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La estrategia desestabilizadora en Venezuela: propaganda y controversia en la acción contrainsurgente. Del constitucionalismo gaditano a la consolidación republicana: 1810-1828

Navarro García, Jesús Raúl; Barrera Parrilla, Beatriz

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MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 110 La estrategia desestabilizadora en Venezuela: propaganda y controversia en la acción contrainsurgente. Del constitucionalismo gaditano a la consolidación republicana, 1810-1828 1 The strategy of destabilization in Venezuela: propaganda and controversy in the counterinsurgency. Cadiz constitutionalism to consolidate Republican, 1810-1828 Beatriz Barrera Parrilla * Jesús Raúl Navarro García ** A Salvador Padilla Escabí, por su ejemplo Resumen El estudio de la trayectoria ideológica del médico, burócrata y escritor venezolano José Domingo Díaz permite adentrarnos en el mundo de la propaganda y del periodismo en la época insurgente. Su visión “realista” y proespañola del incipiente proceso republicano nos aporta el contraste necesario para vislumbrar una perspectiva que se abre paso con empeño en las historiografías republicanas, marcadas ante todo por el culto a los padres de la patria. Un estudio detallado como el que ofrecemos en este trabajo permite evaluar en su justa medida el aporte de estos ideólogos monárquicos al mejor conocimiento de los procesos insurgentes, de las conexiones entre propaganda, espionaje y guerra, de los mecanismos que estuvieron al alcance de unos y otros para hacerse con el apoyo de la población, para manipular los acontecimientos y las opiniones. Fuera de todo color político, la utilización de las fuentes de propaganda “realista” ofrece una magnífica oportunidad de poder renovar los estudios políticos e ideológicos del primer tercio del siglo XIX en buena parte de los países de América Latina, recuperando del olvido a muchos intelectuales realistas totalmente ignorados en ambos lados del Atlántico. Palabras claves: Venezuela, propaganda, independencia, José Domingo Díaz. Abstract The study of the ideological trajectory of the doctor, bureaucrat and Venezuelan writer Jose Domingo Diaz lets enter the world of propaganda and journalism at the time the insurgent. 1 Este artículo se enmarca en las actividades desarrolladas dentro de los siguientes proyectos de investigación que se ejecutan desde la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, ubicada en la ciudad de Sevilla (España) y que están siendo dirigidos por el Dr. Jesús Raúl Navarro García como investigador principal: “Guerra, propaganda y opinión pública en México, Venezuela y España, 1823-1829” (Ministerio de Ciencia e Innovación, HUM2006-05449/HIST) y “Andalucía y América Latina: cinco siglos de intercambio cultural” (HUM 03215). La Dra. Barrera Parrilla forma parte del primero de ellos. * Universidad de Sevilla. Profesora de Literatura Hispanoamericana ha venido dirigiendo sus investigaciones al estudio de los textos propagandísticos realistas venezolanos en la época de su independencia desde una perspectiva amplia, en la que la Historia y el estudio literario se dan la mano para ofrecernos una lectura novedosa de la propaganda en tiempos de guerra. ** Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Investigador científico de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos desde 1990. Fue vicedirector de dicho centro de investigación de 1993 a 1998 y director de 2002 a 2008. Sus líneas principales de investigación han versado sobre la política colonial del liberalismo español decimonónico y sobre cómo se vislumbra el proceso de desmembración colonial desde las plataformas caribeñas. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 111 His vision "realistic" and the emerging pro-Spanish republican process gives us the contrast needed to see any prospects that breaks hard on the Republican historiography, marked above all by the cult of the Founding Fathers. A detailed study like the one offered in this paper allows the evaluation into perspective the contribution of these ideologues monarchists to a better understanding of the processes insurgents, the connections between propaganda, espionage and war, the mechanisms that were within reach of one and others to gain public support, to manipulate events and opinions. Out of every political stripe, the use of sources of propaganda "realistic" offers a wonderful opportunity to renew the political and ideological studies of the first third of the nineteenth century in much of Latin American countries, recovering from oblivion many intellectuals realistic totally ignored on both sides of the Atlantic. Keywords: Venezuela, propaganda, independence, José Domingo Díaz. Introducción A principios del siglo XIX, la Constitución de Cádiz promovió una radical equiparación de derechos entre los territorios peninsulares y de Ultramar en un intento por mantener la amenazada integridad territorial de la monarquía y de aunar los esfuerzos contra Napoleón. Como dice Fradera “La nación liberal resolverá en una entidad única –la nacióny en una potestad también única –la soberanía que de ella derivabala multiplicidad inherente al mundo del Antiguo Régimen” 2 . No obstante, la igualdad resultó incompatible con la idea de una jerarquía práctica entre ellos y los procesos de independencia fueron alentándose en suelo americano 3 . El constitucionalismo gaditano abrió cauces de participación en las sociedades de Ultramar y abrió también en ellas focos de conflicto desconocidos hasta entonces pues no solo las elecciones, sino también las normativas novedosas que traía consigo implicaban profundos cambios de comportamiento político 4 que acabarían 2 Josep Maria Fradera, Colonias para después de un imperio, ediciones Bellaterra, Barcelona, 2005, p. 69. 3 Brian Hamnett, La política española en una época imperial, 1790-1820, México, FCE, 1985, p. 121. 4 J. Marchena Fernández, “La Constitución de Cádiz y el ocaso del sistema colonial español en América”, en Constitución política de la monarquía española promulgada en Cádiz a 19 de marzo de 1812, Ayuntamiento de Cádiz-Universidad de Cádiz-Casino Gaditano-Fundación El Monte, Sevilla, 2000; Roberto Breña, El primer liberalismo español y los procesos de emancipación de América, 1808-1814. Una revisión historiográfica del liberalismo hispano, El Colegio de México, México, 2006; A. Annino y otros, De los imperios a las naciones. Iberoamérica, Ibercaja, Zaragoza, 1994; B. Hammnett, Revolución y contrarrevolución en México y el Perú: liberalismo, realismo y separatismo (1800-1824), FCE, México, 1978; Antonio Annino, coord. Historia de las elecciones en Iberoamérica. Siglo XIX. De la formación del espacio político-nacional, FCE, Buenos Aires, 1995; François-Xavier Guerra, dir. Las revoluciones hispánicas: independencias americanas y liberalismo español, Edit. Complutense, Madrid, 1995; Izaskun Álvarez Cuartero y Julio Sánchez Gómez, edits., Visiones y revisiones de la independencia americana, Universidad de Salamanca, 2003; Visiones y revisiones de la independencia americana: México, Centroamérica y Haití, Salamanca, 2005; Visiones y revisiones de la independencia americana: la MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 112 originando no pocos problemas de orden público y exigiendo de los grupos sociales adaptaciones a las nuevas circunstancias 5 . Así pues, a la dificultad que entrañaba la expansión del liberalismo hubo que añadir la del proceso independentista que fue cubriendo con gran rapidez todo el territorio hispanoamericano. Pese a estas circunstancias nada favorables para la causa española en América los liberales tuvieron siempre una gran confianza en que era posible resolver no solo la grave situación que se vivía en la península sino también en todo el Imperio. Pensaban que se iba a restablecer el orden a causa de la visión simplificada que se tuvo hasta los años treinta de la situación ultramarina… 6 No obstante, la realidad era muy distinta y por ello la metrópoli tuvo que diseñar, paralelamente, una estrategia contrainsurgente en el ámbito de la propaganda política que empieza a perfilarse, de algún modo, desde el mismo arranque del conflicto armado con la futura república de Venezuela en 1810. Nuestro trabajo se extiende hasta 1828, cuando fracasa el intento por recuperar el dominio sobre la joven república 7 . Puerto Rico, base de la propaganda realista dirigida a Venezuela El proceso constitucional en posesiones ultramarinas cercanas como Venezuela y Puerto Rico anduvo unido a un fuerte incremento de la emigración, alentada por el proceso independentista y los conflictos bélicos que pronto empezaron a cuajar. Puerto Rico se fue Constitución de Cádiz y las constituciones iberoamericanas, Universidad de Salamanca, Salamanca, 2007; Manuel Chust, La cuestión nacional americana en las Cortes de Cádiz, Fundación Historia Social-UNAM, Valencia-México, 1999; Manuel Chust, coord., Doceañismos, constituciones e independencias. La Constitución de 1812 y América, Fundación Mapfre, Madrid, 2006; Manuel Chust, edit., La trascendencia doceañista en España y en América, Biblioteca Valenciana, Valencia, 2004; Crisis atlántica. Autonomía e independencia en la crisis de la monarquía hispana, Marcial Pons, Madrid, 2006. Para el caso venezolano hay dos trabajos a destacar, aún en prensa: uno de Inés Quintero titulado “Debates y conflictos en torno a las Cortes y Constitución gaditanas. Venezuela, 1810-1814” y el de Robinzon Meza titulado “Las políticas del Trienio Liberal y la independencia de Venezuela (1820-1823)”. 5 Dolores Carmen García Hernández, “Puerto Rico en los años de independencia del continente, 1808-1824”, Tesis de Licenciatura, Universidad de Sevilla, 1984. 6 Michael P. Costeloe, Response to Revolution. Imperial Spain and the Spanish American Revolutions, 18101840, Cambridge, Cambridge University Press, 1986, pp. 35-36, y Salvador Broseta Perales, “Realismo, autonomismo e insurgencia: el dilemma Americano en las Cortes del Trienio Liberal” en Trienio, vol. 41, 2003, pp. 85-111. 7 Los intentos por recuperar los territorios ultramarinos han sido objeto de estudios diversos, entre los que destacan los de Edmundo Heredia (Planes españoles para reconquistar Hispanoamérica, 1810-1818, Buenos Aires, Editorial Universitaria, 1974), José Luciano Franco (Política continental de España en Cuba, 18121830, La Habana, Archivo Nacional de Cuba, 1947) y Harold Sims (La reconquista de México. La historia de los atentados españoles, 1821-1830, FCE, México, 1984). MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 113 convirtiendo, a lo largo de todo este proceso, en el destino preferido por los sectores vinculados a la causa española en Tierra Firme. Militares y burócratas constituían un elevado porcentaje de estos sectores. Así fueron fijando su residencia en Puerto Rico, de modo estable o temporal, un destacado número de autoridades que desplazadas de sus destinos en Costa Firme pasaron a ocupar otros en la Administración de la cercana isla. De forma paralela, este fenómeno contribuyó a crear una visión homogénea respecto a Ultramar ya que muchos de los cargos relevantes en Puerto Rico tenían relaciones de amistad desde años atrás en Venezuela. Así, por ejemplo, durante el Trienio Constitucional coincidieron el capitán general, el gobernador político y el intendente que habían tenido una trayectoria común, compartida, en suelo venezolano. Estas relaciones humanas entre Venezuela y Puerto Rico, aceleradas cíclicamente cuando los avances insurgentes ocasionaban la huida de sectores realistas, fueron aprovechadas también por los servicios de información de ambos bandos --pero sobre todo por el insurgente-- para fijar sus bases de información en territorio enemigo. De igual modo, Puerto Rico se convirtió en la base de la propaganda realista que a lo largo de la guerra de independencia venezolana procuró contrarrestar el peso de la insurgencia en la vecina república. Personajes como el secretario de gobierno de la isla Pedro Tomás de Córdova, el capitán general Miguel de la Torre o el intendente, el venezolano José Domingo Díaz 8 , tuvieron un papel relevante en la propaganda realista elaborada en Puerto Rico, sobre todo en el período que va desde 1822 a 1829, cuando Díaz ocupó la Intendencia de la isla caribeña y dirigió con gran actividad las campañas de propaganda 9 en las que intervinieron las autoridades 8 Sobre su nacimiento en suelo venezolano, ocurrido en 1772 o 1779, puede verse J. R. Navarro García, “El proceso de la independencia venezolana en la trayectoria ideológica del intendente José Domingo Díaz”, en J.R. Navarro García, Puerto Rico a la sombra de la independencia continental, 1815-1840, Sevilla-San Juan, CSIC-Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 1999, pp. 103-104; o J. R. Navarro Garcia y B. Barrera Parrilla, “Con la pólvora en el tintero: propaganda y contrainsurgencia en la Venezuela republicana. El ejemplo de José Domingo Díaz”, en J. R. Navarro García, coord., Insurgencia y republicanismo, Sevilla, CSIC, 2006, p. 112, n. 14. 9 Sobre cómo evoluciona la propaganda oficial colonial al final del período realista en América puede verse Víctor Mínguez, “Del rey pacífico a los héroes de la guerra. Propaganda e ideología en dos exequias novohispanas (1762-1808)” en J. Raúl Navarro García, coord. Insurgencia y republicanismo, CSIC, Sevilla, 2006, págs. 47-65. Una perspectiva más amplia en Rendeix-te! Fulls volants i guerra psicológica al segle XX, Centre de Cultura Contemporània de Barcelona y Institut d’Edicions – Diputació de Barcelona-, Barcelona, 1998. En esta obra se recalca la especialización que supone la propaganda política dentro de la logística bélica en un intento por otorgar a la propaganda matices “científicos”. En nuestro caso de estudio es evidente que se MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 114 mencionadas y él mismo, dedicándose no solo a redactar artículos periodísticos y panfletos que debían ser introducidos en suelo venezolano sino también a promover la consolidación de la red española de espionaje en el Caribe (San Thomas, Curaçao) y en el suelo de la propia república venezolana (La Guaira y Caracas), financiada claro está por la Hacienda puertorriqueña que él mismo encabezaba. Estos escritos pretenden solventar la distancia que alejaba a Díaz de los lectores potenciales en Venezuela. A falta de una mejor infraestructura para repartir los escritos se tuvo que depender de estas redes de espionaje para poder distribuir los impresos propagandísticos. Esto propició que los escritos tuvieran sobre todo una distribución urbana y entre la población civil republicana más que entre sectores militares 10 . No obstante, la actividad de propaganda era perfectamente complementaria a la militar, tal y como se le pedía, pues los impresos de Díaz se leían, de hecho, a las tropas realistas de Venezuela por sus jefes militares como veremos más adelante… Díaz personificó también en esta etapa del siglo XIX los planteamientos más inmovilistas respecto a la política a seguir con las colonias ya perdidas o a punto de perderse 11 . utilizaron escritores de una especial preparación y también de un especial influjo en Venezuela: Díaz, La Torre, Pedro Tomás de Córdova..., o incluso Jorge D. Flinter años más tarde. 10 Nos consta que al menos algunos de los “papeles públicos” redactados por Díaz eran enviados a Venezuela desde Curaçao, en donde los recibía José María Pando, pariente de Miguel de la Torre. Pando los introducía por Coro y Maracaibo, Caracas y Ocumare, pese a las penas rigurosas impuestas a quienes los introdujeran y no los entregaran. La confianza que parecía tener Pando en sortear estas prohibiciones era elevada: “porque por encima de su cabeza pasarán cuantos [escritos] yo quiera, correrán por todas partes y se impondrán de ellos” (Carta de José María Pando a José Domingo Díaz, Curaçao, 31 de octubre de 1827. Archivo General de Indias, en adelante AGI, Santo Domingo, 2429). A finales de 1827 nos consta que llegaba a Puerto Rico el R.P. fr. Juan García de la Orden de PP. y lector de Sagrada Teología en la Universidad de Caracas, quien había sido expulsado por haber tenido en su poder alguna de las cartas impresas de José Domingo Díaz (Oficio del intendente José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 26 de noviembre de 1827. AGI, Santo Domingo, 2429). 11 Sobre el particular puede verse nuestro trabajo “Luchar contra el olvido: propagandismo político en Puerto Rico tras la independencia del continente americano”, en J. R. Navarro García, Puerto Rico a la sombra de la independencia…., pp. 91-102. En este trabajo realizamos un estudio comparativo con la trayectoria ideológica de otro importante autor del s. XIX puertorriqueño y caribeño, el irlandés Jorge D. Flinter, y observamos cómo ambos autores van alejándose en sus planteamientos ideológicos a medida que la Revolución Liberal fue abriéndose paso en la península. Incluso en Puerto Rico a la sombra… dimos a conocer una obra manuscrita de Díaz titulada “Impugnación al folleto titulado `La América y la Europa en 1846 [sic] o El Congreso de Panamá´ Escrito por Mr. G.L. Traducido del francés al castellano por D.S.L. y publicado en Hamburgo por Hoffmany Campè en 1826” y que acabó de redactar en Madrid en 1831, unos años antes de su muerte (pp. 209-280), probablemente su última gran obra escrita. La actividad propagandística de Díaz se reflejó también en su labor como traductor, en la que destacó traduciendo las Lettres à M. l’Abbé de Pradt, par un indigène de l’Amérique du Sud, de Santiago Jonama, al español (la traducción de José Domingo Díaz fue impresa en Caracas solo un año después, en 1819, de que fuera impreso el original (Manuel Aguirre MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 115 Personaje controvertido y polémico, vivió toda su vida en la vorágine de la guerra independentista y a la sombra de la propaganda ideológica en una época marcada por el proceso insurgente de su Venezuela natal. En sus más de sesenta años de vida asistió a momentos de gran virulencia política y social en su patria venezolana, aunque también tuvo tiempo de forjarse una excelente preparación intelectual y profesional como doctor en medicina, ámbito en el que destacó no solo por sus actividades científicas sino también organizativas. Esta formación le permitió ocupar importantes cargos, tanto en su Venezuela natal (donde ocupó puestos de enorme responsabilidad y confianza durante la guerra insurgente como los de redactor de la Gaceta de Caracas, o los de traductor y redactor de obras realistas destinadas a ser difundidas sobre todo por la América revolucionada) como en Puerto Rico (intendente) o la propia península (miembro de la Junta Consultiva de Gobernación de Ultramar), además de obtener la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica. 12 Su condición de pardo influyente 13 , el ser hijo expósito de un curandero mulato y las circunstancias personales que le llevaron a ser el protegido del capitán general español Vasconcelos debieron enfrentarlo desde temprana edad con la cerrada sociedad criolla de la capital caraqueña 14 y por ello él se entregó a la causa realista en cuanto las circunstancias Elorriaga, S.J., El abate de Pradt en la emancipación hispanoamericana (1800-1830), Universidad Católica Andrés Bello-Instituto de Investigaciones Históricas, 1983, págs. 101-106). 12 Sobre estas cuestiones ver J. R. Navarro García, “El proceso de la independencia….” en Puerto Rico a la sombra…, pp. 106-118. 13 La elite blanca caraqueña identificaba a los pardos con los matrimonios ilegítimos (Lila Mago de Chópite y José J. Hernández Palomo, El Cabildo de Caracas (1750-1821), CSIC-Cabildo Metropolitano de Caracas, 2002, p. 374). Sobre el papel de la población parda y de sus relaciones con la elite blanca puede verse Yolanda Texera, “Médicos y cirujanos pardos en condición de por ahora en la provincia de Venezuela, siglo XVIII”, en Colonial Latin American Historical Review, vol. 8, núm. 3, 1999, pp. 321-338, así como diversas obras de Frédérique Langue: “La pardocratie ou l’itinéraire d’une clase dangereuse dans le Venezuela des XVIIIe et XIXe siècles”, en Caravelle, núm. 67, 1997, pp. 57-72, “Les identités fractales: honneur et couleur dans la société vénézuélienne du XVIIIe siecle”, en Caravelle, núm. 65 (1995), pp. 23-37. 14 Sobre el entorno social y racial de la Venezuela pre-independentista pueden verse las obras de Inés Quintero: El Marquesado del Toro, 1732-1851. Nobleza y sociedad en la provincia de Venezuela, UCV, Caracas, 2009; El último marqués: Francisco Rodríguez del Toro, 1761-1851, Caracas, Fundación Bigott, 2005; Los nobles de Caracas, Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2005. Sobre los indios y el proceso de independencia en América pueden verse Izaskun Álvarez Cuartero, “Hacer patria sin indios. De los Sanjuanistas a la guerra de castas, 1812-1847”, en Manuel Chust e Ivana Frasquet, edits., Los colores de las independencias iberoamericanas. Liberalismo, etnia y raza, CSIC, Madrid, 2009, págs.171-196; Izaskun Álvarez Cuartero, Visiones y revisiones de las independencias americanas: subalternidad e independencia [en prensa]. También los trabajos de Izaskun Álvarez (“¡Si acatamos la Constitución, resistiremos!: mayas yucatecos durante la independencia”), Julio Sánchez Gómez (“Invisibles y olvidados: indios e independencia MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 116 de la guerra le obligaron a tomar partido, algo que ocurrió muy pronto. 15 Ya en torno a 1810 rechazó los ofrecimientos políticos insurgentes, no reconoció al gobierno revolucionario y poco después, en 1812, se hizo cargo por vez primera de la redacción y dirección de la por entonces realista Gaceta de Caracas por lo que podemos afirmar que su entrada en la vida política fue de la mano de la actividad periodística y propagandística. 16 Solo un año después, en 1813, cuando tuvo que salir de Caracas por las contingencias del conflicto insurgente, recaló en la vecina Curaçao, iniciando desde esta isla una actividad que ya será frecuente en él durante bastantes años: la redacción e introducción posterior de escritos panfletarios y desestabilizadores en suelo venezolano. Por aquel entonces al menos algunas de sus primeras cartas dirigidas a los venezolanos fueron impresas en la isla de Puerto Rico gracias a la colaboración económica prestada por el intendente Alejandro Ramírez. 17 La campaña fue realmente destacable e inundó Venezuela con impresos de Brasil”), Ana Ribeiro (“Los indios (en)(y) la independencia paraguaya”) en Studia Historica. Historia Contemporánea, vol. 27, 2009, pp. 177-206, 235-277 y 279-308 respectivamente, así como los múltiples trabajos de Antonio Escobar Ohmstede sobre las sociedades indias en México. 15 También parece que influyó en sus planteamientos ideológicos la experiencia española contra Napoleón que había vivido en persona en su primera visita a la península: “Mi espíritu se hallaba enteramente ocupado con las altas ideas que me había inspirado la vista de una nación que luchaba contra un poder colosal, a quien tantas potencias habían temido y adulado. Venía de ser testigo de sus esfuerzos, de su poder y de sus virtudes. Me hallaba lleno de una veneración religiosa hacia ella y ya estaba formada en mí aquella decisión y orgullo por pertenecerla que tanto he manifestado después y que durará mientras viva” (José Domingo Díaz, Recuerdos sobre la rebelión de Caracas –edición de Ángel Francisco Brice-, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1961, p.78). Este viaje a España lo hizo en 1808, fue admitido como socio de la Academia de Medicina, de la que se había licenciado en 1794 y doctorado en 1795. Contrajo matrimonio con María o María Teresa de la Torre, interviniendo probablemente en la defensa de Madrid, de donde huye en mayo de 1809 hacia Cádiz, embarcando con su esposa hacia Venezuela el 22 de marzo de 1810 tras ser titulado ministro honorario de la Real Hacienda e inspector de los hospitales de Caracas (José Luis González Subías, Un dramaturgo romántico olvidado: José María Díaz, Fundación Universitaria Española, Madrid, 2004; José Luis González Subías, “Acerca de la paternidad del doctor José Domingo Díaz sobre el dramaturgo romántico español José María Díaz”, en Beatriz Mariscal y María Teresa Miaja de la Peña, coords., Actas del XV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas “Las dos orillas”, Monterrey, México, vol. 3, 2007, pp. 203-212). 16 Antes incluso de su incorporación a la Administración realista, José Domingo Díaz había tenido durante la I República una experiencia periodística muy interesante como editor y administrador en el Semanario de Caracas –el primer periódico venezolano independiente-- pese a ser una experiencia muy corta en el tiempo (de noviembre de 1810 a julio de 1811 tan solo). Poco antes –finales de septiembre-, y según su propio relato, había participado en el intento involucionista de los hermanos santanderinos Francisco y Manuel González de Linares, en el que estuvo encargado “de manejar todo lo perteneciente a la imprenta: de formar las proclamas y estender [sic] todas las órdenes y avisos que se debían publicar en los momentos del cambio” (José Domingo Díaz, Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, Madrid, Imprenta de D. León Amarita, 1829, pág. 26). Su segunda etapa en la dirección de la Gaceta de Caracas se inicia el19 de septiembre de 1814. 17 Redactó e imprimió siete cartas, fechadas en Curaçao desde el 30 de septiembre de 1813 al 4 de julio de 1814, cartas que pudo introducir Díaz usando “muchas invenciones” (Recuerdos.., 1829, pp. 158-181). Incluso trató de publicar el periódico Telégrafo de Curazao, del que llegó a imprimir un número --aunque muy probablemente no circuló ante la negativa de las autoridades de la isla--. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 117 incendiarios y hojas sueltas que tuvieron bastante eco. Cuando el propio Díaz ocupe esa misma intendencia de Puerto Rico casi diez años después será él mismo quien financie, al menos en parte, la impresión de las 16 cartas y panfletos que escriba, introduciéndolos en la vecina república a través de toda una red de espías que el capitán general de la isla, Miguel Tacón, tenía desplegados tanto en Curaçao como en la propia Venezuela. 18 Esta trayectoria ideológica, abiertamente realista y anti-republicana, sumada a sus oscuros orígenes, han hecho de él un personaje muy controvertido por la historiografía republicana más rancia. 19 Miembros de Sociedades Bolivarianas, de la Academia Nacional de la Historia y autores diversos como Ricardo Archila, Agustín Millares Carló, Héctor Parra Márquez, Vicente Lecuna 20 , Mario Briceño, Héctor García Chuecos, Ismael Puerta Flores, Ángel Francisco Brice, Enrique Bernardo Núñez, José Rafael Fortique, Plácido Daniel Rodríguez Rivero, Arístides Rojas o Julio Febres Cordero han abordado su estudio, habitualmente, desde unas premisas muy peyorativas y tratando de explicar su actitud política como resultado tan solo de traumas psicológicos íntimos y no de procesos históricos, políticos y sociales en los que el personaje se vio envuelto. 21 Por ello, los 18 Desconocemos las tiradas exactas de estas cartas; en alguna ocasión Díaz habla de “numerosos” ejemplares, en otras de unos setecientos (Oficio de José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 15 de enero de 1828. AGI, Santo Domingo, 2430, y de José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 16 de febrero de 1828. Ibidem). Tampoco sabemos si alcanzaron amplia difusión, aunque si nos atenemos a las medidas que adoptaron las autoridades republicanas no debemos descartar una difusión mayor de la que cabría pensar. En todo caso, la lectura a las tropas aseguraba un importante número de oyentes en suelo venezolano (Oficio de José Domingo Díaz al Secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 25 de julio de 1827. AGI, Ultramar, 438). 19 Frédérique Langue, “Historiografía colonial de Venezuela, pautas, circunstancias y una pregunta: ¿También se fue la historiografía de la colonia detrás del caballo de Bolívar?, en Revista de Indias, 2001, vol. LXI, núm. 222, pp. 247-265, y “Les élites vénézuéliennes et la Révolution d’Indépendance: fidelisme et particularismes regionaux”, Caravelle, núm. 62 (1994), pp. 227-229. 20 “Palabras de Luis Villalba-Villalba”, “Para despertar a los muertos” y “Palabras de Héctor Parra Márquez”, en Revista de la Sociedad Bolivariana, Año 31, vol. XXXI, Caracas, 19 de abril de 1974, núm. 101, pp. 1223. 21 Tomás Straka, Contra Bolívar José Domingo Díaz. Contra Díaz Simón Bolívar, Caracas, editorial Libros Marcados, 2009, y Tomás Straka, La voz de los vencidos. Ideas del partido realista de Caracas, 1810-1821, Comisión de Estudios de Postgrado. Facultad de Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela. Caracas, 2000. En esta misma línea podemos hablar de los trabajos de Ángel Rafael Lombardi Boscán, “La visión española de la pre-independencia en Venezuela”, en Enrique Martínez Ruiz, coord.: Poder y mentalidad en España e Iberoamérica. I Seminario Hispano-Venezolano, pp. 289-295, y del titulado “Banderas del Rey (La visión realista de la independencia, 1810-1818)”, en prensa. Otro caso de historiografía nacionalista bastante alejada de la realidad es la uruguaya, con el caso de Artigas, ver Julio Sánchez Gómez: “Brasil y Uruguay: dos procesos de independencia íntimamente relacionados”, en Juan Bosco Amores Carredano Las independencias iberoamericanas ¿un proceso imaginado?, Universidad del País Vasco, 2009, pp. 139-182. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 118 estudios más recientes de su trayectoria ideológica tratan de enmarcarlo en los convulsos años de independencia y en el estudio de la propaganda ideológica que practicó como elemento indisolublemente unido a los conflictos bélicos de la independencia venezolana y a su devenir histórico. Sin duda, la obra de Germán Carrera Damas y la de Elías Pino Iturrieta, entre otros autores más recientes, han contribuido a relativizar el peso de la historiografía republicana más tradicional y a abrir puertas para acometer la relectura de estos realistas venezolanos que destacaron en el ámbito de la propaganda política como redactores, traductores, etc. y dejaron su impronta más personal a un conflicto que por circunstancias diversas les condujo lejos de su patria tras la independencia. En concreto, la salida definitiva de José Domingo Díaz de su Venezuela natal se produjo a mediados de 1821, cuando la batalla de Carabobo vino a señalar que ya poco podía esperarse de la suerte española. Morillo se había retirado a España con anterioridad y tras la mencionada batalla Díaz fue el encargado por el nuevo jefe militar, su amigo el general La Torre, de informar detalladamente en la Corte sobre la situación del país americano. Su salida hacia España marca una nueva etapa en su vida, breve, de apenas ocho meses. Era su segundo viaje a la península y debió vivir con intensidad la vida cortesana de la capital, en donde se enteró de que ya había sido nombrado desde junio de 1821 intendente de la isla de Puerto Rico. Aunque se alejaba de su Venezuela natal la vinculación con ella no se interrumpiría; de hecho, siguió muy viva a través de una inagotable actividad propagandística desde la Intendencia de la isla vecina. Su defensa a ultranza de la causa española debió ser causa más que decisiva para su nombramiento no solo porque podía desarrollar una importante labor de propaganda sino también porque cualquier proyecto de reconquista militar futura de Venezuela debía contar con el apoyo logístico y económico de Puerto Rico. Sus facultades profesionales en uno y otro campo estaban desde luego fuera de toda duda. 22 22 Sin embargo, no pasaron muchos años para que el gabinete español se diera cuenta de que cualquier esfuerzo económico y de hombres para reconquistar Venezuela era un negocio más que cuestionable. De hecho, a medida que se fue conociendo mejor la penosa situación económica de la joven república los esfuerzos españoles se concentraron más en la reconquista de México y en la defensa de Cuba y Puerto Rico. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 125 bajeles que tuvo que trasladarse con José Arizábalo, aún niño, y toda su familia al arsenal de Puerto Cabello. De Venezuela se trasladó Arizábalo a Puerto Rico, iniciando allí su carrera militar con un tío carnal, el brigadier Juan Arizábalo y Orobio, a la sazón comandante de Artillería en la isla. De Puerto Rico pasó a Santo Domingo en febrero de 1809 para participar en la exitosa lucha contra los franceses. Siendo ya subteniente, salió de Santo Domingo en octubre de 1813, destinado a la brigada de Artillería del departamento de Caracas, no sin antes hacer escala en Puerto Rico. Su llegada a Puerto Cabello, en marzo de 1814, debió coincidir prácticamente con la muerte de su abuelo materno, quien falleció en el sitio de dicha ciudad. A falta de hallar unos informes que Arizábalo emitió desde Puerto Cabello a fines de 1821 y desde Cádiz en noviembre de 1824 pocos datos tenemos más sobre su estancia en Venezuela, solo que estuvo en La Guaira, Cumaná y Maracaibo, donde debió participar en los múltiples avatares por los que pasó el conflicto entre la metrópoli y su colonia. La capitulación del general Morales le cogió de teniente coronel de Infantería y comandante de Artillería del Castillo de San Carlos de la Barra en Maracaibo. 41 Tras la capitulación de esta ciudad debió regresar a la península donde, según afirmaciones propias, estuvo su vida en peligro: “y siguiendo siempre con firmeza los principios de mi felicidad, formé el plan de separarme de la vista de unos enemigos secretos, cuyas maquinaciones las experimentaba diariamente y me veía preciso a no dormir de noche, receloso de una trama que me hiciese desaparecer para siempre, por lo que me trasladé a América con decidida resolución de dejar a mi esposa [la venezolana Tomasa Adán y España] en su casa y dedicarme yo con libertad a emplearme en un 41 Isidro A. Beluche Mora: “Sesquicentenario de la victoria naval de Maracaibo”, en Revista de la Sociedad Bolivariana, año 31, vol. XXXI, Caracas, 19 de abril de 1974, núm. 101, pp. 73-85; Documentación realista sobre la batalla naval del Lago de Maracaibo, Fundación Rotario de Maracaibo, 1973 (Compilación y prólogo por Agustín Millares Carló y Carlos Sánchez Díaz). Por tanto, su carrera militar la desarrolló en gran medida en suelo venezolano, en donde fue comandante de algunas campañas, en especial en la defensa de Pampatar, isla de Margarita, en 1816 (Mariano Torrente, Historia de la revolución hispanoamericana, vol. III, Madrid, Imprenta de Moreno, 1830, p. 568). El propio Arizábalo aseguraba que prestó en Venezuela múltiples servicios y que constaban “plenamente justificados en el Tribunal de Calificación instalado en Sevilla el año de 1825.” La fuente más importante sobre su persona es la “Relación presentada por el teniente coronel D. José Arizábalo, relativa a sus operaciones en Caracas hasta su capitulación”, fechada en Puerto Rico el 31 de enero de 1830 (AGI, Santo Domingo, 2335 y AHN, Estado, 6375/1). Fue publicada en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia [Venezuela], tomo XLIV, núm. 173, Caracas, enero-marzo, 1961. Más tarde, Delfina Fernández estudió a este personaje en su obra Últimos reductos españoles en América, Madrid, Mapfre, 1992, págs. 281-313, aunque presenta como inéditos los datos de la anterior relación, algo que no es cierto. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 126 cambiamiento a favor de S.M., para lo cual pasé con mi familia al puerto de La Guaira, por la vía de Gibraltar, adonde llegué en julio de 1826”. 42 La salida de España parece que la hizo con muy pocos recursos y pudo entrar en Venezuela pese a la fama de realista que tenía, gracias a los “empeños” de muchos amigos que conservaba allí y a los que fue visitando en las ciudades de Puerto Cabello, Valencia y demás pueblos de los valles de Aragua. Torrente afirma que Arizábalo tenía “su familia e intereses en dicha provincia de Caracas” y que esto, junto a la posibilidad de poder atraerlo a la causa republicana, fue un factor decisivo para aceptar su entrada al país. Recorrió también la Villa de Cura, ciudad de San Sebastián de los Reyes y Camatagua, donde observó la división política interna que vivía el país, factor que consideraba fundamental para poder provocar un levantamiento interno y una contrarrevolución favorable a la causa realista. Las referencias biográficas sobre Arizábalo hasta su entrada en Venezuela se basan sobre todo en la memoria que dirige al capitán general La Torre en enero de 1830, tras las luchas mantenidas en suelo republicano. Al iniciarse estas campañas, las referencias aumentan pues tanto en el AGI, como en el AHN y el AGPR pueden encontrarse abundantes referencias sobre Arizábalo y sus colaboradores. Delfina Fernández, en su obra Últimos reductos españoles en América, se basa en la citada memoria –que había sido ya publicada por la Academia Nacional de la Historia de Venezuela en 1961—a la hora de explicar aquellos acontecimientos sin aportar más referencias documentales. Por ello no vamos a repetir aquí unas referencias que, pese a haberse publicado hace tiempo, no son aún bien conocidas, incluso por especialistas sobre el tema. Solo destacaremos que su llegada a Venezuela fue decisiva para articular y coordinar la acción de todas las bandas de descontentos que seguían mostrándose inconformes con un modelo de república que dejaba a amplios sectores de la población (castas y esclavos sobre todo) en una posición similar a la que tenían en la época colonial. Miquel Izard expresó en pocas líneas las perspectivas que tenían: 42 Torrente llega a afirmar que al llegar Bolívar a Venezuela, en enero de 1827, pensó en Arizábalo como jefe de artillería de toda la provincia de Caracas y en ascenderle a coronel (Historia de la revolución…, vol. III, p. 568). MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 127 “Las castas y los esclavos siguieron dependiendo del mantuanaje que, conquistado el poder político, no llevó a cabo, lógicamente, ninguna transformación en la estructura socioeconómica del país, al contrario, se incrementó su afán de controlar toda la tierra venezolana, sujetó en sus haciendas a los pardos y a los ex esclavos por medio del endeudamiento continuado y perpetuo, y desde el poder estructuró una república de acuerdo con sus intereses”. 43 A estos grupos, que actuaban como bandas descontroladas, se acercó Arizábalo con objeto de dar a su actuación una vertiente política con un marcado carácter monárquico. De hecho, en esta estrategia era fundamental conseguir un cambio en su actitud violenta e indiscriminada que tan malos recuerdos traía a los venezolanos. Por ello, no nos extraña que Arizábalo intentase desde un principio darle al “indio” Cisneros instrucciones sobre cómo debía comportarse con la población civil, de forma que la causa realista no se resintiese ni se identificase con la violencia gratuita de estos grupos marginales. Arizábalo escribía en sus memorias: “le hice algunas observaciones del estado de las provincias, a las que debía dispensarles más bien el amparo y protección que ellas exigían, que la terrible y espantosa guerra que hacía, y que ésta solo convenía contra la fuerza armada en las acciones de guerra”. 44 Del mismo modo, otro objetivo clave de Arizábalo fue el evitar a toda costa la comunicación directa de estos cabecillas con las autoridades republicanas para evitar que pudiesen ser manipulados en beneficio de la república o del orden social y político, que convenía tener desestabilizado lo más posible. 43 En parecidos términos se expresa Federico Brito Figueroa en su Historia Económica y Social de Venezuela (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1972, pp. 234-235) cuando se refiere a la Constitución de 1830 y a su acogida por la población: “No estimándola, ni sintiéndola, precisamente, como democrática, sino oligárquica, es la razón por la cual la masa popular venezolana se alza con tanto encono contra los cuadros de la república desde los mismos días de su instauración, apelando al único instrumento de lucha que conocía y era posible utilizar en función del atraso y desarrollo social del país: la guerra de guerrillas”. A ellas se integran bandoleros, mulatos, zambos, artesanos, agricultores arruinados y esclavos y manumisos que huían de sus amos… En este sentido, habla Federico Brito de que el realista Boves fue en realidad un “verdadero caudillo popular y no un defensor consciente del poder real porque al sublevar los esclavos y distribuir las propiedades de los blancos lesionaba, objetivamente, las bases materiales del orden colonial, desquiciaba el régimen de castas que jurídicamente contribuía a estabilizarlo” (p. 165). 44 “Relación presentada….”, en Boletín de la Academia…., pág. 90. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 128 Parece que la llegada de Arizábalo a Venezuela fue decisiva en un momento en el que las partidas carecían de recursos suficientes si nos atenemos a las declaraciones del capitán pardo Basilio Sánchez. 45 Paralelamente, La Torre y José Domingo Díaz habían hecho suyas las esperanzas de un retorno de Venezuela a la soberanía española, aunque centrando más sus esperanzas en una revuelta interna que en la capacidad española de mandar una fuerza militar capaz de reconquistar el país. Así, se daba la irónica situación de que en Venezuela se confiaba en un apoyo exterior para que la causa realista acabase de cuajar, mientras que desde Puerto Rico se confiaba más en una descomposición interna como principal causa desencadenante del cambio político. Quizás en esta desconfianza sobre la propia capacidad de actuación debamos encontrar la causa de la inoperancia y la escasez de resultados prácticos (a nivel de un cambio de soberanía) que tuvieron las tentativas de estas partidas realistas coordinadas por Arizábalo y las tímidas apariciones de la escuadra cubana en las costas venezolanas. Arizábalo fue el personaje principal en la coordinación del descontento de la Venezuela republicana, descontento de las clases olvidadas por el mantuanaje y de los restos del ejército y administración realistas que se habían incorporado a la vida republicana sin olvidar su pasado ideológico, caso de Isidoro Arroyo 46 o José Gómez 47 . La llegada de Bolívar a Venezuela fue para Arizábalo muy positiva ya que al hacerle la propuesta de incorporarse al ejército patriota como coronel de Artillería y no aceptarla transitoriamente obtuvo del mismo Bolívar el permiso para “andar por donde qui[si]era libremente”. Esto facilitó el movimiento de Arizábalo en el país y con la llegada de Isidoro Arroyo a La Guaira, en marzo de 1827, la idea de coordinar acciones de fuerza contra la república fue cuajando. Primero, gracias a los contactos con el pardo Basilio Sánchez y el “indio” Cisneros, luego con Centeno, Inocencio y Doroteo. 45 Era sobrino de un teniente coronel de caballería realista, Manuel Ramírez, que fue decapitado en 1828. 46 Arroyo fue empleado en la Real Hacienda venezolana antes de la independencia republicana. Quizás era natural de Venezuela pues habla de ella como su “amada patria”. Contador secretario de la Junta del Montepío fue luego oficial segundo de la Tesorería General y contacto de confianza en Venezuela de la red de información realista (Copia de la memoria de Isidoro Arroyo, Puerto Rico, 16 de marzo de 1829. AGI, Santo Domingo, 2334). 47 Originario de Cumaná, hijo de un gaditano sacrificado por los insurgentes y de María del Rosario Andrade. Fue oficial de la Contaduría del Gobierno de Colombia en La Guaira y emigrado luego a Humacao, Puerto Rico. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 129 Un gran problema que tuvo que afrontar Arizábalo desde un principio fue la escasez de armas y de oficiales adecuados, así como poder actuar en nombre del rey, un permiso que tardó bastante en llegar desde la Capitanía General de Puerto Rico (lleva fecha de 30 de junio de 1827, cuando Arizábalo estaba escribiendo a La Torre desde octubre del año anterior!) a consecuencia, sin duda, de la precariedad y el mal funcionamiento del espionaje realista. De hecho, el encargado de hacer llegar las primeras cartas a La Torre, José Acuña, no lo hizo por miedo a ser descubierto. En el mes de abril se utilizó la vía de San Thomas con éxito “bajo la cubierta del Sr. D. Juan Bautista de Larrañaga”, pero sin saber Arizábalo que las cartas habían llegado a Puerto Rico tuvo que recurrir en junio de 1827 a un capitán francés a quien se le pagó por el servicio la importante cantidad de 300 pesos. La falta de todos estos elementos (permiso, armas, oficiales…) impedía la puesta en marcha de las acciones militares coordinadas por Arizábalo. Temía que la acción no sirviera para otra cosa que para alentar una violencia racial sin conseguir objetivo político alguno, entendido éste como el retorno a la soberanía española. Por tanto, la prudencia a la hora de romper las hostilidades se imponía: “tanto por las partes heterogéneas de que se componen aquellas poblaciones (que era el punto de vista de mi mayor cuidado), como porque bien sean los cuerpos o partidas que se reuniesen, careciendo de aquella disciplina necesaria para conciliar las operaciones con la salud de los pueblos, me recelaba no poder contener los males que por esta razón pudieran originarse”. A tenor de las comunicaciones que se recibían en Curaçao estos peligros no se solucionaron en absoluto: “A fines del mes de mayo [1827] Cisneros, Ramírez y Centeno dieron un golpe en San Sebastián de los Reyes, tomando el cuartel, degollando la guarnición y pasando a cuchillo los habitantes”. 48 La presión a la que debió verse sometido Arizábalo por parte de las bandas debió ser fuerte. Arizábalo quería impedir la repetición de las escenas de 1813 y 1814, el saqueo y el pillaje. La identificación de estas acciones con los realistas supondría, en palabras del propio Arizábalo, la desaparición de los partidarios de España en Venezuela, y por ello tuvo que 48 Carta de José María Pando fechada en Curaçao el 12 de junio de 1827. AGI, Santo Domingo, 1733. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 130 esperar hasta mediados de 1827 la confirmación de su mando al frente de las bandas “realistas” en Venezuela para poner en marcha las acciones bélicas. Esta estrategia de Arizábalo era compartida plenamente por José Domingo Díaz, quien en un oficio dirigido al secretario de Estado y Despacho de Hacienda nos explica la estrategia a seguir en Venezuela. Una actuación muy lejana al espíritu que se le atribuye por gran parte de la historiografía venezolana: “En las calles, en las plazas y en las conversaciones públicas y privadas se expresaban los deseos del gobierno de S.M. pero me escriben que generalmente temían el que no fuesen perdonados y el que se repitiesen las vejaciones e insultos que por desgracia se vieron en otras épocas (..) Es muy cierto, Excmo. Sr. Hay algunos hombres que con una fidelidad exaltada pero muy perjudicial al bien público y muy contraria a la pacificación no respiraron en un tiempo más que insultos y sangre y lo que es más doloroso los respiran aún. Yo he sido constantemente testigo de esta verdad y si ellos, llegado el caso, no son contenidos nada se habrá hecho. La política y la prudente sabiduría de los que dirigen los pueblos serán solos los únicos garantes de una sólida y perpetua pacificación. Si no se tiene, todo es perdido, y los esfuerzos de los verdaderos leales serán sofocados con el encono de los resentidos”. 49 Su confianza en la victoria, y el hecho de que él iba a tener que ocupar el mando militar, le había llevado incluso a pensar en la organización política de las zonas que fueran recuperándose. En dicha organización le reservaba un puesto destacado, el de intendente de Caracas, a su amigo y fiel colaborador, Isidoro Arroyo, a quien designó también como administrador de los recursos que llegasen de Puerto Rico. Mientras Fernando VII o el propio La Torre enviasen a un capitán general, Arizábalo había pensado en crear una Junta Provisional Consultiva para el Gobierno de Venezuela, de la que formarían parte el propio Arizábalo, Arroyo, dos letrados, dos comerciantes, dos hacendados, dos miembros del Ayuntamiento, el prelado eclesiástico y otras dignidades de la catedral. Por otro lado, se eligieron los mismos miembros de los ayuntamientos y diputaciones de La Guaira y Puerto Cabello y demás oficios públicos que hubiese en 1809. 49 Oficio de José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 5 de junio de 1827. AGI, Ultramar, 438. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 131 La llegada de la primera carta de Arizábalo a Puerto Rico el 28 de abril de 1827, fechada el día 5 del mismo mes, coincidió con el temor desatado meses antes por la llegada de Bolívar a Venezuela, circunstancia que podría relacionarse con una posible invasión de la isla por las tropas republicanas. 50 La tentativa debía correr entre los círculos de espionaje y contraespionaje antillanos. Pando desde Curaçao se hacía eco a fines de mayo de 1827 de que los cubanos Aniceto Yznaga (de Trinidad) y Betancourt (de Puerto Príncipe) habían llegado a Caracas para proponer a Bolívar la toma de La Habana con la promesa de ayudas económicas de Jamaica. Pando asegura que por esa época habían estado dos imprentas ocupadas “imprimiendo proclamas seductivas contra aquella isla [Cuba] a nombre del Libertador….” Al parecer, Yznaga y Betancourt eran los encargados de introducirlas en varios puertos de la isla por lo que se puso sobreaviso al gobernador de Santiago de Cuba y al comandante general de Trinidad para que cuidaran de los buques extranjeros, procedentes de Maracaibo, a fin de que no introdujeran estos escritos y se vigilara a quienes los recibieran. 51 Díaz se vio obligado a alentar la división entre Bolívar y Páez con la edición en Puerto Rico y posterior introducción en Venezuela de tres cartas, con una tirada aproximada de cien ejemplares. Estos ejemplares debió verlos circular el propio Arizábalo, quien solicitaría más ejemplares a Díaz. De hecho, Díaz escribió entre el 29 de diciembre de 1826 y el 12 de abril de 1828 diez cartas y seis alocuciones en las que se enfrentaba a la independencia de su Venezuela natal desde su particular enfoque político y se disponía a preparar el terreno para la eventual invasión del país por tropas peninsulares apoyadas en el interior por las coordinadas por Arizábalo. Díaz escribe al día siguiente de la llegada de la mencionada primera carta de Arizábalo (29 de abril de 1827) a los venezolanos diciéndoles que estaba en sus manos “volver al estado que os arrebataron tan injustamente. No se necesita sino una 50 Esta primera carta se envía a través de San Thomas y bajo la cubierta de Juan Bautista de Larrañaga, un emigrado español en aquella isla (Copia de José Domingo Díaz de un correo reservadísimo de Arizábalo a Díaz fechado en La Guaira el 11 de junio de 1827. AGI, Ultramar, 438). 51 Oficio de Curaçao fechado el 31 de mayo de 1827 al superintendente de Cuba Martínez de Pinillos. AGI, Santo Domingo, 1733. Las comunicaciones desde Cuba a Curaçao se realizaban vía Nueva York a través de M. JJ. Purroy. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 132 justa, virtuosa y noble resolución (..) ¡cuántos correrían a sosteneros en vuestra necesaria resolución!” 52 Todo un presagio de que se estaba tramando una invasión… Estos textos pueden clasificarse en dos grupos bien diferenciados. Por un lado las diez primeras cartas (escritas entre el mes de diciembre de 1826 y octubre de 1827) que son de carácter fundamentalmente defensivo y contra-propagandístico, y por otro estarían las seis alocuciones escritas entre el 21 de diciembre de 1827 y el 12 de abril de 1828, que tienen una vertiente más ofensiva y propagandística, orientadas sobre todo a animar la acción de las partidas realistas y sobre todo a atraer la opinión de los venezolanos que aún permanecieran indecisos. Estos escritos responden a necesidades diferentes, vienen motivados por circunstancias distintas y contextos propios, debiendo tenerlos en consideración a la hora de analizarlos. Al menos una parte de las cartas que se enviaban desde Puerto Rico llegaban a la casa de Isidoro Arroyo. A mediados de agosto de 1827 recibe en dos legajos los últimos impresos escritos por Díaz para su distribución en Venezuela. Arroyo los escondía en una concavidad del interior de su casa “para evitar una sorpresa” pero a primeros de septiembre la sorpresa se produjo y los legajos fueron abiertos y sacados por un criado pequeño y luego repartidos los cincuenta ejemplares que contenían por la calle principal de la ciudad, circunstancia que supuso la salida de Arroyo de la administración republicana y meses más tarde su deportación a Puerto Rico. 53 Estas alocuciones presentan un discurso muy similar, cada vez más intenso y entusiasta, y en él se resalta como elemento homogeneizador la inminente apoteosis de la monarquía. A partir de diciembre de 1827, Díaz es consciente de que sus textos han cambiado de signo, no son defensivos, contra-propagandísticos, sino que se aproximan a objetivos concretos de ataque, se han hecho propaganda, arma ofensiva por naturaleza 54 . El tono triunfalista, las instrucciones precisas y la presentación de un nuevo estado de cosas diseñado al detalle muestran el carácter diferente de esta última serie de alocuciones. 55 52 AGI, Ultramar, 441. 53 Copia de la memoria de Isidoro Arroyo, Puerto Rico, 16 de marzo de 1829. AGI, Santo Domingo, 2334. 54 Rendeix-te…, p. 199. 55 La del 23 de octubre de 1827 (AGI, Ultramar, 438) presagia ya el cambio de estrategia cuando anuncia desde la primera línea: “Por fin esos valientes Centeno, Ramírez, Martínez, Cisneros y Doroteo dejan los montes que les han servido de asilo para romper las cadenas de los oprimidos, despedazar el cetro de un MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 133 En el preámbulo de la primera alocución Díaz llega a referirse al “espanto” que experimenta el Gobierno venezolano ante “la opinión de los pueblos abiertamente pronunciados”, menciona las precauciones adoptadas por Páez y el temor que éstas suponían. Díaz reproduce el bando de Páez del 1º de octubre de 1827 que castigaba la tenencia y difusión de la propaganda realista porque “la solemne publicación de este necio decreto propagaba la noticia, el deseo se animaba y el resultado era contrario a los deseos de la orden”. 56 Díaz confiesa, en una afirmación quizás discutible, que tras el citado bando le fue más sencillo introducir sus escritos en Venezuela. Fuera esto cierto o no lo que sí pudo ocurrir es que fuese más consciente de la peligrosidad que entrañaban al régimen republicano este tipo de escritos, lo cual explicaría el inicio de una acelerada campaña para convencer a los venezolanos del poder ascendente de los realistas y de la conveniencia para la ciudadanía de adherirse a esa causa que ya se les presenta como vencedora de una lucha que los republicanos ni siquiera consideraban como un conflicto bélico. En esta línea propagandística, inmersa en pleno período bélico, continuaba la segunda alocución, del 6 de enero de 1828, cuyo objetivo era arengar a las partidas realistas pero también convocar a la deserción a los partidarios menos fiables del enemigo. Ambas alocuciones se redactan coincidiendo con la llegada a Puerto Rico del brigadier Ángel Laborde, procedente de La Habana. La primera al día siguiente de su llegada, la segunda solo dos semanas después… Los motores de la guerra empezaban a rugir…La escuadra naval y la propaganda realista se aprestaban a lanzar su última tentativa de importancia contra Venezuela en torno al 23 de diciembre de 1827, fecha de salida de la escuadra desde la isla caribeña. 57 Déspota insolente y satisfacer los votos de todos los hombres de bien” (p. 1) La efectividad o impacto de estos escritos es difícil de evaluar aunque probablemente pudo ser alto (Rendeix-te!..., p. 194). Sobre los mecanismos y recursos utilizados podemos ver Navarro García, “Con la pólvora en el tintero…”, pp. 124-131. De hecho, estos escritos que presagian el cambio de soberanía son especialmente idóneos para una escrupulosa difusión por zonas en situaciones similares. Esto ocurre por ejemplo en 1829 cuando se realiza la invasión de México por parte de la escuadra española, momento en el que el capitán general Vives da una proclama desde Cuba a los habitantes de Nueva España que lleva al espía español en Curaçao, José María Pando, a imprimir cien ejemplares para introducirlos en los puertos colombianos y en las guerrillas de los Güires para que “vean les va a llegar pronto algún auxilio que los saque de las montañas” y se mantengan firmes en su opinión (Oficio de José María Pando fechado en Curaçao el 14 de agosto de 1829. AGI, Santo Domingo, 1742). 56 José Domingo Díaz, Recuerdos sobre la rebelión…, 1961, pp. 540-542. 57 Estas alocuciones pretendían ser fijadas en las poblaciones y en los caminos públicos. Se habla en algún momento de 700 ejemplares introducidos en Venezuela (Oficio de José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 15 de enero de 1828. AGI, Santo Domingo, 2430, y de José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 16 de febrero de 1828. Ibidem). MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 134 Un gran silencio sobre la suerte de la escuadra se abre desde esta fecha en los escritos de las autoridades insulares. Apenas un mes después (en torno al 20 de enero) llegan avisos de los progresos de las partidas y Díaz presupone que en esos mismos días “la escuadra española debía estar a la vista de las costas de Caracas y haber penetrado hasta los últimos puntos de la provincia la noticia de su arribo a ellas. En tales circunstancias era mi deber felicitarlos por lo que habían hecho y recordarles lo que aún les quedaba por hacer”. 58 Por tanto, Díaz da por hecho el desembarco --en la tercera alocución que fecha el 25 de enero de 1828-- aunque no hubiera sido confirmado el hecho. Se arriesga a ofrecer la noticia aun siendo solo una suposición….. La realidad era otra bien distinta. La escuadra española no había podido auxiliar a los leales realistas pues no se habían podido encontrar ni comunicar, de hecho Laborde emprendía su regreso el primero de febrero de aquel 1828! Las causas de este desaguisado nos las ofrece Pedro Tomás de Cordova 59 , quien piensa que fueron la falta de armamento entre los realistas, el escaso sigilo “con que algunos manejaron este negocio” así como la prisión del comisionado que debía comunicarse con los realistas. Esta última razón es la única de las tres que puede explicar esa descoordinación entre la armada y los insurgentes en suelo venezolano pues ni la falta de armamento ni la publicación de la expedición por sí solas pueden explicar esa descoordinación. Las comunicaciones fallaron y esto hizo que hubiera falta de sincronía pues Arizábalo esperaba a Laborde en el mes de octubre y no en diciembre por lo que fue materialmente imposible hacer entrega de la ayuda y de los refuerzos que llevaban a los realistas. 60 Que el servicio de espionaje 58 José Domingo Díaz, Recuerdos sobre la rebelión…, 1961, p. 550. 59 Pedro Tomás de Córdova, Memorias geográficas, históricas, económicas y estadísticas de la isla de Puerto Rico, Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan, 1968, vol. V, p. 283. 60 Delfina Fernéndez, Últimos reductos españoles en América, Madrid, Mapfre, 1992, p. 302. El 17 de agosto de 1827 se habían reunido en La Habana el capitán general Vives, el brigadier Laborde –comandante general del apostadero de Marina de La Habana— y el superintendente Pinillos para tratar sobre el envío de algunos buques de guerra a Puerto Rico a fin de que contribuyeran a la contrarrevolución de Arizábalo. Debido a que se encontraban en período de huracanes decidieron dejar pasar los meses de agosto y septiembre “por grande que sea nuestra leal impaciencia es preciso sujetarla a la experiencia triste de los dos años últimos en que la violencia de las estaciones desbarató los planes mejor combinados y desvaneció las más bien fundadas esperanzas”. Además, esto permitía que llegaran a Cuba el navío Soberano, la fragata Restauración, con los refuerzos que debían conducir, y se podría habilitar el navío Guerrero (Oficio reservado de Claudio Martínez de Pinillos al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, La Habana, 22 de agosto de 1827, AGI, Santo Domingo, 1729). La adopción de esta medida tenía que ver con lo ocurrido en el verano de 1826, cuando tras las noticias de la defección de Páez se habilitó también la escuadra para pacificar aquellos dominios, alistándose un batallón en la plaza de Cuba con 70.000 ps. La tentativa “se desgració por el horroroso huracán del 5 al 7 de septiembre” (Acuerdo del 17 de agosto de 1827, AGI, Ultramar, 438). MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 141 a Santander en 1820 lo siguiente: “Nosotros pues, sin población, debemos al lado de cincuenta mil fusiles colocar otros tantos medios de persuasión para economizar la sangre de los americanos”. 78 El propio Bolívar decía que la “imprenta era la artillería del pensamiento”. 79 Nos consta que la guerra desde el ámbito de la propaganda política fue tan intensa como en los campos de batalla. Ambos bandos utilizaban el lenguaje para tratar de objetivar lo que unos y otros identificaban con la realidad social, cada quien la representaba de forma distinta y mediante el manejo de conceptos fundamentales redefinían los del sistema opuesto en los términos del pensamiento propio. Por tanto, en sus planteamientos -- tanto realistas como republicanos— parten de unas hipótesis, de unos planteamientos, muy diferentes para dar sentido a lo que ven y viven: es por eso que los conceptos de la otra parte se vislumbran como anómalos al sustentarse sobre bases ideológicas diferentes. 80 Es habitual que ambos bandos aludan a los abusos que comete el adversario en la batalla ideológica. Podría decirse que desean que haya una normalización de lo que se puede o no se puede hacer en el ámbito de la propaganda, al menos algo que limitara los excesos del rival pero, obviamente, esto es imposible… Realistas y republicanos no solo utilizan el razonamiento y la argumentación, ambos saben que hay que mover lo emocional y pasional también y para eso estaba la lengua, los recursos lingüísticos, para incentivar al indeciso a Angostura, periódico en el que fue colaborador habitual el propio Roscio y con el que se pretende elevar la guerra al plano de su verdadera significación ideológica (Arturo Uslar Pietri, “Estudio preliminar” en Testimonios de la época emancipadora, Caracas, 1961, p. XXVII; Luis Correa, “El Correo del Orinoco”, en Pedro Grases, Materiales para la Historia del periodismo en Venezuela durante el siglo XIX, Caracas, 1950, págs. 271-284; Pedro Grases, Obras de Pedro Grases, editorial Seix Barral, Caracas, 1981, vol. 4, cap. 2; Elías Pino Iturrieta, “Modernidad y utopía. El mensaje revolucionario del Correo del Orinoco”, en Boletín Histórico, núm. 32, Caracas, mayo de 1973, pp. 245-283, y Julio Febres Cordero, Establecimiento de la imprenta en Angostura. Correo del Orinoco, Caracas, 1964, y del mismo autor La doctrina de la revolución emancipadora en el Correo del Orinoco, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1959). Asimismo pueden verse los trabajos de Alicia Ríos sobre “La guerra y la prensa: aparatos de captura del Estado republicano (Venezuela, 1818-1822)”, en Estudios. Revista de Investigaciones Literarias, Universidad Simón Bolívar, 1998, núm. 11, pp.107-118 y “El Correo del Orinoco, prensa y nación en la Venezuela independentista”, en Estudios. Revista de Investigaciones Literarias, 1997, núm. 9, pp. 127-138). 78 Nydia M. Ruiz, Las confesiones…., p. 107. Este poder reconoce que también lo tiene la propaganda realista cuando afirma que “Las ‘falsas ideas’ que conformaban la ‘conciencia errónea’ estaban dotadas de una fuerza ‘imaginaria’ comparable a la de las armas y capaz de hacer sus veces” (p. 118). 79 Uslar Pietri, “Estudio preliminar”, p. XXVII. 80 Otro ejemplo de debates y polémicas ideológicas fueron las protagonizadas por Juan López de Cancelada con Blanco White, Mexía Lequerica, Velázquez de León, Guridi y Alcocer, etc. (Verónica Zárate Toscano, “La cuestión americana en Juan López de Cancelada”, en J. Raúl Navarro García, coord.., Insurgencia y republicanismo…, pp. 67-86). MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 142 participar en la lucha. Así, la utilización de los epítetos 81 será habitual tratando de enfatizar las descripciones que permiten moldear el pensamiento tanto de lectores como de posibles oyentes 82 , y desde luego también es habitual entre realistas y republicanos solicitar las suscripciones a las localidades 83 , repartir entre el vecindario el importe de las mismas 84 , descontarlas del sueldo de los empleados de rentas 85 o bien obligar a los párrocos y vicarios a suscribirse. La mala fama y el descrédito acumulados por Díaz en el devenir de la historiografía venezolana se deben en gran parte a una publicación que hizo de una carta apócrifa de Simón Bolívar para José Francisco Bermúdez en 1818. 86 José Félix Blanco y Ramón Azpurúa (en cuyos documentos se han basado los historiadores posteriores) explican que los españoles hacían la guerra a los americanos independentistas “inventando noticias favorables a los ejércitos realistas, como otras adversas a los republicanos; inventando o transfigurando la correspondencia oficial y la particular en términos ofensivos para los más conspicuos patriotas y muy desfavorables para la causa americana”. 87 Teniendo en cuenta 81 Cristóbal Rodríguez Alonso, “El epíteto homérico en Solón”, en Cuadernos de Filología Clásica, vol. 11, 1976, pp. 503-521, y Carlos Alberto Rosas Jiménez, “Los epítetos como recursos literarios a partir de los cuales se configura Zeus como deidad olímpica”, en Revista de Aula de Letras, primera época (años 20032005). 82 Nydia M. Ruiz, Las confesiones…., pp. 71 a 89 y 102 a 128. Sobre el papel de la traducción en este ámbito podemos ver la obra de Georges L. Bastin y María Gabriela Iturriza: “La traducción como elemento creador de identidad en la prensa independentista de Venezuela (1808-1822)”, en Trans: revista de traductología, núm. 12, 2008, pp. 81-94, y la de María Gabriela Iturriza: “Traducción de la prensa extranjera e intertextualidad en el periodo pre-independentista de la Gaceta de Caracas”, en Trans: revista de traductología, núm. 12, 2008, pp. 94-120. 83 Arístides Rojas, “La imprenta en Venezuela durante la Colonia y Revolución”, en Materiales para la Historia del Periodismo en Venezuela, compilación, prólogo y notas de Pedro Grases, pp. 122-128. 84 Pedro Grases, Orígenes de la imprenta…, pp. 127-129. 85 Julio Febres Cordero, Historia de la imprenta y del periodismo…, Caracas, 1974, pp. 148-149. 86 Gaceta de Caracas, núm. 205, año 1818. 87 José Félix Blanco y Ramón Azpurúa, comps.: Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, Caracas, Comité Ejecutivo del Bicentenario de Simón Bolívar. Presidencia de la República, 197779, t. VI, p. 55. Algo normal en situaciones de conflicto pues el propio Díaz comentaba en sus Recuerdos… (pp. 78-79) que su antiguo colaborador en la Gaceta de Caracas, Vicente Salías “hacía los mayores esfuerzos para conseguir la entera ilusión de aquellos pueblos. Audaz y de conocimientos poco comunes, aquella oficina era un volcán que vomitaba todo cuanto es capaz y propio de las revoluciones; la mentira, la calumnia, la impostura, la perfidia y el charlatanismo”. En parecidos términos se expresaba Pedro Grases sobre José Domingo Díaz, al que le aplica la etiqueta de falsificar o adulterar “sin el menor escrúpulo” (Obras de Pedro Grases, vol. 4, p. 203) aunque en otro lugar reconoce que en muchas ocasiones es verídico (Orígenes de la imprenta en Venezuela y primicias editoriales de Caracas, El Nacional, Caracas, 1958, p. 94). Para no hacer excesivamente largo el apartado de las citas, acabamos con la afirmación de Agustín Millares Carló quien afirma que José Domingo Díaz es un “personaje terrible (..) que no tuvo otra virtud que la constancia” (La imprenta y el periodismo en Venezuela. Desde sus orígenes hasta mediados del siglo XIX, Monte Ávila MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 143 las necesidades de la reciente república, sostenida por esta incipiente historiografía nacionalista, resulta lógico y hasta natural que no se mencione que los partidarios de la independencia hicieran otro tanto y que los “imparciales” compiladores resulten oficial y sinceramente ofendidos por los manejos para denigrar la memoria del Libertador, por lo que el investigador contemporáneo queda avisado de la necesidad de dudar no solo de la palabra de Díaz, sino también de la de sus enemigos, que vienen a ser prácticamente todos los historiadores del momento y la gran mayoría de los que vinieron después, herederos de una responsabilidad y una deuda con el héroe. 88 Blanco y Azpurúa no solo dedican en su homenaje a Bolívar un espacio a los apócrifos de Díaz y a las respuestas a sus artículos en la Gaceta de Caracas, que se publican en el Correo del Orinoco, sino que presentan su trayectoria propagandística desde 1813 de manera discontinua a lo largo de varios tomos, lo cual da una idea de la importancia y celebridad del personaje a pesar del ninguneo al que ha sido sometido. 89 Respecto a la carta que inaugura la mala reputación de Díaz, se inserta en el libro mencionado tanto el texto amañado como la “verdadera carta” que sirvió de modelo. Sabemos que la historia de esta falsificación es cierta porque el mismo Díaz se atribuye la editores, Caracas, 1969, p. 32). Sabemos que Vicente Salías tenía entre sus atribuciones procurar que el clero predicara “clara y terminantemente a favor del sistema” (Oficio dirigido a Miranda, Caracas, 4 de mayo de 1812, citado en Julio Febres Cordero, Historia de la imprenta y del periodismo.., p. 147). El control de los medios periodísticos fue máximo tanto en el bando realista como republicano (Ibídem…, pp. 147-148). La actitud de los redactores republicanos estaba a la orden del día en la batalla por ganar la opinión pública de Díaz y éste no los olvida en sus escritos: “Compatriotas: Aunque la Gaceta de Caracas de 25 de noviembre último (escrita para los pueblos que no me conocen) tenga por fin principal el intimidarme, y que en su consecuencia no volváis vosotros a oír las dolorosas verdades que os he presentado y que forman la actual historia de aquellos insensatos; sin embargo, me es muy amable vuestra felicidad, para que tan impotentes armas puedan imponerme silencio. Veo con el desprecio que se merecen aquel papel y sus miserables autores, las injurias groseras, los cuentos insulsos y ridículos, las indecentes imposturas y el fárrago de calumnias que contiene” (Recuerdos…, 1829, p. 108). Acerca de las políticas informativas de distintos periódicos españoles sobre los sucesos de Ultramar en el periodo insurgente, ver Laura Suárez de la Torre, “Realidad o invención: España frente a la independencia de sus colonias en América (1818-1828), aproximación hemerográfica” en J. Raúl Navarro García, Insurgencia y republicanismo…, pp. 87-104. 88 Salvador Broseta Perales, “La construcción de la imagen del héroe en la prensa insurgente”, en De súbditos del rey a ciudadanos de la nación, Castellón, CIAL, 2000, pp. 273-284. Sobre este tema Manuel Chust y Víctor Mínguez editaron un interesante trabajo: La construcción del héroe en España y México. 1789-1847, Valencia, Universidad de ValenciaUAM-Universidad Veracruzana-El Colegio de Michoacán, 2003. En esta obra nos interesan sobre todo los trabajos de Manuel Chust, “Héroes para la nación” y de Germán Carrera Damas, “Del heroísmo como posibilidad al héroe nacional-Padre de la Patria”. 89 Blanco y Azpurúa, Documentos para la historia.., t. IV, pp. 711-712; t. V, pp. 59, 92, 567-568, 649; t. VI, pp. 55-61, 370-371, 421-423, 488-489, 639, 641-643; t. VII, pp. 23-24, 486-487. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 144 autoría del texto apócrifo en sus Recuerdos sobre la Rebelión de Caracas. 90 Respecto a la verdadera, nos tenemos que fiar de los compañeros de Bolívar. Este episodio fue quizás el principio de una leyenda no siempre justificada por la que “el diablo del tal médico” 91 merece los peores epítetos por parte de los cronistas de las nuevas repúblicas y no precisamente por su reelaboración de textos enemigos, como aparentemente se proclama, sino por decir “cosas inauditas” de los patriotas, como “que Piar tenía entre manos una guerra de castas” y “otras atrocidades”. La guerra de castas era todo un hecho que hoy en día se acepta sin más y decirlo entonces podía ser una atrocidad solo para los intereses del bando patriota, en un momento determinado del proceso político. Hay una diferencia significativa entre expresar una sospecha respecto a la conducta del enemigo (sacándole los trapos sucios -lo que hace Díaz-) y calumniarlo –que es de lo que se le acusa, la mayor parte de las veces sin pruebas-. Tampoco sería lícita la identificación fácil entre una opinión inconveniente y una mentira. Los discursos y apreciaciones del que sería autor de los Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, sus opiniones firmadas y difundidas, parecen haber hecho más daño que sus apócrifos a juzgar por el hecho de que la mayoría de los ataques se dirigen a oponer un punto de vista patriota a una mirada realista, es decir, que los defensores del bando de Bolívar insisten en la orientación errada e inmoral del mensaje en lugar de obviar las opiniones y centrarse en la ilegalidad del medio, esto es, la falsificación. Si el juicio de Díaz es más peligroso que sus métodos, la guerra se sitúa en el terreno de la opinión y no en el de la información. En la mayor parte de las fuentes documentales y críticas hay unas ideas ortodoxas (las favorables al bando patriota) y otras heterodoxas (las que le son desfavorables, las realistas). Teniendo en cuenta que la mayoría de la documentación disponible en el siglo XXI es ortodoxa desde el punto de vista de 1818, o está filtrada por compiladores y editores igualmente ortodoxos, resulta necesario recordar hoy que carece de rigor la descalificación de Díaz como fuente histórica solo por haber expuesto su panorama del mundo en las 90 José Domingo Díaz, Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, 1961, pp. 336-337. 91 Guillermo Whitte, en Blanco y Azpurúa, Documentos…, t. VI, p. 58. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 145 misma condiciones de legitimidad y validez que los otros testigos de la independencia. Germán Carrera Damas, en su obra El Culto a Bolívar, señala los organismos oficiales de culto bolivariano: la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Academia Nacional de la Historia y Cátedra Bolivariana. 92 Si consideramos, de acuerdo con Carrera Damas, que la imagen de Bolívar sigue vigente en “sus funciones como factor de unidad nacional, al contribuir a desalentar veleidades separatistas; como factor de gobierno, al proporcionar un programa coherente del mismo; y como factor de superación nacional, al ofrecer una pauta ejemplarizadora para estimular el espíritu cívico”, no resulta difícil aceptar la necesidad que mueve aún a la historiografía oficial a defender una versión inalterable de lo sucedido en el período de la Independencia y de su significación. Carrera Damas encabeza con esta obra la propuesta de revisar gran parte de la crítica contemporánea en torno a la figura de Díaz. Las continuas justificaciones de Ángel Francisco Brice, editor en 1961 de los Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, por haber publicado un libro que merecía el olvido comienzan desde el estudio preliminar, en el que se apunta que “como ha sido citada [la obra de Díaz] por algunos historiadores especialmente aquellos que no desean o no saben apreciar imparcialmente la grandiosa y eficaz labor militar, política y social del Libertador, nuestra Academia Nacional de la Historia, que no le teme a la libre discusión de todo lo que tenga relación con Simón Bolívar, en cualquiera de sus fases [..] ha querido efectuar esta reedición [..] naturalmente que con las notas aclaratorias o rectificadoras del caso”. 93 Las notas aclaratorias son invectivas apasionadas dignas de la época de Díaz y Bolívar contra el ya inofensivo autor, que es continuamente descalificado por carecer “del fondo moral que se requiere para ser historiador” y por “su fobia contra el Libertador y la Revolución”, manifestada en “los viles epítetos” que emplea para Bolívar mientras los de su propio bando “eran todos lo contrario”. Brice sigue escandalizándose de las ideas anticuadas de Díaz y firma que tenía “un criterio sumamente estrecho para poder juzgar imparcialmente a los actores del nuevo movimiento político”, llegando a mencionar que “semejante libelo infamatorio, publicado después de terminada la guerra, es sencillamente un innoble y repugnante desahogo”. 92 Germán Carrera Damas, El culto a Bolívar, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1987, pp. 244-248. 93 José Domingo Díaz, Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, Caracas, 1961, p. 15. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 146 También Pedro Grases, en sus Materiales para la Historia del periodismo en Venezuela, califica a Díaz de “terrible panfletario” 94 y de “energúmeno” 95 , sin dar otro motivo que sus ideas y su labor propagandística, apoyándose en las habituales alusiones a sus calumnias. Resulta difícil encontrar una opinión que respete a este participante de su momento histórico siquiera como mera fuente documental. Acaso el derecho a contar su experiencia de la guerra pertenezca únicamente a los vencedores, pero siempre se filtra un punto de vista que complementa el relato de los sucesos, y aquí Díaz se encuentra en una interesante posición. De sus textos podemos extraer no solo datos históricos más o menos fiables para contrastar con otras fuentes, sino también un retrato del imaginario de una sociedad, de sus valores, las picarescas en uso, la mirada sobre las cosas, los conflictos de clase, la fuerza de las palabras y hasta la posible vigencia de las estrategias de captación y los modelos de poder. Vicente Lecuna, en su Catálogo de errores y calumnias en la historia de Bolívar, 96 cita como “patrañas” debidas al “mendaz gacetillero” una serie de cartas que habrían sido adulteradas por Díaz y que “así corrieron y fueron comentadas en desdoro del Libertador por historiadores serios, hasta que nosotros tuvimos la fortuna de encontrar dos de los originales y probar la falsedad de la calumniosa superchería”. Son seis textos de junio de 1817, relacionados con el asunto de la muerte de Piar, entre los que figura, en sexto lugar, el que ya hemos comentado de Bermúdez. La primera carta citada, “por el estilo y el contenido se comprende que es una adulteración, pero no se ha encontrado la auténtica”; la segunda “José Domingo Díaz la publicó mutilada, variando algunas expresiones, sin mayor importancia”; la tercera, cuyo original encuentra el mismo Lecuna, fue publicada “incompleta”, con fecha errónea “y modificaciones aparentemente favorables al Libertador, como la de suponer segura la conquista de toda Venezuela y la Nueva Granada, puestas así en sentido burlesco, pero que se realizaron al pie de la letra en los años subsiguientes”. Hasta aquí el criterio para descalificar la edición de Díaz consiste en la opinión de Lecuna. En cuanto a los retoques, el compilador ofrece la información de que la quinta carta cambia 94 P. 116. 95 P. 136. 96 The Colonial Press Inc, NY, 1956, t. II, pp. 68-71. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 147 las “ideas justas” (“consejos patrióticos y morales” de Bolívar a Piar en el original) por motivos de enemistad con Arismendi. La cuarta aparece citada por tener alteraciones sustanciales; en esas alteraciones está para nosotros la esencia de la propaganda de Díaz: la interpretación. 97 Porque el libelista no inventaba propiamente, sino que leía entre líneas puesto que muchas de sus “calumnias” revelaron ser acertadas al poco tiempo, cuando no eran sagaces observaciones de lo que ya estaba ocurriendo. También cometió errores de apreciación, pero no nos vamos a ocupar de ellos por haber sido ya suficientemente subrayados por la mayoría de los estudiosos bolivarianos. Respecto a la figura intocable de Bolívar debemos recordar que este “calumniador” no estaba solo en la labor de profanarla. Frente a la imagen divina que conservan las estatuas y la épica patriota, numerosos testimonios, debidamente descalificados por los cronistas oficiales incluso cuando sus autores son afines al régimen, refieren un carácter bastante acorde con el retrato de mantuano insolente que le regala Díaz bajo las trazas de la caricatura. 98 En el libro de José Luis Busaniche Bolívar visto por sus contemporáneos 99 , otro monumento a la gloria del Libertador, aunque con fisuras quizás intencionadas, encontramos algunos de ellos. Daniel Florencio O´Leary, que lo conoció bien, dice que 97 Lecuna atribuye a Díaz otras mentiras, exageraciones, omisiones y calumnias, así como “conceptos extravagantes sobre Bolívar” (Catálogo de errores…, t. I, pp. 36-37, 139, 223, 275, 284-289, 316, 328, 332, 352, 377, 384; t. II, pp. 22-23, 28-29, 66, 238-246). El catálogo se compone de tres tomos, en los cuales tienen cabida las descalificaciones de todos aquellos que no apoyaron al Libertador. Nos hace sonreír la importancia que se le concede a la “leyenda” de que Bolívar fue un niño malcriado, que aparece rotundamente negada, o la explicación de que el viajero H. L. V. Ducoudray Holstein, que publicó en 1829 una historia “llena de falsedades y calumnias”, estaba “enloquecido por la envidia y el odio” (t. I, pp. 274-286). Por otra parte, la historia del niño inquieto y rebelde que “solo obedecía a sus instintos y caprichos” reaparece en una biografía del Libertador, de Mauro Torres (Moderna Biografía de Simón Bolívar, Bogotá, Ecoe, 1999), para ser confirmada en términos de admiración (p. 37). El biógrafo escribe: “Impetuoso, pagado de sí mismo, orgulloso y soberbio [..], entregado a los juegos, errante, intolerante a la disciplina y a la autoridad, de temperamento indomable, así es la imagen que irradia el niño desde su nacimiento y que el propio Bolívar confirmaría más tarde” (p. 38). Se narra en este libro la evasión de Simón de casa de su tío y tutor, quien recurre desesperado a la Audiencia, y se le retrata como un perfecto salvaje, fascinante justo por eso. Vago en los estudios, su educación habría resultado fallida a pesar de su gran y extraordinario talento, dato que lejos de suponer una crítica sirve a Torres para apoyar la teoría de una personalidad excepcional. 98 El bando republicano tampoco brinda de Fernando VII la mejor imagen: “¿Por qué fatal delirio ese rey no lee, no oye, no consulta, no piensa y no quiere sino el mal del género humano? (..) Borbón detestable (..) tirano de sus padres y usurpador de su trono degradado, vil adulador y humilde esclavo del ambicioso (..) asesino de cuantos hombres ilustres ha producido su pueblo, enemigo implacable de los bienes de la humanidad y estúpido ambicioso que no sabe arrostrar sino la ignominia” (Gaceta del Gobierno. Extraordinaria. Caracas, 19 de septiembre de 1828. AHN, Estado, 6376-3). 99 Fondo de Cultura Económica, México, 1960. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 148 “sus decisiones eran a veces algo excéntricas” 100 . José de San Martín, que “la opinión pública lo acusaba de una desmedida ambición y de una sed ardiente de mando” y que “él se ha encargado de justificar plenamente ese reproche” 101 . Guillermo Miller, amigo y oficial de San Martín, añade: “La expresión de su semblante es cautelosa y triste, y algunas veces, de fiereza. Su carácter, viciado por la adulación, es arrogante y caprichoso. Sus opiniones con respecto a los hombres y las cosas son variables y tiene casi una propensión a insultar, pero favorece demasiado a los que se humillan y con éstos no guarda ningún resentimiento” 102 . Es reveladora la escena que relata Rudecindo Alvarado, inmediatamente refutado por el atento compilador Busaniche, en la que Bolívar se emborracha y ofende a sus anfitriones argentinos pisoteando sobre una mesa piezas de vajilla, al tiempo que dice “así he de pisotear la República Argentina”. “Instruido [yo, el narrador Alvarado] ligeramente de la causa que motivó el lance, parece que Bolívar dijo algo en relación a la dictadura de la América del Sur, que era su sueño dorado, agregando que en breve pisaría el territorio argentino. El coronel Dehesa que lo escuchaba con la cabeza acalorada, contestó que sus compatriotas no aceptaban dictaduras en su territorio, lo que irritó tanto al Libertador” 103 . Parece que las acusaciones de Díaz a Bolívar sobre su carácter y su ambición dictatorial contenían un eco no solo inferido del acontecer político, sino también de las opiniones y anécdotas que circulaban. Sin olvidar que su análisis de la Constitución de Bolivia es acertado. Busaniche, no sabemos si a su pesar, proporciona algunos testimonios más que apoyan esta imagen pública desprestigiada: antes de reunida la convención de Ocaña, ya Santander había escrito a uno de sus amigos: “nuestra patria está regida, no constitucionalmente, sino caprichosamente por Bolívar” 104 y un poco después lo califica de “perturbador de la República”. Desde Perú, el presidente La Mar iría más lejos en una carta al Libertador, increpándolo como “pérfido”, “tirano” y “devastador”. Córdova recoge en sus Memorias el testimonio de D. F., uno de los agentes realistas en Caracas, que lleva a Puerto Rico en marzo de 1829 noticias de la situación en Costa Firme: 100 Ibidem, p. 100. 101 Ibidem, p. 114. 102 Ibidem, p. 130. 103 Ibidem, p. 173. 104 Ibidem, p. 272. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 149 “Esta República en el nombre, porque en sus efectos es la más cruel, está gobernada por dos jefes supremos a discreción, a saber: Bolívar y Páez.” 105 Prosigue diciendo Córdova: “Con respecto a Bolívar puede decirse, sin temor de equivocación, que es hombre muerto civilmente, que solo entre los de su familia de Caracas y alguno que otro jefe militar conserva alguna opinión: lleva la nota que justamente merece de un engreído lleno de amor propio, que cree que sus pensamientos son los más sublimes, sus disposiciones las más acertadas, y por último no es otra cosa que un ignorante perspicaz y un loco afortunado que ha querido adoptar una política bastarda que no ha podido conciliar: por una parte ha querido aparecer como un benefactor de los pueblos de la América, y por otra reasumir y poner en ejercicio todos los atributos de un tirano; así es que con razón todos los políticos peruanos, argentinos y demás vomitan el veneno más activo contra este bárbaro”. 106 El retrato de Bolívar no difiere gran cosa del que ofrece Díaz. Debió ser un “lugar común” no solo entre los partidarios de la monarquía, sino también entre los republicanos externos a la Gran Colombia y hubiera sido extraño que no se extendiese a los sectores populares mediante rumores, anécdotas repetidas y, por supuesto, impulso propagandístico. Hubo quejas generales hacia el despotismo, numerosas voces quedaron levantadas tanto en Colombia como fuera de sus fronteras, contra el poder vitalicio que propugnaba el Código Bolivariano; así pues las “calumnias” del intendente de Puerto Rico debieron gozar en el periodo que nos ocupa de no poca adhesión y hasta encontrarían su confirmación histórica como “verdades”. La peor que pudo difundir Díaz de Bolívar, la crítica de la concentración de poderes en su persona como suplantación del monarca, vista desde hoy no sería más que un rasgo que se ha hecho endémico en el sistema político de la mayoría de los países americanos. Las acusaciones de despotismo quedan minimizadas ante el panorama presidencialista que ofrecen actualmente las naciones de este continente; el militarismo como necesidad ha quedado incorporado a la historia posterior de América Latina. Sorprende, pues, al lector no avisado la persistencia del calificativo “calumniador” basado en una discrepancia ideológica en cuanto se refiere a José Domingo Díaz. Esa presencia paternal de un jefe que eclipsa la significación de la democracia, que es ya una constante en 105 Memorias geográficas…, vol. V, p. 310. 106 Ibidem, vol. V, p. 318. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 150 la política de las repúblicas americanas, ha sido justificada y razonada hasta desde los bolivarianos más ortodoxos. Sobre sus estrategias de legitimación y las “manipulaciones” de textos patriotas. Aspectos relevantes en la labor propagandística de José Domingo Díaz son, por un lado, la utilización de determinadas estrategias de legitimación y, por otro, la posible manipulación de textos originales patriotas, circunstancia que se le ha echado en cara desde la historiografía patriota aportando pocas pruebas de ello. Vamos a detenernos en estos dos aspectos relevantes de su trayectoria como ideólogo realista. La autoridad de la enunciación es un hecho incuestionable, tener la palabra es ya estar presente, detentar una posición en el mundo. Si además la voz no es voz de uno, sino que cuenta con la elocuencia suficiente para ser representativa, voz de todos, consigue además de la presencia, el interés público. Cuando el acto de enunciación no responde a intereses personales sino que es inspirado por algo que trasciende los límites individuales, como Dios o una noble causa colectiva, la autoridad de estos focos axiomáticos desdibuja al sujeto de la enunciación y se adueña del discurso, legitimándolo. Cuando Díaz toma la palabra al principio de sus cartas, introduce su intervención con una justificación, es decir, mediante una declaración que hace que su enunciación sea justa, precisa, adecuada, pertinente, necesaria. Es el primer medio de legitimación de su escritura, que aparece como surgida de un impulso ajeno que no es una pasión ni un desatino, sino imperativo llegado de un más allá: “Como las cosas llegan ya a un punto en que no es posible permanecer en silencio” se toma el trabajo de publicar esta carta, diciendo que se sentiría “culpable con el silencio, pues todo hombre que tenga el menor sentimiento de honradez no debe permanecer pasivo en los momentos en que el genio del mal aparece”. 107 El enviado del mal tiene una misión del mismo modo que la tiene su correlato benéfico y ella los hace imprescindibles: Díaz, 107 José Domingo Díaz, Recuerdos.., 1961, p. 406. Ese genio (destello del alemán Geist entonces de moda) que ataca a los pueblos indefensos; ese espíritu diabólico que arrasa los campos y las vidas se encarnará por lo general en la figura de Simón Bolívar, “hombre nacido para tantos males”. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 157 ofrece traducciones del inglés el resultado, además de correcto, es más pulcro y elegante que las versiones originales. Por lo general se respetan los textos, hay alguna errata, alguna omisión realmente insignificante, nada que no suceda en las ediciones de los historiadores oficiales de los escritos del propio Díaz. Hemos detectado, sin embargo, alguna manipulación de mayor importancia que queremos también dejar apuntada. En su primera carta Díaz cita la proclama de Bolívar dada en Guayaquil el 13 de septiembre de 1826. En las Obras Completas de Bolívar 119 se edita una copia del original. En el primer párrafo se lee: “Y aun cuando la tierra entera fuera nuestra aliada y estuviera cubierta con nuestra raza, debiéramos permanecer sumisos esclavos de las leyes”. Díaz omite la frase señalada. En el tercer párrafo aparece “no hay más que un culpable, yo lo soy”. Díaz transcribe “ese soy yo”; “yo me presento [para] víctima”: para no dejar dudas ante la improbable ambigüedad de la expresión añade un “para”, y al final del párrafo se elide el pronombre sujeto en “ellos satisfacen vuestros enconos”. Justo antes de la firma, el original dice “soy colombiano y todos lo seremos”, y Díaz escribe “todos seamos colombianos”. Ninguno de estos detalles cambia el sentido ni tiene trascendencia ideológica ni táctica, más bien parece la deformación profesional de un Díaz redactor de prensa que corrige imperfecciones de estilo. En una época en que el editor todavía era el responsable del texto, infringir este tipo de retoques era algo común y sin importancia que no tenía por qué afectar a la autoría, el concepto de propiedad intelectual ha cambiado desde entonces. Se mantiene el sentido y eso no se consideraba manipular un texto. En su segunda carta aparece citada una de Bolívar dirigida a Cristóbal Mendoza, fechada en Lima el 6 de agosto. Hay una copia del original en las Obras Completas de Bolívar, pero Díaz explica que su fuente ha sido el periódico El Colombiano del 15 de noviembre de 1826. Solo tres pequeñas variaciones esta vez: Díaz omite el título de “Dr.” en la dedicatoria y el de “amigo” en la despedida y sustituye el adjetivo “nacional” por la forma perifrástica “de la nación”. Las posibles connotaciones del adjetivo pueden haber motivado el cambio, pero sustancialmente no hay falsificación: el resto de la carta es literal. 119 Simón Bolívar, Obras completas, vol. III, p. 174. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 158 En la tercera carta Díaz hace un resumen del Código boliviano, que resulta exacto en los puntos que toca. Díaz no inventa nada, todo está efectivamente tomado de la Constitución ideada por Bolívar. Tampoco rebusca entre los argumentos, sino que trata algo que es realmente representativo. Es un resumen correcto y el trabajo de Díaz afecta a la interpretación y a la respuesta, pero no a la exposición del contenido del Código. 120 Así, cuando el discurso de Díaz se centra en “aquella parte que establece la perpetuidad de la Presidencia, o poder ejecutivo”, para decir que “Este Código exige un Presidente vitalicio, inviolable y revestido de todas las facultades del poder ejecutivo” 121 , transcribe las siguientes palabras de Bolívar: “El Presidente de la República viene a ser en nuestra Constitución como el sol que, firme en su centro, da vida al Universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua, porque en los sistemas sin jerarquías se necesita más que en otros un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos, los hombres y las cosas. Dadme un punto de apoyo, decía un antiguo, y moveré el mundo. Para Bolivia este punto es el Presidente vitalicio”. 122 Aún insiste cuando afirma que “un Presidente vitalicio, con derecho para elegir el sucesor, es la inspiración más sublime en el orden republicano” 123 , lo cual da pie a Díaz para establecer un paralelismo razonable entre el modelo bolivariano, el modelo clásico de Licurgo y la monarquía. 124 De esta comparación Díaz deduce que la copia (el código boliviano) desmerece del original (la monarquía) por carecer de legitimidad e ir orientada a satisfacciones e intereses personales. La aportación de Díaz es, pues, la opinión sobre el discurso de Bolívar y sus consecuencias, pero en ningún momento una manipulación del mismo. Es un trabajo periodístico común, de crítica orientada a la contra-propaganda, y por ello abunda en la destrucción de la autoridad del legislador y reitera los mecanismos comunes de deslegitimación del enemigo. 120 Hemos contrastado la carta de Díaz con el “Discurso introductorio a la Constitución de Bolivia” (1826) recogido en la obra de Romero y Romero, Pensamiento Conservador (1815-1898), pp. 3-12. 121 Díaz, Recuerdos…, 1929, p. 290. 122 Romero y Romero, Pensamiento conservador.., p. 6. 123 Ibidem. 124 Bolívar va aún más lejos: “El Presidente de la República nombra al Vice-Presidente, para que administre el Estado y le suceda en el mando. Por esta providencia se evitan las elecciones, que producen el grande azote de las repúblicas, la anarquía, que es el lujo de la tiranía y el peligro más inmediato y más terrible de los gobiernos populares” (Ibidem, pp. 7-8). MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 159 Hemos localizado también los textos citados en la carta quinta, es decir, la carta de dimisión de Bolívar ante la Cámara del Senado el 6 de febrero de 1827, y sus renuncias anteriores al poder en enero de 1814 en Caracas y en agosto de 1818 en Angostura. El primer texto se publicó en el número 288 de la Gaceta de Colombia el 22 de abril de 1827 y está reproducido en las Obras Completas de Bolívar 125 . Díaz interpreta y resume sus palabras, pero es totalmente respetuoso, parafrasea, toma citas literales, mantiene el sentido sin desfigurarlo. La enumeración sucinta de la carrera del Libertador subraya expresiones originales: “vine a la capital”, “he dado decretos”, “supe en el Perú”, “respondí”, “puedo retirarme a gozar [de las dulzuras] de la vida privada” (entre corchetes el añadido de Díaz). También es apropiada y fiel la reformulación que se hace del siguiente párrafo, extraído de la edición de Vicente Lecuna: “En cuanto a mí, las sospechas de una usurpación tiránica rodean mi cabeza y turban los corazones colombianos. Los republicanos celosos no saben considerarme sin un secreto espanto porque la historia les dice que todos mis semejantes han sido ambiciosos” 126 . Aquí están los “celos de su autoridad” que comenta Díaz. Continúa el original: “En vano el ejemplo de Washington quiere defenderme; y en verdad, una o muchas excepciones no pueden nada contra toda la vida del mundo oprimido siempre por los poderosos”. Díaz dice que Bolívar cita a Washington como “único ejemplo libre de ambición”. Si Díaz dice que Bolívar “teme ser corrompido” no es mala interpretación del párrafo que reproducimos: “Yo gimo entre las agonías de mis conciudadanos y los fallos que me esperan en la posteridad. Yo mismo no me siento inocente de ambición, y por lo mismo me quiero arrancar de las garras de esta furia para librar a mis conciudadanos de inquietudes y para asegurar después de mi muerte una memoria que merezca de la libertad”. Así pues, Bolívar dice renunciar a la presidencia de la República, pero tiene razón Díaz en advertir que no es la primera vez y que no será una renuncia definitiva: “Más de dos tercios de mi vida han pasado: que se permita, pues, esperar una muerte oscura en el silencio del 125 Simón Bolívar, Obras completas, compilación y notas de Vicente Lecuna, Vol. III, p.780. 126 Ibidem. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 160 hogar paterno [..] Yo imploro al Congreso la gracia de simple ciudadano”. Esta actitud de Bolívar no resulta nada convincente para nosotros después de la violenta carta que había escrito a Páez tres meses antes acusándolo de traición por presentarlo “como ciudadano” a su llegada a Caracas. 127 Por otra parte, el desarrollo de los acontecimientos dará la razón a Díaz: se trata de una maniobra de Bolívar, que se aferra al poder. La segunda renuncia a la que se refiere esta quinta carta la hemos leído en la edición de Lecuna de las Obras Completas de Bolívar 128 . Se trata de los discursos que pronunció en el convento de los franciscanos de Caracas el 2 de enero de 1814, de los que hemos extraído algunos párrafos especialmente significativos: “Para salvaros de la anarquía [..] fue que admití y conservé el poder soberano. Os he dado leyes, os he organizado una administración de justicia y de rentas, en fin os he dado un gobierno [..] Juzgad con imparcialidad si he dirigido los elementos del poder a mi propia elevación o si he hecho el sacrificio de mi vida, de mis sentimientos, de todos mis instantes por constituiros en nación, por aumentar vuestros recursos o más bien por crearlos. Anhelo por el momento de transmitir este poder a los representantes que debéis nombrar; y espero, ciudadanos, que me eximiréis de un destino que alguno de vosotros podrá llenar dignamente, permitiéndome el honor a que únicamente aspiro, que es el de continuar combatiendo a vuestros enemigos, pues no envainaré jamás la espada mientras la libertad de mi patria no esté completamente asegurada [..] Compatriotas: yo no he venido a oprimiros con mis armas vencedoras, he venido a traeros el imperio de las leyes: he venido con el designio de conservaros vuestros sagrados derechos [..] Vuestra dignidad, vuestras glorias serán siempre caras a mi corazón; más el peso de la autoridad me agobia. Yo os suplico me eximáis de una carga superior a mis fuerzas”. Parece que el Libertador, auto-caracterizado como Mesías, se retirase de la política pero no del poder militar. Insiste demasiado en su renuncia a protagonizar la dictadura: 127 Se expresa Bolívar en estos términos: “¿Y qué podré yo hacer como ciudadano? ¿Cómo podré yo apartarme de los deberes de magistrado? [..] Nadie me ha recusado. Nadie me ha degradado. ¿Quién, pues, me arrancará las riendas del mando? ¡¡¡Los amigos de usted, usted mismo!!! La infamia sería mil veces más grande por la ingratitud que por la traición” (Carta del 12 de noviembre de 1826, en José Luis Busaniche, Bolívar visto por sus contemporáneos, México, FCE, 1960, p. 236). Sería poco probable que Díaz tuviera conocimiento de esta carta puesto que la habría utilizado, por lo que su intuición estuvo más que acertada. 128 Vol. III, pp. 589-594. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 161 “en vano os esforzáis porque continúe ilimitadamente en ejercicio de la autoridad que poseo. Las asambleas populares no pueden reunirse en toda Venezuela sin peligro. Lo conozco, compatriotas, y yo me someteré a mi pesar, a recibir la ley que mis circunstancias me dictan, siendo solamente hasta que cese este peligro, el depositario de la autoridad suprema. Pero más allá, ningún poder humano hará que yo empuñe el cetro despótico que la necesidad pone ahora en mis manos [..] No usurparé una autoridad que no me toca [..] Confieso que ansío impacientemente por el momento de renunciar a la autoridad [..] Para el supremo poder hay ilustres ciudadanos que más que yo merecen vuestros sufragios”. A pesar de la aparente modestia, pronto comienzan los matices: “No abandonaré, sin embargo, el timón del Estado sino cuando la paz reine en la República. Os suplico no creáis que mi moderación es para alucinaros y para llegar por este medio a la tiranía. Mis protestas, os juro, son las más sinceras [..] Aceptad, pues, las más puras expresiones de mi gratitud por la espontánea aclamación que habéis hecho titulándome vuestro dictador”. La conclusión es precisamente la que subraya Díaz: queda Bolívar en el poder absoluto. La tercera renuncia aludida en los panfletos tuvo lugar en Angostura el mes de agosto de 1818. Hemos encontrado un texto que corresponde a las citas de Díaz y que está datado el 22 de octubre, fecha que puede ser añadido del copista o revelar una inexactitud y que fue publicado en el Correo del Orinoco, núm. 14, el 24 de octubre de 1818. 129 Su autor recuerda cuando llegando desde el campo de batalla a la capital, hizo renuncia del poder supremo y dio cuenta al pueblo el 2 de enero de 1814 de los sucesos de la campaña y de su administración militar y civil: “El pueblo en masa solo respondió con una voz unánime de aprobación, confiriéndome nuevamente el poder dictatorial que ya ejercía”. Una vez que se ha legitimado mediante la voluntad del pueblo, se ubica en el presente: “Libre Guayana, y libre la mayor parte de Venezuela, nada nos impide ahora devolver al pueblo sus derechos soberanos [..] os pongo en posesión del goce de vuestros imprescriptibles derechos”; ello sin renunciar al reconocimiento: “olvidad, si podéis, en vuestras elecciones, a los que os han libertado. Por mi parte, yo renuncio para siempre la autoridad que me habéis conferido y no admitiré jamás ninguna que no sea la simple militar, mientras dure la infausta guerra de Venezuela. El primer día de paz, será el último de mi mando”. No parece que José 129 El texto está en la edición que venimos citando de las Obras Completas de Simón Bolívar (vol. III, p. 668). MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 162 Domingo Díaz tuviera que inventar demasiado, la elocuencia de Bolívar proporciona todo tipo de argumentos al enemigo. 130 En la séptima carta, el comentario de Díaz lo es sobre el texto en que el Libertador se despide por segunda vez de Caracas. 131 . Aquí sigue habiendo cambios intrascendentes en la versión que ofrece Díaz, tales como sustituir Colombia por “nuestra patria” o “la ignominia misma” por “la misma ignominia”. Estas variaciones, de ser consideradas, favorecerían a Bolívar, pues la palabra Colombia no tenía por qué sugerir una mayor afectividad que la directa alusión a la patria que Díaz explota tan a menudo y esta vez pone en boca de Bolívar. En lugar de “nuestra protección” Díaz dice “vuestra”; después omite una frase de valor redundante: “queredlo y la nación salvará su libertad” que, sin embargo, conlleva menoscabo de eficacia propagandística por su condensación del mensaje que ha desarrollado. Por último, un ligero retoque en la conjugación verbal convierte un vigente “habéis obtenido [libertad, gloria y leyes]” en un remoto pluscuamperfecto “habíais obtenido” que recupera las proyecciones del paraíso perdido en el discurso de Díaz dentro de un discurso ajeno. Aquí sí podríamos hablar de manipulación, aunque bastante sutil. 132 La octava carta de Díaz está orientada a desacreditar una proclama dada por Bolívar el 4 de julio de 1827. Dice haberla obtenido publicada en inglés en la Gaceta de Santomas (14 de julio), por lo que el original editado por Lecuna y por Blanco y Azpurúa en español no va a 130 Pese a la importancia propagandística que tenían estos escritos parece que fue el propio José Domingo Díaz quien pagó “de su peculio” la impresión de las seis primeras cartas. Ante sus dificultades para poder imprimir la séptima y reimprimir la cuarta y la quinta, que ya se habían agotado, y poder así satisfacer las peticiones que aún le hacían, solicitó a la Junta de Real Hacienda que se pagasen por las Reales Cajas todas las impresiones que fuesen indispensables y necesarias en adelante para pacificar el territorio venezolano. El primer pago que debieron hacer fue el de los 32 pesos que costó imprimir la séptima y reimprimir la cuarta y quinta, pago al que el contador parece que se opuso (Oficio del intendente José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho Universal de Hacienda, Puerto Rico, 14 de julio de 1827. AGI, Santo Domingo, 2429). 131 En la edición de Lecuna está fechado a 29 de junio de 1827, aunque Díaz da la fecha del 19 de junio y Córdova también. Se reprodujo en la Gaceta de Colombia el 29 de julio de 1827 (Oficio de José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 14 de julio de 1827. AGI, Ultramar, 438 y AGI, Santo Domingo, 2429). 132 La finalidad de Díaz con esta carta es clara: “Este importante documento que probaba de un modo tan incontestable el estado de anarquía en que se encuentran aquellos países, merecía que se publicase entre nosotros y entre ellos de aquel modo que merecía su miserable autor, y que era necesario a todos los habitantes de Costa Firme. Despreciado y detestado como ya lo está debo completar la obra y perseguirlo hasta su exterminio” (Oficio de José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho Universal de Hacienda, Puerto Rico, 14 de julio de 1827. AGI, Ultramar, 438). MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 163 corresponder literalmente a su versión. Las diferencias son mínimas y la fidelidad se mantiene excepto en dos detalles, esta vez considerables, que comentamos a continuación... Díaz no parece haber tenido la tentación desbordada de la traducción libre, por el contrario, su reescritura es por lo general ajustada y de una curiosa elegancia. En lugar de “unión [entre vosotros]” dirá “armonía”; en vez de “tampoco quiero [la presidencia de Colombia tan envidiada por otros colombianos]” dirá “Fijo poco interés [en la presidencia de Colombia, objeto de la ambición de otros colombianos]”. Además de una pincelada de sutileza, la nueva frase aporta el sentido contrario al de la original: de no querer se pasa a querer un poco, que es ya querer. Esta frase, “fijo poco interés”, será el estribillo y eje argumental de la carta de Díaz, eje ahora sí, falso, puesto que Bolívar no la había escrito. Los significados derivados tampoco son lícitos. Otra cosa es que Díaz le estuviera leyendo el pensamiento a su enemigo y lo convirtiera en delator de sí mismo, pero hay poca inocencia en esta traducción errónea, como en transformar “[las calamidades públicas] que hemos sufrido por la revolución” en “que nos ha traído la revolución”. En la expresión de Bolívar las calamidades son un precio que se paga durante la revolución y están concluidas. En la versión de Díaz son la consecuencia de la revolución y siguen presentes, con lo que dibuja un recuerdo de su propio discurso reflejado en el del enemigo y deja una huella evidente de su mano. 133 En la carta novena se cita otro texto traducido del inglés, una proclama de Páez publicada en la Gaceta de Santomas el 16 de julio y que en la edición del original en español de Blanco y Azpurúa 134 está fechada el 16 de julio en Mucundo. En la cita de Díaz, el encabezado aparece ligeramente retocado: el título de “Jefe superior de Venezuela” queda “Comandante en Jefe superior de Venezuela”. La dicha “cierta”, en Díaz es dicha “asegurada”. A pesar de los matices el sentido se mantiene a lo largo del desarrollo del 133 Esta carta iba a ser leída por los jefes realistas en Venezuela por lo que seguramente las cartas se leían como arengas. Por esa razón las firmaba Díaz, porque todos le conocían y la mayor parte conocían también su firma (Oficio del intendente José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho Universal de Hacienda, Puerto Rico, 25 de julio de 1827. AGI, Santo Domingo, 2429 y Ultramar, 438). Díaz continuaba diciendo:”He visto llegado ya el tiempo de hablar más claro a mis paisanos y a las partidas sobre la conducta que se observará, restablecido el Gobierno de S.M., a los unos para que disipen su desconfianza y temores, y a los otros para que se abstengan de excesos que tanto se han opuesto y oponen a la verdadera pacificación”. 134 Blanco y Azpurúa, Documentos para la historia…, t. XI, pp. 441-442. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 164 discurso dentro de los semas comunes a ambas palabras. En Páez, el gobierno “ha palpado nuestros males”; en Díaz los ha “aliviado”, luego es más generoso. “Ofrecer” y “prometer” son sinónimos en la época, luego la sustitución de Díaz carece de repercusión. “Entre tanto” queda en “al mismo tiempo”, otra expresión equivalente que no deforma el sentido. El resto del texto es rigurosamente fiel. 135 Por tanto, tras estudiar sus textos y en ellos las estrategias de legitimación utilizadas, así como las manipulaciones a las que pudo someter los textos republicanos, deberíamos abordar de nuevo un tema ya planteado páginas atrás: el de Díaz como fuente válida para entender el proceso de independencia venezolano. Sin duda estamos en el caso de revisar gran parte de la crítica contemporánea en torno a la figura de Díaz y ello solo podrá hacerse enmarcándolo en lo que fue la propaganda política dentro de las guerras insurgentes. Como muy bien dijo Guillermo Morón, Díaz “sabe escribir y tiene honda preparación (..) Díaz es fiel a la tradición y le sirve rabiosamente (..) Díaz fue tenido en la Caracas provincial como de la clase de los blancos, sostenido con honradez y apreciado de todos. En la Universidad no es uno más sino uno de los mejores (..) escribió uno de los libros más densos y discutibles de su momento, si bien contrario a los intereses del patriotismo venezolano (..)” 136 En definitiva, “sin un hombre como José Domingo Díaz no se entiende la revolución, puso en ella el elemento de la contradicción, opuso dialéctica, la estimuló con su intransigencia”. 137 Bibliografía ABATE CONDILLAC: La lógica o los primeros elementos del arte de pensar, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1959. 135 Díaz se refería a que esta carta tenía como misión “desmoralizarlo [a José Antonio Páez], atacando a aquel necio, incapaz de sacramentos, y en su consecuencia publiqué su proclama y dirigí a todas las provincias mi publicación” (Oficio de José Domingo Díaz al secretario de Estado y Despacho de Hacienda, Puerto Rico, 15 de agosto de 1827. AGI, Ultramar, 438). 136 “Estudio preliminar” en El Abate Condillac , La lógica o los primeros elementos del arte de pensar, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1959, pp. 25-26). 137 Ibidem, p. 14. MEMORIAS Revista digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano Memorias, Año 7, N°13. Barranquilla, Noviembre 2010. ISSN 1794‐8886 165 AGUIRRE ELORRIAGA, M., S.J., El abate de Pradt en la emancipación hispanoamericana (1800-1830), Universidad Católica Andrés Bello-Instituto de Investigaciones Históricas, 1983. ÁLVAREZ CUARTERO, I.: “Hacer patria sin indios. De los Sanjuanistas a la guerra de castas, 1812-1847”, en Manuel Chust e Ivana Frasquet, edits., Los colores de las independencias iberoamericanas. Liberalismo, etnia y raza, CSIC, Madrid, 2009, pp. 171196. __________. “¡Si acatamos la Constitución, resistiremos!: mayas yucatecos durante la independencia”, en Studia Historica. Historia Contemporánea, vol. 27, 2009, pp. 177-206. 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