Antonio Saura: 1930-1998
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En sus cuadros, casi monocrómicos domina el gesto intuitivo violentamente expresivo y cristalizado que conduce al ap resurado y brutal encuentro entre la tensión, la contradicción y la complejidad. En este atenazado desorden se genera un a emocionante solución estética captable instantáneamente como un golpe, sin que la admiración o el ensimismamiento sean necesarios para percibirla. De estos lienzos nace una agitada brusquedad que, sin disimulos ni concesiones, agrede al espectador. El artista adjudica a es ta brusquedad o aspereza un carácter constitutivo tan esencial como el color o la línea. Así, con sorprendente claridad, propone un estruendoso modo de hacer ver, sentir y completar el encuentro es tético: crueldad, divinidad, sexualidad, vejez, religiosidad, denuncia, pasión. Este ritmo desenfrenado traduce una aventurada anticipación del resultado que contrasta con la sosegada atmósfera que em a na de la r ea lidad. Todo se integra en una personalísi ma y «monstrualizada" estética pictórica. La observación visual inicial aprecia rápidamente lo que un cuadro contiene de represent at ivo o anecdótico y, a partir de este momento, nace el profundo estudio de lo es trictamente pictórico, de la abstracción pur a que existe en cada cuadro. Esta percepción no se adquiere fácilmente. Es consecuencia de un ejercicio mental continuo que se pone en marcha, prácticamente de modo automático, al observar cada cuadro sin que, necesariamente, se tengan en cuenta los diferentes estilos pictóricos que, a lo largo de la historia, se han descrito. Alberto Portera - CXVI - ASTRAGALO, 11 (1999) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1999.i11.16 Neurólogo y experto en la historia del arte.