El pudor como elemento esencial en la construcción de la identidad
Abstract
A lo largo de estas páginas buscamos reflexionar acerca del concepto de pudor, más allá de su condición de recato moral y corporal. Profundizando en su significado, intentaremos argumentar que se trata de un elemento fundamental a la hora de cimentar nuestra personalidad y vivencias, pues desarrolla la función de guarda, filtro y traducción del ser al mundo y del mundo al ser. Además, veremos cómo ha sido históricamente marcado por el género, particularmente el femenino, y las consecuencias que ello ha podido generar tanto en hombres como en mujeres. Finalmente nos preguntaremos dónde encontramos el pudor en estos días en los cuales parece haberse esfumado en el supuesto liberalismo general que nos rodea.
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Trabajo Fin de Grado El pudor como elemento esencial en la construcción de la identidad Autora: Ana Dolores Marín Martínez Tutora: Jéssica Sánchez Espillaque Departamento de Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia Universidad de Sevilla Facultad de Filosofía Φ Sevilla, 2022
El pudor Índice 1. Introducción 3 2. ¿A qué llamamos “pudor”? 4 3. Definición filosófica 7 3.1. Acotación del concepto “ser” y su relación con el pudor 9 4. El pudor y lo sagrado 11 4.1. Mundo real y universo simbólico 13 4.2. Pudor: el templo del ser 14 5. Construyendo la identidad 16 6. El pudor: cárcel, emblema y reclamo femenino 19 6.1. Cuando recluye 21 6.2. Cuando distingue 26 6.3. Cuando atrae 28 7. El pudor en la era tecnológica 32 7.1. ¿Dónde queda la libertad del pudor ante el libertinaje actual? 34 7.2. El pudor espiritual 38 8. Conclusiones 38 9. Bibliografía 39 1
El pudor Resumen: A lo largo de estas páginas buscamos reflexionar acerca del concepto de pudor, más allá de su condición de recato moral y corporal. Profundizando en su significado, intentaremos argumentar que se trata de un elemento fundamental a la hora de cimentar nuestra personalidad y vivencias, pues desarrolla la función de guarda, filtro y traducción del ser al mundo y del mundo al ser. Además, veremos cómo ha sido históricamente marcado por el género, particularmente el femenino, y las consecuencias que ello ha podido generar tanto en hombres como en mujeres. Finalmente nos preguntaremos dónde encontramos el pudor en estos días en los cuales parece haberse esfumado en el supuesto liberalismo general que nos rodea. Palabras clave: pudor, ser, sagrado, identidad, género, tecno-sociedad. Abstract: Throughout these pages, we would like to reflect on the concept of modesty, beyond its condition of moral and body shame. Going deeper into its meaning, we will try to argue that it is a fundamental element to our personality and experiences, since it performs the function of guarding, filtering and translating the being to the world and the world to the being. In addition, we will see how it has been historically marked by gender, particularly with the feminine, and the consequences that this has been able to generate in both men and women. Finally we will ask ourselves where we find modesty these days in which it seems to have vanished in the supposed general liberalism that surrounds us. Keywords: modesty, being, sacred, identity, gender, techno-society. 2
El pudor 1. Introducción Cuando tratamos de reflexionar acerca de esta palabra se nos vienen a la cabeza varias ideas: el rubor, la intimidad, lo prohibido, la huella de las limitaciones que la sociedad nos marca y también de las restricciones que, como individuos, señalamos a los demás. Normalmente, lo primero en lo que pensamos es en el sentimiento de vergüenza corporal, el que se nos genera al mostrar ciertas partes de nuestro cuerpo o aquel que aparece en el contexto de las relaciones sexuales. Sin embargo, considerarlo como una suerte de recato, más o menos intenso, camufla su carga filosófica y transforma, a nuestro entender, un elemento clave en la formación de nuestra identidad en un simple síntoma del decoro cultural. Ésa es la razón por la cual hemos decidido embarcarnos en la aventura de intentar profundizar en un concepto poco estudiado en la historia del pensamiento, al menos si lo comparamos con otras ideas como la Verdad, la Belleza, la Libertad, etcétera. Además, por el camino pretendemos desentrañar la función del pudor como base de la construcción de nuestro espacio más íntimo y cómo ésta se ha mantenido intacta a pesar de los constantes cambios que la especie humana ha ido experimentando. Sin duda, algunas de las teorías que vamos a presentar se desmarcan por completo de su relación con la vergüenza, aunque otras, como la que desarrollaremos en el apartado número seis, están intrínsecamente vinculadas a la misma y, en particular, a la vergüenza que se espera y en la que se educa al colectivo femenino. No obstante, somos conscientes de que los tiempos en los que vivimos están provocando amplios cambios, incluso radicales, en nuestra concepción y manifestación del pudor. La desnudez y falta del mismo es algo que a veces parece que se espera de nosotros, de tan común y ordinario que se ha vuelto el mostrarse “tal cual somos” en las redes sociales. Pero, ¿es eso real? ¿Ha desaparecido la versión represiva del pudor que anteriores generaciones vivieron? ¿Nos mostramos verdaderamente “desnudos” a los demás? Son cuestiones, éstas y muchas más, que irán acompañándonos en este estudio, a través del cual intentaremos aportar una visión más trascendente de aquello que normalmente asociamos únicamente a lo mundano. Y es que, si hay algo que pretendemos resaltar con nuestros razonamientos, el pudor nos resulta esencial a un nivel bastante más básico y significativo de lo que pudiera en un principio parecer. 3
El pudor 2. ¿A qué llamamos “pudor”? Para acercarnos a este concepto empezaremos por el principio: su etimología. La palabra “pudor” procede de la raíz latina pudere, que viene a traducirse como “vergüenza, honor, moralidad”. Pero también hay quien la relaciona con raíces indoeuropeas donde su significado iría más asociado al de podar y cortar; también purificar y limpiar1. Ambas visiones nos resultan muy útiles para el estudio de un pensamiento que no ha sido considerado dentro del grupo de las grandes y eternas ideas filosóficas –como la Belleza, el Bien o la Verdad– y que estaría, a nuestro parecer, mucho más ligado a nuestra humanidad que ellas. Esta afirmación se basa en la reflexión acerca del nivel de abstracción de las ideas platónicas en comparación con el pudor: mientras que las primeras persisten en un mundo ideal al que, por supuesto, hemos deseado siempre acceder intelectualmente, el segundo nace en nuestra condición material para trascenderla completamente, como intentaremos revelar en el análisis que llevaremos a cabo en las siguientes páginas. ¿Podríamos decir incluso que es nuestro punto de partida individual y social hacia ellas, las grandes ideas griegas? Porque, como veremos, si el pudor es algo tan esencial que es capaz de otorgarnos la humanidad misma –al ser guardián de nuestro físico y todo lo que ello supone–, ¿no sería lógico pensar que es también el primer paso hacia lo metafísico? Al establecer el pudor en un grado de importancia tal, nos surge entonces una duda, ¿por qué no ha sido tomado en consideración a ese nivel a lo largo de la historia del pensamiento occidental? Quizá, el haberlo relacionado siempre con el cuerpo sea precisamente lo que le ha quitado trascendencia. Sabemos que la materia se suele juzgar como un ente independiente de la mente y la razón al que, además, se le ha otorgado un papel bastante secundario en general. Es cierto que hoy en día los diversos estudios en materia de psicología y neurología, entre otros, nos aportan luz acerca de la gran influencia de las emociones en el pensamiento. Comprendemos ya que juegan un papel fundamental al darnos información tanto del medio como de nosotros mismos; hasta tal punto que autores como Antonio Damasio afirman que “los procesos mentales están fundamentados en la cartografía que el cerebro tiene del cuerpo”2. Además, son la base de los sentimientos y recordemos que el pudor se asocia principalmente a uno de ellos: el de vergüenza. 2ANTONIO DAMASIO,En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos, (Barcelona: Crítica, 2006), 18. 1Etimologías de Chile, http://etimologias.dechile.net/?pudor (consultada el 15 de marzo de 2022). 4
El pudor Antes de continuar, hemos de aclarar que hablamos de emoción y sentimiento siguiendo las definiciones propuestas por Francisco Rodríguez Valls3, es decir, entendemos por “emoción” aquellas respuestas homeostáticas de autorregulación por las cuales el sujeto sabe responder a un estímulo del medio de manera automática; sobra señalar su imprescindible utilidad para la supervivencia del individuo y del grupo. Dicha emoción tiene una base instintiva que nos llega por herencia de nuestros antepasados; una suerte de “sabiduría corporal” con la que nacemos y que vamos matizando con múltiples ingredientes de la cultura que habitamos. A este filtro cultural de las emociones es a lo que Rodríguez Valls nos propone llamar “sentimientos”, una aclaración que nos parece clave para comprender también los entresijos del pensamiento de cada época. Por ejemplo, y enlazándolo con lo que aquí queremos trabajar, si comparamos el decoro de la época victoriana con la actual sobreexposición a la que nos someten las redes sociales, veremos que el sentimiento de vergüenza es muy diferente en uno y otro momento histórico y eso nos da una gran cantidad de información sobre las mismas. Sin embargo, ya dijimos al comienzo del presente trabajo que nuestra intención no es quedarnos en lo relativo a la vergüenza, sino ir más allá en la elaboración de un concepto poco elaborado aún, según nuestro parecer. Así, como en toda investigación acerca de algo tan amplio como una idea, nos surtiremos de las teorías y reflexiones que varios autores nos han legado a lo largo de los siglos. Muy especialmente tenemos que citar la obra de Max Scheler Sobre el pudor y el sentimiento de vergüenza, donde el pensador alemán nos explica que el pudor “se subdivide en dos formas diametralmente opuestas, que son irreducibles una a la otra: la vergüenza corporal o el pudor vital y la vergüenza anímica o el pudor espiritual”4. La primera nos parece más fácil de concebir porque, como se ha apuntado anteriormente, asociamos el pudor directamente con el sentimiento de vergüenza corporal. La segunda es la que nos puede plantear alguna dificultad, ya que requiere un ejercicio intelectual más intenso el llegar al concepto de pudor espiritual. Pero puede que con un ejemplo sea más sencillo hacerlo. Si leemos el libro del Génesis vemos que el pecado original se presenta como la causa de la aparición del pudor. Es de sobra conocido que la consecuencia directa de la transgresión de Adán y Eva al comer del árbol de la sabiduría es la conciencia. En ese momento, la desnudez que hasta entonces era algo natural y compartido con el resto de seres vivos se convierte en motivo de vergüenza. Pero, ¿por qué ocurre esto? Porque, al igual que los bebés hasta sus seis o 4MAX SCHELER,Sobre el pudor y el sentimiento de vergüenza (Salamanca: Yerma, 2004), 55. 3FRANCISCO RODRÍGUEZ VALLS,El sujeto emocional, (Sevilla: Thémata, 2015). 5
El pudor siete primeros meses de vida no se conciben como entidades físicas separadas de sus madres, así Adán y Eva se sentían parte de Dios hasta comer el fruto prohibido. Fue ahí cuando repararon en su individualidad –remarcada divinamente por la expulsión del paraíso– y en su situación a medio camino entre las bestias y Dios. Justo allí donde es posible ser libres, a cambio de llevar la carga de una responsabilidad que los animales no tienen y que Dios no necesita: la autodeterminación; porque hasta entonces no sabíamos que éramos naturalmente indeterminados, concepto que muy bien explicó en su momento Pico della Mirandola5. Encontrar los límites entre lo que soy, lo que somos y lo que queremos ser no sólo es complejo, sino que también nos causa una especie de sonrojo metafísico al enfrentarnos a unos ideales etéreos que somos incapaces de conseguir sin desligarnos del cuerpo físico del cual, evidentemente, no podemos desprendernos. Scheler lo describe así: la situación entre lo humano y lo divino, en ningún sentimiento se manifiesta de manera tan clara, tan aguda y tan directa como en el sentimiento de vergüenza [....] pertenece a la condición fundamental del origen de este sentimiento algo así como un desequilibrio y una discordancia del hombre entre el sentido y la pretensión de su persona espiritual y de su necesidad corporal [...] el hombre en lo profundo se siente como un “puente”, como un “tránsito” entre dos órdenes de ser y esencia en los que está enraizado por igual [...]. En último término se avergüenza de sí mismo y “ante” el Dios que hay en él6. En otras palabras, nuestra indeterminación nos da la oportunidad única de avergonzarnos y, lejos de considerar dicha vergüenza –o pudor7– como algo negativo que nos confina, abogaremos en este trabajo por su función protectora y creadora, hasta el punto de afirmar, como hizo Amelia Valcárcel, que “el pudor nos hace humanos”8. 8“[...] el pudor nos hace humanos […]. Siempre se sitúa en el cuerpo, en el espacio, pero es lo que te hace dueño de ti. Se relaciona con la vergüenza, pero va más allá y es más importante que ésta [...]. Eso quiere decir que se muestra ante quien quiere, ante quien desea [...]. Lo que somos es muy importante y tiene que ver con lo que creemos que merecemos.”AMELIA VALCÁRCEL, “Debate sobre prostitución. 18 voces abolicionistas”, Youtube, 2019. https://www.youtube.com/watch?v=N4iXh4k4CDw&list=PLw6nO4aUmuaaUHwiEkdPVbDVwfA-7WGmp&ind ex=3. (Consultado el 23 de abril de 2022). 7Aunque usemos aquí los conceptos de vergüenza y pudor como sinónimos, consideramos que no lo son, como trataremos de explicar a lo largo de estas páginas. 6MAX SCHELER, op. cit., 17-21. 5GIOVANNI PICO DELLA MIRANDOLA, Ensayos para pensar. Discurso sobre la dignidad del hombre, (Medellín: Editorial π, 2006). 6
El pudor 3. Definición filosófica Pensemos en el cuerpo. El cuerpo indispensable. El ente sine qua non que nos proporciona la entrada al mundo desde la phýsis del existente. Podemos eludirlo, amarlo, odiarlo, sublimarlo e incluso sentir que “salimos” de él. Pero nos da la vida y es nuestro primer lógos. Y así, al igual que cualquier otro, recoge, unifica y traduce la anarquía del ser al mundo y las disposiciones del mundo al ser: da forma. “Y la forma, revelación del contenido, es algo más que revelación. La forma descubre y rechaza, crea”9, como dijo el poeta Jorge Guillén. Para asumir mejor esta idea, hagamos ahora el ejercicio de pensarnos como una especie de “cebolla ontológica”: formada capa tras capa. Tras capa. Tras capa… Un crecimiento infinito dentro de la finita vida. El ser, el ápeiron, el dasein heideggeriano sería el núcleo; el cuerpo físico quizás la primera y la última capa (puesto que vive y recoge lo vivido), las diversas experiencias y etapas de la biografía son todas las demás. Esos mantos construyen nuestro mundo, y nos filtran los ajenos, valiéndose de la razón y de las emociones como herramientas imprescindibles de interacción con el entorno, supervivencia y evolución personal. Las emociones, algo que ya ha sido comentado, son respuestas fisiológicas aprendidas a lo largo de nuestra historia común e incorporadas a eso que solemos llamar popularmente “instinto”10. Son tan imprescindibles que nacemos con ellas; no hay que construirlas, ni formarlas, ni educarlas. Ahora bien, sí que hay que aprender a gestionarlas para evitar que se produzcan excesos que nos desborden y desequilibren. La razón, sin embargo, es una capacidad humana que comienza con la toma de conciencia de sí y que se va ampliando conforme vamos adquiriendo conocimientos acerca del medio y de nosotros mismos11. Es el tapiz único e individual que se va tejiendo a lo largo de cada biografía, gracias tanto a los estímulos ajenos como a aquellos que salen de nuestra imaginación. En otras palabras, se construye, se educa, se forma. A pesar de las evidentes diferencias, lo que tienen en común tanto las emociones como la razón es que actúan de intérpretes y de filtro con la realidad circundante. 11 Consideramos que el lenguaje debería flexibilizarse hacia los cambios en materia de género que estamos viviendo. Sin embargo, por motivos de sencillez y eficacia, usaremos el masculino para referirnos a la totalidad. 10 Por supuesto es una definición simplista que no abarca la complejidad del mundo emocional, pero que por ahora nos sirve para nuestro propósito. 9JORGE GUILLÉN,Lenguaje y poesía, (Madrid: Alianza, 1969), 147. 7
El pudor El pudor también lo hace, pero desde un plano a caballo entre lo intuitivo y lo reflexivo. Por un lado –según la psicología evolutiva– se nos presenta de manera natural alrededor de los dos años, como un indicativo de que “el niño está tomando conciencia de su cuerpo y de las diferencias entre sexos. También evidencia que el pequeño quiere tener control y tomar decisiones; puede haber una mezcla de autonomía y vergüenza”12. Es decir, se trata de proteger ciertas partes del yo de miradas ajenas, ya sea por vergüenza (al pensar que no seremos bien recibidos por el otro), por encontrarnos en pleno proceso de autoconocimiento, por inseguridad ante aquello que consideramos defectos, por la influencia de lo que la sociedad nos marca que es decoroso y lo que no lo es, etcétera. Y también creemos que podría ser por pura codicia, esto es, por el simple deseo de darnos exclusividad y de no compartir aquellos momentos o pensamientos que nos resultan tan preciados que pensamos que no todas las personas merecen conocerlos. Por tanto, el pudor “es una dimensión en la que el sujeto no se constituye pero sí se muestra, y en el pudor el sujeto es reconocido y admitido por el otro”13. De esta manera podemos decir que al mostrarnos establecemos unas limitaciones acerca de nosotros mismos que, en tanto que autoimpuestas14, podemos calificar en un primer momento de “libres”15. Son la soberana barrera que tenemos derecho a erigir porque establece con quién, cómo, dónde, cuándo y cuánto sí estamos dispuestos a revelar y, por encima de todo, con quién, cómo, dónde, cuándo y cuánto no deseamos hacerlo. Por eso, quien nos obliga a despojarnos del pudor nos desviste del yo16, con todas las terribles consecuencias que eso puede llegar a tener17 y de las que nos ocuparemos en próximos apartados. 17 Por ejemplo cuando hablamos de violación sexual. En ella se accede al cuerpo de manera violenta a través de la fuerza, las amenazas o haciendo valer la desventaja económica, psicológica o social de la víctima. El cuerpo, representación del ser, es entendido por otro como un objeto del que poder apropiarse simplemente porque puede hacerlo. A todas luces hablamos de un ataque integral porque hace trizas la realidad holística del sujeto al cosificarlo y negarle el derecho al pudor. Lo trabajaremos en el punto seis del presente trabajo de investigación. 16 AMELIA VALCÁRCEL, charla citada. 15 Por supuesto, usar la palabra “libertad” es siempre objeto de debate pues, no sin razón, sigue constituyendo uno de los conceptos más complejos de nuestro pensamiento. No es el momento de dejarnos llevar por la tentación de querer aportar nuestro granito de arena al mismo, pero sí de puntualizar que hablar de libertad en este contexto implica matizar que la cultura ejerce una influencia clave en ella. Lo que consideramos más o menos adecuado para mostrar a los demás depende ampliamente del conjunto humano donde vivimos, tanto en el caso de que nos sometamos a los dictados culturales, como en el caso en que decidamos sobrepasarlos. Ahí es donde vamos a comprender la libertad en este estudio, en el abanico de posibilidades que nuestra biografía nos ofrece y la selección (más o menos consciente) que hacemos entre ellas. 14 Según Scheler,“la educación también juega un papel de no poca importancia para la interpretación moral o religioso-metafísica del pudor”, (M. Scheler, op. cit, 2004, 55). Pero no es el pudor mismo. Aquí nos parece que podríamos establecer la diferencia entre pudor y vergüenza, siendo el pudor algo libremente impuesto y la vergüenza algo socialmente implantado. 13 RAÚL HERNÁNDEZ GARRIDO, “El pudor”, Trama y fondo, nº 19 (2005), pp. 89-98, 94. 12 Eres Mamá: https://eresmama.com/cuando-aparece-el-pudor-en-los-ninos/. (Consultado el 10 de mayo de 2022). 8
El pudor naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado. Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente observes cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice de ti mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. Podrás degenerar en los seres inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades superiores que son divinas35. Esta manifestación de lo sagrado no se da continuamente ni de cualquier manera, sino que estamos acostumbrados a que disponga de un lugar propio: el templo, punto donde ambos mundos (lo sagrado y lo profano) convergen y comparten espacio. Aunque habitualmente asociemos este emplazamiento a edificios concretos como catedrales, iglesias, sinagogas, mezquitas, etcétera, lo cierto es que la sacralidad no está sujeta a las propiedades extraordinarias de un objeto, lugar o persona, sino a cómo dicho objeto, lugar o persona se nos presenta como una hierofanía36. Podríamos ir incluso un poco más lejos, pues recordemos que anteriormente establecimos que lo sagrado es algo muy humano en tanto que existe porque reconocemos su existencia; ergo, ¿no resulta lógico pensar que cualquier elemento de nuestra realidad, incluido aquellos que pertenecen a nuestro universo simbólico, podría ser considerado por nosotros como sagrado en un momento dado? Y si esto es así y el ser es el fundamento sacro de nuestra existencia, ¿cuál sería entonces ese lugar que lo acoge? Según nuestra propuesta, ese papel lo desarrollaría el pudor. Para comprenderlo mejor, regresemos a las teorías de Eliade acerca de las características básicas que ha de cumplir un templo y encontraremos que la función principal del mismo es resantificar al mundo, ya que a la vez que lo representa, lo contiene, y además nos dice que “la santidad del templo está al socaire de toda corrupción terrestre”37. En definitiva, el templo acoge lo sagrado, lo resguarda, lo diferencia de lo cotidiano y nos ofrece un espacio en el cual sentirnos íntimamente unidos a lo divino, a lo que está más allá de nuestra realidad más próxima. En ese lugar, ajeno a lo ordinario, habita sin embargo lo más común a cada uno de los individuos de nuestra especie: la necesidad de encontrar cosmos en el caos y sentido a la vida, así como la obligación de ser fieles a ello. ¿No habíamos establecido ya tal 37 Ibid, 36. 36 Hablamos de hierofanía como manifestación de lo sagrado en una realidad profana. MIRCEA ELIADE,op. cit., 10-11. 35 GIOVANNI PICO DELLA MIRANDOLA, op. cit., 5. 15
El pudor función en el pudor? Él es portavoz y protector de la existencia de algo que sentimos que no puede quedar expuesto sin más a los demás, porque es lo más preciado que tenemos: el ser. Y no sólo depende de lo que el sujeto particularmente pueda experimentar, sino que necesita del reconocimiento del otro, ya que si mi pudor no logra mantener la distancia y la corrupción terrestre acaba por irrumpir en dicho espacio sagrado, entonces éste habrá sido profanado y me provocará vergüenza, en los niveles más leves, o secuelas aún más graves, como estudiaremos más adelante. 5. Construyendo la identidad Una vez establecida la relevancia que consideramos que el pudor desempeña acerca de su papel custodio, es necesario avanzar en la investigación para centrarnos ahora en hablar de la relación entre el ser y el mundo, aquello que solemos llamar “identidad”: es una trama construida por diferentes fibras como la raza, edad, clase social, estado de salud física o mental, orientación sexual, género, nivel educativo, etc., las que en su conjunto constituyen la identidad. Cada una de estas fibras corresponde a un discurso presente en la cultura y lo que somos resulta del entramado de todos estos discursos para cada individuo, los cuales trabajan permanentemente construyendo nuestras identidades.38 Es decir, a diferencia de la personalidad, que Pablo Páramo considera que corresponde a las “expresiones internas del individuo”39, la identidad es un proceso abierto a los demás, al mundo, a la sociedad en la que vivimos. Para expresarlo de una manera más gráfica, usaremos las palabras de los sociólogos Peter L. Berger y Thomas Luckmann. Ellos se refieren a la identidad como la “ubicación en un mundo determinado”40, donde la palabra “mundo” recogería tanto la definición objetiva (en el sentido de realidad compartida), como la versión subjetiva (en tanto que nuestra percepción particular de dicha realidad). Es importante comprender esta doble significación de “mundo”, ya que la identidad es precisamente la dialéctica entre ambos y la búsqueda del equilibrio a través de aquellos fenómenos que escapan a nuestra voluntad y aquellos que no. Por tanto, podríamos aventurarnos a comparar la 40 BERGER & LUCKMANN,op. cit.,166. 39 Idem. 38 PABLO PÁRAMO, “La construcción psicosocial de la identidad y del self”, Revista Latinoamericana de Psicología, vol. 40, nº 3 (2008), pp. 539-550, 541. 16
El pudor identidad con las coordenadas que nos permiten ubicar un lugar determinado en un mapa concreto y la personalidad con la descripción de dicho sitio. Ya entendamos la identidad como entramado o como coordenadas, lo que subyace en ambos conceptos es la noción de orden, de organización. La justa y necesaria para que haya un canal comunicativo de doble sentido, abierto y sin fisuras entre el mundo y yo; entre el yo y el ser. Porque, ante todo, para conseguir desplegar nuestro ser caótico y sin bordes –nuestra naturaleza incomunicable–, nos resulta imprescindible, por un lado, la capacidad reflexiva que nos posibilita el acceso a dicho ser y, por otro, la habilidad de traducirlo fuera de mis propios límites. Para eso tenemos el lenguaje, encargado de tender los puentes necesarios, tanto hacia dentro como hacia fuera. Ahora bien, regresando a nuestro objeto de estudio, ¿cuál es aquí el cometido del pudor? Nos parece que su función sería análoga a las normas de circulación, las cuales nos ayudan a regular la apertura al mundo, el tránsito de información de dentro a fuera y de fuera a dentro. La mayoría de veces es algo que surge de manera espontánea, como una especie de cortafuegos inherente a nuestro instinto. Por eso, el pudor no sólo tiene el componente de educación, de lo que la sociedad impone o no, sino que también posee tintes trascendentales, primitivos, de instinto. En él se mezclan la cultura, la autopercepción, la vergüenza, la intimidad: Pudor y vergüenza son sentimientos que se asocian a una respuesta personal, somática y en cierto modo involuntaria que tienen mucho que ver con el sistema de valores sociales y culturales del grupo donde nos movemos y nuestra apreciación sobre ellos.41 Esto es, a través del pudor no sólo es posible tomar conciencia de las normas que la sociedad nos exige y tener así la opción de aceptarlas o cambiarlas –como ocurre con todas las normas de comportamiento que se han asociado históricamente a las mujeres en defensa de su pudor y que se han ido superando camino a la igualdad–, sino que también es lícito beneficiarse de él como herramienta de autoconocimiento –por ejemplo, cuando sentimos el rubor que surge de manera natural en algunas situaciones, sin duda ampliamos la información disponible acerca del yo. Ambas enseñanzas evitan que nos difuminemos en lo ajeno e impiden que lo universal y lo particular tiendan a anularse mutuamente. 41 RAÚL HERNÁNDEZ GARRIDO,op. cit., 89. 17
El pudor Dicho con otras palabras, que los humanos somos seres sociales que necesitan vivir en grupo es una tautología, es cierto, pero nos parece interesante volver a revisar la evidencia de que nuestra naturaleza nos lleva a compartir un espacio y un tiempo; estar en grupo representa una necesidad social, económica y biológica, amén de otras, como la psicológica o la espiritual, para las que además hay que sentir que “formas parte de”. Hablamos del sentimiento de pertenencia42, que puede ser en parte impuesto (por lazos de sangre, lugar de nacimiento, clase social, fe de nuestros antepasados…) y en parte elegido43: “community can be ‘invented’ by rational choices […] and blood ties are not necessary to be ‘real’ rather than thinking they are ‘authentic’”44. Sin embargo, esta necesidad puede ser en ocasiones tan apremiante o asfixiante que nos arrebate lo específico en beneficio del protagonismo de lo genérico. Es ahí donde los elementos disonantes (aquellos que nos convierten en entes singulares con respecto a lo general, los que propiamente nos hacen ser) nos brindan sujeción, nos mantienen sujetos ante la fuerza gravitatoria que la masa orteguiana ejerce sobre nosotros. ¿No es entonces el pudor un elemento de estabilidad en este sentido y según lo que hemos analizado hasta aquí? Estamos convencidos de que efectivamente así es, por lo que nos ratificamos en la teoría que lo erige como la fuerza gravitatoria de nuestra identidad. 44 STEFANO AGOSTINI & PETER MERCHANT, “Towards a definition of Virtual Community”, Signo y Pensamiento, vol. 38, nº 74, (2019). 43 Por supuesto “nosotros ya de por sí buscamos aquellos medios y aquellas informaciones que confirman nuestra visión del mundo”, como bien explica el psicólogo Ramón Nogueras, así que lo de la libre elección es cuanto menos materia de un buen debate, como ya dijimos. Y, aunque éste no es el momento ni el lugar, consideramos que la lectura del libro de Nogueras podría ayudarnos a ampliar los conocimientos acerca de los mecanismos psicológicos que actúan en la toma de decisiones. RAMÓN NOGUERAS, Por qué creemos en mierdas. Cómo nos engañamos a nosotros mismos (Madrid: Kailas, 2021), 17. 42 Es un concepto usado en psicología social que hace referencia a aquellos grupos con los que nos identificamos porque compartimos uno o varios rasgos comunes. A más cosas en común, más importante será el grupo en nuestra vida y más sentido de pertenencia al mismo desarrollaremos. Ver https://psicologiaymente.com/social/sentido-pertenencia. (Consultado el 25 de abril de 2022). 18
El pudor 6. El pudor: cárcel, emblema y reclamo femenino A lo largo de la historia del pensamiento, y en lo relativo al pudor, no son pocos autores los que se han cuestionado acerca del género de tal concepto. Veamos brevemente algunos ejemplos de la mano de Hernández Garrido: Freud lo asocia como un sentimiento esencialmente femenino [...] Nietzsche distingue un pudor masculino de uno femenino, y marca una preferencia del primero con respecto al segundo [...] Derrida, citando a Nietzsche, denuncia el pudor femenino, y afirma la imposibilidad de acceder a ese pudor supuestamente verdadero, que se encuentra siempre condicionado por el quizá. Un pudor que relaciona con el velo en la mujer, siendo, según Derrida, este velo utilizado por la mujer simplemente como un engaño, como una artimaña de seducción45. Esta clasificación no es algo que levante sospechas; es más, nos parece incluso lógico al estar el pudor y lo corporal tan íntimamente ligados. Sin embargo, ¿por qué en el caso del pudor sí y de la belleza no –por poner un ejemplo–, cuando ambas se relacionan directamente con lo físico? Por supuesto que ésta última siempre ha tenido, y tiene, sus cánones masculinos y femeninos, pero la abstraemos sin problema de lo medible cuando hablamos de la belleza de un paisaje, de un poema, de un pensamiento. ¿Es posible dicha abstracción relativa a lo púdico? Porque el pudor es algo que nos caracteriza como seres humanos y cuya definición nos afecta por completo, determinando la manera en que nos relacionamos con el mundo y los demás. Además, recordemos que una de sus vertientes es la vergüenza, un sentimiento no especialmente bien considerado (en general). ¿Quién está dispuesto a reconocer que posee puntos débiles? ¿Cómo vamos entonces a conquistar el mundo o a ganar guerras? Hay ciertas verdades que es aconsejable desviar o transformar, porque admitir que hay límites entre yo y el mundo es aceptar que no somos Absolutos y, como observó De Beauvoir, “a un hombre no se le ocurriría la idea de escribir un libro sobre la singular situación que ocupan los varones en la Humanidad”, sencillamente porque “él es el Sujeto, él es lo Absoluto”. Y remata el argumento ofreciéndonos el pie para contestar a la pregunta de por qué en el pudor, elemento limitador por esencia, nos resulta tan “natural” hablar de diferencias entre sexos: “ella es lo Otro”46. 46 Como bien nos explica la filósofa francesa al comienzo de su obra El segundo sexo, la relación entre los sexos no es la relación entre dos polos opuestos, ya que el hombre representa a la vez al positivo y al neutro, estableciéndose así como punto de partida y referencia de todo lo demás. Esto significa que “el hombre se piensa sin la mujer. Pero ella no se piensa sin el hombre”, porque ella es la Alteridad, definida sin duda por lo Uno, de lo que depende irremediablemente. Aplicando este razonamiento a nuestro objeto de estudio, consideramos que sería posible argumentar que sexar al pudor responde a la trayectoria social e histórica que nos muestra que 45 RAÚL HERNÁNDEZ GARRIDO,op. cit., 95. 19
El pudor Para ilustrar las conjeturas anteriormente expuestas, sugerimos recordar unas palabras de Lacan que resaltan la diferencia entre el pudor femenino y el masculino: Detrás de este velo hay, o no hay, algo que se ha de mostrar, y por eso el demonio del que les hablaba [...] se llama el demonio del pudor. El pudor tiene sentidos e importancias distintas en el hombre y en la mujer, cualquiera que sea su origen, ya sea el horror que la mujer le tiene o algo que surge con tanta naturalidad del alma tan delicada de los hombres. He mencionado el velo que con mucha regularidad cubre el falo en el hombre. Es exactamente lo mismo que recubre normalmente a la casi totalidad del ser de la mujer, en la medida en que lo que ha de estar precisamente detrás, lo que está velado, es el significante del falo. El descubrimiento sólo mostraría nada, es decir, la ausencia de lo que es destapado, y con esto precisamente está vinculado lo que Freud llamó, a propósito del sexo femenino, el Abscheu, el horror que corresponde a la propia ausencia, la cabeza de Medusa.47 Como vemos, Lacan justifica el sexo del pudor porque éste depende directamente del sexo en sí; es decir, del falo o de su defecto. Así, siguiendo las teorías de Freud, el psiquiatra francés afirma que en el hombre es algo natural porque surge para velar (en el sentido de custodiar) una parte suya, ya sea por timidez, prudencia o decoro, por ejemplo. Pero en la mujer es muy diferente: ha de velar (ahora como sinónimo de esconder) su deseo de poseer lo que “le falta” y que nunca podrá obtener. De ahí que le provoque horror, porque la mujer es ausencia, sus genitales son como un falo castrado. Ella es la cabeza de Medusa48. 48 En su pequeño ensayo sobre “La cabeza de Medusa”, Freud alega que este mito se relaciona directamente con la hembra. Por un lado, porque la decapitación no deja de ser la castración de un miembro y los órganos sexuales femeninos bien podrían ofrecernos –nos dice– una imagen de “falo mutilado”. Y, por otro, porque el mito de que la visión de la cabeza de Medusa paraliza de terror a quien la contempla. Lo petrifica. Y “quedar rígido significa, efectivamente, la erección, es decir, en la situación de origen ofrece un consuelo al espectador: todavía posee un pene, y el ponerse rígido viene a confirmárselo”. SIGMUND FREUD, “La cabeza de Medusa”, recogido en Más allá 47 En este fragmento del Seminario 5, Lacan reflexiona acerca de un dilema planteado (pero no resuelto, según él) por Freud: el falo no es el objeto de deseo, sino el significante del deseo. A partir de esta idea, nos plantea la diferencia entre el pudor femenino y el masculino que, simplificando mucho, podríamos resumir en que el hombre, al disponer de un falo material, tiene un acceso digamos directo a dicho significante; así, el pudor solamente le resulta necesario para proteger una parte de él. Una parte real, no lo olvidemos. Por su parte, la mujer también tiene el falo como significante del deseo –según las teorías freudianas– a pesar de no poseerlo físicamente. O precisamente por eso, podríamos añadir. Entonces se ve obligada a forjarse un velo mucho más elaborado que el del varón, porque lo que oculta no es algo, sino nada. La ausencia de ese algo. Y la ausencia es indeterminada, inmaterial: no se concreta en cosa alguna. En otras palabras, la falta afecta a la integridad del ser. De ahí su afirmación: “recubre la totalidad del ser de la mujer”. JACQUES LACAN, Seminario 5. Las formaciones del inconsciente, (Barcelona: Paidós, 1999), 392. mayoritariamente el hombre es el Hombre y que el pudor, que habitualmente no nos parece más que vergüenza, o bien no le corresponde o bien –si lo hace– es en una versión ajena a lo mundano, como proponía Nietzsche. SIMONE DE BEAUVOIR, El segundo sexo, (Madrid: Aguilar, 1981), 19. 20
El pudor Aterrizamos, de la mano del psicoanálisis, en una supuesta característica del pudor: la capacidad de engaño. Hemos de señalar, no obstante, que, desde nuestro punto de vista, dicha particularidad no es propia del pudor más allá de su vínculo histórico con la mujer. O, dicho desde el pensamiento feminista, si el pudor –femenino se entiende– se puede fingir, es porque a la mujer, a la que se le ha supuesto por lo general un nivel de raciocinio menor que el del hombre, no le ha quedado más remedio que utilizar artimañas para conseguir lo que desea49. Este detalle nos muestra una diferencia más con otras ideas que también son susceptibles de diferenciarse por sexos, como la que comentamos de la belleza, la cual, por supuesto, puede ser utilizada como arma seductora –recordemos el pasaje de Ulises, por ejemplo– pero no se puede aparentar: o se tiene o no se tiene. En todo caso, hablaríamos de disimular la fealdad antes que de simular la belleza. Ahora bien, en algunas de las teorías aquí vertidas por los distintos autores que hemos trabajado, se defiende la idea de que es posible fingir pudor, lo que nos abre varios interrogantes: el primero es acerca de la necesidad de hacerlo, ¿por qué deberíamos las mujeres mostrar más pudor del que sentimos? El segundo señala hacia lo que podríamos llamar “marca de género”: ¿pertenece el pudor a la supuesta esencia femenina? Y el tercero, ¿por qué el hombre se siente típicamente atraído por la mujer pudorosa? Siendo más concretos, lo que buscamos con este tercer interrogante es reflexionar sobre cómo la violación va la mayoría de las veces más encaminada hacia la sensación de sojuzgar el pudor que hacia la satisfacción sexual. 6.1. Cuando recluye En este primer apartado intentaremos dar respuesta a la pregunta ya formulada: ¿por qué deberíamos las mujeres mostrar más pudor del que sentimos? Cuando podemos expresar nuestras inquietudes, sentimientos y emociones de manera sencilla y franca, nos sentimos liberados; pero si nos vemos obligados a disfrazarlas, la cosa cambia. De ahí que hayamos llegado a la conclusión de que las exigencias sociales, con respecto al decoro femenino, acaban 49 Hacemos tal afirmación basándonos en aquello que el imaginario colectivo ha asumido desde tiempos inmemoriales, y que el feminismo ha estudiado y puesto en entredicho. Es evidente que nos desmarcamos tanto de la idea de que la mujer no dispone de la misma racionalidad que el hombre, como de la suposición de que toda su artillería se basa en ardides y tretas. del principio de placer. Psicología de las masas y análisis del yo y otras obras. Obras completas, vol. XVIII, (Buenos Aires: Amorrortu, 1975), 270-271. 21
El pudor por convertirlo en una cárcel para ella: la obligan a reprimir actitudes y deseos y a actuar de manera diferente a la que siente. Recurriremos de nuevo a Simone de Beauvoir para aclarar esta idea. Ella nos dice que a la mujer se le eligen los libros y los juegos que la inician en su destino, le vierten en el oído los tesoros de la prudencia femenina, le proponen virtudes femeninas, le enseñan a cocinar, a coser y a cuidar de la casa, al mismo tiempo que la higiene personal, el encanto y el pudor; la visten con ropas incómodas y preciosas, que es preciso cuidar mucho; la peinan de manera complicada; le imponen normas de compostura50. Y esto ocurre desde la más tierna infancia cuando, nada más nacer, se nos perforan las orejas porque “ha llegado al mundo una niña y como tal va a ser marcada con toda naturalidad. Comienza el primer rito –o el segundo, que ya está de rosa hasta las cejas–, rito encaminado a conducirle a su lugar social natural”51. Más tarde, en la etapa donde se va tomando conciencia del yo distinto al otro, la niña descubre que su sexo no sólo es diferente del que tiene el niño, sino que es algo que nadie festeja, que no se muestra con orgullo y que su envergadura nada tiene que ver con ser “más hembra”. Es más, el superlativo común de vagina, es decir, el “coñazo”, está muy lejos de tener un significado positivo… Sin embargo, en el niño el tamaño del pene se exhibe como símbolo de hombría: cuanto más tamaño, más macho52. No es de extrañar entonces que, en lo que concierne a los genitales, la mujer se vea empujada a mostrarse más pudorosa que el hombre. Ahora bien, se produce aquí una paradoja bastante llamativa: la sociedad demanda prudencia con respecto a la exhibición de la vagina, al mismo tiempo que le pide a la mujer que se vista con ropas que fácilmente pueden dejarla expuesta. ¿No resulta absurdo? Además, e indiscutiblemente, esto provoca que la presión, la preocupación y la limitación de movimientos sea mayor en la mujer que en el varón, el cual no carga sobre sus hombros con el peso de tener unos genitales que esconder. ¿No es un contrasentido que los uniformes de los colegios, por ejemplo, sigan siendo faldas acampanadas para ellas cuando allí se va a jugar, a formar la personalidad y a experimentar? ¿No es evidente que esta disposición mantiene a las niñas en un 52 No cabe duda de que esto le provoca una serie de complejos y frustraciones que tampoco son baladíes, pero que no podemos pararnos a comentar por no desviarnos del tema principal. 51 ANA DE MIGUEL, Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección, (Madrid: Cátedra, 2016), 56. 50 SIMONE DE BEAUVOIR, op. cit., 265. 22
El pudor segundo plano en lo que a juegos infantiles o juveniles se refiere? No queremos retractarnos de lo ya desarrollado aquí y restringir el concepto de pudor a pura vergüenza o recato sexual. Sin embargo, no podemos dejar de reconocer que son las dos primeras variantes con las que tenemos contacto; asimismo, si a través del pudor establecemos un espacio íntimo y éste está condicionado por el sexo desde un principio, entonces parece sensato pensar que dicho lugar será diferente para ellas y para ellos. ¿Esto es suficiente para afirmar que el pudor se convierte en cárcel para la mujer? Veamos si somos capaces de arrojar algo más de luz a esta propuesta. Para ello, proponemos seguir avanzando en las etapas de la psicología evolutiva, lo que nos llevaría en segundo lugar a la adolescencia. Al dejar la infancia atrás y entrar en este nuevo ciclo vital, encontramos otros obstáculos para la mujer: En la adolescencia las chicas tienen que realizar un tránsito especialmente difícil por contradictorio. Tienen que transitar de la identificación con la dulzura y la maxifalda, propias de las princesas de su infancia, al descaro y la minifalda propios de la sexualización que se les demanda en la adolescencia. Los chicos, por supuesto, también tienen que realizar cambios en su adolescencia. Pero hay una diferencia sustancial. Los chicos encuentran una continuidad entre el aprendizaje infantil y el adulto53. La mujer, por un lado, escucha que ha de hacerse respetar; es decir, reservar su virginidad y evitar que la acaben tachando de “puta”. Mientras que, por otro, proliferan los mensajes y las aplicaciones móviles donde se aboga por la promiscuidad y las orgías, alegando además que todo ello significa liberación sexual para ella. Pero, en el fondo, el ancestral mensaje persiste: lo que distingue a una mujer decente y respetable de una prostituta –que por lo visto no merece tal deferencia– es su capacidad, no nos engañemos, para vender más caro su sexo. Ambas son objetos de compra-venta, por mucho que a una se la coloque en la sección de 53 Para ejemplificar esta afirmación, Ana de Miguel nos propone dos juegos característicos como pueden ser el fútbol, en el caso de los varones, y las barbies, en el caso de las chicas. Independientemente de si el infante efectivamente juega a una cosa u otra, lo cierto es que socialmente aprende qué es lo que le corresponde en función de su sexo. Así, al crecer, el fútbol sigue siendo una ocupación honorable y deseable, mientras que Barbie deja de ser un juego para convertirse en un insulto y una forma de control. Y es que “a las niñas hay que interrumpirles sus juegos sin motivo, para que se vayan acostumbrando a la irracionalidad de sus maridos”, nos comenta la filósofa rememorando las palabras de Rousseau en Emilio o la educación. ANA DE MIGUEL, op.cit., 67. 23
El pudor luxe y a la otra en la de saldos; y por más que se empeñen en hacernos creer que tener sexo con cualquiera, y de cualquier manera, es algo que hoy día elegimos libremente54. De nuevo, el pudor que se exige a la mujer es diferente del que se exige al hombre, el cual nace con un respeto que por lo visto no tiene que refrendar y que, opuestamente al de la mujer, crece con las conquistas. No sólo eso, el hombre se encuentra también con que, gracias a la “liberación sexual”, las mujeres consienten sin problema –y sin transacción económica mediante– participar de las más estrambóticas fantasías pornográficas; incluso eligen por voluntad propia, como si fuera un trabajo como otro cualquiera, ejercer de prostitutas55. Sin querer profundizar demasiado en estos temas, sí que nos interesa señalar las contradicciones a las que nos enfrentamos: las mujeres no dicen palabrotas, para que no se las tache de camioneras; no hablan de sexo en público para no parecer ninfómanas o fulanas; no se sientan con las piernas separadas en el metro para no ocupar un espacio que no es suyo; no gritan en el gimnasio porque tienen que pasar desapercibidas o aguantar bien el dolor; no pelean para que no las llamen verduleras; y, sobre todo, no imponen su opinión a golpe de puño sobre la mesa, porque o bien se considera que su opinión no es válida, o bien usan su supuesto arte sibilino connatural para imponerse con tejemanejes. Las mujeres escuchan, comprenden y cuidan, todo actividades pasivas, de recepción, de espera, de sometimiento. Lévi-Strauss nos lo justifica diciendo que hay un “peligro” que acecha a la humanidad –en 55 Ejemplos actuales de cómo la clásica prostitución se ha ido blanqueando cada vez más, ante los ataques principalmente feministas, tenemos bastantes. Pero nos centraremos en dos que nos parecen particularmente llamativos: los suggar daddy y las “asistentes sexuales a discapacitados”. El primero consiste en chicas muy jóvenes que ofrecen su “acompañamiento” a hombres mayores o ancianos. Ya no se las llama “putas” sino suggar babies y ellas mismas se muestran orgullosas de serlo y de “haberlo decidido”. ¿Cómo no iban a estarlo al leer artículos “científicos” como “¿El fenómeno suggar daddy-suggar baby podría tener una explicación científica?” Ver https://www.sharingsugar.com/es/la-ciencia-sugiere-que-tener-un-sugar-daddy-es-lo-ideal/. (Consultado el 17 de mayo del 2022). Por otro lado, hasta tal punto hemos normalizado el papel de cuidadora y prostituta que incluso cuando aparecen propuestas como la “asistencia sexual a personas con discapacidad”, lo entendemos connatural a la bondad innata de la mujer, y no como una versión caramelizada del sistema de prostitución patriarcal. ONG´s como https://www.tandemteambcn.com/ ofrecen este tipo de servicios que denuncian otras páginas como https://tribunafeminista.org/ con estos argumentos: “se logra permutar los muy cuestionables deseos de los puteros por la necesaria satisfacción de aquellos a los que se percibe como vulnerables y desgraciados”. Es más, como comenta Tasia Aránguez Sánchez (responsable de Estudios Jurídicos de la Asociación de Afectadas por la Endometriosis –Adaec– y profesora del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada): “el argumento de la asistencia sexual permite que dejemos de hablar del privilegio de los hombres de acceder al cuerpo de las mujeres como forma de dominación, para hablar del derecho de las personas con discapacidad (que casualmente son hombres) a acceder a la salud sexual gracias a personas generosas (que casualmente son mujeres)”. Más información en https://tribunafeminista.org/2018/01/quien-escucha-a-las-mujeres-con-discapacidad-sobre-la-asistencia-sexual/. (Consultado el 17 de mayo de 2022). 54 No pretendemos juzgar ningún tipo de práctica sexual, sino poner en tela de juicio la supuesta “elección libre”. Nos remitimos de nuevo a la obra de Ana de Miguel para justificar el uso de la cursiva en ese sentido. Ver, en especial, el capítulo 4: “¿Revolución sexual o revolución sexual patriarcal?”, ANA DE MIGUEL, op.cit., 121-147. 24
El pudor Como podemos observar, lo que tienen en común todas estas razones es el poder y la dominación, no del cuerpo, sino de algo simbólico que la otra persona representa. Y, como en cualquier demostración pública de autoridad, cuanto más complicado resulte conseguir el objetivo, más valorado será luego quien lo consiga; es decir, a más “resistencia” (de cualquier tipo) más satisfacción. Quizá sea ésta una de las razones por la cual se nos exige más pudor a las mujeres: es más deseable aquello que creemos que no podemos alcanzar. No obstante, hay otras violaciones, como las cometidas a menores de edad, que no se basan en esa probable resistencia. El mito de la “Lolita”, los casos de abusos a menores dentro de la Iglesia o el turismo sexual, entre otros, son ejemplos de cómo algo que debería resultarnos repulsivo por naturaleza, está bastante naturalizado en la comunidad global, a nivel extraoficial, por supuesto. Encontrar las causas que provocan semejante aberración es un trabajo que no nos compete ahora, pero sí nos interesa relacionarlo con nuestro estudio. Consideramos que el pudor en la infancia es, por llamarlo de algún modo, más puro de lo que podrá ser luego. Cuando afirmamos tal cosa lo hacemos en el sentido de que, en los primeros años de vida, la capacidad de aparentar no se ha desarrollado todavía y el decoro que se muestra es tal cual el que se siente. ¿Podría esto explicar la atracción que siente un pederasta? A eso sumaremos el hecho de que el niño se encuentra formando su personalidad y los límites no están del todo establecidos, al igual que su capacidad de decisión está fuertemente condicionada por los padres, tutores o demás elementos de autoridad que formen parte de su vida: Su modus operandi suele basarse en el acercamiento y el establecimiento de una relación de confianza con el menor víctima de abuso [...]. Ganan acceso a los menores por su trabajo, vínculos consanguíneos o a través de las redes (fenómeno conocido como grooming), fingiendo comprender las circunstancias vitales del menor y produciendo en ellos curiosidad y el afecto [...] en muchos casos las propias víctimas no viven inicialmente el abuso como tal, siendo manipulados de manera que llegan a pensar que se trata de una especie de juego o una manera de relacionarse con ese adulto en cuestión66. Esto provoca que el abuso sexual de adulto a menor no requiera casi nunca del uso de la violencia, lo que no descarta en modo alguno que el objetivo siga siendo el mismo: poder y 66 OSCAR CASTILLERO MIMENZA, “Perfil psicológico del pederasta: 8 rasgos y actitudes en común”, en https://psicologiaymente.com/forense/perfil-psicologico-pederasta. (Consultado el 26 de mayo de 2022). 31
El pudor dominación. Por eso, en el fondo –y a modo de conclusión–, podríamos decir que la violación es un acto político a través del cual se retira la condición de sujeto de la persona agredida. La única manera de conseguirlo pasa obligatoriamente por la transgresión de los límites forjados por el pudor. Ergo, el pudor se convierte en objetivo a derribar por parte del violador, en lo que le atrae. En reclamo. 7. El pudor en la era tecnológica En la actualidad encontramos que todo cambia rápidamente, sobre todo debido al auge de las nuevas tecnologías. Se ha modificado la manera en que trabajamos, en que nos relacionamos con los demás, en que nos movemos por el mundo. En el siglo XXI nos encontramos con que si queremos repensar el problema occidental de la ciencia de la realidad, nos encontramos con que no tenemos ciencia sin más y que tenemos una nueva realidad, una nueva realidad “no natural”. En efecto, la ciencia de hoy es tecnociencia y la nueva realidad es tecnológica67. Lo cierto es que la técnica ha sido desde el principio el factor necesario para la hominización, es decir, hablamos de un elemento básico de supervivencia de nuestra especie. Y, cuando nos referimos a la técnica, no lo hacemos únicamente pensando en los utensilios y herramientas, sino en todo aquello que hemos creado para desarrollarnos: lenguaje, casas, ciudades, valores, derechos, etcétera. Nuestro mundo es un producto humano, por lo que nos necesita para existir. Y nosotros a él. Hasta tal punto dependemos de la técnica, más concretamente de la tecnología hoy día, que la vida humana no sería posible sin ella; ¿cómo iban a alimentarse si no siete billones de personas, por ejemplo? La técnica nos da la vida, pero, por otro lado, también puede arrebatárnosla. De hecho, éste es el primer momento de la historia en el que poseemos una tecnología capaz de aniquilar por completo a nuestra especie: las bombas nucleares. En otras palabras, la ciencia y la técnica ya no son –si es que lo han sido alguna vez– meros instrumentos para observar, clasificar y describir el mundo, también ejercen su propia influencia y operan en la realidad modificándola, e incluso generando valores. De hecho, en la actualidad recurrimos a la ciencia como fuente de verdad más de lo que hicimos antes. 67 JOSÉ ANTONIO MARÍN CASANOVA, “Ramón Queraltó o la equidad racional. Semblanza de su contribución al debate axiológico contemporáneo sobre la técnica”, Thémata. Revista de filosofía, nº 48, 2014, pp. 405-414, 406. 32
El pudor Dicho esto, consideramos posible catalogar a la presente sociedad como “tecno-sociedad”, lo que nos llevaría a aplicar también ese cambio a los individuos: ya no somos sólo personas, somos “tecno-personas”. Si lo pensamos detenidamente, vemos que nuestra memoria está volcada en los teléfonos móviles –que llevamos siempre con nosotros como si de un apéndice natural más se tratara–; nuestra personalidad se define en gran parte a través de las interacciones continuas por redes sociales; la comunicación entre pares se da por medios tecnológicos, e incluso hemos asumido el teletrabajo o los cursos online como una opción más, principalmente tras la pandemia de la Covid-1968. ¿Adónde nos dirigimos con este razonamiento? A la evidencia de que se ha producido un giro en las categorías que el humanismo nos dejó. Es más, podríamos decir que estamos transitando de una época donde la razón estaba por encima de todo, a una etapa en la que nuestro intelecto se ve muy supeditado a la tecnología y donde nuestra identidad depende más de la realidad virtual que de la física. 7.1. ¿Dónde queda la libertad del pudor ante el libertinaje actual? Los cambios están siendo muchos, y muy rápidos, en varios aspectos de nuestra vida, pero queremos hacer hincapié especialmente en aquel que tiene que ver con nuestra intimidad y, por supuesto, con el pudor. Vivimos una realidad donde todo es compartido a través de las redes sociales: dónde estamos, qué comemos, qué ropa llevamos, con quién nos relacionamos, etcétera. Además, esto ocurre casi en directo, llegando a un punto en que mantenernos constantemente en contacto con los demás es prioritario, como si desaparecer de la “ciber vida” implicara no existir en absoluto. Nuestra exposición pública, bien como protagonistas o bien como espectadores, hace que las normas de convivencia se vayan reformando y adaptando al nuevo escenario social. Pero, antes de proseguir con el desarrollo de nuestras ideas, consideramos oportuno dedicar unas líneas a definir el uso que damos aquí a la palabra “libertinaje”. Según la R.A.E. es el “desenfreno en las obras o en las palabras”, es decir, la falta de restricciones y de toma de conciencia del otro. No puede existir libertad en este marco de acción, pues, como diría Sartre: 68 Ambas son posibilidades que nos acompañan hace mucho tiempo, es obvio. Lo que pretendemos es exponer cómo la pandemia las ha integrado de tal manera en nuestras vidas que lo que antes era algo excepcional, hoy es ya tan común como las opciones presenciales. 33
El pudor El verdadero límite de mi libertad está pura y simplemente en el hecho mismo de que otro me capte como otro-objeto y en el hecho, corolario del anterior, de que mi situación deje de ser situación para el otro y se convierta en una forma objetiva, en la que existo a título de estructura objetiva. Esta objetivación alienadora de mi situación es el límite constante y específico de mi situación, así como la objetivación de mi ser-para-sí en ser-para-otro es el límite de mi ser. Y precisamente estos dos límites característicos representan las fronteras de mi libertad.69 Cuando las relaciones son presenciales, las leyes de la física ejercen bastante peso a la hora de captar a los demás. Pero, cuando los vínculos se establecen a través de las pantallas, el otro se nos representa en formato imagen más que en el de sujeto70. Hasta tal punto nos distorsiona esto la estructura del yo y el otro, que tendemos a tratarlo como si efectivamente no fuera más que una representación: la experiencia con la imagen se vuelve tan despótica que marca el sentido de la experiencia misma, induciendo a que los límites, necesarios para hablar de la libertad sartreana, se deformen hasta resultarnos irreconocibles. Así, no tenemos más remedio que hablar de libertinaje en las opiniones (que se vierten sin base alguna y sin consideración al otro), en el uso de información personal (los diversos organismos públicos han añadido en sus debates leyes para frenar la utilización de nuestros datos privados por parte de las empresas y los usuarios de redes sociales), en la exhibición de nuestra intimidad. Vivimos en una especie de Gran Hermano permanente, donde establecer la separación entre lo privado y lo público se vuelve un proyecto muy complejo, ya que la dualidad que habitamos tira de nosotros en direcciones opuestas. De una parte, encontramos que la velocidad de las redes sociales nos incita a estar continuamente conectados, a seguir lo que esté de moda sin pararnos a reflexionar sobre ello71; compartimos nuestra vida a veces sin saber con quién y sin tener en cuenta que lo 71 Hay diversos estudios psicológicos que ponen de manifiesto hasta qué punto la influencia ajena es determinante en nuestras decisiones. Por ejemplo, Ramón Nogueras nos sintetiza los que llevó a cabo Solomon Asch, psicólogo estadounidense, que organizó unos experimentos en la década de los 50 del siglo pasado para estudiar dicha influencia. “Los investigadores concluyeron que las personas contestaban erróneamente porque querían encajar en el grupo (influencia normativa) y porque tendían a pensar que el grupo estaba mejor informado de lo que ellos estaban (influencia informativa). Es decir, en primer lugar usamos a los demás como referente y tratamos de encajar con ellos, pero, además, tendemos a creer que, si el resto de la gente a nuestro alrededor piensa de una manera, probablemente tengan más razón que nosotros”.RAMÓN NOGUERAS,op.cit., 34-35. 70 Vivimos inmersos en una densa iconosfera donde nuestras relaciones son mayoritariamente con imágenes. Eso presenta un grave problema y es que la imagen está perdiendo su carácter de signo, de referente de una cosa, para convertirse en la cosa misma. Esto fomenta la idea de que las relaciones no son persona a persona, sino persona a imagen, es decir, ya no debo tener las mismas consideraciones con quien me relaciono (respeto, educación, buen uso de las palabras, etcétera) porque la imagen no es una persona, no tiene sentimientos, no merece respeto. El fenómeno haters, que es bien conocido actualmente, corrobora esta teoría de que, al perder la noción del otro, perdemos también la necesidad de ajustarnos a las normas morales. Es decir, la relación sujeto-imagen no exige las mismas reglas éticas que la relación sujeto-sujeto; es más, ni siquiera aquéllas que podríamos establecer para la relación sujeto-objeto. 69 JEAN PAUL SARTRE, El ser y la nada,cit., 322. 34
El pudor subido a la red es eterno y puede ser usado en contra nuestra en cualquier momento del futuro. Y, por otro lado, esa exposición constante nos genera malestar, depresiones, cambios de humor y emociones varias que no sólo aún no hemos aprendido del todo a aceptar y gestionar –socialmente, queremos decir–, sino que el instinto72 nos dice que es mejor mantenerlas en privado. Los patrones relacionales se transforman; ergo, eso debe incluir las manifestaciones púdicas, aunque no así el núcleo73 del concepto, el cual consideramos que permanece inmutable. Ahora bien, ¿dónde está el foco del pudor en nuestros días? 7.2. El pudor espiritual Para finalizar, volveremos al principio, a Scheler y su división del pudor en dos: el corporal y el anímico o espiritual. Si hablar del cuerpo hemos visto que supone bastante quebraderos de cabeza cuando dejamos de considerarlo mera materialidad y pasamos a verlo como lo que también somos, intentar definir el espíritu es una tarea en la que no vamos a embarcarnos aquí. Y, aún así, usaremos esa palabra para responder a la anterior pregunta, puesto que nuestra opinión al respecto consiste en proponer lo anímico, más concretamente la gestión de las emociones y los sentimientos, como las nuevas preocupaciones del pudor, por llamarlas de alguna manera. Durante siglos, nuestras cualidades sensibles han sido las grandes olvidadas, relegadas sobre todo a los caracteres infantiles y femeninos. Mostrar emoción era propio de seres inferiores, débiles, sin control sobre sí mismos. No obstante, la ciencia –junto con la inestimable colaboración del movimiento feminista– ha ido desmontando este mito gracias a varios estudios e hipótesis que sacan a la palestra el importante papel que desempeñan en la toma de decisiones74, en la salud física y mental, en el éxito profesional… Traeremos a colación una idea de Damasio al respecto de los sentimientos: “la mayoría de veces son revelaciones del estado de la vida en el seno del organismo entero, una expresión de lucha por el equilibrio”75. 75 ANTONIO DAMASIO,En busca de Spinoza, op. cit., 13. 74 Es muy interesante la teoría que Damasio desarrolla en su libro El error de Descartes. En él nos cuenta la importancia de las emociones en la toma de decisiones, o lo que llama “marcador somático” que no son más que “un caso especial de sentimientos generados a partir de emociones secundarias” que, a través de la experiencia, son capaces de “predecir” si una decisión tal nos llevará a consecuencias negativas o positivas. Así, sin necesidad de razonar, hay ciertas reacciones en nuestro cuerpo, ante la visión de un posible futuro, que nos dan señal de alarma –haciendo que desechemos dicha opción– o, por el contrario, nos incentivan a tomarla. ANTONIO DAMASIO, El error de Descartes:la emoción, la razón y el cerebro humano, (Barcelona: Crítica, 2010), 205. 73 Es decir, como guarda y traductor entre el ser y el mundo. 72 Hablamos de “instinto” en el sentido que lo hace Rodríguez Valls y que vimos en el punto 2 de este trabajo. 35
El pudor Quedémonos con la palabra que utiliza: “revelaciones”, la cual nos resulta, valga la redundancia, increíblemente reveladora acerca del lugar donde se enclava el pudor actual. Mostrarse desnudos sabemos que puede ser tomado literal o figuradamente, por tanto, si en lo relativo a la literalidad hemos perdido la vergüenza76, nos queda entonces lo figurado. Veamos si podemos explicarlo con otras palabras. Las emociones y sentimientos nos delatan porque ponen de manifiesto aquellos puntos que nos enfadan, nos entristecen, nos dan miedo, nos asquean o nos dan alegría; es decir, aparte de darnos herramientas de autoaprendizaje, también sirven a los demás para conocernos mejor; un conocimiento que puede ser usado en muchos sentidos, también en el peor, por supuesto. Independientemente de que, como hemos dicho, hablar abiertamente de emociones era algo relegado a niños y mujeres, lo cierto es que siempre solía hacerse al resguardo del hogar o de las amistades más próximas. Así, el número de personas ante las cuales quedábamos “desnudos” era limitado, y en todo momento sabíamos quién podía poseer tal o cual información sensible acerca de nuestra vida77. Pero los tiempos han cambiado. No sólo en el sentido de sobreexposición del que ya hemos hablado, sino también porque la red nos ofrece infinidad de grupos de diferentes ideologías o creencias. En otras palabras, siempre podremos encontrar un lugar en el cual nuestras ideas puedan ser compartidas, donde sentirnos acogidos: podemos elegir nuestra propia comunidad y esto nos llevaría a pensar que el pudor emocional en realidad no existe como tal. ¿Por qué íbamos a sentir recato si es posible hallar donde mostrarnos como somos? Sin embargo, ¿hasta qué punto es nuestra libertad la que nos guía y no nuestra necesidad de conectar con los demás en un entorno seguro? Un ambiente fiable, tanto en el sentido de que no seremos ridiculizados al exponer nuestra opinión, como en el de que la información que allí encontremos es veraz. Dicha necesidad no es nueva –forma parte de nuestro ADN ya que somos incapaces de sobrevivir en soledad–, pero sí que se ve acentuada exponencialmente 77 No queremos dejar pasar la oportunidad de aportar un toque de humor y mencionar nuestra clara tendencia humana al cotilleo. El morbo que las habladurías generan nos resulta sumamente atrayente, lo que sin duda podría ser motivo de un análisis serio al respecto que, evidentemente, no haremos ahora. 76 Queremos evitar dotar a estas palabras de ningún sentido peyorativo; simplemente intentamos describir un hecho de nuestro mundo actual, en el cual mostrarse con poca o ninguna ropa ya no provoca reparo ni sorpresa. Al menos no como años atrás. Por otro lado, tampoco pretendemos afirmar que el pudor corporal haya desaparecido por completo, porque en este punto sería muy interesante el debate acerca de los filtros que nos proponen aplicaciones como Instagram para retocar nuestras fotografías. Mostramos nuestro cuerpo, pero generalmente modificado por la postura que adoptamos o los retoques que hacemos a la imagen. ¿De verdad hemos perdido la vergüenza? ¿O nos vemos en cierta manera obligados, más incluso que antes, a ocultarnos? Las campañas publicitarias en las que se incluyen cuerpos no normativos, ¿de verdad fomentan la aceptación? En este camino nos surgen muchos interrogantes que no podemos atender aquí, aunque, como vemos, están claramente relacionados con nuestro tema de estudio. Dejamos estas preguntas abiertas a futuros análisis. 36
El pudor debido al bombardeo de noticias y sucesos del día a día. Sentimos que, en nuestro mundo real –en tanto que no virtual–, nos hallamos “a la deriva en un universo nihilista, gobernados por gente incompetente y expuestos a todo tipo de contingencias imprevisibles”78, según nos cuenta el periodista Noel Ceballos. No hay más que echar la vista atrás a los acontecimientos vividos desde comienzos del año 2020 para asumir la certeza de tal afirmación. ¿Adónde queremos llegar con esta disertación que tan poco parece tener que ver con el pudor? Pues, precisamente, a la propuesta inicial: si el pudor busca crear un espacio seguro para nuestro ser, no es posible que haya desaparecido realmente en una época como la actual, en la cual la globalización y la red difuminan los límites y nos arrojan sin cobertura a un mundo cada vez más grande y que controlamos menos. Un lugar donde somos meros objetos que consumen y son consumidos, que reproducen cada challenge otik-tok que se ponga de moda –por peligroso que sea–, que hacen las mismas fotografías en los mismos lugares, que viajan para que todos lo sepan antes que por la experiencia personal, que compran el perro que se lleva y la ropa que los influencers dicen que hay que vestir. Coleccionamos infinidad de publicaciones sobre los platos que hemos comido o lo aburridos que estamos en el sofá, eso sí, con un look impecable; pedimos opinión por redes antes de cortarnos el pelo, antes de elegir un coche, antes de ver una serie; somos incapaces de reciclar el vidrio que gastamos, pero nos vamos de voluntarios a esa ONG que se publicita en Instagram y que ofrece vivir experiencias únicas de ayuda a los demás, a esos demás con los que podrás hacerte una fotografía para demostrar tu filantropía… En resumen, somos copias de copias. No hay pudor posible ahí. Por eso, una vez más, defendemos la idea de que el pudor se halla protegiendo aquello que nos hace únicos y que nos da libertad, es decir, lo que es tan nuestro que no es reproducible en imágenes ni comercializable: el espíritu. Y, para ilustrar nuestra teoría, utilizaremos unas reflexiones de Walter Benjamin que, a pesar de estar dirigidas al arte, creemos que bien podrían referirse a nosotros. Sobre todo tras lo expuesto acerca de nuestra conversión en imágenes: Incluso en la más perfecta de las reproducciones una cosa queda fuera de ella: el aquí y ahora de la obra de arte, su existencia única en el lugar donde se encuentra. La historia a la que una obra de arte ha estado sometida a lo largo de su permanencia es algo que atañe exclusivamente a ésta, su existencia única. Dentro de esta historia se encuentran lo mismo 78 NOEL CEBALLOS,El pensamiento conspiranoico, (Barcelona: Arpa, 2021), 24. 37
El pudor las transformaciones que ha sufrido en su estructura física a lo largo del tiempo que las cambiantes condiciones de propiedad en las que haya podido estar79. Haciendo una libre asociación de estas ideas con las nuestras, así como la historia de una obra de arte es lo que le da su “existencia única” –porque esa parte es imposible de reproducir–, el espíritu, la psyché, lo anímico, el alma, el ser o como queramos llamar a esa parte irrepetible nuestra, es lo que nos la da a nosotros. Eso es lo que hay que proteger. Lo que, sin duda, el pudor está tratando hoy día de custodiar. 8. Conclusiones Aprovechando la reciente mención a Walter Benjamin, queremos comenzar este punto final con otra de sus ideas que, a pesar de tratarse de cavilaciones acerca de la obra de arte, nos vamos a apropiar sin pudor alguno: el aura. Y “¿qué es propiamente el aura? Un entretejido muy especial de espacio y tiempo: aparecimiento único de una lejanía, por más cercana que pueda estar”80. Pareciera que el filósofo alemán estuviera describiendo el pudor, al menos tal como lo hemos presentado a lo largo de este trabajo: templo del ser, guarda y custodia, soberana barrera entre yo y el mundo que está marcada por nuestro libre albedrío y nuestra necesidad de contar con un espacio íntimo que nos permita mostrarnos a los demás siguiendo nuestras propias pautas. Por eso, también podríamos definirlo de la misma forma que hace Benjamin con el aura, porque nos da un lugar propio donde manifestarnos desde la seguridad de la lejanía, pero con el acceso cercano de quien elegimos; un microcosmos personal que se muestra severo con quien pretende llegar sin permiso pero que, al mismo tiempo, es tan flexible que nos permite ir acomodándolo sin problema a nuestra evolución personal. Hablamos, por supuesto, desde la visión filosófica del concepto mismo, no de cómo se despliega en la vida cotidiana; algo que, además, también hemos querido tratar aquí. Somos conscientes de que quizá alguna de las ideas que hemos querido desarrollar a lo largo de estas páginas ha quedado en formato concentrado; pero nuestro objetivo principal era elaborar un acercamiento más profundo a un concepto que nos llamó poderosamente la atención, desde que escuchamos las palabras de la mencionada filósofa Amelia Valcárcel: “el pudor nos hace humanos”. Una afirmación con la que se abría un interesante camino de 80 Ibid, 7. 79 WALTER BENJAMIN, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, (México DF: Ítaca, 2003), 4. 38
El pudor reflexión ante nosotros, porque ¿qué podría ser eso capaz de “hacernos humanos”? Y, sobre todo, ¿por qué no habíamos escuchado apenas nada de él? Se nos presentaba así la oportunidad de iniciar una vía de investigación sobre algo de lo que no teníamos más información que aquella recibida a través del imaginario colectivo, es decir, de las conocidas asociaciones del pudor con la vergüenza corporal, con el recato sexual y con la figura de la mujer. Sin embargo, como suele ocurrir cuando la mente fija la atención en algún detalle, comenzamos a percibir alrededor nuestra el uso de la palabra “pudor” vinculada a otros aspectos humanos: a llorar en público, a hablar de ciertas enfermedades como los trastornos alimenticios, la esquizofrenia o la depresión, a expresar la propia opinión, a reconocer los defectos propios, etcétera. Independientemente de si tal uso era o no correcto, algo en lo que no vamos a entrar, lo cierto es que parecía existir una versión púdica que poco tenía que ver con la materia y mucho con un mundo muy nuestro: el del espíritu. El del ánimo. Un nivel de difícil acceso, incluso para uno mismo, ya que necesitamos la vida entera para el nosce te ipsum o para transitar el agustiniano camino interior. Entonces surgió la pregunta acerca de si la función última del pudor no sería precisamente actuar como enlace entre ambos mundos ya que, al menos en su versión popular, aparecía como protegiendo u ocultando algún aspecto de la biografía, de esos que no es agradable compartir a voz en grito. Reconocemos que no ha sido fácil elaborar ciertas definiciones, por la falta de material al respecto y también por la dificultad que presenta una idea que parece a la vez tan rígida como un escudo y tan elástica como una traducción. Así, es posible que algunos apartados hubieran requerido de más tiempo de meditación y crítica que del que hemos dispuesto, como, por ejemplo, aquel en el cual hablamos sobre la formación de la identidad. Al ser, además, un terreno muy vinculado a la sociología, la antropología y la psicología, nos hubiera encantado ampliar la investigación hacia esas disciplinas, pero nos hubiésemos desviado bastante del propósito inicial que, como decimos, era elaborar una aproximación a la cara oculta del concepto, a lo que está más allá del cuerpo. La metafísica del pudor. No obstante, tenemos igualmente que reconocer que las indagaciones que han surgido de la cuestión original, que dio pie a este proyecto, han sido más fructíferas de lo que pudimos prever. La asociación del pudor a lo sagrado era algo que ni siquiera contemplamos hasta que estuvimos bien “metidos en faena”, hablando en términos cotidianos; una relación que, una vez establecida, nos ha resultado tremendamente natural. Por otro lado, las pesquisas desde la 39
El pudor óptica feminista sí que formaban parte del cuaderno de bitácora, especialmente las relacionadas con la violación, un tema que personalmente nos interesa bastante debido a diversas vivencias, historias y sucesos ocurridos a mujeres más o menos cercanas. Cuando comienzas a preguntar a tu entorno femenino y descubres que todas, en mayor o menor medida, han sufrido algún tipo de abuso sexual, por leve que fuera, descubres que no se trata de anécdotas, sino del sistema mismo. Así, podemos afirmar que fue la toma de conciencia de la normalización de las conductas de extralimitación a lo largo de la historia –desde los dioses griegos y sus mitos llenos de raptos y violaciones, hasta el generalizado mutis por el foro de multitud de sacerdotes pederastas, pasando sin duda por el fenómeno de la prostitución que está siendo incluso legalizado– lo que hizo saltar nuestra alarma ética y de empatía básica. Siendo más concretos, fue el tristemente famoso caso de “La manada” de Pamplona81 lo que nos enfrentó a la pregunta clave: ¿por qué? Las respuestas que fuimos encontrando a cada paso nos ofrecieron nuevas preguntas, y de ahí siempre surgen más cuestiones que responder, como cada vez que escalas cualquier atalaya filosófica. Para finalizar, nos gustaría hacer un repaso de las principales conclusiones que consideramos que se pueden extraer de este estudio. Por un lado, que el pudor está directamente relacionado con nuestra posición intermedia, entre el mundo divino y el animal, causándonos un sentimiento de vergüenza que puede tanto aparecer ante la parte trascendente que somos como ante la parte animal. Esa capacidad de tomar conciencia de nuestros defectos es algo que nos caracteriza, pues ni Dios la necesita ni los demás seres vivos la poseen. Es decir, efectivamente el pudor nos hace humanos. Por otro lado, este hallazgo nos atrae hacia la pregunta de qué significa ser humano, en su sentido holístico que lo entiende como un algo absoluto que no es ni cuerpo, ni mente, ni espíritu, sino todo a la vez. Somos un ente que actúa sinérgicamente gracias a que hay un núcleo o base que le da consistencia. Hablamos, claro está, del ser. Y de la visión de ente y ser como un todo surge la propuesta del pudor como elemento de unión y consistencia; de protección de nuestras realidades por excelencia: lo sagrado y la vida cotidiana. 81 El caso de “La manada”, como es bien sabido, hace referencia a los hechos ocurridos en las fiestas de San Fermín (Pamplona) en julio de 2016, cuando un grupo de cinco hombres violó a una mujer de 18 años en un portal. Más tarde, se descubrió que también habían abusado de una joven en Córdoba, siendo condenados a unos 15 años de prisión. El revuelo mediático, entre defensores y detractores de la víctima, provocó que las manifestaciones del 8 de marzo de los años posteriores fueran las más multitudinarias, al grito de “tranquila hermana, aquí está tu manada”. Para más información, ver https://www.efe.com/efe/espana/sociedad/cinco-anos-del-caso-de-la-manada-el-germen-ley-solo-si-es/10004-4579 622. (Consultado el 3 de junio de 2022). 40