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La verdad de la inoculación anticolérica del Dr. Ferrán, en relación con la epidemia colérica en Valencia : memoria presentada á la Excma. Diputación Provincial de Sevilla

Murga, Leopoldo

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K\- RELACIÓN CON LA EPIDEMIA COLERICA EN VALENCIA MEMORIA PRESENTADA Á LA F.XCMA. JDipüt a c i ó n Provincial de .^Sevilla POR KL DR. D. Leopoldo murga Subvencionado por aquella Corporación pura el estudio de la epidemia y valoración de la profilaxis Ferrán, S K V ILLA Imi>. y Lit. (lo Joaé M.® Ariza, Siorpes, 19, 1885 LA VERDAD DE DA INOCULACIÓN ANTICOLÉRICA DOCTOR FEREÁN LA VERDAD DE LA EN RELACIÓN CON LA EPIDEMIA COLERICA EN VALENCIA MEMORIA PRESENTADA Á LA EXCMA. J3iputación JProvincial de ¿Sevilla POR EL DR. D. LEOPOLDO MURGA Subvencionado por aquella Corporación para el estudio de la epidemia y valoración de la profilaxis Ferrán. MRACliN MONTOr* (ferna, gtjntfmmt Jjratónaal: Es tan importante el tema de este trabajo para la vida de los pueblos todos, para la ciencia y para la humanidad, y es tan grande la idea que voy á defender, que espero tener al¬ gunas fuerzas y contar con vuestra acostumbrada benevolen¬ cia, á fin de que, exponiendo los hechos con toda imparcia¬ lidad, y con la mayor claridad posible, si bien desprovistos de galas gramaticales, pueda al menos recompensar de algún modo, la atención que para conmigo ha tenido esa digna Cor¬ poración que preside, y hacer alguna luz en este asunto, tan enmarañado en la actualidad, en beneficio de la especie hu¬ mana, y muy particularmente de los habitantes de esta pro¬ vincia. Mas, antes de entrar en el terreno práctico de la experi¬ mentación, he de exponer, siquiera sea á grandes rasgos, el origen y la marcha de la epidemia actual. • Cuando en 1883 apareció el cólera en Egipto, hacía diez años justos que se había apagado en Europa el último foco de la cuarta epidemia. Los gobiernos de dos naciones poderosas vieron entonces una nueva ocasión de interrogar la enfermedad antes de que llegara á nuestras puertas. Francia y Alemania nombraron co¬ misionados para pasar al Egipto á estudiar la epidemia. El punto interesante de la enfermedad era, y es, el de la etio¬ logía. Averiguar el quid ignotum ,, la causa oculta que, propa¬ gándose de un modo invisible, había ocasionado tantas víc¬ timas en distintas épocas, era la verdadera ambición de la Patología moderna, puesto que ni los cuerpos anulares de Brittan, ni los espórulos puntiformes de Pacini, ni el urocystis de Hallier, ni los animalillos briozoarios, ni los gusanillos trip- 6 — tógenos de nuestros paisanos Balcells y Polo, satisfacían al ánimo exigente. Los perfeccionamientos alcanzados hasta en¬ tonces en la técnica microscópica, las maravillas descubiertas en el mundo de los proto-organismos, las conquistas alcanza¬ das por Pasteur con la inoculación del carbunclo y el cólera de las gallinas, Koch con la septicemia y la tuberculosis, Obermeier con la fiebre recurrente y Tálamon con la difteria, arro¬ jaban cada día más luz sobre las causas ocultas de las enfer¬ medades. Hé aquí por qué los gobiernos francés y alemán, que no descuidan los progresos de la ciencia, vieron la necesidad de estudiar nuevamente la causa del cólera. Discípulos eminentes de Pasteur formaban la Comisión francesa, compuesta de los profesores Strauss, Roux, Nocard y Thuillier. Koch represen¬ taba á la Alemania. No he de molestaros la atención diciéndoos quién era Koch: todos vosotros le conocéis por multitud de datos pu¬ blicados en todos los periódicos del orbe. Sólo os recordaré, que en 1876 era un modesto médico de partido y á él debe la ciencia contemporánea el descubrimiento del bacillus tuber¬ culoso, de la bacterídea del carbunclo y, aun más moderna¬ mente todavía, el descubrimiento del bacillus vírgula como causa del cólera. No faltarán excépticos, es muy seguro. Yo no sé por qué el parasitismo moderno encuentra tan agria y ruda oposición en nuestros clínicos. No acierto á comprender la causa de tanta repugnancia en los médicos que se enorgullecen con el título de prácticos. Entre todas las teorías patogénicas que se disputan la naturaleza morbosa, no hay ninguna tan clara y terminante como la que hace cargar al microbio con la res¬ ponsabilidad de la infección y del contagio. Nada hay que explique el que esta enfermedad, saliendo á veces del rincón del mundo en que se padece de continuo, salve las distancias ó atraviese los mares, acompañando siempre al hombre por los caminos que éste sigue, con su misma rapidez, sin prece¬ derle nunca, sin ir por donde él no va, siguiendo todas las ru¬ tas de la navegación y del comercionada hay que lo explique tan claramente como la admisión de un sér microscópico que encuentra en el hombre alojamiento y terreno abonado de cultivo, parásito del hombre y para el hombre, que en él vive, crece y se multiplica como foco de irradiación y de contagio. ESTADO ANTERIOR DE LA CUESTIÓN Caracteres morfológicos del microbio colérico, descritos por Koch en 1883. Los organismos característicos del cólera morbo-asiático han sido observados por Koch, por primera vez en 1883, en los líquidos intestinales recogidos en Calcuta, en un caso del cólera fulminante. Ya en Egipto, el microbiólogo alemán había observado en el espesor de las túnicas intestinales, en la capa submucosa y en el interior de las glándulas tubuladas del intestino, bac¬ terias en forma de bastoncillos, bacilos, que por su presencia constante en un gran número de casos parecía tener alguna relación con los procesos morbosos. Su carácter constante era la incurvación y el hecho predominante de esta especie, per¬ fectamente reconocible y distinta de otros micro-organismos patógenos observados hasta el día, era su extremada abun¬ dancia en un medio orgánico, donde habitualmente residen las bacterias más variadas. Numerosos exámenes y autopsias, practicados en condiciones las más favorables, demostraron su presencia constante en los coléricos, en ciertos períodos de la enfermedad. Su forma encurvada les ha hecho comparar á las comas tipográficas, y Koch les ha dado el nombre de bacilos coma ó de bacillus vírgula , generalmente aceptado. El microbio colérico aparece en los líquidos intestinales bajo la forma de cortos bastoncillos, cuyas dimensiones son de 2 á 3 diez milésimas de milímetro de largo, por un tercio ó un medio de ancho. Las dimensiones, comparadas con. el — 14 — muy degenerado y adolecía de la falta de vigor inherente á los gérmenes de esta epidemia,» y que se aseguraba en todos los tonos que «con los medios que se estaban empleando no nos visitaría el cólera,» presentóse por asalto en el puerto de Alicante, merced á un celador de lazareto y á una moneda de cinco duros, invadiendo á Novelda, Elche, algún pueblo de la provincia de Lérida y otros de Valencia. Por aquel entonces presentáronse en Marsella comisiona¬ dos extranjeros para estudiar la epidemia, y Koch acude á á aquel punto á proseguir sus trabajos. Allí se le recibe con frialdad y hasta con indiferencia, interrogándole con desabri¬ miento; el profesor alemán rectifica sus pruebas y vuelve á repetir al mundo médico que el microbio vírgula era la causa del cólera morbo asiático. Dos días más tarde, llegan á aquella población mis com¬ patriotas y hoy queridísimos amigos, los doctores Ferrán y Pauli, como individuo el primero de la Comisión nombrada por el digno Municipio de Barcelona, para estudiar la enfer¬ medad. El Dr. Pauli seguíale como un amigo inseparable y con quien ya tenía hechos algunos trabajos. También nues¬ tros compatriotas son mirados con desdén en la vecina Re¬ pública; pero bien pronto tuvieron ocasión de convencerse los profesores de aquella localidad que se trataba de hombres serios é instruidos y que conocían perfectamente el manejo del microscopio. Lijeras noticias biográficas de los doctores Ferrán y Pauli. Nació el Dr. D. Jaime Ferrán y Clúa en Corvera (Tarra¬ gona) á mediados de Febrero de 1848. A medida que crecía el niño, su inteligencia iba desarrollándose de una manera progresiva, hasta hacerse merecedor de las distinciones más especiales de sus preceptores. Era todavía un pequeño infan¬ te, cuando su virtuoso padre D. Juan Ferrán, médico á la sa¬ zón de aquella localidad, de acuerdo con sus ilustrados maes — 15 - tros y en vista de sus raras dotes para el estudio, le matri¬ culó en latinidad y humanidades; estudios que hizo con gran provecho en los Institutos de Tortosa y Tarragona, donde terminó los de bachiller en artes con las mejores notas. De¬ dicado luégo al estudio de la profesión médica, hacia la cual sentía inclinaciones, obtuvo también excelentes notas durante su carrera, que terminó en 1873. La electroterapia y las en¬ fermedades de los ojos fueron en un principio las ramas de la medicina á las que dedicó especial interés, llegando á go¬ zar de reputación y consideraciones en la última de estas es¬ pecialidades, al lado de distinguidos maestros. Retiróse luego á Tortosa, en donde se dedicó á ejercer la profesión, mereciendo obtener en concurso y por unanimi¬ dad, la plaza de médico del Hospicio, que desempeñó hasta estos últimos meses con gran celo é inteligencia (1). Hombre activísimo y dotado de excepcionales cualidades, dedicóse más tarde á los estudios micrográficos, siguiendo en un todo los trabajos de Pasteur, hasta conseguir preparar la vacuna del carbunclo, desconocida en España para los gana¬ dos. Tales fueron los progresos realizados, que ya en 1884 presentó á la Real Academia de Medicina Española su obra sobre la acción patógena de las bacterias en las enfermeda¬ des infecciosas , que le fué premiada. Apesar de todas estas ocupaciones, en unión de su ínti¬ mo amigo el Sr. Pauli, idearon un procedimiento nuevo pa¬ ra la fotografía, ó sea el de las placas de gelatina bromurada. Más tarde hubieron de ser los primeros en ensayar el microteléfono á distancia entre Tarragona y Tortosa. De los des¬ cubrimientos efectuados en el estudio del cólera nos venimos ocupando en el resto de este trabajo. El Dr. D. Inocente Pauli y Garcerá nació en Tortosa (1) Como prueba de recompensa por sus notables trabajos, las autoridades de Tortosa dejaron hace poco tiempo cesante al Dr. Ferrán en su cargo de dicho establecimiento, apesar de haber dejado como su¬ plente digno á su señor padre. Así se premia en este país el trabajo y el bien que se hace á la humanidad.—(N. del A.) 16 — (Tarragona) en 1855 y hoy apenas cuenta 30 años; más aún, parece de menor edad por su carácter risueño y afable y la dulzura de su trato. Desde su infancia mostró especial inte¬ rés por el estudio de las ciencias físico-naturales, á las cua¬ les se dedicó con verdadero entusiasmo y gran aprovecha¬ miento. Hizo los preparativos de su brillante carrera estudiando la física, la química, la historia natural, la astronomía, la geo¬ logía y la paleontología, bajo la dirección del célebre astró¬ nomo Landerer, el que se complace llamándole su discípulo predilecto y querido, dándole apropiado testimonio de su cariño, dedicándole un fósil (Janira Pauli) para perpetuar su nombre. Esta especie no era conocida hasta entonces, y fué hallada por el mismo Sr. Pauli, con ocasión de sus estudios prácticos de geología. Más tarde, y mediante brillantísimos ejercicios, fué reci¬ bido de doctor en ciencias físico-químicas en la Universidad de Barcelona, dedicándose con especial asiduidad al estudio y cultivo de estas difíciles ciencias, y dando evidentes prue¬ bas de lo mucho que de él puede esperarse. Es uno de los primeros electricistas de nuestra nación, y, en colaboración del Dr. Ferrán, es inventor de la teoría del micrófono, que por abandono y ninguna protección á la cien¬ cia en nuestra patria, lleva hoy el nombre de un autor ex¬ tranjero, Munrro, que la publicó año y medio más tarde que nuestros eminentes compatriotas. También son autores, ambos amigos, de un procedimien¬ to especial para la fotografía en placas de gelatina, y en cu¬ yo ramo han dado muestras de ser hábiles fotógrafos. Así mismo son coautores de la teoría del Telectroscopio , aparato para transmitir las imágenes con sus colores á larga distancia, y que por idénticas razones que las expuestas en el micrófo¬ no y falta de medios materiales, no han podido poner en práctica. El Dr. Pauli estuvo al frente de la Sociedad Española de Electricidad durante algún tiempo, y con este motivo tuvimos ocasión de conocerle, aunque no de tratarle, cuando hace dos — 17 — años estuvo en Sevilla para la instalación del alumbrado eléc¬ trico en la Feria. Durante su permanencia en dicha Sociedad, inventó un procedimiento para la determinación de la resis¬ tencia de las pilas eléctricas y una lámpara de incandescencia. En suma, que el Dr. Pauli, unido á su gran inteligencia y espíritu inventivo, reúne una bondad de carácter y una suma total de cualidades y de simpatías, que es el complemento ne¬ cesario de Ferrán. CONTINUACION DE LA EPIDEMIA Y RECRUDECIMIENTO EN 1885 Apesar de todo el rigorismo del célebre cordón de Beniopa, impuesto por el Gobernador de la provincia, el cólera salió de dicho punto, y cuando allí todo había terminado continua¬ ban presentándose los casos sospechosos en la huerta de Gandía. Toda Valencia lo sabía y la autoridad gubernativa parecía no querer hacer caso de tan importante asunto para la salud pública, y hubo de limitarse á hacer propuestas, para ciertas y determinadas personalidades, de cruces y encomien¬ das. Como era natural, ocurrió lo que había de suceder, forzo¬ samente: el día 20 de Marzo de 1885 presentáronse en Játiva nuevos casos de cólerala alarma cundía por toda España, ínterin el delegado enviado por el Gobierno decía que «ninguno de los enfermos observados por él padecía el cólera.» Vienen las ordenes para acordonar y aislar todos los puntos que pre¬ sentaran casos sospechosos, y desde entonces comenzaron ya á presentarse los casos de cólera en Canals, Alcudia, Alcira, Sueca, Cullera, Belreguart y tantos otros. Todos los cordones terrestres son completamente inútiles, y existen varias razones para comprenderlo así. La primera y principal, la dificultad de impedir en absoluto las comunicacio¬ nes. Recordemos que el año anterior penetró el cólera en Ali¬ cante por una moneda de cinco duros, y que este año hemos 2 — i8 — tenido ocasión de salvar los cordones infinidad de veces, así como todo el mundo, por 20, 15, 10 y hasta 2 reales, que era á como se vendíanlas papeletas de sanidad por los conductores y tartaneros: que en otras ocasiones bastaba tomar la carre¬ tera y marchar á otro pueblo en donde había patente limpia, y allí se solicitaban las papeletas. Pero aún es más difícil la segunda cuestión: ¿cómo se acordonan las aguas de un río, fuente, ó acequia en una comarca cuya única riqueza es la agricultura, y cuyos campos están poblados de estos peque¬ ños cauces? Imposible .en modo alguno; y véase una obser¬ vación que he tenido ocasión de comprobar en la presente epi¬ demia, y que afirma más y más la opinión de que casi los úni¬ cos medios de transmisión de esta enfermedad son los ríos, permaneciendo en segundo lugar, el contagio por las personas. El Júcar fué infeccionado, y todos, absolutamente todos los pueblos de su ribera han sufrido simultáneamente la enferme¬ dad. El cólera se presentó en Archena, laváronse las ropas de un colérico en el río y la provincia de Murcia fué invadida casi por completo. El Ebro hubo de infeccionarse, y los pueblos de la provincia de Zaragoza fueron atacados. Aparición de los trabajos del Dr. Ferrán ante el mundo científico.—Método de cultivo propio del Dr. Ferrán. El Dr. Ferrán, desde que entabló sus primeras relaciones en Marsella y Tolón con este esquizofito, ya presumía que aquella, al parecer bacteriácea, podría convertirse en un micrófito de otra familia, y no se le ocultaron la serie de trans¬ formaciones que sufre cuando se le estudia y cultiva del modo que describe el microbiólogo español. Este medio preferido por él, es el caldo de carne esterili¬ zado y muy nutritivo, adicionándole bilis humana ó de cerdo y sosa cáustica; esta última, en la proporción suficiente para comunicar al líquido una reacción francamente alcalina. Acon¬ seja que sólo la sexta parte del matraz esté ocupado por el — 19 — caldo, á fin de que haya atmósfera sobrante para la respira¬ ción del parásito. Una vez hecha la siembra, somete durante 7 horas el matraz á la temperatura de 37 o dentro de una es¬ tufa, considerando terminado el cultivo cuando el caldo apa¬ rece turbio. Bastan entonces dos horas más de incubación pa¬ ra darlo por terminado. Inmediatamente, y con las precaucio¬ nes debidas para no correr el riesgo de que se introduzcan gérmenes extraños, añade al último otra porción de caldo igual y perfectamente esterilizado, y lo mantiene á 15 o, cui¬ dando de neutralizar la acidez que comunica al líquido el micro-organismo. Morfología descrita por Ferrán. Los trabajos del Dr. Koch en este punto son demasiado conocidos para que tratemos de ellos en este momento; sólo recordaremos que él no pudo ver más que la forma de comas, más ó menos encurvada, con lijerísimas variantes del tipo común, ya sueltas, ya unidas por un extremo, formando S. A Ferrán, desde los primeros pasos, una vez visto el coma, tarea que le fué fácil, le llamó la atención la gran versatilidad del microbio, que no siempre resultaba con una morfología constante é invariable. Cultivado en medio líquido (deposiciones de los coléricos), este fitoparásito forma un micoderma de comas tan poco uni¬ das entre sí, que apenas si se encuentran formas compuestas. Mas en la gelatina (procedimiento de Koch) se presentan espirilos, y espirilos siguen formándose, si se repiten en aquélla los cultivos. Veamos ahora la descripción que de él ha hecho el mismo doctor Ferrán (1): El coma-bacillus, ó peronóspora barcinonis (peronóspora ferrani, según Giné), thalofita que, por medio de una técnica ya conocida, puede ser revelada en los intesti¬ nos y deyecciones de todos los coléricos, afecta en estos me¬ tí) Ferrán .—El microbio del cólera. 20 dios la forma de spirilmns y de comas (fig. i), que conserva cultivándole en gelatina nutritiva, agar, suero, patata, y en medios líquidos: caldo y leche. De estas formas, descubiertas por el Dr. R. Koch, existen variantes notables, subordinadas á la mayor ó menor delgadez del thalo espiroideo y á la mayor ó menor condensación de sus espiras. El spirillum delgado y de vueltas condensadas da comas notablemente encurvadas y delicadas, al paso que el spirillum de vueltas dilatadas y de espesor considerable las da dota¬ das de opuestos caracteres á las anteriores. A este punto alcanzaba el conocimiento del parásito colerígeno, antes que emprendiéramos su estudio; mas luego que, gracias á la extremada amabilidad de nuestros ilustrados amigos los doctores Nicati y Rietsch, de Marsella, aprendimos á conocerle en su laboratorio del Hospital Pharo, pudimos observar que del thalo espiroideo ó simplemente flexuoso, co¬ mo se le suele ver en los cultivos líquidos, nacen dos órganos tan diferentes, que, ni aun en su estado rudimentario, es posi¬ ble confundirlos. De estos órganos, uno nos es completamente conocido, tanto por su evolución, como por el papel que en la fisiología de este microbio representa; el otro es conocido sólo en su evolución, pero ignoramos cuál sea su papel fisio¬ lógico. Hé aquí la aparición y desenvolvimiento de uno y otro. En el interior del mismo thalo fórmanse en condiciones aun no bien determinadas, verdaderos esporos (fig. 2) muy brillantes, que le dan cierto parecido con la bacterídea carbun¬ cosa en esporulación. Estos esporos abundan poco, se hallan muy separados el uno del otro, y el trozo de thalo interme¬ dio es menos visible que el de los sph'ilums ó filamentos nor¬ males: diríase que están contenidos en una vaina hialina. Al quedar libres, por la desaparición de la envolvente que las retiene, crecen considerablemente, pudiendo alcanzar do¬ ble diámetro que un hematíes; en un momento de su desarrollo, de lisos y esféricos se vuelven abollados ó granulosos, per¬ diendo algunos la esfericidad. En este estado de diferencia- 21 ción es cuando, alcanzando su completa madurez, á causa de su transparencia, que es siempre más notable en la porción inmediata al huevo, el extremo que primero emergió comienza en el acto á engrosar y volverse menos trasparente y más visi¬ bleal propio tiempo que esto ocurre, principia la primera extremidad emergida á convertirse á la vista del observador en espira de vueltas condensadas, continuando la transforma¬ ción hasta el extremo opuesto. Todos estos fenómenos de desprendimiento, densificación y trasformación en spirillums, son casi simultáneos y se cumplen en el tiempo de 5 á 10". El spirillum, nacido del esporo, se conduce como se acaba de describir, volviendo á cerrar el ciclo evolutivo indefinida¬ mente. Tenemos, pues, que el parásito colerígeno se reproduce de dos modos bien distintos-, por sciciparidad y por ovulación. Indudablemente no será la única thalofita, hoy clasificada en¬ tre las bacteriáceas, que de tal modo se conduzca: parecidos fenómenos genéticos, observados en distintas bacterias y cocus, nos conducen á sospechar que ambas son formas transi¬ torias, derivadas de organismos mas diferenciados y capaces de perpetuarse por generación scicípara. El desarrollo espontáneo de los esporos puede efectuarse en los medios sólidos y en los líquidos; pero en éstos mejor que en aquéllos. Para determinarla en los medios líquidos, es indispensable tener conocidas las siguientes particularidades y conducir los cultivos de cierto modo. El esporo, como queda expuesto, nace en el thalo; pero, como la generación scicípara de éste es tan rápida y exhuberante, el medio queda esquilmado las más de las veces antes que haya tenido tiempo de formarse; en estas condiciones, claro está que la esporulación no tiene lugar; mas sucede á ve¬ ces, ya porque la semilla empleada sea más vigorosa., ó por¬ que tenga esporos rudimentarios, que éstos crecen y se desarro¬ llan cuando todavía el medio no ha sido agotado por la vege¬ tación scicípara del thalo. La esporulación puede también quedar indirectamente fa¬ vorecida por otra circunstancia, cual es la acidificación del 22 caldo por el mismo microbio determinada. Desde el momen¬ to que la reacción ha pasado de alcalina á ácida, el trabajo de segmentación se paraliza; por el contrario, la evolución del esporo, apesar de esto, se cumple admirablemente; de aquí resulta, que si el cambio de reacción se opera pronto, antes de que se hayan agotado los recursos nutritivos del medio y en el momento en que existían ya en el thalo huevecillos for¬ mados, éstos podrán evolucionar parcial ó totalmente, según sea poco ó mucho el remanente de principios nutritivos. Esto sabido, la manera de favorecer la evolución de los esporos, en el caso de que existan, es muy sensible, puesto que la aci¬ dez determinada por la vegetación del spirillum se opone al desarrollo del mismo; aprovechémonos de esta particularidad para favorecer el esporo. Así, pues, si se añaden al cultivo, con las debidas precauciones para no impurificarlo, princi¬ pios que sean muy nutritivos y que no alteren la expresada reacción (caldo ácido y bilis de cerdo mezclados), queda tan fertilizado, que basta abandonarlo de este modo á la tempe¬ ratura del laboratorio, para que, si contenía esporos, aparez¬ can éstos al cabo de algunos días completamente maduros, esto es, en estado de ofrecernos el magnífico espectáculo de la proyección del filamento espirígeno. Tres señales revelan la posibilidad de una tan interesante observación: i . a Presen¬ cia en el medio de abundantes esporos tuberosos, turgentes y maduros. 2. a Existencia en el mismo de larguísimos spirillums finos y de vueltas condensadas. 3. a La aparición en el campo del microscopio de las envolventes del huevo aplas¬ tado y agrietado, poco después de haberlos observado en¬ teros y esféricos, máxime si á su alrededor aparecen en ma¬ yor abundancia los spirillums antes descritos. En los huevos maduros se distinguen tres variedades, perfectamente caracterizadas, que tal vez estén en relación con la edad de los mismos, con su fecundidad ó con su estado es¬ téril. La primera variedad es la que llevamos descrita: la se¬ gunda queda determinada por una envolvente felpuda, que les da aspecto de erizos de mar; en la tercera el huevo aparece como constituido por laminillas que convergen y que luégo — 23 — quedan libres por una especie de dehiscencia (fig. 2 abcd). El segundo órgano, que, como queda expuesto, deriva también del spirillum ó filamento, se halla caracterizado por una dilatación discoidea ó esférica (fig. 3), adherida al mis¬ mo, y cuya magnitud puede llegar á ser mucho mayor que un hematíes. En algunos cultivos líquidos, sin saber por qué causa, abundan mucho estas formas, al paso que escasean en otros. Con los progresos de la evolución se origina en el referido órgano un periplasma transparente, como si fuera una esfera de cristal-, dentro de esta especie de quiste se encoge el protoplasma primitivo, dejando una vacuola que comprende á veces casi toda la cavidad: el protoplasma. En algunos ejem¬ plares es asiento de un trabajo de segmentación más ó me¬ nos acentuado que va hasta su trasformación en dos ó tres masas casi esféricas y también en verdaderos granulinos. La posición vacía de esta esfera pasa fácilmente desapercibida, no fijando mucho la atención, y cuando el objetivo deja de reunir excelentes condiciones. Sus relaciones con el thalo ha¬ cen que el conjunto tome á veces el aspecto de un compás de ramas espiroideas, y su adhesión al mismo es tan floja, que en las preparaciones solas va comunmente suelta. Un mismo thalo puede tener dos ó más de estos órganos, y á veces en la base de uno nace otro más pequeño. A causa de la inevitable rotura del periplasma y de su desprendimiento no ménos fácil del thalo, es casi imposible conservar esta forma en preparación teñida y coloreada. Una sola vez hemos presenciado clara y distintamente la rotura espontánea de eáta envolvente esférica, causándonos sorpresa vivísima su disolución instantánea en el medio, al paso que su contenido permaneció en el mismo. Tal es, en resumen, la evolución final de este apéndice esférico del spirillum, que, á diferencia del. otro, nunca pierde su transparencia y tersura, y que jamás, ni él ni las masas de protoplasma que contiene, dan origen á filamento spirígeno. ¿Representará esto acaso el papel de órgano masculino en la reproducción de este singular thalofita? Sea lo que fuere, — 28 — es rápida y necesariamente mortal; determinando una perfrigeración que se aparta 6 y 7 grados de la temperatura ordi¬ naria, siendo ésta de 40 o c, en los conejos, aplicando el ter¬ mómetro á 4 centímetros de profundidad en el recto: la perfrigeración va acompañada de cianosis, quejidos espontáneos y movimientos convulsivos, horripilaciones, anuría más ó me¬ nos pronunciada, encogimiento del cuerpo, pelo erizado y mi¬ rada triste y apagada; á veces acompaña á la agonía la ex¬ pulsión de un jugo verdoso por la boca y de algunas gotas de un moco transparente por el ano. En el sitio de las inyec¬ ciones sobreviene un infarto duro, caliente y muy doloroso, acompañado de hipertermia muy pronunciada; esta flegma¬ sía puede propagarse á los órganos del vientre, y sus alte¬ raciones son tanto menos intensas, cuanto más fulgurantes fueron los síntomas generales. Este proceso local conduce á veces á la formación de una escara, seguida de úlcera, que sana espontáneamente. Jamás este microfito determina formación de pus ni ninguno de los procesos sépticos conocidos. Si un cultivo dotado de su máxima virulencia se filtra á través de una bujía de Chamberland, cegada por el uso, bajo la presión de una atmósfera, y se inyecta á la dosis masiva de 12 c. c„ determina sólo una molestia pasajera. El líquido de este modo filtrado se muestra estéril si se le siembra en caldo. Si en vez de una candela usada se emplea una nueva, los gér¬ menes la atraviesan, según se comprueba por el cultivo; con todo, son tan escasos en número, que no aumentan la toxici¬ dad del caldo, según lo demuestra el resultado nulo de la in¬ yección masiva. El estudio microscópico del humor que trasuda de los cor¬ tes practicados en el sitio infartado de la inyección, revela las siguientes particularidades: 1. a Microglobulia tan acentuada, que en un principio confundimos los hematíes con los esporos en un período avan¬ zado de su evolución; su diámetro es la mitad de lo que debe ser; en vez de discoideos, aparecen casi esféricos y los más de ellos erizados de puntas: esto, que les da una base de susten- — 29 — tación menor, favorece su inestabilidad, y de ahí el movimien¬ to aparente de que están dotados; movimiento debido á los choques que reciben de los spirillums que nadan en el suero. La comparación de la fig. 6 con la fig. 5, que representa la sangre normal, enseña cuán acentuada es la microglobulia. 2. a Spirillums y vírgulas sueltos, nadando con movimien¬ to tan vertiginoso que es difícil distinguirlas. 3. a Células esféricas llenas de granulinos (fig. 7), siendo en algunos ejemplos uno de aquéllos mucho mayor que los otros, y parecidos en todo á los pequeños hematíes antes descritos. 4. a Elementos lenticulares de superficie siempre tersa y de bordes lisos (aa fig. 7); su magnitud varía entre 5 y 20 o, \omm. Es tal su aspecto, que no pueden ser confundidos con ninguno de los antes descritos. Para nosotros su origen y fin son desconocidos: son comparables á gotas de grasa. 5. a Color rojo subido de esta serosidad, que contrasta con su pobreza en hematíes. Muy probablemente es debido á la hemoglobina que tiene en disolución. Como alteración microscópica, sólo revela la autopsia va¬ cuidad del intestino, debida ála abstinencia á que espontánea¬ mente se somete el animal. Pérdida de consistencia del líqui¬ do, plenitud de la vesícula biliar, lijero infarto renal y vegiga urinaria generalmente vacía. Una sola vez se ha encontrado la cavidad de este órgano ocupada por un coágulo sanguíneo. El examen no reveló, en este caso, bacteridemia ni presencia de ningún otro fito-parásito. Conviene advertir que en todos los casos nos hemos asegurado de la no identidad ni semejan¬ za causal entre el proceso morboso determinado por el micro¬ bio que nos ocupa y el que en los mismos animales ocasionan otros seres vivos, hoy bien conocidos. Los resultados que se acaban de exponer son constantes, y nada mejor que la regularidad con que se presentan prueba la pureza de los cultivos empleados. La actividad del coma bacillus —dice el Dr. Ferrán—pa¬ rece depender de dos sustancias, dotadas de acción diferente, puesto que es dable obtener cultivos que determinen apenas — 3 o — trastornos generales, dando predominio exajerado á los loca¬ les-, así como pueden obtenerse que perfrigeren mucho é infla¬ men poco. Acción preventiva de las inoculaciones en los anima¬ les y en el hombre. Las numerosas observaciones efectuadas por el Dr. Ferrán en los animales, y principalmente en los conejillos de In¬ dias, le han permitido demostrar de una manera inconcusa y evidente, que los individuos que resisten á estas inyecciones pueden recibir más tarde é impunemente dosis más considera¬ bles de un producto de cultura dotado de una virulencia mᬠxima; en una palabra, están vacunados. Cuando se inocula un animal con un líquido que ha alcan¬ zado su máximo de virulencia, los fenómenos locales son po¬ co marcados y no tienen tiempo de desarrollarse; la muerte sobreviene en doce horas. La inoculación de líquidos menos atenuados produce una inflamación local mucho más acentua¬ da, pero que no se termina jamás por supuración. La inoculación preventiva contra el cólera por medio de los cultivos en caldo del microbio vírgula, si bien constituye un hecho nuevo en la Ciencia, no lo es exclusivo, puesto que el virus rábico en manos de Pasteur ha sido perfectamente inoculado; lo mismo que lo es el cólera de las gallinas, la bacteridia del carbunco en el ganado y la fiebre amarilla en el hombre. Era, pues, un hecho perfectamente posible en el te¬ rreno científico experimental. Cuando aun se ignoraba que el principio de los virus es¬ taba representado por un organismo parasitario, ya se intentó provocar la inocuidad mediante virus atenuados, logrando Jenner, aunque por una vía completamente empírica, obtener un resultado favorable por lo que á la viruela se refiere. Tam¬ bién algunos veterinarios trataron de prevenir la perineumo¬ nía contagiosa de los solípedos y reses vacunas, verificando inoculaciones con una mínima cantidad de materia pulmonar — 3i — virulenta muy diluida en agua. Pero cuando los progresos de la microbiología, principalmente debidos á Klebs, Eberth, Thuissant, Cohn, Neisser, Koch, Crudeli, Pasteur y otros, de¬ mostraron que la acción patógena era debida á un micro-or¬ ganismo parasitario, el principio de la atenuación de los virus entró ya en una vía realmente científica; pues, debilitado el mi¬ crobio generador de los efectos páticos, era dable suscitar una enfermedad atenuada y que, no obstante, preservase de nueva invasión ulterior. En efecto, es un hecho ya adquirido por la ciencia, que la mejor preservación contra determinadas enfermedades virulentas la constituye el hecho de haberlas padecido anteriormente, lo cual se halla perfectamente de¬ mostrado en la viruela, pues sabemos que la inmunidad para esta dolenciá dura más de diez años cuando se ha obtenido por la viruela misma, mientras que no suele pasar de esta época, cuando es provocada por la vacuna. Queda, pues, co¬ mo hecho bien demostrado, que al padecer ciertas enferme¬ dades virulentas ó haber existido éstas mismas atenuadas por la debilidad que provoca el cultivo de su microbio generador, créase en el organismo una inmunidad mas ó menos duradera y cuya esencia íntima se desconoce. Varios son los procedimientos empleados hasta el día para obtener la atenuación de los virus, ó sea la debilidad en el acto reproductor de los organismos microscópicos, á los cua¬ les deben aquellos su virtud patogénica. Uno de los más anti¬ guos, pues se remonta al año 1880, es el empleado por Pas¬ teur, valiéndose de la acción del oxígeno del aire. Sabido es, que dicho profesor ha podido demostrar, merced á cultivos que databan de dos semanas, dos meses, ocho meses y un año, las evoluciones atenuantes del microbio del cólera de las gallinas, rebajando su virulencia á medida que se prolongaba la acción del oxígeno del aire y del que contenían los líquidos de cultivo. Un hecho análogo se ha repetido por Pasteur, una vez descubiertos los esporos bacilares en la bacterídea car¬ buncosa, puesto que observó que se detiene y aun desaparece la acción de la generación de éstos, á beneficio de cultivos sucesivos, siempre que se procura que no falte la acción del — 32 — aire y la temperatura de 42 o á 44 o . También nos eran conoci¬ dos los tres procedimientos de atenuación siguientes, aunque no tan eficaces como los anteriores: i.°, el cultivo del micro¬ bio patógeno, haciéndole pasar por diferentes organismos ani¬ males, ó bien este mismo cultivo del virus aun en los casos en que no se conoce un esquizofito especial, como ocurre con el virus rábico, y que, sin embargo, Pasteur afirma haber atenuado por medio de reinoculaciones del perro al conejo, y del conejo al mono, en el cual ya se produce un virus profi¬ láctico ó preservador para el perro; 2.°, agregando diversas sustancias al líquido que contiene la bacteria patógena, como han hecho Chamberland y Roux para atenuar la bacteria car¬ buncosa por medio del ácido fénico al 1 por 1,000 de caldo, ó bien con el ácido sulfúrico al 2 por 100 para los esporos de esta misma bacteria; y 3. 0 , por el recultivo del microbio al través de organismos de la misma especie, como ocurre al virus vacuno una vez que ha pasado numerosas veces el orga¬ nismo de la ternera ó del niño, siendo preciso reforzarlo con otra inoculación más nueva. Una vez conocidas las bases de los procedimientos de atenuación que hoy conoce la Ciencia, ocurre desde luégo preguntar: ¿En qué consiste el célebre secreto del Dr. Ferrán para obtener la debilidad del coma? Bien claro estaba expues¬ to su procedimiento de atenuación del virus colérico en la no¬ ta dirigida á la Academia de Ciencias de París el 29 de Marzo, leída en sesión del 13 de Abril y publicada en el Comptes rendus de dicho mes. Hé aquí ahora algunos de sus párrafos más importantes: «Cuando mi cultivo del bacilo vírgula, cuya simiente pro¬ cede de colonias que han evolucionado sobre placas (1) (sien¬ do originadas éstas por gérmenes que procedan directamente de las deposiciones de un colérico), se inyecta en el tejido ce¬ lular subcutáneo de un pequeño conejo de Indias, se originan dos órdenes de hechos: unos, locales, son de naturaleza flegmásica; otros, generales, acusan una profunda hipotermia.» (1) De gelatina, como es sabido. «Se obtiene el máximum de virulencia sembrando una go¬ ta de magma blanco opaco, procedente de una ó muchas co¬ lonias en caldo muy nutritivo y lijeramente alcalino, ha¬ ciendo la incubación en la estufa (á 37 o ) durante todo el tiem¬ po necesario para enturbiar el líquido....» Y luégo más ade¬ lante en algunos párrafos añade: «Los cultivos en serie en la gelatina conservan bastante bien su virulencia; por el contrario, los cultivos en el caldo se atenúan al cabo de cierto tiempo.» Y dice después tratan¬ do del hombre: «La inyección en la región del triceps braquial de ocho gotas de un cultivo virulento muy fresco, produce un infarto doloroso...» (Aquí la descripción de los fenómenos ya conoci¬ dos, que son los que aseguran la inmunidad). Esta nota, leída y publicada en Francia por una Acade¬ mia científica, y que contenía ya bien claro lo que después había de figurar como un secreto, aspiraba al premio Breant de 100,000 francos, para el que descubriera un excelente reme¬ dio contra el cólera, y concluía con una advertencia, en la que el Dr. Ferrán decía ponerse á disposición de la Academia para comprobar sus afirmaciones por medio de experimentos. Sin embargo, ni acuse de recibo, ni menos todavía indicación de que pasara á París para repetir sus experimentos, recibió el Sr. Ferrán. Al principio esperaba ser llamado; después debió creerse incluido en aquel concepto menospreciativo con que, según se dijo, juzgó M. Vulpián, el ponente de la Comisión de la Academia francesa encargado de emitir dictamen sobre las comunicaciones recibidas aspirando al premio Breant, todos los escritos procedentes de nuestro país, cuando ante centena¬ res de ellos exclamó: «¡Desconocía yo que en España hubiera trescientos médicos que supieran leer y escribir!» Primeros ensayos de Ferrán con la inoculación en el hombre. Conocidos prácticamente los resultados de la inoculación - 34 — en los roedores antes mencionados, presentóse, desde luégo, ante la clara inteligencia de Ferrán la idea de aplicar el mis¬ mo procedimiento al hombre, á fin de poderlo preservar, al¬ gún tanto, de tan terrible azote, que por doquiera marcha sembrando la desolación y el luto. Esta idea hubo de arraigarse tan profundamente en el ánimo de Ferrán, que no tuvo inconveniente en someterse mutuamente, en unión de su compañero el Sr. Pauli, á la ino¬ culación de media gota de un cultivo puro. Animados por el resultado de esta primera tentativa, decidieron aumentar pro¬ gresivamente las dosis, hasta llegar á io gotas. No faltaron dignos profesores de la ciudad de Valencia que acudieran á Torto.sa para presenciar las pruebas y some¬ terse también con verdadera fé científica y desprovistos de toda envidia personal, á la inoculación anticolérica. Tal suce¬ dió á los doctores Jimeno, Colvée, Garin y Villarroya. Muy poco después, seguíanle unos veinte profesores de la ciudad de Barcelona, y los síntomas por casi todos ellos experimen¬ tados pueden referirse á los siguientes, y son sobrado elocuen¬ tes para poder dar una muestra de la determinación del cóle¬ ra experimental en el hombre por medio del coma-bacillus. Si falta en estos datos algo de patognomónico, como la dia¬ rrea serosa, el simple sentido común da cuenta del por qué de su ausencia. Véase de qué modo los doctores Nicatiy Rietchs, elDr. VanErmengen, Ceci, Klebs y Koch determinan el cólera experimental en los conejos con diarrea serosa abundante, perfrigeración, cianosis, calambres y anuria, valiéndose del mismo fitoparásito, y se tendrá la razón de la carencia de aquellos síntomas, cuando se coleriza por el procedimiento del Dr. Ferrán. La inyección hipodérmica de unas gotas de cultivo atenua¬ do en la región del tríceps braquial y en ambos lados, deter¬ mina un infarto caliente y más ó menos doloroso, con sensa¬ ciones de hormigueo ó de frío, que. se irradian á veces hasta el dorso de la mano-, los movimientos del brazo son más ó menos difíciles y causa molestia la menor presión en dicha re¬ gión. La intensidad de estos síntomas no llega por lo común — 35 — á ser tal que el individuo se vea obligado por su causa á pres¬ cindir de sus ocupaciones habituales, ni á alterar en lo más mí¬ nimo su género de vida. Aumentando la cantidad de materia inyectada, aparecen trastornos generales que, según la receptividad del individuo, ofrecen intensidades diversas: en la mayor intensidad obser¬ vada se han caracterizado por perfrigeración marmórea, es¬ tado lipotímico, pulso filiforme, desvanecimiento, estado nauseoso, llegando á producirse el vómito; aumento de la fluidez y del número de las deyecciones, sin llegar á ser diarreicas, y calambres. A este cuadro de hipostenia sigue una reacción proporcio¬ nada; la fiebre general toma incremento y cede rápida y es¬ pontáneamente. Todos estos trastornos, al parecer alarman¬ tes, son de una existencia sumamente fugaz: insinúanse á las tres horas de inyectado el virus, adquiere su máxima gradua¬ ción á las doce horas, y pasadas las veinticuatro, decrecen rápidamente, quedando por todo recuerdo lijera postración, abatimiento y vestigios de la flegmasía local, que se disipan con rapidez suma (i). El examen microscópico de la sangre no revela particula¬ ridad alguna en la de los individuos que no ofrecen trastornos (1) Estos síntomas corresponden á la gran mayoría de los inocu¬ lados, sin que por eso continúen acentuándose progresivamente si se inyectase más cantidad, como ocurre actualmente, en que se emplean dos centímetros cúbicos, uno en cada brazo. Nosotros nos hemos some¬ tido gustosos á la inyección de cuatro centímetros cúbicos de un cultivo excelente y de una sola vez, sin que los trastornos llegaran á adquirir grandes proporciones: sólo el proceso inflamatorio local, la anuria bas¬ tante acentuada y cuatro deposiciones diarreicas, fueron los síntomas que se desviaron algún tanto de la marcha general. Posteriormente, y estando efectuándose la inoculación en Ondara (Alicante), presentóse un individuo bastante embriagado, que, á conse¬ cuencia de la aglomeración de gente y de su estado inconsciente, filé ino¬ culado por los tres profesores que practicábamos la operación, recibien¬ do por tanto seis inyecciones completas. Este individuo fue examinado al siguiente día por la comisión oficial, sin que pudieran apreciar tras¬ torno alguno importante. Nueva prueba de la resistencia que tiene el organismo para esta inoculación y su inofensividad casi absoluta. - 36 - generales-, en cambio, en la de los que el efecto del tóxico tras¬ ciende á toda su economía, presentan microglobulia parcial, abundancia de cocus, ultramicroscópicos, dotados de movi¬ mientos browniano, células linfáticas y discos como los des¬ critos en la sangre de los conejos de Indias. Acción preventiva. Si á los ocho días de haber pasado todo esto, se inyecta al mismo individuo una dosis igual de un cultivo dotado de la misma actividad que el primero, ya no se determina ninguno de los expresados trastornos generales; sólo los locales más ó menos atenuados son la consecuencia de esta segunda ino¬ culación. La acción preventiva de estas inyecciones contra los efectos generales que las mismas determinan es indudable. El cólera experimental, tal como lo determinamos nosotros, tie¬ ne, pues, su profilaxis segurísima en el mismo coma-bacillus. Mas ocurre en algunos casos, que individuos que no han sentido apenas trastornos después de la primera inoculación, sienten más los efectos de la segunda, y otros, en que los sín¬ tomas se experimentan en ambas inoculaciones; si bien esto es raro, tiene también, á nuestro modo de ver, una explica¬ ción muy fácil. Los caldos adquieren distintos grados de viru¬ lencia, según las condiciones de calor, riqueza en principios nutritivos, vitalidad de la semilla, etc., y puede muy bien ino¬ cularse un individuo por segunda vez con un caldo mucho más activo que el primero, en cuyo caso, nada tiene de parti¬ cular el hecho referido, aunque siempre los trastornos gene¬ rales en la reinoculación son menos acentuados, y sólo suelen predominar los fenómenos locales. IVli primer viaje á Valencia. Cuando el Dr. Ferrán, en carta particular del mes de Fe¬ brero, me comunicó sus primeros descubrimientos respecto á la morfología del microbio vírgula y los medios de que se — 37 — valía para comprobarlos, tuvo también la bondad, que nunca le agradeceré bastante, de remitirme un pequeño tubo capi¬ lar de cristal con algunas gotas de semilla diarreica proce¬ dente de Marsella. Desde este momento, y previas algunas consultas que le dirigí, me dediqué con asiduidad á la com¬ probación de sus trabajos, habiendo podido anunciar, en ofi¬ cio del mes de Abril, al Claustro de esta Facultad de Medi¬ cina, que, «habiendo comprobado prácticamente en mi labo¬ ratorio algunas de las fases morfológicas descubiertas por Ferrán, estaba dispuesto á demostrarlas ante una Comisión que se nombrara de su seno, así como las pruebas prácticas de la inoculación de un cultivo puro á los animales». El Claustro hubo de reunirse, y, después de algunas dis¬ cusiones, aun no he tenido contestación del acuerdo adopta¬ do, aunque supongo que tal vez el miedo de alguno de sus individuos, hiciera presentar ciertas dificultades imposibles de resolver, apesar de los buenos deseos que animaban al Director Sr. Rivera, á quien estoy reconocido en extremo. En vista del poco éxito obtenido, con mi ofrecimiento, á este Establecimiento de enseñanza, marché á Valencia tan pronto como supe que se había presentado el cólera y empe¬ zaban á hacerse ensayos de la inoculación en el hombre en pueblos epidemiados. Allí tuve el honor de ser uno de los primeros profesores españoles, en unión de los doctores Moreno, Tolosa Latour, Comenge, Pulido y Serret, que, ávidos de conocer el anunciado descubrimiento, marcharon á Valencia á presenciar las inoculaciones. No cumpliría un sagrado deber de gratitud, si no hiciera presente mi profundo reconocimiento, desde este sitio, al doc¬ tor Rodríguez Méndez, que me recomendó, y al Dr. Ferrán, que me recibió con verdadera deferencia, de la cual he con¬ tinuado mereciendo multitud de pruebas. Una vez en Valencia, obtuve desde luégo permiso para entrar á todas horas en el laboratorio, y tuve ocasión de tra¬ tar profundamente al Dr. Ferrán, viéndole efectuar todas sus operaciones para la elaboración del líquido vacuna. Por aquel — 44 — En aquella fecha el Ministro prohibió las inoculaciones y nombró una Comisión oficial que tuviera por objeto estudiar aquellos ensayos de Ferrán, y á esa Comisión oficial, al ser nombrada, se le impuso un programa, al cual tenía que suje¬ tar todos sus actos, todos sus trabajos; programa que, á su vez, se impuso á Ferrán, viéndose con esto una cosa descono¬ cida en el mundo científico, puesto que el que experimenta tiene derecho á elegir el modo de experimentación. Y aquella Comisión oficial, apesar de toda la autoridad de las personas que la componían, tuvo que luchar con inconvenientes sin lí¬ mites, con dificultades y obstáculos casi insuperables. Bastaba con que se designara un sitio de ensayo para que inmediata¬ mente se mandara acordonar por el gobernador de la provin¬ cia; bastaba que un pueblo pidiera la inoculación anticolérica reprobadas de que se valen los periódicos que tan injusta guerra le han declarado... porque sí. En este estado las cosas, Masanasa no puede ya callar, y no callará. Sr. Gil y Morte, en Masanasa hace dos meses que va laboreando el cólera; en 17 de Mayo había ya 350 inoculados, sin que hasta la fecha ha¬ ya sido invadido uno solo de ellos, si se exceptúa una jóven que, viva¬ mente impresionada por el fallecimiento de algunos individuos de su fa¬ milia, ocurrido en Paiporta, empezó á llamar al cólera é hizo esfuerzos desesperados para conseguirlo, hasta lograr ser invadida; pero que, á pe¬ sar de su alianza con el terrible huésped, la vacuna ha luchado contra todo obstáculo hasta obtener el completo triunfo, salvando la vida de la infeliz desesperada; y en vista de los resultados tan satisfactorios de la inoculación anti-colérica en este pueblo, acudió la población en masa á inocularse el día 29 del pasado Junio, y sufrieron la operación mil seis¬ cientas veintitrés personas , quedándose por vacunar más de quinientas por no haber bastante cultivo. Este es el más solemne mentís que el pueblo de Masanasa da á los detractores de Ferrán, en vista de las falsedades que se empeñan en pro¬ palar respecto al resultado de las inoculaciones en dicha población. Esta es la verdad, Sr. Gil y Morte; verdad que puede Yd. arrojar á la cara de los que le hayan facilitado los datos para formar su estadística. Esta es la verdad, valencianos; ésta es la verdad, españoles; verdad que os declara un pueblo en masa para que viváis prevenidos contra las envidias y calumnias de los enemigos de ese ilustrado español, ante el cual se descubren hoy con respeto todos los Gobiernos y todas las Cor¬ poraciones científicas del mundo. - 45 — de Ferrán para que todo el rigor sanitario cayera sobre él, lo¬ grando así reprimir y ahogar aquellos esfuerzos del justo en¬ tusiasmo y de la suprema angustia. La Comisión oficial, debido indudablemente á las órdenes recibidas del Gobierno, desde que llegó á la estación de Alcira, en unión con el Dr. Ferrán, tuvo necesidad de colocarse enfrente de la opinión pública de aquella localidad. Habíase dicho que se detendrían en aquella población para empezar allí sus observaciones, y allí acudimos todos los comisionados de las distintas Corporaciones y Sociedades de provincias, reunidos en aquel entonces en Valencia, para el estudio de este nuevo descubrimiento científico. El pueblo de Alcira, en¬ tusiasmado, preparaba al Dr. Ferrán una manifestación gran¬ diosa, considerándole como á su salvador. Esta noticia fué trasmitida indudablemente á Madrid por el gobernador señor Botella, y la Comisión recibió órdenes, por el camino, de no detenerse en Alcira. Los centenares de personas que deseaban No terminaremos estas mal perjeñadas líneas sin enviar un cariñoso saludo, en testimonio de nuestra más profunda gratitud, hacia nuestro ilustre bienhechor, diciendole: Ferrán, adelante; ya no hay para tí obstᬠculos ni vallas que se opongan á tu marcha triunfal y salvadora; te has remontado como el águila, y nadie puede retener tu raudo vuelo; tu nom¬ bre pasará á la posteridad con una aureola de gloria, y los de tus detrac¬ tores serán leídos con desprecio y repugnancia por las generaciones ve¬ nideras. Ferrán, adelante. ¡Dios te ha escogido entre millares! ¡Adelan¬ te! ¡Gloria á Dios! Dígnese Vd., señor Director, dar cabida en su ilustrado periódico á las presentes líneas, que dirijimos á todos los periódicos de la capital me¬ nos á La Correspondencia, ya por temor que este remitido sufra la mis¬ ma suerte que las cartas de su corresponsal en Alcira, ya también por¬ que dicho periódico, aunque todos los días lo pongan en berlina, ni sua ni es fa roig, com el Bey de la Aduana, y le quedarán sumamente agra¬ decidos sus seguros servidores,—Cristóbal Sanchis (médico).—José Llorca (médico).—Pascual Nacher (alcalde).—Juan Saez (primer teniente al¬ calde).—Vicente Casañ (segundo teniente alcalde).—Antonio Casañ (re¬ gidor).-Gregorio Asencio (regidor).—Por mandato de los demas regidores, José Ramón Faus.—Vicente Bru (juez municipal)—Por varios propieta¬ rios, Cristóbal Raga.—Francisco Rodenos.—Adrianacher.—Luis Simer. Masanasa 4 de Julio de 1885. - 46 - abrazar al Dr. Ferráneran muchos-, pero la Comisión, inflexible con las instrucciones recibidas, no consintió en modo alguno, ocasionándose con esto una verdadera enemistad con aquel pueblo. La manifestación se efectuó en honor del Dr. Pauli, repre¬ sentante genuino del Dr. Ferrán y su compañero inseparable. No recuerdo en los días de mi vida un momento más grande: sus detalles son tan interesantes, que no me considero con fuerzas para describirlo. Quédese esto para pluma mejor cor¬ tada que la mía. Apesar de todas estas luchas y dificultades, la Comisión había de llenar su cometido. Después de haber examinado de¬ tenidamente, y uno á uno, doscientos y tantos inoculados en Algemesí,—de todos los cuales se tomaron por el señor San Martín los datos necesarios,— pudieron presenciaren la villa de Alberique, en 12 de Junio, la inoculación de 594 indi¬ viduos, que agregados á los 594 que existían anteriormente, componen un total de 1,188 inoculados-, reinoculándose tam¬ bién ásu presencia, en 15 y 16 de Junio, 341. Así mismo presenciaron la inoculación de 2,315 individuos en Benifayó de Espioca, en los días 28, 29 y 30 de Junio, que, unidos á los 408 que existían anteriormente, componen el total de 2,723 inoculados. Después hicieron sucesivamente al¬ gunas observaciones en Alginet, Alcira y otros pueblos, mar¬ chando á Valencia para efectuar otra parte de las operaciones áella encomendadas. Constituían ésta una série de experiencias puramente de laboratorio, encaminadas á comprobar, en primer término, si era en efecto un cultivo puro del microbio vírgula, tal como lo indicaba Ferrán-, para lo cual había de someterse el líquido á el examen microscópico y al ensayo por los reactivos que la ciencia aconseja, en averiguación de otros principios que pu¬ dieran originar tales síntomas. En segundo lugar, debía efec¬ tuarse la comprobación de la morfología descrita por Ferrán. El terreno es bastante resbaladizo, si hemos de juzgar imparcialmente los hechos ocurridos, con sus naturales conse¬ cuencias. — 47 — La Comisión, que desde un principio no había tenido un momento de franqueza para con el Dr. Ferrán, á quien por cierto casi nada se le consultaba, mostrándose no sólo re¬ servados (lo cual era completemente lógico), sino que venía mirándole casi con indiferencia, acordó verificar aquellas nue¬ vas pruebas en una de las aulas de la Facultad de Medicina de Valencia. Se invitó (por primera vez por cierto) á los co¬ misionados de las provincias para presenciarlas; dispúsose lo necesario para el examen microscópico, y el Dr. Ferrán presentó dos frascos de líquido vacuna-, uno para el examen microscópico y la inoculación, y otro para el ensayo quími¬ co. Ambos debían quedar lacrados y sellados en poder del presidente de la Comisión. El Dr. Ferrán hizo en el acto una preparación con una gota del caldo extraído en aquel mo¬ mento del matraz, colocándola en el microscopio. Grande fué la sorpresa de algunos de los individuos de la comisión, al ob¬ servar que se trataba de un cultivo puro de vírgulas, y como tal, fué la exclamación del Sr. García Solá. Indudablemen¬ te no esperaban encontrarse con él, cuando tanta fué su sor¬ presa al tener ante la vista millares de seres del tan temido microbio vírgula. Desde este momento empezó á mirarse aquel acto de la Comisión, revestido de solemne pompa, co¬ mo el principio de una guerra sorda por parte de alguno de sus individuos. Respecto á la comprobación de las distintas fases evolutivas descubiertas por Ferrán, esto no era posible en un momento dado; requería un trabajo serio y prolonga¬ do en el laboratorio. Para estos trabajos debía reinar una cor¬ dialidad grande entre los que observaban, lo cual no sucedía. Sabido es que, para observar las distintas fases evolutivas por él descubiertas, como las de otras especies de micro¬ organismos conocidos hasta el día. es preciso colocar los me¬ dios de cultivo en condiciones apropiadas, á fin de que, ade¬ lantando algunas la evolución del fito-parásito y retardándo¬ las otras, puedan comprobarse una y cien veces las fases que se desean. Pero, como quiera que esta íntima unión no exis¬ tía, resultó lo que había de suceder forzosamente, que el doc¬ tor Ferrán se mantuvo en una reserva casi absoluta, y tenien- - 48 - do que marchar á practicar las inoculaciones con algunos de los individuos de la Comisión oficial, el resto, ó sean los pro¬ fesores García Solá y Mendoza, encargados de esta compro¬ bación, sólo pudieron observar las fases descritas por Koch. Una de las pruebas á que se sometieron los líquidos de inoculación, nos parecía algún tanto depresiva para un profe¬ sor digno y para los encargados de practicarla. Aquellos lí¬ quidos habían de ensayarse á la manera de los procesos judi¬ ciales, en que se desea averiguar la existencia de algún prin¬ cipio tóxico ó medicamentoso. No bastaba la palabra del Sr. Ferrán respecto al modo de preparación, ni la comproba¬ ción hecha anteriormente ai microscopio, de que existían millares de microbios vírgulas, exactamente iguales á los des¬ critos por Koch y comprobados por casi todos los observa¬ dores; era preciso investigar qué agente químico producía aquellos fenómenos siempre idénticos y no parecidos á los de ninguna inyección hipodérmica medicamentosa empleada hasta el día. Pero, afortunadamente para España, y en parti¬ cular para la medicina patria, apesar de la pericia y conoci¬ miento del Sr. San Martín, encargado de este estudio, sólo pudo comprobarse lo que Ferrán había dicho; principios gra¬ sos, agua, materias extractivas, algunos compu estos de la bilis y demás productos alcalinos que entran en la composición del caldo; manifestando el Dr. San Martín en su informe, que, «no existiendo compuestos metálicos de los dos últimos gru¬ pos, ni alcaloides ordinarios, sólo pueden ser responsables, por lo tanto, de los síntomas provocados por la inoculación anticolérica del Dr. Ferrán, alguna ptomanía elaborada por el vírgula de la vacuna en cuestión ó los principios orgánicos mencionados.» Idea la primera, que viene en perfecta conso¬ nancia con las opiniones emitidas por el Dr. Ferrán en su úl¬ tima nota á la Academia de Ciencias de París. A consecuencia indudablemente de telegramas enviados á Madrid por la autoridad de la provincia, persona á la que, como ha dicho muy bien Ferrán, nunca perdonará la Histo¬ ria eí daño que ha hecho á la humanidad haciéndoselo á la inoculación; persona que falseó y sigue falseando los hechos, — 49 — cuando ya creíamos que continuaría una serie no interrum¬ pida de experiencias, la Comisión es llamada á Madrid con perentoriedad, limitándose á afirmar, solamente, que existía el cólera morbo asiático en la provincia de Valencia y que la inoculación de Ferrán era completamente inofensiva. Levantóse enseguida la prohibición, puesto que se vió que el líquido de cultivo de Ferrán no contenía más que el mi¬ crobio vírgula y poseía completa inocuidad, y al mismo tiempo multitud de pueblos solicitaban la inoculación. Habían que¬ dado en ridículo los detractores que aun negaban la existen¬ cia del cólera y afirmaban que el Dr. Ferrán empleaba inyec¬ ciones medicamentosas. El hecho de las Hermanitas de los Pobres. Cuando había comenzado tranquilamente una nueva se¬ rie de inoculaciones, un suceso de gran resonancia, maneja¬ do perfecta y hábilmente por quienes podían hacerlo impu¬ nemente á su gusto, ha dado lugar á una impresión dolorosísima, que, aun cuando después ha sido seguida de una reac¬ ción favorable para nosotros, los partidarios de la inoculación, por hechos conocidos, sin embargo, por aquello de que «ca¬ lumnia, que algo queda», ha dejado recuerdo amargo en cier¬ ta parte del público, que está dispuesta á creer siempre lo que la prensa pregona. Ya habréis comprendido, Excma. Cor¬ poración, que me refiero al hecho de las Hermanitas de los Pobres de Valencia. El día 19 del pasado mes de Junio apareció la epidemia del cólera morbo asiático en dicho Establecimiento, y desde dicho día, hasta el 28 ó 29, hubo entre los asilados 63 inva¬ siones del cólera, seguidas de 62 defunciones; y no solamente habían sido atacados los asilados, sino que 10 Hermanas de la Caridad, que se encontraban á su cuidado, fueron también invadidas. El médico del Establecimiento, D. Enrique López, había acudido á Ferrán solicitando se presentara en aquel edificio á practicar la inoculación, que sirviese, por decirlo — 5o — así, de barrera ante aquella marcha invasora y terrible de la epidemia. Ferrán se prestó gustosísimo á ello; pero hubo cier¬ ta resistencia por parte de las Hermanas, resistencia que, sin embargo, no sé por quién se venció de tal modo, que al día siguiente volvió á presentarse el médico del Establecimiento á Ferrán suplicándole ía inoculación, que, con efecto, se ve¬ rificó. El estado sanitario el día i.° de Julio, cuando se llevó á cabo la operación profiláctica, era el siguiente: 63 invasiones y 62 defunciones entre los asilados; 10 invasiones y 3 defun¬ ciones en las Hermanas. Se practicaron las inoculaciones en 80 Hermanas, de las cuales sólo aparecen registradas 77, y de esas 77 se hallaban 13 con diarrea premonitoria, según los datos del mencionado registro que certifica el médico. Todos sabéis perfectamente que las tarjetas que reparte Ferrán contienen varias advertencias, una de las cuales ex¬ presa que puede presentarse una invasión de cólera dentro del período de cinco días, después de realizada la inoculación; período que se halla completamente fuera de la influencia pro¬ filáctica preservadora de la vacuna, la cual durante este tiem po es por completo nula. Se vacunaron, digo, 80 Hermanas de la Caridad el i.° de Julio, y desde este día al 5 son atacadas 30, de las cuales fa¬ llecen 16; y aquí conviene advertir que al inocularse se en¬ contraban 6 de éstas con diarrea premonitoria. Las autoridades, que no se habían cuidado antes de visi¬ tar el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, donde habían muerto los asilados á montón, acudieron presurosas y ávidas de noticias á este Establecimiento, tan pronto como se ente¬ raron de que las invasiones habían seguido á las inoculacio¬ nes de Ferrán. Los telegramas enviados á Madrid fueron mu¬ chos y el Ministro daba dos días más tarde noticia de esta hecatombe en pleno Congreso, esparciéndose por toda Espa¬ ña con la rapidez del telégrafo. Pero el Dr. Ferrán, seguro, segurísimo completamente, de la bondad del método, espe¬ raba impasible el plazo cortísimo del curso que habían de — 5i — tener los acontecimientos, para que ellos mismos vinieran á darle la razón. Con efecto, pasaron cuatro días, llegó el quinto, y con él ¡oh asombro! el cero de invasiones. Pasó aquel quinto día, es¬ perado con el deseo de justicia, y llegó el sexto y aconteció lo propio. Diríase, por algunos, que la falta de invasiones era debida á haberse extinguido el’ foco, pero viene una pobre Hermanita que no estaba en el Establecimiento el i.° de Ju¬ lio, y que no se hallaba, por consiguiente, inoculada, y es in¬ vadida. Hé ahí cómo lo que se ha tratado de que fuera en ma¬ nos de algunos un arma esgrimida contra Ferrán, ha sido una confirmación plena de sus procedimientos y de sus doctrinas, así como también un argumento brillante para su defensa. Cuando se trata de juzgar hechos gravísimos y de los cua¬ les han de resultar duras acusaciones, hay que hacerlo con pruebas y no impremeditadamente, como han hecho algunos profesores de esta localidad. Véanse algunos párrafos del remitido publicado en la prensa de Valencia por el médico del Establecimiento, D. Enrique López, único autorizado pa¬ ra decir lo que ha ocurrido en el Asilo: «El día 19 de Junio se presentó ante nuestros ojos la primera invasión de cólera morbo asiático en uno de los ancianos asilados, y el 24 del mismo mes en una de las Hermanas de la Caridad. Desde aquella fecha hasta el l.° de Julio, día dé la inoculación, fueron invadidos sucesiva¬ mente 63 de los primeros y 10 de las segundas, falleciendo de los 63, 62, y de las 10, 3. »La inoculación se verificó el l.° de Julio, haciéndola en 80 Herma¬ nas, 77 que constan en el registro, y 3 que no se presentaron para ano¬ tarlas, y 8 ancianos que voluntariamente se prestaron á ello. «Colocado el que suscribe á la izquierda de la dignísima Madre Maes¬ tra, fue tomando los datos que pide el registro de la inoculación Ferrán, una por una á todas las Hermanitas, y consta en él que 13 tenían diarrea. «Desde esta fecha hasta el día quinto después de la inoculación, han sido invadidas 30 y fallecido 16, entre las que se cuentan 6 que en el registro dice «diarrea». »Día quinto consecutivo á la inoculación, 0 invasiones. »Día sexto invasión de cólera y estado gravísimo en una de las Her¬ manitas (no inoculada por encontrarse el l.° de Julio en Burjasot cui- — 52 — dando á los pobres ancianos, de las que el Sr. Ferrer y Genovés decía disfrutan perfecta salud apesar de no haberse inoculado). »Día séptimo, á las nueve de la mañana, hora en que paso visita, 0 in¬ vasiones.» Y términa el médico del Establecimiento: «Nota. Para publicar cuantos datos han aparecido en la prensa refeferentes á este asunto, quiero se haga constar que no se me ha consultado una sola vez, siendo así que exactos y completos nadie podía darlos más que yo.» Preguntan algunos profesores: ¿por qué ha habido necesi¬ dad de fijar un plazo de cinco días para los efectos preventi¬ vos de la vacuna, sin querer comprender que es perfectamen¬ te lógico este plazo y ajustado á lo que la Ciencia en enfer¬ medades infecciosas determina? Ocurrirá en todos los pueblos epidemiados, siempre que se practiquen inoculaciones, ó ha¬ brá posibilidad de que suceda, que, individuos que tienen el germen de la enfermedad dentro de su organismo, incons¬ cientemente para ellos, ó padeciendo tal vez diarrea premo¬ nitoria, se presentarán á la inoculación: y como no puede ne¬ garse que el cólera morbo asiático tiene un período de incu¬ bación que puede durar algunos días, es perfectamente lógi¬ co y ajustado á lo que la Ciencia nos dice, el admitir que existan individuos con ó sin diarrea premonitoria, pero con germen de la enfermedad dentro de sus intestinos, que se pres¬ ten á ser inoculados, sin que en ellos se haga manifiesta la acción del líquido preservador. La exactitud de esta aseve¬ ración no podrá negarla nadie, ni médico ni profano. Podrá suceder que individuos inoculados en semejantes condiciones mueran; pero ¿quiere esto decir algo en contra del procedimiento? Nó; nadie hay tampoco á quien se le ha¬ ya ocurrido dudar de la eficacia de la vacuna de la viruela, porque hayan muerto durante la epidemia algunos de los in¬ dividuos en ella vacunados. Hé aquí perfectamente explicado el por qué de los cinco días que marca Ferrán, que lo mismo podrían ser seis que cinco, pero que se han fijado en este nú¬ mero, porque algún término se había de poner, y hé aquí igual- — 53 — mente explicada esa terrible hecatombe de las Hermanitas de los Pobres, que, como he dicho antes, en vez de ser arma de lucha contra Ferrán, es una brillante confirmación de todo cuanto hasta ahora hemos sostenido. La inoculación en Chiva. Como quiera que esta población es una de las armas es¬ grimidas por el señor Ministro de la Gobernación en pleno Congreso, para demostrar los inconvenientes de la inocula¬ ción, y yo, por mi parte, confieso ingenuamente que desco¬ nozco los hechos ocurridos, por encontrarme, por aquel en¬ tonces, inoculando en otra población inmediata, voy á limi¬ tarme á reproducir aquí los párrafos de la Conferencia del Dr. Jimeno, referentes á este asunto. Dicen así: «Hace pocos días, en un documento parlamentario, se aportaba como argumento poderoso lo siguiente. Un pueblo de la provincia de Valencia llamado Chiva estaba, según el que esto decía, completamente acordonado y enteramente libre de la epidemia. Sin embargo, apoyándose tal vez en la esperanza de que la inoculación sería de mayor fuerza para librarse, pidió ser vacunado, y, con efecto, ¡oh dolor! señores, después de practicada la inoculación en Chiva se presentó allí el cólera. Todo esto, dicho con la autoridad de un hom¬ bre muy respetable, parece tener fuerza; pero, sin embargo, tiene la misma y el mismo valor que el hecho de las Herma¬ nitas de los Pobres. No es verdad absolutamente nada de cuanto se ha dicho en este sentido. En Chiva existía él cor¬ dón, cordón que no había puesto nadie más que el mismo pueblo, cordón que no impidió que existieran coléricos sin darse parte oficial, lo que es un hecho no muy raro en la epi¬ demia presente. La prueba de que había mucho miedo, es que bastantes días antes de que fuera yo á vacunar allí, 127 individuos pa¬ saron de Chiva á Valencia á inocularse, y salieron de Chiva y entraron otra vez apesar del cordón. — 6o — »Los acólitos de esta calaña son peligrosos, son ridículos y hacen ridículo todo lo que inciensan. >Mas estos españoles son extremados en todo y carecen hasta de circunspección.» Más galantes y menos descorteses que los Sres. Brouardel, Charrín y Albarrán, fueron los profesores Paul Gibier y Van Ermengem, que en vista de la negativa relativa de Ferrán, le dejaron escrito un cuestionario que Ferrán se comprometió á contestarles en el término de 8 días después de su partida. «Cuestionario propuesto al Sr. Ferrán por los doctores Van Ermengem y Gibier. Primera pregunta. ¿En qué consiste vuestro virus? R. Esta pregunta primera está contestada, desde luégo, con una de las notas que hace tres meses presenté á la Academia de Ciencias de París con fecha 31 de Marzo, y que en esta docta Corporación se leyó en sesión de 13 de Abril. En dicha nota hacía presente el procedimiento que sigo para obtener el cultivo virulento del bacilo vírgula, con objeto de utilizarlo como vacuna; al final me ponía personalmente á la disposición de la ilustre Academia para repetir mis experimentos. A esta fecha, aun no he recibido contestación ni se me ha acusado recibo. Hace ya tiempo, pues, que se tiene en Francia noticia de mi proce¬ dimiento. Segunda pregunta. ¿En qué consiste la atenuación de vuestros cultivos? R. El cultivo del bacilo virgula, que yo uso como líquido profiláctico, produce efectos atenuados con relación al tejido celular, donde se intro¬ duce por medio de inyecciones hipodérmicas. Es decir, que mi vacuna colérica guarda analogía con la del carbunco bacteriano ó sintomático y la del muermo, cuya acción patógena ó preservativa depende, más bien que de otra cosa, del sitio del organismo por donde se introduce. Además de esto, el microbio colerígeno se atenúa en el medio del cultivo, según la riqueza de éste y según la reacción química determi¬ nada por la vida del mismo microbio. Tercera pregunta. ¿Cómo reconocéis que vuestros cultivos estén atenuados? R. La contestación á esta pregunta, se desprende de la que he dado a la anterior. Cuarta pregunta. ¿Cuánto tiempo dura la atenuación? R. Me faltan aún datos para resolver esta cuestión. — 6i Quinta pregunta. ¿Podéis producir diferentes grados de atenuación? R. Sí, y éstos dependen de la cantidad de líquido de cultivo, de su densidad ó riqueza en microbios, y del tiempo. INOCULACIÓN PREVENTIVA. Sexta pregunta. ¿Cómo producís el cólera experimental en los ani¬ males? R. Produzco el cólera experimental en los conejillos de Indias del modo que tengo consignado en la nota presentada á la Academia de Ciencias de París, á la que antes me he referido. Séptima pregunta. ¿Cómo conocéis que es el cólera? R. Como yo no inyecto á los conejillos de Indias más que un cultivo puro del bacilo vírgula, ó sea del microbio colerígeno, todos los acciden¬ tes producidos, y. hasta la muerte, que en ellos causan las inyecciones de dicho cultivo, deben interpretarse como manifestaciones del cólera. Al menos tienen el deber de hacerlo así todos los microbiólogos que admi¬ tan el vírgula como causa específica del cólera morbo-asiático. Además, los síntomas observados en los conejillos, cuya descripción tengo publicada, concuerdan con la fisiología patológica de dicha enfer¬ medad en el hombre. Las diferencias que existen se explican por la di¬ versidad de organismos. Dos animales distintos responden también de distinta manera á la acción de la misma causa específica. El virus del muermo no produce en el perro más que una úlcera, que pronto se cura; el del carbunco no mata á las gallinas, sino se enfrían. De hoy más, en las enfermedades específicas la noción etiológica será la característica morbosa más que el sindrome comparado en diferentes especies de animales. Octava pregunta. ¿Habéis logrado producir una inmunidad de mu¬ cha duración en los animales? R, Sí, y puede calcularse en un mínimum de cuatro meses. Novena pregunta. ¿Cuáles son los síntomas locales y generales que observáis en los individuos inoculados? R. Están descritos en la citada nota presentada á la Academia de Ciencias de París. Décima pregunta. ¿Habéis examinado la sangre, el sudor, la leche, las orinas y las deyecciones de individuos inoculados? R. Sí; ni el sudor, ni la orina, ni la leche, ni las deyecciones, con¬ tienen vírgulas. En la sangre de los inoculados se encuentran unas pe¬ queñísimas granulaciones, sobre cuya significación y cultivo no tengo experimentos bastante concluyentes. Undécima pregunta. ¿Habéis tenido jamás accidentes á consecuen¬ cia de las inoculaciones? — 62 — R. Nunca, cuando yo he hecho personalmente las inyecciones. Hay hasta la fecha más de 25,000 individuos inoculados, lo cual sube á más de 50,000 el número de inyecciones hipodérmicas; sólo unos cuantos flegmones (nada graves), han sobrevenido cuando la operación se ha hecho por ayudantes negligentes. Estos flegmones no han llegado á 12, y han sido producidos induda¬ blemente porque el descuido en esterilizar la jeringuilla ha permitido que el cultivo del vírgula se haya impurificado por el germen piógeno. Duodécima pregunta. ¿Los accidentes que señaláis, pueden ser in¬ terpretados de una manera desfavorable al método? R. Nó. Comparándose las 50,000 inyecciones hipodérmicas hechas por el cultivo del vírgula, y otras tantas practicadas con cualquier medi¬ camento, hasta con agua clara, se verá la verdad de mi negación. Accidentes generales no han producido nunca mis inoculaciones; to¬ dos los fenómenos generales observados han sido los que asigno á la acción fisiológica del líquido de vacuna, y son aquellos á que hago refe¬ rencia en mi respuesta á la pregunta novena. Los célebres inoculados de Oliva. Los hechos todos imputados á la inoculación anticolérica, que pudieran tomarse en consideración por su importancia para formar el proceso de este procedimiento, afortunada¬ mente para la humanidad han sido todos desmentidos ter¬ minantemente por los interesados ó las autoridades locales. Esta es la mejor apología que de la inoculación podemos ha¬ cer; así como que ninguno, no ya de los profanos, sino de los profesores médicos contrarios al sistema, presenta una agrupación de hechos, siquiera sea pequeña, en que fundarse, para combatirlo en el terreno práctico experimental de la inoculación. Cuando más, se han limitado á formular hipóte¬ sis más ó menos gratuitas, ó á hacerse eco de las calumnias de periódicos mal intencionados. La Correspondencia de Valencia, que ha tenido un espe¬ cial interés en publicar hechos calumniosos en contra del sis¬ tema, manifestó á mediados de Agosto que habían fallecido en la villa de Oliva todos los individuos inoculados víctimas del cólera moi'bo. Y lo que es peor, hubo de atreverse á pu¬ blicar las siguientes defunciones: «Catalina Real y Portella, — 63 — 34 años, casada, labradora. Murió el 22 de Mayo. — Micaela Bertomeu Vicens, 4años: 23 de Mayo. — Josefa Gregori Arlandiz, 33 años, casada, labradora: 23 de Mayo. — María Rie¬ ra Molanda, 95 años, viuda, labradora: 23 Mayo. — RosaRius Pardo, 33 años, casada, labradora: 24 de Mayo. — Teresa Ferrer Gilabert, 30 años, casada, labradora: 2 Junio.» Nosotros, de buen grado, prescindiríamos de tales hechos en este sitio; pero como estas equívocas narraciones han servido para ilustrar la opinión de algunos profesores encar¬ gados de informar al público, aun á trueque de moles¬ tar algún tanto la atención de esta Excma. Corporación, he querido, en honor á la verdad, reproducir fielmente los hechos, presentando las pruebas necesarias. Hé aquí ahora el acta notarial levantada al efecto, en ave¬ riguación de los hechos: «En la villa de Oliva, á 13 de Agosto de 1885: Antemí, D. Manuel Batllés y Mayendie, notario del ilustre colegio de Valencia, con residencia en esta villa, y testigos que se dirán, comparecen: Bartolomé Alemañy y Sifres, de 48 años de edad, viudo. — Miguel Bertomeu y Domenech, casado, de 42 años de edad. —José Gregori y Llacer, casado, de 67 años de edad. — Sal¬ vador Morató y Riera, viudo, de 44 años de edad. — C arlos Collado y Martínez, viudo, de 45 años de edad. — Sebastián Ferrer y Ciscar, casado, de 29 años de edad. — Miguel Grego¬ ri y Ribera, viudo, de 27 años de edad. — Salvador Pons y Arnal, soltero, de 28 años de edad. — Francisco Sanz y Camps, soltero, de 32 años de edad. — Adelino Gimeno y Torres, de 18 años de edad, soltero; los seis primeros comparecientes labradores, y los cuatro últimos del comercio, todos vecinos de esta repetida villa de Oliva, excepto el Salvador Pons, que lo es de la ciudad de Valencia, provistos de sus correspon¬ dientes cédulas personales, que me exhiben, señaladas res¬ pectivamente con los números tres mil diez y seis, dos mil novecientos cincuenta y siete, cuatro mil setecientos quince, seiscientos siete, dos mil doscientos noventa y nueve, cuatro¬ cientos cuarenta y siete, trescientos diez, treinta y nueve mil - 64 - novecientos veinticinco, ochocientos trece y mil setecientos catorce respectivamente, de lo cual se deduce, á juicio del au¬ torizante, que tienen la capacidad legal necesaria para este otorgamiento, y asegurando hallarse en el pleno goce de los derechos civiles, dicen: El Bartolomé Alemañy y Sifres, que su consorte Catalina Real y Portella falleció en esta expresada villa de Oliva y en la calle Mayor, á la edad de 41 años, el día 22 de Mayo último, sin que lutbiese sido inoculada por el procedimiento Ferrán. El Miguel Bertomeu y Domenech, que su hija Micaela Bertomeu y Vicens, falleció en la casa que el declarante ha¬ bita en esta villa y su calle Mayor, el día 23 del próximo pa¬ sado mes de Mayo, á los cuatro años de edad, sin que hubiese sido inoculada por el dicho procedimiento Ferrán. El José Gregori y Llacer, que su hija Josefa Gregori y Arlandis, consorte de José Savall y Alemañy, falleció en el prenotado día 23 de Mayo, á los 33 años de edad, en la calle del Moreral, de esta mencionada villa, sin que por el procedi¬ miento expresado haya sido inoculada. Salvador Morató y Riera, que su madre, María Riera y Malonda, falleció en esta referida villa de Oliva, y calle de la Abadía, en el susodicho día 23 de Mayo, á la edad de 95 años, sin que haya sido inoculada por el procedimiento Ferrán. Carlos Collado y Martínez, que su consorte Rosa Rius y Pardo, falleció en esta enunciada villa y calle de San Bernar¬ do, á los 33 años de edad, el día 24 de Mayo último, sin que estuviese inoculada por el procedimiento Ferrán. Sebastián Ferrer y Ciscar, que su hija Teresa Ferrer y Gilabert falleció en esta villa de Oliva el dia 1.° de Julio último, á los 28 meses de edad, y en la calle de San Jorge, sin que es¬ tuviese inoculada por el procedimiento Ferrán. El Miguel Gregori y Ribera, que fué inoculado por el pro¬ cedimiento Ferrán el día 6 de Julio último en la ciudad de Gandía, y se le expidió talón bajo el número 24,004. El Salvador Pons Arnal, que se inoculó por el procedi¬ miento Ferrán en el pueblo de Rafelcofer, de este partido, el día 3 de dicho mes de Julio. - 65 - Francisco Sanz y Camps, que fue inoculado por dicho procedimiento, en la ciudad de Valencia, el día 24 de Junio pasado. Y Adelino Gimeno y Torres, que se inoculó el día 7 de Julio próximo pasado, en la ciudad de Gandía, por el proce¬ dimiento Ferrán. Así lo dicen y otorgan, siendo testigos, D. Ricardo Nava¬ rro y Martí de Veses, abogado; Constantino Carpí y Cerve1IÓ, escribiente, los dos vecinos de esta villa de Oliva, y Eusebio Moratal Morant, oficial de notaría, vecino de Beniarjó. No firman los seis primeros comparecientes, por expresar no saber; lo hacen á sus ruegos los testigos. Y de todo lo contenido en esta acta notarial, yo el nota¬ rio doy fé.—Miguel G'regori.—Salvador Pons y Arnal.—Fran¬ cisco Sanz. — Adelino Gimeno. — Ricardo Navarro. — C onstan¬ tino Carpí. — Eusebio Moratal. — Signado. — Manuel Matllés y Mayendie.'> Lo que hay de cierto acerca de la vacuna química contra el cólera. Mi presencia constante en el laboratorio, en compañía de los doctores Ferrán y Pauli, siempre que nos encontrábamos en Valencia, me ha permitido, como en otros ensayos, ob¬ servar detenidamente los hechos y comprobarlos multitud de veces. Ocurriósele al Dr. Ferrán que los efectos producidos por la inoculación de un cultivo puro, principalmente los genera¬ les, podían ser muy bien determinados, no tanto por la pre¬ sencia del parásito en sí, sino por un principio tóxico, la ptomanía, ú otros que, penetrando en el torrente circulatorio, se difundiera por todo el organismo, determinando también la inmunidad. El hecho no carecía de precedentes en la ciencia, y desde luégo comenzaron las experiencias. Se tomaron dos lotes de conejillos de Indias, compuestos de cuatro individuos cada uno, que se aislaron conveniente- — 66 — mente: se provocó la ebullición de una cantidad deilíquido va¬ cuna, hasta privarle de vida al microbio, y por tanto, de mo¬ vimientos. Se inyectaron á cada uno de los individuos de uno de los lotes cuatro centímetros cúbicos de un cultivo puro, muriendo á las nueve horas uno de los conejillos. Los otros tres presentaron los mismos síntomas que hemos descrito an¬ teriormente (i). Al cabo de ocho días inyectáronse á todos los siete restantes ocho centímetros cúbicos del mismo cul¬ tivo muerto, y fallecieron todos los cuatro no inoculados, re¬ sistiendo perfectamente esta dosis tan considerable los tres inoculados que subsistían, sin producirles ningún síntoma im¬ portante. Posteriormente hemos repetido la misma prueba en otro lote mayor y el resultado ha sido también satisfactorio. He aquí la nota sobre una vacuna química contra el cólera asiático, remitida á la Academia de Ciencias de París el 31 de Julio de 1885, por el Dr. Jaime Ferrán: «En mi última nota dirigida á esta sabia Academia, expuse la idea de que la inmunidad determinada por las inyecciones hipodérmicas del coma-bacilo podía interpretarse como un re¬ sultado de la costumbre del organismo al veneno de este mi¬ crobio. Mi suposición se fundaba en la circunstancia de que dicho bacilo no puede reproducirse en el tejido celular; pero esto era insuficiente para demostrar de una manera irrefutable que 110 se trataba más que de una costumbre, como la que pue¬ de producir una sustancia química desprovista de vida, porque era lógico admitir que el micrófito, apesar de su no reproduc¬ ción, continuaba viviendo, y que los efectos profilácticos po¬ dían atribuirse á fenómenos puramente vitales. Se presentaba ante nosotros un camino directo para dilu¬ cidar la verdadera naturaleza del fenómeno: estudiar los efec¬ tos patógenos y profilácticos de un cultivo muerto. Si después de habernos asegurado de la muerte de un cul¬ tivo, por medio de una siembra que resultara infructuosa, inyectamos á un lote de conejillos de Indias dos á ocho centí¬ metros cúbicos del cultivo muerto, dichos animales enferman (1) Véanse las páginas 27 y 28. - <*7 - con los síntomas descritos en mi primera nota. Si después de restablecerse les inyectamos dosis de un cultivo vivo capaz de producir la muerte á animales análogos y de la misma talla, las soportan impunemente, mientras que los que no habían sido antes inoculados con el cultivo muerto perecerán bajo la ac¬ ción del cultivo vivo. Ahora bien-, como este cultivo muerto no carece de acción sobre el hombre, pues produce en él casi todos los mismos efectos que el cultivo de bacilo vivo, entre ellos la inmunidad para los efectos generales producidos por una inyección igual á la primera, es lógico admitir que dichas inyecciones sean preventivas contra el cólera asiático. Si el efecto llegara á generalizarse, deberíamos aplicar al estudio de los efectos obtenidos por la vacuna artificial el mis¬ mo criterio que al de los resultados producidos por ciertos medicamentos y venenos. La intensidad de los fenómenos clí¬ nicos estaría siempre en relación con el peso del individuo y la cantidad de vacuna ó de materia tóxica inyectada. Según esto, la muerte en el cólera sería debida á la extraordinaria adapta¬ bilidad del hongo colerígeno en el intestino, pues la cantidad de la planta venenosa que se forma en este medio es muy con¬ siderable, y la intoxicación colérica pasa muchas veces del máximun de resistencia individual. Esto no sucede cuando se puede limitar la dosis del veneno, limitando la producción del bacilo, como ocurre en la vacuna, y todavía más sirviéndonos de un cultivo muerto en que esta limitación es todavía más cierta, más absoluta. Según estas ideas, los diversos grados de la virulencia de¬ ben considerarse como diferencias de la adaptabilidad. Un microbio patógeno será tanto más virulento cuanto mejor se adapte al medio vivo objeto de la experimentación: referir di¬ rectamente los diversos grados de la virulencia á los principios químicos activos del microbio sería, en mi concepto, tan ilógi¬ co, como admitir que en una misma sustancia química, emplea¬ da á dosis iguales, en animales de la misma especie y del mis¬ mo peso, puede producir efectos diferentes por su intensidad. La mayor ó menor adaptabilidad de un microbio en un — 68 — medio muerto ó vivo, la mayor ó menor facilidad en perpetuar su especie, es, en los microbios como en todos los seres, el re¬ sultado de dos factores igualmente poderosos, el sujeto y el medio. Siendo esto así, se comprende claramente que la adap¬ tación puede quedar reducida á cero, del misino modo que pue¬ de aumentar, sin más que cambiar las condiciones de un me¬ dio, y sin ejercer ninguna acción directa sobre el hongo pa¬ tógeno. Tenemos dos ejemplos de esto en el microbio del cólera y en el del carbunco sintomático. En el primer caso el tejido celular, no presentando la adaptación del coma bacilo, lo con¬ vierte en vacuna, sin que los principios de aquél hayan perdi¬ do su toxicidad-, y en el segundo, produce el mismo efecto respecto á la bacteridia específica. Uno y otro microbio serían mortíferos alojándolos en territorios favorables para su multi¬ plicación; el duodeno para el coma bacilo y el tejido celular laxo para el microbio del carbunco sintomático. Con lo que acabamos de exponer aparece resuelto el pro¬ blema de las vacunas químicas. Es más, me permito anticipar á prior i la idea de que pueden obtenerse vacunas químicas de todos los microbios patógenos, cuyos principios activos no sean alterables por causas capaces de ocasionar la muerte de éstos; siendo de poca importancia para llegar á dichos resulta¬ dos el que sus principios activos puedan ser ó no aislados por la química. Se ve, pues, en perspectiva la posibilidad de obtener la inmunidad contra el cólera, por medio de formas farmacológicas, cuya base son el hongo colerígeno ó su princicipio activo, si bien es lógico prever que estos medios no lle¬ garán á adquirir el valor práctico de las inyecciones hipodérmicas del coma-bacilo. El hecho de que los hongos patógenos muertos producen la inmunidad contra su propio efecto, no carece de precedentes en los estudios toxicológicos. En ciertos pueblos de Aragón, en que los hongos macroscópicos venenosos son muy abun¬ dantes, los campesinos, obligados por la miseria, concluyen por comerlos en abundancia después de haberse acostumbrado á ellos, padeciendo graves trastornos de la salud (algunas ve- — 6 9 — ces seguidos de muerte) producidos por las primeras ingestio¬ nes de estos thalofitos. El hecho de la no alteración de la toxicidad de los hongos microscópicos después de su muerte, no carece de preceden¬ tes: se sabe que ciertos microbios piógenos determinan la for¬ mación del pus, aunque se les inyecte muertos. No me detendré en demostrar la importancia de esta teo¬ ría de las vacunas químicas, y en detallar la inmensidad de los horizontes que abre á la bacteriología aplicada, porque su evidencia es completa. Ruego á la Academia tome en cuenta esta nota para los efectos de la opción al premio Bréant.» A propósito de esto, el distinguido catedrático de la Fa¬ cultad de Valencia, Dr. Cajal, uno de nuestros mejores his¬ tólogos, en su conferencia ante la Diputación Provincial de Zaragoza declaraba, fundándose exclusivamente en las observaciones suyas, que esta tolerancia para las ptomaínas elaboradas por el vírgula es análoga á la producida por otros venenos de origen vegetal, la morfina, por ejemplo. Porque en realidad, — decía el Dr. Cajal, — lo que origina los síntomas propios del cólera no es el microbio por sí, sino los productos tóxicos engendrados por éste, que, absorbidos en el torrente sanguíneo, elevan su influencia deletérea á todo el organismo, de lo cual se sigue que cualquiera que sea el camino por don¬ de entren los vírgulas en la economía, los materiales tóxicos invadirán siempre la sangre y podrán determinar la inmunidad. De ser cierta esta doctrina, — dice el Dr. Cajal, — el proble¬ ma de la vacunación anti-colérica puede considerarse resuelto en principio: todo consiste en envenenar gradualmente el or¬ ganismo con las ptomaínas puras, hasta hacer soportables las dosis mortales. Este desiderátum lo alcanzará la química cuan¬ do haya separado los venenos segregados por las bacterias patógenas y estudiado sus efectos. La última Comisión oficial. A fines de Julio fué nombrada una nueva Comisión oficial, ALBAIDA En la estadística certificada que los tres médicos de Albaida han remitido al doctor Ferrán, y que abraza desde el 4 de Julio, en que se hicieron las inoculaciones, hasta el 24 de Agosto, figuran los siguientes datos: Habitantes de Albaida. ... . 3,440 Ausentes de mayores contribuyentes. 150 Quedan.3,290 Sin inocular.2,620 Inoculados. 670 De los no inoculados: invadidos, 205; muertos, 84. Inoculados invadidos antes del 5. 0 día, 12; muertos, 3. Id. id. después del 5. 0 día, ninguno. ALBERIQUE D. Ramón García y Berenguer, D. Antonio Ferrer García, D. José Devis Rodríguez y D. Leopoldo Gómez Part, médicos, el primero titular y todos con ejercicio en la villa de Alberique. Certificamos: Que de acuerdo con los partes comunicados á la Alcaldía de los registros de inoculaciones y demás antece¬ dentes estadísticos que obran en las oficinas de la misma y de los registros civil y parroquial, resulta: i.° Que la epidemia del cólera morbo asiático comenzó en 6 de Mayo, y que desde esta fecha al 17 del mismo ocu¬ rrieron 15 invasiones y 6 defunciones. 2. 0 Que del 17 de Mayo al 16 de Junio se sometieron á las inoculaciones profilácticas del Dr. Ferrán 1,188 vecinos de esta localidad, de los cuales fueron inoculados gratuitamente, por ser pobres jornaleros, 548, verificándose aquéllas en la forma siguiente: Inoculados en 17 de Mayo.218 Id. en 18 de id. 126 Id. del 19 de id. ai 11 de Junio. 250 Id. en 12 de Junio ante la Comisión oficial. 594 Total.1,188 De los cuales fueron reinoculados 341 en 15 y 16 de Junio. — 7 » — 3-° Que á partir del 17 de Mayo la marcha de la epide¬ mia fué la que demuestran los cuadros estadísticos que siguen; Censo oficial de la población; 4,996. Mes. Dia. INVASIONES DEFUNCIONES Sin ino¬ cular. Inoculados Keinoculados. Sin ino¬ cular. Inoculados Eeinoculados. Dentro del 5.° dia Desps. del 5.0 día Dentro' del 5.° dia. 1 Desps. del 5.0 dia. Mayo. 17 4 # >, # # » 18 2 » » » 1 » » » » 19 4 » » » 1 ,, „ » 20 1 )) » » 1 „ # » » 21 7 » » » » „ » » » 22 8 » » » 2 ,, ), » 23 5 ), » » 4 » » » 24 4 » » » » » » » » 25 2 » 2 » 2 » ,, >, » 26 6 » 1 » 2 ,, » » » 27 4 » » » 4 „ „ » 28 3 ,, » » 2 » >, » » 29 » » » » 2 » i. n » 30 14 » 1 » 3 » » » » 31 4 » » 5 „ • Junio. 1 4 » » 3 » » „ » 2 1 » » » 1 ,) » ,, » 3 6 » » » 2 >, „ „ » 4 3 1 » » 1 1 1 ,, » 5 3 » 1 » 1 » » » 6 11 » » » » » » » » 7 4 » » » 3 » » ), » 8 2 » 1 1 5 „ » » 9 8 » 1 » 3 » ,, » 10 9 » » » 2 » » » » 11 » » » » » » ,, » » 12 . 7 » » » 1 » » » » 13 3 » » » » » » » » 14 5 » » » . 5 » » » » 15 1 » » » 1 » » » » 16 1 » » » 1 » » » » 17 1 » » » 1 )> » » » 18 6 » » » 1 » » )> » 19 3 » >, » 2 » » n » 20 1 » » » 3 » » ,> * 21 7 * » * » * ■ * Total. 154 1 7 1 65 1 1 » 79 Mes. INVASIONES DEFUNCIONES Dia. Sin ino¬ cular. Inocu¬ lados. Reino¬ culados Sin ino¬ cular. Inocu¬ lados. I Reino¬ culados Junio. 22 7 # 3 » 23 4 » » 1 » » 24 5 1 » » » » » 25 5 » » » » » » 26 2 » 2 2 » » 27 » » » » » » t, 28 » » » » » y, » 29 1 » 1 » » )) 0 30 2 1 » » ), Julio. 1 2 » » 1 » ), » 2 1 » » 1 » )) » 3 2 » » 1 » » )) 4 1 » » » » » » 5 ), » » 1 » » ,, 6 » # » » » )) » 7 5 » » 1 » )) ,) 8 1 » » 2 » ), )) 9 » » » » )) » 10 )> » 1 » )) » 11 1 » » » » » » 12 3 » » 1 » » » 13 3 1 » 1 » » » 14 3 » » 3 # » )) 15 2 » » » » » » 16 » » » » » )) » 17 » » » » » » » 18 » » » » » )) » 19 2 », » » » » » 20 2 » ■ » » ■ » » )) 21 2 » » 3 » )) » 22 1 » » » » )) 23 1 ,, » )) H )) » 24 » » » » » )) ), 25 » » » » » » 26 2 » ,, 1 » » » 27 3 » » 2 » » )) 28 » » » w )) )) » 29 1 » » » )) » » 30 1 » )) » » 31 » » » » » » Agosto. 1 2 1 » * x * » » 3 * » » 4 ), » » » » » » 5 » » » » » » » 6 1 » » »> » » Total. . . 66 3 4 26 » — 8o RESUMEN Del 9 al 16 de Mayo. . . Del 17 Mayo i 21 de Junio. Del 22 id. al Agosto. . . INVASIONES DEFUNCIONES 3 Inoculados 5 U rS Inoculados ¡ O .9 m Dentro ¡ Desps. dol del 5° dia. 5.° dia ,g tí Total. .9 g 55 Dentro' Desps. del del 5.0 dia.'5.o dia. 0 g © tí | Total. 15 .!. ,, 15 6 „ 6 154 1 7 1 163 65 1 1 >* 67 66 » 3 4 73 26 ’ » I » 26 235 1 | 10 5 251 97 1 1 » 99 Alberique 21 Agosto de 1885. Ramón García. Dr. José Devis. Leopoldo Gómez. Antonio Ferrer. Visto y conforme con los antecedentes y registros esta¬ dísticos que obran en esta Alcaldía. Alberique 22 Agosto 1885. El Alcalde, Ricardo Grima. CSello de la Alcaldía). Está conforme con el Quinqué libri de esta Parroquia. Alberique 23 de Agosto de 1885. El Cura, José M. a Laviña. (Sello de la Parroquia). Conforme con los antecedentes del registro civil de este Juzgado Municipal. Alberique 25 de Agosto de 1885. El Juez Municipal, Luis Grima. (Sello del Juzgado). Yo el infrascrito, Notario del Ilustre Colegio de Valencia, vecino y residente en esta villa de Alberique, Doy fe: Que conozco las firmas y rúbricas que anteceden, de los médicos de esta población y de las autoridades local, eclesiástica y judicial de la misma, y las considero legítimas. Alberique veinte y cinco de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. José Balaguer. (Hay un signo). ALCIRA Don José Ramón Calvo y Pelarda, Notario de este Ilustre Colegio y vecindario: Doy fe y testimonio que por D. Fer¬ nando Angla y García, vecino de Valencia, según cédula per¬ sonal número setenta y un mil quinientos siete, expedida en Valencia á once de Julio de mil ochocientos ochenta y cinco, se me ha exhibido un documento que, copiado literalmente, dice así: Los que suscriben, componentes el Cuerpo médico de Alcira, Certificamos: Que de los libros registro de la inoculación preventiva contra el cólera (método Ferrán) desde el primero de Mayo al treinta y uno de Julio, aparecen los datos si¬ guientes: Censo oficial de la población, habitantes 16,000. Individuos no inoculados. 4,950 que corresponde 30‘94 p. °/ 0 del censo. Id. inoculados. . . 2,220 id. 13‘87 id. Id. reinoculados..- 8,830 id. 55‘19 id. Total. . . . 16,000 100*00 — 82 — No inocu¬ Inocula¬ Reinocu¬ lados. dos. lados. Invasiones. 404 44 55 Idem por ciento que corresponde á. . 8‘16 1‘98 0‘62 Altas. 198 29 45 Existentes. 1 Defunciones. 206 15 9 Mortalidad por ciento con relación á los invadidos que corresponde á. . 50‘99 34‘09 16‘38 Mortalidad por ciento con relación al censo que corresponde á. 4‘1G1 0‘675 0‘101 Notas. —Siete de los inoculados fallecidos fueron invadi¬ dos en los cinco días consecutivos ála inoculación.—El setenta por ciento de los inoculados pertenece á la clase que, salvo rarísimas excepciones, ha dado el contingente á la epidemia. Y para que conste, lo firmamos en Alcira á veintiuno de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco.—El Cuerpo mé¬ dico.—Firmado y rubricado.—Manuel Aliño.—Pedro Fonta¬ na.—Pedro Plá. —José Ballester.—Severiano Goig Llosá.— Francisco Mora.—Bernardo Magraner.—Antonio Serra.— Juan Mizzi.—Ramón Marco:—José Estruch. -Por orden del E>r. Sociats, Baldomero Ortiz. V.o B.°.-E1 Alcalde, , Francisco Just. (Sello de la Alcaldía). Lo inserto concuerda con el documento exhibido, que, ru¬ bricado, devuelvo al interesado á que me remito. Y para que conste extiendo este testimonio, que signo y firmo en un plie¬ go clase décima, número quinientos veintinueve mil cuatro¬ cientos setenta y seis, dejando nota en el libro indicador, en Valencia á veintidós de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. José Ramón Calvo. (Hay un signo). — 88 — INVASIONES DEFUNCIONES OBSERVACIONES. c3 3 O cd 0 c8 3 1 73 c3 | Día, .3 g i 1 0 .3 3 | Al comenzar este período £ á 0 !z¡ i « se descompone en la forma siguiente el censo oficial de Junio. 21 12 „ » 9 „ „ 8,615 habitantes: » 22 10 y » 4 » B » 23 15 B » B No inoculados.. . . 3118 » 24 8 B 4 » •jj Inoculados.408 » 25 16 B » 10 B B Fallecidos desde 10 de » 26 19 „ » 10 „ 8 Mayo á 20 Junio in¬ » 27 14 » 8 „ B clusive.89 : 28 29 14 7 1 » 7 11 » Total. . . . 3615 » 1 30 4 9 * 3 0 En los días 28, 29 y 30 fueron inoculados 2,315. Total. 119 1 * 71 9 » En los cinco días siguientes al 30 de Junio, en que acaba¬ ron de practicarse las dos mil trescientas quince inoculaciones, á que se refiere la observación anterior, ó sea durante el perío¬ do que el doctor Ferrán indica en sus advertencias como ne¬ cesario para que la inmunidad se determine, la marcha de la epidemia fué como sigue: INVASIONES DEFUNCIONES OBSERVACIONES. 1 i § 0 § 1 a "3 i «3 Al comenzar este período g 0 g se descompone el censo ofi¬ Mes. Día. .3 £ 1 .3 H M cial de 3,615 habitantes en la forma siguiente: Inoculados. 2723 Julio. 1 5 6 » 4 1 B No inoculados.. . . 732 » 2 3 4 B 4 3 B Fall.os hasta 30 Junio 160 » 3 5 4 B 4 1 B -- » 4 7 »- 2 1 B Total. . . . 3615 ), 5 B B 3 B B Nota. De los 6 fallecidos — — 1 — — — inoculados, 4 padecian la dia¬ rrea premonitoria al tiempo de Total. 18 21 » 17 6 * recibir la inoculación, y asi se hizo constar. — 89 — A partir del día 6 de Julio la epidemia siguió la marcha que expresa el siguiente cuadro: INVASIONES DEFUNCIONES OBSERVACIONES. § n § O Al comenzar este período tí 0 ‘ü C tí 3 tí ■ 3 ~ a se descompone el censo de Mes. Día. O 3 0 0 a § 1 3615 habitantes en la forma siguiente; y Inoculados . 2 717 No inoculados.. . . 715 Defunciones desde el Julio. 6 2 1 » 2 » >, 8 8 9 10 8 " 8 2 8 8 10 Mayo hasta 5 Julio: " 8 8 8 De no inoculados.. . 177 >J 3 8 8 2 8 8 De inoculados.. . . 6 8 11 12 1 » » ». » » Total.. . . 3615 l 18 l * » 14 » » » 1 ,, » RESUMEN » 15 » » » ,, y y _ „ 16 u » () B » 17 » » „ „ B B INVASIONES » 18 () B B No inoculados.. . . 283 „ 19 B B Inoculados. 23 » 20 1 » » » » ,, Reinoculados. ... » 21 22 B n a 8 8 ;; Total. . . 306 » 23 » » » >> ,, „ » 24 » » » i, » DEFUNCIONES » 25 1 » » 1 ,) „ No inoculados.. . . 186 » 26 » » » » » » Inoculados. 6 » 27 » » » » » Reinoculados. ... » Total. 8 1 'I 9 » • Total. . . 192 Benifayó de Espioca á 28 de Julio de 1885. Ignacio Llerandi. Juan Galvañ. Vicente Hernández. Visto y conforme con los antecedentes del Negociado de Sanidad de esta Alcaldía. El Alcalde, (Sello de la Alcaldía'). Domingo GreuS. Visto en el Registro Civil y conforme por lo relativo al número de defunciones y días en que ocurrieron. El Juez Municipal, (Sello del Juzgado). Salvador Clerique. - 90 — Visto y conforme con los registros parroquiales. El Cura Párroco, (Sello de la Parroquia). JUAN Domínguez. CATARROJA Los abajo firmados, médicos con ejercicio en el pueblo de Catarroja, provincia de Valencia, Certificamos: Que el día doce de Junio último ocurrió en este término municipal, cuyo censo oficial es de cinco mil qui¬ nientos veintiún habitantes(5,521), la primera invasión del có¬ lera morbo asiático seguida de la defunción del atacado en el mismo día, no presentándose nuevos casos hasta el diez y ocho del mismo mes, desde cuyo día fué la epidemia en aumento, presentando la marcha que expresa el siguiente cuadro: Mes. Dia. Invasiones. Defunciones. Junio. 18 2 » » 19 3 2 » 20 4 2 » 21 6 2 » 22 9 3 » 23 13 9 » 24 19 3 » 25 24 9 » 26 31 13 » 27 17 13 » 28 40 10 » 29 28 12 » 30 23 10 Total. 219 88 En vista del aterrador aumento de la epidemia, se solicitó del Dr. Ferrán la aplicación de su sistema profiláctico y con — 9i — arreglo al mismo practicamos las inyecciones hipodérmicas con el líquido vacunal por dicho Dr. Ferrán remitido, en mil trescientas diez y nueve personas, siguiendo la epidemia la marcha siguiente: Mes. Dias. INVASIONES. DEFUNCIONES No ino¬ culados Inocu¬ lados dentro del 5 .o dia. Inocu¬ lados después del 5.o dia. No ino¬ culados Inocu¬ lados dentro del 5.o dia. Inocu¬ lados después del 5.o dia. Julio. 1 26 » I 12 » » » 2 16 21 » 12 10 » » 3 20 10 » 12 5 » » 4 47 8 » 15 3 » » 5 51 1 1 19 1 1 » 6 27 4 2 27 2 » » 7 . 16 2 1 26 » » > 8 23 » 4 11 » » » 9 29 » 1 19 » » » 10 10 » 3 23 1 » » 11 8 » 8 » » » 12 13 » y> 7 » 2 » 13 4 8 » » » 14 4 » » 7 » » » 15 5 » 3 » » » 16 5 >> » 2 » y> » 17 1 1 1 2 » » 5> 18 » » 2 » » 19 3 » » 3 » í> 20 1 » 2 » » 21 1 » » » » » 22 » » » » » * 23 1 » » 1 » > S> 24 » » » 1 » » 25 » » » » » » 26 » » >, » » 27 » » » » » » 28 » » » » » 29 » » » » » » 30 » » » » » » » 31 » » » Agosto. 1 » » » » » 2 » » » » » » 3 » » » » » » 4 » > » » » 5 > » » » » Total.. . . 311 46 13 222 22 3 — 92 — RESUMEN INVASIONES DEFUNCIONES No inoculados.311 222 Inoculados antes del 5. 0 día. . 46 ... . 22 Idem después del 5.° día . . 13.... 3 Y para que conste firmamos el presente en Catarroja á seis de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. Gregorio Llorca. Francisco Sanchis. Ramón Muñoz. D. Salvador Pechuán Martí, Alcalde constitucional de Ca¬ tarroja, Certifico: Que el censo oficial de población de esta villa es de cinco mil cuatrocientos setenta y cinco habitantes (5,475), y que el número de invasiones y defunciones que se expresan en el certificado que antecede está conforme con los antece¬ dentes de Sanidad de esta Alcaldía. Y para que así conste libro la presente en Catarroja á quince de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. Salvador Pechuán. (Sello de la Alcaldía). D. José Alós Alapont, Juez municipal de la villa de Cata¬ rroja, Certifico: Que el Registro Civil de mi cargo, sección de defunciones, aparece que las que en el mismo se hallan inscri¬ tas están en un todo conformes con el certificado que antece¬ de, tanto por el número cuanto por la fecha de los fallecimien¬ tos que en dicho certificado se expresan. Y para que conste libro la presente que firmo y sello con el de mi autoridad en Catarroja á los diez y seis días del mes de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. José Alós. (Sello del Juzgado). CHESTE Los abajo firmados, médicos con ejercicio en la villa de Cheste, Certificamos: Que en esta población, cuyo censo oficial es cinco mil doscientos veinte y siete habitantes (5,227), se de¬ claró oficialmente la epidemia del cólera morbo asiático el día diez y seis de Junio último, habiendo ofrecido la marcha que expresa el siguiente cuadro: Mes. Dias. Invasiones. Defunciones. Junio. 16 6 2 > 17 1 2 » 18 6 » » 19 5 1 » 20 8 8 » 21 3 1 » 22 19 5 » 23 9 3 » 24 5 4 » 25 16 3 > ■ > 26 21 5 » 27 14 11 » 28 18 9 » 29 28 6 ». 30 16 5 Total 175 65 En vista del aumento temible que iba adquiriendo el nú¬ mero de las invasiones, acordó la Junta de Sanidad invitar al Dr. D. Jaime Ferrán para que viniese á aplicar su método profiláctico de inoculaciones preventivas, y en efecto, éstas se practicaron en los días treinta de Junio, uno y tres de Julio, siendo el número de los inoculados tres mil ciento treinta y seis (3,136). - 98 - ADVERTENCIAS.—1. a Quedan en curación 27 atacados. 2. a Las dos defunciones de inoculados ocurridas en los días 3 y 4 de Julio, tuvieron lugar antes de terminar el período de cinco días que el Dr. Ferrán previene en sus advertencias, que queda reservado tanto para el desarrollo de la enfermedad que pudiera estar en incubación, cuanto para la evolución fi¬ siológica del líquido inoculado. 3. a Suspendidas por orden administrativa las inoculacio¬ nes, no pudo tener lugar la reinoculación que el Dr. Ferrán juzga indispensable para que la inmunidad se complete. Y para que conste, firmamos el presente en Chiva á diez de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. Manuel Silvestre. Peregrín Lanuza. Visto y conforme con los antecedentes del Negociado de Sanidad de esta Alcaldía. Chiva 10 Agosto 1885. El Alcalde, Francisco Estala. (Sello de la Alcaldía). Visto y conforme con las anotaciones del Registro Civil. El Juez Municipal, Severino Salvo. (Sello del Juzgado). Visto y conforme con las anotaciones de los libros parro¬ quiales. El Cura párroco, Romualdo Delgado. (Sello de la Parroquia). D. José Redondo y Ferrer, Notario del Ilustre Colegio de Valencia, con residencia en esta villa de Chiva, de la que es vecino, distrito notarial de la misma, \ — 99 — Doy fé: Que conozco las firmas de D. Manuel Silvestre, D. Peregrín Lanuza, médicos cirujanos-, D. Francisco Estala y García, alcalde-, D. Severino Salvo y García, Juez municipal, y D. Romualdo Delgado y Ruíz, cura párroco, todos de esta villa, y considero legítimas las con que va autorizado el prece¬ dente documento. Y para que conste extiendo el presente qne signo y firmo en Chiva á catorce de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. José Redondo. (Hay un signo). LIRIA D. Marcos Cotanda y Oliver, abogado, Juez municipal de la villa de Liria. Certifico: Que reconocida la sección de defunciones del Registro civil de este Juzgado municipal, aparece en la mis¬ ma, que desde el día veinte y tres de Junio último hasta el veinte y cinco de los corrientes se han inscrito en dicha sec¬ ción trescientas sesenta y una defunciones de la epidemia reinante ó sea del cólera morbo asiático. Y para que conste á instancia de D. Francisco Jiménez Marín, expido la presen¬ te certificación en Liria á veinte y nueve de Agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. Firmado y rubricado. Secretario, Marcos Cotanda. José Escrig. (Sello del Juzgado). IOO D. Eduardo Daud Solano, D. Modesto Cantó Aragó, don Miguel María Alamo Torrijo, D. Ignacio Guillen Roig y don Antonio Artiga Aleyxandre, médicos cirujanos de esta villa de Liria y los cuatro primeros titulares de la misma, de los cuales el Guillén subdelegado interino de dicha Facultad: Certificamos: Que de los partes facultativos diarios pasa¬ dos á esta Alcaldía de los registros de inoculados por el sis¬ tema profiláctico del Dr. Ferrán que obran en la misma y de los registros civil y parroquial de esta villa, resulta: 1. ° Que la epidemia colérica empezó en esta villa el día veinte y tres del pasado Junio. 2. ° Que han sido sometidos al sistema de inoculaciones profilácticas del Dr. Ferrán mil cuatrocientos diez y nueve ha¬ bitantes, de los cuales han sido inoculados gratuitamente ciento veinte y cinco jornaleros y cuatrocientos treinta y cua¬ tro pobres de solemnidad. 3. 0 Que las inoculaciones se verificaron en las fechas y forma siguientes: Inoculados en Valencia del veinte y tres de Junio al dos de Julio, trescientos aproximadamente. Inoculados en esta villa en tres y cuatro de Julio, mil cien¬ to diez y nueve. Siendo reinoculados en la misma villa de los trescientos primeros la cifra de ciento cincuenta. 4. 0 Que la marcha de la epidemia ha sido á partir del veinte y tres de Junio al veinte y cinco del corriente, la que expresan los siguientes cuadros estadísticos: — IOI — Censo oficial de la población 9,460 habitantes. Mes. Dia. INVASIONES. DEFUNCIONES Jsin inocular, j INOCULADOS 1 13 i A. i H _ Jsin inocular. 1 INOCULADOS O 1 ■ 3 j. 3 Dentro del 5.» dia. Desps. del 5.° dia. Dentro del 5.o dia. Desps. del 5.° dia. Junio. 23 1 » » 1 » , » » » 24 » » » » » » » » » » 25 » » » » » » » » » » » 26 3 » » » 3 1 » » » 1 » 27 3 » » » 3 í> » » » » » 28 5 » » 5 4 » » » 4 » 29 4 » » » 4 5 » » 5 » 30 9 » » 9 1 » » » 1 Julio. 1 6 » » » 6 7 » » » 7 » 2 17 » » » 17) 2 » 2 » 3 17 » » » 17 7 » » » 7 » 4 5 1 » » 6 4 » » » 4 » 5 7 4 » » 11 6 » » » 6 » 6 15 6 » » 21 10 1 » 11 » 7 24 3 » » 27 9 2 » » 11 » 8 18 2 » » 20 12 1 » » 13 » 9 28 » » » 28 11 » » 11 Total. 162 16 » » 178 79 4 * » 83 OBSERVACIONES: 1 . a Que de las siete defunciones que resultan de inocu¬ lados, cuatro lo fueron dentro del 5. 0 día. 2. a Que los invadidos dentro del 5. 0 día lo fueron en nú¬ mero de 16, en su mayor parte atacados ya de diarrea, y los que lo fueron con posterioridad al 5. 0 día en número de 24, han sido atacados más benignamente. 3. a De los 150 reinoculados ninguno tiene actualmente la más ligera incomodidad, no obstante que muchos de ellos y aun los simplemente inoculados, han estado en contacto con los coléricos, como los eclesiásticos, médicos y nota¬ rios, &. 4. a Los inoculados invadidos y á cargo de los facultad- 102 vos, padecían la diarrea premonitoria antes de la operación y algún otro de los invadidos lo ha sido á consecuencia de excesos en la alimentación. 5. a Pueden citarse los casos del vecino de esta villa Carmela Terranegra Rin, que inoculada toda la familia, ex¬ cepción de su sobrino Matías Esteves, ha fallecido éste-, de Genoveva Teller, que inoculada con su hija, ha visto fallecer á su esposo Mariano Martínez, no inoculado-, de Leonor y Pascuala Navarro Heredia, que inoculadas, han perdido tam¬ bién á su madre y hermano que no quisieron sujetarse á la operación-, de José Antonio Márquez Martínez, que inoculó á toda la familia, excepto una niña que ha fallecido; del mé¬ dico D. Francisco Garriguez Falomir (partidario de la inocu¬ lación, pero que por padecer de diarrea le fué imposible su¬ jetarse á la operación) ha muerto sin que en su familia que lo estaban, haya ocurrido novedad ninguna; de D. Félix Ga¬ rriguez, hermano del anterior, que ha perdido una hija, única que en la familia no se hallaba inoculada. 103 — Mes. Dia. INVASIONES DEFUNCIONES Sin ino¬ cular. Inocu¬ lados. Beinoculados. Total. Sin ino¬ cular. Inocu¬ lados. Beinoculados. Total. Julio. 10 38 3 41 12 » 12 ,, 11 31 2 » 33 14 1 » 15 „ 12 29 1 » 30 15 » » 15 » 13 32 2 )). 34 14 » » 14 » 14 37 4 >, 41 28 1 » 29 » 15 34 » » 34 23 » » 23 ,, 16 24 2 » 26 18 » » 18 ,, 17 23 3 » 26 20 » » 20 ), 18 28 1 i 29 13 » » 13 » 19 27 1 » 28 17 » 17 ), 20 21 » » 21 16 » » 16 )) 21 9 » » 9 11 » » 11 )) 22 8 » » 8 11 1 » 12 ), 23 10 1 » 11 10 » 10 ,, 24 8 » » 8 2 » 2 )) 25' 3 1 », 4 6 » 6 )) 26 3 1 » 4 5 » » 5 „ 27 4 » » 4 3 « » 3 ,) 28 1 1 » 2 8 » » 8 )) 29 1 » » 1 3 » » 3 )) 30 2 1 » 3 3 )> » 3 » 31 2 » » 2 1 » » 1 Agosto. 1 3 » )) 3 4 » » 4 » 2 1 » » 1 » » » » „ 3 1 » » 1 1 » » 1 „ 4 » » » 1 » » 1 » 5 1 » 1 2 » » 2 i) 6 » » » >> » » » » » 7 3 D )) 3 3 » » 3 ,) 8 4 » 4 1 )> » 1 „ 9 2 » » 2 1 » 1 () 10 2 » 2 1 ,, » 1 „ 11 ,> » » » » » » # » 12 1 ), 1 2 » » 2 » 13 „ „ » 1 ,, » 1 » 14 » » » 1 » » 1 » 15 » „ » » » » » » 16 1 1 1 » » 1 17 » » » » » » » » i) 18 » » » » i* » » » » 19 2 » » 2 » » » » » 20 1 )> » 1 2 » » 2 21 » » » » » n » » » 22 ,, # „ » » a » » n 23 » » » » » » » » n 24 2 » » 2 » » » » » 25 » » » » 1 » » 1 Total . 399 24 )» 423 275 3 > 278 RESUMEN Liria 26 Agosto 1885. Eduardo David. Ignacio Guillen Roig . Miguel M. a Alamó. Modesto Cantó. Antonio Artiga. D. Salvador Lapiedra Navarro, Alcalde Constitucional de esta villa de Liria. Certifico: Que las cifras y demás expresado en este do¬ cumento, están conformes con los registros y antecedentes que obran en esta Alcaldía. Y para que conste, expido la presente que firmo en Liria á veinte y seis Agosto 1885. Salvador Lapiedra. (Sello de la Alcaldía). El infrascripto, Notario del Ilustre Colegio del distrito de la Audiencia de Valencia, vecino de la villa de Liria. Doy fé: Que conozco las firmas y rúbricas que aparecen MONTROY El médico titular de este pueblo, D. Tomás Lloret Soriano, ha formado la siguiente estadística de las invasiones y de¬ funciones ocurridas durante la epidemia colérica en aquel pueblo. Censo de la población, 1,218 habitantes. Principio de la epidemia, 18 de Junio de 1885. Período álgido de la misma, del 23 al 30 de id. Ultima defunción, 23 de Julio. Inoculados del 20 al 30 de Junio, 130. De éstos, reinoculados, 98. No ino¬ Inocu¬ Reino¬ culados. lados. culados. Invasiones. . . . . I2Ó ! I Defunciones. . . • • 43 I » Curados. . • • 83 I Observaciones: La invasión y defunción ocurrida en el individuo inoculado fué á los dos días de someterse ai método preservativo de la inoculación, presentando ya la diarrea pre¬ monitoria y vómitos. La invasión ocurrida en el reinoculado se presentó con caracteres muy benignos, tanto, que á los dos días ya había abandonado el lecho. De los inoculados y rei¬ noculados no sobrevino otro accidente más que dos pequeños flegmones en ambos brazos, en un individuo reinoculado, que terminaron por supuración. ONDARA Experiencia oficial. Los abajo firmados D. Vicente Miralles Barber y D. En¬ rique Grastán Perelló, médicos titulares en ejercicio en esta villa de Ondara. Certificamos: i.° Que rodeada esta villa de las poblacio¬ nes Denia, Benidoleig, Teulada, Sagra, Rafol y Pego, distan¬ te el primero de siete kilómetros, de diez el segundo, de cin¬ co el tercero y cuarto, de siete el quinto y de ocho el sexto, todos ellos invadidos por el cólera morbo asiático, se esta¬ bleció un cordón sanitario que interrumpió toda comunica¬ ción entre dicha villa y los demás pueblos indicados. 2.° Que dispuesto por el Gobierno que entre las esperiencias que con carácter é intervención oficial habían de ha¬ cerse de las inoculaciones profilácticas del Dr. Ferrán, se practicasen inoculaciones en un pueblo no epidemiado, ro¬ deado de otros en que reinase la epidemia, el vecindario de Ondara, en donde existían doscientas setenta y cinco perso¬ nas inoculadas en ocho de Julio próximo pasado y que tenía ya, aunque en pequeña, la experiencia de la inocuidad de las inoculaciones anticoléricas y pruebas en cierto modo de la acción preservativa de las mismas, ofrecióse para ser campo de la experiencia oficial anteriormente indicada. 3. 0 Que aceptado el ofrecimiento se presentaron en la referida villa de Ondara el Dr. Ferrán y la comisión oficial, compuesta de los Doctores D. Florencio Castro, Sres. Sanz Bombín y González de Segovia y la Sección de Estadística, practicándose por el primero y sus ayudantes los Doctores Gimeno, Candela, Murga, Moreno, Plá y Aranda, mil doscien- III tas cinco inoculaciones en los días nueve y diez de Agosto último. 4. 0 Que á seguida se levantó el cordón sanitario, resta¬ bleciéndose el contacto entre los habitantes de Ondara y los de los pueblos limítrofes, en los que, como dicho queda, rei¬ naba la epidemia, dedicándose todos ellos á la recolección de la uva destinada á ser convertida en pasa, fruto que cons¬ tituye la principal riqueza del país. 5. 0 Que á pesar del continuo roce que á consecuencia del levantamiento del cordón y de las operaciones agrícolas se estableció entre los habitantes de Ondara y de los pueblos inmediatos, no ha habido hasta la fecha ninguna invasión del cólera entre los de Ondara. 6.° Que el día quince de Agosto llegó á esta villa su convecino Francisco Mari Marti, procedente de Madrid, don¬ de estaba trabajando en el tejar de Varela, presentando á las treinta y seis horas de su llegada los síntomas que carac¬ terizan el cólera morbo asiático, y que fué visitado por el in¬ dividuo de la Comisión oficial Dr. González Segovia, de cuya enfermedad se dió de alta el día veinte y uno del mismo. 7. 0 Que este caso fué completamente aislado y no cons¬ tituyó foco, toda vez que hasta la fecha no se ha registrado ninguna otra invasión. Y para que conste, libramos la presente que firmamos en Ondara á siete de Setiembre de mil ochocientos ochenta y cinco. Vicente Miralles. Enrique Grustán. D. L. José Bosch Oliver, Alcalde Constitucional de esta villa de Ondara. Certifico: Que el censo oficial de esta villa es de tres mil noventa y tres habitantes y que lo expresado en la certifi¬ cación que antecede, está en conformidad con los anteceden¬ tes del Negociado de Sanidad de esta Alcaldía. Ondara 7 de Setiembre de 1885. El Alcalde, L. José Bosch. (Sello de la Alcaldía'). D. Vicente Guiner Gadea, Juez Municipal de esta villa de Ondara. Certifico: Que reconocidos los correspondientes libros de la Sección de defunciones de este Registro Civil, sólo apare¬ cen haber ocurrido en esta villa, desde el día ocho de Agos¬ to último hasta el de hoy, seis defunciones, sin que ninguna de ellas sea ocasionada por el cólera morbo asiático. Y para que conste, firmo la presente en Ondara á 7 de Setiembre de 1885. Vicente Guiner. (Sello del Juzgado). El infrascripto cura párroco de Ondara. Certifico: Que de las anotaciones del libro de sepelios de este pueblo, aparece que desde el día ocho de Agosto últi¬ mo hasta el día de hoy, se dió sepultura en el cementerio de esta villa á seis cadáveres. Ondara 7 de Setiembre de 1885. El Cura Párroco, Dr. Salvador Verda. (Sello de la Parroquia). D. Blas Frasquet, Notario del Ilustre Colegio territorial de Valencia con residencia en la villa de Ondara. Doy fé: Conozco las firmas y rúbricas que preceden de D. Vicente Miralles, D. Enrique Guistán, médicos-, D. José Bosch, AlcaldeD. Vicente Guiner, Juez Municipal-, D. Sal¬ vador Verda, Cura párroco, vecinos de esta villa de Ondara, y las considero legítimas. Y para que conste, libro el presen¬ te que signo y firmo en Ondara á siete de Setiembre de mil ochocientos ochenta y cinco. (Hay un signo). Blas Frasquet. — 113 — A más de las anteriores estadísticas, preséntanse también los pueblos de Sueca, Villanueva de Castellón, Albaida, Adzaneta, Bélgida, Montaverner, Gandía, Bellreguart, Rafelcofer, Valí de Uxó, Alcalá de Chisvert, Castellón de la Plana, La Unión, Chinchilla, Albacete, Linares, Tarragona, Reus, Sanz, San Martín de Provenzals, Salamanca, Valladolid y muchas otras poblaciones, entre las cuales se cuentan unos 4,000 ino¬ culados en Madrid y 136 en Sevilla (¡en donde todavía no se ha presentado el cólera apesar de las inoculaciones!). El espí¬ ritu que reina en todas aquellas, principalmente donde ha existido la epidemia, se muestra resuelta al procedimiento. En algunas llega el entusiasmo por Ferrán hasta deificarlo, y en otras la sangre árabe que enardece en sus venas les arrastra á decir que si el problema de la inoculación tuviera que resol¬ verse en el campo de la fuerza y entre bandos contrarios, ellos empuñarían el lábaro de la vacuna contra el cólera y se lanza¬ rían con armas á la pelea. Esto revela, por sí sólo, que en el fon¬ do del experimento de las inoculaciones sobrenada algo grande, algo positivo, algo que se impone á la conciencia, como se imponen siempre las verdades demostradas en la ciencia y en los hechos; porque como dice muy bien el señor Angla, en su folleto (1), hasta los profanos comienzan á creer en la eficacia de las inoculaciones, y escribe lo siguiente; «Nos rendimos avasallados delante de esa ufana y soberbia matrona, cuyo granítico pedestal lo forman los «hechos con¬ sumados.» Porque hechos consumados son los que sin pro¬ testa ninguna se nos cuentan de todas las poblaciones donde existen personas que están vacunadas, y por que hechos con¬ sumados son esas estadísticas que, firmadas por alcaldes, jue¬ ces municipales, curas párrocos y médicos, se remiten hoy á la Academia de Ciencias de París y al Congreso internacional de Amberes. Mas dejemos que por última vez asalte la duda los muros de nuestra convicción no bien consolidada. Los al¬ caldes, los jueces, los curas párrocos y los médicos, ¿confe- (1) Fernando Angla. Sobre la epidemia reinante en Valencia. Car¬ tas á un doctor yankée. Valencia 1885. — ii 4 — sarán espontáneamente la verdad? ¿no pondrán su firma y se¬ llo al pié de aquellos documentos bajo una presión venida no sabemos de dónde? Razonemos tranquilamente. Los alcaldes dependen del gobernador; el gobernador los propone al go¬ bierno en determinadas poblaciones y en las restantes los sostiene con su influencia. ¿Habrá el gobernador torcido con su vara de autoridad la conciencia de los alcaldes? No parece probable. Los jueces municipales deben su nombramiento al poder. ¿Habrá tenido éste voluntad y fuerza para doblegar la conciencia de aquellos funcionarios? No parece creíble. Los curas párrocos que tienen la misión de propagar la moral y de practicarla, ¿serán capaces de claudicar la fé que han jura¬ do en los altares? ¿Sustituirán la verdad, que es un destello de Dios, por ese despreciable ídolo de barro que se llama la mentira? Los médicos, esos otros sacerdotes de la humani¬ dad, ¿habrán arrastrado su toga por el lodo á cambio de un puñado de céntimos? ¿El clero de la parroquia de Santa Cata¬ lina de Alcira, habrá falsificado su estadística de los óleos administrados á enfermos atacados del cólera inoculados y no inoculados?» «Malhaya si el deseo de inquirir la verdad nos ha llevado á los profanos al terreno de presentar como uno de los tér¬ minos de nuestra inducción la posibilidad de que personas dignas, honradas y de integra conciencia, cediesen torpemen¬ te á ruines y despreciables halagos ó á bajas y viles amenazas». Afortunadamente, los hechos habrán de imponerse, Exce¬ lentísimo señor; y ya que no ha podido resolverse este gran problema oficialmente, debido, sin duda, á la tirantez por par¬ te del autor y á la inconcebible lijereza de los comisionados todos, principalmente extranjeros, así como á las inútiles teo¬ rías empleadas para combatir hechos perfectamente demos¬ trados y las falsedades de la prensa política-noticiera, de hoy en adelante, que se juzgarán más imparcialmente los hechos ocurridos y con más detenimiento, no habrá más remedio que conceder un primer puesto á la inoculación anti-colérica en la profilaxis de tan terrible enfermedad. Conclusiones generales. Reasumiendo en pocas palabras cuantas ideas expreso en anteriores páginas, condensaré la presente Memoria reducién¬ dola á las conclusiones siguientes: i.° La enfermedad que apareció en España en 1884, continuó todo el invierno, y se extendió por toda ella en 1885, ha sido el cólera morbo asiático con todos sus caracteres y sin atenuación de ninguna clase, apesar del tiempo transcu¬ rrido. 2. 0 De la morfología descrita por Ferrán acerca del bacillus vírgula deKoch, sólo hemos podido comprobarla forma de comas y spirillums, la presencia de esporos, oogonos y cuerpos muriformes, ya enteros ó ya rotos, sin que hayamos visto la salida del chorro de protoplasma, ni la existencia del polinido, ni de una manera constante, la existencia de la oos¬ fera (1). 3. 0 La demostración del poder patógeno de las vírgulas en los animales, puede considerarse como un hecho resuelto y perfectamente demostrado. 4. 0 Que las inoculaciones en el tejido celular subcutáneo de los animales en dosis suficiente produce una inmunidad bastante marcada para las inoculaciones sucesivas de canti¬ dades mayores. 5. 0 La inoculación de un cultivo puro del bacillus vírgu¬ la en la región posterior de cada brazo en el hombre sano, y en cantidad de un centímetro cúbico en cada uno., producen un cuadro sintomatológico caracterizado por los fenómenos locales y generales que hemos descrito anteriormente; en algu¬ nos casos presenta mucha analogía con el síndromen clínico del cólera. (1) Debemos confesar en honor á la verdad, que el Dr. Ferrán se comprometió á enseñarnos estas fases no vistas, pero que, el excesivo trabajo y la falta de permanencia constante en un punto ha impedido esta demostración. (N. del A.) 6.° El líquido empleado para das inoculaciones consiste en un cultivo puro de bacillus vírgula en el caldo, y la técnica de su preparación es sencillísima. 7. 0 Los trastornos que subsiguen á la inoculación no ofrecen gravedad ni suelen durar más de 36 horas, por lo cual la creemos inocente, sin que en ningún caso de los 50,000 Inoculados que existen y las 150,000 inyecciones que repre¬ sentan (contando la reinoculación) hayan necesitado la am¬ putación de ningún brazo y mucho menos ocasionado la muerte del individuo. 8.° Que todos los hechos desfavorables anunciados ca¬ recen de fundamento, según se desprende de los documentos transcritos. 9. 0 Seguros como estamos, por haber hecho toda la campaña anti-colérica del Dr. Ferrán, de la verdad más abso¬ luta de las estadísticas publicadas, para cuyo objeto no ha ha¬ bido la menor presión, antes al contrario, persecuciones por parte del gobernador de la provincia de Valencia, creemos que el problema de la inoculación anti-colérica, si bien puede aún modificarse con ventajas, está definitivamente resuelto y debe ocupar un lugar preeminente en la profilaxis de esta en¬ fermedad. Sevilla i.° de Octubre de 1885. ADICION A LA PRUEBA OFICIAL ÚLTIMO DOCUMENTO PUBLICADO Los doctores Ferrán y Gimeno al Sr. Cánovas del Castillo. Publicamos con el mayor gusto la siguiente carta, que contiene da¬ tos interesantes sobre la última fase de la experimentación Ferrán. Las gentes imparciales juzgarán como deben, después de su lectura, y sabrán apreciar hasta dónde pueden llegar la calumnia y el apasiona¬ miento, que, como siempre, se han despachado últimamente á su gusto. «Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo: Muy señor nuestro y de nuestra mayor consideración: Con el rápi¬ do decrecimiento de la epidemia en España han terminado los trabajos de la Comisión oficial encargada de informar sobre los resultados de la inoculación preventiva del cólera morbo. Como dicha Comisión fue nombrada á petición nuestra, y esta solicitud atendida por Y. E., nos vemos obligados á darle cuenta abreviada del éxito obtenido. Tres han sido los pueblos que, de entre los varios que lo solicitaron, se han sometido á la experimentación. Dos de la provincia de Alicante (Ondara y Santa Pola), y uno de la de Tarragona (Cambrils). En Ondara no existía el cólera en el momento del ensayo oficial. Un mes antes, el 8 de Julio, habíanse inoculado 275 de sus habitantes, y á pesar del tiempo transcurrido, la epidemia no había prendido en la po¬ blación. Al ver palpablemente la inocuidad del procedimiento, y ante el peligro probable de la invasión de la terrible enfermedad tan pronto co¬ mo los trabajos de obtención de la pasa empezaran y el comercio de gentes fuera mayor con los pueblos vecinos, casi todos ellos epidemia¬ dos, solicitó el.vecindario, del señor ministro de la Gobernación, el ser sometido al experimento. El deseo fue atendido, y en los días 9 y 10 de Agosto se vacunaron 1,205 habitantes de Ondara.