ejemplo, mil años, tendremos que seguir inquiriendo
¿qué sucederá después ? Todo esto pone de manifiesto que hasta el concepto
de población óptima concebido como coordenada ecológicamente
determinada tiene solamente un valor artificial”.
A pesar de ello, el problema de la población es bastante más amplio
que tratar de estimar ésta en un año determinado de nuestra existencia, “el
problema de la población tiene que ve r no con la estrechez de un máximo,
sino con la máxima cantidad de vida que puede soportarse por la dotación
natural del hombre hasta su completo agotamiento. Para el caso, la cantidad
de vida puede definirse sencillamente co mo la suma de los años vividos por
todos los individuos, hasta el presente y en el futuro. Como ya sabemos, l a
dotación natural del hombre se comp one de dos elementos esencialmente
distintos: (1) el stock de baja entropía en o dentro de la esfera terrestre, y (2)
el flujo de energía solar, que, lenta pe ro continuamente disminuye en
intensidad con la degradación entrópica del sol. Ahora bien, la cuestión
crucial... es la importancia relativa de esos dos elementos. Y ello porque, por
más sorprendente que pueda parecer, ¡tod o el stock de recursos naturales no
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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equivale más que a unos pocos días de luz solar!” (GEORGESCU-ROEGEN,
N. 1996. Págs. 66 y 67).
De acuerdo con este autor, y siguiendo sus razonamientos, resulta
“evidente que los recursos naturales re presentan el factor limitativo por lo
que se refiere a la duración de la vi da de esa especie (la humana). La
existencia del hombre se encuentra ah ora irrevocablemente ligada al empleo
de instrumentos exosomáticos y, co nsecuentemente, al uso de recursos
naturales, de la misma manera que, por ejemplo, está unida la respiración al
uso de sus pulmones y del aire... El máximo de cantidad de vida exige una
tasa mínima de agotamiento de los recu rsos naturales. En efecto, al usar esos
recursos con excesiva rapidez, el hombre despilfarra aquella parte de la
energía solar que seguirá alcanzando la Tierra durante mucho tiempo
después de su muerte, con lo que todo lo que ese hombre ha hecho durante
los últimos doscientos años le pone en la situación de un fantástico
despilfarrador. No puede haber duda alguna al respecto: todo uso de los
recursos naturales para satisfacer necesidades no vitales lleva consigo una
menor cantidad de vida en el futuro”.
Aclara a continuación que, aunque la distinción entre necesidades
vitales y no vitales es de índole dialéctica, “sin du da alguna, roturar un
campo de cereal es una necesidad vital, mas no así conducir un Rolls Royce”.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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Por eso se manifiesta en el sentido de que “si entendemos bien el
problema, el mejor empleo de nuestros recursos de mineral es producir
arados o gradas según se precisen pero no Rolls Royce ni siquiera tractores
agrícolas”.
Con todo, duda Georgescu-Roegen, de q u e e l h o m b r e s e p r o p o n g a d e
momento, poner freno a sus deseos de crecimiento a ultranza, pues “sólo la
necesidad directa puede obligarle a co mportarse de modo diferente. No
obstante, la verdad puede hacernos prever y comprender la posibilidad de
que la humanidad pueda volver a enco ntrarse en una situación en la que
considerará ventajoso emplear animales de carga, porque éstos trabajan en
base a la energía solar en vez de a los recursos naturales”.
Y a pesar de que nos resulte ya familiar conocer la posibilida d de
nuestro suministro de alimentos protei cos, a partir del petróleo, “podemos
estar seguros de que en algún moment o, quizá antes de lo que podría
pensarse, el hombre tendrá que volver a orientar su tecnología en el sentido
opuesto, en el de obtener gasolina a partir de cereales, si desea seguir su
actual camino y utilizar motores de comb ustión interna. De modo distinto al
del pasado, el hombre tendrá que volver a la idea de que su existencia es un
don gratuito del sol ”.
La indiferencia es imposible ante este conjun to de reflexiones y nuevas
ideas sobre la relación entre entropía y proceso económico, y está reñida con
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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el despilfarro de hoy día. Por otro lado, nos incitan sus aportaciones, a una
meditación profunda y motivada, para aumentar el interés de investigar
sobre la contaminación y hacer posible su reducción.
II.2.- LA TERMODINÁMICA COMO FÍSICA DEL VALOR ECONÓMIC O.
Nació la termodinámica tras una revolución científica a principios del
siglo XIX, en coincidencia con una cier ta despreocupación de los científicos
por los temas de la mecánica celeste, tras comenzar a fijar aquellos su
atención sobre algunos problemas más próximos a la vida cotidiana.
Una de las obras que surgen de ese cambio revolucionario en las
ciencias es la Memoria de Sadi C arnot (1796-1832), físico, ingeniero y
economista, sobre la potencia motriz del fuego y las máquinas adecuadas
para el desarrollo de la misma (CARNOT, S . 1927).
Por otra parte, la ley de la Entropía fue extraida por Rudolf Clausius
(1822-1888) de la obra de Carnot, que pasó largos años sin relevancia alguna,
y es tratada por Georgescu-Roegen con la descripción de “ la más económica de
las leyes físicas, la ley de la evolución por antonomasia, inseparable además del
sentido en que transcurre el tiempo psicológico”.
A partir de ese momento, según Georgescu-Roegen, “la física se vio
impelida a reconocer como científico un hecho elemental conocido desde
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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como las recomendaciones de que la educación masiva puede resolver las
condiciones de atraso de un país, o que para activar el crecimiento
económico del mismo bastaría con cambiar su actividad económica hacia
líneas más productivas.
Ahora bien, con mayor nitidez aún, aparecen estos síntomas
indicados, en los estudios analíticos, co mo se deduce de la práctica general
utilizada en la representación del proceso económico mediante “un sistema
cerrado , es decir, de un modelo matemático en el que se ignora por completo
la continua entrada de baja entropía del entorno. Pero incluso este síntoma
de la econometría moderna estuvo pr ecedido por otro mucho más habitual:
la noción de que el proceso económico es totalmente circular ”(GEORGESCU-
ROEGEN, 1996, pag. 352).
La epistemología mecanicista, a juicio de Georgescu-Roegen es la
única responsable de la consideración del proceso económico como un
sistema cerrado o bien como un flujo circular, pues ninguna otra concepción
podría quedar más alejada de una correct a interpretación de los hechos. Aún
en el caso de que se considerase sólo el lado material del proceso económico,
“este proceso no es circular sino unidireccional , En... esta faceta solamente, el
proceso económico consiste en una transformación continua de ba ja entropía
en alta entropía, es decir, en residuo irrevocable o, utilizando una expresión
tópica, en contaminación” (GEORGESCU-ROEGEN, 1996, pág. 375).
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
48
De ahí el reconocimiento que debe mos a Marshall en este sentido, por
sus analogías económicas y biológicas; y que incluso llegó a argum entar que
la economía “es una rama de la biología ampliamente interpretada”
(MARSHALL, A. 1924, pág. 772).
Desde la perspectiva puramente física, por tanto, el proceso
económico no crea materia ni energía, sino que únicamente transforma baja
entropía en alta entropía. De ahí qu e Georgescu-Roegen conceptúe al proceso
económico como entrópico.
Pero el sistema económico no se encuentra aislado, sino que está
integrado en un entorno físico que, asimismo, sigue su propio proceso
entrópico, con transformación de baja entropía en alta. Se establecen dos
diferencias fundamentales entre ambos procesos entrópicos, a través del
siguiente razonamiento: “el proceso en trópico del entorno material es
automático , en el sentido de que prosig ue por sí mismo. El proceso
económico, por el contrario, depende de la actividad de los seres humanos
que, al igual que el demonio maxwe liano, seleccionan y dirigen la baja
entropía del entorno de acuerdo con ciertas reglas definidas, si bien tales
reglas pueden variar en el lugar y en el tiempo... Por lo tanto, mientras en el
entorno material no hay más que reorganización, en el proceso económico
hay también selección, o mejor, una actividad seleccionadora... Y, dado que
la selección no es una ley de la materia elemental, la actividad seleccionadora
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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debe alimentarse de baja entropía. Por consiguiente, el proceso económico es
en realidad más eficiente que la reordenación automática en la producción de
más alta entropía, es decir, de desechos”.
II.2.1.- El proceso económico, la activi dad intencional y el placer de vivir.
Nuestros conocimientos sobre el cambio en el entorno material
provocado por la biosfera que nos rode a, nos llevan a confirmar la evidencia
de que la vida acelera la degradación entrópica del sistema en su conjunto;
de todos los seres vivos que funcionan con determinada intencionalidad, que
es mantener estable su entropía, y p ara ello, consumen baja entropía del
entorno. Esa intencionalidad justifica la creencia de que la vida es capaz de
ciertas manifestaciones físicas que no derivan de unas leyes de la materia
puramente físico-químicas, una estructu ra viviente es bastante más que una
integración de materia iner te, sin intencionalidad.
Según Georgescu-Roegen, todos lo s seres vivos actúan y obran con
una intencionalidad, y todos nuestras intencionalidades más importante s
como el mantenimiento de la vida y conseguir una posición en la sociedad
del momento conllevan transformaciones entrópicas d e nuestro entorno más
próximo. Esto significa que la realizac ión d e nuestros deseos nos conduce a
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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un viaje en un solo sentido, sin posibilidad de volver a trás, como
consecuencia de aquellas transformaciones irreversibles.
Cuando se pregunta sobre cual es la razón de ser del proceso
económico, a la vista de que éste conlleva a la producción de desechos, de
residuos o contaminación, la respuesta es que la auténtica salida de tal
proceso no es un flujo de residuos, sino lo que denomina el placer de vivir. Así
se establece una segunda diferencia en tre el proceso entrópico del entorno
material y el proceso económico.
De esta forma sin introducir el concepto de placer de vivir en nuestro
análisis, no estamos en el mundo económico ni podemos descubrir la
verdadera fuente de valor económico que es el valor que la vida tiene para
cada individuo portador de vida.
El proceso económico no se pued e entender, por tanto, mediante
conceptos puramente físicos; sin los conceptos de actividad intencional y placer
de vivir , es imposible adentrarse en el mundo económico, pero estas
acepciones no se pueden expresar en términos de variables físicas, como
estamos habituados.
La baja entropía es u na condición necesaria para que una cosa tenga
valor, pero no es suficiente . La relación entre valor económico y baja entropía
es del mismo tipo que la que existe en tre precio y valor económico. Aunque
nada podría tener precio sin tene r valo r económico, basta mencionar el caso
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
51
de las setas venenosas que, a pesar de co ntener baja entropía, no tienen valor
económico. Ciertamente, el proceso económico es entrópico en cada una d e
sus fibras, pero las sendas a lo largo de las cuales discurre se trazan en v irtud
de la categoría de utilidad al hombre . Por consiguiente sería completamente
erróneo igualar el proceso económico a un va sto sistema termodinámico que
pueda ser descrito por un número igualmente vasto de ecua ciones basadas
en la termodinámica. La esencia básica del proceso económico es entrópica y
la Ley de la Entropía rige en grad o sumo este proceso y su evolución.
A continuación, establece la ecuaci ón general del valor, mediante la
asunción de contemplar la totalidad de l proceso económico como un proceso
parcial en el conjunto del sistema universal, y se c onsidera este proceso
parcial a lo largo de un intervalo de ti empo suficientemente corto, con lo que
no se tiene en cuenta cualquier crecim iento o desarrollo; es decir, en estas
condiciones el proceso se aproxima a un estado estacionario.
Su descripción analítica en términos materiales, no precisa ninguna
elaboración. Los fondos –la tierra, el capital propiamente dicho y la totalida d
de la población- entran en el proces o y salen de él intactos. Hay solamente
dos flujos: un flujo de entrada de baja entropía y un flujo de salida de alta
entropía, es decir, de desechos o residuos . Al establecer el balance del valor...
llegaríamos a la conclusión absurda de qu e el valor del flujo de baja entropía
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
52
del que depende el mantenimiento de la propia vida es igual al valor del
flujo de desechos esto es, a cero.
Argumenta dicho profesor que “la aparente paradoja se esfuma si
reconocemos el hecho de que el verdadero producto del proceso económico
no es un flujo material sino un flujo psíquico, el placer de vivir de cada uno de
los miembros de la población. Al igual que todo flujo, el del placer de vivir
tiene una intensidad en cada instante de tiempo, pero, a diferencia de un
flujo material, no se puede acumular en un s t o c k . D e t o d o e l p l a c e r d e v i v i r
pasado una persona conserva únicamente una memoria de mayor o menor
claridad;... la intensidad de este flujo en un instante de tiempo no parece ser
una entidad mensurable, ni siquiera en el sentido ordinal;... en un corto
intervalo... la intensidad del placer de vivir no cambia mucho... , podemos
representar simbólicamente el placer total de vivir por el producto de su
intensidad y de la longitud de es e intervalo” (GEORGESCU-ROEGEN, N.
Ibid. 1996. Págs. 355 y 356).
En este flujo psíquico, el constituye nte de la noción esencial de renta
en el análisis económico (FISHER, I., 1930, pag. 3). Muestra Georgescu-
Roegen, asimismo, la relación entre el pl acer de vivir y tres variables de las
que depende, dos en sentido positivo y una negativo. “El placer diario de
vivir se aumentado por un incremento en el flujo de bienes de consumo, que
se pueden consumir diariamente, así como por un tiempo de ocio más
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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prolongado. Por otra parte, el placer de vivir disminuye si se han de trabajar
más horas o en una tarea más exig ente” (GEORGESCU-ROEGEN, N. Ibid.
1996. Pág. 370).
De acuerdo con estas reflexiones, pasa a representar el placer diario de
vivir de una persona concreta de forma simbólica, con la expresión siguiente:
Placer de vivir = e = placer de consumir + placer del ocio – monotonía del trabajo
Dicha fórmula se transforma en ésta otra, en función de la intensidad
del placer de consumir (i 1 ); la intensidad del placer del ocio (i 2 ); la intensidad
de la desutilidad del trabajo (j); la jornada laboral ( δ ); y la longitud del
intervalo (l = media):
e = i
1 x l + i 2 x (l - δ ) - j x δ
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
54
II.3.- SIGNIFICADO DEL DESARROLLO ECONÓMICO EN TÉRMINOS DE
TRANSFORMACIÓN ENTRÓPICA.
Dado que el proceso económico no es más que una transformación
continua e irrevocable de baja en al ta entropía, podemos deducir algunas
importantes consecuencias “que debi eran ser evidentes para todo aquel
deseoso de descender por un momento desde las más altas esferas de los
elucubrados modelos de crecimiento al nivel de los hechos elementales”.
(GEORGESCU-ROEGEN, N. Ibid. 1996. Pág. 364)
En primer lugar, nos muestra que el sector industrial es totalmente
tributario de la agricultura y la minería, pu es sin las aportaciones de ellos
nada podría conseguirse de productos industriales. A su vez, esos otros dos
sectores son tributarios del sector industrial, por las herramientas que usan y
el progreso técnico que de el reciben. Hay pues, una dependencia interactiva
entre esos sectores productivos.
Ahora bien, esta mutua dependencia no puede llevarnos a olvidar que
lo que actúa como factor limitante de la tasa de variación de este proceso
económico, es el ritmo al que la baja entropía pasa desde el entorno a dicho
proceso; tampoco debemos perder de vista el orde n causal específico que
pone en relación aquellos tres sectores en los que, los economistas han
dividido las actividades productivas del género humano.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
55
A pesar de que nos resulta bastante conocido que el hombre precisa,
en primer término, satisfacer sus ne cesidades biológicas o vitales, para,
posteriormente, dedicar tiempo y energía a la prod ucción d e otros bien es que
satisfagan necesidades de orden superior, parece que nos olvidamos, de la
preferencia que hemos de dar a la obtención de alimentos en relación con la
producción de otros bienes a consumir menos imprescindibles, pues el
hombre tuvo su primera ocupación en la agricultura, mucho antes que en la
industria. Indica George-Roegen "La agri cultura fue, y sigue siendo como la
nodriza de todas las demás artes, si la agricultura no hubiese sido capaz de
desarrollarse por sí misma al nivel en que podía alimentar tanto a los que
labraban el suelo como a los dedicados a otro actividades, la humanidad
seguiría viviendo todavía en estado salvaje; todas las economías avanzadas
del mundo escalaron a lo alto de su actual desarrollo económico sobre la
amplia base de una agricultura desarrollada.” (GEORGESCU-ROEGEN, N.
Ibid. 1996. Pág. 364)
Cita el caso de Japón como realmente interesante, que con un suelo
muy pobre desde la perspectiva agraria, además de reducido el cultivable,
los japoneses lo dedicaron al cultivo muy intensivo en mano de obra y
consiguieron el despegue económico, junto con la explotación del gusano de
seda y la búsqueda de proteínas en los peces y algas de sus amplios mares.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
56
Gracias a ello, Japón tiene hoy en día una destacada industria en
funcionamiento, con pago de royalties a las naciones exportadoras de
recursos de baja entropía. Mientras le sea posible seguir importando dichos
materiales, podrá continuar su desarrollo, con base en un enorme activo
humano, formado por trabajadores altamente capacitados, eficientes, fuerte
sentido de sus obligaciones e ingenio para las innovaciones tecnológicas.
Muestra así, que otras regiones hubi eran podido hacer lo mismo, pero
no lo hicieron, por las diferentes acti tudes culturales, que llevan a resultados
bien distintos.
Entiende, sin embargo, que la econom ía japonesa debería ir pensando
cuanto tiempo podrá continuar con el anterior planteamiento, puesto que los
royalties se le irán encareciendo al desarrollarse los países exportadores de
los materiales primas que Japón necesi ta, y le será más complicado disponer
de estos recursos de baja entropía con el consiguiente encarecimiento de los
costes, pérdida de competitividad y freno del desarrollo.
Asimismo, si la mayor parte de lo s países subdesarrollados pusieran
en marcha planes de desarrollo económico, en períodos coinc identes, se
llegaría a una capacidad productiva indu strial que no sería posible mantener
en actividad por falta de recursos mine rales. De ahí que, será preci so llegar a
una coordinación internacional de tale s planes, y abandonar buena parte de
los conceptos actuales de desarrollo econ ómico, pues al enfocar este desde la
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
63
los efectos de la ley de la entropía, cuan do sólo se trata de una atenuación de
sus indefectibles efectos.
L a b a j a e n t r o p í a d e l a q u e s e n u t r e l a v i d a i n c l u y e n o s ó l o l a b a j a
entropía transmitida por el sol, sino también la del entorno terrestre; de lo
contrario, el paraíso para las criaturas vivas estaría en el soleado Sahara. La
degradación del suelo con el estercolado es evidentemente más lenta que sin
él, tan lenta que puede no chocarnos in mediatamente, pero esto no es razón
alguna para ignorar este factor en una perspectiva más amplia de lo que ha
sucedido y sucederá en el futuro en la producción de alimentos.
Un bosquejo del camino recorrido por el sector agrario, de forma
abreviada, podría ser como sigue. Dado qu e el trabajo es un sustraendo en el
conjunto del placer de vivir, la humanidad, hace miles de años, decidió
utilizar a ciertos animales como elementos de tiro, tanto en las labores
agrarias como en el transporte con el consiguiente incremento del grado de
bienestar humano al reducir el trabajo. En tanto en cuanto la disponibilidad
de tierras lo hizo posible, y se podía alimentar a todos los hombres y a los
animales sin grave detrimento de la fertilid ad del suelo, no hubo problemas
importantes.
Pero al aumentar la población, y comenzar a escasear la tierra, fue
necesario establecer unas alternativas de cultivo y proceder a su estercolado,
a fin de seguir consiguiendo los alimentos necesarios para hombres y
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
64
animales, sin deteriorar en exceso el suelo explotado. El estercolado se
basaba en los excrementos de los propios animales domesticados que
utilizaba el hombre, junto con pajas y otros restos vegetales fermentados.
El incremento de necesidades ante el aumento de la población, hizo
ver a la humanidad en distintas partes del globo, la imposibilidad de
soportar sobre una extensión insufici ente de tierra, ya degradada por
explotaciones anteriores, el cultivo de alimentos para si mismo, para el pago
de los primeros impuestos y para mantener los animales. Por ello, pareció
lógico prescindir de los animales de tiro, fuente de energía y de estiércol,
para pasar a una fase siguiente de desarro llo: la de la mecanización del sector
agrario. Así se disminuía la necesidad de alimentos para aquellos animales
sustituidos por máquinas.
En este estadio del desarrollo observamos que la mula mecánica está
hecha básicamente de hierro y carbón, y su alimento es un derivado del
petróleo, el gasoil; por otra parte, el inexistente estiércol se reemplaza por
productos químicos, los abonos mineral es, en buena p arte también derivados
del petróleo, aunque otros proceden del sector minero industrial.
En la actualidad, la energía de tiro y los alimentos para el
mantenimiento, de aquellos animales, as í como los estiércoles de desecho,
tienen una procedencia muy distinta; antes derivaban del flujo de radiación
solar a través de los animales de tiro , pero ahora han de obtenerse de una
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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explotación adicional del stock de recursos mineros ó sobreexplotación de la
corteza terrestre.
Según Georgescu-Roegen, “este cambio en baja entropía de una fuente
a otra tiene una importante incidencia sobre el problema de durante cuanto
tiempo puede alimentar este globo terráqueo una población dada...Las
ventajas de la mecanización son incues tionables pero sólo desde un punto de
vista oportunista, porque contrariamente a lo que algunos entusiastas
predican, tales ventajas no dejan de tener un precio. Podemos obtenerlas
solamente comiendo con mayor rapidez el capital de baja entropía del que
está dotado nuestro planeta. Este es, ciertamente, el precio que hemos
pagado y seguimos pagando no sólo por la mecanización de la agricultura
sino por todo progres o técnico” (GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996. Págs. 376
y 377).
Nos damos cuenta, pues, de cómo se sustituyó el antiguo arado de
madera por el de madera con hierro, y su cesivamente por el de hierro y la
vertedera hasta llegar a los policultivadore s y conjunto de máquinas una tras
otra, no arrastradas por animales buey es, mulas, caballos, etc sino por
tractores de alta potencia o auto-p ropulsadas. Pero un cambio aún más
acelerado se hace notar en el desuso del carbón vegetal hecho de leña y su
reemplazo por el carbón mineral y, ambo s, con posterioridad, por el petróleo
y sus derivados, para llegar hoy día a la sustitución de numerosos materiales
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
66
naturales por los productos sintéticos: algodón, lana, lino, etc., por fibras de
síntesis, en sus más variados tipos.
Podemos decir, que la humanidad di spone de dos fuentes de riqueza:
en primer lugar, el stock finito de recu rsos minerales en la corteza terrestre
que, dentro de ciertos límites, podemo s desacumular casi a voluntad en un
flujo determinado; y, en segundo lug ar, un flujo de radiación solar cuyo
ritmo de llegada a la tierra no está suje to a nuestro control. En términos de
baja entropía, el stock de recursos mi nerales es solamente una fracción muy
pequeña de la energía solar recibida por el globo terráqueo en un solo año; la
estimación más elevada de los recursos energéticos terrestres, indica que no
supera la cantidad de energía libre recibida del sol durante ¡cuatro días!
(AYRES, E. 1950. Pág. 16).
Además, el flujo de la radiación solar continuará con la misma
intensidad, prácticamente, durante l argo tiempo en el futuro. Por estas
razones, y debido a que la baja entropía recibida del sol no puede convertirse
en materia a granel, no es el stock fi nito de energía sol ar lo que pone un
límite al tiempo durante el cual pued e sobrevivir la especie humana y los
demás seres vivos. Por el contrario, es el red u cido stock de los recursos de la
corteza terrestre lo que constituye la pr incipal escasez de nuestras fuentes de
energía.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
67
Dado el stock limitado de dichos recursos naturales, dependerá el
tiempo de supervivencia humana sobr e la Tierra, del ritmo a que estemos
dispuestos a desacumular ese stock; a mayor ritmo, menos tiempo de
supervivencia, y viceversa.
Por consiguiente, el incremento de población, al aumentar el ritmo de
consumo de recursos, provocará un a reducción de nuestra posible
supervivencia. Y, por otra parte, si para una concreta población estable,
aceleramos el consumo de recursos na turales, movidos por el deseo creciente
de satisfacer otras muchas necesidade s no vitales, sino de lujo, ocio,
ostentación, también estaremos contribuyendo al mismo proceso de
acortamiento de la existencia humana sobre la tierra.
De aquí, arguye Georgescu-Roegen que, “si pasamos por alto los
detalles, podemos decir que todo niño nacido ahora significa una vida
humana menos en el futuro. Pero también, que todo automóvil producido en
cualquier momento significa menos vida en el futuro. Hasta hoy, el precio
del progreso tecnológico ha significado un cambio desde la fuente de baja
entropía más abundante –la radiación solar- a la menos abundante –los
recursos minerales de la tierra. El so l continuará brillando sobre la tierra, tal
vez, casi tan vivamente como hoy, incluso tras la extinción de la humanidad
y alimentará con baja entropía otras especies, las que no tengan ambición
alguna; el destino de la especie hu mana está en elegir una carrera
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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verdaderamente grande, aunque brev e, no una larga y monótona; la
degradación de la dote de baja entropía del hombre como consecuencia de su
propia actividad ambiciosa, es lo qu e determina tanto lo que el hombre
puede hacer como lo que no puede hacer”(GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996.
Págs. 377 y 378)
Es de esperar que haya una cierta in versión en el uso de la energía
libre, utilizándose cada vez más la radiación solar, con reducción de los
recursos minerales, como ya se viene apreciando con tendencia creciente.
Asimismo, nos veremos impedidos por la necesidad de no producir
más desechos nocivos, residuos o cont aminación, a que nos so mete el uso
creciente de los recursos minerales. Sabido que el pr oceso económico es el
gran transformador de baja entropía en residuos nocivos, no tenemos duda
que cuanto más rápido sea aquél más intensa será la acumulación de
perniciosos desechos, que hemos de al macenar o bien eliminar, con un uso
adicional de energía libre, para ello, y costes importantes.
Asistimos al típico círculo vicioso, de consumir más recursos mineros
en los procesos industriales para incrementar la producción, y, a la vez, tener
que volver a aumentar la utilización de aquellos recursos a fin de obtener la
energía que precisamos para la eliminación de los desechos, que crecen de
forma alarmante.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
69
El aprovechamiento de la energí a solar será el futuro, tanto para
alumbrado, refrigeración y calefacción, como para el uso en los medios de
transporte mediante baterías cargadas por la energía solar. La utilización de
recursos mineros caerá, en consecuencia; porque nos lo impedirá la
acumulación de residuos, y la supervivencia del hombre sobre la Tierra se
podrá dilatar con más amplitud.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
70
II.4.- NATURALEZA Y ECONOMÍA
De acuerdo con NAREDO, “en los últimos tiempos los economistas
hablan con frecuencia de crisis de la ciencia económica ”(NAREDO, J.M., 1996,
441).
Las críticas a la ciencia económica establecida, por una parte, son
externas a los enfoques usuales de los economistas, y, p or otra, son internas a
la profesión. Pero dentro de estas últimas, aparece un grupo de ellas que, si
bien no van contra los presupuestos de la ciencia económica establecida,
"afectan a la axiomática que define y si stematiza el objeto de estudio de la
ciencia económica actual y llevan a propuestas no asimilables dentro de ésta;
retoman, desde dentro, las críticas tradicionalmente externas, para proceder
a una revisión a fondo de las carencias del aparato analítico de la ciencia
económica establecida, que modifica las fronteras de lo económico y los
conceptos que lo informan. La mayoría de estas críticas hacen referencia a l a
gestión de los recursos naturales, con sus derivados energéticos y
medioambientales, y contrastan con la literatura que se orienta
infructuosamente a resolver estos problemas en el terreno de los valores de
cambio” ”(NAREDO, J.M., 1996, 455).
Es un sentido similar se expresa Aguilera Klink , cuando nos expone
que se muestra muy de acuerdo con Passet (1979), en relación a que la
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
71
evolución del pensamiento económico no puede disociarse de la concepción
que los hombres que han ido teniendo de su relación con la naturaleza. En
realidad y de la manera más amplia, se puede decir que la evolución de la
noción de economía, es el reflejo de la evolución de las relaciones entre la
cultura y la naturaleza". (AGUILERA, F. 1996. Pág. 5)
A continuación, explica Aguilera, qu e las ideas organicistas que eran
dominantes hasta la edad media hacían posible el mantenim iento de
estrechas relaciones entre cultura y natu raleza, de lo que se deriva la visión
unitaria del mundo y el concepto de ec onomía, para Aristóteles, como ciencia
relativa a la gestión o administración de la casa y de los recursos de la
naturaleza. Ahora bien, la revolución cien tífica de los siglos XVII y XVIII
rompe la concepción anterior para dar pa so al enfoque mecanicista y análisis
por elementos o partes en el conocimiento, que conlleva la ruptura de las
citadas relaciones entre cultura y naturaleza; surge así, otra noción de la
economía, desligada de la naturale za y enfocada hacia lo monetario.
Pero la realidad de la existencia de conexiones, tanto positivas como
negativas, entre las numerosas actividades humanas y la naturaleza, ha
hecho ver la conveniencia de un camb io de mentalidad para replantear las
nociones del conocimiento por partes y de la economía, así como de su
relación con la naturaleza.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
72
Dice Naredo que “hubo que esperar, hasta bien entrado el siglo actual,
y más concretamente hasta la década de los sesenta, para qué tal
impugnación que (del dogma mecanicist a) retomará sobre nuevas bases la
preocupación por la economía de la naturaleza ... ó, dicho con palabras actuales,
la preocupación por el funcionamient o de los ecosistemas, que mantienen
vida en la Tierra. Así se redescu bren hoy, de las manos de las ciencias de la
tierra , las leyes por las que se rige esa economía d e la naturaleza , con la que el
hombre tiene que contar para evitar que su s acciones parcelarias arrojen, a la
vuelta de la esquina, resultados amarg os e inesperados... Postulamos que la
economía debe superar su estadio actual de ciencia encerrada sobre sí misma,
para abrirse hacia las ciencias de la naturaleza y del hombre". (NAREDO,
J.M. 1996. Págs. 463 y 464)
En este nuevo enfoque, todavía heterogéneo, los economistas se
pueden dividir en dos grandes grupos, que representa otras dos
concepciones absolutamente contrapue stas, por metodología y concepto.
Por un lado, están los economistas que tratan de extender la
racionalidad del sistema cerrado de la economía de la corriente principal, a la
naturaleza; éstos son los defensores de la economía ambiental o más bien de
la que trata a la naturaleza como un subsistema de la economía. El otro
grupo se propone hacer una reconstr ucción conceptual amplia de la
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
79
embrión toda posibilidad de comprensión y de reflexión, eliminando así
cualquier eventual juicio correctivo o perspectiva a largo plazo (...) incapaz
de enfocar el contexto y el complejo plan etario, la inteligencia ciega se vuelve
inconsciente e irresponsable. La verd adera racionalidad es abierta, y dialoga
con una realidad que se le resiste. Llev a a cabo un tráfico incesante entre la
lógica y lo empírico; es fruto del de bate argumentado de ideas y no una
propiedad de un sistema de ideas. La verdadera racionalidad conoce los
límites de la lógica, del determinismo, del mecanicismo; sabe que el espíritu
humano no sabría ser omnisciente, que la realidad conlleva misterio”.
(MORIN, E. 1993. Pág. 69)
Destaca el Prof. Aguilera, por otra parte, que hay que pensar el
contexto y lo complejo . Entiende como complejo o complejidad no lo que es
más complicado sino lo “ que aba rca de manera sistemática otros elementos y
dimensiones que ayudan a comprender la totalidad del problema o de la
experiencia,(...) merece la pena insistir en que la Tierra no es la suma de un
planeta físico más la biosfera más la humanidad. La Tierra es una totalidad
compleja físico-biológica-antropoló gica”(AGUILERA, F. 1996, pág. 9). Y
según palabras de Morin, “Pero no bast a con blandir la bandera de lo global:
hay que asociar los elementos de lo gl obal en una articulación organizadora
compleja, hay que contextualizar ese glob al mismo. La necesaria reforma del
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
80
pensamiento es aquella que engendrará un pensamiento del contexto y de lo
complejo”. (MORIN, E. 1993, pag. 70)
A tenor de ello, debemos pensar en té rminos planetarios la política, la
economía, la demografía, la ecología , la salvaguardia de los tesoros
biológicos, ecológicos y culturales re gionales, las diversidades animales y
vegetales, las diversidades culturales. Pero no basta con inscribir todas las
cosas y acontecimientos en un marco u horizonte planetario. Se trata de
indagar siempre la relación de inseparabilidad y de inter-retro-acción entre
todo fenómeno y su contexto y de todo contexto con el c ontexto planetario.
“Hay necesidad, de un pensamie nto que relegue lo que permanece
disjunto y compartimentado, que respete lo diverso sin dejar de reconocer lo
uno, que intente discernir las interdep endencias...En definitiva,...el ejercicio
del derecho a pensar por cuenta propia, que...constituye el sentido último del
mensaje cartesiano, se está concretando en un tipo de conocimiento
alternativo que destaca el carácter holis ta, sistémico, contextual y subjetivo
de los fenómenos, a la vez que reivindica una pluralidad de modelos de
pensamiento que pueden ser incongruentes entre sí” (AGUILERA, F. 1996.
Pág. 9 y 10).
Este conjunto de premisas alternativas contrasta con las que vienen
siendo dominantes en el pensamiento actual, que se refieren a un
conocimiento atomista, mecanicista, universalista, con pocas leyes
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
81
universales, y objetivo. El nuevo pensam iento trata de dar entrada, por tanto,
a nuevos conceptos: las partes no pueden comprenderse separadas de sus
todos; los sistemas son impredecibles; los fenómenos dependen de un amplio
número de factores relacionados con el tiempo y el lugar; los sistemas no se
pueden entender apartados de nosotros y de nuestras actividades y, en
consecuencia, de cómo hemos actuado en el pasado sobre los sistemas.
La explicación del m undo, va a depender de qué tipo de pre misas
pongamos en acción, y, asimismo, cond icionarán el enfoque de la naturaleza
y de la economía. Con las premisas actualmente dominantes, tendremos un
enfoque de la economía cerrada sobre su propio concepto de lo económico,
separada de la naturaleza, de lo físico, y también de lo social, ético y político.
En tanto que si aplica mos las premisas alternativas, caminaremos hacia una
economía esencialmente abierta, inter-relacionada con la naturaleza y
vinculada a los ámbitos sociales, éticos e institucionales.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
82
II.5.- PRODUCCIÓN, RIQUEZA Y PODER
Los conceptos de producción y riqueza de la economía de la corri ente
principal, van a ser redefinidos de acuerdo con las premisas alternativas.
En expresión de Aguilera, “antes del siglo XVII nada se consideraba
que fuera producido por el hombre, toda la producción y todas las riquezas
provenían de la naturaleza o de la grac ia divina, de acuerdo con la visión
organicista dominante entonces, conside rándose que la actividad humana se
limitaba a apropiarse de tales riquezas. Lo s fisiócratas desplazan el centro de
interés desde la apropiación hacia la producción de riquezas, dando por
sentado que el hombre, gracias a los ad elantos de la agronomía, sí podía
influir sobre el ritmo y la orientació n de las riquezas. Ahora bien, Quesnay
distingue entre riquezas renacientes (renovables, podríamos decir hoy), que
renacen o se regeneran restituyendo lo s gastos (físicos) empleados en su
producción y arrojando además un prod ucto neto, y riquezas pecuniarias o
monetarias,”(AGUILERA, F., 1996, pág. 12).
Estas últimas no son en si mismo riquezas que se reproduzcan; el
dinero no puede satisfacer las necesi dades de los hombres y el dinero no
engendra dinero; sin las riquezas real es, las riquezas pecuniarias serían
estériles e inútiles”. (INED. 1958. Pág 584).
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
83
Según Naredo, “Una vez establecida po r los fisiócratas la idea d e la
producción como base de la ciencia económica, serían entre otros, Smith,
Ricardo, Say y Malthus, quienes dieron el primer paso hacia el actual orden
de ideas ocupándose de cortar el cord ón umbilical que unía originariamente
la noción de producción al mundo físico, permitiéndole cobrar vuelos
propios, libre ya de las precisiones incómodas que fueron introduciendo al
respecto las elaboraciones de las cienci as de la naturaleza. El abandono del
contenido físico que se dio inicialmente a la noción de producción,...y el uso
de una manga cada vez más ancha en la aplicación de ese concepto,
resultaron altamente funcionales para apun talar la creencia de que el carrusel
mecanicista del sistema económico nos llevaba por la senda de un progreso
indefinido: vaciar la noción de producción de su contenido originario, dando
paso a un uso mucho más ambiguo de la misma, permitió cifrar el progreso
mediante la simple multiplicación de mercancías con independencia de los
procesos que les habían dado origen”(NAREDO, J.M. 1996. Pág. 89).
Antes de la obra de Adam Smith, ex istía consenso sobre el hecho de
que todas las actividades humanas dependían del medio físico o naturaleza,
en que tienen lugar, incluida la econom ía y la riqueza. Y, de acuerdo con el
Prof. Martin, el propósito de Smith era organizar el todo , mediante el
tratamiento de las partes separadas de la ciencia, para descubrir y establecer
sus inter-relaciones y dependencias, co n la intención de diseñar un sistema
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
84
general que permitiese explicar el funcion amiento de la sociedad y no sólo de
sus aspectos económicos. (MARTIN, M. 1980)
Pero, “los resabios fisiocráticos...que impregnaban la obra de Smith
serían ampliamente criticados y elim inados del terreno de la ciencia
económica por David Ricardo y Karl Marx entre otros, separando
definitivamente la noción de producción de su contenido físico-natural
originario”, (NAREDO, J.M. 1996. Pág. 95) y refuerzan la argumentación de
que la producción depende del trabajo y de la tecnología.
Como afirma Naredo, “la contradicción que estaba presente en la obra
de los fisiócratas entre el enfoque físico de lo ec onómico y aquel otro
pecuniario que atendía al valor de cambio y a la acumulación de capital, se
resolvió abandonando el primero de ellos y utilizando el segundo como base
de la ciencia económica...Cuando se racionalizaron los procesos del mundo
físico-natural, desacralizándolo, ...es cuando el desplazamiento conceptual
indicado permitió a la ciencia económica extender la noción de producción al
conjunto de las actividades humanas, aunque estas sean meramente de
apropiación o de transformación (y distri bución) de materias ya existentes en
el planeta e incapaces de reproducirse”. (NAREDO, J.M. 1996. Págs. 106 y
107)
Esto es, queda abierta la puerta para la reelaboración de otras
definiciones relativas a las nociones fundamentales de la ciencia económica,
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
85
y la selección de aquellos fenómenos a estudiar que sean de fácil expresión
en valores de cambio y autorregulabl es a través del mercad o. Quedan
excluidos del ámbito de la economía aquellos fenómenos y nociones que no
se pueden expresar en términos monetarios ni autorregulables por el
mercado.
Así se consolida, según Aguilera, “un sistema de pensamiento o una
determinada racionalidad económica que, si bien, y en un primer momento,
trata de imitar a las ciencias naturales, acaba por olvidarse de ellas, llegando
incluso a practicar un reduccionismo que, en buena medida, impide el
estudio y comprensión adecuados de aquello que inicialmente es
considerado como su principal objetivo: la producción y distribución de la
riqueza. En su conjunto, este resultado se muestra todavía más paradójico si
se tiene en cuenta que mientras las cienci as naturales siguen avanzando,
sustituyendo la visión mecánica por la termodinámica y el enfoque sistémico,
la ciencia económica se muestra remisa a aceptar el reto de la ref ormulación
conceptual que va precisando ante los cambios que van
sucediendo”(AGUILERA, F. 1996. Pág. 13)
En este proceso reduccionista de la economía que afecta, tanto a la
noción y objeto de la economía como a sus conceptos, la ciencia económica se
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
86
separa de la ética, del poder (instituciones), y de la naturaleza, caminando
hacia una economía de sistema cerrado.
La separación de la ética o moral resp onde a la idea de que ésta carece
de sentido en un mundo en que las re laciones tienen lugar entre átomos
independientes.
Como expresa Aguilera, “A pesar de que se suele atribuir a Adam
Smith la legitimación de esta separación, una lectura atenta y conj unta de la
Teoría de los Sentimientos Morales y de la Riqueza de las Naciones no parece
avalar precisamente dicha responsabilidad”. (AGUILERA, F. 1991.)
Según palabras del Profesor Mart in, “el principal defecto de los
intérpretes de Smith ha sido no tene r presente sus propios objetivos, que
consistieron en dar al mundo una co mpleta filosofía social, un sistema
explicativo total. De aquí la extrema dificultad de abordar un estudio
sistemático de Smith, que ha quedado históricamente a disposición de los
economistas, quienes le han atribuido ju stamente el título de padre de la
economía y a cambio han ofrecido una interpretación parcial y deformada de
su pensamiento”. (MARTIN, M. 1980. Pág. 122)
Esta malinterpretación del pensamiento de Smith, en relación con que
el egoísmo es la base del comportamien to humano, fue incluso avisada por el
propio autor cuando manifiesta que “hay otra doctrina que intenta dar razón,
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
87
por medio de la simpatía, del origen de nu estros sentimientos, pe ro que es
diferente a la que yo me he esforzad o por demostrar. Es aquella que hace que
la virtud radique en la utilidad”. (SMITH, A. 1991. Pág 327).
Corroboran lo anterior, por otra parte, las palabras, en el mismo
sentido, de Sen: “De hecho, en la economía moderna, es precisamente la
reducción de la amplia visión smithi ana de los seres humanos lo que puede
considerarse como una de las mayores deficiencias de la teoría económica
contemporánea. Este empobrecimiento se encuentra íntimamente
relacionado con el distanciamiento de la economía y la ética”. (SEN, A.K.
1989. Pág. 45.)
Antes de consolidarse la ciencia económica, eran recriminadas las
prácticas de percepción de intereses y los precios excesivos, por las normas
morales, que reprobaban la avaricia, la usura o la codicia, y por tanto, las
prácticas capitalistas de maximización de beneficios, pero según proliferaron
tales prácticas, los moralistas cristianos fueron perdiendo el terreno del que
se apoderaron otras teorías.
Nos informa Naredo al respecto, que “la emancipación del dominio
todavía no muy bien definido de lo económico de las reglas morales, se operó
así gracias a la sustitución de la moral por la creencia en el papel benéfico del
mercado capitalista. (NAREDO, J.M. 1996. Pág. 60) E indica que esta creencia
“reposa sobre una innovación sin precedentes: la separación radical de los
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
88
aspectos hoy llamados económicos del tejido social en el que se integran para
hacer de ellos un dominio autónomo”.
A pesar de ser el poder parte funda mental para comprender y explicar
las relaciones económicas, observamos como ha ido perdiendo protagonismo
y desaparece con los economistas neoclá sicos, al exigir su argumentación
teórica la competencia entre individuos iguales, con igualdad de preferencias
y dispersión de poder, por consiguiente.
La paulatina eliminación del pode r en e l ámbito económico, no
comienza con los economistas clásicos, pues tanto Smith, como Ricardo y
Marx, prestan gran atención al poder.
En palabras de Smith, cuando se refiere al establecimiento del
Gobierno Civil, argumenta que, “en la medida en que se instituye para la
seguridad de la propiedad, se instituye, en realidad, para la defensa del rico
contra el pobre, o de quienes tienen alguna propiedad contra quienes carecen
de ella”. (SMITH, A. 1965. Pág. 674) .Y se opone también, al enorme poder
que van acumulando las grandes empres as con la fra se: ”verdaderamente,
esperar que la libertad de comercio sea completamente restaurada en Gran
Bretaña es tan absurdo como esperar que sean restauradas una Oceana o una
Utopía. No sólo por los prejuicios del público, sino por algo qu e es mucho
más inalcanzable, la irresistible opos ición de los intereses privados de
muchos individuos” (SMITH, A. 1965. Págs. 437 y 438).
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
95
La valoración indirecta se basa en el análisis del comportamiento del
consumidor; con los métodos indirectos se busca determinar la relación de
contaminación-impacto ambiental no monetario, bien sobre la salud, o sobre
la vegetación, cosechas, edificios, etc; y, con posterioridad, se procede a
valorar monetariamente este impacto. En esta evaluación , se liga el precio del
bien ambiental al de otro bien con precio de mercado.
Las críticas a todos los métodos evaluatorios indicados no se hacen
esperar, para lo que se alegan tres tipos de limitaciones: unas teóricas, otras
metodológicas y finalmente empírica s. EBERLE, D.W., y HAYDEN, F.G.
1994, pág. 199)
Entre las críticas teóricas se citan las relativas a la teoría de la
demanda, la disposición a pagar y la racionalidad individual, en que tales
métodos se apoyan. Las metodológicas se refieren a los sesgos implícitos en
los métodos, como sesgos estratégicos, informativos, del vehículo o
instrumentos de pago, el hipotético, etc.
Por otra parte, aparecen serias divergencias entre disposición a pagar
y la disposición a recibir, a causa del efecto renta; y, estas diferencias influyen
en la relatividad de las mediciones, qu e afectan a la certeza y bondad de los
resultados empíricos.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
96
Sin hacer c aso omiso de las críticas comentadas, la mayor parte de los
economistas entienden que, a pesar de sus limitaciones, dichos métodos
tienen un alto interés, puesto que g racias a ellos podemos disponer de unas
estimaciones monetarias muy valiosas para darnos una idea aproximada del
orden de magnitud de los daños sufr idos por el medioambiente, como
veremos. Y además, y más importante, informan y hacen ver a las
autoridades, la importancia que tiene o tendría la puesta en marcha de un
determinado proyecto de desarrollo econ ómico, o la estimación de lo que en
la actualidad provoca, en términos de impacto ambiental, el mantenimiento
de una determinada industria; todo ello debido a la forma en que se realizan
desde el punto de vista económico, los cálculos en términos de análisis coste-
beneficio de las inversiones. Así, incluyendo las estimaciones de la
valoración ambiental por alguno de los métodos que a cada uno de los casos
se pueda aplicar, podría hacer que en muchos casos la bondad económica de
aquellas inversiones se relativice, toda vez que se plantean los costes
ambientales de tales acciones.
De acuerdo con Pearce y Turner, “l a justificación para la valoración
monetaria reside en el modo en el que se usa el dinero como un patrón de
medida para indicar las pérdidas o ganancias de utilidad o bienestar. O, lo
que es lo mismo, el dinero sirve para medir” (PEARCE, D.W., y TURNER,
R.K. 1995, pág. 164).
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
97
Naturalmente, en aquellos casos ex tremos, en los que la emisión de
residuos sea superior a la capacidad de asimilación ambiental, las
limitaciones expuestas sobre los método s de valoración ambiental, serán
mucho más graves, aún siendo poco significativo el análisis coste-benefici o
en términos monetarios, y habrá de acudirse a evaluaciones de otro tipo:
medidas epidemiológicas, biofísicas, etc., como también reconoce Pearce.
(PEARCE, D.W. 1994, 163).
Para otro grupo de economistas, críticos de la ciencia económica
convencional, hay serias dudas sobre la viabilidad de las técnicas de
valoración monetaria del medioambiente, y les resulta más atractiva la
noción de funciones ambientales , o funciones físicas, biológicas y, por
consiguiente económicas, “que desempeñ a el medioambiente, p uesto que la
decisión sobre el mantenimiento de dich as funciones a un nivel sostenible o
r e p r o d u c i b l e n o d e b e d e p e n d e r – s e g ú n Hueting- de la disposición a pagar,
sino de unos criterios biológicos...; este criterio aplicado a diferentes funciones
ambientales nos llevaría a que, una vez tomada la decisión de tipo biológico,
correspondería a los economistas y técnic os establecer la vía menos costosa
de mantener dicha función a través de el análisis coste eficiencia”.
AGUILERA, F. 1996, pág. 18)
De ahí que el concepto de funciones ambientales resulte cada vez más
interesante desde todos los puntos de vista (HUETING, R. 1980).
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
98
Como continua el Prof. Aguilera: “Parece, en consecuencia, que sería
deseable reorientar las relaciones entre la economía y la naturaleza mediante
un pensamiento que optara por las pr emisas alternativas” (AGUILERA, F .
1996. Pág. 19) y al mismo tiempo aceptara que “es la interdependencia
sistémica de la economía y los ecos istemas la que constituye el reto
fundamental a la teoría económic a convencional”(KAPP, K.W. 1974, pág.
169). Además, la ecología nos enseña que el hombre no utiliza recursos
naturales de manera aislada, sino que utiliza y se apropia de ecosistemas”,
TOLEDO, V. 1985), proceso que ha sido denominado como de coevolución o
desarrollo coevolucionista, en el sentid o de la interdependencia mutua entre
el ecosistema y el sistema socioeconómico, que, a su vez, conlleva una
adaptación mutua de los dos sistemas 2 . (NORGAARD, R. 1994)
Las principales implicaciones que se derivan de considerar abiertos a
los sistemas económicos, argumenta Aguilera, que serían en síntesis:
“a) el replanteamiento de las no ciones e conómicas que han sido
creadas para tratar cuestiones en un co ntexto de sistema cerrado, ...; b) la
necesidad de estudiar a fondo el funcion amiento de los ecosistemas, ...; y c)
decidir, desde un punto de vista normativo...qué estilos de vida y de
desarrollo son compatibles o sostenibles con los diferentes
ecosistemas...Desde luego, este tipo de cambios es lento...; sin embargo,
2 NORGAARD, R. Development Betrayed. R outlege, London, 1994
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
99
existen algunos pasos que ya se han dado en esta dirección...Uno de ellos,...es
el que ha dado la CEE en el informe titulado Hacia un Desarrollo Sostenible”.
(CEE. COM, 1992)
Se plantea así, la Economía Ecol ógica, “como una economía de sistema
abierto, al estudiar como se interrela ciona la actividad económica con los
ecosistemas y como se influyen de manera mutua...pretende comprender la
posición del hombre en un mundo que está siendo simultáneamente creado y
destruido por el,...” (AGUILERA, F. 1996. pág. 21).
Y para mayor precisión, la descripc ión de Naredo es muy elocuente:
“la economía ecológica ha de preocupars e, en primer lugar, de la naturaleza
física de los bienes a gestionar y de la lógica de los sistemas que los
envuelven, considerando desde la escasez objetiva y la renovabilidad de los
recursos empleados hasta la nocividad y el posible reciclaje de los residuos
generados, a fin de orientar con conocimi ento de causa el marco institucional
para que éste arroje ciertas soluciones y no otras en costes, precios y
cantidades de recursos utilizados, de productos obtenidos y de residuos
emitidos”. (NAREDO, J.M. 1994. pág. 378.)
Se asiste al reverdecimiento de la economía, entre la economía ambiental y
la economía ecológica . Como expresa Jimenez Herrero: “El cambio global
marca una nueva tendencia integrad ora entre economía y ecología;
conceptualmente enraizadas en sus oríg enes, asientan su reencuentro desde
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
100
poco más de dos décadas con el surgimient o de nuevas corrientes desde sus
respectivos campos... Ahora, desde la perspectiva de los años noventa, se
percibe claramente un proceso de in tegración hacia una sí ntesis final
propiciada por la necesidad de establec er un enfoque estratégico y de gestión
del sistema global bajo criterios de sostenibilidad.
La sostenibilidad del desarrollo global presupone la definición de una
nueva relación economía-ecolo gía, como resultado de una fertilización cruzada
y de un proceso de hibridación transdisciplinario en una doble dirección:
1.- Ecologizar la economía, tanto la actividad económica que no
reconoce los límites naturales como la teoría que la sustenta aplicando
principios ecológicos que permitan que el sistema económico funcione en
equilibrio dinámico con los sistemas que soportan la vida.
2.- Economizar la ecología, rescatando el concepto original de la
economía de la naturaleza y tratando de asignar racio nal y eficientemente todos
los recursos escasos de la biosfera finita” (JIMENEZ HERRERO, L.M. 1996.
págs. 174 y 175).
Se introduce el nuevo concepto de sostenibilidad, so bre el que indica
Jiménez Herrero, “el síndrome del camb io global, ambiental y humano, ha
propiciado la conciencia de la insostenibilidad. Pero al tiempo, ha
posibilitado la plen a integración conceptual entr e medioambiente y
desarrollo que ya se venía vislumbran do desde bastante tiempo atrás. En
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
101
consecuencia, ahora se reconoce que los procesos ambientales deben ser
comprendidos y tratados conjuntamente con los procesos sociales... Por
ambiguo que sea el adjetivo sostenible, su idea clave se basa en l a noción de
sostenibilidad como característica de un proceso que puede mantenerse
indefinidamente. Y su fundamento viene dado por el concepto d e equilibrio
en relación con las capacidades y las limitaciones existentes. El desarrollo y
bienestar humanos requieren un equ ilibrio dinámico entre población,
capacidad del medioambiente y vitalidad productiv a. Las funciones que
sostienen la vida y los procesos naturales no pueden mantenerse si el uso de
los recursos que proporcionan excede la capacidad de regeneración y de
mantenimiento de la integridad y equilibrio de los ecosistemas”.
“El objetivo general es hacer sostenible el desarrollo de la humanidad
satisfaciendo sus necesidades, actuales y futuras, mejorando la calidad de
vida dentro de los límites del me dioambiente”. (JIMENEZ HERRERO, L.M. ,
1996. Págs. 39 y 40)
Ahora bien, las posturas encontrad as que surgen entre Economía
Ambiental y Economía Ecológica, como economía de sistema cerrado frente a
economía de sistema abierto, es posible que puedan encontrar un punto de
convergencia instrumental, aunque no desde el enfoque conceptual,
mediante la llamada Reforma Fisc al Ecológica .
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
102
En expresión de Aguilera, “Dicha Reforma no reconoce explícitamente
la necesidad de pensar en términos de sistemas abiertos, pero sí asume
implícitamente la inviabilidad del estilo de vida actual, fundamentalmente
en los países occidentales.
Trata de reorientar dicho estilo de vida mediante una serie de medidas
de política que utilizan en parte los famosos impuestos y subsidios sugeridos
por Pigou, pero gravando paulatinamente la utilización de los recursos
naturales no renovables, en lugar de gravar la renta del trabajo y los
beneficios de las sociedades. La intenc ión es ir cambiando poco a poco las
pautas de consumo y de producción y, en suma, el estilo de vida, de manera
que éste sea compatible con el medioambiente.
Más concretamente, el objetivo fun damental de la Reforma Fiscal
Ecológica, continúa argumentando Agu ilera, consiste en cambiar el marco
fiscal bajo el que se mueve la econom ía, con el fin de que la imposición
recaiga en mayor medida sobre el uso de los recursos naturales no
renovables, energéticos y no energéti cos, gravando en menor medida otras
actividades e incentivando así la tran sición hacia procesos de producción
ahorradores de energía, el uso de energías renovables, el transporte colectivo,
el reciclaje y la reutilización de lo s residuos” (AGUILERA KLINK, F. 1996.
Pág. 24)
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
103
Con base en estos argumentos, han surgido diversas formas de
aplicación de los impuestos sobre los recursos, así como distintos son los
criterios sobre su establecimiento. Tales impuestos deberían aumentarse
acumulativamente a una tasa del cinc o por ciento anual, durante treinta
años, a fin de mantener constante la carg a fiscal, tanto en el IRPF, como en el
impuesto de sociedades o el IVA; la di stribución habría de hacerse de forma
que favorezca la reducción del consumo de recursos naturales no renovables
por unidad de producto obtenido (VON WEIZSÄCKER, E.U., y
JESINGHAUS, H. 1992).
Sigue abierto el debate respecto a si los impuestos han de tener cierta
correspondencia con el coste ecológico, en valores monetarios, de los daños
producidos por la actividad económica, postura que defienden Postel y
Flavin, (POSTEL, S., y FLAVIN, C. 1993) o bien, si los impu estos deben
responder a otros criterios, como el de fijar a priori unos determinados
objetivos de calidad ambiental, que apoyan Von Weisäcker y Jesinghaus, por
una parte, y Loeser, por otra. (LOESER, G. 1993).
En general, la mayor parte de los autores se inclinan porque estos
impuestos no sigan la norma de exigirles una prueba científica de la relación
entre las emisiones a las que se les aplican y el daño am biental ocasionado;
por el contrario, se acepta el prin cipio de que su imposición es una
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
104
imprescindible necesidad para atender los gastos públicos, tal como sucede
con el IRPF y el impuesto de Sociedades.
Desde otra perspectiva diferente, pero con los mismos fines, Naredo
ha realizado una propuesta de reforma fiscal ecológica, que se considera de
interés. Analiza la producción desde un enfoque termodinámico, en el que
los recursos iniciales son siempre mayo res que el producto final, por haber
pérdidas irreversibles y costes físicos; es decir, la eficiencia absoluta del
proceso siempre es menor que la unidad positiva.
De modo análogo, estudia el proceso productivo desde la visión de la
economía convencional, en la que el valor monetario de los recursos
naturales consumidos es siempre inferi or al valor monetario del producto
final; por consiguiente, la eficiencia ha de ser siempre mayor que la unidad
positiva.
A continuación, trata de conseguir una conexión entre ambos análisis,
que formalmente denomina teorema de con exión . El autor entiende que el
teorema puede expresarse de diversas formas, pero en todo caso establece
que “la revalorización unitaria del gasto monetario supere a la pérdida física
por unidad de producto o, dicho de otra manera, que la ganancia de calidad
alcanzada en el proceso, medida en términos monetarios, compense a la
dispersión generada en términos fí sicos”. (NAREDO, J.M. 1994. Pág. 394)
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
111
fomento del crecimiento económico a largo plazo, y propugnaba economías
estacionarias o de crecimiento cero. Es te pe nsamiento opuesto al crecimiento
se ve apoyado por estudios económicos que resaltan los costes sociales, y, en
especial, los ambientales, que con llevan vivir en una sociedad con
crecimiento económico positivo. La falta de correlación empírica entre
riqueza material y felicidad; el hecho de que el disfrute de una serie de
bienes quede limitado a un grupo de reducido de personas con ingresos
altos, y la evidencia de que las necesidades humanas van más allá de los
suministros materiales, muestran claramen te cuál es la ideología dominante
sobre los límites sociales al crecimiento. (HIRSCH, F. 1977).
En el paradigma de la economía institucional, que comien za a
principios del siglo XX, los problemas ambientales se consideran como una
consecuencia del crecimiento de los países desarrollados, se incorpora la
noción de los costes sociales de la contaminación y se aboga por la
intervención estatal para su control, dentro de lo posible. Sin embargo, no
hay consenso en relación con la profundización precisa de la intervención
para llegar a un asentimiento social.
En el enfoque de la economía medioambiental aparecen dos
submodelos de gestión de los recursos ambientales: el de los derechos de
propiedad y el del balance de materiales.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
112
Por la primera visión, se sostiene que los problemas del coste de la
contaminación no están generalizados y se pueden paliar por una
redefinición de la estructura de los derechos de propiedad existentes. Con
base en el conocido Teorema de Coas e, e n unos supuestos dados, como
veremos más adelante, la mejor solución en caso de daños por
contaminación, es la negociación entre contaminador y af ectado (o
contaminado), conducente a la inde mnización o compensación económica
del uno al otro, en función de quien tenga inicialmente los derechos de
propiedad de utilización de los recursos, bien compensando por no
contaminar, bien para que se tolere el daño de la contaminación. COASE,
R.H. 1974. Pág. 99)
Aunque la contaminación ambienta l se considera que responde a un
fallo del mercado, cuando los derechos de propiedad no están
suficientemente especificados, como es el caso de la propiedad común de los
recursos naturales, la mala gest ión de los mismos por políticas
gubernamentales intervencionistas, ta mbién ha sido causa de degradación
ambiental. Esto es, si bien se admite la existencia de imperfecciones en el
mercado, ello no supone la superiorid ad de la actuación colectiva, pues el
sistema de mercado se entiende superi or a cualquier otra alternativa en la
solución de los problemas ambientales.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
113
La visión del balance de materiales, como su denominación indica
incorpora al análisis económico modelos de balance de materiales y, en parte,
también límites de entropía. La contamin ación se considera como un fallo del
mercado, pero se admite que se trata de un fenómeno generalizado e
inevitable, consecuencia de las leyes termodinámicas. Este enfoque es más
revisionista que el enfoque anterior, enti ende que es necesaria la intervención
gubernamental a través de regulaciones e incentivos.
En teoría, bajo supuestos de simplif icación, se establece un nivel de
contaminación óptimo desde el punto de vista económico, es decir, eficiente,
para el que el beneficio neto marginal privado de la empresa contaminante
sea igual al coste marginal externo del daño provocado. Sin embargo, como
dicha situación óptima no es posible aplicarla en la práctica ante la
insuficiencia de datos, es la sociedad la q ue determina unos niveles de
calidad ambiental que estima aceptables, y que se tratan de conseguir, al
menor coste posible. En unos casos, se regula mediante cánones sobre
vertidos por unidad de contaminación; en otros, a través de normativas
orientadas a la reducción uniforme de emisiones contaminantes en el
conjunto industrial (BAUMOL, W., y OATES, W. 1982).
Para llegar a un mejor conocimiento de la interacción entre
medioambiente y economía, se pueden utilizar las tablas input-output
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
114
modificadas de tal modo, que sea posible estimar los efectos de los cambios
de determinados factores clave en la economía, sobre los precios. Si, además,
pudiéramos introducir en el esquema de las tablas, funciones ambientales,
podríamos ver en qué medida afectaría un cambio económico al medio
ambiente. Bastaría añadir una nueva fila a las tablas, formada por los bienes
ambientales en términos físicos, tie rra, agua, aire, que muestran los inputs
del medioambiente a la economía; anál ogamente, se adiciona una nueva
columna, cuyos elementos son igualmente los bienes ambientales citados,
que ahora nos indican cómo estos recurs os actúan co mo medios receptores
de los desechos que fluyen de la economía.
Así se aprecia que la economía y el medioambiente están
interrelacionados, y de que forma, en una primera fase. Posteriormente, con
los avances esperados en es tas investigaciones en relación con las
interacciones economía-medioambien te, se conseguirá perfeccionar la
cuantificación de las mismas.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
115
Un esquema inicial lineal tal como éste:
nos muestra que los recursos (R) del me dioambiente fl uyen a la producción
(P) para obtener bienes de consumo (C) y bienes de capital (K). A la vez los
bienes de capital producen bienes de consumo en el futuro. El sentido del
consumo es generar utilidad (U) o bienestar.
El suministro de inputs al sistema productivo refleja la primera
función del medio ambiente natural , que simplificadamente se puede
expresar así:
R P C
R P C U
K
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
116
Todavía ésta, es una representación incompleta, porque no aparecen
los residuos. Al integrar éstos (W), y considerar además los propios residuos
de los recursos, un esquema lineal más completo sería:
Dado que, por la primera Ley de la Termodinámica, no se puede crear
ni destruir materia ni energía, los recursos utilizados han de terminar en
algún sitio del sistema medioambiental. Si consideramos la formación de
capital, éste irá desgastándose con el tiempo y aparecerá como un flujo más
de desechos.
Por tanto, la cantidad total de residuos en un momento dado (W ) ha
de ser igual al total de recursos empleados, es decir:
W = R = W R + W P + W C .
El planeta Tierra, como una nave espaci al, sólo tiene una fuente
externa de energía, la solar, y a medida que se reduzcan los recursos
naturales, disminuirá la esperanza de vida de sus habitantes, a no ser que se
reciclen los desechos y se regenere su propio alimento.
R P
C
W R W P W C
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
117
La Tierra forma, pues, un sistema económico cerrado, en el que la
economía y el medio ambiente se inte rrelacionan, no de forma lineal sino
circular (BOULDING, K. 1966).
Es decir, el sistema de relaci ones de forma esquemática, será:
Ahora bien, sólo una parte de los re siduos se pueden reciclar, porque
la entropía impone un obstáculo físico como consecuencia de la segunda Ley
de la Termodinámica, por lo que esto supone otra frontera al diseñar la
economía como un sistema cerrado y sostenible.
Esa parte de residuos que no se reciclan vuelve al medioambiente, que
los reconvierte en productos no tóxico s o útiles ecológicamente, mediante su
capacidad de asimilación . Se pone así de manifiesto la segunda función
R
P
C
W
r
(reciclaje) Medio ambiente
como receptor de residuos
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
118
importante del medioambiente: la asim iladora de residuos generados por la
actividad de la vida.
Mientras la cantidad de desechos no supere esta capacidad de
asimilación del medioambiente, el si stema económico circular funcionará
como un sistema natural, aunque el stock de recursos no renovables
descenderá paulatinamente. No obstante, si los residuos sobrepasan dicha
capacidad asimilativa del medioambiente, se deteriorará la función
económica de éste como receptor de de sechos, convirtiendo en no renovables
lo que podía haber pasado de nuevo a recursos renovables.
Volviendo al primer esquema lineal , en el que aparece explícita la
utilidad, se destaca la tercera función del medioambiente, que es
proporcionar utilidad directamente en la forma de disfrute estético y
bienestar espiritual o amenidades, función que se verá dañada si la cantidad
de desechos supera el nivel de la capacidad de asimilación.
La utilidad total del sistema económico se compone del flujo de
utilidad del consumo, de las amenidades positivas que proporcionan los
recursos que utilizamos, y las negativas procedentes del medioambiente
cuando los residuos son superiores a la capacidad de asimilación de éste,
caso en que se incrementará, además, el uso de recursos necesarios para la
eliminación de tales excedentes no nocivos.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
119
Este es el modelo de balance de materiales en el que se destacan las
tres funciones económicas del medioambiente: suministro de recursos,
asimilación de residuos y generación de utilidad directa, estética. Todas ellas
tienen un valor económico positivo, a tener en cuenta siempre.
Dichas funciones se pueden consid erar como los componentes de una
función general del medioambiente, la fun ción de sustento de la vida, que ha
de persistir a lo largo del tiempo (PEARCE, D., y TURNER, K. 1995).
Por otra parte, ante la complejidad de las interrelaciones ecológicas y
las incertidumbres existentes en la gestión de los recursos, se han plantead o
dos principales puntos de vista para su estudio: el análisis coste-beneficio y
el enfoque de normas fijas.
El primero, utiliza valoraciones monetarias, con la incorporación,
asimismo, de un reconocimiento a la existencia de incertidumbres e
irreversibilidades.
El enfoque de normas fijas se emplea para casos específicos, o también
como manera de instrumentar una política macroambiental general. Tales
normas se refieren a calidad ambiental para el agua y el aire, usos de la tierra,
etc., que sirven de limitaciones a cumplir.
En un contexto general cualquier po lítica dudosa habría de rechazarse
a favor de la posición más conservadora me dioambiental, con posposición de
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
120
opciones de desarrollo, y la recomend ación de adoptar siempre un amplio
margen de seguridad.
Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
127
NORGAARD, R. “Coevolutionary Development Potencial”. Land Economics,
Vol. 60, nº2, Mayo, 1984.
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Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
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POSTEL, S., y FLAVIN, C. “Remodelación de la economía mundial”, en La
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Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente
129
WOLSTEN HOLME, G. Man and His Future. Boston, 1963, donde se recoge el
trabajo de COLIN CLARK, Agricultural Productivity in Relation to Population .
CAPITULO III.- DESARROLLO SOST ENIBLE, ANALISIS ECONÓM ICO
Y VALORACIÓN AMBIENTAL
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
131
III.1.- DESARROLLO SOSTENIBLE Y VALORACIÓN D EL
MEDIOAMBIENTE
III.1.1.- El concepto de Desarrollo sosten ible. Sostenibilidad Global y Local
Existe en la actualidad, una completa bibliografía ac erca del debate
sobre los conceptos, desarrollo sostenible, sostenido o sustentable,
sostenibilidad, crecimiento económico, y desarrollo económico, por lo que
sólo vamos a tratar de precisar las conclusiones realizadas por algunos
autores, acerca de las reglas de operatividad para poder llevar a la práctica
este concepto tan poco preciso, ta n ambiguo, tan utilizado y quizás tan
contaminado por su uso indiscriminado en expr esión política actual, sobre el
desarrollo sostenible.
Este concepto aparece y toma fuerza a partir de la expresión inglesa
sustainable development, en ocasiones mal traducido, y quizás de forma
intencionada, por crecimiento so stenido o desarrollo sostenido,
(RIECHMANN, J. 1995), que se consolid a definitivamente a partir de 1987,
en el Informe Nuestro futuro común, de la Comisión Mundial para el Medio
Ambiente y el Desarrollo, conocido de forma generalizada como informe
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
132
Brundtland, (apellido de la pre sidenta de la Comisión, la noru ega Gro
Harlem Brundtland). ( BRUNDTLAND G.H.1988)
Término que prácticamente ha dejado en desuso a su predecesor el
ecodesarrollo, ( SACHS, I. 1981) parece que fue formulado por primera vez
por Maurice Strong, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA), en su primera reunión en 1973. Su
expresión se refiere a un desarrollo socialmente justo, ecológicamente
compatible y económicamente viable, o también el conjunto compuesto por
los tres conceptos siguientes: necesida des básicas, desarrollo autocentrado y
compatibilidad ecológica ( DASMANN, R.F..1989).
El desarrollo sostenible, se define en sus comienzos dentro de la
orientación de estrategias de desarrollo regional, generalizándose después en
la definición de proyectos de desarrollo integral ecológicamente racionales.
Es un estilo de desarrollo más igualitario y menos dependiente, más
racional desde el punto de vista socioambiental para la gestión de los
recursos y el espacio que utiliza di seños ecológicamente viables en la
planificación del desarrollo económic o, con aplicación de tecnologías
ambientalmente adecuadas y que bu sca asimismo un mayor control
democrático y participación popul ar, en las decisiones sobre el
medioambiente físico y social, de los más directamente afectados. (JIMENEZ
HERRERO, L. 1989).
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
133
El desarrollo sostenible, según Brundt land, gira en torno a la idea de la
satisfacción de la generación presente sin comprometer la de las generaciones
futuras. Dicho informe contiene los siguientes aspectos (RIECHMANN, 1995):
- El principal objetivo del desarrollo es la satisfacción de las
necesidades humanas.
- La forma en que se satisfacen las necesidades humanas, está
sometida a restricciones morales en términos de equidad
distributiva y consuntiva, y ecológ icas, en términos de capacidad
de sustentación de los ecosistemas y sobre todo del propio planeta.
- Para la satisfacción de las necesidades esenciales, se requiere el
crecimiento económico en los lugares donde no se satisfacen esas
necesidades; se requiere por tant o el crecimiento de los países
pobres.
- Se necesita una forma de control demográfico consciente, en
armonía con el cambiante potencial productivo de los ecosistemas.
- Existen límites en términos de utilización de los recursos, tanto
para los no renovables como para los renovables, así como para la
emisión de contaminación y vertidos.
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
134
- La conservación no es un imperativo absoluto, sino que debe estar
subordinada al bienestar humano.
- El uso de los recursos no renovables ha de ser lo más parsimonioso
posible, buscando a largo plazo su sustitución por los recursos
renovables.
En este sentido, el desarrollo sostenible aboga, por un lado, por el
mantenimiento del capital natural, a trav és del principio de precaución, y por
otro el estándar mínimo de seguridad, otro concepto similar del desarrollo
sostenible, como vía de dar forma al contrato social entre generaciones, a
través de la regla de capital constante y del legado al futuro. Todas las
decisiones deben tomarse en un contexto de incertidumbre y d e posibles
irreversibilidades, pues una vez toma das aquéllas provocan cambios que
físicamente imposibilitan su vuelta at rás o a un coste excesivo, en caso
contrario. De forma estricta debe salvaguardarse, a largo plazo el capital
natural que los individuos reciben en ca da generación, por lo que se deduce
la gran importancia que tiene una va loración completa de dicho capital,
como garantía intergeneracional del mantenimiento del capital constante.
(TURNER, R.K. et al. 1993).
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
135
En esta línea vamos a exponer los principios o criterios operativos
para el desarrollo sostenible expuestos por Riechmann ( RIECHMANN, J.
1995):
1.- Principio de irreversibilidad cero : reducir a cero las intervenciones
acumulativas y los daños irreversibles.
2.- Principio de extracción sostenible de recursos renovables: las tasas
de recolección de los recursos renova bles deben ser iguales a las tasas de
regeneración de estos recursos.
3.- Principio de extracción sostenib le de recursos no renovables: es
cuasi-sostenible la explotación de recu rsos naturales no renovables, cuando
su tasa de vaciado sea igual a la tasa de creación de sustitutos renovables.
4.- Principio de emisión sostenible: las tasas de emisión de residuos y
de contaminantes han de ser, como mucho, iguales a las capacidades
naturales de asimilación de los ecosis temas en los que se vierten dichos
residuos, lo que implica la emisión ce ro de residuos no biodegradables.
5.- Principio de selección sostenible de tecnologías: han de favorecerse
las tecnologías que aumenten la prod uctividad de los recursos como
volumen de valor obtenido por unidad de recurso, frente a las tecnologías
que incrementen la cantidad extraída de recursos. Es decir, se aboga por la
eficiencia frente al crecimiento.
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
136
6.- Principio de precaución: ante la magnitud de los riesgos a que nos
enfrentamos, se impone una actitud de vigilancia a priori que identifique y
descarte de entrada tanto las vías que podrían llevar a desenlaces
catastróficos, aún cuando la probabilidad del riesgo ambiental parezc a
pequeña como las vías alternativas más difíciles o costosas.
Estas son las normas de seguridad mínima de la sostenibilidad que
deberían cumplirse antes de seleccionarse aquellos proyectos que tengan las
tasas de beneficio más elevadas sobre la base de otros criterios económicos en
un sentido tradicional.
Podemos utilizar una definición útil de desarrollo sostenible, como
aquél en que la cantidad de consumo es posible continuar indefinidamente
sin degradar el capital, incluido el capital natural ( CONSTANZA, R.1997).
En este sentido, tene mos por una parte aquél grupo de economistas,
los ambientales, que consideran que lo que se dese a conservar desde el
marco del Informe de la Comisión Brundtland, es el valor del stock de capita l
incluido el capital natural con el qu e cuenta la sociedad, otorgando a las
generaciones futuras la posibilidad de seguir produciendo bienestar
económico en igual situación que la actual. El problema es lograr una
valoración que se estime completa y acertada del stock de capital y del
deterioro ocasionado en el mismo, adem ás, para tener la seguridad de que el
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
143
primeras etapas del desarrollo, se muestran las existencias medioambientales
y el nivel de vida, como fenómeno s complementarios, pero no podemos
olvidar que las funciones ambientales de asimilación de desechos y de
sostenibilidad de la vida no son sustituibles. (PEARCE, D.W., y TURNER,
R.K. 1995)
Para que una economía tenga un desarrollo sostenible, en el caso de
reducción del capital natural, habría de aumentar la eficiencia en la
utilización de los recursos aplicados, lo que se consigue fundamentalmente
mediante el progreso técnico, a pesar de que éste también puede presentar
efectos indirectos adversos de contaminación en aumento.
Llegados a este punto, es precis o tener en cuenta otro tipo de
sustitución: la de capital natural por ca pital construido por el hombre. Y ésta
ha sido la manera tradicional de crec imiento económico, por lo que cabría
pensar, al menos de momento, que el capi tal natural no es tan esencial para
elevar el nivel de vida.
En el punto crítico, hemos expuesto que es factible elevar el nivel de
vida reduciendo las existencias de capital natural; ahora, con la introducción
del progreso técnico, argumentamos que parte de esa cesión puede realizarse
sacrificando o consumiendo capital hu mano como parte del sacrificio de
capital natural. Caso de que ambos tipos de capital fuesen igualmente
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
144
productivos en el aumento del nive l de vida, actuaríamos de forma
indiferente, pero si el capital humano fuese más productivo, nos
inclinaríamos por éste.
Los problemas surgen de inmediato; el capital humano no es
independiente del capital natural, pues ha de consumirse parte de éste para
construir el otro. Podría llegarse a la simple sustitución entre a mbos, si la
productividad extra del capital humano compensa el empleo suplementario
de recursos naturales que se co nsumen al producir éste, cosa que, de nin guna
manera, resulta tan evidente.
Un segundo problema es que el capital natural desempeña otra serie
de funciones económicas, que no son posibles de realizar por el capital
humano, como es el caso de las funciones de sost enimiento de la vida:
regulación del clima, protección del agu a, existencia de recursos biológicos,
etc.; esto, es la multifuncionalidad del capital natural es inasequible para el
ser humano.
La tercera cuestión es, que la sust ituibilidad puede no ser relevante en
todos los recursos naturales, pues ésto s no son como los recursos humanos
en el sentido de que entre las much as funciones de aquellas está el
mantenimiento de los ciclos bioquími cos del medioambiente, de los que
depende la existencia del propio hombre.
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
145
El progreso técnico es, en princ ipio, una forma de reducir el uso de
recursos naturales para mejorar el nivel de vida, por incrementar la
eficiencia, pero es preciso que tengamos presente el hecho de que, por una
parte las nuevas tecnologías no son siempre menos contaminantes, y, por
otra, que no parece sea indefinido el progreso tecnológico, en principio.
Relevancia especial tiene el tema referente al papel que desempeña el
medioambiente como apoyo y sustento de los sistemas económicos, cuyo
ignorancia nos sume en una import ante incertidumbre; no tenemos
s e g u r i d a d d e c ó m o f u n c i o n a e l m e d i o a m b i e n t e , n i e n s u i n t e r i o r n i e n s u s
interrelaciones con el sistema económico. Por eso, si decidimos un sacrificio
del capital natural, nos podemos encontrar, y, de hecho, con frecuencia nos
enfrentamos, con el gravísimo problema de la irreversibilidad, situación en la
que ya no es posible una vuelta atrás.
No cabe duda, pues, que al estar presentes la incertidumbre y la
irreversibilidad, una vez más hemos de in dicar, que ante la decisión de
reducir el capital natural, la prudenci a y la precaución deben ser nuestro
modo de actuar. En síntesis, del sacrif icio de capital natural sólo puede
conseguirse un incremento sostenible limitado del nivel de vida.
La sostenibilidad en las sociedades más pobres del mundo es función
del mantenimiento de las existencias de los recursos naturales, donde la
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
146
alimentación depende de agriculturas de subsistencia, que atentan contra la
calidad del suelo. Pero, a pesar de la co nservación de esos recursos, dada su
escasez flexibilidad, estas economías pued en no ser sostenibles ante sucesos
externos como la sequía o la guerra, que retrasen sus expectativas de
desarrollo, al no disponer de capital humano.
Otros argumentos a favor de la protección del medioambiente, del
capital natural, se refieren a la equida d entre generaciones y los derechos de
otros seres vivos de la naturaleza.
Conservar las dotaciones de recursos naturales significa asegurar el
acceso a ellas de las futuras generaciones, que conlleva la justicia distributiva
intertemporal, fundamental objetivo social , al tener en cuenta los intereses de
generaciones posteriores.
Por otro lado, además de los derechos humanos, han de considerarse
los derechos de otros seres sensibles, como los animales; entre tales derechos,
el básico es el de existir para poder ejercerlos. Recordemos que cuando
degradamos o sacrificamos capital na tural, inexorablemente destruimos
hábitat o medioambiente imprescindib le para la vida de los animales
salvajes. La reducción de capital natu ral es, pues, un atentado contra los
derechos de los seres vivos. (PEARCE, D.W., y TURNER, R.K. 1995)
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
147
Para los pensadores del paradigma coevolucionario, (NORGAARD, R.
1984) . la explicación del desarrollo y del cambio, más que a un determinismo
biológico o cultural, se debe a un proceso de adaptación a un medioambiente
que cambia y, a su vez, es fuente u origen de cambio ambiental.
Permanentemente hay una interacción de los organismos con el
medioambiente, pues no se limitan a tomarlo en una situación dada concreta,
sino que buscan alternativas o cambian las que existen. Todo organismo no
es, por consiguiente, sólo el resultado del medioambiente en que se genera,
sino que, además, es la causa de ese medioambiente.
Con este enfoque, se deducen tres fuentes de cambio: la ruptura del
equilibrio ecológico, provocado por cualquier inadecuación entre método y
tasa de utilización de los recursos naturales; las demandas de nuevos
cambios técnicos; y la aparición de tipo s nuevos de necesidades, acordes con
los cambios en los costes y en el nivel de vida.
No obstante, ninguna de estas fuente s explica el cambio, por sí misma;
el desarrollo es un proceso de de splazamientos por una sucesión de
localizaciones ecológicas, que van varian do y, en cualquier situación, se
pueden destruir por factores ajenos al proceso de desarrollo de la sociedad.
A largo plazo, el proceso de desarrollo conduce a una explotación en
aumento del medioambiente, que disminuye los recursos de baja entropía,
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
148
incrementa los residuos, y conlleva qu e los sistemas económicos sean más
circulares y complejos.
Este enfoque coevolucionario se pres enta como nexo entre el análisis
económico y el ecológico, y expresa qu e la coevolución se refiere a todo
proceso de interacción que tenga lugar en tre dos sistemas en evolución; en su
desarrollo, los excedentes energéticos se generan dentro de sistemas y están
disponibles para estimular nuevas intera cciones entre sistemas. Cuando éstas
son positivas para la sociedad, el proceso evolutivo continua. Pero los
mecanismos de desarrollo de respuesta coevolucionaria pueden pasar del
ecosistema al sociosistema, por lo que los sistemas de producción se hacen
más circulares y complejos, con un crecimiento de la explotación del
medioambiente.
Así pues, las exigencias para subsistir dependen de la tecnología y de
la cultura de la sociedad del momento, que crecen a medida que se
incrementa la complejidad del sistem a social, a través del cambio de
preferencias individuales inducidas por el desarrollo. (PEARCE, D.W., y
TURNER, R.K.1995).
Podemos destacar, como sinopsis de los enfoques alternativos al
dominante en relación con el anális is del medioambiente natural, tr es
aspectos principales.
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
149
En primer lugar se indica que, en tanto los economistas asumen con
normalidad que la generalidad de indi viduos y sociedades tienen varios
objetivos, ellos se polarizan en el t ratamiento de solamente la eficien cia
económica, solamente. Cuando ésta se aplica a la oferta y demanda de los
bienes o activos ambientales, no comercializables en el mercado, se pueden
utilizar en su estudio una serie de inst rumentos económicos tales como el
análisis marginal, la optimización y ot ros. Ahora bien, puede suceder que la
optimización del uso de los bienes ambientales, no sea la principal
preocupación de los individuos y socied ades, sino que consideren el acceso
equitativo a tales bienes, a corto y largo plazo, tan fundamentales o más.
Asimismo, la coexistencia de la incert idumbre y la irreversibilidad sobre el
papel del medioambiente en la calidad de vida y en nuestra supervivencia,
nos hace dudar de la credibilidad de los análisis coste-beneficio. Esto es, la
consideración de los objetivos que los humanos tienen en relación con el
medioambiente natural, puede hacer cambiar la idea de la economía
convencional sobre aquellos.
En segundo término, aparecen algu nas posiciones alternativas que
consideran relevantes los sistemas de preferencia, en el análisis de los
problemas medioambientales. Este pensamiento implica un problema:
cuando determinados hábitats tienen un valor intrínseco que no está
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
150
relacionado con el acto humano de pr eferencia o no, aparecerá la dificultad
de cómo tenerlos en consideración. Se podría dar el caso de tener valores que
son evaluaciones de las personas para un bien ambiental dado y valores que,
se encuentran en ese medioambiente y que no son evaluaciones de las
personas. Una cuestión a estudiar es, ha sta qué punto las personas realmente
captan parte de este valor intrínseco cuando expresan sus preferencias en
nombre de las especies y hábitats; entonces, la distinción entre valores
intrínsecos y valores sujeto-objeto pue de ser válida pero carecen de
relevancia real.
Por último, parece constatarse que buena parte de los pensadores que
ponen en duda el papel del análisis económico para la gestión
medioambiental, entiende como causa la no adaptación de este análisis a las
condiciones ecológicas de la sostenibilid ad; y a que la economía convencional
no dispone de un teorema de existencia , que asegure que cualquier equilibrio
económico coincide con un equilibrio ecológico, en desarrollo sostenible.
Para obtener este aseguramiento de so stenibilidad sería preciso garantizar
que los modelos económicos de desarrollo tengan intrínsecamente
condiciones de sostenibilidad.
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
151
Al respecto hay distintos posicionamientos. Por una parte, quienes
apoyan los límites del crecimiento, entienden que el modelo de crecimiento
económico tradicional no es sostenible.
Por otra, están los autores que consideran factible el crecimiento, pero
habría de tener diferente configuración. Así, podría ser un crecimiento con
base en la utilización más sostenible de los recursos naturales renovables y
menos depredador de los recursos no renovables. Pero también es posible un
crecimiento basado en unos consumos muy bajos de recursos y un elevado
progreso técnico, en una economía de alta tecnología. (PEARCE, D.W. y
TURNER, R.K. 1995)
Por tanto, de acuerdo con Pearce y Turner, no siempre será cierto que
una economía sostenible ha de tener co mo característica la austeridad y el
reducido crecimiento. Sólo se podrán evaluar adecuadamente estos temas,
cuando mejore sensiblemente nuestro conocimiento y comprensión de las
interacciones existentes entre la economía y el medioambiente.
III.1.3.- La sostenibilidad local y la sostenibilidad global
Hablamos de sostenibilidad global, cuando razonamos sobre la
extensión de un proyecto, programa o desarrollo, a escala planetaria de los
sistemas considerados, tomando la Tie rra como escala de referencia y de
Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental
152
sostenibilidad local, cuando nos referi mos a sistemas o proceso más parciales
o limitados en el espacio y en el tiempo. También podemos hablar de
sostenibilidad parcial cuando se refier e sólo a algún aspecto, subsistema o
elemento determinado, como la gestión sostenible del agua, de la energía, de
los recursos, etc.).
A largo plazo, tanto la sostenibilidad local como la parcial, están
llamadas a converger con la global, por lo que la diferencia entre la
sostenibilidad local o parcial y la global cobra importancia cuand o, como es
habitual, no se razona a largo plazo, sino a corto.
El cuestión de la sostenibilidad a nivel local, se centra en la visión
analítica y por partes aplicada a la solución de problemas y a la búsqueda de
estudios sobre coste-beneficio, a corto plazo.
Así las mejoras obtenidas en las condiciones de salubridad y de
habitabilidad local, se consiguieron genera lmente a costa de intensificar la
explotación de otros territorios. El pr oblema reside en que el crecimiento
producido desde la revolución industri al, no sólo aparece como globalmente
insostenible, sino que pone también en peligro los logros en salubridad y
habitabilidad, por lo que todos los aspectos deben tratarse conjuntamente.
En este sentido los planteamientos del Libro Verde del Medio
Ambiente Urbano (1990) de la Unión Europea, superó los planteamientos
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
254
recae sobre aquellas empresas que emit en residuos, y que se determina en
función del daño medioambiental que la empresa provoca.
Son muchos los economistas que abog an por un tipo de intervención
específico: un impuesto sobre el contam inador, basado en la estimación del
daño provocado al medioambiente, o coste externo ambiental. (PEARCE y
TURNER, 1995, p. 119).
Esta idea la expuso por primera vez el Profesor de Economía Política en
la Universidad de Cambridge, Arthur Pigou. En su libro Economics of Welfare
(1920), sugirió que los contaminadores deberían afrontar un impuesto, basado
en el deterioro ambiental que causaban sus emisiones de contaminantes, como
medio para lograr el equilibrio entre el cost e social y el privado. Debido a ello,
estos gravámenes se conocen como impuestos Pigouvianos .
Un método para lograr que la producci ón y, por tanto, las emisiones de
contaminantes, se reduzca hasta el nivel óptimo social, sería el establecimiento
por parte del gobierno de un impuesto que fuera exactamente igual al daño
causado por la contaminación, coste marg inal externo, de dicha producción , en
el óptimo social.
Establecido el impuesto, cada unid ad de contaminación que produzca la
empresa supone el pago de un impuesto t* al gobierno. En el momento en que
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
255
el beneficio marginal privado neto se ig uale al coste marginal externo, en el
óptimo social, si la empresa produje ra cualquier número de unidades por
encima de éste, los ingresos que obtendrí a con esas unidades adicionales, dada
por el beneficio marginal neto privado, serían menores que los impuestos que
hay que pagar por tales unidades (t*). Por tanto, si se utiliza este enfoque, la
empresa tendrá un fuerte incentivo económico para reducir la producción hasta
el nivel óptimo social, y por consiguiente se reducirá la contaminación, hasta el
nivel de contaminación óptimo.
Este gravamen haría que el beneficio marginal neto privado se
desplazase hacia la izquierda en la cuantía dada por el impuesto. El
contaminador maximiza los beneficios pr ivados netos, sujetos al impuesto, y
esto tiene lugar en el óptim o desde el pu nto de vista so cial. El impuesto se fijará
en una cantidad t*, igual al coste marg inal externo en el nivel óptimo de
contaminación.
Para estudiar analíticamente este impu esto pigouviano óptimo, hemo s de
considerar el beneficio social neto, que sería igual a los beneficios privados
brutos o ingresos, menos los costes tota les incurridos, ya sean de la propia
actividad productiva o de los daños pr ovocados al medio ambiente, costes
externos.
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
256
Tendríamos pues, la siguiente igualdad:
Beneficio social neto (BSN) = Ingreso s (P*Q) – Costes privados (C) – Costes
externos (CE)
Esto es : BSN = P*Q – C(Q)- CE(Q)
Ya que los costes son función de la cantidad producida y el bien viene
dado en el mercado competitivo (PEARCE y TURNER, 1995, p. 121).
Si derivamos respecto a Q, para maximizar el beneficio social neto,
resulta :
por ser el coste social (CS), la suma del coste privado y del externo: CS = C + CE.
Esto es, el precio del producto fabric ado por una empresa contaminante, ha de
ser igual al coste marginal social.
0 =
Q
CE
-
Q
C
- P =
Q
BSN
∂
∂
∂
∂
∂
∂ que es condición de primer orden para obtener
el máximo de BSN
De donde se deduce que: Q
CS
=
Q
CE
+
Q
C
= P ∂
∂
∂
∂
∂
∂
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
257
También se observa que, los b ene fici os privados netos han de tener igual
valor que los costes marginales externos, puesto que Q
CE
+
Q
C
= P ∂
∂
∂
∂
, para
alcanzarse el óptimo de producción social , al ser tales benefi cios pr ivados net os
la diferencia entre el precio del producto y el coste marginal privado.
Podemos, pues, establecer el impues to óptimo, t*, en el valor de la
producción socialmente óptima, que sea:
Donde Q* es esa producción.
De donde resulta un precio de mercado
Igual al coste marginal privado en el óptimo de producción, más el impuesto
óptimo pigouviano.
La empresa generadora de una extern alidad ambiental se verá obligada a
decidir el volumen de producción socialmente óptima y producirá donde
maximice sus beneficios, esto es, donde el precio del mercado cubra el coste
marginal social.
* t +
Q
C
= P
s
∂
∂
Q
CE
= t
s
∂
∂
*
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
258
V.1.3.- Los problemas de la fijación de un impuesto
A pesar de que los impuestos sobre la contaminación tengan, en teoría,
ciertos atractivos, la fijación del impues to óptimo pigouviano es muy difícil en
la práctica, quizás debido, básicamente, a la incertidumbre so bre el posible daño
que pueda causar un contaminante determinado (MAGADAN Y RIVAS, 1998,
p. 50).
La determinación del coste marginal externo, es fundamental para poder
fijar el impuesto pigouviano. Ahora bi en, esto requiere el conocimiento
económico de seis factores difere nciados: (PEARCE D.W. y TURNER R.K.:
1995).
• La producción de bienes de la empresa.
• La contaminación “asociada” a esa producción.
• La acumulación de contaminación en el largo plazo.
• Las repercusiones en los individuos que tiene dicha
contaminación.
• El daño de dichas repercusiones.
• La evaluación monetaria de los costes de la contaminación.
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
259
El análisis de estos factores es muy complejo y lo normal es que
provoque problemas entre las partes intere sadas: los empresario s, los gr upos d e
protección medio ambiental, etc. Ad emás, se puede decir que surge otra
complicación adicional, por el hecho de que, para poder evaluar el impuesto
óptimo pigouviano, necesitamos conocer ta mbién el valor de los beneficios del
bien que se produce, es decir, tenemos que conocer la función de Beneficios
marginales privados netos, que nos perm ita saber en qué punto se produce su
intersección con el coste marginal externo. Esto, de nuevo, provocará conf lic tos
entre los distintos grupos interesados.
Por otro lado necesitamos conocer la función completa del daño, ya que
deseamos encontrar el nivel óptimo de contaminación, para poder determinar la
curva de coste marginal externo. Esto puede conseguirse, en algunos casos, a
través de las diversas metodologías de valoración monetaria del impacto
ambiental, que se desarrollan en este trabajo.
Existe, de hecho, una asimetría de la información entre el contaminador
y el regulador, que se considera como una objeción a cualquier forma de
intervención gubernamental. Por lo tanto, en la realidad, intentar calcular de
forma exacta el impuesto óptimo de co ntaminación se convierte en una tarea
bastante ardua. Sólo es esperable lleg ar a una información incompleta. Estas
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
260
dificultades informativas pueden no ser abrumadoras. Podemos estar
interesados en conocer la dirección adecua da de la variación de los niveles de
contaminación, más que en alcanzar un óptimo teórico; si es así, los gravámenes
por contaminación, seguramente, son el instrumento adecuado para la acción
reguladora.
A veces, resulta más fácil calcular la s magnitudes relativas, entre un
impuesto sobre un determinado contam inante y un impuesto sobre otro
segundo, y comparar los daños causados por cada uno de ellos.
Un ejemplo de esto lo encontramos, al examinar las consecuencias d e un
impuesto sobre el carbono, pues sabemos que un impuesto sobre el consumo de
los combustibles repercute en la emisió n de dióxido de carbono a la atmósfera,
que genera, por lo tanto, un aumento del efecto invernadero, al venir asociada
esta emisión a la combustión de aquel. El consumo de gasolina, es una de las
principales causas de la contaminació n ambiental, dado que contiene una
elevada proporción de carbono, que se transforma asimismo, en anhídrido
carbónico.
Por otro lado, algunos combustibles co mo el gas natural, tiene tan solo un
60% del carbono contenido en el carbón. Po r lo tanto, ningún impuesto sobre el
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
261
carbono debería ser el mismo para todos los combustibles, sino que habría de
ser más bajo para los combustibles que contengan poco carbono, y más elevado
para los combustibles que contengan mucho carbono, como el carbón o la
gasolina. Sin embargo, esto no resuelve el p r o b l e m a f u n d a m e n t a l d e l a f i j a c i ó n
de un nivel impositivo absoluto, a partir del cual se puedan determinar los
niveles impositivos relativos.
Muchos investigadores han analizado el problema básico de la
evaluación del daño causado por las emis iones de carbono pero, hasta la fecha,
no se ha alcanzado ningún consenso; só lo se ha sugerido una gran diversidad
de propuestas , para la fija ción de un ratio impositivo adecuado, apropiado para
el carbono. (BARRETT, S. 1991).
V.1.4.- Controversia sobre quién paga los impuestos y quién debería hacerlo.
Entramos ahora, en la consideració n de una de las cuestiones más
controvertidas sobre la utilización de lo s impuestos a la contaminación; ¿quién
los paga realmente y quién debería pagarlos?.
Los impuestos pigouvianos son un in strumento para lograr el Principio
de “el que contamina paga”, un principi o según el que, los que generan la
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
262
contaminación, productores y/o contam inadores, deberían pagar los daños
cau sados, y no como ocurre todavía, que es la sociedad la que tiene que afrontar
esos costes.
¿Cómo afecta un impuesto sobre la contaminación a la empresa
contaminadora? Antes de la imposición del gravamen, la empresa recibía unos
beneficios marginales privados netos p o r cada una de las unidades producidas,
hasta el nivel de producción óptimo, de sde el punto de vista de la empresa o
privado, es decir, todo el área por de bajo de la curva de los beneficios
marginales privados netos.
Sin embargo, con un impuesto sobr e la contaminación, t* impuesto
unitario a la producción, la empresa reduciría la producción hasta el nivel
óptimo social, con pérdida del benefi cio marginal correspondiente a la
producción dejada de fabricar, es decir, la diferencia entre producción óptima
privada y producción óptima social.
Sería justo que se obligara a la empr esa, además, al pago de los daños
que ocasiona al medio ambiente. No obstante, hay que señalar que la
producción óptima social es compatible con el nivel óptimo de contaminación,
pero aún así, se está forzando a la em presa a pagar un impuesto por todas las
unidades fabricadas hasta ese nivel; esto no parece justo. La socied ad no t endrá
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
263
que soportar ningún coste neto, si ello es así; por tanto, ¿por qué debería pagar
la empresa un impuesto sobre su contaminación?.
Esta incertidumbre sobre la justicia de l impuesto de Pigou, se ha citado
como una de las razones que explican las motivaciones por las que los políticos
no lo hayan implantado. (PEZZEY J. 1988)
Sin embargo, la mayor preocupación ac erca de los impuestos de Pig ou se
ha centrado en su impacto sobre los consumidores, que pasamos a considerar a
continuación.
La im plantación del impuesto sobre la contaminación provoca un cambio
en el equilibrio del mercado, tanto en el precio del producto como en la
producción ofrecida y demandada.
Supongamos ahora que se le obliga a la empresa a pagar un impuesto
sobre la contaminación, t*, por cada un idad producida. Este impuesto eleva los
costes de producción en una cuantía dada por t*, es decir, la empresa solo
ofrecerá la misma cantidad de pr oducto, si recibe un nuevo precio más alto, que
sea igual al antiguo precio más el impues to t*. La curva de oferta se desplazará
hacia arriba y hacia la izquierda en una distancia t*, que significa una
disminución de la oferta en esa cuantía.
La primera reacción de la empresa será intentar mantener sus niveles
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
270
La columna (1) divide la població n de Reino Unido en diez grupos
iguales clasificados desde el grupo con el 10% más bajo de ingresos hasta el
grupo con el 10% más elevado de ingresos . La columna (2) mues tra el porcentaje
con el que cada grupo de ingresos camb ia su consumo de combustible cuando
se establece un impuesto sobre la contaminación. Como cabría esperar, el grupo
de ingresos más bajos es el que redu ce en mayor cuantía el consumo de
combustible; el impuesto es regresivo dado que las familias más pobres son las
más perjudicadas, como consecuencia de l impuesto. La colu mna (3) demuestra
como una familia media, dentro de cada grupo de ingresos, aumentará su gasto
sema nal en c ombu stible como consecuenc ia del impuesto. Dado que las familias
más pobres consumen menos combustibl e que las familias mas ricas, son las
primeras las que pagan el impuesto ex tra. Además, si tenemos en cuenta los
reducidos ingresos de esos grupos, podemos ver a partir de la columna (4) que
las familias más pobres pagarán una proporción mas elevada de su gasto total
en concepto de impuestos (1.8%) de la correspondiente a las familias más ricas
(0.4%).
Este análisis ofrece una evidencia bastante significativa de que los
impuestos sobre la contaminación son potencialmente regresivos , y perjudican
económicamente a los miembros más débiles de la sociedad.
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
271
A pesar de que los impuestos sobre la contaminación tengan efectos
distributivos injustos, existe una bu ena razón para pensar que dicho problema
puede ser solucionado. Esto se debe, a qu e el dinero recaudado por el impuesto
no se pierde sino que va a parar a las arc as gubernamentales. El go bierno recibe
unos ingresos impositivos igual al impues to por unidad (t*), multiplicado por el
número de unidades producidas y vend idas después del establecimiento del
impuesto.
El gobierno puede compensar los aspe ctos regresivos del impuesto, por
transferencia del dinero recaudado, a los más afectados por el impuesto. Una
redistribución entre los consumidores, qu e se puede realizar, tanto en la forma
de un aumento en los ingresos exentos de impuestos, como en la forma de una
reducción de los impuestos de otras bi enes básicos; ambos métodos ayudarán
en una proporción mucho mayor a las pe rsonas con rentas bajas que a las de
rentas altas.
Un estudio de Reino Unido (BARKER, T. y LEWNEY R, 1990), demost ró
que los ingresos recaudados por un impuesto sobre las emisiones de
combustible, podría ayudar a pagar una parte sustancial del nivel actual del
IVA. Este tipo de redistribución impo sitiva, también se podría aplicar a las
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
272
empresas afectadas por los impuestos sobr e la contaminación, así, el gobierno
podría utilizar los fondos conseguidos, para pagar subvenciones a la instalació n
de tecnologías con menores niveles de contaminación.
La redistribución adecuada de los fondos impositivos, haría que el
impue sto so bre la contaminación tuviera unos efectos fiscales neutros ; es decir, no
tendría un impacto negativo sobre los ingresos impositivos, a la vez que
estimularía tanto a los consumidores como a los productores a producir bienes
con un nivel de contaminación menor. Un impuesto sobre la contaminación
también tiene la ventaja de que, mientras la mayor parte de los impuestos, como
los impuestos sobre la renta y sobre las in versiones, distorsionan la economía al
desincentivar actos que son esencialmente bu enos, renta e inversión, un impuesto
sobre la contaminación intenta corregir un fallo del mercado, mediante la
eliminación de algo que es esencialmente malo , esto es, la contaminación.
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
273
V.1.5.- La efectividad de un impuesto sobre la contaminación
Un aspecto de gran interés a consid erar, es si un impuesto sobre la
contaminación es más o menos efectivo en su aplicación, y cuál debería ser el
nivel de la imposición para alcanzar una determin ada efectividad. La resp uesta
a estas cuestiones depende, como se ha comentado anteriormente , de las
elasticidades relativas de las curvas de demanda y de oferta del producto. Si la
demanda de éste es muy elástica al prec io, aparece una sensible respuesta a sus
variaciones y los consumidores pueden comprar sustitutos adecuados; en este
caso el establecimiento de un impuesto sobre la contaminación será efectivo.
La efectividad de un impuesto sobre la contaminación será menor
cuando la demanda sea inelástica con respuesta escasa a los cambios en el
precio y el producto tendrá muy pocos sustitutivos.
En el caso de impuestos a la gasolina, en la actualidad, la nueva
tecnología y la introducción de nuevos productos sustitutivos, tales como el
gasoil, hacen que los impuestos sobre la contaminación sí tengan efectos
positivos (OPSCHOOR J.B, 1991). Pero en la ausencia de sustitutivos, el poder
de un impuesto para reducir la co ntaminación puede disminuir, si los
consumidores siguen comprando elevadas cantidades del producto, a pesar d e
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
274
que los precios sean más elevados.
Los impuestos del carbono sobre los combustibles parecen afrontar este
tipo de problemas y tal como se e xpresa Barrett “para reducir de forma muy
sustancial las emisiones de CO 2 , se necesita de un impuesto sobre el carbono
mucho mayor del que existe en la actualidad”. (BARRETT S.: 1991)
V.1.6.- Problemas internacionales en la implantación de impuestos a la
contaminación
Es preciso, asimismo, hacer referencia a algo que, a juicio de los críticos,
constitu ye una de las m ayore s debilidades del impuesto sobre la contaminación.
Se trata de sus implicaciones sobre la ec o n o m í a d e u n p a í s , e n e l c a s o d e q u e
tales impuestos sólo se estableciesen con repercusión sobre su propia economía.
Si un país establece un impuesto a sus propias industrias, sobre la
contaminación, estás estarán en desventaja en relación con los competidores
extranjeros, si no se les aplica otro im puesto similar, hasta tal punto, que los
bienes producidos a nivel nacional serán, para los consumidores, menos
atractivos en precios, que las importaciones.
De ello se deduce la necesidad de cooperación, entre los países para
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
275
abordar estos problemas, pues como indi can algunos autores en relación con el
impuesto del carbono “sería introducido a una escala significativa si se establece
sobre un número de países que actú an de forma conjunta”. (PEARCE D.W.
1991).
Este tipo de actuación requerirá de algún tipo de acuerdo o tratado
internacional. Aunque, existen problemas para que ello suceda. En primer lugar,
siempre le interesará a algún país, que todos los demás firmen tal tratado,
menos él. Dicho país, se beneficia de las reducciones globales de las emisiones,
sin tener que incurrir en un aumento en los costes de producción, por lo que
obtiene una ventaja comparativa sobre aquellos países extranjeros cuyas
empresas tienen que pagar el impuesto de contaminación. Este efecto es
conocido como el pasajero gratuito (free rider), constituye un incentivo muy
fuerte en contra de tales argumentos.
Un segundo problema es que, incluso aunque, en principio, el acuerdo se
pueda producir, en la práctica, el trat ado no podrá asegurar la equidad dado
que los países no están sometidos a una regla común, a causa de que cada país
o c a s i o n a u n d a ñ o d i f e r e n t e , e n b a s e a l t a m a ñ o y a l a t e c n o l o g í a d e s u e c o n o m í a .
Es más, debido a esas diferencias de tecnología entre los países, cada uno de
ellos tendrá que afrontar un coste distinto de eliminación de la contaminación,
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
276
que dependerá de cuales sean los obje tivos específicos de reducción de la
contaminación.
Existirá, por lo tanto, una enorme dificultad para lograr, que todos los
países se pongan de acuerdo en establ ecer un tipo común de impuesto de
contaminación, para cada unidad de emisiones.
Una complicación internacional adicio nal surge, con aquellos países que
no desean acogerse a ningún tratad o internacional sobre impuestos de
contaminación.
Consideremos de nuevo, un impuesto de carbono establecido sobre el
precio de los combustibles. Si se firmara un tratad o sobre el citado imp uesto, se
reduciría la demanda de combustible en lo s países firmantes. Esta caída de la
demanda mundial de combustible, hará que los países exportador es de petról eo
reduzcan sus precios, en un esfuerzo de proteger la caída de sus benefi cios. Pe ro
una caída en el precio de los combustibl es tendrá dos efectos; primero, permitirá
reducir algunos de los efectos del impues to en las naciones firmantes, dado que
la caída de la demanda se podrá ver ha sta cierto p unto comp ensada; en segundo
lugar, las naciones no firmantes, obte ndrán una ventaja comparativa, dad o que
podrán expandir su demanda como co nsecuencia de un combustible más
barato. Por tanto , los impactos n etos de un tratado como éste sobre un impuesto
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
277
de carbono, en términos de reducir las emisiones, podrían ser significativamente
más pequeños de los que se podrían es perar en un principio. (BARRETT, S.
1991).
V.1.7.- Otros gravámenes a la contaminación .
Las dificultades que planteaba el impuesto pigouviano o impuesto
óptimo a la contaminación, desde el punto de vista de su aplicación a la
realidad, nos conducen a otro co ncepto, i n ferior teóricamente, pero más factible
en la práctica, el impuesto o gravamen coste-eficiente , o impuesto por unidad de
contaminación.
Éste persigue alcanzar un determin ado objetivo ambiental a un coste
reducido, y no una perfecta u óptima efic iencia asignativa. En el ámbito político
se define el objetivo ambiental y, mediante el impuesto se trata de conseguir.
Una vez determinado el gravamen, si la contaminación no se ha reducido lo
suficiente en la práctica, dicho tipo impositivo se incrementará.
Con este tipo de imposición, se e limina la necesidad de conocer las
funciones de daños ambientales de las empresas, y sólo será necesario conocer
los niveles de contaminación o de emisió n de contaminantes. Otra ventaja de la
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
278
misma es, que no necesita discriminar en tre los distintos contaminadores, ni
adaptar el impuesto a las circunstancias de cada empresa.
Existen gravámenes sobre el agu a, para mejorar su calidad, en Francia,
Alemania y Países Bajos; para controlar los problemas de calidad del aire, en
Suecia, hay gravámenes sobre el óxido de nitrógeno; en otros países, como Suiza
y Países Bajos, se han establecido gravám enes para reducir el nivel de ruido de
los coches,, y también para disminuir los deperdicios.
Surgen, por otra parte, dos cuestiones i m p o r t a n t e s e n e l d i s e ñ o d e u n
sistema de impuestos por unidad de contaminación:
- La primera es la determinación de la base sobre la que exigir el
impuesto. La base más adecuada es el nivel real de contaminantes
emitidos, por lo que es necesari o poder medir las emisiones de
contaminantes y hacer frente, por otro lado, a la variedad de
contaminantes existentes y sus relaciones.
- La segunda es, el establecimiento de la magnitud del impuesto . Ese nivel,
debe ser suficiente para alcan zar el objetivo programado de
contaminación, pero no debe transformarse en una excesiva
desincentivación de la actividad productiva gravada.
Los impuestos por unidad de contaminación, pueden diferenciarse
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
279
espacialmente, para reflejar los objetivos de la calidad ambiental de cada zona, así
como las distintas cantidades de contaminantes y capacidades asimilativas
existentes en las diversas áreas. Estos gravámenes diferenc iados espacialmente
son más eficaces, pero también encierran una mayor complejidad administrativa
que los uniformes. Por otro lado debemos tener en cuenta que unos gra vámenes
diferenciados espacialmente pueden introducir un incentivo a la movilidad
geográfica de los contaminadores hacia las áreas más permisivas.
Existen también otros tipos de gravámenes, tales como los que gravan a
los consumidores o a los productos.
Los gravámenes sobre consumidores o usu arios se relacionan con los costes de
tratamiento, de eliminación, o de recu peración, de los costes administrativos
realizados, y dependen de la situación en las que se aplique. No están, por
consiguiente, relacionados directament e co n los costes de los daños causados al
medio ambiente. El paso de los ciudad anos por la recogida de basuras, en
España, responde a esta modalidad.
Los gravámenes sobre los productos recaen sobre aquellos bienes que son
dañinos para el medio ambiente, o cuando se emplean en el proceso p roduct ivo,
o cuando se consumen y venden. El tipo de carga impositiva se fija en base al
daño medioambiental causado por el prod ucto e n cuestión. Uno de los objetivos
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
286
medioambientales. El enfoque de estándares basado en el mandato y control
parece satisfactorio, en el sentido de que la sociedad se beneficia por la
reducción, o por la eliminación, de los daños medioambientales, si bien la
sociedad paga por esos beneficios, en té rminos de los bienes y servicios que se
dejan de producir.
Por tanto un programa de mandato y control a nivel nacional, será eficiente
siempre y cuando los beneficios por una mejora en la calidad del aire, en su
caso, sean superiores a los costes en los que incurre la sociedad para lograrla.
(LUKEN R.A. & CLARK L. 1991, pág. 385) El único caso que trata esta cuestión
con detalle, se sitúa en el contexto de la política de control de la contaminación
del aire y del agua de EEUU, que se trat ará al final del epígrafe. Como entonces
veremos, los resultados no son lo s uficientemente buenos, como para abogar
por el enfoque del mandato y control.
Por el momento nos centraremos en po r qué los administradores siempre
han apoyado el mandato y control , y los principales elem entos de dicho enfoque.
Según Young (YOUNG M.D. 1992), las pr incipales razones que se han dado a
favor del mandato y control es que se requiere de muy poca información para
introducir la regu lación, sirven para poder lograr una determinada meta política
que se plantee, y tienen un alto grado de aceptación, debido al apoyo político y
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
287
administrativo que generan.
También es posible mostrar por qué la industria podría estar a favor del
enfoque del mandato y control . El establecimiento de empresas dentro de una
industria regulada, podría generar unos be neficios pote ncial es muy elevado s en
concepto de lo que se conoce como captura del regulador . Este concept o de captura
se refiere a la tendencia que tienen el regulador y el sujeto contaminante, de
buscar una cooperación común. Una vez que la captura se ha producido, los
administradores comenzarán a estudi ar lo que necesitan para poder dar
protección a los miembros de una industri a y, por lo tanto, para regularlos de
forma adecuada. Se excluyen a los posibles entrantes, se ofrecen subsidios y se
intentan evitar las decisiones difíciles hasta que no existan perspectivas de
mejora.
La tendencia de las empresas actuales a buscar protección a través de la
regulación, se conoce como la búsqueda de rentas . El comportamiento del
buscador de rentas tiende a sesgar las decisiones de inversión y a generar
comportamientos ineficientes porque in tenta convencer a los gobiernos de que
los subsidios, etc. son esenciales (YOUNG M.D. 1992).
Por consiguiente, el enfoque del mandato y control , no genera incentivos
dinámicos para la innovación o para la mejora de los objetivos fijados, y,
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
288
generalmente, supone un uso ineficiente de los recursos. La regulación debería
ser sustituida donde sea posible por instrumentos de incentivos económicos.
Por otra parte, la precaución se co nsidera algo prioritario en aquellos
casos en los que se emiten sustancias muy peligrosas al medioambiente, o
cuando se pueden producir importantes daños para la salud, o bien en
situaciones en que la incertidumbre es muy elevada.
Si el objetivo intenta evitar totalmen te las emisiones, vertidos u otras
acciones, entonces la regulación podr ía ser más eficiente, más segura y más
aceptable a nivel político, que los instrume ntos económicos; en este con texto, los
sistemas de depósitos retornables, podr ían jugar un papel muy especial, que se
verá en el último epígrafe.
Pero en algunas ocasiones, las regulaci ones pueden tomar la for ma de un
estándar mínimo de seguridad; en este caso, se requiere la realización de análisis
riesgo-beneficio y los posibles trade-off existentes. Este concepto está
estrechamente relacionado con el pr incipio de sostenibilidad, equidad
intergeneracional, el problema de la irreversibilidad y la incertidumbre. Se
pueden compensar los estándares mínimos de seguridad mediante los
impuestos/gravámenes sobre la contamin ación y, en particular, mediante los
permisos negociables. Hay que señalar, qu e este último instrumento se basa en
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
289
una cuota de emisión agregada, que debería referirse al estándar mínimo de
seguridad.
En el supuesto que pueda existir mu cha incertidumbre, sería razonable
argumentar, que cuando se espera que el uso intensivo de un recurso, por la
contaminación, esté cerca de sobrepas ar un umbral ecológico la capacidad
asimilativa de vertidos, emisiones o desper dicios por la tierra, el aire o el agua,
una regulación parece mucho más segura que un impuesto. Por tanto, a largo
plazo, es mucho más probable que las regulaciones permitan asegurar, la
utilización de los recursos, sin t ener que sobrepasar la capacidad de asimilación
del medioambiente.
La posible gama de definiciones de l principio de precaución, se basa en
tres principios fundamentales (O´RIORDAN, 1992):
• Cuando la evidencia científica es incompleta, es prudente actuar
de forma que se avance en el conocimiento, para de esta forma
evitar acciones irreversibles en el medioambiente.
• S e d e b e r í a n p r o t e g e r d e l a f o rma más adecuada posible aquellos
ecosistemas donde exista el riesgo de perder un gran valor de las
funciones y servicios medioambie ntales como la función del
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
290
medioambiente de sustentación de la vida.
• La protección natural debería constituir una carga para el
contaminador, más que para la posible víctima o los grupos de
presión que buscan la integridad de los ecosistemas. Esto sign ifica
que los costes de reposición de reparación o de compensación,
incrementarían de forma considerable los costes empresariales .
Veamos, a continuación diversos elem entos del enfoque regulador de la
contaminación. En primer lugar citamos el principio de precaución, analizado
por Ram chandani y Pearce (RAMCHANDANI R. y PEARCE D.W, 1992). En él,
se ilustra una clasificación de definicion es del principio de precaución. En un
sentido riguroso podría denominarse principio de precaución estricto , tras cuya
definición se encuentra el supuesto de que, los efectos futuros de las actuales
emisiones/vertidos son desconocidos, pe ro pued en s uponer importantes daños
futuros. La implicación de este enfoque es, que el daño potencial se considera
como un riesgo importante para la futura seguridad del medio ambiente.
El PPE tiene como objetivo hacer que las emisiones sean nulas. No
obstante, en la realidad, una emisión nula es prácticamente i m posible, debido a
las limitaciones tecnológicas, o impractica ble debido a los excesivos costes que
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
291
ello c onllevaría. El estándar de emisión del principio de precaución se basa en la
calidad de la emisión/vertido, y podemos decir que el estatus o la calidad
medioambiental apenas tiene efecto en la determinación de tales estándares.
El concepto de la carga crítica s e h a a d o p t a d o r e c i e n t e m e n t e c o m o l a b a s e
de las negociaciones internacionales para la reducción de las emisiones de
sulfuro y nitrógeno, con la idea de combat ir la acidificación o la eutrofización;
por otro lado, este concepto también ti ene en cuenta, de forma explícita, la
capacidad del medioambiente. Las cargas críticas nos permiten conocer hasta
qué punto las emisiones se pueden considerar como aceptables, desde un punto
de vista medioambiental; es decir, nos in dica la falta de efectos biológicos
dañinos.
Indudablemente las cargas críticas representan una mejora de eficiencia
sobre el enfoque simple, basado en la reducción uniforme de un determinado
porcentaje de emisiones, debido a que lo s efectos y los costes de la eliminación
varían mucho de región a región. No obstante, se deberían utilizar con una
cierta precaución, si de lo que se trata es de eliminar ineficiencias en la política
medioambiental.
En cuanto al enfoque de la carga crítica para el control de la
contaminación, indicamos que las cargas críticas se producen para un nivel
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
292
determinado de concentración del contam inante; el daño se produce, bien
debido a pérdidas en la capacidad as imilativa del medio ambiente, o bien
debido a la acumulación de contaminantes persistentes.
Per o un determinado nivel biológico, necesariamente no tiene por qué ser
equivalente a un nivel económico: este ú l t i m o s e d e f i n e , e n t é r m i n o s d e l
bienestar humano y en términos de la percepción y valoración de los cambios
medioambientales.
Si suponemos dos cargas críticas iguales, e incluso aunque las zonas sean
idénticas en términos biofísicos, etc ., pueden variar en términos del daño
económico, medido en términos de la disposición a pagar para evitar el daño;
así, una zona podría ser un área de un alto nivel de demanda o de gran
importancia cultural, en relación con la otra. Si utilizamos el enfoque de carga
crítica, ambos lugares deberían ser tratados de la misma forma, dado que
ambos afrontan la misma situación de exceso de carga; pero el daño, en
términos económicos, será distinto en am bos puntos. En este sentido, se puede
decir, que el enfoque de carga crítica conlleva el riesgo de la ineficiencia
económica.
Por esta razón, las cargas objetivo, caso de ser fijadas a nivel nacional,
necesitan tener en cuenta, no sólo el punto de vista medioambiental, sino
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
293
también, entre otras, diversas consid eraciones técnicas y económicas.
Además, el enfoq ue de carga crítica y el enfoque del principio de precaución
estricto nece sitan s er modificados para tener en cuenta la capacidad tecnológica.
A tal fin, habría de controlarse la contaminación, en línea con la mejor tecnología
disponible en el momento. Sin embargo, un nu evo problema surge, porque no es
posib le e nco ntrar la mejor tecnología en el tiempo justo y oportuno. Ahora bien,
siempre existirá alguna línea tecnológica, en proyecto, que haga factible un
control de la contaminac ión más efecti vo. (LAVE L.B. y MALES E.H., 1989, pág.
386).
En los Estados Unidos y en Alemania, las autoridades siempre eligen, a
dichos efectos la tecnología más avanzada que esté disponible a nivel comerci al;
esta suele tener un nivel de control bast ante aceptable y además est á disp oni ble
a un precio razonable.
En Reino Unido, la mejor tecnología disponible se interpreta como una
técnica considerada aceptable, sólo si es conseguible, y si se ha desarrollado a
una escala que permite su implantación en el contexto industrial relevante, pero
a un nivel de estricta confidencialidad empresarial.
Dado el estado actual de la tecnología y de la innovación , una solución de
principio de precaución más mejor tecnología disponible, puede suponer la
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
294
implantación de un estándar sobre em isiones más o menos estricto que el
enfoque de la carga crítica . El nivel actual de aquella solución dependerá del tipo
y de la disponibilidad de las tecnologías actuales, de la int e rpretación que hagan
las autoridades del concepto de mejor tecnología disponible como método de
control de la contaminación, del grado de aceptación del principio de precaución
en determinados contextos y países y de la capacidad de asimilación del medio
ambiente.
El enfoque del principio de precaución y de la mejor tecnología disponible
ofrece una orientación más práctica en el caso de que los costes de lograr un
determinado nivel de contaminación, qu eden especificados de forma explícita.
Esto supone el establecimiento de un enfoque que se puede denominar d e Mejor
Tecnología disponible que no suponga un coste excesivo , significa que la presunción
en favor de la mejor tecnología disponible se puede modificar en términos de la
consideración de dos tipos de costes económicos; por una parte, cuando los
costes de aplicar la mejor tecnología disponible sean excesivos en relación con la
protección medioambiental lograda; y po r otra, cuando los costes de aplicar la
mejor tecnología disponible sean excesivos, en relación con la naturaleza de la
industria y su posición competitiva.
No obstante, no parece que exista un a gran consistencia en la forma en
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
295
que las autoridades interpretan el término del coste excesivo. Algunas veces, se
considera c omo u n coste f inanciero para la s empresas contaminantes, es decir, el
equipo necesario para combatir la co ntaminación, etc., o la pérdida de
competitividad en los mercados; y otras ve ces se interpreta en términos de un
coste externo de contaminación incluible.
Las críticas que se hacen al enfoque de estándares basados en la tecnología,
se suelen centrar en su vaguedad, en térm inos de orientaciones sobre cuestion es
sobre cómo debe realizarse la depuració n o limpieza d el medio ambient e, o que
se entiende por riesgos aceptabl es y, qué son, en concreto, costes excesivos. Así,
qué deberíamos hacer en aquellos casos en que estamos ante el riesgo de cerrar
industrias, con los consiguientes prob lemas de desempleo que puede generar.
Bajo este enfoque se plantean difíc iles cuestiones éticas, políticas y de
eficiencia económica, además de juicios de valor implícitos.
También se puede argumentar que este enfoque de control de la
contaminación, no estimula la innovaci ón tecnológica, es decir, no proporcion a
incentivo alguno a las empresas re guladas, para reducir el nivel de
contaminación objetivo. No obstante, to davía se considera atractivo para las
instituciones que se dedican al control de aquel.
Lo que sí proporciona es una medida para conocer la calidad
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
302
obliga a los contaminadores a inst alar un equipo de control de la
contaminación, que permita cumplir con los estándares basados en el
entorno, que se hubiesen fijado.
Los estándares basados en los beneficios, también establecidos por la
Clean Air Act de 1970, que intentan compensar los costes que conlleva la
reducción de los riesgos sociales de la contaminación, con los beneficios
que ello reportaría. Además, requi ere que los contaminadores instalen el
equipo de control de la contam inación adecuado, para llegar a un
balance entre los beneficios de la reducción de la contaminación y los
costes de la tecnología necesaria para ello.
El estudio de Luken y de Clark (1991) , sobre la eficiencia de estándares
nacionales de medioambiente, se pued e considerar como la primera evaluació n
eficiente, sistemática y específica para la política de la regulación
medioambiental, con base en la es timación de costes y beneficios.
Posteriormente, se realizo una evaluación para medir los beneficios resultant es
de la regulación que había realizado la Agencia de Protección Ambiental sobre
la contaminación del agua y del aire; concretamente sobre la contaminación
resultante de la industria de papel, entre 1973 y 1984.
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
303
Los resultados del estudio se resumen en la Tabla adjunta. Pero las dos
conclusiones más importantes del mismo, son las que siguen:
1. Los estándares del entorno y los ba sados en los beneficios, son más
eficientes que los tecnológicos, y e llo se debe a que los últimos no
requieren de ninguna medida de los actuales resultados
medioambientales.
2. Las políticas de contro l de la co nt aminación eficientes, deberían ser los
suficientemente flexibles como para tener en cuenta las condiciones
locales, incluyendo el número de beneficiados y perjudicados, que
resulten de tal puesta en práctica de la política. Esto sugiere que los
estándares medioambientales, per se, pueden ser ineficientes.
Los Resultados y los costes derivados de los estándares reguladores en
los Estados Unidos, referidos al pe riodo 1973-1984, se han determinado, por
Luken y Clark, en millones de dólares, de 1984.
Los resultados de la Tabla 1 indican que los estándares basados en la
tecnología, para la contaminación del ag ua, fueron ineficientes, en términos
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
304
agregados, tanto para el 57% de las fábricas de pulpa, como para el 68% de las
fábricas de papel que fueron estudiadas. Los estándares basados en el entorno,
fueron más satisfactorios, generando un beneficio neto en 22 de las 60 plantas
que fueron investigadas. Pero los estánd ares basados en los beneficios, fueron
los más satisfactorios de todos, generando beneficios netos, tanto agregados
como locales, en 29 de las 60 plantas que fueron estudiadas.
Tabla 1
Tipo de
estándar
Fábricas con
BC/fábricas
analizadas
Beneficios
totales
(10 6 $1984)
Costes
Totales
(10 6 $1984)
Beneficios
Netos
(10 6 $1984)
Tecnología
11/68
$36.6
$96.6
$-60.0
Entorno
22/60
$25.2
$23.8
$1.4
Beneficios
29/60
$86.9
$55.8
$31.1
Fuente: Luken y Clark (1991).
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
305
V.3.- IMPUESTOS FRENTE A ESTÁNDARES AMBIENTALES .
Los impuestos sobre la contaminación, tienen toda una serie de ventajas
cuando se comparan con el enfoque regulador tradicional, basado en la fijación
de una serie de estándares de emisión de contaminantes, y acompañado por
multas o sanciones económicas, en caso de no cumplirlos.
La imposición de un estándar al nivel de emisión de contaminantes
reduciría la contaminación hasta un determinado nivel. No obstante, si por no
cumplir con este estándar, se incurre en una sanción relativamente baja, entonces
las empresas solo reducirán aquellas unidades de producción para las que la
sanción iguale al beneficio máximo privado neto. La sanción tendría que aumentar
hasta el nivel del impuesto óptimo, t*, para que la producción y las emisiones se
reduzcan a sus niveles sociales ópti mos. (TURNER, R.K., PEARCE, D. y
BATEMAN, I. 1994).
La fijación de un estándar, normalment e, es algo que se hace sin hacer
referencia al valor de los bienes produc idos, es decir, a la curva del beneficio
máximo privado neto. Debido a ello, el estándar conseguirá el objetivo del
óptimo social por pura coincidencia. Si el estándar de contaminación se fija por
encima de la contaminación óptima, en tonces la empresa todavía tendrá la
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
306
oportunidad de producir un conjunto de unidades en las que el beneficio
máximo privado neto será inferior a los co stes externos que se rep ercut en sobre
la soci edad, es decir, se fabricará demasi ado producto y se permitirá demasiada
contaminación.
Esto constituye, de nuevo una pérdid a para la sociedad. Ahora bien, si
ahora suponemos que el gobierno impone una m ulta por excederse del estándar
fijado, además de que este se sitúa a un bajo nivel, la empresa consigue más
dinero en comparación con el coste de la multa y, por tanto, pagará la sanción
antes que reducir su producción.
Se puede citar otra serie de vent ajas de los impuestos sobre la
contaminación, ante el enfoque de estándares ambientales con sanciones
económicas mediante multas bastante bajas.
Primero, dado que los impuestos sobre la contaminación se administ ran
por la vía de la Hacienda Pública, prob ablemente exista un riesgo de evasión
mas reducido, en comparación con la fijación de estándares de emisiones, que
son controlados por unas inspecciones muy irregulares.
En segundo lugar, y quizás más impo rtante, una vez que el estándar de
emisiones ha sido fijado, la empresa no tiene ningún incentivo para reducir la
contaminación por debajo de este nivel (GALLEGO GREDILLA, J.A. 1995. pág
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
307
55). Los impuestos sobre la contaminació n siempre proporcionan el incentivo
para reducirla, dado que la reducción en la cantidad de emisiones significa
también una reducción en la cantidad de impuestos que tenga que pagar la
empresa.
Además, esto conduce a una terce ra ventaja, y es que los impuestos
ofrecen a las empres as el ince ntivo para destinar fondos hacia la investigación y
desarrollo de nuevas tecnologías, que pe rmitan combat ir la cont aminación o de
métodos de producción que permitan reducir la polución.
En cuarto lugar, los impuestos sobre los contamin adores, pueden reducir
las emisiones asociadas a los contaminantes; así, un impuesto sobre las
emisiones de carbón procedentes del co nsumo de combustibles, puede inducir a
los productores a cambiar de procedimie nto y, por tanto, se reducirían las
emisiones de, por ejemplo, dióxido de azufre, que también aparece asociado a
dicho consumo de combustibles.
Una investigación muy reciente estima que si las emisiones de carbón se
redujeran en un 20%, esto sería lo mism o que la reducción en un 21% en el
dióxido de azufre y un 14% en las emisione s de óxidos nitrosos . (B YE B., BYE T.
& LORENTSEN L.: ASIMEN: 1989)
La pérdida de beneficios que se produce por la implantación de
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
308
impuestos si se considera la discusión sobre quién pagaba efectivamente los
impuestos, probablemente exceda a la que se produce bajo un régimen de
fijación de estándares. Algunos autore s consideran, que esta diferencia de
beneficios ha conducido a que la indu stria presione sobre los gobiernos para
que adopten un régimen de estándares de emisión, y no un impuesto sobre la
contaminación. (BUCHANAN & TULLOCK G.: 1975. Pág. 130).
En similar sentido se expresa tambié n Theeuwes, J. (1991), en su análisis
sobre la regulación versus impuestos, aplicado a la protección del medio
ambiente.
Por otro lado, en comparación con los estándares ambientales, los
gravámenes o impuestos tienden a ser un método de menor coste, para lograr
un determinado estándar o nivel de contaminación.
Si suponemos que se quiere regu lar una industria para lograr un
estándar equivalente a un nivel determin ado de contaminación de anhídrido de
azufre, el gobierno, por ejemplo, podrí a fijar un estándar tal, que hiciera posible
que cada empresa redujera la contaminació n en una cuantía, o bien podría fijar
un impuesto óptimo t* que hiciera que ca da una de ellas redujese la polución
moviéndose sobre sus respectivas curvas de costes marginales de disminución
de la contaminación. Los costes totale s de reducción serán mucho mayores bajo
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
309
la solución de fijación de estándares, que bajo la alternativa del impuesto.
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
310
V.4.- LOS PERMISOS DE CONTAMINACIÓN NEGOCIABLES
V.4.1.- El funcionamiento de los permis os de contaminación. Negociación
práctica
La idea de permisos de contaminació n fue introducida por J.H. Dales. D
(1968). Su funcionamiento se basa en que, la autoridad reguladora sólo permite
un determinado nivel de emisiones cont aminantes y concede permisos por esta
cantidad. Los permisos de contaminación son negociables, esto es, se pueden
comprar y vender en un mercado de perm isos. Veamos cuáles son l os elementos
básicos de estos permisos negociables. (FRANCO, L. 1995. Págs 135)
En vez de utilizar la ya conocida curva de beneficios marginales privados
netos , con los que se analizaban las implicac iones económicas de la reducción de
la contaminación a corto plazo, por la vía de la reducción de la producción,
ahora se introduce en su lugar, la curva de costes marginales de reducción de
la contaminación, que indica, que cuanto menor sea el nivel de contaminación,
mayor es el coste marginal de reducirlo aún más.
Una vez que alcanzamos niveles muy ba jos de contam inación, reducirlos
aún más, requiere unos tratamientos má s avanzados y, por tanto más costosos.
Cuando analizamos la contaminación por la vía del beneficio marginal
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
311
privado neto, estamos considerando que el contam inador se ajusta respecto a lo s
incentivos por medio de la reducci ón de la producción, y por ello el beneficio
marginal privado neto será una curva de coste de re ducción, en aquellos casos en
los que el único método para la reducción de la contaminación, es la reducción
de la cantidad de producto.
La curva de costes marginales de reducción de la contaminación se sitúa en un
contexto, en el que la metodología de redu cir la contaminación, es introducir en
el proceso de producción, equipamiento de disminución de la contaminación,
como depuradoras de aguas, filtros contra hu mos, etc. Por tanto, si el modelo de
externalidad basado en la curva beneficio marginal priva do neto de negociación del
productor por los beneficios marginales, era un modelo más a corto plazo,
analizamos ahora los mismos hechos pero con una posibilidad mejor y más
realista, situándonos como mínimo en el medio plazo.
En este sentido, la curva de costes marginales de red ucción de la contaminación
es también una curva decreciente según el nivel de contaminación, no y a según
el nivel de producción, como la de beneficios indicada; el eje horizontal
representará el nivel de emisiones y el número de permisos negociables de
contaminación.
El supuesto más sencillo es, pensar qu e se necesita un permiso por cada
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
318
algún otro lugar, del conjunto de la industria. Las redes siempre implican
negociación interna; es decir, la empr esa no puede adquirir permisos del
exterior.
Así, cada empresa trata de evitar el rigor estricto de los estándares, ya
que puede aumentar sus emisiones, al contar con créditos de reducción
suficientes, en la industria, que compensen dicho incremento.
Las compensaciones o emisiones netas, son otro procedimiento para negociar
los excesos de reducción de polución.
El sistema de Compensaciones se introduce en 1976 en aquellas áreas
donde los estándares de la Clean Air Act no se cumplían. Si se aplicaran unas
reglas exigentes a los nuevos focos de co ntaminación, ello significaría que tales
áreas apenas atraerían a nuevas indu strias. No obstante, mediante la
compensación del nuevo foco de contaminación, a través de mayores
reducciones en los focos de contamin ación actuales, a estas áreas se les
permitiría la absorción de nuevas industrias.
Tales compensaciones se pueden lograr mediante la neg ociaci ón int erna
y externa, es decir, mediante la compra de permisos en el mismo foco emisor,
donde se produce la contaminación, o a otras empre sas. Por tanto, requiere una
reducc ión de emisiones en las fuentes ex istentes que compensen los incrementos
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
319
de otros focos en distintas áreas.
De esta forma, el nivel de contamin ación global no crece, y una empresa
nueva puede instalarse en zonas que, de otro modo, no tendría posibilidad, ante
la aplicación de los estándares.
Las burbujas cons tituyen una forma distinta de negociación de los créditos
de reducción de emisiones. Son quizás , la parte más famosa del sistema de
permisos come rciales de los EE.UU.. Fu e ron introducidas en 1979. Una burbuja
es un hipotético límite a la contamin ación existente, a diferencia de las
compensaciones y las redes que se refier en a la contaminación futura. Dentro de
los límites de la burbuja las empresas son libres de contaminar siempre que el
límite establecido no se alcance.
La burbuja se refiere, teóricamente , a una empresa singular, pero en la
práctica las burbuja se extiende a muchas empresas. Si en algún punto de la
burbuja se sobrepasa el estándar, habrá de compensarse con la reducción de
polución en otros puntos de la burbuja.
La burbu ja europe a, de la negociació n en la cumbre de Kyoto, en 1997, es
un claro ejemplo de ello.
El sistema banking fue introducido en 1979, y opera como las burbujas,
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
320
pero a lo largo del tiempo; es decir, se le permite a la empresa solicitar créditos
para poder utilizarlos en el futuro, se gún las modalidades de red, o de
compensación, o de burbuja.
En general, el sistema de negociación de créditos de reducción de
emis iones, ha c onsegu ido mejorar la calid ad del aire, con disminución de costes
empresariales pero aumento de los ad ministrativos, ha incentivado nuevas
tecnologías para controlar la pol ución y ha beneficiado a determi nadas regiones.
(TIETENBERG, T.H., 1990, pág. 17)
La siguiente Tabla 1. resume la experiencia de EE.UU. y muestra los
efectos sobre el coste del ahorro y sobre la calidad medioambiental.
TABLA 1.
Burbujas
Compensacion.
Redes
Banca
B. Federal
B. Estatal
Número de
permisos
negociables
42
89
2000
5000-12000
<120
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
321
Burbujas
Compensacion.
Redes
Banca
Costes
ahorrados, en
millones de
dólares
300
135
Grande
525-12.300
Pequeña
Impacto sobre la
calidad del aire
Cero
Cero
Cero
Probabilidad
insignificante
Probabilidad
insignificante
Naturaleza de la
negociaci ón:
Interna y externa
40
2
89
0
1800
200
5000-12000
0
<100
<20
Fuente: R. Hahn y G. Hester (1989, pág. 109).
De la tabla se pueden hacer las siguientes deducciones:
Casi todos los permisos negociables ha n sido internos. So lo en el sistema
de compensación se han producido negociaciones externas mode rad as. A
pesar de que el sistema de las burb ujas permita la negociación externa,
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
322
esta apenas se ha producido. Est o p arece ser debido a los elevados costes
que supone la adquisición de info rmación acerca de los deseos de
negociación de otras empresas y a lo s costes que supone la obtención de
los permisos de negociación.
Los costes ahorrados son bastante co nsiderables, con un mínimo de un
billón de dólares y como mucho trece billones de dólares.
El sistema Banking apenas se utiliza.
La utilización de las rede s, en comparación con las burbujas, incluso si se
incluyesen los permisos internos, es sorprendente, en tanto en cuanto las
burbujas se aplican a los focos de co ntaminación existentes, mientras que
las redes se aplican sólo a los nuev os focos de contaminación o a los
modificados.
La explicación de por qué el sistem a de permisos negociables de EE.UU.
dio unos resultados inferiores a los esperados no parece tarea sencilla. Los
resultados obtenidos por empresas tales como Armco, Du Pont, Usx y 3M. que
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
323
han utilizado el sistema de permisos negociables, han sido escasos.
Alguna de las razones aducidas, son las siguientes sugerido cinco
razones (TURNER, R.K., PEARCE, D. y BATEMAN, I. 1994):
Los nuevos focos de contaminación están sujetos a regulaciones muy
estrictas, en lo que se refiere a las emisiones cualitativas. Esto significa
que las empresas estarán encantadas con adoptar cualquier
procedimiento de compensación cuando se produzca un nuevo foco de
contaminación. Las redes son apropiadas en estos casos y es lo que
explica que en el sistema de permis os negoc iable s de EE.UU. predomine
este tipo de procedimiento. Es más, dado que los nuevos focos de
contaminación han heredado el equipo de reducción de la
contaminación, comprado antes de que la política de las burbujas fuera
introducida en 1979, los costes de ajuste bajo un política de burbujas son
elevados.
Se sugiere, asimismo, la incertidumbre acerca de los créditos a la
contaminación, pues ha existido una incertidumbre considerable en
relación con qué créditos emitir bajo la legislación de banking , las
empres as no siem pre están seguras de como determinará el regulador los
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
324
créditos concedidos. Esta incertidum bre se ve intensificada cuando los
créditos de otras empresas están su jetos a la negociación, es decir,
cuando queda implicada la negociació n externa. La empresa A, tiene q ue
estar segura de que la empresa B, reducirá sus emisiones de créditos
negociables; en cont raste, la n egoci ación interna implica una certidumbre
mucho mayor, dado que la empresa sólo trata consigo misma.
Es mucho más caro adquirir información sobre la negociación externa, dado
que la empresa A necesita averiguar lo s cré ditos de las otras empresas, y
el precio al que probablemente te nga lugar la negociación. Surgen
problemas similares en otros países, cuando se realizan intentos de
establecer servicios de información para intercambios, en términos de
residuos.
Muchas empresas no negociarán con otras, debido a las expectativas de
aumento en el precio de los permisos . Los permisos se reservarán mientras se
espere un crecimiento en el precio, superior a los costes de la reserva, es
decir, siempre que sea superior al tipo de interés.
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
325
Y finalmente, se argumenta que, lo s permisos reservados se pueden
utilizar para disuadir a los nuevos entrantes. Una valoración similar
expone también Tietenberg (1990, pág. 19).
Los permisos negociables constituyen la figura central de una reciente
Clean Air Act de los EE.UU., en el contexto del control de la lluvia ácida. Los
reguladores han obtenido experiencia de los sistemas de nego ciació n ante rio res,
y, por ello, saben cuales deben de ser los problemas que se tienen que eliminar
del nuevo sistema a implantar.
La compra-venta de contaminación fi gura en el Protocolo de la Cumbre
de Kyoto, acordado en diciembre de 1997, por la comunidad internacional,
como una de las soluc iones para que los países industrializados puedan reducir
el 5,2 por ciento de las emisiones de gases, que producen el efecto invernadero.
Las grandes empresas energéticas mundiales, entre las que se encuentr a
la española Endesa, se lanzaron de lleno a este nuevo mercado y en junio de
1999 crearon en Londres la Asociación Internacional para el Comercio de
Emisiones (IETA).
La empresa canadiense TransAlta, ha puesto recientemente en venta,
derechos por valor de 2,8 millones de tone ladas de dióxi do de carbono de l os 45
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
326
millones que emite cada año, unida a la efectuada por Ontario Power
Generation, que ha formalizado la co mpra de 2,5 millones de toneladas de
dióxido de carbono, a una empres a estadounidense, a cambio de 119.000
toneladas de metano.
V.4.2.- Objeciones a los permisos neg ociable s. Regulaci ón del uso de l os recursos
naturales.
Las objeciones a la compra-venta de permisos negociables, se han
realizado por diversos grupos de interés: los ecologistas, la industria y el
gobierno.
En los Estados Unidos, las objeciones básicas de los ecologistas, se han
centrado en dos cuestiones fundamentalme nte: ver hasta que punto la calidad
medioambiental se sacrifica como cons ecuencia del sistema de los permisos
negociables, y ver, asimismo, si es moralmente correcto permitir la
contaminación, incluso pagando un precio para hacerlo.
La Tabla 1., antes expuesta, muestra que el argumento de la calidad
medioambiental carece de fundamento, al no aparecer ningún impa cto sobre l a
calidad del medioambiente.
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
327
La segunda objeción se contesta por un proceso intuitivo. Todos los
sistemas de regulación permiten la cont aminación, si por ésta se entienden a
todos los residuos, pues ningún proceso económico está libre de emisiones. Por
tanto, la cuestión ha de ser, si el sist ema de permisos negociables permite más
cantidad de vertidos, que el sistema de co ntroles directos. Como se ha visto, no
existe razón alguna para que este sea el caso. Es importante señalar, por otra
parte, que muchas organizaciones medioa mbientales de los EE.UU. aceptan los
permisos comerciales.
La experiencia de dicho país, sugiere que es muy importante tener
certidumbre sobre el sistema regulador. Con el sistema de mandato y control , la
empresa tiene bastante claro cuál es la naturaleza de la regulación y qué es lo
que está, y lo que no está, permitido. Aunque también es cierto, para los
sistemas de mandato y control menos rígidos, como el de Reino Unido, donde se
permiten ajustes muy flexibles, en términ os de negociaciones, con el Inspector
encargado de la contaminación.
Los reguladores, naturalmente, se preocupan tanto por los ecologistas
como por la industria. Sus principale s preocupaciones giran entorno a los
siguientes aspectos: los costes de nego ciación y la formulación e implantación
de un departamento para el desarrollo del enfoque del mandato y control . Es
Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del
medioambiente (2)
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CAPITULO VI.- METODOLOGÍAS DE LA VALORACIÓN
ECONÓMICA DEL MEDIOAMBIENTE
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
337
VI.1.- INTRODUCCIÓN
Como indica Aguilera y Alcántara (1994, 21), “una de las cuestiones
actualmente más de moda, es el de la valoración monetaria de los beneficios
y costes ambientales…, no es extraño, que uno de los temas centrales de la
economía del medio ambiente sea, justam ente, el problema de la valoración”.
Asimismo, la economía de los recu rsos naturales tiene como objetivo,
la valoración de los efectos ambientale s del proceso económico, q ue no están
incluidos en el mercado, conocidos como externalidades. Por tanto, si dichos
efectos se pueden valorar, el proble ma del fallo del mercado quedaría
resuelto, ya que éste asignaría de nu evo los recursos, eficientemente, de
acuerdo con Castilla (1992), quién se plan tea si la valoración de los impactos
ambientales puede dar solución a la gestión eficiente, por el mercado.
Dado que el medio ambiente carece de precio, el sistema de mercado
no tiene posibilidad de orientar el valo r del mismo para la sociedad, y, es a hí,
donde radican muchos de los problemas que afectan al deterioro ambiental.
(Azqueta, 1994a)
Es preciso pues, “internalizar los costes medioambientales,
contaminación, en el mecanismo de precios, para poder obtener una
asignación eficiente”. (MAGADAN Y RIVAS, 1998, 83).
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
338
Una vez conocido o estimado, el coste de contaminación, podemos
determinar el coste marginal social y, en consecuencia, la producción óptima
social, el precio de la misma y la contaminación óptima.
Es imprescindible, por ello, internalizar los costes sociales de la
contaminación, consecuencia de la ap licación de la pertinente política
correctora. Pero necesitamos, previamente, evaluar dichos costes,
provocados por la polución o degradación ambiental.
De ahí que, la valoración económica del medioambiente propor cione
la información básica sobre los beneficios y costes de las políticas de control,
ya que informa en relación con “el valor monetario que los miembros de un
determinado colectivo otorgan a las dist intas alternativas medioambientales
con las que se les confronta” (MAGADAN Y RIVAS, 1998, 84).
En todo método de valoración, son relevantes los conceptos de,
disposición a pagar y disposición a recibir una compensación monetaria, de
u n i n d i v i d u o . E l p r i m e r c o n c e p t o s e r e f i e r e a l a c a n t i d a d m á x i m a d e d i n e r o
que él está dispuesto a dar por un bien ambiental, o por tener la garantía de
que una mejora se va a realizar en el mismo; dicha cantidad se denomina
variación compensatoria.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
345
Las técnicas, dentro de la categoría general de valoración objetiva,
proporcionan medidas de beneficios brutos, en el sentido de pérdidas
evitadas, de acciones preventivas o de reparación. Se asume de forma
implícita en la utilización de estos métodos, que el valor neto de prevenir el
daño es, al menos igual al coste en el qu e se incurriría si se produjera el daño
actualmente. En los métodos objetivos se supone, que los individuos
racionales, en orden a prevenir un da ño, estarían dispuestos a pagar una
cantidad menor o igual, que los costes que aparecerían de forma prevista en
los efectos ambientales.
En contraste con las técnicas de valoración objetiva, el segundo grupo
de métodos, los de valoración subjetiva, se basan más en estimaciones
subjetivas de posibles daños, expresad os o revelados en comportamientos de
mercados hipotéticos o reales. La ut ilización de comportamientos revelados
supone examinar mercados reales de bienes o servicios afe c tados por
impactos ambientales, como la contaminación atmosférica o hídrica, en los
que los individuos realizan trade-off o intercambio entre el impacto ambiental
y otros bienes o ingresos.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
346
Así, los individuos, a veces, previenen daños de la contaminación del
agua, hirviéndola antes de consumirla, e incurren en un gasto. También, un
análisis del mercado de la vivienda, nos revela que en muchos casos, el valor
de la vivienda es mayor en áreas do nde la calidad es buena en comparación
con areas donde la calidad atmosférica, debido a contaminación, es mala. La
diferencia en los valores de la propiedad entre estas dos áreas es un valor
representativo de la disposición a pagar por una buena calidad del aire. Estas
transacciones de mercado se utilizan como mercados sustitutivos, para
bienes y servicios ambientales.
En otros casos, los impactos ambi entales no pueden ser valorados, ni
indirectamente, por comportamientos de mercado. La alternativa es construir
mercados hipotéticos, para varias opciones de reducción de los daños
ambientales, y preguntar directamente a los individuos que expresen cuanto
estarían dispuestos a pagar para di ferentes reducciones de impactos
ambientales; estos son, los méto dos conocidos como de valoración
contingente.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
347
Los métodos de valoración subjetiva se basan en preferencias
expresadas o reveladas, y se relacionan directamente con funciones de
utilidad individuales; sin embargo, la información en estos métodos, puede
introducir sesgos diversos o prejuicios . Mientras que los métodos objetivos se
basan en el mejor conocimiento real de las relaciones causa-e fecto, relativas
al nivel de actividades perjudiciales que se espera deteriorarán el
medioambiente, los métodos subjetivos son muy dependientes del grado de
conocimiento o de la cantidad de in formación, que tienen los individuos
respecto al actual deterioro, provocado por varias actividades.
Si los individuos no tienen la adec uada información en la que basar su
percepción del potencial daño ambiental, o si, por otras razones, perciben de
forma incorrecta los riesgos, sus di sposiciones a pagar para evitar el
deterioro, puede, en cualquier caso , subestimar o sobreestimar los costes
actuales del daño ambiental.
La elección de un método particular de valoración, dependerá
lógicamente de lo que se vaya a valorar. En la figura de la pág. siguiente se
presenta un organigrama de valoración, que sugiere dónde debe comenzar el
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
348
análisis. La figura comienza con un impa cto ambiental y determina si es o no
m e n s u r a b l e e l c a m b i o e n l a p r o d u c t i v i d a d, o si el primer efecto del impacto
es un cambio en la calidad ambiental.
Los impactos que provocan camb ios en la producción, como
variaciones en el rendimiento de los cultivos, o de las pesquerías, no son
difíciles de estudiar; los que producen cambios en la calidad ambiental, son
normalmente, más difíciles de valorar.
En caso de producirse un cambio en los espacios naturales, en el
habitat, se pueden utilizar los cuatro métodos que aparecen para estimar los
costes y los beneficios: el coste de op ortunidad, el coste de reemplazamiento,
métodos de valoración de la tierra, o la valoración contingente.
De la misma forma, la calidad del aire y del agua, puede ser valorada
por distintos métodos, basados en costes o en impactos en la salud. Los
valores no de uso , y aquellos impactos menos tangibles, como los efectos
estéticos o recreativos, son frecuentemente valorados por el método de la
valoración contingente.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
349
Figura: Esqu ema de valoración. Adapt ado de Dixon y Sherman (1990)
IMPA CTO AMB IENT AL
C amb io med i ble en la
pr oduc ción
Cam bi o e n C ali da d
ambie ntal
SI NO
Disponibilida d de
Pre ci os de Me rcado
SI NO
Mé t o do de
Ca m bi os en
la
Pr odu ct iv i d.
Méto dos d e
Mercad os
Sust itutos
prec io s
so mb ra a l os
Cam bi os en la
Pr odu ct iv i d.
Hab it at
Méto do de l Coste d e
Oport u ni dad
Méto do de l Coste d e
Reem plazam ient o
Mé t o do de l v a l or d e l a
Ti e r ra
Valoración
Co nt i n g e n te
Cal i da d d el a ir e y
de l a g u a
Co st e e fe c ti vi da d de
Pr eve nc i ón
Gas tos D e fens ivos o
de M i ti ga ció n
Co st es de
relo ca li zaci ón/ re empl a
zami ento
Efect os en la s alu d
En fe rm ed a d Mo rtali dad
Perdid a de
in gre sos
Co st es
Médi cos
Co st es de
Pre ve nci ón
Capi tal
Hu man o
Recre a ció n Aspe cto s cu lt ur ales ,
de bi odive rsid a d,
es té ti cos , hi st ór ic os
Cos t es de
viaje
Valoración
conti nge nte
Valoración
conti nge nte
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
350
Los métodos de valoración directa, con datos observados, se basan en
precios de mercados competitivos, y en resultados que se consiguen en
referéndum, donde se expresa la voluntad de los votantes, una vez
informados sobre cantidad y precios. También pueden realizarse mercados
experimentales, para conseguir la información de los individuos.
En estos tres casos, conseguimos la valoración directa en unidades
monetarias. Habría que hacer una salvedad para el caso del referéndum,
pues en éste, la elección que realiza el sujeto va dirigida a aceptar las
condiciones que se le imponen, "tomo el bien si el precio que yo estaría
dispuesto a pagar fuera superior o por el contrario no acepto el bien ya que
considero el precio demasiado alto", es decir, no expresa la demanda o la
disposición a pagar, con diferentes precio s y cantidades. Por tanto, aquí se
requerirán modelos de elección discret a, con funciones probabilísticas de
utilidad, para ultimar el proceso de valoración.
Aunque dichos métodos se basan en el análisis del comportamiento
real, tendente a la maximización de la utilidad, "dado que el flujo de servicios
de los recursos naturales no tiene precio de mercado, su valor no se revela
directamente a través de esas elecciones sino que debe inferirse por medio
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
351
del uso de modelos que relacionen bienes de mercado con servicios
ambientales". (FREEMAN III, A.M.: 1992, 85)
Utilizan siempre, algún tipo de relación de sustitución o
complementariedad, entre los recurs os medioambientales y bien es
disponibles en los mercados.
Los métodos de valoración indirecta, con datos observados observan
las indicaciones que van dejando los individuos, cuando responden a los
precios y otras señales económic as, en sus elecciones reales.
Los métodos Hipotéticos Indirectos, como ya se ha indicado, obtienen
sus datos de las respuestas que los individuos realizan a preguntas
hipotéticas. Los Hipotéticos Directos intentan obtener una información
directa sobre la valoración de los sujeto s en relación los bienes ambientales,
mediante la creación de mercados hipotéticos.
Desde otro pu nto de vist a, como es e l de sí se estima o no, la cu rva de
demanda, se pue den clas ificar, de la forma s iguie nte, los métodos de eval uació n
monetaria (TURNER et al, 1994) :
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
352
A)- Con estimación de curva de demanda :
* Métodos de preferenci a expresada:
⋅ Método de V aloración Contingent e: Demanda tipo Hi cks
(Medidas de bienestar)
* Métodos de preferencia re velada: Dem anda tipo Marshall
⋅ Método del Coste de Viaje
⋅ Método de lo s Precios Hedónicos
(Medida del excedente del consumidor)
B)- Sin esti mación de cur va de D emanda :
⋅ Métodos dosis-respuesta
⋅ Costes de reemplazamiento o relocalizaci ón
⋅ Costes d e oportunidad
⋅ Comport amiento defen sivo
De gran interés son, po r otra parte, la s dos clasificaciones de Dixon et
al.(1994, 30), la primera, basada en si los método s tratan datos objeti vos o
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
353
subjetivos 1 ; y la segunda b asada en su ámbi to de aplicación. Esta segunda
clasificación resulta bast ante clarifi cadora:
A)- Técnicas gene ralmente aplicables :
- Usan va lores de mercado de b ienes o servic io s: camb ios en la
productiv idad, c oste de e nferm eda d, cos te de oportu nidad.
- Usan valores de gasto actual o p otencial: co ste efectivo, ga stos
de preven ción (defensivos), costes de relo calización y
reemplazamiento, proy ectos-sombra.
B)- Técnicas aplicable s de forma selectiva :
- Mercados sustitutiv os: coste de viaje, bienes de mercado como
sustitutos med ioambient ales.
1 . Entre las técnicas de "va loración objetiva" se recogen los camb ios en la productividad, el
coste de enfermedad, el valor del capital humano y los c ostes de restauración o
relocalización - todos ello s basados en fund amentos físicos o técnicos, consider ándose
asumido el comportamiento -. Por su parte, en la "valoración subjetiva" se i ncluyen los
gastos defen sivos, los precios y salar i os hedó nicos, el coste de viaje y la valor a ción
contingente. En estas últimas técnicas los fu ndamentos son de comportamiento - ya sea
revelado o expresado , siguiendo la terminologí a de Turner et al.( 1994) comentada -.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
354
- Métodos de valoración cont ingente: juegos de licitación,
experimentos de "tómelo o d éje lo", ju egos de intercambi o,
elecci ón de menor co ste, técnica "delphi ".
C)- Técn icas potenc ialmente aplicables :
- Métodos hedóni cos: valores de la propiedad y otros valores de
la tierra, di ferenc ial de salarios.
- Modelos macroeconómi cos: programación lin eal, contabilidad
de los recurso s naturales, i m pa ctos de la economía global.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
361
En la práctica, el método de la complementariedad débil se ha
utilizado, con más frecuencia, para valorar los atributos o calidad ambiental
de lugares recreativos. Sin embargo este tipo de lugares, no tiene
normalmente precio de mercado, su cost e ha de ser medido por la suma t otal
del coste de viaje , en el que se incluye el tiempo de viaje, así como las posibles
tarifas de entrada.
El problema de la valoració n de la demanda de estos lugares
recreativos, como función de la calidad del mismo, es que no existe variación
de la calidad para las diferentes personas que lo visitan (AZQUETA, D.,
1994, 99).
VI.3.2.- Métodos indirectos de valoración con datos hipotéticos.
Los métodos indirectos de valo ración con datos hipotétic os, se
fundamentan en entrevistas en las que se detallan varias situaciones
alternativas de calidad ambiental a los entrevistados.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
362
A éstos se entrega una serie de tarj etas con los distintos escenarios, y
se les pide las ordenen, según sus prefer encias. Se está así, en la metodología
de la ordenación contingente. En el método de la actividad contingente , se hacen
preguntas condicionadas, a los entrevis tados, en relación a cómo varía el
comportamiento de la población ante cambios en algunos atributos
medioambientales (MAGADAN y RIVAS, 1998, 92).
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
363
VI. 4.- METODOS DIRECTOS, CON OBSERVACION DE MERCADO Y
CON DATOS HIPOTÉTICOS
Cuando la calidad ambiental afecta a la función de producción o de
costes, de un grupo de productores que vende su producto en el mercado, los
efectos de los cambios en aquélla se transmiten a los individuos, por cambios
en los precios y en las cantidades que se intercambian en el mercado, y, por
tanto afectan a los excedentes de los productores y de los consumidores.
Podemos considerar, los casos en que diferentes tipos de
contaminación afectan a la productividad de los sistemas productivos.
Suponemos, inicialmente, una posición de equilibrio de un mercado
con las curvas de demanda y oferta co rrespondientes, bajo unas situaciones
iniciales de alta contaminación.
Si posteriormente la contaminación se reduce, la curva de oferta se
desplazará hacia la derecha, debido a un incremento en la productividad, y
por tanto, el precio se reducirá, al mantenerse una demanda constante, y la
cantidad intercambiada aumentará.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
364
El cambio en el excedente resultante , será la suma de lo que ganen los
productores y lo que incrementen en excedente los consumidores.
Para conseguir la aplicación del método expresado, hay que disponer
de una estimación de la función de demanda y, de, como se ve afectada la
función de oferta, a la variación de la calidad ambiental.
El modelo se ve condicionado por varios factores; primero cuando hay
procesos de producción conjun ta, es necesario considerar la
interdependencia de las funciones de of erta de los productos individuales; en
segundo lugar, también queda restringido el modelo, cuando existe una
regulación del precio de mercado, y a priori, no podamos determinar la
variación de los excedentes.
Es posible, asimismo, que los incrementos en la productividad
provocados por la mejora ambiental, qu e hacen que se desplace la curva d e
oferta hacia la derecha, provoque que entren en el mercado nuevos
productores, debido al posible incremento de los beneficios, y pueden
eliminar la anterior mejora del excedent e de los productores; en este caso,
sólo los consumidores conseguirán excedente.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
365
Todos lor métodos directos con datos observados, tanto el de precios
en mercados competitivos, como el de referéndum y el de los precios en
mercados experimentales, expresan la voluntad de los consumidores,
quienes estarán informados del precio y la cantidad, del bien público a
valorar.
A través de la metodología de encuestas se recibe información de las
preferencias de los consumidores, si bien es preciso tener en cuenta los tres
principales sesgos posibles: estratégico, información e instrumental
(MAGADAN y RIVAS, 1998, 92). El prim er sesgo, se refiere a que los
individuos se pueden beneficiar del uso del bien público, mediante la
ocultación de sus verdaderas preferen cias o deseos, con perjuicio para el
resto de individuos que fueron sinceros . El sesgo de información surge, si
aparecen nuevos conocimientos sobre el asunto expuesto, que p rovocarían
respuestas distintas a las derivadas de la primera información.
El último sesgo está en relación con los mecanismos utilizados por el
entrevistador, que pueden ser causa de distintas reacciones en el
entrevistado.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
366
Entre los métodos directos de valoración con datos hipotéticos,
además del de valoración contingente, que consiste en simular un mercado
inexistente, destacan otros dos: el de juegos de licitación y el de referéndum
contingente.
En los juegos de licitación, el entrevistador actúa como licitad or, y
hace sucesivas propuestas de valoració n a los encuestados, sobre distintos
aspectos medioambientales.
Mediante el referéndum contingent e, se plantean preguntas a los
consumidores o votantes y la proporción observada de contestaciones
afirmativas se considera como un estimador adecuado al respecto. Tiene la
ventaja de que, en general, motiva la coherencia en la verdadera preferencia
(MAGADAN y RIVAS 1998, 94).
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
367
VI.5.- PRINCIPALES METODOS DE VALORACION DEL MEDIO
AMBIENTE
La valoración del medioambiente resulta imprescindible, como es
conocido, para determinar la curva de co ste marginal externo y, de ahí la
importancia, de que la medida de dicha valoración se haga en términos
monetarios, para establecer el óptimo social sobre la curva de beneficio
marginal privado neto, que viene expresada en unidades monetarias.
En unidades monetarias, asimismo, los consumidores expresan, a
diario, sus preferencias por entender que son el mejor indicador de que se
dispone.
La valoración ambiental, se puede desear realizarla antes de obtener el
óptimo social, para decidir el tipo de regulación ambiental a poner en
marcha, o bien, con posterioridad a ésta, a fin de comprobar si ha habido
aproximación al óptimo.
Por otra parte, es precisa la medi da del valor del medio ambiente,
para justificar y probar la importancia de una concreta política ambiental,
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
368
pues los beneficios derivados de la misma no suelen aparecer como
beneficios económicos, sino más bien co mo una mejora de la calidad de vida.
El medioambiente es, cada día, más valorado, por lo que una de las
funciones de la política ambiental es cu antificar, en lo posible, los valores del
mismo.
Ahora bien, al ser muy numerosos los tipos de daño ambiental, y
muchos de ellos no son evaluables, si empre el daño real provocado, será
superior al montante estimado en la valoración practicada (PEARCE y
TURNER, 1995, 165).
Los métodos principales de valoración del medioambiente, hemos
visto son variados, pero los más ut ilizados son los cuatro siguientes:
mercados hedónicos, coste de viaje, va loración contingente, y costes evitados
o beneficios inducidos. Los tres primeros se analizan en este epíg rafe, y, el
cuarto, se desarrolla con mayor amplitud, en el capítulo próximo.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
369
VI.5.1.- Métodos de mercados hedónicos. el mercado de la vivienda y calidad
ambiental.
El valor de una parcela de tierra está en estrecha relación con la
corriente anual de beneficios que genera la propia tierra. La producción
agraria es el beneficio más ostensible, pero también tiene un entorno y unas
características, para el acceso a los puestos de trabajo, el ocio y la calidad del
medioambiente; todos ellos, asimismo, beneficios a tener en cuenta y que se
suman al valor de una concreta superficie de tierra.
El enfoque hedónico o de precios he dónicos, trata, en primer lugar, de
identificar la cantidad diferencial del valor de las propiedades, que se debe a
las diferencias “ambientales entre las mismas”, y en segundo lugar, “inferir
cuantas personas estarían dispuestas a pagar por una mejora de la calidad
ambiental con la que se encuentran y cu ál es el valor social de la mejora”
(PEARCE y TURNER, 1995, 189).
La identificación de un efecto sobre el precio de la propiedad, debido
a una diferencia en los niveles de contaminación, se ha hecho, generalmente,
por medio de una técnica de regresión mú ltiple, en la que la información se
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
370
consigue, ya sea de un número pequeño de propiedades residenciales
similares, en un periodo de años, se rie cronológica o un gran número de
propiedades diferentes, en un moment o del tiempo corte transversal, o
también por la utilización de ambas técnicas.
En general, la mayor parte de los estudios sobre el valor de la
propiedad se han realizado mediante la metodología de los cortes o secciones
transversales, porque resulta complicado el control de otras variables, que
pueden haber influido a través del tiempo.
Por otra parte, también existen diferencias en el valor de la propiedad
residencial, que son función de la calidad y cantidad de servicios públicos de
que dispone, impuestos sobre la propieda d, tráfico, ruidos, acceso a áreas de
negocios, etc. Debe intentarse incluir to das estas características en el análisis;
así se tendrán en el estudio las variables intrínsecas relevantes de la
propiedad, sobre la familia, sobre la accesibilidad y otras medioambientales.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
377
El modelo de utilización de un bien ambiental puede determinarse por
un aspecto de los visitantes a dicho bi en, como es el desplazamiento para su
disfrute. De esta manera reflejan la de manda que tienen de él, y por tanto,
forma parte de su función de utilidad, o de sus preferencias.
A ellos se les pregunta el tiempo y el dinero gastado en la visita al
parque, la distancia a dicho lug ar, y varios aspectos de índole
socioeconómica. Las zonas de origen de los visitantes se definen en términos
de aumento de la distancia, o coste de viaje hasta el parque o el bien
ambiental de que se trate.
Normalmente, la frecuencia de la visita al parque, medida como el
número de visitas por mil habitantes en cada área es inversa a la distancia
hacia este lugar. Se observa, que la ma yor parte de los costes provienen del
gasto en tiempo y en dinero para llegar a dicho lugar, y la menor parte es la
que se gasta en el propio parque.
Mediante la valoración de “estos gastos, se podría analizar cómo varía
su demanda del bien ambiental, ante ca mbios en este coste de disfrutarlo, y
cualquier otra variable relevante” (AZQUETA, D. y PEREZ, 1996, 52)
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
378
En su formulación más directa, la idea del método del coste del
desplazamiento y el procedimiento para aplicarlo son muy sencillos. Aunque
el precio de entrada a un espacio natu ral sea cero, el coste de acceso es
generalmente superior a cero, dado que deben incluirse por lo menos los
gastos ocasionados por el desp lazamiento (AZQUETA, D., 1992, 158).
En general, cuanto más cerca se reside del espacio cuyo disfrute se
quiere valorar, menores son los gastos en que se incurre y mayor es, el
número de visitantes. Así, se puede determinar una función de demanda
entre número de visitantes y coste de desplazamiento, que será el precio de
la visita. Por métodos econométricos, es factible calcular la función de
demanda, en la que se exprese el número de visitantes en función del coste
del desplazamiento, la renta y otras variables socioeconómicas.
Como indican AZQUETA y PEREZ (1996 pág. 43): “Estimada de esta
forma la función de demanda, sería posible analizar los cambios en el
excedente del consumidor que una modificación en su oferta produciría, así
como la incidencia de las variables más relevantes para explicar su
comportamiento: ...” Este modelo sirve, por tanto, para medir cambios en la
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
379
valoración de los visitantes, al producir se un daño ecológico sobre un espacio
natural, ya que el número de visitantes descendería y, también, el valor del
excedente del consumidor.
Los costes del viaje o desplazamient o, que se han de contemplar, giran
en torno a tres aspectos básicos, según Azqueta (1994, 103):
- Costes ineludibles : Son los derivados e strictamente del
desplazamiento. Se hace una estimación del coste de gasolina por kilómetro
y se le agregan los costes de a mortización y mantenimiento del vehículo .
También cabría considerarse aquí el coste de los billetes de tren, autobús o
avión, así como los de aparcamiento y de entrada.
- Costes discrecionales: Costes necesarios de hotel u otra forma de
pernocte, y alimentación; pero en esto s casos, hay que establecer ciertas
condiciones, porque sólo se considerarán parte del coste de viaje, aquéllos
gastos que no son recreativos en sí, en el sentido de que se buscan porque
añaden un componente propio de utilidad del viaje.
- El tiempo: El punto de partida para la formación del precio del
tiempo, lo constituye el coste de oportunidad: el tiempo invertido podría
dedicarse a una actuación alternativa; bi en a una actividad productiva o al
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
380
tiempo libre. Pero hay que considerar que el tiempo empleado en llegar a un
lugar del recreo del tipo que nos ocupa, no está dentro de la jornada laboral y
por tanto, es en principio irrelevante, el primer caso. Y en el segundo caso,
parece que en algunos trabajos empíri cos que consideran la valoración del
tiempo libre, se da una cuantía bastante inferior al valor del salario.
Asimismo, en estos desplazamientos, el viaje en sí, supone en muchos
casos, un beneficio por el disfrute del paisaje, y, por este moti vo algunos
autores no incluyen el tiempo de viaj e entre los componentes de los costes
del mismo.
Para Azqueta (1992, pág. 158) la estimación de la curva de demanda
finalmente implícita debe pasar por las siguientes etapas:
- En primer término, se divide el entorno de influencia del area
ambiental, en zonas, cada una de ellas caracterizada por un concreto coste de
viaje.
- A continuación, se calcula el cost e de viaje al parque, para cada una
de las zonas y se estima el número de vi sitas anuales y de que zona de
procedencia..
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
381
- En tercer lugar, se practica una encuesta entre los visitantes del
parque, que nos informe de las rentas de éstos, nivel de educación, número
de hijos, edad, etc.
Con estos datos se puede construir la propensión media a visitar el
parque para cada zona.
- Efectuamos seguidamente una regr esión en la que esa propensión
media sea la variable dependiente del cost e de viaje, y se obtiene la curva de
demanda agregada de los servicios del parque.
- Al modificar el valor del coste de viaje, en la regresión anterior, se
determinan los demás puntos de la cu rva de demanda de los servicios del
parque.
- De forma alternativa, también se puede estimar directamente la
curva de demanda, en función de las dife rencias en el coste de viaje, para
cada persona y según sus características socioeconómicas.
- La curva de demanda estimada, es la que permite valorar en
unidades monetarias, los cambios que se produzcan, en la calidad y en la
cantidad, de los servicios ambientales ofrecidos, a través de las variaciones
provocadas en el excedente de los consumidores.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
382
VI.5.3.- La Valoración Contingente
La valoración contingente es un método directo de evaluación, con
datos hipotéticos, en el que se pregun ta a la gente, por encuesta, lo que
estaría dispuesta a pagar por el bene ficio ambiental, o lo que estaría
dispuesta a recibir, mediante compensa ción, para tolerar una pérdida o coste
ambiental.
Dicho proceso de preguntas se hace, en general, mediante encuesta, si
bien, también puede llevarse a efecto por técnicas experimentales, en las que
se responde a diversos estímulos, en las condiciones laborales, p or ejemplo.
Se consigue con ello, obtener valoraciones personales de los demandantes
ante el aumento o disminución en la ca ntidad de algún bien concreto, basado
en un mercado hipotético. Los demand antes manifiestan lo que estarían
dispuestos a pagar, o la cantidad que es tarían dispuestos a aceptar, si hubiese
un mercado de los bienes estudiados.
Un mercado contingente se toma para que , se incluya no sólo el bien
en cuestión, sino también su financiación.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
383
El mercado hipotético se simula por la encuesta y es aplicabl e a
cualquier caso, en especial cuando no hay posibilidad de establecer relación
alguna entre bienes privados y bienes medioambientales. Por consiguiente,
supone contar siempre con una metodología de valoración alternativa, de
gran utilidad para realizar comparaciones con los resultados de otros
métodos evaluadores.
El mecanismo de las encuestas, resu lta bastante sencillo para conocer
la valoración de la gente respecto al cambio de su bienestar, cuando varían
las condiciones ambientales.
Las encuestas suelen estar estructuradas, en tres partes
fundamentales, según Azqueta (1994, 159):
- La primera parte, contiene la información relevante sobre el bien
ambiental, para que la información que posea el entrevistado sea la precisa a
fin de identificar el problema objeto de análisis.
- La segunda, ha de incluir una adecuada descripción de la
modificación de que se trata, con la in formación relativa a situación actual,
cambio que se propone, su significació n personal y medios de financiación.
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
384
Mediante las preguntas, se trata de conocer la disposición a pagar de la
persona por el cambio propuesto, siempr e que se refiera a un intercambio de
mayor bienestar por dinero, que le supone a la persona en cuestión; no hay
que pensar en lo que haría la sociedad.
- La tercera parte investiga sobre las principales características
socioeconómicas del entrevistado o encuestado, con el problema estudiado,
como la renta, edad, estado civil, nivel de estudios y otras.
El propósito de este método de valoración cont ingente, es obte ner
valoraciones que estén próximas a las que se conseguirían si el mercado real
existiera. Para ello, el demandante tien e que familiarizarse con el bien objeto
de estudio y, también con los diferentes modos de pago hipotéticos. Además,
el mercado inexistente, pero que representan el encuestador, encuestado y
encuesta, han de ser tan parecidos al mercado real, como sea posible.
El entrevistador pregunta si la máxi ma disposición a pagar sería igual,
superior o inferior a un número dete rminado de unidades monetarias. Si
obtenemos la respuesta de inferior, se puede repetir la pregunta,
disminuyendo el precio de salida. Al fi nal, se suele preguntar cuál sería el
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
385
precio máximo que pagaría por el bien , teniendo en cuenta sus respuestas
anteriores (PEARCE y TURNER, 1995, 195).
Los problemas principales de diseño de la encuesta, giran en torno a la
información, al tiempo y a las respuestas negativas . Con respecto a la
información, se desea que el indivi duo encuestado tenga la información
necesaria y adecuada, pero no siempre se sabe cuál es el nivel adecuado de
información. Según indica Azqueta, "las decisiones de compra reales suelen
ir acompañadas de un proceso de búsqued a, comparación, asesoramiento y
selección, que dista mucho de ser instan táneo, y que muestra que la persona
procesa una gran cantidad de inform ación antes de decidir se. En estas
condiciones, sin embargo, y aun cuando se cumplieran las exigencias
anteriores, pretender que la entrevista genere una respuesta de las mismas
características tiene bastante de iluso rio y, en el mejor de los casos,
restringiría el ámbito de aplicación del método a un espacio muy reducido"
(AZQUETA, D. 1994, 165).
Para algunos autores, como Mitchel y Carson (1989), no deberíamos
buscar en este método exactamente la misma conducta que la que tienen las
personas en los mercados reales, sino su participación en procesos políticos
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
386
de toma de decisiones, ya que en términ os de bienes ambientales, la decisión
no tiene carácter exclusivamente individualista, sino que se toman en
consideración los intereses y aspectos mucho más amplios de la sociedad;
esto difiere de las consideraciones iniciales que se han tenido en cuenta, y po r
tanto, es preciso relativizar las reglas de funcionamiento indicadas a fin de
obtener una valoración ambiental, más próxima a la que daría la sociedad,
que a la equivalente del mercado.
En relación con el tiempo, hay qu e valorar el tiempo desde que se
experimentó el fenómeno sobre el que se investiga; el tiempo para responder
las preguntas, que posiblemente ha ce que las respuestas puedan ser
diferentes si el periodo de reflexión se incrementa; y, en tercer lugar, la
consistencia en el tiempo de las respuestas, pues parece que es interesante la
repetición de las encuestas una vez pasa do un cierto tiempo, para observar la
consistencia de la disposición a pagar o a ser compensados, que se
expresaron con anterioridad.
Por otra parte, también es posibl e que el encuestado responda
negativamente a una pregunta o se niegue a contestar, aunque esto no quiere
Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te
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CAPITULO VII.- EL MÉTODO DE LOS COSTES EVITADOS O
BENEFICIOS INDUCIDOS. CONT AMINACIÓN ATMOSFÉRICA Y
SALUD
Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación
atmosférica y salud
397
VII.1.- INTRODUCCIÓN
Se trata de un método de valo ración ambiental indirecta, con datos
observados. Es la metodología que se aplica en el capítulo último de este trabajo
de investigación, por lo que se le dedica un especial tratamiento.
Un cambio en el medioambiente pu ede alterar actividades económicas y
cambiar los ingresos económicos y costes de algunas actividades. La variación
en estos ingresos y costes, puede utilizarse como medio indirecto, para valorar
el cambio en el medioambiente.
En la ponencia presentada por Usabiaga y González Limón (1996), al
Congreso de ASEPELT, se indica, qu e aunque al estudiar la valoración
económica del medio ambiente por métodos, no existe un claro consenso entre
los autores, sobre lo que se entiende po r metodología de los costes evitados o
inducidos -e incluso sobre esa denominaci ón-, a diferencia del acuerdo existente
respecto a otras, como la valoración contin gente, los precios hedónicos o el coste
de viaje. Es interesante, por tanto, comenzar con un intento de caracterización
de esta metodología.
Una clasificación habitual es la que distingue entre métodos que utilizan
técnicas directas e indirectas como vimos (PEARCE y TURNER, 1995, 188). Sin
embargo, para nuestro intento de caracte rización nos parece más clarificador el
marco que consideran Turner et al.(1994) cuando distinguen entre los métodos
Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación
atmosférica y salud
398
que valoran un aspecto de la calidad ambiental por medio de una curva de
demanda, y los que no lo hacen por medio d e l a e s t i m a c i ó n d e l a f u n c i ó n d e
demanda.
Por otra parte, siguiendo a Dixon et al . obteníamos una clasificación de la
forma expuesta en el capítulo ante rior,, aunque, como hemos tratado de
mostrar con estas clasificaciones, es difíc il hilar fino en este área. Al emplear el
término costes evitados o inducidos , nos decantamos básicamente por las técnicas
recogidas en el apartado b) del primer esquema - sin estimación de la curva de
demanda - y en el apartado a) del segundo esquema - técnicas generalmente
aplicables-.
Al tratar de acotar esta metodolo gía, Azqueta (1994, 75) señala que
pretende " analizar (...) la posibilidad de que el bien ambiental objeto de análisis,
esté relacionado con algún bien privado de una forma muy concreta: entrando a
formar parte con él, como sustitutiv o, de una determinada función de
producción ". Al referirse a esta metodología indica asimismo, que es posible
que este bien forme “parte de la función de producción ordinaria de un bien o
servicio normal, como insumo producti vo más", o, por otro lado, que forme
“parte, junto con otros bienes privados, de la función de producción de utilidad
de una persona o familia determinada”.
En síntesis, al seguir esa interpretación amplia de esta metodología, se
manifiesta, que con ella, se persigue básicamente, medir los efectos de una
Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación
atmosférica y salud
399
variación en la calidad ambiental, so bre los siguientes ámbitos: sectores
económicos vinculados -en especial, el pesquero, agrícola, ganadero y forestal 1 ,
edificios, materiales, productos, salud humana y productividad.
Esta metodología se basa en el su puesto de, que la incidencia de la
calidad ambiental en la producción, salu d, etc., puede ser observada y medida,
y en el uso de los precios de mercado como referente. En este sentido, se
estudian los cambios en los precios de los productos, y en las cantidades de
outputs , las variaciones en los costes de los factores de producción, etc.
Asímismo, también pueden producirse rea cciones de los consumidores o de los
productores, ante el cambio ambiental, cuando se busca, en el caso de una
menor calidad ambiental, mitigar esos ef ectos negativos a través de la compra
de bienes o servicios 2 , comportamiento que esta metodología también trata de a
valorar. A la vista de todo lo anterio r, puede apreciarse, que este tipo de
evaluación es bastante complejo.
Antes de pasar a utilizar los precios de mercado para evaluar los
cambios en la productividad, se han de realizar varios supuestos sobre las
curvas de oferta y demanda relevantes; en este sentido deben distinguirse dos
situaciones, (DIXON et al. (1994, 43).
1 . Para el caso español, es muy relevante el aná lisis de la incidencia de la calidad ambient al
sobre el sector turístico, dado el peso de este sector.
2 . Ese comportamiento "defensivo " ha recibido diversas denomi naciones. Así, en inglés se
han empleado por ejemplo los siguientes términos: "preventive expenditures, mitigation
behavior, averting behavior" –Cropper, M.L., y Oates, W.E. “Environmental Economics: a
Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación
atmosférica y salud
400
- Si el incremento, o disminución, del bien en cuestión es relativamente
pequeño respecto al mercado, y el cambio en los factores de
producción es relativamente pe queño respecto al mercado de
factores variables, se puede supone r que los precios de ese producto
y de los factores variables perm anecerán constantes después del
cambio en la producción.
Este supuesto, elimina la necesi dad de otros supuestos añadidos,
sobre la dirección y magnitud del cambio en el precio. Para la mayor
parte de los proyectos, esta visión del equilibrio parcial, es una
asunción realista y se utiliza de forma implícita en muchas de las
técnicas que se exponen en esta metodología.
- A veces, sin embargo, el cambio en l a p r o d u c c i ó n d e u n b i e n p u e d e
ser lo suficientemente grande para af ectar, tanto a los precios de éste,
como a los precios de los factores , o a ambos. En estos casos, se
necesita información acerca de la forma de las curvas de demanda y
de oferta, y es preciso realizar los ajustes apropiados.
Otra manera alternativa de ver lo qu e estamos exponiendo, es considerar
que ésta es la forma más directa de evaluar las modificaciones del
medioambiente, a partir de la observ ación de los cambios físicos, como
Survey”, Journal of Economic Literature, vol. XXX, june 1992, pp.703-704.
Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación
atmosférica y salud
401
diferencia entre los valores de los bienes y de los servicios entre dos momentos
temporales. (OCDE, 1995)
En tal sentido, la evaluación monet aria de los efectos físicos, tiene tres
etapas fundamentales:
- En primer lugar, estimar el efecto físico de la modificación del
medioambiente, sobre el receptor de la misma ya sea un inmueble,
maquinaria o persona afectada por dicha modificación.
- En segundo lugar, estimar la variac ión o diferencia que este efecto
produciría sobre la producción o sobre los costes.
- Y por último, estimar el valor monetario de dicho cambio, en la
producción o en los costes.
Son técnicas, como hemos mencionado , aplicables de forma general, o de
uso común, y su selección puede venir in fluida por muchos factores; como el
efecto a evaluar, la disponibilidad de los datos, el tiempo y los recursos
financieros. (DIXON et al., 1994, 42). El reto es, identificar los efectos
ambientales de los proyectos e incorpo rar correctamente la valoración de los
beneficios y costes en el análisis de proyectos, como forma de internalizar los
costes externos.
Todas las técnicas que se presentan, a continuación, utilizan precios de
mercado para determinar los valores, y se asume que estos precios reflejan
económicamente la escasez y, por ta nto, económicamente eficientes; si
Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación
atmosférica y salud
402
existiesen distorsiones en tales prec ios habrían de realizarse los oportunos
ajustes. Estas distorsiones surgen normalmente como resultado de impuestos,
subsidios, tipos de cambio fijos, tipos de interés, etc..
A continuación, vamos a comentar algu nos aspectos de las técnicas que
se engloban bajo esta metodología en la acepción que manejamos.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
495
coste-beneficio.
Se analizan, a continuación, las situac iones en las que la cuantía de los
residuos contaminantes superan la capacidad de asimilación del ecosistema.
2 . - S i f u e s e n u l a l a capacidad de asimilación , con efecto biológico nulo, y
tampoco hay efecto económico, la si tuación carece de relevancia desde
la perspectiva de la política económ ica, y no es necesario el análisis
coste-beneficio.
3.- En las mismas circunstancias anteriores, pero con un efecto
económico concreto o externalidad.
Aquí, el análisis coste-beneficio es pertinente, a fin de calcular el
nivel óptimo de emisión de residuos.
4 y 5.- Veamos ahora, la situación de nula capacidad de asimilación , efecto
biológico positivo y efecto económico nulo.
No hay, pues, externalidad, pero el hecho de existir cambios
biológicos, indica que deberían tom arse algunas medidas. En realidad,
la nulidad del efecto económico pu ede ser debida a desconocimiento
de los efectos de la polución, como e s e l c a s o d e l a a c u m u l a c i ó n d e
contaminantes, cadmio u otros metales pesados.
Esto es, la situación de no efecto económico , es, a posteriori, una
situación de efecto económico positi vo. En este caso, la aplicación del
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
496
análisis coste-beneficio no puede rea lizarse en el ámbito de los stocks,
por lo que es preciso llevarlo a cabo en el contexto de los flujos, previa
transformación de aquellos en éstos, mediante las tasas de descuento.
Así, el análisis coste-beneficio si rve para trasladar los costes de la
contaminación, en el tiempo, hacia las generaciones futuras, lo que no
está exento de complicaciones.
6 y 7.- Estas dos situaciones, en las que la capacidad de asimilación es
positiva, el efecto biológico nulo, sin y con efecto económico , llevan
consigo reducciones sucesivas de la capacidad de asimilación , al ser ésta
inferior al volumen de desperdicios . Por consiguiente, es previsible
que, en todo caso, se llegará siempr e a otra situación, en la que el efecto
biológico es positivo, y desaparecen las correspondientes a efecto
biológico nulo. Es decir, carece de sent ido la aplicación a ellas, del
análisis coste-beneficio.
8 y 9.- Se refieren respectiva mente, a las situacioens de capacidad de
asimilación positiva, efecto biológico positivo, sin y con efecto económico.
En las dos, es aplicable el análisis coste-beneficio, si
consideramos que las disminuciones de la capacidad de asimilación
representan un coste que se contrap one a los beneficios aportados por
los bienes producidos con contaminación.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
497
Ahora bien, el óptimo pare tiano que determinaría dicho
análisis, tendría lugar para una prod ucción tal, que el volúmen de
residuos sería mayor que la capacidad de asimilación del ecosistema y el
equilibrio ecológico inestable; los residuos sobrepasarán aún más la
capacidad de asimilación y se llegará, dinámicamente, a la destrucción
total de aquella capacidad del medioambiente, para, por último,
obtener una producción nula de bienes.
En resúmen, en tanto no excedan los residuos contaminantes a la
capacidad de asimilación del ecosistema, o en tanto no existan efectos biológicos ,
el análisis coste beneficio es una té cnica adecuada para determinar el nivel
óptimo de residuos. Pero si los contam inantes “biológicamente peligrosos se
acumulan o si el contexto toma características de externalidad dinámica (por
rebasarse la capacidad de asimilación ), el análisis coste-beneficio debe dar paso
al establecimiento de niveles basados en una actitud prudente fundamentada
en información epidemiológica o de ot ras variables físicas” (PEARCE, D.W.,
1975, 71.)
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
498
VIII.3.- PROBLEMAS DE CÁLCULO DE LOS BENEFICIOS Y LOS COSTES
DEL MEDIO AMBIENTE, EN EL ANÁLISIS COSTE-BENEFICIO
Este método de análisis fue, en su origen, un mecanismo
administrativo, que no se adoptó para la orientación ambiental de las
inversiones públicas, y nada debía a la teoría económica. Por eso, es
comprensible que los teóricos partid arios de los criterios de inversión
pública, traten al medio ambiente, unas veces ignorándolo y, otras, siendo
indiferentes a los futuros resultados distorsionadores que puedan derivarse
de sus planteamientos teóricos.
Varios problemas surgen en el aná lisis coste-beneficio, a los que se
hará referencia. Es bien conocido el rela tivo a los objetivos, pues cuando en
los criterios de inversión pública no se tiene en cuenta un objetivo importante
de la misma, se llegará a determinar una solución que no será la óptima. Así,
cada uno de los organismos públic os defiende el que considera su óptimo
particular, e ignora, tanto los efectos ex ternos, como aquellos objetivos que
están fuera de su competencia concreta.
Con demasiada frecuencia, se hace caso omiso del objetivo de la
redistribución de la renta e, incluso la teoría económica se ha distanciado de
los aspectos normativos de la misma. Pero no es posible conseguir una
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
499
situación óptima, si no tenemos en cuenta este objetivo fundamental.
Asimismo, se ignora el objetivo de la calidad ambiental, puesto que el
análisis coste-beneficio está basado en la eficiencia económica desde la
perspectiva del país, con olvido de las eficiencias ambientales, a pesar de los
avances obtenidos con los ajustes de precios mediante tasas sobre emisiones.
También aparece el problema derivado de que el análisis coste-
beneficio de los proyectos de inversió n pública, normalmente se realiza en
esferas administrativas que no coincide n con las competencias en política
ambiental, lo que constituye otra difi cultad de objetivos, con una fuerte
restricción para dicho análisis, al ig norar un medio ambiente deteriorado.
(KAPP, K.W., 1970, 29).
En segundo lugar, son muy difíciles de especificar por la clase política
los objetivos de calidad ambiental, y, aún menos, las funciones de bienestar
social y de transformación necesarias para determinar la optimización. Dado
el teorema de la imposibilidad de construcción de una función de bienestar
social ordinal, que sea convexa o t ransitiva, debido a Arrow, resulta
imposible agregar y construir curvas teóricas, que representen las
preferencias sociales. Es decir, las fun ciones de bienestar, las curvas de
indiferencia de la sociedad y el análisis coste-beneficio, tratan de abordar el
problema político de la toma de decisi ones colectivas, pero no de determinar
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
500
su solución. Sólo es factible formar seri es de valores, optimistas y pesimistas,
para aquellas funciones, con una zona in termedia, en la que cualquier punto
es óptimo, y aparecen oscilaciones muy fuertes a lo largo de su desarrollo.
Un tercer problema, es el relativo a la disposición a pagar, que aparece
ligada al concepto teórico de benefici os ambientales. Y esta disposición a
pagar está con correspondencia con la distribución de la calidad del medio
ambiente, que se puede tratar de cambi ar de acuerdo con los criterios de la
inversión pública a efectuar. Además, es difícil obtener las preferencias
individuales, agregarlas y compararlas , pero aunque se consiguiese la
revelación de aquellas, subsistirá el pr oblema de la diferencia entre lo que
una persona dice que quiere y lo qu e realmente quiere. La disposición a
pagar de un individuo para mejorar la calidad medio-ambiental, asímismo,
no tiene por qué ser una medida adec uada del beneficio que obtendrá, pues
se le pide que exprese el valor de camb io para cosas que están en el sector de
no mercado, y carece de toda experiencia al respecto.
La disposición a pagar se basa en la soberanía del consumidor, y ésta
depende de la manipulación de las pref erencias de los consumidores a través
de la publicidad, por lo que se pued en modificar aquéllas, y afectar a las
decisiones correspondientes de la política pública.
Una consideración que no está exenta de interés, es la referente a que,
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
501
nuestra organización económica se orienta a la maximización de los
esfuerzos para el crecimiento, y la f ilosofía medio-ambiental tiende a una
economía estacionaria y minimización de la producción y el consumo. Es
decir , no es válido el tratamiento maxi mizador de los deseos, como principio
básico que rige la determinación de los beneficios ambientales. (DALY, 1973,
19).
Además del conocimiento adecuado de las preferencias, así como de la
estabilidad de las mismas, es precis o un conocimiento afinado sobre los
daños y beneficios medioambientales, para que la disposición a pagar se
ajuste suficientemente al valor del beneficio ambiental, que se desea
cuantificar monetariamente. Según las e xperiencias sobre daños ambientales,
se puede deducir que la gente no llega a tener un conocimiento profundo de
los mismos, a efectos de su posible va loración en unidades monetarias; en
general, los consumidores perciben los daños con una sensible reducción de
los mismos, en buena parte, porque los productores desarrollan incentivos
tendentes a que así suceda.
En cuarto lugar, surge el problema del criterio para tomar decisiones
públicas, si bien “el criterio teórico gene ral consiste en una serie de beneficios
y costes que envuelve multitud de v ariables y supuestos. Además de los
costes y beneficios normales , los teóricos han añadido variables tales como los
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
502
desplazamientos de consumo y de invers ión, así como la reinversión de los
beneficios”. (FISCHER, D.W., 1994, 188).
A la vista de que los departamentos de planificación del gobierno, en
la mayor parte de sus actuaciones, se ven restringidos a un presupuesto
aprobado con una inversión concreta o fija, y que los proyectos se van
aceptando hasta el agotamiento de aqué l, parece no es necesario utilizar el
tipo de interés aplicable al coste de oportunidad, y, probablemente tampoco,
la tasa social de descuento para la actualización de costes y beneficios
medioambientales. Pues así como en muchas decisiones de inversión
privada, no resulta relevante el uso del tipo de interés, sino que se basan
principalmente en las circunstancias individuales de la empresa, en el
contexto económico general, también, en gran parte de las decisiones
públicas de inversión, la tasa de descuen to social tiene baja significación, y se
atiende a otros factores, que tienen poco que ver con las decisiones de
inversión, como la calidad del medio ambiente.
Asímismo, se debe incluir en el aná lisis, el resultado ambiental de la
inversión pública, y, para ello, hay qu e determinar la cuantía del impacto
sobre el medio ambiente y su localización. Por tanto sería preciso sumar los
impactos inducidos por las obras públic as y los relativos a las inversiones
privadas desplazadas, tanto positivos como negativos; de no hacerse así, se
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
503
estará infravalorando el impacto ambiental real.
Una consideración aparte respecto a los incentivos a las nuevas
inversiones, mediante ayudas o subv enciones. Esta política de fomento
disminuiye los métodos de producción y consumo antiguos tradicionales,
que provocaban menor agresividad ambiental, en general, que los
correspondientes a los procesos de las nuevas inversiones.
Otro aspecto a tener en cuenta, es el retraso en la ejecución de los
proyectos de inversión pública, por su enorme influencia sobre el desarrollo
de los mismos y sobre impactos ambi entales, al ser fuerzas que actúan a
largo plazo y de forma lenta, y cuyas a cciones perjudiciales aumentan con el
tiempo, y acumulativamente.
Por otra parte, el tamaño de la inversión y su composición influyen
sobre el medio ambiente. Las grandes inversiones públicas tienen efectos
inciertos sobre toda la economía, al ne cesitar muchos recursos en distintos
sitios, durante bastante tiempo y con crecientes cuotas de producción en
muchos lugares, que provocan impact os ambientales agregadamente, de
difícil cuantificación.
Pero aún si fuese factible concretar los costes y los beneficios de un
proyecto de inversión pública a reali zar, quedaría pendiente de resolver la
cuestión relativa a la denominada mano oculta , por la que se puede rechazar
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
510
atención fundamental a las cuestiones de validez.
En primer lugar, es preciso conseguir que los encuestados revelen el
valor de los bienes y, para ello, han de ser debidamente preparados y
formados, a fin de que se aproximen a su evaluación, mediante la expresión
de su disposición a pagar por el uso de aquéllos, o de su disposición a recibir
por renunciar a su uso. La divergenci a entre ambas disposiciones es notoria,
lo que contradice el principio teórico de su igualdad aproximada, y conlleva
que casi ningún estudio se ocupe de determinar la disposición a recibir.
En segundo lugar, tenemos la cuestión de cómo preguntar a los
encuestados la evaluación de la disposic ión a pagar en relación con el bien de
que se trata. Unas veces, se ofrece por el encuestador un precio inicial para el
bien, y el encuestado manifiesta si es elevado o bajo; pero, esta metodología
tiene el llamado sesgo del precio o punto de partida (Azqueta, 1994, 167), ya
mencionado. En otras, el cuestionario no aporta ningún valor y es el
encuestado quien proporciona directam ente la valoración. Y, asímismo,
existe un formato con límites fijos, que contesta el encuestado, sí o no, a la
valoración indicada por el encuestador.
Los resultados suelen ser sensiblemente diferentes, al seguir unos u
otros procedimientos, observándose como menos fiable el formato sin límites
fijos.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
511
De todos modos, al no estar habi tuados los encuestados a valoraciones
de bienes de no mercado, en gene ral se pueden considerar como no
capacitados para realizar tales funciones específicas.
En consecuencia, los resultados obtenidos carecen de la fiabilidad
necesaria, subrayándose como sesg os de mayor trascendencia, los
correspondientes a que los encuestado s valoran en unidades monetarias
hipotéticas, sesgo hipotético, en la información del entrevistador, cuyas
existencias socaban la validez del propio método.
Algunos autores consideran, sin emb argo, que tales riesgos es posible
minimizarlos, y que la diferencia entre pago real e hipotético es pequeña,
especialmente si los encuestados tien en cierta experiencia en valorar los
bienes, y éstos les resultan familiares. Y como afirma Azqueta, “la fortaleza
de estos métodos se encuentra en descu brir lo que la gente pagaría en un
hipotético mercado por el valor de uso de una serie de servicios no esenciales
de los recursos ambientales: serí a incorrecto pretender otra cosa. La
relevancia de esta información depende, por supuesto, tanto de la aceptación
de estas premisas de partida como del us o que se haga de ella; ésto no quiere
decir que la contribución de los método s de valoración..., sea irrelevante. Por
un lado, ayudan a conocer mejor el pape l que el medio ambiente juega en el
bienestar de las personas; por otro, obligan a los gestores a plantearse
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
512
algunas preguntas (alrededor del concepto de coste de oportunidad)”
(AZQUETA, 1996, 45).
En la práctica del método del coste de viaje , aparecen dos graves
problemas, como son, la agregación de funciones de demanda individuales
en lugares y actividades diversos, así co mo las limitaciones en la disposición
de datos.
En consecuencia, hay que recurrir al supuesto de un usuario del
medioambiente, de tipo medio, y que las utilidades sean iguales para todos
los individuos, en cada una de las activi dades a tener en cuenta, si bien ello
repercute de forma sensible en la calidad de los resultados que se obtienen.
Es muy diferente la valoración por cada persona, del coste de
oportunidad del tiempo consumido, para realizar el viaje a un lugar
determinado; pues en tanto que unos consideran la satisfacción que les
reporta el viaje en sí mismo, otros pu eden entenderlo como una penalidad o
una pérdida en sus trabajos correspondientes.
De ahí que la suma de tales valo raciones no dé un valor agregado
suficientemente representativo, y los resu ltados sean poco precisos, a lo que
hay que añadir las dificultades para conseguir los datos necesarios a la
aplicación del modelo.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
513
VIII.4.3.- En el análisis general de sistemas
Al ser un sistema, un conjunto de ob jetos, y sus relaciones entre sí, y
entre las características de los mismos , es preciso analizarlo dentro de su
contexto general; no es factible el aná lisis de un objeto o una característica
aisladamente.
Por ello, como el contexto de la valoración contingente y del coste de
viaje no es un sistema medioambiental, si no que es el análisis de la utilidad,
al aplicar dichas metodologías, se está usando un aspecto de un elemento del
sistema, como es la demanda de un consumidor, para la evaluación del
sistema medioambiental.
El concepto de utilidad es unidimensional, bajo la hipótesis de que el
objetivo del sistema es maximizar la ut ilidad humana, supuesto que conlleva
a no considerar los elementos componen tes del sistema y sus relaciones, y,
por tanto, no es consistente con el análisis general de sistemas.
Por otra parte, este último análisis parte de que todos los sistemas del
mundo real son abiertos y, por tanto, no están en equilibrio, sino con flujos
continuos del medioambiente hacia el sistema y viceversa. Es decir, las
organizaciones sociales, si se conside ran cerradas, no pueden comprender su
dependencia del medioambiente, a través de los inputs de éste y de los
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
514
outputs hacia él.
Además de la descripción interna del sistema, el análisis también se
refiere a su descripción externa, o se a, la del medioambiente que está fuera
de sus límites.
Se han definido cuatro princi pales funciones externas del
medioambiente, para las organizaciones sociales: la producción de bienes
naturales, los recursos naturales, los se rvicios necesarios para mantener la
vida en el medioambiente, y la función receptora de residuos, que ya deja de
estar garantizada.
Ahora bien, los métodos de la valo ración contingente y del coste de
viaje, están fundamentados en el equilibrio de sistemas cerrados, en
contradicción con el análisis general de sistemas, y se mantienen de espaldas
a los inputs medioambientales y a los outputs que devuelven las
organizaciones sociales.
Con independencia de otras conside raciones, hay que resaltar que, de
acuerdo con el concepto de sistema, és te se caracteriza porque supone más
que la suma de cada parte constitutiva del mismo, en tanto que la valoración
contingente y el método del cost e del viaje presuponen que el todo es igual a
la suma de las partes.
Así, se trata de obtener la evaluación de un sistema medioambiental,
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
515
por la suma o agregación de los resu ltados conseguidos a través de las
encuestas individuales.
Asimismo, estos dos métodos tratan de aplicar funciones de demanda,
a bienes del subsector de no mercado, co n lo que se manifiesta que el sistema
medioambiental solamente reporta valor para los seres humanos, cuando
tiene otras muchas funciones más.
En resumen, la valoración continge nte y la valoración del coste de
viaje o de desplazamiento, son enfoqu es que no cuentan con la adecuada
fundamentación metodológica, ni teórica, ni empírica, para dar solución a los
problemas de valorar los ecosistemas, y servir de guías para las decisiones de
política medioambiental (EBERLE Y HAYDEN, 1991).
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
516
VII.5.- INADECUACIÓN DE LOS CONCEPTOS DE CRECIMIENTO
ECONÓMICO Y DE PNB, DESDE LA PERSPECTIVA ECOLÓGICA.
Durante las décadas de los años tr einta y cuarenta, en que se consolidó
el concepto de crecimiento económico, basado en el producto nacional bruto
como expresión del bienestar social, no se prestó consideración alguna a los
impactos de las actividades económicas sobre el medioambiente.
Ahora bien, en la actualidad, no existe duda respecto a los graves
perjuicios medioambientales que lleva implícita toda actividad económica de
cualquier tipo, por lo que es imprescind ible abordar la inadecuación de tales
conceptos, que han mantenido oculta s las repercusiones negativas de
aquellas actuaciones.
En primer lugar, como el crec imiento económico se mide en
incremento de la producción de bienes y servicios, sin tener en cuenta sus
significativos impactos sobre el medi oambiente, aparece claro que en su
medición se comete un error de sobrevaloración.
Prescindimos además, del consum o de recursos naturales que va
reduciendo las existencias para el futuro, y tampoco se recoge en el sistema
contable.
Por otro lado, el concepto de crecim iento económico está referido al de
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
517
flujo, sin tener en cuenta la medida de l stock, hasta el punto de tomarse como
indicador de bienestar a efectos co mparativos, la demanda unitaria de
materias primas y de energía ut ilizadas, con total abandono de
consideraciones sobre las reducciones de los stock de recursos naturales
(Daly, 1977, 17).
Hoy día, no es posible continuar co n la idea de que un país es más
desarrollado que otro, cuando los flujos de energía y de materias primas son
mayores en el primero, sino que, por el contrario, hay que concienciarse de
que esas demandas se minimizan p ara unos niveles de vidad dados en
función de la cultura de cada país, en el momento considerado (Henderson,
1981, 13).
De ahí que, sea preciso establecer en el cálculo del PNB, tres cuentas
distintas: de beneficios, de costes y de capitales, con sus correspondientes
cualificaciones a través de gastos comp ensatorios, bien como reparadores de
daños medioambientales, bien como imputadores de costes sociales.
Asímismo, hay que considerar el objetivo final o la función que
desempeña, cada una de las actividade s económicas, además de conocer el
montante de las mismas a sumar en el PNB, pues aparecen partidas que no
pueden tener carácter positivo si no negativo, al ser simplemente
restauradoras de los perjuicios causados por determinadas actividades.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
518
Es necesario por tanto, establec er nuevos criterios para medir los
costes y los beneficios sociales.
Christian Leipert (1994, 259), denomina Producto Eco Nacional (PEN) o
Indicador de Consumo Neto, al excedente de producción de una economía
una vez restados los costes sociales de aquella o gastos compensatorios, a fin
de recoger los aspectos que se acaban de mencionar.
Para dicho autor, “los costes de producción no son sólo los
correspondientes al consumo actual de recursos valorados según los precios
fijados por el mercado y así incluidos en el sistema de contabilidad, sino
también las cargas económicas y de otro tipo causadas por las actividades de
producción” (LEIPERT, 1994, 252).
Así, los costes derivados de las enfermedades ocupacionales y los
accidentes laborales, forman también parte de los costes sociales, que
reducen los beneficios. Igualmente, lo s daños al medioambiente inducidos
por la producción, así como las enfe rmedades que estos daños provocan,
pertenecen al grupo de costes sociales que han de deducirse en el balance de
la economía nacional para llegar al PEN.
Ésto es, hay que tener en cuenta to das las posibles partidas de coste
social de la producción y el consum o, que Leipert estructura en cuatro
grandes grupos.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
519
En primer término, considera los ga stos compensatorios o costes de
reparación de daños o para evitar que aparezcan en el futuro.
En segundo lugar, el coste de la s pensiones y de los seguros de
enfermedad, en relación con las person as que enferman, y el pago a los que
no pueden trabajar, por causa de la contaminación o trabajos peligrosos.
Asímismo, estima en tercer lugar, lo s daños causados a la propiedad y
los derivados de la pérdida de capacidades productivas humanas 1 , tales
como la disminución de la producción e ingresos, la pérdida de recursos no
renovables y los daños a edificios, tierra, bosques, etc., además de las
pérdidas provocadas al turismo, la agricultura, silvicultura y pesca,
consecuencias de la contaminación ambiental.
Finalmente, recoge en un cuarto grup o, los daños reales consecuencia
de no tomarse en tiempo adecuado , la necesarias medidas contra la
contaminación, que son de difícil cuan tificación, en personas, medio natural,
obras de arte, etc.
La importancia creciente de los ga stos compensatorios, nos lleva a
profundizar en ellos con algún detenimien to más. Son costes adicionales que
aparecen como consecuencia de la obtenc ión de los ingresos, la producción y
el consumo, referidos a un periodo inicial de desarrollo económico.
1 Un ejemplo de éstos se centraría en los costes de reparación de los vertidos de lodos tóxicos
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
526
Dicha estructura de derechos de pr opiedad, determina el desarrollo de
las decisiones, la forma de hacer las elecciones y cómo evaluar los impactos
de las decisiones.
El relevante papel de los derech os de propiedad nos lleva a esperar
que, una estructura de éstos, con priv ilegio para la generación actual y sin
derecho para las futuras, supondrá un fut uro contaminado; en tanto que otra
estructura, de obligaciones para el presen te y de derechos para el futuro, nos
llevará a un futuro limpio.
En la realidad, habrá contaminació n y será preciso saber qué acciones
de política medioambiental conseguirán mayor eficiencia para el futuro. De
acuerdo con las tecnologías de reducción de la contaminación, parece que
ésta continuará, pero paliada por la co mpensación de la generación actual a
las futuras.
Cuando se extiende este análisis a las situaciones de incertidumbre,
que son las más comunes, todo se complic a aún más, al conocerse los costes o
aportaciones de la generación actual, y ser los beneficios del futuro
totalmente inciertos.
Según Bromley (1989), ante el proble ma político de la contaminación
por la lluvia ácida, es posible indentific ar, al menos, seis aspectos diferentes
de incertidumbre.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
527
El primero, está relacionado con la identificación de las fuentes de
contaminantes determinados; el segundo, se refiere a la forma de transporte
y al destino final de determinadas emisiones; el tercero, al aspecto
relacionado con los impactos físicos real es en el punto de destino. De la
valoración humana de los impactos recono cidos en el punto de destino de las
emisiones, se ocupa el cuarto aspecto; el quinto se relaciona con la extensión
para la que una respuesta política de terminada tendrá un impacto en las
emisiones de transporte, impactos físico s finales, y por último, la reacción
humana a esos cambios. Un sexto aspect o, tiene que ver con el nivel de coste
real y su distribución, como resultado de la respuesta pública. El conjunto de
los seis, delimita la incertidumbre que afecta a la formulación política.
A causa de dicha incertidumbre, su rgen los posibles errores en la
elección política, y, con frecuencia, se justifica con ella, el no hacer nada
contra la contaminación hasta disponer de más información al respecto, por
parte de los que están favorecido s por los derechos de propiedad
establecidos.
Por el contrario, quienes sufren lo s costes, entienden que no hacer
nada sobre la polución, es elegir la po lítica de continuación de la ignorancia
de los costes que les imponen, y recae sobre ellos la carga de la prueba.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
528
En el análisis coste-beneficio se incluiyen las probabilidades de los
resultados alternativos de las distin tas opciones políticas, pero quienes
toman las decisiones, en general, no cons ideran las pérdidas y beneficios de
forma simétrica, por lo que se obse rva toma aún mayor relevancia la
estructura de los derechos de propie dad existentes. Cuando se toma la
decisión según el criterio del valor espe rado, se hará elección de la actuación
política que proporcione el mayor ingreso, en tanto que si se toma la decisión
mediante “el criterio de minimizar el máximo remordimiento, se elegirá la
acción que promete el coste de oportunidad esperado más pequeño”
(BROMLEY, 1994, 292).
Aunque en teoría, el ingreso es perado es el anverso del coste de
oportunidad esperado, la realidad empíri ca lo contradice, en función de los
derechos de propiedad. Una concreta estructura de éstos que permite a un
colectivo mantener determinados comportamientos, como contaminar,
condiciona obviamente la forma de plantear y valora el problema de la
decisión.
Así queda demostrado, que en la asignación intergeneracional de
recursos, aparecen claramente los límite s de la extensión del análisis de
mercado, a ámbitos para el que no se ha diseñado.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
529
De todos los aspectos comentados , se deducen limitaciones en la
utilización de algunos de los métodos menc ionados a lo largo de este trabajo,
que van encaminados al objetivo de l desarrollo sostenible (Atkinson, 1996,
15). Se puede decir a modo de síntes is (Cumbre de las Américas sobre el
desarrollo sostenible, 1996) que actual mente los sistemas de contabilidad
nacional existentes, las señales del mercado, las cuentas de las empresas e
industrias, y muchas medidas económicas no aportan la información ni los
incentivos correctos. Y ésto se debe , fundamentalmente, a tres problemas
importantes:
- La mayor parte de los sistemas de cuentas nacionales no aportan
información pertinente a los objetivos de desarrollo sostenible. El
valor económico de los recursos naturales y los ecosistemas, su
contribución al progreso económic o, su importancia en relación
con el capital físico y humano, el grado de agotamiento y deterioro, y
los efectos de ese deterioro en el bienestar humano, son
desconocidos en la mayoría de lo s paises. Los trabajos en este
sentido son incipientes, disparejos entre paises y carentes de apoyo
técnico y financiero.
- En segundo lugar, la valoración económica existente a nivel de
recursos concretos, ecosistemas, proyectos de inversión y empresas
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
530
privadas, también es insuficiente y, en la mayoría de los casos,
inadecuada para abordar los problemas ambientales y de
sostenibilidad. El coste económic o del deterioro ambiental o de
recursos, en términos de producci ón, salud o bienestar perdido, es
vagamente comprendido y, much o menos cuantificado, lo que
impide un análisis y un control adecuados de la contaminación y el
deterioro ambiental. En la mayoría de los casos de conflictos en el
uso de recursos, tanto a nivel nacional como mundial, no se
dispone de la información pertinente, en relación con el mérito
económico de cada caso, para ayudar a comprender y resolver esos
conflictos. Poco se sabe, por otro lado, del coste ambiental total,
que comporta la producción de la mayoría de los bienes
comercializados en las mercados internacionales, lo que
imposibilita un examen de fondo en negociaciones y foros
internacionales.
- En tercer lugar, la estructura institucional existente y
tradicionalmente utilizada en la gestión del desarrollo, impide la
integración adecuada de los aspectos socioeconómicos y
ambientales en la contabilidad ec onómica y en la planificación e
instrumentación del desarrollo. Los ministerios de economía y de
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
531
medioambiente suelen estar desvinculados, por lo que la
formulación de la política, la legi slación, los intrumentos de gestión
ambiental y la posición nacional en foros internacionales, ha
contado con muy escasa partic ipación de los gestores del
desarrollo. La gestión económica in terna se realiza, por otra parte,
prestando poca antención a las inqu ietudes ambientales o al aporte
sustancial que un uso racional del capital natural podría hacer al
progreso económico, la calidad de vida y la recaudación fiscal.
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
532
BIBLIOGRAFÍA CAPITULO VIII
Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente
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Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en
Andalucía
542
Asimismo, en la provincia de Córdoba, Villaviciosa de Córdoba,
Villaharta, Pozoblanco y Obejo, se registran contaminantes en
concentraciones peligrosas para la salud, de modo especial en partículas de
suspensión.
Respecto a las restante provincias andaluzas, Almería, Granada, Jaén y
Málaga, los niveles de contaminantes son reducidos, considerando no son
causa de impactos negativos para la salud.
Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en
Andalucía
543
IX.2.- LA POLÍTICA AMBIENTAL
A pesar de que ya se han empezado a producir intentos de
introducción de mecanismos e instrument os económicos para el control de la
degradación ambiental, y que son defendidos por un nutrido grupo de
economistas ambientales, la política europea, española y andaluza, se han
apoyado básicamente en los controles directos de las actividades con
impacto ambiental, por medio de una legislación cada vez más abundante y
restrictiva.
La Junta de Andalucía, dadas sus competencias legislativas en este
ámbito ha elaborado una normat iva ambiental complementaria, que
correspondía inicialmente a la Agen cia de Medio Ambiente, de nuestra
Comunidad y posteriormente a la Cons ejería de Medio Ambiente, una vez
creada. Esta normativa se concreta en los siguientes instrumentos:
- Planes Correctores de Vertidos Industriales y de Emisiones
Atmosféricas (sin carácter legislativo), de obligado
cumplimiento.
Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en
Andalucía
544
- Ley 7/94, de 18 de mayo, de Protección Ambiental, y sus
reglamentos:
- De Evaluación de Impacto Ambiental, Informe Ambiental,
Calificación Ambiental, la Calidad de l Aire, Residuos, Calidad de las
Aguas Litorales.
- Ley 2/89, de Julio, por la que se aprueba el Inventario de
Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen
medidas adicionales de protección.
- Planes de Ordenación de los Recursos Naturales.
- Planes Rectores de Uso y Gestión.
- Planes de Desarrollo Integral.
Programas de Fomento.
La Red Nacional de Vigilancia y Prevención de la contaminación
Atmosférica (R.N.V.P.C.A.), localizadas en Andalucía, se administran por
estaciones de medida periódica, situadas en Huelva, Sevilla y Cádiz, si bien
no todas están en servicio. Fundamenta lmente se ocupan de las inmisiones
de SO 2 , óxidos de nitrógeno, partículas en suspención y CO.
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Andalucía
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Por otra parte, en Huelva, Granad a y Sevilla, existen cabinas de
medida de contaminantes, que depend en de la Agencia de Medio Ambiente
de la Junta de Andalucía.
También hay redes privadas, en Cá diz, Córdoba y Almería, propiedad
de diversas industrias.
IX.2.1.- Los Planes correctores
El desarrollo industrial andaluz ac tual, proviene fundamentalmente la
política de fomento de Polos de Desarrollo impulsada en los años cincuenta.
Ésta se concretó en la instalació n de un gran número de polígonos
industriales, y uno de estos es el Polo Industrial de Huelva.
En una época en la que primaban las consideraciones socioeconómicas
por encima de las ambientales, no se plantea en los Polos de Desarrollo e
Industriales la adopción de mecanismos de control o medidas correctoras de
contaminación o deterioro del medioambie nte, y se convierte el entorno de
estas concentraciones industriales en zonas altamente contaminadas, a lo que
se suma en el caso de Huelva, el aporte de efluentes con contaminación
Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en
Andalucía
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histórica, como el río Tinto y el Odiel en el tramo final de la ría que éstos
forman.
Aunque antes de la creación de la Agencia de Medio Ambiente de
Andalucía, la Dirección General de Me dio Ambiente del Ministerio de Obras
Públicas 2 llevaba a cabo tareas de control e investigación de los principales
focos de generación de contaminación, es a partir de aquella creación cuando
se plantea como objetivo prioritario la corrección del deterioro ambiental
provocado por los polos industriales, y minimización futura de las emisiones
y vertidos.
Para lograr este objetivo, fue preciso conocer la situación de cada empresa y
de sus procesos industriales, a fin de rediseñ arlos, para reciclar vertidos, mejorarlos,
mediante la adopción de nuevas tecnologías más limpias y minimizar la
contaminación mediante la adopción de medidas correctoras ( Alaminos, 1994).
2 En 1988, cinco años después de la creación de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta
de Andalucía, concluye la redacción del Pl an Director de Optimización de Redes de
Vigilancia de la Contaminación Atmosférica, cu yo objetivo era cubrir las obligaciones, que
en materia de política ambiental asumía la DGMA del MOPU dentro del marco de
actuaciones para el control de la contaminació n atmosférica en todo el territorio nacional,
con el fin de responder a las exigencias de una adecuada protección del medio ambiente
atmosférico, así como a las dem andas de inform ación en relación con la calidad del aire de
la entonces CEE y de otros organismos y conv enios internacionales, para el periodo 89/93.
Las inversiones estimadas fueron de 5.293 millone s de pesetas, de las que se destinaron 443
millones a nuestra comunidad. Véase Medio Ambi ente en España 1988. Monografías de la
Dirección General de Medio Ambiente. pág. 78 y ss.
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Todo ello culminó en la elaboración de los Planes Correctores de Vertidos y
de Emisiones, que se elaboraron en co laboración con las empresas, como un
compendio de medidas correctoras para adaptar los procesos industriales a
la legislación ambiental vigente.
Las características principales de los planes correctores son las
siguientes:
* Mejorar la coordinación entre las distintas administraciones con
competencias en medioambiente Junta de Andalucía; Dirección
General de Medio Ambiente del Mo pu entonces, posteriormente
Secretaría de Estado de Medio Amb iente, y Ministerio de Medio
Ambiente, en la actualidad; así como las corporaciones locales.
* En connivencia con las em presas, se aplica el principio de quien
contamina paga, se cargan los costes de la reconversión industrial
sobre las mismas, además de crear la Comisión de Evaluación, para
determinar la efectividad de los pr oyectos presentados. No obstante,
para que esta reconversión se haga de la forma menos traumática
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posible para las empresas, se arbitraro n líneas de crédito blando que
facilitaran el proceso.
* Los planes se conciben flexibles y abiertos, lo que hace posible
incorporar en todo momento, los elementos necesarios para dar
respuesta a las exigencias de una le gislación más estricta, por nuevas
posibilidades tecnológicas de control y análisis o por otros motivos.
* El compromiso de la Administración se centra en la ejecución de las
medidas correctoras de ámbito común, y en el establecimiento de una
red de vigilancia ambiental que aseg ure el buen funcionamiento de las
medidas correctoras.
En la primera fase de ejecución, lo s planes prevén la evaluación del
estado medioambiental en que se enco ntraban los polos industriales y las
principales causas del deterioro, y se realizan para este fin las siguientes
actuaciones:
- Análisis de la calidad de las aguas y estudio de posibles
perturbaciones inducidas por los vertidos.
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- Caracterización y cuantificación de los vertidos y emisiones de
cada empresa.
- Presentación de proyectos de corrección por parte de las
empresas, ante la Comisión de Evaluación, y adopción del
calendario de medidas a tomar, t ras el preceptivo Dictamen
favorable a los proyectos presentados.
En una segunda fase, comienzan a ej ecutarse los planes, mediante la
puesta en práctica de las medidas de corrección establecidas para cada
empresa, así como las correspondiente s a las Administraciones implicadas.
En esta fase, los planes se estructuran en dos bloques: las medidas internas, a
adoptar por las propias empresas en la reconversión de sus procesos
industriales, y las medidas externas, a ejecutar por la Administración.
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IX.3.- EL CASO DE HUELVA
La situación ambiental de la ciudad de Huelva, era consecuencia de
una total ausencia de medidas de depuración de aguas residuales,
importantes emisiones gaseosas a la atmósfera, una grave contaminación de
las aguas y sedimentos de la ría por metales pesados, y una intensa
degradación de suelos de marisma como consecuencia de los vertidos de
residuos industriales,, primordialmente, y, en menor medida, los urbanos.
Se creó la Mesa para la Descontaminación , que buscaba, un consenso
social, como órgano de participación en la que intervienen distintos
estamentos y entidades, tales como la Asociación de Industrias Químicas
Básicas del Polo, Centrales Sindicales , Asociaciones, grupos ecologistas,
grupos políticos con representación parlamentario, y los Organismos
responsables de las distintas Admi nistraciones implicadas. Entre las
actividades discutidas con más énfasis, en el seno de esta Mesa, destacan el
estudio realizado sobre la posible re ubicación del Polo Industrial y la
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polémica que surgió a raíz de la constr ucción de un vertedero de residuos
industriales en la localidad de Gibraleón 3 .
IX.3.1.- El Plan corrector de vertidos industriales a la ría de Huelva
Comienza su andadura en 1986, y es la primera iniciativa pública que se
plantea en Andalucía como actuación gl obal para eliminar completamente la
contaminación industrial de una zona co ncreta y, a su vez, restaurar el medio
degradado (Junta Andalucía, 1989) . Se plantearon para la ejecución del plan,
medidas internas y externas.
Entre las medidas adoptadas por las empresas, han primado las
relativas a recirculación de efluentes en circuitos cerrados, y las de
segregación de las aguas de refrigeración, de las de proceso.
En su conjunto, estas medidas, su ponen el mayor montante económico
del Plan, con una inversión global de más de 7.300 millones de pesetas, lo
que puede dar idea de las dificultades que han tenido que superar las
empresas para invertir tan elevada suma en procesos no productivos, así
3 Situación que ha vuelto a repetirse reciente mente con la inauguración del vertedero de
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habían detectado los siguientes episodios contaminantes:
- 44 situaciones de Atmósfera no admisible .
- 11 emergencias de 1 er grado.
- 1 emergencia de 2º grado.
- 3 emergencias totales, que incluso di eron origen a la evacuación de
una barriada, en una ocasión.
La intervención realizada mediante el Plan de Acciones Urgentes, en
el Polígono Industrial Punta del Sebo, aprobado por Decreto 1281/1979, de
10 de Mayo, vino a mejorar la situación, y en años posteriores, los episodios
contaminantes disminuyeron de forma sensible. No obstante, la calidad
ambiental en Huelva, distaba mucho de ser la óptima.
El Real Decreto 1613/1985, por el que se aprueba el Reglamenteo de
ejecución de la Ley 38/1972, de Prot ección del Ambiente Atmosférico,
establece dos niveles de contaminantes, en cuanto a inmisiones: el valor
límite, que no debe ser sobrepasado; y el valor guía, que marca el criterio
deseable de calidad atmosférica. La su peración del valor límite es lo que
puede dar lugar a la declaración de situaciones de emergencia.
Los estándares de calidad de anhídr ido sulfuroso, están íntimamente
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relacionados con la concentración de p artículas en suspensión, dado que los
efectos nocivos de este gas se acentú an considerablemente cuando existen
partículas en la atmósfera, por fenó menos de adsorción. Por ello. la
normativa estatal y comunitaria determina dos valores límites, antes de la ley
7/1994 de Protección Ambiental de Anda lucía, y el Reglamento de Calidad
del Aire, para este contaminante, en virt ud de la concentración de partículas
existentes, y establece la siguiente correlación, para las medias diarias:
VALOR LÍMITE PARA SO 2
80 μ g/m 3 , si part ículas > 150 μ g/m 3
120 μ g/m 3 , si partículas ≥ 150 μ g/m 3
Sin embargo, en lo relativo a los valores guía , las concentraciones
establecidas como estándares de calidad, son independientes de la
concentración de partículas; varían éstas tan sólo en lo relativo al período de
tiempo que se considere. Es decir, si consideramos un período anual, la
Unión Europea recomienda como valor óptimo, no sobrepasar una
concentración de 40 a 60 μ g/m 3 , sobre las medias diarias; mientras que si
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consideramos un periodo de un día, es te valor guía se situa entre 100 y 150
μ g/m 3 .
En los años 1993 y 1994, no se sobr epasa el valor guía, valor que
establece la Comisión Europea como estandar de calidad, en lo referente al
anhídrido sulfuroso, SO 2 , y tan sólo en una ocasión, se supera este valor, en
el caso de los óxidos de nitrógeno, NO x , pero sin llegar a acercarse al valor
límite (Junta Andalucía, 1996). Esto es así, incluso teniendo en cuenta que la
legislación actual se ha hecho más rest rictiva y hoy se consideran estándares
de calidad del aire más exigentes que en épocas anteriores.
El principal contaminante que afecta a la ciudad de Huelva, es el
anhídrido sulfuroso, SO 2 , seguido por las partículas y por los óxidos de
nitrógeno, NO x , en este orden, y su proceden cia es fundamentalmente de los
Polígonos Industriales de la Punta del Sebo y Nuevo Puerto.
En el Polígono Tartessos, las prin cipales sustancias emitidas son los
TRS, mercaptanos, sulfhídrico y otro s compuestos causantes del mal olor,
partículas, y SO 2, y, aunque las emisiones de éste último sean
cualitativamente más nocivas que las de TRS, éstas últimas inciden más
significativamente sobre la calidad del aire debido al olor que desprenden.
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Andalucía
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Para solucionar esta situación molesta de los TRS, aunque no peligrosa, la
Empresa Nacional de Celulosa, se comp rometió a solucionar el problema con
una inversión de 1.000 millones de pesetas.
En lo relativo a otros contaminante s , c o m o e l m o n ó x i d o d e c a r b o n o ,
CO, y los hidrocarburos, tampoco se han sobrepasado los valores límites
establecidos por la normativa europea, si bien no existen en estos casos, los
valores estandar de calidad dados por el valor guía.
Una vez que el Plan Corrector de Emisiones a la Atmósfera se ha
implantado, la mejora en la calidad de l aire en Huelva es evidente, como
demuestran los citados datos, y se ha reducido el problema a una magnitud
comparable a la de cualquier otra ciud ad de Andalucía, con mejora, incluso,
en algunos casos, como Sevilla, Málaga o Granada.
Esta importante reducción de la contaminación atmosférica, es la
consecuencia esperada de dos factores: la implantación del Plan Corrector de
Emisiones, que ha supuesto hasta el momento una inversión de unos 4.500
millones de pesetas; y el cambio en las principales empresas de los polos
industriales, de combustibles de or igen fósil por gas natural, que han
supuesto una reducción considerable de las emisiones a la atmósfera.
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Asímismo, esta reducción será aún má s importante cuando la empresa
Riotinto Minera, S.A. en aplicació n del Plan Corrector, finalice la
reconversión que lleva a cabo en la plan ta de producción de ácido sulfúrico,
de un proceso de simple absorción a do ble absorción, que es el causante del
mayor porcentaje de emisión de anhídrido sulfuroso del Polo.
Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en
Andalucía
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IX.4.-EVIDENCIA EMPÍRICA DE LA RELACIÓN ENTRE LA
CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA Y LA SALUD. EL PROYECTO
APHEA.
En la actualidad, parece probada la relación existente entre un
empeoramiento de la calidad del aire y la salud, y están en marcha diversos
proyectos internacionales con criterio s de análisis estandarizados, para el
estudio de diferentes aspectos de la relación entre la contaminación
atmosférica y la salud. (BALLESTER DIEZ, 1999, 109).
En Estados Unidos, el Instituto para lo s Efectos de la Salud, institución
no lucrativa patrocinada por la Envi ronmental Protection Agency (EPA),
tiene como objetivo estudiar los efecto s sobre la salud de los contaminantes
atmosféricos emitidos por los vehícu los a motor y otras fuentes. (DOCKERY
et al, 1993, 1753).
En Europa, el proyecto APHEA, Short term effects of air pollution on
health, a European approach , es uno de los más ambiciosos de cuantos se están
realizando. Este estudio multicéntric o contó en su primera fase, con la
participación de quince ciudades europe as, entre las que se incluía Barcelona,
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pertenecientes a diez países diferent es, con una población de estudio de
aproximadamente veinticinco millones de habitantes. (DATSOUYANNI et al,
1996, 12). En una segunda fase del proyec to, que incluye a treinta y cuatro
ciudades, además de Barcelona particip an investigadores de Madrid, Bilbao
y Valencia (APHEA 2, 1997).
En el ámbito español, el proyecto EMECAM, Estudio Multicéntrico
Español sobre la relación entre la Cont aminación Atmosférica y la Mortalidad, se
enmarca dentro del contexto de los estu dios multicéntricos citados. En dicho
proyecto se incluyen catorce ciudades españolas, Barcelona, Gran Bilbao,
Cartagena, Castellón, Gijón, Huelv a, Madrid, Pamplona, Sevilla, Oviedo,
Valencia, Vigo, Vitoria y Zaragoza, que representan diferentes situaciones
sociodemográficas, climáticas y ambienta les, y suman un total de cerca de
nueve millones de habitantes.
En otro estudio multicéntrico europe o, Pollution Effects of Asthmatic
Children in Europe, ( PEACE), se estudian los efectos agudos de la
contaminación atmosférica causada por partículas, SO 2 y NO 2, en la salud
respiratoria, de dos mil diez niños repart idos en veintiocho paneles, de otras
tantas localidades europeas. Los obje tivos de dicho estudio son, obtener
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datos comparables en las concentracione s de partículas, durante el periodo
invernal, en varias localidades urbana s y no urbanas de Europa, valorar la
relación entre las fluctuaciones a corto plazo en la contaminación atmosférica
y las fluctuaciones a corto plazo en los indicadores de salud respiratoria, de
los niños con sintomatología respiratoria crónica, evaluar si las características
médicas de los niños están relacionadas con las diferencias en la respuesta a
la contaminación atmosférica y, por últi mo, evaluar si la composición de las
partículas se relaciona con la respuesta a la contaminación atmosférica.
Los efectos relacionados con la exposición a la contaminación
atmosférica son diversos. Los más estudiados son los que se producen a corto
plazo, en el periodo de unos pocos dí as, generalmente menos de una semana,
después de la exposición. Entre éstos efectos, podemos resaltar: aumento de
la mortalidad total y por causas especí ficas, incremento de la utilización de
los servicios sanitarios, ingresos hospitalarios, visitas a urgencias, visitas a
consultas médicas, alteraciones de diferentes índices funcionales
pulmonares, e incrementos de los sínt omas de enfermedad y del uso de
fármacos.
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Por otro lado, es conveniente difere nciar entre la contaminación típica
del invierno y la que es más caracte rística del verano. En invierno, los
episodios de contaminación pueden ocurrir debido a condiciones de
estancamiento del aire, cuando los contaminantes procedentes de la
combustión se acumulan en la atmósf era. Los contaminantes principales son
el SO 2 y las partículas en suspensión.
En verano los episodios de contamin ación pueden ocurrir en los días
calurosos y soleados, en los que las rea cciones fotoquímicas de los óxidos de
nitrógeno y los hidrocarburos, llevan a la formación de ozono y otras
substancias con capacidad tóxica.
En la contaminación tipo invier no, hay que considerar que el SO 2 es
un gas irritante, que a altas concent raciones para individuos normales, y más
bajas en individuos asmáticos, puede pr oducir constricción de los bronquios.
Los efectos agudos del SO 2 y las partículas en suspensión, se han examinado
en relación con los cambios diarios en mortalidad, respecto a con ingresos y
urgencias hospitalarias, con exacerbaci ones de enfermedades en grupos
sensibles de individuos, o con camb ios temporales del funcionamiento
pulmonar, entre niños o adultos. En relaci ón a la mortalidad, el resultado del
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Proyecto APHEA, para doce ciudades arroja un incremento del cuatro por
ciento en la mortalidad, por el incremento de 100 mg/m 3 en los niveles
diarios del SO 2 . (Katsouyani et al, 1997, 1658).
En cuanto a las partículas en susp ensión, el cuadro de la página
siguiente sirve como resúmen de los posibles efectos agudos de las
partículas, más frecuentemente puestos en evidencia.
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Andalucía
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IX.4.2.- El Estudio EMECAM para la ciudad de Huelva
El objetivo concreto de este estudi o fue, estimar la asociación entre los
niveles de contaminación atmosférica y la mortalidad diaria, en la ciudad de
Huelva, para el período 1993-1996 con utilización de la metodología
EMECAM. ( DAPONTE et al, 1999, 233).
Para ello, se utilizaron como indicado res de mortalidad, el número de
muertos diarios, por las cuatro causas expuestas en el estudio general. Se
analizaron cuatro contaminantes, SO 2 , PM 10 , NO 2 , y CO, cuyos datos se
obtuvieron de la red de vigilancia de la contaminación atmosférica en
Huelva, de las estaciones seleccionad as: Estadio, Rosales, Marismas del
Titán, y Pozo Dulce. La temperatura media diaria y la humedad relativa, se
estimaron a partir de los datos del In stituto Nacional de Meteorología. El
número de casos semanales de gripe, se obtuvo del sistema de Enfermedades
de Declaración Obligatoria de Anda lucía, y fueron facilitados por las
Delegaciones Provinciales de Salud, con realización posterior de una
estimación de casos diarios.
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Se evaluó el efecto de cada contam inante para todo el periodo; en el
periodo frío, desde noviembre hasta abril, y en el período cálido, desde mayo
hasta octubre, para cada indicador de mortalidad, mediante modelos de
regresión autorregresiva de Poisson, controlando por tendencia,
estacionalidad, temperatura, humedad, gripe, y eventos inusuales.
Posteriormente, se estimó el Ries go Relativo (RR) y su intervalo de
confianza, al noventa y cinco por cien to, para la mortalidad por todas las
causas menos las externas, mortalid ad por todas las causas menos las
externas en mayores de 69 años, mortalidad por enfermedades respiratorias,
y mortalidad por enfermedades del ap arato circulatorio, correspondientes a
un incremento de diez unidades en el contaminante.
Las conclusiones del estudio son las siguientes (DAPONTE, 1999, 239):
- El SO 2 está asociado de forma positiva y significativamente, con la
mortalidad en mayores de 69 años, y cercano a la significación, con
todas las causas, menos las externas. El retardo del mismo día fue
el de mejor ajuste, en ambos casos.
- Las partículas están asociadas positivamente, con todos los
indicadores de mortalidad en todo el periodo, pero no de forma
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