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Análisis de la metodología de la valoración económica del impacto ambiental una aplicación a la reducción de la contaminación en Andalucía por el método de los costes evitados

González Limón, José Manuel

Abstract

El objetivo del trabajo se centra, en primer lugar, en efectuar un estudio de la importancia de la valoración económica del medioambiente, tanto desde el punto de vista teórico como práctico. Para ello, realizamos a lo largo del trabajo una revisión analítica de los puntos fundamentales del esquema teórico relativo a la valoración ambiental, generalmente situado en la economía y el medioambiente. Por ello, procederemos, a hacer un análisis de los principios que relacionan ambas materias. En segundo lugar desarrollaremos una aplicación práctica de tal valoración teórica, referida en nuestro caso a la contaminación de Andalucía y sus implicaciones en la salud humana, y cómo las variaciones de aquélla pueden representar costes o beneficios en función de la disminución o aumento de ésta, respectivamente. Para ello utilizaremos los datos resultantes de diferentes estudios empíricos realizados al respecto, oportunamente transformados al objeto de estudio. La metodología general seguida en este trabajo, es la correspondiente al esquema de búsqueda, recapitulación de datos, ordenación y análisis, en cuanto se refiere a los aspectos teóricos del mismo. Respecto a la aplicación práctica, para la evaluación económica de la reducción de la contaminación en Andalucía, se ha elegido el método de los costes evitados, como el más acorde con los fines perseguidos. Pero para la aplicación efectiva del mismo, se utilizan las funciones denominadas de dosis-respuesta, que ponen en relación las tasas de variación de la mortalidad o morbilidad, con las tasas de variación de las concentraciones de contaminantes, a través de los valores empíricos obtenidos de las elasticidades correspondientes. La expresión analítica de dicha relación es de la forma: Variación de la mortalidad, igual al producto de la elasticidad multiplicada por la variación del nivel de contaminación. Así se obtendrá, para cada variación del nivel de polución, la variación de mortalidad o morbilidad pertinente. El primer capítulo de este estudio, según hemos indicado, tiene carácter introductorio, en el que exponemos su justificación, así como el objeto de análisis y la metodología seguida, para alcanzarlo. El segundo capítulo del trabajo de investigación, lo dedicamos a la economía y su relación con la ecología. Partimos de la obra de Georgescu-Roegen, donde, de una forma crítica, se analiza la visión clasicista de la relación entre el sistema económico y su entorno. En tal sentido, la mejora del conocimiento de esta relación se fundamenta en la introducción de las leyes de la termodinámica en todo el proceso económico y, particularmente en la consideración nueva de que, en casi todas las fases de dicho proceso se producen flujos hacia fuera del sistema que, hasta ahora, no habían sido detectados. De este modo, la economía se contempla, no como un sistema cerrado, sino abierto, con flujos no sólo de bienes y dinero, sino también de materiales y de energía, y que no pueden dejarse fuera de atención especial. Desde este punto de vista, la contaminación es un hecho intrínseco al funcionamiento del sistema económico, presente en todo momento. Se estudia, después, la economía y el medioambiente, se revisa la evolución de esta novedosa concepción del análisis económico, y se repasan, de forma crítica, las aportaciones tanto de los autores de la economía ecológica como de la economía ambiental. Así nos ponemos en contacto con las distintas apreciaciones sobre los diferentes aspectos del medioambiente y, en particular, sobre la valoración medioambiental. A continuación, se analiza con detalle la aplicabilidad de dicha nueva concepción económica a la solución de problemas concretos, los límites al crecimiento, el uso de recursos, la degradación ambiental. Analizamos posteriormente el concepto de desarrollo sostenible, se toma como punto de partida el concepto de ecodesarrollo y posteriormente el contenido del informe Brundtland, base de los criterios operativos de dicho concepto establecidos por Riechman. Seguimos a continuación el enlace del concepto de desarrollo sostenible con la valoración ambiental, que aparece en la controversia de la sustituibilidad del capital natural, por el capital hecho por el hombre. En este sentido, se plantean los diversos criterios destacados por los autores de la economía ecológica y de la economía ambiental, y su integración en estos aspectos, por la vía de la valoración económica. Consideramos después, la relación entre sostenibilidad local y global, que enlazan estos conceptos con los de sostenibilidad fuerte y débil. Profundizamos luego en la idea de los fallos del mercado respecto al medioambiente, en particular de las externalidades, sus causas y características; para seguidamente analizar los diferentes modelos que tratan de relacionar la política ambiental y el mercado. Para finalizar el capítulo, indagamos sobre los diversos elementos de la valoración ambiental; desde quien asigna los valores, hasta las diversas partes incluidas en la misma, su significado, y la ética de la valoración. Con posterioridad, se analizan los diferentes conceptos que componen el valor económico total: valores de uso y no de uso, valor de opción, cuasiopción y valor de existencia; para, por último, considerar dicho valor económico total y su trascendencia en la toma de decisiones. La relevancia de la valoración económica en la Política ambiental, se estudia en el capítulo tercero. Empezamos dicho capítulo con un análisis del funcionamiento del mercado desde un punto de vista microeconómico, pero en consideración a los efectos que las actividades empresariales tienen sobre el entorno, en términos de contaminación y degradación ambiental, externalidades, y como éstas no se incorporan a los costes de la empresa, a pesar de que afectan a otros agentes económicos externos al negocio de dicho mercado. Una vez planteado el modelo de externalidad óptima, se analizan las diversas alternativas de política a seguir, para de alguna forma introducir, interiorizar, dichos costes externos en las curvas de costes de las empresas. Así se estudian los impuestos ambientales, los estándares de obligado cumplimiento, los permisos de contaminación negociables y los acuerdos económicos, basados en el teorema de Coase. La implicación de la valoración económica en este modelo, se basa en la cuantificación de las medidas de política, ya que su conocimiento permitiría la correcta interiorización de los costes externos. Se analizan, asimismo, en este capítulo, conceptos importantes que condicionan los instrumentos de protección del medioambiente de la política ambiental, tales como, el principio de precaución y la carga crítica, además del principio de que “el que contamina paga”, y otros, también de interés para nuestro estudio. El capítulo siguiente está destinado a realizar una revisión de las metodologías más importantes de valoración económica del medioambiente. Se estudian en primer lugar los diferentes modelos de estimación de beneficios, se da comienzo por las distintas clasificaciones de los tipos más relevantes. En este capítulo se analizan también los métodos del coste de viaje o de desplazamiento, el de valoración contingente y los métodos hedónicos. Además, se estudia el comportamiento defensivo o complementariedad débil. Posteriormente, se recoge de forma especial y separada, debido a que será la base de la aplicación práctica, el método de los costes evitados o beneficios inducidos. Se inicia con el análisis de las llamadas funciones dosis respuesta, que dependen del tema o aspecto a valorar, y se encuentran en otras ciencias: como la médica, agrícola, forestal, ganadera, etc., y que representan las variaciones que se pueden producir en determinadas variables de estas ciencias, ante modificaciones del deterioro ambiental, al tomar como base la contaminación atmosférica, hídrica, de suelos, o de cualquier otro elemento a considerar. Se continua con el análisis de diversas versiones de esta metodología que, responden a la necesidad de diferenciación de la evaluación o valoración económica en los diferentes casos y variables, como es el caso de los costes de reemplazamiento y relocalización. Se trata de profundizar después, en el análisis de los efectos de la contaminación, mediante modelos de dispersión u otros, y nos centramos más en la contaminación atmosférica, por las razones que planteamos en el párrafo anterior, al considerar esta metodología en capítulo separado. A continuación, relacionamos la contaminación y sus posibles efectos, para adentrarnos en la determinación de las variaciones que económicamente puedan aparecer como consecuencia de los cambios en los efectos de la contaminación. Hacemos énfasis, en particular, sobre la salud humana, en cuanto se refiere a la morbilidad y mortalidad causada por tales variaciones contaminantes. Por último, se analizan los diferentes estudios empíricos sobre contaminación atmosférica y su relación con la salud, como puntos previos a la valoración económica del impacto, a través de sus efectos. El siguiente capítulo incorpora las diferentes críticas que la literatura ha acumulado sobre la valoración económica del medioambiente, desde los principales autores de la economía ecológica, donde planteamos la limitación de la aplicación del análisis coste-beneficio a la evaluación de la degradación medioambiental. Después seguimos con las críticas en especial a los principales métodos de valoración: el coste de viaje y la valoración contingente, y ello desde varios planteamientos. Por otra parte también se analiza la problemática referente a la contabilización del PNB y aparte del crecimiento. Al final de este capítulo también consideramos los problemas de la valoración económica en relación con los derechos de propiedad y con la incertidumbre del traspaso generacional. Para finalizar, y, una vez descrito y estudiado el método de los costes evitados, planteamos la aplicación del mismo a los beneficios inducidos por la reducción de la contaminación en Andalucía, para lo que nos centramos en variables relacionadas con la salud humana, y su traducción en valores económicos, que de alguna forma podrían ayudar a la toma de decisiones por parte de las autoridades. Este trabajo de investigación finaliza con un apartado dedicado a Conclusiones, donde el autor plantea diversas propuestas o alternativas sobre los diferentes aspectos analizados a lo largo del trabajo y que se deducen del mismo.

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ANALISIS DE LA METODO LOGÍA DE LA VALORACIÓ N ECONÓMICA DEL IMPACTO AMBIENTAL. UNA APLICACIÓ N A LA REDUCCIÓN DE LA CONTAMI NAC IÓN EN ANDALUC ÍA POR EL MÉTODO DE LOS C OSTES EVITADOS TESIS DOCTORAL 2010 Autor: José Manuel G onzález Limón Director: Prof. Dr. D. Camilo Lebón Fernandez “Es mejor co jear por el camino que av anzar a grandes paso s fuera de él. Pues quien cojea en e l camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja”. San Agustín Dedicatoria: Dedico especialmente es ta Tesis Doctoral a mi familia, especialmente a mi mujer, a mis hijos y a mis padres, sin ellos difícilm ente hubiera concluido este trabajo Agradecimientos: Agradezco el i mpulso, el aliento y la motivaci ón de mi director de tesis, D. Camilo Lebón Fernández, así co mo la a yuda de mis compañeros , y especial mente a Jo se Manuel Can sino Muñoz-Repiso y Manuel Pazos Casado INDICE Índice CAPITULO I.- INTRODUCCIÓN I.1.- JUSTIFICAC IÓN DEL TRABAJO. 11 I.2.- OBJETIVOS Y METODOLOGÍA. 12 I.3.- CONTENIDO Y E STRUCTURA DEL TRABAJO. 14 CAPITUL O II: ECONOMÍA, E COLOGÍA Y MEDIOAMBIEN TE II.1.- ECONOMÍA Y ENTROPÍA. 21 II.1.1. - La c iencia económic a y el modelo me canic ista. 21 II.1.2.- La e ntropía y su aumento irrevocable . 26 II.2.- L A TERMODINÁMIC A COMO FÍ SICA DEL VALOR ECONÓMICO. 40 II.2.1.- El proceso eco nómico, la acti vida d int enc iona l y el pl acer de vivir . 49 II.3.- SIGNIF ICADO DEL DESARROLL O ECONÓMICO EN TÉRM INOS DE TRANSFORMA CIÓN EN TR ÓPICA . 54 II.4.- NATURALE ZA Y ECONOM ÍA. 70 II.5.- PRODUCCIÓN, RIQUEZA Y PODER. 82 II.6.- LA ECONOMÍA Y LA VALO RACIÓN DEL MEDIO AMBIENTE . 91 II.7.- CONSIDERACIONES SOB RE LA ECONOMÍA AMBIENTAL Y SU APLI CACIÓN . 107 CAPITUL O III.- DESARROLLO SOST ENIBLE, ANALI SIS ECONÓ MICO Y VALORACIÓN A MBIENTAL III.1.- DES ARROLLO SOSTENIBLE Y VAL ORACIÓN DEL MED IOAMBIENT E. 131 III.1.1 .- El concept o de Desa rrollo s ostenible . Sosteni bilida d Globa l y Loca l. 131 III.1.2.- D esarro llo, capital na tural y progreso técnico. 139 III.1.3.- L a sostenibi lidad local y la sos tenibilidad g lobal. 151 Índice III.2.- E L MERCADO ANÁLIS IS ECONÓM ICO Y MED IO AMBIENT E . 156 III.3.- L A VALORACIÓN E CONÓMICA Y EL M EDIO AMB IENTE. 161 III.4.- ETIC A Y SIGNIFICADO DE LA VAL ORACIÓ N AMBIENTAL. 168 II.5.- VALOR ECONOMICO TOTAL. 173 III.6.- VAL ORES DE OPCIÓN Y CUASI-OP CIÓN. 179 III.7.- VALOR DE E XISTENCIA, VAL OR ECONO MICO TOTAL Y TOMA DE DECISION ES. 183 III.8.- E STIMACION DE LO S BENEFIC IOS DE LA ME JORA AM BIENTAL. ESTRUCTURA DE L OS MODELOS. 187 CAPITUL O IV.- RE LEVANCIA DE LA VALORACIÓ N ECONÓMIC A Y LOS MECANISMOS DE PROTECCIÓN DEL MEDIOAMBIENTE (1) IV.1 .- INTRODUCCI ÓN. 197 IV.2.- EL MERCA DO Y SU FUNCIONA MIENTO. LA CONTA MINACIÓN COMO FALLO DE L MERC ADO. 200 IV.2.1. - Utilizac ión por el mercado de los rec ursos con precio y sin él. 205 IV.2 .2.- El nivel ópti mo de cont aminaci ón. 209 IV.3.- LA PROTECCI ÓN DEL MEDIO AMB IENTE POR LA VÍA DEL MERCADO. LOS DERECHOS DE PROPIEDAD, E L TEOREMA DE COASE Y LA NEGOCIACIÓN. 215 IV.3 .1.- Incent ivos versus regula ción. 215 IV .3 .2 .- La int er ve nc ión di re ct a. El mandato y control. 217 IV.3 .3.- El que conta mina paga . Concept o e interpre tación. 22 0 IV.3 .4.- El probl ema de la incerti d umbre y el ri esgo. El principio de precaución. 225 IV.3.5.- Los enfoques de los derechos de propiedad. El Teorema de Coase. 227 IV.3 .6.- Crítica s al Teore ma de Coase . 232 Índice CAPITULO V.- RELEVAN CIA DE LA VALORACIÓN ECO NÓMICA Y LOS MECANISMOS DE PROTECCIÓN DEL MEDIOAMBIENTE (2) V.I.- INCENTIVOS ECONOMICOS: IMPUES TOS y SUBSIDIO S. EL IMPUESTO ÓPTIMO SOBRE LA CONTAMINACIÓ N. OTROS GRAVÁMENES AMBI ENTA LES. 2 49 V.1.1.- Incentivos económicos. 249 V.I. 2.- Impues tos ópti mos a la contaminac ión. 253 V. 1. 3. - Lo s p ro ble ma s d e l a fi ja ció n de u n im pu esto . 25 7 V. 1. 4. - Co n tro ve rs i a so br e q ui én pa g a los impuestos y quién debería hacer lo. 261 V.1.5 .- La efect ivi dad de un im puesto sobre la contami naci ón. 272 V.1.6.- Problem as internacionales en la imp lantación de impuestos a la contaminación. 2 73 V.1. 7.- Otros gravámen es a la con tamin ación . 276 V.1.8.- Los subsid ios o subvenc iones a la reducción de la contaminación. 279 V.2.- LA REGULACIÓN DIRECTA Y EL CONTROL. ESTABLECIMIENTO DE ESTÁNDARES AMBIENTALES. 284 V2.1.- Eficie ncia y busc adores de re nta. Principio de precaución y c arga crítica. 284 V.2.2.- La política ambiental. E ficiencia de los estándare s medioambient ales. 295 V.3. - IMPUESTOS FR ENTE A ESTÁN DARES AMBI ENTALES. 303 V.4.- LOS PERMISOS DE CONTAMINACIÓN NEGOCIABLES. 307 V.4. 1. - E l f un cio nam ie nto d e los pe rmis os de con ta min ació n . Neg oc iac ión práctica. 307 V.4.2.- Objeciones a los pe rmisos negociables. Regulación del uso de l os recursos naturales. 322 Índice CAPITULO VI.- METODOLOGÍAS DE LA VALORACIÓ N ECONÓMICA DEL MEDI OAM BIEN TE VI.1 .- INTRODUCCI ÓN. 337 VI.2.- METODOS DE ESTIMACI ÓN DE LOS BENEFICIOS. 339 VI.3.- MÉTOD OS IN DIRECTOS DE VALORA CIÓN. 355 VI .3 .1 .- El com po rta m ien to de fe ns ivo y complementariedad débil. 356 VI.3.2.- Métodos i ndirectos de valoración con da tos hipotét icos. 362 VI. 4.- METODO S DIRECTOS, CON OBSERVACION DE MERCADO Y CON DATOS HIPOTÉTICOS. 363 VI.5.- P RINCIPALES METODOS DE V ALORACION DEL MED IO AMBI ENTE. 367 VI.5.1.- Métodos de mercados hedónicos. el mercado de la vivienda y calidad a mbiental . 369 VI .5.2 .- Mét o do de l cos te de viaj e. 3 74 VI.5 .3.- La Valora ción Contin gente. 38 2 CAPIT ULO VI I. EL M ÉTODO DE LOS CO STES EVI TADOS O BENEFI CIOS INDUCIDOS. CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA Y SALUD VII.1.- INTRODUCCIÓN. 397 VII.2.- UNA APROXIMACION EN LA METO DOLOGÍA. 403 VII. 2.1.- F uncio nes d osis- resp uesta. 403 VII.2.2.- Cambios en la producti vidad. 404 VII.2.3.- Costes de enfermedad y de op ortunidad. Análisis coste-eficacia. 407 VII 2.4.- Gastos defensi vos, costes de reposi ci ón y de r eloca liza ción. 410 VII.2.5.- Algunas co nsideraci ones sobre la me todología. 4 11 VII 3.- ANÁL ISIS DE LOS EFECTO S DE LA CONTAMINAC IÓN. 415 VII 3.1.- Introducción. 415 VII.3.2.- La contaminación atmosféric a y la emisión de contaminantes. 416 Índice VII.3. 3.- Re laciones ca usa-efecto en los procesos de contaminación atmosférica. 430 VII.4.- CALIDAD AMBIENTAL Y SUS EFEC TOS SOB RE LA SALUD HUMANA. 435 VII.4.1.- Efectos sobre la salud atr ibuibles a contaminantes atmosféricos. 438 VII.4.1.1.- Evaluación de los riesgos para la salud causados por la expo sici ón a dióxid o d e azufre (SO 2 ), humo y partículas en su spensión. 44 0 VII.4.1.2.- Evaluación de los riesgos para la salud c ausados por la exposición a monóxi do de carbono. 441 VII.4.1.3.- Evaluación de los riesgos para la salud c ausados por la exposición al ozono. 442 VII.4.1.4.- Evaluación de los riesgos para la salud causa do s po r la exposición a compuestos de nitrógeno. 442 VII.4.1.5.- Evaluación de los riesgos para la salud c ausados por la exposición al plomo. 443 VII.4.2.- Exposición hum ana y calidad ambiental . 444 VII.4.2.1.- Análisis de la mor talidad y de la morbilid ad. 448 VII.4. 3.- Func iones de dañ o a la salud. 452 VII.4.3.1.- Medioambiente y epidemi ología. 455 VII.4 .3.- Est udios empíri cos de contamin ación atm osféri ca y salud. 457 CAPIT ULO VIII .- CRITICAS A LA VALOR ACIÓN MONET ARIA D EL MEDIO AMBIEN TE VIII.1. - INTRODUCC IÓN. 486 VIII.2. - EL ANÁLISI S COST E-BENEFICI O Y L ÍMITES DE SU APLICACIÓN A LOS TEMAS REL ACIONADO S CON LA CONTAM INACIÓ N. 493 VIII.3.- PR OBLEMAS DE CÁLC ULO DE L OS BENE FICIOS Y L OS COSTES DEL MEDIO AMBIENTE , EN EL ANÁLIS IS COSTE-BENEFICIO. 498 Índice VIII.4. - LOS MÉTODOS DE VALORACIÓ N CONT INGENTE Y DE L COSTE DEL VIAJE EN LA EVALUACIÓ N MEDIOAMBIENTA L. 505 VI II. 4. 1. - En el co nte xto neoc lás ic o. 50 5 VIII.4. 2.- En la teor ía psicométrica. 508 VIII.4. 3.- En el anális is general d e sistemas. 513 VII.5.- INADECUACIÓN DE LOS CONCEPTOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DE PNB, DESDE LA PERSPECT IVA ECOLÓGICA. 516 VIII.6.- LA ASIGNACIÓN INTERGE NERACIONAL DE RECURSO S, LOS DERECHO S DE PROPIEDAD Y LA INCERT IDUMBRE AMBIENT AL.522 CAPIT ULO IX .- ESTUD IO DE LOS B EN EFICIOS DE LA RE DUCCI ÓN DE LA CONTAMINACÓN EN LA COMUNIDAD AUTÓN OMA DE ANDALUCÍA. IX.1.- IN TRODUCCIÓN. 537 IX.2.- LA POLÍTICA AMBIENTAL. 543 IX.2 .1.- Los Pla nes c orrect ores. 545 IX.3.- EL CASO DE HUELVA. 550 IX.3.1 .- El Pla n corrector de vert idos indust riales a la ría de Hu elva . 551 IX.3.2 .- Plan co rrect or de emisi ones at mosféric as de Huel va. 55 7 IX.4 .-EVI DENCIA EMPÍ RICA D E LA RELACI ÓN EN TRE LA CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA Y LA SALUD. E L PROYECTO APHEA. 563 IX.4 .1.- El estu dio EMEC AM . Contaminació n atmosférica y mor talidad. 5 70 IX.4 .2.- El Estudio EMECA M para la ciudad de Huelva .574 IX.5.- BENEFICIOS ECONÓMICOS DE RIVADOS DE LA REDU CCIÓN DE LA CONTA MINA CIÓN ATMOSFÉR ICA. 579 IX.5.1 .- Mortali dad. 579 Capítulo I: Introducción 15 diferentes aspectos del medioambiente y, en particular, sobre la valoración medioamb iental. A continuación, se anal iza con detalle la aplica bilidad de dicha nueva concepción económica a la solución d e problemas concretos, los límites al crecimiento, el uso de recurs os, la degradación ambiental. Analizamo s posteriormente el concepto de desarro llo sostenible, se toma como punto de partida el concepto de ec odesarrollo y posteriormente el contenido del informe Brundtland, base de los cr iterios operativos de dicho concepto establecidos por Riechman. Seguimos a c o ntinuación el enlace del concepto de desarrollo sostenible con la valoración ambie ntal, q ue aparece en la controver sia de la sustituibilidad del cap ita l natural, por el capital hecho por el hombre. En este sentido, se plante a n los diver sos crit erios destacad os por los autores de la economía ecológi ca y de la economía am biental, y su integración en estos a spectos, por la vía de la valoración económica. Consideram os después, la relación entre sostenibilidad local y global, que enlazan estos concept os con los de sostenibi l idad fuerte y débil . Profundizamos luego en la idea de los fallos del mercado respecto al medioamb iente, en particular d e las externalid ades, sus c a usas y carac terísticas; para seguidamen te analizar los diferentes modelos que tratan de rel a cionar la política ambiental y el mercado. Para finalizar el capí tulo, indagamos sobre los diversos elementos de la valoración ambiental; desde quien asigna los valores, hasta las diversas p artes Capítulo I: Introducción 16 incluidas en l a misma, su signi ficad o, y la ética de la valoración. Con posterioridad, se anal izan los difere ntes concepto s que componen el valor económico total: valores de uso y no de uso, valor de opción, cuasiopción y valor de existencia; para, por último, consid erar di cho valor económico total y su trasc endencia en la toma de decisi ones. La r eleva ncia de la val ora ción económica en l a Política ambiental, se estudia en el capítulo tercero. Empezamos dicho capítulo con un an álisis del funcionamiento del mercado desde un punto de vista microecon óm ico, pero en considerac ión a los efec tos que las ac ti vidades empresariales tiene n sobre el entorno, en términos de contaminación y de gradación a mbiental, externalidades, y como éstas no se inco rporan a los cost es de la empresa, a p e sar d e que afe c tan a otros agentes económicos externos al negocio de dicho merc ado. Una vez plante ado el modelo de externalidad ópt ima, se anali za n las diversas alterna tivas de política a seguir, para d e alguna fo rma introducir, interiorizar, dichos costes ex ternos en l as curvas de costes de las empres as. Así se estudian los impuest os ambientales, los es tándares de obligado cumplimiento, los permisos de con taminación negociables y los acuerdos económicos, basados en el teorema d e Coase. La implicación de la valoración económi ca en este modelo, se basa en la cuantificaci ón de las medidas de política, ya que su conocimiento permit iría la correcta in teriorización de los costes e xterno s . Capítulo I: Introducción 17 Se analizan, a simismo, en este ca pítulo, conceptos importantes que condiciona n los instrumentos de protecci ón del me di oam bi ente d e la pol íti ca ambiental, tales como , el principio de p recaución y la carg a crítica, además del principio de que “el que contamina pag a”, y otros, también de interés para nuestro estudio. El capítu lo siguiente está dest inado a realizar una revisión de las metodologí as más impo rta ntes de valora ción económica del medioambien te. Se estudian en primer lugar los diferentes mo delos de estimaci ón de benefici os, se da comienzo por las distintas clasificacione s d e los tipos más relev a ntes. En este capítulo se analizan también los métodos de l coste de viaje o de desplaza miento, el de valoración contingente y los método s hed ónicos. Ad emás, se estudia el comportamien t o defensivo o complementariedad débil. Posteriormente, se recoge de forma espe ci al y separada, debi do a que será la base de la aplicación práctica, el méto do de los costes evitados o beneficios inducidos. Se in i cia co n el anál isis de las llamadas f unciones dosis respuesta, que dependen del tema o aspecto a valorar, y se encuentran en otras ciencias: como la médica, agrícola, forestal, gan a dera, etc., y que representan las variacione s que se pueden producir en de terminad as varia bles de estas cienci as, an te modificacion es del deterior o ambiental, al tomar como base la contaminac ión atmosférica, hídric a, de suelos, o de cualqui er otro elemento a considerar. Capítulo I: Introducción 18 Se continua con el análisis d e divers as versiones de esta me todología que, responden a la necesidad de difer e ncia ción de la evaluación o valoración económica en los diferentes casos y variable s, como es el caso de los costes de reemplazamiento y re localización. Se trata de pr ofundi zar despu és, en el análi sis de los efectos de la contam inación, mediante modelos de dispersión u otros, y nos centramos más en la contami nación atmosf éric a, por las r azones que plan teamos en el párrafo anterior, al considerar esta metodología en capítulo separado. A continuación, rela cionamos la contam inación y sus pos i bles efectos, para adentrarnos en l a determin ación de l as variaciones que económicame nte puedan aparecer como consecuencia de l os cambio s en los efectos de la contaminación. Hacemos énfas i s, en parti cular, sobre la s alud humana, en cuanto se refiere a la morbilidad y mortalidad caus ada por tales variaciones contaminantes. Por último, se analizan los diferentes estudios empíricos sobre contaminación atmosf érica y su relación co n la salud, como puntos previos a l a valoración económica del impacto, a través de sus efectos. El siguiente capít ulo incorpora las dife rentes críti cas que la lit eratura ha acumulado sobre la valoración econ ómica del medioa mbiente, desde los principales autores de la economía eco l ógi ca, donde planteamos la lim itación de la aplic ación d e l anál isis coste -beneficio a la ev aluación de l a degradac ión medioambiental. Capítulo I: Introducción 19 Después se guimos con las críticas en especial a lo s principales m étodos de valoración: el coste de viaje y la valo ración contingente, y ello desde varios planteamientos. Por otra parte también se an aliza la problemáti ca referente a la contabilización del P N B y aparte del creci miento. Al fin a l de este capítulo también consideramos lo s problemas de la v alo ración económica en relación con los derechos de propiedad y con la ince r t idumbre del traspaso gener acional. Para finalizar, y, una vez descrito y estudiado el método de los costes evitados, planteamos la aplicación del mismo a los beneficios inducidos por la reducción de la contamina ción en Andaluc ía, para lo que nos centra mos en varia bles rela cionada s con la salud hu mana , y su t raducci ón en val ores económicos, que de alguna forma podrían ayudar a la toma de decision es por parte d e las aut orida des. Este tra bajo de investig ación finaliza con un apartado dedic ado a Conclusiones, donde el autor plantea divers as pr opuestas o alternativ as sob re los diferentes a spectos analizados a lo la r go del trabajo y que se deducen del mismo. CAPITULO II: ECONOMÍA, ECOLOGÍA Y MEDIOAMBIENTE Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 21 II.1.- ECONOMÍA Y ENTROPÍA La economía, como ciencia que estudia las leyes de la “casa”, o de la ciudad, de su aprovisionamiento material y energético, presenta una clara vinculación con el medio físico-biológico en el que se desarrolla su actividad. Al ocuparse la ciencia ecológica o econ omía de la naturaleza del tratamiento de este sustrato biofísico, por otra parte, aparece la estrecha relación entre ambas ciencias, economía y ecología (AGUILERA KLINK, F., Y ALCÁNTARA, V., 1994, pág. 26). Ahora bien, la denominada economía ambiental constituye una especialización de la economía, de la extensión de la teoría económica y sus análisis al medioambiente natural, en tanto que la llamada economía ecológica tiene como objetivo un en foque “ecointegrador” que saca a la ciencia económica de su universo aisl ado de los valores de cambio “para hacer de ella una disciplina obligadamente pluridisciplinar” (NAREDO, J.M., 1992, pág. 2) II.1.1.- La ciencia económica y el modelo mecanicista A principio de los años 90, como consecuencia de mi gran interés por indagar sobre los recursos naturales y la degradación de medioambiente, Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 22 tuve la fortuna de leer la extensa ob ra de Nicolás Georgescu-Roegen, aún sin traducir del inglés, The Entropy Law and the Economic Process (GEORGESCU- ROEGEN, 1971-b), lectura que me impacto de forma especial. Respecto a la ley de la entropía, el citado profesor de economía de la Universidad de Vanderbilt, al referirse a lo que se ha de considerar como de mayor importancia, manifiesta en el pr efacio de su trabajo: "es que el descubrimiento de la ley de la entropía trajo consigo el desmoronamiento del dogma mecanicista de la física clásic a y que lo que sucede en cualquier campo fenómenológico está compuesto exclusivamente de locomoción y que, por tanto, no existe cambio irrevoca ble alguno en la naturaleza”. Debido precisamente a que esta ley proclama la existencia de un cambio semejante, es por lo que mucho tiempo antes alguno s estudiosos se habían percatado ya de la íntima relación de la misma co n los fenómenos característicos de las estructuras vivas. Y continúa exponiendo que “a estas alturas, nadie podría negar que la economía de los procesos biológicos viene establecida por la ley de la entropía, no por las leyes de la mecánica. La locomoción se entiende como movimiento en ambos sentidos, reversible; por tanto como todo cambio es predecible, por ir en uno y otro sentido en la física mecanicista, la posici ón de esta es contraria a la de la ley de la entropía, para la que los cambios son irreversibles. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 23 El "principal motivo de queja" respecto a la economía, es que "la ficción del homo economicus despoja la conducta humana de toda propensión cultural, lo que equivale a decir que, en su vida económica, el hombre actúa mecánicamente" (GEORGESCU-ROEGEN, N., 1996, pág. 45), por lo que se califica de perspectiva mecanicista a la de la economía moderna. Argumenta Georgescu-Roegen que, "La mecánica clásica es mecanicista, porque no puede tener en cuenta la existencia de cambios cualitativos en la Naturaleza de carácter permanente,... entiende ú nicamente de la locomoción, y ésta es reversible y no cualitativa".... Jevons y Walras, no tenían otra aspiración sino la de cre ar una ciencia económica de acuerdo con el modelo exacto de la mecánica... Irving Fisher 1 ,... se tomó la molestia de erigir un sistema muy complicado nada más que para demostrar el carácter esencialmente mecánico del comportamiento del consumidor" (GEORGESCU-ROEGEN, N., 1996, pág. 46); dicha idea ha sido el denominador común en el pensamiento económico, esto es que el proceso económico no provoca cambios cualitativos, ni tampoco se ve alterado por cambios de orden cualitativo en el entorno en que se desarrolla. Se considera como un proceso sin ligazones, independ iente, como un simple flujo circular entre la producción y el consumo, c arente de otras entradas y salidas. Los economistas mecanicistas tratan a veces, de los recursos naturales, pero en Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 24 ninguno de los modelos utilizados, existe alguna aportación de la naturaleza, como contribución al proceso económico continuado. Algo similar ocurre en los esquemas marxianos, y "puede decirse que las dos corrientes principales del pensamiento económico contemplan el proceso económico en relación con la naturaleza como un negocio "sin aportaciones ni rendimiento"(GEORGESCU-ROEGEN, N., 1996, pág. 46). Considera el mismo autor que, "la revolución es una situación muy recurrente en la física. La revolución qu e nos interesa aquí se inició cuando los físicos reconocieron el hecho elemen tal de que el calor se mueve siempre por sí mismo sólo en una única direcci ón, desde el cuerpo más caliente hacia el más frío, lo que llevó a reconocer la existencia de fenómenos que no pueden reducirse a la locomoción ni explicarse, por tanto, por la mecánica. De este modo, apareció una nueva rama de la física, la termodinámica, y una nueva ley, la ley de la entropía, o cupó su lugar junto a -en lugar de, frente a- las leyes de la mecánica newtoniana.....El hecho significativo para el economista consiste en que la nueva ciencia termodinámica comenzó como física del valor económico y, en esencia, la ley de la entropía por sí misma aparece como la de carácter más econ ómico entre todas las leyes de la naturaleza. Es desde la perspectiva de e stos desarrollos de la principal 1 Alude Georgescu-Roegen, a la obra de Irving Fischer, Mathematical Investi gations in the Teory of Value and Prices. New Haven, 1925. Pá g. 38 y s.s. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 31 distribución de esa energía se hace más uniforme. En consecuencia, los principios termodinámicos dejan una libe rtad importante a la trayectoria real y al esquema temporal de un proces o entrópico.... podríamos calificar todo ello de indeterminación entrópica". Asimismo nos dic e a pie de página que . “Junto a las dos leyes ya mencio nadas, hay sólo otra ley fundamental de la termodinámica, la ley de Nerst, que en esencia dice que el mínimo de entropía no es factible en la realidad" (GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996. Págs. 63). Se ha intentado representar el pr oceso económico a través de un nuevo sistema de ecuaciones diseñado según el modelo de la termodinámica. Para ello, podemos pues escribir las ecuaciones de cualquier proceso de producción o de consumo (si no con todos los detalles técnicos, al menos de forma general)...Ahora bien, para escribir cualquier conjunto de ecuaciones iniciales, debemos conocer las características exactas del proceso individual al que se refiere, y el problema consis te en que a largo plazo, o incluso a no tan largo plazo, el proceso, económic o (al igual que el biológico) está inevitablemente dominado por un cambio cualitativo que no puede conocerse de antemano. La vida de be contar con mutaciones nuevas y originales si ha de continuar existiendo en un entorno que cambia continuamente y de modo irrevocabl e. Así pues, ningún sistema de ecuaciones puede describir el desarrollo de un proceso evolutivo. Si no fuese Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 32 así, los biólogos (que desde hace mucho tiempo han adoptado la termodinámica) tendrían que habers e ideado un vasto sistema para representar el curso del proceso biológic o hasta el día del juicio final...Sin embargo, la vía por la que el reco nocimiento del carácter entrópico del proceso económico puede iluminar al econ omista en su calidad de estudioso del hombre no discurre a través de un sistema matemático que reduce todo a entropía. No debe olvidarse que el hombre lucha por la entropía, pero no por cualquier forma de ella; ningún hombre puede utilizar la baja entropía de setas venenosas y no todos luchan por la que tienen las algas o los escarabajos. La íntima conexión existente entre la Ley de la Entropía y el proceso económico tampoco nos ayuda a gestio nar mejor una economía determinada. En mi opinión, lo que hace es mucho más importante: al mejorar y ampliar nuestra comprensión del proceso económico, puede enseñar a todo aquel dispuesto a prestar atención cuales son los mejores objetivos de la economía humana”. Respecto al problema del valor, se descubren algunas omisiones de los análisis neoclásico y marxista de la producción, “Puesto que el proceso económico consiste materialmente en un a transformación de baja en alta entropía, es decir, en desechos, y, dado que esa transformación es Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 33 irrevocable, los recursos naturales han de constituir necesariamente parte de la noción de valor económico; y, pu esto que el proceso económico no es automático sino deseado, los servic ios de todos los agentes, humanos o materiales, pertenecen también a la mi sma faceta de esa noción. Por otro lado, habría que resaltar que sería tota lmente absurdo pensar que el proceso económico existe solamente para producir residuos. La conclusión irrefutable de todo ello es que el verdadero producto de ese proceso es un flujo inmaterial, el placer de vivir. Este fluj o constituye la segunda faceta del valor económico. A causa de su penosidad, el trabajo únicamente tiende a disminuir la intensidad de este flujo, de igual modo que una superior tasa de consumo tiende a aumentarla”. Surge en el razonamiento de Gerge scu-Roegen, la importancia de la variable cultural en el ámbito económico: “Por muy paradójico que pueda parece r, es la Ley de la Entropía, una ley de la materia elemental, la que no nos deja otra opción, sino la de reconocer el papel de la tradición cultu ral en el proceso económico. Tal como lo proclama esta ley, el derroche de energía se produce de forma automática en todas partes, y ésta es precisamente la razón por la que la inversión entrópica contemplada en cada línea produc tiva lleva el sello indeleble de la actividad deliberada; además, el modo en que esta actividad se planea y se lleva a cabo depende por supuesto de la matriz cultural de la sociedad de Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 34 que se trata. No hay otro modo de explicar las fascinantes deferencias existentes entre algunas naciones des arrolladas dotadas de un entorno pobre y poco favorable y algunos países poco desarrollados rodeados de abundantes riquezas naturales. La ev olución exosomática se abre camino también a través de la tradición cultu ral, no sólo por m edio del conocimiento tecnológico” (GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996. Págs. 63). Hace luego referencia a la característ ica importantísima de la reali dad, de la indeterminación entrópica, sin la que sería imposible para un ser vivo mantener su constante entrópica, ni sería factible al hombre “invertir” la entropía de alta a baja, tal como tiene lugar en la producción de acero a partir del mineral de hierro y carbón. La Ley de la Entropía no ayuda a un economista a decir con exactitud que sucederá mañana, el año próximo o dentro de algunos años... la actuación de la Ley de la Entropía a través del proceso económico es relativamente lenta, pero incesante, con lo que sus efectos se manifiestan tan solo por acumulación tras largos peri odos. Miles de años de pastoreo de ganado lanar llevado a cabo antes del agotamiento del suelo en las estepas de Eurasia dieron lugar a la Gran Migración. La Ley de la Entropía permit e que nos demos cuenta de que actualmente se encuentra en pleno progreso una evolución de las mismas características. En efecto, como consecue ncia de la presió n ejercida por la Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 35 población sobre el suelo agrícola, cuya superficie no puede aumentarse de forma considerable, la baja entropía de la agricultura no puede ya seguir compartiéndose con sus tradicionales compañeros de trabajo, los animales de carga. Este hecho constituye la razón más importante por la que la mecanización de la agricultura debe extenderse por uno tras otro de los rincones del planeta, al menos durante bastante tiempo”. De enorme interés son, asimismo, algunos aspectos fundamentales que se ponen de manifiesto por la Ley de la Entropía, en el análisis del Prof. Georgescu-Roegen, “aunque ignorados todavía, de los dos problemas que preocupan actualmente a los gobernados, a los gobiernos y prácticamente a todos los científicos: la contaminació n y el continuo crecimiento de la población... incluso después de la aparición (de la contaminación), la economía no ha dado señales de reconocer el papel que desempeñan los recursos naturales en el proceso econ ómico, los economistas parecen seguir sin darse cuenta de que, puesto que el producto del proceso económico son los desechos, estos constituyen un resultado inevitable de tal proceso y ceteris paribus aumentan en mayor proporción que la intensidad de la actividad económica... Si la economía hubiese re conocido el carácter entrópico del proceso económico, podría haber sido capaz de avisar a sus colaboradores en la mejora de la humanidad -las cienci as tecnológicas- de que “mayores y Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 36 mejores” lavadoras, automóviles y avione s supersónicos tenían que conducir a una mayor y mejor co ntaminación”. Hay, no obstante, expertos en contaminación, que piensan que “la humanidad puede sencillamente hacer desaparecer la contaminación sin coste alguno en términos de baja entr opía siempre que se usen únicamente técnicas industriales no contaminantes, una idea que revela la creencia en la posibilidad de ocultar la entropía. El pr oblema de la contaminación es a muy, muy largo plazo, y se encuentra íntima mente relacionado con la manera en que la humanidad está haciendo uso, de ntro de sus posibilidades, de la baja entropía. Esto último es lo que constituye el verdadero problema de la población” (GEORGESCU-RO EGEN, N. 1996. Págs. 63). El tamaño de la población contin úa como debate abierto permanente; la estimación de la población que es factible sobre la Tierra, oscila entre valores relativamente bajos de unos ci nco mil millones, y los cuarenta y cinco mil millones, pasando por los quince mil millones, como valor asintótico máximo a alcanzar por la curva logística de su desarrollo, que se maneja en la actualidad (WOLSTEN HOLME, G. 1963). Respecto a la población, indica Georgescu-Roegen, que: “sin embargo, dado el carácter entrópico del proceso económico por el que se mantiene la especie humana, no es ese el modo adecuado para enfrentarse al problema de la población. Es posible que la Tierra pueda soportar hasta cuarenta y Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 37 cinco mil millones de personas, pero con toda seguridad no ad infinitum . En consecuencia, tendríamos que preguntar ¿ durante cuanto tiempo puede la Tierra mantener una población de cuarenta y cinco mil millones de personas? Y si la respuesta es, p or ejemplo, mil años, tendremos que seguir inquiriendo ¿qué sucederá después ? Todo esto pone de manifiesto que hasta el concepto de población óptima concebido como coordenada ecológicamente determinada tiene solamente un valor artificial”. A pesar de ello, el problema de la población es bastante más amplio que tratar de estimar ésta en un año determinado de nuestra existencia, “el problema de la población tiene que ve r no con la estrechez de un máximo, sino con la máxima cantidad de vida que puede soportarse por la dotación natural del hombre hasta su completo agotamiento. Para el caso, la cantidad de vida puede definirse sencillamente co mo la suma de los años vividos por todos los individuos, hasta el presente y en el futuro. Como ya sabemos, l a dotación natural del hombre se comp one de dos elementos esencialmente distintos: (1) el stock de baja entropía en o dentro de la esfera terrestre, y (2) el flujo de energía solar, que, lenta pe ro continuamente disminuye en intensidad con la degradación entrópica del sol. Ahora bien, la cuestión crucial... es la importancia relativa de esos dos elementos. Y ello porque, por más sorprendente que pueda parecer, ¡tod o el stock de recursos naturales no Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 38 equivale más que a unos pocos días de luz solar!” (GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996. Págs. 66 y 67). De acuerdo con este autor, y siguiendo sus razonamientos, resulta “evidente que los recursos naturales re presentan el factor limitativo por lo que se refiere a la duración de la vi da de esa especie (la humana). La existencia del hombre se encuentra ah ora irrevocablemente ligada al empleo de instrumentos exosomáticos y, co nsecuentemente, al uso de recursos naturales, de la misma manera que, por ejemplo, está unida la respiración al uso de sus pulmones y del aire... El máximo de cantidad de vida exige una tasa mínima de agotamiento de los recu rsos naturales. En efecto, al usar esos recursos con excesiva rapidez, el hombre despilfarra aquella parte de la energía solar que seguirá alcanzando la Tierra durante mucho tiempo después de su muerte, con lo que todo lo que ese hombre ha hecho durante los últimos doscientos años le pone en la situación de un fantástico despilfarrador. No puede haber duda alguna al respecto: todo uso de los recursos naturales para satisfacer necesidades no vitales lleva consigo una menor cantidad de vida en el futuro”. Aclara a continuación que, aunque la distinción entre necesidades vitales y no vitales es de índole dialéctica, “sin du da alguna, roturar un campo de cereal es una necesidad vital, mas no así conducir un Rolls Royce”. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 39 Por eso se manifiesta en el sentido de que “si entendemos bien el problema, el mejor empleo de nuestros recursos de mineral es producir arados o gradas según se precisen pero no Rolls Royce ni siquiera tractores agrícolas”. Con todo, duda Georgescu-Roegen, de q u e e l h o m b r e s e p r o p o n g a d e momento, poner freno a sus deseos de crecimiento a ultranza, pues “sólo la necesidad directa puede obligarle a co mportarse de modo diferente. No obstante, la verdad puede hacernos prever y comprender la posibilidad de que la humanidad pueda volver a enco ntrarse en una situación en la que considerará ventajoso emplear animales de carga, porque éstos trabajan en base a la energía solar en vez de a los recursos naturales”. Y a pesar de que nos resulte ya familiar conocer la posibilida d de nuestro suministro de alimentos protei cos, a partir del petróleo, “podemos estar seguros de que en algún moment o, quizá antes de lo que podría pensarse, el hombre tendrá que volver a orientar su tecnología en el sentido opuesto, en el de obtener gasolina a partir de cereales, si desea seguir su actual camino y utilizar motores de comb ustión interna. De modo distinto al del pasado, el hombre tendrá que volver a la idea de que su existencia es un don gratuito del sol ”. La indiferencia es imposible ante este conjun to de reflexiones y nuevas ideas sobre la relación entre entropía y proceso económico, y está reñida con Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 40 el despilfarro de hoy día. Por otro lado, nos incitan sus aportaciones, a una meditación profunda y motivada, para aumentar el interés de investigar sobre la contaminación y hacer posible su reducción. II.2.- LA TERMODINÁMICA COMO FÍSICA DEL VALOR ECONÓMIC O. Nació la termodinámica tras una revolución científica a principios del siglo XIX, en coincidencia con una cier ta despreocupación de los científicos por los temas de la mecánica celeste, tras comenzar a fijar aquellos su atención sobre algunos problemas más próximos a la vida cotidiana. Una de las obras que surgen de ese cambio revolucionario en las ciencias es la Memoria de Sadi C arnot (1796-1832), físico, ingeniero y economista, sobre la potencia motriz del fuego y las máquinas adecuadas para el desarrollo de la misma (CARNOT, S . 1927). Por otra parte, la ley de la Entropía fue extraida por Rudolf Clausius (1822-1888) de la obra de Carnot, que pasó largos años sin relevancia alguna, y es tratada por Georgescu-Roegen con la descripción de “ la más económica de las leyes físicas, la ley de la evolución por antonomasia, inseparable además del sentido en que transcurre el tiempo psicológico”. A partir de ese momento, según Georgescu-Roegen, “la física se vio impelida a reconocer como científico un hecho elemental conocido desde Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 47 como las recomendaciones de que la educación masiva puede resolver las condiciones de atraso de un país, o que para activar el crecimiento económico del mismo bastaría con cambiar su actividad económica hacia líneas más productivas. Ahora bien, con mayor nitidez aún, aparecen estos síntomas indicados, en los estudios analíticos, co mo se deduce de la práctica general utilizada en la representación del proceso económico mediante “un sistema cerrado , es decir, de un modelo matemático en el que se ignora por completo la continua entrada de baja entropía del entorno. Pero incluso este síntoma de la econometría moderna estuvo pr ecedido por otro mucho más habitual: la noción de que el proceso económico es totalmente circular ”(GEORGESCU- ROEGEN, 1996, pag. 352). La epistemología mecanicista, a juicio de Georgescu-Roegen es la única responsable de la consideración del proceso económico como un sistema cerrado o bien como un flujo circular, pues ninguna otra concepción podría quedar más alejada de una correct a interpretación de los hechos. Aún en el caso de que se considerase sólo el lado material del proceso económico, “este proceso no es circular sino unidireccional , En... esta faceta solamente, el proceso económico consiste en una transformación continua de ba ja entropía en alta entropía, es decir, en residuo irrevocable o, utilizando una expresión tópica, en contaminación” (GEORGESCU-ROEGEN, 1996, pág. 375). Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 48 De ahí el reconocimiento que debe mos a Marshall en este sentido, por sus analogías económicas y biológicas; y que incluso llegó a argum entar que la economía “es una rama de la biología ampliamente interpretada” (MARSHALL, A. 1924, pág. 772). Desde la perspectiva puramente física, por tanto, el proceso económico no crea materia ni energía, sino que únicamente transforma baja entropía en alta entropía. De ahí qu e Georgescu-Roegen conceptúe al proceso económico como entrópico. Pero el sistema económico no se encuentra aislado, sino que está integrado en un entorno físico que, asimismo, sigue su propio proceso entrópico, con transformación de baja entropía en alta. Se establecen dos diferencias fundamentales entre ambos procesos entrópicos, a través del siguiente razonamiento: “el proceso en trópico del entorno material es automático , en el sentido de que prosig ue por sí mismo. El proceso económico, por el contrario, depende de la actividad de los seres humanos que, al igual que el demonio maxwe liano, seleccionan y dirigen la baja entropía del entorno de acuerdo con ciertas reglas definidas, si bien tales reglas pueden variar en el lugar y en el tiempo... Por lo tanto, mientras en el entorno material no hay más que reorganización, en el proceso económico hay también selección, o mejor, una actividad seleccionadora... Y, dado que la selección no es una ley de la materia elemental, la actividad seleccionadora Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 49 debe alimentarse de baja entropía. Por consiguiente, el proceso económico es en realidad más eficiente que la reordenación automática en la producción de más alta entropía, es decir, de desechos”. II.2.1.- El proceso económico, la activi dad intencional y el placer de vivir. Nuestros conocimientos sobre el cambio en el entorno material provocado por la biosfera que nos rode a, nos llevan a confirmar la evidencia de que la vida acelera la degradación entrópica del sistema en su conjunto; de todos los seres vivos que funcionan con determinada intencionalidad, que es mantener estable su entropía, y p ara ello, consumen baja entropía del entorno. Esa intencionalidad justifica la creencia de que la vida es capaz de ciertas manifestaciones físicas que no derivan de unas leyes de la materia puramente físico-químicas, una estructu ra viviente es bastante más que una integración de materia iner te, sin intencionalidad. Según Georgescu-Roegen, todos lo s seres vivos actúan y obran con una intencionalidad, y todos nuestras intencionalidades más importante s como el mantenimiento de la vida y conseguir una posición en la sociedad del momento conllevan transformaciones entrópicas d e nuestro entorno más próximo. Esto significa que la realizac ión d e nuestros deseos nos conduce a Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 50 un viaje en un solo sentido, sin posibilidad de volver a trás, como consecuencia de aquellas transformaciones irreversibles. Cuando se pregunta sobre cual es la razón de ser del proceso económico, a la vista de que éste conlleva a la producción de desechos, de residuos o contaminación, la respuesta es que la auténtica salida de tal proceso no es un flujo de residuos, sino lo que denomina el placer de vivir. Así se establece una segunda diferencia en tre el proceso entrópico del entorno material y el proceso económico. De esta forma sin introducir el concepto de placer de vivir en nuestro análisis, no estamos en el mundo económico ni podemos descubrir la verdadera fuente de valor económico que es el valor que la vida tiene para cada individuo portador de vida. El proceso económico no se pued e entender, por tanto, mediante conceptos puramente físicos; sin los conceptos de actividad intencional y placer de vivir , es imposible adentrarse en el mundo económico, pero estas acepciones no se pueden expresar en términos de variables físicas, como estamos habituados. La baja entropía es u na condición necesaria para que una cosa tenga valor, pero no es suficiente . La relación entre valor económico y baja entropía es del mismo tipo que la que existe en tre precio y valor económico. Aunque nada podría tener precio sin tene r valo r económico, basta mencionar el caso Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 51 de las setas venenosas que, a pesar de co ntener baja entropía, no tienen valor económico. Ciertamente, el proceso económico es entrópico en cada una d e sus fibras, pero las sendas a lo largo de las cuales discurre se trazan en v irtud de la categoría de utilidad al hombre . Por consiguiente sería completamente erróneo igualar el proceso económico a un va sto sistema termodinámico que pueda ser descrito por un número igualmente vasto de ecua ciones basadas en la termodinámica. La esencia básica del proceso económico es entrópica y la Ley de la Entropía rige en grad o sumo este proceso y su evolución. A continuación, establece la ecuaci ón general del valor, mediante la asunción de contemplar la totalidad de l proceso económico como un proceso parcial en el conjunto del sistema universal, y se c onsidera este proceso parcial a lo largo de un intervalo de ti empo suficientemente corto, con lo que no se tiene en cuenta cualquier crecim iento o desarrollo; es decir, en estas condiciones el proceso se aproxima a un estado estacionario. Su descripción analítica en términos materiales, no precisa ninguna elaboración. Los fondos –la tierra, el capital propiamente dicho y la totalida d de la población- entran en el proces o y salen de él intactos. Hay solamente dos flujos: un flujo de entrada de baja entropía y un flujo de salida de alta entropía, es decir, de desechos o residuos . Al establecer el balance del valor... llegaríamos a la conclusión absurda de qu e el valor del flujo de baja entropía Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 52 del que depende el mantenimiento de la propia vida es igual al valor del flujo de desechos esto es, a cero. Argumenta dicho profesor que “la aparente paradoja se esfuma si reconocemos el hecho de que el verdadero producto del proceso económico no es un flujo material sino un flujo psíquico, el placer de vivir de cada uno de los miembros de la población. Al igual que todo flujo, el del placer de vivir tiene una intensidad en cada instante de tiempo, pero, a diferencia de un flujo material, no se puede acumular en un s t o c k . D e t o d o e l p l a c e r d e v i v i r pasado una persona conserva únicamente una memoria de mayor o menor claridad;... la intensidad de este flujo en un instante de tiempo no parece ser una entidad mensurable, ni siquiera en el sentido ordinal;... en un corto intervalo... la intensidad del placer de vivir no cambia mucho... , podemos representar simbólicamente el placer total de vivir por el producto de su intensidad y de la longitud de es e intervalo” (GEORGESCU-ROEGEN, N. Ibid. 1996. Págs. 355 y 356). En este flujo psíquico, el constituye nte de la noción esencial de renta en el análisis económico (FISHER, I., 1930, pag. 3). Muestra Georgescu- Roegen, asimismo, la relación entre el pl acer de vivir y tres variables de las que depende, dos en sentido positivo y una negativo. “El placer diario de vivir se aumentado por un incremento en el flujo de bienes de consumo, que se pueden consumir diariamente, así como por un tiempo de ocio más Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 53 prolongado. Por otra parte, el placer de vivir disminuye si se han de trabajar más horas o en una tarea más exig ente” (GEORGESCU-ROEGEN, N. Ibid. 1996. Pág. 370). De acuerdo con estas reflexiones, pasa a representar el placer diario de vivir de una persona concreta de forma simbólica, con la expresión siguiente: Placer de vivir = e = placer de consumir + placer del ocio – monotonía del trabajo Dicha fórmula se transforma en ésta otra, en función de la intensidad del placer de consumir (i 1 ); la intensidad del placer del ocio (i 2 ); la intensidad de la desutilidad del trabajo (j); la jornada laboral ( δ ); y la longitud del intervalo (l = media): e = i 1 x l + i 2 x (l - δ ) - j x δ Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 54 II.3.- SIGNIFICADO DEL DESARROLLO ECONÓMICO EN TÉRMINOS DE TRANSFORMACIÓN ENTRÓPICA. Dado que el proceso económico no es más que una transformación continua e irrevocable de baja en al ta entropía, podemos deducir algunas importantes consecuencias “que debi eran ser evidentes para todo aquel deseoso de descender por un momento desde las más altas esferas de los elucubrados modelos de crecimiento al nivel de los hechos elementales”. (GEORGESCU-ROEGEN, N. Ibid. 1996. Pág. 364) En primer lugar, nos muestra que el sector industrial es totalmente tributario de la agricultura y la minería, pu es sin las aportaciones de ellos nada podría conseguirse de productos industriales. A su vez, esos otros dos sectores son tributarios del sector industrial, por las herramientas que usan y el progreso técnico que de el reciben. Hay pues, una dependencia interactiva entre esos sectores productivos. Ahora bien, esta mutua dependencia no puede llevarnos a olvidar que lo que actúa como factor limitante de la tasa de variación de este proceso económico, es el ritmo al que la baja entropía pasa desde el entorno a dicho proceso; tampoco debemos perder de vista el orde n causal específico que pone en relación aquellos tres sectores en los que, los economistas han dividido las actividades productivas del género humano. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 55 A pesar de que nos resulta bastante conocido que el hombre precisa, en primer término, satisfacer sus ne cesidades biológicas o vitales, para, posteriormente, dedicar tiempo y energía a la prod ucción d e otros bien es que satisfagan necesidades de orden superior, parece que nos olvidamos, de la preferencia que hemos de dar a la obtención de alimentos en relación con la producción de otros bienes a consumir menos imprescindibles, pues el hombre tuvo su primera ocupación en la agricultura, mucho antes que en la industria. Indica George-Roegen "La agri cultura fue, y sigue siendo como la nodriza de todas las demás artes, si la agricultura no hubiese sido capaz de desarrollarse por sí misma al nivel en que podía alimentar tanto a los que labraban el suelo como a los dedicados a otro actividades, la humanidad seguiría viviendo todavía en estado salvaje; todas las economías avanzadas del mundo escalaron a lo alto de su actual desarrollo económico sobre la amplia base de una agricultura desarrollada.” (GEORGESCU-ROEGEN, N. Ibid. 1996. Pág. 364) Cita el caso de Japón como realmente interesante, que con un suelo muy pobre desde la perspectiva agraria, además de reducido el cultivable, los japoneses lo dedicaron al cultivo muy intensivo en mano de obra y consiguieron el despegue económico, junto con la explotación del gusano de seda y la búsqueda de proteínas en los peces y algas de sus amplios mares. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 56 Gracias a ello, Japón tiene hoy en día una destacada industria en funcionamiento, con pago de royalties a las naciones exportadoras de recursos de baja entropía. Mientras le sea posible seguir importando dichos materiales, podrá continuar su desarrollo, con base en un enorme activo humano, formado por trabajadores altamente capacitados, eficientes, fuerte sentido de sus obligaciones e ingenio para las innovaciones tecnológicas. Muestra así, que otras regiones hubi eran podido hacer lo mismo, pero no lo hicieron, por las diferentes acti tudes culturales, que llevan a resultados bien distintos. Entiende, sin embargo, que la econom ía japonesa debería ir pensando cuanto tiempo podrá continuar con el anterior planteamiento, puesto que los royalties se le irán encareciendo al desarrollarse los países exportadores de los materiales primas que Japón necesi ta, y le será más complicado disponer de estos recursos de baja entropía con el consiguiente encarecimiento de los costes, pérdida de competitividad y freno del desarrollo. Asimismo, si la mayor parte de lo s países subdesarrollados pusieran en marcha planes de desarrollo económico, en períodos coinc identes, se llegaría a una capacidad productiva indu strial que no sería posible mantener en actividad por falta de recursos mine rales. De ahí que, será preci so llegar a una coordinación internacional de tale s planes, y abandonar buena parte de los conceptos actuales de desarrollo econ ómico, pues al enfocar este desde la Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 63 los efectos de la ley de la entropía, cuan do sólo se trata de una atenuación de sus indefectibles efectos. L a b a j a e n t r o p í a d e l a q u e s e n u t r e l a v i d a i n c l u y e n o s ó l o l a b a j a entropía transmitida por el sol, sino también la del entorno terrestre; de lo contrario, el paraíso para las criaturas vivas estaría en el soleado Sahara. La degradación del suelo con el estercolado es evidentemente más lenta que sin él, tan lenta que puede no chocarnos in mediatamente, pero esto no es razón alguna para ignorar este factor en una perspectiva más amplia de lo que ha sucedido y sucederá en el futuro en la producción de alimentos. Un bosquejo del camino recorrido por el sector agrario, de forma abreviada, podría ser como sigue. Dado qu e el trabajo es un sustraendo en el conjunto del placer de vivir, la humanidad, hace miles de años, decidió utilizar a ciertos animales como elementos de tiro, tanto en las labores agrarias como en el transporte con el consiguiente incremento del grado de bienestar humano al reducir el trabajo. En tanto en cuanto la disponibilidad de tierras lo hizo posible, y se podía alimentar a todos los hombres y a los animales sin grave detrimento de la fertilid ad del suelo, no hubo problemas importantes. Pero al aumentar la población, y comenzar a escasear la tierra, fue necesario establecer unas alternativas de cultivo y proceder a su estercolado, a fin de seguir consiguiendo los alimentos necesarios para hombres y Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 64 animales, sin deteriorar en exceso el suelo explotado. El estercolado se basaba en los excrementos de los propios animales domesticados que utilizaba el hombre, junto con pajas y otros restos vegetales fermentados. El incremento de necesidades ante el aumento de la población, hizo ver a la humanidad en distintas partes del globo, la imposibilidad de soportar sobre una extensión insufici ente de tierra, ya degradada por explotaciones anteriores, el cultivo de alimentos para si mismo, para el pago de los primeros impuestos y para mantener los animales. Por ello, pareció lógico prescindir de los animales de tiro, fuente de energía y de estiércol, para pasar a una fase siguiente de desarro llo: la de la mecanización del sector agrario. Así se disminuía la necesidad de alimentos para aquellos animales sustituidos por máquinas. En este estadio del desarrollo observamos que la mula mecánica está hecha básicamente de hierro y carbón, y su alimento es un derivado del petróleo, el gasoil; por otra parte, el inexistente estiércol se reemplaza por productos químicos, los abonos mineral es, en buena p arte también derivados del petróleo, aunque otros proceden del sector minero industrial. En la actualidad, la energía de tiro y los alimentos para el mantenimiento, de aquellos animales, as í como los estiércoles de desecho, tienen una procedencia muy distinta; antes derivaban del flujo de radiación solar a través de los animales de tiro , pero ahora han de obtenerse de una Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 65 explotación adicional del stock de recursos mineros ó sobreexplotación de la corteza terrestre. Según Georgescu-Roegen, “este cambio en baja entropía de una fuente a otra tiene una importante incidencia sobre el problema de durante cuanto tiempo puede alimentar este globo terráqueo una población dada...Las ventajas de la mecanización son incues tionables pero sólo desde un punto de vista oportunista, porque contrariamente a lo que algunos entusiastas predican, tales ventajas no dejan de tener un precio. Podemos obtenerlas solamente comiendo con mayor rapidez el capital de baja entropía del que está dotado nuestro planeta. Este es, ciertamente, el precio que hemos pagado y seguimos pagando no sólo por la mecanización de la agricultura sino por todo progres o técnico” (GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996. Págs. 376 y 377). Nos damos cuenta, pues, de cómo se sustituyó el antiguo arado de madera por el de madera con hierro, y su cesivamente por el de hierro y la vertedera hasta llegar a los policultivadore s y conjunto de máquinas una tras otra, no arrastradas por animales buey es, mulas, caballos, etc sino por tractores de alta potencia o auto-p ropulsadas. Pero un cambio aún más acelerado se hace notar en el desuso del carbón vegetal hecho de leña y su reemplazo por el carbón mineral y, ambo s, con posterioridad, por el petróleo y sus derivados, para llegar hoy día a la sustitución de numerosos materiales Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 66 naturales por los productos sintéticos: algodón, lana, lino, etc., por fibras de síntesis, en sus más variados tipos. Podemos decir, que la humanidad di spone de dos fuentes de riqueza: en primer lugar, el stock finito de recu rsos minerales en la corteza terrestre que, dentro de ciertos límites, podemo s desacumular casi a voluntad en un flujo determinado; y, en segundo lug ar, un flujo de radiación solar cuyo ritmo de llegada a la tierra no está suje to a nuestro control. En términos de baja entropía, el stock de recursos mi nerales es solamente una fracción muy pequeña de la energía solar recibida por el globo terráqueo en un solo año; la estimación más elevada de los recursos energéticos terrestres, indica que no supera la cantidad de energía libre recibida del sol durante ¡cuatro días! (AYRES, E. 1950. Pág. 16). Además, el flujo de la radiación solar continuará con la misma intensidad, prácticamente, durante l argo tiempo en el futuro. Por estas razones, y debido a que la baja entropía recibida del sol no puede convertirse en materia a granel, no es el stock fi nito de energía sol ar lo que pone un límite al tiempo durante el cual pued e sobrevivir la especie humana y los demás seres vivos. Por el contrario, es el red u cido stock de los recursos de la corteza terrestre lo que constituye la pr incipal escasez de nuestras fuentes de energía. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 67 Dado el stock limitado de dichos recursos naturales, dependerá el tiempo de supervivencia humana sobr e la Tierra, del ritmo a que estemos dispuestos a desacumular ese stock; a mayor ritmo, menos tiempo de supervivencia, y viceversa. Por consiguiente, el incremento de población, al aumentar el ritmo de consumo de recursos, provocará un a reducción de nuestra posible supervivencia. Y, por otra parte, si para una concreta población estable, aceleramos el consumo de recursos na turales, movidos por el deseo creciente de satisfacer otras muchas necesidade s no vitales, sino de lujo, ocio, ostentación, también estaremos contribuyendo al mismo proceso de acortamiento de la existencia humana sobre la tierra. De aquí, arguye Georgescu-Roegen que, “si pasamos por alto los detalles, podemos decir que todo niño nacido ahora significa una vida humana menos en el futuro. Pero también, que todo automóvil producido en cualquier momento significa menos vida en el futuro. Hasta hoy, el precio del progreso tecnológico ha significado un cambio desde la fuente de baja entropía más abundante –la radiación solar- a la menos abundante –los recursos minerales de la tierra. El so l continuará brillando sobre la tierra, tal vez, casi tan vivamente como hoy, incluso tras la extinción de la humanidad y alimentará con baja entropía otras especies, las que no tengan ambición alguna; el destino de la especie hu mana está en elegir una carrera Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 68 verdaderamente grande, aunque brev e, no una larga y monótona; la degradación de la dote de baja entropía del hombre como consecuencia de su propia actividad ambiciosa, es lo qu e determina tanto lo que el hombre puede hacer como lo que no puede hacer”(GEORGESCU-ROEGEN, N. 1996. Págs. 377 y 378) Es de esperar que haya una cierta in versión en el uso de la energía libre, utilizándose cada vez más la radiación solar, con reducción de los recursos minerales, como ya se viene apreciando con tendencia creciente. Asimismo, nos veremos impedidos por la necesidad de no producir más desechos nocivos, residuos o cont aminación, a que nos so mete el uso creciente de los recursos minerales. Sabido que el pr oceso económico es el gran transformador de baja entropía en residuos nocivos, no tenemos duda que cuanto más rápido sea aquél más intensa será la acumulación de perniciosos desechos, que hemos de al macenar o bien eliminar, con un uso adicional de energía libre, para ello, y costes importantes. Asistimos al típico círculo vicioso, de consumir más recursos mineros en los procesos industriales para incrementar la producción, y, a la vez, tener que volver a aumentar la utilización de aquellos recursos a fin de obtener la energía que precisamos para la eliminación de los desechos, que crecen de forma alarmante. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 69 El aprovechamiento de la energí a solar será el futuro, tanto para alumbrado, refrigeración y calefacción, como para el uso en los medios de transporte mediante baterías cargadas por la energía solar. La utilización de recursos mineros caerá, en consecuencia; porque nos lo impedirá la acumulación de residuos, y la supervivencia del hombre sobre la Tierra se podrá dilatar con más amplitud. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 70 II.4.- NATURALEZA Y ECONOMÍA De acuerdo con NAREDO, “en los últimos tiempos los economistas hablan con frecuencia de crisis de la ciencia económica ”(NAREDO, J.M., 1996, 441). Las críticas a la ciencia económica establecida, por una parte, son externas a los enfoques usuales de los economistas, y, p or otra, son internas a la profesión. Pero dentro de estas últimas, aparece un grupo de ellas que, si bien no van contra los presupuestos de la ciencia económica establecida, "afectan a la axiomática que define y si stematiza el objeto de estudio de la ciencia económica actual y llevan a propuestas no asimilables dentro de ésta; retoman, desde dentro, las críticas tradicionalmente externas, para proceder a una revisión a fondo de las carencias del aparato analítico de la ciencia económica establecida, que modifica las fronteras de lo económico y los conceptos que lo informan. La mayoría de estas críticas hacen referencia a l a gestión de los recursos naturales, con sus derivados energéticos y medioambientales, y contrastan con la literatura que se orienta infructuosamente a resolver estos problemas en el terreno de los valores de cambio” ”(NAREDO, J.M., 1996, 455). Es un sentido similar se expresa Aguilera Klink , cuando nos expone que se muestra muy de acuerdo con Passet (1979), en relación a que la Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 71 evolución del pensamiento económico no puede disociarse de la concepción que los hombres que han ido teniendo de su relación con la naturaleza. En realidad y de la manera más amplia, se puede decir que la evolución de la noción de economía, es el reflejo de la evolución de las relaciones entre la cultura y la naturaleza". (AGUILERA, F. 1996. Pág. 5) A continuación, explica Aguilera, qu e las ideas organicistas que eran dominantes hasta la edad media hacían posible el mantenim iento de estrechas relaciones entre cultura y natu raleza, de lo que se deriva la visión unitaria del mundo y el concepto de ec onomía, para Aristóteles, como ciencia relativa a la gestión o administración de la casa y de los recursos de la naturaleza. Ahora bien, la revolución cien tífica de los siglos XVII y XVIII rompe la concepción anterior para dar pa so al enfoque mecanicista y análisis por elementos o partes en el conocimiento, que conlleva la ruptura de las citadas relaciones entre cultura y naturaleza; surge así, otra noción de la economía, desligada de la naturale za y enfocada hacia lo monetario. Pero la realidad de la existencia de conexiones, tanto positivas como negativas, entre las numerosas actividades humanas y la naturaleza, ha hecho ver la conveniencia de un camb io de mentalidad para replantear las nociones del conocimiento por partes y de la economía, así como de su relación con la naturaleza. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 72 Dice Naredo que “hubo que esperar, hasta bien entrado el siglo actual, y más concretamente hasta la década de los sesenta, para qué tal impugnación que (del dogma mecanicist a) retomará sobre nuevas bases la preocupación por la economía de la naturaleza ... ó, dicho con palabras actuales, la preocupación por el funcionamient o de los ecosistemas, que mantienen vida en la Tierra. Así se redescu bren hoy, de las manos de las ciencias de la tierra , las leyes por las que se rige esa economía d e la naturaleza , con la que el hombre tiene que contar para evitar que su s acciones parcelarias arrojen, a la vuelta de la esquina, resultados amarg os e inesperados... Postulamos que la economía debe superar su estadio actual de ciencia encerrada sobre sí misma, para abrirse hacia las ciencias de la naturaleza y del hombre". (NAREDO, J.M. 1996. Págs. 463 y 464) En este nuevo enfoque, todavía heterogéneo, los economistas se pueden dividir en dos grandes grupos, que representa otras dos concepciones absolutamente contrapue stas, por metodología y concepto. Por un lado, están los economistas que tratan de extender la racionalidad del sistema cerrado de la economía de la corriente principal, a la naturaleza; éstos son los defensores de la economía ambiental o más bien de la que trata a la naturaleza como un subsistema de la economía. El otro grupo se propone hacer una reconstr ucción conceptual amplia de la Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 79 embrión toda posibilidad de comprensión y de reflexión, eliminando así cualquier eventual juicio correctivo o perspectiva a largo plazo (...) incapaz de enfocar el contexto y el complejo plan etario, la inteligencia ciega se vuelve inconsciente e irresponsable. La verd adera racionalidad es abierta, y dialoga con una realidad que se le resiste. Llev a a cabo un tráfico incesante entre la lógica y lo empírico; es fruto del de bate argumentado de ideas y no una propiedad de un sistema de ideas. La verdadera racionalidad conoce los límites de la lógica, del determinismo, del mecanicismo; sabe que el espíritu humano no sabría ser omnisciente, que la realidad conlleva misterio”. (MORIN, E. 1993. Pág. 69) Destaca el Prof. Aguilera, por otra parte, que hay que pensar el contexto y lo complejo . Entiende como complejo o complejidad no lo que es más complicado sino lo “ que aba rca de manera sistemática otros elementos y dimensiones que ayudan a comprender la totalidad del problema o de la experiencia,(...) merece la pena insistir en que la Tierra no es la suma de un planeta físico más la biosfera más la humanidad. La Tierra es una totalidad compleja físico-biológica-antropoló gica”(AGUILERA, F. 1996, pág. 9). Y según palabras de Morin, “Pero no bast a con blandir la bandera de lo global: hay que asociar los elementos de lo gl obal en una articulación organizadora compleja, hay que contextualizar ese glob al mismo. La necesaria reforma del Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 80 pensamiento es aquella que engendrará un pensamiento del contexto y de lo complejo”. (MORIN, E. 1993, pag. 70) A tenor de ello, debemos pensar en té rminos planetarios la política, la economía, la demografía, la ecología , la salvaguardia de los tesoros biológicos, ecológicos y culturales re gionales, las diversidades animales y vegetales, las diversidades culturales. Pero no basta con inscribir todas las cosas y acontecimientos en un marco u horizonte planetario. Se trata de indagar siempre la relación de inseparabilidad y de inter-retro-acción entre todo fenómeno y su contexto y de todo contexto con el c ontexto planetario. “Hay necesidad, de un pensamie nto que relegue lo que permanece disjunto y compartimentado, que respete lo diverso sin dejar de reconocer lo uno, que intente discernir las interdep endencias...En definitiva,...el ejercicio del derecho a pensar por cuenta propia, que...constituye el sentido último del mensaje cartesiano, se está concretando en un tipo de conocimiento alternativo que destaca el carácter holis ta, sistémico, contextual y subjetivo de los fenómenos, a la vez que reivindica una pluralidad de modelos de pensamiento que pueden ser incongruentes entre sí” (AGUILERA, F. 1996. Pág. 9 y 10). Este conjunto de premisas alternativas contrasta con las que vienen siendo dominantes en el pensamiento actual, que se refieren a un conocimiento atomista, mecanicista, universalista, con pocas leyes Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 81 universales, y objetivo. El nuevo pensam iento trata de dar entrada, por tanto, a nuevos conceptos: las partes no pueden comprenderse separadas de sus todos; los sistemas son impredecibles; los fenómenos dependen de un amplio número de factores relacionados con el tiempo y el lugar; los sistemas no se pueden entender apartados de nosotros y de nuestras actividades y, en consecuencia, de cómo hemos actuado en el pasado sobre los sistemas. La explicación del m undo, va a depender de qué tipo de pre misas pongamos en acción, y, asimismo, cond icionarán el enfoque de la naturaleza y de la economía. Con las premisas actualmente dominantes, tendremos un enfoque de la economía cerrada sobre su propio concepto de lo económico, separada de la naturaleza, de lo físico, y también de lo social, ético y político. En tanto que si aplica mos las premisas alternativas, caminaremos hacia una economía esencialmente abierta, inter-relacionada con la naturaleza y vinculada a los ámbitos sociales, éticos e institucionales. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 82 II.5.- PRODUCCIÓN, RIQUEZA Y PODER Los conceptos de producción y riqueza de la economía de la corri ente principal, van a ser redefinidos de acuerdo con las premisas alternativas. En expresión de Aguilera, “antes del siglo XVII nada se consideraba que fuera producido por el hombre, toda la producción y todas las riquezas provenían de la naturaleza o de la grac ia divina, de acuerdo con la visión organicista dominante entonces, conside rándose que la actividad humana se limitaba a apropiarse de tales riquezas. Lo s fisiócratas desplazan el centro de interés desde la apropiación hacia la producción de riquezas, dando por sentado que el hombre, gracias a los ad elantos de la agronomía, sí podía influir sobre el ritmo y la orientació n de las riquezas. Ahora bien, Quesnay distingue entre riquezas renacientes (renovables, podríamos decir hoy), que renacen o se regeneran restituyendo lo s gastos (físicos) empleados en su producción y arrojando además un prod ucto neto, y riquezas pecuniarias o monetarias,”(AGUILERA, F., 1996, pág. 12). Estas últimas no son en si mismo riquezas que se reproduzcan; el dinero no puede satisfacer las necesi dades de los hombres y el dinero no engendra dinero; sin las riquezas real es, las riquezas pecuniarias serían estériles e inútiles”. (INED. 1958. Pág 584). Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 83 Según Naredo, “Una vez establecida po r los fisiócratas la idea d e la producción como base de la ciencia económica, serían entre otros, Smith, Ricardo, Say y Malthus, quienes dieron el primer paso hacia el actual orden de ideas ocupándose de cortar el cord ón umbilical que unía originariamente la noción de producción al mundo físico, permitiéndole cobrar vuelos propios, libre ya de las precisiones incómodas que fueron introduciendo al respecto las elaboraciones de las cienci as de la naturaleza. El abandono del contenido físico que se dio inicialmente a la noción de producción,...y el uso de una manga cada vez más ancha en la aplicación de ese concepto, resultaron altamente funcionales para apun talar la creencia de que el carrusel mecanicista del sistema económico nos llevaba por la senda de un progreso indefinido: vaciar la noción de producción de su contenido originario, dando paso a un uso mucho más ambiguo de la misma, permitió cifrar el progreso mediante la simple multiplicación de mercancías con independencia de los procesos que les habían dado origen”(NAREDO, J.M. 1996. Pág. 89). Antes de la obra de Adam Smith, ex istía consenso sobre el hecho de que todas las actividades humanas dependían del medio físico o naturaleza, en que tienen lugar, incluida la econom ía y la riqueza. Y, de acuerdo con el Prof. Martin, el propósito de Smith era organizar el todo , mediante el tratamiento de las partes separadas de la ciencia, para descubrir y establecer sus inter-relaciones y dependencias, co n la intención de diseñar un sistema Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 84 general que permitiese explicar el funcion amiento de la sociedad y no sólo de sus aspectos económicos. (MARTIN, M. 1980) Pero, “los resabios fisiocráticos...que impregnaban la obra de Smith serían ampliamente criticados y elim inados del terreno de la ciencia económica por David Ricardo y Karl Marx entre otros, separando definitivamente la noción de producción de su contenido físico-natural originario”, (NAREDO, J.M. 1996. Pág. 95) y refuerzan la argumentación de que la producción depende del trabajo y de la tecnología. Como afirma Naredo, “la contradicción que estaba presente en la obra de los fisiócratas entre el enfoque físico de lo ec onómico y aquel otro pecuniario que atendía al valor de cambio y a la acumulación de capital, se resolvió abandonando el primero de ellos y utilizando el segundo como base de la ciencia económica...Cuando se racionalizaron los procesos del mundo físico-natural, desacralizándolo, ...es cuando el desplazamiento conceptual indicado permitió a la ciencia económica extender la noción de producción al conjunto de las actividades humanas, aunque estas sean meramente de apropiación o de transformación (y distri bución) de materias ya existentes en el planeta e incapaces de reproducirse”. (NAREDO, J.M. 1996. Págs. 106 y 107) Esto es, queda abierta la puerta para la reelaboración de otras definiciones relativas a las nociones fundamentales de la ciencia económica, Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 85 y la selección de aquellos fenómenos a estudiar que sean de fácil expresión en valores de cambio y autorregulabl es a través del mercad o. Quedan excluidos del ámbito de la economía aquellos fenómenos y nociones que no se pueden expresar en términos monetarios ni autorregulables por el mercado. Así se consolida, según Aguilera, “un sistema de pensamiento o una determinada racionalidad económica que, si bien, y en un primer momento, trata de imitar a las ciencias naturales, acaba por olvidarse de ellas, llegando incluso a practicar un reduccionismo que, en buena medida, impide el estudio y comprensión adecuados de aquello que inicialmente es considerado como su principal objetivo: la producción y distribución de la riqueza. En su conjunto, este resultado se muestra todavía más paradójico si se tiene en cuenta que mientras las cienci as naturales siguen avanzando, sustituyendo la visión mecánica por la termodinámica y el enfoque sistémico, la ciencia económica se muestra remisa a aceptar el reto de la ref ormulación conceptual que va precisando ante los cambios que van sucediendo”(AGUILERA, F. 1996. Pág. 13) En este proceso reduccionista de la economía que afecta, tanto a la noción y objeto de la economía como a sus conceptos, la ciencia económica se Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 86 separa de la ética, del poder (instituciones), y de la naturaleza, caminando hacia una economía de sistema cerrado. La separación de la ética o moral resp onde a la idea de que ésta carece de sentido en un mundo en que las re laciones tienen lugar entre átomos independientes. Como expresa Aguilera, “A pesar de que se suele atribuir a Adam Smith la legitimación de esta separación, una lectura atenta y conj unta de la Teoría de los Sentimientos Morales y de la Riqueza de las Naciones no parece avalar precisamente dicha responsabilidad”. (AGUILERA, F. 1991.) Según palabras del Profesor Mart in, “el principal defecto de los intérpretes de Smith ha sido no tene r presente sus propios objetivos, que consistieron en dar al mundo una co mpleta filosofía social, un sistema explicativo total. De aquí la extrema dificultad de abordar un estudio sistemático de Smith, que ha quedado históricamente a disposición de los economistas, quienes le han atribuido ju stamente el título de padre de la economía y a cambio han ofrecido una interpretación parcial y deformada de su pensamiento”. (MARTIN, M. 1980. Pág. 122) Esta malinterpretación del pensamiento de Smith, en relación con que el egoísmo es la base del comportamien to humano, fue incluso avisada por el propio autor cuando manifiesta que “hay otra doctrina que intenta dar razón, Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 87 por medio de la simpatía, del origen de nu estros sentimientos, pe ro que es diferente a la que yo me he esforzad o por demostrar. Es aquella que hace que la virtud radique en la utilidad”. (SMITH, A. 1991. Pág 327). Corroboran lo anterior, por otra parte, las palabras, en el mismo sentido, de Sen: “De hecho, en la economía moderna, es precisamente la reducción de la amplia visión smithi ana de los seres humanos lo que puede considerarse como una de las mayores deficiencias de la teoría económica contemporánea. Este empobrecimiento se encuentra íntimamente relacionado con el distanciamiento de la economía y la ética”. (SEN, A.K. 1989. Pág. 45.) Antes de consolidarse la ciencia económica, eran recriminadas las prácticas de percepción de intereses y los precios excesivos, por las normas morales, que reprobaban la avaricia, la usura o la codicia, y por tanto, las prácticas capitalistas de maximización de beneficios, pero según proliferaron tales prácticas, los moralistas cristianos fueron perdiendo el terreno del que se apoderaron otras teorías. Nos informa Naredo al respecto, que “la emancipación del dominio todavía no muy bien definido de lo económico de las reglas morales, se operó así gracias a la sustitución de la moral por la creencia en el papel benéfico del mercado capitalista. (NAREDO, J.M. 1996. Pág. 60) E indica que esta creencia “reposa sobre una innovación sin precedentes: la separación radical de los Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 88 aspectos hoy llamados económicos del tejido social en el que se integran para hacer de ellos un dominio autónomo”. A pesar de ser el poder parte funda mental para comprender y explicar las relaciones económicas, observamos como ha ido perdiendo protagonismo y desaparece con los economistas neoclá sicos, al exigir su argumentación teórica la competencia entre individuos iguales, con igualdad de preferencias y dispersión de poder, por consiguiente. La paulatina eliminación del pode r en e l ámbito económico, no comienza con los economistas clásicos, pues tanto Smith, como Ricardo y Marx, prestan gran atención al poder. En palabras de Smith, cuando se refiere al establecimiento del Gobierno Civil, argumenta que, “en la medida en que se instituye para la seguridad de la propiedad, se instituye, en realidad, para la defensa del rico contra el pobre, o de quienes tienen alguna propiedad contra quienes carecen de ella”. (SMITH, A. 1965. Pág. 674) .Y se opone también, al enorme poder que van acumulando las grandes empres as con la fra se: ”verdaderamente, esperar que la libertad de comercio sea completamente restaurada en Gran Bretaña es tan absurdo como esperar que sean restauradas una Oceana o una Utopía. No sólo por los prejuicios del público, sino por algo qu e es mucho más inalcanzable, la irresistible opos ición de los intereses privados de muchos individuos” (SMITH, A. 1965. Págs. 437 y 438). Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 95 La valoración indirecta se basa en el análisis del comportamiento del consumidor; con los métodos indirectos se busca determinar la relación de contaminación-impacto ambiental no monetario, bien sobre la salud, o sobre la vegetación, cosechas, edificios, etc; y, con posterioridad, se procede a valorar monetariamente este impacto. En esta evaluación , se liga el precio del bien ambiental al de otro bien con precio de mercado. Las críticas a todos los métodos evaluatorios indicados no se hacen esperar, para lo que se alegan tres tipos de limitaciones: unas teóricas, otras metodológicas y finalmente empírica s. EBERLE, D.W., y HAYDEN, F.G. 1994, pág. 199) Entre las críticas teóricas se citan las relativas a la teoría de la demanda, la disposición a pagar y la racionalidad individual, en que tales métodos se apoyan. Las metodológicas se refieren a los sesgos implícitos en los métodos, como sesgos estratégicos, informativos, del vehículo o instrumentos de pago, el hipotético, etc. Por otra parte, aparecen serias divergencias entre disposición a pagar y la disposición a recibir, a causa del efecto renta; y, estas diferencias influyen en la relatividad de las mediciones, qu e afectan a la certeza y bondad de los resultados empíricos. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 96 Sin hacer c aso omiso de las críticas comentadas, la mayor parte de los economistas entienden que, a pesar de sus limitaciones, dichos métodos tienen un alto interés, puesto que g racias a ellos podemos disponer de unas estimaciones monetarias muy valiosas para darnos una idea aproximada del orden de magnitud de los daños sufr idos por el medioambiente, como veremos. Y además, y más importante, informan y hacen ver a las autoridades, la importancia que tiene o tendría la puesta en marcha de un determinado proyecto de desarrollo econ ómico, o la estimación de lo que en la actualidad provoca, en términos de impacto ambiental, el mantenimiento de una determinada industria; todo ello debido a la forma en que se realizan desde el punto de vista económico, los cálculos en términos de análisis coste- beneficio de las inversiones. Así, incluyendo las estimaciones de la valoración ambiental por alguno de los métodos que a cada uno de los casos se pueda aplicar, podría hacer que en muchos casos la bondad económica de aquellas inversiones se relativice, toda vez que se plantean los costes ambientales de tales acciones. De acuerdo con Pearce y Turner, “l a justificación para la valoración monetaria reside en el modo en el que se usa el dinero como un patrón de medida para indicar las pérdidas o ganancias de utilidad o bienestar. O, lo que es lo mismo, el dinero sirve para medir” (PEARCE, D.W., y TURNER, R.K. 1995, pág. 164). Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 97 Naturalmente, en aquellos casos ex tremos, en los que la emisión de residuos sea superior a la capacidad de asimilación ambiental, las limitaciones expuestas sobre los método s de valoración ambiental, serán mucho más graves, aún siendo poco significativo el análisis coste-benefici o en términos monetarios, y habrá de acudirse a evaluaciones de otro tipo: medidas epidemiológicas, biofísicas, etc., como también reconoce Pearce. (PEARCE, D.W. 1994, 163). Para otro grupo de economistas, críticos de la ciencia económica convencional, hay serias dudas sobre la viabilidad de las técnicas de valoración monetaria del medioambiente, y les resulta más atractiva la noción de funciones ambientales , o funciones físicas, biológicas y, por consiguiente económicas, “que desempeñ a el medioambiente, p uesto que la decisión sobre el mantenimiento de dich as funciones a un nivel sostenible o r e p r o d u c i b l e n o d e b e d e p e n d e r – s e g ú n Hueting- de la disposición a pagar, sino de unos criterios biológicos...; este criterio aplicado a diferentes funciones ambientales nos llevaría a que, una vez tomada la decisión de tipo biológico, correspondería a los economistas y técnic os establecer la vía menos costosa de mantener dicha función a través de el análisis coste eficiencia”. AGUILERA, F. 1996, pág. 18) De ahí que el concepto de funciones ambientales resulte cada vez más interesante desde todos los puntos de vista (HUETING, R. 1980). Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 98 Como continua el Prof. Aguilera: “Parece, en consecuencia, que sería deseable reorientar las relaciones entre la economía y la naturaleza mediante un pensamiento que optara por las pr emisas alternativas” (AGUILERA, F . 1996. Pág. 19) y al mismo tiempo aceptara que “es la interdependencia sistémica de la economía y los ecos istemas la que constituye el reto fundamental a la teoría económic a convencional”(KAPP, K.W. 1974, pág. 169). Además, la ecología nos enseña que el hombre no utiliza recursos naturales de manera aislada, sino que utiliza y se apropia de ecosistemas”, TOLEDO, V. 1985), proceso que ha sido denominado como de coevolución o desarrollo coevolucionista, en el sentid o de la interdependencia mutua entre el ecosistema y el sistema socioeconómico, que, a su vez, conlleva una adaptación mutua de los dos sistemas 2 . (NORGAARD, R. 1994) Las principales implicaciones que se derivan de considerar abiertos a los sistemas económicos, argumenta Aguilera, que serían en síntesis: “a) el replanteamiento de las no ciones e conómicas que han sido creadas para tratar cuestiones en un co ntexto de sistema cerrado, ...; b) la necesidad de estudiar a fondo el funcion amiento de los ecosistemas, ...; y c) decidir, desde un punto de vista normativo...qué estilos de vida y de desarrollo son compatibles o sostenibles con los diferentes ecosistemas...Desde luego, este tipo de cambios es lento...; sin embargo, 2 NORGAARD, R. Development Betrayed. R outlege, London, 1994 Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 99 existen algunos pasos que ya se han dado en esta dirección...Uno de ellos,...es el que ha dado la CEE en el informe titulado Hacia un Desarrollo Sostenible”. (CEE. COM, 1992) Se plantea así, la Economía Ecol ógica, “como una economía de sistema abierto, al estudiar como se interrela ciona la actividad económica con los ecosistemas y como se influyen de manera mutua...pretende comprender la posición del hombre en un mundo que está siendo simultáneamente creado y destruido por el,...” (AGUILERA, F. 1996. pág. 21). Y para mayor precisión, la descripc ión de Naredo es muy elocuente: “la economía ecológica ha de preocupars e, en primer lugar, de la naturaleza física de los bienes a gestionar y de la lógica de los sistemas que los envuelven, considerando desde la escasez objetiva y la renovabilidad de los recursos empleados hasta la nocividad y el posible reciclaje de los residuos generados, a fin de orientar con conocimi ento de causa el marco institucional para que éste arroje ciertas soluciones y no otras en costes, precios y cantidades de recursos utilizados, de productos obtenidos y de residuos emitidos”. (NAREDO, J.M. 1994. pág. 378.) Se asiste al reverdecimiento de la economía, entre la economía ambiental y la economía ecológica . Como expresa Jimenez Herrero: “El cambio global marca una nueva tendencia integrad ora entre economía y ecología; conceptualmente enraizadas en sus oríg enes, asientan su reencuentro desde Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 100 poco más de dos décadas con el surgimient o de nuevas corrientes desde sus respectivos campos... Ahora, desde la perspectiva de los años noventa, se percibe claramente un proceso de in tegración hacia una sí ntesis final propiciada por la necesidad de establec er un enfoque estratégico y de gestión del sistema global bajo criterios de sostenibilidad. La sostenibilidad del desarrollo global presupone la definición de una nueva relación economía-ecolo gía, como resultado de una fertilización cruzada y de un proceso de hibridación transdisciplinario en una doble dirección: 1.- Ecologizar la economía, tanto la actividad económica que no reconoce los límites naturales como la teoría que la sustenta aplicando principios ecológicos que permitan que el sistema económico funcione en equilibrio dinámico con los sistemas que soportan la vida. 2.- Economizar la ecología, rescatando el concepto original de la economía de la naturaleza y tratando de asignar racio nal y eficientemente todos los recursos escasos de la biosfera finita” (JIMENEZ HERRERO, L.M. 1996. págs. 174 y 175). Se introduce el nuevo concepto de sostenibilidad, so bre el que indica Jiménez Herrero, “el síndrome del camb io global, ambiental y humano, ha propiciado la conciencia de la insostenibilidad. Pero al tiempo, ha posibilitado la plen a integración conceptual entr e medioambiente y desarrollo que ya se venía vislumbran do desde bastante tiempo atrás. En Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 101 consecuencia, ahora se reconoce que los procesos ambientales deben ser comprendidos y tratados conjuntamente con los procesos sociales... Por ambiguo que sea el adjetivo sostenible, su idea clave se basa en l a noción de sostenibilidad como característica de un proceso que puede mantenerse indefinidamente. Y su fundamento viene dado por el concepto d e equilibrio en relación con las capacidades y las limitaciones existentes. El desarrollo y bienestar humanos requieren un equ ilibrio dinámico entre población, capacidad del medioambiente y vitalidad productiv a. Las funciones que sostienen la vida y los procesos naturales no pueden mantenerse si el uso de los recursos que proporcionan excede la capacidad de regeneración y de mantenimiento de la integridad y equilibrio de los ecosistemas”. “El objetivo general es hacer sostenible el desarrollo de la humanidad satisfaciendo sus necesidades, actuales y futuras, mejorando la calidad de vida dentro de los límites del me dioambiente”. (JIMENEZ HERRERO, L.M. , 1996. Págs. 39 y 40) Ahora bien, las posturas encontrad as que surgen entre Economía Ambiental y Economía Ecológica, como economía de sistema cerrado frente a economía de sistema abierto, es posible que puedan encontrar un punto de convergencia instrumental, aunque no desde el enfoque conceptual, mediante la llamada Reforma Fisc al Ecológica . Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 102 En expresión de Aguilera, “Dicha Reforma no reconoce explícitamente la necesidad de pensar en términos de sistemas abiertos, pero sí asume implícitamente la inviabilidad del estilo de vida actual, fundamentalmente en los países occidentales. Trata de reorientar dicho estilo de vida mediante una serie de medidas de política que utilizan en parte los famosos impuestos y subsidios sugeridos por Pigou, pero gravando paulatinamente la utilización de los recursos naturales no renovables, en lugar de gravar la renta del trabajo y los beneficios de las sociedades. La intenc ión es ir cambiando poco a poco las pautas de consumo y de producción y, en suma, el estilo de vida, de manera que éste sea compatible con el medioambiente. Más concretamente, el objetivo fun damental de la Reforma Fiscal Ecológica, continúa argumentando Agu ilera, consiste en cambiar el marco fiscal bajo el que se mueve la econom ía, con el fin de que la imposición recaiga en mayor medida sobre el uso de los recursos naturales no renovables, energéticos y no energéti cos, gravando en menor medida otras actividades e incentivando así la tran sición hacia procesos de producción ahorradores de energía, el uso de energías renovables, el transporte colectivo, el reciclaje y la reutilización de lo s residuos” (AGUILERA KLINK, F. 1996. Pág. 24) Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 103 Con base en estos argumentos, han surgido diversas formas de aplicación de los impuestos sobre los recursos, así como distintos son los criterios sobre su establecimiento. Tales impuestos deberían aumentarse acumulativamente a una tasa del cinc o por ciento anual, durante treinta años, a fin de mantener constante la carg a fiscal, tanto en el IRPF, como en el impuesto de sociedades o el IVA; la di stribución habría de hacerse de forma que favorezca la reducción del consumo de recursos naturales no renovables por unidad de producto obtenido (VON WEIZSÄCKER, E.U., y JESINGHAUS, H. 1992). Sigue abierto el debate respecto a si los impuestos han de tener cierta correspondencia con el coste ecológico, en valores monetarios, de los daños producidos por la actividad económica, postura que defienden Postel y Flavin, (POSTEL, S., y FLAVIN, C. 1993) o bien, si los impu estos deben responder a otros criterios, como el de fijar a priori unos determinados objetivos de calidad ambiental, que apoyan Von Weisäcker y Jesinghaus, por una parte, y Loeser, por otra. (LOESER, G. 1993). En general, la mayor parte de los autores se inclinan porque estos impuestos no sigan la norma de exigirles una prueba científica de la relación entre las emisiones a las que se les aplican y el daño am biental ocasionado; por el contrario, se acepta el prin cipio de que su imposición es una Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 104 imprescindible necesidad para atender los gastos públicos, tal como sucede con el IRPF y el impuesto de Sociedades. Desde otra perspectiva diferente, pero con los mismos fines, Naredo ha realizado una propuesta de reforma fiscal ecológica, que se considera de interés. Analiza la producción desde un enfoque termodinámico, en el que los recursos iniciales son siempre mayo res que el producto final, por haber pérdidas irreversibles y costes físicos; es decir, la eficiencia absoluta del proceso siempre es menor que la unidad positiva. De modo análogo, estudia el proceso productivo desde la visión de la economía convencional, en la que el valor monetario de los recursos naturales consumidos es siempre inferi or al valor monetario del producto final; por consiguiente, la eficiencia ha de ser siempre mayor que la unidad positiva. A continuación, trata de conseguir una conexión entre ambos análisis, que formalmente denomina teorema de con exión . El autor entiende que el teorema puede expresarse de diversas formas, pero en todo caso establece que “la revalorización unitaria del gasto monetario supere a la pérdida física por unidad de producto o, dicho de otra manera, que la ganancia de calidad alcanzada en el proceso, medida en términos monetarios, compense a la dispersión generada en términos fí sicos”. (NAREDO, J.M. 1994. Pág. 394) Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 111 fomento del crecimiento económico a largo plazo, y propugnaba economías estacionarias o de crecimiento cero. Es te pe nsamiento opuesto al crecimiento se ve apoyado por estudios económicos que resaltan los costes sociales, y, en especial, los ambientales, que con llevan vivir en una sociedad con crecimiento económico positivo. La falta de correlación empírica entre riqueza material y felicidad; el hecho de que el disfrute de una serie de bienes quede limitado a un grupo de reducido de personas con ingresos altos, y la evidencia de que las necesidades humanas van más allá de los suministros materiales, muestran claramen te cuál es la ideología dominante sobre los límites sociales al crecimiento. (HIRSCH, F. 1977). En el paradigma de la economía institucional, que comien za a principios del siglo XX, los problemas ambientales se consideran como una consecuencia del crecimiento de los países desarrollados, se incorpora la noción de los costes sociales de la contaminación y se aboga por la intervención estatal para su control, dentro de lo posible. Sin embargo, no hay consenso en relación con la profundización precisa de la intervención para llegar a un asentimiento social. En el enfoque de la economía medioambiental aparecen dos submodelos de gestión de los recursos ambientales: el de los derechos de propiedad y el del balance de materiales. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 112 Por la primera visión, se sostiene que los problemas del coste de la contaminación no están generalizados y se pueden paliar por una redefinición de la estructura de los derechos de propiedad existentes. Con base en el conocido Teorema de Coas e, e n unos supuestos dados, como veremos más adelante, la mejor solución en caso de daños por contaminación, es la negociación entre contaminador y af ectado (o contaminado), conducente a la inde mnización o compensación económica del uno al otro, en función de quien tenga inicialmente los derechos de propiedad de utilización de los recursos, bien compensando por no contaminar, bien para que se tolere el daño de la contaminación. COASE, R.H. 1974. Pág. 99) Aunque la contaminación ambienta l se considera que responde a un fallo del mercado, cuando los derechos de propiedad no están suficientemente especificados, como es el caso de la propiedad común de los recursos naturales, la mala gest ión de los mismos por políticas gubernamentales intervencionistas, ta mbién ha sido causa de degradación ambiental. Esto es, si bien se admite la existencia de imperfecciones en el mercado, ello no supone la superiorid ad de la actuación colectiva, pues el sistema de mercado se entiende superi or a cualquier otra alternativa en la solución de los problemas ambientales. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 113 La visión del balance de materiales, como su denominación indica incorpora al análisis económico modelos de balance de materiales y, en parte, también límites de entropía. La contamin ación se considera como un fallo del mercado, pero se admite que se trata de un fenómeno generalizado e inevitable, consecuencia de las leyes termodinámicas. Este enfoque es más revisionista que el enfoque anterior, enti ende que es necesaria la intervención gubernamental a través de regulaciones e incentivos. En teoría, bajo supuestos de simplif icación, se establece un nivel de contaminación óptimo desde el punto de vista económico, es decir, eficiente, para el que el beneficio neto marginal privado de la empresa contaminante sea igual al coste marginal externo del daño provocado. Sin embargo, como dicha situación óptima no es posible aplicarla en la práctica ante la insuficiencia de datos, es la sociedad la q ue determina unos niveles de calidad ambiental que estima aceptables, y que se tratan de conseguir, al menor coste posible. En unos casos, se regula mediante cánones sobre vertidos por unidad de contaminación; en otros, a través de normativas orientadas a la reducción uniforme de emisiones contaminantes en el conjunto industrial (BAUMOL, W., y OATES, W. 1982). Para llegar a un mejor conocimiento de la interacción entre medioambiente y economía, se pueden utilizar las tablas input-output Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 114 modificadas de tal modo, que sea posible estimar los efectos de los cambios de determinados factores clave en la economía, sobre los precios. Si, además, pudiéramos introducir en el esquema de las tablas, funciones ambientales, podríamos ver en qué medida afectaría un cambio económico al medio ambiente. Bastaría añadir una nueva fila a las tablas, formada por los bienes ambientales en términos físicos, tie rra, agua, aire, que muestran los inputs del medioambiente a la economía; anál ogamente, se adiciona una nueva columna, cuyos elementos son igualmente los bienes ambientales citados, que ahora nos indican cómo estos recurs os actúan co mo medios receptores de los desechos que fluyen de la economía. Así se aprecia que la economía y el medioambiente están interrelacionados, y de que forma, en una primera fase. Posteriormente, con los avances esperados en es tas investigaciones en relación con las interacciones economía-medioambien te, se conseguirá perfeccionar la cuantificación de las mismas. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 115 Un esquema inicial lineal tal como éste: nos muestra que los recursos (R) del me dioambiente fl uyen a la producción (P) para obtener bienes de consumo (C) y bienes de capital (K). A la vez los bienes de capital producen bienes de consumo en el futuro. El sentido del consumo es generar utilidad (U) o bienestar. El suministro de inputs al sistema productivo refleja la primera función del medio ambiente natural , que simplificadamente se puede expresar así: R P C R P C U K Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 116 Todavía ésta, es una representación incompleta, porque no aparecen los residuos. Al integrar éstos (W), y considerar además los propios residuos de los recursos, un esquema lineal más completo sería: Dado que, por la primera Ley de la Termodinámica, no se puede crear ni destruir materia ni energía, los recursos utilizados han de terminar en algún sitio del sistema medioambiental. Si consideramos la formación de capital, éste irá desgastándose con el tiempo y aparecerá como un flujo más de desechos. Por tanto, la cantidad total de residuos en un momento dado (W ) ha de ser igual al total de recursos empleados, es decir: W = R = W R + W P + W C . El planeta Tierra, como una nave espaci al, sólo tiene una fuente externa de energía, la solar, y a medida que se reduzcan los recursos naturales, disminuirá la esperanza de vida de sus habitantes, a no ser que se reciclen los desechos y se regenere su propio alimento. R P C W R W P W C Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 117 La Tierra forma, pues, un sistema económico cerrado, en el que la economía y el medio ambiente se inte rrelacionan, no de forma lineal sino circular (BOULDING, K. 1966). Es decir, el sistema de relaci ones de forma esquemática, será: Ahora bien, sólo una parte de los re siduos se pueden reciclar, porque la entropía impone un obstáculo físico como consecuencia de la segunda Ley de la Termodinámica, por lo que esto supone otra frontera al diseñar la economía como un sistema cerrado y sostenible. Esa parte de residuos que no se reciclan vuelve al medioambiente, que los reconvierte en productos no tóxico s o útiles ecológicamente, mediante su capacidad de asimilación . Se pone así de manifiesto la segunda función R P C W r (reciclaje) Medio ambiente como receptor de residuos Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 118 importante del medioambiente: la asim iladora de residuos generados por la actividad de la vida. Mientras la cantidad de desechos no supere esta capacidad de asimilación del medioambiente, el si stema económico circular funcionará como un sistema natural, aunque el stock de recursos no renovables descenderá paulatinamente. No obstante, si los residuos sobrepasan dicha capacidad asimilativa del medioambiente, se deteriorará la función económica de éste como receptor de de sechos, convirtiendo en no renovables lo que podía haber pasado de nuevo a recursos renovables. Volviendo al primer esquema lineal , en el que aparece explícita la utilidad, se destaca la tercera función del medioambiente, que es proporcionar utilidad directamente en la forma de disfrute estético y bienestar espiritual o amenidades, función que se verá dañada si la cantidad de desechos supera el nivel de la capacidad de asimilación. La utilidad total del sistema económico se compone del flujo de utilidad del consumo, de las amenidades positivas que proporcionan los recursos que utilizamos, y las negativas procedentes del medioambiente cuando los residuos son superiores a la capacidad de asimilación de éste, caso en que se incrementará, además, el uso de recursos necesarios para la eliminación de tales excedentes no nocivos. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 119 Este es el modelo de balance de materiales en el que se destacan las tres funciones económicas del medioambiente: suministro de recursos, asimilación de residuos y generación de utilidad directa, estética. Todas ellas tienen un valor económico positivo, a tener en cuenta siempre. Dichas funciones se pueden consid erar como los componentes de una función general del medioambiente, la fun ción de sustento de la vida, que ha de persistir a lo largo del tiempo (PEARCE, D., y TURNER, K. 1995). Por otra parte, ante la complejidad de las interrelaciones ecológicas y las incertidumbres existentes en la gestión de los recursos, se han plantead o dos principales puntos de vista para su estudio: el análisis coste-beneficio y el enfoque de normas fijas. El primero, utiliza valoraciones monetarias, con la incorporación, asimismo, de un reconocimiento a la existencia de incertidumbres e irreversibilidades. El enfoque de normas fijas se emplea para casos específicos, o también como manera de instrumentar una política macroambiental general. Tales normas se refieren a calidad ambiental para el agua y el aire, usos de la tierra, etc., que sirven de limitaciones a cumplir. En un contexto general cualquier po lítica dudosa habría de rechazarse a favor de la posición más conservadora me dioambiental, con posposición de Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 120 opciones de desarrollo, y la recomend ación de adoptar siempre un amplio margen de seguridad. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 127 NORGAARD, R. “Coevolutionary Development Potencial”. Land Economics, Vol. 60, nº2, Mayo, 1984. NORGAARD, R. Development Betrayed. Routlege, London, 1994 O’RIORDAN, T., y TURNER, R.K. An Annotated Reader in Environmental Planning and Managementl. Pergamon Press. Oxford, 1983. PASSET, R. L’economique et le vivant. Payot, Paris, 1979. PEARCE, D.W. “Los límites del análisis coste-beneficio como guía para la política del medio ambiente”. En AGUILERA, F., y ALCANTARA. V. De la economía ambiental a la economía ec ológica, Barcelona. Icaria-Fuhem. 1994. PEARCE, D.W., y TURNER, R.K. Economía de los Recursos Naturales y del medioambie nte. Colegio de Economistas de Madrid. Celeste Edic. Madrid. 1995, PERROUX, F. Poder y Economía. I.C.E., Madrid, 1981. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 128 POSTEL, S., y FLAVIN, C. “Remodelación de la economía mundial”, en La Situación en el mundo 1991, de BROWN, L. Ediciones Apóstrofe, Madrid, 1993. SANCHEZ ALBORNOZ, N. Estudio Preliminar a la edición de la Suma de tratos y contratos de Tomás de Mercado. Instituto de Estudios Fiscales. Madrid, 1978. Vol I. SCHUMPETER, J.A. Historia del a nálisis económico. Ariel, Barcelona, 1971. SEN, A.K. Sobre ética y economía. Alianza Universidad, Madrid, 1989. SMITH, A. An Inquiry Into The Nature and Ca uses of The Wealth of Nations. The Cannon Edition. New York, 1965. SMITH, A. Teory of Moral Sentiments. D.D. Raphael and A.L. Macfie (Eds). Oxford. Clarendon Press. 1991. Pág 327. Citado por Aguilera, F. 1996. TOLEDO, V. Ecología y Autosufieicncia Alimentaria. Siglo XXI, México. 1985. VON WEIZSÄCKER, E.U., y JESINGHAUS, H. Ecological Tax Reform , Zed Books, London, 1992. Capítulo II: Economía, Ec ología y Medioambiente 129 WOLSTEN HOLME, G. Man and His Future. Boston, 1963, donde se recoge el trabajo de COLIN CLARK, Agricultural Productivity in Relation to Population . CAPITULO III.- DESARROLLO SOST ENIBLE, ANALISIS ECONÓM ICO Y VALORACIÓN AMBIENTAL Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 131 III.1.- DESARROLLO SOSTENIBLE Y VALORACIÓN D EL MEDIOAMBIENTE III.1.1.- El concepto de Desarrollo sosten ible. Sostenibilidad Global y Local Existe en la actualidad, una completa bibliografía ac erca del debate sobre los conceptos, desarrollo sostenible, sostenido o sustentable, sostenibilidad, crecimiento económico, y desarrollo económico, por lo que sólo vamos a tratar de precisar las conclusiones realizadas por algunos autores, acerca de las reglas de operatividad para poder llevar a la práctica este concepto tan poco preciso, ta n ambiguo, tan utilizado y quizás tan contaminado por su uso indiscriminado en expr esión política actual, sobre el desarrollo sostenible. Este concepto aparece y toma fuerza a partir de la expresión inglesa sustainable development, en ocasiones mal traducido, y quizás de forma intencionada, por crecimiento so stenido o desarrollo sostenido, (RIECHMANN, J. 1995), que se consolid a definitivamente a partir de 1987, en el Informe Nuestro futuro común, de la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, conocido de forma generalizada como informe Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 132 Brundtland, (apellido de la pre sidenta de la Comisión, la noru ega Gro Harlem Brundtland). ( BRUNDTLAND G.H.1988) Término que prácticamente ha dejado en desuso a su predecesor el ecodesarrollo, ( SACHS, I. 1981) parece que fue formulado por primera vez por Maurice Strong, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en su primera reunión en 1973. Su expresión se refiere a un desarrollo socialmente justo, ecológicamente compatible y económicamente viable, o también el conjunto compuesto por los tres conceptos siguientes: necesida des básicas, desarrollo autocentrado y compatibilidad ecológica ( DASMANN, R.F..1989). El desarrollo sostenible, se define en sus comienzos dentro de la orientación de estrategias de desarrollo regional, generalizándose después en la definición de proyectos de desarrollo integral ecológicamente racionales. Es un estilo de desarrollo más igualitario y menos dependiente, más racional desde el punto de vista socioambiental para la gestión de los recursos y el espacio que utiliza di seños ecológicamente viables en la planificación del desarrollo económic o, con aplicación de tecnologías ambientalmente adecuadas y que bu sca asimismo un mayor control democrático y participación popul ar, en las decisiones sobre el medioambiente físico y social, de los más directamente afectados. (JIMENEZ HERRERO, L. 1989). Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 133 El desarrollo sostenible, según Brundt land, gira en torno a la idea de la satisfacción de la generación presente sin comprometer la de las generaciones futuras. Dicho informe contiene los siguientes aspectos (RIECHMANN, 1995): - El principal objetivo del desarrollo es la satisfacción de las necesidades humanas. - La forma en que se satisfacen las necesidades humanas, está sometida a restricciones morales en términos de equidad distributiva y consuntiva, y ecológ icas, en términos de capacidad de sustentación de los ecosistemas y sobre todo del propio planeta. - Para la satisfacción de las necesidades esenciales, se requiere el crecimiento económico en los lugares donde no se satisfacen esas necesidades; se requiere por tant o el crecimiento de los países pobres. - Se necesita una forma de control demográfico consciente, en armonía con el cambiante potencial productivo de los ecosistemas. - Existen límites en términos de utilización de los recursos, tanto para los no renovables como para los renovables, así como para la emisión de contaminación y vertidos. Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 134 - La conservación no es un imperativo absoluto, sino que debe estar subordinada al bienestar humano. - El uso de los recursos no renovables ha de ser lo más parsimonioso posible, buscando a largo plazo su sustitución por los recursos renovables. En este sentido, el desarrollo sostenible aboga, por un lado, por el mantenimiento del capital natural, a trav és del principio de precaución, y por otro el estándar mínimo de seguridad, otro concepto similar del desarrollo sostenible, como vía de dar forma al contrato social entre generaciones, a través de la regla de capital constante y del legado al futuro. Todas las decisiones deben tomarse en un contexto de incertidumbre y d e posibles irreversibilidades, pues una vez toma das aquéllas provocan cambios que físicamente imposibilitan su vuelta at rás o a un coste excesivo, en caso contrario. De forma estricta debe salvaguardarse, a largo plazo el capital natural que los individuos reciben en ca da generación, por lo que se deduce la gran importancia que tiene una va loración completa de dicho capital, como garantía intergeneracional del mantenimiento del capital constante. (TURNER, R.K. et al. 1993). Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 135 En esta línea vamos a exponer los principios o criterios operativos para el desarrollo sostenible expuestos por Riechmann ( RIECHMANN, J. 1995): 1.- Principio de irreversibilidad cero : reducir a cero las intervenciones acumulativas y los daños irreversibles. 2.- Principio de extracción sostenible de recursos renovables: las tasas de recolección de los recursos renova bles deben ser iguales a las tasas de regeneración de estos recursos. 3.- Principio de extracción sostenib le de recursos no renovables: es cuasi-sostenible la explotación de recu rsos naturales no renovables, cuando su tasa de vaciado sea igual a la tasa de creación de sustitutos renovables. 4.- Principio de emisión sostenible: las tasas de emisión de residuos y de contaminantes han de ser, como mucho, iguales a las capacidades naturales de asimilación de los ecosis temas en los que se vierten dichos residuos, lo que implica la emisión ce ro de residuos no biodegradables. 5.- Principio de selección sostenible de tecnologías: han de favorecerse las tecnologías que aumenten la prod uctividad de los recursos como volumen de valor obtenido por unidad de recurso, frente a las tecnologías que incrementen la cantidad extraída de recursos. Es decir, se aboga por la eficiencia frente al crecimiento. Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 136 6.- Principio de precaución: ante la magnitud de los riesgos a que nos enfrentamos, se impone una actitud de vigilancia a priori que identifique y descarte de entrada tanto las vías que podrían llevar a desenlaces catastróficos, aún cuando la probabilidad del riesgo ambiental parezc a pequeña como las vías alternativas más difíciles o costosas. Estas son las normas de seguridad mínima de la sostenibilidad que deberían cumplirse antes de seleccionarse aquellos proyectos que tengan las tasas de beneficio más elevadas sobre la base de otros criterios económicos en un sentido tradicional. Podemos utilizar una definición útil de desarrollo sostenible, como aquél en que la cantidad de consumo es posible continuar indefinidamente sin degradar el capital, incluido el capital natural ( CONSTANZA, R.1997). En este sentido, tene mos por una parte aquél grupo de economistas, los ambientales, que consideran que lo que se dese a conservar desde el marco del Informe de la Comisión Brundtland, es el valor del stock de capita l incluido el capital natural con el qu e cuenta la sociedad, otorgando a las generaciones futuras la posibilidad de seguir produciendo bienestar económico en igual situación que la actual. El problema es lograr una valoración que se estime completa y acertada del stock de capital y del deterioro ocasionado en el mismo, adem ás, para tener la seguridad de que el Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 143 primeras etapas del desarrollo, se muestran las existencias medioambientales y el nivel de vida, como fenómeno s complementarios, pero no podemos olvidar que las funciones ambientales de asimilación de desechos y de sostenibilidad de la vida no son sustituibles. (PEARCE, D.W., y TURNER, R.K. 1995) Para que una economía tenga un desarrollo sostenible, en el caso de reducción del capital natural, habría de aumentar la eficiencia en la utilización de los recursos aplicados, lo que se consigue fundamentalmente mediante el progreso técnico, a pesar de que éste también puede presentar efectos indirectos adversos de contaminación en aumento. Llegados a este punto, es precis o tener en cuenta otro tipo de sustitución: la de capital natural por ca pital construido por el hombre. Y ésta ha sido la manera tradicional de crec imiento económico, por lo que cabría pensar, al menos de momento, que el capi tal natural no es tan esencial para elevar el nivel de vida. En el punto crítico, hemos expuesto que es factible elevar el nivel de vida reduciendo las existencias de capital natural; ahora, con la introducción del progreso técnico, argumentamos que parte de esa cesión puede realizarse sacrificando o consumiendo capital hu mano como parte del sacrificio de capital natural. Caso de que ambos tipos de capital fuesen igualmente Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 144 productivos en el aumento del nive l de vida, actuaríamos de forma indiferente, pero si el capital humano fuese más productivo, nos inclinaríamos por éste. Los problemas surgen de inmediato; el capital humano no es independiente del capital natural, pues ha de consumirse parte de éste para construir el otro. Podría llegarse a la simple sustitución entre a mbos, si la productividad extra del capital humano compensa el empleo suplementario de recursos naturales que se co nsumen al producir éste, cosa que, de nin guna manera, resulta tan evidente. Un segundo problema es que el capital natural desempeña otra serie de funciones económicas, que no son posibles de realizar por el capital humano, como es el caso de las funciones de sost enimiento de la vida: regulación del clima, protección del agu a, existencia de recursos biológicos, etc.; esto, es la multifuncionalidad del capital natural es inasequible para el ser humano. La tercera cuestión es, que la sust ituibilidad puede no ser relevante en todos los recursos naturales, pues ésto s no son como los recursos humanos en el sentido de que entre las much as funciones de aquellas está el mantenimiento de los ciclos bioquími cos del medioambiente, de los que depende la existencia del propio hombre. Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 145 El progreso técnico es, en princ ipio, una forma de reducir el uso de recursos naturales para mejorar el nivel de vida, por incrementar la eficiencia, pero es preciso que tengamos presente el hecho de que, por una parte las nuevas tecnologías no son siempre menos contaminantes, y, por otra, que no parece sea indefinido el progreso tecnológico, en principio. Relevancia especial tiene el tema referente al papel que desempeña el medioambiente como apoyo y sustento de los sistemas económicos, cuyo ignorancia nos sume en una import ante incertidumbre; no tenemos s e g u r i d a d d e c ó m o f u n c i o n a e l m e d i o a m b i e n t e , n i e n s u i n t e r i o r n i e n s u s interrelaciones con el sistema económico. Por eso, si decidimos un sacrificio del capital natural, nos podemos encontrar, y, de hecho, con frecuencia nos enfrentamos, con el gravísimo problema de la irreversibilidad, situación en la que ya no es posible una vuelta atrás. No cabe duda, pues, que al estar presentes la incertidumbre y la irreversibilidad, una vez más hemos de in dicar, que ante la decisión de reducir el capital natural, la prudenci a y la precaución deben ser nuestro modo de actuar. En síntesis, del sacrif icio de capital natural sólo puede conseguirse un incremento sostenible limitado del nivel de vida. La sostenibilidad en las sociedades más pobres del mundo es función del mantenimiento de las existencias de los recursos naturales, donde la Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 146 alimentación depende de agriculturas de subsistencia, que atentan contra la calidad del suelo. Pero, a pesar de la co nservación de esos recursos, dada su escasez flexibilidad, estas economías pued en no ser sostenibles ante sucesos externos como la sequía o la guerra, que retrasen sus expectativas de desarrollo, al no disponer de capital humano. Otros argumentos a favor de la protección del medioambiente, del capital natural, se refieren a la equida d entre generaciones y los derechos de otros seres vivos de la naturaleza. Conservar las dotaciones de recursos naturales significa asegurar el acceso a ellas de las futuras generaciones, que conlleva la justicia distributiva intertemporal, fundamental objetivo social , al tener en cuenta los intereses de generaciones posteriores. Por otro lado, además de los derechos humanos, han de considerarse los derechos de otros seres sensibles, como los animales; entre tales derechos, el básico es el de existir para poder ejercerlos. Recordemos que cuando degradamos o sacrificamos capital na tural, inexorablemente destruimos hábitat o medioambiente imprescindib le para la vida de los animales salvajes. La reducción de capital natu ral es, pues, un atentado contra los derechos de los seres vivos. (PEARCE, D.W., y TURNER, R.K. 1995) Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 147 Para los pensadores del paradigma coevolucionario, (NORGAARD, R. 1984) . la explicación del desarrollo y del cambio, más que a un determinismo biológico o cultural, se debe a un proceso de adaptación a un medioambiente que cambia y, a su vez, es fuente u origen de cambio ambiental. Permanentemente hay una interacción de los organismos con el medioambiente, pues no se limitan a tomarlo en una situación dada concreta, sino que buscan alternativas o cambian las que existen. Todo organismo no es, por consiguiente, sólo el resultado del medioambiente en que se genera, sino que, además, es la causa de ese medioambiente. Con este enfoque, se deducen tres fuentes de cambio: la ruptura del equilibrio ecológico, provocado por cualquier inadecuación entre método y tasa de utilización de los recursos naturales; las demandas de nuevos cambios técnicos; y la aparición de tipo s nuevos de necesidades, acordes con los cambios en los costes y en el nivel de vida. No obstante, ninguna de estas fuente s explica el cambio, por sí misma; el desarrollo es un proceso de de splazamientos por una sucesión de localizaciones ecológicas, que van varian do y, en cualquier situación, se pueden destruir por factores ajenos al proceso de desarrollo de la sociedad. A largo plazo, el proceso de desarrollo conduce a una explotación en aumento del medioambiente, que disminuye los recursos de baja entropía, Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 148 incrementa los residuos, y conlleva qu e los sistemas económicos sean más circulares y complejos. Este enfoque coevolucionario se pres enta como nexo entre el análisis económico y el ecológico, y expresa qu e la coevolución se refiere a todo proceso de interacción que tenga lugar en tre dos sistemas en evolución; en su desarrollo, los excedentes energéticos se generan dentro de sistemas y están disponibles para estimular nuevas intera cciones entre sistemas. Cuando éstas son positivas para la sociedad, el proceso evolutivo continua. Pero los mecanismos de desarrollo de respuesta coevolucionaria pueden pasar del ecosistema al sociosistema, por lo que los sistemas de producción se hacen más circulares y complejos, con un crecimiento de la explotación del medioambiente. Así pues, las exigencias para subsistir dependen de la tecnología y de la cultura de la sociedad del momento, que crecen a medida que se incrementa la complejidad del sistem a social, a través del cambio de preferencias individuales inducidas por el desarrollo. (PEARCE, D.W., y TURNER, R.K.1995). Podemos destacar, como sinopsis de los enfoques alternativos al dominante en relación con el anális is del medioambiente natural, tr es aspectos principales. Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 149 En primer lugar se indica que, en tanto los economistas asumen con normalidad que la generalidad de indi viduos y sociedades tienen varios objetivos, ellos se polarizan en el t ratamiento de solamente la eficien cia económica, solamente. Cuando ésta se aplica a la oferta y demanda de los bienes o activos ambientales, no comercializables en el mercado, se pueden utilizar en su estudio una serie de inst rumentos económicos tales como el análisis marginal, la optimización y ot ros. Ahora bien, puede suceder que la optimización del uso de los bienes ambientales, no sea la principal preocupación de los individuos y socied ades, sino que consideren el acceso equitativo a tales bienes, a corto y largo plazo, tan fundamentales o más. Asimismo, la coexistencia de la incert idumbre y la irreversibilidad sobre el papel del medioambiente en la calidad de vida y en nuestra supervivencia, nos hace dudar de la credibilidad de los análisis coste-beneficio. Esto es, la consideración de los objetivos que los humanos tienen en relación con el medioambiente natural, puede hacer cambiar la idea de la economía convencional sobre aquellos. En segundo término, aparecen algu nas posiciones alternativas que consideran relevantes los sistemas de preferencia, en el análisis de los problemas medioambientales. Este pensamiento implica un problema: cuando determinados hábitats tienen un valor intrínseco que no está Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 150 relacionado con el acto humano de pr eferencia o no, aparecerá la dificultad de cómo tenerlos en consideración. Se podría dar el caso de tener valores que son evaluaciones de las personas para un bien ambiental dado y valores que, se encuentran en ese medioambiente y que no son evaluaciones de las personas. Una cuestión a estudiar es, ha sta qué punto las personas realmente captan parte de este valor intrínseco cuando expresan sus preferencias en nombre de las especies y hábitats; entonces, la distinción entre valores intrínsecos y valores sujeto-objeto pue de ser válida pero carecen de relevancia real. Por último, parece constatarse que buena parte de los pensadores que ponen en duda el papel del análisis económico para la gestión medioambiental, entiende como causa la no adaptación de este análisis a las condiciones ecológicas de la sostenibilid ad; y a que la economía convencional no dispone de un teorema de existencia , que asegure que cualquier equilibrio económico coincide con un equilibrio ecológico, en desarrollo sostenible. Para obtener este aseguramiento de so stenibilidad sería preciso garantizar que los modelos económicos de desarrollo tengan intrínsecamente condiciones de sostenibilidad. Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 151 Al respecto hay distintos posicionamientos. Por una parte, quienes apoyan los límites del crecimiento, entienden que el modelo de crecimiento económico tradicional no es sostenible. Por otra, están los autores que consideran factible el crecimiento, pero habría de tener diferente configuración. Así, podría ser un crecimiento con base en la utilización más sostenible de los recursos naturales renovables y menos depredador de los recursos no renovables. Pero también es posible un crecimiento basado en unos consumos muy bajos de recursos y un elevado progreso técnico, en una economía de alta tecnología. (PEARCE, D.W. y TURNER, R.K. 1995) Por tanto, de acuerdo con Pearce y Turner, no siempre será cierto que una economía sostenible ha de tener co mo característica la austeridad y el reducido crecimiento. Sólo se podrán evaluar adecuadamente estos temas, cuando mejore sensiblemente nuestro conocimiento y comprensión de las interacciones existentes entre la economía y el medioambiente. III.1.3.- La sostenibilidad local y la sostenibilidad global Hablamos de sostenibilidad global, cuando razonamos sobre la extensión de un proyecto, programa o desarrollo, a escala planetaria de los sistemas considerados, tomando la Tie rra como escala de referencia y de Capítulo III: Desarrollo s o stenible, aná lisis econó mico y valoración ambiental 152 sostenibilidad local, cuando nos referi mos a sistemas o proceso más parciales o limitados en el espacio y en el tiempo. También podemos hablar de sostenibilidad parcial cuando se refier e sólo a algún aspecto, subsistema o elemento determinado, como la gestión sostenible del agua, de la energía, de los recursos, etc.). A largo plazo, tanto la sostenibilidad local como la parcial, están llamadas a converger con la global, por lo que la diferencia entre la sostenibilidad local o parcial y la global cobra importancia cuand o, como es habitual, no se razona a largo plazo, sino a corto. El cuestión de la sostenibilidad a nivel local, se centra en la visión analítica y por partes aplicada a la solución de problemas y a la búsqueda de estudios sobre coste-beneficio, a corto plazo. Así las mejoras obtenidas en las condiciones de salubridad y de habitabilidad local, se consiguieron genera lmente a costa de intensificar la explotación de otros territorios. El pr oblema reside en que el crecimiento producido desde la revolución industri al, no sólo aparece como globalmente insostenible, sino que pone también en peligro los logros en salubridad y habitabilidad, por lo que todos los aspectos deben tratarse conjuntamente. En este sentido los planteamientos del Libro Verde del Medio Ambiente Urbano (1990) de la Unión Europea, superó los planteamientos Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 254 recae sobre aquellas empresas que emit en residuos, y que se determina en función del daño medioambiental que la empresa provoca. Son muchos los economistas que abog an por un tipo de intervención específico: un impuesto sobre el contam inador, basado en la estimación del daño provocado al medioambiente, o coste externo ambiental. (PEARCE y TURNER, 1995, p. 119). Esta idea la expuso por primera vez el Profesor de Economía Política en la Universidad de Cambridge, Arthur Pigou. En su libro Economics of Welfare (1920), sugirió que los contaminadores deberían afrontar un impuesto, basado en el deterioro ambiental que causaban sus emisiones de contaminantes, como medio para lograr el equilibrio entre el cost e social y el privado. Debido a ello, estos gravámenes se conocen como impuestos Pigouvianos . Un método para lograr que la producci ón y, por tanto, las emisiones de contaminantes, se reduzca hasta el nivel óptimo social, sería el establecimiento por parte del gobierno de un impuesto que fuera exactamente igual al daño causado por la contaminación, coste marg inal externo, de dicha producción , en el óptimo social. Establecido el impuesto, cada unid ad de contaminación que produzca la empresa supone el pago de un impuesto t* al gobierno. En el momento en que Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 255 el beneficio marginal privado neto se ig uale al coste marginal externo, en el óptimo social, si la empresa produje ra cualquier número de unidades por encima de éste, los ingresos que obtendrí a con esas unidades adicionales, dada por el beneficio marginal neto privado, serían menores que los impuestos que hay que pagar por tales unidades (t*). Por tanto, si se utiliza este enfoque, la empresa tendrá un fuerte incentivo económico para reducir la producción hasta el nivel óptimo social, y por consiguiente se reducirá la contaminación, hasta el nivel de contaminación óptimo. Este gravamen haría que el beneficio marginal neto privado se desplazase hacia la izquierda en la cuantía dada por el impuesto. El contaminador maximiza los beneficios pr ivados netos, sujetos al impuesto, y esto tiene lugar en el óptim o desde el pu nto de vista so cial. El impuesto se fijará en una cantidad t*, igual al coste marg inal externo en el nivel óptimo de contaminación. Para estudiar analíticamente este impu esto pigouviano óptimo, hemo s de considerar el beneficio social neto, que sería igual a los beneficios privados brutos o ingresos, menos los costes tota les incurridos, ya sean de la propia actividad productiva o de los daños pr ovocados al medio ambiente, costes externos. Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 256 Tendríamos pues, la siguiente igualdad: Beneficio social neto (BSN) = Ingreso s (P*Q) – Costes privados (C) – Costes externos (CE) Esto es : BSN = P*Q – C(Q)- CE(Q) Ya que los costes son función de la cantidad producida y el bien viene dado en el mercado competitivo (PEARCE y TURNER, 1995, p. 121). Si derivamos respecto a Q, para maximizar el beneficio social neto, resulta : por ser el coste social (CS), la suma del coste privado y del externo: CS = C + CE. Esto es, el precio del producto fabric ado por una empresa contaminante, ha de ser igual al coste marginal social. 0 = Q CE - Q C - P = Q BSN ∂ ∂ ∂ ∂ ∂ ∂ que es condición de primer orden para obtener el máximo de BSN De donde se deduce que: Q CS = Q CE + Q C = P ∂ ∂ ∂ ∂ ∂ ∂ Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 257 También se observa que, los b ene fici os privados netos han de tener igual valor que los costes marginales externos, puesto que Q CE + Q C = P ∂ ∂ ∂ ∂ , para alcanzarse el óptimo de producción social , al ser tales benefi cios pr ivados net os la diferencia entre el precio del producto y el coste marginal privado. Podemos, pues, establecer el impues to óptimo, t*, en el valor de la producción socialmente óptima, que sea: Donde Q* es esa producción. De donde resulta un precio de mercado Igual al coste marginal privado en el óptimo de producción, más el impuesto óptimo pigouviano. La empresa generadora de una extern alidad ambiental se verá obligada a decidir el volumen de producción socialmente óptima y producirá donde maximice sus beneficios, esto es, donde el precio del mercado cubra el coste marginal social. * t + Q C = P s ∂ ∂ Q CE = t s ∂ ∂ * Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 258 V.1.3.- Los problemas de la fijación de un impuesto A pesar de que los impuestos sobre la contaminación tengan, en teoría, ciertos atractivos, la fijación del impues to óptimo pigouviano es muy difícil en la práctica, quizás debido, básicamente, a la incertidumbre so bre el posible daño que pueda causar un contaminante determinado (MAGADAN Y RIVAS, 1998, p. 50). La determinación del coste marginal externo, es fundamental para poder fijar el impuesto pigouviano. Ahora bi en, esto requiere el conocimiento económico de seis factores difere nciados: (PEARCE D.W. y TURNER R.K.: 1995). • La producción de bienes de la empresa. • La contaminación “asociada” a esa producción. • La acumulación de contaminación en el largo plazo. • Las repercusiones en los individuos que tiene dicha contaminación. • El daño de dichas repercusiones. • La evaluación monetaria de los costes de la contaminación. Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 259 El análisis de estos factores es muy complejo y lo normal es que provoque problemas entre las partes intere sadas: los empresario s, los gr upos d e protección medio ambiental, etc. Ad emás, se puede decir que surge otra complicación adicional, por el hecho de que, para poder evaluar el impuesto óptimo pigouviano, necesitamos conocer ta mbién el valor de los beneficios del bien que se produce, es decir, tenemos que conocer la función de Beneficios marginales privados netos, que nos perm ita saber en qué punto se produce su intersección con el coste marginal externo. Esto, de nuevo, provocará conf lic tos entre los distintos grupos interesados. Por otro lado necesitamos conocer la función completa del daño, ya que deseamos encontrar el nivel óptimo de contaminación, para poder determinar la curva de coste marginal externo. Esto puede conseguirse, en algunos casos, a través de las diversas metodologías de valoración monetaria del impacto ambiental, que se desarrollan en este trabajo. Existe, de hecho, una asimetría de la información entre el contaminador y el regulador, que se considera como una objeción a cualquier forma de intervención gubernamental. Por lo tanto, en la realidad, intentar calcular de forma exacta el impuesto óptimo de co ntaminación se convierte en una tarea bastante ardua. Sólo es esperable lleg ar a una información incompleta. Estas Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 260 dificultades informativas pueden no ser abrumadoras. Podemos estar interesados en conocer la dirección adecua da de la variación de los niveles de contaminación, más que en alcanzar un óptimo teórico; si es así, los gravámenes por contaminación, seguramente, son el instrumento adecuado para la acción reguladora. A veces, resulta más fácil calcular la s magnitudes relativas, entre un impuesto sobre un determinado contam inante y un impuesto sobre otro segundo, y comparar los daños causados por cada uno de ellos. Un ejemplo de esto lo encontramos, al examinar las consecuencias d e un impuesto sobre el carbono, pues sabemos que un impuesto sobre el consumo de los combustibles repercute en la emisió n de dióxido de carbono a la atmósfera, que genera, por lo tanto, un aumento del efecto invernadero, al venir asociada esta emisión a la combustión de aquel. El consumo de gasolina, es una de las principales causas de la contaminació n ambiental, dado que contiene una elevada proporción de carbono, que se transforma asimismo, en anhídrido carbónico. Por otro lado, algunos combustibles co mo el gas natural, tiene tan solo un 60% del carbono contenido en el carbón. Po r lo tanto, ningún impuesto sobre el Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 261 carbono debería ser el mismo para todos los combustibles, sino que habría de ser más bajo para los combustibles que contengan poco carbono, y más elevado para los combustibles que contengan mucho carbono, como el carbón o la gasolina. Sin embargo, esto no resuelve el p r o b l e m a f u n d a m e n t a l d e l a f i j a c i ó n de un nivel impositivo absoluto, a partir del cual se puedan determinar los niveles impositivos relativos. Muchos investigadores han analizado el problema básico de la evaluación del daño causado por las emis iones de carbono pero, hasta la fecha, no se ha alcanzado ningún consenso; só lo se ha sugerido una gran diversidad de propuestas , para la fija ción de un ratio impositivo adecuado, apropiado para el carbono. (BARRETT, S. 1991). V.1.4.- Controversia sobre quién paga los impuestos y quién debería hacerlo. Entramos ahora, en la consideració n de una de las cuestiones más controvertidas sobre la utilización de lo s impuestos a la contaminación; ¿quién los paga realmente y quién debería pagarlos?. Los impuestos pigouvianos son un in strumento para lograr el Principio de “el que contamina paga”, un principi o según el que, los que generan la Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 262 contaminación, productores y/o contam inadores, deberían pagar los daños cau sados, y no como ocurre todavía, que es la sociedad la que tiene que afrontar esos costes. ¿Cómo afecta un impuesto sobre la contaminación a la empresa contaminadora? Antes de la imposición del gravamen, la empresa recibía unos beneficios marginales privados netos p o r cada una de las unidades producidas, hasta el nivel de producción óptimo, de sde el punto de vista de la empresa o privado, es decir, todo el área por de bajo de la curva de los beneficios marginales privados netos. Sin embargo, con un impuesto sobr e la contaminación, t* impuesto unitario a la producción, la empresa reduciría la producción hasta el nivel óptimo social, con pérdida del benefi cio marginal correspondiente a la producción dejada de fabricar, es decir, la diferencia entre producción óptima privada y producción óptima social. Sería justo que se obligara a la empr esa, además, al pago de los daños que ocasiona al medio ambiente. No obstante, hay que señalar que la producción óptima social es compatible con el nivel óptimo de contaminación, pero aún así, se está forzando a la em presa a pagar un impuesto por todas las unidades fabricadas hasta ese nivel; esto no parece justo. La socied ad no t endrá Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 263 que soportar ningún coste neto, si ello es así; por tanto, ¿por qué debería pagar la empresa un impuesto sobre su contaminación?. Esta incertidumbre sobre la justicia de l impuesto de Pigou, se ha citado como una de las razones que explican las motivaciones por las que los políticos no lo hayan implantado. (PEZZEY J. 1988) Sin embargo, la mayor preocupación ac erca de los impuestos de Pig ou se ha centrado en su impacto sobre los consumidores, que pasamos a considerar a continuación. La im plantación del impuesto sobre la contaminación provoca un cambio en el equilibrio del mercado, tanto en el precio del producto como en la producción ofrecida y demandada. Supongamos ahora que se le obliga a la empresa a pagar un impuesto sobre la contaminación, t*, por cada un idad producida. Este impuesto eleva los costes de producción en una cuantía dada por t*, es decir, la empresa solo ofrecerá la misma cantidad de pr oducto, si recibe un nuevo precio más alto, que sea igual al antiguo precio más el impues to t*. La curva de oferta se desplazará hacia arriba y hacia la izquierda en una distancia t*, que significa una disminución de la oferta en esa cuantía. La primera reacción de la empresa será intentar mantener sus niveles Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 270 La columna (1) divide la població n de Reino Unido en diez grupos iguales clasificados desde el grupo con el 10% más bajo de ingresos hasta el grupo con el 10% más elevado de ingresos . La columna (2) mues tra el porcentaje con el que cada grupo de ingresos camb ia su consumo de combustible cuando se establece un impuesto sobre la contaminación. Como cabría esperar, el grupo de ingresos más bajos es el que redu ce en mayor cuantía el consumo de combustible; el impuesto es regresivo dado que las familias más pobres son las más perjudicadas, como consecuencia de l impuesto. La colu mna (3) demuestra como una familia media, dentro de cada grupo de ingresos, aumentará su gasto sema nal en c ombu stible como consecuenc ia del impuesto. Dado que las familias más pobres consumen menos combustibl e que las familias mas ricas, son las primeras las que pagan el impuesto ex tra. Además, si tenemos en cuenta los reducidos ingresos de esos grupos, podemos ver a partir de la columna (4) que las familias más pobres pagarán una proporción mas elevada de su gasto total en concepto de impuestos (1.8%) de la correspondiente a las familias más ricas (0.4%). Este análisis ofrece una evidencia bastante significativa de que los impuestos sobre la contaminación son potencialmente regresivos , y perjudican económicamente a los miembros más débiles de la sociedad. Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 271 A pesar de que los impuestos sobre la contaminación tengan efectos distributivos injustos, existe una bu ena razón para pensar que dicho problema puede ser solucionado. Esto se debe, a qu e el dinero recaudado por el impuesto no se pierde sino que va a parar a las arc as gubernamentales. El go bierno recibe unos ingresos impositivos igual al impues to por unidad (t*), multiplicado por el número de unidades producidas y vend idas después del establecimiento del impuesto. El gobierno puede compensar los aspe ctos regresivos del impuesto, por transferencia del dinero recaudado, a los más afectados por el impuesto. Una redistribución entre los consumidores, qu e se puede realizar, tanto en la forma de un aumento en los ingresos exentos de impuestos, como en la forma de una reducción de los impuestos de otras bi enes básicos; ambos métodos ayudarán en una proporción mucho mayor a las pe rsonas con rentas bajas que a las de rentas altas. Un estudio de Reino Unido (BARKER, T. y LEWNEY R, 1990), demost ró que los ingresos recaudados por un impuesto sobre las emisiones de combustible, podría ayudar a pagar una parte sustancial del nivel actual del IVA. Este tipo de redistribución impo sitiva, también se podría aplicar a las Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 272 empresas afectadas por los impuestos sobr e la contaminación, así, el gobierno podría utilizar los fondos conseguidos, para pagar subvenciones a la instalació n de tecnologías con menores niveles de contaminación. La redistribución adecuada de los fondos impositivos, haría que el impue sto so bre la contaminación tuviera unos efectos fiscales neutros ; es decir, no tendría un impacto negativo sobre los ingresos impositivos, a la vez que estimularía tanto a los consumidores como a los productores a producir bienes con un nivel de contaminación menor. Un impuesto sobre la contaminación también tiene la ventaja de que, mientras la mayor parte de los impuestos, como los impuestos sobre la renta y sobre las in versiones, distorsionan la economía al desincentivar actos que son esencialmente bu enos, renta e inversión, un impuesto sobre la contaminación intenta corregir un fallo del mercado, mediante la eliminación de algo que es esencialmente malo , esto es, la contaminación. Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 273 V.1.5.- La efectividad de un impuesto sobre la contaminación Un aspecto de gran interés a consid erar, es si un impuesto sobre la contaminación es más o menos efectivo en su aplicación, y cuál debería ser el nivel de la imposición para alcanzar una determin ada efectividad. La resp uesta a estas cuestiones depende, como se ha comentado anteriormente , de las elasticidades relativas de las curvas de demanda y de oferta del producto. Si la demanda de éste es muy elástica al prec io, aparece una sensible respuesta a sus variaciones y los consumidores pueden comprar sustitutos adecuados; en este caso el establecimiento de un impuesto sobre la contaminación será efectivo. La efectividad de un impuesto sobre la contaminación será menor cuando la demanda sea inelástica con respuesta escasa a los cambios en el precio y el producto tendrá muy pocos sustitutivos. En el caso de impuestos a la gasolina, en la actualidad, la nueva tecnología y la introducción de nuevos productos sustitutivos, tales como el gasoil, hacen que los impuestos sobre la contaminación sí tengan efectos positivos (OPSCHOOR J.B, 1991). Pero en la ausencia de sustitutivos, el poder de un impuesto para reducir la co ntaminación puede disminuir, si los consumidores siguen comprando elevadas cantidades del producto, a pesar d e Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 274 que los precios sean más elevados. Los impuestos del carbono sobre los combustibles parecen afrontar este tipo de problemas y tal como se e xpresa Barrett “para reducir de forma muy sustancial las emisiones de CO 2 , se necesita de un impuesto sobre el carbono mucho mayor del que existe en la actualidad”. (BARRETT S.: 1991) V.1.6.- Problemas internacionales en la implantación de impuestos a la contaminación Es preciso, asimismo, hacer referencia a algo que, a juicio de los críticos, constitu ye una de las m ayore s debilidades del impuesto sobre la contaminación. Se trata de sus implicaciones sobre la ec o n o m í a d e u n p a í s , e n e l c a s o d e q u e tales impuestos sólo se estableciesen con repercusión sobre su propia economía. Si un país establece un impuesto a sus propias industrias, sobre la contaminación, estás estarán en desventaja en relación con los competidores extranjeros, si no se les aplica otro im puesto similar, hasta tal punto, que los bienes producidos a nivel nacional serán, para los consumidores, menos atractivos en precios, que las importaciones. De ello se deduce la necesidad de cooperación, entre los países para Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 275 abordar estos problemas, pues como indi can algunos autores en relación con el impuesto del carbono “sería introducido a una escala significativa si se establece sobre un número de países que actú an de forma conjunta”. (PEARCE D.W. 1991). Este tipo de actuación requerirá de algún tipo de acuerdo o tratado internacional. Aunque, existen problemas para que ello suceda. En primer lugar, siempre le interesará a algún país, que todos los demás firmen tal tratado, menos él. Dicho país, se beneficia de las reducciones globales de las emisiones, sin tener que incurrir en un aumento en los costes de producción, por lo que obtiene una ventaja comparativa sobre aquellos países extranjeros cuyas empresas tienen que pagar el impuesto de contaminación. Este efecto es conocido como el pasajero gratuito (free rider), constituye un incentivo muy fuerte en contra de tales argumentos. Un segundo problema es que, incluso aunque, en principio, el acuerdo se pueda producir, en la práctica, el trat ado no podrá asegurar la equidad dado que los países no están sometidos a una regla común, a causa de que cada país o c a s i o n a u n d a ñ o d i f e r e n t e , e n b a s e a l t a m a ñ o y a l a t e c n o l o g í a d e s u e c o n o m í a . Es más, debido a esas diferencias de tecnología entre los países, cada uno de ellos tendrá que afrontar un coste distinto de eliminación de la contaminación, Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 276 que dependerá de cuales sean los obje tivos específicos de reducción de la contaminación. Existirá, por lo tanto, una enorme dificultad para lograr, que todos los países se pongan de acuerdo en establ ecer un tipo común de impuesto de contaminación, para cada unidad de emisiones. Una complicación internacional adicio nal surge, con aquellos países que no desean acogerse a ningún tratad o internacional sobre impuestos de contaminación. Consideremos de nuevo, un impuesto de carbono establecido sobre el precio de los combustibles. Si se firmara un tratad o sobre el citado imp uesto, se reduciría la demanda de combustible en lo s países firmantes. Esta caída de la demanda mundial de combustible, hará que los países exportador es de petról eo reduzcan sus precios, en un esfuerzo de proteger la caída de sus benefi cios. Pe ro una caída en el precio de los combustibl es tendrá dos efectos; primero, permitirá reducir algunos de los efectos del impues to en las naciones firmantes, dado que la caída de la demanda se podrá ver ha sta cierto p unto comp ensada; en segundo lugar, las naciones no firmantes, obte ndrán una ventaja comparativa, dad o que podrán expandir su demanda como co nsecuencia de un combustible más barato. Por tanto , los impactos n etos de un tratado como éste sobre un impuesto Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 277 de carbono, en términos de reducir las emisiones, podrían ser significativamente más pequeños de los que se podrían es perar en un principio. (BARRETT, S. 1991). V.1.7.- Otros gravámenes a la contaminación . Las dificultades que planteaba el impuesto pigouviano o impuesto óptimo a la contaminación, desde el punto de vista de su aplicación a la realidad, nos conducen a otro co ncepto, i n ferior teóricamente, pero más factible en la práctica, el impuesto o gravamen coste-eficiente , o impuesto por unidad de contaminación. Éste persigue alcanzar un determin ado objetivo ambiental a un coste reducido, y no una perfecta u óptima efic iencia asignativa. En el ámbito político se define el objetivo ambiental y, mediante el impuesto se trata de conseguir. Una vez determinado el gravamen, si la contaminación no se ha reducido lo suficiente en la práctica, dicho tipo impositivo se incrementará. Con este tipo de imposición, se e limina la necesidad de conocer las funciones de daños ambientales de las empresas, y sólo será necesario conocer los niveles de contaminación o de emisió n de contaminantes. Otra ventaja de la Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 278 misma es, que no necesita discriminar en tre los distintos contaminadores, ni adaptar el impuesto a las circunstancias de cada empresa. Existen gravámenes sobre el agu a, para mejorar su calidad, en Francia, Alemania y Países Bajos; para controlar los problemas de calidad del aire, en Suecia, hay gravámenes sobre el óxido de nitrógeno; en otros países, como Suiza y Países Bajos, se han establecido gravám enes para reducir el nivel de ruido de los coches,, y también para disminuir los deperdicios. Surgen, por otra parte, dos cuestiones i m p o r t a n t e s e n e l d i s e ñ o d e u n sistema de impuestos por unidad de contaminación: - La primera es la determinación de la base sobre la que exigir el impuesto. La base más adecuada es el nivel real de contaminantes emitidos, por lo que es necesari o poder medir las emisiones de contaminantes y hacer frente, por otro lado, a la variedad de contaminantes existentes y sus relaciones. - La segunda es, el establecimiento de la magnitud del impuesto . Ese nivel, debe ser suficiente para alcan zar el objetivo programado de contaminación, pero no debe transformarse en una excesiva desincentivación de la actividad productiva gravada. Los impuestos por unidad de contaminación, pueden diferenciarse Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 279 espacialmente, para reflejar los objetivos de la calidad ambiental de cada zona, así como las distintas cantidades de contaminantes y capacidades asimilativas existentes en las diversas áreas. Estos gravámenes diferenc iados espacialmente son más eficaces, pero también encierran una mayor complejidad administrativa que los uniformes. Por otro lado debemos tener en cuenta que unos gra vámenes diferenciados espacialmente pueden introducir un incentivo a la movilidad geográfica de los contaminadores hacia las áreas más permisivas. Existen también otros tipos de gravámenes, tales como los que gravan a los consumidores o a los productos. Los gravámenes sobre consumidores o usu arios se relacionan con los costes de tratamiento, de eliminación, o de recu peración, de los costes administrativos realizados, y dependen de la situación en las que se aplique. No están, por consiguiente, relacionados directament e co n los costes de los daños causados al medio ambiente. El paso de los ciudad anos por la recogida de basuras, en España, responde a esta modalidad. Los gravámenes sobre los productos recaen sobre aquellos bienes que son dañinos para el medio ambiente, o cuando se emplean en el proceso p roduct ivo, o cuando se consumen y venden. El tipo de carga impositiva se fija en base al daño medioambiental causado por el prod ucto e n cuestión. Uno de los objetivos Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 286 medioambientales. El enfoque de estándares basado en el mandato y control parece satisfactorio, en el sentido de que la sociedad se beneficia por la reducción, o por la eliminación, de los daños medioambientales, si bien la sociedad paga por esos beneficios, en té rminos de los bienes y servicios que se dejan de producir. Por tanto un programa de mandato y control a nivel nacional, será eficiente siempre y cuando los beneficios por una mejora en la calidad del aire, en su caso, sean superiores a los costes en los que incurre la sociedad para lograrla. (LUKEN R.A. & CLARK L. 1991, pág. 385) El único caso que trata esta cuestión con detalle, se sitúa en el contexto de la política de control de la contaminación del aire y del agua de EEUU, que se trat ará al final del epígrafe. Como entonces veremos, los resultados no son lo s uficientemente buenos, como para abogar por el enfoque del mandato y control. Por el momento nos centraremos en po r qué los administradores siempre han apoyado el mandato y control , y los principales elem entos de dicho enfoque. Según Young (YOUNG M.D. 1992), las pr incipales razones que se han dado a favor del mandato y control es que se requiere de muy poca información para introducir la regu lación, sirven para poder lograr una determinada meta política que se plantee, y tienen un alto grado de aceptación, debido al apoyo político y Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 287 administrativo que generan. También es posible mostrar por qué la industria podría estar a favor del enfoque del mandato y control . El establecimiento de empresas dentro de una industria regulada, podría generar unos be neficios pote ncial es muy elevado s en concepto de lo que se conoce como captura del regulador . Este concept o de captura se refiere a la tendencia que tienen el regulador y el sujeto contaminante, de buscar una cooperación común. Una vez que la captura se ha producido, los administradores comenzarán a estudi ar lo que necesitan para poder dar protección a los miembros de una industri a y, por lo tanto, para regularlos de forma adecuada. Se excluyen a los posibles entrantes, se ofrecen subsidios y se intentan evitar las decisiones difíciles hasta que no existan perspectivas de mejora. La tendencia de las empresas actuales a buscar protección a través de la regulación, se conoce como la búsqueda de rentas . El comportamiento del buscador de rentas tiende a sesgar las decisiones de inversión y a generar comportamientos ineficientes porque in tenta convencer a los gobiernos de que los subsidios, etc. son esenciales (YOUNG M.D. 1992). Por consiguiente, el enfoque del mandato y control , no genera incentivos dinámicos para la innovación o para la mejora de los objetivos fijados, y, Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 288 generalmente, supone un uso ineficiente de los recursos. La regulación debería ser sustituida donde sea posible por instrumentos de incentivos económicos. Por otra parte, la precaución se co nsidera algo prioritario en aquellos casos en los que se emiten sustancias muy peligrosas al medioambiente, o cuando se pueden producir importantes daños para la salud, o bien en situaciones en que la incertidumbre es muy elevada. Si el objetivo intenta evitar totalmen te las emisiones, vertidos u otras acciones, entonces la regulación podr ía ser más eficiente, más segura y más aceptable a nivel político, que los instrume ntos económicos; en este con texto, los sistemas de depósitos retornables, podr ían jugar un papel muy especial, que se verá en el último epígrafe. Pero en algunas ocasiones, las regulaci ones pueden tomar la for ma de un estándar mínimo de seguridad; en este caso, se requiere la realización de análisis riesgo-beneficio y los posibles trade-off existentes. Este concepto está estrechamente relacionado con el pr incipio de sostenibilidad, equidad intergeneracional, el problema de la irreversibilidad y la incertidumbre. Se pueden compensar los estándares mínimos de seguridad mediante los impuestos/gravámenes sobre la contamin ación y, en particular, mediante los permisos negociables. Hay que señalar, qu e este último instrumento se basa en Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 289 una cuota de emisión agregada, que debería referirse al estándar mínimo de seguridad. En el supuesto que pueda existir mu cha incertidumbre, sería razonable argumentar, que cuando se espera que el uso intensivo de un recurso, por la contaminación, esté cerca de sobrepas ar un umbral ecológico la capacidad asimilativa de vertidos, emisiones o desper dicios por la tierra, el aire o el agua, una regulación parece mucho más segura que un impuesto. Por tanto, a largo plazo, es mucho más probable que las regulaciones permitan asegurar, la utilización de los recursos, sin t ener que sobrepasar la capacidad de asimilación del medioambiente. La posible gama de definiciones de l principio de precaución, se basa en tres principios fundamentales (O´RIORDAN, 1992): • Cuando la evidencia científica es incompleta, es prudente actuar de forma que se avance en el conocimiento, para de esta forma evitar acciones irreversibles en el medioambiente. • S e d e b e r í a n p r o t e g e r d e l a f o rma más adecuada posible aquellos ecosistemas donde exista el riesgo de perder un gran valor de las funciones y servicios medioambie ntales como la función del Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 290 medioambiente de sustentación de la vida. • La protección natural debería constituir una carga para el contaminador, más que para la posible víctima o los grupos de presión que buscan la integridad de los ecosistemas. Esto sign ifica que los costes de reposición de reparación o de compensación, incrementarían de forma considerable los costes empresariales . Veamos, a continuación diversos elem entos del enfoque regulador de la contaminación. En primer lugar citamos el principio de precaución, analizado por Ram chandani y Pearce (RAMCHANDANI R. y PEARCE D.W, 1992). En él, se ilustra una clasificación de definicion es del principio de precaución. En un sentido riguroso podría denominarse principio de precaución estricto , tras cuya definición se encuentra el supuesto de que, los efectos futuros de las actuales emisiones/vertidos son desconocidos, pe ro pued en s uponer importantes daños futuros. La implicación de este enfoque es, que el daño potencial se considera como un riesgo importante para la futura seguridad del medio ambiente. El PPE tiene como objetivo hacer que las emisiones sean nulas. No obstante, en la realidad, una emisión nula es prácticamente i m posible, debido a las limitaciones tecnológicas, o impractica ble debido a los excesivos costes que Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 291 ello c onllevaría. El estándar de emisión del principio de precaución se basa en la calidad de la emisión/vertido, y podemos decir que el estatus o la calidad medioambiental apenas tiene efecto en la determinación de tales estándares. El concepto de la carga crítica s e h a a d o p t a d o r e c i e n t e m e n t e c o m o l a b a s e de las negociaciones internacionales para la reducción de las emisiones de sulfuro y nitrógeno, con la idea de combat ir la acidificación o la eutrofización; por otro lado, este concepto también ti ene en cuenta, de forma explícita, la capacidad del medioambiente. Las cargas críticas nos permiten conocer hasta qué punto las emisiones se pueden considerar como aceptables, desde un punto de vista medioambiental; es decir, nos in dica la falta de efectos biológicos dañinos. Indudablemente las cargas críticas representan una mejora de eficiencia sobre el enfoque simple, basado en la reducción uniforme de un determinado porcentaje de emisiones, debido a que lo s efectos y los costes de la eliminación varían mucho de región a región. No obstante, se deberían utilizar con una cierta precaución, si de lo que se trata es de eliminar ineficiencias en la política medioambiental. En cuanto al enfoque de la carga crítica para el control de la contaminación, indicamos que las cargas críticas se producen para un nivel Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 292 determinado de concentración del contam inante; el daño se produce, bien debido a pérdidas en la capacidad as imilativa del medio ambiente, o bien debido a la acumulación de contaminantes persistentes. Per o un determinado nivel biológico, necesariamente no tiene por qué ser equivalente a un nivel económico: este ú l t i m o s e d e f i n e , e n t é r m i n o s d e l bienestar humano y en términos de la percepción y valoración de los cambios medioambientales. Si suponemos dos cargas críticas iguales, e incluso aunque las zonas sean idénticas en términos biofísicos, etc ., pueden variar en términos del daño económico, medido en términos de la disposición a pagar para evitar el daño; así, una zona podría ser un área de un alto nivel de demanda o de gran importancia cultural, en relación con la otra. Si utilizamos el enfoque de carga crítica, ambos lugares deberían ser tratados de la misma forma, dado que ambos afrontan la misma situación de exceso de carga; pero el daño, en términos económicos, será distinto en am bos puntos. En este sentido, se puede decir, que el enfoque de carga crítica conlleva el riesgo de la ineficiencia económica. Por esta razón, las cargas objetivo, caso de ser fijadas a nivel nacional, necesitan tener en cuenta, no sólo el punto de vista medioambiental, sino Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 293 también, entre otras, diversas consid eraciones técnicas y económicas. Además, el enfoq ue de carga crítica y el enfoque del principio de precaución estricto nece sitan s er modificados para tener en cuenta la capacidad tecnológica. A tal fin, habría de controlarse la contaminación, en línea con la mejor tecnología disponible en el momento. Sin embargo, un nu evo problema surge, porque no es posib le e nco ntrar la mejor tecnología en el tiempo justo y oportuno. Ahora bien, siempre existirá alguna línea tecnológica, en proyecto, que haga factible un control de la contaminac ión más efecti vo. (LAVE L.B. y MALES E.H., 1989, pág. 386). En los Estados Unidos y en Alemania, las autoridades siempre eligen, a dichos efectos la tecnología más avanzada que esté disponible a nivel comerci al; esta suele tener un nivel de control bast ante aceptable y además est á disp oni ble a un precio razonable. En Reino Unido, la mejor tecnología disponible se interpreta como una técnica considerada aceptable, sólo si es conseguible, y si se ha desarrollado a una escala que permite su implantación en el contexto industrial relevante, pero a un nivel de estricta confidencialidad empresarial. Dado el estado actual de la tecnología y de la innovación , una solución de principio de precaución más mejor tecnología disponible, puede suponer la Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 294 implantación de un estándar sobre em isiones más o menos estricto que el enfoque de la carga crítica . El nivel actual de aquella solución dependerá del tipo y de la disponibilidad de las tecnologías actuales, de la int e rpretación que hagan las autoridades del concepto de mejor tecnología disponible como método de control de la contaminación, del grado de aceptación del principio de precaución en determinados contextos y países y de la capacidad de asimilación del medio ambiente. El enfoque del principio de precaución y de la mejor tecnología disponible ofrece una orientación más práctica en el caso de que los costes de lograr un determinado nivel de contaminación, qu eden especificados de forma explícita. Esto supone el establecimiento de un enfoque que se puede denominar d e Mejor Tecnología disponible que no suponga un coste excesivo , significa que la presunción en favor de la mejor tecnología disponible se puede modificar en términos de la consideración de dos tipos de costes económicos; por una parte, cuando los costes de aplicar la mejor tecnología disponible sean excesivos en relación con la protección medioambiental lograda; y po r otra, cuando los costes de aplicar la mejor tecnología disponible sean excesivos, en relación con la naturaleza de la industria y su posición competitiva. No obstante, no parece que exista un a gran consistencia en la forma en Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 295 que las autoridades interpretan el término del coste excesivo. Algunas veces, se considera c omo u n coste f inanciero para la s empresas contaminantes, es decir, el equipo necesario para combatir la co ntaminación, etc., o la pérdida de competitividad en los mercados; y otras ve ces se interpreta en términos de un coste externo de contaminación incluible. Las críticas que se hacen al enfoque de estándares basados en la tecnología, se suelen centrar en su vaguedad, en térm inos de orientaciones sobre cuestion es sobre cómo debe realizarse la depuració n o limpieza d el medio ambient e, o que se entiende por riesgos aceptabl es y, qué son, en concreto, costes excesivos. Así, qué deberíamos hacer en aquellos casos en que estamos ante el riesgo de cerrar industrias, con los consiguientes prob lemas de desempleo que puede generar. Bajo este enfoque se plantean difíc iles cuestiones éticas, políticas y de eficiencia económica, además de juicios de valor implícitos. También se puede argumentar que este enfoque de control de la contaminación, no estimula la innovaci ón tecnológica, es decir, no proporcion a incentivo alguno a las empresas re guladas, para reducir el nivel de contaminación objetivo. No obstante, to davía se considera atractivo para las instituciones que se dedican al control de aquel. Lo que sí proporciona es una medida para conocer la calidad Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 302 obliga a los contaminadores a inst alar un equipo de control de la contaminación, que permita cumplir con los estándares basados en el entorno, que se hubiesen fijado. Los estándares basados en los beneficios, también establecidos por la Clean Air Act de 1970, que intentan compensar los costes que conlleva la reducción de los riesgos sociales de la contaminación, con los beneficios que ello reportaría. Además, requi ere que los contaminadores instalen el equipo de control de la contam inación adecuado, para llegar a un balance entre los beneficios de la reducción de la contaminación y los costes de la tecnología necesaria para ello. El estudio de Luken y de Clark (1991) , sobre la eficiencia de estándares nacionales de medioambiente, se pued e considerar como la primera evaluació n eficiente, sistemática y específica para la política de la regulación medioambiental, con base en la es timación de costes y beneficios. Posteriormente, se realizo una evaluación para medir los beneficios resultant es de la regulación que había realizado la Agencia de Protección Ambiental sobre la contaminación del agua y del aire; concretamente sobre la contaminación resultante de la industria de papel, entre 1973 y 1984. Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 303 Los resultados del estudio se resumen en la Tabla adjunta. Pero las dos conclusiones más importantes del mismo, son las que siguen: 1. Los estándares del entorno y los ba sados en los beneficios, son más eficientes que los tecnológicos, y e llo se debe a que los últimos no requieren de ninguna medida de los actuales resultados medioambientales. 2. Las políticas de contro l de la co nt aminación eficientes, deberían ser los suficientemente flexibles como para tener en cuenta las condiciones locales, incluyendo el número de beneficiados y perjudicados, que resulten de tal puesta en práctica de la política. Esto sugiere que los estándares medioambientales, per se, pueden ser ineficientes. Los Resultados y los costes derivados de los estándares reguladores en los Estados Unidos, referidos al pe riodo 1973-1984, se han determinado, por Luken y Clark, en millones de dólares, de 1984. Los resultados de la Tabla 1 indican que los estándares basados en la tecnología, para la contaminación del ag ua, fueron ineficientes, en términos Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 304 agregados, tanto para el 57% de las fábricas de pulpa, como para el 68% de las fábricas de papel que fueron estudiadas. Los estándares basados en el entorno, fueron más satisfactorios, generando un beneficio neto en 22 de las 60 plantas que fueron investigadas. Pero los estánd ares basados en los beneficios, fueron los más satisfactorios de todos, generando beneficios netos, tanto agregados como locales, en 29 de las 60 plantas que fueron estudiadas. Tabla 1 Tipo de estándar Fábricas con BC/fábricas analizadas Beneficios totales (10 6 $1984) Costes Totales (10 6 $1984) Beneficios Netos (10 6 $1984) Tecnología 11/68 $36.6 $96.6 $-60.0 Entorno 22/60 $25.2 $23.8 $1.4 Beneficios 29/60 $86.9 $55.8 $31.1 Fuente: Luken y Clark (1991). Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 305 V.3.- IMPUESTOS FRENTE A ESTÁNDARES AMBIENTALES . Los impuestos sobre la contaminación, tienen toda una serie de ventajas cuando se comparan con el enfoque regulador tradicional, basado en la fijación de una serie de estándares de emisión de contaminantes, y acompañado por multas o sanciones económicas, en caso de no cumplirlos. La imposición de un estándar al nivel de emisión de contaminantes reduciría la contaminación hasta un determinado nivel. No obstante, si por no cumplir con este estándar, se incurre en una sanción relativamente baja, entonces las empresas solo reducirán aquellas unidades de producción para las que la sanción iguale al beneficio máximo privado neto. La sanción tendría que aumentar hasta el nivel del impuesto óptimo, t*, para que la producción y las emisiones se reduzcan a sus niveles sociales ópti mos. (TURNER, R.K., PEARCE, D. y BATEMAN, I. 1994). La fijación de un estándar, normalment e, es algo que se hace sin hacer referencia al valor de los bienes produc idos, es decir, a la curva del beneficio máximo privado neto. Debido a ello, el estándar conseguirá el objetivo del óptimo social por pura coincidencia. Si el estándar de contaminación se fija por encima de la contaminación óptima, en tonces la empresa todavía tendrá la Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 306 oportunidad de producir un conjunto de unidades en las que el beneficio máximo privado neto será inferior a los co stes externos que se rep ercut en sobre la soci edad, es decir, se fabricará demasi ado producto y se permitirá demasiada contaminación. Esto constituye, de nuevo una pérdid a para la sociedad. Ahora bien, si ahora suponemos que el gobierno impone una m ulta por excederse del estándar fijado, además de que este se sitúa a un bajo nivel, la empresa consigue más dinero en comparación con el coste de la multa y, por tanto, pagará la sanción antes que reducir su producción. Se puede citar otra serie de vent ajas de los impuestos sobre la contaminación, ante el enfoque de estándares ambientales con sanciones económicas mediante multas bastante bajas. Primero, dado que los impuestos sobre la contaminación se administ ran por la vía de la Hacienda Pública, prob ablemente exista un riesgo de evasión mas reducido, en comparación con la fijación de estándares de emisiones, que son controlados por unas inspecciones muy irregulares. En segundo lugar, y quizás más impo rtante, una vez que el estándar de emisiones ha sido fijado, la empresa no tiene ningún incentivo para reducir la contaminación por debajo de este nivel (GALLEGO GREDILLA, J.A. 1995. pág Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 307 55). Los impuestos sobre la contaminació n siempre proporcionan el incentivo para reducirla, dado que la reducción en la cantidad de emisiones significa también una reducción en la cantidad de impuestos que tenga que pagar la empresa. Además, esto conduce a una terce ra ventaja, y es que los impuestos ofrecen a las empres as el ince ntivo para destinar fondos hacia la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, que pe rmitan combat ir la cont aminación o de métodos de producción que permitan reducir la polución. En cuarto lugar, los impuestos sobre los contamin adores, pueden reducir las emisiones asociadas a los contaminantes; así, un impuesto sobre las emisiones de carbón procedentes del co nsumo de combustibles, puede inducir a los productores a cambiar de procedimie nto y, por tanto, se reducirían las emisiones de, por ejemplo, dióxido de azufre, que también aparece asociado a dicho consumo de combustibles. Una investigación muy reciente estima que si las emisiones de carbón se redujeran en un 20%, esto sería lo mism o que la reducción en un 21% en el dióxido de azufre y un 14% en las emisione s de óxidos nitrosos . (B YE B., BYE T. & LORENTSEN L.: ASIMEN: 1989) La pérdida de beneficios que se produce por la implantación de Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 308 impuestos si se considera la discusión sobre quién pagaba efectivamente los impuestos, probablemente exceda a la que se produce bajo un régimen de fijación de estándares. Algunos autore s consideran, que esta diferencia de beneficios ha conducido a que la indu stria presione sobre los gobiernos para que adopten un régimen de estándares de emisión, y no un impuesto sobre la contaminación. (BUCHANAN & TULLOCK G.: 1975. Pág. 130). En similar sentido se expresa tambié n Theeuwes, J. (1991), en su análisis sobre la regulación versus impuestos, aplicado a la protección del medio ambiente. Por otro lado, en comparación con los estándares ambientales, los gravámenes o impuestos tienden a ser un método de menor coste, para lograr un determinado estándar o nivel de contaminación. Si suponemos que se quiere regu lar una industria para lograr un estándar equivalente a un nivel determin ado de contaminación de anhídrido de azufre, el gobierno, por ejemplo, podrí a fijar un estándar tal, que hiciera posible que cada empresa redujera la contaminació n en una cuantía, o bien podría fijar un impuesto óptimo t* que hiciera que ca da una de ellas redujese la polución moviéndose sobre sus respectivas curvas de costes marginales de disminución de la contaminación. Los costes totale s de reducción serán mucho mayores bajo Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 309 la solución de fijación de estándares, que bajo la alternativa del impuesto. Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 310 V.4.- LOS PERMISOS DE CONTAMINACIÓN NEGOCIABLES V.4.1.- El funcionamiento de los permis os de contaminación. Negociación práctica La idea de permisos de contaminació n fue introducida por J.H. Dales. D (1968). Su funcionamiento se basa en que, la autoridad reguladora sólo permite un determinado nivel de emisiones cont aminantes y concede permisos por esta cantidad. Los permisos de contaminación son negociables, esto es, se pueden comprar y vender en un mercado de perm isos. Veamos cuáles son l os elementos básicos de estos permisos negociables. (FRANCO, L. 1995. Págs 135) En vez de utilizar la ya conocida curva de beneficios marginales privados netos , con los que se analizaban las implicac iones económicas de la reducción de la contaminación a corto plazo, por la vía de la reducción de la producción, ahora se introduce en su lugar, la curva de costes marginales de reducción de la contaminación, que indica, que cuanto menor sea el nivel de contaminación, mayor es el coste marginal de reducirlo aún más. Una vez que alcanzamos niveles muy ba jos de contam inación, reducirlos aún más, requiere unos tratamientos má s avanzados y, por tanto más costosos. Cuando analizamos la contaminación por la vía del beneficio marginal Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 311 privado neto, estamos considerando que el contam inador se ajusta respecto a lo s incentivos por medio de la reducci ón de la producción, y por ello el beneficio marginal privado neto será una curva de coste de re ducción, en aquellos casos en los que el único método para la reducción de la contaminación, es la reducción de la cantidad de producto. La curva de costes marginales de reducción de la contaminación se sitúa en un contexto, en el que la metodología de redu cir la contaminación, es introducir en el proceso de producción, equipamiento de disminución de la contaminación, como depuradoras de aguas, filtros contra hu mos, etc. Por tanto, si el modelo de externalidad basado en la curva beneficio marginal priva do neto de negociación del productor por los beneficios marginales, era un modelo más a corto plazo, analizamos ahora los mismos hechos pero con una posibilidad mejor y más realista, situándonos como mínimo en el medio plazo. En este sentido, la curva de costes marginales de red ucción de la contaminación es también una curva decreciente según el nivel de contaminación, no y a según el nivel de producción, como la de beneficios indicada; el eje horizontal representará el nivel de emisiones y el número de permisos negociables de contaminación. El supuesto más sencillo es, pensar qu e se necesita un permiso por cada Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 318 algún otro lugar, del conjunto de la industria. Las redes siempre implican negociación interna; es decir, la empr esa no puede adquirir permisos del exterior. Así, cada empresa trata de evitar el rigor estricto de los estándares, ya que puede aumentar sus emisiones, al contar con créditos de reducción suficientes, en la industria, que compensen dicho incremento. Las compensaciones o emisiones netas, son otro procedimiento para negociar los excesos de reducción de polución. El sistema de Compensaciones se introduce en 1976 en aquellas áreas donde los estándares de la Clean Air Act no se cumplían. Si se aplicaran unas reglas exigentes a los nuevos focos de co ntaminación, ello significaría que tales áreas apenas atraerían a nuevas indu strias. No obstante, mediante la compensación del nuevo foco de contaminación, a través de mayores reducciones en los focos de contamin ación actuales, a estas áreas se les permitiría la absorción de nuevas industrias. Tales compensaciones se pueden lograr mediante la neg ociaci ón int erna y externa, es decir, mediante la compra de permisos en el mismo foco emisor, donde se produce la contaminación, o a otras empre sas. Por tanto, requiere una reducc ión de emisiones en las fuentes ex istentes que compensen los incrementos Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 319 de otros focos en distintas áreas. De esta forma, el nivel de contamin ación global no crece, y una empresa nueva puede instalarse en zonas que, de otro modo, no tendría posibilidad, ante la aplicación de los estándares. Las burbujas cons tituyen una forma distinta de negociación de los créditos de reducción de emisiones. Son quizás , la parte más famosa del sistema de permisos come rciales de los EE.UU.. Fu e ron introducidas en 1979. Una burbuja es un hipotético límite a la contamin ación existente, a diferencia de las compensaciones y las redes que se refier en a la contaminación futura. Dentro de los límites de la burbuja las empresas son libres de contaminar siempre que el límite establecido no se alcance. La burbuja se refiere, teóricamente , a una empresa singular, pero en la práctica las burbuja se extiende a muchas empresas. Si en algún punto de la burbuja se sobrepasa el estándar, habrá de compensarse con la reducción de polución en otros puntos de la burbuja. La burbu ja europe a, de la negociació n en la cumbre de Kyoto, en 1997, es un claro ejemplo de ello. El sistema banking fue introducido en 1979, y opera como las burbujas, Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 320 pero a lo largo del tiempo; es decir, se le permite a la empresa solicitar créditos para poder utilizarlos en el futuro, se gún las modalidades de red, o de compensación, o de burbuja. En general, el sistema de negociación de créditos de reducción de emis iones, ha c onsegu ido mejorar la calid ad del aire, con disminución de costes empresariales pero aumento de los ad ministrativos, ha incentivado nuevas tecnologías para controlar la pol ución y ha beneficiado a determi nadas regiones. (TIETENBERG, T.H., 1990, pág. 17) La siguiente Tabla 1. resume la experiencia de EE.UU. y muestra los efectos sobre el coste del ahorro y sobre la calidad medioambiental. TABLA 1. Burbujas Compensacion. Redes Banca B. Federal B. Estatal Número de permisos negociables 42 89 2000 5000-12000 <120 Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 321 Burbujas Compensacion. Redes Banca Costes ahorrados, en millones de dólares 300 135 Grande 525-12.300 Pequeña Impacto sobre la calidad del aire Cero Cero Cero Probabilidad insignificante Probabilidad insignificante Naturaleza de la negociaci ón: Interna y externa 40 2 89 0 1800 200 5000-12000 0 <100 <20 Fuente: R. Hahn y G. Hester (1989, pág. 109). De la tabla se pueden hacer las siguientes deducciones: Casi todos los permisos negociables ha n sido internos. So lo en el sistema de compensación se han producido negociaciones externas mode rad as. A pesar de que el sistema de las burb ujas permita la negociación externa, Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 322 esta apenas se ha producido. Est o p arece ser debido a los elevados costes que supone la adquisición de info rmación acerca de los deseos de negociación de otras empresas y a lo s costes que supone la obtención de los permisos de negociación. Los costes ahorrados son bastante co nsiderables, con un mínimo de un billón de dólares y como mucho trece billones de dólares. El sistema Banking apenas se utiliza. La utilización de las rede s, en comparación con las burbujas, incluso si se incluyesen los permisos internos, es sorprendente, en tanto en cuanto las burbujas se aplican a los focos de co ntaminación existentes, mientras que las redes se aplican sólo a los nuev os focos de contaminación o a los modificados. La explicación de por qué el sistem a de permisos negociables de EE.UU. dio unos resultados inferiores a los esperados no parece tarea sencilla. Los resultados obtenidos por empresas tales como Armco, Du Pont, Usx y 3M. que Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 323 han utilizado el sistema de permisos negociables, han sido escasos. Alguna de las razones aducidas, son las siguientes sugerido cinco razones (TURNER, R.K., PEARCE, D. y BATEMAN, I. 1994): Los nuevos focos de contaminación están sujetos a regulaciones muy estrictas, en lo que se refiere a las emisiones cualitativas. Esto significa que las empresas estarán encantadas con adoptar cualquier procedimiento de compensación cuando se produzca un nuevo foco de contaminación. Las redes son apropiadas en estos casos y es lo que explica que en el sistema de permis os negoc iable s de EE.UU. predomine este tipo de procedimiento. Es más, dado que los nuevos focos de contaminación han heredado el equipo de reducción de la contaminación, comprado antes de que la política de las burbujas fuera introducida en 1979, los costes de ajuste bajo un política de burbujas son elevados. Se sugiere, asimismo, la incertidumbre acerca de los créditos a la contaminación, pues ha existido una incertidumbre considerable en relación con qué créditos emitir bajo la legislación de banking , las empres as no siem pre están seguras de como determinará el regulador los Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 324 créditos concedidos. Esta incertidum bre se ve intensificada cuando los créditos de otras empresas están su jetos a la negociación, es decir, cuando queda implicada la negociació n externa. La empresa A, tiene q ue estar segura de que la empresa B, reducirá sus emisiones de créditos negociables; en cont raste, la n egoci ación interna implica una certidumbre mucho mayor, dado que la empresa sólo trata consigo misma. Es mucho más caro adquirir información sobre la negociación externa, dado que la empresa A necesita averiguar lo s cré ditos de las otras empresas, y el precio al que probablemente te nga lugar la negociación. Surgen problemas similares en otros países, cuando se realizan intentos de establecer servicios de información para intercambios, en términos de residuos. Muchas empresas no negociarán con otras, debido a las expectativas de aumento en el precio de los permisos . Los permisos se reservarán mientras se espere un crecimiento en el precio, superior a los costes de la reserva, es decir, siempre que sea superior al tipo de interés. Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 325 Y finalmente, se argumenta que, lo s permisos reservados se pueden utilizar para disuadir a los nuevos entrantes. Una valoración similar expone también Tietenberg (1990, pág. 19). Los permisos negociables constituyen la figura central de una reciente Clean Air Act de los EE.UU., en el contexto del control de la lluvia ácida. Los reguladores han obtenido experiencia de los sistemas de nego ciació n ante rio res, y, por ello, saben cuales deben de ser los problemas que se tienen que eliminar del nuevo sistema a implantar. La compra-venta de contaminación fi gura en el Protocolo de la Cumbre de Kyoto, acordado en diciembre de 1997, por la comunidad internacional, como una de las soluc iones para que los países industrializados puedan reducir el 5,2 por ciento de las emisiones de gases, que producen el efecto invernadero. Las grandes empresas energéticas mundiales, entre las que se encuentr a la española Endesa, se lanzaron de lleno a este nuevo mercado y en junio de 1999 crearon en Londres la Asociación Internacional para el Comercio de Emisiones (IETA). La empresa canadiense TransAlta, ha puesto recientemente en venta, derechos por valor de 2,8 millones de tone ladas de dióxi do de carbono de l os 45 Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 326 millones que emite cada año, unida a la efectuada por Ontario Power Generation, que ha formalizado la co mpra de 2,5 millones de toneladas de dióxido de carbono, a una empres a estadounidense, a cambio de 119.000 toneladas de metano. V.4.2.- Objeciones a los permisos neg ociable s. Regulaci ón del uso de l os recursos naturales. Las objeciones a la compra-venta de permisos negociables, se han realizado por diversos grupos de interés: los ecologistas, la industria y el gobierno. En los Estados Unidos, las objeciones básicas de los ecologistas, se han centrado en dos cuestiones fundamentalme nte: ver hasta que punto la calidad medioambiental se sacrifica como cons ecuencia del sistema de los permisos negociables, y ver, asimismo, si es moralmente correcto permitir la contaminación, incluso pagando un precio para hacerlo. La Tabla 1., antes expuesta, muestra que el argumento de la calidad medioambiental carece de fundamento, al no aparecer ningún impa cto sobre l a calidad del medioambiente. Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 327 La segunda objeción se contesta por un proceso intuitivo. Todos los sistemas de regulación permiten la cont aminación, si por ésta se entienden a todos los residuos, pues ningún proceso económico está libre de emisiones. Por tanto, la cuestión ha de ser, si el sist ema de permisos negociables permite más cantidad de vertidos, que el sistema de co ntroles directos. Como se ha visto, no existe razón alguna para que este sea el caso. Es importante señalar, por otra parte, que muchas organizaciones medioa mbientales de los EE.UU. aceptan los permisos comerciales. La experiencia de dicho país, sugiere que es muy importante tener certidumbre sobre el sistema regulador. Con el sistema de mandato y control , la empresa tiene bastante claro cuál es la naturaleza de la regulación y qué es lo que está, y lo que no está, permitido. Aunque también es cierto, para los sistemas de mandato y control menos rígidos, como el de Reino Unido, donde se permiten ajustes muy flexibles, en términ os de negociaciones, con el Inspector encargado de la contaminación. Los reguladores, naturalmente, se preocupan tanto por los ecologistas como por la industria. Sus principale s preocupaciones giran entorno a los siguientes aspectos: los costes de nego ciación y la formulación e implantación de un departamento para el desarrollo del enfoque del mandato y control . Es Capítulo V.- Relevancia de la valoración ec onómica y los mecanismos de protección del medioambiente (2) 334 BIBLIOGRAFIA BARKER T. & LEWNEY R.: Macroeco nomic modelling of environmental policies: The carbon tax and regulation of water quality, Department of Applie d Economics, University of Cambridge, 1990. BARRETT S.: “Global warming: Economi cs of a carbon tax, en D.W. Pearce (ed.), Blueprint 2”: Greening the World Economy , Earthscan, London, 1991. BROMLEY D. & HODGE I.: Private property rights and presumptive policy entitlements: Reconsidering th e premises of rural policy, European Review of Agricultural Economics 17: 197-214, 1990. BUCHANAN & TULLOCK G.: Polluters prof its and political response: Direct control versus taxes, American Economic Review 65: 130-147, 1975. BYE B., BYE T. & LORENTSEN L.: ASIMEN : Studies of industry, environment and energy towards 2000", Discussion Paper, n144, Central Bureau of Stat istics, Oslo, 1989. 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Por tanto, si dichos efectos se pueden valorar, el proble ma del fallo del mercado quedaría resuelto, ya que éste asignaría de nu evo los recursos, eficientemente, de acuerdo con Castilla (1992), quién se plan tea si la valoración de los impactos ambientales puede dar solución a la gestión eficiente, por el mercado. Dado que el medio ambiente carece de precio, el sistema de mercado no tiene posibilidad de orientar el valo r del mismo para la sociedad, y, es a hí, donde radican muchos de los problemas que afectan al deterioro ambiental. (Azqueta, 1994a) Es preciso pues, “internalizar los costes medioambientales, contaminación, en el mecanismo de precios, para poder obtener una asignación eficiente”. (MAGADAN Y RIVAS, 1998, 83). Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 338 Una vez conocido o estimado, el coste de contaminación, podemos determinar el coste marginal social y, en consecuencia, la producción óptima social, el precio de la misma y la contaminación óptima. Es imprescindible, por ello, internalizar los costes sociales de la contaminación, consecuencia de la ap licación de la pertinente política correctora. Pero necesitamos, previamente, evaluar dichos costes, provocados por la polución o degradación ambiental. De ahí que, la valoración económica del medioambiente propor cione la información básica sobre los beneficios y costes de las políticas de control, ya que informa en relación con “el valor monetario que los miembros de un determinado colectivo otorgan a las dist intas alternativas medioambientales con las que se les confronta” (MAGADAN Y RIVAS, 1998, 84). En todo método de valoración, son relevantes los conceptos de, disposición a pagar y disposición a recibir una compensación monetaria, de u n i n d i v i d u o . E l p r i m e r c o n c e p t o s e r e f i e r e a l a c a n t i d a d m á x i m a d e d i n e r o que él está dispuesto a dar por un bien ambiental, o por tener la garantía de que una mejora se va a realizar en el mismo; dicha cantidad se denomina variación compensatoria. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 345 Las técnicas, dentro de la categoría general de valoración objetiva, proporcionan medidas de beneficios brutos, en el sentido de pérdidas evitadas, de acciones preventivas o de reparación. Se asume de forma implícita en la utilización de estos métodos, que el valor neto de prevenir el daño es, al menos igual al coste en el qu e se incurriría si se produjera el daño actualmente. En los métodos objetivos se supone, que los individuos racionales, en orden a prevenir un da ño, estarían dispuestos a pagar una cantidad menor o igual, que los costes que aparecerían de forma prevista en los efectos ambientales. En contraste con las técnicas de valoración objetiva, el segundo grupo de métodos, los de valoración subjetiva, se basan más en estimaciones subjetivas de posibles daños, expresad os o revelados en comportamientos de mercados hipotéticos o reales. La ut ilización de comportamientos revelados supone examinar mercados reales de bienes o servicios afe c tados por impactos ambientales, como la contaminación atmosférica o hídrica, en los que los individuos realizan trade-off o intercambio entre el impacto ambiental y otros bienes o ingresos. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 346 Así, los individuos, a veces, previenen daños de la contaminación del agua, hirviéndola antes de consumirla, e incurren en un gasto. También, un análisis del mercado de la vivienda, nos revela que en muchos casos, el valor de la vivienda es mayor en áreas do nde la calidad es buena en comparación con areas donde la calidad atmosférica, debido a contaminación, es mala. La diferencia en los valores de la propiedad entre estas dos áreas es un valor representativo de la disposición a pagar por una buena calidad del aire. Estas transacciones de mercado se utilizan como mercados sustitutivos, para bienes y servicios ambientales. En otros casos, los impactos ambi entales no pueden ser valorados, ni indirectamente, por comportamientos de mercado. La alternativa es construir mercados hipotéticos, para varias opciones de reducción de los daños ambientales, y preguntar directamente a los individuos que expresen cuanto estarían dispuestos a pagar para di ferentes reducciones de impactos ambientales; estos son, los méto dos conocidos como de valoración contingente. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 347 Los métodos de valoración subjetiva se basan en preferencias expresadas o reveladas, y se relacionan directamente con funciones de utilidad individuales; sin embargo, la información en estos métodos, puede introducir sesgos diversos o prejuicios . Mientras que los métodos objetivos se basan en el mejor conocimiento real de las relaciones causa-e fecto, relativas al nivel de actividades perjudiciales que se espera deteriorarán el medioambiente, los métodos subjetivos son muy dependientes del grado de conocimiento o de la cantidad de in formación, que tienen los individuos respecto al actual deterioro, provocado por varias actividades. Si los individuos no tienen la adec uada información en la que basar su percepción del potencial daño ambiental, o si, por otras razones, perciben de forma incorrecta los riesgos, sus di sposiciones a pagar para evitar el deterioro, puede, en cualquier caso , subestimar o sobreestimar los costes actuales del daño ambiental. La elección de un método particular de valoración, dependerá lógicamente de lo que se vaya a valorar. En la figura de la pág. siguiente se presenta un organigrama de valoración, que sugiere dónde debe comenzar el Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 348 análisis. La figura comienza con un impa cto ambiental y determina si es o no m e n s u r a b l e e l c a m b i o e n l a p r o d u c t i v i d a d, o si el primer efecto del impacto es un cambio en la calidad ambiental. Los impactos que provocan camb ios en la producción, como variaciones en el rendimiento de los cultivos, o de las pesquerías, no son difíciles de estudiar; los que producen cambios en la calidad ambiental, son normalmente, más difíciles de valorar. En caso de producirse un cambio en los espacios naturales, en el habitat, se pueden utilizar los cuatro métodos que aparecen para estimar los costes y los beneficios: el coste de op ortunidad, el coste de reemplazamiento, métodos de valoración de la tierra, o la valoración contingente. De la misma forma, la calidad del aire y del agua, puede ser valorada por distintos métodos, basados en costes o en impactos en la salud. Los valores no de uso , y aquellos impactos menos tangibles, como los efectos estéticos o recreativos, son frecuentemente valorados por el método de la valoración contingente. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 349 Figura: Esqu ema de valoración. Adapt ado de Dixon y Sherman (1990) IMPA CTO AMB IENT AL C amb io med i ble en la pr oduc ción Cam bi o e n C ali da d ambie ntal SI NO Disponibilida d de Pre ci os de Me rcado SI NO Mé t o do de Ca m bi os en la Pr odu ct iv i d. Méto dos d e Mercad os Sust itutos prec io s so mb ra a l os Cam bi os en la Pr odu ct iv i d. Hab it at Méto do de l Coste d e Oport u ni dad Méto do de l Coste d e Reem plazam ient o Mé t o do de l v a l or d e l a Ti e r ra Valoración Co nt i n g e n te Cal i da d d el a ir e y de l a g u a Co st e e fe c ti vi da d de Pr eve nc i ón Gas tos D e fens ivos o de M i ti ga ció n Co st es de relo ca li zaci ón/ re empl a zami ento Efect os en la s alu d En fe rm ed a d Mo rtali dad Perdid a de in gre sos Co st es Médi cos Co st es de Pre ve nci ón Capi tal Hu man o Recre a ció n Aspe cto s cu lt ur ales , de bi odive rsid a d, es té ti cos , hi st ór ic os Cos t es de viaje Valoración conti nge nte Valoración conti nge nte Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 350 Los métodos de valoración directa, con datos observados, se basan en precios de mercados competitivos, y en resultados que se consiguen en referéndum, donde se expresa la voluntad de los votantes, una vez informados sobre cantidad y precios. También pueden realizarse mercados experimentales, para conseguir la información de los individuos. En estos tres casos, conseguimos la valoración directa en unidades monetarias. Habría que hacer una salvedad para el caso del referéndum, pues en éste, la elección que realiza el sujeto va dirigida a aceptar las condiciones que se le imponen, "tomo el bien si el precio que yo estaría dispuesto a pagar fuera superior o por el contrario no acepto el bien ya que considero el precio demasiado alto", es decir, no expresa la demanda o la disposición a pagar, con diferentes precio s y cantidades. Por tanto, aquí se requerirán modelos de elección discret a, con funciones probabilísticas de utilidad, para ultimar el proceso de valoración. Aunque dichos métodos se basan en el análisis del comportamiento real, tendente a la maximización de la utilidad, "dado que el flujo de servicios de los recursos naturales no tiene precio de mercado, su valor no se revela directamente a través de esas elecciones sino que debe inferirse por medio Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 351 del uso de modelos que relacionen bienes de mercado con servicios ambientales". (FREEMAN III, A.M.: 1992, 85) Utilizan siempre, algún tipo de relación de sustitución o complementariedad, entre los recurs os medioambientales y bien es disponibles en los mercados. Los métodos de valoración indirecta, con datos observados observan las indicaciones que van dejando los individuos, cuando responden a los precios y otras señales económic as, en sus elecciones reales. Los métodos Hipotéticos Indirectos, como ya se ha indicado, obtienen sus datos de las respuestas que los individuos realizan a preguntas hipotéticas. Los Hipotéticos Directos intentan obtener una información directa sobre la valoración de los sujeto s en relación los bienes ambientales, mediante la creación de mercados hipotéticos. Desde otro pu nto de vist a, como es e l de sí se estima o no, la cu rva de demanda, se pue den clas ificar, de la forma s iguie nte, los métodos de eval uació n monetaria (TURNER et al, 1994) : Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 352 A)- Con estimación de curva de demanda : * Métodos de preferenci a expresada: ⋅ Método de V aloración Contingent e: Demanda tipo Hi cks (Medidas de bienestar) * Métodos de preferencia re velada: Dem anda tipo Marshall ⋅ Método del Coste de Viaje ⋅ Método de lo s Precios Hedónicos (Medida del excedente del consumidor) B)- Sin esti mación de cur va de D emanda : ⋅ Métodos dosis-respuesta ⋅ Costes de reemplazamiento o relocalizaci ón ⋅ Costes d e oportunidad ⋅ Comport amiento defen sivo De gran interés son, po r otra parte, la s dos clasificaciones de Dixon et al.(1994, 30), la primera, basada en si los método s tratan datos objeti vos o Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 353 subjetivos 1 ; y la segunda b asada en su ámbi to de aplicación. Esta segunda clasificación resulta bast ante clarifi cadora: A)- Técnicas gene ralmente aplicables : - Usan va lores de mercado de b ienes o servic io s: camb ios en la productiv idad, c oste de e nferm eda d, cos te de oportu nidad. - Usan valores de gasto actual o p otencial: co ste efectivo, ga stos de preven ción (defensivos), costes de relo calización y reemplazamiento, proy ectos-sombra. B)- Técnicas aplicable s de forma selectiva : - Mercados sustitutiv os: coste de viaje, bienes de mercado como sustitutos med ioambient ales. 1 . Entre las técnicas de "va loración objetiva" se recogen los camb ios en la productividad, el coste de enfermedad, el valor del capital humano y los c ostes de restauración o relocalización - todos ello s basados en fund amentos físicos o técnicos, consider ándose asumido el comportamiento -. Por su parte, en la "valoración subjetiva" se i ncluyen los gastos defen sivos, los precios y salar i os hedó nicos, el coste de viaje y la valor a ción contingente. En estas últimas técnicas los fu ndamentos son de comportamiento - ya sea revelado o expresado , siguiendo la terminologí a de Turner et al.( 1994) comentada -. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 354 - Métodos de valoración cont ingente: juegos de licitación, experimentos de "tómelo o d éje lo", ju egos de intercambi o, elecci ón de menor co ste, técnica "delphi ". C)- Técn icas potenc ialmente aplicables : - Métodos hedóni cos: valores de la propiedad y otros valores de la tierra, di ferenc ial de salarios. - Modelos macroeconómi cos: programación lin eal, contabilidad de los recurso s naturales, i m pa ctos de la economía global. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 361 En la práctica, el método de la complementariedad débil se ha utilizado, con más frecuencia, para valorar los atributos o calidad ambiental de lugares recreativos. Sin embargo este tipo de lugares, no tiene normalmente precio de mercado, su cost e ha de ser medido por la suma t otal del coste de viaje , en el que se incluye el tiempo de viaje, así como las posibles tarifas de entrada. El problema de la valoració n de la demanda de estos lugares recreativos, como función de la calidad del mismo, es que no existe variación de la calidad para las diferentes personas que lo visitan (AZQUETA, D., 1994, 99). VI.3.2.- Métodos indirectos de valoración con datos hipotéticos. Los métodos indirectos de valo ración con datos hipotétic os, se fundamentan en entrevistas en las que se detallan varias situaciones alternativas de calidad ambiental a los entrevistados. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 362 A éstos se entrega una serie de tarj etas con los distintos escenarios, y se les pide las ordenen, según sus prefer encias. Se está así, en la metodología de la ordenación contingente. En el método de la actividad contingente , se hacen preguntas condicionadas, a los entrevis tados, en relación a cómo varía el comportamiento de la población ante cambios en algunos atributos medioambientales (MAGADAN y RIVAS, 1998, 92). Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 363 VI. 4.- METODOS DIRECTOS, CON OBSERVACION DE MERCADO Y CON DATOS HIPOTÉTICOS Cuando la calidad ambiental afecta a la función de producción o de costes, de un grupo de productores que vende su producto en el mercado, los efectos de los cambios en aquélla se transmiten a los individuos, por cambios en los precios y en las cantidades que se intercambian en el mercado, y, por tanto afectan a los excedentes de los productores y de los consumidores. Podemos considerar, los casos en que diferentes tipos de contaminación afectan a la productividad de los sistemas productivos. Suponemos, inicialmente, una posición de equilibrio de un mercado con las curvas de demanda y oferta co rrespondientes, bajo unas situaciones iniciales de alta contaminación. Si posteriormente la contaminación se reduce, la curva de oferta se desplazará hacia la derecha, debido a un incremento en la productividad, y por tanto, el precio se reducirá, al mantenerse una demanda constante, y la cantidad intercambiada aumentará. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 364 El cambio en el excedente resultante , será la suma de lo que ganen los productores y lo que incrementen en excedente los consumidores. Para conseguir la aplicación del método expresado, hay que disponer de una estimación de la función de demanda y, de, como se ve afectada la función de oferta, a la variación de la calidad ambiental. El modelo se ve condicionado por varios factores; primero cuando hay procesos de producción conjun ta, es necesario considerar la interdependencia de las funciones de of erta de los productos individuales; en segundo lugar, también queda restringido el modelo, cuando existe una regulación del precio de mercado, y a priori, no podamos determinar la variación de los excedentes. Es posible, asimismo, que los incrementos en la productividad provocados por la mejora ambiental, qu e hacen que se desplace la curva d e oferta hacia la derecha, provoque que entren en el mercado nuevos productores, debido al posible incremento de los beneficios, y pueden eliminar la anterior mejora del excedent e de los productores; en este caso, sólo los consumidores conseguirán excedente. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 365 Todos lor métodos directos con datos observados, tanto el de precios en mercados competitivos, como el de referéndum y el de los precios en mercados experimentales, expresan la voluntad de los consumidores, quienes estarán informados del precio y la cantidad, del bien público a valorar. A través de la metodología de encuestas se recibe información de las preferencias de los consumidores, si bien es preciso tener en cuenta los tres principales sesgos posibles: estratégico, información e instrumental (MAGADAN y RIVAS, 1998, 92). El prim er sesgo, se refiere a que los individuos se pueden beneficiar del uso del bien público, mediante la ocultación de sus verdaderas preferen cias o deseos, con perjuicio para el resto de individuos que fueron sinceros . El sesgo de información surge, si aparecen nuevos conocimientos sobre el asunto expuesto, que p rovocarían respuestas distintas a las derivadas de la primera información. El último sesgo está en relación con los mecanismos utilizados por el entrevistador, que pueden ser causa de distintas reacciones en el entrevistado. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 366 Entre los métodos directos de valoración con datos hipotéticos, además del de valoración contingente, que consiste en simular un mercado inexistente, destacan otros dos: el de juegos de licitación y el de referéndum contingente. En los juegos de licitación, el entrevistador actúa como licitad or, y hace sucesivas propuestas de valoració n a los encuestados, sobre distintos aspectos medioambientales. Mediante el referéndum contingent e, se plantean preguntas a los consumidores o votantes y la proporción observada de contestaciones afirmativas se considera como un estimador adecuado al respecto. Tiene la ventaja de que, en general, motiva la coherencia en la verdadera preferencia (MAGADAN y RIVAS 1998, 94). Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 367 VI.5.- PRINCIPALES METODOS DE VALORACION DEL MEDIO AMBIENTE La valoración del medioambiente resulta imprescindible, como es conocido, para determinar la curva de co ste marginal externo y, de ahí la importancia, de que la medida de dicha valoración se haga en términos monetarios, para establecer el óptimo social sobre la curva de beneficio marginal privado neto, que viene expresada en unidades monetarias. En unidades monetarias, asimismo, los consumidores expresan, a diario, sus preferencias por entender que son el mejor indicador de que se dispone. La valoración ambiental, se puede desear realizarla antes de obtener el óptimo social, para decidir el tipo de regulación ambiental a poner en marcha, o bien, con posterioridad a ésta, a fin de comprobar si ha habido aproximación al óptimo. Por otra parte, es precisa la medi da del valor del medio ambiente, para justificar y probar la importancia de una concreta política ambiental, Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 368 pues los beneficios derivados de la misma no suelen aparecer como beneficios económicos, sino más bien co mo una mejora de la calidad de vida. El medioambiente es, cada día, más valorado, por lo que una de las funciones de la política ambiental es cu antificar, en lo posible, los valores del mismo. Ahora bien, al ser muy numerosos los tipos de daño ambiental, y muchos de ellos no son evaluables, si empre el daño real provocado, será superior al montante estimado en la valoración practicada (PEARCE y TURNER, 1995, 165). Los métodos principales de valoración del medioambiente, hemos visto son variados, pero los más ut ilizados son los cuatro siguientes: mercados hedónicos, coste de viaje, va loración contingente, y costes evitados o beneficios inducidos. Los tres primeros se analizan en este epíg rafe, y, el cuarto, se desarrolla con mayor amplitud, en el capítulo próximo. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 369 VI.5.1.- Métodos de mercados hedónicos. el mercado de la vivienda y calidad ambiental. El valor de una parcela de tierra está en estrecha relación con la corriente anual de beneficios que genera la propia tierra. La producción agraria es el beneficio más ostensible, pero también tiene un entorno y unas características, para el acceso a los puestos de trabajo, el ocio y la calidad del medioambiente; todos ellos, asimismo, beneficios a tener en cuenta y que se suman al valor de una concreta superficie de tierra. El enfoque hedónico o de precios he dónicos, trata, en primer lugar, de identificar la cantidad diferencial del valor de las propiedades, que se debe a las diferencias “ambientales entre las mismas”, y en segundo lugar, “inferir cuantas personas estarían dispuestas a pagar por una mejora de la calidad ambiental con la que se encuentran y cu ál es el valor social de la mejora” (PEARCE y TURNER, 1995, 189). La identificación de un efecto sobre el precio de la propiedad, debido a una diferencia en los niveles de contaminación, se ha hecho, generalmente, por medio de una técnica de regresión mú ltiple, en la que la información se Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 370 consigue, ya sea de un número pequeño de propiedades residenciales similares, en un periodo de años, se rie cronológica o un gran número de propiedades diferentes, en un moment o del tiempo corte transversal, o también por la utilización de ambas técnicas. En general, la mayor parte de los estudios sobre el valor de la propiedad se han realizado mediante la metodología de los cortes o secciones transversales, porque resulta complicado el control de otras variables, que pueden haber influido a través del tiempo. Por otra parte, también existen diferencias en el valor de la propiedad residencial, que son función de la calidad y cantidad de servicios públicos de que dispone, impuestos sobre la propieda d, tráfico, ruidos, acceso a áreas de negocios, etc. Debe intentarse incluir to das estas características en el análisis; así se tendrán en el estudio las variables intrínsecas relevantes de la propiedad, sobre la familia, sobre la accesibilidad y otras medioambientales. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 377 El modelo de utilización de un bien ambiental puede determinarse por un aspecto de los visitantes a dicho bi en, como es el desplazamiento para su disfrute. De esta manera reflejan la de manda que tienen de él, y por tanto, forma parte de su función de utilidad, o de sus preferencias. A ellos se les pregunta el tiempo y el dinero gastado en la visita al parque, la distancia a dicho lug ar, y varios aspectos de índole socioeconómica. Las zonas de origen de los visitantes se definen en términos de aumento de la distancia, o coste de viaje hasta el parque o el bien ambiental de que se trate. Normalmente, la frecuencia de la visita al parque, medida como el número de visitas por mil habitantes en cada área es inversa a la distancia hacia este lugar. Se observa, que la ma yor parte de los costes provienen del gasto en tiempo y en dinero para llegar a dicho lugar, y la menor parte es la que se gasta en el propio parque. Mediante la valoración de “estos gastos, se podría analizar cómo varía su demanda del bien ambiental, ante ca mbios en este coste de disfrutarlo, y cualquier otra variable relevante” (AZQUETA, D. y PEREZ, 1996, 52) Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 378 En su formulación más directa, la idea del método del coste del desplazamiento y el procedimiento para aplicarlo son muy sencillos. Aunque el precio de entrada a un espacio natu ral sea cero, el coste de acceso es generalmente superior a cero, dado que deben incluirse por lo menos los gastos ocasionados por el desp lazamiento (AZQUETA, D., 1992, 158). En general, cuanto más cerca se reside del espacio cuyo disfrute se quiere valorar, menores son los gastos en que se incurre y mayor es, el número de visitantes. Así, se puede determinar una función de demanda entre número de visitantes y coste de desplazamiento, que será el precio de la visita. Por métodos econométricos, es factible calcular la función de demanda, en la que se exprese el número de visitantes en función del coste del desplazamiento, la renta y otras variables socioeconómicas. Como indican AZQUETA y PEREZ (1996 pág. 43): “Estimada de esta forma la función de demanda, sería posible analizar los cambios en el excedente del consumidor que una modificación en su oferta produciría, así como la incidencia de las variables más relevantes para explicar su comportamiento: ...” Este modelo sirve, por tanto, para medir cambios en la Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 379 valoración de los visitantes, al producir se un daño ecológico sobre un espacio natural, ya que el número de visitantes descendería y, también, el valor del excedente del consumidor. Los costes del viaje o desplazamient o, que se han de contemplar, giran en torno a tres aspectos básicos, según Azqueta (1994, 103): - Costes ineludibles : Son los derivados e strictamente del desplazamiento. Se hace una estimación del coste de gasolina por kilómetro y se le agregan los costes de a mortización y mantenimiento del vehículo . También cabría considerarse aquí el coste de los billetes de tren, autobús o avión, así como los de aparcamiento y de entrada. - Costes discrecionales: Costes necesarios de hotel u otra forma de pernocte, y alimentación; pero en esto s casos, hay que establecer ciertas condiciones, porque sólo se considerarán parte del coste de viaje, aquéllos gastos que no son recreativos en sí, en el sentido de que se buscan porque añaden un componente propio de utilidad del viaje. - El tiempo: El punto de partida para la formación del precio del tiempo, lo constituye el coste de oportunidad: el tiempo invertido podría dedicarse a una actuación alternativa; bi en a una actividad productiva o al Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 380 tiempo libre. Pero hay que considerar que el tiempo empleado en llegar a un lugar del recreo del tipo que nos ocupa, no está dentro de la jornada laboral y por tanto, es en principio irrelevante, el primer caso. Y en el segundo caso, parece que en algunos trabajos empíri cos que consideran la valoración del tiempo libre, se da una cuantía bastante inferior al valor del salario. Asimismo, en estos desplazamientos, el viaje en sí, supone en muchos casos, un beneficio por el disfrute del paisaje, y, por este moti vo algunos autores no incluyen el tiempo de viaj e entre los componentes de los costes del mismo. Para Azqueta (1992, pág. 158) la estimación de la curva de demanda finalmente implícita debe pasar por las siguientes etapas: - En primer término, se divide el entorno de influencia del area ambiental, en zonas, cada una de ellas caracterizada por un concreto coste de viaje. - A continuación, se calcula el cost e de viaje al parque, para cada una de las zonas y se estima el número de vi sitas anuales y de que zona de procedencia.. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 381 - En tercer lugar, se practica una encuesta entre los visitantes del parque, que nos informe de las rentas de éstos, nivel de educación, número de hijos, edad, etc. Con estos datos se puede construir la propensión media a visitar el parque para cada zona. - Efectuamos seguidamente una regr esión en la que esa propensión media sea la variable dependiente del cost e de viaje, y se obtiene la curva de demanda agregada de los servicios del parque. - Al modificar el valor del coste de viaje, en la regresión anterior, se determinan los demás puntos de la cu rva de demanda de los servicios del parque. - De forma alternativa, también se puede estimar directamente la curva de demanda, en función de las dife rencias en el coste de viaje, para cada persona y según sus características socioeconómicas. - La curva de demanda estimada, es la que permite valorar en unidades monetarias, los cambios que se produzcan, en la calidad y en la cantidad, de los servicios ambientales ofrecidos, a través de las variaciones provocadas en el excedente de los consumidores. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 382 VI.5.3.- La Valoración Contingente La valoración contingente es un método directo de evaluación, con datos hipotéticos, en el que se pregun ta a la gente, por encuesta, lo que estaría dispuesta a pagar por el bene ficio ambiental, o lo que estaría dispuesta a recibir, mediante compensa ción, para tolerar una pérdida o coste ambiental. Dicho proceso de preguntas se hace, en general, mediante encuesta, si bien, también puede llevarse a efecto por técnicas experimentales, en las que se responde a diversos estímulos, en las condiciones laborales, p or ejemplo. Se consigue con ello, obtener valoraciones personales de los demandantes ante el aumento o disminución en la ca ntidad de algún bien concreto, basado en un mercado hipotético. Los demand antes manifiestan lo que estarían dispuestos a pagar, o la cantidad que es tarían dispuestos a aceptar, si hubiese un mercado de los bienes estudiados. Un mercado contingente se toma para que , se incluya no sólo el bien en cuestión, sino también su financiación. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 383 El mercado hipotético se simula por la encuesta y es aplicabl e a cualquier caso, en especial cuando no hay posibilidad de establecer relación alguna entre bienes privados y bienes medioambientales. Por consiguiente, supone contar siempre con una metodología de valoración alternativa, de gran utilidad para realizar comparaciones con los resultados de otros métodos evaluadores. El mecanismo de las encuestas, resu lta bastante sencillo para conocer la valoración de la gente respecto al cambio de su bienestar, cuando varían las condiciones ambientales. Las encuestas suelen estar estructuradas, en tres partes fundamentales, según Azqueta (1994, 159): - La primera parte, contiene la información relevante sobre el bien ambiental, para que la información que posea el entrevistado sea la precisa a fin de identificar el problema objeto de análisis. - La segunda, ha de incluir una adecuada descripción de la modificación de que se trata, con la in formación relativa a situación actual, cambio que se propone, su significació n personal y medios de financiación. Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 384 Mediante las preguntas, se trata de conocer la disposición a pagar de la persona por el cambio propuesto, siempr e que se refiera a un intercambio de mayor bienestar por dinero, que le supone a la persona en cuestión; no hay que pensar en lo que haría la sociedad. - La tercera parte investiga sobre las principales características socioeconómicas del entrevistado o encuestado, con el problema estudiado, como la renta, edad, estado civil, nivel de estudios y otras. El propósito de este método de valoración cont ingente, es obte ner valoraciones que estén próximas a las que se conseguirían si el mercado real existiera. Para ello, el demandante tien e que familiarizarse con el bien objeto de estudio y, también con los diferentes modos de pago hipotéticos. Además, el mercado inexistente, pero que representan el encuestador, encuestado y encuesta, han de ser tan parecidos al mercado real, como sea posible. El entrevistador pregunta si la máxi ma disposición a pagar sería igual, superior o inferior a un número dete rminado de unidades monetarias. Si obtenemos la respuesta de inferior, se puede repetir la pregunta, disminuyendo el precio de salida. Al fi nal, se suele preguntar cuál sería el Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 385 precio máximo que pagaría por el bien , teniendo en cuenta sus respuestas anteriores (PEARCE y TURNER, 1995, 195). Los problemas principales de diseño de la encuesta, giran en torno a la información, al tiempo y a las respuestas negativas . Con respecto a la información, se desea que el indivi duo encuestado tenga la información necesaria y adecuada, pero no siempre se sabe cuál es el nivel adecuado de información. Según indica Azqueta, "las decisiones de compra reales suelen ir acompañadas de un proceso de búsqued a, comparación, asesoramiento y selección, que dista mucho de ser instan táneo, y que muestra que la persona procesa una gran cantidad de inform ación antes de decidir se. En estas condiciones, sin embargo, y aun cuando se cumplieran las exigencias anteriores, pretender que la entrevista genere una respuesta de las mismas características tiene bastante de iluso rio y, en el mejor de los casos, restringiría el ámbito de aplicación del método a un espacio muy reducido" (AZQUETA, D. 1994, 165). Para algunos autores, como Mitchel y Carson (1989), no deberíamos buscar en este método exactamente la misma conducta que la que tienen las personas en los mercados reales, sino su participación en procesos políticos Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 386 de toma de decisiones, ya que en términ os de bienes ambientales, la decisión no tiene carácter exclusivamente individualista, sino que se toman en consideración los intereses y aspectos mucho más amplios de la sociedad; esto difiere de las consideraciones iniciales que se han tenido en cuenta, y po r tanto, es preciso relativizar las reglas de funcionamiento indicadas a fin de obtener una valoración ambiental, más próxima a la que daría la sociedad, que a la equivalente del mercado. En relación con el tiempo, hay qu e valorar el tiempo desde que se experimentó el fenómeno sobre el que se investiga; el tiempo para responder las preguntas, que posiblemente ha ce que las respuestas puedan ser diferentes si el periodo de reflexión se incrementa; y, en tercer lugar, la consistencia en el tiempo de las respuestas, pues parece que es interesante la repetición de las encuestas una vez pasa do un cierto tiempo, para observar la consistencia de la disposición a pagar o a ser compensados, que se expresaron con anterioridad. Por otra parte, también es posibl e que el encuestado responda negativamente a una pregunta o se niegue a contestar, aunque esto no quiere Capítulo VI. Metodologías de la valo ración económica del medio ambien te 393 CLAWSON, M. y J.L. KNESTSCH.: Economics of Outd oor Recreation. Baltimore: Johns Hopkins University Press. Resources for the Future. 1966 CLAWSON, M.: Methods of Measuring Demand for and Value of Outdoor Recreation. RFF Reprint nº 10. 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Contaminación atmosférica y salud 397 VII.1.- INTRODUCCIÓN Se trata de un método de valo ración ambiental indirecta, con datos observados. Es la metodología que se aplica en el capítulo último de este trabajo de investigación, por lo que se le dedica un especial tratamiento. Un cambio en el medioambiente pu ede alterar actividades económicas y cambiar los ingresos económicos y costes de algunas actividades. La variación en estos ingresos y costes, puede utilizarse como medio indirecto, para valorar el cambio en el medioambiente. En la ponencia presentada por Usabiaga y González Limón (1996), al Congreso de ASEPELT, se indica, qu e aunque al estudiar la valoración económica del medio ambiente por métodos, no existe un claro consenso entre los autores, sobre lo que se entiende po r metodología de los costes evitados o inducidos -e incluso sobre esa denominaci ón-, a diferencia del acuerdo existente respecto a otras, como la valoración contin gente, los precios hedónicos o el coste de viaje. Es interesante, por tanto, comenzar con un intento de caracterización de esta metodología. Una clasificación habitual es la que distingue entre métodos que utilizan técnicas directas e indirectas como vimos (PEARCE y TURNER, 1995, 188). Sin embargo, para nuestro intento de caracte rización nos parece más clarificador el marco que consideran Turner et al.(1994) cuando distinguen entre los métodos Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación atmosférica y salud 398 que valoran un aspecto de la calidad ambiental por medio de una curva de demanda, y los que no lo hacen por medio d e l a e s t i m a c i ó n d e l a f u n c i ó n d e demanda. Por otra parte, siguiendo a Dixon et al . obteníamos una clasificación de la forma expuesta en el capítulo ante rior,, aunque, como hemos tratado de mostrar con estas clasificaciones, es difíc il hilar fino en este área. Al emplear el término costes evitados o inducidos , nos decantamos básicamente por las técnicas recogidas en el apartado b) del primer esquema - sin estimación de la curva de demanda - y en el apartado a) del segundo esquema - técnicas generalmente aplicables-. Al tratar de acotar esta metodolo gía, Azqueta (1994, 75) señala que pretende " analizar (...) la posibilidad de que el bien ambiental objeto de análisis, esté relacionado con algún bien privado de una forma muy concreta: entrando a formar parte con él, como sustitutiv o, de una determinada función de producción ". Al referirse a esta metodología indica asimismo, que es posible que este bien forme “parte de la función de producción ordinaria de un bien o servicio normal, como insumo producti vo más", o, por otro lado, que forme “parte, junto con otros bienes privados, de la función de producción de utilidad de una persona o familia determinada”. En síntesis, al seguir esa interpretación amplia de esta metodología, se manifiesta, que con ella, se persigue básicamente, medir los efectos de una Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación atmosférica y salud 399 variación en la calidad ambiental, so bre los siguientes ámbitos: sectores económicos vinculados -en especial, el pesquero, agrícola, ganadero y forestal 1 , edificios, materiales, productos, salud humana y productividad. Esta metodología se basa en el su puesto de, que la incidencia de la calidad ambiental en la producción, salu d, etc., puede ser observada y medida, y en el uso de los precios de mercado como referente. En este sentido, se estudian los cambios en los precios de los productos, y en las cantidades de outputs , las variaciones en los costes de los factores de producción, etc. Asímismo, también pueden producirse rea cciones de los consumidores o de los productores, ante el cambio ambiental, cuando se busca, en el caso de una menor calidad ambiental, mitigar esos ef ectos negativos a través de la compra de bienes o servicios 2 , comportamiento que esta metodología también trata de a valorar. A la vista de todo lo anterio r, puede apreciarse, que este tipo de evaluación es bastante complejo. Antes de pasar a utilizar los precios de mercado para evaluar los cambios en la productividad, se han de realizar varios supuestos sobre las curvas de oferta y demanda relevantes; en este sentido deben distinguirse dos situaciones, (DIXON et al. (1994, 43). 1 . Para el caso español, es muy relevante el aná lisis de la incidencia de la calidad ambient al sobre el sector turístico, dado el peso de este sector. 2 . Ese comportamiento "defensivo " ha recibido diversas denomi naciones. Así, en inglés se han empleado por ejemplo los siguientes términos: "preventive expenditures, mitigation behavior, averting behavior" –Cropper, M.L., y Oates, W.E. “Environmental Economics: a Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación atmosférica y salud 400 - Si el incremento, o disminución, del bien en cuestión es relativamente pequeño respecto al mercado, y el cambio en los factores de producción es relativamente pe queño respecto al mercado de factores variables, se puede supone r que los precios de ese producto y de los factores variables perm anecerán constantes después del cambio en la producción. Este supuesto, elimina la necesi dad de otros supuestos añadidos, sobre la dirección y magnitud del cambio en el precio. Para la mayor parte de los proyectos, esta visión del equilibrio parcial, es una asunción realista y se utiliza de forma implícita en muchas de las técnicas que se exponen en esta metodología. - A veces, sin embargo, el cambio en l a p r o d u c c i ó n d e u n b i e n p u e d e ser lo suficientemente grande para af ectar, tanto a los precios de éste, como a los precios de los factores , o a ambos. En estos casos, se necesita información acerca de la forma de las curvas de demanda y de oferta, y es preciso realizar los ajustes apropiados. Otra manera alternativa de ver lo qu e estamos exponiendo, es considerar que ésta es la forma más directa de evaluar las modificaciones del medioambiente, a partir de la observ ación de los cambios físicos, como Survey”, Journal of Economic Literature, vol. XXX, june 1992, pp.703-704. Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación atmosférica y salud 401 diferencia entre los valores de los bienes y de los servicios entre dos momentos temporales. (OCDE, 1995) En tal sentido, la evaluación monet aria de los efectos físicos, tiene tres etapas fundamentales: - En primer lugar, estimar el efecto físico de la modificación del medioambiente, sobre el receptor de la misma ya sea un inmueble, maquinaria o persona afectada por dicha modificación. - En segundo lugar, estimar la variac ión o diferencia que este efecto produciría sobre la producción o sobre los costes. - Y por último, estimar el valor monetario de dicho cambio, en la producción o en los costes. Son técnicas, como hemos mencionado , aplicables de forma general, o de uso común, y su selección puede venir in fluida por muchos factores; como el efecto a evaluar, la disponibilidad de los datos, el tiempo y los recursos financieros. (DIXON et al., 1994, 42). El reto es, identificar los efectos ambientales de los proyectos e incorpo rar correctamente la valoración de los beneficios y costes en el análisis de proyectos, como forma de internalizar los costes externos. Todas las técnicas que se presentan, a continuación, utilizan precios de mercado para determinar los valores, y se asume que estos precios reflejan económicamente la escasez y, por ta nto, económicamente eficientes; si Capítulo VII: El método de los costes evitados o beneficios inducidos. Contaminación atmosférica y salud 402 existiesen distorsiones en tales prec ios habrían de realizarse los oportunos ajustes. Estas distorsiones surgen normalmente como resultado de impuestos, subsidios, tipos de cambio fijos, tipos de interés, etc.. A continuación, vamos a comentar algu nos aspectos de las técnicas que se engloban bajo esta metodología en la acepción que manejamos. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 495 coste-beneficio. Se analizan, a continuación, las situac iones en las que la cuantía de los residuos contaminantes superan la capacidad de asimilación del ecosistema. 2 . - S i f u e s e n u l a l a capacidad de asimilación , con efecto biológico nulo, y tampoco hay efecto económico, la si tuación carece de relevancia desde la perspectiva de la política económ ica, y no es necesario el análisis coste-beneficio. 3.- En las mismas circunstancias anteriores, pero con un efecto económico concreto o externalidad. Aquí, el análisis coste-beneficio es pertinente, a fin de calcular el nivel óptimo de emisión de residuos. 4 y 5.- Veamos ahora, la situación de nula capacidad de asimilación , efecto biológico positivo y efecto económico nulo. No hay, pues, externalidad, pero el hecho de existir cambios biológicos, indica que deberían tom arse algunas medidas. En realidad, la nulidad del efecto económico pu ede ser debida a desconocimiento de los efectos de la polución, como e s e l c a s o d e l a a c u m u l a c i ó n d e contaminantes, cadmio u otros metales pesados. Esto es, la situación de no efecto económico , es, a posteriori, una situación de efecto económico positi vo. En este caso, la aplicación del Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 496 análisis coste-beneficio no puede rea lizarse en el ámbito de los stocks, por lo que es preciso llevarlo a cabo en el contexto de los flujos, previa transformación de aquellos en éstos, mediante las tasas de descuento. Así, el análisis coste-beneficio si rve para trasladar los costes de la contaminación, en el tiempo, hacia las generaciones futuras, lo que no está exento de complicaciones. 6 y 7.- Estas dos situaciones, en las que la capacidad de asimilación es positiva, el efecto biológico nulo, sin y con efecto económico , llevan consigo reducciones sucesivas de la capacidad de asimilación , al ser ésta inferior al volumen de desperdicios . Por consiguiente, es previsible que, en todo caso, se llegará siempr e a otra situación, en la que el efecto biológico es positivo, y desaparecen las correspondientes a efecto biológico nulo. Es decir, carece de sent ido la aplicación a ellas, del análisis coste-beneficio. 8 y 9.- Se refieren respectiva mente, a las situacioens de capacidad de asimilación positiva, efecto biológico positivo, sin y con efecto económico. En las dos, es aplicable el análisis coste-beneficio, si consideramos que las disminuciones de la capacidad de asimilación representan un coste que se contrap one a los beneficios aportados por los bienes producidos con contaminación. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 497 Ahora bien, el óptimo pare tiano que determinaría dicho análisis, tendría lugar para una prod ucción tal, que el volúmen de residuos sería mayor que la capacidad de asimilación del ecosistema y el equilibrio ecológico inestable; los residuos sobrepasarán aún más la capacidad de asimilación y se llegará, dinámicamente, a la destrucción total de aquella capacidad del medioambiente, para, por último, obtener una producción nula de bienes. En resúmen, en tanto no excedan los residuos contaminantes a la capacidad de asimilación del ecosistema, o en tanto no existan efectos biológicos , el análisis coste beneficio es una té cnica adecuada para determinar el nivel óptimo de residuos. Pero si los contam inantes “biológicamente peligrosos se acumulan o si el contexto toma características de externalidad dinámica (por rebasarse la capacidad de asimilación ), el análisis coste-beneficio debe dar paso al establecimiento de niveles basados en una actitud prudente fundamentada en información epidemiológica o de ot ras variables físicas” (PEARCE, D.W., 1975, 71.) Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 498 VIII.3.- PROBLEMAS DE CÁLCULO DE LOS BENEFICIOS Y LOS COSTES DEL MEDIO AMBIENTE, EN EL ANÁLISIS COSTE-BENEFICIO Este método de análisis fue, en su origen, un mecanismo administrativo, que no se adoptó para la orientación ambiental de las inversiones públicas, y nada debía a la teoría económica. Por eso, es comprensible que los teóricos partid arios de los criterios de inversión pública, traten al medio ambiente, unas veces ignorándolo y, otras, siendo indiferentes a los futuros resultados distorsionadores que puedan derivarse de sus planteamientos teóricos. Varios problemas surgen en el aná lisis coste-beneficio, a los que se hará referencia. Es bien conocido el rela tivo a los objetivos, pues cuando en los criterios de inversión pública no se tiene en cuenta un objetivo importante de la misma, se llegará a determinar una solución que no será la óptima. Así, cada uno de los organismos públic os defiende el que considera su óptimo particular, e ignora, tanto los efectos ex ternos, como aquellos objetivos que están fuera de su competencia concreta. Con demasiada frecuencia, se hace caso omiso del objetivo de la redistribución de la renta e, incluso la teoría económica se ha distanciado de los aspectos normativos de la misma. Pero no es posible conseguir una Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 499 situación óptima, si no tenemos en cuenta este objetivo fundamental. Asimismo, se ignora el objetivo de la calidad ambiental, puesto que el análisis coste-beneficio está basado en la eficiencia económica desde la perspectiva del país, con olvido de las eficiencias ambientales, a pesar de los avances obtenidos con los ajustes de precios mediante tasas sobre emisiones. También aparece el problema derivado de que el análisis coste- beneficio de los proyectos de inversió n pública, normalmente se realiza en esferas administrativas que no coincide n con las competencias en política ambiental, lo que constituye otra difi cultad de objetivos, con una fuerte restricción para dicho análisis, al ig norar un medio ambiente deteriorado. (KAPP, K.W., 1970, 29). En segundo lugar, son muy difíciles de especificar por la clase política los objetivos de calidad ambiental, y, aún menos, las funciones de bienestar social y de transformación necesarias para determinar la optimización. Dado el teorema de la imposibilidad de construcción de una función de bienestar social ordinal, que sea convexa o t ransitiva, debido a Arrow, resulta imposible agregar y construir curvas teóricas, que representen las preferencias sociales. Es decir, las fun ciones de bienestar, las curvas de indiferencia de la sociedad y el análisis coste-beneficio, tratan de abordar el problema político de la toma de decisi ones colectivas, pero no de determinar Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 500 su solución. Sólo es factible formar seri es de valores, optimistas y pesimistas, para aquellas funciones, con una zona in termedia, en la que cualquier punto es óptimo, y aparecen oscilaciones muy fuertes a lo largo de su desarrollo. Un tercer problema, es el relativo a la disposición a pagar, que aparece ligada al concepto teórico de benefici os ambientales. Y esta disposición a pagar está con correspondencia con la distribución de la calidad del medio ambiente, que se puede tratar de cambi ar de acuerdo con los criterios de la inversión pública a efectuar. Además, es difícil obtener las preferencias individuales, agregarlas y compararlas , pero aunque se consiguiese la revelación de aquellas, subsistirá el pr oblema de la diferencia entre lo que una persona dice que quiere y lo qu e realmente quiere. La disposición a pagar de un individuo para mejorar la calidad medio-ambiental, asímismo, no tiene por qué ser una medida adec uada del beneficio que obtendrá, pues se le pide que exprese el valor de camb io para cosas que están en el sector de no mercado, y carece de toda experiencia al respecto. La disposición a pagar se basa en la soberanía del consumidor, y ésta depende de la manipulación de las pref erencias de los consumidores a través de la publicidad, por lo que se pued en modificar aquéllas, y afectar a las decisiones correspondientes de la política pública. Una consideración que no está exenta de interés, es la referente a que, Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 501 nuestra organización económica se orienta a la maximización de los esfuerzos para el crecimiento, y la f ilosofía medio-ambiental tiende a una economía estacionaria y minimización de la producción y el consumo. Es decir , no es válido el tratamiento maxi mizador de los deseos, como principio básico que rige la determinación de los beneficios ambientales. (DALY, 1973, 19). Además del conocimiento adecuado de las preferencias, así como de la estabilidad de las mismas, es precis o un conocimiento afinado sobre los daños y beneficios medioambientales, para que la disposición a pagar se ajuste suficientemente al valor del beneficio ambiental, que se desea cuantificar monetariamente. Según las e xperiencias sobre daños ambientales, se puede deducir que la gente no llega a tener un conocimiento profundo de los mismos, a efectos de su posible va loración en unidades monetarias; en general, los consumidores perciben los daños con una sensible reducción de los mismos, en buena parte, porque los productores desarrollan incentivos tendentes a que así suceda. En cuarto lugar, surge el problema del criterio para tomar decisiones públicas, si bien “el criterio teórico gene ral consiste en una serie de beneficios y costes que envuelve multitud de v ariables y supuestos. Además de los costes y beneficios normales , los teóricos han añadido variables tales como los Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 502 desplazamientos de consumo y de invers ión, así como la reinversión de los beneficios”. (FISCHER, D.W., 1994, 188). A la vista de que los departamentos de planificación del gobierno, en la mayor parte de sus actuaciones, se ven restringidos a un presupuesto aprobado con una inversión concreta o fija, y que los proyectos se van aceptando hasta el agotamiento de aqué l, parece no es necesario utilizar el tipo de interés aplicable al coste de oportunidad, y, probablemente tampoco, la tasa social de descuento para la actualización de costes y beneficios medioambientales. Pues así como en muchas decisiones de inversión privada, no resulta relevante el uso del tipo de interés, sino que se basan principalmente en las circunstancias individuales de la empresa, en el contexto económico general, también, en gran parte de las decisiones públicas de inversión, la tasa de descuen to social tiene baja significación, y se atiende a otros factores, que tienen poco que ver con las decisiones de inversión, como la calidad del medio ambiente. Asímismo, se debe incluir en el aná lisis, el resultado ambiental de la inversión pública, y, para ello, hay qu e determinar la cuantía del impacto sobre el medio ambiente y su localización. Por tanto sería preciso sumar los impactos inducidos por las obras públic as y los relativos a las inversiones privadas desplazadas, tanto positivos como negativos; de no hacerse así, se Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 503 estará infravalorando el impacto ambiental real. Una consideración aparte respecto a los incentivos a las nuevas inversiones, mediante ayudas o subv enciones. Esta política de fomento disminuiye los métodos de producción y consumo antiguos tradicionales, que provocaban menor agresividad ambiental, en general, que los correspondientes a los procesos de las nuevas inversiones. Otro aspecto a tener en cuenta, es el retraso en la ejecución de los proyectos de inversión pública, por su enorme influencia sobre el desarrollo de los mismos y sobre impactos ambi entales, al ser fuerzas que actúan a largo plazo y de forma lenta, y cuyas a cciones perjudiciales aumentan con el tiempo, y acumulativamente. Por otra parte, el tamaño de la inversión y su composición influyen sobre el medio ambiente. Las grandes inversiones públicas tienen efectos inciertos sobre toda la economía, al ne cesitar muchos recursos en distintos sitios, durante bastante tiempo y con crecientes cuotas de producción en muchos lugares, que provocan impact os ambientales agregadamente, de difícil cuantificación. Pero aún si fuese factible concretar los costes y los beneficios de un proyecto de inversión pública a reali zar, quedaría pendiente de resolver la cuestión relativa a la denominada mano oculta , por la que se puede rechazar Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 510 atención fundamental a las cuestiones de validez. En primer lugar, es preciso conseguir que los encuestados revelen el valor de los bienes y, para ello, han de ser debidamente preparados y formados, a fin de que se aproximen a su evaluación, mediante la expresión de su disposición a pagar por el uso de aquéllos, o de su disposición a recibir por renunciar a su uso. La divergenci a entre ambas disposiciones es notoria, lo que contradice el principio teórico de su igualdad aproximada, y conlleva que casi ningún estudio se ocupe de determinar la disposición a recibir. En segundo lugar, tenemos la cuestión de cómo preguntar a los encuestados la evaluación de la disposic ión a pagar en relación con el bien de que se trata. Unas veces, se ofrece por el encuestador un precio inicial para el bien, y el encuestado manifiesta si es elevado o bajo; pero, esta metodología tiene el llamado sesgo del precio o punto de partida (Azqueta, 1994, 167), ya mencionado. En otras, el cuestionario no aporta ningún valor y es el encuestado quien proporciona directam ente la valoración. Y, asímismo, existe un formato con límites fijos, que contesta el encuestado, sí o no, a la valoración indicada por el encuestador. Los resultados suelen ser sensiblemente diferentes, al seguir unos u otros procedimientos, observándose como menos fiable el formato sin límites fijos. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 511 De todos modos, al no estar habi tuados los encuestados a valoraciones de bienes de no mercado, en gene ral se pueden considerar como no capacitados para realizar tales funciones específicas. En consecuencia, los resultados obtenidos carecen de la fiabilidad necesaria, subrayándose como sesg os de mayor trascendencia, los correspondientes a que los encuestado s valoran en unidades monetarias hipotéticas, sesgo hipotético, en la información del entrevistador, cuyas existencias socaban la validez del propio método. Algunos autores consideran, sin emb argo, que tales riesgos es posible minimizarlos, y que la diferencia entre pago real e hipotético es pequeña, especialmente si los encuestados tien en cierta experiencia en valorar los bienes, y éstos les resultan familiares. Y como afirma Azqueta, “la fortaleza de estos métodos se encuentra en descu brir lo que la gente pagaría en un hipotético mercado por el valor de uso de una serie de servicios no esenciales de los recursos ambientales: serí a incorrecto pretender otra cosa. La relevancia de esta información depende, por supuesto, tanto de la aceptación de estas premisas de partida como del us o que se haga de ella; ésto no quiere decir que la contribución de los método s de valoración..., sea irrelevante. Por un lado, ayudan a conocer mejor el pape l que el medio ambiente juega en el bienestar de las personas; por otro, obligan a los gestores a plantearse Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 512 algunas preguntas (alrededor del concepto de coste de oportunidad)” (AZQUETA, 1996, 45). En la práctica del método del coste de viaje , aparecen dos graves problemas, como son, la agregación de funciones de demanda individuales en lugares y actividades diversos, así co mo las limitaciones en la disposición de datos. En consecuencia, hay que recurrir al supuesto de un usuario del medioambiente, de tipo medio, y que las utilidades sean iguales para todos los individuos, en cada una de las activi dades a tener en cuenta, si bien ello repercute de forma sensible en la calidad de los resultados que se obtienen. Es muy diferente la valoración por cada persona, del coste de oportunidad del tiempo consumido, para realizar el viaje a un lugar determinado; pues en tanto que unos consideran la satisfacción que les reporta el viaje en sí mismo, otros pu eden entenderlo como una penalidad o una pérdida en sus trabajos correspondientes. De ahí que la suma de tales valo raciones no dé un valor agregado suficientemente representativo, y los resu ltados sean poco precisos, a lo que hay que añadir las dificultades para conseguir los datos necesarios a la aplicación del modelo. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 513 VIII.4.3.- En el análisis general de sistemas Al ser un sistema, un conjunto de ob jetos, y sus relaciones entre sí, y entre las características de los mismos , es preciso analizarlo dentro de su contexto general; no es factible el aná lisis de un objeto o una característica aisladamente. Por ello, como el contexto de la valoración contingente y del coste de viaje no es un sistema medioambiental, si no que es el análisis de la utilidad, al aplicar dichas metodologías, se está usando un aspecto de un elemento del sistema, como es la demanda de un consumidor, para la evaluación del sistema medioambiental. El concepto de utilidad es unidimensional, bajo la hipótesis de que el objetivo del sistema es maximizar la ut ilidad humana, supuesto que conlleva a no considerar los elementos componen tes del sistema y sus relaciones, y, por tanto, no es consistente con el análisis general de sistemas. Por otra parte, este último análisis parte de que todos los sistemas del mundo real son abiertos y, por tanto, no están en equilibrio, sino con flujos continuos del medioambiente hacia el sistema y viceversa. Es decir, las organizaciones sociales, si se conside ran cerradas, no pueden comprender su dependencia del medioambiente, a través de los inputs de éste y de los Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 514 outputs hacia él. Además de la descripción interna del sistema, el análisis también se refiere a su descripción externa, o se a, la del medioambiente que está fuera de sus límites. Se han definido cuatro princi pales funciones externas del medioambiente, para las organizaciones sociales: la producción de bienes naturales, los recursos naturales, los se rvicios necesarios para mantener la vida en el medioambiente, y la función receptora de residuos, que ya deja de estar garantizada. Ahora bien, los métodos de la valo ración contingente y del coste de viaje, están fundamentados en el equilibrio de sistemas cerrados, en contradicción con el análisis general de sistemas, y se mantienen de espaldas a los inputs medioambientales y a los outputs que devuelven las organizaciones sociales. Con independencia de otras conside raciones, hay que resaltar que, de acuerdo con el concepto de sistema, és te se caracteriza porque supone más que la suma de cada parte constitutiva del mismo, en tanto que la valoración contingente y el método del cost e del viaje presuponen que el todo es igual a la suma de las partes. Así, se trata de obtener la evaluación de un sistema medioambiental, Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 515 por la suma o agregación de los resu ltados conseguidos a través de las encuestas individuales. Asimismo, estos dos métodos tratan de aplicar funciones de demanda, a bienes del subsector de no mercado, co n lo que se manifiesta que el sistema medioambiental solamente reporta valor para los seres humanos, cuando tiene otras muchas funciones más. En resumen, la valoración continge nte y la valoración del coste de viaje o de desplazamiento, son enfoqu es que no cuentan con la adecuada fundamentación metodológica, ni teórica, ni empírica, para dar solución a los problemas de valorar los ecosistemas, y servir de guías para las decisiones de política medioambiental (EBERLE Y HAYDEN, 1991). Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 516 VII.5.- INADECUACIÓN DE LOS CONCEPTOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DE PNB, DESDE LA PERSPECTIVA ECOLÓGICA. Durante las décadas de los años tr einta y cuarenta, en que se consolidó el concepto de crecimiento económico, basado en el producto nacional bruto como expresión del bienestar social, no se prestó consideración alguna a los impactos de las actividades económicas sobre el medioambiente. Ahora bien, en la actualidad, no existe duda respecto a los graves perjuicios medioambientales que lleva implícita toda actividad económica de cualquier tipo, por lo que es imprescind ible abordar la inadecuación de tales conceptos, que han mantenido oculta s las repercusiones negativas de aquellas actuaciones. En primer lugar, como el crec imiento económico se mide en incremento de la producción de bienes y servicios, sin tener en cuenta sus significativos impactos sobre el medi oambiente, aparece claro que en su medición se comete un error de sobrevaloración. Prescindimos además, del consum o de recursos naturales que va reduciendo las existencias para el futuro, y tampoco se recoge en el sistema contable. Por otro lado, el concepto de crecim iento económico está referido al de Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 517 flujo, sin tener en cuenta la medida de l stock, hasta el punto de tomarse como indicador de bienestar a efectos co mparativos, la demanda unitaria de materias primas y de energía ut ilizadas, con total abandono de consideraciones sobre las reducciones de los stock de recursos naturales (Daly, 1977, 17). Hoy día, no es posible continuar co n la idea de que un país es más desarrollado que otro, cuando los flujos de energía y de materias primas son mayores en el primero, sino que, por el contrario, hay que concienciarse de que esas demandas se minimizan p ara unos niveles de vidad dados en función de la cultura de cada país, en el momento considerado (Henderson, 1981, 13). De ahí que, sea preciso establecer en el cálculo del PNB, tres cuentas distintas: de beneficios, de costes y de capitales, con sus correspondientes cualificaciones a través de gastos comp ensatorios, bien como reparadores de daños medioambientales, bien como imputadores de costes sociales. Asímismo, hay que considerar el objetivo final o la función que desempeña, cada una de las actividade s económicas, además de conocer el montante de las mismas a sumar en el PNB, pues aparecen partidas que no pueden tener carácter positivo si no negativo, al ser simplemente restauradoras de los perjuicios causados por determinadas actividades. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 518 Es necesario por tanto, establec er nuevos criterios para medir los costes y los beneficios sociales. Christian Leipert (1994, 259), denomina Producto Eco Nacional (PEN) o Indicador de Consumo Neto, al excedente de producción de una economía una vez restados los costes sociales de aquella o gastos compensatorios, a fin de recoger los aspectos que se acaban de mencionar. Para dicho autor, “los costes de producción no son sólo los correspondientes al consumo actual de recursos valorados según los precios fijados por el mercado y así incluidos en el sistema de contabilidad, sino también las cargas económicas y de otro tipo causadas por las actividades de producción” (LEIPERT, 1994, 252). Así, los costes derivados de las enfermedades ocupacionales y los accidentes laborales, forman también parte de los costes sociales, que reducen los beneficios. Igualmente, lo s daños al medioambiente inducidos por la producción, así como las enfe rmedades que estos daños provocan, pertenecen al grupo de costes sociales que han de deducirse en el balance de la economía nacional para llegar al PEN. Ésto es, hay que tener en cuenta to das las posibles partidas de coste social de la producción y el consum o, que Leipert estructura en cuatro grandes grupos. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 519 En primer término, considera los ga stos compensatorios o costes de reparación de daños o para evitar que aparezcan en el futuro. En segundo lugar, el coste de la s pensiones y de los seguros de enfermedad, en relación con las person as que enferman, y el pago a los que no pueden trabajar, por causa de la contaminación o trabajos peligrosos. Asímismo, estima en tercer lugar, lo s daños causados a la propiedad y los derivados de la pérdida de capacidades productivas humanas 1 , tales como la disminución de la producción e ingresos, la pérdida de recursos no renovables y los daños a edificios, tierra, bosques, etc., además de las pérdidas provocadas al turismo, la agricultura, silvicultura y pesca, consecuencias de la contaminación ambiental. Finalmente, recoge en un cuarto grup o, los daños reales consecuencia de no tomarse en tiempo adecuado , la necesarias medidas contra la contaminación, que son de difícil cuan tificación, en personas, medio natural, obras de arte, etc. La importancia creciente de los ga stos compensatorios, nos lleva a profundizar en ellos con algún detenimien to más. Son costes adicionales que aparecen como consecuencia de la obtenc ión de los ingresos, la producción y el consumo, referidos a un periodo inicial de desarrollo económico. 1 Un ejemplo de éstos se centraría en los costes de reparación de los vertidos de lodos tóxicos Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 526 Dicha estructura de derechos de pr opiedad, determina el desarrollo de las decisiones, la forma de hacer las elecciones y cómo evaluar los impactos de las decisiones. El relevante papel de los derech os de propiedad nos lleva a esperar que, una estructura de éstos, con priv ilegio para la generación actual y sin derecho para las futuras, supondrá un fut uro contaminado; en tanto que otra estructura, de obligaciones para el presen te y de derechos para el futuro, nos llevará a un futuro limpio. En la realidad, habrá contaminació n y será preciso saber qué acciones de política medioambiental conseguirán mayor eficiencia para el futuro. De acuerdo con las tecnologías de reducción de la contaminación, parece que ésta continuará, pero paliada por la co mpensación de la generación actual a las futuras. Cuando se extiende este análisis a las situaciones de incertidumbre, que son las más comunes, todo se complic a aún más, al conocerse los costes o aportaciones de la generación actual, y ser los beneficios del futuro totalmente inciertos. Según Bromley (1989), ante el proble ma político de la contaminación por la lluvia ácida, es posible indentific ar, al menos, seis aspectos diferentes de incertidumbre. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 527 El primero, está relacionado con la identificación de las fuentes de contaminantes determinados; el segundo, se refiere a la forma de transporte y al destino final de determinadas emisiones; el tercero, al aspecto relacionado con los impactos físicos real es en el punto de destino. De la valoración humana de los impactos recono cidos en el punto de destino de las emisiones, se ocupa el cuarto aspecto; el quinto se relaciona con la extensión para la que una respuesta política de terminada tendrá un impacto en las emisiones de transporte, impactos físico s finales, y por último, la reacción humana a esos cambios. Un sexto aspect o, tiene que ver con el nivel de coste real y su distribución, como resultado de la respuesta pública. El conjunto de los seis, delimita la incertidumbre que afecta a la formulación política. A causa de dicha incertidumbre, su rgen los posibles errores en la elección política, y, con frecuencia, se justifica con ella, el no hacer nada contra la contaminación hasta disponer de más información al respecto, por parte de los que están favorecido s por los derechos de propiedad establecidos. Por el contrario, quienes sufren lo s costes, entienden que no hacer nada sobre la polución, es elegir la po lítica de continuación de la ignorancia de los costes que les imponen, y recae sobre ellos la carga de la prueba. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 528 En el análisis coste-beneficio se incluiyen las probabilidades de los resultados alternativos de las distin tas opciones políticas, pero quienes toman las decisiones, en general, no cons ideran las pérdidas y beneficios de forma simétrica, por lo que se obse rva toma aún mayor relevancia la estructura de los derechos de propie dad existentes. Cuando se toma la decisión según el criterio del valor espe rado, se hará elección de la actuación política que proporcione el mayor ingreso, en tanto que si se toma la decisión mediante “el criterio de minimizar el máximo remordimiento, se elegirá la acción que promete el coste de oportunidad esperado más pequeño” (BROMLEY, 1994, 292). Aunque en teoría, el ingreso es perado es el anverso del coste de oportunidad esperado, la realidad empíri ca lo contradice, en función de los derechos de propiedad. Una concreta estructura de éstos que permite a un colectivo mantener determinados comportamientos, como contaminar, condiciona obviamente la forma de plantear y valora el problema de la decisión. Así queda demostrado, que en la asignación intergeneracional de recursos, aparecen claramente los límite s de la extensión del análisis de mercado, a ámbitos para el que no se ha diseñado. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 529 De todos los aspectos comentados , se deducen limitaciones en la utilización de algunos de los métodos menc ionados a lo largo de este trabajo, que van encaminados al objetivo de l desarrollo sostenible (Atkinson, 1996, 15). Se puede decir a modo de síntes is (Cumbre de las Américas sobre el desarrollo sostenible, 1996) que actual mente los sistemas de contabilidad nacional existentes, las señales del mercado, las cuentas de las empresas e industrias, y muchas medidas económicas no aportan la información ni los incentivos correctos. Y ésto se debe , fundamentalmente, a tres problemas importantes: - La mayor parte de los sistemas de cuentas nacionales no aportan información pertinente a los objetivos de desarrollo sostenible. El valor económico de los recursos naturales y los ecosistemas, su contribución al progreso económic o, su importancia en relación con el capital físico y humano, el grado de agotamiento y deterioro, y los efectos de ese deterioro en el bienestar humano, son desconocidos en la mayoría de lo s paises. Los trabajos en este sentido son incipientes, disparejos entre paises y carentes de apoyo técnico y financiero. - En segundo lugar, la valoración económica existente a nivel de recursos concretos, ecosistemas, proyectos de inversión y empresas Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 530 privadas, también es insuficiente y, en la mayoría de los casos, inadecuada para abordar los problemas ambientales y de sostenibilidad. El coste económic o del deterioro ambiental o de recursos, en términos de producci ón, salud o bienestar perdido, es vagamente comprendido y, much o menos cuantificado, lo que impide un análisis y un control adecuados de la contaminación y el deterioro ambiental. En la mayoría de los casos de conflictos en el uso de recursos, tanto a nivel nacional como mundial, no se dispone de la información pertinente, en relación con el mérito económico de cada caso, para ayudar a comprender y resolver esos conflictos. Poco se sabe, por otro lado, del coste ambiental total, que comporta la producción de la mayoría de los bienes comercializados en las mercados internacionales, lo que imposibilita un examen de fondo en negociaciones y foros internacionales. - En tercer lugar, la estructura institucional existente y tradicionalmente utilizada en la gestión del desarrollo, impide la integración adecuada de los aspectos socioeconómicos y ambientales en la contabilidad ec onómica y en la planificación e instrumentación del desarrollo. Los ministerios de economía y de Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 531 medioambiente suelen estar desvinculados, por lo que la formulación de la política, la legi slación, los intrumentos de gestión ambiental y la posición nacional en foros internacionales, ha contado con muy escasa partic ipación de los gestores del desarrollo. La gestión económica in terna se realiza, por otra parte, prestando poca antención a las inqu ietudes ambientales o al aporte sustancial que un uso racional del capital natural podría hacer al progreso económico, la calidad de vida y la recaudación fiscal. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 532 BIBLIOGRAFÍA CAPITULO VIII Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 533 BIBLIOGRAFÍA AGUILERA, F. “La Preocupación por el Medio Ambiente en el Pensamiento Económico Actual”. Información Comercial Española. Nº 711, nov. 1992. Pág. 31. ATKINSON, G. “Desarrollo sustentable: teoría, medición y políticas”. Información Comercial Española. nº 751. Marzo. 1996. Págs. 15-26 AZQUETA, D. “Valoración económica del medioambiente: una revisión crítica de los métodos y sus limitaciones”. Información Comercial Española. nº 751. Marzo. 1996. Pág. 45. (37-46) AZQUETA, D. Valoración económica de la calidad ambiental. McGraw-Hill. Madrid. 1994. BROMLEY D.W. “Títulos de propie dad, Mercados inexistentes e incertidumbre ambiental”. Journal of Environmental Economics and Management. nº 17. 1989. Págs. 181-194. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 534 CUMBRE DE LAS AMERICAS SOBRE DESARROLLO SOSTENIBLE. (1996) Valoración ambiental y de los recursos naturales. Santa Cruz. Bolivia. Sept.. Documento técnico. DALY, H.E. Towards a steady state economy. S.Francisco. Calif. Freeman, 1973 EBERLE, D.W., y HAYDEN, G.F. “Critique of Contingent Valuation and Travel Cost Methods for Valuing Natural Resources and Ecosystems”. Journal of Economics Issues. Vol XXX. nº 3. Sept. 1991. FISCHER, D.W. “Sobre los problemas de medición de los beneficios y los costes ambientales” en AGUILERA y ALCANTARA, De la economía ambiental a la economía ecológica , Icaria. Barcelona. 1994. KAPP, K.W., “Environmental disruption: General issues and methodological problems”. Social Science Information, 9 (4), pp. 15-32. LEIPERT, C. “Los costes sociales de crecimiento económico”. En AGUILERA y ALCANTARA, Op. cit. Barcelona. 1994. Capítulo VIII: Críticas a la valoración monetaria del medioambiente 535 PEARCE, D.W. An incompatibility in pla nning for a steady state and plannin for maximum economic welfare. Environmental and Planning, vol 5, pág. (267- 271) PEARCE,D.W.- (1975) Los límites del aná lisis coste-beneficio como guía para la política del medio ambiente. Hacienda Pública Española, nº 37. RIERA, R. “Posibilidades y limitacione s del instrumental utilizado en la valoración de externalidades”. Información Comercial Española. nº 711. Nov. 1992. Pág. 60 (59-68) Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 542 Asimismo, en la provincia de Córdoba, Villaviciosa de Córdoba, Villaharta, Pozoblanco y Obejo, se registran contaminantes en concentraciones peligrosas para la salud, de modo especial en partículas de suspensión. Respecto a las restante provincias andaluzas, Almería, Granada, Jaén y Málaga, los niveles de contaminantes son reducidos, considerando no son causa de impactos negativos para la salud. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 543 IX.2.- LA POLÍTICA AMBIENTAL A pesar de que ya se han empezado a producir intentos de introducción de mecanismos e instrument os económicos para el control de la degradación ambiental, y que son defendidos por un nutrido grupo de economistas ambientales, la política europea, española y andaluza, se han apoyado básicamente en los controles directos de las actividades con impacto ambiental, por medio de una legislación cada vez más abundante y restrictiva. La Junta de Andalucía, dadas sus competencias legislativas en este ámbito ha elaborado una normat iva ambiental complementaria, que correspondía inicialmente a la Agen cia de Medio Ambiente, de nuestra Comunidad y posteriormente a la Cons ejería de Medio Ambiente, una vez creada. Esta normativa se concreta en los siguientes instrumentos: - Planes Correctores de Vertidos Industriales y de Emisiones Atmosféricas (sin carácter legislativo), de obligado cumplimiento. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 544 - Ley 7/94, de 18 de mayo, de Protección Ambiental, y sus reglamentos: - De Evaluación de Impacto Ambiental, Informe Ambiental, Calificación Ambiental, la Calidad de l Aire, Residuos, Calidad de las Aguas Litorales. - Ley 2/89, de Julio, por la que se aprueba el Inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen medidas adicionales de protección. - Planes de Ordenación de los Recursos Naturales. - Planes Rectores de Uso y Gestión. - Planes de Desarrollo Integral. Programas de Fomento. La Red Nacional de Vigilancia y Prevención de la contaminación Atmosférica (R.N.V.P.C.A.), localizadas en Andalucía, se administran por estaciones de medida periódica, situadas en Huelva, Sevilla y Cádiz, si bien no todas están en servicio. Fundamenta lmente se ocupan de las inmisiones de SO 2 , óxidos de nitrógeno, partículas en suspención y CO. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 545 Por otra parte, en Huelva, Granad a y Sevilla, existen cabinas de medida de contaminantes, que depend en de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. También hay redes privadas, en Cá diz, Córdoba y Almería, propiedad de diversas industrias. IX.2.1.- Los Planes correctores El desarrollo industrial andaluz ac tual, proviene fundamentalmente la política de fomento de Polos de Desarrollo impulsada en los años cincuenta. Ésta se concretó en la instalació n de un gran número de polígonos industriales, y uno de estos es el Polo Industrial de Huelva. En una época en la que primaban las consideraciones socioeconómicas por encima de las ambientales, no se plantea en los Polos de Desarrollo e Industriales la adopción de mecanismos de control o medidas correctoras de contaminación o deterioro del medioambie nte, y se convierte el entorno de estas concentraciones industriales en zonas altamente contaminadas, a lo que se suma en el caso de Huelva, el aporte de efluentes con contaminación Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 546 histórica, como el río Tinto y el Odiel en el tramo final de la ría que éstos forman. Aunque antes de la creación de la Agencia de Medio Ambiente de Andalucía, la Dirección General de Me dio Ambiente del Ministerio de Obras Públicas 2 llevaba a cabo tareas de control e investigación de los principales focos de generación de contaminación, es a partir de aquella creación cuando se plantea como objetivo prioritario la corrección del deterioro ambiental provocado por los polos industriales, y minimización futura de las emisiones y vertidos. Para lograr este objetivo, fue preciso conocer la situación de cada empresa y de sus procesos industriales, a fin de rediseñ arlos, para reciclar vertidos, mejorarlos, mediante la adopción de nuevas tecnologías más limpias y minimizar la contaminación mediante la adopción de medidas correctoras ( Alaminos, 1994). 2 En 1988, cinco años después de la creación de la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, concluye la redacción del Pl an Director de Optimización de Redes de Vigilancia de la Contaminación Atmosférica, cu yo objetivo era cubrir las obligaciones, que en materia de política ambiental asumía la DGMA del MOPU dentro del marco de actuaciones para el control de la contaminació n atmosférica en todo el territorio nacional, con el fin de responder a las exigencias de una adecuada protección del medio ambiente atmosférico, así como a las dem andas de inform ación en relación con la calidad del aire de la entonces CEE y de otros organismos y conv enios internacionales, para el periodo 89/93. Las inversiones estimadas fueron de 5.293 millone s de pesetas, de las que se destinaron 443 millones a nuestra comunidad. Véase Medio Ambi ente en España 1988. Monografías de la Dirección General de Medio Ambiente. pág. 78 y ss. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 547 Todo ello culminó en la elaboración de los Planes Correctores de Vertidos y de Emisiones, que se elaboraron en co laboración con las empresas, como un compendio de medidas correctoras para adaptar los procesos industriales a la legislación ambiental vigente. Las características principales de los planes correctores son las siguientes: * Mejorar la coordinación entre las distintas administraciones con competencias en medioambiente Junta de Andalucía; Dirección General de Medio Ambiente del Mo pu entonces, posteriormente Secretaría de Estado de Medio Amb iente, y Ministerio de Medio Ambiente, en la actualidad; así como las corporaciones locales. * En connivencia con las em presas, se aplica el principio de quien contamina paga, se cargan los costes de la reconversión industrial sobre las mismas, además de crear la Comisión de Evaluación, para determinar la efectividad de los pr oyectos presentados. No obstante, para que esta reconversión se haga de la forma menos traumática Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 548 posible para las empresas, se arbitraro n líneas de crédito blando que facilitaran el proceso. * Los planes se conciben flexibles y abiertos, lo que hace posible incorporar en todo momento, los elementos necesarios para dar respuesta a las exigencias de una le gislación más estricta, por nuevas posibilidades tecnológicas de control y análisis o por otros motivos. * El compromiso de la Administración se centra en la ejecución de las medidas correctoras de ámbito común, y en el establecimiento de una red de vigilancia ambiental que aseg ure el buen funcionamiento de las medidas correctoras. En la primera fase de ejecución, lo s planes prevén la evaluación del estado medioambiental en que se enco ntraban los polos industriales y las principales causas del deterioro, y se realizan para este fin las siguientes actuaciones: - Análisis de la calidad de las aguas y estudio de posibles perturbaciones inducidas por los vertidos. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 549 - Caracterización y cuantificación de los vertidos y emisiones de cada empresa. - Presentación de proyectos de corrección por parte de las empresas, ante la Comisión de Evaluación, y adopción del calendario de medidas a tomar, t ras el preceptivo Dictamen favorable a los proyectos presentados. En una segunda fase, comienzan a ej ecutarse los planes, mediante la puesta en práctica de las medidas de corrección establecidas para cada empresa, así como las correspondiente s a las Administraciones implicadas. En esta fase, los planes se estructuran en dos bloques: las medidas internas, a adoptar por las propias empresas en la reconversión de sus procesos industriales, y las medidas externas, a ejecutar por la Administración. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 550 IX.3.- EL CASO DE HUELVA La situación ambiental de la ciudad de Huelva, era consecuencia de una total ausencia de medidas de depuración de aguas residuales, importantes emisiones gaseosas a la atmósfera, una grave contaminación de las aguas y sedimentos de la ría por metales pesados, y una intensa degradación de suelos de marisma como consecuencia de los vertidos de residuos industriales,, primordialmente, y, en menor medida, los urbanos. Se creó la Mesa para la Descontaminación , que buscaba, un consenso social, como órgano de participación en la que intervienen distintos estamentos y entidades, tales como la Asociación de Industrias Químicas Básicas del Polo, Centrales Sindicales , Asociaciones, grupos ecologistas, grupos políticos con representación parlamentario, y los Organismos responsables de las distintas Admi nistraciones implicadas. Entre las actividades discutidas con más énfasis, en el seno de esta Mesa, destacan el estudio realizado sobre la posible re ubicación del Polo Industrial y la Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 551 polémica que surgió a raíz de la constr ucción de un vertedero de residuos industriales en la localidad de Gibraleón 3 . IX.3.1.- El Plan corrector de vertidos industriales a la ría de Huelva Comienza su andadura en 1986, y es la primera iniciativa pública que se plantea en Andalucía como actuación gl obal para eliminar completamente la contaminación industrial de una zona co ncreta y, a su vez, restaurar el medio degradado (Junta Andalucía, 1989) . Se plantearon para la ejecución del plan, medidas internas y externas. Entre las medidas adoptadas por las empresas, han primado las relativas a recirculación de efluentes en circuitos cerrados, y las de segregación de las aguas de refrigeración, de las de proceso. En su conjunto, estas medidas, su ponen el mayor montante económico del Plan, con una inversión global de más de 7.300 millones de pesetas, lo que puede dar idea de las dificultades que han tenido que superar las empresas para invertir tan elevada suma en procesos no productivos, así 3 Situación que ha vuelto a repetirse reciente mente con la inauguración del vertedero de Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 558 habían detectado los siguientes episodios contaminantes: - 44 situaciones de Atmósfera no admisible . - 11 emergencias de 1 er grado. - 1 emergencia de 2º grado. - 3 emergencias totales, que incluso di eron origen a la evacuación de una barriada, en una ocasión. La intervención realizada mediante el Plan de Acciones Urgentes, en el Polígono Industrial Punta del Sebo, aprobado por Decreto 1281/1979, de 10 de Mayo, vino a mejorar la situación, y en años posteriores, los episodios contaminantes disminuyeron de forma sensible. No obstante, la calidad ambiental en Huelva, distaba mucho de ser la óptima. El Real Decreto 1613/1985, por el que se aprueba el Reglamenteo de ejecución de la Ley 38/1972, de Prot ección del Ambiente Atmosférico, establece dos niveles de contaminantes, en cuanto a inmisiones: el valor límite, que no debe ser sobrepasado; y el valor guía, que marca el criterio deseable de calidad atmosférica. La su peración del valor límite es lo que puede dar lugar a la declaración de situaciones de emergencia. Los estándares de calidad de anhídr ido sulfuroso, están íntimamente Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 559 relacionados con la concentración de p artículas en suspensión, dado que los efectos nocivos de este gas se acentú an considerablemente cuando existen partículas en la atmósfera, por fenó menos de adsorción. Por ello. la normativa estatal y comunitaria determina dos valores límites, antes de la ley 7/1994 de Protección Ambiental de Anda lucía, y el Reglamento de Calidad del Aire, para este contaminante, en virt ud de la concentración de partículas existentes, y establece la siguiente correlación, para las medias diarias: VALOR LÍMITE PARA SO 2 80 μ g/m 3 , si part ículas > 150 μ g/m 3 120 μ g/m 3 , si partículas ≥ 150 μ g/m 3 Sin embargo, en lo relativo a los valores guía , las concentraciones establecidas como estándares de calidad, son independientes de la concentración de partículas; varían éstas tan sólo en lo relativo al período de tiempo que se considere. Es decir, si consideramos un período anual, la Unión Europea recomienda como valor óptimo, no sobrepasar una concentración de 40 a 60 μ g/m 3 , sobre las medias diarias; mientras que si Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 560 consideramos un periodo de un día, es te valor guía se situa entre 100 y 150 μ g/m 3 . En los años 1993 y 1994, no se sobr epasa el valor guía, valor que establece la Comisión Europea como estandar de calidad, en lo referente al anhídrido sulfuroso, SO 2 , y tan sólo en una ocasión, se supera este valor, en el caso de los óxidos de nitrógeno, NO x , pero sin llegar a acercarse al valor límite (Junta Andalucía, 1996). Esto es así, incluso teniendo en cuenta que la legislación actual se ha hecho más rest rictiva y hoy se consideran estándares de calidad del aire más exigentes que en épocas anteriores. El principal contaminante que afecta a la ciudad de Huelva, es el anhídrido sulfuroso, SO 2 , seguido por las partículas y por los óxidos de nitrógeno, NO x , en este orden, y su proceden cia es fundamentalmente de los Polígonos Industriales de la Punta del Sebo y Nuevo Puerto. En el Polígono Tartessos, las prin cipales sustancias emitidas son los TRS, mercaptanos, sulfhídrico y otro s compuestos causantes del mal olor, partículas, y SO 2, y, aunque las emisiones de éste último sean cualitativamente más nocivas que las de TRS, éstas últimas inciden más significativamente sobre la calidad del aire debido al olor que desprenden. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 561 Para solucionar esta situación molesta de los TRS, aunque no peligrosa, la Empresa Nacional de Celulosa, se comp rometió a solucionar el problema con una inversión de 1.000 millones de pesetas. En lo relativo a otros contaminante s , c o m o e l m o n ó x i d o d e c a r b o n o , CO, y los hidrocarburos, tampoco se han sobrepasado los valores límites establecidos por la normativa europea, si bien no existen en estos casos, los valores estandar de calidad dados por el valor guía. Una vez que el Plan Corrector de Emisiones a la Atmósfera se ha implantado, la mejora en la calidad de l aire en Huelva es evidente, como demuestran los citados datos, y se ha reducido el problema a una magnitud comparable a la de cualquier otra ciud ad de Andalucía, con mejora, incluso, en algunos casos, como Sevilla, Málaga o Granada. Esta importante reducción de la contaminación atmosférica, es la consecuencia esperada de dos factores: la implantación del Plan Corrector de Emisiones, que ha supuesto hasta el momento una inversión de unos 4.500 millones de pesetas; y el cambio en las principales empresas de los polos industriales, de combustibles de or igen fósil por gas natural, que han supuesto una reducción considerable de las emisiones a la atmósfera. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 562 Asímismo, esta reducción será aún má s importante cuando la empresa Riotinto Minera, S.A. en aplicació n del Plan Corrector, finalice la reconversión que lleva a cabo en la plan ta de producción de ácido sulfúrico, de un proceso de simple absorción a do ble absorción, que es el causante del mayor porcentaje de emisión de anhídrido sulfuroso del Polo. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 563 IX.4.-EVIDENCIA EMPÍRICA DE LA RELACIÓN ENTRE LA CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA Y LA SALUD. EL PROYECTO APHEA. En la actualidad, parece probada la relación existente entre un empeoramiento de la calidad del aire y la salud, y están en marcha diversos proyectos internacionales con criterio s de análisis estandarizados, para el estudio de diferentes aspectos de la relación entre la contaminación atmosférica y la salud. (BALLESTER DIEZ, 1999, 109). En Estados Unidos, el Instituto para lo s Efectos de la Salud, institución no lucrativa patrocinada por la Envi ronmental Protection Agency (EPA), tiene como objetivo estudiar los efecto s sobre la salud de los contaminantes atmosféricos emitidos por los vehícu los a motor y otras fuentes. (DOCKERY et al, 1993, 1753). En Europa, el proyecto APHEA, Short term effects of air pollution on health, a European approach , es uno de los más ambiciosos de cuantos se están realizando. Este estudio multicéntric o contó en su primera fase, con la participación de quince ciudades europe as, entre las que se incluía Barcelona, Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 564 pertenecientes a diez países diferent es, con una población de estudio de aproximadamente veinticinco millones de habitantes. (DATSOUYANNI et al, 1996, 12). En una segunda fase del proyec to, que incluye a treinta y cuatro ciudades, además de Barcelona particip an investigadores de Madrid, Bilbao y Valencia (APHEA 2, 1997). En el ámbito español, el proyecto EMECAM, Estudio Multicéntrico Español sobre la relación entre la Cont aminación Atmosférica y la Mortalidad, se enmarca dentro del contexto de los estu dios multicéntricos citados. En dicho proyecto se incluyen catorce ciudades españolas, Barcelona, Gran Bilbao, Cartagena, Castellón, Gijón, Huelv a, Madrid, Pamplona, Sevilla, Oviedo, Valencia, Vigo, Vitoria y Zaragoza, que representan diferentes situaciones sociodemográficas, climáticas y ambienta les, y suman un total de cerca de nueve millones de habitantes. En otro estudio multicéntrico europe o, Pollution Effects of Asthmatic Children in Europe, ( PEACE), se estudian los efectos agudos de la contaminación atmosférica causada por partículas, SO 2 y NO 2, en la salud respiratoria, de dos mil diez niños repart idos en veintiocho paneles, de otras tantas localidades europeas. Los obje tivos de dicho estudio son, obtener Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 565 datos comparables en las concentracione s de partículas, durante el periodo invernal, en varias localidades urbana s y no urbanas de Europa, valorar la relación entre las fluctuaciones a corto plazo en la contaminación atmosférica y las fluctuaciones a corto plazo en los indicadores de salud respiratoria, de los niños con sintomatología respiratoria crónica, evaluar si las características médicas de los niños están relacionadas con las diferencias en la respuesta a la contaminación atmosférica y, por últi mo, evaluar si la composición de las partículas se relaciona con la respuesta a la contaminación atmosférica. Los efectos relacionados con la exposición a la contaminación atmosférica son diversos. Los más estudiados son los que se producen a corto plazo, en el periodo de unos pocos dí as, generalmente menos de una semana, después de la exposición. Entre éstos efectos, podemos resaltar: aumento de la mortalidad total y por causas especí ficas, incremento de la utilización de los servicios sanitarios, ingresos hospitalarios, visitas a urgencias, visitas a consultas médicas, alteraciones de diferentes índices funcionales pulmonares, e incrementos de los sínt omas de enfermedad y del uso de fármacos. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 566 Por otro lado, es conveniente difere nciar entre la contaminación típica del invierno y la que es más caracte rística del verano. En invierno, los episodios de contaminación pueden ocurrir debido a condiciones de estancamiento del aire, cuando los contaminantes procedentes de la combustión se acumulan en la atmósf era. Los contaminantes principales son el SO 2 y las partículas en suspensión. En verano los episodios de contamin ación pueden ocurrir en los días calurosos y soleados, en los que las rea cciones fotoquímicas de los óxidos de nitrógeno y los hidrocarburos, llevan a la formación de ozono y otras substancias con capacidad tóxica. En la contaminación tipo invier no, hay que considerar que el SO 2 es un gas irritante, que a altas concent raciones para individuos normales, y más bajas en individuos asmáticos, puede pr oducir constricción de los bronquios. Los efectos agudos del SO 2 y las partículas en suspensión, se han examinado en relación con los cambios diarios en mortalidad, respecto a con ingresos y urgencias hospitalarias, con exacerbaci ones de enfermedades en grupos sensibles de individuos, o con camb ios temporales del funcionamiento pulmonar, entre niños o adultos. En relaci ón a la mortalidad, el resultado del Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 567 Proyecto APHEA, para doce ciudades arroja un incremento del cuatro por ciento en la mortalidad, por el incremento de 100 mg/m 3 en los niveles diarios del SO 2 . (Katsouyani et al, 1997, 1658). En cuanto a las partículas en susp ensión, el cuadro de la página siguiente sirve como resúmen de los posibles efectos agudos de las partículas, más frecuentemente puestos en evidencia. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 574 IX.4.2.- El Estudio EMECAM para la ciudad de Huelva El objetivo concreto de este estudi o fue, estimar la asociación entre los niveles de contaminación atmosférica y la mortalidad diaria, en la ciudad de Huelva, para el período 1993-1996 con utilización de la metodología EMECAM. ( DAPONTE et al, 1999, 233). Para ello, se utilizaron como indicado res de mortalidad, el número de muertos diarios, por las cuatro causas expuestas en el estudio general. Se analizaron cuatro contaminantes, SO 2 , PM 10 , NO 2 , y CO, cuyos datos se obtuvieron de la red de vigilancia de la contaminación atmosférica en Huelva, de las estaciones seleccionad as: Estadio, Rosales, Marismas del Titán, y Pozo Dulce. La temperatura media diaria y la humedad relativa, se estimaron a partir de los datos del In stituto Nacional de Meteorología. El número de casos semanales de gripe, se obtuvo del sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria de Anda lucía, y fueron facilitados por las Delegaciones Provinciales de Salud, con realización posterior de una estimación de casos diarios. Capítulo IX. Estudio de los beneficios de la reducción de la contaminación en Andalucía 575 Se evaluó el efecto de cada contam inante para todo el periodo; en el periodo frío, desde noviembre hasta abril, y en el período cálido, desde mayo hasta octubre, para cada indicador de mortalidad, mediante modelos de regresión autorregresiva de Poisson, controlando por tendencia, estacionalidad, temperatura, humedad, gripe, y eventos inusuales. Posteriormente, se estimó el Ries go Relativo (RR) y su intervalo de confianza, al noventa y cinco por cien to, para la mortalidad por todas las causas menos las externas, mortalid ad por todas las causas menos las externas en mayores de 69 años, mortalidad por enfermedades respiratorias, y mortalidad por enfermedades del ap arato circulatorio, correspondientes a un incremento de diez unidades en el contaminante. Las conclusiones del estudio son las siguientes (DAPONTE, 1999, 239): - El SO 2 está asociado de forma positiva y significativamente, con la mortalidad en mayores de 69 años, y cercano a la significación, con todas las causas, menos las externas. El retardo del mismo día fue el de mejor ajuste, en ambos casos. - Las partículas están asociadas positivamente, con todos los indicadores de mortalidad en todo el periodo, pero no de forma [Document text truncated for crawler view.]