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ENSEÑANZA SUPERIOR Y EDUCACIÓN I NCLUSIVA:
MÚLTI PLES MIRA DAS DESDE LAS HI STORIAS DE
VIDA DE ESTUDI ANTES CON DISCAPACIDAD
TESIS DOCTORAL
ALMUDENA C OTÁN FER NÁNDEZ
Sevill a, 2 015
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Univer sida d de Sevi ll a
Facultad Cienci as de la Educación
Depart amento Did ácti ca y Organ izac ión Educa tiva
ENSEÑANZA SUPERIOR Y EDUCACIÓN I NCLUSIVA:
MÚLTI PLES MIRA DAS DE SDE LAS HISTO RIAS DE
VIDA DE ESTUDI ANTES CON DISCAPACIDAD
Tesis presentada para aspirar al grado de Doctor por la
Licenciada Almudena Cotá n Fernández, dirigida por la Dra.
Anabel Moriña Dí ez.
Sevilla, 2 015
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A Carl ota,
por ser el motor de mi vi da.
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Agradecimientos
Una te sis no es u n tr abaj o in divi dual , a lea tor io ni aza roso. Si empre e s prod uct o del
contexto social y personal en el que nos encontramos inmersos moti vado por int ereses
personales y prof esional es. Este proyect o nació deri vado de mis ganas y necesidad de
ampliar la visión de la vida y ascender profesi onalmente y eso sólo podía hacerlo
rodeada de las persona s con las que tengo la gran fortuna de relacionarme. Por ello,
me gus ta rí a que desde estas líneas mostrar mi más sinc ero y profundo agr adecimiento
hacia aquel las per sonas que l o han hec ho posibl e.
En pri mer lugar , me gust aría dar la s graci as a Marper , And rés y Rafa por
enseñarme que la vida nunca te pone ante situaciones que no podamos superar. Sin
ellos, nada de esto hubi era sido posi ble , sin su amabilidad, disponibil idad, sinceri dad,
fuerz a y hu m or co n los q ue s e en frenta n a la s dificu ltade s qu e le s mues tra la v ida. A
sus familiares, amigos, compañeros y profesores, por dejarme entrar en sus vidas d e
form a ple na y, tam bié n, po r su tiem po, e xpe rien cias y refle xion es.
En se gundo lugar , a mi directo ra de tesis , Anabel Mo ri ña , porq ue sin ella e ste
traba jo n o te nd ría s entid o s i no h ubie ra sido por su sab er e star y s us imp ortan tes
orient aciones académicas que tanto me han hecho crecer. Gracias por ser mi am iga,
compañera, t utora y confi dente y, sobr etodo, por no dejar me caer nunca con s u
ines tima ble afe cto y ap o yo incondicional .
En terc er lu gar, quisi era agr adecer a mi famil ia por su saber est ar en todo
moment o. Gra ci as po r of rec er me la s pal abr as de áni mo que he nece si ta do en ca da
moment o, por escu cha rme y ayuda rme a re or gani z ar mi s id eas , por la conf i anz a que
habéis deposi tado en mis capacidades y por saberse adaptar a mis horari os y
ausencias. Gracias a mis padres por incul carme los valores de la humil dad, honest idad
y responsabilidad. A mi incondicional compañero de vida , Javier. A mi herma na, por su
eterna mir ada de admirac ión. A mi hij a Carlot a, por enseñarme el ver dadero senti do de
la vid a. A A pple y M a ggie , po r se r m is et erno s y lea les c om pa ñer os. Y a todo s a que llos
fam iliares qu e ha n seg uido d e cerc a este p roye cto y m e han a yud ado y a liviado d e mis
cargas.
En cuar to l ugar, a l os budi sta s y a t o dos mis compañeros y compañeras de
traba jo. G racia s p or n o de jarm e n un ca s ola y co mp artir m is d uda s, m ied os y op inione s.
También, graci as a mis amigos , por soport ar mi aus encia y estar siempre a mi lado.
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Y, por úl timo per o no m enos importantes, a todas las personas con discapacidad a
las que va dirigido este trabajo. Vuestra fuerza, ganas de luchar e inmenso am or hacia
la vida m e hacen repensar valores de la sociedad en la que estoy inme rsa y m e d an
alient o para unirme a vuestra lucha constant e con mi pequeño granito de arena . Me
siento afortunada de poder compartir esta vida de constante aprendizaje a vuestro
lado.
Índice
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i !
P resentac ión 1
C APÍTUL O 1. PROPÓSITO Y CONTEXTO DE LA INVE ST IGACIÓN 5
Introd ucc ión 7
1.1 OR IGEN Y J USTI FICACI ÓN D E LA I NVESTI GACIÓN 8
1.2 ASUNCI ONES DE LA INVESTI GACIÓN 12
1.3 PROPÓSI TO Y OBJETI VOS DE L A INVESTI GACIÓN 16
1.3.1 Pr opósi to d e l a i nvesti gaci ón 16
1.3.2 Obj et iv os Gener al es 17
C APÍTUL O 2. F UNDAMENTACIÓN TEÓRI CA 21
Introd ucc ión 23
2.1 MODEL OS EXPL ICA TIV OS DE LA DIS CAPAC IDA D 24
2.1.1 El ori gen de l a disc apacidad: “los monstruos ” 25
2.1.2 Los médicos como herramient a de curac ión 27
2.1.2. 1 Cla sif ic ació n I nt ernac ion al de Defi cie nci as, Dis capac ida d y
Min usv al ía ( CID DM ) 29
2.1.2. 2 Modelo Bi omédico (CIDDM - 1) 32
2.1 .2.3 M ode lo P sicoló gico (CIDD M - 2 ) 35
2.1.3 Caminando hacia un modelo de vida i ndependiente 39
2.1.3. 1 Modelo Soci al de la Di scapacidad 44
2.1.3. 2 Estados Unidos y Reino Unido como refer ente 46
2.1.3. 3 Dignif icando a las personas con discapaci dad 49
2.1.3. 4 Anál isi s comparativos de los Modelos de discapacidad 56
2.2 ¿QUÉ ES LA RESILI ENCIA? 59
2.2.1 Comprendiendo la resil iencia 60
2.2.1. 1 Primeras aportaci ones del término resil iencia 61
2.2.1. 2 Pero … ¿qué es la resil ienci a? 63
2.2.1. 3 Generaciones de l térm ino resilie nc ia 70
2.2.1. 4 ¿Qué fact ores car acteri zan a l as personas resil ientes ? 73
2.2.1. 5 Tutores de res ili encia 82
2.2.1. 6 ¿Cómo nos enf rentamos a los pr oblemas? 85
2.2.2 Dicotomías 88
Índice
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viii !
Í NDICE DE FI GURAS
Figura 1. Aplica ciones de l a CIDDM - 1 (CIDDM - 2, 1999) 33
Figura 2. Univers o de l a CI DDM - 2 (Fuent e: el aboración pr opia) 36
Figura 3 . Ámb ito d e la C IDD M - 2. ( ICIDH - 2, 1999) (Fuente: elabor ación pr opia) 37
Figura 4 . Model o Biomé di co. CIDDM - 1 (Modelo Lineal) (Fuente: Lastra y Martínez,
2004) 38
Figura 5. La discapaci dad social (Pi sonero, 2007 , p. 102) 43
Figura 6 . Con cep tualiz ació n res ilienc ia 66
Figura 7 . Factore s implica do s e n el p roce so de la re silien cia (Ma sten y Garm ezy ,
1985) 75
Figura 8 . Proce so de a cep tació n de los p rob lem as 86
Figura 9 . Siste ma s y proc eso s inv oluc rad os e n la resilie ncia frente a c onte xtos de
adversidad (Gómez y Kotl iarenco, 2010 , p. 107) 98
Figura 10 . Mom en tos e n la Investi gación Cual itat iva 233
Figura 11 . Clasific ación etn ográ fica ( San d a y, 1983) 246
Figura 12 . Proce so e tno gráfic o se gún el m od elo e n es pira l Del Ri ncón
(2000, p. 16) 250
Figura 13 . Ob je tivo s de la hist oria de vid a 272
Figura 14 . Planific ación en las h istoria s de vida (Ma llima ci y G imé ne z, 20 06) 275
Figura 15 . Fase s en la const rucción de las hist orias de vida (adaptado de
Perel ló, 2009) 277
Figura 16 . Diseñ o m eto doló gico de la inve stiga ción 323
Figura 17 . Carta de in vit ación al proyecto. Pri mera fase 329
Figura 18. Carta present ación proyect o 332
Figura 19 . Doc umento Consentimient o Inf ormado 333
Figura 20 . Carta invita ción inform an tes c lave 337
Figura 21. Propues ta Au toi nforme 352
Figura 22 . Línea de Vida 353
Í NDICE DE I MÁGENES
Ima gen 1. Es trate gias e du cativ as e n inve stig ació n c u alitat iva ( Wolcott, 1992,
p.23) 237
Ima gen 2. T écn ica d e la fo togra fía d e R afae l 349
Imagen 3. Línea de vida de Marper 354
Imagen 4. Línea de Vida de Marper 375
Índice
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ix !
Ima gen 5. U na altern ativa ase qu ible 382
Ima ge n 6. La primera tarj eta de presentaci ón 386
Imagen 7. Línea de vida de Andrés 387
Ima gen 8. L lega r má s allá 389
Ima gen 9. L ectu ra sin barr eras 395
Ima gen 10 . Esc alon es a cce sibles 396
Imagen 11. Cali dad en e l espa cio gra cias a C ons erje ría 399
Ima gen 12 . Sin b arre ras 400
Imagen 13. Lupa TV 400
Ima gen 14. M i em p re sa: una apue sta po r el futuro 402
Imagen 15. Línea de vida de Rafa 410
Ima gen 16. L a em p atía y el co mp añ erism o: d os p arte s fun dam en tales para
poder desarr ollar me como estudi ante uni versit ario 412
Ima gen 17. E l asis tente per son al un a figu ra fu nda me nta l para pe rson as c on
grandes l imitaci ones fí sicas 414
Ima gen 18. E l uso de las Nuevas Tecnologías permit en una mayor autonomía
en diver sos campos a personas que estén muy l imitadas fí sicamente 419
Im agen 19 . La s nu eva s tec nolo gía s co mo un p uent e hac i a l a i ncl us ió n 421
Ima gen 20. Im po rtancia del t ransporte adaptado 42 1
Ima gen 21. E l apa rca mie nto: u n e lem ento ese ncia l pa ra la falta d e mo vilidad
física 423
Ima gen 22. H erra m ienta s ad apta da s y necesarias par a mi apr endizaje 427
Imagen 23. Falt a de acc eso adecuado a la entr ada princi pal de la facult a 432
Ima gen 24 . Ra mp a d e acceso a l a facul tad 433
Ima gen 25. A sce nso res a cce sible s pa ra cu alqu ier tipo de s illa d e ru eda s 434
Imagen 26. Espaci os es trec hos y redu cidos que dif icul tan la vi da di ari a a
personas en sill a de r uedas dentr o del entorno de la Un ive rsi dad 434
Ima gen 27. P ue rtas s in suje ción 436
Imagen 28. Adaptaci ones i nadecuadas dentr o de l as aul as 438
Imagen 29. Estra dos no acce sibl es p ara personas en si lla de ruedas 438
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Present aci ón
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1 !
“ E nseñanza superior y educación inclusiva: múltiples miradas desde las historias
de vida de estudiantes con di scapacidad” es un trabaj o de invest igaci ón que tiene sus
raíces en el curso 201 1/201 2 con el Tra bajo Fin de Máste r “A nálisis de las barreras y
ayudas que los estudi antes con di scapacidad de la facultad de C iencias de la
Educaci ón, Filosof ía y Psicologí a experi mentan en la Univers idad” . Con este trab ajo ,
estrechamente vinculado al proyecto I+D+I “Barreras qu e los estud ian te s con
discapacidad identif ican en la Universidad” (2011 - 2014) , bajo la direcc ión de la D ra.
Anabel Moriña Díez 1 , s e prete nd e con oce r lo s facilitad ore s y obsta culiz ado res 2 que
este colecti vo de estudiantes 3 se en cuentra n durante su estancia en las institu cion es
de E S, concretamente en las facultades perteneci entes a la Universidad de Sevilla. No
obstante, esta investi gación no surge de m anera casual, sino que surge con una
evidente sincronía con un proyecto de invest igación realizado durant e el cur so 08/09
sobre los procesos de enseñanza - aprendizaje en la U niversi dad, y que continúa en
paralel o con ot ros dos proyectos 4 .
Estos pr oyect os sient an las base s para comenzar a pensar cómo podemos
contribuir a la m ejora de las experiencias y tra ye ctoria s uni versitari as de los
estudiant es 5 con di scapacidad, fr ecuentemente rodeadas de situaci ones que lo sitúan
en una posición de desventaj a frente a sus compañeros. El desconocimiento de sus
necesidades, de la legislaci ón, la compasión o las actitudes negativas y de rechazo
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1 “Barreras y ayu das q ue los estudia ntes co n disca pacidad identifican en la Unive rsidad” (D ir. Anab el
Mori ña). Pro yect o f inan ciad o po r el MI CINN, I+ D+I, ref . EDU 2 010 - 16264.
2 Entendemos por barre ras aquellos mecanismos de exclusión soci al que contrib uyen a la generación de
prácticas conducentes a la inclusión social y por ayudas comprendemos a los eleme ntos del contexto
educativo que f avorecen y contr ibuyen a los procesos de i nclusión soci al . (Moriña, 2010 b).
3 Actualment e, existen diferentes conceptos para hacer alusión a la persona con discapacidad. Si nos
centramos e n los modelos de diversidad Funcional y de vida Independiente , d ebería mos hacer alusión a
la m isma com o div ersida d fu ncion al o perso nas con capa cidad es d iversa s o múltip les. De sde el término
diversidad funcional se concibe a las pers onas con discapacidad no como carentes de capacidades, sino
con capacidades divers as o formas de funcionamiento diferent es a los habituales pudiendo desempeñar
las mism as funcio nes qu e cualqu ier otra perso na pero d e una ma nera d iferente (García , & Oca, 2011;
DeJong , 1979; Ferreira, 2010; García Alonso, 2003; Romañach & Lobato, 2005; Arnau & Romañach ,
2006; Palacios , & Romañach, 2006; Romañach & Pala cios, 2008; Shapir o , 1994 ).
Aunque reconocemos que, en la actualidad, el término acuñado por est os modelos para hacer alusión a
las person as con discap acida d e s d iversid ad funcion al y com partim os el pla nteam iento que subya ce a l
mismo, , en este tra bajo de in vest igac ión, har emos us o del tér mino d e per sonas con d isca paci dad. Esta no
ha sido una decisión fácil y ha sido tomada, dada que la literatura internacional, ampliamente consultada
para este t rabajo, no r econoce el mismo y usa exclusivamente el concepto de persona con di scapacidad
4 “¿Aulas univ ersidad que inclu yen o que exclu yen? Un estud io multidisciplina r” ( Proyecto f inanciado por
la U nivers idad de Sev illa. D ir. An abel Moriña Dí ez, c urso 09/1 0 ) y “P erspectivas de las aula s unive rsitarias
desde la voz del alumnado con discapacidad” ( Proyecto financi ado por la Universidad de Sevill a. Dir.
Anabel Mori ña Díez, curso 10/11 ).
5 A partir de este momento, a lo largo del present e trabajo no haremos distinción entre masculino ni
femen ino. Optaremos por util izar el género masculi no como genérico par a englobar a ambos géneros.
Present aci ón
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2 !
para part icipar en el contexto universi tari o, entr e otr as, dan sentido a la el aboración de
este trabajo en el que present amos dos histori as de vida en profundi dad y una micro -
histor ia 6 de tres personas con difer entes di scapacidades ( física, visual y psíquic a ).
Con el p ropó sit o de dar a co nocer el p unto de vista de los estu dian tes con
discapacidad para contribuir a la construcción de este nuevo escenario de
Univ ersi dad, pr oponemos un estudi o a través de métod os cua li tat iv os que ide nti fi quen
y expli quen las barreras y ayudas que estos jóvenes vivencian en l a Universi dad .
En concret o, este trabaj o de invest igaci ón se encuentra estructurado e n cinco
capítulos que recorr en d esde di ferentes perspectivas y marcos co nceptuales que
abordan la discapac idad , universidad y resi lienci a, pasando por el di seño metodológi co
de diseño y elaboraci ón de hi storias de vida as í com o el análisi s de l os resul tados y las
conclusiones generales del trabajo donde presentaremos de propuestas de mejoras
sobre el problem a abordado así como las limit aciones y futuras líneas de investigaci ón
del estudio, finali zando en un capítulo donde podremos encontrar todas las referenci as
bibli ográfi cas que han sido ut il izadas a lo l argo del present e trabaj o.
En un primer capít ulo, trat a remo s de co ntextu alizar el estu dio, reflexionand o sobre
sus antecedentes y las variables incidentes en el mismo (personales, profesionales,
sociales, educativas, e tc.) que intervienen y dan origen a este trabajo. De igual forma,
establecemos y asumimos la s asunciones que orienta n nuestro trabajo y bajo los
cuales siempre actuamos. Y , por último, en este capítulo también definiremos el
propósit o general del es tudio, los objet ivos en l os que se concreta y l as cuesti ones que
de ell os se der ivan.
En el capí tul o siguiente, nos c entraremos en l as bases teór icas que dan s ustento a
nuestra investigaci ón. Est a revisi ón nos faci lit a profundi zar y expl icar el propós ito de
nuestro trabaj o desde diferent es m arcos conceptuales. E n un primer mom ento del
capítulo, real izare mos una r evi si ón hi st ór ic a s obr e l os di f ere nt es mode los ,
concepciones y premisas con los que ha sido tratado y abordado el término
discapacidad a lo largo de la historia finali zando en un cuadro comparativo con las
princi pales caract eríst icas de cada modelo. En un segundo apartado, abordar emos el
térm ino resilien cia, su his toria, termin olog ía y factores infl uyentes en el proceso ,
culminando con una revisión de otras investigaci ones que se han llevado a cabo en
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6 " De origen italian o, comprendemos a las microhist orias de vida no como una técnica ni un instrumento
social, sino com o un estudio histórico sobre la experiencia o trayectoria de una persona durante un
espacio de t iempo concreto si n que inter vengan otras f uentes orales más que la del protagonista.
Present aci ón
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3 !
difer entes ám bitos con personas resili ente s. Para finali zar este apartado,
presentaremos una revisión sobre la situaci ón actual en la que se encuentran las
institu cion es de E duc ació n S upe rior ( ES ) en e l pro ces o de Bolo nia , los p roce so s
inclu sivo s q ue s e lle van a c abo en las mism as así com o la le gi slación que defiende los
derechos del alumnado con di scapacidad, final izando, al i gual que el apart ado anteri or,
en un análisis de trabajos e investigaciones nacionales e inter nacionales realizadas
desde 1998 hast a 201 5 ce ntradas los procesos f acilit adores y obstaculi zadores con las
que se encuent ra el colect ivo de estudi antes con discapaci dad en l a univer sidad.
El t ercer capít ulo abarca el marc o metodol ógi co de l a inv esti gaci ón. En un primer
moment o, rea li z are mos l a fun dame nta ci ón met odo ló gi ca de la in ves t igación haciendo
un breve aná lisis de la m e todo log ía c ualita tiva pa san do a ana lizar co n m ay or d eta lle e l
mét odo bi ogr áf ic o - narr ativo, en concreto, las hist orias de vida. En un segundo
moment o, desarrollar emos el diseño general de la investi gación, mediante las fa se s
que ésta ha tenido , los ins trum e ntos qu e s e h an em ple ad o p ara rec oge r la info rm ació n
y el anál isis de datos que s e ha reali zado .
A conti nuació n, el cuarto apartado lo desti naremos a trabajar el análisi s de los
result ados, dividi éndolos en tre s p artes. En un primer momento, nos centraremos en el
análisi s narrativo de lo s tre s participant es, construyendo la micro - histori a e histori as de
vida en profundidad de Marper, Andrés y R afael. En un segundo m omento,
realizarem os un análisi s estructural y categorial siguiendo la propuesta establecida por
Mil es y Hu ber man ( 1994 ).
Para final iza r, desti namos el qui nto aparta do a real izar l as conclusi ones general es
de la i nvesti gación, discuti endo éstas con otros estudios previos, incl uyendo tamb ién el
alcance y limi taciones del est udio y concret ando las implicaci ones del mismo.
Para finali zar, en un CD en el que se puede encontr ar al final del trabajo así como
todo s los a ne xos a los q ue se hag an refere ncia a lo lar go del prese nte estu dio. Dich os
ane xos podrán en una carpeta que contendrá todos los archivos en formato pdf con su
correcta numeración.
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Capít ulo 1
Contexto y pr opósito de la invest igación
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Capít ul o 1 . Conte xto y prop ósi to de la inv est igac ión
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7 !
Introducción
E l prim er ca pítu lo de esta inve stiga ció n gira en to rno a tres apa rtad os : orige n y
justif icac ión d e la in ve stig ac ión ; la s a su nc ion es qu e d an o rige n y s en tido a n ues tra
inve stiga ció n y, para finaliz ar, plantear emos el propósito y objetivos de la
inve stiga ció n.
En el orig en y justi fi caci ón de la invest igac ión presentaremos cómo y por qué
surge este estudi o. Para ell o y conseguir una m ayor com prensión, inclu irem o s
difer entes hechos y m omentos que han influ ido de form a incip iente en es te or igen . De
form a p arale la, h are mo s re feren cia a jus tificacio ne s ed uca tivas , soc iales , pro fesio nale s
y personales que, de igual forma, ayudan a explicar y comprender el origen de nuestro
traba jo.
En un segundo mom ento, presen tarem os los plante am ien tos y prin cipios éticos
que dan sentido y guían en todo mom ento nuestro trabajo. En definiti va, en est e punto
presentaremos los supuestos básicos del estudio acompañado de una breve pero
perti nente expl icación.
Para fi nali zar, el último apartado de este capítulo lo destinaremos al propósito y
objeti vos de la invest igación. Com o el propi o título indica, definiremos cuál va a ser el
propósit o general desde el que surge esta investigaci ón, pasando posteri ormente a los
dos objet ivos en los q ue se c on creta , y las cuestiones que de ellos se derivan.
Capít ul o 1 . Conte xto y prop ósi to de la inv est igac ión
!
14 !
universi dad es una construcción cultural cuyas acciones y situaciones son
interp reta da s ba jo la sub jetivid ad de las p ers ona s im plic ada s.
Y, debido a la propia idio sincr asia que caracter iza a esta inst it ución no podemos
decir que los resultados que en este trabajo se reflejan sean característ icos de todos
los cen tros p ue sto qu e ésto s se ve n con dicio na dos b ajo s la subje tivid ad e h istor ia
tanto del c entro co mo de s us p articip ante s.
5. El i nvest igador como narrador basándonos en la escucha activa.
La elaboraci ón de una historia de vida se basa en una transmisión de la
inform a ción a tra vés d e canale s o rale s y doc um en tos privad os y, po r lo tan to,
subje tivos de la pe rson a. So n narraci ones y experiencias concretas que la persona ha
vivido que n os permite poner de manifiesto su realidad , bajo su subjeti vidad que ha
vivido. Por lo que, desde el punto de vista del investigador, éste ha de tene r una
posición de “escuc ha a ctiva y me todo lógic a” (Bo urdie u et a l. , 1999) que, baj o la
subjeti vidad del informante, ha de elaborar el relato de una forma coherente a través
de l a inf ormación recogida contextualizando y expli cando la biograf ía del sujet o dentro
de su cont exto y analizando los valores culturales subyacentes y los procesos
cognitivos que lo ll evan a tom ar determinadas decisiones ( Poir ier , Clapier - Vall edon, &
Raybaut , 1983; Puj adas, 1992, 2002).
6. La pr ivacidad de los sujetos como cuesti ón esencial .
Parti mos de una inves tig ación en la que se revela n datos personal es, privados e
íntim os d e la s p erso na s qu e en e sta pa rticipa n. P or e llo, n os e nco ntra mo s c om o u na
de las principal es cuest iones éticas y morales asegurar la pri vacidad del sujeto
ga rantiz ando en todo m omento su anonimato para que, los datos que aquí se
reprod uzcan no le afecten a su vida ni a su trayectoria aca dém ica. Por ello,
basándonos en Licea y Parra (2014) y en Denscombe (2003), nuestra investigaci ón se
encuentra basada en los va lores de la honestidad, imparcial idad, li bertad,
respon sabilida d social, legalida d, respeto mutuo , respeto po r los participante s y
sujetos de estudio y reconocimiento. Y es p recisamente este último valor el que nos
lleva a la sigu ien te as un ción .
7. Rel atos creí bles.
Respecto a las narraciones que dentro de este trabajo se encuentran, son datos
ofreci dos bajo la subjet ividad, experiencia y palabras de otras personas. Desde
Capít ul o 1 . Conte xto y prop ósi to de la inv est igac ión
!
15 !
nuestra posici ón como investigador , debemos respetar dichas experiencias y nunca
ofrece r n uestro punto de v ista, inte rferir ni modificar sus palabras. Como m áxim o, para
elaborar sus hi stori as presentaremos las narraciones de una forma c oherente,
agrupándolas de forma temporal aunque no sea el m ismo orden en el que se nos ha
ofreci do.
Por e l lo, para res petar est e presupuesto, mantendremos en todo mom ento
contacto con l os partici pantes, establ eciendo el sistema de co - autoría de los r elatos y
manteniendo un feed - back constante. P odremos decir que nuest ros rel atos son reales
cuando los autores s e reconocen en ellos sin que aparezcan datos per sonales.
8. Part ici pant es i nfor mados.
A lo larg o de este trab ajo podemos ver cómo la opini ón, suger enci as y
modi fi c aci on es de nuest r os par ti ci pa nte s son imp ort an te s en el desar r ol lo de las
mis mas. Para ello, int ent amos m antener siempre una rica y viva relación dialógica
donde los partici pantes están informados en todo momento del tratami ento que van a
recibir sus datos a sí com o los ob jetivos y meta s que p erseg uimo s en e ste traba jo.
Capít ul o 1 . Conte xto y prop ósi to de la inv est igac ión
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16 !
1.3 PROPÓSITO Y OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN
En el presente apartado abordaremos el prop ósito general de la inves tigaci ón
ubicándolo en el context o del estudi o . Po sterio rm ente , m os trarem o s lo s tre s o bje tivos
que en est a investigaci ón se persiguen con sus correspondientes cuestiones de
inve stiga ci ón.
1.3.1 Propósito de la investigación
En la actuali dad, a tra vés del proces o de Bolon ia, las Universi dades están
parti cipando en un proceso de reflexión e innovación con un objeti vo común:
garanti zar l a cali dad y equidad de sus procesos formati vos y sus servici os educat ivos
medi ant e una cul t ur a de eval uaci ón y est r ate gi as de aut or reg ul aci ón . El lo unido al
creciente p orcentaje de alumnado con discapacidad que se matriculan en la
Univ ersi dad de Sevil la ( US) 8 nos ha conducido a considerar impresci ndible un anál isis
sobre las barrer as y ayudas que los estudiantes con discapacidad de la Uni ver si dad d e
Sevil la se encuentran y enfrentan a lo largo de su trayectoria acadé mica , ta nto en el
ámbito instituc iona l co mo en el de aul a.
Por lo tanto , con este estudio nos plant eamos el propósi to de la inves tig ación en
los s iguie nte s tér min os:
Como se pued e apreci ar en el propósi to g eneral del estudi o , éste puede parecer
general e impreci so, pero es precis amente éste desde el que surge la invest igaci ón y,
a medida que ésta se va desarrollando , vamos perfilando y concretando los objeti vos
generales y cuestiones que de ellos se derivan. Como puede verse, no queremos
centrarnos en ninguna di scapacidad en concreto puest o que nos interesa conocer las
barreras y ayudas de l os estudiant es con discapacidad en general con representaci ón
de los difer entes campos de conocimient os de l a Univer sidad de Sevill a.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
8 " En el curs o escolar 09/10 había un tota l de 445 estu diantes con discapacidad matri culado en la US. En
el 14/15 est a cifra ha ascendido hast a sobrepasar l os 600 estudiant es.
“A na liz a r los ob stác ul os , facilita dores y propuesta s de mejora qu e es t u dia nte s
con di scapacid ad id en ti fica n en s u t ray e c to ria s de for maci ón en la u nive rs id ad ”
Capít ul o 1 . Conte xto y prop ósi to de la inv est igac ión
!
17 !
1.3.2 Objetivos generales
Son tr es lo s objet ivos de esta inve stiga ción con los que pretendemos dar
respue stas al propósito general de la investigaci ón . El prim ero de ellos , co n cará cter
más gen er al hace al us ió n a la un iv ers i dad co mo instituc ión , y el segundo, se centra en
atender las caracterí sticas que rodean al aprendizaje dentro de las aulas y, por último,
el tercero hace alusión a las propuestas de mejoras que desde nuestro estudio
planteamos ..
1. Identifica r, desc ribir y e xp licar las barre ras y ayud as qu e u n
grupo de estudiant es con discapacidad perciben en Universidad como
Instituc ión.
Con este objeti vo nos plantea mos acerc arnos al tema de estudi o a través de las
percepciones y vi vencias que los estudiantes con di scapacidad tienen de s us
experienci as universit arias en el ámbito instit ucional (en los disti ntos servici os
universi tari os, r ecibimient o en l a Univers idad, accesibil idad de los espacios, etc.) .
A través de este objeti vo pretende mos anali zar de forma general los diferentes
meca ni smos de acce so a l a Uni ver si dad . Desde este punt o de vis ta , queremos
estudiar si al acceder a la Universidad este alumnado se tiene que enfrentar a algún
tipo de obstác ulo, o todo lo co ntra rio, con ningu no. Tam bié n nos planteamos con este
objeti vo responder a la cuestión acerca de ¿qué ocurre durante el transcurso de los
estudios universitar ios? Es decir, queremos conocer las li mitaciones y facil idades que
el colecti vo que confor ma l a m uestra de este estudio identif ica en la institu ción
universi tari a durante su est ancia en la misma.
Dive rsas cue sti ones emer gen de est e ob jet iv o:
v ¿Cuáles son las barreras y ayudas que los estudiant es con
discapacidad id entif ican en la U niv ers idad , faculta des , vicerre ctora do ,
secretarí a, etc. ?
Capít ul o 1 . Conte xto y prop ósi to de la inv est igac ión
!
18 !
v ¿Cuáles son las barreras y ayudas que los estudiant es con
discapacidad iden tifica n en el s erv icio d e a tenc ión al alu m nad o?
v ¿Cuáles son las barreras y ayudas que los estudiant es con
discapacidad se enfrentan en l os espacios vinculados a la Universi dad?
El s egundo obje tiv o se concr eta de l a si gui ente for ma:
2. Identifica r, de scrib ir y exp licar la s ba rreras y ay uda s qu e un
grupo de estudiant es con discapacidad exper imentan en l as aulas
universi tari as.
Por otro lado, nos planteamos estudi ar, dando voz a l os estudia ntes con
discapacidad , lo s proc eso s de en señ an za y ap ren diza je que tie nen luga r e n el aula y
como extensión a estos procesos, en los espacios dedi cados a las acci ón tutorial .
Nos int ere sa cono cer qué cuestiones referidas a los procesos que ti enen lugar en
las au las (m et odo logí as, tem p ora lizac ión, a ctitud es, mate riale s utiliz ado s, crite rios de
evaluación, proyectos docentes, etc.) actúan como elementos facil itadores u
obstaculi zadores en el pr oceso de aprendizaj e.
En conc reto , las cuest ion es de invest igaci ón que están rel aci onadas con est e
objeti vo son:
v ¿El profesor ado actúa como facil itador u obstaculiza los
procesos de enseñanza - aprendi zaje desde la perspectiva de l os
estudiant es?
v ¿El profe sor ado está formado para atender a la diversi dad según
la pe rsp ectiv a d e los es tudia nte s co n discapacidad ?
v ¿Los compañeros actúan como barrera o como ayuda según la
perspecti va de l os est udiantes ?
Y, p or ú ltimo , el ter cer obj etivo se encuentr a for mulado de l a siguient e manera:
Capít ul o 1 . Conte xto y prop ósi to de la inv est igac ión
!
19 !
3. Pla ntear y diseñar propuesta s de mejoras que ayuden a eliminar los
procesos segregadores con los que los estudiant es con discapacidad
se enfrentan en l a Universidad.
Para fin ali zar y tras anali zar todas las barrera s y obstác ulos con los que los
estudiant es con discapacidad se encuentran en la Universidad, nos planteamos
realizar propu estas de m ejora r q ue favorez can la inclusión de estos a lumn os en el
contexto universi tario.
Para ell o, nos centrar emos en las propuest as que ellos mismos rea lizan para
mej ora r los espac io s y aulas univer sitar ios. D ichas propuestas se encuentran
derivadas de los objetiv os anterior es. De ig ua l fo rm a, a título p ers ona l y d esd e nuestr o
punto de vista , r ealiza rem os tam bién algu na s sug ere ncia s qu e ay ude n a mini mi za r el
impacto negat ivo que gener an dichas bar reras.
De es te úl ti mo ob jet ivo t res cue sti ones :
v ¿ Qué propuestas para mej ora r la Uni ver si da d reco mie ndan los
estudiant es ?
v ¿Cuáles son las propuestas que este grupo de estudiantes sugiere para
mej ora r l as aul as universi tarias ?
v ¿Qué propuestas de mejoras emergen de este pr oyecto?
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Capít ulo 2
Fundamentación Teóri ca
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Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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23 !
Introducción
L as bases teóricas de esta investi gación se encuentran organizadas en torno a
tres núcleo s te m áticos : I. Mode los explica tivos de la dis cap acida d; II. Res iliencia y , III.
Educaci ón Super ior e Incl usió n . Es tos tres te ma s, c ons tituye n en núcle o centra l d e
este t rabajo de invest igaci ón.
Iniciam o s el cap ítulo rea lizan do u na revisió n litera ria sob re las dife ren tes form as
de concebir y la evolución que ha sufr ido el concepto de discapacidad desde los
disti ntos modelos te óricos exi stentes, comenzando de forma escueta desde el Modelo
de P rescindenci a, pasando Médico de la D iscapacidad centrándonos para explicarlo
en la Clasificaci ón Internacional del Funcionamiento y la Discapacidad (CIDDM - 2,
1999) y en la clasifi cación que realiza la Organ iz aci ón Mundia l de la Salud (OMS)
hasta llegar a los m odelos que actualmente imperan en nuestra sociedad el Modelo
Social de la Discapac idad y el M odelo de Diversid ad Funcion al, en España conocido
como Modelo de Vida Independient e.
En un segundo capítulo, comenzamos con una revisión teórica sobre el concepto
de resilienci a desde su origen pasando por las difere nte s con cep ciones de varios
autores hasta llegar a los fact ores que condicionan el proceso de resilienci a. En un
segundo m omento, a bordaremos los tres grandes polos en los que actualmente se
dividen las investigaci ones de resilienci a finali zando en una revisi ón de 24
investi gaciones que se han l levado a cabo en di ferentes ámbitos.
Por úl timo, fina liz amos este capítul o con una re visi ón bibl iográf ica sobre el estado
actual de las instituci ones de ES dentro del proceso de Bolonia, abordando los
procesos de educación inc lusiva que dentro de ella se llevan a cabo teniendo siempre
como m arco de referencia la legislaci ón vigente. Para finaliz ar, real izaremos un
análisi s de 47 investi gaciones nacionales e internaci onales reali zadas desde el año
1998 hasta el 2014, centrándonos en revi sar los elementos obstaculi zadores y
facilitad ore s que los es tudia nte s con disca pac idad iden tifican d uran te su t rayectoria
universi tari a.
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
!
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30 !
(ICIDH - 2, 1999). Tanto la C IE - 10 com o la CIDDM - 2 son clasif icaciones que se
complementan ya que am bas comienzan su categorización por los sistemas
corporales. L a CIE - 10 nos facil i ta un “diag nós tico” que se v e c om plem en tad o y
enriqueci do por la infor mación ofrecida por la cat egorizaci ón de la CIDDM - 2 sobr e los
niveles corporal es, i ndividual es y sociales.
El enfoque adoptado por la C IDDM en su clasif icac ión, se fund amenta en una
pos ición de dependencia de las personas que tienen un deterior o, real o perci bido. Su
condición se an aliza desde e l punto de vista m édico, y se fundamen ta en la premisa
de que las personas con di scapacidad son ut ili zadas por los pr ofesional es en el campo
de la medicina para trabaj ar con ellas un ti po de apoyo terapéuti co y social especial a
cada discapacidad (Araya, 2007; Díaz, 2009; Marra, 2 009; Pisonero, 2007). No
obstante, no queremos decir ni asumir con esto que las personas con discapacidad no
precisen en deter minados momentos de su vida apoyo médico; lo que aquí se est aría
cuestionando son las “condiciones sociales en la que esos encuentros se producen, el
hecho de envolver su identidad en términos m édicos, y propugnando la importancia de
que se escuche su voz así como una part icipaci ón m ás efect iva en las decisiones que
les a fect an” (B arton, 1 998, p .25) .
Las alteraciones son present adas como la princi pal causa de dis capacidad, por lo
que, siguiendo la lógica de este m odelo, se requiere que estas alteraci ones sean
desarraigadas , minimizadas o "cu radas " por expertos para que de esta manera,
desaparezcan. Sin embargo, en la gran mayoría de las ocasiones dicho tratamient o no
es efect ivo, por lo que se denomina a dichas personas que “no son norm ale s” y por lo
tanto , n o p ue den n i p articip ar n i h ace r v ida cotid iana e n la c om unid ad en la qu e vive.
Por lo que nos en contraríamos ante un modelo de dependencia, necesitando la ayuda
de los demás ciudadanos (Araya, 2007; Barnes, 2008; Barton, 1998; M arra, 2009;
Palaci os, 2008) .
No obst ant e, debemos de indi car que dentro de la CIDDM exist en dos líneas de
inve stiga ció n: un a basada en el Modelo B iomédico y otra en el M odelo Psicológico
(cada uno as ociado a una etapa t emporal).
Actual mente, se está reali zando un proceso de revi sión y mejora de la CIE - 10
(mayo 2015), en el que está previ sto que se apruebe el CIE - 11 dentro de la Asambl ea
Mundi al d e l a Sa lud (C la y, 2012 ; organizaci ón Mundial de la Salud , 201 3), con e l fin de
conseguir una vali dez y util idad global ( Rivas, Reed, First , & Ayuso - Mat eos , 20 11) .
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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31 !
En la web de la CIE, podemos encontr ar la vers ión beta de la CIE - 11, denom inada
ICD - 11 Beta D raft . U na de las diferenci as princi pales que podemos encontrar en el
desarroll o y elaboración entre la CIE - 10 y la CIE - 11, es que la segunda se está
llevando a cabo desde un enfoque multili ngüe (Rivas et al. , 2 011 ) así como la
inco rpo ració n e n e l p roce so de re visió n d e psicólo gos y otros profes iona les de la sa lud
met al, par a dar le una pers pec ti va más compor t amen tal en vez de una médi ca (Cla y,
2012).
Según la ent revi sta re ali zada al di rect or de la Clas ifi caci ón de los tr astor nos
ment al es y del compo rt ami ent o de la Clas if i cac i ón Int er nac io nal de Enfer med ades
(CIE - 11 ; Organi zaci ón Mundial de la Salud , 2013) , la re visión de la C IE s e e stá
centrando en la mejora de la uti lidad clínica y la ap licabil idad global de la clasif icación
(Bue la - Casal, vers ión digi tal ). La mayorí a de las áreas que se tra tan en la vers ión Beta
Draf t de la CIE - 11, actual mente se encuent ra en desarrol lo y revisi ón públi ca.
Entre los cambio s m ás sustanci ales realiza dos hasta el momento, podemos
destacar la reconcep tualizació n re aliza da del té rmin o R etra so Me ntal, p asá nd ose a
llam ar e n la a ctua lida d, Tr asto rno s Inte lec tuale s de l De sar rollo a sí c om o los cam b ios
realizado s en e l área d e los tra storno s de p erson alidad, e n la cu al se po ne e specia l
énfasis en la gravedad de dicho trasto rno , realizan do las siguien tes m od ificac ione s: se
crearán códigos y categorías de rasgos prominentes en vez de tener muchos
diagnósti cos artifi ciales ofreci endo, por lo tanto, una visión más psicológi ca (Buela -
Casal, vers ión digi tal). Según Clay (2012), más del 85 por cient o de los psi quiatras que
han parti cipado en el proces o de revi sión, aseguran que deber ían exis t ir men os d e 1 00
categorías.
Por otro lad o, existe una dicot omía entre los profe siona les respect o al uso del
Manua l de Dia gnós ti co y E st adí st ic o d e l os T ra st orn os Mental es (DS M) o la
clasifi cación realizada por la OMS, en la CIE. La mayoría de los prof esion ales (Buela -
Casal , versió n digi ta l; Clay, 2012; Riva s et al. , 201 1; Üstün & Kennedy, 2009;
Vázquez, 2009), recomiendan el uso del segundo frent e al primero, relegando el
manej o cas i exc lu si vo del DSM, al área d e la psi col og ía par a real i za r dia gnós ti c os. El
DSM propon e el dualis mo entr e mente y cuerpo mientr as que la CIE reconoce las
conexiones ent re ambos (Cl ay, 2012).
Para Vázquez (2009), haci endo refer enci a al artícul o de Üstün y Kenn edy (2009),
la di scapacidad no debería aparecer com o diagnósti co en ning ún sist ema o categorí a,
por lo que remarca la necesidad de crear un consenso respect o a la evaluación y
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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32 !
conceptualización de la misma entre la CIE y el DSM . Por lo tanto, Vázquez (2009)
considera necesario crear un m odelo conceptual de discapacidad váli do y común
aplicabl e en difer entes cultur as y contextos , criter io por el que se está trabajando y
consiguiendo en la actual versión de la CIE - 11.
Entre los pri ncipa les cri ter ios de el ecció n, podemos ju sti fic arl o en la carenci a que
posee el D SM de un m odelo conceptual claro respecto al carácter global de la CIE, es
un docum ento fácil de conseguir y de bajo coste para los países que tienen ingresos
bajos y medianos, además de su v ersión gr atuit a en I nternet (Clay, 2012).
Actual mente, exist e una versi ón actual iza da del DSM - V do nde el borra dor fi nal se
encuentra aprobado por el Consejo Directivo de la American Psychiatric Association el
1 de Diciembre de 2012 (STP, Campaña Inter nacional S top Trans Pathologizat ion,
2013; Sandín, 2013). Respecto a los principales cambios introduci dos en el DSM - V,
además de perfeccionar los propios crit erios de diagnósti co, se reali za una
modi fi c aci ón conc ept ua l sobr e la cla si fi ca ci ón de los tra st or nos ment al es , inc lu yend o:
criteri os dimensionales, una separación en el deterioro de las evaluaciones
diagnósti cas, determinar las expresiones del trastor no dependiendo de la etapa vital
en la que se encuentre el sujeto e, identif icar las diferencias de expresión en función
del sexo y la cult ura (Sandí n, 2013) .
2.1.2.2 Modelo Biomédico (CIDDM- 1)
El model o Bi omédi co ha sid o el pr opug nad o por la Orga ni zac ió n Mundi al de la
Salud a partir de su publi caci ón en el año 1980 de la Clasi fi caci ón Int ernaci onal de
Defi ci enci as, Disca paci dades y Minu sval ías (CIDDM - 1) , dentro de su famil ia de
clasifi caciones, co m o un com plemento a la C lasif icación Internaci onal de
Enfer medades ( CIE) (Egea y Sarabi a, 2001).
Uno de los pr inc ipal es obj et ivos del ori gen de la CIDDM - 1, fue crear una
herramienta estadí stica para conocer mejor la población de personas con
discapacidad . E l otro o bjetiv o, lo pod em os ha llar, tal y c om o hem os d icho
anteri ormente, en la creaci ón de una herramienta de comunicación nacional para que
las divers as instituc ione s implica da s d isp usie ran de u na term inolo gía co m ún en la c ual
pudieran basar se y apoyar se , es d ecir, te ne r un leng ua je co mp artid o, en ten dién dos e la
discapacidad como un at ribut o (Pisoner o, 2007) .
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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33 !
Desde que la CIDDM - 1 se publicó en 1980 ha sido utilizada para varios
propósit os :
Figura 1. Aplica cione s de la CIDDM - 1 (CIDDM - 2, 1999) (Fuen te: E labora ción
propia).
La CIDDM - 1 se basa en una clasifi cación que delimita tres conceptos básicos ante
los cuales va a gi rar t oda su clasif icación ( Barnes, 2008; Egea & Sarabia, 2001; I CIDH,
1999; Marra, 2009; Seoane, 2011) :
Ø Defi ci enci a (Impairm en t): altera ción o a norm a lidad de una
estruct ura anatómica que condiciona la pérdida de una función, pudiendo
ser tanto f isiológi ca, psicol ógica como anatómica.
Ø Disc apaci dad (Disability): restricción o falta de ca pacida d
(aparecida como consecuencia de una anatomía) para llevar a cabo una
activi dad considerada “normal” para el ser humano. Afecta a la capacidad
func iona l para pode r realizar accione s y comp ortam ien tos ese ncia le s en la
vida coti diana.
Ø Min usv al ía (Hán dicap): existencia de barre ras o limitacion es
presentes en la vida del individuo, como consecuencia de una deficiencia o
discapacidad, la cual limita e impide que el individuo se desarroll e en su
vida coti diana con “ n ormalidad”.
Nos encon tra mos, por lo tant o, ante una clasi fi caci ón li neal del suj eto (Last ra &
Mart í nez , 2004) , en la que con te mpl a cómo al gun as alt er aci on es en el perí odo de
Herrami e nta
Est ad ís tic a
Recopila ción y Regi stro
de dat os
Herrami e nta d e
Inv est ig aci ón
Med i c i ón de re su lt ados ,
cal idad d e v ida o factores
conte xt uales
Herrami e nta
Ed ucat i va
Diseño del cur rículo,
ide nti fica ci ón d e n ec e s ida de s
Herrami e nta Cl ínica
Val o ra ción de necesid ades,
rehabili tación y evalu ación de
resultad os
Herrami e nta d e Po l ític a
So cia l
Pl an es d e Seg ur i dad Soci al,
siste ma de co mpensa ción,
im ple men taci ó n y dis e ño de
pol íticas
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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34 !
gestación puede dar lugar a futuras minusvalí as en la persona (algunas defi ciencia s
sanguíneas del cerebro en el feto pueden provocar lesiones cerebrales, por lo que
estarí amos, según l a cl asifi cación de CIDDM - 1, ante una persona minusválida) .
No obst ant e, con el paso del ti empo, este modelo biomédi co - lineal se co nsid era
insu ficien te, c arente de contenidos , por varios motivos; entre ellos, podemos reseñar
en un pr imer lugar , l os soci ales y en segundo l ugar, los t écnicos.
Entre las críti cas sociale s que se le realiz a a la CIDDM - 1, podemos destacar
durante varios años la visi ón en num eroso s cont enidos de carácter peyorativo que se
le ha dado al concept o de discapacidad, y que son principal mente las personas
afectadas y sus famil ias quienes no comprenden que se les cl asifi que como
“minusváli dos” por el mero hecho de necesitar una adaptación en alguna área de su
vida y/o actividad y son estas mismas personas y las asociaciones desde donde se
emprende una lucha para desarroll ar una imagen positi va de las personas con
discapacidad e intentar hacer desaparecer l as barreras y obstáculos del medio
ambiente (Araya, 2007; Charpentier & Aboi ron, 2000; Last ra & Mar tí nez , 2004; Oli ve r
& Barnes, 201 0).
DEFICI ENCIA
DISCAPACIDAD
MINUS VALÍA
La separación entre
estructura y funci ón no
siempre es
suficientemente explícita
(función
excretora,memoria, etc.).
El concept o negativ o es
rechaz ado por las
asociaciones de personas con
discapacidad y por ciertos
profesional es (médicos
laborales) , que consideran que
la desc ripció n de la per sona
discapacit ada a través de lo
que no puede hacer no es
valorizante. Pref ier en el
términ o “ca pacid ade s”
La relación entre el individuo
y el medio ambiente deja
demasiado espacio a las
dificul tades del individuo con
respec to al medio ambiente
que es la causa de sus
dificul tades y de las
situaciones discapacit antes.
Mucha s asoci aci one s de
personas con discapacidad,
consideran que a partir de
este enfoque se estigmatiza
a la per sona discapaci tada.
Tabla 1 . Crít ic as Soci ales a CIDDM - 1 (Charpentier & Aboiron, 2000 , p . 2)
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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35 !
Entre los técnicos , Lastra y Martínez (2004) nos indica que este m odelo se
encuentra con cuantiosos problemas para expli car el fenómeno de la discapacidad.
Est o autor es nos propone n un caso sobre una persona con una defic iencia , p or
ejemplo , vití ligo , pudiendo no tener ninguna limit ación que le incapaci te realizar sus
activi dades diarios (discapacida d) pero , en de term inad as cultu ras y contextos , puede
verse privado sufrir en su partici pación social (m inusvalía) debido a l estigma y
prejui cios que supone tener áreas de piel hipopi gmentada, confundiéndose éstas con
otras enfermedades grav es y/o contagiosas .
Las crít icas a esta visión destacan las característi cas significat ivas del estilo de
vida que exteri orizan los grupos de poder de l a cult ura más que en buscar una
explicaci ón a la discapaci dad en sí, ya que esta discapacidad puede verse tanto
aumentada como creada en funci ón de los est ilos de vida de los grupos de poder.
2.1.2.3 Mode lo Ps ic oló gi co (CI DDM - 2)
En 1997 surge la CIDDM - 2, promulgando un nuevo concepto de discapacidad y
surgiendo , por lo tanto , la dialéc tica del “ mo de lo m é dico ” d es arro llado p or la CI DD M - 1
frente al “m od elo s ocia l” facilitad o p or la C IDD M - 2 ( ICID H - 2, 1999) .
Según la clasi ficaci ón propuesta por la CIDDM - 2, la “disc apacidad” o “enf ermedad”
se considera una consecuenci a de la interacción entre las al teraci ones que se puedan
producir en la salud y los factores que entren en juego en el contexto que rodea al
sujeto ( ICIDH - 2, 1999) .
El obj eti vo pri ncipa l por el que se real iza la CIDDM - 2 no es ot ro qu e fa cilitar u n
lenguaje unifi cado y estandar izado que si rva como “ punto de referencia para describir
el funcionamiento humano y la discapacidad como elementos importantes de la salud”
(ICIDH - 2, 1999, p.6).
Desde la CIDDM - 2, se propone dos elementos fundamental es para poder
restringir o lim itar la v ida de las p erson as en la socied ad o, po r e l co ntrario fomen tarla.
Son los obstaculi zador es y los facili tado res. Por obstacul iza dores, se entien den las
barreras que impiden o limitan la participaci ón de la persona con discapacidad en la
sociedad; por el contrario, los procesos facilitadores son los mecanism os que
fom enta n la p artic ipació n e n la s ocie dad , la inte grida d y la func iona lidad de la pers ona .
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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36 !
“La participación se ca racteriza com o el im pac to o result ado de una compleja
relación e ntre el es tado de salud de la pers ona y factores person ales y los
facto res extern os que represe ntan las c ircun stan cias en las que vive el
indivi duo. A causa de esta relación, entornos diferentes pueden tener un
imp act o d istint o sobre el mismo individuo con deficiencias o limit aciones en la
activi dad. U n entorno con barreras o sin facili tadores, restr ingir á la
parti cipación; otr os entornos con m ás faci lit adores aum entarán la part icipaci ón.
La sociedad obstaculiza la participaci ón creando barreras (ej. edificios
inac ces ibles ) o n o pro por cion and o facilit ado res (e j. dispo sitiv os de ay uda no
disponibl es” (CIDDM - 2, p.19) .
Es import ante indi car que l a CIDDM - 2 clasifi ca el funcionamient o y la discapacidad
desde la perspecti va de las cir cuns tancias vitales de un indivi duo, m atizando que no
clasifi ca a las personas como unidades de clasifi cación.
La CIDDM - 2 abarca todos los aspectos del funcionamient o del ser humano así
como sus diversidades funcionales. A unque únicamente trata con personas con
discapacidades , es válido para otras personas. Los estados funcionales r elacionados
con cual quier estado de salud a esc ala i ndividual , personal y soci al, pueden ser
descrit os uti lizando la CI DDM - 2.
Figura 2 . Univ erso de la CI DDM - 2 (Fuente: elaborac ión propi a)
UNIVERSO DE LA
CIDDM -2
Aba rca t od os los
aspect os funci onale s del
ser h umano y l a
discapa cidad
Los estados
fun ci on ales que
no es tén
relaci onados con
los es ta dos d e
sal ud
No No c
c ubre
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
!
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37 !
Frente al modelo lineal e indivi dual que presentaba la CIDDM - 1, que focaliza la
defici encia, discapacidad o minusvalía en el sujeto, la CIDDM - 2 (ICIDH - 2, 1999)
plantea una clasif icaci ón en la cual se tiene en cuenta tres niveles: Corpora l (se
plantea la ex ist enc ia d e la d eficie ncia ), In divid ual (lim itacione s y b arreras en la s
activi dades del sujeto) y Social (participación de l in dividuo ), o freciend o, de esta
maner a una vis ió n de la dis cap aci da d mucho más ampli a y rel ac io nad a con una visi ón
tridim ens iona l e n el cual sus ej es son las “funciones y estructuras corpor ales”
(deficienc ia), “activid ad” y la “particip ación” y vie ndo a la dis capa cidad no co mo algo
indiv idua l de l su jeto y d e la que éste es port ador, sino como el resultado de la
interr elac ión con el e n torn o (P ison ero, 2 00 7).
Figura 3 . Ámb ito d e la C IDD M - 2. ( ICIDH - 2, 1999) (Fuente: elabor ación pr opia).
La clasif icación real izada por la CIDDM - 2 gira entorno a tres dimensiones (ICIDH -
2, 1999) :
Ø Nive l Corpora l: se clasi fi ca para las funci ones de los sistemas
corporales y para las estruct uras del cuerpo.
Ø Nive l Indi vi dual : hace alusi ón a las acti vid ades que son reali zada por un
indiv iduo , pu die ndo ser sim ple s y c om ple jas.
Ø Nive l Social: se refie re a la parti ci paci ón del indi vi duo en la soci edad,
pudiendo tener a yud as o ba rrera s soc iales .
ÁMB IT O D E
LA CIDDM -2
Nivel Social
Nivel
Ind i vi dual
Nivel
Corpor a l
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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ENFERMEDAD
Figura 4. Modelo B io médi co. CID DM - 1 (Modelo Lineal) (Last ra & Mart ín ez, 2004 )
Y por últi mo, un nivel que se encuentr a relaci onado con las tres dimensi ones
mencionadas ant erior mente:
Ø Conte xto : se ref ier e a los fact ores que ejerc en infl uenci a en las tre s
dimensiones menci on adas ant eri or men te. Est a di mens ió n par te de l ent or no
más i nmedi at o al in div i duo pa ra de spu és ce ntr ar se en e l en tor no más gene ra l.
Las tres dimensiones y los factores contextual es de la CIDDM - 2 se presentan
en dos versiones cuyo fin princi pal es sati sf acer las necesidades de los diferentes
usuarios. La primera versión hace alusión a una versión reducida, la cual ofrece dos
niveles de categorías para cada dimensión o componente; y la segunda, mucho m ás
completa que incluye todos los niveles de la clasi ficac ión y pe rm ite c ateg oría s e n cada
componente (ICIDH - 2, 1999 ).
DEFICIENCIA
Pér di d a d e
Fu n cio nam ie nto
(Nivel O r gánico)
DISCAPA CI DAD
Limitac ión de
capa cidad/a ct ivi d ades
(Nivel Per sona l)
MI NUSVA LÍ A
Desventaj a Social
(Nivel Soc ial)
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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2.1.3 Caminando hacia un modelo de vida independiente
Much os han sido los aut or es que han def in id o y expli c ado las raz ones y m otivo s
del origen del Modelo Social, por ejemplo, Allan (2010), Barnes (1998, 2008), B arton
( 1996, 1998 ) , G ab el (20 10 ), Iáñe z (20 09 , 201 0), O liver (1 990 ), Oliv er y B arn es (1 998 ,
2010), Marra (2009), M oscoso (2011), Palacios (2008), Palacios y Romañach (2006,
2007, 2008) , Parr ill a (2002), Pri est ley (1998), Romaña ch (2009) y Romañ ach y Arna u
(2006), indic ando la n ece sida d d el m ism o p ara c on trarre sta r el pa rad igm a a nte rior, e l
cual represent aba a la discapaci dad como un déficit , una tragedi a y algo “anormal” que
debe evitars e a toda costa. Desde este paradi gma, se parte de la Teoría de l a
Opre sió n Soci al de la Disc apaci dad (Garcí a & Arnau, 2011) y enfocan el centr o del
problema en el entorno y no en la deficienc ia o falta de capacidad de la persona con
discapacidad (Jiménez Lara, 2007), por lo que, “no se concibe a las personas con
discapacidad como problemas, s ino lo q ue e xiste so n prá ctic as d isca pac itan tes”
(Iáñez, 2010, p. 125).
Podemos encont rar los anteceden tes más cercano s al Modelo Social , a mediados
del siglo XX (años 60). E l m otivo del origen de dicho modelo podem os locali zarlo en la
necesidad de corregi r las o mision es y lag unas que pres entab a e l m odelo médico
( All an, 2010; Díaz Velázquez , 2009; Gabel, 2010; Seoane, 2011; Toboso & Guzmán,
2010) y en la necesidad que tenían los activist as con discapacidad, organizaciones y
fam ilias en recla ma r d ejar “se r c iu da dan os de s egu nda c lase ” ( Pala cio s, 2 00 8; Saf ilios -
Roths chi ld, 19 70; Vega & López, 2011).
Desde este nuevo paradig ma, se par te de una lucha contr a l as barrer as social es,
ambientales, estructurales y actit udinales (Allan, 2010; Bar nes & Merce r, 2002 ;
Ba rnes, Me rcer , & Shakespear e, 1999; Gabel, 2010 ; Morris, 1991; O liv er, 1990; Oli ver
& Barnes, 2010; Priestley, 1998; Shakespeare, 2006; Thomas, 2007) que hacían que
la dis cap ac idad fue ra a ún má s v isible . To do ello, imp ulsa do a tra vé s de l M ov imie nto de
Vida Indepen die nte, cu yo orig en se lo caliza c on el ing reso e n la Univ ersid ad de
Berkel ey (Cali for nia) del alumno con disca pacida d Ed R obert s 11 , pe se q uien , a pe sa r
de las barreras encontradas durante su trayectoria académica y, podríamos decir ,
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11 Ed Roberts, combinó las clase s magistral es con otras metodol ogías (ll amadas telef ónicas, cartas, etc.)
con el fin de poder culminar sus estudios. Durante su estancia en la Unive rsidad y a cau sa de las
necesidades derivadas de su discapacidad, fue alojado en la enfermería de la Universidad. Motivo que
llevó a Rob ert ju nto con otro s c omp añero s c on discapac idad que, d urante los añ os posteriore s,
reclamaran que pudieran vivir, bien e n casas o edificios adaptados, al igual que sus com pañeros
(Moscos o, 2011; Pa lacios, 2008; S hapiro, 199 4).
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diari as y cotidi anas (Barton, 2008). No obstante, tal y como indican G arcía Alonso
(2003 ) e Iá ñez (2009, 2010), la filosofía de vida independiente no niega que existan
tratam ien tos m éd icos y terap éutic os p ara los caso s qu e así lo p rec isen, p ero q ue ,
tom and o c om o re fere ncia pa íses co mo Su ecia o Rein o U nid o, la asis tenc ia p erso nal,
la acc esib ilidad y las ay uda s téc nica s con stitu yen m aterial izar la práctica para que, las
personas con discapacidad puedan estar en igualdad de condiciones y estar en pleno
derecho de partic ipación (Iáñez, 2009 , 2010) 18 .
Desde nuestr o tra baj o de inves ti gaci ón, nos posic ion amos en es te modelo, ya que
entende mos que son la soci eda d y las polí t ic as las que no se encu ent ra n adapt ada s a
las necesidades de las personas con discapacidad, en muchas ocasiones, no dando
respue sta a esta s nece sidade s. Partim os de la ide a de que las perso nas con
discapacidad, al igual que las personas sin discapacidad, tienen mecanismos de
func iona mie nto d ifere ntes a las hab ituale s y c on c apa cida des dive rsas .
Desde este posi cion amien to, qu eremos ha cer hinca pié en la i mport anci a de cre ar
los c am bio s y pro ces os de inclu sión de sde las voces de este colecti vo (Barton, 2008 ;
Connor et al. , 2 008 ), de sde la e scuc ha activa de los mism o s y d esd e e llos. C reem o s
que es así, porque de esta forma, es desde donde puede originar se el verdadero
cambio político, social y personal.
2.1.3.2 Estados Unidos y Reino Unido como referentes
Desde los anál isi s soci opol ít ico s, podemos encon tra r y sit uar fundament al mente
dos grandes líneas en sociología de l a discapacidad que estudi aron el modelo social y
que dier on origen al mi smo: Estados Unidos y Reino Unido.
Para Barnes (1998 ), la lucha por los derechos e n las políti cas sobre la
discapacidad tuvo su origen en Estados unidos, donde se emprendió una gran
campaña ha cia los d erechos civiles de las pe rsonas con discapacidad, la
desmedicaliz ación y la desi nstit ucional izacións (Palacios, 2008), dando origen al
movimiento de vida independi ente.
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18 La asistencia personal se entiende como la contratación de personal para poder ayudar en las
actividades que la persona con discapacidad no puede desempeñar por sí sola. La accesibilidad y las
ayudas técnicas para que, ante la pérdida de alguna capacidad para poder realizar una actividad
determinada, pueda ayudar a la persona y realizarla de forma autónoma, por ejemplo, la domótica o la
tecnología ( Iáñez, 2009, 2010).
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A grand es ras gos, podemos deci r que los est udios esta dounid enses se centra ron
fund am en talm ente en el “fun cion alism o es tructu ral y la te oría d e la de svia ción”
( Barnes, 1998, p.60 ), explicando la “construcción social” de la discapacidad como un
result ado inevitabl e de la evolución de la sociedad contemporánea” (Co nnor et a l.,
2008; Gabel, 2010). M ientr as que los estudios anglosajones se basan en “la s teoría s
mat eri al i st as de Marx y Engels y sugiere que la discapacidad y la dependencia son
“creació n social” de un tipo pa rticular de fo rmac ión soc ial, concre tame nte, “ el
capitali smo industrial” (Barn es, 199 8, p.60) .
Los sociólogos estadounidenses, durante los años 60, fijaron sus anális is e n la
relación e xistente entre in suficienc ia y disca pacid ad; fijándo se qu e en e l proces o de
estigmati zación y en la construcción social de la dependencia que los profesi onales de
la reh abilita ció n han crea do (Barn es, 1998 ) , analizando que la disc apacida d no es algo
indiv idua l de l suje to s ino d e s u re lació n co n la s es truc tura s so ciale s d e su en torn o.
La larga tradición estadounidense por las campañas pol íti cas basadas en los
derechos civiles, combinado con otras acciones, como por ejemplo, la lucha por lo s
derechos civil es de las personas negras, las acciones políti cas de masas y la
radicaliza ción de los jóv enes con discap acidad , fue ron incitadore s de l “M ove me nt for
Independet Living” (ILM) (M ov imien to a favor de la V ida Independ iente) (Barnes, 1998;
Palac ios, 20 08) , m ás ta rde lla ma do p or Mike Oliver “ Mov imi ent o Soci al de la
Disc apaci dad ” (O liver, 1 986). Este mov imien to de ma ndab a op ortunida des para las
personas con discapacidad oponiéndose al dominio profesi onal y a la provisión
burocráti ca de los ser vicios sociales y de su escasez (Palacios, 2008).
En los años 70 y debid o a la relaci ón entre Jean Wirth 19 y Ed Robert (Palacios,
2008), se creó en l a Univers idad de Chic ago el Phys ycal ly Disabl ed St udent ´s Pr ogram
(PSD P). E l ob jetivo central de este pro gram a era erradic ar la deserción aca dém ica de
los estud iante s con discap acid ad , pe ro su c ara cterí stica m ás de sta cab le era q ue dicho
programa se encontraba enfocado para personas con discapacidad y que, por lo tanto,
debía ser llevado a cabo por personas con discapacidad, basándose en sus propias
experienci as para poder erradicar las barreras. Dicho progr ama dio lugar al origen de
una nueva ofici na en el campus de Berkeley, denominada The Rolli ng Quad y
equipada con una rampa de acceso (Bar nes, 2012; Moscoso, 2011; Palaci os, 2008).
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19 Jean Wirth fue la consejera del estudiante con discapacidad Ed Robert en San Mateo, el Collage donde
había estudiado y desde donde se creó el Physycally Disabled S tudent´s Program (PSDP) gracias a la
relación existe nte entre am bos (P alacios, 2008 ).
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Cuatr o años más tarde, en 1974, en Reino Unido se crea por parte de varios
activi stas y organizaciones (entre los que se encontraban Hunt, Finkelstein, H ines y
Davi s) (Bart on, 2008) la Union of the Physic all y Impair ed Against Segreg ati on (UPIAS )
(Unión de las Persona s con Insuficienc ias Físicas con tra la Segrega ción), com o
rechaz o, de sde su experie ncia person al, ha cia los pos tulados y definicion es
establec idas po r la clasifi cación Internacional del Funcionamiento, de la D iscapacidad
y de la Sal ud (CIF) de l a OMS y cu ya orga niz aci ón y pres ide nci a se encuen tr a
exclusiv amente compuesta por personas con deficienci as físicas (Mareño, Brissio , &
Ovej ero , 2014) . U PIAS se consi dera un importa nte movimien to que lider ó importa ntes
campañas por los derechos de las personas con discapacidad encontrando similitudes
entre el proceso de opresión social entre las personas con discapacidad y mujeres,
min orí as étni ca s, les bi a nas y gays, siendo la organizaci ón más influyent e en la histori a
social del modelo de pensamiento (Barnes, 2012; Plat ero & Rosón, 2012) .
UPIAS propone una reconceptual ización de la discapacidad, que luego serían
adoptada por otras confederaciones , organizaci ones y activistas del resto de occidente
(Barne s, 2 012; Mareño et al., 2014 ) y establec e la diferenciac ión e ntre insuficiencia 20 y
discapacidad 21 ; d ánd ole un s ignifica do a la p rim era r elacio na do c on la visió n m édic a
(tradiciona l), relacion ándo las co n co nd ic ion es de ca rác ter in div idua l (b iofísic as) , y
refir iéndose a la segunda, como la exclusi ón que sufre la persona con discapaci dad a
travé s d e la socie da d c ons idera da co mo “n orm al” (Barnes , 1 998 ; Ló pez Meler o , 2007 ;
Mare ño et a l. , 2 014) .
Los sociólogos ingl eses, se centraron en reali zar cambios a nivel políti co y
legisl ativo sobre la sociedad y los derechos hum anos; intentando de esta manera,
alcanzar un Est ado de Bienestar donde las necesidades que puedan tener las
personas con disc apacidad se encuentr en to talmen te cu bie rtas (Allan, 2 010 ; P alac ios,
2008).
Consideraban que el hecho de alcanzar un Estado de Bienestar ayudaría a
eliminar los obstáculos y barreras que a las personas con discapacidad se les pueda
presentar. Por lo tanto, nos encontramos que las movilizaciones en Reino Unido se
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20 Carenc ia parcial o total de una extremi dad del cuerpo o de tener un miembro, órgano o mecanis mo
defectuoso (UPIAS, 1976; L ópez Melero , 2007; Barnes , 2012) .
21 Desvent aja o res tric ción - l imitación de una activ idad causada por una organización contemporánea que
excluye a las personas que tengan algún impedimento f ísico y que, por lo tant o, no puede participar en las
actividades sociales. (UPIAS, 1976; Lópe z Meler o , 2007; Ba rnes, 2 012). !
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centraron más en reclamar sus derechos y servicios prioritar ios intentado eliminar la
categori zación t radici onal (modelo médico) como un grupo vulner able y dependi ente.
Duran te l a déc ada de los 60, Re ino Un ido se car act eri z ó por su espír itu opt imista y
la ap ertu ra ha cia los v alor es s ocia les y la elim in ació n de las d es igua ldad es soc iales en
la ed uca ció n (A ms tron g, 2 007 ).
ESTADOS UNIDOS
REINO UNIDO
ORIGEN
Derec hos polític os sobre
discapacidad (desmedicalizaci ón y
desinsti tucional izaci ón)
Derec hos y serv ici os
priori tari os. C ambios políti cos y
legis lativo s
CONCEPTO
Const rucc ión Soc ial
Creac ión Soci al
ANÁLISI S
Relac ión ins ufi ci enci a y
discapacidad
Valor es y desi gual dad so cial
INS TITU C IÓN
Physyca lly Disabl ed Student´s
Progr am (PSDP) (Univ ersidad de
Chic ago, 1970)
Union o f the Phys ica ll y
Imp aired Again st Segre ga tion
(UPIA S) ( 1974)
Tabla 2 . Model o Es ta doun id ens e y Mo del o I ngl és ( Fuen te : el ab ora ci ón pr opi a)
2.1.3.3 Dignificando a las personas con discapacidad
El cam bio de mentalidad que supuso el Movimiento de Vida Independient e en los
EEUU (años 60 y 70) dio lugar a import antes reivin dicac iones de caráct er social y
polít ico, que junt o con otros colectivos en situaci ón de discriminaci ón, encontraron sus
frutos en importantes cambios legislati vos (García & Arnau, 2011; Guibet Lafaye &
Romañach Cabrero, 2010 ; Palaci os & Rom añach 2006, 2008; Seoane, 2011; Silvers ,
2009; Terz i 2009), lo que supuso al or igen del Modelo de la Div ersidad Funci onal .
Treint a año s más ta rde, és tas ideas llega n a Espa ña (200 6), vincula da al
movi mi ent o y al Foro de Vida In dep endi en te 22 , avanzando hacia una nomenclatura
positi va y hacia una defini ción ofr ecida por el propio colectivo, luchando por la
supresión de su opresión y ofreciendo un c oncepto en el cual se definían a sí mismo
por aquello de lo que carecían y no por lo que poseían (Ferreira, 2010; Rodríguez &
Ferreir a, 2010; Romañach, 2009; Romañach & Arnau, 2006; Romañach & Palacio s,
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22 El Foro de Vida Independiente puede consultarse en la web
http:// es.groups.yahoo.com/gr oup/vidaindependient e/ y www.f orovi da intependient e.org
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2008). El foco de atención de este modelo supone una gran novedad desde el punto
de vista de l a discapacidad, ya que se centra en la dignidad de la persona con
discapacidad (tanto intrínseca como extrínseca) 23 (García & Arnau, 2011), algo
inheren te al se r hu m ano y que, p or lo tan to, n o s e e ncu entr a v incula do con la
capacidad de la misma.
“ El modelo de l a di vers idad indi ca que todas l as personas deberían tener
garanti zada su plena dignidad y que, para consegui rlo, deben estar garantizadas tanto
su dignidad intrí nseca como su di gnidad ext rínseca” (Romañach, 2010, p. 76).
Romañach y Palaci os (2008), co nsid erad os, junt o a Lobato , import ante s aut or es y
pioneros en el origen de dicho modelo, indican que la Convención Internaci onal sobre
los dere cho s de l as personas con discapacidad (diversidad funcional), aprobada por la
ONU en el año 2006, gira en tor no a las ideas en las que se basa este m ovi mient o.
Éste preten de romper la dicoto mía existent e entre discapaci dad/ capaci dad (García &
Arnau, 2011), lo que s upone un importante cambio desde el ámbito social y jurídi co de
las p ers ona s qu e h an sido disc rim inad as por su d isca pac ida d (R om añ ach , 20 10) .
En esta m isma línea Hutch eon y Wolbr ing (2013) o Moriña (2014) plantean la
necesidad de reemplazar el lenguaje de discapacidad o necesidades por el de
capacidades. Se propone en estos trabajos un lenguaje más inclusivo como personas
con diversas capacidades o capaci dades múltiples.
Desde este model o, se apuesta por un cambio termi nol ógic o para defin ir a la
discapacida d, surgiendo el concepto de Divers ida d Funci onal . Este con cepto se ref ier e,
como ya hemos m encionado anteriormente, a las personas con discapacidad no como
carentes de capaci dades, sino que poseen capacidades diversas o formas de
func iona mie nto dife rente s a los habituales pudiendo desempeñar las mismas
func ione s que cualq uier o tra pers ona pero de un a ma nera diferen te (Ga rcía & Oca,
201 0 ; DeJong 1979; Ferr eira, 2010; Gar cía Alonso , 2003; Rom añach & Lobato, 2005;
Romañach & Arnau, 2006; Palaci os & R omañach, 2006, 2008; Shapiro 1994 ). Desd e
este m odelo, se propone que la reali dad de las personas con discapacidad es “una
maner a de ser y de es t ar en el mundo mucho más amp li a y c ompl ej a de lo que e l vi ej o
y obsoleto m odelo médico - rehabili tador planteab a desde una perspectiva meramente
biologi cista” (Romañach & Arnau, 2006, p.1 ).
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23 La dignidad intrínseca o moral se entiende como el derecho que tienen los seres humanos a que sus
vidas se consideren iguales y, la dignidad extrínseca o jurídica, abarca a los derechos y oportunidades de
las pe rsona s, que han d e ser ig ualita rios pa ra tod os (García & Arnau, 2011; Romañach, 2012).
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El término "vi da independiente" no hace alusión a las capacidades funcionales de
las personas, no significa “hacer todo sin ninguna ayuda hum ana externa”, sino que
signifi ca que las pers on as c on div ersid ad fun cion al a su ma n e l pro pio co ntro l de su s
vidas, sean las protagonist as, pudiendo recurri r a apoyos técnicos y/o humanos para
poder tener las mismas oportunidades y realizar las mismas actividades que las
personas sin diver sidad funcional; “ las perso nas func iona lme nte diver sas tiene n
derecho a pensar y hablar por sí mismas sin la interferenc ia de otros” (Foro de Vida
Inde pen die nte). Para H asle r (20 03 ), el mov imie nto de vid a in dep end iente su pon e u n
proceso de emancipación que, a trav és de la s activ idad es prá ctica s de la vid a soc ial,
fortale ce a las pe rson as con divers idad fun cion al y perm ite q ue ésta s influ ir, ele gir y
controlar t odos los aspectos de su vida.
El modelo funci onal se constit uye como u n desarr oll o del Paradi gma de vi da
Independient e (García & Arnau, 2011) y entiend e la diversi dad como diferenc ia y, no
se centra en considerar todas las formas de vida diferente que habitan un contexto
(diversida d biológica ), sino de proteg erlas y pres ervar la dive rsidad cultu ral de la
s ociedad garantizando todas las manifestaci ones posibles que la forman (Toboso &
Guzmán, 2 010) .
“El mo delo de la div ers idad propone claves para construir una sociedad en la
que todas las m ujeres y hombres vean preservada plenamente su dignidad.
Una soc ied ad en la que la di versidad, y en concreto l a diversi dad funcional , sea
vist a como una diferencia con valor y no como una carga independient emente
de la edad a la que se produzca. Una sociedad en la que exist a la igualdad de
oportuni dades y nadie sea discriminado por su diferenci a. En definiti va una
sociedad más justa en l a que todas las personas sean bienvenidas, aceptadas
y respetadas por el simple hecho de ser humanos”. (Palac ios & Romañach,
2006, pp. 223 - 224).
La diversidad funcional plantea como cuesti ón p rincipa l e l re cono cimie nto y la
aceptación de los modelos part icular es de vida y no se basa en la car encia de
capacidades, puesto que para él, no exi sten personas sin capacidades, sino que
simplemente tienen diferentes m odos de actuar y de adaptarse a la s itua ción o
circunst ancia, subrayando el valor de la discapacidad com o diversidad y humana y
facto r de en rique cim iento socia l (Gar cía & Arnau, 2011; Iáñez, 2009; 2010; Seoane,
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2011). En palabr as de Ferreir a (2010, p.59) “la dis capacidad constituye una más entr e
las m uc has m a nifes tac ione s de la infin ita he tero gen eida d qu e ca rac teriza a la
existenci a humana”.
Para G arcí a y Arnau (2011), la fil osofí a mundial de Vida Independi ente, se basa
en la em ancipación y en empoderamiento del sujeto, introduci endo desde el modelo
de diversi dad la novedad y particular idad el origen y nacimient o desde las propias
personas que se encuentran en estas circunstancias y, de todas aquellas pe rsonas
que lo apoyan. Para ellos, su énfasis se centra en la autodeterminaci ón (autonomía
mora l) y en el cont r ol de sus propi as vi das , por lo que, hac e un gr an énf asi s en las
capacidades humanas (García & Arnau, 2011).
Para Rodrí guez y Ferrei ra (2010 ), la diversidad funcional es una propuesta de
contenido ideol ógico, ya que pretende crear una realidad social de carácter
emancipador para las personas con diversidad funcional , ya éstas, en ocasiones han
sido focos de marginación y de exclusión. El suste nto de dicha propuesta no es otro
que transf ormar la realidad, transformar “su forma de vivir en el mundo y sus
experienci as en la vida cotidi ana como seres humanos” (Rodríguez & Ferreira, 2010,
p.152).
El m odelo de diversi dad funci onal , part e de muchos pr esupuestos comunes con el
model o soci al , par te de l a ct iv is mo as oc ia ti vo y la co nt ri buc i ón a cad émi ca, da ndo
visibi lidad a las personas con discapacidad y hace hincapié en la discapacidad como
rasgo que configura la identidad humana y proporciona un sentido de pertenenci a,
entendiendo a l a diversidad funcional como factor de enriquecimient o social (Seoane,
2011) 24 .
Nos encon tra mos, por lo tan to, que el concepto de diver sid ad func iona l es una
herramienta ideológi ca de l a que el colecti vo de pers onas afect adas por l a marginaci ón
y opresión se ha servido para defender sus derechos ante la discriminación a la que
están sometidos, convirti éndose por lo tanto en “sujet os morales de pleno derecho
desde sus di versidad y di ferenci as” (Romañach & Arnau, 2006, p. 1).
Siend o necesario y realizando un gran esfuerzo social, introducir una nueva
term inolo gía p ara tratar a la dis cap acid ad, e stab lecié ndo se “d ivers idad func iona l”
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24 Para Arnau Ripollés (2009), desde el Modelo de Vida Independiente (versión estadounidense) nace el
modelo social (versión anglos ajona); modelo del enfoque de las capacidades (versión estadounidense) y
el modelo de l a diversi dad (versión español a).
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(Ferreira, 2010; Rom aña ch & Lobato, 2005; Rom añach & Pala cios, 2008; Vega &
López, 2011) ya que tal y como indica V igotsky (1985) y Palaci os y R omañach (2006),
las palabras que empleamos en nuestro habla cotidiana están asociadas a ideas y
conceptos que tenemos integrados y que representan unos valores cult urales y
sociales acept ados por la propia persona. Por lo tanto, nuestro habla es el vehículo
que se utiliza para traspor tar estos valores, entendiéndose, por lo tanto, la demanda
que realiza Moscoso (2010) sobr e la necesidad de cambiar nuestro l enguaje sobre la
discapacidad.
S in embargo, debemos de indi car que en nuestro lenguaje existen m uchas
palabras para definir al colectivo con di versidad funcional , la más utili zada la podemos
hallar en “minusválido” (plazas de aparcamiento, servici os, lavabos, etc.) (Palacios &
Romañach , 2006). Si buscamos la def inici ón de la palabra “minusválido” en el
Dicc iona ri o de la Real Academi a Español a nos dice que hace alusi ón a “l a persona:
Inca pac itada , por les ión co ng énita o adq uirida , para ciertos traba jos, m ovim ien tos,
deportes, etc.” . S i nos vam os a su defi nición latina, nos encontramos que minus
signifi ca m enos, por lo tanto, la palabra minusválido nos dice que estamos ante una
persona “menos válida” para al go.
Y desde esta fil osofí a de vida, desde este m odelo, prete nden todo lo cont rari o,
d emostrar cómo las personas son válidas, si mplemente, que cada una ti ene su modo
de actuar y de hacer las cosas de una forma “diferent e”. S i analizamos la diversi dad
func iona l des de la p ersp ectiv a d e la F iloso fía d e V ida In dep en dien te, no s en con tram os
que é sta no tiene nada que ver, no ti ene ninguna r elación, ni con la enf ermedad, ni con
la d efic ienc ia, ni con la inc apa cid ad, etc . T oda e sta te rmin olo gía, cla sifica cio nes ,
vienen derivada del m odelo tradicional de la discapacidad, del mode lo médico, en el
que se presentan a las personas como biológi camente imperfectas y que hay que
“rehab ilitarlas y arreglarla s” para qu e pue dan vivir y se guir los pa trones “no rma les”
estableci dos por la soc iedad.
Ferrei ra ( 2010) nos di ce que
“ la tr ans ición Minus valía – Disc apac idad – Diver si dad Funcion al nos indica el
camino a seguir: hay un eleme nto, siempre implícito, que perman ece vigente:
las tre s defin icio nes se refie ren , en últim a instan cia , a la con dició n on toló gica
de un cuerpo hum ano; un cuerpo catalogado, primero, como de m enor valía
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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que otros, después, como falto de capacidades, finalment e, como singular en
su funcionamiento” ( p.59).
Por lo tanto, nos encont ramos que el término diver sidad func ional hace alusión a
una realidad sobre una persona que funciona de manera d iferente a la m a yoría de la
sociedad, pero que no significa que no sean capace s ni válidos para la m isma.
Simple mente, desde este m odelo se pide que se preste at enci ón a la diversi dad, pero
como Rodríguez y Ferreira ( 2010) nos dicen:
“La dis - capacidad sólo dejará de ser discapacidad cuando la capacidad sea
entendida en su condicionamiento socio - hi stóri co; y la func iona lidad , la
func iona lidad d ivers a, sólo s erá rec ono cida com o tal cua ndo s u defini ción
normativa sea ajust ada a una concep ción no de terminada por el discurso
hegemónico de l a medici na respect o del cuerpo (s ocial) humano” ( p.170).
Desde el inf orme I mprov ing t he Lif e Chanc es of Disabl ed Peop le, se afi rma de un a
maner a cl ar a y pr eci sa que la dis cap aci dad ha de ser di fer en ci ada de cualquier tipo de
deteri oro personal o problema de salud (Oliver & Bar nes, 2010), y que, ésta, ha de ser
entendida y definida com o el resultado de barreras (social es, educativas, laborales,
etc.) independientes a la persona que tienen un importante impa cto en su vida (Prime
Min is te r’ s St ra teg y Uni t , 2005) .
Es decir, la princi pal aporta ción de este modelo funcio nal radica en el cuerpo de la
persona, en su experienci a físi ca y concreta desde la cual se formular a una teoría
sociológica de carácter emancipad or (Fer reira, 2008).
No obstan te, tal y como indic a Gutmann (2008) , reco nocer la diver sid ad y tener
una polít ica identi tari a tiene aspectos positivos com o la noción de pertenenci a, la
visibi lidad de la diversi dad funcional , la identifi cación y el colecti vo de apoyo m utuo en
una lucha cont ra la di scriminaci ón pero también conlleva una connotaci ón negativa el
realizar u n ex cesivo énfas is en la diversidad com o ide ntidad. Esto conllev a a anular la
facu ltad d e d ecisió n ind ividu al, e xistien do ligero s atis bos de a ctitudes paternalist as ya
desterradas e i ncompatibles con la just icia que promulga el modelo funcional .
Por último, para Rom añach y Palacios (2008), desde el modelo funciona l se ha
actuado correct amente el ámbito político de la em ancipación de este colecti vo. S in
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embargo, no se ha actuado con la suficient e intensidad el ámbito social para modifi car
ni la ideología ni la subjetividad de las personas para que el cambio de m entalidad sea
real, y por lo tanto un cam bio soc ial com pleto (V ega & López, 2011).
Al igual que en el Modelo de la Diversi dad Funcion al, los presup uestos teóricos de
este trabajo de tesis doctoral se encuentran muy vinculados al M ovimiento de V ida
Inde pen die nte, ya que co nsid era mo s q ue, ade m ás d e lo s m ec anis mo s d e tra bajo s
difer entes, la s personas con discapacidad, tal y como indica la propia palabra en sí, no
es m enos capaz o es carente de capacidades. Todo lo contrario, tal y com o indi can
Hutc heon y Wolbr ing (2013) , Mor i ña ( 2014 ) o Norwich (2 013 ), tiene diferente s
capacidades o capacid ades múlti ples desde las cual es las f ormas de act uar son
difer entes a las habituales, pero son capaces de poder desem peñar las mismas
activi dades que cualquier otra persona que no tenga discapacidad. Ya no sólo
debemos de enfocarnos en el cambio de la sociedad para que sea más inclusiva y
adaptada a las personas con discapacidad, sino que también es imprescindibl e
dignif icar a las mismas (García & Arnau, 2011) , ejer ciendo las mismas funciones con
las ayuda s person ale s o téc nic as neces aria s p ero sie mp re ejer ciendo el control de sus
vidas.
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López , 201 3; R oca & Vil lar es, 2014; U ria rte, 2013). Este térmi no, tal y como indican
Forés y G ranés (2012), también es util izado en medicina, concret amente en
osteologí a, expresando la capacidad que tienen los huesos para crecer en l a dirección
correcta después de haber se fr acturado.
Autor es como King et al., (2 003 ), Olss on, B ond, Burns , Ve lla - Brodri ck y Sawyer
(2003 ), indica n la res iliencia se u sa para des cubrir las cualida des elástica s d e las
sustancias así com o la capacidad que tiene para la adaptación exitosa en un am biente
difer ente y cambiante, cuyas cualidades más caracterí sticas son la dureza y la
invulner abili dad (Anthony, 1974, 1987) y com o “un proceso dinámico que implica una
intera cc ión en tre los pro ces os de riesgo y prot ección, inter nos y externos al individuo,
que actúan para m odifi car los efectos de un evento vital adverso” (Becoña, 2006,
p.128).
No obstan te, su uso en el ámbit o de las Cienci as Social es vin o de la m ano de
Mic hae l Rut te r en el año 1972 (Turien zo & Sala, 2011) 26 . Ru tter (2 006 ) e nten día la
resiliencia com o la habilida d qu e las pe rsona s tiene n p ara s alir ad elante pese a las
experienci as negativas de la vida, los dolores y las cicatr ices; “ser resiliente signifi ca
ser rebotado, reanimarse, a vanzar después de haber padecido una situación
traum átic a” (F orés & Grané s, 201 2, p. 27) .
Sin em bargo, tal y como hemos indi cado anterior mente, frente a lo recient e
creación del término resil iencia, po demos decir que las referencias al p roceso de
superación y adaptación son mucho más antiguas q ue el término en sí mismo, ya que
como indicaba C onfucio “nuestra gloria no consiste en no habernos caído nunca, sino
en habernos levantado después de cada caída” (citado en Turienz o & Sala, 2011,
p.209).
Según Rutter (1996) es difícil localizar el origen y la s raíces de l cre ciente interé s
por la resilienci a en las Ciencias Sociales. Sin embargo, el punto de partido para el
concepto de resiliencia, tal y como lo entendemos en la actualidad, se sitúa en los
años ochenta con l a finalidad de entender las causas y la evol ución de las
psicopatol ogías (Forés & Grané, 2 012) . Ru tt er ( 1996 ) i dent if i ca el uso conc ret o de est e
térm ino y n acim ien to en el añ o 19 55, co n el e stud io long itudin al rea lizado por E mm y
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
26 La monografía elaborada por Turienzo y Sala (2011) trabaja el término resiliencia en el ám bito
empresarial (no educativo) tratando a través de este conceptos aspectos como la motivación, el
optimismo, la superación y la confianza como elementos claves para la creación de equipos de trabajos
eficaces.
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Wer ner y Ruth Smit h ( 1982, 1992, 2001), donde estudiaron con una muestra de 698
niños de las Islas Kauai (Hawai) en condiciones desfavorabl es, a lo largo de 30 años y
cuyos resultados reflej aron que los niños estudiados en edad adulta no presentaban
comportamientos psicopatoló gicos, sino todo lo contrario, eran personas optimist as,
alegres, competentes, int egrados en su cont exto soci al, etc.
Según autores como Campo et al., (20 12), Forés y G ran és (2012 ), Henderson y
Mil st ei n (200 3) , Inf ant e (200 2) , Kotl i ar enco , Cáce res y Font ec illa (1 996 ) y Rutter
(1996 ) o Quicen o y Vinacc ia (2011), el estu dio plante ado por W erne r y Smith se
entiende como el punto de partida para estudi os post eriores sobre resilienci a e
infanci a que se cent ran en la observación de comportamientos indivi duales de
superación y en el est udio evoluti vo de los niños que han vivi do en situaci ones
difícile s.
2.2.1.2 Pero … ¿q ué es la resiliencia ?
Si analiza mos la palabra resi lie ncia desde su raíz etimoló gica y de su origen del
latín de la palabr a re salire , n os encon tram os con E L p refijo re que significa “volver a” y
con la pal abra salire que signif ica sal tar (Becoña, 2006; Campo et al . , 201 2; C aste llan o
et al. , 20 14; Ew ert & Yoshi no, 2011; Forés & Gran é, 2012; Kotli ar enco et al. , 19 97 ;
Quic eno & Vinac cia, 2011; Turienzo & Sala , 2011; Uri ate, 2013; Marzana et al. , 20 13 ;
Meneghel et al. , 20 13 ; W ind le, 2011 ). Si quisiéra mo s indicar sinón imo s popula res a la
palabra resil iencia los podríamos hacer con los siguientes verbos: saltar, reanudar,
recom enz ar, reanim arse , rebotar, re saltar, sup ervivir, resistir … (Be coña , 2006; F orés
& Grané, 2012; Quiceno & Vinaccia , 2 011; Lutha r, 2006; Turi enzo & Sala, 20 11).
El concept o resil ien cia abarca una amplia gama de experienc ias (Krali c et al. ,
2006), pero, comúnm ente, se enti ende como el proceso de adaptación positiva ante la
adversidad (Luthar et al. , 2000; Moreno & Pastor , 2014; Vaquero, Urrea , & Munde t,
2014). Se define a una persona resil iente com o aquella que tiene la capacidad de
recupe rarse frente a las con diciones adversas que le rodean. Para Greene (2002),
este proceso tiene lugar debido al equili brio entre los niveles de estrés y
afront amiento. Por su parte, Uriarte (2013), indica que la resil iencia se encuentra en
las p ers ona s no rm ale s y e n la s va riab les d el c on te xto, n o e n pe rson as e xce pcio na les.
Signifi ca la capacidad que tiene el ser humano de sobreponerse ante un suceso
traum átic o o es tresa nte , indep en dien tem en te de la índo le que sea ( fam iliar, soc ial,
labo ral, etc .). So mo s cap ac es de “ reco ns truirn os y de reh acer nuestras vidas”
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(Martín ez & Vásquez - Bronfman, 2006, p.84). Este proceso de reconst rucc ión no es
otra cosa que un proceso, desde el que se alude o se designa, a l a capaci dad que la
persona tiene para salir de las dificult ades, volver a “su forma inicia l” a pesa r de las
barreras y golpes con los que se puede enfrentar y sufrir ( Caciop p o, R eis , & Zautra,
2011 ; Ew ert & Yoshino, 2011; Jiménez Sal as, 2015; Karoly & Rueh lman, 2006; King et
al. , 200 3; M artíne z & Vásquez - Br o nfman, 2006; Toland & Carrigan, 2011; Vaquero et
al. , 201 4). Par a Grotbe rg (1995 ), la resi li enc ia es un proc eso evol uti vo que ha de
promoverse desde etapas tempranas de la persona (Cam po et al. , 2012), estando
íntim am ente vin cula do a los p roce so s de co nstr ucció n d e afron tam iento y ada ptac ión
que se pr oducen en si tuaciones adversas (Rutter , 1987).
Es un pr oceso dinámico de adaptaci ón exitos a a even tos estr esante s por parte de
un indivi duo como resultado de procesos interacti vos entre los factores que actúan a
nivel indivi dual, famil iar, escolar y comunitario (Ahern et al. , 2 006 ; King et al. , 2 00 3;
Luthar, 2006; Olsson et al. , 20 03; Saa ved ra, 2005 ; P atters on , 19 95 ; R utter , 19 85;
Salt zman et al . , 2011; Tol and & Carrigan, 2011; Vaquer o et al . , 2014 ).
Para autores como Brooks y Glodste in (2004), la resiliencia no s ólo ha de ser
entendida como un proceso que se enfrenta a situaciones adversas y difi cultosas en la
vida, sino que también ha de entenderse com o una mentalidad resil iente ( Campo et
al. , 2012), ya que son l os indivi duos los que han de adqui rir o co nstruir com peten cias y
habili dades que van a i nflui r en el desarr ollo de su conducta ante situaciones
estresant es ( Meneghel et al . , 2013) .
Smith et al., (2 008) señala n qu e sería interes ante re alizar d istincione s entre los
signifi cados de la palabra resiliencia e n func ión de l área o ám bito en el que se centre:
enfermedades, adaptación al est rés, psicopat ologías, etc.
Por su parte, Carver (1998) define clar amente dos vertien tes en el proceso de
resiliencia: la prim era, e s la c apac idad q ue e l ser h um a no tiene de volver al estado
anteri or de la situación est resante, es decir, nos centrarí amos en la recuperación y, la
segunda, sería la capacidad que ti ene el ser hum ano para superar la situación
estresant e, adapt arse a la misma y cambiar sus cir cunstancia s.
El concep to resi li enci a ha de dist ingui rse del de recuper ación (Bonanno, 2004;
Ewert & Yoshino, 2011), ya que, el proceso de recuper ación indica una traye ctor ia en
la q ue el suje to sus tituy e s u prob lem a pa ra, pos terio rm ente , v olve r a l e stad o ante rior .
Por el contr ari o, Ewer t y Yosh ino ( 2011), mati zan que l a capac idad de resi li encia h a de
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se r entendida como la capacidad que tiene el sujeto para mantener un equili brio
estable ante si tuaciones negativas a través de sistemas de protección y apoyo que le
permitan superar de forma exi tosa los f actores estresor es.
Para Becoña ( 2006) y Bu ckner , Mezz acappa y Beardslee (2003) , exist e un debate
entre los investigadores respect o a la defini ción del término resili encia, i ndicando que
dicho concepto conlleva una connotación cultural que, dependiendo del contexto
donde nos ubi quemos se puede emplear o defini r de difer entes f ormas. Al gunos
autores como Masten ( 1999), def ine l a resil iencia c omo un rasgo de la per sonalidad de
la pers ona que le permite adaptarse a la vi da de una manera óptima y exi tosa.
Desde nuestro tr abaj o, en tend emos que el término resi li enc ia se encu entr a
vinculado a la capacidad que tiene e l individuo pa ra resistir y enfrentarse a situaciones
estresant es y super las de forma exi tosa.
Para autores como O lsso n et al., (200 3), e l térm ino resilienc ia p uede te ner un
doble signifi cado: por un lado se puede entender com o el resul tado de la adaptaci ón y
por otro, com o el proceso. E stos autores indican que toda investigaci ón que no sepa
difer enciar entre el proceso o el resultado puede llevar a confusión y a una
complejidad innecesaria.
Por su parte, Muñoz y De Pedr o (20 05) ind ic an que la res i li en ci a dis ti ng ue dos
componentes claves: la resistencia frente a la destrucción (la capacidad que la
persona ti ene para proteger se y salvar se ante deter minadas presiones y peligros) y lo
que sucede más allá de la resili encia (comportamient o vit al y perspecti va posi tiva).
Exist en ta ntas definic iones como autor es l o tra bajen, si n embargo, desde nuestro
punto de vista y, de acuerdo con B ecoña (2006), podemos decir que las definici ones
más acord es con nue st ro tr aba jo y forma de en tender la resili encia, serían las
realizada s por G arm ezy (1 991), L uthar e t al., (2000) y Masten (2001) :
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Figura 6 . Con cep tualiz ació n res ilienc ia (Fuente: elaboraci ón propia)
Estas defi nici ones, como las que a continua ción vamos a revis ar, indi can que el
sujeto puede estar expuesto, vivi r y enfrentars e a una am enaza signifi cativa o severa y
que, ello va a conll evar una adaptaci ón positiva a pesar del doloroso proceso de
desarro llo (Be coñ a, 2 00 6; M or ales & G onzález, 2014; Moreno & Past or, 2014) . Según
Ewert y Yos hino ( 2011) l a resi ste ncia se consid era un pr oceso di námico de adaptac ión
positi va a la amenaza o la adversidad (Masten, 2001; Morales & Gonzál ez , 2014 ;
Vaquero et al. , 2 014), siendo ésta una variable importante para estudiar cómo los
estudiant es universit arios suelen vivi r de forma estresant e con todas las cargas de
traba jo a cad ém icas , con struc ción de relac ione s y la ide ntida d q ue a m enu do requ iere
el desar rollo de habi lidades de afr ontamiento y resi lienci a.
Para Masten (2001), el término resil ien cia es algo asiduo en el ser humano ya que
es un proceso adaptativo de él m ismo al contexto, pero éste funciona en situaci ones
en las que fal tan los sistemas de protección básico s para el niño que le impide seguir
con e l desarrollo norm al de su vida, y es, precisam ente en este contexto donde se
desarroll a la resil iencia. Para él, una persona que no ha t enido una amenaza
signifi cativa en su desarrollo o un a situación adve rsa, co nsi dera que no pueden ser
resiliente (Ma sten, 2001 ). A los siste ma s d e adapta ción, Mas ten (2001), los ha
iden tifica do com o ape go, c rianz a, intelig enc ia, mo tivac ión intrín sec a, etc.. Por ello,
Becoña ( 2006) i ndic a que es nec esari o conoce r est as dif icul tad es pa ra crea r
programas que ayude a cor regirl os y as í evi tar problemas a corto, medio o largo plazo.
“Capacidad para recuperarse y mantener una conducta adaptativa después del
abandono o la incapacidad inicial al iniciarse un evento est resa nte”. (Ga rmez y, 199 1,
p.459).
“Un proceso dinámico que abarc a la a daptac ión o el de sarrollo” (Luthar et al. , 2000,
p.543)
“Un tipo de fenóm eno caracteriz ado por bu enos resultado s a pesar de las serias
amenazas para la adaptación o el desar rollo” (Masten, 2001, p.228) .
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A conti nuaci ón, i ncl uimos una tabl a donde se r ecogen d ife rente s defi nic iones
realizada s p or va rios a utores , en diferentes mom entos cron ológico s y, donde
señalar emos l as palabr as claves de cada una.
AUTOR
DEFINI CIÓN
CONCEPTOS
Richar dson,
Neiege r, Jensen y
Kumpfer, ( 1990,
p.34)
“El proceso de afrontam iento con
eventos vitales desgarradores,
estresantes o desafi antes de un m odo
que proporciona al individuo protección
adicional y habilidades de af rontamientos
que las que tenía previ a a la ruptura que
resultó de sde el e vento”
Ø Afront amient o.
Ø Situa ciones
problemáticas.
Ø Protec ción.
Fonagy, Ste ele,
Steele , Hi ggitt y
Target, ( 1994, p.233)
“El d esarrollo norma l bajo condiciones
difíci les”
Ø Desarr oll o.
Ø Situa ción difí cil .
Barle t, (199 4, p p.98 -
99)
“Rasg o psicológico, que es visto c omo
un componente del self que capacita
para el éxito en condi ciones de
adversidad, y que pueden ser
desgastado o, paradóji camente,
refor zado por la adversidad”
Ø Rasgo
psicológi co.
Ø Adversidad.
Grotb erg, (1 997, p.4 )
“Es la capacidad del ser hum ano para
hacer frente a las adversidades de la
vida, superarlas y ser transformado po r
ellas de manera positi va”
Ø Adversidad.
Ø Superación.
Ø Transfor mación.
Mast en, ( 2001 ,
p.234)
“Un fenómeno común que surge de los
procesos adapt ativos humanos
ordinari os”
Ø Proceso de
adaptación.
Luthar, (2003, p.29)
“La manifestación de la adaptación
positiv a a pesar de signifi cativas
adversidades en la vi da”
Ø Adaptación.
Ø Adversidad.
Mast en y Po wel l,
(2003, p. 4)
“Patrone s de adaptac ión positiva en el
contexto de riesgos o adversidades
significat ivas”
Ø Adaptación.
Ø Adversidad.
Ø Contexto de
riesgo.
Olsso n et al ., (200 3,
p.2)
“La res iliencia pu ede ser definid a com o
un resultado caracter izado por patrones
Ø Conducta
funcio nal.
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particul ares de conducta funcional a
pesar del riesgo. Alter nativamente, la
resiliencia puede ser d efinida como un
proceso dinámico de adaptación a una
situación de riesgo que implica la
intera cción en tre u n ra ngo d e factores de
riesgo y de protección d esde el individuo
hasta lo social”
Ø Situa ción de
riesgo.
Ø Proceso
dinámico.
Ø Adaptación.
Ø Interac ción.
Ø Factor de ri esgo.
Ø Factor de
protección.
Mart íne z y Vá sque z -
Bronfman , ( 2006,
p.30)
“La palabra resiliencia designa la
capacidad del acero para recuperar su
forma inicial a pe sar de los go lpes qu e
pueda recibir y a pesar de los esfuerzos
que puedan hacerse para defor marlos”
Ø Recuperación.
Cyrul nik, (20 03,
p.24)
“La re siliencia e s el hecho de sup erar el
traum a y v olvers e bello pese a tod o”
Ø Superación.
Ø Trauma.
Muñoz y De Pedr o,
(2005, p. 113)
“La capacidad de una persona o sistema
social de afrontar adecuadamente las
dificul tades, de una forma socialmente
aceptable”
Ø Enfren tamient o.
Ø Sist ema Soci al.
Turienzo y Sala,
(2011, p. 209)
“La resiliencia e s una resp uesta global
en la que se ponen en juego los
mecan is mos de prot ecc ió n emoci onal es
y racionales, entendiendo por estos no la
valencia contraria a los factores de
riesgo - también considerada temeridad - ,
sino aquella dinámica que permite al
individ uo sa lir forta lecid o de la
adversidad en cada situación específic a
y respetando las caracterí sticas
personales”
Ø Respuesta global .
Ø Protec ción
emocional.
Ø Protec ción
raciona l.
Ø Factores de
riesgo.
Ø Adversidad.
Ø Caract erí sti cas
personales.
Tabla 4 . De finicion es s ob re res ilienc ia ( 16/11/2011 !
Quedo! con! Marper ! para! empezar! con! la! primera! sesión! de! entrevistas! para! la!
tercera! fase! de! la! inve stigación! y!de! mi!Tesis.! Le!explico! las!técnicas! de!recogida! de!
datos! que! ten go! pensado! realizar! y! me! comenta! que! ella,! tras! real izar! su! último!
examen! que! es! el! 13! de! Diciembre! tiene! pensado! irse! a! Algeciras! y! en! Enero! a!
Portugal!con!una!beca!de!tres!meses.!!
Me! indica! que! n o! se! quiere! comprometer! ya! que! no! sabe! qu é! va! a! hacer! con! s u!
vida.! Por! otro! lado,! me! indica! que! sus! padres! son! de! Algeciras,! por! lo! que! para! la!
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
!
!
!
69 !
recogida! de! información! tendría! que! desplazarme! allí! y! que! sus! amigos! solo!
pueden!quedar!los!fines!de!semana.!
Me!agobio!un!poco!ya!que!voy!a!te ner!dificultades!para!la!rec ogida!de!datos. !
01/12/2011 !
Le! escribo! a! Marper ! p ara! quedar! con! ella! el! día! después! de! su! último! examen.! Ella!
me!dice!que!puede.!
12/12/2011 !
Escribo! un! email! para! quedar! mañana! con ! Marper! para! recoger! los! datos! aunque!
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En la tabla número 1, observ amos cómo la m ayorí a de las defini cion es hacen
alusión a la adversidad, situación de riesgo, enfrentami ento, adaptación y superación
y, algunas formas, con carácter más específico, intr oducen factores como la psicología
emociona l, las c arac terís tica s pe rso nale s o el sis tem a s ocia l, en tre o tros .
No obst ante , podemos ver en las def ini ci ones expuest as que en todas ellas se
lleva a cabo e l m ism o proce so: la pe rson a se e ncu entr a a nte un a situació n traum ática ,
ante unos obstáculos que hay que superar y ante los cuales, la persona se encuentra
inm óvil, pa raliz ado , s in saber qué hacer (Turien zo y Sa la, 2011). En un se gun do
moment o, ha de enfr ent ar se de for ma dire ct a o indi r ect a para super ar la etap a
anteri or, momento en el que el sujeto ha de adaptarse de una manera positi va para
dicha superación, ayudando al sujeto a reforzar su autoestima y su personalidad de
maner a posi ti va sali en do refo rz ado y apren di endo de dic ha sit uac ió n (t ant o la per son a
que desarrolla la competencia y el proceso de resil iencia como todas aquellas que
parti cipan en el mismo de manera positiva haciendo hincapié en los tutores de
resiliencia).
Sin embargo, debemos de tener en cuent a que a lo largo de este proceso entran
en juego otros muchos más factor es, como por e jem plo , los “tut ore s d e re silie nc ia” 27 , la
fam ilia, el contex to, lo s p rejuic ios … , e n lo s q ue, según Cy rulnik (20 03), son los
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27 Los tutores de resiliencia son todas aquellas personas (padres, educadores, tutores, compañeros, etc.)
que forman parte de la vida de las personas y son responsables , de algún modo, en la educación de la
misma; ayudándol es a formar se para la vida , en la creació n y desarro llo de la capac idad de decisi ón y no
sólo ante situaciones normales o que sean previsibles, sino también en aquellas que pueden ser
inesp erada s y d oloro sas y, por lo tanto, prop orcio narles lo s recursos necesarios para la superación de
estas sit uaciones (Catret , 2007).
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culpables de las justificaci ones, reacciones e inter pretaciones que le dam os a los
problemas, por lo que nos encontramos ante un suceso, resi lient e con una naturaleza
dinámica y act iva que varí a a lo largo del tiempo y dependiendo de las circunstanc ias
(Muñ oz & De Pedro, 2005; Toland & Carri gan, 20 11).
Para Cacio ppo et al., (2011) , es muy impor tante el proces o de resilie ncia social 28 ,
ya que asegu ra que la pe rsona es un ser social que vive en comunidad. Por ello,
desarroll ar la empatía y el compromiso social es fundamental para poder lograr v ivir en
bienestar . Debemos de crear estructur as emergentes que sus fronter as se extiendan
más al lá de la p erso na ind ividu al s iend o s u ún ica form a de tra ns form ac ión ante la
adversidad el crecimiento personal, relacional y colectivo mediante el fortal ecimiento
de compromisos s ociales existent es y la cr eación de nuevas rel aciones.
Desde el punt o de vis t a de Saavedra (2003) y su teorí a del modelo em ergente, la
respuesta resili ente ha de ori entarse hacia unas metas, vinc uladas a un probl ema que
le con llev a a rec urrir a u na v isión de sí m ism o , c ara cter izad a po r e lem en tos a fec tivos y
cognitivos positi vo ante los p rob lem as o d ificu ltade s vincu lada s a cre en cias y v ínc ulos
sociales que inciden en l a seguridad de l a persona y en la f orma que tiene de
interp reta r la a cció n e sp ecífic a y lo s re su ltado s ( Saa ve dra & Vill alt a, 2008). Est a
perspecti va de Saavedra (2003) , ma tiza la im po rtan cia d el c onte xto y la histo ria d e la
persona resilient e en la proyección de sus posibil idades más allá de la acción y sus
resultad os.
2.2.1.3 Generaciones del término resiliencia
Con el tra nscur so de los años , se logr a cambi ar el enfo que de la resiliencia en las
investi gaciones, pasando de trabajar la adversidad frente la presenci a de la
psicopatol ogía a la adversidad frente la posibil idad de adaptación exitosa al contexto
(Quice no & Vinaccia , 20 11; Masten, Best , & Garmenz y, 199 0; Pan & Chan, 20 07).
Autor es como Luthar et al., (2000), de finen la resiliencia com o un proce so
dinámico de adaptación positi va dentro del contexto adverso (Cam arero & Del Pino ,
2014; King et al. , 20 03; Mo rales & González, 2014; Moreno & Pasto r, 2014; Saltzman
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28 La resiliencia social es la capacidad que tiene el individuo para crear, desarrollar y mantener relaciones
positivas pese al estrés que la vida y el aisl amiento social puede generar, así como resistir y recuperarse
ante estas s ituaciones. (Cacioppo et al . , 2011).
La resiliencia social se fundamenta en la capaci dad que ti ene la persona para trabaj ar con otras y lograr
resultados, siendo ne cesario la relación y colabo ración en tre los individu os. En la resilien cia s ocial
influye n: 1. C arac terística s de relacio narse (e mpa tía, ama bilidad , g enero sidad , e tc.); 2. Recu rsos y
capacacideades interpersonales (compartir, escu char, respetar, etc.) y; 3. Recursos y ca pacidades
colectivas (iden tidad grupal, co hesión , toleran cia, etc.).
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et al. , 20 11 ), a la que Mas ten (2001 ) aña de que e ste pro ces o se ca rac teriza por los
buenos resultados obtenidos, es decir, salir reforzado de la situaci ón. De esta forma, a
travé s de la defin ición realiz ada por e stos auto res, e nco ntram os dos aspe ctos
relevantes : 1. Exposición a una amenaza significat iva o de gravedad y, 2. Evidencia
del l ogro de adaptación positi va pese a las amenazas (Toland & Carri gan, 2 011) .
Toland y Carrigan (2011), especifi can que la resil ienc ia no es una caracterí stic a
innata de l a personalidad, sino que es consi derada como el result ado de los procesos
dinámicos que no logra eliminar el riesgo ni el estrés pero que sí permite a l a persona
poder act uar con ellos de for ma eficaz.
Para Bec oña (20 06), los primeros estudios sobre resi li enci a los ubica en Cicchetti
(2003) centrado en individuos con esquizofr enia, en personas expuestas al estrés y a
la pobreza ext rema y sobre la f orma de actuar que han experimentado sucesos
traum átic os e n los prim ero s añ os d e su s vid as. S eg ún e sta m ism a a uto ra jun to con las
idea s aporta das p or Saltz ma n et al., (2011), ademá s d el e studio realizado por W erne r
y Sm ith (1982, 1992, 200 1), los pri meros estudios de Garmezy (Garmezy, 1971 , 1974;
Garmez y, Mast en , & Tellengen, 1984; Garm ezy & Streit man, 1974) también pueden
s er considerados como puntos de referencia en las futuras investi gaciones y com o
pioneros al explicar porqué algunos niños expuestos a situaciones adversas y con
difi cultades presentan traumas y depresiones frente a otros niños que, dentro de las
mis mas ci r cunstancias, salen reforzados e i ntactos (Garmezy, 1974).
Por su par te, For és y Grané (2012) , indica n que el térmi no, desde su ori gen, t iene
dos generaciones diferenciadas: en los años 80, con precursores como W erner (2000)
y, en los años 90, con precursor es como Luthar et al., (2000 ) y Wy ma n, Sand ler,
Wol ch ik y Nel s on ( 20 00) , ent r e ot r os .
En la pri mera generac ión, deli mitada con el orige n del tér mino resi li encia y, con
inve stiga do res pre cur sore s com o W ern er (200 0), se ce ntra ban e n rasg os ind ividu ale s
(Salt zman et al. , 20 11 ). B asa ban su tra bajo en b usc ar e ide ntifica r los fa ctores d e
riesgo y elemento s protectores que facilitaron la ad aptac ión de lo s niños en co ntexto s
hostil es (Forés & Grané, 2012; Toland & Carrig an, 2011; Uri art e, 2013). Para ell o,
tomaban como referencia a dos grupos con el mismo grado de r iesgo pero con
resultad os diferentes . Estos prime ros trabajos se fundam entaba n en un mod elo
triádico (G rotbe rg, 1 99 5) e n e l que es tudia ban tres gru pos de facto res: a tributo s
personales, aspectos relat ivo s a las famili as y caracterí sticas del contexto.
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Por su part e, Cyrulni k (2003) indica que, en todo estudio que se reali ce sob re
resiliencia, han d e trab ajarse tres p ilares o facto res fu ndam enta les: la adquisic ión de
recurso s in ternos ; la estructura de la agresión ; la posibilidad de re gresa r a los lug ares
donde se encuentra el afecto. Cuando este autor menciona la adquisi ción de los
recurso s in ternos, hac e m uch o h incap ié en el tem peram en to d e la pers ona así com o
en sus primeros días , meses y años de vida y en el tr anscurso de este ti empo donde
el temperamento se va conformando en función de determinadas int eracciones , tanto
verbal es como preverbales, que explicarán la forma que la persona tiene de
reaccio nar y en frentars e a los pro blem as m ás o m en os sólida s.
Respec to al segundo pil ar, la est ruct ur a de la agr esi ón, Cyr uln ik (2 003) no s hace
alusión a los daños ocasi onados por el pri mer golpe así como el signi ficado que se le
atri buya al m ismo tanto personal, famil iar como socialmente. Esto llevar á a explicar los
efectos del segundo golpe que, según est e autor, son los que real mente ocasionan el
trauma en la per sona.
Y por últ imo, el t ercer pilar, la posibil idad de regresar a los lugares donde se
encuentra el afecto, actitudes, palabras, acciones … , que la sociedad genera alrededor
de la persona afect ada y, donde se le ofrece una serie de pautas, guías, acciones,
meca ni smos , re cur so s … , q ue permit irán seguir el cam ino y el desarrollo “alt erado por
la he rida ” (Cyru lnik, 200 3, p.27).
Para Cyrul nik (2003), estos tres pila res unid os al tempera mento perso nal, a la
signifi cación cultural y a la sociedad, son los factores fundamentales que explic an todo
el proceso y m ecanismo que el ser hum ano tiene de afront arse a los traumas y/o
barreras.
Por su parte, Becoña (2006), identi fic a siete fact ores y concept os en el proceso
resiliente: com pe tencia, resilien cia y vulne rabilidad, locu s de con trol y e sti lo
atri bucional, resil iencia y dureza, resiliencia y factores de riesgo y protección y, por
últi mo, resi lienci a y ps icologí a posit iva.
En relaci ón al concepto de compet encia , Becoña (2006) lo rela ciona con el
cociente intelectual y el rendimiento académico , entendiéndose este como la
“efecti vidad de las acciones de uno en el mundo y a un sentido personal de bienestar
en diversas ár eas f uncionales” (Becoña, 2006, p.131, citando a Masten y Coatswort h,
1998). Según Luthar (2006), la competenc ia di fiere de la resi li encia en que ésta
presupone el riesgo y la competencia no. La resil ienci a se define y se establec e en
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térm inos e ín dices e mo cion ales y co nd uctu ales y la co mp eten cia asidua me nte im plica
conductas m anifiestas y observables, por e llo, Becoña (2006), argu menta que el
objeti vo principal ha de basarse en promover la resilienci a y la competencia en la
persona ante las situaciones adversas y/o estresantes, más que ofrecer ayuda y
asistenci a a l os problemas emocionales y conduct uales que de esta situación se
de rivan.
La segunda de las caracterí stic as, la resili encia y la vulnerabilidad indica que la
primera se refiere a la evitación de los problemas asociados con la vulnerabil idad y
que la segunda, a la incrementación de la probabili dad de un resul tado negat ivo y de
exposición al r iesgo.
La cualidad locus de control interno y estilo atribuci onal, con las cualidades de
autoesti ma y autoeficaci a en los niños que son capaces de superar problemas o
adversidad. R especto a la cuarta característ ica, resilienci a y dureza, Becoña (2006)
hace alusión a la personalidad resi stente de la persona medidas por variabl es del ti po
biológi co, psicol ógico y ambient al. P ara Godoy - Izqu ierdo y G odo y ( 200 2) los
componentes de la personalidad r esistentes son t res: compromiso, control y d esaf ío.
Las caracter ísti cas de resili encia y recuper ación se refi eren, en rel ación a la
resiliencia, a la capa cidad que tiene el individu o para m anten er el equilibrio en
situaciones traumáticas que perduran en el tiempo (por ejemplo, falleci miento de los
p adres) y, en relaci ón a la recuperación, lo relacionan con un suceso traumáti co y el
tiem po q ue la per son a ne ces ita (no rm alm ente un os m es es) p ara v olve r al es tado
inicia l ant es d el su ce so (u na frac tura ) (Bo na nno , 20 04) .
Final izando con Becoña (2006), nos e ncontramos con las dos últ imas cual idades:
facto res de riesgo y p rotec ción , e nten dien do p or esto c om o aque llos estreso res o
condiciones ambientales que aumentan la probabilidad de que una persona
experimente resultados negativos en áreas como la salud físi ca, mental, el resultado
académico o el aj uste social . Y, por último, la resilienci a y psicologí a posit iva
extrapol ando el modo de enfocar que ti enen cada una sobre el desarrol lo de r esili encia
en la cual, la primera se centra en las circunstanci as negativas del sujeto y cómo a
travé s de ellas sac a lo m ejo r y lo m ás pos itivo d e ella s pa ra la s upe ració n de
situaciones traumáticas; por el contrario, la psicología positiva, aunque tenga
perspecti vas simil ares a la de r esili encia, específi ca que únicamente hay que centrar se
en lo positi vo de t odo el proceso.
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Autor es como Luthar (1993) , Martíne z y Vásquez - Bro nfman (2006) y Turi enzo y
Sala (20 11), señalan que para consegu ir desa rrol lo exi tos o del proce so resi li ente, las
personas han de tener la competencia social desarrollada, ya que tienen habilidades
de enfrentami ento ante l os problemas, comportándose de forma com petente ante
determinadas circunst ancias y promoviendo un desarrollo positi vo en las personas
(Meneghel et al. , 201 3). Indican qu e la s p erso na s tie nen d ifere ntes fo rm as de
acercarse a los problemas y enfrentar se a los mismos dependiendo del desarroll o
social que éstos han tenido y si ha sido exitoso o no. D e esta manera, personas que
se han encontrado en situaciones de vulnerabili dad y de escasa competenc ia y
desarroll o social tienden a no tener éxito en el proceso de resil iencia ( Cichet ti , 2003;
Luthar, 1993; Martínez & Vásquez - Bronfman, 2006; Turi enzo & Sala, 2011 ).
No obst ante , con esto no queremos general iza r ni decir que todas aquel las
personas que tengan des arro llada s y ten ga n un ade cua do com po rtam iento soc ial
estén exentas de encontrarse en algún m omento de su vida obstáculos y de tener
pasar por un proceso de resil iencia. Apoyando a esta teorí a, nos encontramos con
Turienz o y Sala (2011) quiénes i ndican que aquellas personas que tengan altas
competencias sociales son más vulnerables al estrés, no obstante, su enfrentamiento
suele ser posit ivo 30 .
Otr o de los as pect os relac io nados con el proces o de res il ie nci a, según Turien zo y
Sala (2011) , es el de fortale za, ente nd iénd ose é ste com o la re siste ncia al estré s q ue
una persona puede tener al afrontarse a determinadas barreras, interpr etando, por lo
tanto , los a con tecim ien tos que le su ced en en s u vida con un filtro emoc iona l alto y un
gran grado de raci onalizac ión.
Sin embargo, hay otro aspecto impor tant e a tener en cuent a en la persona a la
hora de enfrentar se a sus barreras y de construir su proceso de resil ienci a: la
iden tida d p erso na l (M artín ez & Vásquez - Bronfman, 2006). Se indica este fa ctor como
primordial , ya que saber y conocer lo que uno es, la imagen que tiene de sí mismo, la
proyección que realiza a los dem ás, saber cómo lo perciben los dem ás y, lo más
imp orta nte, sab er cuá les son sus ca pac ida des y lim ita cion es, es fund am en tal p ara
poder t rabajar los me can ism os y re curs os r esilie nte s (M arz ana et al . , 2013 ).
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30 Entendiéndose por enfrentamiento positivo a todos aquellos procesos los obstáculos se superen de
maner a existo sa y adquiri endo competenc ias, aptit udes y actit udes para poder desenv olv erse ante
situaciones similares.
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No obstan te, hay inves ti gador es como Martí nez y Vásque z - Bronfman (2006) que
indican que no existe una única identidad personal, sino que éstas dependen de la
percepción que se tenga de la circunstanci as, deseos y necesidades, encont rándonos
por lo tanto ante “estrategi as de ident idad” (Martínez & Vásquez - Br onfman, 2006,
p.77), definiéndose a ésta com o algo dinámico y activo que se construye a partir de
múl ti pl es c ont eni do s que co nt in uamen te s e e st án renovando y sociali zando.
Por últi mo, respect o al autoconoci mient o, Catret (2007) señal a la importanci a de
este pilar en el conocimiento que la persona ha de tener sobre el entorno y el contexto
que le rodea, las rel aciones exis tentes en éste, y las reacciones, emociones y límites
que la persona pueda tener en referencia al mismo, “el conocimiento personal
mej ora rá la in tel i gen ci a emoci ona l y sabr án compr end er y compa dec er se de las
realidad es de lo s dem ás” (C atret, 200 7, p.12 ).
Por su parte, Morelato ( 2011) 31 ide ntific a tre s blo que s de fac tore s im por tante s a
tene r en cue nta e n el p roc eso de re silien cia:
a. Facto res i nterno s de l a r esil ienci a en el malt rato inf antil .
§ El vín culo de apeg o: el es quema inte rno de vi ncula ción (i nte rnal workin g
model ) (Mor el at o, 2011; Cyrulnik, 2003) ha de ser seguro creando un clima de
seguridad y confianza en la persona y en la exploración del entorno,
constituyéndose com o base p rincipal del d esarrollo emocional y au toestima de
la p erso na . Es te fa cto r se co nsid era fun da me nta l so bre todo en los primeros
años de vi da de l as personas .
§ Aspect os cognit ivos : personas que manifi estan recursos tal es como
intel igencia y m aduración cognit iva son capaces de el aborar una amplia
variedad y gam a de estrategias para adaptarse a las circunst anci as que les
rodean.
§ Habil id ades cognit iv as de resoluc ión de probl emas: aquell os niños que
presentan variadas y num erosas r espuestas ante un probl ema ti enen más
probabil idad y opciones de selecci onar l a respuest a más adecuada.
§ El sí mismo: fact ores como la a utoesti ma, la autoconfianza y la
autoefi ciencia son fundamental es en l a consecución de logr os y fundamental es
para l a resil ienci a.
b. Facto res neur obiol ógicos .
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31 Debemos de indica r, q ue el tr abajo pr esentado por Morelato (2011) se centra en el proceso de
resiliencia sob re el maltrato infa ntil.
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§ En los factore s neurobiol ógi cos se pueden obser var dos perspect ivas:
por una lado, nos encontramos con la perspectiva que defiende la plastici dad
del cerebro adaptándose éste a las diferentes situaci ones ambientales y, por
otro lado, nos podemos encontrar con la perspecti va que defiende como el
cerebro es modificado y organizado en función de las malas experiencias
sufridas por la personas.
§ Otr os fact or es: Locus de cont rol int ern o, o lo que es lo mismo, una
autoesti ma positi va, donde las personas asocian los eventos de su vida con
sus propias acciones y control personal .
c. Factor es cont extual es o extern os de l a resi lienci a en el maltr ato i nfanti l.
§ Factore s famili ares: la cohesión, el apoyo mutuo, la colabor ación, el
compromiso, el respeto por las diferencias, las necesidades, los límites
indiv idua les así c om o lo s rec urs os e con óm ico s y s ocia les, esta blec en u na red
de relaci ones que fomentan en el niño una actitud positiva por el proceso de
resiliencia.
§ Soport es extr afami li ares: otro tipo de entidades o famili as que brinden
facto res d e pro tec ción a la p erso na.
Trabajo s como los de Carrobles y Benavi des - Perei ra (2009) y Yi, Vit i lia no, Sm i th ,
Yi y Wei n ger (2008), destacan como aspectos fundamental es en el proceso de
resiliencia p ara ev itar prob lema s cíclicos en el tiem po a la au toestim a, auto eficacia y
autocontr ol emocional y per sonal.
Por lo t anto, desde nuest ro punto de vist a y bajo la premisa de que las personas
resilientes no so n se res e xcep ciona les (U riarte, 2 013), considera mos qu e los
princi pales fact ores de r esili encia han de basar se en la per sona y en el apoyo que ésta
reciba p or parte d e otros c olectivo s cercanos a él: f amilia, amigos, escuela, etc.
De acue rdo c on Ti nsl ey y Beale (201 0) y Menezes et al. (20 06), con sid eramos que
los a tribu tos pe rson ale s so n fu nd am en tales pa ra g en erar m eca nism o s re silien tes,
enfati zando la importanci a de ayudar a configur ar en el niño o niña una buen
autoconcepto, autoesti ma e identidad cultur al para que este pueda adaptarse de forma
positi va y exitosa en su contexto y superar situaci ones adversas que se le puedan
presentar en la vida. P or ello, como indican Krali c et al., (2006 ), M aste n y G arm ezy
(1985 ) ó Me neze s et al. (20 06), es funda men tal el apo yo fam iliar y so cial, sobre todo,
en etapas tempranas de la persona (Cyrulnik, 2003), donde se fomente la
colaboración, r espeto y compromiso, entre otr as cualidades (Morelat o, 201 1).
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2.2.1.5 Tutores de resilencia
El con cepto t uto r de r esil ienc ia f ue cre ado por Cyrul nik ( 2003) para ha cer al usi ón a
la persona que acom paña de forma incondi cional y com o un apoyo fundamental, a lo
largo de s u vida o d e su p roc eso d e resilien cia (M o reno y Pa sto r , 2014 ; P uig y R ub io,
2011).
Para Cyrul nik (2007), los tut ores de resil ienci a son aquell as personas, inst ancias,
grupos, lugar, acontecimiento, obra de arte, que provoca un renacer del desarrollo
psicológi co tras una situación adversa o traumática que, si gnif ican, el punto de partida
para remontar, teniendo la posibil idad de encontrar en su contexto afectivo y social,
tutore s de resilien cia con quien es pue de n crece r y s obre po ners e. Estos tutores,
pueden ser imaginarios, reales, padres, profesores, abuelos, amigos, etc., que
promuevan en la persona autoconfi anza y una autoi magen posit iva (Kotliar enco,
2011).
Tal y como indica Catret (2007), los padres, educadores, tut ores y/o todas
aquellas personas que forman parte y son responsables, de algún modo, en la
educación de un niño deben de ayudarles a formarse para la vida, colaborar en la
creación y desarroll o de la ca pacidad de decisión n o sólo ante sit uaciones normales o
que sean previsibl es, sino también en aquell as que pueden ser inesperadas y
dolorosas y, po r lo tan to, proporcio narles los recurso s necesa rios para la s upera ción
de est as situaciones, tornándose en recurs os i mprescindibl es la “ inteligen cia, co razó n
y voluntad con hábitos f irmes” (Catret, 2007 , p.12).
“ Los adultos parten con la ventaja de haber pasado por pruebas, sinsabores,
crisi s y enfermedades. Es una ventaja porque saben que antes o después esas
pequeñas personas se encontrarán con situaciones que contrarían. Sin
embargo, es posibl e que los que esté formándolos o sus vínculos afectivos no
hayan integrado el sufrimient o o no puedan dar r ecursos para superar los ”
(Catret, 20 07, p.1 1)
Catr et (2007) indica que en la educac ión de nuestr os hij os debemos de evit ar
tom ar una postu ra dem as iado protec tora, pre cisa me nte pa ra que, cu and o éstos vayan
crecie ndo, sepan afrontar adecuadamente, con los recursos y alter nativas posibl es,
las adver sidades que puedan presentar se en sus vidas.
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Hay una frase expresad a por Martín ez y Vásquez - Bron fman (2006, p.30) , en la
que indican que “en el curso de la vida humana, ni la felici dad ni la desgracia son
estables” , ante la cual nos surge la idea de que las personas importantes a lo largo de
su vida, los co nsiderados tutores de resili encia, son p untos de apoyo en quienes las
personas que sufran algún trauma se aferren para com enzar, iniciar el proceso de
reconstruc ción ya que la vida es un proceso continuo en constante movimiento
(Martín ez & Vásquez - Bronfman, 2006) .
Mart í nez y Vásque z - Bron fman (2006) indi can que a lo larg o del tran scurso de la
vida de una persona, tanto l a feli cidad com o las desgracias van cam biando a lo largo
de la m isma enriqueci endo la vida de las personas ya que, siempre y cuando sean
superadas, fortal ecen la identidad de la persona y desarrollan su libert ad
seleccionando en ese momento la alternat iva más vi abl e que sur ge par a la sol uci ón
del problema (Catret, 2007). El dolor físico acaba desapareciendo, sin embargo, el
dolor psí quico, si no se enseña a cómo combatir lo puede l legar a existir durant e toda
la vi da de una per sona.
“ Sabemos que la historia de una persona no es un destino, una vida diseñada
y p reescrit a, sino que cada indivi duo el abora su propia vida con los elementos
(de b ienes tar o de desg racias) que le suce den, y q ue los inte rpreta y tra ta de
comprenderlos y de supe rarlos. Estos hech os hacen qu e la resilien cia n o s e
logre nunca de una vez para siempre, pues constantemente la persona está
tratan do de a fron tar desafíos y dificultad es, tratando d e in terp retarlo s y d e
superarlos” (Martínez & Vásquez - Bronfman, 2006, p. 31 ).
Tal y como hem os indicado anterior mente, los tutores de resi lenci a son aquellas
personas (generalmente adult as) que acompañan a la persona durante todo su
proceso de resi lienc ia y, que és tas personas, se erigen c omo pilares i nfranqueabl es en
todo este p roce so.
Para Melil lo (2005), las princi pales carac terí sti cas que tienen los tutor es son: la
presencia de forma incondicional en la vida del sujeto; el amor incondicional ; el
estímulo y grati ficac ión afecti va a los logros; creati vidad, ini ciat iva y humor; la
capacidad para asimilar nuevas experiencias; y, ayudar a resolver problemas dejando
el espaci o al sujet o.
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No obstante, estas personas no son si empre las mismas ni f ijas s ino que pueden ir
variando a lo largo de la vida de dicha persona, y, que adem ás, pu eden ser “tutores”
de manera deliberada o no (Martínez & Vásquez - Bronfman, 2006). Es decir , pueden
ser personas (los tutores de resilienci a) que, adem ás de tener unas actitudes y
parámetros adecuados hacia la conducta y la educación del niño o niña, o persona ya
adulta, conozcan lo que sucede en el seno famil iar y todos los obstácul os por lo que
esa persona está pasando y decida de manera deli berada intervenir o, todo lo
contrari o, que deci dan interveni r y ayudar a dicha persona sin conocer lo que sucede
d etrás en el seno famil iar, escolar , et c.
Por otro lado, podemos decir que aquellos “tutores invisibles” (M artíne z &
Vásquez - Bronfman, 2006, p.134) pueden ayudar a la persona valorarse, integrarse,
luch ar a nte lo s ob stá culo s sin sab er q ue lo es tán hac iend o ya que, aunque
generalmente hem os dicho que l os tutor es de resil iencia son adultos, también pueden
ser a migos, compañeros, vecinos, etc. Sin embargo, tal y como declaran Martínez y
Vásquez - Bronf man (20 06), i ndican que en numer osas ocasione s ni la propi a fa mil ia ni
la esc ue la so n co nsc iente s de esto s “tu tore s invis ible s” y d e la inf luen cia q ue é ste
puede ejercer sobre la vida de la persona (Hernández & Del O lmo, 2014) , por lo tant o,
pasan a conver tir se en t utores “tot almente” invisi bles.
2.2.1.6 ¿Cómo nos enfrentamo s a los problemas?
Cyrul ni k (2003) , denomin a al pr oces o evolut ivo que hemos t eni do desde la cultu ra
de la culpa, antiguamente conocido como Modelo de Prescindencia 32 , la cu ltura d el
prejui cio. En la primera, la cultura de la culpa todo aquel sufrimiento, toda desgracia
todo dolor, tenían su origen en un pecado donde aquella persona que padecía una
enfermedad era debido a un castigo. No obstant e, en esta cultura existí a la esperanza
puesto que mediante la redención signifi caba el perdón y aliviaba de esta manera
tanto al pro pio a fecta do co m o a los que le rod eab an . Fren te a és ta C yruln ik (200 3) la
relaciona con la cultura del prejuic io donde no sólo se estereo tipa a las person as que
padecen algún tipo de problema y/o discapacidad sino que además se le acuña la
culpa de nuestro sufrimiento al experto que es el que nos debe aliviar el dolor y el que
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32 El Modelo de Prescindencia, centrado en la prehistori a, Antigüedad Clásica y Edad Media entiende que
la discapacidad tenía un origen religioso, pensando que l as personas con di versidad funcional no tenían
nada que aportar a la sociedad, sino todo lo contrario, eran una carga para las personas de las que
dependían e incluso para la propia sociedad. La diversidad funcional era considerada como un castigo
divino ( Ar nau Ripol lés , 2003).
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debe preceder a la “reparación” del ser hum ano: “Ayer, el dolor probaba la debilidad
del her ido, hoy en dí a revel a la incompetencia del es peciali sta ” (Cyrulnik, 20 03, p.48).
Zautra et al. , (2005), afirm a q ue las emocione s po sitivas eje rcen u n pa pel
fund am en tal en la regulac ión de las emoc ione s nega tivas que s uele n acom pañ ar a lo s
procesos de dolor (Zautra et al. , 2001), generando un modelo, que él denominan,
mode lo diná mi co de afe ct o , reducie ndo de form a lla ma tiva la co ncien cia de las
personas de sus propi as em ociones durante los momentos de estrés, es decir, mitigar
dichas emociones negativas. Aut ores como Fredr ickson y Joiner (2002) y Hobfoll
(1989 ), apoy an la tesis planteada por Zautr a et al. , (2005) y afirma n que las e moc iones
positi vas son un important e recurso psicológico para que l a persona pueda afront ar y
tom ar de cisio nes ante situa cion es e stres an tes.
No obst ante , todo proc eso de resil ien cia supone superar algú n problema que ha
provocado un suf rimient o y un dolor en el ser humano, dolor que en algunas ocasi ones
carece de sentido o ti ene diferent es sentidos ya que éste depende del context o
cultural en el que se encuentre inm erso la persona y de su propia historia de vida. Y
serán, a parti r de éstos donde cada persona elabore su propio catálogo de recursos
así como l as di ferentes formas de enfrent amiento que tengan de los problemas.
Según Catr et ( 2007) las persona s pueden enfrentar se a l os probl emas y/ o
adversidades de tr es for mas, bien por separ ado o bi en junt as como proces o:
Figura 8 . Proce so de a cep tació n de los p rob lem as (Fuente: el aboración propia) .
El primer posici onamient o ante las adversi dades podemos deci r que es el de
rebelión , es de cir, actua r al m ismo nivel d el dañ o rea lizado, e s dec ir, culpar d el
problema “alguien” o “al go” y por l o tanto, actuar contra ello como “una rabieta de ni ño
pequeño”. Por ejemplo, ante una falt a de adaptación curri cular una ma la conducta de
la pers ona e n clas e o en tuto rías , s in con e llo con seg uir na da be nef icios o de este
problema en vez de ac tuar desde ot ras ví as más adecuadas, como por ej emplo, acudi r
al Servi cio de Orientación al Alumnado. Catr et (2007) , i ndica que esta acti t ud debe de
Resignació n
Acep ta ci ón
Rebelió n
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cuidarse de sde la infancia y afront ar los problemas de manera crít ica, saber perdonar,
sonreír fr ente a los problemas, saber dialogar, etc.
El segundo de los posi cion amiento s, la resigna ción, supone la ausenc ia de
esperanza para afrontar el problema 33 . L os ser es hum an os n o han de asu mir las
barreras y/o obstáculos com o fracasos sino com o posibili dades de superación y
crecimiento personal. No obstante, hay m omentos anímicos y psicológicos en los que
las p ers ona s no se en cue ntra n co n fu erz as suficientes para afrontar dichas
adversidades, por lo que se hunde en un proceso de resignación y sumisión. Sin
embargo, en ocasiones este proceso simplemente es cuestión de tiempo para que la
persona asuma y acepte la situación, y una vez aceptada, busque alt ernati vas para la
superación.
Por lo que, ent ramos ya en el t ercer pr oceso de asi milaci ón y enfr entami ento ante
las d ificu ltade s q ue nos p res ent a la vida: la ace pta ción . C yruln ik (2 00 3, p .31) no s
plantea otros recursos internos y m ecanismos de defensa para poder hacer frente al
dolor y alej arse emocional mente de él . Algunos de el los pueden ser:
§ La negación: negar a los demás el propio sufri miento: “No me ha dolido
que no me facil itar a los material es curriculares ”, “No creái s que he sufr ido
porque no me facilitar a los m a teriale s cu rricula res”.
§ El aislamien to: este r ecurso sign ifi ca alejar se el sufr imi ento emocional y
aislar lo ese recuerdo en el olvido: “Recuerdo cuando me negaron el acceso a
los m at eriale s c urricu lare s; n o ob sta nte, eso no sign ificó nad a para mí”.
§ La huida hacia delante: supone estar siempre alerta de las situaci ones
origi nadas a nuestro alrededor con el fin de evitar que se vuelva a producir el
problema: “He de estar si empre pendient e de los profesores para que me den
los m at eriale s c urri culares y no se vuelva a r epetir mi suf rimiento”.
§ La int electual ización: asimi lar, integr ar, ent ender … el probl ema para que
de esta manera se domine las propias reacciones y sentimientos ante él: “El
profesor aunque conocía mi discapacidad no conocía mis necesidades, por lo
que se puede justi fi car la no f acili tación de los material es curr icular es”.
§ La creati vidad: signifi ca la metarmofosis del sufri miento e incluso en
algunas ocasiones, cuando se produce un segundo gol pe, pensar en el
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33 La resignación y la falta de esperanza se encuentra íntimamente relacionado a uno de los pilares del
proceso de resi liencia, concretamente con la visi ón de futuro.
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Las investigaciones realiz adas sobre resili encia se han centrado en analizar los
facto res consid erad os co mo cla ves e n s u p roc eso de . N o obstante, existen d os
aportaci ones que indican que esos factores pueden ser innat os a la persona o
externos a la misma (Windle, 2011).
Actual mente, podemos encont rar dos vert ient es exis tent es en el pr oceso de
resiliencia (Martínez & Vásquez - Bronfman, 2006; Turi e nzo & Sal a, 201 1): por un l ado,
podemos encontrar nos con la vertiente que la define com o un resultado y, por otro,
aquella verti ente que la define como un proceso dinámico. Es decir, es un proceso,
una interrel ación con “los otros” y de crear un comportamiento ya que en esta
interr elac ión, en la crea ción de laz os que se teje n e n la m ism a s e cr ea la r esilie ncia (la
escucha, el diál ogo, el apoyo … ) (Windle, 2011).
Las investigaciones que se centran en analizar la resili encia como un resultado
enfati zan el m antenimient o de la funcionali dad en personas expuestas al riesgo,
haciendo especial hincapié a nivel conductual y afect ivo (Becoña, 2006). P ara
Garmezy (1991), aún estando las personas en situaci ones adversas y/o negativas,
siguen si endo competentes mostrando alt os nivel es de r esili encia.
Los estudios que analizan la resili encia como un proceso (más abundante esta
postura en l a literatur a), se basan en investi gar los procesos o mecanismos que
actúan para modifi car el impacto de la situación de riesgo, junto a l desa rrollo d el
proceso por el que la persona genera habilidades y mecanismos de resistenci a
(Olsso n et al., 20 03; To land & Car ri gan, 2011; Wind le, 2011). En estos est udi os ent ran
en juego dos fact ores: los de ries go y l os de pr otección.
Para Masten et al . (1 99 9), la re silien cia e s en tend ida c om o u n pro ces o qu e ge ner a
capacidades en el indivi duo cuyo resultado es la adaptación exitosa al contexto, a
pesar de las cir cunstancias am enazadores y desafiant es. Sin embargo, por otro lado,
Rutter (2000) opina que la re silien cia es u n proc eso d inám ic o e n el que in fluye n la
auto - organi zación personal y psicol ógicas, as í como las rel aciones que exi stan ent re el
contexto y las organizaciones.
Entre los def ensore s de la res il ienci a como proceso nos encon tramos con aut or es
como Toland y Carrigan (2011), quienes afirman q ue la resiliencia se refiere a un
contexto dinámico de adaptación positiva ante contexto adversos, generando
meca ni smos y re cur sos de r esi st en ci a ( pr oce sos y moda li da des de ad apt ac ión po si ti va
al desarrollo) , siendo la resistencia factores protector es, procesos y mecanismos que
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conllevan un buen resultado a pesar de la experienci a con factores estresores
( Hjemdal, Friborg, Stiles, Rosenvinge, & Martinussen, 2006; M oreno & Pastor,
2014).
Por su parte, la American Psycholo gical Associati on (2009) define la resil ienci a
como un proceso d e a daptación frente a situaciones ad versas, traumáticas,
amenazadoras o, incl usive, ante fuentes de estrés (problemas familiares , de salud,
labo rale s y e co nóm ico s).
Mast en (2 001), afirma que el concepto resili encia se ha descrito en num erosa
lit eratura como un contexto de alto riesgo para problemas que actualmente están en
desarroll o, donde el sujet o actúa bajo condici ones adversas y estresant es
adaptándose y reaccionando de forma positi va (Bartl ey, Schoon, Mitchell , & Blane ,
2009; Fazey et al. , 200 8; Kr asn y, Lu ndh olm, & Plummer, 2010).
Caci oppo et al., (201 1), en su teo ría de la res ilencia social le c onfieren un
signifi cado procesual y sistemático inherente a cualquier e ntidad organiz ada, persona,
contexto, ciudad o nación, convir tiéndose en un cam bio paradi gmático en la forma de
pensar y de enfrent arse a los probl emas buscando promover las cualidades que
aumentan los procesos de result ados resi li entes.
Para Olsso n et al. , (2 00 3), los factores que promueven el proceso de resilienci a se
centran en tres niveles: individual, familiar y so cial; y son e n torno a éstos n iveles
donde se crean los diferent es recur sos y mecanismos protect ores claves para que se
produzca o no el proceso de resil iencia.
En el modelo compensato rio , el fa ctor de prote cción contr arres tra las
consecuencias que pueda tener un factor de riesgo, es decir, actúa contra él. El
model o prot ec tor , una cual id ad o recur so moder a o esta bi li za los efe ct os de ri esg o
sobre u n resultado negativo; y, en el modelo desafiante, tanto el factor de riesgo com o
su resultado si guen un desarrollo curvilí neo (Becoña, 2006).
Autor es como W erner y Simth (1992) ident if ican tres nivel es para agrupar los
procesos de protección y vulnerabili dad que afectan a l os niños en situaciones de alto
riesgo: el n ivel com unitario ; el nivel fam iliar y el nivel d el niño.
Por lo que, actualmente, nos encontramos en una situación en la que se han de
tene r en cue nta v arios facto res d e rie sgo en la s inv estig ac ione s y, ade m ás,
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“al incre me ntarse la o portun idad de in teracció n en tre d iversos facto res d e
riesgo, se inc rem entan má s los m ismo s pu diendo llega r a s er el efecto de los
múl ti pl es fac to re s de rie sgo expo nen ci al ; y, a la i nver sa , tambi én par ece que
cuando hay varios factor es de protección podemos tener un resultado más
favo rable en el d esa rrollo , como ocu rre en el temp eram en to positiv o” (Beco ña,
2006, p. 141).
A modo de conclus ión, bajo nues tro pun to de vis ta y sig uiendo la tesi s defe ndida
por autores como G armezy y Ram írez (1999), Masten et al. (1999), Olsson et al.
(2003 ), Rutte r (200 0), To land y Ca rrigan (2 011) ó W indle (2 011), pensa mos que la
resiliencia es fruto de un proc eso de adapta ción exitos a en con stante relac ión,
movi mi ent o y cambi o de la pers ona ante un cont ext o a dverso, donde los factores de
riesgo y protección juegan un papel muy important e al generar capacidades,
meca ni smos y r ecu rs os de s uper ac ió n ant e si tu aci on es ame naz ador as y d esa fi an tes .
2.2.3 Investigaciones
Tal y como hemos vist o en apar tados anteriore s, los trabaj os sobre resil ienci a han
ido gan and o cad a vez má s espa cio e n el cam po de la inve stiga ción en las dos últim as
décadas (Windle, 2011), en especial, en las ciencias que estudian el comport amiento
humano, en el médico y la influencia del contexto (Charney, 2004; Masten, 2001;
Smith et al., 2008; Toland & Carrigan, 2011), entendiéndose el concepto de resil iencia
como la capacidad que tiene el ser humano de adaptación o de recuperación ante
situaciones est resantes , c entrán dose otra s investiga ciones e n los factores qu e han
generado tales situaci ones más que en las cualidades de las personas (Sm ith et al.,
2008).
Para Vil lal ba (2004), los trab ajos de inve sti gación de resili enci a surgie ron a raíz de
los estu di os de las caracter ísti cas de supervivientes , princi palmente niños y jóvenes,
que vi vían o habían vivido en situaci ón de exclusión y ri esgo, siendo, por lo tanto, los
facto res d e ries go lo s qu e d ieron orig en a dich os tra bajo s.
Si reali zamos un breve repaso a las investi gaciones realizadas desde finales del
siglo XX hasta la actualidad, podem os encontrar co mo los estudios sobre el término
resiliencia han tenido un auge respecto a la tem ática a tratar: maltrato infantil
(Cyruln ik, 2003 ; M ore lato, 2011 ); famili a (Hernández & Del Olmo, 201 4; Mont gomery ,
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Ehli n , & Sacker, 2006; Rodr íguez - Robledo, 2015); enfer medades (Quiceno & Vinacci a,
2011); sobrevivi entes de terror ismo (Bonanno, G alea, Bucciarel li , & Vlahov, 2007) y
estudiant es univer sitar ios ( Ewert & Yoshino, 2 011) .
Tal y como indi can W indle et al., (20 11) y W indle (20 11), las inves tigacion es so bre
resiliencia h an s ufrido un aum ento duran te las d os últim as dé cada s aba rcand o tem as
como la insatisfacción respecto a los modelos q ue estudian la discapacidad com o
en ferm eda d y/o psic opa tolo gía (K aro ly & R uelhman, 2006; Luthar et al. , 20 00) h asta
la influ enc ia qu e ejer ce las polític as s ocia les e n la vid a de la s pe rson as , s obr e tod o, en
su salud, bi enestar y cali dad de vida (Windle, 2011).
Para autores como Vill alba (2 004), en las investigaci ones sobre resi lienci a se
pueden dif erencias tres etapas:
1. Identifica r las cua lidad es d e la resilien cia: los trabajo s foca lizan su aten ción en
realizar des cripcion es fenom en ológicas d e las cualida des de las p erson as
resilientes y de los sistemas de apoyo que predicen tanto el éxito personal
como social. En esta etapa podem os destacar trabajos como los de Benso n
(1997 ), G arm ezy (199 1), G arm ezy et al., (19 84), Rutter (19 79, 1985 ), W erne r
(1982 ) y We rner y S mith (1 992).
2. Desc ubri r el pr oc eso de obtención de las cualidades de la resilienci a: descubrir
cuáles son los factores estresores en una situación adversa y cómo en el
indiv iduo se pro duc en los fa ctor es d e p rote cció n an te lo s an terio res (Be rna rd,
1999; Constanti ne, Bernard , & Díaz, 1999 ; Flach, 1988, 1997; Grotberg, 1995;
Kaplan, 1999; Luthar & Cushing, 19 99; Ric hard son et al. , 1990).
3. Conoc er la fuerza moti vaci onal y la resil ienc ia innat a: est a cor ri ente apues ta
por la fuerza motivacional inter ior de los individuos y de los grupos que
generan experiencias positivas. Entre algunos de los autores de esta tercera
etapa, podemos destacar a Buss (2000), Diener (2000) , McCull ough y S nyder
(2000 ), M yers (200 0), Petterso n (2 000), Rich ardso n (2002) ó Snyder (2000),
entre otros.
Según autores como Luthar (2006), Masten (2001) y Masten y Powell (2003), las
inve stiga cio nes giran en torno a d os apr oxim a cion es. Po r un lado nos enc ont ram os la
aproximación focali zada en la variable y, por otro lado, podem os encontrar a la
aproximación focali zada en la per sona.
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En la primera aproximaci ón, focal izada en la variabl e, se estudia la relaci ón
existent e entre compet encia, adver sidad y vari ados fact ores de prot ección en vari ables
que detallan las diferenci as entre niños individual es y la naturalez a de su relación e
interac ción en el contexto en el que viven (Becoña, 2006). La gran m ayoría de las
investi gaciones están agrupadas en esta aproximación. Según Masten et al., (1999,
citado en Becoña, 2006, p.137), “uno de los ha llazgos más consistentes encontrados
en la l iteratu ra e xist ente es qu e el func iona m iento inte lectu al m o dera la a so ciac ión
entre la adversidad y la conducta, tanto en relación con distint as variables com o a lo
largo de l tiem po ”.
Refer ent e a la aproxi mación focal iz ada en la person a, Becoña (2006) indica que
en este tipo de aproximación lo que se hace es identifi car a personas que cumplen los
criteri os que definen el proceso de resili encia y, tanto sus vidas com o sus atributos y
característi cas son e studiados por los investigadores, com parándolos co n otras
personas desadaptadas, cuyo nivel de riesgo o adversidad es similar pero sus
resultad os so n com pleta me nte difere ntes. E n es te tipo d e inve stigación , los es tudios
de caso son muy interesantes ya que a través de ellos nos indican cómo funciona el
pro ceso de resili encia,. Sin em bargo, corren el riesgo de que los datos extraídos de
ellos sean general izados ( Becoña, 2006) .
Por su part e, para Masten y Obr adovi c (2006), las inves tiga cione s realiz adas
sobre resili encia y el proceso a través del cual éstos afrontan de m anera exitosa la
situaciones adversas, co nsti tuyen los pil ares fundamentales del modelo eco - sistémico
de la resil iencia humana (Gómez & Kotliar enco, 2010 ).
Cultu ra y Soci edad
(Religió n, valores, tradici ones y rit uales, estánda res y l e yes)
Par es
(Amistad, grupo s, val o r e s y norma s )
Fa mi lia
(Parentali dad, di n ámicas i nterpersonales, cohe s ión, ri tuales y n ormas)
Per son a
(Autor e gula ci ón, respuesta al est rés, au t oeficaci a , autoest i ma , autocon cepto)
Apego Segur o
(Sensibili dad, mentalizaci ón, respuest a oportuna, afect o)
Cerebr o Hu mano
(Procesamiento d e información, resol ución de p rob lemas,
plasticid ad)
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Figura 9 . S istem a s y proces os invo lucra dos en la resiliencia frente a conte xtos de
adversidad (Gómez & Kotliar enco, 2010 , p. 107)
Según More la to (2 011 ), en l os tra baj os r eal iz ado s sobr e r esi l ie nci a son dos
aspectos los que se tienen en cuenta: por un lado, nos encont ramos con las
competencias o habilidades para ajustarse a las cir cunstancias de ri esgo que se
puedan ori ginar, y por otro, va lorarse la a use nc ia de ps icop ato logía .
En l ugar de eval uar específi cament e l a re sist enci a como la capa cidad de rebotar ,
resistir enferm eda des, ada ptarse al estrés o prospe rar ante la adve rsidad , Ahern et al.
(2006) se centr an en evaluar general mente factor es pr otector es que implican l as
característi cas personales. Por ejemplo, la escala de resistencia (Wa gnild & Young,
1993) tuvo como objet ivo evaluar la ecuanimi dad, perseverancia, autosufici encia,
signifi cación y la soledad ex istencial . Del mismo modo, la escala de resistenc ia de
Davi dson y Connor (Conn or & Dav ids on, 2003) tuvo como objeti vo evalu ar las
característi cas como la autoeficacia, sentido del hum or, la paciencia, el optimismo y la
fe (Sm ith e t al., 2 008 ).
Autor es como Ahern et al., (2006) indican que las investigac iones sobre resilienc ia
se centran en medir cinco grandes bloques: factores de protección; cap acidad de
afront amiento ante situaciones estresantes; recursos de protección; conducta de
afront amiento resistent e; y, resistenci a com o una cara cteríst ica de la personalidad
postiva.
En las personas con probl emas de salud, es sin duda import ante identi fi car los
característi cas o factores q ue pueden promov er la resiliencia, como optimismo,
afront amiento activo y apoyo social. Mientras que se han de sarrollado medidas para
evaluar estas caracter ísti cas individual es, las actuales investigaci ones sobre
resiliencia parece n ofrecer una calificación útil de los recursos que apoya n en g enera l
la ada pta ción pos itiva . Sin em b arg o, pu ede ser se m ántic am en te m ás precisa y clara
para referi rse a las caracterí sticas que pueden aum entar la probabilidad de resistencia
como "recursos de resist encia" (Smith et al., 2008).
2.2.3.1 Investigaciones sobre resiliencia
A lo largo de este apartado, expondremos una tabla donde se pued e observar una
revisión teó rica de form a temá tica sobre 25 investigac iones rea lizadas en relación a la
resil iencia desde el año 2003 hasta el año 2014, destacando el carácter novedoso del
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concepto resil iencia dentr o del ámbito de investi gación. En este aná lis is, ca be
destacar un número más cuantioso y abundante de lit eratura e investigaci ones
intern ac iona les (Ew ert & Yoshino, 20 1 1; Friborg et al. , 2 00 3; H ea rtley, 201 1; Kan e &
Gree n, 2009; Nesse, 200 4; Tinsl ey & Beal e, 2010; Windl e et al. , 20 11 ; W right, Zaut ra ,
& Going, 2008) que nacionales (Massot et al. , 201 3; M en eze s et a l., 20 06; S aa ved ra &
Vil lal ta, 2008; Sandí n et al. , 2014).
En esta tabla , aparecer án datos concr etos como la autor ía, año, objeti vo, muestr a,
instru m ento s de reco gida d e d ato s y re sulta do s , sie mp re de form a s intética , y a q ue,
posteri ormente, pasaremos a det allar los de manera más pormenori zada.
De la s 25 estudi os re vis ados, se crearán sei s t abla s si guie ndo el t ema cent ra l de
estudio en cada una: educación, discapacidad, escala de medición de resiliencia,
fam ilia, car acte rística o facto res de re silien cia y me dicina .
La primera tabla de inv estigaci ones que vamos a revisar, ti ene como pilar central
de su tr abajo, la educación desde diversas perspect ivas. De los 5 tr abajos que vamos
most ra r, ub ic ados entre los años 2010 y 2014, cabe res altar cómo la gran mayoría se
centra en conocer las caract erísticas o factores de resi liencia para m ejorar la
experienci a educati va de l os est udiantes.
AUTORES/
AS
OBJETIV OS
MUESTRA
INST RU ME NT OS
RESULTADOS
Tinsley y
Beale
(2010)
Estudi ar
percepción y
evaluación de la
igualdad de
oportunidades
en EEUU.
Conocer có mo
las ex perie ncia s
educativas
incide n en las
expectati vas
educativas de
los es tudia ntes.
92
estudiantes
Enfoque
cuantitativo:
cuestionarios
Las percepciones positivas
que los profesor es tienen
hacia los estudi antes
incide n d e fo rma
satisfactori a en sus
expectati vas educativas .
Impo rtante un bu en clim a
de aula.
Heart ley
(2011)
Examinar las
relacione s y
variables
existent es entre
la res istenc ia
interp erso nal,
intrap erso nal,
integr ación
social y l a
persistenc ia
académica.
605
estudiantes
Enfoque
cuantitativo:
cuestionarios.
Los f actores de resiliencia
intrap erso nal son
impo rtant es para la
persistenc ia académica y la
integr ación soc ial.
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
!
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101 !
Ewert y
Yoshino
(2011)
Estudi ar
procesos de
mejo ra so bre l os
niveles de
resistenc ia en la
Educaci ón
Superi or.
85
estudiantes
(1º fase)
10
estudiantes
(2º fase)
Enfoque mixt o:
1º Fase cuantit ativa
(encue sta).
2º Fase cualitati va
(entrevista s sem i -
estructur adas)
Persever ancia , auto -
conocimiento, conciencia
de sí mismo, apoyo social,
confianza, responsabili dad
y sentido de l ogro.
Masso t et
al., (2013)
Sandín et
al. , (2014)
Conocer co mo
el alumnado
migr ant e se
enfrenta a la
Educaci ón
Secundaria
Obli gato ria a
través de
mecan is mos
resilientes.
94 jóvenes
Enfoque mixt o:
cuantitativo
(cuestion ario y
escala) y cualit ativo
(entrevista s sem i -
estructur adas).
Factores resil ientes:
influen cia f amilia r, ac ción
instituc iona l, cap acid ad de
adaptación, autoconcepto
positiv o y aspiraciones de
futuro.
Tabla 6 . Inve stiga cion es R es iliencia : Ed uca ción (Fue nte : elab orac ión p rop ia).
La primera de las investigaciones referida es la de Tinsley y Beale (2010). Estos
autores examinaron cómo los adolescentes perciben y evalúan la equidad de
oportuni dades dentro de los Estados Unidos y el impacto de esas infl uencias en sus
expectati vas educat ivas a través de un est udio l ongit udinal.
De una muest ra potenc ial de 502 es tudi ant es de dif ere nte s et nia s de las escuel as
de secundarias en la región noreste de los Estados Unidos, seleccionaron al azar 92
estudiant es de los cuales 72 partici pantes eran m ujeres y 70 eran estudiantes de altos
logro s. De lo s 9 2 estudia nte s, 5 6 eran a frica no s, 1 5 estudia nte s d e o rige n asiático , 1 0
hispano - latinos , 8 e urop eo s y 1 1 e stud ian tes m u ltirrac iales .
Desde un enfoque cuantitati vo, los datos fuer on recogidos durante los cursos
académicos 99/00 y 00/01, donde los estudiantes completaron cuestionarios y
autoinf ormes en los que se recogieron datos centr ados en los expectativas educativas
de los adolescentes a través de las variabl es dem ográficas (raza, logro académico,
género y educación materna) , variables de factor protector (clima escolar,
percepciones de los alumnos sobre sus profesores y actitudes políticas), variabl es
centrada en los factores de riesgo (teoría de la inteli gencia y actitudes tradicionales
hacia la muj eres), recursos de af rontamient o (ident idad étni ca) y vari able de resul tados
(expe ctativas e duca tivas).
Los resultados extraídos dem uestraron que, las percepciones positi vas que los
profesores mantenían hacia los estudiant es incidía de forma positiva con las
expectati vas educat ivas que éstos tenían sobre sí m ismo. Mient ras que para los
estudiant es más jóvenes, sus expectati vas educativas eran más posit ivas y sensibles
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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102 !
que la de los est udiantes más mayores debido al clima escol ar y al modelo de
regresió n j erárquico. Los datos obtenidos en el trabajo planteado por Tinsley y Beale
(2010 ) sugería n ideas para la fo rmac ión de l profesora do y s us fam iliares.
Heart le y (2011), desde su trabaj o de invest iga ción propone examin ar las
relacione s y variables e xistente s e ntre la resistenci a interpersonal , intraper sonal y la
psicologí a con la int egración social y la persi stenci a académica de los estudi antes de
las U niv ersid ad es d el m ed io o este de Ariz ona .
Para ello , y res petand o l a pol ít ica de pr ivaci dad de dat os, los inve st igadores
contactaron con 20 profesores procedentes de las siguientes titulaci ones: Psicología,
Asesor ía, Periodis mo y Educaci ón, l os cual es, al final iza r sus cl ases distri buyer on los
cuestionarios durante las primeras se manas del sem estre de otoño de 200 7 (año
académico 07/08). Com o resultado, este método proporcionó una muestra potencial
de 1.021 est udiantes, de los cuales participar on 605 y, de los que tan sólo obt uvieron
respuesta de 59.
La resilienci a intrapersonal , se m idió a través de la escala de resili encia Connor -
Davi dson (CD - RISC) , con 25 íte ms que miden la capacid ad de pros perar ante la
adversidad. Para la resilienc ia interper sonal, se basaron en el cuestionario de apoyo
Social (SSQ - 6), con 6 ítems que m ide el grado de satisf acción y, para el área de salud
ment al , se basar on en Sal ud Ment al - 5 (MHI - 5) , escala con 5 ít ems que mide la
percepción actual de la salud ment al.
Los resultados de este estudio son significat ivos ya que expone las relaci ones
entre la capacidad de recuperación, salud m ental y la persis ten cia acad ém ica . L a
resiliencia intraperso nal (te nacida d, tolera ncia a l estrés y esp iritualidad) tenía
incid enc ia e ntre la s c alifica cion es y los facto res de la re silien cia intra per son al s e
encontraban ínti mamente rel acionados entre sí. La tol erancia al estr és se consideraba
un fact or r esili ente sól o para los estudi antes que habían superado situaciones
adversas, para los que no habían vivido esas situaci ones, tolerando el estrés (como,
por ejemplo, recibir malas calificaci ones) y asociándose con baja m otivaci ón
académica.
Otr o de los fact or es res il ien tes que desde el estudi o de Heart le y (2011 ) se poní a
de manifiest o, es la espiritual idad, siendo un factor signific ativo en su m otivaci ón y
capacidad de superación. Desde este trabajo de investigación , se añaden evidencias
sobre los factores intr a e i nterpersonal, m atizando su impo rtancia para la persist encia
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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103 !
académica y la sal ud mental.
El sigui ente trab ajo de invest igaci ón con el que nos encontramos, Ewert y Yoshino
(2011 ), p retendía e studia r c ómo s e podían m ejorar los niveles de resis tencia en la
Univ ersi dad. A t ravé s de un método mixt o, en l a pri mera f ase baj o enf oque c uant it ati vo
y método cuasi - experimental , util izaron dos grupos de estudiantes (grupo de
tratam ien to y gru po de co mp arac ión) , con un total d e 8 5 e stud iante s. E l ins trum en to d e
recogid a d e d atos en esta fase, cuestion ario, e staba dise ñado pa ra m ed ir los niveles
de resi lienci a.
Las preguntas de investigaci ón en la que se centraron en esta fase, se focalizaron
en analiz ar el cambio en las puntuac iones de resi li encia como resul tado de una
experienci a adversa a corto plazo y en medir el cambio de los niveles de resilienc ia
entre ambos grupos de investi gación.
Para el desarr ollo de l a recogida de dat os, el grupo de t ratamient o partici pó en una
expedición de tres semanas diseñadas para desarrollar habili dades de educación y
lidera zg o a tra vés de a ctivid ad es a l a ire lib re (es ca lada , mo nta ñism o, t rave sía s, etc .).
Respec to al grupo de comparaci ón, al mismo tie mpo que el grupo de trat amien to
real iza ba la ex pe dició n, s e le facilitó el m ism o cue stio nar io qu e re aliz aría el g rupo de
trat amiento par a que l o complementar an.
Respec to a la segun da fase de la invest iga ción , baj o un enfoque cuali tat iv o, se
seleccionar on 10 estudiantes del grupo de tr atamien to c on una diferen cia temp oral de
3 años entre la expedición y la recogida de datos en esta fase donde se hizo uso de
entrevi stas t elefóni cas semi - est ructur adas.
El moti vo que ll evó a los invest igador es (Ewert & Yoshino, 2011) ha real izar las
entrevi sta con esta difer encia temporal fue con el fin de comprender mejor la duración
de las experiencias ya que, a través de preguntas abiertas , el investigador preguntó
sobre lo que recor daban en l a expedición y l o aprendido de la misma. Las entrevistas
fueron graba das, transcritas y anal izadas a tr avés de un pr oceso de c odifi cación
abiert a.
Desde esta segunda fase de invest igación, se respondía a l a tercera pregunta del
traba jo cen trán dos e en de scrib ir la s pers pec tivas d e los ind ividuo s en su s exp erie ncia s
durante la expedi ción.
Entre l os princi pal es result ados obtenid os, podemos encontrar seis factore s
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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110 !
4. Escal a de Resil ienci a para Adolescent es (ARS, Adolesc ent R esil ienc e
Scale ) : esc ala tipo liK ER T c om pue sta por 2 1 íte m s co n p untu ació n d el 1 a 5 ,
donde se pretende medir las característ icas psicológi cas de la persona hacia la
resistenc ia. El orige n y el diseño de esta escala la pod em os ubicar en
adolescentes japoneses la cual se compone de tres factores: búsqueda de
novedad, r egulación emocional y confi abili dad.
5. Escal a de Afront amiento hacia la Resil ienc ia (BRCS, Brief - Res il ient
Copin g Sacal e) : B RC S es u na es cala c on un a única dime nsió n y cuatro íte m
con una calif icación d e 5 puntos (1 - 5), diseñada específicamente para medir l a
capacidad de recuperación de las personas frente al estrés, ade más de
proporcionar información sobre cómo las personas afrontan al est rés asociado
a la enfermedad (Quiceno y Vinaccia, 2010). La puntuación máxima que se
puede obtener en esta escala es 30 (a mayor puntuación mayor resil iencia). No
hay ninguna aplicaci ón de la BRCS en l a li terat ura.
6. Escal a de Resistencia (RS, Resilience Scale) : e sta esca la co ntine 25
ítem s de co n un a ca lificació n de 7 pun tos (1 a 7). La e scala tiene dos fac tore s,
la com p eten cia p erso na l y la ace pta ción de u no m ism o y la v ida , que m id e el
constructo de resiliencia. Estas dos dimensiones comprenden las siguientes
característi cas de resili encia: ecuanimidad, perseverancia, con fianza en sí
mis mo, s at is fa cci ón pe rs ona l y se nti r se bi en s ol o ( Qui c eno & Vinacci a, 2 010).
El t ema cent ral del estudi o re ali zado por Saave dra y Vill alt a (2008), trata de
describi r y comparar los factores de la variable Resilienci a, en sujetos de difer entes
tram os d e e da d y de am bo s se xo s, a tr avé s de la p rue ba SV - RES, dur ante el segundo
semestre de 2007 . Para ello, cuenta co n una m uestra de 288 sujetos de am bos sexos,
con edades comprendi das entre los 15 y 65 años pertecenientes a la c iudad de
Curi có.
El t rabaj o de inv esti gaci ón, d e ín dole cuant itat iva , co n una metodol ogía descr ipt iva -
comparativa se centró en dos ámbitos de estudio: Psicología y E ducación. Como
instru m ento d e recog ida d e in form a ción se b asa e n la E sca la SV - RES. Dich a escala
consta de 60 ít ems, organizados en 12 factor es específicos de resili encia.
Los principal es datos reflej ados en este trabajo de investigaci ón indicaban que no
existí a una diferencia signif icati va entre los ni veles de resi lienci a de mujeres y
hombres. Sin embargo, encontraron un perfi l resilient e disti nto entre am bos géneros.
Del mismo modo, lo s ni vele s de resil ie ncia no estaban asociad os de manera dir ect a a
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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111 !
los tra mo s de e dad, ya que se obtienían resultados similares en las diferentes etapas
de vida.
Respec to a la val idac ión de la Escal a SV - RES, de sde est e es tudi o l a id enti fi car on
con un nuevo modelo para medir la resili encia debido a su sóli da base teórica, fácil y
breve aplicación y permite obtener un puntuaje global de resil iencia por áreas, entre
otros.
Respec to al cuar to tra baj o de inve sti gaci ón, siguendo la mism a línea de trabajo de
Ahern et al. (2006), W indl e et al., (2011), proponen una trabajo de revisión de la
lit eratura donde pretenden revisar , de forma sistemática, la validez y fiabili dad de las
pruebas psi cométricas entre la pobl ación c líni ca y l as escal as de res ili encia.
Para ell o, estos autores rev isar on ocho bases de datos elect róni cas e Inter net así
como b ús quedas manuales de las listas de referenci as de otros documentos,
realizand o un total de 10 e scala s de re siliencia. R espe cto a la ba se de datos
empleadas en la búsqueda, se han centrado en: ASSIA, Medline, PsycInfo, SSCI, SCI,
AHCI, GreenFi le y Coc hrane -B ase.
Entre los cri ter ios de inclusi ón en los que se basaron para real izar la búsqueda ,
podemos destacar l os artí culos de rev istas donde se han util izado escal as de medición
de resil iencia con población hum ana y ubicadas desde los años 1989 y 2009.
Respec to a los crit erios de exclusión, se excluyeron los documentos donde
únicamente aparecía el tí tulo o no podían obtener el documento completo y, también,
aquellos estudios que pese a medir la resilienci a no utilizada o no reflejada la escala
empleada.
Entre l as aportaciones más destacadas, podemos indicar que de las 19 escalas e
instru m ento s re visa dos (sie ndo 4 de ellas der ivac ione s de las e sca las origin ale s), la
escala de resiliencia Connor - David son y la escala de resil ien cia para adult os (RSA),
han sido las que mejores puntuaciones psicométri cas han recibido. A grosso modo,
podemos decir que aquellas escalas desti nadas a medir la resilienci a en la población
adulta, ti enden a l ograr mayores nivel es de cal idad ( viabil idad y fi abili dad).
En la sexta tabl a, pasar emos a analizar el trabaj o realizado por Pow ers, Battle,
Dort a y Wels (2010) centr ado en anali zar la rel ació n exis tent e entre los problemas
interp ers ona les de los a dole sce nte s co n s us m a dre s y e n lo s fa ctor es d e re silie ncia
que le ayudan a r esolverl os.
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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112 !
AUTORES/
AS
OBJETIV OS
MUESTRA
INST RU ME NT OS
RESULTADOS
Powers et
al., (2010)
Anali zar la
relación
existent e entre
los pr oblem as
interp erso nales
de los
adolescentes
con los
conflictos y la
relación
existent es con
sus madres.
79
adolescente
s
Enfoque
cuantitativo: escalas
y grabación de
vídeo.
Influen cia en tre el c ontex to,
las ca racte rística s
interpersonal es y género.
Tabla 9 . Inve stiga ción Re silienc ia: Fa m ilia (Fu ente : elab ora ción prop ia).
Respec to a las invest igac ion es sobre resi li enci a centr adas en el ámbito famil iar,
nos encontramos con el trabajo realizado por Powers et al., (2010), quienes
pretendí an estudiar la relación existente entre los problemas interper sonales de los
adolescentes con los conflict os y la relación existentes con sus madres. Par a ello,
contaron con una partici pación de 79 adolescentes (con edades comprendidas entre
los 24 y 27 añ os) , proc ede nte s del á mb ito rur al a trav és d e aná lisis se cu enc iales y
regresió n mú ltiple utilizando métod os de recupe ración d e vídeo s duran te los tre s años
que ha durado la investi gación y donde se estudió y grabó las percepciones de los
adolescentes y sus conductas con sus madres frent e a pr oblemas actual es y futuros.
Bajo un enf oque cuanti tat ivo , con ins trument os d e rec ogida de da tos c omo esca las
y grabaciones en vídeo, las variables estudiadas fueron el com portamiento
interp ers ona l, el g én ero, la tra yec toria o h istoria de l ado les cen te. R es pec to a la s
grabaciones en vídeo, el investi gador se desplazó hasta la casa de los adolescentes
reali zando graba ciones de 20 minutos discutiendo entre ellos y sus madres la relación
actual o algún confli cto no resuel to. Para la codificación de los datos obtenidos,
parti ciparon los adolescentes donde codificar on su comportamiento durante la
grabación a trav és de una escal a ti po Liker t.
Entre los re sult ados y apor tac iones realiz ados por este estudi o, una de los
aspectos más important es indicaban que exist ía una gran infl uencia entre el contexto y
las carac terís ticas in terp ers ona les d e cada perso na e n la in terio rizac ió n de los
problemas y su correspondi ente resolución. Dos aspectos son especialmente
llam ativ os en la inc iden cia d el co mp orta m iento de lo s ad oles cen tes y sus f am ilias e n
relación a l contex to socio cultural: el gé nero y la trayec toria perso nal.
Entre los dat os obteni dos, podemos extraer cómo las niñas interi orizaban y
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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113 !
asumían mejor los problemas, además de tender a aumentar niveles de conflicto,
afront ando éstos y resolviéndol os de manera exitosa (“afrontami ento agitado”),
mie ntr as que los niños se afre nta ban a los problemas pero no aum entaban los ni veles
del conf lict o (“ afrontami ento desgr anado”).
A cont inuac ión, en la tabla 7, anal izar emos seis investi gaci ones llevad as a cabo
durante los años 2003 - 2012, cuyo tema principal de estudio radi ca en conocer y
analizar las caracter ísti cas del proceso de resil ienci a:
AUTORES/
AS
OBJETIV OS
MUESTRA
INST RU ME NT OS
RESULTADOS
Buckner et
al., (2003)
Examinar las
característi cas
que difer encia a
los jóv ene s
resilientes y a
los jóvenes no
resilientes.
155 jóvenes
y sus
madr es
Enfoque
cuantitativo:
entrevist a y escal a
Circ unsta ncia s
ambientales, eventos
negativos en la vida y
enfermedades crónicas son
perjudici ales para la salud
ment al y el desar ro ll o
personal.
Nesse
(2004)
Identific ar los
recurso s
psicosocial es
que predicen la
capacidad de
recuperación
frente a la
pérdida del
cónyuge .
185
personas
Enfoque
cuantitativo:
Entrev ista y
encuesta
Dolor crónico debido a la
pérdida del cónyuge sano.
Menez es
et al. ,
(2006)
Anali zar l a
relación
existent e entre
resiliencia y
aspectos
ment ale s
negativos y
positiv os del
bienestar
psicológi co
(Burno ut -
Engagement) en
cuidadores de
ancianos.
265
cuidadores
Enfoque
cuantitativo: escalas
Los cuidadores con altos
niveles en resiliencia son
más efi cac es y tie nen un
mayor c ompr omis e lab ora l.
Le e, Shen
y Tran
(2008)
Examinar la
resiliencia
psicológi ca en
los afe ctad os
por el huracán
Katri na.
363
partici pantes
Enfoque
cuantitativo:
cuestionario
Factores de riesgo: nivel
económico, destrucción del
hogar y pér dida humana.
Waug h,
Fredrickso
n y Tayl or
(2008)
Examinar cómo
afecta l as
situaciones
negativas a la
recuperación de
las pe rson as
resilientes.
72
partici pantes
Enfoque
cuantitativo: escala
Los participant es con un
bajo nivel de resili encia
aprenden a recuperarse
afectavi mente pero con un
proceso más lento que los
partici pantes con alto nivel
de resil iencia.
Campo et
Conocer el
74
Enfoque cual ita tivo:
Dife renci as ent re resili enci a
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
!
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114 !
al., (2012)
estudios
realizado s en
las
Unive rsid ades
de Colombia
sobre
resiliencia.
documentos
procedentes
de 14
Unive rsid ade
s de
Colo mb ia
documentos
coyuntural y resili encia
estructur al.
Tabla 10 . Inve stiga ción Re silienc ia: C arac terístic as d e la re silien cia (F uen te:
elaboraci ón propia) .
La primera de las investigaciones con la que nos encontramos es la r ealizada por
Buckner et al., (200 3), q uienes ex am inaba n la s p rincipales ca racterística s e xistente s
entre los jóvenes considerados resilient es y los no resili entes en familias de bajos
ingresos. Los obj etivos del tr abajo se fundamentaban en cuatro:
a. Identifica r los fa cto res d e ries go y pro tecció n fa miliar.
b. Anal izar el i mpacto de l os ni ños sin hogar .
c. Det ermi nar las necesi dade s de la s madres y ni ños en famili as de bajo
ingre so s.
d. Desc rib ir el de sarr aig o y l a i nest abi li dad res iden cial p ara la s familias po bre s.
A travé s de un diseño transv ersal con enfo que cuant itat iv o, se obtu vo una muestr a
de 155 jóvenes entre 8 y 17 años y sus r espectivas madres (los padres no
parti cipaban en el estudio, ya que la mayoría de las famil ias eran monoparentales con
la m ad re c om o c ab eza de fam ilia) . An tes de p roce de r a la re cog ida de da tos , se
obtuvo el consenti miento informado por escri to por part e de l os part icipant es.
Los instrumentos em pleados para la recogida de datos, se centrar on en
entrevi stas y escalas. Para la realización de cada entrevist a, como incenti vo a los
parti cipantes se les dio vales canjeables en tiendas. Durante la recogida de datos, los
entrevi stadores se citaron en rei teradas ocasiones con los j óvenes y parti cipant es con
el f in de famili arizar se con el los.
Entre lo s dat os obtenido s de los instru mentos empleados con la s madre s, se han
obtenido datos sobre las caracterís ticas demográficas , ingresos, benefic ios, salud
ment al , hi st or i a, expos i ci ón a l a vi ol enc ia (ta nt o en l a in fa nci a co mo en l a eda d adul ta),
ayudas soci ales y antecedentes de sus hijos.
Los hallazgos del trabajo de investigaci ón planteado por Buckner et al., (200 3),
revelaro n la habilidad de au torregula ción como factor pre dictor d e re siliencia,
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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115 !
ayudando a los jóvenes resilient es a hacer frente a situaci ones diversas. Por otro lado,
se identificar on com o sinónimos a la autorregulación y las habilidades de
afront amiento, revelando result ados donde los jóvenes resilient es controlan mejor las
emociones ante sit uaciones adver sas que l os j óvenes no r esili entes.
Entre los resul tados obtenido s, las medidas que se util izar on para defi nir a los
jóve ne s res ilien tes de lo s no res ilien tes aba rca ba n la sa lud me nta l, pro ble ma s d e
comportamiento, la capacidad de adaptaci ón, capacidades cognitivas y aut oestima. La
presencia de competencias como la capacidad de adaptación y ausencia de
problemas signi ficat ivos de salud m ental, fueron necesarios para consider ar a las
personas r esili entes por su manif iesta capacidad de recuperaci ón.
Por su parte, el trab ajo d e inve stiga ción elabo rad o po r Nes se (20 04 ), se cen tró en
iden tifica r los recurso s psico so ciale s que pred icía n la capac idad de recup era ción ante
la p érdid a d el c ón yug e y có mo se re acc iona an te la m ism a. Par a la ob tenc ión de la
mues tr a, se obtu vi er o n datos longit udinales del estudio CLO C realizado para
iden tifica r lo s re cu rsos p sico soc iales q ue predic en la capa cida d de re cu pera ció n fr ente
a la pérdida del cónyuge y para evaluar el papel de los distintos recursos de
afront amiento. Para poder partici pa r en el estud io de C LO C, los en cues tados d ebían
de hablar ingl és y est ar casado con una pareja c uya edad f uera 65 años o más.
En una primer a fase, se reali zaron encuesta s a 1532 personas en su domicil io por
parte del C entro de Inves tigaci ón de E ncuestas de Inves tigaci ón Social desde junio de
1987 hasta abril de 1988. Los parti cipantes de esta fase que en años posterior es
perdieron un cónyuge, se localizaron por las esquelas diarias en tres periódi cos del
área de Detroit y en datos cens ales pr oporcionados por el estado de Michigan.
Se invitó a los parti cip antes viudo s a partici par en entrevis tas de seguimient o a los
6 y 18 meses después de la muerte del cónyuge. De los 319 partici pantes que habían
perdido un cónyuge durante el estudio de la CLO C, 276 partic iparon , por lo m en os, en
una entrevista de seguimiento y 205 partici paron en am bas entrevi stas de
seguimiento. Los anál isis del presente estudi o se basan en 185 personas vi udas (161
mujeres y 24 hombres) con una edad media de 69 años.
Como conclu sión , es p osible distinguir cinco m omentos vital es del proceso de
duelo: duelo común, afl icci ón crónica, depresión crónica, depresión seguida de mejora
y, resilienci a. No obstante, se m uestra una diferencia entre las personas que han
perdido un cónyuge sano de aquel las que tenían una enfermedad crónica,
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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116 !
presentando las primeras di ficul tades emocionales m ás perdurables en el tiempo. Por
últi mo, debemos identifi car el proceso de duelo como uno de los eventos más
estresant es de la vida de cualqui er persona. Sin em bargo, casi la mitad de la muestra
most ró poca o nin guna depr esi ón tr as l a muer te de su có nyug e, y apr oxi mada ment e el
10% de la muestra mostr ó una mejor a de l a salud mental después de l a pérdi da.
Menez es et al. , (20 06) , anali za ro n la rel ac ió n exi st ent e ent re re sil iencia y aspectos
ment al es nega ti vo s y po si ti vo s del bi enes ta r psi co lóg ic o (Bur no ut - Engagement) en
cuidadores de ancianos. La muestra estaba representada por 265 cuidadores (223
muj ere s y 38 hombr es) de anci anos de di fer en tes resi den ci as geri átri ca s de la s
comunidades de Extremadura y Castilla y León. La edad media de l os cuidadores era
de 40 años, la m ayoría sin estudios univer sitar ios, tan solo un 13,5% tenía diplomatura
y 14,3% li cenciatura.
Para poder acceder a la muestra, se consider ó impresci ndibl e el coordinador de
cada residencia geriátrica que informó a sus cuidadores y que, de form a voluntaria y
anónima, decidieron participar . Los datos fueron recogidos entre los meses de enero y
junio del año 2005.
De los 645 cuesti onar ios que se pas aron , se re cibió un total de 265 cue stionarios
totalm en te cum plim enta do s. Los instrum en tos em plea dos en la re cog ida de dato s
fuero n la e scala pa ra medir la re silienc ia d e C on no r - Davi dso n, la esc ala Maslac h
Burnout I nvent ory - Gen eral y l a esca la Utr ech t Work Eng agemen t .
Entre los result ados obteni dos, cabe desta car cómo los cuidador es que obtienen
mayo res puntu aci on es en res il i enc ia tien en un mayor compro mis o lab ora l y nive le s de
eficaci a que los compañeros que han obt enido bajas puntuaciones, mostrando,
además, menor agot amiento emocional .
Los cuidador es que presentaban menores nivel es de cansancio (Burnout ) fr ente a
altos ni veles de compromiso (Engagement) , emplearon su energí a y compromiso
laboral para sobreponerse a situaci ones adversas, así como adaptarse
adecuadamente y experimentar emociones positivas. Con estos result ados, M enezes
et al., (2006) no querían decir que los cuidadores con altos niveles de resil ienci a no
llegu ara n a a go tars e (B urn out) en e l trab ajo , sino qu e su niv el de co mp rom iso lab ora l
es alto y, re forzab an sus atr ibuto s y com p eten cias pe rson ales pa ra e nfre ntars e
situaciones di fícil es.
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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El cuart o trabajo de est a tabla es el de Lee et al., (2 008). De sde este estud io, los
inve stiga do res se p lante an ex am ina r la re silie ncia p sico lógic a de los afe ctad os po r el
huracán Katrina en los ciudadanos estadounidenses afroamericanos. La muestra de
363 participant es afroamericanos, se obtuvo a través del Int ernati onal
Communic ati ons Resea rch (I CR), contact ando con ellos a tra vés de los ref ugi os de
emergencia donde el inve stiga dor le solicitó que r ealiz ara n un cu estio na rio de un a
duración aproximada ent re 20 - 25 minutos.
El cuestionari o constaba de 71 ítems en el que se preguntaban por sit uaciones de
evacuación vividas con anteriori dad al huracán, los pl anes de recupera ción del
desastre y los problemas actuales en los refugios. En dicho instrumento, se m edía la
resist encia psicol ógica, l a pérdida humana, pér dida de propiedad, trast orno psicol ógico
y estado de s alud mental.
Los resultados obtenidos indicaban que las personas que tenían o habían tenido
algún problema psicológi co derivado de la catástrof e eran menos propensos a
recupe rarse po r com pleto de la m ism a. La destru cción de l hogar, el nive l econó mico y
la pé rdid a h um an a inc idía de form a mu y n otoria en el m a lesta r ps ico lógic o, s iend o e l
que mayor peso ejercí a, l a pérdi da humana.
El t rabajo de inves tigaci ón plant eado por W augh et al. , (2008), se cen tró en
examinar cómo las situaciones a la recuperación psicológica de las personas
resilientes. P ara ello, bajo un enfoqu e cuantitati vo, obtuvieron una participaci ón de 72
personas ( 45 mujeres y 27 hombres) .
Para la re cogida de infor mación y despué s de que los part ici pante s ofrec iera n su
consentimiento informado para poder participar en la investigaci ón, se emplearon la
escala de ego - res iliencia (E R89 ) pa ra m edir la resilien cia, el optimism o a travé s de l
cuestionario Life Orientation Test (LOT - R), la extr aver sió n y el neuro ti cis mo se empleó
una versión abreviada del Inventario de Personal idad N EO y para la regulación
emocional , utilizaron el C ues tiona rio de Re gu lación Em oc iona l (ER Q).
Como concl usi ones extraí das del estu dio, podemos indic ar que se cons ider aba
que una persona es resil iente cuando manti ene una estabili dad psicológica y present a
pocos problemas de salud mental. La s pe rsonas resilientes mostraban una
recupe ración m ás p ronta y c om pleta que los que n o, ade má s, rasgos de la
personali dad como el optimismo y la extraversi ón predecían una respuesta afecti va
positi va fr ente a situaci ones adver sas.
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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Final izando la tabla, apa rece e l trab ajo de Ca mp o et al., (20 12). El objetiv o
princi pal del est udio plant eado por estos investi gadores era conocer los estudi os
realizado por las U nivers idades en Co lomb ia con e l fin d e carac terizar los a vanc es
teóric os, d e inv estig ació n y d e res ili encia.
Para ell o, con una inves ti gación cualit ati va explo rato ria, se basaron en el anál isi s
de contenidos de 74 documentos (art ículos, libros, ponencias, tesis, etc. ) procedentes
de 14 universi dades colombianas. P ara la organización de la información recop ilada ,
se elaboró una ficha de análisis que, posterior mente, fue evaluada por los
inve stiga do res.
Para el anál isi s de la inf ormaci ón, se util iz ó el programa de análi sis cuali tat ivo
ATLAS.TI , a través de cual se elaboró la categor izac ión y organi zaci ón de la
inform a ción p or núcle os tem á ticos . E l a nális is de los r esu ltad os se desa rro lló e n dos
niveles: identi fi cación de los documentos (tí tulo, año, ti po de materi al, or igen y autor es)
y análisi s del contenido (concepto de resili encia, método, objetivos, hipót esis,
categorías de análi sis, hal lazgos y avances).
Entre los princip ales hallaz gos encontrado s en los documentos analizado s,
podemos observar como en las universidades colombianas se realizan aportaciones
intere sa ntes a l hab lar de va rios tipo s de res ilien cia: “resili encia coyuntural”
(relaciona do con circu nstanc ias e spec íficas) y “resilien cia e structura l” (resilien cias q ue
están l atentes pero que se actual izan con el paso del tiempo).
Otr o aspect o a desta car es la lit era tur a e inves ti gaci one s exis ten tes e n el que se
indic a e l lug ar q ue ocu pa la f e re ligios a e n e l pro ce so de rec upe rac ión de las pe rso nas
así como la separación exist ente entre la persona resilient e y el círculo que rodeo a la
pobreza.
Para fi nali zar con la revisi ón bibl iogr áfi ca sobre invest i gaciones realizadas sobre
resiliencia, nos centra rem os e n los ocho trab ajos planteados sobre el área de
Medi ci na y Ps ic ol ogí a.
AUTORES/
AS
OBJETIV OS
MUESTRA
INST RU ME NT OS
RESULTADOS
Nygren et
al., (2005)
Descr ibir l a
capacidad de
recupe ración,
sentido de
coherencia,
propósito en la
125
partici pantes
Enfoque
cuantitativo: esca la
y cuestionari o
Puntuac iones altas en la
población envejecida en
RS y SOC.
PIL fuerte pre dicto r del
bienestar.
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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vida y
autotrascendenc
ia en relació n
con la
percepción de la
salud físi ca y
ment al de
ancianos.
Zautra et
al., (2005)
Examinar la
influen cia d e el
afecto c omo
factor d e
resiliencia e n
muje res c on
enfermedades
crónicas.
124 mujeres
con artrosis
o
fibrom ialgia
Enfoque
cuantitativo:
entrevist as y
cuestionarios
Los def icits de afect o est án
relaciona dos con un mayo r
nivel de estrés y dolor.
Krali c et
al., (2006)
Conocer l os
factore s de
resiliencia e n los
enfermos
crónicos.
37
partici pantes
Enfoque cual ita tivo:
grupos de di scusión
Factores de resili encia:
autoestima, apoyo, sentido
de pertenencia, capacidad
de aprendiz aje y capacidad
para adaptar se
Strandm et
al., (2006)
Examinar la
influen cia d e las
emociones
positiv as como
factor d e
resiliencia e n los
pacientes con
artri tis
reumatoide.
43 pacientes
Enfoque
cuantitativo:
entrevist as
telefón icas y
cuestionarios
Las emociones positivas es
un factor de resi lienci a.
Strauss et
al., (2007)
Deter minar la
resiliencia co mo
predictor de
fatiga e n los
pacientes con
cáncer tra tados
con
radioter apia.
239
pacientes
Enfoque
cuantitativo:
entrevist a y
cuestionario
La resili encia no es un
predictor en los cambios de
fatiga y cans ancio .
La resiliencia mejora la
calidad de vida.
Wri ght et
al., (2008)
Examinar los
factore s de
riesgo y
resiliencia
psicológi ca en
los en ferm os
crónicos de
artrosi s.
275 hombres
y mujeres
Enfoque
cuantitativo: escala
Capacidad de
recupe ración, R esistenc ia
física y au toefica cia c om o
factore s de res iliencia pa ra
aliviar el dol or.
Kane y
Green
(2009)
Anali zar l as
percepciones
sobre la
recupe ración y
resiliencia e n las
personas
mayor s con
abusos de
sustancias.
242
estudiantes
Enfoque
cuantitativo: escala
Las personas m ayores
tienen una alta capacidad
de recuperaci ón.
Quic eno y
Vinacci a
(2012)
Identific ar las
diferenci as y
relacione s de
resiliencia e n
funcio n de la s
121
pacientes
Enfoque
cuantitativo: escalas
No hay di feren cias
significat ivas de resiliencia
en funcio n de las
característi cas
sociodemográficas pero sí
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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Tal y como hemos podido apreciar a través de las tablas, vemos como los ámbitos
estudiados sobre resilienci a son muy diversos, si endo más abundante en el ámbito de
la me dic ina (K ane & Green , 2009; Kral ic et al. , 20 06; S trand m et a l. , 2 006 ; Wrig ht et
al. , 2008 ; Za utra et al. , 200 5) o en el ám bito específic o d e la re silienc ia s us
característi cas y e scalas (Ahern et al. , 200 6; Bu ckn er et al. , 200 3; Frib org et al. , 2 0 03;
Lee et al. , 2008; W augh et al., 2008; Windle et al. , 2 01 1), existien do un men or núm ero
de investigaciones en resil iencia en el ámbito educativo (Ewert & Yoshino, 2011;
Heart le y, 2011; Mass ot et al. , 2013; San dín et al. , 2013; Lee et al., 2008; St rauss et al . ,
2007; Tinsley & Beale, 2010; Windl e et al. , 20 1 1) o sobre discapacidad (King et al. ,
2003).
De los 25 estudi os revis ados, podemo s obse rvar como la gra n mayor ía de ell os
(21 trabajos) pres entan una metodo logía cuan titativa (Heartley , 2011; Tinsley & Beale,
2010) con instrumentos de recogida de datos como escalas y cuestionarios frent e a 2
inve stiga cio nes co n una meto dolo gía cu alita tiva (Cam p o et al. , 201 2; King et al., 2003)
y otras 2 investi gaciones con un enfoque mixto (Ewert & Yoshino, 2011; Massot et al. ,
2013), coinci diendo cada fase, con un enfoque: la primera con una m etodologí a
cuantit ativo con un gran número de partici pantes seguida, en una segunda fase, de un
enfoque cual itat ivo c on un número r educido de los mismos.
Respec to a la muestr a, podemos dest acar cómo en la gran mayor ía de
inve stiga cio nes de corte cuantit ativo se caracteriza por un gran número de
parti cipantes, pudiendo llegar a 605 estudiantes, como es el caso del trabajo
presentado por Heartley (2011) o 363 como en Lee et al., (200 8). R esp ecto a los
traba jos d e en foqu e cu alitativ o, el número de participant es es bastante inf erior: 15
estudiant es han sido suf icient es para detectar los factores de protecci ón en las
personas con discapacidad (King et al . , 2003) o 10 estudi antes en la segunda fase de
inve stiga ció n plan tead a por E we rt y Yos hino (201 1). Aun qu e, tal y com o nos indica n
Lincoln y Guba (1985), en los estudios de í ndole cuali tati va, entre 12 y 20 part icipant es
es una r epresentaci ón ideal obtener amplit ud y pr ofundidad en la infor mación.
Entre l os princi pale s instrument os de r ecogid a de datos, encont ramos l as escal as
y cuestionarios, sobre todo, la Escala de Resiliencia (RS) (Wag nild & Young, 1993) y
la es cala de res ilienc ia C onn or - Davidson (CD - RI SC), a sí como las en tre vis tas .
Si nos fij amos en los datos obte nidos con independenc ia d e la temática de la
tabla , p ode mo s obse rva r c om o factore s com o la a uto suficie ncia , pe rce pcion es y
emociones positivas, apoyo social, autoconcepto, capacidad de adaptación, cohesión
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fam iliar, s entid o de l log ro y pers isten cia, se torn an en v alore s fund am en ta les p ara
considerar a una persona resili ente y poder generar mecanismos y habili dades para
superar la situación a adversa que le sucede en su v ida. Resultados similares
podemos encontrar en l os trabajos de Ew ert y Yoshino (2011), Heartley (2011), Kralic
et al., (2006), M as sot et al., (2013 ), Powe rs et al., (201 0), Sandín et al., (2014),
Stran dm et al., (2006 ), entre otro s.
La mayoría de los est udios ( Qu ic eno & Vinacc ia, 2012; Nygr en et al . , 2005 ; Tin sley
& Beale, 2010; Wright et al. , 200 8), se cen tra en iden tificar, de scribir y ana lizar los
facto res de protec ción , carac terístic as de las pers ona s resilien tes o ide ntificar los
recursos que hacen a una persona resilient e, pero pocos se han enfocado en estudiar
los p roce so s de me jora qu e conlleva a los niveles de resilienci a (Ew ert & Yoshino,
2011).
Entre los pri ncipa les result ados obtenidos , podemos encontrar cómo incide de
form a n otoria las p erc epc ione s po sitiva s de los profes ore s so bre lo s alu mn os e n su s
experienci as y expedient es académicos (Heartley, 2011; Tins ley & Beal e, 2010),
pudiendo constatar este hecho en investi gaciones como las de Jacklin et al., (2 007),
Moriña, López , y M olina (201 5 ), Murra y, Lomb ardi, Wre n , y Keys, (2009, 2011 ) ó
Poussu - Oll i (1999), donde indi can experienci as posi tivas por parte de los estudiantes,
en part e, por la buena labor y predi sposici ón del profesorado.
Otr o de l as con cl usi ones obte nid os en vari as invest i gaci ones (Kan e & Green ,
2009; K rali c et al. , 20 06 ; Menez es et al . , 2 00 6; N es se, 200 4; Stra ndm et al. , 2 006 ;
Zautra et al. , 2005 ), es la influen cia que ejerce n las em ocio ne s positiv as, el afecto y el
autoconcepto posi tivo en una rápida recuperaci ón y a la hora de m inimizar l os niveles
de estrés y dolor. No podemos aplicarlo a todos los ámbitos puesto que, la mayoría de
estas inv es tigac ione s se h an ce ntra do en enfe rm eda s crón icas pe ro sí, lo
extrapol amos al ám bito educati vo, unidos a los factores de resili encia que proponen
Mass ot et al., (2013) y S andín et al., (2014), podemos obtener experiencias positi vas e
inclu siva s en el alumnado con discapaci dad .
Para final iz ar, y desde nuestro punto de vista, consider amos que exist en
investi gaciones que se centran en validar nuevas escalas o instrumentos de
evaluación de resili encia (Ahern et al. , 2006; Saavedra & Vill alta , 2008) o en co nocer
las c ara cter ística s q ue h ac en a una person a r esilie nte ( Buck ner et al. , 200 3) así como
sus factores ( Krali c et al. , 20 06 ; St randm et al. , 20 06; Wrig ht et al. , 20 08); sin
embargo, creemos que existen pocas propuestas de mejoras o proyectos para poder
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mit i gar (no err adi ca r) la inf lu enc ia negat i va que ej erc en sobr e las pers ones
determinadas situaciones adversas, por ejemplo: mejorar la autoestima y el
autoconocimient o, c ontrol del es trés, actuaci ones inst ituc ionales, etc.
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2.3 EDUCACIÓN SUPERIOR E INCLUSIÓN
En el presen te capí tul o, divi did o en cuatro apartad os, comenzaremos real izando
una revi sión bi bliográf ica sobre la si tuación actual en la que se encuentr a las
institu cion es d e E du cac ión S upe rior en e l m a rco de la d isca pac ida d, debido en parte al
proceso de Bolonia, al incremento anual de universitari os con discapacidad y al
desarroll o de normativas que reconocen los derechos a una educación de calidad y
accesible para est e grupo de personas.
En un segundo punto, y de forma co ncisa puesto que ya existen numerosos
traba jos al res pec to (A insc ow , 19 99; Arnáiz , 2 003 ; Borland & James, 1999; Corbet t,
2001; Echeita, 2006; López M elero, 2004; Moriña, 2004; Parril la, 2007; Sapon - Shevi n,
1998), abordar emos la defi nición del término i nclu si ón, así como los procesos
inclu sivo s en Ed uca ción S up erio r, a dem á s d e las ba rrera s y obs tácu los ex iste ntes e n
la misma que generan deter minados procesos de exclusi ón.
En el tercer apartad o, traba jar emos la enseñanza en las insti tuci ones de
Educaci ón Supe rior (E S), hacien do un brev e re corrido so bre la le gislación , tan to
derogada com o vigente, que ha infl uido en el desarroll o de los planes para terminar
con los indicadores y estándares de calidad de buenas prácticas universitari as qu e
Alonso y Díez (2008) d escr iben.
Final izamos el capítu lo con un apartado en el que se real iza un análisi s de los
traba jos realiz ado s d esd e lo s a ños 19 98 has ta 2 014 , cu yo tem a p rincip al e s Ed uc ación
Superi or y Discapaci dad. En ellos, revisa remos los elemento s que obsta culi zan y
f acili tan que ident ifi can los est udiantes con discapacidad en universi dades nacional es
e intar nacionales, encontrando en m uchos casos, pri ncipalmente barreras o como
otros autores han descrito, entornos universit arios discapacitadores ( Reindal, 1995;
Borl an d & Jam es, 1999; Tinkl in & Hall, 19 99; Mori ña, 20 14).
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2.3.1 Educación Superior y discapacidad: situación actual
En las insti tuci ones de Educación Superi or (ES) se produce tanto un proceso de
form ació n d e p rofes iona les d e a lta c ualifica ción co mo un ma rco de convivencia para el
desarroll o pleno del alumnado. Marco que, según Cerrill o, Izuzquiza , y Egido (2013),
presta una especial atenci ón a l as si ngulari dades que f orman su di versidad social.
En la actual ida d, a través del proceso de Bolonia, las Univer sid ades están
parti cipando en un proceso de reflexi ón e innovación con un objeti vo común:
garanti zar la calidad y equidad de sus pr ocesos f ormativos y sus servicios educativos
medi ant e una cult ur a de eva lua ci ón y est ra te gi as de aut or re gul ac ió n. Ell o uni do al
aumento de porcentaje desde hace una década de alumnado con discapacidad que se
mat ri cul an en la unive rs id ad (B aker , Borla nd , N ow ik y Crest, 201 2; Caste llana & Sala ,
2005; Castro de Paz, Llorca, Álvarez , & Álvare z, 2006; Forteza & Ortego, 2003b;
Gonzá lez , Guzmán, Sánche z , & Gonzál ez , 2006; Hadji kakou & Hart as, 2008;
Hadj ikak ou et al. , 2010; Hollo way, 2001; Konur, 2000; Luque, Rodríg uez , & Romero,
2005; P olo & López, 2005 ), n os ha cond ucido a considerar imprescin dible una
reflexión sobre las barreras y ayudas que los estudiantes con discapacidad se
encuentran a lo largo de su trayectori a en la ES, así como el estudio de los cambios
adoptados en las políticas educativas para logr ar la accesibil idad e igual dad de
oportuni dad de las per sonas con discapacidad (Goode, 2007; Hadjikakou & Hartas,
2008; Hadjikakou, Polyca rpou, & Hadjili a, 2010; Kowalski & Fresco, 2002; M oriña &
Mol in a, 20 11) .
No obst ante , ta l y como in dic an Rodrí guez y Álvar ez (20 14), no podemos
considerar que el Espacio Eur opeo de Educación Superior (EEES) garantice una de
educación de calidad y equidad si los procesos educativos no se encuentran
adaptados y fl exibil izados a las difer entes necesidades y realidades actuales
(Ainsco w, 2 012; Allan & Slee, 2008) . Por ell o, las i niciat ivas que las insti tuciones de
ES han de promove r hacia los estudia ntes con discapaci dad, han de tener un tri ple
compromiso: la gen eración de un conocimiento crítico, el desarrollo p rofesional y la
interv en ción so cia l (R odrí gue z & Álvar ez, 2014; Salva dor, 2003), exigiendo el
cumplimiento de estándar es de calidad, en el que la atención al alumnado con
discapacidad y la respuesta a sus necesi dades y demandas, sea uno de ellos (Alons o
& Díez, 2 007; Mor iña & Moli na, 2 011) .
Si hac emos una revisió n sobr e la política y nor mativa act ual exist ente en
educación de las personas con discapacidad, el derecho a la no discri minación y a la
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igualdad de oportuni dades destacan de forma notoria (Sánchez & Carr ión , 2010).
Entre la normativa vigent e, podemos destacar la eur opea cuya i nfluenci a se ha dejado
incid ir d e forma directa en la no rm ativ a españ ola (M or iña, 201 4; Rodríg ue z & Álv arez,
2014; Sánchez & Carr ión , 2010) y, la propia normati va español a, que ha vel ado por
garanti zar est os derechos de educación al c olecti vos de per sonas con discapacidad.
Por su parte, Escandell y Rodríguez (2008) realizaro n un análisis co mp arativo
sobre l a l egislación universitaria sobre discapacidad a ni vel europeo, y, ent re l os
resultad os obte nidos, de staca ron el obje tivo centra l de los cam bios norm ativos:
mej ora r los dere cho s de los est udi an tes y real iz ar un proceso de inclusi ón en las
institu cion es de E S basándose en el compromiso social de ést as.
En el ámbi to nacion al , esta oleada por r ealizar mejoras en el sistema de
enseñanza de la universidad, no llego hasta los años 80, concretamente con la
promulgación, el posterior desarrollo normativo del P lan N acional para la Educación
Especi al de 1978, la C on stitu ción E sp año la d e 1978 en su artí culo 49, la ley LIS MI
(1982) o veint e años más tarde, la Ley 51/2003, de 2 de diciembre, de igualdad de
oportuni dades, no discriminación y accesibili dad univer sal de las personas con
discapacidad (LIONDAU), donde se destaca la transver sali dad de las polít icas y la
mej ora de la cal idad de vi da de las pe rs onas con di sc apac i dad (R odr íg uez & Álvare z,
2014). En la actualidad, podemos destacar la actual Ley 26/2011 de adaptación
normativa a la Convención Internaci onal sobre los Derechos de las Pe rsona s co n
Discapacidad, en el que se reconocen el derecho a la igualdad de oportunidad, no
discri minación y accesibil idad de las personas con discapacidad o el reconocimiento
de l a lengua de signos española y su si stema de comunicación oral con las person as
con discapacidad auditi va o sordociegas, entre otras.
En este impul so de mejora, podemos destacar las sigui entes leye s y decretos
como materia importante a resaltar en e l ám bito educativo universitari o de cara a
potenciar los procesos inclusi vos en las áreas educativas. Para Sánchez Palomino
(2011 ) y Sán chez y Carrión (2010 ) pode mo s reseñ ar las sigu ientes:
§ Ley de I ntegraci ón Social de l os Minusvál idos ( 1982).
§ Real Decr eto de Ord enaci ón de l a Educac ión Espe cia l (198 5).
§ Ley Orgánica de Ordenación General del Sis tema Educati vo (1990).
§ Real Decret o de Ordenaci ón de la Educaci ón de los Alumnos con
Necesi dade s Ed ucat iva s Es peci ale s ( 1995) .
§ Consej o de E uropa medi ant e l a Cart a So cial E urope a ( 1996) .
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§ Ley Orgánica de Univer sidades ( 6/2001, de 21 de Diciembre).
§ Ley de Igualdad de Oportuni dades y No Discri minación de las Personas
con Discapacidad (2003).
§ Ley Orgánica de Educación (2/2006, de 3 de mayo).
§ Ley de Educaci ón de Andal ucía ( 17/2007 de 10 de di ciembre).
§ Real Decreto 1791/2010, de 30 de diciembre, por el que se aprueba el
Estat uto del Estud iant e Uni versi tar io
§ Ley Orgánica para la Mejora de la C alidad Educativa (8/2013 de 9 de
diciembre) .
En estos avances, hay que realiz ar un especi al hincap ié en los real izado s por la
Comunidad A utónoma Andaluza que se comprenden desde la Ley de Atención a las
Personas con Discapaci dad de 1999 hasta la Ley de Educaci ón en Andalucía de 2007,
pasando por la Ley de Solidar idad en la Educación de 1999, el Decreto sobre Atención
al Alumnado con Necesidades Educativas E speciales de 2002, la Orden de
Evalua ción Psicop edagógi ca de 2002, la O rden sobre Proyect os Curricu lare s en
Centr os Especí fi cos de Educació n Especial de 2002, la O rden sobre Progr amas
Transi ción Vi da Adul ta y Laboral de 2002 (Sán chez Pal omino, 2011).
Sin em bargo, el momento clave p ara l os estudiant es c on di scapac idad en
educación superior, podemos ubic arlo en la Ley Orgánic a 6/2001, de 21 de diciembre
de Universidades (LOU), modifi cada por la act ual Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril
(LOM LO U). De sde a mbas l ey es, se r ecl ama res pond er a las nec esi dad es y deman das
de este colectivo así como adoptar m edidas que garanticen, entre otros aspectos, la
adaptación de las pruebas de acceso, su permanencia en los estudios universitar ios,
exención de tasas (para la s personas que tengan el grado de m inusvalí a que la ley
recono ce), aumen to d e becas y ayud as al estud io, la creación es pacios
arquit ectónicos accesibl es, adaptación de los aspectos formativos y la integraci ón
plena de los estudiantes con discapacidad com o comunidad universitar ia (Agu irre &
Mig uel , 20 11; P er al ta, 200 7; Rod rí gu ez & Álvarez , 20 14).
Tras l a promulgaci ón y aprobación de est e mandato norm ativo en el 2007, queda
claramente establecido y determinado la obligación de crear no rmas y programas
especí ficos d e ayu da s a lo s estu dian tes con d isca pac idad por parte de las distint as
universi dades.
Hemos reit erad o a lo lar go del capí tul o que, tanto recu rsos , servi cios , apoyos e
investi gaciones sobre educación y discapac idad, vienen focalizándos e en etapas
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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pre vias a la educación superior, sin embargo, esto es favorecedor para la m isma ya
que, tal y como indi can Sánchez y Carri ón (2010), la institución de E S ha de asumir los
mis mos pri nci pi os que se adopt an desd e est os ni vel es : prin ci pi o de norma li za ci ón,
princi pio de integr ación y princi pio de indivi dualiz ación.
A nivel nacio nal, la políti ca y la legisl aci ón educati va, ha avanzado de forma
notori a hacia programas de m ejora de la diversidad. Por su parte, Moriña (2014),
indic a q ue ya e xiste d e form a tác ita e n nor m ativas de algunas Com unidades
Autónomas el concepto de educación incl usiv a, sin em bargo, en el contexto actual ,
podemos encontrar cent ros y aulas en los que no se lleven a cabo prácticas
educativas inclusivas, encontrándose el alumnado, en num erosas ocasiones, con
barreras y obstác ulos en su proceso de aprendi zaje.
En el ámbito nacional, este der echo lo podemos encon trar reconocido , por
ejemplo, en el Real Decreto Legislat ivo 1/2013 de derechos de las personas con
discapacidad y su incl usión social. En el contexto universitari o, la actual Ley O rgánica
4/2007 de Universidades , menciona de forma explíci ta la inclusión de personas con
discapacidad, garantizando, en todo mom ento, la igualdad de oportuni dades y la no
discri minación haci a l as mismas.
De igual for ma, desde la Ley Org áni ca de Unive rs id ades , en su disp osi ci ón
vigésimo cuarta hace al usión a la incl usión de personas con disc apacidad en la
Univ ersi dad, garan ti zando la igual dad de oportu nida d y la no discr imi naci ón a tr avés
de diferentes apoyos y recurso s que aseguren la igualdad frente al resto de la
comunidad universitaria (Moriña, 2014). Asimismo, desde esta Ley se especifica la
obligat oriedad de la accesibili dad en los entornos universitari os y la inclusión en los
planes de estudio de los princi pios de accesibi lidad universal y respeto para todos.
Desde el Real Decreto 1791/2010, de 30 de diciembre, por el que se aprueba el
Estat uto del Estudi ante Univer sit ario , se defiende desde su art ícul o 2 la igualdad de
derechos y deberes de los estudi antes univer si tarios con i ndependencia del centro en
el que se encuentr en así como el curso académico que estén cursando.
Entre otros, en su artí culo 4, bajo el títu lo “No discri minaci ón”, se defien de el
derecho a la no discriminación del estudiante con independencia de su procedencia,
sexo, convicción o discapacidad, entre otros. Por ello, bajo el resguardo de sus
derechos, el decreto, en su artí culo 12 reconoce algunas medidas para poder hacer
efecti vo l os der echos de los estudi antes reconociendo la importancia de i n forma r
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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sobre los m ismos, establecer los recursos y adap taciones que se consideren
necesarias par a que los est udiantes con discapacidad puedan ej ercer s us derechos en
igualdad de condic iones como sus compañeros (sin que implique una dis minución en
el nivel académico exigido) , así como garanti zar el ejer cicio de l os derechos y, en caso
necesario, pudiendo acudir al Defens or univ ersitar io.
Respec to al acces o y admi sió n del est udia nte con di scap aci dad en la ES, del que
versa el artículo 15, se requi ere del uso de procedi mientos de acceso y adm isión, que
bajo las normas establecidos desde el Gobierno, las Comunidades Autónomas y las
Univ ersi dade s dict en, con el fi n de garan ti zar la igual dad de oportu nida des y plen a
integ rac ión e n la E S de l estu dia nte c on d isca pa cida d, re aliza nd o las a da ptac ion es
necesarias que se consideren oportunas para satisfacer sus necesidades específi cas.
De igual forma, se exige a las insti tu cio nes de ES la creaci ón de espac ios y edi fi cios
accesibles , incluyendo los espacios virtual es y los recursos ma teriales, hum an os y
técn icos q ue el es tudia nte c on d isca pac idad ne cesite .
Además, en el ar tíc ulo 65, como her ramien ta compl ementar ia a l a fo rmación
integ ral del, se estab lece la d ispo sició n de Serv icios d e Aten ción al E stud iant e, dond e,
entre a lgu nas de sus funcio nes , debe n de fac ilitar el acc eso y la adapta ción del
entorno univer sitari o, ofrec er orientaci ones metodológicas, becas y ayudas al estudio y
asesoramiento psicológi co, entre ot ros.
P ara finalizar co n la legislatura a ámbito nacional, mencionar el Real Decreto
1791/2010, hacemos mención a sus artículos 24, 35, 36, 62, 64 y 66, donde se
garanti za la realizaci ón de prácticas externas a través de convenios con em presas e
institu cion es a sí la ac ces ibilida d de espa cio s para pod er ele gir al r epresentante
estudiant il o la creación de programas de actividad física y deportiva facili tando los
medi os y adap ta ci one s de las ins ta la ci ones que los est udi an te s con dis cap aci da d
requieran.
Es preci so reconoc er que el derecho de acceso de la s personas con discapacidad
a la Enseñanza S uperior, no es algo nuevo que surge en los últimos años, sino que es
posible remontarse a 1948, con la D eclaraci ón Universal de los D erechos Humanos,
en su artí culo 26.1, donde se garantiza que las personas con discapacidad puedan
acceder a la ES sin ningún tipo de discriminaci ón. Entr e algunas de las Convenciones
que han seguido a la Declar ación Universal de los Derechos Humanos, podemos citar
a Declaración Mundial sobre educación para todos (1990), la C onferencia Mundial
sobr e Educación Superior (1998), la conferencia Mundial sobre N ecesidades
Capít ul o 2 . Fundamen taci ón Teór ica
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Educat ivas Especial es (1994), las Acta s de Dis crim ina ción de p aíse s co mo Au stralia
(1992), Estados Unidos (1990) o Reino Unido (1995, 2010) y, sobre todo, la
Conven ción sobre los Derechos de las Persona s con Disc apaci dad (200 8 ), d onde se
recoge de m anera clara y específica que “los Estados Pa rtes asegurará n q ue las
personas con discapacidad tengan acceso general a la educación superior (art. 24)”
(Rodríg uez y Álvare z, 2014 , p.459).
2.3.1.1 Normativa de la Universidad de Sevilla en materia de
discapacidad
El primer desarr oll o leg isl ati vo de la US no se hizo esperar tras la aprobació n y
modi fi caci ón de la LOU. Fr uto de ell o, nació el Regl ame nt o Genera l de Estudiantes
(RGE ) aproba do en el año 20 08. Este reg lame nte presta es pecial atención a los
estudiant es con necesidades académicas especiales dedicándole un capítul o
completo, concretamente el C apítulo 1º del T ítul o IV. Ad emás, no sól o se hace cabida
de los estudiantes con discapacidad sino también de otros colectivos : vícti mas de
terroris mo o d e vio lenc ia de gén ero , dep ortista s de alt n ivel, etc .
Mere ce esp eci al aten ci ón lo s art íc ul os 26, 27, 28, 29 y 30. En lo s tr es pri mer os
(artículos 2 6, 27 y 28 ), s e establecen los derechos de los estudiantes a contar con
servicios de apoyo y asesoramiento, a tener las ad aptaciones curriculares que se
consideren oportunas previa evaluación de sus necesidades específicas , a tener
priori dad frente a los compañeros en la elección del grupo y turno. En los artículos 29
y 30, hace m ención a la creación de la Unidad de Atención al E studiante con
Disc apaci dad (UAED), a la Comisió n Técnica de Atenci ón al Estudi ante con
Disc apaci dad y al est udi ante col abo rados .
Todas estas accio nes , supone un importante avance hacia la inclusión creando
figura s c om o el alum no co labo rad or o la c reac ión de las in stitucio nes a nterio rm ente
menc io nada s. Todas est as ac ci one s, supon en par a muc hos estu di ant es una gr an
ayuda para poder part icipar en el context o uni versit ario.
El mis mo año a la aproba ción del RGE, l a US apr obó una normativa de atención
académica (Acuerdo 8/CG 9.12.08, BO US 12 enero 2009), desde la que se perseguía
eliminar cualquier tipo de obstáculo en el proceso de aprendizaje del alumnado con
discapacidad, adoptando, al respect o, las medidas necesarias para adaptar los
procesos y prácticas educativas y no a la inversa. Bajo esta normativa se pretende
conseguir que el éxito o fracaso del estudiante con discapacidad radique únicament e
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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comprensión, construyendo y comprendiend o la influencia que ejercen unos sucesos
en otros a través de una red de relaci ones casuales, loc ales , con textu ales y
situacionales.
Sigui endo a Rodrígu ez et al., (1996), podemos decir que la investigación
cualitati va tiene cuatro ven tajas fundamentales que justifi can su utiliz ación en un
traba jo co mo éste (p. 5 6):
a) Se combina la part ici paci ón con la inves tiga ción, superando por l o tanto
los pro ced im iento s trad icion ales de con ocim ie nto lleg an do a la unió n en tre la
teoría y la p ráctic a.
b) Se acent úa el compro mi so polí t ic o des de una pos ic ió n cr ít i ca
emancipadora.
c) Se pote ncia el caráct er educ ati vo de la investi gaci ón y la necesidad de
devolver lo i nvestigado a la poblaci ón como medio de empoderamiento.
Por lo que, estamos de acuerdo que al posici onarnos ante una investigaci ón de
índo le cu alitativ o a sum im os los pro fund os proce sos de refle xión e im plic ación qu e
tene mo s que ejer cer, ma nten iend o una relación consta nte e interac tiva con los
princi pales actores de la investigación para poder obtener un proceso de recol ección e
interp reta ció n de los da tos q ue nos pe rm ita co no cer la rea lida d qu e e stam o s
estudiando con el propósito de conocer la. Para ello, Moriña (2003) indica que
debemos m antener un énfasis en el proyecto interesándonos por conocer cóm o se
form an las co mp rension es, sign ificados, ro les, etc. P or lo qu e no ten em os m ás
remedio que acudir a lo que Denzin y Lincoln (1998 ) de nom inan co mo “d escripc ión
densa”, donde los invest igadores ahonden en el si gnifi cado que los actores le
atri buyen a l os aconteci mientos.
3.1.1.2 ¿ Cómo se concreta la investigación cualitativa? Métodos
Aunque esta primera parte de nuestro capítulo no pretende ser una revisión
profunda sobre la invest igación cualit ativa ya que durante nuestra lectura bibliogr áfica
hemos visto abundante material al respecto, no queremos pasar a profundiz ar en el
mét odo bio grá fi co - narrat ivo que abarca este estudio sin antes real izar una breve
revisión sob re los m étod os cualitativo s e xistente s. N o obstan te, d ebem os ind icar q ue
no queremos realizar una revisión exhaustiva sobre los diferentes m étodos o
estrat egias cuali tati vas exist entes puesto que c onsideramos que exist e bibli ografí a que
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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hace una revisión com pleta (véas e el trabajo de Rod ríguez et al. , 199 6; S and ov al,
1996).
Tras la lectur a de var ios doc umentos (Axpe, 2003; Rodríguez et al. , 1996;
Sandel owski, 2000), vimos como hacían alusi ón al árbol de Wolcott (1992) para
represe ntar las d istintas e strategias cualitativa s existe ntes. P ara ello, es te árbo l àrte
de la experi endia diaria, donde en sus raí ces podemos leer tres cue stion es ese ncia les
en este proceso indagardor: experimentar, preguntar y examinar. A partir de éstas,
desarroll a todo un entramado de ramas y hojas que representa los dif erentes m odelos
y estrategias que la invest igación cualitat iva ofrece al inve stigador para poder trabajar.
Tal y como indica Axpe (2003, p. 29), “el árbol represent a las inter rela ciones de los
enfoques cualitaivos. E l tronco es el centro común de las técnicas de investi gación.
Poster ior mente, éste se va divi dien do en miembros fuert es y después en pequeñas
ramifica ciones ”.
Ima gen 1. Es trate gias e du cativ as e n inv estig ació n cu alitativa (W olco tt, 199 2, p .23).
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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Otr os trab ajos co mo los de Rog rígu ez e t al., (1996) o Sandoval (1996), recogen
las e stra tegia s cu alita tiva s existentes. A diferencia de Sandoval (1996) quien reali za
un m apa conceptual con los difer entes métodos y estrategias dentro de los mi smos
que existen, Rodríguez et al., (1996), realizan un cuadro comparativo donde
especifi can los m étodos, fuentes, técnica s de recogida d e información y principales
referente s d e las m ism as. Desde n uestro pun to d e v ista y sin me nosp reciar el
excelente resumen realizado por Sandoval (1996), en este apartado vamos a
decantarnos por l a clasifi cación realizada por Rodríguez et al ., (1996 , p.18 ) puesto que
nos parece muy clari ficador a.
Tipos d e
cuestiones de
inves tigac iónn
Méto do
Fuentes
Técnicas /
instru men tos
de recogida
de
inform ació n
Otra s f uente s
de datos
Princ ipale s
referenc ias
Cuesti ones
de
signifi cado:
Expli citar la
esencia de la
experiencia
de los
actores
Fenomenolog
ía
Filosof ía
(fenomenologí
a)
Grabación de
conversacion
es E scribir
anécdotas de
experiencias
personales.
Literat ura
fenomenológi
ca.
Refl exion es
filosófica s;
poesía, ar te
Heshus ius,
1986;
Meli ch,
1994; van
Manen,
1984, 1990.
Cuesti ones
descripti vas -
interp retat iva
s: valores,
ideas ,
práctica s de
los g rup os
culturales
Etnogr afía
Antrop ologí a
Entrev ista no
estructur ada;
observación
partici pantes,
diagrama de
redes
sociales
Document os,
registros,
fotogra fía,
mapas ,
genealogía,
driagrama de
redes
sociales
Erick son,
1975;
Mehan,
1978, 1980;
Garcí a
Jimenes,
1991;
Feterman,
1989;
Grant y y
Fiine, 1992;
Hammersl e
y y
Arkin son,
1992;
Spradl ey,
1979;
Wer ner y
Chopeofte,
1978, 1987.
Cuesti ones
de proceso:
experiencia a
lo la rgo del
tiempo o el
cambio
puede tener
etapa u fases
Teoría
fundamentad
a
Sociol ogía
(interaccio nis
mo s imbó li co)
Entrev ista s
(registrada s
en cintas )
Obser vaci ón
partici pante;
memor ias ,
diarios.
Glase r,
1978, 1992;
Glass er y
Straus s,
1967;
Straus s,
1987;
Straus s y
Corbi n,
1990.
Cuesti ones
Etnomet odolo
Semióti ca
Diál ogo
Obser vaci ón:
Atki nson,
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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centradas en
la
intera cció n y
el diál ogo.
gía: análisis
del disc urso
(registro e n
audio y v ideo)
notas de
campo
1992;
Benson y
Hughes,
1983
Cicou rel et
al., 1974;
Coulo n,
1995;
Denzi n,
1970, 1989;
Heri tage,
1984;
Rogers ,
1983.
Cuesti ones
de mejora y
cambio
social
Inves tigació n -
acción
Teoría crít ica
Misc el ánea
Varios
Kemmis,
1988; Elliot,
1991.
Cuesti ones
subjetivas
Biogra fía
Antrop ologí a
Entrev ista
Document os,
registros,
diarios
Goodson,
1985, 1992;
Zabalza,
1991.
Tabla 20 . M étodos cualit ativ os (Rodrí guez et al. , 1996, p . 18 ).
Como pod emos observar en el cua dro, el pr imer o de los métodos que apar ece es
la fenomenología a principi os del si glo XX l a cual dest aca el énfasis en lo i ndividual y
en las experienci as. C ontinuado con el cuadro, el método etnográfi co que es el que
ocupa nuestro trabaj o y el que detal laremos con mayor profundidad a continuación, se
centra en la forma de vida como unidad social. La teoría fundamentada con profundas
imp licac ione s de l in tera ccio nism o s imb ólic o, se ce ntra e n de term ina r el sign ifica do de
los ges tos y pa labra s que s on atrib uido s por los gr upo s soc iales y la form a de
intera ctu ar e ntre los m i sm os. E l cuarto método, la etnome todología, situada a finales
del si glo XX (años 60 - 70), est udia los fenómenos social es asociado a nuestra
activi dad humana en situaci ones cotidi anas. Fi nalizando ya con el cuadro, nos
encontramos con os dos últimos métodos: inves tigac ión - acción y la biografí a. La
inve stiga ció n - acción destaca por el carácter activo que los partici pantes de la
investi gación adquieren durante la investigación que parte de problemas surgidos de
la p rác tica edu ca tiva, refle xion an do sob re los mis m os y rompiendo la di cotomía
existent e entre la teoría y la prácti ca. Dentro de ésta podemos encontrar la
inve stiga ció n - acción del prof esor, la investigaci ón cooperat iva y l a investi gación
parti cipati va. Por otro lado, la biografía, refl eja el testimonio de una persona
recogiendo situaciones, experiencias y acontecimientos desde un punto de vista
subjeti vo, dando forma a una histori a de vi da o r elato aut obiográf ico.
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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En concre to, en este proyec to de in vesti gaci ón estu diar emos las re ali dades y
experienci as de los alumn os con disca pac idad desd e el méto do etnogr áfico , más
concretamente a través de l método biográfico - narr ativo. Por ello, a continuación
procederemos a realiz ar una r evisión li terari a en mayor profundi dad sobre los mismos.
3.1.2 El método etnográfico como construcción de conocimiento
El origen del método etnográfico puede hallarse en la necesidad y curios idad de
inve stiga r, desc ribir y exp licar los p atro nes c ultu rales d e las soc ieda des e lem en tale s
que no se integr ado en las civ ili zaciones entendi das desde un punt o de vista
occidental (Sandoval, 1996). Años más tarde, este proceso evolucionó a lo que
entendemos por etnografía de las sociedades complejas centrándos e en context os
específi cos como los ancianos, las aulas escolares, las instituc iones, etc. para l legar a
lo que actualmente entendemos por etnografía, donde se centra en estudiar objetos
más es pec íf i cos de l a cu lt ur a, i nt er pr et ando s us si gn if i cad os, val or es , re gl as, et c.
Parafraseando a Rodríguez et al., (1996) , la etnografía se encuentra marcada por
la diver sidad de concepci ones y uso de la misma m ás que por un consenso unánime
sobre la m isma. Por ejemplo, para Spradley (1979), lo q ue lo caracteriza es el
conocimiento cultural; para Gumperz (1981), la interacci ón social; para Walker se
centra en registras narrativas orales y para Glaser y Strauss (1967) o Denzin (1978),
en ocasiones sirven para ver ifi car y desarrol lar t eorías.
Nuest ra invest igac ión se basa prin cipa lment e en un estud io etnográ fi co de los
estudiant es con discapacidad de l a Universidad de Sevilla. El estudio etnográfi co
puede hallars e en la necesidad y curi osidad de invest igar l a vida de las pers onas y sus
actuaciones ante determinadas cir cunstancias . Supone el desarr ollo de un proc eso de
inve stiga ció n cuy a pre m isa fun da me nta l es la rela ció n ex isten te en tre el tra ba jo de
campo, entendiéndose este desde la elaboración del diseño etnográfi co, la puesta en
marc ha del mis mo, el desar r ol lo de la obser va ci ón par ti cipan te y la sal id a al camp o
(Aguirre , 1995; Ameigei ras, 2006; Tayl or & Bodgan, 201 0; Vall és, 1999) .
Tal y com o nos indica Sanm artí n (2000) y acuerdo con parte de los objeti vos de
nuestra invest igación, para poder cambiar los valores de la sociedad, la manera de ver
a las personas con discapacidad, la progresi va adquisici ón de empatía an te sus
necesidades, etc. es necesario conocer cuáles son los valores, pensamientos,
sentimientos, etc. que sienten este colectivo ante de terminadas situaciones; por ello,
se nos torna co mo imprescindible en atender pa rte de nu estra investigación a esa
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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parte que pret endemos m odificar de la sociedad a través de los est udios etnográficos
de los pri ncipales afectados: las personas con discapaci dad relaci onándolos dentr o del
contexto en el que acontecen.
Según P érez Serrano (1994 ), la etn ografía tien e diferen tes enfoques desde su
nacimiento siendo el más conocido la etnografí a como “estudio de un grupo o un
pueblo” (Pére z S erran o, 1 994, p. 14). Este modelo de etnografía, conocida com o
etnograf ía tradi cional y conocida en Estados Unidos en el perí odo comprendido en tre
los años 20 y los años 60 se basa en la introducci ón del etnógrafo en el pueblo o
comunidad durante largos períodos de tiempo, donde éste se introduce y se
adaptándose a la vida del pueblo o comunidad aprendiendo sus valores, costumbres,
tradic ione s … y haciéndolas suyas, mient ras recoge t odos los dat os necesarios para su
inve stiga ció n q ue añ os m ás tard e las con ve rtirá en co noc im iento s teór icos e
investi gador.
A partir de los años 70, com ienza una nueva etapa para la etnografía donde
empiezan a tener mayor relevancia las concepciones fil osóficas y las corri entes que
van emergiendo de la nueva sociedad, destacando la sociol ogía del conocimiento, las
orient aciones neom arxist as de la escuela de Frankfurt , el análisis del discurso de las
U niversi dades, et c. ( Pérez Serr ano, 1994 ).
Desde este trabaj o, no pretendemos ofr ecer una respuesta unáni me que solucione
la pregunta “¿qué es la etnografía?” . No pretendemos defender ni adoptar una
posición determinada ya que, tal y com o indi can Atkinson y Hammersley (1994),
recono cem os diferentes p osicion am ientos teóricos y episte mo lógicos que
corresponden a diferentes formas y versiones de trabajos etnográficos. Por lo que,
desde este trabajo pretendemos ofrecer y presentar brevemente algunas
característi cas sobre el método etnográfico, su tipologí a y clasifi caciones así como la
form a y seccione s que a nuestr o parec er debe n de seguir las investig acio nes
etnográf icas. C on esto no pretendemos ofr ecer pautas ni pasos que deban ser
seguidos ni reproducidos de form a fiel, entendem os que para cada investigador,
dependiendo de su m eta y objetivo considerará oportuno proceder de la forma que
aquí mostr amos u otr a que él consider e más corr ecta.
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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3.1.2.1 Definiendo el método etnográfico
Según el Diccion ario de la Real Academia Española (2014) la etn ogr afía es e l
“estudio descriptivo de las costum bres y tra dicione s de los pueblos”. De origen griego
Ethnos (pueblo) y Graphen (describ ir) podemos decir que actual mente existe un
debate sobre las principales caracterí stic as del método etnográfico, fundamentalmente
derivado, tal y com o indic a Axpe (2003) , de concebir a la etnografí a como un m étodo
de invest igación.
Por otro lado, Giacomell i , Gu ede s, Solares , y Leite (2009), desde su uso en el
ámbito sanitario un estudio etnográfico se caracteriza por la comprensión del mundo
de una persona por parte del etnógrafo, sabiendo que ambos poseen un sistema
cultural, hist órico y social dif erente co nstruido desde sus peculiaridades (Geertz,
1997).
Según Wilcox (1993) , la etnograf ía es una disci pli na dentro de l área de la
Antro pologí a que no signif ica observaci ón partic ipant e, trabaj o de campo o
investi gación cualitat iva. La concibe como una m etodología que abarca más que una
serie de técnica de recogida de datos que puedan describirse o usarse con facilidad. A
esta defini ción, deberíamos complementarla con la reali zada por Ham mersley y
Atkinson (1994), quienes indican que la etnografía puede ser considerada com o un
registro de co nocim iento cultura l, investig ación sobre patron es d e inte racción o c omo
un análisis holíst ico de las sociedades. Además, a esto le sumam os que a veces
tam bién es de scrip tiva, interpreta tiva y c om o d esa rrollo y verificació n d e te oría s (A xpe ,
2003).
Para autor es como Pujadas , Coma, y Roca (201 0), Rodrígu ez et al. , (1996) o
Serra (2004) , la etnograf ía es entendida desde una doble vertiente. Por un lado, la
conciben como un m étodo de investigac ión que centra su obj etivo en el estudio de las
unidades sociales con el fin de describir, reconstruir e interpr etas desde un punto de
vista analítico la cu ltura , form as de v ida y es truc tura soc ial de l gru po e stu diad o y , por
otro lado, es entendida como el producto que surge a través del proceso de
inve stiga ció n.
Desd e el punto de vista de P ujadas et al., (2010), la etnografí a se encuentra
vinculada a un triángu lo an tropo lóg ico en el que conflu yen tres va riable s: etno gra fía,
comparación y contextualización. P ara estos autores la nueva etnografía, a raíz de los
datos obteni dos, reali za un planteamiento teór ico comparati vo que estimula y fomenta
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nuevos prob l emas e inter pretaciones que deben obtener respuesta en investigaci ones
posteri ores. Por otra parte, para poder comprender los datos obtenidos e interpret ados
dentro de su contexto, la etnografí a requiere de un m eticulos o trabajo de
contextualizaci ón histó rica, política, econ óm ica y soc ial.
Por el lo, la etnograf ía como “fuent e pri maria del conoci mient o ant ropol ógic o sobr e
los sist em as sociocult urales” (Pujadas et al. , 201 0, p .19 ), ab arc a d ifere ntes cie ncia s
natural es y sociales que se relacionan con el ser humano como centro del estudio. S in
embargo, también incluye otros ámbitos como la antropologí a física, paleontologí a,
arqueologí a, la etnologí a y psicología social entr e otros. No obstante, tal y como
hemos podido observar, además del debate existente sobre la diversidad de
concepciones exist ente en torno al concepto, debemos de unirle la falt a de consenso
existent e sobre su marco epistemológic o ya que m uchos antropólogos se niegan a
admitir trabajos procedentes de otras disci plinas com o la psicologí a, pedagogía o
sociología ( Axpe, 2003).
De todas formas , consid eramos que no es el origen de nuestr o trabaj o el debate
existent e en torno a la conceptuali zación del método etnográf ico y su m arco
epistemológi co. Para ello, tendríamos que remontarnos a sus orígenes de la
Antro pologí a social , la Sociol ogí a o la Escuela de Chicago, entre otros. N o obstante ,
pese a no centrar nuestra exposición en estos datos, para poder conocer mejor su
evolución remitimos al lector al trabaj o de origen nacional de Gonzále z Monteagudo
(1996 ) o P ujada s e t a l., (20 10) quien es en su prim er cap ítulo realizan u n recorrido m uy
clarif icador sobre su evolución desde la cultura grecor romana, pasando por la
etnograf ía norteamericana del siglo XX , la antropología social británi ca hasta llegar a
la época contemporánea.
3.1.2.2 Características del método etnográfico
Tal y como hemos podido observar en el apartado anteri or, actual mente existe un
disenso sobre el tér mino etnografí a difíci l de solventar puesto que cada autor tiene su
propia concepción. Sin embargo, si ofrecemos al lector las características definitorias
que bajo nuestro punto de vista y el de otros autores, quizás podamos ofrecer una
visión más completa sobre su signifi cado.
Desde el punt o de vist a de Atkins on y Hammersley (1 994), la etnografía como una
form a de in ves tigac ión so cial se c arac teriza por los s iguie ntes c uatro rasg os
esenciales:
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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1. Se interes a por expl orar la natur alez a parti cul ar del fenómeno social de
estudio antes que comprobar hi pótesis sobre el mismo.
2. Mue st ra un a tendencia a trabaj ar con datos no estructurados que no han
sido codifi cados antes de su recogi da.
3. Inves tiga u n p equ eñ o n úm ero de casos, a vece s so lo u no, p ero siem pre se
reali za en prof undidad y en detall e.
4. El análi sis de los datos implica la interp retac ión d e lo s s ign ificad os de las
actuaciones de las personas, presentándolo a través de descripciones y
explicaci ones verbales. En ocasiones el análisis estadísti ca no aparece o
adquiere un segundo pl ano.
Autor es como W ilco x (199 3) i ndica que ant e tod o, l a p rincipal cara cterística
defini tori a de la etnografía es su carácter descriptivo sobre el discurso social y las
relacione s hu ma nas. A es ta ca racterística Ge ertz (1 973) la de nom ina c omo
descripci ón densa.
Otr os autor es como Velasc o (2003) y Axpe (20 03) indi c an que la etnograf ía se
caracteri za por la permanencia prolongada que el investigador tiene dentro del grupo y
por el estudio profundo que realiza de las relaciones hum anas y sus signifi cados.
Además, a ello le suma la apert ura de mente que el etnógraf o ha de realizar ante todo
presuposici ón que puedan tener sobre la situación que estudia. En esta misma línea,
Goetz y LeCompte (1988) añade que l a mayoría de las etnografías se i dentifi can con
su holismo a lo que Sandoval (1996) añade que también es contextua lizada , reflex iva
y temp oral más unido con la vida cotidiana que con las historias pasadas propio de las
histor ias de vida.
Desd e el punto de vist a de Pujadas et al., (201 0), a dem ás de la c aracterís tica y a
mencionada sobre su prolongada estancia en el camp o, añade una caract eríst ica más
novedosa al respect o, su capacidad para realizar estudios multisit uados que permiten
estudiar dif erentes unidades de observación dentro de una misma uni dad de análisi s.
Para autores como Spindle r y Spindl er (1992), una buena etnografí a ha de tener
los s iguie nte s crit erios m ínim os :
1. Las obser vaciones c ontextual izadas;
2. Las hi pótesis se ori ginan en el momento en el que se desar roll a el estudio;
3. La obser vación es prolongada en el tiempo y reit erada;
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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4. La perspectiva y punto de v ista de los pr otag on istas se rec og e a trav és de
técn icas de inda gac ión etno gráfic as com o es la o bser vac ión y la entre vista,
entre otros;
5. Expl icar el con ocimie nto cult ural y soci al de l os pa rti cip antes;
6. Los inst rumentos, esquemas, códigos, categorí as, etc . , deben de generarse in
situ f ruto de la observación;
7. Ha de s er tr anscu lt ural y co mparat iv a;
8. Cla ri fi car lo implí ci to par a los lec tor es (re gla s, pal abra s, compo rta mient os, etc.
propios y personal de l os part icipant es);
9. El investi gador no debe incidi r en l as resp uesta s de los part ici pante s ni
conducir la entrevista bajo su perspectiva pe rsonal. Deb e ser lo m ás neutral
posible, y
10. Util iza r cualq uier otro mate ri al que permi ta rec oger más dato s (grab ador a,
cámara, etc).
Desd e nuestro punto de vist a, la principal característ ica de la etnografí a es su
carácter cultural. Para ello, el investigador ha de reflejar y describir los datos de forma
fiel lo s d ato s in terp retan do e l dis curs o socia l d e las p ers ona s. P ara e llo, tal y co mo
indic an Vela sco y D íaz d e la R ad a (199 7), el in ve stiga do r tiene que tene r la ca pa cida d
de ser intersubj etivo y no int erferi r en los datos con su propi a perspect iva ni punto de
vista.
Además, a estas caracte ríst ica s debemos de añadi r la s ya mencionadas
anteri ormente por diferentes autores como es su carácter natural ist a, fenomenológi co,
holíst ico e inducti vo. Este último mencionado aquí por primera vez y al que hacemos
alusión ya que el investigador no tiene ninguna categoría establec ida antes del acceso
al campo sino que las construye e identi fica en el mismo.
A todo esto, le sumamos el caráct er simult áneo que tiene el proceso etnográf ico
ya qu e tanto la recogida como el análisi s se realiza de forma paralela, de ello el
carácter inductivo. No obstante, obt iene u na cara cte rística c om ún con e l m éto do
cuantitati vo, ya que ambos buscan la tri angulación en su s datos a través de difer entes
técn icas, aun qu e la g ran dife ren cias rad ica en esta y en el ca rácte r d ialóg ico de las
técn icas e tno gráfic a.
A modo de conclus ión, p od em os d ecir qu e la etn og rafía t iene com o fin pr incip al
describi r, comprender e interpret ar la realidad social a través las relaci ones humanas y
su contexto atribuyéndole significados e interpretaciones a sus norm as, valores,
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Para Sandín ( 2003 ), al igu al que para las auto ras anteriore s, cuatro son las fase s
que han de encontrarse en las investigaci ones etnográfi cas: 1. D emarcación del
campo; 2. Preparación y documentación; 3. Investigaci ón, y 4. Conclusión.
FASES
ACCIONES
Demarca ción del campo
Ø Elecci ón de la comunida d, de limit ada y obser vable.
Ø Redacc ión de un proyect o defini fo: obj eto, lugar, t iempo, et c.
Ø Redacción de un presupuesto y búsqueda de fi nanciación.
Ø Aprobación del proyecto.
Prepara ción y
documentación
Ø Document aci ón bi bli ográ fic a y de a rchi vo.
Ø Fuentes orales.
Ø Prepara ción fís ica y mental .
Ø Ment ali za ció n.
Inves tigació nn
Ø Llegada.
Ø Inform ante s.
Ø Regis tro de datos .
Ø Obser vaci ón pa rti cip ante .
Concl usión
Ø Elabor ación de l a rup tura.
Ø Abandono del campo.
Tabla 21 . Fas es d e la in ves tigac ión e tnog ráfica (Sa nd ín, 2003 , p. 27 - 28).
Para Axpe (2003) , sigui endo la propues ta establ eci da por García Jiménez (1 994),
desmenuza un poco m ás las fases de investigaci ón etnográfica en comparación con
los a uto res a nte riore s y esta blec e o cho pa sos ese ncia les :
1. Ele cción o det erminac ión del propósit o o m etas del estudio y las preguntas
que se van a responder .
2. Ele cción de l diseño so bre el qu e s e co nst ruye el p lan de a cció n.
3. Acces o al campo.
4. Def ini r los roles que el inv est igad or y el etnógr afo van a tener dur ante el
proceso.
5. Sel ecció n de los inf ormant es.
6. Est ablece r el o los procedi mient os tanto para la recogi da como para el
análisi s de l a inf ormación.
7. Ext raer los datos y devolvé rsel os a los informant es para asegura rnos que
se ven reflej ados en ellos y fideli zan con su cult ura.
8. Escr ibi r l a et nogr afía o i nfo rme f inal .
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3.1.3 La investigación biográfico-narrativa como forma de
investigación etnográfica
Duran te las tres últ imas década s, el método biogr áfi co - nar rati vo ha ido
adquiri endo importancia y relevancia en el ámbito de las Ciencias Sociales, sobre
todo , en e l cam p o d e la A ntrop olo gía y Soc iolog ía ( Booth & B ooth, 1993, 1994 ,1998a;
1998b; Bray, 1999; Feldman, 1998; Genders , 1998; Gibbons, 1995; McConnell &
Llewelly n, 1998; 2000; Pujadas, 2002 ). A continuac ión, realizarem os una breve
reseña sobre la im portan cia y la evolu ción del m étodo b iográfico - narrativo en la ámbito
Antro pología Social y en la Sociología. Post eriormente, pr ocederemos a definir
apoyándonos en diversos autor es el m étodo bi ográfi co - narrat ivo, materiales así como
las vent ajas e inconvenient es que radi ca de es te modelo en su uso en la i nvestigaci ón.
3.1.3.1 Una visión del método biográfico-narrativo desde la
Antropología Social y la Sociología
El uso del método bi ográf ico - nar rati vo en la Antropología Social es más anti cuado
que ésta en sí m isma (entendida como discipli na científ ica) (Pujad as, 2002; Sandín,
2003; Taylor & Bodgan , 2010) . El origen de la misma, podemos hal lar lo en el ensay o
publicado por Rufus Anderson com o primer trabajo conocido del género (Pujadas,
1992, 2002; V allés, 1999; Sandín, 2003). Dicho trabaj o gira en torno a las memorias
de una mujer cherokee, cristi anizada y aculturada.
A princ ipi os del siglo XX, algunos antropó logos empiezan a percatar se del método
biográf ico - narrat ivo, conocido por recopi lar evi dencias etnográfi cas que f acili tan l a
documentación de historias cultur ales antes de ser olvidadas o de desaparecer..
Podemos destacar la lab or de Smithsoni an Instit uti on y de Peabody Museum por
recopilar tod os los do cum entos , man uales, m ateriales biográfico s y etnog ráficos de la
época (Puj adas, 2002).
En torno a l os años 40, vieron la luz tres grandes cl ásicos de la literatura
biográf ica - narrat iva en Antropol ogía: Dyk (1938) Ford (1941) y Simmons (1942).
Según Pujadas (1992, 2002, 2010), Vallés (1999) y Sandín (2003) , la obra de Dyk
(1938 ) se consid era el me jor relato biog ráfico, con una na rración sin c era abarcando
aspectos íntimos del joven cuyo relato narra. Sin em bargo, la falta de explicación
sobre las condiciones de la investigación, relaci ones con el informante, etc., la hacen
vacía a l a misma y con un trabajo, casi, incompleto.
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En las biograf ías elaboradas por Ford (1941) y Simmons (1942), no se recurre a
ningún intérpret e ya que ambos son conocedores de la lengua y, por lo tanto,
tradu ctore s de los registro s recop ilado s. Parte n de una orien tació n teórica e xp lícita así
como de una evaluación clara sobre los objeti vos perseguidos y ejes temáticos. Para
finaliza r co n d icha s bio gra fías, e n a mb as sitúa n c laram en te e l co ntex to so cio - cultural
estudiado (Pujadas, 1992, 2002; Val lés, 1999; Sandín, 2003; Taylor & Bodgan, 2010).
Sin embarg o, podemos af irmar que son pocos los relatos biográfi cos que han visto
la lu z de sd e la An trop olog ía S oc ial, b ien es cierto , tal y co mo ind ica Pu jada s (2 00 2),
los r egis tros , no tas de ca mp o y libr etas de los an trop ólo gos su elen e star llena s d e
relatos biográfico s, s in e mba rgo , ninguna ha llegado a elaborarse como hist oria de
vida en sí misma ni a adq uirir tanta relevancia como las obras de Thomas y Znaniecki
(1958 ) o la de A llport (1965 ).
Para Pujadas (2002) la respu esta a este hecho debe buscarse en los objeti vos
propios de la Antropología, l os cual es se hayan enfocados más en conocer las bases
de la constit ución y el funcionamiento de los sistemas socio - cul turales que a realizar el
análisi s y c omprensión de histor ias i ndividual es.
Kluck hohn (1945), concluyó que las apor tac ion es realizas desde la Etnografí a y la
Antro pologí a Social al m étodo biogr áfic o - narrat ivo son demasiado superfi ciales,
donde, los grupos de edad y sexo se encuentran representados de forma desigual
(casi n o e xisten represen tacione s d e ho mb res y m ujeres m enor es de 50 años) y,
donde no existe bases para comparar las histori as de vidas con otras de la m isma
cultura present ando análisis e interpretaci ón de los datos de forma lit eral y escasa.
A mitad de los años 40, aparece n dos obras decisiv as que traz an el futu ro del
mét odo bio gr áfi c o en el campo ya marca do por la Esc uel a de la Cult ur a y
Persona lid ad: The People of Alor (Dubois, 1944), y The Psyc hologi cal Frinti e rs of
Societ y ( Kardi ner, 194 5).
No obstan te, podemos deci r que los temas tr abaj ados durant e la décad a de los 40
y de los 60 fueron los estudios sobre los valores, el cambio social y la aculturaci ón,
destacando las figuras de Bidney (1953) y Caudill (1953). En concreto, la década de
los 60, se convierte en la década con mayor pr oducción de t rabajos biográ ficos -
narrati vos (Smit h, 1954; Pozas, 1952; Mi ntz, 1960; Spindl er, 1962).
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Menc ió n apart e debe mos de real i zar del tr abaj o elab or ado por Lewis , Los Hijos de
Sánchez (1961 ), obra mae stra de la Antro pología Social don de se plasm an los relatos
de vida cruzados. “Como testim onio de una situa ción social, ningú n o tro d ocum en to en
la A ntro polo gía S ocia l ha n t enid o n un ca el v alor dra m ático , la “pu esta e n e sce na” , de
esta obr a” (Puj adas, 2002, p.25) .
Igua l cab e m enc iona r el tra bajo elab ora do p or T hom a s y Zn an iecki (1 9 18 - 1920),
The polish Peasant in Europe and Am erica , co mo pun to de partid a cla ve d el mé tod o
biográf ico - narrat ivo en el ámbito de la Sociologí a (Pujadas, 2002). Debido a la
importanci a que le otorga la presentación y elaboración que realizan sobre los
documentos personales ( registr os escritos) sobre l a exi stencia o momentos concretos
de algunos indivi duos.
Para Ange ll (19 45, c it. en Pu jada s, 20 02 , p.26), los documentos personales
pueden dividi rse en tres grupos: 1. Estudios de una unidad social concreta. 2. E studios
intere sa dos e n una c ontr ibuc ión al cu erpo d e teo ría exis ten te y en el esta ble cim ient o
de generaliz aciones em píri cas. 3. Estudios orientados a la validación de los m étodos
de invest igación.
Los temas t ratados se centran en contextos marginales, cent rados e n da r la
palabra a los actores sociales, basándose más en las corrient es humanistas radical es
y destacando los estudios d e Parker o P lummer en Gran Bretaña (Pujadas, 2002).
También debemos de mencionar estudios centrados en la mujer, hom osexualidad o la
droga (Zor baugh, 1929; Anderson, 1923; Thr asher, 1927; Sut herland, 1937).
Al contrar io que en el ám bit o de la Antropol ogía Social , el método biográf ico -
narrati vo desaparece del ám bito sociológi co durante los años 40, volviendo a aparecer
veinte años m ás tarde con una concepción difer ente sobre los estudi os basados en los
documentos personales y en l as historias de vida (Pujadas, 1992, 2002; Vallés, 1999;
Sandín, 2003) .
3.1.3.2 ¿Qué es el método biográfico-narrativo?
Para Miller (2000) y Sanz (2005) , los méto dos bi ogr áf ic os - narrati vos son un área
de investigación en creciente auge, y, aunque no define de manera clara cuáles son
los parámetros que l os invest igadores e i nvestigadoras ut ili zan para defi nirl os, remarca
que los m étodos biogr áficos - nar rativ os pa rte de u n m ismo elem ento com ún (Mallimaci
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y Giménez, 2006): el interés de la vida com pleta de un indi viduo o de un fr agmento de
ésta.
Por su part e, Puj adas (2002) y Sanz (2005) hace alusión al carácter multifacéti co
del método bi ográfic o - narrati vo que puede ll evar al lector a tener una pos ible conf usión
conceptual sobre su delimitación. En los últimos qu ince añ os, las definiciones m ás
usuales para definir al m étodo biográf ico - nar rativo han sido biografí a y autobiograf ía
(términos usados ya en la ant igüedad clási ca).
La princi pal di ferenci a entre estos términos radica en que el primero narra l a vida
de una persona, elabor ada de manera externa al protagonista y, generalmente,
contada en tercera p ersona (combinación documentos, entrevistas tanto al
protagoni sta como a su contexto, etcétera.), y, la segunda, cuenta la propia vida de la
persona, contada por el mismo como protagoni sta.
Tal y como se ha podido leer en apartados anteri ores, el origen del método
biográf ico en el ám bito de la s ociologí a lo encontramos en 1920 con la obra de
Thomas y Znaniecki , The Polis h Peasa nt y, donde aparece por primera vez el uso de
Life History (historia de vida) y se usa para describir y narrar la vida de una persona
con d atos obtenidos y registros recogidos por el investigador a trav és de los cuales se
construye una narrati va que permiten vali dar y completar l a narración f inal.
Con el paso del tie mpo, pasa a util iz arse el término de l if e story (Relat os de vida)
para referir se, de m anera íntegra, a la narraci ón biográfica de un sujet o que puede
presentars e publicada sin retocar, respetando, incluso, “las propias peculiaridades
lingü ística s de la per son a” (P ujad as, 2002 , p.1 3), oto rga ndo al rela to, de una ma yo r
fuerz a.
Pujadas (2002) y Sanz (2005) asegura que hasta hace dos décadas , amb os
térm inos se m ezc laba n e n signific ado s y ex istía, en oca sion es, con fusio nes
term inoló gica s h asta q ue, el s oció logo n ortea m erica no De nzin (19 79), esta blec ió la
defini ción de ambos términos , si endo, post eriorment e apoyada, por Bert aux (1981).
El carác ter m ultifa cético d el mé tod o biog ráfico y la m ultip licidad d e enfo qu es q ue
éste puede tener (Rodrí guez et al. , 1996 ; Köh ler, 20 08 ), nos sue le lleva r a co nfu sión
conceptual entre los conceptos relato de vida e hist oria de vida, haciendo referencia el
prime ro a la historia de un a p erson a co ntada po r ella mism a y la segund a, a la historia
de una persona contada desde ell a misma y con cualquier otro tipo de inf ormantes y/o
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documentación , com o p ued e se r el cas o de los bio gra ma s (A bel, 194 7; Pujad as, 199 2;
2002) .
Creswe ll (1998) disti ngue entre la perspect iv a clási ca de los métod os biogr áfi cos
donde el investigador acude a supuestos teóricos para comprender y entender el
relato de vi da desde el punto de vista del autor y, desde la perspectiva de l a biografí a
int erpretati va, donde el investi gador refl exiona no sólo sobre el contexto hist órico y la
posición del sujeto en la sociedad, si no también desde la visión del escrit or del relato
que ayuda a construi rlo (Vasilac his, 2006).
El rela to de vida se caract eri za, fu ndamentalmente, por dos aspectos claves: el
énfasis en lo diacr ónico y la perspecti va holí s tica (Mille r, 200 0; M allim acc i & Giménez,
2006). Énfasis en l o diacrónico ya que las histori as de vida están organizadas en base
a una línea de vida, existiendo una continuidad entre los sucesos narrados y una
globali dad, donde los hechos social es se encuentran relacionados con las
institu cion es con la s qu e intera ccio na o la s re lacio ne s pe rso na les q ue es table ce , ya
que la vida de las personas no se construyen de m anera aisl ada, por ello, la
perspecti va holíst ica lo que pretende es captar las relaciones en las que el informante
se encuentra inmerso en las d iferentes etapas de su vida (Mallimaci & Gimén ez,
2006).
De manea que, lif e stor y narra la hi stor ia con la m isma s ecuencia y forma en la
que la persona la ha vivido y, life history hace alusión al estudio de caso de una
persona concreta, no sólo incluyendo su historia, sino también cualquier otra
inform a ción o doc um en tac ión qu e fac ilite la c ons truc ción del re lato b iog ráfico de es a
persona de la manera más com pleta posible ( Pujadas, 1992; 2002; R odrí guez et al.,
1996; Sanz, 2005 ). En es paño l, dich os término s no h an sido fijados, pero, siguiend o
las o rien tacio ne s y def inicio nes qu e e stab lec e P ujad as (2002) , de finim os dic hos
térm inos de la sigu iente form a:
Autobi ograf ía - Life Story - Re lato d e V ida
Biog rafía - Life Hi story - Histo ria de vid a
Junto a los términos mencionados anteriormente, A bel (1947), crea un tercer
concepto, biograma, usado para referir nos a los registros biográf icos de carácter más
conciso y que “suponen la recopilaci ón de una amplia muestra de biografías
personales, a ef ectos c omparativos” (Pujadas, 2002, p.14).
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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GLOSARIO BÁSICO
Estudio
Biogr áfic o
Historia de vida de una persona, ya sea viva o m uerta, escrita por
un investigador o investigador, donde para real izarl a se usa todos los
tipos de documentos que se pueda.
Autobi ogra fía
Hist ori a de vid a de una perso na co ntada por el la misma.
Hist oria de vida
Hist ori a de vida de una persona relatada por un investigador o
inves tigad ora, do nde los docum en tos utiliza dos son la entre vista y
conversaciones, fundam entalmente, y con una visión más analítica ya
que se relaciona l a histori a de la persona con el contex to social,
cultural, polít ico, religio so y simb ólico en el que s e oc asion a.
Relat o de Vida
El relat o de vid a es muy simila r a la histori a de vid a, sin embargo,
la interve nció n del inves tigad or es mín ima y tiend e a relacio nars e con
el peri odismo.
Hist oria Oral
Inves tigació n b asad a en la reflexión individual sobre situaciones
específi cas de la historia de una sociedad, analizando y evaluando,
sus causas, efectos y consecuencias sobre la vida de otras personas.
Tabla 22 . Glos ario básico (adaptado de Malli maci & Giménez, 2006, p.178)
3.1.3.3 Los usos del método biográfico-narrativo
Para las cienci as soci ales, en algunas ocasione s, su obj eti vo princ ipal ha de ser
crear generalizaci ones e imponer razón, orden y p autas a la realidad de las personas,
experienci as y quehacer diario que, en la mayoría de las ocasiones, resulta
imp red ecib le y, en ocasiones, caótico. Tal y com o af irma P ujadas (2002), l as ci encias
sociales han evolucionado hacia un objetivis mo que les lleva a elaborar proposi ciones
generales sobre el individuo y la sociedad en la que viven, en ocasiones, alejada de la
experien ci a concreta y subj etivo del i ndividuo en sí .
Hols tei n y Gubri um (2012) , especif ic an dos modos de ente nder los m étod os
biográf icos - narrat ivos: por un lado, comprenden que la investi gación biográf ica -
narrati va se centra en conocer las relaciones entre la v ida de las pers ona s y las
situaci ones o contextos donde se generan para que, de este modo, tener una visión
globali zada de la misma. Por otro lado, indican que la investigaci ón biográfica puede
analizar cómo las personas de un mismo contexto actúan ante un mis mo suces o
pudiendo, de esta forma, generar teorías y sistemas de codif icaci ón válidos y, en
algunos casos, llegando a hacer uso de la metodología cuantitat iva con un análisis
estadíst ico.
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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Según Coninck y Godard (1998) exist en tres modelos de estudi os b iográ ficos :
model o arqu eol ógi co , model o c ent ra do en l a t ra yec to ri a o pr oce sual y mode lo
estruct ural. El primero de los modelos propuestos, el modelo arqueológico, se basa en
un aconteci miento concreto a raíz del cual se suceden otros sucesivos. El modelo
c entrado en la trayectoria o procesual, estudia el proceso y la trayect oria en sí así
como los sucesos q ue intervienen a lo largo del mismo. Y por último, el modelo
estruct ural, se centra en estudiar y explicar los aconteci mientos relacionándol os con
las c a usas y el tiempo es pecífi co en el que han tenido lugar.
En nuestro trabajo, abogaremos por el segundo de los modelos ya que
estudiar emos una trayectori a concreta, un proceso concreto, centrado en la
Univ ersi dad y en las barr era s y en las ayudas loca li zadas en el paso del infor mante
por el mismo. D ebemos de especificar también, que éste modelo es el m ás utilizado
de los tres ya que nos permite establecer las relaciones casuales y las conexiones
existent es entre los diversos acontecimientos que pueden suceder en la vida de las
personas ( Coninc k & Godard 1998 ), siguiendo un orden de temporali dad en la
aparici ón de los acontecimient os con un enfoque de tipo balístico que separan
claramente el pasado del fut uro pero que, est ablece una relación entre ambos.
Para Coninc k y Goda rd (1998) indic an que dentro de lo s tres model os exist ent es,
concretamente en el modelo centrado en las trayectorias o procesual, existen cuatro
submodelos importantes que se han de tener en cuenta según se atienda a la
trans ición de u n es tad o a otro:
Ø Submodelo 1 : consid era que el tiem po e s con sec ue ncia b ien c om o du ració n o
bien como cronología y que se sucede el cambio a través de la temporali dad
de los hechos.
Ø Submodelo 2 : e l m ode lo bifurc ativo es tudia e l m om en to d e los h ech os y los
moment os decisi vos que obligan a una persona a tomar unas decisiones
concretas.
Ø Submodelo 3 : el mode lo e né rgico es table cen q ue existen unos destinos
probables y que para modificarl os la persona ha de gastar energía y fuerzas
para el lo.
Ø Submodelo 4 : s e cen tra en el moment o y en l a pro bab il i dad de l os su ces os que
provocan el cambio.
Pero tal y como indica n estos autores en los 4 submodelos que ellos establecen
para reconocer una biografía según se ati enda al tiempo, nosotros nos encontraremos
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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reflejados co n e l se gund o submodelo, el llamado bifurcat ivo y en el tercer submodelo,
el energético, ya que entendemos que no podemos ceñirnos a un único m odelo y
empobrecer de esta manera nuestra investi gación.
Respec to al pri mero modelo, podemos deci r que en nues tro caso los h echos
concretos que los informantes viven en su trayectoria universitari a marcan claram ente
su camino y, que para evitar p osibles procesos de exclusión, éstos h an de luchar de
maner a en érg ic a par a evi t arl os .
Entre los fines y uso frecuent es de los estudi o de casos, podem os encontrarla
como complemento y estrat egia ref lexiva en las investigaciones que empleen los
mét odos cua nti t at iv os y p ers pec ti va eti c y , ot ro de lo s us o, cuan do s e nec esi t a, en la
etapa final de una investigaci ón, ilust rar, reforzar y clari ficar la teo ría me dian te un
mat eri al te st imo ni al ( Puj ada s, 2 002 ).
Entre los punto s fuert es que es posi ble atr ibu ir al método biogr áfi co, segú n Vallés
(1999 ), podem os destac ar los sigu ientes:
• El carácter retr ospect ivo , longitu dinal de la infor mación
recopil ada permite que el investigador realice un estudi o sobre la
cronología y los contextos y grupos de surgimiento, así com o el desarrollo
y puntos de vi sta de los i ndividuos.
• El hecho de que las ent revi stas en profun didad es la técn ica por
excelencia en el método biográfi co y que, ésta, se utili ce de manera
consecutiva, proporci ona una mayor calidad y veraci dad a los datos.
• Permit e la util iza ción de vari as metodologí as y técnic as en una
mis ma in ves ti gac i ón (t r ian gul ac ió n meto dol óg ic a) .
• El método biográfi co pe rm ite com pe nsar el ob jetivism o de la
inve stiga ció n c on los fa cto res y e lem en tos intern os y e ncu bie rto de lo s
comportamientos y experiencias soci ales.
• Los campos y áreas m arcados y tratados en las entrevist as en
profundi dad, resul tan los campos de mayor product ividad o rent abili dad.
Por otro lado, desde el punto de vista de este autor tam bié n resulta clave desta car
los p unt os d ébile s o inco nv enientes del método biográf ico:
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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• Uno de los pri meros problemas con el que nos encontr amos es
respec to a la veracid ad y autenti cidad de los datos y el control de la
informaci ón obtenida.
• Vali dez, fi abil ida d y repre senta tiv idad del método de c asos.
• Falta de f ormación del invest igador.
• Problemas para poder encontrar a una persona dispuesta a
colaborar en la investigación, el tiem po qu e e sto conlle va y la finaliza ción
de la recogida de datos bien sea por el inf ormante o cualquier otra
circunstancia sobrevenida.
• Probl emas para consegui r calida d en la recogi da de datos,
análisi s e interpretaci ón; veracidad de los datos recogidos, or ganización de
la na rrac ión y co rrela ción en tre e l tes timo nio indiv idu al y c ole ctivo .
3.1.3.4 Ventajas e inconvenientes del método biográfico-narrativo
L a investi gación biográfico - nar rati va tiene la capacidad de representar la vida del
sujeto relaciónandola con su contexto social y las relaciones que de él se derivan
facilitan do al lect or un amplio abanico de infor maciones y correl aciones entre diversas
variables que l e permite em patizar con la hi stori a narrada . Es una herramienta que nos
permite ent rar en el mi smo de a identidad, signifi catividad y e n los proc eso s d e
interr elac ión, identific ació n y rec ons truc ción pers ona l y c ultural (Aceves, 2001; Bolí var
& Doming o , 2006; Pujadas, 1992, 2002; Sanz, 2005 ).
Sin embargo, el método biogr áfi co tambié n se ve limita do y vinculado a áreas de
estudio que en ocasiones pueden ser menos accesibles desde otros métodos, com o
las dro ga s, la ve jez, la in fanc ia, etc . ( Bolí var & Domingo , 20 06 ). Des de el punto de
vista de Foucau lt (199 9) aunque el métodos biográfico - nar rati vo es una herramienta
de poder y expresión, éstos pueden convert irse en “un instrumento de dominio
medi ant e el acc eso al con ocimient o de la vida” ( Bolí var & Domingo , 20 06 , p .3). Par a
estos autores, las biografí as se convierten en objetos del saber que deben exigir y
negociar que se detall en de forma minuciosa las formas de acceder al conocimiento
así como s u uso.
Sigui endo el hilo establec ido por los autores anteri ores, entre otras de sus
limita cion es , Pu jad as (2002 ) y Sanz ( 2005), relat an como el método biográf ico -
narrati vo puede ll egar a resul tar cost oso, dif icult oso o complicado si se quiere obtener
un buen relato biográfic o, adem ás, las relac ion es en tre e l inves tiga dor y el infor ma nte ,
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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obtenerse bien a trav és del archivo públi co o bi en de mane ra privada. E stos
documentos pueden seleccionarse desde dos posturas: a. ausencia absoluta de
selección muestra (basándonos en el material existente. Ejem plo de ello podemo s
encontrarl o en la obra creada por Allport en 1965, Letters from Jenny ) o bien , b.
seleccionar el material biográfico sobre una base docum ental con cri terios cua litat ivos,
cuantitati vos o mixtos.
La segunda categoría, se basa en emitir relatos biográficos - narrati vos sigui endo
las dire ctrice s de l in ves tiga dor p ero s in utiliza r la entre vis ta c om o la princip al técn ica
de recogida de datos o de producción del relatos. É sta, únicamente ha de cumplir la
func ión d e bu sca r el info rm ante ad ecu ado , neg oc iar y e ditar la biog rafía.
Respecto a la tercer a categoría creada por Pujadas (1992, 2002) para la c rea ción
de m aterial es biográfi cos, hace alusión a las entrevista biográfica (entrevi stas
indivi duales o grupales en profundidad), entendiéndose a ésta como la técnica de
campo que proporciona al investi gador un mayor control sob re la si tuación creada así
como la obtención y contr ol de datos.
Y, para final izar , la observaci ón partic ipant e en las invest igac iones biog ráfi cos -
narrati vas como la cuarta vía para la obtención de material biográfico. Para ello, afir ma
que puede combinarse la observación part ici pante con otras técni cas de obtención de
datos, tales como la conversación, la entrevi sta, fotogr afías, ví deos, et c.
Respec to a l a ti polo gía existe nte so bre mat eri ale s bio gráf ic os, podemos deci r que
son todos aqu ellos docum entos, bien sean escritos o visu ales, que nos ayudan a
poder elaborar el relato biográf ico y que dan fe de la realidad de esa historia. Para
MacDo nal d y T ip to n ( 19 93) l os d ocu ment os bi ogr áf i cos pu ede n cla si fi ca rs e de l a
siguient e manera:
DOCUMENTOS ESCRIT OS
DOCUMENTOS VISUAL ES
Document os ofic ial es proveni ent es de
Adminis traci ones Púb lica s (inf ormes y
estadíst icas en gener al)
Fotograf ías
Prensa escri ta (peri ódicos y r evist as)
Pintu ras
Document os pri vados (cart as, diarios ,
memor ias , et c.)
Escult uras
Arquit ectu ra
Tabla 24 . Document os Bio gráf ic os ( MacDona ld y Tipt on, 19 93).
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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Entre los posib les problemas que podemos encontr ar referent e al m ateri al
biográf ico, para MacDonald y Tipton (1993) destacan la aut entici dad, credibili dad,
represe ntativida d y sign ificatividad d e los do cum entos.
Por su parte, Platt ( 1981) r econoce dos t ipos de problemas a los m ateri ale s
biográf icos: los problemas específicos tales com o la autentici dad de los documentos,
problemas con el m uestreo o los problemas de credibil idad que puedan presentar los
documentos como información veraz y los problemas compartidos como la
interp reta ció n de l do cum en to o la p res enta ción de l m ism o.
Sin embargo, nos gustar ía final iz ar este aparta do mencionando la o bra de Le wis
(1971 ), Los H ijos de Sánchez , ya que, junto con diversos autores (Bolívar & D om ingo,
2006; Mall imaci & Giménez, 2006; Gonzál ez Monte agudo, 2009; Pujadas, 1992,
2002) , con side ram os que es la obra por excelencia sobre los estudios de casos donde
se combinan y m ezclas las categorías mencionadas an teriormen te: técn icas
biográf icos - narrat ivas (observación partici pante), técnicas biográfi cas (entrev istas
biográf icas) y otr as técni cas de obt ención de datos (otra fuentes documentales) .
3.1.4 Las historias de vida como estudio de casos
La invest igación narrativa tiene sus raíces en el método cualitativo (Co rtés, 20 13),
ubicada en el m arco del denom inado método biogr áfico (Rodríguez et al. , 19 96), cuyo
objeto principal es el análisis y transcr ipción que el investigador realiza a raíz de los
relatos de una persona sobre s u vida o mom entos concretos de la misma ( Cort és,
2013 ; De La Rosa, 200 8; Duarte, Lopes & Pereira, 2012; Köhler , 2008; Martín, 1995 ) y
tam bién so bre lo s re latos y d ocu me ntos e xtraíd os de terceras p erso nas , e s d ecir,
relatos y apo rtacion es re alizada s po r otras pers onas sobre el s ujeto d e la narrac ión
(Perelló, 2 009).
Duran te las tr es últ imas décad as, se ha generad o una importa nte recuper ació n y
uso del método biográfico - narrati vo desde el ámbito de la Sociología, Antropología y
Psico logí a Soci al, ya q ue a t ravés del él podemos ob tener dato s e i nfor macione s que a
travé s de la metodología cuantitati va no podríamos recoger y, adem ás, nos permite
expresar, a t ravés de un relato de vida, la problemáti ca y/o sectores de una sociedad
(Mallim aci y Giméne z, 2006). Adem ás, la consolidació n de la H istoria Oral, ha
ayudado a consol idar e l m éto do bio grá fico de ntro de la s c ienc ias so ciale s a l
revaloriza r al ser hu ma no con creto co mo sujeto d e estud io (Pujad as, 20 02).
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3.1.4.1 ¿Qué son las historias de vida?
Podemos hal lar al ori gen del método biográf ico en la obra de Thomas y Znanie cki
(1920), The Polis Peasant , dond e apa rece por prim era vez el uso del términ o histo rias
de vida (Perell ó, 2009) .
Las histori as de vida se centra en las experiencias y trayectori a de un sujeto
indiv idua l, y, s e ca ract eriza po r el an álisis de la na rrac ión q ue e l su je to realiz a so b re
sus expe riencias ( Köhle r, 2008 ; Ma llima ci & G im éne z, 2006 ) a través de en trevistas o
documentos de divers a índole (f otograf ías, diarios, cart as, et c). Bert aux (1997),
considera que el relato de vida comienza desde el mom ento en que el entr evis tado
cuenta a otra persona una exper iencia concret a de su vida, siendo la palabra la
princi pal herramienta que desc ribe y construye el conocimiento (Cortés, 2013), y,
construyendo a través de ésta, su propi a ident idad ( Köhler, 2008).
En pa labr as de Kor nbli nt (2004) y de Leíte (2011 a ) las historias de vida se ba san
en experienci as concret as de la per sona en cuest ión, a t ravés de l as cuales se
pretenden recuper ar el senti do de la misma vinculándol a a experiencias vividas
(dentro de la sub jetividad de la m ism a) y qu e nos p erm ite n pon er de m a nifies to y
revelar las técn icas d e inve stigación cualitativa , por lo que, com o inve stigado res e
investi gadoras, deberemos tener una posición de “escucha activa y metodológica”
(Bourd ieu et al. , 1999).
Ferrar otti (1983) c onsidera que l a histori a de vida no es un método o una técni ca
en sí, sino una perspec tiva de análisi s única donde se pueden observar el result ado de
relacione s e stable cidas día a día e ntre diferentes individuos, grupos y las necesid ades
de estos. D esde la pe rspe ctiv a de es te au tor, las h istor ias d e v ida n os des cub re la s
voces que siempre han estado pero los di scursos dominantes de nuestra soci edad nos
han imposibilit ado ver (Ferrarot ti, 1983; De la Rosa, 2008; Cortés, 2011). Señala la
imp orta ncia que tie ne el indivi duo como punto de observación de la sociedad en
general (Ferrarotti, 1983 : Mallim aci & Giménez, 2 006) .
Su princi pal final idad la podemos locali zar en el relat o que se ext raen de la s
mis mas co nt ext ual i zad as en un luga r y ti empo dete rmi na do, que permit en revivir,
analizar e incluso situarse ante tales circunstanci as y razonar su comportamiento en
ese determinado momento (Miller , 2000; Köhler, 2008 ; Pujadas, 2002 ). E n las h istorias
de vida se narran trayectori as vitales o experiencias concretas de un sujeto, son
relatos a utobiog ráficos q ue ob tiene el inv estigad or por m edio de en trevistas s uces ivas,
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con el fin de poder mostrar el testimonio subjetivo de una persona la c ual a por ta ta nto
comentarios y valoraciones sobre su propia experiencia, pudiendo centrarse en un
período de la vida del individuo o en un aspecto de ésta (Bertaux, 1997) y, dándole un
papel esencial a la famili a dentro de la narración, para lo que al gunos autores han
considerado crear un apartado o subcampo dentro de la historia de vida para tal fin
(Bertau x, 199 7 ; Köhler, 20 08 ; Mallim ac i & Giménez , 2006; Mi l l er, 2000 ).
Cuando hablamos de la vida de una pers ona, mostramos sus valor es, normas,
costumbr es, acciones, familias, grupos sociales, instituci ones a las que se encuentra
ligad o, es d ecir , pr ese nta mo s t odo s lo s aspe cto s q ue con tex tualiz an la e xp erien cia y
vida del su jeto (Ma llim ac i & Giménez, 2 006 ; Mil l er , 200 0 ).
Por s u par te, Ruiz Olabu énaga e Is pi zua (1989), indi can que l a histor ia de vida son
relatos que narran el desarrollo de la vida de una persona, pudiendo ser ésta durante
un período concreto y en un contexto determinado (tal y com o es nuestro caso), la
cual es narr ada desde el punto de vist a subjeti vo y según su código lingüí stico. Estos
autores, indican cuatro objetivos esenciales que dan razón al uso de las historia de
vida:
1. Capt ar la total id ad , e s de cir, reco ge r toda la exp erie ncia biogr áfica d el
sujeto desde su infancia hasta el presente o del m omento concreto que la
inve stiga ció n qu iera est udia r.
2. Capt ar la ambigüe dad y el cambio , es de cir, prete nde n rec oge r toda s
las dudas, cambio de opiniones, ambigüedades … que el suj eto pueda t ener.
3. Capt ar la vis ión subjet iva . C on este ob jetivo pretende reflej ar el
autoconcepto que el sujet o tiene sobre sí m ismo y sobre los demás, cómo
atri buye sus éxi tos y frac asos, et c.
4. Encont rar las claves de l a interp reta ción , e s dec ir, explic ar la histo ria de
los s ujeto s d esd e ello s m ism o s ev itan do c ualq uie r tipo d e subjeti vidad.
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Figura 13 . Obje tivos d e la histor ia de vida (Fu ente : elab ora ción prop ia).
Desde nuestr o punt o de vista y basá ndonos en est os autores , los obj eti vos de las
histor ias de vida se encuentra ínt imamente ligados entre sí formando un proceso
cícli co en el que no se pueden tomar por separados ya que carecerían de senti do y
empobrecerían el relato. Por lo que entendemos que una histori a de vida se centra en
el relato de vida de una persona o en una experiencia concreta ubicándolo en un
espacio geográfico determinado y en un m omento concreto. Además, estos hechos
son narrados e interpretados por un investigador que ha de c aptar la totali dad y
subjetivi dad del p rotagonista, siendo igualmente importante plasmar las voces otros
inform a ntes as í com o l os documentos y regis tros vital es (Köhler , 2008) .
3.1.4.2 Factores a tener en cuenta
Uno de los princ ipal es probl emas que el inves ti gador soci al se encu entr a es no
conseguir hallar o reunir l as circunstancias que nos permitan realizar una buena
histor ia: buen informante, buena historia que contar y que esté inmerso dentro del
contexto soci al con el que estamos trabajando. Pujadas (2002) , adem ás, requi ere que
para que un relato sea interesante y completo, depende de manera ínt egra del sujeto:
que sea sincero, brillante, creativo, claro en las explicaciones y que, éstas a su vez,
sean am enas, autocrí tico y constante en el trabajo llegando hasta el final , “la voz del
informante tiene un papel fundamental no sólo como informante, sino como punto de
contraste de l os diferentes momen tos y formas de deci r” (Goodson, 2004, p. 23).
Objetivos
de las
Historias de
V ida
Captar la
totalidad
Captar la
ambigüedad
y el cambio
Captar la
visión
subjetiva
Encontrar las
claves de la
interpretación
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En la hi stor ia de vi da, el investigador se convierte en inductor de la narración, en
trans cripto r y en “es critor” de la mism a, ya q ue é ste ha de ord ena r la in form ac ión
obtenida y, además, debe sugerir al inf ormante que cubra huecos inf ormativ os
olvidados por ést e (Puj adas, 2002).
En la fase de narrac ión y publi caci ón, el investi gador , previo consenti mient o del
protagoni sta de la historia de vida, podrá reali zar ret oques al rel ato: reducirlo, eliminar
reiteracion es, modificar el o rden, organiza r la info rmac ión, etc. A su vez , el
inve stiga do r tam bié n se rá el e nca rga do d e cre ar e n el te xto la s pu ntua cio nes , los
silencios, las exclamaciones, etc.. R especto a las peculiaridades fonéticas y
morf os in tá ct ic as del habl a del suj et o, el inv est i gado r pod rá optar por dos opci on es:
dejarl o de manera li teral sin querer retocar nada o modifi carlo a l o establ ecido según el
ámbito l iterar io y, correct amente, tex tual. Según Perelló (2009, p.192), “el investigador
es sól o el induc tor de la narración, su transc riptor y también el encargado de ‘r e tocar’
el texto para ordenar la información del relato obtenido en las difer entes sesiones de
entrevi stas”.
Sin embargo, exis ten o tros autore s, com o Atkinso n (19 8 8), quienes opinan que el
relato y narrac ión debe ser lo más cerc ano y sim ilar a las palabras y explicaciones del
entrevi stado y, por lo tanto, el investigador debe de minimizar su intervención en el
texto . No ob stan te, tal y co mo indic an Taylor y Bo dga n (2 010 ), ser ía en gañ oso ind icar
que un relato descriptivo como es el caso de las historias de vidas se escriba por sí
solo, ya que el investigador (en la mayoría de las ocasiones, es el que decide qué
inclu ir y qué ex cluir) , org an iza lo s d ato s, a ñad e f ragm e ntos qu e c on ecta n
observaciones.
Otr a de las cues ti ones a las que debemos pres tar aten ci ón seg ún Pujadas (2002),
es a la locali zación de los documentos personales que van a apoyar el testimonio
narrado: di arios, fot ografías, cart as, pelí culas, et c. Sin embargo , no debemos confundi r
histor ia de vida con autobiografía. Mientras que la primera se refi ere a narraciones
inici adas por persona aj ena a la protagoni sta, la segunda hace mención a la narrativa
realizada o inicia da a partir de la volu ntad d e la p erson a en sí y, co n la prin cipal
caracterí stica, de que ha sido el aborada y generada por la propia v oluntad del autor y
no de l a inducci ón de un agente ex terno.
Es impor tant e indi car, tal y como realiza n Santamar ina y Marinas (1995) y Leíte
(2011 a ), qu e la interpre tación y narrac ión no tien e lugar e n un m om ento co ncreto ni en
un apartado concreto de esta inve stiga ció n, s ino que és ta c om ien za prác ticam e nte
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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desde el inicio cuando com enzamos a plantear nos inter rogantes e inquiet udes por
inve stiga r y a na lizar.
El análi sis de los datos obteni dos supone un proces o de indagaci ón (Martí n, 1995)
basándose en técni cas de recogida de datos de índole cualitati va. Las principales son
las entr evis tas y los largo s diálo gos e ntre e l in ves tiga dor y el a uto r d el relato d on de
éste último expone lo más íntimo de él como sentimient os, pensamientos, valores, etc.
para que el in vest igador pued a contextuali zar el relato lo más veraz po sible a esa
persona y sin interfer ir la subjetividad a la hora de transcribi r la histori a por parte del
mis mo.
Entre las pri ncip ales pot enci ali dades y li mita cione s que podemos encont rar en las
histo rias de vidas, Pe relló (200 9, p.20 0) las sinte tiza en las s iguiente s:
POTENCIALIDADES
LIMITACIONES
Caráct er ret rospe cti vo, long itud inal y
subjetivo.
Proble mas con el control vinculado a la
autentici dad y ver acidad del discurso.
Facili ta y exige la triang ulació n
metodológica.
Problemas de vali dez interna y externa
asociada a cualquier técnica cual itat iva.
Compensa el obj etiv ismo de l os est udio s
cuantitativos con elementos reflexivos y
encubiertos del com portamiento y la
experiencia social.
Más cos to sa y laboriosa en ti empo.
Tensión entre memoria indivi dual y
colectiva.
Tabla 25 . Pote ncia lidad es y limita cion es d e las histo rias d e vid as (P ere lló, 20 09)
No obstante, son diversas las dimensiones que tenemos que abarcar cuando
estamos inv estigando y elaborando las histori as de vida (Cortés, 2011). Un ejempl o lo
podemos loc alizar en la dif erencia de códi gos com unicati vos existentes entre agentes
(Cortés , 2011 ; De La Ro sa, 2 010 b ). Por e llo, com o inv estigad ores e inve stigado ras,
debemos de adentr arnos e id entific arn os c on las e xpe rien cias , vid a y m o do d e p ens ar
del pr otagonist a pri ncipal.
Plant eamos como nec esari o en nues tra investi gaci ón la realiza ción de un estudi o
biográf ico - narrat ivo durante todo el proceso de recogida de la información donde se
utili cen diferentes voces (polifonía de voces) que den realidad y sustento a la historia
de vida que se está construyendo; por lo que, deberemos sit uarnos “dentro del marco
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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donde el protagonista se mueve, y por tanto el enfoque y el trabajo cooperativo e
interp retativo es m uch o m ás pro fundo . Nos ayuda a co mpre nde r e iden tificar códig os
mic ro s cul t ura le s” ( Cor té s, 2 011, p. 2).
Tal y com o indic a Ocaña (2011), sigui endo a Butt, Towsend y Raymond (1992),
las h istoria s de vid a no s va n a p erm itir co no cer, inve stiga r y analizar diferent es
categorías de las experiencias de vida de las personas que han teni do una importante
peso en l a tr ayectori a del sujeto.
3.1.4.3 Elaboración de las historia de vida
El primer aspecto que debemos de tener en cuenta para poder elaborar una
histor ia de vida consiste en la inserci ón en el contexto de i nvestigaci ón. Pueden
basarse en la historia de una persona en concreto o recurrir a la historias de varias
personas para construi r el tema a partir de la pluralidad de las voces (M alli maci &
Gimén ez, 20 06) .
Por lo tant o, la reali zaci ón de la hist ori a de vida necesi ta de una esmerada y
cuidada planificación, siendo, según M allimaci y Giménez (2006), los pasos
fund am en tales a l inicio: el d iseñ o de la investig ació n, recog ida de los datos , el an álisis
y sistematizaci ón de la i nformación obtenida.
Figura 14 . Planific ación en las h istoria s de vi da (Malli maci & Gi ménez , 2006)
En el diseño de la invest igac ión, debemos de tener en cuenta si la pregunta de
inve stiga ció n se va a cen trar en u n únic o rela to (estu dio d e cas o únic o) o en var ios,
pudiendo present ar ambos un diseño multi vocal poli fónico ( Mal li mac i & Gimén ez,
2006 ; Pu jadas, 1992, 2002 ). El inves tigador que opte por el rel ato único se encontrará
cercano a la posici ón de Ferrarot ti (1991 ) y, el que opte po r la segunda opción, relatos
mul ti vo cal o pol if ón ic o ( Köhl er, 2008 ; Pu jada s, 200 2 ), d onde se cru zan los relatos de
difer entes pers onas, se encontrar á cer cano a l a posición de Bertaux (1997).
Respec to a la elecc ión del sujet o centr al de la invest iga ción podemos
encontrarnos con dos variables. La primera de el la con un sujeto que esté vivo por l o
Diseño de la
inv es t ig ac i ó n
Recogi da de dato s
Aná l is is y
siste mat iza ción d e
la inf o r m ac ió n
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que la recogi da de los datos se realizar á a través de entr evi stas sucesivas y
documentos personales, pero, también podemos cent rar nuestro trabajo en una
persona que esté fallecida. Entonces ¿como podemos elaborar la histori a de vida? La
respue sta se basaría en ca rtas, diarios , entrevista s a fam iliares, foto s, vídeo s, notas,
etc., es decir, a través de los “documentos de vida” (Plummer, 1983, p.13) de esta
personal (Malli maci & Gi ménez, 2 006) .
En el tercer momento para elabora r la histor ia de vida, nos encontr amos con el
análisi s y la sist ematización de la informació n obtenida. Según Mallimaci y G iménez
(2006 ), la pre parac ión y elaboración de los tem as , plasmar la temática en las
entrevi stas, su tr anscripci ón, organizac ión e interpr etación de la inf ormación, debe ser
un proceso di námico para que sea f ructí fero, por lo que, las et apas que present aremos
a conti nuación, puede exi sti r momentos en los que se s olapen o se real icen de
maner a simul t ánea (Mallimaci & Giméne z, 2006 ; Plummer, 1983 ), pe ro siem pre será
un proceso que se lleva de manera continua con la realizaci ón de la investigaci ón
(Taylor & Bodgan, 2010).
“Realiza r la historia de vid a de una person a supo ne sum erg irse en otra
existenci a, y esto exige tiempo y disposi ción por parte del investi gador, así
como una constante revisión de los tem as, y una ida y vuelta p e rmanente entre
el material obtenido y el diseño, para enriquecer el resultado del proyecto”
(Mallim aci & G imenez, 2006, p.186) .
Pese a todas las cr íti cas que dete rminado s sect ores ci entí fic os r eali zan al método
cualitati vo, podem os d ecir que los relatos bi ográficos siguen un diseño estrict o que
resuelv e los pro blem as de represe ntativida d, fiabilidad y validez (Pujada s, 200 2).
El proces o de const rucci ón de las hist oria s de vida es muy simil ar al de las
entrevi stas en profundidad. Para Perelló (2009) son tres los m o me nto s ese ncia les:
fase de p rep arac ión, fa se d e inte rac ción socia l y fas e de aná lisis.
Capít ul o 3 . Marco Meto doló gic o de l a I nves ti gaci ón
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Figura 15 . Fas es en la c ons trucc ión de las historias de vida ( adaptado de Pere ll ó,
2009)
En l a pr imera fase , l a Fas e de Preparación , consistirá en e l perío do d e pre gun tas
sobre los suj etos protagonistas en las historias de vida. Según Perelló (2009), e xisten
tres criterios po r lo s q ue sele ccion ar a un s ujeto : m argin alida d (sujeto s q ue se
encuentran en situaci ones de exclusi ón que tienen grandes dificult ades para
adaptarse y parti cipar en la sociedad), excelencia (sujetos que destacan de la
sociedad y, en ocasiones, pueden encontrarse en sit uaciones de segregaci ón o
exclusión por poseer cualidades destacadas) o normalidad (sujetos inclu idos en la
sociedad y que parti cipan de manera íntegra en la misma).
En la segunda fase, la Fase de Interacción Social , son los en cue ntros que e l
inve stiga do r y e l su jeto m a ntien en en tre s í. No ex iste ni un nú me ro n i un a d urac ión
exacta, pero sí que podem os afirmar que los encuentros entre am bos se pueden
considerar como entrevistas en profundidad sobre “los e jes temáticos a partir de los
cuales pretendemos reconstruir la hist oria de vida del informante” ( Perelló, 2009,
p.196).
La tercera fase, la de Análi si s , el inv estig ado r pa sa a co mp ren der, ana lizar e
interpr etar los datos obteni dos en la investigac ión para seguidamente pasar a la Fase
de Redacción , d ond e el inv estig ado r dará forma d e man era reda ctad a a la historia d e
vida narrada por el sujeto a t ravés de los diferen tes enc uentro s.
Por su part e, Puj adas (200 2) prese nta cuat ro etap as en el momento de la
elaboraci ón:: 1) Etapa inicial ; 2) R egistr o, tr anscripci ón y elaboraci ón de los rel atos de
Fase de
Preparación
Fase de
Interacción
Social
Fase de
Análisis
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del tr abajo (Tayl or & Bodgan, 2010), ya que este se convertir á en un proceso
secuencial y di námico a lo largo del proceso invest igador.
Ameiguei ras (2006) indi ca que pueden exist ir dos formas de contact o con los
parti cipante s:
1. Aquell a que se produce de manera casual, espontánea, en los
desplazamientos que reali cemos al cam po de trabaj o, los cuales van a
suponer una actit ud partici pativa y dinám ica entre el informante y el
inve stiga do r, ad em ás d e fa cilitar difer ente s pu nto s de vista, signif icados,
inform a cion es, etc.
2. Aquell a que se produce de manera int encionada, donde el
encuentro con el infor mante es buscado y selecc ionado de una for ma
concreta, pudiendo ser e ste encuentro de manera formal (entrevi sta) o
informal (acudiendo al lugar donde sabem os que nuestro informante se
encuentra).
Para ell o, Taylor y Bodgan (2010) , proponen el muestr eo teóri co o la
bola de nieve, como estrategias que pueden emplearse en la localización
de inf ormantes cl ave.
Para Eisenhar dt (1989) , en los e studios de caso la m uestra seleccionada n o es
representat iva de la población en sí, sino que es elegida a través de un muestreo
criteri al que de sustento y respond a a los planteamientos epistemológicos de la
inve stiga ció n, no obs tan te, los da tos ob tenid os no son extensibl es a toda la población.
Para ell o, Cooli can (2005), Eisenhar dt (1989) , Lincol n y Guba (198 5), M alli maci y
Gimén ez ( 200 6), Mar in as y San tama ri na ( 199 3), Mar tí nez (20 06) y Mej ía (2 000) ,
recom iend an en este tipo d e traba jo sele cciona r a la mue stra siguiendo el método de
saturación, es decir, este método se basa en seleccionar a participantes anónimos y
repetir las técn icas selec ciona das (en trevistas, gru pos de discusió n, etc.) tantas ve ces
como sean necesarias hasta que los datos se reiteren, d ando por final izado la
recogida de dat os cuando no se apor te más infor mación ni cont enido rel evante o no se
encuentren nuevos datos adici onales. Tal y como indi can Lincoln y Guba (1985,
p.204), hasta “el punto de redundancia”.
No obstant e, el inve sti gado r ha de centrarse y mantener relaci ones abiert as con
los m iem br os d el gru po q ue p os terior me nte será n los part icipa ntes . Pa ra ello , el
investi gador ha de conseguir crear una relación de confianza y afinidad o lo que es lo
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mis mo, el “ra ppo rt ”. Para lle gar a co nseguir el “rapport”, Taylor y Bodgan (2010)
aconsejan r ealizar durant e todo el pr oceso de i nvestigaci ón l os sigui entes act os:
• Adaptar se a la s ru tin as y el quehac er di ari o de l g rupo.
• Establ ecer nexo s de unió n y aspect os c omunes.
• Ofr ecer a yuda.
• Ser h umilde s .
• Most ra r i nt eré s por l a in fo rmac ió n of rec id a.
Sin embargo, tal y como hemos mencionado anter iorment e, no todos los
parti cipantes ejercen el mismo rol dentro del estudio. Para Rodríguez et al., (1996), los
roles qu e pue den eje rcitar los pa rticipantes se di viden en cinco:
a. Inform ante clav e. E l inform an te c lave es la pers ona cen tral y
fund am en tal en el pro ces o de la inv estig ació n. Tiene a cce so a la
inform a ción m ás rele van te d e la cu ltura o com u nida d q ue se qu iere
estudiar . Tienen conocimient os, experiencia y ganas de colaborar en la
inve stiga ció n.
b. Port ero. Es la persona o personas encargadas de facili tar la entrada al
inve stiga do r a la co m unid ad de e stu dio o, po r e l co ntra rio, de
imp edí rselo . S ue len con trola r y v igilar su s a cto s a sí com o orie nta rlos en
el acce so a otros i nformantes claves, col aboradores, etc.
c. Trat ante de extraños. Es la persona que i ntroduc e al in vesti gador en l a
comunidad o grupo de estudio, facilitándol e el acceso a o tros miembros
del gr upo, l as present aciones, espacios de reuniones, etc . Sue le
aconsejar sobre det erminados aspect os de la i nvestigaci ón.
d. Colaborador es o informantes ayudantes. Son personas con
conocimientos y habili dades inves tigadores que de for ma paralel a
conoce a la realidad que pretendemos estudiar. En ocasiones se les
consul ta sob re la ges tión d e la in ves tigac ión.
e. Inform ante s, participa ntes o su jeto s d e investiga ción . S on las p erso nas
que ofrecen la información primaria sobre el problema de investi gación
además de observar las, preguntar les o solici tarl es inf ormación.
Plummer (1 983) distingue tres tipos de inform ante s: gra n pe rsona , ma rginal y
persona común. La “gran persona” destaca por su intervención clave en el desarrollo
de hechos históri cos, culturales y/o políticos; el “m arginal ” es aquella persona que vive
entre el mundo social y cul tural regidos por reglas diferentes donde cuest iona
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construcciones asumidas po r la ma yoría como comunes y norma les; y, la persona
común, es aquella portadora de una histori a individual, que cuenta su experiencia
dentro de un marco concreto (Mallimaci & Gimé nez, 20 06; Pe rel ló , 2009 ).
La defi nición de los rol es se r ealiza a través de un continuo pr oceso de
negociación armónico, con sentimiento de confianza que facilit e el libr e y constante
flujo de inform ac ión. P ara K lock ars (1 97 7), P ujadas (2002) o Rodríguez et al., (19 96),
la re lació n entre in ves tigad or y p artic ipan te ha d e bas arse e n u na relac ión es trec ha,
con confianza donde destaquen valor es como la aprensión, exploraci ón, cooperaci ón y
parti cipación.
No obstant e, Taylo r y Bodgan (2010) rec omi endan aclarar con los partici pantes
determinados siguient es aspectos para que no aparezca ningún tipo de discrepancia a
lo l argo del proyecto o de malentendi do:
Ø Mot iv os e in te nci on es del in ves ti ga dor .
Ø Anonimat o.
Ø Supervi si ón y pala bra fina l.
Ø Establ ecer s i se va a pa ga r la p articip ac ión o no .
Ø Logísti ca: hor ario y lugar de l os encuentr os.
Sin embargo , la rel ació n mantenid a a lo largo del proceso puede verse mermada
durante el transcurso de las entrevistas y el rapport ir en decline en proyectos de larga
duración debido a que el informante puede cansarse y/o aburrirse de contestar a las
preguntas.
3.1.3.4.5 ¿Cómo movernos en el campo?
Tras acceder al campo y conseguir la intermedia ción de los informantes claves o
“porteros ”, se plantea la segun da cues tión ¿cómo movernos en el campo? Ameigei ras
(2006) aconseja que el investigador se desplace como mero observador pero sin ser
pasivo ni acotar una parcela de observ ación. Más bien al contrario, señala la
imp orta ncia de m a nten er u na a ctitu d ab ierta ante la co m unid ad, em pátic a co n su s
valores y emociones, agudizando la mirada y que, sobre todo, no busque una
situación u acontecimiento en pa rticular , sino que observe lo qu e ocurre con su
casuística y sus relaciones, por lo que, en estos primeros momentos es primord ial en
la in ve stiga ción ta nto la ub ica ción e n e l c ont exto e spa cio - tem po ral c om o los prim ero s
contactos con los individuos y participantes. Adem ás, se torna casi más importante
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romp er el hielo con los participan tes e ir ad quiriend o co nfianza , que la re copil ación de
d atos l os pri meros días (Taylor & Bodgan, 2010).
Duran te es te pr oces o, es muy impor tant e que el invest igad or r eali ce las not as de
campo mu y detalladas, pormenorizando la información y recogiéndolas in situ o justo
después de l os encuentros con l os part icipant es (Goodley et al., 2004). Autores como
Vall és (1999), Goodley et al. (2004), Ameigueir as (2006) o Taylor y Bodgan (2010),
coinciden en que los datos tomados en esta etapa pueden ser m uy valiosos en el
análisi s de dat os y elaboraci ón del infor me f i nal .
Un aspect o import ant e a tener en cuent a en el momento de acced er y de estar
instal ados en el cam po, es la adquisición y aprendizaje del lenguaje propio de la
comunidad, sobretodo conociendo y entendiendo los símbolos verbales y no verbales
que, f uera de el la, carecerí an de si gn ificado s (K öh ler, 2 008 ; Ta ylo r & Bodgan, 2010).
No obstante, debemos de tener presente que pese a que el “portero” haya
permiti do el acceso al cam po, el investigador puede encontr arse con participant es con
difer entes grados de receptivi dad ante la investigaci ón (Taylor & Bodgan, 2010). Para
ello, debe informar a todo el grupo por igual de sus intenci ones, objetivos y trabajos,
sin dejar a nadie atrás y que por ello puedan desconfiar de él o no partici par en el
estudio.
3.1.3.4.6 Recogi da y análisis de la información
Tras tener solventa r los problemas de muestreo y selecci ón del escenario, las
situaciones sociales y los informantes, el siguiente paso en el que el investigador deb e
centrarse es en la recogida y obtención de información a tra vés de u n p roce so de
observación selectivo basándose en las categorías social es y teóricas que dan
respue sta a las cuestion es de investiga ción (B isquerra , 2004 ).
Respec to al análi si s de los dato s, estando de acuer do con la af irma ción que
realiza Bisquer ra (2004, p.306), “el análisis de los d atos comien za en el mism o
moment o en que termi na cada epi so di o de reco gi da de in fo rmac i ón y ti ene co mo eje
princi pal, l a identi ficaci ón de categorí as que emergen de la lectur a repetida del
mat eri al dis pon ib le ”. En es te sentid o, T aylo r y B odg an (201 0, p.1 58 ) indic an q ue “el
análisi s de los dat os es un proceso de conti nuo progr eso en la inv estigaci ón
cualitati va. La recolección y el análisis de los datos van de la mano ”. Por ello, que
podamos decir que tant o el proceso de recogida de información com o el análisis de la
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mis ma se real i za de for ma cas i sumul t áne a, hacie ndo posi bl e ref le xi ona r sobr e el
proceso invest igador durante el mismo pudiendo redirecci onarlo si se considera
necesario.
Autor es como Axpe (2003), enfocan s u importancia al investigador como
instru m ento prin cipa l de r eco gida de in form a ción , sin e mb arg o, re sulta im pos ible la
captación y ob servación de todos los contenidos y categorías. A demás, a esto las
nuevas categorías que pueden surgir y em erger propiamente durante nuestro contacto
y estancia en el cont exto.
Por lo que, el inv esti gador necesi ta de estr ateg ias para poder captar tanto la
inform a ción e xp lícita co m o imp lícita q ue, en o ca sion es, ap are ce e n form a de s eña les o
símbolos que no que encajan en ningún esquema previo. Algunas de las estrategi as
pueden tener carácter interact ivo como la observación partic ipantes, las entrevistas o
las h istor ias d e v ida, o un car ácte r ind irec to co m o la d oc um en tació n o ficial o pe rson al.
Para Spradl ey (1980 ), las estr at egias de observación pasan por tres fases. La
primera de ellas, la observación descripti va se caracteriza por no tener clari fic ado el
problema que se quiere estudiar además de no estar com pletamente defini dos. La
segunda de ella, la denom inada observació n focali zada, se centra en aspect os
obtenidos en una primera toma de contacto y, la tercera, la observaci ón selectiva, se
centra en los dat os que pueden ser contrast ados con nuestros argumentos y
explicaci ones.
Por su part e, Bi squerr a (2004) ident if ica com o forma de registr o básica los escritos
descript ivos - narr ativos que necesit a de otros medios auxiliares para poder
complementar la información recogida. Para Velasco y Díaz de la Ra da (1997), los
procesos de análisi s de datos que conlleva a construir un di scursos signi ficativo ha de
centrarse en descri bir, t raducir, explicar e interpretas.
Las maneras que existen para trabaj ar las historias de vidas son diferentes y
variadas, abarcando desde la escrit ura de un único relato con escasa o ni nguna
interp reta ció n, a ensayos con un fuerte respaldo histórico con un análisis sistemático
sobre los procesos cronológicos hasta pasar por artículos en los que se matizan
detall es y hechos de la vida social, cultur al o religiosa de la vida del entrevist ado
(Mallim acci & Gi ménez , 2006) . En la act ua li dad , se opt a más por una bi ogr af ía de
carácter interpretativo donde se enfat iza la perspectiva del actor, reflexionando,
conociendo y com prendiendo la vida de las personas y los sucesos, hechos,
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circunstancias y momentos que l e llevan a toma r dete rm inad as de cisio ne s y/o
actuaciones.
En nues tro caso, reali zaremos dos ti pos de análi si s. En un pri mero mom ento
optaremos por realizar un análisis narrat ivo - interpre tativ o (Köhle r, 2008) dond e, el
actor principal de la m isma, a través de un análisis dialógi co y críti co de la m isma,
analice los aconteci mientos y sucesos ocur ridos en la mi sma bajo un paradigma
emancipador centrándonos en el quién, cuándo y por qué. E n un segundo mom ento,
optaremos por un análi sis estruc tural en el que anal izarem os lo qu e s e hab la y cóm o
se habla vinculándol o con las categorí as establecidas.
Por su parte, Taylor y Bodgan (2010), aconsej an comenzar con el análisi s
estruct ural lo antes posible, pudiendo ser al final izar el trabaj o en el campo o
recogiendo los datos puesto que, de esta forma, siempre resulta más fácil aclarar o
retom ar dete rmina dos te mas . Siguien do a e stos a utores, id entificam os eta pas b ien
defini das en el proceso analít ico - est ructural :
1. Desc ubri r, ident if ic ar temas, desarr oll ar concept os ¿cómo? No exist e un
patrón o fórmula simple que nos ayude a identif icar los temas, pero sí unas
pautas que ser ía rec om end ab le s egu ir (T aylo r & Bodgan, 2010): leer
repetida me nte lo s d atos; seguir la pista de temas, intuiciones, interpretacion es
e ideas; buscar temas emergentes; elaborar tipol ogías; desarroll ar conceptos y
preposici ones teóricas; leer m aterial bibliográf ico; y, desarrollar una guí a de la
histor ia.
2. Una vez han sido reco gido los datos, se produ ce la codif ic ació n de los
mis mos y el ref i nami ent o de la comp re nsi ón. En las inves ti ga ci one s
cualitati vas, “l a codificaci ón es un modo sistemático de desarrollar y refinar las
interp re ta cion es de los datos” (Taylor & Bodgan, 2010, p.167). Para ello, se
requiere reun ir y an alizar los dato s, tem as, c oncep tos y prep osicione s qu e
teng am os que , au nqu e e n un prin cipio sólo fue ran in tuicio nes , se n os
conviert en en ideas refinadas y expandidas que bien pueden desarrollar se o
descartar se por com pleto. Para la codificación, T aylor y Bodgan (2010) indican
unas pautas para r ealizar las:
o Desar rol lar categor ías de codifi cac ión: para ello, elabora remos
una list a de todos los temas, conceptos, inter pretaci ones, t ipo log ías y
preposici ones ident ifi cadas o creadas durant e el anális is i nicial .
o Codif ic ar todos los datos: debemos de codif icar todos los
mét odos de re cog id a de i nfo rma ci ón (n ot as de campo , tr an scr i pci on es,
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documentos y dem ás material es). En ellos, en el ma rgen, les
asignaremos un número o letra a cada categor ía ref inando el esquema
inicia l de c odific ació n: aña dir, sup rim ir, e xpa nd ir y red efin ir la s
categorías. Se co dificaran los datos tanto de los incidentes positivos
como negativos.
o Separar l os da tos pert e necientes a cada categorí a.
o Repasar los datos que no se han incl uido en ninguna cat egoría.
o Refi nar el an áli si s y aj ust ar las i deas.
3. Rel ati vi zamos los descubri mien tos o, lo que es lo mismo, los
comprendemos desde el contexto en el que fueron recogidos. No s e ha de
descartar ningún dat o, únicament e va a vari ar la interpret ación de l os mismos
según el contexto en el que se produzcan. No obstante, debemos tener en
cuenta al gunas consideraciones en l os datos recopil ados:
o Los datos que han sido solicit ados o no solici tados, es decir, las
personas r esponden al tema que se le pr egunta o no.
o La inf luencia del obser vador sobr e el escenario.
o La inf luencia de otr as personas sobre el escenari o.
o Datos di rec tos o ind ir ecto s.
o La fuent e de l os datos: una per sona o v arias per sonas.
o Los supuestos propios del investi gador.
Pero, ¿cuándo es el mom ento de retir arnos? Lo esencia l de la estanci a en el
campo de estudio por parte del investigador radica en la validez que obtengan sus
observaciones y en el aprendizaje de conocimientos nuevos. En el mom ento en el que
el context o de estudio no aport e nada novedoso al trabaj o será el momento de
alejar nos y reti rarnos aunque hayamos realizado la primera devolución del m ateri al
trans crito.
3.1.4.3.7 Dando forma a los resultados obtenidos: redacció n de la
historia de vida
El propósi to princi pal de toda invest iga ción es la con tri buci ón de conoc imient os al
ámbito científi co, por ello, toda investigación ha de present ar los datos extraídos de su
trabaj o, dando a conocer una realidad y, además, ayudando a que el lector la
comprenda dent ro de un contexto especí fico. P ero los datos recopil ados durante todo
el proceso, ¿a quién pertenece? ¿ podemos contar la histor ia de otra persona sin su
propia voz? Autores como Leyra y Bárcenas (2014) , Parri lla (2009 ) y V elenzuela
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(2008 ), op tan por la im porta ncia en las investiga ciones b iográfico - narrativa de la co -
investi gación, donde el protagonista de la hi storia se convierta en investigador
contando sus experiencias vividas desde su propia voz y narrando su propia hist oria
optando por un proceso de co - autorí a donde todos los miembros implicados en la
inve stiga ció n (inve stiga dor y c o - investigador) elaboran un plan de tr abajo y de revisi ón
de la información obteni da, a través de un proceso de comunicación (síncr ona o
asín crona) con el fin de participar todos y todas en la elaboración del texto final
(Busto s, 2009 ; Márq uez, 2 007).
El modelo de inf orme y de redacci ón que puede present ar una historia de vida no
es el mismo que puede presentar c ualquier otro t ipo de inf orme en las cie nc ias
sociales: frente a los informes analíticos y claramente definidos sus términos
conceptuales, nos en contramos con el informe de la histori a de vida el cual se centra
en ordenar y relaci onar de manera cronológica o temática la infor mación obten ida
entre las sesiones del entrevi stador y entrevist ado. El investigador se convier te en un
experto en el tratamiento de los datos ya que ha de recoger, deconstrui r y construi r y,
finalm en te, pre sen tar la inform a ción o bte nida y org an izada . No ob stan te, au n que en
este proceso se manipule la información, ésta ha de respetar la literal idad de las
inten cion es y m otiv acio ne s de l suje to ( Goodley et a l. , 2004 ; Puja da s, 20 02 ).
Cabe destacar la verti ent e inte rpr etat iv a como la más asidua hoy en día la
elaboraci ón de in form es biog ráfic os e nc ontra nd o en ello s m atic es re lac iona les c on el
contexto social, cultural económ ico y religioso que rodea a la persona. P ara ello, Del
Rinc ón (1997) aconsej a reali zar e incl ui r detal les descri pti vos para ubicar al lecto r en
la histo ria y trasla da rlo a la mis ma . La inter pre tació n de la na rrativ a, deb e co me nza r
por la exploración de signifi cando de las historias buscando múltiples y plurales
perspecti vas y comprensiones así como organizar la historia en temas centrales
(Denz in & Lin coln , 199 8; M allim acc i & Giménez , 2006 ).
Sin embargo, sigui endo a Mallimaci y Giménez (2006), situamos la primera
interp reta ció n en los pr otag on istas de la s his toria s y no en los inv es tigad ore s ya que
tal y como ind ica Geertz (1998 ), los inve stiga do res realiza n interpret aciones de
segundo o incl uso de ter cer orden. Por otro lado, M allimacci y Giméne z (2006) indican
que las inter pretaci ones se van realizando a lo largo de la realización de las hi stori as
de vida, com enzando desde la elección del t ema, pasando por la e lec ción de
mat eri al es y d ocu ment os i mpor ta nt es ha st a l a fa se de i nt er pr et aci ón en s í.
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Por lo que, la exposic ión y present aci ón de los datos de la histori a (indi vid ual,
fam iliar o grupa l), se focaliza n en los mo me ntos decisiv os y clave s y se interpreta n los
signif icados de esos hechos establec iendo relación con el contexto en el que se ha
desarroll ado y, con l o aport es teór icos del invest igador
“el investigad or debe com pren der, a partir de la in forma ción de y sobre el
sujeto, la vida de quien investiga en el contexto hist órico en el cual se
desarroll a, en la mayor c antidad de ámbit os posibles. Debe ser capaz, t ambién,
de discernir las histori as articul ares que le permitan ampliar el context o de esa
vida y relaci onar e sos hechos con sus cono cimientos a f in d e escrib ir u na
descripci ón lo más de nsa p osi bl e” ( Mal l ima cci & Gimé nez, 20 06, p. 202 ).
Deuts cher (1973), aconsej a a los invest ig adore s reali zar infor mes cuyos lec tor es
comprendan a la perfección todo el p roceso llevado: recogida de datos, técnicas,
análisi s, etc. y, llegando a comprenderlo en su globali dad en relaci ón con el contexto,
ya que tiene todos los datos ne cesarios pa ra que éstos lo puedan interpretar . No
obstante, tal y como aconsejan Taylor y Bodgan (2010), el investigador que narra
únicamente se ha de limitar a eso, a narrar. No somos jueces ni debemos presentar
datos que se consideren acusaciones contra la sociedad, al contrario, debem os de
plantear lo desde una perspectiva crítica donde ayudemos a los lector es a interpr etar
pero, también, donde debemos premisas cl aras par a el cambio de l a si tuación.
Exist en tres formas de edició n de relatos de vida: 1. Relatos de vida sobre un
sujeto concreto; 2. Relatos pa ralelos y, 3. Relatos cruzados - polif ónicos. Desde nuestro
traba jo, nos centra rem os e n el tercer relato al contar con voces de famil iares y amigos
que ayuden a contrast ar la realidad del protagoni sta y reflejar una vi sión generaliz ada
sobre su experiencia.
Para autor es como Spradley (198 0), Hamm ersley y Atkinson (1994) o Taylor y
Bodgan (2 010), el informe ha de tener en cuenta cuatro apartados básicos: 1. El
planteamient o de los antecedentes teóri cos y prácticos de la investi gación; 2. Describi r
de forma m inuciosa los métodos y t écnicas empleados en la recogi da de inf ormación;
3. O frecer lo s resultados obtenidos y, 4. Presentar instrumentos, documen tos, e tc.
como anexos que f acili ten al lector obtener una perspect ivo en conjunto.
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Pujada s (2002), afi rma que la final idad de todo documento cientí fic o se basa en
comprender e i nterpret ar una det e rmina do co ntenido de la re alidad s ocial, si bien , los
datos publicados de una historia de vida va m ás allá, ésta debe incluir el análisis del
texto bie n s ea en for ma de n otas ac larativ as, apé ndic es o a mb os. Es te m ism o auto r,
indica que el esquema que ha de seguir es el si guiente:
• Antece dentes y discu sión teór ica.
• Present aci ón de hip ótesi s.
• Deli mit aci ón d el uni vers o y de l a mues tr a a anal iz ar.
• Present aci ón de los in stru mentos de en cuesta .
• Present aci ón del mat eri al e mpíri co, elab orado.
• Análi sis e interpreta ció n de l m ater ial.
• Vali dació n o rechaz o de las hip ótesi s.
• Concl usi ones.
Por su part e, Taylor y Bodgan (2010) siguiend o la idea plantead a por Deutsch er
(1973 ), acons ejan a los inve stigado res indica r de form a c lara las sig uientes partes e n
su infor me: 1. metodo lo gí a; 2. ti empo y dura ci ón del est ud io ; 3. campo de est ud io y
número de participant e; 4. diseño de la investi gación; 5. perspectiv a del investi gador,
y; 6. control de los datos.
Pero se pl ante a l a pregunta ¿cómo i ntr oduci r la di mensi ón analít ica en la
elaboraci ón, redacción y edición de una historia de vida?. Para ello, Pujadas (1992;
2002) plantea tres opciones: comprender la subjeti vidad del narrador desde la propia
subjetivi dad de l investigador; e xplicar y contextualizar la biografía del su je to en el
entorno del mismo, y; analizar los valores cultural es subyascentes y los procesos
cognitivos que l levan al suj eto a tomar sus decisiones ( Poi ri er et a l. , 1983).
Antes de present ar el infor me de una m anera ofi cial y públi ca, Tayl or y Bodgan
(2010 ), a cons ejan qu e, prim ero, realice mo s un esq uem a (es crito) sobre las ideas y
tem as prin cipa les de los q ue qu erem o s e scrib ir; s egu ndo , d ecid ir e l tipo d e púb lico al
que queremos destinar nuestro escrito y, en función de ello, adaptar el estil o de
redacc ión; ter cero , aclara r des de el p rincip io los ob jetivo s del tra bajo d esd e el inicio
del mismo; cuarto, ser concisos y concretos; quinto, acompañar la teoría de ejemplos
claros y sencillos que, a su vez sean concretos y concisos y ; sexto, dejar que nu estros
cole gas l o lean y lo comenten.
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y flexible. E l investigador se convierte en una presencia activa en el texto (Köhler,
2008), si n embargo, las entrevistas pueden ser reali zadas por parte del invest igador o
de manera compart ida con el i nformante.
Se aconse ja que el invest iga dor no em ita ningún tip o de jui cio s sobre los sucesos
que cuenten, no se debe de interrumpir la narración, al contrari o, se debe alentar a las
personas a que hablen, narren y cuenten sus experienci as, vivencias , sucesos,
aunque en ocasiones no se esté interesado y, sobre todo, prestar atención a lo que
están contando siendo sensibles y empát icos con sus histor ias. Taylor y Bodgan
(2010, p.122 - 123), indican que los investigadores “deben de ser simpáticos pero no
condescendientes, deben saber cuándo indagar pero mantenerse al ejados de l as
heridas abiertas , deben de ser amistosos per o no como qui én tr ata de congraciar se”.
Es import ant e tener en cuent a las dis tintas eta pas d e la vida de l e ntrev istad o o
inform a nte, sin em ba rgo, rem arc a M allim a ci y Gim é nez , la c on struc ció n de la histo ria
de vida y su narración es subjetiva y cargada de sentimient os que, en ocasiones,
pueden desviarse de la cronologí a, “los actore s elaboran sus nociones del tiempo a
parti r de percepciones que están situadas, desde el punto de vista de las pertenencias
sociales, económ icas, culturales, ét nicas, de género” (Mallimaci & Giménez, 2006,
p.192).
En el guión de las entrevi sta s, un aspecto impor tante a te ne r e n cue nta s on los
contextos, particul armente en la investigación, e n los que el se desenvuelven las
personas con las cuales establece relaciones familiares, de amistad o profesional.
Para Mallimaci y Giménez (2006, p.193), “una histo ria de vida se torna realmente
intere sa nte cu and o logr am os cru za r lo s am bie ntes e n los qu e se ha d esa rrolla do la
vida de la persona con las etapas cronológicas y con el contexto m ás am plio de los
hechos hist óricos y soci ales”.
A través de las entrevi st as y d e las conversaciones mantenidas entre el
entrevi stado y el investigador, éste último consigue recopilar los datos necesarios para
form ar el cu erp o de la histo ria de vida. P ara Ma llimac i y Gim én ez (20 06 ), la idea de la
conversación es central y fundam ental en la metodología biográfi ca, ya que facilit a
mant ene r un a r el aci ón más est re cha y más ínti ma q ue ay uda a co nst ru ir el re la to así
como a establecer un cl ima de confianza y respet o.
Por su part e, Bertaux (1997) añade que las histori as de vida no se elaboran
siguiendo una línea cronológica exacta, sino todo lo contrario, durante las entrevistas y
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