scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Mujeres afganas y prensa en España : infantilización, victimización y ocultación de los procesos de resiliencia

Zurbano-Berenguer, Belén; Martínez Fábregas, Jezabel

Abstract

En la actualidad, el potencial de los medios de comunicación social en cuanto a conformadores de la opinión pública y de los imaginarios colectivos es innegable. Su poder se ve además multiplicado cuando aborda realidades que se escinden de lo cotidiano para convertirse en no contrastables, en no cognoscibles sino a través de los procesos comunicativos de mediación. De este modo, la información se convierte en realidad eliminándose cualquier atisbo de referente más allá del proceso comunicativo. En este contexto, informar sobre mujeres afganas se vuelve una empresa ciertamente compleja: diferencia, rechazo, miedo, intereses diversos, desconocimiento y prejuicio se añaden a una labor comunicativa ya de por sí ardua. En este trabajo se pretende ahondar en cómo los medios de comunicación construyen una imagen de la mujer afgana como un sujeto pasivo y sumiso, alejado de cualquier proceso de empoderamiento construyendo a una mujer no sólo irreal, sino abismalmente diferente de “las otras” mujeres con las que comparten espacio informativo, es decir, las occidentales. Contribuyendo con ello a un proceso doble de discriminación: el que propugna el orden patriarcal y misógino y el del feminismo occidental.

Full text

 765  MUJERES AFGANAS Y PRENSA EN ESPAÑA: INFANTILIZACIÓN, VICTIMIZACIÓN Y OCULTACIÓN DE LOS PROCESOS DE RESILIENCIA Zurbano Berenguer, Belén Periodismo I Universidad de Sevilla [email protected] Martínez Fábregas, Jezabel Periodismo II Universidad de Sevilla [email protected] RESUMEN: En la actualidad, el potencial de los medios de comunicación social en cuanto a conformadores de la opinión pública y de los imaginarios colectivos es innegable. Su poder se ve además multiplicado cuando aborda realidades que se escinden de lo cotidiano para convertirse en no contrastables, en no cognoscibles sino a través de los procesos comunicativos de mediación. De este modo, la información se convierte en realidad eliminándose cualquier atisbo de referente más allá del proceso comunicativo. En este contexto, informar sobre mujeres afganas se vuelve una empresa ciertamente compleja: diferencia, rechazo, miedo, intereses diversos, desconocimiento y prejuicio se añaden a una labor comunicativa ya de por sí ardua. En este trabajo se pretende ahondar en cómo los medios de comunicación construyen una imagen de la mujer afgana como un sujeto pasivo y sumiso, alejado de cualquier proceso de empoderamiento construyendo a una mujer no sólo irreal, sino abismalmente diferente de “las otras” mujeres con las que comparten espacio informativo, es decir, las occidentales. Contribuyendo con ello a un proceso doble de discriminación: el que propugna el orden patriarcal y misógino y el del feminismo occidental. PALABRAS CLAVE: Mujer, Islam, feminismo islámico, feminismo árabe, mediación, Afganistán, afgana, medios de comunicación, prensa española.  766  INTRODUCCIÓN El término “fundamentalismo” es en numerosas ocasiones sinónimo de “islamismo” para los medios de comunicación y la población occidental cayendo de esta manera en una enorme, y nada inocente, falacia. La construcción social del musulmán como el “otro” violento, violador de derechos humanos, bárbaro, inculto, dictatorial y subdesarrollado (por contraposición al “yo”, por supuesto siempre occidental, pacifista, respetuoso con los derechos humanos, civilizado, culto, democrático y avanzado en términos de “desarrollo”) inevitablemente genera de forma automática una legitimación de las políticas occidentales (mayoritariamente estadounidenses) de colonización. La otredad configurada de una forma premeditada permite a las grandes potencias erigirse en “salvadores de la humanidad” y al mismo tiempo justificar la injerencia en los asuntos internos de otros países; la posición de superioridad que se deduce a través de determinados discursos públicos justifican invasiones como la de Irak (país que en determinado momento supuso una amenaza a la paz y seguridad internacional) y la permanencia hasta no hace mucho de las tropas estadounidenses en Afganistán (país que necesitaba la presencia extranjera para la “protección de la mujer”). No obstante, hemos de diferenciar entre dos planos de análisis, a menudo intrínsecamente relacionados. Por un lado, tal y como avanzábamos en los párrafos anteriores es evidente que existen nuevas estrategias de colonización por parte de las grandes potencias, en especial por parte de los EEUU (antes también la URSS) en zonas de relevancia geoestratégica como Oriente Medio (Afganistán, Irak). Pero, por otra parte, también constatamos con el mismo grado de evidencia que en ciertos países de Oriente Medio (como pudieran ser Arabia Saudí y Afganistán) las violaciones de derechos humanos y el machismo se acentúan con graves consecuencias para la población en general y las mujeres en particular (en ningún momento negamos la presencia de estos fenómenos en Occidente; las tasas de feminicidio no son nada desdeñables, por ejemplo, y la desigualdad en términos salariales tampoco). En base a estas primeras premisas de partida (la no superioridad Occidental en términos epistemológicos y la producción de discursos acordes a intereses particulares/nacionales), el presente texto tiene por objeto general reflexionar sobre el uso político de la mujer afgana en la prensa española así como analizar la imagen que de ellas transmiten, contextualizando, paralelamente, con el movimiento feminista revolucionario afgano y abordando sus prácticas de resistencia y lucha a menudo invisibilizadas por los media. Para ello dividiremos el desarrollo del trabajo en varios apartados: uno primero que nos acerque a la situación del país oriental afgano y al movimiento fundamentalista islámico, muy ligado a los procesos históricos y bélicos que en él se han desarrollado. En segundo lugar, abordaremos las respuestas feministas al devenir misógino del poder político en Afganistán y concretamente profundizaremos sobre la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afgansitán (Revolutionary Association of the Women of Afghanista: RAWA. Por último reflexionaremos sobre el uso y  767  abuso que se hace de la imagen de la mujer afgana como el símbolo de la crueldad talibana y, por ende, de la necesidad de la injerencia externa victimizando y “pasivizando” a la mujer afgana. Es decir, intentaremos relacionar práctica informativa con necesidades político-militares a través del oportuno diseño de los imaginarios colectivos a través de la situación de las mujeres afganas441. FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO EN AFGANISTÁN: LOS TALIBÁN Fundamentalismo procede de fundamental es decir “que sirve de fundamento o es lo principal en algo” (RAE), por tanto, la definición principal de fundamentalismo (teniendo en cuenta la procedencia etimológica de la palabra) debería ser “exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida” (RAE), sin embargo, esta definición se encuentra en la última de las acepciones que el diccionario nos proporciona, con anterioridad a ella se recogen otras dos: “Movimiento religioso y político de masas que pretende restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica a la vida social” y “Creencia religiosa basada en una interpretación literal de la Biblia, surgida en Norteamérica en coincidencia con la Primera Guerra Mundial”. Ello demuestra nuestro grado de preferencia en el campo de la semántica y en este caso demuestra cómo asociamos fundamentalismo a islam, a pesar de tener antecedentes cristianos de fundamentalismo. El profesor Santiago Petschen en su clase del 20 de diciembre de 2011 (Petschen Verdaguer, 2011) propuso dos tipo de explicaciones al porqué de asociar religión y fundamentalismo: en primer lugar, porque la religión busca la transcendencia y en segundo lugar porque la religión tiene inseguridad. Esos son los dos factores determinantes que producen que se asocien fenómenos como el fundamentalismo con las religiones. En cualquier caso lo que es evidente es que, tal y como dice López Oliva, “el término «fundamentalismo» deriva del adjetivo «fundamental» y constituye lo que sirve de basamento, o es plural en una cosa. En el campo de la sociología religiosa se nombra así a una tendencia que se basa en la interpretación literal de un texto tenido como sagrado, sea la Biblia, El Corán u otro. Al entenderse como una manifestación expresa de la divinidad, como algo sagrado, se estima que los humanos no pueden alterar su contenido con nuevas interpretaciones” (López Oliva, 2005). El fundamentalismo religioso se aferra fielmente a esta “expresión de la divinidad susceptiblemente inalterable por los humanos” para defender a capa y espada un texto (coránico, bíblico o de la Tora) ancestral, desactualizado, descontextualizado y anacrónico. La defensa a ultranza de la literalidad a menudo impide extraer las enseñanzas generales; el exceso de formalismo puede desatender la importancia del contenido, aunque ciertamente entramos ya en un plano personal. En relación a las raíces del fundamentalismo islámico, el teólogo Manuel Fraijó destaca dos razones causales (Fraijó, 1992): por un lado, la asunción del Corán como texto sagrado  441 Los bloques temáticos descrito no se corresponden con epígrafes de la comunicación sino con estructuras internas de sentido.  768  procedente de la divinidad en exclusiva; “el Corán no es palabra de hombre sino de Dios”. Los fundamentalistas niegan la historicidad del texto sagrado, el cual fue “dictado al Profeta, desde la primera hasta la última sura, por un ángel que lo leía directamente de un libro conservado en el cielo”. La fiel creencia de este relato, y por tanto, la desestimación de que el Corán hubiera sido creado a lo largo de aproximadamente 200 años, ponen el primer cimiento para la aparición del fundamentalismo, de la vuelta a los orígenes mahometanos442. Por otro lado, encontramos otro elemento explicativo del islam fundamentalista en la conjunción de religión, política y sociedad443; la tendencia a unir estos tres aspectos y, sobre todo, a crear una forma de vida basada en la religión procuran la situación ideal para el surgimiento de fundamentalistas. Al contrario que en el cristianismo, en el mundo Islámico no se ha producido un proceso secularizador de separación entre lo sagrado y lo profano, al igual que la dicotomía público-privado tampoco ha arraigado en esas sociedades donde la religión juega un papel crucial en lo político y cultural. La aparición de un movimiento fundamentalista como el talibán en Afganistán responde a la conjunción de dos factores principalmente: a la propia composición étnica, religiosa y cultural del país y a las relaciones internacionales de éste (o si se quiere expresar de otro modo, a las continuas injerencias exteriores, algunas permitidas, otras sobrevenidas). En relación al primer aspecto hemos de destacar la presencia de la etnia pashtún (altamente conservadora, tradicional y con fuertes tendencias hacia el fundamentalismo) en Afganistán: el 42% de la población. El resto de la población está compuesta por un 27% de tayicos, 9% de hazaras, 9% de uzbekos y un 13% de otras etnias444. Donde mayor nivel de arraigo tiene las comunidades pashtunes son en los territorios del sur y este de Afganistán; debido a su mayoría numérica respecto a otras tribus y etnias, los pashtún han dominado el poder político durante 23 años (Cancel, C.). Los talibán en su mayoría proceden de esta tribu radicada al suroeste del país y refugiada también en Pakistán, y por tanto, comparten las estrictas normas tribales del pashtunwali445 portadoras de  442 Los fundamentalismos buscan la vuelta a un momento histórico anterior puro, en palabras de la especialista en sociología de las religiones, Marion Aubrée, “el curso de la historia es dinámico y ellos justamente están acabando con él para encontrar un momento que sería el de la pureza, para mantenerse como un grupo puro a partir de los libros. Porque son los monoteísmos los que tienen libros sagrados. Permite por ejemplo a los islámicos, decir que se están apoyando en el Corán, mientras otros dicen que no es verdad, que no está escrito en el Corán. […]. Y es que los libros siempre dan lugar a interpretaciones y éstas varían mucho”. Disponible en Revista Académica para el Estudio de las Religiones: http://www.revistaacademica.com/TIV/C10.asp Consultada el 1/01/2012. 443 Fraijó lo expresa así: “El creyente islámico no concibe que algo tan importante como la política se independice y escape a la soberanía de dios. Se trata de una convicción religiosa: todo viene de Dios y todo debe estar bajo su control” en Fraijó, óp. cit., pág. 234 444 Porcentajes extraídos de la CIA World FactBook 2011 (https://www.cia.gov/library/publications/the-worldfactbook/fields/2011.html Consultada el 31/12/2011. 445 Entendido como “código de honor y venganza tribal” en GRIFFIN, Michael: El movimiento talibán en Afganistán, Ed. Catarata, Madrid, 2001, pág. 63.  769  una machismo estructural. Pero para comprender adecuadamente el surgimiento del grupo fundamentalista talibán en Afganistán hemos de remontarnos a mediados de siglo XX446. Durante 40 años (1933 - 1973) Afganistán fue una Monarquía hasta que Mohammed Daud da un golpe de Estado contra su primo Zahir Shah, quien no tuvo más remedio que emigrar a Italia (Rashid, 2001), y declara la República de Afganistán. El segundo Gobierno de Daud447, de tendencia izquierdista, solicitó ayuda soviética para modernizar la estructura estatal, no obstante, Daud fue incapaz de generar instituciones fuertes y estables y, tan solo cinco años después (1978), un golpe de Estado acabó con la vida de sus familiares y la guardia presidencial en lo que se conoce como Revuelta de Abril (Cancel, op.cit). A partir del golpe se instaura por poco tiempo, menos de un año, un gobierno de corte marxista. Desde el poder estatal, este gobierno comunista liderado primero por Nur Mohammed Taraki, emprendió numerosos programas para niños y mujeres y enormes reformas agrarias. Taraki intentó hacer de Afganistán un país socialista y combatió enérgicamente a los islamistas insurrectos que comenzaban a movilizarse en contra de las reformas progresistas llevadas a cabo por el nuevo gobierno y que generaban una situación de inestabilidad/crisis política que obligaba a numerosos afganos a refugiarse fuera del país. En 1979 las tropas soviéticas invaden Afganistán abiertamente y el sucesor de Tariki, Hafizullah Amin, es depuesto por la URSS; en su lugar instalaron a Babrak Karmal. La situación de conflicto se agudizó con la invasión y la imposición extranjeras. Los grupos anti reformistas, aquellos que se resistían al régimen comunista impuesto por los soviéticos, fueron alcanzando mayores niveles de organización, aceptación y respaldo entre la sociedad civil. Estos grupos, conocidos como los muyahidines, no eran en ningún caso homogéneos (provenían de tribus y etnias bien diferenciadas todas ellas), sin embargo, el enemigo exterior común hacía de elemento unificador. Países como EEUU, Pakistán y Arabia Saudí prestaron a poyo a estos grupos. El conflicto armado entre la URSS y los muyahidín (financiados y apoyados logísticamente por los países antes mencionados) tuvo una duración de 10 años y uno costo de centenares de miles de muertes soviéticas, 1.5 millones de muertes afganas y más de 5 millones de refugiados afganos en países vecinos (Cancel, op.cit.). La retirada de las tropas soviéticas de Afganistán en 1989 supuso la apertura de un proceso de lucha interna por el control del poder político. En este contexto se creó la coalición Alianza del Norte, compuesta básicamente por etnias no pashtún, excombatientes de la guerra contra los soviéticos (es decir, muyahidines) y orientada precisamente a competir en la lucha por el poder con la etnia mayoritaria pashtún. En 1992 logran establecerse en el gobierno, pero sus expectativas de establecer paz y seguridad en el territorio afgano se ven frustradas. La violencia crece y “el tráfico de drogas, la criminalidad y violaciones a los derechos humanos aumentaron” (Cancel, op. cit). Durante este periodo, tras la salida de los soviéticos del país, en palabras de  446 La información sobre la historia de Afganistán ha sido extraída en su mayor parte de: CANCEL óp. cit. y RASHID, Ahmed: Los talibán, 3ª edición, Ed. Península Atalaya, Barcelona, 2001. 447 Daud ya había gobernado junto a su primo el Rey Zahir durante 10 años (del 53 al 63) implementado en ese periodo reformas sociales (enfocadas muchas de ellas a integrar a la mujer en la vida pública y a mejorar sus condiciones de vida) y desarrollando buenas relaciones con la URSS.  770  Rashid, “surgirá una segunda generación de muyahidín que se denominaría a sí mismos talibán, término que significa “estudiosos del Islam”. Los talibán se hacen con la ciudad de Kandahar y con buena parte de sus alrededores hacia 1994. Al principio los talibán aportaron una relativa paz y seguridad a la zona, sin embargo, en 1996 cuando tomaron Kabul, la capital de Afganistán, y radicalizaron sus postulados fundamentalistas el régimen se hizo insoportable, especialmente para las mujeres. En palabras de Ahmed Rashid: “Los dirigente talibán procedían de las provincias meridionales pashtunes más pobres, más conservadoras y menos cultas de Afganistán. En el pueblo del mulá Omar las mujeres siempre habían llevado velo, y las chicas no iban a la escuela porque ésta no existía. Omar y sus colegas trasladaron su propio medio, su propia experiencia, o la falta de ella, con las mujeres, a la totalidad del país. Y justificaron su política basándola en el Corán” . En esta época los talibán ya tenían bajo control el 90% del país; quedaba un 10% de territorio al norte todavía bajo dominio de la coalición de la Alianza del Norte; en 1977 el poder talibán se consolida de manera más o menos uniforme en todo el territorio afgano. Los talibán fueron apoyados en un primer momento por la desesperada población sufridora de una guerra inacabable porque dotaban de cierta estabilidad al territorio, sin embargo, en el transcurso de los acontecimientos (es decir, con el endurecimiento cada vez mayor de las políticas sexistas para motivar a los soldados educados en el ambiente profundamente machista de las madrasas) este primer apoyo de la población se trasformó en gran medida en un rechazo brutal y clandestino hacia las prácticas misóginas448 instauradas por el régimen talibán. Las que sufrieron mayores abusos, discriminaciones y vejaciones fueron sin lugar a dudas las mujeres449. RESPUESTAS FEMINISTAS –Y REVOLUCIONARIAS– EN AFGANISTÁN: RAWA Es en el contexto anteriormente descrito en el que las mujeres afganas ponen a prueba el propio concepto de “resiliencia” pasando, una vez más, a ser sujetos plenos y activos que demuestran en cada uno de sus actos, y de sus inacciones, una forma de resistencia en su entorno más hostil. La resiliencia (del inglés resiliency) es un concepto proveniente de la psicología positiva y ha sido definida como la capacidad de ciertas personas y grupos humanos para sobreponerse,  448 El autor Michael Griffin advierte de que la misoginia “fue mucho más lejos de lo que normalmente se entiende por esa palabra. Se podía hablar de un tipo de “ginefobia” tan amplio que el mero espectáculo de un pie cubierto con un calcetín o de un dedo pintado era tomado como una seductora invitación a la condena personal. La política oficial talibán estigmatizaba a las mujeres”, Griffin, 2001:101. 449 Como recuerda Rashid en su libro: “La política talibán discriminatoria de sexo no hizo más que empeorar una crisis progresiva. Tres meses después de la captura de Kabul, los talibán cerraron 73 escuelas de la ciudad, lo cual afectó a 103.000 niñas, 140.000 muchachos y 11.200 maestros, 7.800 de los cuales eran mujeres”. Rashid, 2001:167.  771  adaptándose, a situaciones extremas desarrollando habilidades latentes y sobre todo, manteniendo la capacidad de proyectarse en el futuro. Así, la Real Academia la define como “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Y autores como Vera Poseck, Carbela Baquero y Vecina Jiménez (2006: http://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/1283.pdf) la han definido como “un fenómeno ampliamente observado al que tradicionalmente se ha prestado poca atención, y que incluye dos aspectos relevantes: resistir el suceso y rehacerse del mismo (Bonanno, Wortman et al, 2002; Bonanno y Kaltman, 2001). Ante un suceso traumático, las personas resilientes consiguen mantener un equilibrio estable sin que afecte a su rendimiento y a su vida cotidiana”. Tras largos años de guerra, de pobreza extrema450 (consecuencia de los conflicto armados y de las sequías que azotaban el país) y de progresivas discriminaciones y abusos hacia la mujer, en 1977 un grupo de afganas, lideradas por Meena, fundan clandestinamente RAWA (Revolutionary Association of the Women of Afghanistan) en Kabul como “una organización política independiente de mujeres afganas en lucha por los derechos humanos y por la justicia social en Afganistán”. Desde sus orígenes esta asociación de mujeres ha incomodado tanto a las potencias extranjeras como a los grupos internos afganos que rivalizaban por el poder, es por ello, que en 1987 Meena perdió su vida a manos del KGB (servicio de inteligencia ruso) en colaboración con el grupo fundamentalista de Gulbuddin Hekmatyar. RAWA es una organización feminista secreta que desempeña labores políticas y humanitarias; actuando desde la clandestinidad lucha por la erradicación del fundamentalismo y la injerencia exterior (soviética y estadounidense principalmente) y apuesta por la implantación de un gobierno democrático y secular. Este colectivo de mujeres es expresión del feminismo árabe, es decir, aquél que persigue la liberación de la mujer fuera del ámbito religioso, al margen del Corán. En un principio la organización no tuvo un marcado carácter político, pero las reivindicaciones que proponían implicaban necesariamente un drástico cambio de modelo político, en tanto en cuanto, el objetivo es acabar con los sistemas de dominación patriarcales y establecer una sociedad igualitaria. En definitiva, luchan contra los enemigos extranjeros y contra regímenes fundamentalistas que imponen condiciones de sumisión y opresión a las mujeres. Las feministas revolucionarias de RAWA denuncian que tanto la guerrilla muyahidín, como la Alianza del Norte como los talibán son grupos que realizan una interpretación del Corán, del Islam fundamentalista que las oprime; estos grupos justifican en el texto sagrado discriminaciones y abusos que éste no recoge. Esta interpretación fundamentalista las excluye de la escuela, las obliga a ir acompañadas en la calle por algún familiar varón, las somete a un control “policial especial” en caso de que haya sospecha de que hayan cometido adulterio y les prohíbe trabajar451. Esta situación es insostenible e insoportable para muchas mujeres y por ello,  450 La mayor parte de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Ver: http://www.rawa.org/images/j_kabul.htm Consultado el 2/01/2012. 451 El relato de la actriz Paween Mushtakel, cuyo marido fue asesinado por permitir que su esposa actuase en público, demuestran la brutalidad del modelo talibán en este caso. Ver: http://www.nodo50.org/feminismos/spip.php?article352. Consultado el 2/01/2012.  772  tal y como cuenta en una entrevista la activista de RAWA Mariam Rawi, “a causa de esta opresión continuada, todos los meses se suicidan muchísimas chicas, chicas que prefieren inmolarse a seguir sufriendo”452 . He aquí el principal motivo del nacimiento de RAWA como asociación de mujeres afganas revolucionarias y feministas. Valores como secularismo, democracia, anti fundamentalismo, derechos humanos y justicia social inspiran este movimiento de mujeres afganas; entre sus principales objetivos figuran el establecimiento de la libertad, la democracia, la paz y los derechos de las mujeres afganas. Además también luchan por el establecimiento de un gobierno laico y democrático y por el reconocimiento de los crímenes de guerra cometidos por la Alianza del Norte, los talibán, los soviéticos y los estadounidenses; porque éstos sean juzgados. Para alcanzar la sociedad justa que se proponen establecer llevan a cabo programas educacionales, cuidados sanitarios y proyectos que generen riqueza tanto dentro como fuera del país, aunque realmente, lo importante para la mujer afgana es sobrevivir, que en su situación no es cuestión baladí. En este sentido, RAWA se configura como una red de apoyo que brinda a las mujeres que lo solicitan asistencia psicológica, pues el maltrato psicológico afecta a casi la mayor parte de las mujeres. En la búsqueda de esta sociedad justa y equilibrada socialmente no se oponen a la ayuda exterior pero si – y férreamente ademása la injerencia externa453 . Es decir, están abiertas a recibir la ayuda necesaria y a colaborar con otras organizaciones, gobiernos o particulares que apoyen su causa, pero no están dispuestas a obedecer órdenes de nadie. No están dispuestas a renunciar a sus propias estrategias de cambio y transformación social. En este sentido, reivindican que, a pesar de que sus estrategias no pasen por las estrategias hegemónicas feministas euroamericanas, se reconozca la validez y la utilidad de las suyas para evitar caer en un desprestigio que las inferioriza y que, por tanto, deslegitima su lucha diaria. Además, ellas están convencidas de que hay valores que no se pueden donar454. Para RAWA la educación es "el arma más poderosa para luchar contra el fundamentalismo”455 . Sin duda, la alfabetización es una de las actividades centrales de la organización; combatir el analfabetismo es crucial en un país donde la tasa de alfabetización femenina ronda el 13%. La educación se erige como instrumento de empoderamiento de la mujer; la idea es conocer/concienciar para reivindicar, reivindicar para transformar. Esta cuestión es un pilar esencial para la lucha y resistencia de las mujeres afganas. Junto a ella encontramos la sanidad.  452 Martín, M. (2010). 453 Máxime cuando la injerencia exterior no les beneficia en absoluto. Las revolucionarias se quejan de la doble moral de EEUU que apoya a los fundamentalistas que se encuentran en el aparato gubernamental; Karzai, el actual presidente electo, según denuncian algunas activistas de RAWA, se rodea de criminales de guerra para ejercer sus funciones gubernamentales. Ver http://www.rawa.org/rawa/2010/11/25/eeuu-apoya-a-los-fundamentalistas-afganos2.html. Consultada el 01/02/2012. 454 Mehmuda Hakim (27 años, militante de RAWAAsociación de Mujeres). Por motivo de seguridad el verdadero nombre de esta activista no se proporciona. http://www.rawa.org/mehmooda_sp.htm [Consultada 02.01.2012]. 455Martín, M. (2010).  773  El apoyo sanitario (físico y psicológico) es otro de los pilares base de la organización. El apoyo emocional para las mujeres y niños es clave para la supervivencia diaria. Por ello muchas se acercan a los campos de refugiados de Pakistán. A pesar de que educación y sanidad constituyen el principal foco de atención para RAWA, esta organización también dedica una parte menos importante de su tiempo y de sus recursos a la cultura, al activismo y a los derechos humanos; en estos campos las actividades se centran prioritariamente en la concienciación, la denuncia de abusos y la organización de manifestaciones en apoyo de las víctimas de la violencia brutal ejercida por los talibán. En Afganistán la labor desempeñada por la organización se realiza bajo la más absoluta discreción y clandestinidad debido a los prejuicios y el brutal comportamiento de los talibán hacia la asociación. La creación de escuelas, hospitales, talleres y centros de refugiados en Pakistán son las actividades principales llevadas a cabo por RAWA. La supervivencia de la organización no es fácil, para que ésta pueda actuar se impone la necesidad de financiarla y en un país donde la pobreza y la desnutrición brillan por su presencia resulta enormemente dificultoso captar fondos para otros fines que no sean estricta y directamente los alimentarios. No obstante, el esfuerzo personal y la solidaridad internacional superan (unas veces más, otras veces menos) este gran obstáculo: el de la financiación. Los mayores ingresos que percibe la organización proceden de las aportaciones económicas que realizan colaboradoras/es de todo el mundo. Éstos se complementan con las cuotas que pagan las socias y simpatizantes de Afganistán y de fuera de Afganistán. A ellos le sumamos un pequeña cantidad que aporta la venta de sus productos manuales tales como alfombras, prendas de vestir, etc. que también les genera un ingreso. Todos estos recursos económicos proceden de manos privadas; la financiación pública no les llega, ningún gobierno, ni ninguna ONG, ni si quiera la ONU, proporciona recursos económicos a la asociación. La existencia de RAWA se debe a la dedicación y esfuerzo de las mujeres (y de hombres, aunque muy escasos) que se encuentra en el “campo de batalla” y a la financiación que reciben de aquellas personas interesadas y concienciadas con la causa RAWA. Debido a esta precariedad de medios muchos de los proyectos no prosperan; desde la organización lamentan que la ayuda internacional sea tan escasa. EL DISCURSO SOBRE LA MUJER AFGANA. CONTRADICCIONES ENTRE PRÁCTICAS DE RESISTENCIA DE GÉNERO Y PROCESOS DE VICTIMIZACIÓN EN LA PRENSA ESPAÑOLA Tras la descripción general de la organización revolucionaria vamos a implicar a ésta directamente con los postulados del feminismo postcolonial y, en concreto, con el feminismo árabe456. Así, debemos comenzar por definir a la mujer afgana dentro del discurso occidental.  456 Preferimos emplear aquí esta denominación ya que vamos a referirnos en diversas ocasiones a lo ‘musulmán’ como la faceta religiosa de las mujeres, no como sinónimo de árabe en el sentido feminista del concepto (es decir, ajeno a la religión como motor de promoción de la igualdad y el empoderamiento femenino).  780  hasta hace poco, el Feminismo: el concepto de agencia y el de resistencia. El concepto o principio de agencia es una categoría mediante la cual sectores de las sociedades modernas intentan imaginarse o pensarse a sí mismos (Gallardo, 2008). Es decir, en el poder que tienen los seres humanos como motor de la Historia (aunque de manera limitada y contextualizada463), en su capacidad de influencia y acción. En el caso de la lucha feminista afgana este concepto cobra especial sentido en tanto que son las revolucionarias las que, convencidas de la necesidad de su actuación y de la influencia que ésta pueda tener, arriesgan su vida para enseñar a leer, por ejemplo, a las niñas de manera clandestina. Solamente en personas conscientes del valor futuro de su actuación puede nacer la voluntad de jugarse la vida para inocular en niñas valores y conciencia que el sistema de opresión en el que habitan no les permite poseer. En esta caso, nuestra consideración es que las revolucionarias afganas se constituyen y se saben agentes de su propio empoderamiento aunque lo persigan con estrategias distintas a los postulados feministas clásicos y su lucha pase por mantener los símbolos externos de opresión (el burka) para así poder mantener ésta (por ejemplo, acudir a atender a una mujer agredida). En sujetos que a veces no pueden oponerse al sistema en el que se insertan por diversos motivos, o en contextos en los que la discriminación sistémica les deja sin capacidad de operar, también actúa el concepto de resistencia. Éste viene a proponer una manera diferente de concepción de la Historia y cuyas prácticas pasan por una resistencia a la dominación (imperialista en sus orígenes, machista en el caso que nos ocupa) de manera pasiva. En el caso de las mujeres afganas su resistencia estaría en su objeción a la imposición vital a la que se ven sometidas (desescolarización, imposibilidad de trabajar, dificultades de acceso a los servicios sanitarios…) pero de un modo no agresivo sino, como venimos sosteniendo, a través de estrategias de lucha concebidas para el contexto en el que se gestan. En este sentido es destacable la apreciación que hacen autoras como Mely González Arístegui (2001): “no debe confundirnos la aparente pasividad de una sociedad por la no aparición de hechos que desde el punto de vista «práctico» nos demuestren la existencia de una cultura de resistencia. Este proceso puede estarse manifestando con más agudeza en el pensamiento, reflejándose en las formas de la conciencia social: el arte, la política, la moral, etcétera”. En el caso de RAWA, el valor de la resistencia pasa además por el estadio de la supervivencia física además por el de la no resignación a adaptarse moral e identitariamente a los que los postulados talibanes imponen. El testimonio de una de las representantes de RAWA puede ser esclarecedor en el sentido en el que se imbrican resistencia y agencia: Con todo en contra, y pese a que los talibán infiltran a sus mujeres como espías, Sabira explica que entre la población «hay otro tipo de resistencia: por ejemplo, las familias que pueden permitírselo intentan tener una televisión o escuchar música, a pesar de que está prohibido y de que se han destruido hasta los cines». «También hay un cierto contacto entre vecinos y parientes y entre ellos comentan sus miedos  463 Existe una revisión crítica de esta categoría que repara en el origen liberal de la misma y que pretende revalorizar y ayudar a gestar las luchas de quienes por razones de discriminación sistémica no han podido nunca comportarse como agentes.  781  y problemas», señala la mujer, que asegura que «hay mucha solidaridad y unos se avisan a otros de la llegada de los talibanes». Pese a la prohibición de salir solas y de hablar con los dependientes, muchas mujeres contravienen la ley. «Saben que pueden ser apaleadas, pero no tienen otra opción si quieren dar de comer a sus hijos». A veces, incluso, «salen a tomar helados y, si se acercan los taliban, sus hijos las avisan. Ellas salen corriendo, dejando los helados e incluso hasta los zapatos». (Forner, Clara R.) La realidad de la violencia que sufre la mujer en Afganistán no está relacionada únicamente con la vestimenta, con el burka, pese a que desde la cosmovisión propia hemos establecido en él todo la carga negativa de la dominación masculina obviando realidades (no parece que la afgana desde luego) en las que las mujeres musulmanas lo utilizan como signo identitario de forma voluntaria. No obstante ese es otro discurso ya que el uso del burka ha sido impuesto por los talibanes en el momento en el que ascendieron al poder aun tratándose de una práctica pastún en desuso (Real Instituto El Cano, 2010: 15). Al haber sobrecargado de simbolismo este velo integral se están confundiendo las realidades violentas que se siguen perpetrando entre la población femenina afgana. La imagen de algunas mujeres caminando por las calles de Kabul con la cara descubierta ha sido presentada como el nuevo símbolo de un Afganistán democrático y parece representar la realidad de todas las afganas. Sin embargo, esta realidad dista mucho de tener algo que ver con esta nueva imagen totalizadora de la experiencia de estas mujeres. Como señala Reigado (2005) al hablar de las mujeres árabes, “[…] la vestimenta y el cuerpo de la mujer como elementos fundamentales en el mantenimiento del orden social, lo que explica que hayan pasado a ocupar el centro de muchos de los conflictos ideológicos y culturales que se han desarrollado en el contexto postcolonial. La permanente asociación de las mujeres afganas con el burka, olvidando con ello otras dimensiones de sus vidas como aquellas relacionadas con la lucha política, la reconstrucción de sus países tras la agresiones militares y el mantenimiento de la familia, refleja esa importancia del cuerpo sexuado como portador y marcador de diferencias: observamos pues, como la mirada masculina, la de la cámara, los periodistas, los soldados, los representantes políticos y jefes de Estado, una mirada que lejos de ser neutral se posiciona, selecciona e interpreta, convierte a las mujeres en cuerpos-objetos “diferentes” al sujeto dominante y, por tanto, no marcado, el hombre blanco occidental y de clase media. Esta nueva imagen, en la que prima la ausencia del burka por encima de otras consideraciones, oculta o cuando menos disfraza el hecho de que las mujeres afganas siguen sufriendo la violencia de género en proporciones desmesuradas, que no gozan de plena libertad de movimientos o que deben hacer frente a numerosos obstáculos para acceder a la escolarización o la sanidad. Las condiciones de vida en muchos casos apenas difieren de las sufridas bajo el dominio talibán, puesto que la ideología en términos de género apenas ha cambiado en estos años. (Villellas, 2007).  782  CONCLUSIONES A modo de conclusión sobre las revolucionarias de RAWA tenemos que reparar justo en su propia denominación: revolucionarias. Si este capítulo ha querido hacer algo es conectar los postulados postcolonialistas feministas con esta Asociación y en el propio término que la define está la clave. Que mujeres afganas, oprimidas y ocultas bajo el burka se autoproclamen revolucionarias no puede sino ser una señal de que los preceptos posmodernos han hecho mella en todas las partes del continente. A pesar de lo que el Feminismo haya declarado como lucha feminista, ellas son conscientes de que poseen y llevan a cabo sus propias estrategias de confrontación con lo que el sistema talibán establece. Son conscientes de su principio de agencia, del valor de la resistencia (que en su contexto pasa por el mero hecho de sobrevivir), y son valientes. El estigma del burka no les afecta porque son plenamente conscientes de las necesidades específicas y estratégicas de su lucha y, a sabiendas de que en otros lugares las luchas de las mujeres recorren otros derroteros, ellas no cesan en sus objetivos aun básicos, aun difícilmente explicables fuera de su realidad como medio de oposición, pero propios y sobre todo, necesarios. Las mujeres afganas de RAWA hacen su lucha en su contexto. Ése es su feminismo. Conclusiones menos positivas podemos realizar en cuanto al discurso informativo sobre las afganas en la prensa española. A pesar de la labor de denuncia que realizan sobre la situación de especial discriminación y violencia que sufren las mujeres afganas, éstas son utilizadas para legitimar, de un lado, la dicotomía falaz y maniquea orienteoccidente, barbariecivilización; de otro, sirven para instar y legitimar políticas militares de ocupación que lejos de ayudar a las mujeres revierten en una radicalización de sus problemas. El discurso preponderante sobre la mujer afgana es la de una necesitada, una víctima irremediable de sus condiciones en las que ella necesita del “otro” (entendido como extranjero, demócrata y valedor de derechos) para sobrevivir. Sin adentrarnos en lo cierto de la necesidad o no de la ayuda internacional en el caso de las condiciones legislativas y sociales de la mujer afgana, nuestra reflexión es sobre todo discursiva. Procesos de luchas y resistencias están siendo ocultados por el peso del drama y el horror de los casos que se suceden diariamente sobre la mujer afgana. En este sentido la mujer queda subsumida a un estado de infantilización (reforzado además porque una gran mayoría de las mujeres seleccionadas para informar sobre ellas son menores o muy jóvenes) en el que la mujer, aún reconocida en la sociedad que mira como de pleno derecho, no está siendo evaluada como tal, sino como sujeto susceptible de protección por su propia incapacidad de agencia. A todo lo que se une que estas prácticas discursivas ocultan y minimizan los procesos autónomos de lucha de las afganas que no encuentra su lugar ni en la sociedad en la que se gestan, ni en nuestra atención.  783  BIBLIOGRAFÍA Cancel, Cecil M.: “Afganistán: un vistazo a dos décadas de guerra y miseria”, Homines. Disponible en: http://www.revistahomines.com/articulos/afganistan.pdf [Consultado 10.01.2012] Forner, Clara R.: “Las afganas no estamos consideradas seres humanos”. Disponible en: [en línea]. Disponible en: http://www.uv.es/~dones/Jackie/personas/Lasafganas.htm [Consultado: 05.01.2012] Gallardo, H. (2008): “Crítica social del principio de agencia”. [en línea]. Disponible en: http://goo.gl/d5vPh [Consultado: 25.05.2011] González de Arístegui (2001): “Cultura de la resistencia. Concepciones teóricas y metodológicas para su estudio”, Islas, 43. Griffin, Michael (2001): El movimiento talibán en Afganistán, Ed. Catarata, Madrid. Guillaume, F. (2010, Agosto 6). Ocho años de guerra no han liberado a las afganas. Público, p.2. Secc. En Portada. Iori, R. (2010, Agosto 8). ‘Time´ abre el debate sobre la retirada en Afganistán. El País. [en línea]. Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Time/abre/debate/retirada/Afganistan/elpepuint/2010 0803elpepuint_6/Tes [Consultado: 01.11.2011] Lopez Oliva, Enrique (2005): “El fundamentalismo islámico”, Revista Temas, número 44 (octubre-diciembre). Disponible en http://www.temas.cult.cu/revistas/44/11_lopez.pdf [Consultado 10.01.2012] Martín, M. (2010): “La democracia no existía para las mujeres en el Afganistán de los talibán pero tampoco existe ahora”. Disponible en: http://www.rawa.org/rawa/2010/03/20/lademocracia-no-exist-a-para-las-mujeres-en-el-afganist-n-de-los-talib-n-pero-tampoco-existeahora.html [Consultada el 2/01/2012]. Petschen Verdaguer, Santiago: Intervención de 20/12/2011 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM Rashid, Ahmed (2001): Los talibán, Ed. Península Atalaya, Barcelona. Raijó, Manuel (1992): Fragmentos de Esperanza, Ed. Verbo Divino, Estella. Real Instituto El Cano (2010): Los pastún: análisis de su impacto político en Afganistán. [en línea]. Disponible en: http://goo.gl/QTzS Consultado: 20.05.2011. Viera, Erwin (2008): “El Islamismo político como una ideología de protesta y transformación política”¸ Fundación CEMOC, Argentina. Disponible en: http://www.caei.com.ar/es/programas/mediooriente/06.pdf [Consultado 10.01.2012]  784  Villellas Ariño (2007): “Bajo el burka: experiencia, supervivencia y resistencia de las mujeres afganas durante el conflicto armado” en Apaolaza, C. y R. Martí (eds.) Las mujeres en las sociedades de tradición musulmana, mitos y realidades. Fundeso Euskadi y Diputación Foral de Bizkaia. Recursos digitales Página oficial de RAWA http://www.rawa.org/index.php Página oficial de la CIA https://www.cia.gov Revista Académica para el Estudio de las Religiones http://www.revistaacademica.com